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¿Quién se acuerda de Morente?

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Ayer, 13 de mayo de 2012, se cumplieron diecisiete meses de la triste desaparición de Enrique Morente. Triste, ya lo he dicho en más de una ocasión, por lo inesperado, por lo prematuro, por lo enrarecido.

Son tan dolorosas la circunstancias de su muerte que la sola investigación de sus últimas horas, lo que se ha dado en llamar ‘Caso Morente’, me hace apartar la vista y el sentimiento encogido.

Sin embargo, su recuerdo no muere e iniciativas puntuales se suceden continuamente a lo largo del mundo. Madrid le dedicó una calle, Málaga nombró patrimonio su bulería Adiós Málaga… ¿y Granada, su Granada?

La revista cordobesa Boronía ya sacó en el verano y otoño de 2010 un especial flamenco dedicado al maestro granadino, con algunas intervenciones más (‘El Pele’, ‘Fosforito’…), y al año siguiente, en junio de 2011, un primer Libro de Morente, con testimonios sensibles de personas que lo conocieron, que lo trataron. Un libro lleno de anécdotas, lleno de embrujo, lleno de lágrimas… y, por suerte, lleno de ausencias (en su tiempo hice mención de este mismo trabajo). Son tantos los mundos de Enrique que siempre falta tierra; son tantas las vidas del maestro que siempre faltan almas; es tan grande el corazón de Morente que siempre faltan abrazos.

Por eso, los compañeros de esta misma revista Boronía decidieron hacer una segunda entrega. El día 24 de mayo, se presentará (como vemos en el cartel), en el Teatro Central de Sevilla, el segundo Libro de Morente.

Como el anterior, es una obra llena de recuerdos y amistad, en la que participa el Instituto Cervantes, el Instituto Andaluz de Flamenco y el completo apoyo de la familia Morente Carbonel. De hecho es Aurora, la viuda de Enrique, la madre de todos, la que inaugura con sus palabras este homenaje, donde también aparece una entrevista fresca, preclara y madura de Soleá Morente, unas declaraciones reconocidas de Israel Galván, las confesiones de Los Evangelistas, el encuentro de Pepe Habichuela y Balbino Gutiérrez, biógrafo de Enrique, una entrevista al mismo cantaor celebrada en París en 2003 por el crítico de arte Hans Ulrico Obrist, un emocionante álbum de fotos y las voces incombustibles de medio centenar de admiradores.

La presentación contará con la presencia Antonio Arias y Eric Jiménez en acústico y el concierto de Pepe Habichela, con Tamara Escudero (voz) y Juan Carmona (percusión).

Un día inolvidable, donde Enrique, con esa permanente sonrisa de ojos chicos, volverá a estar presente.

* Para adquirir este libro o cualquier otro producto de Boronía, dirigirse a www.boronia.es.

Lunes, 14 de Mayo de 2012 10:21 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Lo que brilla con luz propia

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Flamenco Viene del Sur

Una canción del poeta cubano Pablo Milanés dice Lo que brilla con luz propia nadie lo puede apagar. Lo sentí el lunes en el teatro Alhambra después de salir de la doble actuación de flamenco. Sobre todo María José Pérez. Sobre todo el Niño de Pura.

Me alegró ver a la cantaora almeriense después de tanto tiempo (estuvo afincada en Granada y no era difícil coincidir con ella). Su voz es grave, regulada y precisa. Su conocimiento ancho, fruto del estudio continuo.

Le perdí la pista, como digo, pero siempre aposté por esta joven artista que lamentablemente no llegó muy lejos con su primer disco, Cante flamenco (2008), lleno de aciertos no obstante.

Se alegraba de volver a esta tierra y desde la soleá que principió su pase estuvo entregada. Un eficaz Miguel Ochando le almohadaba el cante con su guitarra. María José gusta de ligar los tercios y mecer la letra confiriéndole cierto brillo personal. Modula el grito hasta parecernos la Paquera de Jerez.

En segundo lugar anuncia cantiñas, aunque bien mirado no pasan de ser alegrías. No se deja llevar por la fiesta y da cabida a la pausa y el entendimiento.

En los tientos-tangos desemboca en el Camino y, a los postres, es larga por Morente y su Lenguaje de las flores.

Momento grandioso de la noche fue cuando entonó cantes mineros, comenzando con la taranta de Almería, reivindicando lo suyo.

El soniquete por bulerías de Ochando ya es memorable, que la cantaora abordó por copla (Ojos verdes) y culminó por fandangos, sin abandonar el ritmo de bulerías, donde se acordó de Vallejo.

Ante los merecidos aplausos, y ya dominante, regaló un bis por Huelva, a petición del público.

La segunda parte fue de matrícula. El Niño de Pura (Daniel Navarro Cruz), como quien no quiere la cosa, ofreció un concierto impecable y abnegado, aunque se asemejara al recital que ofreció en La Platería hace varias semanas. Su guitarra grandiosa esconde una técnica milimétrica y una velocidad inusitada. Lo acompaña al cante el cordobés Rafael Churumbaque, Lámpara Minera 2009, María José Álvarez al compás y Agustín Henke a la percusión.

Unas tarantas comienzan su entrega. Continúa por alegrías, que en momentos, sobre todo con la incursión del cante, nos puede recordar a Vicente Amigo.

Las guajiras son una constante en sus recitales y Fantasy una agrupación de toques bajo un ritmo fandangueril culminados por bulerías.

Unas agradecidas bulerías culminan la noche, que son enriquecidas con un toque por Huelva, fuera de programa, en el que destaca sin discusión el picado vertiginoso por sus escalas.

* Niño de pura en la imagen (foto extraida de la página del Tablao Flamenco Cordobés).

Sábado, 12 de Mayo de 2012 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor sonido

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Se me precipitan los días y los acontecimientos se acumulan en una memoria tan flaca que más pronto que tarde tiende al olvido. Como Cernuda diré que lo más que recuerdo es lo que se me ha olvidado. Así, sé que leí esto o aquello, sé que estuve con tal o cual, sé que asistí a un lado o a otro... Pero no me preguntéis lo que vi, lo que hicimos o de qué iba el libro.

El miércoles 25 (ha llovido, pero podía haber sido peor) estuvímos en el Palacio de los Condes de Gabia, viendo un recital llamado "Entre generaciones", enmarcado en el ciclo Granada portal flamenco de la Diputación de Granada.

La sesión trataba de reunir en el escenario a dos guitarristas, Miguel Ochando y Álvaro Pérez ‘El Martinete’, maestro y alumno, para exponer su toque individual y terminar al alimón haciendo algunos temas conjuntos.

Álvaro, el más joven (bastante joven), abrió la noche por granaínas, donde dejaba ver el esencial parecido a su modelo. La limpieza sonora, la claridad en los arpegios, donde no sobran ni faltan notas, el apoyo constante en el bordón con un agradecido alzapúa... lo hacen merecedor del calificativo de "aventajado".

El Martinete continuó con la rondeña de Montoya, esa maravillosa composición arreglada y grabada por el mismo Ochando, a la que Enrique Morente a la larga puso letra. Una gran interpretación que se vio igualada por un vals por bulerías, con el mismo sello de la casa.

El veterano Miguel Ochando rellenó el escenario con el mejor sonido de guitarra que se puede escuchar, después el agua, después las aves. Comenzó con una taranta, acordándose en los postres de la misma rondeñá montoyana que interpretara su pupilo.

Después se acercó a la zambra, una composición cercana a los tangos con un particular dejillo moro, en vez de soleá que estaba anunciada en un principio.

Para terminar, Ochando nos regaló ese bello zapateado, incluido en su primera grabación, Memoria (2007), basado en el de Esteban de Sanlúcar.

Ya, para rematar la velada, los dos juntos, interpretaron El Inclusero, una composición de Niño Ricardo, popularizada por Juanito Valderrama; la popular canción Moliendo café del venezolano Hugo Blanco por rumbas y unas sabrosísimas bulerías.

Tras los insistentes aplausos, los guitarristas tuvieron que salir para regalarnos otras bulerías de lujo, aunque confesaron que no estaban tan bien preparadas.

* Carátula del primer disco de Ochando.

Lunes, 07 de Mayo de 2012 18:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La señora del baile

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Flamenco Viene del Sur

Manuela no es una fiesta, porque no lo necesita, Manuela no recorre el escenario, porque no lo necesita, Manuela no viste colores, porque no lo necesita, Manuela no es futurible, porque no lo necesita. El baile de Manuela Carrasco es parco y digno, sin florituras ni aspavientos. Es un baile de raíz, introspectivo y gitanísimo. Su sola presencia, su sola imagen, su sola estampa sentada en una silla o en un desplante encierra una flamencura ilimitada.

Manuela Carrasco es “la diosa del flamenco”, como es conocida desde que así la llamó Juan de Dios Ramírez Heredia, es la señora del baile, a la que todos admiran, a la que todos imitan, a la que todos respetan. Manuela es elegante y bella, esbelta y moderada. Sus pies limpios y vertiginosos los dosifica para sus momentos. Mientras, una pose, un braceo, una mirada, arrancan el ole sentido del aficionado cómplice.

Suspiro flamenco es la obra que nos presentó este lunes en el teatro Alhambra. Un flamenco tan consistente como efímero, tan profundo como epidérmico, centrado en su porte de diosa gitana que aparece sentada en anea sobre plataforma. Sus músicos, Pepe de Pura, Emilio Molina y Luis Moneo al cante, Joaquín Amador y Paco Iglesias a la guitarra; y José Carrasco a la percusión, hilvanan con profesión un recorrido genérico por los estilos flamencos para que la bailaora sevillana demuestre su arte.

Unas bulerías abren la noche, donde impera el sosiego, a pesar de la fiesta. Con la caña se presenta el cuerpo de baile. El estilo visceral y arrebatado de El Choro, de Oscar de los Reyes y sobre todo de Rafael de Carmen, aunque discrepe de mis gustos, tiene sus adeptos. En conjunto o individualmente, son justamente aplaudidos.

A la gavilla por fandangos no le acompaña el baile. Apreciamos así mejor las guitarras y el juego de voces, puede que poco amplificado. Destaca la cadencia y entrega de Pepe de Pura, un cantaor que admiro desde hace tiempo, que suele acompañar también a Eva Yerbabuena.

El taranto de Manuela es desgarrado dentro de su apoteosis; los tangos de El Choro y Oscar de los Reyes coloridos en su conjunto; y las prolongadas alegrías de Rafael de Carmen un derroche de fuerza y compás.

La Hija predilecta de Andalucía, Premio Nacional de Danza 2007 y Embajadora de la Paz (San Remo 2008) remata su actuación con una soleá intimista y marcada, llena de sabor y de propuestas, que más que anclarse en el pasado alza el vuelo advirtiéndonos que Manuela Carrasco, con cera de 60 años, tiene aún mucho que decir.

Viernes, 27 de Abril de 2012 10:56 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una obra sin pies ni cabeza

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FundaMETALmente Flamenco

He tardado más de la cuyenta en hablar del espectáculo que nos presentó Gero Domínguez&Cía en el Teatro Alhambra, el miércoles pasado, y es porque no sé muy bien por donde abordarla. La unión de flamenco y rock ya está hecha, hace muchos años, y muy bien hecha. La propuesta de este joven bailaor malagueño no obstante rozaba la curiosidad. Esperaba contemplar un baile fresco, personal y de vanguardia, donde la guitarra eléctrica de Ramón Arias del grupo Parachokes y su intensidad sinfónica se fundiera con las guitarras flamencas, que el teclado de Rafael Arregui comulgara con las voces del Dúo Makarines (José Ibáñez y Maka Ibáñez), como artistas invitados, y que, en cierta forma, la comicidad impregnara toda la obra.

Anhelaba disfrutar, como rezaba el anuncio del concierto, la combinación del “rock, metal y danza con el flamenco más puro”, el recorrido “por la historia del flamenco en el que el hilo conductor son los sonidos del metal. Ése metal que en las formas primitivas del flamenco sonaba al yunque de la fragua”.

Pero no, al contrario, lo que pudimos ver es una obra deslavazada y sin cabeza, con poquísimo argumento y un sonido pésimo y mal equilibrado, sucio en su conjunto.

Quizás, el gran acierto de la función, que podía trascender, es la adaptación especial para el colectivo de personas con discapacidad auditiva. En una pantalla encima del escenario se iban reproduciendo las letras y demás acontecimientos sonoros del espectáculo que no sólo los duros de oído agradecieron.

Combinando el rock eléctrico y el flamenco se fue desarrollando una obra con grandes intenciones pero que no aportó nada nuevo. Gero, sobrado de autoestima, iba tejiendo los temas con su baile desestructurado aprendido, hecho de retazos de aquí y de allí sin encontrar voz propia.

Así, comenzó por martinetes, en la voz flamenquísima de David ‘El Gayi’ (lo mejor de la noche), que pronto fueron seguiriyas. Los hermanos Ibáñez hicieron dos baladas, a todas luces fuera del conjunto; la guitarra lloró una vidalita rica en graves; el piano acompañó un poema en off y ambas guitarras, flamenca y eléctrica, entablaron una conversación por farrucas.

La soleá parecía remontar la obra. El primer tercio, cantado por ‘El Gayi’, arrancó el único ole de la noche. Soleá que se remató por abandolaos y después por bulerías, antes de escuchar ocho campanadas y continuar por fiesta.

Unos tangos sin pena ni gloria precipitaron el final en el que sonó un swing aflamencado.

Miércoles, 25 de Abril de 2012 10:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los extremos de una bailaora

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Al año después de haber rodado su espectáculo por los escenarios de medio mundo, Fuensanta La Moneta se decide a pasar su Extremo Jondo a DVD para su mayor difusión y reclamo. La grabación en directo parte de la clausura de la muestra de baile de ‘Los veranos del Corral’ de Granada en agosto de 2011.

Extremo Jondo es una obra completa y apretada, en donde la bailaora no se baja del escenario, apenas en el ecuador para cambiarse de vestido, realizando nueve bailes distintos, que van desde el romance a los tangos, pasando por las alegrías y las serranas, como si fuera un recital de cante, con una flamencura rayana en lo antiguo si no fuera por su frescura, su contemporaneidad y sus propuestas de futuro.

Con una presencia contundente y un compás encomiable, La Moneta va hilvanando, a lo largo de las dos partes en que tácitamente se divide la función, un discurso del todo coherente y lleno de contenido, donde mandan sus ojos, sus pies y el resto de su cuerpo.

Fuensanta ha querido rendirle un homenaje al cante y a la guitarra, a esos ‘soníos negros’ que en el flamenco hacen estremecer, dándole igual protagonismo a sus acompañantes. Miguel Iglesias, como guitarrista, compone el armazón necesario para sustentar toda la obra; Miguel Lavi, rebusca en su interior esos los de antaño y le canta a La Moneta como si estuvieran solos; Miguel ‘El Cheyenne’ tiene un papel primordial con la percusión, marcando respetuosamente el latido del conjunto como si fuese un fauno dormido.

Como resultado tenemos Extremo Jondo, una obra coral donde no existe trampa ni cartón. Lo que hay es lo que vemos y lo que vemos es el trabajo de una de las bailaoras más interesantes del panorama actual.

* Articulillo aparecido recientemente en la revista Acordes de Flamenco (nº 36).

** El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

*** foto de alfredo aguilar (2010)©.

Viernes, 20 de Abril de 2012 19:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Idea de un viaje

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Esfuerzo. Quizá lo que se aprecia en la obra Ida y vuelta que presentó el guitarrista granadino Isidoro Pérez en Pinos Puente este domingo sobre todo es el esfuerzo que tiene detrás. Presentado en el pasado mes de octubre en La Chumbera, su segunda puesta en escena lamentablemente no fue muy afortunada. Las inseguridades, titubeos y descoordinación fueron manifiestos. La idea sin embargo es digna de aplauso. El ‘viaje imaginario con la maleta llena de toques flamencos al Caribe’ es agradecido e interesante. Aunque quizás Isidoro le diera una gran concesión a los nervios, o le saltaran los hilvanes a una obra con poco rodaje, o no estuviera rodeado de la gente adecuada. El caso es que fue tan sólo un buen intento, un buen argumento, con un resultado desigual.

Isidoro propuso en primer lugar un garrotín en solitario donde se acordó de Riqueni. Buena interpretación, aunque las notas al aire, propias del maestro sevillano, llegaron a traicionarle. Continúa igualmente en solitario con una soleá, planteando tácitamente el origen de todo. Con el resto de los músicos interpretará guajira (Puente de Pinos), colombiana (La alameda), tanguillos (Negritos de Cádiz), alegrías y bulerías (Cuesta de la Isla). Terminó el espectáculo con una soleá por bulerías.

Los acompañantes del veterano guitarrista, Iván Centenillo al cante, Eloy Heredia a la flauta y Manuel Vílchez y Luis Vives a la percusión, con sus errores y aciertos, eran meros acompañantes del protagonista. El joven Armando Linares, aunque solapadamente, destacó como segundo guitarra. Violeta Ruiz al baile, en dos de los temas, parecía ajena, influenciada por el nerviosismo general.

Jueves, 19 de Abril de 2012 15:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Muestra de baile

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Los Veranos del Corral de Granada

Llevo algún tiempo diciéndolo y puedo reconocer que es verdad, la manifestación que más me interesa en el flamenco hoy día es el baile, por su plasticidad, por su contenido genérico, que abarca también el cante y la guitarra, y, sobre todo, por su bella evolución. El seguimiento de la completa expresividad de artistas como Eva Yerbabuena, Israel Galván, Belén Maya, Fuensanta La Moneta, Manuel Liñán, Pastora Galván, Andrés Marín, Rocío Molina, Patricia Guerrero…, se me hace imprescindible.

Varios festivales hay en España para atender el estado actual del baile flamenco. Aquí, en Andalucía, destaco el Festival de Jerez y la Bienal de Sevilla, donde los estrenos y las puestas de largo de los grandes montajes escénicos tienen lugar para su divulgación por todo el país y los festivales extranjeros. También, puntualmente, el ciclo Flamenco Viene del Sur, acoge algunos estrenos, pero normalmente se nutre de los festivales antedichos.

No obstante en Granada existe un microfestival a tener en cuenta. (digo ‘micro’ por el formato, no por la duración y mucho menos por la calidad.) Me refiero a Los Veranos del Corral, que este año cumple su décimo cuarta edición.

La Muestra de baile flamenco en el Corral del Carbón se ha convertido en una referencia imprescindible en el panorama internacional. Ha llegado el momento de que la inclusión en el currículum de cualquier artista por este escenario es una marca de prestigio. Por eso, son los mismos artistas los que solicitan su participación en este ciclo, como ha pasado recientemente en el programa de este año, presentado hace un par de días por el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata. El cual hizo notar una sucesión natural, después del Festival de Música y Danza, de los Veranos del Corral.

Metidos ya en faena y orquestados por Raúl Comba, director de dicho festival, diremos que tendremos dieciocho días de baile flamenco en nuestra ciudad entre julio y agosto.

La muestra la abrirá el cordobés Javier Latorre (23 de julio), Premio nacional de Danza 2011, que ha elegido este escenario para su reaparición. La clausura correrá a cargo del granadino Luis de Luis (16 de agosto), un artista tan ‘genial’ como ‘desconocido’. Entre estos dos bailaores se desarrollará una gama de flamencos, veteranos o no, que darán buena muestra del estado actual del baile (y de su buena salud).

Como artista mediático, que ha pedido formar parte del cartel, reconocemos al sevillano Antonio Canales (2 de agosto).

De México, debido a los recientes contactos del productor con este país, contaremos con la participación de Karime Amaya (31 de julio), que es sobrina nieta de la gran Carmen Amaya (aunque vive en Barcelona), y de Karen Lugo (1 de agosto). Y del País del Sol Naciente, como reivindicando la universalidad del flamenco, hallaremos un Programa especial Granada-Japón que incluirá las actuaciones de Saori (3 de agosto), que ya participó el pasado año, y de Ami (10 de agosto).

Repitiendo del pasado año, tendremos al bailaor gaditano Marco Flores (30 de julio) y al granadino Manuel Liñán, que vendrá acompañado de Pablo Suárez y Antonio Campos, para estrenar la obra Trisquel flamenco (7 de agosto).

Aparte de Luis, Manuel y los suyos, tendremos a la granadina, afincada en Madrid, Maripaz Lucena (25 de julio); al malagueño Moisés Navarro (24 de julio), ganador del Certamen Andaluz de Jóvenes Flamencos; a las sevillanas Nazaret Reyes (6 de agosto), hija de Juana Amaya, y a Saray de los Reyes (8 de agosto); a la cordobesa Carmen la Talegona (26 de julio); a la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’ (9 de agosto), último Desplante en las Minas de La Unión, que pudimos ver recientemente en La Platería; a la almeriense Anabel Veloso (14 de agosto); a la murciana Cynthia Cano (13 de agosto); y a la castellonense Lidón Patiño.

Un programa anhelante que se completara con la oferta de cursos coincidentes en el Carmen de las Cuevas (Antonio Canales, Pastora Galván, Manuel Liñán y Patricia Guerrero) y en la Escuela Internacional Manolete, en La Chumbera, con Juana Amaya y Farruquito.

Para los veranos del Generalife, para redondear la noticia, tendremos el Ballet Flamenco de Andalucía, con Rubén Olmo a la cabeza, representando su obra Metáfora, donde tanto tiene que ver el guitarrista y compositor granadino David Carmona.

* Cartel de la Muestra (fragmento).

Viernes, 13 de Abril de 2012 11:27 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Dímelo siempre

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Flamenco siglo XXI

Debido al empeño, siempre loable, de la Diputación de alentar y promocionar el flamenco joven de nuestra provincia desde su plataforma Granada Portal Flamenco y dentro del ciclo Flamenco 3.0, el miércoles pudimos asistir en el Palacio de los Condes de Gabia al recital que ofreció Sergio Gómez ‘Colorao’, celebrando a su vez los veinte años de carrera, a pesar de su juventud, y el lanzamiento próximo de su primer trabajo en solitario. Igualmente, nos anunció desde el escenario su pronta paternidad (otro motivo de celebración).

Sergio es un flamenco imprescindible en el panorama joven granadino, quizás el cantaor más en forma y el más personal de su generación. Su voz laina, afinada y de precisa modulación hace su discurso más que agradable. Su trayectoria le ha enseñado a adaptar los estilos a sus melismas y no al revés, haciendo un producto nuevo y delicado.

Con su guitarrista habitual, Rubén Campos, crean y recrean una serie de cantes que, quien es buen aficionado, no tiene más que elogiar. Sergio más enraizado, Rubén más vanguardista. Entre los dos forman un tándem que despunta sin discusión. Lástima la falta de oportunidades. Lástima la falta de consideración de los que sobreponen la potencia convencional al buen gusto exclusivo.

Le acompañan también este día José Cortes ‘Pirata’, como segunda guitarra, José Antonio Carmona, en la percusión e Irene Molina y Mikey Gómez, en los coros y las palmas. Un cuadro agradable para un flamenco fresco.

No obstante, en la primera parte del concierto reinó el derecho de la ortodoxia. El Colorao entra por martinetes, que sirven para templar al mismo tiempo que demuestran la calidad de la voz de un artista que no le hace falta gritar para alcanzar los más altos tonos (cualidad escasísima en los cantaores de ahora). Continúa, ya con todo su equipo, con unas bulerías de su padre, Antonio Gómez, en sus primeras grabaciones.

El momento más intenso de la velada, para mí, vino por Málaga, donde se acordó de Chacón en las malagueñas, y remató generosamente por rondeñas, fandangos lucentinos y ese jabegote que cantara Paquillo el del Gas con tanto arte. Las alegrías, con sus estribillos a coro, fueron un ejemplo de belleza. Y los cantes de levante, en los que le acompaño su hermano José Gómez, a la guitarra, encerraban la sabiduría de quien sabe lo que hace.

Otra vez con todos sus compañeros en el escenario, quiso participarnos con unos ejemplos del disco que, después de cinco años, ya está a punto de salir del horno. Los tangos Dímelo otra vez le dan nombre a esta obra y la bulería coral redunda en un trabajo que se me antoja bastante festero. Habrá que esperar a su nacimiento.

Para el fin de fiestas por bulerías, como es menester, cogió el micro su padre, ejemplo de conocimiento y de compás, asiéndolo después por turnos Irene, Mikey y el mismo Sergio. Fiesta que acompañaron algunos de los actuantes con alegres pataíllas que, sinceramente, se podrían haber ahorrado.

Poco público sin embargo asistió a ese recital, y eso que era gratuito. Me consta que en Granada hay muchos aficionados y peñistas que se quejan de la poca oferta y que sin embargo cuando el flamenco le es asequible se quedan en sus casas quizá viendo el fútbol que siempre abunda.

* Sergio, junto a ’El Pirata’, tomada de su facebook.

Sábado, 31 de Marzo de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Palabra de bailaora

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Flamenco Viene del Sur

Una fiesta se monta con uno que canta, otro que toca y otro que baila. Nada más. El lunes, 26 de marzo, hubo una verdadera fiesta en el teatro Alhambra. Desde Jerez, Mercedes Ruiz, con dos acompañantes de excepción, el cante de David Lagos y la guitarra de Santiago Lara, nos trajo un discurso sobre su nueva forma de entender el baile. Un flamenco reposado y completo; intimista y generoso; un diálogo a tres bandas; un protagonismo compartido; una discreta elegancia; una vindicación de su tierra tan sutil como evidente, tan variada como machacona.

Como no podía ser menos, comienza la actuación por bulerías (Palabra de Jerez), que apunta un David Lagos especialmente sembrado con el Procuro olvidarte de Manuel Alejandro, y termina acelerando la guitarra y marcando los tiempos, escorándose definitivamente hacia Jerez. La dinámica es esencial en esa propuesta llena de contenido, aunque tan minimalista que a veces puede parecer fría, simplemente por no llegar a despuntar.

La guitarra se queda sola y propone peteneras, que Mercedes baila con palillos en las manos, con bata blanca y mantón a juego. Remata por bulerías, interactuando con el cantaor y mostrando una estampa de Cisne blanco. El Cisne negro, a continuación, serán unas seguiriyas introducidas por tonás y culminadas con apoteósica cabal, donde Lagos da pie a la bailaora para lucir sus engarces y torsiones agradecidos en un palmito esbelto y flexible envuelto en bata negra de cola, dramática para la ocasión. La pincelada de castañuelas dimensiona percutidamente unos pies que descansan para dar protagonismo al resto del cuerpo.

El abuso de la bulería y duración de los temas es evidente hasta que, con La voz del pueblo, pregones y caracoles, y Mercedes vestida de pantalón y chaquetilla corta, saca lo mejor que tiene dentro. Empieza a bailarle al cante, que es de lo que se trata. Con gracia y delicadeza va recorriendo la escena venciendo y convenciendo en una noche que ya es definitiva. La sal gaditana que comento se remata con unas instantáneas donde los actuantes posan sobre una silla después de varios fundidos en negro.

Como programado fin de fiestas, con arte y supina delicadeza, la jerezana aborda una media granaína (Palabra de flamencos) que sirvió de broche de lujo a ese Baile de palabra que elevó el nivel del festival varios enteros.

* Foto flamenco-world.com©.

Jueves, 29 de Marzo de 2012 11:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sólo él podía

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Juan Pinilla es un flamenco comprometido y versátil, conocedor de los estilos y con un importante poso cultural. Cuando el autor Antonio José López editó las coplas que había compilado Gerald Brenan se preguntó qué flamenco podría ponerle voz, puesto que entendía que una colección de letrillas impresas quedaría incompleta si no se cantaba.

La respuesta fue tan rápida como acertada. El único flamenco joven de Granada y posiblemente del panorama flamenco actual de llevar a cabo tal empresa era Juan Pinilla. De ese pensamiento y propuesta, nació el tercer disco de este cantaor de Huétor Tájar. Dicho trabajo discográfico, La copla y Gerald Brenan, fue presentado en el Teatro Alhambra, el pasado martes, día 20, con un lleno absoluto, que respondía al poder de convocatoria de este artista.

Tras unas palabras explicativas de la hija del escritor, la presentación corrió a cargo del entendido Antonio Lastra que, pasándose demasiados minutos más de lo deseado, desmenuzó la vida y obra del cantaor, aparte de exponer algunas teorías sobre los orígenes del flamenco.

El primer invitado fue el jovencísimo tocaor Álvaro Pérez ‘El Martinete’ que, con sensibilidad y flamencura, como nos tiene acostumbrados, acompañó a Pinilla con una media granaína y después una malagueña con abandolaos. Seguidamente nos fuimos al extremo opuesto, el veterano guitarrista y guitarrero Francisco Manuel Díaz arropó en unos cantes de levante muy agradecidos, en una seguiriya y en unos fandangos con mucho gusto que cantó el padre del protagonista, del mismo nombre (empeño personal de éste), en los que se acordó de Cepero, del Sevillano o de Vallejo.

De Almería, el guitarrista David Caro, con una trayectoria intachable, a pesar de su juventud, se incorporó para el resto de la velada, junto al percusionista Javier Rabadán, ambos creadores de gran parte de las melodías del disco. Con estos colaboradores, Pinilla expuso bulerías y, apoyado por el cante y el compás de Iván Centenillo, tangos, con un interesante juego de voces.

Juan tiene sus incondicionales que reconocen la valentía en sus formas, su trabajo y su poder comunicativo, a veces demasiado individualista. Donde rompió sin embargo fue en el popular Anda jaleo por bulerías y en un simpático Ay, Carmela por rumbas.

La noche acabó con nuevas bulerías con hermoso estribillo coreado.

* Foto IDEAL©.

Lunes, 26 de Marzo de 2012 17:22 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Polifonía flamenca

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Convivencias es el espectáculo que pudimos ver el lunes en el teatro Alhambra. Convivencias es el flamenco en otra dimensión. La guitarra serena, magistral y añeja del sevillano Manolo Franco sirve de colchón y trampolín a las voces frescas y magistrales de la gaditana Laura Vital, del Niño de Elche y de la onubense Rocío Márquez. Con voces dispares, coinciden en armonía y afinación. Conociéndose, cada cual explota sus facultades. Potente, Laura Vital, se especializa en los cantes de su Cádiz natal y en otras formas rítmicas. El Niño de Elche se entrega a los estilos más añejos, a la raíz del cante. Rocío Márquez borda de formas más melódicas, al balanceo musical del flamenco abierto. Aunque todos son versátiles sin discusión y todos, como base de la obra, se solapan y entrelazan sus voces como si de un concierto polifónico se tratara.

Bonito es la palabra que puede adjetivar ese encuentro. Bonito y de eficaz calidad, aunque la perfección en algún momento pueda parecer fría, al igual que el paseo por el patio de butacas, con la idea de convivir con el público, resulta en conjunto desangelada. Las voces de calidad se suceden, se imbrican o se funden introduciéndonos en un mundo lírico sin olvidar los ancestros de pellizco y de verdad.

Un escenario en penumbra nos muestra a los actuantes en fila entonando una seguiriya que, en contra de lo ortodoxo, comienza por el macho final y culmina por el principio, teniendo en su medio un poquito de capela. Los tangos suben y bajan. Son ricos en sus propuestas, para dar paso a la hermosa granaína que arpegia Manolo Franco en solitario.

Un discurso sobre el espíritu del flamenco, donde se alternan voces y cantos, dimensiona la obra hacia un nuevo plano que intenta ser pedagógico, pero me temo que más bien abunda en un proselitismo de izquierdas y un flamenco ya caduco, extemporáneo allá por donde se mire. Entre este alegato se escuchará, con letras comprometidas, levante (con el poema Estaban tan hechos a perder del poeta Antonio Orihuela), fandangos de Macandé, milongas, cantes de labor, tientos y guajiras.

La malagueña, que sirve de preámbulo a un nuevo solo del guitarrista sevillano por soleares, es un gran ejemplo de esa polifonía a la que aludo. Emocionante, precisa, estremecida, tanto en su base como en su abandolao.

Un incómodo momento de silencio nos devuelve la voz desde el patio de butacas. Es cuando los artistas se acercan al respetable y, en cierta forma, se ponen a su nivel, imbricando de nuevo sus voces en un ejercicio de maestría y buen gusto.

Termina la obra por bulerías, que son largas en su propuesta y lenguaje, como largas son las cantiñas, que a modo de bis programado, redondean la entrega. Cantiñas que se enriquecen con estilos tan infrecuentes como son las rosas, las alegrías de Córdoba o los caracoles, con un estribillo final en forma de coda a tres voces, que hacen del cante un canto para ser felizmente coreado.

Viernes, 23 de Marzo de 2012 11:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una noche redonda

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Después del artículo anterior, es decir, después de ver a Sorderita en La Chumbera, dirigí mis pasos a La Platería que prometía calidad. No me equivoqué. Sonia Miranda es una cantaora sevillana afincada en Almería sobrada de facultades y generosidad. Le acompañaba a la guitarra un preciso Paco Cortés, tocaor granadino de acompañamiento que arropa como pocos. Respetuoso con el cantaor y exacto e sus incursiones, arranca sinceros aplausos de admiración.

Sonia, homenajeando la tierra que la acoge, se templa por granaínas, en las que arriesga y eleva su mismo listón. Continúa por tientos tangos, con su poquito por Granada, en los que también se acuerda de Morente y su maravilloso Lenguaje de las flores. El soniquete por tangos del guitarrista granadino  es de matrícula de honor. Para las agradecidas marianas aporta letras originales. Esta primera parte termina por malagueñas. La única objeción acaso es la repetición rítmica. Las marianas no pueden seguir a los tangos, que son primos hermanos, y, si ha empezado por granaínas, no abordes malagueñas, que adquieren un mismo tratamiento fandangueril, puesto que en un principio se consideraban las dos cantes de levante.

La segunda parte será más rica. De las farrucas pasa a las cantiñas y de éstas a la seguiriya. Termina por bulerías.

* Sonia Miranda y Paco Cortés en la peña del Taranto de Almería, en mayo de 2011.

Jueves, 22 de Marzo de 2012 12:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

De los padres del Nuevo Flamenco

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Patrimonio Flamenco

No me avergüenzo de decirlo, llegué al flamenco bien tarde y por la puerta de atrás. Tendría 16 o 17 años cuando me asomé a este arte de mano de la fusión. No he sido como los precoces niños de mi alrededor que han mamado el flamenco, bien porque sus padres se dedican a ello o son aficionados, bien porque han nacido en un ambiente o en un barrio donde se escuchaba/respiraba flamenco.

Muy alejado de estos ambientes, el impúber Jorgito, escuchaba de toda la música que tuviera un punto de calidad o, eso creía, porque algún esquirol se coló entre mis filas de adeptos.

Es decir, descubrí el flamenco a través del rock, del jazz, de lo árabe e incluso de la música clásica. Grupos como Triana, Medina Azahara, Alameda, Chick Corea o Billy de Ville, me abrieron las puertas a un quejío muy nuestro, a un sonido ancestral que, sin saberlo, siempre lo he llevado dentro.

Del universo de los hermanos Amador y de los Carmona aterricé sin billete de vuelta en Paco de Lucía y en Camarón y, de estos, en Enrique Morente y Carmen Linares, hasta llegar a comulgar con los hermanos Pavón y con Chacón y Cobitos.

Enganchado al Nuevo Flamenco, uno de mis grupos de cabecera era sin duda Ketama en su primera formación, que contaba, además de los Habichuela, con el triste desaparecido Ray Heredia y José Soto ‘Sorderita’. Pues bien, a este icono de juventud fui a ver el sábado a La Chumbera.

El joven Sordera ya no es tan joven, pero sigue rezumando frescura y creatividad. Sus facultades no son las mismas, pero su sensibilidad es exquisita.

Por ‘exigencias del guión’, tuvo una primera parte ortodoxa, donde buscaba la raíz jerezana de sus ancestros. Delgado y alternativo, hijo del Madrid de los ochenta, Sorderita aparece en solitario acercándose a la fragua. Es martinete y debla, sin gran floritura, pero con mucho gusto. Para la soleá por bulerías, que va de lo tradicional a lo nuevo con su mítica banda (de Jerez a Granada, diría), se hace acompañar de Rafael Santiago ‘Habichuela’, a la guitarra, y de su hijo, el versátil y efectivo Benjamín Santiago ‘El Moreno’, a la percusión, a los que trata como hermanos y maestros.

En solitario, acompañándose él mismo con la guitarra, reconociendo así un poco más si cabe al Sorderita de siempre, propone alegrías de estribillo hilado, para continuar por Huelva, llamando, para que le arropen con la caja, a El Moreno y a José Antonio Carmona (que también hará las veces de segunda guitarra). Fandangos en los que se acuerda del Gloria.

A partir de aquí empieza a nadar en sus aguas, manifestando que ya ha cumplido con la ‘pureza’. Pero la pureza es la verdad de cada artista. Y José Soto está lleno de verdad y grandeza.

Se acerca a la bossa con Las alas me pesan y al jazz, con un buen swing por bulerías, con Flores blancas. Dos bellas composiciones, y más bella interpretación, que dan paso a los tangos Todo tu ser, compuestos por Manuel Lomo, y terminar por bulerías donde, en un viaje de ida y vuelta, versiona los cantes que hacía el viejo Sordera.

Miércoles, 21 de Marzo de 2012 09:54 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Más jerezano que nunca

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Flamenco Viene del Sur

Ver a Gerardo Núñez es una apuesta ganada, pues pertenece a esa generación de guitarristas precisos y versátiles, surgidos tras el trío torbellino Lucía-Sanlúcar-Serranito, imprescindibles para comprender el desarrollo de la guitarra flamenca hoy día. Su técnica es bestial, tanto como su pulsión, rápida y firme, casi de vértigo, y un golpeteo envidiable en la tapa de su instrumento. Pero sobre todo flamenca, muy flamenca. Aunque se ha bañado en las aguas del jazz, se ha sumergido en la composición más redonda, ha atravesado como funambulista  el cable tenso de la lírica, pero como mejor se mueve, como mejor suena es como flamenco. De hecho, A tientos, como se llama el espectáculo, me sorprendió por la ausencia de corrientes. Tan sólo el flamenco planeaba en el teatro. O, para ser más exactos, el flamenco jerezano. Quizá fuera una exigencia o quizá un recurso cómodo, pero el abuso de la bulería fue manifiesto. Escuchamos bulerías propias y escuchamos bulerías rematando algunos temas o ilustrando los demás. De todas formas, es un abuso agradecido, aunque no tanto como el exceso de revert en algunas ocasiones o el protagonismo de la percusión de Cepillo, respetuosa por otro lado.

La sensibilidad de este tocaor ya se empieza a ver en la rondeña con la que empezó. Una rondeña que encierra una farruca y acaba por bulerías. Una constante se evidencia en este tema, que irá insistiendo en el resto del concierto, y es posiblemente la única concesión ofrecida al espíritu del jazz, que es el sonido repetido una y otra vez, como si fuera una base o una coda. Para las alegrías que vienen a continuación, Gerardo se rodea de todo su cuadro: Manuel Valencia como segunda guitarra (inexplicablemente con el volumen más bajo que el maestro); David Carpio, Esau y Joni Cortés al cante (sin fisuras); Cepillo a la caja; y Andrés Peña al baile, que no debutará hasta el próximo tema, una habanera, con el nombre de Sevilla, cercana a la guajira y rematada –cómo no- por bulerías. De las dos, tres, veces que he visto a este bailaor es la que más me ha gustado, en la que hemos hablado, él como emisor y yo como receptor, el mismo lenguaje. En esta habanera se aprecia como en ninguno la constante señalada más arriba, que el ritmo se repite como un obstinato rigore.

Un solo de cajón sirve de ecuador en la noche, que continúa con una bella pincelada de guitarra en compás de seguiriyas que se va apagando mientras se imbrican las voces de los cantaores en una rueda por tonás y martinetes. Buenísima incursión en el cante a pelo quizá superada por ellos mismos haciendo soleá por bulerías en torno a una mesa con el único acompañamiento del golpeteo de sus nudillos sobre la tabla.

El principio del final de la actuación es una soleá muy marcada que introduce la segunda guitarra, donde el bailaor adquiere protagonismo, teniendo solos memorables (aunque el tembleque del pie derecho sobre el piso en un alarde de velocidad y/o dominio, que usan algunos bailaores, nunca lo he entendido). Tanto la bulería vertiginosa que marca el final de la actuación, como el fin de fiestas y el resto del concierto, evidencian el paso atrás de Gerardo, no en el concepto, sino en las raíces.

Miércoles, 14 de Marzo de 2012 18:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

David Carmona en Metáfora

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Todavía es un ulular de sentimientos y equilibrios. Puede que sea un secreto, pero las voces traspasan las paredes. Metáfora, el montaje del Ballet Flamenco de Andalucía, a la cabeza del cual figura Rubén Olmo, que inauguró recientemente el XVI Festival de Jerez, lo tendremos en Granada durante el mes de a gusto, en la oferta del Generalife y Lorca, que este año quizá deje descansar al poeta.

Todo son suposiciones, pues con los últimos avatares políticos, con el posible cambio de gobierno en Andalucía y con la crisis que tenemos encima, lo más fiable es la conjetura.

Otro argumento que nos hace pensar en la acogida de ese ballet en la ciudad este verano es que, después de Jerez, la obra de Olmo se presenta en prácticamente todas las provincias, en el ciclo Flamenco Viene del Sur, menos en Granada.

La función no la he visto, ni en su estreno ni en Málaga ni en Sevilla. Y no la veré posiblemente hasta que venga a nuestra tierra. Pero sí, en parte, le he querido hacer el seguimiento porque entre sus miembros destacan dos jóvenes flamencos granadinos.

Leyendo críticas diversas, la obra no se salva se coja por donde se coja, a pesar de los grandes valores que conlleva, ni siquiera su director o la gran Rocío Molina no reciben el aplauso general.

Un montaje dispar y equívoco, expone sus mejores cartas, empatando la partida en el mejor de los casos. Pastora Galván es la bailaora más alabada (personal y sorprendente, derrocha sabor, Estela Zatania en deflamenco). Destaca también, con fuerza indiscutible, nuestra paisana Patricia Guerrero (una firme apuesta por el baile pleno de movimientos limpios, Patricia Moreno en jerezjondo).

Pero, quien arrasa sin discusión es el guitarrista David Carmona y su composición musical para gran parte del espectáculo. Estas son algunas de las palabras que, en solitario o en compañía, se han vertido sobre él:

La indudable calidad musical de la Suite flamenca sitúa a David Carmona en la cima de la sublimación de los sentimientos. Este joven granadino, siguiendo los pasos del maestro Manolo Sanlúcar, ha conseguido que el arte logre su fin, esto es, otorgar belleza y deleitar a quienes aprecian la obra artística (El Mundo, Manuel Martín Martín).

Toda la parte gozó de la música de otro joven, el guitarrista David Carmona, que le dio el necesario acento y jondura a la suite, tanto en la composición como en la interpretación (El País, Fermín Lobatón).

La música de David Carmona y el exquisito baile de la sevillana Pastora Galván fueron los puntos álgidos de la noche (…); algo original y que elevaba la excelente música compuesta por el guitarrista David Carmona (jerezjondo, Patricia Moreno).

Yo me quedo con Pastora, y también con el cante de la guapísima Fabiola y la guitarra de David Carmona (deflamenco, Estela Zatania).

Para la primera cara de esta Metáfora, David Carmona había diseñado una partitura guitarrística, que si bien se cargaba de los evidentes ecos de Manolo Sanlúcar, no dejaba de ser de una belleza indiscutible (…). La taranta, 'En sueño', hicieron brillar tanto a Patricia Guerrero como a David Carmona (lavozdigital, Javier Prieto).

Y menos mal que el granadino David Carmona, inspirado y grande, nos ofreció una música exquisita de belleza que emocionó de principio a fin, sobre todo cuando dejó en el aire una taranta irrepetible ejecutada con una técnica precisa y preciosa. Llegará donde quiera este joven guitarrista a poco que se empeñe y se le apoye un poco (aticoizquierda, Paco Vargas).

El guitarrista David Carmona, uno de los jóvenes valores a las seis cuerdas se ha encargado de componer 'Suite Flamenca (loscaminosdelcante).

* Foto de Nono Guirado© (fragmento).

Jueves, 08 de Marzo de 2012 11:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

'Extremo Jondo' en Marbella

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Creo que con ésta son cuatro las veces que he visto Extremo Jondo de La Moneta en directo, más otras tantas en el DVD (a la venta desde el mes pasado), y estoy convencido de que cada día es un espectáculo diferente. Y no sólo la obra en sí, que se enriquece con el tiempo, o con los actuantes, que esta vez han sido distintos, sino sobre todo por su protagonista, por la misma Fuensanta que se reinventa a cada paso y se deja llevar por las sensaciones del momento sin perder la esencia.

Así, con nuevos músicos, Extremo Jondo llega a Marbella para conquistar un teatro que por desgracia estaba medio lleno. La estructura es la misma de siempre, dos bloques de cantes, en un total de nueve, separados con un poquito por levante, para que la bailaora cambie su vestido. Ella le baila al cante directamente y a las sensaciones de la música y el compás.

Es natural que esas impresiones muden, pues cambia el momento y, como en este caso, cambia el cantaor, en lugar de Miguel Lavi será David ‘El Galli’, y el guitarrista, en vez de Miguel Iglesias arropará Luis Mariano. A la percusión sigue el mismo Miguel ‘El Cheyenne’.

La primera parte comienza con una toná que en seguida pasa a ser caña, después abandolaos (un nuevo añadido a este espectáculo), alegrías y se remata con una minera tan sólo de guitarra y baile. Claramente observamos la complicidad de este nuevo grupo, no obstante han coincidido en otras ocasiones. El Galli, tiene un día espectacular y canta como nunca, rebusca en su interior hasta encontrar ese quejío que hace estremecer y que a los aficionados tanto nos gusta. Luis Mariano, con su sonido impecable, se deja llevar por la magia del momento, imponiendo su sonido sacromontano, lleno de frescura, dulce y rabioso a la vez. Miguel ‘El Cheyenne’ sigue con su tónica de respeto y ritmo extremo, que dimensiona la sombra ya alargada de La Moneta. Entre los cuatro convocan al duende, ese tan caprichoso, que no siempre aparece, llenando la noche de pellizco y solera.

La bailaora se siente a gusto e inspirada, le concede un amplio margen a la improvisación y a las nuevas tonalidades. Los abandolaos, que terminan con fandangos del Albaicín, como ya he dicho, en una nueva apuesta, y las alegrías las rehace sobre la marcha. El bello toque minero de Luis, lo baila en la penumbra, dándole un encomiable protagonismo a la guitarra.

En el tácito intermedio, cuando la artista desaparece, el cantaor a pie de escenario entona una taranta de muchos quilates que culmina con los fandangos Contando los eslabones, que Morente grabó en su trabajo Se hace camino al andar de 1975. David lo adapta a su estilo y sus melismas, creando un producto tan bello como reconocible.

La segunda parte, más festera que su precedente, comienza por bulerías que encierran livianas y serranas en su mitad, donde el cantaor interactúa con una Fuensanta que se muestra desafiante y creativa, encendida y picarona. El micrófono de su pie se suelta en ese instante viéndose obligada a desaparecer por unos minutos. A pesar de la megafonía aludida, es imposible luchar contra un piso desagradecido que se muestra sordo y duro y que exige de la bailaora un doble esfuerzo (como comentaba ya relajada a su final “el suelo me absorbe toda la energía”). Termina la función con tientos-tangos, que comienzan, por el problema descrito, con cante y guitarra. La Moneta se incorpora en los tangos con nuevas fuerzas, creciéndose ante las dificultades, cantando como el cisne a los postres. Todo el fondo de la bailaora se manifiesta a borbotones, ronea, seduce y muestra ese poso granadino que por supuesto atesora.

* Foto de Niguel Ángel Molina© (agosto 2011).

Viernes, 02 de Marzo de 2012 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Toná

Tengo a mi mare mu’ mala,
ingresá en la residencia,
que por no hacer na' de ruido
se me muere y no se queja.

Jueves, 01 de Marzo de 2012 11:52 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Los excesos de un bailaor

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Flamenco Viene del Sur

Si Luis XIV hubiera sido bailaor se llamaría Antonio ‘El Pipa’. Rabelais habría escrito de él. Antonio es excesivo en su cuerpo, en sus formas, en su lenguaje. Protagonista de su mundo, sabe lo que desea destacar. Con una puesta en escena muy cuidada, nos enfrentamos al tópico de la vida errante del pueblo gitano y el orgullo de serlo. Repetición por otra parte necesaria para atender a unas raíces que ya, al menos en nuestra tierra, atienden al pasado. Por este sedentarismo que domina en la actualidad, el caló o lengua de los gitanos se ha ido perdiendo. Aunque El Pipa lo reivindica en sus canciones y en su programa. Así, por ejemplo, Nuevo día, como se llama la segunda parte de un espectáculo que se hizo largo, es ‘Nebó chibel’ o Por amor (cuarta parte) es ‘Per Jelem’.

De esta forma, con cuatro partes, veremos brujulear a los actuantes para desembocar en una historia de amor, con boda y todo, como marca la tradición. Antonio atesora esas costumbres y, como mero espectador o testigo privilegiado, va dando cuenta de cada uno de los pasos de su gente. Una gente que no hace sombra, tan sólo una primera bailaora llamada Macarena Ramírez, con una gracia y un control desmedido, que, cuando aparece, a pesar de ser pequeña, ocupa todo el escenario, se lo bebe, eclipsando al resto de sus semejantes.

Una proyección en el telón de fondo, difumina a los bailaores. Lo que puede ser un interesante juego de luces y de sombras, tan sólo desvirtúa la escena. Las bambalinas blancas, en vez de las habituales negras, en cambio son un acierto de pureza y esperanza. Un abuso de la música en off, por último, termina desconcertando.

A partir de ahí, se suceden bailes evidenciables del hilo narrativo que, individualmente (Antonio o los solistas), en pareja (Macarena Ramírez e Isaac Tovar) o en grupo (todo el cuerpo de baile), nos llevan a un final feliz. El Pipa baila abandonaos, tientos, seguiriya o soleares de un mismo corte. Su baile es redondo y muy flamenco, a veces repetitivo, siempre histriónico y exagerado. Gusta regodearse en su mismo cuerpo y tiene pellizquitos reconocibles, como demostró por bulerías. Lleva al cantaor a su lado, aunque su discurso está por encima, e interactúa con él como si fuera un elemento imprescindible en su dictado. Uno de sus aciertos es contar entre con Morenito de Íllora, un cantaor de oficio, que se rebusca por dentro, con un eco gitano encomiable y un buen momento en su dominio. Un desacierto a su vez fue silenciar el micrófono de este maestro y reforzar el de la cantaora protagonista, Mara del Rey, a todas luces con menos facultades que el de Íllora.

La obra sigue con momentos bellos y otros inexplicables. El cuadro de de baile es mediocre para una compañía profesional y el primer bailaor pasable. Me quedo, como he dicho antes, con Macarena y su desenfado, a pesar de algunos desequilibrios al principio. Su baile es alegre y completo, seductor y preciso. Una farruca tan solo musical nos muestra un paso a dos, con estos primeros danzantes, tan sensual como extemporáneo, con beso final incluido, mientras la luna se va llenando a sus espaldas.

Choca igualmente un villancico, o un canto metido por villancicos, que, fuera de su ambiente, se hace extraño (por no hacer mención de la mala suerte que conlleva entre las creencias gitanas). Destacamos por otra parte un baile breve de los chicos con chapas de metal mientras rueda una música polifónica. El sonido de esos metales, sobre todo cuando bailan encima de ellos, nos hacen pensar en las vanguardias agradecidas de Galván.

Termina la historia con un canto de alabanza, cercano al culto, con la boda antedicha y con la bandera gitana proyectada sobre el fondo. Besando el suelo, a la manera Maya, se despide un bailaor que sin duda tiene sus incondicionales.

* Foto Antonio Konde©.

** La chica de la derecha, la que se arregla el pelo, es Macarena Ramírez.

Miércoles, 29 de Febrero de 2012 11:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra vez Pilar Fajardo

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Lo hablé con Pilar hace tiempo. Le dije que su baile debía ser más reflexivo, más reposado, que no se baila sólo con el cuerpo y el corazón, sino también con la cabeza; que tenía todas las papeletas para convertirse en la mejor bailaora de tablao de esta tierra; que podría ver el mundo frente a frente, pero tendría dificultad para mirar al cielo.

Pilar Fajardo es la segunda vez que baila en La Platería en menos de un mes. Es la segunda vez que me sorprende con su baile maduro. Difícilmente la veíamos arrostrando las formas más sentidas, dramáticas y profundas del flamenco, pero, con la soleá de la vez anterior y el taranto de esta ocasión, ha adquirido una perspectiva interesante.

El cuadro que le acompaña este día es completamente distinto e igual de eficaz. Para mostrar el buen hacer en las tablas, es necesario estar rodeado de buenos músicos. Un cuadro que haga agua puede desvirtuar la actuación de un bailaor o de una bailaora en más de un cincuenta por ciento.

Jaime Heredia ‘El Parrón’ se templa para empezar con una soleá, demostrando su universo único indiscutible en este palo básico. Su voz ya es limitada y se casca con facilidad. Sus tres, cuatro, temas para el cante alante pueden ser sublimes. Incluso hace buen papel apoyado por otros cantaores para cantarle al baile. Pero, me temo, que se le hace cuesta arriba cuando sólo él lleva el peso del cante atrás. Lo que se evidenció en los tarantos rematados con tangos con los que terminó la primera parte.

El baile, como digo, fue circunspecto y bien estructurado. Los postreros tangos también fueron merecedores de elogio. Ricos en roneo y gracia sacromontana.

Entre medias, Melchor de Córdoba y Luis de Melchor, padre e hijo, hilvanaron unas bulerías con sus guitarras sin desperdicio alguno, a pesar del alto margen de improvisación, a pesar de que Melchor se comía a Luis, a pesar de que la guitarra de éste último se oyera poco. Son de los pocos representantes, si no los únicos, del toque bravo del desaparecido Marote.

La segunda parte comienza con los nuevos bríos de Jaime que propone unos fandangos naturales para acabar cantándole alegrías a la algecireña, que logra redondearlas un poco más que la vez anterior. Es su baile de referencia, que rememora su tierra, aunque actualmente se halla impregnado de tintes de cueva y escenario granadino. Quizá le vendría bien un viaje de ida y vuelta para volver a salpicar de sal gaditana sus escobillas.

* Foto de Nacho Martín©.

Martes, 28 de Febrero de 2012 12:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

“Son ganas de bailarle al cante”

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Cuando ya tenía la grabadora apagada, al final de la entrevista, Fuensanta La Moneta hizo que la encendiera para ampliar los comentarios que había vertido durante la misma. Tal es su pasión y sus ganas de trasmitir.

Nacida en Granada, lleva una carrera ascendente y muy personal desde que en 2003 fue reconocida con el Desplante flamenco en el Concurso Internacional de las Minas de La Unión.

Con su baile ha recorrido medio mundo y es admirada en todas las latitudes. Extremo Jondo es tu tercer montaje escénico, el cual, después de un año de rodaje, ha decidido pasarlo a DVD para su constancia.

Nos interesamos por este trabajo y le preguntamos en qué se diferencia de sus anteriores espectáculos.

Respuesta.- Se diferencia sobre todo en que no es un espectáculo coreográfico en el que el baile es el protagonista y la música está al su servicio, sino que está basado en el cante y tanto es baile, como la guitarra y la percusión estamos al servicio de él. Mi expresión en el baile, por tal característica, llega a ser otra. Estoy totalmente relajada y libre en el baile.

Pregunta.- ¿Qué te llevó a trasladar Extremo Jondo a DVD?

Respuesta.- Teníamos gran interés de que de este trabajo quedara constancia para que el día de mañana fuera un referente para la posteridad. No es la primera vez que se hace una obra con los mínimos elementos, pero éste es un espectáculo donde destaca el esfuerzo, el trabajo en equipo, con una calidad musical contrastada y el planteamiento novedoso. De ahí mi interés de que quedara grabado y era una forma de darle salida a nuestro trabajo, que no se limitara simplemente a los escenarios.

Pregunta.- Lo estrenaste en el Festival de Música y Danza de Granada en 2010, en el teatro Isabel la Católica, y lo has grabado en agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral, ¿ha cambiado mucho durante este año de rodaje?

Respuesta.- Sí, la obra ha sufrido algún cambio como todos los espectáculos. Cuando se estrena un trabajo y se va rodando, siempre se le hacen cambios que se crean convenientes. El más evidente es que Extremo Jondo se estrenó con Enrique el Extremeño y se ha grabado con Miguel Lavi. Se ha cambiado el cante, lo que permanece es el concepto y la comunión entre el cante, el baile y la guitarra.

Pregunta.- Me consta, por otra parte, que esta obra sigue cambiando, que está viva. ¿Cómo te planteas esa evolución?

Respuesta.- En realidad, la obra cambia cada vez que expone al público, porque hay una libertad de expresión… Incluso una misma se sorprende de cosas que salen de, de cosas que se crean en ese momento. Después, en otra función, serán otras cosas. Tenía muy claro que, al basar el espectáculo en el cante, el baile no tenía tanta responsabilidad. Al tenerlo tan claro, y el resto del equipo también, el proceso de montaje ha sido muy natural. Desde que se estrenó hasta hoy ha mejorado pero no es muy distinto de la primera vez.

Pregunta.- ¿Tiene mucho de improvisación, de espontaneidad cada vez que representas la función?

Respuesta.- Claro. Hay muchos momentos de espontaneidad. Tiene que ser así

Pregunta.- Dices que la responsabilidad es compartida, pero sólo abandonas el escenario, en una hora de duración, los minutos imprescindibles que dura un cante para cambiarte de vestido. ¿Ganas de bailar o presunción de energía?

Respuesta.- Que hay energía en este cuerpo es evidente. No tengo que demostrar nada en ese sentido, no tengo que hacer alardes de ningún tipo. Son ganas de bailar, ganas de mucho bailar y de bailarle al cante… Parece una paradoja, es un espectáculo de cante pero lo bailo todo, bailo los silencios, bailo las transiciones. Lo bailo todo. Y porque tengo que salir a cambiarme que si no…

Pregunta.- ¿Cómo eliges los cantes apropiados?

Respuesta.- Bueno, la elección de los cantes es compleja. En principio había muchos más cantes. Yo había elegido muchos palos que, por diferentes motivos, tenía ganas de bailar; unos porque no los había hecho todavía y otros porque necesitaba darles otra vuelta de tuerca. La elección de los cantes fue una cosa natural, fueron entrando por sí solos y acoplándose en las transiciones.

Pregunta.- ¿Los seleccionas tú misma?

Respuesta.- Los elijo yo misma, pero comparto esta decisión con el director musical [el guitarrista Miguel Iglesias] y con el cantaor. Es un trabajo muy a fondo y muy pensado.

Pregunta.- ¿Se te ha quedado algo en el tintero?

Respuesta.- Sí. Ya los tocaremos más adelante. Había más, pero había que descartarlos porque la obra no puede ser eterna.

Pregunta.- ¿Cuáles son tus referentes a la hora de crear? ¿De quién te acuerdas?

Respuesta.- En este espectáculo, como el trabajo no era tan coreográfico, mis referentes han sido todos de cante. En los espectáculos anteriores he mirado a los maestros que han influido directamente en mi carrera, con los que yo he trabajado. Maestros como Javier Latorre o Mario Maya. Y también otros maestros que, aunque no haya trabajado con ellos, he sido testigo de su trabajo.

Pregunta.- ¿Concedes mucho terreno a la vanguardia y a la contemporaneidad?

Respuesta.- Esa vena contemporánea me sale de vez en cuando porque soy joven, porque creo que estoy en la actualidad del flamenco y porque he crecido con otros artistas que ahora son coreógrafos y hacen hincapié en esas técnicas.

Pregunta.- ¿Por ejemplo tu contacto con Rafael Estévez?

Respuesta.- Efectivamente. He tenido la oportunidad de trabajar con él y empaparme de sus formas.

Pregunta.- ¿Tus músicos gozan también de ese margen de espontaneidad?

Respuesta.- Sí. Todos formamos parte del mismo equipo y todos tenemos que caminar en la misma onda. Si yo me siento libre y estoy cómoda también es gracias a ellos. Así ellos también se deben sentir libres dentro del escenario. Hay que darles esa oportunidad. Si no, no hay diálogo ni aparece ese duende que tiene que aparecer.

Pregunta.- Sí, se os ve cómplices a todo equipo. ¿Cómo has llegado hasta ellos?

Respuesta.- Bueno, todos estamos en este mundo y todos nos conocemos. Hay veces que los buscas y veces que se coincide en el camino. Eso es lo que ha pasado. Este espectáculo nació de una experiencia en Japón donde estaban la mayoría de los que trabajan conmigo. Personas que artísticamente me marcaron y por eso quise hacer este espectáculo, contar esa experiencia precisamente con ellos.

Pregunta.- Ya que hablas de Japón. Extremo Jondo lo has movido por parte del extranjero ¿Qué respuesta has obtenido de esos diferentes lugares?

Respuesta.- Buena, siempre buena. Les ha resultado sorprendente el formato tan novedoso y minimalista, tan reducido, con los mínimos elementos. Lo cual ha sido aceptado porque la calidad no ha disminuido. Por ejemplo, el último lugar donde hemos estado es en Nimes y realmente no me sorprendo de que en el extranjero lo entiendan y les guste, pues están muy preparados tanto para ver un trabajo vanguardista que uno más tradicional. De hecho hemos movido más este espectáculo fuera que dentro de España. Tengo mucho interés en cómo se desarrollará de aquí adelante porque lo vamos a mover más a nivel nacional.

Pregunta.- Con lo cual, sigue evolucionando.

Respuesta.- Claro. Porque está vivo, porque está vivo.

Pregunta.- Por otra parte vemos algunas constantes en tu baile, que te han ido acompañando a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas constantes?

Respuesta.- Sí hay constantes que se ven en mi baile hoy. Características de mi baile de siempre. Aunque me venga esa vena contemporánea, siempre está La Moneta que empezó a bailar, que no tenía tanto conocimiento, que estaba aprendiendo y se morirá aprendiendo. Cuando empecé a bailar, sólo eran ganas de bailar e ilusión. Había mucha intuición y yo creo que eso no se ha perdido. Esa característica de La Moneta se sigue viendo.

Pregunta.- ¿Una de esas constantes puede ser el remate por tangos?

Respuesta.- Claro que sí, porque es uno de los bailes con los que yo empecé y por la tierra, la tierra de los tangos que es Granada. Sí, esa es una de las características. Y, aunque yo creo que la fiera se ha domado un poco, no falta el espíritu.

Pregunta.- ¿Cómo ves el futuro? ¿Cuál será tu próximo proyecto?

Respuesta.- Proyectos siempre tenemos, porque no me gusta pararme, me gusta seguir dándole vueltas a mi trabajo. Tengo uno en mente, que voy a empezar a darle forma y a trabajarlo en el estudio. Espero que se pueda ver antes de que acabe este año.

* Entrevista realizada para deflamenco.com

** Foto de Miguel Ángel Molina©.

Domingo, 26 de Febrero de 2012 10:06 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sensa en La Platería

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Entre los tocaores de base granadinos se encuentra Kiki Corpas y, aunque se echa de menos a veces la fuerza en su pulsión, el soniquete sacromontano y la sensibilidad flamenca suelen acompañarlo. El jueves, 16 de febrero, abre la actuación en La Platería este tocaor con un agradecido zapateado en solitario que da paso a la voz potente y conservadora de Aroa Palomo que se templa por soleares. Carente de medios tonos, es larga en el cante y conoce los estilos. Se acerca a la tierra y continúa en ella con unos tangos de Granada llenos de guiño y complicidad, en los que se hace acompañar de las palmas de Inmaculada Bandera y Marta de Vicente.

Elena López ‘La Sensa’, protagonista de la noche, entra a continuación con unas seguiriyas. Cuadra los tercios y aspira a la novedad, pero se encuentra encorsetada, pendiente del próximo paso. Lleno de aciertos su drama y muy trabajado en su fondo no acaba de cuajar. No así, como veremos, en las alegrías finales, donde aparece más suelta, segura y redonda, a pesar de que exige menos a sí misma.

La segunda parte, paralela a la primera, comienza con el toque de Corpas en solitario meciendo unas granaínas de buen cuño. Aroa se incorpora por peteneras y, todo el cuadro, como dijimos, por alegrías.

El recital acaba con un fin de fiestas por bulerías, donde se ve a una Sensa más desinhibida, pero la frescura la encontramos en la pataílla de sus dos jóvenes palmeras.

* Foto de J.Antonio Martín (tomada de su web).

Martes, 21 de Febrero de 2012 11:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El lirismo de Esther Crisol

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Prestación del disco Aguacibera

Lo que antes sospechaba, ahora se ha confirmado. Esther Crisol tiene una gran capacidad musical, grandes dotes de afinación, interpretación y facultades; lo que no llega a alcanzar con el flamenco desgarrado lo palia con lirismo y sensibilidad. Prueba de ello lo tenemos en la presentación de su segundo trabajo discográfico Aguacibera el pasado viernes en el teatro CajaGRANADA y, sobre todo, en la interpretación del tema libre Schabat, de Juan Cruz Guevara, acompañada tan sólo del pianista Darío Moreno.

La Fundación Corda, tiene la misión de compilar, preservar y difundir la obra del poeta chileno David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927). Entre sus labores ha tenido a bien  ofrecer a la cantaora Esther Crisol la posibilidad de realizar una grabación algunos de sus textos.

De ahí nace Aguacibera, un trabajo metódico y minucioso de adaptación de dichos poemas al lenguaje flamenco, de manera que parecieran escritos para él. Aguacibera es ‘el agua con que se riega una tierra sembrada en seco’, que corresponde a uno de los poemas de David Rosenmann-Taub, dedicado a su abuela, cantado como vidalita y que le da nombre al disco.

Acertadamente varios cortes de la grabación son cantes de ida y vuelta, no sólo más libres y versátiles, adaptados a los melismas de la cantaora, sino que también recogen el espíritu del sur de América en su concepto y a las palabras del otro lado del océano. Así, aparte de la vidalita, Esther propondrá colombianas, que irán acompañadas del baile esbelto y medido de Lucía Guarnido o rumbas, con la eficaz participación, a pesar de su estridencia momentánea, del trompetista David Defries.

Otros músicos que le acompañan y que dan extensión al ambiente son el guitarrista Luis Mariano, partícipe en la puesta de largo de gran parte de los temas, Miguel ‘El Cheyenne’ en la percusión, Cuni Mantilla en el contrabajo, con un interesante rasgueo en los estilos a compás, y Nina Rishad en el violín, instrumento que va de la mano con las creaciones de Crisol.

El concierto se completa o se alterna con unos cabales, una soleá, una toná de gran belleza, unos tientos agradecidos y su final por bulería en forma de jam session.

Ante los aplausos del respetable, que abarrotaba la sala, el combo al completo ofreció unos tangos en los que se desliza con toda evidencia el soniquete de Granada que Luis Mariano borda con maestría comparada.

* Esther risol en la foto.

Miércoles, 15 de Febrero de 2012 16:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Pilar Fajardo en La Platería

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Los jueves flamencos en La Platería tienen un saborcillo especial. Aparte de que son abiertos a la totalidad del público que quiera asistir, a un precio asequible (no sólo socios), se suelen programar a jóvenes flamencos de Granada, donde ven una oportunidad de bailar en un escenario de “categoría”. La mayoría de los asistentes son turistas que visitan la ciudad de Granada, pero sobre todo estudiantes de alguna academia (Carmen de las Cuevas) que acuden a contemplar el flamenco en su raíz, el flamenco profesional.

Pues, siempre lo repetiré, los flamencos jóvenes de los que hablamos, no son noveles, pues vienen bailando desde los cuatro años o los seis o los ocho. Así, un flamenco de veinticinco años, puede que lleve diez, doce o quince años pisando los escenarios. La segunda o tercera fila en este arte es muy relativa.

Pilar Fajardo, bailaora algecireña, afincada desde hace tiempo en Granada, me sorprendió por su madurez estilística. El jueves pasado, 2 de febrero, en el escenario de La Platería se mostró segura y exigente. Hacía tiempo que no había coincidido con ella y, lo que siempre terminaba por pensar, que su baile,  aunque bello y completo, consistía en rellenar el silencio y en contentar al respetable, está adquiriendo una seguridad y presencia dignas de admiración.

Le acompañó a la guitarra Rafael Fajardo, un tocaor de oficio, con un sabor flamenco y un soniquete sacromontano de primer orden. Abrió el recital con un solo por granaínas lleno de pellizco e intención. Al cante, Manuel Heredia, uno de nuestros imprescindibles cantaores de atrás, estableció su reinado en forma de cuplé por bulerías lleno de referencias, en las que se acordó de Cecilia o Bambino, entre otros.
Pilar entró por soleares, en las que domina el espacio y se siente a gusto. Es una buena muestra de su evolución y sobre todo de su perspectiva, que es lo más importante.

La segunda parte comienza por tangos. Estrella, que se había limitado a llevar las palmas se muestra como una cantaora de compás y con buen eco flamenco.

Acaba la velada por alegrías, donde Pilar tiene su sello, aunque no son tan redondas como la soleá por bulerías de un principio. Su entrega es reconocible y su compromiso importante.

* Foto sacada de su Facebook.

Jueves, 09 de Febrero de 2012 11:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Clausura Circuito Provincial de Peñas

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Permitidme que sea aséptico en gran medida en los comentarios de este festival peñístico, pues oficié de presentador y estuve entre bastidores, a veces yendo y viniendo sin atender como hubiera sido mi gusto. Además, el sonido tras el escenario no era el deseado.

Por otra parte, a la salida, los comentarios contradictorios de los aficionados, no iluminaron mi cortedad. Me temo, sin embargo, que los guitarristas superaron por puntos a los cantaores.

El Circuito Provincial de Peñas, y por ende su clausura, estuvo dedicado al cantaor granadino Manual Ávila Rodríguez (1912-1993), natural de Montefrío y ganador, en 1983, de la Lámpara Minera en el XXIII Festival de las Minas de La Unión (aunque el año anterior fue accésit, junto a ‘Curro Lucena’ y ‘Juan Casillas’); fue seguidor de Antonio Chacón y del ‘Niño de Cabra’. Sobresalió en los cantes de minas, sobre todo en las murcianas. En 1985 forma parte del espectáculo Los últimos de la Fiesta y en 1992, en la Expo de Sevilla. Murió el 13 de marzo de 1993 en su pueblo natal.

Con este precedente, todos los intérpretes se acordaron más o menos del cantaor, dedicándole parte del repertorio.

En primer lugar, muy a su estilo, David Sorroche, acompañado por Jorge ‘El Pisao’ a la guitarra, hizo soleá y tangos de Granada, en los que se acordó a los postres de Enrique Morente y el Lenguaje de las flores.

Arturo Fernández, que conoció personalmente a Manual Ávila, contó algunas de sus vivencias, antes de interpretar unos tientos de Manolo Caracol y unas malagueñas de Chacón que cantaba el mismo homenajeado. A la guitarra, brillante como siempre, Ramón del Paso.

José Romero ‘Pasitas’, al lado del guitarrista de origen canadiense David Sinclair, intentó una temporera de Manual Ávila, pero recitada y con un extraño fondo por soleá. Fue acertado en las serrana y ajustado en la malagueña, mejor en la segunda estrofa, donde se presentaba él mismo, que en la primera.

Desde Montefrío, el mismo pueblo de Manuel, llegó Verónica ‘La Hindú’ simplemente para excusarse de no actuar, pues un resfriado habitual cegaba su voz y enriquecía su ronquera.

Un solo de guitarra sirvió de ecuador a un recital que, a pesar del gran número de actuantes, resultó dinámico. Jorge Espejo, ganador del último premio de jóvenes flamencos de la diputación, arpegió una taranta, donde se acordó en gran medida de Juan Habichuela y cerró con una soleá de Sabicas, guitarrista pamplonés, que habría cumplido en este 2012 los cien años.

Mª Ángeles Pérez, arropada por Kiki Corpas, hizo granaína y media y soleá. El mismo guitarrista, acompañó seguidamente a Cristián Delgado, de sólo 15 años, que volvió a hacer malagueñas (el palo estrella de la noche), rematadas por rondeñas y fandangos del Albaicín, para los que llevó a Elena y Marta como palmeras, y culminó con tangos de la tierra.

Por último, Alicia Morales, acompañada nuevamente por Ramón del Paso, hizo una soleá de Antonio ‘el Arenero’ y unos fandangos naturales que le dedicó a José Manuel Rojas, crítico de flamenco del periódico Ideal de Granada, presente en la sala.

* Manuel Ávila en la foto.

Martes, 31 de Enero de 2012 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenca flamenca

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La labor de un crítico, además de reconocer los valores de un artista, elogiar su buen camino y describir la función, estriba en denunciar los vicios y advertir los escollos. Así, dando cal y arena en la proporción adecuada, se elabora un artículo. El problema se encuentra cuando asistimos a un espectáculo que no hay por dónde cogerlo por agobiante, casposo, manido o chirriante; o, el caso contrario, cuando una obra no admite queja. El recital de baile de La Moneta, este sábado pasado en La Platería, no tuvo fisura posible, si acaso un sonido insuficiente.

Fuensanta ofreció su baile desnudo, sin conservantes ni colorantes. Su fuerza innata, su sentido del compás, sus paradas, sus silencios, sus arrebatos, sus éxtasis, su roneo, su sonrisa, sus desplantes, sus recuerdos, su picardía, sus ojos, su generosidad, su estilismo, su flamencura, su inteligencia, sus pies, su control, su aprendizaje, su contemporaneidad, su quejío, su espontaneidad, su compañerismo, su cabeza, su alegría… toda La Moneta estaba sobre las tablas. El salón de La Platería a rebosar y su cuadro, de referencia incomparable. Como cantaores llevó a tres de las mejores voces de Granada, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Antonio Amador ‘El Nitro’ (Manzanita de Santa Fe) y Juan Ángel Tirado; a la guitarra, sin igual, Miguel Ochando y su alumno aventajado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’; y a la caja Miguel Fernández ‘El Cheyenne’.

Comenzaron por tonas, que pasaron a ser seguiriyas cuando entró la bailaora. Parece que no había pasado, que no había futuro, tan solo un denso presente que se mascaba en cada paso y se aligeraba con cada vuelta. La dosis de improvisación, de vivir el momento, de fabricarse alas con cada cante, con cada arpegio, parecían únicos, parecían nuevos pero a la vez repetidos de tan medidos, de tan exactos.
Un par de rondas por fandangos naturales, nos hacen apreciar las exclusivas voces de los cantaores y sus ecos sin fronteras. Apreciamos con placer el torrente y el bello timbre de Manzanita; el aguardiente y la voz afillá de ‘El Parrón’, aunque su esfuerzo por rellenar huecos inexistentes no le sienta bien; y la acentuación y la cajita de música que tiene Juan Ángel en la garganta, quizá, si se lo creyera, el mejor cantaor de España. Como anécdota diremos que Jaime olvidó a la mitad la letra de un fandango, tras varios rasgueos de guitarra, cantó una estrofa completamente distinta.

La soleá con la que termina la primera parte, de más de una hora, es un ejemplo de exquisita redondez. Fuensanta domina la escena e hipnotiza por momentos. El remate por bulerías es un ejemplo de guasa contenida, de explosivo control.

La segunda entrega comienza con un solo de guitarras, unos verdiales de Gerardo Núñez, llamados Cañaveral, donde alumno y maestro se entienden y se complementan a la perfección. Es el sonido del agua, de una limpieza y un colorido sin igual. Denuncio, sin embargo, la deficiente sonorización del conjunto y, sobre todo, un cajón que está de más, por muy respetuoso que sea ‘El Cheyenne’. Para terminar, para rematar con guinda y matrícula, los sones por levante introducen tarantos, que a los postres serán tangos, con los que la granadina goza y hace gozar.

Un fin de fiestas por bulerías, llevó a Juanito, hijo de Juan Ángel Tirado, al escenario, que bailó con gracia y acierto, demostrando la proyección que puede encerrar un chiquillo de apenas diez años.

* Foto de Miguel Ángel Molina©.

Lunes, 30 de Enero de 2012 11:05 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Extremo Jondo

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Presentación DVD de La Moneta

Esta mañana hemos presentado en la Mediateca de CajaGRANADA un trabajo videográfico de la bailaora granadina Fuensanta ’La Moneta’. Estas son las palabras que he leído:

La Moneta es una bailaora inconformista que empezó en la Zambra y terminará, si mi intuición y su progreso no fallan, entre las estrellas. En 2003 (fecha en que la conocí) fue reconocida con el Desplante flamenco en el “Concurso Internacional de las Minas de La Unión”. Sin embargo este galardón no fue una meta, sino un punto de partida para demostrar su arte y su bravura. A partir de ahí marchó fuera de nuestras fronteras provinciales para aprender los variados caminos del baile flamenco, que son muchos. Sin abandonar su fuerza innata se dejó impregnar por todos los demiurgos de la danza, aprendiendo humildemente desde sus iguales hasta los consagrados, comprendiendo que no todo es sangre y arrebato, sino también reposo y silencio.

Cuando se siente segura, estrena sus primeros montajes, siempre en solitario, Lo que trae el aire, en el “Corral del Carbón” en 2006, y De entre la luna y los hombres, presentado en “Málaga en Flamenco”, en 2007.

Siempre ha sido independiente. La soleá, como tema básico del flamenco, se instaló en su vida desde un comienzo y decidió saltar a su personal ruedo. De vez en vez, con algún compañero que la complementa, de cuando en cuando, con un reducido cuerpo de baile que alarga su sombra.

De sus contactos con otros bailaores de su generación, especialmente con Rafael Estévez, hace un par de años, con quien compartió escenario en Sevilla, adquirió una vena contemporánea que dimensiona su baile –permitanme la humorada- desde la raíz a las puntas.

No en vano, fue reconocida por la Asociación de Periodistas y Críticos de Flamenco, otorgándole el premio Flamenco Hoy como la mejor bailaora en el año 2009.

Una cosa tiene muy clara desde un comienzo, y es que, aunque ella protagonice la escena, forma parte de un todo homogéneo al servicio del arte, al servicio del flamenco. Por eso se rodea de un cuadro impecable de músicos y cantaores. Porque La Moneta no baila porque sí, con un baile de relleno o circunstancia, como un toro cuando abandona el chiquero, sino que contempla el cante, se detiene y se deja llevar por los sones de la guitarra haciendo de cada baile un instante único, pues con esta premisa le da holgado margen a la intuición del momento y su estado anímico.

Así se ha ido rodeando de artistas de primera fila, como los guitarristas: Miguel Iglesias, de Sevilla, compositor de la mayor parte de las músicas de sus espectáculos, o el granadino David Carmona, acompañante habitual de Manolo Sanlúcar; de los cantaores Enrique “El Extremeño”, de Badajoz, Miguel Lavi, de Jerez, o David ‘el Galli’ de Morón de la Frontera; y del percusionista Miguel Fernández ‘el Cheyenne’, también de Granada.

Ahora llega con Extremo Jondo, estrenada el 7 de julio de 2010, en el Teatro Isabel La Católica, dentro del Festival Internacional de música y Danza de Granada, con el que ha recorrido medio mundo. Es aclamada sin límites, por ejemplo, en el sur de Francia o en Japón.

