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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Algunas cosas y demás verdades.

El proceso de una idea

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Aún recuerdo cuando el profesor de lengua del último curso, esforzándose para encontrar frases dificultosas para analizar, nos sorprendió con una cita de El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite, que yo ya había leído entre mis autores seleccionados de posguerra.

El texto se las veía entre sujetos, complementos y demás significantes, pero también con su significado. “Me quedo callada, qué difícil es contar todo esto sin hablar del prodigio principal, de que ella, después de muerta, sigue volando conmigo de la mano, es un poco espeluznante”.

Las palabras de Martín Gaite, que ahora casi recuerdo (aunque copio exactas del mismo libro), dormían en mi memoria como una concesión fantástica a la novela hiperrealista de aquella época, que, en cierta manera, entroncaba en mi imaginario privado con el realismo mágico de la novela sudamericana que en esos días me estaba desbordando.

Al tiempo, ya en este siglo, con la gran narradora acumulando polvo entre los autores de juventud, escribí un cuento breve, que quise incluir en la compilación En un pozo chico publicado en digital por la editorial TransBooks en 2013.

El relato se titula Lo que nos preocupa, y dice así: “No nos preocupa que el abuelo Francisco, con el tiempo, haya decidido salir todas las tardes en contra de sus hábitos. No nos preocupa que se tome una copa de aguardiente en un café del centro mientras compone poemas como un jovenzuelo. No nos preocupa que una vez por semana, el día del espectador, se asome a la pantalla de un cine tras guardar una cola indecorosa. Lo que nos preocupa es que el abuelo Francisco es abstemio y lleva dos años enterrado”.

Hoy leo, en El Crach-Up, de Francis Scott Fitzgerald, el siguiente texto, publicado en 1940 por su editor, poco después de su desaparición: “De vuelta a la sala de estar, reanudó su paseo; estaba paseando inconscientemente con su padre, el juez, muerto hacía ya treinta años; estaba paseando arriba y abajo por la habitación a su padre muerto”.

Miércoles, 10 de Septiembre de 2014 09:25 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Entre el blanco y el negro

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Aristóteles decía que en el término medio se encuentra la virtud. La ausencia de color o la suma de todos los colores es el blanco y el negro. La luz y la oscuridad respectivamente. La muerte. Pero, en algunos mundos, el luto se representa con el blanco (en África u Oriente, China, Japón e India) y, en otros, con el negro (en Occidente). Como luna y sol, varón y hembra indistintamente, según qué sociedad. (Antaño en Europa la muerte y el luto también se asociaba con el blanco.)

El blanco destaca el contorno y hace resaltar los otros colores. Simboliza la pureza de corazón, la honestidad, la inocencia y la sinceridad. Las novias, en el mundo occidental, van de blanco (por qué los novios van de negro no lo sabemos), igual que quienes reciben el bautismo y la primera comunión.

Los romanos atesoraban piedras blancas en los días fastos, que, en contra de los nefastos, eran días dichosos y alegres.

En muchas culturas el blanco simboliza lo absoluto. Es el color más asociado con todo lo sagrado; los animales para el sacrificio solían ser blancos. Para los indios americanos representaba el espíritu. Adoraban un bisonte blanco y respetaban un caballo también níveo. Como se respetaba a Moby Dick, la ballena blanca (un cachalote de nueve metros, como la serpiente Kaa, de El libro de las tierras vírgenes, de Kipling, una boa de nueve metros). Los druidas celtas llevan túnicas blancas. En la Iglesia católica rige el blanco para sus celebraciones.

Los budistas lo relacionan con la flor de loto, símbolo de la luz y la pureza, y con el conocimiento o “iluminación”. En el sufismo representa la sabiduría. También se cree que los espíritus y los fantasmas son blancos, ya que es un color que no oculta nada.

El blanco también significa limpieza y sanidad, como vemos en los hospitales que, continuando la tradición árabe, son casas asépticas de salud e higiene públicas.

Una bandera blanca señala la paz. El uso de la bandera blanca como símbolo de rendición se remonta al primer siglo de nuestra era en la antigua China. Su empleo se consagró en la Convención de Ginebra. Su uso fraudulento es considerado un crimen de guerra. Sin embargo, en Gran Bretaña —y el antiguo Imperio Británico—, una pluma blanca simboliza cobardía, pues los gallos de pelea con plumas blancas en la cola eran malos luchadores.

La azucena y el lirio, consideradas flores de la Virgen, son símbolos de pureza. El arcángel Gabriel suele aparecer llevando una azucena en el momento de anunciarle a María que va a dar a luz al hijo de Dios. En la religión cristiana, el blanco se asocia con el sacerdocio. La Casa Blanca irradia justicia.

Por el contrario, el negro simboliza el mal (los poderes ‘oscuros’, la ‘magia negra’) y la clandestinidad. También representa el averno, con sus asociaciones de pena, desgracia y muerte. Como decimos, en el mundo occidental, el negro es el color de la muerte, del luto y de las tinieblas.

La reina Victoria de Inglaterra vistió de negro durante los cuarenta años de su viudez. Implantó la moda de la joyería de azabache, una piedra semipreciosa de color negro, como complemento del luto, pensando que ponerse joyas de colores brillantes sería una falta de respeto.

En el hinduismo, Kali, la terrible diosa hindú de la destrucción es negra. En China, el negro representa el norte y el invierno.

En astrología el negro representa a Saturno, que debe su nombre al dios romano (Crono, en griego), asociado con el tiempo, la vejez y la muerte; como durante siglos en Europa lo personificó el cuervo.

Pero, por otra parte, el negro representa la elegancia, la parquedad y la moralidad (en algunas órdenes religiosas, las sotanas de curas y monjas son de color negro).

Entre blanco y negro está el gris, con sus cientos de matices. Encarna el equilibrio entre estos dos colores, entre estos dos extremos. Por eso es el color de la mediación. En el cristianismo, el color gris representa la inmortalidad del alma. Aunque en general se asocia con la melancolía y la depresión. Las cosas que no se pueden determinar se consideran grises. El gris es símbolo de la penumbra, del anonimato y de la incertidumbre. El gris, me temo, no tiene fuerza propia, sino que resalta los colores con los que combina.

Martes, 26 de Agosto de 2014 11:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Las razones del viajero

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Recuerdo que, en El turista accidental, Anne Tyler daba unas recomendaciones para salir de viaje (más conseguidas en la película que en el libro). Entre estas, se encontraba el consejo de sacar un libro de grandes dimensiones al acomodarse en el avión, por ejemplo, para evitar que el compañero de asiento intentara mantener una conversación.

Hay sin embargo quien pretende descubrir en el mismo viajero, en los mismos argonautas que con él comparten la aventura, el primer descubrimiento de su odisea. A veces el roce, aunque sea fugaz, nos sorprende.

Quiero referirme al viajero solitario y no al turista o visitante que, en grupo organizado con un plan previsto de antemano, se embarca hacia tierras más o menos desconocidas.

El viajero es un descubridor. Es un bohemio horaciano. El viajero es el que compra sólo billete de ida, el que no sabe si regresará ni adónde le guiarán sus pasos. Suele viajar ligero de equipaje, aunque tampoco —por libre ideal— deja mucho en su lugar de origen.

“En realidad, el viajero no debe tener meta alguna. En ese caso, será el viajero perfecto” dirá Gao Xingjian, en La Montaña del Alma.

Cavafis deja claro en su poema Ítaca, basado en la aventura de Ulises, que lo importante no es el regreso, no es la isla que se anhela, sino los hitos de la travesía. Aunque sin meta, advertirá, no existe la ruta (Sin ella no habrías emprendido el camino).

Por su parte, Julio Ramón Ribeyro, en un cuento Doblaje, nos contradice: “Partir es una gran cosa, pero lo maravilloso es regresar”.

Para Ryszard Kapuscinski el viaje es permanente y en Viajes con Herodoto nos asegura: “Al fin y al cabo, el viaje no empieza cuando nos ponemos en ruta ni acaba cuando alcanzamos el destino”.

Algunos están en contra de la movilidad. Apartarse de la casa, de la urbe o de la seguridad del paisaje conocido es poco menos que innecesario, si no abominable. Hubo escritores de aventuras y exotismos que nunca abandonaron las paredes de su casa. Uno de los personajes de la deliciosa novela rompecabezas de Agustín Fernández Mayo Nocilla Dream, así lo entiende: “Ernesto nunca quiso hacer ese viaje. Ella se empeñó. En primer lugar no quería porque consideraba que viajar es un atraso desde que ya todo está descubierto, y que no tiene sentido andar por ahí emulando a los exploradores del 19. En segundo lugar porque Internet, la literatura, el cine y la televisión es la forma contemporánea del viaje, más evolucionada que el viaje físico, reservado éste para mentes simples que si no tocan la materia con sus manos son incapaces de sentir cosa alguna”.

Quiero acabar con un poema de mi paisano, Luis García Montero, que abre el libro Habitaciones separadas, de quien he tomado prestado el título de este post, que viene a decir lo que digo:

Las razones del viajero

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.

Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

* Autorretrato, Eduardo Úrculo, 1993.

Domingo, 24 de Agosto de 2014 10:23 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

En el laberinto

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Siempre me han atraído los laberintos, esos pasillos, que pueden ser eternos, en los que su entrada está clara, pero su regreso es incierto. Puede ser un símil de la vida, o de la mente, del pensamiento de algunas personas que ni creen en las ciencias exactas, en el pensamiento lógico, en el camino recto.

El objeto del laberinto es perderse, no encontrar la salida, como en el regreso a Ítaca, dilucidado por Cavafis, lo importante es el camino, la odisea, no el arribo a las playas bondadosas donde un sabio porquero nos guíe a los brazos de Penélope.

En los jardines románticos del Renacimiento, se componían intrincadas calles de setos y arbustos, de confusión e intimidad, para favorecer la intriga de amor que quizá un billete pícaro ha despertado.

Dédalo construyó un laberinto en Creta para encerrar al Minotauro y ofrecerle presas humanas sin temor a que todo lo asolase, hasta que un héroe de la península le dio muerte y encontró la salida gracias al hilo de Ariadna.

En este mismo laberinto quedó encerrado su constructor, por satisfacer los deseos de su reina a espaldas del rey Minos. Ícaro, el hijo de Dédalo, penó con él hasta que encontró la liberación en forma de plumas y cera. La libertad acercó su vuelo al sol, que derritió sus alas. Donde cayó surgió una isla que los tiempos conocen como Icaria, al sur de Turquía.

Para Borges el laberinto (o dédalo, en honor al mito) es muy recurrente como idea del tiempo que nos marca, del infinito inabarcable, de los sueños incontrolados, del libre albedrío en el jardín donde los caminos no hacen más que bifurcarse.

La esencia del laberinto, sin embargo, reside en tu propio interior. Los primeros que imaginaron el concepto de laberinto fueron los antiguos mesopotámicos, a través de las tripas de los animales o de los intestinos a los seres humanos, que solían arrancarles para predecir el futuro. Después aparecerá en el arte egipcio, hindú, celta y de los pueblos del Mediterráneo.

Así la forma del laberinto remite a las entrañas, que, a su vez, se corresponden con el laberinto exterior. En El libro ilustrado de signos y símbolos se dice que “algunos laberintos poseen un claro sendero que conduce hacia el centro donde está la verdad: otros resultan más complicados y enigmáticos, pues el camino se divide constantemente. Este tipo de laberintos suele aparecer en sueños y representa la indecisión. Más difícil que entrar, resulta salir, por lo que sólo los sabios pueden encontrar el camino para atravesarlo”.

También tienen un componente místico. Los laberintos representaban el viaje de la oscuridad a la luz o la sabiduría secreta descubierta tras la superación de una prueba, atrapaban a los malos espíritus

Carl Gustav Jung, en El hombre y sus símbolos, dice que “en todas las culturas, el laberinto tiene el significado de una representación intrincada y confusa del mundo de la consciencia matriarcal; sólo pueden atravesarlo quienes están dispuestos a una iniciación especial en el misterioso mundo del inconsciente colectivo”.

En El Lenguaje sagrado de los símbolos, Jesús Callejo explica: “El laberinto clásico suele tener tres o siete círculos, en todo caso un número impar. Es más que probable que ciertos templos iniciáticos se construyeran de este modo por razones que sólo conocían los sumos sacerdotes, pero que sin duda tendría que ver con la búsqueda espiritual, con la muerte y el renacimiento, sorteado el adepto o neófito diferentes pruebas en el camino. El más conocido es el que está situado en el suelo de la catedral de Chartres, en París, un circuito de once vueltas que conduce siempre hacia el centro. Hasta se creía que habían sido diseñados para que los demonios entrasen en él, se perdiesen en sus vericuetos y nunca más pudieran salir”.

Según Waldemar Fenn, “ciertas representaciones de laberintos circulares o elípticos, de grabados prehistóricos, como los de Peña de Mogor, en Pontevedra, han sido interpretadas como diagramas del cielo, es decir, como imágenes del movimiento de los astros”.

* Baccio Baldini, Teseo y Ariadna al lado del laberinto de Creta, 1460-1470.

Lunes, 21 de Julio de 2014 10:55 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El diablo en este mundo

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Repito por enésima vez que para Torrente Ballester el infierno somos nosotros mismos y, para Sartre son los demás (según Sabato, en Abaddón el exterminador, "la mirada de los otros"). Sea de una forma u otra, el diablo se encuentra en este mundo y habita entre nosotros, si es que creemos en él, si es que existe. Aunque si el mal se halla, su manifestación es el maligno.

Puede ser real o intangible, pero, al igual que vemos la obra de un dios figurado en las cosas bellas, también podemos distinguir la mano del diablo en las manifestaciones aviesas.

Fernando Báez, en El bibliocausto nazi (2002), nos explica que “Hitler era lector voraz, un bibliófilo preocupado por las ediciones antiguas, por Arthur Schopenhauer, y una devoción entera por Magie: Geschichte, Theorie, Praxis (1923) de Ernst Schertel, obra en la que todavía se puede encontrar subrayado de su puño y letra la frase: Quien no lleva dentro de sí las semillas de lo demoníaco nunca dará nacimiento a un nuevo mundo”.

¿Será el diablo una creación del hombre como cantaba Jethro Tull en Aqualung?, aunque ya lo apuntaba Fiodor Dostoyevski, en una supuesta conversación entre uno de los protagonistas de Los hermanos Karamazov (1880) con el ángel caído: “Mi opinión es que si el diablo no existe, si ha sido creado por el hombre, éste lo ha hecho a su imagen y semejanza”; a lo que el demonio le responde: “¿Como a Dios?”.

“El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va, y siempre va hacia el sitio del que procede”, poetiza Umberto Eco en El nombre de la rosa.

El diablo somos nosotros, como nosotros somos los dioses. “Es arduo discernir, en este feo planeta, escribe Mujica Láinez en El Laberinto, dónde asoma el ala el ángel y dónde vibra del diablo la cola”. “El infierno está vacío, todos los demonio están aquí” nos gritaba Shakespeare a la sazón.

Para Kark Kraus “El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres”. Antonio Machado, en Juan de Mairena, piensa que siempre podría ser peor “Que nuestro mundo no es el peor de los mundos posibles, lo demuestra también el que apenas si hay cosa que no pensemos como esencialmente empeorable”.

Algunos filósofos griegos opinaban que cada hombre tenía un demonio familiar, un demonio particular, que representada su individualidad moral, y por tanto se admitía que los locos, los histéricos, los furiosos estaban poseídos por espíritus malignos que los agitaban, espíritus completamente diferentes a los que guiaban a los hombres como Sócrates, Platón o Pitágoras. Los locos eran así llamados energúmenos, o sea, endemoniados. Lo mismo ocurrió en Roma, donde estas desviaciones fueron consideradas como enfermedades sagradas.

En El diablo es España, Flores Arroyuelo explica que “el nombre ‘manía’ dado por los griegos a los locos y furiosos derivaba de la raíz ‘man’, ‘men’ que significaba ‘alma de muerto’ y que en la lengua latina reaparece con la forma de ‘manes’, y es que para los latinos los locos estaban poseídos por la diosa Manía, madre de los lares y de los manes”.

El infierno está en este mundo. En El cataclismo de Damocles (1986), García Márquez cuenta que “un gran novelista de nuestro tiempo se preguntó alguna vez si la tierra no será el infierno de otros planetas”.

Miércoles, 16 de Julio de 2014 11:17 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Otra vez la crítica

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Alguien, en el teatro, en la localidad inmediata a mi izquierda, me espetó que tan sólo la palabra crítico tiene una connotación negativa. Pensé unos segundos y le di la razón, argumentando que mejor llamarnos cronistas, articulistas, narradores. Y me dispuse a seguir viendo la obra que ya empezaba.

Analizando no obstante el pequeño diálogo pensé —pienso— que no hay que temerle a una palabra, que identifica con exactitud su significado, con otros sucedáneos, difíciles sinónimos o alegorías popularmente más amables.

Henry Miller, en Trópico de cáncer, venía a decir que hay que llamar a las cosas por su nombre, que “el estiércol es estiércol y los ángeles son ángeles”. El Diccionario de la Real Academia define la crítica como “examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.”, y en esas estamos.

Un mero observador sólo podría trasladar, lo más fidedignamente posible, lo que está viendo, para que los demás se hagan una idea exacta de lo mismo. Sería como un historiador objetivo que da testimonio de lo que, aunque desde su perspectiva, contempla sin hacer ningún juicio de valor. Su carisma estribaría en su neutralidad y en el sentido fotográfico de sus precisiones.

El crítico, en cambio (por mucho que nos duela la palabra) da un veredicto; evalúa y valora la obra en sí intentando, por una parte, influir en el lector, y por otra, establecer una escala de efectividad, en gran parte acreditada por sus conocimientos, por su claridad y por su experiencia. La obra se cotiza así por comparación del resto de productos que con ella se asemejan. Viendo la proyección del arte concreto a través de los años, apreciando su estado actual y previendo su futuro inmediato, su trayectoria, una función, un recital o un cuadro, se sitúan por sí mismos en la gradación aludida.

Podemos equivocarnos en nuestras apreciaciones. Nadie posee la verdad. La crítica no es una ciencia exacta. Por otra parte hay quien no se moja por respeto, por miedo a la crítica de sus críticas, a las represalias, o por temor a equivocarse. Hay quien, por norma, todo lo tasa sobrevalorado; y hay quien lo entierra en un pozo nauseabundo que a nadie beneficia.

Nos podemos encontrar de todo, como en la viña del Señor. “Tanto la más alta como la más baja forma de crítica, escribía Machado en su Juan de Mairena, son una forma de autobiografía. Los que dan un significado feo a las cosas bellas son personas defectuosas. Los que dan un significado bello a las cosas bellas tienen una personalidad cultivada. Para ellos hay esperanza”.

La crítica debe ser constructiva, sea positiva o detractora. Debe aleccionar como un corazón, como la mano de un familiar. La crítica en sí también debe ser bella. Bella en sus palabras, en sus ideas, en sus conceptos y en los posibles consejos que de ella se derivan.

Tenemos que tener en cuenta que no tratamos de una puesta de sol, lejana, ajena e inmutable. Hablamos de personas con un trabajo detrás, con unos sentimientos y con mucho en juego. Nos dirigimos a ellos con respeto, alabando lo bueno y solapando la errata. Pero también nos dirigimos a un público que ve y que también evalúa por su cuenta lo que han visto y demandan objetividad, sinceridad y en parte reforzar las conclusiones que ellos han apreciado o no les encajan.

Hay artistas que no leen lo que se escribe de ellos, aun sabiendo que les beneficiaría para su carrera. Tomar buena nota de las críticas, sean del signo que sean, multiplica la corrección de su obra, lo que se ha de potenciar, lo que se ha de observar y lo que interesa enmendar para futuras puestas en escena.

Sin lugar a dudas, el crítico tiene mala prensa. Se le teme y se le odia a partes iguales. Muchos piensan que es un músico, un pintor o un poeta frustrado. Ya decía Giovanni Guareschi, escritor italiano de principios de siglo: “Un critico es como un gallo que cacarea mientras otros po­nen”. O Lawrence Durrell, novelista británico: “Un crítico es una lombriz de cebo en el hígado de la literatura”.

Alguien, sin embargo, como santo Tomás, debe evidenciar lo evidente. 

* Juan de Mairena frente a su autor.

Lunes, 14 de Julio de 2014 10:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Poetas versus narradores

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El 10 de mayo de este año jugué conscientemente el segundo partido de fútbol de mi vida. Quiero decir que, desde que dejé los estudios primarios, no he tocado un balón ni por suerte. De hecho, le tengo cierta aversión a ese deporte alienante y a todo lo que le rodea. También confieso sobremanera mis limitaciones para el juego.

Se presenta éste como un divertimento donde jugamos poetas contra narradores. Gente de letras que, se supone, estamos alejados del sudor de la camiseta. Digo ‘se supone’ porque la mayoría, si no todos, son futboleros, consumen fútbol televisado o escrito o lo han practicado de forma más o menos habitual (lo que me orilla casi definitivamente).

Mi actuación, como no podía ser de otra manera, fue desastrosa, aunque, a la larga, cargada de comicidad y compromiso. En su conjunto, contemplé con más tristeza que temor, que fácilmente puede ser un paralelismo de mi vida toda, un arrostramiento claro en mi valle de lágrimas.

Sin orden determinado expondré las características principales que observo y padezco.

En principio, la apariencia puede dar el pego —quizá demasiado delgado pero puede que en forma—, aunque en general ni profeso ni convenzo. La equipación no estaba mal, pero el pantalón era prestado (el año anterior jugué con un bañador liso) y las zapatillas, del todo inapropiadas, son las habituales de cordones que tengo para salir a la calle; entré y salí con ellas.

Confieso, por otro lado —o principalmente— un desconocimiento completo de las reglas del juego, así como de las estrategias y otras cuestiones futbolísticas. Me siento inseguro y lo digo. Hasta el árbitro se ve obligado a darme alguna recomendación o consejo.

No suelo tocar la pelota. Al principio puedo dar confianza, me toman en cuenta y hasta me combinan el balón, pero después, contemplando mis limitaciones, no me lo pasa nadie. Si por casualidad lo toco, no sé lo que hacer, lo pierdo en seguida. Veo pasar el balón por mi lado o entre las piernas como algo ajeno. Cuando viene con fuerza me aparto. Pierdo todas las oportunidades.

Desde que empieza el partido ya tengo ganas de que se acabe. Me muevo poco, me canso mucho y normalmente me hago daño de alguna forma (aún se resiente un talón).

Pienso que soy perjudicial para el equipo al que pertenezco y, para los otros, una ventaja. Los contrarios saben que soy inofensivo, por muy bien colocado que esté, como una piedra en mitad del campo que a veces, sólo a veces, estorba, pero se le puede esquivar fácilmente.

Durante el partido hago pasar un buen rato a los espectadores, lo que es de agradecer, y enervo a mis compañeros, lo que es de sancionar. Sin embargo, para la ducha y la cerveza de después, doy la talla sin discusión.

* ¡Ahí está el tío!

Domingo, 22 de Junio de 2014 11:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El matrimonio (4)

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Hay quien ha estado toda su vida emparejado y no conoce el amor. A veces, en una pareja, el amor es unilateral, como el goce, aunque puede que se goce sintiendo gozar a tu lado.

También entendemos que el amor es una delgada línea roja que, como el olvido se puede quebrar, por interferencia de un amor ajeno; por desinterés o hastío; o por desuso; o por su contra, como cantaban las niñas de Utrera en bellos endecasílabos por bulerías: Se nos rompió el amor de tanto usarlo.

El amor extramuros ha sido de corriente tráfico. El o la amante siempre ha estado presente. La querida, el pecado; la luz o las tinieblas; la deliciosa Madame Bovary o la triste Lady Chatterley.

Por otro lado, nuestro amigo puede convertirse en nuestro enemigo (durmiendo con...). El amor se convierte en odio (o en desprecio, como acertadamente califica Eduardo Punset a su antagónico).

Aguantamos, en el mejor de los casos, por simple cariño, por costumbre, por conveniencia, por comodidad o por terceros (familia, hijos). El matrimonio así se establece como un pacto de no agresión, como una guerra fría, en donde el muro, el telón de acero, son los hijos o las familias o la sociedad en general. El maridaje termina siendo una relación diplomática, un equilibro político. Aunque Groucho Marx decía: “La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí”.

El problema puede que sea el día a día, la convivencia y el entorno. “El roce hace el cariño”, dicta nuestro refranero, pero también: “La confianza da asco”, o “Cuando la miseria entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Nietzsche, en Humano, demasiado humano, reconoce: “Si los esposos no viviesen juntos, los buenos matrimonios serían más frecuentes”.

Sin embargo, se hace necesaria esa unión, ante el altar o ante los hombres, muchas veces por curiosidad o por necesidad, pero, las más, por amor (o por lo que tenemos por 'amor'). La necesidad del otro es, como bien, como posesión ‘imperdible’ es una cuestión vital. (Ahora, los Reyes de España, se han hecho reyes por lo civil.)

Hay escépticos que lo han probado y otros en teoría. Oscar Wilde dice: “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer, con tal de que no la ame”; y Nietzsche insiste (Más allá del bien y del mal): “También el concubinato ha sido corrompido por el matrimonio”.

Leon Tolstoi aconseja, en Ana Karenina, por medio de su personaje Serpujovskoy: “Es difícil amar a una mujer y hacer a la vez algo útil. Para ello hay un remedio: desviar el amor por ellas casándose. (…) Llevar un paquete en la mano y hacer algo a la vez no es posible, pero sí lo es si te lo echas a la espalda”.

El matrimonio Arnolfini, Jan van Eyck, 1434

Viernes, 20 de Junio de 2014 12:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Aproximación a la Rueda

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Todo fue redondo en un principio, después se quebró. El círculo, la esfera, es un símbolo de perfección. Hasta el cristianismo, todas las religiones habían basado sus creencias en un redondel, como el sol, como la luna cuando esta llena, como la Tierra antes de que empezara a ser plana.

Cuenta Gore Vidal, en Creación, que Pitágoras creía que, entre todos los sólidos, la esfera era el más hermoso; y que de todas las figuras planas, la más sagrada era el círculo, donde todos los puntos están unidos y no hay principio ni fin.

Así, Pitágoras simbolizó todos los acontecimientos del universo, incluidos los del hombre en los planos material y espiritual, con un círculo. Consideraba que todo en el universo se repite y el hombre al morir debía regresar a la vida para cerrar nuevamente el círculo.

Pero llegó san Agustín que escribió que Jesús era la vía recta que nos salva del laberinto circular en que andan los impíos. Y se impuso la recta y la cruz. El arte renacentista promulga que “lo que distingue la cultura clásica ante la barbarie es el uso sistemático de la línea recta sobre la curva”.

Nicolás de Cusa afirmaba en cambio que “la línea recta no es sino el arco de una esfera infinita”, como Dios que, según el Maestro Eckhart (dominico alemán del siglo XV) “es una esfera espiritual infinita, cuyo centro y circunferencia están en todas partes”.

Así la línea recta no existe. El norte no es un punto, sino una dirección. Nuestro avance es radia, lo más parecido a la recta son los caminos borgianos.

Torrente Ballester lo comprendió cuando dijo: “El Destino es circular, hay que contemplarlo dando vueltas o desde el centro”. Allan Poe consideraba la esfera como “la más perfecta y comprensiva de todas las formas”.

José Nieto poetiza:

Es el triunfo arrogante de la estética
la pura simetría de la recta
fracaso y vocación de curva rota.
 

Fray Julián, fraile y pintor, personaje de Terra Nostra de Carlos Fuentes, refiriéndose a su pintura dice: “Sólo lo circular es eterno y sólo lo eterno es circular, pero dentro de ese eterno círculo caben todos los accidentes y variedades de la libertad que no es eterna sino instantánea y fugitiva”.

Para ser un poco más enigmático, Isak Dinesen profundiza, en Siete cuentos góticos, cuando escribe: “Enseñó a la muchacha griego y latín. Trató de inculcarle la idea de belleza de las matemáticas superiores, y cuando le dio explicaciones sobre la infinita belleza del círculo, la muchacha le preguntó. —Si fuera realmente tan bello y tan perfecto, ¿de qué color sería? ¿No sería azul? —Ah, no —contestó—. No tiene color”.

* Nicolás de Cusa, en la imagen.

Martes, 03 de Junio de 2014 11:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Islas flotantes

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Hay islas dotadas de vida propia, que se escapan cuando son avistadas por el vigía, para emerger cientos de millas más lejos. 

El Pez-Isla es uno de estos fenómenos fantásticos. San Brandán, en las leyendas celtas, avista un pez llamado Jasconius, grande como una isla, que trata de morderse la propia cola continuamente.

«Brendan y sus compañeros llegaron a una isla, en la que desembarcaron. Estaba llena de árboles y otros tipos de vegetación. Celebraron misa, y de pronto la isla comenzó a moverse. Se trataba de una gigantesca criatura marina, sobre cuyo lomo se encontraban los monjes.»

También encontramos la isla pez en la obra de Jonh Milton. En la séptima parte de El paraíso perdido se puede leer: “mientras el leviatán, mayor que ningún otro viviente, tendido como un promontorio sobre aquel abismo, dormita o nada y se asemeja a una flotante playa sorbiendo y arrojando alternativamente todo un mar por sus agallas”.

En su versión poética, Milton escribe:

El rey del mar, el animal gigante,
la Ballena entre todos dominante
por su grandeza, el Leviatán horrendo,
ya en las olas, de espaldas extendiendo
su longitud, parece un elevado
promontorio de lexos; ya una inmensa
aleta desplegando a cada lado,
que es una isla flotante se diría.

Borges cuenta que, en el primer idioma vernáculo en el que hay un Physiologus o Bestiario, es el anglosajón. En él se habla de la ballena, a la que llama Fastitocalon, diciendo que es un símbolo del Demonio y del Mal. «Los marineros la toman por una isla, desembarcan en ella y hacen fuego; de pronto, el Huésped del Océano, el Horror del Agua se sumerge y los confiados marineros se ahogan».

En el primer viaje de Simbad, en la noche 292 de Las Mil y Una Noches, Sherezade cuenta:

«Un día en que navegábamos sin ver tierra desde hacía varios días, vimos surgir del mar una isla que por su vegetación nos pareció algún jardín maravilloso entre los jardines del Edén. Al advertirla, el capitán del navío quiso tomar allí tierra, de­jándonos, desembarcar una vez que anclamos.

»Descendimos todos los comerciantes; llevando con nosotros cuantos víveres y utensilios de cocina nos eran necesarios. Encargáronse algunos de encender lumbre, y preparar la comida, y lavar la ropa, en tanto que otros se contentaron con pasear­se, divertirse y descansar de las fa­tigas marítimas. Yo fui de los que prefirieron pasear y gozar de las bellezas de la vegetación que cubría aquellas costas, sin olvidarme de co­mer y beber.

»Mientras de tal manera reposába­mos, sentimos de repente que tem­blaba la isla toda con tan ruda sacudida, que fuimos despedidos a al­gunos pies de altura sobre el suelo. Y en aquel momento vimos aparecer en la proa del navío al capitán, que nos gritaba con una voz terrible Y gestos alarmantes: “¡Salvaos pron­to, ¡oh pasajeros! ¡Subid en seguida a bordo! ¡Dejadlo todo! ¡Abandonad en tierra vuestros efectos y salvad vuestras almas! ¡Huid del abismo que os espera! ¡Porque la isla donde os encontráis no es una isla, sino una ballena gigantesca que eligió en medio de este mar su domicilio des­de antiguos tiempos, y merced a la arena marina crecieron árboles en su lomo! ¡La despertasteis ahora de su sueño, turbasteis su reposo, exci­tasteis sus sensaciones encendiendo lumbre sobre su lomo, y hela aquí que se despereza! ¡Salvaos, o si no, os sumergirá en el mar, que ha de tragaros sin remedio! ¡Salvaos! ¡De­jadlo todo, que he de partir!”».

* Montaje del artista sueco Erik Johansson.

Jueves, 22 de Mayo de 2014 11:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Curiosas desviaciones (con la ‘a’)

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Desde hace algún tiempo encontramos palabras, popularizadas por los mass media, que definen usos (o abusos) cotidianos. Estos términos, la mayoría de nuevo cuño, nos acerca a la exactitud de los conceptos.

Me gustó en su día el término sueco Ombudsman que quiere decir ‘defensor del pueblo’ y que El País y otros periódicos lo utilizan verosímilmente como ‘defensor del lector’.

Lamentablemente también conocemos el vocablo inglés bullying para referirse cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada. Cuando este acoso se produce a través de las redes sociales se conoce como ciberacoso

Selfie es la palabra inglesa para referirse a las fotos tomadas por uno mismo con el móvil alejado o frente al espejo, con más o menos ropa.

El balconing, castellanizado como ‘balconismo’, es una práctica entre los jóvenes que se hizo notar en el verano de 2010 en España y que consiste en saltar entre los balcones de un hotel. (A veces tienes sólo una oportunidad para practicarlo.)

El crowdfunding sirve para financiar trabajos culturales a través de la red por donantes anónimos.

Así podíamos seguir hasta hacernos un enorme glosario, que no es mi actual intención, pero me hace recordar cientos de voces que compilé en su día para definir las más diversas parafilias.

Dada la abundancia, e incluso la inutilidad de citarlas todas, me acojo a la primera letra de nuestro abecé y redacto algunos términos harto curiosos:

La actirastia es la excitación sexual proveniente de la exposición a los rayos del sol. Y la albutofilia es la excitación proveniente del contacto con el agua. Siendo la alveofilia el gusto de tener relaciones sexuales en una bañera y la amomaxia, realizar la relación sexual dentro de un automóvil estacionado. (Recuerdo a los Inhumanos con su Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000.)

La altocalcifilia es la atracción por zapatos altos de tacón. Es una suerte de fetichismo que se asocia a prendas de vestir, en particular el de calzado de trágica altura, conocido también como retifismo.

La amaurofilia hace referencia al placer que genera vendarle los ojos a la pareja mientras se está practicando la relación sexual. Y la amiquesis se refiere al hecho de rascar a la pareja durante el acto sexual.

La antolagnia es la excitación por oler flores; la avisodomía es la relación sexual con aves; y la aracnofilia es el juego sexual con arañas (no sé si son Spiderman valdrá).

La autoasasinofilia es la fantasía masoquista de ser asesinado. Y Cela recoge en su Diccionario del erotismo la autonecrofilia, que denomina como el deseo de comportarse como un cadáver en las relaciones sexuales.

Por su parte, la autonepiofilia es el estímulo de utilizar pañales y ser tratado como un bebé.

Como vemos, hay una definición para cada uso, para los más rebuscados, y a veces me pregunto si no fue antes el vocablo y después lo que nomina.

Miércoles, 21 de Mayo de 2014 12:38 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Servicios públicos

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Paquillo, cuando camarero en La Tertulia (debía ser a finales de los ochenta o principios de los noventa, cuando pusieron en Granada las cabinas para miccionar en las paradas del autobús), me comentó que querían editar una revista. Los detalles no los recuerdo, pero sí que me pidió que colaborara con alguna columna fija de contenido social, centrado en la ciudad, y que le pusiera un nombre a esa sección. A los pocos días, le entregué un texto de prueba, con su cabecera y el tono irónico que pretendía. Le gustó, así me lo dijo, pero tanto el proyecto como mi texto se volatizaron. No sé si pregunté una vez o una docena de veces por el tema en cuestión. Ante las continuas subidas de hombros, me olvidé yo también del tema. Al tiempo, el título que había pensado para que encabezara mis artículos, La ventaja de ser ciego en granada, se lo escuché a Paquillo como una ocurrencia suya.

Ahora encuentro este texto en una antigua carpeta:

Soy poco aficionado a la ciencia-ficción. Pocas veces he leído sobre ese asunto. Quizá porque no tengo le mente suficientemente abierta ni una capacidad de abstracción lo bastante amplia como para asimilar vidas paralelas a la nuestra, en diferentes e invisibles dimensiones, o para concebir guerras interestelares entre superiores seres alienígenas con forma de patata fláccida con dos cabezas cristalinas o de llave inglesa burbujeante con siete u ocho brazos prensiles que pasan todos ellos de firmar la declara­ción de hacienda. Estoy muy lejos de pensar que seremos dominados por orates cerebros manipuladores de las débiles mentes de una humanidad robotizada o que nos visitarán y destruirán criaturas informes salidas del híbrido de una rata sidosa y el aborto de una planta carnívora en descomposición, semejantes a mi primo Felipe cuando acaba de pisar una boñiga de perro, pero con dos narices y con antenas en vez de las protuberancias cómicas que adornan su frente desde la pasada navidad.

No, no suelo leer relatos de este tipo. Sin embargo, reconozco que existen obligados ejemplares que hay que abordar tarde o tem­prano por su reputación, interés literario o hipotético, o bien por las insistentes recomendaciones del amigo que juega a Jiménez del Oso o a psicoanalista-futurólogo cuando bebe algo más de un par de copas, conduzca o no.

Pues bien, uno de esos libros comprometidos fue (y cayó hace poco), La guerra de los mundos de H.G. Wells. La abordé como una obra necesaria de leer, aunque sólo fuera por ser el relato que estremeció a América. Y la verdad creo que el joven continente se estremece por nada. El cuento trata de la invasión de los marcia­nos. Que al final fueron destruidos por nuestros pequeños aliados, las bacterias.

Recién acabada la lectura salí de mi casa y entré en Granada. Avancé por la avenida y al llegar al Triunfo me pareció ver uno de los “cilindros” con que vinieron los atacantes de Marte, en plena parada del autobús. Me acerqué a la nave con reconocido miedo, pues opino como Woddy Allen que los cobardes viven más, y me coloqué junto a varios desocupados más de estas mañanas invernales.

Pronto me di cuenta de que no eran OVNIS invasores, sino inofensi­vos retretes individuales en los que, previo pago ranural de cinco duros, puedes higiénicamente (eso sí) aliviar la vejiga. Lo cual es uno de los mayores placeres del ser humano. Además de ilustrar con bella música la actuación más ensayada del día, te regala el olfato con un penetrante olor a flores artificiales.

En ese momento se desmoronó la concepción romántica que tenía de los servicios públicos. Idea que me fue inculcando el maestro Henry Miller a través de sus libros. A estos urinarios, él se iba a leer a Melville, a James, a Lawrence, a London o a Rimbaud. Se sumergía a escrutar a otros grandes desaguadores, mientras conversaba con ellos o se jactaba, una vez más, de ser un hombre que orinaba mucho y que eso era señal de una gran actividad mental.

En mi niñez, conocí vagamente los retretes públicos de Plaza Bib-Rambla y ahora soy asiduo visitador de estos en otras ciudades, en sus plazas o estaciones para relajarme contemplando esa obra de arte que le da identidad al lugar. Subterráneos o al aire libre, están siempre impregnados de romanticismo, de ese sabor añejo a necesaria complicidad, orinando de pie, con otros semejantes que te dan la espalda con el pantalón desbraguetado y, si hay suerte, con algún viejo mirón sediento de contemplar carne joven, de no importa que sexo, pues no logra ejercer la pederastia. Viejos que se consuelan, como el personaje de Nabokov, esperando a las colegielas en el portalón de la escuela.

Unos váteres así, sí encantan. Retretes colectivos. Antros meato­rios de banal perversión. No como las cápsulas que nos ofrecen como modernas alternativas de aquel entrañable meódromo. Cabina que se higieniza automáticamente después de cada úrica evacuación.

Y encima anuncian “W. C.”, como si en castellano no existieran apela­tivos y sinónimos suficientes para designar a ese lugar.

La explicación puede ser que ya somos europeos, aunque tengo entendido que en los servicios del Reino Unido su cartel reza “Toilettes”.

Miércoles, 14 de Mayo de 2014 11:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Sobre la traducción

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Aunque no le he prestado nunca demasiado interés a los traductores de libros, le he tenido siempre mucho respeto y admiración. No sólo deben trasladar, de una manera fidedigna, el texto original a nuestro idioma, sino que deben de saber escribir coherentemente, deben construir las frases correctamente y, lo más difícil, deben trasmitir el espíritu del libro original y el pulso narrativo del autor original.

Cualquier lector, mínimamente atento, advierte estos extremos y, si sabe disfrutar, disfruta doblemente con una traslación cuidada que con una literal.

Anécdotas tengo unas cuantas. Por ejemplo, cuando quise leer por primera vez gran parte de los escritos de Nietzsche, que me compré parte de su edición en una feria del libro. Nada más empezar (por El crepúsculo de los dioses, creo que fue), su prosa pueril y mal construida vetó mi lectura.

Con Dublineses, de James Joyce, me pasó algo parecido, aunque culminé sus páginas. El texto estaba lleno de leísmos y de laísmos, y de algún otro atentado a las buenas formas.

También abordé, en este mismo año, una revista dedicada al plagio y a sus afueras, donde una de sus propuestas era un poema de Shakespeare con al menos una docena de traducciones distintas, y posiblemente todas eran exactas.

Disfruté en su día cuando pude ver la película de Cyrano de Bergerac (uno de mis héroes), donde Gerard Depardieu hacía el papel protagonista, sobre todo por sus diálogos versificados. La autoría de la exquisita traducción recayó en el poeta catalán Pere Gimferrer y, al decir de los entendidos, en este aspecto era mejor la versión española que la original francesa.

¿Puede, de esta forma, una traducción superar a su modelo en lengua vernácula? Es posible, si no cierto. Depende mucho de la altura del intérprete. En música puedo decir que prefiero a Antonio Vega cantando el Romance de Curro el Palmo que el mismo Serrat o que Enrique Morente dignificó a don Antonio Chacón con su disco homenaje.

Ahora he leído, a modo de experimento, un mismo cuento, de Truman Capote, traducido por dos personas diferentes. Las diferencias son mínimas, pero muy interesantes y aclaratorias. Desde el mismo título, que uno traduce Ataúdes artesanos y otro Ataúdes tallados a mano hasta que el primero traduce los nombres propios y el segundo los deja en su idioma. ‘Prairie Motel’ es en el primer cuento ‘Motel Pradera’.

Curiosamente, hallo entre mis papeles sin fin, un texto de juventud que puede concatenar con este post. Apunto su comienzo a continuación:

«Ocurrió después de leer Alicia en el País de las Maravillas y me preguntaron ¿qué? (quizá fuera yo mismo el que pedía mi opinión, posiblemente mi subconsciente interrogaba a mi consciente).

Ese qué aislado, único y concreto, en realidad abarcaba un número indefinido de preguntas, un cuestionario cargado de items agudos y perfectamente estructurados para explicar mis más ínfimas apreciaciones sobre el libro de Carroll.

Argumente una gran impresión al enfrentarme con el libro y un buen sabor de boca al mismo tiempo. Me sorprendió gratamente, pues no era ni mucho menos lo que yo esperaba. Alicia llegó a ser un compañero de mi niñez, como Gulliver, Blancanieves o el Oso Yogui, y lo identificaba con un personaje bastante etéreo y divertido, un vapor rosa que pulula por un mundo al revés, medido y rimado como un soneto, con ritmo, como un vals... Sin embargo lo encontré real. Vi una niña actual, con sus preocupaciones y con sus sueños (todo fue un sueño). En realidad, pensé muchas cosas, pero sólo dije (sólo me dije): es inglés. Es un cuento anglosajón, de la segunda mitad del siglo pasado. Es una respuesta comprometida, resbaladiza. ¿Es que se caracterizan los cuentos según dónde se hayan escrito? ¿La literatura, desde el momento que puede ser traducida, no pierde la nacionalidad, no distingue fronteras y pasa a formar parte del patrimonio de la humanidad? Y si fuera eso, ¿los autores no están por encima de los rasgos distintivos nacionales, no pasan a ser espíritus libres, personas apátridas, ciudadanos del mundo, capaces de hablar un idioma internacional? Pisaba en tierras movedizas, en una especie de gelatina que me envolvía y amenazaba con no dejarme salir.

Pero de pronto me sentí muy seguro en mis afirmaciones. Mi intención traspasaba el plano de la hipótesis y pasaba a ser una teoría muy certera. Como comparar la prosa nórdica de Laguervich, Hesse, Mann, Grass o Ende, con la latina de Pirandello, Euxepery, Mendoza, Pessoa o Seferis, o con la suramericana de Borges, Márquez, Rulfo, Carpentier o Allende, o con la eslava de Dostoyesky, Tolstoy, Makarenko o Pasternak...».

* Alice Liddell. Fotografía: Lewis Carroll.

Domingo, 11 de Mayo de 2014 10:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Dudas razonables

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No sólo la duda es razonable, sino, para algunas cuestiones, lo más razonable es dudar. René Descartes, en el siglo XVII, fundamentó todo su aparato filosófico partiendo de la duda.

Descartes era escéptico, o sea, incrédulo. Dudaba. De lo único que no podía dudar es de que dudaba. En la duda halló una verdad imbatible.

Igualmente, Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Gray, reflexiona: “El escepticismo es el principio de la fe”. “Porque escéptico no quiere decir el que duda, aclara Miguel de Unamuno, en Mi religión, sino el que investiga o rebusca, por oposición al que afirma y cree haber hallado. Hay quien escudriña un problema y hay quien nos da una fórmula, acertada o no, como solución de él”.

Redundando en el mismo tema, hay un proverbio español que dice “De las cosas más seguras, la más segura es dudar”, como que lo más seguro de la vida es la muerte.

Me produce cierta ‘desconfianza’ la persona que está segura de todo, la que tiene planeada su vida de principio a fin, la mente preclara del iluminado. En cierto sentido, la vida hay que improvisarla. Tenemos que estar preparados a lo qué venga simplemente porque no sabemos lo que vendrá.

Gao Xingjian, en La Montaña del Alma, dicta que “no tener una meta es también tener una meta, y el hecho de buscar es también un objetivo, cualquiera que sea el objeto de la búsqueda. Y la vida misma, no tiene, en principio, ninguna finalidad, basta con seguir adelante, eso es todo”.

Remedando el lema del campo de concentración de Duchau (no su ironía) podríamos decir que la duda nos hará libres, como afirma Cunqueiro (Un hombre que se parecía a Orestes): “Un hombre que duda es un hombre libre, y el dudoso llega a ser poético soñador, por la necesidad espiritual de certezas”.

Para Chesterton el budismo no es una religión, sino una duda (El hombre que fue jueves). Así, ¿puede haber una religión escéptica o incluso agnóstica? ¿Puede una doctrina fehaciente atentar contra sí misma, contra el entendimiento humano toda noción de lo absoluto? Quizá sea la cuestión. Creo porque soy libre de creer o no creer. Pienso que algo existe más allá, porque pienso que más allá puede no haber nada.

“Lo infinito es, por definición (lo dice Gore Vidal en su inmensa novela Creación), no sólo aquello que no es todavía, sino lo que no será nunca todavía”.

También es razonable quien opina lo contrario, como Flaubert: “La duda es la muerte para las almas; es una lepra que afecta a las razas desgastadas, una enfermedad que proviene de la ciencia y conduce a la locura. La locura es la duda de la razón; ¿quizá sea la razón misma?”. Aunque esto lo escribe en Memorias de un loco, y, tratándose de locos, ya se sabe.

* René Descartes en 1649 (¿o no?).

Miércoles, 30 de Abril de 2014 10:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.

El matrimonio (3)

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Ya he referido el caso de que, la revista Punch Almanac, en 1845, recomendaba a los que habían decidido casarse: “No lo hagáis”. Eso, sin embargo, es contar la feria cómo te ha ido en ella. Hay parejas que no cambiarían el connubio por nada, que tienen espíritu de pareja, que si volvieran a nacer se volverían a casar con el mismo compañero o compañera. Entre sus Máximas, en cambio, François de La Rochefoucault sentencia que “hay buenos casamientos, pero no los hay deliciosos”.

Muchas veces hemos oído decir (o hemos comprobado en gentes cercanas) que un hombre, o una mujer, no resiste la perdida de su pareja y ha muerto a los pocos días. ¿De pena? ¿De amor? Dimitri Karamazov habría sido capaz de quitarse la vida por exceso de felicidad, por extremado amor compartido.

En la duda se asienta todo. Sócrates (cito de memoria) recomendaba a algún discípulo arrojado: “me preguntas si debes o no casarte, yo te digo que cualquier cosa que hagas te arrepentirás”. Miguel Gila lo explicaba de esta otra manera: “el matrimonio es como el metro: los que están fuera quieren entrar y los que están dentro quieren salir”.

Nietzsche, por su parte, en Filosofía general, escribe: “siempre hay algo más necesario que hacer, que casarse: ¡cielos, así me ha sucedido a mí siempre!

El que no está casado se amolda a su vida de soltero. ¿Existe una soltería por vocación aparte del celibato confesional? Puede que sea una creencia. Una filosofía de vida, en todo caso. Solterón o solterona es (o era) despectivo. Sobre todo en la mujer que no había encontrado novio, que se le había pasado el arroz. El hombre podía ser un crápula, un vividor.

Ahora es distinto. Tanto la mujer como el hombre que deciden no ‘compartir’ su vida son simplemente personas independientes, solitarias, autosuficientes. San Agustín alude a que “el pájaro solitario siempre se posa en la rama más alta”.

Tenemos una segunda soltería que llega con la viudez o el divorcio. Muchos llegan a casarse una segunda o una tercera vez (o más veces). El hombre, pensarán algunos, es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

¿El matrimonio es una liberación? En determinadas circunstancias puede que lo sea o en un tiempo pasado, como pudo ser el servicio militar. Ambrose Bierce define al matrimonio como “condición o estado de una comunidad formada por un amo, un ama y dos esclavos, que suman en total dos personas”.

El niño que le pregunta a su madre (lo he contado más de una vez) si su padre, después de haber muerto, está en la gloria. La madre responde: "No. Papá está en el cielo; en la gloria estoy yo".

Jueves, 24 de Abril de 2014 09:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

No me importa el cuchillo ni la herida

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La otra mañana me levanté con este endecasílabo en la cabeza. No me importa el cuchillo ni la herida. Era más bien el comienzo de un soneto (que me propongo soñar más adelante). Salté de la cama y apunté cada una de las palabras que me desvelaron.

Fue curioso. No es la primera vez que sueño un verso, la idea de un cuento, un aforismo o simplemente una emoción (no necesariamente erótica).

Fue curioso también porque, por otra parte, el día anterior había soñado con alguien que se quería desprender de libros. A rebuscar en sus anaqueles fuimos Silvia y yo (fue curioso igualmente que soñara con Silvia). Estuvimos saboreando títulos que no recuerdo. Ninguno alcanzó nuestras manos, pero sí le declaré que lo que me gustaría es encontrar el libro definitivo. Así se lo dije y así se quedó grabado en mi memoria inmediata, el libro definitivo. Después, creo, se lo expliqué (o lo recompuse en mi cabeza de soñador). Se trata de un libro entre los libros, que su simple lectura anulara la lectura de los demás. Sería el libro necesario y único, que se leyera y se releyera hasta la saciedad sin necesidad de otra lectura.

Es impensable, pienso. La lectura, entre otras cosas, es un placer. La lectura nos hace libres. Gozamos de las palabras, ampliamos nuestra mente, viajamos, nos reconocemos y hasta nos enamoramos.

A Manolo una vez le pregunté si leía. No estaba seguro, me contestó, pues sólo releía el mismo libro. Se sabía pasajes de memoria.Era Juan Lobón de Luis Berenguer (que ha inspirado algunas películas). No es que fuera el libro definitivo pero le sería suficiente.

Atando cabos, mi sueño quizá respondiera a un pensamiento continuo, a la impotencia de leer todo lo imprescindible, si es que se puede cuantificar ese imprescindible. Muchos han hecho listados de cien, de quinientos, de mil, pero siempre queda algo y, si no, algo más se escribirá. En caso, sin embargo, que un prontuario de esta suerte sea el acertado, sería la historia de nunca acabar. Pues las primeras lecturas irían cayendo en el olvido, simplemente por interferencia del abordaje de otros libros o por el mero transcurrir de la vida.

Volviendo a mi discurso, con el libro definitivo me vinieron a la cabeza algunos antecedentes con los que a continuación cierro este devaneo.

En Discusión, a los postres del volumen, en el apartado Notas, Borges dedica unos párrafos a Gilbert Waterhouse y a su pretendida A short History of German Literature, en donde menciona al marqués de Laplace “que declaró la posibilidad de cifrar en una sola fórmula todos los hechos que serán, que son y que han sido”; así como al inversamente paradójico doctor Rojas “cuya historia de la literatura argentina es más extensa que la literatura argentina”.

El mismo Borges soñó La biblioteca de Babel, publicada por primera vez en la colección de relatos El jardín de senderos que se bifurcan (1941). "El relato, según la Wikipedia (apoyo tan cómodo como dubitable del autor con prisa), es la especulación de un universo compuesto de una biblioteca de todos los libros posibles, en la cual sus libros están arbitrariamente ordenados, o sin orden, y preexiste al hombre".

Por la misma época que el cuentista argentino, el belga Paul Otlet, padre de la biblioteconomía y documentación, concibió, en un intento de facilitar la información para todos, la ciudad libro. Una ciudad donde todas sus calles, casas y demás fueran páginas escritas.

Y cómo no acordarse también de las 'personas libro', en Farenheit 451, de Ray Bradbury, pero esa historia la contaré en otro momento (o no).

Domingo, 20 de Abril de 2014 10:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.

El matrimonio (2)

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El matrimonio, en el mejor de los casos, es la material manifestación de un deseo de eternidad. Por tradición, comúnmente aceptada (o irremediablemente aceptada), somos bígamos. Buscamos nuestra pareja ‘para compartir una vida’. Es lo ideal: envejecer junto a alguien, enamorarse de ese alguien durante toda la vida.

Isak Dinesen escribe en Las carreteras de Pisa, texto incluido en Siete cuentos góticos, que “la idea del matrimonio ha sido siempre para mí la presencia en mi vida de una persona con la que yo pueda hablar mañana de las cosas que acontecieron ayer”. Y Nietzsche, en Humano, demasiado humano, advierte: “En el momento de internarnos en el matrimonio nos debemos hacer esta pregunta: ¿crees poder conversar con tu mujer hasta que seas viejo? Todo lo demás del matrimonio es transitorio, pues la mayor parte de la vida en común está dedicada a la conversación”.

Aunque lo normal no es que se busquen los ‘amores’, sino que se encuentren. No es que elijamos, sino que somos elegidos. Así, en la pareja, hay quien busca y quien encuentra, hay quien ama y quien es amado. El que menos quiere es el que manda. Prefiero equivocarme y que esto sea la excepción y no la regla.

Una cohabitación tiene mucho de conveniencia, de abnegación, de conformismo, de rutinario… Oscar Wilde decía en una ocasión que “los hombres se casan porque están cansados; las mujeres, por curiosidad; ambos se llevan una desilusión” y, en otro momento: “cuando una mujer se vuelve a casar es porque aborrecía a su primer marido. Cuando un hombre se vuelve a casar es porque adoraba a su primera mujer. Las mujeres prueban su suerte; los hombres arriesgan la suya”.

“Los únicos matrimonios felices que conozco son los de conveniencia”, comenta Leon Tolstoi en un diálogo de su Ana Karenina. A lo que responde el conde Vronsky: “Sí; pero la felicidad de los matrimonios de conveniencia queda muchas veces desvanecida como el polvo, precisamente porque aparece esta pasión en la cual no creían”. Y seguidamente explica: “Llamamos matrimonios de conveniencia a aquellos que se celebran cuando el marido y la mujer están ya cansados de la vida. Es como la escarlatina, que todos deben pasar por ella”.

Tolstoi nos quiere decir que el verdadero matrimonio es el que no necesita de contrato sacramental y mucho menos civil. El amor une por puro sentimiento, por el viento del ala que corre entre dos pares de ojos que se miran.

Después está la realidad, el día a día, el ‘desamor’ (antagonismo impensable que, cuando se da, infiere en que el amor no era tal). “De todas las borrascas que caen sobre el amor, razona Flaubert en Madame Bovary, una demanda pecuniaria es la más fría y la más devastadora”.

O la aparición estelar de un tercero. A Gila le preguntaban cómo estaba su mujer y él respondía “¿comparándola con quien?”. Groucho Marx ironizaba: “Detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, está su esposa”.

“Cuando el amor ha sido una comedia, forzosamente el matrimonio tiene que derivar en drama” escribe Alfonso de Lamartine. Siempre ha existido la separación, la anulación, el repudio, el abandono y, formalizándolo todo, el divorcio. Groucho Marx sigue con sus perogrulladas: “El matrimonio es la principal causa de divorcio”. Y el humorista Godoy añade: “Muchos matrimonios terminan bien, pero otros duran toda la vida”.

Viernes, 18 de Abril de 2014 13:11 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El matrimonio (1)

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Yo he estado casado. No es un secreto. Ni me arrepiento de ello. Es parte de mi vida. Su conclusión, entre otras, fue un hijo que incide en mis razones para continuar.

En su momento planteé teóricamente que, si el matrimonio es un convencionalismo, lo mismo era firmar un papel que otro. En la práctica difiere, no obstante. Groucho Marx comenta: “el matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución”.

Jean Markale, en La femme celte, describe que “el matrimonio celta, aun bajo la influencia cristiana de Irlanda, no era más que un contrato provisorio entre dos personas, susceptible de ser rescindido en cualquier momento, por diversos motivos, por cualquiera de las partes”. Una diputada alemana propuso hace relativamente poco tiempo que el matrimonio durase siete años y que después se rescindiría o se renovaba. En La Corte de los Milagros, en Notrre-Dame de París, Victor Hugo dice que el connubio duraba cuatro años.

En el prólogo a Un mundo feliz, Huxley preconiza: “dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un periodo de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez”.

“El matrimonio es para los pobres”, escribe Torrente Ballester en su maravilloso Don Juan. En el siglo XVI, en Polonia, se estableció la costumbre de que una mujer podía solicitar matrimonio con un condenado para salvarle la vida. Algunos no aceptaban.

Recuerdo un chiste de un hombre desesperado buscando a su mujer. Un guardia le pide que le enseñe una foto para ayudar a encontrarla. Cuando ve el retrato, le pregunta si en realidad quiere encontrarla.

Shelley Winters confiesa en un escrito que no recuerdo: “hacía tanto frío que casi me caso”.En 1845, la revista Punch Almanac daba un aviso a los que estaban para casarse: “No lo hagáis”.

Henry Miller describe al solterón como el “sujeto que está convencido de que los únicos que hicieron bien en casarse fueron sus padres”. Piensa, al igual que Henry James (“la pareja es una crueldad”), que “cuando dos hombres hacen un pacto eterno, se están marginando del resto de la humanidad, lo cual es un pecado... Esposo y esposa hacen lo mismo cuando se juran amor hasta la muerte, pero yo opino que es al contrario: Cuando dos personas se prometen fidelidad hasta la muerte, a quien están marginando es al resto de la humanidad”.

Sócrates también decía: “Cásate: si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para el hombre”.

Nietzsche, en cierta manera lo contradice, cuando en Más allá del bien y del mal escribe: “Entre los grandes filósofos, ¿quién se casó? Heráclito, Platón, Descartes, Espinosa, Leibniz, Kant, Schopenhauer no lo hicieron; es más, no podríamos ‘imaginarlos’ casados. Un filósofo casado es un personaje de comedia, tal es mi tesis; y Sócrates, la única excepción, el malicioso Sócrates, parece haberse casado por ironía, precisamente para demostrar la verdad de ‘esta’ tesis”.

Jueves, 17 de Abril de 2014 11:42 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Don Manuel

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Lo confesaré, una de las cuestiones que más me atraen de la poderosa prosa que se deriva de las novelas de Mujica Laínez, aparte de la utilización primorosa de un lenguaje eminentemente erudito y con un sabor a construcción clásica, es esa pactada pérdida de destino que aleja el final de cada idea en una enrevesada armazón de explicaciones entre comas y y más comas, entre paréntesis y añadidos (ex profeso), para despertar atenciones orilladas y para regresar tan luego a retomar el hilo de Ariadna y hacer coherente su desmenuzamiento, alcanzando así, con glorioso éxito, el apoteósico post festum de una frase kilométrica.

