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El dominio del tiempo

El dominio del tiempo

Llevo dos, tres, días con la idea de un cuento que puede parecer una humorada (de hecho lo es), pero, en el fondo, redunda en uno de los temas que me obsesionan.

Resulta que en unas excavaciones realizadas en algún punto de nuestro solar andaluz por un grupo de experto arqueólogos y su voluntario alumnado de procedencia internacional sobre poco más o menos principios de siglo, pongamos 1910, han hallado en el séptimo estrato de un asentamiento continuo, unos restos determinantes de nuestros remotos y casi míticos antepasados fenicios o tartésicos (esos que escribían sus leyes en forma rimada) o, más lejos aún, las huellas indelebles de un poblado argárico.

Pues bien, después de algunas jornadas de minuciosa introspección con las azadillas y las brochas peinando la zona acotada, entre restos de cerámica, huesos varios y puntas de flecha, uno de los concienzudos profesores de reputada fama, encuentra erosionado, pero en buenas condiciones, un boli Bic de punta fina.

(Alternativa a esta conclusión anacrónica se me ocurre el descubrimiento de un cadáver, de un esqueleto hallado en una breve necrópolis de la época en posición fetal rico en ajuares, tanto a su alrededor como en su propio cuerpo. Así es dable que llevara gargantilla dorada y brazalete bruñido, quizás un anillo en una mano, pero que, al descubrirle el brazo izquierdo, también portara en la muñeca un reloj, no necesariamente digital.)

La interpretación quizá más ‘lógica’ podría ser que alguien de nuestro tiempo se hubiera transpuesto, él o el objeto antedicho, a aquel lugar (que puede ser el mismo en que estuviera) y a esa hora.

Se podrían pensar otras soluciones, como inventos futuristas, agujeros de gusano o alucinaciones colectivas. El caso es incidir en la anacronía que la perspectiva nos brinda. (Hace sesenta años, por poner, la idea del bolígrafo no podría habérsele ocurrido a nadie.)

Esto me remite a un cuento que publiqué en la compilación En un pozo chico, llamado El último día en que fue feliz, donde in inventor llega a dominar el tiempo para regresar una y otra vez al último momento agraciado de su vida. La idea estaba bien, en su planteamiento romántico no más, pero al desarrollo, reconozco, le faltaba veracidad en su argumento. Su conclusión, sin embargo, podía ser razonable: el momento al que volvía pendularmente aquel científico era el mismo, pero el hombre regresaba cada vez un poco más viejo.

Esto me recuerda a ese relato desesperanzador del etnólogo inglés, James George Frazer (1854-1941), Vivir para siempre, del primer tomo de Balder the Beautiful (recogido por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo en Antología de la literatura fantástica, de 1977), que, como es breve, reproduzco a continuación:

“Otro relato, recogido cerca de Oldenburg, en el Ducado de Holstein, trata de una dama que comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y que deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en la iglesia. Todavía está ahí, en la Iglesia de Santa María, en Lübeck. Es del tamaño de una rata, y una vez al año se mueve”.

* James George Frazer en la foto.

4 comentarios

volandovengo -

Breve conversación, pero determinante. Es verdad que se echa en falta al maestro Morente, entre otras cosas para recomponer el norte.

Carmen K. Salmerón -

Reloj molesto, acaba con el verso "Lula esperanza de Brasil". Morente creía en Lula, el expresidente de Brasil. Charla muy interesante la que tuvimos acerca de ello.
Cómo se echa de menos saber su opinión acerca de lo que está pasando en el mundo entero; particularmente en España. En cuánto a lo del famoso virus del ébola, seguramente diría una de sus sentencias magistrales: "estamos vivos de milagro". Ay, el tiempo "he aquí otra manera de medir el tiempo (...) contamos el tiempo con las cuentas amargas de las lágrimas sin cesar (...)".

volandovengo -

Efectivamente, Carmen, la cultura de Argar se halla en Almería y parte de la provincia de Granada.
Y buena reflexión sobre el tiempo la de mi paisano Enrique con su 'Reloj molesto'.

Carmen K. Salmerón -

El poblado argárico está situado en la provincia donde nacen los tempranos. Las tierras del taranto, Almería.
Y qué decir del tiempo. El tiempo y la inquietud que produce. Enrique Morente, en "El pequeño reloj" (EMI, 2003) expresa magistralmente (como casi siempre) el desasosiego que produce la variable tiempo. ¿O el tiempo es una constante?