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Flamenco

Frida Kahlo por bulerías

Frida Kahlo por bulerías

Flamenco viene del Sur

Antonio Canales ya se vistió de Bernarda Alba y Manuel Liñán bailó con falda de cola, y entre las mujeres, desde Carmen Amaya, es habitual “vestirse de hombre” para bailar determinadas piezas, sobre todo la farruca, pero un riguroso transformismo como el que nos ofrece Amador Rojas interpretando a Frida Kahlo está fuera de todo precedente.

“Kahlo Caló” es una gran obra en un ciclo equivocado. Como idea es sugerente, arriesgada, vanguardista… pero como apuesta flamenca se pierde un poco en su propio cosmos. Queda claro que tanto Amador como Pepa Caballero, de quien parte la idea original y el guión, son flamencos y como tales conciben la función. Ésta, sin embargo, queda limitada a algunos cantes y a unos bailes bastante conseguidos (alguno de ellos nos recuerda a Israel Galván). Si se nos presenta como teatro aflamencado o musical, no tendría objeciones.

Por lo demás, un trabajo ingente, una visión acertada e inquietante de la vida de una mujer con una gran personalidad, en donde se juntan el dolor físico con el dolor espiritual. Rojas se mete en la piel de Kahlo a los cien años de su muerte, cojea como ella y sufre como ella. Baila, en definitiva, con ese arrebato y esa pasión con que ella debía pintar. Se convierte en una y mil “fridas” que ella, con su drama, su arte y su compromiso, se desdobla.

El drama está servido. Los personajes, en cambio, sobreactúan. La ambientación está conseguida, quizá a falta de luz y color en determinados momentos. La música es el verdadero hilo conductor del drama. Unos sones que nos trasladan de México a Nueva York y de allí a París, para regresar de nuevo a su patria, sin necesidad de ver nada más. Destacamos las miradas flamencas, tan sólo un apunte, como decimos. Así las alegrías, los fandangos, las bulerías, las seguiriyas o la farruca se convierten en balones de oxígeno para el público que acude al sur para ver venir el flamenco.

Entre estas pinceladas, rumbas, baladas aflamencadas, I’ll never be the same y otros acercamientos al jazz, rancheras y canción mexicana como La Sandunga o, para terminar, La Llorona, que es todo un himno, porque me muero de frío. Un aplauso a la versátil Lalah Domínguez que interpreta todos estos temas.

Frida es una paloma, como decía Alejandro Peña haciendo de Diego Ribera. Mas una paloma atormentada. El tormento se masca en el escenario, pero para apreciar el ave encontramos demasiados escollos. Al protagonista, siendo exquisito en momentos, como cuando baila con la bata de cola negra, en general le falta la feminidad y delicadeza deseadas.

* A la izquierda, Amador Rojas. A la derecha, Frida kahlo

Juan Habichuela, la cosecha no se pierde

Juan Habichuela, la cosecha no se pierde

Patrimonio Flamenco. La Chumbera

Érase un niño a una guitarra pegado. Por las venas de Juan Habichuela, nieto, fluye la sangre de los Carmona. Las seis cuerdas se han convertido en prolongaciones de sus dedos. Juan es un buen representante de su familia, fiel continuador de los pasos de su abuelo. Las aptitudes de este joven guitarrista, como las de sus mayores, se pueden resumir en sentimiento, limpieza de ejecución y en ese soniquete arábigo granadino que se ha convertido en el sello de la casa. A esto hay que añadir la rapidez y la destreza como valores propios.

Habichuela se presenta solo en el escenario de La Chumbera (donde el flamenco es realmente popular) interpretando una soleá. La pieza es en principio alarmante, con su espíritu creador y sus continuos cambios, parece deslavazada, pero se redondeará con su final por bulerías. Seguidamente suena un zapateado, en el que se hace acompañar del discreto violín de Maya y el correcto bajo de Juan Masana. La guitarra parece que canta. Los ritmos trepidantes, el limpio fraseo, el continuo remedarse a sí mismo, el agradable soniquete, serán la tónica de todo el concierto.

Las guajiras, las alegrías y los tanguillos siguen el mismo esquema. El teatro se derrumba. Cómo puede caber tanto arte en las manos de este joven. Pero en conjunto, esta entrega hace agua. No terminan de encajar bien todos los instrumentos en un concierto donde la sonorización, el equipo técnico, tiene mucho que ver. José Antonio Carmona, siendo un buen percusionista, sobraba en más ocasiones de las deseadas. Y la aguda voz de Irene Molina, mal proyectada, hacía equilibrio entre el tópico de unas letras trasnochadas y los desajustes.

La seguiriya, en el ecuador del concierto, siempre mide el pulso de un flamenco. Prueba superada. Y con las bulerías, Juan Habichuela, pone la guinda, sacando a bailar a Vero La India. Vero es visceral, sacromontana por los cuatro costados. Su fuerza y empuje nos recuerda a las gitanas de antes, las de las cuevas, donde todo era compás y sentimiento; brío desbocado. Las bulerías son una guerra consigo misma, donde no hay tregua ni reposo. Un gran baile, un reconocido aplauso, un protagonismo ganado a pulso y escrito con mayúsculas. Jadeante después de su actuación, Vero se sienta entre los músicos para hacerle compás al guitarrista que se despide con una rumba, demostrando definitivamente que la cosecha de Habichuelas está asegurada.

 

La verdad de Pepa Montes

La verdad de Pepa Montes

Flamenco viene del Sur

 

Pepa Montes no tiene edad. Cuando sale al escenario se para el tiempo, su baile es etéreo, sus manos hipnotizan. “Bailaora” es el espectáculo más completo que hemos visto en este ciclo de. La obra expone pura y simplemente la verdad de su autora, que pasa por ser, junto con Manuela Carrasco, Milagros Mengíbar y Merche Esmeralda, la bailaora más en forma de su generación. La carismática bailaora de las Cabezas de San Juan nos presenta un programa flamenco e íntimo, surgido de las entrañas. Tanto ella como su cuadro son excelentes. La creación musical, un continuo ritmo sin tregua, donde tiene mucho que ver el compás y la percusión, es uno de los valores más importantes de la obra. Destaquemos al guitarrista Ricardo Miño, marido de la bailaora, al pianista Pedro Ricardo Miño, hijo de ambos, y a los cantaores Vicente Gelo y Sebastián Cruz.

La obra no tiene un claro argumento, es original en sí misma. Sin embargo, comienza con el gran tópico de la academia de baile, donde Pepa entra sin zapatos y se calza en mitad del escenario, para enseñar algunos pasos a dos de sus alumnos, que resultan ser dos grandes exponentes de la “escuela sevillana”. Unos fandangos que contienen pases de bulería y soleá sirven de comienzo del espectáculo, mientras el pintor Manuel Machuca realiza un retrato de la artista en directo. Después, el mismo pintor interpretará unos naturales no muy conseguidos. Casi sin parar comienzan las cantiñas “Recordando a Cádiz”. Pepa, con su bata blanca, se impone como una diosa, como esa obra de arte efímera que tratamos de mantener en la retina. Pero a una vuelta le sigue otra, y el juego de brazos y el baile de la cola y el vuelo del mantón. Como las grandes se mueve sin aparente dificultad. Se sabe grande, se conoce bella, y así lo muestra. Los dos bailaores de apoyo, a la postre, siguen sus pasos. Un silencio total, incluso con luces apagadas, antes de las escobillas, conceden otro original atrevimiento.

Pedro Ricardo Miño sale a escena, da las buenas noches y se sienta frente al piano. Hace una bellísima granaína, más cercana a la estética clásica que a los cánones flamencos. Y es que el teclado todavía anda en la frontera de los instrumentos aceptados. Son muchos, sin embargo los que visten el piano de toda legitimidad (desde Chano Domínguez o Diego Amador hasta Dorantes). Estas granaínas, como no podía ser menos, se abandolan en fandangos del Albaicín, que entona, con alguna objeción, el cantaor sevillano Vicente Gelo. Continúa el piano por bulerías, que lo secundan los demás músicos. Para pasar a uno de los momentos álgidos del programa, la caña, que culmina con la soleá “Bailaora”, que le da nombre a la obra. Montes, con vestido de cola roja se entrega con pasión.

La rondeña, un mano a mano entre el piano y la guitarra, entre padre e hijo, es otra pequeña obra de arte, que termina por fiesta, y da pie a exponernos su última pieza “Zorongo”. Se trata de pasar el mismo zorongo gitano y otras piezas de García Lorca por el tamiz de las bulerías. La bailaora está arrebatadora, el movimiento de sus manos es difícil que se me olvide en mucho tiempo.

* (© Deflamenco.com)

Una apuesta local

Una apuesta local

4º Festival Flamenco Joven de Huétor Tájar

Eminentemente granadino fue el Festival de Huétor Tajar, pero no por falta de miras ni por patrioterismo casposo, sino porque tres de los mayores representantes del flamenco joven actual son de Granada. Prueba de ello es que son ellos los que recibieron los últimos grandes galardones en el Festival de las Minas de la Unión. Juan Pinilla, que además es autóctono de Huétor, se alzó con la “Lámpara Minera”; la bailaora Patricia Guerrero, obtuvo el “Desplante”; y Sergio Gómez “El Colorao”, los premios a la vidalita y a la soleá.

Y fueron precisamente estos palos los que abrieron el concierto. Sergio, con la voz levemente tomada, dio un recital memorable, lleno de melismas y agradables tesituras. El más joven de los Coloraos, con una voz dulce y redonda, hace bonitos los cantes que presenta. A saber, aparte de los ya aludidos, cantó farrucas, bulerías y fue realmente grande en los martinetes, donde se apreció claramente la cajita de música que tiene en la garganta. Lástima que la guitarra de Rubén Campos a su lado sonara tímida y a veces descafeinada.

Aunque la aportación de Juan Pinilla estuvo bien, no fue la mejor de sus noches. En plenas facultades y con un guitarrista de excepción a su lado que le facilitaba el fraseo, el cantaor sólo llegó al notable y no alcanzó el sobresaliente, que es a lo que nos tiene acostumbrados, sobre todo en su pueblo. Puede que parte de culpa la tuviera un público que, asombrosamente, se mostró frío desde un principio, sin la chispa de complicidad y calidez que se espera en el flamenco.

Juan comenzó con marianas y continuó con malagueñas y abandolaos (de Almería, Almuñécar, Málaga, Córdoba y Granada). También hizo granaínas, en las que se acordó de su maestro, Manolo Ávila, remedando a Cayetano, y remató como lo hacía el maestro Cobitos, tomado de Silverio. De aquí pasó a las cantiñas, donde Antonio Carrión lo mecía agradablemente, allanándole el camino, con su añeja guitarra. Pinilla terminó con una pequeña muestra de fandangos naturales.

Patricia Guerrero no sólo sufrió la sequedad del respetable, sino también la templanza de sus músicos. El resultado fue un baile preciso pero fuera de contexto. Patricia tiene unas formas muy estudiadas y trabajadas, hasta el movimiento de las cejas está milimetrado. Pero una bailaora, aunque sea la más austera de Andalucía, necesita que la arropen en condiciones. El sonido estaba flojo y el cuadro ajeno.

El esfuerzo de Marcos “Palometas” fue loable, pero hubiera necesitado una segunda guitarra que lo reforzara. Los cantaores, Juan Ángel Tirado y Manuel Heredia, de lo mejor de la tierra para cantar atrás, no se entendieron con las seis cuerdas ni en las alegrías ni en los cantes de levante, que Patricia remata con una hermosa coda por tangos. Entre medias, los cantaores hicieron unas tonás en la boca del escenario, demostrando sus facultades.

Un Calixto Sánchez muy ligero

Un Calixto Sánchez muy ligero

Flamenco viene del Sur

 

Atrevimiento es la primera palabra que me viene a la cabeza para definir el concierto de Calixto Sánchez la noche del lunes en el Teatro Alhambra y por ende el disco que presentó, Andando el camino. Atrevimiento y ligereza, aunque no provocación y frivolidad. Nada más lejos de mi intención.

Quien acudiera a ciegas a esta presentación pudo salir algo desconcertado. Un cantaor ortodoxo, académico como ninguno y con una jondura emblemática, haciéndose acompañar de un teclado, de un bajo eléctrico y de una travesera, es algo que no termina de encajar. Conociendo, sin embargo, las inquietudes de búsqueda de este flamenco de Mairena del Alcor, no es de extrañar que apriete un poco más las tuercas, se salga del camino, pero sin abandonarlo, y se haga arropar de otros instrumentos y de ese aire más festivo. Pues, cuándo se ha visto que un disco de Calixto contenga nada menos que tres bulerías. Tres bulerías y unos tangos y unas cantiñas y unas marianas, que son todo alegría.

Pero se trata de Calixto, Calixto Sánchez, un cantaor emblemático, que lleva treinta y cinco años de profesión. Es realmente como el flamenco avanza. Desde el más profundo conocimiento y el respeto más sincero, se pueden permitir estos devaneos.

El cantaor en plenas facultades y sabiendo lo que hace, expuso su verdad. No se puede pedir más. En primer lugar, acompañado tan sólo del piano de Gustavo Olmedo, cantó la zambra Quisiera volver, que sonó como el preliminar regalo a la tierra que siempre lo acoge con los brazos abiertos. Para las malagueñas y para las dramáticas seguiriyas, sus aportaciones más cabales, lo arropó la fiel guitarra de Manolo Franco.

Los cantes de levante, No grites más, fueron una revolución. La repetición raveliana de algunos acordes y la intervención del bajo (Miguel Vargas) y del piano, junto con las palmas y el ritmo machacón de las dos guitarras (Manolo Franco y Eduardo Rebollar), hacían parecer que sonaba un blues por tarantos. De las marianas, Buscando la vida, resultó otro experimento. Calixto Sánchez prescinde de los momentos más templados y de los tientos y propone únicamente el soniquete por tangos.

Acabando el concierto, el cantaor sevillano, abundando en la fiesta, se pone en pie y nos regala las rumbas A un olmo seco, uno de sus grandes éxitos (si se puede hablar de esta forma en el flamenco), pertenecientes a Retrato flamenco (2001), donde canta a Antonio Machado. Después vinieron las cantiñas A la sombra de la parra, que acogen las estrofas más populares. Y, para terminar, un generoso remate por bulerías, en el que destacó la cómica historia de Manolita y, como nos tiene acostumbrados, las Habaneras de Cádiz de Carlos Cano, cerrando así el tácito homenaje a Granada.

 

Los nuevos pasos de Niño Josele

Los nuevos pasos de Niño Josele

Jazz viene del Sur

 

Niño Josele es un guitarrista flamenco abierto a las nuevas tendencias. Desde que Paco de Lucía dio el salto, muchos amantes de las seis cuerdas han perdido el miedo a introducirse e impregnarse de otras músicas, sobre todo del jazz hermano, aunque también del blues, de la bossa nova o de la música andalusí. Enrique Morente al respecto opina que no existe sino sólo una música, con mayúsculas. Niño Josele grabó en 2006 un disco antológico. Filtrando a través de los matices flamencos algunos de los éxitos del pianista Bill Evans, publicó su trabajo “Paz”. Y en ese punto estamos cuando llega a Granada con el ciclo “Jazz viene del Sur”.

Aterriza con el espíritu flamenco de siempre, pero con el sentimiento jazzístico de hoy. Mucho jazz, demasiado jazz. Su trabajo, lleno de sentimiento y ternura, se dejó entrever en puntuales momentos. Destacamos el tema “The Dolphin”, con el que, en solitario, inició el concierto, con algún guiño a la soleá y su remate por granaínas, o “The Peacocks” que sonó después del concierto, ya con toda su banda, como primer bis. Se echaron en falta algunas voces que entonaran “Minha”, que canta en el disco Estrella Morente, o “I do it for your love” cantado por Freddy Cole, afamado jazzmen, hermano de Nat King Cole. El estado de gracia de niño Josele, en cambio, estuvo presente todo el concierto.

El segundo de los temas que interpretó fueron unas bulerías puras, en las que se hizo acompañar de la caja de “Piraña”. La misma fórmula que aplicó al final del concierto, ya con toda su banda, que fueron permanentes desde la tercera pieza. Para el ecuador de la función aparecería Jerry González detrás de su trompeta, como artista invitado. Fue un soplo de viento (nunca mejor dicho) entre tanta cuerda y percusión, que rozaban la monotonía por momentos. La participación de Jerry fue escasa pero sobresaliente. Se hará más evidente en los bises. Muy aplaudidos fueron también las intervenciones de “Piraña” al cajón, del bajista Alain Pérez y del baterista impecable e impasible, Horacio “El Negro” Hernández.

Las concesiones al jazz, como digo, fueron más que sobradas. Demasiadas improvisaciones, algunos solos casi forzados y largas codas finales. Devaneos que evitaron tal vez consolidar el recital esperado.

Aplaudiremos por fin un diálogo entre los percusionistas, batería y caja, para acabar la entrega y los generosos bises que sirvieron para redondear el concierto.

* Niño Josele (© Juanjo Castillo)

Carrete, mucho Carrete

Carrete, mucho Carrete

Flamenco viene del Sur

 

A veces la calidad de un espectáculo se aprecia a priori por la categoría del público asistente. En flamenco, como en tantas manifestaciones artísticas, esta premonición se cumple con pasmosa regularidad. A la entrada del teatro, para ver la propuesta de José Losada “Carrete”, pudimos ver a artistas de la talla de Enrique Morente, Mariquilla o Mayte Martín y a un sin numero de buenos y antiguos aficionados.

José Losada no hace más que exponer los duros momentos de sus comienzos en siete escenas, a través, como es lógico, del flamenco. Yo no sé la edá que tengo es una obra biográfica, escrita por Ortiz Nuevo, quien hace de narrador y actor protagonista, dentro del mismo pellejo de “Carrete”. El tratamiento es desenfadado, pero duro. Dentro de tanta comicidad, que a veces enturbia la ortodoxia, se encierra una infancia de penalidades en la ciudad de Málaga, en los tiempos del hambre. Así sabemos, que “Carrete” no tuvo zapatos hasta los diez años y que quería ser Fred Astaire por lo bien que bailaba (lo que él creía que eran bulerías) y por lo bien que comía en sus películas.

Así, con este ídolo, y una de sus escenas proyectada en el fondo de un escenario que se asemeja a una pantalla de cine, se desarrolla toda la función. El cinematógrafo es el principio de todo, es la única válvula de escape para un niño que bailaba sobre la paja, era la única opción de soñar despierto. Caracterizado con frac y chistera remeda al bailarín de celuloide, dándole su impronta flamenca. “Carrete” ya baila poco, pero contiene un poso de sabiduría que se convierte en arte con cada uno de sus movimientos, con cada uno de sus gestos.

El camino se inicia con un preciso Juan José Amador situándonos en el campo y la labor con un cante de trilla, que pronto pasan a ser alegrías, un paso a dos bailado por Carmen Ríos y Cristóbal García. Para rematar, el maestro apunta unos pasos magistrales (su respingo es antológico), que sigue toda la compañía vestidos de campesinos. Porque aquí todos actúan, todos bailan, todos se ríen y se lo pasan bien a la sombra de José. Su hijo, Joaquín Losada “Carretillo”, introduce con su guitarra introspectivamente cada parte, como fiel testigo de esta azarosa vida.

El sufrimiento llega por seguiriyas. Aplaudamos el cante de José Valencia. El compás del malagueño está sobrado, su espontaneidad, sus recursos y su expresión son más que notables, en los que se intuyen influencias de Escudero, de Antonio o de nuestro Mario Maya. La cuarta escena se desarrolla en Oslo, con Chiquito de la Calzada. Toda la compañía vestidos de época recrean por rumbas y tangos de Granada y de Extremadura el ambiente palaciego y su inesperada lluvia de billetes.

El tiempo cuenta momentos agridulces. Nos habla de la última actuación de Carmen Amaya, a la que no fue apenas público. Desmoralizada va a la Taberna Gitana donde actúa “Carrete”, y éste le alegra la noche al vestirse de mujer. Remata la escena bailando una soleá, donde Er cariño pasa a ser el Cheek to cheek de Irving Berlin por bulerías y “Carrete” repartiendo dinero de una anciana millonaria que lo protege. “Heaven, Im in heaven”… Hasta que se le acaban los cuartos.

La obra acaba por levante y el flamenco puro, que es La ley y con un grito de esperanza en el futuro.

* Carrete vestido de rey en la fiesta palaciega (© Deflamenco.com)

Se inaugura la Peña Yerbabuena

Se inaugura la Peña Yerbabuena

El pasado viernes, 28 de marzo, se inauguró la nueva sede de la peña "Eva Yerbabuena" en Los Ogíjares, uno de los pueblos con mayor tradición flamenca de la provincia.

El complejo del Cortijo de la Hoya, lugar especialmente habilitado para esta Peña, reunió a unas trescientas personas, entre las que se encontraban bastantes representantes del mundo flamenco, de la política y de la cultura en general.

Estuvieron presentes desde la misma Eva Yerbabuena*, que pronunció unas palabras de emocionado agradecimiento hasta Marina Heredia, Segundo Falcón, David Palomar y Gema Jiménez, pasando por Curro Albayzín*, Paco Moyano, Edu Lozano, Jara Heredia*, Francisco Manuel Díaz*, Josele Ortiz, Iván Vargas*, Rocío Montoya, Lucía Garrido* y tantos otros que, al finalizar, se arrancaron con unos improvisados tangos y algo de fiesta, pasándose el micrófono de un cantaor a otro y dando pataíllas de bailaor a bailaor, ya que abundaba la gente de la danza que quisieron hacer compañía en este día señalado a la gran bailaora que es Eva Yerbabuena.

Extraoficialmente, pues no se deseaba dar mayor oficialidad a este acto social, la alcaldesa de la localidad, Herminia Fornieles, el presidente de la Peña, José Bedmar, y otros responsables, iban dando detalles de esta asociación de aficionados al flamenco, que no quedará tan sólo es eso, pues esta misma sede albergará en un futuro próximo un Centro de Estudios Flamencos, que, junto a su prestigioso Festival y su creciente Concurso de Guitarra, convertirá a Los Ogíjares, en un centro neurálgico del flamenco granadino y en un referente imprescindible de nuestro arte en toda Andalucía.

* Presentes en la foto.

Nuevos reconocimientos a Marina Heredia y Estrella Morente

Nuevos reconocimientos a Marina Heredia y Estrella Morente

Como todos los años, la revista on-line “DeFlamenco.com”, durante el mes de enero, realiza una encuesta entre sus miles de lectores en todo el mundo, para conceder sus premios a los mejores artistas y productos flamencos del año anterior.

Para la votación final, entre las ternas finalistas seleccionadas, se recibieron 22.415 votos válidamente emitidos, pues se han anulado más de 2.000 votos procedentes del mismo e-mail o con la misma dirección IP.

El 65% de los votos recibidos han sido realizados desde la versión en español y el resto desde la edición en inglés. Geográficamente, el 45% de los votos se han recibido desde España, siendo la mayoría de Madrid, seguido de provincias de Andalucía como Granada, Sevilla o Málaga. Del resto de países, 46 en total, destacan los recibidos desde Estados Unidos, Francia, México, Italia, Canadá y Japón.

Entre los ganadores del año 2007 se encuentran las dos cantaoras más exportables de nuestra tierra: Marina Heredia, por el “Mejor Disco”, con “La voz del agua”, desbancando a Esperanza Fernández y a “El Torta”; y Estrella Morente, por el “Mejor espectáculo de flamenco en directo”, que competía con Gerardo Núñez y Miguel Poveda.

Otros galardonados han sido Paco Cepero, Manuela Carrasco, Manuel Lombo, Rocío Molina, Marco Flores o el Festival Málaga en Flamenco.

Entre los artistas granadinos que se han quedado a las puertas, se encuentran: Miguel Ochando, en dos categorías, “Mejor primer disco” y “Mejor disco de guitarra”; Eva Yerbabuena, como “Mejor bailaor/a de flamenco”; Iván Vargas, como “Mejor bailaor/a de flamenco revelación”; o Juan Andrés Maya, como “Mejor espectáculo de baile flamenco en directo”, por “El Nacimiento”.

La entrega de premios se realizó ayer jueves, día 13 de marzo, en la Sala Colonial Norte de Madrid, con la mayoría de los galardonados presentes.

*Marina Heredia en una foto de archivo (© Nono Guirado)

El eco flamenco de Esperanza Fernández

El eco flamenco de Esperanza Fernández

Flamenco viene del Sur

 

Esperanza Fernández posee una de las voces más flamencas del momento. No sólo la limpieza, la perfecta afinación, el dominio de los bajos y los agudos, el desgarro y el aguardiente precisos, sino también la sensibilidad y el sentimiento que la coloca en el pabellón de las grandes, de las que se cuentan con los dedos de una mano. Su trayectoria es inmejorable. Desde sus primeras aportaciones en Potro de rabia y miel de Camarón y sus colaboraciones con Enrique Morente, no ha dejado de ser reverenciada y reconocida por cuantos la escuchan. Su versatilidad y sensibilidad artística la han llevado a cantar con orquesta, interpretando El amor brujo de Falla, o arropada con el piano de David Peña “Dorantes”.

En la velada del lunes, esta trianera vino a presentarnos su segundo disco, Recuerdos, elegido por la Asociación de Críticos de Flamenco (a la cual pertenezco) como el mejor álbum de 2007. Su función se limitó tan sólo a eso. Y para qué más. Junto con el último disco de Poveda, y alguna aportación puntual, es el trabajo más reconocible en su ortodoxia, sin dejar de mirar el horizonte. Es decir, no hay mejor forma de homenajear a los clásicos que seguir su estela dejándolos unos pasos atrás. Hasta el orden del cedé fue respetado. El espíritu de su abuela Salud, quien le inspira esos recuerdos, planea desde el principio de la obra.

Comienza el espectáculo con la voz grabada de una niña: “Abuela, por qué no me cantas”, con el puente de Triana al fondo. Suena Manolo Reyes las primeras bulerías. Para los fandangos de Huelva, Lo mismo que los metales, la propia Fernández se confiesa en off: “El flamenco es mi vida”. A esto le sigue la soleá, Mi David y mi Miguel, interpretada a solas con la sabia guitarra de Miguel Ángel Cortés, que, junto a la seguiriya y, sobre todo, el himno gitano, al final de la actuación, fueron los momentos más emotivos de la velada.

Esperanza se acordó del Titi en esos rotundos tangos de Triana, en los que mana toda la sangre de su pueblo. Se acuerda también de La Niña de los Peines con su dulce farruca. Y, vuelve a trasparentar sus recuerdos cuando canta por fiesta la copla Antonio Vargas Heredia con una generosa introducción a capela, mientras sostiene un rojo clavel.

Quizá la noche no estaba por Cádiz o quizá la cantaora quiso ser rigorosa en su horario. El caso es que Mi cabellito, las cantiñas de Pinini, que en el disco ocupa el octavo lugar, no las cantó. Con el tema Celos hasta del aire pasó directamente a los abandolaos, concretamente a fandangos de Lucena y verdiales, a los que le acompañó un aplaudido baile masculino.

Y, para finalizar, la tremenda Gelem-Gelem en versión romanó que en la grabación acompaña el piano de Dorantes y en directo, sin menoscabo, la guitarra de Salvador Gutiérrez, introducida por una voz que recita el himno traducido: Gelem, gelem lungone dromensar, “Anduve, anduve por largos caminos”, a la vez que se proyectan unas instantáneas del particular éxodo de los gitanos. 

Demasiado corazón

Demasiado corazón

Flamenco viene del Sur

Dos obras de gran altura vertebraron el recital de Manolo Sanlúcar. En primer lugar, brilló “Locura de brisa y trino”, el trabajo que grabó en el año 2000 con Carmen Linares, que viene a ser un diálogo con Federico García Lorca, un homenaje de un artista a otro artista, y la suma de sus talentos.

En segundo lugar, lo que le da nombre al concierto, “El alma compartida”, un proyecto, inédito aún (aunque ya publicó un libro de memorias con ese mismo título), que se refiere a la posible comunión del mismo autor y su padre, de la tradición y del futuro y, en palabras del guitarrista, del “tallo y la paloma”.

Pero antes de levantar estas dos columnas, el maestro de Sanlúcar, puso un gran basamento con dos piezas de su disco “Tauromagia” (1988), una visión particular de la lidia. De este trabajo conceptual y de gran equilibrio, interpretó “Maestranza” y las bulerías “Tercio de varas”.

Le acompañaba como segunda guitarra el joven granadino David Carmona, “mi único discípulo”, “éste es el futuro”, “será el referente”, el maestro se deshacía en elogios.

Manolo quiso erigir un templo, y así lo hizo. Sin hacer proselitismo, poco a poco, todos los espectadores (léase admiradores) fuimos traspasando el umbral y comulgando incondicionalmente con el credo que proponía. “Ya no me interesa divertir a nadie”, dijo el artista en un momento de su actuación.

El primer fuste se llamaba Federico y vino en forma de carta de amor con tiempos de garrotín, era la “Carta a Doña Rosita”. Al cante, el eco flamenco, la cadencia, la voz jerezana de Carmen Grilo. A continuación “El poeta pide a su amor que le escriba”, el toque por levante de “Gacela del amor desesperado”, y la soleá “Normas” con ritmo de tango de vez en vez.

El hombre es más espíritu que hombre. Y el espíritu se siente como en su casa, con sus amigos, sueña en voz alta, se desnuda, se confiesa. Cuando coge la guitarra nos da una lección de arte, de sensibilidad. Cuando suelta la guitarra nos da una lección de sabiduría, de reposo madurado.

Manolo lleva en su cuadro una caja, el percusionista Poti, tan sólo de fondo, como el murmullo que deja constancia de que algo late. Tan sólo testimonial. Es un apoyo logístico que alguna vez tuvo que calmar. Termina este primer bloque lorquiano con “Campo”, unas seguiriyas con aires gaditanos o, para ser más exactos, unas cabales de los puertos.

El segundo contrafuerte de la velada, su verdadera alma compartida, fueron unos temas inspirados en dos cuadros del pintor andaluz Baldomero Romero Ressendi. “La Piedad” es una soleá desgarrada, con ritmos puntuales de seguiriya, para acentuar el dramatismo del hijo desaparecido. Tras este momento de dolor, vuelve la compostura con el alegre soniquete por tangos de “La danza de los pavos”, con lo que termina su propuesta.

Como bis, antes de abandonar el escenario, retoma “Locura de brisa y trino” con la alegre rumba “Son de negros en Cuba”, no sin antes haberle dado la alternativa a David Carmona al pedirle para todos los presentes que expusiera un fragmento de sus extraordinarias tarantas. Una noche sencillamente gloriosa.

Luis de Luis, un maratón personal

Luis de Luis, un maratón personal

Patrimonio Flamenco. La Chumbera

No es el mejor bailaor de España, como dijo el presentador, pero sí de los mejores bailaores jóvenes de raíz. Luis de Luis es un bailaor independiente. El baile se lo dicta su instinto y su cuna. Es un bailaor de oficio. Noche tras noche baila en el tablao Albaycín, que a veces redondea con dos pases y otras actúa además en algún otro escenario.

El día a día va conformando a este bailaor de Santa Fe como a uno de nuestras jóvenes promesas. Rodeado de un cuadro más que decente, en el que destacamos el cante de Sergio Gómez “Coloraíto” y la guitarra de Manuel Carmona, Luis nos ofrece tres bailes que encierran todo su potencial. Comienza con unos martinetes que pronto empiezan a ser abandolaos y, con el mismo ritmo, continúan por levante rematándolos con ortodoxia.

El baile de Luis es elegante, con un compás muy medido, con unos pies de vértigo y con sabor a monte y a cueva. No tiene un plan predeterminado. Baila como entiende que se debe bailar. Contempla su raza y ofrece lo que da la tierra, como el vino de la costa. No estaría mal que se asomara a las nuevas tendencias.

Su segunda entrega es una soleá que encierra martinete, sin duda uno de sus ases, y culmina el compás por seguiriyas. Terminará por alegrías y bulerías, en las que se entrega con toda generosidad. Entre estos bailes, para darle un poquito de margen, los músicos interpretarán bulerías y tangos, algunos del Sacromonte. Mejor resueltos éstos que aquéllas.

* EN LA FOTO: Luis de Luis, agosto 2007 (© José Luis Rodríguez)

Los flamencos con Asprogrades

Los flamencos con Asprogrades

XII Festival Flamenco de Granada

Otro año, y van doce, los flamencos de granada han unido sus voces y su arte para apoyar a Asprogrades. Es un Festival ya consolidado, una cita importante dentro del ciclo flamenco anual.

Año tras año se aprende. El público también se consolida y aumenta. Los artistas desean repetir. No se llama a nadie. Son ellos los que acuden a Manolo Ortega, fiel organizador del evento, para ponerse a su disposición.

Resultado: un grupo incondicional de flamencos que dan lo mejor de sí para ofrecer un espectáculo más que decente. No sobra nadie. Faltan los incondicionales de casi todos los años que no han podido asistir por incompatibilidades laborales. Como la ausencia de del guitarrista José Maria Ortiz o del cantaor Juan Pinilla, del que se acordó “El Zahoreño” en su presentación. Otros artistas hicieron un gran esfuerzo por estar presentes…

Este festival, se nota la experiencia, posiblemente haya sido el más redondo de los celebrados. Muy profesional y con una dinámica reconocida, las actuaciones se iban sucediendo con una fluidez elogiable, gracias en parte a la profesionalidad de la presentadora Carolina Murcia y de la simpatía improvisada de Rudi Ortega.

Como es natural entre tantos artistas, fue un festival muy variado, en el que pudimos escuchar tangos del Sacromonte, a través de la cantaora Sara Heredia; colombianas de la mano de la malagueña Charo Torres, única foránea de esta gala; las milongas de “El Cuchilla”; la vidalita de “El Coloraíto”; los tientos-tangos de Isa “La Jazmín”; las malagueñas de José Fernández; la granaína y media de “El Zahoreño”; la balada de “El Colorao”; o los tangos personales de Carlos Cruz.

Todos arropados por unas guitarras de excepción: Francisco Manuel Díaz, Antonio Heredia “Chonico”, Rubén Campos, Isidoro Pérez, Rafa Hoces, Luis Millán, Antonio de la Luz y el hijo de José Fernández, que hizo su debut en este mismo escenario hace dos años.

Carlos Zárate, inauguró la segunda parte con una pieza de guitarra y orquesta (Círculo Musical San José de Monachil), con el coro rociero Virgen del Rosario y la poeta María Montiel.

El polifacético Curro Albayzín recitó, cantó y dio unas pataíllas, mientras Francisco Manuel le arropaba por soleares o por tangos.

El baile no fue muy variado, las tres bailaoras, Anabel Moreno, Pilar Fajardo y Macarena Luna, coincidieron en ofrecernos alegrías, pero fueron tres puntos de vista muy interesantes.

También disfrutamos con el baile del grupo Fanita que, en una de sus apariciones, vinieron acompañadas de algunas niñas sumamente pequeñas, la menor traspasaba apenas los cuatro años. Se completó la velada con la canción española de Elizabeth Maroto y Carmen Nieto.

Pero lo mejor de la noche, además del altruismo de los actuantes, es la fiel asistencia de cientos y cientos de espectadores, que llenaban las dos salas del Auditorio, y algunos que no alcanzaron a encontrar localidades disponibles. Tanto es así que la organización se ha planteado realizar el próximo festival en el Palacio de Congresos.

* EN LA FOTO: Anabel Moreno

Gerardo Núñez, gloria de las seis cuerdas

Gerardo Núñez, gloria de las seis cuerdas

En el panteón privado de los guitarristas flamencos, Gerardo Núñez ocupa un lugar especial. Con una gran técnica, creatividad, rapidez y limpieza, ha impreso como pocos su nombre entre los imprescindibles tocaores del momento. Pero este potencial lo calificaría tan sólo como alguien virtuoso, si no hubiera una sensibilidad, un sentido artístico, que lo catalizara todo para conseguir un envidiable resultado. Si a eso le sumamos el amor por el flamenco y el respeto a quienes le han precedido, tenemos a Gerardo Núñez.

El sello imborrable de haber nacido en Jerez se trasluce en una entrega preñada de bulerías a compás. Unas más rápidas que otras, algunas más ortodoxas, otras típicamente jerezanas. Sólo rompe este hechizo de fiesta una seguiriya que interpreta en el ecuador del concierto, en las que parece que se queja, habla la guitarra; y dos introducciones largas a sendas bulerías.

Comienza el recital con uno de estos preámbulos. “Yerma”, el preludio a un ballet, con la que Gerardo suele iniciar los conciertos, introduce la bulería “Siempre es tarde”, que forma parte del último de sus discos: “Andando el tiempo” (2004). La segunda introducción a la que me refiero es un pellizco americano en la cuarta bulería que sonó. Son unos aires de guajira, un guiño a otras músicas sin quedarse en ninguna.

Gerardo cambia su base jazzística por un flamenco sin demasiadas concesiones, troca técnica y velocidad por azúcar. El discreto cajón de “Cepillo” le acompaña. Constituirá un contrapunto necesario, pero nunca tan evidente que se sobreponga a la guitarra. Gerardo aprovecha todo el mástil, está lleno de recursos, su sonido es limpio.

El público lo reconoce, quisiera rememorar cada momento. Gerardo sabe ante quien actúa. Las localidades del teatro Isabel la Católica están llenas de guitarristas, de profesores de música, de catedráticos… que son sus mismos alumnos en un curso magistral que está impartiendo estos días en Granada, auspiciado por el Décimo Festival Internacional de Música en la Zubia.

Toda la velada es un homenaje a su tierra, una exaltación de la bulería, y de la soleá, que le da pié. Para ir acabando, interpreta “Calima”, bulería que le da nombre a su quinto disco (1999). La última bulería se la dedica a sus alumnos y a todos los aficionados. Y, un remate a pie de escenario, donde “Cepillo” hace de cantaor y apunta algunas pataítas, terminan de redondear una noche sin fisuras.

El movimiento se demuestra andando

El movimiento se demuestra andando

Ganadores granadinos en La Unión

Un acto de justicia es el que ha hecho el Ayuntamiento incluyendo en el cartel de actuaciones de La Chumbera a Juan Pinilla y Patricia Guerrero, ganadores de la Lámpara minera y el Desplante respectivamente en el Festival de las Minas de La Unión el pasado año. Unos artistas que siempre se programan en el ciclo “Flamenco viene del Sur”, auspiciado por la Junta de Andalucía. Esta temporada, sin embargo, se ha hecho caso omiso de la costumbre, y ni Juan ni Patricia tienen su espacio en este festival andaluz. ¿Será porque, como aventuró el cantaor, son de Granada y la Junta sólo apoya a Andalucía la baja? Ellos se lo pierden, los aficionados se lo pierden, nosotros nos lo perdemos.

La primera pieza que interpretan estos flamencos, es un dulce homenaje a Víctor Quero “Charico”, jovencísimo cantaor granadino, desaparecido recientemente, que tenía un potencial fuera de lo común. Es un dúo de cante y baile bien compenetrado. Cuando actúan dos artistas, lo común es verlos por separado. Juan y Patricia han tenido el detalle de unir sus talentos para dedicar tácitamente sus talentos a la memoria de esa voz truncada y al público en general.

Una característica común en ambos artistas es su inteligencia, su estudio, el saber estar y el respeto a sus mayores. Patricia ha conseguido arroparse con un cuadro de lujo a sus espaldas, comprendiendo que un tanto por ciento muy elevado del éxito en el baile flamenco, es el aplomo y la valía de la música y el cante que le acompañan. Así, lo mejorcito de la tierra va con ella: Manuel Heredia y Juan Ángel Tirado, las mejores voces del cante atrás que suben a nuestros escenarios; Luis Mariano y David Carmona, de las guitarras más sensibles y agradables del panorama flamenco; y, por último, ha tenido el buen gusto y la valentía de prescindir de una percusión que colabore en su taconeo y tape sus defectos. Para hacerse compás, se hace acompañar de las palmas de su madre y primera maestra, Mari Carmen Guerrero. Lástima que el sonido y la calefacción le gastaran malas pasadas, sobre todo a los tocaores.

Una entrada por levante y un remate por tangos fue su primera pieza. Patricia es fuerte y delicada, bella y graciosa. Es consciente de su poder. Domina el escenario y se encuentra más distendida y segura que otras veces. Para finalizar bailará unas cantiñas con rosa bata cola. Su plante es excepcional y su esencia embriagadora.

Pinilla, entre estas dos piezas, hace su entrega. Le acompaña, inseparable Luis Mariano, con su toque especial. Comienza por marianas, ese cante tan bello como desconocido. Sus fuentes y sus letras le delatan. Es un cantaor comprometido y, pese a sus años, con una amplia formación. Unas temporeras, “como cantaban en mi pueblo (Huétor Tájar)”, terminan por camelar a un público entregado. Juan es un cantaor añejo que mece la copla, modula el cante, liga los tercios y explica lo que está diciendo. Le sigue la caña, en la que se acuerda del maestro Cobitos. Hace sus obligados cantes orientales, murciana y levantica, y se despide con la malagueña grande de Chacón con un generoso remate de abandolaos.

Varios minutos de aplausos, de un público bastante entendido, coronaron esta velada, en la que Juan y Patricia demostraron lo bien merecido de sus galardones, demostraron que el movimiento se demuestra andando.

* Patricia Guerrero (foto de archivo, © Nono Guirado)

El Evangelio según Juan Andrés

El Evangelio según Juan Andrés

La Pasión

Juan Andrés Maya siempre llena. Tiene sus adeptos, sus seguidores, quienes lo descubren y los que esperamos algún cambio. Siempre hay algún detalle que sorprende.

La Pasión se presenta como un conjunto de individualidades, que hacen un todo, ante la batuta personal de Juan Andrés. Antes de que el Musical Flamenco diera comienzo, se brinda un Homenaje a la Saeta. Tan sólo un dulce apunte de cinco o seis minutos en el que tenemos que aplaudir sin discusión el cante de Pepe Luis Carmona y el coro final en el Cristo de Machado.

Juan Andrés estrenó La Pasión en la primavera de 2005 en el Palacio de Congresos. Desde entonces no ha habido modificaciones sustanciales. Sólo cambia parte del elenco y, lo que es de agradecer, el tratamiento final es menos fuerte, con menos sangre y dolor que en la primera versión.

La obra en sí sigue el guión de pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Quizá, el tratamiento de la historia, las actuaciones algo forzadas y el simbolismo expreso, restan potencial a una obra que en concepto puede dar mucho de sí.

En momentos resulta demasiado largo, demasiados artistas en un escenario limitado, demasiados decibelios para un sonido que no llegó a estar controlado en ningún momento. Los micrófonos no sonaban cuando debían y a veces se acoplaban. Nada importante ante un público incondicional y expectante.

Algunas actuaciones individuales fueron más que notables. Destaquemos la danza de Ana Arroyo (Satanás) bailando O Fortuna, el preludio de Carmina Burana de Carl Orff; destaquemos la soleá de Alcalá que canta con respeto y precisión Pepe Luis y baila con pasión y reposo Jara Heredia; destaquemos el baile por jaleos de Raimundo Benítez.

También hay madera, y mucha, en las actuaciones de Alba, Moisés, Iván o Estela. Aparte de esto, todo es evidente y lineal entre tanta rumba, bulerías y tangos. Por eso suenan con cierta frescura la petenera, que baila con pasión Raquel Heredia, o los cantes de levante.

Un aplauso final merece la entrega Juan Andrés Maya (Jesús). Un bailaor y coreógrafo que está empeñado en triunfar en esta tierra tan difícil y sacar a los suyos adelante.

* Ana Arroyo interpretó el papel del diablo (y en verdad estuvo tentadora).

 

Saboreando de nuevo a Sara Baras

Saboreando de nuevo a Sara Baras

Sabores

No es fácil llenar la sala García Lorca del Palacio de Congresos. Y, mucho menos, llenarlo dos días seguidos. Eso lo puede hacer Joaquín Sabina, pero un artista de flamenco... Pues Sara Baras lo ha conseguido con un espectáculo tan popular como descafeinado. El Palacio, como digo, hasta la bandera, pero, a vista de pájaro, ningún habitual del flamenco se encontraba en sus asientos.

Sara Baras se ha convertido en una gran embajadora que acerca el mundo al flamenco, que lo descubre, aunque no profundiza. Sabores es la obra amable que ya pudimos disfrutar en el Festival Internacional de Música y Danza de hace un par de veranos, en el Generalife.

Es una obra variada y variable, donde brilla más la autenticidad en los detalles y en los personajes secundarios que en los protagonistas y sus momentos álgidos. Podemos aplaudir algunas coreografías y momentos puntuales de Sara y sus artistas invitados. Aunque la propuesta de éstos resulta demasiado larga y repetitiva, con los finales típicos de OT.

Dedicada a su madre Concha, y haciendo un guiño a Rancapino al principio de la obra, Sabores es un homenaje que recorre una amplia gama de palos del flamenco sin profundizar demasiado en cada uno de ellos. Por otro lado, una escasa hora y media no lo hubiera permitido.

Hay cosas que han mejorado desde aquella primera vez, en este escenario más recogido y, sobre todo, con el tiempo que ha pasado. Pero otras continúan inmutables, para bien o para mal. El vestuario es un acierto, el armazón musical grandioso y la idea de imbricar los temas, creando un todo armónico, la solución más sobresaliente de todo el conjunto. Por otro lado, sigue rayándonos la búsqueda del aplauso fácil, ejercicios fuera de compás y algunos recursos facilones.

Comienza la función con un bolero, mientras se va componiendo el escenario. Continúan unos tangos que sirven para presentar la compañía. Un cuerpo de baile muy motivado, que responde a la perfección. Baras destaca por su técnica, velocidad y belleza. Su carisma se pondrá de manifiesto en el taranto.

Luis Ortega, uno de sus artistas invitados, baila unas seguiriyas acompañándose con castañuelas. Es tan efectista como José Serrano, que interpreta unas alegrías en las que derrocha taconeo. Me parecieron menos resultonas que la primera vez.

El momento estrella de la noche es Sara Baras bailando martinetes con zahón encima de los pantalones. El efecto es el deseado, de impresión más que de arte. A esto le siguen una zambra (pieza muy notable), una soleá por bulerías, un solo de percusión (estos alardes ritmicos, alejados de la historia, siempre están fuera de lugar), la bulería de Concha (un bello homenaje a su madre) y el esperado fin de fiestas. Las bulerías que no falten.

 

Por los demás

Por los demás

II Festival Flamenco a beneficio del Proyecto Hombre

 

Un festival benéfico más que calidad pide compromiso. Los flamencos de Granada, desde siempre lo sabemos, son solidarios. Pero además son buenos artistas. Cuando se presenta una nueva causa, sólo hay que hacer una llamada para que una docena, dos docenas, de flamencos se reúnan para echar una mano.

El cartel, como es lógico, ha bailado desde la primera propuesta. Alguna caída, alguna excusa de última hora, algún añadido. Con todo y con eso, el Festival a beneficio del Proyecto Hombre de Granada, en su segunda edición, no tiene nada que envidiarle a otro evento preprogramado y de renombre. Un Festival que, a pesar de la cantidad de actuantes, fue dinámico y variado, presentado sabiamente por Enrique Seijas.

Saboreamos, para comenzar, la juventud y el compás de los hermanos “La Luz”, que abrieron con una toná y se marcharon con soleares. El Teatro empezó a caldearse con Sergio Gómez y Rubén Campos, que hicieron una canción con aires de fiesta y terminaron con la farruca. Suena bonito cualquier cosa que interprete esta pareja. El Zahoreño, con su voz laína y bien modulada, fue muy aplaudido en su granaína y sus alegrías, pero sobre todo Manuel Carvajal, el guitarrista que le acompañaba, aunque le sobraba fuerza y protagonismo.

Después del fresco y distendido baile de Pilar Fajardo, otra de nuestras esperanzas, vino la poesía, los Cinco toritos negros de Benítez Carrasco, interpretada por milongas, con la voz algo tomada de Curro Andrés. A la guitarra Francisco Manuel Díaz. Se fueron con un histórico fandango natural rematado por Huelva.

Como cabeza de cartel, Antonio Colorao se templó con una balada flamenca, para después dejarnos con el desgarro de sus seguiriyas. Un inspirado Juan Pinilla tras ganar la última Lámpara Minera en La Unión, se fue a levante para dejarnos con un fandango minero y una levantica, arropado a la perfección por Francisco Manuel Díaz. Su segunda propuesta fue la malagueña de la Trini que culminó con un ramillete de abandonaos, desde los fandangos de Almería hasta los de Córdoba y los de Málaga, desde los de la costa granadina hasta los de la capital.

La última invitada, Silvia Lozano, nos bailó una soleá. Su crecimiento es constante. Para coronar esa noche desenfadada, todos los artistas nos brindaron un fin de fiestas por bulerías.

* EN LA FOTO: Sergio Gómez y Rubén Campos en el Zaidín (© Antonia Ortega)


Pincelada Manolete

Pincelada Manolete

Ilustrando la ceremonia de entrega de Tapas al Pregonero de la Semana Santa de este año, Manolete, recién condecorado Medalla de Oro de la ciudad, llevó al teatro Isabel la Católica su estreno “Sentimiento Cofrade”. Fue simplemente un esbozo de media hora, fue una deliciosa pincelada Manolete que supuso una gran bienvenida a la cuaresma.

La luz tenue, casi penumbra, se instala de principio a fin, así como las ropas negras de los intérpretes, logrando el espíritu de recogimiento y la expresión trágica del tiempo que vendrá. Un texto en off del periodista abulense, Rafael Gómez Montero, exaltando la Semana Santa granadina y la figura de Manolete sobre un fondo de cornetas y tambores, sirve de “Evocación”, una llamada que baila en silencio Judea Maya marcando las palabras del poeta.

El violín da la entrada para que Sergio Gómez y Jony Cortés entonen unas saetas por martinetes propias de las balconadas cuando el paso se para a sus pies. Toda la compañía, seguidamente, aborda unas seguiriyas. Toda la carne está en el asador. Algún desequilibrio y disparidad sólo es fruto de la emoción y la entrega.

Constatamos nuevamente que en nuestra tierra tenemos grandes bailaores, solo falta quien los ilumine. Ahora con Manolete, y antes con Mario Maya, el espectáculo está asegurado. El arte de coreografiar con la visión precisa y la sensibilidad exacta no está al alcance de todos. Destaquemos a todo el cuerpo de baile porque todos son de oficio, con bastantes años a sus espaldas, con el arte a flor de piel.

Reconozcamos la labor de Judea Maya, de Jara Heredia y de Esther Marín, de Luis de Luis y de Iván Vargas. Entre los bailaores que marchan procesionalmente al compás de las guitarras que hacen de tambores y el violín que remeda al viento, el maestro interpreta un martinete de lujo.

Culmina la obra con una soleá que concentra la tragedia y la muerte. Manolete comienza con su sello: sentado en una silla, pero trocando su habitual bastón por la vara de los mayordomos de las cofradías, que golpea ritmicamente sobre el piso. Su baile es elegante y ceremonioso, sobrio, varonil y medido. Mencionaré el cante de Sergio Gómez, ligando los tercios, logrando una soleá redonda y armoniosa.

Para terminar, Manolete, con toda su compañía, realizan unos segundos de baile que terminan en una flor. Remate que hemos visto en más de una ocasión, lo que se ha convertido en la firma de autor de ese gran bailaor granadino.

Estrella Morente, entre los ganadores de los Premios “Flamenco Hoy”

Estrella Morente, entre los ganadores de los Premios “Flamenco Hoy”

Por noveno año consecutivo, la Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco, que recoge a unos 60 flamencólogos y críticos de toda España, nos reunimos el miércoles, día 6 de febrero, en las bodegas González Byazs de Jerez, invitados por la alcaldesa de esta ciudad gaditana, para hacer entrega de los galardones que concede este colectivo a los flamencos que se han destacado en el año 2007 en una especialidad concreta.

Los Premios, en esta edición, se han reducido a doce, en vez de dieciséis que fueron el curso anterior, evitando dispersiones y nombramientos ambiguos.

Entre los finalistas se encontraban cuatro artistas granadinos en diferentes modalidades: Miguel Ochando, por el mejor disco de guitarra solista; Eva Yerbabuena, como mejor bailaora; el disco La voz del Agua de Marina Heredia, nominado por tres veces, como mejor disco de cante, mejor disco instrumental y mejor producción (responsable de estas dos últimas categorías, el guitarrista José Quevedo “Bolita”); y Estrella Morente, por el mejor DVD.

(En las preliminares, entre las mejores bailaoras, se barajó el nombre de Patricia Guerrero, la joven granadina que ganó recientemente el Desplante -primer premio de baile- en el Concurso de las Minas de la Unión. Pero no trascendió, posiblemente porque aún es poco conocida.)

Fue únicamente esta última la que se alzó con el reconocimiento general de la crítica especializada por su trabajo Casacueva y escenario. Estrella dedicó este galardón a todos los flamencos y en especial a su padre Enrique, que le fue imposible asistir a la ceremonia.

La gran ganadora de la noche fue la cantaora Esperanza Fernández de Triana que competía por los mismos premios que Marina. Al final el reconocimiento fue para la sevillana y su productor, José Antonio Rodríguez, que también le acompañaba a la guitarra en su CD Recuerdos.

Los demás premiados fueron Paco Cepero, como mejor guitarrista (Abolengo); la malagueña Rocío Molina como mejor bailaora; Israel Galván, mejor bailaor; Jorge Pardo y “El Bola”, mejor disco instrumental por Desvaríos (saxo y guitarra); el onubense Guillermo Cano, mejor cante revelación (Rincón del pensamient”); Chano Lobato, mejor libro (un recopilatorio de varios autores, Chano Lobato. Toda la sal de la bahía); Cajasol, mejor promoción del flamenco (llevan 25 años editando un disco de villancicos flamencos andaluces); y Tere Peña, mejor labor de difusión del flamenco en medio, que cumple 25 años delante de su programa de Temple y pureza en Radio Olé.

Todos los premiados estuvieron recogiendo sus galardones salvo Rocío Molina e Israel Galván, que se disculparon con la mejor escusa de todas: estaban bailando en esos momentos.

* EN LA FOTO: Estrella Morente