Lunes, 14 de Abril de 2014 12:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Tere Bustos

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Murió hace dos años pero empezó a desaparecer nueve años antes, cuando el alzheimer iba mordiéndole sin compasión los sentidos y el pasado.

La recuerdo a diario. ¡Hay tantas cosas que me acercan a ella! El simple hecho de mirarme en el espejo es determinante. Los genes son los genes. Sobre todo mi boca. Pero lo más que me acerca a ella está en mi interior.

En los primeros tiempos, desde que se le olvidaron las gafas hasta que se le olvidó su nombre, o, hacia el final, cuando íbamos a verla a la residencia, que perdió el habla y los andares, pensaba que todo era un sueño, una suerte de broma macabra que estaba durando ya mucho tiempo y que de un momento a otro se levantaría y mi madre volvería a retomar todo lo que dejó pendiente.

No llegó sin embargo, y la ausencia en vida, como si un eterno sonambulismo se hubiera apoderado de ella, iba arrancándole lo poco que le quedaba.

Así fue muriendo. Empezó olvidándose de dónde vivía y terminó olvidándose de respirar. Fue una muerte tranquila, sin embargo, ausente de dolor, como si fuera un sueño placentero.

Todos los días la echo en falta.

Lunes, 17 de Marzo de 2014 18:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 10 comentarios.

La máquina del tiempo

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Uno de los últimos cuentos que escribí para En un pozo chico (editorial Transbooks, 2013) fue el de un científico que inventó una máquina del tiempo solo para regresar al último día en que fue feliz. Incluso se titulaba así El último día en que fue feliz. Reconozco que la idea era tan maravillosa que el resultado, pienso, quedó desvaído. Pero la idea fundamental, todo el peso romántico que el planteamiento conlleva, está presente.

Al comienzo, el cuento plantea la imposibilidad de dominar el tiempo tal y como se domina la distancia. “La velocidad es un hecho que todo el mundo entiende y experimenta —argumento—. Pero viajar al pasado está fuera de la razón y, si apuramos, la visita al futuro se muestra aún más orate”.

Con todo y con eso, por la infinita facultad que otorga la fantasía, el inventor, como no podía ser de otro modo, logra su objetivo y regresa una y mil veces junto a su amada.

Para abordar el tema, quizá sin necesidad, leí La maquina del tiempo (The Time Machine), del escritor británico Herbert George Wells, publicada por primera vez en Londres en el año 1895.

Ahora, leyendo algunas notas sobre literatura fantástica, en un ensayo de Pedro Fernández Riquelme, me entero con gran entusiasmo que un tal Nilo María Fabrá concibió una máquina del tiempo, en versión novelada, unos años antes que el señor Wells.

Me intereso por la vida y obra de ese escritor y político catalán de finales del XIX, pero, cuál sería mi sorpresa, que las obra de este hombre, padre de poeta (Nilo Fabrá), eran de corte histórico y social, que en su ideario no entraba la ficción, ni siquiera verosímil.

Sigo mis lecturas y, el cuento que inventa la primera máquina del tiempo de la que se tiene referencia literaria, llamado El Anacronópete, es del escritor teatral Enrique Gaspar.

Esta obra vio la luz en Barcelona, allá por el año 1887 (casi dos lustros antes que la inglesa), y en ella se describen las aventuras surgidas tras la invención de una máquina del tiempo.

Anacronópete es una palabra formada por tres raíces griegas. Ana, significa atrás, cronos es el tiempo y petes es aquel que vuela, o sea, aquel que vuela hacia atrás en el tiempo.

Esta obra, no hace falta jurarlo, cayó pronto en el olvido, pero, además del mérito de la invención citada, también resultó ser la primera novela de ciencia ficción española. La máquina del tiempo de H.G. Wells sin embargo es la que se lleva los laureles de ser considerada la precursora del género.

Otra vez que perdemos la carrera, simplemente por no anunciar a voz en grito que hemos ganado.

Viernes, 14 de Marzo de 2014 19:09 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El origen cambiante de las sirenas

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Las sirenas, los seres más sensuales del corpus hagiográfico, no siempre sin embargo han gozado del romanticismo de su hermética cola cual falda estrechísima de noche sin fin. Como sabemos, en un principio, para el rapsoda del duodécimo libro de la Odisea, lucían cuerpo de ave. Así corrobora metamóficamente Ovidio, “pájaros de plumaje rojizo y cara de virgen”. Para Apolonio de Rodas, en su Argonáutica, siguen siendo de medio cuerpo para arriba mujeres, y en lo restante, pájaros.

Hay que esperar hasta algunas leyendas nórdicas o a nuestros románticos, a la heráldica o al ‘maestro’ Tirso de Molina para concebirlas "la mitad mujeres, peces la mitad". (La mitad mujer, añado yo, siempre es de mujer desnuda, con breve pecho apuntado, seguramente por la frigidez del agua, cubierto voluptuosamente por su cabello, quizá turquesa.) En el Fausto de Goethe, no obstante, las sirenas, a las que llama estymfálides, siguen conservando el antiguo aspecto de ave.

La explicación puede ser (leí en no sé dónde y luego lo olvidé) que alguien pudo confundir la traducción de la palabra latina pennae, que significa alas, por pinnae, que puede representar las aletas de un hermoso pez.

Una de las primeras cuestiones por resolver es sin duda su naturaleza dentro del panorama de los seres vivos o imaginados. Borges se queja de que en un ‘brutal’ diccionario catalogan a la sirena como un “supuesto animal marino”. La verdad, hasta el siglo XVI, la sirena formaba parte como un ser real de los diccionarios zoológicos. El diccionario clásico de Lempriere entiende que son ‘ninfas’, el de Quicherat que son ‘monstruos’ y el de Grimal que son ‘demonios’ (‘malditas’ las llaman algunos y William Morris ‘brujas del mar’).

El Diccionario de la Real Academia describe a la sirena como “ninfa marina con busto de mujer y cuerpo de ave, que extraviaba a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto” y, seguidamente, con la ampulosidad categórica que se otorga, nos confunde diciendo que “algunos artistas la representan impropiamente con torso de mujer y parte inferior de pez”.

Tradicionalmente, a partir de Homero, habitan en una isla del poniente mediterráneo, cerca de la isla de Circe (Eea). El cadáver de una de ellas, llamada Parténope, fue encontrado en Campania, y dio su nombre a la ciudad que ahora lleva el de Nápoles.

Nápoles, cuenta la Enciclopedia libre de Internet, se construyó a unos kilómetros de una ciudad existente, “Parténope” o “Palépolis” (ciudad vieja). En la mitología griega Parténope era la menor de las tres sirenas que desde las rocas de Capri intentaron con sus cantos seducir a Odiseo, quien se ató al palo mayor consiguiendo así ser de los pocos mortales en disfrutar de los bellos cantos sin morir ahogado después. La sirena, desesperada, se ahogó de pena y su cuerpo llegó a la costa de la ciudad vieja. Los colonos griegos sin embargo, prefirieron un área cercana que bautizaron como Νέα Πόλις o Νεάπολη (pronunciado Néa Pólis), la ciudad nueva. Más tarde el término en napolitano pasó a pronunciarse Napule y en italiano, Napoli.

Las sirenas, como vemos, si no consiguen su objetivo de embaucar a los marineros y cobrar su vida en pago a la osadía de haberlas visto, de haber escuchado su canto, acaban con su propia existencia. De esta forma, Parténope no resiste a Ulises encadenado ni las sirenas todas sobrevivieron el dulce canto de Orfeo desde la nave de los argonautas, nos cuenta Apolodoro en su Biblioteca, y añade “que se precipitaron al mar y quedaron convertidas en rocas, porque su ley era morir cuando alguien no sintiera su hechizo”. Borges apunta en Discusión que las ninfas de los mares aducen una “felicidad que es vaga como el agua”, mientras Orfeo “canta oponiendo las venturas firmes de la tierra”.

* La última sirena descubierta, con permiso de Olga Pericet.

Lunes, 10 de Febrero de 2014 11:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Grande

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La pasada semana murió Félix Grande. El flamenco otra vez está de luto. Con su ida perdemos una de las voces más sensibles que hemos tenido en el arte de la queja y del dolor. No fue cantaor, sólo hilvanaba palabras de sabiduría. Lo conocía antes de conocernos. Tenía bastante ajada de tanto oírla su grabación estremecedora, junto al Lebrijano, sobre el acoso de los gitanos en España. Una obra imprescindible para el conocimiento del flamenco y del pueblo caló. Una obra, llamada precisamente Persecución (1976), donde Juan Peña con una voz envidiable, madura y torrentera, y con un eco flamenquísimo, va desgranando con pasmoso sentimiento los cortes que jalonan el disco. Y, Félix, de forma desgarradora, pausada pero contundente, nos va guiando, como narrador entregado y autor del libreto, por los vaivenes de este pueblo, su condena por ser gitanos, su castigo por amar la libertad.

Hace tiempo, quizá ocho años, quizá diez, me lo presentó el artista gráfico David Zafra no sé en qué circunstancias. Puede que fuera en una de las pasadas ferias del libro aquí en Granada, que viniera a presentar algún volumen, o quizá fuera con motivo de alguna conferencia. Nos vimos tan sólo en esa ocasión o tal vez un par de veces. No recuerdo. Mi memoria es flaca como filamento. Se interesó por mi ‘trabajo’ y aseguraba haberme leído en algún momento. Quedamos en colaborar en un futuro. Compromiso que se llevó el viento como nuestras conversaciones telefónicas a raíz de una colaboración en Letra Clara, revista de la Facultad de Filosofía y Letras, la cual gestionaba en su aspecto técnico. Colaboración que nunca llegó porque fue el tiempo fatídico de la enfermedad y muerte de su compañera.

Félix me impresionó. Era un hombre tranquilo y carismático, exacto en su criterio y centrado en sus ideas globalizantes de entrega y respeto. Era alto y de rubios rizos, o blancos a esas alturas. Era un ángel que trasmitía paz.

Hablamos sobre todo de flamenco, de libros y de poesía, sin importarnos la rotación del mundo.

Ahora estoy convencido de que esos momentos son enormes en su sencillez y que, a la larga, nos aprehenden como si fueran definitivos en nuestras vidas.

Lunes, 03 de Febrero de 2014 13:14 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El refuerzo de lo absoluto

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Si Dios es todo también es nada, porque todo abarca la nada, aunque la nada sea la ausecia de todo. Si Dios es inmensamente bueno, también tendrá ese punto de maldad que refuerce su benevolencia. Los dioses primitivos eran crueles, despotas, autoritarios y castigadores. Nuestro Dios, hasta no mucho, era igualmente estricto. El diablo antes fue ángel. Mefistófeles, en la obra de Goethe, prometía hacer el mal y solamente ejercía el bien en el atormentado Fausto. En Dostoyevski, el demonio que se le aparece a Iván Karamazov, presume de lo ‘bien’ que hace el mal y estuvo a punto de cantar ¡Hossanna! cuando el Verbo crucificado subió al cielo.

El gran secreto andalusí para preparar el ajoblanco es mezclar una almendra amarga entre todas las demás. El bien (la belleza, la dulzura…) se evidencian por su contraste.

El budismo chino era una religión rústica, grosera, armada (como el jesuíta católico). Se dulcifico con la escuela chan (‘zen’ en japonés). El budismo zen no se entiende sin esa vena creadora que le proporciona el teatro Nô, la ceremonia del té, la composición de haiku o el ikebana.

Todo debe ser lo suyo y lo opuesto en un mismo ser. El camino es largo o es un soplo. El descanso es merecido cuando el desaliento nos ciega. Lo más desesperado que conozco es la esperanza perdida, aunque nunca se pierda, como el imperdible que pincha y cose.

San Jerónimo, siguiendo los pensamientos de Orígenes, confiaba en la salvación final del diablo. Esperanza que firmaría más tarde San Gregorio de Nysa y Papini. Maquiavelo, por su parte afirmaba que “quien ve realmente al Diablo, no lo ve con tantos cuernos ni tan negro”.

Hay momentos de debilidad, luces que indican la absoluta penumbra, trasparencias que definen la opacidad. ‘La excepción confirma la regla’, aunque Ambrose Bierce nos recuerde que la expresión original latina es Exceptio probat regulam que significa que la excepción ‘pone a prueba’ la regla y no que la confirma.

Iguales en la diferencia, diferentes en la igualdad. Hermafroditas al fin y al cabo.

 

Viernes, 31 de Enero de 2014 11:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Sobre nuestros demonios

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A diferencia de Sartre, que opinaba que “el infierno son los demás” (A puerta cerrada), Dostoyevski afirmaba en Los hermanos Karamazov que “todos los hombres llevan un demo­nio en su interior”. Lo mismo decía san Hilario “los principales demonios habitan en la cabeza de las personas, y las tentaciones son los demonios que tientan a los mortales”.

Torrente Ballester va más allá e insinúa en el prólogo de su Don Juan que el infierno somos nosotros mismos. Quizá por eso Clemenceau exclamara “quien tiene genio, tiene mal genio”.

Cavafis, por su parte, poetizaba en Itaca: “A Lestrigones y a Cíclopes, / y al fiero Poseidón no los encontrarás, / si no los llevas dentro de tu alma”.

Todos tenemos la dualidad en nuestras entrañas. Todos somos potencialmente buenos, como soñaba Rouseau, pero también ‘lobos’ para nosotros mismos, como Hobbes dejó escrito. (Una de las frases más conocidas de la artista holiwoodiense Mae West, maestra del doble sentido, dice “cuando soy buena, soy buena; pero cuando soy mala, soy mucho mejor”.)

Todos somos el doctor Jekyll, pero también mr. Hyde. No sólo hacemos daño sin querer o por venganza o por defensa o por despecho, sino también por gusto, por el placer del sufrimiento ajeno, por el poder que nos otorga el sadismo. Nuestra cabeza está bien enrevesada y en nuestro corazón hay rincones bien oscuros: alma de malvado, de castigador, de ladrón, de pirómano, de asesino. Sólo falta dar el paso. Dicen que quien mata una vez ya le es más fácil seguir matando.

Cada cual sabe de sus bondades y de sus fobias, de su simpatía y de su crueldad. “Si los espejos reflejan las cosas en su apariencia, detrás de los espejos debe haber fabulosamente el ángel o el diablo, la verdad o la mentira”, escribía Joan Perucho en La sonrisa de Eros. Nadie se salva. Somos yin y yang, noche y día, hombre y mujer (aunque nuestra participación del otro sexo sea mínima, aunque admitamos esta dualidad).

Así, la imagen animada del diablito que nos tienta, en lucha continua con al angelito que nos marca el buen camino, no es tan fantástica como creemos. Tenemos alas celestiales que nos elevan, pero también un largo rabo infernal que nos arrastra y ennegrece. Mujica Láinez en El Laberinto sentencia que “de la tentación sólo escapan (a veces) el santo y el filósofo”. ¿Pero acaso queremos escapar?

Jueves, 30 de Enero de 2014 10:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Escribo para cuatro

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No sé realmente cómo me dio el volunto de hilvanar palabras en un papel y depurarlas a través de los años hasta serme tan vital como el comer o el amar. Quizá empezara a escribir antes de buscar justificación. Quizá alguna lectura me llevara a materializar mis propios pensamientos. Quizá quise incentivar una memoria que nació flaca y sigue creciendo enfermiza.

El caso es que en una libreta, de tamaño de bolsillo, comencé a apuntar frases o ideas (lo que ahora se llaman aforismos) hasta que se terminaron sus hojas. Después compré otra y otra más. Y al mismo tiempo leía a Khalil Gibran y a Tagore y pensaba que si ellos escribían lo que escribían, por qué yo no podría escribir igualmente mis ocurrencias.

Después soñé que Platón dijo que el hombre que lee es incompleto si no escribe. Y leí a Borges y Bioy Casares que, uno de sus personajes de Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), en Cuentos de H. Bustos Domecq, comenta esto mismo con más claridad: “el que no escribe todo lo que le fermenta en la testa es un eunuco de la Capilla Sixtina”.

La necesidad fue creciendo y se fue afinando. Relativamente pronto dejé de lado la poesía: el verso, la medida, el ritmo, están fuera de mi alcance. Aunque algo hago en forma de poema breve o ligera cancioncilla.

En la prosa nado sin vértigo. El cuento, el pensamiento e incluso la novela. Algo he publicado. Mínimo y sin entidad tras los muchos años que llevo juntando letras y emborronando papeles. También me dediqué al artículo de opinión en forma de crítica flamenca, que tantas bondades me ha ofrecido (también momentos acres).

En 2006 inauguré este blog, precisamente por el flamenco. Los artículos, escritos para el periódico, no siempre se editaban y a veces se publicaban incompletos. Así, decidí tener una tribuna propia para elevar mi voz sin cortapisas.

No obstante, no quise limitarme al flamenco. De esta forma, en esta bitácora es una miscelánea donde se encuentran todas mis inclinaciones narrativas, desde el cuento hasta la anécdota, desde la denuncia a la reseña, desde el pensamiento hasta la comedia.

Se han alternado momentos de gran movimiento, de casi un post diario, hasta días y días de silencio (los menos). Entre mis visitas también ha habido altibajos. Temporadas de fuerte actividad lectora combinadas con otras huérfanas, que he intentado reflejar con estadísticas y contadores, pero se me han ido perdiendo por el camino y ahora, desde octubre de 2013, llevo poco más de 4.500 visitas. Los amigos vienen y se van (los enemigos se acumulan).

Todo esto me lleva a una conclusión: escribo para cuatro. Soy un autor mínimo, poco leído (¿a la minoría siempre?). No por esto, sin embargo, dejo de escribir y de alimentar este cuaderno, que se convierte en una especie de diario o de cajón de sastre (desastre). Soy empecinado y orgulloso, metódico y responsable más de lo que parece. Soy un corredor de fondo al que atrasan cada vez más la meta.

* Jorge y Adolfo.

Lunes, 27 de Enero de 2014 10:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Mutaciones

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Desde Darwin sabemos que el mundo evoluciona, los seres que lo habitan, debido a los cambios genéticos o estructurales de los mismos y que se trasmiten por herencia. Dicho con otras palabras (para aumentar la duda, como decía uno de mis profesores) el órgano crea la función. Es decir, cuando se engendró una jirafa con cuello largo, más apta para sobrevivir, pues alcanzaba los brotes elevados, dio pie a procrear otros rumiantes de este tipo.

La dicotomía huevo/gallina, así, esta solucionada. Cualquier tipo de gallinácea primitiva puso un huevo del que surgió la primera gallina tal cual la conocemos para hacer el caldo de ídem. (Las ponedoras fueron un invento posterior.)

El hombre juega con esta genética. Investiga y experimenta en plantas y animales, e incluso en el hombre. Tenemos melones todo el año. Existen burros del tamaño de un perro o pollos de color. Conocemos a niños probeta o madres de alquiler.

El avance evolutivo programado no tiene fin. Se piensa en vacunas y en logros conseguidos por el hombre, pero se piensa también en virus y enfermedades, en pasos que rayan en la aberración. Tenemos tanta confianza como temor a estas metamorfosis artificiales, aunque también tenemos leyes y minutas éticas a tener en cuenta, líneas que no deben traspasarse y terrenos prohibidos.

La ciencia anda a pasos largos. La ciencia ficción no tiene límites, pues no los tiene nuestra cabeza.

Llevo un tiempo con mi niño viendo las películas basadas en Marvel, con sus superhombres y sus planteamientos maniqueos. Basados en esta idea darwinista, las historias referidas nos plantean que el hombre puede evolucionar, puede experimentar unas mutaciones para hacerse más competitivo en esta tierra insegura. Así vemos en la pantalla desde el hombre que atrae al hierro hasta el que puede volar, desde el que regenera sus heridas hasta el que lee la mente.

En realidad sabemos que estamos capacitados para utilizar un tanto por ciento muy pequeño de nuestra mente. Si pudiéramos aumentar el uso de esa capacidad cerebral, estaríamos más cerca del superhéroe, sin profundizar en los niños superdotados e hiperactivos.

Los niños, y los no tan niños, conviven con esas mutaciones, con esos efectos especiales, en el cine y la televisión, con noticias impensables y el avance continuo de las tecnologías.

Por eso, cuando a mi hijo le refiero cualquier mito de extraordinarias dimensiones, ya sea la participación de los dioses griegos en las cuestiones mundanas, ya sea el descenso a los infiernos de algunos héroes legendarios, ya sea la inmortalidad de Sigfrido al bañarse en la sangre de un dragón, ya sea la multiplicación de los panes y los peces, el paseo por encima de las aguas o la resurrección de Jesús de Nazaret, no sólo lo asume completamente, sino que anula la labor proselitista perseguida.

* Jesus sobre las aguas del lago Tiberiades en el mar de Galilea.

Viernes, 24 de Enero de 2014 11:58 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Constantes del Holandés

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El Holandés Errante, (the flying dutchman, der fliegende Holländer o de vliegende Hollander, en inglés, alemán u holandés, respectivamente), es el capitán y no el barco que por antonomasia recibe el nombre de “buque fantasma”: un tres palos inmarcesible, pintado de negro, cruzado por luces amarillas o rojizas sobre cubierta.

La versión más antigua de esta leyenda afirma que deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal. Otros creen que la historia se originó con las aventuras de Bartolomeu Dias, navegante portugués que descubrió el cabo de Buena Esperanza en 1488 y cuyas proezas marítimas llegaron a parecer sobrehumanas, según la biografía que escribió sobre él Luis de Camóes.

Sea como sea, al igual que su barco, el capitán descalzo es inmortal, condenado a cruzar los siete mares hasta encontrar un amor verdadero, alguien capaz de dar sangre por sangre.

Quién se cruce con el Holandés Errante, hombre espigado y moreno, siempre joven, será presa de las mayores catástrofes y desgracias que se pudieran imaginar. Si se topa con su barco, sin ninguna razón, tomará un rumbo equivocado y su naufragio será irremediable. En ocasiones, cuentan, el Holandés Errante envía una carta, dando una cita al capitán de otro barco que, cuando la lee, su embarcación puede darse por perdida.

En caso de que entré en combate singular, raramente acaba con su enemigo, sino que deja su boca rasgada con hoja blanca, como eterna quemadura, señal inconfundible de su batida y, con amargura inextricable, se aleja con la única nota de color del pañuelo rojo anudado en la garganta y el destello apagado de un arete en su oreja izquierda.

A bordo del barco fantasma el vino se agria y la comida, que nunca falta, se transforma en judía y grano, aunque el Holandés está condenado a comer brasas y a beber vinagre. Siempre tiene sed, dirá Cunqueiro.

Sus ojos, profundos, de oscuro brillo, perdidos en lontananza o en el interior de su cuerpo de humo, enamoran incondicionalmente y parece que sufren con el irremediable abandono.

El capitán viaja solo, si acaso con un vigía antropomórfico de origen demoníaco. Hay quien dice en cambio que lo acompaña toda una tripulación fantasmal que lo mismo aparece que desaparece ante los ojos de quien los contempla. Se comenta a este respecto que el Capitán reunió una serie de marineros entre piratas y criminales que terminaron malditos como él.

El Holandés desembarca de cuando en cuando y da pie a algún soñador para componer su historia o alguna soñadora para suspirar continuo de puro enamorada.

* Corto Maltés de Hugo Pratt.

Miércoles, 22 de Enero de 2014 11:44 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Traductor simultáneo

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Una pequeña anécdota que ocurrió el otro día.

Entre muchas cosas que comparto con mi niño está la de ver películas fantásticas, de acción o de humor, que después comentamos o memorizamos sus escenas y retazos de su conversación para nuestra complicidad. Últimamente estamos repasando los filmes basados en los héroes creados por Marvel, que me retrotraen a mi infancia, más o menos a los diez años, la edad que tiene Juan ahora mismo, creando así un tácito paralelismo cuanto menos interesante, aunque mi acercamiento a estas sagas fuera en papel y en muchos casos en blanco y negro.

Viendo la serie de los X-Men (que yo conocía como la Patrulla X), en su tercera entrega me parece, donde los saltos espaciales y por ende idiomáticos son numerosos, me atrevía, a falta de subtítulos, a traducir del japonés, del ruso del francés, según el contexto.

Juan atendía con gran interés a mis palabras, incorporándolas de inmediato a su comprensión de la historia. A la pregunta de cómo sabía lo que decían, si conocía todos los idiomas, le confesé que no tenía ni idea, que me lo inventaba según fuera viendo la acción y el desarrollo, que podía ser aproximado o podía no tener nada que ver.

Con un amago de desilusión tuve que callarme por un rato, mientras en la pantalla se seguía salpicando las conversaciones en otras lenguas con el intento de mi hijo de descifrarlas.

No pasaron ni tres minutos que me dijo que por favor siguiera traduciendo.

Ahora, siempre lo hago, e incluso buscamos películas sin subtítulos para escuchar la versión fresca y distinta que le pueda interpretar.

* Lobezno en la foto.

Domingo, 19 de Enero de 2014 12:29 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Avistamientos del Holandés Errante

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Desde mediados del siglo XII el Holandés Errante surca los mares. Cada cierto tiempo (¿nueve meses, siete años?) abandona su barco en cualquier ciudad portuaria por unos días (9, 21) y camina confuso por una tierra que no le pertenece, para encontrar a una mujer cuyo amor pueda redimirlo.

Muchos marineros afirman ser testigos de numerosas apariciones en mar abierto, aunque a veces son sólo espejismos, alucinaciones o visiones debidas a un exceso de alcohol. Entre los avistamientos documentados está por ejemplo el que en 1702 registró Cotton Mather, autor prolífico y célebre pastor puritano, en la Magnalia Christi Americana, historia eclesiástica de Nueva Inglaterra; o el que en el 11 de junio de 1881, a las 4 de la madrugada, anotaron el príncipe Jorge de Inglaterra, duque de York —que después reinó como Jorge V—, y su hermano mayor, el príncipe Alberto Víctor, duque de Clarence —que figura entre los sospechosos de haber sido Jack el Destripador— en el libro de bitácora del Baccante, buque insignia de la armada británica, mientras se encontraban a la altura de las costas australianas (una luz brilla repentinamente en la oscuridad y, a 200 metros más o menos, surge cortándonos el camino un bergantín, rodeado de un halo rojizo siniestro).

Igualmente, Karl Dónitz, comandante en jefe de la flota alemana, y efímero sucesor de Adolf Hitler, en los años 40 del siglo pasado, informa que vio la nave del Holandés Errante mientras se hallaba en una misión al este de Suez. Después confesó que sus hombres preferían enfrentarse con toda la flota aliada antes que vivir nuevamente el horror de ver el barco fantasma.

Se cuenta, por otra parte, que el capitán holandés aparece en tierra firme cuando generalmente alguien —casi siempre una mujer— sueña con él. En muchas ocasiones el Errante cambia de apariencia, por lo cual no es nada fácil de reconocer.

Un erudito flamenco, cuenta Cunqueiro, llamado Michael van der Veen, nacido en Harlem, escribió la cró­nica de sus puntuales apariciones, en diversos luga­res del planeta desde 1614.

Así, en 1718, el Holandés enamora a la hija de un consejero de la Cámara de Cuentas en Saint-Maló; la rapta y meses más tarde la abandona en una playa próxima a Boloña.

En el año 1731, entra con su navío en el puerto de Génova, y un viejo marinero ligur reconoce que bebió con el Capitán en Lisboa en el año 1689. Han pasado cuarenta y dos años pasados (seis veces siete) y lo encuentra igual de joven, con el mismo pelo negro y la misma inquieta me­lancolía”.

En 1736 desde Nueva España navega hasta Lisboa para visitar a una mujer en la Rúa dos Franqueiros, a la que trae noticias del marido, dueño de un mesón en Veracruz.

En 1751, acude a una cita con una dama de la aristocracia napolitana, pero es un ardid y encuentra a su marido y a sus dos hermanos espada en mano. El Holandés hiere a los tres en la boca y huye.

En Londres, en 1779, se sabe que compra dos pistolas que paga con tres monedas de oro que queman la mano del tendero al cogerlas. El tendero se desmaya, Su bella esposa besa al Holandé­s en la boca y le pide que huya antes de que su marido se recobre.

Quizá su última aparición sea en Marsella, el año 1819 (o en 1817, según la fuente) donde sostuvo una conversación con M. Claude Gabin de la Tau­mière, antiguo secretario de Fouché (otros dicen que fue con el propio Fouché) que ya había conocido al Holandés Errante en Lubeca, en los años del bloqueo europeo.

Se trata de rescatar a Napoleón de su exilio en Santa Elena y regresarlo a Burdeos, pero el Holandés ha de ha­cerse a la mar y tardará siete años en poder volver a tocar tierra.

“—¡No podemos esperar tanto! —dijo el marsellés—. ¡Francia hiede!”.

Ahora, estemos preparados, pues el Capitán arribará esta primavera en alguna de nuestras costas, a no ser que alguien lo viera hace un par de años, con lo cual hasta 2019 no enamorará a nadie.

Miércoles, 15 de Enero de 2014 10:23 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Rasgos del Holandés

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Una de las características del héroe mítico es la ausencia de un retrato fidedigno que lo represente. Las conjeturas de su fisonomía en cambio muy a menudo son coincidentes por los detalles personales que se han ido resbalando de la literatura oral que alimenta esa hagiografía y, en no menos medida, de la minuta de los caracteres físicos que apuntan los mismos mitógrafos o su acercamiento al cuento, la música o al cine.

Me limitaré no obstante a describir al capitán holandés, Van Straaten o Vanderdecken, a través de los datos (nunca exhaustivos) que poseo.

Hay constantes que retratan al Holandés como un capitán maniático, obstinado y enloquecido, propenso a la ira y al fiero sacrilegio; condenado a recorrer el océano eternamente, sin descanso ni anclaje ni puerto de ningún tipo (el día del Juicio Final será reclamado por el Diablo), siempre en medio de una tempestad, provocando la muerte de todos aquellos que le vieran. Sin cerveza ni tabaco; su único alimento será hierro al rojo vivo o las brasas, su única bebida la hiel y el vinagre, aunque la provisión de pan y agua a bordo, dicen, es inagotable. 

Aunque sabemos de sus nombres y de su tierra, el capitán es un solitario sin nombre ni patria (¡Llámame extranjero!). Siempre está alerta, nunca duerme, porque al cerrar los ojos, siente como una espada traspasa su cuerpo.

El holandés es un tipo siempre joven, alto, flaco, con los ojos claros y el pelo negro (aunque la señora Van Oestjade, de Ámsterdam, a mediados del pasado siglo, lo soñó con el pelo blanco). Es callado e infinitamente triste. Suele andar descalzo, con un pañuelo rojo anudado en el cuello. Siempre tiene sed.

Lleva espada en el cinto, daga afilada y dos pistolas ricamente ­labradas ’que compró en Londres por tres monedas de oro que quemaron la mano del tendero al cogerlas’, por eso también es conocido como el hombre que quema. Casi todos los que entran en contacto con el Holandés Errante, si no terminan muertos, se vuel­ven locos. Su estocada, su señal, es un tajo en la boca de sus adversarios.

A todas las mujeres enamora a primera vista y luego las abandona, o desaparece, que no es lo mismo pero es igual (¡Acuérdate del Holandés, que nunca volverá!).

Es inmune (las afiladas hojas se quiebran como frágil cristal contra la carne del Errante) e inmortal hasta el día del Juicio o hasta que encuentre un fiel amor que lo ‘rescate’ (el señor van der Veen se atreve a señalar que “una sangre inocente, voluntariamente derramada por él, dando vida por vida”, puede ser el precio del rescate, cuenta Cunqueiro).

Tripula un tres palos de roble germánico pintado de negro, cargado de tesoros y por cuya cubierta corren luces amarillas. Alrededor del velero se levantan grandes olas y silba el viento aunque la mar esté en calma. Está envuelto en un temporal permanente que sin embargo respeta sus mástiles y sus velas en cruz.

Se sabe también que el Holandés es políglota. En Nápoles habló italiano, en Lisboa portugués, en Londres inglés y en Marsella francés. Si no nos entiende es por su aire melancólico y por su pura eternidad.

* En la imagen, Corto Maltes de Hugo Pratt.

Sábado, 11 de Enero de 2014 00:27 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El Holandés Errante

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Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal (El inmortal, El Aleph, Borges)

Según Cunqueiro, este año 2014, el Holandés Errante debe aparecer en algún rincón del planeta, ya sea para enamorar fatalmente a una dama, ya para sembrar un destino de muerte y venganza, ya sea solamente para hacer aguada.

Porque, parece ser que el capitán, “un tipo alto, flaco, con los ojos claros que siempre tiene sed”, desde 1614, pasa largas temporadas en alta mar y algunos días en tierra firme. Hay quien dice que son nueve meses los que se encuentra navegando y nueve días desembarcado; otros, los más, que en su barco fantasma permanece siete años y son veintiún días los que habita entre los hombres.

Pero yo he echado mis cuentas intentando hallar una constante en sus apariciones portuarias documentadas y, no sólo no coinciden los periodos propuestos, sino que es imposible encontrar una regularidad que nos proporcione una mínima predicción.

En 1830 surgió la leyenda, posiblemente de cuentos marineros anteriores (‘desde hace al menos 500 años’), y, a partir de ahí, ha ido creciendo en especificación y versiones hasta, como suele suceder con los mitos, hacer duda de la misma tiniebla.

Una imagen inolvidable en libros y películas de marinería es la aparición de un buque negro en la penumbra de una tormenta, con sus velas rasgadas y sin timonel, aparentemente a la deriva.

El Holandés Errante, en una de sus versiones, es un capitán holandés, llamado Vanderdecken o Van Demien o Van Sartén o Van Straaten o Van der Dechen o Van der Decken o Barent Focke, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los marineros, aterrorizados, rogaron por un puerto seguro o por intentar eludir el temporal arriando las velas y encomendándose a Dios, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.
La tripulación se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero Vanderdecken arrojó al líder de los amotinados por la borda.

En ese momento las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando la figura gloriosa del Espíritu Santo, según algunos el mismo Dios.

La figura se enfrentó con Vanderdecken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente (‘voltejear ininterrumpidamente por la región del cabo de Buena Esperanza’), hasta el día del Juicio Final, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija. Vanderdecken y el grumete quedaron abandonados a su destino. También puede ser que viaje sin compañía alguna o con toda la tripulación afantasmada.

Otras versiones aseguran que el capitán había salido de puerto por una apuesta de día de Viernes Santo, mal que pesara a Dios. Su blasfemia fue castigada, al decir de la gente de mar, con su muerte y la de toda su tripulación, así como con la desaparición del buque.

Poco después de la época imprecisa en que se sitúa tal suceso, siempre con motivo de malos tiempos (el barco está permanentemente envuelto en tormenta), apareció de nuevo el buque en el cabo de Buena Esperanza, y, según testimonios, sería avistado periódicamente en el océano y, más de tarde en tarde, en tierra firme. Hasta que, parece ser, que este año que ahora comienza, pasee por alguna de nuestras ciudades.

Jueves, 09 de Enero de 2014 20:28 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Matar a un hombre

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Hace poco, un caso judicial tremendo, aparecido en los medios de comunicación, nos conmovió a todos por la brutalidad y la sangre fría del asesino. No quiero dar más detalles ni recordar la espeluznante historia, pero, a lo largo del proceso, trascendió un detalle que se hilvana con mi historia. Alguien cercano al acusado declaró que en algún momento éste le había confesado que no se moriría sin haber matado a un hombre.

Es una prueba de hombría en diferentes culturas en tiempos de guerra o venganza (hombre por hombre, sangre por sangre, diente por diente). Es motivo en juegos de rol o como iniciación en una secta o en cualquier ‘tribu urbana’. Es una pasión o una fantasía donde el honor entra en escena.

Borges en su libro Discusión, de 1932, hablando de La poesía gauchesca, se acerca a este lance: «La verdadera ética del criollo está en el relato: la que presume que la sangre vertida no es demasiado memorable, y que a los hombres les ocurre matar. (El inglés conoce la locución kill his man, cuya directa versión es matar a su hombre, descífrese matar al hombre que tiene que matar todo hombre.) “Quién no debía una muerte, en mi tiempo”, le oí quejarse con dulzura una tarde a un señor de edad. No me olvidaré tampoco de un orillero, que me dijo con gravedad: “Señor Borges, yo habré estado en la cárcel muchas veces, pero siempre por homicidio”.»

Rodión Romanovich Raskólnikov, el protagonista de Crimen y castigo (1866) de Dostoyevski, mata a hachazos a una mujer sin razón aparente, porque la tenía que matar, para demostrarse a sí mismo la idea del superhombre que está por encima de la ley.

Memoro ahora una discusión a altas horas en una cueva del Sacromonte, cuando uno de los encarados dijo al otro: “Yo soy más gitano que tú”; lo que venía a decir que tuviera cuidado, que él era más lanzado, más hombre, capaz de cualquier cosa.

* Portada en ruso de una edición de Crimen y castigo.

Miércoles, 08 de Enero de 2014 10:30 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 11 comentarios.

El villancico

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En estos días, que gloriosamente han pasado, cuando el dulce y el aguardiente corrieron sin medida y se cantaba (y se tocaba) sin vergüenza, me pregunté sobre el origen del villancico como manifestación propia de nuestro folklore. Acudo a Corominas en primer lugar y nos dice que ‘villancico’ o ‘villancete’ o ‘villancejo’ hace referencia al mismo ‘villano’, que era el labriego o el habitante de una casa de campo o villa (en el sentido hispanorromano del término).

Aproximándome a la historia, sin interés exhaustivo y con tiento de profano, diré que el villancico es una de las manifestaciones más antiguas de la lírica popular castellana, genérica entre los siglos XV y XVIII. Tradicional también de Latinoamérica y Portugal.

Originariamente fueron canciones profanas con estribillo, de origen popular, cantadas en las fiestas y armonizadas a varias voces, nacidas a semejanza de las formas estróficas responsoriales (pregunta/respuesta) como el virelai, el zéjel, la ballata o las cantigas paralelísticas.

Las primeras fuentes documentales en las que aparece la palabra “villancico” son el Cancionero de Stúñiga (ca. 1458) y el Chanssonier d’Herberay (ca. 1463), posteriores son el Cancionero de la Colombina y el Cancionero musical de Palacio.

Autores representativos de este tipo de coplas en esta primera época fueron Juan del Enzina, Pedro de Escobar, Francisco Guerrero, Gaspar Fernandes o Juan Gutiérrez de Padilla.

En el siglo XVI, cuando las autoridades eclesiásticas quisieron introducir composiciones en castellano en la liturgia como una forma de acercar al pueblo a los misterios de la Fe católica, el villancico poco a poco fue cambiando su temática pagana por temas de tipo religioso. De esta manera en los albores del siglo XVII se empiezan a utilizar en los responsorios de maitines de las principales fiestas litúrgicas como la Navidad, Hábeas Christi, Asunción, santos locales, Epifanía, Trinidad, etc.

En este siglo XVII los villancicos comenzaron a prohibirse por las instituciones conservadoras, pues, con forma de diálogo hacían mofa sobre pasajes religiosos, como la sorpresa de los pastores ante el misterio del nacimiento de Jesús, y, aprovechando, también se burlaban de las autoridades y los personajes públicos.

El siglo XVIII el villancico seguirá teniendo las características populares del siglo anterior con las influencias musicales que ejerció Italia (estilo recitativo, arias da capo, estilo compositivo de la ópera). Compositores importantes de este periodo han sido el padre Antonio Soler, Antonio de Literes y José de Torres. Estas influencias italianizantes provocaron que el villancico fuera definitivamente proscrito de la liturgia a finales de este siglo XVIII y quedara exclusivamente como manifestación popular navideña.

Martes, 07 de Enero de 2014 11:19 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El alma de las mujeres

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Hasta hace relativamente poco tiempo (¿siglo XVIII?) las mujeres no tenían alma. Creo que fue Aristóteles quien planteó por vez primera la aberración de que “la mujer no tiene moral, no tiene alma, por tanto no es humana”. En su Ética a Eudemo, nos dejó esta joyita: “ La mujer, sin duda, es inferior al hombre, pero su relación con éste es más íntima que la del hijo y la del esclavo, y está más próxima a ser de igual condición que su marido”. Esta sentencia, y otras muchas, hizo las delicias de más de un misógeno, entre ellos del proselitismo religioso (que determinó el paso de un panteón matriarcal al determinante dominio del Dios padre), y relegó a la mitad de la población a un segundo plano. (Aunque es peligroso aventurarse por estos caminos y frivolizar de cualquier forma, ya que no fue una chispa lo que diferenció los sexos, sino una serie de circunstancias socio-biológicas a través de milenios de historia, que quizá se remonten al homo erectus.)

Tertuliano, en el siglo III, llegó a sentenciar que “la mujer es la puerta del infierno, es una permanente tentación. La mujer es el pecado”.

En el Diccionario Infernal, de Collin de Plancy, citado en el Bestiario de Ferrer Lerín, en el apartado Monstruos (junto con los hermafroditas, el licántropo , los pigmeos o las sirenas) se cuenta que “el prelado Macon sostenía que las mujeres no podían ni debían ser calificadas de criaturas humanas. También, el sabio Acidalio Valens, mantenía la misma opinión poco galante en su tesis intitulada: Mulieres non esse homines, tra­ducida por Guerlon al francés bajo el título de Problemas sobre las mujeres. Después de los descu­brimientos de Cristóbal Colón algunos casuistas probaron que las mujeres del Perú y de otras re­giones de la América, eran una especie de ani­males, seductoras en verdad, pero sin alma y sin razón; de cuya opinión se valió un papa para pre­servar a los cristianos del crimen de brutalidad, dando a las mujeres americanas el título de muje­res dudosas de una alma racional y destituidas de todas las cualidades que constituyen la naturaleza humana. Arstoto y otros autores dicen que la pre­sencia de una mujer en ciertos días corrompe la leche, agría la nata, empaña los cristales, seca los campos por donde pisa, engendra culebras y produce la rabia en los perros”.

La larga marcha de la razón dibuja la natural equidad y desempaña una injusticia de inexplicables abismos. La conciencia y la educación son las únicas armas. La luz al final del túnel se vislumbra, pero vamos dando pasitos hacia adelante y pasitos hacia atrás.

René Magritte, The Great Family, 1963.

Domingo, 05 de Enero de 2014 11:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El lagarto ocelado

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Hace algunos años, en un descanso para comer camino de Cueva Secreta, por la vereda de La Estrella, en Sierra Nevada, donde el río Guarnón besaba ampliamente el camino que lo respetaba con un breve puente de piedra, entre bocado y bocado descubrí, tras una roca asolada, el estridente bermellón de un lagarto mesozoico.

Tan asustado como maravillado estaba por su presencia de alcance métrico, la mayoría cola, que inmovilicé mi imagen como él mantenía congelada la suya, a excepción de sus ojos, que viraban 360 grados en redondo buscando su huida.

Tras eternos segundos, el colorido saurio desapareció entre los cantos secos de la rivera, dejándome la bella estampa que ahora recuerdo.

Nunca vi un animal de tales características ni un lagarto tan extenso y acarminado en mis fatigados caminos. Siempre pardo o verde, de diez a cincuenta centímetros quizá. El lagarto sureño; el lagarto hispano; el lagarto ocelado tal vez, que en buenos latines se nomina timon lepidus.

Es este un lagarto propio de Europa suroccidental y noroeste de África, que puede llegar a los 70 cm. de longitud, es de color verde o moreno, con dos franjas de ocelos azules en el dorso, y que vive una media de 5 años. Cuando se ven amenazados se desprenden de la cola para despistar a su enemigo, como las lagartijas (lo que le decía yo a la novia de uno de los componentes de Lagartija Nick).

En las zonas de Jumilla y Yecla, donde se le llama Ardacho, se ponían sus patas cerca de los niños por creer que tenían propiedades curativas y fortalecían los dientes.

Es interesante la anotación que, bajo el epígrafe de Anfibios y reptiles, desarrolla Ferrer Lerín refiriéndose a este reptil en su impagable Bestiario:

Fue en mayo de 1960, en el barcelonés mercado de libros viejos de San Antonio, donde, en el interior de un fatigado ejemplar de Madame Bovary editado en París en 1930 por Arthéme Fayard, fue hallado, haciendo las veces de punto de lectura, un excepcio­nal e ilustrativo documento. Una cartulina, una ficha, con el membrete de la Universidad de Granada, que parece formar parte de un estudio de campo que se realiza en las provincias de Málaga y Almería en 1951 o 1957 (cuarta cifra borrosa) para conocer la distribución de algunos vertebrados y que incorpora un apartado, «Observaciones», en el que se lee lo si­guiente: «Matías Prolongo Prolongo, vecino de Ca­rratraca, de 75 años, hombre leído, de profesión huronero, sabe muy bien qué es el lagarto, que es abundante en estos parajes, y afirma que es verdad que dicho animal sea goloso del vulvar, que se tira a él cuando la mujer está acuclillada, despreveni­da por el acto de mayores o menores, aunque no esté en despoblado, y que es preferente de las jóvenes morenas velludas almizcleñas y aún más si están reglando».

* El lagarto ocelado con un amigo.

Viernes, 03 de Enero de 2014 11:00 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Sobre el sentimiento efímero de la Navidad

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Las consecuencias sociales de un sentimiento prolongado conllevarían el miedo a la eternidad, la injustificación de la muerte, íntimamente relacionado con el horror vacui, la ausencia de un final. El hombre, de conciencia moral, asume lo efímero de la navidad, y en acto propio de carpe diem se lanza a la fiesta de manera melancólica, o evocadora, con el sentido de la reunión —recuérdese el anuncio de “vuelve a casa, vuelve por navidad”— e incluso con un trasfondo religioso. La Navidad prolongada, en resumen, o de un sentimiento prolongado de manera más exacta, carecería de sentido en lo socioeconómico y traería consigo el peligro de editar almanaques con trescientos sesenta y cinco días en rojo.

Por otra parte, necesitamos de estos convencionalismos. No todo el mundo celebra la Navidad —dejando de lado a los que no pueden o no quieren celebrarla por diversos motivos—. El solo hecho de cambiar de año, ajustándolo a través de los tiempos, después de una oncena de meses alternos de treinta y treinta y un días más uno —febrero— cambiante cada cuatro años, en veintiocho y veintinueve, para ajustar el calendario al ritmo solar, es una falacia si nuestros antípodas mudan de fecha doce horas antes que nuestro reloj anuncie las uvas.

Miércoles, 01 de Enero de 2014 12:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Vuelve la envidia

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Llegué a darme cuenta de que los Diez Mandamientos de la Iglesia en realidad es un decálogo contra la envidia, como ayer evidencié que el averno no es una estancia lúgubre, sino un lugar infernalmente luminoso. El simple “no desearás a la mujer de tu prójimo” o “no consentirás actos ni deseos impuros” es ya una advertencia.

En el judaísmo, el décimo mandamiento lo expone más claramente: “No codiciarás los bienes ajenos. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.

Hace tiempo escribí sobre la envidia. Un artículo en que llegaba a decir que nos enaltecía el éxito propio casi tanto como la desgracia ajena. No podemos tolerar que alguien, que consideramos a nuestro nivel (en el amplio sentido de la palabra), sea más que nosotros, tanto en obra como en consecuencia.

Es muy común en mi tierra el pensamiento, cuando alguien triunfa, de “dónde va ese si estudió conmigo” o “es de mi barrio” o “que de chico era más bien tonto”.

No somos capaces de ver la viga en nuestro ojo y sin embargo atendemos con definición la paja en los ojos que nos miran. No entendemos que la vida da muchas vueltas y que Darwin tenía razón al dictar que sobreviven los más aptos (aunque el factor suerte, como opinan los neodarwinistas, sea determinante).

El artículo antedicho estaba sembrado de definiciones de Ambrose Bierce (El diccionario del diablo). Quiero dejar otra más para redundar en mi aserto. El satírico escritor estadounidense interpreta calamidad como el “recordatorio evidente e inconfundible de que las cosas de esta vida no obedecen a nuestra voluntad. Hay dos clases de calamidades: las desgracias propias y la buena suerte ajena”

Juan de Zabaleta en su curioso librito El día de fiesta por la tarde, publicado a mediados de 1664, podemos leer: “¡Oh dulcísimo sabor el del escarnio ajeno...!”.

La envidia está en nuestro ADN, aunque nuestra voluntad (la paz de los hombres buenos) se revele. Mario Moreno ‘Cantinflas’ decía: “yo no estoy en contra de que haya ricos, estoy en contra de que haya pobres”.

Encuentro ahora una Historia del tango, publicada en Evaristo Carriego por Borges en 1930, en la que cuenta, después de hablar de sus orígenes: “el tango posterior es un resentido que deplora con lujo sentimental las desdichas propias y festeja con desvergüenza las desdichas ajenas”.

Martes, 31 de Diciembre de 2013 11:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Evidencias

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En una Antología sobre la Joven poesía española de Concepción G. Moral y Rosa María Pereda, editada en 1982, en el venerado número 107 de Cátedra, cada autor, antes de que principien sus poemas, nos ofrece una poética personal. José María Álvarez, para explicar su forma de componer versos, comienza así:

“Estimado señor: Me pide usted una Poética. Me acuerdo de aquella noche en que tocaba Johnny Hodges. Y un curioso le preguntó que cómo tocaba. Entonces Johnny se quedó mirando, cogió el saxo, y empezando JUST A MEMORY [las mayúsculas son suyas], dijo: Esto se toca así”.

Monterroso, en uno de sus apólogos, recuerda que un día una periodista (cuento de memoria, pues no encuentro la referencia), le hizo la pregunta cansinamente obligada de qué estaba leyendo en ese momento. El autor guatemalteco, sin atender mucho a su mesita de luz (como llaman ellos a la mesita de noche donde gravita la lámpara para leer al acostarse, el vaso de agua, el despertador t aun algún pastillero), respondió simplemente que todavía iba por El Quijote.

Jorge Luis Borges, en La poesía gauchesca, perteneciente a su libro Discusión (1932), comienza: “Es fama que le preguntaron a Whistler cuánto tiempo había requerido para pintar uno de sus nocturnos y que respondió: ‘Toda mi vida’. Con igual rigor pudo haber dicho que había requerido todos los siglos que precedieron al momento en que lo pintó”.

Bástenme estos ejemplos para demostrar la ley universal de la relatividad, sin recurrir a don Einstein, y, por ende, a la idea de infinitud.

* Nocturno de James Abbott McNeill Whistler (Nocturno en gris y oro, Nieve en Chelsea).

 

Sábado, 28 de Diciembre de 2013 20:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Honorio Bustos Domecq

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Una colección de kiosco de los años 80 (Literatura Contemporánea Seix Barral), en la que compraba ejemplares sueltos, según autor, título y posibilidades económicas, me llevó a interesarme por un título harto estimulante para mi vanidad investigadora. Se trataba de Cuentos de H. Bustos Domecq, que hacía el número 48 de esa serie posiblemente centenaria. Lo adquirí, además de por sus autores y por su trama, una aventura detectivesca urdida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, por la curiosa coincidencia de mi apellido con el del supuesto autor de las historias de raciocinio, pues de densa deducción se trata.

En varias ocasiones, a lo largo de estos años, he intentado abordar su lectura, pero su prosa densa y terriblemente porteña y erudita, plagada de francaísmos y latines, me lo impedían. En una reciente visita a mi biblioteca, escudriñé este volumen, entre otros más de su colección, oculto en una segunda fila por libros más recientes y, sin duda, más vistosos.

Reconozco que me ha costado entrar, pero, a sabiendas de que cuando le cogiera el pulso narrativo iba a colmar mis expectativas, no he cejado en su lectura.

Llevo unas cuantas decenas de páginas y sus propuestas, inventiva, dinámica e imágenes reconozco que me atrapan. Hay detalles que saboreo con placer e incluso me hacen sonreír.

Honorio Bustos Domecq es el autor ficticio de los relatos que componen este libro, que consta a su vez de tres obras: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

Comienza la primera parte con unas notas biográficas de este escritor argentino, que empezó a escribir a la edad de 10 años y que publicó sus obras en la prensa de Rosario.
El origen del pseudónimo, leo en la wikipedia, consiste en la reunión de los apellidos de la abuela paterna de Bioy (Domecq) y de un bisabuelo materno de Borges (Bustos), lo que fantasiosamente me emparienta (o emparenta) con mi admirado invidente.

En el segundo relato de Isidro Parodi (que resuelve los casos desde la celda 273 de una penitenciaría de Buenos Aires), un actor, Gervasio Montenegro, que singularmente también prologa el libro, gana al poker trescientos quince pesos y cuarenta centavos y el diamante de una princesa rusa. Para celebrarlo, cuenta Montenegro: “llamé al mozo y le pedí ipso facto la carta de vinos. Un rápido examen me aconsejó la conveniencia de un Champagne El Gaitero, media botella”.

Varias razones me levantaron el belfo (con todos mis respetos). Dos mentes privilegiadas piensan en una marca de espumoso tan exótica como exclusiva. El Gaitero no es un champagne sino una sidra (aunque, en honor a la verdad, más adelante en el relato lo llaman de esta manera). Además es una bebida asequible, de andar por casa, y nada sofisticada.

(Puede, no obstante, que el champagne al que los autores se refiera, no sea el mismo que yo conozco, lo que estaría justificado por su parte y asaz escurridiza por la mía.)

Domingo, 08 de Diciembre de 2013 18:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Aventuras

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Inma me decía que estaba sobrestimulado. Desde poco después de que mi hijo naciera, cuando comenzó a tener razón de uso, como saben muchos seguidores de este blog, le he ido relatando, según el momento, cuentos e historias, leyendas y anécdotas, dudas y verdades.

Así, Juan Fernández, tan grande como la ínsula chilena que lleva su nombre en el Pacífico y que albergó las aventuras de Robinson, está familiarizado con Aquiles y Sigfrido, con el basilisco y el monstruo de Bodegones, con la constelación del Toro y su brillante estrella Aldebarán, a la que no debes mirar muy seguido porque hace violento, y con la genealogía de los reyes persas.

También es motivo de su atención mi devenir hasta el punto querer conocerme al detalle y aún más. Quisiera saber mis aventuras, reales o no tan reales (con la edad tendemos a romantizar nuestro pasado), y los detalles de cada día, para comprender quizá el presente y el mobiliario de mi cabeza o simplemente para ir decorando la suya.

Le hablo de mitos universales y de pasajes de la historia, de personas célebres y cuentos inmortales. Le cuento de mi infancia y de mi juventud. De mis intereses y mis razones.

De cuando en vez, le relato sobre mi pasado montañero (una actividad que necesito recuperar, a la que di de baja cuando mis noches comenzaron a alargarse) y mis experiencias de soledad ante el abismo.

Hace poco, por no sé qué conversación sobre la temperatura del agua, me vinieron a la cabeza los baños en las lagunas de la Sierra, el frío extremo, los cero grados que cortan la circulación, la alegría de salir del agua y el abrigo, la limpieza de poros, la relajación extrema.

En una ocasión, en verano, subí a un pedazo de hielo que sobresalía del margen de la laguna de la Caldera, a los pies del Mulhacén. Aposté dos grandes piedras en su centro para alzarme sobre ellas y, golpeando con otro trozo de pizarra, fui separando el bloque de la orilla. Con el viento creciente, rápidamente comencé a navegar hasta el centro del centro de aquel ojo de agua, del que tuve que volver a nado.

El corazón se me encogió y se me paralizaron los miembros. Pero la distancia era pequeña. Sin gran esfuerzo pude regresar junto a los compañeros que hicieron la foto que precede este artículo y arrojaron también alguna piedra (se pueden ver las ondas concéntricas) quizá para ayudar al empuje de la brisa.

Antesdeayer encontré por casualidad el testimonio de la aventura, la foto que hace verídica esta historia y con ella algunas anécdotas más de las que no quedó constancia.

Miércoles, 20 de Noviembre de 2013 09:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Ermitaños

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Cuando este blog llevaba casi un año de fiel rodaje, apunté unas notas sobre san Simeón el Estilita del que había publicado años atrás un pequeño ensayo, Noticias del viejo San Simeón el Estilita, en la colección Apéndice de Ediciones del Vértigo, en septiembre del año 2000, comentando que me atraía de forma estremecedora la radical decisión de estos anacoretas.

Entre mis notas recojo algunas definiciones y apuntes para poner en orden sus calificaciones.

El asceta o ascético es la persona que se dedica particularmente a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual; y el anacoreta, que normalmente es asceta, es la persona que vive en lugar solitario, entregada enteramente a la contemplación y a la penitencia.

Eremita y ermitaño vienen a ser lo mismo. Es la persona que vive en una ermita y cuida de ella, que vive en soledad, como el monje, y que profesa vida solitaria. Por lo tanto podría también ser anacoreta y ser ascético a la vez.

El escéptico es diferente. Es la persona que no cree o afecta no creer en determinadas cosas. No es el ateo, que niega la existencia de Dios. Es más bien agnóstico, que es quien declara inaccesible al entendimiento humano toda noción de lo absoluto, y reduce la ciencia al conocimiento de lo fenoménico y relativo; aunque el ateo también sea agnóstico.

“Porque escéptico, escribe Unamuno en Mi religión, no quiere decir el que duda, sino el que investiga o rebusca, por oposición al que afirma y cree haber hallado. Hay quien escudriña un problema y hay quien nos da una fórmula, acertada o no, como solución de él”

“El escepticismo es el principio de la fe”, dice Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray. Es como el budismo para Chesterton, que no es una religión sino una duda. No olvidemos que Descartes construyó sobre la duda todo su aparato filosófico y la piedra angular de su fe.

Pero todo este devaneo terminológico sólo es un preámbulo a tres acercamientos sobre ermitaños con que me he topado últimamente.

El primero es un cuento brevísimo de Léon Bloy, llamado Los cautivos de Longjumeau. Dice así: “Uno de los hombres más grandes de la Edad Media, el maestro Juan Tauler cuenta la historia de un ermitaño a quien un visitante inoportuno pidió un objeto que estaba en su celda. El ermitaño tuvo que entrar a buscar el objeto. Pero al entrar olvidó cuál era, pues la imagen de las cosas exteriores no podía grabarse en su mente. Salió pues y rogó al visitante le repitiera lo que deseaba. Éste renovó el pedido. El solitario volvió a entrar, pero antes de tomar el objeto, ya había olvidado cuál era. Después de muchas tentativas, se vio obligado a decir al importuno: Entre y busque usted mismo lo que desea, pues yo no puedo conservar su imagen lo bastante para hacer lo que me pide”.

El segundo y el tercero son más crudos. El atractivo de los ermitaños llega hasta tal punto que, en otra época, en Inglaterra (y quizá en más lugares), las residencias nobles contrataban para ambientar sus tierras o jardines a uno de estos solitarios y animaban a los vecinos a visitarlo como se contemplan las rosaledas o se emprende una partida de caza.

Manuel Mujica Lainez, en El Escarabajo, inserta esta costumbre que llega a relajarse de tal forma que la señora de la casa lanza este parlamento: “También hay que concluir con el problema del ermitaño. Ha vuelto a quejarse de la comida, y eso no puede ser. El contrato que establecí con él es idéntico al de mi Tío Hamilton con el suyo: debe permanecer siete años en la ermita, donde es provisto de una Biblia, gafas, un escabel, un reloj de arena, agua y comida de esta casa. Debe vestir un sayal, no cortarse jamás los cabellos, la barba o las uñas, ni hablar con el servidor, ni abandonar los límites de la propiedad. Al cabo de siete años, le pagaré setecientas libras, como mi Tío Hamilton. Han transcurrido tres, y se queja de lo que come. ¡Al Diablo con el exigente! Por lo demás engorda, y no parece un ermitaño sino un burgués barbudo. Hoy hablaré con él en la ruina gótica. Sé que lo han visto jugando a los dados con uno de los palafreneros, cuando un grupo de amigos nuestros andaba por el parque. De continuar así, tendré que cambiarlo. Le daré doscientas libras y tendré un ermitaño flaco, como corresponde”.

Seguidamente Mujica, en boca de su protagonista pone una breve explicación: “Me enteré más tarde de que la sofisticada moda de entonces quería que los señores ingleses más «literarios», añadiesen al numeroso servicio de sus casas solariegas, un individuo a sueldo que representaba el papel de decorativo ermitaño, y que solía residir en su parque, en una «ruina» arreglada o inventada. Los ingleses son muy singulares”.

