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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2013.

El sentido de Dani de Morón

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Cambio de sentido

La prueba más fehaciente de la altura de un músico, de un artista en general, es que sea admirado por sus iguales. Ayer, primer día de abril, el teatro Alhambra estaba lleno de guitarristas y guitarreros, de flamencos y aficionados, porque la presentación de un tocaor de altura funciona como un imán.

Ya conocíamos el virtuosismo de Dani, sus devaneos jazzísticos; ya nos familiarizamos con sus vueltas de tuerca y con su toque extraflamenco. Pero ha querido él y el destino que aterrice. Su primer disco en solitario, Cambio de sentido, que presentó el lunes, es un trabajo flamenquísimo, exclusivamente musical.

Quizá el contacto con  Paco de Lucía, en su gira de Cositas buenas, como segunda guitarra, le sirviera para desnudar su argumento, para quedarse en la esencia de las seis cuerdas y en su prolongación en el espacio.

Después de escuchar el disco, después de atender al concierto, sacamos la conclusión de que su trabajo es asequible para el gran público, pero sobre todo es una labor para iniciados. La riqueza de sus piezas, el aprovechamiento de los recursos, el fraseo estilístico… es algo que está pero puede pasar desapercibido; y, por otra parte, la sencillez con la que todo se muestra, alejado de efectismo, es digna de encomio.

Inmigración es un tema libre, dividido en dos partes, que aborda en solitario y se acerca en un principio a los aires de Cádiz para terminar en la fiesta. Para Momento de calma requiere el pandero de Quique Terrón y el bajo de José M. Posadas ‘Popo’. Un bajo eléctrico de seis cuerdas que le aporta una dimensión armónica interesante.

La soleá Siete revueltas es definitiva. Contemplamos a un Dani auténtico e inmerso en la raíz. Como su nombre indica, la amasa a voluntad, la malea y distorsiona para volverla a componer, sonando sin duda al tradicional toque de Morón. Sus silencios, imprescindibles en el flamenco, están llenos de duende.

Sus palmeros, Los Mellis, que en las bulerías (Barrio C) meten la voz, son tan exactos como respetuosos. Estas bulerías son borrascosas y son calmas, como el tiempo en esta primavera cambiante; son tradicionales y son vanguardistas, con sus concesiones al jazz, ejemplarizadas en sus repeticiones de base.

Todas las rondeñas tienen una deuda tácita con Ramón Montoya y …Sólo hay una / Un motivo no es menos, aunque se aleja brindándonos un sonido que posiblemente ya tiene firma de autor. Rúbrica que ya reconocemos sin duda en la seguiriya clásica Morón D.F. interpretada en solitario.

El final, con todos los componentes, apunta festero. Primero unos tangos (), quizá más extensos de la cuenta y, para terminar, las tremendas bulerías que le dan nombre al trabajo discográfico.

Miércoles, 03 de Abril de 2013 10:45 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una temporada en el infierno

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Caronte se inclinaba hacia adelante y remaba (Lord Dunsany).

Para Sartre el infierno son los demás; para Torrente Ballester, más hispano, o sea, más quijote, advierte en el prólogo de su Don Juan que el infierno somos nosotros mismos; pero para mí el infierno es el amor no correspondido, el abandono, el engaño…

En el tratado De Coelo et Inferno, de Swedenborg (1758), se puede leer que “el infierno no es un establecimiento penal sino un estado que los pecadores muertos eligen, por razones de íntima afinidad, como los bienaventurados el Cielo”.

Aunque si le hacemos caso a santa Brígida de Suecia, el mismo Hacedor le confesó que “el infierno estaba vacío”. ¿Quién va a elegir un lugar de tinieblas y continuos padecimientos pudiendo abrazar la gloria? A no ser Luigi Pirandello cuando, después de calibrar todos los personajes que presumiblemente ascendían al Paraíso, llegaba a preferir un “infierno climatizado”.

Goethe, en Fausto, tiene clara la existencia justa del erebo. El padre de la literatura germánica nos dice: “ya que tiene el infierno más de una boca, sabe tragarse a cada cual según corresponde a su dignidad”.

Que exista el infierno, fuera de nuestra realidad, no estamos seguros. Que exista el cielo, tampoco. (Quizá ocupen a fin de cuentas el mismo estadio.)

No obstante es necesario el establecimiento de esos dos lugares para la antagónica discriminación del bien y del mal en las mentes temerosas que se hayan acogido al regazo de alguna creencia relativa. Porque, como escribía John Stuart Mill en 1854: “es instructivo observar cómo pueden decirse exactamente las mismas cosas en defensa de todas las religiones”.

El cielo, con variaciones, siempre es la gloria; la risa ríe; el dolor duele; y el infierno, ay, cada vez es más profundo.

* Una temporada en el infierno es el título de un poema de Arthur Rimbaud.

Jueves, 04 de Abril de 2013 11:19 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.


Medusa

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Hasta dos veces, cuando visité Estambul, me asomé a la cisterna basílica de Constantino bajo la bóveda de Kere-batas Seraí en el semisótano de una supuesta casa musulmana.

La impresión es bestial, el ambiente tenebroso y los arcos infinitos. El paisanaje de la ciudad turca dice que sus aguas verdosas y sus paredes goteantes no conocen límites. La luz tamizada parece que nos adentra en un tupido bosque de columnas pareadas.

Edmundo de Amicis, en su libro Constantinopla, narra la terrorífica historia que le contó un dragomán sobre "el que se aventuró en una barca en aquel subterráneo para descubrir sus confines y volvió muchas horas después, bogando desesperadamente, con el rostro descompuesto y el cabello erizado, mientras las bóvedas lejanas repercutían fragorosas carcajadas y silbidos agudos; y de otro, que no volverá jamás y que acabó, quién sabe cómo, tal vez helado de terror, tal vez arrastrado por corriente misteriosa a un abismo desconocido, muy lejos de Stambul, Dios sabe dónde”.

