Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2014.

Aproximación a la Rueda

20140603110208-nicolas-de-cusa.jpg

Todo fue redondo en un principio, después se quebró. El círculo, la esfera, es un símbolo de perfección. Hasta el cristianismo, todas las religiones habían basado sus creencias en un redondel, como el sol, como la luna cuando esta llena, como la Tierra antes de que empezara a ser plana.

Cuenta Gore Vidal, en Creación, que Pitágoras creía que, entre todos los sólidos, la esfera era el más hermoso; y que de todas las figuras planas, la más sagrada era el círculo, donde todos los puntos están unidos y no hay principio ni fin.

Así, Pitágoras simbolizó todos los acontecimientos del universo, incluidos los del hombre en los planos material y espiritual, con un círculo. Consideraba que todo en el universo se repite y el hombre al morir debía regresar a la vida para cerrar nuevamente el círculo.

Pero llegó san Agustín que escribió que Jesús era la vía recta que nos salva del laberinto circular en que andan los impíos. Y se impuso la recta y la cruz. El arte renacentista promulga que “lo que distingue la cultura clásica ante la barbarie es el uso sistemático de la línea recta sobre la curva”.

Nicolás de Cusa afirmaba en cambio que “la línea recta no es sino el arco de una esfera infinita”, como Dios que, según el Maestro Eckhart (dominico alemán del siglo XV) “es una esfera espiritual infinita, cuyo centro y circunferencia están en todas partes”.

Así la línea recta no existe. El norte no es un punto, sino una dirección. Nuestro avance es radia, lo más parecido a la recta son los caminos borgianos.

Torrente Ballester lo comprendió cuando dijo: “El Destino es circular, hay que contemplarlo dando vueltas o desde el centro”. Allan Poe consideraba la esfera como “la más perfecta y comprensiva de todas las formas”.

José Nieto poetiza:

Es el triunfo arrogante de la estética
la pura simetría de la recta
fracaso y vocación de curva rota.
 

Fray Julián, fraile y pintor, personaje de Terra Nostra de Carlos Fuentes, refiriéndose a su pintura dice: “Sólo lo circular es eterno y sólo lo eterno es circular, pero dentro de ese eterno círculo caben todos los accidentes y variedades de la libertad que no es eterna sino instantánea y fugitiva”.

Para ser un poco más enigmático, Isak Dinesen profundiza, en Siete cuentos góticos, cuando escribe: “Enseñó a la muchacha griego y latín. Trató de inculcarle la idea de belleza de las matemáticas superiores, y cuando le dio explicaciones sobre la infinita belleza del círculo, la muchacha le preguntó. —Si fuera realmente tan bello y tan perfecto, ¿de qué color sería? ¿No sería azul? —Ah, no —contestó—. No tiene color”.

* Nicolás de Cusa, en la imagen.

Martes, 03 de Junio de 2014 11:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Yo soy muy tolerante

20140610095808-mano-negra.jpg

Mal, mal y mal.

Frase, políticamente correcta, que se pronuncia de forma gratuita y, se supone, comprometida.

Mal dicha porque la tolerancia es la tolerancia, ni más ni menos. Se es tolerante o no se es tolerante, y punto. Sería un superlativísimo (que tampoco existe, pues atenta contra sí mismo, pero que refleja lo que quiero decir). Es como los carteles que se encuentran en las marquesinas de los autobuses solicitando trabajo para cuidar ancianos o niños o limpieza de hogar, que pone: “Persona muy responsable se ofrece…”. Es lo mismo. Si eres responsable, no es necesario sublimarlo ni darle énfasis.

En segundo lugar, si eres tolerante no lo digas. Hay que demostrarlo. Y eso se nota en la actitud. Como el que dice que es humilde. Sólo el hecho de decirlo le resta humildad. Dejemos que lo digan los demás. Que nuestros semejantes nos tilden de buenas personas, de carismáticos, de sabios, de simpáticos… que es como se confirman nuestros dones. Que nuestra actitud nos avale. "Obras son amores y no buenas razones".

Es muy normal, en las artes, autoproclamarse ‘artista’. "Yo soy artista de cine". "Yo soy artista de la pluma". No; usted es actor y usted escribe. La extensión de artista se lo dan los de alrededor o, mejor, el tiempo que es lo que permanece.

Otra cosa, quizá, es emplear la voz ‘artista’ como sinónimo profesional. Así, un puñado de músicos, se autodenominan ‘artistas’, como si dijeran ‘flamencos', por ejemplo.

Martes, 10 de Junio de 2014 09:58 volandovengo #. Denuncia Hay 1 comentario.


