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Para que Carolina sonría

Para que Carolina sonría

Festival Flamenco "Ayudemos a Carolina"

Muy a menudo, cada vez que vemos los diarios o leemos las noticias, nos echamos las manos a la cabeza lamentando los vuelcos e injusticias de los hombres y del destino. Muy a menudo, sin embargo, nos cruzamos de brazos diciéndonos que no podemos hacer nada desde nuestra distancia, desde nuestras limitaciones.

Pero el mundo sigue girando inevitablemente con sus espinas, pero también con sus pétalos. Es nuestro deber cuidarlo para nuestros hijos. Es nuestra obligación dejar todo un poquito mejor de lo que lo encontramos.

Cada uno, según sus posibilidades, algo puede aportar, aunque sea preocupándose, firmando o colaborando. Todos vamos en un barco, que se llama planeta Tierra, y si se hunde, por catástrofes, guerras, atentados, epidemias…, todos nos hundimos con él y se hará realidad esa pintada que ilustraba una boca del metro de Nueva York: “Se suspende el futuro por falta de participantes”.

Las peticiones de auxilio son muchas. La solidaridad a veces se halla con cadenas. Sencillamente, por imposibilidad física, económica, social, no podemos volcarnos con todas las causas. Cada uno que se mire por dentro.

El miércoles pasado hubo un festival benéfico, en el teatro Isabel La Católica, a favor de una niña de cinco años, llamada Carolina, que tiene que ser operada de la vista en Estados Unidos. Los flamencos siempre responden a estas llamadas y, de forma altruista, por supuesto, prestaron su arte y su saber para el desarrollo de este encuentro en el teatro que, por suerte solidaria y aficionada, estuvo lleno.

Quise aportar mi grano de arena y colaboré en la presentación, junto con José Manuel Rojas y Antonio Vallejo, promotores de festival. Y los artistas, entre gitanos y castellanos, dieron el cien por cien de su voluntad y buen hacer, en apoyo a la causa.

Abrió la noche Fita Heredia, con su gracia festera y su voz canastera, y, con Josele de la Rosa, a la guitarra, hizo un tema a ritmo de fandangos y unas bulerías con su pataílla añadida, como marcan los cánones. Juan Pinilla, el único payo entre los cantaores, y con el mismo guitarrista, interpretó una zambra dedicada a Caracol y unas alegrías muy a su estilo, que se asoman al estilo de Calixto Sánchez.

El color del baile, para que la noche fuera completa, lo aportó la familia Vallejo, junto con la Escuela Municipal de Flamenco de la Zona Norte, haciendo un alarde de fuerza y raíz.

Jaime Heredia ‘El Parrón’, con su elegancia innata y su voz afillá, nos regaló una soleá y unos fandangos, arropado con la guitarra de Rafael Fajardo. Manuel Heredia, también con Fajardo, propuso malagueñas y abandolaos de Granada y bulerías, donde impuso su dominio del cuplé, acordándose de las de Utrera, de Bambino y de Manuel Molina.

También quiso estar presente, después de una delicada operación, Pepe Luis Carmona. Cantó soleá y fandangos, junto a la guitarra de Isidoro Pérez, presidente de la Federación de Peñas granadinas.

Para terminar, la guinda al espectáculo la puso el nieto de Juan Habichuela, que, con rondeñas y bulerías, sembró la noche de ecos sonanteros.

* Pepe Luis Carmona y Jose Manuel Rojas (foto IDEAL).

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