Yo me adentré hasta el fondo, como decenas de visitantes lo hicieron, sin temor a la penumbra y a las turquesas aguas falsamente transparentes.

Al final del final, objeto de múltiples instantáneas, en la basa de una columna semejante a las demás, se hallaba esculpida la cabeza de una Gorgona semihundida en posición supina para contrarrestar sus efectos (en la foto).

(Cuenta Frobenius, en Historie de la Civilisation Africaine que “la Gorgona es un símbolo de fusión entre contrarios: león y águila, pájaro y serpiente, movilidad e inmovilidad, belleza y horror”. A lo que añade Cirlot: “por ello excede las condiciones soportables por la conciencia y mata al que la contempla”.)

Era la Gorgona llamada Medusa, a la que Perseo degolló con la hoz de oro que le proporcionó Hermes, que inmediatamente llamó mi atención y la cisterna, de por sí impresionante, cobró un doble valor: la belleza del espacio y el detalle arbitrario en el pie de un arco.

Enseguida pregunté en mi interior cómo acabó la cabeza de la Medusa en el subsuelo de la basílica constantinopolitana.

Las Gorgonas se llamaban Esteno, Euríale y Medusa, todas ellas bellas en un tiempo. Pero una noche Medusa se acostó con Poseidón, y Atenea, furiosa porque lo habían hecho en uno de sus templos, la transformó en un monstruo alado con ojos deslumbrantes, grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas y cabellos de serpientes, cuya mirada convertía a los hombres en piedra.

Perseo acabó con ella e hizo estragos con su cabeza inmovilizadora, que acabó en la égida de Atenea, pero en ningún sitio dice que llegara a formar parte de la columna de una cisterna de la única ciudad del mundo entre dos continentes.

Por otra parte, cuenta Pausanías, Atenea le dio a Asclepio, fundador de la medicina, dos redomas con sangre de la gorgona Medusa; con la extraída de las venas de su lado izquierdo podía resucitar a los muertos, con la extraída de su lado derecho podía matar instantáneamente (así que no era tan mala como decían).

Viernes, 05 de Abril de 2013 22:04 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Patricia en La Platería

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El sábado pasé por La Higuera para ver a Sara La Samarona. Es increíble la seguridad que ha cogido esta cantaora en sí misma, que hasta en el aspecto físico se le nota, y la expectación que despierta. Tiene salero, aguardiente y maestría en recomponerse cuando los hados le gastan una mala jugada. A su lado, Petete con la guitarra. Para las bulerías se dio una pataílla bien graciosa.

Después en La Platería la sorpresa fue mayúscula. No sólo por la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’, el verdadero latido del flamenco; no sólo por la guitarra de Luis Mariano, posiblemente de los mejores guitarristas de acompañamiento; no sólo por las voces exclusivas de Juan Ángel Tirado, con su cajita de música en la garganta y su afinado torrente de voz, y de David ‘El Galli’ y su dominio con los bajos y los medios, que es como duele el cante; sino sobre todo por la bailaora Patricia Guerrero y su especial evolución.

Patricia ha sabido absorber de todos los maestros de los que se ha rodeado la esencia de su verdad y ha sabido adaptarlo a su discurso. Una bailaora, un bailaor, cualquier artista que se suba a un escenario y tiene algo que decir y sabe cómo contarlo, tiene parte del camino hecho. Patricia ha sabido limar asperezas, relajar el ceño y emplear todo su cuerpo para el fin deseado. Su esbeltez, su juego de cintura y sobre todo de muñecas rubrican un estilo eminentemente granaíno pero lleno de aire y de fronteras abiertas.

Un generoso comienzo al cajón recibe a los cantaores haciendo compás y alternándose por cantes extremeños, que dan paso a la guitarra orbital de Luis apuntando por levante y la primera aparición de la bailaora. El taranto pasa a ser tango tras un guiño sobresaliente. Se advierten huellas sacromontanas reconocibles que la adentran en un olimpo particular.

Un interludio sin baile llega por bulerías y después por seguiriyas. Llama la atención cuando los mismos músicos se admiran, se autoexigen y se aplauden entre ellos.

Patricia vuelve con bulerías por soleá. El fuego arde con toda la intensidad y los plateros están encantados con una de sus ‘hijas’. La bailaora se muestra muy canastera y con ganas de agradar, a pesar de las condiciones algo adversas de un escenario pequeño y de unas luces que difícilmente hacen justicia.

Con el fin de fiestas por bulerías vemos que tanta fiesta y tanto compás de doce tiempos va sobrando.

La duración del aplauso final, con los parroquianos de pie, no se ha visto desde hace mucho en la ‘Capilla Sixtina’ del cante.

* Foto de Miguel Clavero (creo).

Lunes, 08 de Abril de 2013 18:21 volandovengo #. Flamenco Hay 10 comentarios.

La esencia de Granada

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De cobre y lunares

Estamos de suerte, en poco menos de un mes, por nuestros escenarios, ha pasado lo más granado del baile flamenco en nuestra tierra. Ya disfrutamos del baile sin igual de La Moneta, de la bella evolución de Patricia Guerrero y ahora de la esencia de Ana Calí y de su apuesta por la tradición.

El lunes, como viene siendo costumbre en el teatro Alhambra, pudimos contemplar el baile destilado de esta motrileña. Ana es una corredora de fondo, que se auto exige sin hacer ruido. Los momentos inseguros, el amor al terruño y sobre todo la falta de oportunidad la han mantenido en un segundo plano, siendo cabeza de ratón en un corpus local tan aplaudido como cerrado.

