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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2015.

Marilyn Monroe

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Marilyn se ausentó de esta vida, o la quitaron de en medio, apenas dos meses después de que yo naciera, aunque ya, por suerte fabuladora, se había leído mi libro. No obstante, al tiempo, en la orilla de mi capacho escribió, con su letra redonda, ligeramente escorada hacia la izquierda, y tinta violácea: "Perdóname por haberme muerto sin haberte conocido".

Miércoles, 04 de Febrero de 2015 13:36 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.

¿Cómo lo llevas, querida Marilyn?

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Miércoles, 04 de Febrero de 2015 13:38 volandovengo #. Septimio de Ilíberis No hay comentarios. Comentar.


Vidas acotadas

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Este blog, volandovengo llamado, se difumina cada vez más en el cosmos del ciberespacio. La información nos satura, las propuestas se solapan. ¡Lo que no esta en la red no existe! No podemos abarcar ni en siete vidas el bombardeo en constante crecimiento en las redes sociales, los blogs o las páginas web que llaman a nuestra puerta internáutica.

Cuatro me leen (por decir un número) por, como refiero, al ruido informático, al interés de otras direcciones, a la necesidad de que nos vean, más que ver nosotros, al descuido de mi cuaderno (mea culpa) en beneficio de promocionar mi novela de papel.

Quiero, sin embargo, romper este monográfico silencio con un tema que siempre me ha rondado por la cabeza y nunca le he puesto nombre. Es la idea de la vida acotada, que podría entroncar muy bien con el jardín borgiano de caminos que se bifurcan o con, quedándonos el punto abstraído, el yo soy yo y mis circunstancias, que preconizaba Ortega.

Quiero decir que somos lo que somos, lo que nos ha tocado (por nacimiento, por entorno, por desarrollo vital…) y por lo que hemos ido eligiendo (por simpatía o interés, más o menos puntuales; pero también por los trenes que hemos cogido o los que hemos perdido o hemos dejado pasar…).

Siempre hay asignaturas que ni nos van ni nos vienen, pero hay otras pendientes, las que nos hubiera gustado asir con todas nuestras fuerzas y complementar así nuestro conocimiento, habilidad, ocio-negocio o amor. Nuestra vida está acotada por deseo, pero también, sobre todo, por impotencia.

Quiero poner un ejemplo. Si pudiera, si me hubiera preocupado, si las cosas hubieran venido de otra forma, me gustaría saber de pájaros o de cine; aunque de ninguna manera, por más facilidades que hubiera tenido, quisiera entender de fútbol o de televisión.

Veo a gente alrededor y quisiera ser como ella. No, mejor, pienso si estuviera en las circunstancias de esa mujer, de ese músico, de ese niño prodigio, de ese anciano longevo, de ese pobre moribundo, de ese feliz bohemio… Y pienso que somos muchos, que la vida es corta o es larga según el día, que el mundo es muy grande, y el universo más todavía, que no somos nadie, que no somos nada, que lo único seguro, aparte de la muerte, es nuestra vida acotada.

Miércoles, 04 de Febrero de 2015 13:49 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Paso a paso y otro paso

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¿La Moneta? Fantástica, como siempre. Bastantes años llevo contemplando a esta artista, sus propuestas y evoluciones. Tengo la fortuna de tenerla cerca y de seguir paso a paso los pasos que ella da. Esta obra, incluso, la he presenciado, desde su estreno en la Bienal de Sevilla, en 2012, tres o cuatro veces, y siempre es distinta. A veces llama la atención más una pieza que otra, pero siempre estremece su entrega, su complicidad y su efectiva factura.

Por otra parte —o siguiendo la enumeración—, posee el grado de humildad y generosidad que tilda a los grandes. Es humilde porque está para todos, es accesible; se autoexige y sabe que, por muy buenos cimientos que tenga, sin el trabajo constante se desmorona el castillo. Es generosa porque no acapara todos los focos, sino que los reparte entre su cuadro y entre sus invitados, sintiéndose ella una pieza más para que el engranaje siga funcionando.

Paso a paso, como ella dice, es fruto de la reflexión. El espectáculo, que se representó el 7 de febrero en Granada, está dividido en tres partes bien argumentadas. En la primera interactúa con la guitarra, desde la farruca a las fantasías morentianas. Nunca me cansaré de encomiar las virtudes de Luis Mariano como músico, compositor y arreglista. Su sonanta huele a la tierra mojada del Camino del Monte.

