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La hermandad gitana

La hermandad gitana

Festival Internacional de Música Gitana

De lo que más me impresionó cuando asistí al Festival de la asamblea gitana, además de la variedad de comunidades repartidas por todo el mundo pertenecientes al mismo pueblo, es la hermandad que une a todos ellos. Cuando salimos del Auditorio de La Chumbera, donde nos esperaba un gran cóctel, tuve la oportunidad de conocer y charlar con algunos de los asistentes. Hablando con el presidente de la agrupación gitana de Asturias me comentaba que ellos podían recorrer todo el mundo sin ningún desamparo. Todos los de su étnia, que entre ellos se reconocen con felicidad, se tratan como hermanos y abren sus puertas de par en par sin necesidad de hacer preguntas.

También me enteré de que a los gitanos españoles, hace algún tiempo, se les achacaba que no hubieran conservado el romanó (la lengua de los gitanos) y no se entendieran con foráneos. Ya llevan un tiempo cuidando este idioma y fomentándolo entre las familias. Esto es debido, me comentaba Antón Carmona, a que los gitanos de fuera no habían dejado de ser nómadas y habían seguido cultivando este lenguaje, mientras los españoles se hicieron sedentarios y no tuvieron esa necesidad.

El Festival, que formó parte del primer Congreso de Mujeres Gitanas, celebrado en Granada, los días 23, 24 y 25 de octubre de este año, que reunió a gentes de Europa, Suramérica y Asia, fue una muestra sensible del folklore de este pueblo que, como punto de unión, pueden tener la alegría y el sentido musical del ritmo.

La presentación se hizo en varios idiomas y comenzó por un texto muy aplaudido donde se reivindicaban las bondades y creencias del pueblo rom.

La representación española abrió la velada. En concreto, una representación de gitanos malagueños y granadinos, con ‘La Repompa’ a la cabeza y el flamenco, como no podía ser de otra forma, por bandera. Unos martinetes rompieron el silencio para dar paso a Alba Heredia, muy en su papel, bailando por soleares. ‘La Repompa’, con carisma y acierto, hizo lo que sabe hacer, especie de cuplé encadenado por bulerías cantado y casi recitado mientras baila. Terminan entonando el himno gitano, Gelem-gelem, por bulerías como fin de fiestas.

Finlandia reemplaza a los españoles cantando desde el patio de butacas hasta el escenario. Son la Familia Akerlund, el padre, con la guitarra, y la madre y la hija cantando, con unas voces impresionantes y un dominio de los altibajos realmente sobresaliente. Su repertorio son canciones gitanas tradicionales finlandesas muy sentidas, en gran medida coreadas por el público conocido.

A continuación, en representación de Holanda, salió una pareja perteneciente a la World Artits Iniciative ‘Khetanes’. Roger Moreno, compositor alemán mundialmente conocido, que compuso recientemente un Réquiem para las víctimas de Oslo, tocaba el acordeón (aunque también tañe con virtuosismo el violín). Piroschka Triska es una de las voces gitanas más bellas de Europa. Su repertorio igualmente consistió en un recorrido por las canciones gitanas tradicionales de Holanda y Alemania. Ella, con vestido de vuelo multicolor, apuntó varias concesiones al baile, con un agitar de hombros maravilloso y una sonrisa perfecta.

Para cerrar el encuentro, Sapera Shanti y Sageeta, dos gitanitas procedentes de Rajasthan, en La India, pusieron la guinda final, con su danza típica llena de color, vueltas sin fin y de tintineo de decenas de campanillas enroscadas en su cuerpo o en sus vestidos. No serían bailarinas de primera fila por sus silencios, titubeos e improvisaciones, pero tenían toda la gracia y la frescura del exotismo de su país, en el que podemos vislumbrar algún deje que han conservado las flamencas a través de los siglos, pues de La India proviene este pueblo. Fueron varias danzas tradicionales, con música en off. Las primeras, individualmente, la última en pareja, duplicando así su eficacia. Estas bailarinas, que danzan descalzas, son verdaderas contorsionistas. Una se quitó sendos anillos de las manos y, echándose hacia atrás, sin doblar las rodillas, los recuperó con el guiño de los ojos. La otra hizo lo propio con un billete de veinte euros, agarrándolo con la boca.

Entre medias de las hindúes, salió una espontánea de Lituania, que no estaba en el programa (“los gitanos somos así”, dijo la presentadora, de origen colombiano) que, con ayuda de un disco, cantó una bella canción de su país.

* Roger Moreno y Piroschka Triska en la foto.

Javier Latorre en la cima

Javier Latorre en la cima

Premio Nacional de Danza 2011

Me alegro de que el Premio Nacional de Danza de este año haya recaído en el valenciano, afincado en Córdoba (de donde no me iré nunca, escribirá recientemente), Javier Antonio García Expósito, Javier Latorre.

Este bailaor y coreógrafo, que ha tenido como maestros a Aurora Pons, Ciro, Pilar López o Ángel Pericet, a pesar de su aparente vida desordenada, es un trabajador de la danza, dinamizador de grupos y enseñante exclusivo. Todos los bailaores jóvenes del momento, al menos todos los que tienen algo que decir, han pasado por sus manos (algunos, figuras consagradas).

Una característica notable de sus clases y cursos es que lo da todo, no se guarda nada y anima a sus alumnos a grabarlo en vídeo para poder ‘robarle’ los pasos, que él ya inventará otros.

Hace poco a Javier se le propuso, desde la Concejalía de Cultura de su Ayuntamiento, dotar a Córdoba de un centro formativo de primer nivel y de una compañía de danza estable, puesto en marcha en el Centro de Danza del Teatro de la Axerquía.

Ahora, el día 20 de octubre de este año, ha sido galardonado con el Premio Nacional de Danza, que concede el Ministerio de Cultura dotado con 30.000 euros, destacando su "constante preocupación por el desarrollo de la danza en España, en especial por su contribución a la evolución de la concepción coreográfica del flamenco, que incorpora elementos de la danza española y de la danza contemporánea en una exposición creativa reconocible tanto en sus creaciones para su propia compañía, como para otros artistas".

