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“Son ganas de bailarle al cante”

“Son ganas de bailarle al cante”

Cuando ya tenía la grabadora apagada, al final de la entrevista, Fuensanta La Moneta hizo que la encendiera para ampliar los comentarios que había vertido durante la misma. Tal es su pasión y sus ganas de trasmitir.

Nacida en Granada, lleva una carrera ascendente y muy personal desde que en 2003 fue reconocida con el Desplante flamenco en el Concurso Internacional de las Minas de La Unión.

Con su baile ha recorrido medio mundo y es admirada en todas las latitudes. Extremo Jondo es tu tercer montaje escénico, el cual, después de un año de rodaje, ha decidido pasarlo a DVD para su constancia.

Nos interesamos por este trabajo y le preguntamos en qué se diferencia de sus anteriores espectáculos.

Respuesta.- Se diferencia sobre todo en que no es un espectáculo coreográfico en el que el baile es el protagonista y la música está al su servicio, sino que está basado en el cante y tanto es baile, como la guitarra y la percusión estamos al servicio de él. Mi expresión en el baile, por tal característica, llega a ser otra. Estoy totalmente relajada y libre en el baile.

Pregunta.- ¿Qué te llevó a trasladar Extremo Jondo a DVD?

Respuesta.- Teníamos gran interés de que de este trabajo quedara constancia para que el día de mañana fuera un referente para la posteridad. No es la primera vez que se hace una obra con los mínimos elementos, pero éste es un espectáculo donde destaca el esfuerzo, el trabajo en equipo, con una calidad musical contrastada y el planteamiento novedoso. De ahí mi interés de que quedara grabado y era una forma de darle salida a nuestro trabajo, que no se limitara simplemente a los escenarios.

Pregunta.- Lo estrenaste en el Festival de Música y Danza de Granada en 2010, en el teatro Isabel la Católica, y lo has grabado en agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral, ¿ha cambiado mucho durante este año de rodaje?

Respuesta.- Sí, la obra ha sufrido algún cambio como todos los espectáculos. Cuando se estrena un trabajo y se va rodando, siempre se le hacen cambios que se crean convenientes. El más evidente es que Extremo Jondo se estrenó con Enrique el Extremeño y se ha grabado con Miguel Lavi. Se ha cambiado el cante, lo que permanece es el concepto y la comunión entre el cante, el baile y la guitarra.

Pregunta.- Me consta, por otra parte, que esta obra sigue cambiando, que está viva. ¿Cómo te planteas esa evolución?

Respuesta.- En realidad, la obra cambia cada vez que expone al público, porque hay una libertad de expresión… Incluso una misma se sorprende de cosas que salen de, de cosas que se crean en ese momento. Después, en otra función, serán otras cosas. Tenía muy claro que, al basar el espectáculo en el cante, el baile no tenía tanta responsabilidad. Al tenerlo tan claro, y el resto del equipo también, el proceso de montaje ha sido muy natural. Desde que se estrenó hasta hoy ha mejorado pero no es muy distinto de la primera vez.

Pregunta.- ¿Tiene mucho de improvisación, de espontaneidad cada vez que representas la función?

Respuesta.- Claro. Hay muchos momentos de espontaneidad. Tiene que ser así

Pregunta.- Dices que la responsabilidad es compartida, pero sólo abandonas el escenario, en una hora de duración, los minutos imprescindibles que dura un cante para cambiarte de vestido. ¿Ganas de bailar o presunción de energía?

Respuesta.- Que hay energía en este cuerpo es evidente. No tengo que demostrar nada en ese sentido, no tengo que hacer alardes de ningún tipo. Son ganas de bailar, ganas de mucho bailar y de bailarle al cante… Parece una paradoja, es un espectáculo de cante pero lo bailo todo, bailo los silencios, bailo las transiciones. Lo bailo todo. Y porque tengo que salir a cambiarme que si no…

Pregunta.- ¿Cómo eliges los cantes apropiados?

Respuesta.- Bueno, la elección de los cantes es compleja. En principio había muchos más cantes. Yo había elegido muchos palos que, por diferentes motivos, tenía ganas de bailar; unos porque no los había hecho todavía y otros porque necesitaba darles otra vuelta de tuerca. La elección de los cantes fue una cosa natural, fueron entrando por sí solos y acoplándose en las transiciones.

Pregunta.- ¿Los seleccionas tú misma?

Respuesta.- Los elijo yo misma, pero comparto esta decisión con el director musical [el guitarrista Miguel Iglesias] y con el cantaor. Es un trabajo muy a fondo y muy pensado.

Pregunta.- ¿Se te ha quedado algo en el tintero?

Respuesta.- Sí. Ya los tocaremos más adelante. Había más, pero había que descartarlos porque la obra no puede ser eterna.

Pregunta.- ¿Cuáles son tus referentes a la hora de crear? ¿De quién te acuerdas?

Respuesta.- En este espectáculo, como el trabajo no era tan coreográfico, mis referentes han sido todos de cante. En los espectáculos anteriores he mirado a los maestros que han influido directamente en mi carrera, con los que yo he trabajado. Maestros como Javier Latorre o Mario Maya. Y también otros maestros que, aunque no haya trabajado con ellos, he sido testigo de su trabajo.

Pregunta.- ¿Concedes mucho terreno a la vanguardia y a la contemporaneidad?

Respuesta.- Esa vena contemporánea me sale de vez en cuando porque soy joven, porque creo que estoy en la actualidad del flamenco y porque he crecido con otros artistas que ahora son coreógrafos y hacen hincapié en esas técnicas.

Pregunta.- ¿Por ejemplo tu contacto con Rafael Estévez?

Respuesta.- Efectivamente. He tenido la oportunidad de trabajar con él y empaparme de sus formas.

Pregunta.- ¿Tus músicos gozan también de ese margen de espontaneidad?

Respuesta.- Sí. Todos formamos parte del mismo equipo y todos tenemos que caminar en la misma onda. Si yo me siento libre y estoy cómoda también es gracias a ellos. Así ellos también se deben sentir libres dentro del escenario. Hay que darles esa oportunidad. Si no, no hay diálogo ni aparece ese duende que tiene que aparecer.

Pregunta.- Sí, se os ve cómplices a todo equipo. ¿Cómo has llegado hasta ellos?

Respuesta.- Bueno, todos estamos en este mundo y todos nos conocemos. Hay veces que los buscas y veces que se coincide en el camino. Eso es lo que ha pasado. Este espectáculo nació de una experiencia en Japón donde estaban la mayoría de los que trabajan conmigo. Personas que artísticamente me marcaron y por eso quise hacer este espectáculo, contar esa experiencia precisamente con ellos.

Pregunta.- Ya que hablas de Japón. Extremo Jondo lo has movido por parte del extranjero ¿Qué respuesta has obtenido de esos diferentes lugares?

Respuesta.- Buena, siempre buena. Les ha resultado sorprendente el formato tan novedoso y minimalista, tan reducido, con los mínimos elementos. Lo cual ha sido aceptado porque la calidad no ha disminuido. Por ejemplo, el último lugar donde hemos estado es en Nimes y realmente no me sorprendo de que en el extranjero lo entiendan y les guste, pues están muy preparados tanto para ver un trabajo vanguardista que uno más tradicional. De hecho hemos movido más este espectáculo fuera que dentro de España. Tengo mucho interés en cómo se desarrollará de aquí adelante porque lo vamos a mover más a nivel nacional.

Pregunta.- Con lo cual, sigue evolucionando.

Respuesta.- Claro. Porque está vivo, porque está vivo.

Pregunta.- Por otra parte vemos algunas constantes en tu baile, que te han ido acompañando a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas constantes?

Respuesta.- Sí hay constantes que se ven en mi baile hoy. Características de mi baile de siempre. Aunque me venga esa vena contemporánea, siempre está La Moneta que empezó a bailar, que no tenía tanto conocimiento, que estaba aprendiendo y se morirá aprendiendo. Cuando empecé a bailar, sólo eran ganas de bailar e ilusión. Había mucha intuición y yo creo que eso no se ha perdido. Esa característica de La Moneta se sigue viendo.

Pregunta.- ¿Una de esas constantes puede ser el remate por tangos?

Respuesta.- Claro que sí, porque es uno de los bailes con los que yo empecé y por la tierra, la tierra de los tangos que es Granada. Sí, esa es una de las características. Y, aunque yo creo que la fiera se ha domado un poco, no falta el espíritu.