En la segunda parte —posiblemente la más rica—, abre las puertas a sus invitados y se deja impregnar de otras formas. Así presenta el Laboratorio Coreográfico de Flamenco Urbano, un acertado experimento de fusión e implicación artística en el día a día, que, aunque ya inauguraron la velada, es ahora, con un acercamiento al Sacromonte de Enrique Morente (1982), cuando se viste de largo.

Esta agrupación, que coordina la misma Fuensanta, aunque eficaz, le resta dinamismo al conjunto, haciendo que se alargue innecesariamente. Me parece excesivo, abigarrado, por otra parte, cerca de veinte componentes en el escenario limitado del Isabel la Católica. De todas formas, no deja de ser una buena propuesta. Un aplauso personal a Tomás García con el cante y otro a la guitarra rockera de Paco Luque, perteneciente al grupo de flamenco-metal Fausto Taranto, que ya se acercó al flamenco participando en el disco Omega, en 1996, con los Lagartija, ofreciendo un contrapunto interesante a la guitarra sin fisuras de Luis Mariano.

En esta segunda parte, la intervención del bailaor Javier Latorre, es un bocado de gourmet. En silencio, sólo con su cuerpo y sus pies, introduce una soleá que pronto se hace música, para componer un paso a dos con la bailaora protagonista, vestida de cola blanca. El contraste de la exacta parquedad y la sublime esbeltez del maestro de Córdoba, con la fuerza y la sangre, la continua agitación de la granadina, alcanza bastantes quilates.

La última parte consiste en un acercamiento al cante como pura esencia del flamenco. Suenan, con voz propia —perdonadme la redundancia—, los ecos de tres cantaores de bandera que, en realidad, han ido demostrando su calidad durante toda la noche. El gaditano Matías López ‘el Mati’, con su gusto y aguardiente, ya demostró su buen hacer por malagueñas; el jerezano Miguel Lavi, estudioso y comprometido, es uno de los cantaores más interesantes del panorama actual, destacó en la soleá y, sobre todo, en el corrido en solitario; y el granadino Juan Ángel Tirado, poderío y afinación donde los haya, no deja de sorprendernos con la actualización de sus letras y el control escénico.

Por último quisiera hacer mención a otra de las guindas de la noche, los tientos-tangos, comenzados por zambra, donde La Moneta es la reina.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Martes, 10 de Febrero de 2015 13:02 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Dios no juega a los dados

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Hace tiempo, a punto de saltar de la adolescencia a otra edad que aún no soy consciente de haber alcanzado, concebí la necesaria pluralidad divina o, dicho de otra forma, quise dar en mi magín un espaldarazo a las religiones politeístas, pues pensaba que si dios es dios, es uno y es muchos a la vez (no sólo uno y trino). Dios es todo y es nada; es omnisciente y omnipotente y todo lo contrario, es uno y es muchos, como digo, si no, no sería Dios.

Dios tiene muchas caras. Es el único ser cuya esencia es su existencia. Hesiodo lo califica como el ‘acumulador de nubes’. Nunca juega a los dados, como diría Einstein, nada en él es fortuito. (Aunque quien no juega a los dados es el demonio.) “Un Dios no escribe novelas”, afirmará por su parte Ernesto Sabato en Abaddón el exterminador (difícil autobiografía de 1974).

Dios no escribe ficción, o sea. Nunca descansa y cuenta sus pasos. En las noches de luna llena canta sus hazañas para sí como individuo y como pluralidad. Pero, en la mesa de camilla, no quiere estar solo. Homero, en el capítulo octavo de la Odisea, llega a decir: “Los dioses tejen desdichas para que a las futuras generaciones no les falte algo que cantar”.

Recuerdo un breve cuento de Khalil Gibrá, llamado Sobre las gradas del templo (El loco, 1918), que dice así: “Ayer tarde, en las gradas del templo vi a una mujer sentada entre dos hombres. Una de sus mejillas estaba pálida, y la otra, sonrojada”.

En una reconstrucción de este cuento, podríamos cambiar a la ‘mujer’ por ‘Dios’. Quedaría como: “Dios sentado entre dos hombres…”, o, para mayor abundamiento, “entre un hombre y sí mismo…”. Es decir, entre las contradicciones del día a día, marcando sus diferencias. Una de cal y otra de tierra inculta.

La soledad del creador es peligrosa. La soledad es adictiva y produce compulsivas obsesiones. Se dice que “cuando el diablo está aburrido mata moscas con el rabo”. Emil Cioran escribe en el Breviario de los vencidos (1993): “Dios, como no tiene nada que guardar en su casa, de aburrimiento y enojo, deja yermos los jardines del hombre”.

