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volandovengo

Un hombre justo

Un hombre justo

Lo que son las cosas, mi cuñada se fue a Egipto y yo me fui a Madrid. Ella estuvo una semana yendo y viniendo, viendo cosas, aprendiendo, conviviendo... Yo, apenas pasé un par de horas en la exposición dedicada al antiguo Egipto, llamada "Faraón". Compré el catálogo (20 euros).

Esta muestra estaba dividida en salas muy ilustrativas e interesantes. Me gustó especialmente la dedicada al palacio, a la casa del Faraón, a su vida cotidiana, con su cama y su urinario. Me gustó por lo humano. Me gustó por la cercanía. Me llamó sin embargo, la atención una pieza que descansaba en una de las vitrinas de la sala anterior dedicada a "Faraón, guardián del equilibrio del mundo" (casi nada), (tremendo, si no fuera cierto). El elemento en cuestión era un dibujo del faraón en su carro sobre un trozo de caliza llamada ’ostracón’. Y, aquí es donde voy: la ostraca u ostracón (en plural) era un trozo de vasija, un gijarro, que los antiguos griegos utilizaban para hacer anotaciones rápidas, efímeras, al momento. Como nosotros podemos emplear una libretilla o la servilleta de un bar. Entre sus usos se hallaba la votación. En la primera democracia que existió, todos los ciudadanos libres podían votar.

Curiosamente, una vez al año, si una asamblea ordinaria así lo decidía, se votaba el ostracismo (que viene de ostraca, que viene de ostra), es decir, se condenaba a una persona al destierro preventivo durante un periodo de diez años. El elegido solía ser algún personaje popular suceptible de conjurar o convertirse en tirano, pues el desterrado no había cometido delito alguno. Así, fue desterrado, por ejemplo, Jantipo, el padre de Pericles.

Otro de los expulsados fue Arístides, llamado el justo. Plutarco cuenta que este "insigne magistrado" se dirigía a la Asamblea, cuando se encontró a un campesino analfabeto que seguía su mismo destino. El rústico le pidió un favor a este antiguo general de los enfrentamientos púnicos. Extrajo de su jubón un tejuelo en blanco y dijo que escribiera en él a quien pensaba votar para el exilio. Con mucho gusto, Arístides se dispuso a apuntar. El joven agricultor dictó su mismo nombre. Arístides, sin identificarse, preguntó qué tenía en contra de ese hombre. "Nada en absoluto, contestó, ni siquiera lo conozco, pero estoy harto de escuchar que todo el mundo lo llama el justo". Arístides sin más escribió en la piedra su propionombre y se lo devolvió al campesino.

Cuando acabó la Asamblea, efectivamente, Aristides tuvo diez días para despedirse de sus seres queridos, para pasar después diez años fuera de su patria. Antes de irse, cuenta Plutarco, alzó sus manos y rogó a los dioses que los atenienses no sufrieran ningún peligro que les hiciera recordar el nombre de Arístides.

¿Cuántos de nuestros políticos o personajes públicos serían capaces de dirigirse así?, ¿Zapatero?, ¿Rajoy?, ¿tal vez los ínclitos Alcaldes de Marbella?

 

* En la ilustración, más o menos dice: Varios ostracones con los que se votó el destierro de Temistocles.

2 comentarios

volandovengo -

Madrid, como todas las ciudades ppopulares está levantada, miles de obras. Yo, como dijo aquel, cuando encuentren el tesoro que me llamen.

Hueso -

Buen Post, querido amigo. ¿Qué te pareció cómo está Madrid? En mi Blog comenté algo de ello hace unos días, que también pasé por la capital de la Antigua Realidad Nacional Española...