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La noche

La noche

De golpe, la noche se perfila infinita (Vila-Matas)

Al igual que algunas personas no les gusta comer, que comen por necesidad, e incluso les incomoda esta inclinación, a mí no me gusta dormir. Necesito dormir, recuperarme, pero me parece una pérdida de tiempo descansar más de lo necesario.

Rechazo la cama unitaria, rechazo los brazos de Morfeo cuando empieza a clarear.

Duermo poco. Necesito dormir poco (mi hijo creo que ha heredado esta característica). Y, si "aguanto" en la cama, muchas veces es por frío y, dado el caso, por la compañía. O me obligo a descansar un poco más, sabiendo el día largo que se empieza a derramar bajo mis pies. O me obligo a leer en la cama. O, ya no recuerdo, si alguna vez he estado enfermo, malo de acostarme.

Adoro el día. Me gusta del verano que los días son más largos. Soy diámbulo.

Pero la noche es mágica. La noche no tiene edad. Es como la enredadera, como la selva en las películas de ficción, que crece constantemente, al segundo, implacable.

La noche es otra dimensión, donde el reloj no existe y los amigos son eternos y la ciudad es un parque de atracciones o un safari o un cuento sin fin.

La noche te hace descubrir otros lugares (o los mismos con otra cara), otros vecinos (o los mismos con otra cara), que te sorprende por lo inesperado, por la sustancia maleable que te lleva como un río que, a su vez, arrastra a todos los noctámbulos, a todas las brujas a todos los vampiros y a todas las luciérnagas que se aletargan durante el día.

La noche tiene alcohol y humo y luces y ruido y miedo. La noche tiene sus manos frías y el corazón cálido, que puede latir a mil por hora.

Las lágrimas de la noche no nos dejan ver las estrellas ni las farolas, que ya no enciende ningún farolero, ni las puertas, que ya no abre ningún sereno. Y, si hay suerte, tampoco se escucha ninguna sirena que, por la noche, abre una herida que cauteriza rápidamente.

La noche es cómplice y mentirosa. Puede ser cobarde y lúgubre. La luna no tiene nada que ver, aunque lo vea todo. Lo lleva viendo desde el principio de los tiempos. Y rige las mareas, las cosechas, nuestras mentes y la pulsión sanguínea.

La noche es una buena excusa para abrir nuestros poros y nuestro corazón. A la noche le falta el día siguiente y le sobra el amor que vas dejando en cada vaso, en cada esquina y en cada uno que te mira pensando que viene la aurora.

* El Albaicín de noche, Granada.

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