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Del Japón al futuro de la guitarra

Del Japón al futuro de la guitarra

Llevo días sin actualizar el blog, y no es por falta actividad, sino todo lo contrario, por falta de sosiego. Llevo unos días que mi tiempo no me pertenece y ya guardo demasiadas cosas que se van diluyendo en mi cabeza. Intentaré, no obstante, hacer recuento y, si no afino en los detalles, al menos expondré la esencia.

La verdad, lo confieso, me da cierta pereza rememorar en forma de análisis estos días pasados que absorbieron mi mente y casi mi cuerpo como en una abducción extraterrestre. (Lo suyo sería dedicar un post a cada una de las acciones vividas, pero ya digo, entre la pereza y el miedo de que se acumulen más aconteceres, y como una bola de nieve, cada vez más grande, ruede en avalancha arruinándolo todo a su paso, decido componer un cajón de sastre (que a veces puede convertirse en ‘desastre’) y exponerlo todo como si fuera una sola columna con aristas.)

Lo mejor será empezar por principio. Quiero dar unas pinceladas desde la noche del sábado, en la que, como siempre que puedo, hago doblete. (Tan sólo reflejaré mi actividad flamenca.)

Aterricé en primer lugar en La Chumbera, donde Eiko me había insistido, sin necesidad a que fiera a ver a sus “Cerecitas del Japón”.

Eiko cumple treinta años de relación con Granada, el baile y el flamenco. Lleva treinta años yendo y viniendo desde su país natal a este rincón de Andalucía para impregnarse de nuestro arte.

Yo nunca la había visto bailar, a pesar de nuestro contacto. De ella sabía su desmesurada afición y su disciplina. Sabía que empezó bailando con Mariquilla y que pronto se convirtió en su colaboradora. Sabía que ganó un concurso de sevillanas en la misma Sevilla (1983). Sabía que mantenía una academia en Tokio (desde 1997), muy afamada, por donde han pasado cientos de japoneses.

Su intención era traer a veinte chicas para bailar y mostrarnos que Tokio, como dije recientemente, es otra de las ciudades andaluzas. Pero las circunstancias actuales sólo han permitido que se acercaran a la península seis de sus alumnas.

En primer lugar destacaría la gracia de estas bailaoras, metódicas donde las haya. Unas más sueltas (lamento no poder dar nombres; daría colores pero nos vamos a quedar igual) y otras más tensas, su ejecución fue milimétrica y academicista. Parece que hasta las sonrisas estuvieran acordadas.

Por parejas, tríos o en conjunto, fueron abordando bailes clásicos (alegrías, tientos, guajiras y colombianas, bulerías), elevando un bastión que llenó el ambiente de oles y de orgullo.

Un momento simpático fue cuando todas, aun sin chapurrear el castellano, cantaron al unísono La Reja con tremendo desparpajo.

En cuanto a Eiko, la maestra, es un derroche de clasicismo. Lo tiene todo aprendido y aprehendido y nos recuerda a tantas… Sus bailes son completos y redondos; distendidos en apariencia, pero que no deja el mínimo resquicio a la improvisación y el duende golpea en una jaula.

Es digno de mención, por otra parte, el cuadro que las arropa. A veces los músicos de atrás son el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora, si no más. a las guitarras se entendieron a la perfección Luis Mariano y César Cubero; al cante se complementaban, y distanciaban al mismo tiempo, Mati Gómez y Manuel Heredia.

Mis pasos se apresuraron a la salida para dirigirme a La Platería para asistir al acto de entrega de la Insignia de Oro de la peña al joven tocaor David Carmona que, tras la imposición de dicho reconocimiento, hilvanó grosso modo el concierto que le valió el Giraldillo como Artista Revelación en la pasada Bienal de Sevilla.

No desglosaré todos los temas que abordó, que, empezando por tarantas y acabando por bulerías, llenaron la peña de flamencura. Simplemente diré que nos encontramos en otra dimensión. La forma de componer e interpretar de este alumno aventajado de Manolo Sanlúcar sigue unos esquemas tan distintos, ricos y melódicos, que para mí lo sitúan claramente en el futuro de la guitarra, una vez que se quiera pasar página a Lucía, Amigo, Riqueni, Serranito y tantos otros, como éstos sustituyeron a Montoya, Manolo de Huelva o Sabicas.

