Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2014.

Cositas de Paco

20140305091447-paco-de-lucia.jpg

Más de una semana hace que Paco nos dejó. Más de una semana hace que le doy vueltas para abordar unas líneas que se tracen medianamente derechas ante el maremagno de notas más o menos sentidas, de glosas y pésames en directo y diferido.

Qué escribir entonces que no sea un tópico. Qué escribir que no suene repetido, aunque tan variado como la cascada que nos ocupa. ¿El genio de la guitarra? ¿Máximo embajador del flamenco en el mundo? ¿Pura técnica autodidacta? ¿Los dedos de oro de un muchacho de Algeciras? ¿Un antes y un después en el concepto? ¿El mayor guitarrista de todos los tiempos? ¿La humildad y la coherencia? ¿El dúo imprescindible con Camarón?…

No sé, todo es tan grande y sin embargo tan pequeño.

Borges decía que inmortal es el que no es consciente de que va a morir, como los animales. Ahora lo vuelvo a pensar y creo que la inmortalidad, ya que veo mi fin invariable, está en algunos seres que conforman mi ideario.

Yo pensaba que Paco estaría de por vida en el universo mundano de las estrellas, regalándonos de cuando en vez esas cositas buenas que componía e interpretaba.

Lo vi en directo cuatro o cinco veces (la última, este verano pasado, en el Generalife). Nunca lo traté ni hablé con él. He sabido de su labor independiente. De su escuela. Del trocito de Paco de Lucía que tienen todos y cada uno de los guitarristas que conozco.

Una de las primeras veces que fui a verlo, al Palacio de Congresos, dijo que a Granada venía con miedo, dado el nivel guitarrístico que aquí había. Modesta opinión que, en boca del máximo exponente de la guitarra, cobra doble valor.

La ley de vida es pasar, como el caminante de Machado, pero hay quien deja huella profunda, quien va abriendo camino. Y esos, como dictaba Brecht, son los imprescindibles.

Miércoles, 05 de Marzo de 2014 09:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Si tú me planchas yo te cocino

20140310103243-tan-bonicas-flamenco.jpg

Tan Bonicas + Flamenco

En vísperas del Día de la Mujer Trabajadora, en la Sala Botón Room de Granada, se organizó un concierto de rock y flamenco para memorar la jornada en cuestión. Siete mujeres sobre el escenario hicieron que vibráramos por dentro y por fuera.

Ana Sola, al cante, Pilar Alonso, a la guitarra y María Ureña, al baile, abrieron la actuación con unas bulerías de Javier Ruibal. Pilar es precisa, algo clásica, como guitarrista de cámara. Ana, aunque con la voz algo tomada, muestra su versatilidad y las ganas de abandonar los esquemas. Como resultado su bella voz es personal y espontánea, llena de ayes y exceso de agudos tal vez.

Sus temas no son convencionales. Visto el foro en el que actúan, atesoran el flamenco de raíz para hacer maleable su entrega. Una farruca así lo confirma. Que sigue con ricas cantiñas, abiertas con alegrías de Córdoba, para dejarse morir en el Cádiz más profundo.

Agradecí especialmente la versión de La flor de Estambul, un tema clásico del pianista francés Erik Satie y letra de Javier Ruibal.

Unas guajiras incidieron en este espíritu de apertura y una soleá por bulerías, con el baile aplaudido de María, a pesar del poco espacio, culminaron su momento.

La parte rockera, la coparon la agrupación ‘Tan Bonicas’. Estrella, a la voz, Marina, a la guitarra, Nuria Fernández, con el bajo y haciendo los coros, y Estela, a la batería, desde hace ocho años se proponen pasarlo bien y hacerlo pasar bien a los demás. Con un directo rotundo y trabado de guiños a través de los años, van desgranando los temas que sus seguidores casi coreamos. Así suenan, en indistinto orden, La ruina, Una chica con suerte, Mueve el culo, Confía o La reina de la fiesta.