Hace unos días, la sonrisa de mi asombro volvió a florecer, cuando, nada menos que en El ruido y la furia de William Faulkner, aunque no se trate de un eremita al uso, hallo este pasaje extrañamente paralelo: “Aquí en Jefferson hay un tipo que hizo un montón de dinero vendiendo a los negros cosas medio podridas, vivía en una habitación encima de una tienda del tamaño de una pocilga, y él mismo se hacía las comidas. Hace cuatro o cinco años se puso enfermo. Se llevó un susto de mil demonios así que cuando volvió a estar en pie se fue a la iglesia y se compró un misionero en China, cinco mil dólares al año. Yo suelo imaginarme lo furioso que se pondría acordándose de los cinco mil anuales si se muriese y se encontrase con que no hay cielo. Es lo que yo digo que se muera ahora y se ahorre el dinero”.

Viernes, 15 de Noviembre de 2013 16:11 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Cuando la crítica se equivoca

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Hace poco tiempo defendía la crítica y a los críticos como extensión indispensable del arte que manejamos, teniendo unos valores y exponiendo un juicio que no siempre es compartido, pero que en un tanto por ciento elevado de los casos el tiempo avala.

Una obra de arte, un poema o la fugacidad de una representación puntual necesitan observadores con perspectiva para reintegrar los museos, permanecer en el tiempo y revivir la memoria.

No obstante, la crítica, entre comillas, no siempre acierta. Ya sea por incomprensión o sesgados puntos de vista, el crítico puede fallar en su valoración. Es más, no es lo normal, el crítico debe equivocarse en alguna ocasión para afianzar su humanidad.

Pero hay un error imperdonable. Cuando los prejuicios, el desconocimiento, las manías o las envidias (que también las hay) mandan en uno de estos visionarios, su valoración está viciada. Es más, su influencia es perversa, puesto que una mala crítica puede hacer un daño irreversible.

Scott Fitzgerald, en Hermosos y malditos, escribía: “Siempre me ha parecido que las críticas son una especie de homenaje a los envidiosos”.

A veces son artistas frustrados que tienen un resentimiento y una acidez sospechosamente verdosa. Un músico me decía al comienzo de mi dedicación que estaba bien que alguien ajeno al ‘espectáculo’ (y sin intención de pertenencia), con sólo su apreciación sensible, escribiera sobre ellos.

No es lo habitual y muchas veces juzgamos a un crítico dependiendo de cómo ha escrito sobre nosotros. Es como los exámenes que hacíamos en el colegio: he aprobado o me han suspendido, casi nunca al contrario. Aunque si apostamos y vamos con la verdad por delante, tenemos muchas posibilidades de ganar, aunque sea en nuestro fuero interno.

Dependemos del jurado. Cuando nos presentamos a un concurso competimos, no con nuestros iguales, sino también, y sobre todo, con los gustos, conocimientos e inclinaciones de quienes nos evalúan.

Otra es ser afamado como hueso. Un crítico con lupa de varios miles de aumentos es tan peligroso como tu madre opinando de tu trabajo. Abel Cortese, en Frases que matan de risa, define al crítico como “Persona que finge ser tan difícil de satisfacer que nadie lo intenta”.

Edmundo de Amicis, en su libro Constantinopla, en el capítulo dedicado al Gran Bazar, escribe: “También es digno de visitarse el bazar de los cuchilleros, aunque no sea más que para tener en la mano una de aquellas enormes tijeras turcas, con las hojas broceadas y doradas, adornadas de dibujos fantásticos, de pájaros y flores, que se cerraban ferozmente, dejando en medio un hueso, en el que podría entrar la cabeza de un crítico maligno”.

Pero alguien que ha hablado de la crítica, a modo de enseñanza, en su vertiente aviesa, ha sido Antonio Machado en Juan de Mairena (1936). Copio alguno de sus de pasajes:

«Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, ser benévolos. Benevolencia no quiere ser tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea.

»Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala ceñudamente lapidada con una crítica mucho peor que la comedia!... ¿Ha comprendido usted, señor Martínez?

»Martínez: Creo que sí.

ۘ»Mairena: ¿Podría usted resume en lo dicho en pocas palabras?

»Martínez: Que no conviene confundir la crítica con las malas tripas.

»Mairena: Exactamente».

***

«Más de una vez, sin embargo, la malevolencia, el odio, la envidia han aguzado la visión del crítico para hacerle advertir, no lo que hay en las obras de arte, pero sí algo de lo que falta en ellas. Las enfermedades del hígado y del estómago han colaborado también con el ingenio literario. Pero no han producido nada importante».

***

«Ten censure wrong for one who writes amiss [diez censuran equivocadamente por uno que escriba mal], decía Pope [en Essay on criticism], un inglés que no se chupaba el dedo. Ignoro ―añadía Mairena― si esta sentencia tiene todavía una perfecta aplicación a la literatura inglesa; mas creo que viene como anillo al dedo de la nuestra. Entre nosotros ―digámoslo muy en general, sin ánimo de zaherir a nadie y salvando siempre cuanto se salva por sí mismo― la crítica o reflexión juiciosa sobre la obra realizada es algo tan pobre, tan desorientado y descaminante que apenas si nos queda más norte que el público».

***

«¿Conservadores? Muy bien ―decía Mairena―, siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se emperraba en conservar, no la salud, sino la sarna».

Lo preferible, si acaso, es la asepsia, ver una obra sin prejuicios ni influencias, lo más objetivamente posible, como cuando se ve el mar por primera vez, o cuando se recuerda el sabor de un beso. Cuando Borges enumera las obras del apócrifo Menard en Pierre Menard, autor del Quijote, dentro de su libro Ficciones, comenta “un obstinado análisis de las «costumbres sintácticas» de Toulet (…) [donde] declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.  

Termino con las declaraciones en Diario de un genio. Salvador Dalí comenta: “La crítica es algo sublime. Es digna tan sólo de los genios. El único hombre que podría escribir un panfleto sobre la crítica soy yo, porque soy el inventor del método criticoparanoico. Y ya lo hice”.

* Dalí en la imagen.

Jueves, 14 de Noviembre de 2013 09:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Cosas de la luna

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Leo el poema No niño novo do vento de Álvaro Cunqueiro, en Cantiga nova que se chama Riveira (‘Cantiga nueva que se llama Rivera’):

No niño novo do vento
hai unha pomba dourada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Canta ao luar e ao mencer
en frauta de verde olivo.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Ten áers de frol recente,
cousas de recén casada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Tamén ten sombra de sombra
e andar primeiro de río.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Traducido (‘En el nido nuevo del viento’), así queda:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma de oro,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta a la luz de la luna y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla! 

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

La palabra Luar, que transcribo como ‘luz de luna’, el mismo Cunqueiro, a pie de página, anota: que “es una palabra de complicada traducción. Equivale a una serie de efectos ambientales que produce la luz clara de la luna”.

Ya en Castelao podíamos leer: o luar vai entrando, que interpretamos como ‘entrar en el claro de la luna’.

(Llegados a este punto no puedo más que acordarme de la canción Luz de luna del autor mexicano Álvaro Carrillo, cantada como nadie por Chavela Vargas y adaptada para el flamenco por El Cabrero.)

Borges, en el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de El jardín de senderos que se bifurcan (1941), propone los verbos lunecer o lunar, que traduce como ‘salir la luna’. Verbos bellísimos que, sin embargo, el Diccionario de la Real Academia no recoge, aunque sí lunear, empleado en Mexico, con el significado de ‘ir de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna’.

Corominas (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) se acerca al concepto gallego portugués derivando de esta raíz lunación y lunado: ‘claro de luna’ y ‘luz de la luna’ respectivamente. De igual manera comenta más adelante las palabras lunario y lunático: “así llamado porque su dolencia se atribuye a un mal influjo de la luna”, al que Nebrija llamó alunado.

Martes, 12 de Noviembre de 2013 10:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Mis cinco novelas

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Sería al principio de las bitácoras, entre los años 2006-2007, que el poeta y primo mío, por afinidad más que por sangre, Enrique Ortiz, sensible donde los haya, me pidió para su blog, al igual que a muchos otros amigos, una relación de las cinco “novelas de la historia” que yo seleccionaría para hacer una especie de top, puntuándolas del uno al cinco, de mayor a menor. Inmediatamente, a vuelapluma, le mandé este escrito que hogaño, grosso modo, mi opinión no ha cambiado en demasía, aunque, a decir verdad, son muchas las novelas que he gozado y sigo gozando. Supongo que a cada momento la relación sería distinta.

“Antes de pronunciarme para escoger las cinco novelas de la historia, yo, que he sido un lector exhaustivo, me considero algo ignorante. Mis lagunas son más grandes que mis certezas; hay mucha producción que no he tenido en cuenta por puro desconocimiento, por no haber leído todo lo que se considera ‘indispensable’.

En una primera apreciación seleccioné hasta 35 títulos (la mayoría reconociendo al autor y no a la novela) de los que hice un primer expurgo y quité la obra clásica como La Iliada de Homero, El asno de oro de Apuleyo o los Relatos verídicos de Luciano de Samosata precisamente por clasicismo aplastante. Continué cronológicamente descartando a Cervantes y a fray Antonio de Guevara; la literatura oriental de Cao Xueqin y E Gao con Sueño en el Pabellón Rojo; y a algunos románticos como Goethe, Dostoievski o Stendhal, anteriores a nuestro siglo. Descarto autores no hispanos, tan sólo para cerrar el círculo, como Italo Calvino, Albert Cohen, William Faulkner, James Joyce, Vladimir Nabokov, Proust, Saramago o Yourcenar. Pero aún me quedan una docena de nombres imprescindibles.

¿A quién eliminar de la lista? Pues, como, esta votación está ya muy sesgada y es plenamente subjetiva, elegiré a los personajes que actualmente más me interesan, abandonando en la cuneta lamentablemente a Mujica Lainez, Rulfo, Sábato, Eduardo Mendoza, Javier Marías o Torrente Ballester. De esta manera, mi selección queda como la de las cinco novelas (en realidad los cinco autores) contemporáneos, de habla hispana, que recomendaría sin discusión.

Las crónicas del sochantre de Álvaro Cunqueiro (5 puntos)

Las aventuras del caballero Kosmas de Juan Perucho (4 puntos)

El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez (3 puntos)

Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa (2 puntos)

Madera de boj de Camilo José Cela (1 punto)

(¿O al revés?)”.

* Estatua de Cunqueiro mirando la catedral de Mondoñedo (Lugo).

Viernes, 01 de Noviembre de 2013 09:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Sobre la crítica

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La palabra en sí es harto delicada, por llamarla de alguna forma. La ‘crítica’ tiene una mala prensa popular, decidida y, en cierto modo, coherente. A nadie le gusta que se evalúe su trabajo, máxime si es un trabajo en el que se ha puesto todas las expectativas, que se ha hecho de todo corazón y en el que se han invertido más horas y más energías de las que uno tiene.

El otro día, en una reunión del colegio, me comentaba la tutora de mi hijo de nueve años, que ella ponía en la pared, después de un dictado, por ejemplo, un cuadrante de autoevaluación, y que el alumno se colocaba la nota que consideraba apropiada a su escrito. Sin lugar a dudas, todos los niños sobrepasaban el siete, decía Cristina. Después, corregía los trabajos con cada alumno e iban entre ambos razonando la calificación real. El niño reconocía, en su caso, que más de un seis no podía tener, incluso insuficiente. Lo veía razonable y él mismo bajaba su baremo.

La crítica es importante. Es importante para el artista que analicen su obra y la pongan en valor; que alaben lo bueno y detracten lo deficiente. Siempre ha habido árbitros y observadores que contemplan el estado de las cosas y razonan, en ese amplio abanico que es el arte (ese jardín de caminos que se bifurcan), por dónde queda el norte (siendo conscientes de que el norte no es un punto sino una dirección). El artista, si tiene cabeza (elemento fundamental) debe atender la crítica y hacer análisis de conciencia y, si acaso, leer entre líneas o, en un momento dado, desecharla casi por completo. Puede comparar los escritos de varios analistas y, si dos o más coinciden, debe pensar que algo pasa y autoevaluarse, como mi hijo y sus compañeros.

También es bueno para el espectador que una pluma de autoridad le informe de lo que hay, de lo que ha pasado y por qué. Quien ve un espectáculo o lee un libro y después atiende la reseña enriquece su visión o corrobora su pensamiento o difiere en algún punto o recapacita sobre sus apreciaciones.

La opinión contrastada, la opinión del ‘experto’ está ahí como un bien social e individual para que la lea o la aproveche quien quiera.

Y por qué son expertos. Porque llevan muchos años formándose en esa disciplina; porque conocen el trasfondo, el fondo y la superficie de ese arte; porque se mueven entre bambalinas; porque observan con los cinco sentidos; porque analizan cada detalle y saben leer entre líneas; porque, en la medida de lo posible, han practicado, de una u otra forma, el arte del que tratan; porque, desde que empezaron su labor de críticos, lo han visto todo y más referente a su disciplina y tienen una gran percepción comparativa; porque conocen el paño y, grosso modo, la trayectoria de los artistas a quienes se dedican; porque saben comunicar de manera clara sus pensamientos; porque empatizan con el público espectador.

La crítica (que, para quitarle yerro, llamamos ‘crónica’, ‘reseña’ o simplemente ‘artículo’), por otra parte, debe ser respetuosa y positiva. Conllevará las tres características que en realidad debe cumplir toda noticia o programa que se precie: formar, informar y entretener.

La cortedad de algún actuante o creador se revela ante el crítico y dice: “quién es nadie para decir si mi obra vale o no vale; acaso sabe tocar la guitarra, acaso pinta o modela mejor que yo, acaso ha sentido el vértigo del escenario, acaso se le ha ocurrido una idea parecida a la mía…”.

Pero una cosa es tener vista y otra es tener visión. En el peor de los casos se puede pensar: “que escriban sobre mí, aunque sea malo”. Pero, de forma inteligente, cualquier individuo que exponga sus credenciales debe estar orgulloso de que alguien opine con sinceridad de su obra, con esa objetividad que otea desde la sabiduría, el aprendizaje y el consejo.

Podía poner cien ejemplos, pues llevo una decena de años ejerciendo de crítico de, pero haré referencia a un episodio habitual. Un valor aritmético del artista es la humildad y la asunción de las opiniones ajenas. Muchas veces, y no siempre por escrito, me he dirigido a un flamenco y le he dado una opinión puntual. Él lo ha agradecido, diciendo que ‘todos’ lo felicitaban por algo de lo que dudaba, hasta que vine y calculé los errores, no decidió cambiarlo.

Miércoles, 30 de Octubre de 2013 20:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Quieres venir conmigo

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Hace unos años, Lorenzo Lunar, autor cubano de novela negra, nos propuso a unos amigos que le expusiéramos un caso verídico, un encuentro personal con las fuerzas del orden o con los fuera de la ley, con objeto de hacer una compilación de sucesos reales o una recreación fantástica con lo que recordáramos.

Sin venir a cuento, este proyecto se frustró. Además, perdí el contacto con Lorenzo o él conmigo. El asunto es que los dos nos dejamos mutuamente. Sin embargo, esos días escribí algo que ahora retomo.

Aconteció poco después de casarme, con mi nuevo estado civil de estreno. La madre de mi hijo, entre otros enseres de mayor o menor importancia, enriqueció la sociedad, que comenzaba a caminar (con contrato eclesiástico), un Renault 11, un buen coche, aunque añoso y con un gran motor. Lástima que la tapa del delco (cosa que nunca he sabido lo qué es exactamente) nos gastara tan malas pasadas.

Dimos trote a ese carro hasta el extremo y se lo vendimos a unos sudamericanos dedicados a la venta ambulante, que seguramente acabaron con su trabajada vida metálica.

Cierto día, después del trabajo, fuimos a comprar algunos comestibles para el abastecimiento semanal de una casa apenas habitada (la mayoría de los días comíamos fuera).

Como siempre, dimos varias vueltas alrededor del supermercado para encontrar un hueco donde estacionar el coche. Cuando encontramos un aparcamiento que había quedado libre, de un auto más pequeño que el nuestro, sin duda, baje para dirigir la maniobra.

Al momento apareció un personaje, rubio y bien vestido, en una moto que indicó que fuera con él. Me alarmé y le pregunté para qué. Lo repitió con la voz algo elevada. Le dije tímidamente que no era mi intención seguirlo a ninguna parte. (A esas alturas, había pensado que era un invertido que pretendía sacar algo de mi deslustrada persona.) Así que comencé a hablar con mi pareja para que viera que no estaba solo.

De pronto se asomó él también por la ventanilla y preguntó con tono imperativo si me conocía de algo. Ella dijo que veníamos juntos, que era su marido, que me había bajado del coche para ayudarla a aparcar. Él dijo bien. Ni que lo sentía ni que disculpara ni nada de nada. Cogió su moto y se marchó con un compañero que lo esperaba más abajo.

En ese momento comprendí que era un policía de paisano y que me había confundido con un aparcacoches.

Agradecí que ella no hubiera dicho que no me conocía de nada. Aunque, en ese caso, le hubiera requerido un par de euros.

Lunes, 21 de Octubre de 2013 16:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El ladrillito

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No hace mucho, le comenté a una amiga que con diecisiete o dieciocho años tenía un amuleto de mala suerte. No tenía nada en especial, ni poderes mágicos ni ciencia alguna. Se trataba tan sólo de un ladrillo de barro cocido de pequeñas dimensiones, no más de tres centímetros, con tres filas de orificios; atravesado por un cordón de cuero que me anudaba al cuello.

Viendo a gente coger amuletos o talismanes y encomendarse a ellos para que la fortuna les acompañara o, en su caso, no les abandonara; yo pensé lo contrario. Tendría permanentemente un objeto que atraería la mala suerte y, cuando me desprendiera de él, en contraposición, las oportunidades se me brindarían por defecto.

Llegaba un examen, una aventura en el campo, una noche displicente o cualquier otra prueba, y sólo me planteaba desprenderme del ladrillito, meterlo en el bolsillo o dejarlo directamente en casa para llamar a la ventura.

Y es posible que sea eso. Las efigies, las estampas, las medallas, las patas de conejo… tienen el valor que nosotros le concedemos. Nuestro talante cambia cuando abrazamos determinada piedra o colgamos en nuestro pecho tal escapulario. Es nuestra actitud la que influye en el destino y no el amuleto. No es la herradura la que atrae la suerte, sino nuestra creencia en ese talismán.

En un cuento inacabado de hace tiempo, describía a una señora que, lo primero al levantarse, antes del café si quiera, era consultar su horóscopo para ver cómo debía comportarse el resto de la jornada.

Ayer, a este respecto, leí en Sartoris, una de las primeras novelas de William Faulkner (que murió en el mismo año de mi nacimiento), que una de sus protagonistas (Miss Jenny) “era una verdadera optimista, es decir, una persona que espera siempre lo peor y por lo tanto recibe una agradable sorpresa al comprobar que ha pasado otro día sin que se produzca la catástrofe”.

Lunes, 07 de Octubre de 2013 09:41 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Las vueltas de una palabra

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Me encuentro en el libro Sartoris (1929) de William Faulkner la palabra ‘esteva’ asociada a un arado. Busco en el Diccionario de la Real Academia su definición. Es la pieza corva y trasera del arado, sobre la cual lleva la mano quien ara, para dirigir la reja y apretarla contra la tierra. Bien.

Pero me intereso por su segunda acepción. ‘Esteva o palo de esteva’ es el madero curvo que en los carruajes antiguos sostenía en sus extremos las varas y se apoyaba por el medio sobre la tijera.

¿Y la vara qué es? ¿Y la tijera? Bueno, pues la ‘vara’ es cada una de las dos piezas de madera que se afirman en los largueros de la escalera del carro y entre las cuales se engancha la caballería. La ‘tijera’ es cada uno de los dos correones cruzados por debajo de la caja o los largueros que a uno y otro lado del pértigo quedan enlazados con las teleras para formar la escalera del carro.

‘Larguero’ no lo he encontrado específicamente referido al carro, pero la ‘lanza’ es la vara de madera que, unida por uno de sus extremos al juego delantero de un carruaje, sirve para darle dirección; a sus lados se colocan, enganchándolas, las caballerías del tronco, que han de hacer el tiro.

La ‘escalera’ es la pieza del carro, compuesta por los listones, las teleras y la lanza, y que en la forma se parece a una escalera de mano. La ‘telera’ es el travesaño de madera con que se enlaza cada lado del pértigo con las tijeras o largueros de la escalera del carro. El ‘listón’ tampoco aparece como tal; pero la ‘caja’ es la parte del coche de caballos destinada para las personas que se sirven de él, y en la cual van sentadas; el ‘tronco’ es el conjunto de dos o más mulas o caballos que tiran de un carruaje; el ‘pértigo’ es la lanza del carro.

Podía estar así dando vueltas toda la mañana sin enterarme concretamente de lo que es qué y confundiendo una cosa con la otra. La próxima vez que vaya al campo me fijaré en un carro y le preguntaré a un lugareño para que mis dudas posiblemente queden aumentadas.

Viernes, 04 de Octubre de 2013 10:06 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La desnudez como prueba

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Uno

El escultor griego Praxíteles (siglo IV a.C.) tenía como musa a Friné, una hermosa hetera (una cortesana, como lo fuera Aspasia, amante de Pericles, quien le dio un hijo), a la que, como otros artistas, no dudaba en utilizarla como modelo para representar a la diosa del amor (la Venus de Cnido se supone que es la imagen de Friné, una de las más bellas esculturas que conozco).

Friné fue juzgada en el areópago (tribunal superior de Atenas) por el delito de impiedad (por el mismo ‘crimen’ que se sentenció a muerte a Sócrates).

Hipérides, su defensor, fue incapaz de convencer a los magistrados con su discurso. Entonces hizo desnudarse a Friné ante los jueces, quienes la absolvieron convencidos de que no se podía privar al mundo de tal belleza, la cual era un monumento vivo a Afrodita.

Dos

En la Inglaterra del siglo XI, sir Leofric, conde de Chester y de Mercia y señor de Coventry, cegado por su ambición quiso subir los impuestos a un pueblo ya estrujado. Lady Godiva, su bella y bondadosa esposa, le pidió que no diera curso a sus deseos de explotación, para lo cual, pensando que quizá no se atrevería, el conde dijo de bajar los tributos si recorría las calles de Coventry a caballo, sin más vestidura que sus largos cabellos.

La dama pidió a sus vecinos que se encerraran en sus casas para no perturbar su desnudez. El día señalado, Lady Godiva paseó por su pueblo desnuda, montada a caballo, a la vista de todos pero sin que nadie la viera.

Tres

En El Escarabajo de Mujica Lainez se cuenta que una americana de alta condición, esbelta y elegante, fue falsamente acusada de esconder alguna enfermedad cutánea, incluso lepra, bajo sus permanentes guantes de caña alta. En una reunión, delante de los asiduos amigos de la alta sociedad que frecuentaba, se desnudó por completo para mostrar una piel inmaculada y un cuerpo más que deseable a pesar de la edad que ya acumulaba..

El escritor bonaerense describe: “Mrs. Vanbruck empezaba a desprenderse las tiras que le sostenían el vestido en los hombros; nadie más lo notó, porque la norteamericana había retrocedido hacia la media luz que circundaba la claridad redonda de la gran lámpara, bajo la cual resplandecían las calvas, los gemelos, las sortijas, las pulidas uñas y las brasas de los cigarros de los señores. Mrs. Vanbruck deslizó con habilidad el forro de seda de Cheruit, descubriendo sus pechos, quirúrgicamente impecables. Lo vio Maggie y lanzó un grito. Volviéronse todas las cabezas, y los presentes comprobaron, atónitos, como ante una alucinación, que Mrs. Dolly continuaba bajando el vestido celeste, y que exhibía la mimada pulcritud de su vientre, de su ombligo, para terminar arqueando sobre la cabeza sus brazos de encaje negro (…). Y giró el cuerpo muy acariciado, aproximándolo a la lámpara (…). Mrs. Vanbruck medía los pausados ademanes, y revestía una vez más la obra maestra de cirujanos conspicuos que un minuto antes exhibiera, tornaba a cerrar los broches de diamantes que en los hombros sujetaban sus tirillas, se inclinó y, prolongada su figura por la breve cola celeste, se alejó como un ave majestuosa”. 

* Friné ante el Areópago, Jean-Léon Gérôme (1861).

Miércoles, 25 de Septiembre de 2013 11:37 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Estoy en la luna

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Cuando estuve en Úbeda por primera vez, tendría 13 o 14 años, con algunos amigos de la misma edad, referíamos humorísticamente a nuestras anfitrionas la expresión de andar ‘por los Cerros de Úbeda’. Ellas, niñas también de nuestra quinta, nos decían con sarcasmo que en su pueblo no había cerros. Durante mucho tiempo pensé que su inexistencia incidía en el dicho. Estar en los Cerros de Úbeda venía a ser como pensar en las musarañas o estar en Babia o estar en la inopia o estar en la luna o no esterarse de nada.

Inopia significa ‘Indigencia, pobreza, escasez’ y estar en ella, según el Diccionario de la Real Academia, sería ‘ignorar algo que otros conocen, no haberse enterado de ello’. Por similitud, estar en Babia es ‘estar distraído y como ajeno a aquello de que se trata’. Babia viene de ‘baba’ o de babieca, que es la ‘persona floja y boba’, o también puede provenir de una comarca montañosa de León, formada por los concejos de Babia de Arriba y Babia de Abajo. Así, estar en Babia, es vivir en el país de los ‘tontos’ o, según Gregorio Doval (Del hecho al dicho, 1995) puede referirse a la evasión de los primeros reyes leoneses cuando se iban a dicha región a cazar y ausentarse a sabiendas de los problemas que les aquejaban.

Al tiempo me enteré de que, aunque no muy altos, en Úbeda sí hay Cerros. Están entre el río Guadalquivir y Gualdalómar. Hacen referencia, siguiendo nuevamente a Doval, a un antiguo alcalde (no especifica ni la fecha ni su nombre) que tenía una amante por tales Cerros. En un pleno municipal en que divagaba especialmente y se alejaba del asunto, un concejal con sorna le atajó diciendo que no se fuera por los Cerros de Úbeda.

Hay otras teorías, pero creo que me voy a quedar con esta picarona historieta para explicar cuando se dice alguna incongruencia o se divaga por el extrarradio del discurso principal, o sea, irse por las ramas o salirse por la tangente que en realidad significa ‘valerse de un subterfugio o evasiva para salir hábilmente de un apuro’ (DRAE).

En este punto, no seguiré divagando pues y hablaré de la luna, que es lo que pretendía. Estar en la luna es ‘estar fuera de la realidad, no darse cuenta de lo que está ocurriendo’.

Acabo de leer los Relatos verídicos de Luciano de Samosata (¿Otra vez, Jorge? Sí, otra vez) en los que se narra un fantástico viaje a la luna. Este autor griego (siglo II d. C.), según reconoce, estuvo influido por Antonio Diógenes (casi contemporáneo suyo).

Desde esta aventura, no tengo otra referencia de huída a la luna hasta el siglo XVII, donde el espadachín y poeta (o viceversa) Cyrano de Bergerac escribió Historia cómica de los Estados e imperios de la luna (1662). Conocemos a Cyrano por el drama del mismo título de Edmond Rostand y por películas de ficción.

La siguiente noticia, la más conocida de ascensión selenita, es de Julio Verne cuando escribe De la Tierra a la Luna, en 1865, llevada al cine en 1902 por Georges Méliès (la célebre luna con el cohete en el ojo) y en 1958 por Byron Haskin.

El primer alunizaje real de la historia lo pude ver el 20 de julio de 1969 en una pantalla de televisión en blanco y negro de la mano de mi abuelo subiendo de la playa hasta Granada por la Carretera de la Cabra. A mis siete años la nebulosa del recuerdo se vuelve irreal y romántica. No sólo veía en blanco y negro el monitor elevado, sino que recuerdo en tonos de gris toda la escena, el bosque que rodeaba el local con sus encinas y sus pinos, la estancia con su mostrador de madera y sus muebles añosos, los parroquianos con sus ropas de verano asistiendo absortos y escépticos a un logro sin precedentes cuando un Neil Armstrong ingrávido plantaba una bandera made in USA en la cara visible del astro. Quizá los únicos que alucinábamos en colores éramos mi abuelo y yo.

El padre de mi madre, entonces, apretándome la mano suavemente, con su cigarro consumido entre los labios, sin dejar de mirar el baile de los astronautas bicolores, me dijo: ‘eso es mentira’.

Lunes, 23 de Septiembre de 2013 11:06 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Chicote

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Conozco a más de un chicote. De apellido Chicote o de sobrenombre Chicote.

Chicote, o chicota, viene de chico, que coloquialmente es la persona de poca edad, pero robusta y bien formada.

Pero también puede provenir del francés chicot, que viene a ser el cabo o la punta de un cigarro puro ya fumado y, por extensión, el mismo puro.

Para los marineros, el chicote es el extremo, remate o punta de cuerda. Hay un nudo naviero que se conoce como vuelta de chicote, que no recuerdo muy bien cómo es (tendría que buscar en mis apuntes).

En algún lugar de Sudamérica, chicote es la trabilla o tira de tela que sujeta el cinturón y, por Vargas Llosa, en El sueño del celta, me entero de que también es un látigo o azote, “emblema de la colonización africana”, que denunció su héroe Roger Casement.

Los invasores en África iban colonizando, cuenta Mario, “quemando y saqueando aldeas, fusilando nativos, desollándoles las espaldas a sus cargadores con esos chicotes de jirones de piel de hipopótamo que habían dejado miles de cicatrices en los cuerpos de ébano de toda la geografía africana”.

Más adelante, el novelista peruano-español, intenta explicar: “¿Quién inventó ese delicado, manejable y eficaz instrumento para azuzar, asustar y castigar la indolencia, la torpeza o la estupidez de esos bípedos color ébano que nunca acababan de hacer las cosas como los colonos esperaban de ellos, fuera el trabajo en el campo, la entrega de la mandioca (kwango), la carne de antílope o de cerdo salvaje y demás alimentos asignados a cada aldea o familia, o fueran los impuestos para sufragar las obras públicas que construía el Gobierno? Se decía que el inventor había sido un capitán de la Forcé Publique llamado monsieur Chicot, un belga de la primera oleada, hombre a todas luces práctico e imaginativo, dotado de un agudo poder de observación, pues advirtió antes que nadie que de la durísima piel del hipopótamo podía fabricarse un látigo más resistente y dañino que los de las tripas de equinos y felinos, una cuerda sarmentosa capaz de producir más ardor, sangre, cicatrices y dolor que cualquier otro azote y, al mismo tiempo, ligero y funcional, pues, engarzado en un pequeño mango de madera, capataces, cuarteleros, guardias, carceleros, jefes de grupo, lo podían enrollar en su cintura o colgarlo del hombro, casi sin darse cuenta que lo llevaban encima por lo poco que pesaba. Su sola presencia entre los miembros de la Fuerza Pública tenía un efecto intimidatorio: se agrandaban los ojos de los negros, las negras y los negritos cuando lo reconocían, las pupilas blancas de sus caras retintas o azuladas brillaban asustadas imaginando que, ante cualquier error, traspié o falta, el chicote rasgaría el aire con su inconfundible silbido y caería sobre sus piernas, nalgas y espaldas, haciéndolos chillar”.

Jueves, 19 de Septiembre de 2013 18:49 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Contra el deporte

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Ayer, en el facebook, encontré una cita falaz por lo demagógica que podía llegar a ser. Venía a decir que si entendías esa frase era porque un maestro te había enseñado a leer y no un futbolista. No hay que tener muchas luces para saber que tal enunciado es un sofisma placentero para culturetas y sesudos antideportistas. Tampoco es difícil entender lo que exageradamente se quiere decir.

Es miel, como digo, para los que renegamos de alguna forma del deporte de masas, del monopolio del fútbol, del dinero interno y externo que maneja, del tráfico consentido de personas, de la deshumanización incontrolada, del circo sin pan de nuestros días.

Siempre he pensado que entender de fútbol es un poco de derechas, que en mi imaginario viene a decir una mente estrecha y un abecé limitado. Quizá admiré a los deportistas, pero su trascendencia me cohíbe. Nunca me verán desfilar entre las filas de sus practicantes y mucho menos de sus seguidores.

Declaraciones estas, políticamente incorrectas, que hasta para los íntimos había que confesarlas con reservas. (Sin embargo, algún deporte he practicado, como el montañismo, o he jugado, como todo hijo de vecino, en peloteos de todo tipo con los chicuelos de mi escuela.)

Fue un 19 de febrero de 2011, cuando acudí a los Encuentros en la Biblioteca, que dirigía tan sabiamente Juan Carlos Friebe, para conocer y escuchar a la narradora Herminia Luque, cuando leyó unas palabras contra el deporte, tranquilizándome de que yo no era el único que nadaba a contracorriente.

En uno de sus escritos, llamado No sport, la escritora granadina, afincada en Málaga, decía: “El deporte no permite, más que de una forma excesivamente tosca, la expresión de la personalidad. Los deportistas no son más que figurantes de la sociedad del espectáculo. Imágenes en movimiento, emotivas como mucho, nunca denotativas. En absoluto capaces de expresar lo propio, lo característico del sujeto (si lo hubiere) y no sólo lo tópico, lo representado según lo conveniente y lo esperable en la ficción deportiva que corresponda”.

Y termina diciendo: “La utilización económica y mediática, pública en suma, del deporte no es un hecho ajeno al mismo sino que es la instancia indecidible de un conjunto de actividades en sí mismas irrelevantes y carentes de significado”.

Antonio Machado, en Juan de Mairena, decía que “La gimnástica, como espectáculo, tiene entontecido a medio mundo, y acabará por entontecer al otro medio”. Y seguidamente, a pesar de que su protagonista era profesor de gimnasia, expone un texto Contra la educación física: “Para crear hábitos saludables, que nos acompañen toda la vida, no hay peor camino que el de la gimnasia y de los deportes, que son ejercicios mecanizados, en cierto sentido abstractos, desintegrados, tanto en la vida animal como en la ciudadana. Aún suponiendo que estos ejercicios sean saludables -y es mucho suponer-, nunca han de sernos de gran provecho, porque no es fácil que nos acompañen sino durante algunos años de nuestra efímera existencia”.

 “Se diría que Juan de Mairena –continúa Machado- había conocido a nuestro gran Miguel de Unamuno, tan antideportivo, como nosotros lo conocemos”.

Álvaro Cunqueiro, en Fábulas y leyendas de la mar, en el artículo La natación y adivinanzas incide diciendo: “Servidor, como lector del padre Feijóo, creía que natación e inteligencia andaban más bien reñidas (…). La capacidad de bucear durante un largo rato parece ir acompañada de un cierto grado de cretinismo. Yo he conocido en mi vecino mar de Fox a un buceador, realmente sorprendente, que era un robusto idiota”.

En Colombia, otro Álvaro, Álvaro Mutis, nos habla de La miseria del deporte: “El deporte es una actividad humillada y miseranda, El deportista nada arriesga, cultiva sus músculos y adiestra sus reflejos para exhibirse ante una multitud enclenque, de ideas usadas y agrias. El público hace del atleta su ídolo, le atribuye virtudes que quisiera poseer, y, detrás de la opulenta trabazón de músculos, supone atributos heroicos que no existen, aún más, que el atleta niega. Es éste un eunuco que la multitud cubre con deseos imposibles y antiguos, ya perdidos hace tiempo. De allí que el deporte, como la prostitución y el alcohol, se convierta en una pingüe industria en manos de mercaderes inescrupulosos. Mercaderes de atletas”.

Por último, mi admirado Ambrose Bierce, en su famoso diccionario, en la entrada ‘Alba’ nos define: “Momento en que los hombres razonables se van a la cama. Algunos ancianos prefieren levantarse a esa hora, darse una ducha fría, realizar una larga caminata con el estómago vacío y mortificar su carne de otros modos parecidos. Después orgullosamente atribuyen a esas prácticas su robusta salud y su longevidad; cuando lo cierto es que son viejos y vigorosos no a causa de sus costumbres sino a pesar de ellas. Si las personas robustas son las únicas que siguen esta norma es porque las demás murieron al ensayarla”.

Pawel Kuczynski es un ilustrador polaco.

Martes, 17 de Septiembre de 2013 11:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 11 comentarios.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (y 3)

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Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas,
Cada momento y todo lo que ocurre me llena de alegría,
No sé cómo se doblan mis tobillos, ni la causa del más leve de mis deseos,
Ni de la amistad que suscito, ni de las amistades que me devuelven.

Fue el máximo cantor del yo, del cuerpo humano, del sexo, de la fraternidad universal, de la igualdad democrática.

Walt Whitman fue poeta de la libertad y la homosexualidad. Fetiche de los gays de su tiempo y del venidero, como en Grecia lo fue Kavafis, en Francia Rimbaud o, posteriormente, en España García Lorca. Su libro «Calamus» está dedicado casi íntegramente a este tema. Leamos, por ejemplo «A un desconocido».

Se llama a sí mismo "el poeta del Cuerpo, el poeta del Alma", queriendo decir que le canta a lo opuesto pero complementario, al ying y al yang, canta a la tierra y sus antípodas, al mar, a la noche tierna... Esto lo contemplamos en el poema 21 de «Canto a mí mismo»:

Soy el poeta del Cuerpo y Soy el poeta del Alma,
Los goces del cielo están conmigo y los tormentos del infierno están conmigo,
Los primeros los injerto y los multiplico en mi ser, los últimos los traduzco a un nuevo idioma.

Soy el poeta de la mujer no menos que el poeta del hombre,
Y digo que es tan grande ser mujer como ser hombre,
Y digo que nada es mayor que ser la madre de hombres.

Entono el canto de la exaltación o de la soberbia,
Ya estamos hartos de palabras y zalamerías,
Muestro que el tamaño no es más que el crecimiento.

¿Has dejado atrás a los otros? ¿Eres el Presidente?
Es una bagatela, cada uno de los otros te alcanzará y seguirá adelante.

Soy el que camina con la tierna y creciente noche,
llamo a la tierra y al mar que abraza la noche.
Abrázame, noche de senos desnudos, abrázame, noche magnética y fecunda,
Noche de los vientos del sur, noche de las estrellas grandes y escasas,
Noche serena que me llama, loca y serena noche de estío.

¡Sonríe, tierra voluptuosa de fresco aliento,
Tierra de los árboles dormidos y húmedos,
Tierra del sol que ya se ha ido, tierra de las montañas de cumbre nebulosa,
Tierra del cristalino fluir de la luna llena, apenas tocada de azul,
Tierra del brillo y de la sombra machacando la corriente del río,
Tierra del gris límpido de las nubes que resplandecen y se aclaran para que yo las vea,
Tierra yacente y extendida, rica tierra de azahares!
Sonríe, porque llega tu amante.

Pródiga me has dado tu amor, te doy pues mi amor,
Mi apasionado amor indecible.

¡Mar!, a ti me abandono también, adivino lo que  quieres decirme,
Miro desde la playa tus encorvados dedos que me invitan,
Creo que no quieres volver sin haberme tocado,
Salgamos juntos de paseo, me desnudo, perdamos de vista la tierra,
Acúname con suavidad, méceme en tu sueño ondulante,
Salpícame de amorosa humedad, yo puedo retribuirte.

Mar que henchido te embraveces,
Mar que respiras, hondo y revuelto,
Mar en que está la sal de la vida, mar de cerradas sepulturas aún no cavadas,
Rugiente mar que engendras tempestades, mar delicado y caprichoso,
Soy universal como tú, soy también de una faz y de muchas faces.

Participo de flujos y de reflujos, exalto reconciliaciones y odios,
Exalto a los amantes y a los que duermen abrazados.

Soy el que testimonia simpatía,
(¿Haré la lista de las cosas que hay en la casa y omitiré la casa que las contiene?).

Henry Miller decía de él que no tenía pelos en la lengua y llamaba a los "ángeles ángeles y al estiércol estiércol".  Pero sobre todo bohemio. Condujo el tranvía de Nueva York durante un año en lugar de un amigo suyo enfermo para que no perdiera su empleo; durante este periodo le entregaba mensualmente el sueldo («A ti» pg. 25/T2). Estereotipo de bohemio. Según un frenólogo de Manhattan, "este hombre tiene una gran constitución física (...). Sin duda desciende de la más fuerte y sólida estirpe. Cabeza de gran tamaño. Sus principales características: amistad, compasión, sublimidad y autoestima". Borges nos recuerda: "cuentan que Walt Whitman tenía una sorprendente estructura animal, buena y erguida cabeza; era huesudo, de paso atlético,  costumbres frugales y comprometido con las más altas aspiraciones humanas; se decía de él que era un ciudadano ejemplar". Lorca lo describe de este modo en su «Oda a Walt Whitman» en "Poeta en Nueva York".

Henry Miller, en Trópico de Cáncer, cuenta del profeta de Long Island: "... esa figura única y solitaria que América ha producido en su breve vida. En Whitman cobra vida todo el escenario americano, su pasado y su futuro, su nacimiento y su muerte. Todo lo que hay de valor en América, Whitman lo ha expresado, y no hay nada más que decir. El futuro es de la máquina, los robots. Fue el poeta del Cuerpo y del Alma, Whitman. El primer poeta y el último. Es casi indescifrable hoy, un monumento cubierto de jeroglíficos primitivos para los que no hay explicación. Parece casi extraño mencionar su nombre aquí [París]. No hay equivalente en las lenguas de Europa del espíritu que él inmortalizó. Europa está saturada de arte y su suelo está lleno de huesos muertos y sus museos rebosan de tesoros saqueados, pero lo que Europa no ha tenido nunca es un espíritu libre, sano, lo que podríamos llamar un HOMBRE."

Domingo, 15 de Septiembre de 2013 13:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Caducidad del matrimonio

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En un post antiguo comenté que había una diputada alemana que propuso que el matrimonio durara siete años, que fuese un contrato por tiempo definido y que al mediar ese tiempo, los contratantes o contrayentes, renovaran dicha relación contractual o disolvieran ese vínculo como ya caduco.

Qué decir tiene que toda Alemania, toda Europa y, por extensión, todo el mundo, sobre todo entre los sectores más conservadores, se le echaron encima y la tacharon de excéntrica o de algo más fuerte, incidiendo en su locura.

Visto así, igual de orate era Víctor Hugo, cuando en la Corte de los Milagros, de la que trata en Nuestra Señora de París (1831), argumenta un modelo de matrimonio, sellado con la ruptura de un búcaro de barro, que dura precisamente cuatro años, después de los cuales, si te he visto no me acuerdo (Javier Egea completaría la frase diciendo: “si te desvisto no me olvido”).

Creo recordar otra versión de esta suerte de ritual donde el casamiento dura tantos años como pedazos se fragmenta el cántaro al caer al suelo. Si por azar no se rompiera, me figuro, el matrimonio no se consolidaba (no confundir con ‘consumaba’).

Ni en un caso ni en el otro se habla de sus posibles frutos. Es decir, de los hijos de esa unión. Tema que hay que considerar ante todo. Aunque con las separaciones y los divorcios estamos en las mismas y la solución radica querámoslo o no en la práctica del día a día (cada casa sin embargo, es un mundo).

A este respecto, me viene a la memoria la idea de la familia nayar, que se estudia en antropología y en sociología, donde los niños pertenecen a la comunidad o al Estado. Se ve en algunas tribus orientales, en algunos regímenes comunistas o en las comunas de los hippies. También, lo podemos ver en algunas películas, entre los espartanos de la antigua Grecia, los hijos pertenecían a la madre hasta los siete años. Después pasaban a depender de la estructura del pueblo entero

Huxley en uno de los prólogos a Un mundo feliz comentaba que “dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un periodo de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez”.

Martes, 10 de Septiembre de 2013 11:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El samurai

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Las cosas no son como son, sino como se recuerdan.

No me preguntéis cómo tengo una catana y cómo le hablé a mi hijo de ella, prometiendo que un día…

La semana pasada fui a casa de su madre a recoger unos libros (siempre muchos menos de los deseados) y me acordé de la espada japonesa.

Era una catana simple, con vaina de madera y bien afilada en su momento. Quiero pensar que es la misma arma que usara Yukio Mishima para ritualmente quitarse la vida.

En un principio me defraudó el mejor autor nipón contemporáneo, hasta que apareció Murakami, pues creía que se había suicidado por amor, y fue por razones políticas. Ahora, mi simpatía le ha sido devuelta, pues su acto más que político fue social.

El autor de Confesiones de una máscara, con el dinero que le proporcionaban sus obras, reunió un ejército de 70 hombres, “todos ellos devotos observadores de las leyes del bushidoo”, recordará Mutis, y con ellos tomó el despacho del jefe de Estado Mayor. Allí, delante del titular, se hizo el harakiri, “se abrió el vientre de acuerdo con reglas varias veces seculares”.

Protestaba por un mundo totalmente deshumanizado e incomprensible, falto de valores, capitalista y acomodado hasta el extremo.

Tardó, en Nieve de primavera, bastantes líneas en describir cómo un pañuelo de seda caía al suelo, y tardó poco en clavarse la catana, mientras uno de sus incondicionales ritualmente le cortaba la cabeza, y a éste otro, y a éste otro más hasta que llegaron las autoridades con la ley bajo el brazo y algunas fregonas para empapar la sangre.

Buscando algo de Cela recordé mi filosa arma blanca. La cogí de su supuesto ‘escondite’ y se la enseñé a Juan. Estaba enmohecida por la humedad y oxidada su hoja. Pedí un tapo y productos adecuados y la limpie bien limpia por fuera.

Pero fue desenvainarla y raspar su plata, que dos labios de sangre amanecieron en mi pulgar por encima de la uña. Se olvidó la catana entonces, volviendo a su rincón de orín y olvido, y mi herida pasó a primer plano. Con papel secante corté la hemorragia y al día siguiente fui a que me pincharan.

Sólo me hizo falta un recordatorio del tétanos, pues hubo época que me vacunaba casi anualmente. La enfermera, que no me hizo ni daño, me dijo que me duraría hasta los cincuenta. Le dije que en ese caso me pusiera otra, pues los cincuenta ya los había pasado. Entonces me concedió graciosamente diez años más.

* Yukio Mishima en la foto caracterizado de samurai.

Viernes, 06 de Septiembre de 2013 10:15 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Incitatus

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Basta hacer alusión a algo para que su interés colme mi pensamiento. Como decíamos ayer, el caballo de Calígula se llamaba Incitatus (‘Impetuoso’ en latín). Tuvo otro corcel, conocido por Velocissimus, pero no alcanzó la importancia que octuvo el trotón de origen hispano (Roma importaba cada año de Hispania alrededor de 10.000 caballos).

Calígula se jactaba de haber hecho construir para su caballo una cuadra de diente de elefante. Quizá una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil, que más tarde fue una casa-palacio con servidores y mobiliario de lujo para que recibiese a las personas que le mandaba como invitados y no eran pocas las veces que el emperador comía y dormía junto al caballo. También, según Joann Xifilinus (1551), convidaba a comer a su mesa a su otro caballo, Velocissimus, “y le hacía ministrar vino en vasos de oro”.

Los días de las carreras, en las que siempre salía vencedor, aunque no ganara, para que nada ni nadie turbase el descanso del equino, desde la víspera era decretado el “silencio general” de toda la ciudad bajo pena de muerte a quien no lo respetase.

Con todo y con eso, Incitatus, por una vez en la vida, perdió una carrera. Calígula mandó matar al auriga, diciéndole al verdugo: “Mátalo lentamente para que se sienta morir”.

Incitatus dormía a pata suelta, con mantas de color púrpura (el tinte más caro de la antigüedad, reservado a la familia imperial y la nobleza) y llevaba collares de piedras preciosas.

Calígula llegó a otorgarle a su caballo el título de cónsul y corregente de Roma y como tal era dignificado.

Claudio, sucesor de Calígula, aunque destituyo a Incitatus de todos sus cargos, ordenó que siguiera siendo tratado a cuerpo de rey en su establo de marfil, aunque se acabaron las invitaciones a compartir mesa.

Miércoles, 04 de Septiembre de 2013 17:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El caballo del Rey Arturo

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Después de comer quisimos ver una película. Hurgamos entre los vídeos que había en la casa y, entre lo conocido (que a veces vale más que lo por conocer), escogimos una del rey Arturo, propicia para ver con niños.

Cuando veo un film de este tipo suele llenárseme la cabeza de lecturas, de palabras y de mitos y, de vez en vez, hacer un comentario, soltar una explicación o una exclamación de asombro, de incredulidad o de satisfacción.

En esas estamos, cuando alguien me preguntó cómo se llamaba el caballo del rey Arturo. Rebusqué en el ajado disco duro de mi mente y en los anaqueles empolvados de antiguas lecturas que descansan en mi cabeza.

Sabía que la mayoría de las pertenencias de este rey legendario habían conseguido un nombre, como la lanza ‘Ron’, su casco ‘Goosewhite’ o su escudo ‘Pridwen’, que representaba a la Virgen María.

También conocía de memoria el nombre de algunos caballos, tanto hagiográficos como reales.

Del primero que me acordé fue de Incitatus, el caballo de Calígula, al que nombró cónsul y mandó construir para él una caballeriza de mármol y un pesebre de marfil.

También recordé, cómo no, a Rocinante, del Quijote, un corcel flaco, al que tardó cuatro días en darle el nombre y del que proviene la palabra ‘rocín’ que, según la RAE, es el “caballo de mala traza, basto y de poca alzada”.

La manada en mi cabeza fue creciendo y frente a mis mientes avanzaron Babieca, del Cid campeador, que nunca más fue montado desde la muerte de su amo; Bucéfalo, de Alejandro Magno, con una estrella blanca en la frente con forma de cabeza de buey, donde proviene su nombre; Strategos, el caballo de Aníbal, que quiso ser un remedo del de su ídolo Alejandro de Macedonia.

Pensé también en el Caballo de Troya, caballo de madera que llevó en su vientre a Ulises y sus soldados para tomar la ciudad; Pegaso, el caballo alado de Zeus, que nació del chorro de sangre que brotó cuando Perseo cortó la cabeza de Medusa; Janto, el caballo de Aquiles, de pura sangre persa; o Genitor, el que llevó Julio César en sus campañas de la Galia e Hipania.

Rebuscando encontré a Marengo, el tordillo de raza árabe de Napoleón, que se exhibe (su esqueleto) en el National Army Museum de Sandhurt; a Othar, el caballo de Atila, que por donde pisaba no volvía a crecer hierba alguna; a Palomo, el caballo de Simón Bolivar, con su larga cola que llegaba hasta el suelo; al As de Oros, de Emiliano Zapata (sin referencias); y al caballo de Mahoma llamado Lazlos (‘caballo del desierto’), con el que hizo su primera peregrinación a La Meca.

Pensando en Mahoma, recordé que hace poco había leído un tratado árabe sobre el tema: Gala de caballeros, blasón de paladines, de Ibn Hudayl (Granada, siglo XIV) donde se dice que “el caballo lo creó Ala del viento. El caballo es riqueza. El árabe está tan obligado a cuidar de su montura como a dar limosna”.

Por último divisé algunos animales de cómic, como Tornado, el caballo de ‘El Zorro’, Silver, el del ‘Llanero Solitario’ o Jolly Jumper, el de ‘Lucky Luke’.

Pero de la montura del rey Arturo no lo he sabido hasta que lo he buscado. El primer caballero de la Mesa Redonda tuvo una yegua llamada Llamrei (o Llamrai) y otro caballo de nombre Engorren. La huella de sus pezuñas parece advertirse en bastantes piedras de la isla de Gran Bretaña.

* Fotograma de la película El rey Arturo, de Antoine Fuqua, 2004, con Clive Owen a la cabeza (en la foto).

Lunes, 02 de Septiembre de 2013 17:27 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (2)

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La obra de Whitman es eterna (Infinita como dice Borges); la hizo y la rehízo toda su vida: ocho ediciones de Hojas de hierba estando vivo, y una más después de su muerte (que supongo él no intervino.

La primera edición, de 800 ejemplares, fue retirada del mercado por inmoral, por sus escandalosos ’himnos homosexuales’. La segunda, lleva una carta de Emerson y es necesario tenerla en consideración.

Unió en su poesía la ciencia (que llamó ’Ciencia positiva’, la política (Democracia) y, por encima de todo, la religión. (La ciencia era imprescindible para depurar la religión, para desterrar todos los mitos y abusos de los temerarios.)

¡Viva la ciencia positiva! ¡Vivan las demostraciones precisas!
Traed uvas y cedro y ramas de lilas,
Éste es el lexicógrafo, éste es el químico, éste el que compuso una gramática de los antiguos jeroglíficos,
Estos navegantes hicieron que la nave atravesara mares desconocidos y peligrosos,
Éste es el geólogo, éste trabaja con el escalpelo y éste es un matemático.

Como político, fue el poeta de América, el cantor de la democracia, el testigo irrefutable de esa Nación ejemplar, del país de la libertad, que pasaba de su infancia a una madurez ejemplar durante el siglo XIX.

Es el patriota estadounidense por antonomasia. Pero no el limitado chovinista enamorado de su tierra y sus leyes, no el falso patrioterista que desprecia todo lo que no se asemeje a su país o sus gentes.

Alabó a la América del XIX como sociedad de naciones, como conjunto de personas independientes (pg. 30/T1 «A los Estados Unidos»).

Cantó la integridad de los ciudadanos comunes y la belleza en sus vidas cotidianas. Elogió al nuevo granjero colonizador y al nuevo obrero industrial urbano. Se amó él mismo y a los demás por medio de sí mismo.

Expuso su idea de democracia panhumana y pansexual. La denominaba "democracia atlética", de la gente corriente. Los proponía como individuos prototipos para la construcción de la "Unión": un experimento sin precedentes en materia de libertad humana.

Amó a los débiles, a los perseguidos, a los que sufren:

Vosotros, malvados, que comparecéis ante la justicia Vosotros, convictos, que estáis en celdas; vosotros, asesinos juzgados, que lleváis cadenas y ataduras de hierro
¿Quién soy yo, que no me encuentro, como vosotros, ante el juez o el encarcelado?
Soy despiadado y demoníaco como el que más. ¿Por qué no están mis muñecas y mis tobillos encadenados de hierro?

Y criticó a los dirigentes de oficina:

Vosotros, mentirosos a sueldo para mancillar al pueblo,
Anotad ahora:
Por las innumerables agonías, asesinatos, lascivias,
Por robar en los tribunales en sus múltiples formas despreciables,
Despojando de su sencillez los salarios del hombre pobre;
Por muchas de las promesas juradas por labios reales
Y rotas, y ridiculizadas en su ruptura;
Luego, en su poder, por todo esto,
No recibisteis un sólo golpe en venganza personal,
Ni se os manchó de sangre un sólo cabello:
El pueblo desdeñaba la ferocidad de los Reyes.

Pero la dulzura de la misericordia fue el fermento de una amarga destrucción
Y retornan los gobernantes atemorizados
Todos viven en el lujo, con su séquito,
Verdugo, sacerdote, y recaudador de contribuciones,
Soldado, jurista y sicofante;
Una horrible procesión de cigarras,
Y se pavonea de nuevo grandiosamente.

En cuanto a la religión, fue profeta, promulgó una nueva creencia: el amor a uno mismo. Como lo demuestra en todo el «Canto a mí mismo». Veamos el poema 24:

Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,
Turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo, engendrando,
Ni sentimental, ni sintiéndose superior a otros
hombres y mujeres, ni alejado de ellos,
No menos modesto que inmodesto.

¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas de los goznes!

El que degrada a otro me degrada,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve a mí al fin.

A través de mí surge la voluntad creadora, a través de mí, el torrente y el índice.

Digo el primordial santo y seña, hago el signo de la dedocracia,
¡Por Dios! No aceptaré nada que no sea ofrecido a los demás en iguales condiciones.

Muchas voces largo tiempo calladas brotan de mí,
Voces de las interminables generaciones de prisioneros y de esclavos,
Voces de los enfermos y de los inconsolables, de los ladrones y de los enanos,
Voces de ciclos de preparación y de crecimiento,
De los hilos que unen a las estrellas, y de los vientres, y de la simiente paterna,
Y del derecho de aquellos a quienes oprimen los otros,
De los deformes, triviales, simples, tontos y despreciados,
De neblina en el aire, de escarabajos arrastrando bolas de estiércol.

Brotan de mí voces prohibidas,
Voces del sexo y del apetito, voces veladas y yo aparto el velo,
Voces indecentes clarificadas y trasfiguradas por mí.

Yo me cubro la boca con la mano,
Me conservo tan puro en las entrañas como en la cabeza y en el corazón,
La cópula no es para mí más vergonzosa que la muerte.
Creo en la carne y en los apetitos,
Ver, oír, tocar, son milagros y cada parte de mí es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y santifico todo lo que toco y me toca,
El aroma de estas axilas es más fino que las plegarias,
Esta cabeza es más que las iglesias, las biblias y todos los credos.

Miércoles, 21 de Agosto de 2013 20:35 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La muerte enamorada

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Nunca he comprendido el amor a la muerte si no es por el odio a la vida, y eso tiene fácil solución. Aunque metafóricamente, que es como decir poéticamente, tiene un sentido paliativo. La muerte, el infierno incluso, es dolor breve comparado con la tristeza de la pérdida o del abandono. A veces, figuradamente, la vida atormentada se nos supone más acibarada que la muerte.

Cuando nuestra legión canta Soy el novio de la muerte, en cambio, están diciendo que no les importa morir por su bandera, por su patria, por un deber que no sé hasta que punto entienden y comparten.

El otro día, revisando libros, me topo con unas obras seleccionadas de Khalil Gibran. Repaso sus títulos y brujeleo al azar por las páginas de El loco, de El profeta, de Arena y espuma… y me detengo en Lázaro y su amada (1925). Lázaro encontró su amor en la muerte. El Paraíso es tan (así, sin comparación posible, como propone Cortázar), que no comprende haber sido arrebatado de sus brazos. Es un drama breve donde se ensalza el más allá como un anhelo, como amante enamorado (para el creyente, se supone).

De aquí los famosos versos de santa Teresa de Jesús: Vivo sin vivir en mí, / y tan alta vida espero, / que muero porque no muero. Porque sabemos lo que sabemos, y aún así, pues todo indica que la mística abulense atesoraba un ‘amor’ más mundano que todo eso, como el otro monje que, como loa al Altísimo, escribió aquello de Si tu me dices ven lo dejo todo, que hogaño se prefigura como un entrañable bolero de amor y renuncia (¿sinónimos?).

Para Miguel Hernández, en Elegía a Ramón Sijé (esos maravillosos tercetos encadenados), el enamorado no es el que muere sino la muerte caprichosa (y la apatía de una vida despegada): No perdono a la muerte enamorada, / no perdono a la vida desatenta, / no perdono a la tierra ni a la nada.

El amor, el dolor de amor, abre sus puertas en Tirante el Blanco, de Joanot Martorell, cuando exclama: ¡O muerte cruel! ¿Por qué a quien te quiere no quieres, e huyes a quien te desea?

La vida se paga con la muerte, escribe José Luis Sanpedro en La vieja sirena. O sea, la muerte llega, queramos o no. Nuestro ‘amor’ está asegurado. El suicidio es un atajo deseado. La muerte por accidente o voluntad (de otro, se supone) es también un camino recto. La dureza en gran parte es directamente proporcional a nuestra participación de la vida, regida por nuestra edad.

Los que mueren jóvenes son los amados de los dioses, dice una sentencia clásica. Bien mirado tiene la misma lectura que la muerte enamorada del poeta de Orihuela.

Cunqueiro propone una ideal oportunidad en unos versos de Abriendo las puertas. En este bello poema nos dice el soñador: La tierra que va a cubrirte, se detiene / porque quizá no terminaste de soñar.

