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Flamenco

Cuando se convoca al duende

Cuando se convoca al duende

No se necesitan lugares de renombre ni momentos excepcionales para estar a gusto; no se necesitan grandes escenarios ni un público numeroso para convocar el duende. Sólo hace falta un cantaor con facultades, un guitarrista inspirado y el silencio admirado de alguien que escuche. El viernes, Luis Heredia ‘El Polaco’, visitó ‘Solera y Caña’ de Maracena, una peña tan pequeña como auténtica. Su formalidad y compromiso hacen de ella un enclave necesario en una posible ruta flamenca.

La promesa de que tocaría Paco Cortés fue un reclamo, pero, al oír al malagueño José Antonio Chaparro sustituyéndole, no lo echamos de menos. Su manera de tocar la guitarra, firme, con clase y gitana, no sé por qué, parecía emparejar mejor con la entrega de ‘El Polaco’, que, sin menospreciar a nadie, el maestro granadino. Luis Heredia hizo dos partes bien diferenciadas en las que expuso todo su saber. Con grandes facultades y recursos y con una voz poderosísima fue hilvanando los cantes de manera ascendente. La primera parte la ocupó con un puñado de cantes básicos, que abordó por derecho.

Por una especial interpretación, brindó a la peña una soleá y una caña. La caña, su primera entrega, fue rematada con un polo y unas letras de Juan de Loxa. La potencia del cantaor era evidente y su entrega agradecida. Un par de malagueñas, donde se convocó a ‘El Canario’, y otros tantos abandolaos por Frasquito, continuaron el recital; para pasar a levante y a la soleá esperada. Esta primera tanda la culmina con granaína y media.

La segunda parte, sin descansos para no enfriar, fueron cantes rítmicos, en los que demostró su versatilidad y largura. Para ellos llamó a las tablas a la bailaora Isa Vega y a su alumna Mari Carmen Gómez para hacerle compás y a Rafa Vega con su cajón efectista. Comenzó con un romance por fiesta incluido en su disco “Constancia”. Sigue calentando el ambiente con tangos, que se asoman al Camino. Las alegrías no dejan duda de sus inicios como cantaor de atrás. Un respiro viene en forma de fandangos. El primero sentado ante el micro, el segundo, valiente, a boca de escenario. Termina la fiesta por bulerías, en las que bailan las palmeras. Especialmente, para Isa vega, introduce aires de Utrera francamente agradecidos.

* Carátula del segundo disco de Luis Heredia ’El Polaco’.

Soy un cantaor ‘apayao’

Soy un cantaor ‘apayao’

'El Polaco' canta esta noche en la Peña de Maracena

Luis Heredia ‘El Polaco’, uno de los referentes del flamenco clásico granadino, actuará esta noche en la peña ‘Solera y Caña’ de Maracena, acompañado por la guitarra exclusiva de Paco Cortés. Afincado en Sevilla desde hace ocho años, donde asegura que el flamenco es más fácil, aparece puntualmente en su ciudad natal para brindarnos su buen hacer de gitano todo terreno. Con su voz laína y poderosa, con sus cualidades canoras y su compás indiscutible, ‘El Polaco’ se ha convertido en ese corredor de fondo imprescindible para comprender la evolución del flamenco en Granada.

Aprovechando su paso por la ciudad, a la que le guarda las distancias, aprovechamos para hacerle unas preguntas.

- Siendo un artista granadino, desde hace bastante tiempo no te prodigas por nuestra tierra.

- Llevo ocho años fuera de Granada, viviendo en Dos Hermanas, en Sevilla. Aquí el trabajo está mucho mejor, hay más oportunidades. Y la gente, al mismo tiempo. Varía mucho el trato.

- Este último año, sin embargo, es la tercera o cuarta vez que vienes.

- Sí. Estuve en La Parra y en La Platería , las dos peñas más importantes que hay en Granada. Y ahora voy a ‘Solera y Caña’ de Maracena. Me acompañará Paco Cortés a la guitarra.

- Los aficionados no se han olvidado de ti. ¿Cómo han acogido tu regreso?

Granada siempre me ha tenido una admiración especial. Yo no me quejo. Porque Granada es, como yo digo, una tierra flojita para lo que es el arte. Y sobre todo para los nuestros, para los flamencos. Porque hay una especie de rechazo al artista local. Las instituciones y las entidades que organizan algo en Granada, incluso los aficionados, valoran más a cualquier artista que venga de fuera que los de dentro. Yo tengo ya experiencia, porque tengo cierta edad, y conozco cada provincia andaluza y sé que Granada es muy estricta a la hora de reconocer al artista granadino. Ya no sólo en el flamenco, es en todo. A nivel cultural y deportivo, Granada no se vuelca como otras provincias.

- Eso ha cambiado sensiblemente. En estos últimos tiempos hay una hornada de artistas jóvenes a los que se les cuida y triunfan tanto aquí, en su tierra, como fuera. Por ejemplo, Marina Heredia, Juan Pinilla, Fuensanta ‘La Moneta’, Patricia Guerrero…

- Perdóname, pero esos artistas terminan haciéndose fuera, porque afuera es donde se les reconoce realmente.

- Te veo resentido con Granada.

- Sí, estoy dolido. Artistas ha habido siempre en Granada, pero no han sabido reconocerlos en nuestra tierra. En distintos tiempos y en distintas etapas, ha habido siempre artistas muy muy buenos. Te digo esto porque la experiencia que yo tengo es esa. Aquí en Sevilla sale cualquier persona joven haciendo un poquito de ruido y enseguida lo apoyan, le dan toda la ayuda posible. Y, si después, en realidad no sabe o no demuestra cualidades, se queda en el camino. Pero de momento ya lo están ayudando. En Granada, sin embargo, lo que hacen es criticarnos. Lo que no puede ser es que un cantaor que lleva tres días cantando se le exija como quien lleva treinta. Cuando yo empecé a hacer mis primeros pinitos, era raro el día que no venía alguien, cualquier personaje de los que se creen entendidos, dando quejas y diciendo que así no se hace. Quizá de los artistas que nos hemos hecho un nombre desde Granada, sólo estamos Marina Heredia y yo.

- Perteneces a una familia numerosa en la que nadie se ha dedicado al flamenco.

- Bueno sí. Hay gente en mi familia que canta. La que está un poquito más puesta es mi sobrina ‘La Nitra’, que es una gran cantaora, pero que no le hacen caso para nada. Por qué. Porque es de Granada. Cuando sale fuera la admiran. Pero está aislada y se ha hecho a ese ritmo de vida que tenemos en nuestra tierra.

- Eres un cantaor todo terreno. Aunque dominas todos los palos y estilos, se te considera un cantaor festero. ¿En qué cantes te encuentras más a gusto?

- Esta pregunta me la han hecho ya más de mil veces. Yo soy un cantaor de ritmo, puesto que mis inicios fueron para bailar. Soy un cantaor eminentemente festero. No he querido nunca innovar. Siempre he hecho las cosas muy ortodoxas. Dentro del compás sigo siendo ortodoxo. Luego me dedico también a hacer cantes que los gitanos habitualmente no hacen. Me he abierto a cualquier tipo de cante. Soy más ‘apayao’ que ‘agitanao’, según los críticos. Mi cante es muy básico. Tengo una voz laína y con buenos registros, lo que me permite hacer todo tipo de cantes.

- Te hemos visto en innumerables festivales, donde, a menudo, has ido como cabeza de cartel. Hoy viernes a cantar en la peña de Maracena. ¿Prefieres los grandes espacios o el pequeño formato de la peña, el teatro o el cuartito?

- Me encuentro más identificado en la peña, donde sacas para afuera lo que tienes. Los festivales se hacen muy cortitos. Buscas los cantes más efectistas, para la mayoría. Y, en una peña se canta con más sentido común. Estás abierto a cualquier cante. El público es más exigente.

- ¿Qué te oiremos interpretar esta noche?

- No tengo nada programado. Como siempre, haré un abanico de cantes básicos y cantes rítmicos. Haré algún cante que no se me ha escuchado por aquí. Y lo que me pida el público.

Los primeros de la fila

Los primeros de la fila

Flamenco viene del Sur

De violeta y oro comienza Patricia a bailar por cantiñas. El escenario del teatro Alhambra impone respeto. El ciclo de “Flamenco Viene del Sur” impone respeto. El público expectante, todos flamencos, todos seguidores, todos con lupa, impone respeto. Su propio programa, un ambicioso “Corazón flamenco del Albaycín”, en el que se desea homenajear a la peña de La Platería, en su sesenta aniversario, y al barrio flamenco y moro en general, impone respeto. La bailaora, sin embargo, consciente de todo ello, lleva el baile a su terreno y borda lo que mil veces ha ensayado, con algunos pasos sobresalientes. Consciente de todo ello, se rodea de un cuadro de excepción, en su mayoría gitanos (dato interesante, aunque contingente).Miguel Lavi y Juan Ángel Tirado al cante; Luis Mariano y David Carmona a la guitarra; y Miguel "El Chetenne" a la percusión. Es una noche especial.

Juan Pinilla conoce también el juego y también muestra sus cartas. Apuesta alto, pero no va de farol. Arriesga hasta el límite. Tiene claro su norte, ofreciendo un  recital comprometido, poético y melodioso. Hay quien espera a un Pinilla más flamenco, más puro. Pero, yo les digo, que es el Pinilla más honesto y el más coherente con sus ideas, con sus maestros, con la trayectoria del flamenco actual.

Por tonás entra al escenario. La toná chica y la de Tomás Pabón, en donde adapta un texto de Nietszche y un poema propio, con aires de petenera, dedicado a Charico (cantaor de Granada, tristemente fallecido, destinado a la gloria), que dan pie a las seguiriyas al estilo de Cádiz y Los Puertos, para rematar por cabales.

Patricia Guerrero hace su segunda aparición por soleá y bulerías. Vestida de negro cautiva por su profundidad y reflexión. Es una soleá antológica. Aunque quizá le falte un poquito más de seguridad y distensión.

Luis Mariano, con su indiscutible limpieza y perfección, introduce un garrotín con la guitarra. Juan entremezcla letras suyas con canciones populares y textos de José Bergamín, para acabar con tangos de falseta del Sacromonte. Necesario el compás de las hermanas Heredia. De aquí se va a levante, tarantas y cartageneras; hace un guiño a Morente; y termina con abandolaos (rondeña, “Donde habitan las Manolas” y fandangos del Albayzín). Su final en solitario es el tributo en mayúsculas a Granada y el barrio alto. Del “Adiós granada”, pasa a “Las tres morillas”, que musicó Lorca, y a algunos cantes por fiesta de Morente, para acabar, como si se tratara de un himno, con el “¡Anda jaleo!”.

Termina esta especial noche con los dos protagonistas, los primeros de la fila, haciendo guajiras, acompañados de todos los músicos. Es un baile insignia que Patricia domina. Es alegre y seductor. Juan canta a su lado, en pie, y se acuerda de Miguel Hernández y otras letras populares. A su final, se van cogidos del brazo, satisfechos del horizonte que se abre. Es un fin de fiestas redondo, en el que reconocimos la importancia del sonido impecable de Juan Benavides.

* Patricia Guerrero por soleá (© Nono Guirado).

Grandes éxitos de Carmen Linares

Grandes éxitos de Carmen Linares

60 aniversario de La Platería

Después de haber saboreado en La Chumbera la soleá de Jaime Heredia ‘El Parrón’, aunque por levante no se entendiera con el tocaor; después de haber oído los entrañables cuplés por bulerías de Manuel Heredia y de ver bailar a Yolanda por alegrías y debutar a ‘La Pitita’ por soleá; nos esperaba en La Platería la mejor cantaora de nuestros días. Es arriesgado hacer estas declaraciones tan exclusivas; y menos habiendo tantas voces, tantas flamencas, tantas cantaoras de primera fila. Sin embargo, coincidiendo con un gran número de aficionados, reconozco en Carmen Linares una artista completa, que se ha hecho a sí misma y que ha abierto camino, ha creado escuela. Lleva una trayectoria intachable, domina todos los palos y es una gran aficionada. Por último, sin querer rellenar el artículo con todas las virtudes que se me ocurren, es la más humilde de las artistas que conozco.

Vamos a ver a Carmen Linares para saborear el buen cante, la medida y el equilibrio. Vemos en Carmen Linares la moderación, el compás y el respeto. Pero, sobre todo, queremos escuchar a la cantaora de siempre, su estilo inconfundible, sus formas y melismas, y hasta sus letras, convirtiendo así el recital de Carmen Linares en una muestra popular, en una exposición de grandes éxitos en la que prima la veracidad del momento. Así, con un impecable Paco Cortés a la guitarra, limpio y seguro, clásico y fino, y después de halagar sinceramente a la ciudad de Granada y a la Peña, en la que dio sus primeros pasos, pasó a entonarse por tangos. La Platería ha quitado las mesas y ha colocado bastantes filas de sillas para multiplicar el aforo. Nadie quiere perderse a la señora del cante. Con un silencio sepulcral, aunque todos cantan por dentro sus coplas escuchadas mil veces, en la Capilla Sixtina del cante flamenco nadie se atreve ni a jalear a la linarense. Con las cantiñas de ‘La Mejorana’ continúa su emocionante recital. A esto le seguirán malagueñas y tientos, antes de desembocar en su tierra y cambiar “agua fina por salobre” en su estremecidos tarantos. Fue grande en la soleá como también lo fue en la seguiriya, que comenzó con unos versos de Juan Ramón Jiménez por tonás, llamados Con tu voz, con las que acaba su último disco Raíces y alas, homenaje al poeta de Moguer.

Con una generosa entrega por bulerías termina su actuación, no sin antes agradecer al público y a sus amigos (artistas de Granada) su asistencia y apoyo. Ana María González, su palmera junto a Javier González, remata con otra bulería, mientras Francisco Manuel Díaz, Curro Andrés, Manolete y la misma Carmen le hacen compás. Y todavía queda tiempo para unas milongas de Curro Andrés, animado por la artista.

* En la foto: Carmen Linares y Paco Cortés en Málaga (© Paco Sánchez).

El descubrimiento de la lentitud

El descubrimiento de la lentitud

Hay Festival

La ausencia de un programa de mano, específico para la función, y una organización mediocre, no se corresponden con el derroche de medios y de personal en esta gran muestra de arte flamenco en el Palacio de Carlos V, uno de los escenarios más bellos del mundo.