Aunque la sorpresa mayor, sin lugar a dudas, vino a los postres, actuando en conjunto las siete intérpretes sobre escena. El rock y el flamenco se dan de nuevo la mano en femenino plural. El flamenco demuestra nuevamente lo bien que le queda el mestizaje, la sangre pirata que encierra en las venas. El rock, como padre adoptivo de la música en occidente, sigue siendo el aliño que nunca defrauda.

Como primer encuentro de estas dos formaciones, abordan Espabilá, uno de los temas de ‘Tan Bonicas’, cercano a las rumbas. Es una canción de 1968, de la folklórica jienense Antoñita Peñuela, atrevido como él solo y definitivamente gracioso, como el resto de éxitos de este grupo de rockeras.

El punto final, como broche de oro, también en conjunto, fue el Te echo de menos, de Kilo Veneno, que hizo moverse hasta al portero.

 

(Quería que este artículo fuera además una arenga reivindicativa del 8 de Marzo, de ahí el título, pero ha quedado en simple crónica del espectáculo. Simplemente diría que ‘mujer trabajadora’ es una redundancia, y que lo suyo es la colaboración entre hombre y mujer si no queremos que el futuro nos fagocite.)

Lunes, 10 de Marzo de 2014 10:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.


Más allá de la epidermis

20140313100327-ursula-lopez-en-el-teatro-central.jpg

Flamenco Viene del Sur. La otra piel

El flamenco es amplio y bien avenido; es mestizo, hospitalario y tránsfuga. Úrsula López lo sabe bien y, a lo largo de sus años, ha sabido ser camaleónica. Su baile está impregnado de aires de distintas latitudes y, precisamente con el aire como partenaire, presenta en el teatro Alhambra de Granada La otra piel.

El flamenco, la danza española y el contemporáneo se dan la mano continuamente en una obra que no deja resquicios. En el cuerpo de baile, su hermana Tamara López, Mariano Bernal y José Manuel Benítez, están tan preparados como ella, hasta el punto de confundir, si no lo tuviéramos claro, el protagonismo.

El armazón musical lo sustentan Javier Patino y Tino van der Sman, a la guitarra, Gretchen Talbot a la viola y Raúl Domínguez a la percusión.

Las composiciones de Albéniz ocupan igualmente un lugar destacado, salpicando parte de los temas. Así, su obra Asturias aparece en la malagueña, que se abandola por Huelva, con la que comienza el espectáculo. El baile cede el testigo a lo contemporáneo y, poco a poco, a la danza española con profusión de palillos.

Jeromo Segura propone unas tonás antes de la generosa entrada percutida que encabeza las serranas, bailadas de dos en dos. Ellas sin calzar y el ritmo se acerca a otras orillas.

Úrsula López evidencia su cambio de piel desnudándose en el escenario con ayuda de sus bailarines. Igualmente la visten con un fondo de guitarra para abordar unas alegrías con maravillosos arreglos. Es un paso a dos arropado igualmente con las voces imbricadas de los cantaores.

Uno de los momentos más aplaudidos es la farruca propuesta con la sola guitarra de Tino van der Sman y el baile masculino (la farruca es macho) de Mariano Bernal.

También hay tiempo para brindar un homenaje a Enrique Morente, unas bamberas, Alma de Granada, que baila la cordobesa afincada en Algeciras con su hermana Tamara. Es una coreografía de Andrés Marín. 

Otra entrega personal de Jeromo por milongas, suaviza el ambiente para contemplar unas bulerías donde la viola cobra protagonismo.

Úrsula, que no participa en la pieza anterior, hace su aparición con vestido de cola y mantón blancos, manchados de cielo, bailando una caña. Quizá es el corte más flamenco; el que cierra la noche, y en el que también se acuerdan de Morente y de su Ciudad sin sueño.

Úrsula López en el Teatro Central de Sevilla.

