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volandovengo

Fijo como el reloj

Fijo como el reloj

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Escuchamos a Miguel Lavi quejarse por tonás como los de antes: “no hay un hombre que sea fijo como el reloj”; y pensamos para nuestros adentros que fijo no, pero su cante es exacto, medido, dominante.

El martes este cantaor sube al escenario del Corral del Carbón con la humildad y el respeto que le caracterizan. En sus primeras palabras planea la duda y “la flor que amaba” de Manuel Torre no termina de encajar, pero la segunda letra por malagueñas de Enrique el Mellizo la borda sin fisuras. Una minuciosa labor de aguja y dedal que le acompañará el resto de la actuación, hasta hacerlo grande, inmenso para los oídos que buscan el gusto y el bronce.

Su estilo es tradicional. Su cante muy gitano, que redondea la guitarra cargada de pellizco de Manuel Parrilla. Se entienden a la perfección y van creciendo a la par.

Miguel sigue por lo jondo con una soleá por bulerías, en la que se hace acompañar por el compás preciso de Carlos Grilo y Luis Cantarote, creando un cuarteto jerezano consonante y de arte mayor; y después se queda solo entonando el martinete aludido al principio de estas líneas. Sus letras son las de siempre, su sonido es el de siempre, el fraseo vehemente. Hacía tiempo que no pasábamos tan buenos ratos escuchando a un cantaor tan joven y tan añejo. Nuestros oles se multiplican y el reconocimiento es merecido.

Unas seguiriyas de lujo preceden a las generosas bulerías, con los cuatro nuevamente, con las que acaba el recital. En pie despedimos a este cuadro sin desperdicio.

Luisa Palicio rellena la segunda parte. Aunque reconocemos una bailaora con peso, su baile viene a ser simple y repetido. El simple hecho de sacar dos vestidos de cola, que mueve con gran estilo, y repetir los mismos esquemas en la soleá y las alegrías, disminuyen su eficacia. Para redondear esta reiteración, propone guajiras entre medias, lo que encierra un paralelismo rítmico con las cantiñas finales que empobrece la obra. Además, para esta pieza cubana se hace acopio de un catálogo de accesorios a toda vista innecesario.

Rizando el rizo, la bailaora malagueña, estuvo pobremente arropada. Tan sólo por un cantaor, Moi de Morón, que se iba apagando por momentos, y un guitarrista, Rafael Rodríguez, que vino a ser el verdadero artista de la función.

* Foto: Miguel Lavi (flamenco-world.com©).

2 comentarios

volandovengo -

Sí, Lara, en verano hay más flamenco pero, como en el resto del año, está deslavazado. Son taifas.

Lara Cano -

Es ver ahora el calendario de tu blog y lamentarme por no poder vivir aún en Granada...

Jorge, ¿es porque es verano (me temo) o en Granada se están moviendo más cosas últimamente?

Un saludo!