Su espaldarazo, el terrón de azúcar, llega después del esfuerzo y la constancia de manos de la Junta y el ciclo Flamenco Viene del Sur. Lástima que sólo tenga una función en Granada. Lástima que fuera de nuestras fronteras no puedan ver lo que esta bailaora encierra.

De cobre y lunares es un espectáculo eminentemente granadino que ya se estrenó en el Museo-Cuevas del Sacromonte. Su deseo es rescatar los bailes tradicionales de nuestra tierra tal y como se hacían en la primera mitad de siglo en las cuevas de Valparaíso.

El baile granadino se caracteriza por la fuerza. La brusquedad en sus movimientos encierra un punto de sensualidad explícita y un tinte racial semi hipnótico. La riqueza de sus formas, cantada por los viajeros desde el siglo XVIII, es un tácito patrimonio digno de ser conservado.

La función empieza con un vídeo con imágenes en blanco y negro de aquél entonces, cuando en el barrio se vivía para la danza, que se dice que las gitanas ni se desvestían para estar preparadas con sus volantes, llegado el momento. Incluso, antes de comenzar, se escuchan unas voces, como debieron ser, alertando la faena.

A partir de aquí se desarrolla un todo continuo con los bailes típicos que, aunque son manifestaciones corales, con varias bailaoras, Ana los reproduce individualmente, concentrados como perfume en pequeño frasco.

La cachucha es el baile típico con el que comienzan las zambras sacromontanas, es decir, el ceremonial de la boda gitana. Su somática alegría desemboca en los tangos del Camino, los incombustibles tangos de Granada, con ese dejillo moro característico. Enrique Morente ha entrado a formar parte de nuestro acervo flamenco. Es difícil que se escuchen tangos sin que sus composiciones aparezcan.

Hay que destacar la eficiente labor de Alfredo Mesa a la guitarra y de su seriedad creativa; y de los cantaores Sergio Gómez ‘El Colorao’ e Iván Centenillo. Precisamente Sergio nos regala una granaína y media llena de color.

En la soleá de Graná se ve a una bailaora más suelta, dominando por fin los nervios iniciales y convenciendo con cada uno de sus desplantes. Rigurosamente de negro, Calí va trasmitiendo todo el sentimiento de esta pieza.

El escenario es parco y la ausencia de luz incide en su pobreza. La fiesta, que se supone envuelve esta manifestación, a veces supone un sobreesfuerzo. Sobreesfuerzo que tanto la bailaora como sus músicos realizan.

Iván se encarga, con gracia y dominio, de interpretar los tangos del Petaco. Unos tangos comúnmente bailados con una cadencia lenta y picarona que en este caso son sólo cantados, aproximándose en su ecuador a los tanguillos típicos que enriquecen este cante.

Dos interludios de la guitarra española de Rafael de la Rosa y de la bandurria de Fernando de la Rosa, que actúan como fiel acompañamiento de toda la obra, aunque de impecable ejecución, cortan el ritmo de la propuesta completa.

En la zambra, con su concesión a la variedad de tangos granadinos, ya admiramos a una bailaora desenfrenada y consciente; reflejo exacto de todas las bailaoras que le han precedido. Ni un detalle le falta a su figura ni a sus movimientos. El compás de ‘El Cheyenne’ y de ‘El Moreno’ son imprescindibles.

Otro cante típico de Granada son los fandangos del Albaicín, un cante valiente que requiere el control y la garganta del ejecutante. Es agradable escuchar estos fandangos cuando suenan por derecho.

Las alegrías, aunque típicas de Cádiz, como sabemos, no pueden faltar en la fiesta granadina. De blanco y repartiendo flores y sonrisas, Ana triunfa indubitablemente. Habrá un antes y un después en su carrera a partir del 8 de abril de 2013.

Como fin de fiestas, la mosca, que suele cerrar el ceremonial de la zambra, es interpretada con todos de pie, en boca de escenario, rodeando a la protagonista. La mosca es una danza llena de picardía, que Ana reproduce castamente, pero que insinúa lo que todos sabemos.

Los aplausos y la satisfacción de la redondez, sin apenas aristas, convencen de la calidad de una artista que siempre ha estado entre nosotros.

 * Foto de Antonio Conde©.

 

Miércoles, 10 de Abril de 2013 09:34 volandovengo #. Flamenco Hay 16 comentarios.

Morente y Lorca

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Con motivo del patrón de la Facultad de Filosofía y Letras, san Isidoro de Sevilla, se han programado una serie de actos conmemorativos. Ayer tuvo lugar una conferencia sobre “Morente, el hermano de Lorca” por el flamencólogo y biógrafo morentiano Balbino Gutiérrez y un recital de algunas piezas del maestro interpretadas por su hija Soleá, acompañada por Juan Habichuela ‘nieto’ a la guitarra.

Fue casi una sorpresa. Me enteré por la mañana poco antes de que diera comienzo (estaba anunciado para las 12,15).

Aparte de Aurora Carbonell, algún que otro familiar, allegados a la familia de Morente, unos cuantos aficionados y algunos alumnos, la sala estaba incomprensiblemente vacía hasta su mitad.

Balbino manifestó con toda razón la hermandad de Enrique y Federico, no sólo en la inquietud musical sino en la visión globalizada de las artes. Morente pasó directamente de las novelas del oeste al universo lorquiano (Doña Rosita la soltera). Desde sus primeros discos lo ha acompañado hasta llegar a fundirse. ¿Cómo dos creadores de Granada, posiblemente los dos más grandes creadores que ha dado esta tierra, no van a estar unidos en espíritu y manifestación artística?

