Blogia
volandovengo

Flamenco

Las suaves caricias de Olga Pericet

Las suaves caricias de Olga Pericet

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

Si Olga Pericet no te enamora al principio, te enamora al final. Una farruca es su primera propuesta, que lanza vestida de plata. Siendo un baile masculino, de reconocidos signos quebrados y largas zancadas, Olga lo redondea, lo lleva a su terreno y lo pinta pastel. Desde la misma entrada, ya nos seduce. Con rictus circunspecto, se concentra en unos pasos de marcada perfección. Cuando sonríe gana varios enteros. Siendo la música determinada y determinante, esta bailaora cordobesa, necesita un cuadro de más peso, sin desmerecer a nadie. Son notables las guitarras de Arcadio Marín y de Antonia Jiménez. Acuérdense de los tanguillos de esta última en el primer interludio. El cantaor José Anillo tiene momentos mejores que otros. Algo mejor se desprende de la voz de Mercedes Cortés. Quizá la fiabilidad de una buena sonorización limara algunas asperezas.

Las seguiriyas son reconociblemente morentianas en sus principios. Olga es rotunda y sensual. Su fuerza controlada hace pensar en niveles inalcanzables. La delicadeza de sus brazos y el movimiento continuo de un cuerpo elástico, le restan dramatismo a la pieza.

Por tangos, más efectistas que efectivos, los músicos mantienen el ambiente hasta el cierre de la joven bailaora, que viene en forma de alegrías. No dudo en afirmar que las cantiñas se han convertido en el buque insignia de la cordobesa, si algo se puede entresacar de lo sobresaliente. Con vestido de cola blanco, de envidiable manejo, pasea su sonrisa por el escenario. Se regodea en el cante. Eterniza su cuerpo al tiempo que lo desboca en un alarde de felicidad compartida. El patio de butacas vibra con razón y le premia con el más sonoro aplauso de los días que llevamos de flamenco en el Corral. Desde el escenario se agradece el reconocimiento con amplio saludo y un añadido por fiesta fuera de programa, en el que dan su pataílla Ana Romero, que hasta ahora sólo marcaba el compás, un simpático José Anillo y la misma Olga, visiblemente emocionada.

Cuando el flamenco está de vuelta

Cuando el flamenco está de vuelta

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

El humor es un arma de doble filo. La comicidad llega con el dominio o con la carencia. Los fuegos de artificio pueden ser una simple traca callejera o una espectacular lluvia de sonido, luces y color comparable a un jardín renacentista. La bailaora gaditana Rosario Toledo concibió “Del primer paso” basándose en su propia historia. De un encorsetado tutú y unas zapatillas de ballet, descubrió encantada los tacones y los volantes. De la estable y delicada danza clásica saltó sin pensarlo dos veces al insondable mundo del baile flamenco. Su formación y sensibilidad le daban alas para ello. En primer lugar, como buena prestidigitadora, tenía que sacarse de la manga otro par de ases. Estos fueron, su paisano David Palomar, con su fraseo dulce y alegre, y el excelente guitarrista de Morón Dani Méndez.

La obra, concebida como espectáculo de calle para el Festival Flamenco de Mont de Marsan y transformada en propuesta teatral, está dividida en dos cuadros bien definidos. El primero choca por su tratamiento. Un finísimo recorrido por las apuestas de una bailarina, desde “La barra” del estudio y las castañuelas hasta el más añejo “Vito”, le hacen preguntarse el porqué del clásico español, mientras unos cantes primitivos le van llegando desde el buen gusto de Palomar.

Es una parodia. Toda la obra es una parodia. Aunque, mientras la primera parte es el trayecto de ida, la segunda parte supone el camino el camino de vuelta. El flamenco es un paseo alegre para divertir y divertirse dentro del control y la eficacia.

Las zapatillas de cintas vuelan por fuera del escenario.

Con una granaína casi a capela da comienzo el segundo cuadro. A lo que le sigue una precisa Rosario Toledo, con traje de pantalón, marcando con envidiable taconeo unas “Seguiriyas de sentimiento”. En la soleá se muestra sin discusión el dominio de las seis cuerdas de Dani Méndez. Rosario, vestida de negro, desarma con su buen gusto y ronea por derecho en las bulerías. La malagueña es de Fosforito el Viejo, así lo anuncia y lo borda David Palomar. Y, para terminar, el de Morón entona unos “ritmos tropicales, que no son otra cosa que alegrías de Cádiz con las que hacer patria. Con bata blanca y sobrada de compás, Rosario nos dice que el baile es un bello divertimento, una fiesta. Demuestra que el flamenco de sombra y de queja ya está trasnochado. Ella baila (su sonrisa la delata) como quien está de vuelta.

* © Manuel Aranda para el Diario de Jerez.

Dejemos descansar a Lorca

Dejemos descansar a Lorca

Ballet Flamenco de Andalucía

Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas

No quiero pensar que Lorca esté agotado, y mucho menos agostado. Federico es un creador en general, un poeta en particular, de una altura inestimable. Pero, como al terreno de labranza, quizá haya que dejarlo un tiempo en barbecho. Lo que en lenguaje artístico quiere decir que, posiblemente, necesite otras lecturas para que no suene a tópico, para que no sea más de lo mismo, para que no se asfixie de tanto apretar los mismos ceñidores que desde hace algún tiempo lo comprimen.

De nuevo el poeta universal, de nuevo el Genaralife, de nuevo Cristina Hoyos al frente del Ballet Flamenco de Andalucía, de nuevo un mes de espectáculo. ¿Demasiadas coincidencias o imposiciones desde instituciones lejanas? Desde 2002 viene funcionando esta propuesta de “Lorca y Granada”. Desde hace varios años vemos que este formato está caduco. ¿Pero cómo?, si funciona año tras año, si el teatro se llena cada jornada, si el día del estreno había ya 23.000 entradas vendidas. ¿Un éxito? Los “Coros y Danzas”, en su época, también fueron un éxito. Falta reflexión. Falta crítica. ¿Tenemos buena boca? ¿Comemos lo que nos echen? Lope de Vega decía, cito de memoria, “Puesto que lo paga el vulgo, menester es hablarle necio para darle gusto”.

En general el  “Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas”, que es lo que nos ocupa, es una obra que resulta por su grandiosidad, por su derroche de medios, por su colorido, por su alegre puesta en escena... En otro ámbito no tendría apenas objeciones, pero la obra exclusiva que esperamos año tras año para rememorar un nombre y su cuna, la obra líder en presupuesto y temporalidad, la obra más vista con diferencia, quizá en toda Andalucía, la obra creada con un futuro bien definido, me temo que no es ésta.

Reconocemos buenos momentos sin embargo, como el general tratamiento musical de Pedro Sierra, la personalidad y buen gusto de los cantaores y de los guitarristas, los montajes de “Los Cuatro Muleros” con sus bailaores, el “Poema de la Saeta” y su exclusividad bailada, la entrega de la “Baladilla” por cantiñas... Pero, en conjunto, el espectáculo fue aburrido. Un pastiche lleno de tópicos muy bien costeado.

El malagueño Café de Chinitas, ya desaparecido, en que Lorca cantaba sus canciones, sirve de excusa para presentarnos el poemario compilado por el poeta. Catorce momentos musicales conforman la función, algunos inspirados, otros sin sentido, la mayoría precipitados. Catorce momentos que se desglosan alargando inexplicablemente una muestra que requiere concentración e intensidad. El final, interminable, es demasiado efectista y falto de enjundia.

La familia de Federico no quiere desenterrar sus restos. Yo creo que lo que no debemos exhumar es su memoria para que choque con los muros del cansancio. Dejemos cabalgar libres sus poemas. Dejemos descansar a Lorca.

Un estreno impresionante

Un estreno impresionante

Los veranos del Corral. XI Muestra Andaluza de Flamenco

La belleza viene en una cajita pequeña que, al abrirla, impregna todo con sus bondades. El marco hace mucho. Bailar en el Corral del Carbón es un dulce tanto para el artista como para el espectador. La monumentalidad recogida en el atrio, la cercanía y la calidez que ofrece el pequeño formato, la noche emparrada que se vuelve cómplice, la ubicación en pleno centro de Granada, una luz y un sonido cuidados hasta el extremo… conforman el ambiente perfecto para el éxito, parta tomar al duende con guantes de seda y recostarlo a nuestro lado.

