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Un clavel para Armilla

Un clavel para Armilla

Fiestas Populares de Armilla

Coincidiendo con las Fiestas Populares de Armilla en honor a San Miguel, el Ayuntamiento de esta localidad programa una velada flamenca que, sin demasiadas estridencias, compone un cartel, eminentemente local, de máxima atracción. Digo “eminentemente local”, pues es el primer año en que se introducen cantaores de otras provincias que no sea Granada. Es un acierto. Aunque, hoy por hoy, tan sólo con artistas de la tierra se podrían rellenar varios carteles de lujo.

Como artista invitado, culminó la noche un Diego Clavel de extraordinarias facultades. Clavel es un cantaor íntimo y profundo, que funciona a la perfección en recintos pequeños. Su fraseo, la forma de decir el cante y la manera de conectar con su público, nos dice que estamos ante uno de los grandes. El artista de la Puebla de Cazalla se templa, como hemos podido ver en otras ocasiones, con la caña, comenzada y culminada con un apunte de soleá. Continúa con una granaína deliciosa. La mejor de la noche. Y termina con una generosa soleá apolá de Triana. Broche de oro de un Festival de altura.

El recital lo abre José Balao. A pesar de tener la voz un poco tomada, domina los tres cantecitos que nos hizo, por levante, malagueñas y una bella milonga con “La baladilla de los tres ríos” de Lorca. A Judith Urbano se le siguen dando mejor los cantes festeros, las alegrías y sobre todo los tangos, que no la soleá que cantó en primer lugar. No le vendría mal, por otro lado, preocuparse un poco más por controlar su respiración. Juan Pinilla, reciente ganador de la Lámpara Minera en La unión, no tuvo su mejor día. Su cante, preciosista y sereno, se vio aquejado por una voz cansada y el acercamiento desmedido al micrófono. En esta primera parte predominaron las guitarras por encima del cante. Los tres tocaores, Miguel Ochando, Luis Mariano y Ramón del Paso, de exclusiva raigambre granadina, que se fueron alternando con todos los cantaores de la velada, pasan por ser de los mejores del panorama flamenco, uniendo técnica, creatividad y, por encima de todo, una sensibilidad exquisita.

La segunda parte la abrió Kika Quesada y su grupo (Alfredo Tejada al cante, César Cubero a la guitarra y Julián Heredia con la caja). Kika es una bailaora de oficio, prudente y certera, que nos ofreció unas seguiriyas. Al Zahoreño le sobraron vatios y le faltó calor. Con su voz aguda recreó las malagueñas de Chacón e hizo alegrías, seguiriyas, granaínas y, quizá su mejor entrega, un ramillete de fandangos. Para finalizar, antes del maestro sevillano, rellena la escena el cante fresco y potente de María José Pérez. Una joven artista todo terreno, natural de Almería que no para de sorprendernos. Unas granaínas son su primer regalo. Para los tientos tangos requiere el compás de Julián Heredia y Petete. Culmina con unas cantiñas a boca de escenario que certifican su altura.

Un último aplauso para un gran teatro y para un público atento y respetuoso. Sólo una pregunta, ¿quién roncaba en el ecuador de la velada era el mismo que el del año pasado?

*EN LA FOTO: María José Pérez (©  Paco Sánchez)

3 comentarios

joven llanos -

esta y muchas amigo, muy buenas, aunque no compartas mis gustos parece.
ella parece en-catadora (jeje)
saludos

volandovengo -

Joven llanos, me enorgullecen tus palabras sobre mi crónica. La flamenca es guapa y cata para caerse de espaldas. En cuanto al poema-canción prefiero no opinar.

joven llanos -

un comentario magnifico, pareciere que aunque no estuviesemos allí, sí que estábamos. Gracias amigo.
La imagen de esta bella mujer me ha conmovido, vaya para ella:

Negros tus cabellos,
cubrían tu cuerpo,
tan llena de amor,
te ví bailando.
Otro te abrazaba,
otro te besaba,
y era sólo a mi
a quien mirabas.

Cara de gitana,
dulce apasionada,
me diste tu amor
como una espada.
Hoy en los caminos
vaga tu destino,
vives el amor,
robas cariño.

Dónde están tus ojos tan profundos.
y aquél fuego tus labios que eran míos.
El licor que bebo abre mis heridas,
me emborracha y más te quiero todavía.

Ay, ay ,ay dónde, dónde estás gitana mía,
es en tu nombre mi canción desesperada,
que te llama y que te busca en todas partes,
pero dónde estas mujer, nadie lo sabe.

Dónde, dónde estás, dónde, dónde estás…

Dónde están tus ojos tan profundos.
y aquél fuego tus labios que eran míos.
El licor que bebo abre mis heridas,
me emborracha y más te quiero todavía.

Daniel Magal