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Flamenco

Miguel López canta a los poetas con música de Mario Maya

Miguel López canta a los poetas con música de Mario Maya

Presentación del disco 'Canto a los Poetas'

Es de común conocimiento, sin discusión, la altura del baile de Mario Maya. Puedo afirmar, sin ningún miedo, que Mario Maya, junto con Antonio Gades, ha sido el mejor coreógrafo flamenco del panorama español. Sin embargo, más desconocida es su faceta como compositor. Mario Maya era el compositor, coreógrafo y parte integrante, si no protagonista, en la interpretación de todos sus espectáculos.

Miguel López se define como cantautor flamenco. Y, al mismo tiempo, se interroga y nos interroga sobre esta definición, dejando la respuesta en el aire y en la sensibilidad de los oyentes. Puede ser cantautor porque canta y compone, puede ser flamenco porque se queja con jondura y entre su música aletean los ritmos de las cantiñas, de las bulerías, de las granaínas y hasta de los tangos. Sin embargo, no es un cantaor al uso. No se le puede pedir pureza, porque ni la ofrece ni la busca. Pero tiene ese regusto, ese pellizco, ese aguardiente, que te obliga a decir un ole sentido a cada paso.

Miguel emigró desde su Jaén natal, de un pueblo llamado Villagordo, nos recuerda con cierto orgullo, hasta Cataluña, donde se forma como artista comprometido y toma conciencia de su identidad como emigrante. Los ecos andaluces los llevaba en la sangre, en el instinto.

En el año 1972 entró a formar parte del grupo La Cuadra de Sevilla que pasó por Barcelona y unió su sentir al de ellos durante cinco años como cantaor, interpretando los espectáculos “Quejío” y “Los palos”, regresando así a Andalucía.

En Alhama de Granada, en 1977, gana el primer premio de la canción andaluza con “Nana al niño emigrante”, tras lo cual graba su primer disco “Cantes de la emigración”.

Mario Maya, en plena efervescencia, a través de El Piki, lo busca para su espectáculo “Ay jondo”, con libreto de Juan de Loxa, y lo incorpora a su compañía. Seguidamente haría “Diálogos del Amargo”. Con el bailaor granadino colaborará durante siete años, tras los cuales vuelve a su pueblo a trabajar como jornalero en la aceituna, a raíz de la muerte del guitarrista Isidoro Carmona, también de la compañía de Mario, con el cual compartía bastantes inquietudes. Entre estos proyectos, se encontraba la elaboración de un disco dedicado a los poetas.

Este ideal quedó truncado con el accidente mortal del tocaor y el autoexilio del cantaor entre olivos y terruños durante unos veinte años. Hasta que, recientemente, un nuevo encuentro con el maestro granadino y el empuje definitivo del músico y productor Pedro Sierra, hicieron posible que viera la luz este trabajo en barbecho.

“Canto a los poetas” se presentó en diciembre pasado en la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, con presencia de su directora por aquel entonces, Bibiana Aído, sus autores, Miguel López y Mario Maya, y su productor y director musical, Pedro Sierra, quien también presta su guitarra en la grabación.

En vida de Mario, se volvió a presentar la obra en Jaén a principios de año, y estaba programada su presentación en Granada en el mes de septiembre. Pero otra vez la tragedia acudió con sus manos de rayo y se llevó a Mario, y con él a sus ideas, a sus querencias, a sus obras soñadas y apenas esbozadas en unas líneas, en una conversación, en unos pasos.

Este jueves, en la Asociación de la Prensa de Granada, con todos los honores, como si de una ceremonia intimista se tratara, ha visto la luz, para el público de la tierra, este disco que se ha convertido en el desgarrado homenaje de un hombre a sus compañeros de fatigas, en un sentido tributo a la memoria de Mario Maya e Isidoro Carmona.

Fue un paréntesis en la vida, fue una mirada hacia atrás, fue un revivir de los años setenta en un cuartito del edificio Rey Soler. Como presentadores, emotivos maestros de ceremonias y protagonistas de aquellos años, sentados en la mesa, junto a Migue López, estaban Juan de Loxa, Miguel Ángel González y Juan Bedmar. En el ambiente pululaba el espíritu de “Poesía 70”, “Manifiesto canción del sur” y de toda la cultura que rondaba esos años.

El disco lo componen diez temas, de los cuales la autoría de la música de seis ellos está compuesta por Mario Maya y el resto son del propio Miguel, donde versionan poemas de García Lorca, como la “Baladilla de los tres ríos” y “Amor”; de Juan Ramón Jiménez, como “El viaje definitivo” y “Calle de los Marineros”; la desgarradora “Autobiografía” de León Felipe, que se introduce con un recitado con la voz del poeta; “Camino de los campos” y “He andado caminos” de Antonio Machado; y “Andalucía” de Juan de Loxa. Con aires de Cádiz se canta también “Cuéntame alegrías”, con letra de Mario; y “A mis niñas”, de Miguel López.

Miguel López es un hombre íntegro y honesto, de que Mario Maya dejó dicho que “ha sido un ejemplo de nobleza y caballerosidad dentro de una profesión hoy desacreditada. Prefiero la humanidad de Miguel que la arbitraria, resbaladiza, hipócrita, tan a menudo falsa cuestión de la fama. Porque la fama es la gloria en calderilla”. Y le dedica estos versos:

La voz de la guitarra

Se iba perdiendo calle arriba

Callándose al doblar la esquina

Pero Miguel seguía cantando.

* En la foto: Miguel López, una señora que no tengo el gusto, Pedro Sierra y Mario Maya.

El renacer de un artista

El renacer de un artista

Puro. Momento absoluto

Farruquito cambia de registro. A los 25 años, y tras haber pasado una experiencia no muy agradable, extraflamenca por descontado, pasa a llamarse más que nunca Juan Manuel Fernández Montoya y emprende una carrera en solitario, sin su inseparable familia, quiero decir, buscando la extensión del lenguaje que él siempre ha practicado, con la pureza de sangre como blasón y la sombra del abuelo Farruco como enseña. Farruquito improvisa más que nunca, espera que su “luz interior” lo ilumine en cada instante, arropado por la música, por el cante, por un público incondicional que quiere tocar extremos celestes con los pasos de su ídolo.

El espectáculo da comienzo con un poeta, con un pensador, con un mítico Manuel Molina, sentado, asiendo una pluma, con fondo de piano, reflexionando en off sobre la pureza y la verdad. Es un patriarca, es el contrapunto atemporal de esta obra. Todos los temas están cerrados. La función perfectamente hilvanada. Pero la frescura, la espontaneidad, como digo, son los momentos más sabrosos. Farruquito desprende naturalidad y buen gusto. Su baile, tremendamente masculino, se redondea. Sus arrebatos se dosifican, lo cual se agradece, y están más justificados que nunca. Sin embargo, el puro genio, el compás y la elegancia, marcas indiscutibles de su estirpe, rebosan en cada movimiento. El carisma que envuelve a este bailaor hace que sobresalgan sus momentos en solitario, sin apenas acompañamiento que, en momentos, se muestra excesivo. Exceso de orquestación y exceso de grito, redundando en un circo que sólo sirve para desvanecer la presencia del bailaor.

Un vídeo al fondo del escenario, con imágenes del pasado y del instante, nos ayuda a comprender el espíritu, la raíz a la que aludimos. “Gallardía” son los abandolaos sirven para presentar el recital, sobre todo las voces escogidas. De entre los cinco cantaores, con su valía individual, destacamos a Pedro Heredia. Farruquito entra en escena con el zapateado “Lluvia de ilusión”. De aquí pasamos a la fragua, a los martinetes, a uno de los momentos sublimes de la noche, que Manuel Molina introduce con un poema alusivo y los dos cantaores entonan al alimón, mientras el bailaor se incorpora golpeando el yunque a compás. La seguiriya “Sentencia” surge del fuego, del martillo, de las mil arrugas del maestro fragüero. Es la más fidedigna mirada hacia atrás, es el momento más añejo.

