Se muestran los artículos pertenecientes al tema Algunas cosas y demás verdades.
29/07/2008
Las rimas de Juan

23/07/2008
El cielo

22/07/2008
Cortar la manga

Entre las esporádicas lecturas de este fin de semana una volvió a llamar mi atención. En verdad no era una lectura de primera mano, sino la relectura de un libro de contenido antropólogo, que me sirvió de base para una charla sobre erotismo que dimos en Ronda hará unos diez años, cuando llevábamos la revista de literatura erótica El erizo abierto (Alfonso tiene que acordarse).
El libro Guerreros, chamanes y travestis, de Alberto Cardín, se editó por Tusquets en su colección exclusiva, siempre interesante, Cuadernos ínfimos.
Muchas costumbres sexuales vuelvo a recordar. Muchas costumbres sexuales vuelven a asombrarme.
Por lo delicado y emocionante, reproduzco un pequeño texto sobre la homosexualidad en la China clásica, tomada del original de Robert van Gulik, La vie sexuelle dans la Chine Ancienne, de 1561.
"El último de los emperadores Han, Ai-ti (siglo I a.C.), tuvo toda una serie de jóvenes amantes, de los que el más conocido fue un tal Tong Hsien. Un día en que el emperador compartía el lecho con Tong Hsien, éste se durmió apoyado en su manga. Cuando el soberano fue avisado para conceder una audiencia, tomó su espada y se cortó la manga, para no despertar a su amado. De ahí el término toan-hsieo, ’cortar la manga’, para designar literalmente la homosexualidad masculina."
Después de leerla recordé otra historia, antagónica en cierta manera. Es sobre el origen de la palabra sibarita. Un rey de la antigua ciudad de Sybaris, una de las más importantes colonias griegas en la Magna Grecia, se hacía confeccionar cada día un lecho de pétalos de rosa para descansar. La leyenda cuenta que detectaba cuando uno de estos aterciopelados labios floridos estaba doblado y mandaba rehacer nuevamente aquel delicado jergón caduco.
De ahí ha trascendido el término ’sibarita’, que designa a la persona en extremo refinada, amante de la buena mesa y de la buena vida en general. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento, apunta el Diccionario de la Real Academia.
18/07/2008
La hiena

11/07/2008
Isotérmico

08/07/2008
Murciélagas

Entre el canto de los grillos y una uña de luna blanca apenas esbozada en el cielo, que, conforme oscurecía, iba imponiendo su majestad, cenamos en el chalet con los abuelos. Alguien advirtió entonces un bichito de luz. ¡Una luciérnaga!, exclamó dirigiéndose directamente a mi niño. Juan, siempre cómplice, me cogió de la mano y me guió al trozo de jardín donde brillaba el gusano y, como si lo conociera de toda la vida, me dice: "Mira, papá, una murciélaga".
Por tres veces insistí en que se llamaba luciérnaga. Por tres veces él repitió convencido murciélaga. Así que lo dejé estar. Pero no era una, sino dos, tres, cuatro, que fosforecían verdes o amarillas en la noche.
Las luciérnagas hembras son las que se iluminan, para atraer a los machos, más desarrollados, que vuelan por encima.
Su prima Lucía, unos meses más pequeña que Juan, pero más alta y más rubia, dijo: "Yo he visto tres, dos verdes y una rosa". Esta especie rosada, aunque agudicé la mirada, no la vi. La buscaré la próxima noche y, en caso de que reluzca para mí también, haré sin tardanza algunas fotografías para la posterior rueda de prensa y su publicación en "Naturaleza viva" o en "Ciencia popular", por ejemplo.
02/07/2008
El calor

El camino del trabajo a mi casa es más largo pero me asombra, es decir, tiene más sombras donde refugiarse. Atajo (quiero decir, alargo) el camino como un lagarto antagónico. Y voy más despacio. Eso sí, muy despacio, aletargado, como un oso en invierno ("Descubrimiento de la lentitud", recuerdan). Procurando colaborar lo menos con el sol implacable. Voy al sol que menos calienta, alejo el ascua de mi sardina.
Jesús Quintero, en uno de sus programas, decía, que su padre a su vez decía, que lo mejor para el calor era no moverse.
Los animales, los bichos, saben mucho de esto y descansan en la sombra cuando el calor aprieta (que, a veces, ahoga) (no como Dios). Y reducen su respiración al mínimo, que es el secreto de una larga vida.
El calor (o la calor, que suena más grande, como la mar frente al mar). El calor, repito, en Granada llega a bocajarro. Viene a quemarropa. Es una bofetada, un disparo, una celada. No hay intermedio apenas. De los 20º pasamos a los 40º. El entretiempo es ficticio. Del abrigo pasamos a la camiseta.
Menos mal que aquí por la noche refresca. Es un respiro. Sobre todo esta noche pasada, que tuve que cubrirme con la sábana.
24/06/2008
El escarabajo

Mi hijo Juan distingue entre catalejo y catacerca, para mirar desde el horizonte hasta lo más inmediato, respectivamente. Lo comprobamos en los prismáticos, que, mirando por los cristales pequeños, todo se nos acerca, pero que usándolos al contrario, por los lentes grandes, alejamos lo más próximo. Es como cuando en la selva de Gila, los cocodrilos se comieron a alguien por usar los biniculares al revés y creer que eran lagartijas.
Un amigo, hace tiempo, cogió un escarabajo del suelo y lo puso con las patas por alto, como Gregorio Samsa en "La metamorfosis", y dijo (mi amigo, no Gregorio Samsa), mira un escararriba.
Hoy, por primera vez en mi camino, he visto un escarabajo triste. Los escarabajos son tristes y solitarios. Son como esas personas que siempre están afligidas o que siempre tienen calor. El rinoceronte es a los mamíferos lo que el escarabajo es a los insectos.
El escarabajo caminaba sin rumbo entre la zona de los caracoles (ya invisibles) y las afanadas hormigas, que limpiaban el piso de restos orgánicos (o no tan orgánicos).
Me caen bien los escarabajos, siempre a lo suyo, con la pesada urgencia de quien dice ¡uff!
Siempre recuerdo a sus congéneres egipcios y su buen rollo o a los peloteros, felices entre heces, o a la antigua tradición afrodisíaca de ingerir escarabajos, previamente secados y machacados, conocidos curiosamente como "mosca española" o "Cantharida" (Fernando el Católico los tomaba para superar la impotencia).
19/06/2008
McCartney

Yo he sido siempre más de Paul McCartney que de Lennon, como siempre he sido más de los Beatles que de los Rolling. Aunque ahora, no sé desde cuándo, escucho con más agrado a John y, siempre en la cabecera, a Sus Magestades Satánicas.
McCartney cumplió ayer, 18 de junio, 66 años (felicidades). Nació en mismo día que quien suscribe. Sólo que con 20 años de antelación.
18/06/2008
Intrusos

