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Cuando la crítica se equivoca

Cuando la crítica se equivoca

Hace poco tiempo defendía la crítica y a los críticos como extensión indispensable del arte que manejamos, teniendo unos valores y exponiendo un juicio que no siempre es compartido, pero que en un tanto por ciento elevado de los casos el tiempo avala.

Una obra de arte, un poema o la fugacidad de una representación puntual necesitan observadores con perspectiva para reintegrar los museos, permanecer en el tiempo y revivir la memoria.

No obstante, la crítica, entre comillas, no siempre acierta. Ya sea por incomprensión o sesgados puntos de vista, el crítico puede fallar en su valoración. Es más, no es lo normal, el crítico debe equivocarse en alguna ocasión para afianzar su humanidad.

Pero hay un error imperdonable. Cuando los prejuicios, el desconocimiento, las manías o las envidias (que también las hay) mandan en uno de estos visionarios, su valoración está viciada. Es más, su influencia es perversa, puesto que una mala crítica puede hacer un daño irreversible.

Scott Fitzgerald, en Hermosos y malditos, escribía: “Siempre me ha parecido que las críticas son una especie de homenaje a los envidiosos”.

A veces son artistas frustrados que tienen un resentimiento y una acidez sospechosamente verdosa. Un músico me decía al comienzo de mi dedicación que estaba bien que alguien ajeno al ‘espectáculo’ (y sin intención de pertenencia), con sólo su apreciación sensible, escribiera sobre ellos.

No es lo habitual y muchas veces juzgamos a un crítico dependiendo de cómo ha escrito sobre nosotros. Es como los exámenes que hacíamos en el colegio: he aprobado o me han suspendido, casi nunca al contrario. Aunque si apostamos y vamos con la verdad por delante, tenemos muchas posibilidades de ganar, aunque sea en nuestro fuero interno.

Dependemos del jurado. Cuando nos presentamos a un concurso competimos, no con nuestros iguales, sino también, y sobre todo, con los gustos, conocimientos e inclinaciones de quienes nos evalúan.

Otra es ser afamado como hueso. Un crítico con lupa de varios miles de aumentos es tan peligroso como tu madre opinando de tu trabajo. Abel Cortese, en Frases que matan de risa, define al crítico como “Persona que finge ser tan difícil de satisfacer que nadie lo intenta”.

Edmundo de Amicis, en su libro Constantinopla, en el capítulo dedicado al Gran Bazar, escribe: “También es digno de visitarse el bazar de los cuchilleros, aunque no sea más que para tener en la mano una de aquellas enormes tijeras turcas, con las hojas broceadas y doradas, adornadas de dibujos fantásticos, de pájaros y flores, que se cerraban ferozmente, dejando en medio un hueso, en el que podría entrar la cabeza de un crítico maligno”.

Pero alguien que ha hablado de la crítica, a modo de enseñanza, en su vertiente aviesa, ha sido Antonio Machado en Juan de Mairena (1936). Copio alguno de sus de pasajes:

«Si alguna vez cultiváis la crítica literaria o artística, ser benévolos. Benevolencia no quiere ser tolerancia de lo ruin o conformidad con lo inepto, sino voluntad del bien, en vuestro caso, deseo ardiente de ver realizado el milagro de la belleza. Sólo con esta disposición de ánimo la crítica puede ser fecunda. La crítica malévola que ejercen avinagrados y melancólicos es frecuente en España, y nunca descubre nada bueno. La verdad es que no lo busca ni lo desea.

»Esto no quiere decir que la crítica malévola no coincida más de una vez con el fracaso de una intención artística. ¡Cuántas veces hemos visto una comedia mala ceñudamente lapidada con una crítica mucho peor que la comedia!... ¿Ha comprendido usted, señor Martínez?

»Martínez: Creo que sí.

ۘ»Mairena: ¿Podría usted resume en lo dicho en pocas palabras?

»Martínez: Que no conviene confundir la crítica con las malas tripas.

»Mairena: Exactamente».

***

«Más de una vez, sin embargo, la malevolencia, el odio, la envidia han aguzado la visión del crítico para hacerle advertir, no lo que hay en las obras de arte, pero sí algo de lo que falta en ellas. Las enfermedades del hígado y del estómago han colaborado también con el ingenio literario. Pero no han producido nada importante».

***

«Ten censure wrong for one who writes amiss [diez censuran equivocadamente por uno que escriba mal], decía Pope [en Essay on criticism], un inglés que no se chupaba el dedo. Ignoro ―añadía Mairena― si esta sentencia tiene todavía una perfecta aplicación a la literatura inglesa; mas creo que viene como anillo al dedo de la nuestra. Entre nosotros ―digámoslo muy en general, sin ánimo de zaherir a nadie y salvando siempre cuanto se salva por sí mismo― la crítica o reflexión juiciosa sobre la obra realizada es algo tan pobre, tan desorientado y descaminante que apenas si nos queda más norte que el público».

***

«¿Conservadores? Muy bien ―decía Mairena―, siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se emperraba en conservar, no la salud, sino la sarna».

Lo preferible, si acaso, es la asepsia, ver una obra sin prejuicios ni influencias, lo más objetivamente posible, como cuando se ve el mar por primera vez, o cuando se recuerda el sabor de un beso. Cuando Borges enumera las obras del apócrifo Menard en Pierre Menard, autor del Quijote, dentro de su libro Ficciones, comenta “un obstinado análisis de las «costumbres sintácticas» de Toulet (…) [donde] declaraba que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica”.  

Termino con las declaraciones en Diario de un genio. Salvador Dalí comenta: “La crítica es algo sublime. Es digna tan sólo de los genios. El único hombre que podría escribir un panfleto sobre la crítica soy yo, porque soy el inventor del método criticoparanoico. Y ya lo hice”.

* Dalí en la imagen.

Cosas de la luna

Cosas de la luna

Leo el poema No niño novo do vento de Álvaro Cunqueiro, en Cantiga nova que se chama Riveira (‘Cantiga nueva que se llama Rivera’):

No niño novo do vento
hai unha pomba dourada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Canta ao luar e ao mencer
en frauta de verde olivo.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Ten áers de frol recente,
cousas de recén casada,
meu amigo!
Quén poidera namorala!

Tamén ten sombra de sombra
e andar primeiro de río.
Quén poidera namorala,
meu amigo!

Traducido (‘En el nido nuevo del viento’), así queda:

En el nido nuevo del viento
hay una paloma de oro,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla!

Canta a la luz de la luna y al alba
en flauta de verde olivo.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

Tiene aires de flor reciente,
cosas de recién casada,
¡mi amigo!
¡Quién pudiera enamorarla! 

También tiene sombra de sombra
y andar primero de río.
¡Quién pudiera enamorarla,
mi amigo!

La palabra Luar, que transcribo como ‘luz de luna’, el mismo Cunqueiro, a pie de página, anota: que “es una palabra de complicada traducción. Equivale a una serie de efectos ambientales que produce la luz clara de la luna”.

Ya en Castelao podíamos leer: o luar vai entrando, que interpretamos como ‘entrar en el claro de la luna’.

(Llegados a este punto no puedo más que acordarme de la canción Luz de luna del autor mexicano Álvaro Carrillo, cantada como nadie por Chavela Vargas y adaptada para el flamenco por El Cabrero.)

Borges, en el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, de El jardín de senderos que se bifurcan (1941), propone los verbos lunecer o lunar, que traduce como ‘salir la luna’. Verbos bellísimos que, sin embargo, el Diccionario de la Real Academia no recoge, aunque sí lunear, empleado en Mexico, con el significado de ‘ir de caza, de pesca o de paseo cuando hay luna’.

Corominas (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico) se acerca al concepto gallego portugués derivando de esta raíz lunación y lunado: ‘claro de luna’ y ‘luz de la luna’ respectivamente. De igual manera comenta más adelante las palabras lunario y lunático: “así llamado porque su dolencia se atribuye a un mal influjo de la luna”, al que Nebrija llamó alunado.