Pregunta.- ¿Cómo ves el futuro? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

Respuesta.- Proyectos siempre tenemos, porque no me gusta pararme, me gusta seguir dándole vueltas a mi trabajo. Tengo uno en mente, que voy a empezar a darle forma y a trabajarlo en el estudio. Espero que se pueda ver antes de que acabe este año.

* Entrevista realizada para deflamenco.com

** Foto de Miguel Ángel Molina©.

Sensa en La Platería

Sensa en La Platería

Entre los tocaores de base granadinos se encuentra Kiki Corpas y, aunque se echa de menos a veces la fuerza en su pulsión, el soniquete sacromontano y la sensibilidad flamenca suelen acompañarlo. El jueves, 16 de febrero, abre la actuación en La Platería este tocaor con un agradecido zapateado en solitario que da paso a la voz potente y conservadora de Aroa Palomo que se templa por soleares. Carente de medios tonos, es larga en el cante y conoce los estilos. Se acerca a la tierra y continúa en ella con unos tangos de Granada llenos de guiño y complicidad, en los que se hace acompañar de las palmas de Inmaculada Bandera y Marta de Vicente.

Elena López ‘La Sensa’, protagonista de la noche, entra a continuación con unas seguiriyas. Cuadra los tercios y aspira a la novedad, pero se encuentra encorsetada, pendiente del próximo paso. Lleno de aciertos su drama y muy trabajado en su fondo no acaba de cuajar. No así, como veremos, en las alegrías finales, donde aparece más suelta, segura y redonda, a pesar de que exige menos a sí misma.

La segunda parte, paralela a la primera, comienza con el toque de Corpas en solitario meciendo unas granaínas de buen cuño. Aroa se incorpora por peteneras y, todo el cuadro, como dijimos, por alegrías.

El recital acaba con un fin de fiestas por bulerías, donde se ve a una Sensa más desinhibida, pero la frescura la encontramos en la pataílla de sus dos jóvenes palmeras.

* Foto de J.Antonio Martín (tomada de su web).

El lirismo de Esther Crisol

El lirismo de Esther Crisol

Prestación del disco Aguacibera

Lo que antes sospechaba, ahora se ha confirmado. Esther Crisol tiene una gran capacidad musical, grandes dotes de afinación, interpretación y facultades; lo que no llega a alcanzar con el flamenco desgarrado lo palia con lirismo y sensibilidad. Prueba de ello lo tenemos en la presentación de su segundo trabajo discográfico Aguacibera el pasado viernes en el teatro CajaGRANADA y, sobre todo, en la interpretación del tema libre Schabat, de Juan Cruz Guevara, acompañada tan sólo del pianista Darío Moreno.

La Fundación Corda, tiene la misión de compilar, preservar y difundir la obra del poeta chileno David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927). Entre sus labores ha tenido a bien  ofrecer a la cantaora Esther Crisol la posibilidad de realizar una grabación algunos de sus textos.

De ahí nace Aguacibera, un trabajo metódico y minucioso de adaptación de dichos poemas al lenguaje flamenco, de manera que parecieran escritos para él. Aguacibera es ‘el agua con que se riega una tierra sembrada en seco’, que corresponde a uno de los poemas de David Rosenmann-Taub, dedicado a su abuela, cantado como vidalita y que le da nombre al disco.

Acertadamente varios cortes de la grabación son cantes de ida y vuelta, no sólo más libres y versátiles, adaptados a los melismas de la cantaora, sino que también recogen el espíritu del sur de América en su concepto y a las palabras del otro lado del océano. Así, aparte de la vidalita, Esther propondrá colombianas, que irán acompañadas del baile esbelto y medido de Lucía Guarnido o rumbas, con la eficaz participación, a pesar de su estridencia momentánea, del trompetista David Defries.

Otros músicos que le acompañan y que dan extensión al ambiente son el guitarrista Luis Mariano, partícipe en la puesta de largo de gran parte de los temas, Miguel ‘El Cheyenne’ en la percusión, Cuni Mantilla en el contrabajo, con un interesante rasgueo en los estilos a compás, y Nina Rishad en el violín, instrumento que va de la mano con las creaciones de Crisol.

El concierto se completa o se alterna con unos cabales, una soleá, una toná de gran belleza, unos tientos agradecidos y su final por bulería en forma de jam session.

Ante los aplausos del respetable, que abarrotaba la sala, el combo al completo ofreció unos tangos en los que se desliza con toda evidencia el soniquete de Granada que Luis Mariano borda con maestría comparada.

* Esther risol en la foto.

Pilar Fajardo en La Platería

Pilar Fajardo en La Platería

Los jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.

Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.

Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.

Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.

La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.

Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.

* Foto sacada de su Facebook.

Clausura Circuito Provincial de Peñas

Clausura Circuito Provincial de Peñas

Permitidme que sea aséptico en gran medida en los comentarios de este festival peñístico, pues oficié de presentador y estuve entre bastidores, a veces yendo y viniendo sin atender como hubiera sido mi gusto. Además, el sonido tras el escenario no era el deseado.

Por otra parte, a la salida, los comentarios contradictorios de los aficionados, no iluminaron mi cortedad. Me temo, sin embargo, que los guitarristas superaron por puntos a los cantaores.

El Circuito Provincial de Peñas, y por ende su clausura, estuvo dedicado al cantaor granadino Manual Ávila Rodríguez (1912-1993), natural de Montefrío y ganador, en 1983, de la Lámpara Minera en el XXIII Festival de las Minas de La Unión (aunque el año anterior fue accésit, junto a ‘Curro Lucena’ y ‘Juan Casillas’); fue seguidor de Antonio Chacón y del ‘Niño de Cabra’. Sobresalió en los cantes de minas, sobre todo en las murcianas. En 1985 forma parte del espectáculo Los últimos de la Fiesta y en 1992, en la Expo de Sevilla. Murió el 13 de marzo de 1993 en su pueblo natal.

Con este precedente, todos los intérpretes se acordaron más o menos del cantaor, dedicándole parte del repertorio.

En primer lugar, muy a su estilo, David Sorroche, acompañado por Jorge ‘El Pisao’ a la guitarra, hizo soleá y tangos de Granada, en los que se acordó a los postres de Enrique Morente y el Lenguaje de las flores.

Arturo Fernández, que conoció personalmente a Manual Ávila, contó algunas de sus vivencias, antes de interpretar unos tientos de Manolo Caracol y unas malagueñas de Chacón que cantaba el mismo homenajeado. A la guitarra, brillante como siempre, Ramón del Paso.

José Romero ‘Pasitas’, al lado del guitarrista de origen canadiense David Sinclair, intentó una temporera de Manual Ávila, pero recitada y con un extraño fondo por soleá. Fue acertado en las serrana y ajustado en la malagueña, mejor en la segunda estrofa, donde se presentaba él mismo, que en la primera.

Desde Montefrío, el mismo pueblo de Manuel, llegó Verónica ‘La Hindú’ simplemente para excusarse de no actuar, pues un resfriado habitual cegaba su voz y enriquecía su ronquera.

Un solo de guitarra sirvió de ecuador a un recital que, a pesar del gran número de actuantes, resultó dinámico. Jorge Espejo, ganador del último premio de jóvenes flamencos de la diputación, arpegió una taranta, donde se acordó en gran medida de Juan Habichuela y cerró con una soleá de Sabicas, guitarrista pamplonés, que habría cumplido en este 2012 los cien años.

Mª Ángeles Pérez, arropada por Kiki Corpas, hizo granaína y media y soleá. El mismo guitarrista, acompañó seguidamente a Cristián Delgado, de sólo 15 años, que volvió a hacer malagueñas (el palo estrella de la noche), rematadas por rondeñas y fandangos del Albaicín, para los que llevó a Elena y Marta como palmeras, y culminó con tangos de la tierra.

Por último, Alicia Morales, acompañada nuevamente por Ramón del Paso, hizo una soleá de Antonio ‘el Arenero’ y unos fandangos naturales que le dedicó a José Manuel Rojas, crítico de flamenco del periódico Ideal de Granada, presente en la sala.

* Manuel Ávila en la foto.

Flamenca flamenca

Flamenca flamenca

La labor de un crítico, además de reconocer los valores de un artista, elogiar su buen camino y describir la función, estriba en denunciar los vicios y advertir los escollos. Así, dando cal y arena en la proporción adecuada, se elabora un artículo. El problema se encuentra cuando asistimos a un espectáculo que no hay por dónde cogerlo por agobiante, casposo, manido o chirriante; o, el caso contrario, cuando una obra no admite queja. El recital de baile de La Moneta, este sábado pasado en La Platería, no tuvo fisura posible, si acaso un sonido insuficiente.

