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Flamenco

¿Quién se acuerda de Morente?

¿Quién se acuerda de Morente?

Ayer, 13 de mayo de 2012, se cumplieron diecisiete meses de la triste desaparición de Enrique Morente. Triste, ya lo he dicho en más de una ocasión, por lo inesperado, por lo prematuro, por lo enrarecido.

Son tan dolorosas la circunstancias de su muerte que la sola investigación de sus últimas horas, lo que se ha dado en llamar ‘Caso Morente’, me hace apartar la vista y el sentimiento encogido.

Sin embargo, su recuerdo no muere e iniciativas puntuales se suceden continuamente a lo largo del mundo. Madrid le dedicó una calle, Málaga nombró patrimonio su bulería Adiós Málaga… ¿y Granada, su Granada?

La revista cordobesa Boronía ya sacó en el verano y otoño de 2010 un especial flamenco dedicado al maestro granadino, con algunas intervenciones más (‘El Pele’, ‘Fosforito’…), y al año siguiente, en junio de 2011, un primer Libro de Morente, con testimonios sensibles de personas que lo conocieron, que lo trataron. Un libro lleno de anécdotas, lleno de embrujo, lleno de lágrimas… y, por suerte, lleno de ausencias (en su tiempo hice mención de este mismo trabajo). Son tantos los mundos de Enrique que siempre falta tierra; son tantas las vidas del maestro que siempre faltan almas; es tan grande el corazón de Morente que siempre faltan abrazos.

Por eso, los compañeros de esta misma revista Boronía decidieron hacer una segunda entrega. El día 24 de mayo, se presentará (como vemos en el cartel), en el Teatro Central de Sevilla, el segundo Libro de Morente.

Como el anterior, es una obra llena de recuerdos y amistad, en la que participa el Instituto Cervantes, el Instituto Andaluz de Flamenco y el completo apoyo de la familia Morente Carbonel. De hecho es Aurora, la viuda de Enrique, la madre de todos, la que inaugura con sus palabras este homenaje, donde también aparece una entrevista fresca, preclara y madura de Soleá Morente, unas declaraciones reconocidas de Israel Galván, las confesiones de Los Evangelistas, el encuentro de Pepe Habichuela y Balbino Gutiérrez, biógrafo de Enrique, una entrevista al mismo cantaor celebrada en París en 2003 por el crítico de arte Hans Ulrico Obrist, un emocionante álbum de fotos y las voces incombustibles de medio centenar de admiradores.

La presentación contará con la presencia Antonio Arias y Eric Jiménez en acústico y el concierto de Pepe Habichela, con Tamara Escudero (voz) y Juan Carmona (percusión).

Un día inolvidable, donde Enrique, con esa permanente sonrisa de ojos chicos, volverá a estar presente.

* Para adquirir este libro o cualquier otro producto de Boronía, dirigirse a www.boronia.es.

Lo que brilla con luz propia

Lo que brilla con luz propia

Flamenco Viene del Sur

Una canción del poeta cubano Pablo Milanés dice Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Lo sentí el lunes en el teatro Alhambra después de salir de la doble actuación de flamenco. Sobre todo María José Pérez. Sobre todo el Niño de Pura.

Me alegró ver a la cantaora almeriense después de tanto tiempo (estuvo afincada en Granada y no era difícil coincidir con ella). Su voz es grave, regulada y precisa. Su conocimiento ancho, fruto del estudio continuo.

Le perdí la pista, como digo, pero siempre aposté por esta joven artista que lamentablemente no llegó muy lejos con su primer disco, Cante flamenco (2008), lleno de aciertos no obstante.

Se alegraba de volver a esta tierra y desde la soleá que principió su pase estuvo entregada. Un eficaz Miguel Ochando le almohadaba el cante con su guitarra. María José gusta de ligar los tercios y mecer la letra confiriéndole cierto brillo personal. Modula el grito hasta parecernos la Paquera de Jerez.

En segundo lugar anuncia cantiñas, aunque bien mirado no pasan de ser alegrías. No se deja llevar por la fiesta y da cabida a la pausa y el entendimiento.

En los tientos-tangos desemboca en el Camino y, a los postres, es larga por Morente y su Lenguaje de las flores.

Momento grandioso de la noche fue cuando entonó cantes mineros, comenzando con la taranta de Almería, reivindicando lo suyo.

El soniquete por bulerías de Ochando ya es memorable, que la cantaora abordó por copla (Ojos verdes) y culminó por fandangos, sin abandonar el ritmo de bulerías, donde se acordó de Vallejo.

Ante los merecidos aplausos, y ya dominante, regaló un bis por Huelva, a petición del público.

La segunda parte fue de matrícula. El Niño de Pura (Daniel Navarro Cruz), como quien no quiere la cosa, ofreció un concierto impecable y abnegado, aunque se asemejara al recital que ofreció en La Platería hace varias semanas. Su guitarra grandiosa esconde una técnica milimétrica y una velocidad inusitada. Lo acompaña al cante el cordobés Rafael Churumbaque, Lámpara Minera 2009, María José Álvarez al compás y Agustín Henke a la percusión.

Unas tarantas comienzan su entrega. Continúa por alegrías, que en momentos, sobre todo con la incursión del cante, nos puede recordar a Vicente Amigo.

Las guajiras son una constante en sus recitales y Fantasy una agrupación de toques bajo un ritmo fandangueril culminados por bulerías.

Unas agradecidas bulerías culminan la noche, que son enriquecidas con un toque por Huelva, fuera de programa, en el que destaca sin discusión el picado vertiginoso por sus escalas.

* Niño de pura en la imagen (foto extraida de la página del Tablao Flamenco Cordobés).

El mejor sonido

El mejor sonido

Se me precipitan los días y los acontecimientos se acumulan en una memoria tan flaca que más pronto que tarde tiende al olvido. Como Cernuda diré que lo más que recuerdo es lo que se me ha olvidado. Así, sé que leí esto o aquello, sé que estuve con tal o cual, sé que asistí a un lado o a otro... Pero no me preguntéis lo que vi, lo que hicimos o de qué iba el libro.

El miércoles 25 (ha llovido, pero podía haber sido peor) estuvímos en el Palacio de los Condes de Gabia, viendo un recital llamado "Entre generaciones", enmarcado en el ciclo Granada portal flamenco de la Diputación de Granada.

La sesión trataba de reunir en el escenario a dos guitarristas, Miguel Ochando y Álvaro Pérez ‘El Martinete’, maestro y alumno, para exponer su toque individual y terminar al alimón haciendo algunos temas conjuntos.

Álvaro, el más joven (bastante joven), abrió la noche por granaínas, donde dejaba ver el esencial parecido a su modelo. La limpieza sonora, la claridad en los arpegios, donde no sobran ni faltan notas, el apoyo constante en el bordón con un agradecido alzapúa... lo hacen merecedor del calificativo de "aventajado".