El mismo cantaor expresó en cierta ocasión sentir la cercanía del poeta de Fuentevaqueros que le llegaba a parecer un miembro más de su familia.

El conferenciante desmenuzó las grabaciones de Morente y rescató hasta 38 cortes en los que aparecían los versos de Lorca. Un trabajo concienzudo que, me temo, calaba más en los iniciados que en el público en general.

La segunda parte estuvo protagonizada por el cante de la hija del maestro, con la compañía del último guitarrista que le acompañó en sus giras.

Juan Habichuela rompió el hielo con una recreación de Aunque era de noche. Sus dedos vertiginosos, el soniquete propio de la familia y la limpieza en su ejecución destacan indiscutiblemente.

Soleá se incorpora haciendo la Nana de Oriente, una bella creación paterna que también grabó su hermana Estrella.

Soleá atesora, además de una buena voz, afinada y melodiosa, los registros familiares del tono cambiante. Entre la lírica y el flamenco destaca esta cantaora que llega a estremecer con sus ayeos.

Continúan por bulerías (Señor, que florezca la rosa), para terminar con el Pequeño Vals Vienés, con una magistral introducción a la guitarra.

Fuera de programa y sin ensayo alguno interpretaron los memorables tangos La Estrella, pero que tanto el uno como el otro lo tienen más que asumidos y los han abordado de una u otra manera cientos de veces.

Fue lo que fue, un momento único como tantos otros que, viendo el resultado, me aventuraría a augurar una interesante comunión entre estos dos artistas. El nombre ya es mítico: Morente-Habichuela.

Viernes, 12 de Abril de 2013 09:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Caléndulas

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Varios amigos están colgando en facebook la receta de una ensalada de caléndula y capuchina (otra planta) con mostaza, miel y limón. La primera vez que vi comer caléndulas con cierto placer fue en una película India titulada La boda del monzón, aunque, para mí, era una de las humoradas de la historia.

El recinto donde se iba a celebrar la boda se llenaba de cientos de guirnaldas de esta flor amarilla, ligeramente anaranjada, que es muestra de veneración en toda la India. El encargado de tal muestra decorativa las iba devorando, transido de amor, hasta el the end.

Algunos de sus efectos medicinales sí que los conocía. Por ejemplo J. J. Benítez, en Caballo de Troya 4, nos habla de que, además de ser un buen antiinflamatorio, la caléndula es muy apropiada para golpes y contusiones. Ian McDonald en Camino de desolación habla de un “Ungüento de Caléndulas para Almorranas”. Noah Gordon en Chamán dice que en infusión ayuda a mantener la laringe abierta y así aliviar la tos. Y Mary Stewart, en su Trilogía de Merlín, las emplea para combatir el dolor de muelas.

En Portugal, según Cunqueiro, era llamada a herba da música, la hierba de la música, y que su venta fue prohibida por el Santo Oficio en 1662, pues “esta hierba, puesta en secreto en la cama de una dama, cuando esta se iba adormilando, comen­zaba a sonar como guitarra que diese serenata, y se le enten­día como el nombre de un galán entre las suaves notas, y la dama se enamoraba de éste”.

“Un criado del conde de Povoa do Varzim, continúa don Álvaro, fue ajusticiado por haber usado de esa hierba para ena­morar a una sobrina de su señor, e irse con ella a escondidas a un desván, en una quinta cercana a Porto”.

“Todavía hoy, concluye el genio gallego, los curanderos lusitanos dan a sus clientes que pretenden amores difíciles, o recobrar los perdidos, y que no deja vivir la saudade que se tiene de ellos, unos polvos negros a los que llaman caléndula moura das noites de amor, caléndula oscura de las noches de amor”.

* Ensalada de capuchina y caléndula.

Sábado, 13 de Abril de 2013 11:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

La trascendencia del haiku

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Una de las características del haiku es su intrascendencia. El haiku es una estrella fugaz, el paso de una mariposa, una campana lejana. El haiku es objetivo, es una imagen, una instantánea, ausente de pasión. No pretende ir más allá de lo que dictan las palabras que le pertenecen. Carece de pensamiento abstracto.

Ahora bien, puesto que convenimos que el haiku está concatenado directamente con el budismo zen y con sus enseñanzas, con la mente del poeta y con su necesidad de contar agradando, no hay más remedio que hallar un punto de relevancia en el poema.

La poesía oriental no es tan evidente para nosotros. Es simbólica, aunque no por ello vamos a restarle profundidad. El simple hecho de concentrar un chispazo visual en diecisiete sílabas; el simple hecho de tratar la naturaleza en un plano intenso nos lo demuestra. Para Blyth, estudioso de la poesía japonesa en el Reino Unido, cuando se toma una cosa todas las cosas se toman con ella. “Una flor es la primavera; una flor que cae contiene la totalidad del otoño…”.

Así, esta característica de profunda trascendencia, la podemos encontrar en versos clásicos de los primeros haikuístas, en traducción de Antonio Cabezas:

Que ya es verano 
no le digas, tormenta, 
a los cerezos.

(Sogi, 1420-1502)

Aunque haga frío 
no te arrimes al fuego.
Buda de nieve.

(Sokan, 1465-1553)

No tiene nada 
mi choza en primavera.
Lo tiene todo.

(Sodo, 1641-1716)

El occidental, en cambio, necesita dotar el haiku, como toda la poesía de nuestra latitud, de un carácter trascendente y filosófico, de un guiño o un doble sentido, proponiendo más de lo que se dice, diciendo más de lo que se propone, entroncado sutil o manifiestamente con la filosofía, ideología o sentimientos del poeta:

Los que caminan
sobre ríos de vino
a veces flotan

(Rincón de haikús, Mario Benedetti)

Dos tazas vacías
en la mesa de fondo
guardarán el secreto.

