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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Flamenco.

Los campanilleros

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La otra noche, entre los bises del concierto de Miguel Poveda en el auditorio Manuel de Falla de Granada, tuvo el gusto de cantarnos unos campanilleros, que fueron coreados con satisfacción por parte de los presentes. Fue un tema bastante acertado, que pasa por villancico, debido a las fechas que se avecinan.

Pero los campanilleros curiosamente es un palo único dentro del flamenco, del folklore aflamencado, si queremos.

Por campanillero se entiende el individuo de una agrupación, frecuentemente llamada los campanilleros, que en algunos pueblos andaluces y en partes de Extremadura y el sur de Castilla-La Mancha, entona canciones de carácter religioso, en el Rosario de la Aurora, con acompañamiento de guitarras, campanillas y otros instrumentos de percusión.

A este respecto, dice Juanito Valderrama en Mi España querida, compilación de memorias editadas por Antonio Burgos en 2002: “Los campanilleros son un cante popular andaluz, que se cantaba por las Pascuas de la Navidad y en algunos pueblos, como en Mairena del Alcor, por la fiesta de los Difuntos, en los rezos por las ánimas del purgatorio. Se cantaba a coro, con las campanillas haciendo el compás. Los campanilleros estaban también unidos a la devoción del Rosario de la Aurora, que trajeron los dominicos, y en algunos sitios había campanilleros con colas referentes a la Semana Santa, a la Pasión del Señor.

La muestra flamenca más antigua de los campanilleros se debe al cantaor jerezano Manuel Torre, quien hacia principios de siglo realizó una versión, interpretada con dramatismo y hondura, acompañándose de la guitarra de Niño Ricardo, y que dejó grabada en 1929 junto al guitarrista Miguel Borrul con la letra clásica de A la puerta de un rico avariento.

Sobre 1959 La Niña de la Puebla regis­tró de nuevo este cante en una versión más asequible al gran público, con letras compuestas por su padre, Francisco Jiménez Montesinos, obteniendo un enorme éxito que la catapultó definitivamente a la fama.

El tema de las letras suele ser de carácter religioso, aunque admite otros temas, guardando siempre relación con el carácter religioso original.

Se cantan sobre un compás de 3x4 y el acompañamien­to en tonalidad menor. La estrofa es de seis versos asonantados siendo el primero, tercero y quinto decasílabos, y el segundo y cuarto dodecasílabos, aceptando también una cuarteta octosílaba a la que se une otra hexasílaba.

Es un cante de mínima ejecución, muy pegadizo, que ha grabado, siguiendo la pauta marcada por Manuel Torre, por ejemplo, Juan Varea, El Agujeta, José Mercé y José Menese, entre otros interpretes. O artistas más alejados, como pueden ser Rocío Jurado y Rosa López.

Entre las decenas de letrillas, dejo tres, una tradicional y dos compuestas por Jiménez Montesinos para su hija:

A la puerta de un rico avariento
llegó Jesucristo y limosna pidió,
y en lugar de darle una limosna
los perros que había se los azuzó.
Pero quiso Dios,
que al momento los perros murieran
y el rico avariento pobre se quedó.

En los pueblos de mi Andalucía
los campanilleros por la madrugá,
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar.
Yo empiezo a cantar,
y al oírme todos los pajarillos
que están en las ramas se echan a volar.

Pajarillos que vais por el campo,
gozando el amor y la libertad,
recordadle al hombre que quiero
que venga a mi reja por la madrugá’.
Que mi corazón,
se lo entrego al momento que llegue,
cantando las penas que he pasado yo.

En 1924, con el mismo canto popular, el compositor Manuel López Farfán realizó una marcha procesional llamada Pasan los campanilleros.

* La Niña de la Puebla (foto de Paco Sánchez©).

Lunes, 16 de Diciembre de 2013 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Tres años sin Enrique

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No quiero dramatizar ni me apetece meterme en detalles escabrosos de su ‘mala muerte’, pero hoy se cumplen tres años desde que desapareció el maestro Enrique Morente.

Maestro puesto a conciencia, pues sin querer, sin darle importancia, nos enseñaba continuamente, a sus hijos, a sus amigos, a los más distantes y hasta a sus detractores. Nos enseñaba y sigue dándonos lecciones desde sus discos y declaraciones, desde sus anécdotas y el recuerdo. Porque Enrique era un hombre grande en todos los sentidos. Porque la mayor característica de la grandeza es la humildad. Y humilde era como pocos. Tan sólo verlo tratar con la gente por igual sin atender a su condición, tan sólo verlo con el chándal guardando cola para comprar el pan en la plaza Mariana Pineda, tan sólo verlo conducir en ese coche más pequeño que él, tan sólo asomarse a los bares de madrugada con doce o trece y decir si podían tomarse una copa, tan sólo ir de gira y contar en su cuadro con los más necesitados, tan sólo verlo escuchando a cualquier flamenco, a cualquier músico, a cualquier artista y tomar nota de ello, tan sólo el cantar de forma altruista por una buena causa, tan sólo el intento de colaborar con todos en la grabación de sus discos, tan sólo en la estela tan grande de dolor y admiración que ha dejado, que son miles de seguidores por todo el mundo, que son miles de aficionados que se han acercado al flamenco por él.

Lo recuerdo constantemente y su trabajo es mi música de cabecera, como de libros tengo a Cunqueiro o a Borges. Pero lo recuerdo con alegría, no porque se haya ido, sino porque lo he conocido, porque nos ha dejado un gran legado, como músico y como persona, porque cuando dos o más hablamos sobre él nos parece que estuviera presente, que en un momento dado iba a aparecer por una esquina, con su sonrisa permanente que achica aún más sus ojos y con su pelo rebelde.

Algunas fotos y detalles guardo de Morente entre mis cosas, pero he querido poner la entrada al Primer Concurso Flamenco de Maracena, con él como artista invitado. Tiene mil años. Mi flaca memoria no alcanza a decir la fecha exacta (si alguien que me lea la sabe, rogaría que me la dijera), aunque no sería difícil averiguarlo. Quiero llamar la atención en dos detalles. El primero es que es la entrada número uno (0001). Llegué a la taquilla con tiempo necesario para ocupar el primer lugar y poder escuchar al maestro. Todavía no me ocupaba del flamenco y ni por asomo pensaba que iba a ser crítico o algo parecido. En segundo lugar, derivado del primero, es que como es la entrada número uno (0001) pedí que no me la rasgaran para conservarla de esta guisa.

Ya sé que no es suficiente, pero este es mi pequeño homenaje.

Viernes, 13 de Diciembre de 2013 10:16 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.


Fandango

No sé lo que has comprendío
de lo que te he comentao
que en cuestiones de flamenco
pocos son los entendíos
y muchos los enteraos.

Miércoles, 11 de Diciembre de 2013 23:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Poveda por los pelos

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Sin saberlo, los Encuentros Flamencos de Granada terminaron con la actuación de Juan Andrés Maya y Farruquito, el jueves y viernes pasados, pues la presencia de Miguel Poveda no pertenecía a dicho festival, con lo que nos sentimos engañados, y al concierto de Argentina no pudimos entrar (asombrosamente los críticos no estábamos acreditados) lo que redundó en nuestra decepción.

Desde hace años, estos Encuentros, por unos u otros motivos están enrarecidos y, si hay suerte, de ellos sacamos un sabor agridulce que perdura.

Según cartel y promoción, me encaminé al auditorio Manuel de Falla el sábado, 7 de diciembre, confiado como de costumbre. Me extrañó no ver gente en la puerta por mucho frío que hiciera. No sólo había comenzado el recital media hora antes de lo anunciado, sino que mi nombre no estaba en la puerta.

En ese momento me enteré de que el cantaor catalán venía por su cuenta y riesgo, con su personal y su equipo y que no tenía nada que ver con el festival de marras. Con todo y con eso nos dejaron entrar en una esquina que roza el cielo. Desde el palco cinco no sólo se ve sesgado y parcial, sino que el sonido es deficiente.

No pensaba escribir por la afrenta, pero la segunda bofetada sin haber volteado la mejilla terminó por decidirme. No me importa no asistir al concierto de Poveda o el de la onubense, pues ya los he visto y los seguiré viendo, lo que es inadmisible es que se juegue con unos profesionales de esta manera, haciéndonos perder el tiempo y las ganas, partiéndonos el fin de semana y ninguneándonos de esa manera. Más vale que no nos hubieran hecho caso desde un principio, que nos dijeran que no querían cámaras ni críticos y que preferían seguir manteniendo un festival provinciano. Y todo esto con la connivencia feliz de nuestro Ayuntamiento, que no se entera por dónde van los tiros de la cultura.

Miguel Poveda por su parte, excelente. Es un cantaor todoterreno. Es el flamenco más en forma de nuestro país. Capaz de llenar estadios y aplaudido por todos, de ahí su versatilidad.

Como digo llegué tarde y no tomé nota. De todas formas, destaco una primera parte y un colofón eminentemente flamencos. Una de las bazas que atildan a este catalán, hijo de emigrantes levantinos, además de su bella voz, siempre afinada, es el respeto a sus mayores y el fiel remedo a los grandes, no sólo del flamenco, también de la copla y del tango.

Así, tras unas espléndidas alegrías, malagueñas, abandoladas por rondeñas y fandangos lucentinos, y sobre todo por una impresionante soleá, acompañado con la guitarra de Carlos Grilo, uno de sus palmeros, y no su habitual ‘Chicuelo’, le dedicó a su padre unos cantes de levante especialmente sentidos.

Seguidamente interpretó un popurrí sobre los poemas por bulerías de Lole y Manuel.

Las notas a piano de La niña del Albaicín por el maestro Joan Albert Amargós, anuncian una segunda parte de copla (hay que agradar a todos los públicos). A su final se pronunció sobre el error garrafal de anunciarlo en un cartel sin haber contado con su participación). Y remató brindándole un reconocido homenaje a Enrique Morente, con un fandango muy musicado y una recopilación por bulerías.

Tuvo tiempo también, en el apoteosis final de adelantarnos el villancoico Los campanilleros, coreado por el público más avanzado.

El fervor de un público, no demasiado flamenco, y el aroma del ambiente concatenaron un prolongado fin de fiestas donde no paró de bailar.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 12:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Maya versus Farruquito

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Si fuera una confrontación, Farruquito habría ganado por goleada a Juan Andrés Maya, el visitante se hubiera alzado con el triunfo ante el equipo local. No obstante el listón estaba alto. No obstante, tanto uno como otro, levantaron pasiones.

Improvisao se llamó el concierto y supongo que de improvisado algo tendría, pero lo que es la esencia, el guión principal, lógicamente venía aprendido. Quizá la idea, como en el jazz, sería recrear sobre una base, sobre ese continuo que sirve de estructura.

Tras una presentación por seguiriyas donde cada cual expuso sus credenciales e incluso se hicieron guiños combinados, cada uno se hizo cargo de su espectáculo, con su cuadro independiente, inundando el pensamiento de que compartirían la escena al menos en algunas piezas.

La primera parte, larga a mi parecer, la ocupó Juan Andrés y los suyos. Comenzó por tarantos, que remató por tangos y un poquito por Huelva. Esta primera entrega fue discreta y levemente redonda. Destaco, como no, su juego de pies y el aire de sus manos, el intento de totalidad y la complicidad con el público, su público.

Para hacer tiempo a que el bailaor regrese con nuevos bríos, se le hace un favor desafinado al No me lo creo de Parrita.

Y, ahora sí, con exceso de minutaje, Juan Andrés Maya aborda una soleá donde saca muestra todas sus cartas. Da lugar al torbellino, a la belleza y al asombro; pero también a la teatralidad inquieta y al remedo de sí mismo. Más suelto (¿resuelto?) llegará a las bulerías que le sirve de fin de fiestas, donde invita a darse una ‘pataílla’ a sus jaleadoras con algún altibajo.

Un breve descanso no anunciado recibe a Farruquito por alegrías con traje inmaculado. Su cuadro es otro: compacto, seguro y efectivo. Con cuatro cantaores, dos guitarras y un percusionista, su espalda está segura.

Juan Manuel Fernández Montoya tiene una agilidad precisa, un buen concepto del espacio, un braceo varonil, una verticalidad envidiable y una música reconocible en los pies. Todo lo cual redunda en su elegancia innata.

Juan Requena, uno de sus guitarristas, plantea bulerías de peso, mientras el sevillano se cambia para reaparecer por soleá, en la que trasciende su herencia y la longitud de su sombra, a pesar, él mismo lo confesó, de sentirse afectado por el frío de Granada.

* Farruquito por soleá (Joss Rodríguez©).

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 11:13 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Imágenes de sus mayores

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Los retratos de Carmen Amaya, Mario Maya, Manolete y Juan Andrés Maya presidiendo la escena presagiaban en torno a quién giraba el espectáculo a pesar de llamarse Savia nueva. Savia nueva pero de un innegable tronco que les da sustento.

Una solea por bulerías sirve de presentación. Karime Amaya, Iván Vargas y Alba Heredia descubren sus cartas y prometen su entrega como si fuera su última noche.

La canora guitarra de Luis Mariano queda sola sobre las tablas que, tras una armónica introducción, recibe a Iván Vargas por farrucas. La pieza es reconocida. Son los compases que han acompañado desde siempre a Manolete. Pero ya no es la farruca del maestro del Sacromonte, sino la farruca de Iván Vargas, con su sabor personal, con su poquito de lo aprendido y lo mucho de su sangre; con seguridad en su braceo y unos pies de los que ya no tiene que preocuparse; con su rabia Maya, pero son su delicadeza en flor. Lástima los recursos repetidos. Lástima ese rasgueo final en la guitarra de Luis Mariano que ya hemos visto cien veces este año.

Los brazos son sellos indiscutibles de esta saga familiar. Desde el abuelo Raimundo, pasando por todos y cada uno de los Maya, de los Heredia, el vuelo de las manos es todo un espectáculo. Son palomas que sacuden sus alas después de un baño ligero. Posiblemente, empero, quien hereda y concentra, como en un caro perfume, esta habilidad, es Alba Heredia, la más joven de la casa. Alba nos propone seguiriyas con bata de media cola a la que no le sacó el partido deseado.

En Alba hay que pensar a largo plazo. La siembra de una buena semilla, el buen abonado y el buen regadío, auguran una buena cosecha.

De quien se acordará es de su tío Juan Andrés (incluyendo su histrionismo), con detalles personales. ¿Quién negaría sus caídas tan sacromontanas? ¿Quién negaría su baile completo, de pies a cabeza? ¿Quién negaría su estampa? Las muecas de su boca, sin embargo, afean indeciblemente su figura.

Después de una rueda por tonas por parte de los cantaores Manuel tañe y Simón Román, vuelve Alba Heredia, con chaqueta y pantalón blancos, homenajeando a Carmen Amaya por tarantas, arropada por la guitarra Justo Fernández ‘Tuto’. El público agradece sus dotes y su entrega, y así se lo expresa. Grandes sorpresas nos aguardan

Por último Karime Amaya, descendiente de la gran Carmen, a quien ya vimos en el Corral del Carbón, se destapó por soleares. Su baile es redondo y efectivo. Tiene un cierto regusto añejo y un juego de pies vertiginoso.

Todavía Iván Vargas, antes de terminar, apostó por alegrías en una pieza ya conocida donde se acuerda de Mario Maya y combina con guiños a Manolete.

Se despiden todos juntos por rumbas. Pieza que sirve tanto de saludo como de agradecimiento. Son gitanos. Son savia nueva.
* Foto: Joss Rodríguez©.

Sábado, 07 de Diciembre de 2013 10:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El sello de una casta

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XIV Encuentros Flamencos de Granada 

Existe un paralelismo entre la familia de los Farruco y la familia de los Maya: la fuerza o, si quieren, la furia. El primer día del festival de otoño estuvo ocupada por una representación de los sevillanos (Herencia), al igual que el segundo día estaría cubierto por los granadinos (Gitanos: savia nueva), para terminar el jueves y el viernes con el ‘patriarca’ de los dos clanes, Farruquito y Juan Andrés Maya.

Con más de medio aforo y una expectación proverbial comienzan los sones de las bulerías primeras, donde el Carpeta, el más pequeño de los Farruco, y Barullo, trajeados de plata, no dan respiro al aire que los envuelve y derrochan zapateado y compás, con su baile macho de pura raza. A los postres, cuando la fiesta se asoma a Extremadura, hilvana la Farruca, algo más comedida, estos jaleos finales.

Tras un solo de guitarra de Juan Requena, acompañado de percusión, vuelve Manuel ‘el Carpeta’ por alegrías, levantando verdaderas aclamaciones de pasión. Este joven bailaor se ha criado en el escenario y en él, como pez en el agua, se desenvuelve a la perfección. Domina el espacio y racionaliza su quehacer, a pesar de su energía desbocada y vertiginosa, a veces altanera.

Sin embargo, pocas veces, congela su acción y explora el camino que saborean sus mayores. Es cuando se entiende la madera, cuando lo que vemos, además de relucir, a la larga puede pesar varios quilates.

Su primo, Juan Fernández Montoya ‘Barullo’, lo sustituye en las tablas bailando por seguiriyas. El sello es el mismo, el ADN innegable. Parece que cuando baila alguien de de la saga Farruco es como si bailaran todos los demás, que son una extensión de su abuelo, a quien homenajean de continuo. De hecho, cuando termina la pieza, Barullo mira hacia arriba como brindando o agradeciendo. Su baile es radical, con brío y espectáculo, lleno de poses y efectismo. Tiene momentos de verdadero pellizco.

Manuel de Tañé, Quini de Jerez y Mara Rey, los cantaores, abordan unos tangos occidentales bastante aclamados. Esta vez sin baile.

La soleá anuncia un momento grande. Rosario Montoya ‘la Farruca’, la madre del clan, con arte y poderío, sale a escena vertiendo su caudal. Es un baile más repensado y lleno de expresión que, cuando estalla por bulerías, contempla igualmente el desenfreno. Sin duda, aunque breve, la mejor entrega de la velada.

El fin de fiestas por bulerías pone fin, o puntos suspensivos, a una noche que sin lugar a dudas les pertenece.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Jueves, 05 de Diciembre de 2013 10:22 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Perrateterías en Algeciras

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Homenaje a Perrate y Perrata de Utrera

El último viernes me escapé. Invitado para asistir a la entrega de la XXI Palma de Plata en Algeciras, decidí casi sin pensar invertir tres horas de carretera para ir y otras tantas para volver sólo para asistir al reconocimiento de los Perrate, una saga utrerana de arte indiscutible.

El festival en sí, lo digo desde un comienzo, fue mediocre, pero tuvo un punto de emotividad para tener en cuenta y sobre todo un sabor diferente al flamenco habitual que en mi cercada Granada puedo contemplar.

Se trataba de, a través de sus hijos, reconocer el trabajo impagable del Perrate de Utrera y de su hermana María la Perrata. Descendiente directo de José, estuvo presente Tomás de Perrate y su hermano Adán, que recogió el galardón. Por parte de María estuvieron Inés Bacán, Mari Peña y, como apoyo imprescindible, Tere Peña, hermana de Pedro Peña y Juan Peña ‘el Lebrijano’.

Como guitarrista único (como en los festivales de antaño) compareció Antonio Moya, con buen pellizco, soltura y complicidad con todos los artistas.

Mari Peña abrió la noche por tientos, después hizo soleares y alegrías de Pinini, con algunas cositas destacables. De Inés Bacán sorprende su eco tan flamenco. Comenzó con fandangos, para desembocar en lo jondo de una soleá y rematar por seguiriyas.

Tomás de Perrate, creo que se templó con soleares (no tomé nota y no recuerdo muy bien). Su sola garganta, la cadencia tan especial que tiene su voz y el soniquete que lo envuelve, ya son cartas a tener en cuenta. Continúa por seguiriyas, con más ganas que eficacia, y termina con las bulerías ‘arremansás’ que impone su sello.

Como fin de fiestas, toda la familia proponen se van por fiesta.

Tras el ‘acto protocolario’, dirigido por Manuel Martín Martín, que ha ido haciendo de presentador, de entrega de la Palma de Plata, y de un breve descanso, la segunda parte la ocupó el bailaor local David Morales, haciendo un resumen de su trayectoria. Lleno de ideas, no termina de convencer el concepto de su baile, en el que destacaría algunas cosas. Sorprende el gusto de prescindir de la percusión (caja, pandero, tinaja y tambores varios) a favor de la palma desnuda. Su dominio del espacio también es loable. Pero aplaudimos sobre todo al tocaor que lo acompaña, Dani Casares, que, siendo un guitarrista de concierto, arropa sin fisuras; que, asomado a la vanguardia, suena flamenco a cada paso.

 

Lunes, 02 de Diciembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La copla andaluza

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Antes de la literatura escrita, antes que el hombre supiera escribir si quiera, y aún siendo conocedor de la letra y de la pluma, existía una memoria colectiva que iba pasando a través de las generaciones de forma hablada.

Casi todos los cuentos de antaño que conocemos se los han contado a nuestros padres y a los padres de estos hasta perderse en las nieblas de la historia. Muchas narraciones, poemas, novelas o antologías no son originales, sino recreaciones de aquella anécdota primigenia que dio pie a explicar, por ejemplo, algún suceso o fenómeno de la naturaleza o la razón para ejecutar cualquier sentencia.

La literatura oral, huelga repetirlo, ha sido el germen de nuestra civilización sensible. El hombre avanza porque recuerda. El hombre es social, entre otras cosas, porque al calor de la lumbre ha escuchado las verdades de los viejos, la disciplina del chamán, la comicidad del bufón.

Pero este recuerdo colectivo sería materialmente impensable sin una doctrina, sin el apoyo de una cantinela. La épica, los epinicios, toda la lírica sigue un sistema nemotécnico que alimenta la remembranza a base de música.

La tabla de multiplicar o las oraciones de misa, y aún la lista de los reyes godos, las aprendíamos en la niñez con esa cantinela, con un ritmillo machacón que ayudaba a concatenar las palabras y las frases con asonancia.

El pueblo andaluz, desde muy joven, ya practicaba el arte de la poesía. Se cuenta que la civilización perdida de Tartessos confeccionaba sus leyes de forma rimada.

Así se han ido creando cantares y repertorios. Así se han ido compilando cancioneros y gavillas de letras para dejar constancia.

Alguien dijo recientemente que se calculaban en ochocientas mil las coplas andaluza, de ellas unas doscientas mil en pleno uso. No puedo garantizar la veracidad de esta cifra, pero si buscamos, el pozo de la letra popular carece de fondo.

Y aquí está la palabra clave: popular. En lo popular se asienta nuestra sabiduría. El poema, la letra, la copla salida del pueblo tiene la simple grandeza de un monumento.

Bécquer escribía en El Contemporáneo: “la poesía popular es la síntesis de la poesía. El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades”.

Manuel Ríos Ruiz, en Introducción al Cante Flamenco (1972), va más allá diciendo que “la copla que no hace el pueblo, difícilmente la canta el pueblo”.

Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena: “si vais para poetas cuidad vuestro folklore. Por­que la verdadera poesía la hace el pueblo. Entendámonos: la hace alguien que no sabemos quien es o que, en último término, podemos ignorar quién sea sin el menor detrimento de la poesía.

Pienso, lo he dicho bastantes veces, que lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte. La misma idea encuentro en un prólogo que con el tiempo (agosto de 1969) hizo Borges a Luna de enfrente, una obra de juventud de 1925. En él escrbía: "Poco he modificado este libro. Ahora, ya no es mío".

Estaba con Juan de Loxa, hará cinco o seis años, viendo un recital de cante. Cuando el cantaor abordó las alegrías, Juan me dijo: “Qué gracioso. Esa letrilla es mía”. Cantaba eso de: ¡Pan y trabajo! / Siempre se escapa el tiro / pa los de abajo. // ¡Que mala pata / no les saliera el tiro / por la culata!

Martes, 26 de Noviembre de 2013 20:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las seis cuerdas de un piano

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Falla por Cañizares 

Desde que en 1991 Juan Manuel Cañizares colaboró como segunda guitarra en el Concierto de Aranjuez de Paco de Lucía (al que acompañó durante diez años) la música clásica entró de lleno en el ideario musical del guitarrista catalán. 

En 2008 edita la Suite Iberia de Albéniz y en 2012 Goyescas de Granados. Para este año, centenario del estreno de La vida breve, Cañizares se propone transcribir una trilogía sobre Manuel de Falla. Los dos primeros trabajos, El sombreo de tres picos y La vida breve, ya ha visto la luz. El tercero, El amor brujo, saldrá en abril.

Dentro de los ‘XIX Encuentros Manuel de Falla’ que organiza la Fundación de su mismo nombre y el Ayuntamiento de Granada, se programa, como estreno mundial, la presentación del trabajo discográfico mencionado.

Cañizares divide el concierto en dos partes. La primera clásica, donde interpreta a Falla. La segunda flamenca donde desgrana su disco de 2010, Cuerdas del alma, y algún tema más de su discografía anterior.

Tres momentos igualmente definen la primera parte. El primero de ellos son Siete canciones populares españolas, donde expone temas en general de exquisita brevedad. El paño moruno se saborea de forma familiar y, su final buleaero es agradecido. Se echa de menos la voz. Como segunda guitarra, remarca su sombra Juan Carlos Gómez, llevando el peso de la base, la gravedad en la contienda y haciendo de vez en vez sus escapadas en solitario. Esta primera canción, junto a la Seguidilla murciana y a la Jota (de más amplio minutaje), está acompañada por las castañuelas de Charo Espino y de Ángel Muñoz, que también harán de palmeros y bailaores cuando se precise.

Una Nana y una Canción dejan paso a un segundo momento muy aplaudido. Se trata de la Danza de los vecinos, con claro protagonismo de la segunda guitarra, y de la Danza del molinero, donde Ángel mete los pies. Las dos pertenecientes a El sombreo de tres picos.

De La vida breve se abordará solamente la Primera danza española, ilustrada con el baile de Charo. Los bailes de estas piezas clásicas son parcos y precisos, resaltando el juego de tacón punta y algún elemento percusivo más.

Cañizares no ha tratado de trasladar literalmente el piano a otro instrumento. La guitarra suena guitarra y, a fuerza de arpegios y notas intermedias, ha hecho suya las composiciones, logrando un sonido tan espectacularmente delicado que firmaría sin condición el maestro gaditano.

Después de un descanso más largo de lo deseado, el cuadro se transforma en flamenco, que arranca con Añorando el presente, una pieza un tanto libre, con sonidos fandangueriles, cercana a la granaína, que Cañizares dio simplemente por llamar ‘fantasía’.

Le siguen unas bulerías (El abismo), del mismo disco Cuerdas del alma, y unas rumbas (Lluvia de cometas), de Noches de imán y luna (1997) de clara influencia del maestro de Algeciras. En realidad, las maneras y el concepto musical de Paco de Lucía, descansan conceptualmente en este guitarrista.

Volvemos al trabajo de 2010 con las guajiras Mar caribe que baila con corrección Charo Espino; con las rumbas que le dan nombre al disco; con la bella balada Lejana; con las alegrías Collar de perlas, donde hay momentos cercanos al folk, con un somero paso a dos; y con Palomas, el sabroso vals con que termina el espectáculo.

Lunes, 25 de Noviembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

De la zambra al duende

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Latidos del agua

Hay veces que siento que este blog no llegue más lejos, que mis artículos no tengan un eco definido. Y no por la columna en sí, sino por su protagonista, por la persona o personas que lo sostienen.

Patricia Guerrero, una de las tres o cuatro bailaoras imprescindibles en el flamenco actual granadino, después de muchas colaboraciones y actuaciones en general, estrena en Granada su primer espectáculo de envergadura. Una obra completa, coherente y sensible donde la bailaora, como tantas otras, se hace empresaria, haciéndose cargo también, además del baile, de la coreografía y de la dirección. Sorprende que, una primera incursión de este tipo, en una chica tan joven, aparte de algún problema de ritmo, sea tan acertada y redonda.

El referente es el compositor Ángel Barrios. La excusa Granada y sus aromas a través del agua. Dicen que un invidente que visite el Albaicín o la Alhambra se podría orientar sólo por el sonido de sus aljibes, manantiales y regueros.

Patricia, a boca de escenario (bello y exclusivo, a pesar de la simetría), con aire moruno comienza a ser fuego con una danza cercana a oriente mientras unos compases de piano (Alejandro Cruz Benavides) le dan paso al Trío Albéniz (José Luis Recuerda, bandurria; Ismael Ramos, laúd; José Armillas, guitarra) para que arranquen los primigenios sonidos de Granada cuando se asoma a la zambra. Se va sucediendo la danza árabe y la trova, el recuerdo y la perspectiva, el pandero y la guitarra, la Albaycinera y el Zacatín.

Y, entre medias, la bailaora nos sorprende cantando y recitando. Es delicada y segura. Es una apuesta vencedora que te advierte que el arte casi nunca es huérfano. “El cante es agua de manantial”.

Al Trío Albéniz lo sustituye un inspirado Luis Mariano a la guitarra y un correctísimo Miguel ‘Cheyenne’ a la percusión, una efectiva pareja (marchamo de calidad donde estuvieren).

El piano aborda una guajira que canta David ‘el Galli’, con la voz algo tomada y con el volumen en su contra. No obstante, estos cantes aflamencados no son las aguas en que mejor nada el cantaor moronense.

Otra sorpresa vino de la mano del artista invitado, Arcángel, que por momentos, con el brillo de su voz siempre afinada, ofuscó el fulgor de la artista.

Nueva incursión de piano por Barrios, toná y seguiriya, cantada por Galli, donde Patricia hace quizá su mejor entrega, donde se aprecia el conjunto de manos y pies, hombros y cintura, rostro y expresión, para decirnos que sobre todo es bailaora.

Un poquito por tangos de Granada no podían faltar. Con su roneo preciso, anuncian la recta final, que viene en forma de petenera, conducida nuevamente por el onubense que interactúa de a ratos con la bailaora con bata de cola en una especie de estático paso a dos. Patricia es esencia serena. Parece que cada uno de sus pasos esté destinado a acariciar las sensibles entrañas de quien la observa.

Termina de nuevo acordándose del compositor granadino, de sus últimos días, de su querido Ravel (Daphnis et Cloé) y de su deseo de “cuando llegue a Granada, nada de penas. ¡Que bailen los gitanos!” por bulerías.

* Foto Antonio Konde©.

Domingo, 24 de Noviembre de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La limpieza de Javier Barón

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Barón 

Hace días que ya vimos el espectáculo de Javier Barón, que lleva su mismo nombre como título, dentro del ciclo ‘Flamenco de Orilla a Orilla’ que organiza el Instituto Andaluz de Flamenco en colaboración con la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias y la Dirección Regional del Ministerio de Cultura de Marruecos de la Región Oriental.

Entre una serie de conferencias ilustradas, que han abarcado varias semanas, se incluyó el 5 de noviembre, en el teatro Alhambra un recital de baile a cargo del veterano Javier Barón.

El bailaor, de Alcalá de Guadaíra, se arropó con un cuadro sevillano que se puede decir que en estos momentos está en la cresta de la ola. A la guitarra estuvo Juan Campallo y, a la percusión, José Carrasco, dos grandes músicos que pertenecen a sagas reconocidas.

Como artista invitado, al cante estuvo uno de los artistas del momento, José Valencia, reciente ganador del ‘Mejor disco de cante revelación’ por su trabajo Sólo Flamenco de los premios ‘Flamenco hoy’, concedidos por la crítica especializada. Valencia posee una de las voces más cotizadas del momento para el cante de atrás. Su dominio de los estilos, la potencia de su garganta y el temple de su condición lo avalan igualmente para la exposición igualmente en solitario a boca de escenario.

Javier, Premio Nacional de Danza 2008, como nos tiene acostumbrados, propuso un espectáculo lleno de finura, limpieza y elegancia, sin aristas y muy de su estilo (tanto que a veces nos resulta repetido). Domina el escenario y domina el equilibrio, la verticalidad y el vértigo preciso de sus pies, aunque sus manos no siempre resulten tan provechosas.

Comienza la noche con unas bulerías, que se ralentizan en su ecuador, para pasar de esta soleá nuevamente a la fiesta. José Valencia, garantía para cualquier bailaor, se abre paso por levante (tarantas y levantica) y abandolaos en solitario, para rematar por tangos, una pieza agradecidamente breve, que rubrica Barón como si se tratara de un exquisito bocado en la merienda.

José Carrasco, que lleva el latido del flamenco en las venas, hoy por hoy es de la media docena de percusionistas a tomar en cuenta. Su imprescindibilidad radica en su moderación. Un tema de percusión nos dimensiona su poder.

Juan Campillo, habitual como sus compañeros en esta plaza, nos repite con su guitarra las sutiles rondeñas que nos propuso en el Corral del Carbón este verano.

La velada acaba con esa olla gitana, tan del gusto de los bailaores actuales, donde todo cabe. Por cantes de labor a palo seco comienza esta entrega. Valencia es preciso y seguro en la plaza cuando se encuentra solo. Lástima que no se entendiera con la guitarra en los primeros acordes que se convierten de inmediato en cantiñas (mirabrás, alegrías, alegrías de Córdoba) y más tarde en seguiriyas, de los mejores momentos de Barón, para rematar de nuevo sin guitarra, con un martinete, e irse definitivamente con el macho de la seguidilla.

Una buena noche, llena de aplausos y agradables detalles, pero quizá falta de pellizco.

* Foto de Antonio Konde©.

Lunes, 11 de Noviembre de 2013 10:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Premios Flamenco Hoy 2011 y 2012

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La Asociación de críticos y analistas del flamenco, a la cual pertenezco, todos los años concede una serie de premios a los artistas más destacados del curso anterior en diversas modalidades. Como si fuese los Max de teatro a los Goya en el cine, de forma más modesta, se orquesta una ceremonia donde, con vestidos largos y gran ilusión, se reparten estos galardones.

La crisis nos llega a todos y, cómo no, afecta también al flamenco y a sus ritos no popularizados. Tanto es así que el año pasado no se pudieron conceder las estatuillas. De modo, como la lotería nacional, se acumularon para tiempos de bonanza. La situación no ha cambiado, pero con esfuerzo y voluntad, el próximo miércoles, 6 de noviembre, en el Tablao ’Cantares’ (antiguo ’Corral de la Pacheca’), en Madrid, tendrá lugar dicha entrega.

La idea que era cada año el acto Flamenco Hoy se realizara en una ciudad diferente. De hecho, aparte de en la capital, hemos estado presentes en Cádiz, en Jerez o en Córdoba. El año pasado se iban a realizar en Granada pero, por falta de apoyo institucional, se tuvieron que suspender. Este año estaba todo previsto para realizar la ceremonia doble en el Teatro Guerra de Lorca, Murcia. Cuando estaba todo listo y prácticamente cerrado, unilateralmente, hace escasamente dos semanas, el ayuntamiento de dicha localidad, reculó y quemó el contrato por razones presupuestarias. Por lo que, con todo el trastorno que conlleva, se ha tenido que devolver la gala a Madrid.

Las categorías y los premiados de ambos años respectivamente son los que siguen:

1. Mejor labor de promoción del flamenco: Festival Flamenco ‘Bankia’ (Cajamadrid) y ‘Corral De La Morería’.

2. Mejor labor de difusión del flamenco en medios: Alfredo Grimaldos y Deflamenco.com.

3. Mejor libro: Curro Albayzín (Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte) y Paco Roji, Ramón Soler Díaz y Paco Fernández (La Repompa de Málaga).

4. Mejor DVD: Carlos Saura (Flamenco, Flamenco) y Miguel Poveda (Real).

5. Mejor bailaor: Israel Galván y Manuel Liñán.

6. Mejor bailaora: Olga Pericet y Mercedes Ruíz.

7. Mejor productor de disco: Arcángel (Quijote de los sueños de Arcángel) y José Quevedo ‘Bolita’ (Un viaje por el cante de Argentina).

8. Mejor disco instrumental: Pablo Rubén Maldonado (Fuera de la realidad) y David Peña Dorantes (Sin muros).

9. Mejor guitarra de acompañamiento: Miguel Ángel Cortés (de los dos años).

10. Mejor disco de cante revelación: José Anillo (Los balcones de mi sueño) y José ‘Valencia’ (Sólo Flamenco).

11. Mejor disco de guitarra solista: Juan Manuel Cañizares (Goyescas. Granados por Cañizares) y Dani ‘De Morón’ (Cambio de sentido).

12. Mejor disco de cante: Arcángel (Quijote de los sueños) y Argentina (Un viaje por el cante).

13. Premio especial: Merche Esmeralda.

Enhorabuena.

Lunes, 04 de Noviembre de 2013 12:15 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Los aires de Alberto López

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Sería por el limitado eco; sería por la abundancia de ofertas en Granada el sábado pasado; sería por el partido de fútbol, droga y circo de las masas, anunciado para ese día; el caso es que nos vimos en el teatro Isidoro Maiquez de CajaGranada como en familia para escuchar la propuesta de Alberto López, joven guitarrista bastetano, que ha elegido su ciudad para presentar el espectáculo Siento.

Siento, como reza la promoción, “es un recorrido por los estados de ánimo de los que brota la inspiración y nace la música, y donde se fusionan los tres pilares del flamenco: toque, cante y baile”.

Con una técnica reconocible, seguridad en la pulsión y evidente brío, Alberto López presenta su espectáculo por granaínas, homenajeando a su tierra. Será el tema quizá más intimista. Desde este primer momento nos damos cuenta de su amplia visión compositiva y su riqueza en arpegios, que dotan a su guitarra de una pluralidad encomiable.

Inmediatamente después se le incorpora el resto del cuadro. Nada menos nueve jóvenes flamencos, con garra y anhelo, se la suman en escena. Son Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’ al cante; Alfonso Aroca al piano; Sergio de Lope a la flauta; Ángel Reyes al baile; Jesús Valero al bajo; Javier Rabadán a la percusión; y Juan Diego Sáez arropando con palmas y coros.

La segunda entrega son unos tangos introducidos por una generosa entrega a la percusión. Esta percusión es precisa y respetuosa, como pienso que debe ser, que suene como un latido de fondo, pero que no se imponga su presencia. Descubrimos entonces las voces de Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’. Voces flamencas y bien templadas que aportan su rol eficaz por separado que, sin embargo, cuando se juntan no casan como debieran.

Desde este primer momento se determina la propuesta coral de la obra. Alberto deja hacer y le ofrece protagonismo a cada uno de sus músicos, guardando incluso un segundo plano en algunos solos cegando su guitarra con sólo compás.

Las bulerías que le han servido de carta de presentación en Internet y después una soleá, tal vez demasiado larga, marcan el final de la primera parte. Para la soleá, y su amplia coda por bulerías, se presenta el bailaor de la compañía, Ángel Reyes, por primera vez. Buena técnica, compás y juego de pies tiene Ángel, aunque se repite por momentos y a su baile le falta reposo.

Después de un breve descanso continúa la actuación con un solo del guitarrista por unas tarantas de gran riqueza donde se multiplican las escalas y el mástil es aprovechado a conciencia. Unos tientos-tangos se proponen a continuación, donde descubrimos la flauta canastera de Sergio de Lope, verdadera sorpresa de la noche. Los guiños a Camarón y a Enrique Morente son continuos y el final es claramente un remedo respetuoso a Paco de Lucía.

Por alegrías termina la actuación. Por alegrías seguidas por unas originales bulerías por alegrías, acompañadas de baile. La introducción de la flauta en este tema final también es aplaudida, así como las voces, que llegan a acordarse de las composiciones casi fonéticas de Diego Carrasco, o el piano.

Con el público en pie se despide esta joven banda, esta joven obra, que destila frescura y verdad.

Martes, 29 de Octubre de 2013 10:58 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

‘Tributo poético’ de Miguel López

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La semana pasada recibí un disco de Miguel López que me llenó de ilusión. Miguel López es ese corredor de fondo del flamenco, imprescindible en una época, que se entrecorcheteó en su rincón jienense durante algún tiempo, quizá demasiado para nuestra flaca memoria, para después volver, hace unos años, con las fuerzas y perspectivas que la sabia madurez le impusieron.

Era habitual sobre las tablas, en los 70-80, compartiendo micrófono con Enrique Morente, a quien le dedica unos tangos (Encima de las corrientes), o con El Piki y escenario con Mario Maya (Ay jondo) o con Salvador Tábora (Quejío, Los Palos) o con los más prestigiosos tocaores.

Tributo poético tiene ese sabor de aquellos tiempos de vindicación y rebeldía, donde se cantaba a los poetas y se daba tribuna a esa estrofa comprometida que removía conciencias. Así se derrama con san Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Antonio Machado, Francisco de Quevedo, Juan José Amador, Miguel Biedma, Antonio Mata o José Ladrón de Guevara.

Más que flamenco es un disco aflamencado, con largura y sensibilidad, lleno de lágrimas y de quejidos, de amor a las formas musicales.

Producido por Pedro Sierra, en su sello La Voz del Flamenco, quien también se encarga de la dirección musical, está arropado por sus viejos amigos: Diego Amador, Paco y Miguel Ángel Cortés, Paco Jarana, Michele Iaccarino, José Luis Medina y su hijo, también llamado Miguel López.

Comienza el trabajo con Soy del Sur, que puede constituir todo un himno a nuestra tierra. Mario Maya musicó en su día Por aquellos, de Ladrón de Guevara, Poderoso caballero es don Dinero, de Quevedo, y La Gran pérdida de Alhama, un romance anónimo del siglo XVI.

También contiene una Nana y otros poemas aflamencados (11 cortes en total) hasta desembocar con Preludio, un poema de García Lorca, musicado por Morente. Acompañado exclusivamente con la cadencia del piano de Alberto Mira, está dedicado al entrañable vate Juan de Loxa, espíritu agitador de aquellos tiempos.

* Tributo poético se presentará mañana, 29 de octubre, a las 19,00 horas, en la Diputación de Jaén.

Lunes, 28 de Octubre de 2013 12:40 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Fin de semana flamenco en Granada

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Hace tiempo que quité de mi blog un calendario que se orillaba a la derecha donde hacía relación de todos los eventos flamencos y relacionados que se programaban en la provincia. Durante un tiempo (unos seis meses), los lectores antiguos se acordarán, di de baja esta bitácora. Al retomarla observé dicho almanaque y decidí prescindir de él, en parte por el trabajo gratuito que me llevaba y en parte por la existencia de este mismo calendario en granadaesflamenco, otra página más específica. Pero siempre he estado tentado de referir los acontecimientos flamencos que nos van llegando.

De esta forma, me gustaría comentar tan sólo un par de días en una agenda, llegando estos tiempos, siempre sobrecargada. Posiblemente no está todo lo que debería, pero todo lo que debería está.

Este viernes, 25 de octubre, en La Casa del Arte Flamenco, que ofrece flamenco a diario en dos pases (19:30 y 20:30), tendremos el baile de Adrián Sánchez y Ana Cali, acompañados del cante Sergio “El Colorao” y el toque Alfredo Mesa. Y el sábado a José Núñez y Vero “La India” al baile, arropados por el cante de Iván Vallejo y el toque del mismo Alfredo.

En los Jardines Soraya también tendremos espectáculo los dos días, también con doble función (20,00 y 22,30), con cena incluida, aunque lamentablemente no puedo especificar el programa.

La Diputación y la Universidad, desde el viernes pasado, llevan ofreciendo, en el Palacio de los Condes de Gabia, un ciclo de conferencias ilustradas muy interesante, llamado Flamenco y Cultura. Comienza a las 20,00 y, con el título “Paradojas del Modernismo. Flamenco, cultura popular y vanguardia artística”, estará a cargo de Pedro G. Romero.

La Sala Vimaambi, como viene siendo habitual, a diario ofrecen su espectáculo Raíz y Duende basado en el libro "El jinete del viento" de la poeta Maam, con cante (Marián Fernández y Miguel "El Poblao"), guitarra (Pablo Jiménez y Juan García "El Juani"), baile (Ana Leray, Marta Serrano, Alejandra Castel e Irene Rueda), percusión (Juan Córdoba y Rubén de Omara), piano (Manuel Biarnes), voz poética (Ángela Argote), pintura (Pedro Garciarias) y cinematografía (Vincent Biarnes).

En el Liberia tendremos sendas veladas flamencas. El viernes con Carlos Cruz al cante y Pepe Agudo a la guitarra. Y el sábado a Antonio Fernández al cante, Beatriz Remacho al baile y Josele de la Rosa y José Fernández a la guitarra.

LE Chien Andalou, también con flamenco a diario, hoy viernes presentan a Rudy Fernández al cante, acompañado de la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Inma Álvarez. El sábado cantará El Curro de la Chicuela, con la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Almudena Romero.

Esta noche también tendremos la conferencia y actuación de Juan Pinilla, y Paco Cortés a la guitarra, en la Peña de la Platería, a las 20,30.

Por último, en el teatro Isidoro Maiquez, a las 21,00, tendremos la presentación del espectáculo “Siento” del guitarrista Alberto López, acompañado por Bernardo Miranda e  Inma “la Carbonera” al cante, Alfonso Aroca al piano, Sergio de Lope a la flauta, Ángel Reyes al baile, Jesús Valero al bajo, Javier Rabadán a la percusión y Juan Diego Sáez a las palmas y coros.

Para no aburrirse.

* Alberto López en la foto.

Viernes, 25 de Octubre de 2013 10:31 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Sobre la vanguardia en el flamenco

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El flamenco es mestizo, nunca me cansaré de repetirlo. Andalucía ha sido siempre una encrucijada, un solar apetecible para todo viajero inquieto. Hay algo que atrapa a los atrapadores, creando un paisanaje que a la vez va atrayendo y sementando el nomadismo. Así, miramos nuestros ríos, nuestros bosques, nuestras montañas o nuestros mares y recordamos a fenicios y a tartesios, a griegos y a romanos, a vándalos, a visigodos y a bizantinos, a moros y a cristianos. Todos con sus anhelos civilizadores, todos con su poso cultural y su vitalidad emprendedora.

En el crisol de nuestra tierra se fue fraguando un sentimiento musical profundo hasta el siglo XV y posteriores. Cuando los gitanos, procedentes de la India, arribaron a la Península, encontraron esta riqueza cantora y la fueron asimilando a lo largo de los tiempos, hasta que en el siglo XVIII se tienen las primeras noticias de un preflamenco presto a ser pulido hasta la saciedad.

Si los gitanos no se hubieran establecido en el sur de España y no hubieran conocido la música que ya había no existiría el flamenco. Si Andalucía, de una u otra manera, no hubiera acogido al pueblo calé y hubiera ‘aplaudido’ el latido de su sangre no existiría el flamenco.

Poco a poco se fueron definiendo los decires del flamenco. La toná, la seguiriya o la bulería, se fue complementando con el tango, la alegría y el fandango, y de éstos a los cantes de las minas y a los cantes de ida y vuelta y al garrotín y a la farruca.

En cada momento, en cada época, el flamenco crece. Porque el flamenco es un patrimonio oral vivo y, como todo ser viviente, sufre cambios.

El flamenco no es una fortaleza inexpugnable ni un campanario aislado. El flamenco es un campo abierto, la cresta de una montaña, esa esquina del mundo donde van a parar todos los vientos. Ya lo decía José Luis Sampedro; “la vida se crece siempre en las fronteras”. Y la única forma de crecer es la vanguardia, el pionero que salta al vacío y hace caso a su corazón.

¿Hasta cuándo se puede considerar un flamenco de raíz? ¿Hasta que dejó de ser una manifestación tan sólo de los gitanos? ¿Hasta que la guitarra empezó a acompañar al cante? ¿Hasta que abandonó la intimidad de las casas y pasó a profesionalizarse? ¿Hasta que la ópera flamenca desvirtuó su esencia? ¿O hasta que Camarón de la Isla, sin saber muy bien lo que hacía, grabó La leyenda del tiempo?

Creadores ha habido muchos, la mayoría. El flamenco se fragua en cada garganta, en cada melisma, en cada mirada.

Dónde estaríamos si Paco de Lucía no hubiera abierto el mundo a su guitarra, sin los poemas por bulerías de Manuel Molina cantados por la voz siempre perfecta de Lole Montoya. Dónde estaríamos si Carmen Amaya no hubiera bailado con pantalones o Enrique Morente no hubiera grabado con un grupo de transmetal.

Pero nadie de los vanguardistas a los que me refiero han trasgredido la esencia del flamenco, nadie ha rechazado su primitivismo, nadie ha ninguneado a la Niña de los Peines.

Después hay unos aventureros del flamenco que rompen la tradición como si fuera vieja y no antigua, como si la patina fuera suciedad, como si el bronce no se reverdeciera con el tiempo. Y son esos modernos los que muchas veces se llevan el gato al agua y disfrutan de la falsa gloria hasta que llega un nuevo iluminado. Y son esos modernos los que muchas veces se creen paladines de la verdad y zancadillean a los reales vanguardistas, como apuntaba Antonio Machado en Juan de Mairena: “en política, como en arte, los novedosos apedrean a los originales”.

En el flamenco todo cabe pero nada sobra. El tiempo se encarga de limar las aristas y de allanar la pendiente donde el flamenco siga rodando.

* Lole y Manuel, en Umbrete, Sevilla, 1980.

Miércoles, 16 de Octubre de 2013 12:03 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Consejos a una joven bailaora

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Querida amiga, me dices que quieres bailar, que desde que viste a una bailaora transida sobre un escenario no piensas en otra cosa que ser como ella. Me dices que te has comprado unos libros y unos discos y que te has apuntado a una academia. Me dices que ya tienes tacones y ropa cómoda para los ensayos. Me dices que, cuando la bailaora bajó del tablao, no era nada extraordinario, que era un ser normal de carne y hueso, como tú o como yo, una persona de las del montón que camina por la calle, detrás de sus narices, como decía Shakespeare.

Torrente Ballester, en La saga/fuga de J.B., escribía: “El flamenco es un baile singular. No se aprende, se vive. No es una diversión, sino un sacerdocio, una cultura y la expresión de una realidad biológica. (…) He conocido bailarinas flamencas (…) Mujeres vulgares, incluso despreciables, que, al bailar, se trasforman en diosas”.

Me pides, por último, que te dé algún consejo para la ‘carrera’ que acabas de emprender.

Más que un consejo, a vuelapluma me alargaré dándote algunas recomendaciones que puede que te sean de utilidad.

No desfallezcas. El flamenco es una carrera de fondo. La técnica del pelotazo aquí no sirve. Cada paso lo tienes que ganar. Es fascinante el camino, como la Ítaca de Cavafis, y la meta incierta. No temas los escollos ni los tropiezos. Ni te nublen los aplausos. Al contrario. Sé humilde. Cervantes escribía en El Quijote: “la alabanza propia envilece”. No persigas la fama sino el reconocimiento. “La fama es el prestigio en calderilla”, nos recordaba Mario Maya. La grandeza de una persona suele ir emparentada con la humildad. Juanito Valderrama, cantaor enciclopédico donde los hubiera, decía que “la modestia es de burros y la falsa modestia de borrico garañón”. No busques el aplauso. Que el ‘ole’ sea espontáneo y decidido, nunca reclamado. La obligación de vitorear redunda en la mentira, que es el pozo más insondable en que un artista puede caer. Camina con la verdad por delante o cogido de ella de la mano. Sé sincera, que lo que tenga que llegar llegará. Y, en tal caso, sé agradecida, que es la primera muestra de esta humildad que te indico.

Escucha el cante. Debes saber de cante casi más que el cantaor que te acompaña. No dejes de estudiar y de aprender. Y, cuando estés en escena, párate a escuchar lo qué te cantan, cómo te tocan, y báilale al cuadro. Báilale a los músicos y no te cruces con ellos. Sigue su latido. Que bailando para dentro es como mejor se baila para afuera.

Así, actúa para todos y para nadie. Zeami va más allá: “olvida el espectáculo y mira al Nô; olvida el Nô y mira al actor; olvida al actor y mira la idea; olvida la idea y entenderás el Nô” (el Nô es una forma tradicional y mística del teatro japonés). Haz que te importe el público pero que te importe más el arte. Desentiéndete del espectador y baila, baila, baila. Es el mejor homenaje que se les puede hacer a tus seguidores.

Reposa tu cuerpo. Mario Maya afirmaba que “el baile flamenco no es fuerza bruta”. Es alarmante cuando un bailaor sale a escena como los toros a la plaza cuando abren el chiquero. El baile de arrebato es una demostración de energía a veces sin sentido.

Debes atender al silencio. “La danza no está en el paso, sino entre paso y paso. Hacer un movimiento tras otro no es más que eso, movimientos. El cómo y por qué se liga y qué se quiere decir con ellos, eso es lo importante” escribía Antonio Gades. A este respecto también leo en Jules Barbey D’Aurevilly: “Con la música ocurre lo propio que con la vida. En ambas resultan mucho más expresivos los silencios que los acordes” (que le pregunten a los Habichuela).

Sé consecuente con lo que estés bailando. Que tu atuendo, tu rostro y tus movimientos sean acordes con lo que quieres trasmitir. Cuenta tu historia. Baila de blanco unas alegrías, coge el abano en las guajiras, trasmite el drama de las seguiriyas.

Mueve todo el cuerpo. No bailes de cintura para abajo ni exclusivamente con los brazos. Todas las partes son importantes desde la punta de los dedos hasta las cejas, la mirada y la cintura. Levanta las manos y no peques de hombrera. Guarda el equilibrio. Busca la simetría. Lo que hagas con el lado derecho que lo puedas repetir con el izquierdo. Qué no te acusen de cojera.

No alargues demasiado tu actuación. No te repitas demasiado. Alimenta las ganas. Asegura el anhelo. Que tu baile sea una guinda, no un pastelazo.

Libérate. No estés pendiente de lo que haces. Cuando hayas aprendido olvida todo (comprende el Nô). Improvisa. Siente el momento. Que el baile no te pertenezca, pertenece tú a la danza. Es buena la técnica, pero mejor es la pasión. Hay que tener cuerpo, al que debes cuidar hasta el extremo, y cabeza, que te guíe y ofrezca razón a tu camino, pero también hay que poseer un corazón que lata y un paladar de gourmet, mucho paladar.

Aprende de tus mayores pero no quieras ser como ellos. Enrique Morente no quería ser ni como sí mismo. Se reinventaba continuamente. Imita todo lo bueno que veas. Quédate con los pies de alguien, con los giros de otro, con las manos de ella. Remeda escobillas y remates y desplantes pero sé tu misma. Lo que más se aprecia en el baile, en el arte en general, es tener un sello propio. Hablar un lenguaje especial. El público no va para ver más de lo conocido sino para descifrar un código cada vez diferente, aunque el emisor evidentemente sea el mismo. Valora los cambios de registro.

Busca líderes y maestros y déjate guiar y aconsejar por ellos, que cualquier padre quiere lo mejor para su hijo. El buen pedagogo pretende que su pupilo lo supere. Leonardo da Vinci lo expresaba diciendo: “¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!”.

Crea. A partir de lo que has aprendido investiga nuevos caminos. Deja las ventanas abiertas. Imprégnate de otras músicas de otras manifestaciones artísticas. Enriquécete con el clásico, con la danza española, con la escuela bolera, con el jazz, con el contemporáneo… pero no pierdas las raíces que son tu norte. La mayor vanguardia estriba en no perder de vista el pasado.

Domina el espacio. Una vez que tengas todo asegurado, piensa en conjunto. Piensa en toda la escena. Manda a tus músicos. Que no te pierdan de vista. Aprovecha cada centímetro de escenario, cada viento que corra.

Petronio en el Satiricón aconsejaba: Linque tuas sedes alienasque littora quaere, o iuvenis; maior rerum tibi náscitur ordo. Perdona el latinajo. Te lo traduzco: “Deja el lugar en que vives y busca otras tierras, oh joven; se te abrirán nuevos horizontes”. Vuela y ve otras maneras. Acude a otras plazas, a otras ciudades y aventúrate. No bebas siempre del mismo venero, aunque su agua sea fresca y buena. Piérdete para reencontrarte. Que un artista sin alas es una comida sin condimento.

Por último, o para terminar de empezar, te diría que ensayes, que le dediques horas a tu labor y que no pares de entrenar. Por muy sabido que tengas un número, la repetición es lo que te lo asegurará. Es la única manera de avanzar. No des nada por sentado.

Pero si no tienes madera, que es como no tener savia, que es como no tener duende, que es como no tener gracia, que es como no tener algo, que es como no tener arte, querida amiga, dedícate a otra cosa.

* Carmen Amaya en la foto (perdonad la evidencia).

Sábado, 12 de Octubre de 2013 11:19 volandovengo #. Flamenco Hay 23 comentarios.

Hacia dónde vamos

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Reflexiones sobre la universalidad del flamenco

El flamenco, con derecho, es Patrimonio Oral de la Humanidad declarado por la UNESCO. Ahora hay que mantener ese status. Debemos estar orgullosos por lo que nos toca. Es un derecho innegable que este arte de Andalucía, España y la Humanidad, como dice nuestro himno, sea reconocido como un monumento a la creación popular y a un estilo de vida muy particular. Porque el flamenco es un sentimiento que se extiende por el mundo. Al decir de muchos entendidos (¿de todos?), es una de las músicas más ricas que existen.

Puedo excusar a la Junta de Andalucía cuando en sus Estatutos reflejó el flamenco como materia exclusiva de su competencia con la idea de salvaguardar sus raíces, pero no perdono el intento interlineal de querer encasillar una música que es de por sí universal y mestiza, como dijo Sanlúcar. Puede que naciera en Andalucía y que echara los dientes en los rincones de nuestra tierra y que el folklore tradicional hispano, el poso cultural, se enriqueciera con la llegada de los gitanos y que germinara en una expresión tan categórica. Pero, por suerte, el flamenco no cerró los ojos ni atrofió sus alas y, con el mismo arte, fue creciendo en Extremadura y en Levante y en Galicia y en otros puntos de la Península. Para escuchar flamenco y tener oportunidades, para conocer todas las sensibilidades es necesario visitar Madrid o aterrizar en Barcelona. Hay grandes flamencos en toda la geografía, en Toledo y en Pamplona y en Alicante y en Oviedo… Así, quitadme la etiqueta de “sólo andaluz”.

El terruño español se impregna de sonios negros que traspasan nuestras fronteras enriqueciendo los rincones del mundo. Que le pregunten a los artistas. Es un bautizo de fuego pasar por Japón, por Nueva York, por París, por Londres. Existen festivales prestigiosos en muchos países. Hay miles de academias de flamenco por todo el globo. Hay intérpretes de la guitarra y del baile que no tienen nada que envidiar. El cantaor David Sorroche, me escribía del norte de Europa, diciendo que había que ponerse las pilas, pues por allí se estudiaba flamenco con rigor y entusiasmo, y que una guitarra ‘sonaba como si fuera del Camino’. El padre de Dorantes, comentaba en una entrevista en Radio 3, que descubrió en Japón a un guitarrista apodado con su mismo nombre, ‘Pedro Peña’, que era capaz de reproducir a la perfección todos sus discos, incluso milimétricamente los mismos fallos que se deslizaron en la grabación.

Así, cuando el flamenco se ningunea, se margina, se aparta como una manifestación anquilosada de segundo nivel, cuando a propósito se oscurece su mundo, me revuelvo y me digo que llegará el día que echemos de menos no haber mimado a nuestro arte por antonomasia, que no hayamos respetado a sus intérpretes, que no hayamos cuidado su cantera. Y cuando tengamos que ir a ver buen flamenco a Luxemburgo, a Nueva York o a Milán, nos daremos cuenta que el universo es nuestro, pero la carrera espacial la hemos perdido.

* En la foto, La Moneta (Joss Rodríguez©)

Viernes, 11 de Octubre de 2013 11:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Gaudí

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En el artículo anterior referí que el espectáculo sobre Gaudí, Esencia de un arquitecto, del bailaor Javier Martos comenzaba por un texto en off, entonado por él mismo, que tuve la suerte de hilvanar.

Sin ser poesía, quise dotarlo de cierto ritmo para poder ser recitado. Sin ser canción, lo dividí en estrofas que descansaban sobre genérico estribillo.

Lo reproduzco a continuación tal y como se lo mandé, en un solo párrafo, con barras verticales, una o dos, que indican las pausas preferentes, la cesura, para ser leído.

Se hizo un gigante en Barcelona. / Más que técnica, cultivó el amor. / En vez de la función, buscó belleza. / Reus, su pueblo y el mío, fue su cuna / Corría el año / de mil ochocientos cincuenta y dos. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Quiero acércame hacia la altura / de su cabeza clara. / La naturaleza y la luz / en un cristal azul le aguardan. // Su visión es un bosque de cerámica, / de vidrio, de hierro y de madera viva, / que como un animal descansa / en su forja de fiel blancura. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // La iglesia le acompaña la mañana. / Cree en su dios, en sus manos y en su alma. // Su cabeza se hace una / y con su corazón cabalga. / Poeta de la roca modernista. / Decorador de calle y del espacio. // La Sagrada Familia y la Pedrera, / la Casa Batlló y el Capricho, / el Parque Güell y la Casa Milà. / Tantas y tantas otras. / Tantas y tantas obras de arte. / No en vano, siete de ellas son / de nuestra humanidad el patrimonio/ según la Unesco. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Su aspecto descuidado / no trascendía su grandeza. / Cuando un tranvía infausto / siega su vida entera. / En el Hospital de la Santa cruz / se le apagó la luz. / Tenía setenta y cuatro años, / una mente clara; / tal vez cien proyectos de furia y calma. // No creo que lloviera / en ese mes de junio / del año / mil novecientos veintiséis. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. ///

Sábado, 14 de Septiembre de 2013 09:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Del sentimiento a la hermandad

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III Festival de las Cuevas 2013

El orden de mi desorden me impidió asistir a todo el Festival de las Cuevas. No pude escuchar, el lunes 26 de agosto, a Jaime el Parrón y Manuel Heredia, que presentaron Flamenco sin tapujos. Ni tampoco asistí al programa doble, el viernes 30, A menta y canela de Marcos Palometas y Vienen del Carmen de la Escuela Carmen de las Cuevas, con la participación especial de Maricarmen Guerrero.

Sin embargo sí presencié los espectáculos de Jara Heredia y de Javier Martos, los días 4 y 6 de septiembre respectivamente.

Jara es una bailaora de raza, con una fuerza y una seguridad innata que inciden en su carisma. Siendo de la tierra (puro Sacromonte) destila una elegancia evidente que pasea con garbo por las afueras de lo ortodoxo.

Su obra, Por tu ausencia, es un claro homenaje a su padre desaparecido. Era Juan Heredia, Juanillo ‘el Cojo’, toda una institución en el monte. En parte, todos los asiduos, nos quedamos huérfanos. Su cariño es universal.

El cantaor Rudi de la Vega abrió el espectáculo remedando a Juanillo. Sentado en una silla, a boca de escenario, y acompañado él mismo con su guitarra, interpretó el ramillete de cantes que el padre solía decir, sobre todo en familia. En silencio abandona la escena dejando el asiento vacío, haciendo contundente la ausencia.

Jara toma el relevo por soleares y retira la silla circunspecta. La soleá es grave y doliente, pero cuando tiene un destino claro, puede desgarrar por dentro. Jara no baila sola, que baila su dolor. El Monte le ha dado la vida y el Monte trasciende en sus pasos. Juan le ha dado la vida y su sombra planea en cada vuelta. Marcos Palometas a la guitarra ilustra con precisión una historia que también es suya.

La segunda parte la abre ‘el Parrón’ con una voz equilibrada y una seguridad manifiesta, el amigo del amigo, el compañero del compañero, araña, como Torre, el azogue de los espejos. Jaime se acuerda de Caracol y de Lorca.

La bailaora vuelve triste por levante y apunta una esperanza con los tangos. A los postres entra su familia, hija, hermanas y sobrinas, y entre todas nos regalan un fin de fiestas con los más auténticos tangos de la penca que se puedan encontrar.

Javier Martos retuerce las tuercas y se acuerda de Gaudí, con el que encuentra similitudes. Gaudí es de Reus, como este bailaor, es novedoso y rompedor, es espontáneo e inconformista.

Con Esencia de un arquitecto Javier nos introduce en el concepto creativo, en la improvisación sobre lo ya hecho, en el espíritu inquieto del que todo lo hace y todo le falta.

Un baile estilizado, muy simbólico, algo cubista; con su poso flamenco y sus pinceles contemporáneos; definen el conjunto.

La generosidad y sabiduría de este bailaor catalán hace que se rodee de un cuadro esencial que asambleariamente aporta su conocimiento. Las músicas de Rubén Campos y Kiki Corpas (guitarras) son para tenerlas en cuenta.

Javier entra en escena leyendo un libro sobre el arquitecto que le sirvió de inspiración. Javier baila en silencio sus propias palabras en off, sobre un texto creado para la ocasión por el que suscribe (Jorge Fernández Bustos), rematado por abandolaos.

Los tientos-tangos, con los que termina la primera parte, son menos alegóricos. Dejan entrever la cuna sacromontana y las ganas de ronear.

Un solo de batería, de Cheyenne, al que podemos considerar ya un maestro de la percusión, mete de lleno al bailaor en la piel del arquitecto y sus obras, para darle paso a su artista invitada, Mara Martínez, para poner su huella por soleá, que, aunque se alejan del concepto de la obra, añaden una grata nota de color bastante aplaudida.

Martos también echó manos de un inspirado Antonio Canales que le brindó el montaje de una seguiriya, culminada por un Ave María preciosista, en la voz de Sergio Gómez ‘Colorao’ que pone punto final a una obra a la que le auguramos un futuro venturoso.

* Foto tomada del facebook de Javier Martos, interpretando a Gaudí.

Miércoles, 11 de Septiembre de 2013 13:28 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El latido del flamenco

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Más que una expresión artística, el flamenco es un estilo de vida, es un sentimiento difícil de explicar. Como igualmente es difícil de definir el ‘pellizco’ o el ‘duende’.

Federico García Lorca, en su conferencia Teoría y juego del duende, cuenta que Manuel Torre (“el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”), escuchando Nocturno del Generalife de Manuel de Falla, dijo: “Todo lo que tiene soníos negros tiene duende”.

Y de ‘sonidos negros’ se trata. Pero sin ninguna connotación racial o externa, sino de esa amargura vital que hace que la garganta tenga pellejos de aguardiente. Felix Grande escribe que “el flamenco es una de las músicas más desconsoladas del mundo”. El flamenco nació de la pena y del dolor, de la marginalidad y de la explotación, de la persecución y del hambre. El flamenco es un grito desgarrado; es la vindicación de la existencia, como puede ser el blues; es un perpetuo caminar por la sombra, como puede ser el tango.

En 1425 llegaron los gitanos a España, procedentes de la India, después de un largo éxodo por los países europeos. En la península Ibérica, con su arte del engaño, con su nomadismo y con su vida de fortuna, pudieron convivir en paz cosa de medio siglo. Después, como en el resto de Europa, fueron perseguidos por las aberrantes pragmáticas de los reyes, de mayor o menor dureza, que les prohibían explícitamente vivir como gitanos.

De esa represión surgió la queja. Y esa queja desembocó en el cante. A finales del siglo XVIII ya se entonaban tonás y sus derivados (siempre sin acompañamiento instrumental, como hoy en día): martinetes, deblas, livianas, carceleras. (Se ha dicho de la carcelera que “si la desgracia tuviera un himno, ese himno sería la carcelera”)

Como es natural, con estos sones a capela, se hicieron también cantes de labor (trilleras o temporeras), pregones o saetas. Seguidamente surgió la seguiriya, la seguiriya gitana, el cante dramático por antonomasia.

El primer cantaor conocido de la historia, gran seguiriyero, fue Tío Luis de la Juliana, que era aguador en Jerez de la frontera. A él le siguieron el Ciego de la Peña, el Planeta, Manuel Cagancho, Merced la Serneta, el Fillo… Todos de origen gitano.

Pero no nos engañemos. El flamenco es el choque del gitano con el poso musical de Andalucía. Los romances o corridos (castellanos, moriscos o fronterizos), los cantos mozárabes (jarchas, casidas), las tonadas, las seguidillas, los fandangos, los cantos sinagogales… sirvieron de cimientos para edificar el grueso andamio del flamenco.

No es hasta mitad del siglo XIX, sin embargo, cuando empiezan a destacar nombres de cantaores no gitanos. Silverio Franconetti, de padre italiano y madre andaluza, con su “grito terrible”, según Lorca, que “abría el azogue de los espejos”, partió en dos la historia del flamenco (como hoy día ha podido hacerlo Paco de Lucía y Camarón de la isla).

Ya en tiempos de Franconetti existían un puñado de cantes: los básicos (tonás, seguiriyas, soleares y fandangos) y sus derivados (tangos, bulerías, cantiñas o los cantes de levante).

Los primeros cafés-cantantes surgieron, a partir de 1842, en toda Andalucía, levante, Madrid, Barcelona (Silverio regentó uno en Sevilla). De la intimidad y el ‘cuartito’, el flamenco se vistió de largo y se hizo profesional. De un sentimiento familiar, se convirtió en una manifestación popular. Es la llamada edad de oro del flamenco.

En estos cafés, donde se ofrecían comidas y espectáculos, se casan definitivamente el cante, la guitarra y el baile. El café cantante es una escuela donde se forja y se desafían los artistas; donde beben unos de otros, donde se aprende y se crece.

Le preguntaron a Manolito de María, un gitano de Alcalá de Guadaira, que por qué cantaba. Él sencillamente dijo: “porque me acuerdo de lo que he vivido”. (Caballero Bonald hace poco manifestó que “el cantaor no inventa: recuerda”.)

Y es así, se canta la vida, la pena y el sudor, pero también, a veces con ironía, se canta al amor, a la alegría y la fiesta. El pueblo andaluz se ríe de su suerte, de sus duquelas. Sabe sobreponerse al dolor y a veces prefiere los laureles de un día de festejo, que el pan seguro de cada día.

En 1922, otro hito volvió a dar un impulso al flamenco. Este arte andaba denostado por las autoridades y por el pueblo fino. Fue en Granada que se juntaron Manuel de Falla, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Zuloaga y otros cuantos intelectuales para organizar el primer Concurso de cante jondo de la historia y luchar contra este incomprendido antiflamenquismo.

Tres baluartes tildaron este concurso no profesional. En primer lugar, formaba parte del jurado el vastísimo don Antonio Chacón, que tiene en su haber la creación (granaínas, caracoles) o recreación (malagueña) de la mayoría de los cantes como ahora los conocemos. En segundo lugar, cantó fuera de concurso el tremendo Manuel Torre, uno de los nombres imprescindibles del cante. Y, por último, consiguió un premio un chiquillo de trece años llamado Manolo Caracol, una de las dos grandes influencias, junto con Antonio Mairena, de los cantaores y aficionados del cante flamenco de la segunda mitad del siglo veinte.

(Las cuevas del Sacromonte granadino funcionaban a pleno pulmón en aquella época. Una asistente al concurso de cante, conocida como la Argentina, posiblemente la mejor bailaora de España, visitó las cuevas en compañía de Chacón y Ramón Montoya (gran guitarrista, creador de la rondeña que ha marcado la base para las creaciones posteriores). Después de bordar una soleá de Enrique ‘el Mellizo’, de un rincón se levantó una viejecita desarrapada y enteca, que le dijo a los artistas que siguieran por ‘ahí’, que quiere decir que continuarán con el compás por soleares. Todos se quedaron cómicamente extrañados, pero le hicieron caso a la anciana y se arrancaron por Ramón ‘el de Triana’. Fue salir al centro y levantar los brazos esa mujer que, cuenta la crónica, todos se quedaron helados. A su fin, la Argentina se preguntó: “¿y yo bailo? Si trasmitiera al público la mitad de la emoción que siento ahora viendo a esta bailaora...”. Era María Gracia Cortés ‘La Golondrina’. Tenía 79 años)

Un periodo de nublos, gobernado por la Guerra Civil y la dictadura, oscurecieron el flamenco. La ópera flamenca era la única manifestación posible. Muchos cantes pasaron al olvido. Tan sólo los sones aflamencados, la copla y los fandangos estaban de moda. Puede que estos espectáculos hicieran daño al flamenco, pero también fueron el salvavidas que lo mantuvo a flote hasta mejores tiempos.

Fue en 1956 que Córdoba tomó el relevo del 22 organizando el Concurso nacional de arte flamenco (que sigue vigente en nuestros días). A éste le siguieron otros premios en el resto de Andalucía y se prodigaron los tablaos (sucesores de los cafés cantantes) y los festivales flamencos. Festivales que este verano pueden cumplir más de 50 años.

El flamenco se prodiga como nunca. Empieza a haber recitales por toda la Península y entra en las aulas universitarias (Morente, Menese, Gerena); se extiende por todo el mundo hasta que el 11 febrero de 2011, fue considerado por la UNESCO Patrimonio Oral de la Humanidad.

Hogaño son centenares los intérpretes de flamenco en cada una de las tres disciplinas: cante, toque y baile y otros instrumentistas (piano, percusión, flauta, violín). No sólo en España, sino también en el resto del mundo. El flamenco se expande y sigue creciendo como un animal vivo. El flamenco tiene las ventanas abiertas. Desde que nació es mestizo, como decía Manolo Sanlucar. Pero el flamenco nunca olvida su pasado, su origen y su cuna. En cada quejío del cantaor se advierten las palabras que, en la primera mitad del siglo XX, dijera Tía Anica la Piriñaca: “cuando canto a gusto me sabe la boca a sangre”.

* Jorge Fernández Bustos, ponencia dictada en Lorica (Calabria) el 25 de agosto de 2013 (traducido al italiano por Gilda Rogato)

** Ilustración: Cante flamenco en el patio, dibujo de Enrique Simonet (1900)

Martes, 27 de Agosto de 2013 09:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Dos realidades sacromontanas

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

La tercera semana del Corral fue topográficamente definida. Los primeros días de agosto (5 y 6), con un calor de justicia, pudimos disfrutar en cambio con el aire fresco de dos bailaoras de raza, telúricas, con brío y con sueños.

Alba Heredia y Ana Calí, por citarlas en orden de actuación, son dos realidades sacromontanas; dos hijas de la tierra y de la cueva, del Camino y del Monte, del trote diario y de la economía de fortuna.

Ana y Alba, por citarlas de mayor a menor, son dos frutas sabrosas, que saben de sus jugos, que liman el carozo, que alimentan con sus pieles.

Si de Ana son los pies, de Alba son las manos. Si Ana tiene una meta, Alba busca el camino. Si Ana se desnuda apenas con la música apuntada, Alba se rodea con una gran orquestación mercenaria. Si Ana fija su compromiso, Alba nos sorprende con nuevos vuelos. Si Ana rema su propia canoa, Alba aún se mece en el globo cautivo de los Maya.

Alba Heredia firmará con fuerza una soleá y unos tientos-tangos y unas seguiriyas. Ana Calí se afianza con tientos-tangos y con zambra y con soleares.

Dos realidades, como digo. La veteranía y la sombra alargada. Dos fuerzas diferentes, capaces de ser trágicas y de sonreír según fije el guión. Dos hijas de su tierra, como digo, que pisan fuerte, que ronean como nadie en los cantes locales, que tienen mucho que decir, que reparten flores con la mirada.

* Ana Calí en una foto de Joss Rodríguez (fragmento)©, perteneciente al muro de la bailaora.

Viernes, 09 de Agosto de 2013 10:49 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Segunda semana del Corral

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

El lunes 29 de julio pudimos ver al bailaor local Iván Vargas, que nace y bebe en el Sacromonte, pero con ansias de volar y de picar en otros platos. Lleva varios años readaptando una misma obra. Yo mismo se hace y se rehace a meced de estos vientos, posiblemente porque yo no soy el que era ayer, o soy el de ayer más el que hoy soy.