El Martinete continuó con la rondeña de Montoya, esa maravillosa composición arreglada y grabada por el mismo Ochando, a la que Enrique Morente a la larga puso letra. Una gran interpretación que se vio igualada por un vals por bulerías, con el mismo sello de la casa.

El veterano Miguel Ochando rellenó el escenario con el mejor sonido de guitarra que se puede escuchar, después el agua, después las aves. Comenzó con una taranta, acordándose en los postres de la misma rondeñá montoyana que interpretara su pupilo.

Después se acercó a la zambra, una composición cercana a los tangos con un particular dejillo moro, en vez de soleá que estaba anunciada en un principio.

Para terminar, Ochando nos regaló ese bello zapateado, incluido en su primera grabación, Memoria (2007), basado en el de Esteban de Sanlúcar.

Ya, para rematar la velada, los dos juntos, interpretaron El Inclusero, una composición de Niño Ricardo, popularizada por Juanito Valderrama; la popular canción Moliendo café del venezolano Hugo Blanco por rumbas y unas sabrosísimas bulerías.

Tras los insistentes aplausos, los guitarristas tuvieron que salir para regalarnos otras bulerías de lujo, aunque confesaron que no estaban tan bien preparadas.

* Carátula del primer disco de Ochando.

La señora del baile

La señora del baile

Flamenco Viene del Sur

Manuela no es una fiesta, porque no lo necesita, Manuela no recorre el escenario, porque no lo necesita, Manuela no viste colores, porque no lo necesita, Manuela no es futurible, porque no lo necesita. El baile de Manuela Carrasco es parco y digno, sin florituras ni aspavientos. Es un baile de raíz, introspectivo y gitanísimo. Su sola presencia, su sola imagen, su sola estampa sentada en una silla o en un desplante encierra una flamencura ilimitada.

Manuela Carrasco es “la diosa del flamenco”, como es conocida desde que así la llamó Juan de Dios Ramírez Heredia, es la señora del baile, a la que todos admiran, a la que todos imitan, a la que todos respetan. Manuela es elegante y bella, esbelta y moderada. Sus pies limpios y vertiginosos los dosifica para sus momentos. Mientras, una pose, un braceo, una mirada, arrancan el ole sentido del aficionado cómplice.

Suspiro flamenco es la obra que nos presentó este lunes en el teatro Alhambra. Un flamenco tan consistente como efímero, tan profundo como epidérmico, centrado en su porte de diosa gitana que aparece sentada en anea sobre plataforma. Sus músicos, Pepe de Pura, Emilio Molina y Luis Moneo al cante, Joaquín Amador y Paco Iglesias a la guitarra; y José Carrasco a la percusión, hilvanan con profesión un recorrido genérico por los estilos flamencos para que la bailaora sevillana demuestre su arte.

Unas bulerías abren la noche, donde impera el sosiego, a pesar de la fiesta. Con la caña se presenta el cuerpo de baile. El estilo visceral y arrebatado de El Choro, de Oscar de los Reyes y sobre todo de Rafael de Carmen, aunque discrepe de mis gustos, tiene sus adeptos. En conjunto o individualmente, son justamente aplaudidos.

A la gavilla por fandangos no le acompaña el baile. Apreciamos así mejor las guitarras y el juego de voces, puede que poco amplificado. Destaca la cadencia y entrega de Pepe de Pura, un cantaor que admiro desde hace tiempo, que suele acompañar también a Eva Yerbabuena.

El taranto de Manuela es desgarrado dentro de su apoteosis; los tangos de El Choro y Oscar de los Reyes coloridos en su conjunto; y las prolongadas alegrías de Rafael de Carmen un derroche de fuerza y compás.

La Hija predilecta de Andalucía, Premio Nacional de Danza 2007 y Embajadora de la Paz (San Remo 2008) remata su actuación con una soleá intimista y marcada, llena de sabor y de propuestas, que más que anclarse en el pasado alza el vuelo advirtiéndonos que Manuela Carrasco, con cera de 60 años, tiene aún mucho que decir.

Una obra sin pies ni cabeza

Una obra sin pies ni cabeza

FundaMETALmente Flamenco

He tardado más de la cuyenta en hablar del espectáculo que nos presentó Gero Domínguez&Cía en el Teatro Alhambra, el miércoles pasado, y es porque no sé muy bien por donde abordarla. La unión de flamenco y rock ya está hecha, hace muchos años, y muy bien hecha. La propuesta de este joven bailaor malagueño no obstante rozaba la curiosidad. Esperaba contemplar un baile fresco, personal y de vanguardia, donde la guitarra eléctrica de Ramón Arias del grupo Parachokes y su intensidad sinfónica se fundiera con las guitarras flamencas, que el teclado de Rafael Arregui comulgara con las voces del Dúo Makarines (José Ibáñez y Maka Ibáñez), como artistas invitados, y que, en cierta forma, la comicidad impregnara toda la obra.

Anhelaba disfrutar, como rezaba el anuncio del concierto, la combinación del “rock, metal y danza con el flamenco más puro”, el recorrido “por la historia del flamenco en el que el hilo conductor son los sonidos del metal. Ése metal que en las formas primitivas del flamenco sonaba al yunque de la fragua”.

Pero no, al contrario, lo que pudimos ver es una obra deslavazada y sin cabeza, con poquísimo argumento y un sonido pésimo y mal equilibrado, sucio en su conjunto.

Quizás, el gran acierto de la función, que podía trascender, es la adaptación especial para el colectivo de personas con discapacidad auditiva. En una pantalla encima del escenario se iban reproduciendo las letras y demás acontecimientos sonoros del espectáculo que no sólo los duros de oído agradecieron.

Combinando el rock eléctrico y el flamenco se fue desarrollando una obra con grandes intenciones pero que no aportó nada nuevo. Gero, sobrado de autoestima, iba tejiendo los temas con su baile desestructurado aprendido, hecho de retazos de aquí y de allí sin encontrar voz propia.

Así, comenzó por martinetes, en la voz flamenquísima de David ‘El Gayi’ (lo mejor de la noche), que pronto fueron seguiriyas. Los hermanos Ibáñez hicieron dos baladas, a todas luces fuera del conjunto; la guitarra lloró una vidalita rica en graves; el piano acompañó un poema en off y ambas guitarras, flamenca y eléctrica, entablaron una conversación por farrucas.

La soleá parecía remontar la obra. El primer tercio, cantado por ‘El Gayi’, arrancó el único ole de la noche. Soleá que se remató por abandolaos y después por bulerías, antes de escuchar ocho campanadas y continuar por fiesta.

Unos tangos sin pena ni gloria precipitaron el final en el que sonó un swing aflamencado.

Los extremos de una bailaora

Los extremos de una bailaora

Al año después de haber rodado su espectáculo por los escenarios de medio mundo, Fuensanta La Moneta se decide a pasar su Extremo Jondo a DVD para su mayor difusión y reclamo. La grabación en directo parte de la clausura de la muestra de baile de ‘Los veranos del Corral’ de Granada en agosto de 2011.

