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Flamenco

Curra Arroyo

Curra Arroyo

Homenaje Flamenco

Todos los conciertos benéficos son dables y encomiables, todos los homenajes son justos y agradecidos, pero cuando esta ofrenda nos toca de cerca en cierto modo tiene doble carácter emotivo.

Curra Arroyo, cantaora granadina, asociada a la peña flamenca de La Platería, perdió su voz y su futuro debido a una bronquitis. Su sensibilidad y valor artístico no le llevaron sólo a cantar, flamenco y copla, sino también a bailar e incluso a componer. Faceta que aún cultiva hilvanando bellos versos susceptibles de ser cantados.

El pasado jueves, en el teatro Isabel la Católica, se reunieron un grupito de artistas veteranos, de su generación, y algún allegado, para rendirle el homenaje que se viene mereciendo desde hace mucho tiempo. Recital cargado de entusiasmo donde destacó sin duda la presencia de Curra Arroyo en el escenario, manifiestamente afectada, agradeciendo a los presentes (organizadores, flamencos y público), la deferencia tenida hacia ella y el recuerdo de lo que fue; de lo que es y será, añadimos. Lástima que fueron pocos los asistentes a dicho evento, a penas la mitad del aforo. Lástima que el esfuerzo haya quedado mermado por falta seguramente de promoción. Lástima que se hayan perdido esta reunión de voces añejas y cantes rebuscados que con tan buen hacer nos brindaron.

Una grabación de la época, con Curra, en plena facultades, cantando en off una copla de Marifé de Triana. Seguidamente, Juan Pinilla, responsable directo de tal reunión, que hacía las veces también de presentador, acompañado de Francisco Manuel Díaz, memoria y corazón del flamenco de esta tierra, hicieron granaína y media y se despidieron por mineras.

Después de una semblanza de Pinilla a la homenajeada, con pequeño reportaje fotográfico de fondo, Curra, agradecida, recitó alguna de sus letras antes de dar paso a Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, con el mismo Díaz a la guitarra, que mostrando su potencia de voz, hizo unas soleares y unos fandangos, de los que es albacea y trasmisor.

Curro Andrés, conocedor y maestro, con un enorme Antonio de la Luz a la guitarra, demostró su envidiable compás por milongas (El niño que todo lo quería ser, de Benítez Carrasco) y alegrías. Curro Vega, verdadero tesoro del cante antiguo, se arrancó por tonás y, arropado por la misma guitarra que su tocayo, hizo unas seguiriyas de cambios ancestrales.

Paco Moyano, después de Curro Albayzín, ofreció un ramito de su cante particular, personal y comprometido. Con Antonio de la Luz a su lado, interpretó una bella bambera concentrada y una gran malagueña, en la que se acordó de Miguel Hernández y remató por jaberas.

Un nuevo guitarrista sube al escenario, el preciso y solapado José María Ortiz, que acompaña a una de las voces imprescindibles en la época. Antonio Trinidad comienza por milongas (La baladilla de los tres ríos, de García Lorca) y acaba con su famosa farruca. Todos los intervinientes tuvieron cariñosas palabras de elogio a la protagonista.

Cerró la noche la bailaora Violeta Ruiz, hija del desaparecido Pepe el de la Argentina, con el que Curra tuvo tanta relación, que propuso unas garbosas alegrías.

* En la foto Curra Arroyo y Paula Marín, de las pocas peñistas de la época, abrazadas por Juan Pinilla, de cuyo blog obtengo esta foto.

Córdoba, el flamenco callado

Córdoba, el flamenco callado

Hace unos años estuve colaborando en la revista Acordes de Flamenco con el desarrollo narrativo de varias secciones. Una de ellas respondía al nombre de Rutas Flamencas. Durante los meses que duró mi relación recorrí, con ayuda del reportero gráfico Nono Guirado, los rincones de Granada, Jerez, Almería, Jaén, Cádiz o Córdoba. De esta última ciudad, aparecida en el número cuatro (2006) de dicha publicación, reproduzco los preliminares y la ruta en cuestión, saltándome todo el meollo intermedio, para no alargarme en demasía:

Córdoba es una ciudad de ojos grandes, como lo son las mujeres que de su tierra inmortalizara Julio Romero de Torres en sus lienzos, pero de boca pequeña. Es discreta y huidiza, con tintes de universalidad pero mirando siempre para adentro. Córdoba es una madre para sus hijos, buena anfitriona para sus huéspedes, pero esquiva con los desconocidos. Córdoba es prudente y no da un paso sin haber asegurado el anterior.

También en el flamenco se manifiesta de esta guisa y el viajero aficionado debe buscar, profundizar en un mapa no escrito, para encontrar la huella del quejío y del pellizco. Con todo y con eso estamos en una ciudad o, más bien, en una provincia privilegiada, creadora de cantes autóctonos, como los fandangos de Lucena o la soleá y las alegrías de Córdoba; cuna de grandes cantaores: José Moreno “Onofre”, Cayetano Muriel “el Niño de Cabra”, Antonio Fernández “Fosforito” o Juan Moreno Maya “El Pele”; impulsora de festivales de prestigio; donde una serena y sabia afición se reconoce en cada esquina.

En Córdoba se respira el flamenco sin necesidad de atenderlo, sin sentir la guitarra o los tacones, sin escuchar su queja. Sus calles y su río, sus barrios y sus monumentos y sus tabernas, nos hablan de pasión; su gente se mueve a compás, posee un sentimiento milenario que, a  diferencia de otras ciudades, nunca se olvida. Lo nuevo no borra lo anterior sino que lo acumula, lo imbrica como partícipe de un todo. Así, la ciudad de Córdoba es romana, visigoda y árabe, judía y castellana, gitana y flamenca. Sólo basta dejarse llevar como las aguas lentas, acompasadas, pero constantes del Guadalquivir.

Su visita es obligada. Alrededor de la Mezquita, que también es Catedral, encontramos multitud de hostales y pensiones a precios más que asequibles. Aprovechando la unión, el derribo de tabiques de casas contiguas del casco antiguo, se crean verdaderos dédalos, propios del rey Minos, que impregnan nuestro viaje de belleza y misterio.

En esta ciudad califal todo es admirable, todo merece la pena ser visto, estudiado, fotografiado, desde el templo ya aludido, hasta los dieciséis arcos del puente romano, desde el barrio blanco de la Judería hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus torres, desde la biblioteca cinegética del Palacio de Viana hasta el sensual Museo de Julio Romero de Torres… y, cómo no, su arraigado flamenco.

Precisamente, el Ayuntamiento de la ciudad ha declarado 2006 como el “Año flamenco en Córdoba”, en conmemoración del cincuentenario del Concurso Nacional de Arte Flamenco, con una amplia y extensa programación que, desde el mes de enero, se ha ido concretando en múltiples actividades, entre las que sobresalen los homenajes y las galas; los congresos y las jornadas de estudio; las conferencias y las mesas redondas; los ciclos de cine; las exposiciones; las publicaciones; y los espectáculos permanentes de cante, baile y guitarra en el Gran Teatro de Córdoba, en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en diferentes tabernas y plazas al aire libre. Queriendo con esto, según Rosa Aguilar Rivero, alcaldesa de la ciudad, demostrar que Córdoba "es capital del Encuentro y la Tolerancia, es Ciudad Flamenca, tanto que hasta el pulso de sus horas suenan con falsetas en la Plaza de las Tendillas. Ciudad de Raza y razas, de mezcla y raíz".

Nuestra ruta

Con todo lo dicho, y trazando un atractivo recorrido a pie (pues en Córdoba aún no es necesario coger el coche), quedamos citados con José Antonio Castellano “El Séneca”, gran solearero, con añeja raigambre cordobesa, y con el bailaor Fran Espinosa para identificar una posible noche flamenca. Citados en el Rincón del Cante para una primera toma de contacto, tomamos un vino y un pincho de tortilla. En Córdoba se toma la tortilla de patatas más hermosa de toda la Península. Desde allí, cruzando por el Cristo de los Faroles, rodeados de instantáneas taurinas, cae un segundo vino en bar de las Beatillas, que acoge en su primer piso la Peña Flamenca Fosforito. En ella disfrutamos brevemente de la actuación y bajamos al Mesón La Bulería, aprovechando unos pases “con derecho a una copa” facilitados por los responsables del local. Desde allí, con un doloroso soniquete de charanga y pandereta, bajamos por la Calleja de las Flores hasta el Campo Madre de Dios, donde se asienta la Peña Flamenca de Córdoba, con sus mesas y viandas comunales.

