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Una orquesta en las manos

Una orquesta en las manos

La Guitarra en Otoño

Un nuevo formato. Interesante en todo caso. Por lo solemne y lo cercano a un tiempo. Por lo entrañable y universal. El flamenco entra en los monumentos, como hasta ahora han entrado otras músicas. Aunque recuerdo precedentes puntuales, como cuando El Potito cantó en Los Condes de Gabia, es la primera vez que se programa con cierta continuidad y visos de futuro (quitando “Los veranos del Corral” o las representaciones en la Alhambra). Se me antoja pensar en “Música de los monumentos” y no “en los monumentos”. Como si al concebir patios y claustros, conventos y casas señoriales, pensaran en su alma musical.

La mejor forma de disfrutar una tarde. Sentados en un patio principal, acariciados por la guitarra de Miguel Ochando. Un poco tenso al principio, su ciudad le impone respeto, pero su dominio y aceptación hacen que olvide los posibles nervios. Tras un saludo parco y el anuncio pelado del tema que aborda, Miguel se presenta con granaínas. Las falsetas se imponen en el recinto. Es el latir del monumento. Es el sonido del agua de que este espacio carece.

La práctica totalidad de los temas que interpretará pertenecen a su disco “Memoria”, un trabajo, que para ser exclusivamente de guitarra, tiene muy buena aceptación. Para su segundo tema, un alegre y pegadizo zapateado, se hace acompañar de Alfredo Mesa, segundo guitarrista y discípulo. Alterando el programa, Ochando continúa en solitario con unas seguiriyas, en las que parece que la sonanta tiene voz propia. Para terminar esta primera parte, Alfredo, sin la presencia del maestro, nos brinda una farruca del Niño Miguel. ¿La limpieza se aprende? No tiene la soltura y calidad deseadas, pero la madera se deja entrever.

La segunda parte, ya más relajado, Ochando comienza versioneando una rondeña de Ramón Montoya. A su término, un espectador exclama: “Eso no es una guitarra, es una orquesta de ciento veinte músicos”. Con la guajira, rebosante de espuma y sal, retoma de nuevo el orden del programa. Alfredo ya no abandonará el escenario. La única concesión al no-flamenco es el tremendo “Lo que vendrá”, un tango de Astor Piazzolla. Termina el recital con unas originales bulerías en tono de rondeñas y con una propina por tangos, a los que le aporta ese soniquete árabe tan exclusivo de Granada.

* Miguel Ochando, en una foto de su cedé "Memoria".

 

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