Pero todo este ambiente se puede romper por falta de calidad, por excesiva parafernalia, por simpleza expositiva (que de todo hemos visto). No es el caso, de ninguna manera, de la propuesta de Fuensanta ‘La Moneta’ y Rafael Estévez este lunes, en el estreno de “Los veranos del Corral”. Con un montaje ex profeso para la ocasión (y, según aseguran, irrepetible) elevaron los niveles artísticos hasta altas cimas. Si esta Muestra continúa con la tónica que han impuesto estos dos bailaores, sin ninguna duda las noches del Corral se encumbrarán como el mejor flamenco del año en Granada, comparable, salvando las distancias, con la Bienal sevillana, el Festival de Jerez o el Suma Flamenca de Madrid.

Dos maneras muy distintas de entender el baile, que no el flamenco; dos maneras tan diferentes de crear y presentar la escena y, sin embargo, tan complementarios. Arropados por grandes músicos: las guitarras exclusivas de los hermanos Iglesias, Miguel y Paco, el cante tan de pellizco de Miguel Lavi y David ‘El Galli’ (ellos solos podrían haber llenado el aforo) y el compás de ‘El Cheyenne’ (raro es verlo sin su cajón) y de Antonio Gómez, ¡qué bien se viaja en primera! Un espectáculo redondo, sin pausas ni esperas, contribuyó al resultado. Los palos se van imbricando como si fueran un todo continuo, una misma función con escenas conexas.

El onubense Rafael, más experimental y contemporáneo, no abandona las tablas. Como mucho, sentado en su silla, a la izquierda, colabora con las palmas o da el contrapunto con su taconeo acompasado. La Moneta, más flamenca y visceral, cambia su vestido enriqueciendo las piezas que toca. Así, de unas alegrías rescatadas del siglo XIX, ralentizan sus pasos, a la manera de Eva Yerbabuena, para pasar a las tonás. En esos primeros momentos, choca el orientalizante juego de brazos de Estévez, que acompaña con su rostro, siempre en éxtasis. Poco a poco, sin embargo, se verán llenos de coherencia y con un cierto paralelismo conceptual en el azogue de su partenaire.

Las seguiriyas comienzan por los pies. Fuensanta baila entre dos machos. En silencio acaba para pasarle el testigo a Rafael, que apunta una granaína y remata con malagueña clásica, que se abandola y acaba en verdiales, bailando los dos juntos. La granaína que baila Fuensanta es antológica, de una delicadeza y, al mismo tiempo, de una fuerza especial. Los guitarristas cogen protagonismo por rumbas, antes de un fiel zapateado del bailaor en su puesto. Los tangos, que terminan mascándose con la cadencia de los tientos y empalman con la colombiana (bien por Paco), configuran otro bello paso a dos que destila frescura.

La soleá huele a fin. Si a alguien le cabe duda, que vea a La Moneta bailando por soleá y firma lo que sea. Los bailaores se van pasando el testigo hasta acabar con aires de fiesta, la guinda que faltaba para que dure el sabor. El símbolo postrero de intercambiase la silla es una declaración de intenciones.

El Corral del Carbón se viste de volantes

El Corral del Carbón se viste de volantes

La Moneta y Rafael Estévez abren Los Veranos del Corral

Para los amantes del flamenco en todos los rincones de la tierra, decir Los veranos del Corral del Carbón es emplazarlos para una cita inexcusable que, durante catorce días, nos traerán a Granada lo más destacado del flamenco joven existente.

Los veranos del Corral, que cumplen once ediciones, vienen a ser, por su longevidad y sobre todo por su calidad, los encuentros más serios y prestigiosos del flamenco en nuestra ciudad. Desde 1998, durante los meses de julio y agosto, se viene desarrollando en pleno centro de Granada una muestra de flamenco de alta gradación. Lejos de pensar que sea un espectáculo veraniego para turistas y ociosos, es un festival para aficionados de todas las latitudes. Aunque también, justo es decirlo, una buena parte de los asistentes al patio del Corral son visitantes esporádicos, una gran parte de ellos son seguidores fieles que año tras año se interesan por el estado actual de nuestro arte. Porque los encuentros se han convertido en un verdadero escaparate idóneo para tomarle el pulso al estado actual del flamenco incipiente. Hay quien, incluso, hace coincidir sus vacaciones en Granada para asistir a este evento. Este año además, las localidades están numeradas, y las reservas se pueden hacer on line, dada la aceptación general, que llega a ocupar de media el 90 por ciento del aforo.

En toda España se reconoce este festival como el más importante de su especie. Muestras veraniegas, aparte de las festividades de los pueblos y poco más, no hay muchas en todo el territorio andaluz, y monográficas, como ésta, mucho menos. Los seguidores del flamenco, desde hace más de una década estamos de enhorabuena por poder contar con estos días de flamenco joven, puro y de vanguardia. Pero también son los mismos artistas los que están orgullosos de haber participado, por haber inundado con su arte las tablas del Corral. Y ya son ellos los que llaman para buscarse un hueco en una programación cada vez más extensa y refinada.

Sus comienzos, como es lógico, fueron más recortados. Quizá con un solo día a la semana. Pero siempre con la misma intención de dar a conocer a los artistas que despuntaban en toda Andalucía y darles un impulso que se ha convertido en definitivo en sus carreras. Pues, desde hace bastante tiempo, encontrar en el currículum de cualquier bailaor su presencia artística en Los Veranos del Corral, es un punto de luz en su expediente, es un aval de categoría y de sensible riqueza.

Bastantes de los que empezaron a hacer sus primeros pinitos, por decirlo de alguna forma, en el escenario de la alhóndiga andalusí, son ahora primeras figuras del flamenco nacional. Mencionar nombres siempre es arriesgado, pero todas las bailaoras y bailaores que se me vienen a la cabeza menores de treinta años, han pasado o los hemos conocido en estos veranos granadinos.

Durante los últimos años, se incorporó la guitarra en esta muestra. Ya no sólo es el baile quien tiene que decirlo todo. La perentoria calidad de los jóvenes guitarristas encuentra su espacio en el festival. Es la primera vez en la historia que contamos con tan nutrido grupo de tocaores virtuosos. La guitarra es la modalidad más dúctil del flamenco y que con más facilidad ha asumido las demás músicas, se ha fundido, de forma natural, con aires venidos de América, África y Asia, creando un corpus tan interesante como necesario. Por primera vez podemos contar con más de una veintena de guitarristas de concierto que tienen mucho que decir en el futuro del flamenco.

El pasado año, se subió al carro también el cante. Al baile interesante y vanguardista de los últimos tiempos y a la guitarra orbital, se le suma ahora la participación de la voz como piedra angular en nuestro patrimonio. El cante que es, por definición y raigambre, lo más anquilosado en el flamenco, avanza igualmente en su puesta en escena y ejecución, en su fraseo y acompañamiento. Las voces rotas y desafinadas de antaño, genéricamente se van dulcificando y exigiéndose un mínimo de afinación, de control modular y de conocimiento. La voz ha sido, como el vino del lugar, “lo que da la tierra”. Ahora es raro el cantaor que no se cuida y estudia, el cantaor que prefiere la botella de agua en el escenario en vez de su copa. Ahora el cantaor se puede hacer arropar, además de la guitarra, con percusiones, piano, flauta o violín, por ejemplo.