La limpieza de Javier Barón

La limpieza de Javier Barón

Barón 

Hace días que ya vimos el espectáculo de Javier Barón, que lleva su mismo nombre como título, dentro del ciclo ‘Flamenco de Orilla a Orilla’ que organiza el Instituto Andaluz de Flamenco en colaboración con la Dirección General de Coordinación de Políticas Migratorias y la Dirección Regional del Ministerio de Cultura de Marruecos de la Región Oriental.

Entre una serie de conferencias ilustradas, que han abarcado varias semanas, se incluyó el 5 de noviembre, en el teatro Alhambra un recital de baile a cargo del veterano Javier Barón.

El bailaor, de Alcalá de Guadaíra, se arropó con un cuadro sevillano que se puede decir que en estos momentos está en la cresta de la ola. A la guitarra estuvo Juan Campallo y, a la percusión, José Carrasco, dos grandes músicos que pertenecen a sagas reconocidas.

Como artista invitado, al cante estuvo uno de los artistas del momento, José Valencia, reciente ganador del ‘Mejor disco de cante revelación’ por su trabajo Sólo Flamenco de los premios ‘Flamenco hoy’, concedidos por la crítica especializada. Valencia posee una de las voces más cotizadas del momento para el cante de atrás. Su dominio de los estilos, la potencia de su garganta y el temple de su condición lo avalan igualmente para la exposición igualmente en solitario a boca de escenario.

Javier, Premio Nacional de Danza 2008, como nos tiene acostumbrados, propuso un espectáculo lleno de finura, limpieza y elegancia, sin aristas y muy de su estilo (tanto que a veces nos resulta repetido). Domina el escenario y domina el equilibrio, la verticalidad y el vértigo preciso de sus pies, aunque sus manos no siempre resulten tan provechosas.

Comienza la noche con unas bulerías, que se ralentizan en su ecuador, para pasar de esta soleá nuevamente a la fiesta. José Valencia, garantía para cualquier bailaor, se abre paso por levante (tarantas y levantica) y abandolaos en solitario, para rematar por tangos, una pieza agradecidamente breve, que rubrica Barón como si se tratara de un exquisito bocado en la merienda.

José Carrasco, que lleva el latido del flamenco en las venas, hoy por hoy es de la media docena de percusionistas a tomar en cuenta. Su imprescindibilidad radica en su moderación. Un tema de percusión nos dimensiona su poder.

Juan Campillo, habitual como sus compañeros en esta plaza, nos repite con su guitarra las sutiles rondeñas que nos propuso en el Corral del Carbón este verano.

La velada acaba con esa olla gitana, tan del gusto de los bailaores actuales, donde todo cabe. Por cantes de labor a palo seco comienza esta entrega. Valencia es preciso y seguro en la plaza cuando se encuentra solo. Lástima que no se entendiera con la guitarra en los primeros acordes que se convierten de inmediato en cantiñas (mirabrás, alegrías, alegrías de Córdoba) y más tarde en seguiriyas, de los mejores momentos de Barón, para rematar de nuevo sin guitarra, con un martinete, e irse definitivamente con el macho de la seguidilla.

Una buena noche, llena de aplausos y agradables detalles, pero quizá falta de pellizco.

* Foto de Antonio Konde©.

Un último adiós

Un último adiós

Tras episodio tan doloroso todo me da igual, cuando, conocido como Joseph Brown, quise llamarme Herr Braun en el ejército alemán donde me alisté cumpliendo una delicada misión como espía británico, lo que se dice un topo, al servicio de su majestad Isabel II, junto a mi compañera Catherine Parquer, alias Frau Pathauer, que, con el tiempo, el 7 de abril de 1940, ingresamos en la Gestapo como el señor y la señora Braun, para caminar al unísono, con una leyenda sin fisuras, que nos llevó hasta engendrar al pequeño Friedrich Braun al año de ascender a oficiales, un niño sonrosado y muy rubio, extremadamente ario, al que bautizaron los altos mandatarios del régimen, y que, desde hacía tres años, llevábamos mandando información fidedigna y, en cierto sentido, vital al Foreing Office, hasta que un chivatazo, nos atrapó en una montaña austriaca, al filo de un acantilado, donde, disfrazada de cabaña vacacional, teníamos una pequeña emisora desde la que, en clave cifrada, enviábamos los detalles más comprometidos de nuestras observaciones, truncadas más pronto que tarde por dicha denuncia, alertando a la SS que no tardó en llegar con gran aparato armamentístico, dispuesta a detenernos, si no llegaban a cosernos con un peine de ametralladora allí mismo, aunque ya nos hubiéramos desecho del material comprometido, quemado los documentos y desmenuzada la radio hasta aparecer sólo como un rimero de tornillos, muelles y bombillas en la tabla ante el amplio ventanal asomado al blanco abismo que suponía nuestra posible única salida, una escapatoria suicida por otra parte, a no ser que usáramos un viejo paracaídas que constaba en nuestro arsenal, aunque con el peso de los dos no podría librarnos de una muerte segura, así que decidí, sin objeción ninguna, que lo usara ella por el bien de nuestro hijo y mi descanso postrero, pues la quería demasiado, y, al abrazarla, con un apasionado beso y lágrimas en los ojos, Catherine saltó, justo cuando los sabuesos del Führer entraban en la estancia y mi dolor fue creciendo porque ahora en la prisión, a punto de ser fusilado, me entero que todo era una farsa, que quien se hacía pasar por mi mujer era una espía doble que fue a aprovecharse al principio de mi mente y después de mi corazón.

Premios Flamenco Hoy 2011 y 2012

Premios Flamenco Hoy 2011 y 2012

La Asociación de críticos y analistas del flamenco, a la cual pertenezco, todos los años concede una serie de premios a los artistas más destacados del curso anterior en diversas modalidades. Como si fuese los Max de teatro a los Goya en el cine, de forma más modesta, se orquesta una ceremonia donde, con vestidos largos y gran ilusión, se reparten estos galardones.

La crisis nos llega a todos y, cómo no, afecta también al flamenco y a sus ritos no popularizados. Tanto es así que el año pasado no se pudieron conceder las estatuillas. De modo, como la lotería nacional, se acumularon para tiempos de bonanza. La situación no ha cambiado, pero con esfuerzo y voluntad, el próximo miércoles, 6 de noviembre, en el Tablao ’Cantares’ (antiguo ’Corral de la Pacheca’), en Madrid, tendrá lugar dicha entrega.

La idea que era cada año el acto Flamenco Hoy se realizara en una ciudad diferente. De hecho, aparte de en la capital, hemos estado presentes en Cádiz, en Jerez o en Córdoba. El año pasado se iban a realizar en Granada pero, por falta de apoyo institucional, se tuvieron que suspender. Este año estaba todo previsto para realizar la ceremonia doble en el Teatro Guerra de Lorca, Murcia. Cuando estaba todo listo y prácticamente cerrado, unilateralmente, hace escasamente dos semanas, el ayuntamiento de dicha localidad, reculó y quemó el contrato por razones presupuestarias. Por lo que, con todo el trastorno que conlleva, se ha tenido que devolver la gala a Madrid.

Las categorías y los premiados de ambos años respectivamente son los que siguen:

1. Mejor labor de promoción del flamenco: Festival Flamenco ‘Bankia’ (Cajamadrid) y ‘Corral De La Morería’.

2. Mejor labor de difusión del flamenco en medios: Alfredo Grimaldos y Deflamenco.com.

3. Mejor libro: Curro Albayzín (Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte) y Paco Roji, Ramón Soler Díaz y Paco Fernández (La Repompa de Málaga).

4. Mejor DVD: Carlos Saura (Flamenco, Flamenco) y Miguel Poveda (Real).

5. Mejor bailaor: Israel Galván y Manuel Liñán.

6. Mejor bailaora: Olga Pericet y Mercedes Ruíz.

7. Mejor productor de disco: Arcángel (Quijote de los sueños de Arcángel) y José Quevedo ‘Bolita’ (Un viaje por el cante de Argentina).