Mujica Lainez, en El Escarabajo (1982), escribe: “En mi modesta opinión, cuantos más dioses se reconozcan y adopten, mejor andará el mundo, tan necesitado de especialistas sobrenaturales que se ocupen de la multiplicidad de sus problemas”; aunque Saramago, volviendo a la idea de la existencia, hace un planteamiento ateísta en El factor Dios (2001): “Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado”.

Todo es fe, desde luego. Fe, esperanza y, por qué no, caridad consigo mismo, que no es nada más que miedo al punto final de nuestras vidas, enamoradas o no, pero polvo al fin y al cabo.

En caso de duda sin embargo, recurramos nuevamente a Abaddón el exterminador, de Ernesto Sabato, cuando exclama que “Dios tiene teléfono! 80-3001. Llamar en caso de urgencia”.

* Giulio Romano, The Gods of Olympus.

Sábado, 14 de Febrero de 2015 12:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El necesario olvido

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Borges, en Otras inquisiciones, afirma que “sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido”. Por mi parte, estoy para que me metan en el cajón de los objetos perdidos.

El olvido es una táctica —involuntaria tal vez— de supervivencia. Estudiaba yo, en mis primeros cursos de filosofía, que existen tres clases de olvido: por interferencia, por desuso y por voluntad.

La cabeza es un rimero de recuerdos. Los datos se acumulan. Unas vivencias van enterrando a otras si no las refrescamos. La nueva luz oculta la luz anterior. (A veces aparecen sin pensar.)

Pero cuando deseamos olvidar… ¡Qué infierno se vuelve cuando un mal sueño regresa continuamente como el oleaje espumado en la orilla caliente!

El recuerdo puede dormir en nuestro interior, por voluntad, como decimos, o por negación. Cerramos los ojos a nuestro pasado, a nuestro dolor, a veces en contra nuestra. El psicoanálisis lo rescata e intenta que nos enfrentemos a él. Somos víctimas de nuestro pasado.

Cuando el olvido es involuntario, se convierte en una limitación. Hay gente propensa a olvidar —la memoria de pez, comúnmente llamada—, como hay quien memoriza todo. Ireneo —nos recuerda Borges, en Ficciones empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez.

Truman Capote, nos confiesa (A sangre fría, 1966), era capaz de recordar hasta un 94 por ciento de lo que había escuchado o había leído.

Luis Cernuda, en cambio, decía que sólo recordaba olvidos. Afirmación que podría hacer yo mismo. Y, cuando se recuerda —o se olvida— con cierto cariño, damos paso a la nostalgia, que para Luis Alberto de Cuenca no es otra cosa que “el dolor muy maquillado”; y, para Tolstoy, “es el deseo de los deseos”.

De nuevo nos refiere Borges (Otras inquisiciones), que Swift había dicho a Young (el de los Night Thoughts), en 1717: “Soy como ese árbol; empezaré a morir por la copa”.

Domingo, 15 de Febrero de 2015 12:09 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

El euro perdido

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No hace mucho, salía mi niño de clase, cuando lo esperaba en la puerta del colegio con otros padres y madres que tenemos esta tarea tan asumida como el almuerzo diario. La sonrisa del rostro se me borró al ver la cara larga de Juan, manifiestamente preocupado. Un enfado que automáticamente me trasmitió y pensé si le habría pasado algo desagradable, una pelea, una regañina, un suspenso. Lo interrogué de inmediato y dijo que había perdido un euro. Mis músculos se relajaron hasta el extremo, diciéndole que no pasaba nada, que un euro no era gran cosa, que se lo daría yo al llegar a casa…

No era eso, insistió. El euro que había perdido era su moneda. La llevaba en el bolsillo al salir al recreo y después ya no la tenía. Había revolucionado a toda su clase sin resultado. Que había visitado otros cursos, a ver si los demás niños… Yo pensaba que, en caso de que alguien se lo hubiera encontrado, era difícil que lo devolviera. Pregunté si había mirado bien los bolsillos y registrado su cartera minuciosamente. Con enfado creciente, mientras nos dirigíamos a la parada del LAC, me afirmó que no estaba en ningún sitio.

Aproveché el cansancio, que lo hizo dormitar en el autobús, para introducirle subrepticiamente un euro en la cartera y, al llegar a casa, después de comer, le volví a aconsejar que mirara detenidamente entre sus libros.

Bastante escéptico y con pocas ganas fue descomponiendo el macuto, sus libretas y lápices, la botella de agua y un sinfín de papeles sueltos, para gritar de pronto: “Aquí está, es el mío, lo reconozco porque tiene un agujero”.

