Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Cuestión de estilo.

Más gitano

20141015115045-1280px-francisco-de-goya-y-lucientes-duelo-a-garrotazos.jpg

Entre las primeras canciones que escribió (1922), En el café de Chinitas, exclama García Lorca: "Soy más valiente que tú / más torero y mas gitano."

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su cuarta acepción, dice que ‘gitano’ coloquialmente es el que estafa u obra con engaño. Sin embargo, esta definición no nos vale por, además de discriminatoria y políticamente incorrecta (como, con perdón, perro judío), porque no se acerca ni por la tangente a la expresión.

Interpretando las palabras de Lorca y entreviendo una tradición tácita en nuestra tierra andaluza, ‘gitano’ sería un sinónimo de torero (como el poeta redunda), o sea, de valiente y arrojado o, según el DRAE, gallardo, airoso, desenvuelto.

Para Borges el gitano sería como el mítico gaucho de la profunda argentina, con su “vincha, el poncho de bayeta, el largo chiripa y la bota de potro”, que recorre la Pampa no más para pelear con quien tiene fama de más hombre. Sin conocerse si quiera, cruzan sus aceros y abren labios de sangre en la piel curtida de su adversario, si no lo matan con el acero, advirtiendo algunas reglas básicas, las suficientes: “los golpes deben ir hacia arriba y con el filo para adentro”.

En las cuevas del Sacromonte, en cierta ocasión, presencié una pelea verbal, en un principio, donde uno de los contrincantes zanjó la discusión diciéndole al otro: “que yo soy más gitano que tú”, como afirmando que tenía más coraje, que era más arrojado y que no temía a las consecuencias.

Duelo a garrotazos de Goya (1819-1823).

Miércoles, 15 de Octubre de 2014 11:50 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Vale

20140507111544-vale.jpg

La interjección vale se usa, según el Diccionario de la Real Academia, para despedirse en estilo cortesano y familiar. Y, Gregorio Sánchez Doncel, en el Diccionario de latinismos y frases latinas, sigue el dictado de Corominas, traduciéndolo como ‘adiós’, comentando que es una forma de saludo, usada en singular.

Cervantes se despide así en el Quijote, como muchas obras de la época, y, en La Galatea escri­be: “Hizo una sepultura en el mesmo lugar do el cuerpo estaba y dándole el último vale, le pusieron en ella”.

Asimismo Suárez de Figueroa, en El pasajero, expone: “Besé mil veces el mármol, y dejándole anegado casi todo con mis lágrimas, vio las amadas reli­quias el último vale con una canción...”.

‘Último vale’ también lo recoge el DRAE, como voz en desuso, referida al “adiós o despedida que se da a un muerto, o el que se dice al remate o término de algo”.

Sin embargo, Néstor Luján, con justa indignación, reconoce, en Cuento de cuentos, que vale significa en latín ‘consérvate sano’, y no se explica cómo “muchas gentes desconocedoras de la etimología creyeron, sobre todo a partir del siglo pasado, que la palabra vale puesta al final de las posdatas de las cartas y sin repetir la firma y rúbrica, quería decir que lo añadido valía; o sea que vale, en este caso era del verbo valer”.

El filólogo catalán, Joan Corominas, en su Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, hace derivar esta partícula del verbo valer, y lo traduce como ‘adiós’, avalándose en Calderón y en el Diccionario de Autoridades, pero que deriva del imperativo latino valere, ‘estar sano’.

Hoy se desacredita igualmente toda etimología y vale vuelve a provenir del verbo valer, con el significado de ‘de acuerdo’.

Miércoles, 07 de Mayo de 2014 11:15 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.


Elegancias e inconvenientes

20130429104617-la-guillotina.jpg

Empezaré por las bondades. Una flaca memoria atiborrada, por otra parte, hace que se me olviden detalles puntuales de nombres y fechas (si es que alguna vez los supe).

La primera anécdota la relató Rosa Montero alguna que otra vez en sus dominicales de El País. Se trata de un noble francés condenado a la guillotina, lo cual sitúa el suceso probablemente en el siglo XIII.

Los guardianes, cuando lo van a acompañar, de madrugada, de su celda al patíbulo, lo encuentran leyendo.

El caballero se levanta y, a la hora de abandonar el libro, delicadamente dobla la esquina de la página por donde deja la lectura.

La segunda de estas historias la leí hace bastante tiempo en un curioso libro llamado El perfume (oHistoria del perfume) de Eugène Rimel, pionero en las industrias de belleza y el cuidado de la salud. También trata de un noble de su tiempo (s. XIX) y de su discreta elegancia.

Rimmel cuenta que este señor acudió a una fiesta galante y, nada más llegar, una dama de alcurnia, después de experimentar un vaporoso besamanos, comentó lo elegante que venía el marqués (creo que era el título que ostentaba).

—¿Se nota mucho? —preguntó el noble ligeramente azorado.

Ante el halago afirmativo de la doncella, tal señor se marchó a casa y regresó al banquete con ropajes igualmente estilosos pero menos llamativos.

En cuanto al lado inoportuno, puedo relatar también algunos ejemplos que, poniéndonos en situación, son perfectamente explicables (o sea, inexplicables).

La primera historieta la releo en el libro epistolar La mesa moderna, del doctor Thebussem y un cocinero de Su Majestad. El síndico, en misiva redactada en Medina Sidonia, el 15 de mayo de 1877, cuenta el hecho de que, en una visita a una de las principales bodegas de Jerez de la Frontera, Carlos IV, después de haber probado algunos de los excelentes vinos que aquellas paredes custodiaban, le comentó al dueño de las barricas:

—Son muy buenos…

—Superiores los tengo —replicó el cosechero.

—Pues, señor mío —respondió el monarca— guárdelos para mejor ocasión.

