Blogia
volandovengo

Saboreando de nuevo a Sara Baras

Saboreando de nuevo a Sara Baras

Sabores

No es fácil llenar la sala García Lorca del Palacio de Congresos. Y, mucho menos, llenarlo dos días seguidos. Eso lo puede hacer Joaquín Sabina, pero un artista de flamenco... Pues Sara Baras lo ha conseguido con un espectáculo tan popular como descafeinado. El Palacio, como digo, hasta la bandera, pero, a vista de pájaro, ningún habitual del flamenco se encontraba en sus asientos.

Sara Baras se ha convertido en una gran embajadora que acerca el mundo al flamenco, que lo descubre, aunque no profundiza. Sabores es la obra amable que ya pudimos disfrutar en el Festival Internacional de Música y Danza de hace un par de veranos, en el Generalife.

Es una obra variada y variable, donde brilla más la autenticidad en los detalles y en los personajes secundarios que en los protagonistas y sus momentos álgidos. Podemos aplaudir algunas coreografías y momentos puntuales de Sara y sus artistas invitados. Aunque la propuesta de éstos resulta demasiado larga y repetitiva, con los finales típicos de OT.

Dedicada a su madre Concha, y haciendo un guiño a Rancapino al principio de la obra, Sabores es un homenaje que recorre una amplia gama de palos del flamenco sin profundizar demasiado en cada uno de ellos. Por otro lado, una escasa hora y media no lo hubiera permitido.

Hay cosas que han mejorado desde aquella primera vez, en este escenario más recogido y, sobre todo, con el tiempo que ha pasado. Pero otras continúan inmutables, para bien o para mal. El vestuario es un acierto, el armazón musical grandioso y la idea de imbricar los temas, creando un todo armónico, la solución más sobresaliente de todo el conjunto. Por otro lado, sigue rayándonos la búsqueda del aplauso fácil, ejercicios fuera de compás y algunos recursos facilones.

Comienza la función con un bolero, mientras se va componiendo el escenario. Continúan unos tangos que sirven para presentar la compañía. Un cuerpo de baile muy motivado, que responde a la perfección. Baras destaca por su técnica, velocidad y belleza. Su carisma se pondrá de manifiesto en el taranto.

Luis Ortega, uno de sus artistas invitados, baila unas seguiriyas acompañándose con castañuelas. Es tan efectista como José Serrano, que interpreta unas alegrías en las que derrocha taconeo. Me parecieron menos resultonas que la primera vez.

El momento estrella de la noche es Sara Baras bailando martinetes con zahón encima de los pantalones. El efecto es el deseado, de impresión más que de arte. A esto le siguen una zambra (pieza muy notable), una soleá por bulerías, un solo de percusión (estos alardes ritmicos, alejados de la historia, siempre están fuera de lugar), la bulería de Concha (un bello homenaje a su madre) y el esperado fin de fiestas. Las bulerías que no falten.

 

4 comentarios

volandovengo -

Razón tienes, se vende como flamenco un sucedáneo facilón. Así triunfa el "flamenkito". De todas maneras, muchas veces estos apuntes populares sirven para estimular a los aficionados potenciales.

Patón -

¿El triunfo de lo light?

volandovengo -

Me alegra verte de nuevo, María. A mí no me entusiasmó el espectáculo, pero reconozco que tiene sus valores y que está conseguido estéticamente. Hoy por hoy, no puedo hablar bien de Sara Baras.

María -

Con lo que costaba las entradas, no me espanta que muchos del flamenco no han estado ahí. Una lastima porque ya he visto ese espetaculo y es precioso.