Así, este verano, desde mañana lunes hasta el 14 de agosto, tendremos una muestra completa de baile, cante y guitarra, que con los nombres genéricos de "Muestra Andaluza de Baile", "Grandes Voces del Flamenco" y "Guitarras en el Corral", respectivamente, darán color a las noches granadinas. Cada velada, por lo general, será un encuentro entre la juventud y la veteranía, entre la innovación y la ortodoxia, entre mundos tan diferentes y, al mismo tiempo, tan complementarios como la guitarra, el tacón y las cuerdas vocales. Veremos en uno de estos días el cante veterano del octogenario Manolo Osuna junto con el baile exquisito y novedoso de Leonor Leal; veremos la guitarra consagrada de Miguel Ángel Cortes con el baile puntero de Patricia Guerrero; tendremos en fin a la jovencísima Alba Heredia, el imprescindible cante de ‘La Susi’, a Pastora Galván o a Cancanillas.

‘La Moneta’, verdadero icono de esta serie de recitales, que las dos últimas ediciones cerró el ciclo estelarmente, esta noche lo abre, junto al bailaor onubense Rafael Estévez, con un montaje ad hoc que promete ser único y maravilloso. Manuel Liñán, para el sentir de muchos, el mejor bailaor y coreógrafo del momento, cerrará estos encuentros, que estarán enriquecidos con talleres de danza, ofrecidos, con la colaboración del Carmen de las Cuevas, en las instalaciones del Centro Cultural Caja Granada Memoria de Andalucía y con mesas redondas semanales sobre el estado actual del flamenco, centrado en la provincia de Granada.

El Carmen de las Cuevas cumple 25 años dedicado al flamenco

El Carmen de las Cuevas cumple 25 años dedicado al flamenco

Por la escuela, que en 1984 sólo tenía dos alumnos y dos profesores, pasan ahora millares de estudiantes procedentes de Estados Unidos, Japón o Sudamérica

Un referente, no sólo del flamenco granadino ni tan siquiera andaluz, sino a escala internacional es la escuela del Carmen de las Cuevas, situado en la Cuesta de los Chinos, en pleno Albaicín. El Carmen es un centro de enseñanza integral dedicado a la cultura española, especializado en el idioma y el flamenco como enseña identificativa de nuestra tradición.

En el año 1984 dio sus primeros pasos una escuela modesta con espíritu universal. Miguel Ángel González, profesor de historia y teoría del flamenco, nos lo recordaba diciendo que el primer año la escuela contaba con dos alumnos y el mismo número de profesores, Nacho Martín García y Carmen Linares Gil, directores de la misma. Hoy día, en la actualidad, superan el millar los estudiantes que pisan la academia anualmente, venidos desde puntos tan dispares y tan lejanos como China, Rusia o Estados Unidos, sin olvidar a nuestros vecinos más cercanos, a toda Sudamérica o el norte de Europa, donde se está definiendo una gran afición.

El viernes, 15 de julio, se celebraron estas bodas de plata en la peña flamenca La Platería, con una gran asistencia de profesores, vecinos, allegados y, sobre todo, alumnos de todas las nacionalidades. Después de una glosa sobre la trayectoria de la escuela durante estos años y los agradecimientos pertinentes por parte de los fundadores de la escuela, se pasó un vídeo entrañable con imágenes del Carmen, de sus envidiables vistas y de sus clases, con música de fondo, como no podía ser menos, de la guitarra de Emilio Maya, también profesor de la escuela, interpretando un zapateado.

Una representación de las alumnas bailó unas alegrías con sonido grabado. La anécdota vino cuando el disco se quedó mudo en mitad de la pieza y ellas continuaron su coreografía hasta el final, siguiendo a su maestro, Javier Martos, que hacía compás a su lado. Los profesores Mari Carmen Guerrero, madre de Patricia Guerrero, Pilar Fajardo, Ada Lorenzo y el mismo Javier Martos, abordaron una rondeña con una letra específica escrita para la ocasión. El brillante punto final lo puso Fuensanta ’La Moneta’ bailando por seguiriyas.

Aparte de la programación oficial, impartida por lo más granado del baile, el toque y el cante del flamenco granadino, el Carmen de las Cuevas oferta cursos monográficos, sobre todo de baile, para los que cuentan con el dictado de los nombres más destacados del panorama nacional. Próximamente, coincidiendo con Los Veranos del Corral del Carbón, la escuela oferta talleres magistrales, durante julio y agosto, dirigido por las siguientes figuras locales, y al mismo tiempo internacionales, Manolete, Manuel Liñán, La Moneta y Patricia Guerrero.

* Actuación profesores de baile en la fiesta.

Flamenco estival sacromontano

Flamenco estival sacromontano

Esther Crisol inaugura la temporada de flamenco del Museo Cuevas del Sacromonte

Todavía con necesidad de algún reajuste en el sonido y sobre todo en las luces y con menos asistencia de la deseada, dio comienzo la programación de flamenco del Museo Cuevas del Sacromonte, con la doble intención, como viene siendo habitual, de potenciar el riquísimo patrimonio y los nuevos valores del flamenco de la tierra; y de actuar como plataforma pedagógica, para dar a conocer el desarrollo y el aporte granadino y, en especial, el sacromontano.

Con la conferencia “El Sacromonte, corazón flamenco de Granada”, impartida por el flamencólogo Miguel Ángel González, el pasado día 8, se inauguró una temporada de grandes esperanzas, con tres temas generales, distribuidos entre los tres meses de verano, que se concretarán todos los miércoles.

Así, en julio veremos a las “Jóvenes promesas”, que son Esther Crisol, José Fernández hijo y Lucía de Miguel, que han sido los ganadores, en modalidad de cante, guitarra y baile, respectivamente, del Primer Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada. El segundo bloque, “Tradición flamenca”, se desarrollará durante el mes de agosto, en el que tendremos el “Sacromonte puro” con el baile de Angustias ‘La Mona’; el “Flamenco de Granada” con el cante de Rafaela Gómez; las “Familias flamencas” con el arte íntegro de ‘Los Coloraos’; y la “Historia Viva” con el cante añejo del Niño de las Almendras. Para finalizar, el último mes nos traerá “Flamenco e innovación”, con dos espectáculos: “Poesía, imagen y flamenco” con el grupo “Raíz y Duende”; y, para cerrar la temporada, el día 9 de septiembre, “Alma de mis seis cuerdas” con la guitarra virtuosa de Juan Habichuela nieto.

Esther Crisol, durante la velada de este miércoles pasado, dejó claro el merecimiento del premio que la avala. Bien arropada por la guitarra de José María Ortiz y con una bella voz, bien modulada y más bien grave, aunque falta de pasión por momentos, hizo un recorrido por algunas esquinas poco exploradas u olvidadas de nuestro flamenco histórico. Se templó por tonás, siendo una de ellas la de “Los pajaritos”, una rareza difícil de escuchar, y menos en directo. Siguieron las cantiñas, la granaína de Tía Marina ‘Habichuela’ y la media granaína de ‘Guerrita’. Claramente se evidencian las tres referencias en el cante de esta joven artista. A saber, Enrique Morente, Carmen Linares y Mayte Martín. Sin olvidar a la ‘Niña de los Peines’ presente en el trasfondo de su aprendizaje. Termina la primera parte con un generoso recorrido por los tangos de Granada, los más ricos del panorama flamenco; y con el baile por tarantos, siempre acertado, de Silvia Lozano.

La segunda parte, más redonda que la anterior, comenzó con la vidalita que Mayte Martín pidió prestada a Juan Valderrama. Continua por soleares. Los fandangos fueron de Pastora Pavón y de Morente, antes de terminar por Huelva. Y, por último, las bulerías, quizá lo mejor de la noche, con el cuplé “La maja aristocrática” de la ‘Niña de los Peines’. Silvia, con Sergio Gómez al cante y Alfredo Mesa a la guitarra, puso punto final bailando una soleá por bulerías.

* Esther Crisol en el Festival Flamenco de la ONCE de hace varios años (© Nono Guirado).

Una asociación granadina para el flamenco

Una asociación granadina para el flamenco

Granada, lo repito siempre, es la única ciudad andaluza donde se puede escuchar-ver flamenco de calidad a diario. Son muchos los interesados en este tema. Aunque las energías a veces se diluyen por falta de entendimiento, por falta de medios o, más increíble, por falta de conocimiento.

