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El mejor recuerdo

El mejor recuerdo

II Memorial Manuel Cano

No todos los festivales “en memoria de” cuentan con la mejor apuesta para el recuerdo. En este segundo Memorial, igual que para el primero, que se homenajea al compositor y concertista de guitarra Manuel Cano, como abanderado, y cabeza de cartel permanente, participa su hijo José Manuel Cano Tamayo, heredero en la sensibilidad, en el preciosismo y en esa manera clásica de interpretar la guitarra flamenca.

Para este concierto, desarrollado durante la noche del sábado en el espacio singular del Palacio de Quinta Alegre, José Manuel, para la segunda parte contó con la voz musical y clara de Esther Crisol.

En primer lugar, en solitario, el guitarrista granadino interpretó una taranta, dedicada a su amigo Miguel Suárez, que tiene bastante de tradicional, aunque con toques contemporáneos, como esa aceleración a los postres que la acerca a la fiesta. Y continuó con una excelente seguiriya de su progenitor, con arreglos propios, antes de llamar a la cantaora a su lado.

Como digo, en la segunda parte, bastante más extensa, Cano ilustró su guitarra con la dimensión efectiva del cante. Esther Crisol, con la voz menos grave que de costumbre y algo rozada, expuso para empezar una farruca elemental. Algo nerviosa y contenida, anunció soleá apolá, que fue de Cobitos, de Morente y de Antonio ‘el de Alhendín’, diciendo que es el palo que más le gustaba. Aunque, para ser el estilo en que se sentía más cómoda, posiblemente fue la peor entrega de la noche, a pesar de estar bien arropada.

En la granaína se acordó de Chacón. Fue dulce y modulada, aunque seguía sin soltarse. Las guajiras tenían una sorpresa, y es que en su mitad llevaba el romance popular de Los peregrinitos, rescatado en el cancionero de García Lorca.

El toque por bulerías de José Manuel Cano, permitidme que lo diga, ya es antológico. El soniquete que expone, la redondez rítmica y el concepto musical, es para tenerlo en cuenta. Esther estuvo a la altura. Grande fue cuando recordó a Luis de la Pica, posiblemente a través de Marina Heredia. Tocó Extremadura y terminó por Triana.

En los tientos-tangos también le hizo un guiño a la Niña de los Peines y otro a Morente y a Carmen Linares. Tanto para los tangos como para las bulerías se echó de menos un poquito de compás.

Finalizó el recital con la bella copla Una Cantaora de La Lola se va a los Puertos, esa obra flamenquísima que escribieron los hermanos Machado y han popularizado desde Juanita Reina hasta Rocío Jurado.

Una reflexión final me queda por añadir. Cuando los asistentes son respetuosos, como acostumbran en el flamenco, a pesar de ser gratuito; cuando el recital es de lujo; cuando el sonido, salvo ligeros pitidos, es más que correcto; ¿por qué los técnicos tienen que hablar continuamente, ninguneando a los artistas y a su público, con la excusa de que tienen que controlar no sé qué?

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