Un acierto de este bailaor es el de rodearse de un cuadro exclusivo, posiblemente uno de los mejores músicos de atrás que se pueden reunir. Miguel Lavi, David ‘El Galli’ y Juan Ángel Tirado al cante, son un espectáculo en sí mismo (destaquemos sus bulerías en torno a una mesa haciéndose compás con los nudillos); Luis Mariano, a la guitarra, con su delicadeza y su cólera, está llamado a dejar una huella indeleble en el panteón granadino (su taranta es conmovedora); Miguel ‘El Cheyenne’ no se limita a tañer el cajón, su concepto musical y su visión de conjunto lo llevan a limar las piezas y a dirigir el conjunto; David Moreira, al violín, aporta un contrapunto interesante y aplaudido, aunque a veces esté de más.

Con un pregón, trilla y romance, que esconde seguiriya en su vientre, se destapa Iván con su fuerza, a veces violenta, y su anhelo de transmitir. Una transmisión tan necesaria como arrebatada que se hará verbo por levante rematado por tangos, donde el sacromontano domina paseando su palmito con una seguridad y una gracia asaz agradecidas.

Termina por alegrías. Aunque, como acostumbra, será un falso final, pues vendrán a la postre generosidades musicales (solos de percusión o de violín) cercanos a la rumba. Cantiñas que recuerdan a sus mayores pero con un aire definitivamente personal, como él mismo.

Alberto Sellés, el 30 de junio, fue la sorpresa foránea. El jovencísimo bailaor de San Fernando (1991) es una caja de sorpresas. Quiso venir acompañado de Javier Barón, un peso pesado del baile nacional, quizá para darse una seguridad que, viendo sus hechuras y su técnica, resultó innecesaria.

Con un fuerte y seguro taconeo, Alberto comenzó con seguiriya, precedida por una estela de martinetes. Al cante Manuel Romero, Ana Gómez y David ‘El Galli’; a la guitarra Juan Campallo; y a la percusión José Carrasco.

Después de un poquito de bulerías de Barón y algunas incursiones por parte de los músicos (taranta guitarreada y malagueñas en la voz de ‘el Galli’), un breve paso a dos por cañas trasciende el nivel de la pareja casi de equilibrio. Todavía quedaba tiempo para unas rotundas alegrías por parte del isleño y unas graciosas bulerías, que acabaron por soleares, firmadas por el maestro.

El último día de esta semana (31 de julio) tuvo también sabor local pero de universal trascendencia. David Carmona, detrás de su guitarra, no sólo da un concierto, sino que hace una tesis de su espectáculo y da una ponencia sobre su concepto personal de convivir con las seis cuerdas que tanto le deben al maestro de Sanlúcar y a la escala mexolidia.

En solitario nos hace entrega de una taranta y de una soleá y de esas bulerías que le acompañan llamadas Motivo impertinente donde expone parte de su mundo. Igualmente interpretará un toque libre de clara influencia fandangueril (entre minera, granaína y taranta) donde pone a prueba su escala oriental demostrándonos que hay territorios posibles aún no hollados.

Con la misma escala mexolidia, propone bulerías que apunta Patricia Guerrero, su artista invitada, su artista fetiche, al baile con pantalón. Patricia se ciñe a lo elemental. Como un perfume, concentra su arte en los minutos necesarios para hacernos estremecer. A la vez rotunda y delicada; sus brazos, sus caderas, su rostro, sus pies, su palmito todo, hacen de ella una isla hermosa entre las bailaoras del momento. No temo en afirmar que el mejor día del Corral, de lo que llevamos, el mejor momento es precisamente este en que Patricia baila para David y David toca para Patricia, porque lejos de que el baile acompañe a la guitarra, la guitarra se hace exclusiva, David compone directamente para el baile (posiblemente para el baile de Patricia). Esta jugada la repetirán generosamente en las bulerías finales.

Antes de este final por fiesta, ya con el resto del grupo (Carmen Molina al cante; Agustín Diassera a la percusión), meros instrumentos a su servicio, David apostará por unos ricos fandangos de Huelva y unos curiosos tangos que, entre otras cosas, expresan anormalmente dolor en sus letras, también compuestas por él.

* Foto de Naemi Utea©.

Sábado, 03 de Agosto de 2013 11:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El flamenco prendido de Eiko

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Eiko Takahashi es como si ya fuera de aquí. Sus treinta años de continua visita, empapándose del todo lo que huela a flamenco (cuanto más de raíz mejor) y codeándose continuamente con los granadinos lo avala.

No es primicia ni descubrimiento alguno que el flamenco cautivó Japón. Es posible que en Tokio existan más academias de baile que aquí; amen de tablaos, salas de fiesta, publicaciones especializadas… Con ese poder de mimetismo, los japoneses abrazan nuestro arte y lo reproducen con pasmosa exactitud.

¿Objeciones? Sí, puede haber muchas, como también hay sorpresivos aplausos. Basta con mirar el plantel de bailaores o tocaores nipones que están afincados en España.

El flamenco para Eiko comenzó aprendido; después, como alma inquieta y pasional, fue aprehendido; para terminar, el miércoles pasado pudimos verlo en el Corral del Carbón, el flamenco ha prendido en el saber y el trasmitir de esta gitana oriental.

Sus miradas recorren todo el panorama del baile flamenco durante medio siglo. Su propuesta es clásica y respetuosa. A veces demasiado marcial y encorsetada; otras, tan libre como los pájaros. La técnica y el remedo la invaden en un comienzo, pero nos descubre a los postres una capacidad de improvisación inesperada. Su necesidad de contar es vital; su trabajo, evidente; su entrega, verdadera.

Con sus sesenta años ya cumplidos, Eiko ha sabido dar y recibir, respetar y agradecer, escuchar y gobernar. Se rodea de un cuadro contundente. La seguridad de la guitarra de Marcos ‘Palometas’, que a veces rellena el espacio como si fuera dos; la voz rotunda y segura de Manuel Heredia; y la prodigiosa de Sergio Gómez ‘El Colorao’ (encomiable por levante); y las palmas y jaleos de Mati Gómez (lástima que no cantara, aunque para el fin de fiestas se dio una graciosa pataílla por bulerías).

Dos bailes conforman un trabajo de encaje. Dos bailes que se desglosan como el jardín de Borges para mostrarnos su globalidad. Así, comienza por malagueñas, que encierran tangos de Triana y del Piyayo, y sabores de farruca, para desembocar por rumbas y por fiesta. Tanto el baile, como el vestuario y la expresión del rostro son muy cuidados. A veces, en algunos movimientos o vuelos de manos, trasciende el alma oriental y la delicadeza de quien contempla una flor sin arrancarla de su tallo.

Después de los tarantos de Sergio y de unas bulerías de Utrera de Manuel, en las que se acuerda de Perrate y de Fernanda, vuelve la bailaora a repartir emoción con una soleá de Triana, unas cantiñas y unas bulerías de Cádiz en una misma pieza, posiblemente un poco largas, quizá un cante de cisne agradecido.

* Foto de Naemi Utea©.

Domingo, 28 de Julio de 2013 18:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La redonda hombría de Rafael Campallo

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Siempre es una apuesta segura atender el baile de algunos artistas. Rafael sorprende a cada paso con un baile personal, lleno de guiños y de una comicidad digna de agradecer, que hace de los espectadores verdaderos cómplices de su propuesta. 

Familiarmente arropado por un preciso Jeromo Segura al cante (con una soleá antológica), por su hermano Juan Campallo a la guitarra (exclusiva rondeña) y por la percusión de José Carrasco.

Si a esto le sumamos el marco perfecto, en cuanto a belleza, temperatura y dimensiones; un perfecto sonido; y un juego de luces muy cuidado (aunque no terminan de convencerme los fundidos totales al final de las piezas); tenemos los ingredientes perfectos para disfrutar de la velada.

En realidad, salvo contadas excepciones, las quince muestras de flamenco del Corral del Carbón que ahora celebramos han contado con estas características haciendo de este ciclo uno de los mejores festivales de flamenco joven de la nación.

Rafael, al que pudimos ver este lunes pasado inaugurando la Muestra, goza de un baile eminentemente masculino, pero lleno de redondeces y de un braceo que lo aleja gratamente del puro macho y del baile de arrebato de gusto exhibicionista.

El bailaor sevillano comenzó bailando por malagueñas para, después de la rondeña aludida, abordar unos tarantos con un tempo muy relajado hasta mascar de vez en vez el puro silencio. Esta incursión por levante culminó, como suele suceder, por tangos, donde el protagonista roneó a placer con la gracia que lo tilda.

Acaba la entrega del cuadro hispalense por alegrías precedidas por una generosa entrega a la caja. Si acaso faltara soltura y dominio, Campallo por Cádiz, termino por desatarse arrancando los minutos de aplausos que sin duda merecía.

Viernes, 26 de Julio de 2013 12:14 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Paco, el número uno

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Festival de Música y Danza de Granada

Paco de Lucía

Lo más fácil y lo más difícil es hablar de Paco. Posiblemente el mejor tocaor de todos los tiempos cerró el Festival de Música y Danza. Con todas las entradas vendidas aproximadamente a la hora de abrir la taquilla y alcanzar en la reventa precios espectaculares, Paco vuelve a Granada con un octeto para dar una visual sobre parte de su trabajo.

La interpretación del algecireño es magistral, como no podía ser menos. Sus manos son de oro; su limpieza admirable; y el soniquete que descansa en su mano derecha admirable. Pero dejadme destacar su labor compositiva. Paco ha marcado un antes y un después en la guitarra flamenca. Sus incursiones, en cualquiera que sea la pieza, son obras de filigrana y entran por la puerta grande a formar parte indiscutible de la memoria clásica del flamenco.

El viernes, 12 de julio, se agolpaba casi el mismo número de espectadores en el Teatro del Generalife como por sus alrededores. El derroche de decibelios hacía que el concierto se oyera nítidamente a varios kilómetros a la redonda.

El maestro suele cambiar de agrupación, manteniendo algunos de sus circunstantes durante varias temporadas. Es como si quisiera dar oportunidad a claras promesas de caminar a su lado o de disfrutar en directo del arte y el pellizco de los demás (esto mismo le ocurría a Morente).

Algunas constantes sin embargo adjetivan esta elección, como la inclinación camaroniana en las voces, la incorporación de instrumentos en principio distanciados de los esquemas flamencos o el baile de arrebato en su parte plástica.

Así, el baile del Farru, otras veces de desbocado lucimiento, hogaño, a las órdenes del de Lucía y finalizando algunos de sus temas es eficaz y agradecido. El resto de los músicos están en su sitio y alcanzan el nivel requerido con tan buen rey. Destaco la percusión de El Piraña y el bajo de Alain Pérez, con solos memorables. Pero sobre todo aplaudo la espectacular armónica de Antonio Serrano Dalmas, que rellena el espacio y casa de una manera especial con el flamenco y el ambiente exigido.

Antonio Sánchez Palomo, como segunda guitarra, es reconocible y preciso en los diálogos que entabla con la sonanta del jefe. Los cantaores, por último (David de Jacoba y Antonio Flores Cortés), con sus voces rajadas y algún que otro altibajo en su entrega, dulcifican y popularizan tangos y bulerías, que es lo que primó en el recital.

Con todo y con eso, dejadme que prefiera la guitarra desnuda de Paco de Lucía. Oportunidad que sólo tuvimos con la rondeña del principio y con la introducción de la Canción de amor, sólo constelada con la percusión y con algunas notas en el aire de un sintetizador arrancadas por Serrano Dalmas. Esta ‘balada flamenca’, que introduce la bulería Volar y apuntes de Luna que habita en los mares, forma parte del disco Zyryab de 1990 que, junto con Cositas Buenas (2004), jalonan genéricamente este concierto.

Con estas remezclas y guiños (hay piezas que agrupan tres o cuatro formas distintas, bulerías, seguiriyas y tangos, por ejemplo), se desarrolló un recital eminentemente festero.

Fuera de programa y después de una generosa introducción a la caja, la banda nos regala Entre dos aguas la rumba con la que comenzó todo.

Dentro de la excelencia y el respeto, quizá eché de menos, repito, escuchar algo más la guitarra solitaria del maestro y algún que otro toque más ‘profundo’ como una soleá, una taranta o unos tientos.

Domingo, 14 de Julio de 2013 12:41 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

El baile denuncia de Israel Galván

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Festival de Música y Danza de Granada

Lo Real/Le Réel/The Real

A ver cómo lo cuento. Israel Galván no es el único bailaor que abandera la vanguardia del baile flamenco. Ni siquiera es el primero. Lo han precedido Vicente Escudero o Mario Maya, por citar sólo a dos de sus referentes. Pero sí encontramos en Israel una coherencia en sus extremos, otra vuelta de tuerca cuando parece que los pernos están apretados, un trasfondo canastero en tanta avanzadilla, un compás de excelencia en todo el conjunto.

Israel, desde el principio, ha hecho gala de su rebeldía. Obras como El final de este estado de cosas, y su depuración, apellidada redux, basadas en los textos del Apocalipsis, encumbran, no sólo su trasgresión, sino también su compromiso.

En octubre de 2012, se inauguró en Berlín un monumento en memoria de los gitanos víctimas del Holocausto. Según fuentes oficiales, unos 500.000 gitanos de Europa fueron asesinados durante el Tercer Reich por ser racialmente inferiores, como los judíos, los homosexuales, los testigos de Jehová y los comunistas.

El bailaor sevillano recoge el testigo de esta memoria histórica y nos ofrece una obra de poco más de cien minutos donde se mete en la piel de uno de estos gitanos en un campo de exterminio para darnos su especial visión de este suceso.

Como si se tratara de un documental, la función está dividida en partes, que se anuncian conceptualmente en paneles que se alzan al efecto. Así, después de un preámbulo (Se corta el aire), donde vemos todo el escenario lleno de ‘herramientas’ y su esqueleto, es decir, sin bambalinas que oculten el foro, comienza la primera parte: Un hombre, de los muertos crecen flores.

Con el flamenco, en forma de granaínas, malagueñas y verdiales (David Lagos), comienzan el relato. Pero es un flamenco desgarrado, lleno de silencios y estridencias. Como tónica general, la música será interrumpida por miles de ruidos y la impertinencia de instrumentos ajenos. A la guitarra Juan Gómez ‘Chicuelo’ armoniza el conjunto.

Galván es un hombre solo que no entiende nada, que se interroga a sí mismo y a los objetos con que interactúa. A pecho descubierto y con tirantes (a veces descalzo) lanza su discurso epiléptico, lleno de poses y de movimientos imposibles, pero con un compás y un trasfondo de flamencura reconocibles. Un piano desvencijado, al que arrastra y golpea, puede ser la imagen de la burguesía, del fascismo, de su impotencia.

Tomás de Perrate canta en caló, parece, una tona, antes de dar paso a Belén Maya, una mujer: el cielo tiembla y se cae. Con ritmo de tangos la bailaora remeda al bailaor. No se luce, sin embargo. La interpretación exagerada merma su eficacia. (En unas cajas de tablas de madera se proyecta al tiempo el vídeo Canta Gitano (1982), de Tony Gatlif, donde actúa Mario Maya.)

Con soleá y bulerías llega el intermedio, protagonizado por Isabel Bayón: Carmen, la chinche y la pulga. Sus maneras irónicas arrancan sonrisas. Su baile es más lucido y provocador. Hasta canta un poco.

Una gitana entrada en carnes sale a escena y, con las manos, mantiene el mismo lenguaje que sus predecesores. También entona el anuncio de Neoclor por tanguillos. El cuadro de músicos continuará esta cantinela y después el anuncio de Cucal: hay que dejar todo limpio y acabar con las cucarachas.

Unas bulerías nos precipitan al final. La muerte es un maestro bienvenido. El escenario va mudándose con diversos objetos (maderas, columnas y rejillas metálicas…), que sirven para dimensionar los pies de Israel.

Gran protagonismo tienen el resto de actuantes: Juan Jiménez Alba al saxofón, Alejandro Rojas Marcos al piano, Antonio Moreno a la percusión, Eloísa Cantón al violín, Bobote a los jaleos y palmas, Pablo Pujol y Pepe Barea, actores, pero sería interminable una crónica que podía haber contado de mil formas diferentes.

Como fin inesperado, los tablones que han servido para anunciar las partes del drama, se levantan, ocultando el escenario, pero dando la impresión que los cautivos somos los espectadores.

Viernes, 12 de Julio de 2013 19:03 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Con Saura llegó la luz

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco hoy de Carlos Saura

Tratándose de Carlos Saura, asistimos a un largometraje. Más de dos horas de función, con su intermedio en el ecuador y unos asientos que se iban trocando en piedra a medida que pasaban los minutos, merman cualquier atisbo de buena voluntad.

Destacamos el juego de luces (Paco Belda y Joaquín Osuna); el aprovechamiento del espacio (Laura Martínez) que, con cuatro grandes bastidores y cuatro espejos, dinamizan la escena con decenas de ambientes; y el vestuario (Antonio Alvarado), más de las chicas que de los chicos, que agrada el conjunto y da versatilidad a ese diseño lumínico. Destacamos sobre todo el armazón musical creado por Chano Domínguez y Antonio Rey, guitarrista sin fisuras del espectáculo, ganador del Premio Nacional de Guitarra en sus tres categorías; la genérica plasticidad coreográfica de Rafael Estévez y Valeriano Paños, dos de los bailaores actuales que más tienen que decir; y la propuesta escénica y primera obra en vivo dirigida por el cineasta español.

Sin argumento reconocible y un afán por mostrarlo ‘todo’ y homenajear al flamenco a través de sus grandes figuras y momentos, se nos presenta una obra sin duda bella pero sobrecargada de intención. Nada menos que diecisiete momentos (a veces subdivididos en varias escenas) constelan la función.

Citando no más a los bailarines de buen nivel: Ana Morales y Rosana Romero, como solistas (además de los coreógrafos aludidos), y como elenco: Carmen Manzanera, Sara Jiménez, Macarena López, Andoitz Ruibal, Oscar Manhenzane, Daniel Morillo, Jesús Perona; a los músicos de altura Javier Galiana (piano), Ernesto Aurignac (saxofón/flauta), Martín Meléndez (bajo/chelo), José Córdoba (percusión); y a los meridianos cantaores: Sandra Carrasco, Blas Córdoba, Israel Fernández; se nos iría un artículo que pretende no ser demasiado ancho.

Así, no desgranaré todo el programa, sino, permitidme,  que dé sólo unas pinceladas. Después de una breve presentación, Sandra Carrasco interpreta unas nanas, Hágase la luz, con una voz tan hermosa y sentida que puede le traicionara en otras entregas (Piensa en mí).

Al mejor Paños lo veremos en la farruca, como al mejor Estévez lo veremos en la zambra caracolera casi a los postres.

La propuesta por sevillanas y su comparación entre las bíblicas de Alosno, con su lentitud acentuada, y las corraleras de Lebrija, con su comicidad vertiginosa. Quizá, la parsimonia de las primeras, hizo alargar innecesariamente una escena que llegará a apuntarse un poco más tarde.

La Danza de los ojos verdes y el Fandango de Bocherini, donde se da paso a la escuela bolera y al clásico español, quizá fueran las piezas más cansinas, aparte del piano de Galiana y las humoradas de Rafael.

La guajira de Ana Morales fue una gozada de sensibilidad y estilo.

En la segunda parte, más deslavazada, tiene lugar hasta el pasodoble. Las bulerías divididas en cuatro (tierra, aire, fuego y agua) también son dignas de mención. La luz, el estilo y la sal de los actuantes (Estévez, Morales, Paños, Romero) ofrecen parte de los mejores minutos.
Aplaudo, como los dos días pasados, la entrega por seguiriyas y la novedosa y eficaz soleá blues masticada gozosamente por el piano, saxo, bajo eléctrico y escobillas de jazz.

Termina el espectáculo por cantiñas. Unas alegrías que vindican más que nunca su hermandad con el pueblo zaragozano, visiblemente en sus letras, y que terminan, para mayor abundamiento, en una jota aragonesa, o sea, en una jota gaditana.

* Uno de los carteles anunciadores de Flamenco hoy de Carlos Saura.

Jueves, 11 de Julio de 2013 19:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Dorantes iluminado

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Festival de Música y Danza de Granada

Sin muros! 

David Peña ‘Dorantes’ es sobre todo un músico. Su nacimiento y experiencia lo forman como flamenco, pero su apertura de miras lo acunan más allá.

Ayer, en el Palacio de Carlos V, quiso presentar Sin muros!, según dicen, su trabajo más personal. Sin muros! es el delta coherente donde desemboca el río que nos lleva desde que en 1996 grabara Orobroy. Es la culminación de una etapa o el comienzo de otra que rezuma precisamente libertad, ausencia de corsé y de paredes.

El pianista sevillano se rodea de una serie de grandes músicos restándose él mismo un protagonismo tentador y creando así el gran combo necesario para ofrecer su propuesta orbital.

Su incursión en el jazz no es tan profunda como la que concede al clásico contemporáneo en los primeros temas en donde expone su oferta. En la guajira Atardecer el contrabajo de Javier Moreno desentona (se recuperará, aunque no determinante, en los temas sucesivos). La percusión de Javi Rubial se hace tan necesaria como memorable un poco más adelante.

Otro par de temas, Ante el espejo y Errante, para declarar, corto de palabras, no de sentimiento, que dedica el concierto a Enrique Morente y que nos tiene preparada la sorpresa de contar entre sus filas con Marina Heredia, que hará una fabulosa presentación por granaína y media.

Arcángel toma el relevo de la granadina, interpretando Aliento, una seguiriya rica en melodía y con un obstinato a compás digno de elogio.
A partir de aquí, con el sexteto en pleno, se alternarán Marina, con las alegrías Caracola y el onubense con un romance. Un aplauso aparte merecen los músicos, Ricardo Moreno a la guitarra acústica, Faikal Kourrich al violín y sobre todo Marcelo Mercadante al bandoneón, dimensionando toda la obra con sonidos porteños y orientales.

Las bulerías 4 Leguas de amor nos precipitan a un final claramente reconocido con el respetable por derecho aplaudiendo de pie.

Como bis casi obligado, Dorantes interpretó su Orobroy, preñándolo en su mitad con una gavilla de fandangos dichos en alternancia por los dos cantaores. Una delicia.

* Un momento del espectáculo (foto expoliada de la edición digital de Ideal firmada por González Molero).

Miércoles, 10 de Julio de 2013 17:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La Alhambra se tragó a Mercé

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco del milenio

Hubo varias razones para que José Mercé no diera el cien por cien que se esperaba. A saber: el público no era eminentemente flamenco, sino que respondía a esa heterogeneidad media que acude habitualmente a este Festival; su dinámica, por otra parte, pasa por un respeto rayano en una desconsiderada frialdad; quizá, por último, el Patio de los Arrayanes de la Alhambra terminará por fagocitarlo.

A esto se le debe añadir la elección de un repertorio denominado Flamenco puro ‘Jondo’ que, a los no iniciados, les resultaría distante y a los aficionados se nos podría quedar corto.

No obstante, José, llegó dominando. Con su chaqueta roja y su estampa mediática, prometía arrasar. Reconoció que el sitio le imponía, pero que era un privilegio cantar en él. A la guitarra Diego del Morao, heredero directo del compás jerezano, ofrecía seguridad.

Unas correctas malagueñas, donde Chacón dio el punto de partida, sirvieron para templar al artista. No era mal comienzo. La soleá, que se supone que es uno de sus fuertes, estuvo comedido, sin arriesgar, como cumpliendo un compromiso.

Entiendo que hay cantaores, que hay artistas, que se les debe exigir según su altura y la largueza de su sombra. Un flamenco como Mercé no debe dejar rendijas por donde se cuele el aire; bebe romperse con cada tercio y hacer vibrar a la concurrencia.

La única vez que se nos erizó la piel un tanto así, la única vez que amagó el estremecimiento de un placentero pellizco, fue con la seguiriya. También Morao estuvo extraordinario, alternándose con el maestro, dando dos de cal y ninguna de arena.

Parecía que con esta entrega comenzaba el concierto, que Mercé bordaba de molde las letras que lo preceden. Pero fue el canto del cisne. Un quiero y no puedo, una apatía y un jota, caballo y rey determinaron el resto del recital.

La desgana posiblemente respondiera al efecto pescadilla: no terminaba de conectar con el público, ergo la parroquia no comulgaba con ese oficiante.

Los tientos-tangos fueron de mal en peor. Para el remate le faltó compás. No sé por qué llevó a dos palmeros consigo, Mercedes García ‘Merce’ y Manuel Pantoja ‘Chicharro’, si sólo lo arroparon a los postres. En los naturales se defendió acordándose de los grandes. Y para las alegrías ya se unieron los coros con menos eficacia que de costumbre: sus voces no se escuchaban.

Las bulerías, con las que acabó la función, sirvieron para elevar nuevamente el listón. El soniquete de su tierra se impuso como marchamo indiscutible, en el que Diego, dejando hacer, tuvo un papel protagonista.

Como fin de fiestas, un poquito más por bulerías, fuera de micrófono, pusieron la guinda a un pastel artificiosamente edulcorado.

En general, quizá más por la calidad que por la cantidad, el recital quedó cojo. Así que, después de retirarse y con el público yéndose, regresó para cantar post festum su éxito Aire en el que paradójicamente creí adivinar algunos ahogos.

Martes, 09 de Julio de 2013 17:41 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Sobre el significado de la zambra

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Los andaluces, sobre todo los de aquí; los granadinos, sobre todo los que tienen cierta relación con el flamenco, pueden dar una explicación aproximada de la palabra zambra.

La zambra, genéricamente, es la fiesta de los gitanos andaluces, que aún se cultiva en las cuevas del Sacromonte granadino, basada en la tradicional fiesta morisca con música y algazara, que ya, desde el siglo XV, se manifestaban en festejos castellanos y en procesiones de Corpus, como lo atestigua Francisco Núñez Muley, morisco de 1567 (el arzobispo santo [fray Hernando de Talavera] holgaba que acompañasen al Santísimo Sacramento en las procesiones del día del Corpus Chisti, y de otras solemnidades, donde concurrían todos los pueblos á porfía unos de otros, cual mejor zambra sacaba…).

La actual zambra sim­boliza la boda gitana, que se especifica en tres momentos principales o tres bailes de ca­rácter mínimo: la cachucha o el ‘perdón de la novia’, la alboreá (prueba de la pureza) y la mosca (baile final lleno de picardía).

Estos elementos clave se refuerzan con otros cantes/bailes típicos de Granada (tangos y fandangos) y otros adoptados (bulerías y alegrías). (Por extensión, o deformación, también puede denominarse zambra al espectáculo genérico en la cueva, al baile o a la cueva en sí.)

Zambra también es un toque y cante específico, cercano al tango y de gran influencia morisca, el cual dable es ser acompañado con bandurria, pandero y cascabel.

Rafael López Rodríguez, en un glosario elaborado para Planeta-Agostini apunta que exis­te una versión con acompañamiento de orquesta, creada por músicos profesionales, sobre estos cantes y bailes, popula­rizada en los años cuarenta y cincuenta por Manolo Caracol y Lola Flores, que se presta mucho a la estampa teatral.

Famosas son las zambras que cantaba Manolo Caracol (Carcelero, carcelero, La niña de fuego, La Salvaora...) que, en gran medida, empiezan y acaban en él y remedadas hasta la saciedad.

El Diccionario de la Real Academia Española, define zambra, en su primera acepción, como la fiesta que usaban los moriscos, con bulla, regocijo y baile; y, en segundo lugar, concreta que es la fiesta semejante de los gitanos del Sacromonte, en Granada.

Corominas, por su parte, la hace derivar de la palabra árabe zamr ‘instrumentos musicales’ y la fija como ‘orquesta morisca’, ‘baile de moros’, ‘fiesta morisca con música y algazara’.

Poco más adelante, el filólogo añade que las zambras tenían fama de ruidosas, por lo que le asocia los sinónimos de ‘algazara (del cual el DRAE también se hace eco), bulla y ruido de muchos’.

De zambra deriva a su vez zarambeque, que es el tañido y la danza alegre y bulliciosa de personas de raza negra (¿?).

El primero en utilizar la palabra zambra en documento literario fue Góngora, en un poema escrito en 1586: …quadras espaciosas / do las ramas y galanes / ocupaban a sus Reies / con sus zambras y sus bailes.

Ahora leo en un facsímile de finales del XIX, un artículo periodístico de un cocinero de S.M. Alfonso XII en el que se queja de los extranjerismos en el lenguaje culinario, diciendo: nuestra lengua, tan rica en zambras, bacanales, jaranazos, francachelas y regodeos, tuvo que ir siempre a extraños idiomas para buscar la expresión de sus solaces distinguidos; lo que me ha dado pie para acomodar estos ecos. 

* Danza Morisca en Granada (1529) de Christoph Weiditz.

Jueves, 13 de Junio de 2013 11:17 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Un bailaor fuera de lo corriente

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Es siempre un placer escudriñar los pasos del que anda por buen camino. Es siempre agradable el reencuentro con la discreta excelencia.

El viernes, enterado de que Luis de Luis bailaba en Jardines de Soraya, en el Albaicín granadino, y después de un tiempo sin verlo, no dudé en reservar una mesa para disfrutar nuevamente de sus propuestas, mucho más si un cuadro de carácter lo arropaba.

Se distinguía en primer lugar a su compañera Esther Marín que, aunque eché en falta un paso a dos, posiblemente por problemas de espacio, tuvo en solitario momentos memorables.

El aspecto musical lo cubría César Cubero a la guitarra y José Cortés ‘el Indio’ (también bailaor) a la percusión. Hay una pléyade en Granada de guitarristas de oficio que, aun tocando a diario y con decidida eficacia, no destacan como debieran. La tierra de la sonanta es tan rica y extensa que un guitarrista de ‘base’, en realidad es un gran artista.

César rellena el espacio con su toque brioso y seguro, en el que el resto de los componentes almohadan su participación. Como puede serlo David Sorroche, un cantaor de ‘élite’, estudioso y preciso; con esa modulación que quien busca en el flamenco algo más lo encuentra.

Por tarantos empezó la noche. Cantes de levante que terminaron por tangos, asomándose a Morente y al Camino. Que bailó un Luis de Luis personalísimo, estratosférico, creativo como él solo y con un punto de programada improvisación digna de figurar en los anales. (Antes de comenzar el espectáculo, me confesó que estaba afectado de la pierna. No se notó de ningún modo, aún cuando mis miradas se dirigían al apéndice dolorido.)

En los abandolaos, el cantaor se acercó definitivamente a Granada. Recordó a Ganivet y al jabegote de ‘vender los ojillos’ que cantara Paco el del Gas.

La tercera propuesta vino por Cádiz y su presencia más popular. Abordó estas alegrías Esther Marín, con una desenvoltura que no conocía, aunque puede que su atención desmedida le restara frescura. Confianza que fue ganando y, en la preñez por bulerías de este cante, demostró la grandeza de su espontaneidad.

Una pincelada por bamberas principió la soleá que remataba la noche. Una soleá que pronto pasó a bulería, donde Luis ofrece con creces la maravilla de su estilo, el control del espacio, el dominio de su cuerpo, el compás a su servicio, la creación continua, el desapego del convencionalismo, la virilidad extrema, la gracia contenida.

Todo esto cobra un valor añadido con la atención y la sabrosura que se respira en Jardines de Soraya. De hecho, cualquiera que me pregunta para ver flamenco de calidad y trato exclusivo (con muestras a diario) le recomiendo este rincón albaicinero.

* Luis de Luis (foto de su facebook).

Domingo, 09 de Junio de 2013 11:38 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Nuestra vanguardia

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Trisquel Flamenco

A finales de julio del pasado año pudimos ver en Los veranos del Corral esta obra minimalista, de difícil nombre, que se nos presentó como el aire fresco, como la punta de lanza de unas propuestas flamencas que quieren desatarse el corpiño.

La elegancia siempre es discreta. La grandeza está en las pequeñas cosas. La parquedad de un escenario con tan sólo un piano en su centro, un piano en su centro y un solapado juego de luces, nos trae la excelencia. Repito lo del piano porque es el único instrumento, el hilo musical de la obra en sí, que adquiere un protagonismo evidente. Una obra cerrada, medida, perfecta. Una obra sin fisuras. Compleja dentro de su sencillez, que va imbricando su propuesta, preparando el ambiente, hasta el estallido final en forma de romance por bulerías.

Trisquel es un diálogo flamenco a tres voces; un espectáculo nada convencional donde el piano, la voz y el cuerpo se entrecruzan para crear belleza, para convocar al duende.

Antonio Campos, al cante, ideólogo de la obra, quiere reivindicar, sin alardes, sin gritos desmedidos, su origen gitano, su presente flamenco, su destino orbital. Recuerda a su paisano José Heredia Maya y habla en caló, poniendo sus cartas boca arriba, tirando de compás y de buen gusto, haciendo trascender el estudio que lleva detrás.

Pablo Suárez es el pianista. Sensible y pausado (utiliza el pie izquierdo, que amortiza la melodía). Dimensiona el cante de Antonio, llevando todas las piezas a ser obras de museo. A solas se acerca a Debussy.

Con su baile, Manuel Liñán, va entretejiendo la función como si de bolillos se tratara. Su verticalidad, sentido del ritmo y manera de rellenar los silencios, lo hace único. Reciente ganador del premio Max de Danza, domina el espacio y el centímetro. Su visión coreográfica muestra cómo sus intervenciones escalonadas forman parte de un todo.

Entre los tres cierran un círculo difícil de superar. Ora en conjunto, ora por parejas, ora individualmente, proponen, exponen y disponen, sin temor a equivocarme, el camino por el que debe avanzar el flamenco.

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 31 de Mayo de 2013 10:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Flamenco de élite

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Este miércoles, 29, en el Teatro Alhambra se presenta Trisquel flamenco, una obra exclusiva de Antonio Campos, al cante; Pablo Suárez, al piano; y Manuel Liñán, al baile (reciente premio Max de Danza), a la que es imprescindible asistir.

Se estrenó durante la última temporada en la XIV Muestra de Flamenco “Los veranos del Corral” el 25 de julio de 2012. Me atrevo a decir que fue el espectáculo estrella de aquel ciclo, del que escribí un artículo en su día, publicado en granadaesflamenco.com (mi blog no funcionaba en ese momento), el cual reproduzco a continuación:

Antonio Campos es un cantaor inconformista que busca y rebusca hasta encontrar la veta escondida, en palabras de Neruda, la rompe, la besa. Es gran estudioso, asaz sensible y preocupada.

El miércoles 25 quiso estrenar en el Corral del Carbón sus últimas pinceladas. Esto fue un concierto a piano y voz con un artista invitado al baile. El cante nacía de su garganta, de su cabeza y de su corazón; las teclas eran acariciadas por Pablo Suárez; Manuel Liñán, con su baile, ilustraba los momentos.

Como resultado, una obra delicada, intimista y novedosa, redonda e inteligente, que remueve las entrañas al tiempo que eleva al espectador a la suprema belleza.

Antonio comienza con una copla sentida cercana a la zambra acompañada al piano. A su término, Manuel Liñán, uno de los mejores exponentes del baile granadino, desnudo de todo tipo de acompañamiento, se marca un compás por bulerías con simpáticas concesiones a lo contemporáneo, a la manera de Israel Galván. Este zapateado servirá de hilo conductor durante toda la función, dándole unidad y coherencia. Un espectáculo emotivo, con temas bien seleccionados y no habituales, como la milonga Si llegara a suceder, grabada por Encarnita Anillo en su disco Barcas de plata de 2008.

El piano de cola sirve a continuación de elemento percutido, haciendo compás por seguiriyas, asomadas a la fiesta, los tres protagonistas en su madera e incluso tañendo sus cuerdas. El baile es progresivo. Se hace y rehace, bebiendo de sí mismo como un continuo obstinato. La precisión del bailaor, su verticalidad y sentido del ritmo hacen de la parquedad una virtud.

Una generosa entrega al piano, nada convencional de Pablo Suárez, introduce una intachable granaína. Cuando después, a su término, el cantaor anuncia: “A la memoria de José Heredia Maya” y recita unos versos de este poeta gitano. Primero en caló, después traducido, que Liñán borda, pues está hecho a bailar palabras. El mismo poema termina cantado reuniendo a los tres músicos en plena complicidad.

Otra entrega del zapateado alegre, con grave nota final por el mismo bailaor que termina frente al piano, da paso a un extraordinario solo de Pablo Suárez.

La bambera nos acerca al final. El baile termina remedando los movimientos del cantaor en un paralelismo tan cómico como eficaz.

Acaba la función con un romance por soleares sobre la pérdida de Granada por los moros cantado por Antonio a boca de escenario. El baile se le une antes de ser repetido por bulerías, dando sentido cabal a los varios apuntes con los que ha coloreado la escena a lo largo del espectáculo. El piano también se les une cerrando de esta manera el círculo que con tanta maestría desde un comienzo han trazado.

En conjunto es una obra delicada, coherente y sabia, digna de los mejores escenarios y aplausos de calidad.

* Trisquel en el Corral del Carbón (foto de Antonio Conde©).

Martes, 28 de Mayo de 2013 00:24 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

La parquedad de Rafaela Carrasco

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Flamenco Viene del Sur

Un anticipo de este espectáculo, De un momento a otro, de Rafaela Carrasco, lo tuvimos este verano en el Corral del Carbón. Ya supimos de su estilismo y su compás; de su preferencia por el juego de pies y el discurso percusivo; de su baile minimalista y desenfadado, quizá demasiado.

Rafaela sabe disfrutar de su baile y sabe rodearse de los músicos versátiles que le almohaden el encuentro. El granadino Antonio Campos, al cante, compañero casi inseparable, es de los granadinos imprescindibles en la escena de atrás. Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Canito’, a las guitarras, le dan una vuelta de tuerca al flamenco. Suenan con una acústica especial, se desbordan por los costados y se complementan como si fuera un hombre de cuatro brazos. Y, a la percusión, a ese protagonismo evidente de la percusión, el finlandés Karo Zámpela borda de encajes todo el conjunto.

Es precisamente este percusionista el que abre y cierra la función con un pandero que le da pie a carrasco para exponer su conceptualismo lleno de sensaciones. El pandero introduce fandangos, que llevan sólo compás. Antonio, un cantaor que se sale, atrae el cante a sus melismas, respetando la tradición. Rafaela vuela, vuela Rafaela, y nos trasmite ese aire de libertad.

Serán con este cinco momentos en los que expone su danza de vuelta, el saber acumulado de muchos años, las propuestas que ha ido fraguando para abordar los cantes tradicionales. Son cinco momentos de parquedad generalizada, entre los que se suceden propuestas musicales para alentar los suspiros.

Las bulerías no tienen anverso. Las bulerías no dicen mentiras. En el baile por bulerías, en la simple pataílla, se aprecia todo un conjunto de gracia, compás, espontaneidad y eficacia.

El pasodoble es un clásico en el repertorio de esta bailaora, que interactúa con los músicos como si de improvisados partenaires se tratara. Un pasodoble que se asoma al tango argentino y Antonio lo preña con sabor a fandangos.

Tanto las cantiñas como el tema final, Panderos, viene coreografiado por Manuel Liñan. En el artículo dedicado a este bailaor, hice mención a que componía para bastantes artistas y era un referente en el baile nacional. He aquí la prueba.

Con bata de cola blanca (la única vez que no baila con pantalones), borda la pieza más enraizada de todo el espectáculo. La pausada escobilla es digna de aplauso.

Para terminar, el breve escenario, con cinco panderetas alternas, cobra vida y los cuatro músicos se tornan tamborileros marcando con precisión el romance preferente que Antonio nos dice. Es la guinda de la obra. Es donde Rafaela muestra sus cartas y confiesa su paradero y su trayectoria y el movimiento que la convence.

Todo esto, como en inesperado regalo, se envuelve en el sonido preciso de Juan Benavides, de Juan Benson.

Miércoles, 15 de Mayo de 2013 11:06 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Caminando por Bojaira

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Seguimos caminando por Bojaira. Jesús Hernández es un pianista de jazz que, desde hace al menos media docena de años, se está acercándo al flamenco, impregnándose de él. No le interesa adoptar las claves del cante y trasladarlas a su música, sino al contrario, emprende el humilde camino de hacer flamenco con las claves del jazz. Así su música es completamente reconocible en nuestros esquemas. Así su toque suena a flamenco.

A principios de año, este pianista granadino lanzó un disco (Bojaira) con todas sus inquietudes. Algunos temas que lleva en cartera unos cuantos años (colombiana) y otros de reciente factura para la grabación. Como resultado, un disco redondo, lleno de verdad y de respeto, que no puede defraudar ni a los amantes del jazz ni a los amantes del flamenco.

Como buen jazzero, concede un amplio margen a la improvisación y a los hados del momento. Como buen jazzero, cada apuesta es distinta dependiendo de la formación de ese momento (los músicos de jazz y los flamencos, en el buen sentido de la palabra, son mercenarios) y del capricho de los vientos, acercándose al dictado machadiano de que los pasos determinan el camino.

La apuesta era segura, no me cabía duda. Mis expectativas, sin embargo, quedaron cortas por la excelencia complice entre una buena interpretación y un sonido impecable.

Comienza la noche con las mismas seguiriyas con las que empieza el disco. Desde un principio se vino a apreciar la perfecta comunión de un baterista completo (Álvaro Maldonado) y de un bajista necesario (Manolo Sáez) con el piano de Jesús, que forman el trío base de la agrupación. La parte melódica, aparte de la voz versátil de Sergio Gómez ‘Colorao’, correspondió al saxo tenor de Paul Stocker, con solos memorables. Los pies (el taconeo) que le aportan a este tema una dimensión más que interesante, arraigada en la madera de la tradición, los prestó José Cortés ‘El Indio’, que, en el resto de la función, va metiendo su preciso juego de tacón punta, a veces olvidándose del resto del cuerpo.

Para los tientos-tangos (Sueño alfa) tiene un particular protagonismo la voz de Sergio, aunque genéricamente la voz se convierte en otro instrumento al servicio del conjunto. El compás es contagioso y la admiración creciente. Admiración que goza de especial aplauso en las variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach por soleares, que no vienen a ser más que unos virtuosos ejercicios para teclado en número de treinta y tantos, a la que Hernández quiso contribuir.

Acaba esta primera parte con la bulería llamada Laura, cargada de remates espontáneos, que se prolongan en la bulería con la que empieza la segunda parte y que le da nombre al disco. El bajo eléctrico ha cambiado por el contrabajo de Nico Langenhuijsen.

La fiesta continúa por alegrías donde se evidencia sin distinción el peso del flamenco y coge las riendas de la percusión Babacar. Hacía tiempo que no veía un baterista con la personalidad de este senegalés. Es un espectáculo verlo tocar, desde la manera de asir las baquetas hasta la contundencia en su toque.

Las colombianas, La risa de Mario, como digo, ya es un clásico; y la granaína, Camino a Mauá, que a su mitad se abandola con guajiras, le debe algo a Debussy.

Por bulerías, fuera de los ocho temas que componen el disco, termina la velada. Expusieron el tema Iris de Whayne Shorter, ya con toda la formación en escena.

Como bis imprescindible, suenan los tangos del saxofonista Paul Stocker, con indiscutibles aires del De Lucía.

Lunes, 13 de Mayo de 2013 11:26 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El torrente de José Valencia

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Dueño del compás y del jaleo, José Valencia alimenta los lunes del Teatro Alhambra con su cante estridente, pero no desbocado, al que incluso se le amplifica en demasía.

Conocimos a este catalán hermanado en Lebrija cantando para el baile, donde es toda una eminencia, reconocido y demandado por las grandes compañías de danza, queriendo apostar por un valor seguro. (Últimamente ha venido acompañando a Eva Yerbabuena.)

Hace algunos años, José comenzó a cantar para alante, avalado por su trayectoria y su saber, con resultados más que positivos.

Ahora graba su primer disco Solo flamenco, una declaración de intenciones, un intento de desnudar el cante de influencias externas, a veces nocivas. El resultado viene a presentarlo en este ciclo de la Junta de Andalucía.

Valencia se templa con malagueñas de la Trini y se abandola por Ronda, rematando enérgicamente por el Albaicín (bien ese final valiente). La frialdad del comienzo le pasa factura y la guitarra de Salvador Gutiérrez, normalmente eficaz, no le sirve de ayuda.

El lebrijano continúa sin pena ni gloria por soleá y taranto y levantica. Quizá abuse del mismo discurso en los cortes o en la ligazón de los tercios.

Para las cantiñas, que comienza a firmar con nombre propio, reclama el compás exacto de Juan Diego Valencia y Manuel Valencia. Y de los tientos-tangos pasa a las seguiriyas, que remata por cabales, quizá su mejor entrega, y donde el guitarrista aportó toques merecedores.

José Valencia también fue rey en las bulerías de su tierra, demostrando su dominio de los cantes rítmicos. Termina la fiesta a boca de escenario. (A este cantaor no le hace falta micrófono.)

De regalo, en vez de las prometidas tonás, hizo entrega de tres fandangos naturales, el último de ellos sin megafonía.

Un concierto correcto aunque raspado, quizá por la parquedad en sí, quizá por el desamor de una plaza exigua.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 08 de Mayo de 2013 09:30 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Nuestro hombre en la Corte

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Flamenco Viene del Sur

Viva Madrid que es la Corte. Siempre que pensamos en Manuel Liñán, lo concebimos como algo nuestro, aunque se encuentre lejos, aunque pase el tiempo… Quizá porque él también siente que nunca se ha ido. Su vinculación con Granada, con su Realejo, con su familia, con sus amigos, es algo que lo lleva y lo expresa. En su baile se nota ese arraigo con su patria chica, en sus maneras y en su habla se conoce ese hilo que, lejos de romperse, se afianza un poco más cada día.

Manuel Liñán es de los bailaores actuales más interesantes del panorama nacional. Es efectivo y convincente; personal e incombustible; y con una creatividad desbordante. Es aclamado por el público, reverenciado por la crítica y admirado por sus iguales. Tanto es así que figuras de primer orden le piden coreografías para sus espectáculos.

En el Teatro Alhambra, el lunes, 29 de abril, presentó su trabajo Sinergia, su último espectáculo en solitario, donde no deja de bailar, tan sólo en momentos puntuales, y acaba como empezó. Parece que no le cuesta trabajo, parece que es un trámite, parece que se divierte y que siempre guarda un poquito por lo que pueda venir, lo que es de agradecer.

Sinergia es la combinación entre un bailaor y su cuadro, la complicidad entre la expresión plástica y la musical, para concluir en un producto superior a la suma de los dos anteriores.

Con unos cantes de labor en diferido comienza la escena con los actuantes repartidos en sillas y ‘vistiéndose’ en turnos para la ocasión, dando paso a las seguiriyas con coda final por tonás. Juego de voces, de Juan Debel y Matías López ‘El Mati’, reconocidas y aplaudidas desde un principio, por lo añejas, por lo complementarias, por lo acertadas, si bien la de El Mati algo cascada, aunque bonita y con intención.

Liñán desde el principio canastero, rompedor, espontáneo y con un toque novedoso que no le hacer caer en el bailaor enigmático que juega con la vanguardia. Su estilismo es encomiable, su ritmo endiablado, su dominio preciso. Y siempre en la cara una sonrisa.

En la soleá por bulerías, en la soleá, en las bulerías, en el solo compás, Manuel juega con el silencio, uno de sus puntos fuertes, uno de los ases en la manga que siempre ha querido mostrar. Acaba bailando de rodillas en un alarde tanto de fuerza como versátil, tanto de hombría como de comicidad.

Un solo de guitarra del buen Víctor Márquez ‘Tomate’ (esta vez sin baile) precede a la rondeña de Ramón Montoya interpretada por este mismo guitarrista de manera ejemplar (¡qué bueno sale el guiso cuando los ingredientes son de primera!).

El bailaor granadino, con un deje bastante clásico, interactúa con una silla hasta presentársela a la sonanta y apuntar el último rasgueo mientras Tomate descansa su mano derecha.

Algo parecido ya vimos en el Corral del Carbón de este verano, con Antonio Campos (espectáculo que volverán a traer próximamente). Aunque el paralelismo más exacto son la serie de los tres solos que van mostrando a capela los pasos estremecedores de los tangos finales. El juego de luces tiene gran importancia.

El preámbulo de las cantiñas son unos segundos de tonás que desembocan en una de las piezas más ricas de toda la obra, donde tiene una participación destacada la palmera y compañera inseparable Ana Romero. (Los encargados de hacer compás en un recital flamenco suelen ser grandes músicos.) Hay silencios, capela, compás, humor, recuerdos…

Liñán interactúa con sus músicos y remeda los movimientos del cantaor, o viceversa, y se queda muchas veces en un segundo plano para demostrar que todo es necesario. Terminan por acordarse de Morente y ese aporte a las alegrías de Rafael Alberti en su Marinero en tierra.

Los fandangos también son cambiantes. Se imbrican las voces, la guitarra y las palmas, los naturales y los de Huelva. Y, continúa la complicidad, cuando a los postres el cantaor hace compás con los nudillos en la suela del danzante.

El segundo gran momento sin baile es una vidalita, donde las voces se alternan con gran belleza, y donde se acuerdan de Valderrama.

El final es en off, como empezó. Los actuantes se ‘desnudan’ de algunas de sus prendas que el bailaor se va calzando. Así, con la camisa de uno de los cantaores, la chaqueta del otro y el lazo del tocaor, Manolo pone la guinda por tangos. Esos tangos que ha venido apuntando con toda intención, y sin música que lo respalde, desde el principio del espectáculo. Que diga quién que no domina por tangos; que diga quién que no ronea como el primero; que diga quién que no le corre la sangre del Camino, de la pita y de la penca por las venas.

Jueves, 02 de Mayo de 2013 13:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Josele entre amigos

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Hay conciertos divertidos, muy divertidos, porque disfrutas lo que estás viendo. Hay otros, igualmente divertidos, por el lugar, los actuantes o el ambiente. A veces se combina un poco de todo esto y la muestra se convierte en una función familiar.

El pasado miércoles estuvimos en La Botelleca al filo de la media noche disfrutando de la guitarra de Josele de la Rosa y sus amigos.

Josele avanza. Josele estudia. Josele tiene grandes maestros. Josele goza de una mano derecha notable, sacromontana, apta para el rasgueo y el compás. Josele es de esos guitarristas granadinos, que forman legión y son imprescindibles para formar la base de la pirámide exclusiva de la sonanta.

Con apenas veinte personas de expectación, el guitarrista granadino se encuentra a gusto, dispuesto a disfrutar y hacer disfrutar.

Se desentumece en solitario con una granaína. Una pieza que pule hasta sacar sus brillos más ocultos, hasta llegar a estremecer por momentos. Continúa con una farruca agradecida que le ha acompañado desde que Luis Mariano se la mostró.

A la Isla, son unas alegrías que realmente suenan a Cádiz, que están en deuda con Juani de la Isla. Para ellas requiere el compás de Javier Mota a la percusión, al que se le unirá uno de sus amigos invitados. José Manuel Rojas, escribidor de flamenco y cantante del grupo pop Delapica, presta su voz en Hijo de la Luna, de Mecano, donde Josele nos recuerda sus escarceos con el grupo Yenza.

Este mismo cantante, con otro de los componentes de su grupo a la guitarra, Nino López, le prestan Juanillo, un tema de Delapica con trasfondo de soleá.

Sergio Cuesta, otro incondicional, aportó su conocimento y su saber en unos tangos morentianos, que comenzaron con La Estrella, para seguir con otros imprescindibles del maestro. Y puso su grano y su compás en el final por bulerías.

Lolo Casas, guitarrista versátil y muy flamenco, aunque el flamenco no sea lo suyo, aúna sus seis cuerdas de vez en vez. Digno es destacarlo a los postres, cuando suena las bulerías de De Juani de la Isla y sobre todo con Sultans of swing de Dire Straits, con aires de fiesta, con lo que se cierra el concierto.

Viernes, 26 de Abril de 2013 11:36 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El mimo del baile

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Flamenco Viene del Sur

Málaga tiene un tesoro que se llama Carrete. Carrete es único y es personal; cuenta una historia en cada uno de sus bailes y tiene un sentido del ritmo sobresaliente. A sus 72 años reconocidos (¡quién sabe!) goza de un espíritu joven y de una energía encomiable. Zapatea, se agacha y desafía como un bailaor en sus mejores tiempos. Y, sobre todo, salpica sus bailes de un finísimo humor que lo define y sobrepasa la idea convencional del artista flamenco. Si a esto unimos un cuadro escaso, pero bellamente escogido, tenemos todo un espectáculo: Carrete en vivo, la función que nos brindó este malagueño el lunes, 22 de abril, en el teatro Alhambra.

Rafael Rodríguez abre la noche con un solo de guitarra. Es Momento de calma, una zambra rotunda, muy arabizante y agradecida.

Como artista invitada, Mª Ángeles Gabaldón, aborda unos tangos de málaga, cantados con aire por La Repompa y principiados con guiño a las guajiras. La bailaora sevillana se muestra correcta y académica. Quizá presionada con la frialdad del momento.

Carrete aparece con traje, sombrero y bastón, con el que marca el compás por alegrías y con el que interactúa hasta que lo suelta, lo mismo que se desprende del sombrero y aun de la chaqueta, mientras cuenta la historia que nos trae. Carrete es expresivo como un mimo. Su gracia y su dominio hacen que su baile sea un paseo, un recorrido que alegra y admira, como un artesano al que no puedes dejar de atender.

De nuevo Gabaldón vuelve por seguiriyas con vestido de media cola negra y acompañada por palillos. Es esbelta y rotunda; redonda y entregada, aunque le falta el dramatismo que requiere la pieza, que recuperará hacia el final con el cambio de Curro Durce. Juan José Amador, al cante, no está tan fino como acostumbra.

Para los tarantos, Carrete, con traje blanco, utiliza una silla como estático partenaire, al que después le da alas. Primero convencional, con ese juego de manos (grandes manos) nada ortodoxas, para acelerarse a su mitad y llegar a sentarse, haciendo un alarde de su compás exagerado, y pasear la silla y santiguarse, como al final de cada uno de sus bailes, y brindarnos la faena y rematar dos o tres veces y hacer mutis casi con trabajo.

A la hora exacta llegan los saludos y el generoso y repetido fin de fiestas por bulerías, donde todos, contagiados con la comicidad del protagonista, hacen sus pinitos y donde Mª Ángeles, en su brevedad, se suelta el pelo y podemos atender a su valor y su chispa.

Aquí quedó Carrete, un bailaor elegante, saleroso y personalísimo, como digo, al que, visto lo visto, le quedan aún muchos años para darnos satisfacciones.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 24 de Abril de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Metafóricamente hablando

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Metáfora / Ballet Flamenco de Andalucía

Con algo de retraso me animo a comentar esta obra dispar del Ballet Flamenco de Andalucía. Su división en dos partes bien alejadas entre sí hacen exceder el tiempo apropiado. Con todo y con eso, el dinamismo y los destellos de luz avaselinan ese minutaje.

La Suite Flamenca, la primera de las dos funciones, que ya pudimos ver en el Generalife el verano pasado, carece de argumento, en tanto que Metáfora (segunda parte) encierra tanto simbolismo que se pierde en el concepto.

Hasta el intermedio, la propuesta es bastante más flamenca, en la que destaca un Rubén Olmo más flamenco que nunca (lo demostrará en su pataílla final por bulerías); una Patricia Guerrero encomiable, nuestra artista local, completa como pocas y con un juego de cintura y de muñecas envidiable, amen de su dominio del espacio y la diagonal y de un palmito más que agradecido (sobresaliente en A mi aire); un cuerpo de baile correcto y bien coordinado, sin destacados ni rezagados mencionables; y, sobre todo, una estructura musical de primera, en la que destacan las composiciones de Diassera y de David Carmona, cuya guitarra se dejó sentir pregrabada en la taranta En sueño, interpretada con un bello paso a dos.

Después del interludio, Metáfora viene como un distinto collar para el mismo perro. El abuso de la música en off se evidencia claramente (remezcla de clásica contemporánea), salvo en los martinetes, con sólo una estridente percusión, y alguna que otra pieza.

El flamenco pasa a un segundo plano y protagonizan la escena el clásico español, la escuela bolera y guiños a los bailes regionales.

Interesante juego de luces y propuestas de vestuario, completamente acertado para las chicas, cuando para los hombres era un parche futurista.

En general, un espectáculo agradable de ver, con buena madera y momentos notables. Lástima que esa madera no arda en fogata de altura.

* Rubén Olmo en la foto, director del Ballet Flamenco de Andalucía.

Lunes, 22 de Abril de 2013 10:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Morente y Lorca

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Con motivo del patrón de la Facultad de Filosofía y Letras, san Isidoro de Sevilla, se han programado una serie de actos conmemorativos. Ayer tuvo lugar una conferencia sobre “Morente, el hermano de Lorca” por el flamencólogo y biógrafo morentiano Balbino Gutiérrez y un recital de algunas piezas del maestro interpretadas por su hija Soleá, acompañada por Juan Habichuela ‘nieto’ a la guitarra.

Fue casi una sorpresa. Me enteré por la mañana poco antes de que diera comienzo (estaba anunciado para las 12,15).

Aparte de Aurora Carbonell, algún que otro familiar, allegados a la familia de Morente, unos cuantos aficionados y algunos alumnos, la sala estaba incomprensiblemente vacía hasta su mitad.

Balbino manifestó con toda razón la hermandad de Enrique y Federico, no sólo en la inquietud musical sino en la visión globalizada de las artes. Morente pasó directamente de las novelas del oeste al universo lorquiano (Doña Rosita la soltera). Desde sus primeros discos lo ha acompañado hasta llegar a fundirse. ¿Cómo dos creadores de Granada, posiblemente los dos más grandes creadores que ha dado esta tierra, no van a estar unidos en espíritu y manifestación artística?

El mismo cantaor expresó en cierta ocasión sentir la cercanía del poeta de Fuentevaqueros que le llegaba a parecer un miembro más de su familia.

El conferenciante desmenuzó las grabaciones de Morente y rescató hasta 38 cortes en los que aparecían los versos de Lorca. Un trabajo concienzudo que, me temo, calaba más en los iniciados que en el público en general.

La segunda parte estuvo protagonizada por el cante de la hija del maestro, con la compañía del último guitarrista que le acompañó en sus giras.

Juan Habichuela rompió el hielo con una recreación de Aunque era de noche. Sus dedos vertiginosos, el soniquete propio de la familia y la limpieza en su ejecución destacan indiscutiblemente.

Soleá se incorpora haciendo la Nana de Oriente, una bella creación paterna que también grabó su hermana Estrella.

Soleá atesora, además de una buena voz, afinada y melodiosa, los registros familiares del tono cambiante. Entre la lírica y el flamenco destaca esta cantaora que llega a estremecer con sus ayeos.

Continúan por bulerías (Señor, que florezca la rosa), para terminar con el Pequeño Vals Vienés, con una magistral introducción a la guitarra.

Fuera de programa y sin ensayo alguno interpretaron los memorables tangos La Estrella, pero que tanto el uno como el otro lo tienen más que asumidos y los han abordado de una u otra manera cientos de veces.

Fue lo que fue, un momento único como tantos otros que, viendo el resultado, me aventuraría a augurar una interesante comunión entre estos dos artistas. El nombre ya es mítico: Morente-Habichuela.

Viernes, 12 de Abril de 2013 09:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La esencia de Granada

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De cobre y lunares

Estamos de suerte, en poco menos de un mes, por nuestros escenarios, ha pasado lo más granado del baile flamenco en nuestra tierra. Ya disfrutamos del baile sin igual de La Moneta, de la bella evolución de Patricia Guerrero y ahora de la esencia de Ana Calí y de su apuesta por la tradición.

El lunes, como viene siendo costumbre en el teatro Alhambra, pudimos contemplar el baile destilado de esta motrileña. Ana es una corredora de fondo, que se auto exige sin hacer ruido. Los momentos inseguros, el amor al terruño y sobre todo la falta de oportunidad la han mantenido en un segundo plano, siendo cabeza de ratón en un corpus local tan aplaudido como cerrado.

Su espaldarazo, el terrón de azúcar, llega después del esfuerzo y la constancia de manos de la Junta y el ciclo Flamenco Viene del Sur. Lástima que sólo tenga una función en Granada. Lástima que fuera de nuestras fronteras no puedan ver lo que esta bailaora encierra.

De cobre y lunares es un espectáculo eminentemente granadino que ya se estrenó en el Museo-Cuevas del Sacromonte. Su deseo es rescatar los bailes tradicionales de nuestra tierra tal y como se hacían en la primera mitad de siglo en las cuevas de Valparaíso.

El baile granadino se caracteriza por la fuerza. La brusquedad en sus movimientos encierra un punto de sensualidad explícita y un tinte racial semi hipnótico. La riqueza de sus formas, cantada por los viajeros desde el siglo XVIII, es un tácito patrimonio digno de ser conservado.

La función empieza con un vídeo con imágenes en blanco y negro de aquél entonces, cuando en el barrio se vivía para la danza, que se dice que las gitanas ni se desvestían para estar preparadas con sus volantes, llegado el momento. Incluso, antes de comenzar, se escuchan unas voces, como debieron ser, alertando la faena.

A partir de aquí se desarrolla un todo continuo con los bailes típicos que, aunque son manifestaciones corales, con varias bailaoras, Ana los reproduce individualmente, concentrados como perfume en pequeño frasco.

La cachucha es el baile típico con el que comienzan las zambras sacromontanas, es decir, el ceremonial de la boda gitana. Su somática alegría desemboca en los tangos del Camino, los incombustibles tangos de Granada, con ese dejillo moro característico. Enrique Morente ha entrado a formar parte de nuestro acervo flamenco. Es difícil que se escuchen tangos sin que sus composiciones aparezcan.

Hay que destacar la eficiente labor de Alfredo Mesa a la guitarra y de su seriedad creativa; y de los cantaores Sergio Gómez ‘El Colorao’ e Iván Centenillo. Precisamente Sergio nos regala una granaína y media llena de color.

En la soleá de Graná se ve a una bailaora más suelta, dominando por fin los nervios iniciales y convenciendo con cada uno de sus desplantes. Rigurosamente de negro, Calí va trasmitiendo todo el sentimiento de esta pieza.

El escenario es parco y la ausencia de luz incide en su pobreza. La fiesta, que se supone envuelve esta manifestación, a veces supone un sobreesfuerzo. Sobreesfuerzo que tanto la bailaora como sus músicos realizan.

Iván se encarga, con gracia y dominio, de interpretar los tangos del Petaco. Unos tangos comúnmente bailados con una cadencia lenta y picarona que en este caso son sólo cantados, aproximándose en su ecuador a los tanguillos típicos que enriquecen este cante.

Dos interludios de la guitarra española de Rafael de la Rosa y de la bandurria de Fernando de la Rosa, que actúan como fiel acompañamiento de toda la obra, aunque de impecable ejecución, cortan el ritmo de la propuesta completa.

En la zambra, con su concesión a la variedad de tangos granadinos, ya admiramos a una bailaora desenfrenada y consciente; reflejo exacto de todas las bailaoras que le han precedido. Ni un detalle le falta a su figura ni a sus movimientos. El compás de ‘El Cheyenne’ y de ‘El Moreno’ son imprescindibles.

Otro cante típico de Granada son los fandangos del Albaicín, un cante valiente que requiere el control y la garganta del ejecutante. Es agradable escuchar estos fandangos cuando suenan por derecho.

Las alegrías, aunque típicas de Cádiz, como sabemos, no pueden faltar en la fiesta granadina. De blanco y repartiendo flores y sonrisas, Ana triunfa indubitablemente. Habrá un antes y un después en su carrera a partir del 8 de abril de 2013.

Como fin de fiestas, la mosca, que suele cerrar el ceremonial de la zambra, es interpretada con todos de pie, en boca de escenario, rodeando a la protagonista. La mosca es una danza llena de picardía, que Ana reproduce castamente, pero que insinúa lo que todos sabemos.

Los aplausos y la satisfacción de la redondez, sin apenas aristas, convencen de la calidad de una artista que siempre ha estado entre nosotros.

 * Foto de Antonio Conde©.

 

Miércoles, 10 de Abril de 2013 09:34 volandovengo #. Flamenco Hay 16 comentarios.

Patricia en La Platería

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El sábado pasé por La Higuera para ver a Sara La Samarona. Es increíble la seguridad que ha cogido esta cantaora en sí misma, que hasta en el aspecto físico se le nota, y la expectación que despierta. Tiene salero, aguardiente y maestría en recomponerse cuando los hados le gastan una mala jugada. A su lado, Petete con la guitarra. Para las bulerías se dio una pataílla bien graciosa.

Después en La Platería la sorpresa fue mayúscula. No sólo por la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’, el verdadero latido del flamenco; no sólo por la guitarra de Luis Mariano, posiblemente de los mejores guitarristas de acompañamiento; no sólo por las voces exclusivas de Juan Ángel Tirado, con su cajita de música en la garganta y su afinado torrente de voz, y de David ‘El Galli’ y su dominio con los bajos y los medios, que es como duele el cante; sino sobre todo por la bailaora Patricia Guerrero y su especial evolución.

Patricia ha sabido absorber de todos los maestros de los que se ha rodeado la esencia de su verdad y ha sabido adaptarlo a su discurso. Una bailaora, un bailaor, cualquier artista que se suba a un escenario y tiene algo que decir y sabe cómo contarlo, tiene parte del camino hecho. Patricia ha sabido limar asperezas, relajar el ceño y emplear todo su cuerpo para el fin deseado. Su esbeltez, su juego de cintura y sobre todo de muñecas rubrican un estilo eminentemente granaíno pero lleno de aire y de fronteras abiertas.

Un generoso comienzo al cajón recibe a los cantaores haciendo compás y alternándose por cantes extremeños, que dan paso a la guitarra orbital de Luis apuntando por levante y la primera aparición de la bailaora. El taranto pasa a ser tango tras un guiño sobresaliente. Se advierten huellas sacromontanas reconocibles que la adentran en un olimpo particular.

Un interludio sin baile llega por bulerías y después por seguiriyas. Llama la atención cuando los mismos músicos se admiran, se autoexigen y se aplauden entre ellos.

Patricia vuelve con bulerías por soleá. El fuego arde con toda la intensidad y los plateros están encantados con una de sus ‘hijas’. La bailaora se muestra muy canastera y con ganas de agradar, a pesar de las condiciones algo adversas de un escenario pequeño y de unas luces que difícilmente hacen justicia.

Con el fin de fiestas por bulerías vemos que tanta fiesta y tanto compás de doce tiempos va sobrando.

La duración del aplauso final, con los parroquianos de pie, no se ha visto desde hace mucho en la ‘Capilla Sixtina’ del cante.

* Foto de Miguel Clavero (creo).

Lunes, 08 de Abril de 2013 18:21 volandovengo #. Flamenco Hay 10 comentarios.

El sentido de Dani de Morón

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Cambio de sentido

La prueba más fehaciente de la altura de un músico, de un artista en general, es que sea admirado por sus iguales. Ayer, primer día de abril, el teatro Alhambra estaba lleno de guitarristas y guitarreros, de flamencos y aficionados, porque la presentación de un tocaor de altura funciona como un imán.

Ya conocíamos el virtuosismo de Dani, sus devaneos jazzísticos; ya nos familiarizamos con sus vueltas de tuerca y con su toque extraflamenco. Pero ha querido él y el destino que aterrice. Su primer disco en solitario, Cambio de sentido, que presentó el lunes, es un trabajo flamenquísimo, exclusivamente musical.

Quizá el contacto con  Paco de Lucía, en su gira de Cositas buenas, como segunda guitarra, le sirviera para desnudar su argumento, para quedarse en la esencia de las seis cuerdas y en su prolongación en el espacio.

Después de escuchar el disco, después de atender al concierto, sacamos la conclusión de que su trabajo es asequible para el gran público, pero sobre todo es una labor para iniciados. La riqueza de sus piezas, el aprovechamiento de los recursos, el fraseo estilístico… es algo que está pero puede pasar desapercibido; y, por otra parte, la sencillez con la que todo se muestra, alejado de efectismo, es digna de encomio.

Inmigración es un tema libre, dividido en dos partes, que aborda en solitario y se acerca en un principio a los aires de Cádiz para terminar en la fiesta. Para Momento de calma requiere el pandero de Quique Terrón y el bajo de José M. Posadas ‘Popo’. Un bajo eléctrico de seis cuerdas que le aporta una dimensión armónica interesante.

La soleá Siete revueltas es definitiva. Contemplamos a un Dani auténtico e inmerso en la raíz. Como su nombre indica, la amasa a voluntad, la malea y distorsiona para volverla a componer, sonando sin duda al tradicional toque de Morón. Sus silencios, imprescindibles en el flamenco, están llenos de duende.

Sus palmeros, Los Mellis, que en las bulerías (Barrio C) meten la voz, son tan exactos como respetuosos. Estas bulerías son borrascosas y son calmas, como el tiempo en esta primavera cambiante; son tradicionales y son vanguardistas, con sus concesiones al jazz, ejemplarizadas en sus repeticiones de base.

Todas las rondeñas tienen una deuda tácita con Ramón Montoya y …Sólo hay una / Un motivo no es menos, aunque se aleja brindándonos un sonido que posiblemente ya tiene firma de autor. Rúbrica que ya reconocemos sin duda en la seguiriya clásica Morón D.F. interpretada en solitario.

El final, con todos los componentes, apunta festero. Primero unos tangos (), quizá más extensos de la cuenta y, para terminar, las tremendas bulerías que le dan nombre al trabajo discográfico.

Miércoles, 03 de Abril de 2013 10:45 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Recopilación

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No hay nada sobre gustos que no esté escrito ni a nadie que le amargue un dulce. Siempre he defendido mi incondicionalidad hacia La Moneta, hasta el punto de considerarla la mejor bailaora del momento, al menos de su generación (y si me apuran…). Me he entusiasmado con su evolución, con sus logros que, como un escultor, va añadiendo a su obra para crear el modelado perfecto. Paso a paso nos invita a descubrir ese camino. Es una recopilación temprana de la canción de su baile, de la historia de su vida, pues Fuensanta nació con los tacones.

El viernes, 22 de marzo, o sea, ayer, en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe, para su público y para sus nuevos descubridores, La Moneta se rodeó del cuadro de verdadero lujo, que habitualmente la acompaña, para desgranar esa media docena de espectáculos que han conformado su estado.

La primera propuesta es una farruca con sólo la guitarra de Luis Mariano que desde un primer momento muestra su inmensidad. Luis es un creador; suena a flamenco y suena a granada; es tierra y es agua: el agua que baja por el monte, el agua canora que borbota de los manantiales de Valparaíso.

De rojo aparece la bailaora granadina para afrontar este baile tradicionalmente masculino, pero que ha redondeado sus aristas para expandirse en el género. La Moneta saca su vena contemporánea, que tan bien se adapta a su apuesta.

Manzanita de Santa Fe aborda la malagueña de Manuel Torre, Por buscar la flor que amaba, sólo esta letra, breve en su inmensidad, que la protagonista pinta tan delicada como desafiante.

De nuevo la guitarra de Luis se queda sola, acompañada por el preciso cajón de Miguel ‘El Cheyenne’, arpegiando la melodía de La Estrella. Es un tácito homenaje a los tangos de Morente. También se acuerda de los temas de Sacromonte o de La aurora de Nueva York.

El primer impasse de la noche viene con la voz añeja de Miguel Lavi haciendo el romance de El Chozas, para dar paso al invitado de la noche, Javier Latorre para bailar el silencio. Latorre es el maestro estilizado y calmo que deja huella sin proponérselo. Abre su vuelo y la soleá se impone, con las voces de Lavi y de Juan Ángel Tirado. La Moneta aparece con media cola blanca y mantón a juego. Es un paso a dos, en el que los dos bailaores se alternan, se imbrican, hermoseando el aire.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ toma el testigo. Encara una tona y un martinete. Sorprende la templanza de su voz y su control en el decir, aunque, al final de la velada, se traiciona a sí mismo forzando la máquina en demasía.

Los cuatro cantaores, con voces reconocidas, quizá pasen por ser las mejores gargantas de nuestra tierra (incluyendo a Lavi, que es de Jerez).

Un poco de percusión apoya a Juan Ángel cantando por seguiriyas. La granadina surge de negro, y se acompaña con palillos, para ser desgarradora en este baile tan suyo. La seguiriya es rica y acaba con el cambio de Curro Dulce, que repite su último verso como una coda final que rubrica la pieza.

La segunda parte, si se puede llamar así a una obra sin fisuras, comienza con todos los actuantes cantando por granaínas. El toque de Luis Mariano, habitual en esta suerte de libertad, realiza verdaderos encajes con la sonanta. Jaime Heredia y Manzana firman esta la granaína y la media, mientras Lavi y Tirado se abandolan acercándose a la rondeña y a los fandangos del Albaicín, respectivamente.

Y, para terminar, o para terminar de empezar, La Moneta expone sus jugadas actuales, que consisten en un todo continuo, solapando los distintos palos y recogiendo todo el sentimiento con un mismo ‘vestido’.

El toque moruno de la guitarra se asoma a la zambra, antes de plantear los generosos tientos y a continuación los tangos. ¿Se puede ser más graciosa, más canastera, más granadina bailando por tangos? Cada desplante, cada caída, cada paseo, cada golpe de caderas abre los apetitos más viscerales.

Este sabor sacromontano, con una introducción del de Santa Fe, a la manera del poema por bulerías de Manuel Molina, se convierte en un latido por soleá, donde descubrimos, si cabe, a La Moneta más espontánea. Soleares que pasan a ser jaleos extremeños, con los cantaores de pie, en una rueda definitiva que acaba por bulerías, hasta que todos hacen mutis por el foro, dejando a la caja y a Fuensanta, que hacen lo propio, dejando el escenario solo y puntos suspensivos en el ambiente.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Sábado, 23 de Marzo de 2013 18:16 volandovengo #. Flamenco Hay 7 comentarios.

Saeteros granadinos

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Reconozco mi desconocimiento cofrade, rayano en la aversión. El contacto más directo con la Semana Santa en mi ciudad fue una vez que salí de costalero llevando a la borriquilla. De eso puede hacer más de treinta años; cuando pagaban por tal menester. Necesitábamos dinero para comprar tiendas de campaña de cara al verano.

Por lo demás, mi vocación sólo entronca con el cante particular de esos días y su componente flamenco. Pues la saeta era un cántico popular extendido por toda España que se dirige a las imágenes de los distintos pasos. A principios del siglo XX se aflamencó por nuestras tierras, cantándose por seguiriyas, por martinetes o por carceleras.

La saeta es copla de cuatro o cinco versos octosíla­bos, sin acompañamiento, aunque en las grabaciones discográfi­cas suele presentarse con el fondo musical de la marcha religiosa, principalmente la producida por el tambor y las trom­petas; a veces se ha grabado también con acompañamiento o fondo de guitarra.

Curro Andrés, el primer aficionado granadino, lleva mucho tiempo en estas lides. Semanasantero, saetero y flamenco, como pocos, organiza cada año una muestra de ‘exaltación de la saeta’ con sus alumnos en un templo de la ciudad. Este año se han lanzado a la grabación de un disco que se presentó en el teatro Alhambra el día de ayer, martes 12 de febrero.

La primera constancia, e indignación por parte del organizador, fue la poca asistencia, apenas un tercio de la sala. Hubo literalmente más actuantes que público entregado. Incomprensible en una ciudad llena de cofrades, de flamencos y de amigos.

Dos bandas, con sus marchas procesionales, se iban alternando con los cantaores. En la primera parte, dedicada a los Cristos, la Banda del Dulce Nombre de Santo Domingo puso la alternancia musical. Interpretaron el Oh, pecador, Meditación, El señor de la Cañilla, Consuelo gitano y La saeta. La segunda parte, cantándole a las vírgenes, estuvo ilustrada por la Banda Municipal de la Zubia, con su directora Maria Trinidad Montes Martín, que expusieron: la Macarena, Hosanna in ExcelsisVirgen de las Maravillas, Madrugada de la de la Macaren y otra versión de La saeta.

