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Ispahán

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Persia, fantástica tierra de apariciones y milagros antes de convertirse en oscuridad inestable de Irán, plagada de leyendas y cuento sin fin, donde el genio es tan habitual como la alfombra volante y el castillo, el dragón o la dama encantada, con sus largas trenzas doradas, corren de boca en boca por los contadores de historias que se reunían a la caída del sol en las plazas.

Releo en estos días algunos cuentos de todas las latitudes que me siguen maravillando. Los compilo en mi cabeza con un nexo común y pienso que una literatura oral estableció el suceso en los distintos pueblos y algún escribiente, tan luego, lo redactó.

Pienso también que hay puntos de luz, rincones del espacio, donde es dable que intervenga lo extraordinario con fehaciente credibilidad.

Uno de estos resguardos se ubica en Ispahán (Isfahán o Isfaján), la perla de Persia, la tercera ciudad más grande del ancho Irán.

Remito a los breves lectores de este blog un par de pequeños cuentos que se localizan en ese enclave, donde todo es posible por gracia de los noventa y nueve nombres del antiguo Allah.

La primera de estas historias, curiosamente, no se aleja de nosotros en el tiempo en demasía. Pertenece a Le Gran Ecart, traducido al español como La gran separación, escrito por el polifacético francés Jean Cocteau en 1923.

El gesto de la muerte dice así:

«Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

—¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

—Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

—No fue un gesto de amenaza —le responde— sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.»

La segunda historia la recoge Jorge Luis Borges en una especie de apéndice llamado Etcétera de su Historia Universal de la infamia (1935), que después también formaría parte de Cuentos breves y extraordinarios (1955), del mismo Borges y Bioy Casares, y aún en la Antología de la literatura fantástica, a la que se unió a estos dos argentinos Silvina Ocampo, que vio la luz en 1977.

Borges asegura que esta fantasía fue contada por Sherezade al infortunado sultán de Shahriar la noche 351, pero, reviso algunas versiones de Las mil y una noches, y el texto que acude es diferente.

En cualquier caso, reproduzco a continuación la deliciosa Historia de los dos que soñaron, puesta en boca del historiador arábigo El Ixaquí:

«Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme), que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: ’Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla’. A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por el decreto de Dios Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo, y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: ’¿Quién eres y cuál es tu patria?’ El otro declaró: ’Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí’. El capitán le preguntó: ’¿Qué te trajo a Persia?’ El otro optó por la verdad y le dijo: ’Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste.’

»Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: ’Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.’

“El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto.»

* El sultán conmuta la pena a Sherezade.

Lunes, 19 de Mayo de 2014 10:54 volandovengo #. Reflejos de un mundo paralelo

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