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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2013.

Elegancias e inconvenientes

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Empezaré por las bondades. Una flaca memoria atiborrada, por otra parte, hace que se me olviden detalles puntuales de nombres y fechas (si es que alguna vez los supe).

La primera anécdota la relató Rosa Montero alguna que otra vez en sus dominicales de El País. Se trata de un noble francés condenado a la guillotina, lo cual sitúa el suceso probablemente en el siglo XIII.

Los guardianes, cuando lo van a acompañar, de madrugada, de su celda al patíbulo, lo encuentran leyendo.

El caballero se levanta y, a la hora de abandonar el libro, delicadamente dobla la esquina de la página por donde deja la lectura.

La segunda de estas historias la leí hace bastante tiempo en un curioso libro llamado El perfume (oHistoria del perfume) de Eugène Rimel, pionero en las industrias de belleza y el cuidado de la salud. También trata de un noble de su tiempo (s. XIX) y de su discreta elegancia.

Rimmel cuenta que este señor acudió a una fiesta galante y, nada más llegar, una dama de alcurnia, después de experimentar un vaporoso besamanos, comentó lo elegante que venía el marqués (creo que era el título que ostentaba).

—¿Se nota mucho? —preguntó el noble ligeramente azorado.

Ante el halago afirmativo de la doncella, tal señor se marchó a casa y regresó al banquete con ropajes igualmente estilosos pero menos llamativos.

En cuanto al lado inoportuno, puedo relatar también algunos ejemplos que, poniéndonos en situación, son perfectamente explicables (o sea, inexplicables).

La primera historieta la releo en el libro epistolar La mesa moderna, del doctor Thebussem y un cocinero de Su Majestad. El síndico, en misiva redactada en Medina Sidonia, el 15 de mayo de 1877, cuenta el hecho de que, en una visita a una de las principales bodegas de Jerez de la Frontera, Carlos IV, después de haber probado algunos de los excelentes vinos que aquellas paredes custodiaban, le comentó al dueño de las barricas:

—Son muy buenos…

—Superiores los tengo —replicó el cosechero.

—Pues, señor mío —respondió el monarca— guárdelos para mejor ocasión.

Lady Ascott, cambiando de tema, acérrima detractora de Churchill le dijo en cierta ocasión:

—Sir Winston, si yo fuera lady Churchill, pondría unas gotas de cianuro en el café con leche de su desyuno.

—Querida señora —respondió el político inglés—, si usted fuera lady Churchill, yo me bebería con gusto ese café.

El último acontecimiento, lo he relatado en variada ocasión. Lo conozco de segunda mano, aunque parece que lo estoy viviendo en este momento. Tiene que ver con la noche, las copas y el flamenco.

A altas horas, entró Enrique Morente en un céntrico local granadino con un grupo de amigos a tomarse la ‘penúltima’. El camarero, ya sin música, recogiendo las mesas, después de haber cerrado la caja, concedió servirles unos vasos si los apuraban con premura. Los clientes estuvieron de acuerdo. Pero, al mediar las consumiciones, Enrique comenzó a hacerse compás con los nudillos sobre la barra y a entonar a media voz una sentida soleá.

El encargado se le puso en frente y, con sus ojos de vidrio, le espetó:

—¡Si vamos a empezar con los cantecitos nos vamos!

marse la ‘penúltima’. El camarero, ya sin música, recogiendo las mesas, después de haber hecho la caja, concedió servirles unos vasos si los apuraban con premura. Los clientes estuvieron de acuerdo. Pero, al mediar las consumiciones, Enrique comenzó a hacerse compás con los nudillos sobre la barra y a entonar a media voz una sentida soleá.

El encargado se la puso en frente y, con sus ojos de vidrio, le espetó:

—¡Si vamos a empezar con los cantecitos nos vamos!

Miércoles, 01 de Mayo de 2013 10:21 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Nuestro hombre en la Corte

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Flamenco Viene del Sur

Viva Madrid que es la Corte. Siempre que pensamos en Manuel Liñán, lo concebimos como algo nuestro, aunque se encuentre lejos, aunque pase el tiempo… Quizá porque él también siente que nunca se ha ido. Su vinculación con Granada, con su Realejo, con su familia, con sus amigos, es algo que lo lleva y lo expresa. En su baile se nota ese arraigo con su patria chica, en sus maneras y en su habla se conoce ese hilo que, lejos de romperse, se afianza un poco más cada día.

Manuel Liñán es de los bailaores actuales más interesantes del panorama nacional. Es efectivo y convincente; personal e incombustible; y con una creatividad desbordante. Es aclamado por el público, reverenciado por la crítica y admirado por sus iguales. Tanto es así que figuras de primer orden le piden coreografías para sus espectáculos.

En el Teatro Alhambra, el lunes, 29 de abril, presentó su trabajo Sinergia, su último espectáculo en solitario, donde no deja de bailar, tan sólo en momentos puntuales, y acaba como empezó. Parece que no le cuesta trabajo, parece que es un trámite, parece que se divierte y que siempre guarda un poquito por lo que pueda venir, lo que es de agradecer.

Sinergia es la combinación entre un bailaor y su cuadro, la complicidad entre la expresión plástica y la musical, para concluir en un producto superior a la suma de los dos anteriores.

Con unos cantes de labor en diferido comienza la escena con los actuantes repartidos en sillas y ‘vistiéndose’ en turnos para la ocasión, dando paso a las seguiriyas con coda final por tonás. Juego de voces, de Juan Debel y Matías López ‘El Mati’, reconocidas y aplaudidas desde un principio, por lo añejas, por lo complementarias, por lo acertadas, si bien la de El Mati algo cascada, aunque bonita y con intención.