Los cantaores, con voces reconocidas y buen arrojo, fueron, antes del descanso, Fernando Reinoso, que le cantó al Cristo de los Favores; Anabel Collado, al Padre de la Amargura; Gilberto de la Luz, al Cristo de la Humildad; Marta ‘La Niña’, al Señor de la Inspiración; Jesús Zafra, al Señor del Rescate; y María Gómez, con la voz bastante tomada, al Cristo de la Misericordia.

La segunda parte fue protagonizada por Alicia Morales, cantándole a la Virgen de la Victoria; Tomás García, con carraspeo en la garganta, a la Virgen de la Amargura; Azahara María, a la Virgen de la Alhambra por carceleras; Cristián Delgado, a la Virgen de la Esperanza; Iván Centenillo, a la Virgen de la Aurora, también por carceleras; y una enorme Sonia Leyva, a la Virgen de la Soledad.

He aquí el buen y variado estado de nuestros saeteros. Un buen recorrido, un buen repertorio, con algunas ausencias por enfermedad o lejanía, como la de Ana Mochón, Jesús de María y Aroa Palomo. 

* Curro Andrés, artífice del proyecto, en la foto.

Miércoles, 13 de Marzo de 2013 12:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La hija y su camino

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Estrella Morente no es sólo la hija de su padre, sino también la hija de Granada, por su nacimiento, por el cariño que le profesa su paisanaje y por la voluntad que ella pone en arrellanarse en su regazo.

Como tal hija llegó a su madre a vaciarse y a triunfar, a llorar por la ausencia y a reír por el presente, puerta indiscutible del futuro. Granada, como buena madre, se muestra incondicional, emocionada, llorosa y permisiva, a pesar del precio sensiblemente elevado de su presencia.

Con todo y con eso, novecientas almas (medio aforo) caldearon la sala García Lorca del Palacio de Congresos el pasado viernes. Con todo y con eso, los demas hijos de la ciudad (¿sus hermanos?) se mostraron también generosos y llenos de orgullo por su princesa.

Ella, puesta a agradar, concibe una puesta en escena grandilocuente y comparece bien arropada (excesivamente, para mi gusto). Luces, humo, decibelios… La expectación está creada.

Un primoroso disco de estudio, Autorretrato, se va desmenuzando con el hándicap de remedar la excelencia de la grabación, con la tranquilidad de contar con un directo fresco y un pasado de escena.

La concesión al flamenco, lo sabemos, no es otra que la concedida al son cubano, al pop, al jazz… Son los caminos de Estrella, más que una búsqueda un destino, donde la sombra de Enrique planea.

Estrella sube a las tablas desde el patio de butacas, mientras los acordes de Michel Nyman en off apoteósicamente la reciben. Recorre los muchos metros que la separan de sus músicos desde la puerta del fondo, dándose un baño de gentes, de sus hermanos que la aclaman. (Se irá de igual manera.)

Su cuadro toma la iniciativa y el piano y el bajo eléctricos sustituyen al músico inglés para acompañar a la granadina en su decir del Pregón de las moras, para seguir con el hermoso siguiente tema sinfónico, Le di caza al alcance, un poema de san Juan de la Cruz, musicado por Michel Nyman. Una joya que en directo no desmerece.

Relajado. Con buen presencia de ánimo me dispongo a escuchar La Habanera Imposible de Carlos Cano con aires buleros y coda final, aunque las guitarras de los Carbonell no son la misma que la de Vicente Amigo que interviene en el trabajo discográfico.

La parte más flamenca del espectáculo vino con la soleá-petenera, con unas granaínas muy de su gusto, y con las enormes Seguiriyas de la Verdad, llenas de esos pellizcos y juegos vocales, de mediotonos y acentos, rubricados por los Morente.

Un solo de percusión y después un potpurrí en la guitarra de Montoyita que desemboca en La Estrella, de Enrique, dan tiempo a la artista para que se cambie. De un blanco impecable aborda con emoción este legado de su padre, que es su recuerdo, pero también es ella.

En un sueño viniste también es heredado de su padre. Este gran poema de Al-Mutamid de Sevilla, en traducción de Miguel Haguerty, lo grabó Morente en 1983 (Cruz y Luna) y ahora es cien veces versionado.

Y de la canción flamenca pasa a las sevillanas. A Lola Fores recoge algunos éxitos de la jerezana y de su hijo Antonio. Y de la capital hispalense desemboca en cuba con una rumba que corean cuatro voces a sus espaldas, más estridentes que eficaces, más disonantes que alentadoras.

En los tangos se acuerda de su padre. Comienzan por Tienes la cara y acaban bailando, con ese gracejo tan granaíno, por entre el público, su público.

Para terminar vuelve a las tablas con la Canción del Bembón, con la que se despide como la estrella que es.

* Foto: Antonia Ortega©.

Domingo, 10 de Marzo de 2013 10:55 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Pedro Ricardo Miño, la voz del piano

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A medio camino entre el guitarreo y el cante se encuentra este pianista sevillano. Sus temas son reconocibles y su concierto de una flamencura indiscutible.

El programa de mano estaba de más en un artista que frasea cada sílaba, cada melisma, con las teclas y sus escalas. De hecho, más de un aficionado, cantaba mentalmente su repertorio, distinguiendo en cada momento, no sólo el palo a que se refería, sino también la letra en sí e incluso al intérprete que lo cantaba.

Comienza por seguiriyas, demostrando desde el principio que su concierto va a ser un lecho de espuma, donde dice lo que dice y se acuerda de los grandes con nombres y apellidos.

Para este primer tema (y para toda la segundad mitad del concierto) se hace acompañar de la precisa percusión de Juan Ruiz, verdadero contrapunto en cada una de las entregas, que va vistiendo al piano que, cuando canta prolongado, se adivina algo desnudo.

La farruca es un homenaje a Antonio Gades. Es tradicional en sus formas, donde oímos incluso el taratrán, aunque al final se aproxima al tango argentino y a compases clásicos cercanos a La violetera.

Divagando es una granaína que resulta algo larga y repetida hasta que se abandola por fandangos del Albaicín, donde parece que el mismo Frasquito alardea de su fuelle.

Igualmente, con los tientos A Pastora, la Niña de los Peines nos entona al oído.

Con la soleá, Taberna de Altozano, regresa el percusionista para hacerle compás. Es quizá la pieza más acertada y profunda, si se puede destacar alguna. Larga en su planteamiento; que va desde la soleá de Frijones hasta la de Triana, con su juguetillo camaroniano de Machaca, machaca, pasando por la de Alcalá o la de El Portugués.

Por alegrías (La Victoria), Pedro Ricardo, cambia el semblante, se muestra completo y se jalea él mismo. Parece que se relaja y agradece cualquier ole que, quizá con tan poco aforo, cueste arrancar. Consigue una sal que le acompañará hasta los postres.

Camino de vuelta son unos fandangos de Huelva enriquecidos con abundancia de notas intermedias; y en las bulerías, Plazuela de Santa Ana, con las que termina el concierto, le hace unas concesiones al jazz antes no sentidas. Esta fiesta final la introduce con toda intención con los acordes de La Estrella de Enrique Morente. A su término explicará la relación que le unía al maestro y lo bien mirado que era en su casa.

En el bis, que casi tuvo que pedir permiso, se asomó al mundo lorquiano y abordó un ’improvisado’ Anda jaleo en compases de seis por ocho. (En realidad, por momentos, su toque de piano es muy de Federico.)

* Instantánea del fotógrafo cordobés Toni Blanco©.

Miércoles, 06 de Marzo de 2013 09:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Noche inesperada

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Ignoraba quién traía a la guitarra. Me acredité en el concierto de El Zambo, en Planta Baja, porque dos días antes me había informado José Manuel Rojas, crítico del diario Ideal de Granada, de su actuación.

No tenía grandes expectativas, pues el jerezano es bueno en lo suyo y los años no pasan en balde. Pero una sucesión de sorpresas me estaban aguardando.

En primer lugar, me encontré al padre de David Carmona diciendo que, después de mucha demanda, su hijo iba a tocarle al maestro. Seguidamente vi la sala pobre de expectación lo que en parte está bien por la privacidad que impone el concierto, pero sobre todo estaba mal por el artista, por el local, por la afición…

Después comprobé que el sonido era impecable, envolvente, bastante cuidado. Y, por último, la sorpresa mayor es que Luis el Zambo estuvo inmejorable, a gusto como nunca lo he visto, con la voz nítida y el pellizco continuo.

Luis Fernández Soto es uno de los personajes, nacidos en Jerez, a tener en cuenta por el timbre de su voz, por el sentido del compás y por el excelente soniquete por bulerías que lo caracteriza.

Así, queriendo saborear la fiesta, no tuve más remedio que destocarme y aplaudir todo el recital que, como digo, fue creciendo y creciendo sin ningún desperdicio.

Raúl, a mi lado, comentaba, después de una primera parte gloriosa, que se podía quedar ahí, que ya estábamos satisfechos, que no se fuera a quebrar en la siguiente entrega… Pero no fue así, como comprobamos. Y, si hubiera una tercera parte o un trasnoche (que lo habría, aunque yo hice mutis tras la última bulería) habrían sido igualmente magistrales, porque, tanto cantaor como tocaor, estaban tocados indiscutiblemente con la varita del duende.

Luis se templó por solea, exponiendo desde ese primer momento sus cartas sobre la mesa, y continuó por tarantas, en donde se lució sobremanera la guitarra que lo arropaba a su lado. David Carmona (Giraldillo revelación 2010), uno de los nombres que verdaderamente dejarán huella en el mundo del flamenco, es un joven guitarrista, serio y trabajador, con un estilo propio, que parte de las enseñanzas de Manolo Sanlúcar, para posicionarse a años luz de cualquier artista de las seis cuerdas de su generación. Siendo músico de concierto y compositor en esencia, también es reconocido y demandado para acompañar al cante y al  baile.

David tiene sus momentos magistrales, pero no le hace sombra al cantaor. Sabe quien es el protagonista y lo lleva por un camino de flores sin pretender que se note el sendero sino el caminante. Una guitarra tan canora y tan flamenca y tan gitana hacía tiempo que no escuchábamos.

Por seguiriyas, el Zambo estuvo sembrado y el estremecimiento fue auténtico. Las ovaciones del público se sucedían y no pararon hasta el final.

Unos naturales y una bulería dieron por finalizada la primera parte.

Por martinetes comenzó la segunda entrega. El artista seguía en su sitio, más templado si cabe, con ganas de lidiar cualquier toro que le echasen. Los tientos-tangos estuvieron llenos de quebrantos y compás, para volver a incidir nuevamente en la soleá y terminar por las bulerías de su dominio.

* Foto de archivo de Paco Sánchez©.

Viernes, 01 de Marzo de 2013 10:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Cabrero incombustible

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Hay cantaores que tienen que demostrar su valía cada vez que pisan las tablas de un escenario; hay cantaores que necesitan hacerse con un público cambiante cada vez que actúan; hay cantaores que se reinventan constantemente para seguir en la brecha, para sentir que siempre pueden mostrar algo nuevo. Hay cantaores, sin embargo, que ofrecen lo de siempre porque su público es fiel desde el principio y no espera otra cosa que lo que conoce. Estos cantaores tienen un grupo de seguidores incondicionales que firman tan sólo su imagen. Cantaores que ofrecen algo más; en los que el flamenco, en los que el arte en sí, puede pasar a un segundo plano, porque su oferta es distinta, porque su carisma está por encima del bien y del mal.

Extremo éste que les suele acontecer a las voces peculiares, al creador innato, al artista porque sí, al cantaor comprometido. Y no digo que no sean buenos en lo que hacen, muy al contrario. A veces nos sorprende la eficacia, el pellizco, el juego del duende. Se me ocurre a voz de pronto una decena de nombres que guardan estos requisitos en su haber flamenco, que pueden estar desafinados, aguardentosos, desacompasados… pero serán auténticos, siempre.

Entre estos artistas, con letras de molde, se destaca El Cabrero. El cantaor de Aznalcóllar, Sevilla, fue el encargado de inaugurar ayer, lunes, 25 de febrero, el ciclo Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El lleno, como acostumbra, fue total; y sus seguidores entregados.

Como es natural, no le hizo caso al programa de mano y se dedicó a improvisar, lo que le pedía el cuerpo, lo que esperaba su gente.

Comenzó por seguiriyas y cabal, para, en segundo término hacer una “alabanza al macho montés” en forma de romance por bulerías, donde muestra su arraigo montaraz.

En las aceleradas soleares sus reivindicaciones, que ya venía apuntando, se evidencian y ‘arremete’ contra el clero y la iglesia, el gobierno y la monarquía, el capital y los señoritos.

La lluvia es un soneto por bulerías de Borges, musicado por Alberto Cortés, que lleva tiempo acompañando al cantaor sevillano en sus giras.

La malagueña y sus abandolaos, que son también comprometidos, dan paso a los fandangos de Alosno, con letras tradicionales, y después su particular homenaje a Manolo Caracol, uno de sus referentes, en su famosa zambra Carcelero, carcelero.

Si se calla el cantor, de Horacio Guaraní, también entra dentro de sus versiones queridas y Pastor de nubes, es la bulería que da nombre a su trabajo discográfico de 2011.

Otro de sus grandes éxitos es Luz de luna, copiado con gran acierto de la recientemente desaparecida Chavela Vargas.

La noche acaba con unos martinetes fuera de tono pero dichos con gran sentimiento, mientras Rafael Rodríguez le marcaba el compás en la guitarra. Rodríguez es un cazador, un malabarista. Quizá sea el único guitarrista que puede seguir a El Cabrero. Con su exactitud, vivacidad y riqueza almohada el cante de su parternaire realzando su brillo.

Fuera de programa, como no podía ser menos, El Cabrero hilvana una gavilla de los fandangos naturales que le han dado fama, y después otra, y después otra, porque “si te gusta el guiso…”.

Martes, 26 de Febrero de 2013 11:00 volandovengo #. Flamenco Hay 13 comentarios.

Las soleares, un problema terminológico

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La soleá es uno de los cantes básicos del flamenco. Su copla es de tres o cuatro versos octosílabos con rima consonante o asonante, que debió originarse durante el primer tercio del siglo XIX para acompañar al baile por jaleos, pero que con su práctica se fue convirtiendo en un cante con entidad, hasta llegar a ser considerado uno de los estilos esenciales del cante flamenco.

Sus letras responden a una temática muy amplia, generalmente trágicas, con alusiones a la vida, al amor y la muerte.

En rigor, no debe hablarse de la soleá, como se habla de la caña o de la granaína, sino del cante (o baile) por soleá. O por soleares.

Digo ‘por soleares’ y no ‘por soleás’.

Muy extendido entre los flamencos es nombrar la frecuencia de soleares como soleás, a veces indistintamente, a veces confundiendo los términos como si fueran dos productos distintos, dos cantes diferentes que provienen de una misma raíz.

No sé si el establecimiento de la voz popular estará tan extendido que no se pueda erradicar, pero, para que conste, diré que el plural de soleá es soleares (según las reglas de nuestra lengua) y que soleás no existe.

Supongo que quien lo utiliza y quiere seguir utilizándolo puede hacerlo. También hay quien dice sofales o sofases en vez de sofás.

* Dibujo del artista granadino David Zaafra.

Miércoles, 20 de Febrero de 2013 09:22 volandovengo #. Flamenco Hay 7 comentarios.

Bojaira

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Aunque muy menguado, por problemas de espacio, me imagino, este es el texto que le escribí a Jesús Hernández y que aparece en su disco, Bojaira, de reciente aparición:

No existen varias sensibilidades, sólo tenemos una sensibilidad que se manifiesta de diversas maneras. No hay varias músicas, hay una sola música universal que todo lo agrupa.

En una mente global y abierta, la mixtura de las tendencias es el único camino. Desde que el flamenco es flamenco, el mestizaje lo ha caracterizado. Ya no hay que pensar en fusiones o sinergias acomodadas, basta con abrir los postigos y aspirar todos los vientos, porque cualquier aroma tiene cabida.

Pero el flamenco no sólo es flexible a los diferentes estilos musicales, sino también a la instrumentación. A la tradicional guitarra pronto se le unió el cajón y otras percusiones. Y, como con vaselina, también admitió el saxo y la travesera, la batería y el contrabajo, el violín y el piano.

Jesús Hernández, pianista de jazz, parte en este trabajo del flamenco para desembocar en su propio lenguaje, en una suerte de fusión tan natural como personificada, en la que también encuentran sentido las incursiones en la música clásica (Bach) o en los ritmos caribeños.

El piano flamenco muchas veces trata de remedar a la guitarra y sus falsetas, sus escalas y trémolos. El piano de Jesús es simplemente piano que, con sus teclas bicolor, va proponiendo toda una gama de formas del arte jondo, que van desde la seguiriya a la colombiana, pasando por la granaína, la bulería, los tangos o las cantiñas.

En Bojaira, Hernández, parte de un flamenco reconocible, para desembocar en los senderos versátiles del jazz, donde la pura improvisación tiene un especial protagonismo, al igual que se imbrican el cante, las palmas o el zapateado flamencos.

Más adelante, cuando le dé unas cuantas vueltas más al disco, volveré a insistir sobre este trabajo realmente preciosista.

Lunes, 18 de Febrero de 2013 11:58 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Incertidumbre

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Lleno de compás y buenas intenciones es este primer trabajo discográfico del cantaor Iván Vílchez ‘Centenillo’, que presentó el sábado 9 de febrero en la peña de La Platería.

El disco, más que una carta de presentación, es una declaración de intenciones. Centenillo lleva el cante a su terreno, como tantos cantaores granadinos han sabido hacer, y lo adapta a sus melismas. Queriendo ser novedoso, se aferra por derecho en las viejas fraguas donde las gargantas se llenan de ecos dramáticos o de fiesta.

Incertidumbre porque emprende un camino, al que es llamado desde antiguo, y desconoce su paradero. Incertidumbre porque siembra, aunque la cosecha es incierta. Incertidumbre porque viaja ligero de equipaje pero con cien sones que le acompañan.

El recital fue una muestra prolongada de estas ganas de exponer parte de sui ‘cosecha’. Para ello cuenta con las guitarras del maestro Alfredo Mesa, en la segunda parte, y del soniquete flamenquísimo de José Fernández, en la primera, que le acompañan en el disco junto a algunos más de los jóvenes tocaores granadinos; y, a la percusión, su hermano Manuel Vílchez, muestra su latido indispensable.

Iván comienza precisamente con Incertidumbre, la malagueña, de autoría propia, que le da nombre al trabajo discográfico. Para este primer corte los nervios se imponen y evitan su redondeo. Tiene que cantar por marianas, una de las piezas más interesantes del disco, para soltarse y demostrar una estatura que prestigia con unos tanguillos que terminarán por serle identitarios, a pesar de su influencia de Chano Lobato o su letrilla del legendario Chorrohumo.

Centenillo avanza con los años, es lógico, pero sus pasos bien alargados lo particulariza. Es estudioso, trabajador y respeta a sus mayores, a quienes no les niega consejo aunque sea gratuito. Sus mentores directos, Curro Albaycín y Curro Andrés, presentes en el acto y colaboradores en su entrega.

Es precisamente el gitano rubio quien le acompaña en María Dolores, un bolero con ritmo de bulerías. Después presenta El muletilla, una copla flamenca que cantaba en su tiempo Juanito Valderrama.

La segunda parte, ya con Alfredo Mesa a la guitarra, comienza por granaínas. Le siguen unos alargados fandangos del Albaycín, demostrando su dominio en los cantes festeros. A continuación, sin fisuras, acompañado nuevamente por Curro (parte de la letra suya), aborda los tangos de Granada. Termina por cuplé, otra de las propuestas que le hacen ser quien es, acompañándolo de un poquito de baile.

Para el fin de fiestas por bulerías, le arroparán los dos Curros y gran parte de los flamencos que asistieron a la Peña.

Lunes, 11 de Febrero de 2013 17:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco en el Sur

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Al paso que vamos, el nombre del ciclo de “Flamenco Viene del Sur” va a ser una exclusiva, una opción, un deseo, pues el flamenco ya mismo vendrá del norte. Flamenco se oye en todos los puntos cardinales e incluso hay intérpretes, y buenos intérpretes, en otros países, como Japón, Francia, Holanda, Sudamérica o Israel.

Además, nuestros flamencos no sólo cruzan habitualmente las fronteras españolas, sino que están deseando traspasarlas, por la aceptación y sobre todo por la bondad de trato de la vecindad del resto del globo. Tanto es así, que dentro de unos años, para ver buen flamenco, vamos a tener que ir a París, Milán o Nueva York.

Pero, hoy por hoy, ya tenemos un programa decente para disfrutar este año incierto (hasta hace poco pensaba que, por falta de presupuesto, este ciclo de la Junta de Andalucía se iba a suspender).

A Granada vendrán nueve espectáculos, que en proporción está más que bien, teniendo en cuenta los 34 que se distribuirán por toda la región. Y puede que este año la participación granadina sea más “evidente” (lo pongo entre comillas porque, entre protagonistas y segundones, quizá lleguemos a la ridiculez media docena entre los casi doscientos artistas que intervendrán a lo largo de estos días).

Directamente a Granada vendrá la Compañía de Manuel Liñán, el 29 de abril, con la obra Sinergia. El granadino Liñán es uno de los grandes bailaores o coreógrafos de España. Respetado por el público y reclamado por sus compañeros.

El día 8 de abril tendremos la Compañía de Ana Calí con su montaje De cobre y lunares, una obra basada en los cantes y bailes, pasado y presente, del Sacromonte. Ana es una corredora de fondo del baile granadino. Dentro de su profesionalidad, entrega y exquisitez nunca ha tenido suerte. Trabajadora desde la base, cualquiera de sus pasos rezuman sudor.

En Punta Umbría, el 9 de marzo, La Moneta, posiblemente la mejor bailaora de su generación, presentará Extremo jondo; y en Málaga, Miguel Ángel Cortés, el 6 de marzo, interpretará El calvario de un genio.

Por último, si consideramos tan granadino a Rafael Amargo como a Cortés, estará en Sevilla, el 5 de marzo, junto a Diego Amador, Arturo Pareja-Obregón y Laura Gallego haciendo Cuatro lunas.

Aparte de estos nombres con función propia, indirectamente, entre los cuadros o los cuerpos de baile, puede que hallemos personajes como Antonio Campos, para cerrar el ciclo granadino, el 13 de mayo, en la Compañía de Rafaela Carrasco, con la obra De un momento a otro; o a Patricia Guerrero acompañando a Rubén Olmo en el Ballet Flamenco de Andalucía, en las ciudades de Almería, Jaén, Linares y Córdoba.

Otras fechas para Granada (todas en el Teatro Alhambra) son el 25 de febrero, día de comienzo, con un recital de El Cabrero; el 4 de marzo, concierto del guitarrista Pedro Ricardo Miño; el 11 de marzo la Compañía flamenca de Isabel Bayón presentará En la horma de sus zapatos; el 1 de abril, el gran guitarrista Dani de Morón, mostrará su nuevo disco: Cambio de sentido; el 22 de abril, tendremos al veterano bailaor malagueño Carrete, que vendrá con Mª Ángeles Gabaldón como artista invitada; y el 6 de mayo, José Valencia, dará el recital de cante Solo flamenco.

 

Martes, 05 de Febrero de 2013 19:59 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Cuando viene de la costa

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Uno de los territorios a tener en cuenta en nuestro flamenco es la costa granadina. El flamenco de la costa no está tan influido por los cantes tradicionales de la capital ni tan mediatizado por el barrio del Sacromonte y su paisanaje.

Destacan las zonas de Almuñécar, Salobreña y sobre todo Motril, que tienen más arraigo con el flamenco almeriense o malagueño que el de su propia ciudad. Incluso poseen su propio fandango, que está bien alejado del de Granada (si es que los fandangos en sí pueden estar alejados).

En la costa, el flamenco es más de afición. Muchos cantan y lo hacen bien y no por eso se consideran artistas.

David Maldonado, David de la Jacoba, toma su nombre artístico de su abuela. La afición le viene de familia y se formó en Madrid. Allí acompañó a Joaquín Cortés cantándole al baile, pero también a tres de los guitarristas más grandes de este país: los almerienses Niño Josele y Tomatito, y el internacional Paco Lucía.

Su voz es laína en exceso, su decir añejo y su deje camaroniano. Le arropa con la guitarra su hermano mayor Carlos de la Jacoba. Una guitarra precisa y gitana, llena de pellizco; que goza de una parquedad sobresaliente, sólo da los toques necesarios, sabe que su papel es el de acompañar y almohada el cante como pocos.

Uno y otro, sin aspavientos, hicieron pasar en la Peña de La Platería una noche agradabilísima.

David comenzó con unas alegrías, que introdujo con un poquito por romances, donde Carlos sólo apuntaba de vez en vez con su guitarra. Continuaron con malagueñas y abandolaos, que resultaron ser granaínas con tono de malagueñas. Los tientos fueron agradecidos y arrancaron oles sinceros. Su remate por tangos fue breve, sin querer aprovechar el tobogán festero, que más de uno lo hace interminable. Como breve fue el poquito por soleá, sólo dos letras, con que remató la primera parte. Curioso y sentido final para el ecuador de un recital.

En la segunda parte entré ya empezado. La segunda pieza fueron unas seguiriyas muy de raíz. No llegué a interesarme por el primer cante que con la misma valentía y color interpretaron los motrileños. Por levante también fue un ejemplo de buen hacer y dominio del estilo libre. Culminaron por bulerías, que fueron realmente una guinda.

Antes de hacer mutis, sin embargo, nos dejaron un par de fandangos naturales.

Domingo, 03 de Febrero de 2013 09:35 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El triunfo de una rosa

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61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Rosa, metal, ceniza

Si me dieran a elegir con los dedos de una mano mis preferencias entre las bailaoras del momento no dudaría en señalar a Olga Pericet (recién elegida como Mejor Bailaora del año 2011 por la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco).

El Isabel la Católica se llenó durante la velada del sábado 30, pero no estaba abarrotado como cabría esperar. El teatro es relativamente menudo comparado con otros foros dentro del Festival y los huecos, para obras de calidad, son incomprensibles (quizá aún no se conozca esta bailaora en nuestra tierra o se siga prefiriendo el “made in” que no deja de ser la cabeza retorcida de un ratón).

Tres, cuatro, cinco veces he visto y admirado a esta bailaora cordobesa en Granada, y en Madrid (que es la Corte), y siempre me ha dejado ese sabor de boca rayano en el platonismo. Su baile, de excelencia, está lleno de propuestas, de riesgo y de desparpajo, hasta hacer de su cuerpo, bello y menudo, un objeto de deseo, la figura sensible de una fina porcelana.

En su primera obra en solitario, Rosa, metal, ceniza, quiere dejar sentado que este no es camino fácil, que la danza florece como la flor, pero es dura como el metal y efímera como el fuego que se extingue y vuelve a renacer.

Con una formación más que demostrada en el baile clásico y el flamenco, Olga va hilvanando un espectáculo lleno de sugerencias y concesiones sin límites hacia lo contemporáneo, que se materializa en el bailarín invitado Paco Villalta que, con su presencia o como sombra latente, sirve de tácito hilo conductor de toda la obra, quien la abre y se presenta con el clásico sonido en off del Romance a Córdoba, mientras la bailaora, hierática, como muñeca rota, descansa sentada a la izquierda y sólo comienza a interactuar con él hasta quedarse sola con su vestido corto de volantes y sus palillos, herencia de la escuela española, y los compases de Córdoba de Isaac Albéniz, reivindicando una vez más su cuna.

Unas milongas de Pepe Marchena son interpretadas con sentimiento por el camaronero José Ángel Carmona, uno de los tres cantaores, que aflamenca la función y da paso a las cantiñas, cuando se hace fiesta a los postres. La bailaora cordobesa, con gran mantón y estilo, establece su dominio, permitiéndose ralentizar las escobillas y sofisticando los remates.

Una doble cortina de cuerda dorada hace de fondo móvil, cobrando vida propia y adquiriendo ese onírico protagonismo que Olga nos plantea. Hasta aquí la Rosa.

La segunda parte, el Metal, comienza por levante. Miguel Ortega, poderoso y seguro, con Manuel Patino a la guitarra seducen por tarantas, para imbricarse rápidamente por seguiriyas y tonás, donde el jerezano Miguel Lavi muestra su magisterio y una sombra asaz alargada. Pericet quita todo dramatismo a esta pieza, que se muestra acelerada, y se deja llevar por los últimos quejidos de Lavi que casi lo toca hasta que Villalta la toma en volandas y hace mutis inesperadamente. Estos momentos quebrados a modo de ensayo improviso desconciertan al espectador y rompen el sentido maleable de la obra, como cuando el bailarín interpreta una pieza marchenera que se entrecorta.

Uno de los momentos más aplaudidos de la noche comienza con los acordes de una mandola (Carmona), al que se le unen las guitarras sabias de Antonia Jiménez y Patino. Son unas bulerías al puro estilo que aborda con fuerza y salero el bailaor invitado Jesús Fernández.

La sombra de la ceniza es el paso a dos que bellamente interpretan Pericet, con bata negra de cola, y Villalta. Es emocionante y un gran preludio a la traca final por soleares apolás y petenera, donde la bailaora demuestra su altura flamenca, su largueza y su proyección.

* Foto promocional del espectáculo

Lunes, 02 de Julio de 2012 19:50 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

La voz rota de Carmen Linares

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61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Lleva bastante tiempo Carmen Linares con la voz afectada. Quizá algún día la forzara demasiado y ya no hubo marcha atrás. Desde hace algunos años sus apariciones tienen más de carismático que de estilismo.

El martes 26, en el Palacio de Carlos V, después de haber recibido la medalla de honor por el Festival de Música y Danza de Granada en reconocimiento a su trayectoria y su vinculación con el festival, tuvo una actuación memorable, más por lo que representaba, como ya digo, que por la precisión en su entrega.

Bajo el título de Ensayo flamenco 2012, estrenado en Jerez y en Madrid, la cantaora jienense ha recopilado a los poetas que le han servido de inspiración a lo largo de sus grabaciones, acordándose de los imprescindibles Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti, pero también de los contemporáneos José Ángel Valente y José Luis Ortiz Nuevo, creando un concierto tan intelectual como intimista donde se arropa con las guitarras de Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco y la percusión de Antonio Coronel o tan sólo del piano soberbio de Pablo Suárez. También se apoya en las voces y el compás de Ana María González y Rosario Amador, sobre todo en la fiesta.

Con una generosa introducción musical, rematada por fandangos, entra en escena Carmen Linares con La luz que a mí me alumbraba de Ortiz Nuevo. Se asoma al cante de minas, principiado con piano y culminado por rondeñas, versionando El niño yuntero de Miguel Hernández.

Apuesta, como hizo Morente, una amplia concesión al cante libre, aflamencado, ejemplarizados completamente con dos temas desnudos también de Hernández, acompañados exclusivamente con piano, como si fuera un diálogo continuo: Mis ojos sin tus ojos, donde se acerca a la copla, y Casida del sediento.

El piano continúa como un latido haciendo tonás de otro poema del maestro de Orihela, El sol, la rosa y el niño, que ya grabara en La Luna en el río con Gerardo Núñez, en 1996, pero en aquella ocasión por bulerías.

Pero no es hasta las granaínas lorquianas Asesinado por el cielo (aunque estaban más cercanas a las malagueñas), rematadas con abandolaos, cuando la cantaora templa su voz y vindica sus dominios. A este tema le acompaña la estrella invitada Belén Maya que, con su baile minimalista y simbólico, ilustra a la perfección el desgarro del poeta granadino.

Ya, desde el pescante de la diligencia, Carmen va llevando el concierto por donde quiere y, aunque en las subidas la voz tiende a traicionarla, sus tablas y prestigio, triunfa en su periplo.

Por alegrías entonará Remembranzas de Juan Ramón Jiménez, incluido en Raíces y alas (2008) y Moguer por Huelva, que en este mismo disco se llamó Auroras de Moguer.

El final se va acercando con algunas canciones por bulerías: el fabuloso Quiero tú nombre olvidar, de Vainica doble, incluido en Un ramito de locura (2002), y Se equivoco la paloma de Alberti.

Las Bulerías lorquianas principian con Baladilla de los tres ríos y terminan con Anda jaleo.

Acaba el concierto con In pace por seguiriyas, tema que cierra Un ramito de locura y que baila también, con su perfecta plasticidad, Belén Maya.

* Foto de Ana Palma© para deflamenco.com.

Viernes, 29 de Junio de 2012 11:18 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Un buen potaje

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FEX

El FEX es la extensión popular del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que tiene a bien, desde un comienzo, ofertar espectáculos flamencos en su programa. Es completamente gratuito hasta completar aforo, aunque, para espectáculos de gran demanda, se procura elegir un escenario sin limitación de plazas, como en este caso la Huerta de San Vicente donde pudimos contemplar el regreso a su patria chica de Juan Habichuela Nieto, afincado en Madrid desde primeros de año.

Con nuevo look e igual entrega, bajo el título común de A mi Sacromonte, el guitarrista más joven de la saga Habichuela anticipó, sin querer decirlo claramente, algunas de las piezas que compondrán su primer disco, Algo distinto, en el cual trabaja actualmente.

Con bastante expectación (en primera fila su familia), entendidos y aficionados granadinos y visitantes acudimos a presenciar el buen hacer de este chico que es como algo nuestro, al que vimos crecer, evolucionar y revolucionar la guitarra en sus manos.

Su afición, su ensayo continuo, su sentido musical y su cabeza despejada han ido forjando a un intérprete sin fisuras. El rasgueo, propio de su familia, es envidiable; su técnica y velocidad, increíbles; sus silencios, un tesoro. Quizá, sin embargo, le falte variedad en la armonización de sus creaciones.

Tenemos así un artista vertiginoso y limpio. Quizá –el tiempo lo dirá- el mejor Habichuela de concierto de la historia.

El sábado 24, como digo, lo pudimos ver en escena acompañado por la percusión precisa de ‘El Luky’, el piano de Alberto Raya y las palmas de su hermana y su cuñado, Eloy y Macarena Habichuela.

En solitario, lo que fue de agradecer, comenzó por rondeñas (Mis adentros) y por tarantas (Bordón minero), donde las escalas y el aprovechamiento del mástil hasta el hueco de la caja lo distingue. El resto del grupo se le incorpora desde la soleá (Patu Cascarillas). Los impagables tangos (Algo distinto) que le dan nombre al futuro disco, tienen todo el sabor sacromontano y el exclusivo soniquete Habichuela

Las aceleradas bulerías (Barquerela) dan paso a una bella balada (Matu ostalinda), que justifican por fin la presencia del teclado, fuera de lugar en el resto del espectáculo. Termina el concierto con el Anda jaleo, homenajeando a Lorca en lo que fue su casa.

* Foto de Antonia Ortega Urbano©.

Martes, 26 de Junio de 2012 09:52 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Pequeña historia de una decepción

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No entré en la primera parte, pero me dijeron que no me perdí nada, que vino a cumplir, que hizo tan sólo tres cantes, soleá, fandangos y bulerías, que Juanito Villar ya no era el que era…

Entre las fechas que tenía apuntadas como inexcusables para subir a la peña de La Platería estaba la del 23 de junio, cuando iba a ver por primera vez en directo a un cantaor mítico y a su carismático guitarrista. Sus años pasados en el cuadro de Manuela Carrasco y su paso alante lleno de fuerza y compás lo elevaban al olimpo de los grandes. Pero –no es la primera vez que pasa, también ocurrió con la Macanita- cuando un cantaor del supuesto triángulo del cante acude a ‘provincias’, se relaja como diciendo que en oriente no entendemos, que con un mínimo esfuerzo triunfan, que con su sólo nombre ya es bastante…

Y el resultado: un concierto cogido por los pelos, dando menos de lo justo, sin generosidad y con prisas.

La segunda parte –ya con un toque de atención- comenzó por seguiriyas, después alegrías, tangos y bulerías, antes de pasarle el testigo a su hijo, que también se fue por bulerías y que con su grito de cante cortado hizo que su padre brillara un poco más.

Una noche que decepcionó a excepción de la guitarra del Niño Jero que cumplió con su toque jerezano y el compás sin igual de un cantaor formado para el baile.

Va a tener razón Gamboa cuando afirmaba que hay cantaores que saben lo que cantan y cantaores que cantan lo que saben.

* Foto de Paco Sánchez©.

Lunes, 25 de Junio de 2012 17:15 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco itinerante

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La Diputación, dentro del ciclo Hablamos de…, presentó el pasado día 15 en el Palacio Condes de Gabia el Circuito de programación provincial Diputación de Granada 2012, en el que algunos jóvenes de nuestros flamencos, a los que se pretende promocionar, recorren la provincia ofreciendo su buen hacer.

El proyecto corresponde al marco Es.flamenco que la Delegación de Cultura lleva con tanto acierto desde primeros de año, y que incluye tres espectáculos flamencos que giran alrededor de la guitarra, el baile y el cante, bajo los títulos de: aGuitarra2,  Flamenco+flamenco y Primera parada respectivamente.

Los protagonistas de esta historia son Alicia Morales, Iván Centenillo y Cristian Delgado al cante; Jorge Espejo y José Fernández a la guitarra; Agustín Barajas y María Sánchez al baile; y Manuel Vílchez y Cheíto a la percusión.

El circuito empezó, como digo, ese día con una muestra descafeinada de dichos espectáculos, a excepción del baile, pues las limitaciones de espacio lo impidieron.

Espero que en los oficiales encuentros en las distintas poblaciones suenen con más profesión. Una de las guitarras andaba desafinada; uno de los cantaores tenía la voz afectada; y los percusionistas, si no estaban dormidos, simplemente estaban de sobra. En el conjunto destaco algún comienzo de guitarra y la granaína, levantica y abandolao de Alicia Morales.

Todas las actuaciones serán gratuitas hasta completar aforo y comienzan a las 22 horas. A continuación relaciono las fechas y los municipios de las actuaciones, que también se pueden seguir en el calendario que aparece a la derecha de este blog:

22 de junio (guitarra): CADIAR Salón Mancomunidad de municipios Alpujarra de la Sierra; 23 de junio: PINOS PUENTE (baile) Teatro Municipal; 29 de junio: ARMILLA  (Baile) Teatro Municipal; 30 junio: COGOLLOS DE GUADIX (guitarra) Salón de Audiovisuales; 6 julio: HUESCAR (cante) Teatro,  salón de actos sala juventud; 7 julio: DURCAL (cante) Centro de Día; y 8 julio: CASTILLEJAR (Cante) Teatro Municipal.

Viernes, 22 de Junio de 2012 11:49 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Curro Lucena

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Recientemente, 19 de mayo, el cantaor Curro Lucena fue nombrado Hijo Adoptivo de Ronda 2012, que, aunque su nombre vindique un origen lucentino, su vida desde hace mucho se desarrolla en esta serrana ciudad de la provincia de Málaga.

Hace años, cuando escribía para la revista Acordes de Flamenco, tuve el gusto de tratar con él para introducir su perfil en un apartado que di en llamar "Los Olvidados del Flamenco", que, en monólogo continuo en primera persona, llegó a incluir a José Balao o a Jaime Heredia, con una acuarela exclusiva de mi compañero Nono Guirado. Corría el año 2007.

Reproduzco a continuación dicho artículo, que principia con unas palabras de su mujer:


"Soy un buen aficionado, me gusta aprenderlo todo"

Olvidado no creo que sea Curro, sino poco reconocido. Yo creo que está todo al revés. Curro está reconocido por los que saben de flamenco, por los flamencólogos. Lo aprecian mucho en Madrid. Pero para el gran público es un desconocido. Está todo al revés.

Yo llevo treinta y cinco años con él y vive en cuerpo y alma para el flamenco. Es muy estudioso. Se pasa el día con los pinganillos puestos escuchando flamenco.

Lo que interesa ahora es el flamenquito. La culpa lo tienen los medios. No está reconocido como se merece.

Ángeles García Domínguez

Mi nombre es Francisco de Paula Luna Navarro, nací en Lucena, provincia de Córdoba, el uno de septiembre, aunque el documento nacional pone que nací el catorce. Mi madre, que es la que mejor sabe cuando nací, dice que fue el uno de septiembre de 1950. En la actualidad, desde el año 74, que regresé de Japón, resido en la bonita ciudad de Ronda. Mi afición al flamenco viene desde muy pequeño, yo con siete u ocho añitos ya cantaba. En un concurso de aficionados en Lucena, con doce años me dieron un tercer premio que consistió en veinte duros de aquel tiempo. Luego me apuntaba a los concursos de saetas de Lucena, de Cabra, de toda aquella zona. Y de la saeta pasé a los demás cantes. Yo, para aprender, me fijaba en las cercanías de Lucena, en Cayetano Muriel, el Niño de Cabra, escuchaba también a los arrieros y a los aficionados en los bares. Me juntaba con la gente mayor allí en Lucena. Me juntaba con los niños para jugar, pero como lo que a mí me tiraba era el cante, siempre estaba rodeado de viejos, de gente mayor. Yo tuve una fatalidad, o sea, yo no lo veo como fatalidad, y es que nací con un defecto en la pierna. Mi madre quería que yo estudiara, porque claro, en aquella época la gente trabajaba en el campo, mis padres trabajaban en el campo, y yo no estaba capacitado para trabajar en el campo. Por eso mi madre desde muy pequeño me puso en los colegios. Pero lo mío no era el colegio. Yo no era buen estudiante. Lo único que estudié fue hasta primero de bachiller. Viendo ella que yo no estudiaba, el único recurso para lo de la pierna era ponerme de zapatero, para aprender el oficio. Estuve de zapatero aprendiendo, luego puse un portal en Lucena por mi cuenta hasta los dieciocho años, que fue cuando me fui para Madrid. Y todo ese tiempo, el cante. Yo no he querido lo de los zapatos, yo lo que he querido toda mi vida ha sido el cante. Ya había ganado yo algunos concursos, como el de Mairena del Alcor, el de Osuna, el de Ronda… Me fui a Madrid y tuve la suerte de encajar en un gran tablao, como era La Zambra. Anteriormente estuve en otro tablao que se llamaba Las Cuevas de Nemesio. Allí estuve con Paco Toronjo, Gordito de Triana, La Marelu, La Susi, que eran niñas en aquel tiempo. Bueno, yo también era un niño. Tenía veintiún años. Luego la suerte de encajar en Zambra, que acababa casi de irse Enrique Morente, y allí tuve la suerte de estar con Pericón, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas… Aquello fue para mí grandioso, sobre todo porque se aprendía mucho de toda esa gente.

Una de mis obsesiones ha sido que me tocaran buenos guitarristas. Cuando estuve en Madrid me tocaba Perico el del Lunar hijo, también me tocaba Andrés Heredia, que también trabajaba en Zambra. Por mi forma y tesitura de voz según dicen, y yo también creo, en mi juventud destaqué por los cantes de Málaga, en los cantes de levante, fui premio Lámpara Minera en el 85, y también como me siento muy a gusto es cantando por soleá, la caña me encanta, el polo… En realidad, soy un buen aficionado y me gusta aprenderlo todo.

A Japón me fui en octubre de 1973 y en abril del 74. La afición que hay allí sobre todo es al baile, después a la guitarra y en tercer lugar al cante. En Japón cantaba adelante y también cantaba atrás. Antes de irme a Japón, de Ronda me llamaban mucho para cantar y aquí conocí a mi mujer, Angelita. Entonces cuando regresé de Japón, en lugar de irme a Lucena, me fui a Ronda con ella. Tenemos tres niños, tres varones, uno está cantando por ahí, Curro Luna que vive en Madrid, otro es policía y otro cocinero.

De los jóvenes tengo en mente a Poveda, Arcángel, la niña de Enrique, Estrella, y muchos otros que no los conoce nadie y son grandes aficionados. En el baile y la guitarra hay una serie de gente, verdaderos monstruos, desde Paco de Lucía…

Mi último disco (“Moriré Flamenco”) salió a la venta en mayo de 2006. Lo he grabado con un chiquillo de 25 años, que es de Monte Mayor. Se llama Ángel Matas y ésta es una prueba de como va evolucionando la guitarra. En el 72 grabé mi primer disco, hace 35 años, con Perico  el del Lunar.

Para este año tengo la Bienal de Málaga y luego también voy a Almería. Y sobre todo que ya estoy pendiente de hacer otro disco nuevo que va a ser todo lo contrario que este último, es decir, que no va a llevar los arreglos musicales que lleva éste, va a ser puramente voz y guitarra. Creo que no le voy a meter ni palmas, aunque haya cantes de palmas, como pueden ser las alegrías de Cádiz. Entonces el disco, una idea que me ha surgido, va a ser un cante de cada provincia. Tenemos ocho provincias. El disco va ha ser ocho más dos. ¿Y estás dos qué serían? Lucena y Ronda.

Más que olvidado, me considero, en cierto modo marginado, porque si no te llaman a sitios que yo considero que debo de estar, pues, en fin, un poco olvidado. 

* Curro Lucena (Nono Guirado©).

Jueves, 14 de Junio de 2012 12:24 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las manos de Toñi Fernández

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Dame la mano (2012)

Hace días, tal vez muchos días, que tengo en mi poder el primer trabajo discográfico de Toñi Fernández, una joven cantaora (1986) de Huércal de Almería afincada en Sevilla. Un trabajo de estudio que esperaba como agua de mayo.

Hace días, tal vez muchos días, que no me resisto a escuchar alguno de sus cortes, si no todo el cedé que me seduce de principio a fin.

Desde que conocí a esta dulce gitana, aposté por ella, por su voz y por su empeño. En la medida de lo posible le he ido haciendo un seguimiento para advertir una evolución que, en ningún caso, se ha malogrado. Muy al contrario, se ha ido refinando a la vez que su voz ha madurado. El aguardiente preciso, el rajo de antaño y esa búsqueda interior que hace que parezca que duele el cante caracterizan a una cantaora que a veces nos puede recordar a Aurora Vargas o a la ‘La Macanita’ e incluso en los tangos rememora a Remedios Amaya.

Un gran surtido de cantes demuestra su largura. El genérico corte clásico de todo el trabajo alude al respeto. La variedad de guitarras dicen tanto de su versatilidad como de su carácter sensible. El apoyo de grandes músicos (Pedro Sierra en la producción, Ricardo Rivera en la composición, Diego del Morao, Jorge Pardo, Rosario Guerrero ‘La Tremendita’, David Palomar, Manuel Moreno ‘El Pele’…) habla de su grandeza y de su gratitud…

Los temas ‘festeros’: la primera soleá (Verdolaga), las alegrías (El mapa de mi vida), los tangos (Dame la mano y Si te separas de mí) y las bulerías (Los rosales de TrianaEres el verso), sobre todo, son cantes más diáfanos, con variedad instrumental, arreglos modernos y letras del momento. Pero en el resto, con más jondura, se hace acompañar tan sólo con una guitarra y un poquito de compás.

El martinete (Llaman a la puerta), la malagueña (Si a mí me dieran) y las seguiriyas (A mi hermano Manuel) son un ejemplo de veracidad y buen gusto en su raíz. Pero yo me quedo con las tarantas (Peleando), donde reivindica su tierra y desborda sentimiento.

Hay cantes que valorizan a determinados cantaores, pero permitidme que os diga que hay cantaores que prestigian determinados cantes.

Martes, 12 de Junio de 2012 13:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La natural grandeza

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Lo que trae el aire

El aire es caprichoso. El aire va y viene. El flamenco que presentó La Moneta en el teatro Isabel la Católica el lunes, 4 de junio, coincidiendo con  el primer día de las fiestas del Corpus de Granada, fue como el aire, como ese viento que va y viene a capricho, que lleva y que trae a voluntad.

Comienza por granaínas. Se escora a la izquierda, pues sus músicos se agrupan a la derecha. Rompe la simetría y rompe moldes con su parquedad. La luz es bondadosa y desvela todos los secretos. No hay nada que ocultar. El sonido también es impecable. Se aprecia hasta la ausencia de taconeo en esta primera pieza. Sólo el cuerpo canta. Con bata leonina y mantón, le baila al cante que, como ella, es una ceremonia. Primero Juan Ángel Tirado y su personal caja de música, después Jaime Heredia ‘El Parrón’ y el bronce en su voz. El remate antológico lo pone ’Manzanita de Santa Fe’ y su torrente.

En los abandolaos sin baile se estrenan los cantaores Miguel Lavi de Jerez y David ‘El Galli’ de Morón. Qué lujo de voces, qué lujo de timbres. Todos distintos, complementarios, admirándose mutuamente, imponiendo su paladar.

Vuelve la bailaora por soleá. Con su vestido sangre con tres vueltas mantiene sus constantes. El compás preciso, su mirada, sus silencios, su caída y sus desplantes dejan clara su apuesta: el cante es el idioma, ella la intérprete; el cante es libre, ella inventa; el cante crea, ella recrea. El remate por bulerías es una fiesta donde parece que la granadina entra en trance. Se deja llevar y no teme al vacío ni a san Vito.

La guitarra se queda sola para hacer entrega de una bella bulería. Luis Mariano es el sonido del monte. Trasmite amor y desamor, fuerza y calma. Lo acompaña especialmente fino Miguel ‘El Cheyenne’ con el cajón.

Luis queda sólo y comienza la farruca. Con un traje negro de pantalón y la espalda descubierta, Fuensanta descubre otra forma de bailar. La farruca cambia de sexo. Ahora es sinuosa y sensual. Los pies cantan la ausencia de voces. El cielo es suyo.

Una rueda de martinetes nos descubre la grandeza de los cantaores, su buena forma, su pique sano. Se miran y se gustan. Se pasan el testigo jaleando los requiebros y pellizcos del compañero. La seguiriya viene rodada. Posiblemente es el estilo que más identifica a La Moneta. El dramatismo se hace liviano y la mueca con la contemporaneidad sabia que ha impregnado todo el concierto.

El fin de fiestas, después de los saludos, viene en forma de tangos, donde los cantaores cantan a voluntad y se hacen corales cuando son del Camino. Fuensanta, con más libertad que nunca, baila a los postres.

* Foto Antonio Konde©.

Miércoles, 06 de Junio de 2012 19:19 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sí o sí

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Flamenco Viene del Sur

Jerez es un sello indiscutible. Nadie duda de la cuna, de la ciudad del flamenco. Su arte está por encima de cualquier pero. Sin embargo esa fama hay que mantenerla tanto dentro de Jerez (lo que resulta relativamente fácil), como fuera de su tierra.

El lunes pasado se presentó la obra ‘Mujerez’ en el Teatro Alhambra tras dos años de rodaje (se presentó en la XVI Bienal de Flamenco, 2010), que recientemente se dedica a la memoria de ‘Moraíto Chico’.

Tres mujeres jerezanas, Juana la del Pipa, Dolores Agujetas y Tomasa Guerrero ‘La Macanita’, tres pesos pesados del cante de raíz ocuparon la escena, bien individualmente, bien en grupo.

La noche prometía y no defraudo. ¿No defraudó?

Cuando se espera lo mejor, el cien por ciento, los recortes, por muy bien que estén, se llegan a notar. La rutina siempre pasa factura, cumplir por cumplir es imperdonable.

Cuando se va de sobrado (“yo tengo de flamencura hasta el aliento”) algo en el fondo huele mal.

Y no es que fura un fracaso, como puedo dejar trascender, pero cuando alguien viene con media de notable, el suficiente es insuficiente.

Comienza Juana rellenando la escena como gitana de gran peso y veteranía entonando por soleá y terminando por tientos-tangos, que remata de pie, paseando su gran porte con gracia y compás. Su voz ronca más nos cuenta sus limitaciones que su añeja profundidad.

Dolores, para mí la mejor de la velada (la única que no había visto en directo), comenzó también por soleá y remató por seguiriyas. Se hace acompañar a la guitarra por su hijo Dieguito de la Agujeta y no por Antonio Higuero que arropó a sus compañeras. El eco de los Agujetas estaba presente en todo momento. Los finales sin embargo no los cuadra. Hay que esperar a las tonás, cantadas alternativamente por las tres, para apreciar realmente a la verdadera descendiente de su estirpe.

Soleá, como las demás, y soleá por bulerías, con amplia concesión al cuplé como acostumbra, fue la incursión de La Macanita. Su torrente y su agudeza son manifiestas, pero se echa en falta el timbre de sus primeros conciertos, de sus primeras grabaciones.

Acabaron, como ya se ha dicho, por tonás, fandangos naturales y bulerías con todos presentes en el escenario, insertando una pataílla que otra, incluidos los efectivos palmeros, Chicharro y Bo.

Sábado, 26 de Mayo de 2012 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ketama 2

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Flamenco Viene del Sur

Venga por anticipado la calidad guitarrística de Josemi Carmona. La herencia Habichuela por un lado, la apertura musical de su padre por otro y la participación de lleno en el llamado Nuevo flamenco para terminar, hacen del ex Ketama un tocaor arriesgado y novedoso. Su sólo soniquete lo adhiere al listado de flamencos indispensables.

Josemi llegó a Granada, la tierra de sus padres, el pasado lunes, 14 de mayo, para presentarnos Las pequeñas cosas, su segundo disco en solitario, si contamos como primero el que grabó con el bajista Carlos Benavent, Sumando, en 2006.

Las pequeñas cosas es un disco supremo y avanzado, lleno de sorpresas y colaboraciones, abierto a todas las corrientes musicales, necesario para conocer el estado actual y los nuevos derroteros de la guitarra flamenca. No así el directo. El concierto llegó a ser un desconcierto.

Vamos a ver. La guitarra de Carmona, como ya digo, espectacular. No sólo su rasgueo, sino también sus escalas, la concesión al jazz, al pop y a la samba, el dominio de los pedales (llevaba cuatro que llegaba a manejar como si fuera Eric Clapton) y sobre todo sus silencios, marca de la casa Habichuela, que arrancan el espontáneo ole.

Desde el primer fandango (Pasando por Huelva) apreciamos toda esta sensibilidad, que vimos su continuación en la soleá. Después, mientras se desgranaba el disco (y algún tema de su colaboración con el bajista barcelonés), todo sonaba igual en ritmo y armonía: mucho tanguito rumbero, más cercano a su anterior época con Ketama (incluso sonó el clásico de Antonio Vega Se dejaba llevar grabado por este grupo), que el cantaor lucense Santiago Cortiñas ‘El Kiki’ se empeñaba en su perfecto remedo.

Por otra parte, algunos momentos del segundo guitarrista, Carlos Carmona González, fueron para tener en cuenta, pero en general, su grupo no estaba a la altura.

La bulería Dos puñales, con colaboración de Paco de Lucía en el cedé, cerró entrañablemente el concierto, para la cual llamó al escenario a sus primos, José Antonio Carmona, compositor de parte de la letra, y a Pepe Luis Carmona, presentes entre un público que por desgracia llenó tan sólo la mitad de la sala.

Jueves, 17 de Mayo de 2012 11:42 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

¿Quién se acuerda de Morente?

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Ayer, 13 de mayo de 2012, se cumplieron diecisiete meses de la triste desaparición de Enrique Morente. Triste, ya lo he dicho en más de una ocasión, por lo inesperado, por lo prematuro, por lo enrarecido.

Son tan dolorosas la circunstancias de su muerte que la sola investigación de sus últimas horas, lo que se ha dado en llamar ‘Caso Morente’, me hace apartar la vista y el sentimiento encogido.

Sin embargo, su recuerdo no muere e iniciativas puntuales se suceden continuamente a lo largo del mundo. Madrid le dedicó una calle, Málaga nombró patrimonio su bulería Adiós Málaga… ¿y Granada, su Granada?

La revista cordobesa Boronía ya sacó en el verano y otoño de 2010 un especial flamenco dedicado al maestro granadino, con algunas intervenciones más (‘El Pele’, ‘Fosforito’…), y al año siguiente, en junio de 2011, un primer Libro de Morente, con testimonios sensibles de personas que lo conocieron, que lo trataron. Un libro lleno de anécdotas, lleno de embrujo, lleno de lágrimas… y, por suerte, lleno de ausencias (en su tiempo hice mención de este mismo trabajo). Son tantos los mundos de Enrique que siempre falta tierra; son tantas las vidas del maestro que siempre faltan almas; es tan grande el corazón de Morente que siempre faltan abrazos.

Por eso, los compañeros de esta misma revista Boronía decidieron hacer una segunda entrega. El día 24 de mayo, se presentará (como vemos en el cartel), en el Teatro Central de Sevilla, el segundo Libro de Morente.

Como el anterior, es una obra llena de recuerdos y amistad, en la que participa el Instituto Cervantes, el Instituto Andaluz de Flamenco y el completo apoyo de la familia Morente Carbonel. De hecho es Aurora, la viuda de Enrique, la madre de todos, la que inaugura con sus palabras este homenaje, donde también aparece una entrevista fresca, preclara y madura de Soleá Morente, unas declaraciones reconocidas de Israel Galván, las confesiones de Los Evangelistas, el encuentro de Pepe Habichuela y Balbino Gutiérrez, biógrafo de Enrique, una entrevista al mismo cantaor celebrada en París en 2003 por el crítico de arte Hans Ulrico Obrist, un emocionante álbum de fotos y las voces incombustibles de medio centenar de admiradores.

La presentación contará con la presencia Antonio Arias y Eric Jiménez en acústico y el concierto de Pepe Habichela, con Tamara Escudero (voz) y Juan Carmona (percusión).

Un día inolvidable, donde Enrique, con esa permanente sonrisa de ojos chicos, volverá a estar presente.

* Para adquirir este libro o cualquier otro producto de Boronía, dirigirse a www.boronia.es.

Lunes, 14 de Mayo de 2012 10:21 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Lo que brilla con luz propia

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Flamenco Viene del Sur

Una canción del poeta cubano Pablo Milanés dice Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Lo sentí el lunes en el teatro Alhambra después de salir de la doble actuación de flamenco. Sobre todo María José Pérez. Sobre todo el Niño de Pura.

Me alegró ver a la cantaora almeriense después de tanto tiempo (estuvo afincada en Granada y no era difícil coincidir con ella). Su voz es grave, regulada y precisa. Su conocimiento ancho, fruto del estudio continuo.

Le perdí la pista, como digo, pero siempre aposté por esta joven artista que lamentablemente no llegó muy lejos con su primer disco, Cante flamenco (2008), lleno de aciertos no obstante.

Se alegraba de volver a esta tierra y desde la soleá que principió su pase estuvo entregada. Un eficaz Miguel Ochando le almohadaba el cante con su guitarra. María José gusta de ligar los tercios y mecer la letra confiriéndole cierto brillo personal. Modula el grito hasta parecernos la Paquera de Jerez.

En segundo lugar anuncia cantiñas, aunque bien mirado no pasan de ser alegrías. No se deja llevar por la fiesta y da cabida a la pausa y el entendimiento.

En los tientos-tangos desemboca en el Camino y, a los postres, es larga por Morente y su Lenguaje de las flores.

Momento grandioso de la noche fue cuando entonó cantes mineros, comenzando con la taranta de Almería, reivindicando lo suyo.

El soniquete por bulerías de Ochando ya es memorable, que la cantaora abordó por copla (Ojos verdes) y culminó por fandangos, sin abandonar el ritmo de bulerías, donde se acordó de Vallejo.

Ante los merecidos aplausos, y ya dominante, regaló un bis por Huelva, a petición del público.

La segunda parte fue de matrícula. El Niño de Pura (Daniel Navarro Cruz), como quien no quiere la cosa, ofreció un concierto impecable y abnegado, aunque se asemejara al recital que ofreció en La Platería hace varias semanas. Su guitarra grandiosa esconde una técnica milimétrica y una velocidad inusitada. Lo acompaña al cante el cordobés Rafael Churumbaque, Lámpara Minera 2009, María José Álvarez al compás y Agustín Henke a la percusión.

Unas tarantas comienzan su entrega. Continúa por alegrías, que en momentos, sobre todo con la incursión del cante, nos puede recordar a Vicente Amigo.

Las guajiras son una constante en sus recitales y Fantasy una agrupación de toques bajo un ritmo fandangueril culminados por bulerías.

Unas agradecidas bulerías culminan la noche, que son enriquecidas con un toque por Huelva, fuera de programa, en el que destaca sin discusión el picado vertiginoso por sus escalas.

* Niño de pura en la imagen (foto extraida de la página del Tablao Flamenco Cordobés).

Sábado, 12 de Mayo de 2012 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor sonido

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Se me precipitan los días y los acontecimientos se acumulan en una memoria tan flaca que más pronto que tarde tiende al olvido. Como Cernuda diré que lo más que recuerdo es lo que se me ha olvidado. Así, sé que leí esto o aquello, sé que estuve con tal o cual, sé que asistí a un lado o a otro... Pero no me preguntéis lo que vi, lo que hicimos o de qué iba el libro.

El miércoles 25 (ha llovido, pero podía haber sido peor) estuvímos en el Palacio de los Condes de Gabia, viendo un recital llamado "Entre generaciones", enmarcado en el ciclo Granada portal flamenco de la Diputación de Granada.

La sesión trataba de reunir en el escenario a dos guitarristas, Miguel Ochando y Álvaro Pérez ‘El Martinete’, maestro y alumno, para exponer su toque individual y terminar al alimón haciendo algunos temas conjuntos.

Álvaro, el más joven (bastante joven), abrió la noche por granaínas, donde dejaba ver el esencial parecido a su modelo. La limpieza sonora, la claridad en los arpegios, donde no sobran ni faltan notas, el apoyo constante en el bordón con un agradecido alzapúa... lo hacen merecedor del calificativo de "aventajado".

El Martinete continuó con la rondeña de Montoya, esa maravillosa composición arreglada y grabada por el mismo Ochando, a la que Enrique Morente a la larga puso letra. Una gran interpretación que se vio igualada por un vals por bulerías, con el mismo sello de la casa.

El veterano Miguel Ochando rellenó el escenario con el mejor sonido de guitarra que se puede escuchar, después el agua, después las aves. Comenzó con una taranta, acordándose en los postres de la misma rondeñá montoyana que interpretara su pupilo.

Después se acercó a la zambra, una composición cercana a los tangos con un particular dejillo moro, en vez de soleá que estaba anunciada en un principio.

Para terminar, Ochando nos regaló ese bello zapateado, incluido en su primera grabación, Memoria (2007), basado en el de Esteban de Sanlúcar.

Ya, para rematar la velada, los dos juntos, interpretaron El Inclusero, una composición de Niño Ricardo, popularizada por Juanito Valderrama; la popular canción Moliendo café del venezolano Hugo Blanco por rumbas y unas sabrosísimas bulerías.

Tras los insistentes aplausos, los guitarristas tuvieron que salir para regalarnos otras bulerías de lujo, aunque confesaron que no estaban tan bien preparadas.

* Carátula del primer disco de Ochando.

Lunes, 07 de Mayo de 2012 18:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La señora del baile

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Flamenco Viene del Sur

Manuela no es una fiesta, porque no lo necesita, Manuela no recorre el escenario, porque no lo necesita, Manuela no viste colores, porque no lo necesita, Manuela no es futurible, porque no lo necesita. El baile de Manuela Carrasco es parco y digno, sin florituras ni aspavientos. Es un baile de raíz, introspectivo y gitanísimo. Su sola presencia, su sola imagen, su sola estampa sentada en una silla o en un desplante encierra una flamencura ilimitada.

Manuela Carrasco es “la diosa del flamenco”, como es conocida desde que así la llamó Juan de Dios Ramírez Heredia, es la señora del baile, a la que todos admiran, a la que todos imitan, a la que todos respetan. Manuela es elegante y bella, esbelta y moderada. Sus pies limpios y vertiginosos los dosifica para sus momentos. Mientras, una pose, un braceo, una mirada, arrancan el ole sentido del aficionado cómplice.

Suspiro flamenco es la obra que nos presentó este lunes en el teatro Alhambra. Un flamenco tan consistente como efímero, tan profundo como epidérmico, centrado en su porte de diosa gitana que aparece sentada en anea sobre plataforma. Sus músicos, Pepe de Pura, Emilio Molina y Luis Moneo al cante, Joaquín Amador y Paco Iglesias a la guitarra; y José Carrasco a la percusión, hilvanan con profesión un recorrido genérico por los estilos flamencos para que la bailaora sevillana demuestre su arte.

Unas bulerías abren la noche, donde impera el sosiego, a pesar de la fiesta. Con la caña se presenta el cuerpo de baile. El estilo visceral y arrebatado de El Choro, de Oscar de los Reyes y sobre todo de Rafael de Carmen, aunque discrepe de mis gustos, tiene sus adeptos. En conjunto o individualmente, son justamente aplaudidos.

A la gavilla por fandangos no le acompaña el baile. Apreciamos así mejor las guitarras y el juego de voces, puede que poco amplificado. Destaca la cadencia y entrega de Pepe de Pura, un cantaor que admiro desde hace tiempo, que suele acompañar también a Eva Yerbabuena.

El taranto de Manuela es desgarrado dentro de su apoteosis; los tangos de El Choro y Oscar de los Reyes coloridos en su conjunto; y las prolongadas alegrías de Rafael de Carmen un derroche de fuerza y compás.

La Hija predilecta de Andalucía, Premio Nacional de Danza 2007 y Embajadora de la Paz (San Remo 2008) remata su actuación con una soleá intimista y marcada, llena de sabor y de propuestas, que más que anclarse en el pasado alza el vuelo advirtiéndonos que Manuela Carrasco, con cera de 60 años, tiene aún mucho que decir.

Viernes, 27 de Abril de 2012 10:56 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una obra sin pies ni cabeza

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FundaMETALmente Flamenco

He tardado más de la cuyenta en hablar del espectáculo que nos presentó Gero Domínguez&Cía en el Teatro Alhambra, el miércoles pasado, y es porque no sé muy bien por donde abordarla. La unión de flamenco y rock ya está hecha, hace muchos años, y muy bien hecha. La propuesta de este joven bailaor malagueño no obstante rozaba la curiosidad. Esperaba contemplar un baile fresco, personal y de vanguardia, donde la guitarra eléctrica de Ramón Arias del grupo Parachokes y su intensidad sinfónica se fundiera con las guitarras flamencas, que el teclado de Rafael Arregui comulgara con las voces del Dúo Makarines (José Ibáñez y Maka Ibáñez), como artistas invitados, y que, en cierta forma, la comicidad impregnara toda la obra.

Anhelaba disfrutar, como rezaba el anuncio del concierto, la combinación del “rock, metal y danza con el flamenco más puro”, el recorrido “por la historia del flamenco en el que el hilo conductor son los sonidos del metal. Ése metal que en las formas primitivas del flamenco sonaba al yunque de la fragua”.

Pero no, al contrario, lo que pudimos ver es una obra deslavazada y sin cabeza, con poquísimo argumento y un sonido pésimo y mal equilibrado, sucio en su conjunto.

Quizás, el gran acierto de la función, que podía trascender, es la adaptación especial para el colectivo de personas con discapacidad auditiva. En una pantalla encima del escenario se iban reproduciendo las letras y demás acontecimientos sonoros del espectáculo que no sólo los duros de oído agradecieron.

Combinando el rock eléctrico y el flamenco se fue desarrollando una obra con grandes intenciones pero que no aportó nada nuevo. Gero, sobrado de autoestima, iba tejiendo los temas con su baile desestructurado aprendido, hecho de retazos de aquí y de allí sin encontrar voz propia.

Así, comenzó por martinetes, en la voz flamenquísima de David ‘El Gayi’ (lo mejor de la noche), que pronto fueron seguiriyas. Los hermanos Ibáñez hicieron dos baladas, a todas luces fuera del conjunto; la guitarra lloró una vidalita rica en graves; el piano acompañó un poema en off y ambas guitarras, flamenca y eléctrica, entablaron una conversación por farrucas.

La soleá parecía remontar la obra. El primer tercio, cantado por ‘El Gayi’, arrancó el único ole de la noche. Soleá que se remató por abandolaos y después por bulerías, antes de escuchar ocho campanadas y continuar por fiesta.

Unos tangos sin pena ni gloria precipitaron el final en el que sonó un swing aflamencado.

Miércoles, 25 de Abril de 2012 10:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los extremos de una bailaora

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Al año después de haber rodado su espectáculo por los escenarios de medio mundo, Fuensanta La Moneta se decide a pasar su Extremo Jondo a DVD para su mayor difusión y reclamo. La grabación en directo parte de la clausura de la muestra de baile de ‘Los veranos del Corral’ de Granada en agosto de 2011.

Extremo Jondo es una obra completa y apretada, en donde la bailaora no se baja del escenario, apenas en el ecuador para cambiarse de vestido, realizando nueve bailes distintos, que van desde el romance a los tangos, pasando por las alegrías y las serranas, como si fuera un recital de cante, con una flamencura rayana en lo antiguo si no fuera por su frescura, su contemporaneidad y sus propuestas de futuro.

Con una presencia contundente y un compás encomiable, La Moneta va hilvanando, a lo largo de las dos partes en que tácitamente se divide la función, un discurso del todo coherente y lleno de contenido, donde mandan sus ojos, sus pies y el resto de su cuerpo.

Fuensanta ha querido rendirle un homenaje al cante y a la guitarra, a esos ‘soníos negros’ que en el flamenco hacen estremecer, dándole igual protagonismo a sus acompañantes. Miguel Iglesias, como guitarrista, compone el armazón necesario para sustentar toda la obra; Miguel Lavi, rebusca en su interior esos los de antaño y le canta a La Moneta como si estuvieran solos; Miguel ‘El Cheyenne’ tiene un papel primordial con la percusión, marcando respetuosamente el latido del conjunto como si fuese un fauno dormido.

Como resultado tenemos Extremo Jondo, una obra coral donde no existe trampa ni cartón. Lo que hay es lo que vemos y lo que vemos es el trabajo de una de las bailaoras más interesantes del panorama actual.

* Articulillo aparecido recientemente en la revista Acordes de Flamenco (nº 36).

** El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

*** foto de alfredo aguilar (2010)©.

Viernes, 20 de Abril de 2012 19:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Idea de un viaje

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Esfuerzo. Quizá lo que se aprecia en la obra Ida y vuelta que presentó el guitarrista granadino Isidoro Pérez en Pinos Puente este domingo sobre todo es el esfuerzo que tiene detrás. Presentado en el pasado mes de octubre en La Chumbera, su segunda puesta en escena lamentablemente no fue muy afortunada. Las inseguridades, titubeos y descoordinación fueron manifiestos. La idea sin embargo es digna de aplauso. El ‘viaje imaginario con la maleta llena de toques flamencos al Caribe’ es agradecido e interesante. Aunque quizás Isidoro le diera una gran concesión a los nervios, o le saltaran los hilvanes a una obra con poco rodaje, o no estuviera rodeado de la gente adecuada. El caso es que fue tan sólo un buen intento, un buen argumento, con un resultado desigual.

Isidoro propuso en primer lugar un garrotín en solitario donde se acordó de Riqueni. Buena interpretación, aunque las notas al aire, propias del maestro sevillano, llegaron a traicionarle. Continúa igualmente en solitario con una soleá, planteando tácitamente el origen de todo. Con el resto de los músicos interpretará guajira (Puente de Pinos), colombiana (La alameda), tanguillos (Negritos de Cádiz), alegrías y bulerías (Cuesta de la Isla). Terminó el espectáculo con una soleá por bulerías.

Los acompañantes del veterano guitarrista, Iván Centenillo al cante, Eloy Heredia a la flauta y Manuel Vílchez y Luis Vives a la percusión, con sus errores y aciertos, eran meros acompañantes del protagonista. El joven Armando Linares, aunque solapadamente, destacó como segundo guitarra. Violeta Ruiz al baile, en dos de los temas, parecía ajena, influenciada por el nerviosismo general.

Jueves, 19 de Abril de 2012 15:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Muestra de baile

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Los Veranos del Corral de Granada

Llevo algún tiempo diciéndolo y puedo reconocer que es verdad, la manifestación que más me interesa en el flamenco hoy día es el baile, por su plasticidad, por su contenido genérico, que abarca también el cante y la guitarra, y, sobre todo, por su bella evolución. El seguimiento de la completa expresividad de artistas como Eva Yerbabuena, Israel Galván, Belén Maya, Fuensanta La Moneta, Manuel Liñán, Pastora Galván, Andrés Marín, Rocío Molina, Patricia Guerrero…, se me hace imprescindible.

Varios festivales hay en España para atender el estado actual del baile flamenco. Aquí, en Andalucía, destaco el Festival de Jerez y la Bienal de Sevilla, donde los estrenos y las puestas de largo de los grandes montajes escénicos tienen lugar para su divulgación por todo el país y los festivales extranjeros. También, puntualmente, el ciclo Flamenco Viene del Sur, acoge algunos estrenos, pero normalmente se nutre de los festivales antedichos.

No obstante en Granada existe un microfestival a tener en cuenta. (digo ‘micro’ por el formato, no por la duración y mucho menos por la calidad.) Me refiero a Los Veranos del Corral, que este año cumple su décimo cuarta edición.

La Muestra de baile flamenco en el Corral del Carbón se ha convertido en una referencia imprescindible en el panorama internacional. Ha llegado el momento de que la inclusión en el currículum de cualquier artista por este escenario es una marca de prestigio. Por eso, son los mismos artistas los que solicitan su participación en este ciclo, como ha pasado recientemente en el programa de este año, presentado hace un par de días por el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata. El cual hizo notar una sucesión natural, después del Festival de Música y Danza, de los Veranos del Corral.

Metidos ya en faena y orquestados por Raúl Comba, director de dicho festival, diremos que tendremos dieciocho días de baile flamenco en nuestra ciudad entre julio y agosto.

La muestra la abrirá el cordobés Javier Latorre (23 de julio), Premio nacional de Danza 2011, que ha elegido este escenario para su reaparición. La clausura correrá a cargo del granadino Luis de Luis (16 de agosto), un artista tan ‘genial’ como ‘desconocido’. Entre estos dos bailaores se desarrollará una gama de flamencos, veteranos o no, que darán buena muestra del estado actual del baile (y de su buena salud).

Como artista mediático, que ha pedido formar parte del cartel, reconocemos al sevillano Antonio Canales (2 de agosto).

De México, debido a los recientes contactos del productor con este país, contaremos con la participación de Karime Amaya (31 de julio), que es sobrina nieta de la gran Carmen Amaya (aunque vive en Barcelona), y de Karen Lugo (1 de agosto). Y del País del Sol Naciente, como reivindicando la universalidad del flamenco, hallaremos un Programa especial Granada-Japón que incluirá las actuaciones de Saori (3 de agosto), que ya participó el pasado año, y de Ami (10 de agosto).

Repitiendo del pasado año, tendremos al bailaor gaditano Marco Flores (30 de julio) y al granadino Manuel Liñán, que vendrá acompañado de Pablo Suárez y Antonio Campos, para estrenar la obra Trisquel flamenco (7 de agosto).

Aparte de Luis, Manuel y los suyos, tendremos a la granadina, afincada en Madrid, Maripaz Lucena (25 de julio); al malagueño Moisés Navarro (24 de julio), ganador del Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos; a las sevillanas Nazaret Reyes (6 de agosto), hija de Juana Amaya, y a Saray de los Reyes (8 de agosto); a la cordobesa Carmen la Talegona (26 de julio); a la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’ (9 de agosto), último Desplante en las Minas de La Unión, que pudimos ver recientemente en La Platería; a la almeriense Anabel Veloso (14 de agosto); a la murciana Cynthia Cano (13 de agosto); y a la castellonense Lidón Patiño.

Un programa anhelante que se completara con la oferta de cursos coincidentes en el Carmen de las Cuevas (Antonio Canales, Pastora Galván, Manuel Liñán y Patricia Guerrero) y en la Escuela Internacional Manolete, en La Chumbera, con Juana Amaya y Farruquito.

Para los veranos del Generalife, para redondear la noticia, tendremos el Ballet Flamenco de Andalucía, con Rubén Olmo a la cabeza, representando su obra Metáfora, donde tanto tiene que ver el guitarrista y compositor granadino David Carmona.

* Cartel de la Muestra (fragmento).

