El cielo

Hace un par de fines de semana estuvimos en la Sierra mi padre y yo. Nos apuntamos a una visita guiada al Observatorio Astronómico de Sierra Nevada. Tuvimos que rellenar la hoja de inscripción donde pedían, entre otras cosas que baremáramos los conocimientos astronómicos que teníamos.
Sin ser un experto, esta ciencia no es nueva para mí. Llevo tiempo (hace tiempo) observando el cielo, leyendo algunos libros, hablando con Eduardo Padial, un amigo astrónomo, ex director de la parte española del observatorio de Calar Alto en Almería, dando alguna charla a grupos de niños... Pero mi padre estaba pez (creo que sigue estándolo). Así que puse una puntuación conjunta bien baja. (Además, me parece patético ir de enteraíllo a un foro de estas características).
Dicho lo dicho, yo sabía aproximadamente lo que íbamos a ver, lo que nos iban a contar. Pero el señor Fernández llevaba una idea radicalmente romántica del universo y sus astros. Él pensaba que íbamos a mirar por el visor de un telescopio gigantesco para ver hasta la última costelación, para tropezar en los cráteres de la luna, para refrescarnos en el agua de Marte, para sonreirle al Meteossat...
El fracaso estaba asegurado. Los científicos ya no van con cucurucho y capa de estrellas. Lo más que se ven son aparatos y aparatos, ordenadores con multitud de datos, algunas luces y fotos en las paredes (de lo más mundano).
* FOTO: las Lunas de Júpiter