Con el buen sabor de boca que nos deja el recital, su presidente y los aficionados de esta Peña, nos acercamos a la vera del río y, precisamente, por el Paseo de la Ribera hacia el oeste, nuestros pasos, y los borborigmos de nuestro desmayo, nos encaminan al restaurante Bodegas Campos, situado en la Axerquia, antiguo barrio árabe, donde el servicio y la comida típica andaluza son excelentes. Entre arcos y buenos caldos, degustamos sus especialidades: ajo blanco con espárragos trigueros y langostinos, rabo de toro al amontillado y tarta de membrillo, a un precio no muy popular.

Con el estómago lleno y agradecidos de no tener que coger vehículo alguno, seguimos nuestro camino paralelos al río, pasando del barrio árabe al judío. A la espalda de la Mezquita, decidimos acabar nuestro itinerario en el Tablao Flamenco el Cardenal, en donde aplaudimos el baile de Antonio Alcázar, Premio Nacional de Danza de 1992, completando así una vuelta completa al casco antiguo de una ciudad de ensueño.

* En la foto el maravilloso bailaor Fran Espinosa.

La hermandad gitana

La hermandad gitana

Festival Internacional de Música Gitana

De lo que más me impresionó cuando asistí al Festival de la asamblea gitana, además de la variedad de comunidades repartidas por todo el mundo pertenecientes al mismo pueblo, es la hermandad que une a todos ellos. Cuando salimos del Auditorio de La Chumbera, donde nos esperaba un gran cóctel, tuve la oportunidad de conocer y charlar con algunos de los asistentes. Hablando con el presidente de la agrupación gitana de Asturias me comentaba que ellos podían recorrer todo el mundo sin ningún desamparo. Todos los de su étnia, que entre ellos se reconocen con felicidad, se tratan como hermanos y abren sus puertas de par en par sin necesidad de hacer preguntas.

También me enteré de que a los gitanos españoles, hace algún tiempo, se les achacaba que no hubieran conservado el romanó (la lengua de los gitanos) y no se entendieran con foráneos. Ya llevan un tiempo cuidando este idioma y fomentándolo entre las familias. Esto es debido, me comentaba Antón Carmona, a que los gitanos de fuera no habían dejado de ser nómadas y habían seguido cultivando este lenguaje, mientras los españoles se hicieron sedentarios y no tuvieron esa necesidad.

El Festival, que formó parte del primer Congreso de Mujeres Gitanas, celebrado en Granada, los días 23, 24 y 25 de octubre de este año, que reunió a gentes de Europa, Suramérica y Asia, fue una muestra sensible del folklore de este pueblo que, como punto de unión, pueden tener la alegría y el sentido musical del ritmo.

La presentación se hizo en varios idiomas y comenzó por un texto muy aplaudido donde se reivindicaban las bondades y creencias del pueblo rom.

La representación española abrió la velada. En concreto, una representación de gitanos malagueños y granadinos, con ‘La Repompa’ a la cabeza y el flamenco, como no podía ser de otra forma, por bandera. Unos martinetes rompieron el silencio para dar paso a Alba Heredia, muy en su papel, bailando por soleares. ‘La Repompa’, con carisma y acierto, hizo lo que sabe hacer, especie de cuplé encadenado por bulerías cantado y casi recitado mientras baila. Terminan entonando el himno gitano, Gelem-gelem, por bulerías como fin de fiestas.

Finlandia reemplaza a los españoles cantando desde el patio de butacas hasta el escenario. Son la Familia Akerlund, el padre, con la guitarra, y la madre y la hija cantando, con unas voces impresionantes y un dominio de los altibajos realmente sobresaliente. Su repertorio son canciones gitanas tradicionales finlandesas muy sentidas, en gran medida coreadas por el público conocido.

A continuación, en representación de Holanda, salió una pareja perteneciente a la World Artits Iniciative ‘Khetanes’. Roger Moreno, compositor alemán mundialmente conocido, que compuso recientemente un Réquiem para las víctimas de Oslo, tocaba el acordeón (aunque también tañe con virtuosismo el violín). Piroschka Triska es una de las voces gitanas más bellas de Europa. Su repertorio igualmente consistió en un recorrido por las canciones gitanas tradicionales de Holanda y Alemania. Ella, con vestido de vuelo multicolor, apuntó varias concesiones al baile, con un agitar de hombros maravilloso y una sonrisa perfecta.

Para cerrar el encuentro, Sapera Shanti y Sageeta, dos gitanitas procedentes de Rajasthan, en La India, pusieron la guinda final, con su danza típica llena de color, vueltas sin fin y de tintineo de decenas de campanillas enroscadas en su cuerpo o en sus vestidos. No serían bailarinas de primera fila por sus silencios, titubeos e improvisaciones, pero tenían toda la gracia y la frescura del exotismo de su país, en el que podemos vislumbrar algún deje que han conservado las flamencas a través de los siglos, pues de La India proviene este pueblo. Fueron varias danzas tradicionales, con música en off. Las primeras, individualmente, la última en pareja, duplicando así su eficacia. Estas bailarinas, que danzan descalzas, son verdaderas contorsionistas. Una se quitó sendos anillos de las manos y, echándose hacia atrás, sin doblar las rodillas, los recuperó con el guiño de los ojos. La otra hizo lo propio con un billete de veinte euros, agarrándolo con la boca.

Entre medias de las hindúes, salió una espontánea de Lituania, que no estaba en el programa (“los gitanos somos así”, dijo la presentadora, de origen colombiano) que, con ayuda de un disco, cantó una bella canción de su país.

* Roger Moreno y Piroschka Triska en la foto.

Javier Latorre en la cima

Javier Latorre en la cima

Premio Nacional de Danza 2011

Me alegro de que el Premio Nacional de Danza de este año haya recaído en el valenciano, afincado en Córdoba (de donde no me iré nunca, escribirá recientemente), Javier Antonio García Expósito, Javier Latorre.

Este bailaor y coreógrafo, que ha tenido como maestros a Aurora Pons, Ciro, Pilar López o Ángel Pericet, a pesar de su aparente vida desordenada, es un trabajador de la danza, dinamizador de grupos y enseñante exclusivo. Todos los bailaores jóvenes del momento, al menos todos los que tienen algo que decir, han pasado por sus manos (algunos, figuras consagradas).

Una característica notable de sus clases y cursos es que lo da todo, no se guarda nada y anima a sus alumnos a grabarlo en vídeo para poder ‘robarle’ los pasos, que él ya inventará otros.

Hace poco a Javier se le propuso, desde la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento, dotar a Córdoba de un centro formativo de primer nivel y de una compañía de danza estable, puesto en marcha en el Centro de Danza del Teatro de la Axerquía.

Ahora, el día 20 de octubre de este año, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza, que concede el Ministerio de Cultura dotado con 30.000 euros, destacando su "constante preocupación por el desarrollo de la danza en España, en especial por su contribución a la evolución de la concepción coreográfica del flamenco, que incorpora elementos de la danza española y de la danza contemporánea en una exposición creativa reconocible tanto en sus creaciones para su propia compañía, como para otros artistas".

"Estoy feliz y muy nervioso, porque son 44 años sobre los escenarios, con 47 coreografías hechas y otras veintitantas para mis compañeros, y esto es una alegría muy grande", explicó a Efe. "La crisis fuera de España no la hemos notado, pero aquí faltan teatros, escenarios y estructura donde poder mostrar las creaciones que tanto nos cuesta y que son cultura para la sociedad", terminó reivindicando. Por otro lado aseguró que las mujeres bailaoras están arrasando.