Las instituciones quieren colgarse medallas sin perder el control. Apuestan sobre seguro. Apoyan siempre a los mismos. Tira cada una para un lado que, como en el Círculo de tiza de Brecht, tememos que la tensión termine por resquebrajar lo poco que nos queda.

(Me gustaría hacer balance, tan sólo de lo que llevamos de siglo, con los logros y los fracasos del flamenco en Granada, pero ni es el momento ni quiero fulminar algunas esperanzas que aún florecen.)

Las Asociaciones, las Peñas, los particulares interesados hacen lo que pueden, pero necesitan apoyo.

La Junta de Andalucía es Sevilla y sus tentáculos. El flamenco que nos ofrecen es impuesto, mediático, de calderilla...

¿Para cuándo una "Oficina de Flamenco" en Granada? ¿Para cuándo un lugar estable y permanente en nuestra ciudad, apoyado por todos los que apuestan por la cultura endógena, aunque no chovinista?

Una Oficina de Flamenco o como queramos llamarlo (el nombre es lo de menos) es necesaria para aunar voluntades y concentrar energías, para hacer balance de lo que se ha hecho, de lo que se está haciendo y de lo que queda por hacer, para gestionar los recursos tanto humanos como económicos, para reunir a todos los flamencos de la provincia (músicos, técnicos, promotores, aficionados...) y velar por sus intereses, para mantener un registro de actividades, logros y triunfos, para salvaguardar al flamenco del intrusismo y del, cada vez más habitual, todo vale, para poner, en definitiva, a la ciudad de Granada en el sitio que le corresponde dentro de este arte y que no tengamos que empezar de nuevo todos los años y tener que demostrar día tras día que nosotros también somos, que nosotros, por derecho, ocupamos un puesto privilegiado en el nacimiento, desarrollo y dignificación del flamenco.

Lo malo de los granadinos es eso, que somos granadinos. Y, como tales, nos queremos poco. Y, si no nos queremos dentro, quiénes nos van a querer fuera.

El tópico del profeta en su tierra, en nuestra tierra es radical, a pesar de ser una tierra de creadores. Pero quien quiera hacer algo, sobre todo en flamenco, tiene que salir fuera. Una vez que ha triunfado, eso sí, puede entrar por la puerta grande y salir a hombros (porque se vuelve a ir), (y, si no, al tiempo). Granada, por desgracia, es una bella ciudad para soñar y para ir muriendo poco a poco de nostalgia.

Para fuera, para el resto de Andalucía, el flamenco es occidental. Granada es un local de ensayo, donde falta pellizco, compás y gracia. Incluso, para los demás, los nuevos caminos del flamenco no se entienden en la ciudad mora. Es hora de demostrar docta y documentalmente lo equivocados que están.

Granada también es cuna y parque de recreo. Granada actualmente es punta de lanza en la vanguardia del flamenco. En Granada se hace un flamenco coherente y de calidad, un flamenco que trasmite y trasciende. En Granada no hace cualquiera compás, como pasa por ejemplo en Jerez, pero mantiene quizá los nombres más importantes del flamencode hoy, que no necesito recordar.

Hablar de los Morente, de los Habichela, de los Heredia, de Yerbabuena, de Liñán, de La Moneta, de Pinilla y de tantos jóvenes y mayores que dicen tanto en el flamenco no es moco de pavo. Y la historia, si la dejamos en paz y no pisoteamos sus yemas, nos dará la razón.

Yo estoy dispuesto. Mi lanza ya está rota. ¿Alguién más se apunta?

* Perdonen por el tópico de la foto.

Los aires de Lucía Guarnido

Los aires de Lucía Guarnido

FEX – A mi aire

Clarividente. Clarividente no es un adjetivo que encaje en realidad con una actuación flamenca, lo sé. Pero viene a resumir parte de lo que Lucía Guarnido y su grupo nos mostraron en el teatro de La Chana. Clarividente lo digo por la simpleza y la grandeza del espectáculo. Una bailaora delante mostrando su verdad y cuatro músicos atrás, centrados en el escenario, nada de moderna e inexplicablemente escorados a un lado. Clarividente por el juego de luces que, con la modestia de la iluminación en un teatro de barrio (imprudentemente olvidado), acompañaba a la protagonista con coherencia y sabiduría, sin olvidar al cuadro. Basta de condenar al flamenco a los velos y a la penumbra. Clarividente, por fin, a la sucesión del programa y a la entrega de la granadina.

Para mí, su mejor aporte vino con las seguiriyas con las que comenzó la velada. Su riqueza en cromatismos y la originalidad dramática de algunos momentos, cautivaron sin condiciones. Esto unido a su elegancia innata, al conocimiento y al estudio continuo, nos coloca ante una bailaora a tener muy en cuenta. Lucía ha sabido sacarle partido a su altura. Ha sabido convertir sus inhabituales medidas en una reposada redondez, en la elegancia ya aludida y en una delicada estampa (mostrada en los caracoles, por ejemplo). La inseguridad de un comienzo, en cambio, tensó acaso esta seguiriya enturbiando la naturalidad deseada. En ella, tuvimos instantes sabrosos, como la toná que introdujo Antonio Campos, ya a los postres, o el macho con que remató Juan Ángel Tirado, entre otros.

Los caracoles fueron un ejemplo de montaje esférico y sabroso, que Lucía baila con abanico y bata de cola. Una delicada pieza bien medida y cerrada, que comienzan y terminan luciendo plalmito (porque puede) sentada en una silla. Quizá esa perfección y redondez le resta una frescura que en bailes más libres aparece en abundancia. Frescura que apreciamos, sin discusión, en las bulerías finales. Esta soleá por bulerías presenta a una Guarnido más relajada y dominante. Su cara refleja control y triunfo. Varios minutos de aplausos así se lo confirman.

Entre sus bailes, un grupo inspirado, con Luis Mariano a la guitarra, Antonio y Juan Ángel al cante y Mati Gómez a las palmas, hicieron, en primer lugar, un breve recorrido de abandolaos, desde Ronda hasta Lucena y, de ahí, a Granada; para pasar, en su segunda entrega, a Levante. Un buen cuadro para una buena bailaora.

* Lucía Guarnido en Motril, 2008 (© Nono Guirado).

El pez vuelve a sus aguas

El pez vuelve a sus aguas

58 Festival Internacional de Música y Danza

Cancionero del Sacromonte

Marina Heredia tenía una espina desde el pasado Festival, cuando actuó con Amina Alaoui en el Patio de los Aljibes de la Alhambra, que supuestamente se ha arrancado a dentelladas. Vuelve a sus aguas, vuelve al río del flamenco puro, vuelve a la cuna del Sacromonte. Con espectáculo propio, “Cancionero del Sacromonte”, y con la seguridad de haber triunfado en la mayoría de los escenarios, la granadina propone dar una pincelada más a una historia que nos resulta algo repetida, aunque con un brillo propio. Destaquemos como luces indiscutibles las tres guitarras de Miguel Ochando, Luis Mariano y José Quevedo ‘El Bola’ que, en conjunto o por separado, componen el sonido imprescindible del agua y de la brisa granadinas. Aplaudamos sin discusión el bronce profundo de Jaime Heredia con su debla y martinete y con la seguiriya tan añeja como auténtica quebrada como el rayo por el toque vanguardista, rico en graves, del maestro Quevedo. Y su soleá, verdadero estandarte del sonido sacromontano. Inclinémonos, con todo respeto, por el rescate de un Manolo Osuna, mermado de facultades a sus ¿85 años?, pero con el sabor contundente que nunca lo abandonó (volveremos a verlo el martes, 28, en el Corral del Carbón). Y, cómo no, nuestro espaldarazo más sincero a Marina Heredia, verdadera embajadora, por derecho, de los cantes de nuestra tierra.