El DVD que presentamos fue grabado en directo, el 11 de agosto de 2011, en la clausura de Los Veranos del Corral. Le acompañan en esta ocasión Miguel Iglesias, a la guitarra, Miguel Lavi, al cante y Miguel ‘el Cheyenne’ a la percusión, que por ahora conforman su grupo permanente.

Extremo Jondo, como su nombre indica, se trata de llevar la jondura, o sea la dimensión flamenca que ha adquirido esta bailaora hasta el extremo. Es un guiño a todos los bailaores que le han precedido y una mirada a un horizonte abierto donde seguir explorando. Pero, al mismo tiempo, es una mirada intensa hacia su interior, una puesta en escena de sentimientos y sensaciones. Así aparece fuerte y delicada, alegre y dramática, pícara e inocente.

Extremo Jondo es un recorrido arbitrario por los distintos estilos del flamenco, dividiéndose claramente en dos partes que abarcan a voluntad sendos racimos de cantes más o menos imbricados entre sí, convencionalmente diferenciados por el cambio de vestuario de la protagonista.

El primer bloque comienza con un romance, que Fuensanta baila con vestido acampanado y mantón naranja a juego. Esta capela, se hace caña, para terminar por cantiñas, de ricas escobillas, donde destacan los silencios.

Un solo de guitarra y voz por mineras sirve de interludio para pasar a la segunda parte.

Este segundo bloque principia con bulerías que pasan a ser liviana y serranas, con letra original, que desemboca en un impagable macho por seguiriyas. Termina por tientos-tangos, en los que se pueden apreciar los sabores de herencia sacromontana.

Extremo Jondo, como se dice en el vídeo, contiene todo el embrujo del vino añejo en odre nuevo.

* El DVD se puede adquirir por 15 euros en discos Gran Vía o en las direcciones web de Los Veranos del Corral, de flamenco-world o deflamenco.com

Jueves, 26 de Enero de 2012 20:18 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Marejada en La Platería

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Lo he visto actuar un par de veces en Cádiz, solo y en compañía, también ha venido por estas tierras (Corral del Carbón) y quizá hayamos coincidido en Sevilla o Madrid. Con el pelo corto, sin embargo, no lo conocía. Comenzó el cante y ya fue inconfundible. David Palomar, o ‘el Palomar’, ese cantaor, aunque joven, imprescindible en la escena gaditana, heredero, por cuna, simpatía e inclinaciones del Mellizo, Sellés o Chano, ganador de varios premios en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (2007), Premio Joven de la Cátedra de flamencología de Cádiz y autor de Trimilenaria (2008) galardonado como Mejor Primer Disco por la web especializada deflamenco.com, sembró de sal el escenario de La Platería, este sábado pasado.
Un retraso considerable, le animó a condensar su actuación en una sola parte. Su primera intención fue la frescura del chiste gaditano, pero ya sea porque no estaba inspirado o por la frialdad del público platero, sus deseos hicieron agua. Aunque su actuación, centrada en los aires de su tierra, no tuvo apenas resquicio. Quizás, por conformar un pero, el guitarrista que le acompañaba, Ricardo Rivera, con momentos notables, sonó algo farragoso en su conjunto.
David comenzó, “como todo el mundo acaba”, por bulerías de Cádiz, llamadas por él chuflillas, como se conocen en su tierra, tal vez asociándolas más directamente con la supuesta etimología del cante como ‘burlería’, de ‘burla’.
Continuó por seguiriyas, que se las dedicó a Enrique Morente, cantaor admirado, según dijo, y al que le deben mucho los artistas de su generación.
Con las alegrías que sonaron a continuación, dejó innegable constancia de su origen y el soniquete inconfundible de La Bahía.
Las malagueñas contaron con una generosa introducción. Fueron del Mellizo, aunque la primera de las letras se atribuye a Fosforito el Viejo, aunque todo eran suposiciones, porque ninguno de los dos grabó. No obstante, tenemos estas noticias a través de Aurelio, yerno de Enrique el Mellizo.
Después de la soleá, correcta y marcada, aunque de estrofa larga, de hasta seis versos, volvió a reivindicarse por tanguillos, acordándose de Chano, Beni, Cornejo o Pericón, y de esas letras tan manidas y populares, que ya es difícil oírlas.
Acaba Palomar por bulerías, poniéndose en pie y ofreciéndonos de vez en vez sendas pataíllas, con y sin micrófono, mostrando el artista completo que lleva dentro (en la obra Cádiz, de finales del 2007, no sólo cantaba y bailaba con gracia, sino que también tocaba la guitarra). En dichas bulerías, donde el guitarrista iba medio tono por encima, David que empezó a acordarse de la Paquera, terminó remedando a Camarón.

* Foto extraida de deflamenco.com©.

Martes, 24 de Enero de 2012 11:03 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El flamenco y el jazz caminan del brazo

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‘Borrachito’ de Sergio Pamies

La savia del flamenco y el jazz se mezclan en las venas de Sergio Pamies y se derraman por los dedos impregnando las teclas de su piano de ‘soníos negros’ altamente reconocibles. Sergio es un pianista granadino, afincado en Estados Unidos, que no ha perdido el amor a su patria chica y a su gente.

Lo conocí dando un concierto en el Corral del Carbón y ya me sorprendió el diálogo de su piano. Habitualmente los pianistas que hacen flamenco tratan de remedar la guitarra con sus teclas, Sergio se acerca a la voz, complementando así un todo sonoro riquísimo con sus melismas. Allí estuvo con Diego Amador, su maestro, que casi improvisaron una bulería a cuatro manos, con sendos pianos de cola enfrentados.

Con su mismo grupo, más o menos, hará un par de años, coincidimos en el Museo-Cuevas del Sacromonte presentando su primer disco, Entre Amigos, una concepción genérica de la música donde todo se complementa en una sola armonía que puede ser infinita.

Ahora, el pasado viernes, 13 de enero, vino al Teatro CajaGRANADA para exponer su segundo trabajo, Borrachito, que puede ser perfectamente la continuación del primero, como si hubiera terminado en puntos suspensivos, con permanente idea de continuar.

Se rodea sabiamente de buenos músicos en directo de ambas ramas (José Cortés ’El Pirata’ y Sergio Gómez ’Colorao’ al cante y las palmas; Éric Sánchez a la trompeta; Víctor de Diego en los saxos, tenor y soprano; Francis Pose al contrabajo; Gonzalo del Val a la batería; Benjamín Santiago ’El moreno’ y Miguel Fernández ’El cheyenne’ en la percusión flamenca; y Julián Heredia ’Pipote’ al bajo eléctrico) que le hacen navegar con seguridad y soltura por ambas aguas, pero también con algunos maestros en el disco (la voz de Pepe Luis Carmona, la percusión de Rubem Dantas, la Armónica de Antonio Serrano y la trompeta de Christian Scottque) que le despejan el camino hacia el norte.

Con Borrachito, la bulería que le da nombre al disco (con la carátula de Mariscal), comienza una noche efervescente, donde vemos a un pianista bastante más maduro, aunque sólo han pasado dos años desde su última entrega, con una comunión encomiable con su grupo, que se hace y se rehace a conveniencia para, en los momentos cumbre, reunirlos a todos, nada menos que una oncena, sobre el escenario.

Continúa con Ask me now de Thelonious Monk, alternando así algunos temas más jazzíticos que definen su lenguaje. Los músicos se van alternando en solos encomiables. Otras piezas se suceden, destacando la soleá por bulerías 1312 Kendolph Drive (calle donde vivía Pamies en Nueva York), con el cante meritorio de Sergio Gómez, quien aporta después una composición por tangos, que no entra en el disco, con una generosa introducción percutida con las dos cajas de Cheyenne y el Moreno y una bella coda final repetida incansablemente, como un obstinato improviso.

Llegado el momento del reconocimiento, Sergio comienza a dedicar temas, desde su abuela, presente en la sala, a la que le compuso las Alegrías de la Paquita, hasta a Juan Santos, del Eshavira, pasando por sus padres, Rubem Dantas, Antonio Serrano o Diego Amador.

Una de las sorpresas estremecedoras de la noche fue la aparición del pianista junto a Soleá Morente, interpretando uno de los temas de la banda sonora de la película Chico y Rita. Las apariciones de la mediana de los Morente son puntuales pero impagables.

Quiero destacar igualmente el control y el swing del baterista, no sólo por sus solos, sino por su continuo contrapunto que elevaba la atmósfera varios enteros. Destaco también sin lugar a dudas la labor del bajista Julián Heredia, flamenquísimo, artista local cuya sombra será alargada. Reconozco igualmente las voces de ’El Pirata’ y ’El Colorao’. Así como sancionar de alguna forma el exceso general de dos cajones flamencos a veces, solapados, y el incomprensible bailaor (José Cortés ‘El Indio’), por momentos fuera de contexto.

Termina la fiesta con algún bis, un poquito por bulerías y varios minutos de aplausos, bien merecidos.

Jueves, 19 de Enero de 2012 12:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Noche de villancicos

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Ejerciendo de padre durante estos días, no me ha dado lugar a asistir a las múltiples noches flamencas programadas en Granada donde el ambiente navideño es el protagonista.

En nuestra ciudad, en comparación con la Zambomba flamenca que se organiza en Cádiz o en Sevilla, algunos han dado en llamar a esta fiesta Pandereta Flamenca, algo tan válido como cualquier otro nombre convencional, aunque tradicionalmente siempre ha sido Noche de villancicos o Noche de Navidad.

De la primera Pandereta Flamenca de la que tuve noticia, que no podré asistir, fue la del viernes, día 9, en el Centro Cívico del Zaidín, en la que participaba Iván Vílchez, Fita Heredia, Jesús de María, Josele de la Rosa, Josué Heredia y otros.

El jueves 15 se celebró en la Facultad de Medicina, auspiciada por la universidad, con casi los mismos actuantes, destacando las nuevas participaciones de César Cubero y de Beatriz Remacho.

Repite prácticamente el mismo cuadro en la Primera Navidad Flamenca del Pub Liberia, el día 16, a los que se suma Alicia Morales.

Al día siguiente tuvimos la tradicional Pandereta Flamenca en La Chumbera, posibles creadores directos de esta denominación. Y, seguidamente, ese mismo sábado, a la que sí pude acudir, por fin, fue al Día del Villancico en la Peña de La Platería, coordinado con todo el sentimiento por el maestro Curro Andrés.

Este día disfrutamos de las guitarras exclusivas, de toque ochandiano, de Alfredo Mesa y Álvaro Pérez, y de un plantel de cantaores jóvenes, de la cantera exclusiva de nuestra tierra, que nada tiene que envidiarle a las demás. De derecha a izquierda, estos flamencos precoces eran Iván Vílchez, Jesús de María, Tomás García, Aroa Palomo, Jesús Zafra y Esther Crisol. Una noche entrañable, artísticamente sentida y bien estructurada, donde cada cantaor abordaba un villancico popular por turnos, mientras los demás le hacían compás y coros. Eché en falta la ambientación propia navideña de pandereta, botella de aguardiente, zambomba y almirez, y no sólo las guitarras y las palmas que redundaron en una parquedad agradecida, pero que, para el día que nos ocupa, rayaba en lo insípido.

Todavía nos quedan varias cosillas. El jueves 22 habrá un concierto navideño en el Gustav Klimt, encabezado por Juan Habichuela Nieto, con más de diez cantaores, que promete; el viernes 23 se celebrará una Navidad Flamenca en la peña Frasquito Yerbabuena de Cúllar Vega; y alguna cosa más que no la tengo agendada.

Y si alguien se queda con ganas, para Fin de Año tenemos un Especial Noche Vieja en Le Chien Andalou el mismo día 31.

* En la foto, adaptada de su facebook, Jesús de María, el más jóven de los cantaores granadinos.

Martes, 20 de Diciembre de 2011 11:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Buscando un camino

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XII Encuentros Flamencos

Correcta la actuación del Ballet flamenco de Cecilia Gómez, que fue ganando en eficacia y en calor a lo largo de la noche

Han pasado casi dos semanas desde que asistimos al espectáculo ‘Bailaora’ de esta joven linense y mi recuerdo se ha enfriado, no así las sensaciones de una flamenca estilosa y repleta, con ganas de comunicar. Acompañada de dos cantaores, dos guitarras, un violín y una caja, Cecilia pretende hacer un recorrido por los distintos palos del flamenco y la riqueza de la mujer frente a ellos. Es un argumento manido, pero desde el punto de vista personal no deja de ser interesante.

Destaca desde un comienzo la puesta en escena que, si es penumbrosa, como aqueja a la mayoría de los espectáculos flamencos, goza de un juego de luces talentoso que dimensiona el exclusivo vestuario y la propuesta en general.

Durante la primera parte, la bailaora se resiste y su aparición es escasa, para manifestar a los postres una presencia más agradecida. Sus músicos, entre humareda injustificable, abren por bulerías, para entroncar con una soleá por bulerías, donde la bailaora se presenta con un paso a dos, bello pero poco festero para la pieza que nos ocupa.

Una sucesiva correlación de baile grupal (3 bailaores), abordan fandangos, tangos y alegrías, que introduce un generoso violín, y se llenan de apreciadas individualidades, en las que se acopla la misma Cecilia por fiesta, con un vestido corto de vuelo, mantón grana y oro y peineta a juego. En medio de esta pieza, el escenario sufre un apagón que será el comienzo de una serie de desajustes, de iluminación y sonido, para los siguientes días de Festival, que lamentablemente no pude asistir.

Tras un solo de percusión, que venía a ser el principio de nada, suenan en off distintas músicas por bulerías que abordan tres bailaores, ataviados de toreros que, a pesar de lo casposo, fue de lo más resultón de la obra.

Un solo de cante por rondeñas, da paso a las seguiriyas, que la protagonista aborda con traje negro sin mangas, muy femenino, y chaquetilla corta. Sin duda, es de lo mejorcito de la velada, la sorpresa final llena de silencios y ricos taconeos, donde la joven es sensual toreadora, mostrando su espíritu real de ‘bailaora’ cuando las esta pieza dramática pasa a ser toná o cuando la caja que se acelera en función del preciso taconeo.

Para el fin de fiestas, premeditado por bulerías, es invitado a bailar Juan Andrés Maya como ‘maestro’ organizador de este festival, antes de que la compañía se despidiera, agradeciendo los múltiples aplausos del medio aforo convocado.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 16 de Diciembre de 2011 11:48 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Hace un año

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Hace ya un año que la noticia de la muerte de Enrique Morente nos desgarró por dentro, sobre todo por lo inesperada, sobre todo por las formas. A estás alturas, seas creyente o no, debes tener asumido este vacío, el último acto de un hombre que no dejaba de sorprender, ni siquiera para decir adiós, ni siquiera para hacerse un sitio inviolable entre nuestros seres más queridos y admirados.

Enrique fue un mito viviente. Enrique fue un mito cercano. Tan familiar que su dimensión nos parecía increíble. Una altura que va aumentando. Y, si admirábamos a la persona o al cantaor, ahora nos damos cuenta que debemos aplaudir al músico en general, al creador, al intelectual sensible y generoso, al filósofo urbano, al ocurrente, al comprometido, al amigo.

Su música me acompaña a diario. No hay día en que no lo recuerde con sus cantes, con su estela que, como la sombra del ciprés, es alargada.

Nos queda, como digo, su siembra y sus miles de seguidores y sus creaciones. Todos los flamencos jóvenes de Granada lo recuerdan, aunque sea en sus tangos (si no en su seguiriya acelerada, en su fandango tan personal, en su bulería meditada).

Así es, David, Alicia, Juan, Estrella, Ana, Carlos, Marina, Alberto, Álvaro, Sara, Antonio, Curro, Enrique, Fita, José, Miguel, Iván, Yudith, Tomás… interpretan como nos enseñó el maestro El lenguaje de las flores en su repertorio, que fue el punto de partida de Enrique y los poetas, de Morente entre las estrellas.

Martes, 13 de Diciembre de 2011 00:52 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Los caminos de Arcángel

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XII Encuentros Flamencos

Con “Olor a tierra” comienza Arcángel su recital, que pretende recoger esos cantes de siempre que, como el aroma de la lluvia, le han ido acompañando desde su niñez, y, al mismo tiempo, impregnarlos con esos sonidos nuevos, con ese flamenco experimental, que sólo pretende darle una nueva vuelta a la tradición. Por otra parte me temo que su propuesta abundó más en este segundo concepto que en el primero, máxime si se reúne de dos de los tocaores, Miguel Ángel Cortés y Dani Méndez, más vanguardistas del panorama actual.

Arcángel, con su sentido del compás, su perfecta afinación, su apología del grito y su constante referencia a Morente, principia su recital por cañas, rematadas por soleá por bulerías. Es un buen comienzo, donde se ponen de manifiesto sus cualidades, el deseo de innovar y esa dimensión contemporánea de los guitarristas de la que hago mención.

El cantaor onubense continúa por malagueñas, donde se alternan las guitarras como en un duelo de sensibilidades. A estos cantes de Málaga se le van uniendo los coros y el compás de Los Mellis y la percusión de Antonio, cuando se rematan por rondeñas “casi recitadas” y más tarde por fandangos del Albaicín, que Arcángel borda con sus extremos agudos.

Durante los tangos, el cantaor se asoma al Camino y termina acordándose de Enrique, a quien dedica manifiestamente todo el concierto, incluso gasta un chaleco con la figura y el nombre del maestro granadino.

En las seguiriyas, en las que le acompaña sólo Miguel Ángel cortés, vuelve a hacer de las suyas (lo que le hemos visto hacer más de una ocasión) y hace libre lo que está medido y cambia el acento tradicional. Momento interesante será cuando vengan marcadas por pandero. Termina remedando a Chacón.

Por soleá, arropado por Dani Méndez, se siente grande, antes de un pequeño descanso, en el que las guitarras se quedan solas haciendo exquisiteces por levante.

Vuelve a las tablas Arcángel por bulerías, a pie de escenario, sin micrófono, en las que todos los músicos le acompañan haciendo sólo compás con las palmas.

En las alegrías se siente como pez en el agua, sólo superadas por los fandangos donde es largo y respetuoso con su tierra y sus mayores, a los que reconoce de manera especial a Toronjo o a Morente.

 

La noche sin embargo no terminó allí. Después de Arcángel en los Encuentros del teatro Isabel la Católica nos dirigimos a la peña La Platería, donde Pepe Habichuela actuaba con la joven castellonense Tamara Escudero. Como es lógico, el recital ya había empezado y asistimos sólo a la segunda parte, breve pero intensa. El más aperturista de la saga Habichuela comenzó por soleá, marcando como pocos, arpegiando como él solo. A Tamara se le observan las maneras y melismas de Estrella Morente. Se le parece en la apuesta y en el timbre de la voz. Ligando los tercios, es rica en ayeos y en vocales prolongadas melódicamente recorriendo la escala, aunque pasea con más comodidad por los bajos. Su afinado es perfecto.

En la vidalita, con La vieja sonanta, Pepe recuerda a Morente y su colaboración, y la cantaora sin confusión remeda a Estrella.

Terminan por fiesta con unas alegrías gran moduladas y, requiriendo compás de José Antonio Carmona, se marchan por bulerías.

* Foto: Antonio Conde©.

Viernes, 09 de Diciembre de 2011 13:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una nueva labor de la ONCE

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Los lunes flamencos de la ONCE

Desde hace algunos años, en la Organización de Ciegos de Granada, se realizan unos conciertos flamencos gratuitos para revalorizar las peñas de la provincia y potenciar los nuevos valores. El último lunes de cada mes, en su sede de la plaza del Carmen, acogen a una peña flamenca granadina para escuchar a los jóvenes cantaores que se reúnen entorno a ella.

Muchas veces, estos jóvenes acuden con los veteranos que los apadrinan. Éste fue el caso del lunes pasado, cuando se presentó Asociación Cultural Amantes del Flamenco de Peligros respaldada por Miguel Barroso, quien al final se hizo una bien modulada granaína, aunque andaba un poco enfermo de la garganta.

El primero en actuar fue Francisco, apodado ‘El Pirata’, con Armando Linares a la guitarra. Un cantaor que promete, con facultades y buenas intenciones. Interpretó soleá por bulerías y se despidió por fandangos. Cintia, sin embargo, se le ve bastante verde y titubeante. Con su voz grave, hizo unas bulerías de Luis de la Pica. El mismo Armando, curtido ya en el acompañamiento, a pesar de su edad, estuvo a su lado.

Zaira Fernández a continuación coloreó la noche bailando unos tangos, que sonaron en off, cargados de sentimiento, aunque tremendamente básicos. Su juventud extrema, en cambio, está a su favor.

José Romero ‘Pasita’, el veterano del grupo, con el canadiense David Sinclair, a la guitarra, con la voz manifiestamente tomada, recitó un poema e hizo una farruca de propio cuño, lo que enriquece su propuesta. Algunos versos, no obstante, algo forzados y la prolongación del ayeo en algunos tercios, confieren doble mérito al guitarrista.

Isa ‘La Jazmín’, con varios años de compromiso a sus espaldas, pasea su afición tanto en el baile como en el cante. Con su voz potente y convencida, entonó unas colombianas, arropada por la guitarra de Rafa Hoces. Guitarrista que también acompañó a Barroso a culminar la velada.

Domingo, 04 de Diciembre de 2011 18:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo un recital

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Flamenco en La Platería

Sin lugar a dudas, una de las cantaoras jóvenes que crea más expectación y esperanza en la provincia de Granada, no sólo a mí, sino a todos los que la han escuchado, es Ana Mochón. Su buen hacer, sus facultades y su conocimiento la hacen acreedora de ello. Por eso cada vez que actúa, cada vez que su nombre aparece en un cartel, es motivo de atención por su compromiso y calidad artística.

A sus diecisiete años recién cumplidos (celebró su onomástica en el mismo recital que voy a referir), y con varios premios en La Unión, es ya un reclamo seguro para cualquier festival.

Quizá tenga que encontrar su camino cierto, quizá tenga que abandonar algunos vicios de niñez, quizá tenga que olvidarse de alguna cantaora a la que intenta remedar, quizá le falte soltura en sus diálogos y su poquito de baile, quizá abuse de la nariz, quizá se entregue y se vacíe antes de tiempo… pero el poder que tiene en la garganta y en el espíritu son dignos de admiración. Y lo mejor, seguramente, es su trayectoria, la perspectiva indiscutible de una carrera enfocada.

Ana Mochón en La Platería es como decir Ana Mochón en su casa. Su familia es socia de esta peña antes de que Ana viniera al mundo. Ya asistía a los encuentros flamencos desde la barriga de su madre y después en sus brazos, quedándose dormida entre dos sillas acunada por una soleá o un taranto. El cante lo lleva dentro y su estudio es casi por osmosis.

Con volantes nuevos, de dudosa belleza, se presenta la cantaora como una reina en su salón, acompañada por Antonio de la Luz a la guitarra, un tocaor creciente y también muy querido por los aficionados. La soleá de Rafael Moreno, que da paso a la caña abre la noche. Desde este primer cante, como digo, se aprecian las facultades de Ana, su conocimiento y su poder seductor. Continúa con una fabulosa malagueña, quizá lo mejor, de esta primera parte al menos, con letras de Chacón, en versión de Pepe Pinto, y del Mellizo. A los postres se abandola por Granada, muy al estilo de Juan Pinilla.

Pide disculpas a continuación para hacer un tema orillado en el flamenco, alejado de la pureza. Pero con gracia y estilo entona una copla bambinera que será muy bien recibida por el respetable.

Para la soleá, pide la presencia de José Delgado, antiguo presidente de la peña y crítico de flamenco, que en cierta manera apadrina a la artista en esta noche, para que inserte algunos recitados entre sus letrillas cantadas. El poeta elegido es Manuel Benítez Carrasco y las soleares son de tres de los cantaores más destacados en nuestra tierra: Cobitos, Juanillo ‘El Gitano’ y Pepe ‘El de Jun’. Faltó Enrique Morente para redondear la escena.

Terminó este primer pase con unos tangos de Granada más bien sosos, con una cierta tendencia en los motivos y en las maneras de imitar a Marina Heredia.

Con el pregón de Macandé y su venta de caramelos, comienza la segunda parte y la gavilla de fandangos que dan paso a los cantes mineros. Serán taranto, cartagenera y taranta, que la misma cantaora anuncia acordándose de su fructífero paso por el concurso de La Unión. La tensión adquirida se relaja con unas colombianas que interpreta a continuación, demostrando la largura de su repertorio.

La cantaora vuelve a ser grande por seguiriyas, en las que se acuerda de Manuel Molina, Antonio Cagancho y Curro Dulce y su cambio.

Termina el recital por fiesta, que incluye, en primer lugar, bulerías, de pie y con su poquito de braceo, como ocurrió en los tangos, que introduce con una letra del legendario grupo Alameda, del que pasa a Luis el de la Pica y después a Turronero; y para finalizar con unos simpáticos tanguillos propios, escritos por su padre. Los aplausos y jaleos duran varios minutos.

Jueves, 01 de Diciembre de 2011 10:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Rubén se reinventa

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Recitales en el Café-Pub Liberia

Puede que me repita más que una morcilla en la noche, pero volveré a insistir sobre el buen casamiento entre el flamenco y el jazz. Dos músicas hermanas, de nacimiento parecido, aunque en distintas latitudes, se encuentran y se reconocen, bebe la una de la otra y caminan al unísono. Grandes intérpretes del jazz se han acercado y siguen acercándose al flamenco, como Chick Corea, que no deja de airear su corazón hispano (últimamente rodeándose de guitarristas, cantaores y hasta de bailaores).

El camino opuesto, del flamenco al jazz, no es necesario dar ejemplos, pues cualquiera de nuestros guitarristas actuales se dimensiona con los acordes de esa música tan libre y creativa, desde Paco de Lucía hasta Rafalín Habichuela, por poner un ejemplo.

A Rubén Campos lo hemos conocido siempre como flamenco de vanguardia. Su guitarra inquieta ha acompañado al cante, al baile y ha demostrado sus virtudes de concierto. Sus minuciosas composiciones siempre han llamado la atención por su armonía novedosa y una flamencura especial identitaria que ha ido ganando en fuerza y soltura.

Ahora se sumerge en pleno jazz, reinventándose con otros músicos, componiendo temas abiertos, pero también, rescatando obras exclusivas de las dos orillas. El “Rubén Campos Cuartet”, como primicia, sienta sus bases en el Liberia y, aunque se vislumbra la falta de ensayo, se evidencian las buenas ideas, la compenetración y sobre todo la calidad de sus músicos.

Puede que no recuerde el orden ni todos los temas, pues no tomé nota y ha pasado casi una semana del evento, pero más o menos así fue su desarrollo.

Comenzó la noche con un solo de guitarra, a manos del titular. Una creación cercana a levante, con concesiones a la fiesta, que sirvió para presentar las nuevas apuestas del músico granadino. El grueso de la banda (José M. ‘El Petaca’ al piano, el catalán Joan Masana al bajo eléctrico y Antonio Gómez ‘El Turri’ en la voz y a la caja) se incorporó en los jaleos extremeños. Para terminar esta primera parte y entrar dentro de lo maravilloso, interpretaron, con solos memorables de guitarra, piano y flauta, tocada por El Turri, la pieza Ziryab, de Paco de Lucía, perteneciente al disco de 1990 del mismo nombre.

La segunda parte, si no recuerdo mal, comenzó con un tema de Bill Evans, el mismo músico al que se acercó maravillosamente el Niño Josele en su álbum Paz (2006). A continuación sonó un bolero de propio cuño, que Rubén dedicó a su familia, allí presente, y para terminar una composición del trompetista de Carolina del Sur, Dizzy Gillespie, por bulerías.

Como fin de fiestas, Campos invitó al escenario a su compañero Sergio Gómez ‘El Colorao’, a quien suele acompañar al cante, y se marcharon por bulerías.

Todos los miércoles, en el Café-Pub Liberia hay flamenco en directo y todos los jueves se puede escuchar blues o jazz u otra música que encarte.

* Rubén Campos en Casa Patas©.

Martes, 29 de Noviembre de 2011 19:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco desde la orilla

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Flamenco en Almería

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar en su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

Actualmente, también tendremos en cuenta a Rocío Segura, Toñi Fernández (y su hermano 'El Titi') y sobre todo a las hermanas Pérez, María José y Montse.

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

* Artículo publicado en el número 5 de la revista Acordes de Flamenco (junio de 2007)

** En la foto, la cantaora almeriense Rocío Segura que hizo de guía en nuestra ruta.

Flamenco desde la orilla

Almería a través de los ojos de Rocío Segura

 

Almería no es sólo el extremo sureste de la península ibérica, también es, respecto al flamenco, la fragua más orillada. Esta posición le hace en muchos casos pasar desapercibida o engrosar el difuminado grupo de “levante”, viéndose sin duda relegada a un segundo plano. Este “estado de marginación”, denunciado por los mismos artistas, a veces se debe en parte a los propios paisanos que miran más allá de sus fronteras antes de hurgar su corazón. No obstante, cuando un hijo de esta tierra, levanta la cabeza y eleva el vuelo, cuando lo que toca resplandece en dorado como si se tratara de un nuevo Midas o cuando vindica la existencia, la raíz y la sal del flamenco, sentimos que Almería dice bastante en este mundo y aún le queda mucho por decir.

Almería linda con Murcia, con Jaén y con Granada. Los cantes se diluyen en la esquina. El origen de la taranta se la disputan por un lado Jaén y sus pueblos mineros y por otro Almería, de la que también surgió el taranto, tomando como base los fandangos de la tierra. La taranta era el cante minero que, según la leyenda, entonaban los trabajadores camino de la mina o de regreso a sus hogares, cual enanitos de Blancanieves. La verdad es que, conociendo la dificultad interpretativa de este palo, lo que puede que se cantara fueran algunos fandangos locales.

En cambio, es comúnmente aceptada en la actualidad la distinción de la taranta de Almería y la taranta de Linares, de nacimientos paralelos, en una misma circunstancia de “fiebre” minera. En fin, definitivamente admitimos que estos tres cantes, los fandangos, la taranta y el taranto, son oriundos de Almería, donde han surgido grandes taranteros, que los han asentado adecuadamente y evolucionado hasta la actualidad, como Pedro el Morato, El Ciego de la Playa, el Cabogatero o El Marmolista. Fuera de Almería han hecho grandes estos cantes desde Antonio Chacón, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines o Manuel Torre hasta Fosforito o Camarón.

Ahora bien, de lo que se puede vanagloriar Almería sin ninguna discusión es su aportación al mundo de la guitarra. De Almería surgieron los grandes guitarreros de Andalucía (sin desmerecer a Málaga, Granada y el resto de las provincias que moldean el palosanto). Aunque, según Norberto Torres, “los casos de Antonio de Torres y Gerundino Fernández, de prestigio internacional, aparecen como casos aislados, pero su importancia en la historia de la construcción de guitarra basta para hacer de Almería uno de los primeros lugares en este aspecto”.

Actualmente, figuras como José Fernández Torres “Tomatito” o Niño Josele, recuerdan que también Almería es importante en la guitarra de concierto, siguiendo la tradición del pionero decimonónico Julián Arcas Lacal. Si bien esta ciudad ha carecido de academias o conservatorios para promocionar y enriquecer esta profesión, hasta fechas relativamente cercanas, la tradición autodidacta entre familias gitanas de los populares barrios de Pescadería o de la Chanca, como la de los Torres (o sea, los "Tomates") o la de los "Joseles", emparentadas entre ellas, hacen de esta ciudad, como ya he apuntado, un crisol indiscutible en el arte de las seis cuerdas.

Sin embargo, Almería no ha dado ninguna figura de proyección nacional en el cante ni en el baile, a pesar de gozar de numerosos aficionados y algunos profesionales que difícilmente traspasan sus fronteras. Atiéndase el caso de José Sorroche, de Luis el de la Venta o de los hermanos Gómez.

 

Rocío Segura

Con estos precedentes, nos disponemos a descubrir la ciudad del Indalo a través de los ojos de una cantaora almeriense que, pese a su juventud, refleja voces añejas en su jondo fraseo. Rocío Segura ha grabado algunos discos en colaboración con otros artistas almerienses y en solitario un disco de saetas y una obra esencial a los grandes maestros”, en el año 2003. Un disco arriesgado, considerando que un flamenco tan árido y ortodoxo sólo se vende entre los profesionales y aficionados (nunca necesariamente excluyentes).

“Homenaje” es sobre todo un disco de gran aficionada, una declaración de principios, en donde Rocío pone sus cimientos interpretando cabalmente a la Niña de los Peines, a la Repompa, a Chacón, a Vallejo o al Gallina. Y, cómo no, expone respetuosamente los tarantos de Almería. Podemos decir, de esta manera, que Rocío Segura tiene un eco muy flamenco que nos puede recordar a algunos de los grandes, destacando, no obstante, su personalísima entrega.

El próximo trabajo discográfico, que tiene en pensamiento, quiere que siga la misma línea de flamenco puro que el mencionado, aunque, reconoce, que no es fácil mantener esa apuesta, “en 2006, reconoce, ninguna compañía se arriesga a sacar un disco de raíz”.

María del Rosario Segura López nació el 19 de septiembre de 1979 en el barrio de Pescadería, que es, salvando las distancias, como en Sevilla nacer en Triana o en Cádiz en el barrio de Santa María o en Jerez en la Mercé. En este barrio han nacido el cincuenta por ciento, o tal vez más de los flamencos de Almería. De Pescadería son los guitarristas Tomatito, Paco López o el Negrillo; los cantaores Juan y José Gómez, Carrete o Potito de Almería; y la bailaora María del Mar La Rebota. “De mi tierra, comenta la cantaora, te puedo decir que está llena de rincones con embrujo y mucho arte como mi barrio de Pescadería que es el barrio mas flamenco, de donde han salido los mejores artistas de mi tierra”.

Rocío es hija de la también cantaora Antonia López, al decir de muchos, uno de los mejores exponentes del cante almeriense. Junto a su madre ha cantado desde muy corta edad fandangos y saetas al pie de los pasos de Semana Santa. Desde los doce años está ganando concursos que no es preciso enumerar. Quedémonos con la Lámpara Minera de las Minas de La Unión en el año 2000.

Su puesta de largo, por llamarla de alguna forma, la hizo de la mano de Juan Carmona Habichuela en 1995, en el Auditorio Municipal Maestro Padilla de Almería, dentro de un homenaje a los cantaores Juan y Ramón Gómez. Un espaldarazo definitivo fue en el “Festival Flamenco por Tarantos”, celebrado en el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, donde estuvo acompañada por su paisano Niño Josele.

A Rocío le gustan todos los cantes e intenta interpretarlos todos, aunque se siente muy a gusto en las bulerías, siendo también especiales para ella las seguiriyas, los cantes de su tierra, la soleá…

Su actual proyecto es una gira, junto con Chano Lobato, José Menese, El Polaco y otros artistas, que se presentó en la Feria Mundial del Flamenco, en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla, el día 17 de noviembre, para recorrer otros centros neurálgicos del flamenco, como son Mairena, Lebrija o Málaga.

 

Flamenco en Almería

La oferta flamenca almeriense es escasa y está focalizada en las dos peñas que existen en la capital y algunos bares de sabor flamenco. No obstante, en un grupo elevado de poblaciones existen una o dos peñas flamencas hasta alcanzar el número de veinticinco, reuniendo entre ellas a poco más de dos mil asociados. Tal es la presencia y afición del flamenco en Almería.

Aparte de la actividad que emana de estos templos esenciales, que funcionan exclusivamente los fines de semana, otra oportunidad de disfrutar de esta pasión, no existe. Así la peña funciona como lugar de encuentro, tablao y centro de aprendizaje.

También, y justo es decirlo, los poderes fácticos de la ciudad, de vez en vez, programan flamenco puntual entre su oferta de ocio. En concreto, la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería organiza anualmente, a finales del mes de agosto, en la Plaza Vieja (antes se realizaba en la Alcazaba), el Festival de Flamenco de Almería, que este año 2006 celebró su 37ª edición.

Las peñas almerienses son “El Taranto” y “El Morato”. El Taranto es la peña decana en esta ciudad, con más de cuarenta años de antigüedad, y un referente necesario en toda Andalucía. La regularidad, cantidad y calidad de sus actuaciones, hacen de ella un centro cultural y flamenco de primer orden. La Peña mantiene una revista bianual, llamada “Taranto”, que informa sobre sus actividades realizadas y por hacer y se complementa con entrevistas, opiniones, recortes de prensa y otros contenidos que vivifican el quehacer de este colectivo. En el mes de octubre vio la luz el número 58 de dicha publicación. También, anualmente, la Peña entrega el Trofeo Taranto al cantaor que se haya destacado en su actuación durante el año y el Trofeo Taranto al mejor toro de la feria. Este año también se ha establecido el Trofeo al mejor guitarra de acompañamiento, que ha recaído en el tocaor granadino Paco Cortés.

Sin embargo, Rocío Segura prefiere la peña de El Morato donde hay un ambiente más abierto y familiar, en el que se reúnen los aficionados en torno a una mesa tomando una copa de vino (el ambigú de El Taranto, se encuentra bastante retirado del escenario), aunque, como gran aficionada, se arrima al buen cante allá donde se encuentre.

Gran actividad flamenca, como hemos dicho, la podemos encontrar en la provincia, en su mayoría en pueblos cercanos a la capital. Así, el aficionado, siempre encuentra algo de su agrado, por ejemplo, en la Peña Flamenca El Arriero de Viator, El Yunque en Pechina, El Palangres en Roquetas de Mar, El Tato en El Parador, La Caracola y La Torre en Adra o El Ciego de la Playa en Huércal de Almería.

El flamenco almeriense lo podemos complementar con la visita a algunos locales de añejo sabor jondo. Recordemos que la tapa en Almería, que es gratuita, buena y abundante, acompaña indivisiblemente a la bebida. Destaca en primer lugar el café bar Bahía de Palma, cerca del Ayuntamiento, que es de los más antiguos lugares de encuentro de los aficionados al flamenco. Multitud de fotografías del mundo del flamenco y los toros se reflejan en sus paredes. La comida es asequible y se recomienda el bacalao a la vizcaína, la carne de toro o el atún encebollado.

Otro local con encanto, también muy céntrico, es la Peña Jueves Taurino. Su dueño, como el de Bahía, es muy aficionado y está emparentado con la familia de Rocío Segura, la que afirma: “mi tío es muy aficionado, le encanta Enrique Morente, creo que es su fan numero uno”. Siempre se oye flamenco en su bar y las tapas son de impresión.

 

Nuestro corto recorrido

Sobre las ocho de la tarde nos vimos en el centro, en el Jueves Taurino para tomar unas tapas y hablar un poquito sobre el flamenco en Almería. Rocío venía acompañada de su padre. Intercambiamos presentaciones y comenzamos a hablar. Desde un primer momento, nos dijo que ella tenía actuaciones casi todos los fines de semana, así que no tenía oportunidad de disfrutar mucho las ofertas de su tierra.

Sobre las diez nos encaminamos a la peña El Taranto, un antiguo aljibe muy céntrico, donde coincidimos con una actuación de El Polaco. Después de cinco cantes, sin esperar a la segunda parte (era necesario visitar lo más posible), cogimos el coche y nos dirigimos a la peña El Morato, algo más alejada.

Allí, después de un reconstituyente, comenzaron a salir al escenario, animados por el tocaor Antonio Francisco García, el “Niño de las Cuevas”, los propios socios de la peña y algunos profesionales. En un ambiente distendido, la noche se prolongó hasta la madrugada, disfrutando del cante amigo de hasta tres generaciones de peñeros, el mayor casi octogenario; los menores, de tan sólo catorce años, David Caro a la guitarra y Daniel Moreno al cante, nos sorprendieron con su seriedad y su gusto interpretativo.

En El Morato saludamos a Norberto Torres que vino a tomarse una copa, mientras actuaba María José Pérez (1985), otra joven promesa del cante almeriense.

Antonia López, madre de Rocío, también saltó al escenario para convencernos de la belleza de su estilo, que se fundió con el de su hija, que cantaron en solitario y al alimón. Para cerrar la noche, también tuvimos un poquito de baile improvisado de la jovencísima Gloria Martínez.

Con buen sabor de boca nos marchamos, mientras algunos rezagados seguían la fiesta por tangos, pensando que si bien la oferta flamenca en Almería es limitada, su calidad y calidez es propia de encomio.

 

Viernes, 25 de Noviembre de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

El camino inevitable

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32 Festival Internacional de Jazz de Granada

Que el flamenco es mestizo es ya una cuestión indiscutible. El flamenco se ha ido haciendo a lo largo de los años, a través de estos dos siglos escasos de vida, de todo el poso cultural de nuestra tierra y el foráneo que, como un viento caprichoso, tuviera la fortuna de soplar por Andalucía. Ya se reía Manolo Sanlúcar cuando le hablaban de fusión, diciendo que la esencia del flamenco es esa mezcolanza.

Es normal que los flamencos se acerquen a los conceptos del jazz. Es normal que en los festivales de jazz tengan cabida los flamencos. Así, la tercera jornada del encuentro jazzístico en Granada (17 de noviembre de 2011), compartieron escenario el contrabajista Dave Holland y el guitarrista Pepe Habichuela. Fue un camino del jazz al flamenco y no al revés, aunque concesiones a la improvisación y al swing y a los solos del jazz estuvieron presentes.

El recital, grosso modo, fue la presentación del disco Hands, editado hace un año, donde podemos ver a un Pepe Habichuela, el más cosmopolita de los flamencos, creativo y abierto, junto con un Dave Holland, posiblemente el mejor bajista de la actualidad, redondo y versátil, atravesando un sendero conocido, entendiéndose a la perfección entre las notas y las miradas. De hecho, Pepe llegó a exclamar que Holland “es ahora un gitano y yo soy casi un inglés”.

La noche sin embargo comenzó turbia. Una suciedad de trasfondo, unido a un sonido desajustado, hizo que la bulería fuera algo farragosa. Problema que quedó paliado en la segunda entrega por Huelva, antes de entrar en un par de temas más genéricos donde el Habichuela hizo mutis y, seguidamente, su hijo, Josemi Carmona, que venía de segundo guitarra, dejando sólo al imaginativo inglés con los dos percusionistas que arropaban todo el trabajo: Bandolero y Juan Carmona. Imprescindibles, aunque abusaran de los solos, aunque se repitieran con la monotonía del cajón.

La taranta, llamada Camarón, fue un ejemplo de buen gusto y complicidad, en la que el contrabajista de Wolverhampton bordó el sentimiento hasta parecer que cantaba con el mismo instrumento, y donde un servidor en realidad entró en el concierto.

Habichuela, solo en las tablas, apuntó una media granaína dedicada a su hermano, Enrique Morente. Preciosista por una parte, pero faltaba finura por la otra. Y es que el guitarrista granadino no halló su mejor noche. Desajuste que se incrementó en la soleá.

Con lo que yo me quedo, sin discusión, la mejor pieza de la velada, fue la seguiriya y cabal, hermosa y rica en contrastes y comuniones. Una seguiriya acelerada, como le gustaba al maestro Morente, más para acompañar al baile que para ser tradicionalmente escuchada. Después de este paso, cualquier otra propuesta estaría bien, pues el pellizco ya me había cogido por dentro.

Después de algún tema más, teniendo a Josemi como protagonista, guitarrista con mucho gusto, que conoce sus límites, pero no se extralimita, piezas posiblemente pertenecientes a su último disco, Las pequeñas cosas, cercanas a la fiesta, termina el recital con una impresionante rumba, grandiosa y armónica, a la que yo le añadiría algunas voces.

Tras varios minutos de aplausos, que a los postres fueron a compás, se despidieron con un bis por tangos en donde salió a relucir de forma evidente la sangre del Camino y la esencia Habichuela.

* Foto: Europa Press, Teatro Central.

Viernes, 18 de Noviembre de 2011 11:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El patrimonio de la zambra

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Si Granada puede presumir de algo auténtico e histórico en el flamenco es la creación y el desarrollo de la zambra, si quieren de la zambra gitana, que derivó de la zambra morisca. De una celebración generalizada, de fiesta y algarabía, llegó a centralizarse en el ritual de la boda. Así, sus cantes y sus bailes (alboreá, cachucha, la mosca…) representan la petición de la novia, el ritual del pañuelo o la culminación de la boda.

De las estancias íntimas y representaciones concertadas, este ceremonial pasó a ser espectáculo público a finales del siglo XIX, de la mano de un gitano de Ítrabo, afincado en Granada, llamado Antonio Torcuato Martín, apodado ‘El Cujón’, que abrió su negocio en el centro de la ciudad.

Pronto estas zambras pasaron a las cuevas del Sacromonte, constituyendo toda una industria, que aún funciona, para los autóctonos de la zona. Así fueron y son famosas las zambras de los Amaya, la de la Golondrina, la de la Rocío, la del Pitirili, la de María la Canastera…

Nada mejor que la representación de esta zambra, en La Chumbera, en pleno corazón del Monte Sacro, para conmemorar el primer aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Oral de la Humanidad, por parte de la UNESCO.

La familia Maya, como representantes de la cueva de la Rocío, avalados por el Ayuntamiento de la capital, fueron los encargados de exponer esta muestra de entidad granadina. Aunque no sólo los Maya estuvieron presentes, un nutrido grupo de los principales clanes de la ciudad estuvieron en representación compartiendo escenario o entre el público, en el que destacaron dos figuras de alcance internacional: Manolete y Juan Habichuela.

El acto, presentado con acierto y pasión por Judea Maya, estuvo dedicado tácita o explícitamente a los verdaderos forjadores del flamenco granadino, en especial a los últimos desaparecidos: Mario Maya y Enrique Morente.

Precisamente, de Enrique sonó una granaína en off, que bailó Juan Andrés Maya, como protagonista de la noche y del festival por venir, a primeros de diciembre.

Tras unas palabras, donde Curro Albayzín historiaba la zambra, una muestra de esta manifestación tuvo lugar en las tablas, comenzando por la alboreá, la cachucha, los añejos tangos del Petaco, los fandangos del Albaicín (de donde surgió la granaína) o los interminables tangos del Camino, que abordaron individualmente todo el cuerpo de baile,  Alba Heredia, Raquel ‘La Repompa’, Rocío Vargas, Estela Rubio y los patriarcas Raimundo Heredia y La Salvaora. El recital terminó con una luenga soleá, donde Juan Andrés expuso con creces las cualidades de su baile.

Durante todo el acto sonaron las voces de Juan Ángel Tirado y de Rafi Heredia y las guitarras de Pepe Maya ‘Marote’ y Manuel de Santa Fe.

* Grabado de una zambra gitana, de Jules James Rougeron, siglo XIX.

Jueves, 17 de Noviembre de 2011 10:24 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

De la anarquía a la disciplina

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No sólo la sangre es necesaria para estremecer. No sólo el alarde de fuerza compone a un bailaor, a una bailaora. Mario Maya decía que el baile no es fuerza bruta.

Yolanda Cortés, bailaora sacromontana, bailaora de raíz y brío, actuó el sábado en La Chumbera mostrando sus valores. Curtida en las cuevas del Camino, sus pisadas son grandes, su aguante incombustible. Falta reposo, falta silencio, falta la atención a unos músicos que superaron sin lugar a dudas a la protagonista.

Al cante Jaime Heredia ‘El Parrón’, Manuel Heredia y Macarena, complementan un dúo de aguardiente y gusto gitano; Rafalín ‘Habichuela’, a la guitarra, es una muestra de ralentizado sabor y perfección; Benjamín Santiago ‘El Moreno’, con el cajón, impone un compás de fondo, respetuoso y decidido.

Unas tonás (Macarena) abren la noche, que pasan a ser seguiriyas cuando Yolanda hace su primera entrega con pantalón y chaquetilla. El exceso de fuerza tiende al desequilibrio y la desatención conlleva a la fiesta cuando la propuesta es crítica. Con todo hay que decir que el compás y la apuesta en conjunto pueden ser acertadas.

Manuel Heredia, con su potencia de voz y su tendencia al cuplé, propone unas bulerías, que dedica a Antonio Vallejo, con el que empezó su carrera. Y Jaime se entiende por tarantos. A la guitarra (y a lo suyo), Rafael es un dulce con su toque lento y preciso, muy flamenco, con concesiones al jazz.

Acaba la noche con soleá por bulerías, donde destaca el cante de El Parrón, el que en un momento se acuerda de su compañero Enrique. Yolanda es desmedida. Fatiga paseos y escobillas. Y un remate zapateado de casi diez minutos con sólo compás desdibuja el norte.

Esa misma noche me esperaba La Platería, donde bailaba la gaditana Lucía Álvarez ‘La Piñona’, último primer premio de La Unión, llamado el Desplante. En mitad del camino veo luz y jaleo en el estudio-cueva de Juan Habichuela, nieto. Rodeado de gitanos, está grabando unos villancicos para su primer disco, que se está haciendo esperar. Según dice es el último tema que le falta para rematar el trabajo. El resultado es muy del Monte, muy de fiesta, muy cantable.

En la peña, con el acto ya empezado, encuentro la disciplina y la esbeltez de una flamenca bailando por alegrías. El contraste es evidente y la noche comienza a respirar.

Lucía se hace acompañar por dos cantaores de oficio, como son Moi de Morón y ‘El Trini’ que, con unas tonás, exponen su potencial; y por la guitarra sabia de Miguel Pérez, maestro de bastantes guitarristas occidentales.

Una soleá bien templada culmina la actuación de La Piñona, demostrando con creces lo bien ganado de ese galardón de Las Minas.

* Lucía Álvarez ’La Piñona’. Foto sacada de una entrevista realizada en jerezjondo.com

Martes, 15 de Noviembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Curra Arroyo

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Homenaje Flamenco

Todos los conciertos benéficos son dables y encomiables, todos los homenajes son justos y agradecidos, pero cuando esta ofrenda nos toca de cerca en cierto modo tiene doble carácter emotivo.

Curra Arroyo, cantaora granadina, asociada a la peña flamenca de La Platería, perdió su voz y su futuro debido a una bronquitis. Su sensibilidad y valor artístico no le llevaron sólo a cantar, flamenco y copla, sino también a bailar e incluso a componer. Faceta que aún cultiva hilvanando bellos versos susceptibles de ser cantados.

El pasado jueves, en el teatro Isabel la Católica, se reunieron un grupito de artistas veteranos, de su generación, y algún allegado, para rendirle el homenaje que se viene mereciendo desde hace mucho tiempo. Recital cargado de entusiasmo donde destacó sin duda la presencia de Curra Arroyo en el escenario, manifiestamente afectada, agradeciendo a los presentes (organizadores, flamencos y público), la deferencia tenida hacia ella y el recuerdo de lo que fue; de lo que es y será, añadimos. Lástima que fueron pocos los asistentes a dicho evento, a penas la mitad del aforo. Lástima que el esfuerzo haya quedado mermado por falta seguramente de promoción. Lástima que se hayan perdido esta reunión de voces añejas y cantes rebuscados que con tan buen hacer nos brindaron.

Una grabación de la época, con Curra, en plena facultades, cantando en off una copla de Marifé de Triana. Seguidamente, Juan Pinilla, responsable directo de tal reunión, que hacía las veces también de presentador, acompañado de Francisco Manuel Díaz, memoria y corazón del flamenco de esta tierra, hicieron granaína y media y se despidieron por mineras.

Después de una semblanza de Pinilla a la homenajeada, con pequeño reportaje fotográfico de fondo, Curra, agradecida, recitó alguna de sus letras antes de dar paso a Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, con el mismo Díaz a la guitarra, que mostrando su potencia de voz, hizo unas soleares y unos fandangos, de los que es albacea y trasmisor.

Curro Andrés, conocedor y maestro, con un enorme Antonio de la Luz a la guitarra, demostró su envidiable compás por milongas (El niño que todo lo quería ser, de Benítez Carrasco) y alegrías. Curro Vega, verdadero tesoro del cante antiguo, se arrancó por tonás y, arropado por la misma guitarra que su tocayo, hizo unas seguiriyas de cambios ancestrales.

Paco Moyano, después de Curro Albayzín, ofreció un ramito de su cante particular, personal y comprometido. Con Antonio de la Luz a su lado, interpretó una bella bambera concentrada y una gran malagueña, en la que se acordó de Miguel Hernández y remató por jaberas.

Un nuevo guitarrista sube al escenario, el preciso y solapado José María Ortiz, que acompaña a una de las voces imprescindibles en la época. Antonio Trinidad comienza por milongas (La baladilla de los tres ríos, de García Lorca) y acaba con su famosa farruca. Todos los intervinientes tuvieron cariñosas palabras de elogio a la protagonista.

Cerró la noche la bailaora Violeta Ruiz, hija del desaparecido Pepe el de la Argentina, con el que Curra tuvo tanta relación, que propuso unas garbosas alegrías.

* En la foto Curra Arroyo y Paula Marín, de las pocas peñistas de la época, abrazadas por Juan Pinilla, de cuyo blog obtengo esta foto.

Sábado, 12 de Noviembre de 2011 11:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Córdoba, el flamenco callado

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Hace unos años estuve colaborando en la revista Acordes de Flamenco con el desarrollo narrativo de varias secciones. Una de ellas respondía al nombre de Rutas Flamencas. Durante los meses que duró mi relación recorrí, con ayuda del reportero gráfico Nono Guirado, los rincones de Granada, Jerez, Almería, Jaén, Cádiz o Córdoba. De esta última ciudad, aparecida en el número cuatro (2006) de dicha publicación, reproduzco los preliminares y la ruta en cuestión, saltándome todo el meollo intermedio, para no alargarme en demasía:

Córdoba es una ciudad de ojos grandes, como lo son las mujeres que de su tierra inmortalizara Julio Romero de Torres en sus lienzos, pero de boca pequeña. Es discreta y huidiza, con tintes de universalidad pero mirando siempre para adentro. Córdoba es una madre para sus hijos, buena anfitriona para sus huéspedes, pero esquiva con los desconocidos. Córdoba es prudente y no da un paso sin haber asegurado el anterior.

También en el flamenco se manifiesta de esta guisa y el viajero aficionado debe buscar, profundizar en un mapa no escrito, para encontrar la huella del quejío y del pellizco. Con todo y con eso estamos en una ciudad o, más bien, en una provincia privilegiada, creadora de cantes autóctonos, como los fandangos de Lucena o la soleá y las alegrías de Córdoba; cuna de grandes cantaores: José Moreno “Onofre”, Cayetano Muriel “el Niño de Cabra”, Antonio Fernández “Fosforito” o Juan Moreno Maya “El Pele”; impulsora de festivales de prestigio; donde una serena y sabia afición se reconoce en cada esquina.

En Córdoba se respira el flamenco sin necesidad de atenderlo, sin sentir la guitarra o los tacones, sin escuchar su queja. Sus calles y su río, sus barrios y sus monumentos y sus tabernas, nos hablan de pasión; su gente se mueve a compás, posee un sentimiento milenario que, a  diferencia de otras ciudades, nunca se olvida. Lo nuevo no borra lo anterior sino que lo acumula, lo imbrica como partícipe de un todo. Así, la ciudad de Córdoba es romana, visigoda y árabe, judía y castellana, gitana y flamenca. Sólo basta dejarse llevar como las aguas lentas, acompasadas, pero constantes del Guadalquivir.

Su visita es obligada. Alrededor de la Mezquita, que también es Catedral, encontramos multitud de hostales y pensiones a precios más que asequibles. Aprovechando la unión, el derribo de tabiques de casas contiguas del casco antiguo, se crean verdaderos dédalos, propios del rey Minos, que impregnan nuestro viaje de belleza y misterio.

En esta ciudad califal todo es admirable, todo merece la pena ser visto, estudiado, fotografiado, desde el templo ya aludido, hasta los dieciséis arcos del puente romano, desde el barrio blanco de la Judería hasta el Alcázar de los Reyes Cristianos y sus torres, desde la biblioteca cinegética del Palacio de Viana hasta el sensual Museo de Julio Romero de Torres… y, cómo no, su arraigado flamenco.

Precisamente, el Ayuntamiento de la ciudad ha declarado 2006 como el “Año flamenco en Córdoba”, en conmemoración del cincuentenario del Concurso Nacional de Arte Flamenco, con una amplia y extensa programación que, desde el mes de enero, se ha ido concretando en múltiples actividades, entre las que sobresalen los homenajes y las galas; los congresos y las jornadas de estudio; las conferencias y las mesas redondas; los ciclos de cine; las exposiciones; las publicaciones; y los espectáculos permanentes de cante, baile y guitarra en el Gran Teatro de Córdoba, en el Alcázar de los Reyes Cristianos y en diferentes tabernas y plazas al aire libre. Queriendo con esto, según Rosa Aguilar Rivero, alcaldesa de la ciudad, demostrar que Córdoba "es capital del Encuentro y la Tolerancia, es Ciudad Flamenca, tanto que hasta el pulso de sus horas suenan con falsetas en la Plaza de las Tendillas. Ciudad de Raza y razas, de mezcla y raíz".

Nuestra ruta

Con todo lo dicho, y trazando un atractivo recorrido a pie (pues en Córdoba aún no es necesario coger el coche), quedamos citados con José Antonio Castellano “El Séneca”, gran solearero, con añeja raigambre cordobesa, y con el bailaor Fran Espinosa para identificar una posible noche flamenca. Citados en el Rincón del Cante para una primera toma de contacto, tomamos un vino y un pincho de tortilla. En Córdoba se toma la tortilla de patatas más hermosa de toda la Península. Desde allí, cruzando por el Cristo de los Faroles, rodeados de instantáneas taurinas, cae un segundo vino en bar de las Beatillas, que acoge en su primer piso la Peña Flamenca Fosforito. En ella disfrutamos brevemente de la actuación y bajamos al Mesón La Bulería, aprovechando unos pases “con derecho a una copa” facilitados por los responsables del local. Desde allí, con un doloroso soniquete de charanga y pandereta, bajamos por la Calleja de las Flores hasta el Campo Madre de Dios, donde se asienta la Peña Flamenca de Córdoba, con sus mesas y viandas comunales.

Con el buen sabor de boca que nos deja el recital, su presidente y los aficionados de esta Peña, nos acercamos a la vera del río y, precisamente, por el Paseo de la Ribera hacia el oeste, nuestros pasos, y los borborigmos de nuestro desmayo, nos encaminan al restaurante Bodegas Campos, situado en la Axerquia, antiguo barrio árabe, donde el servicio y la comida típica andaluza son excelentes. Entre arcos y buenos caldos, degustamos sus especialidades: ajo blanco con espárragos trigueros y langostinos, rabo de toro al amontillado y tarta de membrillo, a un precio no muy popular.

Con el estómago lleno y agradecidos de no tener que coger vehículo alguno, seguimos nuestro camino paralelos al río, pasando del barrio árabe al judío. A la espalda de la Mezquita, decidimos acabar nuestro itinerario en el Tablao Flamenco el Cardenal, en donde aplaudimos el baile de Antonio Alcázar, Premio Nacional de Danza de 1992, completando así una vuelta completa al casco antiguo de una ciudad de ensueño.

* En la foto el maravilloso bailaor Fran Espinosa.

Miércoles, 09 de Noviembre de 2011 12:58 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La hermandad gitana

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Festival Internacional de Música Gitana

De lo que más me impresionó cuando asistí al Festival de la asamblea gitana, además de la variedad de comunidades repartidas por todo el mundo pertenecientes al mismo pueblo, es la hermandad que une a todos ellos. Cuando salimos del Auditorio de La Chumbera, donde nos esperaba un gran cóctel, tuve la oportunidad de conocer y charlar con algunos de los asistentes. Hablando con el presidente de la agrupación gitana de Asturias me comentaba que ellos podían recorrer todo el mundo sin ningún desamparo. Todos los de su étnia, que entre ellos se reconocen con felicidad, se tratan como hermanos y abren sus puertas de par en par sin necesidad de hacer preguntas.

También me enteré de que a los gitanos españoles, hace algún tiempo, se les achacaba que no hubieran conservado el romanó (la lengua de los gitanos) y no se entendieran con foráneos. Ya llevan un tiempo cuidando este idioma y fomentándolo entre las familias. Esto es debido, me comentaba Antón Carmona, a que los gitanos de fuera no habían dejado de ser nómadas y habían seguido cultivando este lenguaje, mientras los españoles se hicieron sedentarios y no tuvieron esa necesidad.

El Festival, que formó parte del primer Congreso de Mujeres Gitanas, celebrado en Granada, los días 23, 24 y 25 de octubre de este año, que reunió a gentes de Europa, Suramérica y Asia, fue una muestra sensible del folklore de este pueblo que, como punto de unión, pueden tener la alegría y el sentido musical del ritmo.

La presentación se hizo en varios idiomas y comenzó por un texto muy aplaudido donde se reivindicaban las bondades y creencias del pueblo rom.

La representación española abrió la velada. En concreto, una representación de gitanos malagueños y granadinos, con ‘La Repompa’ a la cabeza y el flamenco, como no podía ser de otra forma, por bandera. Unos martinetes rompieron el silencio para dar paso a Alba Heredia, muy en su papel, bailando por soleares. ‘La Repompa’, con carisma y acierto, hizo lo que sabe hacer, especie de cuplé encadenado por bulerías cantado y casi recitado mientras baila. Terminan entonando el himno gitano, Gelem-gelem, por bulerías como fin de fiestas.

Finlandia reemplaza a los españoles cantando desde el patio de butacas hasta el escenario. Son la Familia Akerlund, el padre, con la guitarra, y la madre y la hija cantando, con unas voces impresionantes y un dominio de los altibajos realmente sobresaliente. Su repertorio son canciones gitanas tradicionales finlandesas muy sentidas, en gran medida coreadas por el público conocido.

A continuación, en representación de Holanda, salió una pareja perteneciente a la World Artits Iniciative ‘Khetanes’. Roger Moreno, compositor alemán mundialmente conocido, que compuso recientemente un Réquiem para las víctimas de Oslo, tocaba el acordeón (aunque también tañe con virtuosismo el violín). Piroschka Triska es una de las voces gitanas más bellas de Europa. Su repertorio igualmente consistió en un recorrido por las canciones gitanas tradicionales de Holanda y Alemania. Ella, con vestido de vuelo multicolor, apuntó varias concesiones al baile, con un agitar de hombros maravilloso y una sonrisa perfecta.

Para cerrar el encuentro, Sapera Shanti y Sageeta, dos gitanitas procedentes de Rajasthan, en La India, pusieron la guinda final, con su danza típica llena de color, vueltas sin fin y de tintineo de decenas de campanillas enroscadas en su cuerpo o en sus vestidos. No serían bailarinas de primera fila por sus silencios, titubeos e improvisaciones, pero tenían toda la gracia y la frescura del exotismo de su país, en el que podemos vislumbrar algún deje que han conservado las flamencas a través de los siglos, pues de La India proviene este pueblo. Fueron varias danzas tradicionales, con música en off. Las primeras, individualmente, la última en pareja, duplicando así su eficacia. Estas bailarinas, que danzan descalzas, son verdaderas contorsionistas. Una se quitó sendos anillos de las manos y, echándose hacia atrás, sin doblar las rodillas, los recuperó con el guiño de los ojos. La otra hizo lo propio con un billete de veinte euros, agarrándolo con la boca.

Entre medias de las hindúes, salió una espontánea de Lituania, que no estaba en el programa (“los gitanos somos así”, dijo la presentadora, de origen colombiano) que, con ayuda de un disco, cantó una bella canción de su país.

* Roger Moreno y Piroschka Triska en la foto.

Miércoles, 26 de Octubre de 2011 18:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Javier Latorre en la cima

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Premio Nacional de Danza 2011

Me alegro de que el Premio Nacional de Danza de este año haya recaído en el valenciano, afincado en Córdoba (de donde no me iré nunca, escribirá recientemente), Javier Antonio García Expósito, Javier Latorre.

Este bailaor y coreógrafo, que ha tenido como maestros a Aurora Pons, Ciro, Pilar López o Ángel Pericet, a pesar de su aparente vida desordenada, es un trabajador de la danza, dinamizador de grupos y enseñante exclusivo. Todos los bailaores jóvenes del momento, al menos todos los que tienen algo que decir, han pasado por sus manos (algunos, figuras consagradas).

Una característica notable de sus clases y cursos es que lo da todo, no se guarda nada y anima a sus alumnos a grabarlo en vídeo para poder ‘robarle’ los pasos, que él ya inventará otros.

Hace poco a Javier se le propuso, desde la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento, dotar a Córdoba de un centro formativo de primer nivel y de una compañía de danza estable, puesto en marcha en el Centro de Danza del Teatro de la Axerquía.

Ahora, el día 20 de octubre de este año, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza, que concede el Ministerio de Cultura dotado con 30.000 euros, destacando su "constante preocupación por el desarrollo de la danza en España, en especial por su contribución a la evolución de la concepción coreográfica del flamenco, que incorpora elementos de la danza española y de la danza contemporánea en una exposición creativa reconocible tanto en sus creaciones para su propia compañía, como para otros artistas".

"Estoy feliz y muy nervioso, porque son 44 años sobre los escenarios, con 47 coreografías hechas y otras veintitantas para mis compañeros, y esto es una alegría muy grande", explicó a Efe. "La crisis fuera de España no la hemos notado, pero aquí faltan teatros, escenarios y estructura donde poder mostrar las creaciones que tanto nos cuesta y que son cultura para la sociedad", terminó reivindicando. Por otro lado aseguró que las mujeres bailaoras están arrasando.

Aunque nos pase desapercibido, este galardón recae habitualmente en artistas flamencos desde que lo inauguró el bailarín y coreógrafo Antonio Gades en 1988. El pasado año lo recibió la malagueña Rocío Molina y, el anterior, Lola Greco. También han sido premiados, en el apartado de Interpretación o de Creación (las dos modalidades en las que consiste dicho premio) Javier Barón (2008), Manuela Carrasco (2007), Israel Galván (2005), Sara Baras (2003), María Pagés (2002), Eva Yerbabuena (2001), Antonio Canales (1995), Mario Maya (1992) y Cristina Hoyos (1991).

* Foto del ABC digital, edición Córdoba ©.

Martes, 25 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una presentación ajustada

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Las voces que no callaron

Como si de una estrella mediática se tratara, el teatro Isidoro Maíquez se llenó desde un primer momento para asistir y apoyar la presentación del disco-libro de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, sobre la canción flamenca republicana y comprometida antes, durante y después de franquismo.

La expectación era superlativa. Las gradas estaban llenas de políticos de izquierdas, de flamencos comprometidos, algunos de ellos participantes en el trabajo de alguna manera, como Paco Moyano, de familiares y amigos solidarios y de público en general, más o menos incondicionales del cantaor de Huétor Tájar.

La presentación sin embargo fue ajustada, se limitó a recorrer el contenido del disco, salvo la temporera y debla, con textos de Nietszche, tan emocionada del cedé. No obstante, el concierto hizo las delicias de sus seguidores. Un recital que tuvo bastante de manifiesto posicional y de vindicaciones sociales.

Algún detalle creo que formalmente no encajaba en el conjunto. Por ejemplo, el blasón de gran formato, que enmarcaba el rostro de Juan al fondo del escenario (quizá mejor la portada del libro) o su aparición estrella entre bambalinas una vez que sus músicos habían comenzado.

Abrió la noche con el mirabrás que cierra el disco, con letras de Moreno Galván y adaptación de Menese. Buen tema para romper el hielo, con problemas de megafonía (ni el cante ni el compás se oían demasiado), sólo la guitarra de Josele de la Rosa estaba realmente en su sitio. Objeciones que se solucionaron en su segunda entrega por cartageneras que introdujo un poema de Cernuda en la voz del actor Paco Algora (presente también en el disco). Continúa la noche con seguiriyas de Cádiz y los Puertos, escritas por José Heredia Maya y Francisco Moreno e interpretadas por el desaparecido Antonio Cuevas ‘El Piki’. Una nota perdida determinó los desacertados finales de algunos de los cantes, como el remate descontrolado de los tangos.

Otro recitado de Algora, con celofán en el micrófono, dio paso a la petenera de Luis Marín (y, posiblemente, de Che Guevara) que supuso, sin duda lo mejor de la noche, sin quitarle mérito al cante de las minas o a la seguiriya.

Para los fandangos del Corruco, Macandé y Vallejo, Pinilla contó con el apoyo del almeriense Pepe Villodres, que definitivamente no estaba centrado, del que me consta su buen hacer.

La insurrección de los cómicos fue otro de los poemas grandemente aplaudidos que recitó de memoria el actor invitado, al que suele recurrir a menudo, antes de dar paso a los tanguillos que, con la guasa característica, se musicaron algunas frases adaptadas de Groucho Marx, en la que hay verdaderos aciertos, pero en general suenan muy forzados.

Acaba el recital con los cantes más festeros del trabajo. Los tangos, Don Manuel, con letra de Moyano, que suenan en el disco con la guitarra de Paco Cortés, se los dedicó al mismo autor. Son reconocibles las segundas voces y los coros de Fita Heredia, Encarni Heredia y Villodres. Y al final las bulerías, que el autor llama filosofulerías, con palabras de Gregorio Marañón, Allan Poe y Franz Gillparzer, que sonaron un poco sosas.

El poeta lloro por bulerías, con su pataílla final, fue el breve fin de fiestas fuera de programa que ofreció nuestra última Lámpara Minera.

* Juan Pinilla, en una foto de archivo de su facebook.

Domingo, 23 de Octubre de 2011 12:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Circuito por las peñas andaluzas

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El miércoles por la mañana, en la peña flamenca de La Platería, se presentó el quinto Circuito Flamenco Ocho Provincias a la memoria de Enrique Morente, con presencia del Consejero de Cultura, Paulino Plata y del Presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, Diego Pérez Castillo.

Representando a la familia Morente estuvo el pintor y amigo personal Gabriel Esteve, pues ellos no asistieron "por los momentos duros que están pasando, ya que se acerca el primer aniversario de la muerte del cantaor y la fecha del juicio (por mala praxis médica)".

Actualmente existen 348 peñas en Andalucía, en pleno funcionamiento. El circuito le da cobertura a 120, con otras tantas actuaciones, que irá ampliando año tras año. De las cuales, 80 son de toque y cante y 40 de baile, cada vez más demandado. La danza flamenca no recorrerá todas las peñas porque muchas de ellas no están preparadas para dicha manifestación.

Según el consejero "las peñas tienen un papel esencial en el desarrollo y en la difusión del flamenco", a lo que añade Mª Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, que "las peñas son auténticas catedrales laicas del flamenco, universidades populares de un saber de siglos". Con este espíritu, este año, se le otorgó la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía a la Confederación de Peñas.

El pasado año, entre artistas, peñistas y aficionados en general, disfrutaron unas 11.000 personas las actuaciones que este Circuito organiza, y la cifra sigue subiendo. Los beneficiarios son muchos, pero sobre todo es de aplaudir la labor que se hace con los artistas jóvenes, con la nueva cantera de flamenco, en sus tres modalidades que, con iniciativas como esta, tienen acceso a unos escenarios y a un público privilegiados.

El presupuesto total es de 145.000 euros que van a parar a 22 peñas de Sevilla, 19 de Cádiz y Córdoba, 16 de Málaga, 15 de Jaén, 11 de Huelva y ¿por qué 9 solamente en Granada y Almería?

Como Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas de Granada y Vocal de la Confederación Andaluza, lee este blog, le animo a que nos lo explique, al igual de por qué no hay representantes granadinos que se desplacen a Sevilla ni a Cádiz ni a Huelva, y por qué se han seleccionado esas peñas en particular (las de Almuñécar, Montejícar, Gorafe, Huétor Tájar, Ogijares, Salobreña, Lentejí, Monachil e Íllora) y no las otras.

* En la foto, los componentes de la Mesa: en el centro, Paulino Plata, con el programa en las manos; a su derecha, Gabriel Esteve; a su izquierda, Diego Pérez e Isidoro.

Viernes, 21 de Octubre de 2011 18:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un disco necesario

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Las voces que no callaron

Antes de que existiera la canción protesta, antes de que se acuñara su término incluso, ya llevaban los flamencos varias generaciones, si no reivindicando sus derechos, sí denunciando su situación mediante la queja, la exaltación del dolor y las desigualdades sociales. Quizá no fueran conscientes de esto; quizá, más bien, su sentimiento no tenía una consciente función social.

Que la historia la escriben los vencedores no hay duda, y ya sabemos quien venció y revenció en España durante más de cuarenta años. Pero que la memoria la avienten también los victoriosos es algo que hay que cuestionar. Siempre hay conciencias, siempre hay espíritus, siempre hay voces que no callan denunciando las injusticias, las desigualdades.

Como es de suponer, el trabajo de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, no es un disco de cabecera, sino un documento para ser escuchado y abordado con atención. Es un disco-libro necesario, como digo. Para tener en cuenta, no esa intrahistoria que decía Unamuno, sino esa otra historia paralela y solapada que late por salir a flote, por ser conocida, para que las generaciones no conozcamos el pasado con un solo ojo.

Es un libro de urgencia, escrito con el corazón por el mismo cantaor comprometido con una izquierda militante. Como tal, no le vendría mal un repaso de estilo, pero es un buen punto de partida reivindicativo, no ya de las voces que silenciaron, sino de las vidas que sesgaron con la cárcel, el exilio y hasta con la misma muerte.

Reivindicar nombres como Miguel Molina, Canalejas de Puerto Real, Angelillo, Antonia Mercé, Sabicas y tantos otros; o, más actuales, Gerena, Morente, Gades, Menese… es una cuestión de honradez.

Es un libro inexcusable, como digo, y emotivo e inaplazable, con recuerdos conocidos, con datos olvidados con sucesos escondidos, en el que puedo destacar multitud de detalles. Pero permitidme que mencione el nombre de Juanito Valderrama como hombre de izquierdas, republicano y comprometido (en contra de lo que se ha pensado durante mucho tiempo), que ayudó tanto a los flamencos y, si le hizo el juego al régimen, fue por un espíritu parecido al que guió a Schindler en su famosa lista.

Otro punto que me entusiasma dentro de la obra es la atención prestada a los personajes granadinos como Paco Moyano, Mario Maya, Enrique Morente o el Piki o los intelectuales Pepe Heredia, José Guardia o Juan de Loxa, que colocan nuestra ciudad en medio del medio del compromiso, aunque no lo quieran.

En cuanto al disco, bellamente ilustrado por Vázquez de Sola, goza de una coherencia clarividente en la trayectoria de Juan Pinilla como cantaor expuesto y estudioso. Juan pertenece a ese grupito de cantaores que pueden musicar cualquier cosa. No como los cantaores de occidente, como Chano Lobato, que podía meter el viento de levante por bulerías, según Antonio Murciano. Sino más en la estela de Enrique, que cualquier texto se hacia canción en su oído y son en su garganta.

Consta este trabajo de nueve cantes y dos recitados muy sentidos (Emma Cohen y Francisco Algora), con tres guitarras: Rafael Rodríguez, tocaor entre otros de ‘El cabrero’, generoso en las seguiriyas; Paco Cortés, imprescindible en los tangos; y Josele de la Rosa, que está inmenso en la cartagenera, por ejemplo, y sobre todo por bulerías.

Después tenemos un nutrido de colaboradores en el compás y los jaleos (Fita Heredia, Pepe Villodres, Los Exquisitos, Luis Maya, Pepe Maya, Alberto Raya, Chiricoco y Helena Leyla) que dimensionan el trabajo hacia un reconocimiento más amable.

Las letras son importantes, de la época, reivindicativas. Letras de Galván (mirabrás), de Moyano (tangos), de Marín (peteneras), de Pepe Heredia (seguiriyas) y otras populares, que se alternan con textos de Nietzsche (debla y temporera), Allan Poe (filosofulerías), o de Groucho Marx (tanguillos). Todo compone un disco donde reconocemos claramente un autor inquieto y preocupado por la sociedad. Aunque como reconoce en los postres de su libro “nadie ha osado utilizar el flamenco para hacer política en su sentido más amplio”.

Hoy, jueves 20 de octubre, a las 21,30, se presenta este trabajo, Las voces que no callaron, en el Teatro Isidoro Maiquez de CAJAGRANADA, con la guitarra de Josele de la Rosa; a las voces y palmas Encarni Heredia, Fita Heredia y Pepe Villodres; y como artista invitado el actor Paco Algora.

Jueves, 20 de Octubre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Voz afillá

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Releo hace pocos días un reportaje que, en la revista Vivir Granada, fechada en junio de 2009, una periodista de nuestra ciudad le hace a Jaime Heredia ‘El Parrón’ tras visitar su casa en el Albaicín. Entre algunos detalles superficiales, más o menos casposos, la entrevistadora aludida hace mención a las líneas que la Guía libre del flamenco (José Manuel Gamboa, 2001) dedica a este cantaor. La autora reproduce: “Cantaor gitano de voz potente y afilá, con indiscutible eco flamenco y excelente compás, iniciado desde muy joven en las cuevas del Sacromonte” (la cursiva es mía).

O sea, la reportera en cuestión, que ha leído afillá en la versión original, ha creído que, siendo una errata de imprenta, era su deber corregirlo por el bien de la afición, sin darse cuenta que estaba diciendo exactamente lo contrario. Basta con intercambiar unas palabras con Jaime para darse cuenta que su voz no es fina ni afilada, sino todo lo contrario, broncínea y aguardentosa. Custodia de la queja y del dolor.

Afillá es esa voz ronca, rozada y recia, que poseen algunos flamencos, sobre todo gitanos, que rebuscan las entrañas. Dichas voces, o dichos intérpretes, reciben este nombre por conocerse así el timbre de 'El Fillo' (Francisco Ortega Vargas), cantaor portentoso, nacido en Puerto Real (Cádiz) en la segunda década del siglo XIX que, por lo que sabemos, destacó en muchos estilos, y como siguiriyero marcó época.

Gustavo Adolfo Bécquer, describiendo una escena Sevillana, nombra a este cantaor, tío de Tomás el Nitri (primera Llave de Oro del cante), que influyó tanto en la definición del cante de Triana.

El poeta dice así: "Sólo, lejos, se oyen, el ruido lento y acompasado de las palmas y una sola voz quejumbrosa y doliente que entona las coplas tristes o las seguiriyas del Fillo".

* Fotografía de ‘El Parrón’ en esa misma revista (autoría de Alba Muñoz©) bajo el epígrafe de Guzmán. Mi mascota y yo.

Lunes, 17 de Octubre de 2011 17:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Merece la pena

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III Festival Flamenco a beneficio de la Asociación Borderline

 

De las pocas cosas que va mereciendo la pena en este mundo enrarecido y egoísta es la preocupación por los demás. Granada es prodiga en actos solidarios y los flamencos, desinteresadamente, se hacen piña para colaborar en estos eventos. Es raro el año en que no hay siete u ocho festivales, si no más, en beneficio de ONG o de causas puntuales o en homenaje a alguien. El jueves, 6 de octubre, en el Teatro Isabel la Católica tuvo lugar el Festival Flamenco, en su tercera edición, a beneficio de la Asociación Borderline, para la integración de las personas con inteligencia límite, que tuvieron a bien contar conmigo para la presentación.

Con muy buena voluntad, la coordinadora de Borderline, organizó el festival, convocó a los flamencos y reunió en gran medida a los asistentes como público; después se dedicó a su labor de estar con los suyos en el patio de butacas. Así que, junto a la inapreciable ayuda de la regidora, Águeda, tuve que gobernar también el encuentro entre bambalinas. Lo que me impidió en gran medida estar atento a lo que se cantaba, por lo cual no haré comentario alguno en este sentido.