Fuensanta ofreció su baile desnudo, sin conservantes ni colorantes. Su fuerza innata, su sentido del compás, sus paradas, sus silencios, sus arrebatos, sus éxtasis, su roneo, su sonrisa, sus desplantes, sus recuerdos, su picardía, sus ojos, su generosidad, su estilismo, su flamencura, su inteligencia, sus pies, su control, su aprendizaje, su contemporaneidad, su quejío, su espontaneidad, su compañerismo, su cabeza, su alegría… toda La Moneta estaba sobre las tablas. El salón de La Platería a rebosar y su cuadro, de referencia incomparable. Como cantaores llevó a tres de las mejores voces de Granada, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Antonio Amador ‘El Nitro’ (Manzanita de Santa Fe) y Juan Ángel Tirado; a la guitarra, sin igual, Miguel Ochando y su alumno aventajado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’; y a la caja Miguel Fernández ‘El Cheyenne’.

Comenzaron por tonas, que pasaron a ser seguiriyas cuando entró la bailaora. Parece que no había pasado, que no había futuro, tan solo un denso presente que se mascaba en cada paso y se aligeraba con cada vuelta. La dosis de improvisación, de vivir el momento, de fabricarse alas con cada cante, con cada arpegio, parecían únicos, parecían nuevos pero a la vez repetidos de tan medidos, de tan exactos.
Un par de rondas por fandangos naturales, nos hacen apreciar las exclusivas voces de los cantaores y sus ecos sin fronteras. Apreciamos con placer el torrente y el bello timbre de Manzanita; el aguardiente y la voz afillá de ‘El Parrón’, aunque su esfuerzo por rellenar huecos inexistentes no le sienta bien; y la acentuación y la cajita de música que tiene Juan Ángel en la garganta, quizá, si se lo creyera, el mejor cantaor de España. Como anécdota diremos que Jaime olvidó a la mitad la letra de un fandango, tras varios rasgueos de guitarra, cantó una estrofa completamente distinta.

La soleá con la que termina la primera parte, de más de una hora, es un ejemplo de exquisita redondez. Fuensanta domina la escena e hipnotiza por momentos. El remate por bulerías es un ejemplo de guasa contenida, de explosivo control.

La segunda entrega comienza con un solo de guitarras, unos verdiales de Gerardo Núñez, llamados Cañaveral, donde alumno y maestro se entienden y se complementan a la perfección. Es el sonido del agua, de una limpieza y un colorido sin igual. Denuncio, sin embargo, la deficiente sonorización del conjunto y, sobre todo, un cajón que está de más, por muy respetuoso que sea ‘El Cheyenne’. Para terminar, para rematar con guinda y matrícula, los sones por levante introducen tarantos, que a los postres serán tangos, con los que la granadina goza y hace gozar.

Un fin de fiestas por bulerías, llevó a Juanito, hijo de Juan Ángel Tirado, al escenario, que bailó con gracia y acierto, demostrando la proyección que puede encerrar un chiquillo de apenas diez años.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Extremo Jondo

Extremo Jondo

Presentación DVD de La Moneta

Esta mañana hemos presentado en la Mediateca de CajaGRANADA un trabajo videográfico de la bailaora granadina Fuensanta ’La Moneta’. Estas son las palabras que he leído:

La Moneta es una bailaora inconformista que empezó en la Zambra y terminará, si mi intuición y su progreso no fallan, entre las estrellas. En 2003 (fecha en que la conocí) fue reconocida con el Desplante flamenco en el “Concurso Internacional de las Minas de La Unión”. Sin embargo este galardón no fue una meta, sino un punto de partida para demostrar su arte y su bravura. A partir de ahí marchó fuera de nuestras fronteras provinciales para aprender los variados caminos del baile flamenco, que son muchos. Sin abandonar su fuerza innata se dejó impregnar por todos los demiurgos de la danza, aprendiendo humildemente desde sus iguales hasta los consagrados, comprendiendo que no todo es sangre y arrebato, sino también reposo y silencio.

Cuando se siente segura, estrena sus primeros montajes, siempre en solitario, Lo que trae el aire, en el “Corral del Carbón” en 2006, y De entre la luna y los hombres, presentado en “Málaga en Flamenco”, en 2007.

Siempre ha sido independiente. La soleá, como tema básico del flamenco, se instaló en su vida desde un comienzo y decidió saltar a su personal ruedo. De vez en vez, con algún compañero que la complementa, de cuando en cuando, con un reducido cuerpo de baile que alarga su sombra.

De sus contactos con otros bailaores de su generación, especialmente con Rafael Estévez, hace un par de años, con quien compartió escenario en Sevilla, adquirió una vena contemporánea que dimensiona su baile –permitanme la humorada- desde la raíz a las puntas.

No en vano, fue reconocida por la Asociación de Periodistas y Críticos de Flamenco, otorgándole el premio Flamenco Hoy como la mejor bailaora en el año 2009.

Una cosa tiene muy clara desde un comienzo, y es que, aunque ella protagonice la escena, forma parte de un todo homogéneo al servicio del arte, al servicio del flamenco. Por eso se rodea de un cuadro impecable de músicos y cantaores. Porque La Moneta no baila porque sí, con un baile de relleno o circunstancia, como un toro cuando abandona el chiquero, sino que contempla el cante, se detiene y se deja llevar por los sones de la guitarra haciendo de cada baile un instante único, pues con esta premisa le da holgado margen a la intuición del momento y su estado anímico.

Así se ha ido rodeando de artistas de primera fila, como los guitarristas: Miguel Iglesias, de Sevilla, compositor de la mayor parte de las músicas de sus espectáculos, o el granadino David Carmona, acompañante habitual de Manolo Sanlúcar; de los cantaores Enrique “El Extremeño”, de Badajoz, Miguel Lavi, de Jerez, o David ‘el Galli’ de Morón de la Frontera; y del percusionista Miguel Fernández ‘el Cheyenne’, también de Granada.

Ahora llega con Extremo Jondo, estrenada el 7 de julio de 2010, en el Teatro Isabel La Católica, dentro del Festival Internacional de música y Danza de Granada, con el que ha recorrido medio mundo. Es aclamada sin límites, por ejemplo, en el sur de Francia o en Japón.

El DVD que presentamos fue grabado en directo, el 11 de agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral. Le acompañan en esta ocasión Miguel Iglesias, a la guitarra, Miguel Lavi, al cante y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, que por ahora conforman su grupo permanente.

Extremo Jondo, como su nombre indica, se trata de llevar la jondura, o sea la dimensión flamenca que ha adquirido esta bailaora hasta el extremo. Es un guiño a todos los bailaores que le han precedido y una mirada a un horizonte abierto donde seguir explorando. Pero, al mismo tiempo, es una mirada intensa hacia su interior, una puesta en escena de sentimientos y sensaciones. Así aparece fuerte y delicada, alegre y dramática, pícara e inocente.

Extremo Jondo es un recorrido arbitrario por los distintos estilos del flamenco, dividiéndose claramente en dos partes que abarcan a voluntad sendos racimos de cantes más o menos imbricados entre sí, convencionalmente diferenciados por el cambio de vestuario de la protagonista.

El primer bloque comienza con un romance, que Fuensanta baila con vestido acampanado y mantón naranja a juego. Esta capela, se hace caña, para terminar por cantiñas, de ricas escobillas, donde destacan los silencios.

Un solo de guitarra y voz por mineras sirve de interludio para pasar a la segunda parte.

Este segundo bloque principia con bulerías que pasan a ser liviana y serranas, con letra original, que desemboca en un impagable macho por seguiriyas. Termina por tientos-tangos, en los que se pueden apreciar los sabores de herencia sacromontana.

Extremo Jondo, como se dice en el vídeo, contiene todo el embrujo del vino añejo en odre nuevo.