Hay quien no teme a la muerte, como los legionarios, o incluso la anhelan, como los fanáticos en continua guerra santa. Epicuro, irremediable idealista, en Carta a Meneceo escribe: La muerte no es nada para nosotros… No importa ni a vivos ni a muertos, porque para aquellos no es, y estos ya no son. Antonio Machado retoma la idea (no sé si fijándose o remedando al maestro de Samos) y, en Juan de Mairena, lo explica diciendo que a la muerte no debemos temer porque mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos

Lunes, 19 de Agosto de 2013 10:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Walt Whitman, el profeta de Long Island (1)

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En el frutal año de 1992 y armado con un ramito de hierbabuena, impartí en La Tertulia, para quienes quisieron oírlo, y un grupito de incondicionales, unas palabras sobre el ’hermoso’ neoyorquino Walt Whitman.

Aún no había mediado el mes de octubre y, con más ganas que acierto, fui desgranando parte de sus versos.

’El profeta de Long Island’ rezaba el subtítulo y unas palabras del prólogo de la segunda edición de Hojas de hierba encabezaban a manera de cita dicho escrito: Camarada, esto no es un libro. / Quien lo toca, toca un hombre.

Los tópicos, no por ser tópicos dejan de ser verdad. ¡El mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta es leerlo!

El mismo Whitman escribía en Yo y lo mío: Exijo que no haya teoría o escuela fundadas sobre mi persona; / os exijo que dejéis todo libre, como yo he dejado todo libre.

Se negaba a que lo analizaran, a que lo estudiaran, a que lo endiosaran. (Flaco deseo, pues lo analizan, estudian y endiosan continuamente.)

Su poesía es gruesa y difícil, de versos largos y proféticos, poemas muy largos o excesivamente cortos llenos de preguntas sin respuesta (nos recuerda a Cavafis), como en ¡Oh, himen! ¡Oh, himeneo! (traducido por Borges):

¡Oh, himen! ¡Oh, himeneo! ¿Por qué me tantalizas así?
¿Por que me punzas un instante y me dejas?
¿Por qué no puedes proseguir? ¿Por qué cesas ahora?
¿Será porque si duraras un solo instante más me matarías?

Hay quien dice de sus versos que pueden formar un todo independiente, que cada uno de ellos tiene una fuerza y un sentido únicos.

Traducciones al castellano hay varias: León Felipe, Borges, Concha Zardoya, Pablo Mañé, José Valverde...

Influencias en Rubén Darío (bello como un patriarca sereno y santo), L.A. de Villena (poeta de la libertad, del versículo y de la homosexualidad viril), Lorca (viejo hermoso Walt Whitman), Borges (poeta de vastedades cósmicas u hombre plural e infinito)...

Comenzó a escribir en 1855, a los 37 años, seguro de lo que hacía. Y no que decidiera hacer poesía, sino que la Poesía en forma de musa inspiradora se apoderó de él. Fue una necesidad vital, no sólo para él sino para todo el pueblo de Norteamérica. Era un pueblo joven que ya contaba con Emerson como filósofo, con Melville como narrador, con Thoreau como insurgente y con Mark Twain como humorista. Le faltaba el poeta.

Él mismo se nos presenta en el primer poema de Canto de mí mismo:

Yo me celebro y yo me canto,
Y todo cuanto es mío también es tuyo,
Porque no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.

Indolente y ocioso convido a mi alma,
Me dejo estar y miro un tallo de hierba de verano.

Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire,
Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres,
Yo ahora, a los treinta y siete años de mi edad y con salud perfecta, comienzo,
Y espero no cesar hasta mi muerte.

Me aparto de las escuelas y de las sectas, las dejo atrás; me sirvieron, no las olvido;
Soy puerto para el bien y para el mal, hablo sin cuidarme de riesgos,
Naturaleza sin freno con elemental energía.

Jueves, 15 de Agosto de 2013 12:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El Marqués de Villena

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Los favores del demonio no se pagan solamente con el alma, con la sombra también es posible, ese otro yo que se evidencia con la luz.

En Salamanca existe una cueva donde dicen que Hércules impartió lecciones a sus discípulos. Esta labor docente, pasado el tiempo, la asumió Asmodeo (identificado con Samael, la serpiente que sedujo a Eva) o algún otro demonio, que, bajo la apariencia de sacristán, en oscuridad de la noche, daba clase de ciencias ocultas, adivinación, astrología y magia a siete alumnos universitarios, durante siete años. Terminada la carrera, se echaba a sorteo y uno de ellos quedaba en manos del Demonio.

Enrique de Aragón, tercer marqués de Villena (1384-1434), según se cuenta, deseoso de introducirse en las artes ocultas, fue uno de los estudiantes aventajados del Maligno. Después de quedarse en la cueva en pago por los servicios prestados, pues a él le tocó en suerte, consiguió escapar con vida aunque dejó en manos de Satanás su sombra, quedando así marcado de por vida como uno de sus adeptos.

Parece que, para librarse de esta servidumbre, el discípulo se metió en una gran tinaja de vino escapando cuando Asmodeo, creyéndolo huido, dejó abierta la puerta de la Cueva para ir a buscarlo. (Otras leyendas dicen que el Marqués de Villena llegó a un pacto por el que el recuperaba la libertad a cambio de ceder su sombra, o incluso su alma, al diablo.)

Cuenta Manuel Mujica Láinez en El laberinto que el Marqués de Villena “tenía sellada amistad con el Demonio. Se encerró en el palacio de Leví, con su marquesa, con su biblioteca, con sus manuscritos nefandos, arábigos y hebreos, y con cuanto brujo, nigromante, alquimista y astrólogo halló en la ciudad mágica [Toledo]. En aquel aislamiento peligroso, pues las paredes hedían a azufre, se consagró a la hechicería. Anhelaba fabricar un elixir que lo redujera a un tamaño mínimo, para que lo introdujesen en una botella, de la cual saldría vivo y completo al cabo de centurias”.

En otra parte leo que el origen de esta leyenda se encuentra en las clases de astrología, geomancia, hidromancia, piromancia, quiromancia y otras técnicas adivinatorias que, en esa época impartía el párroco en la sacristía de la iglesia. Se llamaba Clemente Potosí, y llegó a ser identificado con el diablo. Los alumnos que acudían a las clases no revelaban que era lo que aprendían y este hermetismo fomentó la leyenda.

Según la leyenda el número de alumnos era siempre siete (número con implicaciones místicas). Uno de los alumnos, por sorteo, debía pagar por todos las clases recibidas, aunque si no podía pagar debía permanecer encerrado en la cueva.

La reina Isabel, aterrada del culto que se le profesaba al diablo, ordenó tapiar el acceso a la Cueva, pero el Marqués continuó celebrando estos ritos de iniciación en una torre cercana conocida popularmente como Torre de Villena, a la que se accedía por las ruinas de una carbonería.

* Entrada a la Cueva de Salamanca.

Miércoles, 07 de Agosto de 2013 11:59 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Entrevista para “Hola, vecinos”

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En los años 80 (tendría yo veinti pocos) me entrevistaron en un programa de radio en Almanjáyar. Una emisora independiente que dedicaba uno de sus espacios a la poesía, llamado Hola, vecinos, dirigido por Pepe Gilabert y Antonio Megías, poetas al mismo tiempo. (Aunque también podría ser una revista o todo lo contrario, mi memoria se diluye. Podría ser otra emisora y otro programa y otro entrevistador…) El caso es que, entre mis archivos, ha aparecido este cuestionario:

PREGUNTA: Háblame sobre el comienzo de tu dedicación a la literatura.

RESPUESTA: Nunca fui un niño precoz y comencé a leer, a leer de verdad a los quince o dieciséis años. Se puede decir que pasé directamente de los comics de Spiderman y del Sargento Furia a la literatura existencial de Camus, Sartre o Kafka. En esa misma época comencé a escribir, garabatear frases en una pequeña agenda, que, si bien comenzaron siendo mutilaciones y desvirtuaciones de refranes y dichos populares (“No por mucho madrugar amanece más temprano, pero desayunas antes”, “Hoy te quiero más que ayer y mañana, ya veremos”...), acabaron en verdaderos relatos y poemas al modo de Gibran, Tagore o Gómez de la Serna. Este escribir fue fomentado por nuevas lecturas y consejos de los consagrados (Platón dijo algo como El hombre que lee, es incompleto si no escribe). Así, a los 18 años ya estaba haciendo verdaderos libritos encuadernados e ilustrados por mí mismo que reservaba a la crítica de un reducido grupo de amigos incondicionales (¿verdad Guillermo?). Actualmente, esos libritos, exceden de los 20 y son conocidos por mucha más gente, por algún recital o la radio. Me he presentado a algunos concursos, sin suerte y por ahora me encanta mi virginidad, el ser un escritor inédito hasta que no encuentre el momento y la forma oportunos.

P.: ¿Qué opinas sobre el momento actual de la poesía?

R.: Nunca ha habido un “momento actual de la poesía”, al igual que nunca hubo un momento actual de la prosa. Han aparecido corrientes, estilos o grupos por vínculos comunes o generaciones, por parentesco temporal, pero estos fueron reconocidos o designados a posteriori por académicos empeñados en encasillar el librepensamiento. Ahora se escribe poesía, como se ha escrito siempre, y se lee lo que siempre se ha leído. Los escribientes de poesía leen a poetas y los lectores poéticos escriben poemas. Es un círculo vicioso. La poesía es siempre marginal, quizá por su deseo de ser minimalista. Para concluir podemos decir como anunciaba en una poética José Luis Jover después de citar a cientos de poetas actuales publicados en los años 70: “... la verdad es que somos demasiados”.

P.: Granada como ciudad de cultura, ¿qué opinión te merece?

R.: Parece que fue en Granada donde se inventó el dicho de que “nadie es profeta en su tierra”. No sólo las letras sino también la pintura, el ballet, la música... ha sido necesario triunfar fuera para ser reconocido en esta ciudad. En vez de potenciar jóvenes noveles, “Granada ciudad de cultura” ofrece al pueblo un Festival Internacional de Música y Danza, un Festival Internacional de Teatro, un Festival Internacional de Jazz... y lo Local ¿dónde lo dejamos? Además estos actos son de elite, de una minoría pudiente económica y culturalmente, espectáculos para el pueblo pero sin el pueblo. La Ilma. Diputación publica un folleto mensual (que lo recibo cuando ya ha pasado medio mes) con una lista interminable de representaciones de todo tipo en diferentes puntos de la provincia y puedo constatar que todo lo anunciado no es cierto. Así que Granada cultural es como las migajas de pan de Garbancito que cuando deseas volver a casa, mirar atrás, cuando necesitas seguridad y apoyo, se las han comido los pájaros.

P.: ¿Crees que en Granada hay más poetas de los que caben?

R.: Si Jesús hubiera estado aquí, la multiplicación no sería solo de panes y peces sino también de poetas. En Granada no hay muchos poetas sino escribidores de versos y lo mismo que Suramérica “es una tierra negra que late”, en la que renace el germen de la revolución de su propio exterminio, como el ave fénix que renace de sus cenizas o el Dalai Lama que nace cuando muere el Dalai Lama; Granada es una tierra blancaverde que canta, Granada es poesía y sus hombres hacen poemas por la pena o la ventaja de ser ciegos.

P.: Háblame de tu poesía, forma, temática, motivaciones...

R.: El menos indicado para hablar de uno mismo es uno mismo, pero te puedo decir algo que te acerque a mi forma de hacer. En primer lugar te diré que para mí escribir es un deber para conmigo, es una necesidad impuesta desde el momento que supe que escribiendo puedo unir mis sentimientos con el mundo que me rodea, puedo soñar en voz alta, puedo volar... No sólo hago poemas sino de todo (caligramas, relatos, máximas, escenas teatrales...), según lo que me apetezca, para eso soy muy visceral, incluso poesía ahora mismo es a lo que menos me dedico, por eso al pedirme dos poemas, no más te entrego uno y alguna otra cosa.

La forma siempre ha sido libre, excesivamente libre, buscando el ritmo más que la rima, la sorpresa más que el estilo. Me motiva lo que veo, lo que leo, lo que escucho, lo que digo y pienso, todo. Me sorprendo a mí mismo. Incluida esta encuesta, que no podía imaginar como está desembocando (léase desbocando).

P.: Granada de noche, La Tertulia, Arcadia, Liberia. Háblame de tu parecer sobre el ambiente nocturno de la intelectualidad granadina.

R.: Aunque no se lleve, me considero diámbulo y la noche la considero apta para dormir o para amar. De todas formas me gusta el ambiente nocturno, aguanto bien el trasnochar y reconozco encantadoras, lúcidas y lucidas noches mágicas que no las cambiaría por el mejor de los días. En cuanto al ambiente nocturno de la intelectualidad, me parece demasiado enrevesado para opinar. Al hombre lobo le favorecía la luna llena y “las estrellas le dan gracias a la noche, porque encima de otro coche no pueden lucir tan bellas”, pero los artistas, intelectuales y demás fauna sensible cada vez son más urbanos y necesitan del neón y de estimulantes de todo tipo para crear, me recuerda al Dirty Realism norteamericano. Tampoco creo que se concentren en lugares como Liberia, Arcadia o La Tertulia, sino que todo tipo de local es apropiado, es apto para parir y conversar, vagabundean por toda Granada y toda la noche. Con luna y estrellas, el hombre de a pie se vuelve artista, filósofo o profeta.

P.: La amistad, los grupos. ¿Qué opinas de esto?

R.: Son imprescindibles para superarte, corregirte y autoexigirte. Aunque nunca he compartido los formalismos ni las agrupaciones de este tipo, estoy feliz de pertenecer a Grama, un grupo poético que en realidad no existe, que está pero no es.

Martes, 06 de Agosto de 2013 10:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Infidelidad

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Desde que me enteré que la infidelidad es hereditaria miro a mi padre con otra cara.

Después del crudo artículo de ayer dedicado a la bestial práctica del empalamiento, se imponía en este día escribir algo ligero o amoroso o humorístico. Descarto el poema por no encontrar verso que me seduzca en este momento. Desecho el cuento por no atinar a la redondez que me exijo. Descubro mis anotaciones y me doy cuenta que todas las frases de este artículo comienzan por la sílaba ‘des’.

Despierto, destemplado, descerrajado, descendiendo, descalificado, deshollinar, desemplumo, desbravado, descarriar, descarrilar (¡uy!), desear, desfondar, desairado, deshilachar, desgañitado, desidia, desternillar, desleír, desvaído, destino, déspota, despotricar, despilfarrar, despachurrar, despojar, despejar, despedir, descreer, desván, destellar, destartalado…

Desecho este juguete, que comenzó siendo del azar, y me detengo en la ‘i’. Me salto incesto (el último pecado) para futuras entradas y me instalo en infidelidad.

Sé infiel y no mires con quién es una película de Trueba, basada en una obra de teatro del mismo nombre, que no recuerdo haber visto pero su título viene pintado para este post.

Hablar de infidelidad es hablar de celos. Siempre he considerado los celos una tara equiparable a la envidia o el egoísmo. A veces los celos están en la cabeza del celoso. Isak Dinesen, en Cena en Elsinore (Siete cuentos góticos), dice: "Al hablar de Eva y del Paraíso, todos los hombres están todavía celosos de la serpiente". Los celos son los fantasmas en los que uno cree por miedo a peder su acomodadizo statu quo.

La infidelidad es una lacra en la cabeza de las personas temerosas. Cuanto más grande sea la conciencia del pecado, así más grande será la infidelidad soportada (o infligida).

Cela escribe “La castidad enmohece” y Oscar Wilde, que no para de hablar del amor en todas sus facetas (y esta es una de ellas) decía que “Los que son fieles conocen nada más que el lado trivial del amor: el infiel es el que conoce las tragedias del amor”.

Uno no es infiel si no se considera infiel. “Lo bueno de comerte un bocadillo de jamón en Marruecos, escribía yo en un viaje al país alauita, es que nadie te pide”. Aunque hay musulmanes que lo comen. Como mi amigo Duharris, que recita la prohibición de comerse el marrano de pezuñas hacia arriba. Pero aquí en España, concluye, colgamos al cerdo cabeza abajo.

El Corán observa dos excepciones respecto a la comida tabú. Puedes comer cerdo si no sabes que estás comiendo cerdo o tienes apremiante necesidad de llevarte algo a la boca. Con la fidelidad o la infidelidad puede que pase lo mismo.

Oscar Wilde, en otro de sus escritos, reflexiona: “Los jóvenes quisieran ser fieles, y no pueden, los viejos quisieran ser infieles, y tampoco pueden”. Quizá la infidelidad sea ley de pensamiento, de palabra o acto, incluso de omisión como el pecado.

La Maga, en Rayuela de Cortázar, le pregunta a Oliveira: “¿Por qué te acostaste con Pola?”, y Horacio, “sentándose en el riel al borde del agua”, responde: “Una cuestión de perfumes. Me pareció que olía a cantar de los cantares, a cinamomo, a mirra, esas cosas. Era cierto, además”. Y Groucho Marx confiesa: “¿Qué por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú”.

Jueves, 01 de Agosto de 2013 18:15 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Empalamiento

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Quiero advertir antes de empezar, nunca ha pasado, que por la crudeza del texto que a continuación refiero, se abstengan de leerlo personas sensibles, empáticas o propensas a las lágrimas por el sufrir ajeno. Si el hombre se aleja rotundamente de los otros seres animados es por su capacidad de infligir daño gratuito a sus semejantes, desproporcionando la pena al delito, a no ser que el delito se pague con el ‘deleite’ de ser contemplado mientras se entrega el alma.

Leo en los Diálogos de Pietro de Aretino: Y clavándose encima, se agitaban como reos en los palos turdescos. Cita que viene acompañada con su llamada a pie de página, donde el traductor Joaquín López Barbadillo ofrece extensa explicación, en un facsímil de su edición de 1914, en la que expresa que “pocos suplicios pueden concebirse que igualen en horror a éste de la pena del palo. Tiéndese a la víctima en el suelo boca abajo y, para que no pueda valerse y resistir, se la aprisiona adaptándole al tronco la albarda de un burro. Luego, a golpes de mazo, le va el verdugo metiendo lentamente por el ano un palo que tiene la punta embotada, de modo que comprima y separe los órganos sin desgarrarlos; cuando ya ha entrado en el cuerpo cosa de media vara, se alza la roma lanza de madera, y se clava en tierra”.

“Así queda el reo, prosigue Barbadillo, abandonado en el campo, bajo el sol. Su propio peso le va ahondando la fuerte vara en las entrañas, y al fin muere. Casos se han dado de resistir tres días un hombre el atroz sufrimiento, mientras el organismo, terriblemente sacudido por el dolor, se va espetando, espetando en la pértiga, hasta que al cabo le sale ella por la espalda o por el vientre o por lo alto del pecho”.

Me viene a la memoria, como no, Vlad Draculea o Vlad Tepes, conocido como ‘el Empalador’, príncipe de Valaquia (hoy, sur de Rumanía), en el que se inspiró el irlandés Bram Stoker para escribir Drácula (1897). Se supone que Vlad III condenó de 40.000 a 100.000 personas, a veces tan sólo por el pecado de ser pobre o gitano, a morir por empalamiento o a través de otros métodos de tortura de semejante exquisitez (la amputación de miembros, nariz y orejas, la extracción de ojos con ganchos, el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales), durante los siete años que duró su reinado. De hecho, nos recuerda Stephen King en El umbral de la noche que, La novela (Drácula) también narra el empalamiento —la penetración ritual, se podría decir— de una joven y bella vampira, y el asesinato de un bebé y su madre. Puesto que la penetración de la estaca puede realizarse por un costado, por el recto, la boca o por la vagina, siendo a veces el empalamiento doble.

Su origen puede remontarse a la antigua Asiria. Aunque no se documenta hasta que el rey persa Darío I lo utilizara como método de ejecución entre los siglos VI y V antes de nuestra era. Así llegó a matar a 3.000 habitantes de Babilonia. Robert Graves, en El conde Belisario, cuenta que este emperador le preguntó a Aigan cuál era la muerte más ignominiosa que podía infligirse a un huno, y Aigan repuso «la muerte por empalamiento».  

Cervantes, se hace eco de esta práctica en la primera parte del Quijote (“cada día ahorcaba al suyo, empalaba a este, desorejaba a aquel”) y en Los Baños de Argel (“a empalar le sentenció”). 

El Diccionario de la Real Academia hace una gracieta comparativa, quizá fuera de tono. Define el verbo ‘empalar’ como "espetar a alguien en un palo como se espeta un ave en el asador".

Así que acudo al Diccionario del diablo de Ambrose Bierce, siempre más fiable en estas cuestiones, y nos dice largamente que "empalar es, propiamente, dar muerte introduciendo en el cuerpo de la víctima, que está sentada, una estaca recta y puntiaguda. Era una forma común de castigo en muchas naciones de la antigüedad, y sigue estando en boga en China y otras partes de Asia. Hasta comienzos del siglo XV fue extensamente empleada para catequizar a herejes y cismáticos. Wolecraft la llama el “banquillo del arrepentimiento”, y entre el vulgo se decía jocosamente que el empalado “cabalgaba el caballo de una sola pata”. Ludwig Salzmann nos informa que en el Tibet el empalamiento se considera el castigo más apropiado de los crímenes contra la religión; y aunque en China se usa a veces para penar delitos seculares, casi siempre se reserva para casos de sacrificio. Pero al que en la práctica sufre el empalamiento le importa poco establecer qué clase de disidencia, civil o religiosa, le vale semejante incomodidad; aunque indudablemente experimentaría cierta satisfacción si pudiera contemplarse transfigurado en gallo de veleta sobre la cúpula de la Verdadera Iglesia".

El psicoanalista argentino Ariel Arango, en Las malas palabras, virtudes de la obscenidad (2000), narra: “El caudillo araucano Caupolicán (s. XVI), que luchó bravamente contra los españoles a los que derrotó en varias batallas, al ser capturado fue condenado a la pena de empalamiento. La misma consistía, en espetar al prisionero en un palo. O dicho de otro modo, le atravesaban el cuerpo con un instrumento puntiagudo que... ¡le introducían por el culo!”.

Por último, recojo la noticia del investigador alemán Karlheinz Deschner, en Historia sexual del cristianismo: “La Constitutio Criminalis Carolina del devoto Carlos V —legislación penal que siguió vigente hasta el siglo XVIII, y en algunos estados alemanes ¡hasta 1871!— [dictaba]: «ítem, si una mujer mata con premeditación, nocturnidad y alevosía a un hijo suyo vivo y ya formado, generalmente será enterrada viva y empalada. No obstante, para evitar complicaciones en estos casos, dichas malhechoras pueden ser ahogadas cuando en el lugar del juicio la disponibilidad de agua lo haga posible. Mas si tales crímenes suceden a menudo, con el objeto de atemorizar a las tales malas mujeres, queremos autorizar el recurso al mencionado enterramiento y empalamiento, o que se desgarre a la malhechora con tenazas ardientes antes de ser ahogada, todo ello según el consejo de los expertos en derecho»”. Todo una delicia.

* He preferido escoger esta pequeña ilustración a contraluz para no zaherir más sensibilidades, pues algunas fotos son tan evidentes de esta cruel tortura que dan ganas de renunciar a la especie humana para los restos (sin siquiera hablar de política).

Miércoles, 31 de Julio de 2013 12:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Mosquitos

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Tengo una condición insolidaria que no me importa confesar y es que no me pican habitualmente los mosquitos hembras que dicen son las que pican sobre todo si hay alguien a mi lado a quien picar puede ser que mi sangre no le agrade puede que me corra más acre por las venas de la que a ellos gusta rellenar sus estómagos para dar pie a algunas fantasías futuristas si es que le gustase la sangre ‘dulce’ o de cualquier otra tipología puede quizá que tenga la piel dura y desistan de horadar un terruño que se les resiste prefiriendo en su caso a mi vecino de epidermis más transparente en cambio sí hurgan en los cueros de las bestias por comparación o deducción harto más recias que la mía aunque en mi defensa si acaso se puede considerar que a los cuadrúpedos se les adhieren a las mataduras sobre todo quiero pensar en fin que me pican como a todo cristiano pero que no suele empozoñárseme el arete de su tino ni hay espacio para la rojez ni para rascar la roncha aunque alguna vez sí he notado la hinchazón la moradura más extensa cuanto más le aplicaba las uñas o quizá la mordedura de una mosca con saña o el aguijón de una avispa que he corrido a untarlo con tierra y vinagre para cuando se secara el barrillo estar como nuevo o sea primero paz y después gloria como en mi comunión que toda la chiquillería corrimos a lapidar avisperos y todos se retiraron raudos cuando alguno acertó en la diana menos yo con mi traje de marinero recuerdo aún el calor de la tirantez de su tejido blancoyazul con su cruz dorada colgando de un cordón como de leontina en vez de un silbato de viejo lobo que llame a la niebla y hable con gaviotas estilizadas y parlanchinas y me picaron antes de decir amen y volví creo que no llorando pero prometiendo que en la próxima vida al menos en mi segunda comunión correría como el que más o en otra ocasión cuando a solas emprendía caminatas dominicales que me compré una sandía pequeña que pesaba como la más grande en el pueblo donde paró el autobús con mi moreno de sierra y mis vaqueros excesivamente cortos más pronto que tarde se me hincó una avispa a la que perdoné de inmediato como el de Asis y corrí a embarrarme el punto del brazo infecto y al rato nada pensando en mi inmunidad y en la flaca defensa del insecto rayado que si fuera una abeja habría dado su vida por nada como los suicidas cegados por la promesa de un paraíso incierto mucho más veneno en mis carnes no recuerdo aunque sí en mi corazón bastantes sin embargo en mi partenaire o en mis circunstantes como por ejemplo caminando el Cabo de Gata con ocho o diez y el anuncio de plaga de mosquitos del que tomamos precauciones con pomadas y repelentes varios que acribillaron a todos unos más que a otros menos a mí que vergonzosamente acabé ileso y comiendo erizos con precaución no más recordando algunas lecturas de Lampedusa o una escapada a las Cícladas donde descubrí en sus mares el color azul que creía conocerlo de siempre y me vino a la memoria todo el Homero y el Durrel de Corfú donde cuando con Henry Miller tomaban el sol desnudos en sus orillas

* Mar Egeo.

Martes, 30 de Julio de 2013 10:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Sobre la responsabilidad de los sueños

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Nunca me han interesado sobremanera los sueños, ese producto del subconsciente alimentado con nuestros más recientes fantasmas, aconteceres y circunstantes. Llama la atención, no obstante, y, supongo, que en el momento que tuve que elegir intereses, éste no fue señalado.

Reconozco, sin embargo que estoy en débito con los sueños. A veces me han dado argumentos para escribir o para fantasear. A veces he distinguido entre sus entretelas el amor perdido, la solución a mis problemas, la luz en la penumbra que me envuelve.

También podíamos hablar de uno de mis deportes favoritos que se concreta en soñar despierto, pero eso es otra historia.

Silvio Rodríguez cantaba en una famosa composición que soñaba con serpientes. Alguien dijo, o leí en no sé dónde, que soñar con reptiles es símbolo de homosexualidad. No supe qué pensar.

Hay quien le da gran importancia a este mundo onírico e incluso lo concibe como premonitorio. Hay muchos psicoanalistas, filósofos y pensadores en general que han escrito sobre la interpretación de los sueños. Pero, repito, su entendimiento escapa a mis inquietudes.

Sé, sabía desde hace tiempo, que los vuduistas se consideraban responsables de sus sueños, viviendo así ‘conscientemente’ las veinticuatro horas del día. Y en algún momento supe sobre la comunión de los sueños. Gemelos que sueñan lo mismo, destinos que se encuentran soñando, etcétera.

Pero lo más fuerte quizá sea la creencia en tiempos de Torquemada y compañía de la acusación por ‘delinquir’ en los sueños ajenos.

En el siglo XV y siguientes, como material inquisitorial, se usaba el Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), de Heinrich Institor y Jakob Sprenger, publicado en Alemania en 1486. este libro, además de dar un informe detallado de cómo se podían identificar, acusar, procesar, torturar, declarar culpables y sentenciar a las brujas, nos advertía de que “¡sois responsables de lo que hacéis en los sueños de otros!”.

Cuenta Marvin Harris, en Vacas, cerdos, guerras y brujas, que por esta ‘responsabilidad’ tuvieron que morir 500.000 personas: “por crímenes cometidos en los sueños de otras personas”. Lo que le da pie para arremeter contra los alienados defensores de la contracultura:

“Sostengo, concluye Harris, que es totalmente imposible subvertir el conocimiento objetivo sin subvertir la base de los juicios morales. Si no podemos saber con certeza razonable quién hizo qué cosa, cuándo y dónde, no podemos esperar proporcionar una descripción moral de nosotros mismos. Si no somos capaces de distinguir entre el criminal y la víctima, el rico y el pobre, el explotador y el explotado debemos defender la suspensión total de los juicios morales, o adoptar la posición inquisitorial y considerar responsable a la gente de lo que hace en los sueños de los demás”.

El sueño de la razón produce monstruos, grabado de la serie Los Caprichos de Goya.

Sábado, 20 de Julio de 2013 09:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Diabolus est Deus

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Dios es amor, pero en la espalda guarda un látigo. Dios es permisivo y benevolente, pero también es justiciero y cruel. Es nuestro padre bondadoso. Es nuestro padre severo.

Todo cabe en su persona. Es el bien y es el mal (quizá más allá de los conceptos). Brilla en el paraíso y desborda las tinieblas con su sombra, que, como la del ciprés, es alargada.

Dios es inteligente en su unicidad, que astutamente se torna en multitud.

Dios es géminis. Tiene dos caras como la luna. Nos mira con su luz, pero se precipita con el ángel caído con su faz de negrura.

Dios necesita nuestra bondad, pero necesita también nuestro pecado, pues necesita a su vez perdonar, al igual que sonreírnos con promesas y albricias. Bataille decía que es blasfemando como el hombre se convierte en Dios. ¿Dios somos todos? ¿Dios está en nuestro interior como está el diablo? ¿O el demonio es Dios?

En Los monederos falsos, André Gide escribía: “El diablo y Dios son uno solo; se entienden. Nos empeñamos en creer que todo lo malo que hay en la Tierra viene del diablo; pero es porque, de otra forma, jamás encontraríamos en nosotros mismos la fuerza necesaria para perdonar a Dios. Se divierte con nosotros como un gato con el ratón que atormenta... Y, encima, nos exige que le estemos agradecidos”.

Y Saramago, en Caín, explica que “Lo más seguro es que Satán no sea nada más que un instrumento del señor, el encargado de llevar a cabo los trabajos sucios que dios no puede firmar con su nombre”.

Ya hablé en otro momento del infierno. Creo que apuntaba la frase de Georges Bataille entresacada del prefacio a Madame Edwarda a este respecto: “El infierno es la idea amortiguada que Dios nos da involuntariamente de sí mismo”.

O quizá no sea más que lo que pensaba Salvador Dalí: “No sabes que no existe el diablo, es dios cuando está borracho”.

Martes, 16 de Julio de 2013 12:48 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Tranca, la tranca

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Dice la cancioncilla popular: Tranca, la tranca rompió un jarro; / tranca, la tranca lo rompió; / adivina quién te dio / y quién te pegó. Es un juego infantil del año de Maricastaña que consiste en que uno se la queda y amaga en las rodillas de la madre (director del juego), con los ojos ciegos, y los demás niños se sientan enfrente de ellos(1).

Previamente se ha puesto cada uno un nombre secreto de fruta, de color, de animal o de lo que toque. Al final de la estrofa, que cantan todos juntos, la madre designa uno de estos nombres y sigiloso el aludido se levanta para darle un cachete al arrodillado en las haldas, que, dándose la vuelta debe adivinar quién le dio y quién le pegó, mientras los demás miembros del juego, girando el índice levantado, pueden ir cantando: lío, lío / que yo no he sido. Si acierta, el señalado ocupa su puesto; si no, se vuelve a quedar.

El otro día salió a colación este entretenimiento pueril. Recordé a Juan que de pequeño jugaba yo con él, con la salvedad de que yo hacía de madre y demás jugadores, mientras él siempre amagaba.

En vez de nombres de hortalizas o razas de perro, rememoraba con cierta comicidad, ponía nombres de guerreros de la antigüedad o de estrellas. Decía, por ejemplo: qué venga jenízaro, o mirmidón, o lacedemonio… o, por otra parte: Betelgeuse, o Aldebarán.

Lamentablemente mi hijo no recordaba nada de eso.

(1) Ya, en el siglo XIX, Guy de Maupassant habla de este juego de niños. Lo menciona en el cuento Chali, incluido en Les soeurs Rondoli (1884): “Nos lo pasábamos en grande jugando al escondite, al pilladilla y al adivina quién te dio…”.

Lunes, 08 de Julio de 2013 11:44 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El abrelatas

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Por las tardes, para atravesar las horas de más calor, mi hijo y yo buscamos una película online y la vemos cómplices en nuestra pantalla de mediano formato. No tenemos preferencia, aunque nuestros intereses se decantan por la historia y el mito o directamente por el humor en sus múltiples épocas y facetas.

El otro día estuvimos viendo Amor en conserva (1949), de los Hermanos Marx, con una jovencísima Marilyn Monroe, que no parece ni ella, luciendo piernas y talento. Una apuesta segura, aunque los números musicales nos aburren un poco. Somos incondicionales de Groucho y las payasadas de Harpo tienen su punto, para mí asaz trasnochado.

No es mi intención desvelar la trama u opinar de la película y su desarrollo; ni siquiera mostrar nuestra interacción con ella o sus diferentes gags. Tan sólo comentaré que todo el filme gira en torno a una lata de sardinas, marcada con la cruz de malta, que contiene un collar de diamantes.

Son varias las conservas de pescado las que se abren en directo. Pero (y aquí radica lo extraordinario) no se destapan con la actual anilla de abrefácil y tampoco con los abrelatas conocidos, por muy primitivos que sean. Nos remontamos posiblemente al primer abridor de la historia que consiste el una llave de alambre rígido con una ranura en medio de su fuste que se introduce en una pestañita de un lateral de la lata, preparado para el efecto, y, dando vueltas sobre sí, dicha tapa se va enrollando destapando consecuentemente el producto. (Creo que se entiende el mecanismo y, los mayores reconocerán conmigo haberlo usado.)

Durante mucho tiempo, entre mis objetos guardados, atesoraba yo una llavecita de este tipo. No con una actitud melancólica o de coleccionista, sino porque alguien, que conocí cuando niño y no recuerdo, tenía una aplanada en los raíles del tranvía y la empleaba como fiel ganzúa para abrir cualquier tipo de cerradura. Mi intención era, cuando pudiera, encaminarme a la estación del ferrocarril y tender mi llave en una de las paralelas a la espera de que un tren la aplanara para hacerla maestra y acceder a cualquier aposento encadenado. Pero la pereza, la falta de ocasión o la poca necesidad de descubrir lo que otros han ocultado, mantuvieron mi alambre tal cual. Mi llave continuó siendo abridor, aunque ya sin lata preparada para abrirse con tal mecanismo, hasta que se perdió definitivamente, sin dejar hueco su ausencia.

Sábado, 06 de Julio de 2013 11:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Sobre la existencia de Dios

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El mundo está lleno de agnósticos y escépticos, incluso de ateos. No es una moda, como quien piensa que la homosexualidad es eco del momento. Todos los pensadores, en el amplio sentido del término y en todas las épocas, se han pronunciado sobre la existencia divina y sobre si su esencia en realidad es su existencia o viceversa, lo que me hace indicar que cuando el río suena, agua y piedras lleva.

A mediados del pasado siglo, Bertolt Brecht, en las Historias de almanaque, escribía: “Alguien preguntó al señor K. si existía un dios. El señor K. respondió:

—Te aconsejo que medites si tu comportamiento variaría según la respuesta que se diese a esa pregunta. Si permaneciese inalterable, la pregunta sería ociosa. Si, por el contrario, tu conducta variase, en tal caso puedo ayudarte diciendo que tú mismo habrías zanjado la cuestión: Efectivamente, necesitarías ese dios.”

Anteriormente Alfred Jarry, en sus Escritos breves se preguntaba: “—¿Acaso ha visto a Dios? —Si lo hubiera visto desconfiaría”.

“Si Dios no existiese habría que inventarlo”, pensaba Bakunin. Y daba su explicación: “Porque, comprenderéis, es precisa una religión para el pueblo. Es la válvula de seguridad”.

El grupo británico de rock progresivo Jethro Tull, en su álbum Aqualung  (cuarto de su discografía), cantaba: In the beginning Man created Gog; and in the image of Man created he him (Al principio el Hombre creó a Dios a su imagen y semejanza). Ya lo decía Sebastián Rajo: “Si no existe hombre que conciba a Dios, Dios no existe”. Incluso Voltaire, en pleno siglo XVIII, escribía (Le sottissier): Si Dieu nous a fair à son image, nous le lui avons bien rendu (Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero el hombre le ha pagado con la misma moneda).

Por su parte, Jordi Virallonga, en Ensayo de conversación con mi hija fregando los platos, afirmaba que “Ha de irte muy bien o muy mal para creer en Dios en esta vida, desde luego”.

* Voltaire en la imagen.

Jueves, 04 de Julio de 2013 12:17 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

La chicha

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Un chiste antiguo cuenta que en la sopa de la casa del pobre el pollo estaba pintado en el fondo del plato.

Hace tiempo publiqué en este mismo blog Una anécdota sobre la sopa que, conducido por las enseñanzas de Amin Maalouf en León el africano, inserté en Herencia de la cocina andalusí (Fundación Al Ándalus, publicado en el año 2000).

La historieta dice que “el sultán de Granada, el depravado Abu-l-Hasan, reunió una mañana a su séquito en el patio de los Arrayanes para que asistieran al baño de Soraya, Isabel de Solis, a quien eligió a cambio de su esposa Fátima. Una vez acabado el baño, el príncipe invitó a cada uno a beber un tazón pequeño del agua de la que acababa de salir su amada y todos comenzaron a extasiarse y a encumbrar, en prosa y en verso, el maravilloso gusto que había adquirido el líquido que albergaba a la hembra divina. Todos excepto el visir Abu-l-Kasem Venegas que, lejos de inclinarse sobre la piscina permaneció dignamente en su sitio. Actitud que no escapó al sultán que le preguntó la razón. Majestad, contestó Abu-l-Kasem, temo que al probar la salsa me apetezca de pronto la perdiz”.

Hace poco leí, para mi asombro, que redunda en el sentido apócrifo de estos relatos, en La mesa moderna del Doctor Thebussen, un artículo de un cocinero de S.M. Alfonso XII, que refiere: “Cuéntase de Ana Bolena, cuya hermosura á pasado a la historia revuelta con sus desdichas, que un día tuvo el capricho de bañarse en presencia de los caballeros de su córte. Eran cosas del tiempo. Uno de los que la rodeaban, admirado de su sin par belleza, cogió una copa, y llenándola del agua del baño, comenzó á beberla, ofreciéndole un toast a sus amigos por la salud de la linda soberana. Hubo entre los circunstantes quien se negó a beber, é interpelado por los otros sobre su extraña conducta, dijo: Yo quisiera reservarme el tostón”.

El paralelismo de estos modelos, me hace pensar que la anécdota en cuestión es comicidad antigua y que cada cual la arrima a su cuento según propia voluntad para destacar el ingenio de un personaje particular y por ende en la belleza exclusiva de la dama del momento.

* Saliendo del baño, de la Fundación Juan de Avalos.

Lunes, 01 de Julio de 2013 17:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Víctimas y verdugos

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No sé si se lo dije o lo pensé únicamente. A raíz de una noticia televisiva sobre algún incidente de acoso escolar, eso que ahora se ha dado en llamar bullying, quise que mi hijo en tal extremo fuera más bien el acosado que el hostigador.

Se me pone la piel de gallina sólo de pensarlo. Ojalá exista una manera de detectar y detener esos abusos antes de que se produzcan. Pero el conato, me temo, está dentro de cada cual. Ya lo popularizó Hobbes en el Leviatán: Homo homini lupus ("el hombre es un lobo para el hombre"). Y no creo que los niños sean especialmente crueles, quizá tengan menos conciencia del alcance de sus acciones, quizá se encuentren protegidos por la nebulosa nietzscheana del más allá del bien y del mal, superlativizado en todo caso con el devenir de la vida y la violencia gratuita de sus mayores servida en bandeja argentina a diario por los más elementales mass media.

Creo que fue el iluminado Coelho quien recogió algunos de los cuentos de los Padres del Desierto del monasterio de Sceta, cuando las gentes, después de renunciar a los bienes materiales y de una ascética temporada en el desierto, expandía en el templo alguna de sus enseñanzas, tanto de su experiencia inmediata como de su vida anterior.

Conocida como El hecho, he aquí uno de esos cuentecitos morales:
“Mattheu Henry es un conocido especialista en estudios bíblicos. Una vez, al volver de la universidad donde daba clases, fue asaltado. Esa noche, escribió la siguiente oración: Quiero agradecer, en primer lugar, porque nunca había sido asaltado antes. En segundo lugar porque se llevaron mi billetera, pero me dejaron la vida. En tercer lugar, porque aunque se hayan llevado todo, no era mucho. Finalmente quiero agradecer porque yo fui el asaltado y no el que asaltó".

* Monasterio de Sceta, se supone.

Sábado, 29 de Junio de 2013 13:40 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Ricardo Reis y Dios

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Fernando Pessoa hace nacer al doctor Ricardo Reis en Oporto, el 19 de noviembre de 1887 (aunque ignora la fecha de su muerte). Hablan de él Álvaro Campos y Alberto Caeiro, del que se dice buen amigo. No conoció personalmente a Pessoa.

José Antonio Llardent, en la revista Poesía de Ediciones Siruela (1995) nos describe a Ricardo Reis como “un poeta muy significativo del neopaganismo moderno”. Aunque Pessoa matiza esta definición alejándolo “de la basura cristiana con pretensiones paganas de los Matthew Arnold, Oscar Wilde y Walter Pater”.

“Reis era en realidad, continúa Llardent, un pagano inocente de la decadencia, que quiso ser a la vez, según dijo de sí mismo, epicúreo y estoico”.

Según su ortónimo, Ricardo es el poeta de la disciplina mental revestida con musicalidad propia, pero recurre a un purismo lingüístico exagerado. Y así como Caeiro quiso ayudarnos a morir sin espanto, escribe María Teresa Rita Lopes, Reis nos propone el medio de morir musicalmente, como cisnes.

Algunos textos en prosa salpican las cuantiosas odas que constituyen la obra poética del heterónimo existencialista. Textos que, como en parte de sus versos, arañan el neopaganismo portugués.

En el primer verso de una de sus odas, Reis propone “Quiero de los dioses sólo que no me recuerden”. Y en otra “Los dioses son dioses / porque no se piensan”.

Leyendo esto, más que pagano, incluso en la tradición nietzscheana, común en la época, que Pessoa se encargó de criticar (calificaba al filósofo como Baco alemán), pienso que era escéptico, como si pensase, como me dijo Alfonso Salazar hace tiempo, mucho tiempo, “Dios aprieta pero no existe”, o, como esa otra frase que leí hace poco en un muro de facebook, cuyo nombre no recuerdo: “Dios existe pero poco”.

Apunta igualmente, y no necesita explicación:

Sólo esta libertad nos conceden
     los dioses: someternos
a su dominio por voluntad nuestra.

O esta otra:

Si a cada cosa que hay un dios compete,
¿no ha de haber en mí un dios?
¿Por qué no he de ser yo?
Pues que siento, en mí un dios anima.
Y el mundo externo claramente veo:
las cosas y los hombres, sin alma.

Miércoles, 26 de Junio de 2013 19:04 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

La duda divina

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Hay un proverbio español que dice: “De las cosas más seguras, la más segura es dudar” y sobre todo tratándose de cuestiones intangibles. Cuando una percepción se nos escapa de los sentidos, la fe, la intuición si queremos, es la que manda, la que nos ofrece su ‘corazonada’ con un marchamo inexistente de credibilidad.

Porque creer supone un sobreesfuerzo. Creer en el mundo de las ideas, que diría Platón, se supone. Porque es fácil firmar sobre una casa, por ejemplo, si esa casa la estamos viendo y tocando y viviendo. Es más fácil abrazar lo humano que lo divino.

Chesterton, en El hombre que fue jueves, decía que "el budismo no es una religión, sino una duda". Y quizá sea lo más acertado, la búsqueda continua, la duda cartesiana.

"El escepticismo es el principio de la fe", dice Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray, y Unamuno, en Mi religión, explica: "Porque escéptico no quiere decir el que duda, sino el que investiga o rebusca, por oposición al que afirma y cree haber hallado".

Además, según Cunqueiro (Un hombre que se parecía a Orestes): "Un hombre que duda es un hombre libre, y el dudoso llega a ser poético soñador, por la necesidad espiritual de certezas".

Como contrapartida, sin embargo, en las Memorias de un loco de Flaubert, se nos dictará que "la duda es la muerte para las almas; es una lepra que afecta a las razas desgastadas, una enfermedad que proviene de la ciencia y conduce a la locura. La locura es la duda de la razón; ¿quizá sea la razón misma?".

Martes, 25 de Junio de 2013 11:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El punto diez

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Baudelaire escribió el 15 de abril de 1846, en Consejo a los Jóvenes Literatos (en una traducción de Alfonso Salazar en Celeste Ediciones, del año 2000): “todo hombre sano puede pasarse dos días sin comer, pero nunca sin poesía”. Cita que me da pie para hablar, ya no de la poesía ni de la escritura en sí ni de los jóvenes, sino de los ‘consejos’ a estos.

Han sido muchos consagrados los que se han decidido a escribir sobre su oficio, dando recomendaciones o advirtiendo de los escollos que nos podemos encontrar, que vayamos preparados, como Odiseo y sus compañeros, para cruzar incólumes el arrecife de las sirenas.

Algunas observaciones las encontramos sueltas en alguna obra de difusión general o incluso de ficción.

Por ejemplo, en Gramática de la fantasía (una obra que pretende convertir al lector en un hacedor de cuentos), Gianni Rodari argumenta que “los cuentos sirven a la matemática, como la matemática sirve a los cuentos. Sirven a la poesía, a la música, a la utopía, al compromiso político..., en una palabra: al hombre. Sirven porque, justamente, en apariencia no sirven para nada: como la poesía y la música, como el teatro y el deporte (excepto cuando se convierten en un negocio).

“Joven, si quiere ser artista, escribía Hermann Hesse creo que en El último verano de Klingsor (cito de memoria) son imprescindibles tres cosas: comer bien, evacuar adecuadamente y estar siempre cerca de una chica bonita”.

Ruiz Zafón nos dirá (la cita no me consta dónde la recogí): “Un relato es una carta que el autor se escribe a sí mismo para contarse cosas que de otro modo no podría averiguar”.

Pero son los autores sudamericanos los que son dados a mostrarnos un decálogo, a veces algo extenso, reuniendo estas advertencias para quien esté tentado de empuñar la pluma.

No voy a reproducir todos los listados que he ido recogiendo de los diferentes autores, pero sí su conclusión vertida, en la mayoría de los casos, en su punto diez.

El uruguayo Horacio Quiroga puede que comenzara la tradición con su Decálogo del perfecto cuentista. En su punto diez, nos dice: “No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento”.

Desde Lima, Julio Ramón Ribeyro, concluye: “El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado”.

Juan Carlos Onetti, de Montevideo, escribe un Decálogo para cuentistas, en el que nos invita a la fábula, diciendo: “Mentir siempre”.

Esto me recuerda a una opinión sobre Antonio de Guevara vertida por Nestror Luján en el prologo a Fábulas y leyendas de la mar de Álvaro Cunqueiro tildándolo de “alegre y soberano mentiroso, del mentir por el placer de mentir bello”. ¡Ay!

Roberto Bolaño, a sus 44 años, nos dicta  esta vez una docena de Consejos sobre el arte de escribir cuentos. Su décimo aviso reza: “Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas”. Lo que nos obliga a copiar el ítem anterior: “La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra”, que a su vez deriva de la sugerencia octava que dice: “Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges”.

(A Poe también lo mencionó Quiroga en su primer consejo: “Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo”.)

Por último, el peruano Vargas Llosa, Mario, que, al ser más ancho en su prosa en vez de diez esculpe quince recomendaciones en sus Cartas a un joven novelista, escribe en décimo lugar: “La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético”.

Leyendo a todos (incluso a más) diría que los únicos consejos son, como los Diez Mandamientos que se encierran den dos, el estudio, o sea, la lectura de todos los cuentistas que se nos acerquen y nos preceden, y la constancia. "La constancia es una virtud", escribe Raymond Carver en Escribir un cuento. (Como decía Picasso, “siempre procuro que la inspiración me coja trabajando”).

* Horacio Quiroga en 1900.

Domingo, 23 de Junio de 2013 22:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El potlatch

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Antes de que se le fuera la cabeza, el padre de un amigo que nos encontramos, quiso tomarse con nosotros unas copas. A la hora de pagar, sacó la billetera y, quien iba conmigo, le dio un manotazo diciendo que guardara el dinero para su hijo, que siempre andaba escaso.

El invitado se ofendió al punto y, sacando un fajo de billetes, quiso prenderles fuego. Se lo impedimos, pero la discusión y los argumentos de gallo alcanzaron la madrugada.

Aun teniendo, el despilfarro es obsceno. La presunción, ya no del desapego a las cosas materiales, sino de la relativa riqueza comparativa, debería estar especificada como delito. Es una búsqueda de reconocimiento, de status, que en cierta forma esconde inseguridad y pavoneo.

La vanidad, el narcisismo, la concepción egocéntrica es moneda habitual en nuestros círculos sociales. Nunca hubo tanto ombligo ni tanta firma ni tanta foto con la sonrisa forzada del ‘famoso’ a nuestro lado.

Mario Maya decía que la fama es el prestigio en calderilla. Y Einstein alabó a Chaplín por su altura y porque lo conocía todo el mundo. A lo que el cómico respondió: dichoso tú que todo el mundo te alaba y nadie te conoce.

A esta fiebre de figurantismo ya podemos ponerle nombre. Leo en Vacas, cerdos, guerras y brujas, de Marvin Harris: “El caso más extraño de búsqueda de status se descubrió entre los amerindios que en tiempos pasados habitaban las regiones costeras del sur de Alaska, la Columbia Británica y el estado de Washington. Aquí los buscadores de status practicaban lo que parece ser una forma maniaca de consumo y despilfarro conspicuos conocida como potlatch. El objeto del potlatch era donar o destruir más riqueza que el rival. Si el donante del potlatch era un jefe poderoso, podía intentar avergonzar a sus rivales y alcanzar admiración eterna entre sus seguidores destruyendo alimentos, ropas y dinero. A veces llegaba incluso a buscar prestigio quemando su propia casa”.

Líneas más abajo, el antropólogo concluye: “el potlatch ha sido un monumento a la creencia de que las culturas son las creaciones de fuerzas inescrutables y personalidades perturbadas”.

* Indios kwakiutl, entre los que se practica el potlatch.

Sábado, 22 de Junio de 2013 11:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Una tierra sin pájaros

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Hoy, por razones que no vienen al caso, he pasado a las dos y media de la madrugada por la Plaza de la Trinidad y me ha emocionado el sonido, aún tímido, del gorjeo de los pájaros.

La algarabía de estorninos o gorriones en los árboles de este recinto era considerable, incluso estridente. Miles de alados mantenían una tertulia feroz y desordenada que hasta al más duro de oído le llamaba la atención.

Desde hace unos meses, sin embargo, la plaza quedó en silencio y los árboles desiertos. Las aves habían emigrado en masa. (Los periódicos dieron alguna explicación que, aún interesándome, pasó desapercibida.)

Llevábamos tiempo sufriendo el silencio de este y otros rincones. Hay quien le echó cuentas y a quien le pasó desapercibido.

Lo mismo es un fenómeno natural que, un neófito como yo, no comprende. Lo mismo estoy denunciando que el sol se oculta por el oeste.

El caso es que me alegré de oír los pájaros esta noche.

Los antiguos llamaban averno a una tierra sin pájaros. O sea, una de las tácitas condenas añadidas en el infierno es la ausencia de plumíferos cantores.

Los antiguos reyes godos, estaban seguros de volver a encontrar también a sus perros en el paraíso, de no ser así no hubiera sido el paraíso.

…porque creo, humildemente, que en el Paraíso hay espacio para cuantos hacen más llevaderas las melancolías del mundo, exclama Ginés de Silva, supuesto narrador de El Laberinto de Mujica Láinez, con motivo de la muerte de un mico llorado por la virreina del Perú. 

Martes, 18 de Junio de 2013 10:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

La soledad como refugio

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Ayer, en una obra de teatro que nos propusieron en el salón particular de una casa, de la compañía Bajo tierra, una de las actrices apuntaba la necesidad de subirse a un monte para ordenar el mundo. Gritaba, desde la ventana, en el patio, insultando al prójimo, para que la dejaran en paz.

Txemi, después, tomando una cerveza, comentó que haría ocho o diez años estuvo mirando islas y atolones que se vendieran perdidos y solitarios. Pedía un precio sensato y unas condiciones razonables de habitabilidad. Cuando se interesó por un cayo a medida, resultó que hacía unos años entraba dentro de una ruta frecuentada por piratas. (No era cuestión de rodear la isla de radares y de misiles de corto alcance.)

Porque, visto lo visto, es preferible estar solo que acompañado (mal o bien, pero por si acaso). Es como quien dispara y después pregunta. O como decía Cunqueiro de los gallegos, que no han inventado nada en materia de cocinar, porque, antes de peguntarse si algo, animal o cosa, era bueno para comer, ya se lo habían comido.

No hay que irse a un monte, a una isla o a una cueva, como los eremitas (san Simeón pasó los últimos treinta años de su vida encaramado en la cima de una columna), basta con seguir el método, que podemos llamar ‘del avestruz’, y aislarse en sí mismo.

En El turista accidental de Anne Tyler se propone que, para que no molesten con conversaciones o preguntas intrascendentes, los compañeros de asiento en un viaje, lo mejor es sacar un libro de grandes dimensiones y hacer que leemos (o leer en realidad) desde el principio.

También tengo recogida otra experiencia en este sentido, que, aunque no está localizada ni firmada, estoy casi seguro que pertenece a La casa de Lúculo de Julio Camba, titulada Un método original para comer tranquilamente en un banquete:

“Generalmente te colocan entre dos damas y te encuentras enfrente con otra. El método del gran gastrónomo Kaben -lo cita Curnonsky, y me parece que es un alias suyo- es el siguiente.

Se dirige a la señora de su derecha.

—¿Está usted casada, señora?

—Sí.

—¿Tiene hijos?

—Sí.

—¿De quién?

La señora, enfadada, no le dirige más la palabra.

Se inclina Kaben hacia su izquierda.

—¿Está usted casada, señora?

—Sí.

—¿Tiene hijos?

—No.

—¿Cómo lo hace?

Ofendida, la señora, no le habla más.

Kaben habla con la señora de enfrente.

—¿Está usted casada, señora?

—No.

—¿Tiene hijos?

Otra mujer ofendida que no le habla durante toda la comida.

Y así Kaben-Curnonsky puede saborear el menú sin ser molestado.”

* Portada de El turista accidental de Anne Tyler.

Lunes, 17 de Junio de 2013 09:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Estrellita secreta

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Le dije si podía escribir sobre ella. Casi emocionada me dijo que sí. Entonces, por deferencia, le propuse que adoptase un sobrenombre, aunque podría poner directamente el suyo. Le gustó lo del alias. Así, como minutos antes me había insinuado que se parecía en lo físico a Estrella Morente (¿?), propuso, con una risita contagiosa, llamarse ‘Estrellita secreta’.

Conozco su excentricidad solitaria desde hace tiempo y siempre me sorprende. Un día me comentó que tenía el aura blanca. Le pregunté si eso era bueno o malo. Respondió que cuanto más clara mejor. Después entendí que el aura mejor es posiblemente la dorada, pero con la albina me conformo.

(Quien caminaba a mi lado, al punto se interesó por el color de su halo. Ella lo tenía violeta, en parte anaranjado, en parte rosáceo. Tampoco estaba mal.)

En cierta ocasión, nos contó, que fue al súper a realizar unas compras y, en llegando, se la acercó un chico que dijo de acompañarla. Estrellita no vio motivos para negarse y, cuando salieron de comprar, le dijo a su acompañante que tenía el aura amarilla. Él se alejó argumentando que pensaba robarle pero como era bruja no se atrevía, que buscaría otra víctima.

Una carcajada en íes culminó la anécdota. Una risa que se cortó en seco, con la mirada perdida de sus ojos saltones como los de Buñuel. Parece que alguien hubiera pasado invisible unos metros detrás de mí.

Un tiempo antes ya me había relatado una historia que me dejó al menos asombrado. Resulta que salía con un chico que una tarde, como acostumbraba, la vino a recoger. Ella, antes del beso, le acusó de haberle puesto los cuernos. Ante la negativa o la confesión del compañero, que le preguntó cómo lo sabía, ella tranquilamente aludió a que tenía el aura negra. No lo volvió a ver.

Nuevamente la risa estalló seca y ratonil entre nosotros.

Estrellita secreta fuma; pinta con alegres colores, como un cuadro naif o el arte hindú; y le gusta a rabiar Paco de Lucía.

Sábado, 15 de Junio de 2013 11:53 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Solución crucigrama

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(Por si alguien se ha entretenido en hacero, que me parece a mí...).

Lunes, 10 de Junio de 2013 11:16 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Redundando en la teoría de los contrarios

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Hace varios años, en este mismo blog, publiqué Una aproximación a la teoría de los contrarios donde quería justificar los extremos comparándolos con su antagónico.

Nada existe, pienso, sino lo opuesto. Nada es verdad si algo no fuera mentira.

Durante milenios los budistas simbolizaban con la dualidad del yin-yang el principio pasivo o femenino frente al activo o masculino, el negro y el blanco, la noche y el día...

Platón, y en los diálogos socráticos, afirmaba que cada ser desea a su contrario, su complemento, y no aquello que es igual él. Así, lo que es seco necesita la humedad, lo que es frío, necesita el calor, lo que es amargo, necesita la dulzura, lo que es agudo, lo embotado, lo que es vacío, la plenitud, lo que está lleno, necesita el vacío y lo mismo ocurre con todo lo demás. Porque el contrario se alimenta del contrario, mientras el parecido no gana nada con el parecido.

Según los Upanishads (libros sagrados hinduistas), el espacio y el tiempo son emanaciones de Brahmán cuyo ser es un más allá del espacio y del tiempo. ¿Por qué? Por la alegría de creación. ¿Por qué hay el mal? Por la alegría de superarlo con el bien. ¿Por qué hay la oscuridad? Para que la luz pueda brillar más intensa. ¿Por qué hay el dolor? Para hacer posible la alegría de superarlo, la alegría del sacrificio por amor. ¿Por qué la creación e infinita evolución del universo? Porque en el fondo todo es amor, y amor puro es pura alegría.

Borges, cuando concibe en Ficciones el universo de Tlön y comenta sus caracteres identitarios, al hablar de los usos literarios, afirma que Los de naturaleza filosófica invariablemente contienen la tesis y la antítesis, el riguroso pro y el contra de una doctrina. Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.

En Los orígenes del Pensamiento en el Niño, Henry Wallon escribe que el pensamiento se forma en parejas. La idea de «blando» no se forma primero ni después que la idea de «duro», sino que ambas se forman contemporáneamente, en un encuentro generador: El elemento fundamental del pensamiento es esta estructura binaria y no cada uno de los elementos que la componen. La pareja, el par son elementos anteriores al concepto aislado.

Entre sus Máximas, François de La Rochefoucault, sentencia que Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.

Ahora leo que, en Gramática de la fantasía, Gianni Rodari propone el «Principio de oposición», que fundamenta en la «Teoría de la forma y de la figuración» de Paul Klee cuando escribe que el concepto es imposible sin su oponente. No existen conceptos aislados, sino que por regla son «binomios de conceptos».

René Magritte, Al Gravitar Rodando.

Sábado, 08 de Junio de 2013 11:37 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Crucigrama numérico

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Os propongo resolver este crucigrama numérico, donde todas las respuestas son cifras. Por diversas circunstancias, he compuesto de forma muy esporádica algunos pasatiempos, casi siempre por gusto. Es el metaocio, o sea, el ocio para el ocio, como la metafísica es pensar el pensamiento y la metalimpieza es limpiar la escoba.