El hombre que no se parecía a su fotografía o la fotografía que no se parecía a su hombre

20140611103820-silueta-hombre.gif

Ya está dicho. El título cuenta el cuento. Así es. Resulta que un hombre va a renovarse el carné de identidad. Le hace falta una foto reciente y decide hacérsela ese mismo día, en el establecimiento fotográfico que hay en la puerta, que dan las fotos al instante. Qué más reciente que aparecer con la misma ropa y con la misma cara de lunes que ese lunes. Espera su turno y, cuando el funcionario, en este caso una mujer rubia y cansada, de mediana edad, le pide su fotografía y éste se la entrega, le dice, mirando alternativamente al positivo y al usuario, que no se parece. Pero, si se la acaba de hacer, responde. Que es muy parecido, asiente ella, que las ropas coinciden y algunos rasgos, pero que definitivamente él no es el de la instantánea. Jura y perjura el individuo que sí que es, que la fotografía le pertenece, que se la acaba de hacer aquí en la puerta, que, aunque no es muy fotogénico, su nombre es la persona que mira desde el retrato. La funcionaria admite que sí, que evidentemente la fotografía coincide con el nombre indicado, que quien no coincide es él, se ponga como se ponga. Pero bueno, dice el hombre, si soy yo quién ha venido a renovarse el carné, la foto es circunstancial, es lo que yo aporto, como mi huella o mi firma. Imposible, opina la rubia, dígale al titular que venga, hay mucho engaño y suplantaciones últimamente. Esto es absurdo, se indigna el señor, y hace venir a los inmediatos superiores para dilucidar el tuerto. El jefe de negociado y el inspector jefe coinciden con la mujer, el hombre es un impostor que no coincide con su fotografía. Cada vez menos. Un agente de paisano, que también se ha acercado, comienza a dudar y, al punto, los demás lo censuran, mandándolo a otros menesteres. Ese no reconocería ni a su madre. El hombre dice de hacerse nuevas fotos allí mismo, acompañado por alguien de la comisaría. No tienen tiempo para eso. Además, el problema no es el retrato, sino el hombre que lo porta. Váyase, concluyen, y cuando venga el titular, le daremos su carné y sus fotos. ¡Qué pase el siguiente!

Miércoles, 11 de Junio de 2014 10:33 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 4 comentarios.

Un conductor simpático

20140612175645-granada-autobus-urbano.jpg

No soy yo quien lo dice, muchos de los usuarios coincidimos, cualquier foráneo que quiera reconocer y experimentar la tristemente famosa mala follá granadina sólo tiene que subirse a un autobús urbano y observar el carácter y los modales de su conductor.

Puede que sea difícil de conseguir que prácticamente ninguno se libre. Parece que hacen un test de simpatía antes de otorgar definitivamente el trabajo y, si por casualidad, lo superan no son contratados.

Llevamos un tiempo con conductoras en determinadas líneas. Ellas, en su mayoría, por la experiencia que he tenido, se salvan de esta lacra. Aunque no sé lo que durarán.

En otras profesiones se puede observar también esta característica, como en las cafeterías o el funcionariado. Siempre en puestos de atención directa al público donde las caras, los gestos y las contestaciones son dignas de batir record o de ser enmarcadas, otorgándoles el premio a la sequedad y arruinarle el día al usuario en cuestión.

Una vez hallé un conductor simpático, no sólo con buena cara, sino con respuestas bondadosas y gratuitas. Coincidí con él tan sólo tres o cuatro veces. Después no lo vi más, y eso que me muevo bastante en el transporte urbano. Supongo que lo habrían expulsado del cuerpo de conductores por no observar debidamente la primera regla.

Jueves, 12 de Junio de 2014 17:56 volandovengo #. Denuncia No hay comentarios. Comentar.

La Moneta en la cumbre

20140617105817-la-moneta-deflamencopuntocom.jpg

Paso a paso 

Quien tenga ojos que vea, quien tenga oídos que escuche, quien tenga corazón que sienta, pues no fui yo solo quien disfrutó con el espectáculo Paso a paso de La Moneta, sino que fuimos cerca de ochocientos sesenta y tres asistentes los que ocupamos las tantas localidades de la bella Sala Roja de los teatros del Canal de Madrid este sábado, 14 de junio, en el que la granadina nos mostró el verdadero baile del siglo veintiuno, en el que se aúna el contemporáneo con el flamenco, sin que sea un postizo, sino formando parte de él como un apéndice imprescindible; y la implicación de todo su cuerpo como si de un todo se tratara, pies y manos, hombros y cintura, ojos y sonrisa, y la fuerza permanente, y la técnica que está tan solapada que parece que no existiera sólo cuando el sonido del compás se impone con esa naturalidad como si viésemos jugar a un niño; y la música que la rodea y la envuelve y la guía, con números uno, con Luis Mariano a la guitarra y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, un tánden eficacísimo de la creación y el poso cálido con que impregna Granada a sus muchachos y la escuela sacromontana, con su rasgueo impagable y el sonido del agua en cada nota, y Miguel Lavi, Morenito de Íllora y el Mati al cante, con el aguardiente preciso y la admiración mutua, con la voz abierta, tranquila, segura, cantando para la señora, que también sabe ser canastera, y nos hace llorar con la seguiriya y reímos con los tangos, cuando su sonrisa abierta sorprende el guiño, quizá espontáneo, de un quiebro, y, desde el principio, con su farruca redonda, austera, y su paso a dos, más adelante, con Javier Latorre, la verticalidad personificada, el maestro tranquilo, impasible, que con parco zarandeo quiebra el azogue, y vibramos con los jaleos y con la mirada hipnótica de Fuensanta que hace cómplices, mientras la luz la persigue y la caja refuerza su propuesta como si fuera un tercer tacón y la guitarra, espectacular en ella sola, va hilvanando los retales hasta encontrar la pieza delicada, el bordado exquisito de una noche sin fisuras, porque quien no quiera ver que no vea, quien no quiera oír que no escuche, quien no quiera sentir que no sienta, pero yo, que tengo ojos, que tengo oídos, que tengo corazón, que estuve allí, quise reír y quise llorar, vibré y me estremecí, como tan sólo con unos pocos flamencos se consigue.