En ese momento, me entró la risa floja. Es decir, allí estaba su moneda y más al fondo estaría la mía. No tuve más remedio que decirle que terminara de organizar la mochila.

Cuando encontró el otro euro lo celebramos y me dijo que sospechaba por mi insistencia que le había metido una moneda.

Él se quedó con los dos euros y yo con esta graciosa anécdota.

Martes, 17 de Febrero de 2015 10:22 volandovengo #. Día a día Hay 2 comentarios.

Bámbola

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Me lo contó como algo trascendental mientras paseábamos. Del cuerpo habíamos pasado a la razón y, después de manifestar su futilidad, habíamos aterrizado en el alma. En un bar de carretera, acudió al aseo para enjuagar unas uvas que había comprado por el camino y en ese momento le apetecían los granos tintos en vez de tomar cualquier otro aperitivo. Sus amigos se quedaron en la barra apurando sus consumiciones. Frente al lavabo, cuando el espejo reflejaba inconscientemente su imagen y el agua corría libremente entre las frutillas granate, le pareció percibir algo, quizá un reflejo, puede que su propia imagen. Estaba cansada y volvería a dormirse en el coche cuando emprendieran el camino. En el mismo instante de cerrar la puerta con el pie, a dos centímetros de su cara, encontró otro rostro, exuberante, de dientes dorados y exceso de maquillaje, que, saliendo del aseo de señoras, a la derecha, según reflejaba el azogue, con una voz gruesa le dijo: “Cómo estás, preciosa”. Ella, emocionada por la situación, deseosa de no se sabe qué y con algo de miedo, se vio a sí misma en la sombra de esa prostituta drogada buscando sexo a granel. “Cómo te llamas”, continuó la aparición. Ella, casi intimidada, le dijo su nombre, preguntando a su vez el nombre de su asaltante que dijo llamarse Bámbola, como la película de Bigas Luna. Era grande y elegante. Se tambaleaba rosa y carmín. Las manos se le iban de las piernas a los pechos. La chica del racimo, mi amiga, con un miedo inexplicable, para ocultar su nerviosismo, elevó la fruta entre las dos, como si fuera un muro, y le ofreció unos granos —¿quieres uvas? — mientras ella comía igualmente para rellenar la inestabilidad. La buscona, arrancando tres uvas, le dio las gracias y propuso darle un beso. Un no titubeante y sin convicción culminó el encuentro. La joven, que ya había advertido la androginia de un travestido, salió del baño con ideas encontradas, advirtiendo que algo suyo, presente o porvenir, quedaba en aquel lavabo.

* Fotograma de la película de Bigas Luna.

Viernes, 20 de Febrero de 2015 12:05 volandovengo #. Poesía/Cuento/Teatro No hay comentarios. Comentar.

Muertos de Risa

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Un extremo irrisorio, cruel, infame, es morir por exceso de alegría, por infinito amor. Lo leí en Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski, puesto en los pensamientos de Dmitri: “Cuando se hubo marchado, saqué mi espada y estuve a punto de clavármela. ¿Por qué? No lo sé. Tal vez en un arranque de entu­siasmo. Desde luego, habría sido un acto absurdo. ¿Comprendes que un hombre se pueda matar de alegría...? Pero me limité a besar la hoja y la introduje de nuevo en la funda...”.

A veces sucede que duele el alma de ser feliz y el deseo pugna por quedarse en ese estado de por vida o que rubrique su punto final antes de abandonarla. Si ahora muriera, no pasaría nada, se instala en nuestra mente. Pero, por otro lugar, como Dimitri se cuestiona, no voy a truncar este estado de felicidad que, aunque pasajera, tiene visos o esperanza de que continúe o se repita.

Otra cosa es morir literalmente de risa, como le ocurrió a Charlie Parker, el fabuloso saxo alto neoyorquino (1920-1955), mientras veía el televisor en una habitación de hotel, creo (hay una película sobre su vida).

El adivino Calcas, que aconsejó la construcción del Caballo en la guerra de Troya. Al tiempo, mientras plantaba unas viñas en su propiedad, un vecino le pronosticó que no viviría lo suficiente como para beber el vino de aquellas uvas. Cuando el susodicho vino estuvo listo, Calcas invi­tó al agorero. Con la copa en la mano, y a punto de celebrar su victoria, el vecino repitió su premonición, lo que provocó tal ataque de risa al infortunado Calcas que, incapaz de reprimir las carcajadas, murió ahogado allí mismo.

El filosofo Quilón de Esparta (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios de Grecia, murió de alegría al ver a un hijo suyo ganar una prueba de los Juegos Olímpicos.

Cuando el pintor griego Zeuxis (siglos V-IV a.C.), terminó el retrato de una anciana, comenzó a reír de tal forma que se le rompió un vaso sanguíneo y murió por hemorragia inter­na.

El poeta cómico griego Filemón (361?-263? a.C.), considerado como el creador de la comedia de costumbres, murió al no poder reprimir la risa al ocurrírsele una broma (aunque, según otra versión tradicional, murió en el mismo teatro, al ser coronado como rey de la comedia)

Otro poeta cómico heleno, Filipides (siglo IV a.C.), murió de alegría al conocer el triunfo alcanzado por una de sus obras.

Crísifo, filó­sofo griego del siglo II a.C., murió de un acceso incontrolable de risa al presenciar cómo un burro se comía unos higos (¿?).

El escritor italiano Pietro Aretino (1492-1556), murió de un ataque de apoplejía al caer de la silla por una broma de tono picante que le había contando una de sus her­manas.

La viuda londinense, Lady Fitzherbert, asistió una noche de abril de 1782, en compañía de unos amigos, al teatro de Drury Lane a presenciar la representación de La opera del mendigo, de John Gay. Cuando Bannister, el protagonista, salió a escena vestido de la forma extravagante que exigía su papel, Lady Fitzherbert tuvo que abando­nar el teatro antes del final del segundo acto por un convulsivo ataque de risa. Día y medio después, sometida todavía a los estertores de la risa histérica, fallecía en su domicilio.

Si seguimos rebuscando, aparecerán más casos. Valga esta muestra para ilustrar tan gentil despedida de este mundo que, sin ir más lejos, se asemeja a la sonrisa del que muere congelado.

* Charlie Parker sonriendo.

Domingo, 22 de Febrero de 2015 09:20 volandovengo #. Reflejos de un mundo paralelo No hay comentarios. Comentar.

Dos guitarras, doce cuerdas

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Flamenco Viene del Sur. Diego de Morón y Pepe Habichuela

Entrevisté a Pepe Habichuela para la radio, el jueves pasado, y me aclaró que lo que íbamos a presenciar eran dos recitales de guitarra y no un espectáculo conjunto, que cada uno iría por su lado y no tendrían ninguna colaboración o un fin de fiestas que fusionara a los dos guitarristas, tan identetarios cada uno de su tierra.

Ayer, lunes, dio comienzo el ciclo Flamenco Viene del Sur, en el Teatro Alhambra, como siempre, con este concierto a que me refiero. Para copar el tiempo con sólo guitarra, apenas ilustrada puntualmente con algo de compás, resultó tan ameno y brillante, que hasta se hizo corto.

La primera parte la presidió Diego de Morón. Comenzó y terminó por bulerías, con el apoyo de las palmas del bailaor Pepe Torres. También hizo soleá, alegrías, rondeña y seguiriyas.

Por su lado, Pepe hilvanó soleares, tarantas, tientos-tangos, seguiriyas y alegrías, estas dos últimas piezas con Juan Carmona a la percusión.

Fueron dos grandes muestras, que pueden avalar cualquiera de los guitarristas que estaban presentes en el teatro.

Cada uno a su estilo: el de Morón, con un soniquete argénteo, se aferró al clasicismo; Pepe, con su reconocido rasgueo, busca un nuevo lenguaje, sin olvidar la tradición. Sin embargo, en las alegrías, el de Granada, fue menos contemporáneo. Los dos bien jondos. Pepe, bastante conocido y esperado. Diego sorprendente por lo ignorado, aunque la herencia de su tío, Diego del Gastor, estaba presente.

Ambos sin cejilla, aprovechando las bondades del mástil en su extensión. Ambos afinando de oído, como antes, al principio de cada pieza.

Diego desnudo. Habichuela a veces con excesivo reverb. El de Morón, con improvisadas aristas. Nuestro paisano redondo en su entrega.

Contemporáneos los dos, de 67 y 70 años, respectivamente, representan una generación imprescindible en el toque flamenco, que, si bien se hallaba encubierta por la figura de Paco de Lucía, hay que tener en cuenta en la historia grande del flamenco.

Por lo demás, una noche cargada de duende y de sentimiento en la que Diego nos recordó a algunos cantaores occidentales, no sólo de Morón, sino también de Jerez o Utrera, que hubiera acompañado, en su tiempo, Diego del Gastor; y Pepe, inevitablemente, invocó entre sus cuerdas al inolvidable Enrique Morente, del que fue compañero, de grabaciones y escenario, desde los años setenta.

Martes, 24 de Febrero de 2015 10:08 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.


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