Hace un par de domingos estuvimos en la sierra de la Alfagüara con Juan. Concretamente en el paraje conocido como Puerto Lobo. Fuimos con la intención de visitar el parque cinegético para enseñarle al niño algunas rapaces en cautividad y, con suerte, las cabras montesas que allí, cercadas, a veces visitan a los visitantes.
Al llegar, había desaparecido el hospital de aves y el inmenso cercado en el que se protegían los venados. Dimos algunas vueltas, disfrutando del paisaje, de cualquier modo. Hasta que vimos a una guardesa, o algo parecido, que, ante nuestra pregunta, aclaró que con la gripe aviar de hace unos años habían tenido que desmantelar las jaulas, y que, las cabras, ya totalmente adaptadas y recuperadas, corrían libres por el monte.
Nos alegramos, creo.
Antes de irnos cogimos unas piñas, para adornar las macetas del patio y evitar que los gatos las cojan como arenal para sus deposiciones, las guardamos en el maletero y nos fuimos a comer (estupendamente) a un merendero cercano.
Al volver al coche, las hormigas corrían por los asientos y la guantera. Las piñas traían intrusos.
No tan grave como esa pareja que trajo un tronco del Brasil y, en la bola de su base, se ocultaba un nido de tarántulas. O cuando Mari Carmen se tragó una culebrina de casi un metro bebiendo agua en un manantial de la costa. O esa familia que adoptó un perro bien feo en el Sahara y a su vuelta lo llevaron para determinar su raza y el veterinario, tan aséptico como profesional, dijo impertérrito que no se trataba de can sino de roedor. Una rata del desierto, para ser exactos.
O cuando Rafa estuvo en las selvas americanas (Perú y Bolivia) y, por las noches, ya de vuelta, escuchaba ruiditos en su cabeza. En el hospital, le extrajeron dos larvas del coco.
Por medio de algunas lecturas y documentales de televisión conocía este extraño comportamiento de parasitismo animal. En algunos reportajes he visto como algunos insectos dejan sus huevos en cadáveres de otros animales o incluso en seres vivos para que sus larvas queden amparadas durante el crecimiento, asegurándoles así la subsistencia hasta que llega el momento de escapar, como gusanos o entes alados.
Siempre me ha parecido un poco repugnante. Pero así es la vida: sufrir, morir, para que otros puedan vivir. Entre los seres humanos, estas escenas se dan continuamente, pero lo de los huevos es metafórico (¿o no?).
Las pulgas, que pululan en algunos lugares exóticos, esperan al hombre descalzo y se introducen entre las uñas de los pies y depositan allí sus huevos para reproducirse. Dicen que el dolor es insoportable. Es como el continuo encender de una llama, el latigazo constante de un fósforo en una parte sensible y desprotegida de la piel.
El gusano de Guinea, aunque nadie muere por ello, va creciendo aferrado a su víctima alimentándose de ella hasta alcanzar aproximadamente un metro de largo. Los pies se resienten ─cuenta Graham Greene ─; pero, si se meten en agua, puede verse cómo las larvas se desprenden. Es preciso encontrar el extremo del gusano, que se parece a un hilo de algodón, y enrollarlo alrededor de una cerrilla. Luego, hay que separarlo cuidadosamente de la pierna, sin que llegue a romperse. A veces, se prolonga casi hasta la rodilla.
En el medievo para extraer la tenia se impedía al paciente beber agua durante varios días, al cabo de los cuales se le ataba bocabajo a medio metro del suelo. Bajo su cabeza, en el piso, un cubo lleno de agua esperaba a que la tenia sedienta saliera por la boca del enfermo y se arrojara al recipiente acuoso. Desagradable pero bastante eficaz y no muy doloroso.
Estando en el campo, al cuidado de la cocina para varios acampados, descubrí, bien avanzada la quincena, que el bacon que extraje para laminar y freír aquella noche estaba plagado que milimétricos gusanos blancos que se estaban dando un banquete envidiable. Eran los descendientes de unas grandes moscas que se resistían a abandonarnos. Tiré la carne al fuego, celebrando un holocausto particular, no se lo comenté a nadie y comimos salchichas con tomate.
Yo, por mi parte, ayuné un par de días y me prometí comprar la panceta, desde ese momento, en lonchas y envasada al vacío.
*En la foto he puesto una imagen del Amazonas, porque el retrato de cualquier parásito se me antojaba harto desagradable y, desde luego, posiblemente prescindible.
11/06/2008
Zapatero

Aunque no me faltan ganas, no voy a hablar de un presidente con actitudes impermeables y cejas circunflejas, ni del remendón que me ha reparado dos veces sin éxito el mismo zapato de suela deslenguada, ni siquiera del espiritual guerrillero mexicano encapuchado y su modelo bigotudo. Me refiero a los bichitos rojos, planos, con pintas negras que en estos tiempos abundan en nuestros campos (no confundir con las mariquitas).
El camino a mi trabajo se ha convertido en un pequeño cosmos de vida animal. Y, curiosamente, como en las ciudades medievales se separan por gremios. En las callejas del centro comercial se hallaban los especieros y los curtidores, las atarazanas y los plateros, los sastres y los barberos. Caminando a mi jornal diario, encuentro los pacientes caracoles, las caravanas de hormigas y las confiadas palomas, las mariquitas, las inquietas lagartijas y los zapateros.
Cada día, uno de estos micromundos adquiere protagonismo. Después de las lluvias, sin duda, son los caracoles. Y con el sol de plano, las lagartijas retozan.
El jueves y el viernes de esta semana pasada, la actividad desapareció por completo. Pero los primeros días, los zapateros tomaron la calle. Iban de dos en dos, la mayoría. Pegados por sus partes traseras. Era la eclosión primaveral. Se apareaban ajenos a la gente que pasaba, ignorantes de sus pisadas.
El miércoles quedaban tan sólo algunas parejas rezagadas (o lúbricas, que entre los insectos también debe haber buenos amantes) y bastantes fallecidos, caídos en la batalla del amor. (En el mundo animal, reflexiono, hay especies que se la juegan cuando deciden echar un polvo).
No sé si es una buena muerte, no sé si será determinante esta pérdida entre los cientos de insectos que salen bien parados. Lo que sí pienso es en la paradoja de que algunos arrojados zapateros fallecen bajo los zapatos de individuos anónimos.
03/06/2008
Parafraseando

Ando leyendo estos días a Cabrera Infante, Tres tristes tigres, que siempre, en tratándose de literatura, tengo asignaturas pendientes. Y, entre col y col, un Tip.
En el centro superior de las hojas pares (las de la izquierda), el titulito reza G. Cabrera Infante. Mi desmemoria enfermiza se acerca al abismo y pasé casi trescientas páginas intentando recordar a qué nombre correspondía ese "G punto" (que no punto G, aunque podría), sintiéndome seguro de que conocía de sobra este nominativo. Sin embargo, las lagunas se extienden en mi cerebro, y no lograba averiguar... (Quienes de mis lectores lo tengan claro, considerarán medio estúpido este olvido y dirán desde un comienzo: Guillermo, Guillermo).
Varios días, sin embargo, por lo que digo, estuve barajando Gabriel (como su paisano continental García Márquez) o Gonzalo (como tantos) y hasta Gualberto (como el padre y hijo de Guillermo Tell), hasta que el Guillermo se me impuso con total evidencia. Cosas del olvido que, a propósito, Cabrera Infante, lo hermana con el carajo. O sea, cuando alguien desaparece y comienza a irse al olvido es como irse al carajo (lo dice con dolor).
Pues bien, Guillermo me demuestra lo que ya sabía, que es un erotómano delicado y crudo a la vez, que es una eminencia hablando de cine, que juega con el lenguaje como pocos. Pero lo que he descubierto con gran gozo es que realiza malabares con las palabras, que sus juegos de palabras en tres o cuatro idiomas son una obra de arte.
En un pasaje de su libro, cuando juega con los refranes, me recordó a mis comienzos. A principios de los 80, yo hilvanaba: "Dime en qué escaparates te paras y te diré quien eres" o "Tanto va el cántaro a la fuente que al final se conoce el camino" o "A quien buen árbol se arrima se llena de resina".
Cabrera Infante propone A ruidos sordos ganancias de pecadores, A oídos revueltos cuñas de palabras necias, Cría cuervos y te sacarán las astillas, A quien madruga Dios castiga sin palo ni piedra... o el maravilloso Hay quien ve la paja en el ojo del culo ajeno y no ve la verga en el propio.
02/06/2008
Carpaccio

Quien maneja mi barca, se pidió para cenar carpaccio. El sábado, celebrando que era sábado, salimos a cenar fuera. Comimos lo que quisimos a un precio más que razonable (dejamos propina y todo), en un lugar donde no se fuma (doble satisfacción).
Siempre que pedimos carpaccio (esa preparación con nombre italiano y presencia noruega, que consiste en extender sobre el plato finas láminas de ternera cruda —o salmón o atún o avestruz o gamba o potro—, maceradas con aceite de oliva y algunas gotas de limón, y decorado con virutas de parmigiano Reggiano u algún queso añejo), recuerdo una simpática anécdota.
Me dirigía con mi hermano a Motril. Llegaríamos a la hora de comer (la hora de comer siempre es buena hora). Entre los comentarios obligados, relativos al manyar, comenté que me apetecía un carpaccio. Y lo dejamos estar.
En el merendero, en donde desembocamos, aprovechando que fui al baño, mi hermano decidió darme una sorpresa.
Cuando volví a su lado, no pudo resistir y me confesó: "De primero he pedido gazpacho". "Si el gazpacho me sienta mal", me quejé. "¿No era gazpacho lo que te apetecía?", se extrañó. "No", dije entre risas. "Carpaccio, carpaccio" y le aclaré en qué consistía. (¡Qué locos están estos romanos!, parece que pensó).
A tiempo estuvimos, sin embargo, de anular el pedido y sustituirlo por una ensalada de la tierra.
27/05/2008
Carpe diem (el origen)

Al poeta latino Horacio (s. I aC) le debemos el término de carpe diem, ’aprovecha el día de hoy’, una invitación a vivir el momento.
La encontramos en sus Odas I, 11, que en sus versos 7 y 8 dice:
... dum loquimur, fugerit invida / aetas: carpe diem, quam minimum credula postero
que se traduce
... mientras hablamos, huye el envidioso tiempo. Goza este día, y cuenta lo menos que puedas con el día de mañana.
Esta misma idea la encontramos en uno de los epigramas de Catulo:
Vivamus, mea Lesbia, atque amemus,
rumoresque senum severiorum
omnes unius aestimemus assis.
soles occidere et redire possunt:
nobis, cum semel occidit brevis lux,
nox est perpetua una dormienda.
Que se traduce:
Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera luz,
tendremos que dormir una noche eterna.
19/05/2008
Los locos y los niños

