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Buenos vientos para el flamenco

Buenos vientos para el flamenco

XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Jorge Pardo 

Jorge Pardo sonríe desde que sale a escena. Habla con su gente y organiza el combo como si estuviera en un club de jazz. Habla con el público, presenta los temas, duda sobre cómo proseguir, admite propuestas. Se siente cómodo, aunque parece su estado habitual. Cuando cesa su actividad y deja que sus compañeros se extiendan, disfruta con ellos  marcando el ritmo en la culata del saxo tenor o en la banqueta que le sirve de apoyo.

Como los grandes músicos, es humilde y generoso. Su mundo conocido es el jazz; su mundo creado es la fusión. Comenzó con el flamenco en el sexteto de Paco de Lucía, en el que fue sembrando escuela. Al igual que el cajón, que se introdujo por la puerta grande en flamenco de la mano de Ruben Damtas, de la misma agrupación del de Algeciras, los vientos, con este músico, adquirieron autenticidad y compromiso.

Jorge es versátil y creativo. Ha grabado con numerosos jazzístas y flamencos, como Ketama, Ray Heredia o La barbería del sur, pero también con músicos menos conocidos, como con el pianista granadino Jesús Hernández.

El escenario vacío recibe a Jorge Pardo con su travesera. No tardamos en identificar los primeros compases de la Danza del Fuego de Manuel de Falla con un ritmo festero. Parece que este tema haya sido escrito para flauta. El fuego crepita y, en su mitad, requiere a Bandolero para que una sus fuerzas a este brujo amor. La percusión es precisa y completa con cajón y batería. A veces había que asomarse para comprender todo el cumplimiento. Con los pies manejaba los dos pedales, el bombo y el charles, con una mano baqueteaba el redobles y con la otra palmeaba la caja, sin perder un ápice de frescura y naturalidad.

Terminado el ritual del fuego, como si fuera una invocación, Josemi Carmona, solo en las tablas, interpreta una granaína en honor a la tierra de sus mayores. Desde su padre, Pepe Habichuela, también guitarrista, hasta el cantaor José Luis o el percusionista José Antonio, varios Carmona se arraciman en el patio de butacas. Josemi recuerda constantemente su disco Las pequeñas cosas (2011), incluso algunos temas pertenecen a este trabajo. También acude a la técnica del loop. Intentaré explicarlo. El loop es un anglicismo (se puede traducir como ‘bucle’), muy empleado en el jazz o en la música electrónica, que consiste en autograbarse, por medio de samples, para reproducir continuamente esta secuencia, ocupando uno o varios compases, para permitirse tocar por encima. Hay que tener habilidad para usar esta técnica para tocar sin desajustes.

La madre de Camarón, recuerda el saxofonista madrileño, cantaba unas alegrías dedicadas a la Perla de Cádiz, que son reproducidas a continuación. Los vientos de Pardo hacen las veces del cantaor y, conociendo el tema, no es difícil que recordemos este tema conforme va sonando. Un tema que desemboca, como casi todas las entregas de la noche, en puro jazz, con sus incursiones individuales y su buena dosis de improvisación.

Dos apagones de luz y unas décimas de silencio perturbaron una noche de entrega y afición, cuando el saxo es indiscutible protagonista en la soleá por bulerías, con una aplaudida coda jazzística.

Seguimos con la fiesta. Unos tangos, que se asoman al camino y terminan como en balada, definen a un trío compacto. Se entienden a la perfección. Una simple mirada determina el camino.

De nuevo con la travesera, ya hasta el final del concierto, Jorge aborda un bolero que es un popurrí, que comienza con Historia de un amor de Los Panchos y termina con las notas de Summertime, pasando por el Gwendoline que cantaba Julio Iglesias.

Antes de continuar, a petición del público, sonó un fragmento de la bulería Almoraima, grabada por Paco de Lucía en 1976, y que acompañó al sexteto en todas sus giras. Unas bulerías que se prolongaron hasta el post festum, pues pronto pasaron a ser Los cuatro muleros de García Lorca y después a bulerías más tradicionales en el bis que, a los postres, continuó haciéndole guiños a Federico con el Zorongo gitano o el Anda jaleo.

Definitivamente, soplan buenos vientos para el flamenco.

* Foto de Joss Rodríguez©.

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