Lo que sí quiero mencionar brevemente fueron los participantes en este encuentro solidario y su buena voluntad, manifestando que, no por ser un acontecimiento altruista y en gran medida marginal, estuvo limitado en entrega y rigor. Al contrario, asistimos tácitamente a la exigencia de la calidad abierta de quien no se juega nada, pero el cobro espiritual es bien alto.

Dejamos a un lado el orden y la competencia y, por voluntad, cada uno aporta dos cantes (aunque alguien dijo tres y hay quien se quedó en uno. Algunos cantaores trajeron sus guitarristas, los demás cantaron con Isidoro Pérez, que llegó, para quien le hiciera falta.

Así, por orden de actuación, fue saliendo, después de un primer baile de la Escuela de Sofía, del Grupo Al-Andalus del Zaidín, Arturo Fernández, Raquel Mudarra y Tomás García, éste con un solo cante, pues andaba manifiestamente afectado de la voz.

Juanjo Garrido, salió acompañado de Ramón del Paso, tocaor que había venido a acompañar a Alicia Morales, antes de presenciar otro poquito de baile de la misma Escuela, con su directora a la cabeza.

El último bloque del Festival fue una guinda, como dijo el presentador, o sea, yo. Desde Montefrío vinieron los hermanos Jiménez, Verónica ‘La Hindú’ y Paco a la guitarra; Alicia Morales, con Ramón del Paso, fue la penúltima en actuar; y, cerró la noche, la premiada Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra.

Para terminar, la directora de Borderline y un nutrido grupo de asociados, con gran emoción, subieron al escenario para agradecer a los artistas su participación y al público su asistencia. No conozco lo recaudado de la venta de entradas, pero espero que haya sido bastante satisfactorio para mantener viva esta labor tan necesaria como cercana.

Lunes, 10 de Octubre de 2011 11:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Para tenerlo en cuenta

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Homenaje a 'Chanquete'

El lunes, como es costumbre es esta sede de la ONCE, se le hizo un distendido e íntimo homenaje a Ángel Rodríguez Fernández, conocido como 'Chanquete', cantaor aficionado asociado a esta entidad. Ángel, nacido es la costa granadina donde tuvo contacto con los viejos cantaores de la zona, se ha convertido en el mayor conocedor y quizá intérprete de los fandangos de estos lares, como el de Requeleque, a quien trató posiblemente en primera persona.

Dos amigos de su generación, Curro Andrés y Antonio ‘Triniá’, también estudiosos, también aficionados, quisieron compartir escenario con este cantaor vendedor de cupones. Un personaje no profesional, pero verdaderamente importante en nuestra tierra y en sus peñas, sobre todo en la de La Platería, de la que fue miembro de la Junta Directiva muchos años.

Como guitarras, también veteranas, arroparon el encuentro, la brillantez de Manuel Carvajal y la sabiduría de Francisco Manuel Díaz.

‘Triniá’, aunque sus facultades no son las de antes, su estilo y entrega hay que tenerlos en cuenta. Con Carvajal a la guitarra, comenzó por tientos (sin tangos) y continuó por la soleá del ‘Niño de Jun’, defendiendo, con razón, que este es un cante propio, que se puede considerar como soleá de Graná. Para terminar, nos dejó con un “rastrojo de fandangos” de tercios cortos y cerrados.

Curro Andrés, dándole aire al mismo tocaor, con ojos cerrados se acordó del maestro Manolo Caracol, haciendo un popurrí de su cante, basado en la zambra. Seguidamente abordó la bulería por soleá, uno de los palos más flamencos que existen, y terminó con el poema de Benítez Carrasco de El niño que todo lo quería ser, pasado a milongas.

Antes, sin embargo, que el homenajeado cerrara la velada, se le hizo entrega de una placa de reconocimiento y algunos otros regalos, y el niño Jesús de María, que no llega a los diez años y se pega a estos cantaores de antes, nos brindó unos tientos-tangos con sabor y promesas, mientras Francisco Manuel Díaz lo arropaba con su guitarra y Curro Andrés le hacía compás.

Chanquete, visiblemente emocionado, no encontró su mejor momento. Con Díaz a su lado hizo la soleá apolá que hacía ‘Cobitos’, que también puede considerarse de Granada. Siguió con unos abandolaos acordándose de Frasquito, como uno de sus sucesores. Este cantaor, largo en su estilo, a quien hay que tener en cuenta, cerró la noche por fandangos, como no podía ser de otra manera.

* Foto tomada de la página de La Platería dedicada a este cantaor.

Miércoles, 05 de Octubre de 2011 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La suerte de la petenera

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Entre los muchos enigmas del flamenco (recordemos que este arte no ha sido documentado, grosso modo, hasta bien avanzado el siglo XIX) se encuentra la maldición de la petenera, el mal fario, sobre todo entre el pueblo gitano.

Nadie, sin embargo, puede especificar con certeza de dónde viene esta tradición de mala suerte. En general, en los tratados e historias del flamenco no se hace mención de este aspecto y sí ampliamente del origen y la etimología. Demófilo, Ángel Caballero, Larrea, Rossi, Félix Grande, Ricardo Molina, Antonio Mairena… todos los tratadistas en general obvian este aspecto de la petenera, bien porque no le dan importancia, bien porque no lo creen de interés en el análisis del cante, la trayectoria o herencia del mismo.

Es la tradición oral (al menos por mi parte), el boca a boca lo que sustenta este cante agorero, cantado tradicionalmente por mujeres.

La historia al final, sea cual sea, adquiere tintes románticos y me parece que la mala suerte engarza más con el folklore que con la realidad.

Quizá la leyenda más extendida de la petenera sea que éste era el sobrenombre de una mujer que para vengarse de un amor perdido causaba la locura de todos los hombres que conocía, opinión sostenida por una copla popular tradicional:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía de haber puesto
la perdición de los hombres.

Juanito Valderrama, en sus memorias, da otra curiosa versión. En tiempos de la Ópera flamenca, iban en una compañía Concha Piquer, Juanita Reina y una cantaora y bailaora muy joven llamada Mari Paz.

Ésta hacía, en la obra Cancionero, el papel de la Petenera en su entierro. Así la llevaban a hombros por el escenario, mientras cantaban:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

En una representación, cuenta el cantaor jienense, “Mari Paz se puso muy mala con una cosa de pecho. Tan mala que se murió (…). Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por este mal fario”.

El otro día, sin ir más lejos, le escuché en una grabación a José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, la versión que creo más acertada por viable. Se refiere a la misma letra de la muerte de la Petenera, pero que en un principio se hablaba de la República, su término y su añoranza. La letra quedaría así:

La República se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

Por razones evidentes, quien la cantaba iba preso de inmediato. Por eso no se podía cantar. De ahí la mala suerte. La suerte de visitar el calabozo. Aunque, a decir verdad, por lo que yo conozco, no existe grabación con esta variable.

Lunes, 03 de Octubre de 2011 18:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

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Patrimonio Flamenco

Para cantar por derecho no hace falta una orquesta, basta con una guitarra que te arrope. El primer día de octubre se inauguraba el Auditorio Municipal La Chumbera (mal llamado Enrique Morente) con la actuación desgarrada de Pepe Luis Carmona ‘Habichuela’, que viene exclusivamente desde Madrid donde se halla grabando su segundo disco en solitario.

El cantaor, con la sola guitarra de Manuel Carmona, hijo del ‘Nene de Santa Fe’, se templa por soleares, acordándose en sus comienzos de Morente, cuando pone voz a unos versos de Cántico de San Juan de la Cruz. Asombrosamente, el artista de cien batallas, acude nervioso a su primera cita y ofrece una soleá desajustada antes de dejar al guitarrista solo brindándonos unas rondeñas.

El sonido es deficiente, viciado de graves, limitando el sonido de la guitarra. Con todo y con eso, sin ser un tocaor solista, sus propuestas son bastante acertadas.

Para los tangos, rematados con una especie de zambra al mismo compás, Pepe Luis está más confiado y seguro. Se los dedica a Nino y Rojas, dos amigos entre el público, y se entrega plenamente. Su voz es limitada pero su gusto plausible, y su eco flamenquísimo.

El color de la noche lo pone Raimundo Benítez bailando por seguiriyas, en las que destaca también el cante del Habichuela, aunque ni éste ni la guitarra están hechas para el baile. El bailaor granadino, con tablas y con oficio, supera esta traba y ofrece un baile redondo y completo. Su propuesta animosa y una personalidad que va cultivando ponen un sello indiscutible.

Con tres fandangos, Carmona, ya bien templado, mantiene el pabellón, para rematar el concierto por bulerías, demostrando lo que puede hacer por fiesta. Un poquito por jaleos extremeños fuera de los micrófonos, con la pataílla desenfadada de Raimundo, sirve para despedir la velada.

* Portada del primer disco de Pepe Luis Carmona, de 1998.

Domingo, 02 de Octubre de 2011 10:48 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El día que conocí a Mario Maya

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Tal día como hoy, el 27 de septiembre de 2008, desapareció Mario Maya, uno de los grandes de la danza española y del flamenco en particular. Era bailaor y coreógrafo, como ha habido pocos, lo que demostraba día a día con su labor creadora, que, gracias a las nuevas tecnologías, podemos comprobar cuando queramos.

Sin que yo lo supiera, leía este blog, mis críticas y opiniones sobre el flamenco. A un investigador granadino de altura indiscutible, Miguel Ángel González, le preguntó por mí y, Miguel Ángel, tan correcto, me pidió permiso para mandarle mis datos.

Como es de suponer, yo estaba encantado y, al poco, recibí en mi ordenador un correo de Mario manifestando su conformidad con mi trabajo y enriqueciendo alguna de mis ideas.

Quizá seguimos carteándonos de esa guisa año y medio o dos años, no recuerdo (por error además borré toda la carpeta de correspondencia, castigando así esa parte de mi memoria, de por sí flaca).

Vivía en Sevilla, como se sabe. Vino a Granada para ver bailar a su hija, Belén Maya (a la que admiro), en el Corral del Carbón e hizo por quedar conmigo.

Me escribió, le escribí, quedamos en la puerta de entrada al espectáculo y, cuando llegué, no me hizo ni caso. Yo lo conocía físicamente de sobra. Él no me había visto en persona en la vida. Estaba rodeado de algunos flamencos y admiradores que solía prestarle la atención justa (a veces ninguna).

Me volví a acercar y me presenté. Se alegró de conocerme y creo que excusó haberme dado de lado. Pero desde ese momento, no nos separamos en toda la noche. Vimos a Belén juntos sentados, en un sitio privilegiado; cenamos juntos con todos los músicos; nos tomamos alguna copa (no recuerdo lo que bebía, creo que ron de Motril o algo así muy particular); y quedamos en volver a vernos.

En el verano de 2008 estuvimos hablando de que fuera a Sevilla a la Bienal. Me invitaba a su espectáculo Mujeres, con tres generaciones de bailaoras, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (tenía pensado otra función, siguiendo los mismos esquemas, llamada Hombres, pero se quedó en proyecto).

Al tiempo lo llamé participándole mi imposibilidad de ir al estreno. Me dijo que no me preocupara, porque él tampoco podría asistir, que estaba en el hospital con problemillas.

No le di importancia y le dije que se mejorará. A los pocos días me enteré de su muerte.

* Foto tomada de la edición digital de El Mundo.

Martes, 27 de Septiembre de 2011 12:40 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La pulsión emocionada de Manolo Franco

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La Guitarra en Otoño IV

El festival de La Guitarra en Otoño, en su cuarta edición, viene tempranero y asaeteado por la crisis. De los cuatro o cinco días que ocupaba años pasados, a caballo entre septiembre y octubre, se ha reducido a un solo recital, de calidad, eso sí. La ‘crisis’ lo que menos perdona es el arte y la cultura (si es que no es lo mismo).

Manolo Franco, aunque tiene un libro que incluye un CD en solitario, llamado Aljibe (2008), no se le concibe como guitarrista de concierto, aunque la sensibilidad desatada el jueves en el patio de la Casa de los Tiros, eleva su guitarra al merecimiento de ser escuchada sin artificios.

Por otra parte, se nota y se agradece que sea un tocaor de acompañamiento; sus temas son totalmente reconocibles y llevaderos, limpios de aires foráneos y concretos en su ejecución. Para el acompañante de Calixto Sánchez la guitarra es un instrumento, y no tanto la compañera, la extensión de las manos, etc. que puede ser para muchos, y como tal sabe sacarle todo el rendimiento, pedirle fuerza y suavidad, llorar y reír con ella.

Por mineras, con concesión a la fiesta en sus postres, comienza su actuación. Su pulsión es segura, rica en arpegios, emocionada en sus notas. Saluda y continúa con un garrotín, después de haber afinado la guitarra en re. Su toque es limpio, preciso y muy flamenco, lo que demuestra con creces en la soleá, impregnada de tradición. Una de sus mejores apuestas.

En las alegrías se le ve especialmente suelto, proponiendo, como decía Paco, cositas buenas. Y, de Cádiz se va a Huelva abordando unos fandangos sin desperdicio. A punto estuve de lanzar el grito de ¡Viva Franco!, aunque se iba a malinterpretar.

En el toque que se encuentra más a gusto, reconoce, es en la bulería por soleá. Es la pieza flamenca por antonomasia, que participa tanto de una y de la otra. Aunque, a estas alturas, vemos que todos sus remates son iguales, el rasgueo de arriba abajo y de abajo arriba elevando el volumen.

Cambiando el estilo completamente, ofrece guajiras con inconfundible sabor habanero. Terminando el concierto por granaínas, confesando que es un toque que le atrae, que incluso tiene antepasados de Santa Fe. Granaínas en las que se repite, quizás añadiendo un tercio innecesario para aumentar la duración de la pieza. Echamos en falta algún bis que redondeara la velada.

* Portada del libro de Manolo Franco.

Viernes, 23 de Septiembre de 2011 09:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La crisis permanente

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III Festival Flamencos por África

Ya es habitual que se vaya constelando el calendario flamenco de Granada con citas benéficas. Raro es el año en que no contemos con cuatro, cinco o más festivales solidarios. Por tradición, el flamenco viene de las penurias de la marginalidad, de las penalidades, de la persecución. Es fácil que se vuelque por una buena causa, aunque ahora la realidad es muy distinta.

El público, que es tan importante o más, también responde. Así, que cualquier motivo es bueno para prestar ayuda, para arrimar el hombro y aportar el grano de arena que conforme la montaña.

Ayer presenciamos el tercer festival Flamencos por África a beneficio de la asociación “Calor y Café”, en el teatro Isabel La Católica con una asistencia inmejorable tanto de público como de artistas de la tierra. (El día 6 de octubre, os recuerdo, habrá otro encuentro flamenco, en el mismo escenario, para colaborar con la asociación Borderline, que trabaja para la integración de las personas con inteligencia límite.)

Como dijo Juan Pinilla al finalizar la noche, si ahora estamos en crisis en el primer mundo, en África la crisis es permanente. Pues eso.

Muchos de los flamencos repitieron, como en años anteriores, fue un reencuentro. Incluso manifestaron su deseo de participar en los próximos festivales. Tal es el caso de la academia de Miguel Medina, con Francisco Manuel Díaz a la guitarra e Iván ‘El Centenillo’ al cante, que, con tres alumnas destacadas, nos bailaron por alegrías. Después, quedándose solos cantaor y guitarrista, nos ofrecieron unos fandangos principiados por el himno de Andalucía. Seguidamente Sergio Gómez, al cante, y Kiki Corpas, a las seis cuerdas, con ayuda de dos palmeras, hicieron cantiñas, para el baile esbelto de Elena López ‘La Sensa’.

En un segundo bloque de la noche, dedicado al cante sobre todo, lo abre Curro Albayzín, acordándose de Benítez Carrasco. Ramón del Paso a la guitarra por soleares. Jesús de María es un chico muy joven (no llegará a diez años) que, de la mano de Curro, nos brindó tientos-tangos.

A continuación, la voz potente y clásica de Arturo Fernández, arropado también por Ramón, entonó unas malagueñas rematadas por fandangos de Granada. Antonio Gómez ‘El Colorao’, a continuación, con Miguel Ochando a la guitarra, ofrecieron lo que para mí fue lo mejorcito de la noche: una entregada seguiriya. Después, con la colaboración de la segunda guitarra de Álvaro Pérez ‘el Martinete’, Antonio cantó su tradicional balada Mi mama. Para terminar esta parte, Agustín Barajas nos baila por bulerías, con Sergio y Rubén Campos detrás, al cante y a la guitarra respectivamente.

Una de las voces más encomiadas del panorama local, Manuel Carmona, ‘Nene de Santa Fe’, con su hijo, del mismo nombre, a la guitarra y dos palmeros, nos hace malagueñas, rematadas con rondeñas, y el Romance de la Cautiva, de absoluto estreno.

Otro jovencísimo cantaor, Juan de Granada, arropado por Francisco Manuel Díaz, propone bulerías y después un fandango, y Tomás García, también dentro de los cadetes, hace tientos-tangos, en los que no puede negar ser alumno de David Sorroche. Álvaro Pérez ‘el Martinete’ le acompaña con la guitarra. Entre los dos no llegan a treinta años.

El veterano Curro Andrés, con Ochando a su lado, hace un recorrido por algunas de las zambras de Manolo Caracol. Remedando al maestro pero afinado.

Ray Benítez cierra el tercer bloque bailando una equilibrada y preciosista farruca, en la que se acuerda de Antonio, de Mario Maya y de Manolete, mientras Sergio, al cante, y Rubén, a la guitarra, le interpretan una farruca de Miguel Poveda.

Para terminar el festival, se contempla una cuarta parte que abre Ana Mochón que, entregada y segura de sí misma, con Antonio ‘La Luz’ a la guitarra, aborda la caña, que la principia con una soleá, a la manera de Diego Clavel, con letra del guitarrero Rafael Moreno. Remata agradablemente por tangos del Camino.

Sergio Gómez ‘el Colorao’, por fin cantando adelante, acompañado de Rubén Campos, se va por levante, antes de darle paso a Juan Pinilla, con Josele de la Rosa como músico, que hace un magnífico revuelto con las cartageneras que acaba de grabar en su último disco, Las voces que no callaron, un poquito de abandolaos por Málaga y un remate por bulerías, que fueron cuplé a los postres, en los que se dio su pataílla, suelta y graciosa.

Juan Antonio Ibáñez, certero y profesional, ofició de maestro de ceremonias.

Jueves, 22 de Septiembre de 2011 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El mejor recuerdo

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II Memorial Manuel Cano

No todos los festivales “en memoria de” cuentan con la mejor apuesta para el recuerdo. En este segundo Memorial, igual que para el primero, que se homenajea al compositor y concertista de guitarra Manuel Cano, como abanderado, y cabeza de cartel permanente, participa su hijo José Manuel Cano Tamayo, heredero en la sensibilidad, en el preciosismo y en esa manera clásica de interpretar la guitarra flamenca.

Para este concierto, desarrollado durante la noche del sábado en el espacio singular del Palacio de Quinta Alegre, José Manuel, para la segunda parte contó con la voz musical y clara de Esther Crisol.

En primer lugar, en solitario, el guitarrista granadino interpretó una taranta, dedicada a su amigo Miguel Suárez, que tiene bastante de tradicional, aunque con toques contemporáneos, como esa aceleración a los postres que la acerca a la fiesta. Y continuó con una excelente seguiriya de su progenitor, con arreglos propios, antes de llamar a la cantaora a su lado.

Como digo, en la segunda parte, bastante más extensa, Cano ilustró su guitarra con la dimensión efectiva del cante. Esther Crisol, con la voz menos grave que de costumbre y algo rozada, expuso para empezar una farruca elemental. Algo nerviosa y contenida, anunció soleá apolá, que fue de Cobitos, de Morente y de Antonio ‘el de Alhendín’, diciendo que es el palo que más le gustaba. Aunque, para ser el estilo en que se sentía más cómoda, posiblemente fue la peor entrega de la noche, a pesar de estar bien arropada.

En la granaína se acordó de Chacón. Fue dulce y modulada, aunque seguía sin soltarse. Las guajiras tenían una sorpresa, y es que en su mitad llevaba el romance popular de Los peregrinitos, rescatado en el cancionero de García Lorca.

El toque por bulerías de José Manuel Cano, permitidme que lo diga, ya es antológico. El soniquete que expone, la redondez rítmica y el concepto musical, es para tenerlo en cuenta. Esther estuvo a la altura. Grande fue cuando recordó a Luis de la Pica, posiblemente a través de Marina Heredia. Tocó Extremadura y terminó por Triana.

En los tientos-tangos también le hizo un guiño a la Niña de los Peines y otro a Morente y a Carmen Linares. Tanto para los tangos como para las bulerías se echó de menos un poquito de compás.

Finalizó el recital con la bella copla Una Cantaora de La Lola se va a los Puertos, esa obra flamenquísima que escribieron los hermanos Machado y han popularizado desde Juanita Reina hasta Rocío Jurado.

Una reflexión final me queda por añadir. Cuando los asistentes son respetuosos, como acostumbran en el flamenco, a pesar de ser gratuito; cuando el recital es de lujo; cuando el sonido, salvo ligeros pitidos, es más que correcto; ¿por qué los técnicos tienen que hablar continuamente, ninguneando a los artistas y a su público, con la excusa de que tienen que controlar no sé qué?

Lunes, 19 de Septiembre de 2011 11:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ruido en el ruedo

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XXII Noche Flamenca A. VV. Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro

En memoria de Manuel Conde

Lo que más destacó en este festival de barrio, lamentablemente, fue el sonido. Había altibajos, las guitarras y el zapateado sonaban a lata, la voz mal cuidada, los altavoces cascados… Un desastre. Aunque suele ocurrir todos los años, pero nunca con tanta insistencia.

Hay que destacar, por otro lado, la entrega de los flamencos que, aún sufriendo estas adversidades, se entregaron plenamente y, filtrando las desavenencias, nos dejaron cositas admirables, a pesar de que la mayoría eran artistas noveles.

El Festival estuvo dedicado a Manuel Conde, cantaor aficionado, vecino de la plaza, desaparecido recientemente, que todos los años intervenía en este escenario, con su cante añejo y su memoria de pizarra. El acierto de una gran pancarta, con su foto y su recuerdo, manifestaba su memoria.

También hay que destacar en esta noche su dinamicidad y eficacia, fruto de los veintidós años que lleva funcionando con motivo de las fiestas de las avenidas próximas (Plaza de Toros, Doctores y San Lázaro).

Almudena Romero, con un baile redondo y comprometido, abrió la velada por tangos, mientras le arropaban Vicente Márquez ‘Tente’ a la guitarra, Sonia Leyva al cante e Iván ‘El Centenillo’ y Josele de la Rosa a las palmas.

A continuación, la cantaora de edad María Jiménez, también vecina del barrio, hizo milongas, colombianas y fandangos, con buen trasfondo, a pesar de no saber coordinarse con la guitarra ni estar familiarizada con el micrófono. En un cuartito se le apreciaría el sabor a esta señora.

Las dos veces que he visto a Sonia Leyva tenía la voz tomada (espero que no sea patológico). De todas formas modula y pone gran interés en los resultados. Con la sabia guitarra de ‘Tente’, que cada vez está más hecho al acompañamiento, empezó cantando por tientos-tangos, muy a la manera de Carmen Linares, que es como acordarse de la De los Peines, y terminó por granaínas.

Para mí, la sorpresa de la noche, cuando sentí de veras los desaguisados del sonido, fue con la intervención de la joven y, para mí desconocida, Eva Romo que, con una buena voz y dominando los altibajos hizo farruca, tangos, taranta de Linares y bulerías, con la guitarra precisa, aunque turbia (posiblemente por el equipo) de José María Ortiz.

Otro poquito de baile por alegrías de Almudena Romero sirvió para dar paso al cabeza del cartel de la noche. Antonio Fernández dominó en soleá y en la malagueña de la Peñaranda, rematada con fandangos de Pérez de Guzmán y jabera. Continuó, con su voz de falsete, haciendo los tangos de Morente El lenguaje de las flores y terminó la noche por fandangos naturales.

* Manuel Conde, con Jose María Ortiz, en uno de los festivales pasados.

Viernes, 16 de Septiembre de 2011 11:37 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Historia de un garrotín

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Este año, para el FEX, como sabéis, organicé, encargado por el Festival de Música y Danza de Granada, a través de Open Cultura y en nombre de la Asociación del Diente de Oro, unos recitales de flamenco y poesía, en los cuales, repartidos en tres días, tuve que coordinar a unas cuarenta almas sensibles, de varias disciplinas.

La verdad, no sé como llegue a buen fin, con un resultado más que notable (la memoria de los cientos de espectadores así lo avalan). Digo que el éxito final me sorprendió, pues soy de carácter anárquico e informal para el papeleo. Le estaré rosendamente agradecido a los participantes en dicho evento, sus ganas de colaborar y la empatía que tuvieron con el proyecto desde un principio.

Para el día 8 de julio, después de la repartición de poetas, intérpretes y momentos, le mandé a la cantaora Mati Gómez un racimo de letrillas por tangos (algunas escritas para la ocasión). Después de varios intercambios de correos, me dijo que había escogido tres estrofas, pero que a ella le encajaban no por tangos sino como garrotín.

Me pareció maravilloso, entendiendo que las letras son versátiles, incluso lo que unos cantan de una forma, otros le cambian el estilo. A veces lo que determina el palo es la intención, lo que dicen las frases.

Mati escogió: Yo no salgo de mi casa / que estamos en primavera, / que la sangre no descansa / y mi niña no se entera. // No te asomes la ventana / sin sombrero ni paraguas / vaya a darte la solana. // La botella está vacía / encimita de la mesa, / ya no queda ni una gota, / voy a cumplir mi promesa. ///

Para interpretarlas, sin embargo, le faltaba un verso en la segunda estrofa (pues en los tangos se admiten tercetos con toda naturalidad). Ella le añadió: y en esa tu linda cara, tal y como se cantó, que quedó estupendamente (al final pongo el enlace de la actuación).

El problema, a la larga, fue mío, por una cuestión estética sobre todo. Yo había rimado ABAB y Mati proponía en la segunda estrofa ABAA. Todo es válido. Y, así, ha seguido cantándolo en varias funciones que después ha tenido, con la inapreciable guitarra de Rafa Soler.

Al tiempo, orgulloso de que abrazara mis letras en su repertorio, le envié un posible cuarto verso para esa estrofa, cambiando el orden del segundo. Aunque el poema ha alzado el vuelo y ya no me pertenece. También le mandé una cuarta letrilla por si quería alargar el garrotín en algún momento. Así, toda la canción, según mi propuesta quedaría:

Yo no salgo de mi casa
que estamos en primavera,
que la sangre no descansa
y mi niña no se entera.

No te asomes la ventana
sin paraguas ni sombrero
vaya a darte la solana
y que se te rice el pelo.

La botella está vacía
encimita de la mesa,
ya no queda ni una gota,
voy a cumplir mi promesa.

Estoy tan acostumbrao,
morena tú bien lo sabes,
caminar siempre a tu lao
recorriendo to’ las calles.

Os dejo una de las grabaciones de ese día. Aunque me consta que hay más en la red: http://www.youtube.com/watch?v=bvbeuq73618

* Foto del día de la actuación

Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Todo corazón

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I Festival de las Cuevas

Javier Martos goza de un baile más reposado, más repensado, más clásico, más racional, que quizá carezca de picardía y despeine. Con un buen cuadro detrás (Manuel Heredia y Sergio Gómez ‘El Colorao’ al cante, Rubén Campos a la guitarra y Miguel ‘El Cheyenne’ a la percusión), este bailaor, granadino de adopción, cerró el jueves el Primer Festival de las Cuevas, que organiza la escuela Carmen de las Cuevas, en colaboración con el Museo Cuevas del Sacromonte, donde tuvo lugar dicho encuentro.

Un espectáculo intimista y reflexivo nos saluda, donde la prioridad, más que arabescos virtuosos, estriba en volver las cartas sobre el tapete e indicar la senda que ha de seguir, reconociendo a sus maestros.

La guitarra comienza a tañer por farrucas, a la que se incorpora Javier, esbelto y moderado, y después Sergio, que apunta la letra, para desaparecer, dejando solos al baile y la guitarra, donde el baile hombruno se hace redondo y delicado sin perder su esencia.

Todos los componentes a continuación, capitaneados por Manuel, hacen unos tangos, llamados Camarón, tomando sus letras como explícito homenaje.

Martos vuelve a aparecer por soleares con movimientos muy redondos y armónicos, algo encorsetados hasta que se suelta por bulerías, que tocan el cuplé a sus postres.

La segunda parte comienza con unas personalísimas cantiñas, sin guitarra, sólo compás, que Javier aborda con un arriesgado traje rojo, como su propuesta, para pasar a un solo de guitarra por tarantas y tangos, donde Rubén hace un anticipo del disco que tiene en proyecto.

Acaba el espectáculo con unos tanguillos muy granaínos (por el tratamiento de las letras ante todo), donde Sergio, con una versos originales, va presentando al equipo, para pasar a la “Cazuela” que popularizó Chano Lobato. El bailaor de Reus, con bastón y sombrero, se identifica plenamente con la sal de esta pieza sin desperdicio.

Todavía, con gran respeto, podemos ver un homenaje que le hace Javier Martos a Víctor Quero ‘El Charico’, en forma de vídeo lateral por seguiriyas. Lamentablemente, este cantaor, que posiblemente estaba llamado a ser el mejor de España, desapareció joven.

Un fin de fiestas por bulerías, donde cada uno sin excepción dio su pataílla, termina dejándonos buen sabor de boca.

* Foto de Juan Güeto©.

Domingo, 11 de Septiembre de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una zambra particular

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I Festival de las Cuevas

A estas alturas no creo indispensable hablar del baile decidido de Ana Calí. Muchos años lleva perfeccionando esta bailaora su sentido del compás, la implicación efectiva de todo su cuerpo, la limpieza en sus pies y, en definitiva, su flamencura. Igualmente ha ido depurando una imagen muy particular, muy arraigada en la tradición de su tierra, pero al mismo tiempo con un punto contemporáneo fuera de dudas. La elección de su vestuario, sus caracolillos y el floripondio en lo alto de la cabeza, hacen que veamos en ella la raíz, el Sacromonte y la cueva, aunque en ellos no estemos.

El caso, sin embargo, no fue ese, sino todo lo contrario. El martes bailó en pleno barrio de los gitanos de Granada y rodeada de cuevas, con un espectáculo propio y a medida. La inteligencia se destila en éste De cobre y lunares, una granaína bailando por Graná, recreando una zambra para un solo actor, con las desventajas y los ventajas que ello tiene. El espíritu coral, por ejemplo, que esta fiesta rezuma, no existe, sin embargo, la distracción en el conjunto, los altibajos de los danzantes, la repetición cansina de un baile rutinario, el encorsetamiento en los mismos cánones… no los vemos. Por otro lado, nos ahorramos el explícito casamiento que a veces resulta casposo y forzado en este ceremonial de la boda gitana, como es la zambra. Y, agárrense, prescindimos de la “danza del vientre” o de alguna otra concesión oriental que algunas zambras se han obligado a ofertar como símbolo exótico del origen arabesco de esta fiesta.

De cobre y lunares, como reza su presentación, nos roba el tiempo, para trasladarnos a esas postales, ilustrándolas con algunos de aquellos bailes… De hecho, el espectáculo comienza con una secuencia de vídeo que, con grabaciones y fotografías de época, ilustran el espíritu de la obra que vamos a ver. Un buen intento que quizá esté de más y lo suyo hubiera sido incorporarlo como trasfondo callado al baile mismo, que Ana comienza con una cachucha introduciéndonos de lleno en el corazón sacromontano, que pasan a ser tangos de la tierra como gran exponente de nuestra identidad, integrando las aportaciones morentianas como parte inseparable y enriquecedora de ese toque tan moruno. La guitarra de Alfredo Mesa es limpia y pinturera.

Seguidamente, la granaína, aunque nacida en Jerez, es cante obligado en nuestra tierra. Cante que aborda con paladar y conocimiento Sergio Gómez ‘El Colorao’ con la guitarra de Alfredo. La soleá y las bulerías también son morentianas, que Ana aborda de negro con una complicidad, entrega y familiaridad encomiables. La bailaora se siente en casa y con su gente. Se siente a gusto y con una soltura poco común durante un estreno como el que nos toca.

La segunda parte comienza con la zambra, propiamente dicha, de comienzo y un remate caracolero (La Salvaora) y un cuerpo que se asoma a los tangos del lugar. Baile que ya vimos, creo que por primera vez, en la peña de Cúllar el año pasado y que le sienta tan bien a esta bailaora. Calí, con vestido rojo de corte oriental, con adornos sonoros y delantal blanco, borda un baile que puede ser la piedra angular de todo el espectáculo.

Iván ‘El Centenillo’, como segundo cantaor, interpreta, con toda la gracia que ellos tienen, los casi olvidados tangos del Petaco, antes de pasar a los fandangos de Granada, tal y como los hacía Frasquito y terminar por cantiñas, un cante de Cádiz que se ha instalado con todas las de la ley, por sus aires de fiesta y su bondad bailaora, entre nuestras artistas.

Como bis programado, para no perder la perspectiva, con una pincelada, Ana nos muestra la pícara mosca, dejándonos el regusto montuno, que es de lo que se trata.

Una buena obra, en definitiva, totalmente exportable, dándole un buen repaso de lija, en cuanto a la coordinación de todo el cuadro, la puesta en escena, la dinamicidad del conjunto o el ensayo general.

* Foto de Juan Güeto©.

Jueves, 08 de Septiembre de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un festival de masas

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32 Festival Flamenco de Ogíjares

Al final, como todos los años, acudí a esta cita multitudinaria en la población de Ogíjares. Es un Festival con solera, que, a lo largo de 32 años, ha visto desfilar por su escenario lo más granado del panorama nacional. Y, aunque ha tenido unos años de bajón, por cuestiones políticas, su llamada es imprescindible, entre otras cosas porque es uno de los encuentros más flamencos que se dan en nuestras tierras.

No sé si por su fama, por su cercanía o por su fecha, a principios de septiembre, que allí nos vemos gran parte de los flamencos y aficionados de toda la provincia de Granada, y aun de otras ciudades.

No obstante, su duración extrema, el cansancio acumulado y el frío imperioso, que distingue a este festival a partir de media noche, me impulsaron a abandonar el recinto en su mitad, perdiéndome a mi pesar el baile de Susana Lupiañez ‘La Lupi’, la actuación emblemática de Miguel Flores ‘Capullo de Jerez’ y, ¡ay!, el magisterio puro del marginado Manuel Carmona ‘Nene De Santa Fe’, aunque viniera acompañado de su hijo a la guitarra.

Organizado, desde sus comienzos, por la peña local ‘Eva Yerbabuena’ y apoyados por el Ayuntamiento de Ogíjares, el Parque de San Sebastián, donde se celebra dicho evento, acogió cerca de 3.000 espectadores atraídos por el cartel, en el que destacan ‘El Capullo’, mencionado más arriba, que con su cante particular tiene verdaderos adeptos, y con el compromiso independiente de ‘El Cabrero’, que mueve conciencias.

El primero en subir al escenario fue el cordobés, de Villa del Río, Antonio Haya ‘El Jaro’, ganador del III Concurso de Cante para Artistas Jóvenes de Ogíjares, que comenzó con soleá por bulerías y con granaínas, acompañadas de un ineficaz toque de piano y de una forzada percusión, para terminar, algo descafeinado, acordándose de Enrique Morente en los tangos e interpretando La Estrella, que ahora más que nunca haría falta que nos guiara.

Desde este primer comienzo nos dimos cuenta de las limitaciones del sonido. Algo que, en general, ocurre todos los años, a pesar del buen equipo, me consta, con que cuenta este festival.

María Toledo, en segundo lugar, contó con la guitarra exclusiva de Paco Cortés, uno de los mejores guitarristas de acompañamiento de la actualidad. María, con un deje demasiado castellano, se templa por seguiriyas, acordándose en primer lugar del Reniego de mi sino de Antonio Cagancho. Continúa por cantiñas con su presencia aplomada, para pasar a una soleá, acompañada por ella misma al piano, que supuso quizá lo mejor de su entrega. Continuó por tangos, con un excelente soniquete del mayor de los Cortés a su lado, y acabó por bulerías, recogiendo alguna letrilla de Carlos Cano a los postres.

José Domínguez ‘El Cabrero’, que llegó en tren desde Sevilla, arrasó con su presencia, cantando con valentía y gracia letras que le preocupan y que sus seguidores, verdadera legión, agradecen.

El Cabrero se ha constituido en poeta del pueblo y, pese a sus limitaciones, es un artista único y reverenciado. El mérito, sin embargo, lo tiene su guitarrista, Rafael Rodríguez, que tiene que seguirle en sus particularidades.

El cantaor sevillano, que venía de ordeñar cabras, fue generoso hasta el límite. Estuvo en escena casi una hora y, si no es porque aún quedaba la segunda parte, habría cantado un poco más (yo no tengo prisa, decía).

Comenzó por serranas, un bello cante telúrico que por desgracia se canta poco, y continuó con Pastor de nubes, tema que abre su último disco, con aires de sevillanas a la manera de Calixto, y rematados por fiesta. Continúa con una soleá y una seguiriya, para exponer su primer ramillete de fandangos comprometidos y declarando que: voy a ser niño hasta que me muera, como diciendo que los niños dicen la verdad, al menos su verdad.

Voy a cantarles una mariana, sin trololó, dijo seguidamente; para continuar con Si se calla el cantor calla la vida, un popular tema del argentino Horacio Guarany, versionado por bulerías; y acabar su parte oficial por fandangos, con algún lapsus de memoria.

Y, a partir de ahora comienzan los bises, que casi doblaron su concierto. Empieza (reempieza) con el imprescindible Luz de luna, peticionado repetidamente por el público. Continúa con fandangos, que introduce por Huelva y acaba con más fandangos, que arroja como verdades, en las que no deja títere con cabeza.

* Foto: Antonia Ortega©.

Martes, 06 de Septiembre de 2011 13:12 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Salud docente

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I Festival de las Cuevas

Visto lo visto, me quedo con el espíritu de los maestros de Granada. El primer día de septiembre, el equipo docente del Carmen de las Cuevas (escuela internacional de flamenco) nos ofreció en el Museo Cuevas del Sacromonte una muestra de su buen hacer para inaugurar el curso, a la que denominaron I Festival de las Cuevas.

Otros años hemos tenido una exposición parecida contando también con algunos alumnos aventajados, pero es la primera vez que se oferta en modo de festival de maestros con intención de perdurar. Dicho programa continuará el martes 6, con Ana Calí presentando De cobre y lunares; y el jueves 8, con Javier Martos que estrenará su Amalgama.

Es un concepto genérico de espectáculo en el que se pretende abarcar someramente el compendio de los conocimientos de sus actuantes para sus alumnos, pasados, presentes y futuros, para sus seguidores y para ellos mismos, hallando en estos días la posibilidad de interactuar juntos y sacar de ellos parte de sus conocimientos y futuras enseñanzas. Pero sobre todo es una fiesta, un motivo para quedar y verse con los amigos, una excusa para disfrutar desenfadados y compartir su sentido artístico.

El recinto del Museo estaba lleno hasta la bandera. Hubo incluso gente que se tuvo que dar la vuelta después de haber subido al lugar (un paseo verdaderamente cansado). En todo el verano no ha habido día con tal asistencia, aunque algunas veladas lo merecían.

Es digno de aplauso, entre los bailaores, la grata expresión del rostro. Ya he denunciado, en varios escritos, la tendencia generalizada de bailar con la boca o la falta de expresividad que le resta valor al conjunto. El baile es un compendio de todo el ser. A un individuo le tienen que bailar desde la punta de los pies hasta el cabello, pasando por los hombros, la cintura o las muñecas. Pero sobremanera le tiene que acompañar la faz, estar alegre en las alegrías y circunspecto en las seguiriyas, elegante en las farrucas y seductor en los tangos. Una cara distendida, no solo es el reflejo del alma, sino también la enseña de la identidad bailaora.

La riqueza, por otro lado, del cuadro de atrás, que arropa taxativamente al cuerpo de baile, es digno de admiración. Por un lado, las voces tan especiales y distintas de la armonía de Sergio Gómez ‘El Colorao’ y de la potencia de Manuel Heredia; y, por otro, las guitarras precisas de Jorge ‘El Pisao’, Rubén Campos y Luis de Melchor. Haciendo compás estuvo Javier Martos que, me imagino, no quiso bailar, pues tiene un día para él sólo.

Un taconeo al principio, de suave y agradecida coreografía, sirvió para presentar a los actuantes de la velada, en la que los bailaores iban abandonando escalonadamente el escenario hasta dejar sola a Estefanía Martínez (la única que no iba vestida de negro) para ofrecernos una seguiriya, precedida de toná, con un especial gracejo y entrega.

Judith Cabrera, vestida en crudo, con abanico vivificador, sedujo con sus paseos por guajiras, antes de dejar a los guitarristas solos para interpretar, correcta y atrevidamente, la rumba Entre dos aguas del maestro Lucía.

La farruca fue una dedicación especial a un gran hombre, Juanillo Heredia, tristemente recién desaparecido. Manuel Heredia estuvo sembrado en una voz rebosante de sentimiento y Raimundo Benítez mostró una vez más su personalidad y elegancia.

Pilar Fajardo reivindicó su tierra haciendo alegrías, con concesiones a las cantiñas y aires de Arcos. Es un palo que la algecireña domina y entiende de modo ancestral, en el que trasmite sabor y complicidad. Y Mari Carmen guerrero impuso su presencia y su clasicismo en los tientos-tangos, mientras su hija le hacía compás. Es raro ver este cambio de papeles, tan eficaz por otro lado, de Patricia Guerrero acompañando a las palmas a su madre y no al revés. Además de acordarse de Morente, fue memorable el remate de los tangos a dos voces.

Para terminar, precediendo la pataílla final por bulerías de todos los participantes, Estefanía, Judith y Pilar, nos regalaron una pinceladita por malagueñas y abandolaos.

* Algunos profesores del Carmen de las Cuevas con Cristina Hoyos.

Lunes, 05 de Septiembre de 2011 16:46 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Llave de Oro del cante

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Entre amigos

El miércoles, 30 de agosto, penúltimo día que el Museo Cuevas del Sacromonte le dedicaba a Enrique Morente, consistió en una especie de mesa redonda en la que algunos de sus amigos, capitaneados por Francisco Manuel Díaz, compartieron varias de sus experiencias con el maestro desaparecido. Completaba la escena, aparte del mencionado tocaor y guitarrero, Juan Mesas, promotor musical, Juan Antonio Ibáñez, periodista y directivo de la Asociación de la Prensa de Granada y los cantaores y grandes aficionados Curro Andrés y Antonio Gallegos. La charla estuvo moderada por el cantaor e investigador flamenco Juan Pinilla.

Destaco de esa velada el sentimiento de respeto hacia el artista y el amor hacia la persona, que para alguno de los presentes estaba por encima del creador. Cada uno, con más o menos acierto, comentó el día en que conoció a Enrique, su visión personal sobre el amigo y alguna anécdota compartida, entre las ciento que tendrían en la memoria.

Una aproximación interesante, pero limitada en todo caso. Los ponentes dejaron el acto en manos del azar y el sentimiento. Una improvisación que tan sólo mojó los labios, aparte del interés de los participantes y del esfuerzo dinamizador del moderador.

Relució en definitiva lo que todos sabemos: la genialidad creativa de uno de los flamencos más grandes que han existido, su humildad, su bondad, su grandeza como persona, su socarronería y su humor desmedido rayano en la ocurrencia filosa.

La noche se completó, como no podía ser de otra forma, con flamenco, recordando los cantes de Morente (los que no lo hicieron así, seguramente se equivocaron). Para tal manifestación se contó con un grupo de jóvenes flamencos de la tierra que, en gran medida, ni habían tratado a Enrique.

Al baile, abriendo la primera y la segunda parte, tuvimos a Ana Calí, con Sergio Gómez, al cante, y Alfredo Mesa, a la guitarra. Después intervinieron los más jóvenes (15 años), Tomás García, al cante, y Álvaro Pérez, a la guitarra, el cual terminó tocando una rondeña en solitario. A continuación, Sonia Leiva subió al escenario, acompañada por la guitarra de Francisco Manuel Díaz. Y, cerró la noche, Ana Mochón con la guitarra de Antonio la Luz.

El periodista Ibáñez, después de su intervención, para cerrar la actuación de la mesa, leyó un escrito sobre la persona de Morente y su calidad artística y terminó pidiendo para este eterno granadino la Llave de Oro del cante.

Hasta ahora existen cinco llaves (casi todas ellas con polémica): ‘El Nitri’, Vallejo, Mairena, Camarón y Fosforito. Es un tema delicado, entre otras cosas porque no depende exclusivamente de nadie y por su relatividad. Opiniones hay y las habrá, a favor o en contra. La propuesta, no obstante, fue hecha, de la cual, como cronista oficioso, doy fe.

Quiero acabar, sin embargo, reproduciendo la opinión de Juanito Valderrama, gran cantaor y enciclopedista del flamenco, que creo interesante: El cante no tiene llaves, como tampoco las tiene el campo. La primera llave se la dieron seis amigos en Málaga a Tomás el Nitri, gaditano, nacido en Arcos y criado en El Puerto. La otra llave, la última se le dieron a Antonio Mairena, en Córdoba, por mediación de Ricardo Molina. Si le han dado la Llave del Cante a Camarón después de muerto hay que dársela también a don Antonio Chacón, a Manuel Torre, a Manolo Caracol, a la Niña de los Peines y a Marchena. Pero yo no creo en la Llave, ni le he dado nunca gran importancia. La Llave la dan una docena de hombres y eso para mí tienen poca importancia, la Llave tenía que darla el pueblo, que es soberano y no se equivoca. Además, el cante no tiene llaves y el libro del gusto está en blanco

El público, pienso que de todo el mundo, tiene la palabra.

* Foto de Juan Güeto©.

Sábado, 03 de Septiembre de 2011 18:36 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Como los cantos rodados

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Lorca y el Generalife

Federico según Lorca

Ya comenté el día del estreno (12 de julio) este espectáculo con detalle. Ahora tan sólo me anima, como comenté en aquella ocasión, vislumbrar el resultado evolutivo de dicho montaje en el día de su clausura (27 de agosto).

El balance es positivo y, como llegué a prever, no me defraudo. Aunque debo decir que una segunda lectura siempre es más asequible que la primera. En general Federico según Lorca ganó en dinamicidad, aunque venía durando lo mismo (cerca de dos horas). Algunas aristas se limaron y, como los cantos rodados de un río, se fueron redondeando algunas cuestiones que resultaban estridentes.

Hay que aplaudir, por otro lado, el baile del cuerpo, tanto masculino (Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez y Alejandro Rodríguez) como femenino (Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno). Un baile más maduro y asentado que la simple repetición le llegó como la vaselina. Los músicos, Paco Jarana y Manuel de la Luz, a la guitarra, Enrique 'el Extremeño', José Valencia y Pepe de Pura y Manuel José Muñoz 'Pájaro' y Raúl Domínguez a la percusión, en plena forma, como en un principio. Debo repetir, en este sentido, que el tratamiento musical de la obra puede considerarse exquisito.

El simbolismo críptico, la visión tan personal de Eva Yerbabuena se va aclarando y las claves ocultas en gran medida se dilucidan. El escenario ya no es un laberinto sin una Ariadna que nos indique el camino.

El muro central, sin embargo, sigue pesando mucho. Se come cualquier otro motivo, entre otras cosas la proyección de vídeo de fondo que a veces resulta inútil (maravilloso cuando las imágenes se proyectan sobre dicho paredón). Este muro cobra una vida que al principio no la tuvo (o no fue tan evidente) y comienza a interactuar con la escena y a cobrar una vida propia que le sienta muy bien.

El baile de Eva, como siempre, tan eficaz como esperado, se deja sentir en el garrotín, en la vidalita y sobre todo en la soleá, llamada Del negro al negro, (no se puede bailar mejor). Sus coreografías también son dignas de admiración. El horror vacui, la ausencia de silencios, son inexplicables. Siempre hay movimiento, que no es unísono sino complementario.

El universo lorquiano sigue estando reflejado perfectamente: la marginalidad, el miedo a la otredad, el oscurantismo, el canto, sin embargo, de esperanza… No obstante, hay algo que re-mata el conjunto, que al principio no supe como tomar. Ahora ya estoy seguro de que el gigantón sobra.  El muñecote con el que Eva danza El pequeño vals, como homenaje a Morente, y que después recoge a todos los bailaores en un abrazo final, mientras Pepe de Pura entona una bella serrana, me parece definitivamente ridículo, además de antiestético.

Esperemos que estas reflexiones no caigan en saco roto y que la inteligencia de esta bailaora, si es que las lee, las tome en consideración, aunque sean, ya os digo, apreciaciones muy personales.

* Cartel del espectáculo.

Viernes, 02 de Septiembre de 2011 17:19 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un Bordón para Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. La guitarra toca a Morente

Como estuve invitado en el Festival de Almería no pude asistir el día 23 al Museo Cuevas del Sacromonte, donde actuaron Pepe  Habichuela y Josemi Carmona que, según dicen, fue un gran recital. No lo dudo. Lo que sí presencié con satisfacción, dos días más tarde, fue el torbellino de Juan Habichuela Jr. en ese mismo escenario. El nieto del patriarca Juan Habichuela, uno de los mejores guitarras de acompañamiento que han existido, recién galardonado con el ‘Bordón minero’ en el festival de La Unión, quiso hilvanar un recital de homenaje a Enrique Morente, no sólo interpretando sus temas, sino cantando literalmente con su guitarra como lo hubiera hecho el maestro.

La primera parte fue más íntima. Juan, solo, con la sonanta, expuso algunas de sus nuevas composiciones. Empezó por rondeñas, en las que se acordó de los grandes, como el imprescindible Ramón Montoya. El toque del joven Habichuela siempre ha gozado de una velocidad de vértigo, del rasgueo y de los silencios propios de su familia, de una limpieza admirable, de una creatividad versátil, de una frescura manifiesta y de una flamencura indiscutible. No obstante, si es que esto es posible, Juan se va refinando con el tiempo.

Una taranta, de las que duelen, y una soleá, con profusión de tonalidades bajas y uso del bordón, culminaron esta apuesta solista, para terminar la primera parte con su grupo interpretando una de las últimas bulerías de Morente, si no la última, la preciosista Adiós Málaga, cercana al jaleo.

El segundo pase, dedicado en exclusiva a Enrique, contó con todos sus compañeros, Diego ‘el Coty’ como segunda guitarra, Benjamín Santiago ‘El Moreno’ a la percusión y Alberto Raya al piano, que si bien restaban atención, contribuían notablemente en la base melódica de las piezas. Quizás el yembe (tambor de origen africano) se imponía demasiado.

Comenzó esta última parte por la zambra Aunque es de noche, grabado por Enrique en su disco Cruz y Luna en 1983. Le siguieron unos tangos que nos hacían rememorar un popurrí de letras morentianas, desde el disco Sacromonte hasta los sueños de La Alhambra. El soniquete por tangos en una guitarra de Granada es único e impresionante. Juan continuó por alegrías, haciendo los semitonos y los mismos requiebros de la voz, para terminar con la balada De mi rosa, dedicada al Ronco del Albaicín con concesiones a la fiesta.

Como bis programado, abordaron La Estrella, que lejos de ser un tema recurrente para la ocasión, puedo afirmar que Juan Habichuela lo tenía montado hace más de un año.

* Foto de Juan Güeto©.

Lunes, 29 de Agosto de 2011 17:10 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Noche gitana en Almería

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Si en la primera jornada del Festival de Almería, con Estrella Morente, tuvimos un flamenco más melódico y castellano, el segundo día primó la raíz y el aguardiente. Todos los actuantes eran gitanos y de la zona de Cádiz, menos Toñi Fernández, que fue la encargada de abrir la noche como artista local.

Toñi, bastante segura a pesar de cantar en su tierra frente a unos dos mil espectadores y compartiendo escenario con varios pesos pesados, se templó por soleá con su voz canastera y sugerente, a la que le siguieron unos generosos tangos, en los que precisó el compás de Jesús Fernández y Tito (que no se oyeron apenas), y en los que se acordó de Morente a los postres. Como guitarra tuvo al preciso Diego del Morao que, sin embargo, no se entendieron a la perfección.

Lo que le sienta mejor a esta cantaora son las formas más sentidas del flamenco, aunque siempre la hemos recordado por los temas festeros, donde puede tener una cierta semejanza con Aurora Vargas. Así, las arriesgadas seguiriyas cautivaron de puro dramatismo. Toñi terminó por bulerías, en las que tuvo que indicarle al Morao que bajara la cejilla después de haberle dado la salía, y que remató a boca de escenario, con una guitarra más acoplada y unos palmeros eficaces.

Pansequito, en segundo lugar, estuvo mejor tratado por la megafonía que la anterior. A la guitarra Parilla, que puede que sea el mejor representante actual del toque jerezano. Los dos tocaores apoteósicos por fiesta.

Comenzaron acordándose de su tierra por alegrías. Panseco está en plena forma, con unas facultades extraordinarias que no defraudaron a su público, aunque su repertorio es añejo y consabido. El mejor de la noche indiscutiblemente.

Continuó por soleá y después unos tarantos, para terminar por bulerías, asomándose sin vértigo al cuplé. Como regalo, unos fandangos valientes, fuera del micrófono, hicieron las delicias de sus incondicionales, que a esas alturas éramos todos.

El último en actuar fue José Mercé, arropado también por Diego del Morao, los dos jerezanos. Como el artista anterior manifestó su alegría de visitar esa plaza y los amigos que acumulaba en la tierra almeriense. A pesar de su dominio y del abrazo seguro de la guitarra, Mercé no estuvo a la altura. No sólo tenía la voz algo perjudicada, sino que no se esforzó. Con todo y con eso, sus seguidores son multitud y alabaron en alta voz hasta su melena desordenada. Las seguiriyas comenzaron por Manuel Molina y terminaron siendo su mejor entrega, a pesar de un imperceptible ahogo en el macho final.

Continuó por malagueñas, correctas pero sin enjundia, y remató por bulerías con un bailecito final, donde sacó sus letrillas del “flamenco 2000” y se acordó del gran Luis de la Pica. Como bis ofreció un poquito más por bulerías, repitiéndose en las letras.

* Toñi Fernández en un momento de la actuación (foto extraida de la edición digital del Diario de Almería©).

Domingo, 28 de Agosto de 2011 11:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Despedida urgente a Juan Heredia

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La muerte, aunque anunciada, es un desgarro vitalicio en el transcurso de nuestros días. Vengo del cementerio, de decir el último adiós callado a Juan Heredia, conocido popularmente como Juanillo.

No lo conocía mucho, pero sabía que era un hombre bueno. Todo el mundo lo quería. Era muy flamenco y una institución en el Sacromonte.

Cuando pasaba por la puerta de su restaurante, Casa Juanillo, camino del Museo o de la Chumbera, solía estar sentado en la puerta controlando hasta el aire que soplaba ese atardecer. Dependiendo de la prisa que llevara, me tomaba una cerveza, me sentaba un poco con él o simplemente nos saludábamos.

No hablábamos de nada en particular, de flamenco, del Monte o del tiempo socorrido, pero sentía una especie de orgullo de estar en su presencia y compartir su tiempo.

Astuto y rígido, era amante de sus amigos, de sus hijas (Encarna, Jara y Antonia, las tres bailaoras, a las que admiro) y de sus nietos.

Ayer murió un gran hombre, en las garras ciegas del cáncer, y el mundo incomprensiblemente sigue dando vueltas y los pájaros cantando y la brisa de Valparaíso alegrando un Camino eternamente marcado por las huellas de un buen gitano llamado Juanillo.

* Foto sacada de Granada Hoy, edición digital©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 19:28 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

Más Estrella, más Morente

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45 Festival Flamenco Ciudad de Almería

Semejante al concierto que ofreció en Granada, en el Festival de Música y Danza, y el que dio en La Unión y, posiblemente, los que queden hasta terminar la temporada fue el que ofreció Estrella Morente en Almería, aunque siempre con alguna sorpresa que singulariza la noche, si cabe. La sombra de su padre planea desde las primeras notas al quejío final. Es normal esta emoción, este permanente recuerdo… Tan normal como necesario que de aquí a medio año Estrella se renueve por completo, se reinvente a sí misma, y, como ave fénix, se vuelva a colocar en los primeros puestos de la creación y el estremecimiento.

El primer hervor de la noche suena por tonás, la misma ronda de voces a capela y juego polifónico que le gustaba a Enrique, con una nota que se mantiene en el aire y palillos y palmas finales, para pasar a esa belleza de San Juan de la Cruz (Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance) hecha canción doblemente sentida.

El soniquete por tangos sacromontanos, morunos y exclusivos, nos muestran a la mejor Estrella, que retoma las letras del Ronco del Albaycín para hacerlas suyas como buena representante de su tierra. Hay que destacar por otro lado la eficacia de los coros de José Enrique Morente, Antonio Carbonell, Ángel Gabarre que a la vez llevan el compás. Las guitarras puede que más limitadas de lo que se merece esta voz.

Con la sola guitarra de su tío Montoyita, la cantaora entona una petenera muy personal, que comienza por soleá y termina con dolor. La seguiriya es también morentiana que, sin llegar a ser bailables, gozan de una aceleración festera y gozosa, aunque Estrella la hace más liviana y falta de riesgo.

Personalmente Montoyita homenajea al desaparecido maestro con su guitarra, acordándose de su repertorio y haciendo hincapié en de la Estrella, tocada en un tempo lento y ofrecida respetuosamente a su autor.

La caña era un tema inexcusable del artista granadino, donde Estrella, con vestido nuevo, se mira y refleja esos semitonos imposibles que son música celestial rematada por bulerías, donde la artista, rica en braceo desde un comienzo, apunta una agradecida pataílla.

Para las granaínas, que se asoman a levante y a la fiesta, un gran abanico ilustra la imagen arrebatadora. Granaínas heterogéneas, cantadas a su modo, haciéndolas suyas, con su rúbrica y sello. No busquemos en Estrella la pureza de lo añejo, aunque sí la fidelidad de su herencia.

Es la hora de la presentación de sus músicos, que también son su familia y eran, la mayoría, acompañantes habituales de su padre. La Estrella en sus labios es un regalo, es como rizar el rizo, Estrella canta Estrella.

La sorpresa de la noche vino en forma de sevillanas, muy creativas, muy flamencas, a la manera de Pastora, donde hace un popurrí de letras de coplas y boleros y termina con el No dudaría de Antonio Flores.

El fin viene con La noche de mi amor, una canción estremecedora de Chavela Vargas, a ritmo de bulerías, que formó parte de su disco Mujeres (2006), con alguna estratégica alusión a la ciudad de Almería. Una toná, a boca de escenario, que acaba con pregón a capela, es el regalo final con que se despide la artista granadina.

*  Foto de Jesús Montoya©.

Viernes, 26 de Agosto de 2011 18:19 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

En la peña de Gorafe

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Fue el viernes o el sábado (repito que mi memoria es flaca). Alicia Morales me había invitado a una actuación que tendría en La Lumbre, la peña flamenca de Gorafe. Iba también en el coche el guitarrista, Josele de la Rosa, y otros dos amigos.

A altas horas (por incompatibilidades horarias) nos presentamos los cinco en la sala de fiestas que, con un pequeño escenario y un telón verde de fondo donde ponía el nombre, hacía las veces de peña.

Aparte de un par de entendidos, alguno más y los dueños del local, todos eran personas mayores, sobre todo mujeres; en un número no superior a veinte.

Sin muchos preámbulos, por lo avanzado de la hora, comenzó la primera parte por mirabrás. Palo que Alicia domina y sirvió para templar su voz. 

Los dos flamencos, cantaora y guitarrista, se conocen desde antiguo y alcanzan un grado de complicidad muy interesante. Quizá los temas jondos tuvieran más eficacia que los festeros. Así, cautivaron con la soleá y la malagueña, con un auténtico remate por fandangos de Frasquito. Terminó ese primer pase por tangos.

Con gran empeño y resultado, después del descanso abrieron por granaína y media. La entrega fue total a pesar de la poca asistencia. Aunque quizás con lo que me quedo del recital es con la seguiriya.

Seguidamente hicieron colombianas, muy resultonas, pero sin enjundia. Acabó la noche por bulerías, pidiendo compás al público satisfecho.

Como bis, un solo fandango huérfano a pie de escenario, alimentó las ganas.

* Foto sacada del muro de Josele.

Jueves, 25 de Agosto de 2011 18:32 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las gafas negras de Enrique

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente. Incursiones en el Rock

Morente se consideraba roquero. Sentía admiración por esta música, por sus intérpretes y por su modo de vida. En varias ocasiones había colaborado con el conjunto neoyorquino Sonic Youth; en 1996 contó con el grupo granadino Lagartija Nick para grabar Omega (después les devolvió el favor en Val del Omar); con Los Planetas, también de Granada, ha participado en sus últimos trabajos, muy cercanos al flamenco: una caña en La leyenda del espacio (2007) y una toná en Una opera egipcia (2010).

Con el nombre de Los Evangelistas se han juntado cuatro miembros de estas dos agrupaciones (Jota y Florent Muñoz, de Los Planetas, y Antonio Arias y Eric Jiménez, de los Lagartija), en homenaje a Enrique Morente, con la que debutaron en la pasada ‘Noche Blanca’ de Córdoba. Supongo que la experiencia fue tan satisfactoria y su repercusión tan positiva que han decidido seguir con este cuarteto de ‘discípulos’ (uno de los nombres que barajaron como posible identificación del grupo), con el que incluso están grabando.

Recientemente también actuaron en Poesía en el Laurel, ciclo de poesía y música celebrado en La Zubia; y ahora en el Museo Cuevas del Sacromonte. Siempre en memoria de Enrique, siempre con Enrique por bandera, siempre con el mayor respeto y haciendo justo lo que a él le hubiera gustado que se hiciera.

El resultado sigue la estela del mítico Omega, pero sobre todo retoma el camino “flamenco” que emprendió Jota, al frente de su banda.

No soy roquero como Morente, pero sí cocinero antes que fraile y puedo decir, sin temor a equivocarme, que testificamos un concierto memorable. Cualquiera de los presentes así lo puede afirmar. Sobresaliente y generoso donde, después de un largo repertorio, se plantearon los bises dobles, como las ducas de los gitanos.

Vibramos con las guitarras, articuladas y broncas; gozamos con el trasfondo sonido de Los Planetas (Florent); alucinamos con el nervio baterista (Eric), de precisa ejecución, del que Enrique no podía dejar de acordarse. Y las voces de Arias y Jota que nos acercaban al flamenco y nos tendían el puente claro entre el rock y Morente.

Porque era rock, puro rock, a veces heavy y corrosivo, pero evidente en su estructura. Sentimos el flamenco tan sólo si queremos verlo; si desnudamos el tema y nos quedamos en la cadencia y en el eco de la serrana, de los tangos, de las alegrías o de los fandangos.

Los Evangelistas, como Morente, no tuvieron sueño en la ciudad, fueron poetas decadentes o amantes amantes o buscaron la estrella que les guiara.

* Foto de Juan Güeto©.

Sábado, 20 de Agosto de 2011 11:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El peluquero de Morente

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Sacromonte Cuna de Flamencos

El barbero de Picasso

Nunca vi el documental de Barrachina. Nunca me atreví a ver El barbero de Picasso, hasta ayer que la proyectaron en el Sacromonte en el ciclo dedicado a Morente, donde lloré y reí a partes iguales.

No soy experto en cine y no puedo juzgar la película. Pienso que como documento es impagable, que todo aficionado al flamenco en general, y al cante de Enrique en particular, tiene que conocer.

Hubo quien a la salida criticó el resultado de la cinta por considerarla localista y en zapatillas, que se quedaba con los momentos musicales. Pensé, y a alguien se lo dije, que a mí no se me ocurría meterme en un congreso de dentistas.

Pero por qué el barbero. Cuando Picasso llegó a París buscó un español que le cortara el pelo. Eugenio Arias, quien terminó por considerar al artista malagueño como a un padre, no quiso cobrarle, tan sólo en obra, convirtiéndose así en uno de los máximos coleccionistas picasianos.

A Morente le sedujo la historia. Ya había grabado en 2008 Pablo de Málaga con textos del pintor. Con ganas de seguir profundizando en su obra, quiso descubrir el Guernica, y tumbarse a sus pies, y entender su simbolismo genocida, y cantarle en su mismo lenguaje.

No sé si fue antes el huevo o la gallina. Se proyectó un documental que acabó poco antes de su muerte. En él participan: su compañera, Aurora Carbonell; sus hijos, Estrella, Soleá y José Enrique; el barbero Arias; otros acompañantes; y sus músicos.

El filme está grabado en Granada, Madrid, Buitrago del Lozoya, Barcelona y Londres. Resulta que el grueso de la grabación iba a ser en Buitrago, a 75 km. de Madrid, pero empezó a llover a mares (en la cinta se ve) y Enrique ofreció su casa y su ambiente, su ciudad y sus rincones para seguir grabando. En el Bañuelo descubrimos a Soleá cantando Palabras para Julia y a Estrella cantando Señorita por bulerías y a Kiki templado por soleares. Y en Barcelona escuchamos cortes apoteósicos de su último concierto, como las alegrías o Adiós Málaga, que compuso el mismo Enrique acordándose de la tierra de Picasso y de sus grandes hombres (canción que la ciudad de Málaga ha hecho patrimonio).

También se nos escapan las manos en los tangos y los oles en la malagueña de Chacón. Y nos estremece hasta la médula El ángel caído de Antonio Vega, junto al pianista de jazz Federico Lechner, que, cuentan, estuvo meses buscando un piano con el que, sin apenas ensayar, hilvanaron esa obra de arte.

El barbero es sólo una excusa para hablar de Morente con Morente, para dar gracias a la vida por este granadino inmenso y visionario (no en el sentido esotérico del término, sino en el aspecto vanguardista del que hace ir por delante de su tiempo, aunque Enrique decía que lo que estaba haciendo es lo que quería haber hecho hacía diez años).

Eugenio Arias, ofrece sus testimonios y vivifica el documental con un nexo latente. Pero son su familia, que lo admira, quien habla de él; y es Morente mismo el que expone sus cartas paseando por el Albaicín; o tomándose una cerveza en lo de la Porrona, en Plaza Larga; o diciendo verdades como puños con esas ocurrencias tan rápidas como magistrales…

Aprendemos cosas tan trascendentales como cotidianas. Nos descubre tanto su forma de crear, como que es su mujer quien le corta el pelo.

* Aspecto del cine del Museo-Cuevas del Sacromonte (Juan Güeto©).

Jueves, 18 de Agosto de 2011 18:50 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Chekara en el imaginario de Morente (o viceversa)

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Sacromonte Cuna de Flamencos

Los Universos de Morente

Se impone antes de narrar los acontecimientos de este primer día del ciclo Los Universos de Morente, que tuvo lugar en el Museo Cuevas del Sacromonte dentro de la IX edición de ‘Sacromonte Cuna de Flamencos’ con la colaboración de ‘Granada Universo Flamenco’ de la Diputación de Granada, comentar el programa de dicho festival que, por otra parte, el organizador, Miguel Berbel, presentó en sus paalabras preliminares, donde con gran respeto dedicó estos días al desaparecido Enrique Morente.

El ciclo en cuestión se divide en tres bloques, que corresponden a las tres próximas semanas, ocupando los días de martes y jueves a recitales de música (12 €), y los miércoles a una muestra de cine (3€).

La primera de estas secciones, llamada Explorando caminos, consta de Entre dos orillas, de la Orquesta Chekara (martes, 16), de la que nos ocuparemos a continuación; del documental de E.R. Barachina Morente, El Barbero de Picasso el miércoles, 17; y de Incursiones en el Rock, con Antonio Arias, Jota, Florent y Eric (jueves, 18).

La guitarra toca a Morente es el segundo bloque, que contendrá el concierto Habichuela en rama de Pepe Habichuela, el martes, 23; el miércoles, 24, se proyectará el documental de José Sánchez Montes Morente Sueña la Alhambra; y la noche del jueves Juan Habichuela (Jr.), recién ganador del Bordón minero nos presentará La voz de mis adentros.

La tercera y última semana estará dedicada al Morente íntimo, con una charla Entre amigos, coordinada por Francisco Manuel Díaz y contará con varios amigos del maestro y algunos otros añadidos (martes, 30); el documental de ese miércoles será Recordando a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ (nº 2 de la Colección Flamenco y Patrimonio de Diputación de Granada). Todos los espectáculos comenzarán a las 22´00 horas.

La inauguración de este ciclo, como ya hemos dicho, corrió a cargo de la orquesta Chekara, como colaboradores en el pasado de Enrique Morente, que ya desde los años 80 participaron en comunión con el espectáculo Macama jonda de José Heredia Maya.

Unos tangos, de claro corte morentiano, sirven de presentación para unos músicos que no están alejados para nada del mundo flamenco. Vicente Gelo, al cante, hace cositas de Enrique dignas de aplauso. Tras esta entradilla, de la boca del cantaor se descuelgan unas palabras de agradecimiento, en las que reconoce al granadino un espejo en que mirarse. Sorprendentemente por tangos viene a ser también su segunda entrega, ilustrada con el baile de la sevillana afincada en Almería Maribel Ramos ‘La Zambra’. Puede que sus apariciones, junto al cante de Vicente y la guitarra de Emilio Maya, sean lo mejor de la noche. Maribel ha sabido entrecruzar el baile flamenco con la sinuosa danza oriental. Su zapateado, con el movimiento de caderas y de hombros y el juego de manos le confieren una estampa tan conseguida como original.

A continuación interpretan una versión de sus cantes abandolaos, que en su disco llaman Habib el Kamar, naturalmente acordándose el maestro que precede con un gran cartel el escenario, sobre todo en las rondeñas. En realidad todo el concierto estuvo constelado de letras del granadino en la voz respetuosa de Vicente.

Por farrucas comienza el siguiente tema, que encierra la copla La bien pagá con aires de tangos, e incluso tanguillos, para pasar rápidamente a los fandangos de Huelva, con una generosa introducción de flauta árabe (llamada nay) y algunas notas mantenidas en el órgano, con remate por bulerías, también coloreados por la sevillana, aunque vistiera de negro.

El piano coge protagonismo para exponer guajiras y garrotín alternos con agradables resultados. Las seguiriyas, conocidas como Mawal, con las que termina el recital, también estuvieron bien, a pesar de algunos gallos y desafines por parte de Jallal Chekara, voz y violín, y alma del grupo. El baile notable, como antes.

Como bis, completamente asumido, La Tarara, himno indiscutible de la orquesta, sonó muy malamente. Tan asumida tienen esta pieza que no se le presta la atención adecuada.

Jallal en baja forma, voces encontradas, aceleraciones sin justificar, ausencia de laúd, instrumento básico de la música andalusí, y, en cambio, un órgano estridente e incomprensible, etc. hacen de esta agrupación quizá la vez que menos me ha convencido. Espero que sea algo puntual. Por mi parte me quedo con lo bueno y seguiré subiendo como la cabra al Monte.

* Foto de Juan Güeto©.

Miércoles, 17 de Agosto de 2011 19:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Moneta, un valor seguro

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Los Veranos del Corral

Extremo Jondo

Varios días hace ya que vimos a La Moneta clausurar Los Veranos del Corral. Varios días hace ya que no me quito de la cabeza sus ojos de fuego; esa mirada de desafió, donde la dureza se trueca cómplice picardía, consciente de lo que ha hecho, expectante de lo que va a hacer; esa mirada que compromete al espectador y lo hace cómplice de su fuerza, como si todos, en algún momento, estuviéramos en lo alto de las tablas y vibráramos con ella.

En broma, a la salida, pregunté a sus músicos que si para trabajar con Fuensanta había que llamarse Miguel. Una feliz coincidencia ha reunido en el entorno de la bailaora granadina a tres fenómenos del cante (Miguel Lavi), del toque (Miguel Iglesias) y de la percusión (Miguel ‘El Cheyenne’).

Extremo Jondo fue la obra que estrenó La Moneta en la edición de 2010 del Festival Internacional de Música y Danza en el Teatro Isabel la Católica, con el mismo esquema y tratamiento. Sólo cambia el cantaor que, para aquella ocasión era Enrique ‘El Extremeño’, pero no se llamaba Miguel (es broma). Cambiamos una voz poderosa, añeja y templada, por otra llena de sabor, de queja y de aguardiente, de regusto antiguo y dolor solapado.

El armazón musical del sevillano Iglesias es encomiable. Teniendo un concepto vanguardista, su guitarra suena flamenca, con un eco arraigado en la tradición, que no teme en pasar de un trémolo enraizado en mitad de siglo veinte a un rasgueo novedoso, en pasar de un acompañamiento ortodoxo a unir ritmos en un todo contemporáneo, los temas se entrelazan sabiamente, escribía en la ocasión anterior; como igualmente apunté que el sonido es una garantía en las manos de Benson, el mismo técnico que le acompaña, el mismo Juan Benavides que dimensiona el Corral con su acústica precisa.

La Moneta presenta este espectáculo como un homenaje a la música, como una sumisión al flamenco. Escucha como nadie el cante, al que se debe, y cada giro, cada zapateado, el germen de su fuerza lo justifica el cuadro de atrás. Es un baile pensado y repensado, ensayado mil veces, pero que parece nuevo sobre las tablas, que es nuevo, como el concepto heracliteano del “todo pasa”.

El primer bloque (pues de racimos de cantes se trata y no de piezas sueltas) comienza por una toná, que en realidad es un romance, que Fuensanta baila con vestido de campana, mantón naranja y vuelo en sus ojos. El compás se hace agua en sus pies y sus manos, de cuando en cuando, adoptan esa contemporaneidad que un día aprendió y que le sienta tan bien en su danza de esbelta raigambre. Al poco, esta capela, se hace caña, para terminar acordándose alegremente de La Bahía. De las cantiñas, de ricas escobillas, donde el silencio tiene mucho que decir y la guitarra canta en solitario, asomándose a la tierra, se pasa al sentimiento de los cantes de las minas, donde Lavi canta por derecho.

El segundo bloque, donde los músicos se cambian de izquierda a derecha (con cierta comicidad), comienza por bulerías que pasan a ser liviana y serranas, que el cantaor aborda poniéndose en pie, con letra novedosa (su repertorio no es convencional), desembocando en un impagable macho por seguirillas. La Moneta, de negro, con chaqueta corta, acomete el baile como si fuera la última vez que va a bailar. Sus movimientos son quebrados y redondos a voluntad y contienen cien años de aprendizaje y otros cien de intuición. ‘El Cheyenne’ se muestra respetuoso y seguro, como siempre, y en su solo es un complemento, como un tercer tacón de la bailaora.

Esta segunda parte desemboca en tientos-tangos, con los que acaba la función, terminando la hipnosis colectiva con su roneo, lleno de flamencura y de sabor sacromontano, que desarma a la misma belleza del ambiente que nos rodea y que aquí se acaba hasta el próximo año.

Martes, 16 de Agosto de 2011 11:02 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Vini, vidi, vinci

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Los Veranos del Corral

Marco Flores, a pesar de cumplir los requisitos generacionales y artísticos requeridos para el Carbón, es la primera vez que pisa este escenario, cuando compañeros suyos (Manuel Liñán u Olga Pericet) ya han actuado al menos un par de veces. Es más, si mal no recuerdo, es la segunda vez que viene a Granada. Estuvo en La Platería hace poco más de un año, creo.

A pesar de esto, puede que sea de los pocos participantes en esta edición que haya acudido comprendiendo la filosofía de la Muestra. Su baile desinhibido y parnasiano, el baile por el baile, ha caracterizado su intervención.

Una minuta de aciertos corona su triunfo, aparte de su inusitado sentido del compás, fruto de un oído privilegiado, aparte del estilismo de una danza redonda, aparte de su amor al flamenco y la supeditación al cante...

En primer lugar, tuvo el buen gusto de no traer percusiones. Con dos impecables palmeras, Ana Romero y ’La Tacha’, el tema del compás se soluciona con creces. Sus números no son excesivamente largos, infiriendo en los anhelos de los espectadores. Sus músicos de atrás, exclusivamente mujeres, gozan de originalidad, a la vez que dimensiona la belleza somática del cuadro.

Raúl Comba, director del Festival, extraordinariamente sube al escenario para dedicarle el día, por parte de la organización, a Moraíto Chico, imprescindible tocaor jerezano de acompañamiento, sobre todo, arrebatado esa misma mañana, a la edad de 55 años, por un cáncer que le aquejaba.

Unas seguiriyas y cabales, rematadas por generosas tonás a compás, de la mano de las dos cantaoras, Mercedes Cortés e Inma Romero, sirve de carta de presentación. Un preámbulo que nos sirve para apreciar la esbeltez rítmica de este bailaor gaditano, que constantemente sugiere diálogo con su tacón-punta. Marco es un bailaor completo que expresa desde sus pies limpios hasta la punta de sus dedos salados. Su braceo tiene la feminidad suficiente para hablar por sí mismo. Lo que no convence, desde un primer momento, es su implicación bucal. Bastantes flamencos del momento bailan con la boca, marcan con muecas (y a veces onomatopéyicos sonidos) la evolución de su baile, afeando inconscientemente su entrega, que, además, enturbia la atención del espectador.

Malagueñas y granaínas chaconianas, muy mal cantadas por cierto, es la entrega que hacen sus músicos para la próxima entrega de Marco Flores por cantiñas. La gloria de esta transición, que pasa suavemente por los tres palos, como si fuera una sola pieza, se la lleva la guitarrista Antonia Jiménez. Antonia es precisa y pasional, clara y con un paladar exclusivo.

Las alegrías de Flores ya son antológicas. Se mueve en los aires de Cádiz como pez en el agua y no teme recrearse en las escobillas (tan solo a compás) que machadianamente se componen con el paso anterior. Sus desplantes son de pellizco. Si al comienzo, en la seguiriya, titubeaba, ahora está seguro. Domina como pocos y hace vibrar al tiempo que él disfruta cada momento (¿Será por eso?).

El siguiente interludio lo protagoniza el brillo de la guitarra. Aunque el tratamiento es distinto, sorprende que haga nuevamente seguiriya y cabal, como al principio. Su remate, huyendo de los finales efectistas, goza de la originalidad de morir en el aire, como con puntos suspensivos, inesperado en todo caso.

Marco termina por soleá. Son unas soleares lentas, pastosas, bien marcadas, para ser saboreadas en cada momento; con silencios y solos reconocidos. Con muchos cambios, como los bailes de hoy en día. La dimensión artística de las cantaoras ya no deja dudas, están en su salsa, con espléndidos remates a dos voces. La cadencia de la fiesta es lo suyo.

No me equivoco si afirmo, que en dieciséis días de Corral, Marco Flores ha sido el artista más aplaudido, al que no dejaban irse, el que tuvo que salir a saludar hasta cuatro veces, el que se dio tres pataíllas de fin de fiesta (la primera generosa, con el baile añadido de la cantaora Inma Romero y de las dos bailaoras). Una noche sin desperdicio.

* Marco Flores en la foto (Antonio Conde©).

Jueves, 11 de Agosto de 2011 12:00 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El día más largo

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Los Veranos del Corral

Ya he denunciado un par de veces el tratamiento de la luz en el Corral del Carbón de este año y vuelvo a incidir en ello porque posiblemente ayer tocara techo. Los apagones radicales (uno de ellos antes de haber acabado la pieza), el desenfoque al artista indicado o su iluminación parcial, la penumbra improcedente o el color inadecuado, es algo que un festival de esta categoría no se puede permitir.

Aprovecho también este primer toque de atención para advertir otra carencia. El que no haya un programa de mano diario, advirtiendo más o menos lo que vamos a ver o al menos el nombre de los músicos, viene siendo una inconveniencia, al menos para los espectadores que a la salida intentan recopilar la identificación de los actuantes.

Por otro lugar, como digo en el título, fue una velada larga. No sólo porque el programa fuera doble, sino porque parece que en la segunda parte había por parte de la bailaora un compromiso para rellenar un tiempo determinado, lo que restó espontaneidad y soltura.

Lidón Patiño es una bailaora castellonense, joven y llena de brío. Una fuerza que traslada a las tablas y trasmite como seña de identidad, aparte de su gracia en el baile (sus quiebros y desplantes son reconocidos). Aunque quizás deba limar su tendencia a la dramatización. Los momentos de excesivo vértigo se alternan con otros demasiado histriónicos que perjudican la dinámica del baile.

Comienza su entrega con una bulería que en principio es tan sólo de compás, para pasar en su segunda parte a incorporar las guitarras por soleares y jaleos. Puede que el percusionista, Amador Losada, sea el más limitado que hemos visto hasta el momento. Correcta la cantaora Angélica Leyva, con un eco muy flamenco.

Unos tangos, donde se alternan exclusivamente las guitarras ('El Tomate de Córdoba' y Carlos Orgaz), dan paso a las alegrías. Preciosa estampa es la que nos brinda Lidón con un vestido rojo de cola, con lunares negros en sus volantes y pañuelo a juego. Bella estampa que sin embargo requería doble esfuerzo, pues la cola no tenía vuelo, se ancoraba a sus espaldas y se negaba a bailar con la protagonista que, llena de sal y sonrisa, parecía vecina de la Caleta.

Para la segunda parte, Asunción Pérez ‘La Choni’ sale enfundada en un vestido rojo con mucho vuelo, de corte oriental. Va descalza y con chichines en los dedos, danzando de forma exclusiva la zambra caracolera La niña de fuego, interpretada con un gusto añejo por su cantaor, Salvador Cruz.

Fue un romper el hielo con las cartas de presentación en la mano, como diciendo que su baile es una apuesta poco convencional. El descanso llega con una soleá que sigue teniendo sabor de antaño con tercios cortados como antes. Salvador Cruz anuncia lo que va a cantar.

A la guitarra Raúl Cantizano y Antonio Montiel en la caja.

Tras saltársele una cuerda a la guitarra. Los cantaores se vieron obligados a improvisar por toná y martinete, para dar paso a la malagueña abandolá con fandangos de Lucena y del Albaicín. El tropiezo de la bailaora enredada en su cola, incidió en un baile cauteloso y algo tenso que sin embargo la bailaora supo controlar.

Con chaqueta corta y pantalón, lo que pintaba farruca, fueron unas seguiriyas tan correctas como faltas de dramatismo. Destacan sus manos.

Dedicados al maestro Chano Lobato, Alicia Acuña hizo unos tanguillos con toda intención. La guitarra le hacía constantes guiños a las guajiras (bastante cercanas, por otra parte).

Como última entrega, La Chone nos propone la caña, que baila con mantón de dulce vuelo. Momentos de clara comicidad salpican su baile, evidenciando otra de sus facetas. Esta caña se remata por una soleá apolá muy de nuestra tierra.

* ‘La Choni’ en la foto, tomada de su web.

Miércoles, 10 de Agosto de 2011 19:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Hasta qué punto vienen empujando

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Los Veranos del Corral

Ganadores del Certamen IAJ

Hay una hornada de flamencos jóvenes, muy jóvenes, en Andalucía que vienen empujando en el orbe del flamenco. Este mundo, para bien o para mal, ha ido cambiando. Por exigencias de la vida, se ha adaptado a los tiempos como cualquier otro arte. Ya es casi imposible improvisar, cantar con un guitarrista que te toque en suerte, actuar sin megafonía o salir al escenario con la copa de fino o el poquito de güisqui.

El flamenco se transforma por medio de sus actuantes. La pureza cada vez está más diluida (si no entendemos que el flamenco es mestizaje y diversidad). En veinte o treinta años se ha “avanzado” más que en siglo y medio. De un tiempo a esta parte el flamenco es aprendido.

Los jóvenes, en su mayoría, estudian (que es la única forma de avanzar, pues se innova desde el conocimiento). La mayoría se parecen a… hasta que encuentran su camino personal, un lenguaje propio con que expresarse, con el que trasmitir el flamenco que se siente. Y es lo más difícil. Y es la piedra angular con la que todos sueñan. Y es por donde deben ir los tiros de cualquier artista, de cualquiera que se quiera abrir camino en el flamenco: encontrar un lenguaje personal.

Pero cuando se deja uno llevar, cuando se tienen sus modelos fijos, cuando se cogen vicios o se confía demasiado en su propia persona, puede pasar como el vino, que los hay equilibrados, estudiados y medidos y hay “los que da la tierra”, que suelen ser peleones e indigestos.

Entre los nuevos flamencos hay de todo, aunque en general la seriedad es lo que impera. Todos son conscientes de que hay mucha competencia y no todos pueden estar en primera fila.

Lo más importante sin embargo es la humildad. Todos los grandes no lo han dejado dicho. Aprender de todo, dejarse aconsejar, analizarse continuamente…

Fue evidente, el lunes en el Corral, que los actuantes que había estaban empezando. Los ganadores del Certamen del Instituto Andaluz de la Juventud, toque, cante y baile, tuvieron doble premio: el que les concede el IAJ y el de participar en uno de los mejores escenarios de pequeño formato de este país.

En guitarra, el almeriense David Caro, con más acompañantes de los deseados, comenzó por granaínas. Su cantaor, Bernardo, se acordó de Manuel Ávila. Continuó por tangos. Breves para la voz de Isabel Jurado, transportando la prima en si. Al percusionista, aunque discreto, le sobraba el tambor (un redobles seguramente). Sin embargo, su apuesta e intenciones, llegaron por bulerías en solitario, en las que siguió la estela de Diego del Morao y de Vicente Amigo. Aunque quizá más apresurado de la cuenta y con el bordón un poco bronco. Termina por cantiñas. No es buena señal, por último, que los guitarristas de ahora no puedan pasar sin el afinador.

En segundo lugar intervino Carlos Cruz, hijo del buen cantaor jienense del mismo nombre. Comienza, como el anterior, por granaína y media, que son de Chacón, aunque las hace a su manera. Tiene facultades y perspectivas, que demuestra con creces en la soleá (al 6). Las bulerías finales también tienen su punto. El principal problema de este cantaor es el guitarrista con que se acompaña. Muy ajustado y fuera de tiempo, Rubén Campos (de Láchar), espera que el cantaor lo siga y no al contrario. Mirado desde una perspectiva profesional, Carlos necesita un guitarrista que lo almohade en condiciones y que lo haga crecer.

Hugo López es el premiado en la modalidad de baile. Es original en un primer momento, proponiendo zorongo, aunque vaya por fiesta. Es bastante impetuoso y desgarbado, pero tiene buenos pies. Sus cambios son radicales. En su descanso, Delia Membribe nos ofrece malagueñas de la Trini. Su voz es canastera y recuerda por momentos a Carmen Linares. Los abandolaos los mezcla y ya no sabes si son fandangos o jabegotes. También les acompaña David Caro. Un segundo músico, Luis Medina aporrea la guitarra. El bailaor cordobés termina por farrucas. Sus ganas se imponen a la lógica y zapatea cuando le están cantando y marca cuando el compás le deja espacio.

La madera existe, lo que falta es que arda bien (y si calienta y desprende olor, mucho mejor).

* David Caro (foto: Antonio Conde©).

Martes, 09 de Agosto de 2011 18:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El baile incombustible

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Los Veranos del Corral

Tenemos en Ray Benítez y Agustín Barajas dos de los mayores representantes del baile joven masculino en Granada, que ayer hicieron su debut en el Corral del Carbón. Era un estreno lleno de estrenos, pues parte del vestuario, puede que la totalidad, desacertado en todo caso, fue adquirido para la ocasión. Menciono este detalle porque determina su imagen, que en un bailaor es su primera carta de presentación.

Son dos jóvenes que se les asocia por su trayectoria y su contemporaneidad. También coinciden en sus fuerzas y sus ganas. Son bailaores de oficio, que llevan en las tablas bastante tiempo, acumulan algunos festivales a las espaldas y algún que otro concurso les ha sonreído. También formaron parte del cuerpo de baile del espectáculo que presentó ‘La Moneta’ en la pasada Bienal.

Su fuerte es su zapateado, aunque Ray también goza de un bello braceo y movimiento de manos. Y su formación es notable, rezumando pasos y creaciones tanto propias como de otros artistas locales (Mario Maya, Manolete). Sus bailes, sin embargo, son excesivos, incombustibles, demasiado largos. Su concepto de eficacia es antiguo y se basa en la resistencia, recayendo en la repetición y el abatimiento.

La noche del cuatro de agosto comparten escenario y cuadro musical de excepción. Luis Mariano, pleno de facultades y sentimiento, puede que sea el tocaor más en forma para acompañar al baile del momento en nuestra ciudad. Juan Ángel Tirado y Manuel Heredia al cante, rebosan eficacia y buen gusto. ‘El Moreno’, respetuoso y preciso, nace para la percusión (tuvo el acierto de prescindir de la megafonía para su cajón).

Agustín, con un respeto desmedido, aborda una farruca, bien armada musicalmente. Su conocimiento es tan evidente como su nerviosismo (debería aprender a relajar la expresión de la cara). Faltan silencios en su baile y el desplante necesarios para saborear los momentos. No sólo se alarga en demasía, como decimos, sino que le sobra el remate final, de una teatralidad angustiosa.

Toma el relevo Ray Benítez por levante y acaba por tangos. Más suelto y relajado, redondea su propuesta, que tampoco conoce el reposo. Para los tangos es muy canastero y no puede negar su formación sacromontana. Le sobran unos diez minutos.

A capela, con sólo compás, los dos cantaores se marcan unos jaleos antológicos, a cada cual mejor. Juan Ángel, con la cajita de música que tiene en la garganta, es puro quejío y sabor; Manuel, más moderado que nunca, borda sus entregas.

Barajas vuelve por soleá y bulerías con la tónica de antes, aunque quizá esté más distendido. Redondea el baile y recoge oles merecidos. Le sobran unos cinco minutos.

Por seguiriyas, Ray pone el punto final. Es un baile lleno de buenas ideas pero totalmente enrevesado, que necesita más marcaje y dramatismo, aunque el aporte personal es considerable. El recuerdo de Mario se manifiesta continuamente. Una coda con solo tacón se hace insistente e innecesaria. Le sobran unos doce minutos.

Un poquito por bulerías, en las que también patea ‘El Moreno’, sirve de fin de fiestas. (Y se olvidaron las flores que unas admiradoras le habían entregado.)

* Agustín Barajas en la foto (Antonio Conde©).

Viernes, 05 de Agosto de 2011 18:16 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El vértigo de Nacho Blanco

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Los Veranos del Corral

Desde el comienzo del espectáculo me sobró la percusión y, cuantas más intervenciones hacía mucho peor. Llegué a pensar que es un problema personal, pues siempre veo innecesarios los tambores. Pero, a la salida, con cualquiera que lo comentara, me daba la razón. La caja de José de Mode más que reforzar el ritmo, lo enturbiaba y le imponía un resultado pueril.

El baile de Nacho Blanco se basa en la fuerza y en el juego de pies, a veces vertiginoso, tan del gusto del público en general. Es un baile macho, a la manera de Farruquito y los suyos, con una tendencia mayor a la redondez, seguramente (recuerda a Juan Ramírez). Su clasicismo le lleva a castigar las manos más de lo debido. Hombrea y cuando alza los brazos carece de naturalidad.

Sin embargo su sentido del compás y la eficacia de su entrega son encomiables. Escucha la música elegida y saborea desde su oído hasta los pies el ritmo seleccionado. A veces habla directamente con su tacón-punta.

Hasta los postres, por fiesta, no lo vimos sonreír. Quizá el respeto a un festival que ha cogido renombre, quizá los bailes seleccionados, de franqueza dramática, quizá la misma concentración, le impulsan a mantener un rostro poco expresivo.

Por farrucas, baile varonil donde los haya, comienza su entrega. Sus pasos largos, el paseo por el escenario y, sobre todo, su taconeo evidencian su condición. La guitarra de Eduardo Cortés es óptima. Entre clásica y jazzística, destila frescura, quizá demasiado rumbera. Las voces (El Zambullo y Fabiola) son mediocres, aunque a veces tengan momentos dignos de aplauso. Es la primera vez en este ciclo, en doce días que lleva, que escuchamos la voz de una mujer al cante. Supongo que es casualidad.

Fabiola, con un protagonismo ilícito, salta a boca de escenario para cantar unos jaleos extremeños y acompañarlos con un poquito de baile. Ni esa fue su noche ni tiene voz como para prescindir del micrófono durante las cuatro o cinco letras que abordó.

Con una carcelera, El Zambullo inicia una ronda de tonás que dan paso a la seguiriya bailable, que Nacho domina sin discusión. Puede que sea la pieza donde se sienta más a gusto, donde expone abiertamente las credenciales de sus propuestas. Hacia la mitad, un quiebro a compás (no sé hasta qué punto voluntario), me mostró el bailaor que lleva dentro.

La guitarra en solitario entona bulerías. Eduardo comienza a recordarnos a Paco, para pasar a ‘Tomatito’ e instalarse definitivamente en Vicente Amigo, pero con concesiones directas al jazz y a la rumbita catalana, sobre todo en el rasgueo. El cajón, por si no me han oído, lo habría quitado de en medio.

Acaba la noche con soleá por bulerías, en la que Blanco tiene varios momentos para bailar el silencio, marcado por los palillos de sus dedos. Son momentos de genérica improvisación que se agradecen. Sin embargo, nunca entenderé la ‘metralleta’, la demostración del zapateado espasmódico.

Como bis agradecido, nos ofrecen un poco más por fiesta, en la que se adelanta al baile (ahora sí) una Fabiola estilosa. Ante los prolongados aplausos, este reconocimiento bulearero volvió a repetirse.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 04 de Agosto de 2011 16:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Jinete sin reposo

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Los Veranos del Corral

Con cascabeles en muñecas y tobillos comienza David Coria su entrega, bailando el silencio, cortando el aire con su porte pastoril y una margarita en las manos. Son unos originales cantes de labor, la danza de la cosecha, lo mejor de la noche. La guitarra se incorpora a los postres, que pasan a ser boleros y bellos verdiales, que se van apagando en las voces de Antonio Campos y Juan José Amador.

David conoce su cuerpo y sabe sacar partido a su esbeltez. Ha pertenecido a grandes compañías (Rocío Molina, Eva Yerbabuena, Aída Gómez…) y empieza, desde 2010, una carrera prometedora con espectáculos propios.

Las guitarras se quedan solas (Juan Jiménez y Víctor ’El Tomate’) para abandolarse por rondeñas, muy cerquita a la fiesta. Su casamiento es perfecto, que contrapuntea la percusión respetuosa de Kike Terrón.

Por cantiñas, que empiezan y acaban por Córdoba, vuelve el bailaor sevillano. Mientras el armazón musical no tiene fisuras (si acaso un cajón innecesario), David exagera sus movimientos, no conoce el reposo ni concede la mínima escucha sin que meta los pies.

Desde un tiempo a esta parte, todos los bailaores sienten que necesitan reforzar su taconeo o marcar el compás con ayuda de una caja o un pandero y, a veces, lo que hacen realmente es enturbiar su entrega. Con las clásicas palmas, no sólo sería suficiente, sino que se agradece esta tradicional forma de percutir el flamenco.

Para más inri, Coria, se hace acompañar además de un palmero (Jonatan Miró), que vuelve a incidir en el ritmo que ya sugieren los cantaores (que también hacen palmas) y el percusionista, cayendo así en un exceso de orquestación, bien dirigida, eso sí, con gran resultado, obtenido en parte por el buen sonido que Benson aporta.

Amador, en este segundo interludio entre bailes, ofrece una canción aflamencada por fiesta, que se asoma al abandolao.

¿Es posible que la velada vaya decayendo? El último pase de David Coria son unas tonás con seguiriyas, quizás demasiado largas, en las que comienza bailando el silencio, chasqueando los dedos. Su baile de arrebato se impone poco a poco y el árbol no deja contemplar el bosque. Su gesticulación con la boca, que desde el principio ha sido moderada y un complemento a su figura, llega a ser aparatosa.

Un bis en forma de tanguillo, que canta Antonio Campos, a la vez que apunta el baile, endereza cualquier objeción. Es una pataílla desenfadada, para la que el David se ha cambiado la camisa, que extrema la particularidad buscada en este bailaor.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 03 de Agosto de 2011 14:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Madera de bailaora

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Los Veranos del Corral

Por seguiriyas empieza la segundad mitad de Los Veranos del Corral. La joven onubense, María Canea, es una bailaora que promete, que trasmite y no defrauda. Cuando en el escenario alguien tiene que decir y sabe cómo decirlo, estamos ante algo importante.

Puede que empezara con lo mejor de su repertorio y después se fuera relajando. Sus pies, a petición de ella, sonaban demasiado fuerte. No obstante es una de sus bazas, donde concentra el nexo de su baile. Juan Campallo, a la guitarra, no tuvo su mejor día. Su participación quedaba escasa y a veces rasgueaba de forma desmedida, a veces armonizaba sin sentido. Quizá una segunda guitarra no hubiera estado de más.

En los tangos se ve la capacidad de los dos cantaores, Jeromo Segura y Javier Rivera (puede que ya preparados para cantar alante). Son unos tangos lentos y con mucho paladar, en los que se acuerdan del maestro Morente (Jeromo), aunque su propuesta sea limitada y la guitarra algo pobre.

Con un vestido blanco de media cola, María aborda unos abandolaos que principian con rondeñas, en las que se hace acompañar de complementos, a saber, mantón negro con flecos níveos y, más tarde, abanico con pañuelo de seda color turquesa, posiblemente innecesarios. Definitivamente esta pieza, aunque resultona, hace agua.

Otro momento de soledad entre los músicos son unas sabrosas cantiñas, que encierran gilianas (Rivera), un cante que habitualmente no se escucha. El final a dos voces solapadas es digno de aplauso. Una coda que se repite, con igual eficacia, alguna vez a lo largo de la noche.

Acaban por soleá y bulerías. Es un encaje de metal, al que quizá le falten brazos. La bailaora, por otra parte, se repite en un prolongado taconeo que le hemos visto en las seguiriyas. Los remates tienen cierto pellizco. El momento más reconocido de la noche se encuentra en la clara improvisación, cuando María da nuevas instrucciones a los músicos y la guitarra suena sorda. El instinto de bailaora sale a flote.

Jeromo Segura se ha apartado de Arcángel y persigue en cierta forma la estela de Morente. Acaban nuevamente a dos voces con Fernanda y Bernarda soñando la Alhambra.

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 02 de Agosto de 2011 16:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El sauce y la espada

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Los Veranos del Corral

Algunas sorpresas nos depara el Corral del Carbón este año, algunas luces que brillan sin previo aviso. Como fue la actuación de Saori, que aparece como “actuación extraordinaria”, fuera del programa oficial.

Ya sabemos la querencia de la nación japonesa por nuestro flamenco. Multitud de cantaores, tocaores y sobre todo bailaores de buen nivel se concentran en el país del Sol Naciente. Son un pueblo disciplinado y sensible, metódico en sus convicciones y francamente respetuoso. No es de extrañar que el flamenco constituya un rito, como sagrado es el arreglo floral (ikebana), la ceremonia del té o el teatro No y el kabuki.

Así, Saori, quiso empezar su actuación con un acto solemne, donde, vestida de samurai, realizaba movimientos lentos y esquemáticos, ofreciéndole sumo protagonismo a una catana, símbolo tácito de su país y de su intención, mientras los cantaores, Manuel Tañé y Rubio de Pruna, ofrecían toná y carcelera respectivamente (la carcelera con esa letra tan desgarradora de Diego Corrientes, bandolero del siglo XVIII, que dice: Veinticinco calabozos / tiene la cárcel de Utrera, / veinticuatro llevo andaos, el más oscuro me queda). Tras el cante, Emilio Maya, arpegia algunas notas sentidas de Madama Butterfly.

Unas bulerías sirven de interludio para la nueva aparición de la bailaora por levante, rematado en tangos. Su baile es clásico y muy medido. Quizás, para esta primera pieza, esté algo inquieta. No es fácil el estreno, sobre todo teniendo en cuenta todas las bailaoras que la han precedido. Destaca su flexible juego de manos y la expresión del rostro (más de una bailaora desearía poseer esa alegría y ese control facial). Los tangos, no obstante, son más agradecidos.

Emilio se queda solo en el escenario y nos ofrece una bella granaína, en la que se acuerda de Manuel Cano. Siendo el primer guitarra, es la única vez que se ve mandando. Antonio Santiago ’El Ñoño’ se impone más de lo deseado y, en vez de almohadillar el camino, lo dificulta. Su confusa guitarra se impone y desdibuja el brillo canoro de la del granadino.

El mejor corte de la noche, sin embargo fueron las guajiras, que acaban con colombianas festeras. A Saori, con vestido rojo y complementos crema, le sientan muy bien este tipo de bailes tan sugerentes y seductores. El abanico extiende su cuerpo y su gracia sin par. Es una pieza redonda, que empieza y acaba sentada en una silla.

Otro poquito (más bien extenso) por bulerías precede el último baile de la velada. ’El Ñoño’, en solitario, acompaña a los cantaores, siguiendo su tónica excesiva, que le hace, por ejemplo, meter falseta después de cada una de las letras.

Por seguiriyas termina la función. La correcta danza, quizá con falta del dramatismo que este cante necesita, está paliada con la belleza somática de una flamenca ataviada con vestido violeta y pañuelo, zarcillos y peina verdes.

Acaba la noche ceremoniosa como empezó, con catana y Emilio remedando a Madama Butterfly, pero la bailaora sigue flamenca y no vuelve al traje de samurai, como diciendo que nuestros mundos en realidad no están tan alejados.

* Foto de Antonio Conde©.

Sábado, 30 de Julio de 2011 19:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sangre castellana

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Los Veranos del Corral

Hecho a mano

Uno de los logros del Corral del Carbón es su tácita exigencia. En sus trece años de existencia, esta Muestra de flamenco se ha ido haciendo un nombre, se ha ido abriendo un hueco de prestigio entre las ofertas flamencas de nuestro país, con unas características únicas de formato, temporalidad y tratamiento. Esto no sólo redunda en el hecho de que todo bailaor joven (o no tan joven) que se precie quiera pasar por este escenario, sino que cualquiera que acuda a Los Veranos del Corral llega con un compromiso personal de entrega importante.

No obstante hay días y días. Las cosas salen como salen y no como uno quiere. El duende se esconde y aparece cuando menos se lo espere. Hay quien trae lo mejor de su repertorio, el baile consabido de su hacer cotidiano; hay quien hace un popurrí de su obra o adapta para la ocasión su último espectáculo; hay quien prepara algo exclusivo para la ocasión, quien estrena con orgullo sus nuevas propuestas; hay quien experimenta, quien se entrega al Corral como exclusivo local de ensayo, donde crea e improvisa sobre la marcha, y germina así su futuro próximo.

Todo tiene cabida en un ciclo de baile (aunque durante estos años pasados también se dedicó al cante y a la guitarra). Todo es válido y destacado que, más pronto que tarde, encumbra o pasa factura.

Concha Jareño es una bailaora de oficio, fruto de una formación clásica, que se entrega en el escenario. Nacida en Madrid, tiene una gran técnica, unos pies limpios y unos brazos seductores. Sus propuestas son redondas y elaboradas, demasiado elaboradas y académicas, que nos sorprenden no obstante cuando se salen del margen, cuando se despeina un poco.

Concha compone una obra para presentar en Granada. Hecho a mano no pretende cargarse de barroquismo ni asomarse a los márgenes del flamenco. Son cuatro piezas que se han ido hilvanando poco a poco, “un espectáculo hecho a poquito, a puntaítas, de viaje de viaje”, nos cuenta, mostrando simplemente el baile por el baile, puro sentimiento.

Por tonás empieza la noche que, en su mitad se acompasan con ritmo de seguiriyas. Rematadas en sincronía a dos voces (Antonio Núñez ‘El Pulga’ y Emilio Florido). El baile es correcto. Es la presentación de una bailaora que posiblemente es la primera vez que actúa en Granada en solitario.

Seguidamente la guitarra hace su entrada por granaínas. Solo en las tablas, Román Vicenti desgrana una pieza breve, sin florituras, pero con mucho sabor.

Los aires de málaga encierran malagueñas, jaberas, rondeñas y verdiales, que la bailaora aborda con frescura marina, vestida de azul y celeste, con castañuelas. Es la primera vez este año que aparecen palillos en el Carbón. Su dominio es manifiesto y rico en acciones.

La dimensión cantaora de ‘El Pulga’ la comprobamos en un cuplé, una canción por bulerías, que, con su modalidad vocal y el acompañamiento con todo su cuerpo lo hace único (a veces recuerda a Rafael ‘El Falo’).

Pero no descubrimos la capacidad bailaora de Jareño hasta su entrega por levante, que culmina por tangos. Se regodea en el cante, lo que es de agradecer. Ella misma se vuelve y ofrece oles a sus músicos. Su técnica y su compás son admirables. Los cantaores rematan a dos voces con Los saeteros de Morente.

Nunca he entendido los solos de percusión en un concierto flamenco, si no justifican nada más que la habilidad y la capacidad rítmica del percusionista, sin otra justificación. Sin embargo, aquí los tenemos y, por el público en general, son apreciados.

Después, como digo, del solo percutido de Luis Amador, Emilio Florido hace seguiriyas, antes del canto del cisne de la bailaora madrileña. Con bata de cola blanca calada, con largos flecos naranja, a juego con sus bajos, Concha propone unas bellas alegrías, medidas hasta el límite, justificadas al milímetro, que enardecen pero que no llegan a pellizcar.

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 29 de Julio de 2011 17:03 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El reconocimiento de la lentitud

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Los Veranos del Corral

Piel de Bata

Se agradece dentro del vértigo de la juventud y la vanguardia, el cambio de ritmo de Milagros Mengíbar, el tradicional baile de mujer donde los brazos mandan, la apostura define, la expresión convence.

Es de agradecer un silencio en el trino, el reconocimiento de la lentitud que hace saborear cada vuelta, el exclusivo vestuario y unas manos que han nacido para volar suavemente.

Piel de Bata es una obra parca y delicada, un muestrario de trajes de cola y el magisterio de su tratamiento. Todas las piezas, como es de prever, se bailaron con bata de cola. Milagros Mengíbar se hace acompañar de Luisa Palicio, una joven bailaora malagueña, que sigue sus pasos y almohada sus entregas, pero, por lástima, no está a su altura (aunque son evidentes los progresos que percibimos desde el anterior año que estuvo en el Corral en solitario).

Se podría decir que es el año de los pregones. En tres noches, de las siete entregas que llevamos, se han escuchado estos cantes tan bellos como olvidados, lo que hace pensar en lo contrario. Pues con pregones se hizo la presentación de este espectáculo. Con batas de lunares y pañuelos a juego sendas bailaoras se pasan el relevo o bailan al alimón mascando el ambiente, regodeándose en su propia figura y en la de su partenaire. Destaca como un viento fresco lleno de luz el braceo de Milagros y su dominio en el vuelo del vestido.

El guitarrista Rafael Rodríguez, canoro y reposado, como una señora merece, acompaña de lujo. Pero echamos de menos, de cuando en vez, una segunda guitarra que rellene la tendencia al vacío. Por otro lado, los cantaores, Manuel Sevilla y Juan Reina, añejos y comprometidos, de compás extraordinarios (y el jaleo que se precisa para acompañar al baile), pero a menudo desafinan y van fuera de tono y remedan un poco demasiado a Chano Lobato, en sus letras, en su deje e incluso en su voz.

De blanco impoluto, Luisa, baila unas guajiras lentas y caribeñas, con mantón también blanco, evidentemente con poco peso. La sensación de un principio acaba pronto y termina en una especie de sopor sólo superado por las interminables peteneras que le siguen, abordadas por Milagros con bata negra, rosácea en sus bajos y pañolón. No sólo se repiten las formas y el protagonismo de los cantaores que saltan alternativamente al escenario, cantando sin micrófono e interactuando con la bailaora, sino que también ésta, con un exceso de teatralidad, introduce una coreografía un tanto casposa.

Por soleares es cuando Luisa Palicio convence realmente y arranca algún que otro ole sentido. Una soleá que comienza con un recitado, a la manera de Pinto o Marchena, y que acaba en bulerías.

La velada termina, dentro de lo que cabe, dejando buen sabor de boca por alegrías. Los cantaores, fuera de tono, siguen abordando las tablas y el guitarrista se aparta del micro (a estas alturas, el técnico de sonido tendría que estar echando chispas). Lo que antes era una intuición, ahora es una realidad, Chano Lobato, al igual que Camarón, vive en sus seguidores. Incluso introducen en un poquito por fiesta Noche de Ronda, uno de sus temas característicos. Nos quedamos, no obstante, con la figura de Milagros Mengíbar, con sus desplantes antológicos y con ese juego de manos que justifica cualquier objeción.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 28 de Julio de 2011 12:18 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Con olor a Granada

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Los Veranos del Corral

A la salida del concierto, estuve hablando con Luis Mariano sobre algunos aspectos del recital de Patricia Guerrero y, entre otras cosas, coincidimos es en que los tangos, tanto el toque como el baile, destilan un especial olor a Granada. Huele su tierra, huele su agua, huele su noche y el pensar de su gente. No todos los tangos son iguales. La riqueza de los tangos de Granada es legendaria. Mientras la baja Andalucía mira a occidente, nuestra tierra tiene el perfume oriental; mientras los demás descansan en una planitud festera, el tango del Sacromonte goza de un estudiado cromatismo, mientras otros son una plazoleta, los de aquí son una encrucijada, la confluencia de multitud de caminos que a la vez pueden ramificarse cual jardín borgiano. El tango, huelga es decirlo, es el cante identificativo de nuestra tierra.

Patricia, como gran parte de los flamencos de Granada, sabe esto y, como tal, se ha preocupado de ocupar un puesto destacado en el decir de este palo tan identitario. Un quejido de violín, casi independiente, de Esther Crisol (también cantaora) colma el patio del Corral, que da paso a la generosa entradilla de guitarra de Luis Mariano, que empieza a sonar a surtidor y a arena mojada, hasta que comienza el verdadero soniquete, el inconfundible soniquete por tangos, que las palmas, en un compás binario lo determinan.

La bailaora granadina, vestida de bailaora granadina, con pañuelo rojo y flor en lo alto de la cabeza, empieza a ronear desde el principio, se acuerda de la tradición, del Camino, del Monte, del Petaco… y aporta de su persona algunos paseos, quiebros y desplantes singulares. Propone novedades en las letras que la arropan y en el eco que la envuelve. Patricia por tangos huele a Granada.

Pero antes de llegar a este pellizquito local, varias entregas abren camino. Una malagueña de Manuel Torre (Mariano y Lavi) abre una noche expectante. Patricia tiene en su tierra un nutrido grupo de seguidores, empezando por su familia, que, aunque incondicionales, están (o estamos) pendientes de cada uno de sus movimientos, de sus propuestas y de su evolución. Quizá por eso, su salida pareció insegura, con el nervio de quien realiza un examen importante.

Pronto sin embargo las malagueñas se abandolan, uniéndose el resto de los músicos, hasta terminar con los fandangos del Albaicín. La bailaora se relaja y justifica su belleza, con vestido rojo con abertura frontal y sombrero a juego de bandolera sobre el moño trabajado. Todo posiblemente demasiado puesto, demasiado repensado, sin margen creativo, sin fisura para improvisar. A veces también sería necesario que relajara el rostro.

Rayando en el detalle de la originalidad, los exclusivos cantaores, Miguel Lavi y David ‘El Galli’, hacen unos pregones, en lugar de las socorridas tonás o los martinetes (aunque el Londro, la noche de Mercedes Ruiz, también cantó pregón). Comienza ‘El Galli’ acordándose de El tío de la Alhucema de ‘El Lebrijano’ y termina el jerezano remedando a Pepe Pinto.

Vestida casi de novia, de perla blanca, con Manila, baila Guerrero una granaína nada convencional, interpretada tan sólo por Mariano a la guitarra. El mantón toma vida en los largos brazos de Patricia, que no descansa arañando sus mil posibilidades de vuelo y estampa. Choca sin embargo, aunque el tratamiento es completamente distinto, que dance unas granaínas justo después de unas malagueñas.

Tras los tangos comentados en un principio, interrumpidos cien veces por los aplausos, que incluso el bello remate final de sonanta y cajón (‘El Cheyenne’) se perdió totalmente, los músicos hilvanan una soleá con enjundia y sabor añejo en las voces de nuestros amigos. La segunda guitarra de Oscar Gallardo dimensiona la primera, aunque a veces estaba de más.

Termina el recital por bulerías. De azabache con motivos vegetales (el vestuario es delicioso), Patricia se desborda en un concierto que ha ido a más. Sin discusión domina sobre las tablas, asegura su seguridad y lo da todo. Sabe que es el último baile y derrocha energía. Se siente arropada por los músicos de primera fila que le acompañan y por un sonido impecable. Lástima que el juego de luces, como denuncié el primer día, no está a la altura. Pies, brazos, cintura, hombros… todo su cuerpo está en función de una fiesta que no descansa, una fiesta para todos, la fiesta que nos propone.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 27 de Julio de 2011 17:33 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Otra dimensión

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Los Veranos del Corral

Manuel Liñán, Manolillo para muchos, es algo nuestro, aunque hace ya una década que emigró a revolucionar la capital de España. Por eso nos agrada ir a verlo, por eso aplaudimos sus logros, por eso nos emocionamos con su baile. Lejos de chovinismos, en los que es muy fácil caer, estamos ante un bailaor tan personal como eficiente. Su concepto de la escena y la esfericidad del espacio, que lo elevan a la categoría de coreógrafo, traspasa todo lodo lo conocido. Quien no lo haya visto bailar no puede concebir esa otra dimensión de la que el baile flamenco hace gala.

Manuel lo sabe, y no duda hacer guiños a los que le precedieron en esas capacidades. Así recuerda a Mario Maya, a Vicente Escudero, a Gades o a Antonio el bailarín; pero también, perdonadme ortodoxos, le podemos ver remedos de Fred Astaire o de artistas del claqué.

Con unos graciosos tanguillos, si se me admite la redundancia, comienza la función. Las dos palmeras (Ana Romero y Vanesa Coloma), desde la balconada, cotillean a capela como en un patio de vecinos gaditano, mientras con los abanicos se hacen compás. Antonio Campos coge el relevo desde escena y se acuerda de los ‘anticuarios’ de Chano Lobato; las guitarras sordas de Antonia Jiménez y Luis Mariano le siguen por detrás. Y, de nuevo, toman la voz cantante las palmeras, alternándose en un continuo hasta el fin. Liñán baila este tanguillo con desparpajo; marcando cada una de sus cadencias y sin repetirse (lo que extraña tras un cante cíclico).

Llama la atención, como siempre, la esbeltez de este bailaor, su precisión y verticalidad; el vértigo de su zapateo y su fuerza controlada. Aunque, a veces, ese arrebato tape las guitarras, aunque ese sin reposo castigue el cante, por otro lado, a su servicio.

Después de este regalo de originalidad y frescura. Luis Mariano aborda a solas con su guitarra, limpia y amarga, una soleá por bulerías, con ese punto de queja que hace al instrumento tomar vida y cantar y llorar y clamar. Los cantaores, Campos e Ismael de La Rosa, le hacen compás y a los postres ilustran el toque con algunas letrillas.

El sonsonete continúa para el baile con brilloso bastón. Son bulerías de Lebrija, arremansás (como dicen ellos) y con mucho sabor, que el bailaor granadino aborda con gracia y desenfreno, extrayendo mil posibilidades de su partenaire de madera. Cuando suelta el bastón, se relaja y los cantaores de pie le cantan a su paso.

Las tonás de Chacón No te reveles serrana, tan morentienas, sirven de preámbulo al apoteosis final por levante, rematado por tangos de Granada. Manuel hace uso de esa elegancia circunspecta que rellena el ambiente de oles y de palmas, para estallar dando una lección magistral por los tangos de su tierra, acordándose de todos, en los desplantes y en los amagos de roneo, de los que no abusa, sino que marca con una pincelada y a otra cosa mariposa.

Una noche redonda. Posiblemente la más autentica de las que llevamos en el Corral, pues se hizo exclusiva y no de retazos de otras obras, como es el caso de las que le precedieron. Sin embargo, dos preguntas me rondan por la cabeza, que en honor de la objetividad debo de formularlas: ¿es necesario bailar con la boca, siendo un recurso que ayuda a llevar el ritmo, pero afea la imagen del bailaor?, ¿es posible, que después de un tiempo por encima del mal y del bien, el bailaor se relaje y le dé más protagonismo a la pierna derecha que a la izquierda?

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 26 de Julio de 2011 12:54 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Lo bueno si breve

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Los Veranos del Corral

Me alegro particularmente estos días por el reconocimiento que todas las bailaoras participantes en Los Veranos del Corral le están brindando al maestro Mario Maya, desaparecido ya hace casi tres años. Cada cual, desde su perspectiva y vivencias, se destoca ante uno de los grandes de la danza española, al cual, me temía, se estaba olvidando más rápido de lo que nadie merece. No obstante, en Granada, todavía tenemos una deuda pendiente.

Como digo, el primer tema que se abordó en la noche del jueves en el escenario del Carbón, fue una coplilla, compuesta e interpretada por Antonio Campos (incluso con la guitarra), dedicada al coreógrafo granadino-cordobés-sevillano. El cantaor, también de la tierra, salió solo y se le fueron incorporando el resto del equipo: Juan Antonio Suárez “Cano", con su guitarra, Luis Amador, con las escobillas de jazz, Jesús Torres, recuperando la guitarra que tañía Campos, y Rafaela Carrasco, brindando una pincelada de baile.

Y, ahí está el problema, Rafaela Carrasco ofrecía durante toda la noche “pinceladas” de baile, muy ajustado y preciso, con esbeltez y gracia en el taconeo, pero que dejaban poco sabor por lo escaso. Cuando empezaba a marcar, a vencer y a convencer, se acercaba a su anea y se sentaba.

Con todo y con eso, el espectáculo fue delicado y redondo, íntimo, como de cuartito. Amigos que se reúnen en torno a un espacio y cada uno da lo mejor de sí y, cuando encarta, la bailaora, con holgados pantalones y chaqueta larga informal (durante toda la velada), se levanta y ofrece su desenfadada pataílla sonriente, con la complicidad exclusiva de sus acompañantes.

Así, un solo de guitarra en las manos de Canito, cercano a la fiesta, es ilustrado a los postres por Rafaela; los fandangos de Huelva, valientes y modulados, acompañados con pandero, también reciben la gracia seductora de la bailaora: y las serranas, donde Antonio se acuerda de Enrique Morente, son recompensadas también por esa “pincelada”.

Momento hermoso sin discusión fueron los tanguillos a dos guitarras ('Cano' y Torres), donde se imbrican, se alternan o se aúnan, creando una verdadera obra de taracea. Aunque quizá lo más redondo, novedoso y participativo, fue un paso doble que encerraba caracoleros unos fandangos naturales 8aquí, la bailaora se complementa con una falda de volantes).

Termina la noche con una jota pura y dura. Sí, con una jotica de folclor norteño ligeramente aflamencado, que encaja de maravilla. Si no, ¿de dónde creemos que beben las alegrías de Cádiz? Un cante acompañado con profusión de pandereta, de Luis Amador, y panderos, el resto de los músicos, donde la bailaora sevillana se entrega en su totalidad.

Y, como bis, la pandereta sigue con la fiesta y una nueva entrega de baile nos es regalada, con un estratégico apagón final.  

* Foto de Antonio Conde©.

Viernes, 22 de Julio de 2011 11:31 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Jerez por derecho

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Los Veranos del Corral

Es una pena que un ciclo como éste en el Corral del Carbón lo tengamos tan sólo una vez al año. También está Flamenco Viene del Sur y algún festival o actuación más o menos aislada. Pero un escenario donde veamos lo mejor del baile actual del mundo flamenco, aparte de esta Muestra, en Granada no lo tenemos.

El baile, lo he repetido varias veces, conlleva la evolución más interesante dentro del flamenco. Aparte de que es la manifestación más completa, pues hace participar de forma activa a la guitarra, al cante y otros elementos percutores, ya sean palmas, cajón o pandero.

En 17 días tenemos un amplio muestrario de todas las tendencias del baile actual, primando la vanguardia. ¿Qué no están todos? Normal, todos los “número uno” (o dos) no pueden estar, por diferentes motivos. Y, por otra parte, menos mal que “todos” no se reducen a ese número de diecisiete, si no estaríamos apañados.

Hasta ahora hemos tenido la visión universal de Belén Maya, la estela sevillana con Isabel Bayón y, ayer mismo, el sabor acompasado de Jerez.

Mercedes Ruiz baila por bailar, no se plantea nada, no nos cuenta nada, aunque su baile esté lleno de sugerencias. Basado en su último montaje, Mi último secreto, la bailaora jerezana nos trae unas pinceladas de su manera de sentir el flamenco.

Con traje corto, de pantalones, completamente blanco, a la manera de Carmen Amaya, propone en primer lugar una farruca de pasos largos y profuso zapateado en los postres, donde se entrevé la mano sabia de Javier Latorre. Una farruca interrumpida en bastantes ocasiones por los aplausos de un público entusiasta que, sin querer, interrumpió para su buena conclusión un ritmo necesario y alargó la pieza en demasía.

El hielo, no obstante, estaba roto. Y la guitarra de Santiago Lara (director musical de la obra) y la exclusiva voz de Miguel Soto ‘Londro’ ofrecen una seguridad evidente cuando comienzan con la granaína de Chacón, que en vez de abandonarse, como si fuera un todo, pasa a ser caracoles, que pasea Mercedes con vestido rojo de cola y natural donaire. Presa de su estudio, sin embargo, no son tan eficaces como acostumbra.

Un momento reconocido, de gran contenido emocional, son los pregones que canta Londro en solitario y a palo seco, demostrando que es un cantaor todo terreno, más bien para cantar alante que atrás. recuerda a Marchena o a Tomás.

Un solo de cajón hace que atendamos al percusionista Perico Navarro que, posiblemente, esté de más en el conjunto. Normalmente, en realidad, todos los percusionistas me sobran en unas funciones que no necesitan reforzar el taconeo, y menos cuando la bailaora canta con los pies, cuando el compás de su tacón punta es tan exacto y musical.

Ese solo de percusión, de buena factura sin embargo, introduce lo que para mí fue lo mejor de la noche: el remate de soleá por bulerías tan frescas, tan sabrosas, tan jerezanas. Con un margen importante a la improvisación y a la magia de la noche. Mercedes baila con todo su cuerpo y marca como pocas la cadencia de este cante tan de su tierra, con unos desplantes a los que no hay más remedio que decir ole.

* Foto de Antonio Conde©.

Jueves, 21 de Julio de 2011 12:10 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Belleza asustera

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Los Veranos del Corral

Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a no abandonar el escenario durante sus recitales, a transformarse en la penumbra y a descansar en pie. Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a la parquedad de su presencia, a un baile sereno y a su técnica precisa. Nos tiene acostumbrados Isabel Bayón a su mirada intensa, a sus manos palomas y a ese dominio del escenario que, sin necesidad de recorrerlo de parte a parte, siempre lo rellena.

La riqueza musical que acompaña a esta bailaora es una excusa para mostrar un baile desnudo, lleno de sugerencias y acomodaticio en ese muelle cantaor que le impulsa.

Después de escuchar las declaraciones en off de tres grandes del flamenco de la segunda mitad del siglo pasado y albores de éste, como son Matilde Coral, Mario Maya y Chano Lobato (a los que en cierta forma está en deuda), los músicos se van agrupando sobre las tablas, poco a poco, imbricando sus guitarras y sus voces. Primero Jesús Torres, manteniendo un soniquete con su guitarra, al que se le suma la guitarra de Canito, para incorporar las voces de David Lagos y Miguel Ortega, a los que José Carrasco les ayuda a hacer compás.

Isabel Bayón sube también al escenario y se abre un hueco por tangos, desplazando a sus compañeros a un segundo plano a la izquierda. A la derecha, en una silla de anea se ordenan los complementos necesarios para que la bailaora cambie de registro.

Sin apenas detenerse, en un continuo latido, el tango se aguajira y pasa a ser garrotín, donde Isabel muestra claramente la influencia de la escuela sevillana, tal cual fueron sus orígenes, y la evolución a un lenguaje propio que a su vez ha creado escuela y que tiene mucho de teatralidad (incluso interactua con un sombrero que no tiene).

Con una salía próxima a la bambera, David Lagos se adelanta proponiéndonos unas soleares trianeras, que son apolás en los postres, mostrando la valentía de una voz dulce y redonda, llena de facultades y melismas.

Entretanto, Isabel se ha caracterizado de bandolera para abordar una serrana, con su tónica habitual de parca redondez y neutra elegancia. Domina la escena y flexibiliza el hieratismo con la alegría del abandolao, que pretende ser de Frasquito, pero desemboca en moderado verdial.

Un solo de guitarra, cercano a levante, protagonizado por Canito (quizá algo oscuro), permite el descanso de la bailaora, que aprovecha para despojarse de sombrero y pañuelo y volver a ser silueta para ofrecer una farruca antológica en la que vindica la presencia femenina y seductora en un baile tradicionalmente de hombres.

De nuevo, las voces de Matilde, Chano y Mario Maya, cierran una obra que bebe directamente de En la horma de sus zapatos, presentada en el festival de Jerez de este año. Y, como sincero homenaje, remata con unas cantiñas, con guiños a Mario Maya, que en su mitad pasan a ser una grabación de Chano Lobato, con su gracia y su son, cantando por alegrías. Isabel baila con falda de cola y al estilo de Matilde, a quien le dedica los caracoles finales, que despuntan de agradecida forma coral a dos voces.

Una pataílla por bulerías toma la forma de improvisada despedida fuera de programa.

* Foto de Antonio Conde©.

Miércoles, 20 de Julio de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La sonrisa que vence

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Los Veranos del Corral

Tr3s

Sorprende siempre en Belén Maya la manera de saltar a las tablas, con la sonrisa puesta y la firme decisión de pasar un buen rato. Su baile, redondo, orientalizante, lleno de los matices que conforman su legado, más que un esfuerzo es un paseo, más que una obligada entrega, por muy satisfactoria que sea, es el deseo de departir con un público anhelante la verdad de su estado.

Porque Belén, desde hace tiempo, quizá desde el principio, se ha ido creando su propio mundo, personal y, por ahora, intransferible, que la hace nadar como pez en el agua, como sirena en sus aguas, que pueden ser calmas o revueltas a voluntad. Incluso se rodea de un cuadro exclusivo. Breve pero eficacísimo en letra y número. En la guitarra, Rafael Rodríguez, le ha acompañado en bastantes ocasiones, con su lenguaje particular, con su alzapúa tan determinante, con sus arpegios y su rasgueo tan precisos, con esa forma de arropar tan agradecida. Jesús Méndez, al cante, es la primera vez que visita esta plaza. Lleno de facultades y sabiendo estar, envuelve el espacio con su voz de terciopelo, alterna el dejillo jerezano con un buen gusto a media voz que, según Manolo Caracol, es como duele. Y, dimensionando el resultado, Chloé Brûlé, haciendo compás, aunque su presencia fue limitada e incluso innecesaria en algunos momentos.

Con un resumen, por limitaciones de escenario, de su obra Tr3s, estrenada en la 21ª edición del Festival de Flamenco de la localidad francesa de Nimes, Belén Maya inaugura la XIII Muestra de Flamenco en el Corral del Carbón de Granada. Tr3s responde al decir de Manuel Machado cuando afirma que “una fiesta se hace con tres personas: una canta, otra baila y otra toca”.

Por Cádiz comienza la velada, tras unas palabras de Raúl Comba, como organizador del ciclo, dedicándole humildemente la edición de Los Veranos del Corral de este año al desaparecido Enrique Morente. Estas cantiñas comienzan y terminan sin baile, para arrancarse nuevamente cuando Belén sube a escena, como si fuera un regalo de última hora, como si fuera una larga escobilla al margen del cante oficial. Una larga coda por alegrías, donde la bailaora, más repuesta que en las últimas ocasiones que nos visitó, muestra sus cartas, la precisión en sus movimientos y ese recuerdo permanente de su padre, cada vez con más cositas (un repetido molinillo con los brazos o alguna parada táctica) y con más naturalidad, como si fuera su prolongación lógica.

La soleá, que antecede los tangos, nos muestra sin discusión la capacidad del cantaor y la frescura de melismas, mientras Rafael, a la guitarra, apunta originalidad a los postres con un rasgueo acompasado, manteniendo una nota. En los tangos, cercanos a Granada, Belén muestra el desparpajo de una buena herencia, el roneo ancestral que precisa este baile y las formas clásicas de los tangos del Petaco, ya casi olvidados. La guitarra hace un generoso punteo de bordón, mientras la bailaora muestra su característica apuesta exótica, que va creciendo y enriqueciendo la pieza cuando interactúa con el cantaor puesto en pie, neutral partenaire, y baila el silencio y ralentiza sus movimientos, a la manera de Yerbabuena, e interpreta el latido de la guitarra. Los tangos, estos ricos tangos, acaban, según costumbre inversa, con cantes mineros, exactamente con tarantos y cartagenera clásica. Es el baile que convence y que sitúa definitivamente en el universo Maya.

Un poquito por bulerías por parte de los músicos, vindicando el origen del cantaor, que rezuma detalles de La Paquera, como fiel descendiente, para pasar a una generosa entrada musical por seguiriyas, donde Belén le baila a la guitarra como anteriormente le danzó al cante. En su mitad, calla la guitarra y se proponen tonás. Es cuando la hija de Mario más se reconoce en sus formas, en su lenguaje y en el deseo de expandir su cuerpo más allá de su persona, eternizando sus movimientos, señalando a lo lejos, fijando sus ojos en el infinito, al tiempo que hunde esa misma mirada. Y, al final, congela sus movimientos como de porcelana, como esa diosa asiática que en realidad tiene mucho que ver con las propuestas de Israel Galván, retroalimentándose de su semilla.

Para terminar, con otra dilatada entrada de guitarra, Belén aborda unas cañas con vestido blanco de cola y mantón verde, demostrando el dominio de ambas prendas. Sin embargo (si se puede poner un pero a función tan excepcional), resultó un poco demasiado técnica. El rotundo efecto de su presencia, tuvo su punto de frialdad en el remate. Quizá los tangos hubieran sido la guinda perfecta de este sabroso menú.

Antes de despedir esta crónica, empero, quisiera dejar constancia de algunos elementos técnicos que, por suerte o por desgracia, influyen de forma determinante en toda actuación. Por una parte, hay que aplaudir el formidable sonido de Valeriano, que incide en la conformidad del recinto; y, por otra, hay que lamentar el desacertado tratamiento de las luces, más evidente cuando en ciclos pasados ha estado bien definido.

* Foto de Antonio Conde©.

Martes, 19 de Julio de 2011 10:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Corral, dulce Corral

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Mañana, lunes, 18 de julio, comienza la XIII Muestra de Flamenco, en el Corral del Carbón de Granada. Desde hace muchos años se ha convertido en cita inexcusable, no sólo para disfrutar de buen flamenco, el mejor que se asoma a nuestras plazas (salvando concreciones del Festival de Música y danza, de Flamenco viene del Sur y de algún acierto más puntual), sino para tomar el pulso al estado del flamenco actual, al menos en la modalidad de baile.

Trascendió hace algunos años la frase de aquel político que decía: “quién se mueve no sale en la foto”, refiriéndose a que hay que estar en el sitio, en su momento (más o menos). En este caso, podemos decir lo mismo. Los Veranos del Corral no son nada más un escaparate para ver el mejor paño que se vende por nuestras tierras andaluzas, es una de los balcones, la tribuna necesaria, para que el artista reivindique su posición en el flamenco. Me atrevería a decir que es el festival de pequeño formato más importante de España.

Todos, o casi todos, los flamencos jóvenes, y no tan jóvenes, que han dicho, dicen o dirán algo importante en este género han pasado por su escenario. La prueba está que, entre alguna figura ya consagrada, siempre aparece una cara nueva, un nombre que está llamado a ocupar un lugar de destacada altura. Nombres hay y otros se me olvidan. Baste decir el solo ejemplo de Rocío Molina, que se presentó al Corral, siendo todavía una niña, no con todo a su favor, y ahora es Premio Nacional de Danza.

No digo que la Muestra del Carbón sea un trampolín que encumbre a sus participantes, pero si que constituye algunos peldaños interesantes para continuar subiendo, escalones que cualquier flamenco no quiere dejar de pisar.

Prácticamente son los propios artistas los que se ofrecen para participar en este ciclo, atraídos por un prestigio que se refuerza día a día por un marco escogido, por un tratamiento técnico (luces y sonido) de lujo y un público fiel, respetuoso y entendido. Si a esto le sumamos la ubicación del Corral del Carbón, en pleno centro de Granada, y la perfecta temperatura en las noches veraniegas, únicas en toda la Península, gozamos posiblemente de una de las temporadas más gloriosas de nuestro flamenco.

Aunque esto, si no se rodea de especificaciones, es pura teoría (sentimental, si quieren). Así que, siendo pragmáticos, haré unas preguntas concretas.

¿Qué les parece comenzar con Belén Maya este lunes, 18 de julio, y acabar con Fuensanta La Moneta el jueves, 11 de agosto? ¿Qué les parece continuar con Isabel Bayón, Mercedes Ruiz y Rafaela Carrasco, el martes, miércoles y jueves respectivamente de la semana que viene? ¿Y a la siguiente, del 25 al 28 de julio, a Manuel Liñán, Patricia Guerrero, Milagros Menjibar y Concha Jareño?

¿Y, después, los cuatro primeros días del mes de agosto, a María Canea, David Coria, Nacho Blanco y Raimundo Benítez y Agustín Barajas? ¿Y para terminar el mes, o sea, del 8 al 11 en que actúa La Moneta, la Gala de los Ganadores del Certamen IAJ, La Choni Cía. Flamenca y Marco Flores? Casi nada.

Además, si nos hemos fijado, en la Muestra (exclusivamente de baile para este año), tenemos cuatro días dedicados al baile granadino que más despunta (Liñán, Moneta, Patricia, Agustín y Ray), acercando el evento a nuestra tierra.

Entre los huecos de este ciclo, para los que quieran subir nota, tenemos otro poquito de flamenco en los festivales de Huétor Vega (29 de julio), el de Maracena (5 de agosto) o el de Montefrío (10 de agosto). La 21 edición del PARAPANDAFOLK de Íllora, con presencia de Mayte Martín y Juan Pinilla, o el montaje Federico según Lorca del Ballet Flamenco de Eva Yerbabuena en los Jardines del Generalife, del 20 de julio al 27 de agosto.

Y después, por si alguien se ha quedado con falta, el Museo-cuevas del Sacromonte propone un ciclo de cine y flamenco, que ocupa toda la segunda quincena del mes de agosto, en el que destacan Pepe  Habichuela (23), Antonio Arias y J. Florent (18), Juan Habichuela Jr. (25) o la Orquesta Chekara de Tetuán (16), para abrir las noches de esta terraza sin igual.

Sábado, 16 de Julio de 2011 11:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Los símbolos del arte

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Federico según Lorca

El universo alegórico de Federico se combina con el mundo simbólico de Eva Yerbabuena en casi dos horas de espectáculo. Como resultado, Federico según Lorca, es una obra tan críptica que crea anhelos. Deseos de aprehender todas las claves o necesidad de un libro de instrucciones que las universalice.

Eva lleva tiempo evolucionando hacia un intimismo existencial y contemporáneo, que despuntó abiertamente con Lluvia (2009) y más tarde con Cuando yo era (2010). Ese avance es fruto de sus vivencias, pero también de su herencia, su reflexión y sus lecturas.

Si le hacemos caso, los versos de Federico, el corpus lorquiano, lo llevaba en su regazo desde siempre (como, quizás todo granadino), con ganas de abordarlo, de explicarlo, de representarlo más con sentimientos que con palabras. Y llegó a él. Se topó con Federico de frente a frente, en su ciudad natal y entre sus paisanos, de los que ella también forma parte.

Un día, de principios de julio de 2011, cuando se cumplen 75 años de la muerte del poeta, Eva propone once momentos que se desdoblan a su vez para fundirse en el crudo Romancero, en el surrealista Poeta en Nueva York o en los personajes negros y reprimidos de las páginas de nuestro autor.

En el centro del escenario, un muro móvil constituye prácticamente todo atrezo. No sólo simboliza el de las lamentaciones, acercando un Jerusalén multiconfesional a la mente, sino también el de la represión, el de la intolerancia y la ceguera pacata del provincianismo convencido. El canto gregoriano pasa a ser llamado del almuédano, a la oración y a la lectura sinagogal o a todo junto, confirmando su presencia. Eva es un reloj que marca el tiempo, el que queda, el que se fue, que no volverá, mientras suenan unas seguiriyas.

El tratamiento musical de la obra en primer lugar puede que sea su mayor acierto. Paco Jarana, como nos tiene acostumbrados, ha vuelto a dar una vuelta de tuerca y construye un armazón sin abandonar la esencia digno de ensalzar. Los temas suenan como tales, pero el tempo que le imprime es desigual, casi siempre acelerado, que redunda en la belleza de la vanguardia.

Juan Diego en off recita un texto donde el poeta se cuestiona sus dobleces, cuando comienzan a sonar unos arpegios por cañas. El cuerpo de baile masculino (Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez y Alejandro Rodríguez) interactúa con el muro en una interrogante continua.

La caña desemboca en una de las partes más conseguidas del espectáculo. Unos andamios de caña sitúan la escena en un lugar de la costa, que puede ir desde Cádiz a las Antillas, y todas las bailaoras (Mercedes de Córdoba, Lorena Franco, María Moreno), incluso Eva, acuden a danzar un popurrí desenfadado que recorre desde la guajira a las bulerías, pasando por el fandango, el garrotín, los caracoles, los tangos del Piyayo y hasta las sevillanas corraleras. Cada joven se hace su baile particular, con más acierto o con menos, posiblemente por debajo de los varones. Algunos pasos se repiten y las diferencias con la capitana, que baila en último lugar, son evidentes.

Nuevamente los bailaores salen a escena con sendas sillas de alto respaldo. En su coreografía trasciende una de las características de la creación Yerbabuena, que es el distanciamiento de la simetría y la búsqueda del equilibrio en el permanente movimiento. Los músicos han conformado una hilera a la izquierda, dando a conocer la excelencia de su implicación. Paco Jarana y Manuel de la Luz, a la guitarra, mantienen la perfecta tensión, acentuada por la percusión (Manuel José Muñoz ’Pájaro’ y Raúl Domínguez), necesaria para que los cantaores (Enrique ’el Extremeño’, José Valencia y Pepe de Pura), en plena forma, nos hagan sentir tan buenos momentos. Son sus colabores habituales. Se entienden y se implican como si fuese un todo. Y, al final de las bulerías, tanto Valencia como ‘El Extremeño’ se dan una graciosa pataílla.

La campanilla y los almireces en manos de las bailaoras dan motivo para introducir éstos en los preliminares de la vidalita con charles de batería de fondo. Las mujeres nuevamente de negro, que son Yerma y son Bernarda, rematan este cante de Valderrama.

Del negro al negro es sin duda lo mejor del programa, donde Federico no sabemos si llega a ser Lorca, pero Eva sí es Eva. La soleá es reconocible y abrumadora. Contiene la esencia de esta bailaora que más convence de flamenca que de experimental.

Una coreografía con manzanas, fruto de lo prohibido, desemboca en el Castigo del deseo por no vestir de negro (Adela vestida de verde), por no adaptarte a las normas.

Y de nuevo la voz de Juan Diego nos dice que no ha nacido, mientras un gigante/cabezudo atraviesa el muro y suena El pequeño vals de Morente, como homenaje a otro de los grandes que nos dejó temprano.

Acaba la obra con un baile coral, Esperando turno, con el muñecón recogiendo a todos los bailaores vestidos de rojo y Pepe entonando una serrana.

En mi parecer, una obra cíclica, quizá demasiado larga y enigmática, a la que posiblemente le falte rodaje. Cuando la volvamos a ver dentro de unas semanas, pues es la obra que ocupará los Jardines del Generalife durante este verano, encuadrado en el XI programa cultural Lorca y Granada, seguro que mejorará. Será completamente esférica o caerá en su propio abismo.

`Foto promocional del espectáculo.

Miércoles, 13 de Julio de 2011 19:40 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Al compás de la poesía III

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Tercer y último día del encuentro entre flamencos y poetas. El viernes, 8 de julio, en el maravilloso escenario de la Placeta de la Ninfa (primera vez en la historia que se usa tal localización para cualquier tipo de evento), auspiciados por el FEX, la Asociación del Diente de Oro termina de quemar sus cartuchos en ésta, que representa su última actividad del curso.

El día fue diferente a los anteriores. El tablao, más pequeño, no brindaba la oportunidad de ofrecer baile. El formato era más recortado. Por otra parte, el recinto abierto, como el primer día, hacía el acto más popular si cabe.

El lujo de esa noche estribaba en que cada participante llevaba un músico distinto. Así, Sara ‘La Samarona’, que abrió el rectal, estaba acompañada con la guitarra veterana de Miguel Ángel Corral. Destacó de su actuación unas seguiriyas, arriesgadas y valientes, con texto de Juan de Loxa.

Álvaro ‘El Martinete’, en segundo lugar, bordó a solas la rondeña de Ramón Montoya, antes de juntarse con el poeta Alfonso Salazar que leyó las Bulerías a Catwoman de Ramón Repiso y Puente Verde de los franceses, de su propia autoría, con fondo de bulerías y malagueñas respectivamente.

Casi llegando al ecuador de la velada, Mati Gómez, nos sorprendió con De la luna de abril de Ángeles Mora, en forma de trilla y toná (a capela, como debe ser) y después con un dulce y brillante garrotín, con la guitarra sabia de Rafa Soler y textos de un servidor.

Aquí tengo que aclarar la abundancia de cantaores que musicaron mis textos y a otros autores ni los nombraron. Repartimos todos los poemas a todos los flamencos, con idea de que fuera variado y rico. Pero a algunos músicos se les hicieron arduas algunas letras, por lo desacostumbrado en su repertorio, sobre todo. Hubo quien directamente cantó lo que le vino bien (Lorca, Machado, Benítez Carrasco…), otros se excusaron, a los cuales les pasé algunos versos míos, tan cuadrados, medidos y rimados, como mi conocimiento alcanza, pues aporté letras flamencas y no poemas genéricos.

La guitarra de Pepe Agudo almohadó los versos de un entusiasta José Carlos Rosales. Y Fernando Barros se hizo acompañar por el piano, casi espontáneo, de Antonio Castilla.

Cerró la velada Sergio Cuesta con sus propios textos, mientras Josele de la Rosa lo arropaba. Hicieron soleá y malagueñas rematadas con fandangos albaicineros. Una gran entrega, con conocimiento y buena dosis. Un buen fin de fiestas para una actividad deliciosa para el público en general, para los artistas (flamencos y poetas) en particular y para mí como responsable. A todos, gracias.

* Sara ’La Samarona’, colaboradora en el proyecto (foto extraída de su myspace©).

Sábado, 09 de Julio de 2011 18:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Al compás de la poesía II

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Pensaba que la segunda jornada de Al compás de la poesía (7 de julio) iba a ser más relajada, al menos para mí. Pero nuevos contratiempos hicieron que fuera como la primera vez. De todas formas, el Corral del Carbón tiene algo mágico que incide en la esfericidad de la muestra artística allí representada. ¿Será por su espacio, será por su fisonomía, será por tanto arte que nos precedió?

Como el primer día, y como el último, un servidor hizo la presentación. Esta vez dije casi todo lo que quería decir (aunque siempre quedan cosas en el tintero).

En primer lugar dije, y repetiré hasta que el sol salga por el oeste, que lamento profundamente las decenas de personas que no pudieron entrar. El Corral es un recinto relativamente pequeño y, por diferentes cuestiones, no es recomendable que se acumule la gente en su interior, aparte de las localidades existentes. Después presenté a los participantes, recordando que cada cual presentaría a su vez su trabajo.

Iván Vílchez ‘El Centenillo’, con Álvaro ‘El Martinete’ a la guitarra y Antonio al violonchelo, rescató un texto de Lorca, de su Romancero gitano, en forma de milonga. Un poema por soleares cantadas y recitadas de Manuel Benítez Carrasco, al más puro estilo Curro Albayzín, remató su entrega. Juan Pinilla, con la guitarra certera de Josele de la Rosa, repitió los tientos con los que había musicado a Álvaro Salvador el primer día (pues el poeta estaba presente) y se marchó por fandangos, con letras de Miguel Ángel Arcas, después de que éste los recitara.

Álvaro ‘El Martinete’, que tan buenos momentos nos está dando y nos seguirá ofreciendo con su guitarra cristalina, acompañó a Juan de Loxa por levante y granaínas, para los dos poemas que propuso. De Loxa tuvo unas agradecidas palabras para el proyecto y para su coordinador (éste que os habla) y, comentó, que una iniciativa de ese tipo, de unir el flamenco y la poesía jóvenes, no se daba en Granada desde 1975. Casi nada.

Álvaro Rodríguez, con poderío y sin papeles, comenzó cantando la soleá dedicada a Morente, escrita por Sergio Cuesta y grabada en su disco Venero, mientras un inspirado Josele de la Rosa lo arropaba con su guitarra. Terminó su entrega con unos fandangos naturales de mi autoría. El relevo lo cogió David Sorroche, que también eligió mis textos para entregarse por malagueñas y abandolaos, con el acompañamiento de ‘El Martinete’.

Termina la noche con su poquito de baile, con la pincelada plástica que tridimensiona el flamenco. Juan Carlos Friebe ha escrito para la ocasión el Romance de Narciso y Eco a pares iguales para bailaor y bailaora. El recitado tiene su eco en la voz melodiosa de Carmen Huete, mientras interpretan la danza, original y sugerente, Victoria López y Andrés Giménez. En su final, quedan solos, con las palmas de Rosa Zárate y Sensi de Carlos, y el diálogo se superpone para morir Eco en soledad bajo la luna, con el clamor suave que con su cante Sensi acuna.

* Victoria y Andrés, cerrando la noche del Corral (J.C.Friebe©).

Viernes, 08 de Julio de 2011 18:30 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El maridaje continúa

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Las idas y vueltas: músicas mestizas del Barroco colonial con el flamenco

El 13 de diciembre pasado, Enrique Morente venció a la muerte, ahora es inmortal. Desde hacía tiempo venía intuyendo esta certeza. El miércoles, viendo a Arcángel con la Accademia del Piacere, se confirmó. Morente vive en los que siguen su estela, en los que piensan que el flamenco no acaba en el flamenco, los que con respeto y conocimiento se acercan a otros mundos para su riqueza.

Pero no sólo el flamenco y la música barroca se dan la mano y crean ese punto de unión que las hace perfectamente complementarias, sino que se asoman a la América conquistada e interactúan con los llegados y los autóctonos para crear unos sonidos nuevos con ecos inconfundiblemente ancestrales.

Un concierto que, dividido en tres partes tenuemente diferenciadas, no defraudó ni a aficionados ni a foráneos, a pesar de la experimentación.

Las tierras & las raíces, como carta de presentación, comenzó con una Improvisación sobre La Espagna, que el grupo barroco supo hacer mágico, con abundante protagonismo de la viola da gamba tañida por su director, Fahmi Alqhai, y por otros dos músicos, Johanna Rose y Rami Alqhai. En sus notas finales, aún suspendidas en el aire, se levanta la toná de un Arcángel en plena forma de afinación y cualidades.

Fue como la petición, el permiso para fundirse en dos romances de nuestro cancionero anónimo: el del Rey Moro y las Morillas de Jaén. Miguel Ángel Cortés, a la guitarra, nada como pez en agua clara. Su manera de concebir el toque y la visión orbital de su instrumento hacen que pareciera haber nacido para esta combinación. Agustín Diassera con el percusionista clásico, Pedro Esteban, forman un estupendo tándem que demuestran con un solo rítmico (quizá demasiado largo) hacia el final del programa. El cantaor onubense con la soprano Marivi Blasco encajan en un amistoso duelo de moderado grito y gorjeo sereno.

La segunda parte, dedicada a las Músicas mestizas, se abre con Miguel Ángel apuntando levante y farruca que sirve de introducción a unas folias (de las músicas más antiguas de nuestra tradición musical que cruzaron el charco) y terminan dejando solos a los flamencos para remedar al maestro ronco con su vidalita, comenzada con milonga y rematada por seguiriyas valientes, al más puro estilo morentiano.

Las danzas, como última entrega, comienza con unas marionas que Enrique Solinis, con su guitarra barroca llena de virtuosismo, introduce generosamente, al que se unen el resto de sus compañeros, finalizando esta danza antigua con unos canarios (otro baile, procedente de las islas, en compás ternario).

El flamenco puro vuelve a hacer su aparición en forma de alegrías. Fueron las mismas cantiñas que propusieron cantaor y guitarrista en su reciente visita a la peña de La Platería. Unos aires de Cádiz que dan paso a ese romance alegre conocido como jácara, que se asoma a la tierra, haciéndose bulería en los postres. Las voces magistrales. Su unión celestial.

Termina el concierto con una guaracha, que se hace guajira en la voz de Arcángel, para volver al son afroantillano y fundirse el algo nuevo o en lo de siempre.

¡Larga vida al flamenco mestizo y a la sabia fusión!

* Foto de Alfredo Aguilar para IDEAL©.

 

Viernes, 08 de Julio de 2011 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La copla en el flamenco

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Las obras poéticas realmente bellas rara vez tienen un solo autor.
Juan de Mairena, Antonio Machado

El flamenco siempre fue mestizo. Nació sin vocación de nada. No quiso ser arte ni folklore ni manifestación popular, tan sólo una forma de expresión personal que, si alcanzó a la comunidad, fue simplemente por esa suma de individualidades.

Como cualquier sentimiento, el flamenco se ha ido conformando a lo largo de los tiempos hasta lo que ahora es. Sus orígenes los podemos encontrar desde el siglo dieciséis, diecisiete o quizá antes, pues fue necesario un poso creativo y una estructura musical asentada para que este arte tuviera lugar. Así, nos podemos remontar, sin ningún temor, a las jarchas, casidas y otras cancioncillas mozárabes, a los cantos sinagogales judíos o a la transmisión castellana en forma de romances, tonadas o seguidillas, para levantar los cimientos de lo que conocemos como preflamenco. También tenemos que tener en cuenta los cantes espontáneos de nuestros pueblos. No hay localidad andaluza, e incluso española, que no tuviera en su acervo esas estrofas de cinco verso, bien en pentasílabos u octosílabos, que se llaman fandangos.

Pero no es hasta el choque del gitano y el paisanaje de Andalucía que el flamenco alcanzara carta de identidad, pudiendo hablar de él como un cante gitano andaluz, nacido en la intimidad, de la queja y la fatiga, del trabajo y del descanso, del pueblo llano, de la necesidad íntima de explicar un estado de ánimo, un sentimiento.

Así, los primeros cantes, que surgen sin acompañamiento musical alguno, adoptan esos romances y tonadas y se reconvierten en carceleras, martinetes, pregones o cantes de labor (de ara, de trilla o temporeras).

Cuando un cantaor dice que vende caramelos es porque vende caramelos y cuando dice que veinticinco calabozos tiene la cárcel de Utrera, es porque la prisión de ese pueblo sevillano consta de esos tantos penales. Verdades que se dicen al pie del arado, en la boca de la mina, detrás de las rejas o martilleando en la fragua. Y estas coplas pasan de generación en generación y son adaptadas a la realidad de cada uno, perdiendo su autoría.

¿Quién fue el primero que canto tal o cuál cosa? No se sabe. O, si se sabe no importa. Es una letra flamenca que pertenece al pueblo, conformando ese corpus oral que la UNESCO ha dado bien en calificar de patrimonio.

No hay música que beba tanto del pasado. O, dicho de otra manera, el futuro del flamenco estriba en mirar hacia delante, pero sin perder de vista nuestras raíces.

Un cante se crea y se recrea hasta la saciedad. Todo cante es igual y es distinto, depende de quien lo cante y en las circunstancias que se encuentre. No es difícil escuchar una seguiriya del siglo dieciocho junto a una letra contemporánea o simplemente con un arreglo musical del momento. Aunque la queja ha cambiado, el sentimiento es el mismo.

Decía Caballero Bonald que el cantaor no inventa: recuerda. Y es así. El flamenco revisa su historia y la de sus mayores y la expone, en principio para sí y sus mulas, después para sus compañeros de fatigas, después en familia, más tarde para la comunidad y, terminando, para el aficionado.

He hablado del descanso. La reunión familiar, el amor y la fiesta también son motivos para cantar. Así contamos con los tangos, las alegrías o las bulerías, las nanas o las bamberas, que son canciones de columpio.

Las letras van creciendo y, con esta colección de cantes populares, más o menos anónimos, se van imbricando otras letrillas, otros sentires, de nuestros poetas, bien porque estos literatos se han acercado al flamenco, bien porque los flamencos se han acercado a la poesía. De esta manera se cantan textos de los Machado, de García Lorca, de Rubén Darío, de Alberti, Ángel Ganivet, Benítez Carrasco o de Juan de Loxa, muchas veces sin saber de quién es qué.

Siempre lo he dicho, lo mejor que le puede pasar a un poema es que deje de pertenecerte, que comulgue con la realidad de otras personas y que al fin cumpla su cometido universal de concienciación genérica.

Hay autores que específicamente han escrito para el flamenco, para ser cantado, otros han sido adaptados, con más o menos acierto, de forma menos literal o al pie de la letra. Granada es una tierra cantaora. Es una ciudad con gran tradición poética y una luenga historia flamenca. Es normal que en cierta forma estas dos corrientes se entrecrucen y fluyan juntas.

Ahora, para estos recitales de Extensión del Festival granadino, le hemos pedido a un nutrido grupo de poetas que presten sus letras para el flamenco (o que compongan directamente letrillas) y le hemos pedido a los flamencos que interpreten esas letras.

En principio, el cantaor iba a meter esas estrofas por soleares, por malagueñas o por tarantas, pero el flamenco es algo más, la poesía es algo más. Así veremos el cante aludido, pero también tendremos el recitado con un fondo de guitarra o de baile; o las dos modalidades a un tiempo; o a un cantaor que interpreta sus propios poemas; o un poeta que musica sus propias letras.

Los encuentros que vamos a tener ocasión de presenciar son tan novedosos y originales como añejos y manidos en su concepto. Volvemos, como en un principio, a manifestar la queja, las duquelas o las alegrías de un grupo de personas del pueblo que, con su pluma y su quehacer cotidiano, posiblemente lo representa.

* Texto de presentación del libro Al compás de la poesía.

Jueves, 07 de Julio de 2011 11:15 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Verted oro viejo en moldes nuevos

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Oro viejo. Rocío Molina

Comienzo parafraseando a Lope de Vega en el título de este artículo porque es un poco difícil calibrar cómo una ‘niña’ de veintisiete años se pone a divagar o a afinar (el resultado es el mismo) sobre el paso del tiempo, sobre la juventud y la vejez, sobre la tierra que volveremos a ser, sobre todo sabiendo que la obra tiene cerca de tres años de rodaje (XV Bienal de Sevilla, 2008). Pero, tratándose de Rocío Molina, la propuesta está más que justificada. Ella que se ha acercado y ha desmenuzado la obra de Nietzsche, por ejemplo.

Somos el tiempo que nos queda, escribía Caballero Bonald, y eso parece que nos dice la joven malagueña, el tiempo que nos queda y el vértigo de los días que se detienen en una vejez reposada y contemplativa, que nos la va recordando a modo de flashes en una pantalla lateral, en la tela que ofrece al tiempo un sugerente juego de sombras de los danzantes en escena (¿recordará la caverna platónica?).

Junto al lienzo, como único decorado, aparece un banco del parque, testigo inmutable de ese devenir, representante fidedigno y simbólico del otoño de la vida. Un banco de madera que dará todo el juego a una función sin fisuras, si acaso la escasez de luz en algunos momentos.

Sobre una escalera de doble vertiente, Rocío parece contemplar el futuro (también el pasado), y se lanza al vacío, mientras sus bailarines amortiguan la caída. La arena dorada, que aparecerá varias veces, cae inexorablemente como los minutos se acumulan.

Rocío baila el silencio, baila las palabras de un anciano, baila la sabiduría de los años. Las proyecciones se suceden en primerísimos planos llenos de arrugas y verdades. Una guitarra comienza a tañer acompañada por el baterista Sergio Martínez. Esa batería que no abandonará la función en ningún momento, que funciona como latido, como metrónomo irreductiblemente ejecutor. Es el pasodoble Manuela, que se enriquece con tango y bolero, que bailan de dos en dos, y cambio de parejas, como hermoseados por un tiempo anterior.

Vestida de cenachero –antiguo vendedor de pescado malacitano– (aclaración de mi compañero malagueño José Manuel Rojas), Molina cuadra una malagueña, que pasa a ser bulerías, llena de sal y juventud. Su cuerpo de baile (Eduardo Guerrero, David Coria y Adrián Santana) se van implicando en cada una de las coreografías, tomando protagonismo, con su buen hacer, en las piezas más cómicas que suenan en off, como Limeña, la Falsa moneda de Imperio Argentina o el tratamiento clásico de María de la O.

Un momento brillante es la guajira, donde la bailaora, vestida de rosa colonial, con abanico estrecho, se hace habanera hasta prolongar su trasero. Interpretada por Manuel Valencia a la guitarra, tiene un aire sensual y soñador, donde el abanico hace de minutero y ella delicadamente, sin taconeo siquiera, recorre el escenario.

Cambiamos de guitarrista. Ahora es Paco Cruz quien aborda una milonga, cantada por Rosario Guerrero ‘La Tremendita’, aceleradas por momentos, para pasar a los tangos guasones de Ponme la mano aquí Catalina, que contienen un roneo especial (tangos que entraban en el primer repertorio del cantaor granadino David Sorroche).

Enlatada también suenan los martinetes, directamente desde la fragua. Son las voces añejas de Tía Anica la Piriñaca o de ‘El Culata’, que bailan dos de los bailaores, redondos, exactos en su paso, fieles en su entrega.

La guitarra de Valencia de nuevo canta malagueñas de Chacón que son granaínas a su vez, danzadas por rocío con bata de cola negra, descalza, como descalzos van sus partenaires, también de negro.

La caña tiene un tratamiento especial, original. Pasa de un guitarrista a otro, uno es más clásico, lo acompaña ‘La Tremendita’; al otro, más novedoso, la batería le da el contrapunto. La bailaora se incorpora a este último. Es como un diálogo, un peloteo que acaba juntándose en perspectiva de fiesta, animada por las dos palmeras (Vanesa Colomo y Guadalupe Torres). Es la evidente dicotomía de ayer y hoy, despacio o rápido, tú o yo.

Un magnífico fandango a ritmo de bulerías pone fin a una obra cargada de simbolismo y sugerencias, donde Rocío, vestida de rojo, intensifica el momento, se desborda, dice más de lo que quiere o quiere más de lo que dice, cuando risueña sonríe unos segundos en la pantalla y una lluvia de arena dorada se le viene encima, como el tiempo que se precipita, como los pasos que han quedado atrás.

Miércoles, 06 de Julio de 2011 19:17 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Al compás de la poesía I

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Ver un recital desde dentro es distinto. Aunque ya he presentado varios festivales, he saltado a los escenarios y he andado entre bambalinas, coordinar estas actuaciones es otra cosa.

Por los que no están familiarizados con las muestras de flamenco y poesía que tenemos entre manos, lo mejor es empezar desde el principio, aunque me alargue un poco (siempre está el spam).

Desde el FEX, que es la extensión gratuita y popular del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, nos propusieron hacer algo nuevo a la Asociación del Diente de Oro, ya que llevábamos varios años aportando la visión poética en nuestras plazas.

No sé de quién partió la idea de mezclar la poesía con el flamenco. La cuestión es que me tocó a mí, como navegante en ambos mares, organizar los encuentros. Los poetas, acostumbrados a estas lides, vinieron solos. Los flamencos hubo que buscarlos y convencerlos, aunque rápidamente hicieron el proyecto suyo.

La dicotomía de poeta-flamenco, o sea, poema-cante, no llegó a convencerme, pues el flamenco es tan ancho que caben muchas más opciones y sus afluentes. Así que planteamos varias posibilidades: el poema cantado sin más, el poema recitado y después cantado, el poema recitado con un fondo de guitarra o de baile…

Recogí los versos y los fui sembrando en la acostumbrada tierra de los flamencos. Había de todo. Estaba quien mandó directamente letras flamencas en forma de soleá o fandangos, estaba quien mandó canción rimada, pero hubo también el que envió verso libre. Todo se distribuyó de la mejor manera posible y se les dio plena libertad para elegir los cantes, fragmentar el poema, combinar poetas, añadirle letras populares, etc. Los artistas supieron ver el fruto maduro de antemano, y así lo demostraron ayer, y así nos sorprendieron a todos.

Al estar pendiente de veinte cosas, yo que pierdo neuronas a puñados, hubo cosas que se me escaparon. Pero es de ley hacer un repaso por lo que aconteció el lunes en la Huerta de San Vicente (con el espíritu de García Lorca girando en la anochecida), agradeciendo a todos los participantes su entrega y profesionalidad. Siento no recordar todos los palos, así que no mencionaré ninguno (quizá lo haga más adelante).

Después de unas palabras, breves, inseguras y a vuelapluma, de un servidor, abrió la noche Fernando Barros cantando poemas de Pedro Enríquez, con la guitarra de Jonathan Morillas. Después cantó Sara ‘La Samarona’, arropada por Miguel Ángel Corral y Cecilio recitando sus propios textos que después fueron cantados. Pedro Enríquez recitó con un fondo de guitarra (Rafa Hoces) y de violín (Ana María Gorbe), venidos de Valencia casi para la ocasión.

Juan Pinilla, con Josele de la Rosa a la guitarra, musicaron poemas de Miguel Ángel Arcas y de Álvaro Salvador, antes de que fuera invitado Javier Bozalongo para recitar su poema para después ser cantado. Juan, a petición del público (y para esperar a la próxima cantaora, que llegaba tarde), hizo una media granaína. Alicia Morales, como digo, por motivos de trabajo, llegó como Julio César (vini, vidi, vinci). Corriendo se cambió y subió al escenario. Acompañada por el mismo Josele a la guitarra, interpretó poemas de José Carlos Rosales y de Jorge Fernández Bustos, o sea, yo mismo.

Para finalizar, como broche de lujo, Victoria López bailó mientras recitaba Juan Carlos Friebe su propio texto, cargado de silencios y sugerencias. En los momentos oportunos Rosa Zárate, Sensi de Carlos y Sara ‘La Samarona’ hicieron palmas, jaleos y un remate por seguiriyas a dos voces.

La próxima entrega de Al compás de la poesía será el jueves 7 (san Fermín) en el Corral del Carbón. Lamentablemente con el aforo reducido. No tendrán cabida los cientos de personas que asistieron a la Huerta.

* Victoria López en la Foto (Nono Guirado©).

Martes, 05 de Julio de 2011 21:31 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Dulce en palacio

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FEX. Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada

El palacio lo puso Quinta Alegre, el dulce Rocío Márquez. A veces se echa de menos el aguardiente en la voz, el dolor en la garganta, la entrega hecha añicos. Pero el flamenco es tan amplio como visiones tiene, y si hay quien se rompe en una seguiriya, también hay quien aroma con flores el aire de una guajira. La misma Mayte Martín causa estupor por la perfección en su belleza.

Rocío Márquez, con una voz limpia y melódica, más cercana a la canción que al quejío, rellena una noche que promete frescor después de un día de brasas. Las condiciones son propicias y el público entregado. Alfredo Lagos la arropa con una guitarra de lujo (echamos de menos un solo) y Juan Benavides aporta un sonido agradecido, inmenso, inmejorable.

Un poquito de viento en sus comienzos amenaza con enturbiar la actuación. Un viento que, como programado, solo alerta para la instantánea del comienzo de las malagueñas, aportando la brisa marina y la cabellera intonsa, como de atrezzo. Se abandolan pronto estos aires de Málaga, acordándose de ‘El Canario’ y de ‘Yerbabuena’, de nuestro Frasquito a los postres.

“Con mucho respeto” a continuación propone tangos muy cercanos a Granada, que son del Camino y del Monte y de Morente para mayor riqueza. Su voz es limpia, afinada, con modulación. El cante se acomoda a la onubense y no es la artista la que se amolda al cante, logrando una apuesta tan personal como determinada.

En tercer lugar, agradeciendo su paso por la Unión, donde se le reconoció como Lámpara Minera en 2008, Rocío nos transporta a levante con unas tarantas y uno fandangos mineros.

Sus melismas se acomodan como guante a los sones de ida y vuelta. En su salsa entona unas guajiras precedidas de bella canción habanera. Se siente larga y segura. Con un evidente eco marchenero que la delata (y, si no, de Valderrama).

Tres morillas me enamoran en Jaén, Axa y Fátima y Marién. El romance (¿villancico?) anónimo del siglo XV, introduce la soleá, que goza del mismo azúcar, para volver a sus dominios con unas farrucas preñadas de milonga, y después con un pregón muy caracolero que acaba como acaban las seguiriyas, directamente con el cambio. Quizá lo mejor de la velada. La guitarra de Alfredo se ve más suelta, haciendo uso del aporte rítmico que acostumbra (y seguimos echando de menos un solo).

Para terminar, unas ricas cantiñas ponen guinda a un pastel más grande de lo deseado, aliñadas con unos fandangos de su tierra, donde se acuerda también de Vallejo o el Carbonerillo, que funcionan como bises obligados.

* Foto © de LUIS SEVILLANO para elpaís.com: Rocío Márquez, durante su actuación ayer en el Teatro de la Zarzuela (09-03-2010).

Lunes, 04 de Julio de 2011 10:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Morente continúa dándonos sombra

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Libro de Morente

Llevo tiempo, bastante tiempo, paseando en el jardín de Borges, el de los caminos que se bifurcan. Mis días se complican y las actividades se solapan. No tengo más remedio que elegir, rezando para que no me haya perdido nada demasiado especial, rogando para sea fructífero allá donde acuda.

Ayer, miércoles 29, tenía en el FEX a las Migas, unas jóvenes, llegadas de Cataluña, que hacen una fusión fresquísima y trabajada de flamenco, que tenía ganas de ver. Pero se me cruzó, a la misma hora, en la Peña de La Platería, la presentación de un libro sobre Morente, que la revista cordobesa Boronía había editado a raíz de su admiración y respeto.

Conocí la existencia de Boronía no hace mucho tiempo, cuando J de los Planetas, me comentó que se había entrevistado con Fosforito para las páginas de dicha revista.

Después, por medio de la Diputación, llegó a mis manos un ejemplar, donde venía la charla del planeta y el flamenco cordobés, pero también una interesantísima entrevista con Morente, que ocupaba toda la portada en una pose alo Humphery Bogart.

Me entusiasmó la publicación por su tratamiento, por su rigor, por su diseño, por su cuidado… y así le escribí al director y se lo dije (tienen una página donde se pueden descargar sus trabajos en pdf).

La presentación comenzó con la proyección del programa Bis a vis, de una cadena local, dedicado al maestro granadino, que conversa con Paco Espínola y Juan Pinilla. A pesar de haberlo visto en su momento y haber leído la entrevista, que salió en el periódico, me volví a reír y a entusiasmar con las declaraciones y las salidas de ese hombre sabio.

Después actuó el Ensemble3, un trío de cuerdas (dos violines y un violonchelo) y un percusionista, que interpretaron versiones del cantaor granadino, en concreto el Pequeño Vals Vienés, La Estrella, Chiquilín de Bacín y La Aurora de Nueva York, que nos dejó un gran sabor de boca por su dulzura y presición.

El Libro de Morente, de carácter gratuito (puede pedirse a la dirección de correo electrónico, sólo hay que pagar los costes de envío) es un recorrido a través de los recuerdos y testimonios de 67 amigos, entre músicos, críticos, cineastas y periodistas que lo conocieron.

Jueves, 30 de Junio de 2011 18:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Estrella entre las estrellas

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

… He querido empezar este artículo por puntos suspensivos porque hablar de Estrella es continuar, porque tratar de Morente es un etcétera que se me antoja largo, si cabe.

Al comienzo del programa de mano, unas palabras de Estrella Morente nos advierten de su intención de homenajear a Granada, pero más bien a quien homenajeó fue a su padre o a la Granada de Enrique Morente.

La palabra que brota de mis labios desde que salí del concierto, desde que me senté en la butaca número 41 de la fila 8, es emoción. Un rimero de emociones que se agolpan en mi corazón y pretenden reorganizarse en mi cabeza. Una artista que tiembla la ausencia a la vez que se entrega, entera y quebradiza, a un público incondicional, a un pueblo que la quiere.

La estela de Enrique está presente de la primera nota que se mantiene en el aire, esa nota en off que al maestro gustaba para entonar su latido polifónico. Y es su voz la que canta. Y en su ronco suspiro el que abre la magia de la noche, cuando aparece Estrella en el balcón, vestida de diosa helena, con velo blanco, arañando el sonido de sus adentros, proponiéndonos una toná (el Pregón del Niño de las Moras), defendiendo, como pensaba Enrique, que el mejor instrumento es la voz.

… de darle caza al alcance. Así terminan las palabras de la artista granadina en el folleto que abrazamos. Así comienza y termina un poema de San Juan de la Cruz (Tras de un amoroso lance, y no de esperanza falto, volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance), que Estrella hace pasional canción, bella, delicada, morentiana.

El recuerdo continúa con el comienzo de esta granaína en tono de malagueñas o esta malagueña con toque por granaínas. Se trata de Montes de Málaga del trabajo Pablo de Málaga que grabara Enrique en 2008, que Estrella la hace tan suya, rompiendo moldes, quebrando sonidos, paseando arriba y abajo en una escalera tonal que parece no tener fin. Es la única vez en el concierto que la guitarra precisa de José Carbonell ‘Montoyita’ la vemos flaquear.

Con sus formas continúa, abordando uno cante de minas perfectamente asimilado, aprendido y aprehendidos desde que tenía seis años y el maestro Sabicas la animaba con su guitarra.

Y el llanto cubre al llanto, como llover sobre mojado, una soleá por perteneras se queda por la mitad, que no puedo seguir, que tengo un nudo en la garganta, que basta de meter el dedo en la llaga, parece que piensa.

Pero el dedo se hunde un poco más en forma de seguiriyas. Es la forma dramática por excelencia, es el grito de dolor, el cante que posiblemente indujera a la Piriñaca decir que cuando cantaba a gusto le sabía la boca a sangre.

El intermedio respira con la sola guitarra de ‘Montoyita’ interpretando una rondeña, que debe mucho a Ramón Montoya, alimentando la memoria, que se empreña en su mitad con los conocidos tangos de la Estrella, tocados con un tempo lento y doloroso, preces a quien se fue temprano.

El dolor se viste de fiesta en la segunda parte, con la artista vestida de negro con notas coloradas (autoría de su madre), al igual que sus músicos, su familia, que se cubren con chaleco en el que se evidencia brilloso el nombre de MORENTE. Son unas bulerías que se inician con la caña y culminan con la letrilla del gaditano Paquirri ‘El Guanté’ (los pájaros son clarines…). Desde aquí su cante se acompaña con grácil braceo y pataílla cómplice hasta el final del espectáculo.

En la percusión Pedro Gabarre Carbonell y en los coros y palmas, su hermano, José Enrique Morente y Antonio Carbonell y Ángel Gabarre. Todo queda en casa.

El laúd, tañido por José Carbonell Serrano ‘Monti’, hace aparición para rememorar los Tangos de la plaza, grabados por el ronco del Albaicín en Negra, si tu supieras (1992).

La Habanera imposible, de Carlos Cano, trae reminiscencias indelebles al llanto desgarrado de Estrella sobre los restos de su padre. Una habanera rematada con la famosa copla Calle Elvira (Granada, calle de Elvira, donde habitan las manolas), reivindicando su origen y su fin, su amor y su deseo.

Cuando el dolor duele y la pérdida es el norte, es normal que el sentimiento se imponga a la entereza. Estrella, en la primera estrofa de la canción que lleva su nombre (si yo encontrara), ante los aplausos del público reconocido, se derrumba y llora abiertamente. Termina la primera letra entre lágrimas y gemidos y, a su final, pide perdón por su duelo, por su amor, por nada.

Termina el recital con La noche de mi amor, una canción estremecedora de Chavela Vargas, a ritmo de bulerías, que formó parte de su disco Mujeres (2006), con bastantes guiños a Granada y a la Alhambra. Esta guinda deriva a boca de escenario, cantando a palo seco con el corazón terminado de estrujar. Aunque todavía al recital le queda una carta que redondea la apuesta. Es una toná, en forma de saeta, al gusto del padre, con los postreros palillos y palmas a compás.

* Me parece de ley poner esta foto, tomada de hola.com, en el Liceo de Barcelona, en julio de 2007.

Lunes, 27 de Junio de 2011 13:12 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Colombianas

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"Quisiera, cariño mío,
que tú nunca me olvidaras,
que tus labios con los míos
en un beso se juntaran
y que no hubiera nadie en el mundo
que a ellos los separaran".

Aunque la colombiana está considerada dentro de los cantes de ida y vuelta, no sólo por su nombre sino por sus claras influencias latinoamericanas, se conoce que es una creación personal de Pepe Marchena.

Sabicas decía que: “entonces estaba Marchena, es el que sacaba todos los cantes. Iba yo con él, de chavalico, que solía llevarme, y cuando no, lo encontraba en todos los sitios (...). Perdone usted, ¿qué cante ese? Pues un cante que estoy haciendo ahora el mismo; y le puso la colombiana”.

El guitarrista Ramón Montoya también se la escuchó un día y, como Sabicas, le preguntó qué cante era ese (aunque me temo que es la misma anécdota). Marchena le respondió: “Pues un cante que estoy haciendo ahora mismo, que lo acabo de crear, la colombiana. Pero, claro, no puedo poner colombiana en el programa porque de colombiana no tiene nada, la gente se va preguntar que por donde esta Colombia ahí, que no la encuentran. Entonces le pongo “creación” y a cantarlo se ha dicho”.

Ramón Montoya realiza en 1932  una nueva versión de la colombiana acompañando a Marchena y al Niño de la Flor, que hacia la segunda voz y, en 1933, la grabará de nuevo con letra de Hilario Montes titulada "Quisiera cariño mío", donde se añade los matices que poco apoco van configurando la estructura melódica del genero tal y como lo conocemos.

Romualdo Molina, en la Historia del flamenco de Tartessos comenta: “Eugenio Cobo afirma haber conversado con el propio Rafael Nogales, testigo de la presentación pública de la colombiana, que le comentó que Marchena se había basado en una canción popular del País Vasco titulada El pájaro carpintero”.

La primera letra con que la graba Marchena en 1931 es “Soy un pobre benedito”, y pertenece a una coplilla mexicana. Aunque no sabemos la aportación real de Marchena.

Su estructura métrica es de seis versos octosílabos aunque no siempre se respeta esta medida, y se basa en el compás de tangos (4x4). Pronto se le añadió estribillo, siendo los más conocidos los de “Oye mi voz” y el de “Ven a mí y cantemos los dos”. Inicialmente, de acuerdo con lo concibió Marchena, se solía cantar a dúo, aunque esta moda no perduró en el tiempo. De hecho, el propio Marchena, en su primera grabación la realizó con el Niño de la Flor. El dúo que más fama ha adquirido ha sido el compuesto por la Niña de la Puebla su marido Luquitas de Marchena, en el que acoplan una especie de diálogo cantado que seguramente tiene un origen bastante anterior y que se inicia con la letra “Arroyo claro, fuente serena”.

Posteriormente a Marchena, fue grabada por la Niña los Peines, el Carbonerillo, el Americano, Angelillo, el Chato de las Ventas, la Niña de la Puebla, Carmen Amaya, El Niño de la Huerta, José Palanca y Juan Valderrama, entre otros (Incluso él celebre Manuel Vallejo, que realizó de ella una adaptación festera, mezcla de colombiana y tango, y cuya grabación fue publicada en 1934). En los últimos años se abre una nueva perspectiva musical de este cante con la capacidad creativa que le supo aportar Enrique Morente o el sentido rítmico de Chano Lobato.

Juanito Valderrama, en “Mi España querida”, el libro de memorias y recuerdos que le escribiera Antonio Burgos, en 2002, comenta que: “Esta escuela de todos esos cantes americanos, la guajira, la vidalita, la milonga, fue mejorada luego con creces por Pepe Marchena. La cogió Marchena, e hizo famosos todos esos estilos, dichos a su forma.

Y en cuanto a la colombiana, ni fue ni vino. No se movió de aquí, porque Marchena creo en 1930. La creó totalmente Marchena, por así decirlo, de nueva planta.

Resulta que vino un trío colombiano a Madrid, al cabaré Alcázar, que estaba donde el mismo teatro, en la calle de Alcalá, y cantaba aquello de:

Quisiera ser colorete
pá adornar la carita
y darte un beso en los labios
y comerte la boquita...

Marchena iba todas las noches allí al cabaré, a un palco, se extrañaba la gente de verlo llegar y era que estaba aprendiéndolo. Aprendió aquella y otra colombiana que comenzaba:

Quisiera ser perla fina
de tus pulidos aretes
pá besarte en la boquita
y morderte los cachetes
¿quién te manda ser bonita
que hasta a mí me comprometes?

Pero de lo que aquellos hombres del trío colombiano cantaban a lo que hizo Marchena había un abismo (…). Esas canciones de allí de Colombia las cogió Pepe Marchena aquí en España, las aflamencó y las grabó en 1931, el mismo año de la República, componiendo esa nueva forma musical, junto con Hermenegildo Montes”.

El Diccionario Flamenco de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz comenta que: “Antonio Hita Hidalgo, sostiene la siguiente y documentadísima teoría acerca de la historia de la colombiana: «Este estilo no fue nunca cante de importación, pues jamás existió en nuestro país hermano. La colombiana fue creada y cantada sólo dentro de nuestras fronteras, por lo cual no debería incorporarse nunca, junto con los denominados cantes de ida y vuelta. Efectivamente, la colombiana es relativamente moderna, siempre que consideremos moderno un estilo que tiene de vida poco más del medio siglo. Su nacimiento y posterior divulgación nace de los años treinta, cuando el tan vituperado, por determinados artistas y críticos de esta generación, don José Tejada Martín Niño de Marchena, junto a don Hilario Montes, y tomando como base de su creación, entre otras formas musicales, la rumba española, realizan una composición aflamencada a la que bautizan con el nombre de colombianas y que en su segunda parte era interpretada a dos voces (esta segunda a modo de acompañamiento)”.

Por lo tanto, pienso que, si bien la colombiana, la podemos encasillar en los cantes de ida y vuelta, lo debemos afirmar con bastante cautela y aclarar, llegado el caso, de que es una creación personal con ritmos latinos y perfectamente aflamencada.

* José Tejada Martín ’Pepe Marchena’.

Domingo, 26 de Junio de 2011 13:32 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Cultura para el pueblo

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60 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Ayer se presentó en el palacio de Carlos V, en la Alhambra, la octava edición del FEX o, lo que es lo mismo, la Extensión del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, que cumple a la sazón 60 años. O, lo que es lo mismo, un abanico pantagruélico de actuaciones gratuitas, en número superior a 60, distribuidas por los puntos más emblemáticos de la ciudad y parte de la provincia. Recitales, conciertos, danza, programas didácticos y familiares, conferencias y múltiples manifestaciones, para que podamos elegir y disfrutemos abiertamente con este esfuerzo extra de los organizadores del Festival y el respaldo completo de todas las instituciones de la ciudad y de bastantes entidades privadas.

En el mes de marzo, bajo el título de Un verano para quedarse en casa, ya publiqué las apuestas flamencas de este Festival, en las que contábamos con la presencia de Estrella Morente, Eva Yerbabuena, Rocío Molina y Arcángel.

El FEX nos trae por su parte, el miércoles, 29 de junio, a Las Migas, llamadas Reinas del Matute en la Huerta de San Vicente. Cuatro chicas (Silvia Pérez Cruz, Marta Robles, Isabelle Laudenbach y Lisa Bause), de distinta procedencia, que “colorean el flamenco con músicas muy diversas”.

El primer día de julio (viernes) tendremos el “flamenco en estado puro” de Rocío Márquez, al cante, y de Alfredo Lagos, a la guitarra, en el Palacio de la Quinta Alegre.

El miércoles, día 6, la Orquesta de la Universidad de Granada, entre otras piezas (Joaquín Rodrigo, Joaquín Turina y Ernesto Halffter), reconstruye de la banda sonora original y del film Viaje romántico a Granada, con grupo instrumental, cantantes, cantaor y guitarrista flamenco y recitador, en la ETS Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos.

También tendremos, y esto es interesante, porque entre otras cosas lo coordino yo, bajo la colaboración de la Asociación del Diente de Oro, la presentación de tres recitales de flamenco y poesía con el título genérico de Al compás de la poesía.

Dichas exposiciones tendrán lugar el lunes, 4 de julio, en la Huerta de San Vicente, el jueves, 7, en el Corral del Carbón, y el 8, viernes, en la Placeta de la Ninfa (Jardines del Salón). La entrada es gratuita, como en el resto del FEX, aunque el día del Carbón el aforo será más limitado.

He querido que sean lo más variado y enriquecedor posible y he planteado distintas incursiones. En primer lugar, y como base, tenemos a los cantaores que interpretan poemas de los escritores; después tenemos a los poetas que recitan con un fondo de guitarra o de baile; tenemos la mezcla de las dos modalidades, primero recitado y luego cantado; y, como cuarta modalidad, encontraremos al cantaor que interpreta sus propias letras. (Y alguna que otra sorpresa.)

Puedo asegurar, por otra parte, que la mayoría, si no todas las intervenciones, serán originales e inéditas, montadas expresamente para la ocasión y, con tiempo y perspectiva, entrarán a formar parte del acervo flamenco granadino, de la proyección de nuestros poetas de ahora y del recuerdo de la ciudad y su apuesta cultural.

Próximamente, cuando termine de encajar los actuantes definitivos para cada día, publicaré la exacta programación de cada una de las intervenciones. Lo que sí está cerrado es el nombre de los poetas y los flamencos de los que consta el proyecto, que a continuación relaciono.

Al cante estarán: Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Mati Gómez, Sara La Samarona, Iván Centenillo, Alicia Morales, Fernando Barros y Sergio Cuesta. A la guitarra: Josele de la Rosa, Rafa Hoces, Rubén Campos, Álvaro ‘El Martinete’, Rafa Soler, Petete, Jonathan Morillas y Pepe Agudo. Ana María Gorbe Martínez aportará su violín flamenco. Y el baile de Raimundo Benítez, Victoria López y Pilar Fajardo.

Presentan sus textos e incluso su voz los siguientes poetas granadinos o de adopción: Juan de Loxa, Luis García Montero, Álvaro Salvador, Alfonso Salazar, Ramón Repiso, Cecilio, Pedro Enríquez, Miguel Ángel Arcas, Juan Carlos Friebe, Javier Bozalongo, José Carlos Rosales, Ángeles Mora, Sergio Cuesta, Ernesto Pérez Zúñiga, Daniel Cundari y Jorge Fernández Bustos.

Qué lo disfrutéis.

Viernes, 17 de Junio de 2011 14:20 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Hay rincones…

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Creo que todavía no somos muy conscientes del valor que tiene el flamenco. Llevamos casi un año siendo Patrimonio Oral de la Humanidad, avalado por la UNESCO, y apenas unas salpicaduras se han dejado sentir. Puede que, temiendo lo peor, nos afecte tan sólo institucionalmente o a los flamencos de más alto nivel, que por otra parte no lo necesitan, o a la parte occidental de nuestra geografía, lo que se considera como la Baja Andalucía. Lo cierto es que aquí, el flamenco de base, sigue siendo flamenco de base, con sus dificultades para abrirse un hueco, para darse a conocer, para lanzar sus más elementales propuestas (por no decir, para grabar un disco o para hacerse un nombre).

Sin embargo, la demanda de flamenco sigue aumentando. Los foráneos llegan a la ciudad para descubrir la Granada monumental y la Granada serrana y la Granada nocturna… pero también la Granada flamenca.

Sin contar las cuevas del Sacromonte, que tienen el ‘turismo’ asegurado, podemos contar con los dedos de una mano dónde se ofrece flamenco en esta ciudad. Y, si buscamos flamenco de calidad, al menos decente y verdadero, a esta mano le sobran apéndices. Y, si buscamos flamenco a diario, quizá con dos dedos tengamos de sobra.

Por la posición que ocupo como cronista del flamenco, por mi labor de calle, por el conocimiento acumulado después de algunos años escribiendo casi a diario del tema, amigos o amigos de amigos tanto locales como venidos de fuera, se dirigen a mí para preguntarme dónde hay flamenco.

La pregunta es fácil  o no es tan fácil. Depende mucho de la temporada, de los días de la semana, de si buscan algo específico. Aunque siempre hay algo qué ofrecer. Callado no me quedo y, tratándose de flamenco, mucho menos.

El martes estuve en Jardines de Zoraya, en el Albaicín, por primera vez. Sabía de su existencia y su programa. Conocía su oferta y a sus actuantes (más de un flamenco me pidió que fuera a verlo, pero por unas cosas u otras lo he ido aplazando).

Ana Calí y Vanesa Vargas, al baile; Sergio ‘El Colorao’, al cante; y Rubén Campos, a la guitarra, conformaban el cuadro. Bulerías, fandangos de Huelva, alegrías o tarantos rematados por tangos, fueron sus propuestas. Unos cantes festeros de buena factura, aderezados con baile exclusivo, en un ambiente familiar, a pesar de las mesas que rodean el escenario, con una cenita para dos, asequible de precio… qué más se puede pedir.

*Foto extraída de su web.

Jueves, 16 de Junio de 2011 10:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La evolución de Patricia

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Victoria López, una joven bailaora que conocí hace poco tiempo, me decía que por fuera se conoce cuando vienes de Granada. A una bailaora de la tierra se la conoce, no sólo por la flor en lo alto de la cabeza, sino más bien por sus formas y por su fuerza, por esa caía hacia atrás tan sacromontana o por el especial roneo por tangos.

Pero, también es verdad, que una de las principales facultades que debe adquirir un flamenco, y si es bailaor/a más, es la capacidad de volar. El flamenco de Granada necesita alas para abandonar el nido, para ver mundo, para impregnarse de otras corrientes, para avanzar en perspectivas.

Hay buenos flamencos que no se han asomado ni al tranco de la puerta, hay y ha habido bailaores inmensos que han dormido toda su vida bajo el mismo techo. Pero hogaño se impone abrir esas alas y asomarte a la escuela sevillana y a los consejos de Matilde Coral, al concepto cordobés y la generosidad de Javier Latorre o al día a día en un tablao madrileño y la trama universal que allí se ha formado desde Manuel Liñán hasta Anabel Moreno (los dos granadinos), pasando por Marco Flores. Es necesario, para nuestra formación y nuestro espíritu, haber formado parte, aunque sólo sea por una temporada, de una compañía (Yerbabuena, María Pagés o El Junco).

Por otra parte, y ya termino con los consejos, es necesario tener ojos y ver a los demás. Hay que ser universal para llegar a ser uno mismo. Acudamos a los teatros, a los festivales y a las peñas para ver bailar a nuestros compañeros, para apoyarlos con nuestra presencia y para aprender o simplemente observar que otras cosas son posibles.

Patricia Guerrero bailó este sábado en La Platería después de haber estado fuera una larga temporada, prácticamente desde que ganó el Desplante minero en 2007. Durante este tiempo ha viajado, estuvo en Barcelona, ha visitado Japón y se ha instalado en Sevilla. La última vez que la vimos por aquí fue en la compañía de Rubén Olmo bailando en el teatro Alhambra, en el ciclo Flamenco Viene del Sur.

La evolución de esta bailaora es manifiesta. Su madurez, evidente. Su trayectoria, imparable. Está llamada, sin lugar a dudas, para tener un nombre entre las grandes. Pero ella sabe mejor que nadie que esto es una carrera de fondo, que después de un paso viene otro, que, como nos enseñó Machado, el camino se hace al andar. Sabe que sin estudio, sin ensayo permanente y sin riesgo constante no se llega a parte alguna.

Patricia siempre ha sido una esponja. Ha aprendido de todos y ha ido fabricando un baile de retales excelentes con firmas de calidad, que poco a poco ha ido adaptando a ella y aportando de su cosecha para lograr un baile cada vez más personal. Así, vimos cositas buenas que no se las hemos visto a nadie.

Se ha sabido rodear siempre de un buen cuadro atrás que sepa arroparla, después de alguna mala experiencia. Logrando para la ocasión a cuatro flamencos de lujo. A saber: Miguel Lavi, de Jerez, y David ‘El Gayi’, de Morón, al cante; Luis Mariano a la guitarra; y Miguel ‘El Cheyenne’, con el cajón, los dos de Granada.

Su baile es novedoso, rico y esforzado. Baila tonás y alegrías, separadas por unas malagueñas que bordan sus músicos. Las voces están llenas de desgarro y pellizco; la guitarra de Luis ha adquirido una rabia que, unida al preciosismo de siempre y al punto de eficacia y flamencura, lo dimensionan cualitativamente; la percusión es moderada y precisa.

La segunda parte es una soleá de buena factura que, al pasar a bulerías, baila Patricia apostándolo todo, sacudiendo sus ganas, demostrando a “su” público que avanza por buen camino.

* Foto tomada de su web.

Jueves, 09 de Junio de 2011 12:32 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Jóvenes con ganas

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Festival Almuñécar

Llevamos unos días trastocados. Entre el cambio de gobierno en los ayuntamientos, las reivindicaciones ciudadanas y los pepinos “envenenados”, el día a día amanece más incierto que de costumbre, que ya de por sí es riesgoso.

Se proyecta un festival en la ciudad costera de Almuñécar con casi un mes de antelación, para el que me piden que acuda a presentarlo. Bien, donde me necesiten, si puedo, allá estaré. Pero, en el tiempo de espera, el cartel cambia un par de veces, tengo que bajar en autobús y, al llegar, pocas entradas vendidas (aunque el Auditorio Martín Recuerda de la Casa de la Cultura se llenó en su mitad).

Allí, entre el descontrol, no sólo hice de presentador, sino de organizador final y de regidor. Con todo y con eso, el festival salió con bastante decencia, con momentos felices y objetivos cubiertos. (A veces la buena voluntad está por encima de la eficacia controlada.)

La velada la abren el cantaor sacromontano, de los ‘Tarantanes’, Miguel Barroso, con su guitarrista Luis Millán. Hacen granaínas y bulerías. Su voz está en perfecto estado y se entrega. Al ver la reacción del público, regala unos fandangos naturales, fuera de programa.

La joven Marian Fernández (18 años), natural de Churriana, ocupa el escenario a continuación, con el tocaor granadino Armando Morales Linares, que suena muy flamenco y que acompañará al resto de los participantes el resto de la función. Marian, con su voz potente y clara, interpreta el S.O.S. de Mayte Martín, de su disco Muy frágil (1994) y unas alegrías de graciosa factura. (Es impagable contemplar los titubeantes inicios de los flamencos.)

Afincada en Monachil, Noemí Álvarez, can sal y empaque, canta unos tanguillos, que se canta ella misma, para cerrar la primera parte.

Esta misma bailaora comenzó la parte final con unos tientos-tangos casi improvisados, aunque sabrosos, que empezó cantando Fran Cabrera, artista local, y terminó Marian Fernández. Cabrera continuó en el escenario acordándose de los tientos más añejos, para pasar a la cantaora, también de Granada, Aroa Palomo, que, con conocimiento y facultades sobradas, se templó por soleá y terminó con un ramillete de fandangos, cantados en su final a pie de escena, sin micrófono.

Para cerrar la noche, la agrupación local ‘Sabor a Mar’, dirigida por la bailaora Susana Martín, realizaron un montaje coral, muy estiloso y progresivo, que navegaba entre tonás y seguiriyas, rematadas por jaleos extremeños.

Y, para no perder las buenas costumbres, se terminó con un fin de fiestas por bulerías, al que se unió la cantaora Marta ‘La Niña’ que estaba presente.

* Noemí Álvarez en una reciente entrevista en Radio Albolote (2009), donde improvisa cantada una cuña de publicidad (tomada de su Myspace).

Lunes, 06 de Junio de 2011 11:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las peñas y el futuro

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Los Lunes Flamencos de la ONCE

Siempre se me quedan cosas en el tintero. Es difícil reflejar todos los momentos en un blog que quiero que se distinga entre otras cosas por la brevedad de sus entradas, aunque no siempre lo consigo.

Entre estas acciones a las que aludo, mencionaré a Rubén Campos, que nos dio un recital de guitarra en el Liberia, un lugar poco apropiado, pero amante y cultivador del flamenco como pocos. Su toque es trabajado y concienzudo, con un ojo en la tradición y otro en el porvenir. Su guitarra es un instrumento completo y, como tal, se afina y destempla de forma diferente según la pieza que Rubén acaricia.

También he escuchado estos días el cante de Sara ‘La Samarona’, en Le Chien Andalou (e iré a verla a la sala Príncipe el jueves), con su poquita voz, pero con su aire canastero. Suelta en los tangos y contrita en los cantes mineros. Se acuerda sobre todo de Camarón y de Lole Montoya.

Regularmente también veo a Josele de la Rosa, un joven pegado a su guitarra, a la que le saca el sonido más flamenco que puede, asemejándose a todos sus maestros, que son cualesquiera que le hagan gemir a la guitarra. Su evolución, día a día, es palpable.

Una iniciativa para aplaudir sin discusión es la oferta de Los Lunes Flamencos de la ONCE (y aquí me detendré un poco más). Desde hace cuatro a cinco meses, el último lunes de cada mes, algunos aficionados de esta Organización, presentan un breve festival flamenco para promocionar a nuestros jóvenes valores, que por suerte hay muchos y con perspectiva. Su planteamiento es el de invitar cada día a una peña y que ella aporte sus artistas entre los chicos y chicas que se mueven en torno a ella. Este lunes quien hizo de anfitriona fue la peña de La Platería, que aportó bastantes nombres (aunque, por compromisos de última hora, no pudieron acudir Ana Mochón, Gilberto de la Luz y Antonio de la Luz).

El pasado 23 fue el primer día que acudí a esta cita, pues los anteriores me habían coincidido con Flamenco Viene del Sur (que también se programan los lunes) y otros eventos. Es un formato de festival que siempre tiene su aliciente. Es necesario arropar a la gente joven, seguirla en su trayectoria, contemplar sus avances, alentar tanto sus aciertos como sus caídas. Lamentablemente no todos valen. El tiempo y la afición son jueces inapelables. Aunque, cuando se da lo que se puede, cuando se da lo que se tiene, el escenario se llena de verdad, que posiblemente es lo que más importa.

Jesús de María es un cantaor de nueve años. A su lado, Álvaro Pérez ‘El Martinete’ con quince, es un guitarrista veterano. Su mentor, Curro Andrés (que también hizo las veces de presentador) está orgulloso de las posibilidades que tiene el chaval. Cantó alegrías, bien moduladas, y fue valiente, pese a sus limitaciones, por Huelva. A Anabel Collado, de catorce años, con el mismo guitarrista, ya la había visto participar en el concurso de jóvenes flamencos de la Diputación y me quedé impresionado por su potencia de voz y sus facultades. Tiene madera, aunque sus formas aún no son muy flamencas. A pesar de su juventud, le va el cante con enjundia, como las granaínas o las seguiriyas. Bien por ‘El Martinete’, que rizó el rizo tocando las granaínas en tono de rondeñas, algo francamente difícil, que también le exige al cantaor, en este caso cantaora, una concentración especial.

Iván Vílchez ‘El Centenillo’, no es que sea mayor, pero quizá le lleve diez años a esta última cantaora, que en flamenco, como en el ejército, es un grado. Le acompaña a la guitarra Francisco Manuel Díaz, hombre sin edad, tan grande como su corazón. Está siempre que se le necesita. Iván hizo malagueñas de la Trini, donde se acordó del maestro ‘Cobitos’ y demostró ser grande en el cuplé por bulerías.

* Álvaro ‘El Martinete’ en un archivo del facebook de su tía.

Martes, 31 de Mayo de 2011 09:18 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Caracoles

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Un cante flamenco bastante agradecido son los caracoles. Pertenecen al grupo de las cantiñas y tiene un evidente parentesco con el mirabrás y las romeras. Aunque se les conoce en ciertos círculos como ‘alegrías de Madrid’, son en realidad, según Quiñones, entre otros, cantes de Cádiz, concretamente de Sanlúcar de Barrameda. Supuestamente creados a mediados del siglo pasado por Tío José el Granaíno, también conocido por José el Gaditano o José el de Sanlúcar, que no es que fuera granadino, sino que, conjetura Félix Grande, vendía granadas. (Otros lo atribuyen a Romero el Tito.)

Tío José el Granaíno parece que fue picador (hablando del flamenco primitivo todo son ambigüedades), alcanzó gran prestigio en palos como la caña y los del grupo de las cantiñas. Blas Vega alude a él llamándolo ‘el banderillero de Cúchares’, aludiendo al matador que acompañaba ‘Curro Cúchares’ y lo sospecha no gitano.

También se ha teorizado sobre que este cante, de cuatro versos octosílabos habitualmente y de vivo compás, sea el resultado del aflamencamiento de una especie de cantiña folclórica bailable llamada "La caracolera", recogida en un libro de Manuel Sanz, publicado a mediados del siglo XIX, intitulado El genio de Andalucía, donde se encuentra el conocido ‘pregón de los caracoles’, de donde proviene su nombre:

Ay caracoles, ay caracoles
mocita ¿qué ha dicho usted?
que son tus ojos dos soles
y vamos viviendo y olé.

Los caracoles fueron divulgados por Paco ‘el Gandul’ (también llamado Paco ‘el Sevillano’), quien le dio dinamismo y vivacidad, y alcanzó su mayor éxito con don Antonio Chacón a finales del siglo XIX, adaptando la letra original al entor­no madrileño donde vivía. Por eso lo de ‘alegrías de Madrid’. En ellos se habla de la calle de Alcalá (en vez de Santa Cruz de Mudela), de las fuentes madrileñas o de una tarde de toros en la Villa y Corte.

Fernando Quiñones también recuerda que en la Jeroma la Castañera, zarzuelita estrenada en Madrid en 1843, con letra de Mariano Fernández y música de Soriano Fuertes, ya se cantaba eso de:

Aunque vendo castañas tostás
aguantando la nieve y el frío
con mis zapatos y mis medias calás,
yo soy la reina pa’ mi querío.

La primera grabación que se conoce es la del Mochuelo en 1907 y posterior­mente la de Chacón, con su letra típica, con la que también grabaron Bernardo, Angelillo, Pastora Pavón, Juanito Mojama, Manuel Centeno o Enrique Morente.

A nuestro desaparecido Pepe Agudo le gustaban especialmente cómo hacía los caracoles Naranjito de Triana.

* Naranjito de Triana (foto tomada del blog de Manuel Bohórquez).

Domingo, 29 de Mayo de 2011 19:42 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

La Platería luce con Lucía

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No debería espaciar tanto los comentarios desde que veo una actuación. Mi memoria es flaca y además se entrecruza con otros actos y funciones, favoreciendo el olvido por interferencia. De cualquier manera, la impresión destilada del momento aún palpita en mi memoria, a veces por mucho tiempo.

Haré tan sólo un repaso general a modo de vista de pájaro y no me detendré en los detalles. En primer lugar quiero comentar muy de pasada que el baile de Lucía Guarnido no es convencional. Lucía es esbelta y bella. Ha aprendido a adaptar el baile a su altura, conocimiento y delicadeza. Cada baile tiene sus apellidos, y goza o peca de redondez excesiva. Como el héroe de las películas antiguas todo sale a pedir de boca y no se despeina en el intento. La elegancia, el respeto y la sonrisa están ensayados y como tales supeditadas a la estructura. Los símbolos son importantes y la seguiriya es negra y circunspecta y las alegrías claras y llenas de sal, por ejemplo.

Pero este día sentí algo nuevo en el baile de Lucía. Si se me permite la expresión, la vi más cabrona. El punto azucarado que a veces puede saturar, estaba limado con la fuerza y la picardía necesarias para provocar el pellizco. Su cuadro, como siempre, espléndido. Conoce, como flamenca avezada, que unos buenos músicos atrás, pueden constituir el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora.

Luis Mariano, a la guitarra, está imparable. Aparte de su tradicional sonido límpido y flamenco, ha adquirido una rabiosa pesadumbre que llega a estremecer. Al oírlo parece que toda una orquesta sinfónica se está ejecutando. En la granaína en solitario (en soledad) que abre la noche se advierte esta nueva dimensión, que continúa cuando acompaña y sobre todo en las bulerías de la segunda parte (aunque las dos se hicieron seguidas).

Antonio Campos es un trabajador del cante. Cuida sus letras como cuida su garganta. Disfruta en la escena y trasmite su buen hacer. Por soleá, por tonás o por seguiriyas es imbatible. Su entrega y dominio del compás están reconocidos. Es uno de los cantaores del panorama nacional más requeridos para el baile.

Mati Gómez empezó bailando y, como son las cosas, terminó detrás del micrófono. Su voz, aunque chiquita, es muy flamenca, llena de melismas y modulaciones. Como buena bailaora conoce el cante y el sentido del ritmo. Su cante es sincero, dulce y arriesgado.

Lo mejor que le puede ocurrir a un percusionista, lo he dicho en alguna otra ocasión, es que no se note. Que haya un latido exacto de fondo, pero que no se imponga ni de pie a discusión alguna sobre la caja o el pandero. De esto es de lo que puede presumir Miguel ‘El Cheyenne’.

Lucía Guarnido bailó seguiriyas y soleá por bulerías.

* Foto de la propia bailaora de su espectáculo "A mi aire" ©.

Viernes, 27 de Mayo de 2011 11:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un paseo por el flamenco

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Ayer recibí por mensajería un disco de promoción de la discográfica Universal Music Spain, llamado Atlas del cante flamenco. Tenía ya conocimiento de este trabajo. Se trata de una caja de diez cedés, que se pondrá a la venta el próximo 7 de junio que pretende ser “un recorrido por los rincones mas flamencos de nuestra geografía”.

Así, este Atlas del cante reúne los estilos más característicos de cada comarca cantaora, interpretados por figuras destacadas (Camarón de la Isla, La Perla de Cádiz, Fosforito, Sabicas, Carmen Linares, Chano Lobato, Paco de Lucía, El Lebrijano, Juan Habichuela, etc.).

Cada uno de los volúmenes se dedica a una geografía determinada, seleccionados por Faustino Núñez. De tal manera encontraremos: 1º. Cádiz, 2º. Los Puertos, 3º. Jerez, 4º. Sevilla, 5º. Sevilla Provincia, 6º. Málaga, 7º. Córdoba y Granada, 8º. Murcia, Almería y Jaén, 9º. Huelva y Badajoz y 10º. Otros lugares “en el que se engloban aquellos estilos inclasificables desde el punto de vista geográfico, inspirados en músicas de origen cubano o argentino”.

Además, Faustino Núñez, también compila un libreto de 120 páginas con textos seleccionados para mejor comprender esta “geografía flamenca”.

Varias cuestiones sin embargo llaman la atención. ¿Por qué el grueso del trabajo se centra en Andalucía la baja?, ¿por qué Granada aparece junto a Córdoba?, ¿por qué se abusa de algunos cantaores (Camarón de la Isla, Carmen Linares o Luis de Córdoba), mientras hay ausencias importantes (Enrique Morente, por ejemplo)?

Por otra parte, hay que manifestar nuestro común aplauso por la labor pedagógica de la recopilación; por el recuerdo de cantaores añejos, difícil de hallar de otro modo, como El Negro, El Borrico o la Piriñaca; el protagonismo del gran cantaor granadino Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, en cuatro cortes del trabajo (Granada, Málaga y Sevilla); y por la presencia también de otros flamencos de la tierra, como son Juan Habichuela, El Polaco, Alfredo Arrebola, Estrella Morente y Marina Heredia.

Miércoles, 25 de Mayo de 2011 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Andrés Marín y su lenguaje

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Flamenco Viene del Sur

Al hablar de Andrés Marín parece que tenemos que “justificar” su baile de alguna manera, tenemos que leer entre líneas, tenemos que teorizar sobre un flamenco nuevo. Sin embargo, llevo escribiendo de este bailaor sevillano desde hace seis o siete años, que vino al Corral del Carbón por primera vez con su sorprendente propuesta. Me niego por tanto a darle el calificativo de inédito.

Su baile ya es maduro, con muchas vueltas sobre sí mismo, muy consciente de su camino y, posiblemente, de su meta.

Andrés es un camaleón que ha abandonado toda la majestuosa superficialidad para quedarse exclusivamente en la esencia. Es como si bailara desnudo, como si fuera un jardín japonés, todo en su sitio, minimalismo extremo donde una simple piedra es una poesía.

Y esta parquedad la lleva desde su perfil de navaja hasta su sobrio vestuario, siempre negro, siempre el mismo. Sus movimientos quebrados tienen un sentido, como su perfecto desafeitado, como su ausente sonrisa.

No rompe, como puede parecer, sino que deconstruye cuando el armazón se sostiene por si mismo. Cada pieza ocupa su lugar en el desmontaje y aparece en otro lugar formando algo que quizá sea lo mismo pero con un lenguaje distinto.

Así, el bailaor sevillano se hace cosmopolita y sugiere una universalidad llena de matices, de marcajes perfectos, de preciso compás. Porque la esencia de una rosa nunca se pierde.

Decir de ¡Ay Alameda! que es un “recital austero” es volver sobre lo mismo. ¿Qué no es templado en este bailaor? Es un homenaje al barrio homónimo sevillano y a su tiempo de esplendor, tan sólo ambientado con la guitarra exacta, jazzística y flamenca de Salvador Gutiérrez y el cante añejo y redondo de José de la Tomasa, quizá el último gran cantaor de la Alameda.

Marín comienza por soleá un montaje en blanco y negro creado expresamente para presentarlo en Granada. Mientras el cante nos une a un jondismo de solera, la guitarra atraviesa fronteras y el baile se regodea en su propia órbita en la que mantiene un pie en la tradición y el otro en el abismo de la búsqueda siempre constante. Tomasa anuncia la caña y se asoma al fandango. Después aborda granaínas y abandolaos, rematadas por rondeñas. Andrés se regodea en el cante y su aplauso interno va para los artistas que componen su cuadro. Salvador tiene un esquema extraordinario en la cabeza con mil cambios guitarrísticos, mil cambios de ritmo, mil llamadas, mil silencios. Bobote, de los imprescindibles del compás de este país, se encuentra un poco perdido con tanta mudanza.

La farruca es un alarde de facultades y de sabor. Punto neurálgico del espectáculo, donde vence y convence, incluso a los más ortodoxos. Y si no, propone a continuación unas alegrías que son definitivas. Por levante, el cantaor no está todo lo fino que acostumbra, sobre todo en la salía de la cartagenera. Y en las bulerías, el baile se torna más clásico, si cabe, para todos los paladares.

Por seguiriyas y por un poquito más de bulerías termina una noche, y Flamenco Viene del Sur, en su edición 2011, que quizás haya representado lo mejor del ciclo.

* Foto de Antonio Conde©.

Sábado, 21 de Mayo de 2011 10:52 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La Macanita sólo cumplió

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Leo en el diccionario de la Real Academia el significado de ‘macana’ y, como segunda acepción, define que es el artículo de comercio que por su deterioro o falta de novedad queda sin fácil salida. En seguida borro de mi mente tal definición por errónea. A Tomasa Guerrero le quedan muchos años de gloria. De hecho, es una de las voces más definitivas y definitorias del cante jerezano. Pero, no sé por qué, que en parte los académicos han dado en el clavo. La evidente falta de ganas de la artista este sábado en la peña de La Platería fue evidente. No se esforzó, no pellizcó, no rompió como es debido y como nos tiene acostumbrados.

Peno ¿estuvo mal? La cuestión es que no estuvo mal y sus valores y facultades sobresalían a cada paso. Sus cantes eran redondos y sus remates apreciables. Pero una artista de su categoría no se puede permitir esas flojedades ni siquiera en sus días malos. Además, salvando esta cortedad que puede ser inevitable, la sensación de ningunear a los presentes por tener algún cable tergiversado no es perdonable.

Desconozco las razones y no deseo hurgar demasiado en la llaga, pero el aura de diva que le hizo acortar su actuación y tratar a los parroquianos como ajenos, estuvo fuera de lugar.

No sudó La Macanita y no sudó el guitarrista, Juan ‘Parrilla’, cuando su nombre le precede. Su guitarra sonaba metálica y no arropaba como acostumbra. La primera parte se solucionaría con la segunda, pensamos, pero no quedó ni en el intento.

Comienza por tientos-tangos y sigue por soleá y por malagueñas. Está en su terreno, pero no termina de llegar. Aunque se le reconoce el poso de cantaora, el aguardiente en la voz clara (menos que otras veces), el compás jerezano (apoyada por las palmas de Gregorio y Chicharito). Termina por bulerías su primera entrega.

Su segunda propuesta comienza por levante, una taranta pasable y una cartagenera fuera de lugar. Sigue por seguiriyas, donde debía lucirse. Igualmente nos quedamos con las ganas. Remata su recital por fiesta. “Ahora voy a cantar por bulerías y a bailar para todos ustedes”, nos dice, como se les conforma a los extranjeros en el tablao. La guitarra, sin embargo, no se retira del micrófono cuando ella se levanta para ilustrar su cante, sin megafonía, y regalarnos un bailecito. Ahí su compromiso descafeinado.

* Foto de flamenco-wold.com©.

Miércoles, 18 de Mayo de 2011 12:27 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Las formas de Sergio Gómez

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Lo he repetido varias veces, la sala de música La Chumbera presenta unos valores indiscutibles. Su programación permanente durante todos los sábados del año, a excepción del verano y la Navidad; sus precios populares; su ubicación; y su espaldarazo a los flamencos jóvenes de Granada, la hace digna de admiración y respeto. Quizá no sea el auditorio perfecto en cuestión de ambiente, de acústica o de luces, pero su labor y garantía están asegurados.

Como es natural, encontramos altibajos en la suma de sus días. Pero también nos llevamos agradables sorpresas, como el día en que bailó Luis de Luis o este mismo sábado pasado con la presencia de Sergio Gómez ‘El Coloraíto’ y su cuadro flamenco.

Sergio tiene buen gusto, siempre lo ha tenido; una voz rica en modulación y armonía; una apuesta que va más allá de lo convencional; un conocimiento profundo de los cantes. Toda esta investigación, que posiblemente le ha llevado toda la vida, puesto que el flamenco lo tienen presente desde que nació, al pertenecer a una de las familias con más arraigo en nuestra ciudad, ha servido para tener unas formas muy personales. Sergio conoce lo que hace y lo adapta a sus facultades. El cante no es una materia rígida a la que abrazar, sino un fluido maleable que se vierte en el molde de los cantaores que conocen sus vueltas.

Así tenemos un lenguaje nuevo para el pellizco de siempre. Como dijera López de Vega, es necesario verted vino añejo en odres nuevos. Tenemos igualmente una propuesta actual, rica en matices y en personalismos. Porque el cantaor granadino se ha sabido rodear de un grupo de músicos que entienden su lenguaje y están a la altura.

Alfredo Mesa nos está dando últimamente bastantes satisfacciones a la guitarra. Su limpieza y su fraseo; su trabajo constante; y su fijeza en los clásicos, son sus signos de referencia. Ana Calí, al baile, es cálida y precisa. Sus pies, tremendamente limpios, hablan como ningunos. Al contrabajo, Joan Massana, da un contrapunto necesario, que no se limita tan sólo a acompañar. José María Petaca, al piano, salpimenta los temas con solos de gran belleza. Y ‘El Moreno’ es de los percusionistas más efectivos y respetuosos de nuestro panorama local.

Unas granaínas ponen claro desde el principio la dulzura y posibilidades del protagonista. La zambra caracolera (La Salvaora) pronto se convierte en zambra sacromontana, ilustrada con poderío y recursos por la bailaora.

Pero, cuando la noche adquiere un carácter especial y único es cuando se aborda la farruca. Un cante que Sergio ha sabido adaptar con perspectiva jazzística y contemporánea. Como resultado escuchamos una balada flamenca moderada y sensual de gran altura.

Las bulerías demuestran el poso flamenco y el compás de este artista. Es un todoterreno que se conoce a la perfección y conoce los caminos que transita. Para terminar, unas alegrías ponen la guinda o una noche sin desperdicio. El baile de Ana Calí es inconmensurable, su entrega radical, su presencia definitiva y su zapateo redondo y efectivo.

* Ana Calí, tomada de su web©.

Lunes, 16 de Mayo de 2011 11:46 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Reconociendo a Manolo Osuna

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Como advertí, el flamenco no cesa, como el rayo de Miguel Hernández. La noche del viernes tuvo lugar el homenaje a Manolo Osuna, cantaor con la voz de pozo y la mirada infinita, aún a sus ochenta y tantos años. El festival fue en el Palacio de los Córdova, uno de los escenarios más bellos entre los escenarios bellos al aire libre de Granada.

Antes de meterme en materia, creo que debería hablar de las formas, pues, aunque todo homenaje sea bienvenido, hay detalles que enrarecen los motivos.

La primera certidumbre es que fue un acto francamente electoralista, promovido por el partido y con preferencia de los primeros ediles de la ciudad. Seguidamente, creo que fue un golpe bajo con respecto al festival de Asprogrades, que estaba anunciado desde tiempo ha ese mismo día en el Teatro Isabel la Católica. Supongo, por otra parte, que el cartel estuvo impreso antes de avisar (¿conminar?) a los artistas para que participasen, lo que explicó algunas ausencias de altura (Estrella Morente, Antonio Canales, Miguel Ochando), lo que afectó a los asistentes que habían acudido atraídos por tales cabezas…

Pero, como digo, el festival fue festival, el flamenco fue flamenco, la gente respondió en masa (unas 500 personas, cálculo), y el homenajeado se llevó el calor de la gente y un generoso aporte económico para seguir tirando. Porque Manolo, como muchos flamencos de su época, vive el momento, más vale pájaro en mano y Dios proveerá.

Como dijo Curro Albayzín en la presentación, si hubiera seguido en Sevilla y no se hubiera afincado en Granada, la tierra del olvido, sería un cantaor reconocido, a la altura de Caracol o Mairena, porque facultades tiene, porque conocimiento le sobra, porque es flamenco desde que se levanta hasta que se acuesta. Porque nuestro árbol da grandes y sabrosos frutos, pero maduran y caen al suelo ante indiferencias varias, a no ser que vuelen para ser saboreados en Madrid, en Sevilla, Barcelona o Jerez. Léase Cobitos, léase el Nene de Santa Fe, léase la saga de los Coloraos…

Muchos flamencos se acordaron en este día de Manuel Torres, el Niño de Osuna. Muchos quisieron reconocer a un vecino tan entrañable del Albaicín y del Sacromonte, así como reconocen al artista, así como reconocen al maestro. Todos lo conocen. Todos lo conocemos y nos destocamos en su presencia. Qué no se pierda su arte, qué no se apague su voz, qué el tiempo no nos venza de nuevo. Hay quien, me dijeron en el festival, está recuperando sus grabaciones y lo está haciendo cantar para mantener su testimonio. Porque aún goza de buena voz, de talento y de memoria, y, aunque ya no tenga las facultades de su gloriosa madurez, mantiene un brillo encomiable.

Es difícil hacer mención de los flamencos que pisaron el escenario de los Córdova por la cantidad y por cierto miedo a las malas pasadas del olvido, pero sí quiero destacar algunos momentos exclusivos como las seguiriyas de ‘El Parrón’, como los tangos de Marina Heredia, donde un improvisado guitarrista (Alfredo Mesa), dio una lección de profesionalidad, el baile por alegrías de Juan Andrés Maya o Angustias ‘La Mona’ por soleares.

* Manolo Osuna con Jaime Heredia "Parrón" en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, 2009 (foto probablemente de Antonio Conde para deflamenco.com).

Sábado, 14 de Mayo de 2011 11:49 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Del Japón al futuro de la guitarra

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Llevo días sin actualizar el blog, y no es por falta actividad, sino todo lo contrario, por falta de sosiego. Llevo unos días que mi tiempo no me pertenece y ya guardo demasiadas cosas que se van diluyendo en mi cabeza. Intentaré, no obstante, hacer recuento y, si no afino en los detalles, al menos expondré la esencia.

La verdad, lo confieso, me da cierta pereza rememorar en forma de análisis estos días pasados que absorbieron mi mente y casi mi cuerpo como en una abducción extraterrestre. (Lo suyo sería dedicar un post a cada una de las acciones vividas, pero ya digo, entre la pereza y el miedo de que se acumulen más aconteceres, y como una bola de nieve, cada vez más grande, ruede en avalancha arruinándolo todo a su paso, decido componer un cajón de sastre (que a veces puede convertirse en ‘desastre’) y exponerlo todo como si fuera una sola columna con aristas.)

Lo mejor será empezar por principio. Quiero dar unas pinceladas desde la noche del sábado, en la que, como siempre que puedo, hago doblete. (Tan sólo reflejaré mi actividad flamenca.)

Aterricé en primer lugar en La Chumbera, donde Eiko me había insistido, sin necesidad a que fiera a ver a sus “Cerecitas del Japón”.

Eiko cumple treinta años de relación con Granada, el baile y el flamenco. Lleva treinta años yendo y viniendo desde su país natal a este rincón de Andalucía para impregnarse de nuestro arte.

Yo nunca la había visto bailar, a pesar de nuestro contacto. De ella sabía su desmesurada afición y su disciplina. Sabía que empezó bailando con Mariquilla y que pronto se convirtió en su colaboradora. Sabía que ganó un concurso de sevillanas en la misma Sevilla (1983). Sabía que mantenía una academia en Tokio (desde 1997), muy afamada, por donde han pasado cientos de japoneses.

Su intención era traer a veinte chicas para bailar y mostrarnos que Tokio, como dije recientemente, es otra de las ciudades andaluzas. Pero las circunstancias actuales sólo han permitido que se acercaran a la península seis de sus alumnas.

En primer lugar destacaría la gracia de estas bailaoras, metódicas donde las haya. Unas más sueltas (lamento no poder dar nombres; daría colores pero nos vamos a quedar igual) y otras más tensas, su ejecución fue milimétrica y academicista. Parece que hasta las sonrisas estuvieran acordadas.

Por parejas, tríos o en conjunto, fueron abordando bailes clásicos (alegrías, tientos, guajiras y colombianas, bulerías), elevando un bastión que llenó el ambiente de oles y de orgullo.

Un momento simpático fue cuando todas, aun sin chapurrear el castellano, cantaron al unísono La Reja con tremendo desparpajo.

En cuanto a Eiko, la maestra, es un derroche de clasicismo. Lo tiene todo aprendido y aprehendido y nos recuerda a tantas… Sus bailes son completos y redondos; distendidos en apariencia, pero que no deja el mínimo resquicio a la improvisación y el duende golpea en una jaula.

Es digno de mención, por otra parte, el cuadro que las arropa. A veces los músicos de atrás son el cincuenta por ciento del éxito de una bailaora, si no más. a las guitarras se entendieron a la perfección Luis Mariano y César Cubero; al cante se complementaban, y distanciaban al mismo tiempo, Mati Gómez y Manuel Heredia.

Mis pasos se apresuraron a la salida para dirigirme a La Platería para asistir al acto de entrega de la Insignia de Oro de la peña al joven tocaor David Carmona que, tras la imposición de dicho reconocimiento, hilvanó grosso modo el concierto que le valió el Giraldillo como Artista Revelación en la pasada Bienal de Sevilla.

No desglosaré todos los temas que abordó, que, empezando por tarantas y acabando por bulerías, llenaron la peña de flamencura. Simplemente diré que nos encontramos en otra dimensión. La forma de componer e interpretar de este alumno aventajado de Manolo Sanlúcar sigue unos esquemas tan distintos, ricos y melódicos, que para mí lo sitúan claramente en el futuro de la guitarra, una vez que se quiera pasar página a Lucía, Amigo, Riqueni, Serranito y tantos otros, como éstos sustituyeron a Montoya, Manolo de Huelva o Sabicas.

Sin embargo, y es algo importante, el tocaor granadino suena flamenco, está lleno de pellizco y tocado por esa varita que sólo se pega a los grandes, que desprende ese aura exterior, que en realidad es parte de grandeza inconmensurable que encierra en sus entrañas.

Y, como buen director de orquesta, se supo rodear del cante modulado y formal de la onubense Carmen Molina (grande por fandangos) y por los respetuosos percusionistas Agustín Diassera y Miguel ‘El Cheyenne’ (así sí).

El lunes acudí a la cita inexcusable de Flamenco Viene del Sur en el Teatro Alhambra. El gran tocaor Pedro Sierra presentó su espectáculo ‘Tres movimientos, tres puñales’. Pedro es un tocaor preciso, limpio y muy armónico. Es un gran compositor, hasta desarrollar un lenguaje propio y un discurso muy agradable. En la primera parte salió solo con su guitarra, haciendo rondeñas y bulerías, granaínas y farrucas. Después se rodeó de su gente y de sus carencias y hallamos altibajos. La Tobala, su mujer, al cante abordó tientos-tangos, seguiriyas, fandangos, alegrías… También Jardana, la hija de ambos, mostró la madera verde que aún tiene ilustrando un poquito las seguiriyas y las bulerías. Y, a las palmas y coros, tres jóvenes que igualmente despuntan.

Momentos destacados del guitarrista catalán fueron sus ricas cantiñas, en las que se asomó a Córdoba, Arcos o Morón, y su abrazo a Extremadura, con sus tangos y jaleos. Al finalizar se dio una generosa pataílla por bulerías bastante simpática.

El miércoles, solicitado por una asociación de amigos de la historia, di una charla en un centro del Zaidín sobre “Los gitanos en España”. A pesar de la poca asistencia, fue una sesión completa y metódica, enriquecida con diapositivas y documentos sonoros.

Desde sus orígenes, en tierras indostánicas, me remonté hasta su arribo a la península y el transcurso de los siglos hasta la reciente expulsión de los rumanos en Francia. Y, cómo no, del origen del flamenco como cante gitano-andaluz. El interesante debate final se centró en las entretelas del flamenco y la disyuntiva del cante gitano y no gitano.

Ayer, o sea, el jueves tuvo lugar un festival flamenco en beneficio de Japón en el Teatro Isabel la Católica, en el que se acordaron grandemente también del reciente terremoto de Lorca (Murcia). Tres horas de reloj duró el evento que sin embargo fue dinámico y sabroso. Quiero destacar como positivo la masiva respuesta del público asistente, la proliferación de artistas japoneses en el escenario (algunos llegados expresamente para la ocasión), la incondicional entrega de los flamencos de granada, siempre dispuestos a echar una mano, la presencia de otros músicos llegados desde Madrid o Inglaterra, la presentación siempre sabrosa de Curro Albayzín y de Naemi Utea vestida con kimono, a la japonesa, con toda la seducción a su alcance, Juan Santos del Eshavira como promotor...

…Así, el vértigo, como digo, ocupa mis días. Esta noche, entre otras cosas, hay otro par de festivales benéficos. El de Asprogrades, en el Teatro Isabel la Católica, y el otro es un espaldarazo al gran cantaor octogenario Manolo Osuna, en el Palacio de los Córdova. El sábado se satura en las peñas, tablaos y demás. Sólo hago mención sin embargo al último festival benéfico, por ahora (y van seis en poco más de un mes), para ayudar a los enfermos del Corazón, en el que nos deleitará Juan Habichuela Jr. (otro de nuestros grandes guitarristas) en el Teatro Municipal de Alhendín. Y, aunque sea semiprivado, informaré que en La Platería cantará Tomasa Guerrero Carrasco ‘La Macanita’. Esto es nada.

* Un campamento gitano cerca de Arlés, Van Gogh (1888).

Viernes, 13 de Mayo de 2011 12:29 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Festival Flamenco a beneficio de Japón

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Granada se suma a las iniciativas solidarias surgidas en toda España para ayudar a los damnificados del pueblo japonés

El próximo jueves, 12 de mayo, tendrá lugar un Festival Flamenco en el Teatro Isabel la Católica a beneficio de las víctimas del terremoto, tsunami y escape nuclear que viene azotando a la nación nipona desde el pasado 11 de marzo.

Resulta extraño que haya que ayudar a componer a un pueblo que se ha erigido por méritos propios en una de las mayores potencias del panorama internacional. Parece mentira que acudamos al eseoese de los japoneses cuando son ellos siempre los que prestan sus recursos a las naciones desfavorecidas. Pero es así. Ningún país, por preparado que esté puede escapar de los efectos de un terremoto de dimensiones extraordinarias, más sus réplicas; de un tsunami; y de un escape radioactivo, que amenaza continuar.

Como resultado se encuentra parte del país destrozado, bastantes afectados directamente, multitud de familias evacuadas de las cercanías del reactor nuclear (20 km. a la redonda), aguas y alimentos contaminados…

Ante todo esto, la población ha sabido afrontar el drama con una abnegación admirable. La disciplina y la entereza del pueblo japonés, la reacción cívica y la actitud valiente de los ciudadanos han sido un ejemplo para el resto del mundo.

Todas las miradas se han dirigido hacia el extremo oriente, todas las manos se han alzado por tamaño desastre, todas las conciencias se han removido sabiendo donde hay que tapar heridas. La ayuda internacional se ha puesto en movimiento. Países, instituciones y ONG se han volcado con la causa, como con otros problemas globales. Pero también la ayuda individual da sus frutos, entre ellos los flamencos. Desde hace bastante tiempo existe una hermandad tácita entre el flamenco y el pueblo japonés. Si a Madrid se le ha considerado la novena ciudad flamenca andaluza, Tokio sería la décima. Japón no sólo recibe y aplaude a los artistas que llegan de España, sino que muchos de los festivales nacionales están sustentados con público nipón. Es más, en el País del Sol Naciente, proliferan las academias de baile y de guitarra flamenca, incluso de cante, y se puede decir, sin lugar a dudas, que sus intérpretes son artistas de contrastada calidad.

En Sevilla, Madrid, Talavera, Sanlúcar… ya se han celebrado festivales flamencos de apoyo. El próximo día 12, la solidaridad parte desde Granada. Artistas japoneses, afincados en la ciudad, junto a flamencos locales, ofrecerán una velada solidaria rebosante de arte y flamencura en el teatro Isabel La Católica.

Hacer una relación de los artistas que participarán esa noche puede que canse tanto al que escribe como al que está leyendo esta nota. Baste decir que todas las puertas se han abierto y voluntariamente todos los flamencos, instituciones y particulares se han ofrecido a colaborar en el evento.

De cualquier forma, por mor de la noticia y para satisfacer la normal curiosidad del lector, destacaré algunos nombres. Al cante, por ejemplo, tenemos a Jaime ‘El Parrón’, Juan Pinilla, Pepe Luis Carmona o Sergio ‘Coloraito’; al baile: Juan Andrés Maya, Iván Vargas o Pilar Fajardo; y a la guitarra: Rafael Habichuela, Juan Habichuela Jr. o Josele de la Rosa.

También habrá espacio para otras músicas, como las percusiones de Rubem Damtas, la música árabe-andalusí de Jalal Chekara o el piano de Mai Kikuchi, entrando ya en la representación oriental, que se complementa con la flauta de Lara Ushijima, el violín de Maya Yoshida, o el baile de Eiko Takahashi, Aska Shoji, Eiko Watanabe. La presentación correrá a cargo de Noemí Ueta y Curro Albayzín.

La recaudación, tanto del festival como del aporte a una cuenta habilitada al efecto (0081 0085 66 002202029), irá a parar a la organización humanitaria Rotary-Club, que colabora directamente con la Cruz Roja japonesa.

En una charla con parte de los artistas japoneses que intervendrán en el festival, ante la pregunta sobre las esperanzas del concierto, respondieron que, aparte del imprescindible aporte económico, es necesario remover las conciencias sobre lo vulnerables que somos y el futuro incierto del hombre y la energía nuclear.

* Artículo publicado en Granada Hoy el 8 de mayo de 2011.

Domingo, 08 de Mayo de 2011 13:09 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un guitarrista de oro

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Mañana sábado, 7 de mayo, recibirá el joven guitarrista David Carmona la Insignia de Oro de la Peña de La platería, un galardón que ya han recibido Enrique Morente, Manolete o Juan Pinilla, por su relación con la peña y su compromiso con el flamenco.

David Carmona es un músico particular que, más pronto que tarde, se convertirá en un guitarrista esencial en el panorama flamenco andaluz. Desde 2005 forma parte del grupo de Manolo Sanlúcar, no sólo como segundo guitarrista, sino también como fiel heredero de sus formas y su manera de componer. Según el maestro: es el referente del futuro en la guitarra. Pero además, David cuenta con una frescura y una intuición sobresalientes que, unido a un incansable estudio y un ensayo permanente, lo sitúan para un futuro próximo en la cumbre de los músicos flamencos.

El año pasado obtuvo el Giraldillo en la XVI Bienal de Arte Flamenco de Sevilla como artista Revelación con un programa redondo y creativo que le ocupó hasta cinco años de su joven vida (los mismos que ha ido acompañando a Sanlúcar).

Mañana (hoy, si lo leen el mismo sábado) tendremos a David Carmona en concierto en la peña albaicinera, en su peña, que le entregará un reconocimiento de amistad y prestigio, con el que todos los flamencos nos que conocemos al santafesino sentimos orgullosos.

* Foto: Nono Guirado©.

Viernes, 06 de Mayo de 2011 18:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Escuchando a Cobitos

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Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’

Manuel Celestino Cobos, entre los aficionados granadinos, pasa por ser una leyenda de buenas maneras y facultades innegables que, sin embargo, no ha cruzado nuestras fronteras por decisiones personales (“siempre se preocupó más del prestigio y de su felicidad personal que de la fama”, explicó Miguel Ángel González) y por limitaciones de la época (tenia una voz siempre afinada y bastante estilosa pero muy delgada como para romper en escenarios abiertos sin megafonía).

Ahora, el martes pasado, dentro del programa Patrimonio Flamenco, La Diputación de Granada, a través de su oficina Granada Universo Flamenco, ha realizado y expuesto el Documental sobre Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ en Palacio de los Condes de Gabia.

A los 25 años de su desaparición, es de ley reconocer su figura y su alcance como maestro y guía de todas las generaciones de cantaores que han surgido detrás de él.

De esta forma se ha recuperado parte de su legado como cantaor y como persona. En una jornada intensa en la peña de la Platería, un puñado de artistas jóvenes (Juan Pinilla, Álvaro Rodríguez, Esther Crisol, Ana Mochón, Iván Vílchez ‘El Centenillo’ y Sergio Gómez ‘El Colorao’ y las guitarra de Luis Mariano y Antonio La Luz) han puesto voz a sus interpretaciones, demostrando que su estela sigue viva y en buena salud.

El documental, imprescindible, de difusión gratuita, dirigido sabiamente por el flamencólogo Miguel Ángel González, nos muestra el apreciable testimonio de Curro Albayzín, Curro Andrés, Francisco Manuel Díaz, el mismo González y Ana Hermoso, nieta de Cobitos, contemporáneos, amigos y admiradores del cantaor, que van desgranando, de forma distendida y familiar, las andanzas tanto profesionales como del día a día de este hombre, rico en anécdotas, elegante como el sólo, bromista, tan casero como callejero y censor de guitarristas, a los cuales dirigía y sancionaba con una mano impertérrita en el muslo.

Sábado, 30 de Abril de 2011 12:09 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Un río de agua dulce

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Flamenco Viene del Sur

Otra propuesta arriesgada. Después de algún rodaje, desde su estreno en el XIII Festival de Jerez (2009), Ángeles Gabaldón nos trae una fluida propuesta a través de la historia del Guadalquivir, “un paseo flamenco por el Río Grande andaluz”. En principio, la idea es sabrosa y llena de posibilidades que, sin embargo, no llega a enganchar. El minimalismo corre el riesgo de convertirse en algo insustancial.

La bailaora sevillana comienza en el suelo, vestida de tierra. El río se despereza y ella, cercana a lo contemporáneo y al clásico español, va desgranando unos albores de la historia que acaban por levante. La música también es esquemática y el sonido del agua evidencia un protagonismo agradecido. Para la segunda pieza, el guitarrista Raúl Cantizano, tañe la zanfoña con habilidad. Es el momento de wadi al-Kabir de Al-andalus que Ángeles retoma cercana a la danza del vientre, recordando los años que ha trabajado con la Orquesta Chekara. Sin embargo, resulta demasiado larga, repetitiva, monótona, esta segunda entrega, como la del principio. Aciertos puntuales aplaudimos, como el vuelo del mantón y algú otro estilismo. Alicia Acuña, valiente, salta a pie de escenario y canta en árabe. Esquema que pierde todo aliciente, pues se remeda a sí misma varias veces durante el espectáculo, ya sea con martinetes, tonás o tanguillos. ¿Cuándo romperá la obra? ¿Cuándo llegará la raíz, el ritmo, el flamenco? ¿Cuándo la bailaora que levante el ánimo? Me temo que estas preguntas quedarán sin respuesta.

El momento más glorioso de la noche, sobre todo por la originalidad y el simbolismo, es el baile de un chapoteo en off. Gabaldón, con negra bata de cola, baila la cadencia y las salpicaduras del agua con una coordinación admirable.

Y, por fin, el río se desborda por tanguillos con sólo percusión de fondo. En Sevilla sólo quedan en pie “tabiques y puntillas”, donde la cantaora también baila un poquito. Es un buen intento que, como el resto de la función queda soso, denunciando definitivamente que el Guadalquivir es un río sin gracia, un río de agua dulce.

Para finalizar, el percusionista Antonio Montiel coge la trompeta e interpreta una pieza jazzística con un tempo lento (todo es lento), que la bailaora aborda con abanico, sacándole mil y un sentidos, en lo que podría tener aires de guajira. Grandeza que también se diluye en la parsimonia del erre que erre.

La coda final, ya atravesando el charco, en donde entendemos el Guadalquivir como puerta al nuevo Mundo, la guajira se hace realidad con el canto “Hasta siempre”, que el cubano Carlos Puebla le dedicó al comandante Che Guevara y popularizó Víctor Jara (cambiándole la letra, por supuesto).

* Foto de Félix Vázquez©.

Miércoles, 27 de Abril de 2011 10:26 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Más solidaridad

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Gala benéfica de la Asociación de Parkinson

Recientemente hablé del festival benéfico “Ayudemos a Carolina”, donde un grupo de flamencos se volcaba con su arte por una buena causa. Los problemas por desgracia se suceden y los achaques siguen ahí hasta la solución definitiva, si la hay, si se encuentra. Mientras tanto, colectivos e individuos, asociaciones y familiares, hacen lo posible (a veces lo imposible) para dar pasitos de esperanza.

Las enfermedades difíciles, las llamadas raras, el sida, el cáncer, el alzheimer, el parkinson… necesitan ayuda, precisan atención. Por no hablar de las guerras, los desastres naturales o el desarrollo sostenible (¿insostenible?).

Somos vulnerables y, querámoslo o no, sólo nos tenemos a nosotros mismos para retroalimentarnos con nuestro esfuerzo, para hacer la sombra de nuestro futuro un poquito más larga.

El sábado, 16 de abril, Fuensanta La Moneta se calzó vestido y tacón y acudió a la llamada de la solidaridad para apoyar a la Asociación de Parkinson de Granada; a pesar de estar recién llegada de Málaga, a pesar de haber estado dando un curso agotador durante varias horas al día.

Fue un espectáculo completo y entregado. No por ser altruista iba a ser simplemente de cumplido o de muestreo. Al contrario, la actuación fue redonda y agradecida. Incluso, el cuadro que la arropaba, salvo uno de los cantaores (Juan Ángel Tirado), llegaron de Sevilla para la ocasión. Así, Enrique El Extremeño al cante y los hermanos Iglesias, Miguel y Paco, a la guitarra, contribuyeron al éxito de la noche.

Lo de la noche es un decir, porque la función empezó a las 19,30 (tempranero para la ciudad de Granada) y acabó todavía con luz.

Para mí fue una sorpresa de gusto y emoción. A pesar de mi incondicional apego hacia esta bailaora, mi reconocimiento va ensanchándose como un mar de aceite y el estremecimiento que me produjeron sus intervenciones, sobre todo la soleá, no lo había experimentado desde hacía bastantes meses.

Un comienzo por granaínas sirve para establecer sus distancias. Ya no es una bailaora impetuosa (o no sólo eso). Ahora es reflexiva, llena de silencios, de propuestas y sugerencias. El tacón golpea en su momento y la punta rasguea la escena puntosuspenseando un todo armónico. Los pies no son la base, sino un complemento, que, junto a las manos, los hombros y las caderas, están supeditados a los ojos, que no son más que los carbones encendidos del pensamiento del arte puro que esta granadina destila.

Entre baile y baile, los músicos introducen algunas piezas como para asegurar la respiración. Desde los abandolaos primeros, incluyendo los fandangos lucentinos y los de Frasquito, hasta los martinetes finales, que comienzan con un preciosista cante de trilla, toná y martinete.

La segunda entrega de La Moneta es la soleá anteriormente aludida. Una soleá densa y concentrada, con un tempo lentísimo y lleno de razón, donde la bailaora escucha y baila cada nota, cada eco, sin ocultar nada, porque quien rebosa verdad no tiene nada que esconder.

La farruca, que aborda con pantalón y chaqueta corta, y la seguiriya, con la que se despide, aunque conocidas de otros escenarios, son igualmente eficaces y agradecidas. El mejor momento de la temporada, como digo, después de asistir a bastantes espectáculos.

* Foto de Ana Palma en el Festival de Jerez 2009 para deflamenco.com

Jueves, 21 de Abril de 2011 11:05 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Para que Carolina sonría

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Festival Flamenco "Ayudemos a Carolina"

Muy a menudo, cada vez que vemos los diarios o leemos las noticias, nos echamos las manos a la cabeza lamentando los vuelcos e injusticias de los hombres y del destino. Muy a menudo, sin embargo, nos cruzamos de brazos diciéndonos que no podemos hacer nada desde nuestra distancia, desde nuestras limitaciones.

Pero el mundo sigue girando inevitablemente con sus espinas, pero también con sus pétalos. Es nuestro deber cuidarlo para nuestros hijos. Es nuestra obligación dejar todo un poquito mejor de lo que lo encontramos.

Cada uno, según sus posibilidades, algo puede aportar, aunque sea preocupándose, firmando o colaborando. Todos vamos en un barco, que se llama planeta Tierra, y si se hunde, por catástrofes, guerras, atentados, epidemias…, todos nos hundimos con él y se hará realidad esa pintada que ilustraba una boca del metro de Nueva York: “Se suspende el futuro por falta de participantes”.

Las peticiones de auxilio son muchas. La solidaridad a veces se halla con cadenas. Sencillamente, por imposibilidad física, económica, social, no podemos volcarnos con todas las causas. Cada uno que se mire por dentro.

El miércoles pasado hubo un festival benéfico, en el teatro Isabel La Católica, a favor de una niña de cinco años, llamada Carolina, que tiene que ser operada de la vista en Estados Unidos. Los flamencos siempre responden a estas llamadas y, de forma altruista, por supuesto, prestaron su arte y su saber para el desarrollo de este encuentro en el teatro que, por suerte solidaria y aficionada, estuvo lleno.

Quise aportar mi grano de arena y colaboré en la presentación, junto con José Manuel Rojas y Antonio Vallejo, promotores de festival. Y los artistas, entre gitanos y castellanos, dieron el cien por cien de su voluntad y buen hacer, en apoyo a la causa.

Abrió la noche Fita Heredia, con su gracia festera y su voz canastera, y, con Josele de la Rosa, a la guitarra, hizo un tema a ritmo de fandangos y unas bulerías con su pataílla añadida, como marcan los cánones. Juan Pinilla, el único payo entre los cantaores, y con el mismo guitarrista, interpretó una zambra dedicada a Caracol y unas alegrías muy a su estilo, que se asoman al estilo de Calixto Sánchez.

El color del baile, para que la noche fuera completa, lo aportó la familia Vallejo, junto con la Escuela Municipal de Flamenco de la Zona Norte, haciendo un alarde de fuerza y raíz.

Jaime Heredia ‘El Parrón’, con su elegancia innata y su voz afillá, nos regaló una soleá y unos fandangos, arropado con la guitarra de Rafael Fajardo. Manuel Heredia, también con Fajardo, propuso malagueñas y abandolaos de Granada y bulerías, donde impuso su dominio del cuplé, acordándose de las de Utrera, de Bambino y de Manuel Molina.

También quiso estar presente, después de una delicada operación, Pepe Luis Carmona. Cantó soleá y fandangos, junto a la guitarra de Isidoro Pérez, presidente de la Federación de Peñas granadinas.

Para terminar, la guinda al espectáculo la puso el nieto de Juan Habichuela, que, con rondeñas y bulerías, sembró la noche de ecos sonanteros.

* Pepe Luis Carmona y Jose Manuel Rojas (foto IDEAL).

Domingo, 17 de Abril de 2011 11:43 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Zapatilla y tacón

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Flamenco Viene del Sur

Una sorpresa plástica y llena de color fue la propuesta de Rubén Olmo y su compañía el lunes pasado en el Teatro Alhambra. Su nombre, Tranquilo alboroto, es un acierto. La ambigüedad de ese nombre le viene como anillo al dedo al flamenco en general y a este espectáculo de baile en particular.

Estuve a punto de asistir a su estreno en la Bienal de Sevilla, pues coincidió que estaba en la ciudad hispalense para ver a David Carmona, pero por confusiones que no vienen al caso, no pude verlo. Desde ese momento me llegaron alabanzas y parabienes desmedidos de la función. Su éxito, unido al ‘Giraldillo’ al mejor montaje, hizo que fuera a verlo con grandes expectativas y con el espíritu abierto a la suprema creación.

Sin embargo, mis ganas se diluyeron, no por la efectividad y la redondez del espectáculo, sino por su ausencia de novedad, por su abuso de la danza clásica y la música en off y por algún número prescindible.

Rubén Olmo, con una técnica y una plasticidad increíbles, encierra el espectáculo en sus zapatillas de ballet. Dividido en siete escenas de distinta intensidad, Tranquilo alboroto se alargó más de lo deseado. Una presentación clásica sirvió para presentar al protagonista y adentrarnos en su mundo de luz y color. El manido ensayo fue la segunda propuesta, donde apreciamos las bondades del flamenco en el cuerpo de baile. El comienzo de la saeta popular que popularizó Machado “Quién me presta una escalera…”), interpretada gloriosamente por El Rubio de Pruna en forma de toná, introduce un tema nazareno, pasional, sevillano, donde Olmo es penitente y sufridor y crucificado. (En representaciones anteriores, esta escena, con banda en directo de cornetas y tambores, parece que fue estremecedora.)

Fuera de lugar me pareció una especie de homenaje a Manuela Vargas, remedando sus maneras con Rubén por mirabrás con el rostro en penumbra. Cuando acabó, un foco iluminó su cara evidenciando que era él. Muchos otros han roto vistiéndose de mujer con anterioridad y con más sal. El recuerdo hubiera ganado si es una de las bailaoras quien lo realiza, aunque le hubiera restado efecto.

Lo mejor de la noche, para levantarse y no parar de decir ole, es una Falsa farruca, montada por Israel Galván para el momento sobre el sonido de la gaita de Rubén Díez (aunque Rubén Olmo le impone su marca y condición sobresalientes). Su redondez y al mismo tiempo sus movimientos quebrados, su asimetría, su frescura y su provocación son simplemente geniales. También descubrimos, como precedente, las bulerías de Inma ‘La Carbonera’, retozando en el cuplé.

La sexta escena es un paquete flamenco, que corre a cargo de toda la compañía (bien por los músicos). Empiezan por Huelva y terminan por tangos. Una seguiriya, que baila la granadina Patricia Guerrero, es muy aplaudida con toda razón. La guajira es de una belleza conmovedora y los jaleos ricos en pasos y propuestas. Sin embargo, el diez de estas piezas breves, se lo lleva Justo Salao, diseñador del vestuario de mujer.

Para terminar, Rubén levanta El vuelo con mantón multicolor en pieza recordable.

Viernes, 15 de Abril de 2011 12:23 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El concepto de Juan Andrés Maya

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West Side Story

Lo que más me gustó fue la idea. Un montaje flamenco para estrenar en una sala de fiestas (disco-pub) que fuera dinámico, enraizado y reconocible, qué mejor que una adaptación del gran musical West Side Story (1961), traducido al castellano como Amor sin barreras (¿?).

Juan Andrés Maya tiene un concepto de la coreografía bastante popular, al alcance del espectador más básico. Es dramático y visceral. Una vasija llena que con un par de gotas rebosa de creatividad.

Capitanea un barco en el que cada tripulante tiene su papel (a veces comprimido) y lo exterioriza para mostrar una cubierta impecable, aunque los camarotes estén desordenados y del medio casco sea sentina.

Como resultado, un espectáculo propio y divertido, a medida, que rellenó la noche de sugerencias encontradas. Una función basada en la tradición Maya de arrebato y zapateo vertiginoso. Una obra cuajada de individualidades claramente destacables.

Una pincelada de erotismo, una algarabía global, la tragedia conocida, los finales interminables, la voz desgarrada de los cantaores, la rabia manifiesta… hacen un conjunto delicado que, sin embargo, le hace falta rodaje para lograr la entidad a la que Juan Andrés nos tiene acostumbrados.

La historia es conocida. El argumento está basado en la historia de Romeo y Julieta o en la de Montoyas y Tarantos, pero adaptada a los tiempos modernos y bajo el prisma del coreógrafo.

Desde bulerías, alegrías, tangos y levante anda el juego. Destacan sin embargo la farruca de Iván Vargas, reflejo de Manolete, la soleá de Juan Andrés, con sus pronunciados golpes de efecto y unas bulerías de grupo con momentos personales.

En las pantallas que rodean la sala, fotogramas escogidos de la película original, centran la atención ante una propuesta que se difumina.

* Fotograma de la película de 1961.

Jueves, 07 de Abril de 2011 11:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La guitarra sideral de Juan Carlos Romero

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Flamenco Viene del Sur

Desde la soleá primera hasta la nana con la que acabó el concierto de Juan Carlos Romero se pudieron constatar varias cosas. Primeramente trascendió el oficio de buen guitarrista de este onubense. Seguidamente se puso de manifiesto su inclinación jazzística y la abundancia de notas, quizá de más. El recital, por otra parte, fue tan delicado e intimista que resultó frío en su conjunto, sideral en su distancia. Ni las piezas más ligeras, con ayuda del resto de los músicos, llegaron a caldear el ambiente.

Juan Carlos Romero, bajo el título genérico de La música, presentó el lunes en el teatro Alhambra su último trabajo Agua encendida, que ha sido reconocido recientemente por la crítica nacional como el mejor disco de guitarra flamenca de 2010.

Unas bulerías sirvieron para presentar a la cantaora, Carmen Molina, a la que vimos acompañando a David Carmona en la Bienal de Sevilla del pasado año. También se hizo acompañar de la segunda guitarra de Paco Cruzado, que tuvo realmente poco protagonismo; del violín de Alexis Lefevre; del percusionista francés Tino di Geraldo, que ha colaborado con algunos de los grandes; y del cantaor José Valencia, uno de los mejores exponentes del cante atrás (y con el hueco asegurado alante), que nos sorprendió moderando la voz más que de costumbre e inclinación fónica a Terremoto.

Pieza de encaje fue sin lugar a dudas Agua encendida, a ritmo de soleá, que le da nombre al disco, dedicada a su mujer y su hijo. Después recordó con gran sentimiento a Enrique Morente y después, con Campana del Alonso, unos fandangos de Huelva, muy seguiriyeros, de su disco Romero (2004), rindió homenaje a su paisano Paco Toronjo, donde tomaron protagonismo Carmen Molina y Alexis Lefevre. También de este segundo trabajo haría alegrías.

Efectivos también fueron el tema libre Portaillo del zapatero, con aires de Cádiz y su delicada y breve Nana del sur, en recuerdo de su madre.

Como bis, fuera de programa, con todos los músicos en el escenario, interpretó un tanguillo de Azulejo, primera grabación en solitario, de 1997.

Miércoles, 06 de Abril de 2011 10:48 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

West Side Story por bulerías

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Musical flamenco de Juan Andrés Maya

Hoy hace dos años que desapareció Chano Lobato, el gran Chano, el ‘tito’ Chano. No quería escribir nada hoy, 5 de abril, sin acordarme del maestro gaditano de la gracia y el compás, último representante, junto a Pericón o El Beni, de esos fabuladores flamencos que añadían sal a espuertas en cada uno de sus recitales, capaz de meter por bulerías el aire de levante, según Antonio Murciano.

Se me vienen a la memoria un puñado de anécdotas de este cantaor imprescindible en la segunda mitad del siglo veinte y comienzos del veintiuno, pero será otra ocasión en la que comparta estos impagables recuerdos.

Ayer, al filo del mediodía, me llamaron para ver los ensayos del último musical flamenco de Juan Andrés Maya y su estreno esta noche en la sala de fiestas del Forumplaza (donde el restaurante giratorio).

No hay que insistir mucho. Donde se me requiere, si no me es imposible, allí estoy.

Me sorprendió que el local en realidad fuera una discoteca, que la obra fuera el clásico West Side Story, que parte del sonido fuera en off, que su estreno fuera un martes a altas horas de la noche…

Después, a la salida del ensayo, ante una cerveza, Juan Andrés me dedicó unas explicaciones.

La obra en realidad es casi un encargo. Los gestores de la discoteca querían algo más ligero, que se ajustara un poco al espacio, y no un flamenco tan puro y tan cerrado. Como resultado, bajo la perspectiva de Juan Andrés y el tiempo en el que vivimos, tendremos algo más moderno, que aprovecha algunos de los cortes del musical, como América, América o algún tema más de cabaret que bailan sobre la barra.

Aparte, algunos temas propios, se han compuesto basándose en la historia, como una fresquísima bulería, una farruca (Iván Vargas), una soleá “un poco más moderna” (Juan Andrés), alguna balada flamenca o temas plenamente jazzísticos.

Otro de mis temores era el lugar. Si una discoteca era el sitio apropiado para presentar una función flamenca. Anteriores espectáculos, me dicen, se han realizado con éxito, con un silencio y un respeto entre el público asombrosos.

Con esta obra, el bailaor y coreógrafo granadino se embarca nuevamente en una crónica de amor, uno de sus motivos, después de El fantasma de la ópera que bien mirado es otra historia de amor.

Para la función cuenta, como es habitual, con sus familiares (Rafi, Iván, Alba, Rocío, Eli, Estela…), con el guitarrista Pepe Maya ‘Marote’ y con el cantaor Juan Ángel Tirado, con quien hacía tiempo que no contaba.

Antes de acabar, pregunta obligada de entrevistador, me interesé por futuros proyectos. Además de mover sus últimos montajes como El fantasma de la ópera o La pasión de Cristo, contratadas en Italia, tiene pensado hacer un trabajo sobre Elena Martín Vivaldi… y hasta aquí puedo leer. No quiso desvelar nada más.

* West Side Story se presenta esta noche a las 23,00 en Forumplaza de Granada.

Martes, 05 de Abril de 2011 01:05 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Distinto humor

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Dentro del extenso homenaje que le dedica la Diputación de Granada al maestro Enrique Morente, el martes hubo un recital semi improvisado de Chico Ocaña para rendirle su personal tributo. Digo semi porque en principio iba a venir la Joven Orquesta Zarabanda a ocupar la plaza y el músico de San Roque tan sólo iba a ilustrar con un par de temas el final de la velada.

Para bien o para mal, el solista de Mártires del Compás ocupó todo el espacio. Para bien, porque fue un concierto divertido, creativo y descaradamente fresco. Para mal, porque no pudimos ver a estos jóvenes recreando los cantes de Morente.

Antes de empezar, habría que tratar un punto peliagudo por no tener solución. La sala de conciertos del Palacio de los Condes de Gabia es pequeña, no llega al centenar de localidades. El patio que antecede al teatro se habilita con una pantalla, pero amplía el espacio quizá para otras cien personas, siendo generoso. Sin quererlo, estas propuestas se truecan elitistas pues, al ser gratuitas, siempre queda gente en la calle. Y no hay nada qué hacer. Y no se puede cambiar el invento. Quizá no sea el foro adecuado para determinados eventos. No sé.

Chico llegó con su humor gaditano, con su decir surrealista, con su pasada ironía. Como si tuviera que demostrar quién es. Como si tuviera que salpimentar a un público menos cómplice que a lo que está acostumbrado.

Como resultado, varios comentarios fuera de tono más que ganar adeptos, sirvieron para distanciar anhelos. Declaraciones sobre la mala follá granadina, sobre la inutilidad de los críticos de flamenco o ligerezas sobre el desastre de Japón, lo colocaron en una posición que no pretendía.

También tuvo palabras elogiosas para el ronco del Albaycín y alguna anécdota personal que comulgó con el sentir de los presentes.

Por otra parte, el sonido andaba algo descompensado (las guitarras demasiado fuertes) y una voz rozada, con su aguardiente característico, terminó ahogada y más cercana a la casquería que a la holganza (cosas del directo y del atropello).

Todo el recital estuvo ilustrado con un montaje de repetidas diapositivas que se iban proyectando detrás de los artistas. Unas fotos sin sentido que, queriendo dimensionar el concierto, lo que hicieron es llenarlo de caspa y confundir las intenciones.

Acompañado por las espléndidas guitarras y las voces auxiliares de Chemi López y Marco Aguilar fue exponiendo temas de su último trabajo, Canciones de mesa camilla (Arena en el Reloj, 30 metros, CCC, Efervescente…) y otras de nueva creación como Tengo un pendrive, La fruta o la impagable Bécquer no quiero Bécquer, versionando el clásico de Los Amaya, después de haber confesado que la poesía del vate sevillano le había hecho mucho daño.

Terminó la velada haciéndose acompañar por el guitarrista granadino Ramón del Paso, cantando muy malamente las Alegrías sin sal, también del disco aludido, y remató con unas bulerías dedicadas a Morente y su libertad de pensamiento y creación.

El Vals de Natalia sirvió de bis en una noche que puso de manifiesto la efervescencia de un poeta urbano, surrealista y descarado, que supo levantar a un público algo frío.

Sábado, 02 de Abril de 2011 12:07 volandovengo #. Flamenco Hay 7 comentarios.

Un final inesperado

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II Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada

La Diputación de Granada, cogiendo el testigo que dejó en su día Pepe Guardia, pero que alimentó también desde su tribuna Juan Bedmar e Inmaculada López, han apostado por fomentar el flamenco de la tierra desde la base, desde la cantera y la promoción, que se deduce desde el brote de los jóvenes artistas hasta el apoyo e impulso de las peñas de nuestra provincia. Desde su titular, María Asunción Pérez, esta institución ha creído en el flamenco, no sólo como fuente de vida, sino también como poso indiscutible de nuestra identidad como andaluces y su particularidad como granadinos.

Con esta visión, entre otras actuaciones (como la ayuda para la grabación de discos), se organiza un premio de promoción de flamencos incipientes en nuestro territorio. Este año se cumpliría su tercera edición si no se hubiera ninguneado incomprensiblemente el primero de estos concursos. O sea, entre finales de 2010 y principios de 2011 se desarrollan las semifinales y la final del “II Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada”, en sus tres modalidades, cante, toque y baile.

Este sábado, 26 de marzo, coincidiendo con mil ofertas, tiene lugar la final de esta competición en la villa de Peligros, localidad cercana a Granada, en su destacado teatro Pablo Neruda.

La relación de los participantes y sobre todo de sus interpretaciones es lo menos ilustrativo, pero por mor de la constancia, daré paso a este listado.

En el apartado de guitarra intervinieron, Josele de la Rosa, interpretando tarantas y alegrías; Rubén Campos, rondeñas y soleá; y Jorge Espejo, granaínas y farrucas. Entre los cantaores concursaron Cristián Delgado, haciendo fandangos de Granada (aunque él dijo de Frasquito) y seguiriyas; Alicia Morales, con la soleá de Pepe el de Jun y Bulerías de Jerez; e Iván ‘Centenillo’, granaínas y seguiriyas. En la modalidad de baile, por último, compitieron Francisco Vílchez, proponiendo alegrías; Agustín Barajas, solea por bulerías; y María Sánchez, que se inclinó por levante, rematándolo por tangos.

Ni que decir tiene que cada bailaor trajo su cuadro (guitarra, cante y compás) y cada cantaor se arropó con su guitarrista que normalmente fue el de la organización, Ramón del Paso.

Como presentador ofició Juan Pinilla que hizo un alegato sobre flamenco, juventud y compromiso muy acertado. Y, mientras el jurado deliberaba, tuvimos las actuaciones de los premiados del pasado año, José Fernández a la guitarra y Lucía de Miguel al baile (Esther Crisol no pudo asistir por su avanzado embarazo), demostrando el acierto de su victoria.

Ser jurado de un premio siempre es delicado. Máximo si el nivel es alto. Máximo cuando juzgas la entrega total, la ilusión y posiblemente el espaldarazo de confianza para seguir avanzando con un mínimo de estabilidad.

Sin más demora, paso a relacionar los ganadores (“con un premio de 2.500 euros cada uno”). Como mejor bailaor, indiscutible, de la edición, el premio recayó en Agustín Barajas; Jorge Espejo fue el vencedor en el apartado de guitarra; y la modalidad de cante inexplicablemente quedó desierta.

Yo he sido jurado, no sólo de flamenco, sino de poesía, de cuento y de otras modalidades artísticas, y sé lo difícil que es, y sé lo mal que se pasa, y conozco el hilo tan fino que une un puesto con otro. Así no quiero juzgar a nadie y menos de tachar de erróneas algunas decisiones. Digamos que nunca llueve a gusto de todos y lo que otros ven yo no lo veo y que a veces los sentimientos nublan la vista.

Tan sólo, en un plano personalísimo, me gustaría hacer una reflexión basada en parámetros marxistas. A cada uno de le debe exigir según sus posibilidades y se le debe ofrecer según sus necesidades. Siendo éste un concurso joven, en el que se trata de alentar nuestro futuro, premiando el esfuerzo del que empieza, no entiendo cómo el capítulo de cante quedo estéril.

Estuve presente en el concurso, como cien, doscientos o trescientos más, y llevamos tiempo observando, escuchando y aplaudiendo las actuaciones y los logros de Iván, de Alicia y de Cristián y, si querer polemizar, permítanme que me asombre de su nulidad final.

Podría estar de acuerdo o no en el resultado de la votación, pero la ausencia de cosecha, después de haber abonado y regado y fumigado, me parece de un rigor desmedido.

Lunes, 28 de Marzo de 2011 12:09 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Cabos sueltos

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Llegados a este punto, me doy cuenta que he ido dejando por el camino más de un evento que, habiendo asistido a su manifestación, no he podido reseñar. Si espero en hacer una crónica de cada uno de ellos, corremos el peligro de que caduquen en el tiempo y, sobre todo, en mi memoria, que tirita ya de tan delgada. Así, pretendo anotar los cuatro o cinco acontecimientos pasados que rondan por mi cabeza y pugnan por pronunciarse, aunque sea brevemente.

Pido perdón, no obstante, a los artistas referidos por no poderles dedicar una plana completa, que es lo que se merecen, y sin embargo que entren a formar parte de este batiburrillo coral, para poner al día este blog más cronológico de lo que me gustaría.

Mi retraso se remonta a una semana, pero llena de acontecimientos. En primer lugar, el jueves, 17 de marzo, pudimos ver en La Platería el baile desenfadado de Pilar Fajardo.

Para empezar, y para que cunda genéricamente, diré que, mientras el sonido ha mejorado sensiblemente, las luces de La Platería no le hacen justicia a los actuantes que allí se presentan, sobre todo a los que se dedican al baile. Llenan sus caras de sombras y su cuerpo de radicales claroscuros que castigan al artista a la planitud del blanco y negro.

Hacía tiempo que no veía a Pilar bailando por derecho y me gustó la perspectiva. Creo que coge un sendero bueno en el que debe profundizar. Su belleza innata colabora en un baile completo que implica desde la punta de los dedos alzados hasta el tacón. Sin embargo, no le vendría mal emprender un vuelo cercano y abandonar el vicio diario del tablao; ver nuevas propuestas; ampliar horizontes.

Fajardo bailó por levante, rematadas por tangos, como se está acostumbrando, y soleá por bulerías. Gusta su roneo en los cantes de Granada y convence su eficaz entrega.

Es de destacar, por otra parte, el solo que se hizo Sergio Gómez ‘Colorao’ en uno de los descansos de la protagonista. Fueron unos cantes de labor, sin guitarra, que encerraban el cante de siega y trilla, la temporera y una coda bellísima llamada aceitunera.

El viernes, en la misma peña, se presentó el libro Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte de Curro Albayzín, con presencia e intervención, aparte del emocionado autor, de Manuel Pimentel, Pedro Benzal, Jerónimo Páez y Miguel Ángel González. Un libro imprescindible, único en su exhaustividad y precisión, escrito por el máximo conocedor del barrio y su paisanaje.

Tras los interesantes discursos y explicaciones, tuvo lugar una semi improvisada ronda de tangos con parte de los flamencos del Camino. Con temor de equivocarme, hago memoria y repaso el escenario recordando a los que bailaron que van desde el mismo Curro hasta su hermana Tere, Raimundo Heredia, Manolete, Juan Andrés Maya, Jara Heredia, Iván Vargas, Alba Heredia; cantando, Rafi Heredia, Antonio Campos y ‘El Centenillo’; y a la guitarra, ‘El Chonico’. Haciendo compás, también andaba Francisco Manuel Díaz.

Por esa presentación no pude ir al Palacio de los Condes de Gabia, donde se viene realizando el ciclo de Morente Trovador, donde cantautores recuerdan al maestro en su propio recital. Ese día, como digo, no pude ver a Juan Trova y sus sentidas propuestas, entre las que cantaría un poema mío que musicó hace ya algún tiempo.

Tampoco pude asistir a la actuación de Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra, en la peña ‘Frasquito Yerbabuena’ de Cúllar Vega; ni cuando actuaron el sábado en la peña de Illora; ni este sábado que acudirán a ‘La Parra’ de Huétor Vega.

Siguiendo el programa, el sábado, estuve en ‘La Chumbera’ viendo a Rafaela Gómez y a Rafael Santiago ‘Habichuela’, en un flamenco muy de aquí, muy del monte. Rafael tiene un toque muy sacromontano y muy limpio, algo grave, representante indiscutible de la saga familiar. Rafaela pasa por ser una de las mejores cantaoras de atrás de la tierra. Alante tiene también sus cosas que decir, destacándose en el cuplé. A la percusión ‘El Moreno’, hijo de ambos, que a los postres se echó un bailecito con sus imperdonables zapatillas de deporte. Al baile, la infatigable Isa Vega con su apuesta visceral, a corazón abierto.

Después del pellizco gitano, en La Platería actuaba Adrián Sánchez, bailaor de oficio, arriesgado en su manifiesto y cuidadoso en el pago. Su juego de pies, técnica y versatilidad son admirables. Y, aunque el tablao se le quedaba chico, dio buena muestra de su trabajo. Entre el público bastantes de sus alumnos.

El domingo me agradó asistir al espectáculo De Sur a Zur. Un encuentro flamenco entre Andalucía y Sudamérica en el Apeadero. Propuesta novedosa, a la par que arraigada en las formas granadinas, de fresca formación. Al cante Mati Gómez, que también baila, con su reconocido eco flamenco y su templado paladar. Al baile Juana 'la Cilantro', que también canta, con regocijo en sus revueltas. (Esta bailaora actuará el sábado 26 en La Chumbera.) A la guitarra un preciso Rafael Soler, en la percusión la clave de Gustavo Reyes, al violín Andrés Pérez García el contrapunto necesario para aunar las dos orillas de charco, y al compás la sal precisa de Eva Manzano. Sus entregas fueron (que aquí sí tome nota), fandangos de Granada, granaínas, tientos-tangos, fandangos de Huelva. Tras este establecimiento andaluz, la sorpresa llegó por tanguillos, interpretando La Maza, un tema del cubano Silvio Rodríguez de su disco Unicornio de 1982. De aquí pasamos al tango argentino, con la aportación del violín, unas alegrías y unas bulerías como remate.

La idea está bien y la puesta en escena también. Quizá un poco verde todavía y falto de dimamicidad. Con unas cuantas más representaciones, la obra será dignamente exportable.

Estos días, como es lógico, no me he podido asomar a otros escenarios, que propuestas no faltan. El lunes, como saben mis lectores, viajé a Madrid, a la ceremonia de entrega de premios ‘Flamenco Hoy’ 2010 en el Teatro ‘Lara’; el martes presenté un recital de Poesía y compromiso, también reseñado en estas páginas, al cual volveré un día de estos; y el miércoles, o sea, ayer, me encontré en el Liberia cantando a Sergio ‘Colorao’, con ‘El Pirata’ a la guitarra flamenca, el guitarrista israelí Dan Ben Lior a la eléctrica y ‘El Cheyenne’ en la caja.

* Portada del libro de Curro Albayzín.

Jueves, 24 de Marzo de 2011 12:40 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Entrega de los Premios Flamenco Hoy

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No voy a redactar el desarrollo de una ceremonia realmente espesa de palabras, aplausos y pasmosa parquedad. No es de mi interés comentar el desfile de galardonados que pasaron por la palestra para recoger su trofeo, en forma de placa grabada sobre metopa de madera, y sus palabras más o menos ensayadas; ni mucho menos los nombres de los galardonados, de los que di buena cuenta en el artículo anterior. Sí, sin embargo, deseo compartir algunos detalles que creo trascendentes.

Este año, 2011, se cumple la duodécima edición de esta entrega. Con más o menos presupuesto, con más o menos luces y lentejuelas, la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco se reúne una vez al año para reconocer el trabajo de los artistas más destacados, según apreciación de los más de una cincuentena de miembros de dicho colectivo, en el año precedente.

La inmensa mayoría de los premiados, tanto en esta edición como en las pasadas, valora sobremanera este reconocimiento por venir de quien viene, de los que ven, analizan y evalúan el flamenco continuamente.

Es anecdótico que el artista, tan acostumbrado a los escenarios, sienta un nerviosismo evidente a la hora de recoger su placa y dirigirse al respetable. Como cuando ‘La Tremendita’ sube a por su recompensa al Mejor Disco de Cante Revelación.

Tácitamente toda la ceremonia estuvo dedicada a Enrique Morente. Comenzó proyectándose la última grabación del maestro para El barbero de Picasso, la obra de Borrachina. Estremecedor.

Después, algunos de los galardonados lo recordaron en su agradecimiento y le dedicaron el trofeo. Tales fueron los representantes del Centro de Arte Flamenco y Danza Española ‘Amor de Dios’ que recibieron el Premio de Honor de este año;  o Gerardo Núñez como Mejor Productor de Disco.

Me quedo no obstante con las palabras que dijo Blas Vega, destacadísimo flamencólogo, a la hora de conceder uno de los premios: “Morente es uno de los pocos genios que ha tenido el flamenco”.

Para terminar, me gustaría destacar la apostura de Marina Heredia, su elegancia y saber estar, en el momento de recoger su reconocimiento al Mejor Disco de Cante y el gran aplauso que cerró esta feliz velada.

Después, entre tanto crítico y fotógrafo, los protagonistas no se pudieron librar de un puñado de entrevistas, grabaciones y fotografías. Al posado de Marina llegué a los postres, cuando todos recogían, aunque quise llevarme un trocito en el móvil. Ella se dio cuenta. Ya distendida, vino a mí, regalándome la instantánea, movida e irregular, que precede estas líneas.

* La ceremonia de entrega de los Premios Flamenco Hoy tuvo lugar en el Teatro Lara de Madrid, el lunes 21 de marzo de 2011.

Miércoles, 23 de Marzo de 2011 11:23 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Marina Heredia gana el premio Flamenco Hoy

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Marina es el mejor disco de cante editado en 2010, según la crítica nacional

Juan ‘Habichuela’ es la mejor guitarra de acompañamiento

La cantaora granadina Marina Heredia acaba de obtener el premio ‘Flamenco Hoy’ 2010 en la modalidad de ‘Mejor disco de cante’, que concede todos los años la Asociación Nacional de Escritores Especializados en Flamenco (a la cual pertenezco).

El tercer trabajo discográfico de la cantaora albaicinera, llamado simplemente Marina (del que hice una apasionada reseña), tras varias jornadas de reflexión, se ha alzado con el beneplácito de todos los que tienen algo qué decir de flamenco en nuestro país en periódicos, radios, televisiones e internet.

La Asociación reparte doce premios entre los flamencos más destacados en el año precedente. De esos doce galardones, la modalidad de cante, reflejada en una grabación, es el más prestigioso, buque insignia de dichos premios.

Durante un año se graban decenas de discos de cante flamenco. De esos trabajos, se terminan seleccionando tres, que pasan a una especie de semifinal. La votación última, a veces ajustada por la calidad de los cedés seleccionados, se hace pública mundialmente unos días antes de la entrega de premios.

Marina Heredia “competió” en la final con dos monstruos del cante, desgraciadamente desaparecidos. Tales fueron Fernando Terremoto, por el disco póstumo de su mismo nombre, y Enrique Morente, por su segundo trabajo recopilatorio, “Morente+Flamenco”.

Otros seleccionados en estos premios son: Mejor Guitarra de Acompañamiento, también el granadino Juan ‘Habichuela’, reconocido en el disco Entre viejos zarzales de ‘Cancanilla de Málaga’; Mejor Disco de Guitarra Solista, Juan Carlos Romero por su trabajo Agua encendida; Mejor Disco de Cante Revelación, Rosario ‘La Tremendita’ por A tiempo, después de competir con De la fuente de Esther Crisol; Mejor disco Instrumental, el pianista Abdón Alcaraz por Reykiavik, que también acaba de ganar el premio ‘Filón 2010’, en el Festival del Cante de Las Minas 2010.

El Mejor Bailaor ha sido Israel Galván, tras un reñido encuentro con Manuel Liñán y Marco Flores; y como Mejor Bailaora se reconoce a su hermana, Pastora Galván, que desbancó nada menos que a Rocío Molina y Olga Pericet.

El Mejor DVD es Coplas del querer de Miguel Poveda; el Mejor Productor de Disco es Gerardo Núñez por el disco Mezcle de María Mezcle; el Mejor Libro seleccionado ha sido Historia social del Flamenco de Alfredo Grimaldos; la Mejor labor de Difusión del Flamenco en medios “jondoweb.com”; y la Mejor labor de Promoción del Flamenco recae en la empresa madrileña ‘El Flamenco Vive’.

La ceremonia de entrega de premios ‘Flamenco Hoy’ tendrá lugar el próximo lunes, 21 de marzo en el Teatro ‘Lara’ de Madrid con la presencia de todos los galardonados y casi el centenar de miembros que componemos esta Asociación.

Sábado, 19 de Marzo de 2011 10:04 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Esperanza y Granada

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Flamenco Viene del Sur

La verdad es que lo recibimos con muchas ganas. El cante desnudo de Esperanza Fernández, después de algunos días de experimentación, cayó como agua de mayo. Sus “Raíces del alma” fueron un recorrido sentimental por la vida de la artista y su continuo agradecimiento a la ciudad que la acogía.

Su acierto y obstáculo fue al rodearse por dos guitarristas de Granada. Su inseparable Miguel Ángel Cortés, con el que lleva ya una década, con su sonido contemporáneo y seguro; y el nuevo valor de David Carmona, con un sonido trabajado y flamenquísimo. Sanlúcar destilado. El soniquete fue tan grandioso (de ahí su acierto) que la cantaora debía sobreponerse a cada instante (de ahí su error).

Por lo demás, un recital redondo, completo, a su medida. Una velada sabrosa, a pesar de los momentos desafinados y el exceso de grito, que comenzó valientemente cantando a capela la Nana de los Luceros de David Peña Dorantes, al que le dedicó el primero de sus sentimientos. Su eco flamenco es reconocible y su presencia, vestida de blanco asimétrico y fular coralino, rotunda.

Para la soleá, con solo compás (José Manuel Ramos y Jorge Aguilar), homenaje a las de Utrera, necesitó que una guitarra escondida le diera el tono varias veces.

Miguel Ángel comenzó unas seguiriyas rítmicas, a su estilo, planeando con riquísimos arpegios para retomar el punto clásico necesario para que Esperanza, vestida de mar, con bata de ola, dejara su cante gitano; para continuar buscándose con las cantiñas del Pinini, ya acompañada por los dos guitarristas.

En el ecuador del espectáculo, evocó la figura de Morente, diciendo que fue él quien creyó en ella, en el año 84, cuando todavía era la 'Niña de Curro Fernández'. Esta oportunidad vino asociada con el mundo de lo clásico. Quiso interpretar un tema del compositor Joaquín Nin apoyada en un gran armazón guitarrístico. Uno de los momentos más bellos de la noche que remató con una gavilla de abandolaos de diferente factura, asomándose a Huelva y llegando al culmen de la valentía con los fandangos de Frasquito, haciéndole un guiño a la ciudad.

Miguel Ángel Cortés, apoyado por la caja de Aguilar, interpretó a solas un aire de fiesta de gran categoría esperando a la cantaora que retomó la bulería con Manolo Reyes, que ya grabara en su disco Recuerdos de 2002.

El himno de los gitanos, Gelem, gelem, sonó ceremonioso y espectacular con los arreglos de guitarra de David Carmona.

El remate de la noche desembocó plenamente en el terreno de la artista y su barrio de Triana. Los tangos del Titi fueron poderosos. Las guitarras, que inevitablemente se asomaron al Camino, espectaculares. Las bulerías “arremansás” de Lebrija, con su poquito de cuplé y su poquito de baile y su pizquita de sal, fueron la mejor guinda para un concierto recordable.

* Foto de Paco Sánchez©.

Miércoles, 16 de Marzo de 2011 10:38 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un verano para quedarse en casa

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No me refiero a la crisis, que cae recia, sino a la oferta flamenca de este verano, de la que ya tenemos un sugerente anticipo.

En junio, para poner un punto de partida, comienza nuestro periplo. Aparte de las últimas representaciones en las peñas (La Platería, Luis Habichuela, la Parra o Frasquito Yerbabuena) y los coletazos finales de la fiel Chumbera (todos los sábados hasta el 25 de junio), comienza el Festival Internacional de Música y Danza como los Reyes Magos, o sea, cargadito de regalos.

El domingo 26, tenemos la actuación de Estrella Morente, en el Palacio de Carlos V, con toda su carga emotiva, la cabeza bien en alto y el testigo bien sujeto.

Y, ya metiéndonos en julio, el martes 5, en el Teatro Isabel la Católica, contaremos con la presencia de Rocío Molina. Recientemente galardonada con el Premio Nacional de Danza 2010, que expondrá su reconocido trabajo Oro viejo.

Por último, el siguiente martes, Eva Yerbabuena, con su Ballet Flamenco, en el Teatro del Generalife estrenará la obra Federico según Lorca que se mantendrá en cartel durante todo el mes de agosto en el ciclo conocido sobre Lorca y el Generalife.

En julio también comienzan Los Veranos del Corral, que presenta su décimo tercera edición, un encuentro cuidado, intimista y grandioso, tanto en formato y tratamiento como en contenido. Este año está dedicado exclusivamente al baile joven, tal y como empezó. Razones presupuestarias han redundado en este “recorte” que, particularmente prefiero, pues los programas dobles (pues siempre debía haber baile junto con la guitarra o la voz) a veces se alargaban en demasía, desvariaban la intención o evidenciaban su diferencia cualitativa.

Belén Maya inaugurará este patio, el lunes 18, seguida por Isabel Bayón al día siguiente. Mercedes Ruiz actuará el miércoles 20 y Rafaela Carrasco el jueves 21.

La siguiente semana, de lunes a jueves, intervendrán Manuel Liñán, Patricia Guerrero, Milagros Menjibar y Concha Jareño.

En agosto, continuando con el Corral, veremos las propuestas más jóvenes. El lunes, primero de mes, abrirá camino la onubense María Canea; el martes le toca el turno al sevillano David Coria; el miércoles el catalán Nacho Blanco; y el jueves a los granadinos Raimundo Benítez y Agustín Barajas.

En la última semana, del 8 al 11, conoceremos un Certamen de jovencísimos del Instituto Andaluz de la Juventud; a La Chone; a Marco Flores; y, para cerrar a Fuensanta La Moneta, como sello indiscutible de esta casa.

Aparte de esto, tendremos las propuestas del FEX, las de cine y los recitales flamencos y de fusión del Museo-Cuevas del Sacromonte, los distintos festivales de la provincia y los cursos exclusivos que oferta el Carmen de las Cuevas, con profesores de reconocido prestigio: Rocío Molina (del 18 al 22 de julio), Mercedes Ruiz (del 25 al 29 de julio), Adela Campallo (del 1 al 5 de agosto) y Manuel Reyes (del 8 al 12 de agosto).

* Cartel de Los Veranos del Corral 2011, elaborado por Nono Guirado©.

Sábado, 12 de Marzo de 2011 13:27 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ópera prima

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“Venero”, proyecto discográfico de Álvaro Rodríguez

Venero viene de vena. El Diccionario de la Real Academia recoge su entrada como manantial de agua en primera acepción y como tercer significado es el origen y principio de donde procede algo.

Venero se llama el primer trabajo discográfico del cantaor orgiveño Álvaro Rodríguez. Un disco minucioso y arriesgado. Una carta de presentación para el momento y un proyecto de futuro.

Da la casualidad, la experiencia así lo demuestra, que los cantaores granadinos tienen una doble labor, una doble exigencia heredada. En primer lugar es necesario demostrar sus dotes y facultades, tanto de voz como de oído. Por otra parte, se impone el requisito de evidenciar el alma y sobre todo una cabeza bien amueblada.

Empezando por Morente, pionero en estas lides, que, según Gamboa, sabe lo que canta y no se limita a cantar lo que sabe, hasta las últimas grabaciones locales que han llegado a mis manos, como pueden ser los trabajos de Marina Heredia o Esther Crisol.

Es un salto al vacío sin conocer de primera mano si hay red que amortigüe la caída, es una operación a corazón abierto, es un desnudo público preso de todas las miradas.

Venero es un disco valiente donde Álvaro se traspasa. No sólo hace lo que sabe hacer, sino que, como el actor que se cambia de ropa rápidamente entre escena y escena, afina y afila cada corte del cedé como si fuera el único tema por el que va a ser conocido.

Con el asesor Sergio Cuesta rebusca cantes y compone letras: con el guitarrista Rubén Campos, “alma del disco”, arregla ritmos y propone músicas que vuelan libremente mientras un hilo imprescindible las aferra a la raíz.

Como resultado, nueve cantes que conforman no sólo un disco, sino toda una declaración de intenciones. Comienza con unos tangos pegadizos de factura propia. Rescata a continuación unos cantes de molino que escuchó a su abuela, con acertados arreglos. Aplaudo también en este cante los coros de Sergio Gómez ‘Colorao’ y José Cortés ‘El Pirata’, que pueden pasar como algo marginal, pero que le imponen una dimensión orbital, como después veremos en el remate de la seguiriya, en los tangos o en las bulerías.

Se declara morentiano en las alegrías y en el resto del trabajo hasta llegar expresamente a la soleá, a compás y sin guitarra, con la que se cierra el disco dedicada “Al maestro Morente”. Sólo este tema bastaría para encumbrar a este cantaor en las referencias inexcusables del cante actual granadino.

Las granaínas, de Bernardo el de los Lobitos, juegan a ser clásicas, pero se asoman a las costas de Málaga y se abandolan en la segunda parte abriendo la estructura a nuevos aires fandangueriles. Es reconocible y agradecida la guitarra clasicista de Ramón del Paso.

Personalmente, sin embargo, me quedo con las seguiriyas que marcan el ecuador del disco, ortodoxas en su concepto, pero con ese soniquete morentiano, tan extendido como eficaz, que las acercan sin discusión a todos los paladares.

Otra sorpresa es el romance de Zaide, que cantara con afección tonal el ‘Chozas’ de Jerez y otras propuestas mairenistas. Álvaro se hace acompañar por un toque de fiesta y liga los tercios ofreciéndola como un producto contemporáneo.

Las bulerías tienen un fresco concepto musical, uno de los logros de Rubén, donde se aporta una guitarra eléctrica, como en los tangos apareció el contrabajo de  Cuni Montilla. Y los fandangos, que le dan nombre al disco, quizá demasiado arcangelianos, tienen ese aspecto coral con que nacieron los de Huelva.

Por último, debería mencionar las percusiones exactas y respetuosas de Miguel ‘Cheyenne’ y Manuel Vílchez; el zapateado de Rocío Cabrera en las alegrías; y los jaleos y palmas de Antonio Gómez ‘El Turri’ y José Cortés ‘El Indio’.

* “Venero” se presenta este viernes, 11 de marzo, a las 20,00 horas en el Palacio de los Condes de Gabia. La entrada es gratuita.

Jueves, 10 de Marzo de 2011 13:39 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un paso más en el vacío

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Flamenco Viene del Sur

La belleza sin igual de las escenas de Questcequetudeviens?, que podíamos traducir ¿Cómo te va?, no ocultan lo enigmático de una obra marginal, bien alejada del flamenco. La Compagnie 111, dirigida por Aurélien Bory, hace un trabajo minucioso e intimista, cargado de oníricos golpes de efecto que embelesan tanto como difuminan el norte.

El lunes pasado, salí del Teatro Alhambra con una satisfacción encontrada. Por un lado, una función de impecable factura saturaba mis sentidos. Por otro, el foro inapropiado para presentar esta obra llegaba a desorientar.

Y van dos. Flamenco Viene del Sur comenzó ajeno y prosigue aferrándose con alfileres a lo que se entiende como flamenco. Sin embargo, vuelvo a decirlo, este espectáculo en otro contexto habría arrasado.

¿El problema cuál es entonces? El problema sigue siendo el de siempre: no se puede vender el ensayo y la vanguardia, la experimentación y el virtuosismo contemporáneo (o no exclusivamente), en un ciclo donde debe prevalecer el flamenco de raíz. ¿O no? Quizá debamos cambiar el concepto y hablar de que el flamenco crece con la vanguardia final.

Era normal, aunque no justificado, nunca justificado, el comentario del público durante el espectáculo. Un personal tan sorprendido como decepcionado que, a los postres, como digo, se llevó una gran impresión.

El anuncio de la obra estaba calificado desde un primer momento como danza contemporánea, así sabíamos prácticamente a qué atenernos. La bailaora Stéphanie Fuster, con una buena base y una plasticidad admirable, lleva el peso de un espectáculo más hermético de lo deseado. José Sánchez, a la guitarra, mantiene un ritmo constante, a veces monótono, con un tempo laxo. Alberto García, desgrana una seguiriya durante toda la velada que impone el pulso dramático del argumento hasta terminar, según el programa, con el “auto-sacrificio auténtico” de la bailarina (pues la llama bailarina no bailaora).

El comienzo es lento y desconcertante. Fuster, con un vestido rojo exento a su persona, interpreta el reiterado latido de la guitarra, con momentos sorprendentes y otros próximos a la contorsión. Acaba con el vestido como peineta, como gran paso procesional, al que una saeta lo ilustra.

Un camerino, como bungalow de fábrica, cobra protagonismo, en el que Stéphanie, de calle comienza sus ensayos. Es una escena repetida, que ya hemos visto en Belén Maya, Isabel Bayón o Rocío Molina, pero nunca desde fuera, como simples espectadores de un teatro en el teatro, lo que le imprime un carácter más encorsetado.

Mientras suenan alegrías y bulerías comienzan los estiramientos y las posturas frente al espejo, hasta llegar a un zapateado frenético donde la cabina se convierte en sauna y se va llenando de vapor. Una vaharada que se va condensando a la par que ella juega con la luz y las sombras, con el azogue y con el cristal empañado que nos da la cara y la huella de su impronta esférica.

La seguirilla, siguiendo repertorios de Carmen Linares, se irá descomponiendo hasta el final. Advertimos un buen timbre y una voz melodiosa, con su pellizquitos, en la persona de Alberto. Más dificultoso “bailando” a su vez con el guitarrista en las sillas de ruedas como de escritorio. Interacción que, francamente, se podían haber ahorrado.

Toda la parte final es apoteósica. Del camerino/sauna empieza a salir agua llenando un pequeño estanque donde la protagonista interpreta las seguiriyas. Entre el chapoteo y las salpicaduras se crean momentos de verdadera hermosura, reforzado por el reflejo de la bailaora en la charca y el taconeo amplificado y el juego de luces, que no nos queda más que aplaudirlo de principio a fin.

Todo se va amortiguando, se va apagando, va “muriendo”, con una toná, con ella tumbada exhausta en el charco donde el cisne cantó.

Miércoles, 09 de Marzo de 2011 11:34 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

…como en el cielo

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Misa flamenca en homenaje a Cobitos

No deseo hacer una crónica ni balance ni mucho menos crítica de la misa que se ofreció ayer, 5 de febrero, en homenaje a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, en la iglesia de San Pedro y San Pablo, a los 25 años de su muerte. Tan sólo quiero insertar un apunte para dejar constancia del suceso.

Manuel Celestino, aunque nacido en Jerez, fue un cantaor Granadino por derecho y adopción. De voz menuda, pero con muchísimo gusto y siempre afinada, a él se le debe entre otras cosas la adaptación de la soleá apolá, originaria de Triana, que cantaba Antonio Silva ‘El Portugués’ y ha trascendido como soleá de Granada.

Su familia inmediata, sus nietas, sus compañeros, granadinos de origen, han promovido, con ayuda de la Federación de peñas y otros amigos del flamenco, un discreto reconocimiento a uno de los más grandes flamencos que ha dado esta tierra, lamentablemente con menos trascendencia de la que se merece.

La iglesia estaba llena de flamencos y aficionados, algunos compañeros directos del maestro Cobitos, la familia en pleno y cinco cantaores (Curro Andrés, Arturo Fernández, Juan Pinilla, Ana Mochón e Iván ‘Centenillo’) y dos guitarristas (Francisco Manuel Díaz y Antonio de la Luz).

Ilustrativa, parca, respetuosa y notable fue la intervención de este grupo de artistas locales, con una intervención puntual cada uno en la salve (soleá apolá), el padrenuestro (campanilleros) o la paz por tientos.

Una belleza marginal que habría que promover, tanto como su grabación, que hace años que no aparece ningún disco con esta apuesta. Recuerdo, a voz de pronto, la de Morente en 1991, la de Paco Peña en 2000, la de Arrebola en 2005 o la de Fosforito en 2006 (reedición).

Como anécdota, digna de mención, aparte de que fui con mi niño (que no se aburrió demasiado) fue que el sacerdote, después de los dos primeros cantes, siguió diciendo la misa con un ritmillo acompasado, proponiendo su salmodia particular.

* Fachada de la iglesia de San Pedro y San Pablo tomada de la web artehistoria.

Domingo, 06 de Marzo de 2011 12:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Ni flamenco ni del sur

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Flamenco Viene del Sur

Algunas veces cuesta más escribir que otras. Hay espectáculos que prefería pasar por alto por su ambigüedad, inmadurez o desacierto. Sin embargo, me lo impongo, mi labor como crítico me inclina a pronunciarme, sobre las funciones trascendentales como este ciclo invernal.

Con la obra “Tripolar”, de los bailarines contemporáneos Marco Vargas y Chloé Brûlé, se inaugura en la ciudad de Granada Flamenco Viene del Sur, una obra tan intimista como incomprensible.

Antes de empezar con un somero análisis, sin embargo, deseo manifestar algunas declaraciones en forma de preguntas. ¿Por qué, siendo éste el día de inauguración, no asistió ninguna de las autoridades de la cultura local? ¿Por qué, aparte de mí, ningún crítico, ni oficial ni oficioso, acudió a cubrir el espectáculo? ¿Por qué la primera propuesta del festival, el banderín de enganche, fue una obra tan contemporánea y deslavazada?

Cuando voy a ver flamenco, sabiendo que es una apuesta novedosa y rompedora, nada convencional, que trasciende la esencia –quien me conoce bien lo sabe-, me siento con una mentalidad abierta hasta lo indecible y actitud de compromiso con la creación y el mestizaje más allá de lo conveniente en un amante de la verdad.

Así, el sábado 26, ocupé mi localidad en el Teatro Alhambra para impregnarme de la propuesta de estos jóvenes danzantes. Él de aquí, ella francesa. Lo primero que vimos fue el escenario abierto, sin telones ni bambalinas que ocultaran la tramoya. Particularmente me gustó ver el esqueleto del Alhambra lleno de cajas y escaleras.

La música en off se impone (primero arabizante, después clásica y eléctrica) y los bailarines empiezan a actuar. Hay momentos bellos donde la expresión corporal es delicada, donde la complicidad es auténtica, donde los pasos son exactos.

Ya está. Ahora que rompa, que la obra se defina, que cuente algo, que se inmiscuya en el flamenco y le saque punta. Pero nada de eso. El espectáculo no tiene ni pies ni cabeza, son escenas sobre escenas que no cuentan nada, sin argumento deducible, a pesar del programa de mano que habla de tres bloques, de tres cerebros, de las tres etapas de la vida de un hombre…

El peso específico se centra en el cante de Juan José Amador, que se levanta de un somier y no para de cantar mientras actúa (este somier tomará vida el resto de la obra, como la pobre guitarra que surgirá más adelante). El cantaor sevillano canta a capela copla, seguiriyas, fandangos, bulerías… con voz potente y acertada a veces, planteando una comicidad forzada hasta parecer ridícula (atiéndase a la parodia con guitarra de Parilla, Manuel Molina, Cepero y “yo mismo” o cuando canta a una maceta o cuando baila con mantón).

Los bailarines, nada flamencos (aunque Marco tiene una trayectoria considerable), hilvanan escenas de buena factura pero sin sentido. Juegan con las cajas, las escaleras, el somier, la guitarra, la sábana… y sobre todo con su cuerpo flexible y completo.

Lo que en otro contexto hubiera sido válido, en este escenario era, cuanto menos, inaudito.

Miércoles, 02 de Marzo de 2011 11:09 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Los retratos que hablan

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Expresión y sentimiento. “Flamenco en La Platería”

Exposición fotográfica de de Antonio Idígoras

Pocito de nieve / en un manantial había / mientras más profundo el pozo / más clara el agua salía. A cada retrato lo acompaña una letrilla que en líneas generales puede defenir el momento del personaje. Así, esta soleá apolá se asocia a la foto de Carmen Linares, que muy bien podría estar cantándola.

Orillado en el retrato de Arcángel se leen unos fandangos de Huelva y bajo Calixto Sánchez unos tientos y serán tangos de Graná los que escoltan a Curro Albayzín y tarantas a Juan Pinilla. De esta forma, el etcétera continúa hasta veinticinco, veinticinco actores en primer plano, veinticinco figuras en acción, veinticinco flamencos en plena entrega en su recital, tan cercano como divino, en el templo de La Platería.

Otras instantáneas había de los expuestos y de otros cientos de personajes que han quedado fuera, reconoce Idígoras, pero ha querido seleccionar lo “más auténtico”. No busca la belleza, ni siquiera la calidad formal, sino el sentimiento, ese momento de éxtasis congelado que trasciende el plano de la naturalidad.

Los retratados aprietan los dientes o tuercen la boca, cierran los ojos y comen con la mirada, estiran la cara o la engurruñen como una pasa, para decirnos que hay algo más que lo que vemos, que el cuadro que nos mira es cuerpo pero también es alma.

Antonio Idígoras (1943), maestro de profesión y músico por amor, lleva como aficionado al flamenco más de quince años retratando con pasión a todos los artistas que pasan por el escenario de La Platería, peña de la que es socio. Hermano de Tere ‘La Cabrera’ y cuñado de Curro Albayzín, lleva el flamenco por bandera y aportando lo mejor de su objetivo a la peña que nos da cobijo todos los sábados para ver a lo más granado del panorama flamenco.

Nunca se le pasó por la cabeza que pudiera exponer. Sus fotos son tan privadas como su humildad. Los amigos, en cambio, viendo la fuerza y la profundidad de su trabajo, le animaron a mostrarlo al público. Mariano Sánchez Pantoja le brindó el local.

Resultado: coincidiendo con la primera de las actuaciones de Flamenco Viene del Sur, se inaugura la puesta de largo de los retratos de Antonio que quedarán expuestos en el Teatro Alhambra hasta el mes de junio.

Curro Andrés, Aurora Vargas, La Moneta, Pansequito, Miguel Ángel Cortés, Toñi Fernández, Sergio Gómez, Iván Centenillo, Juan Andrés Maya, Ana Mochón… son otros de los flamencos retratados.

“He querido captar con mi cámara la expresión del sentimiento que nace cuando el intérprete nos ponen los vellos de punta, con el toque, el cante o el baile”, dice el fotógrafo en su carta de presentación. Y es verdad que los retratos hablan, laten, su viveza los anima y son reconocibles. Cada personaje es inconfundible en su desgarro. La foto, como juez definitivo, le hace una contundente justicia.

Y esto se logra tan sólo con la mirada atenta y con el espíritu flamenco del mejor aficionado que no es nada menos que el profesional Antonio Idígoras Arroyo.

* Alba Heredia© en la foto seleccionada.

Lunes, 28 de Febrero de 2011 12:40 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Fuensanta La Moneta en Montejícar

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Ayer viernes, 25 de febrero, la bailaora granadina Fuensanta La Moneta participó en un encuentro con los alumnos de último curso del Instituto de Enseñanza Secundaria de Montejícar.

Durante algunas semanas, los chicos de quince y dieciséis de dicho Instituto, dentro de un ciclo sobre “Flamencas” que se desarrolla todos los años coincidiendo con la festividad del Día de Andalucía, han estado sumergiéndose en la vida de Fuensanta, sus precedentes, su aparición en prensa e Internet*, sus influencias, etc., para recibir en el día señalado la presencia de esta bailaora, comprobar su cercanía y comentar con ella algunas de sus inquietudes.

El proyecto de acercar el flamenco al Instituto y de acercar el Instituto al flamenco (pues tanto se beneficia el estudiante que la estudiada), sabiamente dirigido por su titular en lengua inglesa, Paco Julio, gran aficionado al flamenco, nació ya hace casi una decena de años, pero con presencia de la artista invitada lleva poco más de la mitad. Exactamente un lustro, por el que han pasado Marina Heredia, Eva Yerbabuena, Belén Maya, Estrella Morente y, en esta ocasión, Fuensanta La Moneta, con un éxito tan grande como marginal. Todas las flamencas que han recalado por estas jornadas destacan la sencillez y la intensidad de la iniciativa y terminan agradeciendo al centro haber sido convocadas al acto.

Dos horas ha durado este encuentro, en el que ha estado presente, además del personal del centro, encabezado por su jefe de estudios, la alcaldesa de la localidad, Remedios Moraleda Santiago, mostrando su compromiso con la enseñanza y con el flamenco en particular (en Montejícar se convoca un concurso anual de cante).

La Moneta se ha puesto las zapatillas de andar por casa y ha respondido con tremenda sencillez todas las preguntas y algunas más, sobre su vida y su profesión, que los alumnos tenían preparadas para esta charla. La granadina ha abierto su corazón y su conocimiento a los chicos en este diálogo, donde se le ha preguntado sobre su oficio y dedicación sobre todo. La respuesta más contundente tuvo que ver con el estudio y a la constancia. Si alguien decide dedicarse al flamenco debe ser perseverante y no dejar de trabajar. Yo, humildemente, apunté que es necesario estar al día. Acudir a los espectáculos, ver por donde va el flamenco en la actualidad, aprendiendo unos de otros.

También dio un consejo y es que se bailara si salía de dentro, que sin ganas no se debería bailar. Aunque, añadió, a veces interesa bailar incluso sin tener ganas.

En cuanto al sobrenombre de ‘La Moneta’ se debe al mote con que tildan a la familia de su madreen su pueblo, Guadahortuna, ‘Los Monetes’. Decidió adoptar este alias por herencia y sobre todo por amor a su abuela, a la que se sentía muy apegada. Casualmente Guadahortuna se halla muy cerca de Montejícar.

Al final de la entrevista, a petición de una alumna con facultades para el baile, según nos dijeron, La Moneta, se arrancó un poquito por tangos, mientras todos los demás marcaban el compás a las palmas.

Tras este encuentro con los chicos de cuarto curso, en el patio se reunieron el resto de los alumnos del Instituto para hacerse fotografías y firmar decenas de autógrafos.

Termino, al igual que el año pasado, por si alguien con poder lee este artículo, que esta actividad debería cundir por los pueblos de nuestra provincia, acercando así el flamenco a quien no tiene oportunidad, sobre todo desde que somos Patrimonio. Es una iniciativa beneficiosa para todos.

* Entre otras cosas, han centrado su investigación en el contenido de este blog.

** En la foto de Miguel Ángel Molina, La Moneta en medio de los estudiantes montejiqueños.

Sábado, 26 de Febrero de 2011 18:56 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Se digitaliza el archivo de Mario Maya

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Un tren que hemos dejado pasar, más por despecho que por falta de oportunidad, es el de salvaguardar la memoria de Mario Maya, el de vindicar su figura como el granadino de excelencia que fue realmente.

Sin embargo, en Sevilla y en Córdoba, sí lo tienen presente por medio de la Fundación, que encabeza su hija, la también bailaora, Belén Maya.

No son tiempos para alardes y grandes propuestas. La imaginación y el trabajo personal tienen que primar ante el desembolso y la ayuda oficialista. Pero, con largas conversaciones y un espíritu fuerte, se van dando pasitos para acercar una meta que, en este caso, es la del recuerdo y el trabajo de quien fue el creador del baile flamenco contemporáneo.

En estos días pasados (22 de febrero de 2011), el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata, y la directora de la Agencia Andaluza del Flamenco, Mª Ángeles Carrasco, han presentado el convenio con la Fundación Mario Maya para la digitalización de la obra del bailaor y coreógrafo.

Su legado histórico, artístico e intelectual, que va desde vídeos de sus propios bailes y obras, hasta cintas de audio, pasando por entrevistas y reportajes en los que fue invitado a participar, así hasta superar el millar de imágenes gráficas y audiovisuales, constituirá un instrumento impagable para todo aquel que se quiera acercar a la figura de Mario, al flamenco, a la danza o al arte de nuestro tiempo en general.

Todavía no es tarde para volver a decir que Granada tiene una deuda sentimental y de reconocimiento para con Mario Maya. Es hora de volver la vista y dar unos pasos hacia atrás para abrazar con el mejor de los deseos las sugerencias de esta Fundación.

Lamentablemente, Enrique Morente se ha reunido con Mario Maya y nos miran desde arriba, hermanados en la muerte y en la grandeza, y, remedando a Unamuno, parece que exclaman: ¡Nos duele Granada!

* Foto: Luis Castilla© para flamenco-world.

Miércoles, 23 de Febrero de 2011 11:13 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Más sobre Morente

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El martes, después de una fructífera reunión con la directora de la Agencia Andaluza de Flamenco, nos encaminamos al Teatro Alhambra donde se presentó el programa granadino de Flamenco Viene del Sur a celebrar en dicho espacio escénico desde el día 26 de febrero hasta mediados del mes de mayo.

Ciclo éste que no encierra ninguna sorpresa, aunque hay apuestas por descubrir. Mucha danza contemporánea (las dos primeras sesiones) y esquemas rompedores a los que ya estamos acostumbrados y, si no responden a una lógica coherente inmersa en la raíz y desarrollo del flamenco, cansados.

Sólo Esperanza Fernández tiene visos de ser ortodoxa, todo lo demás trasciende los esquemas tradicionales, convirtiendo el programa en un arma de doble filo. Hay dos días de guitarra: el 4 de abril con Juan Carlos Romero y el 9 de mayo con Pedro Sierra. Sus nombres son un marchamo de calidad.

Por mi parte, aunque acudiré a los nueve espectáculos con sumo interés, me inclino por descubrir la propuesta en solitario de Ángeles Gabaldón, el 25 de abril, que la he visto bailar varias veces con la Orquesta Chekara con resultados dispares. La que me dejó entusiasmado en un comienzo, me decepcionó en su última intervención (eso sí, acababa de ser madre y seguía resentida). Necesito sacar esta espina.

Pero, sobre todo, estoy interesado en ver a la compañía de Rubén Olmo, el 11 de abril, que presenta la obra “Tranquilo alboroto”, que ya triunfó en la Bienal de Sevilla y no pude asistir por los pelos. En su cuerpo de baile, si no ha habido modificaciones, está la bailaora granadina Patricia Guerrero, que tan buenos momentos nos ha dado y nos depara.

Nunca me han defraudado, por otra parte, las propuestas de Choni (21 de marzo) ni el baile minimalista, a veces demasiado desnudo, de Andrés Marín (16 de mayo).

Ahora, se me ocurren varias preguntas y fugaces respuestas. ¿Por qué, salvo casos puntuales, siempre vemos a los mismos artistas en este ciclo? ¿Por qué la presencia granadina es tan escasa? ¿Por qué el trozo más grande del pastel se queda en Sevilla y sus zonas de influencia?

No deseo poner en tela de juicio a la Agencia y sus maneras, después de conocer que la selección de participantes para Flamenco Viene del Sur se hace por convocatoria pública, aunque sí puedo pensar en el gusto localista de los miembros del jurado.

Sin embargo el problema es otro. Si se presentan 200 candidaturas de espectáculos para participar en este ciclo y se eligen las 33 de “más calidad y proyección” para cuarenta y tantas funciones, teóricamente, todos están en el bombo. No tengo todos los datos, pero no creo que de Granada compita más de un tres por ciento de producciones, como mucho un cinco por ciento. Fuensanta ‘La Moneta’ y Marina Heredia han sido seleccionadas para actuar en Huelva. Ya sé que las queremos aquí, pero por bien de todos es mejor que rompan en otros escenarios. (Lección que debería aprender más de un artista local.)

El problema, como digo, es la falta de industria. Si en Granada se impulsara el ensayo, la creación y la puesta en escena; si hubiera apoyo y financiación para proponer espectáculos de altura; si tuviéramos perspectiva histórica y sobre todo comparativa; si en lugar de cinco o diez funciones granadinas hubieran competido veinticinco o treinta… El problema es el de siempre. El particularismo de nuestra ciudad, al tiempo que nos ennoblece, nos anquilosa para no levantarnos jamás. (Ojala me arrepienta de estas palabras.)

A lo que iba. Me llamaron de la radio (Onda Cero) para ver si podía acercarme para dar mi opinión sobre algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo sobre Enrique Morente. Encantado llegué bajo aguacero impertinente y hambre acuciante a los micrófonos que me reclamaban.

La liebre la levantó una supuesta recogida de firmas para hacerle una escultura a Enrique, aunque parece que el Ayuntamiento ya tenía prevista esta intervención con firmas o sin ellas. Al igual que lanzaron la intención de celebrar, bajo el nombre del maestro, una Bienal de flamenco en Granada. También han dado en llamar a la sala de La Chumbera, Auditorio Enrique Morente.

De todo opiné. Creo que Morente, su memoria, no es exclusividad de nadie y patrimonio de todos. Cualquier iniciativa que se realice honestamente en su nombre y para salvaguardar su gloria es bienvenida. Otra cosa es el homenaje institucional que juega con el dinero y la conciencia del pueblo.

Enrique, ya lo dije, no se puede convertir en moneda de cambio ni mucho menos en arma arrojadiza para medrar o derribar a los que no se han subido al carro. Debemos ser respetuosos con la persona, con el recuerdo, con la obra y con la familia.

Todos desean hacer algo en su honor, y es encomiable. Pero muchos ocultan sus pasos para ser únicos, originales o para poner zancadillas y ganar votos, ya sean cuantificables o cualificables.

En caso de que deseemos ser serios y coherentes, deberíamos abrir un debate público donde tenga cabida todo el mundo, de todas las tendencias y de todos los colores, puesto que Enrique fue universal. Cuando todas las ideas estén en la palestra, un “comité de expertos” en amplio sentido, o sea, personas cercanas al artista de igual manera versadas en el arte, la sensibilidad o el cariño, que puedan decidir.

Porque Morente no se merece una estatua al uso, sino una apuesta vanguardista, rompedora, conceptual, a su altura, que no refleje tan sólo al maestro por fuera, sino sobre todo por dentro.

La Chumbera debería seguir siendo Chumbera o Auditorio Manolete o, revisando y enmendando tuertos, Centro de Estudios Flamencos Mario Maya, pero no Auditorio Enrique Morente. Qué tenía que ver Enrique con el centro local y esquinado de La Chumbera. Qué dimensión cantaora destila esta sala, que es más bien una apuesta bailable, para que el mayor cantaor de estos últimos decenios le dé su nombre.

Dediquémosle una plaza asolada en el Albaicín, como propuso Juan Carlos Friebe, con un “pocito inmediato donde beban las palomas” y se incida en su carácter abierto y que reciba todos los vientos.

Un festival de gran formato sí que se le debería hacer, pero no una Bienal, que en Granada no funcionaría (como pasó en Málaga), sino un encuentro permanente que, año tras año, reúna no sólo a lo mejor del flamenco local y foráneo, sino la muestra de todas las artes en las que se sumergió Morente, desde el rock, el tango, el jazz o el son hasta la polifonía y las voces Búlgaras, desde la poesía hasta la pintura…

No trunquemos el vuelo del maestro, no seamos provincianos y pensemos desde su altura, que ahora nos contempla.

Lunes, 21 de Febrero de 2011 11:37 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Primavera Flamenca de Tokio

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Por qué me voy tan lejos, os preguntaréis algunos, después de llevar una semana sin poner una nimia letra en esta dirección.

No he actualizado el blog, en primer lugar, porque he tenido una semana de vértigo. Durante los días pasados no he parado entre flamenco, reuniones y poesía y no he tenido lugar para echarle un rato a esta bitácora tan mía como vuestra.

Así se me han acumulado acontecimientos de diferente intensidad que no creo que les dedique demasiado, pues sólo de pensar en recordarlos me entra una tediosa pereza.

No obstante, haré mención de algo de lo pasado a modo de inventario. El sábado 5, actuó el Parrón en La Chumbera y su cante dejó el buen sabor de boca que acostumbra, aunque su aparición fue bien escasa (se rodeó de un nutrido cuadro que lo arropaba). Destaco de esta velada el baile enraizado y preciosista de Angustillas ‘La Mona’.

Esa misma noche tuvimos a Miguel Ochando en La Platería, que también estuvo corto. Es una delicia su toque y su guitarra más canora no puede ser. ¡Agua clara! Su alumno aventajado, Álvaro ‘Martinete’, dio una lección de altura, defendiendo su vuelo. Sonó casi mejor en solitario que a dúo con su maestro.

El domingo 6, subimos a la Romería de San Cecilio, patrón de Granada, al Museo Cuevas Sacromonte. Allí actuaron un grupo de profesores y alumnos de la escuela Carmen de las Cuevas. No lo vi todo, pues me retiré tras unas cervezas para comer en el valle, pero me impresiono la evolución del baile de Raimundo Benítez.

El lunes 7, ya lo anuncié en estas mismas páginas, tuvimos la presentación del “Cartón”, de poesía flamenca, de Juan Carlos Friebe, en el que oficié de maestro de ceremonias. Cantó por soleá, siguiendo los patrones del poeta, David Sorroche, y se despidió por tangos, al cual estamos muy agradecidos. Recitó, como no, el mismo Juan Carlos y leyó un poema introductoria en ‘dialecto’ siciliano el calabrés Daniel Cundari.

Del martes 8, ya os contaré. El miércoles, sin embargo, me asomé al Liberia a ver a Miguel Barroso, defensor del cante serio donde los haya, y a Pepe Agudo, a la guitarra, con muy buena voluntad pero que no está a la altura. Debería ir peldaño a peldaño y no subir las escaleras de tres en tres.

El sábado 12, estuve dando un taller teórico sobre el flamenco y el Sacromonte, paseando por el Camino, a una veintena de monitores de scouts. Y, por la noche, presenté la Semifinal de cante del II Concurso Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, en la localidad de Monachil. Me perdí a las hermanas Urbano, Judit (con un disco reciente) y Patricia en La Chumbera y a Miguel Lavi en La Platería, lo que estaré lamentando durante mucho tiempo.

Y, el domingo, o sea, ayer, descansé, viendo que todo lo que había hecho era bueno.

Ahora, por qué hablo de Tokio. Resulta que la productora granadina Teatro de la zambra y la productora japonesa Iberia han suscrito un contrato para promover el primer festival flamenco de Tokio durante los días 28, 29 y 30 de abril, y el 1 de mayo en el Teatro Sinjuku Bunka Center de Tokio. Estas productoras, con el apoyo del cantaor Enrique 'El Extremeño' han configurado un cartel con ocho figuras relevantes del baile flamenco actual. La mitad de la programación la ocupan figuras del baile granadino. He aquí la noticia.

Junto a Farruquito, Olga Pericet, María Juncal y Alfonso Losa, estarán Fuensanta La Moneta, Patricia Guerrero, Manuel Liñan y Luis de Luis. En la comitiva irán algunos otros granadinos como el guitarrista Emilio Maya. Son, sin lugar a dudas, nuestros mejores representantes, que elevarán varios enteros el nombre de Granada en la capital nipona. Este programa cuenta con la ayuda de la Agencia Andaluza del Flamenco.

* Tokio de noche.

Lunes, 14 de Febrero de 2011 11:07 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Apostilla al Festival Homenaje a ‘Cobitos’

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Para no alargar innecesariamente con cuestiones paralelas el artículo anterior sobre la clausura del III Circuito Provincial de Peñas Granaínas, dedicada a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’, he guardado estos apuntes para un aparte.

Para empezar quiero compartir las buenas noticias que nos trasmitió Pedro Benzal, Delegado de Cultura de la Junta de Andalucía en Granada, en buena conexión con la Diputada de Cultura, Mª Asunción Pérez Cotrarelo.

Es posible que un par de reuniones históricas que tuvimos a principio de 2010 estén dando resultado. En definitiva se intentará vestir de largo el flamenco granadino, tomando carta de identidad, siendo heredero de su pasado y responsable de su futuro. Esto quiere decir que retomaremos, en cierta medida, el concurso del 22, reflejando su espíritu y preeminencia en 2012, después de 90 años (nunca es tarde); que habrá otra reunión antológica el 15 de febrero para poner “orden” en este mundo; que en el festival de agosto sobre el Generalife y Lorca, veremos este año, durante más de 30 días, a la compañía de la bailaora granadina Eva Yerbabuena, sacudiéndonos varios años de caspa.

Una cosa que no trascendió en este Festival de Peñas, que ya dije en el artículo anterior, es que ‘Cobitos’ estaba en papeles, pero no trascendió a la escena. Se impone recuperar su figura, recopilando sus cantes en una antología digna y haciendo una publicación sobre su memoria y anécdotas Empecemos por él a cuidar a nuestros mayores, a nuestro pasado.

Como último punto de esta apostilla, me gustaría reflexionar sobre algunas letras que se cantaron durante la velada. Además del acerbo popular, quizá sin saberlo, trascendieron otras letras que se pueden denominar cultas, pero que han pasado a ser de dominio público. Así, José Fernández recordó a Juan de Loxa en sus cantiñas; Rafael Almagro ‘El Rubio’ cantó un poema de Ángel Ganivet por abandolaos; Manuel Palma ‘El Zahoreño’ interpretó a Manuel de Falla en la soleá; José Balao trajo a Lorca por milongas; y Miguel Barroso, al mismo autor, en los tangos morentianos; por último, Curra Andrés, también por milongas, recitó a Manuel Benítez Carrasco.

Martes, 01 de Febrero de 2011 11:02 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un poco de lo bueno

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Clausura del III Circuito Provincial

“por las peñas de Graná”

Homenaje a Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’

El protagonista evidente de la velada fue el resfriado. La mitad de los cantaores estaban tocados por los virus de este invierno alterno. Que, aunque si bien estuvieron a la altura, sus facultades quedaron mermadas.

De cualquier forma, los tres o cuatro puntos deseables para la consecución de un festival estuvieron cubiertos. En primer lugar, los cantaores seleccionados para el Circuito Provincial de peñas tenían un nivel y trayectoria meridianamente reconocible. Del mismo modo, los guitarristas podían ser fácilmente de primera plana. El sonido estaba cuidado y la dinamicidad bien conseguida. A pesar de convocar a tantos artistas y que durara tanto, en ningún momento llegó a cansar. Parte de este éxito se debe a un buen presentador.

Quizá lo más flojo de la noche fuera el baile que rompió el hielo. Con un cuadro más que decente, en el que destacó la voz de Mati y en el que había violín y travesera, Eva Manzano propuso tientos-tangos evidenciando su inmadurez. José Fernández, con su hijo a la guitarra, impuso su buen gusto y mesura en las cantiñas y en fandangos reivindicativos con los que terminó. Rafael Almagro ‘El Rubio’, arropado por Ramón del Paso, comenzó con soleá y se marchó con abandolaos. Su voz estaba afectada.

Tomás García, el más joven de la noche (14 o 15 años), algo nervioso pero bien modulado, cantó malagueñas de Chacón y soleá por bulerías. Manuel Palma ‘El Zahoreño’ acarició la soleá y fue valiente por fandangos en los que se acordó de Morente. Luis Millán lo acompañaba a la guitarra.

Totalmente recuperado, José Balao, quizá de las mayores sorpresas, acompañado por Ramón, dominó en la caña tradicional y en la Baladilla de los tres ríos por milongas. Miguel Barroso, con Milán, se acordó también de Morente recreando El lenguaje de las flores. Terminó con la granaína de Chacón. Estaba en forma.

Por último, Curro Andrés, también afectado pero controlando, tuvo temple en el Carcelero, carcelero caracolero y en unas milongas con letra de Benítez Carrasco: El niño que todo lo quería ser.

Una noche agradable, dedicada con toda justicia al gran cantaor granadino ‘Cobitos’, con su familia presente en el patio de butacas. Sin embargo, ninguno de los presentes se acordó de Manuel Celestino, ni en sus cantes ni en su dedicatoria.

* En la foto: Jose Fernández, padre e hijo.

Domingo, 30 de Enero de 2011 17:57 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

El choque de dos herencias

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Maravillosa Alba Molina. Ya la vi en directo en el FEX de Granada hace un par de años. Su música era un flamenquito ligero, con mucha rumba, mucha salsa y mucho funky.

Hace una semana fue a Jaén a verla de nuevo, en la Universidad Popular, dentro de la segunda edición del ciclo "Con nombre propio... ELLAS". Alba Molina abría esta serie, el miércoles 19, bajo el epígrafe de Puro Flamenco, lo que me emocionó en un principio, aunque no me lo creí demasiado. Que el fruto mimado de una de las parejas más creativas del panorama flamenco español se dedicara a cantar por derecho era todo una primicia, todo una sorpresa de buen augurio para este año recién estrenado.

Pero no. Alba Molina seguía mezclando las músicas del mundo, incluido el rap, con una voz y un fondo aflamencados. En primer lugar mi desilusión era evidente. Después simplemente no lo consideré flamenco y gocé. Disfrute de la artista, de su puesta en escena, del sonido decente, del guitarrista.

Presentó su último trabajo y algunos otros éxitos de su breve carrera, como la notable versión del Te quiero mucho. Sólo al final, a petición del público, se atrevió por bulerías. Su raíz se impuso. Descubrimos a la gitana que lleva dentro. Se acrisolaron por unos momentos el choque de dos herencias, la intensidad de los Molina, la sal de los Montoya. Sin embargo, el guitarrista, que me había parecido sobresaliente durante toda la actuación, en el fin de fiesta se quedó francamente corto.

De cualquier manera, me alegré de haber asistido. Aunque pienso que, con Alba Molina, el flamenquito no gana mucho, pero en el flamenco perdemos un buen referente, aunque no tenga el carisma de su padre, aunque carezca de la dulzura afinada de Lole Montoya.

* Fotografía in situ de Nono Guirado©.

Miércoles, 26 de Enero de 2011 13:11 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Quién es quién

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Los retratos de Paco Sánchez

Existe una anécdota de Picasso, recreada cien veces, que más o menos cuenta que la escritora estadounidense Gertrude Stein a principios del siglo XX le encargó un retrato al artista malagueño. Éste, después de varios intentos infructuosos, le enseñó el cuadro definitivo. La mujer se quejó diciendo que no se le parecía. Picasso tan sólo le respondió que ya se parecería. Efectivamente, ahora cuando consultamos la biografía o la obra de la autora norteamericana, es precisamente por este retrato que la conocemos.

Salvando las distancias, pues hablamos de fotografía, y sin experimentos arriesgados, Paco Sánchez lleva retratando a los flamencos y a sus allegados desde hace varias decenas de años. En ellos no sólo capta la imagen, sino también la personalidad del retratado.

El fotografiado abandona el marco y se nos presenta para decirnos, sin necesidad de palabras, quién representa, a qué se dedica e, incluso, su estado de ánimo.

La labor de este fotógrafo es milimétrica, concienzuda y metódica. Como un coleccionista de mariposas, no duda en pasar días y días en el campo en busca de su objetivo. Como resultado, tenemos en la obra de Paco Sánchez el mayor catálogo actual de las figuras del flamenco. Es un directorio sentimental. Y, todavía más, al evocar a cualquier cantaor o cantaora, a cualquier personaje, se le recordará no como es o como era, sino como lo fotografió este artista sevillano.

* Paco tiene una web: www.expofoto.com/flamenco, y tiene un blog: cosasenlavidadepaco.blogspot.com

Viernes, 21 de Enero de 2011 11:31 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

El gusto de Antonio Campos

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Este sábado ha tenido lugar en la Peña La Platería la primera actuación flamenca de este año 2011, con la presencia del cantaor local Antonio Campos, arropado por la guitarra de Rafael Santiago ‘Habichuela’.

Con la voz sensiblemente afectada, el recital fue recortado, pero de un gusto exquisito. Antonio es un cantaor que se ha hecho a sí mismo. Formado en el flamenco de atrás, domina el sentido del ritmo. Su inquietud y constancia le llevan a no poner freno a sus estudios y audiciones. Investiga y ofrece en sus conciertos un repertorio poco convencional tanto en sus formas como en las letras seleccionadas. A su presencia se le añade el doble valor de escuchar a un cantaor de altura, con una buena dosis de conocimiento e investigación.

Rafael Santiago tiene ese toque ancestral y sacromontano imprescindible en nuestra tierra, con esa herencia ‘Habichuela’ en los ligaos, en el rasgueo y en los silencios que lo sitúa en el espacio. Es más acompañante que concertista, aunque sus arpegios son sobresalientes. El tiempo le ha dictado la belleza de la lentitud. Es el guitarrista, que por sus maneras y por su involuntario estudio psicológico, cualquier cantaor quisiera tener a su lado.

Por levante comienza su actuación. Se templa con una minera clásica y culmina con una taranta de igual corte tradicional. Apuesta seguidamente por unas bellas cantiñas cordobesas, alegrías y mirabrás. Destaca su entendimiento y su paladar, que vuelve a demostrarlo con la malagueña de Chacón, rematada con fandangos lucentinos, de Puerto Genil y de Granada. Acaba esta primera parte con el romance a capela Corrido de las monjas, texto antiquísimo, popularizado por El Negro del Puerto, que posiblemente tenga que ver con el origen de la petenera.

En la segunda parte se echó toda la carne en el asador. Antonio cantó hasta que su voz le puso freno. Comenzó por tientos-tangos, desembocando gustosamente en el Camino. La soleá supuso una de las grandes entregas de la noche. Terminó por bulerías, rematadas por la letra hernandiana de los Tres puñales, aunque su malestar sólo le permitió recrear el primer puñal.

* Foto extraída de su álbum Corral del Carbón, 2009.

Domingo, 16 de Enero de 2011 12:18 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

No me lo creo

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Ayer, 13 enero, se cumplía un mes de la desaparición de Enrique Morente. Hay quien se acordó de esta fecha y lo celebró a su manera. Yo estuve en el Entresuelo, donde se homenajeaba al maestro, con la participación de Juan Pinilla, Alberto Alcalá y Alejandro pedregosa. Los tres llenos de de verdad y auténticos en su exposición. Entre cada una de sus intervenciones, se proyectaban dos o tres temas de Morente en el último Festival de Jazz de Vitoria. En estas imágenes, como en todas las que he visto últimamente, la mayoría recientes, de dos a tres meses vista (o menos), puedo constatar la buena salud de Enrique.

Quizá lo que más me ha destrozado, como a la mayoría de sus amigos, aparte de la inmediatez de su muerte, han sido las formas, ha sido el despedir a un hombre con un hasta luego sin saber siquiera que era un adiós para siempre. La despedida definitiva es como hielo en la espalda. No poder ver nunca más a alguien con el que ayer te tomaste una cerveza es doloroso hasta lo impensable.

Me niego. No me lo creo. Pensar en el hombre, sentir su aura, impregnarse de su arte sin límites, cobijarse bajo su sombra alargada, roza una incredibilidad asombrosa. No me lo creo, repito. Me niego a este punto y final tan injusto.

Y ahora tengo miedo. Mi entendimiento hace agua por las esquinas. Enrique es patrimonio de todos, pero no pertenece a nadie. Su memoria debe ser abierta, popular y exclusiva. No se puede utilizar a Morente como moneda de cambio para medrar aunque sea espiritualmente. Como tampoco se puede utilizar su memoria como arma arrojadiza para ver quién derrama más lágrimas. Esto no es una carrera de dolor, ni de cariño, no se trata de abrazar más fuerte que nadie, sino de demostrar que somos capaces de dar un abrazo común.

* Foto de Josu Izarra© en el Festival de Jazz de Vitoria.

Viernes, 14 de Enero de 2011 12:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

De zambombas, panderetas y villancicos

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La Navidad es un paréntesis de azúcar y almendra. El corazón se encoge para expandirse en la intimidad de la familia y le pasamos el plumero y la fregona para comenzar el nuevo año con el alma lo más inmaculada posible, con el entendimiento repleto de buenas intenciones que, conforme se alejan los reyes, se van diluyendo para volver a la misma rutina de vicios y virtudes.
Como no es menos, el flamenco también se entrecorchetea en la intimidad. Siendo una manifestación endógena y sensitiva, se refleja paralela en el sentir más arraigado de la sociedad.
El flamenco, no descubro nada nuevo, nació en el individuo y en el núcleo del hogar. La fiesta, la faena, la queja y el dolor fueron sus manifestaciones. Que alguien arreaba la mula, entonaba un cante de labor que le aliviara el trabajo y engañara al sudor; que uno andaba preso, cantaba una carcelera para que el viento liberara sus penas; que se empuja un columpio, la bambera reflejaba el amor de la mecida; que dos se casaban, alboreás y tangos y bulerías acompañaban a los recién desposados…
Y esta manifestación cerrada y sincera fue descubierta por contemporáneos, por viajeros, por intelectuales, por señoritos, que quisieron participar del cante (porque el flamenco es un arte de participación) y poco a poco fueron forzando su apertura para bien del pueblo y, según la UNESCO, como patrimonio de la humanidad.
De la intimidad y del patio de vecinos y del cuartito pasó a los cafés cantantes y de aquí a los escenarios de los festivales. El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Nuestra sed crecía cuanto más bebíamos. La punta del iceberg escondía un trasfondo tan vasto y tan rico como fantástico y oscuro.
El origen real flamenco nunca lo sabremos. Se ha avanzado mucho, se ha investigado mucho, se ha escrito mucho. Pero los primeros pasos, el verdadero choque del gitano con el poso folclórico andaluz, los primeros ayeos de sentimiento sólo son conjeturas románticas más o menos afinadas.
Que un jerezano, conocido como Tío Luis el de la Juliana, en pleno siglo XVIII parara a hacer aguada en la fuente de los Albarizones y entonara por ciencia infusa la primera toná considerada como cante en la historia del flamenco, es de una arriesgada legitimación, pero no deja de ser una apuesta posible en la mitología flamencóloga.
Sabemos, no obstante, que el principio, como todos los orígenes, y más si son populares, que no es una chispa puntual lo que prendió la mecha imparable. Fue como un incendio provocado, que delatan sus varios focos abiertos. Que si vinieron los gitanos con sus cantes y su arte, estaban los andaluces con sus fandangos y seguidillas. Y antes estuvieron los moriscos con la zambra y los mozárabes con las jarchas. Y los castellanos nos prestaron sus romances y los aragoneses sus jotas. El flamenco no es un continuo goteo en un ánfora, es un aguacero en una balsa, en un mar en calma o embravecido para bien de todos los que no temen mojarse los pies hasta los tobillos o sumergirse varios metros por debajo de las olas.
El flamenco es un mar abierto. Son los siete mares a merced de las corrientes y de las fases de la luna y el soplo de los vientos bienvenidos de los cuatro puntos cardinales y así se “mancilla”, así se crece, dejándose impregnar por todos los navegantes, propios y ajenos. Porque lo que caracteriza al flamenco es el mestizaje y también la fusión, la confusión y la infusión, como diría Juan de Loxa, para después depurarse, separar el grano de la paja. Y el futuro, como un gran alambique, irá destilando lo auténtico del simple flamenqueo experimental.
Retomando el tema, una de las manifestaciones íntimas de la familia flamenca y, quizá con más propiedad, gitana, son las celebraciones en los días de Navidad. Una fiesta que, como todas, se ha hecho necesaria su apertura.
Surgió por occidente. En Jerez se empezó a llamar “zambomba” (mal llamada “zambombá”) a la exhibición pública de esta reunión pascual. Pronto se extendió por Cádiz y Sevilla. En otras ciudades se cantaba y se bailaba. En Granada era muy típica la celebración con villancicos. Hace algunos años alguien llamó a esta fiesta “pandereta”. Todo es válido.
El villancico ha pasado a ser una forma propia del flamenco, que consiste en aflamencar, de forma alegre (tangos, bulerías, rumbas), cualquier villancico popular o propio, que, entre la nebulosa de los comienzos, puede que se le ocurriera al cantaor jerezano conocido como El Gloria (los campanilleros, otro palo propio, se los debemos a Manuel Torre).
Así, quizá las ciudades con más tradición navideña de villancicos propios sean Jerez y Granada. Aquí tuvimos varias noches dedicadas a esta fiesta en La Chumbera, La Platería, La Casa de los Tiros, el teatro Isabel la Católica… Es una manifestación, como tantas otras, que no se debe perder. Hay que apoyarla y seguirla y, en la medida de lo posible, depurarla y respetarla, porque es muy fácil que se desvirtúe en atracción circense para no iniciados.

* Dibujo firmado bajo el nombre de OPA, publicado el 29 de noviembre de 2009, en el blog Alcalá Flamenca.

Domingo, 09 de Enero de 2011 13:41 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Descansa en paz

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Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht

Ayer, 25 diciembre, dediqué varias horas a la memoria de Enrique. Me preguntaron dónde iba tan temprano, les respondí que había quedado con un amigo que se iba de viaje. Subí al cementerio entre el frío cortante y el sofoco de la cuesta. No sabía si iba a conocer el camino sin ríos de gente que guiarán mis pasos. Pero como en un trayecto habitual, llegué sin pensar donde descansa el maestro.

Estaba solo. Todo el rato estuve solo. Algunos parroquianos pasaban para visitar a sus familiares. Se detenían a mi lado, se santiguaban, lamentaban el suceso que los hermanaba en cierta forma. En silencio me miraban. En silencio los miraba. Y seguían su camino.

Yo hablé con él. Un monólogo sentido, cargado de sus canciones, que me venían a la cabeza, que se cruzaban en una conversación callada a borbotones.

Su tumba estaba llena de flores. Con claveles rojos, en su centro gravitaba una estrella, la estrella esa que busca, esa que siempre ha tenido, esa que lo acompañará por los siglos de los siglos.

También una cruz de flores blancas descansaba sobre el nicho. Puede que no quisiera ninguna complicidad con el cielo, con los dioses, con la eternidad; pero entre sus seguidores sí habría creyentes que se inclinan por el camino recto de la Cruz y se sienten más confortados de esta manera. A él le parecería bien.

No sé el rato que estuve. Llegué con calor y salí con frío. Pero salí con algo más. Salí con tranquilidad. Salí con paz. Salí con la sensación de que había cumplido con una promesa tácita, una promesa nunca dicha, la promesa de felicitar los 68 años a un ser tan querido como admirado.

Antes de que me fuera, no obstante, una pareja de personas mayores que visitaban la tumba de su hija desaparecida recién, posiblemente en plena juventud, lloraba desconsoladamente y hablándole como si pudiera oírles, dijeron que la echaban de menos, que ya era Navidad, que su vida estaba demediada desde que se fue, que por lo menos tenía la tumba de Enrique Morente bastante cerca.

Domingo, 26 de Diciembre de 2010 18:13 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Un homenaje a Morente

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El domingo pasado estuve en el homenaje que se le hizo a Carlos Cano. Disfruté no sólo por su merecimiento, a los diez años de su muerte, sino sobre todo por la dignidad que desprendía el acto desde el principio hasta el fin. No conozco los entresijos, pero en el Isidoro Maíquez se respiraba colaboración y armonía. Nada rayaba en lo provinciano, lo normal en estos casos, lamentablemente.

Fue un acto bien organizado, dinamizado hasta la percepción, con declaraciones preparadas y actuaciones de calidad. No se reparaba en medios y las puertas estuvieron abiertas desde un primer momento. Fue inevitable que algunos se quedaran en la puerta.

Todas las actuaciones, como digo, tuvieron su razón de ser y su coherencia. Todos los que estuvieron tenían que estar. Desde Miguel Ríos hasta Raúl Alcover, desde Marina Heredia hasta Juan Pinilla, pasando por Luis Pastor o por Paco Ibáñez. Todos tuvieron algo que decir, todos estuvieron a la altura, todos salieron por la puerta grande.

En el ambiente flotaba sin discusión la pérdida reciente de otro hijo de Granada, de alguien próximo, al menos en espíritu, al homenajeado. Enrique Morente, junto con Carlos Cano, inauguraron la noche con una colaboración grabada. La emoción fue tan grande como si fuera el hermanamiento definitivo.

Ahora, es de ley merecida, un espaldarazo a la memoria de Morente. No hay duda de que cien cabezas llevan días pensando en este acto; cien voluntades están deseando inclinarse hacia el maestro.

Estos días precipitados de fin de año, sin embargo, juegan en contra. A principios de 2011 se sucederan los sentidos homenajes. Y aquí finca mi escepticismo. Si Enrique Morente era uno e indivisible, si nuestra admiración es única, si nuestra pena es común, deberíamos unirnos todos en ese llanto colectivo. Pero me temo, como en tantas y tantas ocasiones, que cada uno tirará por su lado, que todos barrerán para adentro y, perdonenme la crudeza, todos querrán adjudicarse al muerto, diluyéndose así nuestra fuerza y energía.

Es necesario aunar voluntades. Por una vez, sumando la tragedia como excusa de buena voluntad, se debería abrir un espacio, exponerlo a debate público, recoger todos los granitos de arena y entre todos a hacer una montaña, una playa, un continente, en honor de uno de nuestros más grandes conciudadanos. ¿Quién dará el primer paso? ¿Quién abrirá su puerta y su ventana para que entren todas las corrientes?

No sé si seremos capaces de unirnos todos. No sé si todas las instituciones serán capaces de una vez de darse la mano por un fin común. No sé si podremos dejar un lado colores y banderas, envidias y fotografías, y establecer un punto de encuentro donde el objetivo sea nuestro dolor y muestra verdad.

Hay muchas opciones y un solo objetivo. Hay mucho amor y un solo amado. Seamos serios por una vez y hagamos las cosas como es debido, como cualquier hijo de esta ciudad hubiera querido que se le recordara.

* Foto y montaje de Paco Sánchez©.

Miércoles, 22 de Diciembre de 2010 18:23 volandovengo #. Flamenco Hay 5 comentarios.

Atando cabos

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Enrique Morente se sabía grande, su obra y la demanda de su sensibilidad así lo atestiguaban. Sabiéndose grande, empero, se mostraba humilde, como extensión definitoria de esta grandeza. Esta sencillez no rallaba en simpleza tontera, pues los años enseñan a distinguir a un lobo no más verle las orejas. Sus dientes torcidos le enseñaron a claudicar con el necesitado, a abandonarse a la buena causa, y, sin embargo, ser firme (como la mimbre) ante el engreimiento y el poder, político y económico.

Jorge, me decía, es que me llaman a diario para pedirme colaboraciones y yo no puedo. No es que no quiera. Es que no doy abasto. Pero con esa chica amiga tuya (Celia Mur), terminó diciéndome, sí que me apetece colaborar en su disco. Dile que me llame.

Aparte de esa “chica”, que es la mejor cantante de Granada, quedarían media docena de compromisos, quizá una docena. Además le esperaba la medalla de la Legión de Honor francesa, el pasado 17, que temía socarronamente que le obligaran a desfilar, y varios reconocimientos más. Algunos conciertos, los consabidos del País Vasco y Navarra, y quizá más a medio y largo plazo.

Su cabeza no obstante era un torbellino. Pensaba musicalmente y cada estímulo, una noticia, un compás, la mudanza del tiempo… eran ideas que absorbía y procesaba para crear arte musicado, para sorprender al mundo y rendir escépticos ante la evidencia.

Los dos o tres grandes cabos pendientes los dejó atados y bien atados. Esperamos con ansia los frutos de esta última siembra.

Lunes, 20 de Diciembre de 2010 11:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El penúltimo adiós

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¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!
César Vallejo

¡Qué tendrá la tierra que todos volvemos a ella! Un verdadero río de gente baja y sube del cementerio a dejar la última lágrima, a regresarse con lágrimas nuevas. Muchos nombres conocidos, muchos nombres anónimos, todos los corazones en un puño. De Madrid volvió a su casa, aunque su casa fuera el mundo. Granada lo esperaba con un pañuelo, con cien palmas, con mil abrazos ateridos, con los ojos descolgados. El teatro fue su adiós entre el sentir de su gente, el escenario que tantas veces testificó su voz, las tablas que han temblado bajo su genio ahora callan el desconsuelo de su partida. No podía irse de otra forma, dijo Estrella sin saber muy bien a quien abrazaba. Fue su última actuación, repentina, inesperada, irreal, solapada, hiriente. El mundo tembló toda una semana y más, el globo se estremeció sobre su eje. Quería girar hacia el otro lado, al menos por un día, un minuto. Despierta, maestro, le hubiera dicho, que los hombres de altura no tienen horas. Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. Ella cantó por él, Estrella cantó para él, para cada uno de los granos de su fruta, para cada gota de su aliento estrujado, para el viento que lloraba a su alrededor y se desborda por las calles del Darro embovedado. Granada no tengas pena de que el mundo sea tan grande… Toquemos la caja, besemos la caja, golpeemos la caja. Porque no hay dolor más grande que mi herida. Morente, escucha a tu pueblo, escucha las gotas caer de sus ojos, escucha el llanto de la guitarra. Porque es imposible callarnos.

Viernes, 17 de Diciembre de 2010 11:34 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

Enrique Morente

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Me niego a hablar de muerte. Estos días se saturarán todos los medios de comunicación de opiniones, escritos, recuerdos y alabanzas. No quiero ser original ni aportar nada nuevo. El recuerdo es tan profundo y la pluma tan limitada… Escribo con el corazón y con todo el respeto del mundo. Enrique Morente no ha sido sólo un cantaor flamenco ni el músico más importante que ha dado Granada en todo un siglo. Enrique ha sido un creador, un mito viviente que podías encontrarlo a la vuelta de una esquina, paseando con su chándal, con su sonrisa permanente y con una visión tan simple como preclara del mundo que nos rodea, de los problemas que nos acechan.

Por mi carácter retraído y respetuoso no puedo presumir de su amistad íntima. Simplemente hemos coincidido, hemos hablado, hemos compartido noticias, ha cantado a mi lado. Últimamente, puedo decirlo, estábamos más unidos. Coincidimos en varias ocasiones, hablamos por teléfono, confesamos beber juntos. Yo lo vislumbraba como la edad de los hombres en la época clásica, cuando los humanos miraban a los dioses desde la misma altura. Era un regalo.

Admiro el flamenco de ayer, de hoy y de mañana. El único cantaor que encierra todo el espacio y el tiempo es Enrique Morente. Me declaro morentiano, como tantos otros. Cientos de discos conforman mi discoteca, pero es del único autor que tengo todas sus grabaciones, que oigo y reoigo agotando el tiempo y sin dar tregua al cansancio.

Estos días he llorado y seguiré llorando hasta que no se cierre esta herida tan profunda como inesperada. Siento la pérdida del hombre, siento la muerte del artista, siento todo lo que quedaba por ofrecer. Porque hay personas que al morir se llevan consigo todo un mundo interior, un desván lleno de cofres aún sin abrir rebosantes de primaveras, de amores en pañales prestos a nacer para orgullo del mundo entero. Pues, nada más ver la luz, inmediatamente se convierten en obras de arte, en patrimonio de la humanidad, sin necesidad de etiquetas, de reuniones internacionales, de invertir dinero, de montar el circo.

Un deseo muy afectuoso para su familia, para su hija Estrella, a la que admiro sin condiciones, para su mujer aurora, para su hijo Enrique, para su hija Soleá. Se avecinan para ellos días vértigo, de incomprensible vacío, de besos y abrazos y palmaditas en la espalda, a veces de dudosa procedencia. Deben ser fuertes. No más.

Y un último deseo, para su tierra, para su gente, para Granada. Es necesario reivindicar al maestro como se merece. Pero sin falsas medallas, sin fanfarrias innecesarias, sin bombos ni platillos de los que estamos tan acostumbrados a escuchar. Morente es Morente, su trabajo habla por él, su estela es larga, su escuela reconocible. Debemos dimensionar al hombre, alabar su obra y dignificar al artista.

Enrique Morente y Mario Maya han sido los dos más grandes creadores del flamenco de esta última mitad de siglo, no sólo en el ámbito local, sino a escala nacional y universal. Mario no ha tenido suerte y se ha ninguneado su recuerdo y solapado su altura, hasta declararlo tácitamente foráneo de esta tierra. Esperemos que Enrique ocupe el lugar que le corresponde y no lo enterremos entre tantos mártires granadinos que lamentablemente recuerdo.

* Foto de Manuel Mateo©.

Lunes, 13 de Diciembre de 2010 19:01 volandovengo #. Flamenco Hay 13 comentarios.

Patrimonio exclusivo

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XI Festival de Otoño – Flamenco por derecho

La sorpresa de un primer momento de ver un escenario tan parco como efectivo pasó rápido gracias a unas bulerías interminables. Alrededor de una mesa se reunían todos los artistas haciendo compás sobre el madero, por detrás una foto de una taberna antigua engrandecía el cuadro.

Poco a poco, por derecho, fueron resaltando los músicos. Destacaba el primer lugar el cante de David ‘El Galli’ y Amparo ‘La Repompa’, que se imbricaba bien contrastado. La guitarra Juan Habichuela, quien triunfó el día anterior, parecía algo fuera de lugar. Apoyándolo, como en su misma actuación, Pepe Maya ‘Marote’ afirmaba el soniquete. El violín correcto, aunque fuera de lugar. Un primer baile de Raquel ‘La Repompa’ y un segundo de Vero ‘La India’ se multiplicó en esa pieza festera.

Sin discusión, lo más original y logrado en la noche fueron unos tangos abordados por el titular, Juan Andrés Maya, y su artista invitado, Antonio Canales. Fue la primera vez, y así lo agradecimos, que se escucharon tangos en el Festival de Otoño de este año. Ni con Estrella ni con Juan Habichuela tuvimos la suerte de reconocernos con el tema más típico entre los cantes de Granada.

Estos tangos sacromontanos comenzaron con un repetido ritmo binario. Fue una grata sorpresa. El compás insistente ofrecía una dimensión tan arraigada al pasado como una propuesta contemporánea sin par, afrontada entre los dos bailaores como si fuera un diálogo o un duelo de dos sentimientos.

Lo logrado con estos tangos sin embargo no se volvió a repetir. El espectáculo fue decayendo, con algún acierto, pero con momentos bastante lasos.

Una especie de himno gitano cantado por todos los intérpretes cogidos de las manos vindicaba, a la manera de Mario Maya, la presencia del pueblo calé. A partir de ese momento todo fueron guiños y remedos trasnochados.

Juan Andrés Maya explotó su vena melancólica y su necesidad representativa montando un baile cercano a la seguiriya donde intentaba exponer problemas sociales, apoyado por las dos bailaoras. En esta pieza introdujo el inquietante baile maravilloso de Mario Maya cuando se expresa con los brazos cautivos.

La soleá de Canales, aplaudida increíblemente hasta la saciedad, no aportó nada. Si acaso se reconoce en el bailaor sevillano su sentido del compás y su falta de ahogo que en sus anteriores apariciones era evidente. Destaca en esta pieza sin embargo el cante de El Galli y la guitarra exclusiva de Paco Iglesias.

Juan Andrés de blanco aborda unas alegrías muy de Mario. La foto tanto del gran coreógrafo granadino como la de Juan Andrés, con un afán de protagonismo inapropiado, no van a dejar de presidir la escena.

El fin de fiestas vino en forma de rumbas, donde se justifico por fin la presencia del baterista Alejandro Hitos.

La extensión del concierto y la búsqueda constante de aplauso mermaron la bondad final de la propuesta. De todas formas, el objetivo está logrado. El baile de Juan Andrés Maya se ha convertido en patrimonio exclusivo de nuestra ciudad.

Viernes, 10 de Diciembre de 2010 17:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Acuérdate de tu abuelo cuando vayas a tocar

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XI Festival de Otoño – Entre azahares y alelíes

Manuel Molina, como artista invitado, comenzó con una bulería improvisada que, entre otras verdades, terminó aconsejando: Sobrino Juan, acuérdate de tu abuelo cuando vayas a tocar. No sólo los ánimos de Manuel estuvieron planeando en el concierto, sino las horas de ensayo, unos acompañantes bien aleccionados y sobre todo el virtuosismo del más joven de los Habichuela.

Relacionar estas facultades está de más, quizá me quedé corto, quizá sea innecesario teóricamente hablando. A Juan Habichuela hay que verlo en directo. Su creatividad, su sentido escénico, su seriedad y el gobierno de su gente es algo encomiable.

Partimos de que es un Habichuela, con su toque sacromontano por encima de todo. Es decir, con su soniquete, sus ligados, sus silencios y esa forma de acompañar que lleva como en volandas a cualquier cantaor. Si eso lo unimos a la frescura de la juventud, a una velocidad inusitada y a una creatividad fuera de lo corriente en un guitarrista de tan sólo 21 años, obtenemos el genio que pudimos contemplar el domingo pasado.

Para una ópera prima, aunque ya ha tenido sus puestas de largo el la Chumbera y en otros escenarios, obtuvo sin discusión las dos orejas y el rabo.

Tras el regalo del demiurgo Manuel Molina, el artista, a solas en el escenario, interpretó una rondeña. Obviamente todos los temas son suyos. Forman parte de la cuarentena de composiciones que tiene almacenadas, a la espera de ver la luz. Las mima y las depura hasta lo indecible. Él es su mayor crítico. Sin embargo ofertas para grabar no le faltan y ya mismo, más pronto que tarde, verá la luz primer trabajo discográfico.

Haciéndole honor a la tierra que lo vio nacer, ofrece una granaína en segundo lugar. La guitarra, o sea, el instrumento como tal suena a gloria, y en las manos prodigiosas de Juan es de una belleza reconocible. Si sus arpegios son bellos, igualmente de hermosos son sus silencios, su punteo y sus juguetillos agudos cerca de la boca de la sonanta.

Para la soleá, uno de sus temas estrella, requiere de su gente. Maya Yoshida y le ofrece un contrapunto interesante al violín; Pepe Maya ‘Marote’ como segundo guitarra es un apoyo rítmico importante; Benjamín Santiago ‘El Moreno’ a la percusión acentúa el compás que enriquecen la pieza. Sin embargo, sin menospreciar a ningún músico, lo prefiero a solas. Juan no necesita a nadie para arañar los corazones.

José Parra y Joni Cortés penetran por uno y otro lado del escenario para ponerle letra a las seguiriyas. Joni es muy flamenco, muy personal en los temas acompasados que domina. Tiene referenciados a varios cantaores de culto y los adapta a su persona, a sus melismas, a sus formas. José Parra es un remedo de Camarón, con menos facultades posiblemente. Borda sus esquemas y alcanza notas imposibles. Pero Camarón ya hubo uno y nada más.

Unos fandangos de Huelva animaron la escena y unas bulerías tremendas, vertiginosas, valientes y creativas, llenas de remembranzas, perfeccionaron el juego. Terminaron por rumbas, con la alegría de haber hecho un concierto redondo, memorable.

Es el bis super preparado que nos regala, cada uno de los músicos empezando por el mismo Habichuela fueron saliendo y sumando sus instrumentos como si de un Bolero de Ravel se tratara. No sólo llegó a emocionar sino que demostró que Juan Habichuela puede ser también un buen director de escena. Se cierra el telón.

Y ahora, para no dejar coja esta crónica, podría decir que fallaron luces. No sólo se castigó como es habitual el flamenco a la penumbra constante, sino que faltaron focos imprescindibles en algunos solos, sin ir más lejos, en la última intervención del artista invitado. También tengo queja en parte por la sonorización, descompensada en más momentos de los deseados. El cante a veces se perdía, la guitarra protagonista quedaba solapada, el timbal de El Moreno se imponía constantemente con un latido inevitable.

A veces, para que algo sea perfecto, debe tener sus sombras.

Miércoles, 08 de Diciembre de 2010 19:29 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Tiritan azules los astros a lo lejos

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XI Festival de Otoño – Estrella de Granada

El Festival de Otoño de Granada se configura sin lugar a dudas en un encuentro eminentemente local, con sus grandezas y sus penumbras. Como bien reza el numeral, se cumplen once años desde que comenzó su andadura. Pero esta cifra es engañosa. Mientras que en un primer momento surgieron estos días con un propósito universal y abierto enfocado a sacar a la ciudad de su letargo orillado desde hace tanto tiempo, en los últimas ediciones el cambio ha sido radical. No sólo volvemos a mirarnos el ombligo, sino que la cortedad de un proyecto de futuro es evidente. Volvemos a desear ser cabeza de ratón.

El Ayuntamiento de Granada, de truncada visión culturalista, se ha subido al carro del todo vale y, por cubrir expediente, intenta hacer brillar más los fuegos de artificio que las mismas estrellas. Total, la cultura viste pero no da votos.

Con todo y con eso, el cartel del Festival se va refinando, haciéndose atractivo y cubriendo expectativas. Punto a favor es que el flamenco, de una forma o de otra, cobra evidente protagonismo estos días. El encendido de las luces navideñas y una recepción en el cabildo sirven para vestir Granada de volantes y comenzar a sentirnos Patrimonio Universal.

El viernes, tratando de buscar otro tipo de público y difuminando una propuesta inexistente, tuvimos la voz de la coplera Joana Jiménez, homenajeando a Marifé de Triana. Como si se llamara copla, el teatro Isabel la Católica, se llenó de jubilados que, al grito de guapa y la madre que te parió, disfrutaron verdaderamente en directo lo que suelen ver en la poltrona. Tiene que haber de todo y para todos. Pero en unos encuentros flamencos…

Buena planta tiene Joana y buena voz, aunque no es el estilo desado teniendo de referencia la canción flamenca (Caracol, Poveda, Molina). Un acierto enorme, no obstante (que le debemos a Juan Andrés Maya, como director del evento), es la presencia de la orquesta en el foso. Nada que ver con el sonido pregrabado que suele acompañar a estas artistas. La banda, junto con un piano, guitarra eléctrica, bajo y batería en la escena, constituyeron un arropamiento musical de lujo.

El Festival, no obstante, para mí empezó el sábado con Estrella Morente. Un titular tan pretencioso como dubitable precedía su concierto. Se presenta como Estrella de Granada, que responde más a un deseo que a una realidad. Sin embargo, el sólo planteamiento merece un agradecido respeto.

Alguna preocupación interna (que no es foro para tratar) la hizo parecer fría y algo distante, sentimiento ajeno sin duda a su voluntad. La diversidad de opiniones es manifiesta y todos tienen su punto de verdad.

Estrella, sin embargo, debe plantearse algunas cuestiones para no ser cuestionada. Montoyita es un buen guitarrista y muy profesional, pero carece del peso de la artista a la que acompaña. Los coros no estaban en general bien coordinados ni sonorizados como se demanda. La percusión correcta.

Comienza con unas alegrías, en las que acompaña su hermano como segunda guitarra. Un homenaje a Picasso es su segunda propuesta. No empieza a despegar. Tiene que llegar la soleá para escuchar los primeros oles, para reconocer a la artista que lleva dentro. Su estilo personal, pasado por el crisol morentiano y sin perder de vista a la de los Peines y su generación, se impone como referencia imprescindible para entender el flamenco de principios de siglo.

Tanto sus granaínas como sus malagueñas son poco ortodoxas. Ricas en matices y juegos tonales, pero trasparentando un ahogo incomprensible.

Un intermedio tácito lleva a sus músicos a plantearnos unas bulerías decentes (bien por la guitarra), pero claramente improvisadas, lo que se manifiesta en un final deslavazado.

Para la segunda parte, Estrella vuelve más leona, con el pelo suelto y un mantón de fantasía. Sus nuevas propuestas, únicas, evidentes, redondas, cobran vida propia, se imponen por derecho. Abre con una genial interpretación de la Habanera imposible que Carlos Cano le dedicó a Granada. Continúa con unas bulerías rematadas generosamente con La noche de mi amor de Chavela Vargas. Termina con su éxito almodovariano Volver, que más que una canción fue una declaración de intenciones, la añoranza de su ciudad, la calidez de su gente…

Echamos de menos unos tangos del Camino.

Como bis, un cante a capela sin megafonía alguna, puso una guinda preciosista a un concierto dispar.

Lunes, 06 de Diciembre de 2010 13:20 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

Curro Lucena, un cantaor con historia

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50 aniversario de la peña flamenca Curro Lucena

Hace unos días recibí en casa un sobre cerrado proveniente de Ronda. Era un doble CD del cantaor Curro Lucena, afincado desde hace mucho en esta localidad malagueña. El disco es una recopilación exhaustiva de actuaciones en directo y cantes inéditos del maestro de Lucena. La primera constatación que tuve al escuchar este trabajo fue la valentía de Curro al proponer nada menos que 30 grabaciones, que recogen 24 palos distintos con un total de 27 guitarristas, entre los que están Juan ‘Habichuela’, Enrique de Melchor, Manolo Franco, Antonio Carrión, Silveria, Pedro Peña, Perico el del Lunar ‘hijo’ o su mismo hijo, Curro Luna. No todos los cortes están técnicamente perfectos, no todos los temas tienen la calidad que el mismo Curro hubiera exigido en una grabación oficial. Pero tienen ese sabor de lo auténtico, la frescura del directo, el calor de la peña, la radio o el festival.

Éste ha sido un regalo para la Peña Flamenca de su pueblo, que cumplió 50 años de existencia (1959-2009), del cual adopta nombre. Ojalá todas las peñas tuvieran un hijo predilecto con esta generosidad, pues el doble giratorio es a todas luces una edición casera. Es un regalo para su Peña Flamenca y para sus amigos y admiradores, que sin más remedio coinciden.

Las grabaciones van desde las saetas que cantaba con 14 años en su mismo pueblo hasta su voz actual, con 59 años por alegrías de Córdoba. Entre estos 45 años de diferencia encontramos de todo, reconociendo en Curro Lucena un cantaor enciclopédico. Interpreta cantes de Cádiz, cantes de levante, malagueñas, soleares, seguiriyas, fandangos, caña, campanilleros... y, sobre todo, a lo que tenemos que estarle completamente agradecidos es a su labor de rescate y salvaguarda en los fandangos de Lucena, las alegrías de Córdoba o los tangos de Ronda, por ejemplo. Se completa esta grabación con unas frases de homenaje de José Menese, José Mercé y José la Tomasa; y con algunas rarezas aportaciones personales como el himno de Andalucía por tientos o una versión en japonés de “Alguien cantó”, un tema de Matt Monro.

Curro Lucena, como ya dije en algún otro momento, es un corredor de fondo, un luchador que, con su voz grave y recurrente, no deja de trabajar y de aportar su granito de arena, más independiente de lo deseado, a este mundo del flamenco.

Martes, 30 de Noviembre de 2010 21:02 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

José Manuel Cano

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La guitarra en Granada

Me descuido. Otras obligaciones, u otras pasiones, hacen que dilate algunas propuestas. Hace ya una semana que tuvo lugar el encuentro de José Manuel Cano en la sede de la Asociación de la Prensa para hablarnos de su vida como guitarrista y darnos unas pinceladas de su arte, haciendo un recorrido por los años de su recuerdo.

Lo que más se ha destacado durante toda la charla fue el nexo imborrable de ser hijo del guitarrista y catedrático Manuel Cano Tamayo. Tampoco se pudo pasar por alto su formación clásica y su continua actividad investigadora.

En Granada existen quizá dos escuelas bien definidas de guitarristas. En un primer lugar está la escuela sacromontana, cuyos máximos exponentes son la familia habichuela, los hermanos Cortés, los Marote, Emilio Maya, Luis Mariano, etc. La segunda escuela, más reducida, la encabeza precisamente, hoy por hoy, José Manuel Cano. En la que también están, con un reconocido prestigio, Miguel Ochando y gran parte de sus seguidores, y Ramón del Paso, por ejemplo. A estas dos escuelas se le puede añadir otra última, posiblemente más experimental y abierta. La forman la mayoría de los guitarristas jóvenes que quieren abrirse camino en la ciudad de la guitarra. Decir nombres es olvidar muchos otros, pero a favor de la difusión y referencia, es necesario acordarse por ejemplo de Rubén Campos, Marcos García ‘Palometas’ o Jorge Sánchez ‘El Pisao’.

Camino independiente, para afinar en esta relación, podíamos hablar de David Carmona. Su labor creativa, tras los pasos de Manolo Sanlúcar, hace de su carrera una raya transversal y en el mundo que planteamos.

José Manuel Cano, de profesión médico, lleva tocando la guitarra de forma autodidacta desde los cinco años, dando su primer concierto en Madrid a los nueve años. Aprendió, como es natural, de su padre y sus contactos. Cuenta que a su casa del niño pasaban todos los guitarristas y cantaores de la época. Siendo algo habitual la representación espontánea.

A los 13 años, después de haber actuado en Peñas diversas y haber realizado primera gira en solitario por Japón, acompañó al maestro Mairena. Es un recuerdo imborrable. Más sabiendo que Mairena era difícil de arropar.

Como su padre, sus interpretaciones se centran en el mundo granadino, sus temas pasan por granadinas, soleares, zapateados o tangos, además de multitud de temas de composición propia. A parte, también es un gran continuador de la obra que dejó su predecesor, como la adaptación a guitarra de las canciones populares recopiladas por Federico García Lorca. Muestra de ello la tuvimos en directo con Anda jaleo con ritmo de bulerías. Su influencia clásica pasa también por compositores locales como Ángel Barrios. Con su obra Zacatín comenzó su muestra en la velada.

El amor por el clasicismo y por estos autores le llevaron a grabar un disco llamado Canciones para voz y guitarra, donde la voz lírica de la soprano Carmen García está arropada con temas básicos del acompañamiento flamenco.

Otras interpretaciones de la noche para tener en cuenta fueron unas granadinas rematadas con alboreá, tarantas o, sobre todo, las rondeñas de Ramón Montoya, las que, según el intérprete, nadie ha llegado a superar. Una tarde inolvidable por la sensibilidad y, sobre todo, por el ambiente familiar creado.

Lunes, 29 de Noviembre de 2010 11:47 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Día de los gitanos andaluces

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Festival Flamenco

Durante estos días se celebra el Día Andaluz del Pueblo Gitano, que cumple 548 años en nuestra tierra. Se celebran talleres y juegos gitanos, exposiciones, encuentros, concursos, etc. y, cómo no, un festival de flamenco. El flamenco, como saben, es la simbiosis de Andalucía con el pueblo gitano o la llegada de los gitanos a Andalucía. Posiblemente el mayor punto en común que existe entre gitanos y no gitanos en Andalucía sea la manifestación del cante.

¿Hay un cante propio del pueblo gitano? Podríamos decir que sí, que el gitano tiene unas formas de determinadas dentro de los estilos flamencos. El cantaor gitano se manifiesta por seguiriyas, soleares, tangos, bulerías, tonás... que, en definitiva, son las raíces del cante.

Esto no quiere decir que quien no sea gitano no puede interpretar esos cantes o el gitano no canta otros estilos. Ejemplos tenemos a montones. Tenemos grandes soleareros o seguiriyeros payos, como tenemos cantaores gitanos enciclopédicos, que no hace falta hacer una relación.

El viernes, como digo, tuvo lugar como viene siendo habitual el festival flamenco del Día de los Gitanos, con participaciones considerables. Como es natural, lo que más se escuchó fue el cante gitano al que me refiero aunque también hubo alguna sorpresa.

En la primera parte participaron artistas de Granada y provincia. Abrió la noche Antonio ‘El Salmerón’ con Juan Carmona a la guitarra. Continuó un grupito familiar de Lanjarón llamados “Flor y Nata”, compuestos por Chitu Heredia al cante, Fernando Heredia a la guitarra, Fran Heredia al cajón y Toñi Gómez al baile. De Pinos Puente llegó a Abrahán Campos al cante, arropado por la gran guitarra de José ‘El de los Peines’. De Granada capital, el grupo Zincalé, compuesto por Curro de la Chicuela al cante, Luis de Melchor a la guitarra y Andrés Jiménez y Almudena Romero al baile, demostraron su profesionalidad. “Los del Peñón” son una amplia muestra de chicos y chicas jóvenes de Íllora, que hacen rumbas y tangos, con variedad de instrumentos, gobernados por la cantaora Carmen Carmona.

La segunda parte estuvo protagonizada por cante de Montse Cortés, acompañada por su compañero Francisco Heredia. Terminó la noche con el espectáculo “A voces” de una agrupación flamenca de Utrera: Antonio Moya y Daniel Méndez a la guitarra; Fabiola, Herminia Borja, María Bizarraza y Mari Peña, al cante; y Carmen Ledesma, al baile.

Destacó sobre todo la actuación última, aunque se excedieron en el cante por bulerías. Las guitarras fenomenales. Y el baile de Ledesma un gozo de arte y sal.

También me quedó con la guitarra del ‘de los Peines’ y con la seguiriya de Montse Cortés, que tenía la voz tomada y al guitarrista enfrentado en el resto de los palos. Zincalé estuvo correcto, destacando la guitarra de Luis el cante de curro (que recuerda al de billar) y momentos en el baile.

* Montse Cortés en la foto.

Martes, 23 de Noviembre de 2010 20:41 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Somos Patrimonio

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Desde el martes, 16 de noviembre de 2010, el flamenco es considerado por la Unesco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Es una gran noticia que nos afecta a todos: artistas, promotores, aficionados… y también a los teóricos del género.

Las palabras que más se oyen son de ilusión, de orgullo, de merecimiento. La felicidad se ha instalado en el corazón de los flamencos y ha alimentado el batir de alas de sus esperanzas. En toda Andalucía y adyacentes (Extremadura, Murcia, Barcelona, Madrid…) se suceden las declaraciones y los programas destinados a celebrar este acontecimiento.

Ya lo probamos en 2005 y casi nos alegramos de no haberlo conseguido, nos alegramos de que el flamenco no sea una manifestación extinta, sino algo vivo y es efervescente. Nuevamente, con otras premisas, acudimos a la Unesco este año para que considerara el flamenco patrimonio de la humanidad. Y ahora sí. Ya estamos titulados.

Yo, por mi parte, tengo ideas encontradas. Por supuesto que me alegro de este reconocimiento mundial y merecido; pero por otro lado siento que va a alimentar a ciertas personas y al flamenco de base no le va a cubrir sus expectativas. Pienso, como decía Paco de Lucía, este espaldarazo le hubiera venido bien al flamenco hace 20 o 30 años pero ahora quizá lo necesite menos que nunca. O pienso como Enrique Morente que la humanidad es patrimonio del flamenco y no al revés.

Hoy por hoy, el flamenco está en la mejor situación de toda su historia. El flamenco recorre el mundo y es admirado por todos. Hay academias de flamenco por todos los rincones del globo, en los cinco continentes. Nuestros flamencos se ganan la vida, a veces de mejor forma, cruzando nuestras fronteras. Ya sea en una gira mundial, ya sea en festivales internacionales, ya sea estableciéndose en cualquier punto y difundir sus enseñanzas.

El flamenco así ha crecido como nunca. Tenemos "imitadores" tan alejados, no sólo espacialmente, sino culturalmente. Como pueden ser los tradicionales japoneses, pero también americanos o norte europeos. Nunca el flamenco había sido tan patrimonial, de todas las naciones. Nunca el flamenco había sido tan respetado y reconocido. Nunca el flamenco había gozado de tan buena salud.

¿Qué le pediría a este galardón para que fuera realmente eficaz?, ¿qué le pediría para convencerme de su utilidad universal?

Está claro que el flamenco ha traspasado un umbral necesario para ser admitido por todos, para ser respetado y no pensar que es una música de segunda fila, que no tienen nada que ver con el lenguaje culto de otras manifestaciones con partitura.

Ahora bien. Este título debe tener ventajas, pero también obligaciones. Viajaremos por el mundo con un marchamo de calidad, se nos abrirán muchas puertas, se nos tratará mejor, como algo para salvaguardar.

Necesitaría el flamenco, siendo patrimonio de la Unesco, que afectará a todos por igual, a todos lo artistas en especial, a los que antes y a los de ahora, a los grandes y a los chicos, vivan donde vivan, estén donde estén. Y, por ejemplo, si hay algún dinero, que lo habrá, alguna subvención, que la habrá, que llegue a todos.

Pero la necesidad no es sólo económica, es necesario aglutinar voluntades. Necesitamos dar un paso cualitativo hacia delante y unificar el flamenco en las ciudades, que haya una asociación sería, que cuide del flamenco y de los flamencos, que mire por sus intereses, que luche por sus derechos, que, como dijo Curro Albayzín, cuide de la jubilación de sus mayores, que esté protegido social y sanitariamente…

Debemos de comprometernos en darle dignidad a este galardón, en unirnos como nunca e ir todos a una, en responder con el fisco, el seguro y los impuestos, en no dar gato por liebre, en huir del ’todo vale’, en ser consecuentes con lo que hemos sido, con lo que somos y con lo que deberemos llegar a ser.

Viernes, 19 de Noviembre de 2010 13:17 volandovengo #. Flamenco Hay 9 comentarios.

La sangre en el piano

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31 Festival de Jazz de Granada

Dos pinceladas flamencas tiene el Festival de Jazz de este año y las dos llegan a través de las teclas del piano. La primera de ellas, la pudimos ver este lunes en el Teatro Isidoro Máiquez de CajaGranada. Se trata de “Diego Amador Trío”. Un conjunto, compuesto para la ocasión, que sonó más flamenco que jazzístico, salvo gloriosos momentos. Y es que la tradición y la dimensión flamenca de Diego se impone en su vuelo, vertiendo su sangre en el piano.

El siguiente brochazo flamenco será Piano Ibérico de Chano Domínguez, el sábado 20 en el Teatro Municipal Isabel La Católica. Estará acompañado de Joaquín Grilo, al baile; Manu Masaedo, a la percusión; y Blas Córdoba, al cante.

El Diálogo del Amargo, versión romance camaroniano, abrió el concierto. Su voz equilibrada, con ese aguardiente gitano lleno de pellizco, decide la tónica de la noche, que va alternando temas cantados con otros exclusivamente musicales.

Los tanguillos y las alegrías se imbrican con efectivas bulerías que, al pasar el tiempo, se alejan más del flamenco, dándole un amplio margen a la improvisación. Los finales están bien definidos.

Estas bulerías, a los postres, hacen guiños evidentes a Chick Corea y al maestro Paco de Lucía, que incluso sale a relucir en una de sus letras.

El granadino Julián Heredia, al bajo eléctrico, se gana un puesto honorable junto a Amador. Sus solos, de buena factura, suenan muy flamencos, a pesar del instrumento tan heterodoxo que porta. Aunque, en los temas libres, le falta algo de espontaneidad.

El baterista mexicano Israel Varela fue creciendo por momentos, dando una lección de energía y eficacia en los solos, sobresaliendo más con las baquetas convencionales que con las escobillas.

Entre tanta fiesta, un poquito por levante, que interpreta el pianista a solas es bastante agradecido. Al igual que las soleares, que encierran una sorpresa, el baile imprevisto y definitivo de Fuensanta La Moneta, que veremos también en el bis final, cuando Diego baquetea el interior del piano, creando un improvisado diálogo con la batería (quizás demasiado largo).

(Diego participó como invitado de excepción en la muestra de La Moneta en la Bienal de Sevilla, ahora la bailaora le devuelve el favor.)

Cómo se mueve esta granadina, cómo marca, con esa fuerza y delicadeza únicas. Una danza redonda, sólo perturbada por un suelo irregularmente sonorizado y el cruce fuera de compás del percusionista.

Martes, 09 de Noviembre de 2010 18:53 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Francisco Manuel Díaz

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La guitarra en Granada

Granada, sin pretensiones ni chovinismos, es la tierra de la guitarra. De la guitarra en todos sus aspectos, por fuera y por dentro. Conscientes de ello, se han venido organizando muestras y certámenes alrededor de ella que, por desgracia, no tienen la repercusión debida. Entre otras cosas, posiblemente, porque no existe un orden, un plan, una cooperación, como en todo lo referente al flamenco, y cada evento va por su lado afianzando el "yo me lo guiso y yo me lo como", tan propio de la ciudad.

Así tenemos el Festival de la Guitarra de Huétor Vega, La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros, el Concurso de Guitarra de Ogíjares y ahora el ciclo de La guitarra en Granada organizado conjuntamente por la Asociación de la Prensa, en su sede, y el Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

El jueves pasado, coincidiendo con bastantes otras propuestas en la ciudad (eché de menos no haber asistido a la charla Sacromonte, corazón flamenco de Granada de Miguel Ángel González), comenzaron estos diálogos ilustrados, que tomaron como protagonista a Francisco Manuel Díaz, bajo el epígrafe: “De constructor a tocaor”.

El acto está concebido en forma de entrevista ilustrada, en donde el periodista y directivo de la APGR Juan Antonio Ibáñez acertadamente lo gobierna.

Haciendo una semblanza del entrevistado, Ibáñez comienza su presentación recordando al escritor Eusebio Rioja que, en su Inventario de guitarreros granadinos (1983), nos dice que “es algo cierto que la tradición guitarrera en Granada viene desde antiguo. Es posible que nada más asentarse aquí los dominadores cristianos tras la llamada de la Reconquista, vinieran entre ellos artesanos que se dedicaban a la construcción de instrumentos musicales de cuerda y aquí ejercieran su labor e iniciaran la genealogía histórica hasta llegar a nuestros días. (…) Podemos apuntar, respaldados por nuestras fuentes y sin miedo equivocarnos, que en Granada, desde 1532, residían unos artesanos llamados vigoleros cuyo oficio no era otro que el de hacer instrumentos musicales”.

Actualmente, se puede decir que nuestra provincia es la primera en la construcción de guitarras, que se exportan a todo el mundo. Mientras en otras ciudades de tradición, Córdoba, Almería o Madrid, hay uno o dos guitarreros, en Granada hay cuarenta.

Seguidamente, siguiendo la fórmula pregunta respuesta, Francisco Manuel fue desgranando parte de su vida y de su trabajo, desde su infancia, que inicia su labor guitarrera en la Casa Ferrer y en la de Manuel de la Chica, hasta el estado actual de la sonanta, pasando por la construcción de una guitarra “de cristal” (para que se viera su interior) y otra de 15 cuerdas (que hacía las veces de cuatro instrumentos).

También salió a relucir su faceta como guitarrista de acompañamiento, el paradero de alguna de sus guitarras (destacando la fidelidad de Paco Jarana) y su finura para poner las guitarras a punto, aunque la autoría fuese de otro.

El acto termina con una pincelada por soleares trianeras y por tientos-tangos en la voz tan añeja y potente como olvidada de Arturo Fernández.

Y una reivindicación. La necesidad de crear una Escuela de Guitarristas oficial. Se da clases de guitarra en el Carmen de las Cuevas y en otras academias y, sobre todo, las que dan los tocaores en plan particular, pero una enseñanza “reglada” no existe.

* Retrato en blanco y negro (a la izquierda) realizado por Carlos Arbelos©.

Sábado, 06 de Noviembre de 2010 14:10 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

En Granada se baila por orden alfabético

Adrián Sánchez, Agustín Barajas, Alba Heredia, Almudena Romero, Ana Calí, Ana Sola, Anabel Moreno, Andrés Giménez, Ángela Mendoza, Angustillas ‘La Mona’, Antonia Heredia, Carmen Gómez ‘La Pimienta’, Carmen Yolanda, David Córdoba, Elena López ‘La Sensa’, Eloy Aguilar, Encarna Heredia, Estefanía Martínez Puyol, Estela Rubio, Esther Marín, Estrella Fernández, Eva Esquivel, Eva Manzano ‘Manzanilla’, Eva Yerbabuena, Fuensanta ‘La Moneta’, Isabel Guerra, Isa Vega, Iván Vargas, Jara Heredia, Javier Martos, Javier Serrano, José Candela, José Cortés, Juan Andrés Maya, Kika Quesada, Kiko Anaya, La Caro, La Presi, La Samarona, Lidia Pousa, Lidia Torral, Lidia Valle, Lola Bustamante, Loli Cortés, Lucía de Miguel, Lucía Garrido, Lucía Guarnido, Luis de Luis, Mª Ángeles Narváez ‘La Niña de los Cupones’, Macarena Mulero, Maite Vílchez, Manolete, Manuel Liñán, María Bertos, María Granados, María Guardia ‘Mariquilla’, Miguel Ángel Rojas, Paquera, Patricia Guerrero, Pepa Molina, Pepe Flores, Pilar Fajardo, Pitita, Rafael Amargo, Raimundo Benítez, Raquel Heredia ‘La Repompa’, Rocío Montoya, Rocío Vargas, Rosa Zárate, Rosario Molina, Ruth Molinero, Silvia Lozano, Tatiana Garrido Guardia ‘La Españoleta’, Vanesa Vargas, Vero ‘La India’, Victoria López, Víctor Castro, Yesi ‘La Faraona’, Yolanda Cortés...

Jueves, 04 de Noviembre de 2010 13:22 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Pellizco gitano

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Flamenco en La Platería

El sábado se presentó tan caprichoso como desapacible. Las redes de Halloween, una fiesta importada y hortera, se iban extendiendo a través del largo fin de semana y amenazaba a no dejar a nadie con la cabeza sobre los hombros. (De hecho acabé la noche con una gran cicatriz dibujada en el pómulo izquierdo chorreando de rojo hasta la camiseta.)

Esos días intento encerrarme tortugamente y aparecer después de la tormenta. Pero cómo no ir a La Platería que cantaba Toñi Fernández. Así que, más tarde de lo acostumbrado partí para la peña.

A Toñi ya la había visto en Las Gabias hace unos años y me entusiasmó su frescura, su potencia y su pellizco gitano.

Ahora, con dos o tres años de diferencia, me apetecía ver su evolución y disfrutar nuevamente de esta voz joven y lamentablemente escasa.

Ricardo Rivera era el guitarrista, a quien nunca había visto y, después me enteré, era la primera vez que actuaban juntos. Aspecto que no trascendió realmente. Los cantes fueron básicos y, cuando un tocaor está hecho para acompañar, puede amortiguar a la perfección a cualquier cantaor.

Así, el guitarrista gaditano estuvo bastante correcto, exacto por momentos y brillante en los solos por alegrías, tarantas o bulerías.

Desde bambalinas salió Toñi cantando una zambra a palo seco. El aguardiente preciso ya empezaba a hacer vibrar, aunque un punto de inseguridad restaba calidez al conjunto y la voz algo tomada llegaba a traicionar. De cualquier forma, la noche se presentaba segura.

La soleá, posiblemente su mejor entrega, fue larga y sentida. Sin duda, la incondicionalidad estaba ya ganada.

Los tangos sin embargo dejaron algo que desear. Estamos acostumbrados a la impecable interpretación de los tangueros de la tierra. El titubeo no se concibe.

La promesa por levante no se correspondió con el resultado. Dos tarantas, preparadas junto a ‘El Pele’ y un taranto de Almería, su lugar de origen, dejaron algo indiferentes.

Para la segunda parte la cantaora llegó con nuevos bríos y seguridad. Las alegrías, sin embargo fueron un desconcierto, arreglado con creces por la seguiriya y su apoteósico macho final. Los fandangos tampoco llegaron a convencer. Pero por bulerías fue un dechado de arte y gracia, demostrando que lo suyo son los marcados cantes gitanos.

Martes, 02 de Noviembre de 2010 12:21 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Pedazos de Verdad

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Flamenco en Le Chien Andalou

Me llamaron el domingo sobre el mediodía, que un grupo de irlandeses quería ver flamenco esa noche. Si se planteaban cenar podían ir a Jardines de Zoraya o a la Venta el Gallo; si sólo espectáculo al Tablao Albayzín o alguna cueva; si querían algo asequible y no muy lejano podían ir a Le Chien Andalou (los domingos no hay mucha oferta desde que está cerrado Eshavira).

Optaron por la última propuesta y me fui con ellos. Llegamos con tiempo para coger sitio. El local es pequeño y la expectación grande.

Después de hacerles una introducción apasionada del flamenco y de lo que podíamos ver, comenzó el espectáculo eminentemente festero. Tres bulerías, dos tangos, fandangos de Huelva, alegrías…

Ante el micrófono La Samarona, con bonito timbre y esfuerzo, pero no llega a romper porque no le alcanza la voz. A la guitarra Oscar Martínez, bastante correcto, tal vez lo mejor de la velada, quizá a falta de un poco de brillo, a la percusión Víctor Rodríguez y algunos palmeros espontáneos.

La soleá por bulerías y las alegrías, con las que acabaron las dos partes respectivamente, las ilustró Rosario Molina con su baile limitado, quizá por el espacio. El caso es que Rosario tiene presencia y ganas de contar. Es joven y necesita rodaje. Lo que tendría que corregir lo antes posible es su braceo, que peca de hombrera, es decir, sus manos raramente suben de los hombros, aunque también la altura del local truque las ganas.

La Samarona ilustra sus últimas bulerías a pie de escenario, sin megafonía, cosa que se agradece en un local con acústica deficiente. Y bailando con gracia ese cante.

Para el fin de fiestas, lo mejor de la noche sin duda, subieron al escenario algunos flamencos, presentes en la sala, que, con arte y frescura, pusieron un punto final rebosante de alegría.

Es necesario que existan estos escenarios que dan oportunidad a los más jóvenes. Es necesario cuidar nuestra cantera y abrirles su espacio y contar con ellos. Es necesario que quien se suba a un escenario, lo haga mejor o lo haga peor, esté siempre lleno de verdad.

* La Samarona (foto tomada prestada de su MySpace©).

Martes, 26 de Octubre de 2010 12:15 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Desde Sanlúcar

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Inauguración de la temporada de la peña Solera y Caña de Maracena

Este viernes, desde Sanlúcar llegó Mari Ángeles Rodríguez, que se hace apellidar Mezcle por atención a sus mayores, a la peña Solera y Caña de Maracena integrada en el circuito de peñas andaluzas. Nunca la había visto, aunque, siendo de la zona de Cádiz, su propuesta podía entreverse.

En su presentación relacionaron no sé cuántos premios, bastantes de ellos centrados en la saeta. No es época de cantar saetas ni volar incienso, pero alguna toná o cantes de labor sí que habría venido bien.

23 años tiene la artista y presencia flamenca, aunque aún no domina el escenario. Le acompaña el murciano Pascual de Lorca a la guitarra, que dicen ganador de un Bordón Minero. Puede que sí (no lo he comprobado) pero o no fue su noche o no está a la altura. Corrección y arpegios más o menos logrados, pero sin destacar ni en el solo ni en el acompañamiento.

María empieza por caracoles con voz brillante y rica en registros. Su tierra le tira tanto que, después de unas malagueñas mediocres rematadas por un infructuoso intento de hacer fandangos de Granada, canta por alegrías. Una redundancia de ninguna manera justificada.

Su propuesta por peteneras es bien aceptada, a pesar de no atender a sus silencios. Su mejor propuesta fueron las seguiriyas, donde se quejó por derecho. En las bulerías volvió a los aires gaditanos. Y, como regalo, ya sin megafonía, ofreció unos fandangos bastante potables.

Con esta actuación la peña Solera y Caña de Maracena inicia el nuevo curso con la misma ilusión (y con el mismo presidente) que hace 11 años. Para este día vino el alcalde para manifestar su apoyo al flamenco y a la peña en particular, a la que prometió públicamente un nuevo local de 250 o 300 metros cuadrados. En la mano de los peñistas está la labor de llenar ese nuevo espacio de gente y de contenido.

* Imagen de su primer trabajo discográfico.

Lunes, 25 de Octubre de 2010 11:55 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un Giraldillo para Granada

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David Carmona obtiene el Giraldillo “Revelación”

Teníamos seis representantes granadinos en la Bienal de Sevilla con espectáculo propio, la mayoría de estreno.

Tácitamente este encuentro, por derecho propio, se ha convertido en el templo del arte flamenco. Es el vórtice donde converge todo el latir de nuestro arte, el de hoy, pero también el de ayer y en gran medida el de mañana, pues es en este foro donde se dictan las directrices a seguir, donde se colocan las primeras piedras para las construcciones de los próximos dos años.

La Bienal es un escaparate al mundo. Es el imprescindible álbum de fotos que identifica a quién es quién, que recoge a todos los que son y en gran medida son todos los que están.

Granada, ya lo dije, a veces es muda para occidente. Salvo algunos nombres granadinos (Maya, Morente, Yerbabuena) nunca ha habido presencia en Sevilla, en Jerez, en Utrera...

Este año, los cantaores Marina Heredia (con una actuación brillantísima), Estrella Morente y Antonio Campos; las bailaoras Eva la Yerbabuena (Giraldillo a la mejor dirección escénica: Juan Ruesga) y La Moneta (y Patricia Guerrero, en el espectáculo de Rubén Olmo, distinguido con el Giraldillo a la mejor coreografía); y el tocaor David Carmona, Giraldillo “revelación”.

He ido siguiendo la Bienal día a día a través de los periódicos, internet y, cuando he podido, en presencia, y he constatado la seriedad y la buena salud de los flamencos de Granada. Desde estas páginas quiero dispensarles mi admiración y respeto a cada uno de ellos, y una felicitación muy especial a David Carmona que, haciendo posiblemente menos ruido que nadie, con sólo 21 años se ha traído el galardón más prestigioso del encuentro sevillano para el artista novel.

Domingo, 24 de Octubre de 2010 11:06 volandovengo #. Flamenco Hay 3 comentarios.

Sueltos

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Últimamente he atendido a varios recitales de flamenco sin hacer mención de ellos, simplemente por falta de oportunidad o trascendencia, pero que sin embargo prevalecen en mi memoria jalonando mi programa. (No quiero hacer mención de lo que no he podido ver.)

Cronológicamente el primero que deseo atender se pierde en un día de entre semana del pasado mes. Actuaron Verónica Giménez, al cante, y Pepe Agudo, a la guitarra. De Pepe, natural de Huétor Vega, sabía de su afición pero no de su profesionalidad. Le queda mucho qué aprender. Debe estudiar, echarle horas y soltarse, sobre todo en el acompañamiento. Digamos que de amateur es bueno pero en el escenario deja que desear.

Vero, de estirpe flamenca de Montefrío, tiene mucho que decir, en cambio. La conocí hace cinco o seis años y ya me impresionó su afrontamiento, su estilo y sus formas, pero sobre todo su voz gitana, clara y afinada.

Esta cantaora hizo un paréntesis, por motivos que no vienen a cuento, y ha vuelto con ganas, todavía joven, muy joven. Aunque, como les digo a todos, esta no es una carrera fácil, hay que estudiar, trabajar, cuidarse y exigirse. Porque, para cantar flamenco, como dice nuestro amigo Antonio Gallegos, son imprescindibles poseer cuatro cosas: oído, talento, corazón e instrumento.

No recuerdo lo que interpretaron y menos su orden. Sí puedo afirmar que la guitarra se quedaba corta, y que la cantaora, aunque con la voz sensiblemente tomada, no podía volar con gusto.

Recuerdo con buen sabor su soleá de Triana, sus tangos y sus granaínas. Pero sobre todo un fandango de Montefrío, que debe mimar y vindicar allá donde vaya.

El 9 de octubre, en La Chumbera, asistí al espectáculo de baile de Adrián Sánchez. Este bailaor granadino ha emprendido una carrera en solitario que le sienta bien. Hasta ahora siempre lo había visto en compañía, rodeado de su mujer y de sus alumnas aventajadas, que le restaban fuerza y personalidad.

Parte de los bailes los presentó en Jérez con bastante éxito que, al no ser flamenco occidental, tiene doble merecimiento. Su baile es estiloso y tecnificado, basado en un perfecto tacón punta y un cuidado programa que trasciende hasta en el vestuario.

Su cuadro, sin embargo, siendo grandes en su estilo, queda disminuido para acompañar, máxime en una sala con sonido de ultratumba. Sergio Colorao, con su buen gusto, no es cantaor de atrás. Rubén Campos, con su creatividad, no es tocaor de atrás. El Turri ofrece una dimensión interesante con la travesera, sobre todo por bulerías. Cristina García acompaña a las palmas.

Es de destacar por soleá y por tarantos, sobre todo su roneo con gracia y con peso en los tangos.

El domingo pasado estuve en Le Chien Andalou viendo bailar a la bailaora algecireña afincada en Granada Pilar Fajardo. Bueno, intentando verla, puesto que el lugar es pequeño, estaba lleno y un parroquiano no me quiso abrir un hueco en la delantera, a pesar de que tenía posibilidad y un servidor ocupa poco y molesta nada.

Así, la primera parte tan sólo escuché que bailaba por levante y remataba por tangos. Tras el intermedio sí pude calzarme por detrás y entrever la propuesta por bulerías del guitarrista Josele de la Rosa, menos eficaz que otras veces, pero con un toque progresivo y personal; y el cante por tangos de Sara la Samarona, también de Algeciras, con letras bellas por inusuales, con poca voz aunque bonita y canastera.

* De izquierda a derecha: Sara La Samarona, Josele de la Rosa y Pilar Fajardo, ese mismo día (foto cedida por Josele).

Jueves, 21 de Octubre de 2010 12:25 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

La miel en los labios

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Apertura de temporada de la Platería

El sábado fue un día difícil para el aficionado. Complicado, no por la carencia, sino por la abundancia. En mi conocimiento estaba el baile flamenco de Lola Bustamante en el Auditorio de la Chumbera, en su ciclo sabático “Patrimonio Flamenco”; Ana Serrano y Hugo de Dogma estaban en la Peña Flamenca Manuel Ávila de Montefrío, en el Circuito de jóvenes andaluces por las peñas autonómicas; en el Centro Sociocultural Fernando de los Ríos de Albolote, en recuerdo de Miguel Hernández, dentro de la 11 Semana de la Oralidad, tenía lugar un concierto flamenco de Manuel Gerena, Juan Pinilla y Esther Crisol; José de Pinos estaba en Le Chien Andalou; Pilar Marchena en el Teatro Martín Recuerda de Salobreña; y Arcángel y Miguel Ángel Cortés abrían la temporada de la Peña de la Platería. Casi nada (el viernes también estuvo cargado).

Dónde ir. Difícil dilema si el deseo se multiplica. Decidí hacer un recorrido local del Sacromonte al Albaycín. De La Chumbera a La Platería.

Después de haber visto en el Centro de Estudios Gitanos el espectáculo más mediocre de los últimos tiempos (la nieta de Loles del Cerro, bastante alejada del arte de su abuela, tenía sus pellizquitos por tangos), puse mis esperanzas en la decana de las peñas.

Cuando a un artista le precede su nombre y es punta de lanza, la exigencia de su público debe ser mayor y la satisfacción declarada. Arcángel, que nos sorprendió con su primer trabajo Arcángel en 2001 (aunque después grabara dos discos de semejante factura) y se colocó entre los primeros cantaores de su generación, ofreció un concierto poco arriesgado.

La sola palabra “correcto” no debe ser suficiente para un artista de esta categoría. Reconocemos no obstante su bello timbre y su voz colorida y amable, su conocimiento del cante, su largura y su compás. Fiel representante de su tierra destaca en los temas fandangueros y en los estilos libres.

La soleá que principiaba el recital, lleno de esperanza la sala del cante. Los tangos, en los que se notó su influencia morentiana, bonitos no más (sobre todo su final), pero quedaron desleídos. Miguel Ángel Cortés, a su lado, reivindicó los sonidos del camino. La malagueña goza también del beneplácito del respetable, aunque se notara alguna ausencia. Necesidad rompedora de la que carecieron las seguiriyas descompasadas con las que acabó la primera parte. Ya sabemos que es una propuesta novedosa, ya sabemos que se tiende a redondear y a romper moldes por sonidos más vanguardistas, pero cuando los cimientos sufren, cuando la esencia se desvirtúa, se tambalea todo el edificio.

La segunda parte puede que estuviera más conseguida. Posiblemente por la abundancia de cantes fuera de compás. Incomprensiblemente vuelven al escenario con soleares, aunque más aceleradas. Por levante (taranta, cartagenera y levantica) tuvo sus cosas y los fandangos naturales terminaron de situarlo en su sitio. Las alegrías adquirieron un tempo lento, diferente y, con alguna confusión en las letras que le restó profundidad al mensaje, eficaz.

Y, antes de acabar por Huelva, lo que domina a la perfección, saludó por fin a los presentes, lo que definió el cambio del título de este artículo que se iba a llamar “Ni las buenas noches”.

* Foto de Daniel Muñoz para flamenco-world.com©.

Lunes, 18 de Octubre de 2010 12:29 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Para aprender flamenco

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La salida del baile flamenco, si no se tiene una carrera regular y medianamente reconocida, es la enseñanza. Incluso si el nombre precede al bailaor y el trabajo no falta, el llamado de academias para sesiones puntuales e impartir magisterio es continuo.

Granada es una ciudad flamenca indiscutible, donde hay unos particularismos evidentes. El cante suele ser más cerrado y estudioso, la guitarra rica en rasgueo y limpieza, el baile fuerte y extremo.

Al llegar esta fecha otoñal de principio de curso el horizonte se amplía, nuestros deseos son incluso más ambiciosos que para un nuevo año. Los propósitos para con nuestra vida, nuestros hábitos, nuestro cuerpo, son serios (aunque duren un par de meses).

Comenzamos coleccionables, dejamos de fumar, elegimos gimnasio, nos apuntamos en clases de... o decidimos aprender a bailar flamenco.

El baile flamenco, como toda actividad artística, requiere disciplina, responsabilidad, entrega, atención, seriedad y entendimiento.

Hay muchas madres que matriculan a sus hijas en academias flamencas (aún creemos que el baile es de chicas y el fútbol de machotes). Algunas también a sus hijos, aún desconociendo que el varón lo tiene más fácil simplemente por pura estadística. No tiene tanta competencia.

A la mayoría de estos alumnos les va a servir para poco estas clases. Como mucho para recordar cuando sean mayores que cuando niños aprendieron a bailar sevillanas, la reja o un poquito por tangos. A otros les entrará el gusanillo del flamenco y seguirán y si valen y tienen suerte encontrarán un hueco en este difícil mundo del espectáculo.

Pero cómo empezar. Fácil: yendo a una academia. Casi todas tienen niveles básicos y de perfeccionamiento, para principiantes e iniciados.

¿Cuál elegir? En principio la que se adapte mejor a las circunstancias de cada uno: cercanía y facilidad de acceso, horarios, precio...

Superada la base, nos podremos fijar en el profesorado, acompañamiento, carisma, cursos especiales...

No quiero inclinarme por ninguna academia en general ni mucho menos por un profesor en particular. Pero sí me gustaría hacer una relación de enclaves granadinos de confianza para prestarles nuestro cuerpo y nuestro tiempo y recompensarles con nuestro dinero (que bien mirado es mejor que invertirlo en un gimnasio).

En el Albaycín está el prestigioso Carmen de las cuevas y en el Sacromonte la Escuela Internacional de Flamenco ’Manolete’ en La Chumbera; Jara Heredia comienza este año a dar clases en la peña Luis Habichuela; y no sé si sigue funcionando la Academia La Presy.

En la ciudad tenemos la Escuela Flamenca Mariquilla en Santa Clotilde, la Escuela Superior de Arte Flamenco (de lo Zárate) en la calle Palencia, la Academia Andaluza de Baile Adrián y Cristina en la Carretera Antigua de Málaga, el Estudio Luis de Luis y Esther Marín en la calle Pasaje Andaluces.

En Cartuja está el recientemente inaugurado Centro de Estudios Flamencos, en la Acera del Triunfo la Escuela Flamenca Chua Alba, en Arabial la Academia Mónica Gómez, en Parque Luz la Escuela de Danza Española Maite Galán, en la calle Pablo Picasso la Academia de Marichu, en Torre de los Siete Suelos la Escuela de Danza Mariola de Burgos y en San José Baja la Escuela de Danza María del Puerto.

Si salimos a la provincia, en Ogíjares da clases Eva Esquivel, en Armilla Violeta Ruiz, en Huétor Vega hay una Escuela de Flamenco en la peña La Parra, en Bubión el Centro Flamenco La Fuente y en Motril la Academia Lunares.

Seguro que faltan nombres y locales, pero están fuera de mi control. Iré ampliando esta relación conforme tenga nuevas noticias.

Martes, 12 de Octubre de 2010 19:11 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Y ahora el concepto

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XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Primero fue la sangre. La sangre y la fuerza y la cueva y el fuego en los ojos. Después vino el vuelo y la técnica y el silencio y la razón. A continuación el espejo y el desinterés y la ventana abierta y una vena contemporánea que le da paso al infinito. Ahora llega el concepto.

El baile se sintetiza y dice más de lo que se ve. El interior sale por la boca y, como en un jardín borgiano, la bailaora se pronuncia, salta al vacío, y hace coincidir el flamenco con la vida y la vida con el baile.

En la parrilla del teatro Lope de Vega de Sevilla, para la XVI Bienal de Flamenco, La Moneta rasca en su ordenado cerebro y rasca en su corazón, enorme de pura verdad, y sale al escenario para jugárselo todo a una carta.

Se arriesga planteando una Duda al empezar. Una introducción vanguardista difícil de digerir para el público hispalense. El zapateado Claro oscuro rápidamente palia con gracia cualquier desajuste en la mente ortodoxa.

Los dos cantaores, Miguel Lavi y David Sánchez ‘El Galli’, se lucen con toda el alma en las tonás, sólo superadas en la soleá con la que cierran.

A estas alturas se evidencia una dimensión coreográfica en la bailaora granadina sensata y eficaz. Por momentos recuerda a Mario Maya, a Eva tal vez. Dos grandes aciertos sobresalen en este concepto grupal. El primero es la convencida ruptura de la simetría, de un cuerpo unísono y monótono, a favor del equilibrio y la apuesta individual o el alterno paso a dos. El segundo radica en la imbricación de un tema con el final del anterior y el comienzo del siguiente ofreciendo un estimulante dinamismo.

Estos puntos se evidencian con toda claridad en las Intenciones por peteneras, uno de los preciosismos de la obra, que Fuensanta baila con palillos y manga bolera y se solapa con los Aires a ritmo de Raimundo, apuntando el final de esta pieza. Benítez es un bailaor con clase e ideas que tiene bastante que decir. El público reconoció su entrega.

Totanera es un taranto, donde destaca el guitarrista Miguel Iglesias, que adquiere evidencia cuando se convierte en tango. Correcta la bailaora con vestido de cuadros y mandil, que se desmelena dominando como pocos en los guiños del camino. Ronea es sus pasos y estremece con las caídas.

La sorpresa de la noche llega frente al piano. Es Diego Amador que remata los tangos e improvisa por fiesta para aliviar la próxima entrada de La Moneta. Quizá un poco larga su intervención, quizá necesaria para enriquecer el momento. Como es habitual, el inspirado juego de las teclas, Diego lo colorea rascando el piano por dentro, en su empeño de demostrar que también es un instrumento de cuerda.

La pieza se va serenando hasta trocarse en zambra caracolera que canta el mismo pianista con su voz desgarrada y su aura gitana. La Moneta baila con un atrevido vestido de cola leopardiano que la convierte en mujer fatal entre sus partenaires.

Otro compás de espera se encuentra en los fandangos. Puede que lo más flojo de la noche por su inconsecuencia, que pasan sin embargo al apoteósico desenlace final por soleá y su remate.

Una reflexión antes de acabar. Por muy clara que tengamos la obra y por muy atados que veamos los cabos, un director de escena es necesario para poner a cada uno en su lugar y lo mismo que para el sonido y las luces se cuenta con dos grandes profesionales, el aspecto teatral debe ser supervisado.

Los cantaores cantan, si no serían actores o bailaores. El pedir de ellos que ocupen puestos avanzados e interpreten es un juego nada ventajoso.

Alma mía es la soleá donde Fuensanta La Moneta en verdad reivindica su espacio y su poderío, donde convence con la fuerza de su cuerpo e hipnotiza con su mirada. Es la conclusión lógica y trascendental de casi dos horas de espectáculo (demasiado largo). Soleá que se prolonga con aires de fiesta y termina con toda la fuerza y el poder de su arte, en un crescendo arrebatado por bulerías.

* ...que Fuensanta baila con palillos y manga bolera... (Luis Castilla© para deflamenco.com).

Domingo, 10 de Octubre de 2010 11:24 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una mijilla de Graná en Graná

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Flamenco en Le Chien Andalou

Mi teoría se confirma. Granada es la única ciudad donde se puede escuchar/ver flamenco a diario con meridiana calidad. Si no es en un teatro o un festival, es en una cueva o un tablao y si no en una peña o cualquier local alternativo. Lo que falta en este reino de taifas es una mínima y, por lo que llevamos visto, imposible organización.

Empieza la temporada fuerte. Las peñas se están desperezando. Tenemos los jueves La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros; los sábados el Patrimonio Flamenco en la Chumbera; los viernes y sábados espectáculo flamenco en la sala Vimaambi; los domingos en los Jardines de Soraya; las cuevas funcionan los fines de semana; el tablao Albayzín; fiestas en los barrios; el Concurso de Guitarra de Ogíjares…

Y ahora también en Le Chien Andalou. Todos los días, a partir de las 22,00, podremos disfrutar en este mes de octubre de una representación de los flamencos de la tierra, desde el ínclito Niño de las Almendras hasta Emilio Maya, pasando por Pilar Fajardo, Almudena Romero, Luis de Melchor o José de Pinos (miren el calendario a la derecha).

El local no es muy grande y, más que se llena, se abarrota en seguida. Pero todos encuentran su sitio. Tiene un pequeño escenario en una semi cueva abovedada donde se puede beber y se puede comer.

El martes estuve viendo a un trío de flamencos que llevan su arte y el nombre de Granada por todo el mundo. Sobre todo por los países del Este. Con algún añadido  (Lidia Valle, Marcos ‘Palometas’ y ahora Fita Heredia) mueven el espectáculo “Una mijilla de Graná”.

De protagonista figuraba Jorge ‘El Pisao’ con su guitarra, aunque la verdad forma piña indisociable con el cantaor David Sorroche y el bailaor Víctor Castro.

Destaca de ellos su profesionalidad y su sentido de la medida. Su actuación, adaptada para el local que le dio refugio, fue sincera y entregada, fresca y distinta. Sobre todo distinta. Tantas giras fuera de España le han llevado a destilar el flamenco ofreciendo lo preciso, arriesgando y comunicando nítidamente que el flamenco no es un escenario ni cuatro voces, cuatro patadas y el rasgueo de una guitarra. El flamenco es un modo de sentir, una ontología en la que influye el estado de ánimo, la acogida y hasta el tiempo atmosférico.

Como el camino de Machado, el espectáculo se va haciendo a cada paso. Por eso el nivel de complicidad e improvisación, siempre dentro del respeto y la alegría, un leiv motiv, es indispensable en un grupo que empezó en Málaga (malagueñas y abandolaos) y terminó en el Camino del Monte (zambra y tango), pasando por Cádiz (alegrías) y Huelva (fandangos), y encerrando en las bulerías todo el orbe musical.

Jueves, 07 de Octubre de 2010 11:07 volandovengo #. Flamenco Hay 4 comentarios.

En Granada se toca por orden alfabético

Alfredo Mesa, Álvaro ‘El Martinete’, Ángel Alonso, Antonio Heredia ‘El Chonico’, Antonio Carmona, Antonio de la Luz, Armando Linares, Bettina Flater, Carlos Zárate, César Cubero, Daniel Heredia, David Carmona, David Heredia, Emilio Maya, Enrique de Melgárez, Fco. Manuel Díaz, Francisco Jiménez, Isidoro Pérez, Jonatan Morillas, Jorge ‘El Pisao’, José de Pinos, José Fajardo, José Fernández hijo, José Manuel Cano, José María Ortiz, Josele de la Rosa, Juan Carmona ‘Habichuela’, Juan Habichuela Nieto, Juan Habichuela Ketama, Kiki Corpas, Luis Mariano, Luis de Melchor, Manuel Carmona, Manuel Carvajal, Manuel Heredia, Marcos García ‘Palometas’, Melchor de Córdoba, Miguel Ángel Cortés, Miguel Ochando, Oscar Martínez, Oscar Valor, Paco Cortés, Pepe Habichuela, Pepe Maya ‘Marote’, Pilar Alonso, Rafael Fajardo, Rafael Hoces, Rafael Santiago Habichuela, Rafael Soler, Ramón del Paso, Rubén Campos, Rubén Silva, Tomate de Montefrío, Vicente ‘El Granaíno’, Vicente Márquez "Tente”...

Lunes, 04 de Octubre de 2010 22:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una Estrella al alcance de la mano

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Una de las voces más valoradas en el panorama flamenco actual

En la Navidad de 2001, el mismo año en que vio la luz su disco debut, Mi cante  y un poema, aunque ya había tenido colaboraciones gloriosas en los discos de su padre (recuérdese el tema Manhattan en Omega de 1996), Estrella se dio el capricho de grabar Calle del Aire, en el que incluía un pequeño Regalo de Navidad, una taranta de Almería de cuando tenía siete años, acompañada por la guitarra del maestro pamplonés Sabicas. Corría el año 1988.

Esta incipiente grabación principiaba, quizá sin advertirlo, un hilo invisible en su manera de hacer que aún se está estirando. Con la voz todavía insegura de una niña, ya en esos años entonaba con suficiente afinación y gusto desmedido. El poso de lo que es y lo que llegará a ser ya se iba asentando.

No basta tener un nombre, aunque ayuda, no nos engañemos, no basta venir de una familia flamenca, tener como padre al número uno de la creación flamenca actual y de madre a una bailaora de raza. Hace falta tener cualidades, ser buena aficionada y poner pasión en lo que se hace. Si a todo esto le unimos una imagen arrolladora encontramos al animal de escena en que se ha convertido Estrella Morente Carbonel.

Su presencia la precede, su estilo y su elegancia, al igual que saber moverse en un escenario, pero si estas cualidades no se acompañan de una interpretación única y evidente, ya no en el panorama flamenco, sino en el orbe musical, la artista se diluiría.

El patriarca Enrique Morente dijo en una ocasión que la voz de su hija era la más parecida a la de un pájaro que había escuchado nunca. Es un gran piropo y, conociendo que su padre no opina gratuitamente, es una gran verdad.

Las cualidades de su voz, afinación, calidez, brillo, altibajos, mediotonos, notas inalcanzables… son indiscutibles; su poder escénico es hipnótico; su evolución da vértigo. En buenos maestros se ha fijado, que van desde su padre hasta su adorada Pastora Pavón, ‘La Niña de los Peines’, pasando por Marchena o Lola Flores. Y, aunque se considera cantaora flamenca por encima de todo, no duda en abrir la ventana e impregnarse de Frank Sinatra, Nina Simone, Chavela Vargas o Rocío Jurado, como evidencia en su último trabajo Mujeres (2006). No duda en prestar su voz a otras manifestaciones artísticas más o menos alejadas del flamenco, como lo demuestran sus incursiones cinematográficas, con Saura, con Almodóvar, en las que seguirá insistiendo, propuestas no le falta, asegura.

A este último trabajo tan heterodoxo, según los planes de la artista,  le sucederá próximamente un nuevo disco “que va a ser muy flamenco”. Habrá que estar atento.

Granada tiene en ella una buena embajadora. El nombre de su patria chica lo pasea con orgullo allá por donde camina. Se casó en esta ciudad y, aunque por circunstancias laborales sobre todo, vive en Málaga, confiesa que su destino es el Albaicín y más pronto que tarde volverá a Granada donde, entre otras cosas, "te traen el pan a la puerta de casa".

No todo son rosas, sin embargo. El escenario, gracias al cielo, no es una ciencia exacta, como las matemáticas. Hay días y días, existen altibajos, respuestas positivas y no tanto, incluso dolorosas. Los paladares no son todos iguales. El valor de una artista, de cualquier persona, se demuestra en los malos momentos, en las adversidades. Y, Estrella, ha demostrado que sabe levantarse cuando tropieza, que es optimista, que mira hacia delante fijando su meta en lo más alto. Detrás de ella (o delante) está su trabajo desde que la vimos adolescente actuando en La Platería, en el Corral del Carbón, con su compañera Marina Heredia, o en la Gala de presentación de los Campeonatos de Esquí Alpino de Sierra Nevada. Imparable.

Sin embargo, la natural ambición de toda artista, choca con la responsabilidad. Consciente de que en el mundo del flamenco la política del “pelotazo” es efímera o simplemente inexistente, de que andar se demuestra andando y que, como en los tangos de Morente, “…el mundo da muchas vueltas y ayer se cayó una torre”, se plantea la vida como una trabajadora y como una madre (una de sus facetas más queridas).

Por eso es exigente consigo misma, por eso no deja de luchar, por eso es humilde, como aprendió de sus mayores. Humilde y asequible. Una Estrella al alcance de la mano.

* Publicado hoy, domingo, 3 de octubre, en IDEAL.

** Ilustración de Antonio Mesamadero para la ocasión.

Domingo, 03 de Octubre de 2010 17:28 volandovengo #. Flamenco Hay 13 comentarios.

Manuel de Falla se reencuentra con el flamenco

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Concierto extraordinario

Reapertura del Manuel de Falla

Lamentablemente, lo más llamativo de la actuación de Estrella Morente y la OCG, en la reapertura del Manuel de Falla, el último día de septiembre, fueron los imperdonables crujidos de los altavoces, que limitaron manifiestamente la entrega de la artista.

En una inversión de más de cuatro millones de euros para la remodelación del Auditorio (acústica, asientos, cubierta, entrada, taquillas…), que falle algo tan simple como la megafonía es incomprensible. No lo he llegado a comprobar, pero debía ser la conexión de un cable en el micro o en uno de los altavoces. Cuando la cantaora subía, un craqueo tapaba su voz, así que, con tiento, se ofreció de una manera un tanto menguada. Lo suyo hubiera sido cantar a pelo, pero la orquesta se habría comido la canción. Las Siete canciones populares y El amor brujo, escritas por Manuel de Falla para una mezzosoprano, aunque Estrella tiene facultades, cualquier voz hubiera quedado reducida.

Juanjo Mena, director invitado, responsable de la BBC Philarmonic Orchestra, fue un ejemplo de dinamismo y perfección. La delicadeza milimétrica de su buen hacer fue ampliamente reconocida, no sólo por el público, sino sobre todo por los impecables resultados.

La noche comenzó con el Interludio y la Danza de La vida breve, una promesa de eternidad. Pero al abordar, ya con la artista granadina, una selección de las Siete canciones populares (El paño Moruno, Asturiana, Nana y Polo), el accidente aludido restó brillo a la obra. Estrella, una flamenca con tablas, superó no obstante el escollo con valentía. Dio lo mejor que pudo y fue agradecida su tesitura, sobre todo en la nana, pero el desajusté le afectó visiblemente.

Tras el interludio, donde Enrique Morente, presente con toda su familia, indignado con razón fue a quejarse, un micrófono de pie vino a sustituir al de cabeza.

La Suite Número 2 de El sombrero de tres picos superó el sobresaliente, para recibir nuevamente a la solista en El amor brujo, una tácita prueba de fuego para toda cantaora, por la que han pasado Rocío Jurado, Carmen Linares o Esperanza Fernández.

Un breve chispazo al principio anunciaba lo peor, pero no se volvió a repetir. Estrella, con un vestido rojo fuego con mucho vuelo, fue cogiendo confianza hasta llegar a dominar absolutamente. El segundo movimiento de este ballet fue poco menos que apoteósico. La cantaora encontró su sitio y se entregó como sabe. Para mí sobró el baile que protagonizó Estrella en los momentos musicales, a toda vista improvisado. El paseo alrededor de la orquesta, el movimiento del vestido y sobre todo el zapateado estuvieron de más. Elegante hubiera sido el sólo braceo o la simple pose en que la granadina arrebata.

Ante los aplausos continuados, fuera de programa ofreció un bis a capela, esta vez sin megafonía, lo que se terminó agradeciendo. Se trataba de las dos primeras estrofas de la Habanera Imposible de Carlos Cano. Lo que terminó de dejar un buen sabor de boca y la conciencia de que “Granada es como una rosa…”.

Sábado, 02 de Octubre de 2010 19:02 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

27 de septiembre

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Hoy hace dos años que nos dejó el maestro y coreógrafo Mario Maya y pienso que su hueco sigue siendo irrellenable y su recuerdo doloroso. Me niego a olvidar esta fecha, me niego a olvidar su figura, me niego a no soñar en sus sueños...

El 27 de septiembre debería ser fiesta local para los flamencos, para los gitanos. ¿Qué otro granadino ha alcanzado las cotas de universalidad de Mario Maya? ¿Qué otro flamenco estaba en efervescencia, en plena madurez creadora, a los 71 años? ¿Qué otro gitano ha llevado el nombre de su sangre con orgullo por todos los rincones del mundo?

Quedan en el recuerdo sus obras siempre rompedoras como una nueva manera de sentir, como un intento de dignificar el flamenco, de glorificar su raza. Títulos como Ceremonial (1974), Camelamos naquerar (1976), Ay! jondo (1977), Amargo (1986), El amor brujo (1987) o Mujeres (2008), quedarán en mi mente y en la de todos los aficionados como estallidos de amor, como obras de arte.

Pero no quiero engañarme, Mario también tenía sus detractores, víctimas de su carácter, mendigos de su éxito, celosos de su persona... Todos los genios tienen sus manías, su lado amargo, sus luces y sus sombras.

Es necesario olvidar rencores y que trascienda el talento. Ha llegado el tiempo de la hermandad y de reivindicar su figura. No nos podemos permitir, como ya he denunciado alguna vez, desatender a Mario Maya Fajardo y ensalza su nombre y su memoria, por lo que tiene de granadino (que es la mayoría de su persona y todo su sentir) como uno de los hijos más grandes de nuestra ciudad de estos últimos tiempos.

* Mario Maya (grafito/papel), dibujo de David Padilla, tomado de su blog, con fecha 6 de noviembre de 2009, para "Presencias Andaluzas" de Víctor Márquez Reviriego en el diario El Mundo de Andalucía.

Lunes, 27 de Septiembre de 2010 10:13 volandovengo #. Flamenco Hay 6 comentarios.

David Carmona por derecho

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XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Un artista de Granada tiene un doble trabajo: primero valer y después demostrar su valía. Y ese talento pasa por “conquistar” varias plazas. Son importantes Barcelona y Madrid, que está considerada en esto del flamenco como la novena capital andaluza. Pero sobre todo por el sur hay que sentar los reales en Jerez y Sevilla, sin olvidar el resto de ciudades de nuestra autonomía.

David Carmona lleva una evolución bastante coherente. Desde que lo tomó Manolo Sanlúcar bajo su ala en 2005, entendió que la guitarra va más allá del mero instrumento, que es necesaria una formación musical compacta y una cabeza bien amueblada para abrirse un espacio en este mundo.

Como resultado, el jueves, 16 de septiembre, presentó en la Bienal de Sevilla un recital con un peso específico digno de admirar en un chico que da sus primeros pasos como concertista en solitario. Su madurez artística unida a su humildad como persona llenaron el Teatro Alameda de una gran verdad, además de una esperanza seria de futuro.

Las horas de ensayo y el minucioso afán de perfeccionismo tuvieron su recompensa que hubiera sido más efectiva si todas las localidades hubieran estado cubiertas, si un mayor número de flamencos y de entendidos y de críticos se encontraran entre el público, diluidos por dudosa lógica de las variadas ofertas de la Bienal, supongo.

Algunos guitarristas granadinos (Miguel Ángel Cortés, Alfredo Mesa, Jorge ‘El Pisao’), en cambio, sí asistieron al estreno para apoyar a su paisano y reconocer su prestigio.

Como buen director de orquesta, gobernaba un grupo que se movía a expensas de su guitarra. Carmen Molina al cante, con su dulce voz, afinada y flamenca, tuvo que hacer encajes de bolillos para cuadrar las necesidades de David (las letras son del mismo Carmona). Oscar, con su segunda guitarra, extendía como en un eco necesario las propuestas rítmicas del concierto, Agustín Diassera y Miguel ‘Cheyenne’, los dos percusionistas, ofrecían un contrapunto tan moderado como eficaz en los momentos deseados.

Una taranta en solitario, como plato fuerte en los inicios con Sanlúcar, abre el recital. El frío de un comienzo se torna calidez cuando sus notas rellenan el teatro. Para la soleá llama a la cantaora y ambos se apoyan en la percusión cuando abordan la bulería llamada Motivo impertinente por la repetición insistente de unos acordes que emparentan la pieza con un breve ostinato clásico o un son cubano.

Las alegrías son también exclusivas en su dimensión sonora y la letra original y conseguida, aunque Carmen dudara en las entradas. Por fiesta continua su puesta en escena con unas bulerías desarrolladas en el sistema ‘mixolidio’, basado en la escala mixolidia griega, que Manolo emplea por ejemplo en su disco Locura de brisa y trino.

Los tangos, compuestos con estas mismas notas helénicas, ofrecen una visión completamente distinta a los convencionalismos existentes en toda la geografía tanguera.

Unos fandangos de Huelva, fuera de programa, vuelve a trasladarnos a las alas del más puro flamenco, que se remata sin lugar a dudas con una soleá por bulerías para baile, que aborda sin fisuras la bailaora Patricia Guerrero como artista invitada, más madura y sólida que nunca.

* Programa de mano (autor de la foto: Nono Guirado©).

Martes, 21 de Septiembre de 2010 19:15 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

En Granada se canta por orden alfabético

Alberto Funes, Alejandro Luján ‘El Gambimbas’, Alfredo Arrebola, Alfredo Tejada, Alicia Morales, Álvaro Rodríguez, Ana Mochón, Ana Sola, Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, Antonio Campos, Antonio Carmona, Antonio Fernández, Antonio Gallegos, Antonio Gómez ‘Colorao’, Antonio Trinidad, Aroa Palomo, Arturo Fernández, Carlos Cruz hijo, Carmen Carmona, Cristián Delgado, Curro Albayzín, Curro Andrés, Curro Vega, David Bastidas, David Sorroche, Elisa la del Horno, Encarnación Amador ‘La Nitra’, Enrique Morente, Enrique Morente hijo ‘Kiki’, Estela ‘La Canastera’, Esther Crisol, Estrella Morente, Familia Fernández de Íllora, Fernando Rey, Fita Heredia, Gema Caballero, Gilberto de la Luz, Irene Gómez, Isa la Jazmín, Iván Vílchez ‘El Centenillo’, Iván Vallejo, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Joni Cortés, José Balao, José Cervera ‘El Cuchilla’, José de la Porrona, José de Pinos, José Fernández, José ‘Pasita’, Juan Ángel Tirado, Juan de Granada, Juan José Garrido, Juan Miguel, Juan Pinilla, La Porrona, Lorena ‘de la Cumbre’, Luis Heredia ‘El Polaco’, Magdalena Ramos, Macarena Rodríguez, Mamen Ruiz, Manolo Osuna, Manuel Carmona ‘Nene de Santa Fe’, Manuel Heredia, Manzanita, Manuel Palma ‘El Zahoreño’, María ‘La Coneja’, María José Pérez, Mª Ángeles Pérez ‘La Niña la Plata’, Mari Ángeles Trigueros, Marina Heredia, Marta García ‘La Niña’, Mati Gómez, Mayte Maya, Mercedes Hidalgo, Miguel Barroso, Miguel Burgos ‘Cele’, Miguel Soler, Morenito de Íllora, Nati la Faraona, Nazaret Marcos, Niño de las Almendras, Paco Moyano, Pepe Fernández ‘Chure’, Pepe Luis Carmona, Rafaela Gómez, Rafael Muñoz ‘Niño del Cerval’, Rafi Heredia, Rudy de la Vega, Raúl Molina ‘Mikey’, Sara Heredia, Sensi de Carlos, Sergio Cuesta, Sergio Gómez ‘Colorao’, Verónica Jiménez “La Hindú”, Yudith Urbano...

Domingo, 19 de Septiembre de 2010 20:57 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El Gallo de Cristal

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El miércoles pasado tuvo lugar en el Museo Casa de los Tiros la presentación el nº 45 de la revista literaria Extramuros por parte de la Asociación Cultural del mismo nombre a la cual fui invitado. Qué tiene de extraordinario y por qué me hago eco de ello.  Las razones son bien sencillas.

Primero: porque una revista de letras tan longeva merece admiración y presencia.

Segundo: porque se le hace un homenaje, dedicándole sus páginas centrales, al escritor granadino Arcadio Ortega, al cual le profeso una admiración incondicional como poeta, narrador o ensayista.

Y tercero: porque el Grupo de Estudios Flamencos de la Universidad de Granada ha comenzado a colaborar en dicha propuesta. En ella han inaugurado una sección dirigida a la investigación flamenca, en la cual puede que colabore.

Querría explicar el acto, que terminó con poesía flamenca y recital de guitarra, soleá y bulerías, por parte de Isidoro Pérez. Quisiera también comentar el contenido de la revista, que casi no tiene desperdicio. Pero no lo haré.

Diré en cambio, que la presentación, aunque larga, fue emotiva y que las firmas prestigiosas.

Esa misma noche decidí montar mi particular celebración yéndome a la XXI Noche Flamenca de la Asociación de Vecinos de la Plaza de Toros y, aunque llegué tarde por haber recogido mal la hora de comienzo, pude contemplar cómo los artistas soportaban estoicamente el desastre de sonido que caracteriza este festival desde sus comienzos.

Tenía interés en ver y escuchar a Alicia Morales, pero cantó en primer lugar y me la perdí. Pude ver el segundo baile de Almudena Romero, que algo más reposado sería más efectivo. José Fernández, con su tónica festivalera, estuvo acertado. De Esther Crisol puedo decir que la he visto mejor otras veces.

Sábado, 18 de Septiembre de 2010 10:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El Capullo en Granada

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Hoy viernes 17, a las 22’30 tenemos a El Capullo de Jerez en la sala Sugarpop.

Dos veces al menos he visto a este cantaor en directo. La última en el Festival de los Ogíjares hará dos o tres años ante unos 2.000 espectadores de todas las edades a los que puso en pie indiscutiblemente con el soniquete de su fiesta y sus originales letras, que bien podían estar firmadas por Raymond Carver ("Apágame la luz / enciéndeme la luz...").

La primera vez en cambio fue un recital íntimo, de unas 20 personas, en el patio del Colegio de Abogados. Allí lo disfrutamos con ganas, pues le pilló en buena forma.

Entre risas y muecas nos contó de donde venía su sobrenombre y es que cuando nació dijo su madre: "Qué niño más guapo, parece un capullo...". Y así se quedó.

Ahora, véte tú a saber si era verdad.

*Foto: deflamenco.com©

Jueves, 16 de Septiembre de 2010 15:35 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Un festival a escala

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XVI Festival Flamenco Frasquito Yerbabuena

Aunque el número dieciséis preceda al nombre del Festival Flamenco de Cúllar Vega, en realidad es el segundo que se realiza desde esta nueva época. Frasquito Yerbabuena y su puesta de largo tenían un merecido prestigio nacional. Era un referente entre los festivales por su calidad y valoración. La peña desapareció y este evento con ella. El año pasado, sin embargo, un grupo de aficionados y flamencos del lugar volvieron a coger las riendas, a reordenar papeles e intentar llegar a ser lo que siempre han sido.

Después de un intento malogrado en el 2009 en una carpa del ferial donde el ruido externo mandaba en el cante, este año han decidido con gran acierto llevar esta muestra a la misma sede de la peña, al patio de las antiguas escuelas Pío XII.

Pero más aciertos rodean al primer festival serio de esta segunda época. El cuadro de artistas es variado y de un equilibrio agradecido; gran parte de los espectadores eran flamencos o peñeros, en una palabra aficionados (que eleva el nivel hasta en las butacas); la barra estaba en un recodo fuera de la vista, lo que evitó interferencias y exabruptos. Por otra parte, es un recital modesto y recogido, apenas 250 personas conformaban el público.

El baile es uno de los caballos de batalla de los festivales. Simplemente porque no se le da importancia. Es un instrumento de intermedio, que raya en el folclore y es un anticipo al flamenco “de verdad”. Por eso no se le presta la atención debida. Por eso el tablao es catastrófico tanto en textura como en sonido. Por eso los bailaores y bailaoras se encuentran marginados.

No debemos programar baile puramente por estética, únicamente para rellenar momentos vacíos. El baile no es un elemento bisagra sino que constituye una de las tres manifestaciones del flamenco, quizá la más completa, tal vez la más enriquecedora.

Ana Calí, con su cuadro (Sergio ‘Colorao’ al cante, Alfredo Mesa a la guitarra y Miguel ‘Cheyenne’ a la caja), abre la noche con una soleá. Contar con esta bailaora tan flamenca y experimental, sin olvidar la esencia, es un punto a favor. Un talento excesivamente íntimo unido a su desmedida humildad la ancoran a una ciudad sin perspectiva.

Su segunda entrega, en el ecuador del concierto, será definitiva. La granadina reivindica su tierra con una zambra, muy cercana al tango, donde la gracia, la frescura y el continuo roneo marcan algo que bien limado puede llegar a ser una de sus mejores cartas de presentación.

Esther Crisol, con José María Ortiz a la guitarra, es la primera cantaora. Su tónica es la habitual, quizá más segura que en otros momentos. Su cante grave tiene guiños al pasado que son muy agradecidos, aunque no trasmite todo lo que su voluntad apuesta. Comienza por la media granaína de Mariana Habichuela y, pasando por cantiñas y malagueñas, termina con un tango argentino por bulerías que tiene su punto.

El hijo de José Fernández, que acompaña a su padre con las seis cuerdas, empieza a superar a éste en flamencura y perspectiva. El cantaor no se la juega y apuesta por lo seguro, bulerías, cantiñas, malagueñas y fandangos, casi igual que el repertorio de Crisol. Los dos intentan rematar la malagueña con los fandangos de frasquito. Ninguno lo consigue.

Sin duda el mejor cantaor de la noche fue Antonio Gómez ‘El Colorao’ con Vicente Márquez ‘Tente’ arropándolo, sobre todo por soleá. Dijo que iba a cantar flamenco para los flamencos. Y vaya si lo hizo. Estuvo especialmente sembrado y se quedó con ganas de seguir. También destacó en lo tientos-tangos, fandangos y seguiriyas. Culminó con su éxito ‘Mi Mama’, dedicada con cariño, al que todos nos unimos, a Asunción Pérez como seria impulsora del flamenco desde la institución.

Como broche y cabeza de cartel, Luis El Zambo, con Isaac Moreno dándole el tono, hizo un recital previsible y monográfico. Del martinete pasó a la bulería por soleá, de ésta a las bulerías y después a la soleá. Acabó por fandangos. De cualquier forma es un cantaor puro y necesario, grande en lo suyo y con un eco jerezano digno de admiración.

Lunes, 13 de Septiembre de 2010 11:35 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Flamenco en los Grammy Latinos 2010

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Hace pocos años que, al otro lado del charco, se han enterado que flamenco no es flamenquito y que ’La Macarena’ o Azúcar Moreno pueden estar muy bien pero que de flamenco no tienen nada.

Desde un tiempo a esta parte, con asesores de prestigio, entiendo, los Grammy Latinos para el flamenco están más conseguidos.

Este año, en la categoría de Mejor Álbum Flamenco, están nominados los siguientes artistas:

Nacido en Lión, pero de orígenes granadinos (emparentado con los Habichuela), aparece en primer lugar el guitarrista Juan Carmona con su disco ’El Sentido del Aire’.

Desde Jerez, sigue pisando fuerte el carismático José Mercé con ’Ruido’, su último trabajo (donde vuelve a sumergirse de lleno en el flamenco por derecho)

El granadino internacional, Enrique Morente, es nominado por su primer trabajo de grabaciones "perdidas" (debajo de la cama, dice su mujer): ’Morente Flamenco Directo’.

Por último, dos almerienses imprescindibles (y únicos) en el toque de guitarra destacan en este listado. Son Niño Josele, con su disco ’Española’, y Tomatito, bordando su toque flamenquísimo en la ’Sonanta Suite’.

Viernes, 10 de Septiembre de 2010 11:09 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Ogíjares al pie del cañón

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XXXI  Festival flamenco de los Ogíjares

Difícil de superar el cartel del pasado año para la celebración del treinta aniversario con la presencia de Maite Martín, Marina Heredia o Arcángel, este año de crisis ha tenido sus buenos momentos sin embargo.

Manuel Curao, prestigioso presentador donde los haya, anunció en primer lugar que lamentablemente José Menese, como cabeza de cartel y eficaz reclamo, por alguna dolencia de última hora no podría asistir. La desilusión duró breves segundos, pues Manuel Moreno ‘El Pele’, para muchos el mejor cantaor en la actualidad, lo sustituiría en la escena.

La noche comenzó con retraso, lo que es habitual, y terminó pasadas las cuatro de la madrugada, lo que va suponiendo una costumbre obsoleta, digna de abolir en los festivales. Los tiempos han cambiado y el maratón de flamenco ya no tiene razón de ser por la oferta variada y continua. Ya no hay que esperarse a estas fiestas para disfrutar hasta el límite de unos cantaores que no vas a tener otra oportunidad de verlos.

Sin gloria pasaron los dos primeros participantes de la velada. Hay que reconocer que Miguel de Tena tiene una potente voz y un meridiano triunfo festivalero. Y que Gema Jiménez posee un bello timbre y una fiel modulación (los dos Lámpara Minera en La Unión), pero ninguno de los dos estuvo a la altura y sus facultades se dispersaron en un vocerío sin fundamento. Destacaremos no obstante los tangos de Miguel y a Gema por levante.

El Pele, dominando la escena desde un primer momento, es grande en la soleá y en las seguiriyas y por fiesta, aunque se extraviara en las alegrías. Tenía algo que decir y lo dijo. Sin embargo quiso acercarse a otros cantaores (hasta en la respiración) lo que limitó su entrega personal.

Isa Vega con su cuadro abrió la segunda parte. Y vaya si la abrió. Estuvo bailando por soleá más de veinte minutos con su natural brío bien definido. Su baile está hecho de retazos que a veces encajan. Sus finales son repetitivos, aunque su voluntad fuerte. Para colmo el tablao sonaba a lata. Flaco favor para el taconeo.

Antonio Reyes de Chiclana, como Rancapino, sorprendió por su buen gusto. Muy acamaronado en sus formas pero cantando por derecho, quizá con un tempo demasiado pausado (imperdonable en las alegrías). Arropado como nadie con la guitarra de Diego Amaya, estuvo especialmente iluminado en la seguiriya.

Julián Estrada cierra la noche con su voz laína y con Manuel Silverio a la guitarra, experimentando más que nunca (hasta olvidar el compás). Su comienzo por trilleras fue agradecido, como gratificado fue su regalo por granadinas.

Martes, 07 de Septiembre de 2010 10:45 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Presencia granadina en la Bienal de Sevilla

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Llevo tiempo anunciando sin temor a equivocarme que Granada atraviesa uno de los mejores momentos de su historia en lo que se refiere al flamenco.

En la ciudad de la Alhambra y en su provincia siempre ha habido grandes intérpretes, pero, en líneas generales, por el carácter reservado del granadino, se han quedado en casa.

Casi siempre ha sido un poco “yo me lo guiso y yo me lo como” y un mucho “más vale pájaro en mano…”.

O sea, que al artista local le ha costado trabajo abandonar su terruño y ha decidido conformarse con lo que tiene. Preferimos ser cabezas de ratón casero que colas de león foráneo. (Todavía los hay.)

Artistas, con todas las letras, como digo, siempre han nacido, crecido y olvidado en Granada. Tengo veinte nombres en la cabeza que allí quedarán por miedo de olvidar alguno.

Sin embargo, la cantera actual, en todas las disciplinas, asimila otro sentir y se expande por los más diversos rincones para vindicar nuestra existencia, nuestro flamenco, nuestra afición.

Es la primera vez, en sus dieciséis ediciones, que la Bienal sevillana desvía sus ojos hacia oriente e introduce en su programa a tanto flamenco granadino.

Comenzando por los más evidentes, que han pasado de ser artistas locales a ser nacionales, e incluso universales, citaremos la presencia de Eva Yerbabuena, con su estreno “Cuando yo era...”, que hace doblete los días 5 y 6 de octubre en el Teatro de la Maestranza.

El mismo teatro, unos días antes, el 26 de septiembre, verá a Estrella Morente “en concierto”. Y, entre medias, el sábado 2 de octubre, en el Teatro Lope de Vega, estará nuestra imparable Marina Heredia presentando su disco “Marina”.

El 8 de ese mismo mes, con el Lope de Vega ya calentito, La Moneta (otra de nuestras excelentes realidades) estrenará “Bailar, vivir. Suite flamenca para bailaora y compañía”. ¿Qué quién es su compañía? Buena pregunta. Pues quien le acompaña son dos bailaores jóvenes que tienen mucho que decir: Raimundo Benítez y Agustín Barajas. (Si puedo no me lo pierdo.)

Pero aún hay más. En el Teatro Alameda, el día 22 de septiembre, Antonio Campos (uno de los mejores cantaores de atrás de toda Andalucía) llevará en solitario su trabajo, fresco donde los haya, “Corral del Carbón”.

Y unos días antes, el 16 de septiembre, también en el Alameda e inaugurando por todo lo alto la presencia granadina en la Bienal, el guitarrista David Carmona, bajo el simple título de “en concierto”, con sus siete temas originales, demostrará que es un buen sucesor de Manolo Sanlúcar.

Suerte a todos.

* David Carmona en la foto (Nono Guirado©).

Martes, 31 de Agosto de 2010 19:07 volandovengo #. Flamenco Hay 1 comentario.

Sí a la noche gitana del Sacromonte

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Sacromonte cuna de flamencos

Quizá sea imprescindible entre las actuaciones del Museo programar una noche eminentemente sacromontana. Las voces desgarradas de Valparaíso, el personal soniquete, el marchamo del tacón punta… se deben cuidar y mostrar y mimar como autenticidades, como denominación de origen.

Para clausurar las noches flamencas en lo alto del barranco de Los Negros tuvimos a Joni Cortés y su grupo, arropado nada menos con la guitarra de Juan Habichuela nieto, recientemente llegado de hacer melle en Nueva York. Y, para completar la escena, una representación de la Escuela de Baile de Manolete.

Jonatan Fernández Cortes (Joni), con su voz laína, aunque bien templada, comienza su recital con toná, que sirven de preludio a su entrega por seguiriyas. Domina la pieza y ajusta los tercios mientras Juan le envuelve con esmero.

El Habichuela se queda solo seguidamente para bordar una rondeña, justamente aplaudida. Que se supera a sí mismo tocando por levante. No se puede acompañar mejor en los cantes de minas. El cantaor, con repertorio clásico, ofrece el dramatismo preciso de esta pieza.

Por Huelva, pasando por Alonso, con un agradecido estribillo a dos voces, termina una primera parte que, aunque fuera duplicada, nos queda corta.

Después del descanso, Juan Habichuela vuelve con una inmensa soleá donde los silencios tienen mucho que decir. Para las alegrías cambia la guitarra por la de Antonio ‘El Chonico’, más hecho al acompañamiento. Dos de las alumnas aventajadas de La Chumbera ilustran estas cantiñas. No pueden negar de dónde han salido. El estilo Manolete, la esbeltez y elegancia del maestro rezuma en cada paso. Sin embargo hay una clara diferencia entre estas bailaoras: mientras que una siente, la otra está pendiente. Debilidad que se cura con el tiempo y las tablas.

No podían faltar los tangos, que no son exclusivos de la tierra, y unos jaleos extremeños, muy al gusto de nuestros flamencos, para pasar a las bulerías con las que acaba la noche.

Un fin de fiestas tan prometido como esperado, que reunió en el escenario a Manolete, a su hija Judea y a su nieta, del mismo nombre, se diluyó tan sólo en una pincelada del maestro y Judea. Suficiente para demostrar su empaque. Insuficiente para terminar de engarzar ese broche de oro que se fue elaborando al paso de la noche.

* Foto in situ: Juan Güeto©.

Domingo, 29 de Agosto de 2010 12:02 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un mismo idioma

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Sacromonte cuna de flamencos

La fórmula funciona. La Orquesta Chekara de Tetuán llevan bastantes décadas fusionando la música andalusí con el flamenco. Con meridiano éxito esta agrupación ha ido cambiando y adaptándose a los tiempos y a sus nuevos componentes. Tanto es así que el formato cambia según la ocasión, pero la esencia se mantiene.

Con un repertorio más o menos “ancestral” grabaron un disco que es el que vienen exponiendo con altibajos desde siempre.

El miércoles, en el Museo-Cuevas del Sacromonte, presentaron una formación eminentemente flamenca y bien reducida. Tan sólo cuatro componentes, contando a la bailaora formaban el cuadro. Eché de menos algunos sonidos árabes (¿laúd?). Eché de menos un poquito de percusión (¿darbouka?).

Quizá la falta de vocabulario quede totalmente paliada cuando se habla un mismo idioma. La falta de ensayo es evidente cuando se ha representado de continuo un programa similar.

Jallal Chekara, al violín, con un oído afinado y un poder dominante, improvisa sin complejos. Alfredo Mesa a la guitarra, se impone como una de nuestras seguras apuestas. Suena más en consonancia y seguridad que en pasados eventos (Corral del Carbón). Demuestra su buen sonido y su capacidad interpretando en solitario, para abrir la velada, una rondeña de Riqueni.

A continuación, junto con el violín y las palmas, hacen una “introducción instrumental inspirada en la música tradicional árabe con acompañamiento de guitarra flamenca”, que tiene guiños de fiesta.

Los tangos de málaga adoptan un tempo más lento que el habitual. Asunción Pérez ‘La Choni’ comienza su baile exacto, elegante, sugestivo. Cuando el cante deriva en lo andalusí, graciosamente se apega a la rumbita y al eficaz juego de caderas.

La cantaora decide continuar en la Costa del Sol y aborda la malagueña de la Peñaranda, rematada con la rondeña grande y el abandolao de Juan Breva. Termina esta primera parte por soleá y bulerías, que también ilustra con decisión la bailaora sevillana.

El segundo pase comienza por farrucas (se echa de menos la voz de Vicente Gelo). Continúa con los tanguillos, Ábreme la puerta verde, uno de los platos fuertes de la cantaora, que acaba cantando sin megafonía a pie de escenario. Una tona introduce las seguiriyas que terminan de convencernos. Su fusión no deja qué desear. Cada uno está en su sitio. Para La Chone, con media cola negra y palillos. Posiblemente su mejor entrega. Y, cómo no, terminan con La Tarara, todo un himno, coreado por el respetable.

Viernes, 27 de Agosto de 2010 13:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Vocación pedagógica

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Sacromonte cuna de flamencos

El corazón del guitarrista Carlos Zárate a veces se desborda y el norte se diluye. Zárate es un corredor de fondo, como escribí una vez, con unos 30 años de profesión a sus espaldas. Es un artista muy particular, dedicado a los suyos y a su planteamiento de vida, que viene a ser lo mismo.

Carlos cree en la gente. Reconstruye el flamenco desde la base y tiende a darle oportunidades a todo el mundo. Dirige una academia, “Escuela Superior de Arte flamenco”, e intenta darle cuartel donde encarte.

Sin embargo, el Museo-Cuevas del Sacromonte no es el lugar apropiado para “principiantes”. La programación estival de este escenario apunta hacia la calidad y la experimentación, no hay lugar para el titubeo o el ensayo.

Un alumno aventajado, Armando Linares, abre la noche con su guitarra por fiesta. Su sonido es limpio y redondo. Perfecto telonero del maestro que, con sólo dos solos, deja claro su magisterio.

Son los momentos mejores de una noche que va decayendo con la aparición de sus alumnas al baile, de las que se rescata su voluntad y un atisbo de madera (el tiempo lo dirá).

La luz no obstante brilla en momentos, como la pataílla por bulerías de Rosa Zárate, y su labor impagable de rebuscar la sensibilidad en cualquier persona.

Miércoles, 25 de Agosto de 2010 11:57 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Pareja de reinas

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Semana Cultural de Víznar

Carmen Linares es la voz de mujer del flamenco contemporáneo. Su manera de enfrentarse al cante, su aguardiente (agudizado con los años), su compromiso y su tesitura, la hacen una artista imprescindible. Esto unido con una personalidad desbordante y un carisma especial nos arrastra sin duda a una veneración incondicional.

El miércoles, 18 de agosto, la encontramos en la Semana Cultural de Víznar, compartiendo cartel con nuestra joven apuesta, Ana Mochón, recientemente llegada del concurso de Las Minas de la Unión, donde quedó semifinalista para obtener la Lámpara Minera. También puso su arte y su color invariable Juan Andrés Maya y su grupo.

Carmen, como una reina, acompañada de un exacto Paco Cortés (posiblemente uno de los mejores acompañantes al cante del panorama flamenco), hizo, como es su costumbre, de su recital una reunión en familia. Su sencillez y humildad hacen que su grandeza se duplique.

Quizá con las facultades más mermadas que en sus buenos tiempos, su carisma sin embargo va en aumento. Su cante es popular y admirado. Se ha convertido en la banda sonora de todo aficionado. y si no fuera porque en el flamenco no se lleva, sus letras serían coreadas por el respetable, por sus incondicionales.

En primer lugar, la linarense nos regala unos tangos de Granada que, con el soniquete Cortés, suenan de lujo. Posiblemente sea la única artista foránea que aborda por derecho estos sonidos sacromontanos.

Continúa siendo grande por cantiñas y se crece más si cabe en la soleá que, cuando se apola, queremos ver un nuevo guiño a la tierra, a la manera de Cobitos.

Unos acordes de guitarra le dan el tono para abordar Con tu voz, la toná que grabara en 2008 en su trabajo Raíces y alas. Capela que completa con seguiriyas.

Acaba con bulerías y, como regalo, con algunos fandangos.

Ana Mochón, acompañada por Antonio la Luz a la guitarra, ha abierto la velada como otra reina. Las alegrías con las que se presenta ya son una constante en sus apariciones. Su completo dominio sin embargo lo veremos en las granaínas, donde sube a voluntad, igual que se pasea por los bajos y por los medios que estremecen.

La milonga lorquiana (Baladilla de los tres ríos) adquiere un tempo incomprensiblemente lento. Pero las bulerías con las que acaba son un ejemplo de compás, largura y gracia, que acaban con los Alfileres de colores de Diego Carrasco, otra constante en su joven haber.

Juan Andrés está mejor que nunca (como siempre para sus seguidores), se ve que sus últimos golpes de suerte le estimulan.

*Ana Mochón en Radio Albolote (© José Luis Pérez Martínez).

Martes, 24 de Agosto de 2010 19:14 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Punto de encuentro

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Sacromonte cuna de flamencos

Es necesario destacar en primer lugar lo bien que casan la música andalusí y el flamenco. Siguiendo con la apuesta de este año, el Museo-Cuevas del Sacromonte da un paso hacia la natural fusión de nuestra tradición musical con otros aires. El mes de julio ya estuvo dedicado al flamenco y el jazz. Este mes de agosto se oferta la mezcolanza con la música árabe.

No es necesario mencionar los puntos de encuentro de estas dos manifestaciones artísticas que no sólo pasan por Macama Jonda, Lole y Manuel, el Lebrijano o Morente, sino que se remonta a la época de los moriscos que dejaron su huella en Granada más que en otra ciudad andaluza y en concreto con la zambra que heredó la población sacromontana.

Con esta visión de hermandad globalizante, multitud de grupos y de artistas de las dos orillas, se han fusionado en perfecta comunión, advirtiendo que en realidad el lenguaje es el mismo. De hecho entre los temas tradicionales andalusíes podemos encontrar nominaciones coincidentes, como tangos, seguiriyas o farrucas.

Así, la falta de ensayo no fue óbice para que el viernes pasado (hace ya una semana) sonara en Valparaíso música fusionada de buena tradición.

Escuchar las propuestas de la Orquesta de Mohamed Akel ya es suficiente estímulo. Escuchar un flamenco de base con rajo gitano, con olor a cueva, termina de excitarnos. Pero entender las propuestas de mestizaje entre los músicos andalusíes y nuestros flamencos tiene un valor ancestralmente reconocible, al mismo tiempo que roza la frescura de lo inmediato.

Con Jaime Heredia El Parrón y Rudy de la Vega al cante, con César Cubero a la guitarra y Juan Fernández en la percusión, la fiesta estaba asegurada, aunque Jaime se fuera apagando conforme avanzaba la noche (insuperable por levante y en la soleá) , aunque un inoportuno apagón dejara unos tangos desangelados, que Rudy, César y Juan resolvieron con gran soltura. La nota de color la puso María al baile (bulerías y alegrías).

Pero si hay que elegir un tema, me quedo con la seguiriya, verdadera fusión entre las dos agrupaciones, verdadero punto de encuentro, que hace de los flamencos magrebíes y de los árabes andaluces.

Jueves, 19 de Agosto de 2010 18:42 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El cantaor redondo

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Festival de Alhama

Un millar de personas, ciento arriba, ciento abajo, disfrutamos en Alhama del cante de Miguel Poveda. Pues de un concierto de este cantaor catalán sólo se puede disfrutar. Es el cantaor redondo, es el artista justo. Siempre está en su sitio. Bien afinado, con facultades sobradas, conocimiento y respeto, una voz que pellizca y mucho paladar.

Fue presentado por el todo terreno de Curro Albayzín, que recitó un poema antes de leer el exagerado currículum del artista. Un comienzo frío y la ausencia de una guitarra, hizo que resultara algo desangelado. Pero sus tablas y su prestancia siempre llegan a buen puerto.

Poveda comenzó con el pregón El uvero, que cierra su trabajo de 2001 Zaguán, con una nota en el aire, a la manera de Morente, posicionándose en la plaza, como diciendo que cualquier cosa que hiciera la convertiría en oro.

Por cantiñas y bulerías presentó a su cuadro. Jesús Guerrero no es Chicuelo, pero su guitarra sonaba limpia y correcta. A la percusión Paquito González. Y, desde Jerez, Carlos Grilo y Luis Cantarote a las palmas.

Con una malagueña de Chacón (Que te quise y que te quiero) comienza sus cantes de Málaga, que completa con una rondeña clásica (A esa liebre no tirarle) y un fandango de La Peñaranda (Ni quien se acuerde de mí). Quizá se advierte un conato de respiración desestructurada al final de su entrega. (Bien por las falsetas de Jesús.)

Lo mejor de la noche viene en forma de soleá apolá, hermanando a Antonio Mairena y Pepe Marchena, dignificando sus dos maneras de entender el cante. Alterna sus letras sin dificultad. Cambia de registro como el que cambia de sombrero. Es realmente notable cuando, pasando a Marchena, imposta la voz y su falseta raza la flauta.

A partir de ese momento nos acomodamos en el cielo y cualquier cosa sería bienvenida. Como las tonás que introducen la seguiriya con solo compás. O La ciega, una copla de Quintero, León y Quiroga, por bulerías. Para pasar a unos sabrosos tangos de Triana o unos fandangos con generoso alarde de guitarra.

Es el momento que empieza a interactuar con el público y acepta peticiones. Así, casi a capela, entona Carcelero de Caracol (pero afinado); Torre de Arena, el tema que le abrió a Marifé de Triana las puertas del éxito, compuesta por los maestros de Lladré, Gordillo y Sarmiento; La niña de fuego, volviendo a la zambra caracolera; o Tres puñales, ese pedazo de poema de Rafael de León por bulerías que, en la voz de Poveda, estremece.

Con unas originales bulerías acaba el concierto. A su mitad altera el ritmo y comienza a meter copla, martinete, seguiriyas o tarantos en el mismo cante.

Antes de irse hace subir al escenario al admirado Curro, que le regala en un alfiler una Granada de plata, que la lleva guardando al menos un año para un encuentro como éste. El cantaor, en homenaje, le canta unos tangos del Camino, que el sacromontano baila con conocimiento y sal. El guitarrista no sabe seguirlos.

Como bises, después de casi dos horas de concierto, el cantaor como una rosa aún propone las “coplerías” que anticipara en Tierra de calma (2006), más conseguidas, si cabe; y Alfileres de colores de ese mismo disco, esas bulerías que le prestara Diego Carrasco y que se han convertido en todo un himno en los recitales de Miguel.

Sábado, 14 de Agosto de 2010 19:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Una guinda clausura el Corral

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Antonio Campos no es sólo un cantaor coherente y trabajador, sino que es de los artistas más agradecidos que conozco. Para clausurar la duodécima edición de Los Veranos del Corral quiso ofrecer un delicado presente de reconocimiento a un ciclo que cumple una labor de “trampolín” para los nuevos artistas, al tiempo que se ha convertido en un referente de privilegio y exigencia.

La “familia” del cantaor granadino es inmensa y universal. Año tras año va encontrando personas afines, hermanos de música, espíritus paralelos que van ampliando sus redes al mismo tiempo que su corazón.

Parte de estos amigos, músicos de primer orden, le acompañaron en un escenario que cuidó hasta el extremo, hasta hacerse de dos enormes candelabros de velas de olor canela a cada lado.

La blancura de sus vestimentas trasmitía paz a la vez que hacía entender que su propuesta sería algo fresco y distinto. El repertorio, las canciones populares de Lorca, vapuleado hasta lo indecible, podían muy bien pasar por algo nuevo, virginal y sereno. En general bastante arriesgado.

Una bella introducción al piano (Pablo Suárez) lleva al cantaor a comenzar con un zorongo animado al compás de jaleos. Yo me subí a un pino verde fue una petenera a capela rematada con el Anda jaleo de estilo libre. La guajira (Las tres hojas) es difícil de reconocer en un principio también con el teclado, en el que rasca sus mismas cuerdas. Tienen que llegar las precisas guitarras (Cano y Torres) para expandir sus aires cubanos.

Los cuatro muleros llegan por bulerías y un magistral toque de Cano a la guitarra, interrumpido por aplausos continuos, remató la fiesta.

El violonchelista José Luis López comienza los cabales, seguido por las guitarras y la entrega emocionada del cantaor, quizá demasiado emocionada. Y con El café de Chinitas por bulerías a compás se acaba la entrega lorquiana.

El preciosista toque de chelo comienza una farruca que baila Rafaela Carrasco como estrella invitada. Es una máquina de precisión y belleza que principia con las manos a la espalda, dando rienda suelta a sus piernas, para crecer de cuerpo entero. Con un hermoso juego de flecos dorados sobre su traje negro de pantalón y botas granates pasea por el escenario con los pasos largos que identifican la pieza. Muy femenina sin embargo en un baile de hombres, su baile se acerca definitivamente al tango argentino, tomando como partenaire a Antonio Campos que a su lado apunta la letra.

Jesús Torres propone levante, que el cantaor aborda demostrando su versatilidad. Taranta y levantica, antes de pasar posiblemente a la mejor entrega del granadino por soleá apolá, donde se acuerda de la tierra y es valiente en sus postres.

La bailaora vuelve para danzar unos fandangos chocolateros que Antonio entona a capela en medio del escenario. Rafaela es un ejemplo de sincronía, control y equilibrio. Con un vestido azul de cola y cubierto de volantes impone un dominio que se convertirá en preciada fuerza en las bulerías a compás con las que acaba una noche y unos Encuentros que se han ganado la mayúscula por méritos propios.

Antes de desaparecer sin embargo, después de la merecida lluvia de aplausos, un emocionado cantaor quiso rendirle homenaje a la plaza que le vio crecer y a Juan Valeriano Benavides, al que hizo subir a escena, protagonista activo del perfecto sonido del Corral, verdadera seña de identidad de estas noches veraniegas.

* Foto: deflamenco.com

Domingo, 08 de Agosto de 2010 11:00 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Sevilla y Córdoba se imponen

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Desde Sevilla llega Alicia Gil, una cantaora con presencia y fuerza, con profundidad y vanguardia, para dejarnos un poquito de su buen hacer. Con dos discos en el mercado, es una cantaora versátil, llena de recuerdos y de guiños contemporáneos. A la guitarra, su compañero Lito Espinosa, le resta eficacia, salvado posiblemente en las alegrías.

Unos martinetes clásicos sirven, a modo de presentación, para romper el hielo. Desde un principio se aprecia su conocimiento y respeto. Los tientos, con un aguardiente agradable, acaban por tangos que se quedan en occidente. ¿Es casual o a conciencia que reivindique continuamente sus orígenes hispalenses?

Sus temas son excesivamente largos y no tan ricos como para que los hubiera limitado y haber expuesto algunos palos añadidos que, según su tesitura, también domina. Esto se aprecia en la soleá que viaja despaciosamente de Alcalá a Triana.

Las alegrías tienen sal suficiente para convencer y las bulerías, con las que acaba su recital, las aborda en pie, como mandan los cánones, para ofrecer su braceo. Pronto  abandona el micrófono y remata la fiesta en la boca del escenario por cuplé, no sin antes acordarse hasta tres veces de nuestra Marina.

Desde Córdoba, por su parte, viene Daniel Navarro, verdadero maestro del gusto y el compás. Dani, en 2005, obtuvo el Desplante en La Unión y desde entonces no ha dejado de crecer. Y así lo demuestra en cada una de sus apariciones. Siendo un bailaor de bastante altura domina su cuerpo como pocos, redondea su figura y se integra en el espacio.

Las tonás van marcadas por la percusión exacta de José Carrasco, que se hace baterista para la ocasión y dimensiona el ritmo con escobillas de jazz, que se contrapone al zapateo del cordobés con el que siempre está diciendo algo. Porque es un bailaor que comulga con su público, que rellena la escena y que le va tanto la música como el silencio. El cante primitivo pronto deriva en seguiriyas, verdadera puesta de largo del bailaor, y en bulerías en las que se impuso el dominio de Juan Requena a la guitarra. Su toque es preciso y muy creativo; lleno de compás y naturalidad. Incluso una cuerda que le saltó pudo demostrar la personalidad tanto del tocaor como del bailaor que, entre improvisación y tablas, superó una prueba de fuego que a otro hubiera desarmado.

Los cantaores, José Carmona y Delia de Málaga, también estuvieron en su puesto, configurando el cuadro necesario para que un bailaor se despreocupe de lo que no es su entrega personal.

Los cantes de Málaga precedieron a la soleá con que terminó de convencer con una larga coda de tacón punta rebosante de pellizco. Dani sudó la camiseta (nunca mejor dicho). Estaba a gusto y lo demostró. Su retribución fue definitiva, convirtiéndose en un referente imprescindible en el baile actual.

Sábado, 07 de Agosto de 2010 13:21 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Échale Carbón

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

¡Échale Carbón! ¡Que sea de canutillo que es el que mejor arde!

Amador Rojas presenta en el Corral del Carbón su espectáculo Mandala después de más de un año de su estreno. El bailaor sevillano, que ya nos sorprendió con su montaje Khalo Caló, un homenaje a Frida Khalo, vuelve a apretar de nuevo las tuercas de la creación y la búsqueda.

Tan íntimo como siempre, encuentra tanta inspiración en el misticismo hindú que le lleva a diseñar hasta su vestimenta de seda y túnica, de negro y oro.

Una orientalista entrada en off nos muestra el mejor Rojas, sin depender de nadie, tan sólo de sus ganas y su propio cuerpo. Encapuchado, con las manos castigadas y un preciosista juego de piernas provoca una impresión de impotencia que se va liberando lentamente para crepitar como llama viva. Desde este primer momento pone las cartas sobre la mesa y da una precisa lección de esbeltez, dominio corporal y estilo rítmico. Redondea su figura convulsa, comenzando a edificar su baile mudable y personal que abarca el ambiente y rellena el escenario con movimientos sinuosos y continuas idas y venidas que provocan el duende.

Por otra parte, se enfrenta al silencio como pocos, haciendo de éste un complemento imprescindible el su corpus personal. Incluso sigue bailando cuando los últimos acordes han cesado y un violín retoma el ambiente, con el que interactúa multiplicando su importancia. La elegancia de sus pasos le acompaña hasta la escalera por donde hace mutis.

La guitarra despierta, ofreciendo cuartel a Amador para danzar su farruca, una pieza rematada por tangos que, aunque ajustada al nuevo modelo, ya vimos en el Isabel la Católica, cuando acompañaba a Canales. Es la mejor entrega de las guitarras que, en general están poco despiertas. Un artista de la categoría de Amador Rojas merece un cuadro de altura.

Otro receso por bulerías y una generosa entrada con percusión prepara al artista para abordar unas alegrías con su embrujo animal. Vuelve a retomar el silencio y a hacerse amo del compás.

Un cuplé por bulerías nos presenta a la cantaora María Carmona, a pie de escenario, entregada y pura, aunque los guitarristas le hacen el boicot. Les tuvo que pedir sonsonete al menos tres veces, hasta decir que mejor se callaran completamente.

La última propuesta de Amador fue una soleá y bulería que no deja duda sobre su buen hacer y la estela que con tanta propiedad va desatando.

* Foto: deflamenco.com

Viernes, 06 de Agosto de 2010 11:37 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

El peso de los apellidos

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Es difícil evaluar a la gente cercana. Es difícil encontrar las palabras precisas cuando el resultado es mediocre. Y es que fue más la emoción que la eficacia.

Enrique Morente, hijo (Kiki), y Juan Habichuela, nieto, comparten nuevamente escenario para dejar entrever su herencia. Las venas son transparentes y decenas de seguidores rellenan el patio de un Corral que está más efervescente que nunca. La expectación superlativa contrasta con la tranquilidad de los artistas. Con sólo 20 y 21 años respectivamente están más que acostumbrados a subirse a las tablas, a dirigirse al micrófono, a enfrentarse a cientos de personas.

A su favor, un espacio exclusivo, un sonido sin fisuras y el reconocimiento de sus incondicionales. En contra, un ciclo carismático donde el nivel de exigencia es notable, donde el listón ha subido bastantes centímetros al cabo de estos doce años de rodaje.

Así, afilamos los oídos y los lápices predispuestos a poner buena nota. Pero la realidad se impone y lo que debería fluir como en vaselina, se atranca desde un primer momento.

Kiki, con una bonita voz, remeda a sus mayores sin alcanzar sus mínimos. Juan es una de las mejores apuestas del momento. Kiki mejora con los años, lo que nos ofrece un ápice de tranquilidad. Juan es un valor en alza, un rey Midas para el flamenco.

Una toná a la manera de Enrique padre da el pistoletazo de salida. Su mediocre ejecución se desmorona definitivamente con el intento de polifonía con que culmina. La caña sin embargo siembra la esperanza. Su acertada medida y resolución hace que resalte como lo mejor del programa. El resto es un quiero y no puedo con altibajos notables. Conseguida también es la acelerada culminación de la seguiriya.

Los tangos son claramente morentianos, conmovedores por el guiño; y las bulerías a capela vuelven a vejar el recuerdo.

* Foto de archivo: Juan Habichuela (Antonia Ortega©).

Viernes, 06 de Agosto de 2010 09:51 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Fijo como el reloj

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Escuchamos a Miguel Lavi quejarse por tonás como los de antes: “no hay un hombre que sea fijo como el reloj”; y pensamos para nuestros adentros que fijo no, pero su cante es exacto, medido, dominante.

El martes este cantaor sube al escenario del Corral del Carbón con la humildad y el respeto que le caracterizan. En sus primeras palabras planea la duda y “la flor que amaba” de Manuel Torre no termina de encajar, pero la segunda letra por malagueñas de Enrique el Mellizo la borda sin fisuras. Una minuciosa labor de aguja y dedal que le acompañará el resto de la actuación, hasta hacerlo grande, inmenso para los oídos que buscan el gusto y el bronce.

Su estilo es tradicional. Su cante muy gitano, que redondea la guitarra cargada de pellizco de Manuel Parrilla. Se entienden a la perfección y van creciendo a la par.

Miguel sigue por lo jondo con una soleá por bulerías, en la que se hace acompañar por el compás preciso de Carlos Grilo y Luis Cantarote, creando un cuarteto jerezano consonante y de arte mayor; y después se queda solo entonando el martinete aludido al principio de estas líneas. Sus letras son las de siempre, su sonido es el de siempre, el fraseo vehemente. Hacía tiempo que no pasábamos tan buenos ratos escuchando a un cantaor tan joven y tan añejo. Nuestros oles se multiplican y el reconocimiento es merecido.

Unas seguiriyas de lujo preceden a las generosas bulerías, con los cuatro nuevamente, con las que acaba el recital. En pie despedimos a este cuadro sin desperdicio.

Luisa Palicio rellena la segunda parte. Aunque reconocemos una bailaora con peso, su baile viene a ser simple y repetido. El simple hecho de sacar dos vestidos de cola, que mueve con gran estilo, y repetir los mismos esquemas en la soleá y las alegrías, disminuyen su eficacia. Para redondear esta reiteración, propone guajiras entre medias, lo que encierra un paralelismo rítmico con las cantiñas finales que empobrece la obra. Además, para esta pieza cubana se hace acopio de un catálogo de accesorios a toda vista innecesario.

Rizando el rizo, la bailaora malagueña, estuvo pobremente arropada. Tan sólo por un cantaor, Moi de Morón, que se iba apagando por momentos, y un guitarrista, Rafael Rodríguez, que vino a ser el verdadero artista de la función.

* Foto: Miguel Lavi (flamenco-world.com©).

Jueves, 05 de Agosto de 2010 10:28 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

El duende escondido

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

No se ofenderá David Sánchez ‘El Galli’ cuando le digamos que ha tenido momentos más conseguidos ni creo que se moleste Ana Morales si le digo que me han dicho, porque yo nunca la había visto, que el lunes no fue su mejor día. Fría en general. El Galli, desde que lo conozco, ha ido ascendiendo progresivamente en su carrera. Hace unos días llegué a opinar de él que es uno de los artistas más en forma para el cante de atrás. Incluso, cuando se ha quedado solo, sus glorias son reconocidas. Ana Morales destila una buena técnica que sabiamente emplea en la búsqueda de nuevos universos. No en vano se alzó con el Desplante en el pasado Festival de Las Minas.

El duende sin embargo estaba revoltoso, buscó escondite y se negó a asomar las orejas si quiera, a pesar de que por primera vez empezaba a hacer fresquito, a pesar de lo bien rodeado que estaba el cantaor de Morón.

Por tonás empezó a reivindicar un sitio que no creo que le viniera grande. El intento emocionado de “conquistar” una plaza tan querida para él, no jugó a su favor. En la malagueña, que comenzó bordando la del Canario, adoptó un tempo inusualmente despacioso en un hombre que tuvo prisa durante toda la noche. Incluso, el preciosismo de Miguel Iglesias con la guitarra quedaba truncado con los anhelos del sevillano.

En soleá se mostró largo y con acierto. Fue el tema más redondo, en el que reconocimos al cantaor esperado. Echamos de menos unas seguiriyas. Las cantiñas sin embargo no llegaron a cuajar, aplaudiéndose más a la guitarra o a los palmeros, Torombo y Bobote, que fueron todo un espectáculo de eficacia y sal. Si acaso el carisma de cada uno chocaba con el del otro.

Por levante fue valiente, sobre todo en el dificultoso remate con la taranta de Pedro el Morato, si no se llega a levantar antes de tiempo, si hubiera redondeado los ayes finales desde su puesto.

El final por bulerías, que es uno de sus platos fuertes, tampoco estuvo muy conseguido. De todas formas reconocemos el poderío de este cantaor y esperamos que el duende se asome en su próxima aparición.

Ana Morales presenta su obra “De sandalia a tacón”. Sorprende primeramente con una danza (sonido en off) en zapatillas y vestido sedoso volandero, dejando clara su búsqueda orientalista. Su segunda entrega pasa por una introducción de guitarras y una generosa muestra de percusión con udu chileno, para pasar a un tremendo zapateado, que Ana bellamente hilvana sin abandonar lo asiático.

Sus músicos proponen una caña muy rítmica con el ayeo a dos voces. Ni Moi de Morón ni Antonio Campos se sienten a gusto en este cante. ¿Será por las guitarras tan turbias? ¿Será porque el duende seguía escondido?

Para las alegrías, llega la bailaora con vestido blanquísimo de cola con ribetes rojos. Es donde se le ve más acertada y con pellizco.

Nuevamente su cuadro se acelera en una seguiriya. Sin novedad.

Terminan por bulerías. Como si fuera un fin de fiestas, todos en pie a boca de escenario proponen una fiesta que la bailaora catalana tan sólo apunta.

* El Galli en la foto (extraída de su facebook).

Miércoles, 04 de Agosto de 2010 11:49 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Un camino fiel

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Sacromonte cuna de flamencos

El Museo-Cuevas del Sacromonte continúa con su apuesta mestiza, entendiendo que el flamenco es tal por haber bebido y seguir bebiendo de todas las fuentes. El tiempo, la sensibilidad, los públicos todos, terminarán por dilucidar el camino apropiado y salvaguardar lo más coherente a la tradición, la evolución más lógica. Y, al igual que Chacón reinventó los cantes para enriquecerlos y que Marchena sacó de la manga la colombiana y Camarón introdujo el sitar, no nos podemos cerrar al nuevo viento que sopla, a veces caprichosamente, pero a veces con toda intención de henchir nuestras velas y alcanzar el norte.

En “Camino Bojaira” han desembocado una serie de músicos con inquietudes. El pianista Jesús Hernández lleva algún tiempo investigando sobre el flamenco con distintas agrupaciones. Paco Peña, con experiencia flamenca demostrada, siempre le ha acompañado con su bajo eléctrico, introduciendo unos solos plenos de sabrosura. Una batería (Álvaro Maldonado) siempre es importante para dimensionar la pieza. El cante llegó después (Antonio Fernández). Igualmente necesario. Establece las señas de identidad del flamenco en sí. Por último, una bailaora (Ana Calí), le da coherencia plástica al conjunto.

La soleá presenta al grupo. El piano lleva el peso específico en todo el recital. Echamos de menos otro instrumento armónico que alterne, ya que el bajo y la batería, en general, son “accesorios” rítmicos de fondo, y la voz no tiene el carisma necesario. La bailaora puntualiza el tema en su mitad y se convierte en instrumento útil con sus tacones.

Los esquemas del flamenco se bordan en el piano, que se convierte casi en una guitarra, casi en una segunda voz, en la media granaína que se propone a continuación y que acaba en una difícil coda cercana a la samba, enorme en su compás de diez periódico puro.

En las alegrías se manifiesta sin lugar a dudas la necesidad de una guitarra que centre al cantaor, falto de compás. El baile de Ana, sin embargo, no deja dudas. Con derecho se lleva un gran homenaje del respetable.

La segunda parte viene en forma de tientos tangos donde empiezan a abundar los solos (bien por Paco). Una parada en seco en medio de la pieza ofrece un contrapunto interesante. El baile tiene el valor añadido de marcarse el compás por sí mismo. Es como si los pies respondieran a una invisible partitura.

La colombiana está hecha, como otros ritmos latinos, para ser fusionada. El piano es exacto y el resultado redondo.

Incomprensiblemente el cantaor a pie de escenario se lanza a capela con La Salvaora, mientras Ana improvisa un baile a su lado. Antonio Fernández ha empezado muy alto. Tiende a no llegar y desafina por momentos.

Un agradable comienzo de piano y platos introducen las seguiriyas con las que acaba la función, donde, seguidamente, el bajo tiene mucho que decir. El baterista tiene también su momento. Remata la bailaora acertadamente.

Como bis, el fiel Camino de Bojaira cierra la noche con un poquito por bulerías.

Domingo, 01 de Agosto de 2010 12:59 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.

Belén es una fiesta

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

En primer lugar he de advertir que soy incondicional de Belén Maya, por si algún elogio se queda corto que se lea superlativo.

Hasta que no se recibe un baño continuo de sensaciones placenteras y una mueca de felicidad no abandona la cara agradecida, no se adivina discernir con nitidez lo sobresaliente de lo resultón e incluso de lo mediocre maquillado de triunfo.

Belén es una fiesta en el escenario donde se divierte y hace gozar a su público. Demuestra segundo tras segundo que el arte va unido a la distensión y a la felicidad y que el camino hacia el cenit está cubierto de flores. Nadie ha de saber lo que sufre un artista. Nadie debe leer en el rostro de una bailaora las horas de ensayo, el paso complicado, la arruga del desasosiego. Que la sonrisa no sea tan sólo una mueca. Que las ganas se desborden por los ojos. Que el escollo tenga la gracia de la dignidad.

Belén, cabeza espiritual de toda una pléyade de paladines que conforman la punta de flecha del baile flamenco actual, prodiga sus formas como la hierbabuena regala su olor.

Nunca estoy tan agradecido a una primera fila que cuando alguien habla con todo el cuerpo, trasmite por todos los poros, sugiere con esa fuerza tan descomunal como humilde.

Fue Belén Maya la que gritó, como Alberti, que nunca volvería a Granada. Fue Belén Maya quien recibió dos duros golpes en nuestra ciudad encabezados por el consistorio y respaldados por quien se supone que es su familia. Fue Belén Maya la que tuvo que guardar sus papeles y sus sueños e irse con un portazo en las narices ante la inutilidad de reivindicar el nombre de su padre en La Chumbera. Fue Belén Maya la que recibió la llamada para que no se molestase en aparecer en un Festival de Otoño donde estaba anunciada a bombo y platillo. ¿Sería para que no hiciera sombra? ¿Sería por la ineficacia de los organizadores de dicho certamen? ¿Sería para embolsarse su caché tras una malísima gestión?

Pero con una profesionalidad impermeable, Belén Maya vuelve a Granada, como Alberti. Y lo hace por la puerta grande. Actúa para su público y sus seguidores que, posiblemente, son los que entienden. Y nos deja un ramillete de su arte que se le escapa a raudales en cada paso.

Puede que este sentimiento, este recorrido de la euforia al abandono, se reflejara en su primer baile que comienza por tangos, aclamando la luz y la fiesta, para pasar a tientos y terminar por levante reventando su pena y con ella la tristeza de todo el orbe, de quien ve pasar la vida sin resultados, del hijo sin expectativas, de la madre dolorida.

La guitarra de Rafael Rodríguez es también una fiesta. Tocaor versátil donde los haya. Mercenario de escena. Lleno de particularismos y particularidades. Disfruta con su genio y aplomo y trasmite esa energía y creatividad.

Una malagueña entona de manera añeja Jesús Corbacho. Se ajusta a los límites, quizá con demasiada queja y babeo.

La segunda entrega de Belén es una soleá por bulerías. En la misma escena remata el ensayo. Se hace niña por momentos, aprendiza de sí misma, y desde un comienzo propone el juego del ensayo y error. Como si se tratara de varios comienzos, la bailaora se deconstruye para reaparecer dominando. Sus manos, tanto paloma como pala, enmarcan su cuerpo quebrado o redondo, etéreo y rotundo. Termina en silencio, haciendo molino con los brazos, suspensivando una función que muy bien podría ser como fue pero que también podría haber sido de otra manera.

José Valencia impone sus facultades por bulerías, que incompresiblemente es lo que acabamos de escuchar. El escenario es suyo, el patio es suyo, el mundo es suyo. Y lo satura.

Una fiesta en la fiesta son las alegrías. Con un contundente vestido de cola rojo y mantón negro remata una faena que siempre se nos hará corta. Hacemos borrón y cuenta nueva. El vestido de cola raramente ha bailado antes de este momento.

Belén es señora de la sal de la Bahía, pero también es dueña del reposo, de la tradición y la vanguardia. Lo dice todo, pero todo le queda por decir. Y, si hay suerte, lo veremos y lo seguiremos contando.

* Foto: Antonio Robles©.

Sábado, 31 de Julio de 2010 10:28 volandovengo #. Flamenco Hay 11 comentarios.

Noche gachona

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

La apuesta del Carbón de este año pasa por Granada. Al menos una docena de intérpretes de la tierra han pasado o pasarán por su escenario, con todo lo bueno y limitado que tiene ese propósito. Se le da cuartel y cobijo a nuestra cantera, rica en los tiempos que corren, a la vez que se le muestra al público que los flamencos granadinos también pueden estar a la altura. Por otra parte, no nos descubren nada nuevo y las mermas son más evidentes.

Resultado: altibajos que, aunque anunciados, son incomprensibles.

El Corral se ha convertido en un escenario de categoría, en una prueba de fuego, en un jalón imprescindible en la carrera del artista. Actuar en este patio, que ofrece confianza y demanda calidad, es un orgullo y a la vez un compromiso. Los nervios de la responsabilidad a veces traicionan, pero a veces tranquiliza el saberse en casa.

Juan Pinilla, artista curtido en bastantes frentes, a sabiendas de esto propone un recital sensiblemente distinto a lo que viene ofreciendo últimamente. Sin embargo suena a duplicado. Su interacción con el público es tan agradecida como beneficiosa. Su voz es rotunda y segura, y su conocimiento dilatado. Se conoce a sí mismo, conoce a su público y conoce sus posibilidades. Por eso se decanta por las formas fandangueriles, por el cante libre y no el de compás, aunque de todo hay en su repertorio.

En plena búsqueda, su recital se convierte en un homenaje. Considera en primer lugar a Manolo Caracol con un romance que tiene mucho que ver con la zambra, que tiene mucho que ver con el fandango. Le sigue una petenera al estilo de la Niña de los Peines. En su comienzo ensalza a Pastora. Su segunda mitad es clásica.

La vidalita de Marchena, a la manera de Enrique Morente con el maestro Sabicas (1990) se convierte en su tercer obsequio. La caña, asegura, fue escrita por el simbolista francés Verlaine (1844-1896), sin llegar a saberlo; rematada por una soleá al estilo de Diego Clavel.

Se acuerda de Chano, de Calixto, de Morente, de Chabela, de Alberti… en las cantiñas, aunque trueca las letras. Paco Cortés, a su lado desde el principio es un dechado de exactitud y sabrosuras, más cuando se siente libre de trabazón con un cantaor versátil.

Por fandangos naturales acaba una actuación sin demasiados riesgos ni sorpresas.

Lucía Guarnido toma el relevo con su baile de hadas. Su inclinación al perfeccionismo hace que no se despeine, que un mechón no se le vaya a la cara, que una horquilla no le salte. Un respeto inicial la hace tensa por tarantos, que va relajando hasta convertirse en tonás, y de aquí a seguiriyas. Su baile es convencional, simbólicamente hablando. La parquedad de su elegante vestido negro cuadra a la perfección con la gravedad de la pieza.

El cuadro que lleva atrás no admite queja. Luis Mariano, más tocaor que nunca, más flamenco y sacromontano, demuestra su poderío por bulerías en el primer descanso de la bailaora, con una generosa introducción sentimental que comienza con los primeros acordes de Negra Sombra, un tema popular gallego con letra de Rosalía de Castro y música de Juan Montes.

Juan Ángel Tirado nació cantaor. Tiene una caja de música en la garganta y pulmones envidiables. Antonio Campos se viene haciendo ya hace mucho. Es un corredor de fondo, comprometido con el cante. Investiga, se auto exige y propone letras olvidadas y desconocidas. Imprescindibles en el flamenco granadino de esta última década.

Por caracoles, con un vestido de cola al uso, de color perla, aborda Lucía su segunda entrega. El abanico y el mantón refuerzan su pose demasiado estudiada y la flor sobre el moño la identifica del terruño.

El soniquete por tangos del Camino promete nueva tregua que Antonio, más formal, entona en los límites. Juan Ángel en cambio enriquece el cante desde otras costas. Mati Gómez les hace compás, quizá muy alejada del micrófono, quizá solapada con las palmas de los dos hombres.

La última entrega de la bailaora son unas bulerías, presumiblemente más libres. La técnica se impone a la intuición, el formalismo a las corruptelas del ambiente.

* Foto extraída del blog de Lucía Guarnido©.

Viernes, 30 de Julio de 2010 13:37 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Empieza el baile

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Después de la renuncia voluntaria al triestreno de Cristina Hoyos en el Generalife y su Poema del cante jondo, me alegré de forma indecible al disfrutar el programa del Corral del Carbón y de su larga y coherente trayectoria.

Lo he dicho más de una vez, creo que es el mejor espacio de pequeño formato que conozco en toda España. Esto, unido al marco, a la familiaridad y a un sonido impecable, que mejora día a día, lo convierte en un ciclo tan necesario como presencial.

No recuerdo la última vez que vimos a La Nitra en el escenario. Quizá, no hace mucho, acompañó a su tío El Polaco por bulerías; y otra vez en La Chumbera acompañó a no sé quien (mi memoria es flaca y no creo necesario buscar el dato). Pero para encontrar un recital propio, quizá haya que remontarse a principios del milenio.

Por eso se le pensaba menos en forma y atrevida. Pero al contrario, arropada por la guitarra exclusiva y respetuosa de Paco Cortés (estupendos sus solos) que amortigua como pocos cualquier desliz, la cantaora estuvo suelta y en su sitio, aunque su cante sea sota, caballo y rey.

Encarni La Nitra tiene una voz gitana de peso y un bello timbre que necesita cuidar. Abrió por alegrías. Muy correctas. Al igual que impuso su dominio en la soleá que, junto a la fiesta, es su palo por antonomasia.

Los tarantos fueron una sorpresa. Un doble homenaje: a Miguel Hernández en su año y a Enrique Morente interpretando Compañero, el tercer corte de su disco Despegando (1977). Fue un quiero y no puedo. No estuvo a la altura deseada y el texto quedó truncado.

Para acabar con esta entrega excesivamente breve, propuso bulerías, cantando alguna letra a pie de escenario, poniendo en evidencia la poca familiaridad que tiene con el micrófono.

La segunda parte no sólo subió el nivel de la velada, sino que identificó al Corral con su refinada propuesta de baile. La bailaora sevillana Adela Campallo se ha tenido que reinventar a sí misma tras un grave accidente ocurrido hace unos cuatro o cinco años que a punto estuvo de acabar con su carrera. Así ha tenido un antes y un después que le ha sentado de maravilla. Antes se distinguía (o no se distinguía, como quieran) por un baile “más salvaje”. Ahora reposa el baile, escucha el cante, baila el silencio. Hace del vacío, de la parada, un complemento necesario en su conjunto, convirtiéndola en una bailaora muy original, tanto en sugerencias como en la elección músical.

De esta manera comienza por galeras, un cante llamado Mi condena que se inserta en el disco Persecución (1976) de El Lebrijano, con letras de Félix Grande. Con vestido corto, de volantes circunstanciales, Adela rompe moldes. Se quiebra o redondea su cuerpo a voluntad, haciéndonos llegar un aire fresco y avasallador. El sonido, como ya hemos dicho, es rotundo. Aunque, me temo, que las voces no están a la altura de unas guitarras que tampoco son definitivas.

Mientras se prepara para la segunda entrega, José Carrasco hace un vertiginoso solo de percusión. Para las alegrías, la sevillana luce vestido de cola azul que se degrada hasta el celeste en los volantes de sus bajeras. Sigue convenciendo con rotundidad, pero su luz es menos intensa que al principio.

Una taranta de Linares y unos abandolaos interpretados por sus músicos, amortiguan la guinda final que llega en forma de seguiriyas precedidas por un pregón con metido en el mismo compás.

Adela vuelve a su origen e impone su nombre y su figura para tener en cuenta en el ramillete de nuevos bailaores que van a más, que dicen algo con un lenguaje distinto, con un lenguaje propio.

* Foto: Paco Sánchez©.

Jueves, 29 de Julio de 2010 11:12 volandovengo #. Flamenco Hay 2 comentarios.

Una guitarra brillante

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XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Después de una semana de promesas que no llegan a cuajar, el Corral del Carbón retoma las riendas para mostrar lo que siempre ha sido. Aunque recordamos que en otros años pasó lo mismo y el carbón no comenzó a prender hasta los tres, cuatro o cinco días de rodaje (obviando el primer día con un estreno de excepción), hasta que acaba en una combustión difícil de apagar por mucho tiempo.

El lunes abrió la velada un introspectivo Miguel Ochando con su guitarra precisa. Puede que, junto a José Manuel Cano, encabece el concertismo en Granada. Su forma de tocar es limpia y exacta, equilibrada y redonda. Más lírico que otras veces, Miguel se impone sin aspavientos en uno de los primeros puestos del panorama nacional, buscado por todos los cantaores que quieran añadirle un nuevo valor a su entrega.

Ochando comienza homenajeando la tierra con una granaína. Es rico en arpegios, pura agua. Continúa, apoyándose en la segunda guitarra de Alfredo Mesa, interpretando un zapateado de Esteban Sanlúcar, conocido en su repertorio, que se incluye en su trabajo discográfico Memoria (2007), dedicado a los maestros clásicos de la guitarra flamenca.

Otra vez en solitario borda una rondeña, para pasar rápidamente a la fiesta, en compañía nuevamente del aventajado Alfredo, que ya no se bajará del escenario. Así proponen bulería clásica; la rumba llamada El inclusero de Juanito Valderrama, musicado por Niño Ricardo; una bella guajira, que principia con los acordes de Ojos verdes; y acaban por bulerías. Todo un derroche de sensibilidad y arte.

El baile de Eva Esquivel ocupa la segunda parte arropada por un cuadro de excepción eminentemente granadino. A saber: Sergio Colorao y Antonio Campos al cante; a la guitarra Luis Mariano; y Miguel ‘El Cheyenne’ con el cajón. Eva es correcta y estilosa, nada recargada. Aunque le falta la picardía necesaria para dar sabor a la escena. Comienza su entrega, visiblemente nerviosa, con un taranto. El mantón negro se convierte en un obstáculo más que en un añadido. Se le enreda en el pelo y en la silla y no vuela como debe. Al pasar a tangos, no obstante, la bailaora se relaja y convence roneando.

La malagueña de Chacón Del convento las campanas sirve de interludio para volver a ver de nuevo aparecer a Eva, con cola blanca y palillos, para dejarnos una pincelada por fandangos albaycineros, bella por su brevedad.

Otra vez, sólo los músicos, nos proponen una vidalita que, en la voz de Sergio y la guitarra de Luis Mariano, es todo un regalo. Acaba la bailaora granadina por alegrías, que encierran unas bulerías muy de tablao, y se rematan con aires de Arcos, muy al gusto de Antonio Campos.

* Imagen: © deflamenco.com.

Miércoles, 28 de Julio de 2010 11:50 volandovengo #. Flamenco No hay comentarios. Comentar.