Jueves, 13 de Marzo de 2014 10:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La máquina del tiempo

20140315131655-maquina-tiempo.jpg

Uno de los últimos cuentos que escribí para En un pozo chico (editorial Transbooks, 2013) fue el de un científico que inventó una máquina del tiempo solo para regresar al último día en que fue feliz. Incluso se titulaba así El último día en que fue feliz. Reconozco que la idea era tan maravillosa que el resultado, pienso, quedó desvaído. Pero la idea fundamental, todo el peso romántico que el planteamiento conlleva, está presente.

Al comienzo, el cuento plantea la imposibilidad de dominar el tiempo tal y como se domina la distancia. “La velocidad es un hecho que todo el mundo entiende y experimenta —argumento—. Pero viajar al pasado está fuera de la razón y, si apuramos, la visita al futuro se muestra aún más orate”.

Con todo y con eso, por la infinita facultad que otorga la fantasía, el inventor, como no podía ser de otro modo, logra su objetivo y regresa una y mil veces junto a su amada.

Para abordar el tema, quizá sin necesidad, leí La maquina del tiempo (The Time Machine), del escritor británico Herbert George Wells, publicada por primera vez en Londres en el año 1895.

Ahora, leyendo algunas notas sobre literatura fantástica, en un ensayo de Pedro Fernández Riquelme, me entero con gran entusiasmo que un tal Nilo María Fabrá concibió una máquina del tiempo, en versión novelada, unos años antes que el señor Wells.

Me intereso por la vida y obra de ese escritor y político catalán de finales del XIX, pero, cuál sería mi sorpresa, que las obra de este hombre, padre de poeta (Nilo Fabrá), eran de corte histórico y social, que en su ideario no entraba la ficción, ni siquiera verosímil.

Sigo mis lecturas y, el cuento que inventa la primera máquina del tiempo de la que se tiene referencia literaria, llamado El Anacronópete, es del escritor teatral Enrique Gaspar.

Esta obra vio la luz en Barcelona, allá por el año 1887 (casi dos lustros antes que la inglesa), y en ella se describen las aventuras surgidas tras la invención de una máquina del tiempo.

Anacronópete es una palabra formada por tres raíces griegas. Ana, significa atrás, cronos es el tiempo y petes es aquel que vuela, o sea, aquel que vuela hacia atrás en el tiempo.

Esta obra, no hace falta jurarlo, cayó pronto en el olvido, pero, además del mérito de la invención citada, también resultó ser la primera novela de ciencia ficción española. La máquina del tiempo de H.G. Wells sin embargo es la que se lleva los laureles de ser considerada la precursora del género.

Otra vez que perdemos la carrera, simplemente por no anunciar a voz en grito que hemos ganado.

Viernes, 14 de Marzo de 2014 19:09 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Tere Bustos

20140318083254-mar2.jpg

Murió hace dos años pero empezó a desaparecer nueve años antes, cuando el alzheimer iba mordiéndole sin compasión los sentidos y el pasado.

La recuerdo a diario. ¡Hay tantas cosas que me acercan a ella! El simple hecho de mirarme en el espejo es determinante. Los genes son los genes. Sobre todo mi boca. Pero lo más que me acerca a ella está en mi interior.

En los primeros tiempos, desde que se le olvidaron las gafas hasta que se le olvidó su nombre, o, hacia el final, cuando íbamos a verla a la residencia, que perdió el habla y los andares, pensaba que todo era un sueño, una suerte de broma macabra que estaba durando ya mucho tiempo y que de un momento a otro se levantaría y mi madre volvería a retomar todo lo que dejó pendiente.

No llegó sin embargo, y la ausencia en vida, como si un eterno sonambulismo se hubiera apoderado de ella, iba arrancándole lo poco que le quedaba.

Así fue muriendo. Empezó olvidándose de dónde vivía y terminó olvidándose de respirar. Fue una muerte tranquila, sin embargo, ausente de dolor, como si fuera un sueño placentero.