Tenía que haber hecho un formulario para rellenar estos cuadritos in situ, pero requeriría de un saber y de un tiempo de los que carezco.

Aquí dejo las cartesianas preguntas:

Horizontales.-

a) Colinas de Roma (y también de Estambul). Media docena. Grupo granadino de rock ya desaparecido.

b) El año en que murió Marilyn y yo vine al mundo. Primer año del siglo VIII.

c) Primer primo. Pares descendentes. Talla de cintura de Marilyn.

d) Los Reyes Magos. Ven aquí. Cortázar publica Rayuela (también ese año muere Édith Piaf y Cernuda).

e) Intérpretes de un aria. Dálmatas.

f) Lunas de Júpiter. Nació san Jorge (otros piensan que murió ese año). Ladrones de Alí Babá.

g) Prefijo internacional telefónico de China. Número bíblico. Pareja. Días creando (y al siguiente descansó).

h) Evangelistas. Número erótico. Tenedor de pescado.

i) Noches de Scherezade. Los nombres de Alá.

Verticales.-

a) Llegan los árabes a la Península. Novela de George Orwell.

b) Película de animación. Los cerditos. Con ‘jer’, lo que se ponen los niños cuando las madres tienen frío (Gila). Solo.

c) El número de la Bestia. Produce la triscadecafobia. Minutos de una hora.

d) Aunque sea políticamente incorrecto, y sin que sirva de precedente, mi DNI.

e) El redondo. MMXIII. Rima con ‘oportuno’.

f) Octanos de la gasolina súper. Siete por tres.

g) Año de la batalla de Hanstings. Fases de la luna. Un año más a la mayoría de edad.

h) Número de información telefónica. Los persas ocupan Egipto (con un cero delante).

Jueves, 06 de Junio de 2013 12:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El coco

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Tengo un amigo que responde al nombre de Coco (lo vi el otro día). Tengo una amiga que responde al nombre de Coco (hace tiempo que no nos vemos). Ambigüedad andrógina que suele pasar con algunos sobrenombres o diminutivos. Lo mismo ocurre con Chus o con el catalán Pau.

Coco también es uno de mis muñecos favoritos de Bario Sésamo; el fruto tropical de las palmeras; una bacteria; la cabeza pensante del ser humano; o el personaje imaginario con el que se le mete miedo a los niños, como el hombre del saco o el mantequero.

Curiosamente, leyendo entre otros a Corominas, nos enteramos de que el cocotero, árbol procedente de las tierras ribereñas del Océano Índico, aunque se extendió por el Pacífico, en Europa, antes del Descubrimiento, no se conocía.

Fueron los compañeros portugueses de Vasco de Gama en 1498 los que bautizaron su fruto navegando por la costa Malabar.

Cuenta el filólogo que tal nombre le fue dado por comparación de la cáscara y sus tres agujeros, con una cabeza con ojos y boca, como la del coco o fantasma infantil; personaje documentado ya en 1518 en una comedia del portugués Gil Vicente.

Sin embargo, continúa Corominas, ya en el año 1330, el árabe Abenbatuta insistía en la notable semejanza de la cabeza esférica del coco, groseramente figurada, con el de estos frutos

Sábado, 01 de Junio de 2013 10:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El primer poeta surrealista

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durmen sus un chivau. 

Guillermo, IX duque de Aquitania y conde de Poitou, "supo trovar y cantar bien". Fue abuelo de Leonor de Aquitania, la gran heroína del siglo XII, esposa de Luis VII de Francia y de Enrique II de Inglaterra y madre de Ricardo Corazón de León.

La mayoría de las composiciones de Guillermo son obscenas y antirreligiosas, aunque también sabía ser galante con las damas y sinceramente místico.

Era un libertino. Jean Markale en La vida, la leyenda, la influencia de Leonor de Aquitania dama de los trovadores y bardos bretones (José de Olañeta, editor, 1992) cuenta la anécdota de que el duque fue excomulgado por la Iglesia por sus continuos desmanes (en Niort, después de haber fundado varios monumentos religiosos, hizo construir un burdel donde las jóvenes habían de ir vestidas de monjas). El obispo de Poitiers fue a comunicarle el anatema. En un acceso de cólera, Guillermo sacó su espada, a lo que el religioso respondió que no temía morir, pues se encontraba en estado de gracia. El conde-duque, enfundando, dijo entonces: “No os estimo tanto para enviaros al paraíso”.

Sus poemas, eróticos en extremo, los recitaba o cantaba al frente de sus soldados para darle ánimos en la batalla. Sin embargo, entre sus versos, se encuentra una balada que no es tal. Me atrevería a decir que es el primer poema surrealista de la historia. Comienza de esta manera:

Haré un poema de la pura nada.
No tratará de mí ni de otra gente.
no celebrará amor ni juventud
ni cosa alguna,
sino que fue compuesto durmiendo
sobre un caballo.

Luis Alberto de Cuenca, en el prólogo a la Poesía completa de Guillermo de Aquitania (Siruela, 1983), cuenta: “Probablemente sea esa canción una de las más hermosas y actuales de toda la lírica trovadoresca. Y ello por la maravillosa atmósfera de irrealidad y de misterio que envuelve todo el vers, haciendo de la pura negación un tema literario. Si en sus ocho estrofas comienza la poesía occidental, en ellas está también el fin de la misma. Guillermo —como Samuel Beckett— inauguraba y clausuraba al mismo tiempo”.

¡No hemos inventado nada!

Sábado, 25 de Mayo de 2013 11:08 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Las Pléyades

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Un grupo de siete estrellas pertenecientes a la constelación del Toro, cuya estrella más brillante es Aldebarán, a la que no debemos mirar muy seguido porque hace violento, eran hijas del titán Atlas, quien, con sus hombros como pilares, mantenía la Tierra separada del cielo, y, con Diana, compartían la afición a la caza.

Los griegos pensaban que las Pléyades eran palomas (de ahí su nombre), los latinos que una gallina con su pollada, para los árabes fueron un pezón de Turayya y, en mi historia inédita de Septimio de Ilíberis, no eran más que "un racimo de uvas bien lustroso para alegrar los cielos y mantener la copa de Júpiter, el amontonador de nubes".

Aunque las llaman 'virginales', las Pléyades fueron amantes de los dioses. Zeus amó a Maya, con la que concibió a Hermes; a Taigete; y a Electra. Poseidón estuvo con Alcione, abuela de Orión; y con Celano. Ares sedujo a Estérope. Y la séptima, Mérope se enamoró de Sísifo, el único mortal, hijo de Eolo, quien terminó arrastrando perpetuamente una piedra en el Tártaro cuesta arriba y, cuando llegaba a la cima, volvía a caer, como castigo de haber promulgado los amores de Zeus con una ninfa.

Tras la persecución libidinosa de Orión, que no respetaba ni a su abuela, Zeus las convirtió en las estrellas que son, en brillantes 'palomitas' en el firmamento. Sólo una brilla menos, Mérope, avergonzada, según cuentan, de su amor humano. Por eso, a simple vista parece que son seis en vez de siete.

Las Pléyades se ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches, indicando a los labriegos de antaño el tiempo de labranza.

“Tanto el arado, como la siembra y la cosecha hay que realizarlas desnudo, como dictó Deméter, de hermosas trenzas, para agradar a la tierra y obtener buenos frutos”, aconseja el padre de Septimio en la novela indicada.

Las Pléyades, por el pintor simbolista Elihu Vedder (1885).

Jueves, 23 de Mayo de 2013 11:01 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Sobre la inexistencia del infierno

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Creo que fue Bierce quien contó que, cuando la versión jacobina del Nuevo Testamento estaba en proceso de evolución, la mayoría de los piadosos sabios ocupados en la obra, insistieron en traducir la palabra griega Aidns como “Infierno”; pero un concienzudo miembro de la minoría se apoderó secretamente de las actas y tachó la objetable palabra donde quiera la encontró. En la próxima reunión, el obispo de Salisbury, revisando la obra, se paró de un salto y exclamó, muy excitado: “¡Señores, alguien ha abolido el infierno!”

Y es que los crédulos son multitud, pero los incrédulos suelen ser más pesados.

Manuel Vicent, en un artículo antiguo para El País decía que “lo peor del infierno es que está pasado de moda. El infierno ya no se lleva”, terminaba asegurando como si las tinieblas fueran una ventolera.

A santa Brígida de Suecia, ya lo he contado más de una vez, el mismo Dios le confesó que “el infierno estaba vacío”.

Quizá el infierno sea un invento para mantener a raya a los creyentes, como el cuarto de las ratas para un niño o la idea de apretarnos un poco más el cinturón para salir de una crisis que sólo está en la cabeza de los temerosos y en el bolsillo de quien maneja mi barca.

Martes, 21 de Mayo de 2013 11:36 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Jaque mate

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En los duelos de siglos pasados, en los que un guante hacía de Rubicón, los contrincantes, que se batirían a pistola o espada, además de acudir al Campo del Honor con sus dos padrinos, portaban una carta en el bolsillo de su chaleco o en la faltriquera por, si resultaban muertos en el arrostramiento, les sirviera como despedida postrera a un mundo adverso que sin él, ¡ay!, seguiría girando impasible.

La noche anterior, como el que vela armas, se habría pasado el duelista componiendo esta triste despedida, en la que, en primer lugar, perdonaba al ejecutante que le había dado muerte y humildemente le concedía el beneplácito de la razón (el destino había hablado); en segundo lugar, daba las gracias a los oficiantes y firmaba, en su caso, nota rubricada para la Justicia diciendo que habían sido forzados a desempeñar tal padrinaje, y los eximía de toda responsabilidad; en último extremo se despedía de sus seres queridos, de su buen amada que, en bastantes de los casos, era el motivo de aquel encuentro.

Hace poco comenté, en un post llamado Elegancias e inconvenientes (1 de mayo), la anécdota de aquel noble francés que andaba leyendo, cuando los guardias irrumpieron en su celda para acompañarlo a la guillotina, y antes de incorporarse para emprender el último de sus paseos, graciosamente dobló la esquina de la hoja en que había abandonado la lectura.

Se cuenta del humorista Muñoz Seca que, acusado de albergar ideas ‘monárquicas y católicas’ iniciada la Guerra Civil Española, fue condenado a muerte. Al pelotón de fusilamiento le dirigió estas palabras: “Podéis quitarme la hacienda, mis tierras, mi riqueza, incluso podéis quitarme, como vais a hacer, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar… y es el miedo que tengo”. Dicen que los soldados que lo habían de fusilar le pidieron perdón, él los consoló diciendo que estaban perdonados, que no se molestaran, “aunque me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”, añadió.

También es popular el cuño de la frase de origen incierto: Dentro de cien años, todos calvos. La historia más estandarizada se remonta al 11 de abril de 1888, en el ajusticiamiento en Madrid de los autores del crimen conocido como del Barrio de la Guindalera. Uno de los reos, dirigiéndose al público, pronunció dicha sentencia convidando indirectamente a todos los presentes a acompañarlos, tarde o temprano.

Otros investigadores y curiosos le adjudican variados manantiales. Covarrubias, en Tesoro de la lengua castellana o española, atribuye la frase a Jerjes, rey de los persas (siglo IV a.C.), que la pronunció al contemplar su imponente ejército dispuesto a invadir Grecia, sin sospechar lo más mínimo el resultado opuesto a dichos pronósticos. Con este dicho, continúa el erudito, el rey quiso aludir a que, después de su presencia, ya no quedaría nada.

Otro condenado al paredón, que lamentablemente no puedo especificar, a un caro amigo que fue a acompañarlo durante sus últimos pasos en este mundo, quizás por los impedimentos para caminar después de la tortura, vino a decirle que lo abrigara porque hacía fresco esa mañana, vaya a ser que advirtiesen su temblor y creyesen que era miedo.

Domingo, 19 de Mayo de 2013 09:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

El sueño de la reina de Saba

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En un sueño, según Bertrand Russell en Pesadillas de personas eminentes y otras historias, la reina de Saba fue seducida por Belcebú. Para ello, el demonio tuvo que eliminar de su alma y su cabeza las bondades sin número del rey Salomón.

Belcebú, como ’Príncipe de los demonios’ (Collin de Plancy, Diccionario infernal), tuvo que demostrar a la reina negra que era más poderoso, rico y sabio que el rey de Israel y llevarla a su magnífico reino de ultratumba. Un palacio con toda exquisitez, pero sin retorno posible. Un reino con dos tronos para compartir “hasta que seáis reemplazada por una reina aún más divina: la última reina de Egipto”.

Todo fue una pesadilla, culmina Russell. Pero la gran sabea, de vello en las pantorrillas, según se fijara Salomón cuando frágil se espejaba en el suelo pulido de una de las salas de su palacio, puede que aprendiera a ladear las argucias del diablo, puede que simplemente se dejara aconsejar por los primeros hermosos compases de su corazón.

Ilustración original de Charles W. Stewart para el libro de Bertrand Russell.

Viernes, 10 de Mayo de 2013 10:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

En la parada del bus

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Cuando recojo a mi niño, casi siempre dependemos del autobús, por tener el tiempo ajustado. En la parada, para no aburrirnos, jugamos a los chinos (o porras) y contamos algunos acontecimientos del día. Hoy, o cuando fuera (así lo digo porque no sé cuándo voy a publicar este post y mucho menos cuándo lo van a leer ustedes). Hoy, repito, Juan me preguntó el día de mi cumpleaños, que está por llegar. Al decírselo concluimos que que cumplo 51 años. ¡Qué barbaridad!, exclamamos o pensamos o las dos cosas. ¡Pero no se nota!, exclamé o deseé.

Tanto es así, improvisé, que en cierta ocasión me senté en un asiento vacío y me dijeron que era para mayores de cincuenta.

—Yo soy mayor de cincuenta —dije.

—A ver. El carnet de identidad —imperó.

En vez del DNI le mostré el bonobús. [Mi niño reía.]

—Tiene cara de transporte público —observó.

Juan preguntó entonces si en el bonobús había que poner la fecha de nacimiento.

—No. Hay que poner la fecha de defunción. [Más risas y embeleso por mi parte porque no tuve que explicar la palabra ‘defunción’ ni la concesión surrealista.]

—El mío pone: año 3.227…

Vino el autobús y nos engulló antes de proseguir con la aventura.

Al rato, ya viniendo, aparte de pensar en escribir esta pequeña conversación, recordé otro diálogo de marquesina (entre los muchos que hemos tenido):

—Papá para qué son esos coches de bomberos tan pequeños —preguntó viendo pasar delante nuestra un jeep de color rojo y con sirena.

—Esos son para los cumpleaños —dije sin dudar—. Cuando alguien cumple más de cien años y le es imposible apagar las velas, llama a los bomberos, que no van a mandar un camión con todas las mangueras y todo el destacamento… Para esos menesteres, mandan el coche pequeño como ese.

Otro día en que había mucho viento, estuvimos oyendo basiliscos en el Camino de Ronda, averiguando dónde estarían escondidos y lamentando la ausencia de un gallo cantor que los alejara con la simple tonalidad de su grito.

* Basilisco en la ilustración.

Domingo, 05 de Mayo de 2013 11:11 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Apuntes sobre mi nombre

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San Jorge no existió, aunque sabemos que, de haberlo hecho, nacería en Capadocia en el año 303. Por otra parte, es un santo bastante aclamado, por el caballo, por la lanza y el escudo, por el dragón o por la princesa. Cada cual escoja su fetiche. El dragón simboliza el mal y la joven, la virtud cautiva; tanto que las armas son voluntades y el caballero en sí, el convencido converso que se revela al paganismo.

La Iglesia, en un expurgo que hizo en su momento, quiso despedir a este personaje del santoral por pagano y hagiográfico, pero se topó con la enseña de mil naciones y entidades que anidaban bajo su ala. Así, san Jorge, es patrón de Inglaterra y de Dinamarca; de Aragón y de Cataluña; de la marinería y del cuerpo de a caballo; del movimiento Scout y del libro, por hacer coincidir este día, como sabemos, con la muerte de Cervantes, de Shakespeare y del inca Gracilaso de la Vega. ¡Nunca una muerte hizo correr tanta tonta tinta! (perdón, me he dejado llevar por la cacofonía).

Los niños de mi generación leíamos una serie de libros conocidos como Los Cinco, de la escritora inglesa Enid Blyton, en donde una de sus protagonistas se llamaba Jorge. Era una chica, en realidad Jorgina, pero prefería su nombre en masculino. Y hacía bien porque jorguina (con ‘u’ intercalada) es el femenino de jorguín que, según el Diccionario de la Real Academia, es la persona que hace hechicerías. Jorguín proviene de sorgin, que en vasco significa bruja.

En Tratado de las supersticiones y hechicerías, fray Martín de Castañega troca la ‘n’ por una ‘ñ’ (quizá por inclinaciones galaico-portuguesas populares en la época), haciendo equiparar claramente este término con otras féminas* de su condición. El misógino eclesiástico escribe: “Las mujeres, como no tienen excusa por alguna arte o ciencia, nunca las llaman nigrománticas (…) salvo magas, brujas, hechiceras, jorguiñas o adevinas”.

Corominas, en su Diccionario etimológico, no recoge la palabra como tal, pero habla de jorfe como un ‘muro de piedra seca’, del que hace derivar jorguín y jorguinería, remitiéndonos a su vez a la palabra hollín.

* Francisco J. Flores Arroyuelo comenta en El diablo en España una curiosa derivación de fémina que, según A. Institoris y S. Sprenger (Malleus maleficarum), la hacen proceder de fe y minus, “dado que ella es siempre más débil para sostener y conservar la fe”.

** En la imagen: La bruja, grabado de Hans Thoma (1870).

Jueves, 25 de Abril de 2013 09:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Los ojos verdes de madame Edwarda

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La encontré en un cuento de Perucho que me remitió a su original de Georges Bataille en un breve relato escrito en 1937, publicado clandestinamente en 1941 con el seudónimo Pierre Angélique.

En 1956, después de reconocer su autoría, Bataille agregó en el prefacio que hablaba de sí mismo.

Madame Edwarda —fuente de aguas vivas— es más que una prostituta. Goza y hace gozar hasta límites extremos. Inevitablemente aúna el placer hasta el éxtasis supremo y el dolor hasta la muerte.

Cuenta Bataille en su prefacio: “el placer (que en el juego de los sexos alcanza su mayor intensidad) y el dolor (que ciertamente la muerte apacigua, pero que primero lleva al punto álgido)”;  y añade: “porque el ser ya no está en nosotros más que como exceso, cuando coinciden la plenitud del horror y la del gozo”; y aún más: “el placer es la misma cosa que el dolor, lo mismo que la muerte”.

Alguien escribió que madame Edwarda es la imagen misma de la mujer transgresora, de esa mujer que, proveniendo de lo que concebimos como el Mal, pasa a ser Dios por su omnipotente poder de disponer de su vida, de su sexo y de su muerte. El hombre que la sigue, cautivado, presa de un miedo atávico, encuentra en ella la total realización del Deseo.

Esa es la idea. La idea de Dios. “Este es el sentido, la enormidad de este librito insensato: este relato pone en juego, en la plenitud de sus atributos, al mismo Dios: y este Dios, no obstante, es una mujer pública, en todos los aspectos igual a cualquier otra”.

El filósofo, ensayista, crítico, novelista y poeta francés, la describe cuando la seguía en el burdel para gozar con ella (este rito burdo de “la que va para arriba”): los talones de Madame Edwarda sobre el piso enlosado, el contoneo de este largo cuerpo obsceno, el acre olor de mujer que goza, husmeado por mí, de este cuerpo blanco... Madame Edwarda iba delante de mí, como envuelta en nubes. La indiferencia tumultuosa de la sala a su dicha, a la mesurada gravedad de su andar, era una consagración regia y una fiesta florida: la muerte misma participaba en la fiesta, ya que la desnudez en el burdel invoca siempre la idea del cuchillo del carnicero”.

Perucho especifica que Edwarda es madame que regentaba casa con reflejos de oro, en la rue des Saints Pères, en el París de la Restauración, “siendo su fachada blanca y su puerta amplia y silenciosa, guardada por un pajecillo negro que alumbraba la calle con un farol”.

Un refugiado español llamado Fabián Tuño, relata el juez catalán, fue amante de esta señora durante cuatro años consecutivos, lo que le desveló las más altas “simas, profundas y misteriosas, de las voluptuosidades y lascivias infernales”.

A raíz de estas abominaciones, Tuño escribió un libro (aún inédito) al que tituló Floresta varia de gracias y desgracias, atribuyéndoselo a un tal Braulio de Sigüenza.

Más adelante, continua Perucho, redacta la obra De Sodomía Tractatus. In que expositor doctrina nova de Sodomia feminarium a Tribadismo distincta, que “escribió en latín imitando a Ovidio”.

El fabulador barcelonés termina con las cuitas del “escritor desconocido”, dejando constancia de la influencia que ejerció sobre él madame Edwarda y sus adorados ojos verdes.

Jueves, 18 de Abril de 2013 11:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El granadino impasible

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El invierno es incómodo por la cantidad de ropa que llevamos encima, que nos tenemos que quitar y poner cada vez que entramos y salimos de algún sitio. No obstante, lo prefiero al verano. En pudiéndose combatir, me inclino por el invierno que por la infernal canícula. Por otra parte, el verano también es incómodo, aunque sea simplemente por la ausencia de bolsillos.

Después está el calor, que es la forma que tienen los dioses de ser amarillos. Pero aquí, en Granada, por la noche refresca y se agradece.

Hay quien siente más el calor y el frío que otros. No es mi caso. Mi participación reptiliana me mantiene una tensión por debajo de la media. Los primeros bochornos me aplatanan y las bajas temperaturas me blanquean las manos y los pies, regalándome sabañones varios, a veces hasta en las orejas (hace años que no).

Hay gente isoterma, como digo, que no acusa ni la quemazón del estío ni la frialdad de los meses extremos. Así, podemos ver jerséis inexplicables en agosto o mangas cortas inhabituales en febrero o llevar más o menos inexplicablemente el mismo vestuario todo el año.

Más en estas fechas, cuando la temperatura es sahariana y el calor del mediodía contrasta antípodamente con el frío de la nocturnidad o amanecida.

Esta gente impasible al cambio de estación es de una madera especial; semejante a un marine. Para mí de dudosa sensibilidad. No puedo eludir la sospecha de alguien que entra en un local caldeado y no se quita el abrigo o que sale a la calle, en un día gélido, y no se pone aunque sea un echarpe.

Miércoles, 17 de Abril de 2013 10:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Caléndulas

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Varios amigos están colgando en facebook la receta de una ensalada de caléndula y capuchina (otra planta) con mostaza, miel y limón. La primera vez que vi comer caléndulas con cierto placer fue en una película India titulada La boda del monzón, aunque, para mí, era una de las humoradas de la historia.

El recinto donde se iba a celebrar la boda se llenaba de cientos de guirnaldas de esta flor amarilla, ligeramente anaranjada, que es muestra de veneración en toda la India. El encargado de tal muestra decorativa las iba devorando, transido de amor, hasta el the end.

Algunos de sus efectos medicinales sí que los conocía. Por ejemplo J. J. Benítez, en Caballo de Troya 4, nos habla de que, además de ser un buen antiinflamatorio, la caléndula es muy apropiada para golpes y contusiones. Ian McDonald en Camino de desolación habla de un “Ungüento de Caléndulas para Almorranas”. Noah Gordon en Chamán dice que en infusión ayuda a mantener la laringe abierta y así aliviar la tos. Y Mary Stewart, en su Trilogía de Merlín, las emplea para combatir el dolor de muelas.

En Portugal, según Cunqueiro, era llamada a herba da música, la hierba de la música, y que su venta fue prohibida por el Santo Oficio en 1662, pues “esta hierba, puesta en secreto en la cama de una dama, cuando esta se iba adormilando, comen­zaba a sonar como guitarra que diese serenata, y se le enten­día como el nombre de un galán entre las suaves notas, y la dama se enamoraba de éste”.

“Un criado del conde de Povoa do Varzim, continúa don Álvaro, fue ajusticiado por haber usado de esa hierba para ena­morar a una sobrina de su señor, e irse con ella a escondidas a un desván, en una quinta cercana a Porto”.

“Todavía hoy, concluye el genio gallego, los curanderos lusitanos dan a sus clientes que pretenden amores difíciles, o recobrar los perdidos, y que no deja vivir la saudade que se tiene de ellos, unos polvos negros a los que llaman caléndula moura das noites de amor, caléndula oscura de las noches de amor”.

* Ensalada de capuchina y caléndula.

Sábado, 13 de Abril de 2013 11:02 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Medusa

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Hasta dos veces, cuando visité Estambul, me asomé a la cisterna basílica de Constantino bajo la bóveda de Kere-batas Seraí en el semisótano de una supuesta casa musulmana.

La impresión es bestial, el ambiente tenebroso y los arcos infinitos. El paisanaje de la ciudad turca dice que sus aguas verdosas y sus paredes goteantes no conocen límites. La luz tamizada parece que nos adentra en un tupido bosque de columnas pareadas.

Edmundo de Amicis, en su libro Constantinopla, narra la terrorífica historia que le contó un dragomán sobre "el que se aventuró en una barca en aquel subterráneo para descubrir sus confines y volvió muchas horas después, bogando desesperadamente, con el rostro descompuesto y el cabello erizado, mientras las bóvedas lejanas repercutían fragorosas carcajadas y silbidos agudos; y de otro, que no volverá jamás y que acabó, quién sabe cómo, tal vez helado de terror, tal vez arrastrado por corriente misteriosa a un abismo desconocido, muy lejos de Stambul, Dios sabe dónde”.

Yo me adentré hasta el fondo, como decenas de visitantes lo hicieron, sin temor a la penumbra y a las turquesas aguas falsamente transparentes.

Al final del final, objeto de múltiples instantáneas, en la basa de una columna semejante a las demás, se hallaba esculpida la cabeza de una Gorgona semihundida en posición supina para contrarrestar sus efectos (en la foto).

(Cuenta Frobenius, en Historie de la Civilisation Africaine que “la Gorgona es un símbolo de fusión entre contrarios: león y águila, pájaro y serpiente, movilidad e inmovilidad, belleza y horror”. A lo que añade Cirlot: “por ello excede las condiciones soportables por la conciencia y mata al que la contempla”.)

Era la Gorgona llamada Medusa, a la que Perseo degolló con la hoz de oro que le proporcionó Hermes, que inmediatamente llamó mi atención y la cisterna, de por sí impresionante, cobró un doble valor: la belleza del espacio y el detalle arbitrario en el pie de un arco.

Enseguida pregunté en mi interior cómo acabó la cabeza de la Medusa en el subsuelo de la basílica constantinopolitana.

Las Gorgonas se llamaban Esteno, Euríale y Medusa, todas ellas bellas en un tiempo. Pero una noche Medusa se acostó con Poseidón, y Atenea, furiosa porque lo habían hecho en uno de sus templos, la transformó en un monstruo alado con ojos deslumbrantes, grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas y cabellos de serpientes, cuya mirada convertía a los hombres en piedra.

Perseo acabó con ella e hizo estragos con su cabeza inmovilizadora, que acabó en la égida de Atenea, pero en ningún sitio dice que llegara a formar parte de la columna de una cisterna de la única ciudad del mundo entre dos continentes.

Por otra parte, cuenta Pausanías, Atenea le dio a Asclepio, fundador de la medicina, dos redomas con sangre de la gorgona Medusa; con la extraída de las venas de su lado izquierdo podía resucitar a los muertos, con la extraída de su lado derecho podía matar instantáneamente (así que no era tan mala como decían).

Viernes, 05 de Abril de 2013 22:04 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Una temporada en el infierno

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Caronte se inclinaba hacia adelante y remaba (Lord Dunsany).

Para Sartre el infierno son los demás; para Torrente Ballester, más hispano, o sea, más quijote, advierte en el prólogo de su Don Juan que el infierno somos nosotros mismos; pero para mí el infierno es el amor no correspondido, el abandono, el engaño…

En el tratado De Coelo et Inferno, de Swedenborg (1758), se puede leer que “el infierno no es un establecimiento penal sino un estado que los pecadores muertos eligen, por razones de íntima afinidad, como los bienaventurados el Cielo”.

Aunque si le hacemos caso a santa Brígida de Suecia, el mismo Hacedor le confesó que “el infierno estaba vacío”. ¿Quién va a elegir un lugar de tinieblas y continuos padecimientos pudiendo abrazar la gloria? A no ser Luigi Pirandello cuando, después de calibrar todos los personajes que presumiblemente ascendían al Paraíso, llegaba a preferir un “infierno climatizado”.

Goethe, en Fausto, tiene clara la existencia justa del erebo. El padre de la literatura germánica nos dice: “ya que tiene el infierno más de una boca, sabe tragarse a cada cual según corresponde a su dignidad”.

Que exista el infierno, fuera de nuestra realidad, no estamos seguros. Que exista el cielo, tampoco. (Quizá ocupen a fin de cuentas el mismo estadio.)

No obstante es necesario el establecimiento de esos dos lugares para la antagónica discriminación del bien y del mal en las mentes temerosas que se hayan acogido al regazo de alguna creencia relativa. Porque, como escribía John Stuart Mill en 1854: “es instructivo observar cómo pueden decirse exactamente las mismas cosas en defensa de todas las religiones”.

El cielo, con variaciones, siempre es la gloria; la risa ríe; el dolor duele; y el infierno, ay, cada vez es más profundo.

* Una temporada en el infierno es el título de un poema de Arthur Rimbaud.

Jueves, 04 de Abril de 2013 11:19 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Caracol

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En japonés caracol suena katatsumuri. Es bonito no más y me impulsa a crear esta entrada.

Aunque este molusco bisexual no es animal de bestiario, Claudio Eliano lo menciona como alimento de algunas aves, que lo elevan a gran altura para dejarlo caer sobre las rocas y así quebrarles el caparazón para comérselo.

Un águila procedió de igual guisa con una tortuga y, al estrellarla contra una piedra lisa y bruñida, resultó ser la calva del dramaturgo griego Esquilo en el 456 a.C., cumpliéndose la predicción de que moriría aplastado por una casa. Por eso vivía solo en el campo.

Corominas, en su diccionario etimológico propone, después de hartas teorías, que la palabra ‘caracol’ puede ser concebible como un ‘catalanismo gastronómico’. Y argumenta que “uno de los ejs. más antiguos está en el Arte de Cisoria de Villena (1423), obra llena de costumbres y vocabularios imitados de la corte barcelonesa: en este libro se nos describe la forma de comer urbanamente caracoles (…) con la advertencia de que muchos no gustan de esta comida”.

Jules Renard en sus Historias naturales dice que el caracol tiene el cuello de jirafa encogido y que hierve como una nariz llena. Y Juan Eduardo Cirlot (Diccionario de símbolos) lo asocia al sistema jeroglífico egipcio y la espiral microcósmica de su caparazón.

Por esta misma razón de infinitud, el caracol (o la caracola) es fuente de inspiración. Nono Guirado los utiliza como leitmotiv en sus cuadros.

Para mí el caracol se muestra en plural. Los caracoles es un cante flamenco de la familia de las cantiñas de Cádiz, que provienen del pregón de un mercader por las calles de Madrid.

* Ilustración de Tolouse-Lautrec para el libro de Jules Renard.

Sábado, 30 de Marzo de 2013 11:24 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 10 comentarios.

La vida desordenada

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Retomo y maleo un poema-pregunta que escribí hace mucho, inserto en el cuaderno impublicable Poemas para cantar en el agua, y pienso que necesito un respiro.

¿Has visto, amor, los rápidos
que torpemente
se precipitan en cascadas
componiendo un escándalo
de blanquísima espuma,
de agua y de luz,
de violencia estancada en kilómetros de río,
para calmarse
y dejarse morir un poco
en la tranquilidad
siempre inmensa de un lago?

Mis días se acumulan en estridencia y no encuentro el viento que me empuje hacia buena travesía.

La noche, el amor, las ganas, la costumbre, la luna, los amigos y de nuevo el amor en su extensión, que no es otra cosa que el desamor.

Recuerdo un poema de Cavafis que responde a mi estado:

Por las tabernas y burdeles
de Beirut malvivo. No quería quedarme
en Alejandría. Me abandonó Tamidis
y se fue con el hijo de Eparcos para tener
una villa en el Nilo, un palacio en la ciudad.
No podía quedarme en Alejandría.
Por las tabernas y burdeles
de Beirut malvivo. En disipación abyecta
paso vilmente la vida. Lo único que me salva
como belleza duradera, como aroma que sobre
mi cuerpo ha quedado, es que tuve por dos años
como mío a Tamidis, el joven más maravilloso,
como mío no por una casa o una villa en el Nilo.

Viernes, 29 de Marzo de 2013 13:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Carpe diem

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En el muro del patio del colegio de mi niño hay un mural abundoso de colores, con personajes y palomas, y una gran frese que lo atraviesa y le da sentido. La he vuelto a ver y creo que la retengo. Dice textualmente: “No hay camino para la paz / la paz es el camino”.

No obstante, en mi memoria, no sé, trocaba ‘paz’ por ‘libertad’. Ambiciosas las dos palabras. Utópicas en su ideal.

La paz más verdadera que conozco es una amiga que se llama Mª Paz.

La libertad sigue siendo un camino de difícil aplicación al compartir una sociedad llena de fronteras. Las leyes, las reglas, las normas de convivencia restringen esa libertad. La ética, la moral, la educación, también acortan nuestras alas.

Quizá deberíamos revisar los conceptos desde un principio. Quizá la libertad no tenga techo, aunque sí paredes (¿un pozo chico?). Quizá nuestros límites entronquen con nuestra voluntad, haciendo de la libertad un sistema metódico. Somos libres de autoimponernos los vetos que queramos; somos libres de elegir el camino en el jardín de Borges. (El norte no es un punto, sino una dirección.) Nuestro propio determinismo es nuestra libertad.

O, como dijo Julio Verne en Cinco semanas en globo: “yo no sigo mi camino; el camino me sigue a mí”; o Chesterton en El difunto Matias Pascal: “la aventura puede ser loca, el aventurero no”; o el remedo que hice al tropezar con la frase: “el piano puede ser de cola, el pianista no”.

La libertad ha de ser global o no ha de ser. Mi libertad termina donde empieza tu libertad. No debemos hacer lo que queramos, sino querer lo que hagamos.

Ser sublime, como dictaba Baudelaire. Sin interrupción, terminaba apuntando. Una fiesta cada día. Y el futuro no existe. Carpe diem, escribía Horacio (siglo I a.C.), haciendo una invitación a gozar el momento presente, ya que el día de mañana es incierto.

…Aprovecha este día, escribe el vate latino en su oda XI, y cuenta lo menos que puedas con el mañana (…carpe diem, quam minimum credula postero).

En la Edad Media, esta sentencia, animaba a aprovechar el presente porque el final estaba cerca; en el Renacimiento, incitaba a disfrutar la belleza y la juventud; durante el Barroco, pesimista y religioso, se volvió a imponer como  revulsivo al temor por la proximidad de la muerte.

La censura de posguerra prohibía toda serie de manifestaciones que vinieran a decir que hoy por hoy es lo único importante. Recuerdo un tema de Bonet de San Pedro (cantado después por Fangoria) que decía Rascayú cuándo mueras qué harás tú. Tú serás un cadáver nada más. Rascayú cuándo mueras qué harás tú.

También recuerdo una obra basada en el Anfitrión de Plauto y Molier, donde actuaban Jesús Herrera y Santi Rodríguez, que repetía: Vivid, vivid como dioses, gozad, os lo rogamos.

Detengamos la búsqueda. No hay camino para la paz, recuerden, la paz es el camino.

* Horacio en la ilustración.

Jueves, 28 de Marzo de 2013 10:40 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

La ciudad de Ys

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Llevo unos días oyendo las composiciones del bardo bretón Allan Styvell, pues su música me vino de inmediato a la cabeza mientras mantenía una conversación con mi hijo sobre lenguas muertas. No sólo el griego clásico y el latín, sino también el bactriano y el ulfiano. A él le interesó especialmente el indoeuropeo, decir primerizo del que provienen gran parte de las hablas desaparecidas que a la vez han desembocado en las lenguas actuales.

Recordé entonces que el músico celta, ayudado por el arpa, cantaba en inglés y francés, pero también en sanscrito.

Acudimos a él y comenzamos a recorrer sus composiciones y conciertos. Uno de sus temas, harto melancólico, está inspirado en una isla sumergida en el siglo V, en la armoricana ciudad de Ys, lo que me dio pie para compartir con Juan esta leyenda.

El anciano y viudo Gradlon, rey de Cornualles, hizo construir para su mimada hija Dahut la maravillosa ciudad de Ys, “donde reinaban la riqueza, la libertad y la alegría”. Ys (o Yss) era una isla situada por debajo del nivel del mar, cerca de la punta de Luguéné, en la que un dique protegía su puerto.

Hay varias versiones sobre su hundimiento pero todas coinciden que, como una Sodoma y Gomorra, fue porque creció el desenfreno y el descontrol. Una historia de piratería confabulada por dragones y los caprichos extremos de la princesa es la leyenda compartida con ni hijo, pero la copla más extendida fue que el castigo recibido aconteció por el habitual pecado de incesto (sobre todo entre padre e hija).

Yss, según nos recuerda Cunqueiro, desde que las aguas la cubrieron (asolagaron dice él), nunca fue vista, ni nadie pudo descender a ella, aunque sí fueron oídas alguna vez las campanas de sus iglesias, “lo que puede probarse con Debussy”  (La Catedral Sumergida, 1910).

Se oyen sus campanas, pero también se adivina sobre las aguas un breve reflejo de blanco y oro de la torre sumergida de alguno de sus siete castillos, y los ladridos difusos del alano del rey cuando las barcas pasan cerca de la puerta del palacio.

Umberto Eco, en La isla del día de antes, cuenta que tanto el rey de Yss como sus dignatarios vagaban por entre las torres y el gran puente de Crogh convertidos en peces, el monarca de mayor tamaño, observando de vez en vez, según Yves Le Bronder, “un reloj de sol, en el cual esperan ver la hora de la desecación, el castigo cumplido, en la que su ciudad y su reino, volviera al aire y la luz”.

Aprovechando esta leyenda, otro día hablaremos de otras ciudades sumergidas como la Atlántida platónica, la gallega Antioquia, la irlandesa Hy Brasil, la francesa Ile Verte y la portuguesa Ilha Verde; todas variantes de esta misma hagiografía.

 

Jueves, 21 de Marzo de 2013 10:25 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.

Antropofagia

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Se está rodando en Granada durante estos días una película de Manuel Martín Cuenca llamada Caníbal, que, según propaga, “narra la historia de Carlos, el sastre más prestigioso de Granada. Un hombre respetable. Su vida es el trabajo y comer. Pero no cualquier cosa. Carlos es Caníbal. Se alimenta de mujeres. Turistas, forasteras, desconocidas con las que no tiene ningún vínculo emocional...”.

Leyendo esto, no tenemos más remedio que acordarnos de ese otro caníbal cinematográfico, Hannibal Lecter, de El silencio de los corderos. Pero este sastre es más cercano, mucho más cercano.

Recuerdo que Perucho nos hablaba de Don Faustino de la Peña y su enigmático Tratado de Carnes, cocinero de su majestad, que, en su florilegio de sabores, refería la carne humana como de algo salobre, aunque la de tierno infante se asemejaba a la del cochino. “Esta clase de carne en estado joven, cuenta literalmente, no tiene mal olor ni sabor; es más delicada que la del cerdo, a la que se asemeja; es de fácil digestión”.

La antropofagia no es una afición que comparta. Muy al contrario, considero una aberración que, como tal, merece un estudio o al menos algunas líneas.

A veces se practica por necesidad (por necesidad hasta los musulmanes comen carne de marrano o los judíos de animal con las uñas retorcidas). Recordamos también, a este respecto, historias de naufragios, como La balsa de la Medusa, esa episodio que retrató maravillosamente Théodore Géricault a principios del XIX; o la aventura de ese equipo uruguayo de Rugby, que se estrelló en los Andes cuando viajaba en avión de vuelta de un encuentro y se vieron obligados, al cabo de equis días, a comer carne humana. Una película del suceso, Viven, nos lo cuenta con todo detalle.

Julio Verne ya lo decía en su obra Cinco semanas en globo: “en caso necesario, se come lo que se encuentra, aunque sea a un semejante, lo que, sin embargo, constituye una comida que debe dejar no sé qué en el corazón”.

Aunque quizás, no sé por qué, llegues a acostumbrarte, como los que comemos caracoles, como los que comen caballo, aún sin saberlo. Y, algunos otros, piensan que es un extremo que se podría considerar. Francisco Ayala, nuestro Francisco Ayala, reconoce en su Historia de macacos: "lo que pasa es que a todos nos gustaría probar la carne humana".

Caníbal, según Ambrose Bierce en su renombrado El diccionario del diablo, es un “gastrónomo de la vieja escuela, que conserva los gustos simples y la dieta natural de la época preporcina”. Sin embargo Fernando Savater apuntó que el canibalismo no era gastronomía, haciendo una comparación sobre los límites que se traspasan en no recuerdo qué argumento. Así como el incesto lo podemos considerar como el último pecado, la antropofagia determina el más horrísono de los crímenes alevosos.

Manuel Vicent, siguiendo el mismo argumento, la comparaba a la tauromaquia diciendo: “admito que el toreo sea un arte si a cambio me concede que el canibalismo sea gastronomía”. Ahí está el debate.

Julio Camba, en uno de sus libros, no recuerdo cuál (falta este dato en mis archivos), dice: “los hombres más leales, más sinceros, más nobles, más candorosos y más buenos del mundo se los encontró el capitán Cook en Oceanía; pero estos hombres tenían un pequeño defecto: eran antropófagos”.

Aunque, para terminar, yo me quedo con el enunciado, tan actual como verídico, de Alfred Jarry en sus Escritos breves, cuando advierte que “hay, como se sabe, dos formas de practicar la antropofagia: comer seres humanos o ser comido por ellos”.

*La balsa de la Medusa.

Jueves, 14 de Marzo de 2013 10:26 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Algunos demonios por orden alfabético

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El diablo no juega a los dados. Me encantan los libros donde los demonios andan sueltos, ya sea para hacer de las suyas ya para comprar ánimas desesperadas. Las obras de Cunqueiro y de Perucho siempre están salpicadas de estos seres infernales. Los leo y los releo con renovado deleite.

Otras obras, quizá sorprendentes, me vienen a la cabeza. A vuelapluma podría acordarme de Mefistófeles en la obra de Goethe o en ese otro remedo llamado Doktor Faustus, quien gracias al Maligno inventó la imprenta de tipos móviles antes que Gutenberg, aunque esto Mann no lo reflejara en su obra. Otro diablo compañero, como si se tratara de una novela septentrional (según Cervantes), vemos en el Don Juan de Torrente Ballester, que nos recuerda al mismo diablo que compartió remo de galeote con el virtuoso Paganini.

Cómo no traer también a colación El Retrato de Dorian Gray de Wilde o el divertidísimo El maestro y Margarita de Bulgakov.

Mi intención es más bien investigadora, pues, desde hace un tiempo, deseo averiguar cómo se canjea el alma por una vida algo más anchurosa, pues la mía anda bien flaca. Pero hasta ahora no lo he averiguado, pues dice Eduardo Mendoza en La ballena, cuento incluido en Tres vidas de santos, que “el hombre no es nada si no le empuja el diablo”.

Demonios hay a cientos. (“Uno de los lamentables errores del creador”, comenta Ambrose Bierce en su imprescindible El diccionario del diablo.)

Minutas de estos seres azufrados podemos encontrar en El bestiario de Ferrer Lerín o en el Diccionario infernal de Collin de Plancy, cada uno con sus funciones y sus aficiones, sus debilidades y sus características.

Tomo algunos de ellos, como siempre al azar y sin ningún ánimo exhaustivo, y los reflejo siguiendo su abecé (hago notar, por otra parte, la cantidad de endemoniados que comienzan por la letra ‘a’):

Algabat es demonio imberbe y asaz delicado, de formas redondeadas y bondadosas, que toma aspecto de mujer para ir precisamente al baño de las mujeres (los baños de mar, se sobreentiende).

Ammon (también llamado Aamon) es diablo principal en la jerarquía de los Infiernos. Pasa por ser fuerte, grande y poderoso. Se representa con figura de lobo con dientes muy afilados. Sabe de lo pasado y de lo venidero; de la amistad y del antagonismo.

Andrialfo es demonio reconocido por lo común. Acostumbraba a tomar figura de búho. En su apariencia de hombre se empeña en dar lecciones de geometría por ser harto versado en esta disciplina. También es dado a la astronomía, al derecho, al comercio y al lenguaje de las aves.

Arnulfo es demonio de grado intermedio, perfumista de oficio y en posesión de una notable dialéctica teológica. Es tartamudo. Defecto que le ha perjudicado, privándole de pasar a esferas o grados superiores en la jerarquía infernal. Arnulfo decíase autor de un tratado intitulado De las Pelucas.

Asmodeo es maligno destructor; enamoradizo y aficionado al juego. Trasformado en serpiente, fue el satán que sedujo a Eva.

Astarot, aunque con figura de ángel, es bien feo demonio. Cabalga humeante dragón y porta ponzoñosa víbora en la mano derecha. Procura la amistad con los grandes señores y políticos corruptos. Se le invoca los miércoles, previendo que no se acerque en demasía pues su hedor es enojoso, sólo combatible con un anillo de plata en la nariz.

Belcebú es el dios de las moscas, que son engendradas por los rayos solares en el agua estancada. Covarrubias (Tesoro de la Lengua Castellana o Española) lo llama Belzebub que proviene del hebreo Bahal-zebub. El premio Nobel (1983) William Holding se acordó de este demonio en su novela El Señor de las Moscas.

Cobillón es demonio perfumista y perfumado, bello, resultó y discretamente elegante. Es el antagonista del feo Astarot.

Croizás, natural de Pamplona. Don Merlín, según el vate de Mondoñedo, lo convirtió en haz de paja ardiendo. Era de la tenencia de los fornicadores. Se hizo pasar en Miranda por don Silvestre, alcalde constitucional de Burdeos en Gironda.

Shemnazai se introdujo en el Arca por un respiradero, convertido en humo y yació con la mujer de Cam cuando estaba dormida con las damas, pues Noé mantenía separados los machos de las hembras, dispersando su simiente.

Otros demonios o sobrenombres de ellos son: Abaddon, Agarés, Andras, Bitro, Caacrinolas, Lucifer, Satanás o Simón el Mago y sus sucesores: Basilides, Caprocato, Marco, Menandro y Saturnino…

Martes, 12 de Marzo de 2013 10:15 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Brígida

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Esta mañana me he encontrado con Brígida, que asegura que su nombre es sueco, aunque en realidad proviene del gaélico Brighid o Bridgid, de la raíz celta brigh (fuerza). Brighid era el nombre de una diosa céltica (antiguamente la Diosa Blanca, la Triple Musa vivificadora), cuyo fuego sagrado perpetuo se mantuvo encendido en un monasterio de Kildare hasta la época de Enrique VII.

Brigit, Brighid o Bridgid era patrona de todas las artes y Apolo siguió su ejemplo. Era la diosa pagana protectora, según Graves, de los bardos kelticogaleses. Su padre era un rey de Leinster y su madre una esclava. Después de su conversión al cristianismo pasó a ser Santa Brígida de Irlanda.

Mario Polia escribe, en El misterio imperial del Grial (título con cacofonía preocupante): “Cuenta la leyenda de Santa Brígida que los grandes cisnes silvestres de las regiones del norte volaban hacia ella y bajaban al estanque congelado de Kildare para que la santa los acariciara”.

Sin embargo, su nombre, según la breve historia que me contó mi amiga, sí proviene de Suecia. De hecho, en este país frío, también hubo una santa Brígida, que fundó la orden católica que lleva su nombre y fue nombrada patrona de Europa; aquella que escuchara la Voz irrefutable diciendo: “el Infierno está vacío”.

Brígida tiene dos ies en su nombre. Cunqueiro, en su Balada de las damas del tiempo pasado, interpretando un bello poema de Rimbaud sobre las vocales, comenta que la i es necesaria; todo nombre de mujer ha de tener una i…

En el santoral irlandés, Brígida reza tanto hembra como varón. Se habla en algunas sagas de un santo monje llamado Brighid que recorría las colinas de su país advirtiendo a los pequeños ríos sobre el océano donde habrían de morir.

Cioran, en Breviario de podredumbre, dice que “hubo un tiempo en el que solamente pronunciar el nombre de una santa me llenaba de delicias, en el que envidiaba a los cronistas de los conventos, los íntimos de tantas histerias inefables, de tantas iluminaciones y de tantas palideces. Estimaba yo que ser secretario de una santa constituía la más alta carrera reservada a un mortal. E imaginar el papel de confesor junto a bienaventuradas ardientes y todos los detalles, todos los secretos que un Pedro de Alvastra nos ocultó sobre santa Brígida (...). Me daban el gusto sensual de otro mundo”.

Viernes, 08 de Marzo de 2013 19:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Chispas

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Me acaba de suceder. He llamado por teléfono a una entidad bancaria en la que supuestamente tengo un fondo de pensiones para hablar con mi agente para ver la posibilidad de hacer uso de ese dinero en breve por si, al paso que voy, no llego a pensionista.

Me responde una voz femenina con aire familiar y me dice: “hola, guapo” y, acto seguido, para mi disgusto, se disculpa diciendo: “perdone, creía que era mi marido, que me iba a llamar inmediatamente”. Le comento que no pasa nada, que me acaba de alegrar la mañana. Ella misma se alegra por haberme alegrado el día. Insisto en que ojalá todo el mundo, conocido y desconocido, saludara así. Abunda aún más, por el cuartelillo que le doy, apuntando que lo de “guapo” sigue en pie (más alegre, si cabe).

Mi asesora no estaba, así que toma nota de mi nombre y mi teléfono. Me despido devolviéndole el “adiós, guapa”, pero ya no hay contrapartida.

Cuelgo el inalámbrico con la sonrisa puesta y con ganas de compartir este episodio.

Miércoles, 27 de Febrero de 2013 13:05 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Argucias legales

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Ignoro lo que vale una entrada de fútbol, pero me quedé con la anécdota de la reventa prohibida. Entonces vendían un bolígrafo por trescientos euros (pongamos por caso) y regalaban una entrada para ver el partido de ese día.

Es curiosa la noticia sobre todo por conocer el ingenio para saltarse las normas.

Con mis hermanos, cuando era pequeño, colocábamos un libro encima de la televisión y, cuando iba a salir la clasificación de la película vedada, alguien se levantaba a consultar algo y se retiraba cuando los dos rombos habían desaparecido de la pantalla. Así mis padres no atendían a que fuese un film para mayores.

Contaba mi padre, en broma, que se había comprado una pipa larga porque el médico le recomendó que se apartara del tabaco.

También leí en cierta ocasión que durante la Ley Seca que se impuso en los Estados Unidos en los años veinte, se vendían unos envoltorios de zumo de frutas en los que se podía leer la siguiente advertencia: “Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclado con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación esta prohi­bida”. 

Viernes, 22 de Febrero de 2013 21:10 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 8 comentarios.

El bozo femenino

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A pesar de la belleza somática de Frida Kahlo, siempre me ha llamado la atención el incipiente bozo sobre su labio superior que nunca trató de ocultar.

La mujer, por natura, es imberbe, aunque la depilación y los afeites tengan mucho que decir al respecto. Los indios también eran barbilampiños salvo los hotentotes que, quizá por la rima, ostentaban bigotes.

No hace tanto que en los circos se mostraba como atracción a la mujer barbuda que, si no era una rareza, sí gozaba de los mismos extremos que el hombre forzudo o las hermanas siamesas.

Genéricamente, en nuestra civilización, el bello en la mujer roza lo antiestético, pero no siempre ha sido así o no para todos.

Rescato, para su defensa, un par de textos de Gustave Flaubert, donde exalta la indudable ‘belleza’ de la mujer tildada de bello bajo su nariz.

El primero de estos párrafos, que pertenece a Memorias de un loco (1838), dice así: “Era grande, morena, con magníficos cabellos negros que le caían en trenzas sobre los hombros; tenía nariz griega, ojos abrasadores, cejas altas y admirablemente arqueadas, su piel era ardiente y como aterciopelada con oro; era delgada y fina, se veían venas de azur serpenteando sobre aquella garganta morena y púrpura. Y como añadido una pelusilla masculina y enérgica capaz de hacer palidecer las bellezas rubias”.

En 1857, con Madame Bovary, el novelista francés vuelve a insistir: “Nunca Madame Bovary estuvo tan bella como en esta épo­ca: tenía esa indefinible belleza que resulta de la alegría, del en­tusiasmo, del éxito, y que no es más que la armonía del tempe­ramento con las circunstancias. Sus ansias, sus penas, la expe­riencia del placer y sus ilusiones todavía jóvenes, igual que les ocurre a las flores, con el abono, la lluvia, los vientos y el sol, la habían ido desarrollando gradualmente y ella se mostraba, por fin, en la plenitud de su naturaleza. Sus párpados parecían recortados expresamente para sus largas miradas amorosas en las que se perdía la pupila, mientras que un aliento fuerte sepa­raba las finas aletas de su nariz y elevaba la carnosa comisura de sus labios, sombreados a la luz por un leve bozo negro”.

Para no quedarme en un autor y un momento, cito a continuación un pequeño poema de Al-Mutamid de Sevilla, traducido primorosamente por Miguel Hagerty:

El bello de la cara perfeccionó su belleza

casando la noche con el día.

Negro sobre blanco, narciso, y mirto

la tertulia sería perfecta si su saliva fuera mi vino.

Jueves, 21 de Febrero de 2013 09:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 9 comentarios.

Aproximación al nombre de Granada

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Granada, desde el siglo tercero antes de nuestra era, o posiblemente antes, constituía un oppidum. Es decir, una célula básica de organización urbana que se daba tanto en Hispania como en Galia, Britania y el norte de África. Era un núcleo de población fortificado situado en altura, o sea, una habitación con vistas.

Los íberos lo llamaron Iliberri hasta la conquista de los romanos entre los años 208 y 206 a. C., que, conservando su nombre, le añaden el calificativo de Florentia, o sea, florida, quedando como Iliberri Florentia. (En la Provenza francesa hubo un núcleo ciudadano con el mismo nombre: Iliberis.)

Plínio, en sus escritos geográficos, llama a la ciudad Iliberri; mientras que Ptolomeo la denomina Illiberis.

Ili, en íbero, significa ‘ciudad’, como llevan muchos otros nombres (Ilipa, Iliturgi, Singili o Sacili). Berri proviene del vasco, del copto o del hebreo, con el significado de ‘nuevo’.

En el año 45 a. C. Julio César, para “premiar su fidelidad”, le concede a la ciudad estatuto jurídico de municipio latino, llamándola Municipium Florentinum Iliberritanum.

Con los visigodos, retomó la primera denominación de Iliberri o Iliberis, hasta que, al trasladarse la capitalidad tras la conquista musulmana, fue llamada Garnata al-yahud, “la villa de los judíos” (los hebreos llamaban a su barrio Granata, que corresponde con la zona de la Antequeruela –judíos de Antequera-, actualmente Realejo), suplantando definitivamente la nominación íbera.

De ahí derivó el actual nombre de Granada, ‘la granate’, ‘la de color grana’.

Sábado, 16 de Febrero de 2013 09:33 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Sueño en el pabellón rojo

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Acabo de terminar de leer la primera parte de Sueño en el pabellón rojo de Cao Xueqin (siglo XVIII), publicado, este primer tomo, por la Universidad de Granada en 1988. En realidad me lo he releído, pues lo leí en su tiempo, poco después de su aparición.

Años después salió el segundo tomo y el tercero no ha llegado a ver la luz (ni sé si se llegará a editar).

Sueño en el pabellón rojo es una obra maestra de la literatura china y una de las cuatro novelas clásicas chinas, que trata de las costumbres y la vida regalada de algunas familias emparentadas con el Emperador.

Son asombrosas las relaciones entre las personas, la diferencia de clases, las ceremonias, el paso de la vida…

Pensé en releerme la obra completa, las tres partes (de casi 1.000 páginas cada una), cuando la tuviera en mi poder, aunque, por no saber si el último tomo llegará a mis manos, he querido retomar los dos primeros (el segundo lo abordaré en unos días).

Mis impresiones (en su primera lectura) fueron y son abundantísimas. Tan sólo vislumbrar el ambiente de aquella época, su filosofía, su religiosidad y paisanaje, me seduce sobremanera.

Un factor, no obstante me preocupa. La obra tiene más de cuatrocientos personajes y, al estar la mayoría emparentados, sus nombres son muy parecidos. Confieso que a estas alturas confundo los actores y la relación entre ellos, salvo los más evidentes, los protagonistas, aunque, al ser genéricamente una obra coral, todos tienen su voz.

Atended si no a este párrafo extraído de la página 347, casi al azar: “Algún tiempo después Jia Zhen, acompañado de sus asistentes, anunció a Jia Zheng la culminación de los trabajos del nuevo jardín, y le informó de la inspección que ya había realizado Jia She”. Todo un trabalenguas que impone el uso de papel y lápiz para ir haciendo un índice onomástico o un árbol genealógico de los que el libro asombrosamente carece.

Así, con meridiana comprensión de quién es quién (Who’s who) me lanzaré de cabeza hacia el segundo tomo conociendo de antemano que me quedará aún una nueva relectura.

Jueves, 14 de Febrero de 2013 10:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

45 am

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La televisión que tenemos en casa es antigua y de pantalla cuadrada, de forma que las películas panorámicas se ven recortadas por los extremos. No soy muy asiduo a la tele, casi nunca, pero en estos meses oscuros gusta arrellanarse en la camilla y visualizar una película (la prefiero con intermedios para estirar las piernas, ir al lavabo, comer algo o echarle un vistazo al periódico).

Mi padre se engancha con poco interés a lo que estoy viendo y normalmente, ya sea por su sordera senil, ya por falta de interés, ya por lo enrevesado del argumento, se queda en blanco.

Me interroga sobre lo que aparece en la pantalla, manifestando sus dotes surrealistas; otras se pone a interpretar el filme en cuestión (con las noticias también lo hace), rizando el rizo de la incomprensión o su mundo particular.

El otro día, viendo un largo sobre la guerra fría en la que entraban las prisiones en Camboya como enriquecimiento de la trama, mi padre se incorporó y, en las letras a pie de imagen, leyó “cel de Kampot”. Lo dejé con la intriga.

Después, como solían aparecer las horas en una cuenta atrás decisiva, donde rezaba: 45 am, debería haber puesto: 7,45 am.

Siguiendo el argumento, para mí no era difícil colegir la letra oculta, pero para el padre de mi hermano constituía todo un enigma. Así que lo interpretó a su manera diciendo: “cuarenta y cinco años más tarde”.

Martes, 12 de Febrero de 2013 13:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

No dudaría

El martes vino mi niño con una nueva canción que le habían enseñado en el cole. Era el antiguo éxito de Antonio Flores, No dudaría. Me alegré de que no fuera una de las canciones ñoñas a las que suelen acudir las maestras para incidir en su apuesta de modernidad.

Con todo y con eso, con la gracia de los ensayos camino a casa, le sacamos punta y, con la misma música, compusimos una letra que tiene mucho que ver con el rollo carnavalero de estos días.

Si pudiera volar

como un colibrí

si pudiera aguantar

estas ganas de pis,

no dudaría,

no dudaría en comer perejil.

Si pudiera comprar

esas gafas de ver,

si pudiera sembrar

siete flores de té,

no dudaría,

no dudaría en comer perejil.

Quisiera ver a María

achicharrarse con tu ausencia,

pero nunca,

nunca más viajar a Valencia.

 

Sábado, 02 de Febrero de 2013 09:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Argumentos

Ha pasado ya algún tiempo desde que cerré este blog y por una u otra vía he recibido comentarios, en gran medida para que me lo repiense, pues se me leía con agrado. Soy consciente de este seguimiento alrededor de todo el mundo y la expectación que creaban mis entradas, tanto de flamenco como de otra cualquiera intención literaria, poética o fabuladora. Pero mi decisión es irreversible, hoy más que nunca.