En las alegrías “Sed soluble”, que culminan en jaleos, aparece un Farruquito de blanco (el vestuario es de Victorio & Lucchino) esférico y brioso, en el que destaca su juego de brazos. Manuel tiene su momento con un poema por bulerías a su estiló, único, sideral. Los tangos representan una exclusiva muestra del cante femenino. Mientras la soleá “Herencia” pasa por ser un ceremonial, que termina con unas bulerías acompasadas sólo con palmas y tacón. Para la alabanza final, “La fe del amor”, sirve para presentar a los actuantes que, de negro absoluto, retornan con túnicas blancas y descalzos, dando a entender que ésta es la verdad, su verdad.

* Foto de Luis Castilla para Acordes de Flamenco (fragmento) ©

 

Crónica de un disco esperado

Crónica de un disco esperado

“Lámpara Minera” vol. 3

Juan Pinilla, profeta en su tierra donde los haya, reunió en torno suya a un gran número de representantes del flamenco, de la cultura y de la política granadina, para presentar su primer disco, fruto del prestigioso premio “Lámpara Minera” que obtuvo en el Festival Internacional de Cante de las Minas en la edición del pasado año. Todos quisieron estar presentes, todos quisieron apoyar a este joven cantaor de Huétor Tájar que tan alto lleva el estandarte de su tierra, del flamenco puro y de la amistad.

Tras unas sentidas palabras de protocolo de la mano del Alcalde de Armilla (el acto se realizó en el teatro de esta localidad), de la Diputada de Cultura y del Presidente de la peña de La Platería, que oficiosamente aparecía como padrino del artista, se dio paso a una muestra en vivo del contenido del disco. Juan Pinilla arropado por su inseparable Luis Mariano a la guitarra y Encarni y Antonia Heredia a las palmas, comenzó con la soleá “Al aire de Graná”, que encierra la caña en su interior, autoría de Paco Moyano. La emoción le embarga y la trasmite. La tensión de ver un teatro lleno, hasta la bandera, de amigos, de incondicionales, de admiradores, le hacía supeditar su cante a sus sentimientos. Como resultado, no escuchamos al mejor Pinilla, pero si al más sentido y verdadero. Un recital que abordó con las entrañas, en el que ofreció su corazón troceado en una bandeja de plata para que cada uno se sirviera a voluntad.

Su segunda entrega vino en forma de cantiñas, con ese comienzo semi hablado para lanzarse sin miedo entre las sales de la Bahía. Mucho le debe a Chano Lobato en este cante, mucho le debe a Calixto Sánchez. No sólo canta, sino que interpreta el cante. Parece que se va a salir de la silla. Baila con cada fraseo. Un tremendo Curro Albayzín introduce las granaínas con un recitado, mientras Luis Mariano le entresaca los mejores trinos a su guitarra, la cual debe estar agradecida por ser acariciada por esas manos. No me equivoco si tildo la actuación del tocaor como la mejor de la velada. Juan dice que es de ley cantar por levante, pues de allí le ha venido el premio, pero su dominio, conocimiento y tesitura en general, hacen imprescindibles estos aires en su repertorio. Para los tangos, con los que cierra su repertorio, cuenta con la voz de Curro y el baile de Jara Heredia. Unos pasos que rezuman Sacromonte y complicidad. Los coros de Antonia y Encarni Heredia son tan sorprendentes como agradecidos.

Antes de marcharse, en forma de bises al natural, llegaron un poquito más de tangos y cuplé por bulerías, acompañado de una graciosa pataílla.

Rafaela Gómez, despegue en solitario

Rafaela Gómez, despegue en solitario

Patrimonio Flamenco

A ver. El éxito de La Chumbera, además de estar situada en el barrio emblemático, gitano y flamenco del Sacromonte, es indiscutiblemente su precio popular. Los artistas que pasan por su escenario puede que no sean de primera fila, o puede que todavía no sean de primera fila, pero están llenos de verdad, acuden a darlo el todo por el todo. Ya teníamos ganas de escuchar a Rafaela Gómez en solitario, defendiendo todo un recital sin que se advirtiera en demasía su especial característica, que es la del cante atrás. Rafaela pasa por ser una de nuestras mejores exponentes para cantar y jalear el baile. Algunas incursiones, no todas afortunadas, ha tenido cantando a boca de escenario. Incluso como protagonista. Pero quizá es la primera vez que toma conciencia de una soledad anhelada y sube al carro del cante por derecho. El aprobado es alto. Sin embargo, algún contratiempo se evidencia. En primer lugar, Manuel Fernández, a la guitarra, no le va a la zaga. Rafaela no necesita un guitarrista por bueno que sea, como demostró en la taranta que tocó en solitario y en algunas falsetas en las bulerías y en los tangos. Lo que esta cantaora necesita, corredora de fondo donde las haya, es un tocaor o dos tocaores con empuje, que les hierva la sangre como a ella y que le den pie a mantener sin merma su fiesta particular. El cajón de El Moreno, dentro de su excelencia, se imponía más de lo necesario, quizá por esa carencia de sonanta.

Rafaela entra con un martinete a viva voz, sin micrófono, donde expone sus condiciones. Está más moderada que de costumbre, lo cual se agradece. No fuerza la voz. Espera que el pellizco la desgarre. Es 22 de noviembre, día de los gitanos andaluces, y, aunque ya tuvieron su festival en este mismo escenario hace unos días, la actuación de esta familia gitana sirve de homenaje. La madurez artística se comienza a entrever cuando se entona por levante y en los fandangos de Huelva y en los tangos de Granada, que son auténticos tangos del Camino, y no como en otros cantaores que su fallido intento se acerca más a los tangos de Málaga, e incluso a los de Triana y Cádiz, que a los de la tierra. Lástima que la guitarra fuera tan sólo un bosquejo.

Una grata sorpresa, como remate final, fue contemplar a Benjamín Santiago El Moreno abordando un baile completo. Ya lo habíamos visto en ocasiones anteriores dar sus acertadas pataíllas por bulerías, pero es la primera vez que actúa como bailaor oficial. Su baile es autodidacta e inteligente, aunque a veces deslavazado. Como buen percusionista, está sobrado de compás. Tanto tiempo acompañando a los bailaores, ha cogido un poquito de cada uno y, con sus facultades personales, hace agradable las alegrías y bulerías con las que acaban. No le vendría mal a este joven bailaor buscarse maestros, pues parte con una buena base.

* La sala La Chumbera se llama así por razones evidentes. Estas plantas crecen por todo el Sacromonte. Los tangos de Graná son también conocidos como tangos del Camino, tangos de la penca o tangos de la pita (que son dos sinónimos de chumbera). Una gran representante de nuestros tangos es Marina Heredia, sin discusión.

Camarón por señas

Camarón por señas

II Festival Flamenco ONCE Andalucía

Lo más sorprendente de la velada del viernes fue ver a Mª Ángeles Narváez interpretando El cante de Camarón a través del lenguaje de signos. Una bailaora con agudos problemas auditivos se pone sin complejos un vestido de volantes (estampado con números de los ciegos) y se hace llamar “La Niña de los Cupones”, aportando un nuevo estilo, popularizando el flamenco, brindándoselo en bandeja a los disminuidos como ella. Un baile lleno de expresividad, un baile cantado con mímica. Haciendo un chiste fácil, éste podría ser otra versión del alfabeto baile. Mª Ángeles nos presenta una obra que se llama “30 decibelios”, que es la única capacidad auditiva que le queda en un oído, donde baila-traduce desde las bulerías del de la Isla, hasta tientos-tangos, bulerías trianeras o alegrías, interpretadas por su grupo en directo y acompañada por Paky del Río como partenaire.

