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Don de lenguas

Don de lenguas

Estévez y La Moneta

Lo más importante en el flamenco de hoy es encontrar un lenguaje nuevo. Nuevo y coherente. Un habla flamenca, entroncada en la tradición, sin perder de vista a quienes dignamente nos preceden, pero mirando hacia delante, por nuevos caminos, y con las ventanas abiertas para que nos salpiquen los aires de otras corrientes, de otras vanguardias.

La guitarra es la más versátil. Nuestros tocaores, de tan virtuosos y mestizos, se han puesto en órbita. Giros galácticos imposibles envuelven algunos concertistas de guitarra. El cante quizá sea el más anquilosado. Aunque la vanguardia del cante es no salirse de los carriles marcados por Chacón y Manuel Torre y la Niña de los Peines.

El baile, sin embargo, es un terreno propicio. Es la manifestación más plástica y maleable del flamenco. El baile puede crecer y expandirse o concentrarse y explotar en sí mismo, creando un proceso de fisión que afecta consecuentemente a los cinco sentidos.

Ejemplos tenemos muchos, variados y buenos. Desde la observación, la admiración, la creación y el inconformismo, el baile flamenco se ha convertido en la apuesta más importante de nuestro arte. Citar nombres sería un error, por miedo a los olvidos. Pero todos tenemos en nuestras mentes los conceptos de los que hablo en una docena de bailaores, al menos.

Dos lenguajes muy diferentes y carismáticos se dieron cita el jueves pasado, 28 de enero, en la Sala Joaquín Turina, del Centro Cultural Cajasol de Sevilla. Rafael Estévez es un prodigio de compás, minimalismo y control corporal. Fuensanta ‘La Moneta’ es la esencia del baile destilado, es la fuerza domeñada, es la transmisión rendida. Ellos se conocen y se admiran. Ellos se quisieron mimetizar, entablando un diálogo entre dos sensibilidades. Ellos eran los emisores. El público, los destinatarios. La fuente es el flamenco. El canal sus cuerpos. Y nada más. No hay teatro ni conejos en la chistera. No hay paseos de funambulista ni flores a la salida. Tan sólo el flamenco de siempre. Los palos, que se imbrican hasta lograr un todo continuo, donde el tiempo se ralentiza de tal forma que puede dejar de existir.

Un cuadro de gran peso musical los arropan por detrás, comprendiendo que el armazón rítmico, junto con la megafonía, son las armas de un buen espectáculo danzístico. ‘El Galli’ y Miguel Lavi, especialmente motivados, al cante; los hermanos Iglesias a la guitarra; y Patricia Guerrero y Eduardo Leal, dos bailaores cargados de respeto y sabiduría, tomaban nota haciendo compás.

Las alegrías, donde se presentan los bailaores a su forma y compenetración, se solapan con tonás, que continúan por seguiriyas, siguiendo por granaína-malagueña y abandolaos, donde Estévez se queda sólo bailando hasta los silencios, impregnando el aire con su saber y su sabor orientalizante.

Fuensanta vuelve a escena y aborda una granaína con bata de cola negra y volantes rosados en su envés. Reivindica su tierra y su poderío, mientras Miguel Iglesias borda con sus acordes ese fandango preciosista chaconero. Un interludio musical, en forma de rumba, preludia tácitamente un segundo pase.

Un triunfo, orillado en el total, fue el roneo por tangos del Camino en plena capital hispalense. La soltura de un paso a dos, tan cómplice como espontáneo, hace poner la sala en ebullición. La pieza se calma por tientos. Y, en la colombiana, es Paco Iglesias quien impone la rotundidez de su guitarra.

La noche termina con soleares y corridos. Soleares de artistas únicos y diferentes. Corridos de lágrimas de emoción y aplauso satisfecho. Cada uno habla a su modo. Fuensanta y Rafael se entienden a la perfección, aprenden entre ellos y se comunican con el público anhelante. Eso se llama “don de lenguas”.

* Rafael Estévez y Fuensanta la Moneta en el Corral del Carbón (© MAYO)

4 comentarios

volandovengo -

Hay vestidos que favorecen a las mujeres, La Moneta, en cambio, embellece el vestido.

Lara Cano -

Ahí seguiremos, casi sin dedos. :)

Por cierto, qué bonito el traje de La Moneta.

volandovengo -

Es halagador tu comentario, Lara. Aunque no todo lo que se ve se disfruta como esta actuación.
Espero que me sigas leyendo, aunque te comas las uñas.

Lara Cano -

Creo que dejaré de leer tus reseñas. Tienen efectos secundarios devastadores, entre ellos, la envidia.

:)