* Foto: deflamenco.com©.

Martes, 17 de Junio de 2014 10:58 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

El matrimonio (4)

20140428111016-el-matrimonio-arnolfini-por-jan-van-eyck-1434.jpg

Hay quien ha estado toda su vida emparejado y no conoce el amor. A veces, en una pareja, el amor es unilateral, como el goce, aunque puede que se goce sintiendo gozar a tu lado.

También entendemos que el amor es una delgada línea roja que, como el olvido se puede quebrar, por interferencia de un amor ajeno; por desinterés o hastío; o por desuso; o por su contra, como cantaban las niñas de Utrera en bellos endecasílabos por bulerías: Se nos rompió el amor de tanto usarlo.

El amor extramuros ha sido de corriente tráfico. El o la amante siempre ha estado presente. La querida, el pecado; la luz o las tinieblas; la deliciosa Madame Bovary o la triste Lady Chatterley.

Por otro lado, nuestro amigo puede convertirse en nuestro enemigo (durmiendo con...). El amor se convierte en odio (o en desprecio, como acertadamente califica Eduardo Punset a su antagónico).

Aguantamos, en el mejor de los casos, por simple cariño, por costumbre, por conveniencia, por comodidad o por terceros (familia, hijos). El matrimonio así se establece como un pacto de no agresión, como una guerra fría, en donde el muro, el telón de acero, son los hijos o las familias o la sociedad en general. El maridaje termina siendo una relación diplomática, un equilibro político. Aunque Groucho Marx decía: “La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí”.

El problema puede que sea el día a día, la convivencia y el entorno. “El roce hace el cariño”, dicta nuestro refranero, pero también: “La confianza da asco”, o “Cuando la miseria entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Nietzsche, en Humano, demasiado humano, reconoce: “Si los esposos no viviesen juntos, los buenos matrimonios serían más frecuentes”.

Sin embargo, se hace necesaria esa unión, ante el altar o ante los hombres, muchas veces por curiosidad o por necesidad, pero, las más, por amor (o por lo que tenemos por 'amor'). La necesidad del otro es, como bien, como posesión ‘imperdible’ es una cuestión vital. (Ahora, los Reyes de España, se han hecho reyes por lo civil.)

Hay escépticos que lo han probado y otros en teoría. Oscar Wilde dice: “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, con tal de que no la ame”; y Nietzsche insiste (Más allá del bien y del mal): “También el concubinato ha sido corrompido por el matrimonio”.

Leon Tolstoi aconseja, en Ana Karenina, por medio de su personaje Serpujovskoy: “Es difícil amar a una mujer y hacer a la vez algo útil. Para ello hay un remedio: desviar el amor por ellas casándose. (…) Llevar un paquete en la mano y hacer algo a la vez no es posible, pero sí lo es si te lo echas a la espalda”.

El matrimonio Arnolfini, Jan van Eyck, 1434

Viernes, 20 de Junio de 2014 12:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Yvonne Vladislavich

20140621110924-delfin.jpg

Entre mis apuntes, aparece una curiosa anécdota que leí no hace mucho, que quisiera compartir.

En junio de 1971 o en septiembre de 1972 (las fuentes no se ponen de acuerdo), Yvonne Vladislavich y otras siete personas navegaban en un yate por el Océano Índico, frente a la costa oriental de África, cuando de repente se produjo una explosión a bordo que terminó por hundir la nave. Las olas superaban los cinco metros. Ella salió despedida o nadó en busca de ayuda, mientras el resto de la tripulación esperaba agarrada a los restos flotantes del barco (las crónicas que he encontrado —sin ninguna exhaustividad, es cierto— no dicen nada de su destino). A los pocos minutos, se vio rodeada por numerosos tiburones. Aterrorizada, flotando en el agua en espera de una muerte segura (O God, if I must die, let it be quick!), vio a tres delfines acercarse a ella. Uno de ellos nadó por debajo hasta levantarla. Ella se aferró fuerte a su cuerpo, cual Afrodita uraniana. Los otros dos nadaron en círculos a su alrededor para protegerla de los feroces escualos. Durante más de 200 millas marinas, los tres delfines no se separaron de la nadadora sudafricana hasta dejarla en una boya de la que pronto fue rescatada por un buque que por allí pasaba.