Extremo Jondo es una obra completa y apretada, en donde la bailaora no se baja del escenario, apenas en el ecuador para cambiarse de vestido, realizando nueve bailes distintos, que van desde el romance a los tangos, pasando por las alegrías y las serranas, como si fuera un recital de cante, con una flamencura rayana en lo antiguo si no fuera por su frescura, su contemporaneidad y sus propuestas de futuro.

Con una presencia contundente y un compás encomiable, La Moneta va hilvanando, a lo largo de las dos partes en que tácitamente se divide la función, un discurso del todo coherente y lleno de contenido, donde mandan sus ojos, sus pies y el resto de su cuerpo.

Fuensanta ha querido rendirle un homenaje al cante y a la guitarra, a esos ‘soníos negros’ que en el flamenco hacen estremecer, dándole igual protagonismo a sus acompañantes. Miguel Iglesias, como guitarrista, compone el armazón necesario para sustentar toda la obra; Miguel Lavi, rebusca en su interior esos los de antaño y le canta a La Moneta como si estuvieran solos; Miguel ‘El Cheyenne’ tiene un papel primordial con la percusión, marcando respetuosamente el latido del conjunto como si fuese un fauno dormido.

Como resultado tenemos Extremo Jondo, una obra coral donde no existe trampa ni cartón. Lo que hay es lo que vemos y lo que vemos es el trabajo de una de las bailaoras más interesantes del panorama actual.

* Articulillo aparecido recientemente en la revista Acordes de Flamenco (nº 36).

** El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

*** foto de alfredo aguilar (2010)©.

Idea de un viaje

Idea de un viaje

Esfuerzo. Quizá lo que se aprecia en la obra Ida y vuelta que presentó el guitarrista granadino Isidoro Pérez en Pinos Puente este domingo sobre todo es el esfuerzo que tiene detrás. Presentado en el pasado mes de octubre en La Chumbera, su segunda puesta en escena lamentablemente no fue muy afortunada. Las inseguridades, titubeos y descoordinación fueron manifiestos. La idea sin embargo es digna de aplauso. El ‘viaje imaginario con la maleta llena de toques flamencos al Caribe’ es agradecido e interesante. Aunque quizás Isidoro le diera una gran concesión a los nervios, o le saltaran los hilvanes a una obra con poco rodaje, o no estuviera rodeado de la gente adecuada. El caso es que fue tan sólo un buen intento, un buen argumento, con un resultado desigual.

Isidoro propuso en primer lugar un garrotín en solitario donde se acordó de Riqueni. Buena interpretación, aunque las notas al aire, propias del maestro sevillano, llegaron a traicionarle. Continúa igualmente en solitario con una soleá, planteando tácitamente el origen de todo. Con el resto de los músicos interpretará guajira (Puente de Pinos), colombiana (La alameda), tanguillos (Negritos de Cádiz), alegrías y bulerías (Cuesta de la Isla). Terminó el espectáculo con una soleá por bulerías.

Los acompañantes del veterano guitarrista, Iván Centenillo al cante, Eloy Heredia a la flauta y Manuel Vílchez y Luis Vives a la percusión, con sus errores y aciertos, eran meros acompañantes del protagonista. El joven Armando Linares, aunque solapadamente, destacó como segundo guitarra. Violeta Ruiz al baile, en dos de los temas, parecía ajena, influenciada por el nerviosismo general.

Muestra de baile

Muestra de baile

Los Veranos del Corral de Granada

Llevo algún tiempo diciéndolo y puedo reconocer que es verdad, la manifestación que más me interesa en el flamenco hoy día es el baile, por su plasticidad, por su contenido genérico, que abarca también el cante y la guitarra, y, sobre todo, por su bella evolución. El seguimiento de la completa expresividad de artistas como Eva Yerbabuena, Israel Galván, Belén Maya, Fuensanta La Moneta, Manuel Liñán, Pastora Galván, Andrés Marín, Rocío Molina, Patricia Guerrero…, se me hace imprescindible.

Varios festivales hay en España para atender el estado actual del baile flamenco. Aquí, en Andalucía, destaco el Festival de Jerez y la Bienal de Sevilla, donde los estrenos y las puestas de largo de los grandes montajes escénicos tienen lugar para su divulgación por todo el país y los festivales extranjeros. También, puntualmente, el ciclo Flamenco Viene del Sur, acoge algunos estrenos, pero normalmente se nutre de los festivales antedichos.

No obstante en Granada existe un microfestival a tener en cuenta. (digo ‘micro’ por el formato, no por la duración y mucho menos por la calidad.) Me refiero a Los Veranos del Corral, que este año cumple su décimo cuarta edición.

La Muestra de baile flamenco en el Corral del Carbón se ha convertido en una referencia imprescindible en el panorama internacional. Ha llegado el momento de que la inclusión en el currículum de cualquier artista por este escenario es una marca de prestigio. Por eso, son los mismos artistas los que solicitan su participación en este ciclo, como ha pasado recientemente en el programa de este año, presentado hace un par de días por el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata. El cual hizo notar una sucesión natural, después del Festival de Música y Danza, de los Veranos del Corral.

Metidos ya en faena y orquestados por Raúl Comba, director de dicho festival, diremos que tendremos dieciocho días de baile flamenco en nuestra ciudad entre julio y agosto.

La muestra la abrirá el cordobés Javier Latorre (23 de julio), Premio nacional de Danza 2011, que ha elegido este escenario para su reaparición. La clausura correrá a cargo del granadino Luis de Luis (16 de agosto), un artista tan ‘genial’ como ‘desconocido’. Entre estos dos bailaores se desarrollará una gama de flamencos, veteranos o no, que darán buena muestra del estado actual del baile (y de su buena salud).

Como artista mediático, que ha pedido formar parte del cartel, reconocemos al sevillano Antonio Canales (2 de agosto).

De México, debido a los recientes contactos del productor con este país, contaremos con la participación de Karime Amaya (31 de julio), que es sobrina nieta de la gran Carmen Amaya (aunque vive en Barcelona), y de Karen Lugo (1 de agosto). Y del País del Sol Naciente, como reivindicando la universalidad del flamenco, hallaremos un Programa especial Granada-Japón que incluirá las actuaciones de Saori (3 de agosto), que ya participó el pasado año, y de Ami (10 de agosto).

Repitiendo del pasado año, tendremos al bailaor gaditano Marco Flores (30 de julio) y al granadino Manuel Liñán, que vendrá acompañado de Pablo Suárez y Antonio Campos, para estrenar la obra Trisquel flamenco (7 de agosto).

Aparte de Luis, Manuel y los suyos, tendremos a la granadina, afincada en Madrid, Maripaz Lucena (25 de julio); al malagueño Moisés Navarro (24 de julio), ganador del Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos; a las sevillanas Nazaret Reyes (6 de agosto), hija de Juana Amaya, y a Saray de los Reyes (8 de agosto); a la cordobesa Carmen la Talegona (26 de julio); a la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’ (9 de agosto), último Desplante en las Minas de La Unión, que pudimos ver recientemente en La Platería; a la almeriense Anabel Veloso (14 de agosto); a la murciana Cynthia Cano (13 de agosto); y a la castellonense Lidón Patiño.