Viernes, 13 de Abril de 2012 11:27 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Dímelo siempre

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Flamenco siglo XXI

Debido al empeño, siempre loable, de la Diputación de alentar y promocionar el flamenco joven de nuestra provincia desde su plataforma Granada Portal Flamenco y dentro del ciclo Flamenco 3.0, el miércoles pudimos asistir en el Palacio de los Condes de Gabia al recital que ofreció Sergio Gómez ‘Colorao’, celebrando a su vez los veinte años de carrera, a pesar de su juventud, y el lanzamiento próximo de su primer trabajo en solitario. Igualmente, nos anunció desde el escenario su pronta paternidad (otro motivo de celebración).

Sergio es un flamenco imprescindible en el panorama joven granadino, quizás el cantaor más en forma y el más personal de su generación. Su voz laina, afinada y de precisa modulación hace su discurso más que agradable. Su trayectoria le ha enseñado a adaptar los estilos a sus melismas y no al revés, haciendo un producto nuevo y delicado.

Con su guitarrista habitual, Rubén Campos, crean y recrean una serie de cantes que, quien es buen aficionado, no tiene más que elogiar. Sergio más enraizado, Rubén más vanguardista. Entre los dos forman un tándem que despunta sin discusión. Lástima la falta de oportunidades. Lástima la falta de consideración de los que sobreponen la potencia convencional al buen gusto exclusivo.

Le acompañan también este día José Cortes ‘Pirata’, como segunda guitarra, José Antonio Carmona, en la percusión e Irene Molina y Mikey Gómez, en los coros y las palmas. Un cuadro agradable para un flamenco fresco.

No obstante, en la primera parte del concierto reinó el derecho de la ortodoxia. El Colorao entra por martinetes, que sirven para templar al mismo tiempo que demuestran la calidad de la voz de un artista que no le hace falta gritar para alcanzar los más altos tonos (cualidad escasísima en los cantaores de ahora). Continúa, ya con todo su equipo, con unas bulerías de su padre, Antonio Gómez, en sus primeras grabaciones.

El momento más intenso de la velada, para mí, vino por Málaga, donde se acordó de Chacón en las malagueñas, y remató generosamente por rondeñas, fandangos lucentinos y ese jabegote que cantara Paquillo el del Gas con tanto arte. Las alegrías, con sus estribillos a coro, fueron un ejemplo de belleza. Y los cantes de levante, en los que le acompaño su hermano José Gómez, a la guitarra, encerraban la sabiduría de quien sabe lo que hace.

Otra vez con todos sus compañeros en el escenario, quiso participarnos con unos ejemplos del disco que, después de cinco años, ya está a punto de salir del horno. Los tangos Dímelo otra vez le dan nombre a esta obra y la bulería coral redunda en un trabajo que se me antoja bastante festero. Habrá que esperar a su nacimiento.

Para el fin de fiestas por bulerías, como es menester, cogió el micro su padre, ejemplo de conocimiento y de compás, asiéndolo después por turnos Irene, Mikey y el mismo Sergio. Fiesta que acompañaron algunos de los actuantes con alegres pataíllas que, sinceramente, se podrían haber ahorrado.

Poco público sin embargo asistió a ese recital, y eso que era gratuito. Me consta que en Granada hay muchos aficionados y peñistas que se quejan de la poca oferta y que sin embargo cuando el flamenco le es asequible se quedan en sus casas quizá viendo el fútbol que siempre abunda.

* Sergio, junto a ’El Pirata’, tomada de su facebook.

Sábado, 31 de Marzo de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Palabra de bailaora

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Flamenco Viene del Sur

Una fiesta se monta con uno que canta, otro que toca y otro que baila. Nada más. El lunes, 26 de marzo, hubo una verdadera fiesta en el teatro Alhambra. Desde Jerez, Mercedes Ruiz, con dos acompañantes de excepción, el cante de David Lagos y la guitarra de Santiago Lara, nos trajo un discurso sobre su nueva forma de entender el baile. Un flamenco reposado y completo; intimista y generoso; un diálogo a tres bandas; un protagonismo compartido; una discreta elegancia; una vindicación de su tierra tan sutil como evidente, tan variada como machacona.

Como no podía ser menos, comienza la actuación por bulerías (Palabra de Jerez), que apunta un David Lagos especialmente sembrado con el Procuro olvidarte de Manuel Alejandro, y termina acelerando la guitarra y marcando los tiempos, escorándose definitivamente hacia Jerez. La dinámica es esencial en esa propuesta llena de contenido, aunque tan minimalista que a veces puede parecer fría, simplemente por no llegar a despuntar.

La guitarra se queda sola y propone peteneras, que Mercedes baila con palillos en las manos, con bata blanca y mantón a juego. Remata por bulerías, interactuando con el cantaor y mostrando una estampa de Cisne blanco. El Cisne negro, a continuación, serán unas seguiriyas introducidas por tonás y culminadas con apoteósica cabal, donde Lagos da pie a la bailaora para lucir sus engarces y torsiones agradecidos en un palmito esbelto y flexible envuelto en bata negra de cola, dramática para la ocasión. La pincelada de castañuelas dimensiona percutidamente unos pies que descansan para dar protagonismo al resto del cuerpo.

El abuso de la bulería y duración de los temas es evidente hasta que, con La voz del pueblo, pregones y caracoles, y Mercedes vestida de pantalón y chaquetilla corta, saca lo mejor que tiene dentro. Empieza a bailarle al cante, que es de lo que se trata. Con gracia y delicadeza va recorriendo la escena venciendo y convenciendo en una noche que ya es definitiva. La sal gaditana que comento se remata con unas instantáneas donde los actuantes posan sobre una silla después de varios fundidos en negro.

Como programado fin de fiestas, con arte y supina delicadeza, la jerezana aborda una media granaína (Palabra de flamencos) que sirvió de broche de lujo a ese Baile de palabra que elevó el nivel del festival varios enteros.

* Foto flamenco-world.com©.

Jueves, 29 de Marzo de 2012 11:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sólo él podía

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Juan Pinilla es un flamenco comprometido y versátil, conocedor de los estilos y con un importante poso cultural. Cuando el autor Antonio José López editó las coplas que había compilado Gerald Brenan se preguntó qué flamenco podría ponerle voz, puesto que entendía que una colección de letrillas impresas quedaría incompleta si no se cantaba.

La respuesta fue tan rápida como acertada. El único flamenco joven de Granada y posiblemente del panorama flamenco actual de llevar a cabo tal empresa era Juan Pinilla. De ese pensamiento y propuesta, nació el tercer disco de este cantaor de Huétor Tájar. Dicho trabajo discográfico, La copla y Gerald Brenan, fue presentado en el Teatro Alhambra, el pasado martes, día 20, con un lleno absoluto, que respondía al poder de convocatoria de este artista.

Tras unas palabras explicativas de la hija del escritor, la presentación corrió a cargo del entendido Antonio Lastra que, pasándose demasiados minutos más de lo deseado, desmenuzó la vida y obra del cantaor, aparte de exponer algunas teorías sobre los orígenes del flamenco.

El primer invitado fue el jovencísimo tocaor Álvaro Pérez ‘El Martinete’ que, con sensibilidad y flamencura, como nos tiene acostumbrados, acompañó a Pinilla con una media granaína y después una malagueña con abandolaos. Seguidamente nos fuimos al extremo opuesto, el veterano guitarrista y guitarrero Francisco Manuel Díaz arropó en unos cantes de levante muy agradecidos, en una seguiriya y en unos fandangos con mucho gusto que cantó el padre del protagonista, del mismo nombre (empeño personal de éste), en los que se acordó de Cepero, del Sevillano o de Vallejo.

De Almería, el guitarrista David Caro, con una trayectoria intachable, a pesar de su juventud, se incorporó para el resto de la velada, junto al percusionista Javier Rabadán, ambos creadores de gran parte de las melodías del disco. Con estos colaboradores, Pinilla expuso bulerías y, apoyado por el cante y el compás de Iván Centenillo, tangos, con un interesante juego de voces.

Juan tiene sus incondicionales que reconocen la valentía en sus formas, su trabajo y su poder comunicativo, a veces demasiado individualista. Donde rompió sin embargo fue en el popular Anda jaleo por bulerías y en un simpático Ay, Carmela por rumbas.

La noche acabó con nuevas bulerías con hermoso estribillo coreado.

* Foto IDEAL©.

Lunes, 26 de Marzo de 2012 17:22 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Polifonía flamenca

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Convivencias es el espectáculo que pudimos ver el lunes en el teatro Alhambra. Convivencias es el flamenco en otra dimensión. La guitarra serena, magistral y añeja del sevillano Manolo Franco sirve de colchón y trampolín a las voces frescas y magistrales de la gaditana Laura Vital, del Niño de Elche y de la onubense Rocío Márquez. Con voces dispares, coinciden en armonía y afinación. Conociéndose, cada cual explota sus facultades. Potente, Laura Vital, se especializa en los cantes de su Cádiz natal y en otras formas rítmicas. El Niño de Elche se entrega a los estilos más añejos, a la raíz del cante. Rocío Márquez borda de formas más melódicas, al balanceo musical del flamenco abierto. Aunque todos son versátiles sin discusión y todos, como base de la obra, se solapan y entrelazan sus voces como si de un concierto polifónico se tratara.

Bonito es la palabra que puede adjetivar ese encuentro. Bonito y de eficaz calidad, aunque la perfección en algún momento pueda parecer fría, al igual que el paseo por el patio de butacas, con la idea de convivir con el público, resulta en conjunto desangelada. Las voces de calidad se suceden, se imbrican o se funden introduciéndonos en un mundo lírico sin olvidar los ancestros de pellizco y de verdad.

Un escenario en penumbra nos muestra a los actuantes en fila entonando una seguiriya que, en contra de lo ortodoxo, comienza por el macho final y culmina por el principio, teniendo en su medio un poquito de capela. Los tangos suben y bajan. Son ricos en sus propuestas, para dar paso a la hermosa granaína que arpegia Manolo Franco en solitario.

Un discurso sobre el espíritu del flamenco, donde se alternan voces y cantos, dimensiona la obra hacia un nuevo plano que intenta ser pedagógico, pero me temo que más bien abunda en un proselitismo de izquierdas y un flamenco ya caduco, extemporáneo allá por donde se mire. Entre este alegato se escuchará, con letras comprometidas, levante (con el poema Estaban tan hechos a perder del poeta Antonio Orihuela), fandangos de Macandé, milongas, cantes de labor, tientos y guajiras.

La malagueña, que sirve de preámbulo a un nuevo solo del guitarrista sevillano por soleares, es un gran ejemplo de esa polifonía a la que aludo. Emocionante, precisa, estremecida, tanto en su base como en su abandolao.

Un incómodo momento de silencio nos devuelve la voz desde el patio de butacas. Es cuando los artistas se acercan al respetable y, en cierta forma, se ponen a su nivel, imbricando de nuevo sus voces en un ejercicio de maestría y buen gusto.

Termina la obra por bulerías, que son largas en su propuesta y lenguaje, como largas son las cantiñas, que a modo de bis programado, redondean la entrega. Cantiñas que se enriquecen con estilos tan infrecuentes como son las rosas, las alegrías de Córdoba o los caracoles, con un estribillo final en forma de coda a tres voces, que hacen del cante un canto para ser felizmente coreado.

Viernes, 23 de Marzo de 2012 11:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una noche redonda

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Después del artículo anterior, es decir, después de ver a Sorderita en La Chumbera, dirigí mis pasos a La Platería que prometía calidad. No me equivoqué. Sonia Miranda es una cantaora sevillana afincada en Almería sobrada de facultades y generosidad. Le acompañaba a la guitarra un preciso Paco Cortés, tocaor granadino de acompañamiento que arropa como pocos. Respetuoso con el cantaor y exacto e sus incursiones, arranca sinceros aplausos de admiración.

Sonia, homenajeando la tierra que la acoge, se templa por granaínas, en las que arriesga y eleva su mismo listón. Continúa por tientos tangos, con su poquito por Granada, en los que también se acuerda de Morente y su maravilloso Lenguaje de las flores. El soniquete por tangos del guitarrista granadino  es de matrícula de honor. Para las agradecidas marianas aporta letras originales. Esta primera parte termina por malagueñas. La única objeción acaso es la repetición rítmica. Las marianas no pueden seguir a los tangos, que son primos hermanos, y, si ha empezado por granaínas, no abordes malagueñas, que adquieren un mismo tratamiento fandangueril, puesto que en un principio se consideraban las dos cantes de levante.

La segunda parte será más rica. De las farrucas pasa a las cantiñas y de éstas a la seguiriya. Termina por bulerías.

* Sonia Miranda y Paco Cortés en la peña del Taranto de Almería, en mayo de 2011.

Jueves, 22 de Marzo de 2012 12:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

De los padres del Nuevo Flamenco

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Patrimonio Flamenco

No me avergüenzo de decirlo, llegué al flamenco bien tarde y por la puerta de atrás. Tendría 16 o 17 años cuando me asomé a este arte de mano de la fusión. No he sido como los precoces niños de mi alrededor que han mamado el flamenco, bien porque sus padres se dedican a ello o son aficionados, bien porque han nacido en un ambiente o en un barrio donde se escuchaba/respiraba flamenco.

Muy alejado de estos ambientes, el impúber Jorgito, escuchaba de toda la música que tuviera un punto de calidad o, eso creía, porque algún esquirol se coló entre mis filas de adeptos.

Es decir, descubrí el flamenco a través del rock, del jazz, de lo árabe e incluso de la música clásica. Grupos como Triana, Medina Azahara, Alameda, Chick Corea o Billy de Ville, me abrieron las puertas a un quejío muy nuestro, a un sonido ancestral que, sin saberlo, siempre lo he llevado dentro.

Del universo de los hermanos Amador y de los Carmona aterricé sin billete de vuelta en Paco de Lucía y en Camarón y, de estos, en Enrique Morente y Carmen Linares, hasta llegar a comulgar con los hermanos Pavón y con Chacón y Cobitos.

Enganchado al Nuevo Flamenco, uno de mis grupos de cabecera era sin duda Ketama en su primera formación, que contaba, además de los Habichuela, con el triste desaparecido Ray Heredia y José Soto ‘Sorderita’. Pues bien, a este icono de juventud fui a ver el sábado a La Chumbera.

El joven Sordera ya no es tan joven, pero sigue rezumando frescura y creatividad. Sus facultades no son las mismas, pero su sensibilidad es exquisita.

Por ‘exigencias del guión’, tuvo una primera parte ortodoxa, donde buscaba la raíz jerezana de sus ancestros. Delgado y alternativo, hijo del Madrid de los ochenta, Sorderita aparece en solitario acercándose a la fragua. Es martinete y debla, sin gran floritura, pero con mucho gusto. Para la soleá por bulerías, que va de lo tradicional a lo nuevo con su mítica banda (de Jerez a Granada, diría), se hace acompañar de Rafael Santiago ‘Habichuela’, a la guitarra, y de su hijo, el versátil y efectivo Benjamín Santiago ‘El Moreno’, a la percusión, a los que trata como hermanos y maestros.

En solitario, acompañándose él mismo con la guitarra, reconociendo así un poco más si cabe al Sorderita de siempre, propone alegrías de estribillo hilado, para continuar por Huelva, llamando, para que le arropen con la caja, a El Moreno y a José Antonio Carmona (que también hará las veces de segunda guitarra). Fandangos en los que se acuerda del Gloria.

A partir de aquí empieza a nadar en sus aguas, manifestando que ya ha cumplido con la ‘pureza’. Pero la pureza es la verdad de cada artista. Y José Soto está lleno de verdad y grandeza.

Se acerca a la bossa con Las alas me pesan y al jazz, con un buen swing por bulerías, con Flores blancas. Dos bellas composiciones, y más bella interpretación, que dan paso a los tangos Todo tu ser, compuestos por Manuel Lomo, y terminar por bulerías donde, en un viaje de ida y vuelta, versiona los cantes que hacía el viejo Sordera.

Miércoles, 21 de Marzo de 2012 09:54 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Más jerezano que nunca

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Flamenco Viene del Sur

Ver a Gerardo Núñez es una apuesta ganada, pues pertenece a esa generación de guitarristas precisos y versátiles, surgidos tras el trío torbellino Lucía-Sanlúcar-Serranito, imprescindibles para comprender el desarrollo de la guitarra flamenca hoy día. Su técnica es bestial, tanto como su pulsión, rápida y firme, casi de vértigo, y un golpeteo envidiable en la tapa de su instrumento. Pero sobre todo flamenca, muy flamenca. Aunque se ha bañado en las aguas del jazz, se ha sumergido en la composición más redonda, ha atravesado como funambulista  el cable tenso de la lírica, pero como mejor se mueve, como mejor suena es como flamenco. De hecho, A tientos, como se llama el espectáculo, me sorprendió por la ausencia de corrientes. Tan sólo el flamenco planeaba en el teatro. O, para ser más exactos, el flamenco jerezano. Quizá fuera una exigencia o quizá un recurso cómodo, pero el abuso de la bulería fue manifiesto. Escuchamos bulerías propias y escuchamos bulerías rematando algunos temas o ilustrando los demás. De todas formas, es un abuso agradecido, aunque no tanto como el exceso de revert en algunas ocasiones o el protagonismo de la percusión de Cepillo, respetuosa por otro lado.

La sensibilidad de este tocaor ya se empieza a ver en la rondeña con la que empezó. Una rondeña que encierra una farruca y acaba por bulerías. Una constante se evidencia en este tema, que irá insistiendo en el resto del concierto, y es posiblemente la única concesión ofrecida al espíritu del jazz, que es el sonido repetido una y otra vez, como si fuera una base o una coda. Para las alegrías que vienen a continuación, Gerardo se rodea de todo su cuadro: Manuel Valencia como segunda guitarra (inexplicablemente con el volumen más bajo que el maestro); David Carpio, Esau y Joni Cortés al cante (sin fisuras); Cepillo a la caja; y Andrés Peña al baile, que no debutará hasta el próximo tema, una habanera, con el nombre de Sevilla, cercana a la guajira y rematada –cómo no- por bulerías. De las dos, tres, veces que he visto a este bailaor es la que más me ha gustado, en la que hemos hablado, él como emisor y yo como receptor, el mismo lenguaje. En esta habanera se aprecia como en ninguno la constante señalada más arriba, que el ritmo se repite como un obstinato rigore.

Un solo de cajón sirve de ecuador en la noche, que continúa con una bella pincelada de guitarra en compás de seguiriyas que se va apagando mientras se imbrican las voces de los cantaores en una rueda por tonás y martinetes. Buenísima incursión en el cante a pelo quizá superada por ellos mismos haciendo soleá por bulerías en torno a una mesa con el único acompañamiento del golpeteo de sus nudillos sobre la tabla.

El principio del final de la actuación es una soleá muy marcada que introduce la segunda guitarra, donde el bailaor adquiere protagonismo, teniendo solos memorables (aunque el tembleque del pie derecho sobre el piso en un alarde de velocidad y/o dominio, que usan algunos bailaores, nunca lo he entendido). Tanto la bulería vertiginosa que marca el final de la actuación, como el fin de fiestas y el resto del concierto, evidencian el paso atrás de Gerardo, no en el concepto, sino en las raíces.

Miércoles, 14 de Marzo de 2012 18:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

David Carmona en Metáfora

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Todavía es un ulular de sentimientos y equilibrios. Puede que sea un secreto, pero las voces traspasan las paredes. Metáfora, el montaje del Ballet Flamenco de Andalucía, a la cabeza del cual figura Rubén Olmo, que inauguró recientemente el XVI Festival de Jerez, lo tendremos en Granada durante el mes de a gusto, en la oferta del Generalife y Lorca, que este año quizá deje descansar al poeta.

Todo son suposiciones, pues con los últimos avatares políticos, con el posible cambio de gobierno en Andalucía y con la crisis que tenemos encima, lo más fiable es la conjetura.

Otro argumento que nos hace pensar en la acogida de ese ballet en la ciudad este verano es que, después de Jerez, la obra de Olmo se presenta en prácticamente todas las provincias, en el ciclo Flamenco Viene del Sur, menos en Granada.

La función no la he visto, ni en su estreno ni en Málaga ni en Sevilla. Y no la veré posiblemente hasta que venga a nuestra tierra. Pero sí, en parte, le he querido hacer el seguimiento porque entre sus miembros destacan dos jóvenes flamencos granadinos.

Leyendo críticas diversas, la obra no se salva se coja por donde se coja, a pesar de los grandes valores que conlleva, ni siquiera su director o la gran Rocío Molina no reciben el aplauso general.

Un montaje dispar y equívoco, expone sus mejores cartas, empatando la partida en el mejor de los casos. Pastora Galván es la bailaora más alabada (personal y sorprendente, derrocha sabor, Estela Zatania en deflamenco). Destaca también, con fuerza indiscutible, nuestra paisana Patricia Guerrero (una firme apuesta por el baile pleno de movimientos limpios, Patricia Moreno en jerezjondo).

Pero, quien arrasa sin discusión es el guitarrista David Carmona y su composición musical para gran parte del espectáculo. Estas son algunas de las palabras que, en solitario o en compañía, se han vertido sobre él:

La indudable calidad musical de la Suite flamenca sitúa a David Carmona en la cima de la sublimación de los sentimientos. Este joven granadino, siguiendo los pasos del maestro Manolo Sanlúcar, ha conseguido que el arte logre su fin, esto es, otorgar belleza y deleitar a quienes aprecian la obra artística (El Mundo, Manuel Martín Martín).

Toda la parte gozó de la música de otro joven, el guitarrista David Carmona, que le dio el necesario acento y jondura a la suite, tanto en la composición como en la interpretación (El País, Fermín Lobatón).

La música de David Carmona y el exquisito baile de la sevillana Pastora Galván fueron los puntos álgidos de la noche (…); algo original y que elevaba la excelente música compuesta por el guitarrista David Carmona (jerezjondo, Patricia Moreno).

Yo me quedo con Pastora, y también con el cante de la guapísima Fabiola y la guitarra de David Carmona (deflamenco, Estela Zatania).

Para la primera cara de esta Metáfora, David Carmona había diseñado una partitura guitarrística, que si bien se cargaba de los evidentes ecos de Manolo Sanlúcar, no dejaba de ser de una belleza indiscutible (…). La taranta, 'En sueño', hicieron brillar tanto a Patricia Guerrero como a David Carmona (lavozdigital, Javier Prieto).

Y menos mal que el granadino David Carmona, inspirado y grande, nos ofreció una música exquisita de belleza que emocionó de principio a fin, sobre todo cuando dejó en el aire una taranta irrepetible ejecutada con una técnica precisa y preciosa. Llegará donde quiera este joven guitarrista a poco que se empeñe y se le apoye un poco (aticoizquierda, Paco Vargas).

El guitarrista David Carmona, uno de los jóvenes valores a las seis cuerdas se ha encargado de componer 'Suite Flamenca (loscaminosdelcante).

* Foto de Nono Guirado© (fragmento).

Jueves, 08 de Marzo de 2012 11:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

'Extremo Jondo' en Marbella

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Creo que con ésta son cuatro las veces que he visto Extremo Jondo de La Moneta en directo, más otras tantas en el DVD (a la venta desde el mes pasado), y estoy convencido de que cada día es un espectáculo diferente. Y no sólo la obra en sí, que se enriquece con el tiempo, o con los actuantes, que esta vez han sido distintos, sino sobre todo por su protagonista, por la misma Fuensanta que se reinventa a cada paso y se deja llevar por las sensaciones del momento sin perder la esencia.

Así, con nuevos músicos, Extremo Jondo llega a Marbella para conquistar un teatro que por desgracia estaba medio lleno. La estructura es la misma de siempre, dos bloques de cantes, en un total de nueve, separados con un poquito por levante, para que la bailaora cambie su vestido. Ella le baila al cante directamente y a las sensaciones de la música y el compás.

Es natural que esas impresiones muden, pues cambia el momento y, como en este caso, cambia el cantaor, en lugar de Miguel Lavi será David ‘El Galli’, y el guitarrista, en vez de Miguel Iglesias arropará Luis Mariano. A la percusión sigue el mismo Miguel ‘El Cheyenne’.

La primera parte comienza con una toná que en seguida pasa a ser caña, después abandolaos (un nuevo añadido a este espectáculo), alegrías y se remata con una minera tan sólo de guitarra y baile. Claramente observamos la complicidad de este nuevo grupo, no obstante han coincidido en otras ocasiones. El Galli, tiene un día espectacular y canta como nunca, rebusca en su interior hasta encontrar ese quejío que hace estremecer y que a los aficionados tanto nos gusta. Luis Mariano, con su sonido impecable, se deja llevar por la magia del momento, imponiendo su sonido sacromontano, lleno de frescura, dulce y rabioso a la vez. Miguel ‘El Cheyenne’ sigue con su tónica de respeto y ritmo extremo, que dimensiona la sombra ya alargada de La Moneta. Entre los cuatro convocan al duende, ese tan caprichoso, que no siempre aparece, llenando la noche de pellizco y solera.

La bailaora se siente a gusto e inspirada, le concede un amplio margen a la improvisación y a las nuevas tonalidades. Los abandolaos, que terminan con fandangos del Albaicín, como ya he dicho, en una nueva apuesta, y las alegrías las rehace sobre la marcha. El bello toque minero de Luis, lo baila en la penumbra, dándole un encomiable protagonismo a la guitarra.

En el tácito intermedio, cuando la artista desaparece, el cantaor a pie de escenario entona una taranta de muchos quilates que culmina con los fandangos Contando los eslabones, que Morente grabó en su trabajo Se hace camino al andar de 1975. David lo adapta a su estilo y sus melismas, creando un producto tan bello como reconocible.

La segunda parte, más festera que su precedente, comienza por bulerías que encierran livianas y serranas en su mitad, donde el cantaor interactúa con una Fuensanta que se muestra desafiante y creativa, encendida y picarona. El micrófono de su pie se suelta en ese instante viéndose obligada a desaparecer por unos minutos. A pesar de la megafonía aludida, es imposible luchar contra un piso desagradecido que se muestra sordo y duro y que exige de la bailaora un doble esfuerzo (como comentaba ya relajada a su final “el suelo me absorbe toda la energía”). Termina la función con tientos-tangos, que comienzan, por el problema descrito, con cante y guitarra. La Moneta se incorpora en los tangos con nuevas fuerzas, creciéndose ante las dificultades, cantando como el cisne a los postres. Todo el fondo de la bailaora se manifiesta a borbotones, ronea, seduce y muestra ese poso granadino que por supuesto atesora.

* Foto de Niguel Ángel Molina© (agosto 2011).

Viernes, 02 de Marzo de 2012 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Toná

Tengo a mi mare mu’ mala,
ingresá en la residencia,
que por no hacer na' de ruido
se me muere y no se queja.

Jueves, 01 de Marzo de 2012 11:52 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Los excesos de un bailaor

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Flamenco Viene del Sur

Si Luis XIV hubiera sido bailaor se llamaría Antonio ‘El Pipa’. Rabelais habría escrito de él. Antonio es excesivo en su cuerpo, en sus formas, en su lenguaje. Protagonista de su mundo, sabe lo que desea destacar. Con una puesta en escena muy cuidada, nos enfrentamos al tópico de la vida errante del pueblo gitano y el orgullo de serlo. Repetición por otra parte necesaria para atender a unas raíces que ya, al menos en nuestra tierra, atienden al pasado. Por este sedentarismo que domina en la actualidad, el caló o lengua de los gitanos se ha ido perdiendo. Aunque El Pipa lo reivindica en sus canciones y en su programa. Así, por ejemplo, Nuevo día, como se llama la segunda parte de un espectáculo que se hizo largo, es ‘Nebó chibel’ o Por amor (cuarta parte) es ‘Per Jelem’.

De esta forma, con cuatro partes, veremos brujulear a los actuantes para desembocar en una historia de amor, con boda y todo, como marca la tradición. Antonio atesora esas costumbres y, como mero espectador o testigo privilegiado, va dando cuenta de cada uno de los pasos de su gente. Una gente que no hace sombra, tan sólo una primera bailaora llamada Macarena Ramírez, con una gracia y un control desmedido, que, cuando aparece, a pesar de ser pequeña, ocupa todo el escenario, se lo bebe, eclipsando al resto de sus semejantes.

Una proyección en el telón de fondo, difumina a los bailaores. Lo que puede ser un interesante juego de luces y de sombras, tan sólo desvirtúa la escena. Las bambalinas blancas, en vez de las habituales negras, en cambio son un acierto de pureza y esperanza. Un abuso de la música en off, por último, termina desconcertando.

A partir de ahí, se suceden bailes evidenciables del hilo narrativo que, individualmente (Antonio o los solistas), en pareja (Macarena Ramírez e Isaac Tovar) o en grupo (todo el cuerpo de baile), nos llevan a un final feliz. El Pipa baila abandonaos, tientos, seguiriya o soleares de un mismo corte. Su baile es redondo y muy flamenco, a veces repetitivo, siempre histriónico y exagerado. Gusta regodearse en su mismo cuerpo y tiene pellizquitos reconocibles, como demostró por bulerías. Lleva al cantaor a su lado, aunque su discurso está por encima, e interactúa con él como si fuera un elemento imprescindible en su dictado. Uno de sus aciertos es contar entre con Morenito de Íllora, un cantaor de oficio, que se rebusca por dentro, con un eco gitano encomiable y un buen momento en su dominio. Un desacierto a su vez fue silenciar el micrófono de este maestro y reforzar el de la cantaora protagonista, Mara del Rey, a todas luces con menos facultades que el de Íllora.

La obra sigue con momentos bellos y otros inexplicables. El cuadro de de baile es mediocre para una compañía profesional y el primer bailaor pasable. Me quedo, como he dicho antes, con Macarena y su desenfado, a pesar de algunos desequilibrios al principio. Su baile es alegre y completo, seductor y preciso. Una farruca tan solo musical nos muestra un paso a dos, con estos primeros danzantes, tan sensual como extemporáneo, con beso final incluido, mientras la luna se va llenando a sus espaldas.

Choca igualmente un villancico, o un canto metido por villancicos, que, fuera de su ambiente, se hace extraño (por no hacer mención de la mala suerte que conlleva entre las creencias gitanas). Destacamos por otra parte un baile breve de los chicos con chapas de metal mientras rueda una música polifónica. El sonido de esos metales, sobre todo cuando bailan encima de ellos, nos hacen pensar en las vanguardias agradecidas de Galván.

Termina la historia con un canto de alabanza, cercano al culto, con la boda antedicha y con la bandera gitana proyectada sobre el fondo. Besando el suelo, a la manera Maya, se despide un bailaor que sin duda tiene sus incondicionales.

* Foto Antonio Konde©.

** La chica de la derecha, la que se arregla el pelo, es Macarena Ramírez.

Miércoles, 29 de Febrero de 2012 11:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra vez Pilar Fajardo

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Lo hablé con Pilar hace tiempo. Le dije que su baile debía ser más reflexivo, más reposado, que no se baila sólo con el cuerpo y el corazón, sino también con la cabeza; que tenía todas las papeletas para convertirse en la mejor bailaora de tablao de esta tierra; que podría ver el mundo frente a frente, pero tendría dificultad para mirar al cielo.

Pilar Fajardo es la segunda vez que baila en La Platería en menos de un mes. Es la segunda vez que me sorprende con su baile maduro. Difícilmente la veíamos arrostrando las formas más sentidas, dramáticas y profundas del flamenco, pero, con la soleá de la vez anterior y el taranto de esta ocasión, ha adquirido una perspectiva interesante.

El cuadro que le acompaña este día es completamente distinto e igual de eficaz. Para mostrar el buen hacer en las tablas, es necesario estar rodeado de buenos músicos. Un cuadro que haga agua puede desvirtuar la actuación de un bailaor o de una bailaora en más de un cincuenta por ciento.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ se templa para empezar con una soleá, demostrando su universo único indiscutible en este palo básico. Su voz ya es limitada y se casca con facilidad. Sus tres, cuatro, temas para el cante alante pueden ser sublimes. Incluso hace buen papel apoyado por otros cantaores para cantarle al baile. Pero, me temo, que se le hace cuesta arriba cuando sólo él lleva el peso del cante atrás. Lo que se evidenció en los tarantos rematados con tangos con los que terminó la primera parte.

El baile, como digo, fue circunspecto y bien estructurado. Los postreros tangos también fueron merecedores de elogio. Ricos en roneo y gracia sacromontana.

Entre medias, Melchor de Córdoba y Luis de Melchor, padre e hijo, hilvanaron unas bulerías con sus guitarras sin desperdicio alguno, a pesar del alto margen de improvisación, a pesar de que Melchor se comía a Luis, a pesar de que la guitarra de éste último se oyera poco. Son de los pocos representantes, si no los únicos, del toque bravo del desaparecido Marote.

La segunda parte comienza con los nuevos bríos de Jaime que propone unos fandangos naturales para acabar cantándole alegrías a la algecireña, que logra redondearlas un poco más que la vez anterior. Es su baile de referencia, que rememora su tierra, aunque actualmente se halla impregnado de tintes de cueva y escenario granadino. Quizá le vendría bien un viaje de ida y vuelta para volver a salpicar de sal gaditana sus escobillas.

* Foto de Nacho Martín©.

Martes, 28 de Febrero de 2012 12:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

“Son ganas de bailarle al cante”

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Cuando ya tenía la grabadora apagada, al final de la entrevista, Fuensanta La Moneta hizo que la encendiera para ampliar los comentarios que había vertido durante la misma. Tal es su pasión y sus ganas de trasmitir.

Nacida en Granada, lleva una carrera ascendente y muy personal desde que en 2003 fue reconocida con el Desplante flamenco en el Concurso Internacional de las Minas de La Unión.

Con su baile ha recorrido medio mundo y es admirada en todas las latitudes. Extremo Jondo es tu tercer montaje escénico, el cual, después de un año de rodaje, ha decidido pasarlo a DVD para su constancia.

Nos interesamos por este trabajo y le preguntamos en qué se diferencia de sus anteriores espectáculos.

Respuesta.- Se diferencia sobre todo en que no es un espectáculo coreográfico en el que el baile es el protagonista y la música está al su servicio, sino que está basado en el cante y tanto es baile, como la guitarra y la percusión estamos al servicio de él. Mi expresión en el baile, por tal característica, llega a ser otra. Estoy totalmente relajada y libre en el baile.

Pregunta.- ¿Qué te llevó a trasladar Extremo Jondo a DVD?

Respuesta.- Teníamos gran interés de que de este trabajo quedara constancia para que el día de mañana fuera un referente para la posteridad. No es la primera vez que se hace una obra con los mínimos elementos, pero éste es un espectáculo donde destaca el esfuerzo, el trabajo en equipo, con una calidad musical contrastada y el planteamiento novedoso. De ahí mi interés de que quedara grabado y era una forma de darle salida a nuestro trabajo, que no se limitara simplemente a los escenarios.

Pregunta.- Lo estrenaste en el Festival de Música y Danza de Granada en 2010, en el teatro Isabel la Católica, y lo has grabado en agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral, ¿ha cambiado mucho durante este año de rodaje?

Respuesta.- Sí, la obra ha sufrido algún cambio como todos los espectáculos. Cuando se estrena un trabajo y se va rodando, siempre se le hacen cambios que se crean convenientes. El más evidente es que Extremo Jondo se estrenó con Enrique el Extremeño y se ha grabado con Miguel Lavi. Se ha cambiado el cante, lo que permanece es el concepto y la comunión entre el cante, el baile y la guitarra.

Pregunta.- Me consta, por otra parte, que esta obra sigue cambiando, que está viva. ¿Cómo te planteas esa evolución?

Respuesta.- En realidad, la obra cambia cada vez que expone al público, porque hay una libertad de expresión… Incluso una misma se sorprende de cosas que salen de, de cosas que se crean en ese momento. Después, en otra función, serán otras cosas. Tenía muy claro que, al basar el espectáculo en el cante, el baile no tenía tanta responsabilidad. Al tenerlo tan claro, y el resto del equipo también, el proceso de montaje ha sido muy natural. Desde que se estrenó hasta hoy ha mejorado pero no es muy distinto de la primera vez.

Pregunta.- ¿Tiene mucho de improvisación, de espontaneidad cada vez que representas la función?

Respuesta.- Claro. Hay muchos momentos de espontaneidad. Tiene que ser así

Pregunta.- Dices que la responsabilidad es compartida, pero sólo abandonas el escenario, en una hora de duración, los minutos imprescindibles que dura un cante para cambiarte de vestido. ¿Ganas de bailar o presunción de energía?

Respuesta.- Que hay energía en este cuerpo es evidente. No tengo que demostrar nada en ese sentido, no tengo que hacer alardes de ningún tipo. Son ganas de bailar, ganas de mucho bailar y de bailarle al cante… Parece una paradoja, es un espectáculo de cante pero lo bailo todo, bailo los silencios, bailo las transiciones. Lo bailo todo. Y porque tengo que salir a cambiarme que si no…

Pregunta.- ¿Cómo eliges los cantes apropiados?

Respuesta.- Bueno, la elección de los cantes es compleja. En principio había muchos más cantes. Yo había elegido muchos palos que, por diferentes motivos, tenía ganas de bailar; unos porque no los había hecho todavía y otros porque necesitaba darles otra vuelta de tuerca. La elección de los cantes fue una cosa natural, fueron entrando por sí solos y acoplándose en las transiciones.

Pregunta.- ¿Los seleccionas tú misma?

Respuesta.- Los elijo yo misma, pero comparto esta decisión con el director musical [el guitarrista Miguel Iglesias] y con el cantaor. Es un trabajo muy a fondo y muy pensado.

Pregunta.- ¿Se te ha quedado algo en el tintero?

Respuesta.- Sí. Ya los tocaremos más adelante. Había más, pero había que descartarlos porque la obra no puede ser eterna.

Pregunta.- ¿Cuáles son tus referentes a la hora de crear? ¿De quién te acuerdas?

Respuesta.- En este espectáculo, como el trabajo no era tan coreográfico, mis referentes han sido todos de cante. En los espectáculos anteriores he mirado a los maestros que han influido directamente en mi carrera, con los que yo he trabajado. Maestros como Javier Latorre o Mario Maya. Y también otros maestros que, aunque no haya trabajado con ellos, he sido testigo de su trabajo.

Pregunta.- ¿Concedes mucho terreno a la vanguardia y a la contemporaneidad?

Respuesta.- Esa vena contemporánea me sale de vez en cuando porque soy joven, porque creo que estoy en la actualidad del flamenco y porque he crecido con otros artistas que ahora son coreógrafos y hacen hincapié en esas técnicas.

Pregunta.- ¿Por ejemplo tu contacto con Rafael Estévez?

Respuesta.- Efectivamente. He tenido la oportunidad de trabajar con él y empaparme de sus formas.

Pregunta.- ¿Tus músicos gozan también de ese margen de espontaneidad?

Respuesta.- Sí. Todos formamos parte del mismo equipo y todos tenemos que caminar en la misma onda. Si yo me siento libre y estoy cómoda también es gracias a ellos. Así ellos también se deben sentir libres dentro del escenario. Hay que darles esa oportunidad. Si no, no hay diálogo ni aparece ese duende que tiene que aparecer.

Pregunta.- Sí, se os ve cómplices a todo equipo. ¿Cómo has llegado hasta ellos?

Respuesta.- Bueno, todos estamos en este mundo y todos nos conocemos. Hay veces que los buscas y veces que se coincide en el camino. Eso es lo que ha pasado. Este espectáculo nació de una experiencia en Japón donde estaban la mayoría de los que trabajan conmigo. Personas que artísticamente me marcaron y por eso quise hacer este espectáculo, contar esa experiencia precisamente con ellos.

Pregunta.- Ya que hablas de Japón. Extremo Jondo lo has movido por parte del extranjero ¿Qué respuesta has obtenido de esos diferentes lugares?

Respuesta.- Buena, siempre buena. Les ha resultado sorprendente el formato tan novedoso y minimalista, tan reducido, con los mínimos elementos. Lo cual ha sido aceptado porque la calidad no ha disminuido. Por ejemplo, el último lugar donde hemos estado es en Nimes y realmente no me sorprendo de que en el extranjero lo entiendan y les guste, pues están muy preparados tanto para ver un trabajo vanguardista que uno más tradicional. De hecho hemos movido más este espectáculo fuera que dentro de España. Tengo mucho interés en cómo se desarrollará de aquí adelante porque lo vamos a mover más a nivel nacional.

Pregunta.- Con lo cual, sigue evolucionando.

Respuesta.- Claro. Porque está vivo, porque está vivo.

Pregunta.- Por otra parte vemos algunas constantes en tu baile, que te han ido acompañando a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas constantes?

Respuesta.- Sí hay constantes que se ven en mi baile hoy. Características de mi baile de siempre. Aunque me venga esa vena contemporánea, siempre está La Moneta que empezó a bailar, que no tenía tanto conocimiento, que estaba aprendiendo y se morirá aprendiendo. Cuando empecé a bailar, sólo eran ganas de bailar e ilusión. Había mucha intuición y yo creo que eso no se ha perdido. Esa característica de La Moneta se sigue viendo.

Pregunta.- ¿Una de esas constantes puede ser el remate por tangos?

Respuesta.- Claro que sí, porque es uno de los bailes con los que yo empecé y por la tierra, la tierra de los tangos que es Granada. Sí, esa es una de las características. Y, aunque yo creo que la fiera se ha domado un poco, no falta el espíritu.

Pregunta.- ¿Cómo ves el futuro? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

Respuesta.- Proyectos siempre tenemos, porque no me gusta pararme, me gusta seguir dándole vueltas a mi trabajo. Tengo uno en mente, que voy a empezar a darle forma y a trabajarlo en el estudio. Espero que se pueda ver antes de que acabe este año.

* Entrevista realizada para deflamenco.com

** Foto de Miguel Ángel Molina©.

Domingo, 26 de Febrero de 2012 10:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sensa en La Platería

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Entre los tocaores de base granadinos se encuentra Kiki Corpas y, aunque se echa de menos a veces la fuerza en su pulsión, el soniquete sacromontano y la sensibilidad flamenca suelen acompañarlo. El jueves, 16 de febrero, abre la actuación en La Platería este tocaor con un agradecido zapateado en solitario que da paso a la voz potente y conservadora de Aroa Palomo que se templa por soleares. Carente de medios tonos, es larga en el cante y conoce los estilos. Se acerca a la tierra y continúa en ella con unos tangos de Granada llenos de guiño y complicidad, en los que se hace acompañar de las palmas de Inmaculada Bandera y Marta de Vicente.

Elena López ‘La Sensa’, protagonista de la noche, entra a continuación con unas seguiriyas. Cuadra los tercios y aspira a la novedad, pero se encuentra encorsetada, pendiente del próximo paso. Lleno de aciertos su drama y muy trabajado en su fondo no acaba de cuajar. No así, como veremos, en las alegrías finales, donde aparece más suelta, segura y redonda, a pesar de que exige menos a sí misma.

La segunda parte, paralela a la primera, comienza con el toque de Corpas en solitario meciendo unas granaínas de buen cuño. Aroa se incorpora por peteneras y, todo el cuadro, como dijimos, por alegrías.

El recital acaba con un fin de fiestas por bulerías, donde se ve a una Sensa más desinhibida, pero la frescura la encontramos en la pataílla de sus dos jóvenes palmeras.

* Foto de J.Antonio Martín (tomada de su web).

Martes, 21 de Febrero de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El lirismo de Esther Crisol

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Prestación del disco Aguacibera

Lo que antes sospechaba, ahora se ha confirmado. Esther Crisol tiene una gran capacidad musical, grandes dotes de afinación, interpretación y facultades; lo que no llega a alcanzar con el flamenco desgarrado lo palia con lirismo y sensibilidad. Prueba de ello lo tenemos en la presentación de su segundo trabajo discográfico Aguacibera el pasado viernes en el teatro CajaGRANADA y, sobre todo, en la interpretación del tema libre Schabat, de Juan Cruz Guevara, acompañada tan sólo del pianista Darío Moreno.

La Fundación Corda, tiene la misión de compilar, preservar y difundir la obra del poeta chileno David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927). Entre sus labores ha tenido a bien  ofrecer a la cantaora Esther Crisol la posibilidad de realizar una grabación algunos de sus textos.

De ahí nace Aguacibera, un trabajo metódico y minucioso de adaptación de dichos poemas al lenguaje flamenco, de manera que parecieran escritos para él. Aguacibera es ‘el agua con que se riega una tierra sembrada en seco’, que corresponde a uno de los poemas de David Rosenmann-Taub, dedicado a su abuela, cantado como vidalita y que le da nombre al disco.

Acertadamente varios cortes de la grabación son cantes de ida y vuelta, no sólo más libres y versátiles, adaptados a los melismas de la cantaora, sino que también recogen el espíritu del sur de América en su concepto y a las palabras del otro lado del océano. Así, aparte de la vidalita, Esther propondrá colombianas, que irán acompañadas del baile esbelto y medido de Lucía Guarnido o rumbas, con la eficaz participación, a pesar de su estridencia momentánea, del trompetista David Defries.

Otros músicos que le acompañan y que dan extensión al ambiente son el guitarrista Luis Mariano, partícipe en la puesta de largo de gran parte de los temas, Miguel ‘El Cheyenne’ en la percusión, Cuni Mantilla en el contrabajo, con un interesante rasgueo en los estilos a compás, y Nina Rishad en el violín, instrumento que va de la mano con las creaciones de Crisol.

El concierto se completa o se alterna con unos cabales, una soleá, una toná de gran belleza, unos tientos agradecidos y su final por bulería en forma de jam session.

Ante los aplausos del respetable, que abarrotaba la sala, el combo al completo ofreció unos tangos en los que se desliza con toda evidencia el soniquete de Granada que Luis Mariano borda con maestría comparada.

* Esther risol en la foto.

Miércoles, 15 de Febrero de 2012 16:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Pilar Fajardo en La Platería

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Los jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.

Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.

Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.

Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.

La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.

Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.

* Foto sacada de su Facebook.

Jueves, 09 de Febrero de 2012 11:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Clausura Circuito Provincial de Peñas

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Permitidme que sea aséptico en gran medida en los comentarios de este festival peñístico, pues oficié de presentador y estuve entre bastidores, a veces yendo y viniendo sin atender como hubiera sido mi gusto. Además, el sonido tras el escenario no era el deseado.

Por otra parte, a la salida, los comentarios contradictorios de los aficionados, no iluminaron mi cortedad. Me temo, sin embargo, que los guitarristas superaron por puntos a los cantaores.

El Circuito Provincial de Peñas, y por ende su clausura, estuvo dedicado al cantaor granadino Manual Ávila Rodríguez (1912-1993), natural de Montefrío y ganador, en 1983, de la Lámpara Minera en el XXIII Festival de las Minas de La Unión (aunque el año anterior fue accésit, junto a ‘Curro Lucena’ y ‘Juan Casillas’); fue seguidor de Antonio Chacón y del ‘Niño de Cabra’. Sobresalió en los cantes de minas, sobre todo en las murcianas. En 1985 forma parte del espectáculo Los últimos de la Fiesta y en 1992, en la Expo de Sevilla. Murió el 13 de marzo de 1993 en su pueblo natal.

Con este precedente, todos los intérpretes se acordaron más o menos del cantaor, dedicándole parte del repertorio.

En primer lugar, muy a su estilo, David Sorroche, acompañado por Jorge ‘El Pisao’ a la guitarra, hizo soleá y tangos de Granada, en los que se acordó a los postres de Enrique Morente y el Lenguaje de las flores.

Arturo Fernández, que conoció personalmente a Manual Ávila, contó algunas de sus vivencias, antes de interpretar unos tientos de Manolo Caracol y unas malagueñas de Chacón que cantaba el mismo homenajeado. A la guitarra, brillante como siempre, Ramón del Paso.

José Romero ‘Pasitas’, al lado del guitarrista de origen canadiense David Sinclair, intentó una temporera de Manual Ávila, pero recitada y con un extraño fondo por soleá. Fue acertado en las serrana y ajustado en la malagueña, mejor en la segunda estrofa, donde se presentaba él mismo, que en la primera.

Desde Montefrío, el mismo pueblo de Manuel, llegó Verónica ‘La Hindú’ simplemente para excusarse de no actuar, pues un resfriado habitual cegaba su voz y enriquecía su ronquera.

Un solo de guitarra sirvió de ecuador a un recital que, a pesar del gran número de actuantes, resultó dinámico. Jorge Espejo, ganador del último premio de jóvenes flamencos de la diputación, arpegió una taranta, donde se acordó en gran medida de Juan Habichuela y cerró con una soleá de Sabicas, guitarrista pamplonés, que habría cumplido en este 2012 los cien años.

Mª Ángeles Pérez, arropada por Kiki Corpas, hizo granaína y media y soleá. El mismo guitarrista, acompañó seguidamente a Cristián Delgado, de sólo 15 años, que volvió a hacer malagueñas (el palo estrella de la noche), rematadas por rondeñas y fandangos del Albaicín, para los que llevó a Elena y Marta como palmeras, y culminó con tangos de la tierra.

Por último, Alicia Morales, acompañada nuevamente por Ramón del Paso, hizo una soleá de Antonio ‘el Arenero’ y unos fandangos naturales que le dedicó a José Manuel Rojas, crítico de flamenco del periódico Ideal de Granada, presente en la sala.

* Manuel Ávila en la foto.

Martes, 31 de Enero de 2012 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenca flamenca

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La labor de un crítico, además de reconocer los valores de un artista, elogiar su buen camino y describir la función, estriba en denunciar los vicios y advertir los escollos. Así, dando cal y arena en la proporción adecuada, se elabora un artículo. El problema se encuentra cuando asistimos a un espectáculo que no hay por dónde cogerlo por agobiante, casposo, manido o chirriante; o, el caso contrario, cuando una obra no admite queja. El recital de baile de La Moneta, este sábado pasado en La Platería, no tuvo fisura posible, si acaso un sonido insuficiente.

Fuensanta ofreció su baile desnudo, sin conservantes ni colorantes. Su fuerza innata, su sentido del compás, sus paradas, sus silencios, sus arrebatos, sus éxtasis, su roneo, su sonrisa, sus desplantes, sus recuerdos, su picardía, sus ojos, su generosidad, su estilismo, su flamencura, su inteligencia, sus pies, su control, su aprendizaje, su contemporaneidad, su quejío, su espontaneidad, su compañerismo, su cabeza, su alegría… toda La Moneta estaba sobre las tablas. El salón de La Platería a rebosar y su cuadro, de referencia incomparable. Como cantaores llevó a tres de las mejores voces de Granada, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Antonio Amador ‘El Nitro’ (Manzanita de Santa Fe) y Juan Ángel Tirado; a la guitarra, sin igual, Miguel Ochando y su alumno aventajado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’; y a la caja Miguel Fernández ‘El Cheyenne’.

Comenzaron por tonas, que pasaron a ser seguiriyas cuando entró la bailaora. Parece que no había pasado, que no había futuro, tan solo un denso presente que se mascaba en cada paso y se aligeraba con cada vuelta. La dosis de improvisación, de vivir el momento, de fabricarse alas con cada cante, con cada arpegio, parecían únicos, parecían nuevos pero a la vez repetidos de tan medidos, de tan exactos.
Un par de rondas por fandangos naturales, nos hacen apreciar las exclusivas voces de los cantaores y sus ecos sin fronteras. Apreciamos con placer el torrente y el bello timbre de Manzanita; el aguardiente y la voz afillá de ‘El Parrón’, aunque su esfuerzo por rellenar huecos inexistentes no le sienta bien; y la acentuación y la cajita de música que tiene Juan Ángel en la garganta, quizá, si se lo creyera, el mejor cantaor de España. Como anécdota diremos que Jaime olvidó a la mitad la letra de un fandango, tras varios rasgueos de guitarra, cantó una estrofa completamente distinta.

La soleá con la que termina la primera parte, de más de una hora, es un ejemplo de exquisita redondez. Fuensanta domina la escena e hipnotiza por momentos. El remate por bulerías es un ejemplo de guasa contenida, de explosivo control.

La segunda entrega comienza con un solo de guitarras, unos verdiales de Gerardo Núñez, llamados Cañaveral, donde alumno y maestro se entienden y se complementan a la perfección. Es el sonido del agua, de una limpieza y un colorido sin igual. Denuncio, sin embargo, la deficiente sonorización del conjunto y, sobre todo, un cajón que está de más, por muy respetuoso que sea ‘El Cheyenne’. Para terminar, para rematar con guinda y matrícula, los sones por levante introducen tarantos, que a los postres serán tangos, con los que la granadina goza y hace gozar.

Un fin de fiestas por bulerías, llevó a Juanito, hijo de Juan Ángel Tirado, al escenario, que bailó con gracia y acierto, demostrando la proyección que puede encerrar un chiquillo de apenas diez años.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Lunes, 30 de Enero de 2012 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Extremo Jondo

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Presentación DVD de La Moneta

Esta mañana hemos presentado en la Mediateca de CajaGRANADA un trabajo videográfico de la bailaora granadina Fuensanta ’La Moneta’. Estas son las palabras que he leído:

La Moneta es una bailaora inconformista que empezó en la Zambra y terminará, si mi intuición y su progreso no fallan, entre las estrellas. En 2003 (fecha en que la conocí) fue reconocida con el Desplante flamenco en el “Concurso Internacional de las Minas de La Unión”. Sin embargo este galardón no fue una meta, sino un punto de partida para demostrar su arte y su bravura. A partir de ahí marchó fuera de nuestras fronteras provinciales para aprender los variados caminos del baile flamenco, que son muchos. Sin abandonar su fuerza innata se dejó impregnar por todos los demiurgos de la danza, aprendiendo humildemente desde sus iguales hasta los consagrados, comprendiendo que no todo es sangre y arrebato, sino también reposo y silencio.

Cuando se siente segura, estrena sus primeros montajes, siempre en solitario, Lo que trae el aire, en el “Corral del Carbón” en 2006, y De entre la luna y los hombres, presentado en “Málaga en Flamenco”, en 2007.

Siempre ha sido independiente. La soleá, como tema básico del flamenco, se instaló en su vida desde un comienzo y decidió saltar a su personal ruedo. De vez en vez, con algún compañero que la complementa, de cuando en cuando, con un reducido cuerpo de baile que alarga su sombra.

De sus contactos con otros bailaores de su generación, especialmente con Rafael Estévez, hace un par de años, con quien compartió escenario en Sevilla, adquirió una vena contemporánea que dimensiona su baile –permitanme la humorada- desde la raíz a las puntas.

No en vano, fue reconocida por la Asociación de Periodistas y Críticos de Flamenco, otorgándole el premio Flamenco Hoy como la mejor bailaora en el año 2009.

Una cosa tiene muy clara desde un comienzo, y es que, aunque ella protagonice la escena, forma parte de un todo homogéneo al servicio del arte, al servicio del flamenco. Por eso se rodea de un cuadro impecable de músicos y cantaores. Porque La Moneta no baila porque sí, con un baile de relleno o circunstancia, como un toro cuando abandona el chiquero, sino que contempla el cante, se detiene y se deja llevar por los sones de la guitarra haciendo de cada baile un instante único, pues con esta premisa le da holgado margen a la intuición del momento y su estado anímico.

Así se ha ido rodeando de artistas de primera fila, como los guitarristas: Miguel Iglesias, de Sevilla, compositor de la mayor parte de las músicas de sus espectáculos, o el granadino David Carmona, acompañante habitual de Manolo Sanlúcar; de los cantaores Enrique “El Extremeño”, de Badajoz, Miguel Lavi, de Jerez, o David ‘el Galli’ de Morón de la Frontera; y del percusionista Miguel Fernández ‘el Cheyenne’, también de Granada.

Ahora llega con Extremo Jondo, estrenada el 7 de julio de 2010, en el Teatro Isabel La Católica, dentro del Festival Internacional de música y Danza de Granada, con el que ha recorrido medio mundo. Es aclamada sin límites, por ejemplo, en el sur de Francia o en Japón.

El DVD que presentamos fue grabado en directo, el 11 de agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral. Le acompañan en esta ocasión Miguel Iglesias, a la guitarra, Miguel Lavi, al cante y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, que por ahora conforman su grupo permanente.

Extremo Jondo, como su nombre indica, se trata de llevar la jondura, o sea la dimensión flamenca que ha adquirido esta bailaora hasta el extremo. Es un guiño a todos los bailaores que le han precedido y una mirada a un horizonte abierto donde seguir explorando. Pero, al mismo tiempo, es una mirada intensa hacia su interior, una puesta en escena de sentimientos y sensaciones. Así aparece fuerte y delicada, alegre y dramática, pícara e inocente.

Extremo Jondo es un recorrido arbitrario por los distintos estilos del flamenco, dividiéndose claramente en dos partes que abarcan a voluntad sendos racimos de cantes más o menos imbricados entre sí, convencionalmente diferenciados por el cambio de vestuario de la protagonista.

El primer bloque comienza con un romance, que Fuensanta baila con vestido acampanado y mantón naranja a juego. Esta capela, se hace caña, para terminar por cantiñas, de ricas escobillas, donde destacan los silencios.

Un solo de guitarra y voz por mineras sirve de interludio para pasar a la segunda parte.

Este segundo bloque principia con bulerías que pasan a ser liviana y serranas, con letra original, que desemboca en un impagable macho por seguiriyas. Termina por tientos-tangos, en los que se pueden apreciar los sabores de herencia sacromontana.

Extremo Jondo, como se dice en el vídeo, contiene todo el embrujo del vino añejo en odre nuevo.

* El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

Jueves, 26 de Enero de 2012 20:18 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Marejada en La Platería

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Lo he visto actuar un par de veces en Cádiz, solo y en compañía, también ha venido por estas tierras (Corral del Carbón) y quizá hayamos coincidido en Sevilla o Madrid. Con el pelo corto, sin embargo, no lo conocía. Comenzó el cante y ya fue inconfundible. David Palomar, o ‘el Palomar’, ese cantaor, aunque joven, imprescindible en la escena gaditana, heredero, por cuna, simpatía e inclinaciones del Mellizo, Sellés o Chano, ganador de varios premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (2007), Premio Joven de la Cátedra de flamencología de Cádiz y autor de Trimilenaria (2008) galardonado como Mejor Primer Disco por la web especializada deflamenco.com, sembró de sal el escenario de La Platería, este sábado pasado.
Un retraso considerable, le animó a condensar su actuación en una sola parte. Su primera intención fue la frescura del chiste gaditano, pero ya sea porque no estaba inspirado o por la frialdad del público platero, sus deseos hicieron agua. Aunque su actuación, centrada en los aires de su tierra, no tuvo apenas resquicio. Quizás, por conformar un pero, el guitarrista que le acompañaba, Ricardo Rivera, con momentos notables, sonó algo farragoso en su conjunto.
David comenzó, “como todo el mundo acaba”, por bulerías de Cádiz, llamadas por él chuflillas, como se conocen en su tierra, tal vez asociándolas más directamente con la supuesta etimología del cante como ‘burlería’, de ‘burla’.
Continuó por seguiriyas, que se las dedicó a Enrique Morente, cantaor admirado, según dijo, y al que le deben mucho los artistas de su generación.
Con las alegrías que sonaron a continuación, dejó innegable constancia de su origen y el soniquete inconfundible de La Bahía.
Las malagueñas contaron con una generosa introducción. Fueron del Mellizo, aunque la primera de las letras se atribuye a Fosforito el Viejo, aunque todo eran suposiciones, porque ninguno de los dos grabó. No obstante, tenemos estas noticias a través de Aurelio, yerno de Enrique el Mellizo.
Después de la soleá, correcta y marcada, aunque de estrofa larga, de hasta seis versos, volvió a reivindicarse por tanguillos, acordándose de Chano, Beni, Cornejo o Pericón, y de esas letras tan manidas y populares, que ya es difícil oírlas.
Acaba Palomar por bulerías, poniéndose en pie y ofreciéndonos de vez en vez sendas pataíllas, con y sin micrófono, mostrando el artista completo que lleva dentro (en la obra Cádiz, de finales del 2007, no sólo cantaba y bailaba con gracia, sino que también tocaba la guitarra). En dichas bulerías, donde el guitarrista iba medio tono por encima, David que empezó a acordarse de la Paquera, terminó remedando a Camarón.

* Foto extraida de deflamenco.com©.

Martes, 24 de Enero de 2012 11:03 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

El flamenco y el jazz caminan del brazo

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‘Borrachito’ de Sergio Pamies

La savia del flamenco y el jazz se mezclan en las venas de Sergio Pamies y se derraman por los dedos impregnando las teclas de su piano de ‘soníos negros’ altamente reconocibles. Sergio es un pianista granadino, afincado en Estados Unidos, que no ha perdido el amor a su patria chica y a su gente.

Lo conocí dando un concierto en el Corral del Carbón y ya me sorprendió el diálogo de su piano. Habitualmente los pianistas que hacen flamenco tratan de remedar la guitarra con sus teclas, Sergio se acerca a la voz, complementando así un todo sonoro riquísimo con sus melismas. Allí estuvo con Diego Amador, su maestro, que casi improvisaron una bulería a cuatro manos, con sendos pianos de cola enfrentados.

Con su mismo grupo, más o menos, hará un par de años, coincidimos en el Museo-Cuevas del Sacromonte presentando su primer disco, Entre Amigos, una concepción genérica de la música donde todo se complementa en una sola armonía que puede ser infinita.

Ahora, el pasado viernes, 13 de enero, vino al Teatro CajaGRANADA para exponer su segundo trabajo, Borrachito, que puede ser perfectamente la continuación del primero, como si hubiera terminado en puntos suspensivos, con permanente idea de continuar.

Se rodea sabiamente de buenos músicos en directo de ambas ramas (José Cortés ’El Pirata’ y Sergio Gómez ’Colorao’ al cante y las palmas; Éric Sánchez a la trompeta; Víctor de Diego en los saxos, tenor y soprano; Francis Pose al contrabajo; Gonzalo del Val a la batería; Benjamín Santiago ’El moreno’ y Miguel Fernández ’El cheyenne’ en la percusión flamenca; y Julián Heredia ’Pipote’ al bajo eléctrico) que le hacen navegar con seguridad y soltura por ambas aguas, pero también con algunos maestros en el disco (la voz de Pepe Luis Carmona, la percusión de Rubem Dantas, la Armónica de Antonio Serrano y la trompeta de Christian Scottque) que le despejan el camino hacia el norte.

Con Borrachito, la bulería que le da nombre al disco (con la carátula de Mariscal), comienza una noche efervescente, donde vemos a un pianista bastante más maduro, aunque sólo han pasado dos años desde su última entrega, con una comunión encomiable con su grupo, que se hace y se rehace a conveniencia para, en los momentos cumbre, reunirlos a todos, nada menos que una oncena, sobre el escenario.

Continúa con Ask me now de Thelonious Monk, alternando así algunos temas más jazzíticos que definen su lenguaje. Los músicos se van alternando en solos encomiables. Otras piezas se suceden, destacando la soleá por bulerías 1312 Kendolph Drive (calle donde vivía Pamies en Nueva York), con el cante meritorio de Sergio Gómez, quien aporta después una composición por tangos, que no entra en el disco, con una generosa introducción percutida con las dos cajas de Cheyenne y el Moreno y una bella coda final repetida incansablemente, como un obstinato improviso.

Llegado el momento del reconocimiento, Sergio comienza a dedicar temas, desde su abuela, presente en la sala, a la que le compuso las Alegrías de la Paquita, hasta a Juan Santos, del Eshavira, pasando por sus padres, Rubem Dantas, Antonio Serrano o Diego Amador.

Una de las sorpresas estremecedoras de la noche fue la aparición del pianista junto a Soleá Morente, interpretando uno de los temas de la banda sonora de la película Chico y Rita. Las apariciones de la mediana de los Morente son puntuales pero impagables.

Quiero destacar igualmente el control y el swing del baterista, no sólo por sus solos, sino por su continuo contrapunto que elevaba la atmósfera varios enteros. Destaco también sin lugar a dudas la labor del bajista Julián Heredia, flamenquísimo, artista local cuya sombra será alargada. Reconozco igualmente las voces de ’El Pirata’ y ’El Colorao’. Así como sancionar de alguna forma el exceso general de dos cajones flamencos a veces, solapados, y el incomprensible bailaor (José Cortés ‘El Indio’), por momentos fuera de contexto.

Termina la fiesta con algún bis, un poquito por bulerías y varios minutos de aplausos, bien merecidos.

Jueves, 19 de Enero de 2012 12:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Noche de villancicos

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Ejerciendo de padre durante estos días, no me ha dado lugar a asistir a las múltiples noches flamencas programadas en Granada donde el ambiente navideño es el protagonista.

En nuestra ciudad, en comparación con la Zambomba flamenca que se organiza en Cádiz o en Sevilla, algunos han dado en llamar a esta fiesta Pandereta Flamenca, algo tan válido como cualquier otro nombre convencional, aunque tradicionalmente siempre ha sido Noche de villancicos o Noche de Navidad.

De la primera Pandereta Flamenca de la que tuve noticia, que no podré asistir, fue la del viernes, día 9, en el Centro Cívico del Zaidín, en la que participaba Iván Vílchez, Fita Heredia, Jesús de María, Josele de la Rosa, Josué Heredia y otros.

El jueves 15 se celebró en la Facultad de Medicina, auspiciada por la universidad, con casi los mismos actuantes, destacando las nuevas participaciones de César Cubero y de Beatriz Remacho.

Repite prácticamente el mismo cuadro en la Primera Navidad Flamenca del Pub Liberia, el día 16, a los que se suma Alicia Morales.

Al día siguiente tuvimos la tradicional Pandereta Flamenca en La Chumbera, posibles creadores directos de esta denominación. Y, seguidamente, ese mismo sábado, a la que sí pude acudir, por fin, fue al Día del Villancico en la Peña de La Platería, coordinado con todo el sentimiento por el maestro Curro Andrés.

Este día disfrutamos de las guitarras exclusivas, de toque ochandiano, de Alfredo Mesa y Álvaro Pérez, y de un plantel de cantaores jóvenes, de la cantera exclusiva de nuestra tierra, que nada tiene que envidiarle a las demás. De derecha a izquierda, estos flamencos precoces eran Iván Vílchez, Jesús de María, Tomás García, Aroa Palomo, Jesús Zafra y Esther Crisol. Una noche entrañable, artísticamente sentida y bien estructurada, donde cada cantaor abordaba un villancico popular por turnos, mientras los demás le hacían compás y coros. Eché en falta la ambientación propia navideña de pandereta, botella de aguardiente, zambomba y almirez, y no sólo las guitarras y las palmas que redundaron en una parquedad agradecida, pero que, para el día que nos ocupa, rayaba en lo insípido.

Todavía nos quedan varias cosillas. El jueves 22 habrá un concierto navideño en el Gustav Klimt, encabezado por Juan Habichuela Nieto, con más de diez cantaores, que promete; el viernes 23 se celebrará una Navidad Flamenca en la peña Frasquito Yerbabuena de Cúllar Vega; y alguna cosa más que no la tengo agendada.

Y si alguien se queda con ganas, para Fin de Año tenemos un Especial Noche Vieja en Le Chien Andalou el mismo día 31.

* En la foto, adaptada de su facebook, Jesús de María, el más jóven de los cantaores granadinos.

Martes, 20 de Diciembre de 2011 11:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Buscando un camino

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XII Encuentros Flamencos

Correcta la actuación del Ballet flamenco de Cecilia Gómez, que fue ganando en eficacia y en calor a lo largo de la noche

Han pasado casi dos semanas desde que asistimos al espectáculo ‘Bailaora’ de esta joven linense y mi recuerdo se ha enfriado, no así las sensaciones de una flamenca estilosa y repleta, con ganas de comunicar. Acompañada de dos cantaores, dos guitarras, un violín y una caja, Cecilia pretende hacer un recorrido por los distintos palos del flamenco y la riqueza de la mujer frente a ellos. Es un argumento manido, pero desde el punto de vista personal no deja de ser interesante.

Destaca desde un comienzo la puesta en escena que, si es penumbrosa, como aqueja a la mayoría de los espectáculos flamencos, goza de un juego de luces talentoso que dimensiona el exclusivo vestuario y la propuesta en general.

Durante la primera parte, la bailaora se resiste y su aparición es escasa, para manifestar a los postres una presencia más agradecida. Sus músicos, entre humareda injustificable, abren por bulerías, para entroncar con una soleá por bulerías, donde la bailaora se presenta con un paso a dos, bello pero poco festero para la pieza que nos ocupa.

Una sucesiva correlación de baile grupal (3 bailaores), abordan fandangos, tangos y alegrías, que introduce un generoso violín, y se llenan de apreciadas individualidades, en las que se acopla la misma Cecilia por fiesta, con un vestido corto de vuelo, mantón grana y oro y peineta a juego. En medio de esta pieza, el escenario sufre un apagón que será el comienzo de una serie de desajustes, de iluminación y sonido, para los siguientes días de Festival, que lamentablemente no pude asistir.

Tras un solo de percusión, que venía a ser el principio de nada, suenan en off distintas músicas por bulerías que abordan tres bailaores, ataviados de toreros que, a pesar de lo casposo, fue de lo más resultón de la obra.

Un solo de cante por rondeñas, da paso a las seguiriyas, que la protagonista aborda con traje negro sin mangas, muy femenino, y chaquetilla corta. Sin duda, es de lo mejorcito de la velada, la sorpresa final llena de silencios y ricos taconeos, donde la joven es sensual toreadora, mostrando su espíritu real de ‘bailaora’ cuando las esta pieza dramática pasa a ser toná o cuando la caja que se acelera en función del preciso taconeo.

Para el fin de fiestas, premeditado por bulerías, es invitado a bailar Juan Andrés Maya como ‘maestro’ organizador de este festival, antes de que la compañía se despidiera, agradeciendo los múltiples aplausos del medio aforo convocado.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 16 de Diciembre de 2011 11:48 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Hace un año

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Hace ya un año que la noticia de la muerte de Enrique Morente nos desgarró por dentro, sobre todo por lo inesperada, sobre todo por las formas. A estás alturas, seas creyente o no, debes tener asumido este vacío, el último acto de un hombre que no dejaba de sorprender, ni siquiera para decir adiós, ni siquiera para hacerse un sitio inviolable entre nuestros seres más queridos y admirados.

Enrique fue un mito viviente. Enrique fue un mito cercano. Tan familiar que su dimensión nos parecía increíble. Una altura que va aumentando. Y, si admirábamos a la persona o al cantaor, ahora nos damos cuenta que debemos aplaudir al músico en general, al creador, al intelectual sensible y generoso, al filósofo urbano, al ocurrente, al comprometido, al amigo.

Su música me acompaña a diario. No hay día en que no lo recuerde con sus cantes, con su estela que, como la sombra del ciprés, es alargada.

Nos queda, como digo, su siembra y sus miles de seguidores y sus creaciones. Todos los flamencos jóvenes de Granada lo recuerdan, aunque sea en sus tangos (si no en su seguiriya acelerada, en su fandango tan personal, en su bulería meditada).

Así es, David, Alicia, Juan, Estrella, Ana, Carlos, Marina, Alberto, Álvaro, Sara, Antonio, Curro, Enrique, Fita, José, Miguel, Iván, Yudith, Tomás… interpretan como nos enseñó el maestro El lenguaje de las flores en su repertorio, que fue el punto de partida de Enrique y los poetas, de Morente entre las estrellas.

Martes, 13 de Diciembre de 2011 00:52 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Los caminos de Arcángel

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XII Encuentros Flamencos

Con “Olor a tierra” comienza Arcángel su recital, que pretende recoger esos cantes de siempre que, como el aroma de la lluvia, le han ido acompañando desde su niñez, y, al mismo tiempo, impregnarlos con esos sonidos nuevos, con ese flamenco experimental, que sólo pretende darle una nueva vuelta a la tradición. Por otra parte me temo que su propuesta abundó más en este segundo concepto que en el primero, máxime si se reúne de dos de los tocaores, Miguel Ángel Cortés y Dani Méndez, más vanguardistas del panorama actual.

Arcángel, con su sentido del compás, su perfecta afinación, su apología del grito y su constante referencia a Morente, principia su recital por cañas, rematadas por soleá por bulerías. Es un buen comienzo, donde se ponen de manifiesto sus cualidades, el deseo de innovar y esa dimensión contemporánea de los guitarristas de la que hago mención.

El cantaor onubense continúa por malagueñas, donde se alternan las guitarras como en un duelo de sensibilidades. A estos cantes de Málaga se le van uniendo los coros y el compás de Los Mellis y la percusión de Antonio, cuando se rematan por rondeñas “casi recitadas” y más tarde por fandangos del Albaicín, que Arcángel borda con sus extremos agudos.

Durante los tangos, el cantaor se asoma al Camino y termina acordándose de Enrique, a quien dedica manifiestamente todo el concierto, incluso gasta un chaleco con la figura y el nombre del maestro granadino.

En las seguiriyas, en las que le acompaña sólo Miguel Ángel cortés, vuelve a hacer de las suyas (lo que le hemos visto hacer más de una ocasión) y hace libre lo que está medido y cambia el acento tradicional. Momento interesante será cuando vengan marcadas por pandero. Termina remedando a Chacón.

Por soleá, arropado por Dani Méndez, se siente grande, antes de un pequeño descanso, en el que las guitarras se quedan solas haciendo exquisiteces por levante.

Vuelve a las tablas Arcángel por bulerías, a pie de escenario, sin micrófono, en las que todos los músicos le acompañan haciendo sólo compás con las palmas.

En las alegrías se siente como pez en el agua, sólo superadas por los fandangos donde es largo y respetuoso con su tierra y sus mayores, a los que reconoce de manera especial a Toronjo o a Morente.

 

La noche sin embargo no terminó allí. Después de Arcángel en los Encuentros del teatro Isabel la Católica nos dirigimos a la peña La Platería, donde Pepe Habichuela actuaba con la joven castellonense Tamara Escudero. Como es lógico, el recital ya había empezado y asistimos sólo a la segunda parte, breve pero intensa. El más aperturista de la saga Habichuela comenzó por soleá, marcando como pocos, arpegiando como él solo. A Tamara se le observan las maneras y melismas de Estrella Morente. Se le parece en la apuesta y en el timbre de la voz. Ligando los tercios, es rica en ayeos y en vocales prolongadas melódicamente recorriendo la escala, aunque pasea con más comodidad por los bajos. Su afinado es perfecto.

En la vidalita, con La vieja sonanta, Pepe recuerda a Morente y su colaboración, y la cantaora sin confusión remeda a Estrella.

Terminan por fiesta con unas alegrías gran moduladas y, requiriendo compás de José Antonio Carmona, se marchan por bulerías.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 09 de Diciembre de 2011 13:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una nueva labor de la ONCE

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Los lunes flamencos de la ONCE

Desde hace algunos años, en la Organización de Ciegos de Granada, se realizan unos conciertos flamencos gratuitos para revalorizar las peñas de la provincia y potenciar los nuevos valores. El último lunes de cada mes, en su sede de la plaza del Carmen, acogen a una peña flamenca granadina para escuchar a los jóvenes cantaores que se reúnen entorno a ella.

Muchas veces, estos jóvenes acuden con los veteranos que los apadrinan. Éste fue el caso del lunes pasado, cuando se presentó Asociación Cultural Amantes del Flamenco de Peligros respaldada por Miguel Barroso, quien al final se hizo una bien modulada granaína, aunque andaba un poco enfermo de la garganta.

El primero en actuar fue Francisco, apodado ‘El Pirata’, con Armando Linares a la guitarra. Un cantaor que promete, con facultades y buenas intenciones. Interpretó soleá por bulerías y se despidió por fandangos. Cintia, sin embargo, se le ve bastante verde y titubeante. Con su voz grave, hizo unas bulerías de Luis de la Pica. El mismo Armando, curtido ya en el acompañamiento, a pesar de su edad, estuvo a su lado.

Zaira Fernández a continuación coloreó la noche bailando unos tangos, que sonaron en off, cargados de sentimiento, aunque tremendamente básicos. Su juventud extrema, en cambio, está a su favor.

