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Firmemos por el festival de Víznar

Firmemos por el festival de Víznar

Llevamos tiempo cuestionándonos la validez de los festivales hoy en día, esos maratones de artistas de público y de horas. La gran muestra de flamenco a granel, grosso modo, debería cambiar. Sin embargo, ni es el momento adecuado ni es un servidor el encargado de colgarlo en el cartel de anuncios. Así, que en otro foro nos veremos. Lo que sí es de ley comentar es que existen festivales recogidos y muy cuidados, en poblaciones pequeñas generalmente, que no sólo hay que apoyar, sino que cumplen una misión imprescindible. Tal es el caso del encuentro flamenco de Víznar, enmarcado en su Semana Cultural, que este año celebra su 25 edición. El festival flamenco coincide con la noche que mataron a Federico (el 18 de agosto), con lo que se dobla su intención. Cientos de personas se asoman a este pueblo serrano por amor al flamenco, pero también por solidaridad con el poeta y el deseo de libertad. Hay que destacar, por otro lado, a diferencia con bastantes festivales de la provincia, su exclusiva gratuidad.

La noche se abre con el “Imaginario musical lorquiano”, un compendio de la música que rodeó al poeta a lo largo de su vida, desde el clásico de Falla, hasta la música caribeña, desde el jazz hasta el cante jondo. Esta composición se inauguró en Fuentevaqueros, con motivo de la entrega de la insignia "Pozo de oro" a Enrique Morente el 4 de junio de este año. Su compositor, el pianista José María Pedraza, vino acompañado de Sergio Albacete, con el saxo, Alfonso Alcalá al contrabajo y, como baterista, Pancho Brañas. A ellos, se les une el cantaor Sergio Gómez ‘El Colorao’ y Alfredo Mesa a la guitarra.

El grupo de Curro Albayzín, a continuación, rellena el escenario. Curro es único recitando a Lorca, arropado con la guitarra sacromontana de Antonio ‘El Chonico’. A la voz le acompaña Sara Heredia, con soleá, tangos y, sobre todo, esas “Nanas del Caballo Grande” cantadas a capela. Al baile, la maestría, la elegancia y el carisma de Angustias ‘La Mona’.

Ya que estamos en primera, seguiremos subiendo. La segunda parte la ocupa un cantaor especialmente sembrado. Juan Pinilla es un artista con gran dominio y conocimiento, que no se limita a frasear como sus mayores, sino que ilustra sus intervenciones. Así logra ser puro como Ávila, dulce como Cobitos, creativo como Morente, comprometido como Moyano y didáctico como Calixto. Con Josele de la Rosa a la guitarra (bastante Mariano, por cierto), hacen zambra rematada en tangos, malagueña y generosos abandolaos, cantiñas y bulerías.

Como cabeza protagonista, un imponente Diego Clavel, cierra la noche. Sus registros, calidad y dominio son dignos de admiración. Su modulación, largura y melismas lo sitúan en la primera fila de los verdaderos aficionados. Hace granaína, la caña, peteneras (por petición personal), seguiriyas y cantiñas. A su lado, ejemplo de preciosismo y hondura, tañe la guitarra Antonio Carrión. A veces, demasiado impulsivo para el cante mecido del de la Puebla de Cazalla.

* Juan Pinilla (foto de archivo. © Nono Guirado).

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