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El arma secreta

El arma secreta

“¿Sabes qué?”, es la pregunta continua de mi hijo Juan para contarme sus cosas. La mayoría son geniales de una frescura y un cándido surrealismo encomiable. Debería apuntarlas más a menudo, pero no daría abasto.

Hoy me ha contado un episodio vivido en la hora del recreo. No sé si sabré contarlo con la soltura y la gracia que tiene mi niño, pero la anécdota merece ser reflejada.

“¿Sabes qué?”. Juan paseaba con un amiguillo de su clase, cuando llegaron dos niños (niño y niña) de tercero, de unos 8 años, que buscaban pelea.

El compañero de Juan, también de 6 o 7 años, le dijo a éste que empleara su “arma secreta”. Entonces ambos acosadores salieron a correr temiendo lo indecible.

Juan salió tras ellos y alcanzó a la niña. Sin piedad atacó con su “arma secreta”, que es nada menos que el “super abrazo”, a veces hasta con beso.

La chica, viéndose presa del mortal abrazo, se rindió incondicionalmente.

Los dos pequeños rieron; habían ganado la batalla.

11 N

11 N

En noviembre 11, caiga en martes o en jueves (aparte de que es el cumpleaños de mi sobrina), ni te cases ni te embarques. En cuanto al casamiento opino, como Sócrates, que hagas lo que hagas te arepentirás.

Pero, en lo referente a embarcarse sí puedo dar unos datos curiosos. Leo con asombro en El libro de los hechos insólitos de Gregorio Dobal, publicado en 1994, que el 11 de noviembre de 1913 una tempestad hundió doce barcos en el Lago Superior de Norteamérica, con el resultado de 254 personas muertas.

Diecisiete años después, también el 11 de noviembre, otra tempestad hundió en el mismo lago a cinco embarcaciones, muriendo 67 personas.

En 1975, otro 11 de noviembre, un carguero repleto de mineral, el Edmund Fitzgerald, se rompió en dos en su travesía de ese lago, muriendo sus 29 tripulantes.

Siguiendo las estadísticas ya mismo tiene que tocar otra catástrofe. Así que, por si acaso, si nos casamos no vayamos de crucero por el Lago Superior.

Después dicen que nadie advierte.

La sangre en el piano

La sangre en el piano

31 Festival de Jazz de Granada

Dos pinceladas flamencas tiene el Festival de Jazz de este año y las dos llegan a través de las teclas del piano. La primera de ellas, la pudimos ver este lunes en el Teatro Isidoro Máiquez de CajaGranada. Se trata de “Diego Amador Trío”. Un conjunto, compuesto para la ocasión, que sonó más flamenco que jazzístico, salvo gloriosos momentos. Y es que la tradición y la dimensión flamenca de Diego se impone en su vuelo, vertiendo su sangre en el piano.

El siguiente brochazo flamenco será Piano Ibérico de Chano Domínguez, el sábado 20 en el Teatro Municipal Isabel La Católica. Estará acompañado de Joaquín Grilo, al baile; Manu Masaedo, a la percusión; y Blas Córdoba, al cante.

El Diálogo del Amargo, versión romance camaroniano, abrió el concierto. Su voz equilibrada, con ese aguardiente gitano lleno de pellizco, decide la tónica de la noche, que va alternando temas cantados con otros exclusivamente musicales.

Los tanguillos y las alegrías se imbrican con efectivas bulerías que, al pasar el tiempo, se alejan más del flamenco, dándole un amplio margen a la improvisación. Los finales están bien definidos.

Estas bulerías, a los postres, hacen guiños evidentes a Chick Corea y al maestro Paco de Lucía, que incluso sale a relucir en una de sus letras.

El granadino Julián Heredia, al bajo eléctrico, se gana un puesto honorable junto a Amador. Sus solos, de buena factura, suenan muy flamencos, a pesar del instrumento tan heterodoxo que porta. Aunque, en los temas libres, le falta algo de espontaneidad.

El baterista mexicano Israel Varela fue creciendo por momentos, dando una lección de energía y eficacia en los solos, sobresaliendo más con las baquetas convencionales que con las escobillas.

Entre tanta fiesta, un poquito por levante, que interpreta el pianista a solas es bastante agradecido. Al igual que las soleares, que encierran una sorpresa, el baile imprevisto y definitivo de Fuensanta La Moneta, que veremos también en el bis final, cuando Diego baquetea el interior del piano, creando un improvisado diálogo con la batería (quizás demasiado largo).

(Diego participó como invitado de excepción en la muestra de La Moneta en la Bienal de Sevilla, ahora la bailaora le devuelve el favor.)

