Blogia
volandovengo

Flamenco

Nuestra cantera indiscutible

Nuestra cantera indiscutible

XIII Festival Flamenco ASPROGRADES

El Festival Flamenco ASPROGRADES se ha convertido en un escaparate imprescindible para contemplar a nuestros nuevos valores. Viene a ser como un trampolín, la parrilla de salida de los jóvenes flamencos granadinos, a veces jovencísimos, que van a emprender la carrera, larga pero apasionante, en el terreno de lo jondo. Hay altibajos, como es natural, pero sorprende genéricamente el nivel, la buena salud de la que goza la cantera flamenca granadina, que, lo he dicho en bastantes ocasiones, viene a ser posiblemente la mejor de la historia. Además esta extensa cantera goza de unas oportunidades, de un conocimiento y de un respeto que nunca se le ha tenido.

Así, una vez al año, en este populoso Festival se ven caras nuevas o gente de atrás que se anima a ponerse delante o flamencos más experimentados que proponen nuevas fórmulas o agrupaciones reunidas para la ocasión o academias flamencas que desean mostrar sus progresos en un escenario tan maleable como bondadoso. Con todo esto, podemos enunciar varios ítems que son constantes y definen la grandeza de este encuentro. En primer lugar, y por encima de todo, es un Festival benéfico en pro de ASPROGRADES que, como se sabe, es una Asociación de ayuda a las personas con discapacidad intelectual. En segundo lugar, ya ampliamente comentado, su objetivo es el de promocionar a los jóvenes artistas granadinos (no están todos los que son, pero sí son todos los que están). Muy significativo, desprendiéndose de este último objetivo, en tercer lugar, es que todos los actuantes se entregan al cien por cien. A los festivales benéficos se va muchas veces a enriquecer el cartel y tan sólo a cumplir. Otra de sus características es la comunión de todos con todos. Se comparten los guitarristas, los percusionistas y, los que cantan, acompañan a sus compañeros haciendo compás. Se echó de menos, en este sentido, un fin de fiestas con los máximos artistas presentes.

Aún así, resultó un poco largo, entre tanto nombre. Posible pesadez paliada por la animosidad de los dos presentadores, Juan Bedmar y Angélica Carmenate, pertenecientes a la Diputación de Granada, que ayudaron a dinamizar el evento. Un aplauso sincero a esta institución granadina que se ha comprometido con este Festival, ofreciéndole no sólo su apoyo económico, sino también logístico y humano, incluyéndolo dentro de su oferta de “Granada, universo flamenco”.

El Festival estuvo dedicado a la figura de Juan Carmona Habichuela, presente en el acto, quien reconoció el alto nivel de los jóvenes que subieron al escenario. Como guinda final de lujo, su nieto, del mismo nombre, quien cogiera su testigo este verano en el Corral del Carbón, le dedicó unas impecables alegrías

No es momento de destacar a nadie ni de hacer memoria de lo acontecido. En tal caso, este espacio se alargaría quizás innecesariamente. Puedo hacer mención, sin embargo, de algunas sorpresas de un servidor, y en gran medida, me consta, de gran parte de los presentes. La valentía de los primeros cantaores, haciendo petenera, granaína y fandangos naturales; la juventud y el virtuosismo de David Heredia, con once años, a la guitarra, y la pequeña Lucía, al baile, con sólo siete u ocho; Makarena, cantante de copla, acercar su voz y sus buenas maneras al flamenco; Miguel Barroso haciendo el “Pequeño vals vienés” que adaptó Morente de Leonard Cohen para “Omega”… y así, una suma de pequeños momentos que reconstruyeron una noche interesante.

* Josele de la Rosa, uno de los guitarristas que más se prodigó. Foto de archivo (Nono Guirado ©)

Jerez se desborda

Jerez se desborda

Flamenco viene del Sur

Una buena noche, con el flamenco más ortodoxo, es la que tuvimos el lunes pasado. Los artistas de Jerez se han destacado siempre por su compás, por su versatilidad y por su instinto. Tomasa Guerrero ‘La Macanita’ viene a ser un mito viviente, que rellena el escenario con su presencia y con su voz bonita y limpia, llena de matices y de flamencura. Sorprende lo bien que se mantiene. La última vez que la vimos en La Zubia en 2005 no estaba tan en forma, se le notaba más cascada. Aunque, no es lo mismo cantar en un teatro cerrado para trescientas personas que en un recinto ferial para tres mil. El caso es que en el Alhambra bordó sin condiciones. Al baile la acompañaba María del Mar Moreno, otra jerezana para tener en cuenta. María del Mar es una bailaora tradicional que deja un gran margen a la improvisación, destacándose por encima de todo su naturalidad. La fuerza y la elegancia imperan en su baile. El soniquete de las guitarras jerezanas también es único, sobre todo por bulerías, sin olvidar las alegrías o las seguiriyas. Buena muestra de ello nos dejaron Manuel Parrilla y Santiago Moreno. Por último, Luis de la Tota, Gregorio, Chicharro y El Bo, ponen el compás, las palmas y los jaleos, que en esta zona de Cádiz tienen el marchamo, la denominación de obra de arte.

El programa de mano, una vez más, no se ajustaba a la realidad. Un “Romance a Capella”, en forma de martinete, abrió la noche. La Macanita se queja con arte y con jondura. Convierte la tona en bulerías que dan pie a la bailaora a mostrar sus cartas. Se agradece en un programa doble que sendos artistas interactúen y no sean capítulos independientes. Después de una soleá por el cuadro de músicos, vuelve Tomasa con unos tientos tangos tan sabrosos como las malagueñas de Manuel Torre que aborda a continuación. Un ejercicio de feed-back lleva a La Macanita a retomar el romance del comienzo, que sirve de preámbulo a la soleá por bulerías que baila María del Mar con vestido rojo de amplio vuelo, sentando su dominio, su alegría y su pasión. La cantaora ha dejado a sus palmeros afrontar con clase la soleá anterior, mientras ella cambiaba su vestido, complementado con mantón, para llenarse de sal en las alegrías.

“Ahora voy a cantar un poquito por bulerías”. La artista jerezana, sin que nadie dude de su eminencia como cantaora festera, confiesa sus intenciones. La Macanita, ya de por sí grande en el cante, se crece un poco más, si cabe, en este palo eminentemente de su tierra, en el que se levanta, como mandan esas leyes no escritas del flamenco, para acompañarse con un bailecito, en el que Jerez se desborda. Santiago Moreno apunta una seguiriya con su guitarra. María del Mar, con vestido negro y semblante trágico, la contempla. Tomasa Guerrero, con un nuevo atuendo, las hace suyas, llenándolas de tradición y animosidad. Un fin de fiestas por bulerías, como no podía ser de otra manera, acaba de endulzar la noche. Destacó en este baile desinhibido el estilo “robocop” de Luis de la Tota.

Las flamencas se revindican

Las flamencas se revindican

Patrimonio Flamenco

Con algo de antelación, pero con toda la intensidad, un grupo de flamencas de Granada se ha reunido para celebrar el Día de la Mujer Trabajadora. Cinco mujeres detrás de los micros, más dos bailaoras, apoyadas por algunos músicos, hicieron vibrar la sala de La Chumbera la noche del sábado, poniendo de relieve algo que ya preveíamos, que el flamenco tiene nombre de mujer. Tradicionalmente, las flamencas han estado relegadas a un segundo plano en los escenarios, en las peñas, en los tablaos. A excepción del baile, el flamenco fue cosa de hombres. Incluso, alguna fémina, actuaba como varón para encontrar un espacio o simplemente para abrirse camino. Eso era antes, como ya he dicho. Quizá antes de antes. Ahora la mujer ocupa los escenarios y tiene un papel en el cante de tanta relevancia, o más, que el hombre. Vemos asimismo que surgen guitarristas y percusionistas, todavía pocas, ante las que hay que quitarse el sombrero. Desde un primer momento, desde las primeras voces por martinetes de Rafaela Gómez y de Irene Molina, se pone de manifiesto este espíritu, se revindica a la mujer, ya sea trabajadora, artista o ama de casa.

Después de las tonás que sirvieron para abrir boca, una rumba a tres voces (a Irene y Rafaela se les unió Macarena Fernández), determinó la tónica del concierto. Sería una piña, sería una obra coral donde se superponen hasta cinco voces, cada una con sus matices, con resultados dispares, pero con sonido muy flamenco. A veces lo interesante es la propuesta y la admisión del público antes que la filigrana o la taracea. De esta manera, la rumba vino seguida de temas más o menos flamencos, abordados por todas las cantaoras, al menos en sus estribillos. Desde las alegrías, que bailó Carmen Yolanda Villena, el escenario se llenó con la guitarra todoterreno de Rafael Habichuela.

Emocionantes fueron los fandangos de Huelva, con incursiones de Alonso y otros rincones, donde es habitual compartir este estribillo, incluso por la concurrencia. Igual de efectiva fue la canción “Contigo” de Joaquín Sabina, que sonó aflamencada y guerrillera en estas voces desgarradas. El recital termina con lo que quizá fuera lo mejor de la noche, unas bulerías bailadas por Raquel ‘La Repompa’ con toda la fuerza y la gracia gitana de que es capaz. Unas bulerías en las que destaca el toque versátil y plural de Rafael que, entre medias, se asoma a la guajira y a otras concesiones musicales. Un reconocimiento aparte merecen los percusionistas. Hasta cuatro cajas al unísono (Benjamín Santiago ‘El Moreno’, Miguel ‘El Cheyenne’, Antonio Gómez y Julián Heredia), generosas y bien coordinadas, sonaron en el espectáculo.

* Danza de gitanos bailando el fandango, Rafael Garzón ©.

 

Las cartas de Niño Josele

Las cartas de Niño Josele

Flamenco viene del Sur

Feliz encuentro el de Niño Josele con el mundo del jazz, y más concretamente con la música del pianista Bill Evans, que le llevó en 2006 a grabar un disco antológico llamado “Paz”.  Este hecho, no sólo le abrió nuevos caminos de expresión, sino que determinó la manera de tocar y modeló el lenguaje de este guitarrista almeriense, que se precia de haber acompañado a Diego el Cigala, Enrique Morente o Paco de Lucía. Con una tremenda formación clásica, en el flamenco de a pie, y con un sonido limpio y ortodoxo, la apertura de las puertas y ventanas a otras corrientes no puede nunca mancillar, sino enriquecer su obra. Además, por si nos sigue asaltando la duda, Manolo Sanlúcar, en una entrevista reciente, se reía cuando le hablaban de fusión, diciendo que desde que nació el flamenco se entrecruza con todo lo que encuentra a su paso, la misma esencia del flamenco es su mestizaje. Así, los concertistas de guitarra de hoy en día, amplían sus cajas, aumentan el reverb, persiguiendo esos sonidos más universales y abiertos. La guitarra flamenca, a diferencia del baile y, sobre todo, del cante, está en órbita.

Juan José Heredia, Niño Josele, nos sorprende con una propuesta bien tradicional. Pronto, desde el segundo tema, nos damos cuenta que el programa de mano no pasa ni por referencial. Sólo las rondeñas del principio y algunas bulerías, de las que quizá abusa, se ciñen a este testimonio. Pues, buena señal para algunos y no tan buena para otros, cambia el repertorio para zambullirnos en ese mundo jazzístico que le da alas, y el concierto se empieza a parecer al que nos ofreció en la primavera del pasado año en el ciclo “Jazz viene del Sur”.

El cuarto tema del concierto fue "The Peacocks", esa emocionante balada de “Paz”, rematado, como deuda homenaje, con el "Zyriab" de Paco de Lucía, grabado en 1990, que le daba nombre a uno de sus discos y de sus éxitos más contundentes. Sigue el tocaor apuntándonos unos tanguillos que desembocan rápidamente en el jazz que nos invade, en los que le da un protagonismo especial a la caja de Israel Suárez. El recital alcanza un momento álgido cuando nos sorprenden las últimas bulerías, donde los solos del bajo eléctrico de Alain Pérez tienen mucho que decir. Esta fiesta, además de hacerle un guiño a la zambra, se remata con una divertida coda final, a modo de son cubano, donde impera la improvisación, acuñando una fórmula que repetirá más tarde. El bis final, "The Dolphin", también pertenece al trabajo aludido, subtitulado como “Cartas de amor de Niño Josele a Bill Evans”.

El guitarrista almeriense, con su permanente sonrisa, no deja de sorprenderse y de sorprendernos. Pone las cartas sobre la mesa y, como quien juega al póquer descubierto, no esconde nada.

* Carátula de "Paz".

Cierren la puerta al salir

Cierren la puerta al salir

Flamenco viene del Sur

Es inadmisible a estas alturas, en un teatro como el Alhambra, en el ciclo Flamenco viene del Sur, avalado por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, que nos encontremos problemas de sonido de tal densidad. En el espectáculo “Puertas adentro” de Antonio El Pipa, que abrió el festival este lunes, si no crujían los micrófonos estaban mudos. Incluso estalló un foco. No vaya a ser, como decía mi colega José Manuel Rojas, que fuera por bailar peteneras al comienzo de la función. Las tablas, por otro lado, del Pipa y los suyos, solventaron con estoicismo estos problemas.

Con una idea original, el poema de Miguel Hernández, “Llego con tres heridas”; con un argumento conseguido, el mundo interior, las puertas adentro, la muerte, la vida, el amor; y con un armazón importante, la música de José Luis Montón y los protagonistas de la Compañía, la obra en su conjunto fue poco más que una raya en el agua.

Antonio El Pipa, como protagonista absoluto, como reysol, se repetía continuamente, a pesar del cambio con otros de sus montajes, donde sobresalía el baile de pies. Se le veía pretencioso y pretendido, cuando menos histriónico, con un baile más humilde, pero verdadero y arriesgado, habría cumplido las expectativas. Antonio domina la técnica y tiene compás, pero busca el aplauso y la empatía donde no tiene razón de ser. Algunos problemas anacrónicos, por otra parte, siembran la escena (a no ser que la obra se sitúe en los cuarenta o cincuenta, que no creo). Aciertos, por otro lado, hay muchos, y justo es reconocerlos y mencionarlos. Mientras la primera parte, “La muerte” se pierde entre tópicos simbolistas, la segunda, “La vida”, tiene momentos para descubrirse. Destaca en un primer momento la seguiriya, cantada por Juana la del Pipa, rematada por cabales, o el zapateado del jerezano alternándose con la guitarra en las primeras bulerías. Y, a continuación, quizá lo mejor de la noche, las nanas por tangos que canta María y las guajiras que baila la dulce Macarena Ramírez y que entona Enrique El Extremeño o una grabación de Tío Borrico, que bailan Antonio y el niño, de diez o doce años, Christian de los Reyes, aunque a veces resulte fuera de lugar.

La tercera herida, “El amor”, es un continuo de bulerías, atravesadas por esa sublime soleá de la matriarca Juana. La historia termina de blanco y rojo, con una fiesta jerezana llena de esperanza, donde todos prometen, pero sólo son la sombra alargada de Antonio El Pipa.

Las “Puertas adentro” son las emociones de este bailaor tras la muerte de su madre, el nacimiento de su segundo hijo y el triunfo definitivo del amor como the end.

Cierren la puerta al salir, Gracias.

Bailando en Salobreña

Bailando en Salobreña

I Concurso de Jóvenes Flamencos

El Auditorio Municipal de Salobreña acogió este sábado, 21 de febrero, la semifinal de baile del I Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, que se enmarca dentro del proyecto de “Granada Universo Flamenco”. El mes pasado pudimos ver en La Zubia la semifinal de guitarra y el mes próximo tendremos la modalidad de cante en Íllora. De cada semifinal saldrán tres finalistas que se verán las caras en Cullar Vega el mes de abril para decidir los ganadores en cada categoría.

A esta semifinal de baile, llegaron cinco personas, un bailaor y cuatro bailaoras, de los más de veinte inscritos, que quedaron por el camino. Así que, con estar presente en este escenario, ya es una victoria.

Lo primero que hay que apuntar como detalle sorprendente es la meridiana calidad del cuadro de cada uno de los participantes. El bailaor o bailaora de hoy día comprende, como no debe ser de otra manera, que estar arropado por unos músicos de categoría es imprescindible para que desmerezca el trabajo realizado. Comporta un tanto por ciento importante en el éxito de la actuación. Así, con uno o dos cantaores, con uno o dos guitarristas y con uno o dos palmeros, incluso tres, cada concursante estaba respaldado en óptimas condiciones. También sorprende, y es de agradecer, que en ninguno de estos cuadros aparezca percusión alguna, aparte de las palmas. El cajón oculta el taconeo, refuerza el compás, sirve en definitiva, para enturbiar el baile, engañando al oído.

En primer lugar, con bastantes nervios e inseguridad, bailó unas bulerías por soleá Maite Vílchez de veinte años, que no pasará a la final. En su favor diremos que posiblemente estaba acompañada por el mejor cuadro atrás, en el que destacó la voz flamenca y modulada de Mati Gómez, a la que conocemos por su etapa de bailaora. En segundo lugar actuó Lucía de Miguel de veinticinco años. Quizá fuera la más profesional del grupo, lo que le llevó a ser una de las seleccionadas. Bailó unas alegrías con decisión y estilo. Destacó en su cuadro Bettina Flater, una guitarrista de origen noruego. Dos características, mujer y extranjera, difíciles de encontrar en el mundo de la guitarra flamenca, a lo que, como van las cosas, nos tenemos que ir acostumbrando. Como bisagra del programa, el único varón de los concursantes, Andrés Jiménez, de veintiséis años, hizo su aparición con una soleá por bulerías, demostrando una gran técnica y control. Lo veremos pelear en Cullar Vega.

El baile más arriesgado lo protagonizó Elena López ‘La Sensa’, de 23 años que, sin embargo, no fue seleccionada para la final. Sus tarantos, que pronto desembocaron en un baile por tangos, fueron bastante creativos, aunque su indecisión le jugara malas pasadas. Llevó el cuadro más completo de la noche, con dos guitarristas, dos cantaores y tres palmeros. El coraje y la fuerza, a veces descontrolada, lo puso Almudena Romero, de veintinueve años. Bailó unas alegrías, bien arropada por José de Pinos, al cante y Josele de la Rosa a la guitarra, que también le tocó a la primera de las concursantes. Almudena es la tercera de las finalistas.

* Almudena Romero en la foto (© Nono Guirado)

Buen perfume en frasco pequeño

Buen perfume en frasco pequeño

En un rincón del Sacromonte, en una pequeña cueva debajo de ‘Casa Juanillo’, el viernes se inauguró la peña flamenca “Luis Habichuela”, gobernada por Pepe Luis Carmona, el hijo del gran guitarrista que presta su nombre. Es un pequeño espacio, como digo, con un aforo de apenas cincuenta personas dispuestas a escuchar buen flamenco. Porque, en palabras de su presidente, no pretende ser una cueva más para el turista, el folklore y las fotos, sino más bien un lugar donde se reúnan los flamencos y la gente de la tierra para buscar ese pellizquito que se produce cuando el duende está por medio. Ese duende que, como bien saben los poetas, aparece cuando menos se espera, surge de una esquinita de la sonanta o de la garganta de un cantaor que no se plantea nada, sólo que se encuentra a gusto a tu lado.

Sin prisas, pero sin pausas, esta cueva se ha visto modificada, se ha lavado la cara y se ha vestido de largo para su estreno. Las puertas se abren definitivamente, saltando al vacío, sabiendo que cualquier iniciativa en tiempos de crisis es muy arriesgada. Pero con el apoyo de los aficionados, de los flamencos y sobre todo de los socios que apoyan el proyecto, su larga vida está asegurada.

Pero obras son amores, y un barco hasta que no empieza a navegar no demuestra su valía. Así, la noche de apertura, se sentaron los cimientos de una gran edificación. Respaldados por los vecinos de excepción del barrio del Sacromonte y bastantes amigos, el encanto, la magia y la pureza se dieron cita.

Por su coqueto escenario pasaron bastantes flamencos. Desde el mismo Pepe Luis Carmona, acompañado a la guitarra por su sobrino Juan Habichuela, que, a media voz, hicieron soleares, fandangos y bulerías; hasta Manuel Palma ‘El Zahoreño’ que punteó como él sabe los encajes de una granaína; pasando por Johny Cortés, que abrió con una seguiriya y se fue con bulerías. El momento brillante de la noche fue el que protagonizaron Sergio ‘El Colorao’ y Luis Mariano a la guitarra. Es la primera vez que veíamos juntos a esta pareja que, sin ensayo previo, se fueron a levante para después tocar un poquito de cielo con una farruca. Una farruca que Sergio adapta a su voz y a su melisma; una farruca que suena a manantial en manos de Luis Mariano.

Echábamos de menos algunos tangos. Estando donde estábamos, ¿no se iban a escuchar tangos del Camino? Pero la noche es joven y la peña no es un escenario. Así, la guitarra fue pasando entre las mesas y, de mano en mano, el inconfundible soniquete granadino iba sonando y las voces, anónimas algunas, otras no tanto, iban ligando esas letrillas de tangos que al Monte le han dado fama.

Estamos de enhorabuena. El flamenco en nuestra ciudad se acaba de colgar una nueva medalla. Al árbol del flamenco granadino le ha salido un brote, que muy pronto será una buena rama florida, con grandes frutos, pues por sus venas corre buena savia.

* Foto: Luis Mariano en Lo Ferro (© M.Avilés)

Belén Maya, única en su especie

Belén Maya, única en su especie

Ciclo Flamenco Cajasol

Manolo Sanlúcar, en una entrevista reciente, dijo que reía con sorna cuando le hablaban de mestizaje “Mire usted, declaraba, eso lo hacemos en el flamenco desde hace muchos años. Somos mestizos”. Como prueba evidente de este mestizaje, de este lenguaje universal, reconocemos el baile de Belén Maya. Sin salirse del marco flamenco, la bailaora recorre otros mundos, se sumerge en el jardín borgiano donde los caminos siempre se bifurcan. Lo más evidente es la huella orientalizante con que impregna sus bailes. Unos movimientos tan sinuosamente quebrados e hieráticos que pueden parecer en dos dimensiones. La tercera, y hasta la cuarta, dimensión se la da el flamenco y esa libertad de mirar al pasado sin ataduras, de acogerse a la tradición con la tranquilidad de quien tiene alas que puede desplegar en cualquier momento.

Así, cuando aborda unos tangos, que recorren todo el panorama andaluz, desde Cádiz hasta Granada, pasando por los del Piyayo, no deja de sorprendernos. Nos recuerda a los que bailó en el espectáculo Mujeres de Mario Maya, pero en pequeño formato. Es tremenda la capacidad de adaptación de esta bailaora: se movía en línea recta, en una hilera que iba de derecha a izquierda y viceversa, agudizando así el concepto bidimensional. Su última entrega fue por seguiriyas. Vestida de negro, como mandan los cánones, sigue arrojando leños al fuego para que la llama no se apague. Fue la misma seguiriya, arriesgada, valiente, dispar, que nos dejó este verano en Los veranos del Corral.

El lado oscuro de esta actuación, y nunca mejor dicho, fue la carencia de luz. La escasa iluminación condena al flamenco a la penumbra de años anteriores. Mejor una luz blanca sobre el escenario que un juego de luces para tiempos de crisis.

Pero el regalo fue doble. José Luis Rodríguez, a la guitarra, dio un pequeño gran concierto como preámbulo e interludio de la danza. A diferencia de otros tocaores, sobre todo de los de concierto, que alardean de técnica y velocidad, este onubense impregnaba sus temas de cadencia y armonía. Dejen las prisas para quien tiene prisa. Dejen el virtuosismo para los virtuosos. La parsimonia, modulación y buen gusto no están al alcance de cualquiera. Con unas mineras y bulerías muy personales, José Luis, impone su sello. Es el estigma que nos dibujará una sonrisa en la cara hasta los postres.

Seguidamente se va por Huelva, de ahí a Málaga, y vuelve a Cádiz. Su segunda entrega fueron unos tangos y una soleá. Jesús Corbacho y Juan José Amador, como dos instrumentos más, rematan las piezas del guitarrista con la misma parsimonia y contundencia que marca el compositor. Corbacho liga su cante florido. Amador se queja con su voz gutural. Ana Calí, a las palmas, se hace imprescindible marcando el compás.

Se echó de menos un fin de fiestas.

* Belén Maya en la foto (© Nono Guirado)

Sin referencia

Sin referencia

Homenaje a Pepe el Marino

Siempre que alguien desaparece deja un hueco a veces irremplazable, pero cuando se muere un maestro nos vamos quedando sin referencia. José Ruiz Mingorance, conocido como Pepe el Marino, pasó gran parte de su vida enseñando lo que sabía. No sólo a tocar la guitarra, sino su filosofía vital. Dejó su huella y así se le recuerda y así se le respeta. Gran parte de los tocaores granadinos del momento han pasado por sus manos. Carlos Zárate, Miguel Ochando, Luis Mariano, Antonio Montalbán… tienen una deuda con el primero que les enseñó a acariciar una guitarra.

La noche del miércoles, sin demasiada ceremonia, organizado por la Federación de Peñas de Granada y avalado por el Ayuntamiento, se homenajeó a este tocaor silencioso. Sólo sus amigos se juntaron. Sólo los que habían pasado por sus manos y los que le hablaban de tú subieron al escenario, para acompañar su memoria, para animar a su familia, para demostrarle su cariño. Todos tuvieron palabras de recuerdo y admiración. Ofició de maestro de ceremonias Pepe Delgado, un gran conocedor del flamenco, escritor y amigo personal de El Marino. Granada Rociera, el grupo que formó y al que pertenecía, abrió la noche con rumbas, sevillanas y fandangos, alguno dedicado a Pepe. Guilberto de la Luz comienza con unos martinetes bien modulados y termina con unas bulerías, a la manera de Calixto Sánchez, para ser oídas, en las que le acompaña su hermano Antonio Montalbán. José Fernández, con su hijo a la guitarra, hace, con su voz laína y muy flamenca, los caracoles de Chacón y unos fandangos comprometidos, como acostumbra este cantaor, que los acaba sin micrófono, a pie de escenario. Antonio Gómez el Colorao, con José María Ortiz a la guitarra, se templa con marianas para acabar siendo largo en sus antológicas seguiriyas.

Tras un pequeño receso, comienza la segunda parte un emocionado Carlos Zárate, colaborador estrecho de Pepe el Marino, tocando unos tangos que forman parte de su reciente disco “Placeta 7”. Continúa este guitarrista con unas peteneras para baile, que canta Sensi de Carlos y baila su hermana Rosa Zárate, vestida de negro y con mantón crudo. La sorpresa de la noche la trajo Ana, una jovencísima bailaora, sobrina del maestro, con este mismo cuadro detrás, que interpretó unos tangos con gran soltura. Antonio Trinidad, impulsor de este homenaje, cantó unos tientos y “Mi pena” un popurrí con cantes tradicionales de Morente, que contenía tangos, malagueñas y abandolaos. Curro Andrés puso la guinda en la velada. Con sentimiento y compás abordó la dificultosa “La niña de fuego” con resultado excelente. Con buen sonido, Francisco Manuel Díaz lo acompañaba a la guitarra. Antes de esta zambra caracolera, cantó por milongas el “romancillo del niño que todo lo quería ser” de Benítez Carrasco. Cierra el festival Luis Heredia el Polaco, arropado por Luis Mariano, que hace soleares y por aclamación popular calca “La Estrella” de Enrique Morente. Con un fin de fiestas por bulerías se cierra definitivamente el telón.

* Pepe el Marino, en la foto de joven.

Rubem Dantas se divierte

Rubem Dantas se divierte

Patrimonio Flamenco

Como si fuéramos a ver unos fuegos artificiales. Fue más grande la expectación que los resultados. Rubem Dantas, entre los mejores percusionistas del mundo, introductor del cajón peruano en el flamenco, acompañante de Paco de Lucía, Camarón y Chic Corea, como Julio César, vino, vio y, en cierto modo, venció. Es muy difícil luchar contra los elementos y triunfar en La Chumbera, esa sala imposible del Sacromonte granadino, es una obra de encaje. Sin hablar de otras cuestiones, una pareja o un trío de actuantes, tiene problemas para ser sonorizados en este local. Mucho más si son hasta dieciocho músicos en escena tratando de amoldar su instrumento a la big bang, intentando imponer su sonido en un turbio maremagno.

El concierto duró poco. Rubem ofreció una muestra de su último disco, Festejo, y dejó bien claro su labor de mestizaje. Su música, eminentemente percusionista, como es natural, bebe del jazz, del flamenco, de la samba y la bossa, del son…Cuenta con músicos, de innegable valor, de las nacionalidades más dispares (desde Brasil a Uruguay, Cuba o Venezuela, pasando por los Países Escandinavos y Marruecos, hasta España). Se echó de menos algún solo de percusión del protagonista. Aunque sí nos brindó un tema, semi improvisado, cercano a la bulería, con un pequeño instrumento de cuerda, al que se le unió la melódica de Maldonado y el piano de Eduardo Dorda. Entre tanto sonido farragoso, donde se impone la percusión (batería, cajas, congas…), eso sí, con una sincronización perfecta, y el rondón continuo del bajo eléctrico, además de algunos acoples, pudimos distinguir, sin embargo, las bondades de un gran trabajo, las excelencias de algunos solos.

Rubem propone en primer lugar un tema jazzístico llamado Nuevo 2, para continuar con su propuesta más coral. Canelo es una pieza dedicada a los indios mapuches o araucanos de Chile, a la que convoca nada menos que a quince músicos a su alrededor, alcanzando el momento cumbre del mestizaje. Es de destacar el juego de voces, a las que se une el propio Dantas, y su hipnótica melodía. La participación del flamenco en este corte adquiere relevancia con la guitarra de “El Pirata” y con el taconeo preciso del bailaor José Cortés "El Indio" y su incursión por seguiriyas.

El tercer tema, cruzando el ecuador del concierto, es una balada, Pixinguinha, también incluida en la grabación, en la que los vientos toman un sensible protagonismo especial. El momento más flamenco de la noche son unas bulerías que canta La Nitra, con su timbre tan exclusivo y tan flamenco, aunque su voz se perdiera siguiendo la tónica general de la velada.

Termina la noche con Shalaba (Al sur de tu cintura), interpretado por la mayoría de los músicos presentes. Se refiere, según aclaró el músico brasileño, la cintura del mundo es el Ecuador. Antes de irse, a capela, continuó la diversión, cantando todos un poquito del Yo vivo enamorao de Camarón.

A Rubem Dantas le gustó venir a Granada, se extasió con la Alhambra que le comtemplaba, se divirtió en el escenario con sus músicos, con su público, pero acabó pronto, quizá para seguir bebiendo en la noche de la ciudad moruna.

* Rubem Dantas en Málaga en Flamenco 2007. En primer lugar La Nitra (© Daniel Muñoz).

Granada, tierra de guitarristas

Granada, tierra de guitarristas

I Concurso de Jóvenes Flamencos

Tras pasar una selección previa, el sábado, 31 de enero, en la localidad de La Zubia, se celebró la semifinal de guitarra del I Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, enmarcado en el ambicioso proyecto de “Granada Universo Flamenco”. A final de febrero tendrá lugar la semifinal de baile en Salobreña. Y, al mes siguiente, lo hará la modalidad de cante en Íllora. Los tres finalistas de cada una de las tres categorías, comparecerán en Cullar Vega, durante el mes de abril para sobresacar el mejor entre los mejores. Pues, como dijo la Diputada de Cultura y Juventud, María Asunción Pérez Cotarelo, allí presente, y ratificó Juan Pinilla, que oficiaba de maestro de ceremonias, el hecho de haber llegado a la semifinal ya es un logro, un premio y un acicate en su incipiente carrera.

En el mes de diciembre acabó el plazo de inscripción, en la que se pedía una grabación, en audio o en vídeo, que debía contener tres temas, dos de ellos de libre elección, el tercero contemplaba la obligatoriedad de ser un estilo granadino, a saber, granaína y media, fandangos de Frasquito, soleá de Graná, temporera o tangos. En la modalidad de guitarra, por su parte, uno de los tres palos debía ser acompañado al cante. Un tocaor flamenco debe defenderse tanto en solitario como, sobre todo, al lado de un cantaor, e incluso, acompañando al baile.

Cuatro aspirantes pasaron a esta semifinal. Cuatro aspirantes, pese a la extrema juventud de alguno de ellos, con alto grado de madurez interpretativa. La guitarra de hoy en día está por las nubes, es un compendio de sabiduría y estudio intensivo, de técnica, de gusto, de habilidad, de armonía… Sin perder de vista los grandes tocaores flamencos que tachonan nuestro universo flamenco y los desaparecidos que han dejado su huella indeleble. La guitarra así se constituye en la modalidad más sacrificada del flamenco. Requiere muchas horas de ensayo, mucha voluntad y condiciones, para abrirse paso en este mundo.

Curiosamente de los cuatro finalistas, triunfó la juventud. Rafael Hoces, granadino de 31 años, pese a su experiencia y conocimiento, no pasó esta criba. El jurado, compuesto por artistas y personas de reconocido prestigio en el ámbito del flamenco granadino, no lo tuvieron fácil, pues todos los intérpretes se entregaron al máximo, dedicándonos dos piezas bastante trabajadas y conseguidas. El que menos, ya tiene un cierto bagaje en el difícil arte de las seis cuerdas.

Llegan a la final, no obstante, por unanimidad, José Fernández de 19 años, natural de Cullar Vega, que interpretó una granaína y unas bulerías. José Luis Campos Trigueros, el benjamín del grupo, venido de Pinos Puente, que con sólo 13 años pasó a la final haciendo soleá y granaína. Era la primera vez que se subía a un escenario. Por último, fue seleccionado el granadino Josele de la Rosa, de 20 años, que nos dejó una taranta y una farruca.

Este concurso y otros parecidos, son necesarios, si no imprescindibles, para marcar una línea de salida a los jóvenes artistas de la provincia, que muchas veces quedan en la cuneta por falta de aliento. Debemos seguir apostando por nuestra cantera, que es extensa y preparada, para que en un futuro próximo den el salto a la profesionalización, en su caso, con las menores trabas posibles.

* Foto: José Luis Campos Trigueros (© Nono Guirado).

Juan Andrés y los demás

Juan Andrés y los demás

Cuando se trata de actuar, de arrimar el hombro, por una causa benéfica, los flamencos son los primeros. ASPROGRADES ya cuenta con un gran Festival que, en primavera, todos los años, reúne al mejor flamenco en ciernes de la provincia. Pero los necesitados, estando siempre en crisis, tienen necesidades puntuales que cubrir. Así, algunas profesoras del colegio de Educación Especial “Santa Teresa de Jesús”, perteneciente a esta organización, avaladas por su director, le pidieron a Juan Andrés Maya que bailase para ellos. Dice mucho de un artista que preste su nombre y su hacer sin pedir nada a cambio. Al contrario, sin pensárselo dos veces, reunió a algunos flamencos de su entorno para la ocasión. Y no para cumplir, sino para dar lo mejor que llevan dentro.

De esta forma, el viernes, 30 de enero, con meridiana puntualidad, se abre el telón del Centro Cívico del Zaidín y, con un texto perentorio, con fondo de granaínas, loando la figura del bailaor, da comienzo una muestra auténtica de baile enraizado. Con unas vueltas por martinetes se presentan los actuantes. La voz y la presencia de Rafi Heredia mantienen el espectáculo con todo el sabor sacromontano. Por su parte, la buena guitarra de Manuel Fernández, con su soniquete granadino, ofrece calidad al tiempo que calor.

Mientras los bailaores se preparan, la cantaora nos ofrece unos tangos del Camino como sólo se cantan por aquí. Termina acordándose de Remedios Amaya. Las tablas y la entrega de los artistas hacen que los problemas de sonido queden en  un segundo plano. Muy aplaudida, Carmen Martínez baila por bulerías. Y Nuria Morales aborda la misma versión festera del “Granada” de Agustín Lara que bailó en el Festival de Otoño. A Raquel “La Repompa” le hierve la sangre con unas bamberas con aire de fiesta. Una gran muestra del sentimiento y el latir telúrico. Juan Andrés Maya, para terminar, se extiende generosamente por alegrías. Le sienta bien este baile a su juego de brazos y a la redondez del movimiento. Aunque el compás por seguiriyas se apodere del ritmo gaditano, aunque vistiera de negro, las cantiñas le sientan bien a Juan Andrés.

* (© Nono Guirado).

Qué bien se viaja en primera

Qué bien se viaja en primera

“Qué bien se viaja en primera”, le oí decir en cierta ocasión a Curro Albayzín viendo bailar a Angustillas ‘La Mona’, como sintiendo que se podía relajar, que podía quitar el antivirus porque todo lo que entraría sería bueno. Así me sentí la noche del viernes en la acogedora peña Solera y Caña de Maracena viendo la buena forma de Juan Pinilla y su admirable seguridad. Alfredo Mesa le acompaña a la guitarra. Limpio, inspirado, sin apenas fisuras. Evoluciona por momentos bajo la luz de Miguel Ochando, lo que es una garantía. Sin embargo, el equipo de sonido no se portó de la mejor manera, y el exceso de graves limitaba su expresión.

El color del baile lo firmó Silvia Lozano, corredora de fondo, aprendiz y maestra al mismo tiempo. Su cuerpo es pura fibra, que pone al servicio de su baile, en el que destaca el juego de brazos y la expresión de su rostro, siempre sonriente, siempre comprometido.

Juan Pinilla, con la azotea despejada y flores en los balcones, se compromete con una peña que lo vio nacer como cantaor y, para la cincuentena escasa de asistentes, su entrega es total. Comienza con unas malagueñas generosas en abandolaos. Su misión viene siendo la de un arqueólogo, rescatando letras y ritmos del pasado, así como del aventurero que no teme abrir nuevas puertas y saltar al vacío de lo inexplorado. De esta manera, después de una sabrosa farruca, introduce la caña con un apunte por soleá, a la manera de Diego Clavel, con letra de Chavela Vargas, “esa gran flamenca, aunque ella no lo sepa”.

La segunda parte, algo más rozado, arranca con cantes de levante, demostrando su largura. Es manifiesto, y así lo reconoce, lo que este cantaor le debe a tres grandes figuras del cante granadino,  Cobitos, Manuel Ávila y Morente. Continúa con unas cantiñas muy marcadas, remedando el estilo de Calixto Sánchez. Y, remata su actuación, con unas granaínas, extendiéndose en dedicatorias.

Para culminar cada una de las partes, cantaor y tocaor, extreman todo su saber para arropar a Silvia bailando una soleá por bulerías y unos tangos, respectivamente. Acaba la noche con una pataílla por bulerías con algunos flamencos allí presentes.

FOTO: Nono Guirado, in situ.©

La Chumbera apuesta por el calé

La Chumbera apuesta por el calé

Patrimonio Flamenco

El sábado 17 dio comienzo la temporada invierno-primavera en el Centro Internacional de Estudios Gitanos La Chumbera. Desde enero hasta junio, se irán sucediendo un ramillete de artistas con algunos puntos en común. Casi la totalidad de los flamencos que pisarán las tablas son gitanos y la gran mayoría son de la tierra. Se intercalará gente novel con otra más veterana. Su horario se retrasa media hora, en vez de a las nueve será a las y media, para dar tiempo a iluminar la Alhambra, verdadero protagonista de este escenario, que abre su balconada al insigne monumento nazarí. Su precio seguirá siendo asequible, convirtiéndose en uno de los mejores locales para ver un flamenco serio y popular. El cante, el toque y el baile se sucederán en La Chumbera, apostando por el espectáculo completo y mayoritariamente festero, por el tipo de público que allí acude, en su mayoría extranjeros y jóvenes. Una asignatura pendiente en esta sala es el factor técnico. Es decir, el sonido y la luz, que, por las especiales características del escenario, como pueden ser su gran cristalera al fondo de la escena y su altura diáfana, son difíciles de controlar. Algunos de los nombres que pasarán por el Centro serán: al cante, Jaime Heredia “El Parrón”, José Fernández o Manuel Heredia; a la guitarra, Rafael Habichuela, Emilio Maya, Carlos Zarate o Manuel Fernández; al baile, Angustias “La Mona”, Raquel “La Repompa”, Isa Vega o Lucia Guarnido; y a la percusión el brasileño Rubén Dantas.

El sábado inauguró las sesiones el cante añejo y sesgado de Antonio Carmona, con resultado bastante flojo y deslabazado, amén de poco dinámico y sin perspectiva.

Aunque Antonio abrió por alegrías y tangos, donde se le reconoce y se siente más a gusto es en el cante jondo. De forma que sus mejores entregas vinieron por levante y en forma de soleares o fandangos. A su lado, un Rafael Habichuela especialmente inspirado hizo las delicias del público atento. Destacó este músico sobre todo improvisando en las bulerías y haciéndole guiños a otras músicas. Capítulo aparte merece también Raquel La Repompa, que abordó las bulerías finales con sabia sacromontana y la gracia de quien le hierve la sangre a compás. Después de algún tiempo sin ver a esta bailaora malagueña, sorprende su evolución, su tino y su verdad sobre las tablas.

 

Carlos Zárate, un corredor de fondo

Carlos Zárate, un corredor de fondo

Presentación del disco “Placeta 7”

Cuando en el barrio del Zaidín se nominaban las plazas por números, Carlos Zárate bajaba a jugar con sus amigos a la Placeta número 7, y sus horizontes más próximos se limitaban a las dos o tres placetas colindantes. Entre pelotas, bicicletas y un bocadillo a las cinco y media de la tarde trascurrió su niñez. Aunque pronto entró en el mundo de la guitarra. A los trece años ya tocaba en los escenarios. Ahora es padre y lleva la friolera de treinta y seis años detrás de un mástil, de una caja y de seis cuerdas. Con “Placeta 7”, Carlos Zárate ha querido rendirle un homenaje a la infancia y a la libertad. A esa infancia perdida, a los niños de hoy en día y al niño que todos llevamos dentro. Es el sentimiento que le ha perseguido durante muchos años de su vida y que por fin ha visto la luz en forma de disco. Un disco social donde todos caben. Un trabajo abierto, eminentemente abierto, donde cada cual encuentra su esquina en unas notas, en un fraseo, en un tacón.

Carlos, a la hora de concebir este trabajo, llamó a muchas puertas, pues deseaba una obra coral, un “Save the children” flamenco, salvando las distancias. Carlos llamó a muchas puertas, repito, y todas se le abrieron. Como resultado, se expandió el trabajo, y, de una grabación simple, resultaron dos cedés, con ocho temas cada uno, cargados de intensidad, de intimidad y bastante heterogéneos, donde tienen cabida desde sonidos caribeños hasta andalusíes, desde la poesía recitada hasta la coral polifónica o el coro rociero o la orquesta clásica. Y flamenco, sobre todo flamenco. Carlos, con la pulsión fuerte y precisa del que está acostumbrado a acompañar, a tocar para el baile, imprime a cada una de sus notas un carácter lleno de de flamencura y de pasión, de queja y de compás.

Esta apertura sin condición ha reunido en su entorno a unas ciento treinta personas, de las que más de cien son músicos, que participan directamente en su grabación. Nombrar a todos es imposible en este limitado espacio. Sin embargo, algún nombre por su dimensión, no podemos dejarlo pasar por alto. Así, nos encontramos con la Tangeri Café Orchestra; la Coral y la Orquesta de la Basílica de San Juan de Dios; las voces de Juan Pinilla, de Alfredo Tejada, de José Fernández, de Aroa Palomo o de Sensi de Carlos; el zapateado de Pastora Galván, de Manuel Liñán o de Rosa Zárate; la soprano Ana Sacramento... También hallamos pianos, guitarras y bajos eléctricos, percusiones, flautas, etc. que redondean un disco plural.

Al final del segundo cedé, a modo de bonus track, se incluyen unas bulerías de Los niños de la Huerta Carrasco de Motril que sintetiza la idea de futuro, de libertad y de frescura de la infancia.

El sábado pasado, 20 de diciembre, Carlos y los “suyos” (unas setenta personas) presentaron el doble disco en el Teatro Municipal de Monachil, con una gran acogida por parte del público asistente que llenaba la sala. En las casi dos horas que duró el concierto, pudimos escuchar los principales temas de esta exclusiva grabación.

* Foto en directo de Nono Guirado ©

Toque de queda en La Platería

Toque de queda en La Platería

El Festival de Otoño tuvo sus efectos colaterales. El primer problema de estos Encuentros Flamencos es que ha perdido el norte. De una conciencia universalista hemos aterrizado en el localismo más casposo. De un germen vanguardista, se tiende al anquilosamiento y el conservadurismo. De una mirada a la cúspide, nos quedamos en el subsuelo. De una apuesta de intercambio, se impone la divisa de "yo me lo guiso y yo me lo como".

Problemas de presupuesto aluden y yo digo problemas de previsión, problemas de iniciativa, desconocimiento, cortedad de miras, planitud, amiguismo, especulación cultural, patrioterismo (que es como el chovinismo, pero más castizo).

Una idea primigenia del Festival era el encuentro. De ahí el subtítulo. Se encontraban flamencos de todos los rincones del país, se encontraban viejos y jóvenes, sabiduría con inocencia, mujeres con hombres, gitanos con payos, artistas y público, o sea, la gran familia flamenca. Para potenciar este espíritu surgieron los trasnoches, generalmente en La Platería (la decana de las peñas flamencas).

¡Mira, qué interesante! Este año hay trasnoches. Parecen, sin embargo, una actividad aparte, pues nadie de los participantes del Festival (ni del escenario ni del patio de butacas) acudió a este ofrecimiento. Se supone que era una extensión distendida y, sin ninguna duda, interesante de dichos Encuentros, donde se cambiaban impresiones y, a veces, surgía el duende.

Un servidor, atraído por la afición, la curiosidad y el esparcimiento, sí quiso "saborear" esos trasnoches prometidos. El viernes, que cantaba Sara Heredia con Antonio El Chonico, no pude subir. El sábado arrastré a los padres de Patricia Guerrero, a los responsables del Carmen de las Cuevas y a otra pareja de amigos. Cantaba Aroa Palomo.

El domingo subí con Paula, gran aficionada y conocedora. En La Platería encontramos a Jaime Heredia y otros plateros (parecía una novela: "Plateros y yo"). Estuvimos hablando, con el Niño de las Almendras de fondo, de que la peña no era una peña. La gente venía a ver el espectáculo y se iba. El bar manda en la peña. Eso ya es un negocio. No hay nadie. Dónde están los flamencos...

El Parrón apuntaba que debería oler a flamenco. Que antes se reunían a cantar y tocar y reír y escuchar y discutir y beber y opinar y criticar (o referir, si es fuerte la palabra). Ahora no se arranca nadie. Ya no huele a flamenco.

Cuando volvimos de escuchar al ínclito almendrado, Jaime estaba cantando. Sus palabras habían calado en sí mismo y, con un tocaor tranquilo y agradable (que no sé su nombre), entonaba una soleá por derecho, a media voz, entre risas ahogadas y miradas cómplices. Hacía tiempo que no apreciaba el paladar de El Parrón. Entre actuaciones profesionales, megafonías y otras obligaciones, este veterano perdía el sabor.

¡Ole! Poco a poco se creó un corrillo. Esto empieza a parecerse a una peña. Pronto se unirían a nosotros el Niño de las Almendras y Carlos Zárate que habían acabado su recital. Y Paula, según me confeso después, se echaría un bailecito y algún fandango.

Pero salió la dueña del bar en el mejor momento. Señores, dijo arrastrando la ese, vayan abonando sus consumiciones que vamos a cerrar. No me lo podía creer. Eran las doce y media o una menos algo. Llevamos tres noches de trasnoches y estamos muy cansados, añadió a modo de justificación. Nadie reaccionó. Si alguien no sabe explicar la expresión de "echar un jarro de agua fría", este es un buen ejemplo.

Qué podíamos hacer, pagar e irnos. Ante el toque de queda, nosotros tocata y fuga, porque en realidad fue tocata de entrepierna.

Jaime juró no volver a pisar la peña. Paula le pidió perdón a unos visitantes que también se iban con el rabo entre las piernas y la cara a cuadros. Que ella era la primera socia de La Platería, que estaba avergonzada, que eso no era lo habitual, que el flamenco... etc., etc.

Mi indignación y vergüenza ajena también es supina. La gente viene a La Platería como si fuera un templo, el máximo exponente del flamenco. Los artistas vienen a la peña con miedo, con mucho respeto.

La Platería no sólo debe tener actividades, actuaciones y cursos. El nombre de La Platería conlleva la obligación de mantener un espíritu y unas maneras. Desde el presidente hasta el último socio tienen que hacer de la peña su casa y abrirla a los de dentro y a los de afuera e intentar que todos se sientan a gusto y que respiren flamenco y que huelan a flamenco nada más comenzar a subir la cuesta de Toqueros.

Ser platero es una responsabilidad.

* Peña de La Platería (© Nono Guirado).

La sombra de Antonio Canales

La sombra de Antonio Canales

IX Encuentro Flamenco

Festival de Otoño de Granada

Antonio Canales baila poco, aunque lo hemos visto más activo que en otras ocasiones recientes. Su presencia se reduce a algunas apariciones puntuales y a una soleá, la soleá de siempre, donde su teatralidad es más grande que su eficacia. Pero Canales tiene algo. Tiene un punto de flamencura que aflora en algún momento y se diluye entre la mediocridad de un quiero y no puedo. Porque el bailaor sevillano se ha convertido en su propia sombra, y no sé hasta qué punto es honesto vivir de las rentas. Llamar a un espectáculo “Bailaor” es un tanto pretencioso, si no se sabe mantener el tipo. Sin embargo, lo que sí tiene de meritorio es que se sabe rodear. La falta de información in situ o de un programa de mano impide nombrar a todos los que le acompañan. A algunos de ellos, en cambio, se reconocen con holgura. La guitarra de Jesús del Rosario fue certera y los cantaores más que notables, aunque la media granaína fue un desastre. Destacó sobre todo El Pulga y su decir tan particular. Su personal fraseo nos recuerda a El Falo. La cantaora no alcanzó el nivel deseado. Las alegrías que abordó la bailaora no terminaron de madurar. No supo sacarle partido al vestido de cola, en el que se enredó más de una vez. Tampoco el sonido acompañó. Los acoples y pitidos no se pueden permitir en estas funciones de renombre.

Mención especial merece la actuación de Amador Rojas. Ya lo hemos visto un par de veces en nuestra ciudad y no para de sorprendernos agradablemente. Bailó una farruca, preñada de tangos, con el lenguaje de vanguardia que le caracteriza. Amador es sensible y elegante. Su entrega y profundidad merecieron la mayor ovación de la velada.

En la primera parte, precediendo a Canales, el onubense Guillermo Cano expuso un recital con mucho gusto. Destacó por Huelva y en los fandangos finales. Sus demás propuestas fueron tan dignas como arriesgadas. Tomando como norte a Morente quiso explorar nuevos territorios con resultados inciertos. Los juegos de voces, con "Los Makarines", un extraordinario dúo musical, formado por los hermanos José y Maca, no estuvieron conseguidas. Su primera propuesta se balanceaba entre la granaína y la malagueña. En su milonga reconocimos al creador que pretende y al inconformista manifiesto. Su voz es flamenca y agradable, aunque pobre en tonalidades y arrítmica en ocasiones. En las bulerías se acercó a las guajiras, dándole un punto cubano interesante. Con quien nos descubrimos sin condiciones fue con el guitarrista sevillano Rubén Lebaniegos, Premio Nacional "Manolo Sanlúcar” de Córdoba y Bordón Minero en el Festival Internacional Cante de las Minas de La Unión. Su fuerza, calidad y calidez nos hicieron vibrar.

* (© deflamenco.com)

Mariquilla tuvo y Mariquilla retuvo

Mariquilla tuvo y Mariquilla retuvo

IX Encuentro Flamenco. Festival de Otoño de Granada

El domingo se clausuró el IX Festival de Otoño de Granada, a falta del espectáculo de Antonio Canales, con un balance positivo en cuanto a la respuesta del público, que cubrió todas las localidades del teatro durante los cinco días que duró. “Granada en cuerpo y alma” de Juan Andrés Maya, como ya dijimos en su estreno, es una función eminentemente local que necesita ser limada en su conjunto. Reconocemos, no obstante, aciertos y actuaciones notables. Entre sus turbias aguas se arraciman algunos dignos islotes.

Continúa pareciéndonos demasiado larga y sin argumento definido. La zambra, capitaneada por Curro Albayzín, destaca en el comienzo. A partir de aquí, sobresalen algunos nombres personales, como el de Luis Mariano y su guitarra; el baile de Patricia Guerrero y el de Iván Vargas, sobre todo en la farruca; las voces tan “granaínas”, aunque a veces destempladas de Amparo y Rafi Heredia; la soleá de Juan Ángel Tirado; el paso a tres en las alegrías de Patricia, Iván y Alba; el espíritu, al fin y al cabo, de “Ay, jondo”, para homenajear a Mario Maya.
Entre mis reconocimientos se encuentra María Guardia “Mariquilla”, la artista invitada que tras veinte años de ausencia sobre el escenario para bailar, ofrece una pincelada tan flamenca como elegante. A Mariquilla, vestida de cola y azabache, la precede un vídeo de un gran momento de su vida, cuando triunfaba por todo el mundo y llevaba por bandera la ciudad de Granada. Después, tan sólo esboza unos pasos y, con alguna vuelta que deja aromas del pasado, comienza a recitar unos versos de su cosecha, “Soñaba con una reina”, donde habla de su trayectoria, y “Manuel Benítez Carrasco del Albayzín”, un homenaje a este poeta. Estas palabras están publicadas en sus memorias “Ardiendo y echando chispas”, que compiló Carlos Arbelos  hace tres años. Entre los dos poemas y a su final, María sigue apuntando un baile más espiritual que pragmático, apoyándose en los palillos, que resuenan con el eco de de los setenta, cuando le cantaba fosforito.

Este día, a pesar de sus limitaciones conceptuales,  fue el más redondo y conseguido del ciclo. Como un canto de cisne, todos los actuantes dieron el todo por el todo. Además, hubo menos problemas de sonido. Llama la atención, en este sentido, el uso de un suelo acústico, especial para baile, que nos devuelve un sonido más limpio y natural, sin micrófonos a la vista.

Espero que para la décima edición de estos Encuentros, nuestro Ayuntamiento se asesore con tiempo y apueste por el flamenco de vanguardia. Que programe un Festival competitivo, del que nos sintamos orgullosos.

* Mariquilla, recientemente en Jumilla.

Morente, una apuesta segura

Morente, una apuesta segura

IX Encuentro Flamenco. Festival de Otoño de Granada

Enrique Morente, siempre sobresaliente (incluso cuando no lo está), revaloriza el acto a donde acude. Morente, por encima del bien y del mal, es un paréntesis de cielo y tierra, de agua y fuego. El cantaor granadino se permite subir a escena a dos jóvenes tocaores, a las guitarras incipientes de su hijo Kiki (al que preferimos cantando) y al Monti, el hijo de Montoyita. El maestro es capaz de tapar cualquier fisura con su dominio escénico, con su control de guerrero antiguo. Incluso, en las granaínas con que comenzó su entrega, muy a su estilo, la memoria caprichosa hizo que repitiera el primer tercio de un fandango, pero con un ayeo oportuno esperó otra vuelta de guitarra para entonar nuevos versos. Su actuación fue tan fugaz como intensa. Enrique terminó acordándose de Mario Maya. A modo de réquiem, tal cual hizo en la Bienal de Sevilla de este año, le dedicó al gran bailaor el “Aleluya” que grabó, con Lagartija Nick, en su vanguardista “Omega” (1996), aflamencando el homónimo tema de Leonard Cohen.

. FOTO: E.Morente (© Paco Sánchez)

Granada y su ombligo

Granada y su ombligo

IX Encuentro Flamenco. Festival de Otoño de Granada

“Granada en cuerpo y alma” es el nombre de la obra que ocupará todos los días del Festival de Otoño de Granada. Es un homenaje al maestro Mario Maya. Si Mario hubiera visto el estreno (que puede que lo haya visto, esté donde esté) se sonreiría halagado por las muestras de cariño, por haber rescatado retazos de su gran montaje “Ay Jondo” y por haber reproducido su mítico baile por seguiriyas. Pero, con unos golpecitos en la espalda, seguramente diría: os lo agradezco, buen intento, pero por ahí no van los tiros.

Juan Andrés Maya, un buen bailaor bidimensional, depura su estilo y busca silencios, reposa el alma, hace guiños a lo contemporáneo, zapatea como quien busca, como quien pone puntos suspensivos. Juan Andrés tiene grandes iniciativas que no sabe desarrollar. Una falsa idea cosmogónica le hace volcar todo su potencial en la obra que tiene entre manos. Si hay alguien legitimado en Granada para firmar una obra sobre Granada es Juan Andrés Maya, y con él la Cueva de la Rocío, y con ella todo el Sacromonte, y con éstos todos sus hijos. Pero es una historia sesgada, una mirada estática, anteojeras del flamenco. Somos de Granada y tememos alzar la mano. Si Sevilla le canta continuamente a Sevilla y Cádiz a Cádiz y Málaga a Málaga. ¿Por qué no revindicamos nosotros nuestra tierra? Puede que por temor a caer en el provincianismo pacato, puede que al mirarnos el ombligo olvidemos que hay más cuerpos a nuestro alrededor.

Lo primero que tenemos que objetar de la obra es su extensión. Casi tres horas de una historia que en la primera parte ya se ha quedado sin argumento. Los bailes son también extensos. Los aciertos son puntuales y extremadamente agradecidos. Destacamos en primer lugar la intervención de Marina Heredia, como artista invitada, que hace un impagable recorrido por tonás (martinete, pregón, carcelera) y aflamenca el poema lorquiano "Córdoba, lejana y sola", que baila el mismo Maya. También meritoria es la actuación de Iván Vargas, sobre todo remedando a Manolete y su famosa farruca; Patricia Guerrero notable, como siempre, aunque a veces le sobran brazos; Luis Mariano con su guitarra, que se ha convertido en el sonido de Granada; la bandurria de Manuel Vera; Pinilla y “donde habitan las manolas”.

Un aplauso se merece la reproducción de la zambra (alboreá, cachucha, la mosca), si no fuera por lo repetido de su propuesta. Aplaudimos a sus cuatro bailaoras, Salvaora Maya, La Porrona, Encarni Heredia, Angustias La Mona, por su autenticidad y por demostrar que Granada, aunque no tenga costa, tiene sal.

Total, un cúmulo de individualidades que se pierden entre tanta información deslavazada, que seguirá en escena durante cinco días, cambiando de artista invitado; que seguirá convenciendo a los incondicionales; que puede que dé nuevas sorpresas; que, me temo, se devorará a sí misma. Pues el ombligo de Granada no es exportable.

* Detalle del Programa.