José Romero ‘Pasita’, el veterano del grupo, con el canadiense David Sinclair, a la guitarra, con la voz manifiestamente tomada, recitó un poema e hizo una farruca de propio cuño, lo que enriquece su propuesta. Algunos versos, no obstante, algo forzados y la prolongación del ayeo en algunos tercios, confieren doble mérito al guitarrista.

Isa ‘La Jazmín’, con varios años de compromiso a sus espaldas, pasea su afición tanto en el baile como en el cante. Con su voz potente y convencida, entonó unas colombianas, arropada por la guitarra de Rafa Hoces. Guitarrista que también acompañó a Barroso a culminar la velada.

Domingo, 04 de Diciembre de 2011 18:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo un recital

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Flamenco en La Platería

Sin lugar a dudas, una de las cantaoras jóvenes que crea más expectación y esperanza en la provincia de Granada, no sólo a mí, sino a todos los que la han escuchado, es Ana Mochón. Su buen hacer, sus facultades y su conocimiento la hacen acreedora de ello. Por eso cada vez que actúa, cada vez que su nombre aparece en un cartel, es motivo de atención por su compromiso y calidad artística.

A sus diecisiete años recién cumplidos (celebró su onomástica en el mismo recital que voy a referir), y con varios premios en La Unión, es ya un reclamo seguro para cualquier festival.

Quizá tenga que encontrar su camino cierto, quizá tenga que abandonar algunos vicios de niñez, quizá tenga que olvidarse de alguna cantaora a la que intenta remedar, quizá le falte soltura en sus diálogos y su poquito de baile, quizá abuse de la nariz, quizá se entregue y se vacíe antes de tiempo… pero el poder que tiene en la garganta y en el espíritu son dignos de admiración. Y lo mejor, seguramente, es su trayectoria, la perspectiva indiscutible de una carrera enfocada.

Ana Mochón en La Platería es como decir Ana Mochón en su casa. Su familia es socia de esta peña antes de que Ana viniera al mundo. Ya asistía a los encuentros flamencos desde la barriga de su madre y después en sus brazos, quedándose dormida entre dos sillas acunada por una soleá o un taranto. El cante lo lleva dentro y su estudio es casi por osmosis.

Con volantes nuevos, de dudosa belleza, se presenta la cantaora como una reina en su salón, acompañada por Antonio de la Luz a la guitarra, un tocaor creciente y también muy querido por los aficionados. La soleá de Rafael Moreno, que da paso a la caña abre la noche. Desde este primer cante, como digo, se aprecian las facultades de Ana, su conocimiento y su poder seductor. Continúa con una fabulosa malagueña, quizá lo mejor, de esta primera parte al menos, con letras de Chacón, en versión de Pepe Pinto, y del Mellizo. A los postres se abandola por Granada, muy al estilo de Juan Pinilla.

Pide disculpas a continuación para hacer un tema orillado en el flamenco, alejado de la pureza. Pero con gracia y estilo entona una copla bambinera que será muy bien recibida por el respetable.

Para la soleá, pide la presencia de José Delgado, antiguo presidente de la peña y crítico de flamenco, que en cierta manera apadrina a la artista en esta noche, para que inserte algunos recitados entre sus letrillas cantadas. El poeta elegido es Manuel Benítez Carrasco y las soleares son de tres de los cantaores más destacados en nuestra tierra: Cobitos, Juanillo ‘El Gitano’ y Pepe ‘El de Jun’. Faltó Enrique Morente para redondear la escena.

Terminó este primer pase con unos tangos de Granada más bien sosos, con una cierta tendencia en los motivos y en las maneras de imitar a Marina Heredia.

Con el pregón de Macandé y su venta de caramelos, comienza la segunda parte y la gavilla de fandangos que dan paso a los cantes mineros. Serán taranto, cartagenera y taranta, que la misma cantaora anuncia acordándose de su fructífero paso por el concurso de La Unión. La tensión adquirida se relaja con unas colombianas que interpreta a continuación, demostrando la largura de su repertorio.

La cantaora vuelve a ser grande por seguiriyas, en las que se acuerda de Manuel Molina, Antonio Cagancho y Curro Dulce y su cambio.

Termina el recital por fiesta, que incluye, en primer lugar, bulerías, de pie y con su poquito de braceo, como ocurrió en los tangos, que introduce con una letra del legendario grupo Alameda, del que pasa a Luis el de la Pica y después a Turronero; y para finalizar con unos simpáticos tanguillos propios, escritos por su padre. Los aplausos y jaleos duran varios minutos.

Jueves, 01 de Diciembre de 2011 10:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Rubén se reinventa

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Recitales en el Café-Pub Liberia

Puede que me repita más que una morcilla en la noche, pero volveré a insistir sobre el buen casamiento entre el flamenco y el jazz. Dos músicas hermanas, de nacimiento parecido, aunque en distintas latitudes, se encuentran y se reconocen, bebe la una de la otra y caminan al unísono. Grandes intérpretes del jazz se han acercado y siguen acercándose al flamenco, como Chick Corea, que no deja de airear su corazón hispano (últimamente rodeándose de guitarristas, cantaores y hasta de bailaores).

El camino opuesto, del flamenco al jazz, no es necesario dar ejemplos, pues cualquiera de nuestros guitarristas actuales se dimensiona con los acordes de esa música tan libre y creativa, desde Paco de Lucía hasta Rafalín Habichuela, por poner un ejemplo.

A Rubén Campos lo hemos conocido siempre como flamenco de vanguardia. Su guitarra inquieta ha acompañado al cante, al baile y ha demostrado sus virtudes de concierto. Sus minuciosas composiciones siempre han llamado la atención por su armonía novedosa y una flamencura especial identitaria que ha ido ganando en fuerza y soltura.

Ahora se sumerge en pleno jazz, reinventándose con otros músicos, componiendo temas abiertos, pero también, rescatando obras exclusivas de las dos orillas. El “Rubén Campos Cuartet”, como primicia, sienta sus bases en el Liberia y, aunque se vislumbra la falta de ensayo, se evidencian las buenas ideas, la compenetración y sobre todo la calidad de sus músicos.

Puede que no recuerde el orden ni todos los temas, pues no tomé nota y ha pasado casi una semana del evento, pero más o menos así fue su desarrollo.

Comenzó la noche con un solo de guitarra, a manos del titular. Una creación cercana a levante, con concesiones a la fiesta, que sirvió para presentar las nuevas apuestas del músico granadino. El grueso de la banda (José M. ‘El Petaca’ al piano, el catalán Joan Masana al bajo eléctrico y Antonio Gómez ‘El Turri’ en la voz y a la caja) se incorporó en los jaleos extremeños. Para terminar esta primera parte y entrar dentro de lo maravilloso, interpretaron, con solos memorables de guitarra, piano y flauta, tocada por El Turri, la pieza Ziryab, de Paco de Lucía, perteneciente al disco de 1990 del mismo nombre.

La segunda parte, si no recuerdo mal, comenzó con un tema de Bill Evans, el mismo músico al que se acercó maravillosamente el Niño Josele en su álbum Paz (2006). A continuación sonó un bolero de propio cuño, que Rubén dedicó a su familia, allí presente, y para terminar una composición del trompetista de Carolina del Sur, Dizzy Gillespie, por bulerías.

Como fin de fiestas, Campos invitó al escenario a su compañero Sergio Gómez ‘El Colorao’, a quien suele acompañar al cante, y se marcharon por bulerías.

Todos los miércoles, en el Café-Pub Liberia hay flamenco en directo y todos los jueves se puede escuchar blues o jazz u otra música que encarte.

* Rubén Campos en Casa Patas©.

Martes, 29 de Noviembre de 2011 19:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco desde la orilla

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Flamenco en Almería

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar en su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

Actualmente, también tendremos en cuenta a Rocío Segura, Toñi Fernández (y su hermano 'El Titi') y sobre todo a las hermanas Pérez, María José y Montse.

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

* Artículo publicado en el número 5 de la revista Acordes de Flamenco (junio de 2007)

** En la foto, la cantaora almeriense Rocío Segura que hizo de guía en nuestra ruta.

Flamenco desde la orilla

Almería a través de los ojos de Rocío Segura

 

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

 

Rocío Segura

Con estos precedentes, nos disponemos a descubrir la ciudad del Indalo a través de los ojos de una cantaora almeriense que, pese a su juventud, refleja voces añejas en su jondo fraseo. Rocío Segura ha grabado algunos discos en colaboración con otros artistas almerienses y en solitario un disco de saetas y una obra esencial a los grandes maestros”, en el año 2003. Un disco arriesgado, considerando que un flamenco tan árido y ortodoxo sólo se vende entre los profesionales y aficionados (nunca necesariamente excluyentes).

“Homenaje” es sobre todo un disco de gran aficionada, una declaración de principios, en donde Rocío pone sus cimientos interpretando cabalmente a la Niña de los Peines, a la Repompa, a Chacón, a Vallejo o al Gallina. Y, cómo no, expone respetuosamente los tarantos de Almería. Podemos decir, de esta manera, que Rocío Segura tiene un eco muy flamenco que nos puede recordar a algunos de los grandes, destacando, no obstante, su personalísima entrega.

El próximo trabajo discográfico, que tiene en pensamiento, quiere que siga la misma línea de flamenco puro que el mencionado, aunque, reconoce, que no es fácil mantener esa apuesta, “en 2006, reconoce, ninguna compañía se arriesga a sacar un disco de raíz”.

María del Rosario Segura López nació el 19 de septiembre de 1979 en el barrio de Pescadería, que es, salvando las distancias, como en Sevilla nacer en Triana o en Cádiz en el barrio de Santa María o en Jerez en la Mercé. En este barrio han nacido el cincuenta por ciento, o tal vez más de los flamencos de Almería. De Pescadería son los guitarristas Tomatito, Paco López o el Negrillo; los cantaores Juan y José Gómez, Carrete o Potito de Almería; y la bailaora María del Mar La Rebota. “De mi tierra, comenta la cantaora, te puedo decir que está llena de rincones con embrujo y mucho arte como mi barrio de Pescadería que es el barrio mas flamenco, de donde han salido los mejores artistas de mi tierra”.

Rocío es hija de la también cantaora Antonia López, al decir de muchos, uno de los mejores exponentes del cante almeriense. Junto a su madre ha cantado desde muy corta edad fandangos y saetas al pie de los pasos de Semana Santa. Desde los doce años está ganando concursos que no es preciso enumerar. Quedémonos con la Lámpara Minera de las Minas de La Unión en el año 2000.

Su puesta de largo, por llamarla de alguna forma, la hizo de la mano de Juan Carmona Habichuela en 1995, en el Auditorio Municipal Maestro Padilla de Almería, dentro de un homenaje a los cantaores Juan y Ramón Gómez. Un espaldarazo definitivo fue en el “Festival Flamenco por Tarantos”, celebrado en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, donde estuvo acompañada por su paisano Niño Josele.

A Rocío le gustan todos los cantes e intenta interpretarlos todos, aunque se siente muy a gusto en las bulerías, siendo también especiales para ella las seguiriyas, los cantes de su tierra, la soleá…

Su actual proyecto es una gira, junto con Chano Lobato, José Menese, El Polaco y otros artistas, que se presentó en la Feria Mundial del Flamenco, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, el día 17 de noviembre, para recorrer otros centros neurálgicos del flamenco, como son Mairena, Lebrija o Málaga.

 

Flamenco en Almería

La oferta flamenca almeriense es escasa y está focalizada en las dos peñas que existen en la capital y algunos bares de sabor flamenco. No obstante, en un grupo elevado de poblaciones existen una o dos peñas flamencas hasta alcanzar el número de veinticinco, reuniendo entre ellas a poco más de dos mil asociados. Tal es la presencia y afición del flamenco en Almería.

Aparte de la actividad que emana de estos templos esenciales, que funcionan exclusivamente los fines de semana, otra oportunidad de disfrutar de esta pasión, no existe. Así la peña funciona como lugar de encuentro, tablao y centro de aprendizaje.

También, y justo es decirlo, los poderes fácticos de la ciudad, de vez en vez, programan flamenco puntual entre su oferta de ocio. En concreto, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería organiza anualmente, a finales del mes de agosto, en la Plaza Vieja (antes se realizaba en la Alcazaba), el Festival de Flamenco de Almería, que este año 2006 celebró su 37ª edición.

Las peñas almerienses son “El Taranto” y “El Morato”. El Taranto es la peña decana en esta ciudad, con más de cuarenta años de antigüedad, y un referente necesario en toda Andalucía. La regularidad, cantidad y calidad de sus actuaciones, hacen de ella un centro cultural y flamenco de primer orden. La Peña mantiene una revista bianual, llamada “Taranto”, que informa sobre sus actividades realizadas y por hacer y se complementa con entrevistas, opiniones, recortes de prensa y otros contenidos que vivifican el quehacer de este colectivo. En el mes de octubre vio la luz el número 58 de dicha publicación. También, anualmente, la Peña entrega el Trofeo Taranto al cantaor que se haya destacado en su actuación durante el año y el Trofeo Taranto al mejor toro de la feria. Este año también se ha establecido el Trofeo al mejor guitarra de acompañamiento, que ha recaído en el tocaor granadino Paco Cortés.

Sin embargo, Rocío Segura prefiere la peña de El Morato donde hay un ambiente más abierto y familiar, en el que se reúnen los aficionados en torno a una mesa tomando una copa de vino (el ambigú de El Taranto, se encuentra bastante retirado del escenario), aunque, como gran aficionada, se arrima al buen cante allá donde se encuentre.

Gran actividad flamenca, como hemos dicho, la podemos encontrar en la provincia, en su mayoría en pueblos cercanos a la capital. Así, el aficionado, siempre encuentra algo de su agrado, por ejemplo, en la Peña Flamenca El Arriero de Viator, El Yunque en Pechina, El Palangres en Roquetas de Mar, El Tato en El Parador, La Caracola y La Torre en Adra o El Ciego de la Playa en Huércal de Almería.

El flamenco almeriense lo podemos complementar con la visita a algunos locales de añejo sabor jondo. Recordemos que la tapa en Almería, que es gratuita, buena y abundante, acompaña indivisiblemente a la bebida. Destaca en primer lugar el café bar Bahía de Palma, cerca del Ayuntamiento, que es de los más antiguos lugares de encuentro de los aficionados al flamenco. Multitud de fotografías del mundo del flamenco y los toros se reflejan en sus paredes. La comida es asequible y se recomienda el bacalao a la vizcaína, la carne de toro o el atún encebollado.

Otro local con encanto, también muy céntrico, es la Peña Jueves Taurino. Su dueño, como el de Bahía, es muy aficionado y está emparentado con la familia de Rocío Segura, la que afirma: “mi tío es muy aficionado, le encanta Enrique Morente, creo que es su fan numero uno”. Siempre se oye flamenco en su bar y las tapas son de impresión.

 

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

 

Viernes, 25 de Noviembre de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

El camino inevitable

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32 Festival Internacional de Jazz de Granada

Que el flamenco es mestizo es ya una cuestión indiscutible. El flamenco se ha ido haciendo a lo largo de los años, a través de estos dos siglos escasos de vida, de todo el poso cultural de nuestra tierra y el foráneo que, como un viento caprichoso, tuviera la fortuna de soplar por Andalucía. Ya se reía Manolo Sanlúcar cuando le hablaban de fusión, diciendo que la esencia del flamenco es esa mezcolanza.

Es normal que los flamencos se acerquen a los conceptos del jazz. Es normal que en los festivales de jazz tengan cabida los flamencos. Así, la tercera jornada del encuentro jazzístico en Granada (17 de noviembre de 2011), compartieron escenario el contrabajista Dave Holland y el guitarrista Pepe Habichuela. Fue un camino del jazz al flamenco y no al revés, aunque concesiones a la improvisación y al swing y a los solos del jazz estuvieron presentes.

El recital, grosso modo, fue la presentación del disco Hands, editado hace un año, donde podemos ver a un Pepe Habichuela, el más cosmopolita de los flamencos, creativo y abierto, junto con un Dave Holland, posiblemente el mejor bajista de la actualidad, redondo y versátil, atravesando un sendero conocido, entendiéndose a la perfección entre las notas y las miradas. De hecho, Pepe llegó a exclamar que Holland “es ahora un gitano y yo soy casi un inglés”.

La noche sin embargo comenzó turbia. Una suciedad de trasfondo, unido a un sonido desajustado, hizo que la bulería fuera algo farragosa. Problema que quedó paliado en la segunda entrega por Huelva, antes de entrar en un par de temas más genéricos donde el Habichuela hizo mutis y, seguidamente, su hijo, Josemi Carmona, que venía de segundo guitarra, dejando sólo al imaginativo inglés con los dos percusionistas que arropaban todo el trabajo: Bandolero y Juan Carmona. Imprescindibles, aunque abusaran de los solos, aunque se repitieran con la monotonía del cajón.

La taranta, llamada Camarón, fue un ejemplo de buen gusto y complicidad, en la que el contrabajista de Wolverhampton bordó el sentimiento hasta parecer que cantaba con el mismo instrumento, y donde un servidor en realidad entró en el concierto.

Habichuela, solo en las tablas, apuntó una media granaína dedicada a su hermano, Enrique Morente. Preciosista por una parte, pero faltaba finura por la otra. Y es que el guitarrista granadino no halló su mejor noche. Desajuste que se incrementó en la soleá.

Con lo que yo me quedo, sin discusión, la mejor pieza de la velada, fue la seguiriya y cabal, hermosa y rica en contrastes y comuniones. Una seguiriya acelerada, como le gustaba al maestro Morente, más para acompañar al baile que para ser tradicionalmente escuchada. Después de este paso, cualquier otra propuesta estaría bien, pues el pellizco ya me había cogido por dentro.

Después de algún tema más, teniendo a Josemi como protagonista, guitarrista con mucho gusto, que conoce sus límites, pero no se extralimita, piezas posiblemente pertenecientes a su último disco, Las pequeñas cosas, cercanas a la fiesta, termina el recital con una impresionante rumba, grandiosa y armónica, a la que yo le añadiría algunas voces.

Tras varios minutos de aplausos, que a los postres fueron a compás, se despidieron con un bis por tangos en donde salió a relucir de forma evidente la sangre del Camino y la esencia Habichuela.

* Foto: Europa Press, Teatro Central.

Viernes, 18 de Noviembre de 2011 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El patrimonio de la zambra

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Si Granada puede presumir de algo auténtico e histórico en el flamenco es la creación y el desarrollo de la zambra, si quieren de la zambra gitana, que derivó de la zambra morisca. De una celebración generalizada, de fiesta y algarabía, llegó a centralizarse en el ritual de la boda. Así, sus cantes y sus bailes (alboreá, cachucha, la mosca…) representan la petición de la novia, el ritual del pañuelo o la culminación de la boda.

De las estancias íntimas y representaciones concertadas, este ceremonial pasó a ser espectáculo público a finales del siglo XIX, de la mano de un gitano de Ítrabo, afincado en Granada, llamado Antonio Torcuato Martín, apodado ‘El Cujón’, que abrió su negocio en el centro de la ciudad.

Pronto estas zambras pasaron a las cuevas del Sacromonte, constituyendo toda una industria, que aún funciona, para los autóctonos de la zona. Así fueron y son famosas las zambras de los Amaya, la de la Golondrina, la de la Rocío, la del Pitirili, la de María la Canastera…

Nada mejor que la representación de esta zambra, en La Chumbera, en pleno corazón del Monte Sacro, para conmemorar el primer aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad, por parte de la UNESCO.

La familia Maya, como representantes de la cueva de la Rocío, avalados por el Ayuntamiento de la capital, fueron los encargados de exponer esta muestra de entidad granadina. Aunque no sólo los Maya estuvieron presentes, un nutrido grupo de los principales clanes de la ciudad estuvieron en representación compartiendo escenario o entre el público, en el que destacaron dos figuras de alcance internacional: Manolete y Juan Habichuela.

El acto, presentado con acierto y pasión por Judea Maya, estuvo dedicado tácita o explícitamente a los verdaderos forjadores del flamenco granadino, en especial a los últimos desaparecidos: Mario Maya y Enrique Morente.

Precisamente, de Enrique sonó una granaína en off, que bailó Juan Andrés Maya, como protagonista de la noche y del festival por venir, a primeros de diciembre.

Tras unas palabras, donde Curro Albayzín historiaba la zambra, una muestra de esta manifestación tuvo lugar en las tablas, comenzando por la alboreá, la cachucha, los añejos tangos del Petaco, los fandangos del Albaicín (de donde surgió la granaína) o los interminables tangos del Camino, que abordaron individualmente todo el cuerpo de baile,  Alba Heredia, Raquel ‘La Repompa’, Rocío Vargas, Estela Rubio y los patriarcas Raimundo Heredia y La Salvaora. El recital terminó con una luenga soleá, donde Juan Andrés expuso con creces las cualidades de su baile.

Durante todo el acto sonaron las voces de Juan Ángel Tirado y de Rafi Heredia y las guitarras de Pepe Maya ‘Marote’ y Manuel de Santa Fe.

* Grabado de una zambra gitana, de Jules James Rougeron, siglo XIX.

Jueves, 17 de Noviembre de 2011 10:24 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

De la anarquía a la disciplina

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No sólo la sangre es necesaria para estremecer. No sólo el alarde de fuerza compone a un bailaor, a una bailaora. Mario Maya decía que el baile no es fuerza bruta.

Yolanda Cortés, bailaora sacromontana, bailaora de raíz y brío, actuó el sábado en La Chumbera mostrando sus valores. Curtida en las cuevas del Camino, sus pisadas son grandes, su aguante incombustible. Falta reposo, falta silencio, falta la atención a unos músicos que superaron sin lugar a dudas a la protagonista.

Al cante Jaime Heredia ‘El Parrón’, Manuel Heredia y Macarena, complementan un dúo de aguardiente y gusto gitano; Rafalín ‘Habichuela’, a la guitarra, es una muestra de ralentizado sabor y perfección; Benjamín Santiago ‘El Moreno’, con el cajón, impone un compás de fondo, respetuoso y decidido.

Unas tonás (Macarena) abren la noche, que pasan a ser seguiriyas cuando Yolanda hace su primera entrega con pantalón y chaquetilla. El exceso de fuerza tiende al desequilibrio y la desatención conlleva a la fiesta cuando la propuesta es crítica. Con todo hay que decir que el compás y la apuesta en conjunto pueden ser acertadas.

Manuel Heredia, con su potencia de voz y su tendencia al cuplé, propone unas bulerías, que dedica a Antonio Vallejo, con el que empezó su carrera. Y Jaime se entiende por tarantos. A la guitarra (y a lo suyo), Rafael es un dulce con su toque lento y preciso, muy flamenco, con concesiones al jazz.

Acaba la noche con soleá por bulerías, donde destaca el cante de El Parrón, el que en un momento se acuerda de su compañero Enrique. Yolanda es desmedida. Fatiga paseos y escobillas. Y un remate zapateado de casi diez minutos con sólo compás desdibuja el norte.

Esa misma noche me esperaba La Platería, donde bailaba la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’, último primer premio de La Unión, llamado el Desplante. En mitad del camino veo luz y jaleo en el estudio-cueva de Juan Habichuela, nieto. Rodeado de gitanos, está grabando unos villancicos para su primer disco, que se está haciendo esperar. Según dice es el último tema que le falta para rematar el trabajo. El resultado es muy del Monte, muy de fiesta, muy cantable.

En la peña, con el acto ya empezado, encuentro la disciplina y la esbeltez de una flamenca bailando por alegrías. El contraste es evidente y la noche comienza a respirar.

Lucía se hace acompañar por dos cantaores de oficio, como son Moi de Morón y ‘El Trini’ que, con unas tonás, exponen su potencial; y por la guitarra sabia de Miguel Pérez, maestro de bastantes guitarristas occidentales.

Una soleá bien templada culmina la actuación de La Piñona, demostrando con creces lo bien ganado de ese galardón de Las Minas.

* Lucía Álvarez ’La Piñona’. Foto sacada de una entrevista realizada en jerezjondo.com

Martes, 15 de Noviembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Curra Arroyo

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Homenaje Flamenco

Todos los conciertos benéficos son dables y encomiables, todos los homenajes son justos y agradecidos, pero cuando esta ofrenda nos toca de cerca en cierto modo tiene doble carácter emotivo.

Curra Arroyo, cantaora granadina, asociada a la peña flamenca de La Platería, perdió su voz y su futuro debido a una bronquitis. Su sensibilidad y valor artístico no le llevaron sólo a cantar, flamenco y copla, sino también a bailar e incluso a componer. Faceta que aún cultiva hilvanando bellos versos susceptibles de ser cantados.

El pasado jueves, en el teatro Isabel la Católica, se reunieron un grupito de artistas veteranos, de su generación, y algún allegado, para rendirle el homenaje que se viene mereciendo desde hace mucho tiempo. Recital cargado de entusiasmo donde destacó sin duda la presencia de Curra Arroyo en el escenario, manifiestamente afectada, agradeciendo a los presentes (organizadores, flamencos y público), la deferencia tenida hacia ella y el recuerdo de lo que fue; de lo que es y será, añadimos. Lástima que fueron pocos los asistentes a dicho evento, a penas la mitad del aforo. Lástima que el esfuerzo haya quedado mermado por falta seguramente de promoción. Lástima que se hayan perdido esta reunión de voces añejas y cantes rebuscados que con tan buen hacer nos brindaron.

Una grabación de la época, con Curra, en plena facultades, cantando en off una copla de Marifé de Triana. Seguidamente, Juan Pinilla, responsable directo de tal reunión, que hacía las veces también de presentador, acompañado de Francisco Manuel Díaz, memoria y corazón del flamenco de esta tierra, hicieron granaína y media y se despidieron por mineras.

Después de una semblanza de Pinilla a la homenajeada, con pequeño reportaje fotográfico de fondo, Curra, agradecida, recitó alguna de sus letras antes de dar paso a Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, con el mismo Díaz a la guitarra, que mostrando su potencia de voz, hizo unas soleares y unos fandangos, de los que es albacea y trasmisor.

Curro Andrés, conocedor y maestro, con un enorme Antonio de la Luz a la guitarra, demostró su envidiable compás por milongas (El niño que todo lo quería ser, de Benítez Carrasco) y alegrías. Curro Vega, verdadero tesoro del cante antiguo, se arrancó por tonás y, arropado por la misma guitarra que su tocayo, hizo unas seguiriyas de cambios ancestrales.

Paco Moyano, después de Curro Albayzín, ofreció un ramito de su cante particular, personal y comprometido. Con Antonio de la Luz a su lado, interpretó una bella bambera concentrada y una gran malagueña, en la que se acordó de Miguel Hernández y remató por jaberas.

Un nuevo guitarrista sube al escenario, el preciso y solapado José María Ortiz, que acompaña a una de las voces imprescindibles en la época. Antonio Trinidad comienza por milongas (La baladilla de los tres ríos, de García Lorca) y acaba con su famosa farruca. Todos los intervinientes tuvieron cariñosas palabras de elogio a la protagonista.

Cerró la noche la bailaora Violeta Ruiz, hija del desaparecido Pepe el de la Argentina, con el que Curra tuvo tanta relación, que propuso unas garbosas alegrías.

* En la foto Curra Arroyo y Paula Marín, de las pocas peñistas de la época, abrazadas por Juan Pinilla, de cuyo blog obtengo esta foto.

Sábado, 12 de Noviembre de 2011 11:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Córdoba, el flamenco callado

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Hace unos años estuve colaborando en la revista Acordes de Flamenco con el desarrollo narrativo de varias secciones. Una de ellas respondía al nombre de Rutas Flamencas. Durante los meses que duró mi relación recorrí, con ayuda del reportero gráfico Nono Guirado, los rincones de Granada, Jerez, Almería, Jaén, Cádiz o Córdoba. De esta última ciudad, aparecida en el número cuatro (2006) de dicha publicación, reproduzco los preliminares y la ruta en cuestión, saltándome todo el meollo intermedio, para no alargarme en demasía:

Córdoba es una ciudad de ojos grandes, como lo son las mujeres que de su tierra inmortalizara Julio Romero de Torres en sus lienzos, pero de boca pequeña. Es discreta y huidiza, con tintes de universalidad pero mirando siempre para adentro. Córdoba es una madre para sus hijos, buena anfitriona para sus huéspedes, pero esquiva con los desconocidos. Córdoba es prudente y no da un paso sin haber asegurado el anterior.

También en el flamenco se manifiesta de esta guisa y el viajero aficionado debe buscar, profundizar en un mapa no escrito, para encontrar la huella del quejío y del pellizco. Con todo y con eso estamos en una ciudad o, más bien, en una provincia privilegiada, creadora de cantes autóctonos, como los fandangos de Lucena o la soleá y las alegrías de Córdoba; cuna de grandes cantaores: José Moreno “Onofre”, Cayetano Muriel “el Niño de Cabra”, Antonio Fernández “Fosforito” o Juan Moreno Maya “El Pele”; impulsora de festivales de prestigio; donde una serena y sabia afición se reconoce en cada esquina.

En Córdoba se respira el flamenco sin necesidad de atenderlo, sin sentir la guitarra o los tacones, sin escuchar su queja. Sus calles y su río, sus barrios y sus monumentos y sus tabernas, nos hablan de pasión; su gente se mueve a compás, posee un sentimiento milenario que, a  diferencia de otras ciudades, nunca se olvida. Lo nuevo no borra lo anterior sino que lo acumula, lo imbrica como partícipe de un todo. Así, la ciudad de Córdoba es romana, visigoda y árabe, judía y castellana, gitana y flamenca. Sólo basta dejarse llevar como las aguas lentas, acompasadas, pero constantes del Guadalquivir.

Su visita es obligada. Alrededor de la Mezquita, que también es Catedral, encontramos multitud de hostales y pensiones a precios más que asequibles. Aprovechando la unión, el derribo de tabiques de casas contiguas del casco antiguo, se crean verdaderos dédalos, propios del rey Minos, que impregnan nuestro viaje de belleza y misterio.

En esta ciudad califal todo es admirable, todo merece la pena ser visto, estudiado, fotografiado, desde el templo ya aludido, hasta los dieciséis arcos del puente romano, desde el barrio blanco de la Judería hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus torres, desde la biblioteca cinegética del Palacio de Viana hasta el sensual Museo de Julio Romero de Torres… y, cómo no, su arraigado flamenco.

Precisamente, el Ayuntamiento de la ciudad ha declarado 2006 como el “Año flamenco en Córdoba”, en conmemoración del cincuentenario del Concurso Nacional de Arte Flamenco, con una amplia y extensa programación que, desde el mes de enero, se ha ido concretando en múltiples actividades, entre las que sobresalen los homenajes y las galas; los congresos y las jornadas de estudio; las conferencias y las mesas redondas; los ciclos de cine; las exposiciones; las publicaciones; y los espectáculos permanentes de cante, baile y guitarra en el Gran Teatro de Córdoba, en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en diferentes tabernas y plazas al aire libre. Queriendo con esto, según Rosa Aguilar Rivero, alcaldesa de la ciudad, demostrar que Córdoba "es capital del Encuentro y la Tolerancia, es Ciudad Flamenca, tanto que hasta el pulso de sus horas suenan con falsetas en la Plaza de las Tendillas. Ciudad de Raza y razas, de mezcla y raíz".

Nuestra ruta

Con todo lo dicho, y trazando un atractivo recorrido a pie (pues en Córdoba aún no es necesario coger el coche), quedamos citados con José Antonio Castellano “El Séneca”, gran solearero, con añeja raigambre cordobesa, y con el bailaor Fran Espinosa para identificar una posible noche flamenca. Citados en el Rincón del Cante para una primera toma de contacto, tomamos un vino y un pincho de tortilla. En Córdoba se toma la tortilla de patatas más hermosa de toda la Península. Desde allí, cruzando por el Cristo de los Faroles, rodeados de instantáneas taurinas, cae un segundo vino en bar de las Beatillas, que acoge en su primer piso la Peña Flamenca Fosforito. En ella disfrutamos brevemente de la actuación y bajamos al Mesón La Bulería, aprovechando unos pases “con derecho a una copa” facilitados por los responsables del local. Desde allí, con un doloroso soniquete de charanga y pandereta, bajamos por la Calleja de las Flores hasta el Campo Madre de Dios, donde se asienta la Peña Flamenca de Córdoba, con sus mesas y viandas comunales.

Con el buen sabor de boca que nos deja el recital, su presidente y los aficionados de esta Peña, nos acercamos a la vera del río y, precisamente, por el Paseo de la Ribera hacia el oeste, nuestros pasos, y los borborigmos de nuestro desmayo, nos encaminan al restaurante Bodegas Campos, situado en la Axerquia, antiguo barrio árabe, donde el servicio y la comida típica andaluza son excelentes. Entre arcos y buenos caldos, degustamos sus especialidades: ajo blanco con espárragos trigueros y langostinos, rabo de toro al amontillado y tarta de membrillo, a un precio no muy popular.

Con el estómago lleno y agradecidos de no tener que coger vehículo alguno, seguimos nuestro camino paralelos al río, pasando del barrio árabe al judío. A la espalda de la Mezquita, decidimos acabar nuestro itinerario en el Tablao Flamenco el Cardenal, en donde aplaudimos el baile de Antonio Alcázar, Premio Nacional de Danza de 1992, completando así una vuelta completa al casco antiguo de una ciudad de ensueño.

* En la foto el maravilloso bailaor Fran Espinosa.

Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 12:58 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La hermandad gitana

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Festival Internacional de Música Gitana

De lo que más me impresionó cuando asistí al Festival de la asamblea gitana, además de la variedad de comunidades repartidas por todo el mundo pertenecientes al mismo pueblo, es la hermandad que une a todos ellos. Cuando salimos del Auditorio de La Chumbera, donde nos esperaba un gran cóctel, tuve la oportunidad de conocer y charlar con algunos de los asistentes. Hablando con el presidente de la agrupación gitana de Asturias me comentaba que ellos podían recorrer todo el mundo sin ningún desamparo. Todos los de su étnia, que entre ellos se reconocen con felicidad, se tratan como hermanos y abren sus puertas de par en par sin necesidad de hacer preguntas.

También me enteré de que a los gitanos españoles, hace algún tiempo, se les achacaba que no hubieran conservado el romanó (la lengua de los gitanos) y no se entendieran con foráneos. Ya llevan un tiempo cuidando este idioma y fomentándolo entre las familias. Esto es debido, me comentaba Antón Carmona, a que los gitanos de fuera no habían dejado de ser nómadas y habían seguido cultivando este lenguaje, mientras los españoles se hicieron sedentarios y no tuvieron esa necesidad.

El Festival, que formó parte del primer Congreso de Mujeres Gitanas, celebrado en Granada, los días 23, 24 y 25 de octubre de este año, que reunió a gentes de Europa, Suramérica y Asia, fue una muestra sensible del folklore de este pueblo que, como punto de unión, pueden tener la alegría y el sentido musical del ritmo.

La presentación se hizo en varios idiomas y comenzó por un texto muy aplaudido donde se reivindicaban las bondades y creencias del pueblo rom.

La representación española abrió la velada. En concreto, una representación de gitanos malagueños y granadinos, con ‘La Repompa’ a la cabeza y el flamenco, como no podía ser de otra forma, por bandera. Unos martinetes rompieron el silencio para dar paso a Alba Heredia, muy en su papel, bailando por soleares. ‘La Repompa’, con carisma y acierto, hizo lo que sabe hacer, especie de cuplé encadenado por bulerías cantado y casi recitado mientras baila. Terminan entonando el himno gitano, Gelem-gelem, por bulerías como fin de fiestas.

Finlandia reemplaza a los españoles cantando desde el patio de butacas hasta el escenario. Son la Familia Akerlund, el padre, con la guitarra, y la madre y la hija cantando, con unas voces impresionantes y un dominio de los altibajos realmente sobresaliente. Su repertorio son canciones gitanas tradicionales finlandesas muy sentidas, en gran medida coreadas por el público conocido.

A continuación, en representación de Holanda, salió una pareja perteneciente a la World Artits Iniciative ‘Khetanes’. Roger Moreno, compositor alemán mundialmente conocido, que compuso recientemente un Réquiem para las víctimas de Oslo, tocaba el acordeón (aunque también tañe con virtuosismo el violín). Piroschka Triska es una de las voces gitanas más bellas de Europa. Su repertorio igualmente consistió en un recorrido por las canciones gitanas tradicionales de Holanda y Alemania. Ella, con vestido de vuelo multicolor, apuntó varias concesiones al baile, con un agitar de hombros maravilloso y una sonrisa perfecta.

Para cerrar el encuentro, Sapera Shanti y Sageeta, dos gitanitas procedentes de Rajasthan, en La India, pusieron la guinda final, con su danza típica llena de color, vueltas sin fin y de tintineo de decenas de campanillas enroscadas en su cuerpo o en sus vestidos. No serían bailarinas de primera fila por sus silencios, titubeos e improvisaciones, pero tenían toda la gracia y la frescura del exotismo de su país, en el que podemos vislumbrar algún deje que han conservado las flamencas a través de los siglos, pues de La India proviene este pueblo. Fueron varias danzas tradicionales, con música en off. Las primeras, individualmente, la última en pareja, duplicando así su eficacia. Estas bailarinas, que danzan descalzas, son verdaderas contorsionistas. Una se quitó sendos anillos de las manos y, echándose hacia atrás, sin doblar las rodillas, los recuperó con el guiño de los ojos. La otra hizo lo propio con un billete de veinte euros, agarrándolo con la boca.

Entre medias de las hindúes, salió una espontánea de Lituania, que no estaba en el programa (“los gitanos somos así”, dijo la presentadora, de origen colombiano) que, con ayuda de un disco, cantó una bella canción de su país.

* Roger Moreno y Piroschka Triska en la foto.

Miércoles, 26 de Octubre de 2011 18:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Javier Latorre en la cima

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Premio Nacional de Danza 2011

Me alegro de que el Premio Nacional de Danza de este año haya recaído en el valenciano, afincado en Córdoba (de donde no me iré nunca, escribirá recientemente), Javier Antonio García Expósito, Javier Latorre.

Este bailaor y coreógrafo, que ha tenido como maestros a Aurora Pons, Ciro, Pilar López o Ángel Pericet, a pesar de su aparente vida desordenada, es un trabajador de la danza, dinamizador de grupos y enseñante exclusivo. Todos los bailaores jóvenes del momento, al menos todos los que tienen algo que decir, han pasado por sus manos (algunos, figuras consagradas).

Una característica notable de sus clases y cursos es que lo da todo, no se guarda nada y anima a sus alumnos a grabarlo en vídeo para poder ‘robarle’ los pasos, que él ya inventará otros.

Hace poco a Javier se le propuso, desde la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento, dotar a Córdoba de un centro formativo de primer nivel y de una compañía de danza estable, puesto en marcha en el Centro de Danza del Teatro de la Axerquía.

Ahora, el día 20 de octubre de este año, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza, que concede el Ministerio de Cultura dotado con 30.000 euros, destacando su "constante preocupación por el desarrollo de la danza en España, en especial por su contribución a la evolución de la concepción coreográfica del flamenco, que incorpora elementos de la danza española y de la danza contemporánea en una exposición creativa reconocible tanto en sus creaciones para su propia compañía, como para otros artistas".

"Estoy feliz y muy nervioso, porque son 44 años sobre los escenarios, con 47 coreografías hechas y otras veintitantas para mis compañeros, y esto es una alegría muy grande", explicó a Efe. "La crisis fuera de España no la hemos notado, pero aquí faltan teatros, escenarios y estructura donde poder mostrar las creaciones que tanto nos cuesta y que son cultura para la sociedad", terminó reivindicando. Por otro lado aseguró que las mujeres bailaoras están arrasando.

Aunque nos pase desapercibido, este galardón recae habitualmente en artistas flamencos desde que lo inauguró el bailarín y coreógrafo Antonio Gades en 1988. El pasado año lo recibió la malagueña Rocío Molina y, el anterior, Lola Greco. También han sido premiados, en el apartado de Interpretación o de Creación (las dos modalidades en las que consiste dicho premio) Javier Barón (2008), Manuela Carrasco (2007), Israel Galván (2005), Sara Baras (2003), María Pagés (2002), Eva Yerbabuena (2001), Antonio Canales (1995), Mario Maya (1992) y Cristina Hoyos (1991).

* Foto del ABC digital, edición Córdoba ©.

Martes, 25 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una presentación ajustada

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Las voces que no callaron

Como si de una estrella mediática se tratara, el teatro Isidoro Maíquez se llenó desde un primer momento para asistir y apoyar la presentación del disco-libro de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, sobre la canción flamenca republicana y comprometida antes, durante y después de franquismo.

La expectación era superlativa. Las gradas estaban llenas de políticos de izquierdas, de flamencos comprometidos, algunos de ellos participantes en el trabajo de alguna manera, como Paco Moyano, de familiares y amigos solidarios y de público en general, más o menos incondicionales del cantaor de Huétor Tájar.

La presentación sin embargo fue ajustada, se limitó a recorrer el contenido del disco, salvo la temporera y debla, con textos de Nietszche, tan emocionada del cedé. No obstante, el concierto hizo las delicias de sus seguidores. Un recital que tuvo bastante de manifiesto posicional y de vindicaciones sociales.

Algún detalle creo que formalmente no encajaba en el conjunto. Por ejemplo, el blasón de gran formato, que enmarcaba el rostro de Juan al fondo del escenario (quizá mejor la portada del libro) o su aparición estrella entre bambalinas una vez que sus músicos habían comenzado.

Abrió la noche con el mirabrás que cierra el disco, con letras de Moreno Galván y adaptación de Menese. Buen tema para romper el hielo, con problemas de megafonía (ni el cante ni el compás se oían demasiado), sólo la guitarra de Josele de la Rosa estaba realmente en su sitio. Objeciones que se solucionaron en su segunda entrega por cartageneras que introdujo un poema de Cernuda en la voz del actor Paco Algora (presente también en el disco). Continúa la noche con seguiriyas de Cádiz y los Puertos, escritas por José Heredia Maya y Francisco Moreno e interpretadas por el desaparecido Antonio Cuevas ‘El Piki’. Una nota perdida determinó los desacertados finales de algunos de los cantes, como el remate descontrolado de los tangos.

Otro recitado de Algora, con celofán en el micrófono, dio paso a la petenera de Luis Marín (y, posiblemente, de Che Guevara) que supuso, sin duda lo mejor de la noche, sin quitarle mérito al cante de las minas o a la seguiriya.

Para los fandangos del Corruco, Macandé y Vallejo, Pinilla contó con el apoyo del almeriense Pepe Villodres, que definitivamente no estaba centrado, del que me consta su buen hacer.

La insurrección de los cómicos fue otro de los poemas grandemente aplaudidos que recitó de memoria el actor invitado, al que suele recurrir a menudo, antes de dar paso a los tanguillos que, con la guasa característica, se musicaron algunas frases adaptadas de Groucho Marx, en la que hay verdaderos aciertos, pero en general suenan muy forzados.

Acaba el recital con los cantes más festeros del trabajo. Los tangos, Don Manuel, con letra de Moyano, que suenan en el disco con la guitarra de Paco Cortés, se los dedicó al mismo autor. Son reconocibles las segundas voces y los coros de Fita Heredia, Encarni Heredia y Villodres. Y al final las bulerías, que el autor llama filosofulerías, con palabras de Gregorio Marañón, Allan Poe y Franz Gillparzer, que sonaron un poco sosas.

El poeta lloro por bulerías, con su pataílla final, fue el breve fin de fiestas fuera de programa que ofreció nuestra última Lámpara Minera.

* Juan Pinilla, en una foto de archivo de su facebook.

Domingo, 23 de Octubre de 2011 12:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Circuito por las peñas andaluzas

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El miércoles por la mañana, en la peña flamenca de La Platería, se presentó el quinto Circuito Flamenco Ocho Provincias a la memoria de Enrique Morente, con presencia del Consejero de Cultura, Paulino Plata y del Presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, Diego Pérez Castillo.

Representando a la familia Morente estuvo el pintor y amigo personal Gabriel Esteve, pues ellos no asistieron "por los momentos duros que están pasando, ya que se acerca el primer aniversario de la muerte del cantaor y la fecha del juicio (por mala praxis médica)".

Actualmente existen 348 peñas en Andalucía, en pleno funcionamiento. El circuito le da cobertura a 120, con otras tantas actuaciones, que irá ampliando año tras año. De las cuales, 80 son de toque y cante y 40 de baile, cada vez más demandado. La danza flamenca no recorrerá todas las peñas porque muchas de ellas no están preparadas para dicha manifestación.

Según el consejero "las peñas tienen un papel esencial en el desarrollo y en la difusión del flamenco", a lo que añade Mª Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, que "las peñas son auténticas catedrales laicas del flamenco, universidades populares de un saber de siglos". Con este espíritu, este año, se le otorgó la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía a la Confederación de Peñas.

El pasado año, entre artistas, peñistas y aficionados en general, disfrutaron unas 11.000 personas las actuaciones que este Circuito organiza, y la cifra sigue subiendo. Los beneficiarios son muchos, pero sobre todo es de aplaudir la labor que se hace con los artistas jóvenes, con la nueva cantera de flamenco, en sus tres modalidades que, con iniciativas como esta, tienen acceso a unos escenarios y a un público privilegiados.

El presupuesto total es de 145.000 euros que van a parar a 22 peñas de Sevilla, 19 de Cádiz y Córdoba, 16 de Málaga, 15 de Jaén, 11 de Huelva y ¿por qué 9 solamente en Granada y Almería?

Como Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas de Granada y Vocal de la Confederación Andaluza, lee este blog, le animo a que nos lo explique, al igual de por qué no hay representantes granadinos que se desplacen a Sevilla ni a Cádiz ni a Huelva, y por qué se han seleccionado esas peñas en particular (las de Almuñécar, Montejícar, Gorafe, Huétor Tájar, Ogijares, Salobreña, Lentejí, Monachil e Íllora) y no las otras.

* En la foto, los componentes de la Mesa: en el centro, Paulino Plata, con el programa en las manos; a su derecha, Gabriel Esteve; a su izquierda, Diego Pérez e Isidoro.

Viernes, 21 de Octubre de 2011 18:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un disco necesario

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Las voces que no callaron

Antes de que existiera la canción protesta, antes de que se acuñara su término incluso, ya llevaban los flamencos varias generaciones, si no reivindicando sus derechos, sí denunciando su situación mediante la queja, la exaltación del dolor y las desigualdades sociales. Quizá no fueran conscientes de esto; quizá, más bien, su sentimiento no tenía una consciente función social.

Que la historia la escriben los vencedores no hay duda, y ya sabemos quien venció y revenció en España durante más de cuarenta años. Pero que la memoria la avienten también los victoriosos es algo que hay que cuestionar. Siempre hay conciencias, siempre hay espíritus, siempre hay voces que no callan denunciando las injusticias, las desigualdades.

Como es de suponer, el trabajo de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, no es un disco de cabecera, sino un documento para ser escuchado y abordado con atención. Es un disco-libro necesario, como digo. Para tener en cuenta, no esa intrahistoria que decía Unamuno, sino esa otra historia paralela y solapada que late por salir a flote, por ser conocida, para que las generaciones no conozcamos el pasado con un solo ojo.

Es un libro de urgencia, escrito con el corazón por el mismo cantaor comprometido con una izquierda militante. Como tal, no le vendría mal un repaso de estilo, pero es un buen punto de partida reivindicativo, no ya de las voces que silenciaron, sino de las vidas que sesgaron con la cárcel, el exilio y hasta con la misma muerte.

Reivindicar nombres como Miguel Molina, Canalejas de Puerto Real, Angelillo, Antonia Mercé, Sabicas y tantos otros; o, más actuales, Gerena, Morente, Gades, Menese… es una cuestión de honradez.

Es un libro inexcusable, como digo, y emotivo e inaplazable, con recuerdos conocidos, con datos olvidados con sucesos escondidos, en el que puedo destacar multitud de detalles. Pero permitidme que mencione el nombre de Juanito Valderrama como hombre de izquierdas, republicano y comprometido (en contra de lo que se ha pensado durante mucho tiempo), que ayudó tanto a los flamencos y, si le hizo el juego al régimen, fue por un espíritu parecido al que guió a Schindler en su famosa lista.

Otro punto que me entusiasma dentro de la obra es la atención prestada a los personajes granadinos como Paco Moyano, Mario Maya, Enrique Morente o el Piki o los intelectuales Pepe Heredia, José Guardia o Juan de Loxa, que colocan nuestra ciudad en medio del medio del compromiso, aunque no lo quieran.

En cuanto al disco, bellamente ilustrado por Vázquez de Sola, goza de una coherencia clarividente en la trayectoria de Juan Pinilla como cantaor expuesto y estudioso. Juan pertenece a ese grupito de cantaores que pueden musicar cualquier cosa. No como los cantaores de occidente, como Chano Lobato, que podía meter el viento de levante por bulerías, según Antonio Murciano. Sino más en la estela de Enrique, que cualquier texto se hacia canción en su oído y son en su garganta.

Consta este trabajo de nueve cantes y dos recitados muy sentidos (Emma Cohen y Francisco Algora), con tres guitarras: Rafael Rodríguez, tocaor entre otros de ‘El cabrero’, generoso en las seguiriyas; Paco Cortés, imprescindible en los tangos; y Josele de la Rosa, que está inmenso en la cartagenera, por ejemplo, y sobre todo por bulerías.

Después tenemos un nutrido de colaboradores en el compás y los jaleos (Fita Heredia, Pepe Villodres, Los Exquisitos, Luis Maya, Pepe Maya, Alberto Raya, Chiricoco y Helena Leyla) que dimensionan el trabajo hacia un reconocimiento más amable.

Las letras son importantes, de la época, reivindicativas. Letras de Galván (mirabrás), de Moyano (tangos), de Marín (peteneras), de Pepe Heredia (seguiriyas) y otras populares, que se alternan con textos de Nietzsche (debla y temporera), Allan Poe (filosofulerías), o de Groucho Marx (tanguillos). Todo compone un disco donde reconocemos claramente un autor inquieto y preocupado por la sociedad. Aunque como reconoce en los postres de su libro “nadie ha osado utilizar el flamenco para hacer política en su sentido más amplio”.

Hoy, jueves 20 de octubre, a las 21,30, se presenta este trabajo, Las voces que no callaron, en el Teatro Isidoro Maiquez de CAJAGRANADA, con la guitarra de Josele de la Rosa; a las voces y palmas Encarni Heredia, Fita Heredia y Pepe Villodres; y como artista invitado el actor Paco Algora.

Jueves, 20 de Octubre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Voz afillá

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Releo hace pocos días un reportaje que, en la revista Vivir Granada, fechada en junio de 2009, una periodista de nuestra ciudad le hace a Jaime Heredia ‘El Parrón’ tras visitar su casa en el Albaicín. Entre algunos detalles superficiales, más o menos casposos, la entrevistadora aludida hace mención a las líneas que la Guía libre del flamenco (José Manuel Gamboa, 2001) dedica a este cantaor. La autora reproduce: “Cantaor gitano de voz potente y afilá, con indiscutible eco flamenco y excelente compás, iniciado desde muy joven en las cuevas del Sacromonte” (la cursiva es mía).

O sea, la reportera en cuestión, que ha leído afillá en la versión original, ha creído que, siendo una errata de imprenta, era su deber corregirlo por el bien de la afición, sin darse cuenta que estaba diciendo exactamente lo contrario. Basta con intercambiar unas palabras con Jaime para darse cuenta que su voz no es fina ni afilada, sino todo lo contrario, broncínea y aguardentosa. Custodia de la queja y del dolor.

Afillá es esa voz ronca, rozada y recia, que poseen algunos flamencos, sobre todo gitanos, que rebuscan las entrañas. Dichas voces, o dichos intérpretes, reciben este nombre por conocerse así el timbre de 'El Fillo' (Francisco Ortega Vargas), cantaor portentoso, nacido en Puerto Real (Cádiz) en la segunda década del siglo XIX que, por lo que sabemos, destacó en muchos estilos, y como siguiriyero marcó época.

Gustavo Adolfo Bécquer, describiendo una escena Sevillana, nombra a este cantaor, tío de Tomás el Nitri (primera Llave de Oro del cante), que influyó tanto en la definición del cante de Triana.

El poeta dice así: "Sólo, lejos, se oyen, el ruido lento y acompasado de las palmas y una sola voz quejumbrosa y doliente que entona las coplas tristes o las seguiriyas del Fillo".

* Fotografía de ‘El Parrón’ en esa misma revista (autoría de Alba Muñoz©) bajo el epígrafe de Guzmán. Mi mascota y yo.

Lunes, 17 de Octubre de 2011 17:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Merece la pena

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III Festival Flamenco a beneficio de la Asociación Borderline

 

De las pocas cosas que va mereciendo la pena en este mundo enrarecido y egoísta es la preocupación por los demás. Granada es prodiga en actos solidarios y los flamencos, desinteresadamente, se hacen piña para colaborar en estos eventos. Es raro el año en que no hay siete u ocho festivales, si no más, en beneficio de ONG o de causas puntuales o en homenaje a alguien. El jueves, 6 de octubre, en el Teatro Isabel la Católica tuvo lugar el Festival Flamenco, en su tercera edición, a beneficio de la Asociación Borderline, para la integración de las personas con inteligencia límite, que tuvieron a bien contar conmigo para la presentación.

Con muy buena voluntad, la coordinadora de Borderline, organizó el festival, convocó a los flamencos y reunió en gran medida a los asistentes como público; después se dedicó a su labor de estar con los suyos en el patio de butacas. Así que, junto a la inapreciable ayuda de la regidora, Águeda, tuve que gobernar también el encuentro entre bambalinas. Lo que me impidió en gran medida estar atento a lo que se cantaba, por lo cual no haré comentario alguno en este sentido.

Lo que sí quiero mencionar brevemente fueron los participantes en este encuentro solidario y su buena voluntad, manifestando que, no por ser un acontecimiento altruista y en gran medida marginal, estuvo limitado en entrega y rigor. Al contrario, asistimos tácitamente a la exigencia de la calidad abierta de quien no se juega nada, pero el cobro espiritual es bien alto.

Dejamos a un lado el orden y la competencia y, por voluntad, cada uno aporta dos cantes (aunque alguien dijo tres y hay quien se quedó en uno. Algunos cantaores trajeron sus guitarristas, los demás cantaron con Isidoro Pérez, que llegó, para quien le hiciera falta.

Así, por orden de actuación, fue saliendo, después de un primer baile de la Escuela de Sofía, del Grupo Al-Andalus del Zaidín, Arturo Fernández, Raquel Mudarra y Tomás García, éste con un solo cante, pues andaba manifiestamente afectado de la voz.

Juanjo Garrido, salió acompañado de Ramón del Paso, tocaor que había venido a acompañar a Alicia Morales, antes de presenciar otro poquito de baile de la misma Escuela, con su directora a la cabeza.

El último bloque del Festival fue una guinda, como dijo el presentador, o sea, yo. Desde Montefrío vinieron los hermanos Jiménez, Verónica ‘La Hindú’ y Paco a la guitarra; Alicia Morales, con Ramón del Paso, fue la penúltima en actuar; y, cerró la noche, la premiada Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra.

Para terminar, la directora de Borderline y un nutrido grupo de asociados, con gran emoción, subieron al escenario para agradecer a los artistas su participación y al público su asistencia. No conozco lo recaudado de la venta de entradas, pero espero que haya sido bastante satisfactorio para mantener viva esta labor tan necesaria como cercana.

Lunes, 10 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Para tenerlo en cuenta

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Homenaje a 'Chanquete'

El lunes, como es costumbre es esta sede de la ONCE, se le hizo un distendido e íntimo homenaje a Ángel Rodríguez Fernández, conocido como 'Chanquete', cantaor aficionado asociado a esta entidad. Ángel, nacido es la costa granadina donde tuvo contacto con los viejos cantaores de la zona, se ha convertido en el mayor conocedor y quizá intérprete de los fandangos de estos lares, como el de Requeleque, a quien trató posiblemente en primera persona.

Dos amigos de su generación, Curro Andrés y Antonio ‘Triniá’, también estudiosos, también aficionados, quisieron compartir escenario con este cantaor vendedor de cupones. Un personaje no profesional, pero verdaderamente importante en nuestra tierra y en sus peñas, sobre todo en la de La Platería, de la que fue miembro de la Junta Directiva muchos años.

Como guitarras, también veteranas, arroparon el encuentro, la brillantez de Manuel Carvajal y la sabiduría de Francisco Manuel Díaz.

‘Triniá’, aunque sus facultades no son las de antes, su estilo y entrega hay que tenerlos en cuenta. Con Carvajal a la guitarra, comenzó por tientos (sin tangos) y continuó por la soleá del ‘Niño de Jun’, defendiendo, con razón, que este es un cante propio, que se puede considerar como soleá de Graná. Para terminar, nos dejó con un “rastrojo de fandangos” de tercios cortos y cerrados.

Curro Andrés, dándole aire al mismo tocaor, con ojos cerrados se acordó del maestro Manolo Caracol, haciendo un popurrí de su cante, basado en la zambra. Seguidamente abordó la bulería por soleá, uno de los palos más flamencos que existen, y terminó con el poema de Benítez Carrasco de El niño que todo lo quería ser, pasado a milongas.

Antes, sin embargo, que el homenajeado cerrara la velada, se le hizo entrega de una placa de reconocimiento y algunos otros regalos, y el niño Jesús de María, que no llega a los diez años y se pega a estos cantaores de antes, nos brindó unos tientos-tangos con sabor y promesas, mientras Francisco Manuel Díaz lo arropaba con su guitarra y Curro Andrés le hacía compás.

Chanquete, visiblemente emocionado, no encontró su mejor momento. Con Díaz a su lado hizo la soleá apolá que hacía ‘Cobitos’, que también puede considerarse de Granada. Siguió con unos abandolaos acordándose de Frasquito, como uno de sus sucesores. Este cantaor, largo en su estilo, a quien hay que tener en cuenta, cerró la noche por fandangos, como no podía ser de otra manera.

* Foto tomada de la página de La Platería dedicada a este cantaor.

Miércoles, 05 de Octubre de 2011 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La suerte de la petenera

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Entre los muchos enigmas del flamenco (recordemos que este arte no ha sido documentado, grosso modo, hasta bien avanzado el siglo XIX) se encuentra la maldición de la petenera, el mal fario, sobre todo entre el pueblo gitano.

Nadie, sin embargo, puede especificar con certeza de dónde viene esta tradición de mala suerte. En general, en los tratados e historias del flamenco no se hace mención de este aspecto y sí ampliamente del origen y la etimología. Demófilo, Ángel Caballero, Larrea, Rossi, Félix Grande, Ricardo Molina, Antonio Mairena… todos los tratadistas en general obvian este aspecto de la petenera, bien porque no le dan importancia, bien porque no lo creen de interés en el análisis del cante, la trayectoria o herencia del mismo.

Es la tradición oral (al menos por mi parte), el boca a boca lo que sustenta este cante agorero, cantado tradicionalmente por mujeres.

La historia al final, sea cual sea, adquiere tintes románticos y me parece que la mala suerte engarza más con el folklore que con la realidad.

Quizá la leyenda más extendida de la petenera sea que éste era el sobrenombre de una mujer que para vengarse de un amor perdido causaba la locura de todos los hombres que conocía, opinión sostenida por una copla popular tradicional:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía de haber puesto
la perdición de los hombres.

Juanito Valderrama, en sus memorias, da otra curiosa versión. En tiempos de la Ópera flamenca, iban en una compañía Concha Piquer, Juanita Reina y una cantaora y bailaora muy joven llamada Mari Paz.

Ésta hacía, en la obra Cancionero, el papel de la Petenera en su entierro. Así la llevaban a hombros por el escenario, mientras cantaban:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

En una representación, cuenta el cantaor jienense, “Mari Paz se puso muy mala con una cosa de pecho. Tan mala que se murió (…). Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por este mal fario”.

El otro día, sin ir más lejos, le escuché en una grabación a José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, la versión que creo más acertada por viable. Se refiere a la misma letra de la muerte de la Petenera, pero que en un principio se hablaba de la República, su término y su añoranza. La letra quedaría así:

La República se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

Por razones evidentes, quien la cantaba iba preso de inmediato. Por eso no se podía cantar. De ahí la mala suerte. La suerte de visitar el calabozo. Aunque, a decir verdad, por lo que yo conozco, no existe grabación con esta variable.

Lunes, 03 de Octubre de 2011 18:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

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Patrimonio Flamenco

Para cantar por derecho no hace falta una orquesta, basta con una guitarra que te arrope. El primer día de octubre se inauguraba el Auditorio Municipal La Chumbera (mal llamado Enrique Morente) con la actuación desgarrada de Pepe Luis Carmona ‘Habichuela’, que viene exclusivamente desde Madrid donde se halla grabando su segundo disco en solitario.

El cantaor, con la sola guitarra de Manuel Carmona, hijo del ‘Nene de Santa Fe’, se templa por soleares, acordándose en sus comienzos de Morente, cuando pone voz a unos versos de Cántico de San Juan de la Cruz. Asombrosamente, el artista de cien batallas, acude nervioso a su primera cita y ofrece una soleá desajustada antes de dejar al guitarrista solo brindándonos unas rondeñas.

El sonido es deficiente, viciado de graves, limitando el sonido de la guitarra. Con todo y con eso, sin ser un tocaor solista, sus propuestas son bastante acertadas.

Para los tangos, rematados con una especie de zambra al mismo compás, Pepe Luis está más confiado y seguro. Se los dedica a Nino y Rojas, dos amigos entre el público, y se entrega plenamente. Su voz es limitada pero su gusto plausible, y su eco flamenquísimo.

El color de la noche lo pone Raimundo Benítez bailando por seguiriyas, en las que destaca también el cante del Habichuela, aunque ni éste ni la guitarra están hechas para el baile. El bailaor granadino, con tablas y con oficio, supera esta traba y ofrece un baile redondo y completo. Su propuesta animosa y una personalidad que va cultivando ponen un sello indiscutible.

Con tres fandangos, Carmona, ya bien templado, mantiene el pabellón, para rematar el concierto por bulerías, demostrando lo que puede hacer por fiesta. Un poquito por jaleos extremeños fuera de los micrófonos, con la pataílla desenfadada de Raimundo, sirve para despedir la velada.

* Portada del primer disco de Pepe Luis Carmona, de 1998.

Domingo, 02 de Octubre de 2011 10:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El día que conocí a Mario Maya

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Tal día como hoy, el 27 de septiembre de 2008, desapareció Mario Maya, uno de los grandes de la danza española y del flamenco en particular. Era bailaor y coreógrafo, como ha habido pocos, lo que demostraba día a día con su labor creadora, que, gracias a las nuevas tecnologías, podemos comprobar cuando queramos.

Sin que yo lo supiera, leía este blog, mis críticas y opiniones sobre el flamenco. A un investigador granadino de altura indiscutible, Miguel Ángel González, le preguntó por mí y, Miguel Ángel, tan correcto, me pidió permiso para mandarle mis datos.

Como es de suponer, yo estaba encantado y, al poco, recibí en mi ordenador un correo de Mario manifestando su conformidad con mi trabajo y enriqueciendo alguna de mis ideas.

Quizá seguimos carteándonos de esa guisa año y medio o dos años, no recuerdo (por error además borré toda la carpeta de correspondencia, castigando así esa parte de mi memoria, de por sí flaca).

Vivía en Sevilla, como se sabe. Vino a Granada para ver bailar a su hija, Belén Maya (a la que admiro), en el Corral del Carbón e hizo por quedar conmigo.

Me escribió, le escribí, quedamos en la puerta de entrada al espectáculo y, cuando llegué, no me hizo ni caso. Yo lo conocía físicamente de sobra. Él no me había visto en persona en la vida. Estaba rodeado de algunos flamencos y admiradores que solía prestarle la atención justa (a veces ninguna).

Me volví a acercar y me presenté. Se alegró de conocerme y creo que excusó haberme dado de lado. Pero desde ese momento, no nos separamos en toda la noche. Vimos a Belén juntos sentados, en un sitio privilegiado; cenamos juntos con todos los músicos; nos tomamos alguna copa (no recuerdo lo que bebía, creo que ron de Motril o algo así muy particular); y quedamos en volver a vernos.

En el verano de 2008 estuvimos hablando de que fuera a Sevilla a la Bienal. Me invitaba a su espectáculo Mujeres, con tres generaciones de bailaoras, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (tenía pensado otra función, siguiendo los mismos esquemas, llamada Hombres, pero se quedó en proyecto).

Al tiempo lo llamé participándole mi imposibilidad de ir al estreno. Me dijo que no me preocupara, porque él tampoco podría asistir, que estaba en el hospital con problemillas.

No le di importancia y le dije que se mejorará. A los pocos días me enteré de su muerte.

* Foto tomada de la edición digital de El Mundo.

Martes, 27 de Septiembre de 2011 12:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La pulsión emocionada de Manolo Franco

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La Guitarra en Otoño IV

El festival de La Guitarra en Otoño, en su cuarta edición, viene tempranero y asaeteado por la crisis. De los cuatro o cinco días que ocupaba años pasados, a caballo entre septiembre y octubre, se ha reducido a un solo recital, de calidad, eso sí. La ‘crisis’ lo que menos perdona es el arte y la cultura (si es que no es lo mismo).

Manolo Franco, aunque tiene un libro que incluye un CD en solitario, llamado Aljibe (2008), no se le concibe como guitarrista de concierto, aunque la sensibilidad desatada el jueves en el patio de la Casa de los Tiros, eleva su guitarra al merecimiento de ser escuchada sin artificios.

Por otra parte, se nota y se agradece que sea un tocaor de acompañamiento; sus temas son totalmente reconocibles y llevaderos, limpios de aires foráneos y concretos en su ejecución. Para el acompañante de Calixto Sánchez la guitarra es un instrumento, y no tanto la compañera, la extensión de las manos, etc. que puede ser para muchos, y como tal sabe sacarle todo el rendimiento, pedirle fuerza y suavidad, llorar y reír con ella.

Por mineras, con concesión a la fiesta en sus postres, comienza su actuación. Su pulsión es segura, rica en arpegios, emocionada en sus notas. Saluda y continúa con un garrotín, después de haber afinado la guitarra en re. Su toque es limpio, preciso y muy flamenco, lo que demuestra con creces en la soleá, impregnada de tradición. Una de sus mejores apuestas.

En las alegrías se le ve especialmente suelto, proponiendo, como decía Paco, cositas buenas. Y, de Cádiz se va a Huelva abordando unos fandangos sin desperdicio. A punto estuve de lanzar el grito de ¡Viva Franco!, aunque se iba a malinterpretar.

En el toque que se encuentra más a gusto, reconoce, es en la bulería por soleá. Es la pieza flamenca por antonomasia, que participa tanto de una y de la otra. Aunque, a estas alturas, vemos que todos sus remates son iguales, el rasgueo de arriba abajo y de abajo arriba elevando el volumen.

Cambiando el estilo completamente, ofrece guajiras con inconfundible sabor habanero. Terminando el concierto por granaínas, confesando que es un toque que le atrae, que incluso tiene antepasados de Santa Fe. Granaínas en las que se repite, quizás añadiendo un tercio innecesario para aumentar la duración de la pieza. Echamos en falta algún bis que redondeara la velada.

* Portada del libro de Manolo Franco.

Viernes, 23 de Septiembre de 2011 09:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La crisis permanente

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III Festival Flamencos por África

Ya es habitual que se vaya constelando el calendario flamenco de Granada con citas benéficas. Raro es el año en que no contemos con cuatro, cinco o más festivales solidarios. Por tradición, el flamenco viene de las penurias de la marginalidad, de las penalidades, de la persecución. Es fácil que se vuelque por una buena causa, aunque ahora la realidad es muy distinta.

El público, que es tan importante o más, también responde. Así, que cualquier motivo es bueno para prestar ayuda, para arrimar el hombro y aportar el grano de arena que conforme la montaña.

Ayer presenciamos el tercer festival Flamencos por África a beneficio de la asociación “Calor y Café”, en el teatro Isabel La Católica con una asistencia inmejorable tanto de público como de artistas de la tierra. (El día 6 de octubre, os recuerdo, habrá otro encuentro flamenco, en el mismo escenario, para colaborar con la asociación Borderline, que trabaja para la integración de las personas con inteligencia límite.)

Como dijo Juan Pinilla al finalizar la noche, si ahora estamos en crisis en el primer mundo, en África la crisis es permanente. Pues eso.

Muchos de los flamencos repitieron, como en años anteriores, fue un reencuentro. Incluso manifestaron su deseo de participar en los próximos festivales. Tal es el caso de la academia de Miguel Medina, con Francisco Manuel Díaz a la guitarra e Iván ‘El Centenillo’ al cante, que, con tres alumnas destacadas, nos bailaron por alegrías. Después, quedándose solos cantaor y guitarrista, nos ofrecieron unos fandangos principiados por el himno de Andalucía. Seguidamente Sergio Gómez, al cante, y Kiki Corpas, a las seis cuerdas, con ayuda de dos palmeras, hicieron cantiñas, para el baile esbelto de Elena López ‘La Sensa’.

En un segundo bloque de la noche, dedicado al cante sobre todo, lo abre Curro Albayzín, acordándose de Benítez Carrasco. Ramón del Paso a la guitarra por soleares. Jesús de María es un chico muy joven (no llegará a diez años) que, de la mano de Curro, nos brindó tientos-tangos.

A continuación, la voz potente y clásica de Arturo Fernández, arropado también por Ramón, entonó unas malagueñas rematadas por fandangos de Granada. Antonio Gómez ‘El Colorao’, a continuación, con Miguel Ochando a la guitarra, ofrecieron lo que para mí fue lo mejorcito de la noche: una entregada seguiriya. Después, con la colaboración de la segunda guitarra de Álvaro Pérez ‘el Martinete’, Antonio cantó su tradicional balada Mi mama. Para terminar esta parte, Agustín Barajas nos baila por bulerías, con Sergio y Rubén Campos detrás, al cante y a la guitarra respectivamente.

Una de las voces más encomiadas del panorama local, Manuel Carmona, ‘Nene de Santa Fe’, con su hijo, del mismo nombre, a la guitarra y dos palmeros, nos hace malagueñas, rematadas con rondeñas, y el Romance de la Cautiva, de absoluto estreno.

Otro jovencísimo cantaor, Juan de Granada, arropado por Francisco Manuel Díaz, propone bulerías y después un fandango, y Tomás García, también dentro de los cadetes, hace tientos-tangos, en los que no puede negar ser alumno de David Sorroche. Álvaro Pérez ‘el Martinete’ le acompaña con la guitarra. Entre los dos no llegan a treinta años.

El veterano Curro Andrés, con Ochando a su lado, hace un recorrido por algunas de las zambras de Manolo Caracol. Remedando al maestro pero afinado.

Ray Benítez cierra el tercer bloque bailando una equilibrada y preciosista farruca, en la que se acuerda de Antonio, de Mario Maya y de Manolete, mientras Sergio, al cante, y Rubén, a la guitarra, le interpretan una farruca de Miguel Poveda.

Para terminar el festival, se contempla una cuarta parte que abre Ana Mochón que, entregada y segura de sí misma, con Antonio ‘La Luz’ a la guitarra, aborda la caña, que la principia con una soleá, a la manera de Diego Clavel, con letra del guitarrero Rafael Moreno. Remata agradablemente por tangos del Camino.

Sergio Gómez ‘el Colorao’, por fin cantando adelante, acompañado de Rubén Campos, se va por levante, antes de darle paso a Juan Pinilla, con Josele de la Rosa como músico, que hace un magnífico revuelto con las cartageneras que acaba de grabar en su último disco, Las voces que no callaron, un poquito de abandolaos por Málaga y un remate por bulerías, que fueron cuplé a los postres, en los que se dio su pataílla, suelta y graciosa.

Juan Antonio Ibáñez, certero y profesional, ofició de maestro de ceremonias.

Jueves, 22 de Septiembre de 2011 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor recuerdo

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II Memorial Manuel Cano

No todos los festivales “en memoria de” cuentan con la mejor apuesta para el recuerdo. En este segundo Memorial, igual que para el primero, que se homenajea al compositor y concertista de guitarra Manuel Cano, como abanderado, y cabeza de cartel permanente, participa su hijo José Manuel Cano Tamayo, heredero en la sensibilidad, en el preciosismo y en esa manera clásica de interpretar la guitarra flamenca.

Para este concierto, desarrollado durante la noche del sábado en el espacio singular del Palacio de Quinta Alegre, José Manuel, para la segunda parte contó con la voz musical y clara de Esther Crisol.

En primer lugar, en solitario, el guitarrista granadino interpretó una taranta, dedicada a su amigo Miguel Suárez, que tiene bastante de tradicional, aunque con toques contemporáneos, como esa aceleración a los postres que la acerca a la fiesta. Y continuó con una excelente seguiriya de su progenitor, con arreglos propios, antes de llamar a la cantaora a su lado.

Como digo, en la segunda parte, bastante más extensa, Cano ilustró su guitarra con la dimensión efectiva del cante. Esther Crisol, con la voz menos grave que de costumbre y algo rozada, expuso para empezar una farruca elemental. Algo nerviosa y contenida, anunció soleá apolá, que fue de Cobitos, de Morente y de Antonio ‘el de Alhendín’, diciendo que es el palo que más le gustaba. Aunque, para ser el estilo en que se sentía más cómoda, posiblemente fue la peor entrega de la noche, a pesar de estar bien arropada.

En la granaína se acordó de Chacón. Fue dulce y modulada, aunque seguía sin soltarse. Las guajiras tenían una sorpresa, y es que en su mitad llevaba el romance popular de Los peregrinitos, rescatado en el cancionero de García Lorca.

El toque por bulerías de José Manuel Cano, permitidme que lo diga, ya es antológico. El soniquete que expone, la redondez rítmica y el concepto musical, es para tenerlo en cuenta. Esther estuvo a la altura. Grande fue cuando recordó a Luis de la Pica, posiblemente a través de Marina Heredia. Tocó Extremadura y terminó por Triana.

En los tientos-tangos también le hizo un guiño a la Niña de los Peines y otro a Morente y a Carmen Linares. Tanto para los tangos como para las bulerías se echó de menos un poquito de compás.

Finalizó el recital con la bella copla Una Cantaora de La Lola se va a los Puertos, esa obra flamenquísima que escribieron los hermanos Machado y han popularizado desde Juanita Reina hasta Rocío Jurado.

Una reflexión final me queda por añadir. Cuando los asistentes son respetuosos, como acostumbran en el flamenco, a pesar de ser gratuito; cuando el recital es de lujo; cuando el sonido, salvo ligeros pitidos, es más que correcto; ¿por qué los técnicos tienen que hablar continuamente, ninguneando a los artistas y a su público, con la excusa de que tienen que controlar no sé qué?

Lunes, 19 de Septiembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ruido en el ruedo

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XXII Noche Flamenca A. VV. Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro

En memoria de Manuel Conde

Lo que más destacó en este festival de barrio, lamentablemente, fue el sonido. Había altibajos, las guitarras y el zapateado sonaban a lata, la voz mal cuidada, los altavoces cascados… Un desastre. Aunque suele ocurrir todos los años, pero nunca con tanta insistencia.

Hay que destacar, por otro lado, la entrega de los flamencos que, aún sufriendo estas adversidades, se entregaron plenamente y, filtrando las desavenencias, nos dejaron cositas admirables, a pesar de que la mayoría eran artistas noveles.

El Festival estuvo dedicado a Manuel Conde, cantaor aficionado, vecino de la plaza, desaparecido recientemente, que todos los años intervenía en este escenario, con su cante añejo y su memoria de pizarra. El acierto de una gran pancarta, con su foto y su recuerdo, manifestaba su memoria.

También hay que destacar en esta noche su dinamicidad y eficacia, fruto de los veintidós años que lleva funcionando con motivo de las fiestas de las avenidas próximas (Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro).

Almudena Romero, con un baile redondo y comprometido, abrió la velada por tangos, mientras le arropaban Vicente Márquez ‘Tente’ a la guitarra, Sonia Leyva al cante e Iván ‘El Centenillo’ y Josele de la Rosa a las palmas.