Cómo se mueve esta granadina, cómo marca, con esa fuerza y delicadeza únicas. Una danza redonda, sólo perturbada por un suelo irregularmente sonorizado y el cruce fuera de compás del percusionista.

Francisco Manuel Díaz

Francisco Manuel Díaz

La guitarra en Granada

Granada, sin pretensiones ni chovinismos, es la tierra de la guitarra. De la guitarra en todos sus aspectos, por fuera y por dentro. Conscientes de ello, se han venido organizando muestras y certámenes alrededor de ella que, por desgracia, no tienen la repercusión debida. Entre otras cosas, posiblemente, porque no existe un orden, un plan, una cooperación, como en todo lo referente al flamenco, y cada evento va por su lado afianzando el "yo me lo guiso y yo me lo como", tan propio de la ciudad.

Así tenemos el Festival de la Guitarra de Huétor Vega, La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros, el Concurso de Guitarra de Ogíjares y ahora el ciclo de La guitarra en Granada organizado conjuntamente por la Asociación de la Prensa, en su sede, y el Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

El jueves pasado, coincidiendo con bastantes otras propuestas en la ciudad (eché de menos no haber asistido a la charla Sacromonte, corazón flamenco de Granada de Miguel Ángel González), comenzaron estos diálogos ilustrados, que tomaron como protagonista a Francisco Manuel Díaz, bajo el epígrafe: “De constructor a tocaor”.

El acto está concebido en forma de entrevista ilustrada, en donde el periodista y directivo de la APGR Juan Antonio Ibáñez acertadamente lo gobierna.

Haciendo una semblanza del entrevistado, Ibáñez comienza su presentación recordando al escritor Eusebio Rioja que, en su Inventario de guitarreros granadinos (1983), nos dice que “es algo cierto que la tradición guitarrera en Granada viene desde antiguo. Es posible que nada más asentarse aquí los dominadores cristianos tras la llamada de la Reconquista, vinieran entre ellos artesanos que se dedicaban a la construcción de instrumentos musicales de cuerda y aquí ejercieran su labor e iniciaran la genealogía histórica hasta llegar a nuestros días. (…) Podemos apuntar, respaldados por nuestras fuentes y sin miedo equivocarnos, que en Granada, desde 1532, residían unos artesanos llamados vigoleros cuyo oficio no era otro que el de hacer instrumentos musicales”.

Actualmente, se puede decir que nuestra provincia es la primera en la construcción de guitarras, que se exportan a todo el mundo. Mientras en otras ciudades de tradición, Córdoba, Almería o Madrid, hay uno o dos guitarreros, en Granada hay cuarenta.

Seguidamente, siguiendo la fórmula pregunta respuesta, Francisco Manuel fue desgranando parte de su vida y de su trabajo, desde su infancia, que inicia su labor guitarrera en la Casa Ferrer y en la de Manuel de la Chica, hasta el estado actual de la sonanta, pasando por la construcción de una guitarra “de cristal” (para que se viera su interior) y otra de 15 cuerdas (que hacía las veces de cuatro instrumentos).

También salió a relucir su faceta como guitarrista de acompañamiento, el paradero de alguna de sus guitarras (destacando la fidelidad de Paco Jarana) y su finura para poner las guitarras a punto, aunque la autoría fuese de otro.

El acto termina con una pincelada por soleares trianeras y por tientos-tangos en la voz tan añeja y potente como olvidada de Arturo Fernández.

Y una reivindicación. La necesidad de crear una Escuela de Guitarristas oficial. Se da clases de guitarra en el Carmen de las Cuevas y en otras academias y, sobre todo, las que dan los tocaores en plan particular, pero una enseñanza “reglada” no existe.

* Retrato en blanco y negro (a la izquierda) realizado por Carlos Arbelos©.

Un extraño temblor por encima de la rodilla parecido a las aguas rizadas de un embalse por breve viento silbante

Un extraño temblor por encima de la rodilla parecido a las aguas rizadas de un embalse por breve viento silbante

No sé si vino antes el móvil o este temblor involuntario y pasajero. Es inevitable. Mi pierna derecha experimenta una sacudida inexplicable periódicamente. Esta periodicidad es irregular y difícil de predecir. En el momento menos esperado la pierna se pone a vibrar. El teléfono también vibra en mi bolsillo cuando me llaman. La cuestión es que cuando tiembla la pierna cojo el móvil y cuando el teléfono suena, instintivamente me rasco el muslo.

En Granada se baila por orden alfabético

Adrián Sánchez, Agustín Barajas, Alba Heredia, Almudena Romero, Ana Calí, Ana Sola, Anabel Moreno, Andrés Giménez, Ángela Mendoza, Angustillas ‘La Mona’, Antonia Heredia, Carmen Gómez ‘La Pimienta’, Carmen Yolanda, David Córdoba, Elena López ‘La Sensa’, Eloy Aguilar, Encarna Heredia, Estefanía Martínez Puyol, Estela Rubio, Esther Marín, Estrella Fernández, Eva Esquivel, Eva Manzano ‘Manzanilla’, Eva Yerbabuena, Fuensanta ‘La Moneta’, Isabel Guerra, Isa Vega, Iván Vargas, Jara Heredia, Javier Martos, Javier Serrano, José Candela, José Cortés, Juan Andrés Maya, Kika Quesada, Kiko Anaya, La Caro, La Presi, La Samarona, Lidia Pousa, Lidia Torral, Lidia Valle, Lola Bustamante, Loli Cortés, Lucía de Miguel, Lucía Garrido, Lucía Guarnido, Luis de Luis, Mª Ángeles Narváez ‘La Niña de los Cupones’, Macarena Mulero, Maite Vílchez, Manolete, Manuel Liñán, María Bertos, María Granados, María Guardia ‘Mariquilla’, Miguel Ángel Rojas, Paquera, Patricia Guerrero, Pepa Molina, Pepe Flores, Pilar Fajardo, Pitita, Rafael Amargo, Raimundo Benítez, Raquel Heredia ‘La Repompa’, Rocío Montoya, Rocío Vargas, Rosa Zárate, Rosario Molina, Ruth Molinero, Silvia Lozano, Tatiana Garrido Guardia ‘La Españoleta’, Vanesa Vargas, Vero ‘La India’, Victoria López, Víctor Castro, Yesi ‘La Faraona’, Yolanda Cortés...

Fandango

No quieras que esté sereno,
que la vida son dos días,
la muerte viene el tercero,
pero a mí me bastaría
estar contigo el primero.

Pellizco gitano

Pellizco gitano

Flamenco en La Platería

El sábado se presentó tan caprichoso como desapacible. Las redes de Halloween, una fiesta importada y hortera, se iban extendiendo a través del largo fin de semana y amenazaba a no dejar a nadie con la cabeza sobre los hombros. (De hecho acabé la noche con una gran cicatriz dibujada en el pómulo izquierdo chorreando de rojo hasta la camiseta.)

Esos días intento encerrarme tortugamente y aparecer después de la tormenta. Pero cómo no ir a La Platería que cantaba Toñi Fernández. Así que, más tarde de lo acostumbrado partí para la peña.

A Toñi ya la había visto en Las Gabias hace unos años y me entusiasmó su frescura, su potencia y su pellizco gitano.

Ahora, con dos o tres años de diferencia, me apetecía ver su evolución y disfrutar nuevamente de esta voz joven y lamentablemente escasa.

Ricardo Rivera era el guitarrista, a quien nunca había visto y, después me enteré, era la primera vez que actuaban juntos. Aspecto que no trascendió realmente. Los cantes fueron básicos y, cuando un tocaor está hecho para acompañar, puede amortiguar a la perfección a cualquier cantaor.

Así, el guitarrista gaditano estuvo bastante correcto, exacto por momentos y brillante en los solos por alegrías, tarantas o bulerías.

Desde bambalinas salió Toñi cantando una zambra a palo seco. El aguardiente preciso ya empezaba a hacer vibrar, aunque un punto de inseguridad restaba calidez al conjunto y la voz algo tomada llegaba a traicionar. De cualquier forma, la noche se presentaba segura.

La soleá, posiblemente su mejor entrega, fue larga y sentida. Sin duda, la incondicionalidad estaba ya ganada.

Los tangos sin embargo dejaron algo que desear. Estamos acostumbrados a la impecable interpretación de los tangueros de la tierra. El titubeo no se concibe.

La promesa por levante no se correspondió con el resultado. Dos tarantas, preparadas junto a ‘El Pele’ y un taranto de Almería, su lugar de origen, dejaron algo indiferentes.

Para la segunda parte la cantaora llegó con nuevos bríos y seguridad. Las alegrías, sin embargo fueron un desconcierto, arreglado con creces por la seguiriya y su apoteósico macho final. Los fandangos tampoco llegaron a convencer. Pero por bulerías fue un dechado de arte y gracia, demostrando que lo suyo son los marcados cantes gitanos.

Soy un perro

Soy un perro

El otro día me desperté con cara de pájaro. Hace mucho tiempo escuché a alguien decir que las personas tenemos cara de pájaro o de perro. Cada persona que veía (y que sigo viendo) así me lo confirmaba. De manera que esta verdad se ha instalado en mi subconsciente como la de que todos los ombligos son redondos o, para seguir con los animales, que todos los dueños se terminan pareciendo a sus canes o que a los cuarenta tenemos la cara que nos merecemos…

Yo siempre había considerado mis rasgos de perro, si acaso. Por eso me sorprendió tanto la primera mirada al espejo mañanero para desaparecer con agua fría las pesadas señales del sueño.

Soy mamífero. Las volátiles siempre se han escapado de mi entendimiento. Quizá controle las aves alimenticias, como si fuera gallego. El agradecido pollo, el festejado pavo, el exótico pato, el sofisticado faisán…

Ave que vuela va a la cazuela. Recuerdan. Pero que no me saquen de media docena de conocidos pajarillos. Los gorriones que engordan en nuestras plazas, las gaviotas de todos los mares, las sucias palomas (a no ser que sean de Picasso), y poco más.

De esta manera, cuando levanté la cara frente al lavabo con el cuenco de agua fría en las manos cóncavas, sentí poco menos que alarma al verme convertido en ave. Los ojillos más juntos y redondos, la nariz de pico, la boca discreta…

Me asemejaba, no a un alado común, sino a un ave nocturna y rapaz, a una lechuza, un mochuelo, un búho, un autillo.

No tengo mucho que pensar para ofrecerme una explicación por tal metamorfosis. Llevo tiempo viviendo la noche, días, semanas, años, apurando las sombras y los locales de alcohol y humos ajenos. Llevo tiempo revoloteando a escondidas, camuflado en la pardeza de los gatos y las luces que más que dilucidar confunden.

El pelo-pluma enmarcaba una cara de presa cuando volví a sumergirme en lo oscuro, aleteando de un sitio a otro con una copa en la mano y el depósito lleno. El ambiente bronco de música saturada incide en el anonimato o reafirma la soledad. El pasado no existe, el futuro no importa y el presente se pincha en vena.

Tan visceral es la llegada como la vuelta. Un leve recuerdo del transcurso de la vida termina por vaciar tus bolsillos y atusar tu pelo-pluma instintivamente, llegándote a ser consciente de tu nueva imagen pajaril.

Vuelves a casa dando saltitos como un abanto, como el pájaro que no está acostumbrado a posarse en el suelo. La realidad empieza a caerte encima como una losa fría, dura, inerte. El cansancio se acumula en tus ojos y una sensación agridulce acelera tus pasos.

La noche es un arma de doble filo, llena de mentiras o de medias verdades o de certezas tan crudas y rotundas que llegan a doler y a desnudarte públicamente y, subido en un estrado, subastarte. Una venta que, en la mayoría de los casos, no admite comprador. Nadie puja por un ser defectuoso, por un pájaro desplumado, por la pindárica sombra de un sueño.

Y al llegar a casa, con las llaves preparadas en la mano y pensando en meterte en el sobre cuanto antes o en asaltar el frigorífico y pensar en mañana, abrir la puerta y medio desnudarte por el pasillo intentando hacer el menos ruido posible porque todos duermen. Y respirar por fin. Hogar dulce hogar. Ya saben.

Pero, cuando entro en mi cuarto sigiloso y avieso, como un ave nocturna, me encuentro en mi cama a mí mismo, dormido apaciblemente con cara de perro pachón.

Soleá

A mí me duelen tus besos
pues sin ningún fundamento
yo te acercaba la cara,
tú los tirabas al viento.

Pedazos de Verdad

Pedazos de Verdad

Flamenco en Le Chien Andalou

Me llamaron el domingo sobre el mediodía, que un grupo de irlandeses quería ver flamenco esa noche. Si se planteaban cenar podían ir a Jardines de Zoraya o a la Venta el Gallo; si sólo espectáculo al Tablao Albayzín o alguna cueva; si querían algo asequible y no muy lejano podían ir a Le Chien Andalou (los domingos no hay mucha oferta desde que está cerrado Eshavira).

Optaron por la última propuesta y me fui con ellos. Llegamos con tiempo para coger sitio. El local es pequeño y la expectación grande.

Después de hacerles una introducción apasionada del flamenco y de lo que podíamos ver, comenzó el espectáculo eminentemente festero. Tres bulerías, dos tangos, fandangos de Huelva, alegrías…

Ante el micrófono La Samarona, con bonito timbre y esfuerzo, pero no llega a romper porque no le alcanza la voz. A la guitarra Oscar Martínez, bastante correcto, tal vez lo mejor de la velada, quizá a falta de un poco de brillo, a la percusión Víctor Rodríguez y algunos palmeros espontáneos.