Aunque nos pase desapercibido, este galardón recae habitualmente en artistas flamencos desde que lo inauguró el bailarín y coreógrafo Antonio Gades en 1988. El pasado año lo recibió la malagueña Rocío Molina y, el anterior, Lola Greco. También han sido premiados, en el apartado de Interpretación o de Creación (las dos modalidades en las que consiste dicho premio) Javier Barón (2008), Manuela Carrasco (2007), Israel Galván (2005), Sara Baras (2003), María Pagés (2002), Eva Yerbabuena (2001), Antonio Canales (1995), Mario Maya (1992) y Cristina Hoyos (1991).

* Foto del ABC digital, edición Córdoba ©.

Una presentación ajustada

Una presentación ajustada

Las voces que no callaron

Como si de una estrella mediática se tratara, el teatro Isidoro Maíquez se llenó desde un primer momento para asistir y apoyar la presentación del disco-libro de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, sobre la canción flamenca republicana y comprometida antes, durante y después de franquismo.

La expectación era superlativa. Las gradas estaban llenas de políticos de izquierdas, de flamencos comprometidos, algunos de ellos participantes en el trabajo de alguna manera, como Paco Moyano, de familiares y amigos solidarios y de público en general, más o menos incondicionales del cantaor de Huétor Tájar.

La presentación sin embargo fue ajustada, se limitó a recorrer el contenido del disco, salvo la temporera y debla, con textos de Nietszche, tan emocionada del cedé. No obstante, el concierto hizo las delicias de sus seguidores. Un recital que tuvo bastante de manifiesto posicional y de vindicaciones sociales.

Algún detalle creo que formalmente no encajaba en el conjunto. Por ejemplo, el blasón de gran formato, que enmarcaba el rostro de Juan al fondo del escenario (quizá mejor la portada del libro) o su aparición estrella entre bambalinas una vez que sus músicos habían comenzado.

Abrió la noche con el mirabrás que cierra el disco, con letras de Moreno Galván y adaptación de Menese. Buen tema para romper el hielo, con problemas de megafonía (ni el cante ni el compás se oían demasiado), sólo la guitarra de Josele de la Rosa estaba realmente en su sitio. Objeciones que se solucionaron en su segunda entrega por cartageneras que introdujo un poema de Cernuda en la voz del actor Paco Algora (presente también en el disco). Continúa la noche con seguiriyas de Cádiz y los Puertos, escritas por José Heredia Maya y Francisco Moreno e interpretadas por el desaparecido Antonio Cuevas ‘El Piki’. Una nota perdida determinó los desacertados finales de algunos de los cantes, como el remate descontrolado de los tangos.

Otro recitado de Algora, con celofán en el micrófono, dio paso a la petenera de Luis Marín (y, posiblemente, de Che Guevara) que supuso, sin duda lo mejor de la noche, sin quitarle mérito al cante de las minas o a la seguiriya.

Para los fandangos del Corruco, Macandé y Vallejo, Pinilla contó con el apoyo del almeriense Pepe Villodres, que definitivamente no estaba centrado, del que me consta su buen hacer.

La insurrección de los cómicos fue otro de los poemas grandemente aplaudidos que recitó de memoria el actor invitado, al que suele recurrir a menudo, antes de dar paso a los tanguillos que, con la guasa característica, se musicaron algunas frases adaptadas de Groucho Marx, en la que hay verdaderos aciertos, pero en general suenan muy forzados.

Acaba el recital con los cantes más festeros del trabajo. Los tangos, Don Manuel, con letra de Moyano, que suenan en el disco con la guitarra de Paco Cortés, se los dedicó al mismo autor. Son reconocibles las segundas voces y los coros de Fita Heredia, Encarni Heredia y Villodres. Y al final las bulerías, que el autor llama filosofulerías, con palabras de Gregorio Marañón, Allan Poe y Franz Gillparzer, que sonaron un poco sosas.

El poeta lloro por bulerías, con su pataílla final, fue el breve fin de fiestas fuera de programa que ofreció nuestra última Lámpara Minera.

* Juan Pinilla, en una foto de archivo de su facebook.

Circuito por las peñas andaluzas

Circuito por las peñas andaluzas

El miércoles por la mañana, en la peña flamenca de La Platería, se presentó el quinto Circuito Flamenco Ocho Provincias a la memoria de Enrique Morente, con presencia del Consejero de Cultura, Paulino Plata y del Presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, Diego Pérez Castillo.

Representando a la familia Morente estuvo el pintor y amigo personal Gabriel Esteve, pues ellos no asistieron "por los momentos duros que están pasando, ya que se acerca el primer aniversario de la muerte del cantaor y la fecha del juicio (por mala praxis médica)".

Actualmente existen 348 peñas en Andalucía, en pleno funcionamiento. El circuito le da cobertura a 120, con otras tantas actuaciones, que irá ampliando año tras año. De las cuales, 80 son de toque y cante y 40 de baile, cada vez más demandado. La danza flamenca no recorrerá todas las peñas porque muchas de ellas no están preparadas para dicha manifestación.

Según el consejero "las peñas tienen un papel esencial en el desarrollo y en la difusión del flamenco", a lo que añade Mª Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, que "las peñas son auténticas catedrales laicas del flamenco, universidades populares de un saber de siglos". Con este espíritu, este año, se le otorgó la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía a la Confederación de Peñas.

El pasado año, entre artistas, peñistas y aficionados en general, disfrutaron unas 11.000 personas las actuaciones que este Circuito organiza, y la cifra sigue subiendo. Los beneficiarios son muchos, pero sobre todo es de aplaudir la labor que se hace con los artistas jóvenes, con la nueva cantera de flamenco, en sus tres modalidades que, con iniciativas como esta, tienen acceso a unos escenarios y a un público privilegiados.

El presupuesto total es de 145.000 euros que van a parar a 22 peñas de Sevilla, 19 de Cádiz y Córdoba, 16 de Málaga, 15 de Jaén, 11 de Huelva y ¿por qué 9 solamente en Granada y Almería?

Como Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas de Granada y Vocal de la Confederación Andaluza, lee este blog, le animo a que nos lo explique, al igual de por qué no hay representantes granadinos que se desplacen a Sevilla ni a Cádiz ni a Huelva, y por qué se han seleccionado esas peñas en particular (las de Almuñécar, Montejícar, Gorafe, Huétor Tájar, Ogijares, Salobreña, Lentejí, Monachil e Íllora) y no las otras.

* En la foto, los componentes de la Mesa: en el centro, Paulino Plata, con el programa en las manos; a su derecha, Gabriel Esteve; a su izquierda, Diego Pérez e Isidoro.

Un disco necesario

Un disco necesario

Las voces que no callaron

Antes de que existiera la canción protesta, antes de que se acuñara su término incluso, ya llevaban los flamencos varias generaciones, si no reivindicando sus derechos, sí denunciando su situación mediante la queja, la exaltación del dolor y las desigualdades sociales. Quizá no fueran conscientes de esto; quizá, más bien, su sentimiento no tenía una consciente función social.

Que la historia la escriben los vencedores no hay duda, y ya sabemos quien venció y revenció en España durante más de cuarenta años. Pero que la memoria la avienten también los victoriosos es algo que hay que cuestionar. Siempre hay conciencias, siempre hay espíritus, siempre hay voces que no callan denunciando las injusticias, las desigualdades.

Como es de suponer, el trabajo de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, no es un disco de cabecera, sino un documento para ser escuchado y abordado con atención. Es un disco-libro necesario, como digo. Para tener en cuenta, no esa intrahistoria que decía Unamuno, sino esa otra historia paralela y solapada que late por salir a flote, por ser conocida, para que las generaciones no conozcamos el pasado con un solo ojo.

Es un libro de urgencia, escrito con el corazón por el mismo cantaor comprometido con una izquierda militante. Como tal, no le vendría mal un repaso de estilo, pero es un buen punto de partida reivindicativo, no ya de las voces que silenciaron, sino de las vidas que sesgaron con la cárcel, el exilio y hasta con la misma muerte.

Reivindicar nombres como Miguel Molina, Canalejas de Puerto Real, Angelillo, Antonia Mercé, Sabicas y tantos otros; o, más actuales, Gerena, Morente, Gades, Menese… es una cuestión de honradez.

Es un libro inexcusable, como digo, y emotivo e inaplazable, con recuerdos conocidos, con datos olvidados con sucesos escondidos, en el que puedo destacar multitud de detalles. Pero permitidme que mencione el nombre de Juanito Valderrama como hombre de izquierdas, republicano y comprometido (en contra de lo que se ha pensado durante mucho tiempo), que ayudó tanto a los flamencos y, si le hizo el juego al régimen, fue por un espíritu parecido al que guió a Schindler en su famosa lista.

Otro punto que me entusiasma dentro de la obra es la atención prestada a los personajes granadinos como Paco Moyano, Mario Maya, Enrique Morente o el Piki o los intelectuales Pepe Heredia, José Guardia o Juan de Loxa, que colocan nuestra ciudad en medio del medio del compromiso, aunque no lo quieran.

En cuanto al disco, bellamente ilustrado por Vázquez de Sola, goza de una coherencia clarividente en la trayectoria de Juan Pinilla como cantaor expuesto y estudioso. Juan pertenece a ese grupito de cantaores que pueden musicar cualquier cosa. No como los cantaores de occidente, como Chano Lobato, que podía meter el viento de levante por bulerías, según Antonio Murciano. Sino más en la estela de Enrique, que cualquier texto se hacia canción en su oído y son en su garganta.

Consta este trabajo de nueve cantes y dos recitados muy sentidos (Emma Cohen y Francisco Algora), con tres guitarras: Rafael Rodríguez, tocaor entre otros de ‘El cabrero’, generoso en las seguiriyas; Paco Cortés, imprescindible en los tangos; y Josele de la Rosa, que está inmenso en la cartagenera, por ejemplo, y sobre todo por bulerías.

Después tenemos un nutrido de colaboradores en el compás y los jaleos (Fita Heredia, Pepe Villodres, Los Exquisitos, Luis Maya, Pepe Maya, Alberto Raya, Chiricoco y Helena Leyla) que dimensionan el trabajo hacia un reconocimiento más amable.

Las letras son importantes, de la época, reivindicativas. Letras de Galván (mirabrás), de Moyano (tangos), de Marín (peteneras), de Pepe Heredia (seguiriyas) y otras populares, que se alternan con textos de Nietzsche (debla y temporera), Allan Poe (filosofulerías), o de Groucho Marx (tanguillos). Todo compone un disco donde reconocemos claramente un autor inquieto y preocupado por la sociedad. Aunque como reconoce en los postres de su libro “nadie ha osado utilizar el flamenco para hacer política en su sentido más amplio”.

Hoy, jueves 20 de octubre, a las 21,30, se presenta este trabajo, Las voces que no callaron, en el Teatro Isidoro Maiquez de CAJAGRANADA, con la guitarra de Josele de la Rosa; a las voces y palmas Encarni Heredia, Fita Heredia y Pepe Villodres; y como artista invitado el actor Paco Algora.

Voz afillá

Voz afillá

Releo hace pocos días un reportaje que, en la revista Vivir Granada, fechada en junio de 2009, una periodista de nuestra ciudad le hace a Jaime Heredia ‘El Parrón’ tras visitar su casa en el Albaicín. Entre algunos detalles superficiales, más o menos casposos, la entrevistadora aludida hace mención a las líneas que la Guía libre del flamenco (José Manuel Gamboa, 2001) dedica a este cantaor. La autora reproduce: “Cantaor gitano de voz potente y afilá, con indiscutible eco flamenco y excelente compás, iniciado desde muy joven en las cuevas del Sacromonte” (la cursiva es mía).

O sea, la reportera en cuestión, que ha leído afillá en la versión original, ha creído que, siendo una errata de imprenta, era su deber corregirlo por el bien de la afición, sin darse cuenta que estaba diciendo exactamente lo contrario. Basta con intercambiar unas palabras con Jaime para darse cuenta que su voz no es fina ni afilada, sino todo lo contrario, broncínea y aguardentosa. Custodia de la queja y del dolor.

Afillá es esa voz ronca, rozada y recia, que poseen algunos flamencos, sobre todo gitanos, que rebuscan las entrañas. Dichas voces, o dichos intérpretes, reciben este nombre por conocerse así el timbre de 'El Fillo' (Francisco Ortega Vargas), cantaor portentoso, nacido en Puerto Real (Cádiz) en la segunda década del siglo XIX que, por lo que sabemos, destacó en muchos estilos, y como siguiriyero marcó época.

Gustavo Adolfo Bécquer, describiendo una escena Sevillana, nombra a este cantaor, tío de Tomás el Nitri (primera Llave de Oro del cante), que influyó tanto en la definición del cante de Triana.

El poeta dice así: "Sólo, lejos, se oyen, el ruido lento y acompasado de las palmas y una sola voz quejumbrosa y doliente que entona las coplas tristes o las seguiriyas del Fillo".

* Fotografía de ‘El Parrón’ en esa misma revista (autoría de Alba Muñoz©) bajo el epígrafe de Guzmán. Mi mascota y yo.

Merece la pena

Merece la pena

III Festival Flamenco a beneficio de la Asociación Borderline

 

De las pocas cosas que va mereciendo la pena en este mundo enrarecido y egoísta es la preocupación por los demás. Granada es prodiga en actos solidarios y los flamencos, desinteresadamente, se hacen piña para colaborar en estos eventos. Es raro el año en que no hay siete u ocho festivales, si no más, en beneficio de ONG o de causas puntuales o en homenaje a alguien. El jueves, 6 de octubre, en el Teatro Isabel la Católica tuvo lugar el Festival Flamenco, en su tercera edición, a beneficio de la Asociación Borderline, para la integración de las personas con inteligencia límite, que tuvieron a bien contar conmigo para la presentación.

Con muy buena voluntad, la coordinadora de Borderline, organizó el festival, convocó a los flamencos y reunió en gran medida a los asistentes como público; después se dedicó a su labor de estar con los suyos en el patio de butacas. Así que, junto a la inapreciable ayuda de la regidora, Águeda, tuve que gobernar también el encuentro entre bambalinas. Lo que me impidió en gran medida estar atento a lo que se cantaba, por lo cual no haré comentario alguno en este sentido.

Lo que sí quiero mencionar brevemente fueron los participantes en este encuentro solidario y su buena voluntad, manifestando que, no por ser un acontecimiento altruista y en gran medida marginal, estuvo limitado en entrega y rigor. Al contrario, asistimos tácitamente a la exigencia de la calidad abierta de quien no se juega nada, pero el cobro espiritual es bien alto.

Dejamos a un lado el orden y la competencia y, por voluntad, cada uno aporta dos cantes (aunque alguien dijo tres y hay quien se quedó en uno. Algunos cantaores trajeron sus guitarristas, los demás cantaron con Isidoro Pérez, que llegó, para quien le hiciera falta.

Así, por orden de actuación, fue saliendo, después de un primer baile de la Escuela de Sofía, del Grupo Al-Andalus del Zaidín, Arturo Fernández, Raquel Mudarra y Tomás García, éste con un solo cante, pues andaba manifiestamente afectado de la voz.

Juanjo Garrido, salió acompañado de Ramón del Paso, tocaor que había venido a acompañar a Alicia Morales, antes de presenciar otro poquito de baile de la misma Escuela, con su directora a la cabeza.

El último bloque del Festival fue una guinda, como dijo el presentador, o sea, yo. Desde Montefrío vinieron los hermanos Jiménez, Verónica ‘La Hindú’ y Paco a la guitarra; Alicia Morales, con Ramón del Paso, fue la penúltima en actuar; y, cerró la noche, la premiada Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra.

Para terminar, la directora de Borderline y un nutrido grupo de asociados, con gran emoción, subieron al escenario para agradecer a los artistas su participación y al público su asistencia. No conozco lo recaudado de la venta de entradas, pero espero que haya sido bastante satisfactorio para mantener viva esta labor tan necesaria como cercana.

Para tenerlo en cuenta

Para tenerlo en cuenta

Homenaje a 'Chanquete'

El lunes, como es costumbre es esta sede de la ONCE, se le hizo un distendido e íntimo homenaje a Ángel Rodríguez Fernández, conocido como 'Chanquete', cantaor aficionado asociado a esta entidad. Ángel, nacido es la costa granadina donde tuvo contacto con los viejos cantaores de la zona, se ha convertido en el mayor conocedor y quizá intérprete de los fandangos de estos lares, como el de Requeleque, a quien trató posiblemente en primera persona.

Dos amigos de su generación, Curro Andrés y Antonio ‘Triniá’, también estudiosos, también aficionados, quisieron compartir escenario con este cantaor vendedor de cupones. Un personaje no profesional, pero verdaderamente importante en nuestra tierra y en sus peñas, sobre todo en la de La Platería, de la que fue miembro de la Junta Directiva muchos años.

Como guitarras, también veteranas, arroparon el encuentro, la brillantez de Manuel Carvajal y la sabiduría de Francisco Manuel Díaz.

‘Triniá’, aunque sus facultades no son las de antes, su estilo y entrega hay que tenerlos en cuenta. Con Carvajal a la guitarra, comenzó por tientos (sin tangos) y continuó por la soleá del ‘Niño de Jun’, defendiendo, con razón, que este es un cante propio, que se puede considerar como soleá de Graná. Para terminar, nos dejó con un “rastrojo de fandangos” de tercios cortos y cerrados.

Curro Andrés, dándole aire al mismo tocaor, con ojos cerrados se acordó del maestro Manolo Caracol, haciendo un popurrí de su cante, basado en la zambra. Seguidamente abordó la bulería por soleá, uno de los palos más flamencos que existen, y terminó con el poema de Benítez Carrasco de El niño que todo lo quería ser, pasado a milongas.

Antes, sin embargo, que el homenajeado cerrara la velada, se le hizo entrega de una placa de reconocimiento y algunos otros regalos, y el niño Jesús de María, que no llega a los diez años y se pega a estos cantaores de antes, nos brindó unos tientos-tangos con sabor y promesas, mientras Francisco Manuel Díaz lo arropaba con su guitarra y Curro Andrés le hacía compás.

Chanquete, visiblemente emocionado, no encontró su mejor momento. Con Díaz a su lado hizo la soleá apolá que hacía ‘Cobitos’, que también puede considerarse de Granada. Siguió con unos abandolaos acordándose de Frasquito, como uno de sus sucesores. Este cantaor, largo en su estilo, a quien hay que tener en cuenta, cerró la noche por fandangos, como no podía ser de otra manera.

* Foto tomada de la página de La Platería dedicada a este cantaor.

La suerte de la petenera

La suerte de la petenera

Entre los muchos enigmas del flamenco (recordemos que este arte no ha sido documentado, grosso modo, hasta bien avanzado el siglo XIX) se encuentra la maldición de la petenera, el mal fario, sobre todo entre el pueblo gitano.

Nadie, sin embargo, puede especificar con certeza de dónde viene esta tradición de mala suerte. En general, en los tratados e historias del flamenco no se hace mención de este aspecto y sí ampliamente del origen y la etimología. Demófilo, Ángel Caballero, Larrea, Rossi, Félix Grande, Ricardo Molina, Antonio Mairena… todos los tratadistas en general obvian este aspecto de la petenera, bien porque no le dan importancia, bien porque no lo creen de interés en el análisis del cante, la trayectoria o herencia del mismo.

Es la tradición oral (al menos por mi parte), el boca a boca lo que sustenta este cante agorero, cantado tradicionalmente por mujeres.

La historia al final, sea cual sea, adquiere tintes románticos y me parece que la mala suerte engarza más con el folklore que con la realidad.

Quizá la leyenda más extendida de la petenera sea que éste era el sobrenombre de una mujer que para vengarse de un amor perdido causaba la locura de todos los hombres que conocía, opinión sostenida por una copla popular tradicional:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía de haber puesto
la perdición de los hombres.

Juanito Valderrama, en sus memorias, da otra curiosa versión. En tiempos de la Ópera flamenca, iban en una compañía Concha Piquer, Juanita Reina y una cantaora y bailaora muy joven llamada Mari Paz.

Ésta hacía, en la obra Cancionero, el papel de la Petenera en su entierro. Así la llevaban a hombros por el escenario, mientras cantaban:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

En una representación, cuenta el cantaor jienense, “Mari Paz se puso muy mala con una cosa de pecho. Tan mala que se murió (…). Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por este mal fario”.

El otro día, sin ir más lejos, le escuché en una grabación a José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, la versión que creo más acertada por viable. Se refiere a la misma letra de la muerte de la Petenera, pero que en un principio se hablaba de la República, su término y su añoranza. La letra quedaría así:

La República se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

Por razones evidentes, quien la cantaba iba preso de inmediato. Por eso no se podía cantar. De ahí la mala suerte. La suerte de visitar el calabozo. Aunque, a decir verdad, por lo que yo conozco, no existe grabación con esta variable.

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

Patrimonio Flamenco

Para cantar por derecho no hace falta una orquesta, basta con una guitarra que te arrope. El primer día de octubre se inauguraba el Auditorio Municipal La Chumbera (mal llamado Enrique Morente) con la actuación desgarrada de Pepe Luis Carmona ‘Habichuela’, que viene exclusivamente desde Madrid donde se halla grabando su segundo disco en solitario.

El cantaor, con la sola guitarra de Manuel Carmona, hijo del ‘Nene de Santa Fe’, se templa por soleares, acordándose en sus comienzos de Morente, cuando pone voz a unos versos de Cántico de San Juan de la Cruz. Asombrosamente, el artista de cien batallas, acude nervioso a su primera cita y ofrece una soleá desajustada antes de dejar al guitarrista solo brindándonos unas rondeñas.

El sonido es deficiente, viciado de graves, limitando el sonido de la guitarra. Con todo y con eso, sin ser un tocaor solista, sus propuestas son bastante acertadas.

Para los tangos, rematados con una especie de zambra al mismo compás, Pepe Luis está más confiado y seguro. Se los dedica a Nino y Rojas, dos amigos entre el público, y se entrega plenamente. Su voz es limitada pero su gusto plausible, y su eco flamenquísimo.

El color de la noche lo pone Raimundo Benítez bailando por seguiriyas, en las que destaca también el cante del Habichuela, aunque ni éste ni la guitarra están hechas para el baile. El bailaor granadino, con tablas y con oficio, supera esta traba y ofrece un baile redondo y completo. Su propuesta animosa y una personalidad que va cultivando ponen un sello indiscutible.

Con tres fandangos, Carmona, ya bien templado, mantiene el pabellón, para rematar el concierto por bulerías, demostrando lo que puede hacer por fiesta. Un poquito por jaleos extremeños fuera de los micrófonos, con la pataílla desenfadada de Raimundo, sirve para despedir la velada.

* Portada del primer disco de Pepe Luis Carmona, de 1998.

El día que conocí a Mario Maya

El día que conocí a Mario Maya

Tal día como hoy, el 27 de septiembre de 2008, desapareció Mario Maya, uno de los grandes de la danza española y del flamenco en particular. Era bailaor y coreógrafo, como ha habido pocos, lo que demostraba día a día con su labor creadora, que, gracias a las nuevas tecnologías, podemos comprobar cuando queramos.

Sin que yo lo supiera, leía este blog, mis críticas y opiniones sobre el flamenco. A un investigador granadino de altura indiscutible, Miguel Ángel González, le preguntó por mí y, Miguel Ángel, tan correcto, me pidió permiso para mandarle mis datos.

Como es de suponer, yo estaba encantado y, al poco, recibí en mi ordenador un correo de Mario manifestando su conformidad con mi trabajo y enriqueciendo alguna de mis ideas.

Quizá seguimos carteándonos de esa guisa año y medio o dos años, no recuerdo (por error además borré toda la carpeta de correspondencia, castigando así esa parte de mi memoria, de por sí flaca).

Vivía en Sevilla, como se sabe. Vino a Granada para ver bailar a su hija, Belén Maya (a la que admiro), en el Corral del Carbón e hizo por quedar conmigo.

Me escribió, le escribí, quedamos en la puerta de entrada al espectáculo y, cuando llegué, no me hizo ni caso. Yo lo conocía físicamente de sobra. Él no me había visto en persona en la vida. Estaba rodeado de algunos flamencos y admiradores que solía prestarle la atención justa (a veces ninguna).

Me volví a acercar y me presenté. Se alegró de conocerme y creo que excusó haberme dado de lado. Pero desde ese momento, no nos separamos en toda la noche. Vimos a Belén juntos sentados, en un sitio privilegiado; cenamos juntos con todos los músicos; nos tomamos alguna copa (no recuerdo lo que bebía, creo que ron de Motril o algo así muy particular); y quedamos en volver a vernos.

En el verano de 2008 estuvimos hablando de que fuera a Sevilla a la Bienal. Me invitaba a su espectáculo Mujeres, con tres generaciones de bailaoras, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (tenía pensado otra función, siguiendo los mismos esquemas, llamada Hombres, pero se quedó en proyecto).

Al tiempo lo llamé participándole mi imposibilidad de ir al estreno. Me dijo que no me preocupara, porque él tampoco podría asistir, que estaba en el hospital con problemillas.

No le di importancia y le dije que se mejorará. A los pocos días me enteré de su muerte.

* Foto tomada de la edición digital de El Mundo.

La pulsión emocionada de Manolo Franco

La pulsión emocionada de Manolo Franco

La Guitarra en Otoño IV

El festival de La Guitarra en Otoño, en su cuarta edición, viene tempranero y asaeteado por la crisis. De los cuatro o cinco días que ocupaba años pasados, a caballo entre septiembre y octubre, se ha reducido a un solo recital, de calidad, eso sí. La ‘crisis’ lo que menos perdona es el arte y la cultura (si es que no es lo mismo).

Manolo Franco, aunque tiene un libro que incluye un CD en solitario, llamado Aljibe (2008), no se le concibe como guitarrista de concierto, aunque la sensibilidad desatada el jueves en el patio de la Casa de los Tiros, eleva su guitarra al merecimiento de ser escuchada sin artificios.

Por otra parte, se nota y se agradece que sea un tocaor de acompañamiento; sus temas son totalmente reconocibles y llevaderos, limpios de aires foráneos y concretos en su ejecución. Para el acompañante de Calixto Sánchez la guitarra es un instrumento, y no tanto la compañera, la extensión de las manos, etc. que puede ser para muchos, y como tal sabe sacarle todo el rendimiento, pedirle fuerza y suavidad, llorar y reír con ella.

Por mineras, con concesión a la fiesta en sus postres, comienza su actuación. Su pulsión es segura, rica en arpegios, emocionada en sus notas. Saluda y continúa con un garrotín, después de haber afinado la guitarra en re. Su toque es limpio, preciso y muy flamenco, lo que demuestra con creces en la soleá, impregnada de tradición. Una de sus mejores apuestas.

En las alegrías se le ve especialmente suelto, proponiendo, como decía Paco, cositas buenas. Y, de Cádiz se va a Huelva abordando unos fandangos sin desperdicio. A punto estuve de lanzar el grito de ¡Viva Franco!, aunque se iba a malinterpretar.

En el toque que se encuentra más a gusto, reconoce, es en la bulería por soleá. Es la pieza flamenca por antonomasia, que participa tanto de una y de la otra. Aunque, a estas alturas, vemos que todos sus remates son iguales, el rasgueo de arriba abajo y de abajo arriba elevando el volumen.

Cambiando el estilo completamente, ofrece guajiras con inconfundible sabor habanero. Terminando el concierto por granaínas, confesando que es un toque que le atrae, que incluso tiene antepasados de Santa Fe. Granaínas en las que se repite, quizás añadiendo un tercio innecesario para aumentar la duración de la pieza. Echamos en falta algún bis que redondeara la velada.

* Portada del libro de Manolo Franco.

La crisis permanente

La crisis permanente

III Festival Flamencos por África

Ya es habitual que se vaya constelando el calendario flamenco de Granada con citas benéficas. Raro es el año en que no contemos con cuatro, cinco o más festivales solidarios. Por tradición, el flamenco viene de las penurias de la marginalidad, de las penalidades, de la persecución. Es fácil que se vuelque por una buena causa, aunque ahora la realidad es muy distinta.

El público, que es tan importante o más, también responde. Así, que cualquier motivo es bueno para prestar ayuda, para arrimar el hombro y aportar el grano de arena que conforme la montaña.

Ayer presenciamos el tercer festival Flamencos por África a beneficio de la asociación “Calor y Café”, en el teatro Isabel La Católica con una asistencia inmejorable tanto de público como de artistas de la tierra. (El día 6 de octubre, os recuerdo, habrá otro encuentro flamenco, en el mismo escenario, para colaborar con la asociación Borderline, que trabaja para la integración de las personas con inteligencia límite.)

Como dijo Juan Pinilla al finalizar la noche, si ahora estamos en crisis en el primer mundo, en África la crisis es permanente. Pues eso.

Muchos de los flamencos repitieron, como en años anteriores, fue un reencuentro. Incluso manifestaron su deseo de participar en los próximos festivales. Tal es el caso de la academia de Miguel Medina, con Francisco Manuel Díaz a la guitarra e Iván ‘El Centenillo’ al cante, que, con tres alumnas destacadas, nos bailaron por alegrías. Después, quedándose solos cantaor y guitarrista, nos ofrecieron unos fandangos principiados por el himno de Andalucía. Seguidamente Sergio Gómez, al cante, y Kiki Corpas, a las seis cuerdas, con ayuda de dos palmeras, hicieron cantiñas, para el baile esbelto de Elena López ‘La Sensa’.

En un segundo bloque de la noche, dedicado al cante sobre todo, lo abre Curro Albayzín, acordándose de Benítez Carrasco. Ramón del Paso a la guitarra por soleares. Jesús de María es un chico muy joven (no llegará a diez años) que, de la mano de Curro, nos brindó tientos-tangos.

A continuación, la voz potente y clásica de Arturo Fernández, arropado también por Ramón, entonó unas malagueñas rematadas por fandangos de Granada. Antonio Gómez ‘El Colorao’, a continuación, con Miguel Ochando a la guitarra, ofrecieron lo que para mí fue lo mejorcito de la noche: una entregada seguiriya. Después, con la colaboración de la segunda guitarra de Álvaro Pérez ‘el Martinete’, Antonio cantó su tradicional balada Mi mama. Para terminar esta parte, Agustín Barajas nos baila por bulerías, con Sergio y Rubén Campos detrás, al cante y a la guitarra respectivamente.

Una de las voces más encomiadas del panorama local, Manuel Carmona, ‘Nene de Santa Fe’, con su hijo, del mismo nombre, a la guitarra y dos palmeros, nos hace malagueñas, rematadas con rondeñas, y el Romance de la Cautiva, de absoluto estreno.

Otro jovencísimo cantaor, Juan de Granada, arropado por Francisco Manuel Díaz, propone bulerías y después un fandango, y Tomás García, también dentro de los cadetes, hace tientos-tangos, en los que no puede negar ser alumno de David Sorroche. Álvaro Pérez ‘el Martinete’ le acompaña con la guitarra. Entre los dos no llegan a treinta años.

El veterano Curro Andrés, con Ochando a su lado, hace un recorrido por algunas de las zambras de Manolo Caracol. Remedando al maestro pero afinado.

Ray Benítez cierra el tercer bloque bailando una equilibrada y preciosista farruca, en la que se acuerda de Antonio, de Mario Maya y de Manolete, mientras Sergio, al cante, y Rubén, a la guitarra, le interpretan una farruca de Miguel Poveda.

Para terminar el festival, se contempla una cuarta parte que abre Ana Mochón que, entregada y segura de sí misma, con Antonio ‘La Luz’ a la guitarra, aborda la caña, que la principia con una soleá, a la manera de Diego Clavel, con letra del guitarrero Rafael Moreno. Remata agradablemente por tangos del Camino.

Sergio Gómez ‘el Colorao’, por fin cantando adelante, acompañado de Rubén Campos, se va por levante, antes de darle paso a Juan Pinilla, con Josele de la Rosa como músico, que hace un magnífico revuelto con las cartageneras que acaba de grabar en su último disco, Las voces que no callaron, un poquito de abandolaos por Málaga y un remate por bulerías, que fueron cuplé a los postres, en los que se dio su pataílla, suelta y graciosa.

Juan Antonio Ibáñez, certero y profesional, ofició de maestro de ceremonias.

El mejor recuerdo

El mejor recuerdo

II Memorial Manuel Cano

No todos los festivales “en memoria de” cuentan con la mejor apuesta para el recuerdo. En este segundo Memorial, igual que para el primero, que se homenajea al compositor y concertista de guitarra Manuel Cano, como abanderado, y cabeza de cartel permanente, participa su hijo José Manuel Cano Tamayo, heredero en la sensibilidad, en el preciosismo y en esa manera clásica de interpretar la guitarra flamenca.

Para este concierto, desarrollado durante la noche del sábado en el espacio singular del Palacio de Quinta Alegre, José Manuel, para la segunda parte contó con la voz musical y clara de Esther Crisol.

En primer lugar, en solitario, el guitarrista granadino interpretó una taranta, dedicada a su amigo Miguel Suárez, que tiene bastante de tradicional, aunque con toques contemporáneos, como esa aceleración a los postres que la acerca a la fiesta. Y continuó con una excelente seguiriya de su progenitor, con arreglos propios, antes de llamar a la cantaora a su lado.

Como digo, en la segunda parte, bastante más extensa, Cano ilustró su guitarra con la dimensión efectiva del cante. Esther Crisol, con la voz menos grave que de costumbre y algo rozada, expuso para empezar una farruca elemental. Algo nerviosa y contenida, anunció soleá apolá, que fue de Cobitos, de Morente y de Antonio ‘el de Alhendín’, diciendo que es el palo que más le gustaba. Aunque, para ser el estilo en que se sentía más cómoda, posiblemente fue la peor entrega de la noche, a pesar de estar bien arropada.

En la granaína se acordó de Chacón. Fue dulce y modulada, aunque seguía sin soltarse. Las guajiras tenían una sorpresa, y es que en su mitad llevaba el romance popular de Los peregrinitos, rescatado en el cancionero de García Lorca.

El toque por bulerías de José Manuel Cano, permitidme que lo diga, ya es antológico. El soniquete que expone, la redondez rítmica y el concepto musical, es para tenerlo en cuenta. Esther estuvo a la altura. Grande fue cuando recordó a Luis de la Pica, posiblemente a través de Marina Heredia. Tocó Extremadura y terminó por Triana.

En los tientos-tangos también le hizo un guiño a la Niña de los Peines y otro a Morente y a Carmen Linares. Tanto para los tangos como para las bulerías se echó de menos un poquito de compás.

Finalizó el recital con la bella copla Una Cantaora de La Lola se va a los Puertos, esa obra flamenquísima que escribieron los hermanos Machado y han popularizado desde Juanita Reina hasta Rocío Jurado.

Una reflexión final me queda por añadir. Cuando los asistentes son respetuosos, como acostumbran en el flamenco, a pesar de ser gratuito; cuando el recital es de lujo; cuando el sonido, salvo ligeros pitidos, es más que correcto; ¿por qué los técnicos tienen que hablar continuamente, ninguneando a los artistas y a su público, con la excusa de que tienen que controlar no sé qué?

Ruido en el ruedo

Ruido en el ruedo

XXII Noche Flamenca A. VV. Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro

En memoria de Manuel Conde

Lo que más destacó en este festival de barrio, lamentablemente, fue el sonido. Había altibajos, las guitarras y el zapateado sonaban a lata, la voz mal cuidada, los altavoces cascados… Un desastre. Aunque suele ocurrir todos los años, pero nunca con tanta insistencia.

Hay que destacar, por otro lado, la entrega de los flamencos que, aún sufriendo estas adversidades, se entregaron plenamente y, filtrando las desavenencias, nos dejaron cositas admirables, a pesar de que la mayoría eran artistas noveles.

El Festival estuvo dedicado a Manuel Conde, cantaor aficionado, vecino de la plaza, desaparecido recientemente, que todos los años intervenía en este escenario, con su cante añejo y su memoria de pizarra. El acierto de una gran pancarta, con su foto y su recuerdo, manifestaba su memoria.

También hay que destacar en esta noche su dinamicidad y eficacia, fruto de los veintidós años que lleva funcionando con motivo de las fiestas de las avenidas próximas (Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro).

Almudena Romero, con un baile redondo y comprometido, abrió la velada por tangos, mientras le arropaban Vicente Márquez ‘Tente’ a la guitarra, Sonia Leyva al cante e Iván ‘El Centenillo’ y Josele de la Rosa a las palmas.

A continuación, la cantaora de edad María Jiménez, también vecina del barrio, hizo milongas, colombianas y fandangos, con buen trasfondo, a pesar de no saber coordinarse con la guitarra ni estar familiarizada con el micrófono. En un cuartito se le apreciaría el sabor a esta señora.

Las dos veces que he visto a Sonia Leyva tenía la voz tomada (espero que no sea patológico). De todas formas modula y pone gran interés en los resultados. Con la sabia guitarra de ‘Tente’, que cada vez está más hecho al acompañamiento, empezó cantando por tientos-tangos, muy a la manera de Carmen Linares, que es como acordarse de la De los Peines, y terminó por granaínas.

Para mí, la sorpresa de la noche, cuando sentí de veras los desaguisados del sonido, fue con la intervención de la joven y, para mí desconocida, Eva Romo que, con una buena voz y dominando los altibajos hizo farruca, tangos, taranta de Linares y bulerías, con la guitarra precisa, aunque turbia (posiblemente por el equipo) de José María Ortiz.

Otro poquito de baile por alegrías de Almudena Romero sirvió para dar paso al cabeza del cartel de la noche. Antonio Fernández dominó en soleá y en la malagueña de la Peñaranda, rematada con fandangos de Pérez de Guzmán y jabera. Continuó, con su voz de falsete, haciendo los tangos de Morente El lenguaje de las flores y terminó la noche por fandangos naturales.

* Manuel Conde, con Jose María Ortiz, en uno de los festivales pasados.

Historia de un garrotín

Historia de un garrotín

Este año, para el FEX, como sabéis, organicé, encargado por el Festival de Música y Danza de Granada, a través de Open Cultura y en nombre de la Asociación del Diente de Oro, unos recitales de flamenco y poesía, en los cuales, repartidos en tres días, tuve que coordinar a unas cuarenta almas sensibles, de varias disciplinas.

La verdad, no sé como llegue a buen fin, con un resultado más que notable (la memoria de los cientos de espectadores así lo avalan). Digo que el éxito final me sorprendió, pues soy de carácter anárquico e informal para el papeleo. Le estaré rosendamente agradecido a los participantes en dicho evento, sus ganas de colaborar y la empatía que tuvieron con el proyecto desde un principio.

Para el día 8 de julio, después de la repartición de poetas, intérpretes y momentos, le mandé a la cantaora Mati Gómez un racimo de letrillas por tangos (algunas escritas para la ocasión). Después de varios intercambios de correos, me dijo que había escogido tres estrofas, pero que a ella le encajaban no por tangos sino como garrotín.

Me pareció maravilloso, entendiendo que las letras son versátiles, incluso lo que unos cantan de una forma, otros le cambian el estilo. A veces lo que determina el palo es la intención, lo que dicen las frases.

Mati escogió: Yo no salgo de mi casa / que estamos en primavera, / que la sangre no descansa / y mi niña no se entera. // No te asomes la ventana / sin sombrero ni paraguas / vaya a darte la solana. // La botella está vacía / encimita de la mesa, / ya no queda ni una gota, / voy a cumplir mi promesa. ///

Para interpretarlas, sin embargo, le faltaba un verso en la segunda estrofa (pues en los tangos se admiten tercetos con toda naturalidad). Ella le añadió: y en esa tu linda cara, tal y como se cantó, que quedó estupendamente (al final pongo el enlace de la actuación).

El problema, a la larga, fue mío, por una cuestión estética sobre todo. Yo había rimado ABAB y Mati proponía en la segunda estrofa ABAA. Todo es válido. Y, así, ha seguido cantándolo en varias funciones que después ha tenido, con la inapreciable guitarra de Rafa Soler.

Al tiempo, orgulloso de que abrazara mis letras en su repertorio, le envié un posible cuarto verso para esa estrofa, cambiando el orden del segundo. Aunque el poema ha alzado el vuelo y ya no me pertenece. También le mandé una cuarta letrilla por si quería alargar el garrotín en algún momento. Así, toda la canción, según mi propuesta quedaría:

Yo no salgo de mi casa
que estamos en primavera,
que la sangre no descansa
y mi niña no se entera.

No te asomes la ventana
sin paraguas ni sombrero
vaya a darte la solana
y que se te rice el pelo.

La botella está vacía
encimita de la mesa,
ya no queda ni una gota,
voy a cumplir mi promesa.

Estoy tan acostumbrao,
morena tú bien lo sabes,
caminar siempre a tu lao
recorriendo to’ las calles.

Os dejo una de las grabaciones de ese día. Aunque me consta que hay más en la red: http://www.youtube.com/watch?v=bvbeuq73618

* Foto del día de la actuación

Todo corazón

Todo corazón

I Festival de las Cuevas

Javier Martos goza de un baile más reposado, más repensado, más clásico, más racional, que quizá carezca de picardía y despeine. Con un buen cuadro detrás (Manuel Heredia y Sergio Gómez ‘El Colorao’ al cante, Rubén Campos a la guitarra y Miguel ‘El Cheyenne’ a la percusión), este bailaor, granadino de adopción, cerró el jueves el Primer Festival de las Cuevas, que organiza la escuela Carmen de las Cuevas, en colaboración con el Museo Cuevas del Sacromonte, donde tuvo lugar dicho encuentro.

Un espectáculo intimista y reflexivo nos saluda, donde la prioridad, más que arabescos virtuosos, estriba en volver las cartas sobre el tapete e indicar la senda que ha de seguir, reconociendo a sus maestros.

La guitarra comienza a tañer por farrucas, a la que se incorpora Javier, esbelto y moderado, y después Sergio, que apunta la letra, para desaparecer, dejando solos al baile y la guitarra, donde el baile hombruno se hace redondo y delicado sin perder su esencia.

Todos los componentes a continuación, capitaneados por Manuel, hacen unos tangos, llamados Camarón, tomando sus letras como explícito homenaje.

Martos vuelve a aparecer por soleares con movimientos muy redondos y armónicos, algo encorsetados hasta que se suelta por bulerías, que tocan el cuplé a sus postres.

La segunda parte comienza con unas personalísimas cantiñas, sin guitarra, sólo compás, que Javier aborda con un arriesgado traje rojo, como su propuesta, para pasar a un solo de guitarra por tarantas y tangos, donde Rubén hace un anticipo del disco que tiene en proyecto.

Acaba el espectáculo con unos tanguillos muy granaínos (por el tratamiento de las letras ante todo), donde Sergio, con una versos originales, va presentando al equipo, para pasar a la “Cazuela” que popularizó Chano Lobato. El bailaor de Reus, con bastón y sombrero, se identifica plenamente con la sal de esta pieza sin desperdicio.

Todavía, con gran respeto, podemos ver un homenaje que le hace Javier Martos a Víctor Quero ‘El Charico’, en forma de vídeo lateral por seguiriyas. Lamentablemente, este cantaor, que posiblemente estaba llamado a ser el mejor de España, desapareció joven.

Un fin de fiestas por bulerías, donde cada uno sin excepción dio su pataílla, termina dejándonos buen sabor de boca.

* Foto de Juan Güeto©.

Una zambra particular

Una zambra particular

I Festival de las Cuevas

A estas alturas no creo indispensable hablar del baile decidido de Ana Calí. Muchos años lleva perfeccionando esta bailaora su sentido del compás, la implicación efectiva de todo su cuerpo, la limpieza en sus pies y, en definitiva, su flamencura. Igualmente ha ido depurando una imagen muy particular, muy arraigada en la tradición de su tierra, pero al mismo tiempo con un punto contemporáneo fuera de dudas. La elección de su vestuario, sus caracolillos y el floripondio en lo alto de la cabeza, hacen que veamos en ella la raíz, el Sacromonte y la cueva, aunque en ellos no estemos.

El caso, sin embargo, no fue ese, sino todo lo contrario. El martes bailó en pleno barrio de los gitanos de Granada y rodeada de cuevas, con un espectáculo propio y a medida. La inteligencia se destila en éste De cobre y lunares, una granaína bailando por Graná, recreando una zambra para un solo actor, con las desventajas y los ventajas que ello tiene. El espíritu coral, por ejemplo, que esta fiesta rezuma, no existe, sin embargo, la distracción en el conjunto, los altibajos de los danzantes, la repetición cansina de un baile rutinario, el encorsetamiento en los mismos cánones… no los vemos. Por otro lado, nos ahorramos el explícito casamiento que a veces resulta casposo y forzado en este ceremonial de la boda gitana, como es la zambra. Y, agárrense, prescindimos de la “danza del vientre” o de alguna otra concesión oriental que algunas zambras se han obligado a ofertar como símbolo exótico del origen arabesco de esta fiesta.

De cobre y lunares, como reza su presentación, nos roba el tiempo, para trasladarnos a esas postales, ilustrándolas con algunos de aquellos bailes… De hecho, el espectáculo comienza con una secuencia de vídeo que, con grabaciones y fotografías de época, ilustran el espíritu de la obra que vamos a ver. Un buen intento que quizá esté de más y lo suyo hubiera sido incorporarlo como trasfondo callado al baile mismo, que Ana comienza con una cachucha introduciéndonos de lleno en el corazón sacromontano, que pasan a ser tangos de la tierra como gran exponente de nuestra identidad, integrando las aportaciones morentianas como parte inseparable y enriquecedora de ese toque tan moruno. La guitarra de Alfredo Mesa es limpia y pinturera.

Seguidamente, la granaína, aunque nacida en Jerez, es cante obligado en nuestra tierra. Cante que aborda con paladar y conocimiento Sergio Gómez ‘El Colorao’ con la guitarra de Alfredo. La soleá y las bulerías también son morentianas, que Ana aborda de negro con una complicidad, entrega y familiaridad encomiables. La bailaora se siente en casa y con su gente. Se siente a gusto y con una soltura poco común durante un estreno como el que nos toca.

La segunda parte comienza con la zambra, propiamente dicha, de comienzo y un remate caracolero (La Salvaora) y un cuerpo que se asoma a los tangos del lugar. Baile que ya vimos, creo que por primera vez, en la peña de Cúllar el año pasado y que le sienta tan bien a esta bailaora. Calí, con vestido rojo de corte oriental, con adornos sonoros y delantal blanco, borda un baile que puede ser la piedra angular de todo el espectáculo.

Iván ‘El Centenillo’, como segundo cantaor, interpreta, con toda la gracia que ellos tienen, los casi olvidados tangos del Petaco, antes de pasar a los fandangos de Granada, tal y como los hacía Frasquito y terminar por cantiñas, un cante de Cádiz que se ha instalado con todas las de la ley, por sus aires de fiesta y su bondad bailaora, entre nuestras artistas.

Como bis programado, para no perder la perspectiva, con una pincelada, Ana nos muestra la pícara mosca, dejándonos el regusto montuno, que es de lo que se trata.

Una buena obra, en definitiva, totalmente exportable, dándole un buen repaso de lija, en cuanto a la coordinación de todo el cuadro, la puesta en escena, la dinamicidad del conjunto o el ensayo general.

* Foto de Juan Güeto©.