(Nicole Lafourcade)

Patera y balsa.
De Marruecos a Cuba,
la vela es parca.

(Villarino de los Aires, 1944, José-Miguel Ullán)

Siguiendo estas tradiciones, me atrevo a insertar:

Indiferente;
se desprenden las hojas
sin hacer ruido.

* Benedetti en la foto.

Lunes, 15 de Abril de 2013 13:30 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

El granadino impasible

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El invierno es incómodo por la cantidad de ropa que llevamos encima, que nos tenemos que quitar y poner cada vez que entramos y salimos de algún sitio. No obstante, lo prefiero al verano. En pudiéndose combatir, me inclino por el invierno que por la infernal canícula. Por otra parte, el verano también es incómodo, aunque sea simplemente por la ausencia de bolsillos.

Después está el calor, que es la forma que tienen los dioses de ser amarillos. Pero aquí, en Granada, por la noche refresca y se agradece.

Hay quien siente más el calor y el frío que otros. No es mi caso. Mi participación reptiliana me mantiene una tensión por debajo de la media. Los primeros bochornos me aplatanan y las bajas temperaturas me blanquean las manos y los pies, regalándome sabañones varios, a veces hasta en las orejas (hace años que no).

Hay gente isoterma, como digo, que no acusa ni la quemazón del estío ni la frialdad de los meses extremos. Así, podemos ver jerséis inexplicables en agosto o mangas cortas inhabituales en febrero o llevar más o menos inexplicablemente el mismo vestuario todo el año.

Más en estas fechas, cuando la temperatura es sahariana y el calor del mediodía contrasta antípodamente con el frío de la nocturnidad o amanecida.

Esta gente impasible al cambio de estación es de una madera especial; semejante a un marine. Para mí de dudosa sensibilidad. No puedo eludir la sospecha de alguien que entra en un local caldeado y no se quita el abrigo o que sale a la calle, en un día gélido, y no se pone aunque sea un echarpe.

Miércoles, 17 de Abril de 2013 10:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Los ojos verdes de madame Edwarda

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La encontré en un cuento de Perucho que me remitió a su original de Georges Bataille en un breve relato escrito en 1937, publicado clandestinamente en 1941 con el seudónimo Pierre Angélique.

En 1956, después de reconocer su autoría, Bataille agregó en el prefacio que hablaba de sí mismo.

Madame Edwarda —fuente de aguas vivas— es más que una prostituta. Goza y hace gozar hasta límites extremos. Inevitablemente aúna el placer hasta el éxtasis supremo y el dolor hasta la muerte.

Cuenta Bataille en su prefacio: “el placer (que en el juego de los sexos alcanza su mayor intensidad) y el dolor (que ciertamente la muerte apacigua, pero que primero lleva al punto álgido)”;  y añade: “porque el ser ya no está en nosotros más que como exceso, cuando coinciden la plenitud del horror y la del gozo”; y aún más: “el placer es la misma cosa que el dolor, lo mismo que la muerte”.

Alguien escribió que madame Edwarda es la imagen misma de la mujer transgresora, de esa mujer que, proveniendo de lo que concebimos como el Mal, pasa a ser Dios por su omnipotente poder de disponer de su vida, de su sexo y de su muerte. El hombre que la sigue, cautivado, presa de un miedo atávico, encuentra en ella la total realización del Deseo.

Esa es la idea. La idea de Dios. “Este es el sentido, la enormidad de este librito insensato: este relato pone en juego, en la plenitud de sus atributos, al mismo Dios: y este Dios, no obstante, es una mujer pública, en todos los aspectos igual a cualquier otra”.

El filósofo, ensayista, crítico, novelista y poeta francés, la describe cuando la seguía en el burdel para gozar con ella (este rito burdo de “la que va para arriba”): los talones de Madame Edwarda sobre el piso enlosado, el contoneo de este largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que goza, husmeado por mí, de este cuerpo blanco... Madame Edwarda iba delante de mí, como envuelta en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su dicha, a la mesurada gravedad de su andar, era una consagración regia y una fiesta florida: la muerte misma participaba en la fiesta, ya que la desnudez en el burdel invoca siempre la idea del cuchillo del carnicero”.

Perucho especifica que Edwarda es madame que regentaba casa con reflejos de oro, en la rue des Saints Pères, en el París de la Restauración, “siendo su fachada blanca y su puerta amplia y silenciosa, guardada por un pajecillo negro que alumbraba la calle con un farol”.

Un refugiado español llamado Fabián Tuño, relata el juez catalán, fue amante de esta señora durante cuatro años consecutivos, lo que le desveló las más altas “simas, profundas y misteriosas, de las voluptuosidades y lascivias infernales”.

A raíz de estas abominaciones, Tuño escribió un libro (aún inédito) al que tituló Floresta varia de gracias y desgracias, atribuyéndoselo a un tal Braulio de Sigüenza.

Más adelante, continua Perucho, redacta la obra De Sodomía Tractatus. In que expositor doctrina nova de Sodomia feminarium a Tribadismo distincta, que “escribió en latín imitando a Ovidio”.

El fabulador barcelonés termina con las cuitas del “escritor desconocido”, dejando constancia de la influencia que ejerció sobre él madame Edwarda y sus adorados ojos verdes.

Jueves, 18 de Abril de 2013 11:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Mi primera vez

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El sábado jugué al fútbol. Ha sido mi primera vez. Un encuentro entre poetas y narradores de Granada y allegados. Algunos juegan bien, también escriben. Muchos hacen poesía y prosa a la vez, pero cada cual cogimos equipo.

El encuentro se prefiguraba algo surrealista y así fue. El árbitro con paraguas y tarjetas de visita, en vez de las vulgares amarilla y roja. Los equipos mixtos, con camisetas recicladas rosas y negras, con los mismos números: los poetas el 69, los narradores el 5 (por eso de la rima). Todos con varios libros en su haber (incluso para presentar en esta Feria del Libro, que nos sirve de excusa para convocar esta rencilla, la quinta en cuestión).

Yo es el primer año que juego (posiblemente el último). El fútbol no va conmigo ni con mis principios. Incluso, estoy en contra del deporte, como lo estaba Antonio Machado, Álvaro Mutis o Herminia Luque, sin olvidar a nuestro maravilloso padre Feijoo.

El único contacto que tuve con el deporte rey es cuando me dieron un balonazo en mi infancia o cuando nos obligaban a jugar en las clases de educación física. Después me ha parecido ocupar un lugar que le correspondía al saber. He palmeado la espalda, no obstante, del que se sabe las alineaciones de tal equipo o los resultados de tal arrostramiento en una determinada fecha.

Estoy contento de todos modos. No me he lesionado, que es lo que temía (sólo me he doblado ligeramente el tobillo en una de las varias caídas que he tenido). No me he fundido, lo que esperaba. No me han dado náuseas, lo más evidente.

He tocado la pelota al menos cuatro veces. Una de ellas porque salió fuera del campo y fui a recogerla; otras dos se las combiné al contrario, casi pareciendo que era un infiltrado; alguna otra vez sería por casualidad.

Mi hijo estuvo conmigo. Lejos de avergonzarse, me animaba y aplaudía mi entrega cuando, a los cinco minutos del partido, preguntaba cuánto quedaba para el descanso.

Después, con algún otro jugador o jugadora, me emparentaba y me decía que más de uno nos iba exclusivamente la pluma y no el esférico.

El tapeo y las cervezas postreras (y la ducha) remataron con guinda, al decir de muchos, la mejor competición del año.

Sábado, 20 de Abril de 2013 17:27 volandovengo #. Día a día Hay 9 comentarios.

Metafóricamente hablando

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Metáfora / Ballet Flamenco de Andalucía

Con algo de retraso me animo a comentar esta obra dispar del Ballet Flamenco de Andalucía. Su división en dos partes bien alejadas entre sí hacen exceder el tiempo apropiado. Con todo y con eso, el dinamismo y los destellos de luz avaselinan ese minutaje.

La Suite Flamenca, la primera de las dos funciones, que ya pudimos ver en el Generalife el verano pasado, carece de argumento, en tanto que Metáfora (segunda parte) encierra tanto simbolismo que se pierde en el concepto.

Hasta el intermedio, la propuesta es bastante más flamenca, en la que destaca un Rubén Olmo más flamenco que nunca (lo demostrará en su pataílla final por bulerías); una Patricia Guerrero encomiable, nuestra artista local, completa como pocas y con un juego de cintura y de muñecas envidiable, amen de su dominio del espacio y la diagonal y de un palmito más que agradecido (sobresaliente en A mi aire); un cuerpo de baile correcto y bien coordinado, sin destacados ni rezagados mencionables; y, sobre todo, una estructura musical de primera, en la que destacan las composiciones de Diassera y de David Carmona, cuya guitarra se dejó sentir pregrabada en la taranta En sueño, interpretada con un bello paso a dos.

Después del interludio, Metáfora viene como un distinto collar para el mismo perro. El abuso de la música en off se evidencia claramente (remezcla de clásica contemporánea), salvo en los martinetes, con sólo una estridente percusión, y alguna que otra pieza.

El flamenco pasa a un segundo plano y protagonizan la escena el clásico español, la escuela bolera y guiños a los bailes regionales.

Interesante juego de luces y propuestas de vestuario, completamente acertado para las chicas, cuando para los hombres era un parche futurista.

En general, un espectáculo agradable de ver, con buena madera y momentos notables. Lástima que esa madera no arda en fogata de altura.

* Rubén Olmo en la foto, director del Ballet Flamenco de Andalucía.

Lunes, 22 de Abril de 2013 10:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mimo del baile

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Flamenco Viene del Sur

Málaga tiene un tesoro que se llama Carrete. Carrete es único y es personal; cuenta una historia en cada uno de sus bailes y tiene un sentido del ritmo sobresaliente. A sus 72 años reconocidos (¡quién sabe!) goza de un espíritu joven y de una energía encomiable. Zapatea, se agacha y desafía como un bailaor en sus mejores tiempos. Y, sobre todo, salpica sus bailes de un finísimo humor que lo define y sobrepasa la idea convencional del artista flamenco. Si a esto unimos un cuadro escaso, pero bellamente escogido, tenemos todo un espectáculo: Carrete en vivo, la función que nos brindó este malagueño el lunes, 22 de abril, en el teatro Alhambra.

Rafael Rodríguez abre la noche con un solo de guitarra. Es Momento de calma, una zambra rotunda, muy arabizante y agradecida.

Como artista invitada, Mª Ángeles Gabaldón, aborda unos tangos de málaga, cantados con aire por La Repompa y principiados con guiño a las guajiras. La bailaora sevillana se muestra correcta y académica. Quizá presionada con la frialdad del momento.

Carrete aparece con traje, sombrero y bastón, con el que marca el compás por alegrías y con el que interactúa hasta que lo suelta, lo mismo que se desprende del sombrero y aun de la chaqueta, mientras cuenta la historia que nos trae. Carrete es expresivo como un mimo. Su gracia y su dominio hacen que su baile sea un paseo, un recorrido que alegra y admira, como un artesano al que no puedes dejar de atender.

De nuevo Gabaldón vuelve por seguiriyas con vestido de media cola negra y acompañada por palillos. Es esbelta y rotunda; redonda y entregada, aunque le falta el dramatismo que requiere la pieza, que recuperará hacia el final con el cambio de Curro Durce. Juan José Amador, al cante, no está tan fino como acostumbra.

Para los tarantos, Carrete, con traje blanco, utiliza una silla como estático partenaire, al que después le da alas. Primero convencional, con ese juego de manos (grandes manos) nada ortodoxas, para acelerarse a su mitad y llegar a sentarse, haciendo un alarde de su compás exagerado, y pasear la silla y santiguarse, como al final de cada uno de sus bailes, y brindarnos la faena y rematar dos o tres veces y hacer mutis casi con trabajo.

A la hora exacta llegan los saludos y el generoso y repetido fin de fiestas por bulerías, donde todos, contagiados con la comicidad del protagonista, hacen sus pinitos y donde Mª Ángeles, en su brevedad, se suelta el pelo y podemos atender a su valor y su chispa.

Aquí quedó Carrete, un bailaor elegante, saleroso y personalísimo, como digo, al que, visto lo visto, le quedan aún muchos años para darnos satisfacciones.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 24 de Abril de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Apuntes sobre mi nombre

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San Jorge no existió, aunque sabemos que, de haberlo hecho, nacería en Capadocia en el año 303. Por otra parte, es un santo bastante aclamado, por el caballo, por la lanza y el escudo, por el dragón o por la princesa. Cada cual escoja su fetiche. El dragón simboliza el mal y la joven, la virtud cautiva; tanto que las armas son voluntades y el caballero en sí, el convencido converso que se revela al paganismo.

La Iglesia, en un expurgo que hizo en su momento, quiso despedir a este personaje del santoral por pagano y hagiográfico, pero se topó con la enseña de mil naciones y entidades que anidaban bajo su ala. Así, san Jorge, es patrón de Inglaterra y de Dinamarca; de Aragón y de Cataluña; de la marinería y del cuerpo de a caballo; del movimiento Scout y del libro, por hacer coincidir este día, como sabemos, con la muerte de Cervantes, de Shakespeare y del inca Gracilaso de la Vega. ¡Nunca una muerte hizo correr tanta tonta tinta! (perdón, me he dejado llevar por la cacofonía).

Los niños de mi generación leíamos una serie de libros conocidos como Los Cinco, de la escritora inglesa Enid Blyton, en donde una de sus protagonistas se llamaba Jorge. Era una chica, en realidad Jorgina, pero prefería su nombre en masculino. Y hacía bien porque jorguina (con ‘u’ intercalada) es el femenino de jorguín que, según el Diccionario de la Real Academia, es la persona que hace hechicerías. Jorguín proviene de sorgin, que en vasco significa bruja.

En Tratado de las supersticiones y hechicerías, fray Martín de Castañega troca la ‘n’ por una ‘ñ’ (quizá por inclinaciones galaico-portuguesas populares en la época), haciendo equiparar claramente este término con otras féminas* de su condición. El misógino eclesiástico escribe: “Las mujeres, como no tienen excusa por alguna arte o ciencia, nunca las llaman nigrománticas (…) salvo magas, brujas, hechiceras, jorguiñas o adevinas”.

Corominas, en su Diccionario etimológico, no recoge la palabra como tal, pero habla de jorfe como un ‘muro de piedra seca’, del que hace derivar jorguín y jorguinería, remitiéndonos a su vez a la palabra hollín.

* Francisco J. Flores Arroyuelo comenta en El diablo en España una curiosa derivación de fémina que, según A. Institoris y S. Sprenger (Malleus maleficarum), la hacen proceder de fe y minus, “dado que ella es siempre más débil para sostener y conservar la fe”.

** En la imagen: La bruja, grabado de Hans Thoma (1870).

Jueves, 25 de Abril de 2013 09:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Josele entre amigos

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Hay conciertos divertidos, muy divertidos, porque disfrutas lo que estás viendo. Hay otros, igualmente divertidos, por el lugar, los actuantes o el ambiente. A veces se combina un poco de todo esto y la muestra se convierte en una función familiar.

El pasado miércoles estuvimos en La Botelleca al filo de la media noche disfrutando de la guitarra de Josele de la Rosa y sus amigos.

Josele avanza. Josele estudia. Josele tiene grandes maestros. Josele goza de una mano derecha notable, sacromontana, apta para el rasgueo y el compás. Josele es de esos guitarristas granadinos, que forman legión y son imprescindibles para formar la base de la pirámide exclusiva de la sonanta.

Con apenas veinte personas de expectación, el guitarrista granadino se encuentra a gusto, dispuesto a disfrutar y hacer disfrutar.

Se desentumece en solitario con una granaína. Una pieza que pule hasta sacar sus brillos más ocultos, hasta llegar a estremecer por momentos. Continúa con una farruca agradecida que le ha acompañado desde que Luis Mariano se la mostró.

A la Isla, son unas alegrías que realmente suenan a Cádiz, que están en deuda con Juani de la Isla. Para ellas requiere el compás de Javier Mota a la percusión, al que se le unirá uno de sus amigos invitados. José Manuel Rojas, escribidor de flamenco y cantante del grupo pop Delapica, presta su voz en Hijo de la Luna, de Mecano, donde Josele nos recuerda sus escarceos con el grupo Yenza.

Este mismo cantante, con otro de los componentes de su grupo a la guitarra, Nino López, le prestan Juanillo, un tema de Delapica con trasfondo de soleá.