A continuación, la cantaora de edad María Jiménez, también vecina del barrio, hizo milongas, colombianas y fandangos, con buen trasfondo, a pesar de no saber coordinarse con la guitarra ni estar familiarizada con el micrófono. En un cuartito se le apreciaría el sabor a esta señora.

Las dos veces que he visto a Sonia Leyva tenía la voz tomada (espero que no sea patológico). De todas formas modula y pone gran interés en los resultados. Con la sabia guitarra de ‘Tente’, que cada vez está más hecho al acompañamiento, empezó cantando por tientos-tangos, muy a la manera de Carmen Linares, que es como acordarse de la De los Peines, y terminó por granaínas.

Para mí, la sorpresa de la noche, cuando sentí de veras los desaguisados del sonido, fue con la intervención de la joven y, para mí desconocida, Eva Romo que, con una buena voz y dominando los altibajos hizo farruca, tangos, taranta de Linares y bulerías, con la guitarra precisa, aunque turbia (posiblemente por el equipo) de José María Ortiz.

Otro poquito de baile por alegrías de Almudena Romero sirvió para dar paso al cabeza del cartel de la noche. Antonio Fernández dominó en soleá y en la malagueña de la Peñaranda, rematada con fandangos de Pérez de Guzmán y jabera. Continuó, con su voz de falsete, haciendo los tangos de Morente El lenguaje de las flores y terminó la noche por fandangos naturales.

* Manuel Conde, con Jose María Ortiz, en uno de los festivales pasados.

Viernes, 16 de Septiembre de 2011 11:37 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Historia de un garrotín

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Este año, para el FEX, como sabéis, organicé, encargado por el Festival de Música y Danza de Granada, a través de Open Cultura y en nombre de la Asociación del Diente de Oro, unos recitales de flamenco y poesía, en los cuales, repartidos en tres días, tuve que coordinar a unas cuarenta almas sensibles, de varias disciplinas.

La verdad, no sé como llegue a buen fin, con un resultado más que notable (la memoria de los cientos de espectadores así lo avalan). Digo que el éxito final me sorprendió, pues soy de carácter anárquico e informal para el papeleo. Le estaré rosendamente agradecido a los participantes en dicho evento, sus ganas de colaborar y la empatía que tuvieron con el proyecto desde un principio.

Para el día 8 de julio, después de la repartición de poetas, intérpretes y momentos, le mandé a la cantaora Mati Gómez un racimo de letrillas por tangos (algunas escritas para la ocasión). Después de varios intercambios de correos, me dijo que había escogido tres estrofas, pero que a ella le encajaban no por tangos sino como garrotín.

Me pareció maravilloso, entendiendo que las letras son versátiles, incluso lo que unos cantan de una forma, otros le cambian el estilo. A veces lo que determina el palo es la intención, lo que dicen las frases.

Mati escogió: Yo no salgo de mi casa / que estamos en primavera, / que la sangre no descansa / y mi niña no se entera. // No te asomes la ventana / sin sombrero ni paraguas / vaya a darte la solana. // La botella está vacía / encimita de la mesa, / ya no queda ni una gota, / voy a cumplir mi promesa. ///

Para interpretarlas, sin embargo, le faltaba un verso en la segunda estrofa (pues en los tangos se admiten tercetos con toda naturalidad). Ella le añadió: y en esa tu linda cara, tal y como se cantó, que quedó estupendamente (al final pongo el enlace de la actuación).

El problema, a la larga, fue mío, por una cuestión estética sobre todo. Yo había rimado ABAB y Mati proponía en la segunda estrofa ABAA. Todo es válido. Y, así, ha seguido cantándolo en varias funciones que después ha tenido, con la inapreciable guitarra de Rafa Soler.

Al tiempo, orgulloso de que abrazara mis letras en su repertorio, le envié un posible cuarto verso para esa estrofa, cambiando el orden del segundo. Aunque el poema ha alzado el vuelo y ya no me pertenece. También le mandé una cuarta letrilla por si quería alargar el garrotín en algún momento. Así, toda la canción, según mi propuesta quedaría:

Yo no salgo de mi casa
que estamos en primavera,
que la sangre no descansa
y mi niña no se entera.

No te asomes la ventana
sin paraguas ni sombrero
vaya a darte la solana
y que se te rice el pelo.

La botella está vacía
encimita de la mesa,
ya no queda ni una gota,
voy a cumplir mi promesa.

Estoy tan acostumbrao,
morena tú bien lo sabes,
caminar siempre a tu lao
recorriendo to’ las calles.

Os dejo una de las grabaciones de ese día. Aunque me consta que hay más en la red: http://www.youtube.com/watch?v=bvbeuq73618

* Foto del día de la actuación

Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo corazón

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I Festival de las Cuevas

Javier Martos goza de un baile más reposado, más repensado, más clásico, más racional, que quizá carezca de picardía y despeine. Con un buen cuadro detrás (Manuel Heredia y Sergio Gómez ‘El Colorao’ al cante, Rubén Campos a la guitarra y Miguel ‘El Cheyenne’ a la percusión), este bailaor, granadino de adopción, cerró el jueves el Primer Festival de las Cuevas, que organiza la escuela Carmen de las Cuevas, en colaboración con el Museo Cuevas del Sacromonte, donde tuvo lugar dicho encuentro.

Un espectáculo intimista y reflexivo nos saluda, donde la prioridad, más que arabescos virtuosos, estriba en volver las cartas sobre el tapete e indicar la senda que ha de seguir, reconociendo a sus maestros.

La guitarra comienza a tañer por farrucas, a la que se incorpora Javier, esbelto y moderado, y después Sergio, que apunta la letra, para desaparecer, dejando solos al baile y la guitarra, donde el baile hombruno se hace redondo y delicado sin perder su esencia.

Todos los componentes a continuación, capitaneados por Manuel, hacen unos tangos, llamados Camarón, tomando sus letras como explícito homenaje.

Martos vuelve a aparecer por soleares con movimientos muy redondos y armónicos, algo encorsetados hasta que se suelta por bulerías, que tocan el cuplé a sus postres.

La segunda parte comienza con unas personalísimas cantiñas, sin guitarra, sólo compás, que Javier aborda con un arriesgado traje rojo, como su propuesta, para pasar a un solo de guitarra por tarantas y tangos, donde Rubén hace un anticipo del disco que tiene en proyecto.

Acaba el espectáculo con unos tanguillos muy granaínos (por el tratamiento de las letras ante todo), donde Sergio, con una versos originales, va presentando al equipo, para pasar a la “Cazuela” que popularizó Chano Lobato. El bailaor de Reus, con bastón y sombrero, se identifica plenamente con la sal de esta pieza sin desperdicio.

Todavía, con gran respeto, podemos ver un homenaje que le hace Javier Martos a Víctor Quero ‘El Charico’, en forma de vídeo lateral por seguiriyas. Lamentablemente, este cantaor, que posiblemente estaba llamado a ser el mejor de España, desapareció joven.

Un fin de fiestas por bulerías, donde cada uno sin excepción dio su pataílla, termina dejándonos buen sabor de boca.

* Foto de Juan Güeto©.

Domingo, 11 de Septiembre de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una zambra particular

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I Festival de las Cuevas

A estas alturas no creo indispensable hablar del baile decidido de Ana Calí. Muchos años lleva perfeccionando esta bailaora su sentido del compás, la implicación efectiva de todo su cuerpo, la limpieza en sus pies y, en definitiva, su flamencura. Igualmente ha ido depurando una imagen muy particular, muy arraigada en la tradición de su tierra, pero al mismo tiempo con un punto contemporáneo fuera de dudas. La elección de su vestuario, sus caracolillos y el floripondio en lo alto de la cabeza, hacen que veamos en ella la raíz, el Sacromonte y la cueva, aunque en ellos no estemos.

El caso, sin embargo, no fue ese, sino todo lo contrario. El martes bailó en pleno barrio de los gitanos de Granada y rodeada de cuevas, con un espectáculo propio y a medida. La inteligencia se destila en éste De cobre y lunares, una granaína bailando por Graná, recreando una zambra para un solo actor, con las desventajas y los ventajas que ello tiene. El espíritu coral, por ejemplo, que esta fiesta rezuma, no existe, sin embargo, la distracción en el conjunto, los altibajos de los danzantes, la repetición cansina de un baile rutinario, el encorsetamiento en los mismos cánones… no los vemos. Por otro lado, nos ahorramos el explícito casamiento que a veces resulta casposo y forzado en este ceremonial de la boda gitana, como es la zambra. Y, agárrense, prescindimos de la “danza del vientre” o de alguna otra concesión oriental que algunas zambras se han obligado a ofertar como símbolo exótico del origen arabesco de esta fiesta.

De cobre y lunares, como reza su presentación, nos roba el tiempo, para trasladarnos a esas postales, ilustrándolas con algunos de aquellos bailes… De hecho, el espectáculo comienza con una secuencia de vídeo que, con grabaciones y fotografías de época, ilustran el espíritu de la obra que vamos a ver. Un buen intento que quizá esté de más y lo suyo hubiera sido incorporarlo como trasfondo callado al baile mismo, que Ana comienza con una cachucha introduciéndonos de lleno en el corazón sacromontano, que pasan a ser tangos de la tierra como gran exponente de nuestra identidad, integrando las aportaciones morentianas como parte inseparable y enriquecedora de ese toque tan moruno. La guitarra de Alfredo Mesa es limpia y pinturera.

Seguidamente, la granaína, aunque nacida en Jerez, es cante obligado en nuestra tierra. Cante que aborda con paladar y conocimiento Sergio Gómez ‘El Colorao’ con la guitarra de Alfredo. La soleá y las bulerías también son morentianas, que Ana aborda de negro con una complicidad, entrega y familiaridad encomiables. La bailaora se siente en casa y con su gente. Se siente a gusto y con una soltura poco común durante un estreno como el que nos toca.

La segunda parte comienza con la zambra, propiamente dicha, de comienzo y un remate caracolero (La Salvaora) y un cuerpo que se asoma a los tangos del lugar. Baile que ya vimos, creo que por primera vez, en la peña de Cúllar el año pasado y que le sienta tan bien a esta bailaora. Calí, con vestido rojo de corte oriental, con adornos sonoros y delantal blanco, borda un baile que puede ser la piedra angular de todo el espectáculo.

Iván ‘El Centenillo’, como segundo cantaor, interpreta, con toda la gracia que ellos tienen, los casi olvidados tangos del Petaco, antes de pasar a los fandangos de Granada, tal y como los hacía Frasquito y terminar por cantiñas, un cante de Cádiz que se ha instalado con todas las de la ley, por sus aires de fiesta y su bondad bailaora, entre nuestras artistas.

Como bis programado, para no perder la perspectiva, con una pincelada, Ana nos muestra la pícara mosca, dejándonos el regusto montuno, que es de lo que se trata.

Una buena obra, en definitiva, totalmente exportable, dándole un buen repaso de lija, en cuanto a la coordinación de todo el cuadro, la puesta en escena, la dinamicidad del conjunto o el ensayo general.

* Foto de Juan Güeto©.

Jueves, 08 de Septiembre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un festival de masas

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32 Festival Flamenco de Ogíjares

Al final, como todos los años, acudí a esta cita multitudinaria en la población de Ogíjares. Es un Festival con solera, que, a lo largo de 32 años, ha visto desfilar por su escenario lo más granado del panorama nacional. Y, aunque ha tenido unos años de bajón, por cuestiones políticas, su llamada es imprescindible, entre otras cosas porque es uno de los encuentros más flamencos que se dan en nuestras tierras.

No sé si por su fama, por su cercanía o por su fecha, a principios de septiembre, que allí nos vemos gran parte de los flamencos y aficionados de toda la provincia de Granada, y aun de otras ciudades.

No obstante, su duración extrema, el cansancio acumulado y el frío imperioso, que distingue a este festival a partir de media noche, me impulsaron a abandonar el recinto en su mitad, perdiéndome a mi pesar el baile de Susana Lupiañez ‘La Lupi’, la actuación emblemática de Miguel Flores ‘Capullo de Jerez’ y, ¡ay!, el magisterio puro del marginado Manuel Carmona ‘Nene De Santa Fe’, aunque viniera acompañado de su hijo a la guitarra.

Organizado, desde sus comienzos, por la peña local ‘Eva Yerbabuena’ y apoyados por el Ayuntamiento de Ogíjares, el Parque de San Sebastián, donde se celebra dicho evento, acogió cerca de 3.000 espectadores atraídos por el cartel, en el que destacan ‘El Capullo’, mencionado más arriba, que con su cante particular tiene verdaderos adeptos, y con el compromiso independiente de ‘El Cabrero’, que mueve conciencias.

El primero en subir al escenario fue el cordobés, de Villa del Río, Antonio Haya ‘El Jaro’, ganador del III Concurso de Cante para Artistas Jóvenes de Ogíjares, que comenzó con soleá por bulerías y con granaínas, acompañadas de un ineficaz toque de piano y de una forzada percusión, para terminar, algo descafeinado, acordándose de Enrique Morente en los tangos e interpretando La Estrella, que ahora más que nunca haría falta que nos guiara.

Desde este primer comienzo nos dimos cuenta de las limitaciones del sonido. Algo que, en general, ocurre todos los años, a pesar del buen equipo, me consta, con que cuenta este festival.

María Toledo, en segundo lugar, contó con la guitarra exclusiva de Paco Cortés, uno de los mejores guitarristas de acompañamiento de la actualidad. María, con un deje demasiado castellano, se templa por seguiriyas, acordándose en primer lugar del Reniego de mi sino de Antonio Cagancho. Continúa por cantiñas con su presencia aplomada, para pasar a una soleá, acompañada por ella misma al piano, que supuso quizá lo mejor de su entrega. Continuó por tangos, con un excelente soniquete del mayor de los Cortés a su lado, y acabó por bulerías, recogiendo alguna letrilla de Carlos Cano a los postres.

José Domínguez ‘El Cabrero’, que llegó en tren desde Sevilla, arrasó con su presencia, cantando con valentía y gracia letras que le preocupan y que sus seguidores, verdadera legión, agradecen.

El Cabrero se ha constituido en poeta del pueblo y, pese a sus limitaciones, es un artista único y reverenciado. El mérito, sin embargo, lo tiene su guitarrista, Rafael Rodríguez, que tiene que seguirle en sus particularidades.

El cantaor sevillano, que venía de ordeñar cabras, fue generoso hasta el límite. Estuvo en escena casi una hora y, si no es porque aún quedaba la segunda parte, habría cantado un poco más (yo no tengo prisa, decía).

Comenzó por serranas, un bello cante telúrico que por desgracia se canta poco, y continuó con Pastor de nubes, tema que abre su último disco, con aires de sevillanas a la manera de Calixto, y rematados por fiesta. Continúa con una soleá y una seguiriya, para exponer su primer ramillete de fandangos comprometidos y declarando que: voy a ser niño hasta que me muera, como diciendo que los niños dicen la verdad, al menos su verdad.

Voy a cantarles una mariana, sin trololó, dijo seguidamente; para continuar con Si se calla el cantor calla la vida, un popular tema del argentino Horacio Guarany, versionado por bulerías; y acabar su parte oficial por fandangos, con algún lapsus de memoria.

Y, a partir de ahora comienzan los bises, que casi doblaron su concierto. Empieza (reempieza) con el imprescindible Luz de luna, peticionado repetidamente por el público. Continúa con fandangos, que introduce por Huelva y acaba con más fandangos, que arroja como verdades, en las que no deja títere con cabeza.

* Foto: Antonia Ortega©.

Martes, 06 de Septiembre de 2011 13:12 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Salud docente

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I Festival de las Cuevas

Visto lo visto, me quedo con el espíritu de los maestros de Granada. El primer día de septiembre, el equipo docente del Carmen de las Cuevas (escuela internacional de flamenco) nos ofreció en el Museo Cuevas del Sacromonte una muestra de su buen hacer para inaugurar el curso, a la que denominaron I Festival de las Cuevas.

Otros años hemos tenido una exposición parecida contando también con algunos alumnos aventajados, pero es la primera vez que se oferta en modo de festival de maestros con intención de perdurar. Dicho programa continuará el martes 6, con Ana Calí presentando De cobre y lunares; y el jueves 8, con Javier Martos que estrenará su Amalgama.

Es un concepto genérico de espectáculo en el que se pretende abarcar someramente el compendio de los conocimientos de sus actuantes para sus alumnos, pasados, presentes y futuros, para sus seguidores y para ellos mismos, hallando en estos días la posibilidad de interactuar juntos y sacar de ellos parte de sus conocimientos y futuras enseñanzas. Pero sobre todo es una fiesta, un motivo para quedar y verse con los amigos, una excusa para disfrutar desenfadados y compartir su sentido artístico.

El recinto del Museo estaba lleno hasta la bandera. Hubo incluso gente que se tuvo que dar la vuelta después de haber subido al lugar (un paseo verdaderamente cansado). En todo el verano no ha habido día con tal asistencia, aunque algunas veladas lo merecían.

Es digno de aplauso, entre los bailaores, la grata expresión del rostro. Ya he denunciado, en varios escritos, la tendencia generalizada de bailar con la boca o la falta de expresividad que le resta valor al conjunto. El baile es un compendio de todo el ser. A un individuo le tienen que bailar desde la punta de los pies hasta el cabello, pasando por los hombros, la cintura o las muñecas. Pero sobremanera le tiene que acompañar la faz, estar alegre en las alegrías y circunspecto en las seguiriyas, elegante en las farrucas y seductor en los tangos. Una cara distendida, no solo es el reflejo del alma, sino también la enseña de la identidad bailaora.

La riqueza, por otro lado, del cuadro de atrás, que arropa taxativamente al cuerpo de baile, es digno de admiración. Por un lado, las voces tan especiales y distintas de la armonía de Sergio Gómez ‘El Colorao’ y de la potencia de Manuel Heredia; y, por otro, las guitarras precisas de Jorge ‘El Pisao’, Rubén Campos y Luis de Melchor. Haciendo compás estuvo Javier Martos que, me imagino, no quiso bailar, pues tiene un día para él sólo.

Un taconeo al principio, de suave y agradecida coreografía, sirvió para presentar a los actuantes de la velada, en la que los bailaores iban abandonando escalonadamente el escenario hasta dejar sola a Estefanía Martínez (la única que no iba vestida de negro) para ofrecernos una seguiriya, precedida de toná, con un especial gracejo y entrega.

Judith Cabrera, vestida en crudo, con abanico vivificador, sedujo con sus paseos por guajiras, antes de dejar a los guitarristas solos para interpretar, correcta y atrevidamente, la rumba Entre dos aguas del maestro Lucía.

La farruca fue una dedicación especial a un gran hombre, Juanillo Heredia, tristemente recién desaparecido. Manuel Heredia estuvo sembrado en una voz rebosante de sentimiento y Raimundo Benítez mostró una vez más su personalidad y elegancia.

Pilar Fajardo reivindicó su tierra haciendo alegrías, con concesiones a las cantiñas y aires de Arcos. Es un palo que la algecireña domina y entiende de modo ancestral, en el que trasmite sabor y complicidad. Y Mari Carmen guerrero impuso su presencia y su clasicismo en los tientos-tangos, mientras su hija le hacía compás. Es raro ver este cambio de papeles, tan eficaz por otro lado, de Patricia Guerrero acompañando a las palmas a su madre y no al revés. Además de acordarse de Morente, fue memorable el remate de los tangos a dos voces.

Para terminar, precediendo la pataílla final por bulerías de todos los participantes, Estefanía, Judith y Pilar, nos regalaron una pinceladita por malagueñas y abandolaos.

* Algunos profesores del Carmen de las Cuevas con Cristina Hoyos.

Lunes, 05 de Septiembre de 2011 16:46 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Llave de Oro del cante

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Entre amigos

El miércoles, 30 de agosto, penúltimo día que el Museo Cuevas del Sacromonte le dedicaba a Enrique Morente, consistió en una especie de mesa redonda en la que algunos de sus amigos, capitaneados por Francisco Manuel Díaz, compartieron varias de sus experiencias con el maestro desaparecido. Completaba la escena, aparte del mencionado tocaor y guitarrero, Juan Mesas, promotor musical, Juan Antonio Ibáñez, periodista y directivo de la Asociación de la Prensa de Granada y los cantaores y grandes aficionados Curro Andrés y Antonio Gallegos. La charla estuvo moderada por el cantaor e investigador flamenco Juan Pinilla.

Destaco de esa velada el sentimiento de respeto hacia el artista y el amor hacia la persona, que para alguno de los presentes estaba por encima del creador. Cada uno, con más o menos acierto, comentó el día en que conoció a Enrique, su visión personal sobre el amigo y alguna anécdota compartida, entre las ciento que tendrían en la memoria.

Una aproximación interesante, pero limitada en todo caso. Los ponentes dejaron el acto en manos del azar y el sentimiento. Una improvisación que tan sólo mojó los labios, aparte del interés de los participantes y del esfuerzo dinamizador del moderador.

Relució en definitiva lo que todos sabemos: la genialidad creativa de uno de los flamencos más grandes que han existido, su humildad, su bondad, su grandeza como persona, su socarronería y su humor desmedido rayano en la ocurrencia filosa.

La noche se completó, como no podía ser de otra forma, con flamenco, recordando los cantes de Morente (los que no lo hicieron así, seguramente se equivocaron). Para tal manifestación se contó con un grupo de jóvenes flamencos de la tierra que, en gran medida, ni habían tratado a Enrique.

Al baile, abriendo la primera y la segunda parte, tuvimos a Ana Calí, con Sergio Gómez, al cante, y Alfredo Mesa, a la guitarra. Después intervinieron los más jóvenes (15 años), Tomás García, al cante, y Álvaro Pérez, a la guitarra, el cual terminó tocando una rondeña en solitario. A continuación, Sonia Leiva subió al escenario, acompañada por la guitarra de Francisco Manuel Díaz. Y, cerró la noche, Ana Mochón con la guitarra de Antonio la Luz.

El periodista Ibáñez, después de su intervención, para cerrar la actuación de la mesa, leyó un escrito sobre la persona de Morente y su calidad artística y terminó pidiendo para este eterno granadino la Llave de Oro del cante.

Hasta ahora existen cinco llaves (casi todas ellas con polémica): ‘El Nitri’, Vallejo, Mairena, Camarón y Fosforito. Es un tema delicado, entre otras cosas porque no depende exclusivamente de nadie y por su relatividad. Opiniones hay y las habrá, a favor o en contra. La propuesta, no obstante, fue hecha, de la cual, como cronista oficioso, doy fe.

Quiero acabar, sin embargo, reproduciendo la opinión de Juanito Valderrama, gran cantaor y enciclopedista del flamenco, que creo interesante: El cante no tiene llaves, como tampoco las tiene el campo. La primera llave se la dieron seis amigos en Málaga a Tomás el Nitri, gaditano, nacido en Arcos y criado en El Puerto. La otra llave, la última se le dieron a Antonio Mairena, en Córdoba, por mediación de Ricardo Molina. Si le han dado la Llave del Cante a Camarón después de muerto hay que dársela también a don Antonio Chacón, a Manuel Torre, a Manolo Caracol, a la Niña de los Peines y a Marchena. Pero yo no creo en la Llave, ni le he dado nunca gran importancia. La Llave la dan una docena de hombres y eso para mí tienen poca importancia, la Llave tenía que darla el pueblo, que es soberano y no se equivoca. Además, el cante no tiene llaves y el libro del gusto está en blanco

El público, pienso que de todo el mundo, tiene la palabra.

* Foto de Juan Güeto©.

Sábado, 03 de Septiembre de 2011 18:36 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Como los cantos rodados

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Lorca y el Generalife

Federico según Lorca

Ya comenté el día del estreno (12 de julio) este espectáculo con detalle. Ahora tan sólo me anima, como comenté en aquella ocasión, vislumbrar el resultado evolutivo de dicho montaje en el día de su clausura (27 de agosto).

El balance es positivo y, como llegué a prever, no me defraudo. Aunque debo decir que una segunda lectura siempre es más asequible que la primera. En general Federico según Lorca ganó en dinamicidad, aunque venía durando lo mismo (cerca de dos horas). Algunas aristas se limaron y, como los cantos rodados de un río, se fueron redondeando algunas cuestiones que resultaban estridentes.

Hay que aplaudir, por otro lado, el baile del cuerpo, tanto masculino (Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez y Alejandro Rodríguez) como femenino (Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno). Un baile más maduro y asentado que la simple repetición le llegó como la vaselina. Los músicos, Paco Jarana y Manuel de la Luz, a la guitarra, Enrique 'el Extremeño', José Valencia y Pepe de Pura y Manuel José Muñoz 'Pájaro' y Raúl Domínguez a la percusión, en plena forma, como en un principio. Debo repetir, en este sentido, que el tratamiento musical de la obra puede considerarse exquisito.

El simbolismo críptico, la visión tan personal de Eva Yerbabuena se va aclarando y las claves ocultas en gran medida se dilucidan. El escenario ya no es un laberinto sin una Ariadna que nos indique el camino.

El muro central, sin embargo, sigue pesando mucho. Se come cualquier otro motivo, entre otras cosas la proyección de vídeo de fondo que a veces resulta inútil (maravilloso cuando las imágenes se proyectan sobre dicho paredón). Este muro cobra una vida que al principio no la tuvo (o no fue tan evidente) y comienza a interactuar con la escena y a cobrar una vida propia que le sienta muy bien.

El baile de Eva, como siempre, tan eficaz como esperado, se deja sentir en el garrotín, en la vidalita y sobre todo en la soleá, llamada Del negro al negro, (no se puede bailar mejor). Sus coreografías también son dignas de admiración. El horror vacui, la ausencia de silencios, son inexplicables. Siempre hay movimiento, que no es unísono sino complementario.

El universo lorquiano sigue estando reflejado perfectamente: la marginalidad, el miedo a la otredad, el oscurantismo, el canto, sin embargo, de esperanza… No obstante, hay algo que re-mata el conjunto, que al principio no supe como tomar. Ahora ya estoy seguro de que el gigantón sobra.  El muñecote con el que Eva danza El pequeño vals, como homenaje a Morente, y que después recoge a todos los bailaores en un abrazo final, mientras Pepe de Pura entona una bella serrana, me parece definitivamente ridículo, además de antiestético.

Esperemos que estas reflexiones no caigan en saco roto y que la inteligencia de esta bailaora, si es que las lee, las tome en consideración, aunque sean, ya os digo, apreciaciones muy personales.

* Cartel del espectáculo.

Viernes, 02 de Septiembre de 2011 17:19 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un Bordón para Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. La guitarra toca a Morente

Como estuve invitado en el Festival de Almería no pude asistir el día 23 al Museo Cuevas del Sacromonte, donde actuaron Pepe  Habichuela y Josemi Carmona que, según dicen, fue un gran recital. No lo dudo. Lo que sí presencié con satisfacción, dos días más tarde, fue el torbellino de Juan Habichuela Jr. en ese mismo escenario. El nieto del patriarca Juan Habichuela, uno de los mejores guitarras de acompañamiento que han existido, recién galardonado con el ‘Bordón minero’ en el festival de La Unión, quiso hilvanar un recital de homenaje a Enrique Morente, no sólo interpretando sus temas, sino cantando literalmente con su guitarra como lo hubiera hecho el maestro.

La primera parte fue más íntima. Juan, solo, con la sonanta, expuso algunas de sus nuevas composiciones. Empezó por rondeñas, en las que se acordó de los grandes, como el imprescindible Ramón Montoya. El toque del joven Habichuela siempre ha gozado de una velocidad de vértigo, del rasgueo y de los silencios propios de su familia, de una limpieza admirable, de una creatividad versátil, de una frescura manifiesta y de una flamencura indiscutible. No obstante, si es que esto es posible, Juan se va refinando con el tiempo.

Una taranta, de las que duelen, y una soleá, con profusión de tonalidades bajas y uso del bordón, culminaron esta apuesta solista, para terminar la primera parte con su grupo interpretando una de las últimas bulerías de Morente, si no la última, la preciosista Adiós Málaga, cercana al jaleo.

El segundo pase, dedicado en exclusiva a Enrique, contó con todos sus compañeros, Diego ‘el Coty’ como segunda guitarra, Benjamín Santiago ‘El Moreno’ a la percusión y Alberto Raya al piano, que si bien restaban atención, contribuían notablemente en la base melódica de las piezas. Quizás el yembe (tambor de origen africano) se imponía demasiado.

Comenzó esta última parte por la zambra Aunque es de noche, grabado por Enrique en su disco Cruz y Luna en 1983. Le siguieron unos tangos que nos hacían rememorar un popurrí de letras morentianas, desde el disco Sacromonte hasta los sueños de La Alhambra. El soniquete por tangos en una guitarra de Granada es único e impresionante. Juan continuó por alegrías, haciendo los semitonos y los mismos requiebros de la voz, para terminar con la balada De mi rosa, dedicada al Ronco del Albaicín con concesiones a la fiesta.

Como bis programado, abordaron La Estrella, que lejos de ser un tema recurrente para la ocasión, puedo afirmar que Juan Habichuela lo tenía montado hace más de un año.

* Foto de Juan Güeto©.

Lunes, 29 de Agosto de 2011 17:10 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Noche gitana en Almería

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Si en la primera jornada del Festival de Almería, con Estrella Morente, tuvimos un flamenco más melódico y castellano, el segundo día primó la raíz y el aguardiente. Todos los actuantes eran gitanos y de la zona de Cádiz, menos Toñi Fernández, que fue la encargada de abrir la noche como artista local.

Toñi, bastante segura a pesar de cantar en su tierra frente a unos dos mil espectadores y compartiendo escenario con varios pesos pesados, se templó por soleá con su voz canastera y sugerente, a la que le siguieron unos generosos tangos, en los que precisó el compás de Jesús Fernández y Tito (que no se oyeron apenas), y en los que se acordó de Morente a los postres. Como guitarra tuvo al preciso Diego del Morao que, sin embargo, no se entendieron a la perfección.

Lo que le sienta mejor a esta cantaora son las formas más sentidas del flamenco, aunque siempre la hemos recordado por los temas festeros, donde puede tener una cierta semejanza con Aurora Vargas. Así, las arriesgadas seguiriyas cautivaron de puro dramatismo. Toñi terminó por bulerías, en las que tuvo que indicarle al Morao que bajara la cejilla después de haberle dado la salía, y que remató a boca de escenario, con una guitarra más acoplada y unos palmeros eficaces.

Pansequito, en segundo lugar, estuvo mejor tratado por la megafonía que la anterior. A la guitarra Parilla, que puede que sea el mejor representante actual del toque jerezano. Los dos tocaores apoteósicos por fiesta.

Comenzaron acordándose de su tierra por alegrías. Panseco está en plena forma, con unas facultades extraordinarias que no defraudaron a su público, aunque su repertorio es añejo y consabido. El mejor de la noche indiscutiblemente.

Continuó por soleá y después unos tarantos, para terminar por bulerías, asomándose sin vértigo al cuplé. Como regalo, unos fandangos valientes, fuera del micrófono, hicieron las delicias de sus incondicionales, que a esas alturas éramos todos.

El último en actuar fue José Mercé, arropado también por Diego del Morao, los dos jerezanos. Como el artista anterior manifestó su alegría de visitar esa plaza y los amigos que acumulaba en la tierra almeriense. A pesar de su dominio y del abrazo seguro de la guitarra, Mercé no estuvo a la altura. No sólo tenía la voz algo perjudicada, sino que no se esforzó. Con todo y con eso, sus seguidores son multitud y alabaron en alta voz hasta su melena desordenada. Las seguiriyas comenzaron por Manuel Molina y terminaron siendo su mejor entrega, a pesar de un imperceptible ahogo en el macho final.

Continuó por malagueñas, correctas pero sin enjundia, y remató por bulerías con un bailecito final, donde sacó sus letrillas del “flamenco 2000” y se acordó del gran Luis de la Pica. Como bis ofreció un poquito más por bulerías, repitiéndose en las letras.

* Toñi Fernández en un momento de la actuación (foto extraida de la edición digital del Diario de Almería©).

Domingo, 28 de Agosto de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Despedida urgente a Juan Heredia

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La muerte, aunque anunciada, es un desgarro vitalicio en el transcurso de nuestros días. Vengo del cementerio, de decir el último adiós callado a Juan Heredia, conocido popularmente como Juanillo.

No lo conocía mucho, pero sabía que era un hombre bueno. Todo el mundo lo quería. Era muy flamenco y una institución en el Sacromonte.

Cuando pasaba por la puerta de su restaurante, Casa Juanillo, camino del Museo o de la Chumbera, solía estar sentado en la puerta controlando hasta el aire que soplaba ese atardecer. Dependiendo de la prisa que llevara, me tomaba una cerveza, me sentaba un poco con él o simplemente nos saludábamos.

No hablábamos de nada en particular, de flamenco, del Monte o del tiempo socorrido, pero sentía una especie de orgullo de estar en su presencia y compartir su tiempo.

Astuto y rígido, era amante de sus amigos, de sus hijas (Encarna, Jara y Antonia, las tres bailaoras, a las que admiro) y de sus nietos.

Ayer murió un gran hombre, en las garras ciegas del cáncer, y el mundo incomprensiblemente sigue dando vueltas y los pájaros cantando y la brisa de Valparaíso alegrando un Camino eternamente marcado por las huellas de un buen gitano llamado Juanillo.

* Foto sacada de Granada Hoy, edición digital©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Más Estrella, más Morente

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Semejante al concierto que ofreció en Granada, en el Festival de Música y Danza, y el que dio en La Unión y, posiblemente, los que queden hasta terminar la temporada fue el que ofreció Estrella Morente en Almería, aunque siempre con alguna sorpresa que singulariza la noche, si cabe. La sombra de su padre planea desde las primeras notas al quejío final. Es normal esta emoción, este permanente recuerdo… Tan normal como necesario que de aquí a medio año Estrella se renueve por completo, se reinvente a sí misma, y, como ave fénix, se vuelva a colocar en los primeros puestos de la creación y el estremecimiento.

El primer hervor de la noche suena por tonás, la misma ronda de voces a capela y juego polifónico que le gustaba a Enrique, con una nota que se mantiene en el aire y palillos y palmas finales, para pasar a esa belleza de San Juan de la Cruz (Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance) hecha canción doblemente sentida.

El soniquete por tangos sacromontanos, morunos y exclusivos, nos muestran a la mejor Estrella, que retoma las letras del Ronco del Albaycín para hacerlas suyas como buena representante de su tierra. Hay que destacar por otro lado la eficacia de los coros de José Enrique Morente, Antonio Carbonell, Ángel Gabarre que a la vez llevan el compás. Las guitarras puede que más limitadas de lo que se merece esta voz.

Con la sola guitarra de su tío Montoyita, la cantaora entona una petenera muy personal, que comienza por soleá y termina con dolor. La seguiriya es también morentiana que, sin llegar a ser bailables, gozan de una aceleración festera y gozosa, aunque Estrella la hace más liviana y falta de riesgo.

Personalmente Montoyita homenajea al desaparecido maestro con su guitarra, acordándose de su repertorio y haciendo hincapié en de la Estrella, tocada en un tempo lento y ofrecida respetuosamente a su autor.

La caña era un tema inexcusable del artista granadino, donde Estrella, con vestido nuevo, se mira y refleja esos semitonos imposibles que son música celestial rematada por bulerías, donde la artista, rica en braceo desde un comienzo, apunta una agradecida pataílla.

Para las granaínas, que se asoman a levante y a la fiesta, un gran abanico ilustra la imagen arrebatadora. Granaínas heterogéneas, cantadas a su modo, haciéndolas suyas, con su rúbrica y sello. No busquemos en Estrella la pureza de lo añejo, aunque sí la fidelidad de su herencia.

Es la hora de la presentación de sus músicos, que también son su familia y eran, la mayoría, acompañantes habituales de su padre. La Estrella en sus labios es un regalo, es como rizar el rizo, Estrella canta Estrella.

La sorpresa de la noche vino en forma de sevillanas, muy creativas, muy flamencas, a la manera de Pastora, donde hace un popurrí de letras de coplas y boleros y termina con el No dudaría de Antonio Flores.

El fin viene con La noche de mi amor, una canción estremecedora de Chavela Vargas, a ritmo de bulerías, que formó parte de su disco Mujeres (2006), con alguna estratégica alusión a la ciudad de Almería. Una toná, a boca de escenario, que acaba con pregón a capela, es el regalo final con que se despide la artista granadina.

*  Foto de Jesús Montoya©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 18:19 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

En la peña de Gorafe

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Fue el viernes o el sábado (repito que mi memoria es flaca). Alicia Morales me había invitado a una actuación que tendría en La Lumbre, la peña flamenca de Gorafe. Iba también en el coche el guitarrista, Josele de la Rosa, y otros dos amigos.

A altas horas (por incompatibilidades horarias) nos presentamos los cinco en la sala de fiestas que, con un pequeño escenario y un telón verde de fondo donde ponía el nombre, hacía las veces de peña.

Aparte de un par de entendidos, alguno más y los dueños del local, todos eran personas mayores, sobre todo mujeres; en un número no superior a veinte.

Sin muchos preámbulos, por lo avanzado de la hora, comenzó la primera parte por mirabrás. Palo que Alicia domina y sirvió para templar su voz. 

Los dos flamencos, cantaora y guitarrista, se conocen desde antiguo y alcanzan un grado de complicidad muy interesante. Quizá los temas jondos tuvieran más eficacia que los festeros. Así, cautivaron con la soleá y la malagueña, con un auténtico remate por fandangos de Frasquito. Terminó ese primer pase por tangos.

Con gran empeño y resultado, después del descanso abrieron por granaína y media. La entrega fue total a pesar de la poca asistencia. Aunque quizás con lo que me quedo del recital es con la seguiriya.

Seguidamente hicieron colombianas, muy resultonas, pero sin enjundia. Acabó la noche por bulerías, pidiendo compás al público satisfecho.

Como bis, un solo fandango huérfano a pie de escenario, alimentó las ganas.

* Foto sacada del muro de Josele.

Jueves, 25 de Agosto de 2011 18:32 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las gafas negras de Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Incursiones en el Rock

Morente se consideraba roquero. Sentía admiración por esta música, por sus intérpretes y por su modo de vida. En varias ocasiones había colaborado con el conjunto neoyorquino Sonic Youth; en 1996 contó con el grupo granadino Lagartija Nick para grabar Omega (después les devolvió el favor en Val del Omar); con Los Planetas, también de Granada, ha participado en sus últimos trabajos, muy cercanos al flamenco: una caña en La leyenda del espacio (2007) y una toná en Una opera egipcia (2010).

Con el nombre de Los Evangelistas se han juntado cuatro miembros de estas dos agrupaciones (Jota y Florent Muñoz, de Los Planetas, y Antonio Arias y Eric Jiménez, de los Lagartija), en homenaje a Enrique Morente, con la que debutaron en la pasada ‘Noche Blanca’ de Córdoba. Supongo que la experiencia fue tan satisfactoria y su repercusión tan positiva que han decidido seguir con este cuarteto de ‘discípulos’ (uno de los nombres que barajaron como posible identificación del grupo), con el que incluso están grabando.

Recientemente también actuaron en Poesía en el Laurel, ciclo de poesía y música celebrado en La Zubia; y ahora en el Museo Cuevas del Sacromonte. Siempre en memoria de Enrique, siempre con Enrique por bandera, siempre con el mayor respeto y haciendo justo lo que a él le hubiera gustado que se hiciera.

El resultado sigue la estela del mítico Omega, pero sobre todo retoma el camino “flamenco” que emprendió Jota, al frente de su banda.

No soy roquero como Morente, pero sí cocinero antes que fraile y puedo decir, sin temor a equivocarme, que testificamos un concierto memorable. Cualquiera de los presentes así lo puede afirmar. Sobresaliente y generoso donde, después de un largo repertorio, se plantearon los bises dobles, como las ducas de los gitanos.

Vibramos con las guitarras, articuladas y broncas; gozamos con el trasfondo sonido de Los Planetas (Florent); alucinamos con el nervio baterista (Eric), de precisa ejecución, del que Enrique no podía dejar de acordarse. Y las voces de Arias y Jota que nos acercaban al flamenco y nos tendían el puente claro entre el rock y Morente.

Porque era rock, puro rock, a veces heavy y corrosivo, pero evidente en su estructura. Sentimos el flamenco tan sólo si queremos verlo; si desnudamos el tema y nos quedamos en la cadencia y en el eco de la serrana, de los tangos, de las alegrías o de los fandangos.

Los Evangelistas, como Morente, no tuvieron sueño en la ciudad, fueron poetas decadentes o amantes amantes o buscaron la estrella que les guiara.

* Foto de Juan Güeto©.

Sábado, 20 de Agosto de 2011 11:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El peluquero de Morente

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Sacromonte Cuna de Flamencos

El barbero de Picasso

Nunca vi el documental de Barrachina. Nunca me atreví a ver El barbero de Picasso, hasta ayer que la proyectaron en el Sacromonte en el ciclo dedicado a Morente, donde lloré y reí a partes iguales.

No soy experto en cine y no puedo juzgar la película. Pienso que como documento es impagable, que todo aficionado al flamenco en general, y al cante de Enrique en particular, tiene que conocer.

Hubo quien a la salida criticó el resultado de la cinta por considerarla localista y en zapatillas, que se quedaba con los momentos musicales. Pensé, y a alguien se lo dije, que a mí no se me ocurría meterme en un congreso de dentistas.

Pero por qué el barbero. Cuando Picasso llegó a París buscó un español que le cortara el pelo. Eugenio Arias, quien terminó por considerar al artista malagueño como a un padre, no quiso cobrarle, tan sólo en obra, convirtiéndose así en uno de los máximos coleccionistas picasianos.

A Morente le sedujo la historia. Ya había grabado en 2008 Pablo de Málaga con textos del pintor. Con ganas de seguir profundizando en su obra, quiso descubrir el Guernica, y tumbarse a sus pies, y entender su simbolismo genocida, y cantarle en su mismo lenguaje.

No sé si fue antes el huevo o la gallina. Se proyectó un documental que acabó poco antes de su muerte. En él participan: su compañera, Aurora Carbonell; sus hijos, Estrella, Soleá y José Enrique; el barbero Arias; otros acompañantes; y sus músicos.

El filme está grabado en Granada, Madrid, Buitrago del Lozoya, Barcelona y Londres. Resulta que el grueso de la grabación iba a ser en Buitrago, a 75 km. de Madrid, pero empezó a llover a mares (en la cinta se ve) y Enrique ofreció su casa y su ambiente, su ciudad y sus rincones para seguir grabando. En el Bañuelo descubrimos a Soleá cantando Palabras para Julia y a Estrella cantando Señorita por bulerías y a Kiki templado por soleares. Y en Barcelona escuchamos cortes apoteósicos de su último concierto, como las alegrías o Adiós Málaga, que compuso el mismo Enrique acordándose de la tierra de Picasso y de sus grandes hombres (canción que la ciudad de Málaga ha hecho patrimonio).

También se nos escapan las manos en los tangos y los oles en la malagueña de Chacón. Y nos estremece hasta la médula El ángel caído de Antonio Vega, junto al pianista de jazz Federico Lechner, que, cuentan, estuvo meses buscando un piano con el que, sin apenas ensayar, hilvanaron esa obra de arte.

El barbero es sólo una excusa para hablar de Morente con Morente, para dar gracias a la vida por este granadino inmenso y visionario (no en el sentido esotérico del término, sino en el aspecto vanguardista del que hace ir por delante de su tiempo, aunque Enrique decía que lo que estaba haciendo es lo que quería haber hecho hacía diez años).

Eugenio Arias, ofrece sus testimonios y vivifica el documental con un nexo latente. Pero son su familia, que lo admira, quien habla de él; y es Morente mismo el que expone sus cartas paseando por el Albaicín; o tomándose una cerveza en lo de la Porrona, en Plaza Larga; o diciendo verdades como puños con esas ocurrencias tan rápidas como magistrales…

Aprendemos cosas tan trascendentales como cotidianas. Nos descubre tanto su forma de crear, como que es su mujer quien le corta el pelo.

* Aspecto del cine del Museo-Cuevas del Sacromonte (Juan Güeto©).

Jueves, 18 de Agosto de 2011 18:50 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Chekara en el imaginario de Morente (o viceversa)

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente

Se impone antes de narrar los acontecimientos de este primer día del ciclo Los Universos de Morente, que tuvo lugar en el Museo Cuevas del Sacromonte dentro de la IX edición de ‘Sacromonte Cuna de Flamencos’ con la colaboración de ‘Granada Universo Flamenco’ de la Diputación de Granada, comentar el programa de dicho festival que, por otra parte, el organizador, Miguel Berbel, presentó en sus paalabras preliminares, donde con gran respeto dedicó estos días al desaparecido Enrique Morente.

El ciclo en cuestión se divide en tres bloques, que corresponden a las tres próximas semanas, ocupando los días de martes y jueves a recitales de música (12 €), y los miércoles a una muestra de cine (3€).

La primera de estas secciones, llamada Explorando caminos, consta de Entre dos orillas, de la Orquesta Chekara (martes, 16), de la que nos ocuparemos a continuación; del documental de E.R. Barachina Morente, El Barbero de Picasso el miércoles, 17; y de Incursiones en el Rock, con Antonio Arias, Jota, Florent y Eric (jueves, 18).

La guitarra toca a Morente es el segundo bloque, que contendrá el concierto Habichuela en rama de Pepe Habichuela, el martes, 23; el miércoles, 24, se proyectará el documental de José Sánchez Montes Morente Sueña la Alhambra; y la noche del jueves Juan Habichuela (Jr.), recién ganador del Bordón minero nos presentará La voz de mis adentros.

La tercera y última semana estará dedicada al Morente íntimo, con una charla Entre amigos, coordinada por Francisco Manuel Díaz y contará con varios amigos del maestro y algunos otros añadidos (martes, 30); el documental de ese miércoles será Recordando a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ (nº 2 de la Colección Flamenco y Patrimonio de Diputación de Granada). Todos los espectáculos comenzarán a las 22´00 horas.

La inauguración de este ciclo, como ya hemos dicho, corrió a cargo de la orquesta Chekara, como colaboradores en el pasado de Enrique Morente, que ya desde los años 80 participaron en comunión con el espectáculo Macama jonda de José Heredia Maya.

Unos tangos, de claro corte morentiano, sirven de presentación para unos músicos que no están alejados para nada del mundo flamenco. Vicente Gelo, al cante, hace cositas de Enrique dignas de aplauso. Tras esta entradilla, de la boca del cantaor se descuelgan unas palabras de agradecimiento, en las que reconoce al granadino un espejo en que mirarse. Sorprendentemente por tangos viene a ser también su segunda entrega, ilustrada con el baile de la sevillana afincada en Almería Maribel Ramos ‘La Zambra’. Puede que sus apariciones, junto al cante de Vicente y la guitarra de Emilio Maya, sean lo mejor de la noche. Maribel ha sabido entrecruzar el baile flamenco con la sinuosa danza oriental. Su zapateado, con el movimiento de caderas y de hombros y el juego de manos le confieren una estampa tan conseguida como original.

A continuación interpretan una versión de sus cantes abandolaos, que en su disco llaman Habib el Kamar, naturalmente acordándose el maestro que precede con un gran cartel el escenario, sobre todo en las rondeñas. En realidad todo el concierto estuvo constelado de letras del granadino en la voz respetuosa de Vicente.

Por farrucas comienza el siguiente tema, que encierra la copla La bien pagá con aires de tangos, e incluso tanguillos, para pasar rápidamente a los fandangos de Huelva, con una generosa introducción de flauta árabe (llamada nay) y algunas notas mantenidas en el órgano, con remate por bulerías, también coloreados por la sevillana, aunque vistiera de negro.

El piano coge protagonismo para exponer guajiras y garrotín alternos con agradables resultados. Las seguiriyas, conocidas como Mawal, con las que termina el recital, también estuvieron bien, a pesar de algunos gallos y desafines por parte de Jallal Chekara, voz y violín, y alma del grupo. El baile notable, como antes.

Como bis, completamente asumido, La Tarara, himno indiscutible de la orquesta, sonó muy malamente. Tan asumida tienen esta pieza que no se le presta la atención adecuada.

Jallal en baja forma, voces encontradas, aceleraciones sin justificar, ausencia de laúd, instrumento básico de la música andalusí, y, en cambio, un órgano estridente e incomprensible, etc. hacen de esta agrupación quizá la vez que menos me ha convencido. Espero que sea algo puntual. Por mi parte me quedo con lo bueno y seguiré subiendo como la cabra al Monte.

* Foto de Juan Güeto©.

Miércoles, 17 de Agosto de 2011 19:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Moneta, un valor seguro

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Los Veranos del Corral

Extremo Jondo

Varios días hace ya que vimos a La Moneta clausurar Los Veranos del Corral. Varios días hace ya que no me quito de la cabeza sus ojos de fuego; esa mirada de desafió, donde la dureza se trueca cómplice picardía, consciente de lo que ha hecho, expectante de lo que va a hacer; esa mirada que compromete al espectador y lo hace cómplice de su fuerza, como si todos, en algún momento, estuviéramos en lo alto de las tablas y vibráramos con ella.

En broma, a la salida, pregunté a sus músicos que si para trabajar con Fuensanta había que llamarse Miguel. Una feliz coincidencia ha reunido en el entorno de la bailaora granadina a tres fenómenos del cante (Miguel Lavi), del toque (Miguel Iglesias) y de la percusión (Miguel ‘El Cheyenne’).

Extremo Jondo fue la obra que estrenó La Moneta en la edición de 2010 del Festival Internacional de Música y Danza en el Teatro Isabel la Católica, con el mismo esquema y tratamiento. Sólo cambia el cantaor que, para aquella ocasión era Enrique ‘El Extremeño’, pero no se llamaba Miguel (es broma). Cambiamos una voz poderosa, añeja y templada, por otra llena de sabor, de queja y de aguardiente, de regusto antiguo y dolor solapado.

El armazón musical del sevillano Iglesias es encomiable. Teniendo un concepto vanguardista, su guitarra suena flamenca, con un eco arraigado en la tradición, que no teme en pasar de un trémolo enraizado en mitad de siglo veinte a un rasgueo novedoso, en pasar de un acompañamiento ortodoxo a unir ritmos en un todo contemporáneo, los temas se entrelazan sabiamente, escribía en la ocasión anterior; como igualmente apunté que el sonido es una garantía en las manos de Benson, el mismo técnico que le acompaña, el mismo Juan Benavides que dimensiona el Corral con su acústica precisa.

La Moneta presenta este espectáculo como un homenaje a la música, como una sumisión al flamenco. Escucha como nadie el cante, al que se debe, y cada giro, cada zapateado, el germen de su fuerza lo justifica el cuadro de atrás. Es un baile pensado y repensado, ensayado mil veces, pero que parece nuevo sobre las tablas, que es nuevo, como el concepto heracliteano del “todo pasa”.

El primer bloque (pues de racimos de cantes se trata y no de piezas sueltas) comienza por una toná, que en realidad es un romance, que Fuensanta baila con vestido de campana, mantón naranja y vuelo en sus ojos. El compás se hace agua en sus pies y sus manos, de cuando en cuando, adoptan esa contemporaneidad que un día aprendió y que le sienta tan bien en su danza de esbelta raigambre. Al poco, esta capela, se hace caña, para terminar acordándose alegremente de La Bahía. De las cantiñas, de ricas escobillas, donde el silencio tiene mucho que decir y la guitarra canta en solitario, asomándose a la tierra, se pasa al sentimiento de los cantes de las minas, donde Lavi canta por derecho.

El segundo bloque, donde los músicos se cambian de izquierda a derecha (con cierta comicidad), comienza por bulerías que pasan a ser liviana y serranas, que el cantaor aborda poniéndose en pie, con letra novedosa (su repertorio no es convencional), desembocando en un impagable macho por seguirillas. La Moneta, de negro, con chaqueta corta, acomete el baile como si fuera la última vez que va a bailar. Sus movimientos son quebrados y redondos a voluntad y contienen cien años de aprendizaje y otros cien de intuición. ‘El Cheyenne’ se muestra respetuoso y seguro, como siempre, y en su solo es un complemento, como un tercer tacón de la bailaora.

Esta segunda parte desemboca en tientos-tangos, con los que acaba la función, terminando la hipnosis colectiva con su roneo, lleno de flamencura y de sabor sacromontano, que desarma a la misma belleza del ambiente que nos rodea y que aquí se acaba hasta el próximo año.

Martes, 16 de Agosto de 2011 11:02 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Vini, vidi, vinci

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Los Veranos del Corral

Marco Flores, a pesar de cumplir los requisitos generacionales y artísticos requeridos para el Carbón, es la primera vez que pisa este escenario, cuando compañeros suyos (Manuel Liñán u Olga Pericet) ya han actuado al menos un par de veces. Es más, si mal no recuerdo, es la segunda vez que viene a Granada. Estuvo en La Platería hace poco más de un año, creo.

A pesar de esto, puede que sea de los pocos participantes en esta edición que haya acudido comprendiendo la filosofía de la Muestra. Su baile desinhibido y parnasiano, el baile por el baile, ha caracterizado su intervención.

Una minuta de aciertos corona su triunfo, aparte de su inusitado sentido del compás, fruto de un oído privilegiado, aparte del estilismo de una danza redonda, aparte de su amor al flamenco y la supeditación al cante...

En primer lugar, tuvo el buen gusto de no traer percusiones. Con dos impecables palmeras, Ana Romero y ’La Tacha’, el tema del compás se soluciona con creces. Sus números no son excesivamente largos, infiriendo en los anhelos de los espectadores. Sus músicos de atrás, exclusivamente mujeres, gozan de originalidad, a la vez que dimensiona la belleza somática del cuadro.

Raúl Comba, director del Festival, extraordinariamente sube al escenario para dedicarle el día, por parte de la organización, a Moraíto Chico, imprescindible tocaor jerezano de acompañamiento, sobre todo, arrebatado esa misma mañana, a la edad de 55 años, por un cáncer que le aquejaba.

Unas seguiriyas y cabales, rematadas por generosas tonás a compás, de la mano de las dos cantaoras, Mercedes Cortés e Inma Romero, sirve de carta de presentación. Un preámbulo que nos sirve para apreciar la esbeltez rítmica de este bailaor gaditano, que constantemente sugiere diálogo con su tacón-punta. Marco es un bailaor completo que expresa desde sus pies limpios hasta la punta de sus dedos salados. Su braceo tiene la feminidad suficiente para hablar por sí mismo. Lo que no convence, desde un primer momento, es su implicación bucal. Bastantes flamencos del momento bailan con la boca, marcan con muecas (y a veces onomatopéyicos sonidos) la evolución de su baile, afeando inconscientemente su entrega, que, además, enturbia la atención del espectador.

Malagueñas y granaínas chaconianas, muy mal cantadas por cierto, es la entrega que hacen sus músicos para la próxima entrega de Marco Flores por cantiñas. La gloria de esta transición, que pasa suavemente por los tres palos, como si fuera una sola pieza, se la lleva la guitarrista Antonia Jiménez. Antonia es precisa y pasional, clara y con un paladar exclusivo.

Las alegrías de Flores ya son antológicas. Se mueve en los aires de Cádiz como pez en el agua y no teme recrearse en las escobillas (tan solo a compás) que machadianamente se componen con el paso anterior. Sus desplantes son de pellizco. Si al comienzo, en la seguiriya, titubeaba, ahora está seguro. Domina como pocos y hace vibrar al tiempo que él disfruta cada momento (¿Será por eso?).

El siguiente interludio lo protagoniza el brillo de la guitarra. Aunque el tratamiento es distinto, sorprende que haga nuevamente seguiriya y cabal, como al principio. Su remate, huyendo de los finales efectistas, goza de la originalidad de morir en el aire, como con puntos suspensivos, inesperado en todo caso.

Marco termina por soleá. Son unas soleares lentas, pastosas, bien marcadas, para ser saboreadas en cada momento; con silencios y solos reconocidos. Con muchos cambios, como los bailes de hoy en día. La dimensión artística de las cantaoras ya no deja dudas, están en su salsa, con espléndidos remates a dos voces. La cadencia de la fiesta es lo suyo.

No me equivoco si afirmo, que en dieciséis días de Corral, Marco Flores ha sido el artista más aplaudido, al que no dejaban irse, el que tuvo que salir a saludar hasta cuatro veces, el que se dio tres pataíllas de fin de fiesta (la primera generosa, con el baile añadido de la cantaora Inma Romero y de las dos bailaoras). Una noche sin desperdicio.

* Marco Flores en la foto (Antonio Conde©).

Jueves, 11 de Agosto de 2011 12:00 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El día más largo

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Los Veranos del Corral

Ya he denunciado un par de veces el tratamiento de la luz en el Corral del Carbón de este año y vuelvo a incidir en ello porque posiblemente ayer tocara techo. Los apagones radicales (uno de ellos antes de haber acabado la pieza), el desenfoque al artista indicado o su iluminación parcial, la penumbra improcedente o el color inadecuado, es algo que un festival de esta categoría no se puede permitir.

Aprovecho también este primer toque de atención para advertir otra carencia. El que no haya un programa de mano diario, advirtiendo más o menos lo que vamos a ver o al menos el nombre de los músicos, viene siendo una inconveniencia, al menos para los espectadores que a la salida intentan recopilar la identificación de los actuantes.

Por otro lugar, como digo en el título, fue una velada larga. No sólo porque el programa fuera doble, sino porque parece que en la segunda parte había por parte de la bailaora un compromiso para rellenar un tiempo determinado, lo que restó espontaneidad y soltura.

Lidón Patiño es una bailaora castellonense, joven y llena de brío. Una fuerza que traslada a las tablas y trasmite como seña de identidad, aparte de su gracia en el baile (sus quiebros y desplantes son reconocidos). Aunque quizás deba limar su tendencia a la dramatización. Los momentos de excesivo vértigo se alternan con otros demasiado histriónicos que perjudican la dinámica del baile.

Comienza su entrega con una bulería que en principio es tan sólo de compás, para pasar en su segunda parte a incorporar las guitarras por soleares y jaleos. Puede que el percusionista, Amador Losada, sea el más limitado que hemos visto hasta el momento. Correcta la cantaora Angélica Leyva, con un eco muy flamenco.

Unos tangos, donde se alternan exclusivamente las guitarras ('El Tomate de Córdoba' y Carlos Orgaz), dan paso a las alegrías. Preciosa estampa es la que nos brinda Lidón con un vestido rojo de cola, con lunares negros en sus volantes y pañuelo a juego. Bella estampa que sin embargo requería doble esfuerzo, pues la cola no tenía vuelo, se ancoraba a sus espaldas y se negaba a bailar con la protagonista que, llena de sal y sonrisa, parecía vecina de la Caleta.

Para la segunda parte, Asunción Pérez ‘La Choni’ sale enfundada en un vestido rojo con mucho vuelo, de corte oriental. Va descalza y con chichines en los dedos, danzando de forma exclusiva la zambra caracolera La niña de fuego, interpretada con un gusto añejo por su cantaor, Salvador Cruz.

Fue un romper el hielo con las cartas de presentación en la mano, como diciendo que su baile es una apuesta poco convencional. El descanso llega con una soleá que sigue teniendo sabor de antaño con tercios cortados como antes. Salvador Cruz anuncia lo que va a cantar.

A la guitarra Raúl Cantizano y Antonio Montiel en la caja.

Tras saltársele una cuerda a la guitarra. Los cantaores se vieron obligados a improvisar por toná y martinete, para dar paso a la malagueña abandolá con fandangos de Lucena y del Albaicín. El tropiezo de la bailaora enredada en su cola, incidió en un baile cauteloso y algo tenso que sin embargo la bailaora supo controlar.

Con chaqueta corta y pantalón, lo que pintaba farruca, fueron unas seguiriyas tan correctas como faltas de dramatismo. Destacan sus manos.

Dedicados al maestro Chano Lobato, Alicia Acuña hizo unos tanguillos con toda intención. La guitarra le hacía constantes guiños a las guajiras (bastante cercanas, por otra parte).

Como última entrega, La Chone nos propone la caña, que baila con mantón de dulce vuelo. Momentos de clara comicidad salpican su baile, evidenciando otra de sus facetas. Esta caña se remata por una soleá apolá muy de nuestra tierra.

* ‘La Choni’ en la foto, tomada de su web.

Miércoles, 10 de Agosto de 2011 19:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Hasta qué punto vienen empujando

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Los Veranos del Corral

Ganadores del Certamen IAJ

Hay una hornada de flamencos jóvenes, muy jóvenes, en Andalucía que vienen empujando en el orbe del flamenco. Este mundo, para bien o para mal, ha ido cambiando. Por exigencias de la vida, se ha adaptado a los tiempos como cualquier otro arte. Ya es casi imposible improvisar, cantar con un guitarrista que te toque en suerte, actuar sin megafonía o salir al escenario con la copa de fino o el poquito de güisqui.

El flamenco se transforma por medio de sus actuantes. La pureza cada vez está más diluida (si no entendemos que el flamenco es mestizaje y diversidad). En veinte o treinta años se ha “avanzado” más que en siglo y medio. De un tiempo a esta parte el flamenco es aprendido.

Los jóvenes, en su mayoría, estudian (que es la única forma de avanzar, pues se innova desde el conocimiento). La mayoría se parecen a… hasta que encuentran su camino personal, un lenguaje propio con que expresarse, con el que trasmitir el flamenco que se siente. Y es lo más difícil. Y es la piedra angular con la que todos sueñan. Y es por donde deben ir los tiros de cualquier artista, de cualquiera que se quiera abrir camino en el flamenco: encontrar un lenguaje personal.

Pero cuando se deja uno llevar, cuando se tienen sus modelos fijos, cuando se cogen vicios o se confía demasiado en su propia persona, puede pasar como el vino, que los hay equilibrados, estudiados y medidos y hay “los que da la tierra”, que suelen ser peleones e indigestos.

Entre los nuevos flamencos hay de todo, aunque en general la seriedad es lo que impera. Todos son conscientes de que hay mucha competencia y no todos pueden estar en primera fila.

Lo más importante sin embargo es la humildad. Todos los grandes no lo han dejado dicho. Aprender de todo, dejarse aconsejar, analizarse continuamente…

Fue evidente, el lunes en el Corral, que los actuantes que había estaban empezando. Los ganadores del Certamen del Instituto Andaluz de la Juventud, toque, cante y baile, tuvieron doble premio: el que les concede el IAJ y el de participar en uno de los mejores escenarios de pequeño formato de este país.

En guitarra, el almeriense David Caro, con más acompañantes de los deseados, comenzó por granaínas. Su cantaor, Bernardo, se acordó de Manuel Ávila. Continuó por tangos. Breves para la voz de Isabel Jurado, transportando la prima en si. Al percusionista, aunque discreto, le sobraba el tambor (un redobles seguramente). Sin embargo, su apuesta e intenciones, llegaron por bulerías en solitario, en las que siguió la estela de Diego del Morao y de Vicente Amigo. Aunque quizá más apresurado de la cuenta y con el bordón un poco bronco. Termina por cantiñas. No es buena señal, por último, que los guitarristas de ahora no puedan pasar sin el afinador.

En segundo lugar intervino Carlos Cruz, hijo del buen cantaor jienense del mismo nombre. Comienza, como el anterior, por granaína y media, que son de Chacón, aunque las hace a su manera. Tiene facultades y perspectivas, que demuestra con creces en la soleá (al 6). Las bulerías finales también tienen su punto. El principal problema de este cantaor es el guitarrista con que se acompaña. Muy ajustado y fuera de tiempo, Rubén Campos (de Láchar), espera que el cantaor lo siga y no al contrario. Mirado desde una perspectiva profesional, Carlos necesita un guitarrista que lo almohade en condiciones y que lo haga crecer.

Hugo López es el premiado en la modalidad de baile. Es original en un primer momento, proponiendo zorongo, aunque vaya por fiesta. Es bastante impetuoso y desgarbado, pero tiene buenos pies. Sus cambios son radicales. En su descanso, Delia Membribe nos ofrece malagueñas de la Trini. Su voz es canastera y recuerda por momentos a Carmen Linares. Los abandolaos los mezcla y ya no sabes si son fandangos o jabegotes. También les acompaña David Caro. Un segundo músico, Luis Medina aporrea la guitarra. El bailaor cordobés termina por farrucas. Sus ganas se imponen a la lógica y zapatea cuando le están cantando y marca cuando el compás le deja espacio.

La madera existe, lo que falta es que arda bien (y si calienta y desprende olor, mucho mejor).

* David Caro (foto: Antonio Conde©).

Martes, 09 de Agosto de 2011 18:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El baile incombustible

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Los Veranos del Corral

Tenemos en Ray Benítez y Agustín Barajas dos de los mayores representantes del baile joven masculino en Granada, que ayer hicieron su debut en el Corral del Carbón. Era un estreno lleno de estrenos, pues parte del vestuario, puede que la totalidad, desacertado en todo caso, fue adquirido para la ocasión. Menciono este detalle porque determina su imagen, que en un bailaor es su primera carta de presentación.

Son dos jóvenes que se les asocia por su trayectoria y su contemporaneidad. También coinciden en sus fuerzas y sus ganas. Son bailaores de oficio, que llevan en las tablas bastante tiempo, acumulan algunos festivales a las espaldas y algún que otro concurso les ha sonreído. También formaron parte del cuerpo de baile del espectáculo que presentó ‘La Moneta’ en la pasada Bienal.

Su fuerte es su zapateado, aunque Ray también goza de un bello braceo y movimiento de manos. Y su formación es notable, rezumando pasos y creaciones tanto propias como de otros artistas locales (Mario Maya, Manolete). Sus bailes, sin embargo, son excesivos, incombustibles, demasiado largos. Su concepto de eficacia es antiguo y se basa en la resistencia, recayendo en la repetición y el abatimiento.

La noche del cuatro de agosto comparten escenario y cuadro musical de excepción. Luis Mariano, pleno de facultades y sentimiento, puede que sea el tocaor más en forma para acompañar al baile del momento en nuestra ciudad. Juan Ángel Tirado y Manuel Heredia al cante, rebosan eficacia y buen gusto. ‘El Moreno’, respetuoso y preciso, nace para la percusión (tuvo el acierto de prescindir de la megafonía para su cajón).

Agustín, con un respeto desmedido, aborda una farruca, bien armada musicalmente. Su conocimiento es tan evidente como su nerviosismo (debería aprender a relajar la expresión de la cara). Faltan silencios en su baile y el desplante necesarios para saborear los momentos. No sólo se alarga en demasía, como decimos, sino que le sobra el remate final, de una teatralidad angustiosa.

Toma el relevo Ray Benítez por levante y acaba por tangos. Más suelto y relajado, redondea su propuesta, que tampoco conoce el reposo. Para los tangos es muy canastero y no puede negar su formación sacromontana. Le sobran unos diez minutos.

A capela, con sólo compás, los dos cantaores se marcan unos jaleos antológicos, a cada cual mejor. Juan Ángel, con la cajita de música que tiene en la garganta, es puro quejío y sabor; Manuel, más moderado que nunca, borda sus entregas.

Barajas vuelve por soleá y bulerías con la tónica de antes, aunque quizá esté más distendido. Redondea el baile y recoge oles merecidos. Le sobran unos cinco minutos.

Por seguiriyas, Ray pone el punto final. Es un baile lleno de buenas ideas pero totalmente enrevesado, que necesita más marcaje y dramatismo, aunque el aporte personal es considerable. El recuerdo de Mario se manifiesta continuamente. Una coda con solo tacón se hace insistente e innecesaria. Le sobran unos doce minutos.

Un poquito por bulerías, en las que también patea ‘El Moreno’, sirve de fin de fiestas. (Y se olvidaron las flores que unas admiradoras le habían entregado.)

* Agustín Barajas en la foto (Antonio Conde©).

Viernes, 05 de Agosto de 2011 18:16 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El vértigo de Nacho Blanco

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Los Veranos del Corral

Desde el comienzo del espectáculo me sobró la percusión y, cuantas más intervenciones hacía mucho peor. Llegué a pensar que es un problema personal, pues siempre veo innecesarios los tambores. Pero, a la salida, con cualquiera que lo comentara, me daba la razón. La caja de José de Mode más que reforzar el ritmo, lo enturbiaba y le imponía un resultado pueril.

El baile de Nacho Blanco se basa en la fuerza y en el juego de pies, a veces vertiginoso, tan del gusto del público en general. Es un baile macho, a la manera de Farruquito y los suyos, con una tendencia mayor a la redondez, seguramente (recuerda a Juan Ramírez). Su clasicismo le lleva a castigar las manos más de lo debido. Hombrea y cuando alza los brazos carece de naturalidad.

Sin embargo su sentido del compás y la eficacia de su entrega son encomiables. Escucha la música elegida y saborea desde su oído hasta los pies el ritmo seleccionado. A veces habla directamente con su tacón-punta.

Hasta los postres, por fiesta, no lo vimos sonreír. Quizá el respeto a un festival que ha cogido renombre, quizá los bailes seleccionados, de franqueza dramática, quizá la misma concentración, le impulsan a mantener un rostro poco expresivo.

Por farrucas, baile varonil donde los haya, comienza su entrega. Sus pasos largos, el paseo por el escenario y, sobre todo, su taconeo evidencian su condición. La guitarra de Eduardo Cortés es óptima. Entre clásica y jazzística, destila frescura, quizá demasiado rumbera. Las voces (El Zambullo y Fabiola) son mediocres, aunque a veces tengan momentos dignos de aplauso. Es la primera vez en este ciclo, en doce días que lleva, que escuchamos la voz de una mujer al cante. Supongo que es casualidad.

Fabiola, con un protagonismo ilícito, salta a boca de escenario para cantar unos jaleos extremeños y acompañarlos con un poquito de baile. Ni esa fue su noche ni tiene voz como para prescindir del micrófono durante las cuatro o cinco letras que abordó.

Con una carcelera, El Zambullo inicia una ronda de tonás que dan paso a la seguiriya bailable, que Nacho domina sin discusión. Puede que sea la pieza donde se sienta más a gusto, donde expone abiertamente las credenciales de sus propuestas. Hacia la mitad, un quiebro a compás (no sé hasta qué punto voluntario), me mostró el bailaor que lleva dentro.

La guitarra en solitario entona bulerías. Eduardo comienza a recordarnos a Paco, para pasar a ‘Tomatito’ e instalarse definitivamente en Vicente Amigo, pero con concesiones directas al jazz y a la rumbita catalana, sobre todo en el rasgueo. El cajón, por si no me han oído, lo habría quitado de en medio.

Acaba la noche con soleá por bulerías, en la que Blanco tiene varios momentos para bailar el silencio, marcado por los palillos de sus dedos. Son momentos de genérica improvisación que se agradecen. Sin embargo, nunca entenderé la ‘metralleta’, la demostración del zapateado espasmódico.

Como bis agradecido, nos ofrecen un poco más por fiesta, en la que se adelanta al baile (ahora sí) una Fabiola estilosa. Ante los prolongados aplausos, este reconocimiento bulearero volvió a repetirse.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 04 de Agosto de 2011 16:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Jinete sin reposo

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Los Veranos del Corral

Con cascabeles en muñecas y tobillos comienza David Coria su entrega, bailando el silencio, cortando el aire con su porte pastoril y una margarita en las manos. Son unos originales cantes de labor, la danza de la cosecha, lo mejor de la noche. La guitarra se incorpora a los postres, que pasan a ser boleros y bellos verdiales, que se van apagando en las voces de Antonio Campos y Juan José Amador.

David conoce su cuerpo y sabe sacar partido a su esbeltez. Ha pertenecido a grandes compañías (Rocío Molina, Eva Yerbabuena, Aída Gómez…) y empieza, desde 2010, una carrera prometedora con espectáculos propios.

Las guitarras se quedan solas (Juan Jiménez y Víctor ’El Tomate’) para abandolarse por rondeñas, muy cerquita a la fiesta. Su casamiento es perfecto, que contrapuntea la percusión respetuosa de Kike Terrón.

Por cantiñas, que empiezan y acaban por Córdoba, vuelve el bailaor sevillano. Mientras el armazón musical no tiene fisuras (si acaso un cajón innecesario), David exagera sus movimientos, no conoce el reposo ni concede la mínima escucha sin que meta los pies.

Desde un tiempo a esta parte, todos los bailaores sienten que necesitan reforzar su taconeo o marcar el compás con ayuda de una caja o un pandero y, a veces, lo que hacen realmente es enturbiar su entrega. Con las clásicas palmas, no sólo sería suficiente, sino que se agradece esta tradicional forma de percutir el flamenco.

Para más inri, Coria, se hace acompañar además de un palmero (Jonatan Miró), que vuelve a incidir en el ritmo que ya sugieren los cantaores (que también hacen palmas) y el percusionista, cayendo así en un exceso de orquestación, bien dirigida, eso sí, con gran resultado, obtenido en parte por el buen sonido que Benson aporta.

Amador, en este segundo interludio entre bailes, ofrece una canción aflamencada por fiesta, que se asoma al abandolao.

¿Es posible que la velada vaya decayendo? El último pase de David Coria son unas tonás con seguiriyas, quizás demasiado largas, en las que comienza bailando el silencio, chasqueando los dedos. Su baile de arrebato se impone poco a poco y el árbol no deja contemplar el bosque. Su gesticulación con la boca, que desde el principio ha sido moderada y un complemento a su figura, llega a ser aparatosa.

Un bis en forma de tanguillo, que canta Antonio Campos, a la vez que apunta el baile, endereza cualquier objeción. Es una pataílla desenfadada, para la que el David se ha cambiado la camisa, que extrema la particularidad buscada en este bailaor.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 03 de Agosto de 2011 14:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Madera de bailaora

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Los Veranos del Corral

Por seguiriyas empieza la segundad mitad de Los Veranos del Corral. La joven onubense, María Canea, es una bailaora que promete, que trasmite y no defrauda. Cuando en el escenario alguien tiene que decir y sabe cómo decirlo, estamos ante algo importante.

Puede que empezara con lo mejor de su repertorio y después se fuera relajando. Sus pies, a petición de ella, sonaban demasiado fuerte. No obstante es una de sus bazas, donde concentra el nexo de su baile. Juan Campallo, a la guitarra, no tuvo su mejor día. Su participación quedaba escasa y a veces rasgueaba de forma desmedida, a veces armonizaba sin sentido. Quizá una segunda guitarra no hubiera estado de más.

En los tangos se ve la capacidad de los dos cantaores, Jeromo Segura y Javier Rivera (puede que ya preparados para cantar alante). Son unos tangos lentos y con mucho paladar, en los que se acuerdan del maestro Morente (Jeromo), aunque su propuesta sea limitada y la guitarra algo pobre.

Con un vestido blanco de media cola, María aborda unos abandolaos que principian con rondeñas, en las que se hace acompañar de complementos, a saber, mantón negro con flecos níveos y, más tarde, abanico con pañuelo de seda color turquesa, posiblemente innecesarios. Definitivamente esta pieza, aunque resultona, hace agua.

Otro momento de soledad entre los músicos son unas sabrosas cantiñas, que encierran gilianas (Rivera), un cante que habitualmente no se escucha. El final a dos voces solapadas es digno de aplauso. Una coda que se repite, con igual eficacia, alguna vez a lo largo de la noche.

Acaban por soleá y bulerías. Es un encaje de metal, al que quizá le falten brazos. La bailaora, por otra parte, se repite en un prolongado taconeo que le hemos visto en las seguiriyas. Los remates tienen cierto pellizco. El momento más reconocido de la noche se encuentra en la clara improvisación, cuando María da nuevas instrucciones a los músicos y la guitarra suena sorda. El instinto de bailaora sale a flote.

Jeromo Segura se ha apartado de Arcángel y persigue en cierta forma la estela de Morente. Acaban nuevamente a dos voces con Fernanda y Bernarda soñando la Alhambra.

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 02 de Agosto de 2011 16:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El sauce y la espada

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Los Veranos del Corral

Algunas sorpresas nos depara el Corral del Carbón este año, algunas luces que brillan sin previo aviso. Como fue la actuación de Saori, que aparece como “actuación extraordinaria”, fuera del programa oficial.

Ya sabemos la querencia de la nación japonesa por nuestro flamenco. Multitud de cantaores, tocaores y sobre todo bailaores de buen nivel se concentran en el país del Sol Naciente. Son un pueblo disciplinado y sensible, metódico en sus convicciones y francamente respetuoso. No es de extrañar que el flamenco constituya un rito, como sagrado es el arreglo floral (ikebana), la ceremonia del té o el teatro No y el kabuki.

Así, Saori, quiso empezar su actuación con un acto solemne, donde, vestida de samurai, realizaba movimientos lentos y esquemáticos, ofreciéndole sumo protagonismo a una catana, símbolo tácito de su país y de su intención, mientras los cantaores, Manuel Tañé y Rubio de Pruna, ofrecían toná y carcelera respectivamente (la carcelera con esa letra tan desgarradora de Diego Corrientes, bandolero del siglo XVIII, que dice: Veinticinco calabozos / tiene la cárcel de Utrera, / veinticuatro llevo andaos, el más oscuro me queda). Tras el cante, Emilio Maya, arpegia algunas notas sentidas de Madama Butterfly.

Unas bulerías sirven de interludio para la nueva aparición de la bailaora por levante, rematado en tangos. Su baile es clásico y muy medido. Quizás, para esta primera pieza, esté algo inquieta. No es fácil el estreno, sobre todo teniendo en cuenta todas las bailaoras que la han precedido. Destaca su flexible juego de manos y la expresión del rostro (más de una bailaora desearía poseer esa alegría y ese control facial). Los tangos, no obstante, son más agradecidos.

Emilio se queda solo en el escenario y nos ofrece una bella granaína, en la que se acuerda de Manuel Cano. Siendo el primer guitarra, es la única vez que se ve mandando. Antonio Santiago ’El Ñoño’ se impone más de lo deseado y, en vez de almohadillar el camino, lo dificulta. Su confusa guitarra se impone y desdibuja el brillo canoro de la del granadino.

El mejor corte de la noche, sin embargo fueron las guajiras, que acaban con colombianas festeras. A Saori, con vestido rojo y complementos crema, le sientan muy bien este tipo de bailes tan sugerentes y seductores. El abanico extiende su cuerpo y su gracia sin par. Es una pieza redonda, que empieza y acaba sentada en una silla.

Otro poquito (más bien extenso) por bulerías precede el último baile de la velada. ’El Ñoño’, en solitario, acompaña a los cantaores, siguiendo su tónica excesiva, que le hace, por ejemplo, meter falseta después de cada una de las letras.

Por seguiriyas termina la función. La correcta danza, quizá con falta del dramatismo que este cante necesita, está paliada con la belleza somática de una flamenca ataviada con vestido violeta y pañuelo, zarcillos y peina verdes.

Acaba la noche ceremoniosa como empezó, con catana y Emilio remedando a Madama Butterfly, pero la bailaora sigue flamenca y no vuelve al traje de samurai, como diciendo que nuestros mundos en realidad no están tan alejados.

* Foto de Antonio Conde©.

Sábado, 30 de Julio de 2011 19:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sangre castellana

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Los Veranos del Corral

Hecho a mano

Uno de los logros del Corral del Carbón es su tácita exigencia. En sus trece años de existencia, esta Muestra de flamenco se ha ido haciendo un nombre, se ha ido abriendo un hueco de prestigio entre las ofertas flamencas de nuestro país, con unas características únicas de formato, temporalidad y tratamiento. Esto no sólo redunda en el hecho de que todo bailaor joven (o no tan joven) que se precie quiera pasar por este escenario, sino que cualquiera que acuda a Los Veranos del Corral llega con un compromiso personal de entrega importante.

No obstante hay días y días. Las cosas salen como salen y no como uno quiere. El duende se esconde y aparece cuando menos se lo espere. Hay quien trae lo mejor de su repertorio, el baile consabido de su hacer cotidiano; hay quien hace un popurrí de su obra o adapta para la ocasión su último espectáculo; hay quien prepara algo exclusivo para la ocasión, quien estrena con orgullo sus nuevas propuestas; hay quien experimenta, quien se entrega al Corral como exclusivo local de ensayo, donde crea e improvisa sobre la marcha, y germina así su futuro próximo.

Todo tiene cabida en un ciclo de baile (aunque durante estos años pasados también se dedicó al cante y a la guitarra). Todo es válido y destacado que, más pronto que tarde, encumbra o pasa factura.

Concha Jareño es una bailaora de oficio, fruto de una formación clásica, que se entrega en el escenario. Nacida en Madrid, tiene una gran técnica, unos pies limpios y unos brazos seductores. Sus propuestas son redondas y elaboradas, demasiado elaboradas y académicas, que nos sorprenden no obstante cuando se salen del margen, cuando se despeina un poco.

Concha compone una obra para presentar en Granada. Hecho a mano no pretende cargarse de barroquismo ni asomarse a los márgenes del flamenco. Son cuatro piezas que se han ido hilvanando poco a poco, “un espectáculo hecho a poquito, a puntaítas, de viaje de viaje”, nos cuenta, mostrando simplemente el baile por el baile, puro sentimiento.

Por tonás empieza la noche que, en su mitad se acompasan con ritmo de seguiriyas. Rematadas en sincronía a dos voces (Antonio Núñez ‘El Pulga’ y Emilio Florido). El baile es correcto. Es la presentación de una bailaora que posiblemente es la primera vez que actúa en Granada en solitario.

Seguidamente la guitarra hace su entrada por granaínas. Solo en las tablas, Román Vicenti desgrana una pieza breve, sin florituras, pero con mucho sabor.

Los aires de málaga encierran malagueñas, jaberas, rondeñas y verdiales, que la bailaora aborda con frescura marina, vestida de azul y celeste, con castañuelas. Es la primera vez este año que aparecen palillos en el Carbón. Su dominio es manifiesto y rico en acciones.

La dimensión cantaora de ‘El Pulga’ la comprobamos en un cuplé, una canción por bulerías, que, con su modalidad vocal y el acompañamiento con todo su cuerpo lo hace único (a veces recuerda a Rafael ‘El Falo’).

Pero no descubrimos la capacidad bailaora de Jareño hasta su entrega por levante, que culmina por tangos. Se regodea en el cante, lo que es de agradecer. Ella misma se vuelve y ofrece oles a sus músicos. Su técnica y su compás son admirables. Los cantaores rematan a dos voces con Los saeteros de Morente.

Nunca he entendido los solos de percusión en un concierto flamenco, si no justifican nada más que la habilidad y la capacidad rítmica del percusionista, sin otra justificación. Sin embargo, aquí los tenemos y, por el público en general, son apreciados.

Después, como digo, del solo percutido de Luis Amador, Emilio Florido hace seguiriyas, antes del canto del cisne de la bailaora madrileña. Con bata de cola blanca calada, con largos flecos naranja, a juego con sus bajos, Concha propone unas bellas alegrías, medidas hasta el límite, justificadas al milímetro, que enardecen pero que no llegan a pellizcar.

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 29 de Julio de 2011 17:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El reconocimiento de la lentitud

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Los Veranos del Corral

Piel de Bata

Se agradece dentro del vértigo de la juventud y la vanguardia, el cambio de ritmo de Milagros Mengíbar, el tradicional baile de mujer donde los brazos mandan, la apostura define, la expresión convence.

Es de agradecer un silencio en el trino, el reconocimiento de la lentitud que hace saborear cada vuelta, el exclusivo vestuario y unas manos que han nacido para volar suavemente.

Piel de Bata es una obra parca y delicada, un muestrario de trajes de cola y el magisterio de su tratamiento. Todas las piezas, como es de prever, se bailaron con bata de cola. Milagros Mengíbar se hace acompañar de Luisa Palicio, una joven bailaora malagueña, que sigue sus pasos y almohada sus entregas, pero, por lástima, no está a su altura (aunque son evidentes los progresos que percibimos desde el anterior año que estuvo en el Corral en solitario).

Se podría decir que es el año de los pregones. En tres noches, de las siete entregas que llevamos, se han escuchado estos cantes tan bellos como olvidados, lo que hace pensar en lo contrario. Pues con pregones se hizo la presentación de este espectáculo. Con batas de lunares y pañuelos a juego sendas bailaoras se pasan el relevo o bailan al alimón mascando el ambiente, regodeándose en su propia figura y en la de su partenaire. Destaca como un viento fresco lleno de luz el braceo de Milagros y su dominio en el vuelo del vestido.

El guitarrista Rafael Rodríguez, canoro y reposado, como una señora merece, acompaña de lujo. Pero echamos de menos, de cuando en vez, una segunda guitarra que rellene la tendencia al vacío. Por otro lado, los cantaores, Manuel Sevilla y Juan Reina, añejos y comprometidos, de compás extraordinarios (y el jaleo que se precisa para acompañar al baile), pero a menudo desafinan y van fuera de tono y remedan un poco demasiado a Chano Lobato, en sus letras, en su deje e incluso en su voz.

De blanco impoluto, Luisa, baila unas guajiras lentas y caribeñas, con mantón también blanco, evidentemente con poco peso. La sensación de un principio acaba pronto y termina en una especie de sopor sólo superado por las interminables peteneras que le siguen, abordadas por Milagros con bata negra, rosácea en sus bajos y pañolón. No sólo se repiten las formas y el protagonismo de los cantaores que saltan alternativamente al escenario, cantando sin micrófono e interactuando con la bailaora, sino que también ésta, con un exceso de teatralidad, introduce una coreografía un tanto casposa.

Por soleares es cuando Luisa Palicio convence realmente y arranca algún que otro ole sentido. Una soleá que comienza con un recitado, a la manera de Pinto o Marchena, y que acaba en bulerías.

La velada termina, dentro de lo que cabe, dejando buen sabor de boca por alegrías. Los cantaores, fuera de tono, siguen abordando las tablas y el guitarrista se aparta del micro (a estas alturas, el técnico de sonido tendría que estar echando chispas). Lo que antes era una intuición, ahora es una realidad, Chano Lobato, al igual que Camarón, vive en sus seguidores. Incluso introducen en un poquito por fiesta Noche de Ronda, uno de sus temas característicos. Nos quedamos, no obstante, con la figura de Milagros Mengíbar, con sus desplantes antológicos y con ese juego de manos que justifica cualquier objeción.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 28 de Julio de 2011 12:18 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Con olor a Granada

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Los Veranos del Corral

A la salida del concierto, estuve hablando con Luis Mariano sobre algunos aspectos del recital de Patricia Guerrero y, entre otras cosas, coincidimos es en que los tangos, tanto el toque como el baile, destilan un especial olor a Granada. Huele su tierra, huele su agua, huele su noche y el pensar de su gente. No todos los tangos son iguales. La riqueza de los tangos de Granada es legendaria. Mientras la baja Andalucía mira a occidente, nuestra tierra tiene el perfume oriental; mientras los demás descansan en una planitud festera, el tango del Sacromonte goza de un estudiado cromatismo, mientras otros son una plazoleta, los de aquí son una encrucijada, la confluencia de multitud de caminos que a la vez pueden ramificarse cual jardín borgiano. El tango, huelga es decirlo, es el cante identificativo de nuestra tierra.

Patricia, como gran parte de los flamencos de Granada, sabe esto y, como tal, se ha preocupado de ocupar un puesto destacado en el decir de este palo tan identitario. Un quejido de violín, casi independiente, de Esther Crisol (también cantaora) colma el patio del Corral, que da paso a la generosa entradilla de guitarra de Luis Mariano, que empieza a sonar a surtidor y a arena mojada, hasta que comienza el verdadero soniquete, el inconfundible soniquete por tangos, que las palmas, en un compás binario lo determinan.

La bailaora granadina, vestida de bailaora granadina, con pañuelo rojo y flor en lo alto de la cabeza, empieza a ronear desde el principio, se acuerda de la tradición, del Camino, del Monte, del Petaco… y aporta de su persona algunos paseos, quiebros y desplantes singulares. Propone novedades en las letras que la arropan y en el eco que la envuelve. Patricia por tangos huele a Granada.

Pero antes de llegar a este pellizquito local, varias entregas abren camino. Una malagueña de Manuel Torre (Mariano y Lavi) abre una noche expectante. Patricia tiene en su tierra un nutrido grupo de seguidores, empezando por su familia, que, aunque incondicionales, están (o estamos) pendientes de cada uno de sus movimientos, de sus propuestas y de su evolución. Quizá por eso, su salida pareció insegura, con el nervio de quien realiza un examen importante.

Pronto sin embargo las malagueñas se abandolan, uniéndose el resto de los músicos, hasta terminar con los fandangos del Albaicín. La bailaora se relaja y justifica su belleza, con vestido rojo con abertura frontal y sombrero a juego de bandolera sobre el moño trabajado. Todo posiblemente demasiado puesto, demasiado repensado, sin margen creativo, sin fisura para improvisar. A veces también sería necesario que relajara el rostro.

Rayando en el detalle de la originalidad, los exclusivos cantaores, Miguel Lavi y David ‘El Galli’, hacen unos pregones, en lugar de las socorridas tonás o los martinetes (aunque el Londro, la noche de Mercedes Ruiz, también cantó pregón). Comienza ‘El Galli’ acordándose de El tío de la Alhucema de ‘El Lebrijano’ y termina el jerezano remedando a Pepe Pinto.

Vestida casi de novia, de perla blanca, con Manila, baila Guerrero una granaína nada convencional, interpretada tan sólo por Mariano a la guitarra. El mantón toma vida en los largos brazos de Patricia, que no descansa arañando sus mil posibilidades de vuelo y estampa. Choca sin embargo, aunque el tratamiento es completamente distinto, que dance unas granaínas justo después de unas malagueñas.

Tras los tangos comentados en un principio, interrumpidos cien veces por los aplausos, que incluso el bello remate final de sonanta y cajón (‘El Cheyenne’) se perdió totalmente, los músicos hilvanan una soleá con enjundia y sabor añejo en las voces de nuestros amigos. La segunda guitarra de Oscar Gallardo dimensiona la primera, aunque a veces estaba de más.

Termina el recital por bulerías. De azabache con motivos vegetales (el vestuario es delicioso), Patricia se desborda en un concierto que ha ido a más. Sin discusión domina sobre las tablas, asegura su seguridad y lo da todo. Sabe que es el último baile y derrocha energía. Se siente arropada por los músicos de primera fila que le acompañan y por un sonido impecable. Lástima que el juego de luces, como denuncié el primer día, no está a la altura. Pies, brazos, cintura, hombros… todo su cuerpo está en función de una fiesta que no descansa, una fiesta para todos, la fiesta que nos propone.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 27 de Julio de 2011 17:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra dimensión

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Los Veranos del Corral

Manuel Liñán, Manolillo para muchos, es algo nuestro, aunque hace ya una década que emigró a revolucionar la capital de España. Por eso nos agrada ir a verlo, por eso aplaudimos sus logros, por eso nos emocionamos con su baile. Lejos de chovinismos, en los que es muy fácil caer, estamos ante un bailaor tan personal como eficiente. Su concepto de la escena y la esfericidad del espacio, que lo elevan a la categoría de coreógrafo, traspasa todo lodo lo conocido. Quien no lo haya visto bailar no puede concebir esa otra dimensión de la que el baile flamenco hace gala.

Manuel lo sabe, y no duda hacer guiños a los que le precedieron en esas capacidades. Así recuerda a Mario Maya, a Vicente Escudero, a Gades o a Antonio el bailarín; pero también, perdonadme ortodoxos, le podemos ver remedos de Fred Astaire o de artistas del claqué.

Con unos graciosos tanguillos, si se me admite la redundancia, comienza la función. Las dos palmeras (Ana Romero y Vanesa Coloma), desde la balconada, cotillean a capela como en un patio de vecinos gaditano, mientras con los abanicos se hacen compás. Antonio Campos coge el relevo desde escena y se acuerda de los ‘anticuarios’ de Chano Lobato; las guitarras sordas de Antonia Jiménez y Luis Mariano le siguen por detrás. Y, de nuevo, toman la voz cantante las palmeras, alternándose en un continuo hasta el fin. Liñán baila este tanguillo con desparpajo; marcando cada una de sus cadencias y sin repetirse (lo que extraña tras un cante cíclico).

Llama la atención, como siempre, la esbeltez de este bailaor, su precisión y verticalidad; el vértigo de su zapateo y su fuerza controlada. Aunque, a veces, ese arrebato tape las guitarras, aunque ese sin reposo castigue el cante, por otro lado, a su servicio.

Después de este regalo de originalidad y frescura. Luis Mariano aborda a solas con su guitarra, limpia y amarga, una soleá por bulerías, con ese punto de queja que hace al instrumento tomar vida y cantar y llorar y clamar. Los cantaores, Campos e Ismael de La Rosa, le hacen compás y a los postres ilustran el toque con algunas letrillas.

El sonsonete continúa para el baile con brilloso bastón. Son bulerías de Lebrija, arremansás (como dicen ellos) y con mucho sabor, que el bailaor granadino aborda con gracia y desenfreno, extrayendo mil posibilidades de su partenaire de madera. Cuando suelta el bastón, se relaja y los cantaores de pie le cantan a su paso.

Las tonás de Chacón No te reveles serrana, tan morentienas, sirven de preámbulo al apoteosis final por levante, rematado por tangos de Granada. Manuel hace uso de esa elegancia circunspecta que rellena el ambiente de oles y de palmas, para estallar dando una lección magistral por los tangos de su tierra, acordándose de todos, en los desplantes y en los amagos de roneo, de los que no abusa, sino que marca con una pincelada y a otra cosa mariposa.

Una noche redonda. Posiblemente la más autentica de las que llevamos en el Corral, pues se hizo exclusiva y no de retazos de otras obras, como es el caso de las que le precedieron. Sin embargo, dos preguntas me rondan por la cabeza, que en honor de la objetividad debo de formularlas: ¿es necesario bailar con la boca, siendo un recurso que ayuda a llevar el ritmo, pero afea la imagen del bailaor?, ¿es posible, que después de un tiempo por encima del mal y del bien, el bailaor se relaje y le dé más protagonismo a la pierna derecha que a la izquierda?

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 26 de Julio de 2011 12:54 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Lo bueno si breve

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Los Veranos del Corral

Me alegro particularmente estos días por el reconocimiento que todas las bailaoras participantes en Los Veranos del Corral le están brindando al maestro Mario Maya, desaparecido ya hace casi tres años. Cada cual, desde su perspectiva y vivencias, se destoca ante uno de los grandes de la danza española, al cual, me temía, se estaba olvidando más rápido de lo que nadie merece. No obstante, en Granada, todavía tenemos una deuda pendiente.

Como digo, el primer tema que se abordó en la noche del jueves en el escenario del Carbón, fue una coplilla, compuesta e interpretada por Antonio Campos (incluso con la guitarra), dedicada al coreógrafo granadino-cordobés-sevillano. El cantaor, también de la tierra, salió solo y se le fueron incorporando el resto del equipo: Juan Antonio Suárez “Cano", con su guitarra, Luis Amador, con las escobillas de jazz, Jesús Torres, recuperando la guitarra que tañía Campos, y Rafaela Carrasco, brindando una pincelada de baile.

Y, ahí está el problema, Rafaela Carrasco ofrecía durante toda la noche “pinceladas” de baile, muy ajustado y preciso, con esbeltez y gracia en el taconeo, pero que dejaban poco sabor por lo escaso. Cuando empezaba a marcar, a vencer y a convencer, se acercaba a su anea y se sentaba.

Con todo y con eso, el espectáculo fue delicado y redondo, íntimo, como de cuartito. Amigos que se reúnen en torno a un espacio y cada uno da lo mejor de sí y, cuando encarta, la bailaora, con holgados pantalones y chaqueta larga informal (durante toda la velada), se levanta y ofrece su desenfadada pataílla sonriente, con la complicidad exclusiva de sus acompañantes.

Así, un solo de guitarra en las manos de Canito, cercano a la fiesta, es ilustrado a los postres por Rafaela; los fandangos de Huelva, valientes y modulados, acompañados con pandero, también reciben la gracia seductora de la bailaora: y las serranas, donde Antonio se acuerda de Enrique Morente, son recompensadas también por esa “pincelada”.

Momento hermoso sin discusión fueron los tanguillos a dos guitarras ('Cano' y Torres), donde se imbrican, se alternan o se aúnan, creando una verdadera obra de taracea. Aunque quizá lo más redondo, novedoso y participativo, fue un paso doble que encerraba caracoleros unos fandangos naturales 8aquí, la bailaora se complementa con una falda de volantes).

Termina la noche con una jota pura y dura. Sí, con una jotica de folclor norteño ligeramente aflamencado, que encaja de maravilla. Si no, ¿de dónde creemos que beben las alegrías de Cádiz? Un cante acompañado con profusión de pandereta, de Luis Amador, y panderos, el resto de los músicos, donde la bailaora sevillana se entrega en su totalidad.

Y, como bis, la pandereta sigue con la fiesta y una nueva entrega de baile nos es regalada, con un estratégico apagón final.  

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 22 de Julio de 2011 11:31 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Jerez por derecho

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Los Veranos del Corral

Es una pena que un ciclo como éste en el Corral del Carbón lo tengamos tan sólo una vez al año. También está Flamenco Viene del Sur y algún festival o actuación más o menos aislada. Pero un escenario donde veamos lo mejor del baile actual del mundo flamenco, aparte de esta Muestra, en Granada no lo tenemos.

El baile, lo he repetido varias veces, conlleva la evolución más interesante dentro del flamenco. Aparte de que es la manifestación más completa, pues hace participar de forma activa a la guitarra, al cante y otros elementos percutores, ya sean palmas, cajón o pandero.

En 17 días tenemos un amplio muestrario de todas las tendencias del baile actual, primando la vanguardia. ¿Qué no están todos? Normal, todos los “número uno” (o dos) no pueden estar, por diferentes motivos. Y, por otra parte, menos mal que “todos” no se reducen a ese número de diecisiete, si no estaríamos apañados.

Hasta ahora hemos tenido la visión universal de Belén Maya, la estela sevillana con Isabel Bayón y, ayer mismo, el sabor acompasado de Jerez.

Mercedes Ruiz baila por bailar, no se plantea nada, no nos cuenta nada, aunque su baile esté lleno de sugerencias. Basado en su último montaje, Mi último secreto, la bailaora jerezana nos trae unas pinceladas de su manera de sentir el flamenco.

Con traje corto, de pantalones, completamente blanco, a la manera de Carmen Amaya, propone en primer lugar una farruca de pasos largos y profuso zapateado en los postres, donde se entrevé la mano sabia de Javier Latorre. Una farruca interrumpida en bastantes ocasiones por los aplausos de un público entusiasta que, sin querer, interrumpió para su buena conclusión un ritmo necesario y alargó la pieza en demasía.

El hielo, no obstante, estaba roto. Y la guitarra de Santiago Lara (director musical de la obra) y la exclusiva voz de Miguel Soto ‘Londro’ ofrecen una seguridad evidente cuando comienzan con la granaína de Chacón, que en vez de abandonarse, como si fuera un todo, pasa a ser caracoles, que pasea Mercedes con vestido rojo de cola y natural donaire. Presa de su estudio, sin embargo, no son tan eficaces como acostumbra.

Un momento reconocido, de gran contenido emocional, son los pregones que canta Londro en solitario y a palo seco, demostrando que es un cantaor todo terreno, más bien para cantar alante que atrás. recuerda a Marchena o a Tomás.

Un solo de cajón hace que atendamos al percusionista Perico Navarro que, posiblemente, esté de más en el conjunto. Normalmente, en realidad, todos los percusionistas me sobran en unas funciones que no necesitan reforzar el taconeo, y menos cuando la bailaora canta con los pies, cuando el compás de su tacón punta es tan exacto y musical.

Ese solo de percusión, de buena factura sin embargo, introduce lo que para mí fue lo mejor de la noche: el remate de soleá por bulerías tan frescas, tan sabrosas, tan jerezanas. Con un margen importante a la improvisación y a la magia de la noche. Mercedes baila con todo su cuerpo y marca como pocas la cadencia de este cante tan de su tierra, con unos desplantes a los que no hay más remedio que decir ole.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 21 de Julio de 2011 12:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Belleza asustera

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Los Veranos del Corral

Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a no abandonar el escenario durante sus recitales, a transformarse en la penumbra y a descansar en pie. Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a la parquedad de su presencia, a un baile sereno y a su técnica precisa. Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a su mirada intensa, a sus manos palomas y a ese dominio del escenario que, sin necesidad de recorrerlo de parte a parte, siempre lo rellena.

La riqueza musical que acompaña a esta bailaora es una excusa para mostrar un baile desnudo, lleno de sugerencias y acomodaticio en ese muelle cantaor que le impulsa.

Después de escuchar las declaraciones en off de tres grandes del flamenco de la segunda mitad del siglo pasado y albores de éste, como son Matilde Coral, Mario Maya y Chano Lobato (a los que en cierta forma está en deuda), los músicos se van agrupando sobre las tablas, poco a poco, imbricando sus guitarras y sus voces. Primero Jesús Torres, manteniendo un soniquete con su guitarra, al que se le suma la guitarra de Canito, para incorporar las voces de David Lagos y Miguel Ortega, a los que José Carrasco les ayuda a hacer compás.

Isabel Bayón sube también al escenario y se abre un hueco por tangos, desplazando a sus compañeros a un segundo plano a la izquierda. A la derecha, en una silla de anea se ordenan los complementos necesarios para que la bailaora cambie de registro.

Sin apenas detenerse, en un continuo latido, el tango se aguajira y pasa a ser garrotín, donde Isabel muestra claramente la influencia de la escuela sevillana, tal cual fueron sus orígenes, y la evolución a un lenguaje propio que a su vez ha creado escuela y que tiene mucho de teatralidad (incluso interactua con un sombrero que no tiene).

Con una salía próxima a la bambera, David Lagos se adelanta proponiéndonos unas soleares trianeras, que son apolás en los postres, mostrando la valentía de una voz dulce y redonda, llena de facultades y melismas.

Entretanto, Isabel se ha caracterizado de bandolera para abordar una serrana, con su tónica habitual de parca redondez y neutra elegancia. Domina la escena y flexibiliza el hieratismo con la alegría del abandolao, que pretende ser de Frasquito, pero desemboca en moderado verdial.

Un solo de guitarra, cercano a levante, protagonizado por Canito (quizá algo oscuro), permite el descanso de la bailaora, que aprovecha para despojarse de sombrero y pañuelo y volver a ser silueta para ofrecer una farruca antológica en la que vindica la presencia femenina y seductora en un baile tradicionalmente de hombres.

De nuevo, las voces de Matilde, Chano y Mario Maya, cierran una obra que bebe directamente de En la horma de sus zapatos, presentada en el festival de Jerez de este año. Y, como sincero homenaje, remata con unas cantiñas, con guiños a Mario Maya, que en su mitad pasan a ser una grabación de Chano Lobato, con su gracia y su son, cantando por alegrías. Isabel baila con falda de cola y al estilo de Matilde, a quien le dedica los caracoles finales, que despuntan de agradecida forma coral a dos voces.

Una pataílla por bulerías toma la forma de improvisada despedida fuera de programa.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 20 de Julio de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La sonrisa que vence

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Los Veranos del Corral

Tr3s

Sorprende siempre en Belén Maya la manera de saltar a las tablas, con la sonrisa puesta y la firme decisión de pasar un buen rato. Su baile, redondo, orientalizante, lleno de los matices que conforman su legado, más que un esfuerzo es un paseo, más que una obligada entrega, por muy satisfactoria que sea, es el deseo de departir con un público anhelante la verdad de su estado.

Porque Belén, desde hace tiempo, quizá desde el principio, se ha ido creando su propio mundo, personal y, por ahora, intransferible, que la hace nadar como pez en el agua, como sirena en sus aguas, que pueden ser calmas o revueltas a voluntad. Incluso se rodea de un cuadro exclusivo. Breve pero eficacísimo en letra y número. En la guitarra, Rafael Rodríguez, le ha acompañado en bastantes ocasiones, con su lenguaje particular, con su alzapúa tan determinante, con sus arpegios y su rasgueo tan precisos, con esa forma de arropar tan agradecida. Jesús Méndez, al cante, es la primera vez que visita esta plaza. Lleno de facultades y sabiendo estar, envuelve el espacio con su voz de terciopelo, alterna el dejillo jerezano con un buen gusto a media voz que, según Manolo Caracol, es como duele. Y, dimensionando el resultado, Chloé Brûlé, haciendo compás, aunque su presencia fue limitada e incluso innecesaria en algunos momentos.

Con un resumen, por limitaciones de escenario, de su obra Tr3s, estrenada en la 21ª edición del Festival de Flamenco de la localidad francesa de Nimes, Belén Maya inaugura la XIII Muestra de Flamenco en el Corral del Carbón de Granada. Tr3s responde al decir de Manuel Machado cuando afirma que “una fiesta se hace con tres personas: una canta, otra baila y otra toca”.

Por Cádiz comienza la velada, tras unas palabras de Raúl Comba, como organizador del ciclo, dedicándole humildemente la edición de Los Veranos del Corral de este año al desaparecido Enrique Morente. Estas cantiñas comienzan y terminan sin baile, para arrancarse nuevamente cuando Belén sube a escena, como si fuera un regalo de última hora, como si fuera una larga escobilla al margen del cante oficial. Una larga coda por alegrías, donde la bailaora, más repuesta que en las últimas ocasiones que nos visitó, muestra sus cartas, la precisión en sus movimientos y ese recuerdo permanente de su padre, cada vez con más cositas (un repetido molinillo con los brazos o alguna parada táctica) y con más naturalidad, como si fuera su prolongación lógica.

La soleá, que antecede los tangos, nos muestra sin discusión la capacidad del cantaor y la frescura de melismas, mientras Rafael, a la guitarra, apunta originalidad a los postres con un rasgueo acompasado, manteniendo una nota. En los tangos, cercanos a Granada, Belén muestra el desparpajo de una buena herencia, el roneo ancestral que precisa este baile y las formas clásicas de los tangos del Petaco, ya casi olvidados. La guitarra hace un generoso punteo de bordón, mientras la bailaora muestra su característica apuesta exótica, que va creciendo y enriqueciendo la pieza cuando interactúa con el cantaor puesto en pie, neutral partenaire, y baila el silencio y ralentiza sus movimientos, a la manera de Yerbabuena, e interpreta el latido de la guitarra. Los tangos, estos ricos tangos, acaban, según costumbre inversa, con cantes mineros, exactamente con tarantos y cartagenera clásica. Es el baile que convence y que sitúa definitivamente en el universo Maya.

Un poquito por bulerías por parte de los músicos, vindicando el origen del cantaor, que rezuma detalles de La Paquera, como fiel descendiente, para pasar a una generosa entrada musical por seguiriyas, donde Belén le baila a la guitarra como anteriormente le danzó al cante. En su mitad, calla la guitarra y se proponen tonás. Es cuando la hija de Mario más se reconoce en sus formas, en su lenguaje y en el deseo de expandir su cuerpo más allá de su persona, eternizando sus movimientos, señalando a lo lejos, fijando sus ojos en el infinito, al tiempo que hunde esa misma mirada. Y, al final, congela sus movimientos como de porcelana, como esa diosa asiática que en realidad tiene mucho que ver con las propuestas de Israel Galván, retroalimentándose de su semilla.

Para terminar, con otra dilatada entrada de guitarra, Belén aborda unas cañas con vestido blanco de cola y mantón verde, demostrando el dominio de ambas prendas. Sin embargo (si se puede poner un pero a función tan excepcional), resultó un poco demasiado técnica. El rotundo efecto de su presencia, tuvo su punto de frialdad en el remate. Quizá los tangos hubieran sido la guinda perfecta de este sabroso menú.

Antes de despedir esta crónica, empero, quisiera dejar constancia de algunos elementos técnicos que, por suerte o por desgracia, influyen de forma determinante en toda actuación. Por una parte, hay que aplaudir el formidable sonido de Valeriano, que incide en la conformidad del recinto; y, por otra, hay que lamentar el desacertado tratamiento de las luces, más evidente cuando en ciclos pasados ha estado bien definido.

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 19 de Julio de 2011 10:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Corral, dulce Corral

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Mañana, lunes, 18 de julio, comienza la XIII Muestra de Flamenco, en el Corral del Carbón de Granada. Desde hace muchos años se ha convertido en cita inexcusable, no sólo para disfrutar de buen flamenco, el mejor que se asoma a nuestras plazas (salvando concreciones del Festival de Música y danza, de Flamenco viene del Sur y de algún acierto más puntual), sino para tomar el pulso al estado del flamenco actual, al menos en la modalidad de baile.

Trascendió hace algunos años la frase de aquel político que decía: “quién se mueve no sale en la foto”, refiriéndose a que hay que estar en el sitio, en su momento (más o menos). En este caso, podemos decir lo mismo. Los Veranos del Corral no son nada más un escaparate para ver el mejor paño que se vende por nuestras tierras andaluzas, es una de los balcones, la tribuna necesaria, para que el artista reivindique su posición en el flamenco. Me atrevería a decir que es el festival de pequeño formato más importante de España.

Todos, o casi todos, los flamencos jóvenes, y no tan jóvenes, que han dicho, dicen o dirán algo importante en este género han pasado por su escenario. La prueba está que, entre alguna figura ya consagrada, siempre aparece una cara nueva, un nombre que está llamado a ocupar un lugar de destacada altura. Nombres hay y otros se me olvidan. Baste decir el solo ejemplo de Rocío Molina, que se presentó al Corral, siendo todavía una niña, no con todo a su favor, y ahora es Premio Nacional de Danza.

No digo que la Muestra del Carbón sea un trampolín que encumbre a sus participantes, pero si que constituye algunos peldaños interesantes para continuar subiendo, escalones que cualquier flamenco no quiere dejar de pisar.

Prácticamente son los propios artistas los que se ofrecen para participar en este ciclo, atraídos por un prestigio que se refuerza día a día por un marco escogido, por un tratamiento técnico (luces y sonido) de lujo y un público fiel, respetuoso y entendido. Si a esto le sumamos la ubicación del Corral del Carbón, en pleno centro de Granada, y la perfecta temperatura en las noches veraniegas, únicas en toda la Península, gozamos posiblemente de una de las temporadas más gloriosas de nuestro flamenco.

Aunque esto, si no se rodea de especificaciones, es pura teoría (sentimental, si quieren). Así que, siendo pragmáticos, haré unas preguntas concretas.

¿Qué les parece comenzar con Belén Maya este lunes, 18 de julio, y acabar con Fuensanta La Moneta el jueves, 11 de agosto? ¿Qué les parece continuar con Isabel Bayón, Mercedes Ruiz y Rafaela Carrasco, el martes, miércoles y jueves respectivamente de la semana que viene? ¿Y a la siguiente, del 25 al 28 de julio, a Manuel Liñán, Patricia Guerrero, Milagros Menjibar y Concha Jareño?

¿Y, después, los cuatro primeros días del mes de agosto, a María Canea, David Coria, Nacho Blanco y Raimundo Benítez y Agustín Barajas? ¿Y para terminar el mes, o sea, del 8 al 11 en que actúa La Moneta, la Gala de los Ganadores del Certamen IAJ, La Choni Cía. Flamenca y Marco Flores? Casi nada.

Además, si nos hemos fijado, en la Muestra (exclusivamente de baile para este año), tenemos cuatro días dedicados al baile granadino que más despunta (Liñán, Moneta, Patricia, Agustín y Ray), acercando el evento a nuestra tierra.

Entre los huecos de este ciclo, para los que quieran subir nota, tenemos otro poquito de flamenco en los festivales de Huétor Vega (29 de julio), el de Maracena (5 de agosto) o el de Montefrío (10 de agosto). La 21 edición del PARAPANDAFOLK de Íllora, con presencia de Mayte Martín y Juan Pinilla, o el montaje Federico según Lorca del Ballet Flamenco de Eva Yerbabuena en los Jardines del Generalife, del 20 de julio al 27 de agosto.

Y después, por si alguien se ha quedado con falta, el Museo-cuevas del Sacromonte propone un ciclo de cine y flamenco, que ocupa toda la segunda quincena del mes de agosto, en el que destacan Pepe  Habichuela (23), Antonio Arias y J. Florent (18), Juan Habichuela Jr. (25) o la Orquesta Chekara de Tetuán (16), para abrir las noches de esta terraza sin igual.

Sábado, 16 de Julio de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los símbolos del arte

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Federico según Lorca

El universo alegórico de Federico se combina con el mundo simbólico de Eva Yerbabuena en casi dos horas de espectáculo. Como resultado, Federico según Lorca, es una obra tan críptica que crea anhelos. Deseos de aprehender todas las claves o necesidad de un libro de instrucciones que las universalice.

Eva lleva tiempo evolucionando hacia un intimismo existencial y contemporáneo, que despuntó abiertamente con Lluvia (2009) y más tarde con Cuando yo era (2010). Ese avance es fruto de sus vivencias, pero también de su herencia, su reflexión y sus lecturas.

Si le hacemos caso, los versos de Federico, el corpus lorquiano, lo llevaba en su regazo desde siempre (como, quizás todo granadino), con ganas de abordarlo, de explicarlo, de representarlo más con sentimientos que con palabras. Y llegó a él. Se topó con Federico de frente a frente, en su ciudad natal y entre sus paisanos, de los que ella también forma parte.

Un día, de principios de julio de 2011, cuando se cumplen 75 años de la muerte del poeta, Eva propone once momentos que se desdoblan a su vez para fundirse en el crudo Romancero, en el surrealista Poeta en Nueva York o en los personajes negros y reprimidos de las páginas de nuestro autor.

En el centro del escenario, un muro móvil constituye prácticamente todo atrezo. No sólo simboliza el de las lamentaciones, acercando un Jerusalén multiconfesional a la mente, sino también el de la represión, el de la intolerancia y la ceguera pacata del provincianismo convencido. El canto gregoriano pasa a ser llamado del almuédano, a la oración y a la lectura sinagogal o a todo junto, confirmando su presencia. Eva es un reloj que marca el tiempo, el que queda, el que se fue, que no volverá, mientras suenan unas seguiriyas.

El tratamiento musical de la obra en primer lugar puede que sea su mayor acierto. Paco Jarana, como nos tiene acostumbrados, ha vuelto a dar una vuelta de tuerca y construye un armazón sin abandonar la esencia digno de ensalzar. Los temas suenan como tales, pero el tempo que le imprime es desigual, casi siempre acelerado, que redunda en la belleza de la vanguardia.

Juan Diego en off recita un texto donde el poeta se cuestiona sus dobleces, cuando comienzan a sonar unos arpegios por cañas. El cuerpo de baile masculino (Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez y Alejandro Rodríguez) interactúa con el muro en una interrogante continua.

La caña desemboca en una de las partes más conseguidas del espectáculo. Unos andamios de caña sitúan la escena en un lugar de la costa, que puede ir desde Cádiz a las Antillas, y todas las bailaoras (Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno), incluso Eva, acuden a danzar un popurrí desenfadado que recorre desde la guajira a las bulerías, pasando por el fandango, el garrotín, los caracoles, los tangos del Piyayo y hasta las sevillanas corraleras. Cada joven se hace su baile particular, con más acierto o con menos, posiblemente por debajo de los varones. Algunos pasos se repiten y las diferencias con la capitana, que baila en último lugar, son evidentes.

Nuevamente los bailaores salen a escena con sendas sillas de alto respaldo. En su coreografía trasciende una de las características de la creación Yerbabuena, que es el distanciamiento de la simetría y la búsqueda del equilibrio en el permanente movimiento. Los músicos han conformado una hilera a la izquierda, dando a conocer la excelencia de su implicación. Paco Jarana y Manuel de la Luz, a la guitarra, mantienen la perfecta tensión, acentuada por la percusión (Manuel José Muñoz ’Pájaro’ y Raúl Domínguez), necesaria para que los cantaores (Enrique ’el Extremeño’, José Valencia y Pepe de Pura), en plena forma, nos hagan sentir tan buenos momentos. Son sus colabores habituales. Se entienden y se implican como si fuese un todo. Y, al final de las bulerías, tanto Valencia como ‘El Extremeño’ se dan una graciosa pataílla.

La campanilla y los almireces en manos de las bailaoras dan motivo para introducir éstos en los preliminares de la vidalita con charles de batería de fondo. Las mujeres nuevamente de negro, que son Yerma y son Bernarda, rematan este cante de Valderrama.

Del negro al negro es sin duda lo mejor del programa, donde Federico no sabemos si llega a ser Lorca, pero Eva sí es Eva. La soleá es reconocible y abrumadora. Contiene la esencia de esta bailaora que más convence de flamenca que de experimental.

Una coreografía con manzanas, fruto de lo prohibido, desemboca en el Castigo del deseo por no vestir de negro (Adela vestida de verde), por no adaptarte a las normas.

Y de nuevo la voz de Juan Diego nos dice que no ha nacido, mientras un gigante/cabezudo atraviesa el muro y suena El pequeño vals de Morente, como homenaje a otro de los grandes que nos dejó temprano.

Acaba la obra con un baile coral, Esperando turno, con el muñecón recogiendo a todos los bailaores vestidos de rojo y Pepe entonando una serrana.

En mi parecer, una obra cíclica, quizá demasiado larga y enigmática, a la que posiblemente le falte rodaje. Cuando la volvamos a ver dentro de unas semanas, pues es la obra que ocupará los Jardines del Generalife durante este verano, encuadrado en el XI programa cultural Lorca y Granada, seguro que mejorará. Será completamente esférica o caerá en su propio abismo.

`Foto promocional del espectáculo.

Miércoles, 13 de Julio de 2011 19:40 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Al compás de la poesía III

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Tercer y último día del encuentro entre flamencos y poetas. El viernes, 8 de julio, en el maravilloso escenario de la Placeta de la Ninfa (primera vez en la historia que se usa tal localización para cualquier tipo de evento), auspiciados por el FEX, la Asociación del Diente de Oro termina de quemar sus cartuchos en ésta, que representa su última actividad del curso.

El día fue diferente a los anteriores. El tablao, más pequeño, no brindaba la oportunidad de ofrecer baile. El formato era más recortado. Por otra parte, el recinto abierto, como el primer día, hacía el acto más popular si cabe.

El lujo de esa noche estribaba en que cada participante llevaba un músico distinto. Así, Sara ‘La Samarona’, que abrió el rectal, estaba acompañada con la guitarra veterana de Miguel Ángel Corral. Destacó de su actuación unas seguiriyas, arriesgadas y valientes, con texto de Juan de Loxa.

Álvaro ‘El Martinete’, en segundo lugar, bordó a solas la rondeña de Ramón Montoya, antes de juntarse con el poeta Alfonso Salazar que leyó las Bulerías a Catwoman de Ramón Repiso y Puente Verde de los franceses, de su propia autoría, con fondo de bulerías y malagueñas respectivamente.

Casi llegando al ecuador de la velada, Mati Gómez, nos sorprendió con De la luna de abril de Ángeles Mora, en forma de trilla y toná (a capela, como debe ser) y después con un dulce y brillante garrotín, con la guitarra sabia de Rafa Soler y textos de un servidor.

Aquí tengo que aclarar la abundancia de cantaores que musicaron mis textos y a otros autores ni los nombraron. Repartimos todos los poemas a todos los flamencos, con idea de que fuera variado y rico. Pero a algunos músicos se les hicieron arduas algunas letras, por lo desacostumbrado en su repertorio, sobre todo. Hubo quien directamente cantó lo que le vino bien (Lorca, Machado, Benítez Carrasco…), otros se excusaron, a los cuales les pasé algunos versos míos, tan cuadrados, medidos y rimados, como mi conocimiento alcanza, pues aporté letras flamencas y no poemas genéricos.

La guitarra de Pepe Agudo almohadó los versos de un entusiasta José Carlos Rosales. Y Fernando Barros se hizo acompañar por el piano, casi espontáneo, de Antonio Castilla.

Cerró la velada Sergio Cuesta con sus propios textos, mientras Josele de la Rosa lo arropaba. Hicieron soleá y malagueñas rematadas con fandangos albaicineros. Una gran entrega, con conocimiento y buena dosis. Un buen fin de fiestas para una actividad deliciosa para el público en general, para los artistas (flamencos y poetas) en particular y para mí como responsable. A todos, gracias.

* Sara ’La Samarona’, colaboradora en el proyecto (foto extraída de su myspace©).

Sábado, 09 de Julio de 2011 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Al compás de la poesía II

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Pensaba que la segunda jornada de Al compás de la poesía (7 de julio) iba a ser más relajada, al menos para mí. Pero nuevos contratiempos hicieron que fuera como la primera vez. De todas formas, el Corral del Carbón tiene algo mágico que incide en la esfericidad de la muestra artística allí representada. ¿Será por su espacio, será por su fisonomía, será por tanto arte que nos precedió?

Como el primer día, y como el último, un servidor hizo la presentación. Esta vez dije casi todo lo que quería decir (aunque siempre quedan cosas en el tintero).

En primer lugar dije, y repetiré hasta que el sol salga por el oeste, que lamento profundamente las decenas de personas que no pudieron entrar. El Corral es un recinto relativamente pequeño y, por diferentes cuestiones, no es recomendable que se acumule la gente en su interior, aparte de las localidades existentes. Después presenté a los participantes, recordando que cada cual presentaría a su vez su trabajo.

Iván Vílchez ‘El Centenillo’, con Álvaro ‘El Martinete’ a la guitarra y Antonio al violonchelo, rescató un texto de Lorca, de su Romancero gitano, en forma de milonga. Un poema por soleares cantadas y recitadas de Manuel Benítez Carrasco, al más puro estilo Curro Albayzín, remató su entrega. Juan Pinilla, con la guitarra certera de Josele de la Rosa, repitió los tientos con los que había musicado a Álvaro Salvador el primer día (pues el poeta estaba presente) y se marchó por fandangos, con letras de Miguel Ángel Arcas, después de que éste los recitara.

Álvaro ‘El Martinete’, que tan buenos momentos nos está dando y nos seguirá ofreciendo con su guitarra cristalina, acompañó a Juan de Loxa por levante y granaínas, para los dos poemas que propuso. De Loxa tuvo unas agradecidas palabras para el proyecto y para su coordinador (éste que os habla) y, comentó, que una iniciativa de ese tipo, de unir el flamenco y la poesía jóvenes, no se daba en Granada desde 1975. Casi nada.

Álvaro Rodríguez, con poderío y sin papeles, comenzó cantando la soleá dedicada a Morente, escrita por Sergio Cuesta y grabada en su disco Venero, mientras un inspirado Josele de la Rosa lo arropaba con su guitarra. Terminó su entrega con unos fandangos naturales de mi autoría. El relevo lo cogió David Sorroche, que también eligió mis textos para entregarse por malagueñas y abandolaos, con el acompañamiento de ‘El Martinete’.

Termina la noche con su poquito de baile, con la pincelada plástica que tridimensiona el flamenco. Juan Carlos Friebe ha escrito para la ocasión el Romance de Narciso y Eco a pares iguales para bailaor y bailaora. El recitado tiene su eco en la voz melodiosa de Carmen Huete, mientras interpretan la danza, original y sugerente, Victoria López y Andrés Giménez. En su final, quedan solos, con las palmas de Rosa Zárate y Sensi de Carlos, y el diálogo se superpone para morir Eco en soledad bajo la luna, con el clamor suave que con su cante Sensi acuna.

* Victoria y Andrés, cerrando la noche del Corral (J.C.Friebe©).

Viernes, 08 de Julio de 2011 18:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El maridaje continúa

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Las idas y vueltas: músicas mestizas del Barroco colonial con el flamenco

El 13 de diciembre pasado, Enrique Morente venció a la muerte, ahora es inmortal. Desde hacía tiempo venía intuyendo esta certeza. El miércoles, viendo a Arcángel con la Accademia del Piacere, se confirmó. Morente vive en los que siguen su estela, en los que piensan que el flamenco no acaba en el flamenco, los que con respeto y conocimiento se acercan a otros mundos para su riqueza.

Pero no sólo el flamenco y la música barroca se dan la mano y crean ese punto de unión que las hace perfectamente complementarias, sino que se asoman a la América conquistada e interactúan con los llegados y los autóctonos para crear unos sonidos nuevos con ecos inconfundiblemente ancestrales.

Un concierto que, dividido en tres partes tenuemente diferenciadas, no defraudó ni a aficionados ni a foráneos, a pesar de la experimentación.

Las tierras & las raíces, como carta de presentación, comenzó con una Improvisación sobre La Espagna, que el grupo barroco supo hacer mágico, con abundante protagonismo de la viola da gamba tañida por su director, Fahmi Alqhai, y por otros dos músicos, Johanna Rose y Rami Alqhai. En sus notas finales, aún suspendidas en el aire, se levanta la toná de un Arcángel en plena forma de afinación y cualidades.

Fue como la petición, el permiso para fundirse en dos romances de nuestro cancionero anónimo: el del Rey Moro y las Morillas de Jaén. Miguel Ángel Cortés, a la guitarra, nada como pez en agua clara. Su manera de concebir el toque y la visión orbital de su instrumento hacen que pareciera haber nacido para esta combinación. Agustín Diassera con el percusionista clásico, Pedro Esteban, forman un estupendo tándem que demuestran con un solo rítmico (quizá demasiado largo) hacia el final del programa. El cantaor onubense con la soprano Marivi Blasco encajan en un amistoso duelo de moderado grito y gorjeo sereno.

La segunda parte, dedicada a las Músicas mestizas, se abre con Miguel Ángel apuntando levante y farruca que sirve de introducción a unas folias (de las músicas más antiguas de nuestra tradición musical que cruzaron el charco) y terminan dejando solos a los flamencos para remedar al maestro ronco con su vidalita, comenzada con milonga y rematada por seguiriyas valientes, al más puro estilo morentiano.

Las danzas, como última entrega, comienza con unas marionas que Enrique Solinis, con su guitarra barroca llena de virtuosismo, introduce generosamente, al que se unen el resto de sus compañeros, finalizando esta danza antigua con unos canarios (otro baile, procedente de las islas, en compás ternario).

El flamenco puro vuelve a hacer su aparición en forma de alegrías. Fueron las mismas cantiñas que propusieron cantaor y guitarrista en su reciente visita a la peña de La Platería. Unos aires de Cádiz que dan paso a ese romance alegre conocido como jácara, que se asoma a la tierra, haciéndose bulería en los postres. Las voces magistrales. Su unión celestial.

Termina el concierto con una guaracha, que se hace guajira en la voz de Arcángel, para volver al son afroantillano y fundirse el algo nuevo o en lo de siempre.

¡Larga vida al flamenco mestizo y a la sabia fusión!

* Foto de Alfredo Aguilar para IDEAL©.

 

Viernes, 08 de Julio de 2011 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La copla en el flamenco

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Las obras poéticas realmente bellas rara vez tienen un solo autor.
Juan de Mairena, Antonio Machado

El flamenco siempre fue mestizo. Nació sin vocación de nada. No quiso ser arte ni folklore ni manifestación popular, tan sólo una forma de expresión personal que, si alcanzó a la comunidad, fue simplemente por esa suma de individualidades.

Como cualquier sentimiento, el flamenco se ha ido conformando a lo largo de los tiempos hasta lo que ahora es. Sus orígenes los podemos encontrar desde el siglo dieciséis, diecisiete o quizá antes, pues fue necesario un poso creativo y una estructura musical asentada para que este arte tuviera lugar. Así, nos podemos remontar, sin ningún temor, a las jarchas, casidas y otras cancioncillas mozárabes, a los cantos sinagogales judíos o a la transmisión castellana en forma de romances, tonadas o seguidillas, para levantar los cimientos de lo que conocemos como preflamenco. También tenemos que tener en cuenta los cantes espontáneos de nuestros pueblos. No hay localidad andaluza, e incluso española, que no tuviera en su acervo esas estrofas de cinco verso, bien en pentasílabos u octosílabos, que se llaman fandangos.

Pero no es hasta el choque del gitano y el paisanaje de Andalucía que el flamenco alcanzara carta de identidad, pudiendo hablar de él como un cante gitano andaluz, nacido en la intimidad, de la queja y la fatiga, del trabajo y del descanso, del pueblo llano, de la necesidad íntima de explicar un estado de ánimo, un sentimiento.

Así, los primeros cantes, que surgen sin acompañamiento musical alguno, adoptan esos romances y tonadas y se reconvierten en carceleras, martinetes, pregones o cantes de labor (de ara, de trilla o temporeras).

Cuando un cantaor dice que vende caramelos es porque vende caramelos y cuando dice que veinticinco calabozos tiene la cárcel de Utrera, es porque la prisión de ese pueblo sevillano consta de esos tantos penales. Verdades que se dicen al pie del arado, en la boca de la mina, detrás de las rejas o martilleando en la fragua. Y estas coplas pasan de generación en generación y son adaptadas a la realidad de cada uno, perdiendo su autoría.

¿Quién fue el primero que canto tal o cuál cosa? No se sabe. O, si se sabe no importa. Es una letra flamenca que pertenece al pueblo, conformando ese corpus oral que la UNESCO ha dado bien en calificar de patrimonio.

No hay música que beba tanto del pasado. O, dicho de otra manera, el futuro del flamenco estriba en mirar hacia delante, pero sin perder de vista nuestras raíces.

Un cante se crea y se recrea hasta la saciedad. Todo cante es igual y es distinto, depende de quien lo cante y en las circunstancias que se encuentre. No es difícil escuchar una seguiriya del siglo dieciocho junto a una letra contemporánea o simplemente con un arreglo musical del momento. Aunque la queja ha cambiado, el sentimiento es el mismo.

Decía Caballero Bonald que el cantaor no inventa: recuerda. Y es así. El flamenco revisa su historia y la de sus mayores y la expone, en principio para sí y sus mulas, después para sus compañeros de fatigas, después en familia, más tarde para la comunidad y, terminando, para el aficionado.

He hablado del descanso. La reunión familiar, el amor y la fiesta también son motivos para cantar. Así contamos con los tangos, las alegrías o las bulerías, las nanas o las bamberas, que son canciones de columpio.

Las letras van creciendo y, con esta colección de cantes populares, más o menos anónimos, se van imbricando otras letrillas, otros sentires, de nuestros poetas, bien porque estos literatos se han acercado al flamenco, bien porque los flamencos se han acercado a la poesía. De esta manera se cantan textos de los Machado, de García Lorca, de Rubén Darío, de Alberti, Ángel Ganivet, Benítez Carrasco o de Juan de Loxa, muchas veces sin saber de quién es qué.

Siempre lo he dicho, lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte, que comulgue con la realidad de otras personas y que al fin cumpla su cometido universal de concienciación genérica.

Hay autores que específicamente han escrito para el flamenco, para ser cantado, otros han sido adaptados, con más o menos acierto, de forma menos literal o al pie de la letra. Granada es una tierra cantaora. Es una ciudad con gran tradición poética y una luenga historia flamenca. Es normal que en cierta forma estas dos corrientes se entrecrucen y fluyan juntas.

Ahora, para estos recitales de Extensión del Festival granadino, le hemos pedido a un nutrido grupo de poetas que presten sus letras para el flamenco (o que compongan directamente letrillas) y le hemos pedido a los flamencos que interpreten esas letras.

En principio, el cantaor iba a meter esas estrofas por soleares, por malagueñas o por tarantas, pero el flamenco es algo más, la poesía es algo más. Así veremos el cante aludido, pero también tendremos el recitado con un fondo de guitarra o de baile; o las dos modalidades a un tiempo; o a un cantaor que interpreta sus propios poemas; o un poeta que musica sus propias letras.

Los encuentros que vamos a tener ocasión de presenciar son tan novedosos y originales como añejos y manidos en su concepto. Volvemos, como en un principio, a manifestar la queja, las duquelas o las alegrías de un grupo de personas del pueblo que, con su pluma y su quehacer cotidiano, posiblemente lo representa.

* Texto de presentación del libro Al compás de la poesía.

Jueves, 07 de Julio de 2011 11:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Verted oro viejo en moldes nuevos

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Oro viejo. Rocío Molina

Comienzo parafraseando a Lope de Vega en el título de este artículo porque es un poco difícil calibrar cómo una ‘niña’ de veintisiete años se pone a divagar o a afinar (el resultado es el mismo) sobre el paso del tiempo, sobre la juventud y la vejez, sobre la tierra que volveremos a ser, sobre todo sabiendo que la obra tiene cerca de tres años de rodaje (XV Bienal de Sevilla, 2008). Pero, tratándose de Rocío Molina, la propuesta está más que justificada. Ella que se ha acercado y ha desmenuzado la obra de Nietzsche, por ejemplo.

Somos el tiempo que nos queda, escribía Caballero Bonald, y eso parece que nos dice la joven malagueña, el tiempo que nos queda y el vértigo de los días que se detienen en una vejez reposada y contemplativa, que nos la va recordando a modo de flashes en una pantalla lateral, en la tela que ofrece al tiempo un sugerente juego de sombras de los danzantes en escena (¿recordará la caverna platónica?).

Junto al lienzo, como único decorado, aparece un banco del parque, testigo inmutable de ese devenir, representante fidedigno y simbólico del otoño de la vida. Un banco de madera que dará todo el juego a una función sin fisuras, si acaso la escasez de luz en algunos momentos.

Sobre una escalera de doble vertiente, Rocío parece contemplar el futuro (también el pasado), y se lanza al vacío, mientras sus bailarines amortiguan la caída. La arena dorada, que aparecerá varias veces, cae inexorablemente como los minutos se acumulan.

Rocío baila el silencio, baila las palabras de un anciano, baila la sabiduría de los años. Las proyecciones se suceden en primerísimos planos llenos de arrugas y verdades. Una guitarra comienza a tañer acompañada por el baterista Sergio Martínez. Esa batería que no abandonará la función en ningún momento, que funciona como latido, como metrónomo irreductiblemente ejecutor. Es el pasodoble Manuela, que se enriquece con tango y bolero, que bailan de dos en dos, y cambio de parejas, como hermoseados por un tiempo anterior.

Vestida de cenachero –antiguo vendedor de pescado malacitano– (aclaración de mi compañero malagueño José Manuel Rojas), Molina cuadra una malagueña, que pasa a ser bulerías, llena de sal y juventud. Su cuerpo de baile (Eduardo Guerrero, David Coria y Adrián Santana) se van implicando en cada una de las coreografías, tomando protagonismo, con su buen hacer, en las piezas más cómicas que suenan en off, como Limeña, la Falsa moneda de Imperio Argentina o el tratamiento clásico de María de la O.

Un momento brillante es la guajira, donde la bailaora, vestida de rosa colonial, con abanico estrecho, se hace habanera hasta prolongar su trasero. Interpretada por Manuel Valencia a la guitarra, tiene un aire sensual y soñador, donde el abanico hace de minutero y ella delicadamente, sin taconeo siquiera, recorre el escenario.

Cambiamos de guitarrista. Ahora es Paco Cruz quien aborda una milonga, cantada por Rosario Guerrero ‘La Tremendita’, aceleradas por momentos, para pasar a los tangos guasones de Ponme la mano aquí Catalina, que contienen un roneo especial (tangos que entraban en el primer repertorio del cantaor granadino David Sorroche).

Enlatada también suenan los martinetes, directamente desde la fragua. Son las voces añejas de Tía Anica la Piriñaca o de ‘El Culata’, que bailan dos de los bailaores, redondos, exactos en su paso, fieles en su entrega.

La guitarra de Valencia de nuevo canta malagueñas de Chacón que son granaínas a su vez, danzadas por rocío con bata de cola negra, descalza, como descalzos van sus partenaires, también de negro.

La caña tiene un tratamiento especial, original. Pasa de un guitarrista a otro, uno es más clásico, lo acompaña ‘La Tremendita’; al otro, más novedoso, la batería le da el contrapunto. La bailaora se incorpora a este último. Es como un diálogo, un peloteo que acaba juntándose en perspectiva de fiesta, animada por las dos palmeras (Vanesa Colomo y Guadalupe Torres). Es la evidente dicotomía de ayer y hoy, despacio o rápido, tú o yo.

Un magnífico fandango a ritmo de bulerías pone fin a una obra cargada de simbolismo y sugerencias, donde Rocío, vestida de rojo, intensifica el momento, se desborda, dice más de lo que quiere o quiere más de lo que dice, cuando risueña sonríe unos segundos en la pantalla y una lluvia de arena dorada se le viene encima, como el tiempo que se precipita, como los pasos que han quedado atrás.

Miércoles, 06 de Julio de 2011 19:17 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Al compás de la poesía I

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Ver un recital desde dentro es distinto. Aunque ya he presentado varios festivales, he saltado a los escenarios y he andado entre bambalinas, coordinar estas actuaciones es otra cosa.

Por los que no están familiarizados con las muestras de flamenco y poesía que tenemos entre manos, lo mejor es empezar desde el principio, aunque me alargue un poco (siempre está el spam).

Desde el FEX, que es la extensión gratuita y popular del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, nos propusieron hacer algo nuevo a la Asociación del Diente de Oro, ya que llevábamos varios años aportando la visión poética en nuestras plazas.

No sé de quién partió la idea de mezclar la poesía con el flamenco. La cuestión es que me tocó a mí, como navegante en ambos mares, organizar los encuentros. Los poetas, acostumbrados a estas lides, vinieron solos. Los flamencos hubo que buscarlos y convencerlos, aunque rápidamente hicieron el proyecto suyo.

La dicotomía de poeta-flamenco, o sea, poema-cante, no llegó a convencerme, pues el flamenco es tan ancho que caben muchas más opciones y sus afluentes. Así que planteamos varias posibilidades: el poema cantado sin más, el poema recitado y después cantado, el poema recitado con un fondo de guitarra o de baile…

Recogí los versos y los fui sembrando en la acostumbrada tierra de los flamencos. Había de todo. Estaba quien mandó directamente letras flamencas en forma de soleá o fandangos, estaba quien mandó canción rimada, pero hubo también el que envió verso libre. Todo se distribuyó de la mejor manera posible y se les dio plena libertad para elegir los cantes, fragmentar el poema, combinar poetas, añadirle letras populares, etc. Los artistas supieron ver el fruto maduro de antemano, y así lo demostraron ayer, y así nos sorprendieron a todos.

Al estar pendiente de veinte cosas, yo que pierdo neuronas a puñados, hubo cosas que se me escaparon. Pero es de ley hacer un repaso por lo que aconteció el lunes en la Huerta de San Vicente (con el espíritu de García Lorca girando en la anochecida), agradeciendo a todos los participantes su entrega y profesionalidad. Siento no recordar todos los palos, así que no mencionaré ninguno (quizá lo haga más adelante).

Después de unas palabras, breves, inseguras y a vuelapluma, de un servidor, abrió la noche Fernando Barros cantando poemas de Pedro Enríquez, con la guitarra de Jonathan Morillas. Después cantó Sara ‘La Samarona’, arropada por Miguel Ángel Corral y Cecilio recitando sus propios textos que después fueron cantados. Pedro Enríquez recitó con un fondo de guitarra (Rafa Hoces) y de violín (Ana María Gorbe), venidos de Valencia casi para la ocasión.

Juan Pinilla, con Josele de la Rosa a la guitarra, musicaron poemas de Miguel Ángel Arcas y de Álvaro Salvador, antes de que fuera invitado Javier Bozalongo para recitar su poema para después ser cantado. Juan, a petición del público (y para esperar a la próxima cantaora, que llegaba tarde), hizo una media granaína. Alicia Morales, como digo, por motivos de trabajo, llegó como Julio César (vini, vidi, vinci). Corriendo se cambió y subió al escenario. Acompañada por el mismo Josele a la guitarra, interpretó poemas de José Carlos Rosales y de Jorge Fernández Bustos, o sea, yo mismo.

Para finalizar, como broche de lujo, Victoria López bailó mientras recitaba Juan Carlos Friebe su propio texto, cargado de silencios y sugerencias. En los momentos oportunos Rosa Zárate, Sensi de Carlos y Sara ‘La Samarona’ hicieron palmas, jaleos y un remate por seguiriyas a dos voces.

La próxima entrega de Al compás de la poesía será el jueves 7 (san Fermín) en el Corral del Carbón. Lamentablemente con el aforo reducido. No tendrán cabida los cientos de personas que asistieron a la Huerta.

* Victoria López en la Foto (Nono Guirado©).

Martes, 05 de Julio de 2011 21:31 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Dulce en palacio

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

El palacio lo puso Quinta Alegre, el dulce Rocío Márquez. A veces se echa de menos el aguardiente en la voz, el dolor en la garganta, la entrega hecha añicos. Pero el flamenco es tan amplio como visiones tiene, y si hay quien se rompe en una seguiriya, también hay quien aroma con flores el aire de una guajira. La misma Mayte Martín causa estupor por la perfección en su belleza.

Rocío Márquez, con una voz limpia y melódica, más cercana a la canción que al quejío, rellena una noche que promete frescor después de un día de brasas. Las condiciones son propicias y el público entregado. Alfredo Lagos la arropa con una guitarra de lujo (echamos de menos un solo) y Juan Benavides aporta un sonido agradecido, inmenso, inmejorable.

Un poquito de viento en sus comienzos amenaza con enturbiar la actuación. Un viento que, como programado, solo alerta para la instantánea del comienzo de las malagueñas, aportando la brisa marina y la cabellera intonsa, como de atrezzo. Se abandolan pronto estos aires de Málaga, acordándose de ‘El Canario’ y de ‘Yerbabuena’, de nuestro Frasquito a los postres.

“Con mucho respeto” a continuación propone tangos muy cercanos a Granada, que son del Camino y del Monte y de Morente para mayor riqueza. Su voz es limpia, afinada, con modulación. El cante se acomoda a la onubense y no es la artista la que se amolda al cante, logrando una apuesta tan personal como determinada.

En tercer lugar, agradeciendo su paso por la Unión, donde se le reconoció como Lámpara Minera en 2008, Rocío nos transporta a levante con unas tarantas y uno fandangos mineros.

Sus melismas se acomodan como guante a los sones de ida y vuelta. En su salsa entona unas guajiras precedidas de bella canción habanera. Se siente larga y segura. Con un evidente eco marchenero que la delata (y, si no, de Valderrama).

Tres morillas me enamoran en Jaén, Axa y Fátima y Marién. El romance (¿villancico?) anónimo del siglo XV, introduce la soleá, que goza del mismo azúcar, para volver a sus dominios con unas farrucas preñadas de milonga, y después con un pregón muy caracolero que acaba como acaban las seguiriyas, directamente con el cambio. Quizá lo mejor de la velada. La guitarra de Alfredo se ve más suelta, haciendo uso del aporte rítmico que acostumbra (y seguimos echando de menos un solo).

Para terminar, unas ricas cantiñas ponen guinda a un pastel más grande de lo deseado, aliñadas con unos fandangos de su tierra, donde se acuerda también de Vallejo o el Carbonerillo, que funcionan como bises obligados.

* Foto © de LUIS SEVILLANO para elpaís.com: Rocío Márquez, durante su actuación ayer en el Teatro de la Zarzuela (09-03-2010).

Lunes, 04 de Julio de 2011 10:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Morente continúa dándonos sombra

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Libro de Morente

Llevo tiempo, bastante tiempo, paseando en el jardín de Borges, el de los caminos que se bifurcan. Mis días se complican y las actividades se solapan. No tengo más remedio que elegir, rezando para que no me haya perdido nada demasiado especial, rogando para sea fructífero allá donde acuda.

Ayer, miércoles 29, tenía en el FEX a las Migas, unas jóvenes, llegadas de Cataluña, que hacen una fusión fresquísima y trabajada de flamenco, que tenía ganas de ver. Pero se me cruzó, a la misma hora, en la Peña de La Platería, la presentación de un libro sobre Morente, que la revista cordobesa Boronía había editado a raíz de su admiración y respeto.

Conocí la existencia de Boronía no hace mucho tiempo, cuando J de los Planetas, me comentó que se había entrevistado con Fosforito para las páginas de dicha revista.

Después, por medio de la Diputación, llegó a mis manos un ejemplar, donde venía la charla del planeta y el flamenco cordobés, pero también una interesantísima entrevista con Morente, que ocupaba toda la portada en una pose alo Humphery Bogart.

Me entusiasmó la publicación por su tratamiento, por su rigor, por su diseño, por su cuidado… y así le escribí al director y se lo dije (tienen una página donde se pueden descargar sus trabajos en pdf).

La presentación comenzó con la proyección del programa Bis a vis, de una cadena local, dedicado al maestro granadino, que conversa con Paco Espínola y Juan Pinilla. A pesar de haberlo visto en su momento y haber leído la entrevista, que salió en el periódico, me volví a reír y a entusiasmar con las declaraciones y las salidas de ese hombre sabio.

Después actuó el Ensemble3, un trío de cuerdas (dos violines y un violonchelo) y un percusionista, que interpretaron versiones del cantaor granadino, en concreto el Pequeño Vals Vienés, La Estrella, Chiquilín de Bacín y La Aurora de Nueva York, que nos dejó un gran sabor de boca por su dulzura y presición.

El Libro de Morente, de carácter gratuito (puede pedirse a la dirección de correo electrónico, sólo hay que pagar los costes de envío) es un recorrido a través de los recuerdos y testimonios de 67 amigos, entre músicos, críticos, cineastas y periodistas que lo conocieron.

Jueves, 30 de Junio de 2011 18:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Estrella entre las estrellas

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

… He querido empezar este artículo por puntos suspensivos porque hablar de Estrella es continuar, porque tratar de Morente es un etcétera que se me antoja largo, si cabe.

Al comienzo del programa de mano, unas palabras de Estrella Morente nos advierten de su intención de homenajear a Granada, pero más bien a quien homenajeó fue a su padre o a la Granada de Enrique Morente.

La palabra que brota de mis labios desde que salí del concierto, desde que me senté en la butaca número 41 de la fila 8, es emoción. Un rimero de emociones que se agolpan en mi corazón y pretenden reorganizarse en mi cabeza. Una artista que tiembla la ausencia a la vez que se entrega, entera y quebradiza, a un público incondicional, a un pueblo que la quiere.

La estela de Enrique está presente de la primera nota que se mantiene en el aire, esa nota en off que al maestro gustaba para entonar su latido polifónico. Y es su voz la que canta. Y en su ronco suspiro el que abre la magia de la noche, cuando aparece Estrella en el balcón, vestida de diosa helena, con velo blanco, arañando el sonido de sus adentros, proponiéndonos una toná (el Pregón del Niño de las Moras), defendiendo, como pensaba Enrique, que el mejor instrumento es la voz.

… de darle caza al alcance. Así terminan las palabras de la artista granadina en el folleto que abrazamos. Así comienza y termina un poema de San Juan de la Cruz (Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance), que Estrella hace pasional canción, bella, delicada, morentiana.

El recuerdo continúa con el comienzo de esta granaína en tono de malagueñas o esta malagueña con toque por granaínas. Se trata de Montes de Málaga del trabajo Pablo de Málaga que grabara Enrique en 2008, que Estrella la hace tan suya, rompiendo moldes, quebrando sonidos, paseando arriba y abajo en una escalera tonal que parece no tener fin. Es la única vez en el concierto que la guitarra precisa de José Carbonell ‘Montoyita’ la vemos flaquear.

Con sus formas continúa, abordando uno cante de minas perfectamente asimilado, aprendido y aprehendidos desde que tenía seis años y el maestro Sabicas la animaba con su guitarra.

Y el llanto cubre al llanto, como llover sobre mojado, una soleá por perteneras se queda por la mitad, que no puedo seguir, que tengo un nudo en la garganta, que basta de meter el dedo en la llaga, parece que piensa.

Pero el dedo se hunde un poco más en forma de seguiriyas. Es la forma dramática por excelencia, es el grito de dolor, el cante que posiblemente indujera a la Piriñaca decir que cuando cantaba a gusto le sabía la boca a sangre.

El intermedio respira con la sola guitarra de ‘Montoyita’ interpretando una rondeña, que debe mucho a Ramón Montoya, alimentando la memoria, que se empreña en su mitad con los conocidos tangos de la Estrella, tocados con un tempo lento y doloroso, preces a quien se fue temprano.

El dolor se viste de fiesta en la segunda parte, con la artista vestida de negro con notas coloradas (autoría de su madre), al igual que sus músicos, su familia, que se cubren con chaleco en el que se evidencia brilloso el nombre de MORENTE. Son unas bulerías que se inician con la caña y culminan con la letrilla del gaditano Paquirri ‘El Guanté’ (los pájaros son clarines…). Desde aquí su cante se acompaña con grácil braceo y pataílla cómplice hasta el final del espectáculo.

En la percusión Pedro Gabarre Carbonell y en los coros y palmas, su hermano, José Enrique Morente y Antonio Carbonell y Ángel Gabarre. Todo queda en casa.

El laúd, tañido por José Carbonell Serrano ‘Monti’, hace aparición para rememorar los Tangos de la plaza, grabados por el ronco del Albaicín en Negra, si tu supieras (1992).

La Habanera imposible, de Carlos Cano, trae reminiscencias indelebles al llanto desgarrado de Estrella sobre los restos de su padre. Una habanera rematada con la famosa copla Calle Elvira (Granada, calle de Elvira, donde habitan las manolas), reivindicando su origen y su fin, su amor y su deseo.

Cuando el dolor duele y la pérdida es el norte, es normal que el sentimiento se imponga a la entereza. Estrella, en la primera estrofa de la canción que lleva su nombre (si yo encontrara), ante los aplausos del público reconocido, se derrumba y llora abiertamente. Termina la primera letra entre lágrimas y gemidos y, a su final, pide perdón por su duelo, por su amor, por nada.

Termina el recital con La noche de mi amor, una canción estremecedora de Chavela Vargas, a ritmo de bulerías, que formó parte de su disco Mujeres (2006), con bastantes guiños a Granada y a la Alhambra. Esta guinda deriva a boca de escenario, cantando a palo seco con el corazón terminado de estrujar. Aunque todavía al recital le queda una carta que redondea la apuesta. Es una toná, en forma de saeta, al gusto del padre, con los postreros palillos y palmas a compás.

* Me parece de ley poner esta foto, tomada de hola.com, en el Liceo de Barcelona, en julio de 2007.

Lunes, 27 de Junio de 2011 13:12 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Colombianas

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"Quisiera, cariño mío,
que tú nunca me olvidaras,
que tus labios con los míos
en un beso se juntaran
y que no hubiera nadie en el mundo
que a ellos los separaran".

Aunque la colombiana está considerada dentro de los cantes de ida y vuelta, no sólo por su nombre sino por sus claras influencias latinoamericanas, se conoce que es una creación personal de Pepe Marchena.

Sabicas decía que: “entonces estaba Marchena, es el que sacaba todos los cantes. Iba yo con él, de chavalico, que solía llevarme, y cuando no, lo encontraba en todos los sitios (...). Perdone usted, ¿qué cante ese? Pues un cante que estoy haciendo ahora el mismo; y le puso la colombiana”.

El guitarrista Ramón Montoya también se la escuchó un día y, como Sabicas, le preguntó qué cante era ese (aunque me temo que es la misma anécdota). Marchena le respondió: “Pues un cante que estoy haciendo ahora mismo, que lo acabo de crear, la colombiana. Pero, claro, no puedo poner colombiana en el programa porque de colombiana no tiene nada, la gente se va preguntar que por donde esta Colombia ahí, que no la encuentran. Entonces le pongo “creación” y a cantarlo se ha dicho”.

Ramón Montoya realiza en 1932  una nueva versión de la colombiana acompañando a Marchena y al Niño de la Flor, que hacia la segunda voz y, en 1933, la grabará de nuevo con letra de Hilario Montes titulada "Quisiera cariño mío", donde se añade los matices que poco apoco van configurando la estructura melódica del genero tal y como lo conocemos.

Romualdo Molina, en la Historia del flamenco de Tartessos comenta: “Eugenio Cobo afirma haber conversado con el propio Rafael Nogales, testigo de la presentación pública de la colombiana, que le comentó que Marchena se había basado en una canción popular del País Vasco titulada El pájaro carpintero”.

La primera letra con que la graba Marchena en 1931 es “Soy un pobre benedito”, y pertenece a una coplilla mexicana. Aunque no sabemos la aportación real de Marchena.

Su estructura métrica es de seis versos octosílabos aunque no siempre se respeta esta medida, y se basa en el compás de tangos (4x4). Pronto se le añadió estribillo, siendo los más conocidos los de “Oye mi voz” y el de “Ven a mí y cantemos los dos”. Inicialmente, de acuerdo con lo concibió Marchena, se solía cantar a dúo, aunque esta moda no perduró en el tiempo. De hecho, el propio Marchena, en su primera grabación la realizó con el Niño de la Flor. El dúo que más fama ha adquirido ha sido el compuesto por la Niña de la Puebla su marido Luquitas de Marchena, en el que acoplan una especie de diálogo cantado que seguramente tiene un origen bastante anterior y que se inicia con la letra “Arroyo claro, fuente serena”.

Posteriormente a Marchena, fue grabada por la Niña los Peines, el Carbonerillo, el Americano, Angelillo, el Chato de las Ventas, la Niña de la Puebla, Carmen Amaya, El Niño de la Huerta, José Palanca y Juan Valderrama, entre otros (Incluso él celebre Manuel Vallejo, que realizó de ella una adaptación festera, mezcla de colombiana y tango, y cuya grabación fue publicada en 1934). En los últimos años se abre una nueva perspectiva musical de este cante con la capacidad creativa que le supo aportar Enrique Morente o el sentido rítmico de Chano Lobato.

Juanito Valderrama, en “Mi España querida”, el libro de memorias y recuerdos que le escribiera Antonio Burgos, en 2002, comenta que: “Esta escuela de todos esos cantes americanos, la guajira, la vidalita, la milonga, fue mejorada luego con creces por Pepe Marchena. La cogió Marchena, e hizo famosos todos esos estilos, dichos a su forma.

Y en cuanto a la colombiana, ni fue ni vino. No se movió de aquí, porque Marchena creo en 1930. La creó totalmente Marchena, por así decirlo, de nueva planta.

Resulta que vino un trío colombiano a Madrid, al cabaré Alcázar, que estaba donde el mismo teatro, en la calle de Alcalá, y cantaba aquello de:

Quisiera ser colorete
pá adornar la carita
y darte un beso en los labios
y comerte la boquita...

Marchena iba todas las noches allí al cabaré, a un palco, se extrañaba la gente de verlo llegar y era que estaba aprendiéndolo. Aprendió aquella y otra colombiana que comenzaba:

Quisiera ser perla fina
de tus pulidos aretes
pá besarte en la boquita
y morderte los cachetes
¿quién te manda ser bonita
que hasta a mí me comprometes?

Pero de lo que aquellos hombres del trío colombiano cantaban a lo que hizo Marchena había un abismo (…). Esas canciones de allí de Colombia las cogió Pepe Marchena aquí en España, las aflamencó y las grabó en 1931, el mismo año de la República, componiendo esa nueva forma musical, junto con Hermenegildo Montes”.

El Diccionario Flamenco de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz comenta que: “Antonio Hita Hidalgo, sostiene la siguiente y documentadísima teoría acerca de la historia de la colombiana: «Este estilo no fue nunca cante de importación, pues jamás existió en nuestro país hermano. La colombiana fue creada y cantada sólo dentro de nuestras fronteras, por lo cual no debería incorporarse nunca, junto con los denominados cantes de ida y vuelta. Efectivamente, la colombiana es relativamente moderna, siempre que consideremos moderno un estilo que tiene de vida poco más del medio siglo. Su nacimiento y posterior divulgación nace de los años treinta, cuando el tan vituperado, por determinados artistas y críticos de esta generación, don José Tejada Martín Niño de Marchena, junto a don Hilario Montes, y tomando como base de su creación, entre otras formas musicales, la rumba española, realizan una composición aflamencada a la que bautizan con el nombre de colombianas y que en su segunda parte era interpretada a dos voces (esta segunda a modo de acompañamiento)”.

Por lo tanto, pienso que, si bien la colombiana, la podemos encasillar en los cantes de ida y vuelta, lo debemos afirmar con bastante cautela y aclarar, llegado el caso, de que es una creación personal con ritmos latinos y perfectamente aflamencada.

* José Tejada Martín ’Pepe Marchena’.

Domingo, 26 de Junio de 2011 13:32 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Cultura para el pueblo

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Ayer se presentó en el palacio de Carlos V, en la Alhambra, la octava edición del FEX o, lo que es lo mismo, la Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, que cumple a la sazón 60 años. O, lo que es lo mismo, un abanico pantagruélico de actuaciones gratuitas, en número superior a 60, distribuidas por los puntos más emblemáticos de la ciudad y parte de la provincia. Recitales, conciertos, danza, programas didácticos y familiares, conferencias y múltiples manifestaciones, para que podamos elegir y disfrutemos abiertamente con este esfuerzo extra de los organizadores del Festival y el respaldo completo de todas las instituciones de la ciudad y de bastantes entidades privadas.

En el mes de marzo, bajo el título de Un verano para quedarse en casa, ya publiqué las apuestas flamencas de este Festival, en las que contábamos con la presencia de Estrella Morente, Eva Yerbabuena, Rocío Molina y Arcángel.

El FEX nos trae por su parte, el miércoles, 29 de junio, a Las Migas, llamadas Reinas del Matute en la Huerta de San Vicente. Cuatro chicas (Silvia Pérez Cruz, Marta Robles, Isabelle Laudenbach y Lisa Bause), de distinta procedencia, que “colorean el flamenco con músicas muy diversas”.

El primer día de julio (viernes) tendremos el “flamenco en estado puro” de Rocío Márquez, al cante, y de Alfredo Lagos, a la guitarra, en el Palacio de la Quinta Alegre.

El miércoles, día 6, la Orquesta de la Universidad de Granada, entre otras piezas (Joaquín Rodrigo, Joaquín Turina y Ernesto Halffter), reconstruye de la banda sonora original y del film Viaje romántico a Granada, con grupo instrumental, cantantes, cantaor y guitarrista flamenco y recitador, en la ETS Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

También tendremos, y esto es interesante, porque entre otras cosas lo coordino yo, bajo la colaboración de la Asociación del Diente de Oro, la presentación de tres recitales de flamenco y poesía con el título genérico de Al compás de la poesía.

Dichas exposiciones tendrán lugar el lunes, 4 de julio, en la Huerta de San Vicente, el jueves, 7, en el Corral del Carbón, y el 8, viernes, en la Placeta de la Ninfa (Jardines del Salón). La entrada es gratuita, como en el resto del FEX, aunque el día del Carbón el aforo será más limitado.

He querido que sean lo más variado y enriquecedor posible y he planteado distintas incursiones. En primer lugar, y como base, tenemos a los cantaores que interpretan poemas de los escritores; después tenemos a los poetas que recitan con un fondo de guitarra o de baile; tenemos la mezcla de las dos modalidades, primero recitado y luego cantado; y, como cuarta modalidad, encontraremos al cantaor que interpreta sus propias letras. (Y alguna que otra sorpresa.)

Puedo asegurar, por otra parte, que la mayoría, si no todas las intervenciones, serán originales e inéditas, montadas expresamente para la ocasión y, con tiempo y perspectiva, entrarán a formar parte del acervo flamenco granadino, de la proyección de nuestros poetas de ahora y del recuerdo de la ciudad y su apuesta cultural.

Próximamente, cuando termine de encajar los actuantes definitivos para cada día, publicaré la exacta programación de cada una de las intervenciones. Lo que sí está cerrado es el nombre de los poetas y los flamencos de los que consta el proyecto, que a continuación relaciono.

Al cante estarán: Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Mati Gómez, Sara La Samarona, Iván Centenillo, Alicia Morales, Fernando Barros y Sergio Cuesta. A la guitarra: Josele de la Rosa, Rafa Hoces, Rubén Campos, Álvaro ‘El Martinete’, Rafa Soler, Petete, Jonathan Morillas y Pepe Agudo. Ana María Gorbe Martínez aportará su violín flamenco. Y el baile de Raimundo Benítez, Victoria López y Pilar Fajardo.

Presentan sus textos e incluso su voz los siguientes poetas granadinos o de adopción: Juan de Loxa, Luis García Montero, Álvaro Salvador, Alfonso Salazar, Ramón Repiso, Cecilio, Pedro Enríquez, Miguel Ángel Arcas, Juan Carlos Friebe, Javier Bozalongo, José Carlos Rosales, Ángeles Mora, Sergio Cuesta, Ernesto Pérez Zúñiga, Daniel Cundari y Jorge Fernández Bustos.

Qué lo disfrutéis.

Viernes, 17 de Junio de 2011 14:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Hay rincones…

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Creo que todavía no somos muy conscientes del valor que tiene el flamenco. Llevamos casi un año siendo Patrimonio Oral de la Humanidad, avalado por la UNESCO, y apenas unas salpicaduras se han dejado sentir. Puede que, temiendo lo peor, nos afecte tan sólo institucionalmente o a los flamencos de más alto nivel, que por otra parte no lo necesitan, o a la parte occidental de nuestra geografía, lo que se considera como la Baja Andalucía. Lo cierto es que aquí, el flamenco de base, sigue siendo flamenco de base, con sus dificultades para abrirse un hueco, para darse a conocer, para lanzar sus más elementales propuestas (por no decir, para grabar un disco o para hacerse un nombre).

Sin embargo, la demanda de flamenco sigue aumentando. Los foráneos llegan a la ciudad para descubrir la Granada monumental y la Granada serrana y la Granada nocturna… pero también la Granada flamenca.

Sin contar las cuevas del Sacromonte, que tienen el ‘turismo’ asegurado, podemos contar con los dedos de una mano dónde se ofrece flamenco en esta ciudad. Y, si buscamos flamenco de calidad, al menos decente y verdadero, a esta mano le sobran apéndices. Y, si buscamos flamenco a diario, quizá con dos dedos tengamos de sobra.

Por la posición que ocupo como cronista del flamenco, por mi labor de calle, por el conocimiento acumulado después de algunos años escribiendo casi a diario del tema, amigos o amigos de amigos tanto locales como venidos de fuera, se dirigen a mí para preguntarme dónde hay flamenco.

La pregunta es fácil  o no es tan fácil. Depende mucho de la temporada, de los días de la semana, de si buscan algo específico. Aunque siempre hay algo qué ofrecer. Callado no me quedo y, tratándose de flamenco, mucho menos.

El martes estuve en Jardines de Zoraya, en el Albaicín, por primera vez. Sabía de su existencia y su programa. Conocía su oferta y a sus actuantes (más de un flamenco me pidió que fuera a verlo, pero por unas cosas u otras lo he ido aplazando).

Ana Calí y Vanesa Vargas, al baile; Sergio ‘El Colorao’, al cante; y Rubén Campos, a la guitarra, conformaban el cuadro. Bulerías, fandangos de Huelva, alegrías o tarantos rematados por tangos, fueron sus propuestas. Unos cantes festeros de buena factura, aderezados con baile exclusivo, en un ambiente familiar, a pesar de las mesas que rodean el escenario, con una cenita para dos, asequible de precio… qué más se puede pedir.

*Foto extraída de su web.

Jueves, 16 de Junio de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La evolución de Patricia

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Victoria López, una joven bailaora que conocí hace poco tiempo, me decía que por fuera se conoce cuando vienes de Granada. A una bailaora de la tierra se la conoce, no sólo por la flor en lo alto de la cabeza, sino más bien por sus formas y por su fuerza, por esa caía hacia atrás tan sacromontana o por el especial roneo por tangos.

Pero, también es verdad, que una de las principales facultades que debe adquirir un flamenco, y si es bailaor/a más, es la capacidad de volar. El flamenco de Granada necesita alas para abandonar el nido, para ver mundo, para impregnarse de otras corrientes, para avanzar en perspectivas.

Hay buenos flamencos que no se han asomado ni al tranco de la puerta, hay y ha habido bailaores inmensos que han dormido toda su vida bajo el mismo techo. Pero hogaño se impone abrir esas alas y asomarte a la escuela sevillana y a los consejos de Matilde Coral, al concepto cordobés y la generosidad de Javier Latorre o al día a día en un tablao madrileño y la trama universal que allí se ha formado desde Manuel Liñán hasta Anabel Moreno (los dos granadinos), pasando por Marco Flores. Es necesario, para nuestra formación y nuestro espíritu, haber formado parte, aunque sólo sea por una temporada, de una compañía (Yerbabuena, María Pagés o El Junco).

Por otra parte, y ya termino con los consejos, es necesario tener ojos y ver a los demás. Hay que ser universal para llegar a ser uno mismo. Acudamos a los teatros, a los festivales y a las peñas para ver bailar a nuestros compañeros, para apoyarlos con nuestra presencia y para aprender o simplemente observar que otras cosas son posibles.

Patricia Guerrero bailó este sábado en La Platería después de haber estado fuera una larga temporada, prácticamente desde que ganó el Desplante minero en 2007. Durante este tiempo ha viajado, estuvo en Barcelona, ha visitado Japón y se ha instalado en Sevilla. La última vez que la vimos por aquí fue en la compañía de Rubén Olmo bailando en el teatro Alhambra, en el ciclo Flamenco Viene del Sur.

La evolución de esta bailaora es manifiesta. Su madurez, evidente. Su trayectoria, imparable. Está llamada, sin lugar a dudas, para tener un nombre entre las grandes. Pero ella sabe mejor que nadie que esto es una carrera de fondo, que después de un paso viene otro, que, como nos enseñó Machado, el camino se hace al andar. Sabe que sin estudio, sin ensayo permanente y sin riesgo constante no se llega a parte alguna.

Patricia siempre ha sido una esponja. Ha aprendido de todos y ha ido fabricando un baile de retales excelentes con firmas de calidad, que poco a poco ha ido adaptando a ella y aportando de su cosecha para lograr un baile cada vez más personal. Así, vimos cositas buenas que no se las hemos visto a nadie.

Se ha sabido rodear siempre de un buen cuadro atrás que sepa arroparla, después de alguna mala experiencia. Logrando para la ocasión a cuatro flamencos de lujo. A saber: Miguel Lavi, de Jerez, y David ‘El Gayi’, de Morón, al cante; Luis Mariano a la guitarra; y Miguel ‘El Cheyenne’, con el cajón, los dos de Granada.

Su baile es novedoso, rico y esforzado. Baila tonás y alegrías, separadas por unas malagueñas que bordan sus músicos. Las voces están llenas de desgarro y pellizco; la guitarra de Luis ha adquirido una rabia que, unida al preciosismo de siempre y al punto de eficacia y flamencura, lo dimensionan cualitativamente; la percusión es moderada y precisa.

La segunda parte es una soleá de buena factura que, al pasar a bulerías, baila Patricia apostándolo todo, sacudiendo sus ganas, demostrando a “su” público que avanza por buen camino.

* Foto tomada de su web.

Jueves, 09 de Junio de 2011 12:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Jóvenes con ganas

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Festival Almuñécar

Llevamos unos días trastocados. Entre el cambio de gobierno en los ayuntamientos, las reivindicaciones ciudadanas y los pepinos “envenenados”, el día a día amanece más incierto que de costumbre, que ya de por sí es riesgoso.

Se proyecta un festival en la ciudad costera de Almuñécar con casi un mes de antelación, para el que me piden que acuda a presentarlo. Bien, donde me necesiten, si puedo, allá estaré. Pero, en el tiempo de espera, el cartel cambia un par de veces, tengo que bajar en autobús y, al llegar, pocas entradas vendidas (aunque el Auditorio Martín Recuerda de la Casa de la Cultura se llenó en su mitad).

Allí, entre el descontrol, no sólo hice de presentador, sino de organizador final y de regidor. Con todo y con eso, el festival salió con bastante decencia, con momentos felices y objetivos cubiertos. (A veces la buena voluntad está por encima de la eficacia controlada.)

La velada la abren el cantaor sacromontano, de los ‘Tarantanes’, Miguel Barroso, con su guitarrista Luis Millán. Hacen granaínas y bulerías. Su voz está en perfecto estado y se entrega. Al ver la reacción del público, regala unos fandangos naturales, fuera de programa.

La joven Marian Fernández (18 años), natural de Churriana, ocupa el escenario a continuación, con el tocaor granadino Armando Morales Linares, que suena muy flamenco y que acompañará al resto de los participantes el resto de la función. Marian, con su voz potente y clara, interpreta el S.O.S. de Mayte Martín, de su disco Muy frágil (1994) y unas alegrías de graciosa factura. (Es impagable contemplar los titubeantes inicios de los flamencos.)

Afincada en Monachil, Noemí Álvarez, can sal y empaque, canta unos tanguillos, que se canta ella misma, para cerrar la primera parte.

Esta misma bailaora comenzó la parte final con unos tientos-tangos casi improvisados, aunque sabrosos, que empezó cantando Fran Cabrera, artista local, y terminó Marian Fernández. Cabrera continuó en el escenario acordándose de los tientos más añejos, para pasar a la cantaora, también de Granada, Aroa Palomo, que, con conocimiento y facultades sobradas, se templó por soleá y terminó con un ramillete de fandangos, cantados en su final a pie de escena, sin micrófono.

Para cerrar la noche, la agrupación local ‘Sabor a Mar’, dirigida por la bailaora Susana Martín, realizaron un montaje coral, muy estiloso y progresivo, que navegaba entre tonás y seguiriyas, rematadas por jaleos extremeños.

Y, para no perder las buenas costumbres, se terminó con un fin de fiestas por bulerías, al que se unió la cantaora Marta ‘La Niña’ que estaba presente.

* Noemí Álvarez en una reciente entrevista en Radio Albolote (2009), donde improvisa cantada una cuña de publicidad (tomada de su Myspace).

Lunes, 06 de Junio de 2011 11:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las peñas y el futuro

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Los Lunes Flamencos de la ONCE

Siempre se me quedan cosas en el tintero. Es difícil reflejar todos los momentos en un blog que quiero que se distinga entre otras cosas por la brevedad de sus entradas, aunque no siempre lo consigo.

Entre estas acciones a las que aludo, mencionaré a Rubén Campos, que nos dio un recital de guitarra en el Liberia, un lugar poco apropiado, pero amante y cultivador del flamenco como pocos. Su toque es trabajado y concienzudo, con un ojo en la tradición y otro en el porvenir. Su guitarra es un instrumento completo y, como tal, se afina y destempla de forma diferente según la pieza que Rubén acaricia.

También he escuchado estos días el cante de Sara ‘La Samarona’, en Le Chien Andalou (e iré a verla a la sala Príncipe el jueves), con su poquita voz, pero con su aire canastero. Suelta en los tangos y contrita en los cantes mineros. Se acuerda sobre todo de Camarón y de Lole Montoya.

Regularmente también veo a Josele de la Rosa, un joven pegado a su guitarra, a la que le saca el sonido más flamenco que puede, asemejándose a todos sus maestros, que son cualesquiera que le hagan gemir a la guitarra. Su evolución, día a día, es palpable.

Una iniciativa para aplaudir sin discusión es la oferta de Los Lunes Flamencos de la ONCE (y aquí me detendré un poco más). Desde hace cuatro a cinco meses, el último lunes de cada mes, algunos aficionados de esta Organización, presentan un breve festival flamenco para promocionar a nuestros jóvenes valores, que por suerte hay muchos y con perspectiva. Su planteamiento es el de invitar cada día a una peña y que ella aporte sus artistas entre los chicos y chicas que se mueven en torno a ella. Este lunes quien hizo de anfitriona fue la peña de La Platería, que aportó bastantes nombres (aunque, por compromisos de última hora, no pudieron acudir Ana Mochón, Gilberto de la Luz y Antonio de la Luz).

El pasado 23 fue el primer día que acudí a esta cita, pues los anteriores me habían coincidido con Flamenco Viene del Sur (que también se programan los lunes) y otros eventos. Es un formato de festival que siempre tiene su aliciente. Es necesario arropar a la gente joven, seguirla en su trayectoria, contemplar sus avances, alentar tanto sus aciertos como sus caídas. Lamentablemente no todos valen. El tiempo y la afición son jueces inapelables. Aunque, cuando se da lo que se puede, cuando se da lo que se tiene, el escenario se llena de verdad, que posiblemente es lo que más importa.

Jesús de María es un cantaor de nueve años. A su lado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’ con quince, es un guitarrista veterano. Su mentor, Curro Andrés (que también hizo las veces de presentador) está orgulloso de las posibilidades que tiene el chaval. Cantó alegrías, bien moduladas, y fue valiente, pese a sus limitaciones, por Huelva. A Anabel Collado, de catorce años, con el mismo guitarrista, ya la había visto participar en el concurso de jóvenes flamencos de la Diputación y me quedé impresionado por su potencia de voz y sus facultades. Tiene madera, aunque sus formas aún no son muy flamencas. A pesar de su juventud, le va el cante con enjundia, como las granaínas o las seguiriyas. Bien por ‘El Martinete’, que rizó el rizo tocando las granaínas en tono de rondeñas, algo francamente difícil, que también le exige al cantaor, en este caso cantaora, una concentración especial.

Iván Vílchez ‘El Centenillo’, no es que sea mayor, pero quizá le lleve diez años a esta última cantaora, que en flamenco, como en el ejército, es un grado. Le acompaña a la guitarra Francisco Manuel Díaz, hombre sin edad, tan grande como su corazón. Está siempre que se le necesita. Iván hizo malagueñas de la Trini, donde se acordó del maestro ‘Cobitos’ y demostró ser grande en el cuplé por bulerías.

* Álvaro ‘El Martinete’ en un archivo del facebook de su tía.

Martes, 31 de Mayo de 2011 09:18 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Caracoles

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Un cante flamenco bastante agradecido son los caracoles. Pertenecen al grupo de las cantiñas y tiene un evidente parentesco con el mirabrás y las romeras. Aunque se les conoce en ciertos círculos como ‘alegrías de Madrid’, son en realidad, según Quiñones, entre otros, cantes de Cádiz, concretamente de Sanlúcar de Barrameda. Supuestamente creados a mediados del siglo pasado por Tío José el Granaíno, también conocido por José el Gaditano o José el de Sanlúcar, que no es que fuera granadino, sino que, conjetura Félix Grande, vendía granadas. (Otros lo atribuyen a Romero el Tito.)

Tío José el Granaíno parece que fue picador (hablando del flamenco primitivo todo son ambigüedades), alcanzó gran prestigio en palos como la caña y los del grupo de las cantiñas. Blas Vega alude a él llamándolo ‘el banderillero de Cúchares’, aludiendo al matador que acompañaba ‘Curro Cúchares’ y lo sospecha no gitano.

También se ha teorizado sobre que este cante, de cuatro versos octosílabos habitualmente y de vivo compás, sea el resultado del aflamencamiento de una especie de cantiña folclórica bailable llamada "La caracolera", recogida en un libro de Manuel Sanz, publicado a mediados del siglo XIX, intitulado El genio de Andalucía, donde se encuentra el conocido ‘pregón de los caracoles’, de donde proviene su nombre:

Ay caracoles, ay caracoles
mocita ¿qué ha dicho usted?
que son tus ojos dos soles
y vamos viviendo y olé.

Los caracoles fueron divulgados por Paco ‘el Gandul’ (también llamado Paco ‘el Sevillano’), quien le dio dinamismo y vivacidad, y alcanzó su mayor éxito con don Antonio Chacón a finales del siglo XIX, adaptando la letra original al entor­no madrileño donde vivía. Por eso lo de ‘alegrías de Madrid’. En ellos se habla de la calle de Alcalá (en vez de Santa Cruz de Mudela), de las fuentes madrileñas o de una tarde de toros en la Villa y Corte.

Fernando Quiñones también recuerda que en la Jeroma la Castañera, zarzuelita estrenada en Madrid en 1843, con letra de Mariano Fernández y música de Soriano Fuertes, ya se cantaba eso de:

Aunque vendo castañas tostás
aguantando la nieve y el frío
con mis zapatos y mis medias calás,
yo soy la reina pa’ mi querío.

La primera grabación que se conoce es la del Mochuelo en 1907 y posterior­mente la de Chacón, con su letra típica, con la que también grabaron Bernardo, Angelillo, Pastora Pavón, Juanito Mojama, Manuel Centeno o Enrique Morente.

A nuestro desaparecido Pepe Agudo le gustaban especialmente cómo hacía los caracoles Naranjito de Triana.

* Naranjito de Triana (foto tomada del blog de Manuel Bohórquez).

Domingo, 29 de Mayo de 2011 19:42 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La Platería luce con Lucía

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No debería espaciar tanto los comentarios desde que veo una actuación. Mi memoria es flaca y además se entrecruza con otros actos y funciones, favoreciendo el olvido por interferencia. De cualquier manera, la impresión destilada del momento aún palpita en mi memoria, a veces por mucho tiempo.

Haré tan sólo un repaso general a modo de vista de pájaro y no me detendré en los detalles. En primer lugar quiero comentar muy de pasada que el baile de Lucía Guarnido no es convencional. Lucía es esbelta y bella. Ha aprendido a adaptar el baile a su altura, conocimiento y delicadeza. Cada baile tiene sus apellidos, y goza o peca de redondez excesiva. Como el héroe de las películas antiguas todo sale a pedir de boca y no se despeina en el intento. La elegancia, el respeto y la sonrisa están ensayados y como tales supeditadas a la estructura. Los símbolos son importantes y la seguiriya es negra y circunspecta y las alegrías claras y llenas de sal, por ejemplo.

Pero este día sentí algo nuevo en el baile de Lucía. Si se me permite la expresión, la vi más cabrona. El punto azucarado que a veces puede saturar, estaba limado con la fuerza y la picardía necesarias para provocar el pellizco. Su cuadro, como siempre, espléndido. Conoce, como flamenca avezada, que unos buenos músicos atrás, pueden constituir el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora.

Luis Mariano, a la guitarra, está imparable. Aparte de su tradicional sonido límpido y flamenco, ha adquirido una rabiosa pesadumbre que llega a estremecer. Al oírlo parece que toda una orquesta sinfónica se está ejecutando. En la granaína en solitario (en soledad) que abre la noche se advierte esta nueva dimensión, que continúa cuando acompaña y sobre todo en las bulerías de la segunda parte (aunque las dos se hicieron seguidas).

Antonio Campos es un trabajador del cante. Cuida sus letras como cuida su garganta. Disfruta en la escena y trasmite su buen hacer. Por soleá, por tonás o por seguiriyas es imbatible. Su entrega y dominio del compás están reconocidos. Es uno de los cantaores del panorama nacional más requeridos para el baile.

Mati Gómez empezó bailando y, como son las cosas, terminó detrás del micrófono. Su voz, aunque chiquita, es muy flamenca, llena de melismas y modulaciones. Como buena bailaora conoce el cante y el sentido del ritmo. Su cante es sincero, dulce y arriesgado.

Lo mejor que le puede ocurrir a un percusionista, lo he dicho en alguna otra ocasión, es que no se note. Que haya un latido exacto de fondo, pero que no se imponga ni de pie a discusión alguna sobre la caja o el pandero. De esto es de lo que puede presumir Miguel ‘El Cheyenne’.

Lucía Guarnido bailó seguiriyas y soleá por bulerías.

* Foto de la propia bailaora de su espectáculo "A mi aire" ©.

Viernes, 27 de Mayo de 2011 11:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un paseo por el flamenco

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Ayer recibí por mensajería un disco de promoción de la discográfica Universal Music Spain, llamado Atlas del cante flamenco. Tenía ya conocimiento de este trabajo. Se trata de una caja de diez cedés, que se pondrá a la venta el próximo 7 de junio que pretende ser “un recorrido por los rincones mas flamencos de nuestra geografía”.

Así, este Atlas del cante reúne los estilos más característicos de cada comarca cantaora, interpretados por figuras destacadas (Camarón de la Isla, La Perla de Cádiz, Fosforito, Sabicas, Carmen Linares, Chano Lobato, Paco de Lucía, El Lebrijano, Juan Habichuela, etc.).

Cada uno de los volúmenes se dedica a una geografía determinada, seleccionados por Faustino Núñez. De tal manera encontraremos: 1º. Cádiz, 2º. Los Puertos, 3º. Jerez, 4º. Sevilla, 5º. Sevilla Provincia, 6º. Málaga, 7º. Córdoba y Granada, 8º. Murcia, Almería y Jaén, 9º. Huelva y Badajoz y 10º. Otros lugares “en el que se engloban aquellos estilos inclasificables desde el punto de vista geográfico, inspirados en músicas de origen cubano o argentino”.

Además, Faustino Núñez, también compila un libreto de 120 páginas con textos seleccionados para mejor comprender esta “geografía flamenca”.

Varias cuestiones sin embargo llaman la atención. ¿Por qué el grueso del trabajo se centra en Andalucía la baja?, ¿por qué Granada aparece junto a Córdoba?, ¿por qué se abusa de algunos cantaores (Camarón de la Isla, Carmen Linares o Luis de Córdoba), mientras hay ausencias importantes (Enrique Morente, por ejemplo)?

Por otra parte, hay que manifestar nuestro común aplauso por la labor pedagógica de la recopilación; por el recuerdo de cantaores añejos, difícil de hallar de otro modo, como El Negro, El Borrico o la Piriñaca; el protagonismo del gran cantaor granadino Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, en cuatro cortes del trabajo (Granada, Málaga y Sevilla); y por la presencia también de otros flamencos de la tierra, como son Juan Habichuela, El Polaco, Alfredo Arrebola, Estrella Morente y Marina Heredia.

Miércoles, 25 de Mayo de 2011 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Andrés Marín y su lenguaje

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Flamenco Viene del Sur

Al hablar de Andrés Marín parece que tenemos que “justificar” su baile de alguna manera, tenemos que leer entre líneas, tenemos que teorizar sobre un flamenco nuevo. Sin embargo, llevo escribiendo de este bailaor sevillano desde hace seis o siete años, que vino al Corral del Carbón por primera vez con su sorprendente propuesta. Me niego por tanto a darle el calificativo de inédito.

Su baile ya es maduro, con muchas vueltas sobre sí mismo, muy consciente de su camino y, posiblemente, de su meta.

Andrés es un camaleón que ha abandonado toda la majestuosa superficialidad para quedarse exclusivamente en la esencia. Es como si bailara desnudo, como si fuera un jardín japonés, todo en su sitio, minimalismo extremo donde una simple piedra es una poesía.

Y esta parquedad la lleva desde su perfil de navaja hasta su sobrio vestuario, siempre negro, siempre el mismo. Sus movimientos quebrados tienen un sentido, como su perfecto desafeitado, como su ausente sonrisa.

No rompe, como puede parecer, sino que deconstruye cuando el armazón se sostiene por si mismo. Cada pieza ocupa su lugar en el desmontaje y aparece en otro lugar formando algo que quizá sea lo mismo pero con un lenguaje distinto.

Así, el bailaor sevillano se hace cosmopolita y sugiere una universalidad llena de matices, de marcajes perfectos, de preciso compás. Porque la esencia de una rosa nunca se pierde.

Decir de ¡Ay Alameda! que es un “recital austero” es volver sobre lo mismo. ¿Qué no es templado en este bailaor? Es un homenaje al barrio homónimo sevillano y a su tiempo de esplendor, tan sólo ambientado con la guitarra exacta, jazzística y flamenca de Salvador Gutiérrez y el cante añejo y redondo de José de la Tomasa, quizá el último gran cantaor de la Alameda.

Marín comienza por soleá un montaje en blanco y negro creado expresamente para presentarlo en Granada. Mientras el cante nos une a un jondismo de solera, la guitarra atraviesa fronteras y el baile se regodea en su propia órbita en la que mantiene un pie en la tradición y el otro en el abismo de la búsqueda siempre constante. Tomasa anuncia la caña y se asoma al fandango. Después aborda granaínas y abandolaos, rematadas por rondeñas. Andrés se regodea en el cante y su aplauso interno va para los artistas que componen su cuadro. Salvador tiene un esquema extraordinario en la cabeza con mil cambios guitarrísticos, mil cambios de ritmo, mil llamadas, mil silencios. Bobote, de los imprescindibles del compás de este país, se encuentra un poco perdido con tanta mudanza.

La farruca es un alarde de facultades y de sabor. Punto neurálgico del espectáculo, donde vence y convence, incluso a los más ortodoxos. Y si no, propone a continuación unas alegrías que son definitivas. Por levante, el cantaor no está todo lo fino que acostumbra, sobre todo en la salía de la cartagenera. Y en las bulerías, el baile se torna más clásico, si cabe, para todos los paladares.

Por seguiriyas y por un poquito más de bulerías termina una noche, y Flamenco Viene del Sur, en su edición 2011, que quizás haya representado lo mejor del ciclo.

* Foto de Antonio Conde©.

Sábado, 21 de Mayo de 2011 10:52 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Macanita sólo cumplió

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Leo en el diccionario de la Real Academia el significado de ‘macana’ y, como segunda acepción, define que es el artículo de comercio que por su deterioro o falta de novedad queda sin fácil salida. En seguida borro de mi mente tal definición por errónea. A Tomasa Guerrero le quedan muchos años de gloria. De hecho, es una de las voces más definitivas y definitorias del cante jerezano. Pero, no sé por qué, que en parte los académicos han dado en el clavo. La evidente falta de ganas de la artista este sábado en la peña de La Platería fue evidente. No se esforzó, no pellizcó, no rompió como es debido y como nos tiene acostumbrados.

Peno ¿estuvo mal? La cuestión es que no estuvo mal y sus valores y facultades sobresalían a cada paso. Sus cantes eran redondos y sus remates apreciables. Pero una artista de su categoría no se puede permitir esas flojedades ni siquiera en sus días malos. Además, salvando esta cortedad que puede ser inevitable, la sensación de ningunear a los presentes por tener algún cable tergiversado no es perdonable.

Desconozco las razones y no deseo hurgar demasiado en la llaga, pero el aura de diva que le hizo acortar su actuación y tratar a los parroquianos como ajenos, estuvo fuera de lugar.

No sudó La Macanita y no sudó el guitarrista, Juan ‘Parrilla’, cuando su nombre le precede. Su guitarra sonaba metálica y no arropaba como acostumbra. La primera parte se solucionaría con la segunda, pensamos, pero no quedó ni en el intento.

Comienza por tientos-tangos y sigue por soleá y por malagueñas. Está en su terreno, pero no termina de llegar. Aunque se le reconoce el poso de cantaora, el aguardiente en la voz clara (menos que otras veces), el compás jerezano (apoyada por las palmas de Gregorio y Chicharito). Termina por bulerías su primera entrega.

Su segunda propuesta comienza por levante, una taranta pasable y una cartagenera fuera de lugar. Sigue por seguiriyas, donde debía lucirse. Igualmente nos quedamos con las ganas. Remata su recital por fiesta. “Ahora voy a cantar por bulerías y a bailar para todos ustedes”, nos dice, como se les conforma a los extranjeros en el tablao. La guitarra, sin embargo, no se retira del micrófono cuando ella se levanta para ilustrar su cante, sin megafonía, y regalarnos un bailecito. Ahí su compromiso descafeinado.

* Foto de flamenco-wold.com©.

Miércoles, 18 de Mayo de 2011 12:27 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las formas de Sergio Gómez

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Lo he repetido varias veces, la sala de música La Chumbera presenta unos valores indiscutibles. Su programación permanente durante todos los sábados del año, a excepción del verano y la Navidad; sus precios populares; su ubicación; y su espaldarazo a los flamencos jóvenes de Granada, la hace digna de admiración y respeto. Quizá no sea el auditorio perfecto en cuestión de ambiente, de acústica o de luces, pero su labor y garantía están asegurados.

Como es natural, encontramos altibajos en la suma de sus días. Pero también nos llevamos agradables sorpresas, como el día en que bailó Luis de Luis o este mismo sábado pasado con la presencia de Sergio Gómez ‘El Coloraíto’ y su cuadro flamenco.

Sergio tiene buen gusto, siempre lo ha tenido; una voz rica en modulación y armonía; una apuesta que va más allá de lo convencional; un conocimiento profundo de los cantes. Toda esta investigación, que posiblemente le ha llevado toda la vida, puesto que el flamenco lo tienen presente desde que nació, al pertenecer a una de las familias con más arraigo en nuestra ciudad, ha servido para tener unas formas muy personales. Sergio conoce lo que hace y lo adapta a sus facultades. El cante no es una materia rígida a la que abrazar, sino un fluido maleable que se vierte en el molde de los cantaores que conocen sus vueltas.

Así tenemos un lenguaje nuevo para el pellizco de siempre. Como dijera López de Vega, es necesario verted vino añejo en odres nuevos. Tenemos igualmente una propuesta actual, rica en matices y en personalismos. Porque el cantaor granadino se ha sabido rodear de un grupo de músicos que entienden su lenguaje y están a la altura.

Alfredo Mesa nos está dando últimamente bastantes satisfacciones a la guitarra. Su limpieza y su fraseo; su trabajo constante; y su fijeza en los clásicos, son sus signos de referencia. Ana Calí, al baile, es cálida y precisa. Sus pies, tremendamente limpios, hablan como ningunos. Al contrabajo, Joan Massana, da un contrapunto necesario, que no se limita tan sólo a acompañar. José María Petaca, al piano, salpimenta los temas con solos de gran belleza. Y ‘El Moreno’ es de los percusionistas más efectivos y respetuosos de nuestro panorama local.

Unas granaínas ponen claro desde el principio la dulzura y posibilidades del protagonista. La zambra caracolera (La Salvaora) pronto se convierte en zambra sacromontana, ilustrada con poderío y recursos por la bailaora.

Pero, cuando la noche adquiere un carácter especial y único es cuando se aborda la farruca. Un cante que Sergio ha sabido adaptar con perspectiva jazzística y contemporánea. Como resultado escuchamos una balada flamenca moderada y sensual de gran altura.

Las bulerías demuestran el poso flamenco y el compás de este artista. Es un todoterreno que se conoce a la perfección y conoce los caminos que transita. Para terminar, unas alegrías ponen la guinda o una noche sin desperdicio. El baile de Ana Calí es inconmensurable, su entrega radical, su presencia definitiva y su zapateo redondo y efectivo.

* Ana Calí, tomada de su web©.

Lunes, 16 de Mayo de 2011 11:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Reconociendo a Manolo Osuna

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Como advertí, el flamenco no cesa, como el rayo de Miguel Hernández. La noche del viernes tuvo lugar el homenaje a Manolo Osuna, cantaor con la voz de pozo y la mirada infinita, aún a sus ochenta y tantos años. El festival fue en el Palacio de los Córdova, uno de los escenarios más bellos entre los escenarios bellos al aire libre de Granada.

Antes de meterme en materia, creo que debería hablar de las formas, pues, aunque todo homenaje sea bienvenido, hay detalles que enrarecen los motivos.

La primera certidumbre es que fue un acto francamente electoralista, promovido por el partido y con preferencia de los primeros ediles de la ciudad. Seguidamente, creo que fue un golpe bajo con respecto al festival de Asprogrades, que estaba anunciado desde tiempo ha ese mismo día en el Teatro Isabel la Católica. Supongo, por otra parte, que el cartel estuvo impreso antes de avisar (¿conminar?) a los artistas para que participasen, lo que explicó algunas ausencias de altura (Estrella Morente, Antonio Canales, Miguel Ochando), lo que afectó a los asistentes que habían acudido atraídos por tales cabezas…

Pero, como digo, el festival fue festival, el flamenco fue flamenco, la gente respondió en masa (unas 500 personas, cálculo), y el homenajeado se llevó el calor de la gente y un generoso aporte económico para seguir tirando. Porque Manolo, como muchos flamencos de su época, vive el momento, más vale pájaro en mano y Dios proveerá.

Como dijo Curro Albayzín en la presentación, si hubiera seguido en Sevilla y no se hubiera afincado en Granada, la tierra del olvido, sería un cantaor reconocido, a la altura de Caracol o Mairena, porque facultades tiene, porque conocimiento le sobra, porque es flamenco desde que se levanta hasta que se acuesta. Porque nuestro árbol da grandes y sabrosos frutos, pero maduran y caen al suelo ante indiferencias varias, a no ser que vuelen para ser saboreados en Madrid, en Sevilla, Barcelona o Jerez. Léase Cobitos, léase el Nene de Santa Fe, léase la saga de los Coloraos…

Muchos flamencos se acordaron en este día de Manuel Torres, el Niño de Osuna. Muchos quisieron reconocer a un vecino tan entrañable del Albaicín y del Sacromonte, así como reconocen al artista, así como reconocen al maestro. Todos lo conocen. Todos lo conocemos y nos destocamos en su presencia. Qué no se pierda su arte, qué no se apague su voz, qué el tiempo no nos venza de nuevo. Hay quien, me dijeron en el festival, está recuperando sus grabaciones y lo está haciendo cantar para mantener su testimonio. Porque aún goza de buena voz, de talento y de memoria, y, aunque ya no tenga las facultades de su gloriosa madurez, mantiene un brillo encomiable.

Es difícil hacer mención de los flamencos que pisaron el escenario de los Córdova por la cantidad y por cierto miedo a las malas pasadas del olvido, pero sí quiero destacar algunos momentos exclusivos como las seguiriyas de ‘El Parrón’, como los tangos de Marina Heredia, donde un improvisado guitarrista (Alfredo Mesa), dio una lección de profesionalidad, el baile por alegrías de Juan Andrés Maya o Angustias ‘La Mona’ por soleares.

* Manolo Osuna con Jaime Heredia "Parrón" en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 2009 (foto probablemente de Antonio Conde para deflamenco.com).

Sábado, 14 de Mayo de 2011 11:49 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Del Japón al futuro de la guitarra

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Llevo días sin actualizar el blog, y no es por falta actividad, sino todo lo contrario, por falta de sosiego. Llevo unos días que mi tiempo no me pertenece y ya guardo demasiadas cosas que se van diluyendo en mi cabeza. Intentaré, no obstante, hacer recuento y, si no afino en los detalles, al menos expondré la esencia.

La verdad, lo confieso, me da cierta pereza rememorar en forma de análisis estos días pasados que absorbieron mi mente y casi mi cuerpo como en una abducción extraterrestre. (Lo suyo sería dedicar un post a cada una de las acciones vividas, pero ya digo, entre la pereza y el miedo de que se acumulen más aconteceres, y como una bola de nieve, cada vez más grande, ruede en avalancha arruinándolo todo a su paso, decido componer un cajón de sastre (que a veces puede convertirse en ‘desastre’) y exponerlo todo como si fuera una sola columna con aristas.)

Lo mejor será empezar por principio. Quiero dar unas pinceladas desde la noche del sábado, en la que, como siempre que puedo, hago doblete. (Tan sólo reflejaré mi actividad flamenca.)

Aterricé en primer lugar en La Chumbera, donde Eiko me había insistido, sin necesidad a que fiera a ver a sus “Cerecitas del Japón”.

Eiko cumple treinta años de relación con Granada, el baile y el flamenco. Lleva treinta años yendo y viniendo desde su país natal a este rincón de Andalucía para impregnarse de nuestro arte.

Yo nunca la había visto bailar, a pesar de nuestro contacto. De ella sabía su desmesurada afición y su disciplina. Sabía que empezó bailando con Mariquilla y que pronto se convirtió en su colaboradora. Sabía que ganó un concurso de sevillanas en la misma Sevilla (1983). Sabía que mantenía una academia en Tokio (desde 1997), muy afamada, por donde han pasado cientos de japoneses.

Su intención era traer a veinte chicas para bailar y mostrarnos que Tokio, como dije recientemente, es otra de las ciudades andaluzas. Pero las circunstancias actuales sólo han permitido que se acercaran a la península seis de sus alumnas.

En primer lugar destacaría la gracia de estas bailaoras, metódicas donde las haya. Unas más sueltas (lamento no poder dar nombres; daría colores pero nos vamos a quedar igual) y otras más tensas, su ejecución fue milimétrica y academicista. Parece que hasta las sonrisas estuvieran acordadas.

Por parejas, tríos o en conjunto, fueron abordando bailes clásicos (alegrías, tientos, guajiras y colombianas, bulerías), elevando un bastión que llenó el ambiente de oles y de orgullo.

Un momento simpático fue cuando todas, aun sin chapurrear el castellano, cantaron al unísono La Reja con tremendo desparpajo.

En cuanto a Eiko, la maestra, es un derroche de clasicismo. Lo tiene todo aprendido y aprehendido y nos recuerda a tantas… Sus bailes son completos y redondos; distendidos en apariencia, pero que no deja el mínimo resquicio a la improvisación y el duende golpea en una jaula.

Es digno de mención, por otra parte, el cuadro que las arropa. A veces los músicos de atrás son el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora, si no más. a las guitarras se entendieron a la perfección Luis Mariano y César Cubero; al cante se complementaban, y distanciaban al mismo tiempo, Mati Gómez y Manuel Heredia.

Mis pasos se apresuraron a la salida para dirigirme a La Platería para asistir al acto de entrega de la Insignia de Oro de la peña al joven tocaor David Carmona que, tras la imposición de dicho reconocimiento, hilvanó grosso modo el concierto que le valió el Giraldillo como Artista Revelación en la pasada Bienal de Sevilla.

No desglosaré todos los temas que abordó, que, empezando por tarantas y acabando por bulerías, llenaron la peña de flamencura. Simplemente diré que nos encontramos en otra dimensión. La forma de componer e interpretar de este alumno aventajado de Manolo Sanlúcar sigue unos esquemas tan distintos, ricos y melódicos, que para mí lo sitúan claramente en el futuro de la guitarra, una vez que se quiera pasar página a Lucía, Amigo, Riqueni, Serranito y tantos otros, como éstos sustituyeron a Montoya, Manolo de Huelva o Sabicas.

Sin embargo, y es algo importante, el tocaor granadino suena flamenco, está lleno de pellizco y tocado por esa varita que sólo se pega a los grandes, que desprende ese aura exterior, que en realidad es parte de grandeza inconmensurable que encierra en sus entrañas.

Y, como buen director de orquesta, se supo rodear del cante modulado y formal de la onubense Carmen Molina (grande por fandangos) y por los respetuosos percusionistas Agustín Diassera y Miguel ‘El Cheyenne’ (así sí).

El lunes acudí a la cita inexcusable de Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El gran tocaor Pedro Sierra presentó su espectáculo ‘Tres movimientos, tres puñales’. Pedro es un tocaor preciso, limpio y muy armónico. Es un gran compositor, hasta desarrollar un lenguaje propio y un discurso muy agradable. En la primera parte salió solo con su guitarra, haciendo rondeñas y bulerías, granaínas y farrucas. Después se rodeó de su gente y de sus carencias y hallamos altibajos. La Tobala, su mujer, al cante abordó tientos-tangos, seguiriyas, fandangos, alegrías… También Jardana, la hija de ambos, mostró la madera verde que aún tiene ilustrando un poquito las seguiriyas y las bulerías. Y, a las palmas y coros, tres jóvenes que igualmente despuntan.

Momentos destacados del guitarrista catalán fueron sus ricas cantiñas, en las que se asomó a Córdoba, Arcos o Morón, y su abrazo a Extremadura, con sus tangos y jaleos. Al finalizar se dio una generosa pataílla por bulerías bastante simpática.

El miércoles, solicitado por una asociación de amigos de la historia, di una charla en un centro del Zaidín sobre “Los gitanos en España”. A pesar de la poca asistencia, fue una sesión completa y metódica, enriquecida con diapositivas y documentos sonoros.

Desde sus orígenes, en tierras indostánicas, me remonté hasta su arribo a la península y el transcurso de los siglos hasta la reciente expulsión de los rumanos en Francia. Y, cómo no, del origen del flamenco como cante gitano-andaluz. El interesante debate final se centró en las entretelas del flamenco y la disyuntiva del cante gitano y no gitano.

Ayer, o sea, el jueves tuvo lugar un festival flamenco en beneficio de Japón en el Teatro Isabel la Católica, en el que se acordaron grandemente también del reciente terremoto de Lorca (Murcia). Tres horas de reloj duró el evento que sin embargo fue dinámico y sabroso. Quiero destacar como positivo la masiva respuesta del público asistente, la proliferación de artistas japoneses en el escenario (algunos llegados expresamente para la ocasión), la incondicional entrega de los flamencos de granada, siempre dispuestos a echar una mano, la presencia de otros músicos llegados desde Madrid o Inglaterra, la presentación siempre sabrosa de Curro Albayzín y de Naemi Utea vestida con kimono, a la japonesa, con toda la seducción a su alcance, Juan Santos del Eshavira como promotor...

…Así, el vértigo, como digo, ocupa mis días. Esta noche, entre otras cosas, hay otro par de festivales benéficos. El de Asprogrades, en el Teatro Isabel la Católica, y el otro es un espaldarazo al gran cantaor octogenario Manolo Osuna, en el Palacio de los Córdova. El sábado se satura en las peñas, tablaos y demás. Sólo hago mención sin embargo al último festival benéfico, por ahora (y van seis en poco más de un mes), para ayudar a los enfermos del Corazón, en el que nos deleitará Juan Habichuela Jr. (otro de nuestros grandes guitarristas) en el Teatro Municipal de Alhendín. Y, aunque sea semiprivado, informaré que en La Platería cantará Tomasa Guerrero Carrasco ‘La Macanita’. Esto es nada.

* Un campamento gitano cerca de Arlés, Van Gogh (1888).

Viernes, 13 de Mayo de 2011 12:29 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Festival Flamenco a beneficio de Japón

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Granada se suma a las iniciativas solidarias surgidas en toda España para ayudar a los damnificados del pueblo japonés

El próximo jueves, 12 de mayo, tendrá lugar un Festival Flamenco en el Teatro Isabel la Católica a beneficio de las víctimas del terremoto, tsunami y escape nuclear que viene azotando a la nación nipona desde el pasado 11 de marzo.

Resulta extraño que haya que ayudar a componer a un pueblo que se ha erigido por méritos propios en una de las mayores potencias del panorama internacional. Parece mentira que acudamos al eseoese de los japoneses cuando son ellos siempre los que prestan sus recursos a las naciones desfavorecidas. Pero es así. Ningún país, por preparado que esté puede escapar de los efectos de un terremoto de dimensiones extraordinarias, más sus réplicas; de un tsunami; y de un escape radioactivo, que amenaza continuar.

Como resultado se encuentra parte del país destrozado, bastantes afectados directamente, multitud de familias evacuadas de las cercanías del reactor nuclear (20 km. a la redonda), aguas y alimentos contaminados…

Ante todo esto, la población ha sabido afrontar el drama con una abnegación admirable. La disciplina y la entereza del pueblo japonés, la reacción cívica y la actitud valiente de los ciudadanos han sido un ejemplo para el resto del mundo.

Todas las miradas se han dirigido hacia el extremo oriente, todas las manos se han alzado por tamaño desastre, todas las conciencias se han removido sabiendo donde hay que tapar heridas. La ayuda internacional se ha puesto en movimiento. Países, instituciones y ONG se han volcado con la causa, como con otros problemas globales. Pero también la ayuda individual da sus frutos, entre ellos los flamencos. Desde hace bastante tiempo existe una hermandad tácita entre el flamenco y el pueblo japonés. Si a Madrid se le ha considerado la novena ciudad flamenca andaluza, Tokio sería la décima. Japón no sólo recibe y aplaude a los artistas que llegan de España, sino que muchos de los festivales nacionales están sustentados con público nipón. Es más, en el País del Sol Naciente, proliferan las academias de baile y de guitarra flamenca, incluso de cante, y se puede decir, sin lugar a dudas, que sus intérpretes son artistas de contrastada calidad.

En Sevilla, Madrid, Talavera, Sanlúcar… ya se han celebrado festivales flamencos de apoyo. El próximo día 12, la solidaridad parte desde Granada. Artistas japoneses, afincados en la ciudad, junto a flamencos locales, ofrecerán una velada solidaria rebosante de arte y flamencura en el teatro Isabel La Católica.

Hacer una relación de los artistas que participarán esa noche puede que canse tanto al que escribe como al que está leyendo esta nota. Baste decir que todas las puertas se han abierto y voluntariamente todos los flamencos, instituciones y particulares se han ofrecido a colaborar en el evento.

De cualquier forma, por mor de la noticia y para satisfacer la normal curiosidad del lector, destacaré algunos nombres. Al cante, por ejemplo, tenemos a Jaime ‘El Parrón’, Juan Pinilla, Pepe Luis Carmona o Sergio ‘Coloraito’; al baile: Juan Andrés Maya, Iván Vargas o Pilar Fajardo; y a la guitarra: Rafael Habichuela, Juan Habichuela Jr. o Josele de la Rosa.

También habrá espacio para otras músicas, como las percusiones de Rubem Damtas, la música árabe-andalusí de Jalal Chekara o el piano de Mai Kikuchi, entrando ya en la representación oriental, que se complementa con la flauta de Lara Ushijima, el violín de Maya Yoshida, o el baile de Eiko Takahashi, Aska Shoji, Eiko Watanabe. La presentación correrá a cargo de Noemí Ueta y Curro Albayzín.

La recaudación, tanto del festival como del aporte a una cuenta habilitada al efecto (0081 0085 66 002202029), irá a parar a la organización humanitaria Rotary-Club, que colabora directamente con la Cruz Roja japonesa.

En una charla con parte de los artistas japoneses que intervendrán en el festival, ante la pregunta sobre las esperanzas del concierto, respondieron que, aparte del imprescindible aporte económico, es necesario remover las conciencias sobre lo vulnerables que somos y el futuro incierto del hombre y la energía nuclear.

* Artículo publicado en Granada Hoy el 8 de mayo de 2011.

Domingo, 08 de Mayo de 2011 13:09 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un guitarrista de oro

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Mañana sábado, 7 de mayo, recibirá el joven guitarrista David Carmona la Insignia de Oro de la Peña de La platería, un galardón que ya han recibido Enrique Morente, Manolete o Juan Pinilla, por su relación con la peña y su compromiso con el flamenco.

David Carmona es un músico particular que, más pronto que tarde, se convertirá en un guitarrista esencial en el panorama flamenco andaluz. Desde 2005 forma parte del grupo de Manolo Sanlúcar, no sólo como segundo guitarrista, sino también como fiel heredero de sus formas y su manera de componer. Según el maestro: es el referente del futuro en la guitarra. Pero además, David cuenta con una frescura y una intuición sobresalientes que, unido a un incansable estudio y un ensayo permanente, lo sitúan para un futuro próximo en la cumbre de los músicos flamencos.

El año pasado obtuvo el Giraldillo en la XVI Bienal de Arte Flamenco de Sevilla como artista Revelación con un programa redondo y creativo que le ocupó hasta cinco años de su joven vida (los mismos que ha ido acompañando a Sanlúcar).

Mañana (hoy, si lo leen el mismo sábado) tendremos a David Carmona en concierto en la peña albaicinera, en su peña, que le entregará un reconocimiento de amistad y prestigio, con el que todos los flamencos nos que conocemos al santafesino sentimos orgullosos.

* Foto: Nono Guirado©.

Viernes, 06 de Mayo de 2011 18:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Escuchando a Cobitos

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Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’

Manuel Celestino Cobos, entre los aficionados granadinos, pasa por ser una leyenda de buenas maneras y facultades innegables que, sin embargo, no ha cruzado nuestras fronteras por decisiones personales (“siempre se preocupó más del prestigio y de su felicidad personal que de la fama”, explicó Miguel Ángel González) y por limitaciones de la época (tenia una voz siempre afinada y bastante estilosa pero muy delgada como para romper en escenarios abiertos sin megafonía).

Ahora, el martes pasado, dentro del programa Patrimonio Flamenco, La Diputación de Granada, a través de su oficina Granada Universo Flamenco, ha realizado y expuesto el Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ en Palacio de los Condes de Gabia.

A los 25 años de su desaparición, es de ley reconocer su figura y su alcance como maestro y guía de todas las generaciones de cantaores que han surgido detrás de él.

De esta forma se ha recuperado parte de su legado como cantaor y como persona. En una jornada intensa en la peña de la Platería, un puñado de artistas jóvenes (Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Esther Crisol, Ana Mochón, Iván Vílchez ‘El Centenillo’ y Sergio Gómez ‘El Colorao’ y las guitarra de Luis Mariano y Antonio La Luz) han puesto voz a sus interpretaciones, demostrando que su estela sigue viva y en buena salud.

El documental, imprescindible, de difusión gratuita, dirigido sabiamente por el flamencólogo Miguel Ángel González, nos muestra el apreciable testimonio de Curro Albayzín, Curro Andrés, Francisco Manuel Díaz, el mismo González y Ana Hermoso, nieta de Cobitos, contemporáneos, amigos y admiradores del cantaor, que van desgranando, de forma distendida y familiar, las andanzas tanto profesionales como del día a día de este hombre, rico en anécdotas, elegante como el sólo, bromista, tan casero como callejero y censor de guitarristas, a los cuales dirigía y sancionaba con una mano impertérrita en el muslo.

Sábado, 30 de Abril de 2011 12:09 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Un río de agua dulce

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Flamenco Viene del Sur

Otra propuesta arriesgada. Después de algún rodaje, desde su estreno en el XIII Festival de Jerez (2009), Ángeles Gabaldón nos trae una fluida propuesta a través de la historia del Guadalquivir, “un paseo flamenco por el Río Grande andaluz”. En principio, la idea es sabrosa y llena de posibilidades que, sin embargo, no llega a enganchar. El minimalismo corre el riesgo de convertirse en algo insustancial.

La bailaora sevillana comienza en el suelo, vestida de tierra. El río se despereza y ella, cercana a lo contemporáneo y al clásico español, va desgranando unos albores de la historia que acaban por levante. La música también es esquemática y el sonido del agua evidencia un protagonismo agradecido. Para la segunda pieza, el guitarrista Raúl Cantizano, tañe la zanfoña con habilidad. Es el momento de wadi al-Kabir de Al-andalus que Ángeles retoma cercana a la danza del vientre, recordando los años que ha trabajado con la Orquesta Chekara. Sin embargo, resulta demasiado larga, repetitiva, monótona, esta segunda entrega, como la del principio. Aciertos puntuales aplaudimos, como el vuelo del mantón y algú otro estilismo. Alicia Acuña, valiente, salta a pie de escenario y canta en árabe. Esquema que pierde todo aliciente, pues se remeda a sí misma varias veces durante el espectáculo, ya sea con martinetes, tonás o tanguillos. ¿Cuándo romperá la obra? ¿Cuándo llegará la raíz, el ritmo, el flamenco? ¿Cuándo la bailaora que levante el ánimo? Me temo que estas preguntas quedarán sin respuesta.

El momento más glorioso de la noche, sobre todo por la originalidad y el simbolismo, es el baile de un chapoteo en off. Gabaldón, con negra bata de cola, baila la cadencia y las salpicaduras del agua con una coordinación admirable.

Y, por fin, el río se desborda por tanguillos con sólo percusión de fondo. En Sevilla sólo quedan en pie “tabiques y puntillas”, donde la cantaora también baila un poquito. Es un buen intento que, como el resto de la función queda soso, denunciando definitivamente que el Guadalquivir es un río sin gracia, un río de agua dulce.

Para finalizar, el percusionista Antonio Montiel coge la trompeta e interpreta una pieza jazzística con un tempo lento (todo es lento), que la bailaora aborda con abanico, sacándole mil y un sentidos, en lo que podría tener aires de guajira. Grandeza que también se diluye en la parsimonia del erre que erre.

La coda final, ya atravesando el charco, en donde entendemos el Guadalquivir como puerta al nuevo Mundo, la guajira se hace realidad con el canto “Hasta siempre”, que el cubano Carlos Puebla le dedicó al comandante Che Guevara y popularizó Víctor Jara (cambiándole la letra, por supuesto).

* Foto de Félix Vázquez©.

Miércoles, 27 de Abril de 2011 10:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Más solidaridad

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Gala benéfica de la Asociación de Parkinson

Recientemente hablé del festival benéfico “Ayudemos a Carolina”, donde un grupo de flamencos se volcaba con su arte por una buena causa. Los problemas por desgracia se suceden y los achaques siguen ahí hasta la solución definitiva, si la hay, si se encuentra. Mientras tanto, colectivos e individuos, asociaciones y familiares, hacen lo posible (a veces lo imposible) para dar pasitos de esperanza.

Las enfermedades difíciles, las llamadas raras, el sida, el cáncer, el alzheimer, el parkinson… necesitan ayuda, precisan atención. Por no hablar de las guerras, los desastres naturales o el desarrollo sostenible (¿insostenible?).

Somos vulnerables y, querámoslo o no, sólo nos tenemos a nosotros mismos para retroalimentarnos con nuestro esfuerzo, para hacer la sombra de nuestro futuro un poquito más larga.

El sábado, 16 de abril, Fuensanta La Moneta se calzó vestido y tacón y acudió a la llamada de la solidaridad para apoyar a la Asociación de Parkinson de Granada; a pesar de estar recién llegada de Málaga, a pesar de haber estado dando un curso agotador durante varias horas al día.

Fue un espectáculo completo y entregado. No por ser altruista iba a ser simplemente de cumplido o de muestreo. Al contrario, la actuación fue redonda y agradecida. Incluso, el cuadro que la arropaba, salvo uno de los cantaores (Juan Ángel Tirado), llegaron de Sevilla para la ocasión. Así, Enrique El Extremeño al cante y los hermanos Iglesias, Miguel y Paco, a la guitarra, contribuyeron al éxito de la noche.

Lo de la noche es un decir, porque la función empezó a las 19,30 (tempranero para la ciudad de Granada) y acabó todavía con luz.

Para mí fue una sorpresa de gusto y emoción. A pesar de mi incondicional apego hacia esta bailaora, mi reconocimiento va ensanchándose como un mar de aceite y el estremecimiento que me produjeron sus intervenciones, sobre todo la soleá, no lo había experimentado desde hacía bastantes meses.

Un comienzo por granaínas sirve para establecer sus distancias. Ya no es una bailaora impetuosa (o no sólo eso). Ahora es reflexiva, llena de silencios, de propuestas y sugerencias. El tacón golpea en su momento y la punta rasguea la escena puntosuspenseando un todo armónico. Los pies no son la base, sino un complemento, que, junto a las manos, los hombros y las caderas, están supeditados a los ojos, que no son más que los carbones encendidos del pensamiento del arte puro que esta granadina destila.

Entre baile y baile, los músicos introducen algunas piezas como para asegurar la respiración. Desde los abandolaos primeros, incluyendo los fandangos lucentinos y los de Frasquito, hasta los martinetes finales, que comienzan con un preciosista cante de trilla, toná y martinete.

La segunda entrega de La Moneta es la soleá anteriormente aludida. Una soleá densa y concentrada, con un tempo lentísimo y lleno de razón, donde la bailaora escucha y baila cada nota, cada eco, sin ocultar nada, porque quien rebosa verdad no tiene nada que esconder.

La farruca, que aborda con pantalón y chaqueta corta, y la seguiriya, con la que se despide, aunque conocidas de otros escenarios, son igualmente eficaces y agradecidas. El mejor momento de la temporada, como digo, después de asistir a bastantes espectáculos.

* Foto de Ana Palma en el Festival de Jerez 2009 para deflamenco.com

Jueves, 21 de Abril de 2011 11:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Para que Carolina sonría

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Festival Flamenco "Ayudemos a Carolina"

Muy a menudo, cada vez que vemos los diarios o leemos las noticias, nos echamos las manos a la cabeza lamentando los vuelcos e injusticias de los hombres y del destino. Muy a menudo, sin embargo, nos cruzamos de brazos diciéndonos que no podemos hacer nada desde nuestra distancia, desde nuestras limitaciones.

Pero el mundo sigue girando inevitablemente con sus espinas, pero también con sus pétalos. Es nuestro deber cuidarlo para nuestros hijos. Es nuestra obligación dejar todo un poquito mejor de lo que lo encontramos.

Cada uno, según sus posibilidades, algo puede aportar, aunque sea preocupándose, firmando o colaborando. Todos vamos en un barco, que se llama planeta Tierra, y si se hunde, por catástrofes, guerras, atentados, epidemias…, todos nos hundimos con él y se hará realidad esa pintada que ilustraba una boca del metro de Nueva York: “Se suspende el futuro por falta de participantes”.

Las peticiones de auxilio son muchas. La solidaridad a veces se halla con cadenas. Sencillamente, por imposibilidad física, económica, social, no podemos volcarnos con todas las causas. Cada uno que se mire por dentro.

El miércoles pasado hubo un festival benéfico, en el teatro Isabel La Católica, a favor de una niña de cinco años, llamada Carolina, que tiene que ser operada de la vista en Estados Unidos. Los flamencos siempre responden a estas llamadas y, de forma altruista, por supuesto, prestaron su arte y su saber para el desarrollo de este encuentro en el teatro que, por suerte solidaria y aficionada, estuvo lleno.

Quise aportar mi grano de arena y colaboré en la presentación, junto con José Manuel Rojas y Antonio Vallejo, promotores de festival. Y los artistas, entre gitanos y castellanos, dieron el cien por cien de su voluntad y buen hacer, en apoyo a la causa.

Abrió la noche Fita Heredia, con su gracia festera y su voz canastera, y, con Josele de la Rosa, a la guitarra, hizo un tema a ritmo de fandangos y unas bulerías con su pataílla añadida, como marcan los cánones. Juan Pinilla, el único payo entre los cantaores, y con el mismo guitarrista, interpretó una zambra dedicada a Caracol y unas alegrías muy a su estilo, que se asoman al estilo de Calixto Sánchez.

El color del baile, para que la noche fuera completa, lo aportó la familia Vallejo, junto con la Escuela Municipal de Flamenco de la Zona Norte, haciendo un alarde de fuerza y raíz.

Jaime Heredia ‘El Parrón’, con su elegancia innata y su voz afillá, nos regaló una soleá y unos fandangos, arropado con la guitarra de Rafael Fajardo. Manuel Heredia, también con Fajardo, propuso malagueñas y abandolaos de Granada y bulerías, donde impuso su dominio del cuplé, acordándose de las de Utrera, de Bambino y de Manuel Molina.

También quiso estar presente, después de una delicada operación, Pepe Luis Carmona. Cantó soleá y fandangos, junto a la guitarra de Isidoro Pérez, presidente de la Federación de Peñas granadinas.

Para terminar, la guinda al espectáculo la puso el nieto de Juan Habichuela, que, con rondeñas y bulerías, sembró la noche de ecos sonanteros.

* Pepe Luis Carmona y Jose Manuel Rojas (foto IDEAL).

Domingo, 17 de Abril de 2011 11:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Zapatilla y tacón

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Flamenco Viene del Sur

Una sorpresa plástica y llena de color fue la propuesta de Rubén Olmo y su compañía el lunes pasado en el Teatro Alhambra. Su nombre, Tranquilo alboroto, es un acierto. La ambigüedad de ese nombre le viene como anillo al dedo al flamenco en general y a este espectáculo de baile en particular.

Estuve a punto de asistir a su estreno en la Bienal de Sevilla, pues coincidió que estaba en la ciudad hispalense para ver a David Carmona, pero por confusiones que no vienen al caso, no pude verlo. Desde ese momento me llegaron alabanzas y parabienes desmedidos de la función. Su éxito, unido al ‘Giraldillo’ al mejor montaje, hizo que fuera a verlo con grandes expectativas y con el espíritu abierto a la suprema creación.

Sin embargo, mis ganas se diluyeron, no por la efectividad y la redondez del espectáculo, sino por su ausencia de novedad, por su abuso de la danza clásica y la música en off y por algún número prescindible.

Rubén Olmo, con una técnica y una plasticidad increíbles, encierra el espectáculo en sus zapatillas de ballet. Dividido en siete escenas de distinta intensidad, Tranquilo alboroto se alargó más de lo deseado. Una presentación clásica sirvió para presentar al protagonista y adentrarnos en su mundo de luz y color. El manido ensayo fue la segunda propuesta, donde apreciamos las bondades del flamenco en el cuerpo de baile. El comienzo de la saeta popular que popularizó Machado “Quién me presta una escalera…”), interpretada gloriosamente por El Rubio de Pruna en forma de toná, introduce un tema nazareno, pasional, sevillano, donde Olmo es penitente y sufridor y crucificado. (En representaciones anteriores, esta escena, con banda en directo de cornetas y tambores, parece que fue estremecedora.)

Fuera de lugar me pareció una especie de homenaje a Manuela Vargas, remedando sus maneras con Rubén por mirabrás con el rostro en penumbra. Cuando acabó, un foco iluminó su cara evidenciando que era él. Muchos otros han roto vistiéndose de mujer con anterioridad y con más sal. El recuerdo hubiera ganado si es una de las bailaoras quien lo realiza, aunque le hubiera restado efecto.

Lo mejor de la noche, para levantarse y no parar de decir ole, es una Falsa farruca, montada por Israel Galván para el momento sobre el sonido de la gaita de Rubén Díez (aunque Rubén Olmo le impone su marca y condición sobresalientes). Su redondez y al mismo tiempo sus movimientos quebrados, su asimetría, su frescura y su provocación son simplemente geniales. También descubrimos, como precedente, las bulerías de Inma ‘La Carbonera’, retozando en el cuplé.

La sexta escena es un paquete flamenco, que corre a cargo de toda la compañía (bien por los músicos). Empiezan por Huelva y terminan por tangos. Una seguiriya, que baila la granadina Patricia Guerrero, es muy aplaudida con toda razón. La guajira es de una belleza conmovedora y los jaleos ricos en pasos y propuestas. Sin embargo, el diez de estas piezas breves, se lo lleva Justo Salao, diseñador del vestuario de mujer.

Para terminar, Rubén levanta El vuelo con mantón multicolor en pieza recordable.

Viernes, 15 de Abril de 2011 12:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El concepto de Juan Andrés Maya

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West Side Story

Lo que más me gustó fue la idea. Un montaje flamenco para estrenar en una sala de fiestas (disco-pub) que fuera dinámico, enraizado y reconocible, qué mejor que una adaptación del gran musical West Side Story (1961), traducido al castellano como Amor sin barreras (¿?).

Juan Andrés Maya tiene un concepto de la coreografía bastante popular, al alcance del espectador más básico. Es dramático y visceral. Una vasija llena que con un par de gotas rebosa de creatividad.

Capitanea un barco en el que cada tripulante tiene su papel (a veces comprimido) y lo exterioriza para mostrar una cubierta impecable, aunque los camarotes estén desordenados y del medio casco sea sentina.

Como resultado, un espectáculo propio y divertido, a medida, que rellenó la noche de sugerencias encontradas. Una función basada en la tradición Maya de arrebato y zapateo vertiginoso. Una obra cuajada de individualidades claramente destacables.

Una pincelada de erotismo, una algarabía global, la tragedia conocida, los finales interminables, la voz desgarrada de los cantaores, la rabia manifiesta… hacen un conjunto delicado que, sin embargo, le hace falta rodaje para lograr la entidad a la que Juan Andrés nos tiene acostumbrados.

La historia es conocida. El argumento está basado en la historia de Romeo y Julieta o en la de Montoyas y Tarantos, pero adaptada a los tiempos modernos y bajo el prisma del coreógrafo.

Desde bulerías, alegrías, tangos y levante anda el juego. Destacan sin embargo la farruca de Iván Vargas, reflejo de Manolete, la soleá de Juan Andrés, con sus pronunciados golpes de efecto y unas bulerías de grupo con momentos personales.

En las pantallas que rodean la sala, fotogramas escogidos de la película original, centran la atención ante una propuesta que se difumina.

* Fotograma de la película de 1961.

Jueves, 07 de Abril de 2011 11:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La guitarra sideral de Juan Carlos Romero

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Flamenco Viene del Sur

Desde la soleá primera hasta la nana con la que acabó el concierto de Juan Carlos Romero se pudieron constatar varias cosas. Primeramente trascendió el oficio de buen guitarrista de este onubense. Seguidamente se puso de manifiesto su inclinación jazzística y la abundancia de notas, quizá de más. El recital, por otra parte, fue tan delicado e intimista que resultó frío en su conjunto, sideral en su distancia. Ni las piezas más ligeras, con ayuda del resto de los músicos, llegaron a caldear el ambiente.

Juan Carlos Romero, bajo el título genérico de La música, presentó el lunes en el teatro Alhambra su último trabajo Agua encendida, que ha sido reconocido recientemente por la crítica nacional como el mejor disco de guitarra flamenca de 2010.

Unas bulerías sirvieron para presentar a la cantaora, Carmen Molina, a la que vimos acompañando a David Carmona en la Bienal de Sevilla del pasado año. También se hizo acompañar de la segunda guitarra de Paco Cruzado, que tuvo realmente poco protagonismo; del violín de Alexis Lefevre; del percusionista francés Tino di Geraldo, que ha colaborado con algunos de los grandes; y del cantaor José Valencia, uno de los mejores exponentes del cante atrás (y con el hueco asegurado alante), que nos sorprendió moderando la voz más que de costumbre e inclinación fónica a Terremoto.

Pieza de encaje fue sin lugar a dudas Agua encendida, a ritmo de soleá, que le da nombre al disco, dedicada a su mujer y su hijo. Después recordó con gran sentimiento a Enrique Morente y después, con Campana del Alonso, unos fandangos de Huelva, muy seguiriyeros, de su disco Romero (2004), rindió homenaje a su paisano Paco Toronjo, donde tomaron protagonismo Carmen Molina y Alexis Lefevre. También de este segundo trabajo haría alegrías.

Efectivos también fueron el tema libre Portaillo del zapatero, con aires de Cádiz y su delicada y breve Nana del sur, en recuerdo de su madre.

Como bis, fuera de programa, con todos los músicos en el escenario, interpretó un tanguillo de Azulejo, primera grabación en solitario, de 1997.

Miércoles, 06 de Abril de 2011 10:48 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

West Side Story por bulerías

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Musical flamenco de Juan Andrés Maya

Hoy hace dos años que desapareció Chano Lobato, el gran Chano, el ‘tito’ Chano. No quería escribir nada hoy, 5 de abril, sin acordarme del maestro gaditano de la gracia y el compás, último representante, junto a Pericón o El Beni, de esos fabuladores flamencos que añadían sal a espuertas en cada uno de sus recitales, capaz de meter por bulerías el aire de levante, según Antonio Murciano.

Se me vienen a la memoria un puñado de anécdotas de este cantaor imprescindible en la segunda mitad del siglo veinte y comienzos del veintiuno, pero será otra ocasión en la que comparta estos impagables recuerdos.

Ayer, al filo del mediodía, me llamaron para ver los ensayos del último musical flamenco de Juan Andrés Maya y su estreno esta noche en la sala de fiestas del Forumplaza (donde el restaurante giratorio).

No hay que insistir mucho. Donde se me requiere, si no me es imposible, allí estoy.

Me sorprendió que el local en realidad fuera una discoteca, que la obra fuera el clásico West Side Story, que parte del sonido fuera en off, que su estreno fuera un martes a altas horas de la noche…

Después, a la salida del ensayo, ante una cerveza, Juan Andrés me dedicó unas explicaciones.

La obra en realidad es casi un encargo. Los gestores de la discoteca querían algo más ligero, que se ajustara un poco al espacio, y no un flamenco tan puro y tan cerrado. Como resultado, bajo la perspectiva de Juan Andrés y el tiempo en el que vivimos, tendremos algo más moderno, que aprovecha algunos de los cortes del musical, como América, América o algún tema más de cabaret que bailan sobre la barra.

Aparte, algunos temas propios, se han compuesto basándose en la historia, como una fresquísima bulería, una farruca (Iván Vargas), una soleá “un poco más moderna” (Juan Andrés), alguna balada flamenca o temas plenamente jazzísticos.

Otro de mis temores era el lugar. Si una discoteca era el sitio apropiado para presentar una función flamenca. Anteriores espectáculos, me dicen, se han realizado con éxito, con un silencio y un respeto entre el público asombrosos.

Con esta obra, el bailaor y coreógrafo granadino se embarca nuevamente en una cr&oacut