Todos los días la echo en falta.

Lunes, 17 de Marzo de 2014 18:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 10 comentarios.

Cincuenta años de aval

20140320120150-paco-cepero-01.jpg

Flamenco Viene del Sur. Tradición

A Paco Cepero lo avalan cincuenta años en los escenarios, acompañando a multitud de artistas, entre los que destaca quizá ‘el Lebrijano’, y componiendo para otros tantos (Camarón, Terremoto, Juan Villar, Chocolate, Rocío Jurado). Y es esta etapa de compositor en la que tiene un peso innegable, sin ocultar su participación interpretativa tan clásica como sentimental, y su “pulgar de oro”.

Tradición parece que fluye sin ningún plan. Parece que Cerero abre la caja del recuerdo por la que fluyen cientos de melodías de toda una vida. De hecho, el programa de mano, a partir del tercer tema, pasó a ser meramente referencial, pues el orden se invirtió a voluntad, además de ser ampliado a una media hora más de lo anunciado.

El recital comienza con Noche Andalusí, un tema antiguo con ramalazos de fandango, para proseguir con las bulerías Plazuela, que destilan aire jerezano.

En sus particulares tanguillos, Domingo de Carnaval, el sonido le jugó una mala pasada y tuvo que hacer un alto en su mitad. Le siguió la balada Capricho, un tema dedicado a su mujer en sus bodas de oro, y después unos tangos, antes de quedarse sólo para brindarnos unas seguiriyas de gran inspiración jerezana, que se aguajiran a los postres.

Miguel Salado y Paco León, como segundas guitarras, Sophia Quarenghi, al violín, y Pedro Navarro Grimaldi, a la percusión (‘rey del ritmo’, según confesó Cepero), vuelven a escena para acompañar al maestro en una soleá bastante festera y dedicarle a Paco de Lucía la unión de sus dos rumbas Estrella de mar y Varadero.

Los músicos hicieron de nuevo mutis, cuando Paco nos presentó a un cantaor al que él apadrina, que sólo tiene dieciocho años. El joven Samuel Serrano nos recordó en ocasiones a José Mercé y en otras a Juan Talega con un estilo eminentemente jerezano y una voz grave y racial, aunque sus formas están aún por hacer.

Cerero lo acompañó en una alegría y en unos fandangos, donde el mismo guitarrista le hacía los coros. Finalizó con una seguiriya, compuesta exclusivamente para él. Quizá su mejor entrega.

El tocaor jerezano se sentía a gusto, así lo reconoció, y aún quiso interpretar unas bulerías y su ‘buque insignia’ Aguamarina, rumbas con sabor a mar.

Así, pudimos comprobar la vigencia de su legado y una energía llena de frescura para el futuro que nos espera.

Jueves, 20 de Marzo de 2014 12:01 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Persecución de los gitanos: siglo XII

20140324175227-galeotes.jpg

El siglo XVII comienza oscuro para el pueblo gitano. La otredad intimida y es vista con ojos de miedo y denuncia. Los Reyes Católicos, con su pragmática y sus leyes, han querido acabar con esta distinción. En vista del fracaso en echarlos, se intentó asimilarlos, pero con unas condiciones. Quienes no sean buenos cristianos, que cumplan los deberes para con Dios y la Corona serán expulsados o condenados a cien latigazos, a que le corten las orejas o a servir como galeotes. El nomadismo, la vida errante, la ley propia o vivir sin ley alguna están mal vistos, están perseguidos, están penados.

En 1619, el legislador Sancho de Moncada, decía: “los que andan por España no son gitanos, sino enjambres de zánganos y hombres ateos y sin ley, ni religión alguna: españoles que han introducido esta vida o secta del gitanismo, y que admiten a ella cada día gente ociosa y rematada”.