* El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

Marejada en La Platería

Marejada en La Platería

Lo he visto actuar un par de veces en Cádiz, solo y en compañía, también ha venido por estas tierras (Corral del Carbón) y quizá hayamos coincidido en Sevilla o Madrid. Con el pelo corto, sin embargo, no lo conocía. Comenzó el cante y ya fue inconfundible. David Palomar, o ‘el Palomar’, ese cantaor, aunque joven, imprescindible en la escena gaditana, heredero, por cuna, simpatía e inclinaciones del Mellizo, Sellés o Chano, ganador de varios premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (2007), Premio Joven de la Cátedra de flamencología de Cádiz y autor de Trimilenaria (2008) galardonado como Mejor Primer Disco por la web especializada deflamenco.com, sembró de sal el escenario de La Platería, este sábado pasado.
Un retraso considerable, le animó a condensar su actuación en una sola parte. Su primera intención fue la frescura del chiste gaditano, pero ya sea porque no estaba inspirado o por la frialdad del público platero, sus deseos hicieron agua. Aunque su actuación, centrada en los aires de su tierra, no tuvo apenas resquicio. Quizás, por conformar un pero, el guitarrista que le acompañaba, Ricardo Rivera, con momentos notables, sonó algo farragoso en su conjunto.
David comenzó, “como todo el mundo acaba”, por bulerías de Cádiz, llamadas por él chuflillas, como se conocen en su tierra, tal vez asociándolas más directamente con la supuesta etimología del cante como ‘burlería’, de ‘burla’.
Continuó por seguiriyas, que se las dedicó a Enrique Morente, cantaor admirado, según dijo, y al que le deben mucho los artistas de su generación.
Con las alegrías que sonaron a continuación, dejó innegable constancia de su origen y el soniquete inconfundible de La Bahía.
Las malagueñas contaron con una generosa introducción. Fueron del Mellizo, aunque la primera de las letras se atribuye a Fosforito el Viejo, aunque todo eran suposiciones, porque ninguno de los dos grabó. No obstante, tenemos estas noticias a través de Aurelio, yerno de Enrique el Mellizo.
Después de la soleá, correcta y marcada, aunque de estrofa larga, de hasta seis versos, volvió a reivindicarse por tanguillos, acordándose de Chano, Beni, Cornejo o Pericón, y de esas letras tan manidas y populares, que ya es difícil oírlas.
Acaba Palomar por bulerías, poniéndose en pie y ofreciéndonos de vez en vez sendas pataíllas, con y sin micrófono, mostrando el artista completo que lleva dentro (en la obra Cádiz, de finales del 2007, no sólo cantaba y bailaba con gracia, sino que también tocaba la guitarra). En dichas bulerías, donde el guitarrista iba medio tono por encima, David que empezó a acordarse de la Paquera, terminó remedando a Camarón.

* Foto extraida de deflamenco.com©.

El flamenco y el jazz caminan del brazo

El flamenco y el jazz caminan del brazo

‘Borrachito’ de Sergio Pamies

La savia del flamenco y el jazz se mezclan en las venas de Sergio Pamies y se derraman por los dedos impregnando las teclas de su piano de ‘soníos negros’ altamente reconocibles. Sergio es un pianista granadino, afincado en Estados Unidos, que no ha perdido el amor a su patria chica y a su gente.

Lo conocí dando un concierto en el Corral del Carbón y ya me sorprendió el diálogo de su piano. Habitualmente los pianistas que hacen flamenco tratan de remedar la guitarra con sus teclas, Sergio se acerca a la voz, complementando así un todo sonoro riquísimo con sus melismas. Allí estuvo con Diego Amador, su maestro, que casi improvisaron una bulería a cuatro manos, con sendos pianos de cola enfrentados.

Con su mismo grupo, más o menos, hará un par de años, coincidimos en el Museo-Cuevas del Sacromonte presentando su primer disco, Entre Amigos, una concepción genérica de la música donde todo se complementa en una sola armonía que puede ser infinita.

Ahora, el pasado viernes, 13 de enero, vino al Teatro CajaGRANADA para exponer su segundo trabajo, Borrachito, que puede ser perfectamente la continuación del primero, como si hubiera terminado en puntos suspensivos, con permanente idea de continuar.

Se rodea sabiamente de buenos músicos en directo de ambas ramas (José Cortés ’El Pirata’ y Sergio Gómez ’Colorao’ al cante y las palmas; Éric Sánchez a la trompeta; Víctor de Diego en los saxos, tenor y soprano; Francis Pose al contrabajo; Gonzalo del Val a la batería; Benjamín Santiago ’El moreno’ y Miguel Fernández ’El cheyenne’ en la percusión flamenca; y Julián Heredia ’Pipote’ al bajo eléctrico) que le hacen navegar con seguridad y soltura por ambas aguas, pero también con algunos maestros en el disco (la voz de Pepe Luis Carmona, la percusión de Rubem Dantas, la Armónica de Antonio Serrano y la trompeta de Christian Scottque) que le despejan el camino hacia el norte.

Con Borrachito, la bulería que le da nombre al disco (con la carátula de Mariscal), comienza una noche efervescente, donde vemos a un pianista bastante más maduro, aunque sólo han pasado dos años desde su última entrega, con una comunión encomiable con su grupo, que se hace y se rehace a conveniencia para, en los momentos cumbre, reunirlos a todos, nada menos que una oncena, sobre el escenario.

Continúa con Ask me now de Thelonious Monk, alternando así algunos temas más jazzíticos que definen su lenguaje. Los músicos se van alternando en solos encomiables. Otras piezas se suceden, destacando la soleá por bulerías 1312 Kendolph Drive (calle donde vivía Pamies en Nueva York), con el cante meritorio de Sergio Gómez, quien aporta después una composición por tangos, que no entra en el disco, con una generosa introducción percutida con las dos cajas de Cheyenne y el Moreno y una bella coda final repetida incansablemente, como un obstinato improviso.

Llegado el momento del reconocimiento, Sergio comienza a dedicar temas, desde su abuela, presente en la sala, a la que le compuso las Alegrías de la Paquita, hasta a Juan Santos, del Eshavira, pasando por sus padres, Rubem Dantas, Antonio Serrano o Diego Amador.

Una de las sorpresas estremecedoras de la noche fue la aparición del pianista junto a Soleá Morente, interpretando uno de los temas de la banda sonora de la película Chico y Rita. Las apariciones de la mediana de los Morente son puntuales pero impagables.

Quiero destacar igualmente el control y el swing del baterista, no sólo por sus solos, sino por su continuo contrapunto que elevaba la atmósfera varios enteros. Destaco también sin lugar a dudas la labor del bajista Julián Heredia, flamenquísimo, artista local cuya sombra será alargada. Reconozco igualmente las voces de ’El Pirata’ y ’El Colorao’. Así como sancionar de alguna forma el exceso general de dos cajones flamencos a veces, solapados, y el incomprensible bailaor (José Cortés ‘El Indio’), por momentos fuera de contexto.

Termina la fiesta con algún bis, un poquito por bulerías y varios minutos de aplausos, bien merecidos.

Noche de villancicos

Noche de villancicos

Ejerciendo de padre durante estos días, no me ha dado lugar a asistir a las múltiples noches flamencas programadas en Granada donde el ambiente navideño es el protagonista.

En nuestra ciudad, en comparación con la Zambomba flamenca que se organiza en Cádiz o en Sevilla, algunos han dado en llamar a esta fiesta Pandereta Flamenca, algo tan válido como cualquier otro nombre convencional, aunque tradicionalmente siempre ha sido Noche de villancicos o Noche de Navidad.

De la primera Pandereta Flamenca de la que tuve noticia, que no podré asistir, fue la del viernes, día 9, en el Centro Cívico del Zaidín, en la que participaba Iván Vílchez, Fita Heredia, Jesús de María, Josele de la Rosa, Josué Heredia y otros.

El jueves 15 se celebró en la Facultad de Medicina, auspiciada por la universidad, con casi los mismos actuantes, destacando las nuevas participaciones de César Cubero y de Beatriz Remacho.

Repite prácticamente el mismo cuadro en la Primera Navidad Flamenca del Pub Liberia, el día 16, a los que se suma Alicia Morales.

Al día siguiente tuvimos la tradicional Pandereta Flamenca en La Chumbera, posibles creadores directos de esta denominación. Y, seguidamente, ese mismo sábado, a la que sí pude acudir, por fin, fue al Día del Villancico en la Peña de La Platería, coordinado con todo el sentimiento por el maestro Curro Andrés.

Este día disfrutamos de las guitarras exclusivas, de toque ochandiano, de Alfredo Mesa y Álvaro Pérez, y de un plantel de cantaores jóvenes, de la cantera exclusiva de nuestra tierra, que nada tiene que envidiarle a las demás. De derecha a izquierda, estos flamencos precoces eran Iván Vílchez, Jesús de María, Tomás García, Aroa Palomo, Jesús Zafra y Esther Crisol. Una noche entrañable, artísticamente sentida y bien estructurada, donde cada cantaor abordaba un villancico popular por turnos, mientras los demás le hacían compás y coros. Eché en falta la ambientación propia navideña de pandereta, botella de aguardiente, zambomba y almirez, y no sólo las guitarras y las palmas que redundaron en una parquedad agradecida, pero que, para el día que nos ocupa, rayaba en lo insípido.

Todavía nos quedan varias cosillas. El jueves 22 habrá un concierto navideño en el Gustav Klimt, encabezado por Juan Habichuela Nieto, con más de diez cantaores, que promete; el viernes 23 se celebrará una Navidad Flamenca en la peña Frasquito Yerbabuena de Cúllar Vega; y alguna cosa más que no la tengo agendada.

Y si alguien se queda con ganas, para Fin de Año tenemos un Especial Noche Vieja en Le Chien Andalou el mismo día 31.

* En la foto, adaptada de su facebook, Jesús de María, el más jóven de los cantaores granadinos.

Buscando un camino

Buscando un camino

XII Encuentros Flamencos

Correcta la actuación del Ballet flamenco de Cecilia Gómez, que fue ganando en eficacia y en calor a lo largo de la noche

Han pasado casi dos semanas desde que asistimos al espectáculo ‘Bailaora’ de esta joven linense y mi recuerdo se ha enfriado, no así las sensaciones de una flamenca estilosa y repleta, con ganas de comunicar. Acompañada de dos cantaores, dos guitarras, un violín y una caja, Cecilia pretende hacer un recorrido por los distintos palos del flamenco y la riqueza de la mujer frente a ellos. Es un argumento manido, pero desde el punto de vista personal no deja de ser interesante.

Destaca desde un comienzo la puesta en escena que, si es penumbrosa, como aqueja a la mayoría de los espectáculos flamencos, goza de un juego de luces talentoso que dimensiona el exclusivo vestuario y la propuesta en general.

Durante la primera parte, la bailaora se resiste y su aparición es escasa, para manifestar a los postres una presencia más agradecida. Sus músicos, entre humareda injustificable, abren por bulerías, para entroncar con una soleá por bulerías, donde la bailaora se presenta con un paso a dos, bello pero poco festero para la pieza que nos ocupa.

Una sucesiva correlación de baile grupal (3 bailaores), abordan fandangos, tangos y alegrías, que introduce un generoso violín, y se llenan de apreciadas individualidades, en las que se acopla la misma Cecilia por fiesta, con un vestido corto de vuelo, mantón grana y oro y peineta a juego. En medio de esta pieza, el escenario sufre un apagón que será el comienzo de una serie de desajustes, de iluminación y sonido, para los siguientes días de Festival, que lamentablemente no pude asistir.

Tras un solo de percusión, que venía a ser el principio de nada, suenan en off distintas músicas por bulerías que abordan tres bailaores, ataviados de toreros que, a pesar de lo casposo, fue de lo más resultón de la obra.

Un solo de cante por rondeñas, da paso a las seguiriyas, que la protagonista aborda con traje negro sin mangas, muy femenino, y chaquetilla corta. Sin duda, es de lo mejorcito de la velada, la sorpresa final llena de silencios y ricos taconeos, donde la joven es sensual toreadora, mostrando su espíritu real de ‘bailaora’ cuando las esta pieza dramática pasa a ser toná o cuando la caja que se acelera en función del preciso taconeo.

Para el fin de fiestas, premeditado por bulerías, es invitado a bailar Juan Andrés Maya como ‘maestro’ organizador de este festival, antes de que la compañía se despidiera, agradeciendo los múltiples aplausos del medio aforo convocado.

* Foto: Antonio Conde©.

Hace un año

Hace un año

Hace ya un año que la noticia de la muerte de Enrique Morente nos desgarró por dentro, sobre todo por lo inesperada, sobre todo por las formas. A estás alturas, seas creyente o no, debes tener asumido este vacío, el último acto de un hombre que no dejaba de sorprender, ni siquiera para decir adiós, ni siquiera para hacerse un sitio inviolable entre nuestros seres más queridos y admirados.

Enrique fue un mito viviente. Enrique fue un mito cercano. Tan familiar que su dimensión nos parecía increíble. Una altura que va aumentando. Y, si admirábamos a la persona o al cantaor, ahora nos damos cuenta que debemos aplaudir al músico en general, al creador, al intelectual sensible y generoso, al filósofo urbano, al ocurrente, al comprometido, al amigo.

Su música me acompaña a diario. No hay día en que no lo recuerde con sus cantes, con su estela que, como la sombra del ciprés, es alargada.

Nos queda, como digo, su siembra y sus miles de seguidores y sus creaciones. Todos los flamencos jóvenes de Granada lo recuerdan, aunque sea en sus tangos (si no en su seguiriya acelerada, en su fandango tan personal, en su bulería meditada).

Así es, David, Alicia, Juan, Estrella, Ana, Carlos, Marina, Alberto, Álvaro, Sara, Antonio, Curro, Enrique, Fita, José, Miguel, Iván, Yudith, Tomás… interpretan como nos enseñó el maestro El lenguaje de las flores en su repertorio, que fue el punto de partida de Enrique y los poetas, de Morente entre las estrellas.

Los caminos de Arcángel

Los caminos de Arcángel

XII Encuentros Flamencos

Con “Olor a tierra” comienza Arcángel su recital, que pretende recoger esos cantes de siempre que, como el aroma de la lluvia, le han ido acompañando desde su niñez, y, al mismo tiempo, impregnarlos con esos sonidos nuevos, con ese flamenco experimental, que sólo pretende darle una nueva vuelta a la tradición. Por otra parte me temo que su propuesta abundó más en este segundo concepto que en el primero, máxime si se reúne de dos de los tocaores, Miguel Ángel Cortés y Dani Méndez, más vanguardistas del panorama actual.

Arcángel, con su sentido del compás, su perfecta afinación, su apología del grito y su constante referencia a Morente, principia su recital por cañas, rematadas por soleá por bulerías. Es un buen comienzo, donde se ponen de manifiesto sus cualidades, el deseo de innovar y esa dimensión contemporánea de los guitarristas de la que hago mención.

El cantaor onubense continúa por malagueñas, donde se alternan las guitarras como en un duelo de sensibilidades. A estos cantes de Málaga se le van uniendo los coros y el compás de Los Mellis y la percusión de Antonio, cuando se rematan por rondeñas “casi recitadas” y más tarde por fandangos del Albaicín, que Arcángel borda con sus extremos agudos.

Durante los tangos, el cantaor se asoma al Camino y termina acordándose de Enrique, a quien dedica manifiestamente todo el concierto, incluso gasta un chaleco con la figura y el nombre del maestro granadino.

En las seguiriyas, en las que le acompaña sólo Miguel Ángel cortés, vuelve a hacer de las suyas (lo que le hemos visto hacer más de una ocasión) y hace libre lo que está medido y cambia el acento tradicional. Momento interesante será cuando vengan marcadas por pandero. Termina remedando a Chacón.

Por soleá, arropado por Dani Méndez, se siente grande, antes de un pequeño descanso, en el que las guitarras se quedan solas haciendo exquisiteces por levante.

Vuelve a las tablas Arcángel por bulerías, a pie de escenario, sin micrófono, en las que todos los músicos le acompañan haciendo sólo compás con las palmas.

En las alegrías se siente como pez en el agua, sólo superadas por los fandangos donde es largo y respetuoso con su tierra y sus mayores, a los que reconoce de manera especial a Toronjo o a Morente.

 

La noche sin embargo no terminó allí. Después de Arcángel en los Encuentros del teatro Isabel la Católica nos dirigimos a la peña La Platería, donde Pepe Habichuela actuaba con la joven castellonense Tamara Escudero. Como es lógico, el recital ya había empezado y asistimos sólo a la segunda parte, breve pero intensa. El más aperturista de la saga Habichuela comenzó por soleá, marcando como pocos, arpegiando como él solo. A Tamara se le observan las maneras y melismas de Estrella Morente. Se le parece en la apuesta y en el timbre de la voz. Ligando los tercios, es rica en ayeos y en vocales prolongadas melódicamente recorriendo la escala, aunque pasea con más comodidad por los bajos. Su afinado es perfecto.

En la vidalita, con La vieja sonanta, Pepe recuerda a Morente y su colaboración, y la cantaora sin confusión remeda a Estrella.

Terminan por fiesta con unas alegrías gran moduladas y, requiriendo compás de José Antonio Carmona, se marchan por bulerías.

* Foto: Antonio Conde©.

