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El Albayzín recupera su noche flamenca

El Albayzín recupera su noche flamenca

Festival Flamenco del Albayzín

No llego a comprender como en un festival popular, en un campo comunitario, se ha acotado el terreno. Juan Andrés Maya, como director del Festival, no ha necesitado arrimar el ascua a su pescado, pues todas las sardinas de la parrilla eran suyas. Puede que responda, sin embargo, al esquema parcelario de nuestro Ayuntamiento.

Pero, dejando aparte las cuestiones políticas para foros más apropiados, hablemos del Festival en sí, que es lo que nos ocupa. En primer lugar, una serie de aciertos han precedido este evento. Su recuperación, después de dos años de olvido, es motivo de aplauso (aunque el anuncio de dicho Festival no tiene número, como si fuera el primero, como si la tradición no contara). Su ubicación en el Palacio de los Córdova, más que un punto positivo, es un verdadero lujo. El escenario puede ser la envidia de muchos otros barrios de la ciudad (¿más pobres?, ¿de menos categoría?). Pero las tablas no sonaban todo lo deseado, pero las luces no estaban bien reguladas y deslumbraban a los espectadores, pero un farol encendido castigaba a los músicos a la penumbra… El sonido, a pesar de los acoples, ha mejorado considerablemente. El ambigú estaba lo bastante retirado del escenario como para no interferir.

En cuanto a la función viene a ser más de lo mismo. La Cueva de la Rocío, vestida de fiesta, que baja al río. Una obra cerrada, llamada “Canastera”, creada por Juan Andrés Maya y dedicada a Loles del Cerro, ocupa la primera parte del espectáculo. Siendo repetitivo, el espejo en el espejo, puede que sea de los montajes más maduros de Juan Andrés, que se ha limitado ha dirigir. Lleno de individualidades, el espectáculo es vistoso, idóneo para contentar al visitante, a la medida de sus incondicionales.

En cuatro bailaoras del clan, o asociadas a éste, se sustenta la exhibición. Tras una presentación por tangos, un apunte por seguiriyas y un poquito por bulerías, por parte de los músicos, Rocío Vargas baila por alegrías, Vero ‘La India’ soleá por bulerías, Alba tarantos (los que llevó al Corral del Carbón este verano) y Raquel Heredia soleares. Son cuatro firmas del Camino. Son cuatro formas de destilar “lo que da la tierra”. Si nos quedamos con las manos de Alba, con los pies de Raquel, con las formas de Rocío, con la intuición de Vero, tendríamos el modelo de la bailaora gitana del Sacromonte, sin reposo alguno, con sus caracoles y sus flores en lo alto del moño.

Rafaela Reyes ‘La Repompa’ de Málaga, una de las artistas invitadas, hace copla por tangos y después bulerías, enriquecidos con cuplé. Es una artista como las de antes. Iván Vargas, otro supuesto invitado, baila unas alegrías, apoyado en una silla. Quizá no sea su mejor día, pero destila fuerza y belleza. Ha ganado en seguridad y control. Ya ríe en sus pasos. Unos pasos que tienen mucho de Mario, de Manolete, de Juan Andrés.

Antonio Cortés ‘Chiquetete’, auténtica estrella calé, imitado y venerado, con la voz más en forma que en otras ocasiones, hizo un recorrido por soleares, tientos-tangos y alegrías, antes de retomar algunas de sus exitosas canciones y terminar con sus sevillanas “Puerta de Toledo”.

Con un fin de fiestas por bulerías terminó un ¿primer Festival? que empieza a necesitar una revisión.

* Vero 'La India' (© Miguel Bervel).

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