Las Cortes de Castilla, en ese mismo año, argumentaron que “una de las cosas más dignas de remedio que al presente se ofrece en estos reinos, es ponerle en los robos, hurtos y muertes que hacen los gitanos que andan vagando por el reino, robando el ganado de los pobres, y haciendo mil insultos, viviendo con poco temor de Dios, y sin ser cristianos más que en el nombre”. Y advierten: “Se pone por condición que su majestad mande salgan fuera de estos reinos dentro de seis meses desde el otorgamiento del servicio de esta escritura, y que no vuelvan a él so pena de muerte”. 

En Pamplona, en 1628, se publica una ley según la cual los gitanos no pueden estar en este reino so pena de doscientos azotes y cinco años de galeras; y las gitanas, pena de cien azotes y destierro perpetuo.

El 8 de mayo de 1633, Felipe IV, dicta la siguiente pragmática: “estos que se dicen gitanos ni lo son por origen, ni por naturaleza, sino porque han tomado esta forma de vivir para tan perjudiciales efectos como se experimentan, y sin ningún beneficio de la república: que de aquí adelante ellos, ni otros algunos, así hombres como mujeres, de cualquier edad que sean, no vistan ni anden con traje de gitanos, ni usen la lengua, ni se ocupen en los oficios que les están prohibidos y suelen usar, ni anden en ferias, sino que hablen y vistan como los demás vecinos de estos reinos, y se ocupen en los mismos oficios y ministerios, de modo que no haya diferencia de unos a otros: pena de doscientos azotes y seis años de galeras a los que contravinieren en los casos referidos”. También dictó el mismo rey: “para extirpar de todo punto el nombre de gitanos, mandamos que no se lo llamen, ni se atreva ninguno a llamárselo, y que se tenga por injuria grave, y como tal sea castigada con demostración; y que ni en danzas, ni en otro acto alguno, se permita acción ni representación, traje, ni nombre de gitanos”.

Estas leyes y la condena a galeras se fueron endureciendo, sin mediar juicio alguno, a resultas de las guerras marítimas de aquella época. En un primer momento se encadenaba a los gitanos indiscriminadamente, aunque más tarde fueron exceptuados los que no mantenían su vida nómada, que estuviesen avecinados.

Antonio Luis Cortés Peña Caso cuenta el caso extremo, ocurrido en 1682, con los hermanos Sebastián y Manuel Avendaño, de Aranda de Duero, quienes “fueron condenados por el corregidor de Palencia, con aprobación de la chancillería de Valladolid, a seis años de galeras por sólo decir que eran gitanos y hablaban lengua jerigonza”.

A finales de siglo, Carlos II sería particularmente diligente en las tareas de acumular castigos y le señalaría una lista de sólo 41 ciudades donde habría de asentarse todos. Prohibiría a los gitanos el uso de armas y el ejercicio de toda profesión que no fuera la de la agricultura.

A raíz de estas persecuciones, muchos gitanos fueron a trabajar a las minas y a vivir en casas construidas en cuevas de montañas, compartiendo suerte y condición con cientos de judíos, musulmanes y otros paganos se habían refugiado huyendo de las reconversiones forzosas llevadas a cabo por los gobernantes y la iglesia.

Muchas familias flamencas en la actualidad se encuentran todavía en barrios y ciudades que sirvieron de refugio para los gitanos: Alcalá, Utrera, Jerez, el barrio de Triana o el Sacromonte.

* Galeotes.

Lunes, 24 de Marzo de 2014 17:52 volandovengo #. Gitanos Hay 2 comentarios.

Las claves de Belén Maya

20140326121122-belen-maya-2.jpg

Flamenco Viene del Sur. Recital flamenco

El objetivo indiscutible de todo artista es tener un lenguaje único, que su obra se distinga a la legua por lo evidente, es decir, por ser clara y distinta. En el flamenco, en gran medida, este fin está logrado. Cantaores, guitarristas y bailaores de todas las latitudes tienen un sello propio, aunque la mayoría entran en una noria común y traslucen de dónde beben y a quien dan de beber.