Cuando a los indios de Norteamérica les afectaba algún gran dolor espiritual se infringían un fuerte dolor físico que paliara en cierta manera el desasosiego de su alma.

Así, quise amputar parte de mi voz y de mi visión para contrarrestar un revés que no viene al caso su descripción.

No pienso, en principio, retomar esta actividad por ningún lado, como muchos de vosotros apuntáis esperanzados.

Quería responder una por una cada palabra de ánimo, pero no he tenido fuerzas. Valga esta nota ‘póstuma’ para agradeceros a todos vuestra atención.

He preferido escribir un artículo nuevo que expresarme en unos comentarios que sin duda después de tanto tiempo pasarían desapercibidos.

Para los que quieran seguir las noticias, críticas o novedades del flamenco en Granada, les dejo esta dirección: http://www.granadaesflamenco.com/ (en la cual empiezo a colaborar, pues ha sido más fuerte la insistencia que la resistencia).

Para los que quisieran cualesquiera otros pensamientos, tendrán que esperar a que de nuevo las cartas me caigan boca arriba, aunque me temo que la suerte nunca me mira a la cara. 

Hasta siempre, como ya dije en el post de despedida.

Viernes, 27 de Julio de 2012 16:21 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Hasta aquí he llegado

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Ayer hubo una hermosa luna. La primera luna llena de julio. Hoy, 4 de julio de 2012, a dos días de que se cumplieran veinte años de la desaparición en vida del gran Camarón de la Isla, después de seis años y medio de artículo casi diario, doy por finalizado este blog que tantas satisfacciones me ha dado.

Gracias a las miles y miles de personas de los cinco continentes que me han seguido en este periplo. Me enorgullezco de unos lectores que sin duda he creído siempre de calidad.

Hasta siempre.

Miércoles, 04 de Julio de 2012 16:22 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 23 comentarios.

El infierno y yo

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El otro día, por razones que no vienen al caso, estaba obcecado y, cuanto más obcecado estaba, más me obcecaba, simplemente por el hecho de estarlo.

Es un martirio. La depresión se alimenta de sí misma. El pecado es la condena.

Llegué a pensar que no necesitaba enemigos, pues conmigo tenía bastante. Yo solo. Yo frente al espejo. Yo reflexivo. Yo y mi cabeza (y mis circunstancias).

Para Sartre el infierno son los demás. Yo pienso como Torrente Ballester, que lógicamente era hispano (gallego para mayor abundamiento), quijote anónimo, quien insinúa en el prólogo de su Don Juan que el infierno somos nosotros mismos.

Algunos llevan la gloria consigo, otros un purgatorio continuo, incluso un limbo, muchos portamos un infierno por nuestro sentir, por nuestro carácter, por nuestro genio. (Clemenceau decía que quien tiene genio, tiene mal genio. No es el caso.)

Ya que tiene el infierno más de una boca, sabe tragarse a cada cual según corresponde a su dignidad dice Goethe en su Fausto.

El erebo se hace a medida, es como el budismo, no como el cielo que está perfectamente delimitado, perfectamente ordenado. El perfil que se necesita para entrar en la gloria es semejante en todos los mortales, pues hay que morir para ‘ascender’, porque el cielo, sin discusión, está arriba.

¿Y el averno está abajo? Posiblemente coincidan en un mismo lugar o en ninguno o en la cabeza del que lo piensa. Thomas Mann en Doktor Faustus escribe quien cree en el demonio le pertenece ya. Y posiblemente sea eso. El creyente va al cielo o se precipita en el orco, pero quien no cree tan sólo es comido por los gusanos que él mismo genera.

Esta duplicidad de Coelo et Inferno, como un mismo lugar, las dos caras de una misma moneda, el yin y el yang en un mismo espíritu, en un mismo pensamiento, es la misma dualidad (bien/mal, bueno/malo) que a todos nos atrapa.

Salvador Dalí lo expresa muy bien cuando afirma: no sabes que no existe el diablo, es dios cuando está borracho.

Sábado, 30 de Junio de 2012 20:17 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Verde

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A pesar del calor que ya hace, ayer cogí el autobús para ir al centro y, aparte de una mariposa amarilla que se había colado imprimiendo vida a tantos rostros ajenos, pude comprobar a través de los cristales lo verde que está lo verde.

Puede que no duré mucho, pues estas temperaturas, como digo, lo secaran, lo pardearán y lo amarillearán todo más pronto que tarde.

Pero ahora, ayer, estos días, después de la generosa primavera, los árboles ya crecidos de la avenida están frondosos y verdosos y alegres por las mañanas.

Pues el verde es el color de las plantas y de la vida (de la ecología); de la juventud en su fuerza y su vigor. El verde representa la esperanza y la alegría, pero también la decadencia, suele simbolizar los celos, la ingenuidad e indiferencia (“estar verde”).

Es el color sagrado del Islam, posiblemente porque la túnica de Mahoma era verde o porque el verde es el color de la vida nueva. En el cristianismo simboliza la Trinidad. En el pasado, la Iglesia lo adoptó como símbolo pascual y la resurrección de Cristo. Osiris, dios egipcio de la vegetación (y de los difuntos), solía pintarse de verde.

El “hombre o duendecillo verde” aparece en muchas culturas simbolizando un dios de la Naturaleza o de la fertilidad en general.

La luz verde es un signo de paso libre. Originalmente, y en combinación con el rojo y el ámbar, se utilizaba para la señalización de las vías del ferrocarril; después se adoptó para los semáforos.

Cuando el verano disuelva este verde, creo que hablaré de otros colores.

Martes, 19 de Junio de 2012 11:09 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

50 años

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Fernando Savater, en Tirar de la cuerda, un libro de ‘aforismos’ que Andrés Neuman se dedicó a compilar entresacando los subrayados, según cuenta, de una decena de libros del filósofo, que hace poco publicó la editorial Cuadernos del Vigía, nos dice que La estricta cronología no es menos arbitraria que el orden alfabético.

Hoy cumplo 50 años (me he resistido a ponerlo en letra, pero creo que una cifra tan redonda es más evidente poniéndola en número). Es decir, nací tal día como hoy de 1962. La hora no la sé, aunque quise averiguarlo en más de una ocasión. Mi madre dice que nací de noche. Todos mis hermanos nacieron de noche. Pero la noche en mi madre era bien relativa; se asociaba con la oscuridad, con la cama o con el sueño.

Medio siglo, que se dice pronto. Medio siglo sobreviviendo entre amores, desamores, amigos y detractores. Aunque, como dice Savater, la edad es un convencionalismo, es una forma (otra más) de estructurar las cosas. Los animales no saben la edad que tienen (no le temen a la muerte, según el filósofo vasco, porque no son conscientes de ella).

Después existen otros tópicos, que suelen rayar en bobería, como decir que la edad se lleva por dentro o que tienes la edad que sientes. Tenemos la edad que tenemos, mejor llevada o peor llevada, que traducido quiere decir, habiendo tenido mejor o peor suerte. Porque el albur, según los neodarwinistas, es un elemento imprescindible en la sobrevivencia de las especies, o sea, en la consecución de la vida.

Como tal convencionalismo, no tiene importancia (aunque menos la tiene el día de nuestro santo: casualmente nos llamamos de una forma que casualmente coincide con un señor que nació o murió ese día que casualmente la ‘Iglesia’ ha dado por subirlo al calendario…). Aunque la verdad llevo un año cumpliendo cincuenta. Los que no tuve, nunca los he tenido, los cuarenta y nueve (posiblemente ni los treinta y nueve, ni los veintinueve). Llevo un año diciendo que cumplo cincuenta y que no me lo creo. Entendedme, me lo creo porque los tengo, pero no soy consciente de mi edad, nunca lo he sido.

Quizá mi año natural ocupe unos meses de añadidura. Me debe costar más ir creciendo. Cada cual debería llevar su ritmo (recuerdo ahora que Silvia nació un veintinueve de febrero que, si se atañe a la letra, es decir, al número, cumpliría cada cuatro años).

Le pregunté a mi niño qué me iba a regalar. Me dijo que me compraría un libro. Pero sus ocho años (le llevo 41) no le permiten esa voluntad. Así que le dije que fuera a la biblioteca y eligiera uno de mis libros para regalarme (debo tener unos dos mil libros), a ver si acertaba. Decía que era muy difícil, que no sabía mis gustos. Sin embargo, si tengo unas obras determinadas fue porque me interesaron, que revolviera los anaqueles, etcétera.

Estoy deseando que salga del colegio para ver lo que me tiene preparado.

Lunes, 18 de Junio de 2012 11:41 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 16 comentarios.

Lenguaje, pero no palabras

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Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no                                             [lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.

Juan Carlos Friebe me propone este texto de Tranströmer (Estocolmo, 1931, Nobel de Literatura 2011) según la traducción de Roberto Mascaró, haciéndome entender que la verdadera poesía es lo cotidiano, el eslabonamiento de situaciones, lo natural, y no lo premeditado que a veces carece de espíritu y desborda técnica e intención.

Sábado, 16 de Junio de 2012 00:36 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Dejar las cosas intactas

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Keeping Things Whole

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the air moves in   
to fill the spaces
where my body’s been.

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.

Reconozco, como Monterroso, que tengo una cultura lacustre, o sea, llena de lagunas. No conocí al poeta estadounidense Mark Strand, nacido en 1934, hasta que lo leí en el autobús con motivo del FIP (Festival Internacional de Poesía de Granada).

Este Festival cuelga algunos poemas contemporáneos seleccionados en los cristales del transporte público para acercar el verso y el pensamiento del poeta en cuestión al publico.

Poco a poco, todos los textos los he ido leyendo con más o menos agrado o aplauso. Pero sobre todo éste de Strand me conmovió hasta la médula. Tanto que casi lo aprendí de memoria. Sin embargo, en su traducción algo había que no me encajaba.

A continuación copio mi propuesta que, aunque no sé idiomas ni mucho menos soy traductor, con ayuda del diccionario y otras versiones, me atrevo a plantearla así:

Dejar las cosas intactas

En un campo
yo soy la ausencia
de campo.
Esto es
siempre así.
Donde quiera que esté
yo soy lo que falta.

Cuando camino
parto el aire
y siempre
vuelve el aire
a llenar los espacios
donde mi cuerpo estuvo.

Todos tenemos razones
para movernos.
Yo me muevo
para dejar las cosas intactas.
Lunes, 11 de Junio de 2012 16:35 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Los libros son caros

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Los libros son caros. Es la frase que pronunció José Saramago al principiar su pregón en la XVI edición de la Feria del Libro de Granada (1999). Es una frase que me ronda la cabeza desde aquel entonces por su sencilla verdad, por su profundo dolor y por su cruda inmutabilidad.

El libro es caro entre otras cosas porque se grava con una gabela, como si fuera un objeto de lujo, de la que por ejemplo el material deportivo carece.

Cualquier lector que quiera estar al día, cualquier investigador, cualquier aficionado a la lectura debe hacer un desembolso importante en materia escrita. Quien tenga una biblioteca de más de cien libros o de quinientos o de mil posee un tesoro, pero más en inversión que en valor intrínseco. Digo que si se venden no recuperamos ni el veinte por ciento de su valor (y al peso, mucho menos).

Recuerdo que Saramago decía que España era uno de los países en que más se editaba y en la que menos libros se leían (no contrasté la verdad ni sé si sigue siendo cierta tal aseveración). Sea como sea, no creo que el precio de los libros determine el hábito lector de nuestras generaciones. La lectura comienza siendo quizás una obligación (o autodeterminismo) y termina siendo un placer rayano en el vicio.

(Natasha afirma que, junto al yoga y al amor, la lectura es la actividad que más le satisface.)

De todas formas, para leer no es imprescindible acumular libros (Monterroso advertía sobre los necios que basaban la sabiduría en esta posesión de libros, como si el intelecto tuviera mucho que ver con la osmosis). Basta visitar las bibliotecas y las casas de los amigos para pedir libros en préstamo o, si nos entra la fiebre materialista, siempre hay librerías de viejo que por un módico precio se pueden adquirir obras decisivas.

Hará un año que en una de estas librerías virtuales (o sea, por Internet) completé mi colección de Cunqueiro y algunos ejemplares más, posiblemente ya descatalogados.

También existe el boockcrossing que consiste en abandonar libros por las calles y quien los encuentre los lee o no y después los devuelve a ese mismo lugar o quizá en otro punto para que los encuentre otro fortuito lector. Hay ciudades, como Madrid, o localidades, como Maracena, donde han hecho la experiencia y ha funcionado.

Como aficionado no obstante tanto a la lectura como a la escritura pienso incluso que el libro no está pagado con su importe. Machado escribía que “Todo necio confunde valor y precio”. El trabajo de escribir una obra no está pagado. Entendedme. Le doy la razón al premio Nobel portugués de que los libros son caros, pero más caro es su parto.

Leo estos días la correspondencia que mantuvo Gustave Flaubert, con su amante, un amigo y su hermano durante los cuatro años largos que tardó en escribir Madame Bovary y, en esos tiempos (mitad del siglo XIX) no había más remedio que escribir y corregir a mano, con tinta y pluma y a la luz de las velas.

Concretamente, la carta enviada a Louise Colet, fechada el 25-26 de marzo de 1854, dice: Me da vueltas la cabeza y me arde la garganta de haber buscado, bregado, cavado, contorneado, tartamudeado y gritado, de cien mil maneras diferentes, una frase que por fin acaba de terminarse. Es buena, respondo de ello, ¡pero no ha salido sin esfuerzo!

Viernes, 08 de Junio de 2012 12:43 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Una interpretación diferente

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Tuvimos que ir a una misa de difuntos. Llevé a mi hijo Juan, que ya acumula ocho años en su haber y, por devenires oportunos, asiste a clase de catequesis, pues el año que viene hará la Primera Comunión, como un buen marinero.

Era una misa cantada pero las canciones eran antiguas, por eso mi niño cantó sólo el Santo, que parece que no cambia a través de los años. Igualmente, otras partes de la ceremonia las respondía. Otras me preguntaba.

Al llegar la Comunión, se asombró que yo no me pusiera en cola puesto que, después de la Primera, podías recibir todas las que le secundaran. Directamente le comenté que yo no comulgaba.

Juan casi extrañado me preguntó si es que estaba a régimen.

Domingo, 03 de Junio de 2012 23:31 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Se me saltaron los puntos

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Hace tiempo intenté leer por dos veces El mismo mar de todos los veranos de Esther Tusquets y no pude conseguirlo y eso que me agradaba el título, la crítica, el comienzo… (volveré a intentarlo). Es un libro sin puntos y aparte. La prosa es densa y continua, como quien piensa a borbotones.

No es que me dé miedo ese tipo de literatura, pues me interesa como manera exclusiva de expresión. De hecho me leí, con bastante agrado, Madera de boj, de nuestro ilustre Cela. Me gustó hasta el punto de desear volver a leerla en cuanto pudiera.

Es una forma de narrar como cualquier otra, aunque no deja de ser un ‘experimento’ puntual pues no siempre se escribe así.

La escritora estadounidense Gertrude Stein tenía verdadera aversión a los signos de puntuación, a excepción del punto y aparte, al que le consideraba ‘vida propia’.

Pensaba que las comas eran ‘serviles’, que los signos de interrogación y admiración ‘realmente repug­nantes’ y lo demás ‘artificios innecesarios de la escritura’. En general le parecían despreciables y, por tanto, no los utilizaba.

Su estilo se basaba en la repetición, como bien queda representado en su famosa frase: una rosa es una rosa es una rosa es una rosa...

Víctor Hugo, hallándose de viaje y deseando conocer la marcha de la venta de su obra Los Miserables, en 1862, envió una carta a sus editores, Hurst & Blackett, que simplemente ponía: ‘?’. Días más tarde, recibió la respuesta: ‘!’.

* Me escribe Carmen diciendo que mi entrada le ha recordado a un post que escribió este diciembre pasado en su blog (Memorable), advirtiéndome de antemano que "nada que ver con lo que dices, pero sí algo que ver jajajaja".

Lunes, 21 de Mayo de 2012 17:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El rojo está devaluado

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Cuando Europa se escora hacia la derecha nosotros nos teñimos de cárdeno. Ahora, que nuestros vecinos se entintan colorados, España cierra filas con la gaviota azul hasta conseguir que el rojo sea lo que fue, un subproducto del segundo mundo, propio de desarraigados y de gentes de mal vivir.

Sin embargo, el rojo es vivo y estimulante. Es el más cálido de los colores cálidos. El color de la sangre palpitante y del fuego bailón. Es el color de los sentidos vivos y ardientes, del corazón y la pasión, del amor y de la guerra.

Las novias indias, chinas y japonesas se visten de rojo como símbolo de amor puro, de buena suerte y fertilidad. Los calendarios cristianos marcan los días de fiesta en rojo.

El rojo se asocia con la matriz, con la fruta madura y el mito del fénix, que se destruye en el fuego pero renace de sus cenizas. También denota peligro.

La bandera roja es el símbolo de la revolución comunista, se izó por primera vez durante la Revolución francesa. Era la bandera de la Comuna de París en 1871. Más tarde fue adoptada por los comunistas rusos.

 

Domingo, 20 de Mayo de 2012 12:23 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Lo que sé de los coches de caballos

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Hace unos días le comentaba a Natasha que había encontrando un término susceptible de ser incluido en mi archivo de coches de caballos.

¿Tienes un archivo de coches de caballos?, preguntó asombrada.

Sí, le respondí, tengo un archivo de todo lo que me llama la atención.

Así tengo un archivo para los asuntos de piratas y otro para las sirenas, uno para las islas flotantes y otro para los antropófagos, uno para los santos y otro para la caléndula…

Los archivos no son exhaustivos ni metódicos, al contrario, son lacustres, es decir, llenos de lagunas, como decía Monterroso, arbitrarios y contingentes, enriquecidos con citas, más o menos citables, y reflexiones personales, a veces tan sólo a modo de apunte marginal o de anotación, si de un cuaderno se tratara, orillado al margen.

De esta manera, puedo contar que las calesas eran coches de dos ruedas y un caballo; que las berlinas eran coches cerrados, de cuatro ruedas, dos asientos y vidrios; que a esta berlina también se le llamaba cupé, aunque cupé también era el compartimiento que estaba situado delante de la baca, que era el sitio en la parte superior de las diligencias y demás coches, donde podían ir pasajeros y se colocaban equipajes y otros efectos resguardados con una cubierta; que esta cobertura o tejadillo se conocía con el nombre de imperial, que también era el sitio con asientos que algunos carruajes tenían encima de la cubierta.

Puedo decir también que las estufas eran carrozas acristaladas; que el charabán era el coche de caballos descubierto, con dos o más filas de asientos; y la carretela, de la que habla Tolstoi, tenía cuatro asientos, con caja poco profunda y cubierta plegadiza.

Los franceses usan el término fiacre para referirse al carruaje pequeño tirado por caballos; y los rusos llaman troica o troika al trineo tirado por tres caballos.

Incluso diré que la barriguera es la correa que se pone en la barriga a las caballerías de tiro, siendo el tiro el conjunto de caballerías que tiran de un carruaje; que el tronco es el conjunto de estas mulas o caballos, que suelen ser dos o más; que la lanza es la vara de madera que, unida por uno de sus extremos al juego delantero de un carruaje, sirve para darle dirección, enganchando a sus lados las caballerías del tronco, que han de hacer el tiro.

Y ya puestos, el pescante es el asiento exterior desde donde el cochero gobierna las mulas o caballos; la caja es la parte donde van sentadas las personas; y el estribo es el escalón que sirve para subir o bajar de los carruajes.

Ahora dejadme que cuente la expresión de tiros largos que viene al pelo. Se usa tal modismo refiriéndose al que va elegantemente vestido o muy arreglado. Insinúa que, cuando el tiro del coche era corto, con uno o dos caballos o mulas, su dueño iba de calle; si era largo se iba de fiesta, o sea, de gala, lo que se podían permitir casi tan sólo el rey y la grandeza.

Miércoles, 09 de Mayo de 2012 10:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

La unión de los Estados

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Hace tiempo, no sé a raíz de qué (puede ser el episodio del presidente Clinton y la becaria Monica Lewinsky en el Despacho Oval), concebí el sinónimo de Estados Empalmados, en vez de Estados Unidos, pues, bien mirado, ’unir’ y ’empalmar’ significan lo mismo, aunque en apariencia, y en intención, interpreten algo totalmente distinto.

Ahora (hace días), leyendo un libro del genial autor gallego Julio Camba, Un año en el otro mundo, de 1947, veo agradecido que uno de los capítulos se llama Los Estados Engomados. Lo cual, en apariencia, lo asemejaba con mi juego de palabras: unir/empalmar/engomar.

O sea, pudiendo ser el verbo engomar un sinónimo de unir, tal como lo es empalmar, llegué a pensar en un paralelismo en nuestros pensamientos (o sea, entre el señor Camba y yo), que ya había advertido en cualquier otro escrito.

Pero, el autor de La casa de Lúculo, con engomados se refiere a la afición desmedida de los americanos de mascar goma (lo que después se llamaría chicle, esa aberración dulce que nos hace rumiantes permanentes, que algunos se inclinan a hinchar una y otra vez frente a sus narices o marranamente juegan a estirar con sus manos).

[En Singapur, el país más limpio del mundo, está prohibido comer chicle, traficar con él. Incluso, registran las maletas de los visitantes y confiscan estas golosinas como si de goma dos se tratara o no de goma de mascar.]

Yo, sin embargo, con doble intención, quise hacer alusión a un plano erótico, quizá denunciando una doble moral, una inusitada inclinación al sexo reprimido y por otro lado a la violencia permisiva, donde está peor visto un exhibicionista que un asesino en serie.

Lamentablemente cada vez somos más americanos y los empalmados, o engomados, somos los europeos de doble mirar.

Domingo, 06 de Mayo de 2012 13:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Alexander Search

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Alguien dijo que no se lee hasta que no se relee. En verdad, un placer personal de los amantes de los libros es retomar lo que ya se ha leído. Hay quien se lee un mismo libro, o unos mismos libros, continuamente (una vez al año, quizá).

Manolo sólo se leyó un libro, pero cuando me lo confesó, llevaba once lecturas (puede que ya haya duplicado ese record).

Los libros se clasifican, según un tácito acuerdo personal, grosso modo, en los que debería volver a leer, los susceptibles de volverlos a leer y en los que no merecen la pena volver a ser leídos (la mayoría).

Toda la producción de Pessoa, incluyendo a sus heterónimos, por supuesto, ocupan el primer grupo, tanto en verso como en prosa.

Ayer, eligiendo un libro para pasar una hora de espera mientras mi hijo desfogaba con alguno de sus pares en el tatami de judo, mi vista alcanzó El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio de Fernando Pessoa, unos cuentecitos (casi todos inacabados) de corte policial del autor lisboeta que admiraba este género, cuya lectura es “una de las pocas diversiones intelectuales que aún le queda a lo que aún queda de intelectual en la humanidad”. (Borges también reverenciaba la novela negra. Incluso, junto con Bioy Casares, creó el detective Honorio Bustos Domecq.)

Uno de los relatos del portugués, Una cena muy original, fue escrito en inglés en 1907 bajo el seudónimo de Alexander Search que, en el epílogo de Miguel Ángel Viqueira, se afirma que es “uno de los más antiguos heterónimos del autor”.

Efectivamente, busco el nombre de Alexander Search y encuentro que es uno de sus varios heterónimos, establecido en 1899, cuando Pessoa todavía era un estudiante y vivía en el sur de África (1896-1905) en compañía de su madre y su padrastro, que era diplomático. Con este nombre, el propio poeta escribió cartas y poemas escritos en inglés y portugués en 1903.

Alexander Search, continúa Viqueira es el eslabón entre Pessoa y lo angloamericano.

Hasta la fecha, estaba familiarizado con Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, el gran Ricardo Reis, Coelho Pacheco e incluso un tal barón de Teive. No recordaba este heterónimo anglosajón que, cuando leí el libro por primera vez (comprado en 1986), me pasó desapercibido o no atendí a la nota explicativa.

Sorprende con el comienzo de este poema de juventud, firmado por Search y traducido por Luísa Freire (estela existencialista que quizá recogiera Reis):

Another day is past, and while it past,
What have I pondered or conceived or read?
Nothing! Another day has gone to waste.
Nothing! Each hour as it is born is dead.

(Otro día pasa, y mientras pasa, / ¿Qué he sopesado, concebido, leído? / ¡Nada! Otro día se ha ido a la basura. / ¡Nada! Cada hora ha muerto al nacer.)

Viernes, 04 de Mayo de 2012 09:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El café

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-El hecho es -repuso el doctor- que Joe, amen de mil virtudes, tiene un talento especialísimo para preparar esta bebida deliciosa...(Cinco semanas en globo, que se desarrolla en 1862, Julio Verne)

Debería ser de obligado cumplimiento en el hogar familiar poner al fuego una cafetera después de las comidas, se tome o no café. El aroma que impregna la casa no sólo sirve para paliar otros olores (del almuerzo recién, por ejemplo), sino que crea un ambiente como de acogedor intimismo.

Esta bebida, como sabemos, es excitante y está contraindicada en bastantes situaciones para determinados pacientes no necesariamente enfermos. Por tal motivo se imponen otros sucedáneos como el descafeinado. (Se cuenta que el sultán otomano Selim I (1467-1520), hizo colgar a dos médicos por aconsejarle que dejara de tomar café.)

Ahora lo sabemos, pero desde que Soliman Aga, hace más de 450 años, introdujo el café en su palacio Otomano y de ahí al resto de Europa, su consumo era socialmente adictivo y refinado. No había comida, reunión o negocio que se preciara que no tuviera una taza humeante de por medio.

Yo he sido gran cafetero. Hogaño no me sienta muy bien aunque sigo tomándolo azucarado, con mucha leche por la mañana y solo al mediodía.

Me asombra Voltaire (1694-1778), que bebió unas cincuenta tazas de café al día durante toda su vida de adulto. No por eso tuvo problemas, al contrario, vivió sano hasta los 83 años de edad.

Lunes, 30 de Abril de 2012 11:40 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Las moscas

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Recientemente cayó en mis manos un librito llamado Movimiento perpetuo, tercer trabajo editorial del guatemalteco Augusto Monterroso.

La excusa de esta obra y quizá su contenido último está dedicado a las moscas. En el comienzo del libro, a modo de presentación, el micro escritor reconoce que hay tres temas el amor la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe ese sentimiento ese temor esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros Yo me ocupo de las moscas.

Cada capítulo lo introduce una cita o un parrafo de un autor que hace referencia a estos seres alados.

Más adelante reconoce que no hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema una página un párrafo una línea y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo.

No tuve que esforzarme mucho para recordar al menos a media docena de escritores que han incluido a las familiares en sus textos e incluso reconocí en mí mismo un cuentecito, Un hombre bueno, publicado es este mismo blog, dedicado a estos bichitos.

Jueves, 26 de Abril de 2012 09:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Más de treinta mil visitas

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No sé desde cuándo tengo este contador que se ve a la derecha en forma de bola del mundo que da vueltas, donde se ilumina el punto en que alguien consulta este blog, pero no deben ser más de tres o cuatro años, a lo sumo cinco, y ya supera las treinta mil visitas, lo que me llena de real orgullo y satisfacción.

A veces entro en la página simplemente para saber desde dónde me están leyendo y cuántas personas me visitan a la vez. Es apasionante, aunque nunca me ha importado si llego demasiado lejos con mis palabras. De hecho, no me lo creo mucho. A esas treinta mil visitas he de restarle las veces que yo entro, el que entra por casualidad o equivocación o los amigos que reintentan su consulta.

No tengo muchos comentarios, si nos fijamos bien. Tampoco me preocupa, aunque la interacción con los lectores siempre es interesante.

Tengo otro contadorcillo abajo (un cuadrito azul), en el que se puede pinchar y nos orienta sobre bastantes cosas. Está puesto desde principios de 2008. Supera las 170.500 visitas. Se me escapa del entendimiento.

Visitas tan exóticas como Suriname, Palestina, Trinidad Tobago, Mongolia o las islas Feroe, lo que me dice que tiene que haber mucho hispanohablante por el mundo o mucho masoquista suelto.

Pensando que inauguré volandovengo en marzo de 2006, hace justamente media docena de años, creo que me convierto sin querer en una persona muy leída.

Seguiré así de cualquier manera sin hacerle mucho caso a las estadísticas, siempre engañosas (si entre tu y yo nos comemos un pollo, resulta que estadísticamente nos hemos comido medio pollo cada uno, aunque en realidad yo me haya comido el pollo entero).

Lunes, 19 de Marzo de 2012 23:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 12 comentarios.

Ese delicioso objeto de deseo

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Aunque la belleza sea efímera, me siguen gustando las estrellas fugaces y las inquietas mariposas y la llama que muere bajo otra llama. Aunque la belleza no sea completa, su propia imperfección la redondea. ¿Quién no se ha quedado prendado de una cicatriz o de un aparato dental o de una sugestiva mirada estrábica? Gustave Flaubert opinaba que la mujer bella debía tener una leve sombra de bello sobre el labio superior y Dalí escribió que la mujer elegante no tenía nariz.

El Reino de Saba era un antiguo país supuestamente localizado entre los actuales territorios de Etiopía y Yemen. Su reina, la famosa reina de Saba, llamada Makeda en la tradición etíope (Kebra Nagast) y en la islámica Bilqis o Balkis (Balkhis), aunque no en el Corán, que, como en la Biblia, no recibe nombre alguno, acudió a Israel, entre los años 1000 y 950 a.C., atraída por la gran sabiduría del rey Salomón, a quien regaló 4,5 toneladas de oro, especias y piedras preciosas. La reina quedó tan impresionada por la sabiduría de aquel rey, según el Corán y el Cantar de los cantares, que se convirtió al monoteísmo, entonando una alabanza al Dios Yahvé; el rey entonces la recompensó con la promesa de otorgarle cualquier cosa que desease.

Estando en el palacio del rey-profeta, llamado "El Templo de Salomón" en la literatura judía (hoy día solamente está en pie la "Pared Occidental", a la que los judíos denominan "El Muro de las Lamentaciones"), Salomón condujo a la reina sabana a una estancia con el suelo de cristal. Al verse tan bien reflejada, creyó que era agua y alzó su vaporosa túnica drapeada sobre sus plateados borceguíes temiendo mojarla. El rey, sin pretenderlo, no pudo evitar fijarse en los perfectos tobillos de ébano torneado recubiertos de una cantidad de bello impropio en una dama.

Posiblemente, el terciopelo tobillo sabano, fue lo que enamoró a Salomón por los siglos al igual que la nariz de Cleopatra sedujo a César o a Marco Antonio, aunque Juan Eslava Galán sostiene que fue la succión entre sus piernas, nominándola como presa de Cleopatra, la misma presa, sugiere, con la que atrapó Camila Parker a Carlos de Inglaterra.

Sábado, 10 de Marzo de 2012 12:16 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

La muerte doble

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El enfermo de alzheimer, la enfermedad más cruel, empieza a recorrer un pasillo largo, aunque finito, y oscuro, cada vez más oscuro, donde una mano invisible lo va borrando por dentro mientras el cuerpo no sufre, si acaso se deteriora por dejadez, no por erosión. Es como sufrir el ataque con una de esas bombas químicas que matan a las personas pero las casas las deja nuevas.

El enfermo de alzheimer, la enfermedad del olvido, se entre-corchetea para la vida y comienza ese descenso particular y sin retorno hacia el vacío más absoluto, traspasando nuestra dimensión y convirtiéndose en ese fantasma, en ese muerto viviente, que espera la muerte definitiva para por fin descansar.

El enfermo de alzheimer, la vida ausente, muere dos veces. La primera es la muerte sensitiva donde el cerebro cierra la persiana y cuelga el cartel de que se ha ido (o que se está yendo), sin especificar el cómo ni el cuándo.

Ayer y hoy, hoy y ayer, cinco y seis de marzo de dos mil doce, mi segundo apellido, en tinieblas desde hacía tiempo, se ha tintado definitivamente de negro.

Martes, 06 de Marzo de 2012 07:24 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 10 comentarios.

El amante lesbiano

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Hace ya algún tiempo leí esta obra de José Luis Sampedro, de la que saqué la conclusión que, a la vejez, este barcelonés gozaba con devaneos sexuales prohibidos. Podías pensar varias cosas, o la abogacía por una apuesta del amor libre en sus diferentes estadios o el canto del cisne de un erotómano posiblemente más teórico que empírico. Ahora estoy leyendo La vieja sirena, de este mismo autor, una novela entre histórica y fantástica, mitológica incluso, desarrollada en la Alejandría del siglo III, donde ya apuntaba la idea del amante lesbiano, centrada en un hombre que se hace mujer empitonado por una mujer (¿una tríbada?) a la que le gustan las de su mismo sexo.

Entre poético y cargante, con una fina concesión a la vulgaridad, este libro consta de más de 700 páginas posiblemente prescindibles, pero necesarias para contemplar la arboleda del pensamiento sampedriano, si se me acepta el término. Cuando acabe (voy por la mitad del volumen) podré opinar con perspectiva.

El otro día, departiendo con Jesús Ortega y otros amigos, sobre las ideas de este catedrático de estructura económica y, sin embargo, pensador, recordé lo más interesante de El amante lesbiano, al menos para mí, que es la teoría antedicha sobre las relaciones en el amor (en el sentido más espiritual y visceral, al mismo tiempo, que se puede tener). He querido citar de primera mano, pero, por más vueltas que le he dado a la novela, no he encontrado donde relacione las ocho formas propuestas de comportamientos amatorios.

Sampedro hace la clasificación desde lo heterodoxo, por abundante y tradicionalmente admitido, hasta lo más ladeado, por su combinación extrema. Así tenemos al hombre que siente como hombre y ama a una mujer y a la mujer que siente como mujer y ama a un hombre, que son los heterodoxos; al hombre que siente como mujer y ama a un hombre y a la mujer que siente como hombre y ama a una mujer, que son los homosexuales; al hombre que siente como un hombre y ama a otro hombre y la mujer que siente como mujer y ama a otra mujer; al hombre que siente como mujer y ama a una mujer (el amante lesbiano) y a la mujer que siente como un hombre y ama a un hombre.

Aparte de estas combinaciones, el catalán se interna por las infinitas bifurcaciones del sexo, sin llegar a Sade, y habla sin pudor tanto de formas y juegos, como la sumisión o el sadismo, hasta las prácticas entre dos o más actuantes (menages), pasando por la acumulación de las varias formas de sentir antedichas en una misma persona, admitiendo la bisexualidad y la androginia, e incluso el hermafroditismo.

Los ángeles, para ser ángeles, siempre lo he pensado, no pueden ser asexuados sino hermafroditas.

Sábado, 03 de Marzo de 2012 11:07 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Llamadme Diciembre

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El otro día le dije a mi hijo que había quedado con Mateo, músico y artista variado, para tratar un tema que en principio desconocía. ¿Quién es Mateo?, me preguntó. ¿Recuerdas que estuvimos en su casa y que te enseñó su colección de instrumentos y que tenía una niña pequeña que se llamaba Abril?, le refresqué la memoria. Pues yo quiero llamarme Diciembre, respondió. ¿Por qué?, me extrañé. Porque así se celebra mi santo durante todo el mes, concluyó.
Y, es verdad, cuando le presentamos a Abril, le hice la bromo de que durante todo el mes florido sería su día, al igual que quien se llama Julio, continué ilustrando, y no digamos el que se llama Domingo.

Sábado, 28 de Enero de 2012 09:54 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El frío en Granada

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Recuerdo los días ateridos de mi infancia. Recuerdo que en casa de mis abuelos, lindando con el río Darro, se recogían las sábanas como cartones helados mientras se secaban en el patio. Recuerdo las paredes de nieve subiendo a la Sierra. Recuerdo los sabañones en los dedos de las manos y de los pies y en los lóbulos de las orejas, incluso. Recuerdo las continuas vaharadas en las conversaciones con tus amigos. Recuerdo los guantes, el pasamontañas, la bufanda y los leotardos para ir al cole. Recuerdo el hielo en los charcos, la nariz goteando y los pies como témpanos. Recuerdo la escarcha en los coches, los tejados blancos y los chupones en los aleros. Recuerdo cuando no había escuela por tiempo extremo. Recuerdo hogueras en las calles y castañas asadas y también las patatas, que aquí llamamos perdices. Recuerdo que se salaban las calles para paliar la helada, llena de resbalones y accidentes. Recuerdo la cama fría y la bolsa de agua caliente y los ramones crepitando en la chimenea, que le prestaba ascuas al brasero. Recuerdo cuando Granada alcanzaba las mínimas.

Estos últimos días, sin ser tan extremos, me han recordado esos tiempos de tiritones y me ha venido al pensamiento un poema que escribió en 1123 el poeta Ben Sara de Santaren cuando llegó a Granada un invierno procedente de la taifa aftasí de Badajoz y quedó tan impresionado por las gélidas temperaturas al pie de Sierra Nevada (Shulayr), que compuso El frío en Granada:

     En esta tierra se puede dejar de hacer la
oración y hasta beber vino, aunque sea cosa
prohibida,
     para poder ganar el fuego del infierno,
que siempre será más dulce y agradable que
el frío de Sierra Nevada.
     Cuando sopla el viento del norte, ¡qué
felicidad para el creyente hacerse acreedor
al infierno!
     Y añadiré, sin poner exageración en mis
palabras, lo que ya ha dicho antes que yo
otro poeta:
     Si mi Señor me arroja al infierno,
en un día como hoy, me parecerá
delicioso.

Lunes, 16 de Enero de 2012 12:03 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Corredores

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Todos los martes y jueves, desde hace tres años, recojo a mi hijo de la escuela y lo acompaño a otro colegio, donde tres palmeras calvas presiden su fachada, para asistir a clases de judo, porque en el suyo no ofertan esta actividad. Ya está a punto de pasar a cinturón naranja.

Mientras se desfoga en el tatami, tengo una hora para pasear, tomar café o leer (o todo junto). Me suelo sentar, cuando el tiempo lo permite, en un banco de los jardines del Salón, junto al río. Despliego mi libro y viajo sin moverme a otro mundo, a otra época, a otras vidas. En medio de la lectura, entre párrafo y párrafo, pasan ante mí otros paseantes, con o sin perro, y bastantes corredores, con o sin perro, jóvenes atléticos (o no tanto) de ambos sexos que castigan su cuerpo para mantenerse en forma, sobre todo estos días, después de la Navidad (pasado el verano ocurre lo mismo).

A la mayoría, según una visual de superficie, no le hace falta correr. Ya son esbeltos y apretados. A otros en cambio, me temo, que por mucho que corran la grasa los alcanza.

Hay quien está habituado a este ejercicio y lo realiza de forma natural. Pero normalmente el corredor se autoimpone la carrera como autogastigo por el “abuso” que se comete en estos días pasados, o el que se piensa cometer. También es muy corriente que, en llegando el verano, se haga todo tipo de ejercicio para disfrazarnos de Tarzán.

Así, sentado, oculto bajo mi libro, veo al corredor que, como un toro, no para de dar vueltas, con su trote acompasado y respiración a juego; veo la chica que anda más que corre, sin estar muy convencida de esta actividad; veo a quien combina el footing con otros ejercicios, flexiones o estiramientos; veo quien corre en pareja o en grupo, como si fuera un divertimento, y hablan y ríen a la par; veo quien lleva cascos con su música diseñada y corre a compás; veo quien va a exhibirse con su nuevo equipamiento; veo quien corre porque a su chico o a su chica les gusta correr; veo quien corre para que su perro, entrado en carnes, haga ejercicio; veo quien se pica con otros corredores y necesita adelantar a todos, ponerse el primero, aunque en un circuito cerrado eso es relativo; veo quien jadea más que corre; veo quien salta más que corre; veo quien corre que te corre…

Todos tienen algo en común: no huyen de nadie. O, más bien sí: huyen de esos kilos de más que acumula todo el que vive bien. Las dos empresas más necesarias y quizá más lucrativas de nuestra sociedad tienen que ver o con la manera de engordar o con la manera de adelgazar.

Jueves, 12 de Enero de 2012 11:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Me encantan los finales de los cuentos de Chéjov

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Me encantan los finales de los cuentos de Chéjov. El cuento no acaba con un the end definitivo, sino con un pensamiento suave, como con un punto y aparte que deja abierto todo el texto, como si el relato pudiera extenderse por cualquiera de sus esquinas. De hecho alguno de sus cuentos continúa en otro distinto, que funciona con autonomía plena, pues son narraciones impares, pero es como si fueran dos capítulos consecutivos de la misma novela, que vuelven a acabar de forma intrascendente para no cerrar el libro; dejarlo en cambio abierto entre las manos y atender el inmenso horizonte de ese final.

Miércoles, 11 de Enero de 2012 09:50 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias olvidadas

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Cuando se juntan dos antiguos amigos se habla más del pasado que del presente. La otra tarde, tomando una cerveza con CS y rememorando momentos de antaño, me habló de M. Por muchos datos que me dio, no lograba recordarlo. Es de las personas conocidas que han pasado por mi vida sin dejar huella de ninguna clase. Que si no llega a ser por un nuevo encuentro o mención (como en este caso), es como si no hubieran existido.

Una de las referencias que me dio CS del amigo común, me revolvió la memoria, sin llegar a reconocerlo apenas como una nebulosa en las entretelas del olvido. Según yo, me comentó, M. era el hombre más puntual del mundo, siempre llegaba exactamente media hora tarde.

Reconocí la ocurrencia como mía, con toda probabilidad, pero si la hubiera leído dudaría de ella como autor. Así, no me extraña que cite algo que yo dijera, pensara o escribiera, diciendo que “alguien dijo…” o que “leí en no sé dónde…”.

A raíz de esto, recuerdo otra anécdota. IV me dijo que nunca olvidaría cuando en la evaluación de un curso que yo dirigía saqué un papelito menudo, la octava parte de una octavilla, escrito por una cara. Todos pensaban que mi reflexión iba a ser breve e incompleta. Después de llevar media hora hablando, el director general me preguntó si todo lo que estaba diciendo lo tenía apuntado en el papelito. Le dije que no, pero que sabía leer entre líneas.

Hasta que mi amiga no me contó este episodio era inexistente. No me acordaba de él para nada. Incluso, después de haberlo escuchado, tardé en asimilarlo como mío.

A veces saben de ti las personas que te rodean cosas que desconoces. Haremos caso al comentario ese de que una cosa es cómo crees que eres y otra cómo los demás creen que eres. Y, para ser más exactos (o enrevesar más la cosa), cómo crees que los demás creen que eres o como los demás piensan que tú te crees o cómo eres en realidad…

Martes, 10 de Enero de 2012 19:39 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Buenos propósitos

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Poco después de salir de mi casa esta mañana, mi hijo me dijo que tenía hambre. No puede ser, le dije, pues había desayunado hacía un momento. Un vaso de leche y ocho galletas, me confesó. Me comería un caballo, dijo recordando alguna película o vete a saber qué. Bueno, un caballo no, reflexionó, porque es mi segundo animal favorito. El primero es, me dijo sin yo preguntarle, el guepardo. ¿El guepardo? Porque corre más que ninguno y es carnívoro, añadió como manifestando su preferencia por la carne. ¿Ya no te gusta el basilisco?, pregunté recordando un trabajo de clase donde dibujó a este animal mitológico ante la extrañeza de la maestra y los compañeros. El basilisco no existe, me respondió como decepcionado, quizá por la espeluznante clarividencia de algún “enteradillo”. Tampoco existe la felicidad completa y no dejamos de buscarla, fue mi respuesta encendida en una mañana de víspera de Reyes, mientras entramos en una panadería para comprarle tres rosquillos de anís, donde se nos colaron dos señoras pintarrajeadas con abrigos de piel.

A mi hijo sé que puedo darle esas repuestas y hablarle de lo divino y lo humano, de lo que se ve y de lo que se sueña. Por eso, cuando lo llevé a la tienda de música de un amigo y le preguntaron qué instrumento tocaba, dijo la batería y la guitarra y el órgano y todos los que veía e identificaba, y es que para él todo estaba a su alcance, con ocho años recién cumplidos el mundo es maleable, se ajusta perfectamente a la medida de nuestros deseos y así debe ser.

La Navidad es la Navidad, tiempo de vacaciones y regalos, aunque también de renovación, como la primavera, como el comienzo del curso, como el veraneo…

Los kioscos, las editoriales, lanzan colecciones en estos tiempos de cambio en los que nos proponemos adelgazar o dejar el tabaco o leernos por fin ese libro gordo o retomar nuestras clases de ikebana o pintar la fachada o hacerle más caso a nuestros padres o viajar a Florencia o mil cosas.

El Año Nuevo, con uvas o sin uvas, con ropa interior roja o sin ropa interior, con el pie derecho o el contrario… siempre conlleva un cambio, siempre admite un deseo que no siempre hace falta desear porque es lo que siempre estamos deseando. Un trabajo, un amor, un techo o la salud.

Son tiempos difíciles y nuestros deseos se han simplificado. Recuerdo un anuncio, aunque no recuerdo lo que anunciaba, que recomendaba: “¡vaya alegre por la vida!”. Y quizá ahí se encuentre la felicidad completa, el basilisco, en sonreír, en regalar sonrisas y alegría y en trasmitir esos buenos propósitos de trazar en el mundo una nueva franja de color.

Feliz 2012 a todos los lectores de este blog.

Jueves, 05 de Enero de 2012 18:00 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Puente de barcas sobre el Guadalquivir

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Las maneras lógicas de atravesar un río sin mojarse son cruzando un puente o en una embarcación. Lógicamente, al hombre se le ha ocurrido a lo largo del tiempo un híbrido entre estas dos soluciones: un puente de barcos, o sea, una pasarela flotante, bien anclada al fondo, bien afianzada entre las dos orillas.

Mi amiga Mayte de Sevilla me manda información sobre un puente de barcas que se practicó sobre el Guadalquivir en tiempos almohades, construido por orden del califa Abu Yucub Yusuf en 1171, a su paso por la capital, justo donde se encuentra el actual puente de Isabel II, conocido como Puente de Triana. Esta pasarela flotante unía Sevilla y Triana. Por él cruzaban los presos al castillo de San Jorge, sede de la Inquisición, con destino al quemadero de San Diego.

Estaba realizado, me escribe, con barcazas de madera ancladas al fondo y sujetas por garfios de hierro. Para paliar el efecto de las mareas en los extremos del puente se colocaron muelles flotantes sobre pieles de cabra hinchadas de aire. El puente estaba sujeto con dos grandes malecones. En ocasiones en las que había riadas, se llegaba a soltar aislando a Sevilla de Triana y de su entorno. (En realidad, se documentan varios puentes de esta guisa en aquellos tiempos a través del Betis.)

Con la construcción del puente actual, el de barcas se desplazó río abajo hasta el Muelle de la Sal, y sobrevivió hasta 1852, año en el que fue desmantelado.

Aunque esta idea viene de antiguo.

Ya Jerjes I, en el siglo V antes de Cristo, mandó construir un puente de balsas sobre el estrecho de los Dardanelos, que separa las partes europea y asiática de Turquía, por el que cruzó con su ejército de dos millones de hombres, cuentan. Este puente fue construido junto a la antigua ciudad de Abidos, en un punto en el que el mar se restringía a siete estadios (cerca de 1.200 metros). El puente fue destruido por la violencia del mar precisamente cuando los trabajos estaban casi concluidos. La ira de Jerjes se abatió entonces con dureza sobre los responsables de la construcción que fueron condenados a ser decapitados. Al mar, sin embargo, se le conmutó la pena de muerte por la de la flagelación..

Los ingenieros de Julio César, durante la guerra de los Galias, levantaron un puente sobre el Rin (500 metros de largo) en el tiempo récord de diez días, incluida la obtención de la madera necesaria para su construcción. Cuentan que las tribus germanas de la otra parte del río quedaron tan impresionadas por esta obra que se sometieron a Roma.

En tiempos de Calígula (año 38 o 39), el Imperio sufrió una grave crisis económica, y su consecuente hambruna, debida, según Suetonio, a que Calígula confiscó la mayoría de carruajes públicos, y, según Séneca, a que el Emperador impidió el uso de barcos para el transporte de cereales para utilizarlos como puente flotante.

Este puente flotante, que rivalizaba con el que levantó Jerjes I en el Helesponto, consiste en dos enormes embarcaciones, que figuran entre las más grandes del mundo antiguo (las cuales han sido encontradas en las profundidades del Lago de Nemi), a través de las cuales el Emperador hizo calzadas, plantó árboles y jardines, erigió un templo consagrado a Diana y edificó un palacio flotante con suelos de mármol y su propio sistema de cañerías.

Estos puentes existen hoy en día, como puede ser el Puente de Alfonso XIII, en Larache sobre el río Lukus, que fue abierto al tráfico el 23 de enero 1929; o el puente flotante de pontones sobre el río Kabul, en Pakistán, que se sostiene sobre barcas de quilla plana en lugar de utilizar pilares fijos.

* Puente de Barcas en 1851, en el emplazamiento que tuvo desde el inicio de las obras del puente de Isabel II, hasta su desmontaje en 1852.

Jueves, 24 de Noviembre de 2011 11:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La unión y la fuerza

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La primera noticia que tuve de los dholes o perros salvajes asiáticos (Cuon alpinus) fue en El Libro de las tierras vírgenes de Rudyard Kipling. Era impresionante cómo este grupo de animales, de pequeño tamaño lo arrasaban todo, por su número y por su perseverancia. El escritor británico los describe así:

“¡Los dholes, los dholes del Dekkan, los perros de rojiza pelambre, los asesinos! Vinieron al norte desde el sur diciendo que en el Dekkan no había nada y exterminando todo a su paso”.

Todos en la selva, hasta el animal más fiero, el tigre, le tenían verdadero pánico a esta marabunta, a la que venció Mowgli, el niño que convivía con los lobos, con su astucia y con la inapreciable ayuda de los consejos de Kaa, la independiente pitón de nueve metros, y el pueblo diminuto, "las laboriosas, feroces, salvajes y negras abejas de la India".

Dentro del rechazo que puede producir una manada de asesinos de este calibre, mi admiración era mayor cuanto más conocía a esta especie, su organización y disciplina, obediencia a los alfa y método destructivo. Me recordaban a las hordas salvajes de los hunos de Atila que, al pasar, no dejaban en pie ni una brizna de hierba.

Estos animales, los encontré más tarde en Creación, de Gore Vidal. El escritor estadounidense comenta: “El más peligroso de todos los animales de la India es el perro salvaje. Se mueven en manadas. Son mudos. Son irresistibles. Aun los animales más rápidos caen finalmente, porque la manada no cesa de perseguir día tras día al ciervo, al tigre, incluso al león, hasta que se fatiga y vacila. Y entonces, en absoluto silencio, los perros atacan”.

El hombre, o sea, nosotros, en el amanecer de los tiempos, salvando las distancias, deberíamos ser así, “asesinos” y carroñeros, que basábamos nuestra supervivencia en el número y en la constancia.

El dhole, leo en alguna página de Internet, está en peligro de extinción ya que se calcula que quedan menos de 2.500 adultos en estado salvaje y, si se sigue así, seguirán disminuyendo.

Las posibles amenazas a la especie, consulto en otra página, son la pérdida de hábitat, el agotamiento de sus presas más importantes, la competencia interespecífica, la persecución por parte del hombre y las enfermedades que les transfieren los perros domésticos o asalvajados.

Perros salvajes también hay en Australia, es el dingo (Canis lupus dingo), descendiente del lobo asiático, aunque, curiosamente, este cánido es solitario y también en peligro de extinción.

Y, en África, quizá los más conocidos, encontramos el perro salvaje africano (Lycaon pictus), como los otros andan escasos de población, de los que habla Julio Verne en su libro Cinco semanas en globo:

“-… ¡Mirad qué bandadas de animales que marchan en columna cerrada! No bajan de doscientos; son lobos.

-No, Joe, son perros salvajes, pertenecientes a una famosa raza que no teme luchar con el león. Su encuentro es para los viajeros el peligro más terrible. El que tropieza con ellos es inmediatamente hecho pedazos”.

Martes, 22 de Noviembre de 2011 11:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Pequeños placeres de la carne

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Un antiguo chiste decía que los caníbales en realidad son vegetarianos, pues lo que más aprecian son las palmas, las plantas, el coco y el nabo.

Para mi hijo, la otra noche, quise hacerle chuletillas de cordero para cenar. Cuando se lo dije para ver qué quería de acompañamiento, tomate picado, arroz cocido o patatas fritas, me dijo que lo sentía, que no podía comer cordero.

Interpretando un consejo médico o alergológico, no quise insistir. Llamé a su madre por si acaso, pero como no respondió, le preparé un sandwiche de jamón y queso.

Al rato, me llamó su madre para ver qué quería, y se lo cuento. Ella se extraña y le paso el teléfono al niño que dice que, como el cordero es hijo del cerdo y no puede comer cerdo, con toda la lógica del mundo, no puede comer cordero.

La explicación de que son dos animales diferentes y de que la cría del cerdo es el cochinillo ya llegó tarde. Así que las chuletas se las comió a la siguiente cena.

Sin tener nada que ver, hace unas semanas durmiendo, Juan se despertó temprano. Ante mi extrañeza me dijo que es que había tenido un sueño y se había mordido en el brazo.

Resulta que, en un merendero, le habían puesto un pollo sabrosísimo. Su tío, que siempre le está chichando, se lo quitó del plato. Cuando se lo devolvió, una vez que hubo pataleado, antes de que cayera en el tajador, pegó un bocado con ganas, asiendo, en vez del pollo ficticio, su muñeca real.

Jueves, 10 de Noviembre de 2011 13:37 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Mi unicornio azul ayer se me perdió

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La pesadilla comenzó el miércoles por la tarde. Ayer, jueves, era un sinvivir. Esta noche ha sido imsomne y larga, y el despertar arriesgado. A media mañana, sin embargo, recibí una llamada de esperanza.

El ordenador (mi archivo, mi memoria, mi confidente) llevaba un tiempo relentizándose, dando problemas de conexión, etc. Por eso fatigaba programas antivirus, limpiadores y desfragmentadores para intentar, si no solucionar el problema, evitar que fuese a mayores.

En la última limpieza, sin embargo, la pantalla, como un gran monóculo, cerró su ojo y el disco duro decidió echarse a dormir. Ante mi insistencia por recuperar su latido, me respondía la indiferencia. Sus constantes vitales estaban bajo mínimos.

Llamé entonces a una empresa de rescatadores, a ver si el boca a boca profesional era más eficaz que el aliento amistoso. Se llevaron el cuerpo al taller con los pies por delante temiendo lo peor.

La primera llamada fue para hacerme el cuerpo a su pérdida definitiva. El disco duro no respondía ni con oxígeno. No obstante lo mantendrían entubado en la sala de cuidados intensivos.

Mi pobre memoria, el contenido de toda una vida a la basura. Letras, canciones, poemas, artículos, pensamiento, una novela casi acabada, cientos de fotos, correos, cartas, trabajo... y sin copia de seguridad desde hace muchos meses.

Ahora me llaman y parece que respira, que hay una ligera esperanza. Me alegro como si fuera un ser humano. Me alegro por recuperar mi mundo, mis recuerdos, mi intimidad.

Si lo recupero haré varias copias de seguridad. Si lo recupero me volverá la sonrisa. Si lo recupero puede que no me afeite la cabeza ni me vaya de ermitaño a un monte perdido, más cerca del cielo que de la tierra, donde no haya electricidad ni cobertura y la única conversación posible la tenga que mantener con una cabra encima de una peña.

Viernes, 04 de Noviembre de 2011 17:58 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

El pilla pilla escondido

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No sé dónde leí la cuestión, si todos los niños son sobresalientes por qué al llegar a adultos son tan mediocres.

El hijo es estupendo para sus padres, es un ser único y particular. Todos tienen reacciones y salidas extraordinarias que, por otra parte, no dejan de ser cosas de niños.

El niño que no destaca en un terreno, sorprende en el otro. Los valores físicos e intelectuales se acrecientan en nuestros retoños. Es, guardando las distancias, el viejo refrán de que el ojo del amo engorda al caballo.

Cuando escribo de mi hijo Juan soy consciente de esta doble vara. El pudor me impide elogiarlo en demasía. La razón me dicta que mis ojos posiblemente alejen un poco más el horizonte que se ve.

Lo que es verdad que Juan, quien lo conoció lo puede corroborar, con año y medio ya hablaba, que parecía que llevábamos a un enano en el carrito; y con dos, además de defenderse don el teléfono, contaba un chiste, que dudo que entendiera...

A los tres años fue con su madre a Estambul por ocho o diez días (creo que ya lo he contado en estas mismas páginas) y cuando vino me dijo: "tenía ganas de verte, por que no me acordaba".

Ahora tiene siete años y medio (el medio es muy importante en estas edades) y sigue a mis ojos tan aventajado. Aunque sus logros no son tan dignos de compartir que cuando su razón era tierna.

Entramos el otro día al baño para que se lavara las manos y lee la etiqueta del jabón líquido, "Gotas de oro", y dice, "eso es mentira".

Ayer me dijo que era el mejor de su clase jugando al pilla pilla escondido, porque hace como que tiene miedo, se le encogen los huesos y corre más rápido (¿?).

Miércoles, 28 de Septiembre de 2011 18:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Canturreos

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Nietzsche afirma que los que cantan son felices y, acto seguido, se pregunta por qué cantan los rusos. Ignoro si el pueblo soviético de principios de siglo, cuando el pensador alemán podía haber escrito esta sentencia, eran felices o no, con la revolución del diecisiete al caer o en pleno conflicto civil o quizá en la posguerra. Lo que sí puedo asegurar, después de haber tratado algún ruso, es que son cantarines.

También, no me cabe duda, que el cante (individual) o el canto (coral) es motivo de dicha. Se canta cuando se está alegre y cuando se está bebido, es una manifestación del ánimo y, aunque Nietzsche se refiriera al canto en grupo, existe un exquisito acercamiento al canturreo o al cante individual, muchas veces entre dientes o simplemente naneando, en las labores cotidianas, bajo la ducha o durante la limpieza.

La televisión, entre otras cosas, ha mermado nuestra inclinación al canturreo. Antaño nuestras madres, abuelas y trabajadoras del hogar, por poner un caso, entonaban las cancioncillas de moda o acompañaban los sones de la radio.

Es un cante individual, aunque no tiene por qué ser solitario. Así, no es difícil que al entrar a un taller, verbigracia, algún operario, o más de uno, por su cuenta esté canturreando.

Ferrer Lerín, el que me anima a colgar esta entrada, comenta en su blog que esos cantantes “son inconscientes de su ejercicio de canto” y que el canturreo es “esa cancioncilla indefinida que susurra cuando [se] es feliz, una costumbre que sólo grandes personalidades –José Luis Sampedro, Belita, Nardo Vuelco- son capaces de mantener durante toda una vida...”. Se asombra, por otro lado, que dos de estos cantantes, del que él hace mención, Sampedro y Belita (dentista local), coincidieron recientemente, después de que hubiera hablado de ellos.

Hay algo más que se acerca al canturreo que mi mente empareja, aunque es completamente distinto. Se trata de la cancioncilla nemotécnica que antes teníamos en las escuelas (los mayores se acordaran) para aprendernos las lecciones. La oración de la mañana era prácticamente musical y la tabla de multiplicar o los límites del estado español (España limita al norte por el mar Cantábrico y los montes Pirineos que la separan de Francia) los aprendimos cantando.

Ahora me encuentro, en la panadería que acudo a diario, que la dependienta me despide con un “hasta luego” musical que, suavizando la ge y alargando la o final, me alegra la mañana.

* José Luis Sampedro en la foto.

Lunes, 26 de Septiembre de 2011 11:01 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El duelista

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Los hombres que no se baten en duelo creen que los que
se baten en duelo a muerte son valerosos (Lautréamont).