Recuerda al dios Dionisos (o Cupido), a menudo representado cabalgando a lomos de un delfín.

La mitología griega cuenta —resumiendo— que estos animales, antes de ser delfines, eran hombres, unos piratas que intentaban vender a Dionisos como esclavo. El dios, como castigo, los convirtió en dichos cetáceos, condenados a rescatar marineros en dificultades en el océano.

Hay también un bello mito que cuenta que, muerto Aquiles, fue arrojado sobre una pira flotante a las azules aguas egeas frente a Ilión y sus soldados mirmidones corrieron tras él con las armas desenvainadas y sus cuerpos desnudos dispuestos a ahogarse. Poseidón, apenado por el gesto valiente de amor abnegado, quiso transformarlos en peces espada.

* Cupido montado sobre un delfín, Casa de Anfitrite. Túnez.

Sábado, 21 de Junio de 2014 11:09 volandovengo #. Reflejos de un mundo paralelo No hay comentarios. Comentar.

Poetas versus narradores

20140622110333-partido-2014.jpg

El 10 de mayo de este año jugué conscientemente el segundo partido de fútbol de mi vida. Quiero decir que, desde que dejé los estudios primarios, no he tocado un balón ni por suerte. De hecho, le tengo cierta aversión a ese deporte alienante y a todo lo que le rodea. También confieso sobremanera mis limitaciones para el juego.

Se presenta éste como un divertimento donde jugamos poetas contra narradores. Gente de letras que, se supone, estamos alejados del sudor de la camiseta. Digo ‘se supone’ porque la mayoría, si no todos, son futboleros, consumen fútbol televisado o escrito o lo han practicado de forma más o menos habitual (lo que me orilla casi definitivamente).

Mi actuación, como no podía ser de otra manera, fue desastrosa, aunque, a la larga, cargada de comicidad y compromiso. En su conjunto, contemplé con más tristeza que temor, que fácilmente puede ser un paralelismo de mi vida toda, un arrostramiento claro en mi valle de lágrimas.

Sin orden determinado expondré las características principales que observo y padezco.

En principio, la apariencia puede dar el pego —quizá demasiado delgado pero puede que en forma—, aunque en general ni profeso ni convenzo. La equipación no estaba mal, pero el pantalón era prestado (el año anterior jugué con un bañador liso) y las zapatillas, del todo inapropiadas, son las habituales de cordones que tengo para salir a la calle; entré y salí con ellas.

Confieso, por otro lado —o principalmente— un desconocimiento completo de las reglas del juego, así como de las estrategias y otras cuestiones futbolísticas. Me siento inseguro y lo digo. Hasta el árbitro se ve obligado a darme alguna recomendación o consejo.

No suelo tocar la pelota. Al principio puedo dar confianza, me toman en cuenta y hasta me combinan el balón, pero después, contemplando mis limitaciones, no me lo pasa nadie. Si por casualidad lo toco, no sé lo que hacer, lo pierdo en seguida. Veo pasar el balón por mi lado o entre las piernas como algo ajeno. Cuando viene con fuerza me aparto. Pierdo todas las oportunidades.

Desde que empieza el partido ya tengo ganas de que se acabe. Me muevo poco, me canso mucho y normalmente me hago daño de alguna forma (aún se resiente un talón).

Pienso que soy perjudicial para el equipo al que pertenezco y, para los otros, una ventaja. Los contrarios saben que soy inofensivo, por muy bien colocado que esté, como una piedra en mitad del campo que a veces, sólo a veces, estorba, pero se le puede esquivar fácilmente.

Durante el partido hago pasar un buen rato a los espectadores, lo que es de agradecer, y enervo a mis compañeros, lo que es de sancionar. Sin embargo, para la ducha y la cerveza de después, doy la talla sin discusión.

* ¡Ahí está el tío!

Domingo, 22 de Junio de 2014 11:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

De este a oeste en palacio

20140623123236-arcangel-y-voces-bulgaras.-estruna.jpg

Festival de Música y Danza de Granada

Estruna - Nuevas Voces Búlgaras ‘Laletata’ y Arcángel

Sencillamente genial. Desde el primer momento que vimos subir al escenario del palacio de Carlos V, el pasado domingo, a los miembros del coro de las Nuevas Voces Búlgaras ‘Laletata’ capitaneados por su director, Georgi Petkov, y, en su medio, al cantaor Arcángel, entendimos que esa noche podría ser única. Pero, fue abrir las bocas, entonar ese breve murmullo que se imbrica en el decir del compañero, así, hasta nueve voces femeninas, más un chico, con la complicidad del timbre flamenco, bien afinado y en plenas facultades, del onubense, supimos de parte a parte que el concierto sería emocional y exitoso.