Metáforas aparte, Belén Maya, a lo largo de los años ha ido depurando unas claves en su baile que son únicas, como decimos, e intransferibles. Por decirlo de otra manera, el baile de Belén nace y muere en ella misma. Conjuga al mismo tiempo una forma muy humana de concebir el flamenco y una manera espiritual de imbricarlo en el cosmos.

Su baile entronca lo terrenal con lo místico, la belleza plástica con el drama interior, la teatralidad con la confesión solapada.

En los simples tangos, con que comienza su actuación, precedidos de unas innecesarias cantiñas que bailan sus palmeras, todas las cartas se voltean y las claves de Belén Maya se solapan. En ella vemos marcar y taconear como una flamenca legítima, ronear como una gitana del Monte, conceder espacio a la danza oriental y al guiño contemporáneo.

Gusta también esta bailaora de bailarle al silencio. Así se entrecorchea en los mismos tangos, antes de volcarse por levante, y comienza un soliloquio con su cuerpo y su mundo, sin músico que la arrope. Y entendemos, quienes seguimos sus huellas, poses y movimientos conocidos. Me aventuro en nombrar el molinillo con los brazos, herencia de su padre, las manecillas del reloj, la cuerda que tira o el muñeco de hilos. (Son denominaciones que convencionalmente le he dado, repito, en ningún momento reciben ese nombre ni Belén las ha firmado como tales.)

José Anillo le acompaña al cante. Voz flamenca de facultades reconocidas que sin embargo, dentro de mi aplauso, alguna vez quiso estar por encima de sus posibilidades. A la guitarra, un tremendo Rafael Rodríguez, desde hace años compone un tándem impresionante con la bailaora. En su sólo de guitarra sin definir, aunque cercano a la zambra por momentos, pareciera que tocaran dos al mismo tiempo. Su rasgueo es rotundo y su pulgar prodigioso.

José Anillo, aguardando la nueva aparición de la protagonista, propone unas malagueñas de Chacón, que se abandonan y se rematan con fandangos del Albaicín.

En las bulerías se aprecia la libertad creadora y el recuerdo de sus mayores. Interactúa con el cantaor y refuerza su lenguaje.

La soleá, apoá a los postres, fue una fiesta que aborda con falda de cola blanquinegra con volantes rojos en su interior, que maneja como pocas. Lleva mantón negro con largo fleco, sobre la blusa roja, que se enreda en su cara y sus zarcillos. Siente el cante y baila para adentro, trasmitiendo al tiempo la fuerza que mana de su interior.

Ante los prolongados aplausos de un teatro lleno, el generoso fin de fiestas por bulerías es obligado.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Martes, 25 de Marzo de 2014 11:54 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La saga continúa

20140327122415-kiki-morente.jpg

Morente más Morente. La nueva generación flamenca de Granada

¿Por qué en Granada no se le ha hecho un homenaje a Enrique Morente como corresponde? ¿Por qué no existe ya un festival con su nombre? ¿Por qué no toman sus apellidos las calles y las plazas, los teatros y los encuentros?

Se me ocurren varias repuestas, aunque la razón definitiva va más allá de nuestras especulaciones.

En Granada tenemos miedo de nosotros mismos. Nuestra autocrítica es destructiva. El afán de exhaustividad hace morir hasta el intento. En Granada somos individuales. No nos unimos para crecer. Preferimos ser cabezas de ratón. Somos igualmente envidiosos y siempre vemos la paja en el ojo ajeno. Somos desconfiados. Ninguno queremos dar el primer paso.

Pero también, aterrizando en lo mundano. ¿No existe alguna suerte de desencuentro entre las instituciones granadinas y la familia Morente? ¿No hay rencillas entre los mismos flamencos que donde tú estés yo no? ¿No es verdad que hay quien se alegra con el olvido y el borrón para comenzar de nuevo las cuentas?

Ahora, sin embargo, el hijo de Enrique Morente trae un espectáculo al teatro Alhambra para su gente, para dejar testimonio, para estar entre amigos. Pertenece al ciclo Morente más Morente, que lleva algún tiempo dignificando la figura del maestro desde Madrid hacia el mundo, desde Madrid al cielo.

Es como un premio de consolación. Es la muestra de que con el corazón por delante sobra todo lo demás.

El teatro se llena de amigos y familiares, de allegados y aficionados. Ya no con dolor, sino con esa admiración de saber que se homenajea posiblemente al mayor genio que haya dado Granada en medio siglo.

Lo mejor de la noche, sin lugar a dudas, es Enrique Morente. Sus composiciones, su manera de entender el flamenco, su apertura de miras, su independencia creativa y su espíritu planean de principio a fin.

El subtítulo, sin embargo, La nueva generación flamenca de Granada, puede que fuera pretencioso, pero se comprende. En esta tierra, por suerte, hay multitud de jóvenes flamencos, de todas las disciplinas, dignos de alzar esa bandera.

José Enrique comienza solo, acompañándose de su guitarra, y la percusión de ’el Popo’, interpretando Autorretrato de Pablo de Málaga (2008). Continúa por Málaga, a las que se une la guitarra de Rubén Campos, con Montes de Málaga del mismo disco.

Asesinato es un poema de García Lorca en Poeta en Nueva York musicado y cantado por los hermanos de Lucía para el disco del mismo nombre (1986). Arropa en este tema la guitarra de Pepe Montoya ‘Montoyita’, quien sigue en el escenario para acompañar a su hermano Antonio Carbonell interpretando estremecedoramente El pequeño reloj, de León Felipe, en el disco homónimo, de 2003. Pareja que termina su presencia por seguiriyas.

La segunda parte fue más sorprendente y conseguida. Quizá este sea el camino que deba escoger este joven cantaor. Una orquesta ocupó el escenario, que no por ser de amigos desmerecía en calidad. Hasta tres guitarras, más una eléctrica (fabulosa), más un bajo; una batería y la percusión que ya estaba; y dos palmeros que, a los postres, llegaron a ser cuatro, formaron una grande. Quizá faltó un piano que armonizara de alguna manera las efusiones.

Esta agrupación comienza con los Tangos de la plaza, de Negra, si tú supieras (1992), para seguir con un apoteósico Aleluya de Omega (1996), donde Morente versionó el Hallelujah nº2 de Leonard Cohen. Sólo por este tema hubiera merecido la pena el concierto.

Unas ‘festeras’ seguiriyas preceden unas bulerías con un sabroso rap incorporado, de la mano de ’el Popo’, quien también se da una pataílla, mostrando así su versatilidad.

Termina la noche por tangos que comienzan con Aunque es de noche, un poema de san Juan de la Cruz, que abre el disco Cruz y Luna (1983) y terminan con el son, soniquete, son que Morente comienza a proponer en El pequeño reloj.

Después de los aplausos aún hay tiempo para una rueda de tonás, con la polifonía típica que le gustaba a Enrique.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 27 de Marzo de 2014 12:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El hombre más viejo

20140330211727-tortugas.jpg

Vuelvo a publicar este cuentecito sobre la relatividad de la vida:

―El hombre más viejo, más viejo, de la tierra, tan sólo llegó hasta los ciento veintidós años. Se apagó definitivamente en la canícula de un verano de vil sequía. Se llegó a agostar con los primeros calores, hasta secarse del todo antes que asomaran las primeras lluvias ―le contaba la joven tortuga a su hermana pequeña en su trescientos quince cumpleaños.

*Editado en el libro digital En un pozo chico (ed. Transbooks, 2013).

Domingo, 30 de Marzo de 2014 21:17 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro Hay 4 comentarios.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris