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Desde el cielo

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II Temporada Granada en Danda, Al trasluz

Mi opinión de este espectáculo, en principio, aparece algo sesgada, pues tuve la fortuna de presenciarlo desde un lugar remoto.

Desde que retiré mi entrada y vi que se trataba de la fila seis, me dispuse a hacer un buen trabajo de observación y crítica, pero, cuando me confirmaron que era la fila seis del segundo anfiteatro, empecé a dudar de mi buen criterio.

Es verdad, en la localidad lo pone, en la esquina inferior izquierda: ‘anfiteatro II’, y debajo, entre paréntesis: ‘visibilidad reducida’. Limitada, no sólo porque unas barandillas opacaban parte del escenario, sino que, desde esa distancia y altura, los actuantes se veían como cuando mi niño juega con los Playmobil. Así, desde el cielo, me atreveré hacer balance de la obra que cierra la segunda temporada de Granada en Danza.

Tampoco el sonido estaba fino. Una considerable merma de eficacia una música que, me consta, era de sobresaliente alto, pues Lucía Guarnido se rodeó de un cuadro de especial eficacia. Al cante, dos de las mejores voces que tenemos de su generación en Granada, Sergio Gómez y Alfredo Tejada. Cantaores que se complementan y se imbrican a menudo, creando una polifonía de agradable factura. A la percusión, Miguel ‘el Cheyenne’, un gran músico, respetuoso y comprometido. Y, sobre todo, a la guitarra, Luis Mariano, maravilloso creador musical, desde hace algún tiempo, de toda función flamenca que se precie en nuestra ciudad.

Al trasluz es una obra muy personal sin ningún argumento. Es un espectáculo maduro en el que Lucía Guarnido vuelve a las tablas, desde su reciente maternidad, para expresarnos lo que lleva dentro. Al trasluz es una apuesta de continuidad, según sus palabras, después ‘de dar a luz’ y ‘cómo al trasluz, o con la luz apropiada, las cosas se ven de otra manera’.

Lucía comienza con guajiras, con abanico y gracia colonial. La guajira siempre ha acompañado a esta bailaora. Es, en cierto modo, una de sus piezas estrella, que siempre redondea y dispensa sonrisas.

Los cantaores, haciendo gala de su dominio, de sus conocimientos y sus relimas, se regodean en las interpretaciones a palo seco, y, en los interludios entre baile y baile, proponen unos cantes de labor (trilla y aceituneras) y más tarde unos pregones que acaban solapando las voces, como digo, en una coda emocionada. También expondrán, ya con el resto de músicos, unas alegrías a boca de escenario.

Guarnido, con bata de cola blanca, aborda con sentimiento unas granaínas, rematadas con fandangos del Albaycín, haciendo honor a su tierra; a lo que seguirá una creación con guitarra, del maestro Luis Mariano, y unos tangos, con mandil y flor sobre la cabeza, muy de nuestro estilo. La concepción del espacio de la bailaora y su dominio simbólico son encomiables.

La sorpresa de la noche vino de la mano de Esther Crisol, interpretando primorosamente La llorona, con aires de fiesta, ese clásico del folklore hispanoamericano, recordado en la voz de Chavela Vargas.

El espectáculo termina con la bailaora de negro, vestido que se coloca en el mismo tablao, enriqueciendo la puesta en escena, cargada de detalles, por solea y bulerías.

* Foto de Juan Antonio Cárdenas Martín©, extraída del facebook de la bailaora.

Domingo, 17 de Mayo de 2015 10:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Me llamo Manuel

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Flamenco Viene del Sur. Recital flamenco

Algún aficionado, desde las últimas butacas del teatro Alhambra, gritó en el ecuador del concierto: “Juan, canta por malagueñas”. El Pele, con el control y la parsimonia que le caracterizan respondió: “voy a cantar unas malagueñas, pero no me llamo Juan, que me llamo Manuel, como Jesús”. Y cantó por Málaga. La empezó por el Mellizo, para después proponer lo que él llamó una ‘ensalada’ donde adaptaba la malagueña a sus formas y a sus quejas, para rematar por abandolaos.

Decir que es el cantaor más en forma que tenemos es quedarse corto. El Pele es un artista con todas las facultades que se desean: voz, afinación, sentimiento, personalidad, riesgo, capacidad de improvisación… El Pele está viviendo su mejor momento; su madurez artística. Su universo es propio y lo brinda de todo corazón, con toda la entrega de que es capaz. Cada recital de Manuel Moreno es como si fuera el último.

El Pele ya ha entrado en el universo de los grandes. Es aplaudido y reconocido por todos, grandes y pequeños, ortodoxos y modernos, gitanos y payos. Verlo en directo es trascender. Muchas veces nos preguntamos por la evolución del cante flamenco y, antes de pensar en fusiones y otros inventos, simplemente tenemos que atender a este cantaor de Córdoba.

El programa de mano, como era de prever, no servía para nada. El pulso de la noche iba pautando las intervenciones y latidos de Manuel. Así comienza por una bella canción, Tengo el alma triste, cercana a la zambra caracolera; para seguir con unos aires de Arcos, dedicados a la memoria de Enrique Morente (Di, di Ana por qué bordas sábanas como el jazmín), que cantaba el lebrijano Pedro Peña, rematados por soleares, de cortos tercios, llenas de pellizco y abandonos del micrófono; constante que marcó su actuación hasta el final del espectáculo.

Continúa con unas seguiriyas por petición de sus músicos, Antonio de Patrocinio y Víctor a la guitarra y José Moreno, su hijo, a la percusión, que disfrutaban y se sorprendían como los mismos espectadores. Esta vez sentado. Aunque duró poco. El Pele es alma inquieta y no reposa ni un segundo, ya baila un poquito, ya se agarra a la silla, como Toronjo, ya se retuerce sobre sí mismo, y se arrancaría la piel si pudiera, ya juega con los rincones, ya sube las escaleras, en medio de las alegrías, hasta la fila ocho o diez, donde saluda a un aficionado antes de bajar.

En los fandangos se acuerda de su nieto; y, una de sus canciones estrella, El Alma, compuesta por su sobrino, Lin Cortés, y grabadas en el disco de éste, Gipsy Evolution (2014), la interpreta con su paisana Lucía Leyva, venida para la ocasión.

Las cantiñas, impregnadas de Córdoba, se las dedica a los guitarreros de Granada. Improvisa, recorre el escenario de esquina a esquina y, como digo, abandona la escena y sube los peldaños acordándose nuevamente del maestro Enrique, cuando adapta a Alberti (Si mi voz muriera en tierra) o sentencia: Deseando una cosa, parece un mundo...

Cuando, después de los aplausos, vuelve a las tablas, es para rematar por bulerías, dedicadas a otro de los grandes, Manuel Molina, que, decía, estaba enfermo. La fiesta es un cúmulo de invenciones al modo de Manuel, mezcladas con sus propias composiciones y un poquito por cuplé.

Todo un espectáculo. Una exhibición de maestría y poder. La mejor manera de culminar el ciclo Flamenco Viene del Sur, que este año nos ha dado grandes satisfacciones.

Viernes, 15 de Mayo de 2015 09:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.


La sombra alargada

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Alegoría flamenca, De la raíz al aire

Desde una involuntaria perspectiva acuñada por el vértigo de los días, le dedico unas palabras al concierto debut que nos brindó Álvaro Pérez ‘el Martinete’ hace más de una semana, en concreto el 16 del presente en el teatro Isabel la Católica. A pesar de la distancia e interferencia, una sonanta bien templada se impone en el recuerdo. La limpieza aguda y añeja, la exactitud en el dígito y una madurez sorprendente en un músico tan joven son monedas habituales en su entrega.

Dejadme, sin embargo, que lo prefiera en solitario (granaína, rondeña o vals) o con el ligero aire de un compás o breve instrumento que con la orquestación que se rodeó que a veces abigarraba el discurso por el excesivo e innecesario hórror vacui.

Una segunda guitarra, Rafael Soler, le confiere una réplica precisa que le ayuda a mantener el equilibrio; y un calor que se cuaja en el zapateado de Esteban de Sanlúcar arropado por su maestro Miguel Ochando.

Los violines, David Gómez y Ángel Bocanegra, añaden el punto vanguardista que se debe tener, así como el impecable bajo de Julián Heredia, lleno de compás y flamencura.

Las voces son necesarias, aunque ni Alicia Morales (que sobresale en la vidalita) ni Jaime ‘el Parrón’, como artista invitado en lo más jondo, estuvieron totalmente acertados.

La percusión (Antonio Gómez) se impuso a veces sin razón. Pilar Fajardo, al baile, ya en sombra ya visible, rubricaba bellos momentos.

Completa la noche, intercalándose con lo ya mencionado, unos tangos del Sacromonte y una zambra, reivindicando su origen granadino; unas malagueñas y verdiales, que se asoman a la ciudad vecina; y unas bulerías que ponen el punto y final a una noche, que nos asegura la largura de su guitarra, que, como la sombra de Miguel Delibes, también es de ciprés.

Viernes, 24 de Abril de 2015 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Lo que permanece

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Flamenco Viene del Sur. Caprichos del tiempo

Salvador Dalí dijo: ‘La moda es lo que pasa de moda’. Isabel Bayón huye de lo novedoso, de la corriente, para quedarse con lo imperecedero, con el sentir que deja huella, con un baile que se ha aferrado a su epidermis tan fuerte como su identidad. Y es que Isabel está atravesando un momento de plena madurez artística, de seguridad y convencimiento. Tiene una forma pausada y concisa. Prefiere la permanencia a la espectacularidad.

Caprichos del tiempo obtuvo el Premio de la Crítica en el Festival de Jerez de 2013 y se presentó con meridiano éxito en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla. El lunes de esta semana lo pudimos ver en el teatro Alhambra de Granada con igual recompensa, tanto para la bailaora y sus acompañantes, como para el público aficionado. Ya que, desde su primera obra personal, La mujer y el pelele, pasando por su penúltima propuesta, En la Horma de sus zapatos, se la recibe con agrado y seguridad.

Al preguntarle por su cuadro de músicos en una entrevista, en días pasados, que le hice para la radio (La Voz de Granada), con verdadera emoción respondió que era un gusto rodearse de primeras figuras, David Lagos y Miguel Ángel Soto ‘Londro’ al cante; Jesús Torres y Juan Requena a la guitarra; y José Carrasco a la percusión. Y es verdad que componen un cuadro excepcional, cada uno con sus logros individuales y su trayectoria.

La obra da comienzo con sonidos de reloj, grillos y campanas que nos muestran a una bailaora descalza, como reflexionando, hasta desembocar en una silla, donde se coloca los tacones y se acuerda de Mario Maya en sus formas, mientras los dos cantaores le hacen compás por fiesta, hasta que, puesta en pie, propone un zapateo a distinta velocidad e intención, ilustrando la malagueña de Chacón con la que empezó un verdadero homenaje a la ciudad costera, a sus montes y sus verdiales.

La farruca tuvo una generosa introducción de guitarra, en la que la sevillana, con sombrero cordobés, se muestra comedida y variable. David Lagos, reciente Lámpara Minera, le pondrá voz a un comienzo añejo, con sabor a Sabicas, para pasar, con los melismas del ‘Londro’, a un concepto contemporáneo a gran velocidad.

Recordando a Paco de Lucía se arrostran las guajiras, que son largas, con abanico y agradecido juego de caderas, la sensualidad y flirteo con sus músicos, incluyendo, como otras veces el beso a Jesús Torres en los labios.

En off seguidamente suena la voz de Vallejo, acompañado por Montoya y Antonio el bailarín, proyectado al pie del tajo de Ronda. Isabel bailaba por seguiriyas, que canta el ‘Londro’ y un inmenso David Lagos cuajado de gusto. Isabel remedó el martinete de Antonio en Ronda la vieja, con los cinco músicos rodeándola y haciendo compás.

Acaba la función con el mismo tic-tac de un comienzo que nos retrotrae a Isabel niña proyectada, hace 35 años, bailando con bata de cola rosa, con todo  el arte y la madurez que se puede tener a esa edad. Isabel, la de ahora, se mira en ese espejo del pasado y borda unas cantiñas de antología.

Bastantes minutos de aplausos arrancaron un simpático final de fiestas por bulerías, donde todos al unísono se dieron su pataílla.

* Foto de Alejandro Espadero©, tomada del programa.

Jueves, 16 de Abril de 2015 11:12 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Veinte años de recuerdos

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20 años de Ballet Flamenco de Andalucía. Imágenes

Cuando se asiste a una obra rodada, se corre el riesgo de abrazar ideas preconcebidas. Imágenes celebra los veinte años de Ballet Flamenco de Andalucía. Se estrenó en la Bienal Flamenco de Sevilla y visitó el Festival de Jerez. Las opiniones, como es natural, se han multiplicado y la crítica pesa. Que si es repetitivo, que si se abusa de la propuesta coral, que si roza la frialdad, que si hay un exceso de taconeo, que si se extralimitan los tiempos, etc.

Yo romperé una lanza a favor del Ballet Flamenco y de su directora, Rafaela Carrasco. Puede que a lo largo de la función las dudas antes mencionadas sean razonables. Pero la elección de los momentos, el espíritu y la calidad de los participantes, el concepto minimalista de su directora y la proyección de futuro, creo que son gratas razones para apoyar su propuesta.

Rafaela Carrasco por suerte ha vivido estos veinte años de la compañía, en el cuerpo de baile, como repetidora y ahora en el pescante de la diligencia. Ella misma ha elegido las piezas, de modo muy personal, y les ha dado un carácter más novedoso, sin olvidar el origen y a sus creadores, los cinco directores que le precedieron, haciendo de la obra un todo armónico y con sentimiento.

Descubrimos así, no sólo la trayectoria del ballet en cada uno de sus montajes, sino que entrevemos, de manera más o menos acertada, el camino que ha decidido proseguir, el de la experimentación, el de la vanguardia, el de la sorpresa.

Imágenes fue galardonada en la última Bienal de Sevilla con el 'Giraldillo al Mejor Espectáculo', en la que hay que destacar la parquedad en los colores, tan sólo negro y blanco, maculados de vez en vez con detalles en rojo (unos tacones, una faja, un mantón o un vestido); la obra coral y las pinceladas individuales, la imbricación de cada uno de los temas y ese continuo dejar las puertas abiertas tanto a lo que vino como a lo que ha de venir.

Comienza la noche evocando a Mario Maya, Del Maestro (1994), y su tremendo juego de banquetas con fondo de martinetes. En la oscuridad (dedicado a María Pagés, 1997) deslumbran los solistas Ana Morales y David Coria, que se alumbran con farolillos por romances mientras una nube púrpura cruza la luna.

En Leyenda (dedicado a José Antonio Ruiz, 2002), Rafaela evoca a Carmen Amaya con una bata de cola blanca de varios metros (terminará colgada al fondo del escenario, como homenaje perpetuo), atravesando el escenario, con un baile parsimonioso, para adentro, mientras, enorme, Antonio Campos canta a capela unos tientos. Antonio es un cantaor de oficio, que se toma en serio su profesión y se autoexige constantemente.

También es preciso destacar la gran aportación del segundo cantaor, Gabriel de la Tomasa, y de los guitarristas Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Cano’.

El Viaje al Sur, de Cristina Hoyos (2005), cargado de maletas, se convierte en Mirando al Sur, donde el solista Hugo López, individual o en conjunto, redondea la pieza.

El espectáculo termina con Las cuatro esquinas que remeda el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Rubén Olmo (2013), donde por romeras y cañas se impone, quizás demasiado, el mantón. Final que rubrica con esbeltez Rafaela Carrasco poniendo un punto seguido a su labor y mostrando el buen pulso de su ballet.

* Foto tomada de la web de la Junta de Andalucía.

Miércoles, 15 de Abril de 2015 09:19 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Una labor necesaria

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Granada en Danza. II Temporada. No pausa

Hay días que me propongo disfrutar sin mayor trascendencia y acudo a los espectáculos ligero de equipaje y con los sentidos vírgenes. Hay días que mi papel de crítico pasa a un segundo plano y me abandono en la propuesta, en aprehender más que analizar. Hay días que, a conciencia, me olvido el bolígrafo en la casa y la maleta abierta.

El viernes fue uno de estos días. Quise absorber las propuestas de Daniel Doña con la inocencia con la que se desnuda un niño, pues no tengo obligación de nada. El poso de la función quedaría en el archivo de mi memoria. Pero la profesión va por dentro y no me resisto a tomar nota mental de mis impresiones y a plasmarlas en este blog para dejar constancia.

Por eso, por la ausencia de propósito, no podré hacer una disección minuciosa, como acostumbro, sino dar una panorámica, una visión general de su latido.

No es la primera vez que veía a Daniel y sus propuestas dancísticas. La última de ellas en este mismo ciclo, acompañando a Teresa Nieto, el 6 de febrero. Pero es ahora cuando lo vemos de protagonista, de gobernador de su propia compañía (María Alonso, Cristina Gómez y Cristián Martín) y de coreógrafo avezado.

La danza española (como la escuela bolera) se ha convertido en un arte marginal dentro de las propuestas escénicas de nuestro país. Unas manifestaciones que otrora han gozado de una imprescindible presencia en nuestros escenarios, ahora se encuentran poco menos que ninguneadas (como el arte en general, como la cultura, pero más extremo si cabe); ausente de programación y de circuitos. Las señas de identidad de una España que se desmorona, precisamente son esas: el flamenco, la danza española, la copla y la escuela bolera. No sabemos que la expresión artística más completa que existe es la danza, el ballet, la compañía de un coreógrafo, de unos bailarines.

Impresiona en primer lugar —me conmueve sobremanera— la exactitud en los movimientos de los cuatro bailarines que desarrollan la obra; la verticalidad y elegancia de la que gozan; el sentido del equilibrio, tanto personal (aún más difícil en un escenario de tipo italiano, como es el del teatro Isabel la Católica, ligeramente volcado hacia el público), como de conjunto, en contraposición a la simetría, que a veces también impone su dominio; la concepción del espacio, donde la escena cobra vida y el vacío es un recuerdo.

Porque en No pausa (estreno absoluto) se impone el movimiento sin roce, la búsqueda continua de esa energía que permite avanzar sin descanso. Lo demás es belleza.

Desde la primera pieza, con música española en off, donde se muestra todo el cuadro de baile, sentimos esas sensaciones, reconocemos algo muy nuestro, de esa delicadeza que comienza en el dieciocho y termina en los últimos segundos, como pudimos comprobar en la deslumbrante creación contemporánea que expusieron Daniel Doña y Cristián Martín en el ecuador del espectáculo. Este último, sin embargo, no sedujo como se esperaba en los cantes de levante, que danzó con una de las bailarinas.

La guitarra de Francisco Vinuesa fue precisa, pero el cantaor, lamentablemente, hacía agua, lo que se evidenció sobre todo en la petenera. Más tarde, en cambio, pudo demostrar sus dotes (potencia de voz y dominio, sobre todo en los altos) en los cantes de labor.

Siguieron deslumbrando, ya individualmente, por parejas o por grupos, con castañuelas y platillos, en los abandolaos, en la zambra y zorongo, coreografiada por el estupendo bailaor Marco Flores, y con los verdiales, y su serie de instantáneas, que pusieron el punto final a una noche necesaria.

Domingo, 12 de Abril de 2015 11:56 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Al principio fue la luz

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Flamenco Viene del Sur. P’atrás

La historia del flamenco es ancha, más por sus lagunas que por sus certezas. Las hipótesis se suceden y las luces siempre están veladas. Sin embargo, reconocemos pilares inamovibles, señas de identidad generalmente admitidas. Existe un origen remoto que, como el norte, no es un punto, sino una dirección. Y a esa dirección apuntan los estudiosos y amantes de este arte.

Los flamencos a veces, cada vez más, no son meros intérpretes. Bucean en la historia del flamenco, en los cantes y grabaciones antiguas, en los nombres y sus logros, en los orígenes y en los rincones.

Conociendo estos andamios, no se canta mejor, no se toca mejor, no se baila mejor; pero se canta, se toca y se baila con más fundamento, con la seguridad de un terreno firme y la dignidad de quien camina en dirección a ese norte.

Ana Calí, bailaora granadina, curtida por los años y el oficio, consciente de está búsqueda, nos propone en esta nueva entrega de Flamenco Viene del Sur P’atrás, una mirada, retrotrayéndose desde mitad del siglo pasado hasta el más remoto pre-flamenco, yendo un poco más allá del mero espectáculo. (La primera función en este ciclo fue hace un par de años con De cobre y lunares, donde desgranaba el más añejo baile granadino.)

En 1942, cuando empieza nuestro periplo, Ana y los suyos se trasladan a Nueva York, donde Carmen Amaya les brinda unos cantes de levante. ¿Puede que la granadina, en esta primera pieza, estuviera algo nerviosa? No así su cuadro, rotundo y seguro, donde una guitarra (Alfredo Mesa) se impone como imprevisible partenaire de limpieza y precisión, y unos cantaores (Sergio Gómez ‘El Colorao’ y Alfredo Tejada), posiblemente de lo mejorcito de esta tierra, le infunden conocimiento y seguridad.

De la Gran Manzana descienden, en 1898, al Puerto de la Havana (sic), en Cuba, en donde interpretan unas guajiras, mientras dan el salto a la Península para proponernos unos Juguetillos por cantiñas en las costas de Cádiz (El Puerto y Sanlúcar). Reconocemos ya a una bailaora segura e integral, en la que destacan su limpieza de pies, su juego de cintura y su apego a la tradición.

Los acordes en off de la soleá de Matías Jorge de Rubio, de 1860 (quizás la soleá más antigua grabada), estrenada por el almeriense Julián Arcas en 1867, reciben a Alfredo Mesa en el centro del escenario para interpretarla, en un solo de guitarra memorable, aunque sea un remedo de la misma pieza grabada po Javier Conde hace unos años.

Madrid-Cádiz- Granada es un viaje obligado a principios del siglo XIX, donde el Polo Tobalo toma protagonismo en las voces exactas de los dos cantaores haciendo los ayes al unísono, antes de participarnos, hacia 1835, unas Playeras, o plañideras, que son la puerta de entrada de las seguiriyas.

La Zarabanda, el Romance y la Arbolá son sólo bellas pinceladas al baile de esencia que nos preparan para el final, La Gitanilla, basada en la obra cervantina de 1605, que llega con el pregón de Macandé y el romance del Negro del Puerto.

Una gran obra que irá creciendo con el tiempo; una buena propuesta la de Ana y los suyos, que nos aparta un poco más ese velo ancestral con que cubrimos el flamenco y nos muestra que al principio fue la luz.

Jueves, 26 de Marzo de 2015 09:22 volandovengo #. Flamenco Hay 12 comentarios.

Con el alma en las manos

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Presentación del disco Sentimiento de Miguel Soler

Hay quien se desnuda en público sin ser un exhibicionista. Hay quien cuenta sus verdades con el alma en las manos. El tiempo, entonces, no sigue siendo como hasta ahora; cuenta con un nuevo desgarro que quizá nos identifica y, en todo caso, nos remueve el corazón.

Sentimiento, el disco que presentó Miguel Soler el viernes, en el teatro de Isidoro Maíquez, no esconde nada; es, como anuncia, puro sentimiento; representa un puñado de amor sincero que desborda su voz y se expanden desde su piano a través de las yemas de sus dedos.

María Martín Romero, Coordinadora Provincial del Área de la Mujer de Izquierda Unida, fue la encargada de abrir la noche, presentando al artista y leyendo unas palabras que, para la ocasión, compuso la poeta Mercedes Elorza, haciendo alusión a la ‘verdad’ del cantor (el grito herido si herida estalla / y el vuelo ensimismado de su canto) y la reciprocidad con quien lo escucha.

Ocho temas propios, interpretados a piano y voz, abren el disco e inauguran la noche. Ocho verdades tan sencillas como la luna, tan profundas como la luna. Sólo los títulos de este racimo de cantes, Abrázame, Seguramente Samantha, Llora la aurora, Sin nada a cambio, Cambio, Sinceramente, Las musas del verso, La luz de Nuria y La fuente del corazón, manifiestan la intimidad del trabajo.

Lo demás es gozo. Gozo de ver a un hombre sensible trasmitiendo su anhelo, gozo de escuchar un piano acertado que vibra con sus manos, gozo de melodías intemporales, gozo de una voz potente y dulce, franca y flamenca en los quejíos, en los silencios y en el espíritu que trasciende.

La segunda parte está dedicada a canciones prestadas. Al igual que dona sus palabras, se apodera de los decires de otros autores, que son también sentimiento y los hace suyos, alargando los tercios, ralentizando el tempo, recreándose en la coda final repetida hasta las lágrimas; acompañadas por las guitarras precisas y eminentemente flamencas de Miguel Ángel Corral y de su hermano Rafael Soler, que fueron en sí mismas otro espectáculo, otra pasión.

A capela comenzó este tiempo con El breve espacio en que no estás, de Pablo Milanés, que inauguró una nueva vuelta de tuerca en la velada.

Para el Romance de Curro El Palmo, de J. Manuel Serrat, requiere la compañía de Juan Trova, su primer invitado. ¡Estremecedora!

Siguen Las simples cosas, de Armando Tejada y César Isella, y Contigo aprendí, de Armando Manzanero, con Ángela Muro, su segunda invitada, que interviene también en el disco, con un feeling especial.

Con Veinte años, de Guillermina Armburu y algunas composiciones de trabajos anteriores, se anuncia el final, que llega de la mano de Federico García Lorca y El pequeño vals vienés, musicado por Leonard Cohen y aflamencado por Enrique Morente.

Unos cuantos fandangos de Huelva, de libre interpretación, y otro de sus temas tradicionales, sirvieron de bises para cerrar una noche cargada de sensaciones.

Sábado, 21 de Marzo de 2015 11:39 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Otro camino, la misma posada

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Flamenco Viene del Sur. Por qué cantamos

Rocío Márquez presentó su espectáculo, Por qué cantamos, en el teatro Alhambra, en el ecuador del ciclo Flamenco Viene del Sur. Ella misma se responde en el programa de mano: “Cantamos desde el respeto a la tradición y desde la necesidad de hacerla nuestra. Desde la poesía y para sus autores; desde sus autores para la poesía. Cantamos por y para Mario Benedetti, William Shakespeare, Jorge Manrique, Daniel Olmos, Teresa de Jesús y Juan Ramón Jiménez. Cantamos por y para todas estas razones. Porque es nuestra manera de comunicarnos con el mundo; para que este no se nos escape”. Esas inquietudes nos las quiso traspasar el lunes a todos sus fieles y a los no tan fieles.

Rocío tiene un destino que es la búsqueda. Rocío ha cogido el camino nada fácil de los creadores en el flamenco, de los que miran más allá desde el respeto a la tradición. Rocío es vanguardista sin abandonar ese poso de conocimiento y ortodoxia que ya dejó sentado en sus primeros trabajos discográficos, en sus cientos de recitales y en esa Lámpara Minera que le alumbra desde 2008.

La primera lanza que rompe es a favor de las letras. ¡Hay tanto escrito de belleza sin par! Rebusca en los libros y los autores que de una forma u otra llegan a su cabecera e impregna con ellos su música, que tampoco es convencional. Dándole una vuelta de tuerca a las formas clásicas, experimenta algo nuevo. Es morentiana en su apuesta.

El recital comienza con una granaína invertida con textos de Benedetti. Se trata de una granaína donde la voz hace las veces de la guitarra y viceversa. Pieza interesante, que pronto se convierte en la Jotilla de Aroche y en una suerte de fandangos, que llama de infancia, donde hace un recorrido por los pueblos de su tierra onubense.

Para los tangos se acuerda de Morente y adapta letras de Shakespeare, santa Teresa de Jesús y otros. Su voz es dulce y laína, con una potencia lírica muy agradecida. A su lado, un gran cuadro la arropa. El granadino Miguel Ángel Cortés, a la guitarra, es un derroche de efectividad e inventiva; Agustín Diassera, necesario en una percusión que recoge el latido de la noche; y ‘Los Mellis’ a los coros y palmas, no sólo dimensionan el conjunto sino que lo espolvorean de calidez.

Uno de los momentos que me entusiasmó fue cuando interpretaron Otra Rosa, hermana pequeña de las alegrías, con letra de Juan Ramón Jiménez y un glorioso estribillo coreado.

Trajo a García Lora con la milonga y a Daniel Olmos, un poeta amigo, con Chocolate con pan, antes de embarcarse en las creaciones de Pepe Marchena. El Romance a Córdoba es un decir de mucha dificultad, donde el recitado y la copla se dan la mano en un continuo esfuerzo de habla y canturreo. Rocío sale triunfante de este reto, aunque, quien se acuerda de Marchena, puede poner alguna objeción. Mi ole vaya por delante.

Acercándonos al final, el versátil Niño de Elche sube al escenario, planteándonos con la artista una Performance polifónica a capela de bastantes quilates, siendo lo más extremista e incomprendido de la noche, en el que recita, sobre efectos sonoros repetidos, grabados en directo, el Salmo 21 del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal.

La seguiriya ¿Por qué cantamos?, con textos de Benedetti cierra la noche y un círculo cuanto menos interesante que empezó a trazar al comienzo de la velada.

Un par de fandangos naturales, como bis, rubrican otra entrega sobresaliente del flamenco sureño.

Miércoles, 18 de Marzo de 2015 18:16 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Haciendo canastas

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Flamenco Viene del Sur. ¡Pastora baila!

Pastora llegó este lunes con ganas de bailar. Quiso darlo todo para un público que la busca, que vibra con ella. Porque Pastora es muy canastera, con un baile gracioso, lleno de pellizcos y fantasía.

Trajeada con vestido negro, de vez en vez maculado con chaquetilla corta, pañuelo o mantón, no abandonó en ningún momento el escenario, como si estuviera en una fiesta, una divertida fiesta entre amigos, y ella fuera la anfitriona.

Su danza es tradicional, gitana y olística, aunque participa puntualmente del toque rompedor que impuso su hermano, Israel Galván, sobre todo en algunas posturas, en alguna instantánea o cuando en los tangos volcó la silla en la que descansaba en sus silencios, haciéndola rodar y sonar a voluntad.

Ramón Amador, a la guitarra, goza de ese clasicismo, de esa fuerza, sobre todo en el rasgueo, y de esa disciplina necesaria parea un baile hilvanado prácticamente de principio a fin, lleno de cortes y de efectismo.

La noche comienza por pregones. Los dos cantaores, Cristián Guerrero y Jesús Corbacho, se suceden en la copla e interactúan con la sevillana entrando y saliendo del escenario. Ella muestra sus cartas y termina voceando el último pregón, que pronto se convierte en seguiriya, donde se muestra más introspectiva y más enraizada.

La mariana termina por corraleras tildándolas con un punto simpático, antes de abordar las malagueñas, que son territorio de Corbacho. La eficacia de este cantaor se tambalea con un babeo incomprensible.

Cristián toma el testigo y propone unos fandangos, que acercan el final en forma de soleá por bulerías, donde se supera a sí misma. Sus manos son palomas y no abusa del tacón punta. Es una pieza generosa y rebosante de sal. Sin duda la mejor entrega de la noche.

La fiesta continúa por tientos-tangos, trianeros pero también extremeños y de la tierra, que, con mantón arrollado al cuerpo, vuelve a seducir con su roneo, su controlada bastedad y sus caídas.

En un fin de fiestas por bulerías, Jesús Corbacho se convierte en partener de la bailaora que así despiden la noche granadina.

* Foto de Manuel Montaño©.

Miércoles, 11 de Marzo de 2015 10:09 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un paso decisivo

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El joven cantaor paduleño, Tomás García, que el viernes pasado debutó en el teatro Isabel la Católica, ha dado un paso decisivo en su carrera, un salto sin retorno. A sus diecisiete años se viste de largo y actúa en solitario ante doscientos espectadores, tal vez más. Desde este momento, el cuidado de su persona y el uso o abuso de su voz, entran en una nueva dimensión.

La apuesta solapada en general hablaba de inmadurez y apremio. Los dedos estaban cruzados tras los primeros compases de Luis Mariano, a la guitarra, animando la malagueña, que Tomás aborda con seguridad y prestancia. Se sabe la lección y un momento no es mejor ni peor que otro. Comienza por la Torre de la Vela, haciendo honor a su tierra, y termina por Los peces de Gayarrito, que popularizó Bernardo. Se abandola por jaberas y rondeñas.

Ya, templado, borda seguidamente la soleá de Cobitos, en la que demuestra haber sido fiel ganador del ‘V Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos’ en la última edición del concurso del Instituto Andaluz de la Juventud. Puede que sea su entrega más flamenca. Se siente bien arropado entre la enorme guitarra de su veterano partenaire y la percusión considerada de Chema del Estad.

Para los tientos-tangos, para las alegrías y para los fandangos de Huelva requiere la presencia de dos jóvenes cantaoras, Nazaret Marcos y Aroa Palomo, que vigorosas le escoltan con las palmas y a los efectivos coros. Hay que destacar en estos temas festeros el guiño simpático de elegir letras tomadas de palos distintos de los que habitualmente se cantan; por otra parte, en momentos, aparecen coplas gruesas para cantaor tan joven.

Hay que decir en este punto que, quizá con el jaleo y la velocidad de las palmas, la percusión y una guitarra habituada sobre todo al baile, la voz del protagonista de la noche osciló brevemente, aunque bien supo colocarla en su sitio con asaz profesionalidad.

De nuevo a solas. Luis Mariano introduce con generosidad los preliminares de la zambra de El gitanillo errante, de Luis Mejías, que interpreta Estrella Morente en su trabajo Mujeres (2006), que da pie a una breve zambra caracolera con temática de Semana Santa.

La pareja prosigue musicando, con aires de bulerías, la conocida canción Lucía de Joan Manuel Serrat, grabada por primera vez en su disco Mediterráneo, en 1971, rompiendo una vez más la ortodoxia y demostrando la versatilidad y la firmeza de mirar hacia delante sin olvidar las raíces.

La noche acaba por bulerías, dando puntual protagonismo al resto de sus acompañantes. Los bises, como no podían ser menos, son un par de fandangos naturales.

Una velada, al fin y al cabo, sorprendente y prometedora, donde destacan además la puesta en escena, la ordenación de los cantes y el planteamiento genérico del recital.

Lunes, 09 de Marzo de 2015 18:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

¡Arza, Tomaza!

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Flamenco Viene del Sur. Así canta Jerez

Con toda la gracia, los palmeros de Tomasa Guerrero, La Macanita, (El Chicharro y El Macano),  no dejaban de jalear, como parte inherente a la fiesta. Con su acento gaditano, arropaban a una jerezana que fue creciendo con la noche. Puede que sea la primera vez que la viera tan segura y tan a gusto ajena a su tierra que, como pájaro enjaulado, no cantara como cantase.

Empezó con algo de timidez (si se puede tildar con este adjetivo a quien lleva más de cuarenta años alzándose a un escenario). Su cante es previsible y numerado, el ambiente y su estado de ánimo es lo que cambia. Los palmeros, como digo, y sobre todo la guitarra limpia y sin fisuras de Manuel Valencia, en vez de los habituales Morao o Parrilla, dieron la confianza suficiente para sentirse hogareña.

Los tientos-tangos son de su dominio y gloria. Su poderosa presencia, el aguardiente en su voz, el evidente sentido del compás y la galanura de su potente garganta hicieron el resto. Porque La Macanita es lo que es, lo que vemos, lo que esperamos. Es de esas gitanas imprescindibles que hacen del flamenco que sea como lo entendemos.

Un remanso de paz y de quejío es la soleá. Esa soleá que se canta en Jerez, llena de pellizco y de intrínsecos oles que no descansan, pues la cantaora liga los tercios como en un corrido. Es su manera.

“Y ahora tengo flores en la ventana y una nueva vida que me llama, tengo brillo en la mirada”, es el estribillo de unas bulerías emocionadas (Volver a verte), que le escribiera Fernando Terremoto, con las que comienza el disco Sólo por eso (2009).

Los palmeros se ausentan brevemente cuando se recrea en la malagueña de Manuel Torre, con una generosa aportación de la sonanta, pues tornan rápidamente al compás de las alegrías que van presagiando el final del concierto.

De pie, como mandan los cánones, suenan las bulerías, que son generosas, preñadas de cuplé, abandonos puntuales del micrófono, que no desmerecen, y graciosas incursiones en la danza, a modo de Paquera o de Lola. La bulería es ‘patrimonio’ de su tierra y con ella nos quedamos y proseguimos con un fin de fiestas donde sus tres acompañantes por orden se dan una pataílla.

* Fotografía: deflamenco.com©.

Miércoles, 04 de Marzo de 2015 09:22 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Dos guitarras, doce cuerdas

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Flamenco Viene del Sur. Diego de Morón y Pepe Habichuela

Entrevisté a Pepe Habichuela para la radio, el jueves pasado, y me aclaró que lo que íbamos a presenciar eran dos recitales de guitarra y no un espectáculo conjunto, que cada uno iría por su lado y no tendrían ninguna colaboración o un fin de fiestas que fusionara a los dos guitarristas, tan identetarios cada uno de su tierra.

Ayer, lunes, dio comienzo el ciclo Flamenco Viene del Sur, en el Teatro Alhambra, como siempre, con este concierto a que me refiero. Para copar el tiempo con sólo guitarra, apenas ilustrada puntualmente con algo de compás, resultó tan ameno y brillante, que hasta se hizo corto.

La primera parte la presidió Diego de Morón. Comenzó y terminó por bulerías, con el apoyo de las palmas del bailaor Pepe Torres. También hizo soleá, alegrías, rondeña y seguiriyas.

Por su lado, Pepe hilvanó soleares, tarantas, tientos-tangos, seguiriyas y alegrías, estas dos últimas piezas con Juan Carmona a la percusión.

Fueron dos grandes muestras, que pueden avalar cualquiera de los guitarristas que estaban presentes en el teatro.

Cada uno a su estilo: el de Morón, con un soniquete argénteo, se aferró al clasicismo; Pepe, con su reconocido rasgueo, busca un nuevo lenguaje, sin olvidar la tradición. Sin embargo, en las alegrías, el de Granada, fue menos contemporáneo. Los dos bien jondos. Pepe, bastante conocido y esperado. Diego sorprendente por lo ignorado, aunque la herencia de su tío, Diego del Gastor, estaba presente.

Ambos sin cejilla, aprovechando las bondades del mástil en su extensión. Ambos afinando de oído, como antes, al principio de cada pieza.

Diego desnudo. Habichuela a veces con excesivo reverb. El de Morón, con improvisadas aristas. Nuestro paisano redondo en su entrega.

Contemporáneos los dos, de 67 y 70 años, respectivamente, representan una generación imprescindible en el toque flamenco, que, si bien se hallaba encubierta por la figura de Paco de Lucía, hay que tener en cuenta en la historia grande del flamenco.

Por lo demás, una noche cargada de duende y de sentimiento en la que Diego nos recordó a algunos cantaores occidentales, no sólo de Morón, sino también de Jerez o Utrera, que hubiera acompañado, en su tiempo, Diego del Gastor; y Pepe, inevitablemente, invocó entre sus cuerdas al inolvidable Enrique Morente, del que fue compañero, de grabaciones y escenario, desde los años setenta.

Martes, 24 de Febrero de 2015 10:08 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Paso a paso y otro paso

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¿La Moneta? Fantástica, como siempre. Bastantes años llevo contemplando a esta artista, sus propuestas y evoluciones. Tengo la fortuna de tenerla cerca y de seguir paso a paso los pasos que ella da. Esta obra, incluso, la he presenciado, desde su estreno en la Bienal de Sevilla, en 2012, tres o cuatro veces, y siempre es distinta. A veces llama la atención más una pieza que otra, pero siempre estremece su entrega, su complicidad y su efectiva factura.

Por otra parte —o siguiendo la enumeración—, posee el grado de humildad y generosidad que tilda a los grandes. Es humilde porque está para todos, es accesible; se autoexige y sabe que, por muy buenos cimientos que tenga, sin el trabajo constante se desmorona el castillo. Es generosa porque no acapara todos los focos, sino que los reparte entre su cuadro y entre sus invitados, sintiéndose ella una pieza más para que el engranaje siga funcionando.

Paso a paso, como ella dice, es fruto de la reflexión. El espectáculo, que se representó el 7 de febrero en Granada, está dividido en tres partes bien argumentadas. En la primera interactúa con la guitarra, desde la farruca a las fantasías morentianas. Nunca me cansaré de encomiar las virtudes de Luis Mariano como músico, compositor y arreglista. Su sonanta huele a la tierra mojada del Camino del Monte.

En la segunda parte —posiblemente la más rica—, abre las puertas a sus invitados y se deja impregnar de otras formas. Así presenta el Laboratorio Coreográfico de Flamenco Urbano, un acertado experimento de fusión e implicación artística en el día a día, que, aunque ya inauguraron la velada, es ahora, con un acercamiento al Sacromonte de Enrique Morente (1982), cuando se viste de largo.

Esta agrupación, que coordina la misma Fuensanta, aunque eficaz, le resta dinamismo al conjunto, haciendo que se alargue innecesariamente. Me parece excesivo, abigarrado, por otra parte, cerca de veinte componentes en el escenario limitado del Isabel la Católica. De todas formas, no deja de ser una buena propuesta. Un aplauso personal a Tomás García con el cante y otro a la guitarra rockera de Paco Luque, perteneciente al grupo de flamenco-metal Fausto Taranto, que ya se acercó al flamenco participando en el disco Omega, en 1996, con los Lagartija, ofreciendo un contrapunto interesante a la guitarra sin fisuras de Luis Mariano.

En esta segunda parte, la intervención del bailaor Javier Latorre, es un bocado de gourmet. En silencio, sólo con su cuerpo y sus pies, introduce una soleá que pronto se hace música, para componer un paso a dos con la bailaora protagonista, vestida de cola blanca. El contraste de la exacta parquedad y la sublime esbeltez del maestro de Córdoba, con la fuerza y la sangre, la continua agitación de la granadina, alcanza bastantes quilates.

La última parte consiste en un acercamiento al cante como pura esencia del flamenco. Suenan, con voz propia —perdonadme la redundancia—, los ecos de tres cantaores de bandera que, en realidad, han ido demostrando su calidad durante toda la noche. El gaditano Matías López ‘el Mati’, con su gusto y aguardiente, ya demostró su buen hacer por malagueñas; el jerezano Miguel Lavi, estudioso y comprometido, es uno de los cantaores más interesantes del panorama actual, destacó en la soleá y, sobre todo, en el corrido en solitario; y el granadino Juan Ángel Tirado, poderío y afinación donde los haya, no deja de sorprendernos con la actualización de sus letras y el control escénico.

Por último quisiera hacer mención a otra de las guindas de la noche, los tientos-tangos, comenzados por zambra, donde La Moneta es la reina.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Martes, 10 de Febrero de 2015 13:02 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las braguitas de las bailaoras

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Un fotógrafo amigo, dedicado al mundo del flamenco, me comentó en confidencia que tenía una colección de fotos de baile en las que la artista se subía la falda en extremo. El baile flamenco siempre ha sido sensual y seductor. Es un conjunto de insinuaciones y desplantes que, como en una ceremonia de trance, llega a abducir la mente del espectador a través de sus ojos.

Desde siglos pasados, una de las atracciones que ofrecía la danza era su desparpajo, su descaro, su picardía. Los visitantes acudían a un tablao o a las cuevas del Camino del Monte para dejarse atrapar por esos movimientos distendidos con ropas desceñidas (el soniquete de unos tangos ’paraos’ complementaban el roneo). Con advertir la esclavina del tobillo o incluso el pie desnudo ya era una apuesta de libertad, que se enriquecía, en noches aciagas, a la luz de una fogata, con la pierna ennegrecida de gitana trabajada, o incluso más arriba, donde la carne y el encaje se confunden.

Por eso, al presentar Rafaela Carrasco su visión de la zambra granadina, con La mosca a su final, echamos de menos ese revoleo de faldas y palmada en el muslo que incita al libidinoso sueño, por otra parte inocente, que termina o empieza con la puntilla, la blonda o el elástico de una siempre perfecta braguita.

No así como entre las bailarinas de contemporáneo, donde la muestra de sus interiores parece formar parte de la danza en sí. Una de las preocupaciones que manifestó Blanca Li cuando presentó hace años un ballet en el Carlos V —que no intento datar, por no forzar la memoria—, era la necesidad de comprarle a todas las artistas, que se contaban entre la decena, braguitas iguales para, en el momento de enseñarlas despreocupadamente, que no desentonaran en su conjunto.

Para la bailarina de clásico, con el tutú enhiesto sobre la cintura o la faldita de de vuelo ancho, forma parte de su vestuario el intocable níveo culero.

Barajo entre los primeros recuerdos de pequeño, en una caseta del Corpus, cuando la feria ocupaba los terrenos del Salón, en la ribera del Genil, de la que mis padres eran socios fundadores, que una niña de mi edad, con un vestido de volantes, que en mi memoria aparece de color claro, daba vueltas al ritmo de la música, con los brazos elevados y juego de muñecas sobre el tablado postizo. Su padre se le acercó entonces levantándole las faldas hasta el cielo, diciendo que para bailar flamenco se debían enseñar las piernas. Creo que fui el único que advirtió la lección y el tenue rubor de la niña, arreboles sonrosados en su carita suave, que contrastaba con el encaje inmaculado de su ropa interior.

Guardé ese recuerdo privado como el regalo sorpresivo de un joven voyeur, hasta que en este momento, venido al cuento de la distancia, lo expongo a la luz de mis contados confidentes.

Hoy quizás los robos de la instantánea visión hayan perdido su fuerza. El destape manifiesto de nuestro tiempo ha emborronado el deseo fugaz del atrevimiento. Puede que la pornografía haya desbancado al erotismo, aunque, permitidme que me incluya en la amplia minoría de población ‘trasnochada’ de los que preferimos lo que se adivina a lo que le enseña, lo soñado a lo evidente, la captura efímera del sin querer queriendo al manifiesto escaparate.

Pienso, en esta misma suerte, que, entre las muestras más sublimes del erotismo, se encuentra ese triangulito blanco (siempre blanco, aunque también se admite el negro y, en ocasiones, el rojo o el rosado) en la entrepierna de la femenina diosa.

Martes, 19 de Agosto de 2014 09:15 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Corral del Carbón terminó de arder

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Tercera semana

El viernes acabó la tercera y última semana de Los Veranos del Corral con una calificación de sobresaliente. En sus dieciséis años de existencia, esta muestra se ha destacado por su calidad artística, por su especial cuidado, tanto a actuantes como a usuarios, y por su esmero en la programación de cada temporada.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto de cante como con el de El Pele. Deseo comenzar este artículo con su presencia carismática y su posición en el mundo del flamenco, aunque su actuación tuvo lugar hasta el miércoles. Porque, sin lugar a dudas (cualquiera que estuviera allí presente lo puede corroborar), Manuel Moreno Maya ‘el Pele’ dio un concierto de antología, que lo sitúa al lado de los grandes, entre los cantaores míticos de estas últimas décadas.

Este cantaor cordobés goza de una potente voz y de un timbre muy flamenco que, aunque agudo, se pasea con soltura por los bajos y las tonalidades intermedias. Es personalísimo en sus formas, en su expresión, en el decir de sus tercios, que de pronto preña con ayeos floreando el sentimiento. Lo mismo estalla en un grito desgarrador, que se rebusca en los adentros y retuerce su cuerpo para soltar el quejío oportuno. Él mismo definió el duende como la magia, como ese estado anímico del cantaor, del guitarrista o del bailaor para expresarse con la connivencia de un público respetuoso.

El Pele subió a escena como si saliera al patio de su casa para regar los claveles o departir con algún vecino. Tras un apunte de guitarra de Patrocinio Hijo, para dar el tono, el cantaor se arranca por tonás. Con este primer cante ya hubiéramos estado servidos.

Para la soleá, que acomete seguidamente, reúne a su grupo al completo. A Patrocinio se le suma el también cordobés Manuel Silveria (los dos, grandes guitarristas); Matías López ‘el Mati’ y Roberto Jaén, a las palmas y a los coros; y su hijo, José Moreno, al cajón. La mitad de estos compañeros no estaban en el cartel, arropan al maestro simplemente por el gusto de acompañarlo y compartir las tablas con él. El Pele es personalísimo en sus formas, en su expresión, en el decir de sus tercios, que de pronto preña con ayeos floreando el sentimiento.

Después de unas tremendas seguiriyas y cabales felicita a sus músicos como un director de orquesta al primer violín, a la soprano o al titular de un solo memorable. Y después se dirige al público alabando su silencio y afirmando que es la consideración que se debe tener hacia “una de las culturas más bonitas del mundo”.

Antes de un par de malagueñas anunciadas, recita un poema de su autoría, dedicado al maestro Morente y su familia, con los arpegios de Silveria de fondo. La malagueña de La Trini se acelera a los postres acercándose a los verdiales. Remata este tema con fandangos del Albaicín.

Las alegrías, que les dedica a las bailaoras de Granada, son especialmente particulares; así como su poema El alma, cantado con gran sentimiento, en el que El Mati y Jaén le hacen los coros. El Pele canta de pie, se mueve por el escenario, improvisa su camino. Se nota su bienestar.

Un poquito por Huelva nos acerca un generoso final por bulerías, donde el mismo cantaor se da una pataílla. El patio, en pie, se cae de aplausos y ovaciones. Es curioso que el espectáculo más sorprendente y aclamado del Corral sea de cante clásico.

Pero todavía queda un apoteósico remate por zambra de Caracol, a quien confiesa su padrino, ilustrado al baile por La Moneta, en traje de calle, que arranca improvisadamente de entre el público.

Siendo Málaga una ciudad meridianamente grande y definitivamente turística y cultural, no tiene gran movimiento flamenco o, el que hay, está deslavazado. Ya lo denunciaba La Lupi en una entrevista, la semana pasada, en el periódico Ideal, en la que dice que su tierra “nunca ha tenido una escuela de baile marcada”.

Aunque sea cierta tal afirmación, también es cierta que de la ciudad de Picasso, de vez en vez, se desprenden algunos nombres a tener en cuenta en el mundo de la danza. Véase por ejemplo la presencia del incombustible Carrete, la de Rocío Molina o la de la misma Susana Lupiáñez.

El lunes 11, pisaron las tablas del Corral otros dos malagueños: Adrián Santana y Águeda Saavedra, que comienzan su entrega por tonás y seguiriyas. Él, con traje corto; ella, con bata de cola negra; ambos con palillos en las manos. Realizan un paso a dos agradable, con detalles satisfactorios (como cuando él salta la cola en uno de los giros de ella), aunque en conjunto se viera algo encorsetado.

Hay que esperar a la segunda pieza, unos tientos-tangos, para contemplar a Águeda en solitario más libre y primorosa. Su discurso es efectivo, su baile completo y el movimiento profundamente pausado de sus manos una apuesta de personalidad y estilo.

Adrián, por su parte, abordará una caña, rematada por el polo Tobalo de Ronda. Inusualmente en un bailaor, sale a escena con manila, que maneja con fuerza y estilo, aunque no aporta nada nuevo. El juego de pies es un punto a su favor. La pieza se alarga más de lo deseado y cobra excesivo brío cuando se desprende del mantón.

El buen cuadro que los arropa, David Carpio y Miguel Lavi, al cante, y Fran Vinuesa, a la guitarra, introduce bulerías al golpe, que, en su ecuador, recibe nuevamente a los dos protagonistas con más soltura y confianza.

En el fin de fiestas por bulerías se centró en Miguel Lavi, que se dio una graciosa pincelada de baile.

El martes, desde Morón, Pepe Torres nos hace pasar otra buena velada. Pepe es un bailaor de raíz, sobrado de compás y un soniquete en los pies envidiable. Su baile es escueto y seguro, ausente de todo artificio y ajenas florituras. Por eso, siendo cabeza de cartel, ofrece desmedido protagonismo a sus acompañantes.

Una generosa entrada con el cajón del Cheyenne estalla por bulerías, en las que se presenta el bailaor tan sólo dando una pincelada que supo a poco. Tras esto, bastantes minutos habrá que esperar de nuevo que vuelva por alegrías y un destacado sentido del espacio y del ritmo. La soleá y la bulería final, sonó un poco redundante.

Entre medias, sus músicos, algo desordenados, harán: tientos-tangos y un par de fandangos (Guillermo Manzano); seguiriyas (David ‘el Galli’); y un solo de guitarra por malagueñas (Paco Iglesias). Todo reconocible y, como el bailaor de Morón, eminentemente clásico.

El jueves, redundando en el exquisito gusto de la semana, vemos un bailaor de bandera. Manuel Liñán es creativo y minucioso. Sus pasos son tan importantes como su ausencia y sus desplantes igual que los estallidos llenos de pellizco que va sembrando. Es un bailaor completo, de manos a pies, de hombros, de cintura, pero sobre todo de cabeza. Podría tildar su baile de inteligente, de los que hacen escuela. Asombra su verticalidad, su dominio del espacio, la sonrisa de su propia entrega.

Saluda al público bailando unos cantes de labor, y después unos tarantos preñados de novedades y, a la vez, acariciando la tradición, que demuestra cuando se convierten en tangos y Manuel recuerda su origen sacromontano.

Seguidamente se alegrará por cantiñas, para rematar la noche con soleá y bulerías.

Sus músicos rellenaran los intermedios. Paco Iglesias propone unas mineras a solas con la sonanta; David Carpio entona la malagueña de la Peñaranda y Miguel Ortega se le suma en los abandolaos. También le acompaña a las palmas su inseparable Ana Romero.

El viernes, como viene siendo habitual en el Corral del Carbón, se dedicó la noche a “Japón y el duende”. Ayasa Kajiyama viene pisando fuerte. La vimos bailar hace unos meses en Granada, a raíz de una Semana japonesa. Su profesionalidad y su gracia ya nos asombraron. Características que ahora, con espectáculo propio, no ha abandonado. Su baile es completo, metódico y muy cuidado. Impecable en su presencia, abre la noche por tonás y seguiriyas. Un detalle habla de su disciplina. Cuando se desprende de la chaqueta corta, camina hacia el fondo del escenario para colocarla en un sitio seguro. Una bailaora local se la habría dado a un músico o directamente la habría arrojado al suelo.

Repite a la guitarra un Paco Iglesias templado y seguro, con su toque clásico y preciso. Al cante David ‘el Galli’ y Quini de Jerez son una apuesta segura. En las piezas sin baile apuestan por levante y por Málaga.

Con bata de cola blanca (bien movida, por cierto), la bailaora se supera en las alegrías. Aunque moldea su expresión, su cara sigue siendo algo estática. El final por soleares lo hubiera firmado sin contemplaciones cualquier profesional de Andalucía.

El flamenco es universal y la humanidad, como decía Enrique Morente, es patrimonio del flamenco. Buenos artistas hay repartidos por el mundo. Los japoneses, con su gran remedo y pasión, se sitúan entre los primeros.

* El Pele ante la mirada de su hijo (foto de Joss Rodríguez©).

Domingo, 17 de Agosto de 2014 11:04 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Festival de las Cuevas se afianza

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Por cuarto año consecutivo, en el Museo Cuevas del Sacromonte (singular espacio que corona Valparaíso), se ha celebrado el Festival de las Cuevas, organizado por el mismo Museo, la empresa de imagen y sonido La Flamenquita y, encargados sobre todo de la parte artística, la escuela de flamenco Carmen de las Cuevas.

Es un festival eminentemente granadino e independiente (ninguna institución lo respalda). Es una cita imprescindible en las noches de verano cuando la Alhambra se hermosea bajo las más grandes lunas del año.

Dichos encuentros no sólo se han convertido en un reclamo para turistas y locales, sino también en el lugar endógeno de ensayo, donde los protagonistas se visten de largo y, quizás, por primera vez presentan espectáculo propio, al cual le dedican ilusión, esfuerzo y muchas horas de ensayo.

Por otra parte, el escenario ha mejorado notablemente en cuanto a luz y sonido. El espacio al aire libre, en plena naturaleza, a bastantes metros por encima de la ciudad y con vistas exclusivas a la Alhambra y al barrio del Sacromonte es impagable.

Cuatro espectáculos, entre julio y agosto, han tenido lugar en este ciclo, que terminó la semana pasada. Su esencia es eminentemente de baile, que es la manifestación flamenca más completa, pues aglutina en sí misma las demás disciplinas, aunque también tienen cabida el cante y la guitarra solista. Este año, como los pasados, ha tenido gran éxito de público y una calidad sorprendente.

La propuesta comenzó el 23 de julio, miércoles, con el bailaor Raimundo Benítez, que presentó su obra Resurgir, como resultado de su pronta recuperación de una caída en la que se fracturó tibia y peroné, y el cirujano le alarmó diciendo que era difícil que volviese a bailar. Lejos de abandonarse al funesto resultado, Benítez asió con fuerza su mundo y en cuatro meses comenzó a bailar con un nuevo planteamiento. Ahora se enfrenta a las tablas con más calma y conciencia, escuchando el cante y el gemido de la guitarra, sintiendo a cada paso el latido del arte.

En Resurgir encontramos ese Raimundo renacido, donde su baile, a menudo circense, se ha refinado, sin abandonar su brío, su verticalidad y esa necesidad de hablar con los pies lo que la cabeza manda.

El bailaor granadino estuvo acompañado a la guitarra por Jorge el Pisao y Marcos Palometas, al cante por Sergio el Colorao y a la percusión y a las palmas Antonio Gómez y Coral Fernández respectivamente.
El viernes de esa misma semana, la bailaora Vero ‘la India’ estrenó Sonakai, que quiere decir ‘oro’ en caló, donde hizo su debut igualmente como protagonista de su obra.

Vero es una gitana del Sacromonte que reivindica su origen y el baile telúrico de sus mayores. Es una bailaora pura, sin pulir, se deja llevar por los sones de sus ancestros. Es salvaje en su entrega. Su naturalidad brilla como con pies descalzos.

Gitanos también la arropan. Su padre, José Fernández, y el tremendo Juan Ángel Tirado al cante. La guitarra de Manuel Fernández de Santa Fe y la percusión de ‘El Moreno’.
Firmará taranto, soleá y seguiriya con su sello prácticamente único, aunque ya se detiene y deja que su cuerpo, sus ojos y sus manos adornen los silencios. También se advierten en su propuesta adaptaciones de otras formas flamencas que emborronan el resultado.

Con el caló seguimos, pues  Yemandró a Graná, que viene a decir Extremadura y Granada (la procedencia de sus protagonistas), es la obra que presentaron Esther Marín y Luis de Luis el viernes, primero de agosto.

La obra propone un encuentro entre estas dos orillas del flamenco, sus diferentes ritmos y estilos y sus semejanzas en el sentir de los bailaores.

Una presentación en común más recatada, da paso al generoso baile individual de cada uno. Así, entre levante, fandangos albaicineros, granaínas y jaleos, se van alternando llegando a hipnotizar al público expectante.

Esther representa el sosiego, pero también la sangre y la gloria del camino andado hasta llegar a nuestra tierra. Luis es único en su especie. Único e irrepetible. El compás le corre por las venas. Sus pasos y desplantes no se encuentran en ninguna enciclopedia.

A la sonanta marca el ritmo Rubén Campos. Al cante vuelve Juan Ángel Tirado acompañado por José de Pinos.
Acaba el ciclo el viernes, 8 de agosto, con la guitarra exclusiva de Rafael Habichuela, que se presenta con una obra intimista, llena de matices y detalles, titulada Del corazón a mis asuntos, un verso de la Elegía de Miguel Hernández, que grabó Enrique Morente, con Pepe Habichuela, en su álbum Despegando, de 1977.

Con su toque especial, calmado, rico en falsetas y jazzítico en su medida, Rafael va desgranando soleares, granaína, vals flamenco, farruca, fandangos de Huelva, taranto o bulerías, con la colaboración especial en el baile de la gaditana Pilar Ogalla. Como segunda guitarra, le acompaña José Fernández, al cante Sergio ‘el Colorao’ y, a la percusión, José Antonio Carmona y José Cortés el Indio.

Destaca en este guitarrista su profundidad y sus silencios en solitario y el respeto cuando acompaña.

* Luis de Luis en la foto (Joss Rodríguez©).

Martes, 12 de Agosto de 2014 11:41 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

La noche más granadina

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Gala flamenca de Granada

El jueves, último día de la segunda semana de Los Veranos del Corral, tuvo lugar la presentación de cinco jóvenes flamencos granadinos, que, desde hace años, vienen empujando con fuerza. Como nexos en común, aparte de su juventud, tienen unos mismos mitos referenciales, centralizados en la figura de Enrique Morente; y un claro afán por renovarse, basado sobre todo en el estudio.

Marta ‘la Niña’ y Alicia Morales, al cante, nos dejan voces bien templadas, ricas en altibajos y de gran conocimiento. Eficaces por separado, pero al unísono no terminaron de cuajar, aunque también la inseguridad de un primer momento o de un escenario de tal categoría puede que las intimidase.

Desde el primer piso del Corral del Carbón, sobre la balconada, que los efectos de luz la hizo florida, las cantaoras abren boca con unas tonás al alimón que despiertan a un público atento.

Alicia, consciente y modulada, accede en solitario a las tablas, y, acompañada a la sonanta por Álvaro ‘el Martinete’, nos propone en primer lugar granaína y media, en la que se acuerda de Vallejo, y abandolaos; y remata su entrega correctamente por seguiriyas.

Marta ‘la Niña’, más clásica, y con voz más aguda y potente, quizá más segura, hará en su turno una milonga dedicada a su abuela y una caña, en la que se acuerda claramente del maestro Morente y su amor por este palo, que incluía en casi todas sus apariciones. Estuvo arropada por la guitarra de Antonio de la luz.

Álvaro ‘el Martinete’ y Antonio de la luz presumen de un toque limpio y lleno de matices. Mientras el primero, con la fantasía Benamargosa de Riqueni, se inclina por una guitarra de corte concertista, al igual que su maestro Miguel Ochando. Antonio, con una rondeña, goza de las bondades del Sacromonte, con el rasgueo y los arpegios especiales de sus convecinos. Con estas dos muestras, el futuro de la bajañí en Granada está asegurado.

El baile, la naturalidad y la gracia, se llamó Rocío Montoya. Afincada en Norteamérica y perteneciente a la compañía Heartbeat of Home es una bailaora creativa y eficaz. Su entrega por levante y tangos supuso un ejemplo del arte por el arte, donde su disfrute fue extensivo al respetable, aunque su arranque fue poco más que cumplidor. A los postres, con más tronío y presencia, dará una graciosa pincelada por bulerías. Una cuestión empero tengo que objetar a esa costumbre, por desgracia de uso común, de abandonar el micrófono y cantarle a la bailaora en la boca del escenario. Estéticamente será efectivo, pero la voz, que es lo que interesa, se pierde y las o los cantaores hacer un sobreesfuerzo inútil, que sólo sirve para rozar sus gargantas. También eché de menos que se pronunciaran algunas palabras a lo largo de la noche.

Tras los aplausos, el quinteto aún se marcha por fiesta.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Lunes, 11 de Agosto de 2014 10:02 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los caminos de Patricia

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Touché 

No puede poner en duda Patricia que es una hija querida en Granada. Un patio rebosante de seguidores y el aplauso continuo así lo avalan. Pero si no fuera por el trabajo que hay detrás y el anhelo de superarse día a día, esta afición no sería nada. Igualmente sorprenden la coherencia de sus pasos y su afán de renovación, hasta poco a poco ir logrando un lenguaje propio. Por eso festejé con ganas su propuesta en el Corral del Carbón el pasado miércoles.

Touché es una apuesta rompedora y vanguardista, en la que quedamos ‘tocados’ de verdad, donde el violín eléctrico de Bruno Axel cobra un protagonismo especial y sinuoso paralelo a la apuesta de la bailaora. En ocasiones, pienso que, sin embargo, se abusa de él.

El baile sin fisuras de Patricia (posiblemente lo mejor de la semana) comienza por seguiriyas, donde incorpora una gran dosis de delicadeza y madurez. El violín, en sus sones, se acuerda de Morente, rompe el hielo, hasta que aparece la bailaora rellenando el espacio y descubriéndonos pasos ya conocidos y otros por conocer que inciden en una coreografía redonda. Patricia, metida en el papel, sin embargo, es sumamente circunspecta. Sus manos hipnotizan, los brazos y la cintura le acompañan y las vueltas sobre sí misma son un grácil acierto.

Le arropan José Ángel Carmona al cante, Paco Iglesias a la guitarra y Agustín Diassera a la percusión, que también merecen sendas felicitaciones

Después de un solo de guitarra, la entrega viene en forma de soleá apolá, cercana a la que cantaba Cobitos, estuvo marcada en su comienzo tan sólo por el violín y la percusión. Seguidamente entrará la guitarra y el baile, con destalles singulares y un ‘efecto moviola’ a su final bastante considerable.

La sorpresa, después de que el cuadro firmara unas bulerías, tiene forma clásica. Con violín convencional, Axel interpreta el segundo movimiento de La Chacona de Bach, mientras un romance por tonás lo aflamenca por encima, y Patricia, con cola negra, borda la pieza.

Acaba la noche por tangos, donde Bruno vuelve a enchufarse, incorporando el loop, técnica de autograbarse en directo y doblarse a sí mismo, para lograr ecos admirables. La bailaora, con vestido rojo de corte helénico, rebusca en pasos conocidos y de libre creación, exponiendo una coreografía de bastantes quilates.

Visto lo visto (y lo que ya conocemos), el nombre de Patricia se leerá pronto con letras capitales en la historia reciente del flamenco.

* Foto tommada prestada de su facebook (Teresa Montellano©).

Sábado, 09 de Agosto de 2014 09:48 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una asignatura pendiente

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Anabel Moreno y Jesús Fernández

Hacía siete u ocho años que Anabel Moreno se fue de Granada buscando un hueco en la capital de España que aquí no encontraba. Y, aunque la hemos visto en momentos puntuales, no fue hasta el martes que trajo espectáculo propio a las maderas del Carbón acompañada, como pareja de baile, al gaditano Jesús Fernández. Su seguridad en el escenario, su identidad artística y su convencida madurez son evidentes.

Las palmas y los jaleos de los tres cantaores, Trini de la Isla, El Mati y Alfredo Tejada y la guitarra correcta y precisa de Jesuli del Puerto, hace innecesaria la presencia de la percusión.

Con unos romances y corridos se prueban las voces de los tres cantaores. Componen un buen cuadro de temple y facultad. A veces, sin embargo, el exceso de grito, desdibuja toda intención.

Los bailaores presentan un primer paso a dos original y despierto. Su entrada resulta algo tensa, pendiente y artificiosa, quizá por traicioneros nervios, aunque se irá limando a lo largo de la noche. Es grato atender el poso granadino que conserva Anabel en su juego de hombros, en su roneo (sobre todo en los tangos), en su caída (que será manifiesta en la soleá).

Un solo de guitarra precede a las prolongadas bulerías por soleá que aborda en solitario Jesús Fernández. Detenta un claro sentido del ritmo y una técnica vital cuajada de brío, pero es en los silencios, en los guiños de un cuerpo en reposo, cuando este bailaor rubrica con notoriedad.

Un generoso preámbulo por tangos de Granada, que se encierran en el éxito de Bambino No me des guerra, recibe un nuevo paso a dos en el que un versátil bastón sirve de excusa. Suavizado el frío de un comienzo, la entrega es auténtica y reconocida. Anabel, con la flor en lo alto de la corona y el galanteo aludido, reivindica su origen.

Una rueda de fandangos naturales, exacto en las tres voces, anuncian el final, que llega de la mano de Anabel Moreno por soleá y bulerías. Aunque suene repetido con la entrega de Jesús, tal vez obedezca a un paralelismo intencionado, a una simetría voluntaria. La tensión no ha disminuido; la velada ha ido creciendo hasta el final. La gente levantada y los minutos de aplausos son merecidos.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Jueves, 07 de Agosto de 2014 18:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Lupi, de vuelta

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – RETORno

La madurez artística de Susana Lupiañez, ‘la Lupi’, es innegable. Es una bailaora malagueña autodidacta, a la que le sobra sangre. Lleva años en escena y, aunque siempre ha sido corredora de fondo, ahora es cuando empieza a “deslumbrar” (deslumbrar entre comillas, pues quienes la conocen, los que la han seguido, siempre han reconocido su arte). Es quizá, a una llamada reciente para acompañar a Miguel Poveda, que el retumbar de su nombre se ha hecho campana.

Últimamente rueda una obra que se llama Retorno, en la que echa un mirada hacia atrás y se fija en las bailaoras de siempre, en esas que, como ella, no han aprendido de nadie, de lo que han visto, de lo que han experimentado. El viaje de ida ha sido realizado, ahora La Lupi está de vuelta.

Cargada de comicidad, hace un recorrido por la forma de bailar en los diferentes centros neurálgicos de Andalucía, exagerando las formas, los tópicos, haciendo parodia de cada esquinita, pero con el respeto que le otorga el trabajo que hay detrás, el conocimiento y la entrega. De esta manera, la bailaora hace un sobreesfuerzo; expone la seriedad de un trabajo repensado y, al mismo tiempo, el guiño grotesco a las constantes de cada forma de bailar. A la larga sin embargo resulta cansino.

Como acompañantes, Antonio Campos y Antonio Núñez ‘el Pulga’, dos grandes del cante de atrás que, sin embargo, no estuvieron al cien por cien; Curro de María, a la guitarra, es el alma, junto a la protagonista de esta historia; David Galiano, respetuoso con el cajón; y Nelson Doblas, con memorables quejíos de violín.

Comienza en Granada. La voz en off de una vieja gitana habla de años pasados y se detiene en la palabra “máscaras”, como definiendo el mundo. La Lupi aborda unos tangos del Camino. Es desorbitada, graciosa y provocativa, casi vulgar, con esa apertura de piernas, con esas miradas, con ese continúo subirse la falda y enseñar los pololos.

Un par de letras por malagueñas (quizá la mejor entrega de los cantaores) deriva en los verdiales acompañados tan sólo con palmas, violín y los palillos de la bailaora, que sigue en su tónica de arañar la tradición.

Para un nuevo intermedio, Antonio Campos y Curro de María, se van alternando la guitarra para hacer apuntes, sacromontanos, de los Habichuela y de Marote, el uno; de Niño Ricardo y Diego del Gastor, el otro; antes de darle paso a El Pulga para cantar unas bulerías de Cádiz, que pronto pasan a ser alegrías que reciben a la bailaora vestida de mar. Con vestido de cola blanco y azul va sembrando la sal de la Bahía en las tablas del Carbón.

Un solo de guitarra muy versificado precede la caña con la que La Lupi se asoma a Córdoba. De campera, con vestido negro, chaquetilla corta y sombrero cordobés, va desgranando marcialmente los ayes de esta pieza. Hay que reconocer también un juego de voces imbricadas interesantes.

Termina la noche dándole juego a un mantón mientras Antonio Núñez interpreta una zambra caracolera, con letra de difícil digestión, “después de tus besos, morir por España” (sic).

La sonrisa de la bailaora no se desprende de sus labios; sus escobillas y sus desplantes, como digo, tienen doble mérito, aunque el repetido abuso de la mofa desvanece toda intención. Su vista está centrada en el pasado y el porvenir, en lo importante y en lo superfluo, cuando vuelve a oírse la misma voz en off del comienzo, insistiendo en la idea final: “máscaras, máscaras, máscaras”. Quizá eso sea todo.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Miércoles, 06 de Agosto de 2014 10:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La perfección vive arriba

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Mayte Martín

Es curioso que Mayte Martín se acordara de Lole y Manuel en la bulería que, a modo de bis, cerró el espectáculo del último día de julio en el Corral del Carbón, en el que ella misma se acompañó con la guitarra. En concreto se trata de Un cuento para mi niño, un poema de Juan Manuel Flores, que hacía el corte tercero del primer álbum Nuevo día, de 1975, de la pareja sevillana revolucionaria, aún sin saberlo si quiera. Es curioso, como digo, porque Mayte siempre me ha recordado a Lole Montoya, por su voz dulce, limpia y afinada; por su aparente inocencia y por su poder hipnótico. Aunque la cantaora andaluza gozaba de una calidez somática de amplio espectro, mientras que a la catalana le arropa una asepsia recuadrada. Las dos operan a corazón abierto, Mayte en la sala fría de un quirófano, Lole en un improvisado hospital de campaña.

La perfección, que ambas rozan, sin embargo, parece que se ha trasladado más arriba, de las orillas del Guadalquivir a la Ciudad Condal. Porque el concierto no tuvo fisuras. Todas las piezas encajaban en su sitio, como en un sencillo rompecabezas, desde el sonido, con técnico propio, hasta el excelente guitarrista, Juan Ramón Caro, un tocaor a la medida, pulcro, exacto, suave. Parece que acaricia la sonanta y no la rasca, aunque sabe sacarle el quejío que una seguiriya precisa o el auge de la fiesta por Cádiz. Mayte lo ensalza en su altura, hablando durante toda la función en plural, pidiéndole consejo y guía.

El recital, por su parte, fue clásico y previsible; lineal dentro de la excelencia, parco en su exposición: guitarra y voz. Aunque definitivamente no se necesitara más.

Por peteneras comenzó su entrega, a la que siguieron malagueñas, que se abandonaron por rondeñas y unos valientes fandangos del Albaicín que levantaron al público de sus asientos.

En las seguiriyas, al seis, se acordó de Manuel Molina y de Cagancho, y acabó con la cabal de ‘El Pena’, antes de pasar a los generosos fandangos de Huelva y al garrotín.

La noche se fue animando, sin ese punto de pausado sentimiento con que Mayte tiñe todos los temas. Así, el cante más festero nace para ser escuchado, aunque también es habitual ver a esta intérprete cantarle al baile. Sus facetas son tan grandes como su sensibilidad e igual se embarca en el flamenco, su fuerza vital, como en el bolero, la poesía libre o la canción de autor. Quizá por eso se echaron en falta algunos arriesgados devaneos que trascienden el flamenco.

Con todo y con eso, fue un concierto redondo, un encaje de puntillas metódicamente impecable. Como en las cantiñas o en las bulerías finales que acabaron en los hermosos cuplés María de las Mercedes, que cantara en su día Marifé de Triana, o Un compromiso, del maestro Javier Solis.

Con este recital culmina exitosamente la primera semana de ‘Los veranos del Corral’, un ciclo de categoría que va in crescendo año tras año, una referencia ineludible en el mundo flamenco, que la ciudad de Granada no puede permitirse la frivolidad de perderlo.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Sábado, 02 de Agosto de 2014 11:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Cuando el trío suena

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Dorantes

No hay como una gran banda para improvisar. David Peña Dorantes, aunque ya estuvo en el Corral hace bastantes años con Eva Yerbabuena, es la primera vez que viene como solista. Desde un primer momento sabe que entra en una cajita de bombones, un escenario “precioso”, según sus palabras, en una ciudad “preciosa” y con un público “precioso”. Con apenas 250 localidades en el patio nazarí, cualquier concierto se convierte en familiar, en un recital entre amigos y para los amigos. El espíritu del Carbón es ese, desde sus inicios. El músico, los músicos, tienen hora y media para exponer sus intimidades, para confesarse, sobre todo a ellos mismos, para comulgar con un público entregado, al que un sonido y unas luces medidas al extremo lo envuelven. El artista se desnuda. Se juega todo y no se juega nada. Expone sus cartas: un poquito de lo vivido y un poquito de lo por vivir.

Dorantes lo tiene claro y se calza guantes de algodón para hacer algo nuevo e irrepetible, de notas y melodías que se agolpan en su cabeza, pero también de las músicas que le dictan los hados en el momento.

Con una formación clásica y rompedora, con un carácter abierto y contemporáneo, pero sobre todo con un espíritu libre, el pianista lebrijano, se deja llevar y, arropado por dos cómplices, Francis Posé al contrabajo y Javier Ruibal a la batería, que vienen acompañándolo de antiguo y están perfectamente compenetrados, va hilvanando un tema con otro, bordando una noche machadiana.

A decir verdad, el jazz se impuso al flamenco. Salvo un guiño a la zambra caracolera en la pieza de apertura y alguna solapada incursión en la fiesta o la nana, todo fue libre creación jazzística.

Haciendo un ejercicio mental, también podríamos distinguir aires de guajiras en el segundo corte. Pero no nos engañemos, el flamenco está en la sangre de este músico, el pellizco está asegurado y el ole se escapa casi sin querer. Dorantes se asoma a los ritmos caribeños, como se asoma al bolero o a la balada.

El baterista toca con escobillas o con la mano abierta, que es la mejor forma de estar sin estridencias. El contrabajista es discreto, pero cuando le toca el turno de improvisar va cantando sus notas a la par que acaricia las cuatro cuerdas. Ambos con solos memorables.

Aunque también, en cierta manera libres, el trío no dejó de asomarse a composiciones ya grabadas, de su tercer y último trabajo discográfico en especial (Sin muros, 2012). Como Errante, unos tangos dedicados a los gitanos de Sevilla, interpretados en el disco por José Mercé; o la bulería Sin muros ni candados, en los que rasca las tripas al piano y el bajo es tañido con arco y los timbales conocen las baquetas de peluche.

Es el espíritu que le guía. El nomadismo de su pueblo ya no es físico y en carreta, sino anímico y creativo. Sin muros quiere decir sin ataduras, sin un destino definido, pero con un claro pasado, con una conciencia de raza y con la seguridad de que todas las músicas tienen un mismo nexo de unión.

Después de los aplausos, como regalo, Dorantes interpretó el Orobroy, tema identitario del compositor sevillano, perteneciente al disco del mismo nombre de 1998.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Viernes, 01 de Agosto de 2014 12:09 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Buenos vientos para el flamenco

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral – Jorge Pardo 

Jorge Pardo sonríe desde que sale a escena. Habla con su gente y organiza el combo como si estuviera en un club de jazz. Habla con el público, presenta los temas, duda sobre cómo proseguir, admite propuestas. Se siente cómodo, aunque parece su estado habitual. Cuando cesa su actividad y deja que sus compañeros se extiendan, disfruta con ellos  marcando el ritmo en la culata del saxo tenor o en la banqueta que le sirve de apoyo.

Como los grandes músicos, es humilde y generoso. Su mundo conocido es el jazz; su mundo creado es la fusión. Comenzó con el flamenco en el sexteto de Paco de Lucía, en el que fue sembrando escuela. Al igual que el cajón, que se introdujo por la puerta grande en flamenco de la mano de Ruben Damtas, de la misma agrupación del de Algeciras, los vientos, con este músico, adquirieron autenticidad y compromiso.

Jorge es versátil y creativo. Ha grabado con numerosos jazzístas y flamencos, como Ketama, Ray Heredia o La barbería del sur, pero también con músicos menos conocidos, como con el pianista granadino Jesús Hernández.

El escenario vacío recibe a Jorge Pardo con su travesera. No tardamos en identificar los primeros compases de la Danza del Fuego de Manuel de Falla con un ritmo festero. Parece que este tema haya sido escrito para flauta. El fuego crepita y, en su mitad, requiere a Bandolero para que una sus fuerzas a este brujo amor. La percusión es precisa y completa con cajón y batería. A veces había que asomarse para comprender todo el cumplimiento. Con los pies manejaba los dos pedales, el bombo y el charles, con una mano baqueteaba el redobles y con la otra palmeaba la caja, sin perder un ápice de frescura y naturalidad.

Terminado el ritual del fuego, como si fuera una invocación, Josemi Carmona, solo en las tablas, interpreta una granaína en honor a la tierra de sus mayores. Desde su padre, Pepe Habichuela, también guitarrista, hasta el cantaor José Luis o el percusionista José Antonio, varios Carmona se arraciman en el patio de butacas. Josemi recuerda constantemente su disco Las pequeñas cosas (2011), incluso algunos temas pertenecen a este trabajo. También acude a la técnica del loop. Intentaré explicarlo. El loop es un anglicismo (se puede traducir como ‘bucle’), muy empleado en el jazz o en la música electrónica, que consiste en autograbarse, por medio de samples, para reproducir continuamente esta secuencia, ocupando uno o varios compases, para permitirse tocar por encima. Hay que tener habilidad para usar esta técnica para tocar sin desajustes.

La madre de Camarón, recuerda el saxofonista madrileño, cantaba unas alegrías dedicadas a la Perla de Cádiz, que son reproducidas a continuación. Los vientos de Pardo hacen las veces del cantaor y, conociendo el tema, no es difícil que recordemos este tema conforme va sonando. Un tema que desemboca, como casi todas las entregas de la noche, en puro jazz, con sus incursiones individuales y su buena dosis de improvisación.

Dos apagones de luz y unas décimas de silencio perturbaron una noche de entrega y afición, cuando el saxo es indiscutible protagonista en la soleá por bulerías, con una aplaudida coda jazzística.

Seguimos con la fiesta. Unos tangos, que se asoman al camino y terminan como en balada, definen a un trío compacto. Se entienden a la perfección. Una simple mirada determina el camino.

De nuevo con la travesera, ya hasta el final del concierto, Jorge aborda un bolero que es un popurrí, que comienza con Historia de un amor de Los Panchos y termina con las notas de Summertime, pasando por el Gwendoline que cantaba Julio Iglesias.

Antes de continuar, a petición del público, sonó un fragmento de la bulería Almoraima, grabada por Paco de Lucía en 1976, y que acompañó al sexteto en todas sus giras. Unas bulerías que se prolongaron hasta el post festum, pues pronto pasaron a ser Los cuatro muleros de García Lorca y después a bulerías más tradicionales en el bis que, a los postres, continuó haciéndole guiños a Federico con el Zorongo gitano o el Anda jaleo.

Definitivamente, soplan buenos vientos para el flamenco.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Jueves, 31 de Julio de 2014 12:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un agradable paseo

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XVI Muestra de Flamenco. Los Veranos del Corral

Permitidme que personalice este artículo, pues, llevo tanto escrito de La Moneta, que me he convertido oficiosamente en uno de sus biógrafos. Por eso no voy a repetir que es una bailaora completa, a la que le bailan hasta las pestañas, que tiene un sentido del ritmo más que preciso. Por eso no quiero hacer hincapié en el brillo de sus ojos, en el poder hipnótico de su mirada, en su fuerza telúrica, en sus silencios estremecedores, en esos desplantes que son desafíos al público que la mira, al cielo que la envuelve, a ella misma que está tan segura en su cuerpo como en un regazo. No quiero tampoco incidir en su vena contemporánea, que cada vez se nota menos, pero que tiñe su baile de un color muy personal, ni en los detalles adaptados de sus mayores, de sus maestros, que son patrimonio de todos, que son hitos en la danza, que forman parte de sus movimientos como una bolita verde en su cadena de adeene. El sentido del espacio, la manera de bailarle al cante, el reparto de responsabilidades y protagonismos entre sus músicos, tampoco es novedad. La sutil improvisación, la redondez de sus piezas, el minutaje perfecto, el estudiado final…

No, no voy a insistir en nada de eso. Sólo deseo comentar una cuestión latente que, aunque la observo de lejos, ha quedado en mi manga como los ases de un tahúr. Ver a Fuensanta la Moneta es como pasear por el parque, como ver a un niño corriendo, o mejor, como contemplar el agua que brota de una esquinada fuente. Quiero decir que es tan natural, tan fresco, tan limpio, como eso. La Moneta es agua que mana o que cae de las nubes, que a veces es llovizna y a veces torrente, y es tan natural la gota como el aguacero.

La bailaora granadina así no actúa; está pero no está encima de un escenario, preocupada de sus pasos o de las acotaciones de un guión. Fuensanta (‘La Fuensi’) pasea, se deja arrastrar como esa lluvia comentada que la tierra ya no puede asumir. Nosotros, espectadores, nos dejamos empapar como niños con botas nuevas. Pisamos los charcos con alegría y esperamos el arco iris por levante que anuncia un sol que, lo han adivinado, es ella misma.

Desde hace años esta bailaora inaugura o la clausura la Muestra flamenca del Corral del Carbón. Viene a ser la guinda del festival, el tácito buque insignia esperado. El lunes, con un lleno absoluto (aunque con menos sillas que de costumbre, cosas del Patronato), La Moneta abre la noche por cantiñas. Con los colores de Andalucía en su vestido, más blanco que verde, baila las propuestas de un cuadro escogido. Porque los músicos forman una piña y asistir a su actuación es presenciar también la guitarra sacromontana de Luis Mariano y la percusión de Miguel ‘el Cheyenne’, los dos excelentes intérpretes de la tierra, creadores incansables y suplementarios; y el cante nuevo y viejo del jerezano Miguel Lavi, un cante que sale de las entrañas con más o menos dolor y se filtra por el aguardiente de sus cuerdas vocales para saber exactamente donde pellizcar. Otro u otros cantaores le acompañan, que van variando según la época, según la función. En esta ocasión, el gaditano Matías López ‘el Mati’ complementa con voz rota, y sentimientos a la par, los requiebros rebuscados y las letras no convencionales de Miguel Lavi. Un excelente cuadro que funciona pon sí solo, pero que en ocasiones se vio descompensado en su amplificación. Al principio las voces tenían poco volumen, la guitarra se saturaba en otros momentos, el yembé imponía su latido como el trueno.

La imagen de Paco de Lucía proyectada sobre el escenario supone la dedicatoria del espectáculo al tocaor de Algeciras. Con motivos granadinos, estas representaciones fílmicas, rellenaban innecesariamente la escena.

El Mati comienza a capela la seguiriya de Enrique Morente Mírame a los ojos, de su disco Despegando, de 1977, para seguir con otra serie de tonás y pasarle el testigo al Lavi, que finaliza con el martinete En el barrio de Triana, grabado por Tomás Pavón en los años 40. Estos cantes ‘a palo seco’ desembocan en seguiriyas. La Moneta, de oscuro, vuelve a dar una lección de dramatismo y control en esta pieza que siempre ha sido su carta de presentación. Pero, como dijo Camarón, no hay cante chico ni grande, para nuestra protagonista no hay gradación en sus propuestas. Cada baile es único y es supremo. Si no, basta con atender a los tangos del final, que fueron una verdadera fiesta.

Antes de ellos, sin embargo, unas bulerías de Luis Mariano, sirven de interludio entre los dos últimos bailes. Unas bulerías que comienzan acordándose de la coda de Fernanda y Bernarda del maestro Enrique y que ofrecen un momento de especial lucidez al percusionista.

Los tientos-tangos, en su comienzo, se asoman a la zambra, con ese dejillo moro inconfundible en el soniquete de Granada. La Moneta firma, con mano infalible y juego de cintura, el mejor roneo que podemos hallar sobre un escenario. Sus caídas son aciertos, sus dedos orientales, su sonrisa cómplice.

Tras los aplausos, abundantes y merecidos, aún hubo tiempo de un fin de fiestas por bulerías que, dentro de su espontaneidad, pareció parte del programa.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Miércoles, 30 de Julio de 2014 09:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Échale carbón

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Los Veranos del Corral 2014

Granada tiene tres eventos flamencos a destacar, tres ciclos imprescindibles que se van jalonando a lo largo del año para satisfacción de los aficionados y visitantes en general. La cita de primavera se llama Flamenco Viene del Sur; entrando en el verano, se nos presenta el Festival de Música y Danza; y, en pleno estío, a caballo entre julio y agosto, contamos con Los Veranos del Corral, que vienen ofreciéndonos desde hace dieciséis años lo más granado del flamenco joven, y no tan joven, de nuestro país, que se complementa con la serie Lorca y Granada que se asoma a los jardines del Generalife.

Gozando esta tierra de noches benignas en la época donde aprieta el calor, nos podemos permitir la programación de actividades al aire libre en los múltiples rincones con encanto e historia que se arraciman en la ciudad.

Los Veranos del Corral, subllamados Muestra Andaluza de Flamenco, como su nombre indica se desarrollan en el Corral del Carbón, una alhóndiga nazarí del siglo XIV, en pleno centro de Granada. Este escenario tiene verdadera magia por el lugar en sí y su poso histórico, pero sobre todo por su cercanía, apenas 250 butacas, y por la calidad del sonido que, como un elemento vital, siempre se ha observado.

La vanguardia del baile a escala nacional ha tenido un referente en la ciudad de la Alhambra, aunque sin olvidar otras disciplinas. El flamenco tiene tres patas. Junto al baile, protagonista de estos encuentros, se acomodan el cante y el toque, y, ya sea todo junto o por separado, en el Corral siempre han estado presentes.

La decimosexta edición, que se expone desde mañana, 28 de julio, hasta el viernes, 15 de agosto, ha querido apostar este año por figuras relevantes, por músicos de primera fila en el panorama nacional. Es más, son los mismos flamencos los que dicen de acudir a formar parte de los nombres que ya han pisado y disfrutado de las tablas del Corral.

Como decimos, mañana a las diez y media de la noche, abrirá la muestra la granadina Fuensanta La Moneta una de las bailaoras más prestigiosas de nuestra actualidad, llamada sin lugar a dudas a ocupar un puesto en el disputado olimpo del baile flamenco. El martes, 29, el Corral se tizna de jazz, con el versátil saxofonista madrileño Jorge Pardo. Desde hace tres décadas, todas las formaciones, tanto flamencas, como jazzísticas o de otras disciplinas, se disputan los vientos de este músico que vendrá acompañado de la guitarra de Josemi Carmona (ex Ketama) y la percusión de ‘Bandolero’, que tanto arropó a Enrique Morente.

El piano flamenco, un instrumento que parece que ha nacido para ser gitano, tiene un nombre indiscutible. David Peña ‘Dorantes’ paseará el arte de las teclas y el sentimiento jondo por este patio el miércoles día 30.

Se cierra la semana con la voz dulce y afinada de Mayte Martín y la guitarra precisa de Juan Ramón Caro. Si buscamos sensibilidad y estremecimiento no tenemos más que escuchar a esta catalana.

El mes de agosto, aunque con nombres menos mediáticos, alcanza el mismo prestigio que su precedente. El lunes 4, abrirá el escenario La Lupi, bailaora malagueña de peso y gracia, que vendrá acompañada de dos grandes del cante de atrás, Antonio Núñez ‘el Pulga’ y el granadino Antonio Campos, que podemos ver estos días en el espectáculo del Generalife.

Los días 5, 6 y 7, estarán centrados en propuestas granadinas. Por orden veremos bailar a Anabel Moreno y Jesús Fernández; y a Patricia Guerrero el miércoles; así como una muestra de jóvenes promesas el jueves: Marta ‘la Niña’, al cante, Álvaro ‘el Martinete’, a la guitarra, y Rocío Montoya, al baile.

La segunda y última semana de agosto, será una continuación de la primera. El lunes 11 podremos ver el baile de Adrián Santana y Agueda Saavedra; para continuar con la sangre en el baile de Pepe Torres al día siguiente.

El miércoles tendremos otro peso pesado del cante, el cordobés Manuel Moreno Maya ‘el Pele’; y, cerrando el ciclo, tenemos a un bailaor y coreógrafo que quita el sentío. Se trata del granadino Manuel Liñán.

Al programa hay que añadirle un día (viernes 15) dedicado al flamenco más oriental, que, sin embargo, tiene mucho que decir. Japón y el Duende viene de la mano de la bailaora Ayasa Kajiyama.

Son trece espectáculos exclusivos que no hay que perder. Cualquier aficionado que desee sentir el pulso actual del flamenco no tiene más que asistir los próximos días, a partir de las diez y media de la noche, al Corral del Carbón.

Domingo, 27 de Julio de 2014 10:28 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Granada, zona cero

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En la memoria del cante: 1922

Aquí empezó todo. El flamenco, denostado por la autoridad y condenado al vulgo, se vistió de largo y adquirió un marchamo de dignidad y atención cultural en el patio de los Aljibes de la Alhambra, en 1922. Aunque ya se habían interesado por este arte algunas figuras de nuestras letras, como Gustavo Adolfo Bécquer o Demófilo, padre de Antonio y Manuel Machado, no es hasta la fecha antedicha, que un grupo de intelectuales, también extranjeros, encabezados por Falla, y seguido por Zuloaga, Lorca o Ginés de los Ríos, organizaron el primer concurso de cante jondo de la historia.

Fue aquí, en Granada, donde se dieron cita lo más granado del flamenco de la época y los valores emergentes. Fue en esta cuna, más que le pese a occidente, donde se dio un paso superlativo en la continuidad y profesionalización del cante y, con él, de la guitarra y la danza.

Rafaela Carrasco, al frente del Ballet Flamenco de Andalucía, trae al Generalife, dentro del ciclo Lorca y Granada, una visión muy personal de aquel evento y de su repercusión, de la mano de sus protagonistas, con una estética más bien estática y carente de sentido espacial, dadas las dimensiones del escenario.

La bailaora sevillana nos presenta una obra madura, estrenada en enero y representada ya por media España y en Francia, que, sin embargo, no muestra claramente ese bagaje.

Comienza el espectáculo con un aleccionado cuerpo de baile zapateando al vacío y a ese viento que se debió filtrar a través de la alcazaba en los días 13 y 14 de junio de 1922. Pronto el silencio se convierte en el Manifiesto del 22 leído para la ocasión. Francisco Suárez presta su voz en off.  

La Presentación del jurado, con cantes pregrabados de Chacón, Manuel Torre o La Niña de los Peines, que bailaron los tres solistas, David Coria, Ana Morales y Hugo López, se hizo un poco larga entre el celofán de la pizarra y los altibajos en las mezclas. Minutos sobrantes que se dejaron ver en algunas de las piezas restantes.

El artista invitado, la estrella mediática, José Enrique Morente, con una voz clara y modulada, sobresale en los abandolaos que a los postres se convierten en Fandangos de Frasquito, a la manera que los abordan los Morente, sin atender a la respiración pero con eficacia suma. El joven José Enrique tendrá otros momentos gloriosos dentro de la función en los que, a modo de romance y a capela, desgrana algunos poemas de Federico con personalidad y empuje, en los que hace notar los mismos mediotonos que supo sembrar su padre.

La Rondeña de Ramón Montoya, es una pieza delicada, un mineral precioso, al que Rafaela ha sabido sacarle un partido elegante en su parquedad y equilibrio. Para mí, quizá, la mejor entrega.

Hugo López, en solitario, baila la Seguiriya de Manuel Torre. Su baile es certero y merecidamente aplaudido, aunque el sonido de la guitarra no fuera todo lo pulcro que hubiésemos deseado. Prácticamente todas las piezas tienen parte de memoria y de actualidad contemporánea evidenciando que de esos troncos estas ramas.

La escena entonces se viste de color y se asoma de lleno al Sacromonte, proponiendo el Cuadro de La Zambra, como homenaje a María la Gazpacha. Algo tópico y pedestre, pero justificado y al gusto común. Alboreás, tanguillos, cachucha o tangos del Petaco se sucedieron y se acabó con La Mosca, sin ese toque de picardía que identifica a este baile. Rafaela tiene el buen gusto de no incluir, ni en éste ni en otros momentos, ningún elemento de percusión, aparte de las palmas.

Un poco por tarantos, rematados por tangos, dan paso a la Saeta de Pastora Pavón, La Niña de los Peines, precedido por el cante morentiano e ilustrado, con verdadero estremecimiento, por Ana Morales, apoyada por todo el cuerpo de baile a su final. Segundo momento glorioso.

Los correctos cantaores, Antonio Campos y Miguel Ortega, se reparten alternos las Tonás de Manolo Caracol, mientras el cuerpo de baile, de exclusivo traje negro, incidiendo en la igualdad, zapatean orillados, casi marginales, el ritmo por seguiriyas que conviene a este cante.

La Malagueña de Antonio Chacón, con la guitarra acelerada en su culmen, mientras la voz sigue su camino; la caña, que interpreta Antonio Campos, alusiva al Concurso; y la Soleá de Diego Bermúdez el Tenazas, ganador de aquel certamen, precedida por el poema Pueblo de García Lorca, recitado en off, nos acercan al final de la mano de la capitana de este barco que empieza a navegar con brisa inestable (la única de sus incursiones). Rafaela Carrasco aborda las Cantiñas de Juana Vargas La Macarrona en las que encierra toda la filosofía de la obra, atravesando en su baile desde lo más novedoso y contemporáneo hasta lo más añejo. Destacable es su juego de hombros y el control de su imagen. Lástima que sus tacones estuvieran poco sonorizados.

Bastantes días quedan para seguir rodando esta obra cuajada tanto de buenas ideas como de grietas subsanables. Bastantes días quedan para hacer un examen con perspectiva para que más pronto que tarde esta obra consiga la esfericidad que este encuentro precisa.

* foto tomada de Huelva Ya©.

Jueves, 24 de Julio de 2014 11:18 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las cositas del Tomate

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Festival de Música y Danza de Granada

Soy Flamenco

Si Paco de Lucía tornó a la raíz de su labor creativa con Cositas buenas (2004), Tomatito vuelve la vista igualmente y, después de algunas incursiones en el jazz o en el tango argentino (para distinguirlo del tango flamenco), hace un disco íntimo de puro flamenco. Sin embargo, como estaba anunciado, la entrega total de Soy flamenco (2013) no fue interpretada. Tan sólo algunos cortes a lo largo del concierto, sobre todo de fiesta, determinaron su intención.

Soy Flamenco es el sexto trabajo en solitario del tocaor almeriense; carrera personal que emprendió en 1987 y que le ha supuesto tres Grammy latino, el último de ellos por este disco. Supone una declaración de principios, quizá como Camarón de la Isla, su descubridor y guía, en Soy gitano (1989), y una reivindicación de su origen y su estado, que, aunque flirtee con otras músicas, nunca lo ha abandonado, porque José Fernández Torres tiene ese duende añejo, ese pellizco sabroso y esa nota de bronce y de agua que siempre suena a gitano, que siempre suena a flamenco.

De una u otra forma, en directo, remasterizado o en esencia, algunos referentes de Tomatito se asoman al disco. Como el mencionado Camarón, que le presta una seguiriya, la primera seguiriya que graba el tocaor del barrio de La Chanca, que, ¡lástima!, no pudimos oír en directo el Patio de los Aljibes el pasado miércoles; y unos tangos, que se convierten en bulerías a través de la magia de Paco el de Algeciras. También participa el cantaor extremeño Guadiana, que hace unas bulerías muy pausadas (“es la bulería más lenta que he grabado en mi vida”, declara el guitarrista), llamadas Despacito. Una gozada, interpretada en el ecuador del concierto, que empieza con un trémolo más veloz que la misma bulería.

También se acuerda del desaparecido Moraíto Chico, de su peso y de su aire jerezano, en una bulería desdoblá, que quiere decir que cada guitarra lleva un camino distinto, que las dos se complementan sin que ninguna sea la principal; o del jazzista George Benson, al que trata de señor (Mister Benson); y del contrabajista Charlie Haden, con ese tema tan hermoso, Our Spain (‘Nuestra España’), incluido en el disco Missouri (1996) de Pat Metheny, que, aunque anunciado en el programa, no llegó a tocar. Es la pieza que realmente eché de menos, aparte, aunque fuera pregrabado, de un poquito del genio de la Isla.

Pero también (y sobre todo), el trabajo discográfico y el recital en sí, ha servido de presentación y puesta de largo de la nueva generación ‘Tomate’, que apunta con fuerza. Los hijos de José, José Israel Fernández, con un gusto heredado en la guitarra (según su padre, toca, o tocará, mejor que él) y Mari Ángeles Fernández, al cante, con una voz afinada y canastera, muy limpia y con esa belleza especial que dulcifica lo que entona, aunque ya ha participado puntualmente en otras grabaciones anteriores.

Reforzando la guitarra, como tercera voz, estaba El Cristy; y a la percusión, Israel Suárez ‘Piraña’, el exacto latido de fondo que tanto acompañó en sus directos y grabaciones al maestro Enrique Morente.

Las voces de la noche se complementaron con Simón Román y Kiki Cortiñas, efectivas por separado, pero que, cuando se conjuntaban, sonaban borrosas. En verdad, siguiendo la tónica acostumbrado del festival, el sonido no estaba ajustado, las voces se perdían en un celofán profundo y a la guitarra, en los primeros temas, le faltaba brillo. 

Quizá demasiadas bulerías sonaron que, aunque fueran concepciones diferentes (“como hay diferentes quesos”, diría Tomatito en una entrevista reciente), redundaban en una misma fiesta a la que otros estilos no estaban invitados.

Sonaron rondeñas y alegrías, antes de Two much, un tema especial, un momento mágico de la velada, adaptado con Michel Camilo para su disco Sonata Suite (2010), aunque ya lo incluyó en parte en Spain, del año 2000.

Otras bulerías dedicadas a Paco de Lucía preceden a un tango argentino, después del cual se olvidó completamente del folleto de mano, exponiendo temas sin orden y despistando a quien siguiera la chuleta.

La sorpresa, sin embargo, en una noche que cumplía todas las expectativas estaba por llegar. Los goces de los expectantes estaban cubiertos y la calidez de la función, a pesar del fresquito que se empezaba a levantar, asegurada. Mari Ángeles Fernández, exquisita y sensible, abordó el Romance de Curro el Palmo, una balada de Joan Manuel Serrat, con aliño de bulerías.

Un Mix de cantaores (sic) por tangos y bulerías, donde se turnaban las tres voces, acordándose continuamente de Camarón, y una soleá, ilustrada por el baile rotundo y equilibrado, vivo y salvaje, de la gaditana Paloma Fantova, que también intervino en las alegrías del principio, remataron la noche.

No hizo ningún bis.

* Carátula del disco.

Viernes, 11 de Julio de 2014 10:14 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Generalife no llegó a arder

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Festival de Música y Danza de Granada

Fuego de Antonio Gades 

La historia es simple. En un poblado chabolista gitano de los años 70 surge el amor entre Candela (Mª José López) y Carmelo (Miguel Lara), que se lo disputa un tercero, que muy bien pueden ser las sombras de la duda o las cadenas del pasado, a las que Gades llama Espectro (Miguel Ángel Rojas). El sentimiento vence, como es natural, cuando el chico le da muerte a ese fantasma, con la ayuda indirecta de Ángela Núñez ‘la Bronce’, en el papel de Hechicera, con voz destacada y buen juego de manos.

Dos pandas se miden las costillas a garrotazos, cuando la luna de una navaja abre unos labios de sangre en el vientre del competidor. Y así comienza la obra. Empieza por el final donde se ve la mano de Carlos Saura, encargado con Gades de la escenografía, proponiendo una moviola que reconstruye la historia retrospectivamente hasta ese final predicho.

La cinematografía se sucede. Muchas estampas, momentos muertos o excesivamente ralentizados funcionarían a través de las cámaras, pero en escena rozan la impaciencia.

La granadina Stella Arauzo, en la dirección artística, que hizo el papel de Candela hace 25 años, cuando Antonio la estrenó en París, ha intentado mantener el espíritu del coreógrafo alicantino. Nos muestra la obra tal como él la concibió. Pero no está Gades ni su compañía de entonces. Ha llovido, y el compromiso de su amor brujo, al que bautizó Fuego, aparece un tanto diluido.

Fuego se estrenó por primera vez en España, homenajeando a su creador en el décimo aniversario de su desaparición, el pasado 6 de julio, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, con un aliciente determinante que aquí no hemos tenido, una orquesta en su foso. No es lo mismo oír crepitar las hogueras en el tañido de un violín en directo que con la música pregrabada, aunque sea bajo la eficaz batuta de Jesús López Cobos. Se van alternando entonces estos momentos enlatados con escenas flamencas y populares en directo, con el cuadro musical y con un coordinado y bello cuerpo de baile. Así contamos en escena hasta veintiséis actuantes perfectamente aleccionados para dejar huella, para que el éxito brille más que la sombra.

Para los flamencos, Gades era clásico, pero un gran bailaor. Para los clásicos, Gades era flamenco, pero un buen bailarín. Su mezcla es lo que nos queda. Sus principios de equilibrio más que de simetría, de líneas puras más que sinuosas y de parquedad más que evidencia, se respetan al cien por cien. Y, sobre todo, la perfección visual, donde el vestuario otoñal, de tierra y fuego (Gerardo Vera), juega un papel muy importante.

Unos tanguillos, pícaros y alegres, sirven para presentar a los personajes, que sólo con canastas y sillas, componen la agradecida ausencia de un decorado. Los jardines del Generalife, la noche estrellada y la creciente luna sobre las tablas, rellenan con creces la carente tramoya.

La deficiencia acústica, sin llegar a alarmar, es una constante en las muestras flamencas de lo que llevamos de festival. Insuficiencia que, en general, se soluciona a los postres. El uso de sonido ambiente, en cambio, distorsiona en algún momento.

La música de Falla y sus canciones, interpretadas por la sin par Rocío Jurado, se alternan con estas aplaudidas incursiones en directo que abusan de lo popular como los villancicos, que se alargaron con Los peces en el río, los de Gloria y los campanilleros, pero sobre todo cuando nos fuimos a un largo Rocío montados en caballo por parejas (buena alegoría, imitada después por bastantes artistas), con abundancia de sevillanas, cansinamente pausadas, que hacían guiños a Tu mirá de Lole y Manuel, en los pasos de los dos enamorados.

Destaco la actuación individual y por parejas de los cuatro protagonistas y las coreografías de conjunto antes que el drama en sí. La historia hace agua de puro tópico atropellado y sin embargo tan calmoso. Destaco la voz caracolera de Juáñares, sobre todo en las tonás. Destaco la Danza del fuego, con toda la compañía, haciendo de llamas en una explosión de sensible elegancia. Coreografía, esta última, que ha servido de base a todos los ballets que se han acercado a la pieza.

Determinante también la voz de la chipionera en las canciones del fuego fatuo o del amor dolido, cuando el final se precipita con la acusación por bulerías, con solo de palmas, la muerte anunciada y la boda gitana, con los novios sobre los hombros, en una graciosa danza por alboreá, y los tangos finales.
Tras los saludos de rigor y los prolongados aplausos, fuera de programa y como agradecimiento, toda la compañía en fila aplaudieron a su vez por alegrías, dirigidos por el primer bailarín, poniendo una sabrosa guinda a la velada.

* Actuación en La Zarzuela (del blog de Alfonso Armada©).

Jueves, 10 de Julio de 2014 12:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los aires de Ángel Barrios

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Festival de Música y Danza de Granada

Lola Greco en esencia 

El viento no sopla siempre a nuestro favor, y un estreno esperanzado se puede convertir en una obra dispar, en un puzzle en el que no encajan todas sus piezas. Porque la velada del miércoles, en el teatro Isabel la Católica, firmada por Lola Greco, puede que tuviera más de arena que de cal. Su carisma y su trayectoria sustentan una incondicional admiración a su persona que hasta los postres no se vio avalada.

En dos partes se divide la propuesta de la noche. La preciosa y el viento, es el estreno que en conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Ángel Barrios, patrocina el Centro de Documentación Musical de Andalucía y el Patronato de la Alhambra y Generalife.

Fue en los años 20 cuando al alimón imaginaron este ballet Ángel Barrios y García Lorca a partir del personaje de La gitanilla de Cervantes. Federico compuso un poema, Preciosa y el aire, y Barrios le puso música a la delicada escena de una joven que huye del viento, del Céfiro, que le quiere levantar la falda, asociándose tácitamente a un mito clásico, a la sempiterna ninfa perseguida por Apolo o por el dios Pan o por el rijoso Zeus.

Ahora Lola Greco, por primera vez, ensaya una coreografía para la partitura de Ángel Barrios, creada por ella misma y por el coreógrafo Ricardo Cue. Un estreno absoluto, encargo del festival, que sin embargo hacía agua por sus costuras. Una voz en off, en grabación antigua, de difícil entendimiento, recita los versos del poeta granadino y Preciosa (Lola Greco) se columpia en la bamba feliz de su juventud. El piano, envolvente y cálido, lo mejor del estreno sin duda, percutido por José Luis de Miguel Ubago, reproduce con exactitud las notas e intenciones del compositor; limpio y exacto, sin notas falsas y con un buen uso de trémolos, trinos y cromatismos. También es de destacar su dominio en las intensidades (dinámicas) en los tempos (agónicas); aparte del buen empleo de los pedales.

La obra en sí, incardinada en la danza española estilizada, salvo momentos puntuales en la presentación de los personajes sobre todo, se vio enturbiada en parte por la parquedad desnuda del escenario, salvo el columpio ya citado, el desequilibrio en el nivel de los bailarines y en la simplicidad expositiva, e histriónica por otra parte, de la historia contada.

A Preciosa, como dijimos, la acosa el viento (Mariano Cruceta); para evitarlo, se refugia en casa del cónsul ingles (Sergio Bernal); y “los gitanos del agua (Pepa Sanz y José Merino) levantan por distraerse, glorietas de caracolas y ramas de pino verde”.

Después de un prolongado descanso, se plantea una segunda parte de individualidades deslavazadas en su conjunto. La bailarina madrileña, vestida acorde, danza unas acertadas Goyescas de Enrique Granados, dedicadas su madre, Lola de Ronda.

Sergio Bernal, miembro del Ballet Nacional de España, estrena Esplendor, una propuesta coreográfica personal, casi acrobática, basada en la música contemporánea de Coetus, planteando el primer desencaje.

La exquisita pieza Plegaria y nocturno fue la exposición del eficaz dueto Sanz y Merino que, con música de Diego Álvarez ‘el Negro’, constituyó el necesario resplandor que la noche necesitaba.

Lola Greco, con gracia, comienza a danzar el silencio antes de sumergirse en Córdoba de Isaac Albéniz, superponiendo enrarecidamente sus propios palillos a las castañuelas ya grabadas, que complementaban el piano por detrás. Y es que, sólo en la primera parte, con el piano de media cola, y la guitarra que vendría a continuación, toda la música era enlatada, lo que deslució considerablemente la función. La música en directo, salvo exigencias del guión, debería ser una cuestión exigible en un festival internacional de esta categoría.

Casi para terminar, como ya hemos apuntado, José Luis Montón interpreta a la guitarra Dualidad, una obra de su autoría cercana a la fiesta, bailada por Mariano Cruceta en un intento de bulerías. Cualquier eficiente bailaor granadino podría haber firmado ese corte con mayor efectividad. Sólo unos guiños de fantasía y desequilibrio, que en el mejor de los casos nos podría recordar a Joaquín Grilo, el conjunto de su obra estuvo cuajado de falso zapateado, realidad ausente y falta de compás.

Se cierra el espectáculo con El último encuentro, un agradecido paso a dos entre Lola Greco y Sergio Bernal, basado en la música de Alberto Iglesias y Vicente Amigo, que dignificó la noche y justificó, si fuera necesario, los deslices de sus protagonistas.

* Lola Greco bailando las Goyescas de Albéniz (Ahora Granada©).


Viernes, 04 de Julio de 2014 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

¡Al abordaje!

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Festival de Música y Danza de Granada

 Tierra a la vista

Marina hace honor a su nombre y se embarca rumbo a las américas; nos propone un viaje imaginario a través del océano, a descubrir un nuevo mundo, guiados por su cálida expresión musical, unos sones que influyeron, que influyen, tanto en el flamenco, aunque a decir verdad, el flamenco tiene buena percha y le queda bien todo lo que se ponga. Marina, de esta guisa, compone un cuadro atlántico, una marina que, como dice en uno de sus temas, sus orillas están separadas pero un mismo mar las une.

Así, como antaño, se hace descubridora y soñadora y hacedora, embarcándose en su odisea personal de ida y vuelta. Lo que pasa, ay, es que la ida duró demasiado.

El Generalife nos saluda con olor a sal y viento de levante. El escenario, con tres grandes franjas de tela blanca, que hacen las veces de velas cuadras y de ondas revueltas, está preparado para recibir a los aventureros, que aparecerán de blanco ibicenco, para dejarse impregnar de todos los sabores. El montaje escénico recae en las sabias manos de Hansel Cereza, que conocimos en la Fura dels Baus, y que también colaboró recientemente con Fuensanta ‘la Moneta’ (De entre la luna y los hombres), y que tiene su momento álgido cuando la granadina abandona el flamenco, cruzando los mares y se hace caribeña.

El concierto es una ecuación; una suma y un resultado; la tesis, que es el flamenco, la antítesis, la música latina, y la síntesis, los cantes de ida y vuelta. Los japoneses tienen una composición poética, llamada haiku, de sólo tres versos, siendo el último el resultado de los dos anteriores. Así, el reposo interiorista del flamenco estalla, o se deja impregnar, con el alegre expresionismo suramericano.

La primera parte, la muestra flamenca, fue impecable. José Quevedo ‘el Bola’, a la guitarra, co-director musical, acompaña a la Heredia, rompiéndose como sabe en la soleá y la seguiriya, con un macho desgarrador; en los tangos de la tierra y, sobre todo, en los cantes libres, a capela, que empiezan en el campo y acaban en la cárcel. Su voz es lujosa de terciopelo y aguardiente; su dejo una gozada; su eco una campana que rompe el cielo y que dura hasta el próximo golpe de badajo.

Es de agradecer que la función no fuera un ‘teatrico’, como muchos flamencos vienen sugiriendo, y sus concesiones dramáticas sólo queden en pequeñas pinceladas tan elegantes como efectivas. Tras estos cuatro cantes por derecho, se embarcan en el mismo bajel el resto de sus grandes músicos. Al piano, los otros creadores musicales, Joan Albert Amargós y Jesús Lavilla, que también soplará la armónica; Alexis Lefevre, al violín, determinante en algunas piezas; Yelsi Heredia, al contrabajo, que ya vimos con Arcángel y con Esperanza Fernández en estos mismos foros; el granadino Julián Sánchez, con momentos brillantes, a la trompeta; Paquito González y Luis Dulzaides, con la imprescindible percusión en cada uno de estos ritmos.

Marina, con ayuda de sus ‘niñas’, Jara Heredia y Anabel Rivera, que también se ocuparán de las palmas y los coros (algo descafeinados, quizá por la sonorización), se metamorfosea, y, de blanco, pasa a grana, se suelta el pelo y adapta su voz a las nuevas costas que la acogen.

Es un ejercicio de control y contención. Salvo determinados momentos, la voz no se rompe, que es como pellizca y como duele. Los altibajos son reconocibles y la huella evidente. Son tangos, rancheras, boleros o chacarreras, de agradable hechizo. Pero, después del cuarto corte, hasta los diez que escuchamos, la sonrisa de un concierto distinto fue desdibujándose. Los aplausos fueron decayendo a medida que los minutos se acumulaban allende los mares, a tantos quilómetros de distancia de los ayes, de los jaleos y las palmas a que estamos acostumbrados.

Hasta que por fin regresa, arriba a nuestras playas cargada de sones, con el sol cubano en la cara y, en su maleta, esos cantes americanos que configuran una de las ramas del flamenco. (Juanito Valderrama decía que sólo eran cantes de vuelta, porque para allá no fue nada.)

Nuestra Heredia, porque es universal, pero es patrimonio de los granadinos, extrae de su equipaje, en primer lugar, las guajiras que explican su proyecto y su ilusión, y que nos permitieron por fin respirar. ¡Bienvenida a casa! Tras un poquito por romances, sorpresivamente interpreta una petenera, que por ningún lado que la miremos está considerada como una canción de ida y vuelta, sino un cante autóctono, derivado de las voces sinagogales del medioevo. El cuplé por bulerías y, para terminar, la rumba, son destellos de color en una noche de asombro y ciega afición.

Y es que el grandioso patio del Generalife estaba lleno de incondicionales, para acoger a una de las hijas más queridas de la ciudad, que presentaba con toda apetencia Tierra a la vista, un estreno absoluto, como se merece este longevo Festival, que cumple 63 años, coproducido por el Festival de la Guitarra de Córdoba, los Jardines Sabatini de Madrid, donde llevará próximamente la obra, y el mismo Festival de Música y Danza Granada.
Un agradable concierto en definitiva que, como experimento es delicioso, pero que si se le piensan perspectivas, puede parecer la historia de un naufragio; la música latina se enriquecerá con otra de las muchas cantatrices, como dice Ortiz Nuevo en el folleto de mano, que ya atesora; pero el flamenco perderá una de las voces más auténticas que en la actualidad conoce.

* Foto de Yahoo! Noticias, México©.

Jueves, 03 de Julio de 2014 12:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El efecto Sara Baras

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Festival de Música y Danza de Granada

Suite flamenca

No puedo ser el único que lleve la contraria a los cerca de mil seiscientos sesenta y tres espectadores que caben en el teatro del Generalife y que dedicaron, al final de la Suite flamenca del Ballet de Sara Baras, el sábado pasado, casi tantos minutos de aplausos como duró la bulería postrera. No puedo ser el único que advirtiera una fachada vacía, con blanco de España, y gran aparato de fuegos de artificio.

En general, la obra de la bailaora gaditana es atractiva, muy atractiva. Destacan en ella una estética hermosa de equilibrio y color; destaca una conseguida idea espacial, que en ningún momento, siendo un escenario tan grande, se aprecia desangelado; destacan, como creaciones personales de Sara, un interesante juego de luces y un vestuario exclusivo, basado en tonos pastel con vestidos sueltos de mucho vuelo; destaca un sentido del ritmo acentuado donde la obra no decae en ningún momento de la hora y media que dura el espectáculo.

Por encima de todo, sin embargo, se alza el armazón musical creado por el joven guitarrista, también de Cádiz, Keko Baldomero; una apuesta tan creativa como compleja; aunque siga los cánones básicos de la tradición de estilos. El cuerpo de baile, eficaz y disciplinado, en más de una ocasión se vio encasillado en coreografías simples.

Como artista invitado al baile (el programa advierte que es el ‘coreógrafo de sus intervenciones’, no sé si para alabarlo o para eximir a Sara de responsabilidades), el cordobés José Serrano expone un juego de pies vertiginoso, que concuerda con la misma técnica que la protagonista expone.

Sara Baras es una flor de escaparate; sus tacones tremendamente ágiles, llenos de matices, hablan por ella y su hermosa figura es su seña de identidad. Goza de una técnica trabajada, con un agradable braceo, un seductor movimiento de hombros, un arqueo envidiable, una sonrisa seductora. Pero la necesidad de aplauso, el abuso de los pies y las repeticiones constantes no pasan desapercibidas.

Después del cambio, ‘por motivos laborales’, según la oficialidad, del Ballet Nacional de España, que iba a venir en un principio (incluso, las entradas, todavía anunciaban a esta compañía), por el Ballet Flamenco de Sara Baras, agrupaciones de más o menos igual altura, para presentar la Suite Flamenca, que se estrenó recientemente el 21 de junio en la séptima Noche Blanca de Córdoba, supuso una sorpresa, agradable en general. La mediática compañía gaditana nunca defrauda, aunque sea por la foto y el testimonio.

La original presentación, una pincelada fresca, y un martinete con bastón, en los que diez bailaores y bailaoras, que componen el cuerpo de baile, que son Daniel Saltares, David Martín, Raúl Fernández, Alejandro Rodríguez, Manuel Ramírez, María Jesús García Oviedo, María del Rosario Pedraja, Carmen Camacho, Cristina Aldón, Tamara Macías (sigo el orden del programa de mano), interactúan con sendas sillas, con cinco músicos atrás: dos cantaores, Emilio Florido y Rubio de Pruna, dos guitarristas, Keko Baldomero y Andrés Martínez, y un acertado percusionista, Antonio Suárez Salazar, prometían más de lo que fue.

A este saludo le siguió un curioso y desacostumbrado paso a dos por tangos, donde Sara y José Serrano derrocharon fuerza y diálogo de puro tacón. Llevan varios años trabajando juntos y la complicidad es evidente y acertados sus contactos.

Después los temas se fueron imbricando de forma natural entre el cuerpo de baile y estos dos números uno.

Por Huelva, de verde y violeta, con mantón, bailaron las chicas, para dar paso a una dramática capitana por seguiriyas, en la que, en su largo minutaje, trascendió la teatralidad excesiva, el silencio enigmático y la búsqueda continua del aplauso.

Regresan los bailarines por guajiras y, Serrano, cambia el programa, de farruca, que anuncian los papeles, a jaleos extremeños, quizá más elementales y populosos, donde el brío del cordobés deja su impronta.

Unos tientos anunciados tampoco tienen lugar, y son las alegrías de Sara Baras las que rematan la noche; una pieza de identidad y sabrosura, que asombraría si, después de la segunda escobilla, cambiara de registro. Pero, salvo aportaciones puntuales, se repitió de principio a fin. Sara se mira a sí misma y remeda sus pasos, sus vueltas, que elevan hacia el infinito esa generosidad de vestido blanco, creando la bella imagen de tantos quilates que buscamos.

Las cantiñas se terminan por bulerías, en las que, todos los miembros de la compañía, por orden aleatorio, culminando por Serrano y Baras, se dan una pataílla agradecida.

No, no puedo ser el único que lleve la contraria a tantos cientos de espectadores que ocuparon las localidades del Generalife.

* Sara y José Serrano en Noche Blanca de Córdoba (deflamenco.com©)

Lunes, 30 de Junio de 2014 09:23 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Mario vuelve a casa

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Aunque nació en Córdoba y vivió en Sevilla, el bailaor Mario Maya es de Granada. El Sacromonte fue su primera escuela y las calles del Albaycín, el ruido del agua y la luz de un cielo casi siempre despejado configuraron su ánimo. Fue el paso por Nueva York, sin embargo, lo que despertó la evidente proyección rompedora que este gitano tenía dentro.

A su muerte, tras su desgraciada desaparición en el verano de 2008, en plena efervescencia creativa, justo cuando presentaba su última obra Mujeres, con Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina, en la Bienal de Sevilla, se quiso recoger su legado. La huella imborrable que el coreográfico había sabido sembrar en las gentes y en las ciudades, en el flamenco y en el arte en general, era necesario que no se diluyera en las almas anónimas de los que lo conocimos y admiramos. Hacía falta un gran corazón que aunara su obra y su pensamiento y que, a partir de él, fuera creciendo para las generaciones venideras.

Así, encabezado por su viuda, Marina Ovalle, y por sus hijos, Belén, Mario y Ostalinda Maya, se quiso crear una fundación entre las tres ciudades donde el artista se miró. Por desencuentros y tiranteces, que hoy no me es dable hurgar en ellos, Granada se bajó del carro, y la fundación, en principio soñada como trípode, junto a Córdoba y Sevilla, empezó a caminar con sólo estas dos piernas.

Ahora, la ciudad de la Alhambra, a la que le cuesta reconocer a sus hijos, abre su seno, en un acto de justicia, y le hace un ladito a su memoria. Hasta que, dentro de unos meses la Fundación Mario Maya se trasladará a Granada (Casa de las Chirimías).

Como primer reconocimiento y acto de fe, hace un par de días, el 26 de junio, se inauguró una estatua del bailaor en el Paseo de los Tristes, a orillas del río Darro, bajo el monumento nazarí.

La obra ha sido realizada por el escultor Miguel Moreno, con chapa forjada y fundido en bronce. Ante su calidad artística no deseo pronunciarme, aunque tengo más objeciones que alabanzas. Ante su presencia sin embargo me destoco sin duda alguna.

En Granada hay mucho talento, siempre lo he dicho, en detrimento quizá de otras cuestiones más industriosas o pragmáticas. En todas las corrientes artísticas hay alguien que destaca (a veces multitud). No todos están ni están todos los que son, pero allá vamos. Algunas personas, algunas gotas de este río caudaloso, se hacen universales, traspasan esa frontera que emparenta con la divinidad y se convierten en verdaderos midas, en referentes de una época y de sentimientos orbitales.

Nombrar a todos es difícil; nombrar a algunos es injusto. Mario Maya es una de estas estrellas a las que hay que vindicar siempre, que empieza a ocupar (físicamente) el lugar que le corresponde, para amigos y detractores.

Voces de protesta se oyeron el mismo día de la inauguración, por qué él y por qué no otro, por qué en ese lugar tan emblemático y supuestamente intocable, por qué por iniciativa privada, por qué con respaldo del consistorio, por qué un mecenas japonés  (Teruel Kobaya), por qué un acto tan orillado y humilde, por qué no había micrófonos…

La realidad es que Mario ha vuelto a su tierra por la puerta grande, como grande es la figura que señala al Albaycín, con la Alhambra al fondo; que su legado se materializará en Granada, al igual que ocupa muchos sentimientos; que en su inauguración estaban todos los que tenían que estar; que ya era hora de que los nombres prestigiosos de nuestro entorno “pisen las calles nuevamente”.

* Foto de L.J.L. ©, tomada del diario ABC digital de Andalucía.

Sábado, 28 de Junio de 2014 10:27 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ensayo sobre el frío en la Alhambra

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Festival de Música y Danza de Granada

Mi voz en tu palabra

Nombro el frío porque fue un invitado no querido y sin embargo determinante en la presentación de Esperanza Fernández en el Patio de los Aljibes de la Alhambra el pasado miércoles. Recuerdo cuando las manolas subían a los Festivales con abrigos de pieles, incluso adquirían una de estas pellizas para la ocasión. Eran tiempos de etiqueta local, donde el frío se escribía con mayúsculas y la rivera del Darro era un cañón de corriente gélida. Subir por la Cuesta Gomérez era como una expedición ártica. Ya sé que exagero y el extremo no es tan radical y menos en este mes en que se despereza el verano. Pero los últimos años de especial bonanza y de relajo, nos hacen bajar la guardia y, cuando el concierto es al palio, todavía, pero cuando la actuación se expone en campo abierto la sorpresa no es una sorpresa.

La baja temperatura influyó en el ambiente. El patio de butacas temblaba hasta hacer que algunos espectadores tiraran la toalla antes de tiempo y abandonaran el recinto. Pero lo peor fue que afectó también a la artista y a sus músicos que manifiestamente se quejaban del frío y frotaban sus manos. A mitad de función, como anécdota familiar, Marina Heredia, allí presente, le prestó un mantón a Esperanza. Manila en la que se arropaba y no se volvió a quitar. Pero el frío, y es a lo que voy, posiblemente también incidió en la transmisión y en la aceptación del público. Pocos oles y jaleos partieron de las localidades, pocos aplausos fuera de la norma, que ni siquiera hubo fuerzas para pedirle un bis a los postres, pensando que el himno de los gitanos, Gelem-Gelem, siempre es un as en la manga de esta intérprete. Y es que Mi voz en tu palabra con poemas de Saramago no es una apuesta fácil, casi tan ardua como cuando Juan Peña ‘el Lebrijano’ presentó Cuando Lebrijano canta se moja el agua, en 2008, con textos de La candida Erendira y su abuela desalmada de García Márquez.

El trabajo discográfico de esta gitana de Triana, con música de Dorantes, Luis Pastor y José Miguel Évora, es intachable. Rodeada de grandes músicos y una trayectoria, no sólo de tablas, grabaciones y eficacia, sino también de acertados devaneos por otras corrientes jazzistas y clásicas (recordemos cuando interpretó El amor brujo en el Palacio de Carlos V, en 2001, con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Rafael Frühbeck, con reconocido éxito), ya era tiempo que rebuscara en palabras mayores y reconocidas.

Nunca es fácil musicar en flamenco a alguien ajeno. Adaptar la palabra, el verso, al compás de bulerías, malagueñas o tanguillo, no está en la mano de todo el mundo. Sin embargo hay autores que encuentran su medio en la poesía culta y comprometida, llámese Enrique Morente, Manuel Gerena o José Menese.

Esperanza Fernández tras un encuentro con el Nobel portugués (1998) y apoyado por su viuda, nuestra paisana Pilar del Río, ha querido compartir esa “corriente de sensaciones” que le trasmitió el narrador. Y, en esto veo el pequeño primer problema (que me perdonen los ortodoxos), José Saramago era sobre todo prosista, como vate, prevalece su intento y su compromiso.

Esperanza, de blanco intenso, sale al escenario leyendo, sin destreza un texto del escritor sobre el odio de los hombres, que desemboca en un martineta llamado Dimisión. No abandonará la chuleta en toda la noche, los papeles lazarillo de quien no está seguro de su memoria, lo que afea su presencia. (Presentó el disco a final de enero de este año.)

Su voz es clara y canastera; es uno de los ecos flamencos más hermosos que tenemos. Su presencia es segura y contundente. Su carisma indiscutible.

Los músicos comienzan a subir a escena, el granadino Miguel Ángel Cortés, que recibió una de las mayores ovaciones, no por ser de la tierra, sino por su brillante actuación, destacando en la granaína rematada por bulerías, en solitario, y el sevillano Eduardo Trassierra a la guitarra; Francisco José al contrabajo; Jorge Pérez ‘el Cubano’ y José Fernández en la percusión y las palmas; y ‘Los Melli’ a los eficacísimos coros.

Madrigal es una lenta bulería al golpe. Ha de haber continúa el tiempo de bulerías. Para En esta esquina del tiempo, uno de los mejores aportes del disco, con ritmo de tanguillos, se precisa la presencia del pianista cubano Rafael Garcés, donde la pieza cobra una pronunciada dimensión jazzística.

Unos solos de guitarra permiten a la cantaora cambiarse de vestido y entrar con una nueva lectura de Ensayo sobre la ceguera de Saramago, que, viendo el resultado, bien la podría haber previsto en off.

Pastora Galván, como artista invitada, bailó Alzo una rosa remedando abiertamente a su hermano, cuando la preferimos bailando flamenco, flamenco por derecho, con su sal y su habitual energía. No me extraña que sea Israel el que haya montado la coreografía de estos temas. Con todo y con eso, la sevillana tiene arte y gracia; es precisa y acompasada. La volveremos a ver en Balada, una malagueña y abandolaos, rematada en fandangos del Albaycín, con ritmo desenfrenado, donde, con bata de cola estampada y palillos, demuestra su control y se alza calladamente en lo mejorcito de la velada.

Entre estas dos piezas se escuchan Dijeron que había sol, por soleares, y Alegría, unos tangos aplaudidos con merecimiento.

Acaba la noche con unas grandiosas bulerías al golpe (Intimidad), con una generosa aportación de solo de bajo y respaldadas por el piano que las acerca al son de Cuba; y con A ti regreso mar, con todos los músicos, el garrotín que se ha convertido en el buque insignia de un gran trabajo que las circunstancias no ayudaron a cuajar.

* Esperanza Fernández y Miguel Ángel Crtés (foto de Ideal.es©).

Viernes, 27 de Junio de 2014 10:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

De este a oeste en palacio

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Festival de Música y Danza de Granada

Estruna - Nuevas Voces Búlgaras ‘Laletata’ y Arcángel

Sencillamente genial. Desde el primer momento que vimos subir al escenario del palacio de Carlos V, el pasado domingo, a los miembros del coro de las Nuevas Voces Búlgaras ‘Laletata’ capitaneados por su director, Georgi Petkov, y, en su medio, al cantaor Arcángel, entendimos que esa noche podría ser única. Pero, fue abrir las bocas, entonar ese breve murmullo que se imbrica en el decir del compañero, así, hasta nueve voces femeninas, más un chico, con la complicidad del timbre flamenco, bien afinado y en plenas facultades, del onubense, supimos de parte a parte que el concierto sería emocional y exitoso.

Arcángel, “la voz más optimista y esperanzadora de los jóvenes”, según la crítica, no es un cantaor al uso que se contenta con cuatro discos ortodoxos. Admirador de Enrique Morente y del nuevo flamenco, tiende su cuerpo y sus ganas en esa borrasca controlada, dejándose impregnar de todas las corrientes musicales y aun de todo arte en sí.

Desde aquel pasado próximo de 1992 que el Ronco del Albaicín quiso unir su tesitura a una coral de voces de Bulgaria con un óptimo resultado de eficacia conmovedora, el joven cantaor andaluz ya barajaba en su magín la posibilidad de hacer algo parecido.

No es hasta este año 2014 que Arcángel trae a nuestro encuentro las herederas de esas primeras voces del este europeo y, en el mismo proyecto, concibe la idea acertada de que el arte no tiene fronteras, de que la música es el idioma universal, y dimensiona su espectáculo con el guitarrista italiano Antonio Forcione, que se complementa con Dani Mendez, Dani de Morón, una de las guitarras más prometedoras de nuestro joven panorama flamenco, y con el contrabajista cubano Yelsy Heredia, que ya trabajó con Bebo Valdés y Diego el Cigala en su magistral comunión. (Para otras muestras de esta obra también contaría, a los vientos, con el kavalista búlgaro Theodosii Spassov o el saxofonista flamenco Jorge Pardo.)

Estrenada en la sala ‘Bulgaria’ en Sofía, el 24 de abril de 1913, lleva ya el rodaje suficiente para alcanzar la madurez que se precisa. Ha pasado por Huelva, cómo no, y continuará por el Teatro Español de Madrid, hoy mismo, 24 de junio, cuando ustedes leen este artículo, en el marco de la Suma Flamenca.

Estruna es el río en que fluye agua de dos tradiciones, es un encuentro, la encrucijada del arte, es un suspiro vocal”, podemos leer en el programa de mano, al igual que, en búlgaro, Estruna significa ‘cuerda’ (quiero pensar en las cuerdas vocales, aunque también podría ser el hilo tenso de la instrumentación).

Pura polifonía es lo que empezamos apreciar, con un gusto formidable. Las disonancias pueden ser perfectas y, al mismo tiempo, paradójicas, como resultado de esas mezclas de acordes de séptima y de novena, creando un espacio mágico y generoso. Mágico porque nos eleva el espíritu; generoso porque, prácticamente, de principio a fin, los dieciséis músicos que componen esta experiencia no abandonan el escenario, tan sólo para piezas puntuales.

Así, tras esta presentación, con valientes cabales por parte del cantaor, éste se queda solo interpretando la caña tradicional, como la grabara don Antonio Chacón en su tiempo, pero con un tempo más vivo. Para este corte ya se han unido los músicos, profesores todos ellos y emparentados de una u otra forma con el flamenco. Sus sombras son alargadas como las del ciprés.

Una mariana, llamada Agua dulce, con todo lo que puede tener de tango, con un ritmo muy marcado por el bajo y la percusión (Agustín Diasera), que termina versionando La Estrella de Morente con gran aparato de juego vocal, culmina el momento más ortodoxo de la noche.

Otra canción sobrada de armonía oral y la Nana del Cangrejo Chico en la que las jóvenes búlgaras ensayan su cante en español, preceden unas alegrías para ser escuchadas (Enamorado), que terminan con recreos onomatopéyicos que discriminan las voces, desde las más agudas, a nuestra izquierda, hasta la belleza grave del único varón en el extremo diestro.

A modo de sorpresa, ya bien pasado el ecuador de la velada, Francisco José Arcángel Ramos, anuncia y dedica a Enrique Morente La aurora de Nueva York, que grabara el artista desaparecido en su disco Omega, que vio la luz en 1996, con letra de García Lorca y música de Vicente Amigo, donde apreciamos la queja sin igual, el grito controlado del cantaor de Huelva. Ciudad a la que tácitamente le ofrece el próximo tema; unos fandangos llamados Quijote, inserto en su trabajo Quijote de los sueños (2011), que preludian con atino la traca final del concierto.

Arcángel presenta y elogia a sus músicos, bromeando sobre su voz en pleno uso, y reserva para los postres a otra de las almas con las que cuenta. El guitarrista Antonio Forcione cumple el doble sueño de volver a la fortaleza roja, después de veinte años, e interpretar dentro de sus muros Alhambra, pieza que compuso ad hoc y, dicen, se ha convertido en himno de la agrupación, un tema que goza de aires festeros, donde se aprecia un verdadero diálogo improvisado de los instrumentos entre sí, y donde Arcángel recuerda los versos también de Lorca (Doña Rosita la soltera) que Morente cantaba por abandolaos.

Fue un buen presente para el italiano, pero en realidad es la Alhambra, y la ciudad, la que tiene que estar agradecida por contar con una composición de tantos quilates.

Tras unos minutos de aplausos, llegó el programado bis, reproduciendo La leyenda del tiempo de Camarón (1979), aderezada con una preciosista coda en castellano, flotando como un velero, esperanzada en diez voces que desembocan en el himno aludido en la melodía anterior.

Martes, 24 de Junio de 2014 11:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Moneta en la cumbre

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Paso a paso 

Quien tenga ojos que vea, quien tenga oídos que escuche, quien tenga corazón que sienta, pues no fui yo solo quien disfrutó con el espectáculo Paso a paso de La Moneta, sino que fuimos cerca de ochocientos sesenta y tres asistentes los que ocupamos las tantas localidades de la bella Sala Roja de los teatros del Canal de Madrid este sábado, 14 de junio, en el que la granadina nos mostró el verdadero baile del siglo veintiuno, en el que se aúna el contemporáneo con el flamenco, sin que sea un postizo, sino formando parte de él como un apéndice imprescindible; y la implicación de todo su cuerpo como si de un todo se tratara, pies y manos, hombros y cintura, ojos y sonrisa, y la fuerza permanente, y la técnica que está tan solapada que parece que no existiera sólo cuando el sonido del compás se impone con esa naturalidad como si viésemos jugar a un niño; y la música que la rodea y la envuelve y la guía, con números uno, con Luis Mariano a la guitarra y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, un tánden eficacísimo de la creación y el poso cálido con que impregna Granada a sus muchachos y la escuela sacromontana, con su rasgueo impagable y el sonido del agua en cada nota, y Miguel Lavi, Morenito de Íllora y el Mati al cante, con el aguardiente preciso y la admiración mutua, con la voz abierta, tranquila, segura, cantando para la señora, que también sabe ser canastera, y nos hace llorar con la seguiriya y reímos con los tangos, cuando su sonrisa abierta sorprende el guiño, quizá espontáneo, de un quiebro, y, desde el principio, con su farruca redonda, austera, y su paso a dos, más adelante, con Javier Latorre, la verticalidad personificada, el maestro tranquilo, impasible, que con parco zarandeo quiebra el azogue, y vibramos con los jaleos y con la mirada hipnótica de Fuensanta que hace cómplices, mientras la luz la persigue y la caja refuerza su propuesta como si fuera un tercer tacón y la guitarra, espectacular en ella sola, va hilvanando los retales hasta encontrar la pieza delicada, el bordado exquisito de una noche sin fisuras, porque quien no quiera ver que no vea, quien no quiera oír que no escuche, quien no quiera sentir que no sienta, pero yo, que tengo ojos, que tengo oídos, que tengo corazón, que estuve allí, quise reír y quise llorar, vibré y me estremecí, como tan sólo con unos pocos flamencos se consigue.

* Foto: deflamenco.com©.

Martes, 17 de Junio de 2014 10:58 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Granada habla con el cuerpo

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Gala final de temporada – Granada en danza

Existe una iniciativa en Granada, respaldada por el Ayuntamiento, para apoyar los movimientos dancísticos de la ciudad y exponerlos como un todo a la ciudadanía. Se llama Granada en Danza y aúnan a una gran parte de compañías locales de todos los estilos, y, me imagino, está abierta para incluir a nuevas agrupaciones que enriquezcan la propuesta.

Es el segundo año que funciona, con gran éxito e ilusión. No conozco en demasía sus objetivos y actividades, pero, lo que sé, merece todo mi respeto y apoyo. Por ejemplo, uno de estos domingos pasados, hicieron un recorrido por los museos y rincones de Granada ofertando de forma gratuita una pincelada de sus montajes.

El domingo pasado, 25 de mayo, tuvo lugar, en el teatro Isabel la Católica, la Gala final de temporada, donde cinco compañías se dieron cita. Fueron tres compañías de flamenco y dos de contemporáneo.

Empezaron estos últimos con “Lo Nuestro”, una propuesta de los alumnos del Taller Coreográfico del C.P.D. Reina Sofía. Siete chicas y dos chicos sobre el escenario (Celia Fajardo, Noemí Gómez, Alba González, Violeta Iriberri, Cristina Millán, Carmen Pascua, Laura Vargas, Diego Martínez y Alejandro Parodi) manteniendo la tensión a través de una música minimalista e interactuando en pequeño y gran grupo. Una obra enigmática, pero estéticamente bella y emocionante, donde manda el movimiento continuo, la compenetración y la asimetría.

Segundamente, la Compañía Da.Te.Danza intervino con un único actor/bailarín. Omar Meza rellena el escenario con su propuesta de fantasía, “Fragmento Taller/espectáculo”, en la que viene a decir que todo está en los libros. Así va jugando con volúmenes diversos, donde sus páginas le dan juego. Todo esto con una buena apuesta teatral, un baile desahogado y una extrema comicidad.

Después de un breve descanso, sorprende la Compañía Carmen de las Cuevas con una “Analogía de los elementos”. Cuatro bailaores, sin abandonar el escenario, se respaldan entre sí, dándole protagonismo a la fuerza natural que se impone en ese momento. Así Raimundo Benítez, con tonos ocres, es la tierra por soleares; Judit Cabrera, vestida de blanco, es el aire que sopla por tangos; de azul, Pilar Fajardo, es el agua que suena por alegrías; y Estefanía Martínez, de rojo, representa al fuego, crepitando por bulerías. Una muestra tan sencilla como eficaz; una pincelada esférica y de gran dinamismo. Hay que destacar por ultimo a los guitarristas Jorge ‘el Pisao’ y Marcos palometas, creadores de la intachable música original. Al cante, Sergio ‘el Colorao’, con temas alusivos también a los elementos antedichos. A la percusión, reforzando el conjunto, Antonio Gómez.

La Compañía Oscar Quero presenta “Wô rènshi lu” (Yo sé el camino). Baila el mismo Oscar Quero y Virginia Abril, en los papeles protagonistas, que proponen un sucesivo paso a dos; apoyados a los postres por Cristina Aguilera y María Sánchez. Para mí, la intervención menos conseguida de la velada; desde el desafortunado vestuario hasta las incursiones en el baile ajeno al flamenco. A la guitarra, un correcto Paco Chorobo, que destacó en el guiño a la zambra caracolera. Percusión, Pablo Martínez.

La guinda literal fue Lucía Guarnido con su “Nana Minera”. Embarazada de varios meses, montó una coreografía en honor a la maternidad y al hijo por nacer. Una minera se prolonga de principio a fin, comenzando con aires de nana. Cuando ves un montaje de Lucía parece estar viendo un producto manufacturado, donde todo encaja, cada cosa está en su sitio; ni falta ni sobra nada. Todo eso aliñado con una delicadeza, un flamenco textual y un conocimiento admirables. Destacan sobremanera, el tocaor, Luis Mariano, que hoy por hoy se puede considerar el referente de la guitarra sacromontana de acompañamiento, sin desmerecer a sus compañeros (me faltarían dedos para contarlos);  y Sergio ‘el Colorao’ (que hace doblete esa noche), quizá de los pocos cantaores que pueden defender con dignidad el Compañero de Enrique Morente, con la letra de la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández.

* Omar Meza en la foto.

Viernes, 30 de Mayo de 2014 11:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Granadinos en los XV premios Flamenco Hoy

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2013. El año pasado —venimos anunciándolo desde hace tiempo— el flamenco que se hace en Granada demostró su buena salud, pues eclosiona en estos tiempos la cantera que se ha ido fraguando en la última década. Es indiscutible el buen hacer y las trayectoria endógena de los artistas, que destacan contrastadamente en el panorama flamenco nacional.

Son, como digo, carreras de fondo, carreras individuales y tremendamente coherentes. La política del ‘pelotazo’ en el flamenco no existe. Hay que demostrar la madera, el estudio, la perseverancia…

El público aficionado es quien en realidad importa y evalúa, aunque son los concursos quienes empujan y elevan el listón. Un comité de entendidos hace de jurado, más o menos local, para otorgar en galardón por la muestra in situ del arte de cada cual. Pero hay unos premios, Flamenco Hoy, que concede la prensa especializada y los estudiosos del flamenco en toda España (más de 60 individuos), por el trabajo realizado el año anterior.

Doce son los premios que se ofrecen, más un “Premio Especial” por su labor continuada y por la trayectoria del personaje, que este año ha recaído en Ricardo Pachón.

Entre estos doce galardones, el premio por excelencia es el “Mejor Disco de Cante”, que le será entregado a la granadina Marina Heredia por A mi tempo. Da la casualidad que, por este disco, también ha sido premiado su productor, José Quevedo ‘Bolita’.

Como “Mejor Bailaor” y “Mejor Bailaora” igualmente han sido dos granadinos: Manuel Liñán y Eva ‘Yerbabuena’.

Otros triunfadores son Juan Manuel Cañizares, “Mejor Disco de Guitarra Solista” por Falla por Cañizares; “Mejor Disco de Cante Revelación”, o sea, primer disco, otorgado a Joaquín de Sola por Principio; “Mejor Guitarra de Acompañamiento” a Jesús Guerrero; “Mejor Disco Instrumental” al pianista Diego Amador por Scherzo Flamenco.

También se otorgan premios a la “Mejor Labor de Promoción del Flamenco”, que ha recaído en el Festival Flamenco de Jerez; la “Mejor Labor de Difusión en Medios” a Flamenco Radio de Canal Sur; el “Mejor Libro”, por La correspondencia de Sabicas, nuestro tío en América. Su obra toque por toque de José Manuel Gamboa; y el “Mejor Dvd” por La Reina del Embrujo Gitano de Carmen Amaya.

Por último quiero decir que siete de los premios concedidos entran dentro de la votación personal que realicé en su día.

* Marina Heredia en la foto.

Sábado, 17 de Mayo de 2014 13:26 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Buenas intenciones

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Flamenco Viene del Sur. Acuérdate cuando entonces

No es la primera vez que un cuadro supera al titular. Cuando una bailaora se rodea de músicos de primera línea, si no es ella misma número uno, si no es rompedora y sin fisuras, si no irradia gracia y frescura, pellizco y nostalgia, suele ser así. El lunes pasado terminó el ciclo Flamenco Viene del Sur con la Compañía Guadalupe Torres abordando un espectáculo con intención de recordar los grandes nombres del cante en su época dorada.

Guadalupe, para la ocasión, cuenta con dos bastiones de altura en el cante de atrás: Pepe de Pura y Moi de Morón; y con una guitarra sobresaliente, Antonio Sánchez, que, como referencia, es sobrino de los Lucía, Paco, Ramón y Pepe.

Comienza el espectáculo con los dos cantaores por soleá, acompañados por el solo compás de sus nudillos sobre una mesa orillada a la izquierda del escenario. Desde ese momento, todo son homenajes, a Terremoto de Jerez, a Manolo Caracol, a Tío Borrico, a Pastora Pavón , a Pepe Pinto, a Chocolate, al Chozas…, que van apareciendo de vez en vez, sus rostros y declaraciones, proyectadas en el fondo del escenario.

Pepe de Pura hizo alante cantiñas del Pinini y los dos se rompieron por seguiriyas. El guitarrista, por su parte y en solitario, abordó un compendio excepcional con aires de levante, donde no faltó un remate por granaínas.

También se pudieron escuchar tangos de Triana, fandangos y balerías, como fin de fiesta.

La bailaora madrileña lo bailó casi todo pero con un tempo muy reposado y carente de transmisión. Parecía sólo ilustrar el cante, que oía y bailaba como dejándose llevar. A veces faltaba sangre, manos y cintura. Su rostro era expresivo y sus intenciones eran buenas.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Jueves, 08 de Mayo de 2014 09:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El ojo de Eva

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Flamenco Viene del Sur. Unión 

Sobre el escenario del teatro Alhambra se alzan tres personalidades que muy bien pueden representar la actualidad del flamenco. Dos de ellos, el cantaor Jeromo Segura y el bailaor Eduardo Guerrero, han sido ganadores del concurso de la Unión de este pasado año; el tercero es el guitarrista Salvador Gutiérrez, está relacionado directamente con ellos, porque los tres han formado parte de la compañía de Eva Yerbabuena.

Tanto a Salvador como a Jeromo los hemos visto bastante a menudo a lidiar en las plazas granadinas, con resultados más que notables. La sorpresa de la noche (28 de abril) fue el bailaor gaditano.

La velada fue dinámica, a pesar de los sesudos planteamientos. Proviniendo de la Unión se esperaba un espectáculo más cerrado y ortodoxo. Y, aunque hubo tres incursiones en la mina, no les faltó color.

La guitarra de Salvador no tuvo fisuras. Puedo afirmar incluso que, en algunos momentos, fue lo más granado sobre el escenario. Jeromo sólo estuvo correcto. Correcto sobre todo porque lo hemos visto romperse en otras ocasiones y anudarnos la garganta con su quejío. No obstante, el onubense es un cantaor de atrás que, gracias a este premio y otras oportunidades, se está lanzando a boca de escenario con merecido aplauso. A destacar por soleá y por Huelva, aparte de la bondadosa apuesta del cuplé.

Eduardo Guerrero, por su parte es un bailaor con garra y estilo. Muy femenino en sus formas, aunque más bien quebrado que redondo, y con una vena contemporánea que nos puede recordar a Belén Maya o a Israel. Bailaor completo, técnico y sensible, pero algo bastante exagerado.

* Eduardo Guerrero (foto sacada de su twitter).

Viernes, 02 de Mayo de 2014 09:50 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los profes también bailan

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Báilame. 30 Aniversario de la Escuela Carmen de las Cuevas

Ya digo que estoy limitando mi asistencia a espectáculos flamencos. Ya digo que me interesan tres festivales en particular (Flamenco Viene del Sur, Festival Internacional de Música y Danza y Los Veranos del Corral) y algún evento puntual que, con su cantidad y calidad, niega mi primer propósito.

Uno de estos imprescindibles es la muestra de la Escuela Carmen de las Cuevas, ya sea en el festival veraniego, al final del estío, en el Sacromonte, ya sea en cada una de sus incursiones a lo largo del año, como es esta celebración de su 30 Aniversario.

En dicha escuela se dan clases de idiomas y flamenco por igual. Es una buena combinación para el extranjero que pisa nuestras tierras. Su alto nivel es recomendable y su profesorado, al menos el de flamenco, que conozco y puedo evaluar, es excelente.

Los maestros son profesionales y no se limitan a dar clases, sino que noche tras noche, en un tablao o una cueva, expanden su arte y, en cierta manera, ensayan, se reciclan y aprenden, con lo que se crea un feedback encomiable.

El viernes, 25, en el teatro Isabel la Católica, pudimos ver a esta plantilla en conjunto ofreciendo el espectáculo propio Báilame. La obra es rica y variada; dinámica y de gran colorido. Sus coreografías están trabajadas con la perspectiva de los tiempos.

Báilame es un continuo reconocimiento a nuestros mayores, a los flamencos que día a día le sirven de referencia para su quehacer cotidiano. Y, aparte, es un destilado del conocimiento que todos estos profesores-artistas guardan en su cartera.

Consta de siete momentos coreográficos fresquísimos donde los tocaores, Jorge ‘el Pisao’ y Marcos Palometas, se alternan o se complementan en una creación guitarrística francamente sin fisuras y los bailaores, Estefanía Martínez, Judit Cabrera, Pilar Fajardo, Javier Martos y Raimundo Benítez, se imbrican en diferentes parejas o conjuntos o quizá en solitario para vaciar su contenido. Sergio Gómez ‘el Colorao’, al cante, y Antonio Gómez, con el cajón, están presentes prácticamente durante toda la función.

A destacar: su gracia, sus ganas, su versatilidad y, sobre todo, el trabajo que hay detrás. Un buen poso deja por ejemplo, sin menospreciar al resto, el solo de Javier Martos; Pilar por alegrías; la vidalita, Inspiración, que canta Sergio ‘el Colorao’ y baila Estefanía; la farruca que bailan los dos hombres, con las dos guitarras enfrentadas; los Tres cabales, en recuerdo de Enrique Morente y Mario Maya, que baila Raimundo Benítez y, a los postres, apoya toda la compañía…

Pero también censuro: algún momento clásico poco conseguido; el histrionismo innecesario, por ejemplo en el paso a dos; o el sólo correcto vuelo de las batas de cola.

Una buena noche, al fin y al cabo, de calidad, de alegría y de celebración. Brindo por todos ellos. 

* Equipo flamenco del Carmen de las Cuevas, junto a sus directores Carmen y Nacho.

Lunes, 28 de Abril de 2014 10:24 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El futuro de hoy

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Flamenco Viene del Sur. Gala de ganadores IV Certamen de Jóvenes Flamencos

El lunes, 7 de abril, se presentó en el teatro Alhambra la Gala de ganadores IV Certamen de Jóvenes Flamencos de la Junta de Andalucía, donde tres jóvenes, muy jóvenes, nos mostraron  el acierto de esa concesión. No conozco a los demás competidores, donde supongo habría altibajos razonables, pero sí sé de la juventud flamenca, al menos la de Granada, y creo que el listón se mantiene elevado.