Un programa anhelante que se completara con la oferta de cursos coincidentes en el Carmen de las Cuevas (Antonio Canales, Pastora Galván, Manuel Liñán y Patricia Guerrero) y en la Escuela Internacional Manolete, en La Chumbera, con Juana Amaya y Farruquito.

Para los veranos del Generalife, para redondear la noticia, tendremos el Ballet Flamenco de Andalucía, con Rubén Olmo a la cabeza, representando su obra Metáfora, donde tanto tiene que ver el guitarrista y compositor granadino David Carmona.

* Cartel de la Muestra (fragmento).

Dímelo siempre

Dímelo siempre

Flamenco siglo XXI

Debido al empeño, siempre loable, de la Diputación de alentar y promocionar el flamenco joven de nuestra provincia desde su plataforma Granada Portal Flamenco y dentro del ciclo Flamenco 3.0, el miércoles pudimos asistir en el Palacio de los Condes de Gabia al recital que ofreció Sergio Gómez ‘Colorao’, celebrando a su vez los veinte años de carrera, a pesar de su juventud, y el lanzamiento próximo de su primer trabajo en solitario. Igualmente, nos anunció desde el escenario su pronta paternidad (otro motivo de celebración).

Sergio es un flamenco imprescindible en el panorama joven granadino, quizás el cantaor más en forma y el más personal de su generación. Su voz laina, afinada y de precisa modulación hace su discurso más que agradable. Su trayectoria le ha enseñado a adaptar los estilos a sus melismas y no al revés, haciendo un producto nuevo y delicado.

Con su guitarrista habitual, Rubén Campos, crean y recrean una serie de cantes que, quien es buen aficionado, no tiene más que elogiar. Sergio más enraizado, Rubén más vanguardista. Entre los dos forman un tándem que despunta sin discusión. Lástima la falta de oportunidades. Lástima la falta de consideración de los que sobreponen la potencia convencional al buen gusto exclusivo.

Le acompañan también este día José Cortes ‘Pirata’, como segunda guitarra, José Antonio Carmona, en la percusión e Irene Molina y Mikey Gómez, en los coros y las palmas. Un cuadro agradable para un flamenco fresco.

No obstante, en la primera parte del concierto reinó el derecho de la ortodoxia. El Colorao entra por martinetes, que sirven para templar al mismo tiempo que demuestran la calidad de la voz de un artista que no le hace falta gritar para alcanzar los más altos tonos (cualidad escasísima en los cantaores de ahora). Continúa, ya con todo su equipo, con unas bulerías de su padre, Antonio Gómez, en sus primeras grabaciones.

El momento más intenso de la velada, para mí, vino por Málaga, donde se acordó de Chacón en las malagueñas, y remató generosamente por rondeñas, fandangos lucentinos y ese jabegote que cantara Paquillo el del Gas con tanto arte. Las alegrías, con sus estribillos a coro, fueron un ejemplo de belleza. Y los cantes de levante, en los que le acompaño su hermano José Gómez, a la guitarra, encerraban la sabiduría de quien sabe lo que hace.

Otra vez con todos sus compañeros en el escenario, quiso participarnos con unos ejemplos del disco que, después de cinco años, ya está a punto de salir del horno. Los tangos Dímelo otra vez le dan nombre a esta obra y la bulería coral redunda en un trabajo que se me antoja bastante festero. Habrá que esperar a su nacimiento.

Para el fin de fiestas por bulerías, como es menester, cogió el micro su padre, ejemplo de conocimiento y de compás, asiéndolo después por turnos Irene, Mikey y el mismo Sergio. Fiesta que acompañaron algunos de los actuantes con alegres pataíllas que, sinceramente, se podrían haber ahorrado.

Poco público sin embargo asistió a ese recital, y eso que era gratuito. Me consta que en Granada hay muchos aficionados y peñistas que se quejan de la poca oferta y que sin embargo cuando el flamenco le es asequible se quedan en sus casas quizá viendo el fútbol que siempre abunda.

* Sergio, junto a ’El Pirata’, tomada de su facebook.

Palabra de bailaora

Palabra de bailaora

Flamenco Viene del Sur

Una fiesta se monta con uno que canta, otro que toca y otro que baila. Nada más. El lunes, 26 de marzo, hubo una verdadera fiesta en el teatro Alhambra. Desde Jerez, Mercedes Ruiz, con dos acompañantes de excepción, el cante de David Lagos y la guitarra de Santiago Lara, nos trajo un discurso sobre su nueva forma de entender el baile. Un flamenco reposado y completo; intimista y generoso; un diálogo a tres bandas; un protagonismo compartido; una discreta elegancia; una vindicación de su tierra tan sutil como evidente, tan variada como machacona.

Como no podía ser menos, comienza la actuación por bulerías (Palabra de Jerez), que apunta un David Lagos especialmente sembrado con el Procuro olvidarte de Manuel Alejandro, y termina acelerando la guitarra y marcando los tiempos, escorándose definitivamente hacia Jerez. La dinámica es esencial en esa propuesta llena de contenido, aunque tan minimalista que a veces puede parecer fría, simplemente por no llegar a despuntar.

La guitarra se queda sola y propone peteneras, que Mercedes baila con palillos en las manos, con bata blanca y mantón a juego. Remata por bulerías, interactuando con el cantaor y mostrando una estampa de Cisne blanco. El Cisne negro, a continuación, serán unas seguiriyas introducidas por tonás y culminadas con apoteósica cabal, donde Lagos da pie a la bailaora para lucir sus engarces y torsiones agradecidos en un palmito esbelto y flexible envuelto en bata negra de cola, dramática para la ocasión. La pincelada de castañuelas dimensiona percutidamente unos pies que descansan para dar protagonismo al resto del cuerpo.

El abuso de la bulería y duración de los temas es evidente hasta que, con La voz del pueblo, pregones y caracoles, y Mercedes vestida de pantalón y chaquetilla corta, saca lo mejor que tiene dentro. Empieza a bailarle al cante, que es de lo que se trata. Con gracia y delicadeza va recorriendo la escena venciendo y convenciendo en una noche que ya es definitiva. La sal gaditana que comento se remata con unas instantáneas donde los actuantes posan sobre una silla después de varios fundidos en negro.

Como programado fin de fiestas, con arte y supina delicadeza, la jerezana aborda una media granaína (Palabra de flamencos) que sirvió de broche de lujo a ese Baile de palabra que elevó el nivel del festival varios enteros.

* Foto flamenco-world.com©.

Sólo él podía

Sólo él podía

Juan Pinilla es un flamenco comprometido y versátil, conocedor de los estilos y con un importante poso cultural. Cuando el autor Antonio José López editó las coplas que había compilado Gerald Brenan se preguntó qué flamenco podría ponerle voz, puesto que entendía que una colección de letrillas impresas quedaría incompleta si no se cantaba.

La respuesta fue tan rápida como acertada. El único flamenco joven de Granada y posiblemente del panorama flamenco actual de llevar a cabo tal empresa era Juan Pinilla. De ese pensamiento y propuesta, nació el tercer disco de este cantaor de Huétor Tájar. Dicho trabajo discográfico, La copla y Gerald Brenan, fue presentado en el Teatro Alhambra, el pasado martes, día 20, con un lleno absoluto, que respondía al poder de convocatoria de este artista.

Tras unas palabras explicativas de la hija del escritor, la presentación corrió a cargo del entendido Antonio Lastra que, pasándose demasiados minutos más de lo deseado, desmenuzó la vida y obra del cantaor, aparte de exponer algunas teorías sobre los orígenes del flamenco.

El primer invitado fue el jovencísimo tocaor Álvaro Pérez ‘El Martinete’ que, con sensibilidad y flamencura, como nos tiene acostumbrados, acompañó a Pinilla con una media granaína y después una malagueña con abandolaos. Seguidamente nos fuimos al extremo opuesto, el veterano guitarrista y guitarrero Francisco Manuel Díaz arropó en unos cantes de levante muy agradecidos, en una seguiriya y en unos fandangos con mucho gusto que cantó el padre del protagonista, del mismo nombre (empeño personal de éste), en los que se acordó de Cepero, del Sevillano o de Vallejo.

De Almería, el guitarrista David Caro, con una trayectoria intachable, a pesar de su juventud, se incorporó para el resto de la velada, junto al percusionista Javier Rabadán, ambos creadores de gran parte de las melodías del disco. Con estos colaboradores, Pinilla expuso bulerías y, apoyado por el cante y el compás de Iván Centenillo, tangos, con un interesante juego de voces.

Juan tiene sus incondicionales que reconocen la valentía en sus formas, su trabajo y su poder comunicativo, a veces demasiado individualista. Donde rompió sin embargo fue en el popular Anda jaleo por bulerías y en un simpático Ay, Carmela por rumbas.

La noche acabó con nuevas bulerías con hermoso estribillo coreado.

* Foto IDEAL©.

Polifonía flamenca

Polifonía flamenca

Convivencias es el espectáculo que pudimos ver el lunes en el teatro Alhambra. Convivencias es el flamenco en otra dimensión. La guitarra serena, magistral y añeja del sevillano Manolo Franco sirve de colchón y trampolín a las voces frescas y magistrales de la gaditana Laura Vital, del Niño de Elche y de la onubense Rocío Márquez. Con voces dispares, coinciden en armonía y afinación. Conociéndose, cada cual explota sus facultades. Potente, Laura Vital, se especializa en los cantes de su Cádiz natal y en otras formas rítmicas. El Niño de Elche se entrega a los estilos más añejos, a la raíz del cante. Rocío Márquez borda de formas más melódicas, al balanceo musical del flamenco abierto. Aunque todos son versátiles sin discusión y todos, como base de la obra, se solapan y entrelazan sus voces como si de un concierto polifónico se tratara.

Bonito es la palabra que puede adjetivar ese encuentro. Bonito y de eficaz calidad, aunque la perfección en algún momento pueda parecer fría, al igual que el paseo por el patio de butacas, con la idea de convivir con el público, resulta en conjunto desangelada. Las voces de calidad se suceden, se imbrican o se funden introduciéndonos en un mundo lírico sin olvidar los ancestros de pellizco y de verdad.

Un escenario en penumbra nos muestra a los actuantes en fila entonando una seguiriya que, en contra de lo ortodoxo, comienza por el macho final y culmina por el principio, teniendo en su medio un poquito de capela. Los tangos suben y bajan. Son ricos en sus propuestas, para dar paso a la hermosa granaína que arpegia Manolo Franco en solitario.

Un discurso sobre el espíritu del flamenco, donde se alternan voces y cantos, dimensiona la obra hacia un nuevo plano que intenta ser pedagógico, pero me temo que más bien abunda en un proselitismo de izquierdas y un flamenco ya caduco, extemporáneo allá por donde se mire. Entre este alegato se escuchará, con letras comprometidas, levante (con el poema Estaban tan hechos a perder del poeta Antonio Orihuela), fandangos de Macandé, milongas, cantes de labor, tientos y guajiras.

La malagueña, que sirve de preámbulo a un nuevo solo del guitarrista sevillano por soleares, es un gran ejemplo de esa polifonía a la que aludo. Emocionante, precisa, estremecida, tanto en su base como en su abandolao.

Un incómodo momento de silencio nos devuelve la voz desde el patio de butacas. Es cuando los artistas se acercan al respetable y, en cierta forma, se ponen a su nivel, imbricando de nuevo sus voces en un ejercicio de maestría y buen gusto.

Termina la obra por bulerías, que son largas en su propuesta y lenguaje, como largas son las cantiñas, que a modo de bis programado, redondean la entrega. Cantiñas que se enriquecen con estilos tan infrecuentes como son las rosas, las alegrías de Córdoba o los caracoles, con un estribillo final en forma de coda a tres voces, que hacen del cante un canto para ser felizmente coreado.

Una noche redonda

Una noche redonda

Después del artículo anterior, es decir, después de ver a Sorderita en La Chumbera, dirigí mis pasos a La Platería que prometía calidad. No me equivoqué. Sonia Miranda es una cantaora sevillana afincada en Almería sobrada de facultades y generosidad. Le acompañaba a la guitarra un preciso Paco Cortés, tocaor granadino de acompañamiento que arropa como pocos. Respetuoso con el cantaor y exacto e sus incursiones, arranca sinceros aplausos de admiración.

Sonia, homenajeando la tierra que la acoge, se templa por granaínas, en las que arriesga y eleva su mismo listón. Continúa por tientos tangos, con su poquito por Granada, en los que también se acuerda de Morente y su maravilloso Lenguaje de las flores. El soniquete por tangos del guitarrista granadino  es de matrícula de honor. Para las agradecidas marianas aporta letras originales. Esta primera parte termina por malagueñas. La única objeción acaso es la repetición rítmica. Las marianas no pueden seguir a los tangos, que son primos hermanos, y, si ha empezado por granaínas, no abordes malagueñas, que adquieren un mismo tratamiento fandangueril, puesto que en un principio se consideraban las dos cantes de levante.

La segunda parte será más rica. De las farrucas pasa a las cantiñas y de éstas a la seguiriya. Termina por bulerías.

* Sonia Miranda y Paco Cortés en la peña del Taranto de Almería, en mayo de 2011.

De los padres del Nuevo Flamenco

De los padres del Nuevo Flamenco

Patrimonio Flamenco

No me avergüenzo de decirlo, llegué al flamenco bien tarde y por la puerta de atrás. Tendría 16 o 17 años cuando me asomé a este arte de mano de la fusión. No he sido como los precoces niños de mi alrededor que han mamado el flamenco, bien porque sus padres se dedican a ello o son aficionados, bien porque han nacido en un ambiente o en un barrio donde se escuchaba/respiraba flamenco.

Muy alejado de estos ambientes, el impúber Jorgito, escuchaba de toda la música que tuviera un punto de calidad o, eso creía, porque algún esquirol se coló entre mis filas de adeptos.

Es decir, descubrí el flamenco a través del rock, del jazz, de lo árabe e incluso de la música clásica. Grupos como Triana, Medina Azahara, Alameda, Chick Corea o Billy de Ville, me abrieron las puertas a un quejío muy nuestro, a un sonido ancestral que, sin saberlo, siempre lo he llevado dentro.

Del universo de los hermanos Amador y de los Carmona aterricé sin billete de vuelta en Paco de Lucía y en Camarón y, de estos, en Enrique Morente y Carmen Linares, hasta llegar a comulgar con los hermanos Pavón y con Chacón y Cobitos.

Enganchado al Nuevo Flamenco, uno de mis grupos de cabecera era sin duda Ketama en su primera formación, que contaba, además de los Habichuela, con el triste desaparecido Ray Heredia y José Soto ‘Sorderita’. Pues bien, a este icono de juventud fui a ver el sábado a La Chumbera.

El joven Sordera ya no es tan joven, pero sigue rezumando frescura y creatividad. Sus facultades no son las mismas, pero su sensibilidad es exquisita.

Por ‘exigencias del guión’, tuvo una primera parte ortodoxa, donde buscaba la raíz jerezana de sus ancestros. Delgado y alternativo, hijo del Madrid de los ochenta, Sorderita aparece en solitario acercándose a la fragua. Es martinete y debla, sin gran floritura, pero con mucho gusto. Para la soleá por bulerías, que va de lo tradicional a lo nuevo con su mítica banda (de Jerez a Granada, diría), se hace acompañar de Rafael Santiago ‘Habichuela’, a la guitarra, y de su hijo, el versátil y efectivo Benjamín Santiago ‘El Moreno’, a la percusión, a los que trata como hermanos y maestros.

En solitario, acompañándose él mismo con la guitarra, reconociendo así un poco más si cabe al Sorderita de siempre, propone alegrías de estribillo hilado, para continuar por Huelva, llamando, para que le arropen con la caja, a El Moreno y a José Antonio Carmona (que también hará las veces de segunda guitarra). Fandangos en los que se acuerda del Gloria.

A partir de aquí empieza a nadar en sus aguas, manifestando que ya ha cumplido con la ‘pureza’. Pero la pureza es la verdad de cada artista. Y José Soto está lleno de verdad y grandeza.

Se acerca a la bossa con Las alas me pesan y al jazz, con un buen swing por bulerías, con Flores blancas. Dos bellas composiciones, y más bella interpretación, que dan paso a los tangos Todo tu ser, compuestos por Manuel Lomo, y terminar por bulerías donde, en un viaje de ida y vuelta, versiona los cantes que hacía el viejo Sordera.

Más jerezano que nunca

Más jerezano que nunca

Flamenco Viene del Sur

Ver a Gerardo Núñez es una apuesta ganada, pues pertenece a esa generación de guitarristas precisos y versátiles, surgidos tras el trío torbellino Lucía-Sanlúcar-Serranito, imprescindibles para comprender el desarrollo de la guitarra flamenca hoy día. Su técnica es bestial, tanto como su pulsión, rápida y firme, casi de vértigo, y un golpeteo envidiable en la tapa de su instrumento. Pero sobre todo flamenca, muy flamenca. Aunque se ha bañado en las aguas del jazz, se ha sumergido en la composición más redonda, ha atravesado como funambulista  el cable tenso de la lírica, pero como mejor se mueve, como mejor suena es como flamenco. De hecho, A tientos, como se llama el espectáculo, me sorprendió por la ausencia de corrientes. Tan sólo el flamenco planeaba en el teatro. O, para ser más exactos, el flamenco jerezano. Quizá fuera una exigencia o quizá un recurso cómodo, pero el abuso de la bulería fue manifiesto. Escuchamos bulerías propias y escuchamos bulerías rematando algunos temas o ilustrando los demás. De todas formas, es un abuso agradecido, aunque no tanto como el exceso de revert en algunas ocasiones o el protagonismo de la percusión de Cepillo, respetuosa por otro lado.

La sensibilidad de este tocaor ya se empieza a ver en la rondeña con la que empezó. Una rondeña que encierra una farruca y acaba por bulerías. Una constante se evidencia en este tema, que irá insistiendo en el resto del concierto, y es posiblemente la única concesión ofrecida al espíritu del jazz, que es el sonido repetido una y otra vez, como si fuera una base o una coda. Para las alegrías que vienen a continuación, Gerardo se rodea de todo su cuadro: Manuel Valencia como segunda guitarra (inexplicablemente con el volumen más bajo que el maestro); David Carpio, Esau y Joni Cortés al cante (sin fisuras); Cepillo a la caja; y Andrés Peña al baile, que no debutará hasta el próximo tema, una habanera, con el nombre de Sevilla, cercana a la guajira y rematada –cómo no- por bulerías. De las dos, tres, veces que he visto a este bailaor es la que más me ha gustado, en la que hemos hablado, él como emisor y yo como receptor, el mismo lenguaje. En esta habanera se aprecia como en ninguno la constante señalada más arriba, que el ritmo se repite como un obstinato rigore.

Un solo de cajón sirve de ecuador en la noche, que continúa con una bella pincelada de guitarra en compás de seguiriyas que se va apagando mientras se imbrican las voces de los cantaores en una rueda por tonás y martinetes. Buenísima incursión en el cante a pelo quizá superada por ellos mismos haciendo soleá por bulerías en torno a una mesa con el único acompañamiento del golpeteo de sus nudillos sobre la tabla.

El principio del final de la actuación es una soleá muy marcada que introduce la segunda guitarra, donde el bailaor adquiere protagonismo, teniendo solos memorables (aunque el tembleque del pie derecho sobre el piso en un alarde de velocidad y/o dominio, que usan algunos bailaores, nunca lo he entendido). Tanto la bulería vertiginosa que marca el final de la actuación, como el fin de fiestas y el resto del concierto, evidencian el paso atrás de Gerardo, no en el concepto, sino en las raíces.

David Carmona en Metáfora

David Carmona en Metáfora

Todavía es un ulular de sentimientos y equilibrios. Puede que sea un secreto, pero las voces traspasan las paredes. Metáfora, el montaje del Ballet Flamenco de Andalucía, a la cabeza del cual figura Rubén Olmo, que inauguró recientemente el XVI Festival de Jerez, lo tendremos en Granada durante el mes de a gusto, en la oferta del Generalife y Lorca, que este año quizá deje descansar al poeta.

