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Sueltos

Sueltos

Últimamente he atendido a varios recitales de flamenco sin hacer mención de ellos, simplemente por falta de oportunidad o trascendencia, pero que sin embargo prevalecen en mi memoria jalonando mi programa. (No quiero hacer mención de lo que no he podido ver.)

Cronológicamente el primero que deseo atender se pierde en un día de entre semana del pasado mes. Actuaron Verónica Giménez, al cante, y Pepe Agudo, a la guitarra. De Pepe, natural de Huétor Vega, sabía de su afición pero no de su profesionalidad. Le queda mucho qué aprender. Debe estudiar, echarle horas y soltarse, sobre todo en el acompañamiento. Digamos que de amateur es bueno pero en el escenario deja que desear.

Vero, de estirpe flamenca de Montefrío, tiene mucho que decir, en cambio. La conocí hace cinco o seis años y ya me impresionó su afrontamiento, su estilo y sus formas, pero sobre todo su voz gitana, clara y afinada.

Esta cantaora hizo un paréntesis, por motivos que no vienen a cuento, y ha vuelto con ganas, todavía joven, muy joven. Aunque, como les digo a todos, esta no es una carrera fácil, hay que estudiar, trabajar, cuidarse y exigirse. Porque, para cantar flamenco, como dice nuestro amigo Antonio Gallegos, son imprescindibles poseer cuatro cosas: oído, talento, corazón e instrumento.

No recuerdo lo que interpretaron y menos su orden. Sí puedo afirmar que la guitarra se quedaba corta, y que la cantaora, aunque con la voz sensiblemente tomada, no podía volar con gusto.

Recuerdo con buen sabor su soleá de Triana, sus tangos y sus granaínas. Pero sobre todo un fandango de Montefrío, que debe mimar y vindicar allá donde vaya.

El 9 de octubre, en La Chumbera, asistí al espectáculo de baile de Adrián Sánchez. Este bailaor granadino ha emprendido una carrera en solitario que le sienta bien. Hasta ahora siempre lo había visto en compañía, rodeado de su mujer y de sus alumnas aventajadas, que le restaban fuerza y personalidad.

Parte de los bailes los presentó en Jérez con bastante éxito que, al no ser flamenco occidental, tiene doble merecimiento. Su baile es estiloso y tecnificado, basado en un perfecto tacón punta y un cuidado programa que trasciende hasta en el vestuario.

Su cuadro, sin embargo, siendo grandes en su estilo, queda disminuido para acompañar, máxime en una sala con sonido de ultratumba. Sergio Colorao, con su buen gusto, no es cantaor de atrás. Rubén Campos, con su creatividad, no es tocaor de atrás. El Turri ofrece una dimensión interesante con la travesera, sobre todo por bulerías. Cristina García acompaña a las palmas.

Es de destacar por soleá y por tarantos, sobre todo su roneo con gracia y con peso en los tangos.

El domingo pasado estuve en Le Chien Andalou viendo bailar a la bailaora algecireña afincada en Granada Pilar Fajardo. Bueno, intentando verla, puesto que el lugar es pequeño, estaba lleno y un parroquiano no me quiso abrir un hueco en la delantera, a pesar de que tenía posibilidad y un servidor ocupa poco y molesta nada.

Así, la primera parte tan sólo escuché que bailaba por levante y remataba por tangos. Tras el intermedio sí pude calzarme por detrás y entrever la propuesta por bulerías del guitarrista Josele de la Rosa, menos eficaz que otras veces, pero con un toque progresivo y personal; y el cante por tangos de Sara la Samarona, también de Algeciras, con letras bellas por inusuales, con poca voz aunque bonita y canastera.

* De izquierda a derecha: Sara La Samarona, Josele de la Rosa y Pilar Fajardo, ese mismo día (foto cedida por Josele).

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