Borges dice que todas las criaturas son inmortales, menos el hombre, pues ignoran la muerte. Puede que la esencia del héroe estribe en eso, en sentir la eternidad, aunque sea momentánea. Por eso, el héroe permanente es irreal. Lo que realmente existe son las heroicidades, el puntual superhombre. Que una persona sin pensar en más se lance a las llamas para salvar a un niño o que salte a las vías para librar a un semejante de una muerte segura, pues el metro lo arrollará en unos segundos, son momentos impensables de gloria. Ese momento nos ciega. El fulgor nos llama. La muerte no existe, sin embargo. Por eso desafiamos las aguas bravas o el edificio que se desmorona. Como el niño, que ve la muerte tan tan lejana que lo hace temerario, inconsciente si queremos. Qué va a pasar, se pregunta, quitándole importancia a su atrevimiento. En el fondo, empero, nadie es consciente de su propia muerte, tal vez el suicida. La muerte, por experiencia, siempre les llega a los demás. Somos inmortales hasta que no se demuestre lo contrario. Soy el novio de la muerte, cantan las legiones españolas. ¿Arrojo? ¿Valentía? ¿Deber a la patria? ¿Soledad? ¿Hastío?

Dios ha muerto, firmó Nietzsche. Haciendo un ingenioso juego de palabras, alguien dijo Nietzsche ha muerto, y lo firmó como Dios. Qué sentencia será más real. Para los millones de personas que creen en Dios, la segunda, desde luego, pues Dios es inmortal, no tiene principio ni tiene fin. Para los creyentes Dios es el único ser cuya esencia es su existencia. Para el resto quizá, tanto el pensador alemán como el supremo hacedor han muerto o no existen, que no es lo mismo pero es igual.

El condenado a muerte, pensaba yo con cierto romanticismo perverso, tiene la suerte de pedir su última voluntad, un pensamiento, un cigarrillo, una carta, un beso. Quizá también, siguiendo con el macabro pensamiento, el enfermo terminal, no el moribundo postrado en el lecho, sino el que conoce, por un virus o una dolencia degenerativa que sus días están contados, que su vida tiene límite, que su colear caduca, puede conformar el resto de su vida, entonar en esos meses, semanas o días, un canto de cisne a medida. (También podríamos falazmente vivir cada día como si fuera el último.)

Se cuenta que Nerva, consejero del emperador Tiberio, antes de quitarse la vida dijo que quien se suicida dispone así de su propia muerte. Hay suicidados voluntarios (permítaseme la redundancia); suicidados que planean su muerte, a cambio de los suicidados por puro arrebato. Los primeros pueden preparar el terreno, escribir despedidas, dilapidar sus bienes o pedir un préstamo, pongamos por caso. En definitiva poder hacer una “locura” (¿otra?).

Pero, al igual que Krahe abogaba por la hoguera, yo me inclino, entre las muertes anunciadas (recordando a García Márquez), por el duelo a pistola. (A espada, tiene también su entelequia pero se necesita una formación previa, una destreza momentánea y una fatiga postrera, que no sé hasta que extremo estaría dispuesto a asumir, aunque Jules Barbey D’Aurevilly dijera: …una bala, la única arma que mata sin apasionarse, en tanto que la espada, por el contrario, comparte la pasión de la mano.)

El duelista puede perecer o salir invicto, terminar herido o moribundo. El duelista puede hacer testamento y ordenar lo que deja, si acaso lo deja. Aunque lo más importante, llegado el caso, además de lavar su honor, demostrar su elegancia y caballerosidad, etc., es el discurso caído, las últimas palabras de su vida entre difíciles respiraciones o estertores, toses definitivas, mientras por la boca se le escapa la vida. Unas palabras que habrá estado rumiando toda la noche hasta la amanecida, hasta despuntar el alba y entre vaharadas, antes de que el sol sonría, elegir arma (o coger la sobrante), jurar dignidad a los jueces, presentar testigos, que son los padrinos (no de boda, sino de muerte), dar la espalda a su fiel enemigo, avanzar los números que se cuentan para alejar la distancia, encomendarse al cielo o a las sombras, rogar para tener el temple suficiente de no disparar antes de que termine la cuenta y, a ser posible, no antes que su adversario, darse la vuelta, apuntar sin flaqueza, disparar hábilmente, recibir el impacto con gallardía, caer con entereza y, en lo brazos de alguien que difícilmente tapona la herida con un pañuelo, quizá de encaje, quizá de seda, repetir las palabras repetidas durante toda la velada ante el espejo acaso, despedirse del mundo sin rencor, perdonar a su oponente y, sobre todo, declarar el verdadero amor a la dama de sus sueños.

Podemos ir en paz.

Miércoles, 21 de Septiembre de 2011 10:48 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La noche de la sinrazón

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La cabeza es un instrumento delicado. Posiblemente es el elemento definitivo que determina nuestro paso por el mundo y la relación con nuestros semejantes. El equilibrio, más o menos estable, de las neuronas que contiene nuestro cerebro nos hace superar el día a día con la esperanza de un mañana que nunca llega.

Es nuestro leit motiv, es el motor de la humanidad, el principio y fin de las religiones. Un porvenir clarividente, un posible más allá, un paraíso a medida.

Pues la vida existe porque está en la cabeza. El pensamiento abarca cuanto ocurre, lo que ha pasado y lo que llegará a suceder.

¿Pero qué pasa cuando nuestro mecanismo falla, cuando ya no coordinamos esas neuronas, cuando nuestra mente descansa o se muere por las mismas causas que el olvido, es decir, por desuso, interferencia o desinterés?

La noche de la sinrazón, como no dudo en llamarlo, es el estado final. La noche profunda no es tan cruenta como la anochecida, como el avance de esas tinieblas que hacen aún percibir un poquito de luz, unos celajes, un punto cada vez más desvaído, hasta que la opacidad es completa.

Quizá no muere el que muere, porque hace falta morir dos veces para morir definitivo. Quizá el que muere deja un recuerdo anímico y constante. La estela bondadosa del amor de primera mano.

Es el que pierde la razón el que muere definitivamente cuando muere. Es el demente el que se encarga con su ausencia de ir borrando esos recuerdos que le hacían un igual. Tal vez sea el loco el que va difuminando su relación con el mundo pasando paulatinamente del ser al no ser, quemando su memoria en una combustión lenta, pero determinante.

Aquejado de alzheimer, lo realmente duro es el proceso inevitable de esa primera muerte callada, cuando se es consciente de que cada vez menos hilos nos unen a la realidad, cuando somos conscientes de los recuerdos que se nos escapan, cuando sin remedio vemos estrecharse nuestro entendimiento. Lo malo es sentir poco a poco apagarse las bombillas, como al final de una feria, y entrever la ciega escoba arrastrar las barreduras para no devolverlas jamás.

Y, cuando el último hilo se rompe, ¡ay!, la noche inevitable se cierne a la espera de la segunda visita de la señora de la guadaña.

Sábado, 23 de Julio de 2011 09:50 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

El monstruo de Bodegones

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El otro día, y sin venir a cuento, me hice una herida sangrante como matanza de gorrino. Digo “sin venir a cuento” porque no fue provocada por nadie ni por nada. Me disponía a subir un escalón elevado en local conocido y, al apoyar la mano en la pared, para secundar al equilibrio, una boca roja cruzó el dedo corazón de mi derecha, que empezó a llorar a borbotones y tardé un buen rato en controlar, dejando un rastro incuestionable a mi paso.

Al observar la pared para descubrir la púa, cristal o astilla capaz de producir abertura tan limpia, no la hallé. Por el contrario, el murete brillaba liso e indiferente. No tenía explicación.

Necesité hasta tres curas esa noche para controlar los leucocitos y hematíes que se habían revelado y deseaban abandonar mi cuerpo sin permiso alguno.

Al día siguiente, al recoger a mi hijo del colegio, le enseñé la raja, que, aunque cegada con apósito al uso, evidenciaba la sangre en estampida. Aún sigue latiendo.

La única razón que pude darle es que había sido víctima fugaz del monstruo de Bodegones. Haciendo memoria recordé que esta figura abominable portaba sendas cuchillas en las manos, a modo de cizallas, permanentemente en tensión; que gusta de frecuentar caserones antiguos, así como sus bibliotecas y bodegas (llegué a pensar que por este gusto le venía el nombre, pero después descubrimos que no era así); por último, no sé por qué lo suponía con más querencia por damas, y jóvenes, que por cualquier otro ser humano.

No pude enriquecer esta descripción con detalles más específicos y fidedignos por mucho que quise rememorar algunas lecturas hagiográficas que se difuminaban en mi mente. No obstante, prometí que al llegar a casa íbamos a investigar sobre ese endriago de corte tan exquisito.

Efectivamente, tanto en Internet como en los anaqueles que conforman mi breve librería desde que me mudé, indagamos para darle marchamo de autenticidad a la historia de mi accidente. Tan sólo encontramos, sin embargo, una referencia en la Minuta de monstruos de Joan Perucho. En su primer ítem, donde cuenta algunas de las aventuras del conde Potocki (1761-1915), y hallándose éste con unos amigos en la ciudad turca de Capadocia, advirtió en un cuadro donde reproducía la escena de san Jorge con el dragón “una extraña figura de hombre-escarabajo que, erecto, transitaba utilizando las patas traseras, avanzando espeluznante los brazos hacia delante y agitando dos poderosas cizallas a guisa de mandíbulas”.

Esta misma imagen la describió Menéndez Pelayo en el Madrid de su época, casi un siglo después, dándole el nombre de “monstruo de Bodegones”, por haber aparecido por primera vez en la calle Bodegones, precisamente en la carbonera del ministro O’Farill.

Más tarde, siguiendo el relato de Perucho, el conde Potocki visitó la ciudad subterránea de Kaymakli y “en el preciso instante en que con las antorchas visitaban las bóvedas del piso octavo, les salió un ruido preocupante de las cavidades inferiores, muy parecido al que producen unas cizallas accionando furiosamente. Tan pronto vieron aparecer el horrible hombre-escarabajo, continúa el autor catalán, en la desembocadura del túnel, huyeron sin dilación escaleras arriba sin oponer ninguna clase de resistencia”.

Uno de los compañeros del conde polaco, Von Worden, a su paso por España, donde escribió El manuscrito encontrado en Zaragoza (“falseando, no obstante, fechas y algunos personajes”) murió años más tarde bajo las cuchillas del hombre-escarabajo. “Fue una muerte horrorosa”, termina espantado Perucho.

No cabía duda, el monstruo de Bodegones nos visitaba en estos días, quizá nunca abandonó la península, después de haber seguido a los personajes del relato.

Al punto, leyendo la descripción del engendro antropomorfo, recordé a Gregorio Samsa, pero el metamorfoseado de Kafka tendría que ser muy diferente. No así un personaje aparecido en la película 300 a las órdenes del rey persa, Jerjes, que cortaba cabezas por encargo. Este mismo personaje, creo revivir, también apareció en un film pseudo erótico sobre Calígula y su colección de adefesios.

Otra referencia se agolpa en mi cerebro sin llegar a iluminarse del todo. Creo haber leído sobre la presencia del monstruo de Bodegones en una antigua biblioteca del oriente próximo, ya sea en Babilonia, ya sea en Nínive o en Pérgamo, creando escenas de esperpéntico terror.

Lo cierto es que habrá que tener cuidado de ahora en adelante en dónde nos metemos y por dónde caminamos y, ante cualquier ruido metálico de cuchillas que se abren y se cierran, tomar las de Villadiego, que siempre es más castizo que poner los pies en Polvorosa.

* La ira de Jerjes antes de darle orden al hombre-escarabajo de cortar una cabeza.

Jueves, 02 de Junio de 2011 20:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Los pájaros y la ciencia

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A veces las casualidades superan los programas. Este domingo fui al Parque de las Ciencias con mi hijo Juan, el único que tengo (que sepamos). Tenemos la tarjeta de ’Amigos’ con la que acudimos a menudo a ese lugar de recreo.

Él quería ver los aviones, subir a la torre, ver los animales disecados, jugar con el agua, interactuar con el robot de la entrada... Yo pensaba ver la exposición de Escher.

Pero, al atravesar el primer pabellón, tras la cristalera vimos un pajarillo multicolor atrofiado en el suelo. Parecía tener un ala descompuesta.

Lo cogimos y lo llevamos al puesto de las aves rapaces para que le dieran aliento. Cuando lo cogió uno de los encargados, abrió la mano para mirarle la supuesta herida y, el pajarillo (un verderón, nos dijeron), salió volando, con una salud y libertad envidiables.

Parece que tan sólo se había dado un trompazo contra el vidrio. Tendría ganas de ver también alguna exposición.

Acto seguido (o un poquito antes) vimos a un gato negro congelado. Estaba quieto quieto, con la pata delantera alzada y la mirada fija en una tertulia de gorriones que holgaban ajenos a unos ocho o diez metros.

Nos paramos a observar en silencio. En décimas de segundo, el gato salió disparado interceptando a uno de los pájaros antes de alzar el vuelo en su misma dirección, tuvo la astucia de cogerlo de frente.

Esos dos episodios que presenciamos (no había mucha gente), superaron nuestras expectativas. Fueron, sin lugar a dudas, las mejores actividades científicas que, sin proponérselo, nos brindó el Parque.

Martes, 24 de Mayo de 2011 11:21 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Caprichos etimológicos

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Falazmente se podría pensar que si el que roba no es robón y el que ladra no es ladrón, como el podólogo no es el que todo lo puede y dios es omnipotente y no el más robusto en la acción de Venus, el caracol no es el que mira una col, como el girasol, que sigue al sol comiendo pipas (con camisa nueva o no).

Esta polémica del origen de la palabra 'caracol' (centrada más bien en el témino 'carajo'), se la plantearon ciertos eruditos a finales del siglo XIX, que tuvieron todos la precaución de firmar con seudónimo.

Intuyendo dichos intelectuales derivaciones etimológicas, les dio por pensar que si el caracol miraba una col, el carajo miraba un ajo.

De resultas de esta lógica, surgieron los siguientes versos:

Preguntó san Pedro a Cristo
por qué llamó al caracol
’cara-col’; y dijo Cristo:
porque cuando lo he criado
miraba para una col,
que si mirara hacia un ajo
le llamaría ’car-ajo’

No conformes, los estudiosos con tal resultado, continuaron expeculando que ’carajo’ podría venir de Karaxos, que era el hermano de Safo de Mitelene, y designa también en esta lengua a taladro o punzón.

Juan Perucho aporta la siguiente anécdota. Estando en campaña Jaime I el Conquistador, antojósele incluir el ajo en su dieta, mas, no habiéndolos sino en el campo enemigo, sus capitanes arriesgaron el pellejo para hacer la recolecta. Al enterarse el monarca de que sus oficiales habían muerto por dar gusto a sus caprichos, "hubo de exclamar en catalán: Cars alls!, lo que, vertido al castellano, es ¡Caros ajos!".

Asímismo, añade Perucho, para probar lo castizo de la palabra, se exhumó el pasquín que en 1808 apareció en Madrid a propósito de Pepe Botella:

En la plaza hay un cartel
que nos dice en castellano
que José, rey italiano,
roba a España su dosel;
y al leer este papel
dijo una maja a su majo:
Manolo: pon ahí debajo
que me cago en esa ley,
porque aquí queremos rey
que sepa decir ’carajo’.

Salvando las distancias, la conclusión de esta coplilla, me ha llevado a recordar el "Por qué no te callas" de nuestro rey, en un acto de libertad sin efluvios espirituosos, el 10 de noviembre de 2007, dirigida al lenguaraz presidente de Venezuela, en la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, celebrada en Chile.

* Matas de ajos esperando a un caracol que las mire.

Jueves, 28 de Abril de 2011 11:40 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

14 de abril

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¡Oh, corte, quién te desea! 

(Juan de Mairena, Antonio Machado).

Jueves, 14 de Abril de 2011 12:08 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Las tres menos medio minuto

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El pasado sábado, 2 de abril, me invitaron a formar parte del jurado del Festival de la Canción Scout de Andalucía, en su edición número veinte, a celebrar en la localidad de Ogíjares, en Granada.

En tratándose de una actividad de niños y jóvenes, con un horario moderado, se lo comenté a mi hijo, con la intención de que me acompañara y me ayudara en la votación.

La propuesta le pareció fantástica y se interesó por las cuestiones a tomar en cuenta (letra, música, interpretación, etc.).

Dio la casualidad de que ese sábado ya estaba comprometido con su madre y otras actividades familiares. Así, ante la imposibilidad de acompañarme, me pidió que al final del concurso lo llamara por teléfono y le leyera las canciones para que me pudiera dar su opinión.

El domingo bien temprano me llamó por teléfono regañándome por no haber cumplido nuestro acuerdo. Lo pensaba llamar esa misma mañana, el día anterior, entre unas cosas y otras, llegué a casa cerca de las dos de la mañana.

De cualquier manera hizo que le leyera la canción ganadora y las finalistas. Me reí por su ‘supuesta’ concentración. Después tuve que confiarle otras dos letras y después otra más, seguro que no se estaba enterando de mucho.

Sin embargo me dio su veredicto sin titubear. “A mí me gusta ésta” y me refirió parte de la letra que le había leído con gran acierto. No fue la que ganó, pero quedó en un destacado lugar, y su texto para mí fue de los más destacados.

Felicité al instante su madurez y buen ojo, disculpándome de nuevo por no haber contado con él, repitiendo que me recogí al filo de las dos de la noche. Él dijo que también se acostó tarde, aunque no tanto, pero que un día se durmió casi a las tres, que, cuando faltaba un minuto para las tres, su madre se dio cuenta y le apagó la luz.

Quiso aguantar pero no pudo nada más que medio minuto. De forma que un día se durmió a las tres menos medio minuto.

Viernes, 08 de Abril de 2011 12:06 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La vida breve

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El hombre es el único animal que quiere salvarse, sin confiar para ello en el curso de la Naturaleza (Juan de Mairena, Antonio Machado)

(...) Non deixes que o vento te leve / morrer é mui doado (Herba aqui ou acolá, Álvaro Cunqueiro)*

Leo en Juan de Mairena de Antonio Machado que su maestro decía a sus alumnos que había pasado hasta tres días sin comer —y no por prescripción facultativa, al cabo de los cuales se dijo: "Esto de morirse de hambre es más fácil de lo que yo creía".

Hace tiempo publiqué un poema que me lo recordó:

Hasta cuando dejamos de ser somos;
todo está bien o no está bien
mientras nos saludemos por la calle.
Porque cada día es una victoria.
Vivir, convivir, es un juego
y morir es tan fácil.

Anteriormente ya había apuntado en algún papel que si morir es tan fácil por qué nos empeñamos en matarnos.

Vemos con increíble asombro e impotencia el desastre de Japón. Lo inevitable del terremoto y del tsunami. Pero también el terror a amenazante del reactor nuclear.

No aprendemos. Cada una de estas centrales, lo sabemos desde hace bastante tiempo, es una bomba de relojería. Su estallido y aniquilación es cuestión de tiempo.

No nos queda más que llorar por ese pueblo, que admirar su abnegada postura, que aplaudir su orden, su eficacia, su control ante lo incontrolable.

Somos vulnerables. Somos juguetes de la naturaleza, del destino y del hombre, que sigue siendo un lobo para el hombre.

* (...) No permitas que el viento te lleve / morir es muy fácil [escribí mi poema sin conocer el verso del poeta de Mondoñedo].

** La vida breve es una ópera (drama lírico) en dos actos de Manuel de Falla; es también, posiblemente, la novela más importante y conocida del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, de 1950, que se desarrolla, básicamente, entre Buenos Aires y la mítica Santa María — ciudad ficticia y cuasi onírica en la que transcurren, también, "El astillero" (1961) y "Juntacadáveres" (1964).

(Álvaro Cunqueiro,
Jueves, 31 de Marzo de 2011 16:09 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

¡Eureka!

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A veces creo que soy demasiado mayor para alcanzar a mi hijo, pues le llevo más de cuarenta años. Otras, siento que me basta para satisfacer sus inquietudes y pienso que el problema no son los años sino la perspectiva. Entreveo la ventaja budista de pensar que aunque los bueyes sean lentos, la tierra es paciente.

Desde el 25 de diciembre, Juan cuenta con siete años y se “enfrenta” a un segundo de primaria con la totalidad de sus compañeros mayores que él (alguno ha cumplido ocho años este enero pasado).

En su clase, me cuenta, tiene cada uno su orden, sus logros y sus limitaciones. “Soy el tercero en matemáticas”, “Fulano es el que mejor dibuja”, “Zutano es el más malo de la clase”, “Mengano corre más que nadie”…

El otro día me dijo que era el segundo que mejor leía, pero que el primero (Felipe, Miguel Ángel o Eduardo) no se enteraba de lo que acababa de leer.

Juntos reflexionamos sobre la cantidad y de la calidad. En resumidas cuentas, sobre la relatividad de las cosas.

Al rato, sin venir a cuento (o viniendo a un cuento que se me ha olvidado), me preguntó por qué flotan los barcos. Le enuncié el principio de Arquímedes, que lo aprendí como antes entraban las cosas, y le expliqué su significado, incluyendo el metafísico eureka.

Al día siguiente, me acompañó a la presentación del disco de Álvaro Rodríguez (que reseñé en estas mismas páginas) y coincidimos con mi amiga Victoria, que alabó la agudeza del niño que hasta sabía por qué flotan los barcos.

Sí, se sorprendió. ¿A ver por qué flotan?

Juan, muy serio le dijo: ¡Eureka!

* Arquímedes en la tinaja.

Lunes, 14 de Marzo de 2011 17:08 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

El día que fui Alfonso Salazar

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Corría el año 1999 y yo acababa de ganar el premio García Lorca de la Universidad de Granada en la modalidad de cuentos con La Batalla de Hanstings.

José María Pérez Zúñiga, incorporado recién a las páginas de Ideal, llevaba una columna de Jóvenes creadores, donde entrevistaba a todo granadino y adoptado que hiciera cosas (más tarde, el diario Granada Hoy, hizo algo parecido bajo el nombre genérico de Perfil).

José María mandaba sus textos y en la redacción los componían. Los maquetadotes se limitaban a machacar la entrevista de la semana anterior con la nueva batería de preguntas y respuestas con cierta desgana. Pues, la semana anterior a la mía, el protagonista fue Alfonso Salazar, poeta y escritor local, y su nombre quedó bajo mi foto (una que mandé de cuando visité el museo de Mérida, que se la apropió el periódico).

Así, que por ese día fui Alfonso Salazar. No me importó, no obstante. Incluso, estábamos tan unidos, que uno podía pasar por el otro tranquilamente.

(Sin ir más lejos, ayer me llamaron al móvil preguntando por Alfonso. Era un viejo amigo común, que nos tenía a los dos seguidos en su antiguo listín, y se saltó una línea al marcar.)

Sea como sea, la entrevista, con mi foto y el nombre de Salazar, quedó como anécdota tan simpática como intrascendente. Es mi deseo, en cambio, reproducirla a continuación:

“La única participación divina que tenemos es la posibilidad de crear”

 Al tratar de Jorge Fernández Bustos, la palabra ‘creador’ se me anto­ja corta y el apelativo ‘joven’ se cubre de connotaciones, incluso heroicas. Las inquietudes de este granadino (1962) han tomado la forma de poe­sía (Tus mismos ojos), narrativa (Cuentos de Navidad), ensayo (El arriesgado juego de las canicas), la ilustración, guiones de publicidad, artículos en diversos medios de comunicación y el diseño gráfico. Pertenece a los grupos literarios Grama y Taller de Escritores. También es co-fundador del sello independiente Edi­ciones del Vértigo y el último ganador de los Premios García Lorca en la modalidad de cuentos con La Batalla de Hanstings.

—Tú es que no paras. ¿Tratándose de expresar vale cualquier medio?

La vended, me gustaría parar menos. No todo está a mi alcance. Los ordena­dores están ofreciendo muchas posibilidades que van sustituyendo a la mano alzada. El pincel, por ejemplo, ya casi no lo toco. Por no hablar de los programas de reconocimiento de voz. El disco duro es como una ampliación de la propia memoria, lo cual es una gran ventaja. Con el tiempo vas ganando en técnica, pero vas perdiendo flexibilidad creadora. Vas viviendo de las rentas.

¿Por qué los escritores granadinos tienen que irse fuera para que los lea alguien más que sus amigos?

Aquí, más que en ningún sitio, se impone el dicho de que “nadie es profeta en su tierra”. Aquí es profeta el que primeramente ha tenido repercusión fuera. Un buen ejemplo es la directora de cine Chus Gutiérrez; hasta que no ha tenido un nombre fuera, no se le ha reconocido en su tierra. Pero es que somos demasiados. Esta ciudad exporta escritores como Cuba puede exportar músicos. Es lógico que no todos sobresalgan. De todos modos pienso que, ‘achuchándonos’, cabe todo el mundo. Lo cierto es que hay pocas oportunidades. Esa fue una de las razones por las que fundamos Ediciones del Vértigo, centrándonos en la obra breve. Nada más que en poesía, hasta la fecha, tenemos 37 títulos en la calle. De todas maneras, lo de joven creador, debería ir entre comillas, porque joven es una señora de 87 años que empieza a publicar ahora con nosotros.

¿Y qué le dirías a los que empiezan?

Pero si yo también estoy empezando. Siempre se está empezando. Lo que cuenta al final es el trabajo, no parar de hacer cosas; es lo que queda ahí; la única participación divina que tenemos es la posibilidad de crear. Cuando la descubrí, me sentí verdaderamente bien.

¿El próximo paso?

Ya lo soñaré… Pero proyectos nunca faltan. Lo que falta realmente es tiempo y dinero para embarcarse. Mi pecado, como el de muchos otros, es el altruismo. Casi me gusta más colaborar con la gente y ayudar a los demás, que es lo que me hubiera gustado que hicieran conmigo. Normalmente me siento como un corredor de fondo de la “cultura granadina independiente”. Nunca he destacado, pero siempre he estado ahí.

Lunes, 07 de Marzo de 2011 11:53 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Minutos de gloria

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Lo leí, creo que por primera vez, en un artículo de Antonio Gala. Decía que el amor podía llegar a ser eterno en diez minutos. Frase que me he vuelto a encontrar, dicha por unos y por otros, de igual forma o de manera diferente.

La intensidad se convierte así en la máquina del tiempo. El momento puede ser inmenso y su recuerdo infinito. Diez minutos que, como el verso del poeta, pueden darle sentido a toda una vida.

Pero hablamos de amor, arrebato, pasión... Pero, ¿y su opuesto, cualquiera que sea? Dolor, odio, indiferencia (como apunta Punset).

Y también el poder, la fama, la victoria... Diez minutos que pueden voltear nuestra forma de ser, de vivir, de entender nuestra presencia en el mundo y, sobre todo, nuestra interrelacción con los demás.

Ayer, en el autobús en el que marchaba a recoger a mi niño del colegio, se montó una amiga cuando el conductor ya había arrancado. Con la premura de quien le sonríe la suerte por los pelos, no se fija en mí en un principio.

Cuando guarda sus pertenencias y acomoda el latido de su corazón al rum-rum de la carretera, levanta la vista y me ve, y se acerca para saludar. En ese instante el autobús frena bruscamente y ella cae sobre mí dándome un abrazo de película.

Rápidamente me pide perdón por el involuntario tropiezo. Yo le digo que creía que se alegraba mucho de verme.

Todos los parroquianos del coche que habían visto y oído el episodio comenzaron a reír. Incluso, cuando me bajaba en la siguiente parada para hacer trasbordo, seguían celebrando la ocurrencia y rememorándola entre ellos.

Al recoger a Juan y preguntarle por sus cosas, después de haber escondido estratégicamente dos palos que se sacó del bolsillo entre los pinos, le cuento yo las mías, entre ellas el tremendo abrazo y la reacción del público espontáneo.

De pronto me dice: "Papá, me gustaría tener el éxito que tú tienes".

* (Sin duda, al paso que va, él tendrá mucho más "éxito" que yo.)

Viernes, 04 de Febrero de 2011 17:55 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Síntesis

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En el año 2002 se organizó un congreso en Granada llamado Síntesis que intentaba aunar en cierta manera la medicina alterna con la medicina científica. La directora de dicho congreso me pidió que le escribiera unas palabras para pronunciarlas el día de la presentación. Revisando archivos, encuentro este texto, que me place reproducir en su primera mitad:

La medicina consuela con frecuencia, alivia de vez en cuando y cura raras veces
Hipócrates


El fin iniciático de cualquier planteamiento medicinal es sin ninguna duda la consecución de la salud. Un desarrollo médico que abarcaría las ciencias más heterodoxas, desde la medicina oficial hasta las medicinas tradicionales, que evolucionan con métodos más o menos científicos para lograr este objetivo. Todas buscan un modelo único, todas ofrecen una mayor calidad de vida, la prolongación de un estado óptimo de nuestros cuerpos.

De tal manera podemos simplificar la ciencia médica, atendiendo tan sólo a la palabra VIDA. La vida como lo opuesto a la no-vida o a la mala vida, es decir, a la enfermedad (o la muerte, que sería la enfermedad en su grado sumo).

Hasta aquí todos coinciden. Difieren los métodos. Pero quién en su sano juicio puede afirmar que su tratamiento es infalible, que tal o cual medicina es ciencia exacta.
Necesitamos aunar voluntades y experiencias y sistemas e instrumentos para alcanzar ese fin común que perseguimos, para lograr la salud sin fisuras, para llegar a la VIDA, para ofrecerle las menos oportunidades posibles a la inexactitud, a la pregunta que prosigue a un fracaso o a un éxito humilde: ¿Y si yo, en vez de..., hubiera...?

En la palabra Síntesis se resume esta intención. Síntesis es más que la unión el resultado. Vislumbremoslo con este postulado marxista: la enfermedad es la tesis, la medicina la antítesis, la curación la síntesis. Otro ejemplo, quizá más poético e ilustrativo, es una oruga que se encierra en su capullo, en fino hilo tejido con su propio cuerpo, para, después de un tiempo de letargo, reaparecer convertido en una crisálida, en una linda mariposa. Así, la mariposa sería el símbolo de nuestro diálogo. La mariposa sería la síntesis, es decir, la vida.

Al igual que el ejemplo de la mariposa, del gusano que se enrarece, que tiene que pasar de ser a no ser para ser de nuevo, pensamos también en el trillado ejemplo de la espiga de trigo (perdón por la broma). El grano de trigo que cae en la tierra debe pudrirse y morir para nacer nuevamente. Es como el Dalai Lama que nace cuando muere el Dalai Lama. O el ave fénix que nace de sus cenizas. Cada quinientos años, el ave fénix se incinera en un altar en la ciudad de Heliópolis, en Egipto, para revivir de nuevo. Quien cree en el fénix, en la reencarnación o en la primavera, sin ir más lejos, no piensa en la muerte o en el fuego o en el invierno, piensa en la resurrección, en el renacimiento, en la expansión de la vida.

Posiblemente sea tan sólo una concepción budista de nuestro empeño en animar (animar viene de ánima, que en griego viene a significar ‘dar vida’). El budismo es una religión tolerante y permisiva donde todos caben y cada uno a su manera. El budismo no es incompatible con ninguna religión (aunque las demás no toleran ninguna otra). Uno puede ser tan budista como quiera. El budismo así, grosso modo, es progresivo y exige lo que cada uno se exija a sí mismo.

El Zen, el budismo Zen, fue el refinamiento de una religión que había nacido en un mundo hostil. Al principio, la religión debía ser dura como el hombre, dios era un ser temido y colérico. A medida que las tinieblas se fueron retirando de la tierra, el budismo se dulcificó, se culturizó, y nació el Zen. De los monasterios se expandió la poesía, el teatro, la ceremonia del té, el amor por los jardines, el bonsai y el ikebana.

Una de las reglas tácitas del haiku, poema de tradición Zen de sólo tres versos, es que el primero exponga la serenidad, la calma, el silencio... (tesis); el segundo, todo lo contrario, que describa el movimiento, la estridencia, el ruido... (antítesis); y el tercero, resulte del efecto del segundo en el primero (síntesis). Como ejemplo, podemos leer éste haiku de Basho (siglo XVII):

                                           El estanque antiguo.
                                           Salta una rana.
                                           El ruido del agua.

Domingo, 23 de Enero de 2011 11:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Los Reyes

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Creía que lo sabía. Desde hace más tiempo del que recuerdo sé que los Reyes son los padres. Y después, tu pareja, tus amigos o tú mismo.

Yo, la verdad, ya no espero nada. Hace años que no me encuentro el espíritu navideño por ningún lado. Y esta carencia de fe se vuelve el comienzo de una espiral, en el eslabón de un círculo vicioso que tiene mucho que ver con la negación de la negación.

No suelo regalar, no me suelen regalar. Es un acuerdo tácito, es una carta abierta para nadie, es un mensaje en una botella anclada en el fondo.

Al igual que no me mueven banderas ni tambores ni un balón ni un toro; la fiesta institucionalizada, las convenciones o aniversarios, tampoco me desvelan. La Navidad es un periodo deprimente en el que se ensalzan los valores que el resto del año están escondidos. La farsa y la mentira florecen detrás de forzadas sonrisas.

Hay quién cree en estas fiestas, hay quien siente ese espíritu, hay gloriosos ejemplos (quizá muchos y mi queja sea mas individualizada de lo que pienso). Aleluya por esa gente. Son realmente envidiables.

Y en esas estoy. La depresión no me suelta. Pero tengo un hijo, como sabéis. Y su ilusión me ilusiona y su alegría me alegra y su amor me enamora...

Poco espero. Creía que lo sabía. Pero mi niño pidió a los Reyes para mí, para su madre y sus abuelos y para los pobres.

Lo conté hace unos meses. En una boda gitana me "partieron" la camisa. Negra. Me gustaba. Juan recordaba la anécdota y pensó que los Magos podían traerle a su padre otra igual.

Su padre, que soy yo, se vio obligado a buscar una camisa y autoregalársela en nombre de los Reyes, que venían en nombre de mi hijo.

De rebote también he recibido un libro y un mp4. Lo que me ha llevado a pensar que los Reyes Magos sí que existen, que los padres, los amigos, etc. le echamos una mano, fomentamos su leyenda.

Ahora veo huellas de camello en la entrada de mi casa, cuando Juan razona que si a mí me han traído la camisa negra a cada pobre le han tenido que regalar un cheque de mil euros.

Martes, 11 de Enero de 2011 11:44 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Cambio de registro

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Estoy convencido de quien es aficionado a la lectura vive más. Quizá matemáticamente su vida sea la misma tanto si lee como si no. Pero interiormente esa vida se amplifica y se desdobla, enriqueciéndose con los libros que pasan por nuestros ojos, que es como decir por nuestros sentidos, por nuestra mente, por nuestro corazón.

Como un espía de vida intensa que se crea una leyenda haciéndose pasar por quien no es, cuando estamos enfrascados en una historia escrita, en cierto modo tomamos partido, nos inmiscuimos en otro mundo y, por algunos momentos, vivimos otra identidad, otras realidades tanto en el espacio como en el tiempo.

Una vez estuve en Grecia con un programa cerrado durante una semana. Cada uno de los siete días, mi compañera fue encontrando bajo su almohada una carta que antecedía lo que íbamos a visitar, con numerosos detalles sobre los lugares, la historia y la mitología helénicas.

No hace falta explicar que esas letras las escribí antes de salir de viaje, con ayuda de mis lecturas, pues nunca había visitado esas tierras.

Hasta principios del siglo XX era muy normal encontrar autores que escribían de otros países o de viajes exóticos sin haber abandonado su casa y su estudio.

Aunque hay quien se engancha a un tipo de literatura y no cambia en toda su vida (conocí a uno que había leído un solo libro, eso sí, once veces), lo normal es que los gustos cambien y nos hagamos más "exigentes".

Ya no nos interesa sólo lo que cuenta una obra, sino cómo lo cuenta. Nos fijamos en el autor y sus circunstancias, el contenido y el continente. Incluso, las opiniones externas y el prólogo y epílogo. Todo enriquece nuestra lectura.

Es imposible leerlo todo. Es imposible estar totalmente al día. Hay libros que tenemos pendientes, hay clásicos imprescindibles, hay lecturas que nos pasan desapercibidas, hay autores que no nos dicen nada.

Y, entre tanta lectura, recomiendo el placer de releer, de redescubrir lo que ya has hallado, de bañarte en el mismo mar de todos los veranos. Volver a un libro determinado y determinante es un doble placer, aunque su lectura nos quite el tiempo necesario para gozar con algo nuevo.

Mis lecturas son viscerales. Nunca la moda, la crítica o la obligación han guiado mis ganas. Digamos que una lectura me ha llevado a otra, un autor a sus contemporáneos o a sus admirados o a sí mismo, un tema al mismo tema.

Soy lector atípico. Huyo de los best seller como de las recomendaciones apasionadas. Soy mitómano en autores y doy varias oportunidades a los intragables. No me gustan los "iluminados" ni los libros de autoayuda ni el ensayo popular.

A principios de este año pasado (2010), la demonología, como fantasía plausible, se instaló entre mis libros de cabecera. Algunos ejemplares vinieron seguidos, otros algo más distanciados. Hace pocos días terminé el deliciosa Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y recordé esas lecturas, con el diablo como figura estelar, entre los que se contaban Margarita y los viejos de Bugákov, Merlín y familia de Cunqueiro, Don Juan de Torrente Ballester, Fausto de Goethe o Doktor Faustus de Thomas Mann.

Antes de que acabara el invierno, sin embargo, busqué un libro radicalmente distinto, necesitaba cambiar de registro.

Viernes, 07 de Enero de 2011 11:49 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Poliandria

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La prefiero compartida antes que vaciar mi vida (Pablo Milanés)

…o entre los tres nos organizamos, si puede ser (Luis Eduardo Aute)

Gustavo Flaubert decía que el harén era el sueño de todos los estudiantes secundarios. Quién no ha soñado cuando es joven (o no tanto) con tener más de una joven odalisca, custodiada por eunucos, siempre a su disposición. Quién no ha pretendido alguna vez ser bígamo o mejor polígamo. Quién no ha envidiado a las sociedades que permiten el casamiento múltiple fomentando de camino el exotismo de primera esposa, segunda esposa… y así hasta las que compongan tus sueños.

A mí, si os soy sincero, me daría cierta pereza… No sólo por la economía (se supone que tendrías tantas mujeres como fueras capaz de mantener), sino también por cuestiones sociales. En caso de tener un serrallo, las obligaciones morales superarían los gastos pecuniarios.

Hoy día todo ha cambiado. La mujer ha logrado una independencia y una integridad que los hombres desearíamos para nosotros. El siglo XXI, con todos los subsiguientes, es de sexo femenino. Llegará el tiempo, si no ha llegado ya, si no ha existido siempre, que los hombres reivindiquen la igualdad.

Un acuerdo, no obstante, se puede lograr y, hablando de relaciones o grupos familiares, todo debería estar permitido. Si es normal a estas alturas la pareja de hecho, por qué no el trío de hecho o el grupo de hecho.

Aunque sigo pensando lo mismo. Si el compromiso entre dos es duro, me imagino el deber entre tres, cuatro o cinco…

Puestos a elegir, sin embargo, me inclinaría por lo contrario, una mujer para varios hombres, o, lo que es lo mismo pero no es igual, varios hombres para una mujer.

Puede que ellas estén más preparadas para afrontar el reto. Asumo mi veinte por ciento, por ejemplo, con resignación, con la alegría de gozar de las maduras, pero también de repartir las duras.

Me divido o me desdoblo, he ahí la cuestión.

Poliandria: unión de una mujer con varios hombres al mismo tiempo.

En un estudio de Emilio Guerrero se explica que las causas principales de poliandria eran la escasez de mujeres, debido al infanticidio de las mismas y a la apropiación de muchas mujeres por parte de muchos jefes polígamos y los poderosos de la tribu, y a la escasez de comida que hacía imposible que cada miembro masculino de una familia mantenga a una esposa.

Esta unión conyugal, aunque menos frecuente que la poligamia, existió entre los antiguos bretones y árabes, los habitantes de las Islas Canarias, los aborígenes de América, los hotentotes, los habitantes de la India, Ceilán, Tíbet, Malabar, y Nueva Zelanda. Incluso hoy en día la podemos encontrar en el Tíbet, en las Islas Aleutianas, entre los hotentotes o entre los cosacos de Zaporogian.

Entre los tre-ba del Tibet, por ejemplo, todos los hijos del mismo padre compartían una única esposa. Así que sólo celebraban una boda por familia en cada generación. Y el padre Feijoo en su impagable Teatro crítico universal comenta que en Malabar, región de la India meridional, pueden las mujeres casarse con cuantos hombres quisieren.

Es un punto de vista. Quien esté conmigo que tire la mano y esconda la piedra.

Jueves, 30 de Diciembre de 2010 20:43 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Encomio del anonimato

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Ya lo he comentado más de una vez. Antes siquiera de adivinar que mi mayor modo de expresión era la palabra, de que mi precedencia comunicativa era la escritura, probaba a pintar, más bien a dibujar. Mi estilo era metódico y tendente al perfeccionismo de la línea. Cuestión doblemente dificultosa, pues mi mano tiende a ondular lo que mi cabeza concibe recto.

No obstante un poder improvisador y altamente surrealista hacía que las dudas en la ejecución fueran aciertos en el resultado.

Dibujaba desde que tenía razón de uso. La plumilla era mi arma y el onirismo mi destino. El horror vacui caracterizaba mi trabajo y la paciencia árabe era mi máxima virtud.

Con el tiempo, esa parsimonia en dilatar los minutos, se fue perdiendo y de la plumilla pasé al pincel y del relleno al gusto por el espacio en blanco, por el vacío, por el silencio, tanto como lo puede apreciar un concertista de guitarra.

El resultado fueron muchas horas de concentrado trabajo, un gran cultivo interior, la proliferación de dibujos que no sé dónde han ido a parar.

Sin ser consciente de ello, sentía que era un mero instrumento, que materializaba algo superior a mí. Prueba de ello es que ahora veo alguno de mis obras y me pregunto cómo fui capaz de hacerla.

Tanto es así que raramente firmaba bajo el papel. No era ni falsa modestia ni creencia en el anonimato, sino algo más interno que rayaba en la globalidad, en la necesidad de popularizar mis intenciones. No sé.

Incluso estuve expuesto en un espacio de jóvenes artistas y, al vender uno de mis cuadros, lo tuvo que firmar la galerista.

Después se me pasó la afición y las ganas. Dejé de pintar sobre todo por el complejo de conocer a verdaderos pintores, con sus razones, con su técnica, con su lenguaje y habilidad, que limitaban mi visión.

Con la poesía me ha pasado otro tanto. Hay verdaderos poetas que entienden el significado de la palabra, de la metáfora y de la música. Gente con cualidades innatas que se expresan poéticamente con autoridad y sin esfuerzo.

No es mi caso. Sin embargo, con mucho pudor, reúno letras y compongo versos, que me atrevo a publicar y a mostrar al público (aunque, bien mirado, es lo que hacen muchos; Granada está llena de poetas pero falta poesía).

Algunos poemas breves (soy incapaz de escribir prolongado), algunas letrillas sueltas, han aparecido en este mismo blog. Alguien me dijo si no temía que me las quitaran, que las cantasen por ahí. Le respondí que lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte.

Oscar Wilde, en El retrato de Dorian Grey (1890), dice Estamos en una época en que los hombres creen que el arte debe ser una forma de autobiografía. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza.

Los que me conocen saben que soy autor de esta página. Tampoco me escondo. Pero en ningún momento he reconocido oficialmente quién se esconde detrás de volandovengo, reivindicando así el anonimato y ese sentido abstracto de la belleza. La vanidad nunca ha sido mi fuerte.

* Dibujo de 1983, una alegoría sobre la muerte de Cristo (disculpad la mala calidad de la foto).

Lunes, 27 de Diciembre de 2010 18:46 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Fantasmas

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No hace mucho tiempo, para descansar un poquito de los seis años de mi incombustible hijo, le dejé el móvil para que se entretuviera en hacer algunas instantáneas, en las que, entre otras cosas podría ver su creatividad.

Poco rato, a mi pesar, le duró el entretenimiento. A los diez minutos a lo sumo me devolvió el teléfono después de haber hecho más de treinta fotos (la mitad de ellas irreconocibles).

Al interrogarle sobre su obra, dijo que eran fantasmas, que los había descubierto moviéndose rápido de un lado a otro con la cámara en la mano.

Me lo demostró in situ, girando a derecha e izquierda y apuntándome con el objetivo.

Parte del resultado lo tenéis aquí encima, en donde me reconozco como fantasma en un par de retratos.

Sábado, 11 de Diciembre de 2010 11:23 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El arma secreta

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“¿Sabes qué?”, es la pregunta continua de mi hijo Juan para contarme sus cosas. La mayoría son geniales de una frescura y un cándido surrealismo encomiable. Debería apuntarlas más a menudo, pero no daría abasto.

Hoy me ha contado un episodio vivido en la hora del recreo. No sé si sabré contarlo con la soltura y la gracia que tiene mi niño, pero la anécdota merece ser reflejada.

“¿Sabes qué?”. Juan paseaba con un amiguillo de su clase, cuando llegaron dos niños (niño y niña) de tercero, de unos 8 años, que buscaban pelea.

El compañero de Juan, también de 6 o 7 años, le dijo a éste que empleara su “arma secreta”. Entonces ambos acosadores salieron a correr temiendo lo indecible.

Juan salió tras ellos y alcanzó a la niña. Sin piedad atacó con su “arma secreta”, que es nada menos que el “super abrazo”, a veces hasta con beso.

La chica, viéndose presa del mortal abrazo, se rindió incondicionalmente.

Los dos pequeños rieron; habían ganado la batalla.

Sábado, 13 de Noviembre de 2010 10:33 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

11 N

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En noviembre 11, caiga en martes o en jueves (aparte de que es el cumpleaños de mi sobrina), ni te cases ni te embarques. En cuanto al casamiento opino, como Sócrates, que hagas lo que hagas te arepentirás.

Pero, en lo referente a embarcarse sí puedo dar unos datos curiosos. Leo con asombro en El libro de los hechos insólitos de Gregorio Dobal, publicado en 1994, que el 11 de noviembre de 1913 una tempestad hundió doce barcos en el Lago Superior de Norteamérica, con el resultado de 254 personas muertas.

Diecisiete años después, también el 11 de noviembre, otra tempestad hundió en el mismo lago a cinco embarcaciones, muriendo 67 personas.

En 1975, otro 11 de noviembre, un carguero repleto de mineral, el Edmund Fitzgerald, se rompió en dos en su travesía de ese lago, muriendo sus 29 tripulantes.

Siguiendo las estadísticas ya mismo tiene que tocar otra catástrofe. Así que, por si acaso, si nos casamos no vayamos de crucero por el Lago Superior.

Después dicen que nadie advierte.

Jueves, 11 de Noviembre de 2010 00:50 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Helena Modjeska

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Hablando con alguien en cierta ocasión sobre los grandes personajes de la historia y contemplando su origen, nos atrancamos en la nación polaca. Pocos polacos habían pasado individualmente a la historia. Eran los años en que ocupaba el trono papal Juan Pablo II, natural de Polonia. También nos venía a la mente el Premio Nobel de Lech Walesa y algún premiado más de nombre impronunciable. Quizás Isaac Singer o Marie Curie. También evocamos nebulosamente la revolución de los mineros polacos en los albores del comunismo.

Aparte de este puñado de nombres contemporáneos, poco sabíamos de ciudadanos polacos que hayan dejado huella. No sé quién mencionó a Copérnico, un buen candidato. Y después descubrimos al gran viajero y escritor Kapuściński, imprescindible en la biblioteca.

Ahora me encuentro con el caso de la actriz polaca Helena Modjeska (1844-1909) que era enormemente popular en su país gracias a la calidad interpretativa y al realismo con que actuaba, sobre todo, interpretando protagonistas femeninos de obras de Shakespeare.

En cierta ocasión, en un banquete oficial al que había sido invitada fuera de su tierra, se le pidió que dirigirse unas palabras a los comensales. La actriz comenzó a hablar en su lengua natal y, dicen, fue tan grande la emotividad del discurso que todos aplaudieron fervorosamente, aunque nadie llegó a comprender una sola palabra.

Lo más extraordinario sin embargo fue, según confesó la propia Helena, que no había hecho más que recitar una y otra vez el alfabeto polaco.

Últimamente me han presentado a varias chicas polacas (a las que le dedico este artículo) y, cuando conozco su nacionalidad, me acuerdo de la conversación con mi amigo, de los nombres que fueron surgiendo y de esta hipnótica actriz.

* Helena Modjeska en el papel de Ofelia.

Sábado, 23 de Octubre de 2010 19:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Mi primer cuento

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Mi hijo Juan, de 6 años, tuvo una invitada en casa este sábado, Mariana de 10 años. Por la bondad de la chica, entre otras cosas, hacen buenas migas, a pesar de la diferencia de tamaño.

Toda la tarde estuvieron jugando, merendando, jaleando y pateando la casa como sólo dos niños saben hacer, como sólo un padre permisivo tolera.

Cuando empezaba a oscurecer, hice que se arreglaran un poco y me los llevé a cenar a la calle, justo cuando habían decidido escribir un cuento a medias.

Durante el camino, la comida, el regreso y el helado estuvieron elucubrando sobre el tema, el título y la repartición de la escritura. Quedaron en que Juan proponía la primera parte y Mariana llegaba hasta el final.

Cuando se despidieron (la madre de Mariana vino a buscarla) ya tenían un argumento cerrado. La historia era de Gormiti, basada en los muñequitos multicolores que invaden la casa y los dibujos animados del mismo título a los que están todos los niños enganchados.

Al día siguiente, domingo, el niño se levantó antes de que dieran las nueve con el único propósito de encender el ordenador y comenzar el relato.

Todo a su orden, impuso la autoridad paterna. Así que, después de lavarse vestirse y desayunar, le abrí el procesador de textos y, al rato, me pidió que le imprimiera lo siguiente (después de corregir por mi cuenta algunos errores ortográficos):

Luminor sale de su escondite

Todo empezó en casa de Nick y Toby y también estaban Lucas y Jessica y se fueron al parque donde Rasel los asustó y se fueron al templo de los elementos y se metieron por el agujero que conduce a Gorm y se tiraron por el agujero mientras Lord Magmion espera a que salga Oscurio y hace un hechizo y dejó a Jessica y Nik congelados.

Continuará…

Hoy nuevamente lo recojo del cole y, al hablar por teléfono, me ha dicho que tiene ganas de llegar a casa para escribir otro cuento.

Pensando si debía o no preocuparme por la precocidad de un niño de seis años, me cantó una canción que se había inventado. Todos los chicos se inventan letrillas, pensé. Pero ésta la canta en inglés.

Jueves, 30 de Septiembre de 2010 11:31 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 9 comentarios.

Silicona

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Las conversaciones se repiten. No es que seamos poco originales, sino que nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas. Según la vida avanza, se van incorporando nuevos argumentos a nuestro mundo, mientras otros caen en desuso. Me refiero sobre todo a nuestra existencia superficial, porque la profunda no cambia. Nuestra necesidad de alimento, salud, techo, amor, seguridad... están latentes en nosotros como seres humanos desde el principio de los tiempos.
El otro día, hablando con unos amigos, salió a la conversación el tema de los pechos postizos. Si gustan o no gustan, si se notan o no se notan, si merecen la pena, si su tacto es igual, si dejan secuelas, etc.
recordé entonces que está conversación, más o menos de igual manera, llevo años y años manteniendo. Fechada en 1992, hace casi veinte años, escribí un texto breve para una revista en prácticas que nunca se llegó a publicar. Lo reproduzco a continuación.
« Hay quien prefiere un sabroso gato de grandes dimensiones que una ligera y modesta liebre de campo, como hay quien no le hace ascos a las redondeces de unos pechos siliconados. Hay personas que, sin ninguna objeción, alimentan su concentrado onanismo con la imagen siempre seductora de Bibi Anderssen, pretéritamente Manolo; gente prodopaje, que no les importaron los estímulos artificiales de Ben Johnson, y sólo afirman haber visto al hombre más veloz sobre una pista. Puede que estas mismas razones se escondan en el éxtasis santoteresiano o del resto de nuestros místicos, y los resultados están latentes... Lo que quiero decir es que a veces lo sucedáneo supera lo real».

Viernes, 24 de Septiembre de 2010 11:20 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Sobre la fugacidad de la vida

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Comencemos con una paradoja de Perogrullo: “lo único seguro en esta vida es la muerte”. Y rematemos con ese dicho horaciano, aunque castizo: “a vivir que son dos días”.

El tiempo pasa inexorablemente. Sin descanso. Sin esperas. El tiempo no se detiene hasta su fin que en realidad es el tuyo.

Los días, los meses, los años… se acumulan para desaparecer todos de golpe. La vida es una carrera de obstáculos. Es un viaje a Ítaca más o menos llevadero. Hay quien no lo soporta y se queda en el camino. Existen trampas y hachas filosas que truncan una vida.

Los máximos especialistas en la muerte son los vivos. Quizá Lázaro, quizá algún cataléptico que saliera ileso de los sueños de Poe nos podría decir… Pero la muerte profunda es tan insondable como la profundidad de la vida.

Todos tenemos nuestro destino, nuestro norte, al que vamos llegando según nuestra elección. Es el jardín borgiano de caminos que se bifurcan. Cada uno, sin embargo, posee su abanico, tiene su “jardín”, sin remedio.

Y, como decía no sé quién (el otro día lo encontré y se me ha vuelto a extraviar), a los cuarenta cada uno tiene la cara que se merece, al final de los días cada uno ha tenido la vida que le ha sido posible.

Woody Allen lo viene a dar a entender así en La Rosa Púrpura de El Cairo cuando su protagonista asegura que aunque se empeñe él no puede aprender a ser enano.

El otro día, después de diez años sin vernos, estuve con unos amigos. A todos, sin remedio, se nos notaba las vueltas de reloj. Alguien me decía que tal con los años se había vuelto cascarrabias y bastante maniático. Acto seguido, para quitarle yerro acaso, dijo: “como todos”.

Quedé pensando y comparando. Y una metáfora floreció en mi mente.

Tú estás hecha de otra pasta, le dije, todos somos madera en la fogata que tendemos a quemarnos y a desaparecer; a ser ascua y ceniza y pavesas que vuelan caprichosamente su canto efímero. Todos ardemos, pero no todas las maderas arden lo mismo…

Las hay más rápido en consumirse y las de combustión lenta. Las que desprenden más calor y las que calientan menos. Las que dan mucha luz y las que apenas tienen llama. Las que chisporrotean y las que mueren en silencio. Las que contienen resina, que adquieren una nueva dimensión, y las que son palo sin remedio. Las que están más verdes, que sueltan mucho humo, y las secas, las resecas, que arden nada más. Las que regalan su aroma y las que no expande ningún olor e incluso hieden...

Jueves, 26 de Agosto de 2010 12:07 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Bis a bis

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El otro día una niña, con aroma en su nombre a bosque mediterráneo. Me inspiró un pensamiento. Andaba disfrazada con pañuelo en la cabeza y bolsa de basura a modo de saya con tres agujeros para la cabeza y ambos brazos. Un parche negro de papel pinocho difícilmente le tapaba el ojo derecho. Con el izquierdo, muy abierto, se declaraba pirata. No sé si de los más fieros, pero seguramente de los más auténticos que atraviesan las cálidas aguas caribeñas.

La bolsa se anudaba a la cintura con pita o bramante y simple nudo bosquimano. La “faldita” volaba como tul que danza.

Comprendí entonces que el niño egoísta siempre piensa en el yoyó, mientras la delicada y dadivosa bailarina utiliza el tutú.

Martes, 24 de Agosto de 2010 00:07 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Sobre la relatividad de la sabiduría

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Somos sabios hasta que encontramos a alguien más sabio que nosotros. El sabio debe ser humilde y, al igual que conoce su extensión, debe ser consciente de sus límites. Sólo sé que no se nada, decía Sócrates, aunque hay quien se remonta a Confucio. Cuando más sabemos, más aprendemos que más nos queda por saber. El camino es muy largo, largo y ancho. Porque hay que aprender que el norte no es un punto sino una dirección. A medida que avanzamos introducimos nuestra mente inevitablemente en el jardín borgiano de senderos que se bifurcan. Quizá todas las ramificaciones nos lleven a una suerte distinta de conocimiento (a una nueva experiencia, seguramente). Así, la sabiduría plena es inabarcable. Así, el saber no ocupa lugar. Así, el olvido constituye a veces el chaleco salvavidas necesario para que no nos saturemos, para destilar nuestra mente, muchas veces de forma involuntaria, para expurgar nuestros recuerdos.

Reírse de un tonto es fácil e inofensivo, pues posiblemente no llegue a enterarse. Reírse de un sabio no es tan fácil pero inofensivo igualmente, puesto que una condición de la sabiduría es la prudencia, como tildaron los griegos a los filósofos, es decir, al ideal del dirigente. Puede, sin embargo, que el sabio asimile tu risa, analice sus flaquezas y al tiempo la devuelva duplicada. Porque la “venganza” es un plato que se sirve frío.

Es muy fácil pasar por sabio ante la ignorancia, como en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Cuando se desconoce su alcance, cualquier conocimiento nuevo ocupa un abismo. Del mismo modo que un problema desconocido provoca una grieta insondable. Hasta que se supera. Hasta que se mira con cierta distancia y el escollo maldito pasa a ser un grano que alguna vez tuvimos en la suela.

Somos sabios en potencia. Somos auténticos ignorantes. Sin embargo, no todos ignoramos lo mismo.

Los locos no reconocen nunca su locura. El sentirse necio, posiblemente, es el primer paso para dejar de serlo.

Sócrates tenía nariz chata y acostumbraba a andar descalzo.

Domingo, 08 de Agosto de 2010 23:51 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La memoria de Juan

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Creo que son 323 las páginas que tiene el libro que se está leyendo mi niño. Es un libro simple, basado en unos dibujos animados que están de moda en la televisión llamados Código Lyoko. Salvando las distancias, me parecen basados en la trilogía Matrix.

La mayoría de los niños están enganchados a estos dibujos y a Bob Esponja y a los superehéroes (Spiderman, Thor, El increíble Hulk o el Hombre de Hierro) que, por desgracia, han pasado de las tradicionales manos de Marvel a las edulcoradas de Disney.

Así, no me extraña que se encaprichara del libro, con esa portada tan colorida que retrata a sus personajes favoritos. Lo que me extraña es que se lo esté leyendo y que se entere de lo que lee.

(Tengo que advertir para los que no conocen a mi niño Juan, que tiene seis años y medio y aún lee como Tarzán.)

También me resultó curioso o alarmante que lee en voz alta, no más de tres páginas al día (o sea, que le queda lectura para un tiempo) y que abandona el libro cuando se cansa, ya puede ser en un punto, una coma o en mitad de una frase, en pleno adjetivo por ejemplo.

Para rizar el rizo, añadiré que no usa marcador de páginas o punto de lectura, se acuerda perfectamente por donde va leyendo y es capaz de proseguir la historia.

Lunes, 21 de Junio de 2010 20:29 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

La elegancia

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En la corte de Luis XVI, un aristócrata, que pasaba por ser uno de los hombres más elegantes de París, si no el más elegante de Francia, que venía a decir que era el más elegante del mundo, se presentó en una recepción de su rey o en una fiesta social de madame Pompadour, de esas que se escuchaba poesía y se admiraba a las castas jovencitas casaderas tocar el piano.

Cuando inmediato pasó de anunciarse su presencia al obligatorio besamanos, la marquesa alabó su porte diciendole que venía muy elegante. Turbado él preguntó si se notaba mucho y, acto seguido, montó en su calesa y fue a casa a cambiarse, pues la elegancia debe ser discreta.

Jules Barbey D’Aurevilly lo expresaba así en un cuento de Las diabólicas (1874): La simplicidad del arte supremo consiste sobre todo en pasar desapercibido.

Miércoles, 26 de Mayo de 2010 11:38 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

El bálsamo de Fierabrás

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Don Quijote de la Mancha, en el capítulo X de su primer volumen, solicita a su escudero una redoma para componer el bálsamo de Fierabrás, “que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas”.

Más adelante el hidalgo explica a Sancho: “Es un bálsamo, de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna. Y así, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo..., como muchas veces suele acontecer..., bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo..., y con mucha sutileza, antes que la sangre se vele..., la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana.”