Una nueva labor de la ONCE

Una nueva labor de la ONCE

Los lunes flamencos de la ONCE

Desde hace algunos años, en la Organización de Ciegos de Granada, se realizan unos conciertos flamencos gratuitos para revalorizar las peñas de la provincia y potenciar los nuevos valores. El último lunes de cada mes, en su sede de la plaza del Carmen, acogen a una peña flamenca granadina para escuchar a los jóvenes cantaores que se reúnen entorno a ella.

Muchas veces, estos jóvenes acuden con los veteranos que los apadrinan. Éste fue el caso del lunes pasado, cuando se presentó Asociación Cultural Amantes del Flamenco de Peligros respaldada por Miguel Barroso, quien al final se hizo una bien modulada granaína, aunque andaba un poco enfermo de la garganta.

El primero en actuar fue Francisco, apodado ‘El Pirata’, con Armando Linares a la guitarra. Un cantaor que promete, con facultades y buenas intenciones. Interpretó soleá por bulerías y se despidió por fandangos. Cintia, sin embargo, se le ve bastante verde y titubeante. Con su voz grave, hizo unas bulerías de Luis de la Pica. El mismo Armando, curtido ya en el acompañamiento, a pesar de su edad, estuvo a su lado.

Zaira Fernández a continuación coloreó la noche bailando unos tangos, que sonaron en off, cargados de sentimiento, aunque tremendamente básicos. Su juventud extrema, en cambio, está a su favor.

José Romero ‘Pasita’, el veterano del grupo, con el canadiense David Sinclair, a la guitarra, con la voz manifiestamente tomada, recitó un poema e hizo una farruca de propio cuño, lo que enriquece su propuesta. Algunos versos, no obstante, algo forzados y la prolongación del ayeo en algunos tercios, confieren doble mérito al guitarrista.

Isa ‘La Jazmín’, con varios años de compromiso a sus espaldas, pasea su afición tanto en el baile como en el cante. Con su voz potente y convencida, entonó unas colombianas, arropada por la guitarra de Rafa Hoces. Guitarrista que también acompañó a Barroso a culminar la velada.

Todo un recital

Todo un recital

Flamenco en La Platería

Sin lugar a dudas, una de las cantaoras jóvenes que crea más expectación y esperanza en la provincia de Granada, no sólo a mí, sino a todos los que la han escuchado, es Ana Mochón. Su buen hacer, sus facultades y su conocimiento la hacen acreedora de ello. Por eso cada vez que actúa, cada vez que su nombre aparece en un cartel, es motivo de atención por su compromiso y calidad artística.

A sus diecisiete años recién cumplidos (celebró su onomástica en el mismo recital que voy a referir), y con varios premios en La Unión, es ya un reclamo seguro para cualquier festival.

Quizá tenga que encontrar su camino cierto, quizá tenga que abandonar algunos vicios de niñez, quizá tenga que olvidarse de alguna cantaora a la que intenta remedar, quizá le falte soltura en sus diálogos y su poquito de baile, quizá abuse de la nariz, quizá se entregue y se vacíe antes de tiempo… pero el poder que tiene en la garganta y en el espíritu son dignos de admiración. Y lo mejor, seguramente, es su trayectoria, la perspectiva indiscutible de una carrera enfocada.

Ana Mochón en La Platería es como decir Ana Mochón en su casa. Su familia es socia de esta peña antes de que Ana viniera al mundo. Ya asistía a los encuentros flamencos desde la barriga de su madre y después en sus brazos, quedándose dormida entre dos sillas acunada por una soleá o un taranto. El cante lo lleva dentro y su estudio es casi por osmosis.

Con volantes nuevos, de dudosa belleza, se presenta la cantaora como una reina en su salón, acompañada por Antonio de la Luz a la guitarra, un tocaor creciente y también muy querido por los aficionados. La soleá de Rafael Moreno, que da paso a la caña abre la noche. Desde este primer cante, como digo, se aprecian las facultades de Ana, su conocimiento y su poder seductor. Continúa con una fabulosa malagueña, quizá lo mejor, de esta primera parte al menos, con letras de Chacón, en versión de Pepe Pinto, y del Mellizo. A los postres se abandola por Granada, muy al estilo de Juan Pinilla.

Pide disculpas a continuación para hacer un tema orillado en el flamenco, alejado de la pureza. Pero con gracia y estilo entona una copla bambinera que será muy bien recibida por el respetable.

Para la soleá, pide la presencia de José Delgado, antiguo presidente de la peña y crítico de flamenco, que en cierta manera apadrina a la artista en esta noche, para que inserte algunos recitados entre sus letrillas cantadas. El poeta elegido es Manuel Benítez Carrasco y las soleares son de tres de los cantaores más destacados en nuestra tierra: Cobitos, Juanillo ‘El Gitano’ y Pepe ‘El de Jun’. Faltó Enrique Morente para redondear la escena.

Terminó este primer pase con unos tangos de Granada más bien sosos, con una cierta tendencia en los motivos y en las maneras de imitar a Marina Heredia.

Con el pregón de Macandé y su venta de caramelos, comienza la segunda parte y la gavilla de fandangos que dan paso a los cantes mineros. Serán taranto, cartagenera y taranta, que la misma cantaora anuncia acordándose de su fructífero paso por el concurso de La Unión. La tensión adquirida se relaja con unas colombianas que interpreta a continuación, demostrando la largura de su repertorio.

La cantaora vuelve a ser grande por seguiriyas, en las que se acuerda de Manuel Molina, Antonio Cagancho y Curro Dulce y su cambio.

Termina el recital por fiesta, que incluye, en primer lugar, bulerías, de pie y con su poquito de braceo, como ocurrió en los tangos, que introduce con una letra del legendario grupo Alameda, del que pasa a Luis el de la Pica y después a Turronero; y para finalizar con unos simpáticos tanguillos propios, escritos por su padre. Los aplausos y jaleos duran varios minutos.

Rubén se reinventa

Rubén se reinventa

Recitales en el Café-Pub Liberia

Puede que me repita más que una morcilla en la noche, pero volveré a insistir sobre el buen casamiento entre el flamenco y el jazz. Dos músicas hermanas, de nacimiento parecido, aunque en distintas latitudes, se encuentran y se reconocen, bebe la una de la otra y caminan al unísono. Grandes intérpretes del jazz se han acercado y siguen acercándose al flamenco, como Chick Corea, que no deja de airear su corazón hispano (últimamente rodeándose de guitarristas, cantaores y hasta de bailaores).

El camino opuesto, del flamenco al jazz, no es necesario dar ejemplos, pues cualquiera de nuestros guitarristas actuales se dimensiona con los acordes de esa música tan libre y creativa, desde Paco de Lucía hasta Rafalín Habichuela, por poner un ejemplo.

A Rubén Campos lo hemos conocido siempre como flamenco de vanguardia. Su guitarra inquieta ha acompañado al cante, al baile y ha demostrado sus virtudes de concierto. Sus minuciosas composiciones siempre han llamado la atención por su armonía novedosa y una flamencura especial identitaria que ha ido ganando en fuerza y soltura.

Ahora se sumerge en pleno jazz, reinventándose con otros músicos, componiendo temas abiertos, pero también, rescatando obras exclusivas de las dos orillas. El “Rubén Campos Cuartet”, como primicia, sienta sus bases en el Liberia y, aunque se vislumbra la falta de ensayo, se evidencian las buenas ideas, la compenetración y sobre todo la calidad de sus músicos.

Puede que no recuerde el orden ni todos los temas, pues no tomé nota y ha pasado casi una semana del evento, pero más o menos así fue su desarrollo.

Comenzó la noche con un solo de guitarra, a manos del titular. Una creación cercana a levante, con concesiones a la fiesta, que sirvió para presentar las nuevas apuestas del músico granadino. El grueso de la banda (José M. ‘El Petaca’ al piano, el catalán Joan Masana al bajo eléctrico y Antonio Gómez ‘El Turri’ en la voz y a la caja) se incorporó en los jaleos extremeños. Para terminar esta primera parte y entrar dentro de lo maravilloso, interpretaron, con solos memorables de guitarra, piano y flauta, tocada por El Turri, la pieza Ziryab, de Paco de Lucía, perteneciente al disco de 1990 del mismo nombre.

La segunda parte, si no recuerdo mal, comenzó con un tema de Bill Evans, el mismo músico al que se acercó maravillosamente el Niño Josele en su álbum Paz (2006). A continuación sonó un bolero de propio cuño, que Rubén dedicó a su familia, allí presente, y para terminar una composición del trompetista de Carolina del Sur, Dizzy Gillespie, por bulerías.

Como fin de fiestas, Campos invitó al escenario a su compañero Sergio Gómez ‘El Colorao’, a quien suele acompañar al cante, y se marcharon por bulerías.