Sergio Cuesta, otro incondicional, aportó su conocimento y su saber en unos tangos morentianos, que comenzaron con La Estrella, para seguir con otros imprescindibles del maestro. Y puso su grano y su compás en el final por bulerías.

Lolo Casas, guitarrista versátil y muy flamenco, aunque el flamenco no sea lo suyo, aúna sus seis cuerdas de vez en vez. Digno es destacarlo a los postres, cuando suena las bulerías de De Juani de la Isla y sobre todo con Sultans of swing de Dire Straits, con aires de fiesta, con lo que se cierra el concierto.

Viernes, 26 de Abril de 2013 11:36 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Albóndiga, almóndiga y alhóndiga

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Ayer, hablando de los continentes de las palabras para concluir en un mismo significado, salvando el sinónimo que es evidente, como atril y facistol, y barajando legaña o lagaña y otras palabras de similar fonética, incluso acera y el desusado hacera, llegué a proponer albóndiga y almóndiga, a lo que Ana sugirió alhóndiga. Curiosa palabra, curiosa coincidencia, para no tener nada que ver.

Albóndiga viene del árabe bunduqah, que significa ‘bola’. El Diccionario de la Real Academia describe con todo detalle: “Cada una de las bolas que se hacen de carne o pescado picado menudamente y trabado con ralladuras de pan, huevos batidos y especias, y que se comen guisadas o fritas”. Si buscamos almóndiga, nos remite a la palabra anterior, más común y más usada.

Generalmente, no obstante, el vulgo piensa que almóndiga es precisamente un vulgarismo inexcusable como caramales o mondarinas.

Corominas apunta que almóndiga o almóndega es la variante castellana de albóndiga. No así, alhóndiga, que no tiene nada que ver, sino que es “casa pública destinada para la compra y venta del trigo", de donde proviene fonda (‘lugar donde se recibe a todo el mundo’).

Sin embargo almona (‘fábrica o almacén público’), que posiblemente proviene de almoneda (venta pública de bienes muebles con licitación y puja; venta de géneros que se anuncian a bajo precio; local donde se realiza esta venta) y no de almunia (huerto o granja), sí tiene que ver con las raíces de almóndiga o albóndiga.

Total, cuestiones etimológicas. (¡Si san Isidoro levantara la testuz!).

* San Isidoro en la imagen.

Sábado, 27 de Abril de 2013 10:56 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 5 comentarios.

Un oscuro presentimiento

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En el momento de llegar, los pájaros grises y amarillos sobre los hilos callaron su algarabía. Al unísono, la lentitud general se iba imponiendo. Las gentes gesticulaban más despacio. Parecía que los coches y las motos habían reducido drásticamente su velocidad a las treinta y tres revoluciones de los tocadiscos de antes.

Nunca quise creer en el más allá, en los poderes paranormales o en las visiones de futuro. Pero mi vida traspasaba un momento incierto, innecesario por otra parte de ser contado.

Guillermo me habló de un tarotista de cierta fama y gran acierto (o viceversa). Comulgaba a pies juntillas con cada una de sus palabras desde que adivinó la dolencia y la cura de una hermana suya que se mantenía soltera a pesar de su agraciada sonrisa.

Encima del dintel de la casa a la que acudimos gravitaba el número trece; un gato negro escapaba lentamente de un peligro invisible ante nuestros ojos. ¡Mal empezamos! No obstante la puerta se abrió sin necesidad de haberla golpeado. Parecía que estuviera esperándonos.

El adivino nos saludó. Miró al fondo de mis ojos viendo algo que le hizo apartar la vista de repente. Mi alarma iba creciendo.

Nos sentamos y respondí algunas preguntas genéricas sobre mi vida, mis actividades, mi círculo de amigos…, mientras él iba mezclando una colorida baraja de grandes proporciones, ajada por el uso.

Me hizo cortar con la mano izquierda antes de dibujar una especie de estrella con los naipes boca arriba sobre el tablero.

Guillermo, emocionado, me daba pequeños empellones para que no perdiera detalle. Yo observaba con curiosidad todos los movimientos del mago y el preciosismo que las cartas reproducían en sus dibujos sin necesidad que mi amigo me aguijara.

La supuesta estrella se iba completando lentamente bajo el foco de luz que nítida nos envolvía. La claridad llamaba mi atención, pues creía habitualmente esos lugares bañados en la penumbra y el misterio.

Con el dibujo en la mesa, el augur me hizo sacar una carta del montoncito que le quedaba entre las manos para soltarlo en su centro. La mala fortuna y mi suerte adversa, que quizá sean lo mismo, hicieron que en el tarot figurara un esqueleto con una guadaña que desde una lápida me sonreía.

El vidente miró compungido, me cogió las manos y, con voz lastimera, dijo:

—Veo una muerte cercana; una muerte próxima.

Miré a mi amigo con cara de qué broma es esta. Guillermo casi se cae de la silla. Levantándose preguntó atropelladamente:

—¿Quién es? ¿Cuándo? ¿Se trata de…? —preguntó abrazándome.

—No, no es usted, descuide —me tranquilizó el brujo—. Pero siento que alguien muy cercano morirá. Tenía que decírselo. De aquí a diez días —añadió gratuitamente.

Nos fuimos compungidos, condenando la maldita sabiduría que nos hacía conjeturar. Maldiciendo el momento en que decidimos visitar a un hechicero.

Durante varios días, repasamos la lista de toda la familia, de los amigos cercanos, de los vecinos más allegados. Podía ser cualquiera.

A la semana justa nos enteramos que el adivino había muerto.

Domingo, 28 de Abril de 2013 22:03 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.


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