Algunas sombras, en cambio, recorrieron la noche. Más en la primera parte que en la segunda. Un homenaje póstumo a Mario Benedetti abre y cierra el concierto. Marina recita y canta a pelo “El Olvido”, inclinándose sobre su historia y sus mayores. Los cantes de fragua, solemnes, espermáticos, concentran el origen de un todo. Josefina Ramírez, más histriónica de lo deseado, recita “El grito” de García Lorca, antes de que empiece la fiesta en forma de zambra, visiblemente desmedida. El sonido no contenta a todos, aunque justo, en algunos rincones se diluye. No llego a comprender la simplicidad del baile hacia el fondo del escenario; no llego a comprender la preeminencia de las guitarras y los jaleos; no llego a comprender la forzada puesta en escena y los caracoles en la frente. Teatrillo que se repite en la saeta con velos negros y las diapositivas. Un recital tiene que estar ambientado, pero no es necesario vestirse de minero para cantar tarantas, por ejemplo.

La cueva es un toque por granaínas de Miguel Ochando, con el que no había más remedio que quitarse el sombrero, aunque enturbiado por la voz de la recitadora forzando los versos de Federico. Las saetas y los cantes religiosos de ‘El Parrón’ y Marina son inmejorables y ese precioso remate de la Salve gitana, apuntando por tangos a cuatro voces.

Ochando ocupa las tablas y rellena el ambiente de nuevo con su fragmento  de “La vida breve”, de Manuel de Falla y la “Bulería del Albayzín” de Ángel Barrios, marcando el ecuador del concierto y dando paso a la parte más conseguida, llamada “Venta Zoraida”. Hasta aquí, el juego de luces ha sido un disloque, pobre y confuso.

Abre la Venta el de Osuna cantando fandangos con Ochando a la guitarra. Marina es grande en las granaínas de Tía Marina Habichuela, arropada con el toque exclusivo de Luis Mariano. Las seguiriyas de Jaime, ya comentadas, preceden a una rueda de soleares, donde guitarristas y tocaores se alternan, para acabar con los tangos de La Penca, verdadero himno que suena incesante en la cueva y en la fiesta. El soniquete de las guitarras es maravilloso.

Se cierra la noche como empezó, con un quejío en el yunque y la canción de “El olvido”, simplemente para no olvidar.

* Foto del Programa con vestido de Angels Verano (© Antonio Panizza).

María Pagés, de la ‘saudade’ a la alegría

María Pagés, de la ‘saudade’ a la alegría

58 Festival Internacional de Música y Danza – Autorretrato

Los portugueses expresan con la palabra ‘saudade’ un profundo sentimiento que va más allá de la melancolía, pues encierra en el recuerdo la alegría de volverlo a vivir. Con una enorme nostalgia, María Pagés nos hace entrega de su montaje más íntimo, uniéndose así a una tácita cadena de bailaores y bailaoras que, en los últimos años, han dado por desnudar sus sentimientos. Por eso los comienzos parecen conocidos. Por eso, algunos momentos chapotean en el tópico. Como trasfondo, sin embargo, una María Pagés con muchas tablas, con un braceo bellísimo, y una de las compañías independientes más sólidas del panorama actual, que, aunque por Granada no se prodigue (su última actuación fue Canciones, antes de una guerra en 2005), es pieza imprescindible para componer el puzzle del flamenco en este comienzo de siglo.

María Pagés arrastra con ella un baúl de recuerdos y de palabras que, a borbotones, intenta acoplar en ese Autorretrato con puntos suspensivos. De forma que en la función tienen cabida los textos de Antonio Machado, Miguel Hernández, García Lorca y un enamorado José Saramago que presta su voz (directamente en portugués) para rellenar el silencio, que María baila sin más acompañamiento, siguiendo el compás de las palabras, como han hecho Manuel Liñán, Rocío Molina, Isabel Bayón y tantos otros.

Se abre la noche con la Solea del espejo. La trianera baila ante un espejo que persigue sus pasos, como si su reflejo fuera su partenaire, creando así un paso a dos virtual que se rompe cuando el azogue se para definitivamente. Es el comienzo de esa tristeza primigenia que tocará fondo con las Nanas de la cebolla de Hernández, con música de Alberto Cortés, donde Pagés expone el momento más emotivo de la noche. Por lo demás, ningún atrezzo, aparte de los cortinones negros que castigan sin sentido el decorado natural del Generalife y la aparición estelar (nunca mejor dicho) de la luna por el foro.

El cuerpo de baile (María Morales, Sonia Fernández, Isabel Rodríguez, Anabel Veloso, Emilio Herrera, José Barrios, José Antonio Jurado y Alberto Ruiz), perfectamente sincronizado, hace su aparición en el Estudio de Farruca que suena repetido si no fuera por la dimensión cíngara que le aporta el violín de David Moñiz. Un violín que constituirá el hilo de los sentimientos.

A esto le seguirán algunas otras entregas, con especial protagonismo de María Pagés y su mundo, como es de esperar. Ana Ramón e Ismael de la Rosa, con sus voces moduladas y precisas, dieron brillo a una música quizá demasiado plana.

Con el Trajín de María la bailaora saca el lado humorístico que caracteriza a todos sus montajes, y, con unos tanguillos, que compone y canta ella misma, da un giro de noventa grados y el espectáculo se llena de luz y color. El público, embriagado del sentimiento de un principio, estalla también en sus asientos y comienza a sonreír y a ovacionar sin pudor.

En los tientos-tangos, María se luce con todo su poder personal, dejando entrever las huellas de la escuela sevillana, enriqueciéndolo con un repiqueteo de castañuelas donde demuestra su maestría. Como también la pone de manifiesto con el vuelo fuerte y seguro del oro y negro de su mantón, con el que dan comienzo las alegrías de esperanza con que culmina esta introspección.

* Foto: Miguel Ángel González para el Diario de Jerez.

Las peñas de Granada se reúnen

Las peñas de Granada se reúnen

1º Encuentro Provincial de Peñas Flamencas granaínas

Por primera vez, que se recuerde, las trece peñas federadas de la provincia granadina, se han reunido para celebrar un ‘Encuentro’ consistente en una cena de hermandad y, acto seguido, un festival en el que se reúne posiblemente lo mejorcito de nuestro territorio, si no encima del escenario, sí en el patio de butacas, pues contamos supuestamente con los mejores aficionados, los que conforman las peñas flamencas, con los más entendidos y exigentes entre todos los públicos. Unos Encuentros que se celebrarán anualmente, contribuyendo así al tejido flamenco que se está hilvanando en Granada desde la Diputación y ese proyecto global llamado ‘Granada, universo flamenco’.

Así, con un sonido peor que mediocre y un calor a espuertas, dio comienzo el Primer Encuentro Provincial de Peñas Flamencas granaínas. Con la flama no se podía luchar, el aire acondicionado no funcionaba, pera nos dio pie a descubrir a las damas de La Platería abanicándose a compás. Lo del sonido fue un boicot. Chicharra continua, acoples, silencios inoportunos, estallidos, micrófonos flácidos que se caían… Tanto es así que alguno de los participantes optó por actuar sin micrófono.

Algunos artistas venían propuestos por una peña en concreto. Fue el caso de Nuria Castillo y su grupo, llegados de la Asociación Cultural Flamenca San Marcos de Montejícar, que, con voz dulce y modulada, interpretó una zambra caracolera. El baile no estaba a la altura. Por la peña Yerbabuena de Ogíjares, Mª Ángeles Pérez, con ‘El Puchero’ a la guitarra, cantó una milonga con poco fundamento. Judith Urbano, de la misma tierra de Monachil, que sirve de sede al evento, nos dejó unas alegrías, con un afinado (y afilado) Ramón del Paso a la sonanta. Ogíjares también propuso al veterano Antonio García, que recreó la malagueña de Chacón de manera poco ortodoxa y los fandangos del Albaicín más libres aún.

Con el baile de Javier Martos, la noche pasó a tener entidad. Con un suelo algo resbaladizo y ausente de sonorización, bailó una soleá por bulerías con conocimiento y coraje. Miguel Barroso, traído por ‘Solera y Caña’ de Maracena, nos llenó la boca de sabor con una auténtica granaína y media. Juan Fernández a la guitarra. Si en el cante había altibajos, todos los guitarristas fueron de excepción. Desde Salobreña, los hermanos Fajardo, nos brindaron una soleá. Álvaro Rodríguez y Ramón del paso, atraídos pos ‘La Parra’ de Huétor Vega, prescindieron de los micrófonos para, entre otras cosas debido a esto, ofrecernos lo mejor de la noche, que vino en forma de seguiriyas. Propuesto por la peña albaicinera, Manuel Palma ‘El Zahoreño’, nos hizo una soleá a media voz, que, según Caracol, es como duele el cante.

Para terminar, Juan Pinilla, desde la peña de su mismo nombre, en Huétor Tajar, y directivo de La Platería, con Julio Zafra a la guitarra, escoró a levante, para brindarnos cartagenera, levantica y taranta de Linares. El fin de fiestas reunió a todos los artistas por bulerías.

* Varios aficionados en ’La Parra’ de Huétor Vega.

Verano flamenco (1)

Verano flamenco (1)

No tengo todos los datos ni todas las fechas, pero con lo que os propongo no os vais a aburrir. Tenemos un verano completito. Faltaran algunos festivales locales y algunas fiestas en los barrios, que, normalmente, comienzan en septiembre.

Lanzo el calendario del tirón, sin ninguna nota explicativa, para facilitar su claridad. (Entre paréntesis la hora, si la sé o basado en el calendario de 2008.)

Así, desde mañana mismo, completo el mes de julio. El mes de agosto lo subiré en llegando dichos días.

 3, viernes – FESTIVAL. 1º Encuentro Provincial de Peñas Flamencas de Granada en el Auditorio de la Casa de la Cultura de Monachil (22,30)

4, sábado – FESTIVAL de MÚSICA y DANZA. Autorretrato - Compañía María Pagés. Jardines del Generalife (22,30)

5, domingo – FESTIVAL de MÚSICA y DANZA.  Marina Heredia. Abadia del Sacromonte (22,30)

8, miércoles: Conferencia: El Sacromonte, corazón flamenco de Granada, por Miguel Ángel González, en Casa Molino Ángel Ganivet (20,30)

11, sábado – FEX. A mi aire - Lucía Guarnido. Teatro Municipal José Tamayo (22,00)  

15, miércoles: Museo Cuevas del Sacromonte: Modalidad Cante - Esther Crisol (22,00)

19, domingo - Festival Flamenco de La Malahá

20, lunes - Corral del Carbón. Muestra de baile RAFAEL ESTEVEZ y LA MONETA (20,30)

21, martes - Corral del Carbón. Muestra de baile ANDRES PEÑA y PILAR OGALLA (20,30)

21, martes – Generalife 2009. POEMA DEL CANTE JONDO – Cristina Hoyos (hasta el 29 de agosto) (20,00)

22, miércoles - Corral del Carbón. Muestra de baile AMADOR ROJAS (20,30)

22, miércoles - Museo del Sacromonte: Modalidad Guitarra - José Fernández hijo (22,00)

23, jueves - Corral del Carbón. Muestra de baile OLGA PERICET (20,30)

23, jueves - Velada Flamenca Benalúa de las Villas

25, sábado - Festival Flamenco de Valderubio

28, martes - Corral del Carbón. Grandes voces del flamenco MANOLO OSUNA y Muestra de baile LEONOR LEAL (20,30)

29, miércoles - Corral del Carbón.  Guitarras en el Corral MIGUEL ANGEL CORTES y Muestra de baile PATRICIA GUERRERO (20,30)

29, miércoles - Museo Cuevas del Sacromonte: Modalidad Baile - Lucía de Miguel (22,00)

30, jueves - Corral del Carbón. Grandes voces del flamenco NENE DE SANTA FE y Muestra de baile ALBA HEREDIA (20,30)

Espero que coincidamos en alguno de estos eventos.

Mario nuestro que estás en los cielos

Mario nuestro que estás en los cielos

58 Festival Internacional de Música y Danza

Homenaje a Mario Maya

No tiene ni que cambiar de apellido. Qué bien le sienta a Juan Andrés mimetizarse en Mario. Su interpretación de la impotencia del gitano en los Cantes de trilla y martinete de Camelamos naquerar (1976), que distinguió a su creador como uno de los más grandes bailaores y coreógrafos que ha dado el flamenco, es sencillamente sensacional. Éxito que redondeó después en su papel del Amargo en solitario o con la dimensión contemporánea de Diego Llori y de Lola Greco, con su hermoso juego de brazos. Distinguimos también, por encima de todo a Rafaela Carrasco, en sus solos de Naranja y oliva y Abandolao, ambos del espectáculo Réquiem para el fin del milenio (1994). Solamente ella habría sido suficiente para colmar nuestros anhelos. Aplaudimos, sin condiciones, la intervención de Manuél Liñán en cada una de sus apariciones, su finura y perfección, concentradas en las Alegrías que tácitamente marcaron el ecuador del espectáculo. Brillante, por otro lado, 3 Sillas de Flamenco libre, con Ángel Atienza, Ramón Martínez y Marco Vargas como protagonistas, y bastantes momentos individuales y grupales fácilmente reconocibles en su cuerpo de baile, compuesto a la sazón, aparte de los citados, por Patricia Guerrero, Pilar Ortega, Manuela Reyes, Miriam Sánchez e Iván Vargas.

Sin embargo, convendrán conmigo los que estuvieron presentes el domingo en el Generalife en el Homenaje a Mario Maya y los aficionados en general, que la mejor ovación se la lleva Mario, allá donde esté, aunque sea sólo en el alma de los que lo conocimos. Esa visión espacial, que lo hacía único, ese movimiento grupal, que lo asemejaba al azul de las olas, ese concepto musical, que atendía al ritmo de su corazón… Es increíble como nos sumerge en la más increíble sincronía para romper de inmediato toda idea simétrica y buscar de nuevo el equilibrio dentro de un concepto escénico donde todo tiene vida, donde el mínimo detalle cobra una especial dimensión, desde el ritmo marcado con un bastón hasta el juego de sombras y luces pasando por el silencio radical, imprescindible en sus propuestas. Sus creaciones y sus pasos colocan sin discusión a Mario Maya en el olimpo de los genios que este país ha dado.

Pero el dorado triunfo del envés, como toda moneda de cambio tiene un revés. Un revés que el propio Mario hubiera dulcificado. Las ausencias de Belén Maya y de Isabel Bayón, por ejemplo, aunque legítimamente justificadas, pasan por ser imperdonables dentro del prestigioso Festival granadino. También se podía haber contado en este espectáculo con algunos nombres necesarios en la agenda del coreógrafo, como pueden ser Anabel Moreno, Silvia Lozano o Raimundo Benítez.

Por qué, podemos preguntarnos, el espectáculo va decayendo en intensidad, exponiendo una segunda parte más lasa que el comienzo, difícilmente remontada con el 1, 2, 3… Fa y los saludos carrasqueños. Por qué se abusa de la música enlatada, del sonido en off, habiendo en el escenario altas figuras (Manuel de Paula, Antonio Campos, Alfredo Tejada y Jesús Corbacho al cante; y Ángel Cortés y Juan Requena a la guitarra) que podrían sin problema haber remedado cualquier disco, dotando a la noche de otro carácter más fresco. Por qué falta, al menos aquí en Granada, alguna pincelada de su espectáculo Ay… jondo. Por qué algún/a bailaor/a por norma iba a destiempo…

Mario, desde su estrella, irá poniendo luz a esta penumbra. Y estará feliz, contento como todos, por volver a Granada, al Festival que atendió su vuelo y al reconocimiento que se le tiene en el mundo del flamenco.

* Juan Andrés Maya, apresado por Alfredo Tejada y Manuel de Paula (© Granada Hoy).

El aplauso más rotundo

El aplauso más rotundo

Patrimonio flamenco

No es un tópico si decimos que Lucía Guarnido ha cerrado con broche de oro la temporada en La Chumbera. La noche del sábado, el Centro Internacional de Estudios Gitanos puso el fin a un año positivo. Patrimonio Flamenco ha llevado a uno de los escenarios más bonitos del mundo (como dice su presentador) una treintena de espectáculos, apostando sobre todo por gente joven de la tierra, llenando la sala, como media en un noventa por ciento, lo que quiere decir más de 250 espectadores cada velada.