Sin embargo, y es algo importante, el tocaor granadino suena flamenco, está lleno de pellizco y tocado por esa varita que sólo se pega a los grandes, que desprende ese aura exterior, que en realidad es parte de grandeza inconmensurable que encierra en sus entrañas.

Y, como buen director de orquesta, se supo rodear del cante modulado y formal de la onubense Carmen Molina (grande por fandangos) y por los respetuosos percusionistas Agustín Diassera y Miguel ‘El Cheyenne’ (así sí).

El lunes acudí a la cita inexcusable de Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El gran tocaor Pedro Sierra presentó su espectáculo ‘Tres movimientos, tres puñales’. Pedro es un tocaor preciso, limpio y muy armónico. Es un gran compositor, hasta desarrollar un lenguaje propio y un discurso muy agradable. En la primera parte salió solo con su guitarra, haciendo rondeñas y bulerías, granaínas y farrucas. Después se rodeó de su gente y de sus carencias y hallamos altibajos. La Tobala, su mujer, al cante abordó tientos-tangos, seguiriyas, fandangos, alegrías… También Jardana, la hija de ambos, mostró la madera verde que aún tiene ilustrando un poquito las seguiriyas y las bulerías. Y, a las palmas y coros, tres jóvenes que igualmente despuntan.

Momentos destacados del guitarrista catalán fueron sus ricas cantiñas, en las que se asomó a Córdoba, Arcos o Morón, y su abrazo a Extremadura, con sus tangos y jaleos. Al finalizar se dio una generosa pataílla por bulerías bastante simpática.

El miércoles, solicitado por una asociación de amigos de la historia, di una charla en un centro del Zaidín sobre “Los gitanos en España”. A pesar de la poca asistencia, fue una sesión completa y metódica, enriquecida con diapositivas y documentos sonoros.

Desde sus orígenes, en tierras indostánicas, me remonté hasta su arribo a la península y el transcurso de los siglos hasta la reciente expulsión de los rumanos en Francia. Y, cómo no, del origen del flamenco como cante gitano-andaluz. El interesante debate final se centró en las entretelas del flamenco y la disyuntiva del cante gitano y no gitano.

Ayer, o sea, el jueves tuvo lugar un festival flamenco en beneficio de Japón en el Teatro Isabel la Católica, en el que se acordaron grandemente también del reciente terremoto de Lorca (Murcia). Tres horas de reloj duró el evento que sin embargo fue dinámico y sabroso. Quiero destacar como positivo la masiva respuesta del público asistente, la proliferación de artistas japoneses en el escenario (algunos llegados expresamente para la ocasión), la incondicional entrega de los flamencos de granada, siempre dispuestos a echar una mano, la presencia de otros músicos llegados desde Madrid o Inglaterra, la presentación siempre sabrosa de Curro Albayzín y de Naemi Utea vestida con kimono, a la japonesa, con toda la seducción a su alcance, Juan Santos del Eshavira como promotor...

…Así, el vértigo, como digo, ocupa mis días. Esta noche, entre otras cosas, hay otro par de festivales benéficos. El de Asprogrades, en el Teatro Isabel la Católica, y el otro es un espaldarazo al gran cantaor octogenario Manolo Osuna, en el Palacio de los Córdova. El sábado se satura en las peñas, tablaos y demás. Sólo hago mención sin embargo al último festival benéfico, por ahora (y van seis en poco más de un mes), para ayudar a los enfermos del Corazón, en el que nos deleitará Juan Habichuela Jr. (otro de nuestros grandes guitarristas) en el Teatro Municipal de Alhendín. Y, aunque sea semiprivado, informaré que en La Platería cantará Tomasa Guerrero Carrasco ‘La Macanita’. Esto es nada.

* Un campamento gitano cerca de Arlés, Van Gogh (1888).

2 comentarios

volandovengo -

Sí, B, el flamenco rellena mis días (y mis noches). Muchas veces me evita pensar en otra cosa.

B -

¡Qué vidilla te da el flamenco! ;)