Lady Ascott, cambiando de tema, acérrima detractora de Churchill le dijo en cierta ocasión:

—Sir Winston, si yo fuera lady Churchill, pondría unas gotas de cianuro en el café con leche de su desyuno.

—Querida señora —respondió el político inglés—, si usted fuera lady Churchill, yo me bebería con gusto ese café.

El último acontecimiento, lo he relatado en variada ocasión. Lo conozco de segunda mano, aunque parece que lo estoy viviendo en este momento. Tiene que ver con la noche, las copas y el flamenco.

A altas horas, entró Enrique Morente en un céntrico local granadino con un grupo de amigos a tomarse la ‘penúltima’. El camarero, ya sin música, recogiendo las mesas, después de haber cerrado la caja, concedió servirles unos vasos si los apuraban con premura. Los clientes estuvieron de acuerdo. Pero, al mediar las consumiciones, Enrique comenzó a hacerse compás con los nudillos sobre la barra y a entonar a media voz una sentida soleá.

El encargado se le puso en frente y, con sus ojos de vidrio, le espetó:

—¡Si vamos a empezar con los cantecitos nos vamos!

marse la ‘penúltima’. El camarero, ya sin música, recogiendo las mesas, después de haber hecho la caja, concedió servirles unos vasos si los apuraban con premura. Los clientes estuvieron de acuerdo. Pero, al mediar las consumiciones, Enrique comenzó a hacerse compás con los nudillos sobre la barra y a entonar a media voz una sentida soleá.

El encargado se la puso en frente y, con sus ojos de vidrio, le espetó:

—¡Si vamos a empezar con los cantecitos nos vamos!

Miércoles, 01 de Mayo de 2013 10:21 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Albóndiga, almóndiga y alhóndiga

20130427105644-san-isidoro.gif

Ayer, hablando de los continentes de las palabras para concluir en un mismo significado, salvando el sinónimo que es evidente, como atril y facistol, y barajando legaña o lagaña y otras palabras de similar fonética, incluso acera y el desusado hacera, llegué a proponer albóndiga y almóndiga, a lo que Ana sugirió alhóndiga. Curiosa palabra, curiosa coincidencia, para no tener nada que ver.

Albóndiga viene del árabe bunduqah, que significa ‘bola’. El Diccionario de la Real Academia describe con todo detalle: “Cada una de las bolas que se hacen de carne o pescado picado menudamente y trabado con ralladuras de pan, huevos batidos y especias, y que se comen guisadas o fritas”. Si buscamos almóndiga, nos remite a la palabra anterior, más común y más usada.

Generalmente, no obstante, el vulgo piensa que almóndiga es precisamente un vulgarismo inexcusable como caramales o mondarinas.

Corominas apunta que almóndiga o almóndega es la variante castellana de albóndiga. No así, alhóndiga, que no tiene nada que ver, sino que es “casa pública destinada para la compra y venta del trigo", de donde proviene fonda (‘lugar donde se recibe a todo el mundo’).

Sin embargo almona (‘fábrica o almacén público’), que posiblemente proviene de almoneda (venta pública de bienes muebles con licitación y puja; venta de géneros que se anuncian a bajo precio; local donde se realiza esta venta) y no de almunia (huerto o granja), sí tiene que ver con las raíces de almóndiga o albóndiga.

Total, cuestiones etimológicas. (¡Si san Isidoro levantara la testuz!).

* San Isidoro en la imagen.

Sábado, 27 de Abril de 2013 10:56 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 5 comentarios.

El hombre de las dos rajas

20111027192137-es-natural.jpg

Hay en Granada desde hace un tiempo una campaña de la UPA (Unión de Pequeños Agricultores) en los autobuses urbanos que, desde el principio, me chocó. No por el mensaje o la desnudez del anunciante, secretario de tal asociación, ni por la simplicidad del montaje ni por emplear el escudo antiguo de la Diputación (aunque como ya volvemos a ser de derechas…) y ni siquiera por el escorzo en una foto que termina por parecer deforme.

Es el texto en sí que, además de ser provinciano hasta la saciedad, atenta contra cualquier construcción lógica de la lengua.

El mensaje dice así: “Consumir frutas y verduras de España es… Natural y las de Granada excepcionales”.

Admitimos como buena la primera frase, con el patrioterismo intrínseco o los innecesarios puntos suspensivos. Pero el segundo enunciado no hay por dónde cogerlo. Se supone que tiene que concordar con el primero, entre otras cosas en número. Si en un principio se habla en singular, por qué finaliza en plural. Y cuál es el verbo, elíptico, por lo que se entiende. ¿Consumir también? ¿Acaso ser? No me encaja.

Por último, excepcionales, o excepcional, que crea un paralelismo ripioso con natural, no tiene nada que ver con el primer adjetivo, pues la intención, deduzco, es la de formular un superlativo.

Se me ocurren varias formas de enunciar tal campaña, pero me voy a limitar sólo a denunciar.

Jueves, 27 de Octubre de 2011 23:46 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 3 comentarios.

Cantista

20090918130236-paella.jpg

Creo que no hay nada peor para un idioma que el abuso de las palabras. Los políticos son expertos en rebuscar términos y expresiones y después emplearlas discriminadamente (aunque también los comentaristas de radio y televisión).

No es el caso, pero un día, oyendo Radio 3, oí el nombre baterista en vez de batería, que es lo habitual en nuestro popular almacenaje de palabras. Lo ví bien, incluso más acertado. Lo mismo que quien toca la guitarra es un guitarrista y el que toca el piano es pianista, lo normal es que quien toque la batería sea baterista.

Esto choca con cuestiones culinarias. Paellera, por ejemplo, que es lo que conocemos por el recipiente donde se echa el arroz, resulta que en realidad es la cocinera que lo guisa y la sartén es la paella, que también denomina a este menú valenciano tan extendido. Aunque todo esto contradice en gran medida a la Real Academia.