Lucía Guarnido vistió de lujo esta clausura y, con su baile fino y elegante, recogió los aplausos más unánimes y rotundos que haya escuchado en este foro. Con su primera aparición por soleá deja claro ese personal estilo fruto del estudio continuo y el buen entendimiento. Lucía es una bailaora llena de argumentos y de recursos, que deja trascender sin complejos las huellas de veteranos de la talla de Eva Yerbabuena, por ejemplo. Con una depurada técnica, roza la perfección en sus movimientos.

Termina esta primera intervención roneando por tangos y demostrando lo que se debe hacer en cada momento. Su segunda entrega es Verano porteño de Astor Piazzolla, un baile que propuso en el pasado Festival de Tangos, sumergiéndose en los ritmos caribeños que le sientan tan bien. Sin embargo, el sonido pregrabado y una encorsetada coreografía, minimizan la mejor Guarnido y la frescura de su flamenco. De pies moderados y reposando el baile, como debe ser, la bailaora granadina, vestida de otoño, remata la noche con unas bulerías sin objeciones.

Redondea la velada un grupo compacto y coherente que arropa a la artista sin fisuras. Nada menos que Luis Mariano a la guitarra, acompañante habitual de Juan Pinilla y Marina Heredia; Antonio Campos y Juan Ángel Tirado al cante, pareja excepcional en este principio de siglo; y Mati Gómez a las palmas, bailaora y cantaora a la vez, que dio una pataílla por fiesta al final de la función. En los interludios de la danza, sin desperdicio, este cuadro nos brindó un momento profundo con sus tonás, culminadas a dos voces por seguiriyas; y unos abandolaos que comienzan por rondeñas y acaban con Frasquito. Volveremos a ver a esta bailaora, con los mismos músicos, el sábado, 11 de julio, en el Teatro Municipal José Tamayo, enmarcado en la programación del FEX.

* (Foto extraida de su dirección de facebook. Puede que su autor sea Nono Guirado).

Granada se acerca por primera vez al Festival de Cante de las Minas

Granada se acerca por primera vez al Festival de Cante de las Minas

La peña La Platería sirvió de escenario durante todo el fin de semana para seis de las actuaciones previas del certamen

Por primera vez, en sus 49 años de historia, el Festival Internacional del Cante de las Minas cuenta con Granada para celebrar pruebas selectivas de su afamado concurso murciano.

Durante los días 26 y 27 de junio la peña de La Platería ha servido de escenario para realizar las preliminares del premio más prestigioso del flamenco. Junto a Granada, más de una docena de puntos de nuestra península han albergado a los 127 participantes -20 de ellos procedentes de Granada- inscritos en las tres modalidades.

La Platería, sin embargo, con presencia del alcalde y presidente del concurso de La Unión, Francisco Bernabé Pérez, la Diputada de Cultura, María Asunción Pérez Cotarelo y el presidente de la Peña, Miguel Clavero, es la única sede que ha ocupado dos jornadas en este evento, que ha recogido un total de seis cantaores, uno de ellos el granadino Sergio Gómez ’El Coloraíto’, un guitarrista y tres bailaores.

El concejal de Cultura de La Unión, Julio García Cegarra, ha destacó en la presentación de esta fase del certamen la "importancia histórica" de la participación granadina y aseguró que La Platería será una de las sedes permanentes del concurso.

Los 27 seleccionados se harán públicos a mediados de julio, antes de comenzar las semifinales, ya en territorio unionense, donde optarán a los 100.000 euros en premios que se reparten.

El Festival Internacional del cante de las Minas, que cumple ya 49 ediciones, se celebrará del 5 al 15 de agosto y en él se rendirá homenaje al guitarrista Vicente Amigo, y junto al Concurso de Cante, Guitarra, Baile e Instrumentistas flamencos, actuarán en La Unión Niña Pastori, Rafael Amargo y Arcángel, entre otros.

* Sergio Gómez ’El Colorao’, uno de los participantes en el concurso (© Antonia Ortega).

La cercanía de África

La cercanía de África

La zambra de Jartum

¿Dónde empieza África y dónde termina? ¿Hasta dónde se extiende su norte? ¿Andalucía forma parte del Magreb? Geográfica y políticamente es una evidencia que no. Pero, ¿espiritual y culturalmente? ¿Y musicalmente? Durante bastante tiempo se experimenta el casamiento de los sonidos flamencos con los sonidos árabes. Desde Lole Montoya al Lebrijano pasando por Ketama, Radio Tarifa o la Orquesta Chekara de Tetuán se ha enriquecido nuestra música con aires africanos. Se han abierto las ventanas a otros vientos y se ha comprendido el paralelismo de ambas músicas. De hecho, algunos temas andalusíes, como seguiriyas, rumbas o farrucas, responden al mismo nombre. De hecho, muy a menudo, la queja se oye igual en una u otra orilla. De hecho, Manuel Torre decía “Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”.

No digo yo que en el flamenco todo valga. La mayoría, gracias al cielo, no trasciende. El tiempo va filtrando lo exclusivo. Pero, también, va dejando un poso, va impregnando las sensibilidades con esa pátina de regusto esperanzador. Es la primera vez, sin embargo, que el flamenco se asoma tan hondo. Es la primera vez, que yo conozca, que se intenta fusionar el flamenco con la música sudanesa. Juan Pinilla, cantaor todoterreno y Josele de la Rosa, tocaor versátil, se han unido a la agrupación Kambala para ofrecernos una mezcolanza de resultado dispar.

Reía Manolo Sanlúcar exclamando que el flamenco es mestizo por naturaleza. No hay que tenerle miedo a lo desconocido. Algunos momentos del concierto sería para grabarlos como ejemplo de la perfecta comunión. El sonido, en cambio, no estuvo a la altura. Como casi siempre La Chumbera deja mucho que desear en ese aspecto. No hubo estridencias excesivas en un principio, pero sí descompensaciones. Hasta la mitad del concierto no se reajustará. A capela comienzan. La voz melódica de Rasha se solapa con algunas tonás de Juan, que acaban impregnándolos con aires malagueños. Un tema musical llamado “Las mil y una noches”, de influencia egipcia, nos hace ver la calidad de los músicos, el acordeón de Wafir, la guitarra de Josele, la percusión de Otman. Omaima, la danzarina, aparece por primera vez, restando potencialidad al conjunto.

El origen árabe del término flamenco, “Fellah Menga” da nombre a unas bulerías de Cádiz, con dimensiones tribales. Wafir, con el laúd eléctrico, nos convence de su buen casamiento. “Guitar Shog” es un tema afroárabe de tradición medieval, que nos lleva al siguiente tema que se entremezcla con unas peteneras. Pinilla, tomando las riendas, demuestra su valer por levante. Los mejores momentos de la noche empiezan cuando el espíritu morentiano planea en la escena. Pasamos a continuación a Marruecos con un par de temas. Las cracabas, los tambores y el baile de Otman nos trasportan al ceremonial del país vecino. El mejor tema, sin duda, llega otra vez con los tangos de Morente que se imponen en un tema popular argelino. Como fin de fiestas “Habibi”, con tangos del Camino, dedicados a Curro Albayzín, cierran la noche.

Nuestro hombre en la sombra

Nuestro hombre en la sombra

Presentación del disco “Corral del Carbón” de Antonio Campos

Antonio Campos no es un cantaor que haya ocupado carteles, no es un flamenco de bandera, que se prodiga recitales, ni siquiera ha ganado concursos prestigiosos para tomarlo en cuenta. Sin embargo, Antonio Campos es un cantaor imprescindible para tratar del flamenco en Granada en esta última década. Curtido atrás, este granadino, nacido en Cataluña, ha cantado para algunos de los más prestigiosos bailaores de la actualidad, desde Isabel Bayón a La Moneta, desde Rocío Molina hasta Patricia Guerrero o Javier Barón. Desde hace algún tiempo, ¿dos, tres años?, comienza a sentarse alante para “hartarse de cantar con una sonanta que le haga volar y tener el soniquete por kilos”, según confiesa en su disco. Porque su salto a la boca del escenario ha sido por derecho, se la ha ganado a pulso, como José Valencia o, en otros tiempos, Chano Lobato. A Antonio le acompaña su voz potente y sus facultades, su seriedad y su compás y ese respetuoso estudio del flamenco que define a los buenos aficionados.

En verano de 2007, en los Encuentros Flamencos del Corral del Carbón, Antonio Campos tuvo una gran actuación, que fue grabada para componer un trabajo discográfico. En aquel entonces, en estas mismas páginas de Granada Hoy, definí la noche “de compás y entrega, de complicidad y de admiración”. Rodeado tan sólo de Dani Méndez, “uno de los guitarristas más creativos y sensibles de la nueva hornada del flamenco”, y Carlos Grilo y Luis Cantarote a las palmas, “una pareja de lujo, que lleva el compás jerezano en las venas”, nos brindaron una velada auténtica.

Ahora, para la presentación del cedé, que lleva el título de “Corral del Carbón”, que fue su cuna, se repite la actuación en el teatro Isidoro Márquez de Caja GRANADA, con algunas sorpresas. Refuerza el compás el gran palmero sevillano Bobote; y, para la soleá, descansa la guitarra del de Morón, y se hace acompañar de dos sensibilidades: al piano Pablo Suárez y José Luis López con el violonchelo. Es la única concesión a la vanguardia, al flamenco más esquinado. Aparte de esto, su tratamiento es de lo más ortodoxo.

El orden sigue el mismo esquema del primer recital, y por ende de la grabación. Comienza con un romance por bulerías, que es el que le da nombre al disco. Continúa con las malagueñas “Juanillo el Loco”, donde se acordó de ‘El Mellizo’, y se abandolaron con verdiales lucentinos y fandangos del Albaicín. Por Cádiz también fue tradicional, sin embargo su tratamiento tiene ese toque especial del cante de interior. Las soleares aludidas más arriba, aunque siguen el paralelismo de la grabación, no la calca. Además de ilustrarla con instrumentos sinfónicos, la termina con la soleá apolá, al estilo de Triana. “Santiago y Santa Ana” son las seguiriyas, que popularizó Manuel Torre, que dan paso a “¡Que ya está aquí!”, las bulerías finales, donde él mismo Campos, junto con ‘El Pulga’, firman la autoría de la letra. Como bis, un poquito por tangos, vindican su origen granadino.

Palabras de libertad

Palabras de libertad

VIII Concurso Nacional de Flamenco en las Prisiones

Se cierra el círculo. Enrique Morente decía por tangos “…yo canto para que se me vayan las fatiguitas y las penas”. Los orígenes del flamenco están emparentados al día a día de las capas más necesitadas de los andaluces, sus quejas y vindicaciones. Eran gritos de queja, pidiendo justicia y libertad. Los primeros cantes se asocian al trabajo y al campo, pero también a los castigos y a la prisión, de ahí las carceleras. Ayer se celebró la final de guitarra y de cante del VIII Concurso Nacional de Flamenco en las Prisiones en el Centro Penitenciario de Albolote. Una actividad asociada a las cárceles andaluzas desde hace veinte años. A esta edición del concurso se han presentado, entre todas las modalidades, cerca de cien personas, de las cuales llegaron a la final cinco cantaores y tres guitarristas, todos de nuestra Comunidad Autónoma. Entre los miembros del jurado podemos destacar a los cantaores Segundo Falcón y Juan Pinilla o a Miguel Clavero, Presidente de la Peña de La Platería.

En el escenario colgaban cuatro enormes abanicos de papel pintados gentilmente por el “Niño de las Pinturas”. El teatro de la cárcel estaba lleno, casi todo de reclusos que, para ellos, es además una fiesta. El sonido no era el deseado. Como guitarrista oficial del concurso figuraba Ramón del Paso, limpio y comedido. El ganador en el apartado de cante, proveniente de la Lancha de Cenes, fue Martín Povedano ‘El Curro’ que cautivó por levante y malagueñas, y remató con abandolaos de Frasquito. En guitarra se alzó con el triunfo Serafín Villena, también de Granada, interpretando una rondeña de Paco de Lucía y unos tangos.

El resto de cantaores, con un nivel más que notable, fueron María Josefa Gómez Santiago, natural de Málaga, que hizo tientos-tangos y un par de fandangos; Ramón Durán ‘El Extremeño’, desde Córdoba, que, con una estética y un repertorio “chocolatero”, ofreció un par de tarantos y seguiriyas; Oscar Medina Capitán, de Málaga, destacó por levante y bulerías acamaronadas; por último, Manuel Romero nos dejó seguiriyas y soleá. Los otros dos guitarristas que participaron fueron Juan Carmona López, emparentado con los Habichuela, rondeña y soleares; y Juan Moreno Fernández, de Almería, que hizo taranto y soleá.

La edad de bronce

La edad de bronce

Flamenco viene del Sur

En nuestro paladar empieza todo reza el manual, cuyo texto insinúa más que aclara. Si acaso, recomienda no tener prejuicios, desnudar el alma y dejarse llevar por las sensaciones, por la estética, por el sonido, por el equilibrio. Porque “El cielo de tu boca” es una obra tan enigmática como sugerente que Andrés Marín presenta en Granada después de su estreno en la pasada Bienal. Una fórmula ascética nos guía, o termina de confundirnos, desde el programa de mano. Es la Contemplación, la Acción, la Ebriedad y la Disolución. Son cuatro partes emparentadas y nada definidas para entrar en la cosmovisión de Andrés y su equipo.

En el escenario gravitan campanas de todo tipo, que Llorenç Barber, el campanero polifónico, va sonando de una manera ancestral, mostrando quizá que su sonido plateado entronca con la raíz del flamenco. El baile de Andrés Marín es sobrio, quebrado y minimalista. Se sumerge en la estética de Israel Galván. Un estilo, al que Belén Maya dio en llamar Flamenco Empírico, que también persiguen Rocío Molina, Amador Rojas, Nani Paños y tantos otros.

Las alegrías son reconocibles y agradecidas. Retazos de la Escuela Sevillana delatan al bailaor. Será el único braceo palomar de la noche. Por lo demás, hierático desde la cintura, mientras con los pies lanza un diálogo lleno de sentido y compás. La propuesta, arriesgada como pocas, se derrumbaría sin embargo si no contara con una buena base flamenca (la abstracción y la vanguardia deben partir del conocimiento) y un armazón musical de peso. Un paréntesis en las cantiñas, sorprende al bailaor cantando una malagueña, de Fosforito el Viejo, por derecho.

Las campanas siguen acompañándonos con su eco broncíneo. Segundo Falcón, Enrique Soto y José Valencia, al cante, tienen asumido el juego, enseñan sus cartas y suben la apuesta con algunas comicidades, tipo Antón pirulero” o Niños de San Ildefonso. Antonio Coronel, con su batería y su caja, da la contrarréplica al badajo. Las bamberas se convierten en otro de los momentos amables, antes de que el vídeo radiografíe al bailaor, que aparecerá con cencerros a la espalda abordando unos cantes camperos.

La farruca se destila y contemplamos su esencia. Salvador Gutiérrez, con su guitarra transportada durante todo el espectáculo, hace alarde musical en esta pieza. Nuevos metales dan paso a un par de tonás, que introducen las seguiriyas. Es un momento simbólico, en el que Andrés baila alrededor de una peonza. Un paso a dos entre humano y objeto que nos puede recordar al movimiento de los astros. La salmodia polifónica también acompaña toda la obra dotándola de una espiritualidad obsesiva. Las luces parpadean al compás del bronce y las campanillas toman tanto protagonismo como la “Campana Gorda”, ¿don Antonio Chacón?, que baja para ilustrar el último pase del bailaor (badajo versus badajo).

Termina la función por bulerías, quizá lo más tópico de la propuesta, quizá lo único sensato para la cuadratura de los aficionados.

* FOTO: Flamenco-world.com © (para no advertirlo).