Dicen de los mayores, ante las primeras televisiones, que se adecentaban para ver los noticiarios. Se vestían y guardaban la compostura lógica de quien tiene invitados en casa.
No recuerdo a mi abuelo llegar a tal extremo, pero sí respondía cuando el locutor saludaba.
Ahora veo que mi hijo habla con la tele. Los personajes de Disney, en tres dimensiones, preguntan a los niños en sus historietas, esperan un tiempo y responden Sí, has acertado, o algo parecido, atine o no el chaval.
También juega en alta voz, con sus muñecos, con sus piratas, con sus coches o con sus piezas de armar.
Un profesor de pintura, que era mayor, hablaba solo. Me decía que los que no hablan con nadie son los locos y los niños. ¿Quizá los viejos y los niños? ¿Es que los viejos están locos? ¿O los mayores son niños, cerrando así el círculo de la vida?
Además, se habla de los niños como "esos locos bajitos". O sea, los niños son viejos. No sé.
Después de meditar, Juan dijo ayer: "Abracadabra, que desaparezca mi padre para siempre". Yo, lo oí por el rabillo del ojo y le dije que siempre es mucho tiempo. ¿Cuánto?, preguntó. Todo el tiempo, respondí. Entonces, volviendo a recuperar sus poderes, formuló de nuevo su encantamiento: "Abracadabra, que desaparezca mi padre un día".
Eso es más razonable, alegué, pero estaría bien que me concedieras al menos un par de semanas.
15/05/2008
Pequeña fauna silvestre

Al igual que su padre llevó al coronel Aureliano Buendía a conocer el hielo a las afueras de Macondo, el otro día, en un descanso de la necesaria lluvia, llevé a mi niño a ver los caracoles, cerca de casa.
Emprendimos el camino, que es el mismo que yo recorro todas las mañanas para ir a mi trabajo, y, en un descampado, antes de llegar a la plaza de las palomas, nos detuvimos a contemplar a los parsimoniosos. Eran pequeños. El caparazón de algunos tenía el tamaño de una lenteja. Había muchos encima de la acera, decenas. Sin querer, pisamos alguno y lo lamentamos, aunque iban directos a la carretera con su lenta cadencia, donde los coches no perdonan, dejando un rastro de baba a su paso. Cogimos uno de los más grandes para mirarlo de cerca, después lo devolvimos a su camino.
Unos días antes, por casualidad, descubrimos un inmenso hormiguero lleno de actividad. Observamos las hormigas negras, de diferente tamaño, que salían de vacío de aquel formicario y volvían cargadas con algo que les duplicaba o triplicaba en tamaño y, posiblemente en peso.
Juan preguntó de dónde venían, que para qué querían todo eso. Para comer, supongo. Y empezamos a seguir la caravana que se alejaba bastantes metros de su casa. Era tremenda la actividad. Era inexplicable el tácito orden que seguían. Fuimos lentamente siguiendo este serpeteante rastro en movimiento hasta ver que se perdían precisamente en el campo de los caracoles.
Posiblemente, la vida social de estos pequeños insectos, le ha interesado más que los moluscos gasterópodos, pues repitió su análisis ese mismo día.
Más adelante en el camino, se encuentra un grupo de lagartijas, unas verdes y otras marrones, que salen a tomar el sol con gran nerviosismo. Pero su investigación la reservamos para otro momento.
Ayer descubrí una mariquita de siete puntos en el patio...
09/05/2008
Las margaritas

Al fondo de mi calle hay un jardín que nadie cuida. Es una jardinera elevada donde crecen plantas que alguien plantó. Predominan las palmas, las plantas de agua, silvestres... Plantas meditarráneas, bastante resistentes.
Entre ellas hay un hermoso ramo de margaritas que en bastantes ocasiones luce sus flores blancas. Estas margaritas son cimarronas. Pero, como todo ser vivo, necesitan agua. Cuando el inevitable calor se bebe el campo, agrietea la tierra, estas alegres flores se agostan como pasas. La más mínima humedad la agradecen tensando su tallo (parecen hombres).
La abundante lluvia de estos días las revitalizan, es un soplo de vida para este jardincillo. Pero, con el inevitable sol del estío venidero, que amenaza crudo, con ese astro que usa gafas contra sí mismo, el vegetativo micromundo se marchitará lentamente. Aunque, no sé por qué todos los años resucita como el fénix, como el Dalai Lama.
Estoy por llevar un buchito de agua para espolvorear a diario estas margaritas o una botellita o decirle al vecino más próximo que el agua de cocer las verduras la arroje por la ventana, encima de este parterre, y no la vierta inútil en el fregadero.
07/05/2008
Peces

Ayer, justo el día en que cené boquerones, se presentó mi hijo con dos pececitos. Se los había dado mi hermano, al desmontar un escaparate del Día de la Cruz, que nadaban tristemente en un pilarillo artificial. Juan los ha llevado esta mañana a la pecera que tienen en su clase. Ellos los limpian, les cambian el agua y les dan de comer.
Uno de los peces es el tradicional naranjita (aunque el niño dice que es amarillo), parecido a un salmonete. El otro es negro, una carpa, parece que se llama (mi ignorancia en seres acuáticos que no se comen es supina) (incluso en los comestibles). La carpa (llamemosle así) tiene los ojos saltones, como Luis Buñuel o como si su antigua morada hubiera contenido ginebra en vez de agua.
Para los orientales, tener una pecera en casa es un signo de bienvenida, de hospitalidad, de buena suerte. Llegan hasta a sacar la pecera a la calle o se la llevan de paseo como quien le da una vuelta al perro. Pero a mí no me dicen nada. Siempre mirando y mascuyando algo que nadie entiende.
Me pone nervioso su silencio y su constante ir y venir que se altera cuando te acercas. ¡Oye, amarillo, pedorro, que no os voy a hacer nada!
Pero no me entiende. Como yo no los entiendo a ellos.
De salvapantallas, un tiempo, tuve una pecera, con tiburones y todo. Eso sí que era simpático. No pedían pan y si les cambiabas el agua, el ordenador hacía agua, como un tres plalos bombardeado bajo la línea de flotación.
06/05/2008
Crédulos

Mi dueña opina que nuestro vástago no debe ver Los Picapiedra porque va a creer que en los tiempos primitivos tenían troncomóvil e iban a la bolera. Sin embargo, no está vetado un oso con corbata y sombrero que habla en verso.
Cada vez es más fácil vendernos lo improbable. Los adelantos tienden a entorpecer la razón.
Mi hijo desea volar como Supermán, lanzar telas de araña y bolas de fuego; quiere ser invisible y que los reyes le traigan una varita mágica y una alfombra voladora. Le gustaría tener un perro de tres cabezas y subir a una nave espacial. Todas las noches busca la estrella de los deseos y quiere encontrar un tesoro escondido en la arena de la playa. Para comer prefiere los filetes de ballena y para dormir las nubes blandas.
La fantasía roza la mentira. ¿Hasta qué punto la inocencia es candidez?
¿Y si los equivocados somos los demás? En el manicomio piensan que los locos están fuera.
Todos, en nuestro estadio, somos crédulos, cándidos, incautos (más cercanos a la estupidez que a la sabiduría). Einstein decía que todos somos ignorantes pero no todos ignoramos lo mismo.
Por muy listos que nos sintamos, todavía creemos que el hombre subió a la luna, que la belleza se lleva por dentro y que el mundo es redondo.
24/04/2008
San Jorge

Hace tiempo, demasiado tiempo, leí que San Jorge nació en Capadocia (Turquía), en el 303 (no he vuelto a encontrar estas minucias). Unos datos demasiado precisos para un personaje legendario.
Porque todos sabemos que venció a un dragón, o sea, al mal, al pecado, las tinieblas. Y liberó a una princesa, como dictan los cánones de la hagiografía. La dama era la virtud, la luz, la pureza. Pero se nos escapan el resto de sus vivencias.
En otro acercamiento a la figura de San Jorge, se apuntaba la idea de que todo estaba escrito, que el héroe estaba predestinado. Era el único que tenía espada y loriga, yelmo y cabalgadura. Era el único caballero, que en esos tiempos, buscaba aventuras por los alrededores de Antioquía.
Ignoramos si el premio a su incondicional arrojo conllevaba algún tipo de recompensa, como el habitual disfrute de la doncella en cuestión y la heredad del reino. Creo que no. Si acaso su austera renuncia por mor a su vida de segundón errabundo.
Hace unos años, la Iglesia, quiso expurgar el santoral de estos varones inexistentes, que rozan el paganismo antes que la beatitud deseada. No sé si alguno fue eliminado completamente. Me imagino que sí, tratándose de una institución tan aficionada tradicionalmente a la hoguera. Pero, en tratándose de San Jorge, no tuvieron más remedio que restablecer su nombre en el calendario, pues chocaron con la alarma popular. ¿Cómo eliminar a un santo que es el patrón de Inglaterra, de Dinamarca, de Cataluña, de Aragón, de la marina, de la Caballería, del libro y de los Scouts?
Hasta ahí podíamos llegar. Era necesario dar un paso atrás, donde digo digo digo Diego, y restablecer a este santo caballero a la casilla "23 de abril" y así remendar el entuerto, el vacío que se creaba, el caos (los griegos decían bostezo).
* Dibujo elaborado por Rafael en 1505 para el San Jorge del Louvre.
22/04/2008
Insomnio

— Papá, cuéntame un cuento.
— Siete te voy a contar.
— Siete no, uno solo.
— No que ya es muy tarde. Llevas acostado más de una hora y aún no te has dormido. Me voy a acostar contigo y a dormir. Apago la luz. Una...
— ... dos y tres.
— Papá, quiero agua.
— Vaya.
— La botella está en la mesita.
— Toma. Incorpórate para beber.
— Vale.
— Y ahora a dormir. Una...
— ... dos y tres.
— Papá, quién gana, el Zorro o Tarzán.
— Cállate ya.
— Snif, Snif.
— ¿Qué te pasa? ¿No puedes respirar?
— Ni siquiera puedo respirar.
— A ver, levanta la cabeza que te suba la almohada. ¿Mejor así?
— Sí. Pero tengo la barriga seca.
— ¿?
— Papá, cómo se hacen las lámparas.
— Grrrzzzz... (me hice el dormido y, tras dos insistentes llamadas más, se dio por vencido y se durmió, hasta las seis y cuarto que pidió pipí, pero después siguió durmiendo, no como su padre que esperó a que se deperezara el despertador).
17/04/2008
Una respuesta ambigua

Un niño, desde los dos años y medio más o menos hasta no sé cuándo, se convierte en un perrillo faldero.
El otro día fui al baño en la tienda de mis padres. Y mi hijo entró conmigo. Mientras operaba, nos fijamos en el suelo, que tenía huellas evidentes de haber sufrido recientemente una inundación.
Mi hijo me lo aclaró: "El otro día se llenó de agua", y, acto seguido, preguntó: "sabes por qué".
Esperando una respuesta seudo científica y medianamente aclaratoria, interrogué a mi vez.
"Porque me lo han dicho", dijo Juan y se quedó tan a gusto.
10/04/2008
Palomas

Viejos colombófilos se empeñan en acudir a las plazas, solos o con sus nietos, y esparcir migas de pan o grano para alimentar a las palomas, sin atender que su masificación perjudica la urbe.
Las palomas son gregarias y sociables. Viven en las plazas de nuestras ciudades antiguas, en los parques, entre sus estatuas, en los tejados y los aleros. Se han adaptado como pocos al contacto humano. Son bellas, aunque Enrique dice que son 'ratas voladoras'. Son sucias, aunque simbolizan la paz desde que Noe envió una, después del cuervo (que se quedó limpiando el mundo de cadáveres anónimos) para que trajera la buena nueva en forma de ramita de olivo de que las aguas iban remitiendo.
Alegran los lugares donde se establecen, pero, como sabemos, sus excrementos corroen las piedras (no tanto como los estorninos).
Existen ciudades que han decretado su eliminación selectiva. Hay países que las cazan para enriquecer sus cocinas. De antiguo son usadas desde oriente como mensajeras. En la Primera Cruzada, fueron un factor estratégicamente importante de los sarracenos, ante la ignorancia de su uso entre los soldados de cristo.
Jules Renard, en sus Historias Naturales, dice de ellas "... Durante toda su vida son un poco cerriles. Se obstinan en creer que los niños se hacen con el pico. Y, a la larga, esa manía hereditaria de tener siempre en la garganta algo que no acaban de tragar, se vuelve insoportable".
Cerca de mi casa ha nacido una plaza. O sea, toda la zona es de nueva construcción y, entre tanta casa unifamiliar, pareada o adosada (yo digo adobada), se ha creado un gran espacio ajardinado, con árboles, paseos, bancos, pérgolas y columpios (el domingo llevé a mi niño con la bici).
La plaza se llama "Newton" y se ha llenado de palomas en pocos meses. Me alegra verlas, aunque a la larga corrompan las construcciones humanas (también me gustan las bandadas de estorninos jugando entre el viento y los árboles).
07/04/2008
Carpe diem (un apunte)

Resulta que el famoso Gaudeamos igitur que "en todas las universidades de Occidente, alumnos y profesores juntos, suelen cantar desde mitad del siglo XVIII para coronar un acto académico solemne" (nos recordaba hace poco Manuel Vicent, junto con su traducción) es un canto epicúreo y nihilista, un himno propio para entonarlo en los tiempos de Carnestolendas o en la Corte de los Milagros de Víctor Hugo que en la sesuda institución de la sabiduría.
La letra, sin desperdicio, de esta declaración de intenciones, está extraída del tratado Sobre la brevedad de la vida, de Séneca. Y dice así:
"Alegrémonos pues, mientras somos jóvenes, puesto que después de la alegre juventud y de la incómoda vejez nos recibirá el seno de la tierra. ¿Dónde están los que antes de nosotros pasaron por este mundo? Nuestra vida es corta, en breve se acaba, viene la muerte velozmente y no respeta a nadie. Vivan todas las vírgenes fáciles y hermosas, vivan las mujeres tiernas, amables, buenas y laboriosas".
No me queda más que añadir.
28/03/2008
Dos años

A mediados de este mes de marzo esta bitácora cumplió dos años.
Como todos saben, volandovengo nació por la necesidad de difundir con mayor profusión los artículos del flamenco que iba publicando periódicamente en el diario Granada Hoy de esta ciudad. Sin embargo, desde un comienzo fui consciente de que estas críticas no daban para alimentar un blog con necesidades imperiosas de crecer.
Y, así empecé. Todos los días me sentaba en frente del ordenador y, a vuelapluma, vertía lo que me rondara por la cabeza en ese momento, creando, aparte del flamenco, algunos otros temas de los más variados (siempre desde mi perspectiva y según mis intereses), evitando, eso sí, entrar en polémicas políticas, sexuales o espinosas, por no considerar estas páginas el foro adecuado.
Pronto fui descansando los fines de semana y fiestas varias, simplemente por la poca audiencia que tenía (la mayoría de mis visitantes eran festeros).
He tenido crisis. Algunas más graves que otras. Como el cambio de ordenador o la ausencia de internet, que al final del año pasado duró casi un mes. También cambié de diseño, con lo cual perdí alguna que otra utilidad.
He ido publicando también escritos antiguos de mis graneros que, por su brevedad e interés, han ido enriqueciendo este diario.
He tenido bastantes visitas (en la actualidad llego a veces a las doscientas al día). Aunque he sido pobre en comentarios. La interactividad que se pretende en un blog, brilla por su ausencia. De ahí la emoción que para mí supone encontrar opiniones conocidas o anónimas. De todas formas tengo gente fiel que me lee a diario y me contesta espontáneamente.
Las grandes sorpresas han venido, en definitiva, cuando he escrito sobre alguien, el cual se ha manifestado. Por ejemplo, cuando publiqué una crítica de Belén Maya y la misma bailaora me contestó o cuando publiqué una foto sin conocer su autoría, y el mismo fotógrafo, Toni Blanco, se puso en contacto conmigo para brindarme su colaboración o, recientemente, cuando hice una reseña a El Bestiario de Ferrer Lerín, que el autor aludido se puso en contacto conmigo y aproveché para enlazar su blog con el mío.
Para acabar esta nota, que se está extendiendo más de lo pretendido, me gustaría anunciar mi post estrella, que va por 27 comentarios a lo largo de algún tiempo, que sigue vigente. Me refiero a Un día histórico, donde hablo de Juan Habichuela, nieto, y de Enrique Morente, hijo. Pues han cogido esta plataforma un grupo de chicas, como si se tratara de un chat abierto en el que se expresan a sus anchas. Me encanta.
He cumplido dos años y espero llegar a tres y a cuatro y... ya lo veremos.
24/03/2008
Nieve de primavera

Hace unos días vi por televisión un paisaje de cerezos en flor en no sé dónde, creo que en nuestro levante, pero no podría precisar. El caso es que recordé un libro de Yukio Mishima, Nieve de primavera, que siempre pongo como ejemplo para expresar la delicadeza en la escritura. (Describir en varios párrafos cómo un pañuelo de seda cae al suelo es un ejemplo de ese preciocismo.)
Siempre asocio con ese libro la distribución espacial de la calidad de las aguas para calentar el té. Los orientales clasifican el agua en tres estadios según su pureza, en tres niveles diferentes. Contemplan el agua de la tierra, el de los hombres y el de los dioses.
Las primeras aguas son las de los ríos y la de los lagos, las que se arrastran por el piso. Las aguas de los hombres están a media altura. Son las de los manantiales y las fuentes. Las más puras, evidentemente, son las que caen del cielo, que son las de los dioses.
Estas divinas aguas evidentemente llegan con la lluvia y, rozando la perfección, con la nieve. El té por excelencia es el que se hace con la primera nieve de primavera que cae sobre las hojas del cerezo.
Después está la ceremoni del té, que viene a ser una de las exquisiteces que impuso el zen para dulcificar el budismo, junto con la poesía, el teatro no, el ikebana o la composición de los jardines.
No insistiré en esta ceremonia. Lo que sí es relevante es su dimensión social. Y, como curiosidad, se sirve la infusión pegando la boquilla de la tetera a la taza para trasmitir el calor de una porcelana a otra, frente al té árabe que se suele verter desde lo alto para producir espuma, a la vez que oxigenamos la mezcla.
18/03/2008
La delgada línea de la razón

Por razones que no vienen al caso, me vi ingresado en el hospital militar donde calibraron mi aptitud para emprender el servicio militar, obligatorio en aquel entonces, con resultado positivo. O sea, me declararon inhábil, excluido total, inútil, en definitiva (nunca una limitación me fue tan provechosa).
Por razones que tampoco vienen al caso, estuve encamado en la sección de los desvíos cerebrales (por llamarlo de alguna forma). (Todos juntos íbamos en fila a cenar y, cuando nos preguntaban, decíamos que éramos los chalaos.)
Yo, sin ir más lejos, compartía habitación con alguien que sufría ataques epilépticos. Mi mente lo relacionó rápidamente con famosos epilépticos como Hércules, el semidiós, Julio César, Napoleón, Flaubert, Dostoevsky o Pío IX (inspirador del pionono de Santa Fe). Mientras estuvo allí no sufrió ninguna crisis.
En nuestro grupo había uno que estuvo destinado en la feroz intendencia de la cocina de un cuartel. No lo pudo soportar. Cuando entrechocaban platos, vasos, marmitas, cubiertos y demás cacharrería, el individuo se tapaba los oídos y se ponía a gritar. Lo ingresaron rápidamente. Era un tipo peligroso.
Un conocido mío, estudiando una carrera, supuestamente superior a su capacidad (o superior a su sensibilidad), acabó subido a una silla en medio de la habitación con todos los apuntes, rellenos de colorines, para facilitar el eidetismo, alfombrando el piso. Decía aprendérselos mejor así. Supongo que de esta manera tenía una visión de conjunto. Experimentaba, como si dijéramos, un aprendizaje panorámico.
Conocí a aquel que tiraba monedas desde el balcón de su casa a la calle, argumentando la alegría de quienes se las encontraran. Al menos, él, cuando se hallaba dinero en la calle, se ponía contento.
Supe del que dejó su trabajo para pasear simplemente. Había llegado la primavera. Se buscó un bastón de caña y un sombrero de ala ancha, típico de colono o habanero, para repartir sonrisas a quien se encontrara.
Supe de quien dilapidó una herencia en las tiendas de veinte duros y otros saldos similares.
He tenido relación con varios suicidados, que no es necesario enumerar ni mentar sus nombres, porque el mundo en un momento de sus vidas le venía grande o, todo lo contrario, les faltaba aire en un mundo tan angosto.
La carne es débil, pero mas frágil es la razón, el entendimiento. Depresión, neurastenia, esquizofrenia, alzheimer...
En nuestro cerebro se representa una circunferencia, más o menos perfecta, que coincide con nuestro grado de raciocinio. Cada estadio de sensatez o cordura va avanzando por esta línea hipotética. De forma que la genialidad más extrema cerrará el supuesto círculo coincidiendo irremediablemente con la locura más radical. El sabio y el orate se dan la mano.
Qué fácil es dar el salto final. Qué fácil es cerrar la mente. Qué delgada es la línea de la razón.
13/03/2008
Hormigas

Posiblemente los insectos que mejor me caen son las hormigas (en tratándose de insectos siempre hay que hablar en plural) (ya se dirigía Machado a las moscas como las familiares). Son gregarias, ordenadas, trabajadoras y constantes. Y, sobre todo, millonarias.
Jules Renard, en su hermoso librito "Historias naturales", ilustrado por Toulouse-Lautrec y musicado por Maurice Ravel (en alguno de sus textos), dice que cada una de ellas se parece al número 3.
O'Henry sostiene que la hormiga es el más sabio de los insectos.
Están por todas partes. Son tranquilas y amables. Pequeñas y grandes. Negras, rojas y traslúcidas. Cuando encuentran un rastro lo siguen y avisan rápidamente a todo el formicario. Pronto se forman verdaderas caravanas de hormigas de ida y vuelta. No descansan en ningún caravasar (palabra bonita donde las haya), sino que van directamente al hormiguero, sin entretenerse, cumpliendo fielmente su destino metódico.
En la cocina pueden ser temibles, una verdadera plaga. Pero son un buen sustituto de la sal. Además le dan color al huevo.
A la ida van de vacío. A la vuelta, igual de ligeras, arrastran objetos presumiblemente comestibles que suponen, en peso y espacio, cinco o diez veces su propio cuerpo. Caminan en linea recta, saltando los obstáculos a su paso, nada de franquearlos como el resto de los mortales. A veces trepando sobre ellas mismas para salvar abismos. A veces colaboran entre dos o tres para portar una hoja excesivamente grande. A veces una lleva a otra compañera en volandas que se ha empeñado en ayudarla...
Siempre trabajando. Siempre atareadas. Constantes. En verano, en invierno. Mientras la cigarra canta o se muere de pena. Aunque es sólo un cuento, pues tanto la cigarra como la hormiga hibernan, o sea, en los meses fríos están aletargadas.
La hormiga madruga. Es responsable. Va a lo suyo y no se mete con nadie. No como las moscas que se aprietan (acaban por mosquear) o como el mosquito trompetero, que además amenaza (aunque, dicen, pican nada más que las hembras) (en eso se parecen en parte a los humanos) (sin intención de ofender).
Bueno, también está el hormigón, que suele ir armado, como también está el cigarrón, que eso sí es una cigarra grande, sin nicotina, apenas.
¡Qué bien me caen las hormigas!
* Portada del libro de Jules Renard, "Historias naturales" (Círculo de Lectores, 2007).
10/03/2008
Avistamiento de sirenas

Plinio el Viejo cuenta, con toda seguridad, que en tiempos de Augusto se encontraron en una playa de las Galias los cadáveres de varias sirenas allí arrojadas por un temporal.
Jorge Luis Borges, en El Libro de los Seres Imaginarios, cuenta que "En el siglo VI, una sirena fue capturada y bautizada en el Norte de Gales, y figuró como una santa en ciertos almanaques antiguos bajo el nombre de Murgen. Otra, en 1403, pasó por una brecha en un dique. y habitó en Haarlem hasta el día de su muerte. Nadie la comprendía, pero le enseñaron a hilar y veneraba como por instinto la cruz. Un cronista del siglo XVI razonó que no era pescado porque sabia hilar, y que no era una mujer porque podía vivir en el agua".
En el Diario de Cristóbal Colón (9 de enero de 1493), puede leerse: "El día pasado, cuando el almirante iva al Río del oro, dixo que vido tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara; dix que otra vezes vido algunas en Guinea en la Costa Mengueta".
Carlos Fuentes, en su libro En esto creo, relata que por esa misma época "Gil González, explorador del istmo panameño, se topa allí, en una anchura de mar oscuro, con peces que cantaban con armonía, como cuentan de las sirenas, y que adormecen del mismo modo. Y Diego de Rosales ve una bestia que, descollándose sobre el agua, mostraba por la parte anterior cabeza, rostro y pechos de mujer, bien agestada, con cabellos y crines largas, rubias y sueltas. Traía en los brazos a un niño: Y al tiempo de zambullir notaron que tenía cola y espaldas de pescado...".
El jesuita P. Henriques (1569) afirma haber visto en el Índico, a unas doscientas leguas de Goa, varios tritones y sirenas, mientras que el gran anatomista Paré confirmaba que podían hallarse en gran cantidad en las costas de la India y de Brasil. Un navegante portugués, por las mismas fechas, afirmaba haber visto en las Molucas una sirena de gran tamaño, cuyos dientes poseían propiedades curativas contra una enfermedad tan terrible, a la sazón, como la disentería.
El capitán Henry Hudson, famoso explorador y descubridor inglés, relata también en su diario, el encuentro con una sirena el 13 de junio de 1608: "... la mitad superior del cuerpo, era el de una mujer, incluyendo los senos... Era alta de estatura, de piel muy blanca, y con largos cabellos que le cubrían la espalda... Al zambullirse, los hombres observaron que tenía una, cola como la de un delfín".
Cela, en Madera de boj, afirma que "en la Sisarga Grande todavía se ven sirenas enloqueciendo con sus cantos a los marineros"; que "entre las dos últimas laxes (roca de grandes dimensiones con superficie plana) del norte se suelen bañar las sirenas cuando hace buen tiempo, Vicent dice haberlas visto en más de una ocasión, las sirenas se dejan mirar por los chepas incluso con naturalidad, se conoce que les inspiran confianza"; y que "en la playa de Cala Figuera apareció una vez el cuerpo incorrupto de una sirena jovencita y bellísima que dicen que se llamaba Mafalda, tenía los ojos y los labios pintados y sonreía con un encanto especial, el patrón Camilo de Androve la puso sobre el chinero de su comedor y allí la tuvo hasta que empezó a apolillarse, el patrón quemó el cadáver en la lareira (fogón en la cocina) porque no sabía si enterrarlo o devolverlo a la mar, en el aire y convertida en humo la sirena quedaba más cerca de Nuestro Señor el Apóstol Santiago".
Por último, en 1961, la Oficina de Turismo de una pequeña localidad costera de Gran Bretaña, ofreció un premio a quien consiguiera traerse del mar una sirena.
* "Sirena" (© Montserrat Faura).
07/03/2008
El dinosaurio de mi niño

No es que mi niño sea un dinosaurio (aunque tenga cosas pleistocénicas), es que tiene un dinosaurio. Bueno, tiene varios. Pero hay uno especialmente feo y aparatoso, made in China, que ruge y cierra la boca cuando le accionas una palanca. Es el que prefiere, quizá por su envergadura (nada que ver con una verga dura) (perdón), quizá por sus colores chillones, estridentes, irreales.
Cuando jugamos, me encasqueta a mí cualquier otro saurio y él me come, siempre me come (me apalea, me empuja, me voltea por el suelo, me lanza objetos...) (más que su compañero de juego, soy su juguete).
Ayer me vino con el tiranosaurio, lo puso de puntillas (sobre unas largas uñas negras y afiladas que tiene en sus patas posteriores) y me interrogó diciendo si sabía por qué el dinosaurio iba así. Vi tan absurdo que un monstruo prehistórico caminara de esa guisa, que no tuve más que reírme y decir que no tenía ni idea.
Me aclaró entonces, con su lógica aplastante de cuatro años, que andaba así para coger pajarillos.
Pero su creación iba a más. De pronto puso el lagarto sobre una pata y volvió a preguntarme si sabía cuándo el dinosaurio se ponía así. Ante mi nuevo encogimiento de hombros, Juan, pensando seguramente que no me enteraba de nada (que su madre tenía razón), razonó que: "así se pone cuando quiere hacer equilibrio".
* FOTO: Juan, disfrazado de león en tiempos de carnestolendas.
25/02/2008
Despreocupado

Sin discusión, el pecado capital de los españoles es la envidia, como el orgullo es el de los italianos (o por lo menos de los de Sicilia). Deseamos ser como el otro, anhelamos tener lo de los demás.
Yo, como descendiente directo de mujer embarazada en España, sin ser demasiado original, aparte de la gula, mi pecado por antonomasia es la envidia (en cambio, me gustaría que fuera la lujuria) (qué le vamos a hacer). Tengo celos del éxito, del poder, de la riqueza ajenas; y últimamente envidio a mi ordenador. Su exactitud, sus memorias, su capacidad de olvido...
Pero sobre todo envidio la capacidad de deshacer, el eficaz arrepentimiento, el paso atrás, la retroalimentación. Ciertamente me gustaría, cada vez que meto la pata, cada vez que tropiezo, cada vez que desvarío, combinar el control zeta o pulsar la tecla Deshacer, para volver justo al punto anterior al resbalón. Incluso se puede deshacer varias veces. Es la manera mejor de enmendar los entuertos. (Bien mirado es un paso adelante en el dominio del tiempo) (nuestra asignatura pendiente).
13/02/2008
Dios aprieta pero no existe

Primero
Alberto cogió el camino del río y allí, entre los árboles, aquel día soleado en que los pájaros piaban sin ninguna intención, volvió a pensar para sí: "Dios no juega a los dados" (que es como decir que Dios no pierde el tiempo, que no es de ningún partido definido) (su hijo sí, que es de izquierdas) (y la paloma, de Los Verdes, creo).
Segundo
Se asomó a la ventana. Era un día gris. Olía a pescado. Una sirena sonó al fondo, a tres manzanas de allí, un hombre se había arrojado desde la azotea. Limpiándose los lentes, Federico volvió a pensar: "Dios ha muerto" (que es como decir soy ateo por la gracia de Dios).
Tercero
Después de tomar aliento, miró a su alrededor y vio a muchas gentes que en torno a él estaban reunidas. Se subió a una piedra y, después de otras cinco frases inspiradas, Jesús dijo: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (que es como decir que las buenas personas mueren en paz).
Cuarto
Debatiendo entre el bien y el mal, la vida y la muerte, el cielo y el infierno, Ángel le dijo a sus íntimos: "Vosotros decís que sois ateos, pero no tenéis mérito, yo lo he visto tres veces y no creo en él" (que es como decir que hay mucho lobo con piel de cordero).
Quinto
Baltasar, después de tomar un sorbo de café, escuchó por enésima vez que era un desalmado por negar a Dios siempre que tenía oportunidad, sin dejar la taza sobre el plato, les aclaró: "Yo sólo digo que no creo en Dios, no que no exista" (que es como decir que Dios tiene sus cosas).
07/02/2008
El agua en la cocina andalusí

El agua o las aguas eran, y son, indispensables para la vida, para calmar la sed y para elaborar las más variadas comidas de olla y cazuela. Es la esencia de los cultivos, con sus sistemas de irrigación, de norias y acequias. Y, si recordamos, fue de los señuelos que indujo a los árabes a atravesar el Estrecho.
Ibn-Bassal, en su Libro de Agricultura (siglo XI), estudia las diferentes clases o naturalezas de las aguas y la influencia que ejercen en las plantas.
Bassal distingue el agua de lluvia, la de los ríos y la de las fuentes y pozos (división que nos acerca a concepciones orientales a la hora de elaborar el té). "La más beneficiosa para las plantas es la de lluvia, por no dejar residuo salino alguno y por ser de complexión templada y húmeda. La de los ríos tiene una complexión más seca y áspera. Por último, la de las fuentes y pozos es pesada y terrana".
En al-Andalus, y concretamente en Granada, siempre ha habido buena agua fresca venida directamente de Sierra Nevada. La Acequia Gorda o la de Aynadamar y muchas otras canalizaciones y cursos de agua, que abastecen actualmente a la ciudad y su provincia, datan de aquellos tiempos. Así, cualquier participación de este elemento en la cocina, aseguraba su éxito.
El agua para beber era elemental, tan apreciada como la leche. La tomaban sola o perfumada con hojas de naranjo o rosa. Servía para amasar el pan, para rebajar la limonada y el vino y era imprescindible para preparar el té, elemento indispensable de la hospitalidad musulmana.
* Del libro "Herencia de la cocina andalusí", publicado por la Fundación Al Andalus en 2001 y escrito con el cocinero José Luis Vázquez, que 20 recetas originales de inspiración andalusí.
** FOTO: noria árabe en Cabo de Gata
01/02/2008
Señora soledad

Hace tiempo, en septiembre de 2001, me pedía Jesús un texto sobre la soledad para no sé qué presentación. Así que, a vuelapluma, cogí el papel e imaginé una pequeña escena que aquí reproduzco.
Un hombre se sienta en la cafetería un domingo a media mañana, mira el periódico y pide un café solo. Conoce el precio y paga por adelantado. Cuando termina, se asoma al abismo de la taza, donde unos granos de azúcar, que han quedado sin disolver, difícilmente se abren hueco entre los posos amargos de Colombia.
Dobla el diario, que nadie más leerá, y se lo coloca bajo el brazo. Sin volver la cabeza, abandona la cafetería. Entra en la calle, que está repleta luz, y comienza a caminar.
El bullicio de gente que pasa frente a él, en una soleada mañana de domingo, lo desconcierta. Cierra los ojos. Los vuelve a abrir. Mira, pero no ve a nadie. El hombre está solo. [Rodeado de gente, pero solo.]
El camino recuerda que de su brazo anduvo alguien. El hombre rememora quien le besaba los labios. Sus ojos recuerdan que vieron colores. Sus manos buscan en vano el filo de la nostalgia.
La soledad camina descalza. Se acuesta con los pies fríos. Tiene sed. La soledad nunca está satisfecha.
La soledad empieza por una ese siseante y termina por una esbelta de. Se agarra a la garganta, te anuda el pecho, te desgrana el corazón, te acorrala lentamente, hace añicos tu voluntad. El corazón es muy grande, más si está vacío, si tiene eco.
Hay soledades, sin embargo, que son elegidas, desiertos de luz, bellos silencios. "Los pájaros solitarios, como decía san Agustín, siempre se posan en la rama más alta".
* Texto remitido por correo ordinario a Jesús Herrera el 14 de septiembre de 2001.
31/01/2008
Bienvenido a la cuarentena, su Majestad

Ayer, 30 de enero, cumplió el príncipe Felipe, futuro Rey de España, cuarenta años.
La cuarentena es una década especial, en la que has aprendido a fuerza de cachiporrazos. Entras en ese conformismo feliz de los altibajos, en el que piensas que todo es como es, las cosas están bien o están mal, pero están ahí, rodeándote, quieras o no quieras. Es un momento gozoso en que has encontrado tu sitio o lo que has hallado es que tu sitio no se encuentra.
A los cuarenta te resignas a que los sueños, sueños son, aunque la vida no sea un sueño, como preconizaba Calderón, como mucho el sueño que sueña el hombre borgiano que a su vez es soñado.
A los cuarenta eres previsor, coges un paraguas cuando llueve y caminas bajo las marquesinas cuando el sol calienta. A los cuarenta eres mortal, como cualquier hombre que camina detrás de sus narices (Shaquespeare), pegado a sus narices (Quevedo).
Entre los griegos no se alcanzaba la edad madura, llamada el acme, hasta cumplir los cuarenta años.
A los cuarenta tienes una visión práctica de la vida. Tu cabeza se asienta. Podrás llamarte hijo de Kipling. O puede que no se asiente nunca. ¿Un bala perdida? ¿Complejo de Peter Pan?
Con suerte, atraviesas la mitad de tu vida, la mitad de tu esperanza de vida, que es mucho decir. Quiere decir nada menos que te queda todo lo que has vivido para volver a vivirlo. Distinto, claro. Pero cuarenta años son muchos.
No tienes tanta energía, pero sabes más (o no tienes remedio). No tienes más ganas, pero sí más posibles (o no tienes remedio). No te enamoras varias veces al día, pero has encontrado un equilibrio emocional (o no tienes remedio).
Quien llega a los cuarenta se pone triste. Mira hacia atrás y se pone triste. Se mira al espejo y se pone triste. Se mira los michelines y se pone triste. Se mira el bolsillo y se pone triste...
Hasta los príncipes cumplen años. "Los ricos también lloran".
Ahora que don Felipe sufre la cuarentena (dicho así parece el aislamiento obligado por sospecha de epidemia), no tengo nada más que apenarme por él:
A los cuarenta y no sabe lo que es pasar la revisión del paro, no conoce un trabajo precario, y el desempleo mucho menos. No sabe, ni sabrá nunca, lo que es apretarse el cinturón, no llegar a fin de mes. No conocerá la sumisión a un superior déspota, a un jefe abusador al que, encima, hay que reírle las gracias. Nunca sabrá lo que es echar horas extra o quedarse sin vacaciones.
No sabrá lo que es un pago a plazos o una hipoteca o pedir un préstamo. Nunca vivirá ahogado.
Felipe no se habrá comido una hamburguesa o un trozo de pizza, o habrá invitado a Letizia a comer en un chino porque no se puede permitir entrar en un restaurante. Y, en los cacharritos, su hija no se habrá quedado con las ganas, pues hay dinero tan sólo para columpiarse dos vueltas.
Y nunca se planteó el hijo único o la vasectomía por la precariedad de la vida, pues sus descendientes vendrán con un pan debajo del brazo y un apellido real, un puesto en la sucesión, una gran herencia. Tendrán una vida regalada sin agujeros en los bolsillos.
Bienvenido a la cuarentena, su Majestad, porque mía no lo es.
25/01/2008
El ombligo de las sirenas

No encuentro documentación alguna de si las sirenas se reproducen (quiero decir si paren, si son madres, si tienen hijas -sirenitas- o ¿hijos?) y, si fuera así, cómo nacen y van medrando hasta convertirse en el más deseable de los antropomorfos.
Conocemos, sin darle mucho margen a la duda, que las sirenas tienen descendencia, pero no sabemos su manera de engendrar. Sin embargo, la sirena tiene siempre el mismo aspecto de doncella. Ya puedan tener doscientos años o más (Andersen, entre otros, aseguraba que la sirena podía vivir trescientos años), su apariencia física es siempre la misma, a saber, una joven sumamente bella con el pelo largo, de color dorado, azul o turquesa, que nos dispensa una larga sonrisa.
El cantar de Roldán cuenta que éste preñó a una sirena del mar de confusa procedencia, pues la obra no especifica dónde la conoció. Como tampoco nos dice cómo se aparearon ni como el señor de la marca de Bretaña, amigo de Carlomagno, se las ingenió para tal menester.
El caso es que a los nueve meses, la sirena, en una playa de Arosa, parió a un hijo llamado 'Palatinus', por ser su padre el paladín Roldán, según declaraciones de la misma sirena.
Recogido el niño, nos cuenta Cunqueiro, por corrupción de Palatinus, se dijo en lengua de Galicia Paadin [o Padin], y de él, por matrimonio con un infante del país, desciende todos los que llevan ese apellido en Galicia, y además los Mariño de Lobeira y los Goyanes.
De esta manera, en el extremo noroccidental de la península se encuentran bastantes descendientes de sirena. El mismo Cunqueiro es desciende de los Mariño de Lobeira por parte de padre y, por ende, de sirena.
Recapacitando, podemos atribuirle a la sirena la condición de mamífero, en cuanto tiene mamas, lo cual es taxativo, y se mantiene embarazada, según el 'Cantar', el mismo periodo de tiempo que corresponde a nuestra especie.
Me atrevo a afirmar, según lo comentado, que la fantástica creación participa más de su condición humana que de su mitad de pez. Quizá sus órganos más elementales: toda la cabeza, presumimos, que con cerebro incluido; los brazos y los hombros; los pechos y el ombligo, suponiendo que lo tenga; el corazón y los pulmones; el vientre, los riñones y las vísceras; y la columna, si no es una raspa.
Las dudas, así pues, continúan. Por fuera son doncellas, pero por dentro no sabemos. Parece que no tienen agallas, pero sí escamas en la cola y quizá más arriba. Y una gran aleta, como la fantasía sea capaz de crear.
Es hembra, de eso no hay duda. Aunque hay quien habla de sirenos o sirénidos y de tritones, amen de otros dioses marinos.
Si admitimos, como todo pretende demostrar, que las sirenas se reproducen, que nacen, crecen y mueren, al igual que cualquier ser vivo, es necesario encontrar su pareja, con quien se aparean normalmente, a no ser que broten sin ayuda del elemento espermático masculino a imagen de la espuma y la venera de Afrodita.
O que la sirena, como varias especies en el reino marino (el pez globo, por ejemplo), cambien de sexo en algún momento de su vida o, retorciendo algo más mi elucubración, que sean seres andróginos y autosuficientes para concebir.
En algunos cuentos galeses, escoceses o de la Isla de Man, aparecen sirenas que tienen trato carnal con los hombres en la tierra o simplemente los seducen y se los llevan al fondo del mar.
El padre Freijóo no creía en sirenas, nunca existieron, asegura, aunque sí tritones. En Ruán, Normandía, al contrario, se creía tanto en ellas que los canónigos quisieron cobrarles impuestos para contemplar el espectáculo de la quema pública de las brujas.
Cunqueiro, quien opina que las sirenas tienen cola de salmón, que es la más perfecta que existe, se pregunta si las sirenas tienen ombligo y él mismo trata de darse una respuesta aunque únicamente vale para aumentar la duda: “...la sirena carece de ombligo, y cómo engendra de humano y pare es un misterio”.
24/01/2008
Análisis

Hay quien va al médico para que le saque algo (alguna enfermedad, digo, que dolencia ya se encargará él mismo de ponerla), son los hipocondríacos. Hay quien no va al médico a ver si le saca algo, son los temerosos. Hay quien va al médico porque no tiene otra cosa qué hacer, son los temerarios. Hay quien va al médico en horario laboral, para saltarse horas en el trabajo justificadamente, son los buscavidas. Hay quien va al médico porque no tiene más remedio, son los más jodidos. Hay quien va al médico por si acaso, son los jugadores, los precavidos. Hay quien, ya que está en el médico, que le miren todo lo posible, son los ahorradores.
Quien maneja mi barca me dijo: "ya que vas al médico, que te hagan unos análisis".
Al término de las Navidades, aquejado de fuertes dolores de estómago y malestar general, tuve que acudir al Centro de salud, por lo que yo achacaba a una empachera supina.
Resultó ser un virus (los médicos llaman virus a cualquier cosa de origen incierto). Un protector de estómago y unas Buscapinas me solucionaron el problema en una semana.
Una semana que estuve pensando en los resultados de los análisis (de sangre y de orina) que me tuve que hacer, of course. Qué me dirían. Que debo beber más agua y menos alcohol, que debo comer menos, nada de fritos, nada de grasa, que no me den morcilla, que fuera el tabaco, si yo no fumo, doctor, pues déjelo de todos modos.
Ayer me dieron los resultados, y casi me ofenden los buenos resultados. No tengo nada. Cómo que nada. Que está usted sano. Nada de nada. Vamos, doctor. Que si quiere siga con el protector gástrico, pero ya está. Bueno, hasta la Navidad que viene.
17/01/2008
Rosemarinus officinalis

Resulta que los estores de los ventanales de la cocina de mi casa, haciendo juego con el mantelito de la mesa del desayuno, están estampados con dibujos de plantas aromáticas y medicinales. Resulta que algunas de esas plantas tienen su nombre en latín en su base. Y resulta que siempre me fijo en ellos (cómo no mirarlos entre sorbo y sorbo de café). Pero, como son latines muy rebuscados y forman parte de la tela, no les hago mucho caso, como quien mira la espetera de útiles que apenas se utilizan (acaso para limpiarlos de vez en vez).
Pues llevo un tiempo fijándome con más detalle por si alguna de estas muestras de la floresta campestre soy capaz de identificarla. Y, efectivamente, algunas plantas me son familiares, por ejemplo el romero. Miro su nombre científico: rosemarinus officinalis. Lo vuelvo a mirar. Lo intento memorizar. Empleo algún método pnemotécnico (rosa-marino-oficina...). Hasta que me lo aprendo.
Ahora qué. Otro dato, probablemente inútil, que ocupa mi mente. Hasta que se me olvide.
Ya sé. Escribiré un post con ese título (aquí lo tenéis).
Diré no obstante algo más. Mi curiosidad va más allá. Miro el "Dioscórides renovado", que para eso lo tengo, un extraordinario tratado de botánica, y advierto:
1º Que conservo intacta una hermosa hoja de cannabis sativa (marihuana) precisamente entre las páginas que hablan de ella.
2º Que el nombre correcto del romero es rosmarinus officinalis.
3º Que el nombre se cree formado por ros (rocío) y marinus (marino), porque siendo el romero una planta mediterránea, que no suele alejarse mucho de las costas, su nombre, rosmarinus, venía a expresar esa característica.
4º Pero actualmente, los entendidos se inclinan a favor de otra explicación: ros, viene del griego 'rhops' y significa arbusto, y marinus, de 'myrinus', es decir, aroma.
5º Que es estimulante, antiespasmódico y ligeramente diurético. Los herbolarios levantinos lo recomiendan para "rebajar la sangre". Al exterior se emplea para combatir los dolores articulares, así como para tonificar el cuerpo fatigado por trabajos violentos o por haber andado mucho.
Así que ¡a tomar infusiones de romero!
15/01/2008
Propaganda otoñal

Una de las imágenes definitorias de la soledad, el desamparo y el abandono en el antiguo Oeste son esas grandes bolas vegetales rodando, por el polvo que las acompaña, a merced del viento y los postigos de las ventanas descontroladas golpeando sobre sus marcos desencajados.
La calle en la que se ubica mi casa (número 13) se parece a esos paisajes desérticos de las películas cuando el viento sopla.
El otoño ha acabado. Los árboles no tienen hojas ya con qué alfombrar el piso. Pero los folletos de propaganda (sin cosido de ningún tipo) siguen cayendo por fuera de los buzones, en las escaleras o en el puro suelo.
Basta un poquito de brisa, un empujoncito fresco, para que se liberen y corran libremente, asemejándose a esas plantas rodantes (tumbleweed), a esas bolas de paja que tanto tienen que ver con el descuido.
Toda la calle se empapela multicolor. Su limpieza es un poco inútil, porque al día siguiente vuelve a llover propaganda, ofertas imprescindibles (no sé cómo hemos estado media vida prescindiendo de ese aparato que, además de asequible, se puede pagar a plazos, para empezar su desembolso dentro de dos meses).
Ahora, cuando llueve, mi barrio es peor. Recuerda el taller de papel maché después de un largo día de infructuoso trabajo.
11/01/2008
Silencio

Después de este largo silencio obligado, y antes de configurar totalmente mi nuevo equipo, he decidido introducir un pequeño post de bienvenida (de mi bienvenida, porque vosotros habréis estado al pie del cañón en todo este tiempo).
Quiero desearos, con el lógico retraso de quien vuelve al mundo, un inmejorable año nuevo. Al menos mejor que el que dejamos (aunque eso no es difícil).
Mi blog ha cambiado de aspecto un poquito, con la intención de comenzar a renovarme.
Por mi parte sigo con mis historias: mi niño, mi casa, el flamenco, el mundo que me rodea, el único que existe, el que me ha tocado vivir.
Y sigo con mi idea del slow. Saborear lentamente el mundo, los momentos. No intentar vivir cada minuto, sino que cada minuto que vivamos sea auténtico. Hoy comenzamos a contemplar la vida y mañana ya veremos.
Vindico la lentitud a la rapidez, la discreción a la estridencia, la quietud al movimiento, el silencio al ruido.
Shakespeare decía: prefiero ser rey de mis silencios que no esclavo de mis palabras.
Un proverbio árabe reza: si lo que vas a decir es más bello que el silencio, dilo.
IMAGEN: Leonarda (© Nono Guirado)
21/12/2007
Paro informático
Hoy, viernes lluvioso, y sin que sirva de precedente, robo unos minutos al trabajo para anunciar que, por problemas informáticos, me veo obligado a echar la persiana a este blog durante unos días.
Son unas vacaciones obligadas, un paro informático, que, en contra del paro biológico, nada se retroalimenta, nada se recupera. Al contrario, dejaré varias ideas que mueran en mi olvido inmediato.
Quedan más cosas en el tintero que palabras vertidas.
Invertiré en esta Navidad en un nuevo equipo (aunque la pereza de ponerlo a punto es grande), esperando que para fin de año pueda aportar algunos deseos y buenas proposiciones para los nuevos días que comienzan.
18/12/2007
Para gozar tu luz

Anoche estuve en La Tertulia, uno de los rincones culturales de Granada. Hacía años que no iba. En los 80 y los 90 era asiduo. Además, alguno de mis mejores amigos trabajó allí.
Siempre encontrabas a alguien. La noche en La Tertulia podía ser mágica.
Allí se han fraguado las obras de muchos de los poetas, de los artistas en general que hay en mi tierra.
Aprecio a su dueño Tato a pesar de todo. Me aprecia él a mí a pesar de todo. Nos respetamos y nos alegra encontrarnos.
Pero no quiero hablar de La Tertulia y su paisanaje (del cual escribí una fábula en su tiempo que puede que la refleje en este blog en algún momento). Tan sólo me voy a referir a su servicio, su aseo, su excusado...
Alguien (no sé yo quién es ni nadie lo sabe) escribió en la puerta del wc de la derecha un impresionante poema que ha superado con buena salud el paso de los años y las reformas del local.
Estas puertas se saneaban y se pintaban completamente menos el recuadrito que contenía el poema.
Ahora, con desilusión, comprobé que estas puertas se ha forrado íntegramente de corcho, ocultando uno de los callados distintivos de este local.
Sobre el corcho se ha reproducido el poema que ya está algo deteriorado. Mi desilusión fue grande. Sólo me consuela saber que debajo de la cubierta de alcornoque deben mantenerse impolutos los versos originales de puño y letra de ese autor anónimo, que en futuras y sabias reformas volverán a ver la luz.
Generaciones de usuarios tertulianos, no sólo habrán leído esa poesía, sino como yo se la sabrán de memoria.
Para gozar tu luz he dado muerte a la luz de mis ojos,
he parido aguijones como toros ansiosos,
he descendido al pozo de la oscura luna,
para gozar tu luz.
17/12/2007
No tengo prisa

Quien me conoce sabe que soy lento. Soy tardo en todo menos en mi pensar, que no siempre lo alcanzo. Sé que todo llega (o no): Es decir, todo lo que tiene que llegar llegará, todo lo que tiene que ser será.
No es abandonarse a un destino predefinido, sino ajustarse al devenir de la vida, dejar que la historia marque los surcos, dejar que el viento, el sol y el agua, embellezcan las arrugas. Saborear los momentos. Sorber cada rayo de sol, cada gota de lluvia, cada mota de noche.
No hay mayor tontería que morirse pronto por haber aprovechado la vida.
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar... escribía el poeta. No forcemos la máquina. Que cada paso justifique el anterior y apoye al siguiente. Seamos más felices con nuestras huellas que ya se han grabado en la arena que al vislumbrar la meta que nos espera.
Sabemos desde hace tiempo que el norte no es un punto sino una dirección. Avancemos pues sin anteojeras y tumbémonos en la hierba de vez en cuando, al pie de un sicomoro. Vindiquemos la vida contemplativa. Se contaba de un vago que madrugaba para estar más tiempo sin hacer nada.
Hay suficiente metafísica en no pensar en nada, decía Caeiro.
No digo que perdamos el tiempo (que puede rozar el pecado), sino saborear el tiempo que es nuestro; parar la maquinaria; hacer huelga de brazos caídos; y contemplar las formas de las olas y las nubes. No hablar, no ver la tele, por supuesto, ni siquiera leer, sólo mirar por la ventanilla al paisaje que pasa y, cuando lleguemos a la última estación, comprar el billete de vuelta. Es como ponerse un día a fruta.
Un error común son las necesidades ficticias. La pirámide de Maslow se ensancha en nuestro primer mundo y sigue engordando a medida que cumplimos años, a medida que nuestro poder adquisitivo aumenta. Ya no trabajamos para vivir, vivimos para trabajar. Porque una cosa es nivel de vida y otra calidad de vida y otra intensidad de vida y otra autenticidad de vida.
12/12/2007
Contar hasta diez

La propuesta que voy a hacer es como poco una aventura. Es un atrevimiento porque, convencido de su buena energía, no sé si yo mismo ser&eacut