Todos los miércoles, en el Café-Pub Liberia hay flamenco en directo y todos los jueves se puede escuchar blues o jazz u otra música que encarte.

* Rubén Campos en Casa Patas©.

Flamenco desde la orilla

Flamenco desde la orilla

Flamenco en Almería

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar en su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

Actualmente, también tendremos en cuenta a Rocío Segura, Toñi Fernández (y su hermano 'El Titi') y sobre todo a las hermanas Pérez, María José y Montse.

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

* Artículo publicado en el número 5 de la revista Acordes de Flamenco (junio de 2007)

** En la foto, la cantaora almeriense Rocío Segura que hizo de guía en nuestra ruta.

Flamenco desde la orilla

Almería a través de los ojos de Rocío Segura

 

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

 

Rocío Segura

Con estos precedentes, nos disponemos a descubrir la ciudad del Indalo a través de los ojos de una cantaora almeriense que, pese a su juventud, refleja voces añejas en su jondo fraseo. Rocío Segura ha grabado algunos discos en colaboración con otros artistas almerienses y en solitario un disco de saetas y una obra esencial a los grandes maestros”, en el año 2003. Un disco arriesgado, considerando que un flamenco tan árido y ortodoxo sólo se vende entre los profesionales y aficionados (nunca necesariamente excluyentes).

“Homenaje” es sobre todo un disco de gran aficionada, una declaración de principios, en donde Rocío pone sus cimientos interpretando cabalmente a la Niña de los Peines, a la Repompa, a Chacón, a Vallejo o al Gallina. Y, cómo no, expone respetuosamente los tarantos de Almería. Podemos decir, de esta manera, que Rocío Segura tiene un eco muy flamenco que nos puede recordar a algunos de los grandes, destacando, no obstante, su personalísima entrega.

El próximo trabajo discográfico, que tiene en pensamiento, quiere que siga la misma línea de flamenco puro que el mencionado, aunque, reconoce, que no es fácil mantener esa apuesta, “en 2006, reconoce, ninguna compañía se arriesga a sacar un disco de raíz”.

María del Rosario Segura López nació el 19 de septiembre de 1979 en el barrio de Pescadería, que es, salvando las distancias, como en Sevilla nacer en Triana o en Cádiz en el barrio de Santa María o en Jerez en la Mercé. En este barrio han nacido el cincuenta por ciento, o tal vez más de los flamencos de Almería. De Pescadería son los guitarristas Tomatito, Paco López o el Negrillo; los cantaores Juan y José Gómez, Carrete o Potito de Almería; y la bailaora María del Mar La Rebota. “De mi tierra, comenta la cantaora, te puedo decir que está llena de rincones con embrujo y mucho arte como mi barrio de Pescadería que es el barrio mas flamenco, de donde han salido los mejores artistas de mi tierra”.

Rocío es hija de la también cantaora Antonia López, al decir de muchos, uno de los mejores exponentes del cante almeriense. Junto a su madre ha cantado desde muy corta edad fandangos y saetas al pie de los pasos de Semana Santa. Desde los doce años está ganando concursos que no es preciso enumerar. Quedémonos con la Lámpara Minera de las Minas de La Unión en el año 2000.

Su puesta de largo, por llamarla de alguna forma, la hizo de la mano de Juan Carmona Habichuela en 1995, en el Auditorio Municipal Maestro Padilla de Almería, dentro de un homenaje a los cantaores Juan y Ramón Gómez. Un espaldarazo definitivo fue en el “Festival Flamenco por Tarantos”, celebrado en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, donde estuvo acompañada por su paisano Niño Josele.

A Rocío le gustan todos los cantes e intenta interpretarlos todos, aunque se siente muy a gusto en las bulerías, siendo también especiales para ella las seguiriyas, los cantes de su tierra, la soleá…

Su actual proyecto es una gira, junto con Chano Lobato, José Menese, El Polaco y otros artistas, que se presentó en la Feria Mundial del Flamenco, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, el día 17 de noviembre, para recorrer otros centros neurálgicos del flamenco, como son Mairena, Lebrija o Málaga.

 

Flamenco en Almería

La oferta flamenca almeriense es escasa y está focalizada en las dos peñas que existen en la capital y algunos bares de sabor flamenco. No obstante, en un grupo elevado de poblaciones existen una o dos peñas flamencas hasta alcanzar el número de veinticinco, reuniendo entre ellas a poco más de dos mil asociados. Tal es la presencia y afición del flamenco en Almería.

Aparte de la actividad que emana de estos templos esenciales, que funcionan exclusivamente los fines de semana, otra oportunidad de disfrutar de esta pasión, no existe. Así la peña funciona como lugar de encuentro, tablao y centro de aprendizaje.

También, y justo es decirlo, los poderes fácticos de la ciudad, de vez en vez, programan flamenco puntual entre su oferta de ocio. En concreto, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería organiza anualmente, a finales del mes de agosto, en la Plaza Vieja (antes se realizaba en la Alcazaba), el Festival de Flamenco de Almería, que este año 2006 celebró su 37ª edición.

Las peñas almerienses son “El Taranto” y “El Morato”. El Taranto es la peña decana en esta ciudad, con más de cuarenta años de antigüedad, y un referente necesario en toda Andalucía. La regularidad, cantidad y calidad de sus actuaciones, hacen de ella un centro cultural y flamenco de primer orden. La Peña mantiene una revista bianual, llamada “Taranto”, que informa sobre sus actividades realizadas y por hacer y se complementa con entrevistas, opiniones, recortes de prensa y otros contenidos que vivifican el quehacer de este colectivo. En el mes de octubre vio la luz el número 58 de dicha publicación. También, anualmente, la Peña entrega el Trofeo Taranto al cantaor que se haya destacado en su actuación durante el año y el Trofeo Taranto al mejor toro de la feria. Este año también se ha establecido el Trofeo al mejor guitarra de acompañamiento, que ha recaído en el tocaor granadino Paco Cortés.

Sin embargo, Rocío Segura prefiere la peña de El Morato donde hay un ambiente más abierto y familiar, en el que se reúnen los aficionados en torno a una mesa tomando una copa de vino (el ambigú de El Taranto, se encuentra bastante retirado del escenario), aunque, como gran aficionada, se arrima al buen cante allá donde se encuentre.

Gran actividad flamenca, como hemos dicho, la podemos encontrar en la provincia, en su mayoría en pueblos cercanos a la capital. Así, el aficionado, siempre encuentra algo de su agrado, por ejemplo, en la Peña Flamenca El Arriero de Viator, El Yunque en Pechina, El Palangres en Roquetas de Mar, El Tato en El Parador, La Caracola y La Torre en Adra o El Ciego de la Playa en Huércal de Almería.

El flamenco almeriense lo podemos complementar con la visita a algunos locales de añejo sabor jondo. Recordemos que la tapa en Almería, que es gratuita, buena y abundante, acompaña indivisiblemente a la bebida. Destaca en primer lugar el café bar Bahía de Palma, cerca del Ayuntamiento, que es de los más antiguos lugares de encuentro de los aficionados al flamenco. Multitud de fotografías del mundo del flamenco y los toros se reflejan en sus paredes. La comida es asequible y se recomienda el bacalao a la vizcaína, la carne de toro o el atún encebollado.

Otro local con encanto, también muy céntrico, es la Peña Jueves Taurino. Su dueño, como el de Bahía, es muy aficionado y está emparentado con la familia de Rocío Segura, la que afirma: “mi tío es muy aficionado, le encanta Enrique Morente, creo que es su fan numero uno”. Siempre se oye flamenco en su bar y las tapas son de impresión.

 

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

 

El camino inevitable

El camino inevitable

32 Festival Internacional de Jazz de Granada

Que el flamenco es mestizo es ya una cuestión indiscutible. El flamenco se ha ido haciendo a lo largo de los años, a través de estos dos siglos escasos de vida, de todo el poso cultural de nuestra tierra y el foráneo que, como un viento caprichoso, tuviera la fortuna de soplar por Andalucía. Ya se reía Manolo Sanlúcar cuando le hablaban de fusión, diciendo que la esencia del flamenco es esa mezcolanza.

Es normal que los flamencos se acerquen a los conceptos del jazz. Es normal que en los festivales de jazz tengan cabida los flamencos. Así, la tercera jornada del encuentro jazzístico en Granada (17 de noviembre de 2011), compartieron escenario el contrabajista Dave Holland y el guitarrista Pepe Habichuela. Fue un camino del jazz al flamenco y no al revés, aunque concesiones a la improvisación y al swing y a los solos del jazz estuvieron presentes.

El recital, grosso modo, fue la presentación del disco Hands, editado hace un año, donde podemos ver a un Pepe Habichuela, el más cosmopolita de los flamencos, creativo y abierto, junto con un Dave Holland, posiblemente el mejor bajista de la actualidad, redondo y versátil, atravesando un sendero conocido, entendiéndose a la perfección entre las notas y las miradas. De hecho, Pepe llegó a exclamar que Holland “es ahora un gitano y yo soy casi un inglés”.

La noche sin embargo comenzó turbia. Una suciedad de trasfondo, unido a un sonido desajustado, hizo que la bulería fuera algo farragosa. Problema que quedó paliado en la segunda entrega por Huelva, antes de entrar en un par de temas más genéricos donde el Habichuela hizo mutis y, seguidamente, su hijo, Josemi Carmona, que venía de segundo guitarra, dejando sólo al imaginativo inglés con los dos percusionistas que arropaban todo el trabajo: Bandolero y Juan Carmona. Imprescindibles, aunque abusaran de los solos, aunque se repitieran con la monotonía del cajón.

La taranta, llamada Camarón, fue un ejemplo de buen gusto y complicidad, en la que el contrabajista de Wolverhampton bordó el sentimiento hasta parecer que cantaba con el mismo instrumento, y donde un servidor en realidad entró en el concierto.

Habichuela, solo en las tablas, apuntó una media granaína dedicada a su hermano, Enrique Morente. Preciosista por una parte, pero faltaba finura por la otra. Y es que el guitarrista granadino no halló su mejor noche. Desajuste que se incrementó en la soleá.

Con lo que yo me quedo, sin discusión, la mejor pieza de la velada, fue la seguiriya y cabal, hermosa y rica en contrastes y comuniones. Una seguiriya acelerada, como le gustaba al maestro Morente, más para acompañar al baile que para ser tradicionalmente escuchada. Después de este paso, cualquier otra propuesta estaría bien, pues el pellizco ya me había cogido por dentro.

Después de algún tema más, teniendo a Josemi como protagonista, guitarrista con mucho gusto, que conoce sus límites, pero no se extralimita, piezas posiblemente pertenecientes a su último disco, Las pequeñas cosas, cercanas a la fiesta, termina el recital con una impresionante rumba, grandiosa y armónica, a la que yo le añadiría algunas voces.

Tras varios minutos de aplausos, que a los postres fueron a compás, se despidieron con un bis por tangos en donde salió a relucir de forma evidente la sangre del Camino y la esencia Habichuela.

* Foto: Europa Press, Teatro Central.

El patrimonio de la zambra

El patrimonio de la zambra

Si Granada puede presumir de algo auténtico e histórico en el flamenco es la creación y el desarrollo de la zambra, si quieren de la zambra gitana, que derivó de la zambra morisca. De una celebración generalizada, de fiesta y algarabía, llegó a centralizarse en el ritual de la boda. Así, sus cantes y sus bailes (alboreá, cachucha, la mosca…) representan la petición de la novia, el ritual del pañuelo o la culminación de la boda.

De las estancias íntimas y representaciones concertadas, este ceremonial pasó a ser espectáculo público a finales del siglo XIX, de la mano de un gitano de Ítrabo, afincado en Granada, llamado Antonio Torcuato Martín, apodado ‘El Cujón’, que abrió su negocio en el centro de la ciudad.

Pronto estas zambras pasaron a las cuevas del Sacromonte, constituyendo toda una industria, que aún funciona, para los autóctonos de la zona. Así fueron y son famosas las zambras de los Amaya, la de la Golondrina, la de la Rocío, la del Pitirili, la de María la Canastera…

Nada mejor que la representación de esta zambra, en La Chumbera, en pleno corazón del Monte Sacro, para conmemorar el primer aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad, por parte de la UNESCO.

La familia Maya, como representantes de la cueva de la Rocío, avalados por el Ayuntamiento de la capital, fueron los encargados de exponer esta muestra de entidad granadina. Aunque no sólo los Maya estuvieron presentes, un nutrido grupo de los principales clanes de la ciudad estuvieron en representación compartiendo escenario o entre el público, en el que destacaron dos figuras de alcance internacional: Manolete y Juan Habichuela.

El acto, presentado con acierto y pasión por Judea Maya, estuvo dedicado tácita o explícitamente a los verdaderos forjadores del flamenco granadino, en especial a los últimos desaparecidos: Mario Maya y Enrique Morente.

Precisamente, de Enrique sonó una granaína en off, que bailó Juan Andrés Maya, como protagonista de la noche y del festival por venir, a primeros de diciembre.

Tras unas palabras, donde Curro Albayzín historiaba la zambra, una muestra de esta manifestación tuvo lugar en las tablas, comenzando por la alboreá, la cachucha, los añejos tangos del Petaco, los fandangos del Albaicín (de donde surgió la granaína) o los interminables tangos del Camino, que abordaron individualmente todo el cuerpo de baile,  Alba Heredia, Raquel ‘La Repompa’, Rocío Vargas, Estela Rubio y los patriarcas Raimundo Heredia y La Salvaora. El recital terminó con una luenga soleá, donde Juan Andrés expuso con creces las cualidades de su baile.

Durante todo el acto sonaron las voces de Juan Ángel Tirado y de Rafi Heredia y las guitarras de Pepe Maya ‘Marote’ y Manuel de Santa Fe.

* Grabado de una zambra gitana, de Jules James Rougeron, siglo XIX.

De la anarquía a la disciplina

De la anarquía a la disciplina

No sólo la sangre es necesaria para estremecer. No sólo el alarde de fuerza compone a un bailaor, a una bailaora. Mario Maya decía que el baile no es fuerza bruta.

Yolanda Cortés, bailaora sacromontana, bailaora de raíz y brío, actuó el sábado en La Chumbera mostrando sus valores. Curtida en las cuevas del Camino, sus pisadas son grandes, su aguante incombustible. Falta reposo, falta silencio, falta la atención a unos músicos que superaron sin lugar a dudas a la protagonista.

Al cante Jaime Heredia ‘El Parrón’, Manuel Heredia y Macarena, complementan un dúo de aguardiente y gusto gitano; Rafalín ‘Habichuela’, a la guitarra, es una muestra de ralentizado sabor y perfección; Benjamín Santiago ‘El Moreno’, con el cajón, impone un compás de fondo, respetuoso y decidido.

Unas tonás (Macarena) abren la noche, que pasan a ser seguiriyas cuando Yolanda hace su primera entrega con pantalón y chaquetilla. El exceso de fuerza tiende al desequilibrio y la desatención conlleva a la fiesta cuando la propuesta es crítica. Con todo hay que decir que el compás y la apuesta en conjunto pueden ser acertadas.

Manuel Heredia, con su potencia de voz y su tendencia al cuplé, propone unas bulerías, que dedica a Antonio Vallejo, con el que empezó su carrera. Y Jaime se entiende por tarantos. A la guitarra (y a lo suyo), Rafael es un dulce con su toque lento y preciso, muy flamenco, con concesiones al jazz.

Acaba la noche con soleá por bulerías, donde destaca el cante de El Parrón, el que en un momento se acuerda de su compañero Enrique. Yolanda es desmedida. Fatiga paseos y escobillas. Y un remate zapateado de casi diez minutos con sólo compás desdibuja el norte.

Esa misma noche me esperaba La Platería, donde bailaba la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’, último primer premio de La Unión, llamado el Desplante. En mitad del camino veo luz y jaleo en el estudio-cueva de Juan Habichuela, nieto. Rodeado de gitanos, está grabando unos villancicos para su primer disco, que se está haciendo esperar. Según dice es el último tema que le falta para rematar el trabajo. El resultado es muy del Monte, muy de fiesta, muy cantable.

En la peña, con el acto ya empezado, encuentro la disciplina y la esbeltez de una flamenca bailando por alegrías. El contraste es evidente y la noche comienza a respirar.

Lucía se hace acompañar por dos cantaores de oficio, como son Moi de Morón y ‘El Trini’ que, con unas tonás, exponen su potencial; y por la guitarra sabia de Miguel Pérez, maestro de bastantes guitarristas occidentales.

Una soleá bien templada culmina la actuación de La Piñona, demostrando con creces lo bien ganado de ese galardón de Las Minas.

* Lucía Álvarez ’La Piñona’. Foto sacada de una entrevista realizada en jerezjondo.com