Bastantes autoridades fueron a compartir este festival de la ONCE y a hacer entrega de premios a los jóvenes flamencos que iban a intervenir, fruto de un concurso previo. Seleccionada al cante, impuso su rotundidad y su buen ritmo, de inicios en el baile, Isabel Rico, que trae a su propio tocaor, Luis Dávila, que, lamentablemente, no estuvo a la altura. Hacen malagueñas rematadas con fandangos de Granada, alegrías y bulerías. El otro de los premiados al cante fue el sevillano Juan Ramírez, acompañado por José Luis Scott a la guitarra (mención especial). José Luis tocó unas rondeñas en solitario, antes de arropar a Ramírez con granaínas, seguiriyas y fandangos.

Pegando fuerte desde Almería, el guitarrista David Caro, con sólo 16 años, es un virtuoso de la guitarra. Técnica, conocimiento y buena pulsión, se reúnen en él. Comienza con unas tarantas de composición propia, tal vez demasiado largas. Después se hace acompañar al cante por la sabiduría del joven ojivero Álvaro Rodríguez, que hace soleá y granaínas.

Como artistas invitados, para cerrar la noche, estuvieron Curro Andrés, al cante, y Paco Cortés, a la guitarra. Dos pesos pesados del flamenco granadino. Curro, con su voz moderada y flamenquísima es un corredor de fondo lleno de conocimiento. Paco es el ritmo por antonomasia de la guitarra granadina. Su sentido del compás es único. Nos regalan unas sabrosas cantiñas, mejoradas con la soleá por bulerías posterior. La milonga es una primicia, donde canta el poema de Benítez Carrasco “El niño que todo lo quería ser”. Y de postre, vuelven a pedir compás, para irse por bulerías.

* En la foto: Álvaro Rodríguez y David Caro, aunque no os lo creáis. Es una foto hecha con el móvil, que no controlo en absoluto, I´m sorry.

 

Javier Conde, memoria de la guitarra

Javier Conde, memoria de la guitarra

2º Festival de la Guitarra

Acaba el Festival de la Guitarra con un cierre espectacular. Javier Conde, el jovencísimo Javier Conde, con una gran técnica y una capacidad de mimetismo asombroso, remeda a los clásicos más cercanos de la guitarra de flamenco de concierto, en un recital que dio en llamar Maestros y estilos. Una conferencia del el escritor e investigador Norberto Torres, Maestros de la guitarra flamenca, servirá como luenga presentación e introducción de lujo para las eficaces propuestas del guitarrista extremeño. Las características de este tocaor son muchas: virtuosismo, brillantez, agilidad, madurez interpretativa, dominio de la dinámica sonora, que viene a ser el nivel de intensidad que se le aplica al instrumento, es decir, los altibajos necesarios para una buena interpretación. Las fisuras son inexistentes, acaso un punto de frialdad poco sazonada achacable a su juventud.

Javier Conde, al que pudimos ver recientemente en el Museo de la Casa de los Tiros, se define como un intérprete, más que un compositor-creador, aunque, como veremos a los postres, también despunta en esta faceta. Es algo que hay que agradecerle, pues mantiene de forma rigurosamente viva la memoria de la guitarra y se asegura un repertorio de éxito. Así, sin los aspavientos típicos de los niños prodigio, y adecuando la guitarra a la afinación de cada maestro, Conde comienza con las alegrías Llegando al Puerto de Víctor Monge Serranito. A las que les sigue la rondeña Doblan las campanas de Paco de Lucía, las guajiras Brisas antillanas de Andrés Batista y el Garrotín De la Vera de Rafael Riqueni. Su perfección es tal que, apartando la mirada del concertista, parece que estuviéramos escuchando al mismo autor.

La velada continúa con Aires de Puerto Real de Sabicas, quizá la soleá más bella que se ha escrito para guitarra. Continúa con este maestro pamplonés y su danza orientalizante Noches de Damasco, del que pasa al más contemporáneo de su abanico, como es Gerardo Núñez, del que interpretará La Cartuja, unas deliciosas granaínas. Vuelve a Serranito con el zapateado Punta y tacón y a Batista con las bulerías Tartaneros, para pasar a los fandangos de Huelva del Niño Miguel, a los que se incorporó su padre, José Antonio Conde, como segunda guitarra, que también le acompañaría en unas rumbas de composición propia, con clara influencia antillana. Se despidió con la popular polka paraguaya Pájaro campana. Ante los aplausos de todo un teatro puesto en pie, Javier, haciendo un simpático gesto de comicidad, añadió como propina La Pantera Rosa de Henry Mancini, que dedicó a Norberto Torres.

* Caratula del segundo disco de Javier Conde.

Huétor Vega dimensiona la guitarra

Huétor Vega dimensiona la guitarra

2º Festival de la Guitarra de Huétor Vega

No cabe duda de que uno de los protagonismos indiscutibles de la ciudad de Granada es la guitarra. Los guitarristas, los tocaores, de esta ciudad han sido siempre reconocidos por su toque especial, por su limpieza, por su soniquete… Tomando conciencia de tal riqueza y protagonismo, en la provincia se vienen realizando algunas actuaciones que reivindican el arte de las seis cuerdas, como es el Certamen Internacional de Guitarra Flamenca Manuel Cano de los Ogíjares, que ha celebrado ya su sexta edición; La Guitarra en Otoño, que recientemente comenzó su andadura; o este Festival de la Guitarra, que cumple dos años. Por ahora es un festival modesto, pero con grandes esperanzas y apuestas de calidad, que pretende abarcar lo más posible todos los ámbitos de ese instrumento. Por eso, nada más entrar en el teatro, nos recibe una exclusiva exposición de guitarras de grandes guitarreros nacionales e internacionales. También, en un puesto bastante destacado, están las conferencias sobre el mundo y la evolución de la sonanta. Este año, por último, los recitales se enriquecen con la música clásica, que viene a complementar al flamenco iniciático.

De las cuatro propuestas del jueves pasado, tres fueron concertistas clásicos, de los cuales me limitaré a dar tan sólo un apunte, pues no es mi especialidad. El Trío Aljibe, formado por Mari Carmen Carmona, Fátima Quirantes y Antonio Morales, interpretaron obras de Albéniz, Texidor y Barrios, destaca en ellos su juventud, timidez y exactitud en su entrega. Compartiendo igual mocedad, Pablo Jiménez, también de Granada, fue preciso en Albéniz, Leo Brouwer y Roland Dyens, aunque no llegó a dominar una megafonía quizá deficiente. Sin duda el más interesante de los clásicos fuera el pontevedrés Samuel Diz. Con un repertorio contemporáneo (Leo Brouwer, José Peixoto y Hermelindo Ruiz), y prescindiendo sabiamente del micrófono, fue un ejemplo de limpieza ejecutiva y de arriesgada sensibilidad.

David Caro es un tocaor almeriense que, con sólo diecisiete años, demuestra tener una cimentada base interpretativa y unas buenas maneras, que se concretan en una pulsión afinada, una buena técnica y un sonido muy flamenco. Con una taranta de composición propia, comienza su actuación. Continúa con “Ímpetu”, una fantasía por bulerías del Maestro Escudero, muy bien tocada. Virtuosismo que sigue imprimiendo en la imposible guajira “En la otra orilla” de Víctor Monge Serranito. Para terminar, Paco de Lucía hace su aparición con la soleá “Gitanos Trianeros”. No les vendría mal, sin embargo, a estos concertistas jóvenes tener experiencias de acompañamiento al cante y al baile.

 

El cante sosegado de Pepe Luis Carmona

El cante sosegado de Pepe Luis Carmona

Patrimonio Flamenco

El flamenco joven, fresco, eminentemente local y popularmente asequible, tiene el nombre de “Patrimonio Flamenco” o, lo que es igual, La Chumbera. El sábado, 1 de noviembre, comenzaron los recitales en esta sala flamenca granadina, con el cante carismático de José Luis Habichuela. Son propuestas rigurosas del flamenco incipiente del Sacromonte, y del más maduro, que se extenderán hasta las postrimerías navideñas, con la “pandereta flamenca” que nos propone la cueva María la Canastera. Todos los sábados, con un precio más que asequible tenemos una cita en este rincón hacia el final del Camino. En la muestra podremos ver a Juan Ramírez, Esther Marín o Rafaela Gómez.

El primer día, como digo, tuvimos la suerte de disfrutar con la entrega incondicional del ex miembro de la Barbería del Sur. El lleno total de la sala sorprendió por el tiempo tan desapacible de aquella noche y la retardada promoción del evento. Pero hay un público fiel y atento, seguidor de un conato artístico de este tipo, para presentarse en él ante viento y marea. Así, mi primer ole es para el aficionado.

La voz de Pepe Luis, dulce y armónica, con ese punto de aguardiente necesario para pellizcar, hizo que el encuentro pareciera corto. Una reciente infección vírica, por otra parte, impidió que estuviera al cien por cien de sus facultades. Su recortada potencia de voz era paliada por un exacto control de la megafonía y un peculiar gusto en su fraseo. Por eso, el martinete que abrió la noche, no llego a romper un hielo que duró más de lo deseado.

Después de la fragua, que recordó tiempos mejores, pasó al cante de ida y vuelta. Con sumo agrado, un poema de Lorca se escuchó por vidalita. Nuestro asombro fue grande con esta nueva entrega, pues no es normal escuchar este tipo de cante en el repertorio de un cantaor de raza. Es más, interpretado con pasión en su riqueza vocal.

El respetable, sin embargo, despertó con el colorido del baile por levante, rematado por tangos, de Raimundo Benítez. Raimundo es un trabajador del baile, estudioso y con la cabeza en su sitio, que aún le queda por madurar. El maestro borda la soleá, antes de darle paso a Rafael Habichuela, que nos participa una composición libre con su guitarra. Le acompaña un respetuoso José Antonio Carmona con el cajón.

Los mejores cantes de José Luis, en cambio, llegaron al final en forma de fandangos y el remate por bulerías, que ilustra Benítez, prueba de que si hubiera seguido en el escenario habríamos redondeado la noche sin excepción.

* Portada del disco en solitario de Pepe Luis Carrmona.

Citas flamencas final de otoño

Citas flamencas final de otoño

En otoño se despereza el flamenco para entrar en un semiletargo navideño y despertar con el Flamenco viene del sur entre invierno y primavera.

Con los Festivales trasnochados de algunos pueblos (Monachil, Armilla) se prolonga un verano que se imbrica en septiembre-octubre con el Festival de Otoño de guitarra (del que ya hemos dado buena cuenta).

Las peñas abren sus puertas y sacan sus proyectos al sol. Huétor Tájar inauguró su peña el 3 de octubre. La Parra, Solera y Caña, La Platería, La Yerbabuena, La Zahareña... están en plena actividad.

Existe un Circuito oficial entre las peñas granadinas. Consigno los recitales más inmediatos: Rosa Mercedes Zárate, 8 de noviembre Peña Flamenca Yerbabuena, Ogíjares; Javier Martos, 15 de noviembre Peña La Parra Flamenca, Huétor Vega; Miguel Barroso, 15 de noviembre Asoc. Cultural Flamenca San Marcos, Montejícar; Iván Vargas, 22 de noviembre Peña Flamenca Ilurquense, Illora; Isa Vega, 13 de diciembre, Peña Flamenca La Platería, Granada; y José Fernández, 13 de diciembre, Peña Flamenca La Alcazaba, Loja.

Más vale tarde que nunca. El día 31 de octubre, o sea, mañana, se clausuran las Jornadas Alhambra, Sacromonte: Valparaíso un río de oro, organizadas por el Patronato de la Alhambra y el Generalife junto con el Museo Cuevas del Sacromonte, que se han celebrado entre los días 3 y 31 de este mes. Este viernes o sea, mañana, en el Museo Cuevas del Sacromonte (19`00 horas) se inaugurará la  exposición fotográfica Alhambra-Sacromonte, como inspiración artística.

Una cita importante y asequible es el Patrimonio Flamenco de La Chumbera que, a partir de este sábado, 1 de noviembre, nos ofrece flamenco fresco local. Será a partir de las nueve y su precio es de 5 euros. Este sábado podremos ver a un cantaor de lujo: Pepe Luis Habichuela.

El 6, 7 y 8 de noviembre, la Parra Flamenca de Huétor Vega organiza su 2º Festival de la Guitarra con un programa muy suculento de exposiciones, conferencias y conciertos, en el que sobresalen nombres como Norberto Torres, Laura González o Javier Conde.

El sábado 8 de noviembre, en el pueblo de Jun, se realizará el I Festival Flamenco Homenaje al Niño de Jun (creador de una soleá de granada). Será en el Pabellón de las Artes de esta localidad (21,00 horas). El 14 y 15, en el Palacio Congresos, Rafael Amargo nos traerá su espectáculo Tiempo muerto. El 22 es el Día de los Gitanos Andaluces. Siempre se hace un festival en el Manuel de Falla por esta causa, donde los protagonistas, lógicamente, son artistas gitanos. El 28, Farruquito retomará su obra Puro al Palacio de Congresos, que aplazó por motivos poco claros.

También en otoño, en diciembre, se celebrarán los Encuentros Flamencos en el Isabel la Católica. Este año organiza y gestiona (y me temo que mucho más) Juan Andrés Maya. Seguiremos informando.

Oyendo a los clásicos

Oyendo a los clásicos

La Guitarra en Otoño

Atiendan primeramente a esta pequeña relación dictada a vuelapluma: Dani Casares, Madrid, 1980; Antonio Rey, Madrid, 1981; Dani Méndez, Sevilla, 1981; Juan Antonio Silva Campallo, Sevilla, 1984; David Carmona, Granada, 1985; Javier Conde, Cáceres, 1988; Juan Habichuela Nieto, Granada, 1990. Estos, y algunos más que se me olvidan, tienen algo en común. Son todos guitarristas excepcionales. Son todos muy jóvenes, algunos excesivamente jóvenes y bastantes con galardones muy importantes, como el Bordón Minero. Son tocaores virtuosos, veloces, sensibles y con una técnica muy depurada. La mayoría de ellos considerados “niños prodigio”, pues llevan arrancando acordes a las seis cuerdas desde muy pequeños.

Javier Conde, que es el tocaor que nos ocupa, grabó con doce años su primer álbum en solitario, que era un homenaje a los “Grandes de la Guitarra”. En él, como es natural, toma prestado las composiciones de los míticos tocaores de flamenco, vivos o ya desaparecidos, y los imita a la perfección. Desde ese trabajo, el joven extremeño continúa remedando la discografía de los grandes y, como si fuera un espejo, calca sin fisuras su propio lenguaje. Así, sin necesidad de cambiar de vinilo, escuchamos, como si fueran ellos, a los clásicos de la guitarra.

Concierto impecable, si no fuera por la frialdad del tocaor en el escenario, debido seguramente a su juventud; y por algún extraño rondón que nos acompañó en los últimos temas, justo cuando se incorporó su padre, José Antonio Conde, como segunda guitarra. A pesar de la limpieza y exactitud, un servidor echó de menos el calor y el soniquete de las guitarras granadinas. Fue un recital reconocible, fue un programa agradecido, donde escuchamos desde una soleá o una danza de Sabicas, un garrotín de Riqueni o fandangos de Huelva del Niño Miguel hasta una rondeña de Paco Lucía, unas alegrías y un zapateado de Serranito o unas granaínas de Gerardo Núñez. También pudimos escuchar las composiciones menos familiares de Andrés Batista, maestro de su padre, unas guajiras y Los cuatro muleros por bulerías.

Más arriesgadas fueron las rumbas de composición propia, con clara influencia sudamericana. Se despidió, alejándose de las lecturas flamencas, interpretando la popular polka paraguaya Pájaro campana y, como propina, interpretó Recuerdos de la Alhambra de Tárrega, tal como lo interpretaba Narciso Yepes, pero con menos cuerdas.

* FOTO: © DeFlamenco.com

El Cabrero, la integridad de un cantaor

El Cabrero, la integridad de un cantaor

IX Semana de la Oralidad

No existe ninguna duda de que José Domínguez Muñoz, El Cabrero, es un cantaor carismático, comprometido, contestatario. Su integridad ha hecho que estuviera presente en Albolote este sábado en la 9ª Semana de la Oralidad, después de haber sufrido una intoxicación reciente que le provocó úlceras en el estómago y el esófago. Así, íntegro y entero, aunque dolido y manifiestamente afectado, dio un recital de mayor calidad humana que artística. Son muchas las virtudes de este cantaor, su potencia de voz, su personalidad, la exclusividad en sus letras, la mayoría propias. Pero también cuenta con algunas carencias como la falta de afinación, que obliga al guitarrista seguirle a la carrera; o una cierta inclinación al mono tono, que no al monótono. Su presencia, de riguroso negro, con sombrero, pañuelo rojo al cuello y camperas; su sencillez sin igual; y, sin ningún ánimo despectivo, su asilvestramiento, contribuyen a esa autenticidad a la que hemos aludido. El avezado guitarrista sevillano Rafael Rodríguez Hidalgo, con su experiencia y versatilidad, lima como pocos las aristas de este cantaor. De este tocaor, El Cabrero dijo que era un lince, “no como yo, comparó, que soy una máquina oxidada”.

El Cabrero tiene sus seguidores que buscan algo más que la queja, la belleza de la jondura. José Domínguez ofrece además el inconformismo y la denuncia. El Cabrero, lejos de explotar su éxito, ya mítico, sigue siendo cabrero, con sabor a monte y olor de hoguera.

En Albolote nos presentó su último trabajo discográfico, “Por los caminos del viento”, una incursión en el tango porteño, en el que modifica hasta su acento, encajando a la perfección con esta Semana de la Oralidad dedicada a “España y América, un camino de ida y vuelta”. En este cedé rememora de los temas clásicos como “Mi Buenos Aires querido” o “La canción de Buenos Aires”, también canta canciones criollas, milongas que en su voz adquieren algo más que un hermanamiento con los sufrimientos de nuestros hermanos al otro lado del charco, seguiriyas y soleares. Como muestra, en el recital en el recital interpretó los tangos “Guitarra mía” y “Hopa, hopa, hopa”; la rebelde milonga “Como el viento de poniente”; y las seguiriyas aludidas. También, cómo no, sonaron sus personalísimos fandangos y más fandangos, y algunos alosneros, y sus martinetes, donde se evidenciaron jadeos de pura convalecencia. Igualmente dificultosa fue su farruca, con algunos roces en la garganta. Otras canciones muy aplaudidas fueron el clásico “Luz de luna”, con ritmo de bulerías y cadencia de milonga; el “Carcelero” caracolero, poniéndose respetuosamente de pie y subiendo el micro a una silla (“yo no soy mecánico”); “Sone flamenco”, un soneto de Borges, con música de Alberto Cortés; o las bulerías “Semblanza al macho montés”.

* Foto: © deflamenco.com

La peña Solera y caña comienza con buen pie

La peña Solera y caña comienza con buen pie

 

El pasado viernes, en pleno vendaval meteorológico, Solera y Caña de Maracena, quizá la peña más familiar de la provincia, comenzó sus actividades, para el curso 2008-2009, con un recital del cantaor granadino Antonio Trinidad, acompañado a la guitarra por el joven Antonio de la Luz. A la apertura de los diez años de funcionamiento de esta peña se sumó José Luis Bazoco, Concejal de Cultura de la localidad, que le mostró su sincero apoyo a la música de raíz en general y a esta sociedad de flamencos en particular, a la que le deseó una gran temporada y venturosos encuentros.

Antonio Trinidad, arropado de familiares y amigos, se sintió como en casa. Sus entregas fueron muy bien acogidas. Relajado y reivindicando su tierra por encima de todo, Antonio comenzó con la soleá de Granada que estableciera el Niño de Jun. Continuó por farrucas, donde confesó un principio de resfriado que limitaba su cante; tarantas de Almería; y, para terminar, malagueñas, en las que demostró sus conocimientos. Dichas malagueñas fueron de El Canario y de La Peñaranda, culminándolas con fandangos de Frasquito, rondeñas y abandolaos del Niño de Cabra. Sus intenciones son más nobles que su eficacia. El tiempo pasa factura. Antonio ha gozado de una buena voz, de un buen paladar... Incluso el mismo advierte, al comienzo de cada tema, “vamos a intentar hacer…”. Con todo, la primera parte estuvo lograda, cada vez mejor. Todos los indicios anunciaban mejoría en el segundo pase.

En efecto, tras quince minutos flamencos de descanso, la lorquiana “Baladilla de los tres ríos”, por milongas, uno de sus temas predilectos, convenció de quien tuvo retuvo. La guitarra ajustada y limpia del De la Luz no siempre se entendía con el veterano cantaor. Por este motivo, los fandangos que prometían ser de Macandé tuvieron que ser de Fosforito y terminaron por Morente. Los artistas continúan por tientos y, de ahí, pasan a unas peteneras muy conseguidas. Trinidad despide este recital con unos fandangos de El Gloria, no sin antes invitar a su amigo Curro Andrés a que improvisara unas bulerías, que estuvieron sobradas de compás, contribuyendo así al espíritu peñístico.

* Antonio Trinidad en la foto (© Rafael Ramos).

 

Un festival con mucho gusto

Un festival con mucho gusto

I Festival Flamenco a beneficio de Borderline

Varias cosas en común tienen los flamencos que intervinieron en el Festival Flamenco a beneficio de Borderline (asociación de ayuda a los que poseen una inteligencia limitada). En primer lugar, une a este grupo de flamencos su sentido de la solidaridad sin condiciones. Seguidamente, todos los cantaores, excesivamente jóvenes, han sido premiados en La Unión. Manuel Cuevas fue reconocido con la Lámpara Minera el año 2002, Juan Pinilla recibió el mismo galardón en 2007, y recientemente, en este año, Rocío Márquez también goza de esta estatuilla. Por su parte, Sergio Gómez "El Colorao", lleva varias ediciones trayéndose primeros premios (este año ha sido el de Farrucas). Por último, los hermana el buen hacer y el extremado gusto en sus aportaciones. Ninguna estridencia.

Para abrir boca, la Escuela Flamenca Silvia Lozano, hacen honor a quien los instruye bailando por fiesta donde predomina la percusión.

Juan Pinilla es el primer cantaor que sale al escenario. A la guitarra Alfredo Mesa. Con la voz un poco tomada, comienza por esa caña que, poéticamente, introduce por Chavela Vargas. Continúa haciendo un recorrido por abandolaos de la baja Andalucía, que viene a ser común en su repertorio. A petición del público, apunta media granaína. Y termina con bulerías, que cada vez gusta más ilustrar con alguna pataílla.

Manuel Cuevas, desde Osuna, Sevilla, nos trae aires caracoleros, cantando unas zambras a pie de escenario. Ramón del paso redondea esta actuación con su guitarra. Después pasará a los tangos, y de estos a las cantiñas. Acabará por fandangos, también sin micrófono, como empezó, derrochando pulmones.

Silvia Lozano nos deja en el ecuador sus sempiternas alegrías que pule y repule hasta la perfección. Se las dedicará a su maestro, Mario Maya, al que tanto le debemos.

La última Lámpara demuestra claramente lo merecido de este premio. Rocío Márquez se templa con una malagueña de Chacón, que remata con verdiales. A su lado, un delicado Guillermo Guillén, de origen francés, acaricia la sonanta. Con su voz dulce y modulada prosigue con ritmo de bulerías. Los tangos de Granada los remata por Málaga, para terminar dejándonos un poquito por Huelva, su tierra.

Este primer gran festival, por lo moderado, por su sabor, lo culmina un preciso Sergio Gómez. Si en la milonga y en la soleá, con las que comenzó, estuvo grande, en la farruca fue insuperable. Alfredo Mesa se compenetró más con este cantaor que con Pinilla.

* Rocío Márquez, en la foto

Todos queremos a Juan Pinilla

Todos queremos a Juan Pinilla

Huétor Tájar dedica su peña al cantaor más joven

Me cuentan que Camarón marchó a Barcelona a inaugurar una peña con su nombre cuando tenía treinta años. Ese “record” se superó el viernes, 3 de octubre, cuando algunos aficionados del pueblo de Huétor Tájar, respaldados por el Ayuntamiento, decidieron abrir su peña con el nombre de su hijo más querido, con el cantaor más joven y, a la vez, quien ha llegado más lejos y seguirá subiendo. Porque, apoderándome de unas palabras que pronunció Paco Espínola en su presentación, Juan Pinilla no crece, se agiganta. Juan, con sólo 27 años, gravita en la cresta de las olas desde que fue galardonado con la Lámpara Minera en el Festival Internacional de Cante de las Minas de la Unión. Llevaba años intentándolo y trayéndose algunos primeros premios, pero no fue hasta la edición de 2007 cuando se impuso sin condiciones. Durante esos años, siete o más, ha ido avanzando como cantaor, como artista, como persona. Ha reunido a su alrededor, en su pueblo, un club de seguidores, de los que partió la iniciativa de abrir una peña flamenca en su nombre. Inútilmente, él se queja, refiriendo con humildad el nombre de otros cantaores cercanos, ya desaparecidos. Pero no, no hay más que hablar. La Peña Flamenca Juan Pinilla de Huétor Tájar ya es una realidad.

Es un pequeño local en la calle Teresa de Calcuta, muy cercano a la Casa de la cultura, primorosamente acondicionado, y decorado con fotos, carteles y recortes de periódico alusivos al cantaor y a sus circunstancias. Al lado de la peña, colaborando en su infraestructura, el bar La Trilla, fueron, en cierta manera, anfitriones inmejorables.

Juan, es decir, su peña, su gente, no tuvieron nada más que poner la fecha y la hora, para que acudieran cerca de trescientas personas al evento otoñal. Entre los invitados se contaban personajes de la política (“de los tres partidos”, apuntó Pinilla en su intervención), de la cultura, como el poeta Manuel Ruiz Amescua, y artistas, sobre todo artistas, del flamenco, en cada grupito que te acercaras había un cantaor o un guitarrista o algunos bailaores. También hicieron acto de presencia una representación de las peñas de Granada. La Platería, la decana, apadrinó el bautizo de la recién nacida peña de Huétor. Otras peñas que quisieron respaldar este acontecimiento fueron La Parra de Huétor Vega, Eva la Yerbabuena de los Ogíjares, Manolo Ávila de Montefrío, La Zahareña de Monachil y Frasquito Yerbabuena de Cullar Vega.

El acto fue sencillo y emotivo. Se desarrolló en una carpa a las puertas de la peña, pues la afluencia de público no habría cabido ni por asomo en el local. Los preliminares protocolarios, de tan sentidos, tuvieron una gran acogida. Comenzando por el presidente de la peña, Juan Jaimez, pasando por el alcalde de la localidad, Fernando Delgado, y la diputada de cultura, Asunción Pérez Cotarelo, y terminando por los alcaldes de los pueblos limítrofes y el personal de otras peñas, todos tuvieron palabras de agradecimiento y halago al cantaor hueteño.

Y llegó el momento. Pocas veces un escenario ha estado tan nutrido. Nunca el altruismo artístico ocupó tan pocos metros cuadrados. Temiendo olvidos involuntarios, citaré los flamencos que prestaron su corazón y sus ganas a este generoso fin de fiestas. Al cante estuvieron, aparte del mismo protagonista, Curro Albayzín, Antonio Trinidad, Antonio Colorao, Curro Andrés, Manuel Palma “El Zahoreño”, Aroa Palomo y Judith Urbano; a la guitarra, Luis Mariano, Francisco Manuel Díaz, José Manuel Cano y Carlos Zárate; al baile, Manuel Liñan, Jara Heredia, Anabel Moreno y Silvia Lozano. Además, entre el público se encontraban, sin subirse a las tablas por diversos problemas, Mariquilla, Rebeca, La Sensi, Manuel Carvajal, Tatiana Garrido y muchos, muchos, aficionados. Y es que todos queremos a Juan Pinilla.

* En la foto (a partir de la izquierda): en pie: Juan Pinilla, Francisco Manuel Díaz, Jara Heredia, Curro Albaycín, Curro Andrés, Antonio Gallegos, El Zahoreño, Antonio Trinidad, Anabel Moreno, el niño no sé quies es, Judith Urbano, Antonio colorao y José Manuel Cano; a la guitarra: Carlos Zárate y Luis Mariano; al baile: Manuel Liñán.

 

El último gran Festival

El último gran Festival

Velada Flamenca de Armilla

La Velada Flamenca de Armilla, coincidiendo con las fiestas de San Miguel, a finales de septiembre, pasa a ser el último de los festivales de la temporada. Son los últimos coletazos de un verano que nos deja de la noche a la mañana. Es un gran festival con meridiana calidad y mucha cantidad. La asistencia fue escasa, el sonido tuvo deficiencias y el recinto limitó el desarrollo, es decir, puso hora límite de cierre, lo que redujo las actuaciones a dos cantes nada más en la segunda parte y el baile, lo más vistoso y completo, tuvo presencia tan sólo en una ocasión. Todo esto me da a reflexionar someramente sobre este tipo de encuentros y dejar claros algunos puntos que reflejan el parecer de bastantes aficionados. Primero, los festivales multitudinarios, de más de tres o cuatro artistas deben desaparecer. Segundo, cada artista debería hacer un mínimo de tres cantes, y no más de cinco o seis, para que se saboree el decir del cantaor y para que no se alargue demasiado. Tercero, el sonido es imprescindible; se debería mimar al detalle y darle prioridad ante cualquier otra circunstancia; sobre todo en el baile, esa gran asignatura pendiente. Cuarto, la fecha, el coste y la promoción, deben tener también su protagonismo para garantizar la mayor expectación posible… Dicho esto, a vuelapluma, podemos continuar con su desarrollo.

Tanto este festival, como el del día anterior en Monachil, como, me imagino, los próximos eventos de flamenco, están dedicados a la memoria del gran bailaor y coreógrafo Mario Maya, y así se manifiesta al principio del recital. Principio que abordan dos jovencísimos armilleros, Mª Ángeles Pérez y Jonathan Morillas, a la guitarra, su timidez e inexperiencia no desmerecieron su entrega por caracoles, tientos-tangos y fandangos. José Fernández y José Fernández “Niño”, en segundo lugar, dejaron su impronta y su buen gusto con unas cantiñas, una granaína y media de buena factura y algunas verdades en forma de fandangos. Hasta el cante gitano de Sara Heredia, arropada por Antonio “El Chonico” y sus seis cuerdas, el sonido no se despertó. Sara tiene momentos buenos y muchos del montón. El día a día en la cueva desgasta mucho. Hoy fue grande por levante, y bastante acertada en la soleá por bulerías y, sobre todo, en los tangos de Granada, en los que se erige una gran representante. Antonio Mejías, de Lucena, fue toda una sorpresa. Se templó con una soleá y solicitó compás para las alegrías y las bulerías, que bordó, en las que estuvo largo, incorporando cuplé y “La Salvaora” caracolera fuera de micrófono. Fue cuando nos cercioramos de que sin megafonía sonaba mejor. Terminó, a petición del público, con un par de fandangos. Pero donde el sonido hizo estragos fue en el baile de Patricia Guerrero. Los pies no se oían debidamente y los continuos pitidos afeaban las alegrías. De poco le sirvió el buen cuadro que llevaba atrás: Miguel Lavi y Manuel Heredia al cante y Luis Mariano y David Carmona a la guitarra. Ella, de dulce.

La segunda parte tuvo poco sabor por lo escaso. Un par de temas cada cantaor y pendientes de las manecillas. Comienza Miguel Barroso con su cante ortodoxo y bien modulado haciendo una granaína y después una soleá. El toque preciso y respetuoso de Manuel Carvajal le acompaña. La almeriense Montse Pérez, acompañada de Ramón del Paso, propone los caracoles de Chacón y se queda en Cádiz con unas sabrosas alegrías. Judith Urbano, temperamental y eminentemente festera, apuesta igualmente por aires de la bahía y termina por tangos. Carvajal acolcha su grito. El mismo guitarrista vuelve para formar, junto con Manuel Palma “El Zahoreño”, una de las parejas más conseguidas de la noche. Comienzan por soleares y, aceleran este mismo soniquete, para irse por bulerías.

Es el último gran festival. Con más carencias que verdades. Por su futuro, por su continuidad, debemos replantearnos bastantes cosas.

* En la foto María José Pérez en el XVIII Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, en el que ganó el premio Antonio Chacón (© Toni Blanco).

Una apuesta por la raíz

Una apuesta por la raíz

IX Festival Flamenco de Monachil

Con un mes de retraso respecto a ediciones anteriores, la localidad de Monachil, organizado por la peña “La Zahareña”, celebra su noveno Festival de Flamenco. Este año, dicho encuentro se ha multiplicado en dos jornadas. El viernes tuvo lugar un minifestival en el que actuaron los alumnos de la escuela flamenca de Monachil, encabezados por sus profesores. En la velada del sábado, un grupo de artistas, cuyo punto en común es la ortodoxia y el apego a las raíces, hicieron las delicias del, por desgracia, poco público asistente. Apenas doscientas personas, que fueron llegando escalonadamente, aplaudieron sin discusión a todos los actuantes.

José Fernández fue el encargado de abrir la noche. Lo hizo con unas malagueñas de “El Canario”. Desde ese primer momento conquistó con su buen gusto y la redondez de su fraseo. Le acompaña a la guitarra su hijo, del mismo nombre, que, pese a su juventud, tiene un toque limpio y maduro. Sus fabulosos aires de Cádiz, inclinan al público a pedir caracoles, que el cantaor satisface sin condiciones. Termina José Fernández con unos fandangos de corte reivindicativo.

La almeriense Montse Pérez lo sustituye en el escenario. A la guitarra un preciso Ramón del Paso rellena los silencios con depuradas falsetas. Con una voz brillante y vigorosa, rica en matices, Montse comienza con granaínas en las que se entrega sin reservas. Continua por cantiñas; una milonga, que dedica a todas las madres; y termina con unas seguiriyas muy conseguidas para su corta edad. De propina añade a su repertorio un par de fandangos, que acaba cantando sin micrófono, a pie de escenario.

El Zahoreño, con un rosario de premios a sus espaldas, se presenta con una agradable vidalita. Prosigue con alegrías y, su palo estrella, granaína y media, con las que siempre conquista. Termina con fandangos. Zárate, rotundo y vital, lo arropa con su guitarra.

Los alumnos de la escuela de baile de María Granados cierran la primera parte.Elimeri “La Candela” baila por alegrías; Laura Moya y Miguel Jiménez, un paso a dos, con momentos meritorios, lo hacen por bulerías.

La segunda parte se presenta profunda. Antonio Gómez “El Colorao” se templa, como va siendo habitual en su repertorio, con unas marianas. Retomando el mismo soniquete que Ramón del Paso marca a su lado, el tradicional zorongo gitano sirve de estribillo a unos tangos que son bien acogidos. Antonio es grande por seguiriyas y por soleares, que interpreta, imponiendo su magisterio. Entre medias, unos fandangos festivaleros, descargan la tensión.

Diego Clavel, corredor de fondo, maestro indiscutible, cierra el Festival con una serrana que explica, “empiezo con liviana y acabo con la seguiriya de María Borrico”. De esta guisa, va anunciando todos los cantes que aborda y que borda. A los tientos le sigue la soleá de Alcalá y a ésta unas seguiriyas de impecable sabor, con las que remata la noche.

* Diego Clavel, en la imagen (© Daniel Muñoz).

La voz del tiempo

La voz del tiempo

La Guitarra en Otoño

El jueves, dentro del ciclo "La guitarra en otoño", María José Pérez estremeció con su torrente de voz el patio de la Casa de los Tiros. Con un aforo limitado a unas escasas 200 personas (más de la mitad de pie), la flamencura, el rigor y la ortodoxia de esta joven cantaora almeriense se sintió como un verdadero regalo otoñal. Fue un recital lleno de intimismo y complicidad. Cercano y familiar, como el mismo ambiente renacentista impone.

A la guitarra un preciso Miguel Ochando, fino, limpio, más relajado que tocando a solas la semana anterior, en la inauguración de este programa, arropa muellemente a su partenaire haciéndole el camino más liviano. Ambos se admiran. Existe comunión, compromiso. Los solos de Ochando son merecidamente aplaudidos. Destacamos la introducción a las granaínas, el soniquete por tangos, tan de aquí, las bulerías en su conjunto, y tantos momentos...

María José se templa con una soleá. Desde un principio lo da todo. Es austera, clásica, considerada. Sabe donde mirar, donde reflejarse. Es grande en su comienzo. Se gana al respetable cada vez más entregado. Es la voz del tiempo, que en este entorno se hace pasado, se hace futuro. Su segunda entrega, bendiciendo la tierra que la acoge, viene en forma de granaínas, que son de Vallejo, y las medias, de Chacón, que se adapta mejor a su tesitura. De Granada pasa a su tierra, haciendo un taranto de Almería, sentido, lleno de matices. Con extraordinarias facultades anuncia cantiñas, que se quedan tan sólo en alegrías. Domina sin concesiones tanto lo jondo como la fiesta.

La segunda parte puede que supere incluso a la primera. Los tientos, de clara influencia morentiana, pasan a ser tangos que se quedan en Málaga. Quizás, el respeto, le aconseja no arriesgarse aún con los tangos del Sacromonte. Unas guajiras llenas de sal, anuncian lo que será su mejor entrega. Las seguiriyas, que comienza insegura, rompen en su mitad, consiguiendo el sentimiento trágico y brillante de toda una cantaora. Triunfar con seguiriyas es como aprobar con matrícula.

Termina María José con unas bulerías, bien marcadas por el maestro Ochando, en las que hasta se atreve, con poca fortuna, a improvisar una pataílla.

* Foto de esa noche, movidilla (movidilla la foto y movidilla la noche) (© José Manuel Rojas).

Para siempre, maestro

Para siempre, maestro

Parece una paradoja, lo único seguro en la vida es la muerte. Tarde o temprano todos se van. Pero cuando la oscura muerte nos arrebata a un ser tan cercano y tan grande, el dolor se acrecienta por el vacío inconmensurable que deja. Mario Maya desaparece en plenas condiciones creativas. Hace apenas diez días presentó en la Bienal de Sevilla su último montaje, “Mujeres”, que presentó en el Teatro Alhambra esta primavera, un homenaje a la mujer, al flamenco y a su evolución. Porque de él aprendimos que el flamenco no es estático, siempre está creciendo, redescubriéndose a sí mismo; al igual que aprendimos que el baile flamenco no es fuerza bruta; y, lo más importante, para hacer flamenco, para crear en el flamenco, para estar realmente comprometido, se debe tener la cabeza bien amueblada. Mario, lo digo sin tapujos, siempre lo he dicho, quizá junto a Gades, ha sido el mejor coreógrafo de flamenco en España. Individualidades hay muchas, pero con esa visión de conjunto, con ese arte y elegancia, se cuentan con los dedos de una mano. Mario tenía sus manías, era de carácter huraño, pero siempre tenía un buen consejo para el bailaor o bailaora que se lo pidiera, incluso aunque no se lo pidiera. Le dice a una bailaora “no des la espalda al público”, a otra “prolonga esa escobilla”, a otra “debes sonreír cuando bailas por alegrías”…

Hace poco lo vimos en el Corral del Carbón viendo a su hija, Belén Maya, que estuvo radiante. Cuando terminó el espectáculo se acercó a ella y le dijo que le gustaban unos pasos que hacía bailando por tangos, que les debía sacar más provecho repitiéndolos otra vez en la misma pieza. Su visión, en definitiva, era precisa y certera, crítica y apasionada. Todos los que han pasado por él lo tienen en gran estima, le deben gran parte de lo que ellos son. No quiero decir nombres, porque los olvidos a la larga pasan factura. Pero en el verano de “Diálogo del amargo”, llevó a escena un gran número de artistas granadinos y, puedo decir, como aficionado y como crítico, que, en la mayoría de estos chicos y chicas, se aprecia claramente un antes y un después del maestro Maya.

La historia de este bailaor es la historia del flamenco. Ha compartido cartel con los más grandes. Ha recorrido el mundo con sus múltiples montajes, colocando en un lugar de honor tanto el flamenco como la ciudad de Granada, porque, aunque naciera en Córdoba, era granadino.

Ahora se muere como el rayo de Miguel Hernández, cuando todavía tenía que hablarnos de muchas cosas, que tenía proyectos por realizar, que pensaba aterrizar en Granada para cerrar el círculo de su vida…

No ha muerto un bailaor. Ha muerto un intelectual. Ha muerto un creador.

* Le he dado un efecto de Photoshop a la única imagen de Mario riendo que he encontrado (su expresión solía ser de seguiriya), porque su calidad era pésima. Así me gusta recordarlo.

** Puntualmente recibía este blog y esporadicamente me mandaba sus opiniones directamente al correo.

Una orquesta en las manos

Una orquesta en las manos

La Guitarra en Otoño

Un nuevo formato. Interesante en todo caso. Por lo solemne y lo cercano a un tiempo. Por lo entrañable y universal. El flamenco entra en los monumentos, como hasta ahora han entrado otras músicas. Aunque recuerdo precedentes puntuales, como cuando El Potito cantó en Los Condes de Gabia, es la primera vez que se programa con cierta continuidad y visos de futuro (quitando “Los veranos del Corral” o las representaciones en la Alhambra). Se me antoja pensar en “Música de los monumentos” y no “en los monumentos”. Como si al concebir patios y claustros, conventos y casas señoriales, pensaran en su alma musical.

La mejor forma de disfrutar una tarde. Sentados en un patio principal, acariciados por la guitarra de Miguel Ochando. Un poco tenso al principio, su ciudad le impone respeto, pero su dominio y aceptación hacen que olvide los posibles nervios. Tras un saludo parco y el anuncio pelado del tema que aborda, Miguel se presenta con granaínas. Las falsetas se imponen en el recinto. Es el latir del monumento. Es el sonido del agua de que este espacio carece.

La práctica totalidad de los temas que interpretará pertenecen a su disco “Memoria”, un trabajo, que para ser exclusivamente de guitarra, tiene muy buena aceptación. Para su segundo tema, un alegre y pegadizo zapateado, se hace acompañar de Alfredo Mesa, segundo guitarrista y discípulo. Alterando el programa, Ochando continúa en solitario con unas seguiriyas, en las que parece que la sonanta tiene voz propia. Para terminar esta primera parte, Alfredo, sin la presencia del maestro, nos brinda una farruca del Niño Miguel. ¿La limpieza se aprende? No tiene la soltura y calidad deseadas, pero la madera se deja entrever.

La segunda parte, ya más relajado, Ochando comienza versioneando una rondeña de Ramón Montoya. A su término, un espectador exclama: “Eso no es una guitarra, es una orquesta de ciento veinte músicos”. Con la guajira, rebosante de espuma y sal, retoma de nuevo el orden del programa. Alfredo ya no abandonará el escenario. La única concesión al no-flamenco es el tremendo “Lo que vendrá”, un tango de Astor Piazzolla. Termina el recital con unas originales bulerías en tono de rondeñas y con una propina por tangos, a los que le aporta ese soniquete árabe tan exclusivo de Granada.

* Miguel Ochando, en una foto de su cedé "Memoria".

 

Reivindicando el pequeño formato

Reivindicando el pequeño formato

XIX Noche Flamenca Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro

Reivindiquemos los festivales flamencos en los barrios, aplaudamos a las asociaciones de vecinos que apuestan por nuestro arte. Aparte de las peñas, muchas veces elitistas, y de algunas localidades, es la manera de hablarle de tú al flamenco, como siempre se le ha hablado; es la manera de hacer el flamenco de los ciudadanos y a los ciudadanos del flamenco.

Con menos medios de los deseados, con menos presupuesto del necesario, las calles y las plazas de la ciudad se visten de banderolas y farolillos para celebrar sus fiestas, en las que nunca falta su muestra de flamenco. Casi siempre con el mismo formato, un escenario modesto, un equipo de sonido mediocre, los focos inexistente, un cartel casi de favor… Pero el Zaidín, La Chana, el Realejo, Los Pajaritos, o, como en este caso, la Plaza de Toros, hacen un esfuerzo, que tiene mucho de pasional, y programan su velada.

La XIX Noche Flamenca de la Asociación de Vecinos de la Plaza de Toros-Doctores-San Lázaro es un festival humilde, como ya digo, pero en el que no falta jondura y buen gusto. Un pequeño formato que, en cambio, reúne diversas corrientes y se muestra completo.

Sara Heredia, con su inseparable Antonio Heredia "Chonico" a la guitarra, nos traen de primera mano el flamenco de raíz sacromontano. Cantaron por levante, una soleá por bulerías y los imprescindibles tangos del Camino.

Sergio Gómez "El Coloraito", toma la alternativa, para hacernos vibrar con una soleá de Triana, las malagueñas del Perro de Paterna y una milonga. Que cada vez Sergio cante mejor, lo avala el rosario de premios que está recogiendo. ¡Muchas sorpresas nos dará este joven cantaor! Vicente Márquez ajusta su guitarra sin quejas.

El color de la noche lo pone Silvia Lozano bailando unas alegrías, redondas, sin fisuras, distendidas e inteligentes. Tanto el cuadro como el sonido, sin embargo, se le quedaron cortos.

Como cabeza de cartel, Mercedes Hidalgo, arropada por un virtuoso José María Ortiz, acordándose en todo momento de Morente, hizo tientos-tangos, granaína y media, cantiñas y remató con naturales.

Para terminar, con una sonrisa emotiva, vino la actuación de Manuel Conde, vecino del barrio, que, con sus ochenta y ocho años, principió con una taranta, para continuar por milongas y terminar con fandangos. Un fin de fiestas por bulerías pone fin a un encuentro que hay que proteger y apoyar.

* En la foto: Mercedes Hidalgo y J.M. Ortiz (© Sergio Cuesta).