Aunque venía anunciado el Ballet Flamenco de Eva Yerbabuena, sabíamos que vendría sola con sus músicos, a brindarnos, como diría Paco Lucía, cositas buenas, que se han destilado de “Lluvia”, su último espectáculo. Fue un ramillete fresco de Yerbabuena, tomado de aquí y de allá, con un importante margen de espontaneidad (aunque fuera programada). Se va asentando en su estilo, como una constante, otra de sus señas de identidad, la cámara lenta, el bailar despacio, eso que han dado en llamar “el paso Matrix”. Se regodea en su propio cuerpo, exprime el baile, no deja fisuras al engaño. Algo que nació por casualidad, en su local de ensayo, ha llegado a ser una particularidad notoria, que apreciamos en las seguiriyas del comienzo y sobre todo en la soleá por bulerías del final. Esa soleá que distingue a la granadina entre las demás, ese palo que se le debería conocer como soleá de Eva o soleá Yerbabuena.

Un tanto por ciento elevado del éxito del espectáculo lo ostenta Paco Jarana con su guitarra, que, si es buen intérprete, es mejor compositor. Como segunda guitarra, Manuel de la Luz, aportaba el equilibrio perfecto a sus creaciones. Los cantaores se fueron presentando entre el patio de butacas cantando por seguiriyas. Pudimos ver a un José Valencia que, a pesar de su entrega, no estuvo muy fino; y a Enrique ‘El Extremeño’, siempre tan preciso, que se dejó influir por el anterior, forzando innecesariamente la voz y, tanto uno como el otro, gritando en demasía. Objeciones que se repitieron en las bulerías que cantaron a continuación. Sin embargo, cada uno en su estilo, Jeromo Segura y Pepe de Pura fueron ejemplos de moderación y buen gusto. También estuvo en su lugar, ajustado y respetuoso, el percusionista Manuel José Muñoz ‘El Pájaro’.

Con bata de cola y mantón blancos con lágrimas malva, Eva hizo su segunda entrega por cantiñas. El dominio de cola embellece este baile tan desenfadado como original (creará escuela). El juego del mantón, sin embargo, que la acompañará al principio y a los postres, es de lo mejorcito que hemos visto últimamente. Eva apura las alegrías y da protagonismo al mirabrás. Las guitarras se acercan a la orilla del escenario y, apoyados por la caja, son grandes por bulerías. Aunque quizás el sonido jugara levemente en su contra. Sería por el viento que soplaba por la megafonía, sería por pegar en exceso el micrófono al instrumento.

Un momento especial, Eva de rojo con motas negras, fueron los tientos-tangos, en los que se acordaron de Morente. El cante se ligaba para hacer más redonda la actuación de la diva. Ella ronea encima de las tablas como si estuviera sola. Marca estilo en ese baile tan de Granada. Un poco de percusión, seguidamente, anuncia la fiesta final. La soleá que llevará nombre propio, comienza con el cante a capela de cada uno de los intérpretes, mientras la guitarra marca un latido, un lamento que se refuerza con percusión. La esencia de Eva se destila en un solo baile. El “paso Matrix” es evidente, voluntario, necesario. Yerbabuena canta con el cuerpo, logrando que saboreemos cada paso, que descubramos la lentitud.

* Festival Flamenco London 2008 (Outumuro ©, cortesía de World Music Institute).

La pureza se llama Aurora Vargas

La pureza se llama Aurora Vargas

Flamenco viene del Sur

En el flamenco hay voces imprescindibles. Aurora Vargas es una gran llama de combustión lenta que se mantiene en forma. Sus más de treinta años en el escenario no le han hecho mella, quizá para mejorar. Los ocho meses que llevaba sin cantar, según nos confesó, no le restaron ni un ápice de verdad, de entrega, de buen hacer. La parquedad de su espectáculo, con tan sólo una guitarra y dos palmeros, no hizo más que acentuar esa autenticidad sin ambages, esa franca pureza.

Incomprensiblemente, el público tardó en reaccionar a pesar del empeño de la artista que, desde el primer momento estuvo al cien por cien. Sus alegrías anunciaron su estilo añejo, sus maneras tradicionales. Son los palos de siempre, las letras de siempre, el sentimiento flamenco universal. La guitarra de Diego Amaya, a su lado, es marcadamente clásica, fuerte y delicada a un tiempo, respetuosa con la cantaora. Tanto es así que a veces se muestra tan sólo referencial. Da el tono y poco más. A medida. En los palmeros se junta la esencia. Triana y Jerez. Rafa Junquera y ‘El Eléctrico’ prolongan la fiesta que Aurora propone. La jondura y el desgarro vienen en forma de soleá, que después serán tientos y tangos canasteros, descubriendo la eminencia festera de la sevillana.

Su cercanía y el dominio de la escena, le llevan a cantar un poquito por seguiriyas, “como me enseñó mi madre”. Su altura sin condiciones ya está demostrada. Los asistentes en un puño, contienen la respiración, con los ojos muy abiertos vitorean el pellizco y el grave sentimiento. Unos cuantos fandangos templan a la cantaora para la apoteosis final, que llega en forma de bulerías.

Aquí sí hay que quitarse el sombrero y reconocer a una de las grandes. Aquí vemos el flamenco de raíz, a una gitana que ha nacido para la fiesta. Ha colocado el micrófono en la boca del escenario y se ha abierto espacio para bailar. No se limita a una pataílla, sino que acompaña su cante con su baile, o su baile con su voz. Porque también descubre su vocación de bailaora. Con arte y compás. Un baile muy sentido y muy gitano, salvaje. Tanto que en su mitad tiene que frenarse y tomar aire y beber agua, para continuar. El teatro está volcado. Las tablas se quedan pequeñas. Las luces no siguen el ritmo animal de una Aurora que vemos en penumbra.

El fin de fiestas está a punto de ser más largo que el propio concierto. Tres o cuatro veces hicieron mutis los músicos para volver a salir con más brío, si cabe, con la emoción desbordada. Y fueron bulerías, como mandan los cánones, que bailaron los palmeros y se volvió a desbocar la cantaora, recorriendo la escena de parte a parte, acercándose a las primeras filas a más no poder. Y fueron martinetes y apuntes por seguiriyas y más bulerías trianeras, que definitivamente impusieron su reinado.

* Aurora Vargas (© PacoSánchez).

La madurez de Patricia Guerrero

La madurez de Patricia Guerrero

Cuando se cumplen 60 años de la peña más antigua del mundo, La Platería afina su lápiz y ofrece unos conciertos exclusivos. Siempre se ha distinguido este rincón flamenco por su calidad, pero, cuando se trata de celebrar un año tan señalado, ahora sábado tras sábado se programa espectáculos escogidos. Así podremos ver, en este mismo escenario, la sabiduría de Carmen Linares, el temple de Juan Pinilla o el sentido homenaje al maestro Mario Maya por parte de algunos de sus aventajados alumnos granadinos.

Dentro de esta muestra de calidad, pudimos ver con satisfacción a la bailaora Patricia Guerrero. El sábado pasado, después de una temporada de formación en tierras sevillanas, Patricia mostró su buena evolución, el estado actual de una artista que va adquiriendo una óptima madurez. Dominando las tablas y más consciente de su cuerpo que nunca, nos entrega para el final de la primera parte unas bamberas rematadas por bulerías, un cante agradable que la granadina malea a voluntad. No es muy asiduo ver a esta bailaora abordar los derivados de la soleá, pero sus resultados son más que notables.

En la segunda parte, más suelta y segura que al principio, Patricia nos hace gozar por levante, que acaba roneando por tangos, que son del Camino en su final. Un sabor especial aporta esta albaicinera a las mineras y los tarantos. Aire que la distingue. Pero su actuación habría quedado diluida si el cuadro que le acompaña no fuera de excepción. En primer lugar, hay que destacar la figura del joven guitarrista David Carmona, que con su finura, limpieza y buen gusto, vuelve dorado todo lo que toca. El recital, precisamente, lo abre una soleá de este tocaor, que, a sus 22 años, camina ya por el olimpo de los grandes.

Quizá por el buen hacer de este reymidas, los cantaores estuvieron a la altura. Manuel Heredia, con sus particularidades, se lució hilvanando unas bulerías impregnadas de Manuel Molina y Fernanda de Utrera. Juan Ángel Tirado fue grande en los martinetes y verdaderamente estremecedor en las seguiriyas que le siguieron. Esta noche, flamenca y gitana, acabó con un poquito de improvisadas bulerías. Algunos flamencos allí presentes subieron a las tablas para hacer compás. Macarena y Mari Carmen Guerrero, madre de la artista, dieron sendas pataíllas.

* Patricia Guerrero, foto de archivo (© Nono Guirado).

Nueve ganadores

Nueve ganadores

I Concurso de Jóvenes Flamencos. Final

La suerte es caprichosa. En el año Darwin en que estamos aúno mis comentarios a la actual tendencia de los neodarwinistas. Para estos, no siempre sobreviven los más aptos, como dictaba su padre evolutivo. Otro factor indispensable se adjuntaba en el origen de las especies. Este elemento era la suerte. No basta con ser el mejor depredador o el mejor corredor para huir de su verdugo, sino que tenías que tener ese granito de fortuna para hallar comida, por ejemplo, o no partirte una pata o no quedar atrapado en el barro o no quedar inutilizado por puro viejo. No quiero decir con esto que los premios son una lotería. Ni mucho menos. Nada más allá de mi intención. A lo que me refiero es a que las cartas se reparten y son bastantes los elementos que entran en juego.

El primer ítem a tener en cuenta, quizás el más importante, es el momento, la muestra específica del día de la actuación. Cuestiones como el estado de ánimo, la entereza física, la sensibilidad del instante, el sonido, la concentración, el poder de trasmitir… Todo eso influye en un jurado que pretende ser objetivo, que no evalúa una trayectoria, sino exclusivamente ese momento. Los analistas ven las cartas boca arriba y señalan la más alta.

Influye también la preparación, el ambiente, el público, el cuadro que nos rodea, en su caso… hay tantas cosas. Pero los premios así son. El tiempo, sin embargo, es el único juez válido. Pasados unos años, el tiempo da la razón a un artista, a un jurado, a un momento.

Así, dejándonos de más preámbulos, destacaremos en un principio el buen nivel de los participantes en la final del Primer Concurso de Jóvenes Flamencos, organizado por la Diputación en la provincia de Granada, dentro de su “Universo Flamenco”, que se realizó en Cullar Vega. No es un tópico decir que el concurso estuvo muy reñido, sobre todo en la modalidad de cante y guitarra.

En baile, por unanimidad, el premio recayó en Lucía de Miguel. No sólo por su actuación equilibrada y coherente, sino por su proyección artística. Sus competidores fueron Almudena Romero y Andrés Jiménez. En guitarra, como ya hemos dicho, el galardón estuvo más ajustado. José Fernández, con un toque limpio y muy flamenco destacó entre Josele de la Rosa y el jovencísimo José Luis Campos. En el cante, el resultado más difícil y discutido, el reconocimiento fue para la más veterana, Esther Crisol, con vidalita y tangos. Cualquiera de los dos finalistas que quedaron fuera podrían igualmente ser los vencedores. Iván Vílchez ‘El Centenillo’ destacó sobre todo con sus tangos. Ana Mochón, la más joven y sin duda la más aplaudida de la noche, entregó sin fisuras unas granaínas y unas seguiriyas para el recuerdo.

El futuro flamenco en Granada, con jóvenes como estos, y los que han pasado por las semifinales, y los que no se han presentado por los motivos que sea, está asegurado.

* Esther Crisol, foto de archivo (© Nono Guirado).

Un pasito más

Un pasito más

5º Festival Flamenco Joven de Huétor Tájar

Con el escaso presupuesto que se desprende de un tiempo de crisis, pero con buena voluntad, la localidad de Huétor Tájar ha afrontado su quinto Festival Flamenco Joven con resultados satisfactorios.

La Orquesta Chekara de Tetuán se va abriendo paso entre nuestro mundo flamenco recordándonos que hablamos el mismo lenguaje, aunque desde la otra orilla. Con más de cincuenta años a las espaldas y un luengo currículo de colaboraciones flamencas, esta agrupación hereditaria comparte su arte con un grupo de jóvenes flamencos con los que recientemente ha grabado un disco. Su propuesta, en cualquier caso, en un pueblo de tradición ortodoxa, tardó en enganchar. Fue necesario el fraseo tan gustoso por tangos extremeños, con guiños morentianos, del cantaor sevillano Vicente Gelo para empezar a convencer de las bondades de esta fusión.

El sonido, sin embargo, no estaba bien. Una continua chicharra afeaba su labor. Para la farruca interviene la bailaora Lidia Valle, verdadero elemento catalizador de este mestizaje. La guajira, con momentos de garrotín, se alarga alternando ambas lenguas. Sin embargo, la soleá por bulerías vuelve a recuperar un ritmo que nuevamente rellena de color Lidia con sus buenas maneras. No obstante, echamos de menos a Mari Ángeles Gabaldón y su dulzura, como acompañante habitual del grupo. Como también notamos el cambio del guitarrista Raúl Cantizano por Javier Gómez, sin desmerecer a éste último.

Su penúltimo tema fueron unos cantes abandolaos que interpreta, como artista invitado, Juan Pinilla, hijo predilecto de esta localidad del Poniente granadino. Y, para finalizar, unas seguiriyas dulcificadas hacen que se luzca nuevamente la bailaora sevillana con vestido rojo de cola.

Su habitual fin de fiestas con “La Tarara”, por problemas de tiempo, brilló por su ausencia.

La segunda parte fue un éxito anunciado. Silvia lozano, también hueteña, nunca había participado en este festival. La bailaora entró por la puerta de la justicia y salió por la puerta grande. Rodeada de un cuadro especialmente inspirado, su baile fue delicado y rotundo. Unas bulerías de guitarra y compás presentaron con letras mayúsculas al tocaor Alfredo Mesa. Si el sonido afectó a la Orquesta Chekara, para estos nuevos músicos constituyó un problema grave, precisamente por abusar de los graves. La guitarra sonaba ronca pero la caja, siempre tan ajustada de 'El Cheyenne', era un bombo molesto.

Apuntando farrucas se desperezó Silvia para demostrar en levante que somos testigos de su mejor momento. Lozano, una corredora de fondo, se ha puesto en un lugar de privilegio marcando una línea madura, lo que en flamenco quiere decir un baile personal. Uno de los momentos cumbres de la noche lo protagonizaron Sergio Gómez y Juan Ángel Tirado cantando por martinetes. Unas tonás redondas y llenas de queja que el público supo agradecer. La generosa entrada de percusión de Miguel ‘El Cheyenne’ por seguiriyas, a la que seguidamente se le añadieron el resto de los músicos, dieron pie a Silvia para reafirmar su poderío.

* Silvia Lozano, en la foto (extraída de su blog)

Qué tienes que hacer el jueves

Qué tienes que hacer el jueves

Desde el 22 de enero hasta 23 de julio, la peña flamenca de La Platería viene programando unos recitales de flamenco abiertos al público en general. Mientras las actividades del sábado están generalmente restringidas a los socios, por razones evidentes de número y espacio, un día a la semana, los jueves, se abren las puertas de este carmen albaicinero para dar cabida a todo el que lo desee.

Los objetivos de estos encuentros, aparte de difundir el flamenco, son de contenido eminentemente joven, aunque sin restricciones. Los actuantes en este ciclo abierto son jóvenes en su mayoría, que empiezan y buscan un escenario y un público dignos.

Los asistentes que acuden a estos conciertos suelen ser también jóvenes estudiantes o turistas en nuestra ciudad que desean acercarse a este arte nuestro, con meridiana calidad.

Esta iniciativa viene teniendo lugar desde hace seis años con una gran aceptación por parte de los artistas y una buena respuesta del público asistente, que ha visto pasar por el escenario de la primera peña de flamenco a lo más granado de nuestro flamenco incipiente.

Este año han pisado las tablas de La Platería, Carlos Zárate, Luis de Córdoba, Eva Manzano,  Judith Ramos, Raúl Molina ‘Mikey’ o Sara Heredia.

Para los próximos jueves están programados Javier Martos, Judith Cabrera, Josele de la Rosa, Hermanos La Luz, Pilar Fajardo, Almudena Romero o Kiki Corpas.

La recaudación de la taquilla, que en realidad es un tique de consumición, sirve para pagar a los músicos y a los técnicos.

Por otra parte, el Viernes, 24 de abril, se inaugura la IX Edición del Curso de Flamenco de La Platería bajo el título de “El flamenco ¿un arte libre?”. Un curso de gran prestigio que se impartirá, con conferencias ilustradas, todos los martes y viernes bajo la dirección de Antonio Luis Gallegos y Miguel Clavero, Presidente de la peña, y con José Delgado, Miguel Ángel González o Juan Pinilla como ponentes.

* Programa del curso en http://www.laplateria.org.es/curso_09.pdf

La segunda mejilla de Mario Maya

La segunda mejilla de Mario Maya

Como un hijo no querido, Mario Maya siempre vuelve a Granada. La ciudad es mala madre, que se refleja en un mundo clásico, donde todo son intrigas, envidias y protagonismos.

¡Que ninguno de mis hijos me haga sombra! ¡Que ninguno me levante la voz!

"Yo soy de Granada", dicen en cambio sus retoños.

Mario Maya nació en Córdoba casi por accidente. Granada fue su recreo, su ensayo, su amante, su vida. La bandera verde y roja ondeaba en sus creaciones.

Fue huraño, lo sabemos. Fue elitista, lo sabemos. Inconformista, indecoroso a veces. Exclusivo, explosivo. Sincero, agudo, conflictivo...

En Granada y para Granada nacieron sus grandes proyectos, que le consagraron en el mundo entero como el mejor creador flamenco, junto a Antonio Gades.

En La Chumbera tuvo una academia que aspiraba a más. Un proyecto Ícaro, que, de tanto elevarse, se le fundieron las alas, le cortaron las alas.

Fue como un destierro. Anatemizado pero con la cabeza alta y Granada en la boca. Fue la primera mejilla.

Ahora, después de su fallecimiento, los suyos cogen el testigo y su proyecto efervescente. Crean la Fundación Mario Maya. Vuelven a La Chumbera con ilusión. El Ayuntamiento (Juan García Montero) le da esperanzas.

La idea crece. El Centro de Estudios Flamencos toma forma sobre el papel y las instituciones. La superestructura ya está en marcha.

Pero, el Ayuntamiento (Juan García Montero) se echa para atrás y donde digo digo, digo diego. Razones hay, pero no nos importan.

Mario puso su segunda mejilla y se la abofetearon. El Ayuntamiento (Juan García Montero) ha vuelto a asesinar a Lorca.

* Foto Manuel Mateo ©.

Flamenco de Pascua

El flamenco no descansa. Tras las obligadas saetas de estos días pasados, el Club Eshavira, siguiendo su programación, el domingo, Domingo de Ramos, ofreció un poquito de raíz. Desde hacía tiempo estaba anunciado para este fin de semana el baile de Toñi Heredia y su grupo, pero, por problemas personales, fue sustituida por otra familia del Sacromonte que, sin escarbar mucho, resulta que son la misma familia.

A la guitarra Rafalín Habichuela, con precisión y timidez creativa, impone su presencia. Precisamente, un solo de guitarra por tarantos comienza a caldear la sala. Un local ya caliente por la abundancia de público arracimado frente al pequeño escenario. Seguidamente, José Antonio Carmona se sienta en la caja e Irene Gómez frente al micrófono comienza a entonarse por Huelva. Benjamín Santiago ‘El Moreno’ salta a las tablas para bailar alegrías. Tiene mérito enhebrar los pasos en un estrado tan pequeño. El bailaor se ve obligado a reducir sus movimientos a un metro cuadrado. Con todo y con eso, los pellizquitos salen, los desplantes quedan y el aplauso está asegurado. Con estos aires de Cádiz termina la primera parte.

La gente teme moverse para no perder su poquito de espacio. No obstante podemos hablar con los músicos. Nos dicen que es algo casi improvisado (se nota), que el domingo anterior estuvieron en este mismo club por derecho propio y aseguran estuvo mucho mejor (espero). La segunda parte dio paso a la fiesta sin concesiones. Los tangos camaronianos inundan el ambiente. Pero ni Irene es Camarón ni Rafael es Paco de Lucía. Sin embargo son resultones y los asistentes cantan por lo bajini, corean “Como el agua”. Para terminar, una soleá por bulerías remata una noche más de escaparate que de trastienda. El Moreno hace lo que puede, metiéndose al personal, casi todo foráneo, en el bolsillo. Para ayudar con el compás y los jaleos, suben a escena Raúl Gómez y Sergio Coloraíto, allí presentes. Como bis, ante la insistencia del respetable, se alargan un poquito más estas bulerías. El recital por entero, fue dedicado a Pepe Habichuela, que estuvo en primera fila desde un principio.

 

El tito Chano

El tito Chano

Porque nos llamaba a todos “sobrino”, era conocido como el “tito Chano”. Con la muerte de Juan Ramírez Sarabia, Chano Lobato, se cierra todo un capítulo de la historia del flamenco. Con él termina la tradición gaditana de los “embusteros”. Chano, tildaba de embustero a El Beni de Cádiz o a Pericón, sabiéndose hecho con el mismo molde. En sus últimos años hablaba más que cantaba en el escenario. Lo que en realidad enriquecía su cante y su presencia. Contaba mil y una anécdotas impagables propias o de sus coetáneos en la ciudad de la Bahía. Hablaba de Aurelio y de El Chaquetas y de Chocolate y de La Perla, como si los tuviera delante. Y era grande en sus chascarrillos, y era grande en sus cantares, y era más grande aún en su vida como persona.

Cultivado en el cante atrás, Chano era puro compás. Fue el mejor en su estilo. Nadie le hacía sombra en las alegrías, bulerías, tangos o tanguillos. Creó escuela.

Antonio Murciano decía de él, que era capaz de meter al viento de levante por bulerías. De ahí su capacidad y su ritmo. A veces ni se le entendían las letras llevado por el soniquete de la fiesta.

Acompañó durante algún tiempo a Farruco y después a Matilde Coral con los que recorrió medio mundo antes de dar el salto en los años setenta para cantar alante. Con Matilde fue pareja espiritual. Juntos aparecían en programas y entrevistas, recordando esos años de hambre y de cuartito, para cantar para los señores por cuatro perras.

Chano era un payo rubio sin edad. Llevaba cumpliendo 80 años desde hacía ocho. Con 82 años ha ido a cantar al cielo o a relatarles aquello del “candil finisio encendío” que contaba Beni o lo de la calle que le inauguraron en Cádiz, que sólo sirve para que meen los perros, o uno de sus múltiples viajes a Japón. El último, ya octogenario, según cuenta, viajó solo. Cuando se le preguntaba si no temía perderse, pues el avión hacía escala en Frankfurt, sin perder la sonrisa decía que él se fijó a primera hora en un grupo de japoneses y que, desde Madrid, los fue siguiendo.

Ahora parece que se ha fijado en un grupo de ángeles para seguir cantándonos desde la Gloria.

* Foto de Paco Sánchez ©.

Belén Maya en Montejícar

Belén Maya en Montejícar

Le pregunté a Belén Maya qué le había llevado a aceptar ese tipo de invitación. Ella me respondió simplemente que le parecía el proyecto “¡tan bonito!”.

El instituto de Montejícar lleva siete años proyectando una iniciativa interesante para chicos y chicas. Aunque empezó modestamente, como una actividad puntual, hoy por hoy, gobernados sabiamente por el profesor Paco Julio, dedican varios meses a estudiar y profundizar sobre la vida de alguna flamenca.

Por qué flamenca. Porque comenzó inserto en un proyecto más amplio sobre coeducación y el papel relevante de la mujer en la sociedad actual.

Así, año tras año, han convivido con las realidades de La Niña de la Puebla, de Carmen Amaya o de Eva Yerbabuena. Estos dos últimos años, han logrado que la protagonista en cuestión acuda al instituto.

El año pasado, estuvo Marina Heredia. Sintiéndolo mucho no pude ir. Este curso, sin embargo, con Belén Maya, sí estuve presente y me impliqué en lo que pude. (Es difícil no sentirse integrado, pues todo el centro, director incluido, asumen el proyecto como algo propio, como algo genérico de toda la institución.)

Los alumnos han estudiado la vida y la trayectoria de Belén, sus montajes y su manera de bailar. Se han acercado a su vez a la figura de su padre, Mario Maya, y su huella indeleble e imprescindible en el mundo del flamenco. Con esto, han buscado información en Internet, han sacado fotografías de la red y han confeccionado murales con los que han ambientado los pasillos. Esta decoración mural, ha sido completada con parte del trabajo de otros años. (Es interesante ver la evolución en este aspecto.)

En el otro pasillo, en el ala derecha, se muestra una exposición del fotógrafo Miguel Ángel Molina (colaborador de La Opinión) sobre la bailaora en varios momentos de su trayectoria. Miguel Ángel también estuvo presente y, gentilmente, ofició como reportero gráfico de la visita.

En primer lugar, después de un cafelito, recorrimos sendas exposiciones aludidas. Seguidamente salimos al patio para que los estudiantes se hicieran fotos con la bailaora y que les firmara unos autógrafos. Después pasamos al aula de música para presentar oficialmente a Belén y hacerle unas preguntas preparadas por los mismos chicos. Por último, en la sala de profesores, se hicieron otras cuantas fotografías con los docentes. Y nos fuimos.

El resultado directo es evidente: los educandos se han introducido en el mundillo del flamenco; han conocido a una figura del baile de primer orden internacional; y han visto, como en un pueblecito perdido en los montes, rozando a Jaén, es posible que ocurran cosas como esta, con voluntad y buenos deseos.

Varios alumnos del instituto, me consta, tienen el gusanillo del flamenco. Ya cantan o bailan o quieren aprender.

En el pueblo, según me dijo Saray, la Concejala de Cultura, hay dos peñas y una noche de sus fiestas la dedican al cante grande. Prometió, cuando nos despedimos, que seguirían apostando por el flamenco.

Muchos centros de enseñanza, incluso en la capital, podían tomar buena nota y ofertar algo parecido a su alumnado para aprender e implicarse en este arte tan nuestro. Aunque otros colegios, para ser justos, realizan actividades parecidas.

* Belén Maya en el turno de preguntas (Miguel Ángel Molina ©).

Argentina, una cantaora valiente

Argentina, una cantaora valiente

Flamenco viene del Sur

María López Tristancho, conocida como Argentina, tuvo una velada memorable el pasado lunes en el Teatro Alhambra. Bien arropada por un cuadro de prestigio, a saber, José Quevedo ‘El Bola” y Eugenio Iglesias a la guitarra, Bobote y Torombo haciendo palmas y jaleos y José Carrasco a la percusión, dio un recital profundo y de alta gradación flamenca

Cantaba por primera vez en Granada y quiso rendirle tributo. Su intención no era hacer los cantes asociados a la tierra que le servía de escenario, sino cantar con rigor sus propios temas y dedicárselos a nuestra ciudad. Precisamente llamó a su concierto “Huelva canta a Granada”. Con su voz grave, fresca y talentosa, quiso comenzar y terminar la noche por fandangos, palo en el que destaca sin discusión. Los primeros fueron un recorrido por los fandangos locales de Huelva, desde la costa hacia los montes. Los últimos, una muestra de fandangos naturales y de Alonso, en los que terminó haciendo cantar al público, vindicando así de la intención coral de este cante.

Cuando los tientos fueron tangos, un sonsonete moruno acerco a la cantaora al Camino del Monte. Con la soleá, su tercer tema, sentó su poderío. Esta onubense no es sólo una cantaora del momento, una cara, un producto discográfico que ha surgido tras la estela exitosa de su paisano Arcángel. Argentina tiene voz propia e imaginativa, que se aleja sin ningún complejo de los clones de su tierra, y, ahora, a sus 24 años, expone un decir personal y poderoso. Las malagueñas, que fueron de El Canario y de El Mellizo, estuvieron tan ajustadas que los abandolaos surgieron como una liberación, acordándose de Frasquito. Quizá le falte el quejío necesario que, sin duda, los años se lo van a aportar.

En el ecuador del programa, para cambiar su vestuario por otro menos agraciado, si cabe, sus músicos rellenaron el receso por rumbas, con una generosa introducción a la caja, la única realmente justificada. No es la primera vez que me sobra la percusión en una noche. Por mucho talento que tenga un percusionista, cuando se impone al resto del cuadro, incluida la voz, en un concierto está de más.

La joven cantaora abre la segunda parte con tonás, de pie, a boca de escenario y apoyada en una silla, a la manera de Toronjo. Es un gran momento que aprueba con nota. El sonido, sin embargo no está muy conseguido, le resta brillo y apaga su timbre. Muy suelta y rica se le ve en las cantiñas. Otro de sus palos estrella. Será por la cercanía. Los palmeros hacen una encomiable labor de acompañamiento y compás para agudizar la fiesta, para elevar la temperatura. Son puro nervio y sal. Las bulerías las comienza con “El poeta, el músico y el pintor”, un adelanto de su segundo disco. Termina, como anunciamos en un principio, regresando a su tierra y brindándola a la nuestra. Como bis, fuera de micrófono, nos hace entrega de otro fandango natural.

* Argentina en la foto (Nono Guirado ©).

 

Perdonadme ortodoxos

Perdonadme ortodoxos

Jesús Hernández Quinteto

Estoy con Manolo Sanlúcar en afirmar que el flamenco es mestizo. En esencia, la propia concepción del flamenco es su capacidad para absorber y adaptar todo tipo de corrientes. Aunque, al igual que el flamenco bebe del jazz, del rock, de la bossa, del blues, de la samba o del son, estas músicas por su parte también se dejan impregnar y enriquecer por el flamenco. Son muchos los que lo entienden así, son muchos los que prestan su arte y su sensibilidad para un fin común que se llama creación musical, la música con mayúscula. Debe ser motivo de orgullo que a un músico le llamen “mestizo”. Aunque no todo vale. Hay que distinguir, como me decía Juan de Loxa (poeta flamenco donde los haya) la fusión de la confusión y de la infusión.

El domingo, a altas horas, como siempre, en Eshavira Club tuvo lugar un encuentro de cinco músicos de jazz con las estructuras del flamenco. Flamenco y jazz tienen bastantes puntos de encuentro. Casan bien, entre otras cosas, por la improvisación dentro de una misma base o por el individualismo puntual y consecutivo de un determinado instrumento. Jesús Hernández ha compuesto algunos temas jazzísticos que encierran los compases o melodías del cante grande. Reúne a su Quinteto, avezado y flexible, que captan a la perfección el concepto de la obra y el espíritu del pianista. Y, por primera vez, muestran al público unos temas preñados de bulerías, tangos y seguiriyas, en la primera parte. Para las seguiriyas, más reconocibles que los anteriores, Ana Calí aporta su limpio taconeo. Baila en un metro cuadrado, no por voluntad propia, sino por imposibilidad física.

La segunda parte es más flamenca y sabrosa, si cabe. Una creación por granaínas terminan de convencerme, aunque no tuviera duda alguna. Jesús, con su piano, marca la pauta. Los demás músicos rubrican el mejor momento de la noche. Rubem Dantas con la cuika, un instrumento brasileño de percusión, le aporta una dimensión grandiosa y llena de comicidad. Ana Calí, con un vestido cubista, apunta de tiempo en tiempo su derroche de color. Claramente, a continuación, una colombiana empieza a sonar. David Defries, alternando la trompeta y el fliscorno, aporta el alma de este tema considerado de ida y vuelta. La batería de Moisés Atienzón y el bajo de Paco Peña marcan un compás imprescindible, que se derrama en las codas finales. Para terminar, unas bulerías de ley, también (léase tan bien) bailadas por Ana Calí terminan por dimensionar el flamenco.

* Jesús Hernandez y David Defries en una formación anterior (JOHN CAIN ©).

Una difícil decisión

Una difícil decisión

I Concurso de Jóvenes Flamencos

Habiéndose realizado en enero y febrero la semifinal de guitarra y de baile, respectivamente, del I Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, este sábado pudimos ver la etapa correspondiente a la modalidad de cante en la Peña Flamenca “Morenito de Íllora”, en esta misma localidad. Con este premio, que se enmarca en el proyecto “Granada Universo Flamenco”, la entidad provincial tiene como objetivo primordial promocionar a los jóvenes valores del flamenco granadino.

El primer punto a evaluar de la jornada fue el alto nivel de los cinco semifinalistas, su homogeneidad y su total entrega. Lo que puso las cosas bien difíciles al jurado a la hora de decidir su veredicto, pues sólo tres de los participantes pasarían a la final. Una final interesante y competitiva que tendrá lugar el 25 de abril en Cúllar Vega. A la hora de leer los resultados, Juan Pinilla, que hace de presentador del concurso, tuvo que aclarar la diferencia entre ganar por unanimidad y ganar por mayoría, haciéndose así eco de una resolución asaz ajustada.

La única exigencia del jurado, aparte de entrar en el margen de edad necesario, era que se cantaran dos temas a elegir en el amplio repertorio del flamenco y uno obligatorio autóctono de Granada (o asimilado como tal). No deseo evaluar en esta columna la actuación y el cante de cada uno de los concursantes, pues la decisión está tomada y la justicia escrita. Me limitaré a hacer una relación de lo acontecido y su final desembocadura. Iván Vílchez Pérez ‘El Centenillo”, proveniente del Albaicín, con 21 años, fue el primer concursante en subir al escenario. Josele de la Rosa lo acompañaba a la guitarra. Cantó granaína y media. Después hizo soleá y terminó por cantiñas.

La pequeña del grupo, Ana Mochón, con sólo 14 años, afincada en el Zaidín, levantó al público con sus peteneras, soleares de Cobitos y del Niño de Jun y tangos de Graná. El tocaor oficial del concurso, José María Ortiz, la arropó debidamente. Desde los Ogíjares, Nazaret Marcos, de 15 años, interpretó tangos, seguiriyas y granaínas. Su paisano Ángel Alonso, le daba pie con su guitarra. En cuarto lugar, Álvaro Rodríguez, con 27 años y natural de Órgiva, nos dejó tientos-tangos, seguiriyas y quizá la mejor granaína de la noche. Por último, con 30 años, Esther Crisol, nacida en Granada, con su voz grave y su cante adaptado, comenzó por tonás, granaínas, en las que se acordó de Tía Marina Habichuela, y cantiñas. A estos dos últimos cantaores, les acompañó el guitarrista oficial.

Con gran dificultad, como digo, la sentencia del jurado quedó como sigue. Pasan a la final, no necesariamente en este orden, Ana Mochón, Iván ‘El Centenillo’ y Esther Crisol. En Cúllar los volveremos a ver.

* Ana Mochón en la foto (Nono Guirado ©).

Los pies de Manuela Carrasco

Los pies de Manuela Carrasco

Flamenco viene del Sur

Eva Yerbabuena confiesa que quien le convenció realmente para ser bailaora de flamenco fueron los pies de Manuela Carrasco. Unos pies limpios y precisos. No descansan, pero tan sólo son una parte de la señora del baile, de la “Diosa del baile”, como se la conoce. Su elegancia, sus maneras, su movimiento medido, su pureza, todo en ella es un conjunto de matices que hacen de esta trianera una las bailaoras más en forma de su generación. Algunos bailaores consagrados aportan sólo su nombre y hacen poco. Manuela baila de principio a fin.

Manuela presenta en Granada su espectáculo “Suspiro flamenco”, donde no hay concesiones ni argumento. Un plantel tradicional para el lucimiento del baile. Como decorado, un gran caballete que refleja retratos de la artista que, como en un espejo, le devuelve su imagen. Es un recurso simple, tan narcisista como superfluo.

Unos tangos sirven de presentación de todos los artistas. La música de Joaquín Amador, sin florituras, es una buena propuesta, aunque a veces adolezca de exceso de orquestación. Por tientos aparece Manuela Carrasco, dominadora, segura de sí misma. Algunos desequilibrios en cambio, que le acompañarán el resto de la velada, denuncian su veteranía. Viéndola bailar, nos sobra lo demás. Al segundo bailaor, Rafael de Carmen, le sobra fuerza bruta en la soleá por bulerías que aborda en solitario. Pertenece a esa vieja escuela que pretende dar todas las notas, y aún más, con sus tacones. Es un bailaor puro que arranca la ovación con sus desplantes.

Los fandangos de Huelva, palo que incorpora la bailaora por primera vez en su repertorio, son amables y meditados. Uno de los momentos cumbres de la noche se presenta por alegrías, que baila con garbo Rafael Campallo. Este bailaor sevillano, ganador del “Desplante” en el Festival de las Minas de la Unión en 1996, evoluciona de forma considerable. Siendo su baile masculino, está lleno de redondeces, guiños al respetable y sutiles humoradas que lo hacen sumamente delicado.

Como descanso y preparación para la traca final, los músicos, sin baile, nos brindan unas bulerías con una generosa introducción a la caja. Las voces son de primera y, tanto Juan José Amador, hijo, como Rafael de Utrera, ponen su contrapunto, pero, sobre todo José Antonio Núñez ‘El Pulga’, ofrece una dimensión admirable (siempre me ha gustado este cantaor).

El remate final viene en forma de soleá, que Manuela baila de blanco inmaculado. En este baile se concentra todo el poder hipnótico, la grandeza de sangre de una mujer que empezó a bailar con once años y todavía le queda mucho por decir.

* Foto, Nono Guirado ©.

Marina Heredia, la apoteosis del grito

Marina Heredia, la apoteosis del grito

Flamenco viene del Sur. Almería

Pienso en las razones del viajero y se me ocurren varias respuestas. El sábado, sin embargo, marché para Almería sólo con la intención de escuchar a Marina por tangos. La Junta, a través de la Agencia Andaluza de Flamenco, ha ampliado los conciertos de Flamenco Viene del Sur a la ciudad más oriental de Andalucía. En principio, con sólo tres conciertos. Arcángel, que se pudo ver en el mes de febrero; La Orquesta Chekara de Tetuán y los Jóvenes Flamencos, que actuarán en mayo; y Marina Heredia que ocupó el escenario del teatro Apolo, como ya digo, el pasado fin de semana.

Decir que arrasó es quedarme corto. Almería es una ciudad callada, sin estridencias, pero cuenta con un gran número de aficionados, dos peñas flamencas en la capital y una docena repartida entre los pueblos. Almería no es un pavo real, pero tiene la vistosidad interna de haber criado a grandes figuras del flamenco. Así, un público entendido y exigente, quedó encantado con el buen hacer de la granadina. Y es que la joven Heredia está en un buen momento, tiene la voz hecha, con el aguardiente necesario, la frescura precisa y el desgarro controlado, para destacarse entre las mejores voces femeninas del flamenco actual. Le añadiremos a estas notas, el dominio de sí misma, la naturalidad en el escenario, la gracia y el empaque. Y, sobre todo, la modulación del grito. Marina, como alguno más de su generación, elevan el grito a un panteón exquisito, lleno de sabor, de azúcar, pero también de sal, y de pimienta, y de canela.

A Marina, en un principio, le iba a acompañar a la guitarra Pepe Habichuela, otro ingrediente interesante. Pero, al final, se cayó del cartel a favor de José Quevedo “Bolita” y Luis Mariano, quizá menos carismáticos (por ahora), pero más compenetrados y familiarizados con la cantaora, ya que llevan con ella varios años, bastantes conciertos y la grabación de su último disco. Puede que el concierto perdiera en expectación con este cambio, pero ganó en calor y esfericidad. Otra característica de la puesta en escena, son Anabel y Reyes, que no se limitan al compás y a los jaleos, sino que, en los cantes festeros, hacen unos coros entrañables que popularizan el cante y fortifican su redondez. Desde un primer momento, desde las alegrías que abren la noche, queda clara esta complicidad. En todos los temas, en una letrilla que otra, Marina reivindica Granada y su estampa y sus bondades. Es un nexo que no quiere dejar pasar como fiel embajadora de su tierra. Con Luis Mariano, a solas, aborda la soleá. Una pieza de nota. El flamenco que se precie debe cantar bien por soleares. Marina fue generosa y valiente.

Cambia de guitarrista y, con José Quevedo, hace malagueñas, que abandola con los fandangos que popularizara Frasquito, quizá respirando más de lo debido. Por levante también fue auténtica y respetuosa. Si no recuerdo mal, hizo tarantas, mineras y levantica, con un trasfondo espiritual que recuerda a Juan Pinilla. Las bulerías las empieza con la “Rosa tardía” coreado por sus palmeras, ese gran tema de “La voz del agua”, con letra propia. La anécdota llegó con los fandangos. El “Bola” le dio paso hasta tres veces seguidas. Marina no recordaba las letras y así, con desparpajo, lo dijo al respetable. Tras risas y aplausos, se descalzó y encajó sus tres fandangos amables. Los tangos, como esperaba, fueron un regalo. Las guitarra, perfectas, hilvanaban un soniquete único. Marina, grandiosa, enriqueció el cante de su tierra con los tangos de otros lugares y abrazó a Morente. Termina la velada con la bulería “Illo y Romero”, también de su trabajo discográfico, con letra de José Bergamín. Indispensable en su repertorio, que acompaña con una pataílla. Un bis por pregones, por si a estas alturas no estaba claro su poderío, ponen la guinda final.

* Foto oficial del concierto de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería.

El juego de los recortables

El juego de los recortables

Flamenco viene del Sur

Cada uno por su lado puede llenar el teatro. Juan José Arroyo ‘El Junco’, Pedro Sierra, Juana Salazar ‘La Tobala’ y Ale Romero, cuatro individualidades que se encuentran para hacer lucíamente cositas buenas. A modo de presentación, todos juntos exponen una “Sinopsis flamenca”, que viene a ser un surtido de palos para abrir boca. De las alegrías pasa a la soleá y de ahí a los tangos, para volver a la soleá y acabar por bulerías, haciéndole un guiño a la farruca. Es un catálogo, una pincelada, de lo que viene a continuación. Pedro Sierra, originario de Hospitalet de Llobregat, se queda solo para asombrarnos con “De Granada a Cádiz” a la guitarra. Una virtuosa granaína, limpia, flamenca y coherente. El sevillano Ale Romero se sienta al piano y, sus primeros acordes, esperan a La Tobala para hacernos unas malagueñas y abandolaos algo neutras. Ale se queda para brindarnos una creación pianística, que no siempre sonaba flamenco.

Los que se van, no terminan de irse, sino que principian el tema siguiente, solapando al que llega, abrazando la obra en su conjunto, que, en realidad, no tiene un hilo conductor. Avanza por estímulos, por quereres o querencias, dos términos muy flamencos, que identifican perfectamente estos “Encuentros”. “Cadencioso” es una farruca del álbum aludido de Sierra, que baila con elegancia y extrema dulzura el gaditano. Un “Cante de alboreá”, que concebimos, junto a la granaína, el sentido homenaje a nuestra tierra, sirve como introducción a “Nikelao”. Una bulería que grabó Pedro Sierra en 2005, en su segundo disco en solitario, del mismo nombre. Todos participan de ella. Todos brillan. Pedro Sierra ha adaptado su toque a la ocasión, preñándola en su final con algunos acordes de la alboreá del principio. Los arreglos pianísticos son magistrales.

La Tobala despierta definitivamente en “Dice la sentencia”, una caña, polo y soleá apolá trianera, acompañada por la guitarra del catalán. Su voz flamenca y colorida se impone con los altibajos precisos para pellizcar. Aunque esto no es más que el preámbulo a la magistral soleá, “Soleá de los dos” que canta acompasada con el taconeo, el ritmo preciso, de El Junco con zapatos rojos.

Para terminar, una amplia muestra por alegrías, ponen al espectáculo a punto de ebullición. Pedro Sierra redondea estos aires de Cádiz con su guitarra. Después, todos se vuelcan en las “Alegrías de fantasía” que rematan la noche. Elegante y sabroso, Juan José Arroyo, borda el baile de su tierra.

* Portada de "Nikelao" de Pedro Sierra.