Blogia

volandovengo

Descanso en el camino

Descanso en el camino

Fechado en el 96, este arbitrario Descanso en el camino, elaborado con tinta sepia y plumilla, mide poco más de lo que aparece en la pantalla.

Un banco en el paseo

Un banco en el paseo

me recuerda mi suerte:

en verano se encuentra

bajo un completo sol;

en invierno recibe 

la sombra que proyectan

unas viejas coníferas.

Flamenco en el Sur

Flamenco en el Sur

Al paso que vamos, el nombre del ciclo de “Flamenco Viene del Sur” va a ser una exclusiva, una opción, un deseo, pues el flamenco ya mismo vendrá del norte. Flamenco se oye en todos los puntos cardinales e incluso hay intérpretes, y buenos intérpretes, en otros países, como Japón, Francia, Holanda, Sudamérica o Israel.

Además, nuestros flamencos no sólo cruzan habitualmente las fronteras españolas, sino que están deseando traspasarlas, por la aceptación y sobre todo por la bondad de trato de la vecindad del resto del globo. Tanto es así, que dentro de unos años, para ver buen flamenco, vamos a tener que ir a París, Milán o Nueva York.

Pero, hoy por hoy, ya tenemos un programa decente para disfrutar este año incierto (hasta hace poco pensaba que, por falta de presupuesto, este ciclo de la Junta de Andalucía se iba a suspender).

A Granada vendrán nueve espectáculos, que en proporción está más que bien, teniendo en cuenta los 34 que se distribuirán por toda la región. Y puede que este año la participación granadina sea más “evidente” (lo pongo entre comillas porque, entre protagonistas y segundones, quizá lleguemos a la ridiculez media docena entre los casi doscientos artistas que intervendrán a lo largo de estos días).

Directamente a Granada vendrá la Compañía de Manuel Liñán, el 29 de abril, con la obra Sinergia. El granadino Liñán es uno de los grandes bailaores o coreógrafos de España. Respetado por el público y reclamado por sus compañeros.

El día 8 de abril tendremos la Compañía de Ana Calí con su montaje De cobre y lunares, una obra basada en los cantes y bailes, pasado y presente, del Sacromonte. Ana es una corredora de fondo del baile granadino. Dentro de su profesionalidad, entrega y exquisitez nunca ha tenido suerte. Trabajadora desde la base, cualquiera de sus pasos rezuman sudor.

En Punta Umbría, el 9 de marzo, La Moneta, posiblemente la mejor bailaora de su generación, presentará Extremo jondo; y en Málaga, Miguel Ángel Cortés, el 6 de marzo, interpretará El calvario de un genio.

Por último, si consideramos tan granadino a Rafael Amargo como a Cortés, estará en Sevilla, el 5 de marzo, junto a Diego Amador, Arturo Pareja-Obregón y Laura Gallego haciendo Cuatro lunas.

Aparte de estos nombres con función propia, indirectamente, entre los cuadros o los cuerpos de baile, puede que hallemos personajes como Antonio Campos, para cerrar el ciclo granadino, el 13 de mayo, en la Compañía de Rafaela Carrasco, con la obra De un momento a otro; o a Patricia Guerrero acompañando a Rubén Olmo en el Ballet Flamenco de Andalucía, en las ciudades de Almería, Jaén, Linares y Córdoba.

Otras fechas para Granada (todas en el Teatro Alhambra) son el 25 de febrero, día de comienzo, con un recital de El Cabrero; el 4 de marzo, concierto del guitarrista Pedro Ricardo Miño; el 11 de marzo la Compañía flamenca de Isabel Bayón presentará En la horma de sus zapatos; el 1 de abril, el gran guitarrista Dani de Morón, mostrará su nuevo disco: Cambio de sentido; el 22 de abril, tendremos al veterano bailaor malagueño Carrete, que vendrá con Mª Ángeles Gabaldón como artista invitada; y el 6 de mayo, José Valencia, dará el recital de cante Solo flamenco.

 

Aquella mancebía

Aquella mancebía

Hasta hace relativamente poco tiempo las mujeres no tenían alma. Culpa de ello lo tenían las enseñanzas de Platón y Aristóteles, pero también los pensadores de la Iglesia, como san Pablo, que tanto daño hizo a nuestra libertad individual.

Y, desde que tuvieron alma, se tardaron todavía bastantes decenas de años para que se las tomaran en cuenta, para que tuvieran un hueco en la sociedad, y aún hoy día…

Es una clase de censura cómoda, que los países totalitarios y las mentes autárquicas gozan con alimentar.

La libertad, el pensamiento libre, la diversidad, siempre ha molestado a quien toca el tambor. ¡Ay de aquél que lleve el paso cambiado!

El turno, cómo no, le toca directamente a la cultura, al pensamiento crítico, a la creación fuera de los límites. Se le ha temido más a una pluma que a una espada. El pan y circo de los romanos es moneda habitual en nuestra civilización. Tener al pueblo abastecido y entretenido era la mejor forma de tenerlo controlado.

(Ahora, sí que es verdad, que el pan escasea, pero tenemos el fútbol y la televisión y el circo de los políticos.)

Silvio cantaba que el arma del joven soldado era su guitarra y a Víctor Jara le cortaron los dedos para que no tocara y la lengua para no cantara. Aute llamó a los mandamases buitres callados de forma encubierta y Quevedo le dijo a la reina que renqueaba en este famoso pareado: “Entre el clavel y la rosa / su Majestad es coja”.

Los libros han sido quemados, las películas mutiladas, las voces silenciadas. Todo a favor por un pensamiento único. Todo por un poder absoluto y una cuadrícula extrema. ¡Ar!

En la canción española, ha habido una anécdota que trasciende hasta nuestros días. La canción de Ojos verdes del gran Rafael de León comienza diciendo: “Apoyá en el quicio de la mancebía”. La censura, siempre atenta, alegó que no se podía hacer público que una señora, a todas luces de buen ver, pudiera estar aguardando a sus clientes en la puerta de un lupanar. Así que la letra cambió sensiblemente, llegando a decir: “Apoyá en el quicio de mi casa un día”. Así la grabó recientemente (2005) Tomás de Perrate en su disco Perraterías.

* Tomás de Perrate (foto: Paco Sánchez).

Cuando viene de la costa

Cuando viene de la costa

Uno de los territorios a tener en cuenta en nuestro flamenco es la costa granadina. El flamenco de la costa no está tan influido por los cantes tradicionales de la capital ni tan mediatizado por el barrio del Sacromonte y su paisanaje.

Destacan las zonas de Almuñécar, Salobreña y sobre todo Motril, que tienen más arraigo con el flamenco almeriense o malagueño que el de su propia ciudad. Incluso poseen su propio fandango, que está bien alejado del de Granada (si es que los fandangos en sí pueden estar alejados).

En la costa, el flamenco es más de afición. Muchos cantan y lo hacen bien y no por eso se consideran artistas.

David Maldonado, David de la Jacoba, toma su nombre artístico de su abuela. La afición le viene de familia y se formó en Madrid. Allí acompañó a Joaquín Cortés cantándole al baile, pero también a tres de los guitarristas más grandes de este país: los almerienses Niño Josele y Tomatito, y el internacional Paco Lucía.

Su voz es laína en exceso, su decir añejo y su deje camaroniano. Le arropa con la guitarra su hermano mayor Carlos de la Jacoba. Una guitarra precisa y gitana, llena de pellizco; que goza de una parquedad sobresaliente, sólo da los toques necesarios, sabe que su papel es el de acompañar y almohada el cante como pocos.

Uno y otro, sin aspavientos, hicieron pasar en la Peña de La Platería una noche agradabilísima.

David comenzó con unas alegrías, que introdujo con un poquito por romances, donde Carlos sólo apuntaba de vez en vez con su guitarra. Continuaron con malagueñas y abandolaos, que resultaron ser granaínas con tono de malagueñas. Los tientos fueron agradecidos y arrancaron oles sinceros. Su remate por tangos fue breve, sin querer aprovechar el tobogán festero, que más de uno lo hace interminable. Como breve fue el poquito por soleá, sólo dos letras, con que remató la primera parte. Curioso y sentido final para el ecuador de un recital.

En la segunda parte entré ya empezado. La segunda pieza fueron unas seguiriyas muy de raíz. No llegué a interesarme por el primer cante que con la misma valentía y color interpretaron los motrileños. Por levante también fue un ejemplo de buen hacer y dominio del estilo libre. Culminaron por bulerías, que fueron realmente una guinda.

Antes de hacer mutis, sin embargo, nos dejaron un par de fandangos naturales.

No dudaría

El martes vino mi niño con una nueva canción que le habían enseñado en el cole. Era el antiguo éxito de Antonio Flores, No dudaría. Me alegré de que no fuera una de las canciones ñoñas a las que suelen acudir las maestras para incidir en su apuesta de modernidad.

Con todo y con eso, con la gracia de los ensayos camino a casa, le sacamos punta y, con la misma música, compusimos una letra que tiene mucho que ver con el rollo carnavalero de estos días.

Si pudiera volar

como un colibrí

si pudiera aguantar

estas ganas de pis,

no dudaría,

no dudaría en comer perejil.

Si pudiera comprar

esas gafas de ver,

si pudiera sembrar

siete flores de té,

no dudaría,

no dudaría en comer perejil.

Quisiera ver a María

achicharrarse con tu ausencia,

pero nunca,

nunca más viajar a Valencia.

 

Una sonrisa en el infierno

Una sonrisa en el infierno

Uno de los cuentos de la segunda parte de En un pozo chico es este microrrelato, al que le tengo un cariño especial por su sencillez trama y por el absurdo final que redunda en la insatisfacción y el conformismo a que nos tiene acostumbrado el mundo.

Condenado a muerte. Emplazado a formular su último deseo. Sin titubear, como aprendido de antemano y ensayado hasta la saciedad ante el espejo ajado de su celda en el corredor de la muerte, pronunció un contundente solomillo de ternera a la pimienta poco hecho con guarnición de patatas y, añadió a continuación, cual partícula indivisible, y lavarme los dientes a su término.

El juez que lo interrogaba, más legalista que su nombre, denunció ante el ajusticiado que su petición no correspondía con un solo anhelo, que, seguramente apremiado por la golosina de la gracia postrera, se había recreado en la súplica del doble antojo de una sustanciosa comida y el posterior cepillado de la boca.

Al cabo de unos minutos, el reo recibió la inyección letal con el estómago vacío, pero con los dientes limpios.

Un par de fandangos

El fandango es una verdad que arroja el cantaor ante el que escucha.


No se va de la memoria,

que por momentos yo me hundo,

lo penoso de esta historia:

que el infierno es más profundo

cuando he vivido en la gloria.

 

Tengo que cambiar de rumbo,

parece una tontería:

ahora yo te confundo,

pero antes tú me querías;

me está maltratando el mundo.

Galatea y Pigmalión

Galatea y Pigmalión

En un pozo chico comienza con una cita de Savater que dice: “Demasiado cuento para que me salgan las cuentas”.

Está dividido en dos partes casi arbitrarias: “Los hombres” y “El pozo”. Dos segmentos convencionales, que participan el uno del otro; si bien “Los hombres” tienen, lo que podíamos llamar, un nombre propio; “El pozo” por su parte reúne cuentos algo más existencialistas y sin protagonismo definido.

El porqué del título es una buena pregunta. Surgió del zorongo gitano recogido por García Lorca, que define la luna como un pozo chico.

Quise introducirme en esa sima tan familiar como distante, ofreciendo cuentos de muy corta extensión pero con vocación de profundidad y pensamiento.

Sigo exponiendo en este blog, quizá repetidos, alguno de sus textos, como esta revisión tan soñada como tangible del mito de Galatea y Pigmalión:

Pigmalión jugaba al fútbol en un modesto equipo de provincias. Galatea acudía al estadio para verlo entrenar. No adivinaba hasta qué punto estaba enamorada. En realidad no sabía a ciencia cierta qué era el amor. ¿Un continuo goteo que va llenando una vasija interminable? Pero ella no conocía estos versos ni cualquier otra aproximación a la teoría del sentimiento. Cuando más le gustaba era después del entrenamiento, cuando se aproximaba a ella, se despojaba de la camiseta y, con el torso bañado en plata, la besaba suave. Pidió al cielo que ese momento fuera eterno. Rogó a la diosa que congelara el instante sublime de aquel beso. Ahora Pigmalión es una bella figura de mármol blanco que se asoma a la alberca del jardín donde Galatea eterna sueña el amor.

No desprecies a la culebra por no tener piernas

No desprecies a la culebra por no tener piernas

En un pozo chico es una compilación de cincuenta y cinco cuentos breves en apenas ciento cincuenta páginas. Algunos de ellos son muy antiguos, de hace más de veinte años, hechos y rehechos hasta el momento, pero la mayoría son contemporáneos.

Los que ocupan menos espacio, y no todos, los iré publicando en está página a modo de escaparate. Puede que suenen algunos textos, y es que ya, un día u otro, los he ido presentando en volandovengo.

No obstante, no está de mal recordarlos. No obstante, con espíritu heraclitiano, resurjan como novedosos.

Quién lo ha visto y quién lo ve. Era, como si dijéramos, el tonto del barrio. Un día llegó con la mandíbula abierta y la lengua gorda que se derramaba fuera de la boca, ofreciéndonos monedas y comiéndose los papeles de los anuncios publicitarios arrancados de paredes leprosas. Era grandote y grueso, torpe y sin entendederas. Bien lo echábamos de nuestro lado, bien lo llamábamos para reírnos al punto de sus desvaríos. Si no llevaba la baba colgando, se le caían los mocos, que mal limpiaba con el mismo pañuelo sucio con que se enjugaba la boca. Lo mandábamos a comprar tabaco, a tocar el culo de las niñas u otro sinfín de pruebas a superar para entrar en un supuesto club al que nunca tendría acceso. Detrás de las cristaleras de su portal, se asomaba sobándose los genitales al paso de alguna chica. La Rosa, fresca y hermosa, se preguntaba por qué el pene más grande pertenecía siempre a necios y tarados. Divulgó, como si fuese una broma, que era su novio y, de esta manera, se lo llevó a la cama. A lo primero reconoció que era tonto sin remedio, que no se quitaba la gorra ni para follar; pero después no pudo pasar de unos encantos tan inocentes como descomunales. Llegó el día que su fama corrió y lo tuvieron por montura todas las mozas del barrio y las de los alrededores, ennoviadas o no. Un buen día, los chicos casaderos del lugar le dieron una paliza que casi lo revientan de celos y pura envidia. A raíz de esto, sus padres se lo llevaron lejos. Bastante tiempo después regresó convertido en un notario de prestigio, con el coche más lujoso que hubiéramos visto y una elegante morena por mujer. Cuentan que fue idiota por un golpe de pequeño o por un letargo voluntario al contemplar la violación de su madre. Un desajuste en el cerebro que se reajustó, probablemente, después de la magna paliza de sus cornudos vecinos.

De nuevo

De nuevo

A los seis meses justos de haber cerrado "definitivamente" este blog y después de muchas peticiones y ruegos de los usuarios para que se volviera a abrir (sin dar mi brazo a torcer), los últimos acontecimientos me impulsan a su reapertura, en un principio tan sólo para dar a conocer un libro de cuentos que he publicado recientemente en modo digital (En un pozo chico), en la editorial TransBooks; pero, ya puesto, no cabe duda que se me desprenderán otros artículos, más si esta página tiene su sentido en torno al flamenco.

En principio, como he dicho, aquí está el link de este librito de cuentos, que le debe bastante al blog volandovengo y a sus lectores, donde se puede descargar para tabletas y esas nuevas maneras de acercarse a la literatura, bajo las plataformas iTunes y Amazon: http://transversales.es/transversal/TransBooks/TransBooks/Publicaciones/Entradas/2012/12/26_En_un_pozo_chico.html

Y, aunque un resumen del prologo de Alfonso Salazar, presenta este enlace, no está de más que vuelva a reproducirlo:

«En los cuentos de “En un pozo chico” sobrevuela el sinsentido de la vida, la mueca ridícula del suicidio frustrado, la fina tela de araña que es la vida, donde el mínimo aleteo de la mariposa ocasiona la debacle de la muerte. Y los engaños amorosos, la fracasada vida de la apariencia, el giro inesperado, el error que traído por la casualidad deviene en el fin de las cosas dispuestas. Sin embargo, esta descripción cirujana de la condición humana, desenfocada a veces por el convencimiento de los personajes, no hace sangre donde comienza la ruina: tras la muerte queda una sonrisa, y ésta triunfa en la narración de la dureza, de la podredumbre, del fatal destino. 

»Entre apariciones de muertos y personajes que ya estaban muertos en vida, Jorge desbroza la muerte como último acto de la vida, y como necesario sentido explicativo de todo lo anterior. El fin justifica el pasado. Pero no lo hace con crudezas innecesarias, no existe la vocación de una pluma herida, una escritura que supure la tristeza y desengaño del propio escritor a modo de terapia casi gratuita. Las narraciones de Jorge juegan a la sorpresa, a la sorpresa misma de la vida, con una cadencia que contiene la ironía, el chiste exquisito -ni corto ni largo-, que busca distanciamientos y sobre todo, la complicidad: esa sonrisa necesaria para sobrellevar a veces los días y las noches en compañía de la voz del autor, en el íntimo acto de la lectura, que es donde Jorge se coloca a la hora de escribir.»

Post scriptum.- Lamento la ausencia, pero debía reencontrarme a mí mismo o perderme del todo antes de continuar mis andanzas. Sé que he perdido muchos lectores y que me costará recuperarlos, pero nunca he buscado la gloria ni deseo hacer crecer ningún tipo de estadística ("a la minoría siempre", ¿recuerdan?).

Argumentos

Ha pasado ya algún tiempo desde que cerré este blog y por una u otra vía he recibido comentarios, en gran medida para que me lo repiense, pues se me leía con agrado. Soy consciente de este seguimiento alrededor de todo el mundo y la expectación que creaban mis entradas, tanto de flamenco como de otra cualquiera intención literaria, poética o fabuladora. Pero mi decisión es irreversible, hoy más que nunca.

Cuando a los indios de Norteamérica les afectaba algún gran dolor espiritual se infringían un fuerte dolor físico que paliara en cierta manera el desasosiego de su alma.

Así, quise amputar parte de mi voz y de mi visión para contrarrestar un revés que no viene al caso su descripción.

No pienso, en principio, retomar esta actividad por ningún lado, como muchos de vosotros apuntáis esperanzados.

Quería responder una por una cada palabra de ánimo, pero no he tenido fuerzas. Valga esta nota ‘póstuma’ para agradeceros a todos vuestra atención.

He preferido escribir un artículo nuevo que expresarme en unos comentarios que sin duda después de tanto tiempo pasarían desapercibidos.

Para los que quieran seguir las noticias, críticas o novedades del flamenco en Granada, les dejo esta dirección: http://www.granadaesflamenco.com/ (en la cual empiezo a colaborar, pues ha sido más fuerte la insistencia que la resistencia).

Para los que quisieran cualesquiera otros pensamientos, tendrán que esperar a que de nuevo las cartas me caigan boca arriba, aunque me temo que la suerte nunca me mira a la cara. 

Hasta siempre, como ya dije en el post de despedida.

Hasta aquí he llegado

Hasta aquí he llegado

Ayer hubo una hermosa luna. La primera luna llena de julio. Hoy, 4 de julio de 2012, a dos días de que se cumplieran veinte años de la desaparición en vida del gran Camarón de la Isla, después de seis años y medio de artículo casi diario, doy por finalizado este blog que tantas satisfacciones me ha dado.

Gracias a las miles y miles de personas de los cinco continentes que me han seguido en este periplo. Me enorgullezco de unos lectores que sin duda he creído siempre de calidad.

Hasta siempre.

Una letrilla por soleares

No soy débil ni soy fuerte,

te lo tengo que decir,

tan sólo es la mala suerte

que se apodera de mí.

El triunfo de una rosa

El triunfo de una rosa

61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Rosa, metal, ceniza

Si me dieran a elegir con los dedos de una mano mis preferencias entre las bailaoras del momento no dudaría en señalar a Olga Pericet (recién elegida como Mejor Bailaora del año 2011 por la Asociación Nacional de Críticos de Flamenco).

El Isabel la Católica se llenó durante la velada del sábado 30, pero no estaba abarrotado como cabría esperar. El teatro es relativamente menudo comparado con otros foros dentro del Festival y los huecos, para obras de calidad, son incomprensibles (quizá aún no se conozca esta bailaora en nuestra tierra o se siga prefiriendo el “made in” que no deja de ser la cabeza retorcida de un ratón).

Tres, cuatro, cinco veces he visto y admirado a esta bailaora cordobesa en Granada, y en Madrid (que es la Corte), y siempre me ha dejado ese sabor de boca rayano en el platonismo. Su baile, de excelencia, está lleno de propuestas, de riesgo y de desparpajo, hasta hacer de su cuerpo, bello y menudo, un objeto de deseo, la figura sensible de una fina porcelana.

En su primera obra en solitario, Rosa, metal, ceniza, quiere dejar sentado que este no es camino fácil, que la danza florece como la flor, pero es dura como el metal y efímera como el fuego que se extingue y vuelve a renacer.

Con una formación más que demostrada en el baile clásico y el flamenco, Olga va hilvanando un espectáculo lleno de sugerencias y concesiones sin límites hacia lo contemporáneo, que se materializa en el bailarín invitado Paco Villalta que, con su presencia o como sombra latente, sirve de tácito hilo conductor de toda la obra, quien la abre y se presenta con el clásico sonido en off del Romance a Córdoba, mientras la bailaora, hierática, como muñeca rota, descansa sentada a la izquierda y sólo comienza a interactuar con él hasta quedarse sola con su vestido corto de volantes y sus palillos, herencia de la escuela española, y los compases de Córdoba de Isaac Albéniz, reivindicando una vez más su cuna.

Unas milongas de Pepe Marchena son interpretadas con sentimiento por el camaronero José Ángel Carmona, uno de los tres cantaores, que aflamenca la función y da paso a las cantiñas, cuando se hace fiesta a los postres. La bailaora cordobesa, con gran mantón y estilo, establece su dominio, permitiéndose ralentizar las escobillas y sofisticando los remates.

Una doble cortina de cuerda dorada hace de fondo móvil, cobrando vida propia y adquiriendo ese onírico protagonismo que Olga nos plantea. Hasta aquí la Rosa.

La segunda parte, el Metal, comienza por levante. Miguel Ortega, poderoso y seguro, con Manuel Patino a la guitarra seducen por tarantas, para imbricarse rápidamente por seguiriyas y tonás, donde el jerezano Miguel Lavi muestra su magisterio y una sombra asaz alargada. Pericet quita todo dramatismo a esta pieza, que se muestra acelerada, y se deja llevar por los últimos quejidos de Lavi que casi lo toca hasta que Villalta la toma en volandas y hace mutis inesperadamente. Estos momentos quebrados a modo de ensayo improviso desconciertan al espectador y rompen el sentido maleable de la obra, como cuando el bailarín interpreta una pieza marchenera que se entrecorta.

Uno de los momentos más aplaudidos de la noche comienza con los acordes de una mandola (Carmona), al que se le unen las guitarras sabias de Antonia Jiménez y Patino. Son unas bulerías al puro estilo que aborda con fuerza y salero el bailaor invitado Jesús Fernández.

La sombra de la ceniza es el paso a dos que bellamente interpretan Pericet, con bata negra de cola, y Villalta. Es emocionante y un gran preludio a la traca final por soleares apolás y petenera, donde la bailaora demuestra su altura flamenca, su largueza y su proyección.

* Foto promocional del espectáculo

El infierno y yo

El infierno y yo

El otro día, por razones que no vienen al caso, estaba obcecado y, cuanto más obcecado estaba, más me obcecaba, simplemente por el hecho de estarlo.

Es un martirio. La depresión se alimenta de sí misma. El pecado es la condena.

Llegué a pensar que no necesitaba enemigos, pues conmigo tenía bastante. Yo solo. Yo frente al espejo. Yo reflexivo. Yo y mi cabeza (y mis circunstancias).

Para Sartre el infierno son los demás. Yo pienso como Torrente Ballester, que lógicamente era hispano (gallego para mayor abundamiento), quijote anónimo, quien insinúa en el prólogo de su Don Juan que el infierno somos nosotros mismos.

Algunos llevan la gloria consigo, otros un purgatorio continuo, incluso un limbo, muchos portamos un infierno por nuestro sentir, por nuestro carácter, por nuestro genio. (Clemenceau decía que quien tiene genio, tiene mal genio. No es el caso.)

Ya que tiene el infierno más de una boca, sabe tragarse a cada cual según corresponde a su dignidad dice Goethe en su Fausto.

El erebo se hace a medida, es como el budismo, no como el cielo que está perfectamente delimitado, perfectamente ordenado. El perfil que se necesita para entrar en la gloria es semejante en todos los mortales, pues hay que morir para ‘ascender’, porque el cielo, sin discusión, está arriba.

¿Y el averno está abajo? Posiblemente coincidan en un mismo lugar o en ninguno o en la cabeza del que lo piensa. Thomas Mann en Doktor Faustus escribe quien cree en el demonio le pertenece ya. Y posiblemente sea eso. El creyente va al cielo o se precipita en el orco, pero quien no cree tan sólo es comido por los gusanos que él mismo genera.

Esta duplicidad de Coelo et Inferno, como un mismo lugar, las dos caras de una misma moneda, el yin y el yang en un mismo espíritu, en un mismo pensamiento, es la misma dualidad (bien/mal, bueno/malo) que a todos nos atrapa.

Salvador Dalí lo expresa muy bien cuando afirma: no sabes que no existe el diablo, es dios cuando está borracho.

La voz rota de Carmen Linares

La voz rota de Carmen Linares

61 Festival Internacional de Música y Danza de Granada

Lleva bastante tiempo Carmen Linares con la voz afectada. Quizá algún día la forzara demasiado y ya no hubo marcha atrás. Desde hace algunos años sus apariciones tienen más de carismático que de estilismo.

El martes 26, en el Palacio de Carlos V, después de haber recibido la medalla de honor por el Festival de Música y Danza de Granada en reconocimiento a su trayectoria y su vinculación con el festival, tuvo una actuación memorable, más por lo que representaba, como ya digo, que por la precisión en su entrega.

Bajo el título de Ensayo flamenco 2012, estrenado en Jerez y en Madrid, la cantaora jienense ha recopilado a los poetas que le han servido de inspiración a lo largo de sus grabaciones, acordándose de los imprescindibles Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez y Rafael Alberti, pero también de los contemporáneos José Ángel Valente y José Luis Ortiz Nuevo, creando un concierto tan intelectual como intimista donde se arropa con las guitarras de Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco y la percusión de Antonio Coronel o tan sólo del piano soberbio de Pablo Suárez. También se apoya en las voces y el compás de Ana María González y Rosario Amador, sobre todo en la fiesta.

Con una generosa introducción musical, rematada por fandangos, entra en escena Carmen Linares con La luz que a mí me alumbraba de Ortiz Nuevo. Se asoma al cante de minas, principiado con piano y culminado por rondeñas, versionando El niño yuntero de Miguel Hernández.

Apuesta, como hizo Morente, una amplia concesión al cante libre, aflamencado, ejemplarizados completamente con dos temas desnudos también de Hernández, acompañados exclusivamente con piano, como si fuera un diálogo continuo: Mis ojos sin tus ojos, donde se acerca a la copla, y Casida del sediento.

El piano continúa como un latido haciendo tonás de otro poema del maestro de Orihela, El sol, la rosa y el niño, que ya grabara en La Luna en el río con Gerardo Núñez, en 1996, pero en aquella ocasión por bulerías.

Pero no es hasta las granaínas lorquianas Asesinado por el cielo (aunque estaban más cercanas a las malagueñas), rematadas con abandolaos, cuando la cantaora templa su voz y vindica sus dominios. A este tema le acompaña la estrella invitada Belén Maya que, con su baile minimalista y simbólico, ilustra a la perfección el desgarro del poeta granadino.

Ya, desde el pescante de la diligencia, Carmen va llevando el concierto por donde quiere y, aunque en las subidas la voz tiende a traicionarla, sus tablas y prestigio, triunfa en su periplo.

Por alegrías entonará Remembranzas de Juan Ramón Jiménez, incluido en Raíces y alas (2008) y Moguer por Huelva, que en este mismo disco se llamó Auroras de Moguer.

El final se va acercando con algunas canciones por bulerías: el fabuloso Quiero tú nombre olvidar, de Vainica doble, incluido en Un ramito de locura (2002), y Se equivoco la paloma de Alberti.

Las Bulerías lorquianas principian con Baladilla de los tres ríos y terminan con Anda jaleo.

Acaba el concierto con In pace por seguiriyas, tema que cierra Un ramito de locura y que baila también, con su perfecta plasticidad, Belén Maya.

* Foto de Ana Palma© para deflamenco.com.

La señora de Ibáñez

La señora de Ibáñez

La señora de Ibáñez esperaba a que su marido, el señor Ibáñez, se fuera a trabajar para, ella, sacarse un sobresueldo ejerciendo de cantonera en una calle próxima a su casa, pues el señor Ibáñez tenía un empleo fijo en el que echaba las horas que echaba, o sea, el señor Ibáñez era conductor en las líneas de autobuses urbanos que, a pesar de no tener un recorrido muy tedioso, que se limitaba a transitar por las calles céntricas de la ciudad y no por los barrios conflictivos, como alguno de sus compañeros, estaba asaz fatigado de coche, de ciudad y de gente, pues bien mirado ser conductor de autobús urbano es un trabajo cansino y, aunque le gustara el volante, eso en realidad no era conducir, cada quinientos metros o así había una parada, gente arriba, gente abajo, preguntas, protestas, incomprensiones… un martirio, por eso, antes de incorporarse al trabajo, visitaba alguna de las pajilleras que se apostaban al otro lado de la ciudad, donde la empresa tenía los hangares que resguardaban la flota de autobuses y religiosamente todas las mañanas aliviaba su libido acumulada en la entrepierna durante una noche abnegada, a resultas que con su mujer, la señora de Ibáñez, hacía tiempo que no practicaba el amor como al principio, porque al principio sí, varias veces al día incluso, cuando el tiempo lo permitía, se entiende, pero al cabo de unos años, que el señor Ibáñez no sabría precisar, se acabaron las relaciones maritales y aún todo contacto físico, pues por más de tres años estuvieron intentando los señores de Ibáñez tener descendencia, pero nunca les favoreció la fortuna, pues a la mala suerte y no a otras causas achacaban su esterilidad compartida, hasta que un buen día se dieron por vencidos, tiraron la toalla como quien dice, y no sólo no yacían para procrear sino que no entremezclaban sus cuerpos ni para aliviarse un poquito, como si se tuvieran un ancestral rencor solapado, que suponía la única tirantez, porque por lo demás se llevaban bien, era, lo que se puede decir, un matrimonio bien avenido, menos en el sexo, como estamos comentando, lo que erosionaba el comportamiento de ambos conyugues, ella, como ya se ha dicho, hacía la calle cerca de su casa, para incluso atraer a los clientes a su mismo tálamo, él, como también sabemos, buscaba la compañía y el calor puntual de las putas urbanas, pero ninguno de los dos conocía esta secreta actividad del compañero, puesto que la señora de Ibáñez lo creía subido al autobús en una jornada aburrida e interminable, dando vueltas y más vueltas por la ciudad, recogiendo y entregando a gente anónima en sus respectivas paradas y aguantando, según él le dijo, a usuarios caprichosos o amargados, con ganas de complicarle la vida a los demás, mientras él la pensaba en su hogar, como buen ama de casa, realizando sus labores propias o viendo algún serial televisivo o saliendo a desayunar con sus amigas, y las compras que hacía y los caprichos que se daba los achacaba a lo buena administradora que era, a su ahorro de hormiguita y a su manera de estirar el dinero viendo la oferta allá donde saltara y aprovechando la ganga como si la hubieran propuesto para ella, creando así entre los dos de la ignorancia un grado extremo de la felicidad, hasta que un día que se hizo tarde por trasnochar la noche anterior, por ejemplo, o porque el despertador no sonó a su hora, vete tú a saber, aunque no tiene importancia ninguna en esta historia, el señor Ibáñez decidió visitar a las rameras próximas a su casa para llegar al trabajo con la tarea hecha, de modo que se despidió de su mujer y despacio fue recorriendo la avenida como un sabueso, mientras la señora de Ibáñez, a la que también se le hizo tarde para ocupar su puesto, se vistió rápidamente como solía, o se desvistió lo habitual, para correr por un atajo en busca del primer cliente que cubriera un supuesto cupo diario que se habría fijado, aunque llegara más acalorada que de costumbre o un poco más alterada, que no era su costumbre, y pararse en la esquina para insinuarse al paseante que precisamente venía buscándola a ella o a otra parecida haciéndose como la encontradiza pero que en realidad ella era la buscona, aunque esperara más o menos rato al final llegaría, y llegó, pero quien llegó fue el señor Ibáñez que se sorprendió de verla en ese lugar y en ese estado, al igual que ella, la señora de Ibáñez, se asombró de verlo a él en ese lugar y en ese estado y cómo los dos andaban buscando con un hambre inusual que ninguno supo disimular, ella componiéndose se mordió el labio, como cuando estaba nerviosa, hablando de rebajas y él, mirando al suelo como avergonzado, que lo habían llamado para que se incorporara al trabajo una hora más tarde, sabiendo los dos que estaban mintiéndose y que su oficio y rutina eran los que sospechaban y se dejaba ver a primera vista que, entre tartamudeos e incomodidades, se propusieron tomar un café, pero, pensándolo mejor, fueron a casa para hacer lo que hubieran hecho si no se hubiesen encontrado, con un resultado más que satisfactorio y con deseos de continuidad, hasta que ya se puede decir que la relación de los señores de Ibáñez es perfecta, sobre todo en lo referente al sexo.

Un buen potaje

Un buen potaje

FEX

El FEX es la extensión popular del Festival Internacional de Música y Danza de Granada que tiene a bien, desde un comienzo, ofertar espectáculos flamencos en su programa. Es completamente gratuito hasta completar aforo, aunque, para espectáculos de gran demanda, se procura elegir un escenario sin limitación de plazas, como en este caso la Huerta de San Vicente donde pudimos contemplar el regreso a su patria chica de Juan Habichuela Nieto, afincado en Madrid desde primeros de año.

Con nuevo look e igual entrega, bajo el título común de A mi Sacromonte, el guitarrista más joven de la saga Habichuela anticipó, sin querer decirlo claramente, algunas de las piezas que compondrán su primer disco, Algo distinto, en el cual trabaja actualmente.

Con bastante expectación (en primera fila su familia), entendidos y aficionados granadinos y visitantes acudimos a presenciar el buen hacer de este chico que es como algo nuestro, al que vimos crecer, evolucionar y revolucionar la guitarra en sus manos.

Su afición, su ensayo continuo, su sentido musical y su cabeza despejada han ido forjando a un intérprete sin fisuras. El rasgueo, propio de su familia, es envidiable; su técnica y velocidad, increíbles; sus silencios, un tesoro. Quizá, sin embargo, le falte variedad en la armonización de sus creaciones.

Tenemos así un artista vertiginoso y limpio. Quizá –el tiempo lo dirá- el mejor Habichuela de concierto de la historia.

El sábado 24, como digo, lo pudimos ver en escena acompañado por la percusión precisa de ‘El Luky’, el piano de Alberto Raya y las palmas de su hermana y su cuñado, Eloy y Macarena Habichuela.

En solitario, lo que fue de agradecer, comenzó por rondeñas (Mis adentros) y por tarantas (Bordón minero), donde las escalas y el aprovechamiento del mástil hasta el hueco de la caja lo distingue. El resto del grupo se le incorpora desde la soleá (Patu Cascarillas). Los impagables tangos (Algo distinto) que le dan nombre al futuro disco, tienen todo el sabor sacromontano y el exclusivo soniquete Habichuela

Las aceleradas bulerías (Barquerela) dan paso a una bella balada (Matu ostalinda), que justifican por fin la presencia del teclado, fuera de lugar en el resto del espectáculo. Termina el concierto con el Anda jaleo, homenajeando a Lorca en lo que fue su casa.

* Foto de Antonia Ortega Urbano©.

Pequeña historia de una decepción

Pequeña historia de una decepción

No entré en la primera parte, pero me dijeron que no me perdí nada, que vino a cumplir, que hizo tan sólo tres cantes, soleá, fandangos y bulerías, que Juanito Villar ya no era el que era…

Entre las fechas que tenía apuntadas como inexcusables para subir a la peña de La Platería estaba la del 23 de junio, cuando iba a ver por primera vez en directo a un cantaor mítico y a su carismático guitarrista. Sus años pasados en el cuadro de Manuela Carrasco y su paso alante lleno de fuerza y compás lo elevaban al olimpo de los grandes. Pero –no es la primera vez que pasa, también ocurrió con la Macanita- cuando un cantaor del supuesto triángulo del cante acude a ‘provincias’, se relaja como diciendo que en oriente no entendemos, que con un mínimo esfuerzo triunfan, que con su sólo nombre ya es bastante…

Y el resultado: un concierto cogido por los pelos, dando menos de lo justo, sin generosidad y con prisas.

La segunda parte –ya con un toque de atención- comenzó por seguiriyas, después alegrías, tangos y bulerías, antes de pasarle el testigo a su hijo, que también se fue por bulerías y que con su grito de cante cortado hizo que su padre brillara un poco más.

Una noche que decepcionó a excepción de la guitarra del Niño Jero que cumplió con su toque jerezano y el compás sin igual de un cantaor formado para el baile.

Va a tener razón Gamboa cuando afirmaba que hay cantaores que saben lo que cantan y cantaores que cantan lo que saben.

* Foto de Paco Sánchez©.