Todo son suposiciones, pues con los últimos avatares políticos, con el posible cambio de gobierno en Andalucía y con la crisis que tenemos encima, lo más fiable es la conjetura.

Otro argumento que nos hace pensar en la acogida de ese ballet en la ciudad este verano es que, después de Jerez, la obra de Olmo se presenta en prácticamente todas las provincias, en el ciclo Flamenco Viene del Sur, menos en Granada.

La función no la he visto, ni en su estreno ni en Málaga ni en Sevilla. Y no la veré posiblemente hasta que venga a nuestra tierra. Pero sí, en parte, le he querido hacer el seguimiento porque entre sus miembros destacan dos jóvenes flamencos granadinos.

Leyendo críticas diversas, la obra no se salva se coja por donde se coja, a pesar de los grandes valores que conlleva, ni siquiera su director o la gran Rocío Molina no reciben el aplauso general.

Un montaje dispar y equívoco, expone sus mejores cartas, empatando la partida en el mejor de los casos. Pastora Galván es la bailaora más alabada (personal y sorprendente, derrocha sabor, Estela Zatania en deflamenco). Destaca también, con fuerza indiscutible, nuestra paisana Patricia Guerrero (una firme apuesta por el baile pleno de movimientos limpios, Patricia Moreno en jerezjondo).

Pero, quien arrasa sin discusión es el guitarrista David Carmona y su composición musical para gran parte del espectáculo. Estas son algunas de las palabras que, en solitario o en compañía, se han vertido sobre él:

La indudable calidad musical de la Suite flamenca sitúa a David Carmona en la cima de la sublimación de los sentimientos. Este joven granadino, siguiendo los pasos del maestro Manolo Sanlúcar, ha conseguido que el arte logre su fin, esto es, otorgar belleza y deleitar a quienes aprecian la obra artística (El Mundo, Manuel Martín Martín).

Toda la parte gozó de la música de otro joven, el guitarrista David Carmona, que le dio el necesario acento y jondura a la suite, tanto en la composición como en la interpretación (El País, Fermín Lobatón).

La música de David Carmona y el exquisito baile de la sevillana Pastora Galván fueron los puntos álgidos de la noche (…); algo original y que elevaba la excelente música compuesta por el guitarrista David Carmona (jerezjondo, Patricia Moreno).

Yo me quedo con Pastora, y también con el cante de la guapísima Fabiola y la guitarra de David Carmona (deflamenco, Estela Zatania).

Para la primera cara de esta Metáfora, David Carmona había diseñado una partitura guitarrística, que si bien se cargaba de los evidentes ecos de Manolo Sanlúcar, no dejaba de ser de una belleza indiscutible (…). La taranta, 'En sueño', hicieron brillar tanto a Patricia Guerrero como a David Carmona (lavozdigital, Javier Prieto).

Y menos mal que el granadino David Carmona, inspirado y grande, nos ofreció una música exquisita de belleza que emocionó de principio a fin, sobre todo cuando dejó en el aire una taranta irrepetible ejecutada con una técnica precisa y preciosa. Llegará donde quiera este joven guitarrista a poco que se empeñe y se le apoye un poco (aticoizquierda, Paco Vargas).

El guitarrista David Carmona, uno de los jóvenes valores a las seis cuerdas se ha encargado de componer 'Suite Flamenca (loscaminosdelcante).

* Foto de Nono Guirado© (fragmento).

'Extremo Jondo' en Marbella

'Extremo Jondo' en Marbella

Creo que con ésta son cuatro las veces que he visto Extremo Jondo de La Moneta en directo, más otras tantas en el DVD (a la venta desde el mes pasado), y estoy convencido de que cada día es un espectáculo diferente. Y no sólo la obra en sí, que se enriquece con el tiempo, o con los actuantes, que esta vez han sido distintos, sino sobre todo por su protagonista, por la misma Fuensanta que se reinventa a cada paso y se deja llevar por las sensaciones del momento sin perder la esencia.

Así, con nuevos músicos, Extremo Jondo llega a Marbella para conquistar un teatro que por desgracia estaba medio lleno. La estructura es la misma de siempre, dos bloques de cantes, en un total de nueve, separados con un poquito por levante, para que la bailaora cambie su vestido. Ella le baila al cante directamente y a las sensaciones de la música y el compás.

Es natural que esas impresiones muden, pues cambia el momento y, como en este caso, cambia el cantaor, en lugar de Miguel Lavi será David ‘El Galli’, y el guitarrista, en vez de Miguel Iglesias arropará Luis Mariano. A la percusión sigue el mismo Miguel ‘El Cheyenne’.

La primera parte comienza con una toná que en seguida pasa a ser caña, después abandolaos (un nuevo añadido a este espectáculo), alegrías y se remata con una minera tan sólo de guitarra y baile. Claramente observamos la complicidad de este nuevo grupo, no obstante han coincidido en otras ocasiones. El Galli, tiene un día espectacular y canta como nunca, rebusca en su interior hasta encontrar ese quejío que hace estremecer y que a los aficionados tanto nos gusta. Luis Mariano, con su sonido impecable, se deja llevar por la magia del momento, imponiendo su sonido sacromontano, lleno de frescura, dulce y rabioso a la vez. Miguel ‘El Cheyenne’ sigue con su tónica de respeto y ritmo extremo, que dimensiona la sombra ya alargada de La Moneta. Entre los cuatro convocan al duende, ese tan caprichoso, que no siempre aparece, llenando la noche de pellizco y solera.

La bailaora se siente a gusto e inspirada, le concede un amplio margen a la improvisación y a las nuevas tonalidades. Los abandolaos, que terminan con fandangos del Albaicín, como ya he dicho, en una nueva apuesta, y las alegrías las rehace sobre la marcha. El bello toque minero de Luis, lo baila en la penumbra, dándole un encomiable protagonismo a la guitarra.

En el tácito intermedio, cuando la artista desaparece, el cantaor a pie de escenario entona una taranta de muchos quilates que culmina con los fandangos Contando los eslabones, que Morente grabó en su trabajo Se hace camino al andar de 1975. David lo adapta a su estilo y sus melismas, creando un producto tan bello como reconocible.

La segunda parte, más festera que su precedente, comienza por bulerías que encierran livianas y serranas en su mitad, donde el cantaor interactúa con una Fuensanta que se muestra desafiante y creativa, encendida y picarona. El micrófono de su pie se suelta en ese instante viéndose obligada a desaparecer por unos minutos. A pesar de la megafonía aludida, es imposible luchar contra un piso desagradecido que se muestra sordo y duro y que exige de la bailaora un doble esfuerzo (como comentaba ya relajada a su final “el suelo me absorbe toda la energía”). Termina la función con tientos-tangos, que comienzan, por el problema descrito, con cante y guitarra. La Moneta se incorpora en los tangos con nuevas fuerzas, creciéndose ante las dificultades, cantando como el cisne a los postres. Todo el fondo de la bailaora se manifiesta a borbotones, ronea, seduce y muestra ese poso granadino que por supuesto atesora.

* Foto de Niguel Ángel Molina© (agosto 2011).

Toná

Tengo a mi mare mu’ mala,
ingresá en la residencia,
que por no hacer na' de ruido
se me muere y no se queja.

Los excesos de un bailaor

Los excesos de un bailaor

Flamenco Viene del Sur

Si Luis XIV hubiera sido bailaor se llamaría Antonio ‘El Pipa’. Rabelais habría escrito de él. Antonio es excesivo en su cuerpo, en sus formas, en su lenguaje. Protagonista de su mundo, sabe lo que desea destacar. Con una puesta en escena muy cuidada, nos enfrentamos al tópico de la vida errante del pueblo gitano y el orgullo de serlo. Repetición por otra parte necesaria para atender a unas raíces que ya, al menos en nuestra tierra, atienden al pasado. Por este sedentarismo que domina en la actualidad, el caló o lengua de los gitanos se ha ido perdiendo. Aunque El Pipa lo reivindica en sus canciones y en su programa. Así, por ejemplo, Nuevo día, como se llama la segunda parte de un espectáculo que se hizo largo, es ‘Nebó chibel’ o Por amor (cuarta parte) es ‘Per Jelem’.

De esta forma, con cuatro partes, veremos brujulear a los actuantes para desembocar en una historia de amor, con boda y todo, como marca la tradición. Antonio atesora esas costumbres y, como mero espectador o testigo privilegiado, va dando cuenta de cada uno de los pasos de su gente. Una gente que no hace sombra, tan sólo una primera bailaora llamada Macarena Ramírez, con una gracia y un control desmedido, que, cuando aparece, a pesar de ser pequeña, ocupa todo el escenario, se lo bebe, eclipsando al resto de sus semejantes.

Una proyección en el telón de fondo, difumina a los bailaores. Lo que puede ser un interesante juego de luces y de sombras, tan sólo desvirtúa la escena. Las bambalinas blancas, en vez de las habituales negras, en cambio son un acierto de pureza y esperanza. Un abuso de la música en off, por último, termina desconcertando.

A partir de ahí, se suceden bailes evidenciables del hilo narrativo que, individualmente (Antonio o los solistas), en pareja (Macarena Ramírez e Isaac Tovar) o en grupo (todo el cuerpo de baile), nos llevan a un final feliz. El Pipa baila abandonaos, tientos, seguiriya o soleares de un mismo corte. Su baile es redondo y muy flamenco, a veces repetitivo, siempre histriónico y exagerado. Gusta regodearse en su mismo cuerpo y tiene pellizquitos reconocibles, como demostró por bulerías. Lleva al cantaor a su lado, aunque su discurso está por encima, e interactúa con él como si fuera un elemento imprescindible en su dictado. Uno de sus aciertos es contar entre con Morenito de Íllora, un cantaor de oficio, que se rebusca por dentro, con un eco gitano encomiable y un buen momento en su dominio. Un desacierto a su vez fue silenciar el micrófono de este maestro y reforzar el de la cantaora protagonista, Mara del Rey, a todas luces con menos facultades que el de Íllora.

La obra sigue con momentos bellos y otros inexplicables. El cuadro de de baile es mediocre para una compañía profesional y el primer bailaor pasable. Me quedo, como he dicho antes, con Macarena y su desenfado, a pesar de algunos desequilibrios al principio. Su baile es alegre y completo, seductor y preciso. Una farruca tan solo musical nos muestra un paso a dos, con estos primeros danzantes, tan sensual como extemporáneo, con beso final incluido, mientras la luna se va llenando a sus espaldas.

Choca igualmente un villancico, o un canto metido por villancicos, que, fuera de su ambiente, se hace extraño (por no hacer mención de la mala suerte que conlleva entre las creencias gitanas). Destacamos por otra parte un baile breve de los chicos con chapas de metal mientras rueda una música polifónica. El sonido de esos metales, sobre todo cuando bailan encima de ellos, nos hacen pensar en las vanguardias agradecidas de Galván.

Termina la historia con un canto de alabanza, cercano al culto, con la boda antedicha y con la bandera gitana proyectada sobre el fondo. Besando el suelo, a la manera Maya, se despide un bailaor que sin duda tiene sus incondicionales.

* Foto Antonio Konde©.

** La chica de la derecha, la que se arregla el pelo, es Macarena Ramírez.

Otra vez Pilar Fajardo

Otra vez Pilar Fajardo

Lo hablé con Pilar hace tiempo. Le dije que su baile debía ser más reflexivo, más reposado, que no se baila sólo con el cuerpo y el corazón, sino también con la cabeza; que tenía todas las papeletas para convertirse en la mejor bailaora de tablao de esta tierra; que podría ver el mundo frente a frente, pero tendría dificultad para mirar al cielo.

Pilar Fajardo es la segunda vez que baila en La Platería en menos de un mes. Es la segunda vez que me sorprende con su baile maduro. Difícilmente la veíamos arrostrando las formas más sentidas, dramáticas y profundas del flamenco, pero, con la soleá de la vez anterior y el taranto de esta ocasión, ha adquirido una perspectiva interesante.

El cuadro que le acompaña este día es completamente distinto e igual de eficaz. Para mostrar el buen hacer en las tablas, es necesario estar rodeado de buenos músicos. Un cuadro que haga agua puede desvirtuar la actuación de un bailaor o de una bailaora en más de un cincuenta por ciento.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ se templa para empezar con una soleá, demostrando su universo único indiscutible en este palo básico. Su voz ya es limitada y se casca con facilidad. Sus tres, cuatro, temas para el cante alante pueden ser sublimes. Incluso hace buen papel apoyado por otros cantaores para cantarle al baile. Pero, me temo, que se le hace cuesta arriba cuando sólo él lleva el peso del cante atrás. Lo que se evidenció en los tarantos rematados con tangos con los que terminó la primera parte.

El baile, como digo, fue circunspecto y bien estructurado. Los postreros tangos también fueron merecedores de elogio. Ricos en roneo y gracia sacromontana.

Entre medias, Melchor de Córdoba y Luis de Melchor, padre e hijo, hilvanaron unas bulerías con sus guitarras sin desperdicio alguno, a pesar del alto margen de improvisación, a pesar de que Melchor se comía a Luis, a pesar de que la guitarra de éste último se oyera poco. Son de los pocos representantes, si no los únicos, del toque bravo del desaparecido Marote.

La segunda parte comienza con los nuevos bríos de Jaime que propone unos fandangos naturales para acabar cantándole alegrías a la algecireña, que logra redondearlas un poco más que la vez anterior. Es su baile de referencia, que rememora su tierra, aunque actualmente se halla impregnado de tintes de cueva y escenario granadino. Quizá le vendría bien un viaje de ida y vuelta para volver a salpicar de sal gaditana sus escobillas.

* Foto de Nacho Martín©.