En primer lugar quiero hacer mención de una cuestión sintomática que ya manifiesta mi colega, José Manuel Rojas, en su artículo, y es que los tres laureados son de Andalucía oriental: Rafael Ramírez, de Estepona, Málaga; Antonio García, de Almería; y Álvaro Pérez, de Granada; pero, como él, no quiero profundizar en el dato.

Me entusiasmaron los jóvenes, no sólo por la muestra de arte que nos dejaron, sino sobre todo por su trayectoria, por un futuro que deben ir puliendo y que no defraudará.

Rafael Ramírez, al baile, abrió la noche con farrucas, que encerraban tangos a su final, y cerró con cantiñas, quizá demasiado largas. Me alegró la influencia que rezuma de los maestros granadinos Manolete o Mario Maya; y de su dominio del espacio. Sin embargo, es de los presentados el menos sobresaliente. Su baile, aunque de buena factura, sobre todo en los pies, no guarda sorpresa.

Antonio García, del barrio de la Chanca, de Almería, tiene una voz abierta, potente y muy gitana de la que no abusa. Comenzó por tarantos y, tras un inexplicable intermedio, se volvió a templar por tientos-tangos.

Representando a Granada, Álvaro Pérez ‘el Martinete, nos volvió a convencer de que es posiblemente el mejor guitarrista de su generación. Se ve suelto y seguro, aun estando solo en el escenario. Borda sus temas con fiel reconocimiento a sus forjadores. Puede, en todo caso, que su afán de perfección le abocara a algún desliz, poco apreciable en su conjunto, en la guajira de Paco de Lucía y en la Fantasía de Riqueni. También interpretó Morente, una granaína de Vicente Amigo y la fabulosa rondeña de Ramón Montoya, con un resultado igualmente extraordinario.

* Álvaro Pérez, en una foto de Joss Rodríguez©.

Viernes, 11 de Abril de 2014 11:17 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El son naciente

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Semana de Japón en Granada. El duende flamenco en Japón 

Como a muchos niños ‘ajenos a ese mundo’, a mi hijo no le gusta el flamenco, pero de cuando en vez me lo tengo que llevar a algún espectáculo a falta de dable alternativa. El viernes pasado fuimos, dentro de la Semana de Japón en Granada, a una muestra de baile.

No obstante, por ejemplo, Tokio es la ciudad del mundo donde más bailaoras hay por metro cuadrado. Sólo en esa capital hay quinientas academias de baile. Por no hablar de la guitarra. La afición en ese país es inmensa y respetuosa.

Tres bailaoras japonesas, Ayasa Kaziyama, Saori Kouchi y Tsuneko Irimajiri, mostraron su arte y maestría en el teatro Isidoro Márquez de CajaGranada.

Juan, tengo que reconocerlo, estuvo gran parte del espectáculo jugando con la Nintendo, aunque sin sonido y solapado, hasta que dije que atendiera a la representación. Con menos interés del deseado, estuvo mirando al escenario y escuchando mis oles esporádicos. De pronto, una de las japonesas apareció con vestido tradicional, interpretando una danza con un par de catanas mientras los cantaores ‘el Galli’ de Morón y Rudi de la Vega entonaban tonás. Y es que Saori encuentra un nexo de unión entre el flamenco y la filosofía bushido. No es la primera vez que la vemos con esas propuestas. ¿Un flamenco y un samurai? Es posible.

A mi hijo le gusto. Le gustó más que una exhibición de artes marciales que habíamos visto días antes en el mismo ciclo. Le impresionaron las dos espadas filosas y, aunque fueran de atrezzo, parecían reales.

Yo me quedé con la gracia de Tsuneko bailando por alegrías y su dominio de la bata de cola; con las intenciones de Ayasa en la soleá y el vuelo de sus manos; con la profundidad de Saori; con la canción que entonaron las tres precediendo la guajira que sirvió de presentación; su roneo por tangos a los postres; y, lamentablemente, pese a su buena voluntad, con la discordancia entre las guitarras, que obligaban que los demás, cante y baile, se adaptaran a ellas y no al revés como mandan los cánones, con su natural desconcierto.

Japón manifiesta un amor al flamenco y un interés extremo. Su nómina de artistas es grande y, sin miedo a la distancia, habría que tomarlos en cuenta (por la cuenta que nos trae).

Miércoles, 09 de Abril de 2014 10:50 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una bailaora todoterreno

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Semana de Japón en Granada

Ya no nos sorprende nada en Fuensanta ‘la Moneta’. La hemos visto crecer desde que en los años 90 derrochara sus primeras energías en las cuevas del Sacromonte, desde que en 2003, con 19 años, ganara El Desplante en el Festival de Las Minas de La Unión, desde que en 2006 debutara en el cine andaluz (Por qué se frotan las patitas), desde que en 2009 jugara con lo contemporáneo con Rafael Estévez, desde que en 2011 acompañara a Mauricio Sotelo en Ámsterdam con una orquesta detrás, desde que este mismo año bailara sin fin en el mercado y en las calles de Granada…

Ahora, ayer lunes, la vemos colorear a un grupo de tambores tradicionales japoneses en la inauguración de la semana de Japón en Granada, para celebrar los 400 años de relaciones hispano-japonesas.

Después de las obligadas palabras formales por parte de los organizadores y promotores principales; después de un recital de piano (Ángel Conde) sobre obras de un compositor japonés; y después de un intérprete de shamisen (Miyomasa Kineya); llegó el turno del Grupo Seiwa Taiko de tambores japoneses.

Cuatro intérpretes, con sendos tambores, ofrecen un repertorio de temas tradicionales y originales del grupo, por lo que supimos. En un momento dado, el batir monocromo de los tantanes se colorea con sonido del zapateado y el baile flamenco.

Fuensanta no sólo es versátil y catalizadora, sino que su capacidad de adaptación es tan natural que parece que siempre hubiera abordado el baile que estamos viendo en ese momento. Como una suerte de rey Midas, revaloriza todo cuanto toca, de una manera tan natural como la mimesis de un camaleón. Se entrega a cada paso como si no hubiera vida después. Rinde al espectador con su mirada, con su taconeo, con sus contorsiones… y, con un ‘más difícil todavía’, sella el espectáculo y el día o la noche, haciéndonos sentir que otra vez acabamos de ver algo único.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Martes, 01 de Abril de 2014 11:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La saga continúa

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Morente más Morente. La nueva generación flamenca de Granada

¿Por qué en Granada no se le ha hecho un homenaje a Enrique Morente como corresponde? ¿Por qué no existe ya un festival con su nombre? ¿Por qué no toman sus apellidos las calles y las plazas, los teatros y los encuentros?

Se me ocurren varias repuestas, aunque la razón definitiva va más allá de nuestras especulaciones.

En Granada tenemos miedo de nosotros mismos. Nuestra autocrítica es destructiva. El afán de exhaustividad hace morir hasta el intento. En Granada somos individuales. No nos unimos para crecer. Preferimos ser cabezas de ratón. Somos igualmente envidiosos y siempre vemos la paja en el ojo ajeno. Somos desconfiados. Ninguno queremos dar el primer paso.

Pero también, aterrizando en lo mundano. ¿No existe alguna suerte de desencuentro entre las instituciones granadinas y la familia Morente? ¿No hay rencillas entre los mismos flamencos que donde tú estés yo no? ¿No es verdad que hay quien se alegra con el olvido y el borrón para comenzar de nuevo las cuentas?

Ahora, sin embargo, el hijo de Enrique Morente trae un espectáculo al teatro Alhambra para su gente, para dejar testimonio, para estar entre amigos. Pertenece al ciclo Morente más Morente, que lleva algún tiempo dignificando la figura del maestro desde Madrid hacia el mundo, desde Madrid al cielo.

Es como un premio de consolación. Es la muestra de que con el corazón por delante sobra todo lo demás.

El teatro se llena de amigos y familiares, de allegados y aficionados. Ya no con dolor, sino con esa admiración de saber que se homenajea posiblemente al mayor genio que haya dado Granada en medio siglo.

Lo mejor de la noche, sin lugar a dudas, es Enrique Morente. Sus composiciones, su manera de entender el flamenco, su apertura de miras, su independencia creativa y su espíritu planean de principio a fin.

El subtítulo, sin embargo, La nueva generación flamenca de Granada, puede que fuera pretencioso, pero se comprende. En esta tierra, por suerte, hay multitud de jóvenes flamencos, de todas las disciplinas, dignos de alzar esa bandera.

José Enrique comienza solo, acompañándose de su guitarra, y la percusión de ’el Popo’, interpretando Autorretrato de Pablo de Málaga (2008). Continúa por Málaga, a las que se une la guitarra de Rubén Campos, con Montes de Málaga del mismo disco.

Asesinato es un poema de García Lorca en Poeta en Nueva York musicado y cantado por los hermanos de Lucía para el disco del mismo nombre (1986). Arropa en este tema la guitarra de Pepe Montoya ‘Montoyita’, quien sigue en el escenario para acompañar a su hermano Antonio Carbonell interpretando estremecedoramente El pequeño reloj, de León Felipe, en el disco homónimo, de 2003. Pareja que termina su presencia por seguiriyas.

La segunda parte fue más sorprendente y conseguida. Quizá este sea el camino que deba escoger este joven cantaor. Una orquesta ocupó el escenario, que no por ser de amigos desmerecía en calidad. Hasta tres guitarras, más una eléctrica (fabulosa), más un bajo; una batería y la percusión que ya estaba; y dos palmeros que, a los postres, llegaron a ser cuatro, formaron una grande. Quizá faltó un piano que armonizara de alguna manera las efusiones.

Esta agrupación comienza con los Tangos de la plaza, de Negra, si tú supieras (1992), para seguir con un apoteósico Aleluya de Omega (1996), donde Morente versionó el Hallelujah nº2 de Leonard Cohen. Sólo por este tema hubiera merecido la pena el concierto.

Unas ‘festeras’ seguiriyas preceden unas bulerías con un sabroso rap incorporado, de la mano de ’el Popo’, quien también se da una pataílla, mostrando así su versatilidad.

Termina la noche por tangos que comienzan con Aunque es de noche, un poema de san Juan de la Cruz, que abre el disco Cruz y Luna (1983) y terminan con el son, soniquete, son que Morente comienza a proponer en El pequeño reloj.

Después de los aplausos aún hay tiempo para una rueda de tonás, con la polifonía típica que le gustaba a Enrique.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 27 de Marzo de 2014 12:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las claves de Belén Maya

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Flamenco Viene del Sur. Recital flamenco

El objetivo indiscutible de todo artista es tener un lenguaje único, que su obra se distinga a la legua por lo evidente, es decir, por ser clara y distinta. En el flamenco, en gran medida, este fin está logrado. Cantaores, guitarristas y bailaores de todas las latitudes tienen un sello propio, aunque la mayoría entran en una noria común y traslucen de dónde beben y a quien dan de beber.

Metáforas aparte, Belén Maya, a lo largo de los años ha ido depurando unas claves en su baile que son únicas, como decimos, e intransferibles. Por decirlo de otra manera, el baile de Belén nace y muere en ella misma. Conjuga al mismo tiempo una forma muy humana de concebir el flamenco y una manera espiritual de imbricarlo en el cosmos.

Su baile entronca lo terrenal con lo místico, la belleza plástica con el drama interior, la teatralidad con la confesión solapada.

En los simples tangos, con que comienza su actuación, precedidos de unas innecesarias cantiñas que bailan sus palmeras, todas las cartas se voltean y las claves de Belén Maya se solapan. En ella vemos marcar y taconear como una flamenca legítima, ronear como una gitana del Monte, conceder espacio a la danza oriental y al guiño contemporáneo.

Gusta también esta bailaora de bailarle al silencio. Así se entrecorchea en los mismos tangos, antes de volcarse por levante, y comienza un soliloquio con su cuerpo y su mundo, sin músico que la arrope. Y entendemos, quienes seguimos sus huellas, poses y movimientos conocidos. Me aventuro en nombrar el molinillo con los brazos, herencia de su padre, las manecillas del reloj, la cuerda que tira o el muñeco de hilos. (Son denominaciones que convencionalmente le he dado, repito, en ningún momento reciben ese nombre ni Belén las ha firmado como tales.)

José Anillo le acompaña al cante. Voz flamenca de facultades reconocidas que sin embargo, dentro de mi aplauso, alguna vez quiso estar por encima de sus posibilidades. A la guitarra, un tremendo Rafael Rodríguez, desde hace años compone un tándem impresionante con la bailaora. En su sólo de guitarra sin definir, aunque cercano a la zambra por momentos, pareciera que tocaran dos al mismo tiempo. Su rasgueo es rotundo y su pulgar prodigioso.

José Anillo, aguardando la nueva aparición de la protagonista, propone unas malagueñas de Chacón, que se abandonan y se rematan con fandangos del Albaicín.

En las bulerías se aprecia la libertad creadora y el recuerdo de sus mayores. Interactúa con el cantaor y refuerza su lenguaje.

La soleá, apoá a los postres, fue una fiesta que aborda con falda de cola blanquinegra con volantes rojos en su interior, que maneja como pocas. Lleva mantón negro con largo fleco, sobre la blusa roja, que se enreda en su cara y sus zarcillos. Siente el cante y baila para adentro, trasmitiendo al tiempo la fuerza que mana de su interior.

Ante los prolongados aplausos de un teatro lleno, el generoso fin de fiestas por bulerías es obligado.

* Foto de Joss Rodríguez©.

Martes, 25 de Marzo de 2014 11:54 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Cincuenta años de aval

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Flamenco Viene del Sur. Tradición

A Paco Cepero lo avalan cincuenta años en los escenarios, acompañando a multitud de artistas, entre los que destaca quizá ‘el Lebrijano’, y componiendo para otros tantos (Camarón, Terremoto, Juan Villar, Chocolate, Rocío Jurado). Y es esta etapa de compositor en la que tiene un peso innegable, sin ocultar su participación interpretativa tan clásica como sentimental, y su “pulgar de oro”.

Tradición parece que fluye sin ningún plan. Parece que Cerero abre la caja del recuerdo por la que fluyen cientos de melodías de toda una vida. De hecho, el programa de mano, a partir del tercer tema, pasó a ser meramente referencial, pues el orden se invirtió a voluntad, además de ser ampliado a una media hora más de lo anunciado.

El recital comienza con Noche Andalusí, un tema antiguo con ramalazos de fandango, para proseguir con las bulerías Plazuela, que destilan aire jerezano.

En sus particulares tanguillos, Domingo de Carnaval, el sonido le jugó una mala pasada y tuvo que hacer un alto en su mitad. Le siguió la balada Capricho, un tema dedicado a su mujer en sus bodas de oro, y después unos tangos, antes de quedarse sólo para brindarnos unas seguiriyas de gran inspiración jerezana, que se aguajiran a los postres.

Miguel Salado y Paco León, como segundas guitarras, Sophia Quarenghi, al violín, y Pedro Navarro Grimaldi, a la percusión (‘rey del ritmo’, según confesó Cepero), vuelven a escena para acompañar al maestro en una soleá bastante festera y dedicarle a Paco de Lucía la unión de sus dos rumbas Estrella de mar y Varadero.

Los músicos hicieron de nuevo mutis, cuando Paco nos presentó a un cantaor al que él apadrina, que sólo tiene dieciocho años. El joven Samuel Serrano nos recordó en ocasiones a José Mercé y en otras a Juan Talega con un estilo eminentemente jerezano y una voz grave y racial, aunque sus formas están aún por hacer.

Cerero lo acompañó en una alegría y en unos fandangos, donde el mismo guitarrista le hacía los coros. Finalizó con una seguiriya, compuesta exclusivamente para él. Quizá su mejor entrega.

El tocaor jerezano se sentía a gusto, así lo reconoció, y aún quiso interpretar unas bulerías y su ‘buque insignia’ Aguamarina, rumbas con sabor a mar.

Así, pudimos comprobar la vigencia de su legado y una energía llena de frescura para el futuro que nos espera.

Jueves, 20 de Marzo de 2014 12:01 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Más allá de la epidermis

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Flamenco Viene del Sur. La otra piel

El flamenco es amplio y bien avenido; es mestizo, hospitalario y tránsfuga. Úrsula López lo sabe bien y, a lo largo de sus años, ha sabido ser camaleónica. Su baile está impregnado de aires de distintas latitudes y, precisamente con el aire como partenaire, presenta en el teatro Alhambra de Granada La otra piel.

El flamenco, la danza española y el contemporáneo se dan la mano continuamente en una obra que no deja resquicios. En el cuerpo de baile, su hermana Tamara López, Mariano Bernal y José Manuel Benítez, están tan preparados como ella, hasta el punto de confundir, si no lo tuviéramos claro, el protagonismo.

El armazón musical lo sustentan Javier Patino y Tino van der Sman, a la guitarra, Gretchen Talbot a la viola y Raúl Domínguez a la percusión.

Las composiciones de Albéniz ocupan igualmente un lugar destacado, salpicando parte de los temas. Así, su obra Asturias aparece en la malagueña, que se abandola por Huelva, con la que comienza el espectáculo. El baile cede el testigo a lo contemporáneo y, poco a poco, a la danza española con profusión de palillos.

Jeromo Segura propone unas tonás antes de la generosa entrada percutida que encabeza las serranas, bailadas de dos en dos. Ellas sin calzar y el ritmo se acerca a otras orillas.

Úrsula López evidencia su cambio de piel desnudándose en el escenario con ayuda de sus bailarines. Igualmente la visten con un fondo de guitarra para abordar unas alegrías con maravillosos arreglos. Es un paso a dos arropado igualmente con las voces imbricadas de los cantaores.

Uno de los momentos más aplaudidos es la farruca propuesta con la sola guitarra de Tino van der Sman y el baile masculino (la farruca es macho) de Mariano Bernal.

También hay tiempo para brindar un homenaje a Enrique Morente, unas bamberas, Alma de Granada, que baila la cordobesa afincada en Algeciras con su hermana Tamara. Es una coreografía de Andrés Marín. 

Otra entrega personal de Jeromo por milongas, suaviza el ambiente para contemplar unas bulerías donde la viola cobra protagonismo.

Úrsula, que no participa en la pieza anterior, hace su aparición con vestido de cola y mantón blancos, manchados de cielo, bailando una caña. Quizá es el corte más flamenco; el que cierra la noche, y en el que también se acuerdan de Morente y de su Ciudad sin sueño.

Úrsula López en el Teatro Central de Sevilla.

Jueves, 13 de Marzo de 2014 10:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Si tú me planchas yo te cocino

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Tan Bonicas + Flamenco

En vísperas del Día de la Mujer Trabajadora, en la Sala Botón Room de Granada, se organizó un concierto de rock y flamenco para memorar la jornada en cuestión. Siete mujeres sobre el escenario hicieron que vibráramos por dentro y por fuera.

Ana Sola, al cante, Pilar Alonso, a la guitarra y María Ureña, al baile, abrieron la actuación con unas bulerías de Javier Ruibal. Pilar es precisa, algo clásica, como guitarrista de cámara. Ana, aunque con la voz algo tomada, muestra su versatilidad y las ganas de abandonar los esquemas. Como resultado su bella voz es personal y espontánea, llena de ayes y exceso de agudos tal vez.

Sus temas no son convencionales. Visto el foro en el que actúan, atesoran el flamenco de raíz para hacer maleable su entrega. Una farruca así lo confirma. Que sigue con ricas cantiñas, abiertas con alegrías de Córdoba, para dejarse morir en el Cádiz más profundo.

Agradecí especialmente la versión de La flor de Estambul, un tema clásico del pianista francés Erik Satie y letra de Javier Ruibal.

Unas guajiras incidieron en este espíritu de apertura y una soleá por bulerías, con el baile aplaudido de María, a pesar del poco espacio, culminaron su momento.

La parte rockera, la coparon la agrupación ‘Tan Bonicas’. Estrella, a la voz, Marina, a la guitarra, Nuria Fernández, con el bajo y haciendo los coros, y Estela, a la batería, desde hace ocho años se proponen pasarlo bien y hacerlo pasar bien a los demás. Con un directo rotundo y trabado de guiños a través de los años, van desgranando los temas que sus seguidores casi coreamos. Así suenan, en indistinto orden, La ruina, Una chica con suerte, Mueve el culo, Confía o La reina de la fiesta.

Aunque la sorpresa mayor, sin lugar a dudas, vino a los postres, actuando en conjunto las siete intérpretes sobre escena. El rock y el flamenco se dan de nuevo la mano en femenino plural. El flamenco demuestra nuevamente lo bien que le queda el mestizaje, la sangre pirata que encierra en las venas. El rock, como padre adoptivo de la música en occidente, sigue siendo el aliño que nunca defrauda.

Como primer encuentro de estas dos formaciones, abordan Espabilá, uno de los temas de ‘Tan Bonicas’, cercano a las rumbas. Es una canción de 1968, de la folklórica jienense Antoñita Peñuela, atrevido como él solo y definitivamente gracioso, como el resto de éxitos de este grupo de rockeras.

El punto final, como broche de oro, también en conjunto, fue el Te echo de menos, de Kilo Veneno, que hizo moverse hasta al portero.

 

(Quería que este artículo fuera además una arenga reivindicativa del 8 de Marzo, de ahí el título, pero ha quedado en simple crónica del espectáculo. Simplemente diría que ‘mujer trabajadora’ es una redundancia, y que lo suyo es la colaboración entre hombre y mujer si no queremos que el futuro nos fagocite.)

Lunes, 10 de Marzo de 2014 10:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Cositas de Paco

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Más de una semana hace que Paco nos dejó. Más de una semana hace que le doy vueltas para abordar unas líneas que se tracen medianamente derechas ante el maremagno de notas más o menos sentidas, de glosas y pésames en directo y diferido.

Qué escribir entonces que no sea un tópico. Qué escribir que no suene repetido, aunque tan variado como la cascada que nos ocupa. ¿El genio de la guitarra? ¿Máximo embajador del flamenco en el mundo? ¿Pura técnica autodidacta? ¿Los dedos de oro de un muchacho de Algeciras? ¿Un antes y un después en el concepto? ¿El mayor guitarrista de todos los tiempos? ¿La humildad y la coherencia? ¿El dúo imprescindible con Camarón?…

No sé, todo es tan grande y sin embargo tan pequeño.

Borges decía que inmortal es el que no es consciente de que va a morir, como los animales. Ahora lo vuelvo a pensar y creo que la inmortalidad, ya que veo mi fin invariable, está en algunos seres que conforman mi ideario.

Yo pensaba que Paco estaría de por vida en el universo mundano de las estrellas, regalándonos de cuando en vez esas cositas buenas que componía e interpretaba.

Lo vi en directo cuatro o cinco veces (la última, este verano pasado, en el Generalife). Nunca lo traté ni hablé con él. He sabido de su labor independiente. De su escuela. Del trocito de Paco de Lucía que tienen todos y cada uno de los guitarristas que conozco.

Una de las primeras veces que fui a verlo, al Palacio de Congresos, dijo que a Granada venía con miedo, dado el nivel guitarrístico que aquí había. Modesta opinión que, en boca del máximo exponente de la guitarra, cobra doble valor.

La ley de vida es pasar, como el caminante de Machado, pero hay quien deja huella profunda, quien va abriendo camino. Y esos, como dictaba Brecht, son los imprescindibles.

Miércoles, 05 de Marzo de 2014 09:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Tocar el cielo

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Flamenco Viene del Sur

No podía tener un mejor comienzo “Flamenco Viene del Sur”. La redondez, la delicadeza, la afinación y el milímetro en el flamenco se llaman Mayte Martín. Desde que sale al escenario la cantaora catalana entramos en otro mundo; en el mundo de la sensibilidad y el sosiego, en el mundo alisado de las ideas donde un pétalo doblado de la más pequeña flor no tiene sentido. Es como tocar el cielo con las manos.

Muchos dirán, y están en lo cierto, que el flamenco no es el cielo, sino también el purgatorio y el infierno. Pero de todo tiene que haber para sentir la grandeza del arte. Visitemos el cielo o el infierno, siempre que haya verdad estaremos en la gloria.

Mayte ha querido acordarse de sus mayores. De esos intérpretes que han dejado una huella indeleble, a veces sin saberlo, en su camino y el de todos los aficionados, con sus interpretaciones, con su entrega, con su manera de sentir. Y que, en cierta forma, estamos en deuda con ellos.

Por otra parte, estos forjadores la han acompañado en todos sus recitales, en todas sus grabaciones, pero hasta ahora no ha dedicado un espectáculo específicamente a ellos, con nombres y apellidos.

Quizá, el nombre de la función, Por los muertos del cante, sea poco afortunado, o demasiado visceral para un resultado tan edénico, o demasiado flamenco.

Y, puesto que de esfericidad se trata, los músicos que le acompañan son merecedores de estar a la diestra del padre. José Luis Montón y Juan Ramón Caro, a la guitarra, tan eficaces individualmente como enormes en su conjunto. Perfectamente armonizados. Pareciera que asistíamos a un concierto barroco escuchándolos. A la percusión, el esteponero Chico Fargas, un verdadero deleite, dando el latido justo, poniendo todo el cuerpo en cada nota, dimensionando el vuelo en su conjunto.

No hay que tener prisa, todo se saborea lentamente. Como un prestidigitador seguro, Mayte va encantándonos con su tempo, con su manera de sentir; va mascando los acordes y los momentos, cuidando los detalles y aleccionando con su buen gusto, con la modulación de una voz siempre afinada.

Empieza la noche con Los campanilleros de la Niña de la Puebla y continúa acordándose de Carmen Amaya con el soniquete moruno de la zambra La Tana, que tanto nos suena a esos tangos del camino tan nuestros.

Con la Petenera mejicana comienza a hacer concesiones. Memora un cante, escuchado en México con dejes de petenera clásica, que puede recordarnos a Valderrama.

Los Tientos y tangos de Pastora son conocidos y reconocidos. Letras populares que ya incluyó en su primer disco.

La Guajira marchenera es una delicia, los melismas, la ligazón de los tercios y el deje sudamericano le van como anillo al dedo al paladar de la cantaora. Apuesta que comprobaremos más tarde en la Milonga del solitario, de Atahualpa Yupanqui, claramente alejada del flamenco, pero, como reconoció la artista, el gran cantor argentino es también un ‘muerto del cante’. Como ‘muerto del cante’ también lo fue Antonio Machín, al que canta por cuplé, a los postres de la Bulería al golpe.

Un tema sobresaliente, sin querer destacar nada en especial, fue la Serrana, por su camino creativo. Naciendo como serrana misma, fue pasando a bambera, cabal y remató con fandangos valientes del Albaycín, haciéndole un guiño a Frasquito y con él a toda Granada.

“Amante, amante, amante, que hasta las pestañas me estorban para mirarte”, canta a coro todo el cuadro, a capela y fuera de micrófono, para anunciarnos los Fandangos a Morente, en los que incluye esa rondeña grande que empieza con “La esposa triste se bañaba” y donde se acuerda también de otros nombres del fandango, como el Carbonerillo.

Termina el concierto con Sevillanas a Manuel Pareja Obregón. Creo que un final equivocado en esta plaza. Aunque la pieza, como el resto del recital, es de encaje, en Granada podía haber finalizado con los fandangos o con la zambra.

Como regalo, siempre bienvenido, interpretó el éxito S.O.S., de su primer trabajo discográfico, Muy frágil (1995), que popularizó Falete.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Martes, 25 de Febrero de 2014 22:13 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Flamenco Viene del Suroeste

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Mi presencia en el flamenco, por varias razones en las que tiene mucho que ver el ruido y las nueces, se va limitando. Flamenco soy, sin lugar a dudas, no un aficionado acérrimo, pero sí un vivificador con el cante, con el baile, con la fiesta. Ser flamenco es una forma, más que de vivir, de sentir la vida. Se me viene a la memoria, aunque no tenga mucho que ver, ese chiste tan flamenco de Gila (aunque él no lo supiera) donde uno le preguntaba a otro: “¿no tiene usted frío?”, y ese otro le respondía: “para qué, ¡no tengo abrigo!”.

Estoy discriminando, como digo, las representaciones flamencas a tres festivales imprescindibles en Granada, por su calidad y por su calidez, pero sobre todo por su universalidad. En el flamenco se ejemplifica nuestro himno cuando dice: “sea por Andalucía libre, España y la humanidad”.

Por tercera vez intento hablar de los momentos en los que participaré, intentando no irme nuevamente por las ramas. Estos ciclos son Los veranos del Corral, la presencia flamenca en el Festival de Música y Danza de Granada y Flamenco Viene del Sur. Aparte de esto, acudiré a alguna representación puntual, realizaré la visita a alguna peña y me sumergiré en cualquier sarao que me salga al encuentro. Esperaré que el flamenco venga a mí, no que yo vaya al flamenco, lo cual no es difícil.

El lunes próximo, 24 de febrero, comienza el ciclo Flamenco Viene del Sur, un festival de prestigio que lleva diecisiete años de existencia, donde podremos ver lo más granado del flamenco actual en Andalucía y sus territorios afines (entiéndase Extremadura, Levante, Madrid o Barcelona).

La presencia granadina, por no decir del resto de las provincias orientales, en este festival siempre ha sido escasa, pero en 2014 es prácticamente nula, a excepción de un honroso Álvaro Pérez ‘el Martinete’ que ganó el cuarto Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos, en la modalidad de guitarra. Cuestión que en cierta manera me alarma, pues esta ciudad ofrece flamenco de altura, en todas sus manifestaciones; altamente cualificado y competitivo.

Cuál es el problema entonces. Hay un concurso público para elaborar este programa y, aunque los distintos raseros funcionen en Sevilla, la proporción es mínima. Sólo han partido diez proyectos desde Granada de los más de doscientos que competían para formar parte de este evento. La Junta de Andalucía, el Instituto de Flamenco, se ha cuidado de formalizar unas cuotas. Por ejemplo, se le ha concedido la misma importancia a la novedad y a la veteranía, a la juventud y a los años; a la presencia por igual de voz, guitarra y baile; así como el equilibrio entre hombres y mujeres de las cabezas de cartel. Pero no se ha cuidado en que todas las provincias estén presentes como deberían.

Sus criterios los desconozco. Puede haber distintos motivos, pero el principal quizá sea la escasa presencia. Hay una realidad, y es que en Granada no hay ‘industria’. Los flamencos viven el día a día y no guardan para mañana. Aquí hay mucha vista, pero falta visión.

(En otro momento hablare de este patológico lastre, que el artículo nuevamente se me va del teclado.)

Este lunes disfrutaremos en el teatro Alhambra, como el resto del ciclo, de la voz preciosista y siempre afinada de Mayte Martín, con el espectáculo Por los muertos del cante, nombre desafortunado por muy nobles que sean sus intenciones.

El lunes siguiente, 3 de marzo, daremos paso al cantaor jerezano Jesús Méndez, que nos trae un trocito de su patria chica presentándonos su segundo rabajo discográfico, De la plazuela.

El 10 de marzo, La otra piel es la obra que expone la Compañía Úrsula López.

El 17 vuelve la guitarra. Esta vez añeja y referente. Paco Cerero nos trae Tradición.

Nacida en Nueva York, de raigambre andaluza y muy relacionada con esta tierra, la bailaora Belén Maya dará un Recital flamenco con su Compañía el 24 de marzo.

Un concierto que dará que hablar (ya está dando) es el que el último día de marzo nos ofrecerán Carmelilla Montoya y Remedios Amaya, con el simple nombre de Triana canta y baila.

Entramos en abril, el día 7, con la gala de ganadores del IV Certamen de Jóvenes Flamencos donde, como dije, tenemos la presencia del único representante granadino a la guitarra, Álvaro Pérez. También tendremos a Rafael Ramírez, en la modalidad de baile y Antonio García al cante.

Después del paréntesis de la Semana Santa, el 28 de abril, continuará el flamenco con dos jóvenes veteranos, Jeromo Segura y Eduardo Guerrero, que traen Unión, con sabor a mina.

Para terminar el ciclo, el 5 de mayo, la Compañía Guadalupe Torres, producirá un espectáculo con el nombre tan sugerente de Acuérdate cuando entonces.

De cada una de las funciones iré dando debida cuenta en estas páginas. Ya tenemos con qué entretenernos.

Martes, 18 de Febrero de 2014 11:18 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

El camino de la poesía

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Jugar con Fuego

Tal vez el desaparecido Gerena. Tal vez Menese, el Lebrijano o Calixto Sánchez. Pero para musicar un poema libre o la pura prosa no había nadie como Enrique Morente (sálvense los amos del compás, Chano Lobato, Diego Carrasco, Tomasito… que, en palabras de Murciano, son capaces de meter por bulerías al viento de levante).

Morente lo hacía, y lo ha demostrado en cada uno de sus trabajos y recitales desde que leyó por primera vez Doña Rosita o los telúricos versos de Hernández.

Quién cogerá el testigo, ¿sus hijos?, ¿sus cientos de seguidores?, ¿Quién remeda su cante? Un paisano y agradecido discípulo, no desde ahora, sino desde hace tiempo, apuesta por los poetas y por los pensadores, dándole una nueva voz a sus letras.

Juan Pinilla ha musicado para el flamenco a Nietszche y a Groucho Marx, aparte de Ángel González, José Hierro o Chavela Vargas. Es un cantaor comprometido, de escénica conciencia proselitista, por eso sus coplas, sus declaraciones entre tema y tema no son baladíes, sino que están llenas de mensaje y de intención.

Su voz es poderosa, equilibrada y precisa. Como el ’Ronco del Albaicín’ ha demostrado primeramente que canta por derecho, que conoce y respeta el cante, que sabe de los clásicos en una enciclopedia casi como la de Valderrama.

La unión de la poesía y el flamenco no es nueva. Sin ir más lejos, para el FEX (Festival Extensión del de Música y Danza de Granada), en los años 2011 y 2012, humildemente un servidor y la Asociación del Diente de Oro, organizamos sendos recitales donde se aunaban la voz de los poetas granadinos con el toque, el baile y el cante de nuestros flamencos (en los que participó igualmente el cantaor al que nos referimos).

Ahora, fruto del trabajo y la amistad con el vate granadino Fernando Valverde coedita el disco Jugar con Fuego, que fue presentado el pasado jueves en el teatro Isabel la Católica.

Hay dos formas de acercar la poesía al cante. La primera es dejarse llevar por la rima, cuando el poema lleva la música dentro, como si se escribiera para ser cantada. La segunda es la más difícil, es la creación libre, cuando el poema no es rimado, de ritmo difícil y sentimiento abstruso.

La poesía de Valverde se enmarca en la Nueva sentimentalidad, en la Poesía de la experiencia, es continua y directa y habla de cosas cotidianas, demasiado visceral a veces. Juan lleva ese puñado de obras al flamenco y les ofrece una versatilidad impensable, como si fueran escritas directamente para ser malagueñas, farrucas o granaínas, con las que comienza el recital. Un recital que sorprende y rompe la temida alternancia de recitado-cante. Es flamenco lo que observamos, es poesía del momento lo que aletea, es frescura lo que tenemos, es un producto novedoso lo que nos proponen.

Juan lleva tiempo en la brecha. Posiblemente diré, sin temor a equivocarme, que este es su camino. Un camino tan personal como de abrumada eficacia. Un camino, por otro lado pedregoso, de difícil comprensión para las dos manifestaciones artísticas, flamenco y poesía que, por otro lado, van juntas de la mano desde el principio de los tiempos.

A la guitarra, imprescindible, les acompaña el joven almeriense David Caro, con una sobresaliente asistencia; a la percusión Josué Heredia; y a los coros y palmas Enrique Melgarez y Jony Valle con una memorable alboreá a tres voces y unos fabulosos coros por Huelva al final de la noche, para mí de los mayores logros.

También escuchamos un poquito de campanilleros rematados con farruca; una muy aplaudida vidalita, con guiños a la milonga, donde se acordó de la diosa costarricense; la sentida policaña, que crece con el polo y termina en soleá; los tangos de Málaga, llamados Revolución, que fueron un encargo expreso del cantaor; las alegrías, que no terminan de romper y quedan deliciosamente en el umbral de la fiesta; las agradecidas bulerías; y los fandangos aludidos, los cantes de madrugá, que como guinda recorren Alosno y se acuerdan del 'Niño Gloria' y otros imprescindibles.

Domingo, 16 de Febrero de 2014 11:03 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Los campanilleros

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La otra noche, entre los bises del concierto de Miguel Poveda en el auditorio Manuel de Falla de Granada, tuvo el gusto de cantarnos unos campanilleros, que fueron coreados con satisfacción por parte de los presentes. Fue un tema bastante acertado, que pasa por villancico, debido a las fechas que se avecinan.

Pero los campanilleros curiosamente es un palo único dentro del flamenco, del folklore aflamencado, si queremos.

Por campanillero se entiende el individuo de una agrupación, frecuentemente llamada los campanilleros, que en algunos pueblos andaluces y en partes de Extremadura y el sur de Castilla-La Mancha, entona canciones de carácter religioso, en el Rosario de la Aurora, con acompañamiento de guitarras, campanillas y otros instrumentos de percusión.

A este respecto, dice Juanito Valderrama en Mi España querida, compilación de memorias editadas por Antonio Burgos en 2002: “Los campanilleros son un cante popular andaluz, que se cantaba por las Pascuas de la Navidad y en algunos pueblos, como en Mairena del Alcor, por la fiesta de los Difuntos, en los rezos por las ánimas del purgatorio. Se cantaba a coro, con las campanillas haciendo el compás. Los campanilleros estaban también unidos a la devoción del Rosario de la Aurora, que trajeron los dominicos, y en algunos sitios había campanilleros con colas referentes a la Semana Santa, a la Pasión del Señor.

La muestra flamenca más antigua de los campanilleros se debe al cantaor jerezano Manuel Torre, quien hacia principios de siglo realizó una versión, interpretada con dramatismo y hondura, acompañándose de la guitarra de Niño Ricardo, y que dejó grabada en 1929 junto al guitarrista Miguel Borrul con la letra clásica de A la puerta de un rico avariento.

Sobre 1959 La Niña de la Puebla regis­tró de nuevo este cante en una versión más asequible al gran público, con letras compuestas por su padre, Francisco Jiménez Montesinos, obteniendo un enorme éxito que la catapultó definitivamente a la fama.

El tema de las letras suele ser de carácter religioso, aunque admite otros temas, guardando siempre relación con el carácter religioso original.

Se cantan sobre un compás de 3x4 y el acompañamien­to en tonalidad menor. La estrofa es de seis versos asonantados siendo el primero, tercero y quinto decasílabos, y el segundo y cuarto dodecasílabos, aceptando también una cuarteta octosílaba a la que se une otra hexasílaba.

Es un cante de mínima ejecución, muy pegadizo, que ha grabado, siguiendo la pauta marcada por Manuel Torre, por ejemplo, Juan Varea, El Agujeta, José Mercé y José Menese, entre otros interpretes. O artistas más alejados, como pueden ser Rocío Jurado y Rosa López.

Entre las decenas de letrillas, dejo tres, una tradicional y dos compuestas por Jiménez Montesinos para su hija:

A la puerta de un rico avariento
llegó Jesucristo y limosna pidió,
y en lugar de darle una limosna
los perros que había se los azuzó.
Pero quiso Dios,
que al momento los perros murieran
y el rico avariento pobre se quedó.

En los pueblos de mi Andalucía
los campanilleros por la madrugá,
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar.
Yo empiezo a cantar,
y al oírme todos los pajarillos
que están en las ramas se echan a volar.

Pajarillos que vais por el campo,
gozando el amor y la libertad,
recordadle al hombre que quiero
que venga a mi reja por la madrugá’.
Que mi corazón,
se lo entrego al momento que llegue,
cantando las penas que he pasado yo.

En 1924, con el mismo canto popular, el compositor Manuel López Farfán realizó una marcha procesional llamada Pasan los campanilleros.

* La Niña de la Puebla (foto de Paco Sánchez©).

Lunes, 16 de Diciembre de 2013 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Tres años sin Enrique

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No quiero dramatizar ni me apetece meterme en detalles escabrosos de su ‘mala muerte’, pero hoy se cumplen tres años desde que desapareció el maestro Enrique Morente.

Maestro puesto a conciencia, pues sin querer, sin darle importancia, nos enseñaba continuamente, a sus hijos, a sus amigos, a los más distantes y hasta a sus detractores. Nos enseñaba y sigue dándonos lecciones desde sus discos y declaraciones, desde sus anécdotas y el recuerdo. Porque Enrique era un hombre grande en todos los sentidos. Porque la mayor característica de la grandeza es la humildad. Y humilde era como pocos. Tan sólo verlo tratar con la gente por igual sin atender a su condición, tan sólo verlo con el chándal guardando cola para comprar el pan en la plaza Mariana Pineda, tan sólo verlo conducir en ese coche más pequeño que él, tan sólo asomarse a los bares de madrugada con doce o trece y decir si podían tomarse una copa, tan sólo ir de gira y contar en su cuadro con los más necesitados, tan sólo verlo escuchando a cualquier flamenco, a cualquier músico, a cualquier artista y tomar nota de ello, tan sólo el cantar de forma altruista por una buena causa, tan sólo el intento de colaborar con todos en la grabación de sus discos, tan sólo en la estela tan grande de dolor y admiración que ha dejado, que son miles de seguidores por todo el mundo, que son miles de aficionados que se han acercado al flamenco por él.

Lo recuerdo constantemente y su trabajo es mi música de cabecera, como de libros tengo a Cunqueiro o a Borges. Pero lo recuerdo con alegría, no porque se haya ido, sino porque lo he conocido, porque nos ha dejado un gran legado, como músico y como persona, porque cuando dos o más hablamos sobre él nos parece que estuviera presente, que en un momento dado iba a aparecer por una esquina, con su sonrisa permanente que achica aún más sus ojos y con su pelo rebelde.

Algunas fotos y detalles guardo de Morente entre mis cosas, pero he querido poner la entrada al Primer Concurso Flamenco de Maracena, con él como artista invitado. Tiene mil años. Mi flaca memoria no alcanza a decir la fecha exacta (si alguien que me lea la sabe, rogaría que me la dijera), aunque no sería difícil averiguarlo. Quiero llamar la atención en dos detalles. El primero es que es la entrada número uno (0001). Llegué a la taquilla con tiempo necesario para ocupar el primer lugar y poder escuchar al maestro. Todavía no me ocupaba del flamenco y ni por asomo pensaba que iba a ser crítico o algo parecido. En segundo lugar, derivado del primero, es que como es la entrada número uno (0001) pedí que no me la rasgaran para conservarla de esta guisa.

Ya sé que no es suficiente, pero este es mi pequeño homenaje.

Viernes, 13 de Diciembre de 2013 10:16 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Fandango

No sé lo que has comprendío
de lo que te he comentao
que en cuestiones de flamenco
pocos son los entendíos
y muchos los enteraos.

Miércoles, 11 de Diciembre de 2013 23:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Poveda por los pelos

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Sin saberlo, los Encuentros Flamencos de Granada terminaron con la actuación de Juan Andrés Maya y Farruquito, el jueves y viernes pasados, pues la presencia de Miguel Poveda no pertenecía a dicho festival, con lo que nos sentimos engañados, y al concierto de Argentina no pudimos entrar (asombrosamente los críticos no estábamos acreditados) lo que redundó en nuestra decepción.

Desde hace años, estos Encuentros, por unos u otros motivos están enrarecidos y, si hay suerte, de ellos sacamos un sabor agridulce que perdura.

Según cartel y promoción, me encaminé al auditorio Manuel de Falla el sábado, 7 de diciembre, confiado como de costumbre. Me extrañó no ver gente en la puerta por mucho frío que hiciera. No sólo había comenzado el recital media hora antes de lo anunciado, sino que mi nombre no estaba en la puerta.

En ese momento me enteré de que el cantaor catalán venía por su cuenta y riesgo, con su personal y su equipo y que no tenía nada que ver con el festival de marras. Con todo y con eso nos dejaron entrar en una esquina que roza el cielo. Desde el palco cinco no sólo se ve sesgado y parcial, sino que el sonido es deficiente.

No pensaba escribir por la afrenta, pero la segunda bofetada sin haber volteado la mejilla terminó por decidirme. No me importa no asistir al concierto de Poveda o el de la onubense, pues ya los he visto y los seguiré viendo, lo que es inadmisible es que se juegue con unos profesionales de esta manera, haciéndonos perder el tiempo y las ganas, partiéndonos el fin de semana y ninguneándonos de esa manera. Más vale que no nos hubieran hecho caso desde un principio, que nos dijeran que no querían cámaras ni críticos y que preferían seguir manteniendo un festival provinciano. Y todo esto con la connivencia feliz de nuestro Ayuntamiento, que no se entera por dónde van los tiros de la cultura.

Miguel Poveda por su parte, excelente. Es un cantaor todoterreno. Es el flamenco más en forma de nuestro país. Capaz de llenar estadios y aplaudido por todos, de ahí su versatilidad.

Como digo llegué tarde y no tomé nota. De todas formas, destaco una primera parte y un colofón eminentemente flamencos. Una de las bazas que atildan a este catalán, hijo de emigrantes levantinos, además de su bella voz, siempre afinada, es el respeto a sus mayores y el fiel remedo a los grandes, no sólo del flamenco, también de la copla y del tango.

Así, tras unas espléndidas alegrías, malagueñas, abandoladas por rondeñas y fandangos lucentinos, y sobre todo por una impresionante soleá, acompañado con la guitarra de Carlos Grilo, uno de sus palmeros, y no su habitual ‘Chicuelo’, le dedicó a su padre unos cantes de levante especialmente sentidos.

Seguidamente interpretó un popurrí sobre los poemas por bulerías de Lole y Manuel.

Las notas a piano de La niña del Albaicín por el maestro Joan Albert Amargós, anuncian una segunda parte de copla (hay que agradar a todos los públicos). A su final se pronunció sobre el error garrafal de anunciarlo en un cartel sin haber contado con su participación). Y remató brindándole un reconocido homenaje a Enrique Morente, con un fandango muy musicado y una recopilación por bulerías.

Tuvo tiempo también, en el apoteosis final de adelantarnos el villancoico Los campanilleros, coreado por el público más avanzado.

El fervor de un público, no demasiado flamenco, y el aroma del ambiente concatenaron un prolongado fin de fiestas donde no paró de bailar.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 12:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Maya versus Farruquito

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Si fuera una confrontación, Farruquito habría ganado por goleada a Juan Andrés Maya, el visitante se hubiera alzado con el triunfo ante el equipo local. No obstante el listón estaba alto. No obstante, tanto uno como otro, levantaron pasiones.

Improvisao se llamó el concierto y supongo que de improvisado algo tendría, pero lo que es la esencia, el guión principal, lógicamente venía aprendido. Quizá la idea, como en el jazz, sería recrear sobre una base, sobre ese continuo que sirve de estructura.

Tras una presentación por seguiriyas donde cada cual expuso sus credenciales e incluso se hicieron guiños combinados, cada uno se hizo cargo de su espectáculo, con su cuadro independiente, inundando el pensamiento de que compartirían la escena al menos en algunas piezas.

La primera parte, larga a mi parecer, la ocupó Juan Andrés y los suyos. Comenzó por tarantos, que remató por tangos y un poquito por Huelva. Esta primera entrega fue discreta y levemente redonda. Destaco, como no, su juego de pies y el aire de sus manos, el intento de totalidad y la complicidad con el público, su público.

Para hacer tiempo a que el bailaor regrese con nuevos bríos, se le hace un favor desafinado al No me lo creo de Parrita.

Y, ahora sí, con exceso de minutaje, Juan Andrés Maya aborda una soleá donde saca muestra todas sus cartas. Da lugar al torbellino, a la belleza y al asombro; pero también a la teatralidad inquieta y al remedo de sí mismo. Más suelto (¿resuelto?) llegará a las bulerías que le sirve de fin de fiestas, donde invita a darse una ‘pataílla’ a sus jaleadoras con algún altibajo.

Un breve descanso no anunciado recibe a Farruquito por alegrías con traje inmaculado. Su cuadro es otro: compacto, seguro y efectivo. Con cuatro cantaores, dos guitarras y un percusionista, su espalda está segura.

Juan Manuel Fernández Montoya tiene una agilidad precisa, un buen concepto del espacio, un braceo varonil, una verticalidad envidiable y una música reconocible en los pies. Todo lo cual redunda en su elegancia innata.

Juan Requena, uno de sus guitarristas, plantea bulerías de peso, mientras el sevillano se cambia para reaparecer por soleá, en la que trasciende su herencia y la longitud de su sombra, a pesar, él mismo lo confesó, de sentirse afectado por el frío de Granada.

* Farruquito por soleá (Joss Rodríguez©).

Lunes, 09 de Diciembre de 2013 11:13 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Imágenes de sus mayores

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XIV Encuentros Flamencos de Granada

Los retratos de Carmen Amaya, Mario Maya, Manolete y Juan Andrés Maya presidiendo la escena presagiaban en torno a quién giraba el espectáculo a pesar de llamarse Savia nueva. Savia nueva pero de un innegable tronco que les da sustento.

Una solea por bulerías sirve de presentación. Karime Amaya, Iván Vargas y Alba Heredia descubren sus cartas y prometen su entrega como si fuera su última noche.

La canora guitarra de Luis Mariano queda sola sobre las tablas que, tras una armónica introducción, recibe a Iván Vargas por farrucas. La pieza es reconocida. Son los compases que han acompañado desde siempre a Manolete. Pero ya no es la farruca del maestro del Sacromonte, sino la farruca de Iván Vargas, con su sabor personal, con su poquito de lo aprendido y lo mucho de su sangre; con seguridad en su braceo y unos pies de los que ya no tiene que preocuparse; con su rabia Maya, pero son su delicadeza en flor. Lástima los recursos repetidos. Lástima ese rasgueo final en la guitarra de Luis Mariano que ya hemos visto cien veces este año.

Los brazos son sellos indiscutibles de esta saga familiar. Desde el abuelo Raimundo, pasando por todos y cada uno de los Maya, de los Heredia, el vuelo de las manos es todo un espectáculo. Son palomas que sacuden sus alas después de un baño ligero. Posiblemente, empero, quien hereda y concentra, como en un caro perfume, esta habilidad, es Alba Heredia, la más joven de la casa. Alba nos propone seguiriyas con bata de media cola a la que no le sacó el partido deseado.

En Alba hay que pensar a largo plazo. La siembra de una buena semilla, el buen abonado y el buen regadío, auguran una buena cosecha.

De quien se acordará es de su tío Juan Andrés (incluyendo su histrionismo), con detalles personales. ¿Quién negaría sus caídas tan sacromontanas? ¿Quién negaría su baile completo, de pies a cabeza? ¿Quién negaría su estampa? Las muecas de su boca, sin embargo, afean indeciblemente su figura.

Después de una rueda por tonas por parte de los cantaores Manuel tañe y Simón Román, vuelve Alba Heredia, con chaqueta y pantalón blancos, homenajeando a Carmen Amaya por tarantas, arropada por la guitarra Justo Fernández ‘Tuto’. El público agradece sus dotes y su entrega, y así se lo expresa. Grandes sorpresas nos aguardan

Por último Karime Amaya, descendiente de la gran Carmen, a quien ya vimos en el Corral del Carbón, se destapó por soleares. Su baile es redondo y efectivo. Tiene un cierto regusto añejo y un juego de pies vertiginoso.

Todavía Iván Vargas, antes de terminar, apostó por alegrías en una pieza ya conocida donde se acuerda de Mario Maya y combina con guiños a Manolete.

Se despiden todos juntos por rumbas. Pieza que sirve tanto de saludo como de agradecimiento. Son gitanos. Son savia nueva.
* Foto: Joss Rodríguez©.

Sábado, 07 de Diciembre de 2013 10:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El sello de una casta

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XIV Encuentros Flamencos de Granada 

Existe un paralelismo entre la familia de los Farruco y la familia de los Maya: la fuerza o, si quieren, la furia. El primer día del festival de otoño estuvo ocupada por una representación de los sevillanos (Herencia), al igual que el segundo día estaría cubierto por los granadinos (Gitanos: savia nueva), para terminar el jueves y el viernes con el ‘patriarca’ de los dos clanes, Farruquito y Juan Andrés Maya.

Con más de medio aforo y una expectación proverbial comienzan los sones de las bulerías primeras, donde el Carpeta, el más pequeño de los Farruco, y Barullo, trajeados de plata, no dan respiro al aire que los envuelve y derrochan zapateado y compás, con su baile macho de pura raza. A los postres, cuando la fiesta se asoma a Extremadura, hilvana la Farruca, algo más comedida, estos jaleos finales.

Tras un solo de guitarra de Juan Requena, acompañado de percusión, vuelve Manuel ‘el Carpeta’ por alegrías, levantando verdaderas aclamaciones de pasión. Este joven bailaor se ha criado en el escenario y en él, como pez en el agua, se desenvuelve a la perfección. Domina el espacio y racionaliza su quehacer, a pesar de su energía desbocada y vertiginosa, a veces altanera.

Sin embargo, pocas veces, congela su acción y explora el camino que saborean sus mayores. Es cuando se entiende la madera, cuando lo que vemos, además de relucir, a la larga puede pesar varios quilates.

Su primo, Juan Fernández Montoya ‘Barullo’, lo sustituye en las tablas bailando por seguiriyas. El sello es el mismo, el ADN innegable. Parece que cuando baila alguien de de la saga Farruco es como si bailaran todos los demás, que son una extensión de su abuelo, a quien homenajean de continuo. De hecho, cuando termina la pieza, Barullo mira hacia arriba como brindando o agradeciendo. Su baile es radical, con brío y espectáculo, lleno de poses y efectismo. Tiene momentos de verdadero pellizco.

Manuel de Tañé, Quini de Jerez y Mara Rey, los cantaores, abordan unos tangos occidentales bastante aclamados. Esta vez sin baile.

La soleá anuncia un momento grande. Rosario Montoya ‘la Farruca’, la madre del clan, con arte y poderío, sale a escena vertiendo su caudal. Es un baile más repensado y lleno de expresión que, cuando estalla por bulerías, contempla igualmente el desenfreno. Sin duda, aunque breve, la mejor entrega de la velada.

El fin de fiestas por bulerías pone fin, o puntos suspensivos, a una noche que sin lugar a dudas les pertenece.

* Foto: Joss Rodríguez©.

Jueves, 05 de Diciembre de 2013 10:22 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Perrateterías en Algeciras

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Homenaje a Perrate y Perrata de Utrera

El último viernes me escapé. Invitado para asistir a la entrega de la XXI Palma de Plata en Algeciras, decidí casi sin pensar invertir tres horas de carretera para ir y otras tantas para volver sólo para asistir al reconocimiento de los Perrate, una saga utrerana de arte indiscutible.

El festival en sí, lo digo desde un comienzo, fue mediocre, pero tuvo un punto de emotividad para tener en cuenta y sobre todo un sabor diferente al flamenco habitual que en mi cercada Granada puedo contemplar.

Se trataba de, a través de sus hijos, reconocer el trabajo impagable del Perrate de Utrera y de su hermana María la Perrata. Descendiente directo de José, estuvo presente Tomás de Perrate y su hermano Adán, que recogió el galardón. Por parte de María estuvieron Inés Bacán, Mari Peña y, como apoyo imprescindible, Tere Peña, hermana de Pedro Peña y Juan Peña ‘el Lebrijano’.

Como guitarrista único (como en los festivales de antaño) compareció Antonio Moya, con buen pellizco, soltura y complicidad con todos los artistas.

Mari Peña abrió la noche por tientos, después hizo soleares y alegrías de Pinini, con algunas cositas destacables. De Inés Bacán sorprende su eco tan flamenco. Comenzó con fandangos, para desembocar en lo jondo de una soleá y rematar por seguiriyas.

Tomás de Perrate, creo que se templó con soleares (no tomé nota y no recuerdo muy bien). Su sola garganta, la cadencia tan especial que tiene su voz y el soniquete que lo envuelve, ya son cartas a tener en cuenta. Continúa por seguiriyas, con más ganas que eficacia, y termina con las bulerías ‘arremansás’ que impone su sello.

Como fin de fiestas, toda la familia proponen se van por fiesta.

Tras el ‘acto protocolario’, dirigido por Manuel Martín Martín, que ha ido haciendo de presentador, de entrega de la Palma de Plata, y de un breve descanso, la segunda parte la ocupó el bailaor local David Morales, haciendo un resumen de su trayectoria. Lleno de ideas, no termina de convencer el concepto de su baile, en el que destacaría algunas cosas. Sorprende el gusto de prescindir de la percusión (caja, pandero, tinaja y tambores varios) a favor de la palma desnuda. Su dominio del espacio también es loable. Pero aplaudimos sobre todo al tocaor que lo acompaña, Dani Casares, que, siendo un guitarrista de concierto, arropa sin fisuras; que, asomado a la vanguardia, suena flamenco a cada paso.

 

Lunes, 02 de Diciembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La copla andaluza

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Antes de la literatura escrita, antes que el hombre supiera escribir si quiera, y aún siendo conocedor de la letra y de la pluma, existía una memoria colectiva que iba pasando a través de las generaciones de forma hablada.

Casi todos los cuentos de antaño que conocemos se los han contado a nuestros padres y a los padres de estos hasta perderse en las nieblas de la historia. Muchas narraciones, poemas, novelas o antologías no son originales, sino recreaciones de aquella anécdota primigenia que dio pie a explicar, por ejemplo, algún suceso o fenómeno de la naturaleza o la razón para ejecutar cualquier sentencia.

La literatura oral, huelga repetirlo, ha sido el germen de nuestra civilización sensible. El hombre avanza porque recuerda. El hombre es social, entre otras cosas, porque al calor de la lumbre ha escuchado las verdades de los viejos, la disciplina del chamán, la comicidad del bufón.

Pero este recuerdo colectivo sería materialmente impensable sin una doctrina, sin el apoyo de una cantinela. La épica, los epinicios, toda la lírica sigue un sistema nemotécnico que alimenta la remembranza a base de música.

La tabla de multiplicar o las oraciones de misa, y aún la lista de los reyes godos, las aprendíamos en la niñez con esa cantinela, con un ritmillo machacón que ayudaba a concatenar las palabras y las frases con asonancia.

El pueblo andaluz, desde muy joven, ya practicaba el arte de la poesía. Se cuenta que la civilización perdida de Tartessos confeccionaba sus leyes de forma rimada.

Así se han ido creando cantares y repertorios. Así se han ido compilando cancioneros y gavillas de letras para dejar constancia.

Alguien dijo recientemente que se calculaban en ochocientas mil las coplas andaluza, de ellas unas doscientas mil en pleno uso. No puedo garantizar la veracidad de esta cifra, pero si buscamos, el pozo de la letra popular carece de fondo.

Y aquí está la palabra clave: popular. En lo popular se asienta nuestra sabiduría. El poema, la letra, la copla salida del pueblo tiene la simple grandeza de un monumento.

Bécquer escribía en El Contemporáneo: “la poesía popular es la síntesis de la poesía. El pueblo ha sido, y será siempre, el gran poeta de todas las edades”.

Manuel Ríos Ruiz, en Introducción al Cante Flamenco (1972), va más allá diciendo que “la copla que no hace el pueblo, difícilmente la canta el pueblo”.

Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena: “si vais para poetas cuidad vuestro folklore. Por­que la verdadera poesía la hace el pueblo. Entendámonos: la hace alguien que no sabemos quien es o que, en último término, podemos ignorar quién sea sin el menor detrimento de la poesía.

Pienso, lo he dicho bastantes veces, que lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte. La misma idea encuentro en un prólogo que con el tiempo (agosto de 1969) hizo Borges a Luna de enfrente, una obra de juventud de 1925. En él escrbía: "Poco he modificado este libro. Ahora, ya no es mío".

Estaba con Juan de Loxa, hará cinco o seis años, viendo un recital de cante. Cuando el cantaor abordó las alegrías, Juan me dijo: “Qué gracioso. Esa letrilla es mía”. Cantaba eso de: ¡Pan y trabajo! / Siempre se escapa el tiro / pa los de abajo. // ¡Que mala pata / no les saliera el tiro / por la culata!

Martes, 26 de Noviembre de 2013 20:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las seis cuerdas de un piano

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Falla por Cañizares 

Desde que en 1991 Juan Manuel Cañizares colaboró como segunda guitarra en el Concierto de Aranjuez de Paco de Lucía (al que acompañó durante diez años) la música clásica entró de lleno en el ideario musical del guitarrista catalán. 

En 2008 edita la Suite Iberia de Albéniz y en 2012 Goyescas de Granados. Para este año, centenario del estreno de La vida breve, Cañizares se propone transcribir una trilogía sobre Manuel de Falla. Los dos primeros trabajos, El sombreo de tres picos y La vida breve, ya ha visto la luz. El tercero, El amor brujo, saldrá en abril.

Dentro de los ‘XIX Encuentros Manuel de Falla’ que organiza la Fundación de su mismo nombre y el Ayuntamiento de Granada, se programa, como estreno mundial, la presentación del trabajo discográfico mencionado.

Cañizares divide el concierto en dos partes. La primera clásica, donde interpreta a Falla. La segunda flamenca donde desgrana su disco de 2010, Cuerdas del alma, y algún tema más de su discografía anterior.

Tres momentos igualmente definen la primera parte. El primero de ellos son Siete canciones populares españolas, donde expone temas en general de exquisita brevedad. El paño moruno se saborea de forma familiar y, su final buleaero es agradecido. Se echa de menos la voz. Como segunda guitarra, remarca su sombra Juan Carlos Gómez, llevando el peso de la base, la gravedad en la contienda y haciendo de vez en vez sus escapadas en solitario. Esta primera canción, junto a la Seguidilla murciana y a la Jota (de más amplio minutaje), está acompañada por las castañuelas de Charo Espino y de Ángel Muñoz, que también harán de palmeros y bailaores cuando se precise.

Una Nana y una Canción dejan paso a un segundo momento muy aplaudido. Se trata de la Danza de los vecinos, con claro protagonismo de la segunda guitarra, y de la Danza del molinero, donde Ángel mete los pies. Las dos pertenecientes a El sombreo de tres picos.

De La vida breve se abordará solamente la Primera danza española, ilustrada con el baile de Charo. Los bailes de estas piezas clásicas son parcos y precisos, resaltando el juego de tacón punta y algún elemento percusivo más.

Cañizares no ha tratado de trasladar literalmente el piano a otro instrumento. La guitarra suena guitarra y, a fuerza de arpegios y notas intermedias, ha hecho suya las composiciones, logrando un sonido tan espectacularmente delicado que firmaría sin condición el maestro gaditano.

Después de un descanso más largo de lo deseado, el cuadro se transforma en flamenco, que arranca con Añorando el presente, una pieza un tanto libre, con sonidos fandangueriles, cercana a la granaína, que Cañizares dio simplemente por llamar ‘fantasía’.

Le siguen unas bulerías (El abismo), del mismo disco Cuerdas del alma, y unas rumbas (Lluvia de cometas), de Noches de imán y luna (1997) de clara influencia del maestro de Algeciras. En realidad, las maneras y el concepto musical de Paco de Lucía, descansan conceptualmente en este guitarrista.

Volvemos al trabajo de 2010 con las guajiras Mar caribe que baila con corrección Charo Espino; con las rumbas que le dan nombre al disco; con la bella balada Lejana; con las alegrías Collar de perlas, donde hay momentos cercanos al folk, con un somero paso a dos; y con Palomas, el sabroso vals con que termina el espectáculo.

Lunes, 25 de Noviembre de 2013 10:57 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

De la zambra al duende

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Latidos del agua

Hay veces que siento que este blog no llegue más lejos, que mis artículos no tengan un eco definido. Y no por la columna en sí, sino por su protagonista, por la persona o personas que lo sostienen.

Patricia Guerrero, una de las tres o cuatro bailaoras imprescindibles en el flamenco actual granadino, después de muchas colaboraciones y actuaciones en general, estrena en Granada su primer espectáculo de envergadura. Una obra completa, coherente y sensible donde la bailaora, como tantas otras, se hace empresaria, haciéndose cargo también, además del baile, de la coreografía y de la dirección. Sorprende que, una primera incursión de este tipo, en una chica tan joven, aparte de algún problema de ritmo, sea tan acertada y redonda.

El referente es el compositor Ángel Barrios. La excusa Granada y sus aromas a través del agua. Dicen que un invidente que visite el Albaicín o la Alhambra se podría orientar sólo por el sonido de sus aljibes, manantiales y regueros.

Patricia, a boca de escenario (bello y exclusivo, a pesar de la simetría), con aire moruno comienza a ser fuego con una danza cercana a oriente mientras unos compases de piano (Alejandro Cruz Benavides) le dan paso al Trío Albéniz (José Luis Recuerda, bandurria; Ismael Ramos, laúd; José Armillas, guitarra) para que arranquen los primigenios sonidos de Granada cuando se asoma a la zambra. Se va sucediendo la danza árabe y la trova, el recuerdo y la perspectiva, el pandero y la guitarra, la Albaycinera y el Zacatín.

Y, entre medias, la bailaora nos sorprende cantando y recitando. Es delicada y segura. Es una apuesta vencedora que te advierte que el arte casi nunca es huérfano. “El cante es agua de manantial”.

Al Trío Albéniz lo sustituye un inspirado Luis Mariano a la guitarra y un correctísimo Miguel ‘Cheyenne’ a la percusión, una efectiva pareja (marchamo de calidad donde estuvieren).

El piano aborda una guajira que canta David ‘el Galli’, con la voz algo tomada y con el volumen en su contra. No obstante, estos cantes aflamencados no son las aguas en que mejor nada el cantaor moronense.

Otra sorpresa vino de la mano del artista invitado, Arcángel, que por momentos, con el brillo de su voz siempre afinada, ofuscó el fulgor de la artista.

Nueva incursión de piano por Barrios, toná y seguiriya, cantada por Galli, donde Patricia hace quizá su mejor entrega, donde se aprecia el conjunto de manos y pies, hombros y cintura, rostro y expresión, para decirnos que sobre todo es bailaora.

Un poquito por tangos de Granada no podían faltar. Con su roneo preciso, anuncian la recta final, que viene en forma de petenera, conducida nuevamente por el onubense que interactúa de a ratos con la bailaora con bata de cola en una especie de estático paso a dos. Patricia es esencia serena. Parece que cada uno de sus pasos esté destinado a acariciar las sensibles entrañas de quien la observa.

Termina de nuevo acordándose del compositor granadino, de sus últimos días, de su querido Ravel (Daphnis et Cloé) y de su deseo de “cuando llegue a Granada, nada de penas. ¡Que bailen los gitanos!” por bulerías.

* Foto Antonio Konde©.

Domingo, 24 de Noviembre de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La limpieza de Javier Barón

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Barón 

Hace días que ya vimos el espectáculo de Javier Barón, que lleva su mismo nombre como título, dentro del ciclo ‘Flamenco de Orilla a Orilla’ que organiza el Instituto Andaluz de Flamenco en colaboración con la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias y la Dirección Regional del Ministerio de Cultura de Marruecos de la Región Oriental.

Entre una serie de conferencias ilustradas, que han abarcado varias semanas, se incluyó el 5 de noviembre, en el teatro Alhambra un recital de baile a cargo del veterano Javier Barón.

El bailaor, de Alcalá de Guadaíra, se arropó con un cuadro sevillano que se puede decir que en estos momentos está en la cresta de la ola. A la guitarra estuvo Juan Campallo y, a la percusión, José Carrasco, dos grandes músicos que pertenecen a sagas reconocidas.

Como artista invitado, al cante estuvo uno de los artistas del momento, José Valencia, reciente ganador del ‘Mejor disco de cante revelación’ por su trabajo Sólo Flamenco de los premios ‘Flamenco hoy’, concedidos por la crítica especializada. Valencia posee una de las voces más cotizadas del momento para el cante de atrás. Su dominio de los estilos, la potencia de su garganta y el temple de su condición lo avalan igualmente para la exposición igualmente en solitario a boca de escenario.

Javier, Premio Nacional de Danza 2008, como nos tiene acostumbrados, propuso un espectáculo lleno de finura, limpieza y elegancia, sin aristas y muy de su estilo (tanto que a veces nos resulta repetido). Domina el escenario y domina el equilibrio, la verticalidad y el vértigo preciso de sus pies, aunque sus manos no siempre resulten tan provechosas.

Comienza la noche con unas bulerías, que se ralentizan en su ecuador, para pasar de esta soleá nuevamente a la fiesta. José Valencia, garantía para cualquier bailaor, se abre paso por levante (tarantas y levantica) y abandolaos en solitario, para rematar por tangos, una pieza agradecidamente breve, que rubrica Barón como si se tratara de un exquisito bocado en la merienda.

José Carrasco, que lleva el latido del flamenco en las venas, hoy por hoy es de la media docena de percusionistas a tomar en cuenta. Su imprescindibilidad radica en su moderación. Un tema de percusión nos dimensiona su poder.

Juan Campillo, habitual como sus compañeros en esta plaza, nos repite con su guitarra las sutiles rondeñas que nos propuso en el Corral del Carbón este verano.

La velada acaba con esa olla gitana, tan del gusto de los bailaores actuales, donde todo cabe. Por cantes de labor a palo seco comienza esta entrega. Valencia es preciso y seguro en la plaza cuando se encuentra solo. Lástima que no se entendiera con la guitarra en los primeros acordes que se convierten de inmediato en cantiñas (mirabrás, alegrías, alegrías de Córdoba) y más tarde en seguiriyas, de los mejores momentos de Barón, para rematar de nuevo sin guitarra, con un martinete, e irse definitivamente con el macho de la seguidilla.

Una buena noche, llena de aplausos y agradables detalles, pero quizá falta de pellizco.

* Foto de Antonio Konde©.

Lunes, 11 de Noviembre de 2013 10:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Premios Flamenco Hoy 2011 y 2012

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La Asociación de críticos y analistas del flamenco, a la cual pertenezco, todos los años concede una serie de premios a los artistas más destacados del curso anterior en diversas modalidades. Como si fuese los Max de teatro a los Goya en el cine, de forma más modesta, se orquesta una ceremonia donde, con vestidos largos y gran ilusión, se reparten estos galardones.

La crisis nos llega a todos y, cómo no, afecta también al flamenco y a sus ritos no popularizados. Tanto es así que el año pasado no se pudieron conceder las estatuillas. De modo, como la lotería nacional, se acumularon para tiempos de bonanza. La situación no ha cambiado, pero con esfuerzo y voluntad, el próximo miércoles, 6 de noviembre, en el Tablao ’Cantares’ (antiguo ’Corral de la Pacheca’), en Madrid, tendrá lugar dicha entrega.

La idea que era cada año el acto Flamenco Hoy se realizara en una ciudad diferente. De hecho, aparte de en la capital, hemos estado presentes en Cádiz, en Jerez o en Córdoba. El año pasado se iban a realizar en Granada pero, por falta de apoyo institucional, se tuvieron que suspender. Este año estaba todo previsto para realizar la ceremonia doble en el Teatro Guerra de Lorca, Murcia. Cuando estaba todo listo y prácticamente cerrado, unilateralmente, hace escasamente dos semanas, el ayuntamiento de dicha localidad, reculó y quemó el contrato por razones presupuestarias. Por lo que, con todo el trastorno que conlleva, se ha tenido que devolver la gala a Madrid.

Las categorías y los premiados de ambos años respectivamente son los que siguen:

1. Mejor labor de promoción del flamenco: Festival Flamenco ‘Bankia’ (Cajamadrid) y ‘Corral De La Morería’.

2. Mejor labor de difusión del flamenco en medios: Alfredo Grimaldos y Deflamenco.com.

3. Mejor libro: Curro Albayzín (Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte) y Paco Roji, Ramón Soler Díaz y Paco Fernández (La Repompa de Málaga).

4. Mejor DVD: Carlos Saura (Flamenco, Flamenco) y Miguel Poveda (Real).

5. Mejor bailaor: Israel Galván y Manuel Liñán.

6. Mejor bailaora: Olga Pericet y Mercedes Ruíz.

7. Mejor productor de disco: Arcángel (Quijote de los sueños de Arcángel) y José Quevedo ‘Bolita’ (Un viaje por el cante de Argentina).

8. Mejor disco instrumental: Pablo Rubén Maldonado (Fuera de la realidad) y David Peña Dorantes (Sin muros).

9. Mejor guitarra de acompañamiento: Miguel Ángel Cortés (de los dos años).

10. Mejor disco de cante revelación: José Anillo (Los balcones de mi sueño) y José ‘Valencia’ (Sólo Flamenco).

11. Mejor disco de guitarra solista: Juan Manuel Cañizares (Goyescas. Granados por Cañizares) y Dani ‘De Morón’ (Cambio de sentido).

12. Mejor disco de cante: Arcángel (Quijote de los sueños) y Argentina (Un viaje por el cante).

13. Premio especial: Merche Esmeralda.

Enhorabuena.

Lunes, 04 de Noviembre de 2013 12:15 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Los aires de Alberto López

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Sería por el limitado eco; sería por la abundancia de ofertas en Granada el sábado pasado; sería por el partido de fútbol, droga y circo de las masas, anunciado para ese día; el caso es que nos vimos en el teatro Isidoro Maiquez de CajaGranada como en familia para escuchar la propuesta de Alberto López, joven guitarrista bastetano, que ha elegido su ciudad para presentar el espectáculo Siento.

Siento, como reza la promoción, “es un recorrido por los estados de ánimo de los que brota la inspiración y nace la música, y donde se fusionan los tres pilares del flamenco: toque, cante y baile”.

Con una técnica reconocible, seguridad en la pulsión y evidente brío, Alberto López presenta su espectáculo por granaínas, homenajeando a su tierra. Será el tema quizá más intimista. Desde este primer momento nos damos cuenta de su amplia visión compositiva y su riqueza en arpegios, que dotan a su guitarra de una pluralidad encomiable.

Inmediatamente después se le incorpora el resto del cuadro. Nada menos nueve jóvenes flamencos, con garra y anhelo, se la suman en escena. Son Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’ al cante; Alfonso Aroca al piano; Sergio de Lope a la flauta; Ángel Reyes al baile; Jesús Valero al bajo; Javier Rabadán a la percusión; y Juan Diego Sáez arropando con palmas y coros.

La segunda entrega son unos tangos introducidos por una generosa entrega a la percusión. Esta percusión es precisa y respetuosa, como pienso que debe ser, que suene como un latido de fondo, pero que no se imponga su presencia. Descubrimos entonces las voces de Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’. Voces flamencas y bien templadas que aportan su rol eficaz por separado que, sin embargo, cuando se juntan no casan como debieran.

Desde este primer momento se determina la propuesta coral de la obra. Alberto deja hacer y le ofrece protagonismo a cada uno de sus músicos, guardando incluso un segundo plano en algunos solos cegando su guitarra con sólo compás.

Las bulerías que le han servido de carta de presentación en Internet y después una soleá, tal vez demasiado larga, marcan el final de la primera parte. Para la soleá, y su amplia coda por bulerías, se presenta el bailaor de la compañía, Ángel Reyes, por primera vez. Buena técnica, compás y juego de pies tiene Ángel, aunque se repite por momentos y a su baile le falta reposo.

Después de un breve descanso continúa la actuación con un solo del guitarrista por unas tarantas de gran riqueza donde se multiplican las escalas y el mástil es aprovechado a conciencia. Unos tientos-tangos se proponen a continuación, donde descubrimos la flauta canastera de Sergio de Lope, verdadera sorpresa de la noche. Los guiños a Camarón y a Enrique Morente son continuos y el final es claramente un remedo respetuoso a Paco de Lucía.

Por alegrías termina la actuación. Por alegrías seguidas por unas originales bulerías por alegrías, acompañadas de baile. La introducción de la flauta en este tema final también es aplaudida, así como las voces, que llegan a acordarse de las composiciones casi fonéticas de Diego Carrasco, o el piano.

Con el público en pie se despide esta joven banda, esta joven obra, que destila frescura y verdad.

Martes, 29 de Octubre de 2013 10:58 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

‘Tributo poético’ de Miguel López

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La semana pasada recibí un disco de Miguel López que me llenó de ilusión. Miguel López es ese corredor de fondo del flamenco, imprescindible en una época, que se entrecorcheteó en su rincón jienense durante algún tiempo, quizá demasiado para nuestra flaca memoria, para después volver, hace unos años, con las fuerzas y perspectivas que la sabia madurez le impusieron.

Era habitual sobre las tablas, en los 70-80, compartiendo micrófono con Enrique Morente, a quien le dedica unos tangos (Encima de las corrientes), o con El Piki y escenario con Mario Maya (Ay jondo) o con Salvador Tábora (Quejío, Los Palos) o con los más prestigiosos tocaores.

Tributo poético tiene ese sabor de aquellos tiempos de vindicación y rebeldía, donde se cantaba a los poetas y se daba tribuna a esa estrofa comprometida que removía conciencias. Así se derrama con san Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Antonio Machado, Francisco de Quevedo, Juan José Amador, Miguel Biedma, Antonio Mata o José Ladrón de Guevara.

Más que flamenco es un disco aflamencado, con largura y sensibilidad, lleno de lágrimas y de quejidos, de amor a las formas musicales.

Producido por Pedro Sierra, en su sello La Voz del Flamenco, quien también se encarga de la dirección musical, está arropado por sus viejos amigos: Diego Amador, Paco y Miguel Ángel Cortés, Paco Jarana, Michele Iaccarino, José Luis Medina y su hijo, también llamado Miguel López.

Comienza el trabajo con Soy del Sur, que puede constituir todo un himno a nuestra tierra. Mario Maya musicó en su día Por aquellos, de Ladrón de Guevara, Poderoso caballero es don Dinero, de Quevedo, y La Gran pérdida de Alhama, un romance anónimo del siglo XVI.

También contiene una Nana y otros poemas aflamencados (11 cortes en total) hasta desembocar con Preludio, un poema de García Lorca, musicado por Morente. Acompañado exclusivamente con la cadencia del piano de Alberto Mira, está dedicado al entrañable vate Juan de Loxa, espíritu agitador de aquellos tiempos.

* Tributo poético se presentará mañana, 29 de octubre, a las 19,00 horas, en la Diputación de Jaén.

Lunes, 28 de Octubre de 2013 12:40 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Fin de semana flamenco en Granada

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Hace tiempo que quité de mi blog un calendario que se orillaba a la derecha donde hacía relación de todos los eventos flamencos y relacionados que se programaban en la provincia. Durante un tiempo (unos seis meses), los lectores antiguos se acordarán, di de baja esta bitácora. Al retomarla observé dicho almanaque y decidí prescindir de él, en parte por el trabajo gratuito que me llevaba y en parte por la existencia de este mismo calendario en granadaesflamenco, otra página más específica. Pero siempre he estado tentado de referir los acontecimientos flamencos que nos van llegando.

De esta forma, me gustaría comentar tan sólo un par de días en una agenda, llegando estos tiempos, siempre sobrecargada. Posiblemente no está todo lo que debería, pero todo lo que debería está.

Este viernes, 25 de octubre, en La Casa del Arte Flamenco, que ofrece flamenco a diario en dos pases (19:30 y 20:30), tendremos el baile de Adrián Sánchez y Ana Cali, acompañados del cante Sergio “El Colorao” y el toque Alfredo Mesa. Y el sábado a José Núñez y Vero “La India” al baile, arropados por el cante de Iván Vallejo y el toque del mismo Alfredo.

En los Jardines Soraya también tendremos espectáculo los dos días, también con doble función (20,00 y 22,30), con cena incluida, aunque lamentablemente no puedo especificar el programa.

La Diputación y la Universidad, desde el viernes pasado, llevan ofreciendo, en el Palacio de los Condes de Gabia, un ciclo de conferencias ilustradas muy interesante, llamado Flamenco y Cultura. Comienza a las 20,00 y, con el título “Paradojas del Modernismo. Flamenco, cultura popular y vanguardia artística”, estará a cargo de Pedro G. Romero.

La Sala Vimaambi, como viene siendo habitual, a diario ofrecen su espectáculo Raíz y Duende basado en el libro "El jinete del viento" de la poeta Maam, con cante (Marián Fernández y Miguel "El Poblao"), guitarra (Pablo Jiménez y Juan García "El Juani"), baile (Ana Leray, Marta Serrano, Alejandra Castel e Irene Rueda), percusión (Juan Córdoba y Rubén de Omara), piano (Manuel Biarnes), voz poética (Ángela Argote), pintura (Pedro Garciarias) y cinematografía (Vincent Biarnes).

En el Liberia tendremos sendas veladas flamencas. El viernes con Carlos Cruz al cante y Pepe Agudo a la guitarra. Y el sábado a Antonio Fernández al cante, Beatriz Remacho al baile y Josele de la Rosa y José Fernández a la guitarra.

LE Chien Andalou, también con flamenco a diario, hoy viernes presentan a Rudy Fernández al cante, acompañado de la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Inma Álvarez. El sábado cantará El Curro de la Chicuela, con la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Almudena Romero.

Esta noche también tendremos la conferencia y actuación de Juan Pinilla, y Paco Cortés a la guitarra, en la Peña de la Platería, a las 20,30.

Por último, en el teatro Isidoro Maiquez, a las 21,00, tendremos la presentación del espectáculo “Siento” del guitarrista Alberto López, acompañado por Bernardo Miranda e  Inma “la Carbonera” al cante, Alfonso Aroca al piano, Sergio de Lope a la flauta, Ángel Reyes al baile, Jesús Valero al bajo, Javier Rabadán a la percusión y Juan Diego Sáez a las palmas y coros.

Para no aburrirse.

* Alberto López en la foto.

Viernes, 25 de Octubre de 2013 10:31 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Sobre la vanguardia en el flamenco

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El flamenco es mestizo, nunca me cansaré de repetirlo. Andalucía ha sido siempre una encrucijada, un solar apetecible para todo viajero inquieto. Hay algo que atrapa a los atrapadores, creando un paisanaje que a la vez va atrayendo y sementando el nomadismo. Así, miramos nuestros ríos, nuestros bosques, nuestras montañas o nuestros mares y recordamos a fenicios y a tartesios, a griegos y a romanos, a vándalos, a visigodos y a bizantinos, a moros y a cristianos. Todos con sus anhelos civilizadores, todos con su poso cultural y su vitalidad emprendedora.

En el crisol de nuestra tierra se fue fraguando un sentimiento musical profundo hasta el siglo XV y posteriores. Cuando los gitanos, procedentes de la India, arribaron a la Península, encontraron esta riqueza cantora y la fueron asimilando a lo largo de los tiempos, hasta que en el siglo XVIII se tienen las primeras noticias de un preflamenco presto a ser pulido hasta la saciedad.

Si los gitanos no se hubieran establecido en el sur de España y no hubieran conocido la música que ya había no existiría el flamenco. Si Andalucía, de una u otra manera, no hubiera acogido al pueblo calé y hubiera ‘aplaudido’ el latido de su sangre no existiría el flamenco.

Poco a poco se fueron definiendo los decires del flamenco. La toná, la seguiriya o la bulería, se fue complementando con el tango, la alegría y el fandango, y de éstos a los cantes de las minas y a los cantes de ida y vuelta y al garrotín y a la farruca.

En cada momento, en cada época, el flamenco crece. Porque el flamenco es un patrimonio oral vivo y, como todo ser viviente, sufre cambios.

El flamenco no es una fortaleza inexpugnable ni un campanario aislado. El flamenco es un campo abierto, la cresta de una montaña, esa esquina del mundo donde van a parar todos los vientos. Ya lo decía José Luis Sampedro; “la vida se crece siempre en las fronteras”. Y la única forma de crecer es la vanguardia, el pionero que salta al vacío y hace caso a su corazón.

¿Hasta cuándo se puede considerar un flamenco de raíz? ¿Hasta que dejó de ser una manifestación tan sólo de los gitanos? ¿Hasta que la guitarra empezó a acompañar al cante? ¿Hasta que abandonó la intimidad de las casas y pasó a profesionalizarse? ¿Hasta que la ópera flamenca desvirtuó su esencia? ¿O hasta que Camarón de la Isla, sin saber muy bien lo que hacía, grabó La leyenda del tiempo?

Creadores ha habido muchos, la mayoría. El flamenco se fragua en cada garganta, en cada melisma, en cada mirada.

Dónde estaríamos si Paco de Lucía no hubiera abierto el mundo a su guitarra, sin los poemas por bulerías de Manuel Molina cantados por la voz siempre perfecta de Lole Montoya. Dónde estaríamos si Carmen Amaya no hubiera bailado con pantalones o Enrique Morente no hubiera grabado con un grupo de transmetal.

Pero nadie de los vanguardistas a los que me refiero han trasgredido la esencia del flamenco, nadie ha rechazado su primitivismo, nadie ha ninguneado a la Niña de los Peines.

Después hay unos aventureros del flamenco que rompen la tradición como si fuera vieja y no antigua, como si la patina fuera suciedad, como si el bronce no se reverdeciera con el tiempo. Y son esos modernos los que muchas veces se llevan el gato al agua y disfrutan de la falsa gloria hasta que llega un nuevo iluminado. Y son esos modernos los que muchas veces se creen paladines de la verdad y zancadillean a los reales vanguardistas, como apuntaba Antonio Machado en Juan de Mairena: “en política, como en arte, los novedosos apedrean a los originales”.

En el flamenco todo cabe pero nada sobra. El tiempo se encarga de limar las aristas y de allanar la pendiente donde el flamenco siga rodando.

* Lole y Manuel, en Umbrete, Sevilla, 1980.

Miércoles, 16 de Octubre de 2013 12:03 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Consejos a una joven bailaora

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Querida amiga, me dices que quieres bailar, que desde que viste a una bailaora transida sobre un escenario no piensas en otra cosa que ser como ella. Me dices que te has comprado unos libros y unos discos y que te has apuntado a una academia. Me dices que ya tienes tacones y ropa cómoda para los ensayos. Me dices que, cuando la bailaora bajó del tablao, no era nada extraordinario, que era un ser normal de carne y hueso, como tú o como yo, una persona de las del montón que camina por la calle, detrás de sus narices, como decía Shakespeare.

Torrente Ballester, en La saga/fuga de J.B., escribía: “El flamenco es un baile singular. No se aprende, se vive. No es una diversión, sino un sacerdocio, una cultura y la expresión de una realidad biológica. (…) He conocido bailarinas flamencas (…) Mujeres vulgares, incluso despreciables, que, al bailar, se trasforman en diosas”.

Me pides, por último, que te dé algún consejo para la ‘carrera’ que acabas de emprender.

Más que un consejo, a vuelapluma me alargaré dándote algunas recomendaciones que puede que te sean de utilidad.

No desfallezcas. El flamenco es una carrera de fondo. La técnica del pelotazo aquí no sirve. Cada paso lo tienes que ganar. Es fascinante el camino, como la Ítaca de Cavafis, y la meta incierta. No temas los escollos ni los tropiezos. Ni te nublen los aplausos. Al contrario. Sé humilde. Cervantes escribía en El Quijote: “la alabanza propia envilece”. No persigas la fama sino el reconocimiento. “La fama es el prestigio en calderilla”, nos recordaba Mario Maya. La grandeza de una persona suele ir emparentada con la humildad. Juanito Valderrama, cantaor enciclopédico donde los hubiera, decía que “la modestia es de burros y la falsa modestia de borrico garañón”. No busques el aplauso. Que el ‘ole’ sea espontáneo y decidido, nunca reclamado. La obligación de vitorear redunda en la mentira, que es el pozo más insondable en que un artista puede caer. Camina con la verdad por delante o cogido de ella de la mano. Sé sincera, que lo que tenga que llegar llegará. Y, en tal caso, sé agradecida, que es la primera muestra de esta humildad que te indico.

Escucha el cante. Debes saber de cante casi más que el cantaor que te acompaña. No dejes de estudiar y de aprender. Y, cuando estés en escena, párate a escuchar lo qué te cantan, cómo te tocan, y báilale al cuadro. Báilale a los músicos y no te cruces con ellos. Sigue su latido. Que bailando para dentro es como mejor se baila para afuera.

Así, actúa para todos y para nadie. Zeami va más allá: “olvida el espectáculo y mira al Nô; olvida el Nô y mira al actor; olvida al actor y mira la idea; olvida la idea y entenderás el Nô” (el Nô es una forma tradicional y mística del teatro japonés). Haz que te importe el público pero que te importe más el arte. Desentiéndete del espectador y baila, baila, baila. Es el mejor homenaje que se les puede hacer a tus seguidores.

Reposa tu cuerpo. Mario Maya afirmaba que “el baile flamenco no es fuerza bruta”. Es alarmante cuando un bailaor sale a escena como los toros a la plaza cuando abren el chiquero. El baile de arrebato es una demostración de energía a veces sin sentido.

Debes atender al silencio. “La danza no está en el paso, sino entre paso y paso. Hacer un movimiento tras otro no es más que eso, movimientos. El cómo y por qué se liga y qué se quiere decir con ellos, eso es lo importante” escribía Antonio Gades. A este respecto también leo en Jules Barbey D’Aurevilly: “Con la música ocurre lo propio que con la vida. En ambas resultan mucho más expresivos los silencios que los acordes” (que le pregunten a los Habichuela).

Sé consecuente con lo que estés bailando. Que tu atuendo, tu rostro y tus movimientos sean acordes con lo que quieres trasmitir. Cuenta tu historia. Baila de blanco unas alegrías, coge el abano en las guajiras, trasmite el drama de las seguiriyas.

Mueve todo el cuerpo. No bailes de cintura para abajo ni exclusivamente con los brazos. Todas las partes son importantes desde la punta de los dedos hasta las cejas, la mirada y la cintura. Levanta las manos y no peques de hombrera. Guarda el equilibrio. Busca la simetría. Lo que hagas con el lado derecho que lo puedas repetir con el izquierdo. Qué no te acusen de cojera.

No alargues demasiado tu actuación. No te repitas demasiado. Alimenta las ganas. Asegura el anhelo. Que tu baile sea una guinda, no un pastelazo.

Libérate. No estés pendiente de lo que haces. Cuando hayas aprendido olvida todo (comprende el Nô). Improvisa. Siente el momento. Que el baile no te pertenezca, pertenece tú a la danza. Es buena la técnica, pero mejor es la pasión. Hay que tener cuerpo, al que debes cuidar hasta el extremo, y cabeza, que te guíe y ofrezca razón a tu camino, pero también hay que poseer un corazón que lata y un paladar de gourmet, mucho paladar.

Aprende de tus mayores pero no quieras ser como ellos. Enrique Morente no quería ser ni como sí mismo. Se reinventaba continuamente. Imita todo lo bueno que veas. Quédate con los pies de alguien, con los giros de otro, con las manos de ella. Remeda escobillas y remates y desplantes pero sé tu misma. Lo que más se aprecia en el baile, en el arte en general, es tener un sello propio. Hablar un lenguaje especial. El público no va para ver más de lo conocido sino para descifrar un código cada vez diferente, aunque el emisor evidentemente sea el mismo. Valora los cambios de registro.

Busca líderes y maestros y déjate guiar y aconsejar por ellos, que cualquier padre quiere lo mejor para su hijo. El buen pedagogo pretende que su pupilo lo supere. Leonardo da Vinci lo expresaba diciendo: “¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!”.

Crea. A partir de lo que has aprendido investiga nuevos caminos. Deja las ventanas abiertas. Imprégnate de otras músicas de otras manifestaciones artísticas. Enriquécete con el clásico, con la danza española, con la escuela bolera, con el jazz, con el contemporáneo… pero no pierdas las raíces que son tu norte. La mayor vanguardia estriba en no perder de vista el pasado.

Domina el espacio. Una vez que tengas todo asegurado, piensa en conjunto. Piensa en toda la escena. Manda a tus músicos. Que no te pierdan de vista. Aprovecha cada centímetro de escenario, cada viento que corra.

Petronio en el Satiricón aconsejaba: Linque tuas sedes alienasque littora quaere, o iuvenis; maior rerum tibi náscitur ordo. Perdona el latinajo. Te lo traduzco: “Deja el lugar en que vives y busca otras tierras, oh joven; se te abrirán nuevos horizontes”. Vuela y ve otras maneras. Acude a otras plazas, a otras ciudades y aventúrate. No bebas siempre del mismo venero, aunque su agua sea fresca y buena. Piérdete para reencontrarte. Que un artista sin alas es una comida sin condimento.

Por último, o para terminar de empezar, te diría que ensayes, que le dediques horas a tu labor y que no pares de entrenar. Por muy sabido que tengas un número, la repetición es lo que te lo asegurará. Es la única manera de avanzar. No des nada por sentado.

Pero si no tienes madera, que es como no tener savia, que es como no tener duende, que es como no tener gracia, que es como no tener algo, que es como no tener arte, querida amiga, dedícate a otra cosa.

* Carmen Amaya en la foto (perdonad la evidencia).

Sábado, 12 de Octubre de 2013 11:19 volandovengo #. Flamenco Hay 23 comentarios.

Hacia dónde vamos

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Reflexiones sobre la universalidad del flamenco

El flamenco, con derecho, es Patrimonio Oral de la Humanidad declarado por la UNESCO. Ahora hay que mantener ese status. Debemos estar orgullosos por lo que nos toca. Es un derecho innegable que este arte de Andalucía, España y la Humanidad, como dice nuestro himno, sea reconocido como un monumento a la creación popular y a un estilo de vida muy particular. Porque el flamenco es un sentimiento que se extiende por el mundo. Al decir de muchos entendidos (¿de todos?), es una de las músicas más ricas que existen.

Puedo excusar a la Junta de Andalucía cuando en sus Estatutos reflejó el flamenco como materia exclusiva de su competencia con la idea de salvaguardar sus raíces, pero no perdono el intento interlineal de querer encasillar una música que es de por sí universal y mestiza, como dijo Sanlúcar. Puede que naciera en Andalucía y que echara los dientes en los rincones de nuestra tierra y que el folklore tradicional hispano, el poso cultural, se enriqueciera con la llegada de los gitanos y que germinara en una expresión tan categórica. Pero, por suerte, el flamenco no cerró los ojos ni atrofió sus alas y, con el mismo arte, fue creciendo en Extremadura y en Levante y en Galicia y en otros puntos de la Península. Para escuchar flamenco y tener oportunidades, para conocer todas las sensibilidades es necesario visitar Madrid o aterrizar en Barcelona. Hay grandes flamencos en toda la geografía, en Toledo y en Pamplona y en Alicante y en Oviedo… Así, quitadme la etiqueta de “sólo andaluz”.

El terruño español se impregna de sonios negros que traspasan nuestras fronteras enriqueciendo los rincones del mundo. Que le pregunten a los artistas. Es un bautizo de fuego pasar por Japón, por Nueva York, por París, por Londres. Existen festivales prestigiosos en muchos países. Hay miles de academias de flamenco por todo el globo. Hay intérpretes de la guitarra y del baile que no tienen nada que envidiar. El cantaor David Sorroche, me escribía del norte de Europa, diciendo que había que ponerse las pilas, pues por allí se estudiaba flamenco con rigor y entusiasmo, y que una guitarra ‘sonaba como si fuera del Camino’. El padre de Dorantes, comentaba en una entrevista en Radio 3, que descubrió en Japón a un guitarrista apodado con su mismo nombre, ‘Pedro Peña’, que era capaz de reproducir a la perfección todos sus discos, incluso milimétricamente los mismos fallos que se deslizaron en la grabación.

Así, cuando el flamenco se ningunea, se margina, se aparta como una manifestación anquilosada de segundo nivel, cuando a propósito se oscurece su mundo, me revuelvo y me digo que llegará el día que echemos de menos no haber mimado a nuestro arte por antonomasia, que no hayamos respetado a sus intérpretes, que no hayamos cuidado su cantera. Y cuando tengamos que ir a ver buen flamenco a Luxemburgo, a Nueva York o a Milán, nos daremos cuenta que el universo es nuestro, pero la carrera espacial la hemos perdido.

* En la foto, La Moneta (Joss Rodríguez©)

Viernes, 11 de Octubre de 2013 11:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Gaudí

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En el artículo anterior referí que el espectáculo sobre Gaudí, Esencia de un arquitecto, del bailaor Javier Martos comenzaba por un texto en off, entonado por él mismo, que tuve la suerte de hilvanar.

Sin ser poesía, quise dotarlo de cierto ritmo para poder ser recitado. Sin ser canción, lo dividí en estrofas que descansaban sobre genérico estribillo.

Lo reproduzco a continuación tal y como se lo mandé, en un solo párrafo, con barras verticales, una o dos, que indican las pausas preferentes, la cesura, para ser leído.

Se hizo un gigante en Barcelona. / Más que técnica, cultivó el amor. / En vez de la función, buscó belleza. / Reus, su pueblo y el mío, fue su cuna / Corría el año / de mil ochocientos cincuenta y dos. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Quiero acércame hacia la altura / de su cabeza clara. / La naturaleza y la luz / en un cristal azul le aguardan. // Su visión es un bosque de cerámica, / de vidrio, de hierro y de madera viva, / que como un animal descansa / en su forja de fiel blancura. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // La iglesia le acompaña la mañana. / Cree en su dios, en sus manos y en su alma. // Su cabeza se hace una / y con su corazón cabalga. / Poeta de la roca modernista. / Decorador de calle y del espacio. // La Sagrada Familia y la Pedrera, / la Casa Batlló y el Capricho, / el Parque Güell y la Casa Milà. / Tantas y tantas otras. / Tantas y tantas obras de arte. / No en vano, siete de ellas son / de nuestra humanidad el patrimonio/ según la Unesco. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. // Su aspecto descuidado / no trascendía su grandeza. / Cuando un tranvía infausto / siega su vida entera. / En el Hospital de la Santa cruz / se le apagó la luz. / Tenía setenta y cuatro años, / una mente clara; / tal vez cien proyectos de furia y calma. // No creo que lloviera / en ese mes de junio / del año / mil novecientos veintiséis. // Gaudí arquitecto. / Gaudí paisano. / Gaudí una estrella de la piedra pura. ///

Sábado, 14 de Septiembre de 2013 09:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Del sentimiento a la hermandad

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III Festival de las Cuevas 2013

El orden de mi desorden me impidió asistir a todo el Festival de las Cuevas. No pude escuchar, el lunes 26 de agosto, a Jaime el Parrón y Manuel Heredia, que presentaron Flamenco sin tapujos. Ni tampoco asistí al programa doble, el viernes 30, A menta y canela de Marcos Palometas y Vienen del Carmen de la Escuela Carmen de las Cuevas, con la participación especial de Maricarmen Guerrero.

Sin embargo sí presencié los espectáculos de Jara Heredia y de Javier Martos, los días 4 y 6 de septiembre respectivamente.

Jara es una bailaora de raza, con una fuerza y una seguridad innata que inciden en su carisma. Siendo de la tierra (puro Sacromonte) destila una elegancia evidente que pasea con garbo por las afueras de lo ortodoxo.

Su obra, Por tu ausencia, es un claro homenaje a su padre desaparecido. Era Juan Heredia, Juanillo ‘el Cojo’, toda una institución en el monte. En parte, todos los asiduos, nos quedamos huérfanos. Su cariño es universal.

El cantaor Rudi de la Vega abrió el espectáculo remedando a Juanillo. Sentado en una silla, a boca de escenario, y acompañado él mismo con su guitarra, interpretó el ramillete de cantes que el padre solía decir, sobre todo en familia. En silencio abandona la escena dejando el asiento vacío, haciendo contundente la ausencia.

Jara toma el relevo por soleares y retira la silla circunspecta. La soleá es grave y doliente, pero cuando tiene un destino claro, puede desgarrar por dentro. Jara no baila sola, que baila su dolor. El Monte le ha dado la vida y el Monte trasciende en sus pasos. Juan le ha dado la vida y su sombra planea en cada vuelta. Marcos Palometas a la guitarra ilustra con precisión una historia que también es suya.

La segunda parte la abre ‘el Parrón’ con una voz equilibrada y una seguridad manifiesta, el amigo del amigo, el compañero del compañero, araña, como Torre, el azogue de los espejos. Jaime se acuerda de Caracol y de Lorca.

La bailaora vuelve triste por levante y apunta una esperanza con los tangos. A los postres entra su familia, hija, hermanas y sobrinas, y entre todas nos regalan un fin de fiestas con los más auténticos tangos de la penca que se puedan encontrar.

Javier Martos retuerce las tuercas y se acuerda de Gaudí, con el que encuentra similitudes. Gaudí es de Reus, como este bailaor, es novedoso y rompedor, es espontáneo e inconformista.

Con Esencia de un arquitecto Javier nos introduce en el concepto creativo, en la improvisación sobre lo ya hecho, en el espíritu inquieto del que todo lo hace y todo le falta.

Un baile estilizado, muy simbólico, algo cubista; con su poso flamenco y sus pinceles contemporáneos; definen el conjunto.

La generosidad y sabiduría de este bailaor catalán hace que se rodee de un cuadro esencial que asambleariamente aporta su conocimiento. Las músicas de Rubén Campos y Kiki Corpas (guitarras) son para tenerlas en cuenta.

Javier entra en escena leyendo un libro sobre el arquitecto que le sirvió de inspiración. Javier baila en silencio sus propias palabras en off, sobre un texto creado para la ocasión por el que suscribe (Jorge Fernández Bustos), rematado por abandolaos.

Los tientos-tangos, con los que termina la primera parte, son menos alegóricos. Dejan entrever la cuna sacromontana y las ganas de ronear.

Un solo de batería, de Cheyenne, al que podemos considerar ya un maestro de la percusión, mete de lleno al bailaor en la piel del arquitecto y sus obras, para darle paso a su artista invitada, Mara Martínez, para poner su huella por soleá, que, aunque se alejan del concepto de la obra, añaden una grata nota de color bastante aplaudida.

Martos también echó manos de un inspirado Antonio Canales que le brindó el montaje de una seguiriya, culminada por un Ave María preciosista, en la voz de Sergio Gómez ‘Colorao’ que pone punto final a una obra a la que le auguramos un futuro venturoso.

* Foto tomada del facebook de Javier Martos, interpretando a Gaudí.

Miércoles, 11 de Septiembre de 2013 13:28 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El latido del flamenco

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Más que una expresión artística, el flamenco es un estilo de vida, es un sentimiento difícil de explicar. Como igualmente es difícil de definir el ‘pellizco’ o el ‘duende’.

Federico García Lorca, en su conferencia Teoría y juego del duende, cuenta que Manuel Torre (“el hombre de mayor cultura en la sangre que he conocido”), escuchando Nocturno del Generalife de Manuel de Falla, dijo: “Todo lo que tiene soníos negros tiene duende”.

Y de ‘sonidos negros’ se trata. Pero sin ninguna connotación racial o externa, sino de esa amargura vital que hace que la garganta tenga pellejos de aguardiente. Felix Grande escribe que “el flamenco es una de las músicas más desconsoladas del mundo”. El flamenco nació de la pena y del dolor, de la marginalidad y de la explotación, de la persecución y del hambre. El flamenco es un grito desgarrado; es la vindicación de la existencia, como puede ser el blues; es un perpetuo caminar por la sombra, como puede ser el tango.

En 1425 llegaron los gitanos a España, procedentes de la India, después de un largo éxodo por los países europeos. En la península Ibérica, con su arte del engaño, con su nomadismo y con su vida de fortuna, pudieron convivir en paz cosa de medio siglo. Después, como en el resto de Europa, fueron perseguidos por las aberrantes pragmáticas de los reyes, de mayor o menor dureza, que les prohibían explícitamente vivir como gitanos.

De esa represión surgió la queja. Y esa queja desembocó en el cante. A finales del siglo XVIII ya se entonaban tonás y sus derivados (siempre sin acompañamiento instrumental, como hoy en día): martinetes, deblas, livianas, carceleras. (Se ha dicho de la carcelera que “si la desgracia tuviera un himno, ese himno sería la carcelera”)

Como es natural, con estos sones a capela, se hicieron también cantes de labor (trilleras o temporeras), pregones o saetas. Seguidamente surgió la seguiriya, la seguiriya gitana, el cante dramático por antonomasia.

El primer cantaor conocido de la historia, gran seguiriyero, fue Tío Luis de la Juliana, que era aguador en Jerez de la frontera. A él le siguieron el Ciego de la Peña, el Planeta, Manuel Cagancho, Merced la Serneta, el Fillo… Todos de origen gitano.

Pero no nos engañemos. El flamenco es el choque del gitano con el poso musical de Andalucía. Los romances o corridos (castellanos, moriscos o fronterizos), los cantos mozárabes (jarchas, casidas), las tonadas, las seguidillas, los fandangos, los cantos sinagogales… sirvieron de cimientos para edificar el grueso andamio del flamenco.

No es hasta mitad del siglo XIX, sin embargo, cuando empiezan a destacar nombres de cantaores no gitanos. Silverio Franconetti, de padre italiano y madre andaluza, con su “grito terrible”, según Lorca, que “abría el azogue de los espejos”, partió en dos la historia del flamenco (como hoy día ha podido hacerlo Paco de Lucía y Camarón de la isla).

Ya en tiempos de Franconetti existían un puñado de cantes: los básicos (tonás, seguiriyas, soleares y fandangos) y sus derivados (tangos, bulerías, cantiñas o los cantes de levante).

Los primeros cafés-cantantes surgieron, a partir de 1842, en toda Andalucía, levante, Madrid, Barcelona (Silverio regentó uno en Sevilla). De la intimidad y el ‘cuartito’, el flamenco se vistió de largo y se hizo profesional. De un sentimiento familiar, se convirtió en una manifestación popular. Es la llamada edad de oro del flamenco.

En estos cafés, donde se ofrecían comidas y espectáculos, se casan definitivamente el cante, la guitarra y el baile. El café cantante es una escuela donde se forja y se desafían los artistas; donde beben unos de otros, donde se aprende y se crece.

Le preguntaron a Manolito de María, un gitano de Alcalá de Guadaira, que por qué cantaba. Él sencillamente dijo: “porque me acuerdo de lo que he vivido”. (Caballero Bonald hace poco manifestó que “el cantaor no inventa: recuerda”.)

Y es así, se canta la vida, la pena y el sudor, pero también, a veces con ironía, se canta al amor, a la alegría y la fiesta. El pueblo andaluz se ríe de su suerte, de sus duquelas. Sabe sobreponerse al dolor y a veces prefiere los laureles de un día de festejo, que el pan seguro de cada día.

En 1922, otro hito volvió a dar un impulso al flamenco. Este arte andaba denostado por las autoridades y por el pueblo fino. Fue en Granada que se juntaron Manuel de Falla, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Zuloaga y otros cuantos intelectuales para organizar el primer Concurso de cante jondo de la historia y luchar contra este incomprendido antiflamenquismo.

Tres baluartes tildaron este concurso no profesional. En primer lugar, formaba parte del jurado el vastísimo don Antonio Chacón, que tiene en su haber la creación (granaínas, caracoles) o recreación (malagueña) de la mayoría de los cantes como ahora los conocemos. En segundo lugar, cantó fuera de concurso el tremendo Manuel Torre, uno de los nombres imprescindibles del cante. Y, por último, consiguió un premio un chiquillo de trece años llamado Manolo Caracol, una de las dos grandes influencias, junto con Antonio Mairena, de los cantaores y aficionados del cante flamenco de la segunda mitad del siglo veinte.

(Las cuevas del Sacromonte granadino funcionaban a pleno pulmón en aquella época. Una asistente al concurso de cante, conocida como la Argentina, posiblemente la mejor bailaora de España, visitó las cuevas en compañía de Chacón y Ramón Montoya (gran guitarrista, creador de la rondeña que ha marcado la base para las creaciones posteriores). Después de bordar una soleá de Enrique ‘el Mellizo’, de un rincón se levantó una viejecita desarrapada y enteca, que le dijo a los artistas que siguieran por ‘ahí’, que quiere decir que continuarán con el compás por soleares. Todos se quedaron cómicamente extrañados, pero le hicieron caso a la anciana y se arrancaron por Ramón ‘el de Triana’. Fue salir al centro y levantar los brazos esa mujer que, cuenta la crónica, todos se quedaron helados. A su fin, la Argentina se preguntó: “¿y yo bailo? Si trasmitiera al público la mitad de la emoción que siento ahora viendo a esta bailaora...”. Era María Gracia Cortés ‘La Golondrina’. Tenía 79 años)

Un periodo de nublos, gobernado por la Guerra Civil y la dictadura, oscurecieron el flamenco. La ópera flamenca era la única manifestación posible. Muchos cantes pasaron al olvido. Tan sólo los sones aflamencados, la copla y los fandangos estaban de moda. Puede que estos espectáculos hicieran daño al flamenco, pero también fueron el salvavidas que lo mantuvo a flote hasta mejores tiempos.

Fue en 1956 que Córdoba tomó el relevo del 22 organizando el Concurso nacional de arte flamenco (que sigue vigente en nuestros días). A éste le siguieron otros premios en el resto de Andalucía y se prodigaron los tablaos (sucesores de los cafés cantantes) y los festivales flamencos. Festivales que este verano pueden cumplir más de 50 años.

El flamenco se prodiga como nunca. Empieza a haber recitales por toda la Península y entra en las aulas universitarias (Morente, Menese, Gerena); se extiende por todo el mundo hasta que el 11 febrero de 2011, fue considerado por la UNESCO Patrimonio Oral de la Humanidad.

Hogaño son centenares los intérpretes de flamenco en cada una de las tres disciplinas: cante, toque y baile y otros instrumentistas (piano, percusión, flauta, violín). No sólo en España, sino también en el resto del mundo. El flamenco se expande y sigue creciendo como un animal vivo. El flamenco tiene las ventanas abiertas. Desde que nació es mestizo, como decía Manolo Sanlucar. Pero el flamenco nunca olvida su pasado, su origen y su cuna. En cada quejío del cantaor se advierten las palabras que, en la primera mitad del siglo XX, dijera Tía Anica la Piriñaca: “cuando canto a gusto me sabe la boca a sangre”.

* Jorge Fernández Bustos, ponencia dictada en Lorica (Calabria) el 25 de agosto de 2013 (traducido al italiano por Gilda Rogato)

** Ilustración: Cante flamenco en el patio, dibujo de Enrique Simonet (1900)

Martes, 27 de Agosto de 2013 09:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Dos realidades sacromontanas

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

La tercera semana del Corral fue topográficamente definida. Los primeros días de agosto (5 y 6), con un calor de justicia, pudimos disfrutar en cambio con el aire fresco de dos bailaoras de raza, telúricas, con brío y con sueños.

Alba Heredia y Ana Calí, por citarlas en orden de actuación, son dos realidades sacromontanas; dos hijas de la tierra y de la cueva, del Camino y del Monte, del trote diario y de la economía de fortuna.

Ana y Alba, por citarlas de mayor a menor, son dos frutas sabrosas, que saben de sus jugos, que liman el carozo, que alimentan con sus pieles.

Si de Ana son los pies, de Alba son las manos. Si Ana tiene una meta, Alba busca el camino. Si Ana se desnuda apenas con la música apuntada, Alba se rodea con una gran orquestación mercenaria. Si Ana fija su compromiso, Alba nos sorprende con nuevos vuelos. Si Ana rema su propia canoa, Alba aún se mece en el globo cautivo de los Maya.

Alba Heredia firmará con fuerza una soleá y unos tientos-tangos y unas seguiriyas. Ana Calí se afianza con tientos-tangos y con zambra y con soleares.

Dos realidades, como digo. La veteranía y la sombra alargada. Dos fuerzas diferentes, capaces de ser trágicas y de sonreír según fije el guión. Dos hijas de su tierra, como digo, que pisan fuerte, que ronean como nadie en los cantes locales, que tienen mucho que decir, que reparten flores con la mirada.

* Ana Calí en una foto de Joss Rodríguez (fragmento)©, perteneciente al muro de la bailaora.

Viernes, 09 de Agosto de 2013 10:49 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Segunda semana del Corral

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

El lunes 29 de julio pudimos ver al bailaor local Iván Vargas, que nace y bebe en el Sacromonte, pero con ansias de volar y de picar en otros platos. Lleva varios años readaptando una misma obra. Yo mismo se hace y se rehace a meced de estos vientos, posiblemente porque yo no soy el que era ayer, o soy el de ayer más el que hoy soy.

Un acierto de este bailaor es el de rodearse de un cuadro exclusivo, posiblemente uno de los mejores músicos de atrás que se pueden reunir. Miguel Lavi, David ‘El Galli’ y Juan Ángel Tirado al cante, son un espectáculo en sí mismo (destaquemos sus bulerías en torno a una mesa haciéndose compás con los nudillos); Luis Mariano, a la guitarra, con su delicadeza y su cólera, está llamado a dejar una huella indeleble en el panteón granadino (su taranta es conmovedora); Miguel ‘El Cheyenne’ no se limita a tañer el cajón, su concepto musical y su visión de conjunto lo llevan a limar las piezas y a dirigir el conjunto; David Moreira, al violín, aporta un contrapunto interesante y aplaudido, aunque a veces esté de más.

Con un pregón, trilla y romance, que esconde seguiriya en su vientre, se destapa Iván con su fuerza, a veces violenta, y su anhelo de transmitir. Una transmisión tan necesaria como arrebatada que se hará verbo por levante rematado por tangos, donde el sacromontano domina paseando su palmito con una seguridad y una gracia asaz agradecidas.

Termina por alegrías. Aunque, como acostumbra, será un falso final, pues vendrán a la postre generosidades musicales (solos de percusión o de violín) cercanos a la rumba. Cantiñas que recuerdan a sus mayores pero con un aire definitivamente personal, como él mismo.

Alberto Sellés, el 30 de junio, fue la sorpresa foránea. El jovencísimo bailaor de San Fernando (1991) es una caja de sorpresas. Quiso venir acompañado de Javier Barón, un peso pesado del baile nacional, quizá para darse una seguridad que, viendo sus hechuras y su técnica, resultó innecesaria.

Con un fuerte y seguro taconeo, Alberto comenzó con seguiriya, precedida por una estela de martinetes. Al cante Manuel Romero, Ana Gómez y David ‘El Galli’; a la guitarra Juan Campallo; y a la percusión José Carrasco.

Después de un poquito de bulerías de Barón y algunas incursiones por parte de los músicos (taranta guitarreada y malagueñas en la voz de ‘el Galli’), un breve paso a dos por cañas trasciende el nivel de la pareja casi de equilibrio. Todavía quedaba tiempo para unas rotundas alegrías por parte del isleño y unas graciosas bulerías, que acabaron por soleares, firmadas por el maestro.

El último día de esta semana (31 de julio) tuvo también sabor local pero de universal trascendencia. David Carmona, detrás de su guitarra, no sólo da un concierto, sino que hace una tesis de su espectáculo y da una ponencia sobre su concepto personal de convivir con las seis cuerdas que tanto le deben al maestro de Sanlúcar y a la escala mexolidia.

En solitario nos hace entrega de una taranta y de una soleá y de esas bulerías que le acompañan llamadas Motivo impertinente donde expone parte de su mundo. Igualmente interpretará un toque libre de clara influencia fandangueril (entre minera, granaína y taranta) donde pone a prueba su escala oriental demostrándonos que hay territorios posibles aún no hollados.

Con la misma escala mexolidia, propone bulerías que apunta Patricia Guerrero, su artista invitada, su artista fetiche, al baile con pantalón. Patricia se ciñe a lo elemental. Como un perfume, concentra su arte en los minutos necesarios para hacernos estremecer. A la vez rotunda y delicada; sus brazos, sus caderas, su rostro, sus pies, su palmito todo, hacen de ella una isla hermosa entre las bailaoras del momento. No temo en afirmar que el mejor día del Corral, de lo que llevamos, el mejor momento es precisamente este en que Patricia baila para David y David toca para Patricia, porque lejos de que el baile acompañe a la guitarra, la guitarra se hace exclusiva, David compone directamente para el baile (posiblemente para el baile de Patricia). Esta jugada la repetirán generosamente en las bulerías finales.

Antes de este final por fiesta, ya con el resto del grupo (Carmen Molina al cante; Agustín Diassera a la percusión), meros instrumentos a su servicio, David apostará por unos ricos fandangos de Huelva y unos curiosos tangos que, entre otras cosas, expresan anormalmente dolor en sus letras, también compuestas por él.

* Foto de Naemi Utea©.

Sábado, 03 de Agosto de 2013 11:14 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El flamenco prendido de Eiko

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Eiko Takahashi es como si ya fuera de aquí. Sus treinta años de continua visita, empapándose del todo lo que huela a flamenco (cuanto más de raíz mejor) y codeándose continuamente con los granadinos lo avala.

No es primicia ni descubrimiento alguno que el flamenco cautivó Japón. Es posible que en Tokio existan más academias de baile que aquí; amen de tablaos, salas de fiesta, publicaciones especializadas… Con ese poder de mimetismo, los japoneses abrazan nuestro arte y lo reproducen con pasmosa exactitud.

¿Objeciones? Sí, puede haber muchas, como también hay sorpresivos aplausos. Basta con mirar el plantel de bailaores o tocaores nipones que están afincados en España.

El flamenco para Eiko comenzó aprendido; después, como alma inquieta y pasional, fue aprehendido; para terminar, el miércoles pasado pudimos verlo en el Corral del Carbón, el flamenco ha prendido en el saber y el trasmitir de esta gitana oriental.

Sus miradas recorren todo el panorama del baile flamenco durante medio siglo. Su propuesta es clásica y respetuosa. A veces demasiado marcial y encorsetada; otras, tan libre como los pájaros. La técnica y el remedo la invaden en un comienzo, pero nos descubre a los postres una capacidad de improvisación inesperada. Su necesidad de contar es vital; su trabajo, evidente; su entrega, verdadera.

Con sus sesenta años ya cumplidos, Eiko ha sabido dar y recibir, respetar y agradecer, escuchar y gobernar. Se rodea de un cuadro contundente. La seguridad de la guitarra de Marcos ‘Palometas’, que a veces rellena el espacio como si fuera dos; la voz rotunda y segura de Manuel Heredia; y la prodigiosa de Sergio Gómez ‘El Colorao’ (encomiable por levante); y las palmas y jaleos de Mati Gómez (lástima que no cantara, aunque para el fin de fiestas se dio una graciosa pataílla por bulerías).

Dos bailes conforman un trabajo de encaje. Dos bailes que se desglosan como el jardín de Borges para mostrarnos su globalidad. Así, comienza por malagueñas, que encierran tangos de Triana y del Piyayo, y sabores de farruca, para desembocar por rumbas y por fiesta. Tanto el baile, como el vestuario y la expresión del rostro son muy cuidados. A veces, en algunos movimientos o vuelos de manos, trasciende el alma oriental y la delicadeza de quien contempla una flor sin arrancarla de su tallo.

Después de los tarantos de Sergio y de unas bulerías de Utrera de Manuel, en las que se acuerda de Perrate y de Fernanda, vuelve la bailaora a repartir emoción con una soleá de Triana, unas cantiñas y unas bulerías de Cádiz en una misma pieza, posiblemente un poco largas, quizá un cante de cisne agradecido.

* Foto de Naemi Utea©.

Domingo, 28 de Julio de 2013 18:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La redonda hombría de Rafael Campallo

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XV Muestra de flamenco. Los Veranos del Corral

Siempre es una apuesta segura atender el baile de algunos artistas. Rafael sorprende a cada paso con un baile personal, lleno de guiños y de una comicidad digna de agradecer, que hace de los espectadores verdaderos cómplices de su propuesta. 

Familiarmente arropado por un preciso Jeromo Segura al cante (con una soleá antológica), por su hermano Juan Campallo a la guitarra (exclusiva rondeña) y por la percusión de José Carrasco.

Si a esto le sumamos el marco perfecto, en cuanto a belleza, temperatura y dimensiones; un perfecto sonido; y un juego de luces muy cuidado (aunque no terminan de convencerme los fundidos totales al final de las piezas); tenemos los ingredientes perfectos para disfrutar de la velada.

En realidad, salvo contadas excepciones, las quince muestras de flamenco del Corral del Carbón que ahora celebramos han contado con estas características haciendo de este ciclo uno de los mejores festivales de flamenco joven de la nación.

Rafael, al que pudimos ver este lunes pasado inaugurando la Muestra, goza de un baile eminentemente masculino, pero lleno de redondeces y de un braceo que lo aleja gratamente del puro macho y del baile de arrebato de gusto exhibicionista.

El bailaor sevillano comenzó bailando por malagueñas para, después de la rondeña aludida, abordar unos tarantos con un tempo muy relajado hasta mascar de vez en vez el puro silencio. Esta incursión por levante culminó, como suele suceder, por tangos, donde el protagonista roneó a placer con la gracia que lo tilda.

Acaba la entrega del cuadro hispalense por alegrías precedidas por una generosa entrega a la caja. Si acaso faltara soltura y dominio, Campallo por Cádiz, termino por desatarse arrancando los minutos de aplausos que sin duda merecía.

Viernes, 26 de Julio de 2013 12:14 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Paco, el número uno

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Festival de Música y Danza de Granada

Paco de Lucía

Lo más fácil y lo más difícil es hablar de Paco. Posiblemente el mejor tocaor de todos los tiempos cerró el Festival de Música y Danza. Con todas las entradas vendidas aproximadamente a la hora de abrir la taquilla y alcanzar en la reventa precios espectaculares, Paco vuelve a Granada con un octeto para dar una visual sobre parte de su trabajo.

La interpretación del algecireño es magistral, como no podía ser menos. Sus manos son de oro; su limpieza admirable; y el soniquete que descansa en su mano derecha admirable. Pero dejadme destacar su labor compositiva. Paco ha marcado un antes y un después en la guitarra flamenca. Sus incursiones, en cualquiera que sea la pieza, son obras de filigrana y entran por la puerta grande a formar parte indiscutible de la memoria clásica del flamenco.

El viernes, 12 de julio, se agolpaba casi el mismo número de espectadores en el Teatro del Generalife como por sus alrededores. El derroche de decibelios hacía que el concierto se oyera nítidamente a varios kilómetros a la redonda.

El maestro suele cambiar de agrupación, manteniendo algunos de sus circunstantes durante varias temporadas. Es como si quisiera dar oportunidad a claras promesas de caminar a su lado o de disfrutar en directo del arte y el pellizco de los demás (esto mismo le ocurría a Morente).

Algunas constantes sin embargo adjetivan esta elección, como la inclinación camaroniana en las voces, la incorporación de instrumentos en principio distanciados de los esquemas flamencos o el baile de arrebato en su parte plástica.

Así, el baile del Farru, otras veces de desbocado lucimiento, hogaño, a las órdenes del de Lucía y finalizando algunos de sus temas es eficaz y agradecido. El resto de los músicos están en su sitio y alcanzan el nivel requerido con tan buen rey. Destaco la percusión de El Piraña y el bajo de Alain Pérez, con solos memorables. Pero sobre todo aplaudo la espectacular armónica de Antonio Serrano Dalmas, que rellena el espacio y casa de una manera especial con el flamenco y el ambiente exigido.

Antonio Sánchez Palomo, como segunda guitarra, es reconocible y preciso en los diálogos que entabla con la sonanta del jefe. Los cantaores, por último (David de Jacoba y Antonio Flores Cortés), con sus voces rajadas y algún que otro altibajo en su entrega, dulcifican y popularizan tangos y bulerías, que es lo que primó en el recital.

Con todo y con eso, dejadme que prefiera la guitarra desnuda de Paco de Lucía. Oportunidad que sólo tuvimos con la rondeña del principio y con la introducción de la Canción de amor, sólo constelada con la percusión y con algunas notas en el aire de un sintetizador arrancadas por Serrano Dalmas. Esta ‘balada flamenca’, que introduce la bulería Volar y apuntes de Luna que habita en los mares, forma parte del disco Zyryab de 1990 que, junto con Cositas Buenas (2004), jalonan genéricamente este concierto.

Con estas remezclas y guiños (hay piezas que agrupan tres o cuatro formas distintas, bulerías, seguiriyas y tangos, por ejemplo), se desarrolló un recital eminentemente festero.

Fuera de programa y después de una generosa introducción a la caja, la banda nos regala Entre dos aguas la rumba con la que comenzó todo.

Dentro de la excelencia y el respeto, quizá eché de menos, repito, escuchar algo más la guitarra solitaria del maestro y algún que otro toque más ‘profundo’ como una soleá, una taranta o unos tientos.

Domingo, 14 de Julio de 2013 12:41 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

El baile denuncia de Israel Galván

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Festival de Música y Danza de Granada

Lo Real/Le Réel/The Real

A ver cómo lo cuento. Israel Galván no es el único bailaor que abandera la vanguardia del baile flamenco. Ni siquiera es el primero. Lo han precedido Vicente Escudero o Mario Maya, por citar sólo a dos de sus referentes. Pero sí encontramos en Israel una coherencia en sus extremos, otra vuelta de tuerca cuando parece que los pernos están apretados, un trasfondo canastero en tanta avanzadilla, un compás de excelencia en todo el conjunto.

Israel, desde el principio, ha hecho gala de su rebeldía. Obras como El final de este estado de cosas, y su depuración, apellidada redux, basadas en los textos del Apocalipsis, encumbran, no sólo su trasgresión, sino también su compromiso.

En octubre de 2012, se inauguró en Berlín un monumento en memoria de los gitanos víctimas del Holocausto. Según fuentes oficiales, unos 500.000 gitanos de Europa fueron asesinados durante el Tercer Reich por ser racialmente inferiores, como los judíos, los homosexuales, los testigos de Jehová y los comunistas.

El bailaor sevillano recoge el testigo de esta memoria histórica y nos ofrece una obra de poco más de cien minutos donde se mete en la piel de uno de estos gitanos en un campo de exterminio para darnos su especial visión de este suceso.

Como si se tratara de un documental, la función está dividida en partes, que se anuncian conceptualmente en paneles que se alzan al efecto. Así, después de un preámbulo (Se corta el aire), donde vemos todo el escenario lleno de ‘herramientas’ y su esqueleto, es decir, sin bambalinas que oculten el foro, comienza la primera parte: Un hombre, de los muertos crecen flores.

Con el flamenco, en forma de granaínas, malagueñas y verdiales (David Lagos), comienzan el relato. Pero es un flamenco desgarrado, lleno de silencios y estridencias. Como tónica general, la música será interrumpida por miles de ruidos y la impertinencia de instrumentos ajenos. A la guitarra Juan Gómez ‘Chicuelo’ armoniza el conjunto.

Galván es un hombre solo que no entiende nada, que se interroga a sí mismo y a los objetos con que interactúa. A pecho descubierto y con tirantes (a veces descalzo) lanza su discurso epiléptico, lleno de poses y de movimientos imposibles, pero con un compás y un trasfondo de flamencura reconocibles. Un piano desvencijado, al que arrastra y golpea, puede ser la imagen de la burguesía, del fascismo, de su impotencia.

Tomás de Perrate canta en caló, parece, una tona, antes de dar paso a Belén Maya, una mujer: el cielo tiembla y se cae. Con ritmo de tangos la bailaora remeda al bailaor. No se luce, sin embargo. La interpretación exagerada merma su eficacia. (En unas cajas de tablas de madera se proyecta al tiempo el vídeo Canta Gitano (1982), de Tony Gatlif, donde actúa Mario Maya.)

Con soleá y bulerías llega el intermedio, protagonizado por Isabel Bayón: Carmen, la chinche y la pulga. Sus maneras irónicas arrancan sonrisas. Su baile es más lucido y provocador. Hasta canta un poco.

Una gitana entrada en carnes sale a escena y, con las manos, mantiene el mismo lenguaje que sus predecesores. También entona el anuncio de Neoclor por tanguillos. El cuadro de músicos continuará esta cantinela y después el anuncio de Cucal: hay que dejar todo limpio y acabar con las cucarachas.

Unas bulerías nos precipitan al final. La muerte es un maestro bienvenido. El escenario va mudándose con diversos objetos (maderas, columnas y rejillas metálicas…), que sirven para dimensionar los pies de Israel.

Gran protagonismo tienen el resto de actuantes: Juan Jiménez Alba al saxofón, Alejandro Rojas Marcos al piano, Antonio Moreno a la percusión, Eloísa Cantón al violín, Bobote a los jaleos y palmas, Pablo Pujol y Pepe Barea, actores, pero sería interminable una crónica que podía haber contado de mil formas diferentes.

Como fin inesperado, los tablones que han servido para anunciar las partes del drama, se levantan, ocultando el escenario, pero dando la impresión que los cautivos somos los espectadores.

Viernes, 12 de Julio de 2013 19:03 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Con Saura llegó la luz

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco hoy de Carlos Saura

Tratándose de Carlos Saura, asistimos a un largometraje. Más de dos horas de función, con su intermedio en el ecuador y unos asientos que se iban trocando en piedra a medida que pasaban los minutos, merman cualquier atisbo de buena voluntad.

Destacamos el juego de luces (Paco Belda y Joaquín Osuna); el aprovechamiento del espacio (Laura Martínez) que, con cuatro grandes bastidores y cuatro espejos, dinamizan la escena con decenas de ambientes; y el vestuario (Antonio Alvarado), más de las chicas que de los chicos, que agrada el conjunto y da versatilidad a ese diseño lumínico. Destacamos sobre todo el armazón musical creado por Chano Domínguez y Antonio Rey, guitarrista sin fisuras del espectáculo, ganador del Premio Nacional de Guitarra en sus tres categorías; la genérica plasticidad coreográfica de Rafael Estévez y Valeriano Paños, dos de los bailaores actuales que más tienen que decir; y la propuesta escénica y primera obra en vivo dirigida por el cineasta español.

Sin argumento reconocible y un afán por mostrarlo ‘todo’ y homenajear al flamenco a través de sus grandes figuras y momentos, se nos presenta una obra sin duda bella pero sobrecargada de intención. Nada menos que diecisiete momentos (a veces subdivididos en varias escenas) constelan la función.

Citando no más a los bailarines de buen nivel: Ana Morales y Rosana Romero, como solistas (además de los coreógrafos aludidos), y como elenco: Carmen Manzanera, Sara Jiménez, Macarena López, Andoitz Ruibal, Oscar Manhenzane, Daniel Morillo, Jesús Perona; a los músicos de altura Javier Galiana (piano), Ernesto Aurignac (saxofón/flauta), Martín Meléndez (bajo/chelo), José Córdoba (percusión); y a los meridianos cantaores: Sandra Carrasco, Blas Córdoba, Israel Fernández; se nos iría un artículo que pretende no ser demasiado ancho.

Así, no desgranaré todo el programa, sino, permitidme,  que dé sólo unas pinceladas. Después de una breve presentación, Sandra Carrasco interpreta unas nanas, Hágase la luz, con una voz tan hermosa y sentida que puede le traicionara en otras entregas (Piensa en mí).

Al mejor Paños lo veremos en la farruca, como al mejor Estévez lo veremos en la zambra caracolera casi a los postres.

La propuesta por sevillanas y su comparación entre las bíblicas de Alosno, con su lentitud acentuada, y las corraleras de Lebrija, con su comicidad vertiginosa. Quizá, la parsimonia de las primeras, hizo alargar innecesariamente una escena que llegará a apuntarse un poco más tarde.

La Danza de los ojos verdes y el Fandango de Bocherini, donde se da paso a la escuela bolera y al clásico español, quizá fueran las piezas más cansinas, aparte del piano de Galiana y las humoradas de Rafael.

La guajira de Ana Morales fue una gozada de sensibilidad y estilo.

En la segunda parte, más deslavazada, tiene lugar hasta el pasodoble. Las bulerías divididas en cuatro (tierra, aire, fuego y agua) también son dignas de mención. La luz, el estilo y la sal de los actuantes (Estévez, Morales, Paños, Romero) ofrecen parte de los mejores minutos.
Aplaudo, como los dos días pasados, la entrega por seguiriyas y la novedosa y eficaz soleá blues masticada gozosamente por el piano, saxo, bajo eléctrico y escobillas de jazz.

Termina el espectáculo por cantiñas. Unas alegrías que vindican más que nunca su hermandad con el pueblo zaragozano, visiblemente en sus letras, y que terminan, para mayor abundamiento, en una jota aragonesa, o sea, en una jota gaditana.

* Uno de los carteles anunciadores de Flamenco hoy de Carlos Saura.

Jueves, 11 de Julio de 2013 19:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Dorantes iluminado

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Festival de Música y Danza de Granada

Sin muros! 

David Peña ‘Dorantes’ es sobre todo un músico. Su nacimiento y experiencia lo forman como flamenco, pero su apertura de miras lo acunan más allá.

Ayer, en el Palacio de Carlos V, quiso presentar Sin muros!, según dicen, su trabajo más personal. Sin muros! es el delta coherente donde desemboca el río que nos lleva desde que en 1996 grabara Orobroy. Es la culminación de una etapa o el comienzo de otra que rezuma precisamente libertad, ausencia de corsé y de paredes.

El pianista sevillano se rodea de una serie de grandes músicos restándose él mismo un protagonismo tentador y creando así el gran combo necesario para ofrecer su propuesta orbital.

Su incursión en el jazz no es tan profunda como la que concede al clásico contemporáneo en los primeros temas en donde expone su oferta. En la guajira Atardecer el contrabajo de Javier Moreno desentona (se recuperará, aunque no determinante, en los temas sucesivos). La percusión de Javi Rubial se hace tan necesaria como memorable un poco más adelante.

Otro par de temas, Ante el espejo y Errante, para declarar, corto de palabras, no de sentimiento, que dedica el concierto a Enrique Morente y que nos tiene preparada la sorpresa de contar entre sus filas con Marina Heredia, que hará una fabulosa presentación por granaína y media.

Arcángel toma el relevo de la granadina, interpretando Aliento, una seguiriya rica en melodía y con un obstinato a compás digno de elogio.
A partir de aquí, con el sexteto en pleno, se alternarán Marina, con las alegrías Caracola y el onubense con un romance. Un aplauso aparte merecen los músicos, Ricardo Moreno a la guitarra acústica, Faikal Kourrich al violín y sobre todo Marcelo Mercadante al bandoneón, dimensionando toda la obra con sonidos porteños y orientales.

Las bulerías 4 Leguas de amor nos precipitan a un final claramente reconocido con el respetable por derecho aplaudiendo de pie.

Como bis casi obligado, Dorantes interpretó su Orobroy, preñándolo en su mitad con una gavilla de fandangos dichos en alternancia por los dos cantaores. Una delicia.

* Un momento del espectáculo (foto expoliada de la edición digital de Ideal firmada por González Molero).

Miércoles, 10 de Julio de 2013 17:11 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La Alhambra se tragó a Mercé

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Festival de Música y Danza de Granada

Flamenco del milenio

Hubo varias razones para que José Mercé no diera el cien por cien que se esperaba. A saber: el público no era eminentemente flamenco, sino que respondía a esa heterogeneidad media que acude habitualmente a este Festival; su dinámica, por otra parte, pasa por un respeto rayano en una desconsiderada frialdad; quizá, por último, el Patio de los Arrayanes de la Alhambra terminará por fagocitarlo.

A esto se le debe añadir la elección de un repertorio denominado Flamenco puro ‘Jondo’ que, a los no iniciados, les resultaría distante y a los aficionados se nos podría quedar corto.

No obstante, José, llegó dominando. Con su chaqueta roja y su estampa mediática, prometía arrasar. Reconoció que el sitio le imponía, pero que era un privilegio cantar en él. A la guitarra Diego del Morao, heredero directo del compás jerezano, ofrecía seguridad.

Unas correctas malagueñas, donde Chacón dio el punto de partida, sirvieron para templar al artista. No era mal comienzo. La soleá, que se supone que es uno de sus fuertes, estuvo comedido, sin arriesgar, como cumpliendo un compromiso.

Entiendo que hay cantaores, que hay artistas, que se les debe exigir según su altura y la largueza de su sombra. Un flamenco como Mercé no debe dejar rendijas por donde se cuele el aire; bebe romperse con cada tercio y hacer vibrar a la concurrencia.

La única vez que se nos erizó la piel un tanto así, la única vez que amagó el estremecimiento de un placentero pellizco, fue con la seguiriya. También Morao estuvo extraordinario, alternándose con el maestro, dando dos de cal y ninguna de arena.

Parecía que con esta entrega comenzaba el concierto, que Mercé bordaba de molde las letras que lo preceden. Pero fue el canto del cisne. Un quiero y no puedo, una apatía y un jota, caballo y rey determinaron el resto del recital.

La desgana posiblemente respondiera al efecto pescadilla: no terminaba de conectar con el público, ergo la parroquia no comulgaba con ese oficiante.

Los tientos-tangos fueron de mal en peor. Para el remate le faltó compás. No sé por qué llevó a dos palmeros consigo, Mercedes García ‘Merce’ y Manuel Pantoja ‘Chicharro’, si sólo lo arroparon a los postres. En los naturales se defendió acordándose de los grandes. Y para las alegrías ya se unieron los coros con menos eficacia que de costumbre: sus voces no se escuchaban.

Las bulerías, con las que acabó la función, sirvieron para elevar nuevamente el listón. El soniquete de su tierra se impuso como marchamo indiscutible, en el que Diego, dejando hacer, tuvo un papel protagonista.

Como fin de fiestas, un poquito más por bulerías, fuera de micrófono, pusieron la guinda a un pastel artificiosamente edulcorado.

En general, quizá más por la calidad que por la cantidad, el recital quedó cojo. Así que, después de retirarse y con el público yéndose, regresó para cantar post festum su éxito Aire en el que paradójicamente creí adivinar algunos ahogos.

Martes, 09 de Julio de 2013 17:41 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Sobre el significado de la zambra

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Los andaluces, sobre todo los de aquí; los granadinos, sobre todo los que tienen cierta relación con el flamenco, pueden dar una explicación aproximada de la palabra zambra.

La zambra, genéricamente, es la fiesta de los gitanos andaluces, que aún se cultiva en las cuevas del Sacromonte granadino, basada en la tradicional fiesta morisca con música y algazara, que ya, desde el siglo XV, se manifestaban en festejos castellanos y en procesiones de Corpus, como lo atestigua Francisco Núñez Muley, morisco de 1567 (el arzobispo santo [fray Hernando de Talavera] holgaba que acompañasen al Santísimo Sacramento en las procesiones del día del Corpus Chisti, y de otras solemnidades, donde concurrían todos los pueblos á porfía unos de otros, cual mejor zambra sacaba…).

La actual zambra sim­boliza la boda gitana, que se especifica en tres momentos principales o tres bailes de ca­rácter mínimo: la cachucha o el ‘perdón de la novia’, la alboreá (prueba de la pureza) y la mosca (baile final lleno de picardía).

Estos elementos clave se refuerzan con otros cantes/bailes típicos de Granada (tangos y fandangos) y otros adoptados (bulerías y alegrías). (Por extensión, o deformación, también puede denominarse zambra al espectáculo genérico en la cueva, al baile o a la cueva en sí.)

Zambra también es un toque y cante específico, cercano al tango y de gran influencia morisca, el cual dable es ser acompañado con bandurria, pandero y cascabel.

Rafael López Rodríguez, en un glosario elaborado para Planeta-Agostini apunta que exis­te una versión con acompañamiento de orquesta, creada por músicos profesionales, sobre estos cantes y bailes, popula­rizada en los años cuarenta y cincuenta por Manolo Caracol y Lola Flores, que se presta mucho a la estampa teatral.

Famosas son las zambras que cantaba Manolo Caracol (Carcelero, carcelero, La niña de fuego, La Salvaora...) que, en gran medida, empiezan y acaban en él y remedadas hasta la saciedad.

El Diccionario de la Real Academia Española, define zambra, en su primera acepción, como la fiesta que usaban los moriscos, con bulla, regocijo y baile; y, en segundo lugar, concreta que es la fiesta semejante de los gitanos del Sacromonte, en Granada.

Corominas, por su parte, la hace derivar de la palabra árabe zamr ‘instrumentos musicales’ y la fija como ‘orquesta morisca’, ‘baile de moros’, ‘fiesta morisca con música y algazara’.

Poco más adelante, el filólogo añade que las zambras tenían fama de ruidosas, por lo que le asocia los sinónimos de ‘algazara (del cual el DRAE también se hace eco), bulla y ruido de muchos’.

De zambra deriva a su vez zarambeque, que es el tañido y la danza alegre y bulliciosa de personas de raza negra (¿?).

El primero en utilizar la palabra zambra en documento literario fue Góngora, en un poema escrito en 1586: …quadras espaciosas / do las ramas y galanes / ocupaban a sus Reies / con sus zambras y sus bailes.

Ahora leo en un facsímile de finales del XIX, un artículo periodístico de un cocinero de S.M. Alfonso XII en el que se queja de los extranjerismos en el lenguaje culinario, diciendo: nuestra lengua, tan rica en zambras, bacanales, jaranazos, francachelas y regodeos, tuvo que ir siempre a extraños idiomas para buscar la expresión de sus solaces distinguidos; lo que me ha dado pie para acomodar estos ecos. 

* Danza Morisca en Granada (1529) de Christoph Weiditz.

Jueves, 13 de Junio de 2013 11:17 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Un bailaor fuera de lo corriente

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Es siempre un placer escudriñar los pasos del que anda por buen camino. Es siempre agradable el reencuentro con la discreta excelencia.

El viernes, enterado de que Luis de Luis bailaba en Jardines de Soraya, en el Albaicín granadino, y después de un tiempo sin verlo, no dudé en reservar una mesa para disfrutar nuevamente de sus propuestas, mucho más si un cuadro de carácter lo arropaba.

Se distinguía en primer lugar a su compañera Esther Marín que, aunque eché en falta un paso a dos, posiblemente por problemas de espacio, tuvo en solitario momentos memorables.

El aspecto musical lo cubría César Cubero a la guitarra y José Cortés ‘el Indio’ (también bailaor) a la percusión. Hay una pléyade en Granada de guitarristas de oficio que, aun tocando a diario y con decidida eficacia, no destacan como debieran. La tierra de la sonanta es tan rica y extensa que un guitarrista de ‘base’, en realidad es un gran artista.

César rellena el espacio con su toque brioso y seguro, en el que el resto de los componentes almohadan su participación. Como puede serlo David Sorroche, un cantaor de ‘élite’, estudioso y preciso; con esa modulación que quien busca en el flamenco algo más lo encuentra.

Por tarantos empezó la noche. Cantes de levante que terminaron por tangos, asomándose a Morente y al Camino. Que bailó un Luis de Luis personalísimo, estratosférico, creativo como él solo y con un punto de programada improvisación digna de figurar en los anales. (Antes de comenzar el espectáculo, me confesó que estaba afectado de la pierna. No se notó de ningún modo, aún cuando mis miradas se dirigían al apéndice dolorido.)

En los abandolaos, el cantaor se acercó definitivamente a Granada. Recordó a Ganivet y al jabegote de ‘vender los ojillos’ que cantara Paco el del Gas.

La tercera propuesta vino por Cádiz y su presencia más popular. Abordó estas alegrías Esther Marín, con una desenvoltura que no conocía, aunque puede que su atención desmedida le restara frescura. Confianza que fue ganando y, en la preñez por bulerías de este cante, demostró la grandeza de su espontaneidad.

Una pincelada por bamberas principió la soleá que remataba la noche. Una soleá que pronto pasó a bulería, donde Luis ofrece con creces la maravilla de su estilo, el control del espacio, el dominio de su cuerpo, el compás a su servicio, la creación continua, el desapego del convencionalismo, la virilidad extrema, la gracia contenida.

Todo esto cobra un valor añadido con la atención y la sabrosura que se respira en Jardines de Soraya. De hecho, cualquiera que me pregunta para ver flamenco de calidad y trato exclusivo (con muestras a diario) le recomiendo este rincón albaicinero.

* Luis de Luis (foto de su facebook).

Domingo, 09 de Junio de 2013 11:38 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Nuestra vanguardia

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Trisquel Flamenco

A finales de julio del pasado año pudimos ver en Los veranos del Corral esta obra minimalista, de difícil nombre, que se nos presentó como el aire fresco, como la punta de lanza de unas propuestas flamencas que quieren desatarse el corpiño.

La elegancia siempre es discreta. La grandeza está en las pequeñas cosas. La parquedad de un escenario con tan sólo un piano en su centro, un piano en su centro y un solapado juego de luces, nos trae la excelencia. Repito lo del piano porque es el único instrumento, el hilo musical de la obra en sí, que adquiere un protagonismo evidente. Una obra cerrada, medida, perfecta. Una obra sin fisuras. Compleja dentro de su sencillez, que va imbricando su propuesta, preparando el ambiente, hasta el estallido final en forma de romance por bulerías.

Trisquel es un diálogo flamenco a tres voces; un espectáculo nada convencional donde el piano, la voz y el cuerpo se entrecruzan para crear belleza, para convocar al duende.

Antonio Campos, al cante, ideólogo de la obra, quiere reivindicar, sin alardes, sin gritos desmedidos, su origen gitano, su presente flamenco, su destino orbital. Recuerda a su paisano José Heredia Maya y habla en caló, poniendo sus cartas boca arriba, tirando de compás y de buen gusto, haciendo trascender el estudio que lleva detrás.

Pablo Suárez es el pianista. Sensible y pausado (utiliza el pie izquierdo, que amortiza la melodía). Dimensiona el cante de Antonio, llevando todas las piezas a ser obras de museo. A solas se acerca a Debussy.

Con su baile, Manuel Liñán, va entretejiendo la función como si de bolillos se tratara. Su verticalidad, sentido del ritmo y manera de rellenar los silencios, lo hace único. Reciente ganador del premio Max de Danza, domina el espacio y el centímetro. Su visión coreográfica muestra cómo sus intervenciones escalonadas forman parte de un todo.

Entre los tres cierran un círculo difícil de superar. Ora en conjunto, ora por parejas, ora individualmente, proponen, exponen y disponen, sin temor a equivocarme, el camino por el que debe avanzar el flamenco.

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 31 de Mayo de 2013 10:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Flamenco de élite

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Este miércoles, 29, en el Teatro Alhambra se presenta Trisquel flamenco, una obra exclusiva de Antonio Campos, al cante; Pablo Suárez, al piano; y Manuel Liñán, al baile (reciente premio Max de Danza), a la que es imprescindible asistir.

Se estrenó durante la última temporada en la XIV Muestra de Flamenco “Los veranos del Corral” el 25 de julio de 2012. Me atrevo a decir que fue el espectáculo estrella de aquel ciclo, del que escribí un artículo en su día, publicado en granadaesflamenco.com (mi blog no funcionaba en ese momento), el cual reproduzco a continuación:

Antonio Campos es un cantaor inconformista que busca y rebusca hasta encontrar la veta escondida, en palabras de Neruda, la rompe, la besa. Es gran estudioso, asaz sensible y preocupada.

El miércoles 25 quiso estrenar en el Corral del Carbón sus últimas pinceladas. Esto fue un concierto a piano y voz con un artista invitado al baile. El cante nacía de su garganta, de su cabeza y de su corazón; las teclas eran acariciadas por Pablo Suárez; Manuel Liñán, con su baile, ilustraba los momentos.

Como resultado, una obra delicada, intimista y novedosa, redonda e inteligente, que remueve las entrañas al tiempo que eleva al espectador a la suprema belleza.

Antonio comienza con una copla sentida cercana a la zambra acompañada al piano. A su término, Manuel Liñán, uno de los mejores exponentes del baile granadino, desnudo de todo tipo de acompañamiento, se marca un compás por bulerías con simpáticas concesiones a lo contemporáneo, a la manera de Israel Galván. Este zapateado servirá de hilo conductor durante toda la función, dándole unidad y coherencia. Un espectáculo emotivo, con temas bien seleccionados y no habituales, como la milonga Si llegara a suceder, grabada por Encarnita Anillo en su disco Barcas de plata de 2008.

El piano de cola sirve a continuación de elemento percutido, haciendo compás por seguiriyas, asomadas a la fiesta, los tres protagonistas en su madera e incluso tañendo sus cuerdas. El baile es progresivo. Se hace y rehace, bebiendo de sí mismo como un continuo obstinato. La precisión del bailaor, su verticalidad y sentido del ritmo hacen de la parquedad una virtud.

Una generosa entrega al piano, nada convencional de Pablo Suárez, introduce una intachable granaína. Cuando después, a su término, el cantaor anuncia: “A la memoria de José Heredia Maya” y recita unos versos de este poeta gitano. Primero en caló, después traducido, que Liñán borda, pues está hecho a bailar palabras. El mismo poema termina cantado reuniendo a los tres músicos en plena complicidad.

Otra entrega del zapateado alegre, con grave nota final por el mismo bailaor que termina frente al piano, da paso a un extraordinario solo de Pablo Suárez.

La bambera nos acerca al final. El baile termina remedando los movimientos del cantaor en un paralelismo tan cómico como eficaz.

Acaba la función con un romance por soleares sobre la pérdida de Granada por los moros cantado por Antonio a boca de escenario. El baile se le une antes de ser repetido por bulerías, dando sentido cabal a los varios apuntes con los que ha coloreado la escena a lo largo del espectáculo. El piano también se les une cerrando de esta manera el círculo que con tanta maestría desde un comienzo han trazado.

En conjunto es una obra delicada, coherente y sabia, digna de los mejores escenarios y aplausos de calidad.

* Trisquel en el Corral del Carbón (foto de Antonio Conde©).

Martes, 28 de Mayo de 2013 00:24 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

La parquedad de Rafaela Carrasco

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Flamenco Viene del Sur

Un anticipo de este espectáculo, De un momento a otro, de Rafaela Carrasco, lo tuvimos este verano en el Corral del Carbón. Ya supimos de su estilismo y su compás; de su preferencia por el juego de pies y el discurso percusivo; de su baile minimalista y desenfadado, quizá demasiado.

Rafaela sabe disfrutar de su baile y sabe rodearse de los músicos versátiles que le almohaden el encuentro. El granadino Antonio Campos, al cante, compañero casi inseparable, es de los granadinos imprescindibles en la escena de atrás. Jesús Torres y Juan Antonio Suárez ‘Canito’, a las guitarras, le dan una vuelta de tuerca al flamenco. Suenan con una acústica especial, se desbordan por los costados y se complementan como si fuera un hombre de cuatro brazos. Y, a la percusión, a ese protagonismo evidente de la percusión, el finlandés Karo Zámpela borda de encajes todo el conjunto.

Es precisamente este percusionista el que abre y cierra la función con un pandero que le da pie a carrasco para exponer su conceptualismo lleno de sensaciones. El pandero introduce fandangos, que llevan sólo compás. Antonio, un cantaor que se sale, atrae el cante a sus melismas, respetando la tradición. Rafaela vuela, vuela Rafaela, y nos trasmite ese aire de libertad.

Serán con este cinco momentos en los que expone su danza de vuelta, el saber acumulado de muchos años, las propuestas que ha ido fraguando para abordar los cantes tradicionales. Son cinco momentos de parquedad generalizada, entre los que se suceden propuestas musicales para alentar los suspiros.

Las bulerías no tienen anverso. Las bulerías no dicen mentiras. En el baile por bulerías, en la simple pataílla, se aprecia todo un conjunto de gracia, compás, espontaneidad y eficacia.

El pasodoble es un clásico en el repertorio de esta bailaora, que interactúa con los músicos como si de improvisados partenaires se tratara. Un pasodoble que se asoma al tango argentino y Antonio lo preña con sabor a fandangos.

Tanto las cantiñas como el tema final, Panderos, viene coreografiado por Manuel Liñan. En el artículo dedicado a este bailaor, hice mención a que componía para bastantes artistas y era un referente en el baile nacional. He aquí la prueba.

Con bata de cola blanca (la única vez que no baila con pantalones), borda la pieza más enraizada de todo el espectáculo. La pausada escobilla es digna de aplauso.

Para terminar, el breve escenario, con cinco panderetas alternas, cobra vida y los cuatro músicos se tornan tamborileros marcando con precisión el romance preferente que Antonio nos dice. Es la guinda de la obra. Es donde Rafaela muestra sus cartas y confiesa su paradero y su trayectoria y el movimiento que la convence.

Todo esto, como en inesperado regalo, se envuelve en el sonido preciso de Juan Benavides, de Juan Benson.

Miércoles, 15 de Mayo de 2013 11:06 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Caminando por Bojaira

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Seguimos caminando por Bojaira. Jesús Hernández es un pianista de jazz que, desde hace al menos media docena de años, se está acercándo al flamenco, impregnándose de él. No le interesa adoptar las claves del cante y trasladarlas a su música, sino al contrario, emprende el humilde camino de hacer flamenco con las claves del jazz. Así su música es completamente reconocible en nuestros esquemas. Así su toque suena a flamenco.

A principios de año, este pianista granadino lanzó un disco (Bojaira) con todas sus inquietudes. Algunos temas que lleva en cartera unos cuantos años (colombiana) y otros de reciente factura para la grabación. Como resultado, un disco redondo, lleno de verdad y de respeto, que no puede defraudar ni a los amantes del jazz ni a los amantes del flamenco.

Como buen jazzero, concede un amplio margen a la improvisación y a los hados del momento. Como buen jazzero, cada apuesta es distinta dependiendo de la formación de ese momento (los músicos de jazz y los flamencos, en el buen sentido de la palabra, son mercenarios) y del capricho de los vientos, acercándose al dictado machadiano de que los pasos determinan el camino.

La apuesta era segura, no me cabía duda. Mis expectativas, sin embargo, quedaron cortas por la excelencia complice entre una buena interpretación y un sonido impecable.

Comienza la noche con las mismas seguiriyas con las que empieza el disco. Desde un principio se vino a apreciar la perfecta comunión de un baterista completo (Álvaro Maldonado) y de un bajista necesario (Manolo Sáez) con el piano de Jesús, que forman el trío base de la agrupación. La parte melódica, aparte de la voz versátil de Sergio Gómez ‘Colorao’, correspondió al saxo tenor de Paul Stocker, con solos memorables. Los pies (el taconeo) que le aportan a este tema una dimensión más que interesante, arraigada en la madera de la tradición, los prestó José Cortés ‘El Indio’, que, en el resto de la función, va metiendo su preciso juego de tacón punta, a veces olvidándose del resto del cuerpo.

Para los tientos-tangos (Sueño alfa) tiene un particular protagonismo la voz de Sergio, aunque genéricamente la voz se convierte en otro instrumento al servicio del conjunto. El compás es contagioso y la admiración creciente. Admiración que goza de especial aplauso en las variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach por soleares, que no vienen a ser más que unos virtuosos ejercicios para teclado en número de treinta y tantos, a la que Hernández quiso contribuir.

Acaba esta primera parte con la bulería llamada Laura, cargada de remates espontáneos, que se prolongan en la bulería con la que empieza la segunda parte y que le da nombre al disco. El bajo eléctrico ha cambiado por el contrabajo de Nico Langenhuijsen.

La fiesta continúa por alegrías donde se evidencia sin distinción el peso del flamenco y coge las riendas de la percusión Babacar. Hacía tiempo que no veía un baterista con la personalidad de este senegalés. Es un espectáculo verlo tocar, desde la manera de asir las baquetas hasta la contundencia en su toque.

Las colombianas, La risa de Mario, como digo, ya es un clásico; y la granaína, Camino a Mauá, que a su mitad se abandola con guajiras, le debe algo a Debussy.

Por bulerías, fuera de los ocho temas que componen el disco, termina la velada. Expusieron el tema Iris de Whayne Shorter, ya con toda la formación en escena.

Como bis imprescindible, suenan los tangos del saxofonista Paul Stocker, con indiscutibles aires del De Lucía.

Lunes, 13 de Mayo de 2013 11:26 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El torrente de José Valencia

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Dueño del compás y del jaleo, José Valencia alimenta los lunes del Teatro Alhambra con su cante estridente, pero no desbocado, al que incluso se le amplifica en demasía.

Conocimos a este catalán hermanado en Lebrija cantando para el baile, donde es toda una eminencia, reconocido y demandado por las grandes compañías de danza, queriendo apostar por un valor seguro. (Últimamente ha venido acompañando a Eva Yerbabuena.)

Hace algunos años, José comenzó a cantar para alante, avalado por su trayectoria y su saber, con resultados más que positivos.

Ahora graba su primer disco Solo flamenco, una declaración de intenciones, un intento de desnudar el cante de influencias externas, a veces nocivas. El resultado viene a presentarlo en este ciclo de la Junta de Andalucía.

Valencia se templa con malagueñas de la Trini y se abandola por Ronda, rematando enérgicamente por el Albaicín (bien ese final valiente). La frialdad del comienzo le pasa factura y la guitarra de Salvador Gutiérrez, normalmente eficaz, no le sirve de ayuda.

El lebrijano continúa sin pena ni gloria por soleá y taranto y levantica. Quizá abuse del mismo discurso en los cortes o en la ligazón de los tercios.

Para las cantiñas, que comienza a firmar con nombre propio, reclama el compás exacto de Juan Diego Valencia y Manuel Valencia. Y de los tientos-tangos pasa a las seguiriyas, que remata por cabales, quizá su mejor entrega, y donde el guitarrista aportó toques merecedores.

José Valencia también fue rey en las bulerías de su tierra, demostrando su dominio de los cantes rítmicos. Termina la fiesta a boca de escenario. (A este cantaor no le hace falta micrófono.)

De regalo, en vez de las prometidas tonás, hizo entrega de tres fandangos naturales, el último de ellos sin megafonía.

Un concierto correcto aunque raspado, quizá por la parquedad en sí, quizá por el desamor de una plaza exigua.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 08 de Mayo de 2013 09:30 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Nuestro hombre en la Corte

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Flamenco Viene del Sur

Viva Madrid que es la Corte. Siempre que pensamos en Manuel Liñán, lo concebimos como algo nuestro, aunque se encuentre lejos, aunque pase el tiempo… Quizá porque él también siente que nunca se ha ido. Su vinculación con Granada, con su Realejo, con su familia, con sus amigos, es algo que lo lleva y lo expresa. En su baile se nota ese arraigo con su patria chica, en sus maneras y en su habla se conoce ese hilo que, lejos de romperse, se afianza un poco más cada día.

Manuel Liñán es de los bailaores actuales más interesantes del panorama nacional. Es efectivo y convincente; personal e incombustible; y con una creatividad desbordante. Es aclamado por el público, reverenciado por la crítica y admirado por sus iguales. Tanto es así que figuras de primer orden le piden coreografías para sus espectáculos.

En el Teatro Alhambra, el lunes, 29 de abril, presentó su trabajo Sinergia, su último espectáculo en solitario, donde no deja de bailar, tan sólo en momentos puntuales, y acaba como empezó. Parece que no le cuesta trabajo, parece que es un trámite, parece que se divierte y que siempre guarda un poquito por lo que pueda venir, lo que es de agradecer.

Sinergia es la combinación entre un bailaor y su cuadro, la complicidad entre la expresión plástica y la musical, para concluir en un producto superior a la suma de los dos anteriores.

Con unos cantes de labor en diferido comienza la escena con los actuantes repartidos en sillas y ‘vistiéndose’ en turnos para la ocasión, dando paso a las seguiriyas con coda final por tonás. Juego de voces, de Juan Debel y Matías López ‘El Mati’, reconocidas y aplaudidas desde un principio, por lo añejas, por lo complementarias, por lo acertadas, si bien la de El Mati algo cascada, aunque bonita y con intención.

Liñán desde el principio canastero, rompedor, espontáneo y con un toque novedoso que no le hacer caer en el bailaor enigmático que juega con la vanguardia. Su estilismo es encomiable, su ritmo endiablado, su dominio preciso. Y siempre en la cara una sonrisa.

En la soleá por bulerías, en la soleá, en las bulerías, en el solo compás, Manuel juega con el silencio, uno de sus puntos fuertes, uno de los ases en la manga que siempre ha querido mostrar. Acaba bailando de rodillas en un alarde tanto de fuerza como versátil, tanto de hombría como de comicidad.

Un solo de guitarra del buen Víctor Márquez ‘Tomate’ (esta vez sin baile) precede a la rondeña de Ramón Montoya interpretada por este mismo guitarrista de manera ejemplar (¡qué bueno sale el guiso cuando los ingredientes son de primera!).

El bailaor granadino, con un deje bastante clásico, interactúa con una silla hasta presentársela a la sonanta y apuntar el último rasgueo mientras Tomate descansa su mano derecha.

Algo parecido ya vimos en el Corral del Carbón de este verano, con Antonio Campos (espectáculo que volverán a traer próximamente). Aunque el paralelismo más exacto son la serie de los tres solos que van mostrando a capela los pasos estremecedores de los tangos finales. El juego de luces tiene gran importancia.

El preámbulo de las cantiñas son unos segundos de tonás que desembocan en una de las piezas más ricas de toda la obra, donde tiene una participación destacada la palmera y compañera inseparable Ana Romero. (Los encargados de hacer compás en un recital flamenco suelen ser grandes músicos.) Hay silencios, capela, compás, humor, recuerdos…

Liñán interactúa con sus músicos y remeda los movimientos del cantaor, o viceversa, y se queda muchas veces en un segundo plano para demostrar que todo es necesario. Terminan por acordarse de Morente y ese aporte a las alegrías de Rafael Alberti en su Marinero en tierra.

Los fandangos también son cambiantes. Se imbrican las voces, la guitarra y las palmas, los naturales y los de Huelva. Y, continúa la complicidad, cuando a los postres el cantaor hace compás con los nudillos en la suela del danzante.

El segundo gran momento sin baile es una vidalita, donde las voces se alternan con gran belleza, y donde se acuerdan de Valderrama.

El final es en off, como empezó. Los actuantes se ‘desnudan’ de algunas de sus prendas que el bailaor se va calzando. Así, con la camisa de uno de los cantaores, la chaqueta del otro y el lazo del tocaor, Manolo pone la guinda por tangos. Esos tangos que ha venido apuntando con toda intención, y sin música que lo respalde, desde el principio del espectáculo. Que diga quién que no domina por tangos; que diga quién que no ronea como el primero; que diga quién que no le corre la sangre del Camino, de la pita y de la penca por las venas.

Jueves, 02 de Mayo de 2013 13:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Josele entre amigos

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Hay conciertos divertidos, muy divertidos, porque disfrutas lo que estás viendo. Hay otros, igualmente divertidos, por el lugar, los actuantes o el ambiente. A veces se combina un poco de todo esto y la muestra se convierte en una función familiar.

El pasado miércoles estuvimos en La Botelleca al filo de la media noche disfrutando de la guitarra de Josele de la Rosa y sus amigos.

Josele avanza. Josele estudia. Josele tiene grandes maestros. Josele goza de una mano derecha notable, sacromontana, apta para el rasgueo y el compás. Josele es de esos guitarristas granadinos, que forman legión y son imprescindibles para formar la base de la pirámide exclusiva de la sonanta.

Con apenas veinte personas de expectación, el guitarrista granadino se encuentra a gusto, dispuesto a disfrutar y hacer disfrutar.

Se desentumece en solitario con una granaína. Una pieza que pule hasta sacar sus brillos más ocultos, hasta llegar a estremecer por momentos. Continúa con una farruca agradecida que le ha acompañado desde que Luis Mariano se la mostró.

A la Isla, son unas alegrías que realmente suenan a Cádiz, que están en deuda con Juani de la Isla. Para ellas requiere el compás de Javier Mota a la percusión, al que se le unirá uno de sus amigos invitados. José Manuel Rojas, escribidor de flamenco y cantante del grupo pop Delapica, presta su voz en Hijo de la Luna, de Mecano, donde Josele nos recuerda sus escarceos con el grupo Yenza.

Este mismo cantante, con otro de los componentes de su grupo a la guitarra, Nino López, le prestan Juanillo, un tema de Delapica con trasfondo de soleá.

Sergio Cuesta, otro incondicional, aportó su conocimento y su saber en unos tangos morentianos, que comenzaron con La Estrella, para seguir con otros imprescindibles del maestro. Y puso su grano y su compás en el final por bulerías.

Lolo Casas, guitarrista versátil y muy flamenco, aunque el flamenco no sea lo suyo, aúna sus seis cuerdas de vez en vez. Digno es destacarlo a los postres, cuando suena las bulerías de De Juani de la Isla y sobre todo con Sultans of swing de Dire Straits, con aires de fiesta, con lo que se cierra el concierto.

Viernes, 26 de Abril de 2013 11:36 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El mimo del baile

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Flamenco Viene del Sur

Málaga tiene un tesoro que se llama Carrete. Carrete es único y es personal; cuenta una historia en cada uno de sus bailes y tiene un sentido del ritmo sobresaliente. A sus 72 años reconocidos (¡quién sabe!) goza de un espíritu joven y de una energía encomiable. Zapatea, se agacha y desafía como un bailaor en sus mejores tiempos. Y, sobre todo, salpica sus bailes de un finísimo humor que lo define y sobrepasa la idea convencional del artista flamenco. Si a esto unimos un cuadro escaso, pero bellamente escogido, tenemos todo un espectáculo: Carrete en vivo, la función que nos brindó este malagueño el lunes, 22 de abril, en el teatro Alhambra.

Rafael Rodríguez abre la noche con un solo de guitarra. Es Momento de calma, una zambra rotunda, muy arabizante y agradecida.

Como artista invitada, Mª Ángeles Gabaldón, aborda unos tangos de málaga, cantados con aire por La Repompa y principiados con guiño a las guajiras. La bailaora sevillana se muestra correcta y académica. Quizá presionada con la frialdad del momento.

Carrete aparece con traje, sombrero y bastón, con el que marca el compás por alegrías y con el que interactúa hasta que lo suelta, lo mismo que se desprende del sombrero y aun de la chaqueta, mientras cuenta la historia que nos trae. Carrete es expresivo como un mimo. Su gracia y su dominio hacen que su baile sea un paseo, un recorrido que alegra y admira, como un artesano al que no puedes dejar de atender.

De nuevo Gabaldón vuelve por seguiriyas con vestido de media cola negra y acompañada por palillos. Es esbelta y rotunda; redonda y entregada, aunque le falta el dramatismo que requiere la pieza, que recuperará hacia el final con el cambio de Curro Durce. Juan José Amador, al cante, no está tan fino como acostumbra.

Para los tarantos, Carrete, con traje blanco, utiliza una silla como estático partenaire, al que después le da alas. Primero convencional, con ese juego de manos (grandes manos) nada ortodoxas, para acelerarse a su mitad y llegar a sentarse, haciendo un alarde de su compás exagerado, y pasear la silla y santiguarse, como al final de cada uno de sus bailes, y brindarnos la faena y rematar dos o tres veces y hacer mutis casi con trabajo.

A la hora exacta llegan los saludos y el generoso y repetido fin de fiestas por bulerías, donde todos, contagiados con la comicidad del protagonista, hacen sus pinitos y donde Mª Ángeles, en su brevedad, se suelta el pelo y podemos atender a su valor y su chispa.

Aquí quedó Carrete, un bailaor elegante, saleroso y personalísimo, como digo, al que, visto lo visto, le quedan aún muchos años para darnos satisfacciones.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 24 de Abril de 2013 11:04 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Metafóricamente hablando

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Metáfora / Ballet Flamenco de Andalucía

Con algo de retraso me animo a comentar esta obra dispar del Ballet Flamenco de Andalucía. Su división en dos partes bien alejadas entre sí hacen exceder el tiempo apropiado. Con todo y con eso, el dinamismo y los destellos de luz avaselinan ese minutaje.

La Suite Flamenca, la primera de las dos funciones, que ya pudimos ver en el Generalife el verano pasado, carece de argumento, en tanto que Metáfora (segunda parte) encierra tanto simbolismo que se pierde en el concepto.

Hasta el intermedio, la propuesta es bastante más flamenca, en la que destaca un Rubén Olmo más flamenco que nunca (lo demostrará en su pataílla final por bulerías); una Patricia Guerrero encomiable, nuestra artista local, completa como pocas y con un juego de cintura y de muñecas envidiable, amen de su dominio del espacio y la diagonal y de un palmito más que agradecido (sobresaliente en A mi aire); un cuerpo de baile correcto y bien coordinado, sin destacados ni rezagados mencionables; y, sobre todo, una estructura musical de primera, en la que destacan las composiciones de Diassera y de David Carmona, cuya guitarra se dejó sentir pregrabada en la taranta En sueño, interpretada con un bello paso a dos.

Después del interludio, Metáfora viene como un distinto collar para el mismo perro. El abuso de la música en off se evidencia claramente (remezcla de clásica contemporánea), salvo en los martinetes, con sólo una estridente percusión, y alguna que otra pieza.

El flamenco pasa a un segundo plano y protagonizan la escena el clásico español, la escuela bolera y guiños a los bailes regionales.

Interesante juego de luces y propuestas de vestuario, completamente acertado para las chicas, cuando para los hombres era un parche futurista.

En general, un espectáculo agradable de ver, con buena madera y momentos notables. Lástima que esa madera no arda en fogata de altura.

* Rubén Olmo en la foto, director del Ballet Flamenco de Andalucía.

Lunes, 22 de Abril de 2013 10:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Morente y Lorca

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Con motivo del patrón de la Facultad de Filosofía y Letras, san Isidoro de Sevilla, se han programado una serie de actos conmemorativos. Ayer tuvo lugar una conferencia sobre “Morente, el hermano de Lorca” por el flamencólogo y biógrafo morentiano Balbino Gutiérrez y un recital de algunas piezas del maestro interpretadas por su hija Soleá, acompañada por Juan Habichuela ‘nieto’ a la guitarra.

Fue casi una sorpresa. Me enteré por la mañana poco antes de que diera comienzo (estaba anunciado para las 12,15).

Aparte de Aurora Carbonell, algún que otro familiar, allegados a la familia de Morente, unos cuantos aficionados y algunos alumnos, la sala estaba incomprensiblemente vacía hasta su mitad.

Balbino manifestó con toda razón la hermandad de Enrique y Federico, no sólo en la inquietud musical sino en la visión globalizada de las artes. Morente pasó directamente de las novelas del oeste al universo lorquiano (Doña Rosita la soltera). Desde sus primeros discos lo ha acompañado hasta llegar a fundirse. ¿Cómo dos creadores de Granada, posiblemente los dos más grandes creadores que ha dado esta tierra, no van a estar unidos en espíritu y manifestación artística?

El mismo cantaor expresó en cierta ocasión sentir la cercanía del poeta de Fuentevaqueros que le llegaba a parecer un miembro más de su familia.

El conferenciante desmenuzó las grabaciones de Morente y rescató hasta 38 cortes en los que aparecían los versos de Lorca. Un trabajo concienzudo que, me temo, calaba más en los iniciados que en el público en general.

La segunda parte estuvo protagonizada por el cante de la hija del maestro, con la compañía del último guitarrista que le acompañó en sus giras.

Juan Habichuela rompió el hielo con una recreación de Aunque era de noche. Sus dedos vertiginosos, el soniquete propio de la familia y la limpieza en su ejecución destacan indiscutiblemente.

Soleá se incorpora haciendo la Nana de Oriente, una bella creación paterna que también grabó su hermana Estrella.

Soleá atesora, además de una buena voz, afinada y melodiosa, los registros familiares del tono cambiante. Entre la lírica y el flamenco destaca esta cantaora que llega a estremecer con sus ayeos.

Continúan por bulerías (Señor, que florezca la rosa), para terminar con el Pequeño Vals Vienés, con una magistral introducción a la guitarra.

Fuera de programa y sin ensayo alguno interpretaron los memorables tangos La Estrella, pero que tanto el uno como el otro lo tienen más que asumidos y los han abordado de una u otra manera cientos de veces.

Fue lo que fue, un momento único como tantos otros que, viendo el resultado, me aventuraría a augurar una interesante comunión entre estos dos artistas. El nombre ya es mítico: Morente-Habichuela.

Viernes, 12 de Abril de 2013 09:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La esencia de Granada

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De cobre y lunares

Estamos de suerte, en poco menos de un mes, por nuestros escenarios, ha pasado lo más granado del baile flamenco en nuestra tierra. Ya disfrutamos del baile sin igual de La Moneta, de la bella evolución de Patricia Guerrero y ahora de la esencia de Ana Calí y de su apuesta por la tradición.

El lunes, como viene siendo costumbre en el teatro Alhambra, pudimos contemplar el baile destilado de esta motrileña. Ana es una corredora de fondo, que se auto exige sin hacer ruido. Los momentos inseguros, el amor al terruño y sobre todo la falta de oportunidad la han mantenido en un segundo plano, siendo cabeza de ratón en un corpus local tan aplaudido como cerrado.

Su espaldarazo, el terrón de azúcar, llega después del esfuerzo y la constancia de manos de la Junta y el ciclo Flamenco Viene del Sur. Lástima que sólo tenga una función en Granada. Lástima que fuera de nuestras fronteras no puedan ver lo que esta bailaora encierra.

De cobre y lunares es un espectáculo eminentemente granadino que ya se estrenó en el Museo-Cuevas del Sacromonte. Su deseo es rescatar los bailes tradicionales de nuestra tierra tal y como se hacían en la primera mitad de siglo en las cuevas de Valparaíso.

El baile granadino se caracteriza por la fuerza. La brusquedad en sus movimientos encierra un punto de sensualidad explícita y un tinte racial semi hipnótico. La riqueza de sus formas, cantada por los viajeros desde el siglo XVIII, es un tácito patrimonio digno de ser conservado.

La función empieza con un vídeo con imágenes en blanco y negro de aquél entonces, cuando en el barrio se vivía para la danza, que se dice que las gitanas ni se desvestían para estar preparadas con sus volantes, llegado el momento. Incluso, antes de comenzar, se escuchan unas voces, como debieron ser, alertando la faena.

A partir de aquí se desarrolla un todo continuo con los bailes típicos que, aunque son manifestaciones corales, con varias bailaoras, Ana los reproduce individualmente, concentrados como perfume en pequeño frasco.

La cachucha es el baile típico con el que comienzan las zambras sacromontanas, es decir, el ceremonial de la boda gitana. Su somática alegría desemboca en los tangos del Camino, los incombustibles tangos de Granada, con ese dejillo moro característico. Enrique Morente ha entrado a formar parte de nuestro acervo flamenco. Es difícil que se escuchen tangos sin que sus composiciones aparezcan.

Hay que destacar la eficiente labor de Alfredo Mesa a la guitarra y de su seriedad creativa; y de los cantaores Sergio Gómez ‘El Colorao’ e Iván Centenillo. Precisamente Sergio nos regala una granaína y media llena de color.

En la soleá de Graná se ve a una bailaora más suelta, dominando por fin los nervios iniciales y convenciendo con cada uno de sus desplantes. Rigurosamente de negro, Calí va trasmitiendo todo el sentimiento de esta pieza.

El escenario es parco y la ausencia de luz incide en su pobreza. La fiesta, que se supone envuelve esta manifestación, a veces supone un sobreesfuerzo. Sobreesfuerzo que tanto la bailaora como sus músicos realizan.

Iván se encarga, con gracia y dominio, de interpretar los tangos del Petaco. Unos tangos comúnmente bailados con una cadencia lenta y picarona que en este caso son sólo cantados, aproximándose en su ecuador a los tanguillos típicos que enriquecen este cante.

Dos interludios de la guitarra española de Rafael de la Rosa y de la bandurria de Fernando de la Rosa, que actúan como fiel acompañamiento de toda la obra, aunque de impecable ejecución, cortan el ritmo de la propuesta completa.

En la zambra, con su concesión a la variedad de tangos granadinos, ya admiramos a una bailaora desenfrenada y consciente; reflejo exacto de todas las bailaoras que le han precedido. Ni un detalle le falta a su figura ni a sus movimientos. El compás de ‘El Cheyenne’ y de ‘El Moreno’ son imprescindibles.

Otro cante típico de Granada son los fandangos del Albaicín, un cante valiente que requiere el control y la garganta del ejecutante. Es agradable escuchar estos fandangos cuando suenan por derecho.

Las alegrías, aunque típicas de Cádiz, como sabemos, no pueden faltar en la fiesta granadina. De blanco y repartiendo flores y sonrisas, Ana triunfa indubitablemente. Habrá un antes y un después en su carrera a partir del 8 de abril de 2013.

Como fin de fiestas, la mosca, que suele cerrar el ceremonial de la zambra, es interpretada con todos de pie, en boca de escenario, rodeando a la protagonista. La mosca es una danza llena de picardía, que Ana reproduce castamente, pero que insinúa lo que todos sabemos.

Los aplausos y la satisfacción de la redondez, sin apenas aristas, convencen de la calidad de una artista que siempre ha estado entre nosotros.

 * Foto de Antonio Conde©.

 

Miércoles, 10 de Abril de 2013 09:34 volandovengo #. Flamenco Hay 16 comentarios.

Patricia en La Platería

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El sábado pasé por La Higuera para ver a Sara La Samarona. Es increíble la seguridad que ha cogido esta cantaora en sí misma, que hasta en el aspecto físico se le nota, y la expectación que despierta. Tiene salero, aguardiente y maestría en recomponerse cuando los hados le gastan una mala jugada. A su lado, Petete con la guitarra. Para las bulerías se dio una pataílla bien graciosa.

Después en La Platería la sorpresa fue mayúscula. No sólo por la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’, el verdadero latido del flamenco; no sólo por la guitarra de Luis Mariano, posiblemente de los mejores guitarristas de acompañamiento; no sólo por las voces exclusivas de Juan Ángel Tirado, con su cajita de música en la garganta y su afinado torrente de voz, y de David ‘El Galli’ y su dominio con los bajos y los medios, que es como duele el cante; sino sobre todo por la bailaora Patricia Guerrero y su especial evolución.

Patricia ha sabido absorber de todos los maestros de los que se ha rodeado la esencia de su verdad y ha sabido adaptarlo a su discurso. Una bailaora, un bailaor, cualquier artista que se suba a un escenario y tiene algo que decir y sabe cómo contarlo, tiene parte del camino hecho. Patricia ha sabido limar asperezas, relajar el ceño y emplear todo su cuerpo para el fin deseado. Su esbeltez, su juego de cintura y sobre todo de muñecas rubrican un estilo eminentemente granaíno pero lleno de aire y de fronteras abiertas.

Un generoso comienzo al cajón recibe a los cantaores haciendo compás y alternándose por cantes extremeños, que dan paso a la guitarra orbital de Luis apuntando por levante y la primera aparición de la bailaora. El taranto pasa a ser tango tras un guiño sobresaliente. Se advierten huellas sacromontanas reconocibles que la adentran en un olimpo particular.

Un interludio sin baile llega por bulerías y después por seguiriyas. Llama la atención cuando los mismos músicos se admiran, se autoexigen y se aplauden entre ellos.

Patricia vuelve con bulerías por soleá. El fuego arde con toda la intensidad y los plateros están encantados con una de sus ‘hijas’. La bailaora se muestra muy canastera y con ganas de agradar, a pesar de las condiciones algo adversas de un escenario pequeño y de unas luces que difícilmente hacen justicia.

Con el fin de fiestas por bulerías vemos que tanta fiesta y tanto compás de doce tiempos va sobrando.

La duración del aplauso final, con los parroquianos de pie, no se ha visto desde hace mucho en la ‘Capilla Sixtina’ del cante.

* Foto de Miguel Clavero (creo).

Lunes, 08 de Abril de 2013 18:21 volandovengo #. Flamenco Hay 10 comentarios.

El sentido de Dani de Morón

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Cambio de sentido

La prueba más fehaciente de la altura de un músico, de un artista en general, es que sea admirado por sus iguales. Ayer, primer día de abril, el teatro Alhambra estaba lleno de guitarristas y guitarreros, de flamencos y aficionados, porque la presentación de un tocaor de altura funciona como un imán.

Ya conocíamos el virtuosismo de Dani, sus devaneos jazzísticos; ya nos familiarizamos con sus vueltas de tuerca y con su toque extraflamenco. Pero ha querido él y el destino que aterrice. Su primer disco en solitario, Cambio de sentido, que presentó el lunes, es un trabajo flamenquísimo, exclusivamente musical.

Quizá el contacto con  Paco de Lucía, en su gira de Cositas buenas, como segunda guitarra, le sirviera para desnudar su argumento, para quedarse en la esencia de las seis cuerdas y en su prolongación en el espacio.

Después de escuchar el disco, después de atender al concierto, sacamos la conclusión de que su trabajo es asequible para el gran público, pero sobre todo es una labor para iniciados. La riqueza de sus piezas, el aprovechamiento de los recursos, el fraseo estilístico… es algo que está pero puede pasar desapercibido; y, por otra parte, la sencillez con la que todo se muestra, alejado de efectismo, es digna de encomio.

Inmigración es un tema libre, dividido en dos partes, que aborda en solitario y se acerca en un principio a los aires de Cádiz para terminar en la fiesta. Para Momento de calma requiere el pandero de Quique Terrón y el bajo de José M. Posadas ‘Popo’. Un bajo eléctrico de seis cuerdas que le aporta una dimensión armónica interesante.

La soleá Siete revueltas es definitiva. Contemplamos a un Dani auténtico e inmerso en la raíz. Como su nombre indica, la amasa a voluntad, la malea y distorsiona para volverla a componer, sonando sin duda al tradicional toque de Morón. Sus silencios, imprescindibles en el flamenco, están llenos de duende.

Sus palmeros, Los Mellis, que en las bulerías (Barrio C) meten la voz, son tan exactos como respetuosos. Estas bulerías son borrascosas y son calmas, como el tiempo en esta primavera cambiante; son tradicionales y son vanguardistas, con sus concesiones al jazz, ejemplarizadas en sus repeticiones de base.

Todas las rondeñas tienen una deuda tácita con Ramón Montoya y …Sólo hay una / Un motivo no es menos, aunque se aleja brindándonos un sonido que posiblemente ya tiene firma de autor. Rúbrica que ya reconocemos sin duda en la seguiriya clásica Morón D.F. interpretada en solitario.

El final, con todos los componentes, apunta festero. Primero unos tangos (), quizá más extensos de la cuenta y, para terminar, las tremendas bulerías que le dan nombre al trabajo discográfico.

Miércoles, 03 de Abril de 2013 10:45 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Recopilación

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No hay nada sobre gustos que no esté escrito ni a nadie que le amargue un dulce. Siempre he defendido mi incondicionalidad hacia La Moneta, hasta el punto de considerarla la mejor bailaora del momento, al menos de su generación (y si me apuran…). Me he entusiasmado con su evolución, con sus logros que, como un escultor, va añadiendo a su obra para crear el modelado perfecto. Paso a paso nos invita a descubrir ese camino. Es una recopilación temprana de la canción de su baile, de la historia de su vida, pues Fuensanta nació con los tacones.

El viernes, 22 de marzo, o sea, ayer, en el Centro Cultural Medina Elvira de Atarfe, para su público y para sus nuevos descubridores, La Moneta se rodeó del cuadro de verdadero lujo, que habitualmente la acompaña, para desgranar esa media docena de espectáculos que han conformado su estado.

La primera propuesta es una farruca con sólo la guitarra de Luis Mariano que desde un primer momento muestra su inmensidad. Luis es un creador; suena a flamenco y suena a granada; es tierra y es agua: el agua que baja por el monte, el agua canora que borbota de los manantiales de Valparaíso.

De rojo aparece la bailaora granadina para afrontar este baile tradicionalmente masculino, pero que ha redondeado sus aristas para expandirse en el género. La Moneta saca su vena contemporánea, que tan bien se adapta a su apuesta.

Manzanita de Santa Fe aborda la malagueña de Manuel Torre, Por buscar la flor que amaba, sólo esta letra, breve en su inmensidad, que la protagonista pinta tan delicada como desafiante.

De nuevo la guitarra de Luis se queda sola, acompañada por el preciso cajón de Miguel ‘El Cheyenne’, arpegiando la melodía de La Estrella. Es un tácito homenaje a los tangos de Morente. También se acuerda de los temas de Sacromonte o de La aurora de Nueva York.

El primer impasse de la noche viene con la voz añeja de Miguel Lavi haciendo el romance de El Chozas, para dar paso al invitado de la noche, Javier Latorre para bailar el silencio. Latorre es el maestro estilizado y calmo que deja huella sin proponérselo. Abre su vuelo y la soleá se impone, con las voces de Lavi y de Juan Ángel Tirado. La Moneta aparece con media cola blanca y mantón a juego. Es un paso a dos, en el que los dos bailaores se alternan, se imbrican, hermoseando el aire.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ toma el testigo. Encara una tona y un martinete. Sorprende la templanza de su voz y su control en el decir, aunque, al final de la velada, se traiciona a sí mismo forzando la máquina en demasía.

Los cuatro cantaores, con voces reconocidas, quizá pasen por ser las mejores gargantas de nuestra tierra (incluyendo a Lavi, que es de Jerez).

Un poco de percusión apoya a Juan Ángel cantando por seguiriyas. La granadina surge de negro, y se acompaña con palillos, para ser desgarradora en este baile tan suyo. La seguiriya es rica y acaba con el cambio de Curro Dulce, que repite su último verso como una coda final que rubrica la pieza.

La segunda parte, si se puede llamar así a una obra sin fisuras, comienza con todos los actuantes cantando por granaínas. El toque de Luis Mariano, habitual en esta suerte de libertad, realiza verdaderos encajes con la sonanta. Jaime Heredia y Manzana firman esta la granaína y la media, mientras Lavi y Tirado se abandolan acercándose a la rondeña y a los fandangos del Albaicín, respectivamente.

Y, para terminar, o para terminar de empezar, La Moneta expone sus jugadas actuales, que consisten en un todo continuo, solapando los distintos palos y recogiendo todo el sentimiento con un mismo ‘vestido’.

El toque moruno de la guitarra se asoma a la zambra, antes de plantear los generosos tientos y a continuación los tangos. ¿Se puede ser más graciosa, más canastera, más granadina bailando por tangos? Cada desplante, cada caída, cada paseo, cada golpe de caderas abre los apetitos más viscerales.

Este sabor sacromontano, con una introducción del de Santa Fe, a la manera del poema por bulerías de Manuel Molina, se convierte en un latido por soleá, donde descubrimos, si cabe, a La Moneta más espontánea. Soleares que pasan a ser jaleos extremeños, con los cantaores de pie, en una rueda definitiva que acaba por bulerías, hasta que todos hacen mutis por el foro, dejando a la caja y a Fuensanta, que hacen lo propio, dejando el escenario solo y puntos suspensivos en el ambiente.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Sábado, 23 de Marzo de 2013 18:16 volandovengo #. Flamenco Hay 7 comentarios.

Saeteros granadinos

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Reconozco mi desconocimiento cofrade, rayano en la aversión. El contacto más directo con la Semana Santa en mi ciudad fue una vez que salí de costalero llevando a la borriquilla. De eso puede hacer más de treinta años; cuando pagaban por tal menester. Necesitábamos dinero para comprar tiendas de campaña de cara al verano.

Por lo demás, mi vocación sólo entronca con el cante particular de esos días y su componente flamenco. Pues la saeta era un cántico popular extendido por toda España que se dirige a las imágenes de los distintos pasos. A principios del siglo XX se aflamencó por nuestras tierras, cantándose por seguiriyas, por martinetes o por carceleras.

La saeta es copla de cuatro o cinco versos octosíla­bos, sin acompañamiento, aunque en las grabaciones discográfi­cas suele presentarse con el fondo musical de la marcha religiosa, principalmente la producida por el tambor y las trom­petas; a veces se ha grabado también con acompañamiento o fondo de guitarra.

Curro Andrés, el primer aficionado granadino, lleva mucho tiempo en estas lides. Semanasantero, saetero y flamenco, como pocos, organiza cada año una muestra de ‘exaltación de la saeta’ con sus alumnos en un templo de la ciudad. Este año se han lanzado a la grabación de un disco que se presentó en el teatro Alhambra el día de ayer, martes 12 de febrero.

La primera constancia, e indignación por parte del organizador, fue la poca asistencia, apenas un tercio de la sala. Hubo literalmente más actuantes que público entregado. Incomprensible en una ciudad llena de cofrades, de flamencos y de amigos.

Dos bandas, con sus marchas procesionales, se iban alternando con los cantaores. En la primera parte, dedicada a los Cristos, la Banda del Dulce Nombre de Santo Domingo puso la alternancia musical. Interpretaron el Oh, pecador, Meditación, El señor de la Cañilla, Consuelo gitano y La saeta. La segunda parte, cantándole a las vírgenes, estuvo ilustrada por la Banda Municipal de la Zubia, con su directora Maria Trinidad Montes Martín, que expusieron: la Macarena, Hosanna in ExcelsisVirgen de las Maravillas, Madrugada de la de la Macaren y otra versión de La saeta.

Los cantaores, con voces reconocidas y buen arrojo, fueron, antes del descanso, Fernando Reinoso, que le cantó al Cristo de los Favores; Anabel Collado, al Padre de la Amargura; Gilberto de la Luz, al Cristo de la Humildad; Marta ‘La Niña’, al Señor de la Inspiración; Jesús Zafra, al Señor del Rescate; y María Gómez, con la voz bastante tomada, al Cristo de la Misericordia.

La segunda parte fue protagonizada por Alicia Morales, cantándole a la Virgen de la Victoria; Tomás García, con carraspeo en la garganta, a la Virgen de la Amargura; Azahara María, a la Virgen de la Alhambra por carceleras; Cristián Delgado, a la Virgen de la Esperanza; Iván Centenillo, a la Virgen de la Aurora, también por carceleras; y una enorme Sonia Leyva, a la Virgen de la Soledad.

He aquí el buen y variado estado de nuestros saeteros. Un buen recorrido, un buen repertorio, con algunas ausencias por enfermedad o lejanía, como la de Ana Mochón, Jesús de María y Aroa Palomo. 

* Curro Andrés, artífice del proyecto, en la foto.

Miércoles, 13 de Marzo de 2013 12:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La hija y su camino

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Estrella Morente no es sólo la hija de su padre, sino también la hija de Granada, por su nacimiento, por el cariño que le profesa su paisanaje y por la voluntad que ella pone en arrellanarse en su regazo.

Como tal hija llegó a su madre a vaciarse y a triunfar, a llorar por la ausencia y a reír por el presente, puerta indiscutible del futuro. Granada, como buena madre, se muestra incondicional, emocionada, llorosa y permisiva, a pesar del precio sensiblemente elevado de su presencia.

Con todo y con eso, novecientas almas (medio aforo) caldearon la sala García Lorca del Palacio de Congresos el pasado viernes. Con todo y con eso, los demas hijos de la ciudad (¿sus hermanos?) se mostraron también generosos y llenos de orgullo por su princesa.

Ella, puesta a agradar, concibe una puesta en escena grandilocuente y comparece bien arropada (excesivamente, para mi gusto). Luces, humo, decibelios… La expectación está creada.

Un primoroso disco de estudio, Autorretrato, se va desmenuzando con el hándicap de remedar la excelencia de la grabación, con la tranquilidad de contar con un directo fresco y un pasado de escena.

La concesión al flamenco, lo sabemos, no es otra que la concedida al son cubano, al pop, al jazz… Son los caminos de Estrella, más que una búsqueda un destino, donde la sombra de Enrique planea.

Estrella sube a las tablas desde el patio de butacas, mientras los acordes de Michel Nyman en off apoteósicamente la reciben. Recorre los muchos metros que la separan de sus músicos desde la puerta del fondo, dándose un baño de gentes, de sus hermanos que la aclaman. (Se irá de igual manera.)

Su cuadro toma la iniciativa y el piano y el bajo eléctricos sustituyen al músico inglés para acompañar a la granadina en su decir del Pregón de las moras, para seguir con el hermoso siguiente tema sinfónico, Le di caza al alcance, un poema de san Juan de la Cruz, musicado por Michel Nyman. Una joya que en directo no desmerece.

Relajado. Con buen presencia de ánimo me dispongo a escuchar La Habanera Imposible de Carlos Cano con aires buleros y coda final, aunque las guitarras de los Carbonell no son la misma que la de Vicente Amigo que interviene en el trabajo discográfico.

La parte más flamenca del espectáculo vino con la soleá-petenera, con unas granaínas muy de su gusto, y con las enormes Seguiriyas de la Verdad, llenas de esos pellizcos y juegos vocales, de mediotonos y acentos, rubricados por los Morente.

Un solo de percusión y después un potpurrí en la guitarra de Montoyita que desemboca en La Estrella, de Enrique, dan tiempo a la artista para que se cambie. De un blanco impecable aborda con emoción este legado de su padre, que es su recuerdo, pero también es ella.

En un sueño viniste también es heredado de su padre. Este gran poema de Al-Mutamid de Sevilla, en traducción de Miguel Haguerty, lo grabó Morente en 1983 (Cruz y Luna) y ahora es cien veces versionado.

Y de la canción flamenca pasa a las sevillanas. A Lola Fores recoge algunos éxitos de la jerezana y de su hijo Antonio. Y de la capital hispalense desemboca en cuba con una rumba que corean cuatro voces a sus espaldas, más estridentes que eficaces, más disonantes que alentadoras.

En los tangos se acuerda de su padre. Comienzan por Tienes la cara y acaban bailando, con ese gracejo tan granaíno, por entre el público, su público.

Para terminar vuelve a las tablas con la Canción del Bembón, con la que se despide como la estrella que es.

* Foto: Antonia Ortega©.

Domingo, 10 de Marzo de 2013 10:55 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Pedro Ricardo Miño, la voz del piano

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A medio camino entre el guitarreo y el cante se encuentra este pianista sevillano. Sus temas son reconocibles y su concierto de una flamencura indiscutible.

El programa de mano estaba de más en un artista que frasea cada sílaba, cada melisma, con las teclas y sus escalas. De hecho, más de un aficionado, cantaba mentalmente su repertorio, distinguiendo en cada momento, no sólo el palo a que se refería, sino también la letra en sí e incluso al intérprete que lo cantaba.

Comienza por seguiriyas, demostrando desde el principio que su concierto va a ser un lecho de espuma, donde dice lo que dice y se acuerda de los grandes con nombres y apellidos.

Para este primer tema (y para toda la segundad mitad del concierto) se hace acompañar de la precisa percusión de Juan Ruiz, verdadero contrapunto en cada una de las entregas, que va vistiendo al piano que, cuando canta prolongado, se adivina algo desnudo.

La farruca es un homenaje a Antonio Gades. Es tradicional en sus formas, donde oímos incluso el taratrán, aunque al final se aproxima al tango argentino y a compases clásicos cercanos a La violetera.

Divagando es una granaína que resulta algo larga y repetida hasta que se abandola por fandangos del Albaicín, donde parece que el mismo Frasquito alardea de su fuelle.

Igualmente, con los tientos A Pastora, la Niña de los Peines nos entona al oído.

Con la soleá, Taberna de Altozano, regresa el percusionista para hacerle compás. Es quizá la pieza más acertada y profunda, si se puede destacar alguna. Larga en su planteamiento; que va desde la soleá de Frijones hasta la de Triana, con su juguetillo camaroniano de Machaca, machaca, pasando por la de Alcalá o la de El Portugués.

Por alegrías (La Victoria), Pedro Ricardo, cambia el semblante, se muestra completo y se jalea él mismo. Parece que se relaja y agradece cualquier ole que, quizá con tan poco aforo, cueste arrancar. Consigue una sal que le acompañará hasta los postres.

Camino de vuelta son unos fandangos de Huelva enriquecidos con abundancia de notas intermedias; y en las bulerías, Plazuela de Santa Ana, con las que termina el concierto, le hace unas concesiones al jazz antes no sentidas. Esta fiesta final la introduce con toda intención con los acordes de La Estrella de Enrique Morente. A su término explicará la relación que le unía al maestro y lo bien mirado que era en su casa.

En el bis, que casi tuvo que pedir permiso, se asomó al mundo lorquiano y abordó un ’improvisado’ Anda jaleo en compases de seis por ocho. (En realidad, por momentos, su toque de piano es muy de Federico.)

* Instantánea del fotógrafo cordobés Toni Blanco©.

Miércoles, 06 de Marzo de 2013 09:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Noche inesperada

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Ignoraba quién traía a la guitarra. Me acredité en el concierto de El Zambo, en Planta Baja, porque dos días antes me había informado José Manuel Rojas, crítico del diario Ideal de Granada, de su actuación.

No tenía grandes expectativas, pues el jerezano es bueno en lo suyo y los años no pasan en balde. Pero una sucesión de sorpresas me estaban aguardando.

En primer lugar, me encontré al padre de David Carmona diciendo que, después de mucha demanda, su hijo iba a tocarle al maestro. Seguidamente vi la sala pobre de expectación lo que en parte está bien por la privacidad que impone el concierto, pero sobre todo estaba mal por el artista, por el local, por la afición…

Después comprobé que el sonido era impecable, envolvente, bastante cuidado. Y, por último, la sorpresa mayor es que Luis el Zambo estuvo inmejorable, a gusto como nunca lo he visto, con la voz nítida y el pellizco continuo.

Luis Fernández Soto es uno de los personajes, nacidos en Jerez, a tener en cuenta por el timbre de su voz, por el sentido del compás y por el excelente soniquete por bulerías que lo caracteriza.

Así, queriendo saborear la fiesta, no tuve más remedio que destocarme y aplaudir todo el recital que, como digo, fue creciendo y creciendo sin ningún desperdicio.

Raúl, a mi lado, comentaba, después de una primera parte gloriosa, que se podía quedar ahí, que ya estábamos satisfechos, que no se fuera a quebrar en la siguiente entrega… Pero no fue así, como comprobamos. Y, si hubiera una tercera parte o un trasnoche (que lo habría, aunque yo hice mutis tras la última bulería) habrían sido igualmente magistrales, porque, tanto cantaor como tocaor, estaban tocados indiscutiblemente con la varita del duende.

Luis se templó por solea, exponiendo desde ese primer momento sus cartas sobre la mesa, y continuó por tarantas, en donde se lució sobremanera la guitarra que lo arropaba a su lado. David Carmona (Giraldillo revelación 2010), uno de los nombres que verdaderamente dejarán huella en el mundo del flamenco, es un joven guitarrista, serio y trabajador, con un estilo propio, que parte de las enseñanzas de Manolo Sanlúcar, para posicionarse a años luz de cualquier artista de las seis cuerdas de su generación. Siendo músico de concierto y compositor en esencia, también es reconocido y demandado para acompañar al cante y al  baile.

David tiene sus momentos magistrales, pero no le hace sombra al cantaor. Sabe quien es el protagonista y lo lleva por un camino de flores sin pretender que se note el sendero sino el caminante. Una guitarra tan canora y tan flamenca y tan gitana hacía tiempo que no escuchábamos.

Por seguiriyas, el Zambo estuvo sembrado y el estremecimiento fue auténtico. Las ovaciones del público se sucedían y no pararon hasta el final.

Unos naturales y una bulería dieron por finalizada la primera parte.

Por martinetes comenzó la segunda entrega. El artista seguía en su sitio, más templado si cabe, con ganas de lidiar cualquier toro que le echasen. Los tientos-tangos estuvieron llenos de quebrantos y compás, para volver a incidir nuevamente en la soleá y terminar por las bulerías de su dominio.

* Foto de archivo de Paco Sánchez©.

Viernes, 01 de Marzo de 2013 10:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Cabrero incombustible

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Hay cantaores que tienen que demostrar su valía cada vez que pisan las tablas de un escenario; hay cantaores que necesitan hacerse con un público cambiante cada vez que actúan; hay cantaores que se reinventan constantemente para seguir en la brecha, para sentir que siempre pueden mostrar algo nuevo. Hay cantaores, sin embargo, que ofrecen lo de siempre porque su público es fiel desde el principio y no espera otra cosa que lo que conoce. Estos cantaores tienen un grupo de seguidores incondicionales que firman tan sólo su imagen. Cantaores que ofrecen algo más; en los que el flamenco, en los que el arte en sí, puede pasar a un segundo plano, porque su oferta es distinta, porque su carisma está por encima del bien y del mal.

Extremo éste que les suele acontecer a las voces peculiares, al creador innato, al artista porque sí, al cantaor comprometido. Y no digo que no sean buenos en lo que hacen, muy al contrario. A veces nos sorprende la eficacia, el pellizco, el juego del duende. Se me ocurre a voz de pronto una decena de nombres que guardan estos requisitos en su haber flamenco, que pueden estar desafinados, aguardentosos, desacompasados… pero serán auténticos, siempre.

Entre estos artistas, con letras de molde, se destaca El Cabrero. El cantaor de Aznalcóllar, Sevilla, fue el encargado de inaugurar ayer, lunes, 25 de febrero, el ciclo Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El lleno, como acostumbra, fue total; y sus seguidores entregados.

Como es natural, no le hizo caso al programa de mano y se dedicó a improvisar, lo que le pedía el cuerpo, lo que esperaba su gente.

Comenzó por seguiriyas y cabal, para, en segundo término hacer una “alabanza al macho montés” en forma de romance por bulerías, donde muestra su arraigo montaraz.

En las aceleradas soleares sus reivindicaciones, que ya venía apuntando, se evidencian y ‘arremete’ contra el clero y la iglesia, el gobierno y la monarquía, el capital y los señoritos.

La lluvia es un soneto por bulerías de Borges, musicado por Alberto Cortés, que lleva tiempo acompañando al cantaor sevillano en sus giras.

La malagueña y sus abandolaos, que son también comprometidos, dan paso a los fandangos de Alosno, con letras tradicionales, y después su particular homenaje a Manolo Caracol, uno de sus referentes, en su famosa zambra Carcelero, carcelero.

Si se calla el cantor, de Horacio Guaraní, también entra dentro de sus versiones queridas y Pastor de nubes, es la bulería que da nombre a su trabajo discográfico de 2011.

Otro de sus grandes éxitos es Luz de luna, copiado con gran acierto de la recientemente desaparecida Chavela Vargas.

La noche acaba con unos martinetes fuera de tono pero dichos con gran sentimiento, mientras Rafael Rodríguez le marcaba el compás en la guitarra. Rodríguez es un cazador, un malabarista. Quizá sea el único guitarrista que puede seguir a El Cabrero. Con su exactitud, vivacidad y riqueza almohada el cante de su parternaire realzando su brillo.

Fuera de programa, como no podía ser menos, El Cabrero hilvana una gavilla de los fandangos naturales que le han dado fama, y después otra, y después otra, porque “si te gusta el guiso…”.

Martes, 26 de Febrero de 2013 11:00 volandovengo #. Flamenco Hay 13 comentarios.

Las soleares, un problema terminológico

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La soleá es uno de los cantes básicos del flamenco. Su copla es de tres o cuatro versos octosílabos con rima consonante o asonante, que debió originarse durante el primer tercio del siglo XIX para acompañar al baile por jaleos, pero que con su práctica se fue convirtiendo en un cante con entidad, hasta llegar a ser considerado uno de los estilos esenciales del cante flamenco.

Sus letras responden a una temática muy amplia, generalmente trágicas, con alusiones a la vida, al amor y la muerte.

En rigor, no debe hablarse de la soleá, como se habla de la caña o de la granaína, sino del cante (o baile) por soleá. O por soleares.

Digo ‘por soleares’ y no ‘por soleás’.

Muy extendido entre los flamencos es nombrar la frecuencia de soleares como soleás, a veces indistintamente, a veces confundiendo los términos como si fueran dos productos distintos, dos cantes diferentes que provienen de una misma raíz.

No sé si el establecimiento de la voz popular estará tan extendido que no se pueda erradicar, pero, para que conste, diré que el plural de soleá es soleares (según las reglas de nuestra lengua) y que soleás no existe.

Supongo que quien lo utiliza y quiere seguir utilizándolo puede hacerlo. También hay quien dice sofales o sofases en vez de sofás.

* Dibujo del artista granadino David Zaafra.

Miércoles, 20 de Febrero de 2013 09:22 volandovengo #. Flamenco Hay 7 comentarios.

Bojaira

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Aunque muy menguado, por problemas de espacio, me imagino, este es el texto que le escribí a Jesús Hernández y que aparece en su disco, Bojaira, de reciente aparición:

No existen varias sensibilidades, sólo tenemos una sensibilidad que se manifiesta de diversas maneras. No hay varias músicas, hay una sola música universal que todo lo agrupa.

En una mente global y abierta, la mixtura de las tendencias es el único camino. Desde que el flamenco es flamenco, el mestizaje lo ha caracterizado. Ya no hay que pensar en fusiones o sinergias acomodadas, basta con abrir los postigos y aspirar todos los vientos, porque cualquier aroma tiene cabida.

Pero el flamenco no sólo es flexible a los diferentes estilos musicales, sino también a la instrumentación. A la tradicional guitarra pronto se le unió el cajón y otras percusiones. Y, como con vaselina, también admitió el saxo y la travesera, la batería y el contrabajo, el violín y el piano.

Jesús Hernández, pianista de jazz, parte en este trabajo del flamenco para desembocar en su propio lenguaje, en una suerte de fusión tan natural como personificada, en la que también encuentran sentido las incursiones en la música clásica (Bach) o en los ritmos caribeños.

El piano flamenco muchas veces trata de remedar a la guitarra y sus falsetas, sus escalas y trémolos. El piano de Jesús es simplemente piano que, con sus teclas bicolor, va proponiendo toda una gama de formas del arte jondo, que van desde la seguiriya a la colombiana, pasando por la granaína, la bulería, los tangos o las cantiñas.

En Bojaira, Hernández, parte de un flamenco reconocible, para desembocar en los senderos versátiles del jazz, donde la pura improvisación tiene un especial protagonismo, al igual que se imbrican el cante, las palmas o el zapateado flamencos.

Más adelante, cuando le dé unas cuantas vueltas más al disco, volveré a insistir sobre este trabajo realmente preciosista.

Lunes, 18 de Febrero de 2013 11:58 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Incertidumbre

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Lleno de compás y buenas intenciones es este primer trabajo discográfico del cantaor Iván Vílchez ‘Centenillo’, que presentó el sábado 9 de febrero en la peña de La Platería.

El disco, más que una carta de presentación, es una declaración de intenciones. Centenillo lleva el cante a su terreno, como tantos cantaores granadinos han sabido hacer, y lo adapta a sus melismas. Queriendo ser novedoso, se aferra por derecho en las viejas fraguas donde las gargantas se llenan de ecos dramáticos o de fiesta.

Incertidumbre porque emprende un camino, al que es llamado desde antiguo, y desconoce su paradero. Incertidumbre porque siembra, aunque la cosecha es incierta. Incertidumbre porque viaja ligero de equipaje pero con cien sones que le acompañan.

El recital fue una muestra prolongada de estas ganas de exponer parte de sui ‘cosecha’. Para ello cuenta con las guitarras del maestro Alfredo Mesa, en la segunda parte, y del soniquete flamenquísimo de José Fernández, en la primera, que le acompañan en el disco junto a algunos más de los jóvenes tocaores granadinos; y, a la percusión, su hermano Manuel Vílchez, muestra su latido indispensable.

Iván comienza precisamente con Incertidumbre, la malagueña, de autoría propia, que le da nombre al trabajo discográfico. Para este primer corte los nervios se imponen y evitan su redondeo. Tiene que cantar por marianas, una de las piezas más interesantes del disco, para soltarse y demostrar una estatura que prestigia con unos tanguillos que terminarán por serle identitarios, a pesar de su influencia de Chano Lobato o su letrilla del legendario Chorrohumo.

Centenillo avanza con los años, es lógico, pero sus pasos bien alargados lo particulariza. Es estudioso, trabajador y respeta a sus mayores, a quienes no les niega consejo aunque sea gratuito. Sus mentores directos, Curro Albaycín y Curro Andrés, presentes en el acto y colaboradores en su entrega.

Es precisamente el gitano rubio quien le acompaña en María Dolores, un bolero con ritmo de bulerías. Después presenta El muletilla, una copla flamenca que cantaba en su tiempo Juanito Valderrama.

La segunda parte, ya con Alfredo Mesa a la guitarra, comienza por granaínas. Le siguen unos alargados fandangos del Albaycín, demostrando su dominio en los cantes festeros. A continuación, sin fisuras, acompañado nuevamente por Curro (parte de la letra suya), aborda los tangos de Granada. Termina por cuplé, otra de las propuestas que le hacen ser quien es, acompañándolo de un poquito de baile.

Para el fin de fiestas por bulerías, le arroparán los dos Curros y gran parte de los flamencos que asistieron a la Peña.

Lunes, 11 de Febrero de 2013 17:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco en el Sur

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Al paso que vamos, el nombre del ciclo de “Flamenco Viene del Sur” va a ser una exclusiva, una opción, un deseo, pues el flamenco ya mismo vendrá del norte. Flamenco se oye en todos los puntos cardinales e incluso hay intérpretes, y buenos intérpretes, en otros países, como Japón, Francia, Holanda, Sudamérica o Israel.

Además, nuestros flamencos no sólo cruzan habitualmente las fronteras españolas, sino que están deseando traspasarlas, por la aceptación y sobre todo por la bondad de trato de la vecindad del resto del globo. Tanto es así, que dentro de unos años, para ver buen flamenco, vamos a tener que ir a París, Milán o Nueva York.

Pero, hoy por hoy, ya tenemos un programa decente para disfrutar este año incierto (hasta hace poco pensaba que, por falta de presupuesto, este ciclo de la Junta de Andalucía se iba a suspender).

A Granada vendrán nueve espectáculos, que en proporción está más que bien, teniendo en cuenta los 34 que se distribuirán por toda la región. Y puede que este año la participación granadina sea más “evidente” (lo pongo entre comillas porque, entre protagonistas y segundones, quizá lleguemos a la ridiculez media docena entre los casi doscientos artistas que intervendrán a lo largo de estos días).

Directamente a Granada vendrá la Compañía de Manuel Liñán, el 29 de abril, con la obra Sinergia. El granadino Liñán es uno de los grandes bailaores o coreógrafos de España. Respetado por el público y reclamado por sus compañeros.

El día 8 de abril tendremos la Compañía de Ana Calí con su montaje De cobre y lunares, una obra basada en los cantes y bailes, pasado y presente, del Sacromonte. Ana es una corredora de fondo del baile granadino. Dentro de su profesionalidad, entrega y exquisitez nunca ha tenido suerte. Trabajadora desde la base, cualquiera de sus pasos rezuman sudor.

En Punta Umbría, el 9 de marzo, La Moneta, posiblemente la mejor bailaora de su generación, presentará Extremo jondo; y en Málaga, Miguel Ángel Cortés, el 6 de marzo, interpretará El calvario de un genio.

Por último, si consideramos tan granadino a Rafael Amargo como a Cortés, estará en Sevilla, el 5 de marzo, junto a Diego Amador, Arturo Pareja-Obregón y Laura Gallego haciendo Cuatro lunas.

Aparte de estos nombres con función propia, indirectamente, entre los cuadros o los cuerpos de baile, puede que hallemos personajes como Antonio Campos, para cerrar el ciclo granadino, el 13 de mayo, en la Compañía de Rafaela Carrasco, con la obra De un momento a otro; o a Patricia Guerrero acompañando a Rubén Olmo en el Ballet Flamenco de Andalucía, en las ciudades de Almería, Jaén, Linares y Córdoba.

Otras fechas para Granada (todas en el Teatro Alhambra) son el 25 de febrero, día de comienzo, con un recital de El Cabrero; el 4 de marzo, concierto del guitarrista Pedro Ricardo Miño; el 11 de marzo la Compañía flamenca de Isabel Bayón presentará En la horma de sus zapatos; el 1 de abril, el gran guitarrista Dani de Morón, mostrará su nuevo disco: Cambio de sentido; el 22 de abril, tendremos al veterano bailaor malagueño Carrete, que vendrá con Mª Ángeles Gabaldón como artista invitada; y el 6 de mayo, José Valencia, dará el recital de cante Solo flamenco.

 

Martes, 05 de Febrero de 2013 19:59 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Cuando viene de la costa

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Uno de los territorios a tener en cuenta en nuestro flamenco es la costa granadina. El flamenco de la costa no está tan influido por los cantes tradicionales de la capital ni tan mediatizado por el barrio del Sacromonte y su paisanaje.

Destacan las zonas de Almuñécar, Salobreña y sobre todo Motril, que tienen más arraigo con el flamenco almeriense o malagueño que el de su propia ciudad. Incluso poseen su propio fandango, que está bien alejado del de Granada (si es que los fandangos en sí pueden estar alejados).

En la costa, el flamenco es más de afición. Muchos cantan y lo hacen bien y no por eso se consideran artistas.

David Maldonado, David de la Jacoba, toma su nombre artístico de su abuela. La afición le viene de familia y se formó en Madrid. Allí acompañó a Joaquín Cortés cantándole al baile, pero también a tres de los guitarristas más grandes de este país: los almerienses Niño Josele y Tomatito, y el internacional Paco Lucía.

Su voz es laína en exceso, su decir añejo y su deje camaroniano. Le arropa con la guitarra su hermano mayor Carlos de la Jacoba. Una guitarra precisa y gitana, llena de pellizco; que goza de una parquedad sobresaliente, sólo da los toques necesarios, sabe que su papel es el de acompañar y almohada el cante como pocos.

Uno y otro, sin aspavientos, hicieron pasar en la Peña de La Platería una noche agradabilísima.

David comenzó con unas alegrías, que introdujo con un poquito por romances, donde Carlos sólo apuntaba de vez en vez con su guitarra. Continuaron con malagueñas y abandolaos, que resultaron ser granaínas con tono de malagueñas. Los tientos fueron agradecidos y arrancaron oles sinceros. Su remate por tangos fue breve, sin querer aprovechar el tobogán festero, que más de uno lo hace interminable. Como breve fue el poquito por soleá, sólo dos letras, con que remató la primera parte. Curioso y sentido final para el ecuador de un recital.

En la segunda parte entré ya empezado. La segunda pieza fueron unas seguiriyas muy de raíz. No llegué a interesarme por el primer cante que con la misma valentía y color interpretaron los motrileños. Por levante también fue un ejemplo de buen hacer y dominio del estilo libre. Culminaron por bulerías, que fueron realmente una guinda.

Antes de hacer mutis, sin embargo, nos dejaron un par de fandangos naturales.

Domingo, 03 de Febrero de 2013 09:35 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El triunfo de una rosa

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61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Rosa, metal, ceniza

Si me dieran a elegir con los dedos de una mano mis preferencias entre las bailaoras del momento no dudaría en señalar a Olga Pericet (recién elegida como Mejor Bailaora del año 2011 por la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco).

El Isabel la Católica se llenó durante la velada del sábado 30, pero no estaba abarrotado como cabría esperar. El teatro es relativamente menudo comparado con otros foros dentro del Festival y los huecos, para obras de calidad, son incomprensibles (quizá aún no se conozca esta bailaora en nuestra tierra o se siga prefiriendo el “made in” que no deja de ser la cabeza retorcida de un ratón).

Tres, cuatro, cinco veces he visto y admirado a esta bailaora cordobesa en Granada, y en Madrid (que es la Corte), y siempre me ha dejado ese sabor de boca rayano en el platonismo. Su baile, de excelencia, está lleno de propuestas, de riesgo y de desparpajo, hasta hacer de su cuerpo, bello y menudo, un objeto de deseo, la figura sensible de una fina porcelana.

En su primera obra en solitario, Rosa, metal, ceniza, quiere dejar sentado que este no es camino fácil, que la danza florece como la flor, pero es dura como el metal y efímera como el fuego que se extingue y vuelve a renacer.

Con una formación más que demostrada en el baile clásico y el flamenco, Olga va hilvanando un espectáculo lleno de sugerencias y concesiones sin límites hacia lo contemporáneo, que se materializa en el bailarín invitado Paco Villalta que, con su presencia o como sombra latente, sirve de tácito hilo conductor de toda la obra, quien la abre y se presenta con el clásico sonido en off del Romance a Córdoba, mientras la bailaora, hierática, como muñeca rota, descansa sentada a la izquierda y sólo comienza a interactuar con él hasta quedarse sola con su vestido corto de volantes y sus palillos, herencia de la escuela española, y los compases de Córdoba de Isaac Albéniz, reivindicando una vez más su cuna.

Unas milongas de Pepe Marchena son interpretadas con sentimiento por el camaronero José Ángel Carmona, uno de los tres cantaores, que aflamenca la función y da paso a las cantiñas, cuando se hace fiesta a los postres. La bailaora cordobesa, con gran mantón y estilo, establece su dominio, permitiéndose ralentizar las escobillas y sofisticando los remates.

Una doble cortina de cuerda dorada hace de fondo móvil, cobrando vida propia y adquiriendo ese onírico protagonismo que Olga nos plantea. Hasta aquí la Rosa.

La segunda parte, el Metal, comienza por levante. Miguel Ortega, poderoso y seguro, con Manuel Patino a la guitarra seducen por tarantas, para imbricarse rápidamente por seguiriyas y tonás, donde el jerezano Miguel Lavi muestra su magisterio y una sombra asaz alargada. Pericet quita todo dramatismo a esta pieza, que se muestra acelerada, y se deja llevar por los últimos quejidos de Lavi que casi lo toca hasta que Villalta la toma en volandas y hace mutis inesperadamente. Estos momentos quebrados a modo de ensayo improviso desconciertan al espectador y rompen el sentido maleable de la obra, como cuando el bailarín interpreta una pieza marchenera que se entrecorta.

Uno de los momentos más aplaudidos de la noche comienza con los acordes de una mandola (Carmona), al que se le unen las guitarras sabias de Antonia Jiménez y Patino. Son unas bulerías al puro estilo que aborda con fuerza y salero el bailaor invitado Jesús Fernández.

La sombra de la ceniza es el paso a dos que bellamente interpretan Pericet, con bata negra de cola, y Villalta. Es emocionante y un gran preludio a la traca final por soleares apolás y petenera, donde la bailaora demuestra su altura flamenca, su largueza y su proyección.

* Foto promocional del espectáculo

Lunes, 02 de Julio de 2012 19:50 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

La voz rota de Carmen Linares

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61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Lleva bastante tiempo Carmen Linares con la voz afectada. Quizá algún día la forzara demasiado y ya no hubo marcha atrás. Desde hace algunos años sus apariciones tienen más de carismático que de estilismo.

El martes 26, en el Palacio de Carlos V, después de haber recibido la medalla de honor por el Festival de Música y Danza de Granada en reconocimiento a su trayectoria y su vinculación con el festival, tuvo una actuación memorable, más por lo que representaba, como ya digo, que por la precisión en su entrega.

Bajo el título de Ensayo flamenco 2012, estrenado en Jerez y en Madrid, la cantaora jienense ha recopilado a los poetas que le han servido de inspiración a lo largo de sus grabaciones, acordándose de los imprescindibles Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti, pero también de los contemporáneos José Ángel Valente y José Luis Ortiz Nuevo, creando un concierto tan intelectual como intimista donde se arropa con las guitarras de Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco y la percusión de Antonio Coronel o tan sólo del piano soberbio de Pablo Suárez. También se apoya en las voces y el compás de Ana María González y Rosario Amador, sobre todo en la fiesta.

Con una generosa introducción musical, rematada por fandangos, entra en escena Carmen Linares con La luz que a mí me alumbraba de Ortiz Nuevo. Se asoma al cante de minas, principiado con piano y culminado por rondeñas, versionando El niño yuntero de Miguel Hernández.

Apuesta, como hizo Morente, una amplia concesión al cante libre, aflamencado, ejemplarizados completamente con dos temas desnudos también de Hernández, acompañados exclusivamente con piano, como si fuera un diálogo continuo: Mis ojos sin tus ojos, donde se acerca a la copla, y Casida del sediento.

El piano continúa como un latido haciendo tonás de otro poema del maestro de Orihela, El sol, la rosa y el niño, que ya grabara en La Luna en el río con Gerardo Núñez, en 1996, pero en aquella ocasión por bulerías.

Pero no es hasta las granaínas lorquianas Asesinado por el cielo (aunque estaban más cercanas a las malagueñas), rematadas con abandolaos, cuando la cantaora templa su voz y vindica sus dominios. A este tema le acompaña la estrella invitada Belén Maya que, con su baile minimalista y simbólico, ilustra a la perfección el desgarro del poeta granadino.

Ya, desde el pescante de la diligencia, Carmen va llevando el concierto por donde quiere y, aunque en las subidas la voz tiende a traicionarla, sus tablas y prestigio, triunfa en su periplo.

Por alegrías entonará Remembranzas de Juan Ramón Jiménez, incluido en Raíces y alas (2008) y Moguer por Huelva, que en este mismo disco se llamó Auroras de Moguer.

El final se va acercando con algunas canciones por bulerías: el fabuloso Quiero tú nombre olvidar, de Vainica doble, incluido en Un ramito de locura (2002), y Se equivoco la paloma de Alberti.

Las Bulerías lorquianas principian con Baladilla de los tres ríos y terminan con Anda jaleo.

Acaba el concierto con In pace por seguiriyas, tema que cierra Un ramito de locura y que baila también, con su perfecta plasticidad, Belén Maya.

* Foto de Ana Palma© para deflamenco.com.

Viernes, 29 de Junio de 2012 11:18 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Un buen potaje

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FEX

El FEX es la extensión popular del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que tiene a bien, desde un comienzo, ofertar espectáculos flamencos en su programa. Es completamente gratuito hasta completar aforo, aunque, para espectáculos de gran demanda, se procura elegir un escenario sin limitación de plazas, como en este caso la Huerta de San Vicente donde pudimos contemplar el regreso a su patria chica de Juan Habichuela Nieto, afincado en Madrid desde primeros de año.

Con nuevo look e igual entrega, bajo el título común de A mi Sacromonte, el guitarrista más joven de la saga Habichuela anticipó, sin querer decirlo claramente, algunas de las piezas que compondrán su primer disco, Algo distinto, en el cual trabaja actualmente.

Con bastante expectación (en primera fila su familia), entendidos y aficionados granadinos y visitantes acudimos a presenciar el buen hacer de este chico que es como algo nuestro, al que vimos crecer, evolucionar y revolucionar la guitarra en sus manos.

Su afición, su ensayo continuo, su sentido musical y su cabeza despejada han ido forjando a un intérprete sin fisuras. El rasgueo, propio de su familia, es envidiable; su técnica y velocidad, increíbles; sus silencios, un tesoro. Quizá, sin embargo, le falte variedad en la armonización de sus creaciones.

Tenemos así un artista vertiginoso y limpio. Quizá –el tiempo lo dirá- el mejor Habichuela de concierto de la historia.

El sábado 24, como digo, lo pudimos ver en escena acompañado por la percusión precisa de ‘El Luky’, el piano de Alberto Raya y las palmas de su hermana y su cuñado, Eloy y Macarena Habichuela.

En solitario, lo que fue de agradecer, comenzó por rondeñas (Mis adentros) y por tarantas (Bordón minero), donde las escalas y el aprovechamiento del mástil hasta el hueco de la caja lo distingue. El resto del grupo se le incorpora desde la soleá (Patu Cascarillas). Los impagables tangos (Algo distinto) que le dan nombre al futuro disco, tienen todo el sabor sacromontano y el exclusivo soniquete Habichuela

Las aceleradas bulerías (Barquerela) dan paso a una bella balada (Matu ostalinda), que justifican por fin la presencia del teclado, fuera de lugar en el resto del espectáculo. Termina el concierto con el Anda jaleo, homenajeando a Lorca en lo que fue su casa.

* Foto de Antonia Ortega Urbano©.

Martes, 26 de Junio de 2012 09:52 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Pequeña historia de una decepción

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No entré en la primera parte, pero me dijeron que no me perdí nada, que vino a cumplir, que hizo tan sólo tres cantes, soleá, fandangos y bulerías, que Juanito Villar ya no era el que era…

Entre las fechas que tenía apuntadas como inexcusables para subir a la peña de La Platería estaba la del 23 de junio, cuando iba a ver por primera vez en directo a un cantaor mítico y a su carismático guitarrista. Sus años pasados en el cuadro de Manuela Carrasco y su paso alante lleno de fuerza y compás lo elevaban al olimpo de los grandes. Pero –no es la primera vez que pasa, también ocurrió con la Macanita- cuando un cantaor del supuesto triángulo del cante acude a ‘provincias’, se relaja como diciendo que en oriente no entendemos, que con un mínimo esfuerzo triunfan, que con su sólo nombre ya es bastante…

Y el resultado: un concierto cogido por los pelos, dando menos de lo justo, sin generosidad y con prisas.

La segunda parte –ya con un toque de atención- comenzó por seguiriyas, después alegrías, tangos y bulerías, antes de pasarle el testigo a su hijo, que también se fue por bulerías y que con su grito de cante cortado hizo que su padre brillara un poco más.

Una noche que decepcionó a excepción de la guitarra del Niño Jero que cumplió con su toque jerezano y el compás sin igual de un cantaor formado para el baile.

Va a tener razón Gamboa cuando afirmaba que hay cantaores que saben lo que cantan y cantaores que cantan lo que saben.

* Foto de Paco Sánchez©.

Lunes, 25 de Junio de 2012 17:15 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco itinerante

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La Diputación, dentro del ciclo Hablamos de…, presentó el pasado día 15 en el Palacio Condes de Gabia el Circuito de programación provincial Diputación de Granada 2012, en el que algunos jóvenes de nuestros flamencos, a los que se pretende promocionar, recorren la provincia ofreciendo su buen hacer.

El proyecto corresponde al marco Es.flamenco que la Delegación de Cultura lleva con tanto acierto desde primeros de año, y que incluye tres espectáculos flamencos que giran alrededor de la guitarra, el baile y el cante, bajo los títulos de: aGuitarra2,  Flamenco+flamenco y Primera parada respectivamente.

Los protagonistas de esta historia son Alicia Morales, Iván Centenillo y Cristian Delgado al cante; Jorge Espejo y José Fernández a la guitarra; Agustín Barajas y María Sánchez al baile; y Manuel Vílchez y Cheíto a la percusión.

El circuito empezó, como digo, ese día con una muestra descafeinada de dichos espectáculos, a excepción del baile, pues las limitaciones de espacio lo impidieron.

Espero que en los oficiales encuentros en las distintas poblaciones suenen con más profesión. Una de las guitarras andaba desafinada; uno de los cantaores tenía la voz afectada; y los percusionistas, si no estaban dormidos, simplemente estaban de sobra. En el conjunto destaco algún comienzo de guitarra y la granaína, levantica y abandolao de Alicia Morales.

Todas las actuaciones serán gratuitas hasta completar aforo y comienzan a las 22 horas. A continuación relaciono las fechas y los municipios de las actuaciones, que también se pueden seguir en el calendario que aparece a la derecha de este blog:

22 de junio (guitarra): CADIAR Salón Mancomunidad de municipios Alpujarra de la Sierra; 23 de junio: PINOS PUENTE (baile) Teatro Municipal; 29 de junio: ARMILLA  (Baile) Teatro Municipal; 30 junio: COGOLLOS DE GUADIX (guitarra) Salón de Audiovisuales; 6 julio: HUESCAR (cante) Teatro,  salón de actos sala juventud; 7 julio: DURCAL (cante) Centro de Día; y 8 julio: CASTILLEJAR (Cante) Teatro Municipal.

Viernes, 22 de Junio de 2012 11:49 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Curro Lucena

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Recientemente, 19 de mayo, el cantaor Curro Lucena fue nombrado Hijo Adoptivo de Ronda 2012, que, aunque su nombre vindique un origen lucentino, su vida desde hace mucho se desarrolla en esta serrana ciudad de la provincia de Málaga.

Hace años, cuando escribía para la revista Acordes de Flamenco, tuve el gusto de tratar con él para introducir su perfil en un apartado que di en llamar "Los Olvidados del Flamenco", que, en monólogo continuo en primera persona, llegó a incluir a José Balao o a Jaime Heredia, con una acuarela exclusiva de mi compañero Nono Guirado. Corría el año 2007.

Reproduzco a continuación dicho artículo, que principia con unas palabras de su mujer:


"Soy un buen aficionado, me gusta aprenderlo todo"

Olvidado no creo que sea Curro, sino poco reconocido. Yo creo que está todo al revés. Curro está reconocido por los que saben de flamenco, por los flamencólogos. Lo aprecian mucho en Madrid. Pero para el gran público es un desconocido. Está todo al revés.

Yo llevo treinta y cinco años con él y vive en cuerpo y alma para el flamenco. Es muy estudioso. Se pasa el día con los pinganillos puestos escuchando flamenco.

Lo que interesa ahora es el flamenquito. La culpa lo tienen los medios. No está reconocido como se merece.

Ángeles García Domínguez

Mi nombre es Francisco de Paula Luna Navarro, nací en Lucena, provincia de Córdoba, el uno de septiembre, aunque el documento nacional pone que nací el catorce. Mi madre, que es la que mejor sabe cuando nací, dice que fue el uno de septiembre de 1950. En la actualidad, desde el año 74, que regresé de Japón, resido en la bonita ciudad de Ronda. Mi afición al flamenco viene desde muy pequeño, yo con siete u ocho añitos ya cantaba. En un concurso de aficionados en Lucena, con doce años me dieron un tercer premio que consistió en veinte duros de aquel tiempo. Luego me apuntaba a los concursos de saetas de Lucena, de Cabra, de toda aquella zona. Y de la saeta pasé a los demás cantes. Yo, para aprender, me fijaba en las cercanías de Lucena, en Cayetano Muriel, el Niño de Cabra, escuchaba también a los arrieros y a los aficionados en los bares. Me juntaba con la gente mayor allí en Lucena. Me juntaba con los niños para jugar, pero como lo que a mí me tiraba era el cante, siempre estaba rodeado de viejos, de gente mayor. Yo tuve una fatalidad, o sea, yo no lo veo como fatalidad, y es que nací con un defecto en la pierna. Mi madre quería que yo estudiara, porque claro, en aquella época la gente trabajaba en el campo, mis padres trabajaban en el campo, y yo no estaba capacitado para trabajar en el campo. Por eso mi madre desde muy pequeño me puso en los colegios. Pero lo mío no era el colegio. Yo no era buen estudiante. Lo único que estudié fue hasta primero de bachiller. Viendo ella que yo no estudiaba, el único recurso para lo de la pierna era ponerme de zapatero, para aprender el oficio. Estuve de zapatero aprendiendo, luego puse un portal en Lucena por mi cuenta hasta los dieciocho años, que fue cuando me fui para Madrid. Y todo ese tiempo, el cante. Yo no he querido lo de los zapatos, yo lo que he querido toda mi vida ha sido el cante. Ya había ganado yo algunos concursos, como el de Mairena del Alcor, el de Osuna, el de Ronda… Me fui a Madrid y tuve la suerte de encajar en un gran tablao, como era La Zambra. Anteriormente estuve en otro tablao que se llamaba Las Cuevas de Nemesio. Allí estuve con Paco Toronjo, Gordito de Triana, La Marelu, La Susi, que eran niñas en aquel tiempo. Bueno, yo también era un niño. Tenía veintiún años. Luego la suerte de encajar en Zambra, que acababa casi de irse Enrique Morente, y allí tuve la suerte de estar con Pericón, Rafael Romero, Juan Varea, Miguel Vargas… Aquello fue para mí grandioso, sobre todo porque se aprendía mucho de toda esa gente.

Una de mis obsesiones ha sido que me tocaran buenos guitarristas. Cuando estuve en Madrid me tocaba Perico el del Lunar hijo, también me tocaba Andrés Heredia, que también trabajaba en Zambra. Por mi forma y tesitura de voz según dicen, y yo también creo, en mi juventud destaqué por los cantes de Málaga, en los cantes de levante, fui premio Lámpara Minera en el 85, y también como me siento muy a gusto es cantando por soleá, la caña me encanta, el polo… En realidad, soy un buen aficionado y me gusta aprenderlo todo.

A Japón me fui en octubre de 1973 y en abril del 74. La afición que hay allí sobre todo es al baile, después a la guitarra y en tercer lugar al cante. En Japón cantaba adelante y también cantaba atrás. Antes de irme a Japón, de Ronda me llamaban mucho para cantar y aquí conocí a mi mujer, Angelita. Entonces cuando regresé de Japón, en lugar de irme a Lucena, me fui a Ronda con ella. Tenemos tres niños, tres varones, uno está cantando por ahí, Curro Luna que vive en Madrid, otro es policía y otro cocinero.

De los jóvenes tengo en mente a Poveda, Arcángel, la niña de Enrique, Estrella, y muchos otros que no los conoce nadie y son grandes aficionados. En el baile y la guitarra hay una serie de gente, verdaderos monstruos, desde Paco de Lucía…

Mi último disco (“Moriré Flamenco”) salió a la venta en mayo de 2006. Lo he grabado con un chiquillo de 25 años, que es de Monte Mayor. Se llama Ángel Matas y ésta es una prueba de como va evolucionando la guitarra. En el 72 grabé mi primer disco, hace 35 años, con Perico  el del Lunar.

Para este año tengo la Bienal de Málaga y luego también voy a Almería. Y sobre todo que ya estoy pendiente de hacer otro disco nuevo que va a ser todo lo contrario que este último, es decir, que no va a llevar los arreglos musicales que lleva éste, va a ser puramente voz y guitarra. Creo que no le voy a meter ni palmas, aunque haya cantes de palmas, como pueden ser las alegrías de Cádiz. Entonces el disco, una idea que me ha surgido, va a ser un cante de cada provincia. Tenemos ocho provincias. El disco va ha ser ocho más dos. ¿Y estás dos qué serían? Lucena y Ronda.

Más que olvidado, me considero, en cierto modo marginado, porque si no te llaman a sitios que yo considero que debo de estar, pues, en fin, un poco olvidado. 

* Curro Lucena (Nono Guirado©).

Jueves, 14 de Junio de 2012 12:24 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Las manos de Toñi Fernández

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Dame la mano (2012)

Hace días, tal vez muchos días, que tengo en mi poder el primer trabajo discográfico de Toñi Fernández, una joven cantaora (1986) de Huércal de Almería afincada en Sevilla. Un trabajo de estudio que esperaba como agua de mayo.

Hace días, tal vez muchos días, que no me resisto a escuchar alguno de sus cortes, si no todo el cedé que me seduce de principio a fin.

Desde que conocí a esta dulce gitana, aposté por ella, por su voz y por su empeño. En la medida de lo posible le he ido haciendo un seguimiento para advertir una evolución que, en ningún caso, se ha malogrado. Muy al contrario, se ha ido refinando a la vez que su voz ha madurado. El aguardiente preciso, el rajo de antaño y esa búsqueda interior que hace que parezca que duele el cante caracterizan a una cantaora que a veces nos puede recordar a Aurora Vargas o a la ‘La Macanita’ e incluso en los tangos rememora a Remedios Amaya.

Un gran surtido de cantes demuestra su largura. El genérico corte clásico de todo el trabajo alude al respeto. La variedad de guitarras dicen tanto de su versatilidad como de su carácter sensible. El apoyo de grandes músicos (Pedro Sierra en la producción, Ricardo Rivera en la composición, Diego del Morao, Jorge Pardo, Rosario Guerrero ‘La Tremendita’, David Palomar, Manuel Moreno ‘El Pele’…) habla de su grandeza y de su gratitud…

Los temas ‘festeros’: la primera soleá (Verdolaga), las alegrías (El mapa de mi vida), los tangos (Dame la mano y Si te separas de mí) y las bulerías (Los rosales de TrianaEres el verso), sobre todo, son cantes más diáfanos, con variedad instrumental, arreglos modernos y letras del momento. Pero en el resto, con más jondura, se hace acompañar tan sólo con una guitarra y un poquito de compás.

El martinete (Llaman a la puerta), la malagueña (Si a mí me dieran) y las seguiriyas (A mi hermano Manuel) son un ejemplo de veracidad y buen gusto en su raíz. Pero yo me quedo con las tarantas (Peleando), donde reivindica su tierra y desborda sentimiento.

Hay cantes que valorizan a determinados cantaores, pero permitidme que os diga que hay cantaores que prestigian determinados cantes.

Martes, 12 de Junio de 2012 13:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La natural grandeza

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Lo que trae el aire

El aire es caprichoso. El aire va y viene. El flamenco que presentó La Moneta en el teatro Isabel la Católica el lunes, 4 de junio, coincidiendo con  el primer día de las fiestas del Corpus de Granada, fue como el aire, como ese viento que va y viene a capricho, que lleva y que trae a voluntad.

Comienza por granaínas. Se escora a la izquierda, pues sus músicos se agrupan a la derecha. Rompe la simetría y rompe moldes con su parquedad. La luz es bondadosa y desvela todos los secretos. No hay nada que ocultar. El sonido también es impecable. Se aprecia hasta la ausencia de taconeo en esta primera pieza. Sólo el cuerpo canta. Con bata leonina y mantón, le baila al cante que, como ella, es una ceremonia. Primero Juan Ángel Tirado y su personal caja de música, después Jaime Heredia ‘El Parrón’ y el bronce en su voz. El remate antológico lo pone ’Manzanita de Santa Fe’ y su torrente.

En los abandolaos sin baile se estrenan los cantaores Miguel Lavi de Jerez y David ‘El Galli’ de Morón. Qué lujo de voces, qué lujo de timbres. Todos distintos, complementarios, admirándose mutuamente, imponiendo su paladar.

Vuelve la bailaora por soleá. Con su vestido sangre con tres vueltas mantiene sus constantes. El compás preciso, su mirada, sus silencios, su caída y sus desplantes dejan clara su apuesta: el cante es el idioma, ella la intérprete; el cante es libre, ella inventa; el cante crea, ella recrea. El remate por bulerías es una fiesta donde parece que la granadina entra en trance. Se deja llevar y no teme al vacío ni a san Vito.

La guitarra se queda sola para hacer entrega de una bella bulería. Luis Mariano es el sonido del monte. Trasmite amor y desamor, fuerza y calma. Lo acompaña especialmente fino Miguel ‘El Cheyenne’ con el cajón.

Luis queda sólo y comienza la farruca. Con un traje negro de pantalón y la espalda descubierta, Fuensanta descubre otra forma de bailar. La farruca cambia de sexo. Ahora es sinuosa y sensual. Los pies cantan la ausencia de voces. El cielo es suyo.

Una rueda de martinetes nos descubre la grandeza de los cantaores, su buena forma, su pique sano. Se miran y se gustan. Se pasan el testigo jaleando los requiebros y pellizcos del compañero. La seguiriya viene rodada. Posiblemente es el estilo que más identifica a La Moneta. El dramatismo se hace liviano y la mueca con la contemporaneidad sabia que ha impregnado todo el concierto.

El fin de fiestas, después de los saludos, viene en forma de tangos, donde los cantaores cantan a voluntad y se hacen corales cuando son del Camino. Fuensanta, con más libertad que nunca, baila a los postres.

* Foto Antonio Konde©.

Miércoles, 06 de Junio de 2012 19:19 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sí o sí

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Flamenco Viene del Sur

Jerez es un sello indiscutible. Nadie duda de la cuna, de la ciudad del flamenco. Su arte está por encima de cualquier pero. Sin embargo esa fama hay que mantenerla tanto dentro de Jerez (lo que resulta relativamente fácil), como fuera de su tierra.

El lunes pasado se presentó la obra ‘Mujerez’ en el Teatro Alhambra tras dos años de rodaje (se presentó en la XVI Bienal de Flamenco, 2010), que recientemente se dedica a la memoria de ‘Moraíto Chico’.

Tres mujeres jerezanas, Juana la del Pipa, Dolores Agujetas y Tomasa Guerrero ‘La Macanita’, tres pesos pesados del cante de raíz ocuparon la escena, bien individualmente, bien en grupo.

La noche prometía y no defraudo. ¿No defraudó?

Cuando se espera lo mejor, el cien por ciento, los recortes, por muy bien que estén, se llegan a notar. La rutina siempre pasa factura, cumplir por cumplir es imperdonable.

Cuando se va de sobrado (“yo tengo de flamencura hasta el aliento”) algo en el fondo huele mal.

Y no es que fura un fracaso, como puedo dejar trascender, pero cuando alguien viene con media de notable, el suficiente es insuficiente.

Comienza Juana rellenando la escena como gitana de gran peso y veteranía entonando por soleá y terminando por tientos-tangos, que remata de pie, paseando su gran porte con gracia y compás. Su voz ronca más nos cuenta sus limitaciones que su añeja profundidad.

Dolores, para mí la mejor de la velada (la única que no había visto en directo), comenzó también por soleá y remató por seguiriyas. Se hace acompañar a la guitarra por su hijo Dieguito de la Agujeta y no por Antonio Higuero que arropó a sus compañeras. El eco de los Agujetas estaba presente en todo momento. Los finales sin embargo no los cuadra. Hay que esperar a las tonás, cantadas alternativamente por las tres, para apreciar realmente a la verdadera descendiente de su estirpe.

Soleá, como las demás, y soleá por bulerías, con amplia concesión al cuplé como acostumbra, fue la incursión de La Macanita. Su torrente y su agudeza son manifiestas, pero se echa en falta el timbre de sus primeros conciertos, de sus primeras grabaciones.

Acabaron, como ya se ha dicho, por tonás, fandangos naturales y bulerías con todos presentes en el escenario, insertando una pataílla que otra, incluidos los efectivos palmeros, Chicharro y Bo.

Sábado, 26 de Mayo de 2012 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ketama 2

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Flamenco Viene del Sur

Venga por anticipado la calidad guitarrística de Josemi Carmona. La herencia Habichuela por un lado, la apertura musical de su padre por otro y la participación de lleno en el llamado Nuevo flamenco para terminar, hacen del ex Ketama un tocaor arriesgado y novedoso. Su sólo soniquete lo adhiere al listado de flamencos indispensables.

Josemi llegó a Granada, la tierra de sus padres, el pasado lunes, 14 de mayo, para presentarnos Las pequeñas cosas, su segundo disco en solitario, si contamos como primero el que grabó con el bajista Carlos Benavent, Sumando, en 2006.

Las pequeñas cosas es un disco supremo y avanzado, lleno de sorpresas y colaboraciones, abierto a todas las corrientes musicales, necesario para conocer el estado actual y los nuevos derroteros de la guitarra flamenca. No así el directo. El concierto llegó a ser un desconcierto.

Vamos a ver. La guitarra de Carmona, como ya digo, espectacular. No sólo su rasgueo, sino también sus escalas, la concesión al jazz, al pop y a la samba, el dominio de los pedales (llevaba cuatro que llegaba a manejar como si fuera Eric Clapton) y sobre todo sus silencios, marca de la casa Habichuela, que arrancan el espontáneo ole.

Desde el primer fandango (Pasando por Huelva) apreciamos toda esta sensibilidad, que vimos su continuación en la soleá. Después, mientras se desgranaba el disco (y algún tema de su colaboración con el bajista barcelonés), todo sonaba igual en ritmo y armonía: mucho tanguito rumbero, más cercano a su anterior época con Ketama (incluso sonó el clásico de Antonio Vega Se dejaba llevar grabado por este grupo), que el cantaor lucense Santiago Cortiñas ‘El Kiki’ se empeñaba en su perfecto remedo.

Por otra parte, algunos momentos del segundo guitarrista, Carlos Carmona González, fueron para tener en cuenta, pero en general, su grupo no estaba a la altura.

La bulería Dos puñales, con colaboración de Paco de Lucía en el cedé, cerró entrañablemente el concierto, para la cual llamó al escenario a sus primos, José Antonio Carmona, compositor de parte de la letra, y a Pepe Luis Carmona, presentes entre un público que por desgracia llenó tan sólo la mitad de la sala.

Jueves, 17 de Mayo de 2012 11:42 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

¿Quién se acuerda de Morente?

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Ayer, 13 de mayo de 2012, se cumplieron diecisiete meses de la triste desaparición de Enrique Morente. Triste, ya lo he dicho en más de una ocasión, por lo inesperado, por lo prematuro, por lo enrarecido.

Son tan dolorosas la circunstancias de su muerte que la sola investigación de sus últimas horas, lo que se ha dado en llamar ‘Caso Morente’, me hace apartar la vista y el sentimiento encogido.

Sin embargo, su recuerdo no muere e iniciativas puntuales se suceden continuamente a lo largo del mundo. Madrid le dedicó una calle, Málaga nombró patrimonio su bulería Adiós Málaga… ¿y Granada, su Granada?

La revista cordobesa Boronía ya sacó en el verano y otoño de 2010 un especial flamenco dedicado al maestro granadino, con algunas intervenciones más (‘El Pele’, ‘Fosforito’…), y al año siguiente, en junio de 2011, un primer Libro de Morente, con testimonios sensibles de personas que lo conocieron, que lo trataron. Un libro lleno de anécdotas, lleno de embrujo, lleno de lágrimas… y, por suerte, lleno de ausencias (en su tiempo hice mención de este mismo trabajo). Son tantos los mundos de Enrique que siempre falta tierra; son tantas las vidas del maestro que siempre faltan almas; es tan grande el corazón de Morente que siempre faltan abrazos.

Por eso, los compañeros de esta misma revista Boronía decidieron hacer una segunda entrega. El día 24 de mayo, se presentará (como vemos en el cartel), en el Teatro Central de Sevilla, el segundo Libro de Morente.

Como el anterior, es una obra llena de recuerdos y amistad, en la que participa el Instituto Cervantes, el Instituto Andaluz de Flamenco y el completo apoyo de la familia Morente Carbonel. De hecho es Aurora, la viuda de Enrique, la madre de todos, la que inaugura con sus palabras este homenaje, donde también aparece una entrevista fresca, preclara y madura de Soleá Morente, unas declaraciones reconocidas de Israel Galván, las confesiones de Los Evangelistas, el encuentro de Pepe Habichuela y Balbino Gutiérrez, biógrafo de Enrique, una entrevista al mismo cantaor celebrada en París en 2003 por el crítico de arte Hans Ulrico Obrist, un emocionante álbum de fotos y las voces incombustibles de medio centenar de admiradores.

La presentación contará con la presencia Antonio Arias y Eric Jiménez en acústico y el concierto de Pepe Habichela, con Tamara Escudero (voz) y Juan Carmona (percusión).

Un día inolvidable, donde Enrique, con esa permanente sonrisa de ojos chicos, volverá a estar presente.

* Para adquirir este libro o cualquier otro producto de Boronía, dirigirse a www.boronia.es.

Lunes, 14 de Mayo de 2012 10:21 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Lo que brilla con luz propia

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Flamenco Viene del Sur

Una canción del poeta cubano Pablo Milanés dice Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Lo sentí el lunes en el teatro Alhambra después de salir de la doble actuación de flamenco. Sobre todo María José Pérez. Sobre todo el Niño de Pura.

Me alegró ver a la cantaora almeriense después de tanto tiempo (estuvo afincada en Granada y no era difícil coincidir con ella). Su voz es grave, regulada y precisa. Su conocimiento ancho, fruto del estudio continuo.

Le perdí la pista, como digo, pero siempre aposté por esta joven artista que lamentablemente no llegó muy lejos con su primer disco, Cante flamenco (2008), lleno de aciertos no obstante.

Se alegraba de volver a esta tierra y desde la soleá que principió su pase estuvo entregada. Un eficaz Miguel Ochando le almohadaba el cante con su guitarra. María José gusta de ligar los tercios y mecer la letra confiriéndole cierto brillo personal. Modula el grito hasta parecernos la Paquera de Jerez.

En segundo lugar anuncia cantiñas, aunque bien mirado no pasan de ser alegrías. No se deja llevar por la fiesta y da cabida a la pausa y el entendimiento.

En los tientos-tangos desemboca en el Camino y, a los postres, es larga por Morente y su Lenguaje de las flores.

Momento grandioso de la noche fue cuando entonó cantes mineros, comenzando con la taranta de Almería, reivindicando lo suyo.

El soniquete por bulerías de Ochando ya es memorable, que la cantaora abordó por copla (Ojos verdes) y culminó por fandangos, sin abandonar el ritmo de bulerías, donde se acordó de Vallejo.

Ante los merecidos aplausos, y ya dominante, regaló un bis por Huelva, a petición del público.

La segunda parte fue de matrícula. El Niño de Pura (Daniel Navarro Cruz), como quien no quiere la cosa, ofreció un concierto impecable y abnegado, aunque se asemejara al recital que ofreció en La Platería hace varias semanas. Su guitarra grandiosa esconde una técnica milimétrica y una velocidad inusitada. Lo acompaña al cante el cordobés Rafael Churumbaque, Lámpara Minera 2009, María José Álvarez al compás y Agustín Henke a la percusión.

Unas tarantas comienzan su entrega. Continúa por alegrías, que en momentos, sobre todo con la incursión del cante, nos puede recordar a Vicente Amigo.

Las guajiras son una constante en sus recitales y Fantasy una agrupación de toques bajo un ritmo fandangueril culminados por bulerías.

Unas agradecidas bulerías culminan la noche, que son enriquecidas con un toque por Huelva, fuera de programa, en el que destaca sin discusión el picado vertiginoso por sus escalas.

* Niño de pura en la imagen (foto extraida de la página del Tablao Flamenco Cordobés).

Sábado, 12 de Mayo de 2012 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor sonido

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Se me precipitan los días y los acontecimientos se acumulan en una memoria tan flaca que más pronto que tarde tiende al olvido. Como Cernuda diré que lo más que recuerdo es lo que se me ha olvidado. Así, sé que leí esto o aquello, sé que estuve con tal o cual, sé que asistí a un lado o a otro... Pero no me preguntéis lo que vi, lo que hicimos o de qué iba el libro.

El miércoles 25 (ha llovido, pero podía haber sido peor) estuvímos en el Palacio de los Condes de Gabia, viendo un recital llamado "Entre generaciones", enmarcado en el ciclo Granada portal flamenco de la Diputación de Granada.

La sesión trataba de reunir en el escenario a dos guitarristas, Miguel Ochando y Álvaro Pérez ‘El Martinete’, maestro y alumno, para exponer su toque individual y terminar al alimón haciendo algunos temas conjuntos.

Álvaro, el más joven (bastante joven), abrió la noche por granaínas, donde dejaba ver el esencial parecido a su modelo. La limpieza sonora, la claridad en los arpegios, donde no sobran ni faltan notas, el apoyo constante en el bordón con un agradecido alzapúa... lo hacen merecedor del calificativo de "aventajado".

El Martinete continuó con la rondeña de Montoya, esa maravillosa composición arreglada y grabada por el mismo Ochando, a la que Enrique Morente a la larga puso letra. Una gran interpretación que se vio igualada por un vals por bulerías, con el mismo sello de la casa.

El veterano Miguel Ochando rellenó el escenario con el mejor sonido de guitarra que se puede escuchar, después el agua, después las aves. Comenzó con una taranta, acordándose en los postres de la misma rondeñá montoyana que interpretara su pupilo.

Después se acercó a la zambra, una composición cercana a los tangos con un particular dejillo moro, en vez de soleá que estaba anunciada en un principio.

Para terminar, Ochando nos regaló ese bello zapateado, incluido en su primera grabación, Memoria (2007), basado en el de Esteban de Sanlúcar.

Ya, para rematar la velada, los dos juntos, interpretaron El Inclusero, una composición de Niño Ricardo, popularizada por Juanito Valderrama; la popular canción Moliendo café del venezolano Hugo Blanco por rumbas y unas sabrosísimas bulerías.

Tras los insistentes aplausos, los guitarristas tuvieron que salir para regalarnos otras bulerías de lujo, aunque confesaron que no estaban tan bien preparadas.

* Carátula del primer disco de Ochando.

Lunes, 07 de Mayo de 2012 18:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La señora del baile

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Flamenco Viene del Sur

Manuela no es una fiesta, porque no lo necesita, Manuela no recorre el escenario, porque no lo necesita, Manuela no viste colores, porque no lo necesita, Manuela no es futurible, porque no lo necesita. El baile de Manuela Carrasco es parco y digno, sin florituras ni aspavientos. Es un baile de raíz, introspectivo y gitanísimo. Su sola presencia, su sola imagen, su sola estampa sentada en una silla o en un desplante encierra una flamencura ilimitada.

Manuela Carrasco es “la diosa del flamenco”, como es conocida desde que así la llamó Juan de Dios Ramírez Heredia, es la señora del baile, a la que todos admiran, a la que todos imitan, a la que todos respetan. Manuela es elegante y bella, esbelta y moderada. Sus pies limpios y vertiginosos los dosifica para sus momentos. Mientras, una pose, un braceo, una mirada, arrancan el ole sentido del aficionado cómplice.

Suspiro flamenco es la obra que nos presentó este lunes en el teatro Alhambra. Un flamenco tan consistente como efímero, tan profundo como epidérmico, centrado en su porte de diosa gitana que aparece sentada en anea sobre plataforma. Sus músicos, Pepe de Pura, Emilio Molina y Luis Moneo al cante, Joaquín Amador y Paco Iglesias a la guitarra; y José Carrasco a la percusión, hilvanan con profesión un recorrido genérico por los estilos flamencos para que la bailaora sevillana demuestre su arte.

Unas bulerías abren la noche, donde impera el sosiego, a pesar de la fiesta. Con la caña se presenta el cuerpo de baile. El estilo visceral y arrebatado de El Choro, de Oscar de los Reyes y sobre todo de Rafael de Carmen, aunque discrepe de mis gustos, tiene sus adeptos. En conjunto o individualmente, son justamente aplaudidos.

A la gavilla por fandangos no le acompaña el baile. Apreciamos así mejor las guitarras y el juego de voces, puede que poco amplificado. Destaca la cadencia y entrega de Pepe de Pura, un cantaor que admiro desde hace tiempo, que suele acompañar también a Eva Yerbabuena.

El taranto de Manuela es desgarrado dentro de su apoteosis; los tangos de El Choro y Oscar de los Reyes coloridos en su conjunto; y las prolongadas alegrías de Rafael de Carmen un derroche de fuerza y compás.

La Hija predilecta de Andalucía, Premio Nacional de Danza 2007 y Embajadora de la Paz (San Remo 2008) remata su actuación con una soleá intimista y marcada, llena de sabor y de propuestas, que más que anclarse en el pasado alza el vuelo advirtiéndonos que Manuela Carrasco, con cera de 60 años, tiene aún mucho que decir.

Viernes, 27 de Abril de 2012 10:56 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una obra sin pies ni cabeza

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FundaMETALmente Flamenco

He tardado más de la cuyenta en hablar del espectáculo que nos presentó Gero Domínguez&Cía en el Teatro Alhambra, el miércoles pasado, y es porque no sé muy bien por donde abordarla. La unión de flamenco y rock ya está hecha, hace muchos años, y muy bien hecha. La propuesta de este joven bailaor malagueño no obstante rozaba la curiosidad. Esperaba contemplar un baile fresco, personal y de vanguardia, donde la guitarra eléctrica de Ramón Arias del grupo Parachokes y su intensidad sinfónica se fundiera con las guitarras flamencas, que el teclado de Rafael Arregui comulgara con las voces del Dúo Makarines (José Ibáñez y Maka Ibáñez), como artistas invitados, y que, en cierta forma, la comicidad impregnara toda la obra.

Anhelaba disfrutar, como rezaba el anuncio del concierto, la combinación del “rock, metal y danza con el flamenco más puro”, el recorrido “por la historia del flamenco en el que el hilo conductor son los sonidos del metal. Ése metal que en las formas primitivas del flamenco sonaba al yunque de la fragua”.

Pero no, al contrario, lo que pudimos ver es una obra deslavazada y sin cabeza, con poquísimo argumento y un sonido pésimo y mal equilibrado, sucio en su conjunto.

Quizás, el gran acierto de la función, que podía trascender, es la adaptación especial para el colectivo de personas con discapacidad auditiva. En una pantalla encima del escenario se iban reproduciendo las letras y demás acontecimientos sonoros del espectáculo que no sólo los duros de oído agradecieron.

Combinando el rock eléctrico y el flamenco se fue desarrollando una obra con grandes intenciones pero que no aportó nada nuevo. Gero, sobrado de autoestima, iba tejiendo los temas con su baile desestructurado aprendido, hecho de retazos de aquí y de allí sin encontrar voz propia.

Así, comenzó por martinetes, en la voz flamenquísima de David ‘El Gayi’ (lo mejor de la noche), que pronto fueron seguiriyas. Los hermanos Ibáñez hicieron dos baladas, a todas luces fuera del conjunto; la guitarra lloró una vidalita rica en graves; el piano acompañó un poema en off y ambas guitarras, flamenca y eléctrica, entablaron una conversación por farrucas.

La soleá parecía remontar la obra. El primer tercio, cantado por ‘El Gayi’, arrancó el único ole de la noche. Soleá que se remató por abandolaos y después por bulerías, antes de escuchar ocho campanadas y continuar por fiesta.

Unos tangos sin pena ni gloria precipitaron el final en el que sonó un swing aflamencado.

Miércoles, 25 de Abril de 2012 10:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los extremos de una bailaora

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Al año después de haber rodado su espectáculo por los escenarios de medio mundo, Fuensanta La Moneta se decide a pasar su Extremo Jondo a DVD para su mayor difusión y reclamo. La grabación en directo parte de la clausura de la muestra de baile de ‘Los veranos del Corral’ de Granada en agosto de 2011.

Extremo Jondo es una obra completa y apretada, en donde la bailaora no se baja del escenario, apenas en el ecuador para cambiarse de vestido, realizando nueve bailes distintos, que van desde el romance a los tangos, pasando por las alegrías y las serranas, como si fuera un recital de cante, con una flamencura rayana en lo antiguo si no fuera por su frescura, su contemporaneidad y sus propuestas de futuro.

Con una presencia contundente y un compás encomiable, La Moneta va hilvanando, a lo largo de las dos partes en que tácitamente se divide la función, un discurso del todo coherente y lleno de contenido, donde mandan sus ojos, sus pies y el resto de su cuerpo.

Fuensanta ha querido rendirle un homenaje al cante y a la guitarra, a esos ‘soníos negros’ que en el flamenco hacen estremecer, dándole igual protagonismo a sus acompañantes. Miguel Iglesias, como guitarrista, compone el armazón necesario para sustentar toda la obra; Miguel Lavi, rebusca en su interior esos los de antaño y le canta a La Moneta como si estuvieran solos; Miguel ‘El Cheyenne’ tiene un papel primordial con la percusión, marcando respetuosamente el latido del conjunto como si fuese un fauno dormido.

Como resultado tenemos Extremo Jondo, una obra coral donde no existe trampa ni cartón. Lo que hay es lo que vemos y lo que vemos es el trabajo de una de las bailaoras más interesantes del panorama actual.

* Articulillo aparecido recientemente en la revista Acordes de Flamenco (nº 36).

** El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

*** foto de alfredo aguilar (2010)©.

Viernes, 20 de Abril de 2012 19:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Idea de un viaje

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Esfuerzo. Quizá lo que se aprecia en la obra Ida y vuelta que presentó el guitarrista granadino Isidoro Pérez en Pinos Puente este domingo sobre todo es el esfuerzo que tiene detrás. Presentado en el pasado mes de octubre en La Chumbera, su segunda puesta en escena lamentablemente no fue muy afortunada. Las inseguridades, titubeos y descoordinación fueron manifiestos. La idea sin embargo es digna de aplauso. El ‘viaje imaginario con la maleta llena de toques flamencos al Caribe’ es agradecido e interesante. Aunque quizás Isidoro le diera una gran concesión a los nervios, o le saltaran los hilvanes a una obra con poco rodaje, o no estuviera rodeado de la gente adecuada. El caso es que fue tan sólo un buen intento, un buen argumento, con un resultado desigual.

Isidoro propuso en primer lugar un garrotín en solitario donde se acordó de Riqueni. Buena interpretación, aunque las notas al aire, propias del maestro sevillano, llegaron a traicionarle. Continúa igualmente en solitario con una soleá, planteando tácitamente el origen de todo. Con el resto de los músicos interpretará guajira (Puente de Pinos), colombiana (La alameda), tanguillos (Negritos de Cádiz), alegrías y bulerías (Cuesta de la Isla). Terminó el espectáculo con una soleá por bulerías.

Los acompañantes del veterano guitarrista, Iván Centenillo al cante, Eloy Heredia a la flauta y Manuel Vílchez y Luis Vives a la percusión, con sus errores y aciertos, eran meros acompañantes del protagonista. El joven Armando Linares, aunque solapadamente, destacó como segundo guitarra. Violeta Ruiz al baile, en dos de los temas, parecía ajena, influenciada por el nerviosismo general.

Jueves, 19 de Abril de 2012 15:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Muestra de baile

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Los Veranos del Corral de Granada

Llevo algún tiempo diciéndolo y puedo reconocer que es verdad, la manifestación que más me interesa en el flamenco hoy día es el baile, por su plasticidad, por su contenido genérico, que abarca también el cante y la guitarra, y, sobre todo, por su bella evolución. El seguimiento de la completa expresividad de artistas como Eva Yerbabuena, Israel Galván, Belén Maya, Fuensanta La Moneta, Manuel Liñán, Pastora Galván, Andrés Marín, Rocío Molina, Patricia Guerrero…, se me hace imprescindible.

Varios festivales hay en España para atender el estado actual del baile flamenco. Aquí, en Andalucía, destaco el Festival de Jerez y la Bienal de Sevilla, donde los estrenos y las puestas de largo de los grandes montajes escénicos tienen lugar para su divulgación por todo el país y los festivales extranjeros. También, puntualmente, el ciclo Flamenco Viene del Sur, acoge algunos estrenos, pero normalmente se nutre de los festivales antedichos.

No obstante en Granada existe un microfestival a tener en cuenta. (digo ‘micro’ por el formato, no por la duración y mucho menos por la calidad.) Me refiero a Los Veranos del Corral, que este año cumple su décimo cuarta edición.

La Muestra de baile flamenco en el Corral del Carbón se ha convertido en una referencia imprescindible en el panorama internacional. Ha llegado el momento de que la inclusión en el currículum de cualquier artista por este escenario es una marca de prestigio. Por eso, son los mismos artistas los que solicitan su participación en este ciclo, como ha pasado recientemente en el programa de este año, presentado hace un par de días por el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata. El cual hizo notar una sucesión natural, después del Festival de Música y Danza, de los Veranos del Corral.

Metidos ya en faena y orquestados por Raúl Comba, director de dicho festival, diremos que tendremos dieciocho días de baile flamenco en nuestra ciudad entre julio y agosto.

La muestra la abrirá el cordobés Javier Latorre (23 de julio), Premio nacional de Danza 2011, que ha elegido este escenario para su reaparición. La clausura correrá a cargo del granadino Luis de Luis (16 de agosto), un artista tan ‘genial’ como ‘desconocido’. Entre estos dos bailaores se desarrollará una gama de flamencos, veteranos o no, que darán buena muestra del estado actual del baile (y de su buena salud).

Como artista mediático, que ha pedido formar parte del cartel, reconocemos al sevillano Antonio Canales (2 de agosto).

De México, debido a los recientes contactos del productor con este país, contaremos con la participación de Karime Amaya (31 de julio), que es sobrina nieta de la gran Carmen Amaya (aunque vive en Barcelona), y de Karen Lugo (1 de agosto). Y del País del Sol Naciente, como reivindicando la universalidad del flamenco, hallaremos un Programa especial Granada-Japón que incluirá las actuaciones de Saori (3 de agosto), que ya participó el pasado año, y de Ami (10 de agosto).

Repitiendo del pasado año, tendremos al bailaor gaditano Marco Flores (30 de julio) y al granadino Manuel Liñán, que vendrá acompañado de Pablo Suárez y Antonio Campos, para estrenar la obra Trisquel flamenco (7 de agosto).

Aparte de Luis, Manuel y los suyos, tendremos a la granadina, afincada en Madrid, Maripaz Lucena (25 de julio); al malagueño Moisés Navarro (24 de julio), ganador del Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos; a las sevillanas Nazaret Reyes (6 de agosto), hija de Juana Amaya, y a Saray de los Reyes (8 de agosto); a la cordobesa Carmen la Talegona (26 de julio); a la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’ (9 de agosto), último Desplante en las Minas de La Unión, que pudimos ver recientemente en La Platería; a la almeriense Anabel Veloso (14 de agosto); a la murciana Cynthia Cano (13 de agosto); y a la castellonense Lidón Patiño.

Un programa anhelante que se completara con la oferta de cursos coincidentes en el Carmen de las Cuevas (Antonio Canales, Pastora Galván, Manuel Liñán y Patricia Guerrero) y en la Escuela Internacional Manolete, en La Chumbera, con Juana Amaya y Farruquito.

Para los veranos del Generalife, para redondear la noticia, tendremos el Ballet Flamenco de Andalucía, con Rubén Olmo a la cabeza, representando su obra Metáfora, donde tanto tiene que ver el guitarrista y compositor granadino David Carmona.

* Cartel de la Muestra (fragmento).

Viernes, 13 de Abril de 2012 11:27 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Dímelo siempre

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Flamenco siglo XXI

Debido al empeño, siempre loable, de la Diputación de alentar y promocionar el flamenco joven de nuestra provincia desde su plataforma Granada Portal Flamenco y dentro del ciclo Flamenco 3.0, el miércoles pudimos asistir en el Palacio de los Condes de Gabia al recital que ofreció Sergio Gómez ‘Colorao’, celebrando a su vez los veinte años de carrera, a pesar de su juventud, y el lanzamiento próximo de su primer trabajo en solitario. Igualmente, nos anunció desde el escenario su pronta paternidad (otro motivo de celebración).

Sergio es un flamenco imprescindible en el panorama joven granadino, quizás el cantaor más en forma y el más personal de su generación. Su voz laina, afinada y de precisa modulación hace su discurso más que agradable. Su trayectoria le ha enseñado a adaptar los estilos a sus melismas y no al revés, haciendo un producto nuevo y delicado.

Con su guitarrista habitual, Rubén Campos, crean y recrean una serie de cantes que, quien es buen aficionado, no tiene más que elogiar. Sergio más enraizado, Rubén más vanguardista. Entre los dos forman un tándem que despunta sin discusión. Lástima la falta de oportunidades. Lástima la falta de consideración de los que sobreponen la potencia convencional al buen gusto exclusivo.

Le acompañan también este día José Cortes ‘Pirata’, como segunda guitarra, José Antonio Carmona, en la percusión e Irene Molina y Mikey Gómez, en los coros y las palmas. Un cuadro agradable para un flamenco fresco.

No obstante, en la primera parte del concierto reinó el derecho de la ortodoxia. El Colorao entra por martinetes, que sirven para templar al mismo tiempo que demuestran la calidad de la voz de un artista que no le hace falta gritar para alcanzar los más altos tonos (cualidad escasísima en los cantaores de ahora). Continúa, ya con todo su equipo, con unas bulerías de su padre, Antonio Gómez, en sus primeras grabaciones.

El momento más intenso de la velada, para mí, vino por Málaga, donde se acordó de Chacón en las malagueñas, y remató generosamente por rondeñas, fandangos lucentinos y ese jabegote que cantara Paquillo el del Gas con tanto arte. Las alegrías, con sus estribillos a coro, fueron un ejemplo de belleza. Y los cantes de levante, en los que le acompaño su hermano José Gómez, a la guitarra, encerraban la sabiduría de quien sabe lo que hace.

Otra vez con todos sus compañeros en el escenario, quiso participarnos con unos ejemplos del disco que, después de cinco años, ya está a punto de salir del horno. Los tangos Dímelo otra vez le dan nombre a esta obra y la bulería coral redunda en un trabajo que se me antoja bastante festero. Habrá que esperar a su nacimiento.

Para el fin de fiestas por bulerías, como es menester, cogió el micro su padre, ejemplo de conocimiento y de compás, asiéndolo después por turnos Irene, Mikey y el mismo Sergio. Fiesta que acompañaron algunos de los actuantes con alegres pataíllas que, sinceramente, se podrían haber ahorrado.

Poco público sin embargo asistió a ese recital, y eso que era gratuito. Me consta que en Granada hay muchos aficionados y peñistas que se quejan de la poca oferta y que sin embargo cuando el flamenco le es asequible se quedan en sus casas quizá viendo el fútbol que siempre abunda.

* Sergio, junto a ’El Pirata’, tomada de su facebook.

Sábado, 31 de Marzo de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Palabra de bailaora

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Flamenco Viene del Sur

Una fiesta se monta con uno que canta, otro que toca y otro que baila. Nada más. El lunes, 26 de marzo, hubo una verdadera fiesta en el teatro Alhambra. Desde Jerez, Mercedes Ruiz, con dos acompañantes de excepción, el cante de David Lagos y la guitarra de Santiago Lara, nos trajo un discurso sobre su nueva forma de entender el baile. Un flamenco reposado y completo; intimista y generoso; un diálogo a tres bandas; un protagonismo compartido; una discreta elegancia; una vindicación de su tierra tan sutil como evidente, tan variada como machacona.

Como no podía ser menos, comienza la actuación por bulerías (Palabra de Jerez), que apunta un David Lagos especialmente sembrado con el Procuro olvidarte de Manuel Alejandro, y termina acelerando la guitarra y marcando los tiempos, escorándose definitivamente hacia Jerez. La dinámica es esencial en esa propuesta llena de contenido, aunque tan minimalista que a veces puede parecer fría, simplemente por no llegar a despuntar.

La guitarra se queda sola y propone peteneras, que Mercedes baila con palillos en las manos, con bata blanca y mantón a juego. Remata por bulerías, interactuando con el cantaor y mostrando una estampa de Cisne blanco. El Cisne negro, a continuación, serán unas seguiriyas introducidas por tonás y culminadas con apoteósica cabal, donde Lagos da pie a la bailaora para lucir sus engarces y torsiones agradecidos en un palmito esbelto y flexible envuelto en bata negra de cola, dramática para la ocasión. La pincelada de castañuelas dimensiona percutidamente unos pies que descansan para dar protagonismo al resto del cuerpo.

El abuso de la bulería y duración de los temas es evidente hasta que, con La voz del pueblo, pregones y caracoles, y Mercedes vestida de pantalón y chaquetilla corta, saca lo mejor que tiene dentro. Empieza a bailarle al cante, que es de lo que se trata. Con gracia y delicadeza va recorriendo la escena venciendo y convenciendo en una noche que ya es definitiva. La sal gaditana que comento se remata con unas instantáneas donde los actuantes posan sobre una silla después de varios fundidos en negro.

Como programado fin de fiestas, con arte y supina delicadeza, la jerezana aborda una media granaína (Palabra de flamencos) que sirvió de broche de lujo a ese Baile de palabra que elevó el nivel del festival varios enteros.

* Foto flamenco-world.com©.

Jueves, 29 de Marzo de 2012 11:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sólo él podía

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Juan Pinilla es un flamenco comprometido y versátil, conocedor de los estilos y con un importante poso cultural. Cuando el autor Antonio José López editó las coplas que había compilado Gerald Brenan se preguntó qué flamenco podría ponerle voz, puesto que entendía que una colección de letrillas impresas quedaría incompleta si no se cantaba.

La respuesta fue tan rápida como acertada. El único flamenco joven de Granada y posiblemente del panorama flamenco actual de llevar a cabo tal empresa era Juan Pinilla. De ese pensamiento y propuesta, nació el tercer disco de este cantaor de Huétor Tájar. Dicho trabajo discográfico, La copla y Gerald Brenan, fue presentado en el Teatro Alhambra, el pasado martes, día 20, con un lleno absoluto, que respondía al poder de convocatoria de este artista.

Tras unas palabras explicativas de la hija del escritor, la presentación corrió a cargo del entendido Antonio Lastra que, pasándose demasiados minutos más de lo deseado, desmenuzó la vida y obra del cantaor, aparte de exponer algunas teorías sobre los orígenes del flamenco.

El primer invitado fue el jovencísimo tocaor Álvaro Pérez ‘El Martinete’ que, con sensibilidad y flamencura, como nos tiene acostumbrados, acompañó a Pinilla con una media granaína y después una malagueña con abandolaos. Seguidamente nos fuimos al extremo opuesto, el veterano guitarrista y guitarrero Francisco Manuel Díaz arropó en unos cantes de levante muy agradecidos, en una seguiriya y en unos fandangos con mucho gusto que cantó el padre del protagonista, del mismo nombre (empeño personal de éste), en los que se acordó de Cepero, del Sevillano o de Vallejo.

De Almería, el guitarrista David Caro, con una trayectoria intachable, a pesar de su juventud, se incorporó para el resto de la velada, junto al percusionista Javier Rabadán, ambos creadores de gran parte de las melodías del disco. Con estos colaboradores, Pinilla expuso bulerías y, apoyado por el cante y el compás de Iván Centenillo, tangos, con un interesante juego de voces.

Juan tiene sus incondicionales que reconocen la valentía en sus formas, su trabajo y su poder comunicativo, a veces demasiado individualista. Donde rompió sin embargo fue en el popular Anda jaleo por bulerías y en un simpático Ay, Carmela por rumbas.

La noche acabó con nuevas bulerías con hermoso estribillo coreado.

* Foto IDEAL©.

Lunes, 26 de Marzo de 2012 17:22 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Polifonía flamenca

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Convivencias es el espectáculo que pudimos ver el lunes en el teatro Alhambra. Convivencias es el flamenco en otra dimensión. La guitarra serena, magistral y añeja del sevillano Manolo Franco sirve de colchón y trampolín a las voces frescas y magistrales de la gaditana Laura Vital, del Niño de Elche y de la onubense Rocío Márquez. Con voces dispares, coinciden en armonía y afinación. Conociéndose, cada cual explota sus facultades. Potente, Laura Vital, se especializa en los cantes de su Cádiz natal y en otras formas rítmicas. El Niño de Elche se entrega a los estilos más añejos, a la raíz del cante. Rocío Márquez borda de formas más melódicas, al balanceo musical del flamenco abierto. Aunque todos son versátiles sin discusión y todos, como base de la obra, se solapan y entrelazan sus voces como si de un concierto polifónico se tratara.

Bonito es la palabra que puede adjetivar ese encuentro. Bonito y de eficaz calidad, aunque la perfección en algún momento pueda parecer fría, al igual que el paseo por el patio de butacas, con la idea de convivir con el público, resulta en conjunto desangelada. Las voces de calidad se suceden, se imbrican o se funden introduciéndonos en un mundo lírico sin olvidar los ancestros de pellizco y de verdad.

Un escenario en penumbra nos muestra a los actuantes en fila entonando una seguiriya que, en contra de lo ortodoxo, comienza por el macho final y culmina por el principio, teniendo en su medio un poquito de capela. Los tangos suben y bajan. Son ricos en sus propuestas, para dar paso a la hermosa granaína que arpegia Manolo Franco en solitario.

Un discurso sobre el espíritu del flamenco, donde se alternan voces y cantos, dimensiona la obra hacia un nuevo plano que intenta ser pedagógico, pero me temo que más bien abunda en un proselitismo de izquierdas y un flamenco ya caduco, extemporáneo allá por donde se mire. Entre este alegato se escuchará, con letras comprometidas, levante (con el poema Estaban tan hechos a perder del poeta Antonio Orihuela), fandangos de Macandé, milongas, cantes de labor, tientos y guajiras.

La malagueña, que sirve de preámbulo a un nuevo solo del guitarrista sevillano por soleares, es un gran ejemplo de esa polifonía a la que aludo. Emocionante, precisa, estremecida, tanto en su base como en su abandolao.

Un incómodo momento de silencio nos devuelve la voz desde el patio de butacas. Es cuando los artistas se acercan al respetable y, en cierta forma, se ponen a su nivel, imbricando de nuevo sus voces en un ejercicio de maestría y buen gusto.

Termina la obra por bulerías, que son largas en su propuesta y lenguaje, como largas son las cantiñas, que a modo de bis programado, redondean la entrega. Cantiñas que se enriquecen con estilos tan infrecuentes como son las rosas, las alegrías de Córdoba o los caracoles, con un estribillo final en forma de coda a tres voces, que hacen del cante un canto para ser felizmente coreado.

Viernes, 23 de Marzo de 2012 11:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una noche redonda

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Después del artículo anterior, es decir, después de ver a Sorderita en La Chumbera, dirigí mis pasos a La Platería que prometía calidad. No me equivoqué. Sonia Miranda es una cantaora sevillana afincada en Almería sobrada de facultades y generosidad. Le acompañaba a la guitarra un preciso Paco Cortés, tocaor granadino de acompañamiento que arropa como pocos. Respetuoso con el cantaor y exacto e sus incursiones, arranca sinceros aplausos de admiración.

Sonia, homenajeando la tierra que la acoge, se templa por granaínas, en las que arriesga y eleva su mismo listón. Continúa por tientos tangos, con su poquito por Granada, en los que también se acuerda de Morente y su maravilloso Lenguaje de las flores. El soniquete por tangos del guitarrista granadino  es de matrícula de honor. Para las agradecidas marianas aporta letras originales. Esta primera parte termina por malagueñas. La única objeción acaso es la repetición rítmica. Las marianas no pueden seguir a los tangos, que son primos hermanos, y, si ha empezado por granaínas, no abordes malagueñas, que adquieren un mismo tratamiento fandangueril, puesto que en un principio se consideraban las dos cantes de levante.

La segunda parte será más rica. De las farrucas pasa a las cantiñas y de éstas a la seguiriya. Termina por bulerías.

* Sonia Miranda y Paco Cortés en la peña del Taranto de Almería, en mayo de 2011.

Jueves, 22 de Marzo de 2012 12:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

De los padres del Nuevo Flamenco

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Patrimonio Flamenco

No me avergüenzo de decirlo, llegué al flamenco bien tarde y por la puerta de atrás. Tendría 16 o 17 años cuando me asomé a este arte de mano de la fusión. No he sido como los precoces niños de mi alrededor que han mamado el flamenco, bien porque sus padres se dedican a ello o son aficionados, bien porque han nacido en un ambiente o en un barrio donde se escuchaba/respiraba flamenco.

Muy alejado de estos ambientes, el impúber Jorgito, escuchaba de toda la música que tuviera un punto de calidad o, eso creía, porque algún esquirol se coló entre mis filas de adeptos.

Es decir, descubrí el flamenco a través del rock, del jazz, de lo árabe e incluso de la música clásica. Grupos como Triana, Medina Azahara, Alameda, Chick Corea o Billy de Ville, me abrieron las puertas a un quejío muy nuestro, a un sonido ancestral que, sin saberlo, siempre lo he llevado dentro.

Del universo de los hermanos Amador y de los Carmona aterricé sin billete de vuelta en Paco de Lucía y en Camarón y, de estos, en Enrique Morente y Carmen Linares, hasta llegar a comulgar con los hermanos Pavón y con Chacón y Cobitos.

Enganchado al Nuevo Flamenco, uno de mis grupos de cabecera era sin duda Ketama en su primera formación, que contaba, además de los Habichuela, con el triste desaparecido Ray Heredia y José Soto ‘Sorderita’. Pues bien, a este icono de juventud fui a ver el sábado a La Chumbera.

El joven Sordera ya no es tan joven, pero sigue rezumando frescura y creatividad. Sus facultades no son las mismas, pero su sensibilidad es exquisita.

Por ‘exigencias del guión’, tuvo una primera parte ortodoxa, donde buscaba la raíz jerezana de sus ancestros. Delgado y alternativo, hijo del Madrid de los ochenta, Sorderita aparece en solitario acercándose a la fragua. Es martinete y debla, sin gran floritura, pero con mucho gusto. Para la soleá por bulerías, que va de lo tradicional a lo nuevo con su mítica banda (de Jerez a Granada, diría), se hace acompañar de Rafael Santiago ‘Habichuela’, a la guitarra, y de su hijo, el versátil y efectivo Benjamín Santiago ‘El Moreno’, a la percusión, a los que trata como hermanos y maestros.

En solitario, acompañándose él mismo con la guitarra, reconociendo así un poco más si cabe al Sorderita de siempre, propone alegrías de estribillo hilado, para continuar por Huelva, llamando, para que le arropen con la caja, a El Moreno y a José Antonio Carmona (que también hará las veces de segunda guitarra). Fandangos en los que se acuerda del Gloria.

A partir de aquí empieza a nadar en sus aguas, manifestando que ya ha cumplido con la ‘pureza’. Pero la pureza es la verdad de cada artista. Y José Soto está lleno de verdad y grandeza.

Se acerca a la bossa con Las alas me pesan y al jazz, con un buen swing por bulerías, con Flores blancas. Dos bellas composiciones, y más bella interpretación, que dan paso a los tangos Todo tu ser, compuestos por Manuel Lomo, y terminar por bulerías donde, en un viaje de ida y vuelta, versiona los cantes que hacía el viejo Sordera.

Miércoles, 21 de Marzo de 2012 09:54 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Más jerezano que nunca

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Flamenco Viene del Sur

Ver a Gerardo Núñez es una apuesta ganada, pues pertenece a esa generación de guitarristas precisos y versátiles, surgidos tras el trío torbellino Lucía-Sanlúcar-Serranito, imprescindibles para comprender el desarrollo de la guitarra flamenca hoy día. Su técnica es bestial, tanto como su pulsión, rápida y firme, casi de vértigo, y un golpeteo envidiable en la tapa de su instrumento. Pero sobre todo flamenca, muy flamenca. Aunque se ha bañado en las aguas del jazz, se ha sumergido en la composición más redonda, ha atravesado como funambulista  el cable tenso de la lírica, pero como mejor se mueve, como mejor suena es como flamenco. De hecho, A tientos, como se llama el espectáculo, me sorprendió por la ausencia de corrientes. Tan sólo el flamenco planeaba en el teatro. O, para ser más exactos, el flamenco jerezano. Quizá fuera una exigencia o quizá un recurso cómodo, pero el abuso de la bulería fue manifiesto. Escuchamos bulerías propias y escuchamos bulerías rematando algunos temas o ilustrando los demás. De todas formas, es un abuso agradecido, aunque no tanto como el exceso de revert en algunas ocasiones o el protagonismo de la percusión de Cepillo, respetuosa por otro lado.

La sensibilidad de este tocaor ya se empieza a ver en la rondeña con la que empezó. Una rondeña que encierra una farruca y acaba por bulerías. Una constante se evidencia en este tema, que irá insistiendo en el resto del concierto, y es posiblemente la única concesión ofrecida al espíritu del jazz, que es el sonido repetido una y otra vez, como si fuera una base o una coda. Para las alegrías que vienen a continuación, Gerardo se rodea de todo su cuadro: Manuel Valencia como segunda guitarra (inexplicablemente con el volumen más bajo que el maestro); David Carpio, Esau y Joni Cortés al cante (sin fisuras); Cepillo a la caja; y Andrés Peña al baile, que no debutará hasta el próximo tema, una habanera, con el nombre de Sevilla, cercana a la guajira y rematada –cómo no- por bulerías. De las dos, tres, veces que he visto a este bailaor es la que más me ha gustado, en la que hemos hablado, él como emisor y yo como receptor, el mismo lenguaje. En esta habanera se aprecia como en ninguno la constante señalada más arriba, que el ritmo se repite como un obstinato rigore.

Un solo de cajón sirve de ecuador en la noche, que continúa con una bella pincelada de guitarra en compás de seguiriyas que se va apagando mientras se imbrican las voces de los cantaores en una rueda por tonás y martinetes. Buenísima incursión en el cante a pelo quizá superada por ellos mismos haciendo soleá por bulerías en torno a una mesa con el único acompañamiento del golpeteo de sus nudillos sobre la tabla.

El principio del final de la actuación es una soleá muy marcada que introduce la segunda guitarra, donde el bailaor adquiere protagonismo, teniendo solos memorables (aunque el tembleque del pie derecho sobre el piso en un alarde de velocidad y/o dominio, que usan algunos bailaores, nunca lo he entendido). Tanto la bulería vertiginosa que marca el final de la actuación, como el fin de fiestas y el resto del concierto, evidencian el paso atrás de Gerardo, no en el concepto, sino en las raíces.

Miércoles, 14 de Marzo de 2012 18:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

David Carmona en Metáfora

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Todavía es un ulular de sentimientos y equilibrios. Puede que sea un secreto, pero las voces traspasan las paredes. Metáfora, el montaje del Ballet Flamenco de Andalucía, a la cabeza del cual figura Rubén Olmo, que inauguró recientemente el XVI Festival de Jerez, lo tendremos en Granada durante el mes de a gusto, en la oferta del Generalife y Lorca, que este año quizá deje descansar al poeta.

Todo son suposiciones, pues con los últimos avatares políticos, con el posible cambio de gobierno en Andalucía y con la crisis que tenemos encima, lo más fiable es la conjetura.

Otro argumento que nos hace pensar en la acogida de ese ballet en la ciudad este verano es que, después de Jerez, la obra de Olmo se presenta en prácticamente todas las provincias, en el ciclo Flamenco Viene del Sur, menos en Granada.

La función no la he visto, ni en su estreno ni en Málaga ni en Sevilla. Y no la veré posiblemente hasta que venga a nuestra tierra. Pero sí, en parte, le he querido hacer el seguimiento porque entre sus miembros destacan dos jóvenes flamencos granadinos.

Leyendo críticas diversas, la obra no se salva se coja por donde se coja, a pesar de los grandes valores que conlleva, ni siquiera su director o la gran Rocío Molina no reciben el aplauso general.

Un montaje dispar y equívoco, expone sus mejores cartas, empatando la partida en el mejor de los casos. Pastora Galván es la bailaora más alabada (personal y sorprendente, derrocha sabor, Estela Zatania en deflamenco). Destaca también, con fuerza indiscutible, nuestra paisana Patricia Guerrero (una firme apuesta por el baile pleno de movimientos limpios, Patricia Moreno en jerezjondo).

Pero, quien arrasa sin discusión es el guitarrista David Carmona y su composición musical para gran parte del espectáculo. Estas son algunas de las palabras que, en solitario o en compañía, se han vertido sobre él:

La indudable calidad musical de la Suite flamenca sitúa a David Carmona en la cima de la sublimación de los sentimientos. Este joven granadino, siguiendo los pasos del maestro Manolo Sanlúcar, ha conseguido que el arte logre su fin, esto es, otorgar belleza y deleitar a quienes aprecian la obra artística (El Mundo, Manuel Martín Martín).

Toda la parte gozó de la música de otro joven, el guitarrista David Carmona, que le dio el necesario acento y jondura a la suite, tanto en la composición como en la interpretación (El País, Fermín Lobatón).

La música de David Carmona y el exquisito baile de la sevillana Pastora Galván fueron los puntos álgidos de la noche (…); algo original y que elevaba la excelente música compuesta por el guitarrista David Carmona (jerezjondo, Patricia Moreno).

Yo me quedo con Pastora, y también con el cante de la guapísima Fabiola y la guitarra de David Carmona (deflamenco, Estela Zatania).

Para la primera cara de esta Metáfora, David Carmona había diseñado una partitura guitarrística, que si bien se cargaba de los evidentes ecos de Manolo Sanlúcar, no dejaba de ser de una belleza indiscutible (…). La taranta, 'En sueño', hicieron brillar tanto a Patricia Guerrero como a David Carmona (lavozdigital, Javier Prieto).

Y menos mal que el granadino David Carmona, inspirado y grande, nos ofreció una música exquisita de belleza que emocionó de principio a fin, sobre todo cuando dejó en el aire una taranta irrepetible ejecutada con una técnica precisa y preciosa. Llegará donde quiera este joven guitarrista a poco que se empeñe y se le apoye un poco (aticoizquierda, Paco Vargas).

El guitarrista David Carmona, uno de los jóvenes valores a las seis cuerdas se ha encargado de componer 'Suite Flamenca (loscaminosdelcante).

* Foto de Nono Guirado© (fragmento).

Jueves, 08 de Marzo de 2012 11:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

'Extremo Jondo' en Marbella

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Creo que con ésta son cuatro las veces que he visto Extremo Jondo de La Moneta en directo, más otras tantas en el DVD (a la venta desde el mes pasado), y estoy convencido de que cada día es un espectáculo diferente. Y no sólo la obra en sí, que se enriquece con el tiempo, o con los actuantes, que esta vez han sido distintos, sino sobre todo por su protagonista, por la misma Fuensanta que se reinventa a cada paso y se deja llevar por las sensaciones del momento sin perder la esencia.

Así, con nuevos músicos, Extremo Jondo llega a Marbella para conquistar un teatro que por desgracia estaba medio lleno. La estructura es la misma de siempre, dos bloques de cantes, en un total de nueve, separados con un poquito por levante, para que la bailaora cambie su vestido. Ella le baila al cante directamente y a las sensaciones de la música y el compás.

Es natural que esas impresiones muden, pues cambia el momento y, como en este caso, cambia el cantaor, en lugar de Miguel Lavi será David ‘El Galli’, y el guitarrista, en vez de Miguel Iglesias arropará Luis Mariano. A la percusión sigue el mismo Miguel ‘El Cheyenne’.

La primera parte comienza con una toná que en seguida pasa a ser caña, después abandolaos (un nuevo añadido a este espectáculo), alegrías y se remata con una minera tan sólo de guitarra y baile. Claramente observamos la complicidad de este nuevo grupo, no obstante han coincidido en otras ocasiones. El Galli, tiene un día espectacular y canta como nunca, rebusca en su interior hasta encontrar ese quejío que hace estremecer y que a los aficionados tanto nos gusta. Luis Mariano, con su sonido impecable, se deja llevar por la magia del momento, imponiendo su sonido sacromontano, lleno de frescura, dulce y rabioso a la vez. Miguel ‘El Cheyenne’ sigue con su tónica de respeto y ritmo extremo, que dimensiona la sombra ya alargada de La Moneta. Entre los cuatro convocan al duende, ese tan caprichoso, que no siempre aparece, llenando la noche de pellizco y solera.

La bailaora se siente a gusto e inspirada, le concede un amplio margen a la improvisación y a las nuevas tonalidades. Los abandolaos, que terminan con fandangos del Albaicín, como ya he dicho, en una nueva apuesta, y las alegrías las rehace sobre la marcha. El bello toque minero de Luis, lo baila en la penumbra, dándole un encomiable protagonismo a la guitarra.

En el tácito intermedio, cuando la artista desaparece, el cantaor a pie de escenario entona una taranta de muchos quilates que culmina con los fandangos Contando los eslabones, que Morente grabó en su trabajo Se hace camino al andar de 1975. David lo adapta a su estilo y sus melismas, creando un producto tan bello como reconocible.

La segunda parte, más festera que su precedente, comienza por bulerías que encierran livianas y serranas en su mitad, donde el cantaor interactúa con una Fuensanta que se muestra desafiante y creativa, encendida y picarona. El micrófono de su pie se suelta en ese instante viéndose obligada a desaparecer por unos minutos. A pesar de la megafonía aludida, es imposible luchar contra un piso desagradecido que se muestra sordo y duro y que exige de la bailaora un doble esfuerzo (como comentaba ya relajada a su final “el suelo me absorbe toda la energía”). Termina la función con tientos-tangos, que comienzan, por el problema descrito, con cante y guitarra. La Moneta se incorpora en los tangos con nuevas fuerzas, creciéndose ante las dificultades, cantando como el cisne a los postres. Todo el fondo de la bailaora se manifiesta a borbotones, ronea, seduce y muestra ese poso granadino que por supuesto atesora.

* Foto de Niguel Ángel Molina© (agosto 2011).

Viernes, 02 de Marzo de 2012 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Toná

Tengo a mi mare mu’ mala,
ingresá en la residencia,
que por no hacer na' de ruido
se me muere y no se queja.

Jueves, 01 de Marzo de 2012 11:52 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Los excesos de un bailaor

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Flamenco Viene del Sur

Si Luis XIV hubiera sido bailaor se llamaría Antonio ‘El Pipa’. Rabelais habría escrito de él. Antonio es excesivo en su cuerpo, en sus formas, en su lenguaje. Protagonista de su mundo, sabe lo que desea destacar. Con una puesta en escena muy cuidada, nos enfrentamos al tópico de la vida errante del pueblo gitano y el orgullo de serlo. Repetición por otra parte necesaria para atender a unas raíces que ya, al menos en nuestra tierra, atienden al pasado. Por este sedentarismo que domina en la actualidad, el caló o lengua de los gitanos se ha ido perdiendo. Aunque El Pipa lo reivindica en sus canciones y en su programa. Así, por ejemplo, Nuevo día, como se llama la segunda parte de un espectáculo que se hizo largo, es ‘Nebó chibel’ o Por amor (cuarta parte) es ‘Per Jelem’.

De esta forma, con cuatro partes, veremos brujulear a los actuantes para desembocar en una historia de amor, con boda y todo, como marca la tradición. Antonio atesora esas costumbres y, como mero espectador o testigo privilegiado, va dando cuenta de cada uno de los pasos de su gente. Una gente que no hace sombra, tan sólo una primera bailaora llamada Macarena Ramírez, con una gracia y un control desmedido, que, cuando aparece, a pesar de ser pequeña, ocupa todo el escenario, se lo bebe, eclipsando al resto de sus semejantes.

Una proyección en el telón de fondo, difumina a los bailaores. Lo que puede ser un interesante juego de luces y de sombras, tan sólo desvirtúa la escena. Las bambalinas blancas, en vez de las habituales negras, en cambio son un acierto de pureza y esperanza. Un abuso de la música en off, por último, termina desconcertando.

A partir de ahí, se suceden bailes evidenciables del hilo narrativo que, individualmente (Antonio o los solistas), en pareja (Macarena Ramírez e Isaac Tovar) o en grupo (todo el cuerpo de baile), nos llevan a un final feliz. El Pipa baila abandonaos, tientos, seguiriya o soleares de un mismo corte. Su baile es redondo y muy flamenco, a veces repetitivo, siempre histriónico y exagerado. Gusta regodearse en su mismo cuerpo y tiene pellizquitos reconocibles, como demostró por bulerías. Lleva al cantaor a su lado, aunque su discurso está por encima, e interactúa con él como si fuera un elemento imprescindible en su dictado. Uno de sus aciertos es contar entre con Morenito de Íllora, un cantaor de oficio, que se rebusca por dentro, con un eco gitano encomiable y un buen momento en su dominio. Un desacierto a su vez fue silenciar el micrófono de este maestro y reforzar el de la cantaora protagonista, Mara del Rey, a todas luces con menos facultades que el de Íllora.

La obra sigue con momentos bellos y otros inexplicables. El cuadro de de baile es mediocre para una compañía profesional y el primer bailaor pasable. Me quedo, como he dicho antes, con Macarena y su desenfado, a pesar de algunos desequilibrios al principio. Su baile es alegre y completo, seductor y preciso. Una farruca tan solo musical nos muestra un paso a dos, con estos primeros danzantes, tan sensual como extemporáneo, con beso final incluido, mientras la luna se va llenando a sus espaldas.

Choca igualmente un villancico, o un canto metido por villancicos, que, fuera de su ambiente, se hace extraño (por no hacer mención de la mala suerte que conlleva entre las creencias gitanas). Destacamos por otra parte un baile breve de los chicos con chapas de metal mientras rueda una música polifónica. El sonido de esos metales, sobre todo cuando bailan encima de ellos, nos hacen pensar en las vanguardias agradecidas de Galván.

Termina la historia con un canto de alabanza, cercano al culto, con la boda antedicha y con la bandera gitana proyectada sobre el fondo. Besando el suelo, a la manera Maya, se despide un bailaor que sin duda tiene sus incondicionales.

* Foto Antonio Konde©.

** La chica de la derecha, la que se arregla el pelo, es Macarena Ramírez.

Miércoles, 29 de Febrero de 2012 11:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra vez Pilar Fajardo

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Lo hablé con Pilar hace tiempo. Le dije que su baile debía ser más reflexivo, más reposado, que no se baila sólo con el cuerpo y el corazón, sino también con la cabeza; que tenía todas las papeletas para convertirse en la mejor bailaora de tablao de esta tierra; que podría ver el mundo frente a frente, pero tendría dificultad para mirar al cielo.

Pilar Fajardo es la segunda vez que baila en La Platería en menos de un mes. Es la segunda vez que me sorprende con su baile maduro. Difícilmente la veíamos arrostrando las formas más sentidas, dramáticas y profundas del flamenco, pero, con la soleá de la vez anterior y el taranto de esta ocasión, ha adquirido una perspectiva interesante.

El cuadro que le acompaña este día es completamente distinto e igual de eficaz. Para mostrar el buen hacer en las tablas, es necesario estar rodeado de buenos músicos. Un cuadro que haga agua puede desvirtuar la actuación de un bailaor o de una bailaora en más de un cincuenta por ciento.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ se templa para empezar con una soleá, demostrando su universo único indiscutible en este palo básico. Su voz ya es limitada y se casca con facilidad. Sus tres, cuatro, temas para el cante alante pueden ser sublimes. Incluso hace buen papel apoyado por otros cantaores para cantarle al baile. Pero, me temo, que se le hace cuesta arriba cuando sólo él lleva el peso del cante atrás. Lo que se evidenció en los tarantos rematados con tangos con los que terminó la primera parte.

El baile, como digo, fue circunspecto y bien estructurado. Los postreros tangos también fueron merecedores de elogio. Ricos en roneo y gracia sacromontana.

Entre medias, Melchor de Córdoba y Luis de Melchor, padre e hijo, hilvanaron unas bulerías con sus guitarras sin desperdicio alguno, a pesar del alto margen de improvisación, a pesar de que Melchor se comía a Luis, a pesar de que la guitarra de éste último se oyera poco. Son de los pocos representantes, si no los únicos, del toque bravo del desaparecido Marote.

La segunda parte comienza con los nuevos bríos de Jaime que propone unos fandangos naturales para acabar cantándole alegrías a la algecireña, que logra redondearlas un poco más que la vez anterior. Es su baile de referencia, que rememora su tierra, aunque actualmente se halla impregnado de tintes de cueva y escenario granadino. Quizá le vendría bien un viaje de ida y vuelta para volver a salpicar de sal gaditana sus escobillas.

* Foto de Nacho Martín©.

Martes, 28 de Febrero de 2012 12:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

“Son ganas de bailarle al cante”

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Cuando ya tenía la grabadora apagada, al final de la entrevista, Fuensanta La Moneta hizo que la encendiera para ampliar los comentarios que había vertido durante la misma. Tal es su pasión y sus ganas de trasmitir.

Nacida en Granada, lleva una carrera ascendente y muy personal desde que en 2003 fue reconocida con el Desplante flamenco en el Concurso Internacional de las Minas de La Unión.

Con su baile ha recorrido medio mundo y es admirada en todas las latitudes. Extremo Jondo es tu tercer montaje escénico, el cual, después de un año de rodaje, ha decidido pasarlo a DVD para su constancia.

Nos interesamos por este trabajo y le preguntamos en qué se diferencia de sus anteriores espectáculos.

Respuesta.- Se diferencia sobre todo en que no es un espectáculo coreográfico en el que el baile es el protagonista y la música está al su servicio, sino que está basado en el cante y tanto es baile, como la guitarra y la percusión estamos al servicio de él. Mi expresión en el baile, por tal característica, llega a ser otra. Estoy totalmente relajada y libre en el baile.

Pregunta.- ¿Qué te llevó a trasladar Extremo Jondo a DVD?

Respuesta.- Teníamos gran interés de que de este trabajo quedara constancia para que el día de mañana fuera un referente para la posteridad. No es la primera vez que se hace una obra con los mínimos elementos, pero éste es un espectáculo donde destaca el esfuerzo, el trabajo en equipo, con una calidad musical contrastada y el planteamiento novedoso. De ahí mi interés de que quedara grabado y era una forma de darle salida a nuestro trabajo, que no se limitara simplemente a los escenarios.

Pregunta.- Lo estrenaste en el Festival de Música y Danza de Granada en 2010, en el teatro Isabel la Católica, y lo has grabado en agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral, ¿ha cambiado mucho durante este año de rodaje?

Respuesta.- Sí, la obra ha sufrido algún cambio como todos los espectáculos. Cuando se estrena un trabajo y se va rodando, siempre se le hacen cambios que se crean convenientes. El más evidente es que Extremo Jondo se estrenó con Enrique el Extremeño y se ha grabado con Miguel Lavi. Se ha cambiado el cante, lo que permanece es el concepto y la comunión entre el cante, el baile y la guitarra.

Pregunta.- Me consta, por otra parte, que esta obra sigue cambiando, que está viva. ¿Cómo te planteas esa evolución?

Respuesta.- En realidad, la obra cambia cada vez que expone al público, porque hay una libertad de expresión… Incluso una misma se sorprende de cosas que salen de, de cosas que se crean en ese momento. Después, en otra función, serán otras cosas. Tenía muy claro que, al basar el espectáculo en el cante, el baile no tenía tanta responsabilidad. Al tenerlo tan claro, y el resto del equipo también, el proceso de montaje ha sido muy natural. Desde que se estrenó hasta hoy ha mejorado pero no es muy distinto de la primera vez.

Pregunta.- ¿Tiene mucho de improvisación, de espontaneidad cada vez que representas la función?

Respuesta.- Claro. Hay muchos momentos de espontaneidad. Tiene que ser así

Pregunta.- Dices que la responsabilidad es compartida, pero sólo abandonas el escenario, en una hora de duración, los minutos imprescindibles que dura un cante para cambiarte de vestido. ¿Ganas de bailar o presunción de energía?

Respuesta.- Que hay energía en este cuerpo es evidente. No tengo que demostrar nada en ese sentido, no tengo que hacer alardes de ningún tipo. Son ganas de bailar, ganas de mucho bailar y de bailarle al cante… Parece una paradoja, es un espectáculo de cante pero lo bailo todo, bailo los silencios, bailo las transiciones. Lo bailo todo. Y porque tengo que salir a cambiarme que si no…

Pregunta.- ¿Cómo eliges los cantes apropiados?

Respuesta.- Bueno, la elección de los cantes es compleja. En principio había muchos más cantes. Yo había elegido muchos palos que, por diferentes motivos, tenía ganas de bailar; unos porque no los había hecho todavía y otros porque necesitaba darles otra vuelta de tuerca. La elección de los cantes fue una cosa natural, fueron entrando por sí solos y acoplándose en las transiciones.

Pregunta.- ¿Los seleccionas tú misma?

Respuesta.- Los elijo yo misma, pero comparto esta decisión con el director musical [el guitarrista Miguel Iglesias] y con el cantaor. Es un trabajo muy a fondo y muy pensado.

Pregunta.- ¿Se te ha quedado algo en el tintero?

Respuesta.- Sí. Ya los tocaremos más adelante. Había más, pero había que descartarlos porque la obra no puede ser eterna.

Pregunta.- ¿Cuáles son tus referentes a la hora de crear? ¿De quién te acuerdas?

Respuesta.- En este espectáculo, como el trabajo no era tan coreográfico, mis referentes han sido todos de cante. En los espectáculos anteriores he mirado a los maestros que han influido directamente en mi carrera, con los que yo he trabajado. Maestros como Javier Latorre o Mario Maya. Y también otros maestros que, aunque no haya trabajado con ellos, he sido testigo de su trabajo.

Pregunta.- ¿Concedes mucho terreno a la vanguardia y a la contemporaneidad?

Respuesta.- Esa vena contemporánea me sale de vez en cuando porque soy joven, porque creo que estoy en la actualidad del flamenco y porque he crecido con otros artistas que ahora son coreógrafos y hacen hincapié en esas técnicas.

Pregunta.- ¿Por ejemplo tu contacto con Rafael Estévez?

Respuesta.- Efectivamente. He tenido la oportunidad de trabajar con él y empaparme de sus formas.

Pregunta.- ¿Tus músicos gozan también de ese margen de espontaneidad?

Respuesta.- Sí. Todos formamos parte del mismo equipo y todos tenemos que caminar en la misma onda. Si yo me siento libre y estoy cómoda también es gracias a ellos. Así ellos también se deben sentir libres dentro del escenario. Hay que darles esa oportunidad. Si no, no hay diálogo ni aparece ese duende que tiene que aparecer.

Pregunta.- Sí, se os ve cómplices a todo equipo. ¿Cómo has llegado hasta ellos?

Respuesta.- Bueno, todos estamos en este mundo y todos nos conocemos. Hay veces que los buscas y veces que se coincide en el camino. Eso es lo que ha pasado. Este espectáculo nació de una experiencia en Japón donde estaban la mayoría de los que trabajan conmigo. Personas que artísticamente me marcaron y por eso quise hacer este espectáculo, contar esa experiencia precisamente con ellos.

Pregunta.- Ya que hablas de Japón. Extremo Jondo lo has movido por parte del extranjero ¿Qué respuesta has obtenido de esos diferentes lugares?

Respuesta.- Buena, siempre buena. Les ha resultado sorprendente el formato tan novedoso y minimalista, tan reducido, con los mínimos elementos. Lo cual ha sido aceptado porque la calidad no ha disminuido. Por ejemplo, el último lugar donde hemos estado es en Nimes y realmente no me sorprendo de que en el extranjero lo entiendan y les guste, pues están muy preparados tanto para ver un trabajo vanguardista que uno más tradicional. De hecho hemos movido más este espectáculo fuera que dentro de España. Tengo mucho interés en cómo se desarrollará de aquí adelante porque lo vamos a mover más a nivel nacional.

Pregunta.- Con lo cual, sigue evolucionando.

Respuesta.- Claro. Porque está vivo, porque está vivo.

Pregunta.- Por otra parte vemos algunas constantes en tu baile, que te han ido acompañando a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas constantes?

Respuesta.- Sí hay constantes que se ven en mi baile hoy. Características de mi baile de siempre. Aunque me venga esa vena contemporánea, siempre está La Moneta que empezó a bailar, que no tenía tanto conocimiento, que estaba aprendiendo y se morirá aprendiendo. Cuando empecé a bailar, sólo eran ganas de bailar e ilusión. Había mucha intuición y yo creo que eso no se ha perdido. Esa característica de La Moneta se sigue viendo.

Pregunta.- ¿Una de esas constantes puede ser el remate por tangos?

Respuesta.- Claro que sí, porque es uno de los bailes con los que yo empecé y por la tierra, la tierra de los tangos que es Granada. Sí, esa es una de las características. Y, aunque yo creo que la fiera se ha domado un poco, no falta el espíritu.

Pregunta.- ¿Cómo ves el futuro? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

Respuesta.- Proyectos siempre tenemos, porque no me gusta pararme, me gusta seguir dándole vueltas a mi trabajo. Tengo uno en mente, que voy a empezar a darle forma y a trabajarlo en el estudio. Espero que se pueda ver antes de que acabe este año.

* Entrevista realizada para deflamenco.com

** Foto de Miguel Ángel Molina©.

Domingo, 26 de Febrero de 2012 10:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sensa en La Platería

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Entre los tocaores de base granadinos se encuentra Kiki Corpas y, aunque se echa de menos a veces la fuerza en su pulsión, el soniquete sacromontano y la sensibilidad flamenca suelen acompañarlo. El jueves, 16 de febrero, abre la actuación en La Platería este tocaor con un agradecido zapateado en solitario que da paso a la voz potente y conservadora de Aroa Palomo que se templa por soleares. Carente de medios tonos, es larga en el cante y conoce los estilos. Se acerca a la tierra y continúa en ella con unos tangos de Granada llenos de guiño y complicidad, en los que se hace acompañar de las palmas de Inmaculada Bandera y Marta de Vicente.

Elena López ‘La Sensa’, protagonista de la noche, entra a continuación con unas seguiriyas. Cuadra los tercios y aspira a la novedad, pero se encuentra encorsetada, pendiente del próximo paso. Lleno de aciertos su drama y muy trabajado en su fondo no acaba de cuajar. No así, como veremos, en las alegrías finales, donde aparece más suelta, segura y redonda, a pesar de que exige menos a sí misma.

La segunda parte, paralela a la primera, comienza con el toque de Corpas en solitario meciendo unas granaínas de buen cuño. Aroa se incorpora por peteneras y, todo el cuadro, como dijimos, por alegrías.

El recital acaba con un fin de fiestas por bulerías, donde se ve a una Sensa más desinhibida, pero la frescura la encontramos en la pataílla de sus dos jóvenes palmeras.

* Foto de J.Antonio Martín (tomada de su web).

Martes, 21 de Febrero de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El lirismo de Esther Crisol

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Prestación del disco Aguacibera

Lo que antes sospechaba, ahora se ha confirmado. Esther Crisol tiene una gran capacidad musical, grandes dotes de afinación, interpretación y facultades; lo que no llega a alcanzar con el flamenco desgarrado lo palia con lirismo y sensibilidad. Prueba de ello lo tenemos en la presentación de su segundo trabajo discográfico Aguacibera el pasado viernes en el teatro CajaGRANADA y, sobre todo, en la interpretación del tema libre Schabat, de Juan Cruz Guevara, acompañada tan sólo del pianista Darío Moreno.

La Fundación Corda, tiene la misión de compilar, preservar y difundir la obra del poeta chileno David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927). Entre sus labores ha tenido a bien  ofrecer a la cantaora Esther Crisol la posibilidad de realizar una grabación algunos de sus textos.

De ahí nace Aguacibera, un trabajo metódico y minucioso de adaptación de dichos poemas al lenguaje flamenco, de manera que parecieran escritos para él. Aguacibera es ‘el agua con que se riega una tierra sembrada en seco’, que corresponde a uno de los poemas de David Rosenmann-Taub, dedicado a su abuela, cantado como vidalita y que le da nombre al disco.

Acertadamente varios cortes de la grabación son cantes de ida y vuelta, no sólo más libres y versátiles, adaptados a los melismas de la cantaora, sino que también recogen el espíritu del sur de América en su concepto y a las palabras del otro lado del océano. Así, aparte de la vidalita, Esther propondrá colombianas, que irán acompañadas del baile esbelto y medido de Lucía Guarnido o rumbas, con la eficaz participación, a pesar de su estridencia momentánea, del trompetista David Defries.

Otros músicos que le acompañan y que dan extensión al ambiente son el guitarrista Luis Mariano, partícipe en la puesta de largo de gran parte de los temas, Miguel ‘El Cheyenne’ en la percusión, Cuni Mantilla en el contrabajo, con un interesante rasgueo en los estilos a compás, y Nina Rishad en el violín, instrumento que va de la mano con las creaciones de Crisol.

El concierto se completa o se alterna con unos cabales, una soleá, una toná de gran belleza, unos tientos agradecidos y su final por bulería en forma de jam session.

Ante los aplausos del respetable, que abarrotaba la sala, el combo al completo ofreció unos tangos en los que se desliza con toda evidencia el soniquete de Granada que Luis Mariano borda con maestría comparada.

* Esther risol en la foto.

Miércoles, 15 de Febrero de 2012 16:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Pilar Fajardo en La Platería

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Los jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.

Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.

Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.

Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.

La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.

Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.

* Foto sacada de su Facebook.

Jueves, 09 de Febrero de 2012 11:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Clausura Circuito Provincial de Peñas

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Permitidme que sea aséptico en gran medida en los comentarios de este festival peñístico, pues oficié de presentador y estuve entre bastidores, a veces yendo y viniendo sin atender como hubiera sido mi gusto. Además, el sonido tras el escenario no era el deseado.

Por otra parte, a la salida, los comentarios contradictorios de los aficionados, no iluminaron mi cortedad. Me temo, sin embargo, que los guitarristas superaron por puntos a los cantaores.

El Circuito Provincial de Peñas, y por ende su clausura, estuvo dedicado al cantaor granadino Manual Ávila Rodríguez (1912-1993), natural de Montefrío y ganador, en 1983, de la Lámpara Minera en el XXIII Festival de las Minas de La Unión (aunque el año anterior fue accésit, junto a ‘Curro Lucena’ y ‘Juan Casillas’); fue seguidor de Antonio Chacón y del ‘Niño de Cabra’. Sobresalió en los cantes de minas, sobre todo en las murcianas. En 1985 forma parte del espectáculo Los últimos de la Fiesta y en 1992, en la Expo de Sevilla. Murió el 13 de marzo de 1993 en su pueblo natal.

Con este precedente, todos los intérpretes se acordaron más o menos del cantaor, dedicándole parte del repertorio.

En primer lugar, muy a su estilo, David Sorroche, acompañado por Jorge ‘El Pisao’ a la guitarra, hizo soleá y tangos de Granada, en los que se acordó a los postres de Enrique Morente y el Lenguaje de las flores.

Arturo Fernández, que conoció personalmente a Manual Ávila, contó algunas de sus vivencias, antes de interpretar unos tientos de Manolo Caracol y unas malagueñas de Chacón que cantaba el mismo homenajeado. A la guitarra, brillante como siempre, Ramón del Paso.

José Romero ‘Pasitas’, al lado del guitarrista de origen canadiense David Sinclair, intentó una temporera de Manual Ávila, pero recitada y con un extraño fondo por soleá. Fue acertado en las serrana y ajustado en la malagueña, mejor en la segunda estrofa, donde se presentaba él mismo, que en la primera.

Desde Montefrío, el mismo pueblo de Manuel, llegó Verónica ‘La Hindú’ simplemente para excusarse de no actuar, pues un resfriado habitual cegaba su voz y enriquecía su ronquera.

Un solo de guitarra sirvió de ecuador a un recital que, a pesar del gran número de actuantes, resultó dinámico. Jorge Espejo, ganador del último premio de jóvenes flamencos de la diputación, arpegió una taranta, donde se acordó en gran medida de Juan Habichuela y cerró con una soleá de Sabicas, guitarrista pamplonés, que habría cumplido en este 2012 los cien años.

Mª Ángeles Pérez, arropada por Kiki Corpas, hizo granaína y media y soleá. El mismo guitarrista, acompañó seguidamente a Cristián Delgado, de sólo 15 años, que volvió a hacer malagueñas (el palo estrella de la noche), rematadas por rondeñas y fandangos del Albaicín, para los que llevó a Elena y Marta como palmeras, y culminó con tangos de la tierra.

Por último, Alicia Morales, acompañada nuevamente por Ramón del Paso, hizo una soleá de Antonio ‘el Arenero’ y unos fandangos naturales que le dedicó a José Manuel Rojas, crítico de flamenco del periódico Ideal de Granada, presente en la sala.

* Manuel Ávila en la foto.

Martes, 31 de Enero de 2012 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenca flamenca

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La labor de un crítico, además de reconocer los valores de un artista, elogiar su buen camino y describir la función, estriba en denunciar los vicios y advertir los escollos. Así, dando cal y arena en la proporción adecuada, se elabora un artículo. El problema se encuentra cuando asistimos a un espectáculo que no hay por dónde cogerlo por agobiante, casposo, manido o chirriante; o, el caso contrario, cuando una obra no admite queja. El recital de baile de La Moneta, este sábado pasado en La Platería, no tuvo fisura posible, si acaso un sonido insuficiente.

Fuensanta ofreció su baile desnudo, sin conservantes ni colorantes. Su fuerza innata, su sentido del compás, sus paradas, sus silencios, sus arrebatos, sus éxtasis, su roneo, su sonrisa, sus desplantes, sus recuerdos, su picardía, sus ojos, su generosidad, su estilismo, su flamencura, su inteligencia, sus pies, su control, su aprendizaje, su contemporaneidad, su quejío, su espontaneidad, su compañerismo, su cabeza, su alegría… toda La Moneta estaba sobre las tablas. El salón de La Platería a rebosar y su cuadro, de referencia incomparable. Como cantaores llevó a tres de las mejores voces de Granada, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Antonio Amador ‘El Nitro’ (Manzanita de Santa Fe) y Juan Ángel Tirado; a la guitarra, sin igual, Miguel Ochando y su alumno aventajado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’; y a la caja Miguel Fernández ‘El Cheyenne’.

Comenzaron por tonas, que pasaron a ser seguiriyas cuando entró la bailaora. Parece que no había pasado, que no había futuro, tan solo un denso presente que se mascaba en cada paso y se aligeraba con cada vuelta. La dosis de improvisación, de vivir el momento, de fabricarse alas con cada cante, con cada arpegio, parecían únicos, parecían nuevos pero a la vez repetidos de tan medidos, de tan exactos.
Un par de rondas por fandangos naturales, nos hacen apreciar las exclusivas voces de los cantaores y sus ecos sin fronteras. Apreciamos con placer el torrente y el bello timbre de Manzanita; el aguardiente y la voz afillá de ‘El Parrón’, aunque su esfuerzo por rellenar huecos inexistentes no le sienta bien; y la acentuación y la cajita de música que tiene Juan Ángel en la garganta, quizá, si se lo creyera, el mejor cantaor de España. Como anécdota diremos que Jaime olvidó a la mitad la letra de un fandango, tras varios rasgueos de guitarra, cantó una estrofa completamente distinta.

La soleá con la que termina la primera parte, de más de una hora, es un ejemplo de exquisita redondez. Fuensanta domina la escena e hipnotiza por momentos. El remate por bulerías es un ejemplo de guasa contenida, de explosivo control.

La segunda entrega comienza con un solo de guitarras, unos verdiales de Gerardo Núñez, llamados Cañaveral, donde alumno y maestro se entienden y se complementan a la perfección. Es el sonido del agua, de una limpieza y un colorido sin igual. Denuncio, sin embargo, la deficiente sonorización del conjunto y, sobre todo, un cajón que está de más, por muy respetuoso que sea ‘El Cheyenne’. Para terminar, para rematar con guinda y matrícula, los sones por levante introducen tarantos, que a los postres serán tangos, con los que la granadina goza y hace gozar.

Un fin de fiestas por bulerías, llevó a Juanito, hijo de Juan Ángel Tirado, al escenario, que bailó con gracia y acierto, demostrando la proyección que puede encerrar un chiquillo de apenas diez años.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Lunes, 30 de Enero de 2012 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Extremo Jondo

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Presentación DVD de La Moneta

Esta mañana hemos presentado en la Mediateca de CajaGRANADA un trabajo videográfico de la bailaora granadina Fuensanta ’La Moneta’. Estas son las palabras que he leído:

La Moneta es una bailaora inconformista que empezó en la Zambra y terminará, si mi intuición y su progreso no fallan, entre las estrellas. En 2003 (fecha en que la conocí) fue reconocida con el Desplante flamenco en el “Concurso Internacional de las Minas de La Unión”. Sin embargo este galardón no fue una meta, sino un punto de partida para demostrar su arte y su bravura. A partir de ahí marchó fuera de nuestras fronteras provinciales para aprender los variados caminos del baile flamenco, que son muchos. Sin abandonar su fuerza innata se dejó impregnar por todos los demiurgos de la danza, aprendiendo humildemente desde sus iguales hasta los consagrados, comprendiendo que no todo es sangre y arrebato, sino también reposo y silencio.

Cuando se siente segura, estrena sus primeros montajes, siempre en solitario, Lo que trae el aire, en el “Corral del Carbón” en 2006, y De entre la luna y los hombres, presentado en “Málaga en Flamenco”, en 2007.

Siempre ha sido independiente. La soleá, como tema básico del flamenco, se instaló en su vida desde un comienzo y decidió saltar a su personal ruedo. De vez en vez, con algún compañero que la complementa, de cuando en cuando, con un reducido cuerpo de baile que alarga su sombra.

De sus contactos con otros bailaores de su generación, especialmente con Rafael Estévez, hace un par de años, con quien compartió escenario en Sevilla, adquirió una vena contemporánea que dimensiona su baile –permitanme la humorada- desde la raíz a las puntas.

No en vano, fue reconocida por la Asociación de Periodistas y Críticos de Flamenco, otorgándole el premio Flamenco Hoy como la mejor bailaora en el año 2009.

Una cosa tiene muy clara desde un comienzo, y es que, aunque ella protagonice la escena, forma parte de un todo homogéneo al servicio del arte, al servicio del flamenco. Por eso se rodea de un cuadro impecable de músicos y cantaores. Porque La Moneta no baila porque sí, con un baile de relleno o circunstancia, como un toro cuando abandona el chiquero, sino que contempla el cante, se detiene y se deja llevar por los sones de la guitarra haciendo de cada baile un instante único, pues con esta premisa le da holgado margen a la intuición del momento y su estado anímico.

Así se ha ido rodeando de artistas de primera fila, como los guitarristas: Miguel Iglesias, de Sevilla, compositor de la mayor parte de las músicas de sus espectáculos, o el granadino David Carmona, acompañante habitual de Manolo Sanlúcar; de los cantaores Enrique “El Extremeño”, de Badajoz, Miguel Lavi, de Jerez, o David ‘el Galli’ de Morón de la Frontera; y del percusionista Miguel Fernández ‘el Cheyenne’, también de Granada.

Ahora llega con Extremo Jondo, estrenada el 7 de julio de 2010, en el Teatro Isabel La Católica, dentro del Festival Internacional de música y Danza de Granada, con el que ha recorrido medio mundo. Es aclamada sin límites, por ejemplo, en el sur de Francia o en Japón.

El DVD que presentamos fue grabado en directo, el 11 de agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral. Le acompañan en esta ocasión Miguel Iglesias, a la guitarra, Miguel Lavi, al cante y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, que por ahora conforman su grupo permanente.

Extremo Jondo, como su nombre indica, se trata de llevar la jondura, o sea la dimensión flamenca que ha adquirido esta bailaora hasta el extremo. Es un guiño a todos los bailaores que le han precedido y una mirada a un horizonte abierto donde seguir explorando. Pero, al mismo tiempo, es una mirada intensa hacia su interior, una puesta en escena de sentimientos y sensaciones. Así aparece fuerte y delicada, alegre y dramática, pícara e inocente.

Extremo Jondo es un recorrido arbitrario por los distintos estilos del flamenco, dividiéndose claramente en dos partes que abarcan a voluntad sendos racimos de cantes más o menos imbricados entre sí, convencionalmente diferenciados por el cambio de vestuario de la protagonista.

El primer bloque comienza con un romance, que Fuensanta baila con vestido acampanado y mantón naranja a juego. Esta capela, se hace caña, para terminar por cantiñas, de ricas escobillas, donde destacan los silencios.

Un solo de guitarra y voz por mineras sirve de interludio para pasar a la segunda parte.

Este segundo bloque principia con bulerías que pasan a ser liviana y serranas, con letra original, que desemboca en un impagable macho por seguiriyas. Termina por tientos-tangos, en los que se pueden apreciar los sabores de herencia sacromontana.

Extremo Jondo, como se dice en el vídeo, contiene todo el embrujo del vino añejo en odre nuevo.

* El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

Jueves, 26 de Enero de 2012 20:18 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Marejada en La Platería

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Lo he visto actuar un par de veces en Cádiz, solo y en compañía, también ha venido por estas tierras (Corral del Carbón) y quizá hayamos coincidido en Sevilla o Madrid. Con el pelo corto, sin embargo, no lo conocía. Comenzó el cante y ya fue inconfundible. David Palomar, o ‘el Palomar’, ese cantaor, aunque joven, imprescindible en la escena gaditana, heredero, por cuna, simpatía e inclinaciones del Mellizo, Sellés o Chano, ganador de varios premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (2007), Premio Joven de la Cátedra de flamencología de Cádiz y autor de Trimilenaria (2008) galardonado como Mejor Primer Disco por la web especializada deflamenco.com, sembró de sal el escenario de La Platería, este sábado pasado.
Un retraso considerable, le animó a condensar su actuación en una sola parte. Su primera intención fue la frescura del chiste gaditano, pero ya sea porque no estaba inspirado o por la frialdad del público platero, sus deseos hicieron agua. Aunque su actuación, centrada en los aires de su tierra, no tuvo apenas resquicio. Quizás, por conformar un pero, el guitarrista que le acompañaba, Ricardo Rivera, con momentos notables, sonó algo farragoso en su conjunto.
David comenzó, “como todo el mundo acaba”, por bulerías de Cádiz, llamadas por él chuflillas, como se conocen en su tierra, tal vez asociándolas más directamente con la supuesta etimología del cante como ‘burlería’, de ‘burla’.
Continuó por seguiriyas, que se las dedicó a Enrique Morente, cantaor admirado, según dijo, y al que le deben mucho los artistas de su generación.
Con las alegrías que sonaron a continuación, dejó innegable constancia de su origen y el soniquete inconfundible de La Bahía.
Las malagueñas contaron con una generosa introducción. Fueron del Mellizo, aunque la primera de las letras se atribuye a Fosforito el Viejo, aunque todo eran suposiciones, porque ninguno de los dos grabó. No obstante, tenemos estas noticias a través de Aurelio, yerno de Enrique el Mellizo.
Después de la soleá, correcta y marcada, aunque de estrofa larga, de hasta seis versos, volvió a reivindicarse por tanguillos, acordándose de Chano, Beni, Cornejo o Pericón, y de esas letras tan manidas y populares, que ya es difícil oírlas.
Acaba Palomar por bulerías, poniéndose en pie y ofreciéndonos de vez en vez sendas pataíllas, con y sin micrófono, mostrando el artista completo que lleva dentro (en la obra Cádiz, de finales del 2007, no sólo cantaba y bailaba con gracia, sino que también tocaba la guitarra). En dichas bulerías, donde el guitarrista iba medio tono por encima, David que empezó a acordarse de la Paquera, terminó remedando a Camarón.

* Foto extraida de deflamenco.com©.

Martes, 24 de Enero de 2012 11:03 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

El flamenco y el jazz caminan del brazo

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‘Borrachito’ de Sergio Pamies

La savia del flamenco y el jazz se mezclan en las venas de Sergio Pamies y se derraman por los dedos impregnando las teclas de su piano de ‘soníos negros’ altamente reconocibles. Sergio es un pianista granadino, afincado en Estados Unidos, que no ha perdido el amor a su patria chica y a su gente.

Lo conocí dando un concierto en el Corral del Carbón y ya me sorprendió el diálogo de su piano. Habitualmente los pianistas que hacen flamenco tratan de remedar la guitarra con sus teclas, Sergio se acerca a la voz, complementando así un todo sonoro riquísimo con sus melismas. Allí estuvo con Diego Amador, su maestro, que casi improvisaron una bulería a cuatro manos, con sendos pianos de cola enfrentados.

Con su mismo grupo, más o menos, hará un par de años, coincidimos en el Museo-Cuevas del Sacromonte presentando su primer disco, Entre Amigos, una concepción genérica de la música donde todo se complementa en una sola armonía que puede ser infinita.

Ahora, el pasado viernes, 13 de enero, vino al Teatro CajaGRANADA para exponer su segundo trabajo, Borrachito, que puede ser perfectamente la continuación del primero, como si hubiera terminado en puntos suspensivos, con permanente idea de continuar.

Se rodea sabiamente de buenos músicos en directo de ambas ramas (José Cortés ’El Pirata’ y Sergio Gómez ’Colorao’ al cante y las palmas; Éric Sánchez a la trompeta; Víctor de Diego en los saxos, tenor y soprano; Francis Pose al contrabajo; Gonzalo del Val a la batería; Benjamín Santiago ’El moreno’ y Miguel Fernández ’El cheyenne’ en la percusión flamenca; y Julián Heredia ’Pipote’ al bajo eléctrico) que le hacen navegar con seguridad y soltura por ambas aguas, pero también con algunos maestros en el disco (la voz de Pepe Luis Carmona, la percusión de Rubem Dantas, la Armónica de Antonio Serrano y la trompeta de Christian Scottque) que le despejan el camino hacia el norte.

Con Borrachito, la bulería que le da nombre al disco (con la carátula de Mariscal), comienza una noche efervescente, donde vemos a un pianista bastante más maduro, aunque sólo han pasado dos años desde su última entrega, con una comunión encomiable con su grupo, que se hace y se rehace a conveniencia para, en los momentos cumbre, reunirlos a todos, nada menos que una oncena, sobre el escenario.

Continúa con Ask me now de Thelonious Monk, alternando así algunos temas más jazzíticos que definen su lenguaje. Los músicos se van alternando en solos encomiables. Otras piezas se suceden, destacando la soleá por bulerías 1312 Kendolph Drive (calle donde vivía Pamies en Nueva York), con el cante meritorio de Sergio Gómez, quien aporta después una composición por tangos, que no entra en el disco, con una generosa introducción percutida con las dos cajas de Cheyenne y el Moreno y una bella coda final repetida incansablemente, como un obstinato improviso.

Llegado el momento del reconocimiento, Sergio comienza a dedicar temas, desde su abuela, presente en la sala, a la que le compuso las Alegrías de la Paquita, hasta a Juan Santos, del Eshavira, pasando por sus padres, Rubem Dantas, Antonio Serrano o Diego Amador.

Una de las sorpresas estremecedoras de la noche fue la aparición del pianista junto a Soleá Morente, interpretando uno de los temas de la banda sonora de la película Chico y Rita. Las apariciones de la mediana de los Morente son puntuales pero impagables.

Quiero destacar igualmente el control y el swing del baterista, no sólo por sus solos, sino por su continuo contrapunto que elevaba la atmósfera varios enteros. Destaco también sin lugar a dudas la labor del bajista Julián Heredia, flamenquísimo, artista local cuya sombra será alargada. Reconozco igualmente las voces de ’El Pirata’ y ’El Colorao’. Así como sancionar de alguna forma el exceso general de dos cajones flamencos a veces, solapados, y el incomprensible bailaor (José Cortés ‘El Indio’), por momentos fuera de contexto.

Termina la fiesta con algún bis, un poquito por bulerías y varios minutos de aplausos, bien merecidos.

Jueves, 19 de Enero de 2012 12:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Noche de villancicos

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Ejerciendo de padre durante estos días, no me ha dado lugar a asistir a las múltiples noches flamencas programadas en Granada donde el ambiente navideño es el protagonista.

En nuestra ciudad, en comparación con la Zambomba flamenca que se organiza en Cádiz o en Sevilla, algunos han dado en llamar a esta fiesta Pandereta Flamenca, algo tan válido como cualquier otro nombre convencional, aunque tradicionalmente siempre ha sido Noche de villancicos o Noche de Navidad.

De la primera Pandereta Flamenca de la que tuve noticia, que no podré asistir, fue la del viernes, día 9, en el Centro Cívico del Zaidín, en la que participaba Iván Vílchez, Fita Heredia, Jesús de María, Josele de la Rosa, Josué Heredia y otros.

El jueves 15 se celebró en la Facultad de Medicina, auspiciada por la universidad, con casi los mismos actuantes, destacando las nuevas participaciones de César Cubero y de Beatriz Remacho.

Repite prácticamente el mismo cuadro en la Primera Navidad Flamenca del Pub Liberia, el día 16, a los que se suma Alicia Morales.

Al día siguiente tuvimos la tradicional Pandereta Flamenca en La Chumbera, posibles creadores directos de esta denominación. Y, seguidamente, ese mismo sábado, a la que sí pude acudir, por fin, fue al Día del Villancico en la Peña de La Platería, coordinado con todo el sentimiento por el maestro Curro Andrés.

Este día disfrutamos de las guitarras exclusivas, de toque ochandiano, de Alfredo Mesa y Álvaro Pérez, y de un plantel de cantaores jóvenes, de la cantera exclusiva de nuestra tierra, que nada tiene que envidiarle a las demás. De derecha a izquierda, estos flamencos precoces eran Iván Vílchez, Jesús de María, Tomás García, Aroa Palomo, Jesús Zafra y Esther Crisol. Una noche entrañable, artísticamente sentida y bien estructurada, donde cada cantaor abordaba un villancico popular por turnos, mientras los demás le hacían compás y coros. Eché en falta la ambientación propia navideña de pandereta, botella de aguardiente, zambomba y almirez, y no sólo las guitarras y las palmas que redundaron en una parquedad agradecida, pero que, para el día que nos ocupa, rayaba en lo insípido.

Todavía nos quedan varias cosillas. El jueves 22 habrá un concierto navideño en el Gustav Klimt, encabezado por Juan Habichuela Nieto, con más de diez cantaores, que promete; el viernes 23 se celebrará una Navidad Flamenca en la peña Frasquito Yerbabuena de Cúllar Vega; y alguna cosa más que no la tengo agendada.

Y si alguien se queda con ganas, para Fin de Año tenemos un Especial Noche Vieja en Le Chien Andalou el mismo día 31.

* En la foto, adaptada de su facebook, Jesús de María, el más jóven de los cantaores granadinos.

Martes, 20 de Diciembre de 2011 11:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Buscando un camino

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XII Encuentros Flamencos

Correcta la actuación del Ballet flamenco de Cecilia Gómez, que fue ganando en eficacia y en calor a lo largo de la noche

Han pasado casi dos semanas desde que asistimos al espectáculo ‘Bailaora’ de esta joven linense y mi recuerdo se ha enfriado, no así las sensaciones de una flamenca estilosa y repleta, con ganas de comunicar. Acompañada de dos cantaores, dos guitarras, un violín y una caja, Cecilia pretende hacer un recorrido por los distintos palos del flamenco y la riqueza de la mujer frente a ellos. Es un argumento manido, pero desde el punto de vista personal no deja de ser interesante.

Destaca desde un comienzo la puesta en escena que, si es penumbrosa, como aqueja a la mayoría de los espectáculos flamencos, goza de un juego de luces talentoso que dimensiona el exclusivo vestuario y la propuesta en general.

Durante la primera parte, la bailaora se resiste y su aparición es escasa, para manifestar a los postres una presencia más agradecida. Sus músicos, entre humareda injustificable, abren por bulerías, para entroncar con una soleá por bulerías, donde la bailaora se presenta con un paso a dos, bello pero poco festero para la pieza que nos ocupa.

Una sucesiva correlación de baile grupal (3 bailaores), abordan fandangos, tangos y alegrías, que introduce un generoso violín, y se llenan de apreciadas individualidades, en las que se acopla la misma Cecilia por fiesta, con un vestido corto de vuelo, mantón grana y oro y peineta a juego. En medio de esta pieza, el escenario sufre un apagón que será el comienzo de una serie de desajustes, de iluminación y sonido, para los siguientes días de Festival, que lamentablemente no pude asistir.

Tras un solo de percusión, que venía a ser el principio de nada, suenan en off distintas músicas por bulerías que abordan tres bailaores, ataviados de toreros que, a pesar de lo casposo, fue de lo más resultón de la obra.

Un solo de cante por rondeñas, da paso a las seguiriyas, que la protagonista aborda con traje negro sin mangas, muy femenino, y chaquetilla corta. Sin duda, es de lo mejorcito de la velada, la sorpresa final llena de silencios y ricos taconeos, donde la joven es sensual toreadora, mostrando su espíritu real de ‘bailaora’ cuando las esta pieza dramática pasa a ser toná o cuando la caja que se acelera en función del preciso taconeo.

Para el fin de fiestas, premeditado por bulerías, es invitado a bailar Juan Andrés Maya como ‘maestro’ organizador de este festival, antes de que la compañía se despidiera, agradeciendo los múltiples aplausos del medio aforo convocado.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 16 de Diciembre de 2011 11:48 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Hace un año

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Hace ya un año que la noticia de la muerte de Enrique Morente nos desgarró por dentro, sobre todo por lo inesperada, sobre todo por las formas. A estás alturas, seas creyente o no, debes tener asumido este vacío, el último acto de un hombre que no dejaba de sorprender, ni siquiera para decir adiós, ni siquiera para hacerse un sitio inviolable entre nuestros seres más queridos y admirados.

Enrique fue un mito viviente. Enrique fue un mito cercano. Tan familiar que su dimensión nos parecía increíble. Una altura que va aumentando. Y, si admirábamos a la persona o al cantaor, ahora nos damos cuenta que debemos aplaudir al músico en general, al creador, al intelectual sensible y generoso, al filósofo urbano, al ocurrente, al comprometido, al amigo.

Su música me acompaña a diario. No hay día en que no lo recuerde con sus cantes, con su estela que, como la sombra del ciprés, es alargada.

Nos queda, como digo, su siembra y sus miles de seguidores y sus creaciones. Todos los flamencos jóvenes de Granada lo recuerdan, aunque sea en sus tangos (si no en su seguiriya acelerada, en su fandango tan personal, en su bulería meditada).

Así es, David, Alicia, Juan, Estrella, Ana, Carlos, Marina, Alberto, Álvaro, Sara, Antonio, Curro, Enrique, Fita, José, Miguel, Iván, Yudith, Tomás… interpretan como nos enseñó el maestro El lenguaje de las flores en su repertorio, que fue el punto de partida de Enrique y los poetas, de Morente entre las estrellas.

Martes, 13 de Diciembre de 2011 00:52 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Los caminos de Arcángel

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XII Encuentros Flamencos

Con “Olor a tierra” comienza Arcángel su recital, que pretende recoger esos cantes de siempre que, como el aroma de la lluvia, le han ido acompañando desde su niñez, y, al mismo tiempo, impregnarlos con esos sonidos nuevos, con ese flamenco experimental, que sólo pretende darle una nueva vuelta a la tradición. Por otra parte me temo que su propuesta abundó más en este segundo concepto que en el primero, máxime si se reúne de dos de los tocaores, Miguel Ángel Cortés y Dani Méndez, más vanguardistas del panorama actual.

Arcángel, con su sentido del compás, su perfecta afinación, su apología del grito y su constante referencia a Morente, principia su recital por cañas, rematadas por soleá por bulerías. Es un buen comienzo, donde se ponen de manifiesto sus cualidades, el deseo de innovar y esa dimensión contemporánea de los guitarristas de la que hago mención.

El cantaor onubense continúa por malagueñas, donde se alternan las guitarras como en un duelo de sensibilidades. A estos cantes de Málaga se le van uniendo los coros y el compás de Los Mellis y la percusión de Antonio, cuando se rematan por rondeñas “casi recitadas” y más tarde por fandangos del Albaicín, que Arcángel borda con sus extremos agudos.

Durante los tangos, el cantaor se asoma al Camino y termina acordándose de Enrique, a quien dedica manifiestamente todo el concierto, incluso gasta un chaleco con la figura y el nombre del maestro granadino.

En las seguiriyas, en las que le acompaña sólo Miguel Ángel cortés, vuelve a hacer de las suyas (lo que le hemos visto hacer más de una ocasión) y hace libre lo que está medido y cambia el acento tradicional. Momento interesante será cuando vengan marcadas por pandero. Termina remedando a Chacón.

Por soleá, arropado por Dani Méndez, se siente grande, antes de un pequeño descanso, en el que las guitarras se quedan solas haciendo exquisiteces por levante.

Vuelve a las tablas Arcángel por bulerías, a pie de escenario, sin micrófono, en las que todos los músicos le acompañan haciendo sólo compás con las palmas.

En las alegrías se siente como pez en el agua, sólo superadas por los fandangos donde es largo y respetuoso con su tierra y sus mayores, a los que reconoce de manera especial a Toronjo o a Morente.

 

La noche sin embargo no terminó allí. Después de Arcángel en los Encuentros del teatro Isabel la Católica nos dirigimos a la peña La Platería, donde Pepe Habichuela actuaba con la joven castellonense Tamara Escudero. Como es lógico, el recital ya había empezado y asistimos sólo a la segunda parte, breve pero intensa. El más aperturista de la saga Habichuela comenzó por soleá, marcando como pocos, arpegiando como él solo. A Tamara se le observan las maneras y melismas de Estrella Morente. Se le parece en la apuesta y en el timbre de la voz. Ligando los tercios, es rica en ayeos y en vocales prolongadas melódicamente recorriendo la escala, aunque pasea con más comodidad por los bajos. Su afinado es perfecto.

En la vidalita, con La vieja sonanta, Pepe recuerda a Morente y su colaboración, y la cantaora sin confusión remeda a Estrella.

Terminan por fiesta con unas alegrías gran moduladas y, requiriendo compás de José Antonio Carmona, se marchan por bulerías.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 09 de Diciembre de 2011 13:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una nueva labor de la ONCE

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Los lunes flamencos de la ONCE

Desde hace algunos años, en la Organización de Ciegos de Granada, se realizan unos conciertos flamencos gratuitos para revalorizar las peñas de la provincia y potenciar los nuevos valores. El último lunes de cada mes, en su sede de la plaza del Carmen, acogen a una peña flamenca granadina para escuchar a los jóvenes cantaores que se reúnen entorno a ella.

Muchas veces, estos jóvenes acuden con los veteranos que los apadrinan. Éste fue el caso del lunes pasado, cuando se presentó Asociación Cultural Amantes del Flamenco de Peligros respaldada por Miguel Barroso, quien al final se hizo una bien modulada granaína, aunque andaba un poco enfermo de la garganta.

El primero en actuar fue Francisco, apodado ‘El Pirata’, con Armando Linares a la guitarra. Un cantaor que promete, con facultades y buenas intenciones. Interpretó soleá por bulerías y se despidió por fandangos. Cintia, sin embargo, se le ve bastante verde y titubeante. Con su voz grave, hizo unas bulerías de Luis de la Pica. El mismo Armando, curtido ya en el acompañamiento, a pesar de su edad, estuvo a su lado.

Zaira Fernández a continuación coloreó la noche bailando unos tangos, que sonaron en off, cargados de sentimiento, aunque tremendamente básicos. Su juventud extrema, en cambio, está a su favor.

José Romero ‘Pasita’, el veterano del grupo, con el canadiense David Sinclair, a la guitarra, con la voz manifiestamente tomada, recitó un poema e hizo una farruca de propio cuño, lo que enriquece su propuesta. Algunos versos, no obstante, algo forzados y la prolongación del ayeo en algunos tercios, confieren doble mérito al guitarrista.

Isa ‘La Jazmín’, con varios años de compromiso a sus espaldas, pasea su afición tanto en el baile como en el cante. Con su voz potente y convencida, entonó unas colombianas, arropada por la guitarra de Rafa Hoces. Guitarrista que también acompañó a Barroso a culminar la velada.

Domingo, 04 de Diciembre de 2011 18:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo un recital

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Flamenco en La Platería

Sin lugar a dudas, una de las cantaoras jóvenes que crea más expectación y esperanza en la provincia de Granada, no sólo a mí, sino a todos los que la han escuchado, es Ana Mochón. Su buen hacer, sus facultades y su conocimiento la hacen acreedora de ello. Por eso cada vez que actúa, cada vez que su nombre aparece en un cartel, es motivo de atención por su compromiso y calidad artística.

A sus diecisiete años recién cumplidos (celebró su onomástica en el mismo recital que voy a referir), y con varios premios en La Unión, es ya un reclamo seguro para cualquier festival.

Quizá tenga que encontrar su camino cierto, quizá tenga que abandonar algunos vicios de niñez, quizá tenga que olvidarse de alguna cantaora a la que intenta remedar, quizá le falte soltura en sus diálogos y su poquito de baile, quizá abuse de la nariz, quizá se entregue y se vacíe antes de tiempo… pero el poder que tiene en la garganta y en el espíritu son dignos de admiración. Y lo mejor, seguramente, es su trayectoria, la perspectiva indiscutible de una carrera enfocada.

Ana Mochón en La Platería es como decir Ana Mochón en su casa. Su familia es socia de esta peña antes de que Ana viniera al mundo. Ya asistía a los encuentros flamencos desde la barriga de su madre y después en sus brazos, quedándose dormida entre dos sillas acunada por una soleá o un taranto. El cante lo lleva dentro y su estudio es casi por osmosis.

Con volantes nuevos, de dudosa belleza, se presenta la cantaora como una reina en su salón, acompañada por Antonio de la Luz a la guitarra, un tocaor creciente y también muy querido por los aficionados. La soleá de Rafael Moreno, que da paso a la caña abre la noche. Desde este primer cante, como digo, se aprecian las facultades de Ana, su conocimiento y su poder seductor. Continúa con una fabulosa malagueña, quizá lo mejor, de esta primera parte al menos, con letras de Chacón, en versión de Pepe Pinto, y del Mellizo. A los postres se abandola por Granada, muy al estilo de Juan Pinilla.

Pide disculpas a continuación para hacer un tema orillado en el flamenco, alejado de la pureza. Pero con gracia y estilo entona una copla bambinera que será muy bien recibida por el respetable.

Para la soleá, pide la presencia de José Delgado, antiguo presidente de la peña y crítico de flamenco, que en cierta manera apadrina a la artista en esta noche, para que inserte algunos recitados entre sus letrillas cantadas. El poeta elegido es Manuel Benítez Carrasco y las soleares son de tres de los cantaores más destacados en nuestra tierra: Cobitos, Juanillo ‘El Gitano’ y Pepe ‘El de Jun’. Faltó Enrique Morente para redondear la escena.

Terminó este primer pase con unos tangos de Granada más bien sosos, con una cierta tendencia en los motivos y en las maneras de imitar a Marina Heredia.

Con el pregón de Macandé y su venta de caramelos, comienza la segunda parte y la gavilla de fandangos que dan paso a los cantes mineros. Serán taranto, cartagenera y taranta, que la misma cantaora anuncia acordándose de su fructífero paso por el concurso de La Unión. La tensión adquirida se relaja con unas colombianas que interpreta a continuación, demostrando la largura de su repertorio.

La cantaora vuelve a ser grande por seguiriyas, en las que se acuerda de Manuel Molina, Antonio Cagancho y Curro Dulce y su cambio.

Termina el recital por fiesta, que incluye, en primer lugar, bulerías, de pie y con su poquito de braceo, como ocurrió en los tangos, que introduce con una letra del legendario grupo Alameda, del que pasa a Luis el de la Pica y después a Turronero; y para finalizar con unos simpáticos tanguillos propios, escritos por su padre. Los aplausos y jaleos duran varios minutos.

Jueves, 01 de Diciembre de 2011 10:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Rubén se reinventa

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Recitales en el Café-Pub Liberia

Puede que me repita más que una morcilla en la noche, pero volveré a insistir sobre el buen casamiento entre el flamenco y el jazz. Dos músicas hermanas, de nacimiento parecido, aunque en distintas latitudes, se encuentran y se reconocen, bebe la una de la otra y caminan al unísono. Grandes intérpretes del jazz se han acercado y siguen acercándose al flamenco, como Chick Corea, que no deja de airear su corazón hispano (últimamente rodeándose de guitarristas, cantaores y hasta de bailaores).

El camino opuesto, del flamenco al jazz, no es necesario dar ejemplos, pues cualquiera de nuestros guitarristas actuales se dimensiona con los acordes de esa música tan libre y creativa, desde Paco de Lucía hasta Rafalín Habichuela, por poner un ejemplo.

A Rubén Campos lo hemos conocido siempre como flamenco de vanguardia. Su guitarra inquieta ha acompañado al cante, al baile y ha demostrado sus virtudes de concierto. Sus minuciosas composiciones siempre han llamado la atención por su armonía novedosa y una flamencura especial identitaria que ha ido ganando en fuerza y soltura.

Ahora se sumerge en pleno jazz, reinventándose con otros músicos, componiendo temas abiertos, pero también, rescatando obras exclusivas de las dos orillas. El “Rubén Campos Cuartet”, como primicia, sienta sus bases en el Liberia y, aunque se vislumbra la falta de ensayo, se evidencian las buenas ideas, la compenetración y sobre todo la calidad de sus músicos.

Puede que no recuerde el orden ni todos los temas, pues no tomé nota y ha pasado casi una semana del evento, pero más o menos así fue su desarrollo.

Comenzó la noche con un solo de guitarra, a manos del titular. Una creación cercana a levante, con concesiones a la fiesta, que sirvió para presentar las nuevas apuestas del músico granadino. El grueso de la banda (José M. ‘El Petaca’ al piano, el catalán Joan Masana al bajo eléctrico y Antonio Gómez ‘El Turri’ en la voz y a la caja) se incorporó en los jaleos extremeños. Para terminar esta primera parte y entrar dentro de lo maravilloso, interpretaron, con solos memorables de guitarra, piano y flauta, tocada por El Turri, la pieza Ziryab, de Paco de Lucía, perteneciente al disco de 1990 del mismo nombre.

La segunda parte, si no recuerdo mal, comenzó con un tema de Bill Evans, el mismo músico al que se acercó maravillosamente el Niño Josele en su álbum Paz (2006). A continuación sonó un bolero de propio cuño, que Rubén dedicó a su familia, allí presente, y para terminar una composición del trompetista de Carolina del Sur, Dizzy Gillespie, por bulerías.

Como fin de fiestas, Campos invitó al escenario a su compañero Sergio Gómez ‘El Colorao’, a quien suele acompañar al cante, y se marcharon por bulerías.

Todos los miércoles, en el Café-Pub Liberia hay flamenco en directo y todos los jueves se puede escuchar blues o jazz u otra música que encarte.

* Rubén Campos en Casa Patas©.

Martes, 29 de Noviembre de 2011 19:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco desde la orilla

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Flamenco en Almería

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar en su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

Actualmente, también tendremos en cuenta a Rocío Segura, Toñi Fernández (y su hermano 'El Titi') y sobre todo a las hermanas Pérez, María José y Montse.

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

* Artículo publicado en el número 5 de la revista Acordes de Flamenco (junio de 2007)

** En la foto, la cantaora almeriense Rocío Segura que hizo de guía en nuestra ruta.

Flamenco desde la orilla

Almería a través de los ojos de Rocío Segura

 

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

 

Rocío Segura

Con estos precedentes, nos disponemos a descubrir la ciudad del Indalo a través de los ojos de una cantaora almeriense que, pese a su juventud, refleja voces añejas en su jondo fraseo. Rocío Segura ha grabado algunos discos en colaboración con otros artistas almerienses y en solitario un disco de saetas y una obra esencial a los grandes maestros”, en el año 2003. Un disco arriesgado, considerando que un flamenco tan árido y ortodoxo sólo se vende entre los profesionales y aficionados (nunca necesariamente excluyentes).

“Homenaje” es sobre todo un disco de gran aficionada, una declaración de principios, en donde Rocío pone sus cimientos interpretando cabalmente a la Niña de los Peines, a la Repompa, a Chacón, a Vallejo o al Gallina. Y, cómo no, expone respetuosamente los tarantos de Almería. Podemos decir, de esta manera, que Rocío Segura tiene un eco muy flamenco que nos puede recordar a algunos de los grandes, destacando, no obstante, su personalísima entrega.

El próximo trabajo discográfico, que tiene en pensamiento, quiere que siga la misma línea de flamenco puro que el mencionado, aunque, reconoce, que no es fácil mantener esa apuesta, “en 2006, reconoce, ninguna compañía se arriesga a sacar un disco de raíz”.

María del Rosario Segura López nació el 19 de septiembre de 1979 en el barrio de Pescadería, que es, salvando las distancias, como en Sevilla nacer en Triana o en Cádiz en el barrio de Santa María o en Jerez en la Mercé. En este barrio han nacido el cincuenta por ciento, o tal vez más de los flamencos de Almería. De Pescadería son los guitarristas Tomatito, Paco López o el Negrillo; los cantaores Juan y José Gómez, Carrete o Potito de Almería; y la bailaora María del Mar La Rebota. “De mi tierra, comenta la cantaora, te puedo decir que está llena de rincones con embrujo y mucho arte como mi barrio de Pescadería que es el barrio mas flamenco, de donde han salido los mejores artistas de mi tierra”.

Rocío es hija de la también cantaora Antonia López, al decir de muchos, uno de los mejores exponentes del cante almeriense. Junto a su madre ha cantado desde muy corta edad fandangos y saetas al pie de los pasos de Semana Santa. Desde los doce años está ganando concursos que no es preciso enumerar. Quedémonos con la Lámpara Minera de las Minas de La Unión en el año 2000.

Su puesta de largo, por llamarla de alguna forma, la hizo de la mano de Juan Carmona Habichuela en 1995, en el Auditorio Municipal Maestro Padilla de Almería, dentro de un homenaje a los cantaores Juan y Ramón Gómez. Un espaldarazo definitivo fue en el “Festival Flamenco por Tarantos”, celebrado en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, donde estuvo acompañada por su paisano Niño Josele.

A Rocío le gustan todos los cantes e intenta interpretarlos todos, aunque se siente muy a gusto en las bulerías, siendo también especiales para ella las seguiriyas, los cantes de su tierra, la soleá…

Su actual proyecto es una gira, junto con Chano Lobato, José Menese, El Polaco y otros artistas, que se presentó en la Feria Mundial del Flamenco, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, el día 17 de noviembre, para recorrer otros centros neurálgicos del flamenco, como son Mairena, Lebrija o Málaga.

 

Flamenco en Almería

La oferta flamenca almeriense es escasa y está focalizada en las dos peñas que existen en la capital y algunos bares de sabor flamenco. No obstante, en un grupo elevado de poblaciones existen una o dos peñas flamencas hasta alcanzar el número de veinticinco, reuniendo entre ellas a poco más de dos mil asociados. Tal es la presencia y afición del flamenco en Almería.

Aparte de la actividad que emana de estos templos esenciales, que funcionan exclusivamente los fines de semana, otra oportunidad de disfrutar de esta pasión, no existe. Así la peña funciona como lugar de encuentro, tablao y centro de aprendizaje.

También, y justo es decirlo, los poderes fácticos de la ciudad, de vez en vez, programan flamenco puntual entre su oferta de ocio. En concreto, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería organiza anualmente, a finales del mes de agosto, en la Plaza Vieja (antes se realizaba en la Alcazaba), el Festival de Flamenco de Almería, que este año 2006 celebró su 37ª edición.

Las peñas almerienses son “El Taranto” y “El Morato”. El Taranto es la peña decana en esta ciudad, con más de cuarenta años de antigüedad, y un referente necesario en toda Andalucía. La regularidad, cantidad y calidad de sus actuaciones, hacen de ella un centro cultural y flamenco de primer orden. La Peña mantiene una revista bianual, llamada “Taranto”, que informa sobre sus actividades realizadas y por hacer y se complementa con entrevistas, opiniones, recortes de prensa y otros contenidos que vivifican el quehacer de este colectivo. En el mes de octubre vio la luz el número 58 de dicha publicación. También, anualmente, la Peña entrega el Trofeo Taranto al cantaor que se haya destacado en su actuación durante el año y el Trofeo Taranto al mejor toro de la feria. Este año también se ha establecido el Trofeo al mejor guitarra de acompañamiento, que ha recaído en el tocaor granadino Paco Cortés.

Sin embargo, Rocío Segura prefiere la peña de El Morato donde hay un ambiente más abierto y familiar, en el que se reúnen los aficionados en torno a una mesa tomando una copa de vino (el ambigú de El Taranto, se encuentra bastante retirado del escenario), aunque, como gran aficionada, se arrima al buen cante allá donde se encuentre.

Gran actividad flamenca, como hemos dicho, la podemos encontrar en la provincia, en su mayoría en pueblos cercanos a la capital. Así, el aficionado, siempre encuentra algo de su agrado, por ejemplo, en la Peña Flamenca El Arriero de Viator, El Yunque en Pechina, El Palangres en Roquetas de Mar, El Tato en El Parador, La Caracola y La Torre en Adra o El Ciego de la Playa en Huércal de Almería.

El flamenco almeriense lo podemos complementar con la visita a algunos locales de añejo sabor jondo. Recordemos que la tapa en Almería, que es gratuita, buena y abundante, acompaña indivisiblemente a la bebida. Destaca en primer lugar el café bar Bahía de Palma, cerca del Ayuntamiento, que es de los más antiguos lugares de encuentro de los aficionados al flamenco. Multitud de fotografías del mundo del flamenco y los toros se reflejan en sus paredes. La comida es asequible y se recomienda el bacalao a la vizcaína, la carne de toro o el atún encebollado.

Otro local con encanto, también muy céntrico, es la Peña Jueves Taurino. Su dueño, como el de Bahía, es muy aficionado y está emparentado con la familia de Rocío Segura, la que afirma: “mi tío es muy aficionado, le encanta Enrique Morente, creo que es su fan numero uno”. Siempre se oye flamenco en su bar y las tapas son de impresión.

 

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

 

Viernes, 25 de Noviembre de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

El camino inevitable

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32 Festival Internacional de Jazz de Granada

Que el flamenco es mestizo es ya una cuestión indiscutible. El flamenco se ha ido haciendo a lo largo de los años, a través de estos dos siglos escasos de vida, de todo el poso cultural de nuestra tierra y el foráneo que, como un viento caprichoso, tuviera la fortuna de soplar por Andalucía. Ya se reía Manolo Sanlúcar cuando le hablaban de fusión, diciendo que la esencia del flamenco es esa mezcolanza.

Es normal que los flamencos se acerquen a los conceptos del jazz. Es normal que en los festivales de jazz tengan cabida los flamencos. Así, la tercera jornada del encuentro jazzístico en Granada (17 de noviembre de 2011), compartieron escenario el contrabajista Dave Holland y el guitarrista Pepe Habichuela. Fue un camino del jazz al flamenco y no al revés, aunque concesiones a la improvisación y al swing y a los solos del jazz estuvieron presentes.

El recital, grosso modo, fue la presentación del disco Hands, editado hace un año, donde podemos ver a un Pepe Habichuela, el más cosmopolita de los flamencos, creativo y abierto, junto con un Dave Holland, posiblemente el mejor bajista de la actualidad, redondo y versátil, atravesando un sendero conocido, entendiéndose a la perfección entre las notas y las miradas. De hecho, Pepe llegó a exclamar que Holland “es ahora un gitano y yo soy casi un inglés”.

La noche sin embargo comenzó turbia. Una suciedad de trasfondo, unido a un sonido desajustado, hizo que la bulería fuera algo farragosa. Problema que quedó paliado en la segunda entrega por Huelva, antes de entrar en un par de temas más genéricos donde el Habichuela hizo mutis y, seguidamente, su hijo, Josemi Carmona, que venía de segundo guitarra, dejando sólo al imaginativo inglés con los dos percusionistas que arropaban todo el trabajo: Bandolero y Juan Carmona. Imprescindibles, aunque abusaran de los solos, aunque se repitieran con la monotonía del cajón.

La taranta, llamada Camarón, fue un ejemplo de buen gusto y complicidad, en la que el contrabajista de Wolverhampton bordó el sentimiento hasta parecer que cantaba con el mismo instrumento, y donde un servidor en realidad entró en el concierto.

Habichuela, solo en las tablas, apuntó una media granaína dedicada a su hermano, Enrique Morente. Preciosista por una parte, pero faltaba finura por la otra. Y es que el guitarrista granadino no halló su mejor noche. Desajuste que se incrementó en la soleá.

Con lo que yo me quedo, sin discusión, la mejor pieza de la velada, fue la seguiriya y cabal, hermosa y rica en contrastes y comuniones. Una seguiriya acelerada, como le gustaba al maestro Morente, más para acompañar al baile que para ser tradicionalmente escuchada. Después de este paso, cualquier otra propuesta estaría bien, pues el pellizco ya me había cogido por dentro.

Después de algún tema más, teniendo a Josemi como protagonista, guitarrista con mucho gusto, que conoce sus límites, pero no se extralimita, piezas posiblemente pertenecientes a su último disco, Las pequeñas cosas, cercanas a la fiesta, termina el recital con una impresionante rumba, grandiosa y armónica, a la que yo le añadiría algunas voces.

Tras varios minutos de aplausos, que a los postres fueron a compás, se despidieron con un bis por tangos en donde salió a relucir de forma evidente la sangre del Camino y la esencia Habichuela.

* Foto: Europa Press, Teatro Central.

Viernes, 18 de Noviembre de 2011 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El patrimonio de la zambra

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Si Granada puede presumir de algo auténtico e histórico en el flamenco es la creación y el desarrollo de la zambra, si quieren de la zambra gitana, que derivó de la zambra morisca. De una celebración generalizada, de fiesta y algarabía, llegó a centralizarse en el ritual de la boda. Así, sus cantes y sus bailes (alboreá, cachucha, la mosca…) representan la petición de la novia, el ritual del pañuelo o la culminación de la boda.

De las estancias íntimas y representaciones concertadas, este ceremonial pasó a ser espectáculo público a finales del siglo XIX, de la mano de un gitano de Ítrabo, afincado en Granada, llamado Antonio Torcuato Martín, apodado ‘El Cujón’, que abrió su negocio en el centro de la ciudad.

Pronto estas zambras pasaron a las cuevas del Sacromonte, constituyendo toda una industria, que aún funciona, para los autóctonos de la zona. Así fueron y son famosas las zambras de los Amaya, la de la Golondrina, la de la Rocío, la del Pitirili, la de María la Canastera…

Nada mejor que la representación de esta zambra, en La Chumbera, en pleno corazón del Monte Sacro, para conmemorar el primer aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad, por parte de la UNESCO.

La familia Maya, como representantes de la cueva de la Rocío, avalados por el Ayuntamiento de la capital, fueron los encargados de exponer esta muestra de entidad granadina. Aunque no sólo los Maya estuvieron presentes, un nutrido grupo de los principales clanes de la ciudad estuvieron en representación compartiendo escenario o entre el público, en el que destacaron dos figuras de alcance internacional: Manolete y Juan Habichuela.

El acto, presentado con acierto y pasión por Judea Maya, estuvo dedicado tácita o explícitamente a los verdaderos forjadores del flamenco granadino, en especial a los últimos desaparecidos: Mario Maya y Enrique Morente.

Precisamente, de Enrique sonó una granaína en off, que bailó Juan Andrés Maya, como protagonista de la noche y del festival por venir, a primeros de diciembre.

Tras unas palabras, donde Curro Albayzín historiaba la zambra, una muestra de esta manifestación tuvo lugar en las tablas, comenzando por la alboreá, la cachucha, los añejos tangos del Petaco, los fandangos del Albaicín (de donde surgió la granaína) o los interminables tangos del Camino, que abordaron individualmente todo el cuerpo de baile,  Alba Heredia, Raquel ‘La Repompa’, Rocío Vargas, Estela Rubio y los patriarcas Raimundo Heredia y La Salvaora. El recital terminó con una luenga soleá, donde Juan Andrés expuso con creces las cualidades de su baile.

Durante todo el acto sonaron las voces de Juan Ángel Tirado y de Rafi Heredia y las guitarras de Pepe Maya ‘Marote’ y Manuel de Santa Fe.

* Grabado de una zambra gitana, de Jules James Rougeron, siglo XIX.

Jueves, 17 de Noviembre de 2011 10:24 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

De la anarquía a la disciplina

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No sólo la sangre es necesaria para estremecer. No sólo el alarde de fuerza compone a un bailaor, a una bailaora. Mario Maya decía que el baile no es fuerza bruta.

Yolanda Cortés, bailaora sacromontana, bailaora de raíz y brío, actuó el sábado en La Chumbera mostrando sus valores. Curtida en las cuevas del Camino, sus pisadas son grandes, su aguante incombustible. Falta reposo, falta silencio, falta la atención a unos músicos que superaron sin lugar a dudas a la protagonista.

Al cante Jaime Heredia ‘El Parrón’, Manuel Heredia y Macarena, complementan un dúo de aguardiente y gusto gitano; Rafalín ‘Habichuela’, a la guitarra, es una muestra de ralentizado sabor y perfección; Benjamín Santiago ‘El Moreno’, con el cajón, impone un compás de fondo, respetuoso y decidido.

Unas tonás (Macarena) abren la noche, que pasan a ser seguiriyas cuando Yolanda hace su primera entrega con pantalón y chaquetilla. El exceso de fuerza tiende al desequilibrio y la desatención conlleva a la fiesta cuando la propuesta es crítica. Con todo hay que decir que el compás y la apuesta en conjunto pueden ser acertadas.

Manuel Heredia, con su potencia de voz y su tendencia al cuplé, propone unas bulerías, que dedica a Antonio Vallejo, con el que empezó su carrera. Y Jaime se entiende por tarantos. A la guitarra (y a lo suyo), Rafael es un dulce con su toque lento y preciso, muy flamenco, con concesiones al jazz.

Acaba la noche con soleá por bulerías, donde destaca el cante de El Parrón, el que en un momento se acuerda de su compañero Enrique. Yolanda es desmedida. Fatiga paseos y escobillas. Y un remate zapateado de casi diez minutos con sólo compás desdibuja el norte.

Esa misma noche me esperaba La Platería, donde bailaba la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’, último primer premio de La Unión, llamado el Desplante. En mitad del camino veo luz y jaleo en el estudio-cueva de Juan Habichuela, nieto. Rodeado de gitanos, está grabando unos villancicos para su primer disco, que se está haciendo esperar. Según dice es el último tema que le falta para rematar el trabajo. El resultado es muy del Monte, muy de fiesta, muy cantable.

En la peña, con el acto ya empezado, encuentro la disciplina y la esbeltez de una flamenca bailando por alegrías. El contraste es evidente y la noche comienza a respirar.

Lucía se hace acompañar por dos cantaores de oficio, como son Moi de Morón y ‘El Trini’ que, con unas tonás, exponen su potencial; y por la guitarra sabia de Miguel Pérez, maestro de bastantes guitarristas occidentales.

Una soleá bien templada culmina la actuación de La Piñona, demostrando con creces lo bien ganado de ese galardón de Las Minas.

* Lucía Álvarez ’La Piñona’. Foto sacada de una entrevista realizada en jerezjondo.com

Martes, 15 de Noviembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Curra Arroyo

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Homenaje Flamenco

Todos los conciertos benéficos son dables y encomiables, todos los homenajes son justos y agradecidos, pero cuando esta ofrenda nos toca de cerca en cierto modo tiene doble carácter emotivo.

Curra Arroyo, cantaora granadina, asociada a la peña flamenca de La Platería, perdió su voz y su futuro debido a una bronquitis. Su sensibilidad y valor artístico no le llevaron sólo a cantar, flamenco y copla, sino también a bailar e incluso a componer. Faceta que aún cultiva hilvanando bellos versos susceptibles de ser cantados.

El pasado jueves, en el teatro Isabel la Católica, se reunieron un grupito de artistas veteranos, de su generación, y algún allegado, para rendirle el homenaje que se viene mereciendo desde hace mucho tiempo. Recital cargado de entusiasmo donde destacó sin duda la presencia de Curra Arroyo en el escenario, manifiestamente afectada, agradeciendo a los presentes (organizadores, flamencos y público), la deferencia tenida hacia ella y el recuerdo de lo que fue; de lo que es y será, añadimos. Lástima que fueron pocos los asistentes a dicho evento, a penas la mitad del aforo. Lástima que el esfuerzo haya quedado mermado por falta seguramente de promoción. Lástima que se hayan perdido esta reunión de voces añejas y cantes rebuscados que con tan buen hacer nos brindaron.

Una grabación de la época, con Curra, en plena facultades, cantando en off una copla de Marifé de Triana. Seguidamente, Juan Pinilla, responsable directo de tal reunión, que hacía las veces también de presentador, acompañado de Francisco Manuel Díaz, memoria y corazón del flamenco de esta tierra, hicieron granaína y media y se despidieron por mineras.

Después de una semblanza de Pinilla a la homenajeada, con pequeño reportaje fotográfico de fondo, Curra, agradecida, recitó alguna de sus letras antes de dar paso a Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, con el mismo Díaz a la guitarra, que mostrando su potencia de voz, hizo unas soleares y unos fandangos, de los que es albacea y trasmisor.

Curro Andrés, conocedor y maestro, con un enorme Antonio de la Luz a la guitarra, demostró su envidiable compás por milongas (El niño que todo lo quería ser, de Benítez Carrasco) y alegrías. Curro Vega, verdadero tesoro del cante antiguo, se arrancó por tonás y, arropado por la misma guitarra que su tocayo, hizo unas seguiriyas de cambios ancestrales.

Paco Moyano, después de Curro Albayzín, ofreció un ramito de su cante particular, personal y comprometido. Con Antonio de la Luz a su lado, interpretó una bella bambera concentrada y una gran malagueña, en la que se acordó de Miguel Hernández y remató por jaberas.

Un nuevo guitarrista sube al escenario, el preciso y solapado José María Ortiz, que acompaña a una de las voces imprescindibles en la época. Antonio Trinidad comienza por milongas (La baladilla de los tres ríos, de García Lorca) y acaba con su famosa farruca. Todos los intervinientes tuvieron cariñosas palabras de elogio a la protagonista.

Cerró la noche la bailaora Violeta Ruiz, hija del desaparecido Pepe el de la Argentina, con el que Curra tuvo tanta relación, que propuso unas garbosas alegrías.

* En la foto Curra Arroyo y Paula Marín, de las pocas peñistas de la época, abrazadas por Juan Pinilla, de cuyo blog obtengo esta foto.

Sábado, 12 de Noviembre de 2011 11:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Córdoba, el flamenco callado

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Hace unos años estuve colaborando en la revista Acordes de Flamenco con el desarrollo narrativo de varias secciones. Una de ellas respondía al nombre de Rutas Flamencas. Durante los meses que duró mi relación recorrí, con ayuda del reportero gráfico Nono Guirado, los rincones de Granada, Jerez, Almería, Jaén, Cádiz o Córdoba. De esta última ciudad, aparecida en el número cuatro (2006) de dicha publicación, reproduzco los preliminares y la ruta en cuestión, saltándome todo el meollo intermedio, para no alargarme en demasía:

Córdoba es una ciudad de ojos grandes, como lo son las mujeres que de su tierra inmortalizara Julio Romero de Torres en sus lienzos, pero de boca pequeña. Es discreta y huidiza, con tintes de universalidad pero mirando siempre para adentro. Córdoba es una madre para sus hijos, buena anfitriona para sus huéspedes, pero esquiva con los desconocidos. Córdoba es prudente y no da un paso sin haber asegurado el anterior.

También en el flamenco se manifiesta de esta guisa y el viajero aficionado debe buscar, profundizar en un mapa no escrito, para encontrar la huella del quejío y del pellizco. Con todo y con eso estamos en una ciudad o, más bien, en una provincia privilegiada, creadora de cantes autóctonos, como los fandangos de Lucena o la soleá y las alegrías de Córdoba; cuna de grandes cantaores: José Moreno “Onofre”, Cayetano Muriel “el Niño de Cabra”, Antonio Fernández “Fosforito” o Juan Moreno Maya “El Pele”; impulsora de festivales de prestigio; donde una serena y sabia afición se reconoce en cada esquina.

En Córdoba se respira el flamenco sin necesidad de atenderlo, sin sentir la guitarra o los tacones, sin escuchar su queja. Sus calles y su río, sus barrios y sus monumentos y sus tabernas, nos hablan de pasión; su gente se mueve a compás, posee un sentimiento milenario que, a  diferencia de otras ciudades, nunca se olvida. Lo nuevo no borra lo anterior sino que lo acumula, lo imbrica como partícipe de un todo. Así, la ciudad de Córdoba es romana, visigoda y árabe, judía y castellana, gitana y flamenca. Sólo basta dejarse llevar como las aguas lentas, acompasadas, pero constantes del Guadalquivir.

Su visita es obligada. Alrededor de la Mezquita, que también es Catedral, encontramos multitud de hostales y pensiones a precios más que asequibles. Aprovechando la unión, el derribo de tabiques de casas contiguas del casco antiguo, se crean verdaderos dédalos, propios del rey Minos, que impregnan nuestro viaje de belleza y misterio.

En esta ciudad califal todo es admirable, todo merece la pena ser visto, estudiado, fotografiado, desde el templo ya aludido, hasta los dieciséis arcos del puente romano, desde el barrio blanco de la Judería hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus torres, desde la biblioteca cinegética del Palacio de Viana hasta el sensual Museo de Julio Romero de Torres… y, cómo no, su arraigado flamenco.

Precisamente, el Ayuntamiento de la ciudad ha declarado 2006 como el “Año flamenco en Córdoba”, en conmemoración del cincuentenario del Concurso Nacional de Arte Flamenco, con una amplia y extensa programación que, desde el mes de enero, se ha ido concretando en múltiples actividades, entre las que sobresalen los homenajes y las galas; los congresos y las jornadas de estudio; las conferencias y las mesas redondas; los ciclos de cine; las exposiciones; las publicaciones; y los espectáculos permanentes de cante, baile y guitarra en el Gran Teatro de Córdoba, en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en diferentes tabernas y plazas al aire libre. Queriendo con esto, según Rosa Aguilar Rivero, alcaldesa de la ciudad, demostrar que Córdoba "es capital del Encuentro y la Tolerancia, es Ciudad Flamenca, tanto que hasta el pulso de sus horas suenan con falsetas en la Plaza de las Tendillas. Ciudad de Raza y razas, de mezcla y raíz".

Nuestra ruta

Con todo lo dicho, y trazando un atractivo recorrido a pie (pues en Córdoba aún no es necesario coger el coche), quedamos citados con José Antonio Castellano “El Séneca”, gran solearero, con añeja raigambre cordobesa, y con el bailaor Fran Espinosa para identificar una posible noche flamenca. Citados en el Rincón del Cante para una primera toma de contacto, tomamos un vino y un pincho de tortilla. En Córdoba se toma la tortilla de patatas más hermosa de toda la Península. Desde allí, cruzando por el Cristo de los Faroles, rodeados de instantáneas taurinas, cae un segundo vino en bar de las Beatillas, que acoge en su primer piso la Peña Flamenca Fosforito. En ella disfrutamos brevemente de la actuación y bajamos al Mesón La Bulería, aprovechando unos pases “con derecho a una copa” facilitados por los responsables del local. Desde allí, con un doloroso soniquete de charanga y pandereta, bajamos por la Calleja de las Flores hasta el Campo Madre de Dios, donde se asienta la Peña Flamenca de Córdoba, con sus mesas y viandas comunales.

Con el buen sabor de boca que nos deja el recital, su presidente y los aficionados de esta Peña, nos acercamos a la vera del río y, precisamente, por el Paseo de la Ribera hacia el oeste, nuestros pasos, y los borborigmos de nuestro desmayo, nos encaminan al restaurante Bodegas Campos, situado en la Axerquia, antiguo barrio árabe, donde el servicio y la comida típica andaluza son excelentes. Entre arcos y buenos caldos, degustamos sus especialidades: ajo blanco con espárragos trigueros y langostinos, rabo de toro al amontillado y tarta de membrillo, a un precio no muy popular.

Con el estómago lleno y agradecidos de no tener que coger vehículo alguno, seguimos nuestro camino paralelos al río, pasando del barrio árabe al judío. A la espalda de la Mezquita, decidimos acabar nuestro itinerario en el Tablao Flamenco el Cardenal, en donde aplaudimos el baile de Antonio Alcázar, Premio Nacional de Danza de 1992, completando así una vuelta completa al casco antiguo de una ciudad de ensueño.

* En la foto el maravilloso bailaor Fran Espinosa.

Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 12:58 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La hermandad gitana

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Festival Internacional de Música Gitana

De lo que más me impresionó cuando asistí al Festival de la asamblea gitana, además de la variedad de comunidades repartidas por todo el mundo pertenecientes al mismo pueblo, es la hermandad que une a todos ellos. Cuando salimos del Auditorio de La Chumbera, donde nos esperaba un gran cóctel, tuve la oportunidad de conocer y charlar con algunos de los asistentes. Hablando con el presidente de la agrupación gitana de Asturias me comentaba que ellos podían recorrer todo el mundo sin ningún desamparo. Todos los de su étnia, que entre ellos se reconocen con felicidad, se tratan como hermanos y abren sus puertas de par en par sin necesidad de hacer preguntas.

También me enteré de que a los gitanos españoles, hace algún tiempo, se les achacaba que no hubieran conservado el romanó (la lengua de los gitanos) y no se entendieran con foráneos. Ya llevan un tiempo cuidando este idioma y fomentándolo entre las familias. Esto es debido, me comentaba Antón Carmona, a que los gitanos de fuera no habían dejado de ser nómadas y habían seguido cultivando este lenguaje, mientras los españoles se hicieron sedentarios y no tuvieron esa necesidad.

El Festival, que formó parte del primer Congreso de Mujeres Gitanas, celebrado en Granada, los días 23, 24 y 25 de octubre de este año, que reunió a gentes de Europa, Suramérica y Asia, fue una muestra sensible del folklore de este pueblo que, como punto de unión, pueden tener la alegría y el sentido musical del ritmo.

La presentación se hizo en varios idiomas y comenzó por un texto muy aplaudido donde se reivindicaban las bondades y creencias del pueblo rom.

La representación española abrió la velada. En concreto, una representación de gitanos malagueños y granadinos, con ‘La Repompa’ a la cabeza y el flamenco, como no podía ser de otra forma, por bandera. Unos martinetes rompieron el silencio para dar paso a Alba Heredia, muy en su papel, bailando por soleares. ‘La Repompa’, con carisma y acierto, hizo lo que sabe hacer, especie de cuplé encadenado por bulerías cantado y casi recitado mientras baila. Terminan entonando el himno gitano, Gelem-gelem, por bulerías como fin de fiestas.

Finlandia reemplaza a los españoles cantando desde el patio de butacas hasta el escenario. Son la Familia Akerlund, el padre, con la guitarra, y la madre y la hija cantando, con unas voces impresionantes y un dominio de los altibajos realmente sobresaliente. Su repertorio son canciones gitanas tradicionales finlandesas muy sentidas, en gran medida coreadas por el público conocido.

A continuación, en representación de Holanda, salió una pareja perteneciente a la World Artits Iniciative ‘Khetanes’. Roger Moreno, compositor alemán mundialmente conocido, que compuso recientemente un Réquiem para las víctimas de Oslo, tocaba el acordeón (aunque también tañe con virtuosismo el violín). Piroschka Triska es una de las voces gitanas más bellas de Europa. Su repertorio igualmente consistió en un recorrido por las canciones gitanas tradicionales de Holanda y Alemania. Ella, con vestido de vuelo multicolor, apuntó varias concesiones al baile, con un agitar de hombros maravilloso y una sonrisa perfecta.

Para cerrar el encuentro, Sapera Shanti y Sageeta, dos gitanitas procedentes de Rajasthan, en La India, pusieron la guinda final, con su danza típica llena de color, vueltas sin fin y de tintineo de decenas de campanillas enroscadas en su cuerpo o en sus vestidos. No serían bailarinas de primera fila por sus silencios, titubeos e improvisaciones, pero tenían toda la gracia y la frescura del exotismo de su país, en el que podemos vislumbrar algún deje que han conservado las flamencas a través de los siglos, pues de La India proviene este pueblo. Fueron varias danzas tradicionales, con música en off. Las primeras, individualmente, la última en pareja, duplicando así su eficacia. Estas bailarinas, que danzan descalzas, son verdaderas contorsionistas. Una se quitó sendos anillos de las manos y, echándose hacia atrás, sin doblar las rodillas, los recuperó con el guiño de los ojos. La otra hizo lo propio con un billete de veinte euros, agarrándolo con la boca.

Entre medias de las hindúes, salió una espontánea de Lituania, que no estaba en el programa (“los gitanos somos así”, dijo la presentadora, de origen colombiano) que, con ayuda de un disco, cantó una bella canción de su país.

* Roger Moreno y Piroschka Triska en la foto.

Miércoles, 26 de Octubre de 2011 18:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Javier Latorre en la cima

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Premio Nacional de Danza 2011

Me alegro de que el Premio Nacional de Danza de este año haya recaído en el valenciano, afincado en Córdoba (de donde no me iré nunca, escribirá recientemente), Javier Antonio García Expósito, Javier Latorre.

Este bailaor y coreógrafo, que ha tenido como maestros a Aurora Pons, Ciro, Pilar López o Ángel Pericet, a pesar de su aparente vida desordenada, es un trabajador de la danza, dinamizador de grupos y enseñante exclusivo. Todos los bailaores jóvenes del momento, al menos todos los que tienen algo que decir, han pasado por sus manos (algunos, figuras consagradas).

Una característica notable de sus clases y cursos es que lo da todo, no se guarda nada y anima a sus alumnos a grabarlo en vídeo para poder ‘robarle’ los pasos, que él ya inventará otros.

Hace poco a Javier se le propuso, desde la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento, dotar a Córdoba de un centro formativo de primer nivel y de una compañía de danza estable, puesto en marcha en el Centro de Danza del Teatro de la Axerquía.

Ahora, el día 20 de octubre de este año, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza, que concede el Ministerio de Cultura dotado con 30.000 euros, destacando su "constante preocupación por el desarrollo de la danza en España, en especial por su contribución a la evolución de la concepción coreográfica del flamenco, que incorpora elementos de la danza española y de la danza contemporánea en una exposición creativa reconocible tanto en sus creaciones para su propia compañía, como para otros artistas".

"Estoy feliz y muy nervioso, porque son 44 años sobre los escenarios, con 47 coreografías hechas y otras veintitantas para mis compañeros, y esto es una alegría muy grande", explicó a Efe. "La crisis fuera de España no la hemos notado, pero aquí faltan teatros, escenarios y estructura donde poder mostrar las creaciones que tanto nos cuesta y que son cultura para la sociedad", terminó reivindicando. Por otro lado aseguró que las mujeres bailaoras están arrasando.

Aunque nos pase desapercibido, este galardón recae habitualmente en artistas flamencos desde que lo inauguró el bailarín y coreógrafo Antonio Gades en 1988. El pasado año lo recibió la malagueña Rocío Molina y, el anterior, Lola Greco. También han sido premiados, en el apartado de Interpretación o de Creación (las dos modalidades en las que consiste dicho premio) Javier Barón (2008), Manuela Carrasco (2007), Israel Galván (2005), Sara Baras (2003), María Pagés (2002), Eva Yerbabuena (2001), Antonio Canales (1995), Mario Maya (1992) y Cristina Hoyos (1991).

* Foto del ABC digital, edición Córdoba ©.

Martes, 25 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una presentación ajustada

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Las voces que no callaron

Como si de una estrella mediática se tratara, el teatro Isidoro Maíquez se llenó desde un primer momento para asistir y apoyar la presentación del disco-libro de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, sobre la canción flamenca republicana y comprometida antes, durante y después de franquismo.

La expectación era superlativa. Las gradas estaban llenas de políticos de izquierdas, de flamencos comprometidos, algunos de ellos participantes en el trabajo de alguna manera, como Paco Moyano, de familiares y amigos solidarios y de público en general, más o menos incondicionales del cantaor de Huétor Tájar.

La presentación sin embargo fue ajustada, se limitó a recorrer el contenido del disco, salvo la temporera y debla, con textos de Nietszche, tan emocionada del cedé. No obstante, el concierto hizo las delicias de sus seguidores. Un recital que tuvo bastante de manifiesto posicional y de vindicaciones sociales.

Algún detalle creo que formalmente no encajaba en el conjunto. Por ejemplo, el blasón de gran formato, que enmarcaba el rostro de Juan al fondo del escenario (quizá mejor la portada del libro) o su aparición estrella entre bambalinas una vez que sus músicos habían comenzado.

Abrió la noche con el mirabrás que cierra el disco, con letras de Moreno Galván y adaptación de Menese. Buen tema para romper el hielo, con problemas de megafonía (ni el cante ni el compás se oían demasiado), sólo la guitarra de Josele de la Rosa estaba realmente en su sitio. Objeciones que se solucionaron en su segunda entrega por cartageneras que introdujo un poema de Cernuda en la voz del actor Paco Algora (presente también en el disco). Continúa la noche con seguiriyas de Cádiz y los Puertos, escritas por José Heredia Maya y Francisco Moreno e interpretadas por el desaparecido Antonio Cuevas ‘El Piki’. Una nota perdida determinó los desacertados finales de algunos de los cantes, como el remate descontrolado de los tangos.

Otro recitado de Algora, con celofán en el micrófono, dio paso a la petenera de Luis Marín (y, posiblemente, de Che Guevara) que supuso, sin duda lo mejor de la noche, sin quitarle mérito al cante de las minas o a la seguiriya.

Para los fandangos del Corruco, Macandé y Vallejo, Pinilla contó con el apoyo del almeriense Pepe Villodres, que definitivamente no estaba centrado, del que me consta su buen hacer.

La insurrección de los cómicos fue otro de los poemas grandemente aplaudidos que recitó de memoria el actor invitado, al que suele recurrir a menudo, antes de dar paso a los tanguillos que, con la guasa característica, se musicaron algunas frases adaptadas de Groucho Marx, en la que hay verdaderos aciertos, pero en general suenan muy forzados.

Acaba el recital con los cantes más festeros del trabajo. Los tangos, Don Manuel, con letra de Moyano, que suenan en el disco con la guitarra de Paco Cortés, se los dedicó al mismo autor. Son reconocibles las segundas voces y los coros de Fita Heredia, Encarni Heredia y Villodres. Y al final las bulerías, que el autor llama filosofulerías, con palabras de Gregorio Marañón, Allan Poe y Franz Gillparzer, que sonaron un poco sosas.

El poeta lloro por bulerías, con su pataílla final, fue el breve fin de fiestas fuera de programa que ofreció nuestra última Lámpara Minera.

* Juan Pinilla, en una foto de archivo de su facebook.

Domingo, 23 de Octubre de 2011 12:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Circuito por las peñas andaluzas

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El miércoles por la mañana, en la peña flamenca de La Platería, se presentó el quinto Circuito Flamenco Ocho Provincias a la memoria de Enrique Morente, con presencia del Consejero de Cultura, Paulino Plata y del Presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, Diego Pérez Castillo.

Representando a la familia Morente estuvo el pintor y amigo personal Gabriel Esteve, pues ellos no asistieron "por los momentos duros que están pasando, ya que se acerca el primer aniversario de la muerte del cantaor y la fecha del juicio (por mala praxis médica)".

Actualmente existen 348 peñas en Andalucía, en pleno funcionamiento. El circuito le da cobertura a 120, con otras tantas actuaciones, que irá ampliando año tras año. De las cuales, 80 son de toque y cante y 40 de baile, cada vez más demandado. La danza flamenca no recorrerá todas las peñas porque muchas de ellas no están preparadas para dicha manifestación.

Según el consejero "las peñas tienen un papel esencial en el desarrollo y en la difusión del flamenco", a lo que añade Mª Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, que "las peñas son auténticas catedrales laicas del flamenco, universidades populares de un saber de siglos". Con este espíritu, este año, se le otorgó la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía a la Confederación de Peñas.

El pasado año, entre artistas, peñistas y aficionados en general, disfrutaron unas 11.000 personas las actuaciones que este Circuito organiza, y la cifra sigue subiendo. Los beneficiarios son muchos, pero sobre todo es de aplaudir la labor que se hace con los artistas jóvenes, con la nueva cantera de flamenco, en sus tres modalidades que, con iniciativas como esta, tienen acceso a unos escenarios y a un público privilegiados.

El presupuesto total es de 145.000 euros que van a parar a 22 peñas de Sevilla, 19 de Cádiz y Córdoba, 16 de Málaga, 15 de Jaén, 11 de Huelva y ¿por qué 9 solamente en Granada y Almería?

Como Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas de Granada y Vocal de la Confederación Andaluza, lee este blog, le animo a que nos lo explique, al igual de por qué no hay representantes granadinos que se desplacen a Sevilla ni a Cádiz ni a Huelva, y por qué se han seleccionado esas peñas en particular (las de Almuñécar, Montejícar, Gorafe, Huétor Tájar, Ogijares, Salobreña, Lentejí, Monachil e Íllora) y no las otras.

* En la foto, los componentes de la Mesa: en el centro, Paulino Plata, con el programa en las manos; a su derecha, Gabriel Esteve; a su izquierda, Diego Pérez e Isidoro.

Viernes, 21 de Octubre de 2011 18:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un disco necesario

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Las voces que no callaron

Antes de que existiera la canción protesta, antes de que se acuñara su término incluso, ya llevaban los flamencos varias generaciones, si no reivindicando sus derechos, sí denunciando su situación mediante la queja, la exaltación del dolor y las desigualdades sociales. Quizá no fueran conscientes de esto; quizá, más bien, su sentimiento no tenía una consciente función social.

Que la historia la escriben los vencedores no hay duda, y ya sabemos quien venció y revenció en España durante más de cuarenta años. Pero que la memoria la avienten también los victoriosos es algo que hay que cuestionar. Siempre hay conciencias, siempre hay espíritus, siempre hay voces que no callan denunciando las injusticias, las desigualdades.

Como es de suponer, el trabajo de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, no es un disco de cabecera, sino un documento para ser escuchado y abordado con atención. Es un disco-libro necesario, como digo. Para tener en cuenta, no esa intrahistoria que decía Unamuno, sino esa otra historia paralela y solapada que late por salir a flote, por ser conocida, para que las generaciones no conozcamos el pasado con un solo ojo.

Es un libro de urgencia, escrito con el corazón por el mismo cantaor comprometido con una izquierda militante. Como tal, no le vendría mal un repaso de estilo, pero es un buen punto de partida reivindicativo, no ya de las voces que silenciaron, sino de las vidas que sesgaron con la cárcel, el exilio y hasta con la misma muerte.

Reivindicar nombres como Miguel Molina, Canalejas de Puerto Real, Angelillo, Antonia Mercé, Sabicas y tantos otros; o, más actuales, Gerena, Morente, Gades, Menese… es una cuestión de honradez.

Es un libro inexcusable, como digo, y emotivo e inaplazable, con recuerdos conocidos, con datos olvidados con sucesos escondidos, en el que puedo destacar multitud de detalles. Pero permitidme que mencione el nombre de Juanito Valderrama como hombre de izquierdas, republicano y comprometido (en contra de lo que se ha pensado durante mucho tiempo), que ayudó tanto a los flamencos y, si le hizo el juego al régimen, fue por un espíritu parecido al que guió a Schindler en su famosa lista.

Otro punto que me entusiasma dentro de la obra es la atención prestada a los personajes granadinos como Paco Moyano, Mario Maya, Enrique Morente o el Piki o los intelectuales Pepe Heredia, José Guardia o Juan de Loxa, que colocan nuestra ciudad en medio del medio del compromiso, aunque no lo quieran.

En cuanto al disco, bellamente ilustrado por Vázquez de Sola, goza de una coherencia clarividente en la trayectoria de Juan Pinilla como cantaor expuesto y estudioso. Juan pertenece a ese grupito de cantaores que pueden musicar cualquier cosa. No como los cantaores de occidente, como Chano Lobato, que podía meter el viento de levante por bulerías, según Antonio Murciano. Sino más en la estela de Enrique, que cualquier texto se hacia canción en su oído y son en su garganta.

Consta este trabajo de nueve cantes y dos recitados muy sentidos (Emma Cohen y Francisco Algora), con tres guitarras: Rafael Rodríguez, tocaor entre otros de ‘El cabrero’, generoso en las seguiriyas; Paco Cortés, imprescindible en los tangos; y Josele de la Rosa, que está inmenso en la cartagenera, por ejemplo, y sobre todo por bulerías.

Después tenemos un nutrido de colaboradores en el compás y los jaleos (Fita Heredia, Pepe Villodres, Los Exquisitos, Luis Maya, Pepe Maya, Alberto Raya, Chiricoco y Helena Leyla) que dimensionan el trabajo hacia un reconocimiento más amable.

Las letras son importantes, de la época, reivindicativas. Letras de Galván (mirabrás), de Moyano (tangos), de Marín (peteneras), de Pepe Heredia (seguiriyas) y otras populares, que se alternan con textos de Nietzsche (debla y temporera), Allan Poe (filosofulerías), o de Groucho Marx (tanguillos). Todo compone un disco donde reconocemos claramente un autor inquieto y preocupado por la sociedad. Aunque como reconoce en los postres de su libro “nadie ha osado utilizar el flamenco para hacer política en su sentido más amplio”.

Hoy, jueves 20 de octubre, a las 21,30, se presenta este trabajo, Las voces que no callaron, en el Teatro Isidoro Maiquez de CAJAGRANADA, con la guitarra de Josele de la Rosa; a las voces y palmas Encarni Heredia, Fita Heredia y Pepe Villodres; y como artista invitado el actor Paco Algora.

Jueves, 20 de Octubre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Voz afillá

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Releo hace pocos días un reportaje que, en la revista Vivir Granada, fechada en junio de 2009, una periodista de nuestra ciudad le hace a Jaime Heredia ‘El Parrón’ tras visitar su casa en el Albaicín. Entre algunos detalles superficiales, más o menos casposos, la entrevistadora aludida hace mención a las líneas que la Guía libre del flamenco (José Manuel Gamboa, 2001) dedica a este cantaor. La autora reproduce: “Cantaor gitano de voz potente y afilá, con indiscutible eco flamenco y excelente compás, iniciado desde muy joven en las cuevas del Sacromonte” (la cursiva es mía).

O sea, la reportera en cuestión, que ha leído afillá en la versión original, ha creído que, siendo una errata de imprenta, era su deber corregirlo por el bien de la afición, sin darse cuenta que estaba diciendo exactamente lo contrario. Basta con intercambiar unas palabras con Jaime para darse cuenta que su voz no es fina ni afilada, sino todo lo contrario, broncínea y aguardentosa. Custodia de la queja y del dolor.

Afillá es esa voz ronca, rozada y recia, que poseen algunos flamencos, sobre todo gitanos, que rebuscan las entrañas. Dichas voces, o dichos intérpretes, reciben este nombre por conocerse así el timbre de 'El Fillo' (Francisco Ortega Vargas), cantaor portentoso, nacido en Puerto Real (Cádiz) en la segunda década del siglo XIX que, por lo que sabemos, destacó en muchos estilos, y como siguiriyero marcó época.

Gustavo Adolfo Bécquer, describiendo una escena Sevillana, nombra a este cantaor, tío de Tomás el Nitri (primera Llave de Oro del cante), que influyó tanto en la definición del cante de Triana.

El poeta dice así: "Sólo, lejos, se oyen, el ruido lento y acompasado de las palmas y una sola voz quejumbrosa y doliente que entona las coplas tristes o las seguiriyas del Fillo".

* Fotografía de ‘El Parrón’ en esa misma revista (autoría de Alba Muñoz©) bajo el epígrafe de Guzmán. Mi mascota y yo.

Lunes, 17 de Octubre de 2011 17:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Merece la pena

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III Festival Flamenco a beneficio de la Asociación Borderline

 

De las pocas cosas que va mereciendo la pena en este mundo enrarecido y egoísta es la preocupación por los demás. Granada es prodiga en actos solidarios y los flamencos, desinteresadamente, se hacen piña para colaborar en estos eventos. Es raro el año en que no hay siete u ocho festivales, si no más, en beneficio de ONG o de causas puntuales o en homenaje a alguien. El jueves, 6 de octubre, en el Teatro Isabel la Católica tuvo lugar el Festival Flamenco, en su tercera edición, a beneficio de la Asociación Borderline, para la integración de las personas con inteligencia límite, que tuvieron a bien contar conmigo para la presentación.

Con muy buena voluntad, la coordinadora de Borderline, organizó el festival, convocó a los flamencos y reunió en gran medida a los asistentes como público; después se dedicó a su labor de estar con los suyos en el patio de butacas. Así que, junto a la inapreciable ayuda de la regidora, Águeda, tuve que gobernar también el encuentro entre bambalinas. Lo que me impidió en gran medida estar atento a lo que se cantaba, por lo cual no haré comentario alguno en este sentido.

Lo que sí quiero mencionar brevemente fueron los participantes en este encuentro solidario y su buena voluntad, manifestando que, no por ser un acontecimiento altruista y en gran medida marginal, estuvo limitado en entrega y rigor. Al contrario, asistimos tácitamente a la exigencia de la calidad abierta de quien no se juega nada, pero el cobro espiritual es bien alto.

Dejamos a un lado el orden y la competencia y, por voluntad, cada uno aporta dos cantes (aunque alguien dijo tres y hay quien se quedó en uno. Algunos cantaores trajeron sus guitarristas, los demás cantaron con Isidoro Pérez, que llegó, para quien le hiciera falta.

Así, por orden de actuación, fue saliendo, después de un primer baile de la Escuela de Sofía, del Grupo Al-Andalus del Zaidín, Arturo Fernández, Raquel Mudarra y Tomás García, éste con un solo cante, pues andaba manifiestamente afectado de la voz.

Juanjo Garrido, salió acompañado de Ramón del Paso, tocaor que había venido a acompañar a Alicia Morales, antes de presenciar otro poquito de baile de la misma Escuela, con su directora a la cabeza.

El último bloque del Festival fue una guinda, como dijo el presentador, o sea, yo. Desde Montefrío vinieron los hermanos Jiménez, Verónica ‘La Hindú’ y Paco a la guitarra; Alicia Morales, con Ramón del Paso, fue la penúltima en actuar; y, cerró la noche, la premiada Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra.

Para terminar, la directora de Borderline y un nutrido grupo de asociados, con gran emoción, subieron al escenario para agradecer a los artistas su participación y al público su asistencia. No conozco lo recaudado de la venta de entradas, pero espero que haya sido bastante satisfactorio para mantener viva esta labor tan necesaria como cercana.

Lunes, 10 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Para tenerlo en cuenta

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Homenaje a 'Chanquete'

El lunes, como es costumbre es esta sede de la ONCE, se le hizo un distendido e íntimo homenaje a Ángel Rodríguez Fernández, conocido como 'Chanquete', cantaor aficionado asociado a esta entidad. Ángel, nacido es la costa granadina donde tuvo contacto con los viejos cantaores de la zona, se ha convertido en el mayor conocedor y quizá intérprete de los fandangos de estos lares, como el de Requeleque, a quien trató posiblemente en primera persona.

Dos amigos de su generación, Curro Andrés y Antonio ‘Triniá’, también estudiosos, también aficionados, quisieron compartir escenario con este cantaor vendedor de cupones. Un personaje no profesional, pero verdaderamente importante en nuestra tierra y en sus peñas, sobre todo en la de La Platería, de la que fue miembro de la Junta Directiva muchos años.

Como guitarras, también veteranas, arroparon el encuentro, la brillantez de Manuel Carvajal y la sabiduría de Francisco Manuel Díaz.

‘Triniá’, aunque sus facultades no son las de antes, su estilo y entrega hay que tenerlos en cuenta. Con Carvajal a la guitarra, comenzó por tientos (sin tangos) y continuó por la soleá del ‘Niño de Jun’, defendiendo, con razón, que este es un cante propio, que se puede considerar como soleá de Graná. Para terminar, nos dejó con un “rastrojo de fandangos” de tercios cortos y cerrados.

Curro Andrés, dándole aire al mismo tocaor, con ojos cerrados se acordó del maestro Manolo Caracol, haciendo un popurrí de su cante, basado en la zambra. Seguidamente abordó la bulería por soleá, uno de los palos más flamencos que existen, y terminó con el poema de Benítez Carrasco de El niño que todo lo quería ser, pasado a milongas.

Antes, sin embargo, que el homenajeado cerrara la velada, se le hizo entrega de una placa de reconocimiento y algunos otros regalos, y el niño Jesús de María, que no llega a los diez años y se pega a estos cantaores de antes, nos brindó unos tientos-tangos con sabor y promesas, mientras Francisco Manuel Díaz lo arropaba con su guitarra y Curro Andrés le hacía compás.

Chanquete, visiblemente emocionado, no encontró su mejor momento. Con Díaz a su lado hizo la soleá apolá que hacía ‘Cobitos’, que también puede considerarse de Granada. Siguió con unos abandolaos acordándose de Frasquito, como uno de sus sucesores. Este cantaor, largo en su estilo, a quien hay que tener en cuenta, cerró la noche por fandangos, como no podía ser de otra manera.

* Foto tomada de la página de La Platería dedicada a este cantaor.

Miércoles, 05 de Octubre de 2011 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La suerte de la petenera

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Entre los muchos enigmas del flamenco (recordemos que este arte no ha sido documentado, grosso modo, hasta bien avanzado el siglo XIX) se encuentra la maldición de la petenera, el mal fario, sobre todo entre el pueblo gitano.

Nadie, sin embargo, puede especificar con certeza de dónde viene esta tradición de mala suerte. En general, en los tratados e historias del flamenco no se hace mención de este aspecto y sí ampliamente del origen y la etimología. Demófilo, Ángel Caballero, Larrea, Rossi, Félix Grande, Ricardo Molina, Antonio Mairena… todos los tratadistas en general obvian este aspecto de la petenera, bien porque no le dan importancia, bien porque no lo creen de interés en el análisis del cante, la trayectoria o herencia del mismo.

Es la tradición oral (al menos por mi parte), el boca a boca lo que sustenta este cante agorero, cantado tradicionalmente por mujeres.

La historia al final, sea cual sea, adquiere tintes románticos y me parece que la mala suerte engarza más con el folklore que con la realidad.

Quizá la leyenda más extendida de la petenera sea que éste era el sobrenombre de una mujer que para vengarse de un amor perdido causaba la locura de todos los hombres que conocía, opinión sostenida por una copla popular tradicional:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía de haber puesto
la perdición de los hombres.

Juanito Valderrama, en sus memorias, da otra curiosa versión. En tiempos de la Ópera flamenca, iban en una compañía Concha Piquer, Juanita Reina y una cantaora y bailaora muy joven llamada Mari Paz.

Ésta hacía, en la obra Cancionero, el papel de la Petenera en su entierro. Así la llevaban a hombros por el escenario, mientras cantaban:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

En una representación, cuenta el cantaor jienense, “Mari Paz se puso muy mala con una cosa de pecho. Tan mala que se murió (…). Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por este mal fario”.

El otro día, sin ir más lejos, le escuché en una grabación a José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, la versión que creo más acertada por viable. Se refiere a la misma letra de la muerte de la Petenera, pero que en un principio se hablaba de la República, su término y su añoranza. La letra quedaría así:

La República se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

Por razones evidentes, quien la cantaba iba preso de inmediato. Por eso no se podía cantar. De ahí la mala suerte. La suerte de visitar el calabozo. Aunque, a decir verdad, por lo que yo conozco, no existe grabación con esta variable.

Lunes, 03 de Octubre de 2011 18:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

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Patrimonio Flamenco

Para cantar por derecho no hace falta una orquesta, basta con una guitarra que te arrope. El primer día de octubre se inauguraba el Auditorio Municipal La Chumbera (mal llamado Enrique Morente) con la actuación desgarrada de Pepe Luis Carmona ‘Habichuela’, que viene exclusivamente desde Madrid donde se halla grabando su segundo disco en solitario.

El cantaor, con la sola guitarra de Manuel Carmona, hijo del ‘Nene de Santa Fe’, se templa por soleares, acordándose en sus comienzos de Morente, cuando pone voz a unos versos de Cántico de San Juan de la Cruz. Asombrosamente, el artista de cien batallas, acude nervioso a su primera cita y ofrece una soleá desajustada antes de dejar al guitarrista solo brindándonos unas rondeñas.

El sonido es deficiente, viciado de graves, limitando el sonido de la guitarra. Con todo y con eso, sin ser un tocaor solista, sus propuestas son bastante acertadas.

Para los tangos, rematados con una especie de zambra al mismo compás, Pepe Luis está más confiado y seguro. Se los dedica a Nino y Rojas, dos amigos entre el público, y se entrega plenamente. Su voz es limitada pero su gusto plausible, y su eco flamenquísimo.

El color de la noche lo pone Raimundo Benítez bailando por seguiriyas, en las que destaca también el cante del Habichuela, aunque ni éste ni la guitarra están hechas para el baile. El bailaor granadino, con tablas y con oficio, supera esta traba y ofrece un baile redondo y completo. Su propuesta animosa y una personalidad que va cultivando ponen un sello indiscutible.

Con tres fandangos, Carmona, ya bien templado, mantiene el pabellón, para rematar el concierto por bulerías, demostrando lo que puede hacer por fiesta. Un poquito por jaleos extremeños fuera de los micrófonos, con la pataílla desenfadada de Raimundo, sirve para despedir la velada.

* Portada del primer disco de Pepe Luis Carmona, de 1998.

Domingo, 02 de Octubre de 2011 10:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El día que conocí a Mario Maya

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Tal día como hoy, el 27 de septiembre de 2008, desapareció Mario Maya, uno de los grandes de la danza española y del flamenco en particular. Era bailaor y coreógrafo, como ha habido pocos, lo que demostraba día a día con su labor creadora, que, gracias a las nuevas tecnologías, podemos comprobar cuando queramos.

Sin que yo lo supiera, leía este blog, mis críticas y opiniones sobre el flamenco. A un investigador granadino de altura indiscutible, Miguel Ángel González, le preguntó por mí y, Miguel Ángel, tan correcto, me pidió permiso para mandarle mis datos.

Como es de suponer, yo estaba encantado y, al poco, recibí en mi ordenador un correo de Mario manifestando su conformidad con mi trabajo y enriqueciendo alguna de mis ideas.

Quizá seguimos carteándonos de esa guisa año y medio o dos años, no recuerdo (por error además borré toda la carpeta de correspondencia, castigando así esa parte de mi memoria, de por sí flaca).

Vivía en Sevilla, como se sabe. Vino a Granada para ver bailar a su hija, Belén Maya (a la que admiro), en el Corral del Carbón e hizo por quedar conmigo.

Me escribió, le escribí, quedamos en la puerta de entrada al espectáculo y, cuando llegué, no me hizo ni caso. Yo lo conocía físicamente de sobra. Él no me había visto en persona en la vida. Estaba rodeado de algunos flamencos y admiradores que solía prestarle la atención justa (a veces ninguna).

Me volví a acercar y me presenté. Se alegró de conocerme y creo que excusó haberme dado de lado. Pero desde ese momento, no nos separamos en toda la noche. Vimos a Belén juntos sentados, en un sitio privilegiado; cenamos juntos con todos los músicos; nos tomamos alguna copa (no recuerdo lo que bebía, creo que ron de Motril o algo así muy particular); y quedamos en volver a vernos.

En el verano de 2008 estuvimos hablando de que fuera a Sevilla a la Bienal. Me invitaba a su espectáculo Mujeres, con tres generaciones de bailaoras, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (tenía pensado otra función, siguiendo los mismos esquemas, llamada Hombres, pero se quedó en proyecto).

Al tiempo lo llamé participándole mi imposibilidad de ir al estreno. Me dijo que no me preocupara, porque él tampoco podría asistir, que estaba en el hospital con problemillas.

No le di importancia y le dije que se mejorará. A los pocos días me enteré de su muerte.

* Foto tomada de la edición digital de El Mundo.

Martes, 27 de Septiembre de 2011 12:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La pulsión emocionada de Manolo Franco

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La Guitarra en Otoño IV

El festival de La Guitarra en Otoño, en su cuarta edición, viene tempranero y asaeteado por la crisis. De los cuatro o cinco días que ocupaba años pasados, a caballo entre septiembre y octubre, se ha reducido a un solo recital, de calidad, eso sí. La ‘crisis’ lo que menos perdona es el arte y la cultura (si es que no es lo mismo).

Manolo Franco, aunque tiene un libro que incluye un CD en solitario, llamado Aljibe (2008), no se le concibe como guitarrista de concierto, aunque la sensibilidad desatada el jueves en el patio de la Casa de los Tiros, eleva su guitarra al merecimiento de ser escuchada sin artificios.

Por otra parte, se nota y se agradece que sea un tocaor de acompañamiento; sus temas son totalmente reconocibles y llevaderos, limpios de aires foráneos y concretos en su ejecución. Para el acompañante de Calixto Sánchez la guitarra es un instrumento, y no tanto la compañera, la extensión de las manos, etc. que puede ser para muchos, y como tal sabe sacarle todo el rendimiento, pedirle fuerza y suavidad, llorar y reír con ella.

Por mineras, con concesión a la fiesta en sus postres, comienza su actuación. Su pulsión es segura, rica en arpegios, emocionada en sus notas. Saluda y continúa con un garrotín, después de haber afinado la guitarra en re. Su toque es limpio, preciso y muy flamenco, lo que demuestra con creces en la soleá, impregnada de tradición. Una de sus mejores apuestas.

En las alegrías se le ve especialmente suelto, proponiendo, como decía Paco, cositas buenas. Y, de Cádiz se va a Huelva abordando unos fandangos sin desperdicio. A punto estuve de lanzar el grito de ¡Viva Franco!, aunque se iba a malinterpretar.

En el toque que se encuentra más a gusto, reconoce, es en la bulería por soleá. Es la pieza flamenca por antonomasia, que participa tanto de una y de la otra. Aunque, a estas alturas, vemos que todos sus remates son iguales, el rasgueo de arriba abajo y de abajo arriba elevando el volumen.

Cambiando el estilo completamente, ofrece guajiras con inconfundible sabor habanero. Terminando el concierto por granaínas, confesando que es un toque que le atrae, que incluso tiene antepasados de Santa Fe. Granaínas en las que se repite, quizás añadiendo un tercio innecesario para aumentar la duración de la pieza. Echamos en falta algún bis que redondeara la velada.

* Portada del libro de Manolo Franco.

Viernes, 23 de Septiembre de 2011 09:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La crisis permanente

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III Festival Flamencos por África

Ya es habitual que se vaya constelando el calendario flamenco de Granada con citas benéficas. Raro es el año en que no contemos con cuatro, cinco o más festivales solidarios. Por tradición, el flamenco viene de las penurias de la marginalidad, de las penalidades, de la persecución. Es fácil que se vuelque por una buena causa, aunque ahora la realidad es muy distinta.

El público, que es tan importante o más, también responde. Así, que cualquier motivo es bueno para prestar ayuda, para arrimar el hombro y aportar el grano de arena que conforme la montaña.

Ayer presenciamos el tercer festival Flamencos por África a beneficio de la asociación “Calor y Café”, en el teatro Isabel La Católica con una asistencia inmejorable tanto de público como de artistas de la tierra. (El día 6 de octubre, os recuerdo, habrá otro encuentro flamenco, en el mismo escenario, para colaborar con la asociación Borderline, que trabaja para la integración de las personas con inteligencia límite.)

Como dijo Juan Pinilla al finalizar la noche, si ahora estamos en crisis en el primer mundo, en África la crisis es permanente. Pues eso.

Muchos de los flamencos repitieron, como en años anteriores, fue un reencuentro. Incluso manifestaron su deseo de participar en los próximos festivales. Tal es el caso de la academia de Miguel Medina, con Francisco Manuel Díaz a la guitarra e Iván ‘El Centenillo’ al cante, que, con tres alumnas destacadas, nos bailaron por alegrías. Después, quedándose solos cantaor y guitarrista, nos ofrecieron unos fandangos principiados por el himno de Andalucía. Seguidamente Sergio Gómez, al cante, y Kiki Corpas, a las seis cuerdas, con ayuda de dos palmeras, hicieron cantiñas, para el baile esbelto de Elena López ‘La Sensa’.

En un segundo bloque de la noche, dedicado al cante sobre todo, lo abre Curro Albayzín, acordándose de Benítez Carrasco. Ramón del Paso a la guitarra por soleares. Jesús de María es un chico muy joven (no llegará a diez años) que, de la mano de Curro, nos brindó tientos-tangos.

A continuación, la voz potente y clásica de Arturo Fernández, arropado también por Ramón, entonó unas malagueñas rematadas por fandangos de Granada. Antonio Gómez ‘El Colorao’, a continuación, con Miguel Ochando a la guitarra, ofrecieron lo que para mí fue lo mejorcito de la noche: una entregada seguiriya. Después, con la colaboración de la segunda guitarra de Álvaro Pérez ‘el Martinete’, Antonio cantó su tradicional balada Mi mama. Para terminar esta parte, Agustín Barajas nos baila por bulerías, con Sergio y Rubén Campos detrás, al cante y a la guitarra respectivamente.

Una de las voces más encomiadas del panorama local, Manuel Carmona, ‘Nene de Santa Fe’, con su hijo, del mismo nombre, a la guitarra y dos palmeros, nos hace malagueñas, rematadas con rondeñas, y el Romance de la Cautiva, de absoluto estreno.

Otro jovencísimo cantaor, Juan de Granada, arropado por Francisco Manuel Díaz, propone bulerías y después un fandango, y Tomás García, también dentro de los cadetes, hace tientos-tangos, en los que no puede negar ser alumno de David Sorroche. Álvaro Pérez ‘el Martinete’ le acompaña con la guitarra. Entre los dos no llegan a treinta años.

El veterano Curro Andrés, con Ochando a su lado, hace un recorrido por algunas de las zambras de Manolo Caracol. Remedando al maestro pero afinado.

Ray Benítez cierra el tercer bloque bailando una equilibrada y preciosista farruca, en la que se acuerda de Antonio, de Mario Maya y de Manolete, mientras Sergio, al cante, y Rubén, a la guitarra, le interpretan una farruca de Miguel Poveda.

Para terminar el festival, se contempla una cuarta parte que abre Ana Mochón que, entregada y segura de sí misma, con Antonio ‘La Luz’ a la guitarra, aborda la caña, que la principia con una soleá, a la manera de Diego Clavel, con letra del guitarrero Rafael Moreno. Remata agradablemente por tangos del Camino.

Sergio Gómez ‘el Colorao’, por fin cantando adelante, acompañado de Rubén Campos, se va por levante, antes de darle paso a Juan Pinilla, con Josele de la Rosa como músico, que hace un magnífico revuelto con las cartageneras que acaba de grabar en su último disco, Las voces que no callaron, un poquito de abandolaos por Málaga y un remate por bulerías, que fueron cuplé a los postres, en los que se dio su pataílla, suelta y graciosa.

Juan Antonio Ibáñez, certero y profesional, ofició de maestro de ceremonias.

Jueves, 22 de Septiembre de 2011 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor recuerdo

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II Memorial Manuel Cano

No todos los festivales “en memoria de” cuentan con la mejor apuesta para el recuerdo. En este segundo Memorial, igual que para el primero, que se homenajea al compositor y concertista de guitarra Manuel Cano, como abanderado, y cabeza de cartel permanente, participa su hijo José Manuel Cano Tamayo, heredero en la sensibilidad, en el preciosismo y en esa manera clásica de interpretar la guitarra flamenca.

Para este concierto, desarrollado durante la noche del sábado en el espacio singular del Palacio de Quinta Alegre, José Manuel, para la segunda parte contó con la voz musical y clara de Esther Crisol.

En primer lugar, en solitario, el guitarrista granadino interpretó una taranta, dedicada a su amigo Miguel Suárez, que tiene bastante de tradicional, aunque con toques contemporáneos, como esa aceleración a los postres que la acerca a la fiesta. Y continuó con una excelente seguiriya de su progenitor, con arreglos propios, antes de llamar a la cantaora a su lado.

Como digo, en la segunda parte, bastante más extensa, Cano ilustró su guitarra con la dimensión efectiva del cante. Esther Crisol, con la voz menos grave que de costumbre y algo rozada, expuso para empezar una farruca elemental. Algo nerviosa y contenida, anunció soleá apolá, que fue de Cobitos, de Morente y de Antonio ‘el de Alhendín’, diciendo que es el palo que más le gustaba. Aunque, para ser el estilo en que se sentía más cómoda, posiblemente fue la peor entrega de la noche, a pesar de estar bien arropada.

En la granaína se acordó de Chacón. Fue dulce y modulada, aunque seguía sin soltarse. Las guajiras tenían una sorpresa, y es que en su mitad llevaba el romance popular de Los peregrinitos, rescatado en el cancionero de García Lorca.

El toque por bulerías de José Manuel Cano, permitidme que lo diga, ya es antológico. El soniquete que expone, la redondez rítmica y el concepto musical, es para tenerlo en cuenta. Esther estuvo a la altura. Grande fue cuando recordó a Luis de la Pica, posiblemente a través de Marina Heredia. Tocó Extremadura y terminó por Triana.

En los tientos-tangos también le hizo un guiño a la Niña de los Peines y otro a Morente y a Carmen Linares. Tanto para los tangos como para las bulerías se echó de menos un poquito de compás.

Finalizó el recital con la bella copla Una Cantaora de La Lola se va a los Puertos, esa obra flamenquísima que escribieron los hermanos Machado y han popularizado desde Juanita Reina hasta Rocío Jurado.

Una reflexión final me queda por añadir. Cuando los asistentes son respetuosos, como acostumbran en el flamenco, a pesar de ser gratuito; cuando el recital es de lujo; cuando el sonido, salvo ligeros pitidos, es más que correcto; ¿por qué los técnicos tienen que hablar continuamente, ninguneando a los artistas y a su público, con la excusa de que tienen que controlar no sé qué?

Lunes, 19 de Septiembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ruido en el ruedo

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XXII Noche Flamenca A. VV. Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro

En memoria de Manuel Conde

Lo que más destacó en este festival de barrio, lamentablemente, fue el sonido. Había altibajos, las guitarras y el zapateado sonaban a lata, la voz mal cuidada, los altavoces cascados… Un desastre. Aunque suele ocurrir todos los años, pero nunca con tanta insistencia.

Hay que destacar, por otro lado, la entrega de los flamencos que, aún sufriendo estas adversidades, se entregaron plenamente y, filtrando las desavenencias, nos dejaron cositas admirables, a pesar de que la mayoría eran artistas noveles.

El Festival estuvo dedicado a Manuel Conde, cantaor aficionado, vecino de la plaza, desaparecido recientemente, que todos los años intervenía en este escenario, con su cante añejo y su memoria de pizarra. El acierto de una gran pancarta, con su foto y su recuerdo, manifestaba su memoria.

También hay que destacar en esta noche su dinamicidad y eficacia, fruto de los veintidós años que lleva funcionando con motivo de las fiestas de las avenidas próximas (Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro).

Almudena Romero, con un baile redondo y comprometido, abrió la velada por tangos, mientras le arropaban Vicente Márquez ‘Tente’ a la guitarra, Sonia Leyva al cante e Iván ‘El Centenillo’ y Josele de la Rosa a las palmas.

A continuación, la cantaora de edad María Jiménez, también vecina del barrio, hizo milongas, colombianas y fandangos, con buen trasfondo, a pesar de no saber coordinarse con la guitarra ni estar familiarizada con el micrófono. En un cuartito se le apreciaría el sabor a esta señora.

Las dos veces que he visto a Sonia Leyva tenía la voz tomada (espero que no sea patológico). De todas formas modula y pone gran interés en los resultados. Con la sabia guitarra de ‘Tente’, que cada vez está más hecho al acompañamiento, empezó cantando por tientos-tangos, muy a la manera de Carmen Linares, que es como acordarse de la De los Peines, y terminó por granaínas.

Para mí, la sorpresa de la noche, cuando sentí de veras los desaguisados del sonido, fue con la intervención de la joven y, para mí desconocida, Eva Romo que, con una buena voz y dominando los altibajos hizo farruca, tangos, taranta de Linares y bulerías, con la guitarra precisa, aunque turbia (posiblemente por el equipo) de José María Ortiz.

Otro poquito de baile por alegrías de Almudena Romero sirvió para dar paso al cabeza del cartel de la noche. Antonio Fernández dominó en soleá y en la malagueña de la Peñaranda, rematada con fandangos de Pérez de Guzmán y jabera. Continuó, con su voz de falsete, haciendo los tangos de Morente El lenguaje de las flores y terminó la noche por fandangos naturales.

* Manuel Conde, con Jose María Ortiz, en uno de los festivales pasados.

Viernes, 16 de Septiembre de 2011 11:37 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Historia de un garrotín

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Este año, para el FEX, como sabéis, organicé, encargado por el Festival de Música y Danza de Granada, a través de Open Cultura y en nombre de la Asociación del Diente de Oro, unos recitales de flamenco y poesía, en los cuales, repartidos en tres días, tuve que coordinar a unas cuarenta almas sensibles, de varias disciplinas.

La verdad, no sé como llegue a buen fin, con un resultado más que notable (la memoria de los cientos de espectadores así lo avalan). Digo que el éxito final me sorprendió, pues soy de carácter anárquico e informal para el papeleo. Le estaré rosendamente agradecido a los participantes en dicho evento, sus ganas de colaborar y la empatía que tuvieron con el proyecto desde un principio.

Para el día 8 de julio, después de la repartición de poetas, intérpretes y momentos, le mandé a la cantaora Mati Gómez un racimo de letrillas por tangos (algunas escritas para la ocasión). Después de varios intercambios de correos, me dijo que había escogido tres estrofas, pero que a ella le encajaban no por tangos sino como garrotín.

Me pareció maravilloso, entendiendo que las letras son versátiles, incluso lo que unos cantan de una forma, otros le cambian el estilo. A veces lo que determina el palo es la intención, lo que dicen las frases.

Mati escogió: Yo no salgo de mi casa / que estamos en primavera, / que la sangre no descansa / y mi niña no se entera. // No te asomes la ventana / sin sombrero ni paraguas / vaya a darte la solana. // La botella está vacía / encimita de la mesa, / ya no queda ni una gota, / voy a cumplir mi promesa. ///

Para interpretarlas, sin embargo, le faltaba un verso en la segunda estrofa (pues en los tangos se admiten tercetos con toda naturalidad). Ella le añadió: y en esa tu linda cara, tal y como se cantó, que quedó estupendamente (al final pongo el enlace de la actuación).

El problema, a la larga, fue mío, por una cuestión estética sobre todo. Yo había rimado ABAB y Mati proponía en la segunda estrofa ABAA. Todo es válido. Y, así, ha seguido cantándolo en varias funciones que después ha tenido, con la inapreciable guitarra de Rafa Soler.

Al tiempo, orgulloso de que abrazara mis letras en su repertorio, le envié un posible cuarto verso para esa estrofa, cambiando el orden del segundo. Aunque el poema ha alzado el vuelo y ya no me pertenece. También le mandé una cuarta letrilla por si quería alargar el garrotín en algún momento. Así, toda la canción, según mi propuesta quedaría:

Yo no salgo de mi casa
que estamos en primavera,
que la sangre no descansa
y mi niña no se entera.

No te asomes la ventana
sin paraguas ni sombrero
vaya a darte la solana
y que se te rice el pelo.

La botella está vacía
encimita de la mesa,
ya no queda ni una gota,
voy a cumplir mi promesa.

Estoy tan acostumbrao,
morena tú bien lo sabes,
caminar siempre a tu lao
recorriendo to’ las calles.

Os dejo una de las grabaciones de ese día. Aunque me consta que hay más en la red: http://www.youtube.com/watch?v=bvbeuq73618

* Foto del día de la actuación

Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo corazón

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I Festival de las Cuevas

Javier Martos goza de un baile más reposado, más repensado, más clásico, más racional, que quizá carezca de picardía y despeine. Con un buen cuadro detrás (Manuel Heredia y Sergio Gómez ‘El Colorao’ al cante, Rubén Campos a la guitarra y Miguel ‘El Cheyenne’ a la percusión), este bailaor, granadino de adopción, cerró el jueves el Primer Festival de las Cuevas, que organiza la escuela Carmen de las Cuevas, en colaboración con el Museo Cuevas del Sacromonte, donde tuvo lugar dicho encuentro.

Un espectáculo intimista y reflexivo nos saluda, donde la prioridad, más que arabescos virtuosos, estriba en volver las cartas sobre el tapete e indicar la senda que ha de seguir, reconociendo a sus maestros.

La guitarra comienza a tañer por farrucas, a la que se incorpora Javier, esbelto y moderado, y después Sergio, que apunta la letra, para desaparecer, dejando solos al baile y la guitarra, donde el baile hombruno se hace redondo y delicado sin perder su esencia.

Todos los componentes a continuación, capitaneados por Manuel, hacen unos tangos, llamados Camarón, tomando sus letras como explícito homenaje.

Martos vuelve a aparecer por soleares con movimientos muy redondos y armónicos, algo encorsetados hasta que se suelta por bulerías, que tocan el cuplé a sus postres.

La segunda parte comienza con unas personalísimas cantiñas, sin guitarra, sólo compás, que Javier aborda con un arriesgado traje rojo, como su propuesta, para pasar a un solo de guitarra por tarantas y tangos, donde Rubén hace un anticipo del disco que tiene en proyecto.

Acaba el espectáculo con unos tanguillos muy granaínos (por el tratamiento de las letras ante todo), donde Sergio, con una versos originales, va presentando al equipo, para pasar a la “Cazuela” que popularizó Chano Lobato. El bailaor de Reus, con bastón y sombrero, se identifica plenamente con la sal de esta pieza sin desperdicio.

Todavía, con gran respeto, podemos ver un homenaje que le hace Javier Martos a Víctor Quero ‘El Charico’, en forma de vídeo lateral por seguiriyas. Lamentablemente, este cantaor, que posiblemente estaba llamado a ser el mejor de España, desapareció joven.

Un fin de fiestas por bulerías, donde cada uno sin excepción dio su pataílla, termina dejándonos buen sabor de boca.

* Foto de Juan Güeto©.

Domingo, 11 de Septiembre de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una zambra particular

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I Festival de las Cuevas

A estas alturas no creo indispensable hablar del baile decidido de Ana Calí. Muchos años lleva perfeccionando esta bailaora su sentido del compás, la implicación efectiva de todo su cuerpo, la limpieza en sus pies y, en definitiva, su flamencura. Igualmente ha ido depurando una imagen muy particular, muy arraigada en la tradición de su tierra, pero al mismo tiempo con un punto contemporáneo fuera de dudas. La elección de su vestuario, sus caracolillos y el floripondio en lo alto de la cabeza, hacen que veamos en ella la raíz, el Sacromonte y la cueva, aunque en ellos no estemos.

El caso, sin embargo, no fue ese, sino todo lo contrario. El martes bailó en pleno barrio de los gitanos de Granada y rodeada de cuevas, con un espectáculo propio y a medida. La inteligencia se destila en éste De cobre y lunares, una granaína bailando por Graná, recreando una zambra para un solo actor, con las desventajas y los ventajas que ello tiene. El espíritu coral, por ejemplo, que esta fiesta rezuma, no existe, sin embargo, la distracción en el conjunto, los altibajos de los danzantes, la repetición cansina de un baile rutinario, el encorsetamiento en los mismos cánones… no los vemos. Por otro lado, nos ahorramos el explícito casamiento que a veces resulta casposo y forzado en este ceremonial de la boda gitana, como es la zambra. Y, agárrense, prescindimos de la “danza del vientre” o de alguna otra concesión oriental que algunas zambras se han obligado a ofertar como símbolo exótico del origen arabesco de esta fiesta.

De cobre y lunares, como reza su presentación, nos roba el tiempo, para trasladarnos a esas postales, ilustrándolas con algunos de aquellos bailes… De hecho, el espectáculo comienza con una secuencia de vídeo que, con grabaciones y fotografías de época, ilustran el espíritu de la obra que vamos a ver. Un buen intento que quizá esté de más y lo suyo hubiera sido incorporarlo como trasfondo callado al baile mismo, que Ana comienza con una cachucha introduciéndonos de lleno en el corazón sacromontano, que pasan a ser tangos de la tierra como gran exponente de nuestra identidad, integrando las aportaciones morentianas como parte inseparable y enriquecedora de ese toque tan moruno. La guitarra de Alfredo Mesa es limpia y pinturera.

Seguidamente, la granaína, aunque nacida en Jerez, es cante obligado en nuestra tierra. Cante que aborda con paladar y conocimiento Sergio Gómez ‘El Colorao’ con la guitarra de Alfredo. La soleá y las bulerías también son morentianas, que Ana aborda de negro con una complicidad, entrega y familiaridad encomiables. La bailaora se siente en casa y con su gente. Se siente a gusto y con una soltura poco común durante un estreno como el que nos toca.

La segunda parte comienza con la zambra, propiamente dicha, de comienzo y un remate caracolero (La Salvaora) y un cuerpo que se asoma a los tangos del lugar. Baile que ya vimos, creo que por primera vez, en la peña de Cúllar el año pasado y que le sienta tan bien a esta bailaora. Calí, con vestido rojo de corte oriental, con adornos sonoros y delantal blanco, borda un baile que puede ser la piedra angular de todo el espectáculo.

Iván ‘El Centenillo’, como segundo cantaor, interpreta, con toda la gracia que ellos tienen, los casi olvidados tangos del Petaco, antes de pasar a los fandangos de Granada, tal y como los hacía Frasquito y terminar por cantiñas, un cante de Cádiz que se ha instalado con todas las de la ley, por sus aires de fiesta y su bondad bailaora, entre nuestras artistas.

Como bis programado, para no perder la perspectiva, con una pincelada, Ana nos muestra la pícara mosca, dejándonos el regusto montuno, que es de lo que se trata.

Una buena obra, en definitiva, totalmente exportable, dándole un buen repaso de lija, en cuanto a la coordinación de todo el cuadro, la puesta en escena, la dinamicidad del conjunto o el ensayo general.

* Foto de Juan Güeto©.

Jueves, 08 de Septiembre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un festival de masas

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32 Festival Flamenco de Ogíjares

Al final, como todos los años, acudí a esta cita multitudinaria en la población de Ogíjares. Es un Festival con solera, que, a lo largo de 32 años, ha visto desfilar por su escenario lo más granado del panorama nacional. Y, aunque ha tenido unos años de bajón, por cuestiones políticas, su llamada es imprescindible, entre otras cosas porque es uno de los encuentros más flamencos que se dan en nuestras tierras.

No sé si por su fama, por su cercanía o por su fecha, a principios de septiembre, que allí nos vemos gran parte de los flamencos y aficionados de toda la provincia de Granada, y aun de otras ciudades.

No obstante, su duración extrema, el cansancio acumulado y el frío imperioso, que distingue a este festival a partir de media noche, me impulsaron a abandonar el recinto en su mitad, perdiéndome a mi pesar el baile de Susana Lupiañez ‘La Lupi’, la actuación emblemática de Miguel Flores ‘Capullo de Jerez’ y, ¡ay!, el magisterio puro del marginado Manuel Carmona ‘Nene De Santa Fe’, aunque viniera acompañado de su hijo a la guitarra.

Organizado, desde sus comienzos, por la peña local ‘Eva Yerbabuena’ y apoyados por el Ayuntamiento de Ogíjares, el Parque de San Sebastián, donde se celebra dicho evento, acogió cerca de 3.000 espectadores atraídos por el cartel, en el que destacan ‘El Capullo’, mencionado más arriba, que con su cante particular tiene verdaderos adeptos, y con el compromiso independiente de ‘El Cabrero’, que mueve conciencias.

El primero en subir al escenario fue el cordobés, de Villa del Río, Antonio Haya ‘El Jaro’, ganador del III Concurso de Cante para Artistas Jóvenes de Ogíjares, que comenzó con soleá por bulerías y con granaínas, acompañadas de un ineficaz toque de piano y de una forzada percusión, para terminar, algo descafeinado, acordándose de Enrique Morente en los tangos e interpretando La Estrella, que ahora más que nunca haría falta que nos guiara.

Desde este primer comienzo nos dimos cuenta de las limitaciones del sonido. Algo que, en general, ocurre todos los años, a pesar del buen equipo, me consta, con que cuenta este festival.

María Toledo, en segundo lugar, contó con la guitarra exclusiva de Paco Cortés, uno de los mejores guitarristas de acompañamiento de la actualidad. María, con un deje demasiado castellano, se templa por seguiriyas, acordándose en primer lugar del Reniego de mi sino de Antonio Cagancho. Continúa por cantiñas con su presencia aplomada, para pasar a una soleá, acompañada por ella misma al piano, que supuso quizá lo mejor de su entrega. Continuó por tangos, con un excelente soniquete del mayor de los Cortés a su lado, y acabó por bulerías, recogiendo alguna letrilla de Carlos Cano a los postres.

José Domínguez ‘El Cabrero’, que llegó en tren desde Sevilla, arrasó con su presencia, cantando con valentía y gracia letras que le preocupan y que sus seguidores, verdadera legión, agradecen.

El Cabrero se ha constituido en poeta del pueblo y, pese a sus limitaciones, es un artista único y reverenciado. El mérito, sin embargo, lo tiene su guitarrista, Rafael Rodríguez, que tiene que seguirle en sus particularidades.

El cantaor sevillano, que venía de ordeñar cabras, fue generoso hasta el límite. Estuvo en escena casi una hora y, si no es porque aún quedaba la segunda parte, habría cantado un poco más (yo no tengo prisa, decía).

Comenzó por serranas, un bello cante telúrico que por desgracia se canta poco, y continuó con Pastor de nubes, tema que abre su último disco, con aires de sevillanas a la manera de Calixto, y rematados por fiesta. Continúa con una soleá y una seguiriya, para exponer su primer ramillete de fandangos comprometidos y declarando que: voy a ser niño hasta que me muera, como diciendo que los niños dicen la verdad, al menos su verdad.

Voy a cantarles una mariana, sin trololó, dijo seguidamente; para continuar con Si se calla el cantor calla la vida, un popular tema del argentino Horacio Guarany, versionado por bulerías; y acabar su parte oficial por fandangos, con algún lapsus de memoria.

Y, a partir de ahora comienzan los bises, que casi doblaron su concierto. Empieza (reempieza) con el imprescindible Luz de luna, peticionado repetidamente por el público. Continúa con fandangos, que introduce por Huelva y acaba con más fandangos, que arroja como verdades, en las que no deja títere con cabeza.

* Foto: Antonia Ortega©.

Martes, 06 de Septiembre de 2011 13:12 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Salud docente

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I Festival de las Cuevas

Visto lo visto, me quedo con el espíritu de los maestros de Granada. El primer día de septiembre, el equipo docente del Carmen de las Cuevas (escuela internacional de flamenco) nos ofreció en el Museo Cuevas del Sacromonte una muestra de su buen hacer para inaugurar el curso, a la que denominaron I Festival de las Cuevas.

Otros años hemos tenido una exposición parecida contando también con algunos alumnos aventajados, pero es la primera vez que se oferta en modo de festival de maestros con intención de perdurar. Dicho programa continuará el martes 6, con Ana Calí presentando De cobre y lunares; y el jueves 8, con Javier Martos que estrenará su Amalgama.

Es un concepto genérico de espectáculo en el que se pretende abarcar someramente el compendio de los conocimientos de sus actuantes para sus alumnos, pasados, presentes y futuros, para sus seguidores y para ellos mismos, hallando en estos días la posibilidad de interactuar juntos y sacar de ellos parte de sus conocimientos y futuras enseñanzas. Pero sobre todo es una fiesta, un motivo para quedar y verse con los amigos, una excusa para disfrutar desenfadados y compartir su sentido artístico.

El recinto del Museo estaba lleno hasta la bandera. Hubo incluso gente que se tuvo que dar la vuelta después de haber subido al lugar (un paseo verdaderamente cansado). En todo el verano no ha habido día con tal asistencia, aunque algunas veladas lo merecían.

Es digno de aplauso, entre los bailaores, la grata expresión del rostro. Ya he denunciado, en varios escritos, la tendencia generalizada de bailar con la boca o la falta de expresividad que le resta valor al conjunto. El baile es un compendio de todo el ser. A un individuo le tienen que bailar desde la punta de los pies hasta el cabello, pasando por los hombros, la cintura o las muñecas. Pero sobremanera le tiene que acompañar la faz, estar alegre en las alegrías y circunspecto en las seguiriyas, elegante en las farrucas y seductor en los tangos. Una cara distendida, no solo es el reflejo del alma, sino también la enseña de la identidad bailaora.

La riqueza, por otro lado, del cuadro de atrás, que arropa taxativamente al cuerpo de baile, es digno de admiración. Por un lado, las voces tan especiales y distintas de la armonía de Sergio Gómez ‘El Colorao’ y de la potencia de Manuel Heredia; y, por otro, las guitarras precisas de Jorge ‘El Pisao’, Rubén Campos y Luis de Melchor. Haciendo compás estuvo Javier Martos que, me imagino, no quiso bailar, pues tiene un día para él sólo.

Un taconeo al principio, de suave y agradecida coreografía, sirvió para presentar a los actuantes de la velada, en la que los bailaores iban abandonando escalonadamente el escenario hasta dejar sola a Estefanía Martínez (la única que no iba vestida de negro) para ofrecernos una seguiriya, precedida de toná, con un especial gracejo y entrega.

Judith Cabrera, vestida en crudo, con abanico vivificador, sedujo con sus paseos por guajiras, antes de dejar a los guitarristas solos para interpretar, correcta y atrevidamente, la rumba Entre dos aguas del maestro Lucía.

La farruca fue una dedicación especial a un gran hombre, Juanillo Heredia, tristemente recién desaparecido. Manuel Heredia estuvo sembrado en una voz rebosante de sentimiento y Raimundo Benítez mostró una vez más su personalidad y elegancia.

Pilar Fajardo reivindicó su tierra haciendo alegrías, con concesiones a las cantiñas y aires de Arcos. Es un palo que la algecireña domina y entiende de modo ancestral, en el que trasmite sabor y complicidad. Y Mari Carmen guerrero impuso su presencia y su clasicismo en los tientos-tangos, mientras su hija le hacía compás. Es raro ver este cambio de papeles, tan eficaz por otro lado, de Patricia Guerrero acompañando a las palmas a su madre y no al revés. Además de acordarse de Morente, fue memorable el remate de los tangos a dos voces.

Para terminar, precediendo la pataílla final por bulerías de todos los participantes, Estefanía, Judith y Pilar, nos regalaron una pinceladita por malagueñas y abandolaos.

* Algunos profesores del Carmen de las Cuevas con Cristina Hoyos.

Lunes, 05 de Septiembre de 2011 16:46 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Llave de Oro del cante

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Entre amigos

El miércoles, 30 de agosto, penúltimo día que el Museo Cuevas del Sacromonte le dedicaba a Enrique Morente, consistió en una especie de mesa redonda en la que algunos de sus amigos, capitaneados por Francisco Manuel Díaz, compartieron varias de sus experiencias con el maestro desaparecido. Completaba la escena, aparte del mencionado tocaor y guitarrero, Juan Mesas, promotor musical, Juan Antonio Ibáñez, periodista y directivo de la Asociación de la Prensa de Granada y los cantaores y grandes aficionados Curro Andrés y Antonio Gallegos. La charla estuvo moderada por el cantaor e investigador flamenco Juan Pinilla.

Destaco de esa velada el sentimiento de respeto hacia el artista y el amor hacia la persona, que para alguno de los presentes estaba por encima del creador. Cada uno, con más o menos acierto, comentó el día en que conoció a Enrique, su visión personal sobre el amigo y alguna anécdota compartida, entre las ciento que tendrían en la memoria.

Una aproximación interesante, pero limitada en todo caso. Los ponentes dejaron el acto en manos del azar y el sentimiento. Una improvisación que tan sólo mojó los labios, aparte del interés de los participantes y del esfuerzo dinamizador del moderador.

Relució en definitiva lo que todos sabemos: la genialidad creativa de uno de los flamencos más grandes que han existido, su humildad, su bondad, su grandeza como persona, su socarronería y su humor desmedido rayano en la ocurrencia filosa.

La noche se completó, como no podía ser de otra forma, con flamenco, recordando los cantes de Morente (los que no lo hicieron así, seguramente se equivocaron). Para tal manifestación se contó con un grupo de jóvenes flamencos de la tierra que, en gran medida, ni habían tratado a Enrique.

Al baile, abriendo la primera y la segunda parte, tuvimos a Ana Calí, con Sergio Gómez, al cante, y Alfredo Mesa, a la guitarra. Después intervinieron los más jóvenes (15 años), Tomás García, al cante, y Álvaro Pérez, a la guitarra, el cual terminó tocando una rondeña en solitario. A continuación, Sonia Leiva subió al escenario, acompañada por la guitarra de Francisco Manuel Díaz. Y, cerró la noche, Ana Mochón con la guitarra de Antonio la Luz.

El periodista Ibáñez, después de su intervención, para cerrar la actuación de la mesa, leyó un escrito sobre la persona de Morente y su calidad artística y terminó pidiendo para este eterno granadino la Llave de Oro del cante.

Hasta ahora existen cinco llaves (casi todas ellas con polémica): ‘El Nitri’, Vallejo, Mairena, Camarón y Fosforito. Es un tema delicado, entre otras cosas porque no depende exclusivamente de nadie y por su relatividad. Opiniones hay y las habrá, a favor o en contra. La propuesta, no obstante, fue hecha, de la cual, como cronista oficioso, doy fe.

Quiero acabar, sin embargo, reproduciendo la opinión de Juanito Valderrama, gran cantaor y enciclopedista del flamenco, que creo interesante: El cante no tiene llaves, como tampoco las tiene el campo. La primera llave se la dieron seis amigos en Málaga a Tomás el Nitri, gaditano, nacido en Arcos y criado en El Puerto. La otra llave, la última se le dieron a Antonio Mairena, en Córdoba, por mediación de Ricardo Molina. Si le han dado la Llave del Cante a Camarón después de muerto hay que dársela también a don Antonio Chacón, a Manuel Torre, a Manolo Caracol, a la Niña de los Peines y a Marchena. Pero yo no creo en la Llave, ni le he dado nunca gran importancia. La Llave la dan una docena de hombres y eso para mí tienen poca importancia, la Llave tenía que darla el pueblo, que es soberano y no se equivoca. Además, el cante no tiene llaves y el libro del gusto está en blanco

El público, pienso que de todo el mundo, tiene la palabra.

* Foto de Juan Güeto©.

Sábado, 03 de Septiembre de 2011 18:36 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Como los cantos rodados

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Lorca y el Generalife

Federico según Lorca

Ya comenté el día del estreno (12 de julio) este espectáculo con detalle. Ahora tan sólo me anima, como comenté en aquella ocasión, vislumbrar el resultado evolutivo de dicho montaje en el día de su clausura (27 de agosto).

El balance es positivo y, como llegué a prever, no me defraudo. Aunque debo decir que una segunda lectura siempre es más asequible que la primera. En general Federico según Lorca ganó en dinamicidad, aunque venía durando lo mismo (cerca de dos horas). Algunas aristas se limaron y, como los cantos rodados de un río, se fueron redondeando algunas cuestiones que resultaban estridentes.

Hay que aplaudir, por otro lado, el baile del cuerpo, tanto masculino (Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez y Alejandro Rodríguez) como femenino (Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno). Un baile más maduro y asentado que la simple repetición le llegó como la vaselina. Los músicos, Paco Jarana y Manuel de la Luz, a la guitarra, Enrique 'el Extremeño', José Valencia y Pepe de Pura y Manuel José Muñoz 'Pájaro' y Raúl Domínguez a la percusión, en plena forma, como en un principio. Debo repetir, en este sentido, que el tratamiento musical de la obra puede considerarse exquisito.

El simbolismo críptico, la visión tan personal de Eva Yerbabuena se va aclarando y las claves ocultas en gran medida se dilucidan. El escenario ya no es un laberinto sin una Ariadna que nos indique el camino.

El muro central, sin embargo, sigue pesando mucho. Se come cualquier otro motivo, entre otras cosas la proyección de vídeo de fondo que a veces resulta inútil (maravilloso cuando las imágenes se proyectan sobre dicho paredón). Este muro cobra una vida que al principio no la tuvo (o no fue tan evidente) y comienza a interactuar con la escena y a cobrar una vida propia que le sienta muy bien.

El baile de Eva, como siempre, tan eficaz como esperado, se deja sentir en el garrotín, en la vidalita y sobre todo en la soleá, llamada Del negro al negro, (no se puede bailar mejor). Sus coreografías también son dignas de admiración. El horror vacui, la ausencia de silencios, son inexplicables. Siempre hay movimiento, que no es unísono sino complementario.

El universo lorquiano sigue estando reflejado perfectamente: la marginalidad, el miedo a la otredad, el oscurantismo, el canto, sin embargo, de esperanza… No obstante, hay algo que re-mata el conjunto, que al principio no supe como tomar. Ahora ya estoy seguro de que el gigantón sobra.  El muñecote con el que Eva danza El pequeño vals, como homenaje a Morente, y que después recoge a todos los bailaores en un abrazo final, mientras Pepe de Pura entona una bella serrana, me parece definitivamente ridículo, además de antiestético.

Esperemos que estas reflexiones no caigan en saco roto y que la inteligencia de esta bailaora, si es que las lee, las tome en consideración, aunque sean, ya os digo, apreciaciones muy personales.

* Cartel del espectáculo.

Viernes, 02 de Septiembre de 2011 17:19 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un Bordón para Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. La guitarra toca a Morente

Como estuve invitado en el Festival de Almería no pude asistir el día 23 al Museo Cuevas del Sacromonte, donde actuaron Pepe  Habichuela y Josemi Carmona que, según dicen, fue un gran recital. No lo dudo. Lo que sí presencié con satisfacción, dos días más tarde, fue el torbellino de Juan Habichuela Jr. en ese mismo escenario. El nieto del patriarca Juan Habichuela, uno de los mejores guitarras de acompañamiento que han existido, recién galardonado con el ‘Bordón minero’ en el festival de La Unión, quiso hilvanar un recital de homenaje a Enrique Morente, no sólo interpretando sus temas, sino cantando literalmente con su guitarra como lo hubiera hecho el maestro.

La primera parte fue más íntima. Juan, solo, con la sonanta, expuso algunas de sus nuevas composiciones. Empezó por rondeñas, en las que se acordó de los grandes, como el imprescindible Ramón Montoya. El toque del joven Habichuela siempre ha gozado de una velocidad de vértigo, del rasgueo y de los silencios propios de su familia, de una limpieza admirable, de una creatividad versátil, de una frescura manifiesta y de una flamencura indiscutible. No obstante, si es que esto es posible, Juan se va refinando con el tiempo.

Una taranta, de las que duelen, y una soleá, con profusión de tonalidades bajas y uso del bordón, culminaron esta apuesta solista, para terminar la primera parte con su grupo interpretando una de las últimas bulerías de Morente, si no la última, la preciosista Adiós Málaga, cercana al jaleo.

El segundo pase, dedicado en exclusiva a Enrique, contó con todos sus compañeros, Diego ‘el Coty’ como segunda guitarra, Benjamín Santiago ‘El Moreno’ a la percusión y Alberto Raya al piano, que si bien restaban atención, contribuían notablemente en la base melódica de las piezas. Quizás el yembe (tambor de origen africano) se imponía demasiado.

Comenzó esta última parte por la zambra Aunque es de noche, grabado por Enrique en su disco Cruz y Luna en 1983. Le siguieron unos tangos que nos hacían rememorar un popurrí de letras morentianas, desde el disco Sacromonte hasta los sueños de La Alhambra. El soniquete por tangos en una guitarra de Granada es único e impresionante. Juan continuó por alegrías, haciendo los semitonos y los mismos requiebros de la voz, para terminar con la balada De mi rosa, dedicada al Ronco del Albaicín con concesiones a la fiesta.

Como bis programado, abordaron La Estrella, que lejos de ser un tema recurrente para la ocasión, puedo afirmar que Juan Habichuela lo tenía montado hace más de un año.

* Foto de Juan Güeto©.

Lunes, 29 de Agosto de 2011 17:10 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Noche gitana en Almería

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Si en la primera jornada del Festival de Almería, con Estrella Morente, tuvimos un flamenco más melódico y castellano, el segundo día primó la raíz y el aguardiente. Todos los actuantes eran gitanos y de la zona de Cádiz, menos Toñi Fernández, que fue la encargada de abrir la noche como artista local.

Toñi, bastante segura a pesar de cantar en su tierra frente a unos dos mil espectadores y compartiendo escenario con varios pesos pesados, se templó por soleá con su voz canastera y sugerente, a la que le siguieron unos generosos tangos, en los que precisó el compás de Jesús Fernández y Tito (que no se oyeron apenas), y en los que se acordó de Morente a los postres. Como guitarra tuvo al preciso Diego del Morao que, sin embargo, no se entendieron a la perfección.

Lo que le sienta mejor a esta cantaora son las formas más sentidas del flamenco, aunque siempre la hemos recordado por los temas festeros, donde puede tener una cierta semejanza con Aurora Vargas. Así, las arriesgadas seguiriyas cautivaron de puro dramatismo. Toñi terminó por bulerías, en las que tuvo que indicarle al Morao que bajara la cejilla después de haberle dado la salía, y que remató a boca de escenario, con una guitarra más acoplada y unos palmeros eficaces.

Pansequito, en segundo lugar, estuvo mejor tratado por la megafonía que la anterior. A la guitarra Parilla, que puede que sea el mejor representante actual del toque jerezano. Los dos tocaores apoteósicos por fiesta.

Comenzaron acordándose de su tierra por alegrías. Panseco está en plena forma, con unas facultades extraordinarias que no defraudaron a su público, aunque su repertorio es añejo y consabido. El mejor de la noche indiscutiblemente.

Continuó por soleá y después unos tarantos, para terminar por bulerías, asomándose sin vértigo al cuplé. Como regalo, unos fandangos valientes, fuera del micrófono, hicieron las delicias de sus incondicionales, que a esas alturas éramos todos.

El último en actuar fue José Mercé, arropado también por Diego del Morao, los dos jerezanos. Como el artista anterior manifestó su alegría de visitar esa plaza y los amigos que acumulaba en la tierra almeriense. A pesar de su dominio y del abrazo seguro de la guitarra, Mercé no estuvo a la altura. No sólo tenía la voz algo perjudicada, sino que no se esforzó. Con todo y con eso, sus seguidores son multitud y alabaron en alta voz hasta su melena desordenada. Las seguiriyas comenzaron por Manuel Molina y terminaron siendo su mejor entrega, a pesar de un imperceptible ahogo en el macho final.

Continuó por malagueñas, correctas pero sin enjundia, y remató por bulerías con un bailecito final, donde sacó sus letrillas del “flamenco 2000” y se acordó del gran Luis de la Pica. Como bis ofreció un poquito más por bulerías, repitiéndose en las letras.

* Toñi Fernández en un momento de la actuación (foto extraida de la edición digital del Diario de Almería©).

Domingo, 28 de Agosto de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Despedida urgente a Juan Heredia

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La muerte, aunque anunciada, es un desgarro vitalicio en el transcurso de nuestros días. Vengo del cementerio, de decir el último adiós callado a Juan Heredia, conocido popularmente como Juanillo.

No lo conocía mucho, pero sabía que era un hombre bueno. Todo el mundo lo quería. Era muy flamenco y una institución en el Sacromonte.

Cuando pasaba por la puerta de su restaurante, Casa Juanillo, camino del Museo o de la Chumbera, solía estar sentado en la puerta controlando hasta el aire que soplaba ese atardecer. Dependiendo de la prisa que llevara, me tomaba una cerveza, me sentaba un poco con él o simplemente nos saludábamos.

No hablábamos de nada en particular, de flamenco, del Monte o del tiempo socorrido, pero sentía una especie de orgullo de estar en su presencia y compartir su tiempo.

Astuto y rígido, era amante de sus amigos, de sus hijas (Encarna, Jara y Antonia, las tres bailaoras, a las que admiro) y de sus nietos.

Ayer murió un gran hombre, en las garras ciegas del cáncer, y el mundo incomprensiblemente sigue dando vueltas y los pájaros cantando y la brisa de Valparaíso alegrando un Camino eternamente marcado por las huellas de un buen gitano llamado Juanillo.

* Foto sacada de Granada Hoy, edición digital©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Más Estrella, más Morente

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Semejante al concierto que ofreció en Granada, en el Festival de Música y Danza, y el que dio en La Unión y, posiblemente, los que queden hasta terminar la temporada fue el que ofreció Estrella Morente en Almería, aunque siempre con alguna sorpresa que singulariza la noche, si cabe. La sombra de su padre planea desde las primeras notas al quejío final. Es normal esta emoción, este permanente recuerdo… Tan normal como necesario que de aquí a medio año Estrella se renueve por completo, se reinvente a sí misma, y, como ave fénix, se vuelva a colocar en los primeros puestos de la creación y el estremecimiento.

El primer hervor de la noche suena por tonás, la misma ronda de voces a capela y juego polifónico que le gustaba a Enrique, con una nota que se mantiene en el aire y palillos y palmas finales, para pasar a esa belleza de San Juan de la Cruz (Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance) hecha canción doblemente sentida.

El soniquete por tangos sacromontanos, morunos y exclusivos, nos muestran a la mejor Estrella, que retoma las letras del Ronco del Albaycín para hacerlas suyas como buena representante de su tierra. Hay que destacar por otro lado la eficacia de los coros de José Enrique Morente, Antonio Carbonell, Ángel Gabarre que a la vez llevan el compás. Las guitarras puede que más limitadas de lo que se merece esta voz.

Con la sola guitarra de su tío Montoyita, la cantaora entona una petenera muy personal, que comienza por soleá y termina con dolor. La seguiriya es también morentiana que, sin llegar a ser bailables, gozan de una aceleración festera y gozosa, aunque Estrella la hace más liviana y falta de riesgo.

Personalmente Montoyita homenajea al desaparecido maestro con su guitarra, acordándose de su repertorio y haciendo hincapié en de la Estrella, tocada en un tempo lento y ofrecida respetuosamente a su autor.

La caña era un tema inexcusable del artista granadino, donde Estrella, con vestido nuevo, se mira y refleja esos semitonos imposibles que son música celestial rematada por bulerías, donde la artista, rica en braceo desde un comienzo, apunta una agradecida pataílla.

Para las granaínas, que se asoman a levante y a la fiesta, un gran abanico ilustra la imagen arrebatadora. Granaínas heterogéneas, cantadas a su modo, haciéndolas suyas, con su rúbrica y sello. No busquemos en Estrella la pureza de lo añejo, aunque sí la fidelidad de su herencia.

Es la hora de la presentación de sus músicos, que también son su familia y eran, la mayoría, acompañantes habituales de su padre. La Estrella en sus labios es un regalo, es como rizar el rizo, Estrella canta Estrella.

La sorpresa de la noche vino en forma de sevillanas, muy creativas, muy flamencas, a la manera de Pastora, donde hace un popurrí de letras de coplas y boleros y termina con el No dudaría de Antonio Flores.

El fin viene con La noche de mi amor, una canción estremecedora de Chavela Vargas, a ritmo de bulerías, que formó parte de su disco Mujeres (2006), con alguna estratégica alusión a la ciudad de Almería. Una toná, a boca de escenario, que acaba con pregón a capela, es el regalo final con que se despide la artista granadina.

*  Foto de Jesús Montoya©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 18:19 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

En la peña de Gorafe

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Fue el viernes o el sábado (repito que mi memoria es flaca). Alicia Morales me había invitado a una actuación que tendría en La Lumbre, la peña flamenca de Gorafe. Iba también en el coche el guitarrista, Josele de la Rosa, y otros dos amigos.

A altas horas (por incompatibilidades horarias) nos presentamos los cinco en la sala de fiestas que, con un pequeño escenario y un telón verde de fondo donde ponía el nombre, hacía las veces de peña.

Aparte de un par de entendidos, alguno más y los dueños del local, todos eran personas mayores, sobre todo mujeres; en un número no superior a veinte.

Sin muchos preámbulos, por lo avanzado de la hora, comenzó la primera parte por mirabrás. Palo que Alicia domina y sirvió para templar su voz. 

Los dos flamencos, cantaora y guitarrista, se conocen desde antiguo y alcanzan un grado de complicidad muy interesante. Quizá los temas jondos tuvieran más eficacia que los festeros. Así, cautivaron con la soleá y la malagueña, con un auténtico remate por fandangos de Frasquito. Terminó ese primer pase por tangos.

Con gran empeño y resultado, después del descanso abrieron por granaína y media. La entrega fue total a pesar de la poca asistencia. Aunque quizás con lo que me quedo del recital es con la seguiriya.

Seguidamente hicieron colombianas, muy resultonas, pero sin enjundia. Acabó la noche por bulerías, pidiendo compás al público satisfecho.

Como bis, un solo fandango huérfano a pie de escenario, alimentó las ganas.

* Foto sacada del muro de Josele.

Jueves, 25 de Agosto de 2011 18:32 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las gafas negras de Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Incursiones en el Rock

Morente se consideraba roquero. Sentía admiración por esta música, por sus intérpretes y por su modo de vida. En varias ocasiones había colaborado con el conjunto neoyorquino Sonic Youth; en 1996 contó con el grupo granadino Lagartija Nick para grabar Omega (después les devolvió el favor en Val del Omar); con Los Planetas, también de Granada, ha participado en sus últimos trabajos, muy cercanos al flamenco: una caña en La leyenda del espacio (2007) y una toná en Una opera egipcia (2010).

Con el nombre de Los Evangelistas se han juntado cuatro miembros de estas dos agrupaciones (Jota y Florent Muñoz, de Los Planetas, y Antonio Arias y Eric Jiménez, de los Lagartija), en homenaje a Enrique Morente, con la que debutaron en la pasada ‘Noche Blanca’ de Córdoba. Supongo que la experiencia fue tan satisfactoria y su repercusión tan positiva que han decidido seguir con este cuarteto de ‘discípulos’ (uno de los nombres que barajaron como posible identificación del grupo), con el que incluso están grabando.

Recientemente también actuaron en Poesía en el Laurel, ciclo de poesía y música celebrado en La Zubia; y ahora en el Museo Cuevas del Sacromonte. Siempre en memoria de Enrique, siempre con Enrique por bandera, siempre con el mayor respeto y haciendo justo lo que a él le hubiera gustado que se hiciera.

El resultado sigue la estela del mítico Omega, pero sobre todo retoma el camino “flamenco” que emprendió Jota, al frente de su banda.

No soy roquero como Morente, pero sí cocinero antes que fraile y puedo decir, sin temor a equivocarme, que testificamos un concierto memorable. Cualquiera de los presentes así lo puede afirmar. Sobresaliente y generoso donde, después de un largo repertorio, se plantearon los bises dobles, como las ducas de los gitanos.

Vibramos con las guitarras, articuladas y broncas; gozamos co