(Recuerda al compuesto del “Vizconde demediado” de Calvino.)

Este brebaje, según El Caballero de la Triste Figura, se fabricaba a base de la sabia combinación de aceite, vino, sal y romero (capítulo XVII). El caballero los hierve y bendice con ochenta padrenuestros, ochenta avemarías, ochenta salves y ochenta credos. Al beberlo, Don Quijote padece vómitos y sudores, y se siente curado después de dormir. Sin embargo, para Sancho tiene un efecto laxante, justificado por el Quijote por no ser caballero andante.

El bálsamo de Fierabrás es una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano que forma parte de las leyendas del ciclo carolingio (Aparece como tema en el cantar de gesta francés Fierabrás, ‘el de feroces brazos’, que se fecha hacia 1170). Según la leyenda épica, cuando el rey Balán y su hijo Fierabrás conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.

Cunqueiro, en su “Tertulia de boticas prodigiosas” informa que este bálsamo era de común uso entre los paladines del rey Arturo y se encontraba, junto con otras hierbas y productos maravillosos, en los anaqueles de la Botica de Camelot o de la Tabla Redonda, y que fue traída por Alejandro, hijo mayor del emperador de Constantinopla, cuando acudió a Gran Bretaña para aprender caballerías.

Estas medicinas tenían por objeto, aclara el autor de Mondoñedo, la rápida curación y cicatrización, sin dejar apenas huella, de las grandes heridas de los nobles guerreros.

Entre las Recetas de cocina del cocinero barcelonés Ignacio Doménech se puede encontrar en el “Capón morrocotudo” que tiene como ingrediente de exclusiva ambrosía el bálsamo de Fierabrás, que lo compone de mantequilla, miel y clavos majados. Más adelante, expande este elixir. Hablando de la bondad de los vinos dice: “Las denominaciones de origen patrias de vinos espesos y, sin embargo, redondos (vinos de Cariñena, de Toro, de Jumilla, del Priorato…), son perfectas para elaborar este bálsamo de Fierabrás que mata las penas, yugula los sinsabores, conforta el cuerpo aterido, predispone a la confidencia, facilita la locuacidad”.

* "Don Quixote" de Gustave Doré, 1863

Domingo, 23 de Mayo de 2010 19:32 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La escritura

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Se busca estos días la palabra más bella en español. Creo que el español es bello en toda su extensión, pero las palabras que suenan bien es lo que se pretende. El común de los entrevistados buscaba la palabra por su significado, o sea por su contenido, no por su continente, que es lo que nos ocupa.

El otro día hablando de esto con Amparo, le sugerí la palabra ’caravasar’ (posada en Oriente destinada a las caravanas) como palabra bella en su grafía y sonido. Pero ellos sabrán.

También nos hemos preguntado alguna vez cuál es el invento por antonomasia de la humanidad. Cuestión igualmente tonta como, me temo, todos los ranking y clasificaciones. Aparte de la fregona, el monomando y el biquini, sin lugar a dudas, es la escritura el culmen de la civilización.

La escritura nació por una necesidad contable. El ser humano necesitaba comerciar, en el sentido ámplio de la palabra, y anotar sus transacciones. Así lo primero fueron números, palos y palitos en la arcilla. El cero llegó más tarde.

El alifato y después el alfabeto vino rodado. Era una cuestión de siglos.

Se escribía de izquierda a derecha y también a la inversa. Y de arriba abajo (nunca de abajo arriba). Los persas crearon un sistema llamado bustrófedon (o bustrofedón) que consistía en escribir para ambos lados. Cuando se terminaba la línea se comenzaba por atrás. Como mi abuela cosiendo que en vez de darle la vuelta a la tela, se cambiaba la aguja de mano y cosía hasta el otro lado. Era ambidiestra.

La palabra bustrófedon viene del griego y expresa la forma que tiene el buey de hacer surcos en la tierra girando de un lado a otro. De ahí la manera de escribir.

En la Escuela de Traductores de Toledo apareció una enfermedad algo fantástica llamada "ojo loco" u "ojo de ida" que le afectaba a los lectores de árabe, de tanto leer de derecha a izquierda, cuando pasaban al texto latino, el ojo acostumbrado, seguía leyendo al contrario.

Así, por ejemplo, en vez de leer alea iacta est (’la suerte está echada’, que dice Suetonio que dijo César) el afectado leía tse atcai aela.

Esta dolencia, según Cunqueiro, la padecieron Roberto de Chester y Germán el Dálmata, "de la que fueron curados con una pestaña de oro, que se colocaba en la final derecha del párpado superior, y la dicha pestaña de oro se deslizaba por un hilo ensebado, tirando por otro, como si fuese juego de cortina, y así se llevaba la mirada a donde se quería".

Antiguo texto griego escrito en bustrófedon.

Lunes, 26 de Abril de 2010 16:41 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Cosas útiles

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Recientemente cayó en mis manos un libro de bolsillo de la editorial "El Molino" (¿?) de Barcelona, fechado en 1968. Son los Cuentos de humor negro, de Robert Bloch. No es un libro específico, pero sí curioso. Está catalogado curiosamente en una colección de "Terror", aunque no tiene mucho que ver. Se deberían clasificar en cambio dentro del ingenio del cuento corto, la ironía, la sorpresa y el impudor.

Pero eso no es lo que me lleva a comentar este hallazgo, sino su contraportada. Como vemos en la fotografía que precede a este post, es un anuncio de una colección para el hogar, "Biblioteca ama de casa", con los tres títulos publicados y la reproducción de dos de las portadas.

Lo gracioso, aparte del antagonismo del contenido del libro y su reclamo posterior, son las características de las obras anunciados. Es decir: "Volúmenes de lujosa presentación, con encuadernación lavable y gran cantidad de láminas a todo color".

(Sin comentarios.)

Domingo, 25 de Abril de 2010 11:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Tira-afloja rimado en el muro de Consuelo

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Consuelo de la Rubia introdujo ayer en su muro, a través de Javier Benítez, la programación de La Tertulia para sus 30 años de existencia que se van cumpliendo.

Pensando que lo comentaba con toda intención, comenzó este diálogo a tres:

Jorge Fernández Bustos: A ver si nos vemos por allí algún día.

Consuelo De La Rubia: Sí. Sí. Sí.

Javier Benitez Láinez: Jorge, ¿tú que harás? nos veremos mañana para hablar.

Jorge Fernández Bustos: Después de dicho orgasmo de Consuelo, / no me rimes Benítez. / Iré a La Tertulia y no al Entresuelo.

Javier Benitez Láinez: ¿Es que en el Entresuelo / también se baten en duelo de versos?

Javier Benitez Láinez: ¿o en duelo de vates?

Jorge Fernández Bustos: No, es la rima lo que me ha inspirado / meter ese local tan alejado.

Javier Benitez Láinez: ¡Caramba, don Latino! / Le veo con buen tino.

Consuelo De La Rubia: Ay [lease suspirado].

Javier Benitez Láinez: [ante mi silencio] ayayayyaaaayyyy!! Venga Jorge, arráncate

Jorge Fernández Bustos: Nos estamos aprovechando / de un muro que no es nuestro / siento de vez en cuando / a Consuelo como pretexto.

Consuelo De La Rubia: y hablando sin denuesto / he de decir que tengo / el nombre muy bien puesto.

Javier Benitez Láinez: Irnos hemos sin duelo / y sin consuelo.

Consuelo De La Rubia: ¿Levantáis el vuelo? / ¿Abandonáis el texto?

Javier Benitez Láinez: No quiero ser pretexto / de dimes y diretes / de vate entreverado.

Jorge Fernández Bustos: Preferible quedar en paz, / que más vale hacer tablas / que el cuento de nunca acabar.

Javier Benitez Láinez: Pues sí, por Alá / que yo me voy a duchar.

Jorge Fernández Bustos: Otro día convocas, / De la Rubia, Consuelo, / que se seca la boca / y me quito el sombrero / en cuanto me provocan.

Consuelo De La Rubia: Voy preparando una copa / y espero, por supuesto, / que me volváis loca.

Jueves, 08 de Abril de 2010 11:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Dobles

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El otro día, disfrutando de nuevo con Pulp Fiction, esa joya de Tarantino, volví a reírme con una anécdota que contaba Bruce Willis casi al principio. Decía que, en un concurso de dobles de Charlot, se presentó Chaplín y quedó tercero.

(Hay, ha habido y habrá, cantidad de cantantes excelentes que nunca pasarían la criba de Operación Triunfo.)

Esto me recordó la idea del doble. Hay quien destina su vida a ser como otro. En Las Vegas encuentras dobles de Elvis (y de Marilyn y de Michael) por todos lados.

En Japón hay dobles de los flamencos, que no sólo los imitan a la perfección, sino que adoptan el nombre de su modelo.

Así encontramos a un Paco de Lucía japonés o a un Cepero. Incluso el presidente de la peña de Tokio se hace llamar Pepe (lo conocí hace un par de años).

Pedro Peña, hermano de ’El Lebrijano’, comentaba en una entrevista en Radio 3 que, estando en Japón, conoció a su homónimo, que era perfecto, según el guitarrista. Demostró que bordaba uno de sus discos. Lo hacía todo increíble, termina Peña, era perfecto hasta en los fallos del disco.

Lunes, 05 de Abril de 2010 17:45 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

La copa de champaña

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El otro día comimos con cava. No celebramos nada, simplemente había pescado y una botella burbujeante, sobreviviente de la Navidad, nos miraba desde el refrigerador.

Las copas que usamos eran estilizadas, de las que llaman aflautadas, como debe ser, para conservar al máximo las burbujas del champaña.

Un mito griego, quizá apócrifo, pero bello y sensual, cuenta que la copa de champaña, con forma de cáliz, fue moldeada sobre los senos de Helena de Troya.

Siglos después, la duda es más grande si cabe. María Antonieta, Reina de Francia, esposa de Luis XVI, quiso crear una nueva copa de champaña moldeada sobre su propio seno, cambiando la forma tradicional de las altas y estrechas por las bajas y abiertas. Se ve que María Antonieta estaba mejor dotada que la reina de Esparta.

Sin embargo Joan Perucho (1920-2003), investigador gastronómico y buen comensal, retrotrae la historia a una época anterior.

El legislador catalán expone: «Siempre se ha recomendado por las autoridades más prestigiosas beber champaña en copas en forma de cáliz o tulipa, o en  lo que los franceses llaman flute. La moda de beber champaña en la copa ancha y abombada la lanzó Luis XV, bastante perversamente. Cuenta Piero Accolti en su Viaggio attraverso i vini di Francia, que Luis XV, llevado por su pasión amorosa, usaba para el champaña copas hechas con el calco "del seno della sua bella amica, la Marchesa di Pompadour"».

Hay incluso quien insiste que este molde lo halló Napoleón inspirado en las tetas de Josefina. Hay más pechos que colores

Lo que sí es cierto es que estas copas semiesféricas, tan populares en nuestras celebraciones, con las que se suele hacer una cascada embutiendo una copa en el interior de otra, haciéndola más alta e inestable cuanto más hayamos bebido, no son aptas para ente tipo de caldos, pues se le escapan las burbujas mas rápidamente.

Jules Barbey d’Aurevilly (1808-1889), en un cuento de Las diabólicas, se quejaba así de este cambio: "Y alzó su copa de champaña, que no era la copa estúpida y pagana por la que la han sustituido, sino el vaso alargado y esbelto de nuestros antepasados, que es la auténtica copa de champaña, la que llaman flauta, quizá a causa de las celestes melodías que derrama en nuestro corazón."

Aparte de esto, cualquier otro intento de continente para el licor de oro está de más. El plástico es aberrante.

Jueves, 18 de Marzo de 2010 12:45 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

La llamada de la Sierra

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Ayer me enteré. Me lo dijo otro montañero. Gerardo Alonso había muerto. Se lo había llevado la montaña.

No lo conocía mucho. Coincidíamos en la Sierra, en el refugio Félix Méndez, del que era guarda. Era grande y siempre estaba moreno. Y lo admiraba, lo admirábamos.

Yo era muy serrano, me gustaba mucho pisar nieve y hacía mis pinitos con la roca.

Mis salidas tenían, como es natural un principio, un intermedio y un destino. El intermedio era el refugio de Río Seco, donde encontrábamos a Gerardo siempre enconado. Traía una guerra particular con todo, con la inoperancia de la Guardia Civil, con los foráneos que venían sin preparación, con las cabras sarnosas que contagiaban a las demás, con los usuarios que evacuaban cerca del refugio (¡Como no hay Sierra!).

Estaba más preparado que nadie, la montaña era su hogar, la conocía como la palma de su mano. Conocía sus bondades, sus vueltas y sus traiciones. Y en una de estas trampas cayó, creo que este fin de semana.

Hacía de guía de montaña de un grupo de veinte o veinticinco, no lo sé bien. Se adelantó para buscar el mejor camino, para "abrir huella". Me faltan datos. Se sujetó a una piedra o se desprendió una piedra que le dio en el costado, en algún punto vital, que le causó la muerte.

Soy nebuloso, lo sé. Falta precisión en mi relato, lo sé. Pero no me interesa. Lo que me importa realmente es que ha desaparecido uno de mis modelos. Y me acuerdo de él, como cualquier montañero debe conocerlo, pues era una institución. Formaba parte de Sierra Nevada como los raspones o los borreguiles.

Pero también me acuerdo de otros tiempos, de otra época, de un tiempo que colgaba mi mochila al hombro prácticamente todos los fines de semana y me iba de excursión, hiciera frío o calor, en compañía o en solitario. Era como un deber, la necesidad de fundirte con el medio ambiente y, en gran medida depender de ti mismo. Era una forma de cargar las pilas y restarle importancia a lo mundano.

Lo he pasado bien y también muy mal, como todos los que se enfrentan a una pared de hielo, al frío aterrador, a la ausencia de caminos, a la llamada de la Sierra.

* Refugio Félix Mendez, en las lagunas de Río Seco, ya desaparecido.

Martes, 09 de Marzo de 2010 10:56 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 7 comentarios.

El año de las reivindicaciones

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Año agitado, afirmo, el 2010. La tierra tiembla y se despereza; los cielos se caen a pedazos, como temía el jefe del poblado galo; Eolo se desmelena.

Pero también el hombre pone su grano de arena. Conflictos y más conflictos. Abusos y más abusos. Crisis, qué crisis. El lobo esconde las orejas ante la presencia del hombre. La hiena es el animal más parecido a nosotros. Pero la hiena no tiene culpa de ser una hiena. El hombre sí es culpable de ser carroñero, sanguijuela, parásito.

Vanessa, una amiga chilena, se avergüenza de su país. Y, con ella, todo su red social del Facebook. Los saqueos, el toque de queda, la muerte tras la muerte (una madre con su hija murieron aplastadas por sacos de harina en un descontrolado saqueo -perdonen la redundancia).

Escribe Vanessa: "Como en los peores tiempos de la historia de Chile pero esta vez con razones y objetivos válidos: milicos a las calles y a balazo limpio a todos los flaites que comen plasmas y secadoras. Pais tercermundista, rasca y tonguero....me quiero iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir".

Susana comenta: "Después del terremoto salieron más ratas...".

Ayer estuve en un acto a favor del pueblo Saharaui en el que actuó de forma altruista Enrique Morente (siempre se vuelca con los humildes y le salen los colmillos con los arrogantes).

El pueblo Saharaui es otra nación orillada (léase humillada) desde la infeliz Marcha Verde (6 de noviembre de 1975).

Es un pueblo árabe y musulmán, nómada y africano, con dos grandes características: es el único que habla español en todo el continente y sus mujeres tienen un protagonismo tangible en la vida política y en la lucha por la libertad (que casi es más importante que la independencia).

Piden nuestro apoyo. Es una causa justa. Llevan 35 años como refugiados. Quieren que los veamos como los hermanos que eran, como los hermanos que son, y que no le hagamos la cama al opresor marroquí, ni le riamos las gracias (que parece se come los mocos con nuestro rey).

Un detalle a tener en cuenta: Marruecos es nuestro mejor cliente en la venta de armas, que es nuestro mejor negocio. Nos compra material armamentístico por valor de 29,5 millones de euros.

En estos días habrá manifestaciones y otras actividades en apoyo de los saharahuis.

Morente, como siempre, estuvo genial. Rescató de su discografía canciones de Miguel Hernández, reivindicando su nombre en el centenario de su nacimiento, y, con él, a todos los oprimidos. de su disco Homenaje a Miguel Hernández (1971) hizo el romance Sentado sobre los muertos y las Nanas de la cebolla; y de Despegando (1977) bordó las bulerías Compañero, correspondiente a la Elegía a Ramón Sijé.

El maestro terminó por alegrías. A la guitarra un tremendo Juan Habichuela nieto, tocaor completísimo e integrado a la perfección con Enrique (como si fuera otro de los legados de su abuelo).

Dos cosas para terminar. El Aula Máxima de la Facultad de medicina estaba rebosando de gente joven y entusiasta. Y, en segundo lugar, qué bien queda el grito agudo y trino, típico de la mujer saharahui, al final de la actuación.

* Miguel Hernández y Josefina, su esposa.

Miércoles, 03 de Marzo de 2010 11:19 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Acerca de la buena suerte

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Estamos en crisis. Sigo heredando ropa de mis hermanos. De los mayores y de los más pequeños que yo. Chaquetas que ya no usan, saquitos (qué granaíno) que se le han quedado estrechos, camisas pasadas de moda…

Una camisa que me llegó no hace mucho, no sólo me gusta sino que trae suerte cuando me la pongo. Si es que existe. Si es que se cruza en mi camino.

Muchas veces he definido a la Suerte como una señora entrada en carnes que nunca me mira a la cara.

Savater en su libro La hermandad de la buena suerte, viene a decir que la suerte no existe como tal, hay que buscarla.

Alex Rovira y Fernando Trías tienen un libro, La buena suerte, en el que también afirman que la buena suerte no existe, si acaso la suerte a secas, tú eres la causa de tu buena suerte. Aunque posiblemente sí exista la mala suerte. (Llegué a Rovira por una entrevista en CNN sobre otro libro, La buena crisis, que me pareció muy interesante. Después de haberlo leído, me defraudó.)

En algún momento de mi adolescencia portaba un colgante al cuello, un ladrillito con un cordón de cuero, al que llamaba mi amuleto de mala suerte, cuando necesitaba algo de suerte simplemente me lo quitaba.

La vida pasa. Hay momentos buenos, los menos, y momentos malos; pero, por suerte, lo malo se olvida y lo bueno permanece. Es lo que nos mantiene vivos. Tendemos a romantizar nuestro pasado. Flexibilizamos nuestra vida y las aristas las dejamos romas. Llega un momento en que nos reímos de nuestros límites, hacemos humorada de nuestros tropiezos y blanqueamos nuestros marrones.

La suerte tiene tres patas, como cualquier hijo de vecino. Tonto es buscarle la cuarta. Como tonto es buscar el trébol de cuatro hojas, cuando el mismo concepto encierra su inexistencia. Trébol viene de tres, como triciclo, tricornio o trifásico. Si buscáramos un cuaebol tendría su lógica. Pero si queremos tener fortuna, al menos en la búsqueda, intentemos hallar cuaéboles de tres hojas.

Después está la teoría los terrones de azúcar (pero ésa es otra historia).

 

Martes, 02 de Marzo de 2010 13:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

A propósito de la cigarra

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Siempre he sido cigarra y he muerto de pena durante el invierno. Siempre he preferido un libro y medio bocadillo. Siempre he visto la corrida con el toro en la barrera. Siempre he preferido honra sin barcos. He preferido morir de pie y jugar sin Dios a los dados. Siempre he quemado mis naves y he abandonado el brazo del niño en el círculo de tiza.

Siempre mantengo la distancia con el que piensa que el problema es "tener o no tener". Siempre huyo de quien ve molinos en vez de gigantes y del que nada y guarda la ropa y del que se arrima a sabiendas a un buen árbol, incluso.

La tempestad para algunos es la calma para otros y siempre llueve a su gusto.

La lluvia en Sevilla perdió su silla.

Me encuentro en el libro Ocnos de Luis Cernuda este pasaje:

Para vivir ¿es necesario atarearse tanto? Si el hombre fuera capaz de estarse quieto en su habitación por un cuarto de hora. Pero no, tiene que hacer esto, y aquello, y lo otro, y lo de más allá. Entretanto, ¿quién se toma el trabajo de vivir? ¿De vivir por vivir? ¿De vivir por el gusto de estar vivo, y nada más?

La cigarra vive, su trabajo de vivir es cantar, mover sus alas duras (tienen un nombre específico, que no me acuerdo) para hacer música y descansar abrevadas de rocío (creo que la metáfora es de Cicerón).

En una versión del cuento de la cigarra y la hormiga de Azcona, que me llegó hace poco (gracias Lara), la cantora le pide ayuda a la hormiga. Ésta quiere cobrarle a precio de oro. Entonces llega la Guardia Civil y acusa a la hormiga de hacer negocio con el hambre de los humildes. Y se la lleva al calabozo.

Azcona termina diciendo: La cigarra, aprovechando que la Benemérita había dejado la puerta abierta, entró en el hormiguero, se lo comió todo y murió de indigestión. Pero muy feliz.

Y añade una moraleja versificada:

Si por mucho acaparar
no disfrutas del verano,
muy bien te puede pasar
que hayas trabajado en vano.

Martes, 23 de Febrero de 2010 00:30 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Mis dolores

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El otro día B se quejaba de sus dolencias como si fueran lo peor. Recordaba a mi madre cuando decía que sus dolores para sí eran los peores porque le dolían a ella, que cada uno se quejara de lo suyo como lo que más. Sin saberlo, mi madre comulgaba con el microcosmos de Pessoa cuando escribía:

El Tajo es más bello que el río que corre por mi aldea,
pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi aldea
porque el Tajo no es el río que corre por mi aldea.

Guardando lógicas distancias, siempre que aludo a esos versos del maestro lisboeta, recuerdo también estos otros de Ernesto Cardenal:

Si tú estás en Nueva York,

en Nueva York no hay nadie más;

y si no estás en Nueva York,

en Nueva York no hay nadie.

Todos estamos mal, física o espiritualmente, económica o socialmente. O bien. O todo lo contrario. Pero, si se trata de gradaciones, siempre hay mucha gente peor que nosotros, en todos lo sentidos. Que es como decir que siempre hay alguien por debajo, impidiéndonos que toquemos el fondo.

Con este tema, siempre me digo que el hombre feliz no tenía camisa y que Diógenes, ante el ofrecimiento del gran Alejandro Magno (consciente la redundancia), le pidió simplemente que se apartara, que no le tapara el sol.

* Según Plutarco, cuando el monarca le dijo: «Soy Alejandro, el rey», Diógenes le contestó: «Y yo soy Diógenes, el Cínico». «¿Puedo hacer algo por ti?», le preguntó Alejandro, y el filósofo respondió: «Sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol». Más tarde el rey diría a sus amigos: «Si no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes».

Jueves, 18 de Febrero de 2010 11:18 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Yo no soy yo, evidentemente

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Yo no soy yo, evidentemente es el libro que elevó a Torrente Ballester al olimpo de mis autores de culto. (Bastante a menudo acabo en la literatura gallega.)

Para lo que nos interesa, el libro trata de la multiplicidad del protagonista, que no sólo es ubicuo, sino que vive o ha vivido vidas diferentes. Igual que Pessoa y sus heterónimos, parecido a Machado y su alter ego, semejante a Jaume Sisa y sus iguales, que es él mismo en diferentes facetas, con variados intereses, con desiguales sentimientos.

El pseudónimo se queda corto, el alias es un juego, el sosias entronca con la dimensión dramática de un Plauto o de un Moliere.

Hasta hace dos días, como quien dice, yo no era uno, era dos. Me explico. De Armilla retorno a vivir en Granada. Un formalismo identificativo me impulsa a empadronareme de nuevo en la ciudad. Pero no hace falta. Desde ¿el 84? soy capitalino, después de que abandonara Viznar, donde vivía en un grupo de hecho (que es otra historia).

 Resulta, no obstante, que en su tiempo me hice convecino de Armilla. Voy a ver lo que pasa y tengo los dos padrones (como doble nacionalidad). Soy dos personas que son el mismo. Soy uno que, evidentemente, está en dos lugares.

Es necesario desfacer el entuerto, para lo cual me persono en el ayuntamiento armillero e intento darme de baja. No puedo. Tengo que demostrar que no vivo en Armilla. Tienen que darme de baja desde Granada (es automático). Pero en Granada no consta que esté en esa localidad, así que no pueden borrarme de donde no existo.

Vuelvo a Armilla con un certificado de padrón (es verdad). Me dan de baja a regañadientes, sospechando de mí como si fuera un topo, un espía doble, con leyenda inestable. Menos mal que encima no me han puesto una sanción o hubieran duiplicado mis impuestos.

Por fin vuelvo a ser uno (que yo sepa).

Lunes, 15 de Febrero de 2010 18:53 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

El envase no cuenta

El envase no cuenta, dicen,
lo que importa es la esencia.
Pero la vida se presenta efímera
y llegamos rozando el alma
cuando el tren ya pasó.

Miércoles, 10 de Febrero de 2010 21:27 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Palo

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Juan me dice un día: "Papá, yo sé más de fútbol que tú". Es posible que sea cierto, pues yo de fútbol no tengo ni pajolera idea, ni ganas de aprender. Pero lo dudo, por el simple hecho de que él tiene seis años y yo estoy en cuarentena (más sabe el diablo por los cuernos que por viejo).

Así que le dije que eso no era cierto, que yo sabía lo que era un árbitro, un penalti y fuera de juego.

Me miró extrañado, como si habláramos de deportes distintos.

Entonces me dijo "palo. ¿Sabes lo que es palo?".

Ahí me han dado. No sólo no sabía a qué hacía referencia, sino que dudaba que existiera esa palabra, o expresión parecida, relacionada con el balompié.

Intenté hacerle recapacitar. "¿No habrás querido decir poste, corner o algo de eso?".

"No", seguía mirándome como a un marciano (él diría alienígena).

"A ver, qué es palo", me rendí.

"Palo es cuando, por ejemplo fallas un gol o pierdes la pelota o te caes al suelo. Eso es palo", concluyó como diciendo que parecía tonto.

Martes, 09 de Febrero de 2010 11:53 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

La crisis

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Había pensado llamar a este artículo “El fantasma de la crisis”. Pero de fantasma nada, nuestra crisis es sólida, tiene un gran peso específico, una buena masa que va creciendo y creciendo hasta quitarnos todo el espacio, hasta dejarnos sin respiración, hasta aplastarnos como se despachurra una mosca molesta.

La crisis también es un escudo, una excusa para apretar un cinturón que ya estaba demasiado ceñido. Quienes tienen poder, o sea, los poderosos, son celosos de su estatus, de sus ganancias, de su poderío. La crisis. What Crisis? Ellos no están en crisis, mientras se puedan cortar cabezas que amortigüen su posible balanceo, que no caída.

Hace unos meses (parece que fue ayer) desapareció un periódico en Granada, “La Opinión”. Quedaron cincuenta trabajadores en la calle y algunos colaboradores. Fue un golpe a las libertades y a la pluralidad. Y qué ha pasado. No ha pasado nada.

La caída de “La Opinión”, arrastra la palabra escrita, limita el horizonte, cercena la alternativa. Tanto es así, que otro periódico de la ciudad, “Granada Hoy”, puede estar temblando. Si no, por qué la reducción de plantilla, por qué la disminución de páginas, por qué los silencios en los pasillos, por que los cuchicheos anhelantes… por qué han suprimido a los críticos, a mí con ellos.

¿Cuestiones de espacio? ¿Cuestiones económicas? ¿Cuestiones de interés? Tendremos un  periódico aséptico. No puede haber flamenco de tensión, ni teatro que evalúe, ni clásica que sentencie…

¿Es obligado, en cambio que haya cine y fútbol, sobre todo fútbol? Hasta el equipo más insignificante tiene cabida en las páginas del diario. No tengo nada en contra del opio nacional, pero también estoy a favor de otras drogas. Como dijo Mario Moreno, “no estoy en contra de que haya ricos, estoy en contra de que haya pobres”.

Dicen, “Si los flamencos no leen los periódicos”, “Si el flamenco no le interesa a nadie”, “Si ocupa un espacio en el que puede estar un anuncio de detergente".

Es la vieja sátira de Juvenal, panem et circenses. ¿No hemos avanzado nada? No hemos avanzado nada.

En Granada sólo queda un crítico -¡larga vida!-, que es como decir que queda sólo un periódico. Al menos un periódico que se moja. Los medios de información cada vez son más medios y menos informativos. La poesía murió en Vietnam, decía Sciacia. El romanticismo ha muerto. La vocación ha muerto. Esto es un negocio. Se trata de rentabilizar sus actos. Cuando algo no dé frutos, se elimina o se sustituye.

Mientras las hormigas trabajan, ahorran y cuentan su dinero, las cigarras que cantamos en el verano, en el invierno nos morimos de pena (sic).

Jueves, 28 de Enero de 2010 14:14 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

Como decíamos ayer

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Unamuno retomó sus clases después de un largo exilio pronunciando esta frase: Como decíamos ayer. Ahora retomo mi blog después de dos o tres meses sin tocarlo por cambios radicales en mi vida.

El mundo ha seguido girando y los pájaros en libertad. Nadie es imprescindible. Todos somos contingentes. En este espacio de tiempo se han muerto no sé cuántos. Y si le sumamos el terremoto de Haití se nos escapan las cuentas. Demasiados cuentos para que nos salgan las cuentas, decía Savater.

No somos nada ante la naturaleza, ante el desastre. Bueno si, somos lobos o somos gallinas o somos pañuelos o somos hermanos solidarios. No bastan los rezos, no bastan las lágrimas.

Hoy he escuchado a un reportero local, de la única radio que ha sobrevivido en el país, que se quejaba de que todo estaba destruido, que se alegraba de que puede ser muy bonito empezar de cero.

No hay mal que por bien no venga. El borrón y cuenta nueva ya no existe. Debemos ser valientes y romper la baraja y saltar al vacío y quemar las naves.

Las sombras del pasado se convierten en oscuridades patológicas, en agujeros negros insondables donde el parche no aguanta, donde el cemento no funciona. Debemos tomar otro camino, otra galaxia.

No sé donde voy a parar con este pequeño sermón. ¡Menuda vuelta! Lo único que quisiera, empezando por mí, es poner buena cara a las adversidades, levantarme ante los tropiezos y preferir la muerte en pie que la vida de rodillas.

Mañana será otro día.

* Radio Lumiere de Haití (creo que no es está la que sigue radiando).

Miércoles, 27 de Enero de 2010 21:12 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

El hábito no hace al monje

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Mi amigo Jesús Lens tiene en su incansable blog, “Pateando el mundo” (http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo), una sección en la que reproduce y comenta las frases que aparecen en los sobres de azúcar. A mí me da rabia (no la iniciativa de mi amigo Jesús, sino las sentencias azucaradas), pues se repiten demasiado, son algo bobas o excesivamente moralinas.

De todas formas, no puedo evitarlo, las leo todas, hasta las de mis compañeros de café y las rasgo con cuidado. Algunas de ellas, incluso, las guardo y las apunto.

Uno de estos paquetitos, de color amarillo con letras negras, era una frase de un tal Michael Levine (ni idea de quien es ni ganas de buscarlo) que dice: “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”.

Difícil cuestión entre ética, responsabilidad y fisiología. Una cosa es ser padre y otra es ser buen padre.

¿Tener padre, aunque sea malo, lo convierte a uno en hijo?

En estos días, cuando el asunto del padre y el hijo lo tenía un poco orillado, me encuentro el texto de “El elogio del Caballero” en El Victorial o Crónica de Don Pero Niño de Gutierre Díez de Games (s. XV), en el que dice:

"No todos son caballeros cuando cabalgan caballos; ni cuantos arman caballeros los reyes, no son todos caballeros. Tienen el nombre, mas no hacen ejercicio de la guerra. Porque la noble caballería es el más honrado oficio de todos, todos desean subir en aquella honra. Traen el hábito y el nombre, mas no guardan la regla. No son caballeros, mas son fantasmas y apóstatas. No hace el monje al hábito, mas el hábito al monje. Muchos son llamados y pocos los escogidos".

* Michael Levine (Nueva York, 1954).

Martes, 15 de Diciembre de 2009 10:35 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 4 comentarios.

La risa

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Dice Thomas Mann que Cam, hijo de Noe y padre del mago Zoroastro, fue el único hombre que se rió al nacer, y añade, cosa que por otra parte sólo pudo ocurrir con la ayuda del diablo.

Repasando De civitate Dei de San Agustín, por recomendación de no sé quién, corrijo que no fue Cam, sino su hijo. El santo dice: Sólo Zoroastro, rey de los Bactrianos, dicen que nació riendo, aunque tampoco aquella risa, por no ser natural, sino monstruosa, le anunció felicidad alguna.

La trama de El nombre de la Rosa, el móvil de los crímenes, parece ser un antiguo tratado sobre la licitud de la risa, que escribiera Aristóteles, supuestamente desaparecido, pero algún ejemplar se encontraba en la biblioteca de la abadía benedictina.

Hace tiempo, no recuerdo la fecha, pero puede ser muy bien hace treinta años, fuimos al Arco de Elvira para ver un espectáculo de luz y sonido de Els Comediants, donde se lió una buena. No recuerdo su título, sí el mensaje. Bajo la Puerta estaba el infierno, colorado, fogoso y divertido. Sobre ella discurrían los cielos, celestiales, recatados, represivos.

Mientras en el erebo había una marcha de percusión tremebunda, en el firmamento se respiraba paz, violines y, por qué no decirlo, aburrimiento. El mensaje estaba claro.

Los beatos entonaban himnos, que se perdían cundo el infierno hablaba; y los derechones, que antes eran de Fuerza Nueva y de Falange, estaban indignados y se hicieron notar con palos y cadenas. Era habitual, en la Granada intransigente de aquellos años, el enfrentamiento entre azules y rojos o azules y rojinegros o azules y verdes.

(También recuerdo cuando se proyectó, en la Facultad de Ciencias, la película Dios te salve, María.)

Nosotros, mi padre y dos o tres hermanos, creo, estábamos a buen refugio, algo alejados, encima de una tapia.

Yo era joven, pero tenía muy claro para qué lado inclinarme. Quizá no supiera muy bien lo que quería, pero era consciente de lo que no quería, de ninguna manera.

Respecto a la obra de Elvira, creo que llegué a pensar como Pirandello, cuando decía que viendo a todos los que van a ir al cielo, era preferible la condena a un infierno climatizado.

* Els Comediants, Dimonis, 1981. (© Cuadernos El Publico, nº 27).

Viernes, 13 de Noviembre de 2009 09:50 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

El depósito

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A pesar de haber estudiado Biblioteconomía, a pesar de ser un lector permanente, a pesar de dedicarme al mundo de las letras, nunca he sido socio de una biblioteca (sin contar la universitaria).

Los libros suelo adquirirlos. Cuando puedo más y cuando no menos. Como poco, aumento mis existencias (en toda la extensión de la palabra) en un volumen mensual.

Así, unos dos mil libros -tal vez más- se empolvan en mis estantes, de los cuales, habré leído o releído la mitad -tal vez más. Con lo cual, aún me quedan varios cientos de libros para escoger.

Ayer mismo, esperando a que mi hijo saliera de judo (dos veces por semana tengo que recogerlo a las cinco de inglés y brujulear durante una hora hasta que se quita el kimono).

Como estamos pegando al río y la biblioteca del Salón queda tan cerca, he decidido invertir mi tiempo entre libros, sentado bajo techo.

Ayer, como digo, me dieron el carné ("que vale para todas las bibliotecas de Andalucía", se apresuró a decir orgullosa la chica). Y, cuando yo le pregunté (muy profesional) si podía retirar algún ejemplar a modo de préstamo, se dispuso a atender mi súplica de memoria.

Entonces, solicité un título que me rondaba por la cabeza. Le dije: "Un hombre que se parecía a Orestes" de Álvaro Cunqueiro. Confundida en su ego de bibliotecaria, se puso delante del ordenador para que le repitiera el nombre y casi le deletreara el autor.

"Sí, aquí está (qué me creía). Tengo que bajar al depósito", me dijo.

En España se escribe mucho y se edita mucho más que se lee. Siempre hay superávits o restos de serie o series casi enteras, que van a parar a los mercados de ocasión, a los depósitos o a la hoguera (La hoguera, la hoguera).

Cuando aparece con el libro, me lo da para que se  lo pase a la auxiliar y que tome nota. Con extrañeza, la ayudante rellena la ficha (Estantería 7. Tabla 10. Número 23), le pone un sello con la fecha detrás y advierto que el dígito anterior corresponde al 15 de febrero de 1977 (es una edición de 1969). No me lo puedo creer, en treinta años nadie se había interesado por ese libro.

Ahora me lo leo con doble interés.

Miércoles, 21 de Octubre de 2009 10:47 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Filologías

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Ya sé cómo ladra un perro enfermo en icolodógico, el idioma de mi niño. Si mi grafía es la correcta, cosa que dudo, un perro enfermo en icolodógico ladraría algo así: ¡zapf, zapf, zapf!

La cosa fue de esta manera. Volvíamos Juan y yo del colegio hablando de mil cosas, con las que aprendo continuamente, cuando me recuerda su idioma (ya hace bastante meses que se inventa palabras y expresiones bajo el nominativo icolodógico). Suelta alguna palabra esporádica o se pone a contar: uno, dos y tres (que no recuerdo cómo pronuncia).

En esto, pasamos por casas que apresan, entre rejas, a canes envalentonados de diferente aspecto, tamaño y color. Él le pregunta su nombre en inglés (Which is your name?), (las actividades extraescolares están dando sus frutos), (ya mismo les hace una llave de judo, que también aprende, de cinco a seis).

Le digo que los perros no entienden idiomas. Acto seguido, para cambiar o seguir con el mismo tema, le pregunto cómo ladra un perro en icolodógico.

Zapf, me dice sin pensar, como si lo tuviera estudiado o fuera una traslación simultánea.

¿Zapf?, interrogo extrañado.

Pero me saca de dudas diciendo que así ladra un ’perro enfermo en icolodógico’. Ignoro cómo ladrán los sanos. (Tampoco se lo pregunté, para evitar el ruido informativo.)

Juan empezó con el icolodógico sin saber leer ni escribir. De aquí a Navidad sabrá leer perfectamente y escribir medio en condiciones (me seguirá sorprendiendo, nos seguirá sorprendiendo). Para entonces, puede que su idioma sufra un retroceso o un principio de olvido, por imposición de la lengua natal.

No importa. Los días son así. Nada se pierde, todo se trasforma, se sustituye o evoluciona.

Empero, adelantándome a un futuro, que llega con botas de siete leguas, grabo algunas de sus cosas. Además, quiero hacerle una entrevista sobre su idioma. Que me hable, que me diga, que improvise.

De momento, apunto algunas palabras en un archivo específico para tener alguna referencia dentro de los años. Por ejemplo, Muzi galagari significa ’muchas gracias’; saraca baratatá, ’libros bonitos’; o subiraca, ’cataratas del oeste’.

¡Casi nada! Es bonito y sonoro, aunque mañana, esas mismas frases, se digan de otra forma.

Martes, 20 de Octubre de 2009 10:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 5 comentarios.

Miedo al miedo

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Hace poco publiqué un pequeño diálogo, en un post, llamado "Gripe A", que venía a decir que el miedo nos corta las alas. El miedo al miedo, me refiero. O sea, el miedo al por si acaso.

Refería la anécdota de una amiga que no salía sola porque le robaron en la calle. Entre líneas leemos que pasó miedo, quizá durante años, y no desea volver a pasarlo.

Mi madre decía que el dolor más grande es el que le afecta a uno. Podían hablarte de los oídos, de las muelas o del estómago. Pero si a ella le dolía una uña, el dolor más grande del mundo es la uña que le dolía a ella.

No sé dónde leí, con referencia a las tribus urbanas y a la supervivencia callejera, que el "uniforme" en lo que consistía es en hacerte fiero. Como los animales que se erizan o elevan sus plumas para aparentar, los sectarios pretenden dar más miedo que el contrario, mostrarse más feroz y matón para intimidar al contrario.

El "disfraz" nos da seguridad, además de identidad dentro de un grupo. Nos sentimos seguros con nuestras prendas callejeras, que, a veces, no es nada más que un peinado, unas gafas de sol o una camiseta. Nos da confianza en nosotros mismos y en los que caminan como nosotros. Evitamos el miedo.

Hacemos las cosas casi siempre, no por convicción, por creencia o porque entra en nuestro código ético, en nuestra escala de valores, sino por miedo. No faltamos a clase para que no se lo digan a nuestros padres, no cometemos infracciones para que no nos quiten puntos, no delinquimos para que no nos apresen, no...

Martes, 06 de Octubre de 2009 09:52 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Otoño

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El otoño ha llegado precipitado y con fuerza. Convenciéndonos desde un principio que es otoño. Es una estación solapada y gris, que, sin embargo, sirve de preámbulo a todo un curso. Es la verdadera puerta del año y no enero, si es que de convenciones se trata.

El otoño está lleno de melancolía, de nostalgia y de lágrimas a punto, que rivalizan con la lluvia. El otoño es frío por dentro y por fuera, pero qué agustito al sol. El astro rey se aprecia más que en verano, digo yo, que pica, nos molesta, nos quema y reseca nuestra piel.

El otoño es la primavera de los solos. Y por eso me gusta. Tengo vocación de solitario, pero por suerte no estoy solo.

Solo en la medida que san Agustín decía: "el pájaro solitario siempre se posa en la rama más alta". Nunca el solitario en el desierto y, mucho menos, en la vorágine de la multitud. Nunca el solitario que resulta tras el picado ascendente en una película, cuando el protagonista se hace pequeño en la inmensidad.

Pero todos tenemos nuestro apego al valle de lágrimas. Todos tenemos nuestro otoño particular. Y por eso también me gusta. Por ese punto de masoquista que nos ocupa, por ese corazón borrascoso, por esa amplitud de miras en nuestra jaula de siempre, por todo el pasado vivido, por el futuro incierto, por los que se han ido, por los que llegan y lo que les espera, por lo que hemos visto, por lo que nunca veremos, por lo que nos cuentan y por lo que contamos.

Hoy me vestiré de otoño, informal pero con manguita, e iré a ver a mi madre, en permanente otoño desde que la memoria se le fue a descansar. E iré con mi padre, en permanente otoño desde que recuerda por los dos.

Jueves, 24 de Septiembre de 2009 10:13 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Retazos de verano

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El verano, como la Navidad, seguramente, es para los niños. Cuando somos niños lo sabemos, aunque no seamos del todo coscientes de ello. Poco a poco se nos va olvidando, hasta que tenemos niños, que más que recordárnoslo, se nos impone como una realidad innegable.

Como los cinco veranos que ya llevo con Juan, estoy supeditado a él, cada vez más, cada vez menos. Ahora soy su extensión o su sombra, o él la mía. Pienso, algunas veces, que tengo un niño faldero.

Todo está enfocado a Juan y los demás nos adaptamos. Un veraneo intermitente ha llenado sus días. Mucha piscina, algunas playas, una aventura científica en el Parque de las Ciencias, donde, entre mucho, dibujaron como los primitivos (véase ilustración), cursillo cultural en el Museo de CajaGranada, visitas a la Alhambra, guiadas e inventadas, trasnoches flamencos con su padre (ya canta y hace compás)...

Lo cual ha hecho que madurara bastante, por si no teníamos bastante. Ha aprendido a nadar y ha refinado sus razonamientos y sus preguntas.

El otro día me dijo: "Papá, ¿cuántos pájaros crees que hay en España?". Le dije que al menos tres, para dulcificar la estadística.

La finura de esta pregunta, sin embargo queda superada por esta otra: "Papá, ¿cuántos maridos andaluces crees que darían la vida por sus mujeres?"

Debido a la complejidad interrogativa y, sobre todo, a lo comprometido de la posible respuesta, le pregunté acto seguido: "¿Dónde te has sacado esa pregunta?"

"De mi cabeza", respondió sin titubeos. Y, ante el asombro y la carcajada de su padre, decidió facilitarme algunas respuestas alternativas: "Treinta mil, cuarenta mil o el ochenta y tres por ciento".

Lunes, 14 de Septiembre de 2009 11:04 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Adaptaciones en la bañera

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A los tres meses llevamos a Juan a aprender a nadar y lo que aprendió fue a evitar el agua. Hasta el año pasado, hasta los cuatro años, no se acercaba a ninguna piscina, orilla, embalse o charca que le cubriera por encima de las rodillas, y ésta debía estar a una temperatura idónea, más bien cálida, sin llegar a ser un caldo de gallina (sin alusiones directas a su miedo).

Este verano, gloria de los cinco años y, sobre todo, por estímulos escolares, no sólo se aventura en cualquier piélago, sino que sin pensar salta del bordillo y, con su padre dentro (aunque sea de secano), se quita los manguitos e intenta nadar al frente, aunque por ahora nada más para abajo. Se mantiene, no obstante.

El otro día, mientras le enjabonaba la cabeza, en la bañera encontró un pelo (a todas luces suyo) y propuso pasarle la redecilla a la bañera, igual que lo hacemos en la piscina para sacar hojas e insectos, algunos vivos todavía, lo que nos da pie a celebrar su resurrección.

También quiere saltar y hacerse ahogaíllos. Yo le he prometido un trampolín  y, por las quejas de la madre, que le tocó limpiar el baño, podríamos pasarle también el limpiafondos.

Lunes, 27 de Julio de 2009 11:43 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Poesía popular

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Lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte.

A raíz de la publicación de un fandango en este mismo blog, Juan, Raúl, Enrique, me advirtieron: "ése ya mismo te lo roban y empiezan a cantarlo por ahí". Yo respondí que ojalá. No hay nada mejor que encontrar tus versos en una grabación o un cancionero bajo el epígrafe de ’popular’. No de ’anónimo’, que tiene un regusto intelectualoide un tanto casposo, sino de ’popular’, ese calificativo liberal con que la derecha española, sin mucha enjundia, ha apellidado a su partido.

Creo que ya he contado alguna vez que, estando en la presentación del disco de Juan Pinilla, sentado con Juan de Loxa, después de escuchar unas alegrías, que rezaban: "pan y trabajo, pan y trabajo, siempre se escapa el tiro pa los de abajo", me dijo "mira que gracioso, esa letrilla es mía".

Y, sin darle mayor importancia, me recitó cómo seguía: "Qué mala pata, qué mala pata, no se escapara el tiro por la culata".

Muchos versos, muchas letrillas, las conocemos, las conoce el pueblo sin conocer su autoría. El flamenco está lleno de poesía popular. De pensamientos, que son pura filosofía vital, que son la esencia de la vida. Como alguien canta su pena, su dolor y su amor, a veces, no hay poeta que lo iguale.

Son historias, de una fuerza incomparable, en un puñado de versos.

Por cantiñas se puede escuchar: "Pregúntale al platero que cuánto vale, grabar en tus zarcillos mis iniciales".

O, por soleá (nos lo recordaba hace unos años Félix Grande en La Platería): "En la torre está el reloj, el mochuelo en el olivo y en mi corazón la pena; cada cosa está en su sitio".

Jueves, 25 de Junio de 2009 10:43 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Edénico

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Hace algún tiempo trabajé para un periódico dedicado a los constructores. Mi tarea consistía en recoger noticias tanto de agencia como de otros medios y adaptarlas para dicha publicación. Pasaba las horas hablando de ladrillos, de asfalto y de estructuras.

Era divertido cuando tenía que reconstruir una encuesta a través de un puñado de datos. Yo no tenía acceso a entrevistar a un señor ocupadísimo, pero sí tenía el permiso de inventar una serie de preguntas y respuestas a partir de un guión que, a veces, supervisaba el jefe de redacción o el protagonista en persona.

Así, del dossier de la inauguración de una autovía, donde tenía las fechas, los kilómetros, los materiales, las técnicas, los túneles y los viaductos, apuntaba, por ejemplo, cuánto habían tardado en construir ese tramo que uniera esas dos poblaciones. E, inventaba la contestación a partir de la hoja de respuestas.

A veces me tomaba la licencia de poner en boca del entrevistado cualquier chispa que, además de darle credibilidad, me servía de esparcimiento y diversión. Ponía por ejemplo, me alegra que me hagas esa pregunta o cómo tenéis ese dato o remitirme a una entrevista pasada, dado el caso, diciéndome: ya te comenté en otra ocasión que tal y tal...

En cierta ocasión en la que tuve que hablar de las bondades de un nuevo grupo de viviendas, se me ocurrió darles el título de "edénicas". Me llamaron la atención diciendo que qué era esa palabra, que este periódico era para gente normal, que no fuera tan rebuscado. Yo les aclaré que edénico/a venía de Edén, que era sinónimo de paradisíaco. Pues pon paradisíaco, concluyeron sin estar todavía muy seguros.

"El infinito en la palma de la mano" es el libro que estoy leyendo ahora mismo. Gioconda Belli, autora Nicaragüense, en esta novela recrea, poéticamente y algo feminista, el mito cristiano de Adán y Eva, basado en algunos textos apócrifos [1].

La pérdida del Jardín les ha sumido en una profunda tristeza. Ahora son mortales y necesitan comer para vivir. Tienen frío y tienen miedo. Existe el invierno y existe la noche. Pero han encontrado una afilada felicidad que antes, por definición, era imposible. Han descubierto el bien y el mal, el cromatismo de los sentidos. La vergüenza, pero también el deseo y el amor.

En palabras de Eva: Si no hubiésemos comido la fruta yo jamás habría probado un higo; o una ostra. No habría visto el Fénix resurgir de sus cenizas. No habría conocido la noche. No reconocería que me siento sola cuando te vas, ni habría sentido cómo mi cuerpo tan frío aún en medio del incendio se llenó de calos apenas sentí que me llamabas. Seguiría viéndote desnudo sin que me turbaras. Nunca habría sabido cuánto me gusta cuando te deslizas como pez dentro de mí para inventar el mar.

Ya lo dijo no sé quién (alguno de los lectores que sea más memorioso que yo, podría aportar este dato): Nuestros primeros padres, ante la oferta del Paraíso, tuvieron la delicadeza de decir: no, gracias.

[1] El Libro de Enoch, El Apocalipsis de Baruk, El libro perdido de Noe, Los Evangelios de Nicodemo y Los libros de Adán y Eva.

Martes, 23 de Junio de 2009 10:54 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 6 comentarios.

Necedades en la orilla

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Soy más bien de secano. El agua es funcional. Cuando tengo sed bebo (siempre medio vasito), cuando tengo calor me baño y la ducha diaria, imprescindible.

Más bien soy de secano, pero me encanta la playa. A pesar de tener la tensión baja (tengo normalmente menosfiebre), con la inclinación al aplatanado que la costa me produce, la brisa marina, el ritmo playero, el yodo del agua, la paz estanca... me sientan la mar de bien.

En la playa también, aunque sin quererlo, se puede hacer un estudio sociológico con poca ropa. Lo que el trapo y el maquillaje esconden en el invierno, en verano pasan a ser máscaras de lo que somos realmente. En la playa no hay más leña que la que arde, para lo bueno y para lo malo (a veces para la aberración y para lo extraordinario).

Toda la fuerza que nos da el vestido, nos la quita su ausencia. Nadie es más sincero que en traje de baño (y, ortiagamente, sus circunstancias).

Es extraordinario el comportamiento de cientos de blanquitos (y morenos) vecinos anónimos. Pero lo que realmente sobresale en una jornada en la arena es la estupidez, la necedad y el figurantismo.

Así, este fin de semana, sin ir más lejos, en las orillas granadinas pude ver a alguien en el rompeolas bebiendo una lata de cerveza; pude ver a gente bajo el sol hablando con el móvil a su apartamento, unos metros más arriba; pude ver a dos jugando a las palas entre cientos de personas a las que molestaban y las que se lo impedían; pude ver a la chica del top less tapando sus pechos y mirando desconfiada a todos lados... Son sólo algunos ejemplos. Hay muchas más necedades que todos hemos visto, vemos y veremos. El debate está apuntado.

Supongo que, como en todas las concentraciones humanas, la playa es un buen lugar para ver desnudos (más de alma que de cuerpo) a nuestros coetáneos.

Lunes, 22 de Junio de 2009 10:34 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades No hay comentarios. Comentar.

Optimistas

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Es de todos conocida la frase de Paulo Coelho, llena de buena voluntad y una luminosidad casposa: Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo.

Calentito quedó el hombre tras este orgasmo mental. Y es que Paulo es un iluminado, como puede ser Sánchez Dragó o Jorge Bukay (salvando todos los escollos y las posibles distancias).

A quien le sonríe la vida, o el que sonríe a la vida (nunca lo he tenido demasiado claro), es optimista. Estos días leo, sin embargo (o abundando) que el optimismo es hereditario, como la infidelidad.

Por pura asociación, pienso que el pesimismo también es congénito, aunque no tengo precedentes. Sin embargo, sí encuentro paralelismo en la anchura de la fidelidad entre consanguíneos.

Acabo de terminar El Palacio de la Luna de Paul Auster, una novela inquietante, aunque no de mis preferidas del autor estadounidense. Como siempre, llena de coincidencias y esfericidades en los espacios y en el tiempo.

Narrada en primera persona, el protagonista cuenta, marcando la contra al brasileño: Si lograba mantener el adecuado equilibrio entre deseo e indiferencia, me parecía que de alguna manera podía conseguir por medio de la voluntad que el universo me respondiera (…) A medida que pasaba el tiempo, empecé a notar que las cosas buenas me sucedían sólo cuando dejaba de desearlas. Si eso era cierto, entonces también lo era lo contrario: desear demasiado las cosas impedía que sucedie­ran.

Viernes, 19 de Junio de 2009 09:30 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 1 comentario.

Primeras impresiones de Estambul

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Con el grito de "¡Estambul te da alas!" viajamos hacia una de las cunas de la historia.

Han sido ocho días de sensaciones y descubrimiento.

Mi hijo andaba junto a mi mano y con mis sentimientos. En cada momento le contaba historias. Sobre todo mitología.

Viajamos por el Bósforo junto a Jasón. Descubrimos los celos de Hera contra la ninfa Io. Miramos, con prejuicios, a la cara de Medusa. Contemplamos la incursión de los jenízaros por las murallas constantinas. Perdimos la vista en Marmara adivinando las murallas de Troya. Buscamos a los mirmidones de Aquiles en los peces espada del Mar Negro. Sentimos a Alejandro corriendo desnudo por las costas de Asia mientras desayunábamos. Pensamos en la caída de Ícaro, con las alas fundidas, en aguas del Egeo...

Visitamos bastantes monumentos, mezquitas, palacios, bazares... Pero lo que más me enriqueció es saber que estaba donde estaba y el día a día de las gentes y la dinámica diaria y el olor de algunas calles y la comida y el color turquesa de las orillas cuando el Bósforo se abandona en el Mar Negro.

Martes, 16 de Junio de 2009 19:01 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 3 comentarios.

Mi padre y los maquis

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Me faltan datos. He interrogado a mi padre, pero no recuerda gran cosa.

Hacía el servicio militar. Tenía 17 ó 18 años (nació en el 1929, así que corría el año 46 ó 47). La posguerra aún estaba vigente.

Guerrillas antifranquistas, conocidos por maquis, se echaban al monte a malvivir. Aunque, quién no malvivía en aquella época.

La mili de mi padre (Pepe) fue más o menos placentera.

Sin mucho empeño, Pepe siempre ha caído de pie, ha sabido buscarse su hueco. No era un hombre con demasiados estudios, los básicos, pero sabía escribir a máquina. Asi que frecuentaba a menudo las oficinas, librándose de alguna instrucción. No era enfermero, pero sabía poner inyecciones. Vacunaba a sus compañeros y él se abstenía del pinchazo y de alguna que otra guardia.

Sin saber música, tañía la guitarra. Sin saber ninguna canción (nunca ha llegado a aprenderse una letra completa), cantaba sin vergüenza (estuvo en un coro en su juventud y en la tuna y no sé qué más...).

Pepe era deportista. Por practicar, practicaba desde las carreras de vallas hasta el frontón, pasando por el lanzamiento de peso.

También era un gran tirador (tenía medallas y alguna copa, recuerdo, de tiro al blanco). Con alguno más de los reclutas, era siempre de los primeros en su regimiento.

Sus superiores, conociendo su habilidad con la mirilla lo llamaron un día. Junto a él, dos más.

(En aquel tiempo, los soldados se llevaban el fusil a casa porque los maquis robaban en el cuartel y se los quitaban. Ignoro si los cocineros se pasearan también los huevos y las legumbres hasta sus viviendas. Más tarde, los mreclutas, tan sólo se llevaban el percutor a la anochecida. Pesaba menos y no era tan peligroso.)

Los superiores, el sargento, creo (nunca he sabido de graduaciones ni de estrellas pectorales), les dijo que tenían que coger sus armas y bastante munición, subir al paraje conocido como Las Conejeras, en los altos de Huétor Vega, dónde se escondía una cuadrilla de maquis, aposentarse en algún lugar estratégico y, cuando vieran salir a uno de estos guerrilleros, disparar a matar (después, si acaso, preguntar).

El color blanco hizo presencia en la cara de estos tres jóvenes, quienes, con justeza y buen juicio, dijeron "no, gracias", que ellos no estaban allí para matar a nadie, que, si quería cazar a cualquier rojo, naranja o rosado, que se lo ordenara a los soldados profesionales.

Imagínate tú, me cuenta mi padre, tres chavalillos con 17 ó 18 años, disparando contra la gente, por muy enemigos que sean. Nosotros estábamos allí de paso y ni si quiera esa guerra nos pertenecía, parece que pensaba.

Imagínate, repitió, que, durante toda la vida, hubiéramos tenido sobre nuestras conciencias la muerte de dos o tres de estos maquis.

Pepe mira hacia arriba, mira hacia abajo y mira hacia adentro. Traga saliva y simula el conato de un escalofrío.

* Fotografia d’un graffiti sobre maquis que vaig fer a Sallent, Barcelona (extraída de la Wikipedia).

Martes, 26 de Mayo de 2009 10:32 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.

Gormiti

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Si tienen niños pequeños, sabrán de qué hablo. Los Gormiti son unos muñecos de plástico que, creados en Italia, se están extendiendo por el mundo.

Componen toda una cosmogonía de señores de la naturaleza y de héroes con superpoderes. Tenemos el pueblo del aire y el de la tierra y el del volcán y algunos más. Constituyen un micromundo que, con algunos aditamentos (que no son baratos), como la Isla de los Gormiti, el Pico del Águila o el Monte Volcano, los niños dan rienda suelta a un mundo de fantasía teledirigida.

Semejan el mundo natural. Son hibridos de animales, aves o plantas. En general son feos.

A Juan, sin embargo, le encantan y los colecciona (ya ha salido la serie tres). A mí me gustan sus colores fuertes y planos, su colorido en general cuando están juntos, y sobre todo su estabilidad. Gran parte de los muñecos que tiene pierden el equilibrio fácilmente y es complicado mantenerlos en pie.

Se pueden comprar de muchas formas. O en paquetes de cuatro (10 €), siendo uno de ellos sorpresa, o en sobre cerrado, con un solo Gormiti (2,50 €), que no se sabe el que saldrá. Así, es normal enconttrarse con repetidos.

Mi niño los cuenta, los recuenta, los divide por "pueblos", se baña con ellos (algunos cambian de color con el agua), juega con su Isla y sobre todo lucha y los lanza probando (o comprobando) quizá su dureza.

Algunos repetidos, en cambio, los aparta como parias. Pero la mañana del domingo lo sorprendo jugando con ellos.

No dices que los repetidos no los quieres, le digo.

No son repetidos, papá, razona, son clones.

* Empleo Gormiti, usado como plural, sin "s", porque su origen italiano así lo dicta. Es como grafiti, que es el plural de grafito (pintura o pintada en la pared). (Perdonen por este detalle de roedor de biblioteca).

Martes, 12 de Mayo de 2009 13:57 volandovengo #. Algunas cosas y demás verdades Hay 2 comentarios.


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