Ahora, en Radio Clásica, oigo la palabra cantista, refiriéndose al cantor o cantante (el que canta, especifica el diccionario). Baterista ya es una buena concesión, pero cantista...

Hoy mismo, sin embargo, incluyo la palabreja en el artículo que he mandado al periódico, que saldrá mañana o pasado. ¡La carne es débil!

* Qué hambre me ha entrado al poner esta foto.

Viernes, 18 de Septiembre de 2009 13:03 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

El cuchillo de mesa

20080625185330-cuchillo.png

El cuchillo de mesa es un arma de doble filo.

Es un cubierto que sirve para ayudarnos a comer (a cortar, a untar, a empujar la comida), pero no para comer con él. Su posición en la mesa, al lado derecho, entre las cuchara y el plato (con el corte mirando a éste), para indicarnos que se ase con la diestra, puede impulsar a usarlo como pincho o tenedor y llevárselo a la boca.

Puede que, junto con limpiarse con la manga y lanzarle migas de pan al resto de comensales, comer con el cuchillo sea lo más feo que podemos ver en una mesa.

El cuchillo para ayudar a comer se emplea desde el paleolítico (al igual que una rudimentaria cuchara), pero no se generaliza su uso hasta la época clásica, aunque no había cuchillo para todos y se compartía, como se compartían los platos y los vasos (procurando no dejar marcas de los labios en éstos).

(En el Imperio Romano se intentaba conciliar a dos enemigos invitándolos a un banquete y haciéndolos compartir el mismo plato.)

En la Edad Media era habitual que cada invitado llevara su juego de cubiertos. Los hombres en una taleguita y las mujeres en la misma cadena que llevaban las tijeras y el acerico. Aunque los alimentos solían ya llegar trinchados a la mesa, los caballeros presumían de su precisión y limpieza en este arte.

Después vino el tenedor, de tres puntas o de cinco, nacido en Italia y popularizado en Francia. Fue un gran paso para la humanidad. Pensar que tres pinchos eran más eficaces que uno para sujetar la comida y llevársela a la boca fue todo un logro.

Durante el renacimiento había artesanos cuberteros que fabricaban verdaderas joyas para la mesa. Ahora tendemos a la funcionalidad (aunque el diseño tiene mucho que decir).

¿Dónde estarán las cuberterías de plata de nuestras abuelas?

Miércoles, 25 de Junio de 2008 18:53 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 3 comentarios.

La cucharilla del café

20080415094132-taza-20de-20cafe.jpg

Una de mis manías (o inclinaciones o costumbres o intereses, sin llegar a ser alarmista) es la corrección en la mesa. Más bien atendiendo a mí mismo que a los demás (como la escritura, casi).

La cucharilla del café debe ser proporcional a la taza. Y la taza proporcional al plato. (Aunque hay tendencias estilísticas que, a propósito, diseñan platos desmedidos con respecto a la taza, pero tienen una incisión o algún detalle que indican que son compañeros, que es así como encajan.)

Con la cucharilla del café no se debe echar el azúcar, para eso está la del azucarero, con la que no se moverá nunca el café.

Después de marear el café, en el sentido que se quiera, o alternando, procurando no hacer ruido, aunque a veces es inevitable (la cucharilla del café no es un badajo), se saca la cuchara y se coloca en el plato, sin sacudir sobre ta taza, que está muy feo, aunque más feo está chupar la cucharilla.

Se ha impuesto la costumbre de tomar el café con hielo, lo cual es admisible, aunque no muy ortodoxo. (Dicen que no es muy bueno para el hígado.)

En esta modalidad del café con hielo, se puede servir en vaso, que admite más cantidad. Se pondrá al lado un vaso con hielo y, una vez azucarado y removido el café, se vertirá con cuidado en este segundo vaso con los cubitos.

Después está el carajillo (¡carajo!), que es el café cortado con un poco de licor, comunmente brandy, pero también licor de whisky.

Una tarde aciaga (recuerdo una tarde aciaga), que era tarde para tomar café y temprano para encajarme un vinito, pedí un café cortado con Baileys. El camarero me preguntó si el café era con leche. Un poco confuso por cuestión tan peregrina, le dije que no, desde luego. Él respondió a su vez: "entonces un carajillo" ("sí"), porque si fuera con leche sería un trifásico ("¿?"). En mi tierra llaman trifásico al café con leche y un poco de alcohol.

De dónde eres, me vi obligado a preguntar. De Barcelona, dijo mientras blanqueaba el café con un chorreón del licor solicitado.

Martes, 15 de Abril de 2008 09:41 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 6 comentarios.

A mal tiempo buena cara

20080317102547-ola-san-sebastian.jpg

Me alucinan en estos días pasados las declaraciones de las gentes del norte afectadas por el mini stunami de hace unos días, que, entre risas, comentan todo lo que han perdido.

Me recuerda a cuando Miguel Gila comentaba "Las fiestas de su pueblo". Un padre decía, ante la broma que acabó con la vida de su hijo: Ma beis dejao sin hijo pero me reío.

* Gran ola de San Sebastián 

Lunes, 17 de Marzo de 2008 10:23 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 5 comentarios.

Siglas

20080226134024-siglas.jpg

Entre las muchas cosas que hemos heredado del siglo XX son las siglas. El veinte fue un siglo de siglas. Todo se resume en las dos, tres, cuatro letras con las que empiezan sus palabras.

No es necesario soltar una parrafada, generalmente en inglés para referirnos a un objeto o entidad, basta con conocer sus siglas. Tanto es así que este nombre reducido es más conocido que su extenso significado.

De esta manera, son tan populares que no hace falta explicar algunas siglas como ONG, CD, DVD, ONU... y así miles y miles, que van incrementando casi a diario.

Todos las entendemos y las escribimos. El problema es cuando nos referimos a ellas en plural.

¿Qué hacer? ¿Tratarlas como normales sustantivos y pluralizarlos como tales? Es decir, ¿con la 's' o la 'es' dependiendo del caso? ¿O con la aborrecible fórmula, tan extendida, del apóstrofo 's', en pequeñito, para afear un poco más la expresión y patear indiscriminadamente la ortografía?

La solución es simple Las siglas hay que dejarlas como están, tanto en singular como en plural.

Ejemplo: No me funciona el DVD. Frase sin problemas, pues va en singular. Pero, en el caso del plural, ya lo he dicho: Ayudemos a las ONG.

La Ortografía de la Lengua Española de la Real Academia lo expresa muy claro en el punto 6.1.9: "El plural de las siglas se construye haciendo variar las palabras que las acompañan".

El Libro de estilo de ABC dice que "Las siglas carecen de plural. No es correcto escribir OPAs o LPs, a la inglesa. En este caso es preferible sustantivar el término: las opas, los elepés".

El País abunda también en el error de querer pluralizar las siglas con la 's'. Y añade que, cuando no son siglas reconocidas, lo suyo es repetir cada letra para señalar su pluralidad. Así en EEUU (Estados Unidos) o SSMM (Sus Majestades). Nunca separadas por puntos, por favor.

Martes, 26 de Febrero de 2008 13:40 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 2 comentarios.

La importancia de una proposición

20080209193934-proposicion.jpg

Las proposiciones carecen de intención (sería pretencioso).

La honestidad o deshonestidad dependen de la respuesta a esa proposición.

* EN LA FOTO: no recuerdo quién es esta actriz, española creo, lo puedo tener en la punta de la lengua.

Jueves, 21 de Febrero de 2008 09:53 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 3 comentarios.

La importancia de una preposición

20080220094220-caida.jpg

No es lo mismo decir:

"Me caí en un segundo",

que:

"Me caí de un segundo".

* El sinónimo también hace mucho, en este caso, incluso.

** Dibujo sacado de la web: www.mariposafuriosa.com.ar

Miércoles, 20 de Febrero de 2008 09:39 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 1 comentario.

Epítetos

20080205115649-gambas.jpg

Al lado de mi calle hay otra calle. O sea, mi calle desemboca en otra, algo más grande. Al abandonar mi calle y al entrar en la otra calle, a la izquierda, la práctica totalidad de los buzones se identifican como tales. Son buzones preciosistas, como de loza, de Fajalauza granadina, con una gran abertura para las cartas y una palabra bien grande bajo esta ranura que dice "BUZÓN".

Es innecesario, quizás tan sólo decorativo, pero redundar en la evidencia se me antoja vano y de una visceral simpleza.

Como si en el parque pusieran "banco" al banco, "estatua" a la estatua, "fuente" a la fuente o "árbol" al árbol.

Servirían, no obstante, para reforzar al niño que está aprendiendo a leer.

No son epítetos realmente. Pues el epíteto (el epíteto constante, para ser certeros) es un adjetivo o participio que resalta las características intrínsecas de un sustantivo, no añade ninguna información suplementaria a la del sustantivo con el cual concuerda. Así, la nieve blanca, el acero frío o el flan blando (como decía mi padre: cuando le traían un flan que temblaba en el plato, preguntaba con sonrisa guasona si estaba blando).

Creo que era Alfonso Ussía quien denunciaba a esos comensales que alababan el marisco, diciendo, por ejemplo: "Estas gambas están exquisitas", dando por sentado que, las gambas o cualquier otro fruto marino, debe estar bueno. O sea, el comentario está de más, es innecesario, es una ordinariez, me parece que lo calificaba el agudo conservador.

El epíteto es característico del idealismo platónico renacentista. Garcilaso de la Vega escribía:

Por ti la verde hierba, el fresco viento
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera me agradaba.

* FOTO: "Exquisitas gambas".

Martes, 05 de Febrero de 2008 11:56 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 8 comentarios.

O

20071122171733-hamlet80.jpg

O es la decimosexta letra del alfabeto (contando la eñe, of course). Es la cuarta vocal (velar abierta, para más señas). Su nombre es femenino, y su plural es oes (vulgarmente os).

Es una conjunción disyuntiva, que son las que denotan opción entre las cosas, o sea, confiere al enlace un valor de alternancia, según reza la "Gramática de la Lengua Española" de Alarcos Llorach.

Es decir, su función principal consiste en unir palabras o proposiciones que se sustituyen entre sí. (Seguramente no haga falta dar tanta explicación.)

El problema ortográfico (pues semántico hay varios) estriba en una simple rayita, en una mota que pende sobre tal monosílabo en forma de tilde.

Por regla general, como vimos en entradas pasadas, los monosílabos no se acentúan, a no ser para distinguirlos de su homófono (simplifiquémoslo así). La partícula o, desde luego, nunca lleva tilde. Si acaso existe cierta connivencia cuando aparece entre números y se escribe a mano, pudiendo dar lugar a una confusión con el dígito cero.

El Libro de estilo de El País lo explica muy claro: "Esta conjunción disyuntiva no lleva acento cuando se utilice entre cifras (...). Aunque válida para un manuscrito, la norma de su acentuación huelga cuando tipográficamente".

Es un error, por tanto, encopetar ese nexo. Aunque, como vemos, entre cifras es asumible, es un atentado, en definitiva, cuando la o se acentúa entre palabras o frases.

* IMAGEN: Famosa escena de Hamlet (to be or not to be) interpretada por David Warner en 1965.

Jueves, 22 de Noviembre de 2007 10:24 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 2 comentarios.

Maratón

20071026172910-maraton-argentine-2005-4.jpg

Una de las virtudes de la industria cinematográfica americana es el poder de seducción en gran parte de sus seguidores, que es como decir, en su influencia mundial. Sus propuestas fílmicas, las grandes producciones, vienen acompañadas de un importante mercado temático.