Liñán desde el principio canastero, rompedor, espontáneo y con un toque novedoso que no le hacer caer en el bailaor enigmático que juega con la vanguardia. Su estilismo es encomiable, su ritmo endiablado, su dominio preciso. Y siempre en la cara una sonrisa.

En la soleá por bulerías, en la soleá, en las bulerías, en el solo compás, Manuel juega con el silencio, uno de sus puntos fuertes, uno de los ases en la manga que siempre ha querido mostrar. Acaba bailando de rodillas en un alarde tanto de fuerza como versátil, tanto de hombría como de comicidad.

Un solo de guitarra del buen Víctor Márquez ‘Tomate’ (esta vez sin baile) precede a la rondeña de Ramón Montoya interpretada por este mismo guitarrista de manera ejemplar (¡qué bueno sale el guiso cuando los ingredientes son de primera!).

El bailaor granadino, con un deje bastante clásico, interactúa con una silla hasta presentársela a la sonanta y apuntar el último rasgueo mientras Tomate descansa su mano derecha.

Algo parecido ya vimos en el Corral del Carbón de este verano, con Antonio Campos (espectáculo que volverán a traer próximamente). Aunque el paralelismo más exacto son la serie de los tres solos que van mostrando a capela los pasos estremecedores de los tangos finales. El juego de luces tiene gran importancia.

El preámbulo de las cantiñas son unos segundos de tonás que desembocan en una de las piezas más ricas de toda la obra, donde tiene una participación destacada la palmera y compañera inseparable Ana Romero. (Los encargados de hacer compás en un recital flamenco suelen ser grandes músicos.) Hay silencios, capela, compás, humor, recuerdos…

Liñán interactúa con sus músicos y remeda los movimientos del cantaor, o viceversa, y se queda muchas veces en un segundo plano para demostrar que todo es necesario. Terminan por acordarse de Morente y ese aporte a las alegrías de Rafael Alberti en su Marinero en tierra.

Los fandangos también son cambiantes. Se imbrican las voces, la guitarra y las palmas, los naturales y los de Huelva. Y, continúa la complicidad, cuando a los postres el cantaor hace compás con los nudillos en la suela del danzante.

El segundo gran momento sin baile es una vidalita, donde las voces se alternan con gran belleza, y donde se acuerdan de Valderrama.

El final es en off, como empezó. Los actuantes se ‘desnudan’ de algunas de sus prendas que el bailaor se va calzando. Así, con la camisa de uno de los cantaores, la chaqueta del otro y el lazo del tocaor, Manolo pone la guinda por tangos. Esos tangos que ha venido apuntando con toda intención, y sin música que lo respalde, desde el principio del espectáculo. Que diga quién que no domina por tangos; que diga quién que no ronea como el primero; que diga quién que no le corre la sangre del Camino, de la pita y de la penca por las venas.

Jueves, 02 de Mayo de 2013 13:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.


En la parada del bus

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Cuando recojo a mi niño, casi siempre dependemos del autobús, por tener el tiempo ajustado. En la parada, para no aburrirnos, jugamos a los chinos (o porras) y contamos algunos acontecimientos del día. Hoy, o cuando fuera (así lo digo porque no sé cuándo voy a publicar este post y mucho menos cuándo lo van a leer ustedes). Hoy, repito, Juan me preguntó el día de mi cumpleaños, que está por llegar. Al decírselo concluimos que que cumplo 51 años. ¡Qué barbaridad!, exclamamos o pensamos o las dos cosas. ¡Pero no se nota!, exclamé o deseé.

Tanto es así, improvisé, que en cierta ocasión me senté en un asiento vacío y me dijeron que era para mayores de cincuenta.

—Yo soy mayor de cincuenta —dije.

—A ver. El carnet de identidad —imperó.

En vez del DNI le mostré el bonobús. [Mi niño reía.]

—Tiene cara de transporte público —observó.

Juan preguntó entonces si en el bonobús había que poner la fecha de nacimiento.

—No. Hay que poner la fecha de defunción. [Más risas y embeleso por mi parte porque no tuve que explicar la palabra ‘defunción’ ni la concesión surrealista.]

—El mío pone: año 3.227…

Vino el autobús y nos engulló antes de proseguir con la aventura.

Al rato, ya viniendo, aparte de pensar en escribir esta pequeña conversación, recordé otro diálogo de marquesina (entre los muchos que hemos tenido):

—Papá para qué son esos coches de bomberos tan pequeños —preguntó viendo pasar delante nuestra un jeep de color rojo y con sirena.

—Esos son para los cumpleaños —dije sin dudar—. Cuando alguien cumple más de cien años y le es imposible apagar las velas, llama a los bomberos, que no van a mandar un camión con todas las mangueras y todo el destacamento… Para esos menesteres, mandan el coche pequeño como ese.

Otro día en que había mucho viento, estuvimos oyendo basiliscos en el Camino de Ronda, averiguando dónde estarían escondidos y lamentando la ausencia de un gallo cantor que los alejara con la simple tonalidad de su grito.

* Basilisco en la ilustración.

Domingo, 05 de Mayo de 2013 11:11 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Llovido del cielo

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El queso del pobre no se descorteza, se raspa                                                                                                     (Seguir de pobres, Ignacio Aldecoa).

Faltaba aún bastante para que llegara la primavera y, aunque podía calentar el sol del mediodía en esa ciudad sureña, hacia los extremos del día el frío imponía su hierro. Sin todavía haber bebido nada de alcohol, fuera el que fuera, ni haber quemado petardo alguno, Lucas se desprendió del sobretodo, descubriendo su delgadez, más acentuada por su altura, y se remangó por encima de los codos, sabiendo de antemano que las mangas, por su holgura, retornarían pronto a las muñecas. Con gesto despectivo arrojó la pelliza aborregada al suelo en el mismo lugar donde se encontraba y dejó escapar una exclamación de hartura, más salida del alma que de los labios, denunciando un calor subjetivo, incomprensible a aquellas horas mañaneras.

Ya, sin abrigo y con las mangas resbalosas, cruzó la avenida junto con su acompañante. Cualquiera hubiera pensado que su representación fue un acto de bravuconería, dedicado a impresionar al joven neófito que remedaba sus pasos, pero para sí no era más que un impulso momentáneo, una necesidad visceral sin importancia, un tácito sentimiento bohemio: nada tengo, nada quiero. A Lucas, como buen hijo de la calle, nunca le preocupó tener. Nada poseía; tampoco él pertenecía a nadie ni estaba supeditado a nada. Cuanto menos poseía, menos se arriesgaba a perder. Era libre. Se sentía libre.

En el mismo instante que los protagonistas de este pequeño suceso doblaron la esquina entre aspavientos y quejas postreras, el ajado pedigüeño de la esquina, desinflado por pura hambre, se levantó sin prisas, con la colilla del cigarro apagada en la comisura, miró a ambos lados con ojos entornados y parsimonioso caminó hacia el abrigo forrado de vellón, se lo puso y volvió a la esquina abandonada, extendió la mano por instinto y sonrió satisfecho de su regalo divino.

* De En un pozo chico.

Lunes, 06 de Mayo de 2013 12:35 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

El torrente de José Valencia

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Dueño del compás y del jaleo, José Valencia alimenta los lunes del Teatro Alhambra con su cante estridente, pero no desbocado, al que incluso se le amplifica en demasía.

Conocimos a este catalán hermanado en Lebrija cantando para el baile, donde es toda una eminencia, reconocido y demandado por las grandes compañías de danza, queriendo apostar por un valor seguro. (Últimamente ha venido acompañando a Eva Yerbabuena.)

Hace algunos años, José comenzó a cantar para alante, avalado por su trayectoria y su saber, con resultados más que positivos.

Ahora graba su primer disco Solo flamenco, una declaración de intenciones, un intento de desnudar el cante de influencias externas, a veces nocivas. El resultado viene a presentarlo en este ciclo de la Junta de Andalucía.

Valencia se templa con malagueñas de la Trini y se abandola por Ronda, rematando enérgicamente por el Albaicín (bien ese final valiente). La frialdad del comienzo le pasa factura y la guitarra de Salvador Gutiérrez, normalmente eficaz, no le sirve de ayuda.

El lebrijano continúa sin pena ni gloria por soleá y taranto y levantica. Quizá abuse del mismo discurso en los cortes o en la ligazón de los tercios.

Para las cantiñas, que comienza a firmar con nombre propio, reclama el compás exacto de Juan Diego Valencia y Manuel Valencia. Y de los tientos-tangos pasa a las seguiriyas, que remata por cabales, quizá su mejor entrega, y donde el guitarrista aportó toques merecedores.

José Valencia también fue rey en las bulerías de su tierra, demostrando su dominio de los cantes rítmicos. Termina la fiesta a boca de escenario. (A este cantaor no le hace falta micrófono.)

De regalo, en vez de las prometidas tonás, hizo entrega de tres fandangos naturales, el último de ellos sin megafonía.

Un concierto correcto aunque raspado, quizá por la parquedad en sí, quizá por el desamor de una plaza exigua.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 08 de Mayo de 2013 09:30 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La conjura de los tenedores

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Fue Mme. de Montpensier quien en 1658 afirmó que Luis XIV, que contaba a la sazón con 15 primaveras, sabía comer con los dedos con 'extremada elegancia'.

El tenedor de mesa se empezó a extender por Europa durante los siglos XVII y XVIII, aunque el tenedor de trinchar, con tres púas, ya se utilizaba desde tiempos del Imperio Romano. Más aún, un rústico tenedor, a veces simplemente como un estilete, aparece ya en el Éxodo o entre los antiguos asirios y griegos, pero su uso era exclusivo de los templos como instrumento ritual para los sacrificios.

En Venecia, sin embargo, la dogaresa Teodora en el siglo X exportó varios utensilios desde la refinada Bizancio, entre ellos un pequeño tridente para asir la comida sólida del tajador sin mancharse los dedos.

En España, aunque se conocía un pincho doble durante los siglos XIII y XIV para trinchar la carne en los banquetes, no es hasta el XV que se empieza a extender entre la nobleza. En Francia llega el siglo siguiente de la mano de Catalina de Médicis, haciéndose indispensable en la corte de Enrique III para evitar mancharse las gorgueras que estaban de moda.

Ahora veo una película histórica ambientada en centroeuropa a principios del siglo XV (La ramera errante) donde aparece un tenedor de dos púas. Aunque no es en la mesa donde se emplea, sino como arma ofensiva, en este caso, mi duda de esta anacronía fue creciendo hasta comprobar los datos que más arriba expongo.

(Dejé de ver Águila Roja, entre otras cosas, porque se pusieron a cantar bulerías en pleno siglo XVII.) (Ahora veo Gallina Blanca.)

De todas formas no hay que pasarse de listo y el tenedor en la obra citada puede tener un origen que no haya contemplado o que los asesores históricos de dicha película, en caso de que los huviera, vieran idóneo y totalmente factible su inclusión.

¡Tampoco el pasado, ¡ay!, es una ciencia exacta!

Jueves, 09 de Mayo de 2013 10:42 volandovengo #. Denuncia Hay 2 comentarios.

El sueño de la reina de Saba

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En un sueño, según Bertrand Russell en Pesadillas de personas eminentes y otras historias, la reina de Saba fue seducida por Belcebú. Para ello, el demonio tuvo que eliminar de su alma y su cabeza las bondades sin número del rey Salomón.

Belcebú, como ’Príncipe de los demonios’ (Collin de Plancy, Diccionario infernal), tuvo que demostrar a la reina negra que era más poderoso, rico y sabio que el rey de Israel y llevarla a su magnífico reino de ultratumba. Un palacio con toda exquisitez, pero sin retorno posible. Un reino con dos tronos para compartir “hasta que seáis reemplazada por una reina aún más divina: la última reina de Egipto”.

Todo fue una pesadilla, culmina Russell. Pero la gran sabea, de vello en las pantorrillas, según se fijara Salomón cuando frágil se espejaba en el suelo pulido de una de las salas de su palacio, puede que aprendiera a ladear las argucias del diablo, puede que simplemente se dejara aconsejar por los primeros hermosos compases de su corazón.

Ilustración original de Charles W. Stewart para el libro de Bertrand Russell.

Viernes, 10 de Mayo de 2013 10:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Necesito que pasen miles de años

Necesito que pasen miles de años,
que nuestros nombres sean sólo espuma,
quisiera, amor, borrarte de mi mente.
Mi tiempo ha terminado por entero.
Soy polvo antes que nada, muerto en vida;
soy dolor y me apiado de mí mismo.
Mi condena, sufrir por lo que sufro,
llorar por lo que lloro, sentir este
desconsuelo febril que me posee.
Busco no despertar esta mañana,
quisiera no sentir, como una ameba,
o sin pasión, transido de budismo.
Admito el desamor, incluso el odio,
pero no comprendo la indiferencia.

Lo sé, me está vetado ser feliz.

Inevitablemente paso y pasa
el verano, el otoño y el invierno,
cuando mueren de pena las cigarras.

Domingo, 12 de Mayo de 2013 22:45 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 8 comentarios.

Caminando por Bojaira

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Seguimos caminando por Bojaira. Jesús Hernández es un pianista de jazz que, desde hace al menos media docena de años, se está acercándo al flamenco, impregnándose de él. No le interesa adoptar las claves del cante y trasladarlas a su música, sino al contrario, emprende el humilde camino de hacer flamenco con las claves del jazz. Así su música es completamente reconocible en nuestros esquemas. Así su toque suena a flamenco.

A principios de año, este pianista granadino lanzó un disco (Bojaira) con todas sus inquietudes. Algunos temas que lleva en cartera unos cuantos años (colombiana) y otros de reciente factura para la grabación. Como resultado, un disco redondo, lleno de verdad y de respeto, que no puede defraudar ni a los amantes del jazz ni a los amantes del flamenco.

Como buen jazzero, concede un amplio margen a la improvisación y a los hados del momento. Como buen jazzero, cada apuesta es distinta dependiendo de la formación de ese momento (los músicos de jazz y los flamencos, en el buen sentido de la palabra, son mercenarios) y del capricho de los vientos, acercándose al dictado machadiano de que los pasos determinan el camino.

La apuesta era segura, no me cabía duda. Mis expectativas, sin embargo, quedaron cortas por la excelencia complice entre una buena interpretación y un sonido impecable.

Comienza la noche con las mismas seguiriyas con las que empieza el disco. Desde un principio se vino a apreciar la perfecta comunión de un baterista completo (Álvaro Maldonado) y de un bajista necesario (Manolo Sáez) con el piano de Jesús, que forman el trío base de la agrupación. La parte melódica, aparte de la voz versátil de Sergio Gómez ‘Colorao’, correspondió al saxo tenor de Paul Stocker, con solos memorables. Los pies (el taconeo) que le aportan a este tema una dimensión más que interesante, arraigada en la madera de la tradición, los prestó José Cortés ‘El Indio’, que, en el resto de la función, va metiendo su preciso juego de tacón punta, a veces olvidándose del resto del cuerpo.

Para los tientos-tangos (Sueño alfa) tiene un particular protagonismo la voz de Sergio, aunque genéricamente la voz se convierte en otro instrumento al servicio del conjunto. El compás es contagioso y la admiración creciente. Admiración que goza de especial aplauso en las variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach por soleares, que no vienen a ser más que unos virtuosos ejercicios para teclado en número de treinta y tantos, a la que Hernández quiso contribuir.

Acaba esta primera parte con la bulería llamada Laura, cargada de remates espontáneos, que se prolongan en la bulería con la que empieza la segunda parte y que le da nombre al disco. El bajo eléctrico ha cambiado por el contrabajo de Nico Langenhuijsen.

La fiesta continúa por alegrías donde se evidencia sin distinción el peso del flamenco y coge las riendas de la percusión Babacar. Hacía tiempo que no veía un baterista con la personalidad de este senegalés. Es un espectáculo verlo tocar, desde la manera de asir las baquetas hasta la contundencia en su toque.

Las colombianas, La risa de Mario, como digo, ya es un clásico; y la granaína, Camino a Mauá, que a su mitad se abandola con guajiras, le debe algo a Debussy.

Por bulerías, fuera de los ocho temas que componen el disco, termina la velada. Expusieron el tema Iris de Whayne Shorter, ya con toda la formación en escena.

Como bis imprescindible, suenan los tangos del saxofonista Paul Stocker, con indiscutibles aires del De Lucía.

Lunes, 13 de Mayo de 2013 11:26 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Los cerdos no sudan

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La Real Academia Española, más por presiones externas (Uruguay) que por iniciativa propia, ha desterrado de su diccionario expresiones racistas o xenófobas, trasnochadas en todo caso y con un sentido sinsentido.

Voces como judiada, hacer el indio, trabajar como un negro, dejarse engañar como a un chino o cabeza de turco (por no hablar de los términos gitano o moro), desaparecerá del libro del saber de esta institución, empeñada en darle brillo y esplendor a la lengua castellana desde 1713.

Sin embargo, en nuestro lenguaje habitual tenemos algunas expresiones referentes a los animales que son tradicionalmente admitidas, a veces por lo certeras y otras por usanza.

Nadie ha protestado por ellas ni sé si protestará. Yo lanzo la mano y escondo la piedra con este breve post.

Tener más vista que un lince, ser astuto como un zorro o cantar como un ruiseñor, no están mal verdaderamente por su aspecto positivo. Pero ser más puta que las gallinas, parir como conejos, dormir como un lirón, llevar una vida perra o ser un burro, atentan contra la dignidad de las bestias (obsérvese el nominal empleado y sus ambiguos significantes).

El tiempo, la historia, la observación y la filosofía certifican la veracidad de estos dichos. Un minucioso (o no tan detallado) estudio del comportamiento animal, como poco, nos inclinaría a la duda.

Verbi gratia, sudar como un cerdo. Marvin Harris, en su ensayo antropológico Vacas, cerdos, guerras y brujas, lo expone claramente: “El ser humano, que es el mamífero que más suda, se refriega a sí mismo evaporando 1.000 gramos de líquido corporal por hora y metro cuadrado de superficie corporal. En el mejor de los casos, la cantidad que el cerdo puede liberar son 30 gramos por metro cuadrado”.

Así, el porquero de Ulises lo sabía, no es extraño que en la pocilga se escuche la expresión: estoy sudando como un hombre.

Martes, 14 de Mayo de 2013 10:53 volandovengo #. Denuncia Hay 6 comentarios.

La parquedad de Rafaela Carrasco

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Flamenco Viene del Sur

Un anticipo de este espectáculo, De un momento a otro, de Rafaela Carrasco, lo tuvimos este verano en el Corral del Carbón. Ya supimos de su estilismo y su compás; de su preferencia por el juego de pies y el discurso percusivo; de su baile minimalista y desenfadado, quizá demasiado.

Rafaela sabe disfrutar de su baile y sabe rodearse de los músicos versátiles que le almohaden el encuentro. El granadino Antonio Campos, al cante, compañero casi inseparable, es de los granadinos imprescindibles en la escena de atrás. Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Canito’, a las guitarras, le dan una vuelta de tuerca al flamenco. Suenan con una acústica especial, se desbordan por los costados y se complementan como si fuera un hombre de cuatro brazos. Y, a la percusión, a ese protagonismo evidente de la percusión, el finlandés Karo Zámpela borda de encajes todo el conjunto.

Es precisamente este percusionista el que abre y cierra la función con un pandero que le da pie a carrasco para exponer su conceptualismo lleno de sensaciones. El pandero introduce fandangos, que llevan sólo compás. Antonio, un cantaor que se sale, atrae el cante a sus melismas, respetando la tradición. Rafaela vuela, vuela Rafaela, y nos trasmite ese aire de libertad.

Serán con este cinco momentos en los que expone su danza de vuelta, el saber acumulado de muchos años, las propuestas que ha ido fraguando para abordar los cantes tradicionales. Son cinco momentos de parquedad generalizada, entre los que se suceden propuestas musicales para alentar los suspiros.

Las bulerías no tienen anverso. Las bulerías no dicen mentiras. En el baile por bulerías, en la simple pataílla, se aprecia todo un conjunto de gracia, compás, espontaneidad y eficacia.

El pasodoble es un clásico en el repertorio de esta bailaora, que interactúa con los músicos como si de improvisados partenaires se tratara. Un pasodoble que se asoma al tango argentino y Antonio lo preña con sabor a fandangos.

Tanto las cantiñas como el tema final, Panderos, viene coreografiado por Manuel Liñan. En el artículo dedicado a este bailaor, hice mención a que componía para bastantes artistas y era un referente en el baile nacional. He aquí la prueba.

Con bata de cola blanca (la única vez que no baila con pantalones), borda la pieza más enraizada de todo el espectáculo. La pausada escobilla es digna de aplauso.

Para terminar, el breve escenario, con cinco panderetas alternas, cobra vida y los cuatro músicos se tornan tamborileros marcando con precisión el romance preferente que Antonio nos dice. Es la guinda de la obra. Es donde Rafaela muestra sus cartas y confiesa su paradero y su trayectoria y el movimiento que la convence.

Todo esto, como en inesperado regalo, se envuelve en el sonido preciso de Juan Benavides, de Juan Benson.

Miércoles, 15 de Mayo de 2013 11:06 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Jaque mate

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En los duelos de siglos pasados, en los que un guante hacía de Rubicón, los contrincantes, que se batirían a pistola o espada, además de acudir al Campo del Honor con sus dos padrinos, portaban una carta en el bolsillo de su chaleco o en la faltriquera por, si resultaban muertos en el arrostramiento, les sirviera como despedida postrera a un mundo adverso que sin él, ¡ay!, seguiría girando impasible.

La noche anterior, como el que vela armas, se habría pasado el duelista componiendo esta triste despedida, en la que, en primer lugar, perdonaba al ejecutante que le había dado muerte y humildemente le concedía el beneplácito de la razón (el destino había hablado); en segundo lugar, daba las gracias a los oficiantes y firmaba, en su caso, nota rubricada para la Justicia diciendo que habían sido forzados a desempeñar tal padrinaje, y los eximía de toda responsabilidad; en último extremo se despedía de sus seres queridos, de su buen amada que, en bastantes de los casos, era el motivo de aquel encuentro.

Hace poco comenté, en un post llamado Elegancias e inconvenientes (1 de mayo), la anécdota de aquel noble francés que andaba leyendo, cuando los guardias irrumpieron en su celda para acompañarlo a la guillotina, y antes de incorporarse para emprender el último de sus paseos, graciosamente dobló la esquina de la hoja en que había abandonado la lectura.

Se cuenta del humorista Muñoz Seca que, acusado de albergar ideas ‘monárquicas y católicas’ iniciada la Guerra Civil Española, fue condenado a muerte. Al pelotón de fusilamiento le dirigió estas palabras: “Podéis quitarme la hacienda, mis tierras, mi riqueza, incluso podéis quitarme, como vais a hacer, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar… y es el miedo que tengo”. Dicen que los soldados que lo habían de fusilar le pidieron perdón, él los consoló diciendo que estaban perdonados, que no se molestaran, “aunque me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”, añadió.

También es popular el cuño de la frase de origen incierto: Dentro de cien años, todos calvos. La historia más estandarizada se remonta al 11 de abril de 1888, en el ajusticiamiento en Madrid de los autores del crimen conocido como del Barrio de la Guindalera. Uno de los reos, dirigiéndose al público, pronunció dicha sentencia convidando indirectamente a todos los presentes a acompañarlos, tarde o temprano.

Otros investigadores y curiosos le adjudican variados manantiales. Covarrubias, en Tesoro de la lengua castellana o española, atribuye la frase a Jerjes, rey de los persas (siglo IV a.C.), que la pronunció al contemplar su imponente ejército dispuesto a invadir Grecia, sin sospechar lo más mínimo el resultado opuesto a dichos pronósticos. Con este dicho, continúa el erudito, el rey quiso aludir a que, después de su presencia, ya no quedaría nada.

Otro condenado al paredón, que lamentablemente no puedo especificar, a un caro amigo que fue a acompañarlo durante sus últimos pasos en este mundo, quizás por los impedimentos para caminar después de la tortura, vino a decirle que lo abrigara porque hacía fresco esa mañana, vaya a ser que advirtiesen su temblor y creyesen que era miedo.

Domingo, 19 de Mayo de 2013 09:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Sobre la inexistencia del infierno

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Creo que fue Bierce quien contó que, cuando la versión jacobina del Nuevo Testamento estaba en proceso de evolución, la mayoría de los piadosos sabios ocupados en la obra, insistieron en traducir la palabra griega Aidns como “Infierno”; pero un concienzudo miembro de la minoría se apoderó secretamente de las actas y tachó la objetable palabra donde quiera la encontró. En la próxima reunión, el obispo de Salisbury, revisando la obra, se paró de un salto y exclamó, muy excitado: “¡Señores, alguien ha abolido el infierno!”

Y es que los crédulos son multitud, pero los incrédulos suelen ser más pesados.

Manuel Vicent, en un artículo antiguo para El País decía que “lo peor del infierno es que está pasado de moda. El infierno ya no se lleva”, terminaba asegurando como si las tinieblas fueran una ventolera.

A santa Brígida de Suecia, ya lo he contado más de una vez, el mismo Dios le confesó que “el infierno estaba vacío”.

Quizá el infierno sea un invento para mantener a raya a los creyentes, como el cuarto de las ratas para un niño o la idea de apretarnos un poco más el cinturón para salir de una crisis que sólo está en la cabeza de los temerosos y en el bolsillo de quien maneja mi barca.

Martes, 21 de Mayo de 2013 11:36 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Caballa almorávide al horno

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Con la llegada de los integristas almorávides, a finales del año mil, llegó también una cocina de campaña, apropiada para un tajín, o tortera de barro cerrada, de medianas dimensiones, y una inclinación a hornearlo todo, para crear una corteza bien dorada y hacer el alimento transportable y duradero, eficaz para una vida nómada.

Los mercaderes, sobre todo, pero las gentes en general, iban y venían del norte de Marruecos a la Península, basteciéndose por el camino de toda clase de pescados.

Especial aprecio tenían por la caballa y su abundosa carne blanca, que gustaban encerrarla, una vez limpia y cortada, escaldada (como todo pescado grande), especiada y bañada con agua de rosas, en el horno acompañada de verduras de varia condición bien fajadas.

Miércoles, 22 de Mayo de 2013 08:52 volandovengo #. Apócrifos Hay 6 comentarios.

Las Pléyades

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Un grupo de siete estrellas pertenecientes a la constelación del Toro, cuya estrella más brillante es Aldebarán, a la que no debemos mirar muy seguido porque hace violento, eran hijas del titán Atlas, quien, con sus hombros como pilares, mantenía la Tierra separada del cielo, y, con Diana, compartían la afición a la caza.

Los griegos pensaban que las Pléyades eran palomas (de ahí su nombre), los latinos que una gallina con su pollada, para los árabes fueron un pezón de Turayya y, en mi historia inédita de Septimio de Ilíberis, no eran más que "un racimo de uvas bien lustroso para alegrar los cielos y mantener la copa de Júpiter, el amontonador de nubes".

Aunque las llaman 'virginales', las Pléyades fueron amantes de los dioses. Zeus amó a Maya, con la que concibió a Hermes; a Taigete; y a Electra. Poseidón estuvo con Alcione, abuela de Orión; y con Celano. Ares sedujo a Estérope. Y la séptima, Mérope se enamoró de Sísifo, el único mortal, hijo de Eolo, quien terminó arrastrando perpetuamente una piedra en el Tártaro cuesta arriba y, cuando llegaba a la cima, volvía a caer, como castigo de haber promulgado los amores de Zeus con una ninfa.

Tras la persecución libidinosa de Orión, que no respetaba ni a su abuela, Zeus las convirtió en las estrellas que son, en brillantes 'palomitas' en el firmamento. Sólo una brilla menos, Mérope, avergonzada, según cuentan, de su amor humano. Por eso, a simple vista parece que son seis en vez de siete.

Las Pléyades se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches, indicando a los labriegos de antaño el tiempo de labranza.

“Tanto el arado, como la siembra y la cosecha hay que realizarlas desnudo, como dictó Deméter, de hermosas trenzas, para agradar a la tierra y obtener buenos frutos”, aconseja el padre de Septimio en la novela indicada.

Las Pléyades, por el pintor simbolista Elihu Vedder (1885).

Jueves, 23 de Mayo de 2013 11:01 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

El primer poeta surrealista

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durmen sus un chivau. 

Guillermo, IX duque de Aquitania y conde de Poitou, "supo trovar y cantar bien". Fue abuelo de Leonor de Aquitania, la gran heroína del siglo XII, esposa de Luis VII de Francia y de Enrique II de Inglaterra y madre de Ricardo Corazón de León.

La mayoría de las composiciones de Guillermo son obscenas y antirreligiosas, aunque también sabía ser galante con las damas y sinceramente místico.

Era un libertino. Jean Markale en La vida, la leyenda, la influencia de Leonor de Aquitania dama de los trovadores y bardos bretones (José de Olañeta, editor, 1992) cuenta la anécdota de que el duque fue excomulgado por la Iglesia por sus continuos desmanes (en Niort, después de haber fundado varios monumentos religiosos, hizo construir un burdel donde las jóvenes habían de ir vestidas de monjas). El obispo de Poitiers fue a comunicarle el anatema. En un acceso de cólera, Guillermo sacó su espada, a lo que el religioso respondió que no temía morir, pues se encontraba en estado de gracia. El conde-duque, enfundando, dijo entonces: “No os estimo tanto para enviaros al paraíso”.

Sus poemas, eróticos en extremo, los recitaba o cantaba al frente de sus soldados para darle ánimos en la batalla. Sin embargo, entre sus versos, se encuentra una balada que no es tal. Me atrevería a decir que es el primer poema surrealista de la historia. Comienza de esta manera:

Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
no celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.

Luis Alberto de Cuenca, en el prólogo a la Poesía completa de Guillermo de Aquitania (Siruela, 1983), cuenta: “Probablemente sea esa canción una de las más hermosas y actuales de toda la lírica trovadoresca. Y ello por la maravillosa atmósfera de irrealidad y de misterio que envuelve todo el vers, haciendo de la pura negación un tema literario. Si en sus ocho estrofas comienza la poesía occidental, en ellas está también el fin de la misma. Guillermo —como Samuel Beckett— inauguraba y clausuraba al mismo tiempo”.

¡No hemos inventado nada!

Sábado, 25 de Mayo de 2013 11:08 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Devaneos en otoño

El miércoles envejecí;
lo noté en mi ánimo.
Un amasijo negro de sudores, 
se enrosca en la caja de cambios.
Soy uno de esos 
que mira cuando pasas.
Soy el que muere día a día 
colgado en tu abanico.
El tranvía ha pasado 
sin si quiera mirar atrás.
Un señor lleva 
tu corazón doblado 
junto a la billetera.
El trabajo se sufre
por los trabajadores.
También su ausencia.
El mundo no es redondo por capricho.
Calígula era un dios;
yo no lo niego.
El miércoles envejecí. 
Yo era ella. Y yo era Dios.
No quiero adelantar suspiros.
Derribaré aquellos albatros 
que andan descontrolados 
en los surcos de mi almohada; 
augures negros del silencio
chirriante, en las fronteras del espejo.

* Reviso este poema, que puede tener veinticinco años.

Lunes, 27 de Mayo de 2013 10:06 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 2 comentarios.

Flamenco de élite

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Este miércoles, 29, en el Teatro Alhambra se presenta Trisquel flamenco, una obra exclusiva de Antonio Campos, al cante; Pablo Suárez, al piano; y Manuel Liñán, al baile (reciente premio Max de Danza), a la que es imprescindible asistir.

Se estrenó durante la última temporada en la XIV Muestra de Flamenco “Los veranos del Corral” el 25 de julio de 2012. Me atrevo a decir que fue el espectáculo estrella de aquel ciclo, del que escribí un artículo en su día, publicado en granadaesflamenco.com (mi blog no funcionaba en ese momento), el cual reproduzco a continuación:

Antonio Campos es un cantaor inconformista que busca y rebusca hasta encontrar la veta escondida, en palabras de Neruda, la rompe, la besa. Es gran estudioso, asaz sensible y preocupada.

El miércoles 25 quiso estrenar en el Corral del Carbón sus últimas pinceladas. Esto fue un concierto a piano y voz con un artista invitado al baile. El cante nacía de su garganta, de su cabeza y de su corazón; las teclas eran acariciadas por Pablo Suárez; Manuel Liñán, con su baile, ilustraba los momentos.

Como resultado, una obra delicada, intimista y novedosa, redonda e inteligente, que remueve las entrañas al tiempo que eleva al espectador a la suprema belleza.

Antonio comienza con una copla sentida cercana a la zambra acompañada al piano. A su término, Manuel Liñán, uno de los mejores exponentes del baile granadino, desnudo de todo tipo de acompañamiento, se marca un compás por bulerías con simpáticas concesiones a lo contemporáneo, a la manera de Israel Galván. Este zapateado servirá de hilo conductor durante toda la función, dándole unidad y coherencia. Un espectáculo emotivo, con temas bien seleccionados y no habituales, como la milonga Si llegara a suceder, grabada por Encarnita Anillo en su disco Barcas de plata de 2008.

El piano de cola sirve a continuación de elemento percutido, haciendo compás por seguiriyas, asomadas a la fiesta, los tres protagonistas en su madera e incluso tañendo sus cuerdas. El baile es progresivo. Se hace y rehace, bebiendo de sí mismo como un continuo obstinato. La precisión del bailaor, su verticalidad y sentido del ritmo hacen de la parquedad una virtud.

Una generosa entrega al piano, nada convencional de Pablo Suárez, introduce una intachable granaína. Cuando después, a su término, el cantaor anuncia: “A la memoria de José Heredia Maya” y recita unos versos de este poeta gitano. Primero en caló, después traducido, que Liñán borda, pues está hecho a bailar palabras. El mismo poema termina cantado reuniendo a los tres músicos en plena complicidad.

Otra entrega del zapateado alegre, con grave nota final por el mismo bailaor que termina frente al piano, da paso a un extraordinario solo de Pablo Suárez.

La bambera nos acerca al final. El baile termina remedando los movimientos del cantaor en un paralelismo tan cómico como eficaz.

Acaba la función con un romance por soleares sobre la pérdida de Granada por los moros cantado por Antonio a boca de escenario. El baile se le une antes de ser repetido por bulerías, dando sentido cabal a los varios apuntes con los que ha coloreado la escena a lo largo del espectáculo. El piano también se les une cerrando de esta manera el círculo que con tanta maestría desde un comienzo han trazado.

En conjunto es una obra delicada, coherente y sabia, digna de los mejores escenarios y aplausos de calidad.

* Trisquel en el Corral del Carbón (foto de Antonio Conde©).

Martes, 28 de Mayo de 2013 00:24 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Nuestra vanguardia

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Trisquel Flamenco

A finales de julio del pasado año pudimos ver en Los veranos del Corral esta obra minimalista, de difícil nombre, que se nos presentó como el aire fresco, como la punta de lanza de unas propuestas flamencas que quieren desatarse el corpiño.

La elegancia siempre es discreta. La grandeza está en las pequeñas cosas. La parquedad de un escenario con tan sólo un piano en su centro, un piano en su centro y un solapado juego de luces, nos trae la excelencia. Repito lo del piano porque es el único instrumento, el hilo musical de la obra en sí, que adquiere un protagonismo evidente. Una obra cerrada, medida, perfecta. Una obra sin fisuras. Compleja dentro de su sencillez, que va imbricando su propuesta, preparando el ambiente, hasta el estallido final en forma de romance por bulerías.

Trisquel es un diálogo flamenco a tres voces; un espectáculo nada convencional donde el piano, la voz y el cuerpo se entrecruzan para crear belleza, para convocar al duende.

Antonio Campos, al cante, ideólogo de la obra, quiere reivindicar, sin alardes, sin gritos desmedidos, su origen gitano, su presente flamenco, su destino orbital. Recuerda a su paisano José Heredia Maya y habla en caló, poniendo sus cartas boca arriba, tirando de compás y de buen gusto, haciendo trascender el estudio que lleva detrás.

Pablo Suárez es el pianista. Sensible y pausado (utiliza el pie izquierdo, que amortiza la melodía). Dimensiona el cante de Antonio, llevando todas las piezas a ser obras de museo. A solas se acerca a Debussy.

Con su baile, Manuel Liñán, va entretejiendo la función como si de bolillos se tratara. Su verticalidad, sentido del ritmo y manera de rellenar los silencios, lo hace único. Reciente ganador del premio Max de Danza, domina el espacio y el centímetro. Su visión coreográfica muestra cómo sus intervenciones escalonadas forman parte de un todo.

Entre los tres cierran un círculo difícil de superar. Ora en conjunto, ora por parejas, ora individualmente, proponen, exponen y disponen, sin temor a equivocarme, el camino por el que debe avanzar el flamenco.

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 31 de Mayo de 2013 10:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.


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