8. Mejor disco instrumental: Pablo Rubén Maldonado (Fuera de la realidad) y David Peña Dorantes (Sin muros).

9. Mejor guitarra de acompañamiento: Miguel Ángel Cortés (de los dos años).

10. Mejor disco de cante revelación: José Anillo (Los balcones de mi sueño) y José ‘Valencia’ (Sólo Flamenco).

11. Mejor disco de guitarra solista: Juan Manuel Cañizares (Goyescas. Granados por Cañizares) y Dani ‘De Morón’ (Cambio de sentido).

12. Mejor disco de cante: Arcángel (Quijote de los sueños) y Argentina (Un viaje por el cante).

13. Premio especial: Merche Esmeralda.

Enhorabuena.

Mis cinco novelas

Mis cinco novelas

Sería al principio de las bitácoras, entre los años 2006-2007, que el poeta y primo mío, por afinidad más que por sangre, Enrique Ortiz, sensible donde los haya, me pidió para su blog, al igual que a muchos otros amigos, una relación de las cinco “novelas de la historia” que yo seleccionaría para hacer una especie de top, puntuándolas del uno al cinco, de mayor a menor. Inmediatamente, a vuelapluma, le mandé este escrito que hogaño, grosso modo, mi opinión no ha cambiado en demasía, aunque, a decir verdad, son muchas las novelas que he gozado y sigo gozando. Supongo que a cada momento la relación sería distinta.

“Antes de pronunciarme para escoger las cinco novelas de la historia, yo, que he sido un lector exhaustivo, me considero algo ignorante. Mis lagunas son más grandes que mis certezas; hay mucha producción que no he tenido en cuenta por puro desconocimiento, por no haber leído todo lo que se considera ‘indispensable’.

En una primera apreciación seleccioné hasta 35 títulos (la mayoría reconociendo al autor y no a la novela) de los que hice un primer expurgo y quité la obra clásica como La Iliada de Homero, El asno de oro de Apuleyo o los Relatos verídicos de Luciano de Samosata precisamente por clasicismo aplastante. Continué cronológicamente descartando a Cervantes y a fray Antonio de Guevara; la literatura oriental de Cao Xueqin y E Gao con Sueño en el Pabellón Rojo; y a algunos románticos como Goethe, Dostoievski o Stendhal, anteriores a nuestro siglo. Descarto autores no hispanos, tan sólo para cerrar el círculo, como Italo Calvino, Albert Cohen, William Faulkner, James Joyce, Vladimir Nabokov, Proust, Saramago o Yourcenar. Pero aún me quedan una docena de nombres imprescindibles.

¿A quién eliminar de la lista? Pues, como, esta votación está ya muy sesgada y es plenamente subjetiva, elegiré a los personajes que actualmente más me interesan, abandonando en la cuneta lamentablemente a Mujica Lainez, Rulfo, Sábato, Eduardo Mendoza, Javier Marías o Torrente Ballester. De esta manera, mi selección queda como la de las cinco novelas (en realidad los cinco autores) contemporáneos, de habla hispana, que recomendaría sin discusión.

Las crónicas del sochantre de Álvaro Cunqueiro (5 puntos)

Las aventuras del caballero Kosmas de Juan Perucho (4 puntos)

El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez (3 puntos)

Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa (2 puntos)

Madera de boj de Camilo José Cela (1 punto)

(¿O al revés?)”.

* Estatua de Cunqueiro mirando la catedral de Mondoñedo (Lugo).

Sobre la crítica

Sobre la crítica

La palabra en sí es harto delicada, por llamarla de alguna forma. La ‘crítica’ tiene una mala prensa popular, decidida y, en cierto modo, coherente. A nadie le gusta que se evalúe su trabajo, máxime si es un trabajo en el que se ha puesto todas las expectativas, que se ha hecho de todo corazón y en el que se han invertido más horas y más energías de las que uno tiene.

El otro día, en una reunión del colegio, me comentaba la tutora de mi hijo de nueve años, que ella ponía en la pared, después de un dictado, por ejemplo, un cuadrante de autoevaluación, y que el alumno se colocaba la nota que consideraba apropiada a su escrito. Sin lugar a dudas, todos los niños sobrepasaban el siete, decía Cristina. Después, corregía los trabajos con cada alumno e iban entre ambos razonando la calificación real. El niño reconocía, en su caso, que más de un seis no podía tener, incluso insuficiente. Lo veía razonable y él mismo bajaba su baremo.

La crítica es importante. Es importante para el artista que analicen su obra y la pongan en valor; que alaben lo bueno y detracten lo deficiente. Siempre ha habido árbitros y observadores que contemplan el estado de las cosas y razonan, en ese amplio abanico que es el arte (ese jardín de caminos que se bifurcan), por dónde queda el norte (siendo conscientes de que el norte no es un punto sino una dirección). El artista, si tiene cabeza (elemento fundamental) debe atender la crítica y hacer análisis de conciencia y, si acaso, leer entre líneas o, en un momento dado, desecharla casi por completo. Puede comparar los escritos de varios analistas y, si dos o más coinciden, debe pensar que algo pasa y autoevaluarse, como mi hijo y sus compañeros.

También es bueno para el espectador que una pluma de autoridad le informe de lo que hay, de lo que ha pasado y por qué. Quien ve un espectáculo o lee un libro y después atiende la reseña enriquece su visión o corrobora su pensamiento o difiere en algún punto o recapacita sobre sus apreciaciones.

La opinión contrastada, la opinión del ‘experto’ está ahí como un bien social e individual para que la lea o la aproveche quien quiera.

Y por qué son expertos. Porque llevan muchos años formándose en esa disciplina; porque conocen el trasfondo, el fondo y la superficie de ese arte; porque se mueven entre bambalinas; porque observan con los cinco sentidos; porque analizan cada detalle y saben leer entre líneas; porque, en la medida de lo posible, han practicado, de una u otra forma, el arte del que tratan; porque, desde que empezaron su labor de críticos, lo han visto todo y más referente a su disciplina y tienen una gran percepción comparativa; porque conocen el paño y, grosso modo, la trayectoria de los artistas a quienes se dedican; porque saben comunicar de manera clara sus pensamientos; porque empatizan con el público espectador.

La crítica (que, para quitarle yerro, llamamos ‘crónica’, ‘reseña’ o simplemente ‘artículo’), por otra parte, debe ser respetuosa y positiva. Conllevará las tres características que en realidad debe cumplir toda noticia o programa que se precie: formar, informar y entretener.

La cortedad de algún actuante o creador se revela ante el crítico y dice: “quién es nadie para decir si mi obra vale o no vale; acaso sabe tocar la guitarra, acaso pinta o modela mejor que yo, acaso ha sentido el vértigo del escenario, acaso se le ha ocurrido una idea parecida a la mía…”.

Pero una cosa es tener vista y otra es tener visión. En el peor de los casos se puede pensar: “que escriban sobre mí, aunque sea malo”. Pero, de forma inteligente, cualquier individuo que exponga sus credenciales debe estar orgulloso de que alguien opine con sinceridad de su obra, con esa objetividad que otea desde la sabiduría, el aprendizaje y el consejo.

Podía poner cien ejemplos, pues llevo una decena de años ejerciendo de crítico de, pero haré referencia a un episodio habitual. Un valor aritmético del artista es la humildad y la asunción de las opiniones ajenas. Muchas veces, y no siempre por escrito, me he dirigido a un flamenco y le he dado una opinión puntual. Él lo ha agradecido, diciendo que ‘todos’ lo felicitaban por algo de lo que dudaba, hasta que vine y calculé los errores, no decidió cambiarlo.

Los aires de Alberto López

Los aires de Alberto López

Sería por el limitado eco; sería por la abundancia de ofertas en Granada el sábado pasado; sería por el partido de fútbol, droga y circo de las masas, anunciado para ese día; el caso es que nos vimos en el teatro Isidoro Maiquez de CajaGranada como en familia para escuchar la propuesta de Alberto López, joven guitarrista bastetano, que ha elegido su ciudad para presentar el espectáculo Siento.

Siento, como reza la promoción, “es un recorrido por los estados de ánimo de los que brota la inspiración y nace la música, y donde se fusionan los tres pilares del flamenco: toque, cante y baile”.

Con una técnica reconocible, seguridad en la pulsión y evidente brío, Alberto López presenta su espectáculo por granaínas, homenajeando a su tierra. Será el tema quizá más intimista. Desde este primer momento nos damos cuenta de su amplia visión compositiva y su riqueza en arpegios, que dotan a su guitarra de una pluralidad encomiable.

Inmediatamente después se le incorpora el resto del cuadro. Nada menos nueve jóvenes flamencos, con garra y anhelo, se la suman en escena. Son Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’ al cante; Alfonso Aroca al piano; Sergio de Lope a la flauta; Ángel Reyes al baile; Jesús Valero al bajo; Javier Rabadán a la percusión; y Juan Diego Sáez arropando con palmas y coros.

La segunda entrega son unos tangos introducidos por una generosa entrega a la percusión. Esta percusión es precisa y respetuosa, como pienso que debe ser, que suene como un latido de fondo, pero que no se imponga su presencia. Descubrimos entonces las voces de Bernardo Miranda e  Inma ‘la Carbonera’. Voces flamencas y bien templadas que aportan su rol eficaz por separado que, sin embargo, cuando se juntan no casan como debieran.

Desde este primer momento se determina la propuesta coral de la obra. Alberto deja hacer y le ofrece protagonismo a cada uno de sus músicos, guardando incluso un segundo plano en algunos solos cegando su guitarra con sólo compás.

Las bulerías que le han servido de carta de presentación en Internet y después una soleá, tal vez demasiado larga, marcan el final de la primera parte. Para la soleá, y su amplia coda por bulerías, se presenta el bailaor de la compañía, Ángel Reyes, por primera vez. Buena técnica, compás y juego de pies tiene Ángel, aunque se repite por momentos y a su baile le falta reposo.

Después de un breve descanso continúa la actuación con un solo del guitarrista por unas tarantas de gran riqueza donde se multiplican las escalas y el mástil es aprovechado a conciencia. Unos tientos-tangos se proponen a continuación, donde descubrimos la flauta canastera de Sergio de Lope, verdadera sorpresa de la noche. Los guiños a Camarón y a Enrique Morente son continuos y el final es claramente un remedo respetuoso a Paco de Lucía.

Por alegrías termina la actuación. Por alegrías seguidas por unas originales bulerías por alegrías, acompañadas de baile. La introducción de la flauta en este tema final también es aplaudida, así como las voces, que llegan a acordarse de las composiciones casi fonéticas de Diego Carrasco, o el piano.

Con el público en pie se despide esta joven banda, esta joven obra, que destila frescura y verdad.

‘Tributo poético’ de Miguel López

‘Tributo poético’ de Miguel López

La semana pasada recibí un disco de Miguel López que me llenó de ilusión. Miguel López es ese corredor de fondo del flamenco, imprescindible en una época, que se entrecorcheteó en su rincón jienense durante algún tiempo, quizá demasiado para nuestra flaca memoria, para después volver, hace unos años, con las fuerzas y perspectivas que la sabia madurez le impusieron.

Era habitual sobre las tablas, en los 70-80, compartiendo micrófono con Enrique Morente, a quien le dedica unos tangos (Encima de las corrientes), o con El Piki y escenario con Mario Maya (Ay jondo) o con Salvador Tábora (Quejío, Los Palos) o con los más prestigiosos tocaores.

Tributo poético tiene ese sabor de aquellos tiempos de vindicación y rebeldía, donde se cantaba a los poetas y se daba tribuna a esa estrofa comprometida que removía conciencias. Así se derrama con san Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Antonio Machado, Francisco de Quevedo, Juan José Amador, Miguel Biedma, Antonio Mata o José Ladrón de Guevara.

Más que flamenco es un disco aflamencado, con largura y sensibilidad, lleno de lágrimas y de quejidos, de amor a las formas musicales.

Producido por Pedro Sierra, en su sello La Voz del Flamenco, quien también se encarga de la dirección musical, está arropado por sus viejos amigos: Diego Amador, Paco y Miguel Ángel Cortés, Paco Jarana, Michele Iaccarino, José Luis Medina y su hijo, también llamado Miguel López.

Comienza el trabajo con Soy del Sur, que puede constituir todo un himno a nuestra tierra. Mario Maya musicó en su día Por aquellos, de Ladrón de Guevara, Poderoso caballero es don Dinero, de Quevedo, y La Gran pérdida de Alhama, un romance anónimo del siglo XVI.

También contiene una Nana y otros poemas aflamencados (11 cortes en total) hasta desembocar con Preludio, un poema de García Lorca, musicado por Morente. Acompañado exclusivamente con la cadencia del piano de Alberto Mira, está dedicado al entrañable vate Juan de Loxa, espíritu agitador de aquellos tiempos.

* Tributo poético se presentará mañana, 29 de octubre, a las 19,00 horas, en la Diputación de Jaén.

Fin de semana flamenco en Granada

Fin de semana flamenco en Granada

Hace tiempo que quité de mi blog un calendario que se orillaba a la derecha donde hacía relación de todos los eventos flamencos y relacionados que se programaban en la provincia. Durante un tiempo (unos seis meses), los lectores antiguos se acordarán, di de baja esta bitácora. Al retomarla observé dicho almanaque y decidí prescindir de él, en parte por el trabajo gratuito que me llevaba y en parte por la existencia de este mismo calendario en granadaesflamenco, otra página más específica. Pero siempre he estado tentado de referir los acontecimientos flamencos que nos van llegando.

De esta forma, me gustaría comentar tan sólo un par de días en una agenda, llegando estos tiempos, siempre sobrecargada. Posiblemente no está todo lo que debería, pero todo lo que debería está.

Este viernes, 25 de octubre, en La Casa del Arte Flamenco, que ofrece flamenco a diario en dos pases (19:30 y 20:30), tendremos el baile de Adrián Sánchez y Ana Cali, acompañados del cante Sergio “El Colorao” y el toque Alfredo Mesa. Y el sábado a José Núñez y Vero “La India” al baile, arropados por el cante de Iván Vallejo y el toque del mismo Alfredo.

En los Jardines Soraya también tendremos espectáculo los dos días, también con doble función (20,00 y 22,30), con cena incluida, aunque lamentablemente no puedo especificar el programa.

La Diputación y la Universidad, desde el viernes pasado, llevan ofreciendo, en el Palacio de los Condes de Gabia, un ciclo de conferencias ilustradas muy interesante, llamado Flamenco y Cultura. Comienza a las 20,00 y, con el título “Paradojas del Modernismo. Flamenco, cultura popular y vanguardia artística”, estará a cargo de Pedro G. Romero.

La Sala Vimaambi, como viene siendo habitual, a diario ofrecen su espectáculo Raíz y Duende basado en el libro "El jinete del viento" de la poeta Maam, con cante (Marián Fernández y Miguel "El Poblao"), guitarra (Pablo Jiménez y Juan García "El Juani"), baile (Ana Leray, Marta Serrano, Alejandra Castel e Irene Rueda), percusión (Juan Córdoba y Rubén de Omara), piano (Manuel Biarnes), voz poética (Ángela Argote), pintura (Pedro Garciarias) y cinematografía (Vincent Biarnes).

En el Liberia tendremos sendas veladas flamencas. El viernes con Carlos Cruz al cante y Pepe Agudo a la guitarra. Y el sábado a Antonio Fernández al cante, Beatriz Remacho al baile y Josele de la Rosa y José Fernández a la guitarra.

LE Chien Andalou, también con flamenco a diario, hoy viernes presentan a Rudy Fernández al cante, acompañado de la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Inma Álvarez. El sábado cantará El Curro de la Chicuela, con la guitarra de Luis de Melchor y el baile de Almudena Romero.

Esta noche también tendremos la conferencia y actuación de Juan Pinilla, y Paco Cortés a la guitarra, en la Peña de la Platería, a las 20,30.

Por último, en el teatro Isidoro Maiquez, a las 21,00, tendremos la presentación del espectáculo “Siento” del guitarrista Alberto López, acompañado por Bernardo Miranda e  Inma “la Carbonera” al cante, Alfonso Aroca al piano, Sergio de Lope a la flauta, Ángel Reyes al baile, Jesús Valero al bajo, Javier Rabadán a la percusión y Juan Diego Sáez a las palmas y coros.

Para no aburrirse.

* Alberto López en la foto.

Granada, ciudad de la poesía

Granada, ciudad de la poesía

Permitidme que reflexione. Una cosa son los deseos y otra la realidad. La poesía, como el arte en general, no es ni debe ser continuo. No es un bien insustituible, como si habláramos de pigmeos o pelirrojos. Que en un lugar se den los ajos y se haya creado toda una infraestructura que incide en las distintas facetas del ser humano, no quiere decir que la mayor cantidad de ese bulbo comestible o los más sabrosos se den en aquella localidad.

‘Ciudad de la poesía’ o ‘ciudad del flamenco’ o ‘ciudad de la cerveza’ o ‘ciudad de la bicicleta’ o ‘ciudad del cannabis’ son etiquetas convencionales movidas por un afán comercial. Son títulos, calificativos como los que tilda la UNESCO a determinados lugares.

No quiero decir, de ninguna manera, que sea una falacia, que sea sólo un gancho para destacar en un posible circuito de estancias singulares.

En Granada está la Alhambra y el Albaicín y las cuevas del Sacromonte. Es innegable. Y, por muchos años que pasen, a no ser que ocurra una catástrofe, estarán aquí.

En Granada hay mucho artista, mucho talento. Quizá porque no hay industria. No existe una salida clara al individuo. Desde hace mucho tiempo el granadino se ha visto obligado a estrujarse la cabeza, a dar vueltas de tuerca, a explicar el nudo gordiano, a buscar el más difícil todavía.

Después está la tradición, es cierto. Hay un poso de sensibilidad en nuestras calles que facilitan el aprendizaje. Así me atrevo a decir que el artista se hace más que nace, aunque la cuna es imprescindible.

Por qué tanto poeta, como tanto músico y tanto pintor; por qué tanto bailarín y farandulero; por qué tanto escultor y tanto novelista. No todos valen. El camino es muy largo, pero sobre todo muy ancho, y es difícil mantenerse en el centro y a la cabeza. Es más, lo genérico es caminar por la orilla, a la sombra de ‘los grandes’, al ala de nuestro pasado.

Los hechos hablan y en Granada hay muchos poetas, avalados, en la mayoría de los casos, por premios y publicaciones. Hay grupos de poesía, recitales y presentaciones de libros casi a diario

Aunque suelo pensar, perdonadme el grueso, que hay más poetas que poesía o hay más poesía que poetas, que no es lo mismo pero es igual. Quizá porque hay escribidores que tienen cosas que decir pero no saben cómo decirlo y otros que saben cómo decir las cosas pero no tienen nada que decir.

Robert Graves, en el prólogo de La Diosa Blanca, criticaba a los poetas de su tiempo diciendo: “la manera contemporánea de escribir un poema recuerda los experimentos fantásticos y predestinados al fracaso de los alquimistas medievales para convertir un metal vil en oro, con la diferencia de que el alquimista al menos reconocía el oro puro cuando lo veía y lo manejaba”.

Teoría idiomática del pueblo gitano

Teoría idiomática del pueblo gitano

Una de las razones más fidedignas que remonta el origen del pueblo gitano a la India se basa en el idioma. El filólogo Donald Kenrick opina que los indicios lingüísticos del romaní, principal sustento de la teoría indostánica, sugieren una fusión entre diferentes tribus indias, que se habría producido en torno al siglo IV, cuando todas ellas iniciaron una migración hacia el oeste. Al mezclarse y casarse, tanto entre ellos como con otros grupos nómadas de Persia (actual Irán), llegaron a formar un pueblo conocido como Dom o Rom, cuyos descendientes serían los gitanos de hoy.

Abundando en esta teoría, el estudioso húngaro Stefan Valyi descubrió en el siglo XVIII cierto parentesco entre la lengua de un grupo de estudiantes del sur de la India con la de los gitanos. Sus observaciones supusieron una especie de “iluminación antropológica” sobre la raza gitana.

Sobre esta base, los especialistas concluyeron que la lengua romaní presentaba un gran parecido con el sánscrito, el maratí y otros dialectos que se hablan en el Punjab. Palabras como chiricli (pájaro), nak (nariz), bal (pelo), rup (dinero), panjo (agua), dyago (fuego), jer (casa), terno (joven), tud (leche), grea (caballo), etcétera, no dejaban lugar a dudas.

Más conocidos, el término caló significa ‘negro’ u ‘oscuro’, y romá, de donde viene el romaní, idioma que los gitanos hablan, quiere decir ‘pueblo’, ‘gente’ u ‘hombres’.

Igualmente, en el largo éxodo de los gitanos por el mundo, han ido incorporando a su léxico préstamos lingüísticos tomados del hebreo, persa (iraní), armenio, griego, turco, ruso, eslovaco, e incluso del español y del inglés. En concreto el romaní incluye 900 palabras del sánscrito, unas 120 del persa y kurdo, unos 500 vocablos del armenio, tres del georgiano y unas 250 procedentes del griego bizantino, que además ha dejado una impronta gramatical importante en su estructura.

[El castellano por su parte también ha adoptado palabras del caló como trincar (apresar), curda (borrachera), piltra (cama), pirarse (irse), jalar (comer), camelar (amar, seducir), paripé (fingimiento), parné (dinero), duquela (fatiga) o, con perdón, jiñar (hacer de vientre).]

Así el romaní se puede considerar, según el filólogo R. H. Turner, autorizado estudioso de las lenguas de la India, como una lengua evolucionada a partir del sánscrito por su contacto con los idiomas europeos, sobre todo los balcánicos.

Rastreando todos los términos que incluye este idioma, se puede trazar un posible itinerario que habría llevado a los gitanos desde el norte de la India hacia el noreste de Irán. Más tarde cruzarían el mar Caspio para llegar a través del Caúcaso hasta la actual Turquía. A continuación habrían atravesado el mar Negro hacia los Dardanelos (Estambul) hasta llegar finalmente a los Balcanes europeos, entre los años 1250 y 1300. 

* Familia hindú.

Quieres venir conmigo

Quieres venir conmigo

Hace unos años, Lorenzo Lunar, autor cubano de novela negra, nos propuso a unos amigos que le expusiéramos un caso verídico, un encuentro personal con las fuerzas del orden o con los fuera de la ley, con objeto de hacer una compilación de sucesos reales o una recreación fantástica con lo que recordáramos.

Sin venir a cuento, este proyecto se frustró. Además, perdí el contacto con Lorenzo o él conmigo. El asunto es que los dos nos dejamos mutuamente. Sin embargo, esos días escribí algo que ahora retomo.

Aconteció poco después de casarme, con mi nuevo estado civil de estreno. La madre de mi hijo, entre otros enseres de mayor o menor importancia, enriqueció la sociedad, que comenzaba a caminar (con contrato eclesiástico), un Renault 11, un buen coche, aunque añoso y con un gran motor. Lástima que la tapa del delco (cosa que nunca he sabido lo qué es exactamente) nos gastara tan malas pasadas.

Dimos trote a ese carro hasta el extremo y se lo vendimos a unos sudamericanos dedicados a la venta ambulante, que seguramente acabaron con su trabajada vida metálica.

Cierto día, después del trabajo, fuimos a comprar algunos comestibles para el abastecimiento semanal de una casa apenas habitada (la mayoría de los días comíamos fuera).

Como siempre, dimos varias vueltas alrededor del supermercado para encontrar un hueco donde estacionar el coche. Cuando encontramos un aparcamiento que había quedado libre, de un auto más pequeño que el nuestro, sin duda, baje para dirigir la maniobra.

Al momento apareció un personaje, rubio y bien vestido, en una moto que indicó que fuera con él. Me alarmé y le pregunté para qué. Lo repitió con la voz algo elevada. Le dije tímidamente que no era mi intención seguirlo a ninguna parte. (A esas alturas, había pensado que era un invertido que pretendía sacar algo de mi deslustrada persona.) Así que comencé a hablar con mi pareja para que viera que no estaba solo.

De pronto se asomó él también por la ventanilla y preguntó con tono imperativo si me conocía de algo. Ella dijo que veníamos juntos, que era su marido, que me había bajado del coche para ayudarla a aparcar. Él dijo bien. Ni que lo sentía ni que disculpara ni nada de nada. Cogió su moto y se marchó con un compañero que lo esperaba más abajo.

En ese momento comprendí que era un policía de paisano y que me había confundido con un aparcacoches.

Agradecí que ella no hubiera dicho que no me conocía de nada. Aunque, en ese caso, le hubiera requerido un par de euros.

A una sirena desconocida

A una sirena desconocida

Hay un premio en vigencia sobre microrrelatos en tarjeta postal, donde se valora la interacción entre el texto y la forma, al que he decidido presentarme con este trabajo.

Al no ser un concurso secreto (es más, existe una especie de votación popular), expongo sin pudor el fruto de mi magín.

Aún  está abierto el plazo para presentarse, ver las obras de los demás concursantes u opinar sobre ellas.

Origen del pueblo gitano

Origen del pueblo gitano

La historia de los gitanos, romaníes o zíngaros está llena de lagunas. Por una parte, siendo un pueblo ágrafo, de ellos existe escasa documentación; y por otra, siempre han estado acompañados de un halo de leyenda, alimentada mayormente por ellos mismos.

Para el filólogo e historiador Jerónimo de Feijoo, los gitanos ‘son una asociación de individuos que en los distintos países desean llevar una vida errante’. El Diccionario de la Real Academia Española dice que el nombre de gitano deriva de ‘egiptanos’ y que se dice de ‘una cierta raza de gente errante y sin domicilio fijo, que se creyó ser descendiente de los egipcios y parecen proceder del norte de la India’. En la introducción a la Historia del Derecho Español, publicada en 1970 por J. Lalinde Abadía, se considera que ‘gitanos’ (‘egipcianos’, ‘bohemians’, etc.) ‘son grupos nómadas de procedencia incierta y de gran impermeabilidad social’.

Los historiadores en general, y en especial los gitanólogos, han querido sustentar el devenir histórico de este pueblo (la minoría étnica más abundante de Europa) deduciéndolas de terceras fuentes y barajando hipótesis acaso contrastadas con fidedignas huellas historiográficas. 

Según Francesc Botey, la raza gitana se empieza a configurar en el valle del Indo, durante los años 3000 al 2000 a. C. con el resto de los pueblos autóctonos, y que mantenía relaciones con las distintas civilizaciones de Mesopotamia y Elam. Desde esos tiempos, el suelo del norte de la India había experimentado ya grandes movimientos migratorios por las continuas invasiones, como la de los arios.

Así, la teoría que se tiene como más cierta es la del origen del pueblo gitano en el noroeste de la India, en la zona conocida como Punjab (en la imagen), región de abundantes pastos (actualmente entre la India y Pakistán), regadas por algunos cauces principales (la zona es conocida como la Región de los cinco ríos: el Jhelum, el Chenab, el Ravi, el Beas y el Sutlej), donde la convivencia con otras étnias era pacífica y bondadosa.

(Al término de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, la  India continuaba siendo, al igual que durante los dos siglos precedentes (desde el s. XVIII), una de las colonias más valiosas e importantes para el Imperio británico (Compañía Británica de las Indias Orientales), aunque ya en estos últimos años del dominio inglés, el país atravesaba un periodo de turbulencias y tensiones. Dos años después del final del conflicto mundial, el día 15 de agosto de 1947, la India británica dejaba de existir. Se proclamó oficialmente la independencia y la partición del territorio, a causa de la cual se formaron dos nuevos Estados soberanos: India y Pakistán o ‘tierra de los puros’.)

Del siglo IX al XI el Islam invadió la India. Las últimas incursiones fueron lideradas por el sultán Mohammed de Ghazni, poderoso señor de Kabul (actualmente capital Afganistán). Los indios que moraban en los territorios noroccidentales de la península indostánica se vieron obligados a desplazarse hacia el oeste. Se dice que Ghazni volvió de la India con 500.000 prisioneros. Algunos de ellos terminaron como mercenarios de los mismos ejércitos invasores.

Otra hipótesis sobre su origen sostiene que los antecesores de los romá descenderían de una amalgama de pueblos, elegidos a principios del siglo XI entre algunas castas del noroeste de la India para formar un ejército (rajputs o raza guerrera) que resistiera las mencionadas invasiones islámicas. Al ser vencida, dicha fuerza militar se vio obligada a huir.

La segunda migración se produce en el siglo XIII, cuando los hoy llamados gitanos abandonan sus casas ante la llegada de los ejércitos mongoles que conquistaron el territorio. A partir de entonces el éxodo es continuo (“movimiento migratorio que aún no ha acabado del todo”, reconoce Manuel Cáliz Córdoba).

Hay fuentes legendarias que sitúan el origen de los gitanos en las campañas de Alejandro Magno en Asia, y señalan habrían llegado a Europa enrolados en los ejércitos macedonios como mercenarios o como herreros, profesión que parece muy ligada a este pueblo (fueron los primeros que fabricaban herraduras y herraban a sus monturas). 

El hijo del alfarero

El hijo del alfarero

Después de seis días de trabajo minucioso creando móviles y algunas otras sutilezas hilvanadas entre sí, a las que su hijo les insuflaba movimiento con la simple ventolera de sus labios silbantes y sus mofletes henchidos, el alfarero contempló su obra pensando que todo era bueno y que el día siguiente lo dedicaría íntegro a descansar.

Mientras se enjuagaba las manos embarradas y las secaba en el mandilón, el niño se entretenía con un pegote de barro dándole forma tal la imagen y semejanza de su padre antes de quedarse completamente dormido en la cantonera amable, adyacente al bondadoso horno de cocción.

El incipiente aprendiz raudo principió a soñar que su figurita conquistaba el fuego y la rueda y la imprenta y que tenía una compañera con la que se multiplicaba sin freno; que conocía el odio y recreaba el amor; que aprendía a sufrir y hacer sufrir; que construía castillos y catedrales y que conquistó el espacio; que se hizo temeroso, temerario y temido; que fue salvaje y civilizado; creó sociedades y otros vínculos y subió a las estrellas; que fue solidario y fomentó desigualdades; que dominó la tierra toda y la sometió hasta dilapidar su esencia.

Y, en esas estaba, cuando sonó de urgencia una sirena cercana o una voz ambulante o un ladrido en la niebla y despertó de repente. Unos momentos antes de aflorar en la ventana para averiguar la resonancia, al tiempo que la vigilia desterraba las telarañas de recién amanecido, y aún, visto lo visto y soñado lo soñado, sopló con toda intención a la marioneta que se alzaba inanimada en el piso.

*El despertar, escultura de Jesús Montoya© (entre 2008 y 2010).

Sobre la vanguardia en el flamenco

Sobre la vanguardia en el flamenco

El flamenco es mestizo, nunca me cansaré de repetirlo. Andalucía ha sido siempre una encrucijada, un solar apetecible para todo viajero inquieto. Hay algo que atrapa a los atrapadores, creando un paisanaje que a la vez va atrayendo y sementando el nomadismo. Así, miramos nuestros ríos, nuestros bosques, nuestras montañas o nuestros mares y recordamos a fenicios y a tartesios, a griegos y a romanos, a vándalos, a visigodos y a bizantinos, a moros y a cristianos. Todos con sus anhelos civilizadores, todos con su poso cultural y su vitalidad emprendedora.

En el crisol de nuestra tierra se fue fraguando un sentimiento musical profundo hasta el siglo XV y posteriores. Cuando los gitanos, procedentes de la India, arribaron a la Península, encontraron esta riqueza cantora y la fueron asimilando a lo largo de los tiempos, hasta que en el siglo XVIII se tienen las primeras noticias de un preflamenco presto a ser pulido hasta la saciedad.

Si los gitanos no se hubieran establecido en el sur de España y no hubieran conocido la música que ya había no existiría el flamenco. Si Andalucía, de una u otra manera, no hubiera acogido al pueblo calé y hubiera ‘aplaudido’ el latido de su sangre no existiría el flamenco.

Poco a poco se fueron definiendo los decires del flamenco. La toná, la seguiriya o la bulería, se fue complementando con el tango, la alegría y el fandango, y de éstos a los cantes de las minas y a los cantes de ida y vuelta y al garrotín y a la farruca.

En cada momento, en cada época, el flamenco crece. Porque el flamenco es un patrimonio oral vivo y, como todo ser viviente, sufre cambios.

El flamenco no es una fortaleza inexpugnable ni un campanario aislado. El flamenco es un campo abierto, la cresta de una montaña, esa esquina del mundo donde van a parar todos los vientos. Ya lo decía José Luis Sampedro; “la vida se crece siempre en las fronteras”. Y la única forma de crecer es la vanguardia, el pionero que salta al vacío y hace caso a su corazón.

¿Hasta cuándo se puede considerar un flamenco de raíz? ¿Hasta que dejó de ser una manifestación tan sólo de los gitanos? ¿Hasta que la guitarra empezó a acompañar al cante? ¿Hasta que abandonó la intimidad de las casas y pasó a profesionalizarse? ¿Hasta que la ópera flamenca desvirtuó su esencia? ¿O hasta que Camarón de la Isla, sin saber muy bien lo que hacía, grabó La leyenda del tiempo?

Creadores ha habido muchos, la mayoría. El flamenco se fragua en cada garganta, en cada melisma, en cada mirada.

Dónde estaríamos si Paco de Lucía no hubiera abierto el mundo a su guitarra, sin los poemas por bulerías de Manuel Molina cantados por la voz siempre perfecta de Lole Montoya. Dónde estaríamos si Carmen Amaya no hubiera bailado con pantalones o Enrique Morente no hubiera grabado con un grupo de transmetal.

Pero nadie de los vanguardistas a los que me refiero han trasgredido la esencia del flamenco, nadie ha rechazado su primitivismo, nadie ha ninguneado a la Niña de los Peines.

Después hay unos aventureros del flamenco que rompen la tradición como si fuera vieja y no antigua, como si la patina fuera suciedad, como si el bronce no se reverdeciera con el tiempo. Y son esos modernos los que muchas veces se llevan el gato al agua y disfrutan de la falsa gloria hasta que llega un nuevo iluminado. Y son esos modernos los que muchas veces se creen paladines de la verdad y zancadillean a los reales vanguardistas, como apuntaba Antonio Machado en Juan de Mairena: “en política, como en arte, los novedosos apedrean a los originales”.

En el flamenco todo cabe pero nada sobra. El tiempo se encarga de limar las aristas y de allanar la pendiente donde el flamenco siga rodando.

* Lole y Manuel, en Umbrete, Sevilla, 1980.

Consejos a una joven bailaora

Consejos a una joven bailaora

Querida amiga, me dices que quieres bailar, que desde que viste a una bailaora transida sobre un escenario no piensas en otra cosa que ser como ella. Me dices que te has comprado unos libros y unos discos y que te has apuntado a una academia. Me dices que ya tienes tacones y ropa cómoda para los ensayos. Me dices que, cuando la bailaora bajó del tablao, no era nada extraordinario, que era un ser normal de carne y hueso, como tú o como yo, una persona de las del montón que camina por la calle, detrás de sus narices, como decía Shakespeare.

Torrente Ballester, en La saga/fuga de J.B., escribía: “El flamenco es un baile singular. No se aprende, se vive. No es una diversión, sino un sacerdocio, una cultura y la expresión de una realidad biológica. (…) He conocido bailarinas flamencas (…) Mujeres vulgares, incluso despreciables, que, al bailar, se trasforman en diosas”.

Me pides, por último, que te dé algún consejo para la ‘carrera’ que acabas de emprender.

Más que un consejo, a vuelapluma me alargaré dándote algunas recomendaciones que puede que te sean de utilidad.

No desfallezcas. El flamenco es una carrera de fondo. La técnica del pelotazo aquí no sirve. Cada paso lo tienes que ganar. Es fascinante el camino, como la Ítaca de Cavafis, y la meta incierta. No temas los escollos ni los tropiezos. Ni te nublen los aplausos. Al contrario. Sé humilde. Cervantes escribía en El Quijote: “la alabanza propia envilece”. No persigas la fama sino el reconocimiento. “La fama es el prestigio en calderilla”, nos recordaba Mario Maya. La grandeza de una persona suele ir emparentada con la humildad. Juanito Valderrama, cantaor enciclopédico donde los hubiera, decía que “la modestia es de burros y la falsa modestia de borrico garañón”. No busques el aplauso. Que el ‘ole’ sea espontáneo y decidido, nunca reclamado. La obligación de vitorear redunda en la mentira, que es el pozo más insondable en que un artista puede caer. Camina con la verdad por delante o cogido de ella de la mano. Sé sincera, que lo que tenga que llegar llegará. Y, en tal caso, sé agradecida, que es la primera muestra de esta humildad que te indico.

Escucha el cante. Debes saber de cante casi más que el cantaor que te acompaña. No dejes de estudiar y de aprender. Y, cuando estés en escena, párate a escuchar lo qué te cantan, cómo te tocan, y báilale al cuadro. Báilale a los músicos y no te cruces con ellos. Sigue su latido. Que bailando para dentro es como mejor se baila para afuera.

Así, actúa para todos y para nadie. Zeami va más allá: “olvida el espectáculo y mira al Nô; olvida el Nô y mira al actor; olvida al actor y mira la idea; olvida la idea y entenderás el Nô” (el Nô es una forma tradicional y mística del teatro japonés). Haz que te importe el público pero que te importe más el arte. Desentiéndete del espectador y baila, baila, baila. Es el mejor homenaje que se les puede hacer a tus seguidores.

Reposa tu cuerpo. Mario Maya afirmaba que “el baile flamenco no es fuerza bruta”. Es alarmante cuando un bailaor sale a escena como los toros a la plaza cuando abren el chiquero. El baile de arrebato es una demostración de energía a veces sin sentido.

Debes atender al silencio. “La danza no está en el paso, sino entre paso y paso. Hacer un movimiento tras otro no es más que eso, movimientos. El cómo y por qué se liga y qué se quiere decir con ellos, eso es lo importante” escribía Antonio Gades. A este respecto también leo en Jules Barbey D’Aurevilly: “Con la música ocurre lo propio que con la vida. En ambas resultan mucho más expresivos los silencios que los acordes” (que le pregunten a los Habichuela).

Sé consecuente con lo que estés bailando. Que tu atuendo, tu rostro y tus movimientos sean acordes con lo que quieres trasmitir. Cuenta tu historia. Baila de blanco unas alegrías, coge el abano en las guajiras, trasmite el drama de las seguiriyas.

Mueve todo el cuerpo. No bailes de cintura para abajo ni exclusivamente con los brazos. Todas las partes son importantes desde la punta de los dedos hasta las cejas, la mirada y la cintura. Levanta las manos y no peques de hombrera. Guarda el equilibrio. Busca la simetría. Lo que hagas con el lado derecho que lo puedas repetir con el izquierdo. Qué no te acusen de cojera.

No alargues demasiado tu actuación. No te repitas demasiado. Alimenta las ganas. Asegura el anhelo. Que tu baile sea una guinda, no un pastelazo.

Libérate. No estés pendiente de lo que haces. Cuando hayas aprendido olvida todo (comprende el Nô). Improvisa. Siente el momento. Que el baile no te pertenezca, pertenece tú a la danza. Es buena la técnica, pero mejor es la pasión. Hay que tener cuerpo, al que debes cuidar hasta el extremo, y cabeza, que te guíe y ofrezca razón a tu camino, pero también hay que poseer un corazón que lata y un paladar de gourmet, mucho paladar.

Aprende de tus mayores pero no quieras ser como ellos. Enrique Morente no quería ser ni como sí mismo. Se reinventaba continuamente. Imita todo lo bueno que veas. Quédate con los pies de alguien, con los giros de otro, con las manos de ella. Remeda escobillas y remates y desplantes pero sé tu misma. Lo que más se aprecia en el baile, en el arte en general, es tener un sello propio. Hablar un lenguaje especial. El público no va para ver más de lo conocido sino para descifrar un código cada vez diferente, aunque el emisor evidentemente sea el mismo. Valora los cambios de registro.

Busca líderes y maestros y déjate guiar y aconsejar por ellos, que cualquier padre quiere lo mejor para su hijo. El buen pedagogo pretende que su pupilo lo supere. Leonardo da Vinci lo expresaba diciendo: “¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!”.

Crea. A partir de lo que has aprendido investiga nuevos caminos. Deja las ventanas abiertas. Imprégnate de otras músicas de otras manifestaciones artísticas. Enriquécete con el clásico, con la danza española, con la escuela bolera, con el jazz, con el contemporáneo… pero no pierdas las raíces que son tu norte. La mayor vanguardia estriba en no perder de vista el pasado.

Domina el espacio. Una vez que tengas todo asegurado, piensa en conjunto. Piensa en toda la escena. Manda a tus músicos. Que no te pierdan de vista. Aprovecha cada centímetro de escenario, cada viento que corra.

Petronio en el Satiricón aconsejaba: Linque tuas sedes alienasque littora quaere, o iuvenis; maior rerum tibi náscitur ordo. Perdona el latinajo. Te lo traduzco: “Deja el lugar en que vives y busca otras tierras, oh joven; se te abrirán nuevos horizontes”. Vuela y ve otras maneras. Acude a otras plazas, a otras ciudades y aventúrate. No bebas siempre del mismo venero, aunque su agua sea fresca y buena. Piérdete para reencontrarte. Que un artista sin alas es una comida sin condimento.

Por último, o para terminar de empezar, te diría que ensayes, que le dediques horas a tu labor y que no pares de entrenar. Por muy sabido que tengas un número, la repetición es lo que te lo asegurará. Es la única manera de avanzar. No des nada por sentado.

Pero si no tienes madera, que es como no tener savia, que es como no tener duende, que es como no tener gracia, que es como no tener algo, que es como no tener arte, querida amiga, dedícate a otra cosa.

* Carmen Amaya en la foto (perdonad la evidencia).

Hacia dónde vamos

Hacia dónde vamos

Reflexiones sobre la universalidad del flamenco

El flamenco, con derecho, es Patrimonio Oral de la Humanidad declarado por la UNESCO. Ahora hay que mantener ese status. Debemos estar orgullosos por lo que nos toca. Es un derecho innegable que este arte de Andalucía, España y la Humanidad, como dice nuestro himno, sea reconocido como un monumento a la creación popular y a un estilo de vida muy particular. Porque el flamenco es un sentimiento que se extiende por el mundo. Al decir de muchos entendidos (¿de todos?), es una de las músicas más ricas que existen.

Puedo excusar a la Junta de Andalucía cuando en sus Estatutos reflejó el flamenco como materia exclusiva de su competencia con la idea de salvaguardar sus raíces, pero no perdono el intento interlineal de querer encasillar una música que es de por sí universal y mestiza, como dijo Sanlúcar. Puede que naciera en Andalucía y que echara los dientes en los rincones de nuestra tierra y que el folklore tradicional hispano, el poso cultural, se enriqueciera con la llegada de los gitanos y que germinara en una expresión tan categórica. Pero, por suerte, el flamenco no cerró los ojos ni atrofió sus alas y, con el mismo arte, fue creciendo en Extremadura y en Levante y en Galicia y en otros puntos de la Península. Para escuchar flamenco y tener oportunidades, para conocer todas las sensibilidades es necesario visitar Madrid o aterrizar en Barcelona. Hay grandes flamencos en toda la geografía, en Toledo y en Pamplona y en Alicante y en Oviedo… Así, quitadme la etiqueta de “sólo andaluz”.

El terruño español se impregna de sonios negros que traspasan nuestras fronteras enriqueciendo los rincones del mundo. Que le pregunten a los artistas. Es un bautizo de fuego pasar por Japón, por Nueva York, por París, por Londres. Existen festivales prestigiosos en muchos países. Hay miles de academias de flamenco por todo el globo. Hay intérpretes de la guitarra y del baile que no tienen nada que envidiar. El cantaor David Sorroche, me escribía del norte de Europa, diciendo que había que ponerse las pilas, pues por allí se estudiaba flamenco con rigor y entusiasmo, y que una guitarra ‘sonaba como si fuera del Camino’. El padre de Dorantes, comentaba en una entrevista en Radio 3, que descubrió en Japón a un guitarrista apodado con su mismo nombre, ‘Pedro Peña’, que era capaz de reproducir a la perfección todos sus discos, incluso milimétricamente los mismos fallos que se deslizaron en la grabación.

Así, cuando el flamenco se ningunea, se margina, se aparta como una manifestación anquilosada de segundo nivel, cuando a propósito se oscurece su mundo, me revuelvo y me digo que llegará el día que echemos de menos no haber mimado a nuestro arte por antonomasia, que no hayamos respetado a sus intérpretes, que no hayamos cuidado su cantera. Y cuando tengamos que ir a ver buen flamenco a Luxemburgo, a Nueva York o a Milán, nos daremos cuenta que el universo es nuestro, pero la carrera espacial la hemos perdido.

* En la foto, La Moneta (Joss Rodríguez©)

Y los sueños, sueños son…

Y los sueños, sueños son…

Una de las fases más enigmáticas de esa vigilia del sueño, es que acontecimientos que parecen abarcar meses o años, ocurren en minutos o instantes                        (El Sueño, O.Henry)

La noche del durmiente, aunque no sea bello, está llena de sueños. Una concatenación de imágenes felices o angustiosas, celestes o diabólicas, amenizan la noche pensando sin querer pensar. Entre niebla y fantasía sucede el ensueño profundo, donde el tiempo no existe ni el espacio, ni lo real ni lo fantástico. Unos sueños que se prestan al olvido en cuanto suceden pero su estela tinta el primer despertar que, si no se hace un forzado ejercicio de retención, sus hilvanes desaparecen definitiva e irremediablemente para visitarnos con similar aspecto si acaso durante otra adormecida.

Hay quien es consciente de sus sueños y se esfuerza por conservarlos, analizarlos e interpretar sus designios. Se ha escrito mucho sobre su origen y significado. Pero su mundo paralelo, dimensionado, está generalmente vedado.

El otro día sin embargo, en el umbral de desadormecer, algunos retazos de sueño se me hicieron evidentes. Incluso borgianamente en el mismo sueño tomaba estas notas que ahora escribo.

O sea que, sin pensarlo dos veces, me siento ante el teclado y, librando de telarañas el film de mi mente, confío en registrar lo esencial que peca más de orate que de cordura.

En una clase mixta donde esperábamos al docente, una chica con los labios muy definidos, de granate, casi violeta, era la única que atendía desde el vano de la entrada. El profesor llegó con su cartera en la derecha (puede que tuviera gafas) y besó a esa dama que le sonreía.

En ese instante o al momento (el tiempo no existe, recuerdan) dio a luz a un bebé, a todas vistas prematuro si no fuera porque comenzó a hablar diciendo algo así como:

“Todas las mañanas me alegra decirle a mi madre cuánto la quiero”. En ese momento, en el mismo sueño pensé escribir el episodio por su grandeza, por su imposibilidad. ¿Cómo un niño recién nacido, que no ha vivido ninguna mañana, ningún despertar aparte de su alumbramiento, puede referir el amor de su madre en cada amanecida?

Soñando aún, buscando dónde apuntar mientras intento retener la anécdota, despierto y busco dónde apuntar e intento retener la anécdota.