"Estoy feliz y muy nervioso, porque son 44 años sobre los escenarios, con 47 coreografías hechas y otras veintitantas para mis compañeros, y esto es una alegría muy grande", explicó a Efe. "La crisis fuera de España no la hemos notado, pero aquí faltan teatros, escenarios y estructura donde poder mostrar las creaciones que tanto nos cuesta y que son cultura para la sociedad", terminó reivindicando. Por otro lado aseguró que las mujeres bailaoras están arrasando.

Aunque nos pase desapercibido, este galardón recae habitualmente en artistas flamencos desde que lo inauguró el bailarín y coreógrafo Antonio Gades en 1988. El pasado año lo recibió la malagueña Rocío Molina y, el anterior, Lola Greco. También han sido premiados, en el apartado de Interpretación o de Creación (las dos modalidades en las que consiste dicho premio) Javier Barón (2008), Manuela Carrasco (2007), Israel Galván (2005), Sara Baras (2003), María Pagés (2002), Eva Yerbabuena (2001), Antonio Canales (1995), Mario Maya (1992) y Cristina Hoyos (1991).

* Foto del ABC digital, edición Córdoba ©.

Una presentación ajustada

Una presentación ajustada

Las voces que no callaron

Como si de una estrella mediática se tratara, el teatro Isidoro Maíquez se llenó desde un primer momento para asistir y apoyar la presentación del disco-libro de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, sobre la canción flamenca republicana y comprometida antes, durante y después de franquismo.

La expectación era superlativa. Las gradas estaban llenas de políticos de izquierdas, de flamencos comprometidos, algunos de ellos participantes en el trabajo de alguna manera, como Paco Moyano, de familiares y amigos solidarios y de público en general, más o menos incondicionales del cantaor de Huétor Tájar.

La presentación sin embargo fue ajustada, se limitó a recorrer el contenido del disco, salvo la temporera y debla, con textos de Nietszche, tan emocionada del cedé. No obstante, el concierto hizo las delicias de sus seguidores. Un recital que tuvo bastante de manifiesto posicional y de vindicaciones sociales.

Algún detalle creo que formalmente no encajaba en el conjunto. Por ejemplo, el blasón de gran formato, que enmarcaba el rostro de Juan al fondo del escenario (quizá mejor la portada del libro) o su aparición estrella entre bambalinas una vez que sus músicos habían comenzado.

Abrió la noche con el mirabrás que cierra el disco, con letras de Moreno Galván y adaptación de Menese. Buen tema para romper el hielo, con problemas de megafonía (ni el cante ni el compás se oían demasiado), sólo la guitarra de Josele de la Rosa estaba realmente en su sitio. Objeciones que se solucionaron en su segunda entrega por cartageneras que introdujo un poema de Cernuda en la voz del actor Paco Algora (presente también en el disco). Continúa la noche con seguiriyas de Cádiz y los Puertos, escritas por José Heredia Maya y Francisco Moreno e interpretadas por el desaparecido Antonio Cuevas ‘El Piki’. Una nota perdida determinó los desacertados finales de algunos de los cantes, como el remate descontrolado de los tangos.

Otro recitado de Algora, con celofán en el micrófono, dio paso a la petenera de Luis Marín (y, posiblemente, de Che Guevara) que supuso, sin duda lo mejor de la noche, sin quitarle mérito al cante de las minas o a la seguiriya.

Para los fandangos del Corruco, Macandé y Vallejo, Pinilla contó con el apoyo del almeriense Pepe Villodres, que definitivamente no estaba centrado, del que me consta su buen hacer.

La insurrección de los cómicos fue otro de los poemas grandemente aplaudidos que recitó de memoria el actor invitado, al que suele recurrir a menudo, antes de dar paso a los tanguillos que, con la guasa característica, se musicaron algunas frases adaptadas de Groucho Marx, en la que hay verdaderos aciertos, pero en general suenan muy forzados.

Acaba el recital con los cantes más festeros del trabajo. Los tangos, Don Manuel, con letra de Moyano, que suenan en el disco con la guitarra de Paco Cortés, se los dedicó al mismo autor. Son reconocibles las segundas voces y los coros de Fita Heredia, Encarni Heredia y Villodres. Y al final las bulerías, que el autor llama filosofulerías, con palabras de Gregorio Marañón, Allan Poe y Franz Gillparzer, que sonaron un poco sosas.

El poeta lloro por bulerías, con su pataílla final, fue el breve fin de fiestas fuera de programa que ofreció nuestra última Lámpara Minera.

* Juan Pinilla, en una foto de archivo de su facebook.

Circuito por las peñas andaluzas

Circuito por las peñas andaluzas

El miércoles por la mañana, en la peña flamenca de La Platería, se presentó el quinto Circuito Flamenco Ocho Provincias a la memoria de Enrique Morente, con presencia del Consejero de Cultura, Paulino Plata y del Presidente de la Confederación Andaluza de Peñas Flamencas, Diego Pérez Castillo.

Representando a la familia Morente estuvo el pintor y amigo personal Gabriel Esteve, pues ellos no asistieron "por los momentos duros que están pasando, ya que se acerca el primer aniversario de la muerte del cantaor y la fecha del juicio (por mala praxis médica)".

Actualmente existen 348 peñas en Andalucía, en pleno funcionamiento. El circuito le da cobertura a 120, con otras tantas actuaciones, que irá ampliando año tras año. De las cuales, 80 son de toque y cante y 40 de baile, cada vez más demandado. La danza flamenca no recorrerá todas las peñas porque muchas de ellas no están preparadas para dicha manifestación.

Según el consejero "las peñas tienen un papel esencial en el desarrollo y en la difusión del flamenco", a lo que añade Mª Ángeles Carrasco, directora del Instituto Andaluz de Flamenco, que "las peñas son auténticas catedrales laicas del flamenco, universidades populares de un saber de siglos". Con este espíritu, este año, se le otorgó la Medalla de Oro de la Junta de Andalucía a la Confederación de Peñas.

El pasado año, entre artistas, peñistas y aficionados en general, disfrutaron unas 11.000 personas las actuaciones que este Circuito organiza, y la cifra sigue subiendo. Los beneficiarios son muchos, pero sobre todo es de aplaudir la labor que se hace con los artistas jóvenes, con la nueva cantera de flamenco, en sus tres modalidades que, con iniciativas como esta, tienen acceso a unos escenarios y a un público privilegiados.

El presupuesto total es de 145.000 euros que van a parar a 22 peñas de Sevilla, 19 de Cádiz y Córdoba, 16 de Málaga, 15 de Jaén, 11 de Huelva y ¿por qué 9 solamente en Granada y Almería?

Como Isidoro Pérez, Presidente de la Federación de Peñas de Granada y Vocal de la Confederación Andaluza, lee este blog, le animo a que nos lo explique, al igual de por qué no hay representantes granadinos que se desplacen a Sevilla ni a Cádiz ni a Huelva, y por qué se han seleccionado esas peñas en particular (las de Almuñécar, Montejícar, Gorafe, Huétor Tájar, Ogijares, Salobreña, Lentejí, Monachil e Íllora) y no las otras.

* En la foto, los componentes de la Mesa: en el centro, Paulino Plata, con el programa en las manos; a su derecha, Gabriel Esteve; a su izquierda, Diego Pérez e Isidoro.

Un disco necesario

Un disco necesario

Las voces que no callaron

Antes de que existiera la canción protesta, antes de que se acuñara su término incluso, ya llevaban los flamencos varias generaciones, si no reivindicando sus derechos, sí denunciando su situación mediante la queja, la exaltación del dolor y las desigualdades sociales. Quizá no fueran conscientes de esto; quizá, más bien, su sentimiento no tenía una consciente función social.

Que la historia la escriben los vencedores no hay duda, y ya sabemos quien venció y revenció en España durante más de cuarenta años. Pero que la memoria la avienten también los victoriosos es algo que hay que cuestionar. Siempre hay conciencias, siempre hay espíritus, siempre hay voces que no callan denunciando las injusticias, las desigualdades.

Como es de suponer, el trabajo de Juan Pinilla, Las voces que no callaron, no es un disco de cabecera, sino un documento para ser escuchado y abordado con atención. Es un disco-libro necesario, como digo. Para tener en cuenta, no esa intrahistoria que decía Unamuno, sino esa otra historia paralela y solapada que late por salir a flote, por ser conocida, para que las generaciones no conozcamos el pasado con un solo ojo.

Es un libro de urgencia, escrito con el corazón por el mismo cantaor comprometido con una izquierda militante. Como tal, no le vendría mal un repaso de estilo, pero es un buen punto de partida reivindicativo, no ya de las voces que silenciaron, sino de las vidas que sesgaron con la cárcel, el exilio y hasta con la misma muerte.

Reivindicar nombres como Miguel Molina, Canalejas de Puerto Real, Angelillo, Antonia Mercé, Sabicas y tantos otros; o, más actuales, Gerena, Morente, Gades, Menese… es una cuestión de honradez.

Es un libro inexcusable, como digo, y emotivo e inaplazable, con recuerdos conocidos, con datos olvidados con sucesos escondidos, en el que puedo destacar multitud de detalles. Pero permitidme que mencione el nombre de Juanito Valderrama como hombre de izquierdas, republicano y comprometido (en contra de lo que se ha pensado durante mucho tiempo), que ayudó tanto a los flamencos y, si le hizo el juego al régimen, fue por un espíritu parecido al que guió a Schindler en su famosa lista.

Otro punto que me entusiasma dentro de la obra es la atención prestada a los personajes granadinos como Paco Moyano, Mario Maya, Enrique Morente o el Piki o los intelectuales Pepe Heredia, José Guardia o Juan de Loxa, que colocan nuestra ciudad en medio del medio del compromiso, aunque no lo quieran.

En cuanto al disco, bellamente ilustrado por Vázquez de Sola, goza de una coherencia clarividente en la trayectoria de Juan Pinilla como cantaor expuesto y estudioso. Juan pertenece a ese grupito de cantaores que pueden musicar cualquier cosa. No como los cantaores de occidente, como Chano Lobato, que podía meter el viento de levante por bulerías, según Antonio Murciano. Sino más en la estela de Enrique, que cualquier texto se hacia canción en su oído y son en su garganta.

Consta este trabajo de nueve cantes y dos recitados muy sentidos (Emma Cohen y Francisco Algora), con tres guitarras: Rafael Rodríguez, tocaor entre otros de ‘El cabrero’, generoso en las seguiriyas; Paco Cortés, imprescindible en los tangos; y Josele de la Rosa, que está inmenso en la cartagenera, por ejemplo, y sobre todo por bulerías.

Después tenemos un nutrido de colaboradores en el compás y los jaleos (Fita Heredia, Pepe Villodres, Los Exquisitos, Luis Maya, Pepe Maya, Alberto Raya, Chiricoco y Helena Leyla) que dimensionan el trabajo hacia un reconocimiento más amable.

Las letras son importantes, de la época, reivindicativas. Letras de Galván (mirabrás), de Moyano (tangos), de Marín (peteneras), de Pepe Heredia (seguiriyas) y otras populares, que se alternan con textos de Nietzsche (debla y temporera), Allan Poe (filosofulerías), o de Groucho Marx (tanguillos). Todo compone un disco donde reconocemos claramente un autor inquieto y preocupado por la sociedad. Aunque como reconoce en los postres de su libro “nadie ha osado utilizar el flamenco para hacer política en su sentido más amplio”.

Hoy, jueves 20 de octubre, a las 21,30, se presenta este trabajo, Las voces que no callaron, en el Teatro Isidoro Maiquez de CAJAGRANADA, con la guitarra de Josele de la Rosa; a las voces y palmas Encarni Heredia, Fita Heredia y Pepe Villodres; y como artista invitado el actor Paco Algora.

Voz afillá

Voz afillá

Releo hace pocos días un reportaje que, en la revista Vivir Granada, fechada en junio de 2009, una periodista de nuestra ciudad le hace a Jaime Heredia ‘El Parrón’ tras visitar su casa en el Albaicín. Entre algunos detalles superficiales, más o menos casposos, la entrevistadora aludida hace mención a las líneas que la Guía libre del flamenco (José Manuel Gamboa, 2001) dedica a este cantaor. La autora reproduce: “Cantaor gitano de voz potente y afilá, con indiscutible eco flamenco y excelente compás, iniciado desde muy joven en las cuevas del Sacromonte” (la cursiva es mía).

O sea, la reportera en cuestión, que ha leído afillá en la versión original, ha creído que, siendo una errata de imprenta, era su deber corregirlo por el bien de la afición, sin darse cuenta que estaba diciendo exactamente lo contrario. Basta con intercambiar unas palabras con Jaime para darse cuenta que su voz no es fina ni afilada, sino todo lo contrario, broncínea y aguardentosa. Custodia de la queja y del dolor.

Afillá es esa voz ronca, rozada y recia, que poseen algunos flamencos, sobre todo gitanos, que rebuscan las entrañas. Dichas voces, o dichos intérpretes, reciben este nombre por conocerse así el timbre de 'El Fillo' (Francisco Ortega Vargas), cantaor portentoso, nacido en Puerto Real (Cádiz) en la segunda década del siglo XIX que, por lo que sabemos, destacó en muchos estilos, y como siguiriyero marcó época.

Gustavo Adolfo Bécquer, describiendo una escena Sevillana, nombra a este cantaor, tío de Tomás el Nitri (primera Llave de Oro del cante), que influyó tanto en la definición del cante de Triana.

El poeta dice así: "Sólo, lejos, se oyen, el ruido lento y acompasado de las palmas y una sola voz quejumbrosa y doliente que entona las coplas tristes o las seguiriyas del Fillo".

* Fotografía de ‘El Parrón’ en esa misma revista (autoría de Alba Muñoz©) bajo el epígrafe de Guzmán. Mi mascota y yo.

Malagueña

Usa distinto jarabe,
aunque de ti digan mal,
tú no digas mal de nadie,
procura no ser igual
que después todo se sabe.

La Quinta del Sordo

La Quinta del Sordo

Hoy he salido tan temprano que al atravesar la puerta el portero me ha dado las buenas noches.

En llegando a casa de nuevo, en el momento en que las calles están llenas de prisa y de sueños rotos para entrar al trabajo, quien lo tenga, o al lugar de estudio, observo a la mayoría de los transeúntes, sobre todo los jóvenes, ajenos, con auriculares en las orejas o con el móvil activo, desarrollando el pulgar en el chateo (antes era ’tomar chatos de vino) o hablando por él.

Mi atención se ha centrado no obstante en una chica, rubia, morena o castaña, hablando con esa especie de “manos libres”, que hace como el que piensa en voz alta.

Yo tenía un profesor de pintura que me decía que los que hablan solos son los niños o los locos. Niños no he visto (o no me he fijado), locos, todos.

Ahora porque estamos acostumbrados, familiarizados con las nuevas tecnologías de la comunicación, pero hace escasamente veinte o treinta años, cuando un teléfono de bolsillo era impensable, nos hubieran tomado por orates.

Todo esto: móviles, música, obras, coches y otros ruidos, hace que perdamos el oído, que disminuya nuestra sensibilidad a la hora de apreciar sonidos, y tapamos el ruido con más ruido, como quien se pone desodorante después de haber sudado.

Vivimos en una Quinta del Sordo permanente (que no se llamó así por la sordera de Goya, sino a la de un propietario anterior). Cada vez somos más duros de oído y, si hubiera vida exterior, estoy seguro que se nos conocería por el planeta ruidoso, a pesar de la Gran Muralla que, digan lo que digan, no se ve desde el espacio.

Es evidente, hablando de algo cercano, que los cantaores de antes, sin ningún tipo de megafonía, llenaban plazas de toros en sus actuaciones, y no es que tuvieran una voz prodigiosa, que la tenían, pero como pueden tenerla más de un artista en la actualidad, sino que el público en general tenía el oído más limpio, menos contaminado, más hecho a la lejanía y a la percepción de un sonido único, pues tampoco había qué lo distorsionara.

* El perro, pintura negra de Goya en la Quinta del Sordo.

Con una sonrisa

Con una sonrisa

Cualquier destino, por largo y complicado que sea,
consta en realidad de un solo momento.
El aleph, Borges

El barrizal impedía que avanzara con ligereza y la lluvia rasante le cegaba la vista varios palmos hacia delante. Las cortinas de agua oscurecían la noche borrascosa, más si cabe. Cuando detenía sus pasos, acuciado por la inclemencia, alguien le empujaba con desgana manifiesta. No anduvieron mucho, sin embargo. El tapial, seguramente blanco, se elevaba en su presencia. La luz mortecina de una bombilla pelada evidenciaba la penumbra.

Se detuvieron a un metro escaso de la pared encalada. Un pañuelo húmedo cegó definitivamente al cautivo, mientras el piquete se preparaba para formar una hilera varios pasos a su frente. Sus ropas pesaban, empapadas por el aguacero. Sus oídos escuchaban solamente llover sobre los charcos y algún trueno lejano que retumbaba acercándose. Sus botas eran puro barro, como si ya perteneciera a una tierra que pronto lo habría de contener. Fumar era inútil.

Recordó en esos momentos que las tribus nativas de Norteamérica, cuando iban a enfrentarse en un mal día, como el que estaba aconteciendo, se concedían unos a otros la sentencia de que no era tiempo para morir, y los dos grupos se retiraban a sus poblados para emprender de nuevo la lucha cuando el tiempo fuera más benigno.

Los soldados alineados esperaban la orden del sargento que, con el sable desnudo, musitaba entre dientes maldito día o algo parecido, como si la suerte adversa fuera la suya y no la del condenado.

Alzó la espada sin más preámbulos, había que acabar pronto, regresar al cuartel para secarse y entrar en calor esperando que pasara la tormenta. Los relámpagos empezaban a caer demasiado cerca y los soldados estaban bien nerviosos, con chorreones de agua que resbalaban desde el chacó de fieltro hasta la entrepierna. Los pies chapoteaban enmohecidos dentro del calzado. La oscuridad era pesada y creciente.

―¡Preparados! ―cantó el oficial con el brazo derecho en alto, mirando a los soldados tensos.

El pelotón de fusilamiento empalmó sus armas sobre el hombro y apuntó lo mejor posible a una sombra que se difuminaba en las sombras.

―¡Listos! ―bramó de nuevo el sargento, mirando al reo de forma aséptica.

En ese momento, un rayo quebró la inmensa rama de un árbol cercano que con las mismas abatió a toda la hilera de verdeoscurro y al sargento con ellos.

El cautivo, cansado de esperar la palabra postrera que lo mandara al otro mundo, se alzó levemente el pañuelo de los ojos atendiendo al desastre que para él suponía un vuelco de la fortuna, un segundo nacimiento, la oportunidad inexcusable de comenzar una nueva vida, enmendando en lo posible los entuertos causados en su mundo egocéntrico.

Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el río pensando en visitar a sus padres y rogarles perdón, que habían insistido en que no se alistara, que la guerra no era suya, que quedara en la hacienda manteniendo una existencia modesta pero digna. Él no les hizo caso y corrió en la primera ocasión para engrosar las milicias libertarias, abandonándolo todo, dejando a sus progenitores ahogados en llanto.

Se agarró a unos maderos, a modo de balsa, y se dejó arrastrar por el río hasta las posiciones de sus camaradas. Mecido por la corriente, antes que le venciera el sueño, aún pensó en su querida María, que abandonó con un niño de pecho llorando en las haldas.

Despertó en las filas amigas que le comunicaron que la contienda había terminado con la rendición de los contrarios. Que la mayoría habían huido, fusilando a sus prisioneros, robando lo que hubiera que robar y destruyendo todo a su paso.

A los dos días, el salvado del paredón, se adivinaba junto a su mujer y su hijo, después de haber llorado su regreso junto a los padres. A la promesa de que no se separaría de ellos el resto de su vida, le secundo una noche lenta y gozosa de amor que le imprimió una sonrisa permanente durante el sueño postrero.

Un relámpago lo despertó al momento de oír la voz del sargento que rotundamente gritaba ¡fuego!, al momento que ocho descargas desgarraron su pecho y su vida. Su cuerpo inerte cayó al barro y sin embargo sonreía con el perdón de los suyos.

Delicia de castañas

Delicia de castañas

El médico e historiador granadino Abdallah ibn al-Jatib (siglo XIV) recomendaba las castañas de las estribaciones de Sierra Nevada al rey Muhammad V para mejorar su complexión sanguínea durante el invierno que, aunque el frío de la ciudad beneficia la circunvalación de este fluido, la humedad en determinadas estancias del palacio le hacía un flaco favor. El monarca, sin embargo, adverso a la textura de este fruto otoñal, solicitó remedio oportuno y exclusivo. De modo, que el mismo doctor Al-Jatib insinuó que le administraran las castañas pasadas en puré, compactadas y dulcificadas con una bizcochada de fondo para después de las comidas. Actualmente, desde los viajes colombinos, el chocolate le aporta el acaramelamiento necesario a este delicioso postre, con el fin de revigorizar no sólo el cuerpo sino también el ánima.

* Castañas en rama.

Merece la pena

Merece la pena

III Festival Flamenco a beneficio de la Asociación Borderline

 

De las pocas cosas que va mereciendo la pena en este mundo enrarecido y egoísta es la preocupación por los demás. Granada es prodiga en actos solidarios y los flamencos, desinteresadamente, se hacen piña para colaborar en estos eventos. Es raro el año en que no hay siete u ocho festivales, si no más, en beneficio de ONG o de causas puntuales o en homenaje a alguien. El jueves, 6 de octubre, en el Teatro Isabel la Católica tuvo lugar el Festival Flamenco, en su tercera edición, a beneficio de la Asociación Borderline, para la integración de las personas con inteligencia límite, que tuvieron a bien contar conmigo para la presentación.

Con muy buena voluntad, la coordinadora de Borderline, organizó el festival, convocó a los flamencos y reunió en gran medida a los asistentes como público; después se dedicó a su labor de estar con los suyos en el patio de butacas. Así que, junto a la inapreciable ayuda de la regidora, Águeda, tuve que gobernar también el encuentro entre bambalinas. Lo que me impidió en gran medida estar atento a lo que se cantaba, por lo cual no haré comentario alguno en este sentido.

Lo que sí quiero mencionar brevemente fueron los participantes en este encuentro solidario y su buena voluntad, manifestando que, no por ser un acontecimiento altruista y en gran medida marginal, estuvo limitado en entrega y rigor. Al contrario, asistimos tácitamente a la exigencia de la calidad abierta de quien no se juega nada, pero el cobro espiritual es bien alto.

Dejamos a un lado el orden y la competencia y, por voluntad, cada uno aporta dos cantes (aunque alguien dijo tres y hay quien se quedó en uno. Algunos cantaores trajeron sus guitarristas, los demás cantaron con Isidoro Pérez, que llegó, para quien le hiciera falta.

Así, por orden de actuación, fue saliendo, después de un primer baile de la Escuela de Sofía, del Grupo Al-Andalus del Zaidín, Arturo Fernández, Raquel Mudarra y Tomás García, éste con un solo cante, pues andaba manifiestamente afectado de la voz.

Juanjo Garrido, salió acompañado de Ramón del Paso, tocaor que había venido a acompañar a Alicia Morales, antes de presenciar otro poquito de baile de la misma Escuela, con su directora a la cabeza.

El último bloque del Festival fue una guinda, como dijo el presentador, o sea, yo. Desde Montefrío vinieron los hermanos Jiménez, Verónica ‘La Hindú’ y Paco a la guitarra; Alicia Morales, con Ramón del Paso, fue la penúltima en actuar; y, cerró la noche, la premiada Ana Mochón, con Antonio de la Luz a la guitarra.

Para terminar, la directora de Borderline y un nutrido grupo de asociados, con gran emoción, subieron al escenario para agradecer a los artistas su participación y al público su asistencia. No conozco lo recaudado de la venta de entradas, pero espero que haya sido bastante satisfactorio para mantener viva esta labor tan necesaria como cercana.

Vosotros, superficiales

Vosotros, superficiales,
que no veis lo de delante,
y parecéis colegiales
presumiendo del aguante
en vuestro mundo de eriales.

Sólo a ratón aspiráis,
del león ni se os ocurre
y su cola despreciáis,
puesto que fuera os aburre
del ombligo en que habitáis.

Vuestro saber provinciano
se hace de Dios la Palabra
ante quien no tiene a mano
acaso un abracadabra
de saberos chabacanos.

Para tenerlo en cuenta

Para tenerlo en cuenta

Homenaje a 'Chanquete'

El lunes, como es costumbre es esta sede de la ONCE, se le hizo un distendido e íntimo homenaje a Ángel Rodríguez Fernández, conocido como 'Chanquete', cantaor aficionado asociado a esta entidad. Ángel, nacido es la costa granadina donde tuvo contacto con los viejos cantaores de la zona, se ha convertido en el mayor conocedor y quizá intérprete de los fandangos de estos lares, como el de Requeleque, a quien trató posiblemente en primera persona.

Dos amigos de su generación, Curro Andrés y Antonio ‘Triniá’, también estudiosos, también aficionados, quisieron compartir escenario con este cantaor vendedor de cupones. Un personaje no profesional, pero verdaderamente importante en nuestra tierra y en sus peñas, sobre todo en la de La Platería, de la que fue miembro de la Junta Directiva muchos años.

Como guitarras, también veteranas, arroparon el encuentro, la brillantez de Manuel Carvajal y la sabiduría de Francisco Manuel Díaz.

‘Triniá’, aunque sus facultades no son las de antes, su estilo y entrega hay que tenerlos en cuenta. Con Carvajal a la guitarra, comenzó por tientos (sin tangos) y continuó por la soleá del ‘Niño de Jun’, defendiendo, con razón, que este es un cante propio, que se puede considerar como soleá de Graná. Para terminar, nos dejó con un “rastrojo de fandangos” de tercios cortos y cerrados.

Curro Andrés, dándole aire al mismo tocaor, con ojos cerrados se acordó del maestro Manolo Caracol, haciendo un popurrí de su cante, basado en la zambra. Seguidamente abordó la bulería por soleá, uno de los palos más flamencos que existen, y terminó con el poema de Benítez Carrasco de El niño que todo lo quería ser, pasado a milongas.

Antes, sin embargo, que el homenajeado cerrara la velada, se le hizo entrega de una placa de reconocimiento y algunos otros regalos, y el niño Jesús de María, que no llega a los diez años y se pega a estos cantaores de antes, nos brindó unos tientos-tangos con sabor y promesas, mientras Francisco Manuel Díaz lo arropaba con su guitarra y Curro Andrés le hacía compás.

Chanquete, visiblemente emocionado, no encontró su mejor momento. Con Díaz a su lado hizo la soleá apolá que hacía ‘Cobitos’, que también puede considerarse de Granada. Siguió con unos abandolaos acordándose de Frasquito, como uno de sus sucesores. Este cantaor, largo en su estilo, a quien hay que tener en cuenta, cerró la noche por fandangos, como no podía ser de otra manera.

* Foto tomada de la página de La Platería dedicada a este cantaor.

La suerte de la petenera

La suerte de la petenera

Entre los muchos enigmas del flamenco (recordemos que este arte no ha sido documentado, grosso modo, hasta bien avanzado el siglo XIX) se encuentra la maldición de la petenera, el mal fario, sobre todo entre el pueblo gitano.

Nadie, sin embargo, puede especificar con certeza de dónde viene esta tradición de mala suerte. En general, en los tratados e historias del flamenco no se hace mención de este aspecto y sí ampliamente del origen y la etimología. Demófilo, Ángel Caballero, Larrea, Rossi, Félix Grande, Ricardo Molina, Antonio Mairena… todos los tratadistas en general obvian este aspecto de la petenera, bien porque no le dan importancia, bien porque no lo creen de interés en el análisis del cante, la trayectoria o herencia del mismo.

Es la tradición oral (al menos por mi parte), el boca a boca lo que sustenta este cante agorero, cantado tradicionalmente por mujeres.

La historia al final, sea cual sea, adquiere tintes románticos y me parece que la mala suerte engarza más con el folklore que con la realidad.

Quizá la leyenda más extendida de la petenera sea que éste era el sobrenombre de una mujer que para vengarse de un amor perdido causaba la locura de todos los hombres que conocía, opinión sostenida por una copla popular tradicional:

Quien te puso petenera
no te supo poner nombre
que te debía de haber puesto
la perdición de los hombres.

Juanito Valderrama, en sus memorias, da otra curiosa versión. En tiempos de la Ópera flamenca, iban en una compañía Concha Piquer, Juanita Reina y una cantaora y bailaora muy joven llamada Mari Paz.

Ésta hacía, en la obra Cancionero, el papel de la Petenera en su entierro. Así la llevaban a hombros por el escenario, mientras cantaban:

La Petenera se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

En una representación, cuenta el cantaor jienense, “Mari Paz se puso muy mala con una cosa de pecho. Tan mala que se murió (…). Desde entonces, los gitanos no quieren oír hablar de la petenera por este mal fario”.

El otro día, sin ir más lejos, le escuché en una grabación a José María Pérez Orozco, catedrático de la lengua española, la versión que creo más acertada por viable. Se refiere a la misma letra de la muerte de la Petenera, pero que en un principio se hablaba de la República, su término y su añoranza. La letra quedaría así:

La República se ha muerto
y la llevan a enterrar
y por las calles no cabe
la gente que va detrás.

Por razones evidentes, quien la cantaba iba preso de inmediato. Por eso no se podía cantar. De ahí la mala suerte. La suerte de visitar el calabozo. Aunque, a decir verdad, por lo que yo conozco, no existe grabación con esta variable.

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

El cante desnudo de Pepe Luis Carmona

Patrimonio Flamenco

Para cantar por derecho no hace falta una orquesta, basta con una guitarra que te arrope. El primer día de octubre se inauguraba el Auditorio Municipal La Chumbera (mal llamado Enrique Morente) con la actuación desgarrada de Pepe Luis Carmona ‘Habichuela’, que viene exclusivamente desde Madrid donde se halla grabando su segundo disco en solitario.

El cantaor, con la sola guitarra de Manuel Carmona, hijo del ‘Nene de Santa Fe’, se templa por soleares, acordándose en sus comienzos de Morente, cuando pone voz a unos versos de Cántico de San Juan de la Cruz. Asombrosamente, el artista de cien batallas, acude nervioso a su primera cita y ofrece una soleá desajustada antes de dejar al guitarrista solo brindándonos unas rondeñas.

El sonido es deficiente, viciado de graves, limitando el sonido de la guitarra. Con todo y con eso, sin ser un tocaor solista, sus propuestas son bastante acertadas.

Para los tangos, rematados con una especie de zambra al mismo compás, Pepe Luis está más confiado y seguro. Se los dedica a Nino y Rojas, dos amigos entre el público, y se entrega plenamente. Su voz es limitada pero su gusto plausible, y su eco flamenquísimo.

El color de la noche lo pone Raimundo Benítez bailando por seguiriyas, en las que destaca también el cante del Habichuela, aunque ni éste ni la guitarra están hechas para el baile. El bailaor granadino, con tablas y con oficio, supera esta traba y ofrece un baile redondo y completo. Su propuesta animosa y una personalidad que va cultivando ponen un sello indiscutible.

Con tres fandangos, Carmona, ya bien templado, mantiene el pabellón, para rematar el concierto por bulerías, demostrando lo que puede hacer por fiesta. Un poquito por jaleos extremeños fuera de los micrófonos, con la pataílla desenfadada de Raimundo, sirve para despedir la velada.

* Portada del primer disco de Pepe Luis Carmona, de 1998.

La Lhambra

La Lhambra

Si el Presidente de la Comunidad andaluza habla un castellano que no se le entiende, el Presidente de Cataluña Mas.

Lo peor de los nacionalistas es el patrioterismo, el convencimiento de la superioridad, la comparación odiosa y el ninguneo de la otredad. Me temo que éstas fueron las mismas razones del nazismo, llevadas a su extremo, como preponderancia de la raza aria, por otra parte de origen extraalemán (pero esa es otra historia).

Resulta que Artur Mas afirma que los niños catalanes hablan mejor el castellano que los mismos castellanos, y no digamos de los andaluces o de los gallegos que no se nos entiende.

Muchos políticos y comunicadores le han salido al paso, criticando con vaselina sus declaraciones, teniendo un miramiento que él no ha tenido, intentando la corrección política en todo momento. ¿De qué tenemos miedo? Hay que llamar a las cosas por su nombre, y este señor es un ignorante.

Razones hay muchas para la defensa del habla o de la lengua tanto andaluza como gallega. Si quieren, aquí no se habla castellano, sino andaluz, que es un castellano más rico y evolucionado, con un sinfín de particularidades. Entre otras cosas, podemos demostrar, sin temor a equivocarnos, que aquí tenemos diez vocales, cinco abiertas y cinco cerradas, que corresponden generalmente al plural y al singular respectivamente, mientras el resto de la península utiliza tan sólo la mitad.

No es la primera vez que se nos tacha de balbucientes. Otros políticos chovinistas y opinadores varios, recientemente o a lo largo de la historia, han criticado nuestro ’dejillo’, acusándonos de malhablados. Tanto la lógica como la intelectualidad han defendido, quizá sin necesidad, estos modismos. Pero nunca se les ha ocurrido que el problema puede ser suyo, de falta de oído, que a algunos no les sirven las orejas ni para echarlas al cocido.

Lo que quizá aún no está normalizada es la ’escritura andaluza’, donde existe una apertura permisiva para cada escribiente, sabiendo quizás que es una lengua tan versátil que cualquier regla tendría cientos de excepciones.

Recuerdo nebulosamente, no puedo dar ningún detalle, que algún andaluz, en la primera mitad de siglo veinte, se dirigió a alguna autoridad catalana por escrito. La respuesta le vino en catalán. Así, la contrarespuesta fue transcrita en andaluz cerrado.

Ahora leo en un librito de flamenco algunas letras, impresas fonológicamente por el escritor y poeta Manuel Ríos Ruiz, y no tengo más que asombrarme por la belleza formal y la grandeza expresiva de este fandango tan granaíno:

Viva er Puente der Gení,
viva Graná que es mi tierra,
viva er Puente der Gení,
la Virgen de la Sangustia,
la Lhambra y el Arbaicín.

Y a mucho orgullo.

Alzheimer

Lleva muchos años mi madre
olvidando el olvido;
ya no le queda nada qué olvidar.
Es cruel.
Es la más cruel enfermedad que conozco.
Se habrá muerto dos veces cuando muera.
Morirá desgastada
y nuestro corazón erosionado
por su primera muerte.

El pilla pilla escondido

El pilla pilla escondido

No sé dónde leí la cuestión, si todos los niños son sobresalientes por qué al llegar a adultos son tan mediocres.

El hijo es estupendo para sus padres, es un ser único y particular. Todos tienen reacciones y salidas extraordinarias que, por otra parte, no dejan de ser cosas de niños.

El niño que no destaca en un terreno, sorprende en el otro. Los valores físicos e intelectuales se acrecientan en nuestros retoños. Es, guardando las distancias, el viejo refrán de que el ojo del amo engorda al caballo.

Cuando escribo de mi hijo Juan soy consciente de esta doble vara. El pudor me impide elogiarlo en demasía. La razón me dicta que mis ojos posiblemente alejen un poco más el horizonte que se ve.

Lo que es verdad que Juan, quien lo conoció lo puede corroborar, con año y medio ya hablaba, que parecía que llevábamos a un enano en el carrito; y con dos, además de defenderse don el teléfono, contaba un chiste, que dudo que entendiera...

A los tres años fue con su madre a Estambul por ocho o diez días (creo que ya lo he contado en estas mismas páginas) y cuando vino me dijo: "tenía ganas de verte, por que no me acordaba".

Ahora tiene siete años y medio (el medio es muy importante en estas edades) y sigue a mis ojos tan aventajado. Aunque sus logros no son tan dignos de compartir que cuando su razón era tierna.

Entramos el otro día al baño para que se lavara las manos y lee la etiqueta del jabón líquido, "Gotas de oro", y dice, "eso es mentira".

Ayer me dijo que era el mejor de su clase jugando al pilla pilla escondido, porque hace como que tiene miedo, se le encogen los huesos y corre más rápido (¿?).

El día que conocí a Mario Maya

El día que conocí a Mario Maya

Tal día como hoy, el 27 de septiembre de 2008, desapareció Mario Maya, uno de los grandes de la danza española y del flamenco en particular. Era bailaor y coreógrafo, como ha habido pocos, lo que demostraba día a día con su labor creadora, que, gracias a las nuevas tecnologías, podemos comprobar cuando queramos.

Sin que yo lo supiera, leía este blog, mis críticas y opiniones sobre el flamenco. A un investigador granadino de altura indiscutible, Miguel Ángel González, le preguntó por mí y, Miguel Ángel, tan correcto, me pidió permiso para mandarle mis datos.

Como es de suponer, yo estaba encantado y, al poco, recibí en mi ordenador un correo de Mario manifestando su conformidad con mi trabajo y enriqueciendo alguna de mis ideas.

Quizá seguimos carteándonos de esa guisa año y medio o dos años, no recuerdo (por error además borré toda la carpeta de correspondencia, castigando así esa parte de mi memoria, de por sí flaca).

Vivía en Sevilla, como se sabe. Vino a Granada para ver bailar a su hija, Belén Maya (a la que admiro), en el Corral del Carbón e hizo por quedar conmigo.

Me escribió, le escribí, quedamos en la puerta de entrada al espectáculo y, cuando llegué, no me hizo ni caso. Yo lo conocía físicamente de sobra. Él no me había visto en persona en la vida. Estaba rodeado de algunos flamencos y admiradores que solía prestarle la atención justa (a veces ninguna).

Me volví a acercar y me presenté. Se alegró de conocerme y creo que excusó haberme dado de lado. Pero desde ese momento, no nos separamos en toda la noche. Vimos a Belén juntos sentados, en un sitio privilegiado; cenamos juntos con todos los músicos; nos tomamos alguna copa (no recuerdo lo que bebía, creo que ron de Motril o algo así muy particular); y quedamos en volver a vernos.

En el verano de 2008 estuvimos hablando de que fuera a Sevilla a la Bienal. Me invitaba a su espectáculo Mujeres, con tres generaciones de bailaoras, Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (tenía pensado otra función, siguiendo los mismos esquemas, llamada Hombres, pero se quedó en proyecto).

Al tiempo lo llamé participándole mi imposibilidad de ir al estreno. Me dijo que no me preocupara, porque él tampoco podría asistir, que estaba en el hospital con problemillas.

No le di importancia y le dije que se mejorará. A los pocos días me enteré de su muerte.

* Foto tomada de la edición digital de El Mundo.

Canturreos

Canturreos

Nietzsche afirma que los que cantan son felices y, acto seguido, se pregunta por qué cantan los rusos. Ignoro si el pueblo soviético de principios de siglo, cuando el pensador alemán podía haber escrito esta sentencia, eran felices o no, con la revolución del diecisiete al caer o en pleno conflicto civil o quizá en la posguerra. Lo que sí puedo asegurar, después de haber tratado algún ruso, es que son cantarines.

También, no me cabe duda, que el cante (individual) o el canto (coral) es motivo de dicha. Se canta cuando se está alegre y cuando se está bebido, es una manifestación del ánimo y, aunque Nietzsche se refiriera al canto en grupo, existe un exquisito acercamiento al canturreo o al cante individual, muchas veces entre dientes o simplemente naneando, en las labores cotidianas, bajo la ducha o durante la limpieza.

La televisión, entre otras cosas, ha mermado nuestra inclinación al canturreo. Antaño nuestras madres, abuelas y trabajadoras del hogar, por poner un caso, entonaban las cancioncillas de moda o acompañaban los sones de la radio.

Es un cante individual, aunque no tiene por qué ser solitario. Así, no es difícil que al entrar a un taller, verbigracia, algún operario, o más de uno, por su cuenta esté canturreando.

Ferrer Lerín, el que me anima a colgar esta entrada, comenta en su blog que esos cantantes “son inconscientes de su ejercicio de canto” y que el canturreo es “esa cancioncilla indefinida que susurra cuando [se] es feliz, una costumbre que sólo grandes personalidades –José Luis Sampedro, Belita, Nardo Vuelco- son capaces de mantener durante toda una vida...”. Se asombra, por otro lado, que dos de estos cantantes, del que él hace mención, Sampedro y Belita (dentista local), coincidieron recientemente, después de que hubiera hablado de ellos.

Hay algo más que se acerca al canturreo que mi mente empareja, aunque es completamente distinto. Se trata de la cancioncilla nemotécnica que antes teníamos en las escuelas (los mayores se acordaran) para aprendernos las lecciones. La oración de la mañana era prácticamente musical y la tabla de multiplicar o los límites del estado español (España limita al norte por el mar Cantábrico y los montes Pirineos que la separan de Francia) los aprendimos cantando.

Ahora me encuentro, en la panadería que acudo a diario, que la dependienta me despide con un “hasta luego” musical que, suavizando la ge y alargando la o final, me alegra la mañana.

* José Luis Sampedro en la foto.