Arcángel, “la voz más optimista y esperanzadora de los jóvenes”, según la crítica, no es un cantaor al uso que se contenta con cuatro discos ortodoxos. Admirador de Enrique Morente y del nuevo flamenco, tiende su cuerpo y sus ganas en esa borrasca controlada, dejándose impregnar de todas las corrientes musicales y aun de todo arte en sí.

Desde aquel pasado próximo de 1992 que el Ronco del Albaicín quiso unir su tesitura a una coral de voces de Bulgaria con un óptimo resultado de eficacia conmovedora, el joven cantaor andaluz ya barajaba en su magín la posibilidad de hacer algo parecido.

No es hasta este año 2014 que Arcángel trae a nuestro encuentro las herederas de esas primeras voces del este europeo y, en el mismo proyecto, concibe la idea acertada de que el arte no tiene fronteras, de que la música es el idioma universal, y dimensiona su espectáculo con el guitarrista italiano Antonio Forcione, que se complementa con Dani Mendez, Dani de Morón, una de las guitarras más prometedoras de nuestro joven panorama flamenco, y con el contrabajista cubano Yelsy Heredia, que ya trabajó con Bebo Valdés y Diego el Cigala en su magistral comunión. (Para otras muestras de esta obra también contaría, a los vientos, con el kavalista búlgaro Theodosii Spassov o el saxofonista flamenco Jorge Pardo.)

Estrenada en la sala ‘Bulgaria’ en Sofía, el 24 de abril de 1913, lleva ya el rodaje suficiente para alcanzar la madurez que se precisa. Ha pasado por Huelva, cómo no, y continuará por el Teatro Español de Madrid, hoy mismo, 24 de junio, cuando ustedes leen este artículo, en el marco de la Suma Flamenca.

Estruna es el río en que fluye agua de dos tradiciones, es un encuentro, la encrucijada del arte, es un suspiro vocal”, podemos leer en el programa de mano, al igual que, en búlgaro, Estruna significa ‘cuerda’ (quiero pensar en las cuerdas vocales, aunque también podría ser el hilo tenso de la instrumentación).

Pura polifonía es lo que empezamos apreciar, con un gusto formidable. Las disonancias pueden ser perfectas y, al mismo tiempo, paradójicas, como resultado de esas mezclas de acordes de séptima y de novena, creando un espacio mágico y generoso. Mágico porque nos eleva el espíritu; generoso porque, prácticamente, de principio a fin, los dieciséis músicos que componen esta experiencia no abandonan el escenario, tan sólo para piezas puntuales.

Así, tras esta presentación, con valientes cabales por parte del cantaor, éste se queda solo interpretando la caña tradicional, como la grabara don Antonio Chacón en su tiempo, pero con un tempo más vivo. Para este corte ya se han unido los músicos, profesores todos ellos y emparentados de una u otra forma con el flamenco. Sus sombras son alargadas como las del ciprés.

Una mariana, llamada Agua dulce, con todo lo que puede tener de tango, con un ritmo muy marcado por el bajo y la percusión (Agustín Diasera), que termina versionando La Estrella de Morente con gran aparato de juego vocal, culmina el momento más ortodoxo de la noche.

Otra canción sobrada de armonía oral y la Nana del Cangrejo Chico en la que las jóvenes búlgaras ensayan su cante en español, preceden unas alegrías para ser escuchadas (Enamorado), que terminan con recreos onomatopéyicos que discriminan las voces, desde las más agudas, a nuestra izquierda, hasta la belleza grave del único varón en el extremo diestro.

A modo de sorpresa, ya bien pasado el ecuador de la velada, Francisco José Arcángel Ramos, anuncia y dedica a Enrique Morente La aurora de Nueva York, que grabara el artista desaparecido en su disco Omega, que vio la luz en 1996, con letra de García Lorca y música de Vicente Amigo, donde apreciamos la queja sin igual, el grito controlado del cantaor de Huelva. Ciudad a la que tácitamente le ofrece el próximo tema; unos fandangos llamados Quijote, inserto en su trabajo Quijote de los sueños (2011), que preludian con atino la traca final del concierto.

Arcángel presenta y elogia a sus músicos, bromeando sobre su voz en pleno uso, y reserva para los postres a otra de las almas con las que cuenta. El guitarrista Antonio Forcione cumple el doble sueño de volver a la fortaleza roja, después de veinte años, e interpretar dentro de sus muros Alhambra, pieza que compuso ad hoc y, dicen, se ha convertido en himno de la agrupación, un tema que goza de aires festeros, donde se aprecia un verdadero diálogo improvisado de los instrumentos entre sí, y donde Arcángel recuerda los versos también de Lorca (Doña Rosita la soltera) que Morente cantaba por abandolaos.

Fue un buen presente para el italiano, pero en realidad es la Alhambra, y la ciudad, la que tiene que estar agradecida por contar con una composición de tantos quilates.

Tras unos minutos de aplausos, llegó el programado bis, reproduciendo La leyenda del tiempo de Camarón (1979), aderezada con una preciosista coda en castellano, flotando como un velero, esperanzada en diez voces que desembocan en el himno aludido en la melodía anterior.

Martes, 24 de Junio de 2014 11:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ensayo sobre el frío en la Alhambra

20140627100657-espe.jpg

Festival de Música y Danza de Granada

Mi voz en tu palabra

Nombro el frío porque fue un invitado no querido y sin embargo determinante en la presentación de Esperanza Fernández en el Patio de los Aljibes de la Alhambra el pasado miércoles. Recuerdo cuando las manolas subían a los Festivales con abrigos de pieles, incluso adquirían una de estas pellizas para la ocasión. Eran tiempos de etiqueta local, donde el frío se escribía con mayúsculas y la rivera del Darro era un cañón de corriente gélida. Subir por la Cuesta Gomérez era como una expedición ártica. Ya sé que exagero y el extremo no es tan radical y menos en este mes en que se despereza el verano. Pero los últimos años de especial bonanza y de relajo, nos hacen bajar la guardia y, cuando el concierto es al palio, todavía, pero cuando la actuación se expone en campo abierto la sorpresa no es una sorpresa.

La baja temperatura influyó en el ambiente. El patio de butacas temblaba hasta hacer que algunos espectadores tiraran la toalla antes de tiempo y abandonaran el recinto. Pero lo peor fue que afectó también a la artista y a sus músicos que manifiestamente se quejaban del frío y frotaban sus manos. A mitad de función, como anécdota familiar, Marina Heredia, allí presente, le prestó un mantón a Esperanza. Manila en la que se arropaba y no se volvió a quitar. Pero el frío, y es a lo que voy, posiblemente también incidió en la transmisión y en la aceptación del público. Pocos oles y jaleos partieron de las localidades, pocos aplausos fuera de la norma, que ni siquiera hubo fuerzas para pedirle un bis a los postres, pensando que el himno de los gitanos, Gelem-Gelem, siempre es un as en la manga de esta intérprete. Y es que Mi voz en tu palabra con poemas de Saramago no es una apuesta fácil, casi tan ardua como cuando Juan Peña ‘el Lebrijano’ presentó Cuando Lebrijano canta se moja el agua, en 2008, con textos de La candida Erendira y su abuela desalmada de García Márquez.

El trabajo discográfico de esta gitana de Triana, con música de Dorantes, Luis Pastor y José Miguel Évora, es intachable. Rodeada de grandes músicos y una trayectoria, no sólo de tablas, grabaciones y eficacia, sino también de acertados devaneos por otras corrientes jazzistas y clásicas (recordemos cuando interpretó El amor brujo en el Palacio de Carlos V, en 2001, con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Rafael Frühbeck, con reconocido éxito), ya era tiempo que rebuscara en palabras mayores y reconocidas.

Nunca es fácil musicar en flamenco a alguien ajeno. Adaptar la palabra, el verso, al compás de bulerías, malagueñas o tanguillo, no está en la mano de todo el mundo. Sin embargo hay autores que encuentran su medio en la poesía culta y comprometida, llámese Enrique Morente, Manuel Gerena o José Menese.

Esperanza Fernández tras un encuentro con el Nobel portugués (1998) y apoyado por su viuda, nuestra paisana Pilar del Río, ha querido compartir esa “corriente de sensaciones” que le trasmitió el narrador. Y, en esto veo el pequeño primer problema (que me perdonen los ortodoxos), José Saramago era sobre todo prosista, como vate, prevalece su intento y su compromiso.

Esperanza, de blanco intenso, sale al escenario leyendo, sin destreza un texto del escritor sobre el odio de los hombres, que desemboca en un martineta llamado Dimisión. No abandonará la chuleta en toda la noche, los papeles lazarillo de quien no está seguro de su memoria, lo que afea su presencia. (Presentó el disco a final de enero de este año.)

Su voz es clara y canastera; es uno de los ecos flamencos más hermosos que tenemos. Su presencia es segura y contundente. Su carisma indiscutible.

Los músicos comienzan a subir a escena, el granadino Miguel Ángel Cortés, que recibió una de las mayores ovaciones, no por ser de la tierra, sino por su brillante actuación, destacando en la granaína rematada por bulerías, en solitario, y el sevillano Eduardo Trassierra a la guitarra; Francisco José al contrabajo; Jorge Pérez ‘el Cubano’ y José Fernández en la percusión y las palmas; y ‘Los Melli’ a los eficacísimos coros.

Madrigal es una lenta bulería al golpe. Ha de haber continúa el tiempo de bulerías. Para En esta esquina del tiempo, uno de los mejores aportes del disco, con ritmo de tanguillos, se precisa la presencia del pianista cubano Rafael Garcés, donde la pieza cobra una pronunciada dimensión jazzística.

Unos solos de guitarra permiten a la cantaora cambiarse de vestido y entrar con una nueva lectura de Ensayo sobre la ceguera de Saramago, que, viendo el resultado, bien la podría haber previsto en off.

Pastora Galván, como artista invitada, bailó Alzo una rosa remedando abiertamente a su hermano, cuando la preferimos bailando flamenco, flamenco por derecho, con su sal y su habitual energía. No me extraña que sea Israel el que haya montado la coreografía de estos temas. Con todo y con eso, la sevillana tiene arte y gracia; es precisa y acompasada. La volveremos a ver en Balada, una malagueña y abandolaos, rematada en fandangos del Albaycín, con ritmo desenfrenado, donde, con bata de cola estampada y palillos, demuestra su control y se alza calladamente en lo mejorcito de la velada.

Entre estas dos piezas se escuchan Dijeron que había sol, por soleares, y Alegría, unos tangos aplaudidos con merecimiento.

Acaba la noche con unas grandiosas bulerías al golpe (Intimidad), con una generosa aportación de solo de bajo y respaldadas por el piano que las acerca al son de Cuba; y con A ti regreso mar, con todos los músicos, el garrotín que se ha convertido en el buque insignia de un gran trabajo que las circunstancias no ayudaron a cuajar.

* Esperanza Fernández y Miguel Ángel Crtés (foto de Ideal.es©).

Viernes, 27 de Junio de 2014 10:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Mario vuelve a casa

20140628102707-mario-maya-1-644x362.jpg

Aunque nació en Córdoba y vivió en Sevilla, el bailaor Mario Maya es de Granada. El Sacromonte fue su primera escuela y las calles del Albaycín, el ruido del agua y la luz de un cielo casi siempre despejado configuraron su ánimo. Fue el paso por Nueva York, sin embargo, lo que despertó la evidente proyección rompedora que este gitano tenía dentro.

A su muerte, tras su desgraciada desaparición en el verano de 2008, en plena efervescencia creativa, justo cuando presentaba su última obra Mujeres, con Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina, en la Bienal de Sevilla, se quiso recoger su legado. La huella imborrable que el coreográfico había sabido sembrar en las gentes y en las ciudades, en el flamenco y en el arte en general, era necesario que no se diluyera en las almas anónimas de los que lo conocimos y admiramos. Hacía falta un gran corazón que aunara su obra y su pensamiento y que, a partir de él, fuera creciendo para las generaciones venideras.

Así, encabezado por su viuda, Marina Ovalle, y por sus hijos, Belén, Mario y Ostalinda Maya, se quiso crear una fundación entre las tres ciudades donde el artista se miró. Por desencuentros y tiranteces, que hoy no me es dable hurgar en ellos, Granada se bajó del carro, y la fundación, en principio soñada como trípode, junto a Córdoba y Sevilla, empezó a caminar con sólo estas dos piernas.

Ahora, la ciudad de la Alhambra, a la que le cuesta reconocer a sus hijos, abre su seno, en un acto de justicia, y le hace un ladito a su memoria. Hasta que, dentro de unos meses la Fundación Mario Maya se trasladará a Granada (Casa de las Chirimías).

Como primer reconocimiento y acto de fe, hace un par de días, el 26 de junio, se inauguró una estatua del bailaor en el Paseo de los Tristes, a orillas del río Darro, bajo el monumento nazarí.

La obra ha sido realizada por el escultor Miguel Moreno, con chapa forjada y fundido en bronce. Ante su calidad artística no deseo pronunciarme, aunque tengo más objeciones que alabanzas. Ante su presencia sin embargo me destoco sin duda alguna.

En Granada hay mucho talento, siempre lo he dicho, en detrimento quizá de otras cuestiones más industriosas o pragmáticas. En todas las corrientes artísticas hay alguien que destaca (a veces multitud). No todos están ni están todos los que son, pero allá vamos. Algunas personas, algunas gotas de este río caudaloso, se hacen universales, traspasan esa frontera que emparenta con la divinidad y se convierten en verdaderos midas, en referentes de una época y de sentimientos orbitales.

Nombrar a todos es difícil; nombrar a algunos es injusto. Mario Maya es una de estas estrellas a las que hay que vindicar siempre, que empieza a ocupar (físicamente) el lugar que le corresponde, para amigos y detractores.

Voces de protesta se oyeron el mismo día de la inauguración, por qué él y por qué no otro, por qué en ese lugar tan emblemático y supuestamente intocable, por qué por iniciativa privada, por qué con respaldo del consistorio, por qué un mecenas japonés  (Teruel Kobaya), por qué un acto tan orillado y humilde, por qué no había micrófonos…

La realidad es que Mario ha vuelto a su tierra por la puerta grande, como grande es la figura que señala al Albaycín, con la Alhambra al fondo; que su legado se materializará en Granada, al igual que ocupa muchos sentimientos; que en su inauguración estaban todos los que tenían que estar; que ya era hora de que los nombres prestigiosos de nuestro entorno “pisen las calles nuevamente”.

* Foto de L.J.L. ©, tomada del diario ABC digital de Andalucía.

Sábado, 28 de Junio de 2014 10:27 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El efecto Sara Baras

20140629114729-sara-baras.jpg

Festival de Música y Danza de Granada

Suite flamenca

No puedo ser el único que lleve la contraria a los cerca de mil seiscientos sesenta y tres espectadores que caben en el teatro del Generalife y que dedicaron, al final de la Suite flamenca del Ballet de Sara Baras, el sábado pasado, casi tantos minutos de aplausos como duró la bulería postrera. No puedo ser el único que advirtiera una fachada vacía, con blanco de España, y gran aparato de fuegos de artificio.

En general, la obra de la bailaora gaditana es atractiva, muy atractiva. Destacan en ella una estética hermosa de equilibrio y color; destaca una conseguida idea espacial, que en ningún momento, siendo un escenario tan grande, se aprecia desangelado; destacan, como creaciones personales de Sara, un interesante juego de luces y un vestuario exclusivo, basado en tonos pastel con vestidos sueltos de mucho vuelo; destaca un sentido del ritmo acentuado donde la obra no decae en ningún momento de la hora y media que dura el espectáculo.

Por encima de todo, sin embargo, se alza el armazón musical creado por el joven guitarrista, también de Cádiz, Keko Baldomero; una apuesta tan creativa como compleja; aunque siga los cánones básicos de la tradición de estilos. El cuerpo de baile, eficaz y disciplinado, en más de una ocasión se vio encasillado en coreografías simples.

Como artista invitado al baile (el programa advierte que es el ‘coreógrafo de sus intervenciones’, no sé si para alabarlo o para eximir a Sara de responsabilidades), el cordobés José Serrano expone un juego de pies vertiginoso, que concuerda con la misma técnica que la protagonista expone.

Sara Baras es una flor de escaparate; sus tacones tremendamente ágiles, llenos de matices, hablan por ella y su hermosa figura es su seña de identidad. Goza de una técnica trabajada, con un agradable braceo, un seductor movimiento de hombros, un arqueo envidiable, una sonrisa seductora. Pero la necesidad de aplauso, el abuso de los pies y las repeticiones constantes no pasan desapercibidas.

Después del cambio, ‘por motivos laborales’, según la oficialidad, del Ballet Nacional de España, que iba a venir en un principio (incluso, las entradas, todavía anunciaban a esta compañía), por el Ballet Flamenco de Sara Baras, agrupaciones de más o menos igual altura, para presentar la Suite Flamenca, que se estrenó recientemente el 21 de junio en la séptima Noche Blanca de Córdoba, supuso una sorpresa, agradable en general. La mediática compañía gaditana nunca defrauda, aunque sea por la foto y el testimonio.

La original presentación, una pincelada fresca, y un martinete con bastón, en los que diez bailaores y bailaoras, que componen el cuerpo de baile, que son Daniel Saltares, David Martín, Raúl Fernández, Alejandro Rodríguez, Manuel Ramírez, María Jesús García Oviedo, María del Rosario Pedraja, Carmen Camacho, Cristina Aldón, Tamara Macías (sigo el orden del programa de mano), interactúan con sendas sillas, con cinco músicos atrás: dos cantaores, Emilio Florido y Rubio de Pruna, dos guitarristas, Keko Baldomero y Andrés Martínez, y un acertado percusionista, Antonio Suárez Salazar, prometían más de lo que fue.

A este saludo le siguió un curioso y desacostumbrado paso a dos por tangos, donde Sara y José Serrano derrocharon fuerza y diálogo de puro tacón. Llevan varios años trabajando juntos y la complicidad es evidente y acertados sus contactos.

Después los temas se fueron imbricando de forma natural entre el cuerpo de baile y estos dos números uno.

Por Huelva, de verde y violeta, con mantón, bailaron las chicas, para dar paso a una dramática capitana por seguiriyas, en la que, en su largo minutaje, trascendió la teatralidad excesiva, el silencio enigmático y la búsqueda continua del aplauso.

Regresan los bailarines por guajiras y, Serrano, cambia el programa, de farruca, que anuncian los papeles, a jaleos extremeños, quizá más elementales y populosos, donde el brío del cordobés deja su impronta.

Unos tientos anunciados tampoco tienen lugar, y son las alegrías de Sara Baras las que rematan la noche; una pieza de identidad y sabrosura, que asombraría si, después de la segunda escobilla, cambiara de registro. Pero, salvo aportaciones puntuales, se repitió de principio a fin. Sara se mira a sí misma y remeda sus pasos, sus vueltas, que elevan hacia el infinito esa generosidad de vestido blanco, creando la bella imagen de tantos quilates que buscamos.

Las cantiñas se terminan por bulerías, en las que, todos los miembros de la compañía, por orden aleatorio, culminando por Serrano y Baras, se dan una pataílla agradecida.

No, no puedo ser el único que lleve la contraria a tantos cientos de espectadores que ocuparon las localidades del Generalife.

* Sara y José Serrano en Noche Blanca de Córdoba (deflamenco.com©)

Lunes, 30 de Junio de 2014 09:23 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris