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Huétor Tájar, un festival redondo

¿Qué se le pide a un festival? ¿Cuáles son las características que debe reunir un encuentro flamenco para que sea satisfactorio? En principio, sin ninguna discusión, la programación debe ser atractiva, con figuras reconocidas y con alguna que otra sorpresa. El evento tiene que ser dinámico y variado, que se alterne cante y toque y que tenga su poquito de baile. Las presentaciones deben ser parcas y meramente ilustrativas. Cuántas veces un presentador a menoscabado un festival por su exceso de palabrería, por su explicaciones gratuitas, por sus comentarios laterales. El sonido debe estar cuidado al máximo para no desmerecer ni un ápice el trabajo de los músicos, muy al contrario, debería amplificar sus dotes y su entrega. Que haya micrófonos individuales, inalámbricos, si se precisan, de ambiente, en su caso, y de suelo, si tenemos baile y zapateado. Que los músicos tengan sus monitores, para que se oigan y no vaya cada uno por su lado. Las luces, el decorado, la puesta en escena, los técnicos y “pipas” que cuidan todo el atrezzo… Huétor Tájar cumplió estas premisas y añadió alguna condición más a su festival. Por ejemplo, como el año pasado, apostaron por los flamencos de Granada y cumplieron su objetivo de crear afición entre los jóvenes del pueblo.

Antonio Campos fue el encargado de abrir la noche. Una de nuestras mejores voces masculinas para el flamenco y, sin duda, el mejor para cantar detrás. Acompañado por Juan Requena a la guitarra, se templó por tarantos y taranta de la Gabriela. Un buen aperitivo, para seguidamente darse por entero con unas bulerías por soleá. Su entrega y perfecta ejecución estremecieron la sala. Continuó con malagueñas y abandolaos y terminó por bulerías. Una gran faena.

David Lagos, el único artista foráneo, con Alfredo Lagos a la guitarra, comenzó con una milonga que concluyó en malagueña de difícil calificación. Cogió las riendas prontamente y, yéndose a su Cádiz natal, bordó unas alegrías, regalándonos la altura de su timbre. A continuación, fue grande por seguiriyas, un palo que, según el mismo confesó, “es el cante más difícil que hay”. David cerró por bulerías.

Miguel Ochando, elegante y preciso hasta el extremo de parecer algo soso, interpretó parte de “Memoria” su primer y único trabajo como solista. En primer lugar hizo las guajiras que le dan nombre al disco. Dejando claro su dominio, clasicismo y rectitud, el tocaor granadino continuó con un zapateado de Esteban Sanlúcar, para después tocar el corazón de los oyentes con unas granaínas e irse con “Ímpetu”, una creación flamenca con aires festeros. Ochando fue muy aplaudido.

Con el terreno ya más que abonado, Fuensanta Fresneda “La Moneta” nos bailó unos tarantos y nos encandiló con sus seguiriyas. Fuensanta vuelve a tomar las riendas de su baile e imponer sin contemplaciones su rabia flamenca y la finura de su estampa. Mejor arropada que la última vez que la vimos en “Flamenco viene del sur”, la bailaora granadina bailó para adentro, más encerrada en su baile y en la pasión que debe destilar, como si en un escenario “menos exigente” se olvidarade la galería y girara para sí. Bienvenida de nuevo Moneta.

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