El merchandising que viene aparejado a las propuestas más punteras de Hollywood, la publicidad y todo el espíritu que las rodea, hace que nos interesemos, aunque sea puntualmente, temporalmente, efímeramente, por los dinosaurios, por la vida extraterrestre o por pasajes de nuestra historia.

En la actualidad, a través de la película "300", estamos más familiarizados con las Guerras Médicas, entre el Imperio Persa y algunas de las ciudades-estado griegas, durante el siglo V a.C., que con nuestra Guerra Incivil.

"300" recrea, como sabemos, la batalla de la Termópilas, pero, a lo largo de 10 años, se desarrollaron algunas más con resultados dispares, como la de Salamina o la de Platea.

El primero de estos enfrentamientos fue en Maratón, que tiene una historia conmovedora. Su origen se encuentra en la gesta del soldado griego Filípides, quien en el año 490 a.C. murió de agotamiento tras correr unos 40 km desde Marathon hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa. En honor a esta hazaña, se creó una competición con el nombre de "maratón".

Pero el maratón, para información general, es masculino y siempre ha sido masculino. La moda de escribir "la maratón" que veo y oigo casi diariamente en los noticiarios, es una discordancia de género. Se admitiría si anteponemos la palabra 'carrera' a maratón, por ejemplo. Así: la carrera maratón.

Lázaro Carreter escribía al respecto: "La veleidad flexiva patente en el Maja desnudo también produce miasmas cerebrales entre nosotros, que dan origen a las antípodas o la maratón, feminizando el masculino con singular violencia de género".

* EN LA FOTO: final desenfadado del XVI Medio Maratón naturista en Argentina en 2005 (permitanme la licencia).

Miércoles, 24 de Octubre de 2007 18:49 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 8 comentarios.

Tres palabras

20071002191947-tres-palabras.jpg

Tan sólo una reflexión.

El otro día pudimos ver por televisión, varias veces repetida, una contestación, a modo de advertencia, de la Vicepresidenta, Fernández de la Vega, al Lehendakari Ibarretxe, en la que terminaba con el siguiente epifonema:

"Sólo le diré tres palabras: constitución, constitución, constitución".

Sin estar muy preparado, se puede colegir que se trata de una palabra repetida tres veces y no de tres palabras repetidas una sola vez (o sea, sin repetir).

La Vice se podría escudar en que es una fórmula metafórica, dable en el lenguaje político, pero a mí me recordó a cuando el torero Jesulín de Ubrique dijo eso de "en dos palabras: im presionante".

Martes, 02 de Octubre de 2007 19:19 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Uso y abuso de los puntos suspensivos

Existe una abundancia de textos, a veces sesudos y harto literarios, con un mal empleo de este signo diacrítico. Encontramos a veces una multiplicación ilógica de dichos puntos como refiriendo que lo omitido es de mayor identidad, como si lo que quedara por decir superara lo previsto, como si la duda fuera mayor.

Otras veces los puntos suspensivos los encontramos precedidos de espacio. O en cambio, no les sigue ninguno y la palabra siguiente va unida a ellos como si fuera una sola palabra compuesta. O, asombrosamente más común, aparecen los tres puntos a continuación de la abreviatura etc.

Y esto sólo por citar algunos de los atentados lingüísticos contra el derecho consentido de omitir.

Recopilo y expongo brevemente el significado y uso de este socorrido signo de ortografía.

Los puntos suspensivos señalan algo que se deja por expresar, bien porque se sabe o bien porque se prefiere callar.

1.- Los puntos suspensivos son tres, nunca menos ni más.

2.- Los puntos suspensivos que siguen a una palabra y dependen de ella o de la oración o período de que ella forme parte, se escriben a continuación de la palabra, sin espacio alguno.

3.- Tras ellos siempre se dejará un espacio.

4.- Los puntos suspensivos van después de los signos de interrogación y de exclamación, excepto cuando no se termina una palabra o la oración no tiene sentido completo (¡Qué barbaridad!... o ¡Cuántas veces tengo que decirte...!)

5.- Cuando se emplea el etcétera o su abreviatura (etc.) (Pepín Bello, amigo de Lorca, Dalí y Buñuel en la Residencia de Estudiantes, lo escribía ‘ect.’), no se ponen puntos suspensivos. Es una redundancia, aparte de una afrenta.

Martes, 04 de Septiembre de 2007 18:31 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 4 comentarios.

Hacer agua

20070824181315-barcohundidolagoness.jpg

Hacer agua es una frase hecha, una expresión marinera que, metafóricamente ha invadido el lenguaje, tanto el coloquial como el culto.

Se dice que un buque, o cualquier otra embarcación, hace agua cuando es invadido por ésta a través de alguna grieta o abertura. O sea, que si no se achica rápidamente, el barco se hunde, se va a pique.

(También, siguiendo el mismo argot marinero, hacer agua es hacer aguada, surtirse de agua potable la nave en cuestión.)

Por extensión, como ya he dicho, hacer agua se dice de un proyecto, generalmente que presenta debilidad o síntomas de ir a fracasar. También, familiarmente, aunque no es lo suyo, se puede aplicar a las personas, a sus vidas, a las parejas o sociedades, tomando éstas como si de un proyecto se tratara.

Hasta aquí todo bien. Lo malo es cuando intentamos pluralizar el dicho. Hacer aguas, popularmente aceptado con el mismo significado que su homólogo sin ese, no tiene nada que ver. Nada con los barcos, nada con los fracasos y nada con los marineros, a no ser que estos alivien sus vejigas. Porque hacer aguas significa ni más ni menos que orinar, es decir, expeler la orina.

Así, cuando hace poco escuché en la radio que tal equipo de fútbol hacía aguas, no tuve más remedio que partirme de risa al imaginar a todos sus jugadores orinando en la linea de fuera de juego.

* EN LA FOTO: Barco hundido en el Lago Ness.

Viernes, 24 de Agosto de 2007 18:13 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 5 comentarios.

Grosso modo

20070814173219-grosso-modo.jpg

Leo con asombro, nada menos que en Torrente Ballester (La saga / fuga de J.B., página 71 de mi edición), la expresión: "a grosso modo". Conociendo que esta locución, como otras, por ejemplo motu propio (nunca con a o con de), tiene implícita la preposición, me extraña sobremanera en pensador tan veraz. O sea, al traducir grosso modo (o motu propio) siempre le añadimos el prefijo apropiado.

De cualquier manera, por si acaso, acudo en seguida a mis volúmenes de consulta e intento justificar esta creencia.

Grosso modo viene del latín (es de perogrullo) 'grosus -a -um', que significa 'grueso', 'gordo', 'recio' y del adverbio modo que, para el caso que nos ocupa, lo podemos traducir por 'sólo', 'solamente'.

Así, en conjunto, significa: aproximadamente, a grandes rasgos, en líneas generales, sin detallar o en conjunto. O, directa y burdamente, como a grueso modo. Es decir, castellanizándolo con la correspondiente proposición.

El libro de estilo de El País lo expresa con claridad: "...En cualquier caso, se escribe en cursiva y nunca anteponiéndole la preposición a". Y el de ABC redunda en la misma recomendación: "No debe usarse esta locución latina precedida de a". Aunque ninguno da una clara explicación.

El error me parece inapropiado en un escritor de oficio como don Gonzalo, que domina los latinajos a las mil maravillas. El desliz, con la mano en el fuego, se lo podría achacar a algún copista despistado o a un corrector pretencioso, pero al maestro gallego nunca.

Ante la imposibilidad de encontrar otra edición de esa misma obra en este momento y casi seguro que no ha utilizado esa locución latina en otras obras (como Los gozos y las sombras uno, dos y tres), recurro a otros autores de prestigio y, por tanto, padres de la lengua, como pueden ser los argentinos Borges y Bioy Casares que, en Seis problemas para don Isidro Parodi, se puede leer: "Le expondré los hechos grosso modo, sin subterfugios que son ajenos a mi carácter."

Así, grosso modo, queda explicada la expresión grosso modo.

Martes, 14 de Agosto de 2007 17:32 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Antípodas

20070724191518-neozelandeses.jpg

Antípodas es una bella palabra casi siempre mal usada. Antípodas, gracias a los medios de comunicación, ha quedado en reconocerse como un sinónimo de Nueva Zelanda o Australia. Y lo peor es que se feminiza el término. Así leemos, por ejemplo: Fulanito de tal emprendió ayer un viaje a las antípodas.

Bonito, ¿verdad? Si no fuera porque antípodas es un sustantivo masculino. O sea: los antípodas. Describen a los habitantes del lado diametralmente opuesto del planeta (y, por extensión, los países donde viven).

"Es voz griega, apunta el Diccionario de Autoridades, que vale tanto como pies contra pies". De lo que se deduce que antípoda es el que apoya sus pies (podos) en el otro extremo (anti) del mismo eje de la tierra.

Quedaría como: Fulanito de tal emprendió ayer un viaje a los antípodas. Siempre en masculino. Podría variarse el género, sin embargo, si se le antepone un sustantivo femenino, tal que así: Fulanito de tal emprendió ayer un viaje a las tierras antípodas.

De forma que nuestros antípodas son los neozelandeses tanto como nosotros somos los antípodas de aquellos.

También, sin ningún problema, se usa en singular (el antípoda).

"Figuradamente, nos dice el Libro de estilo de ABC, significa que se contrapone a la persona o cosa en cuestión". Es dable encontrar que en el PP se encuentran los antípodas del PSOE.

Martes, 24 de Julio de 2007 19:09 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 2 comentarios.

De esta agua no beberé

20070717190024-agua.jpg

Es una cuestión muy simple. Palabras como agua, águila o acta son radicalmente femeninas. Sin embargo, el artículo determinado que las antecede en su presente de indicativo es masculino, concretamente 'el'. Así: el agua, el águila, el acta.

Podemos dar una razón apócrifa sobre este tema, que sería simplemente que es una forma de evitar la cacofonía. Sin embargo, la razón es menos razonable. La Real Academia nos dice que "Por herencia histórica, los sustantivos femeninos cuyo significante comienza por /á/ acentuada [prosódico u ortográfico], utilizan el significante /el/".

"Se incluyen en este comportamiento, continúa la RAE, los sustantivos que comienzan por /há/ acentuada: el hambre, el hacha, el hada, el habla, etc.". Se exceptúan los nombres de las letras: la a, la hache... y los nombres genéricos con posibilidad de confusión: la ácrata/el ácrata, la árabe/el árabe...

Esta regla no afecta a los plurales, que recuperan su significante femenino: las aguas y no los aguas; ni a adjetivos como esa agua, esta agua, aquella agua. Es incorrecto, por lo tanto, el uso de otras unidades con esos sustantivos (ese agua, aquel área).

También, si entre el artículo y el sustantivo estudiado aparece otra unidad, el artículo recobra su forma femenina. Así: la bella hada o la clara agua.

En 1993, Fernando Lázaro Carreter, denunciaba el abuso de esta confusión entre "diarios, telediarios y radiodiarios". Después de algunos ejemplos, el catedrático de la lengua, comentaba que incluso entre profesores de Filología había oído expresiones como ese aula.

Estamos hartos de escuchar ese dislate por quien se cree con la verdad. Aunque la verdad es que se formula de esta agua no he de beber, y no de este agua no he de beber. Craso error.

Martes, 17 de Julio de 2007 19:00 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 6 comentarios.

Paje, traje, dopaje, equipaje

20070707143032-jg.jpg

Una de las normas más claras, sencillas y aprendidas del idioma español es que se escribe con jota ('j') toda palabra que termine en 'aje' (y en 'eje'), como coraje (o hereje).

Asombrosamente, como digo esta norma está completamente asumida por los hispano escribientes en los mass media habituales (además, el corrector ortográfico del ordenador no lo pasa por alto). Sin embargo, es habitual encontrarnos por la calle letreros del tipo 'garage' o 'reciclage', por poner un ejemplo. O sea, la norma trasgredida.

El 'age' con ge ('g') es un francaísmo (o galicísmo, si queremos). De hecho 'garage', como tal, es una palabra francesa que ha sido adoptada en nuestro idioma, castellanizándose como 'garaje', según la norma. No escribirlo así es un error lingüístico y, si se pronuncia correctamente, fonético.

Aunque, para que no creamos discriminada esa gangosa letra, podemos apuntar que se escriben con 'g' las palabras que terminan en gia, gio, gía, gión, gional, gionario, gioso, gen, gélico, genario, género, genio, génito, gesiman, gésimo, gético, giénico, gimal, gíneo, ginoso, gismo, ogia, ógico/a, ígeno/a, ígero/a, con sus femeninos y plurales, excepto aguajinoso, espejismo, salvajismo, bujía, herejía y lejía (los ejemplos de cada terminación os los dejo a vosotros).

Miércoles, 11 de Julio de 2007 12:03 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Mi más sincero agradecimiento

20070704110515-agradecimiento.jpg

Una de las bondades del idioma, al menos del español, es su versatilidad tonal. Digo, que a veces el tono empleado nos evita más de una coletilla superflua. Por ejemplo cuando pedimos un vaso de agua, por poner, con un tono lastimero: me podría poner un vaso de agua, es como si añadiéramos un por favor, sin necesidad de expresarlo.

En este sentido, hay palabras que ya son definitivas, como gracias. Se admite muchas gracias, pero gracias sinceras, es como si existieran agradecimientos falsos, que no fuesen de verdadera intención, lo cual contradice el término, la expresión y sobre todo el sentimiento. Además, dice poco de nuestra persona (si alguien acostumbra a darme las gracias sinceras y en algún momento me manda sólo las gracias, permítanme que sospeche de sus intenciones).

Rizar el rizo sería decir mi más sincero agradecimiento. O sea que tiene agradecimientos pequeños (o en poca cantidad) y agradecimientos enormes y colectivos. Curioso, no obstante.

Admitamos, como he dicho anteriormente, las muchas gracias, como frase hecha (el very thank you anglosajón), pero detengámonos en la soera prudencia. Con gracias basta y sobra, que a buen entendedor...

Este pequeño atentado puede enmarcarse en lo que yo llamo superlativísimo, del que hablaré más adelante, en otra entrada, en otro momento.

Miércoles, 04 de Julio de 2007 11:06 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 6 comentarios.

Algunos monosílabos

20070619182837-te.jpg

Una de las características de las lenguas del mundo es su viveza, su continua evolución. Las lenguas crecen, se enriquecen, se depuran.

Hace siglos, las lenguas, como las cucarachas, nacían, crecían, se morían y desaparecían, como el cahuarano en América, el elamita o el acadio en Asia o el gálata y el protovasco en Europa.

Sin embargo estamos acostumbrados a otras lenguas llamadas "muertas", que son el latín y el griego arcaico. Son lenguas que se siguen estudiando, se siguen traduciendo y se siguen hablando. Si no en su totalidad, sí en sentencias y decires (así los latines o latinajos con que sembramos los sesudos textos para aumentar las posibles dudas que tengamos).

Hay otra lengua que nació ya muerta (o por lo menos moribunda sin llegar a ser nonata, como las transcripciones de Tolkien). Me refiero al esperanto. Miles de esperantistas que lean esto se me echarán encima. Pues el esperanto existe, hay una liga mundial de esperantistas, se escriben libros y canciones en este idioma y hay congresos donde no se habla otra cosa que esperanto. Yo lo he estudiado.

Bueno, intenté estudiarlo por correspondencia, con altas calificaciones, pero con la frustración de no poder practicarlo con nadie. Como mucho, decirle a los amigos: ¿sabéis que el esperanto cuenta solamente con dieciséis reglas de ortografía? Y acompañar esta sentencia con una parrafada en esa lengua de vocación universal.

Cuando yo era pequeño (y muchos de los libros antiguos que gravitan en los anaqueles de esta habitación así lo corroboran), los monosílabos que conforman el pasado de los verbos en su tercera persona se acentuaban. Es el caso de 'fue' o 'vio', que antes se escribían con acento. Así 'fué' y 'vió'.

Muchos, sobre todo las personas mayores que no están muy acostumbradas a escribir, siguen acentuando estos monosílabos que, repito, desde hace unos cincuenta años estas palabras no llevan tilde que valga.

Lo que no ha estado acentuado en la vida ni estará es el pronombre 'ti'.

Una de las reglas especiales de la lengua castellana dice que los monosílabos se acentúan para distinguirlos de sus homónimos. De esta manera, pondríamos la tilde a 'más' (adverbio) para diferenciarlo de 'mas' (conjunción) o 'dé' (verbo dar), 'de' (preposición) o 'té' (infusión), 'te' (pronombre)...

Pero nunca 'tí', término que no tiene homónimo. Su uso acentuado es de los errores más corrientes. Me parece sencillamente imperdonable.

Martes, 19 de Junio de 2007 18:28 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 2 comentarios.

Un problema de fechas

20070612112528-madres-mayo.jpg

Hasta hace poco diseñaba y maquetaba una revista de una asociación de abogados. La imprenta, que no quería intermediarios y comerse ellos el pastel, y el rastacuero del presidente de dicha asociación que quiso soplar las velas sin apenas sombras, me liberaron de esa tarea.

La cuestión que deseo anunciar no es ésa. Sino el escrito de los juristas, allegados y otros gremios. Durante cuatro o cinco años llegaban a mis manos artículos y textos, sentencias y doctrinas con errores históricos, imposibles de erradicar, simplemente porque así estaba establecido y quién era quien para cambiar la costumbre y menos un asalariado por obras y servicios (por llamarlo de alguna forma).

Uno de estos problemas asumidos e inamovibles era el formato de fecha. Los años siempre aparecían con un punto y los meses en mayúscula (y los días de la semana y las estaciones del año).

Bien sabido es que los nombres propios se escriben con mayúscula. En su contra, lo común, lo genérico, lo vulgar, si quieren, utiliza la minúscula. Por tanto, los meses del año son comunes, son minúculos (permítaseme el término) (y los días de la semana y las estaciones del año). No hay razón para tal encumbramiento. Es un anglicismo sin más el empleo de la mayúscula en estos nombres que no son propios.

Sólo irán en mayúscula si se refieren a un mes concreto de una fecha exacta. O sea, aparte de las reglas generales de ortografía, un mes aparece mayúsculo si es claro y distinto de los demás. Así los "Idus de Marzo" o las "Madres de Mayo" o la "Feria de Abril".

Sin embargo, la Real Academia en su Ortografía, complace a los agresores con su manga ancha, diciendo: "Se recomienda escribir con minúscula inicial los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año".

Igualmente los años no llevan punto. Es una forma de distinguirlos de las cifras. De esta forma, 2007 es el año en que estamos y 2.007 es un símbolo contable, que pueden ser euros (que no vienen mal) o peras o años que faltan para el 4014.

Me imagino que hasta el año 999 no tenían este problema, pero al acercarse al supuesto fin del mundo del año 1000, se planteó la duda.

Martes, 12 de Junio de 2007 11:25 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 4 comentarios.

MAYUUUSCULAS

20070604194458-imprenta.jpg

Gutenberg inventó la imprenta. Pregunta regalo en un examen de cultura general. A principios del siglo XVI. Aunque existen sus detractores. Aparte de los precedentes habituales a cada invento y de los chinos, que utilizaban algo parecido, la imprenta de tipos móviles de hierro la inventó el doctor Faustus.

La imprenta era considerada como un invento diabólico, propio de la creación mefistotélica de este personaje alemán (del que da buena cuenta Goethe). Gutenberg sólo se quedó con la patente, con no muy buenas artes, todo hay que decirlo: robo, extorsión, compra fraudulenta, intercambio con su alma (por eso el infierno está lleno de propaganda panfletaria)...

En estas primeras imprentas cada letra, con sus variantes, necesitaba un tipo diferente, una matriz individualizada. Así una vocal podía tener cinco o seis piezas diiferentes: con acento, diéresis, circunflejo, tres puntitos, etc. Las mayúsculas, al ocupar toda esta pieza entera, dificultaban tal variedad.

Después, ya en época moderna, apareció la máquina de escribir que, igualmente, impedía colocar el acento en las letras capitales. Con lo cual nos otorgamos una tácita dispensa a la hora de acentuar las mayúsculas en escritos mecánicos. La comodidad e incultura popular, trasladó esta bula a los textos manuales.

Así, se ha creído, desde hace bastantes años que las mayúsculas no se acentúan. Craso error. La Real Academia en su Ortografía dice: el uso de mayúscula no quita la obligatoriedad de la tilde exigida por las normas.

Señores, nunca ha existido esa oficial vista gorda, nadie ha decidido tal barbaridad, que atenta contra las buenas formas. Las máquinas de hoy día, los ordenadores y demás artilugios de la palabra escrita, no tienen problemas para tildar las letras, sean del tamaño que sean. No acentuar una mayúscula, por tanto, es una falta de ortografía inexcusable.

Martes, 05 de Junio de 2007 10:22 volandovengo #. Cuestión de estilo No hay comentarios. Comentar.

Ese puntito

20070529123557-bandera-japon.jpg

No sé hasta qué punto me puedo erigir adalid de la lengua. No sé hasta qué punto puedo dar lecciones gramaticales, de ortografía, de léxico. Y digo que no, porque no soy ningún experto, ningún profesor, ningún especialista.

Soy aprendiz de mucho y maestrillo de nada. Lo suficiente para que me calle lo que ignoro y me pronuncie cuando sepa. Que ya es bastante. Gracián, en una cita que no encuentro, denunciaba esta cuestión. Decía más o menos que el sabio calla hasta lo que sabe y el necio dice hasta lo que no sabe.

En España, sin embargo, como en el resto del primer mundo, cada vez se sabe más de menos y, como dijo alguien, hasta que sepamos todo de nada.

O sea, inauguro una sección, un tema nuevo, que lo doy en llamar Cuestión de estilo, donde me propongo sin ninguna intención catedralicia plantear algunas cuestiones de la lengua escrita que rozan el desequilibrio.

Quiero empezar, sin ningún orden ni exhaustividad, por ese puntito redundante que se le pone a la frase interrogativa o exclamativa después de su signo correspondiente.

Estamos cansados de ver en los periódicos, revistas, circulares y demás documentos (incluido internet), que cuando acaba una frase con el signo de interrogación (?) o el de admiración (!), el personaje en cuestión, con toda la soltura que le confiere la autoría de su texto, añade un punto al punto ya existente.

Señores, estos signos ortográficos ya llevan el punto incorporado. Añadirle otro punto es redundante e innecesario, aparte de caer en un error gramatical.

Sí puede llevar, sin embargo, una coma, dos puntos o cualquier otro diacrítico, según la continuidad de dicho escrito. 

Martes, 29 de Mayo de 2007 12:35 volandovengo #. Cuestión de estilo Hay 10 comentarios.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris