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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2013.

Perrateterías en Algeciras

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Homenaje a Perrate y Perrata de Utrera

El último viernes me escapé. Invitado para asistir a la entrega de la XXI Palma de Plata en Algeciras, decidí casi sin pensar invertir tres horas de carretera para ir y otras tantas para volver sólo para asistir al reconocimiento de los Perrate, una saga utrerana de arte indiscutible.

El festival en sí, lo digo desde un comienzo, fue mediocre, pero tuvo un punto de emotividad para tener en cuenta y sobre todo un sabor diferente al flamenco habitual que en mi cercada Granada puedo contemplar.

Se trataba de, a través de sus hijos, reconocer el trabajo impagable del Perrate de Utrera y de su hermana María la Perrata. Descendiente directo de José, estuvo presente Tomás de Perrate y su hermano Adán, que recogió el galardón. Por parte de María estuvieron Inés Bacán, Mari Peña y, como apoyo imprescindible, Tere Peña, hermana de Pedro Peña y Juan Peña ‘el Lebrijano’.

Como guitarrista único (como en los festivales de antaño) compareció Antonio Moya, con buen pellizco, soltura y complicidad con todos los artistas.

Mari Peña abrió la noche por tientos, después hizo soleares y alegrías de Pinini, con algunas cositas destacables. De Inés Bacán sorprende su eco tan flamenco. Comenzó con fandangos, para desembocar en lo jondo de una soleá y rematar por seguiriyas.

Tomás de Perrate, creo que se templó con soleares (no tomé nota y no recuerdo muy bien). Su sola garganta, la cadencia tan especial que tiene su voz y el soniquete que lo envuelve, ya son cartas a tener en cuenta. Continúa por seguiriyas, con más ganas que eficacia, y termina con las bulerías ‘arremansás’ que impone su sello.

Como fin de fiestas, toda la familia proponen se van por fiesta.

Tras el ‘acto protocolario’, dirigido por Manuel Martín Martín, que ha ido haciendo de presentador, de entrega de la Palma de Plata, y de un breve descanso, la segunda parte la ocupó el bailaor local David Morales, haciendo un resumen de su trayectoria. Lleno de ideas, no termina de convencer el concepto de su baile, en el que destacaría algunas cosas. Sorprende el gusto de prescindir de la percusión (caja, pandero, tinaja y tambores varios) a favor de la palma desnuda. Su dominio del espacio también es loable. Pero aplaudimos sobre todo al tocaor que lo acompaña, Dani Casares, que, siendo un guitarrista de concierto, arropa sin fisuras; que, asomado a la vanguardia, suena flamenco a cada paso.

 

Lunes, 02 de Diciembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El sello de una casta

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XIV Encuentros Flamencos de Granada 

Existe un paralelismo entre la familia de los Farruco y la familia de los Maya: la fuerza o, si quieren, la furia. El primer día del festival de otoño estuvo ocupada por una representación de los sevillanos (Herencia), al igual que el segundo día estaría cubierto por los granadinos (Gitanos: savia nueva), para terminar el jueves y el viernes con el ‘patriarca’ de los dos clanes, Farruquito y Juan Andrés Maya.

Con más de medio aforo y una expectación proverbial comienzan los sones de las bulerías primeras, donde el Carpeta, el más pequeño de los Farruco, y Barullo, trajeados de plata, no dan respiro al aire que los envuelve y derrochan zapateado y compás, con su baile macho de pura raza. A los postres, cuando la fiesta se asoma a Extremadura, hilvana la Farruca, algo más comedida, estos jaleos finales.

Tras un solo de guitarra de Juan Requena, acompañado de percusión, vuelve Manuel ‘el Carpeta’ por alegrías, levantando verdaderas aclamaciones de pasión. Este joven bailaor se ha criado en el escenario y en él, como pez en el agua, se desenvuelve a la perfección. Domina el espacio y racionaliza su quehacer, a pesar de su energía desbocada y vertiginosa, a veces altanera.

Sin embargo, pocas veces, congela su acción y explora el camino que saborean sus mayores. Es cuando se entiende la madera, cuando lo que vemos, además de relucir, a la larga puede pesar varios quilates.

Su primo, Juan Fernández Montoya ‘Barullo’, lo sustituye en las tablas bailando por seguiriyas. El sello es el mismo, el ADN innegable. Parece que cuando baila alguien de de la saga Farruco es como si bailaran todos los demás, que son una extensión de su abuelo, a quien homenajean de continuo. De hecho, cuando termina la pieza, Barullo mira hacia arriba como brindando o agradeciendo. Su baile es radical, con brío y espectáculo, lleno de poses y efectismo. Tiene momentos de verdadero pellizco.

Manuel de Tañé, Quini de Jerez y Mara Rey, los cantaores, abordan unos tangos occidentales bastante aclamados. Esta vez sin baile.

La soleá anuncia un momento grande. Rosario Montoya ‘la Farruca’, la madre del clan, con arte y poderío, sale a escena vertiendo su caudal. Es un baile más repensado y lleno de expresión que, cuando estalla por bulerías, contempla igualmente el desenfreno. Sin duda, aunque breve, la mejor entrega de la velada.

El fin de fiestas por bulerías pone fin, o puntos suspensivos, a una noche que sin lugar a dudas les pertenece.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Jueves, 05 de Diciembre de 2013 10:22 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.


Imágenes de sus mayores

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Los retratos de Carmen Amaya, Mario Maya, Manolete y Juan Andrés Maya presidiendo la escena presagiaban en torno a quién giraba el espectáculo a pesar de llamarse Savia nueva. Savia nueva pero de un innegable tronco que les da sustento.

Una solea por bulerías sirve de presentación. Karime Amaya, Iván Vargas y Alba Heredia descubren sus cartas y prometen su entrega como si fuera su última noche.

La canora guitarra de Luis Mariano queda sola sobre las tablas que, tras una armónica introducción, recibe a Iván Vargas por farrucas. La pieza es reconocida. Son los compases que han acompañado desde siempre a Manolete. Pero ya no es la farruca del maestro del Sacromonte, sino la farruca de Iván Vargas, con su sabor personal, con su poquito de lo aprendido y lo mucho de su sangre; con seguridad en su braceo y unos pies de los que ya no tiene que preocuparse; con su rabia Maya, pero son su delicadeza en flor. Lástima los recursos repetidos. Lástima ese rasgueo final en la guitarra de Luis Mariano que ya hemos visto cien veces este año.

Los brazos son sellos indiscutibles de esta saga familiar. Desde el abuelo Raimundo, pasando por todos y cada uno de los Maya, de los Heredia, el vuelo de las manos es todo un espectáculo. Son palomas que sacuden sus alas después de un baño ligero. Posiblemente, empero, quien hereda y concentra, como en un caro perfume, esta habilidad, es Alba Heredia, la más joven de la casa. Alba nos propone seguiriyas con bata de media cola a la que no le sacó el partido deseado.

En Alba hay que pensar a largo plazo. La siembra de una buena semilla, el buen abonado y el buen regadío, auguran una buena cosecha.

De quien se acordará es de su tío Juan Andrés (incluyendo su histrionismo), con detalles personales. ¿Quién negaría sus caídas tan sacromontanas? ¿Quién negaría su baile completo, de pies a cabeza? ¿Quién negaría su estampa? Las muecas de su boca, sin embargo, afean indeciblemente su figura.

Después de una rueda por tonas por parte de los cantaores Manuel tañe y Simón Román, vuelve Alba Heredia, con chaqueta y pantalón blancos, homenajeando a Carmen Amaya por tarantas, arropada por la guitarra Justo Fernández ‘Tuto’. El público agradece sus dotes y su entrega, y así se lo expresa. Grandes sorpresas nos aguardan

Por último Karime Amaya, descendiente de la gran Carmen, a quien ya vimos en el Corral del Carbón, se destapó por soleares. Su baile es redondo y efectivo. Tiene un cierto regusto añejo y un juego de pies vertiginoso.

Todavía Iván Vargas, antes de terminar, apostó por alegrías en una pieza ya conocida donde se acuerda de Mario Maya y combina con guiños a Manolete.

Se despiden todos juntos por rumbas. Pieza que sirve tanto de saludo como de agradecimiento. Son gitanos. Son savia nueva.
* Foto: Joss Rodríguez©.

Sábado, 07 de Diciembre de 2013 10:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Honorio Bustos Domecq

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Una colección de kiosco de los años 80 (Literatura Contemporánea Seix Barral), en la que compraba ejemplares sueltos, según autor, título y posibilidades económicas, me llevó a interesarme por un título harto estimulante para mi vanidad investigadora. Se trataba de Cuentos de H. Bustos Domecq, que hacía el número 48 de esa serie posiblemente centenaria. Lo adquirí, además de por sus autores y por su trama, una aventura detectivesca urdida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, por la curiosa coincidencia de mi apellido con el del supuesto autor de las historias de raciocinio, pues de densa deducción se trata.

En varias ocasiones, a lo largo de estos años, he intentado abordar su lectura, pero su prosa densa y terriblemente porteña y erudita, plagada de francaísmos y latines, me lo impedían. En una reciente visita a mi biblioteca, escudriñé este volumen, entre otros más de su colección, oculto en una segunda fila por libros más recientes y, sin duda, más vistosos.

Reconozco que me ha costado entrar, pero, a sabiendas de que cuando le cogiera el pulso narrativo iba a colmar mis expectativas, no he cejado en su lectura.

Llevo unas cuantas decenas de páginas y sus propuestas, inventiva, dinámica e imágenes reconozco que me atrapan. Hay detalles que saboreo con placer e incluso me hacen sonreír.

Honorio Bustos Domecq es el autor ficticio de los relatos que componen este libro, que consta a su vez de tres obras: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

Comienza la primera parte con unas notas biográficas de este escritor argentino, que empezó a escribir a la edad de 10 años y que publicó sus obras en la prensa de Rosario.
El origen del pseudónimo, leo en la wikipedia, consiste en la reunión de los apellidos de la abuela paterna de Bioy (Domecq) y de un bisabuelo materno de Borges (Bustos), lo que fantasiosamente me emparienta (o emparenta) con mi admirado invidente.

En el segundo relato de Isidro Parodi (que resuelve los casos desde la celda 273 de una penitenciaría de Buenos Aires), un actor, Gervasio Montenegro, que singularmente también prologa el libro, gana al poker trescientos quince pesos y cuarenta centavos y el diamante de una princesa rusa. Para celebrarlo, cuenta Montenegro: “llamé al mozo y le pedí ipso facto la carta de vinos. Un rápido examen me aconsejó la conveniencia de un Champagne El Gaitero, media botella”.

Varias razones me levantaron el belfo (con todos mis respetos). Dos mentes privilegiadas piensan en una marca de espumoso tan exótica como exclusiva. El Gaitero no es un champagne sino una sidra (aunque, en honor a la verdad, más adelante en el relato lo llaman de esta manera). Además es una bebida asequible, de andar por casa, y nada sofisticada.

(Puede, no obstante, que el champagne al que los autores se refiera, no sea el mismo que yo conozco, lo que estaría justificado por su parte y asaz escurridiza por la mía.)

Domingo, 08 de Diciembre de 2013 18:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Maya versus Farruquito

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Si fuera una confrontación, Farruquito habría ganado por goleada a Juan Andrés Maya, el visitante se hubiera alzado con el triunfo ante el equipo local. No obstante el listón estaba alto. No obstante, tanto uno como otro, levantaron pasiones.

Improvisao se llamó el concierto y supongo que de improvisado algo tendría, pero lo que es la esencia, el guión principal, lógicamente venía aprendido. Quizá la idea, como en el jazz, sería recrear sobre una base, sobre ese continuo que sirve de estructura.

Tras una presentación por seguiriyas donde cada cual expuso sus credenciales e incluso se hicieron guiños combinados, cada uno se hizo cargo de su espectáculo, con su cuadro independiente, inundando el pensamiento de que compartirían la escena al menos en algunas piezas.

La primera parte, larga a mi parecer, la ocupó Juan Andrés y los suyos. Comenzó por tarantos, que remató por tangos y un poquito por Huelva. Esta primera entrega fue discreta y levemente redonda. Destaco, como no, su juego de pies y el aire de sus manos, el intento de totalidad y la complicidad con el público, su público.

Para hacer tiempo a que el bailaor regrese con nuevos bríos, se le hace un favor desafinado al No me lo creo de Parrita.

Y, ahora sí, con exceso de minutaje, Juan Andrés Maya aborda una soleá donde saca muestra todas sus cartas. Da lugar al torbellino, a la belleza y al asombro; pero también a la teatralidad inquieta y al remedo de sí mismo. Más suelto (¿resuelto?) llegará a las bulerías que le sirve de fin de fiestas, donde invita a darse una ‘pataílla’ a sus jaleadoras con algún altibajo.

Un breve descanso no anunciado recibe a Farruquito por alegrías con traje inmaculado. Su cuadro es otro: compacto, seguro y efectivo. Con cuatro cantaores, dos guitarras y un percusionista, su espalda está segura.

Juan Manuel Fernández Montoya tiene una agilidad precisa, un buen concepto del espacio, un braceo varonil, una verticalidad envidiable y una música reconocible en los pies. Todo lo cual redunda en su elegancia innata.

Juan Requena, uno de sus guitarristas, plantea bulerías de peso, mientras el sevillano se cambia para reaparecer por soleá, en la que trasciende su herencia y la longitud de su sombra, a pesar, él mismo lo confesó, de sentirse afectado por el frío de Granada.

* Farruquito por soleá (Joss Rodríguez©).

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 11:13 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Poveda por los pelos

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Sin saberlo, los Encuentros Flamencos de Granada terminaron con la actuación de Juan Andrés Maya y Farruquito, el jueves y viernes pasados, pues la presencia de Miguel Poveda no pertenecía a dicho festival, con lo que nos sentimos engañados, y al concierto de Argentina no pudimos entrar (asombrosamente los críticos no estábamos acreditados) lo que redundó en nuestra decepción.

Desde hace años, estos Encuentros, por unos u otros motivos están enrarecidos y, si hay suerte, de ellos sacamos un sabor agridulce que perdura.

Según cartel y promoción, me encaminé al auditorio Manuel de Falla el sábado, 7 de diciembre, confiado como de costumbre. Me extrañó no ver gente en la puerta por mucho frío que hiciera. No sólo había comenzado el recital media hora antes de lo anunciado, sino que mi nombre no estaba en la puerta.

En ese momento me enteré de que el cantaor catalán venía por su cuenta y riesgo, con su personal y su equipo y que no tenía nada que ver con el festival de marras. Con todo y con eso nos dejaron entrar en una esquina que roza el cielo. Desde el palco cinco no sólo se ve sesgado y parcial, sino que el sonido es deficiente.

No pensaba escribir por la afrenta, pero la segunda bofetada sin haber volteado la mejilla terminó por decidirme. No me importa no asistir al concierto de Poveda o el de la onubense, pues ya los he visto y los seguiré viendo, lo que es inadmisible es que se juegue con unos profesionales de esta manera, haciéndonos perder el tiempo y las ganas, partiéndonos el fin de semana y ninguneándonos de esa manera. Más vale que no nos hubieran hecho caso desde un principio, que nos dijeran que no querían cámaras ni críticos y que preferían seguir manteniendo un festival provinciano. Y todo esto con la connivencia feliz de nuestro Ayuntamiento, que no se entera por dónde van los tiros de la cultura.

Miguel Poveda por su parte, excelente. Es un cantaor todoterreno. Es el flamenco más en forma de nuestro país. Capaz de llenar estadios y aplaudido por todos, de ahí su versatilidad.

Como digo llegué tarde y no tomé nota. De todas formas, destaco una primera parte y un colofón eminentemente flamencos. Una de las bazas que atildan a este catalán, hijo de emigrantes levantinos, además de su bella voz, siempre afinada, es el respeto a sus mayores y el fiel remedo a los grandes, no sólo del flamenco, también de la copla y del tango.

Así, tras unas espléndidas alegrías, malagueñas, abandoladas por rondeñas y fandangos lucentinos, y sobre todo por una impresionante soleá, acompañado con la guitarra de Carlos Grilo, uno de sus palmeros, y no su habitual ‘Chicuelo’, le dedicó a su padre unos cantes de levante especialmente sentidos.

Seguidamente interpretó un popurrí sobre los poemas por bulerías de Lole y Manuel.

Las notas a piano de La niña del Albaicín por el maestro Joan Albert Amargós, anuncian una segunda parte de copla (hay que agradar a todos los públicos). A su final se pronunció sobre el error garrafal de anunciarlo en un cartel sin haber contado con su participación). Y remató brindándole un reconocido homenaje a Enrique Morente, con un fandango muy musicado y una recopilación por bulerías.

Tuvo tiempo también, en el apoteosis final de adelantarnos el villancoico Los campanilleros, coreado por el público más avanzado.

El fervor de un público, no demasiado flamenco, y el aroma del ambiente concatenaron un prolongado fin de fiestas donde no paró de bailar.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 12:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Fandango

No sé lo que has comprendío
de lo que te he comentao
que en cuestiones de flamenco
pocos son los entendíos
y muchos los enteraos.

Miércoles, 11 de Diciembre de 2013 23:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Fiesta del Erizo

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Hace exactamente veinte años que me embarqué con unos amigos en una aventura emocionante. Esta era la publicación (trimenstrual, decíamos) de una revista de literatura erótica, llamada El erizo abierto. Duramos seis números, repartidos entre tres años, con múltiples actividades paralelas del mismo corte erótico-literario, con un trasfondo social y político que trataba, más que provocar, agitar a la ciudadanía y tomar el pulso al poder y a su nivel de permisibilidad y compromiso.

A los diez años, en 2003, hicimos una fiesta y sacamos un número memorable, de 48 páginas, siendo la mitad recopilación de todo lo publicado y la mitad material nuevo.

En ese tiempo ya nos habíamos dado cuenta de la involución de la sociedad y el anquilosamiento de nuestros próceres. Impensable sobrellevar una publicación de este tipo.

Diez años más tarde, o sea, mañana a estas horas, sacamos otro numerito, con sólo veinticuatro páginas, y hacemos nueva fiesta en La Expositiva (Plaza Nueva), a las 21,00, advirtiendo que las cosas están aún peor que hace diez años y que veinte y que, si seguimos decreciendo, vamos a alcanzar los años más duros del franquismo.

En dicha celebración se proyectará un vídeo alusivo y habrá canción de autor y poesía. La entrada será de 7 euros con derecho a revista y consumición.

No digo más. ¡Os espero!

* Potada de la nueva revista.

Jueves, 12 de Diciembre de 2013 18:35 volandovengo #. Día a día No hay comentarios. Comentar.

Tres años sin Enrique

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No quiero dramatizar ni me apetece meterme en detalles escabrosos de su ‘mala muerte’, pero hoy se cumplen tres años desde que desapareció el maestro Enrique Morente.

Maestro puesto a conciencia, pues sin querer, sin darle importancia, nos enseñaba continuamente, a sus hijos, a sus amigos, a los más distantes y hasta a sus detractores. Nos enseñaba y sigue dándonos lecciones desde sus discos y declaraciones, desde sus anécdotas y el recuerdo. Porque Enrique era un hombre grande en todos los sentidos. Porque la mayor característica de la grandeza es la humildad. Y humilde era como pocos. Tan sólo verlo tratar con la gente por igual sin atender a su condición, tan sólo verlo con el chándal guardando cola para comprar el pan en la plaza Mariana Pineda, tan sólo verlo conducir en ese coche más pequeño que él, tan sólo asomarse a los bares de madrugada con doce o trece y decir si podían tomarse una copa, tan sólo ir de gira y contar en su cuadro con los más necesitados, tan sólo verlo escuchando a cualquier flamenco, a cualquier músico, a cualquier artista y tomar nota de ello, tan sólo el cantar de forma altruista por una buena causa, tan sólo el intento de colaborar con todos en la grabación de sus discos, tan sólo en la estela tan grande de dolor y admiración que ha dejado, que son miles de seguidores por todo el mundo, que son miles de aficionados que se han acercado al flamenco por él.

Lo recuerdo constantemente y su trabajo es mi música de cabecera, como de libros tengo a Cunqueiro o a Borges. Pero lo recuerdo con alegría, no porque se haya ido, sino porque lo he conocido, porque nos ha dejado un gran legado, como músico y como persona, porque cuando dos o más hablamos sobre él nos parece que estuviera presente, que en un momento dado iba a aparecer por una esquina, con su sonrisa permanente que achica aún más sus ojos y con su pelo rebelde.

Algunas fotos y detalles guardo de Morente entre mis cosas, pero he querido poner la entrada al Primer Concurso Flamenco de Maracena, con él como artista invitado. Tiene mil años. Mi flaca memoria no alcanza a decir la fecha exacta (si alguien que me lea la sabe, rogaría que me la dijera), aunque no sería difícil averiguarlo. Quiero llamar la atención en dos detalles. El primero es que es la entrada número uno (0001). Llegué a la taquilla con tiempo necesario para ocupar el primer lugar y poder escuchar al maestro. Todavía no me ocupaba del flamenco y ni por asomo pensaba que iba a ser crítico o algo parecido. En segundo lugar, derivado del primero, es que como es la entrada número uno (0001) pedí que no me la rasgaran para conservarla de esta guisa.

Ya sé que no es suficiente, pero este es mi pequeño homenaje.

Viernes, 13 de Diciembre de 2013 10:16 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Los campanilleros

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La otra noche, entre los bises del concierto de Miguel Poveda en el auditorio Manuel de Falla de Granada, tuvo el gusto de cantarnos unos campanilleros, que fueron coreados con satisfacción por parte de los presentes. Fue un tema bastante acertado, que pasa por villancico, debido a las fechas que se avecinan.

Pero los campanilleros curiosamente es un palo único dentro del flamenco, del folklore aflamencado, si queremos.

Por campanillero se entiende el individuo de una agrupación, frecuentemente llamada los campanilleros, que en algunos pueblos andaluces y en partes de Extremadura y el sur de Castilla-La Mancha, entona canciones de carácter religioso, en el Rosario de la Aurora, con acompañamiento de guitarras, campanillas y otros instrumentos de percusión.

A este respecto, dice Juanito Valderrama en Mi España querida, compilación de memorias editadas por Antonio Burgos en 2002: “Los campanilleros son un cante popular andaluz, que se cantaba por las Pascuas de la Navidad y en algunos pueblos, como en Mairena del Alcor, por la fiesta de los Difuntos, en los rezos por las ánimas del purgatorio. Se cantaba a coro, con las campanillas haciendo el compás. Los campanilleros estaban también unidos a la devoción del Rosario de la Aurora, que trajeron los dominicos, y en algunos sitios había campanilleros con colas referentes a la Semana Santa, a la Pasión del Señor.

La muestra flamenca más antigua de los campanilleros se debe al cantaor jerezano Manuel Torre, quien hacia principios de siglo realizó una versión, interpretada con dramatismo y hondura, acompañándose de la guitarra de Niño Ricardo, y que dejó grabada en 1929 junto al guitarrista Miguel Borrul con la letra clásica de A la puerta de un rico avariento.

Sobre 1959 La Niña de la Puebla regis­tró de nuevo este cante en una versión más asequible al gran público, con letras compuestas por su padre, Francisco Jiménez Montesinos, obteniendo un enorme éxito que la catapultó definitivamente a la fama.

El tema de las letras suele ser de carácter religioso, aunque admite otros temas, guardando siempre relación con el carácter religioso original.

Se cantan sobre un compás de 3x4 y el acompañamien­to en tonalidad menor. La estrofa es de seis versos asonantados siendo el primero, tercero y quinto decasílabos, y el segundo y cuarto dodecasílabos, aceptando también una cuarteta octosílaba a la que se une otra hexasílaba.

Es un cante de mínima ejecución, muy pegadizo, que ha grabado, siguiendo la pauta marcada por Manuel Torre, por ejemplo, Juan Varea, El Agujeta, José Mercé y José Menese, entre otros interpretes. O artistas más alejados, como pueden ser Rocío Jurado y Rosa López.

Entre las decenas de letrillas, dejo tres, una tradicional y dos compuestas por Jiménez Montesinos para su hija:

A la puerta de un rico avariento
llegó Jesucristo y limosna pidió,
y en lugar de darle una limosna
los perros que había se los azuzó.
Pero quiso Dios,
que al momento los perros murieran
y el rico avariento pobre se quedó.

En los pueblos de mi Andalucía
los campanilleros por la madrugá,
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar.
Yo empiezo a cantar,
y al oírme todos los pajarillos
que están en las ramas se echan a volar.

Pajarillos que vais por el campo,
gozando el amor y la libertad,
recordadle al hombre que quiero
que venga a mi reja por la madrugá’.
Que mi corazón,
se lo entrego al momento que llegue,
cantando las penas que he pasado yo.

En 1924, con el mismo canto popular, el compositor Manuel López Farfán realizó una marcha procesional llamada Pasan los campanilleros.

* La Niña de la Puebla (foto de Paco Sánchez©).

Lunes, 16 de Diciembre de 2013 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Caminantes

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Camina pesadamente. Con paso quedo. Ligeramente vencido hacia la izquierda, como si un brazo le pesara más que el otro. Si hubiese sido más largo arrastraría por el suelo como la flácida probóscide de un elefante cansado.

Aquel, fino y espigado, va dando saltitos cual si caminara en cama elástica o ingrávido en un astro cercano. Muellemente traspasa a los que en su misma dirección avanzan y con regateo etiquetero esquiva a los que se le topan de frente.

Ella repiensa su caminar. Cual tentempié despreocupado, marca el sofoco balanceo de preñada primeriza. Arreboles sonrosados fatigan su cara cuando sonrisas sorpresivas saltan a las chispas de sus ojos. La abundancia de sus nuevos pechos y sus palmas regordetas contribuyen su inestabilidad.

Con punto de apoyo robledo arrastra encorvado su cojera añosa. Inclinado sobre el piso difícilmente visualiza la dirección de la perezosa marcha. Las piernas vienen pesando como plomizas hace ya. Barre el piso sauróctono a cada rumiada huella.

Va y viene. Sus pasos son redondos y cargados de nervios, rebosante de aristas. Esféricos sus ojos en un bosque de piernas. De cuando en vez agarra una mano suave, faro de madre que impone seguridad en la noche de sus pocos años.

Son largas y elásticas sus canillas lampiñas. Deportivo camina remolinando los brazos al compás de su respiro. Impone su juventud la prisa decidida y una mirada fuera de este mundo que antagoniza con los fatigados transeúntes de las esquinas.

Con un pie detrás de otro, guarda una misma línea de equilibrio. Trote cochinero impone su falda estrecha, como si en la calle se sintiera fuera del agua. La precede el rouge estridente de sus labios carnosos y el torso abultado de talla justa o casi y los ojos sombreados de holgadas pestañas que sueñan ante el neón del inmediato escaparate.

Si fuera un animal de hiénido se trataría. Encorvado sobre sí mismo más que alzar los pies los arrastra como la oruga de un carro de hierro. El cuello hundido en unos hombros que preguntan si no camina solo. Si pudiera intentaría menores en las farolas. Su sonrisa lo delata.

Más presta atención a su auricular que a su marcha. Como si fuera un gepeese lo mantiene delante de sus narices y de a ratos se para a contestar con media sonrisa, como quien tiene la mano llena de hormigas, el vértigo de la conversación. Es ajeno a la calle, es ajeno a sí mismo, sólo un cruce, un traspié o el ruido inesperado lo vuelve a esta dimensión.

Copetona camina recién lacada con aires de venado orgulloso. Visones en el cuello tal vez o seda con pedigrí desborda el halo del perfume que precede sus pasos. Es plomiza y apretada aun sin carne apenas. En las mientes le asalta la tarea huera de cada día que le impele su continuo pastilleo.

Sin venir a cuento canta su alegato. Está ofendido con el mundo. No importa si lo escuchan. Camina paralelo a la marea, hacia un lado o hacia otro, le es indiferente, que mira sin cesar. Ya se para y cuenta su leyenda cuando un chaval le huye y otro lo aguijonea. Se agacha para recoger una pava apenas sin fumar.

Con los libros apretados al pecho incipiente recorre soñadora el camino de diario. Los recuerdos de un pasado inmediato la llenan de suspiros. Con sus trenzas amarillas, quizá helénicas, tiene todo el horizonte por delante.

Arrastrado por su can tropieza de esquina a farola, de alcorque a pared con su correa extensible que escolla a los demás trashumantes. Quién pasea a quién, se preguntan estas gentes. Con una prisa que no le asalta, quizá lleva bolsas en las manos o un periódico en la axila.

Torpe, pasea sin rumbo como mosca de otoño. No tiene prisa. Con su cámara al hombro sorprende cada instantánea. Lleva calcetines bajo las sandalias, y pantalón corto aún con la brisa. Sonríe a las aves y a los perros y a los gatos y aun a los cocodrilos.

Con su cara roja y su carne derramada, que se empeña en apretar, jadea a cada instante con el ronroneo abisal de los cetáceos. Las columnas flácidas de sus piernas apenas sostienen su balanceo inestable. Lentamente avanza como si fueran dos y agradece la luz roja frente la calzada que permite un obligado estanco.

Él no camina que espera. Junto a la pared entre las lunas de dos escaparates es todo cuello. Se asoma nervioso hacia los dos flancos como una mangosta en su agujero. Mira el reloj de continuo y arregla sus ropas sobre el arreglo anterior.

Con tacones de vértigo inseguro, más que andar, salta como los pájaros que no están hechos para abandonar el vuelo. La melena corta de moreno inflado marca el compás de sus movimientos. Es elegante en su delgadez, acostumbrada a atesorar miradas. No obstante los demás se apartan de su halo.

Camino caminando el caminar de los caminadores para a vuelapluma esbozar esta minuta de siempre truncada.

* Caminantes de la ciudad©, de Manuel Molano.

Martes, 17 de Diciembre de 2013 10:14 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

Los gitanos entran en España

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Existen dos teorías sobre el arribo de los gitanos a la Península. Una, que podíamos llamar convencionalmente pirenaica, y la otra, africana.

La primera de ellas no tiene fisuras. Es la entrada por Cataluña a través de los Pirineos en el siglo XV, después de su periplo oriental a través los pueblos europeos. Desde la India penetran en el continente por Persia y por Rusia.

No cabe duda de esta incursión por las huellas habidas, por el poso documental que los contempla.

El primer documento que atestigua su presencia en España data del 12 de enero de 1425 (a comienzos de 2014 se cumplirán 589 años), cuando Alfonso V, el Magnánimo (1416-1458), rey de Aragón ofrece un salvoconducto, una cédula de paso, a un tal Juan, conde de Egipto Menor, líder de una comunidad gitana, para viajar por sus tierras durante un trimestre.

La segunda teoría es una hipótesis creíble, aunque no suficientemente documentada, por no decir ausente de restos. Cuenta que el pueblo romaní, pasando por el norte de África, desde Egipto, a través de Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, daría origen, en el siglo XIV, a los gitanos de España (por la atracción de la España musulmana), e incluso a los del sur de Francia. Es difícil suponer que si hubieran saltado el charco no hayan dejado huella, habría documentación sobre dos entradas distintas. Aunque es dable, sobre todo por la herencia que portaba este pueblo, que la teoría africana sea aceptada.

De esta forma, ¿sería posible que cuando los gitanos, provenientes del norte, entraran en Andalucía, se encontraran con los gitanos que ya estaban aquí?

Las primeras manifestaciones documentadas en Andalucía, sin embargo, parten de tierra adentro, de la provincia de Jaén. Data del 22 de noviembre de 1462. Año en que el condestable don Miguel Lucas de Iranzo, recibe en Jaén con gran acogida a dos condes del Pequeño Egipto con bastantes familias (uno don Tomás e el otro don Martin, con fasta çient personas de ombres e mugeres e niños, sus naturales e vasallos) y, antes de su marcha, los colmó de regalos y les entregó una suma considerable para el viaje.

Jean-Paul Clébert, en su obra Los gitanos (1965), escribe con cautela: “es muy probable que estos nómadas conseguirían proseguir su camino por la costa norte de África hasta Gibraltar (…), pero ¿dónde hallar pruebas evidentes de la presencia de los gitanos en África? Fuera de Egipto, se les señala en Etiopía, Sudán, Mauritania y el Norte de África. Pero al parecer nadie los ha estudiado”.

En 1870, Francisco de Sales Mayo, con el nombre de El Gitanismo, reedita el Diccionario gitano, escrito por Francisco Quindalé en 1867, donde dice: “Los musulmanes pudieron venir seguidos de estas mismas hordas auxiliares, primeros gitanos que, confundidos con la chusma sarracena, no hubieron de fijar una atención especial de parte de los españoles hasta después de la conquista de Granada, cuando empezó a predominar la política del arzobispo Jiménez de Cisneros contra las razas de Oriente”.

Por la misma época (1898), Rafael Salillas comenta en Hampa: “En su concep­to, y sin pruebas que lo justifiquen, los gitanos entran en España por las costas de Andalucía... Todo esto, ade­más de los itinerarios conocidos y de la documentación histórica que lo comprueba, habla en contra de la entrada por Gibraltar y las costas de Andalucía, sobre todo supo­niéndola en tal número que de ella deriven los gitanos existentes”.

Arcadio Larrea (El flamenco en su raíz, 1974) argumenta además que “las condiciones precarias en que vivía el reino de Granada no se ofrecen atractivas para gente nómada y libre”.

Más antiguo en el tiempo son estas declaraciones de Pedro Salazar Mendoza, en el memorial Del hecho de los Gitanos, de 1618: “Decir que vinieron con los moros, como alguno ha dicho, no tiene, al parecer, fundamento, pues nunca se ha hecho mención de ellos en nuestras historias”.

Así pues, la teoría africana seguirá siendo una incógnita hasta que no aparezcan datos que la respalden, aunque su autenticidad es verosímil y harto atractiva.

* Pintura de una familia Gitana Española, Sorokin (1853).

Viernes, 20 de Diciembre de 2013 18:40 volandovengo #. Gitanos Hay 2 comentarios.

Problemas de cálculo

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La casa estaba fría en la crudeza de aquel invierno por lo que decidieron abrirse un hueco para dormir junto a los animales en el establo justo la noche en que ella rompió aguas y el infante rosado se desprendió sobre la paja donde su madre lo aseó con mimo y lo amamantó en el pesebre mientras un lucero errante se posaba en el ventanal y cien pastores de buena voluntad se juntaron en la puerta para ver lo que pasaba a los que se les unieron tres reyes venidos de oriente con profusión de ropajes y martas que descendieron de sus camellos para ofrecer al nacido onerosos presentes pero al día siguiente la estrella se mudó unas cuadras más abajo pues había errado su descenso obligando a todos a darse la vuelta y a recobrar los reyes sus presentes entregándoselos a ese otro niño el día seis de enero del año uno rompiendo los sueños de grandeza de los primeros padres que no quisieron llamar al niño Jesús por puro coraje.

Viernes, 27 de Diciembre de 2013 14:15 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.

Evidencias

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En una Antología sobre la Joven poesía española de Concepción G. Moral y Rosa María Pereda, editada en 1982, en el venerado número 107 de Cátedra, cada autor, antes de que principien sus poemas, nos ofrece una poética personal. José María Álvarez, para explicar su forma de componer versos, comienza así:

“Estimado señor: Me pide usted una Poética. Me acuerdo de aquella noche en que tocaba Johnny Hodges. Y un curioso le preguntó que cómo tocaba. Entonces Johnny se quedó mirando, cogió el saxo, y empezando JUST A MEMORY [las mayúsculas son suyas], dijo: Esto se toca así”.

Monterroso, en uno de sus apólogos, recuerda que un día una periodista (cuento de memoria, pues no encuentro la referencia), le hizo la pregunta cansinamente obligada de qué estaba leyendo en ese momento. El autor guatemalteco, sin atender mucho a su mesita de luz (como llaman ellos a la mesita de noche donde gravita la lámpara para leer al acostarse, el vaso de agua, el despertador t aun algún pastillero), respondió simplemente que todavía iba por El Quijote.

Jorge Luis Borges, en La poesía gauchesca, perteneciente a su libro Discusión (1932), comienza: “Es fama que le preguntaron a Whistler cuánto tiempo había requerido para pintar uno de sus nocturnos y que respondió: ‘Toda mi vida’. Con igual rigor pudo haber dicho que había requerido todos los siglos que precedieron al momento en que lo pintó”.

Bástenme estos ejemplos para demostrar la ley universal de la relatividad, sin recurrir a don Einstein, y, por ende, a la idea de infinitud.

* Nocturno de James Abbott McNeill Whistler (Nocturno en gris y oro, Nieve en Chelsea).

 

Sábado, 28 de Diciembre de 2013 20:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Vuelve la envidia

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Llegué a darme cuenta de que los Diez Mandamientos de la Iglesia en realidad es un decálogo contra la envidia, como ayer evidencié que el averno no es una estancia lúgubre, sino un lugar infernalmente luminoso. El simple “no desearás a la mujer de tu prójimo” o “no consentirás actos ni deseos impuros” es ya una advertencia.

En el judaísmo, el décimo mandamiento lo expone más claramente: “No codiciarás los bienes ajenos. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.

Hace tiempo escribí sobre la envidia. Un artículo en que llegaba a decir que nos enaltecía el éxito propio casi tanto como la desgracia ajena. No podemos tolerar que alguien, que consideramos a nuestro nivel (en el amplio sentido de la palabra), sea más que nosotros, tanto en obra como en consecuencia.

Es muy común en mi tierra el pensamiento, cuando alguien triunfa, de “dónde va ese si estudió conmigo” o “es de mi barrio” o “que de chico era más bien tonto”.

No somos capaces de ver la viga en nuestro ojo y sin embargo atendemos con definición la paja en los ojos que nos miran. No entendemos que la vida da muchas vueltas y que Darwin tenía razón al dictar que sobreviven los más aptos (aunque el factor suerte, como opinan los neodarwinistas, sea determinante).

El artículo antedicho estaba sembrado de definiciones de Ambrose Bierce (El diccionario del diablo). Quiero dejar otra más para redundar en mi aserto. El satírico escritor estadounidense interpreta calamidad como el “recordatorio evidente e inconfundible de que las cosas de esta vida no obedecen a nuestra voluntad. Hay dos clases de calamidades: las desgracias propias y la buena suerte ajena”

Juan de Zabaleta en su curioso librito El día de fiesta por la tarde, publicado a mediados de 1664, podemos leer: “¡Oh dulcísimo sabor el del escarnio ajeno...!”.

La envidia está en nuestro ADN, aunque nuestra voluntad (la paz de los hombres buenos) se revele. Mario Moreno ‘Cantinflas’ decía: “yo no estoy en contra de que haya ricos, estoy en contra de que haya pobres”.

Encuentro ahora una Historia del tango, publicada en Evaristo Carriego por Borges en 1930, en la que cuenta, después de hablar de sus orígenes: “el tango posterior es un resentido que deplora con lujo sentimental las desdichas propias y festeja con desvergüenza las desdichas ajenas”.

Martes, 31 de Diciembre de 2013 11:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.


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