La soleá por bulerías y las alegrías, con las que acabaron las dos partes respectivamente, las ilustró Rosario Molina con su baile limitado, quizá por el espacio. El caso es que Rosario tiene presencia y ganas de contar. Es joven y necesita rodaje. Lo que tendría que corregir lo antes posible es su braceo, que peca de hombrera, es decir, sus manos raramente suben de los hombros, aunque también la altura del local truque las ganas.

La Samarona ilustra sus últimas bulerías a pie de escenario, sin megafonía, cosa que se agradece en un local con acústica deficiente. Y bailando con gracia ese cante.

Para el fin de fiestas, lo mejor de la noche sin duda, subieron al escenario algunos flamencos, presentes en la sala, que, con arte y frescura, pusieron un punto final rebosante de alegría.

Es necesario que existan estos escenarios que dan oportunidad a los más jóvenes. Es necesario cuidar nuestra cantera y abrirles su espacio y contar con ellos. Es necesario que quien se suba a un escenario, lo haga mejor o lo haga peor, esté siempre lleno de verdad.

* La Samarona (foto tomada prestada de su MySpace©).

Desde Sanlúcar

Desde Sanlúcar

Inauguración de la temporada de la peña Solera y Caña de Maracena

Este viernes, desde Sanlúcar llegó Mari Ángeles Rodríguez, que se hace apellidar Mezcle por atención a sus mayores, a la peña Solera y Caña de Maracena integrada en el circuito de peñas andaluzas. Nunca la había visto, aunque, siendo de la zona de Cádiz, su propuesta podía entreverse.

En su presentación relacionaron no sé cuántos premios, bastantes de ellos centrados en la saeta. No es época de cantar saetas ni volar incienso, pero alguna toná o cantes de labor sí que habría venido bien.

23 años tiene la artista y presencia flamenca, aunque aún no domina el escenario. Le acompaña el murciano Pascual de Lorca a la guitarra, que dicen ganador de un Bordón Minero. Puede que sí (no lo he comprobado) pero o no fue su noche o no está a la altura. Corrección y arpegios más o menos logrados, pero sin destacar ni en el solo ni en el acompañamiento.

María empieza por caracoles con voz brillante y rica en registros. Su tierra le tira tanto que, después de unas malagueñas mediocres rematadas por un infructuoso intento de hacer fandangos de Granada, canta por alegrías. Una redundancia de ninguna manera justificada.

Su propuesta por peteneras es bien aceptada, a pesar de no atender a sus silencios. Su mejor propuesta fueron las seguiriyas, donde se quejó por derecho. En las bulerías volvió a los aires gaditanos. Y, como regalo, ya sin megafonía, ofreció unos fandangos bastante potables.

Con esta actuación la peña Solera y Caña de Maracena inicia el nuevo curso con la misma ilusión (y con el mismo presidente) que hace 11 años. Para este día vino el alcalde para manifestar su apoyo al flamenco y a la peña en particular, a la que prometió públicamente un nuevo local de 250 o 300 metros cuadrados. En la mano de los peñistas está la labor de llenar ese nuevo espacio de gente y de contenido.

* Imagen de su primer trabajo discográfico.

Un Giraldillo para Granada

Un Giraldillo para Granada

David Carmona obtiene el Giraldillo “Revelación”

Teníamos seis representantes granadinos en la Bienal de Sevilla con espectáculo propio, la mayoría de estreno.

Tácitamente este encuentro, por derecho propio, se ha convertido en el templo del arte flamenco. Es el vórtice donde converge todo el latir de nuestro arte, el de hoy, pero también el de ayer y en gran medida el de mañana, pues es en este foro donde se dictan las directrices a seguir, donde se colocan las primeras piedras para las construcciones de los próximos dos años.

La Bienal es un escaparate al mundo. Es el imprescindible álbum de fotos que identifica a quién es quién, que recoge a todos los que son y en gran medida son todos los que están.

Granada, ya lo dije, a veces es muda para occidente. Salvo algunos nombres granadinos (Maya, Morente, Yerbabuena) nunca ha habido presencia en Sevilla, en Jerez, en Utrera...

Este año, los cantaores Marina Heredia (con una actuación brillantísima), Estrella Morente y Antonio Campos; las bailaoras Eva la Yerbabuena (Giraldillo a la mejor dirección escénica: Juan Ruesga) y La Moneta (y Patricia Guerrero, en el espectáculo de Rubén Olmo, distinguido con el Giraldillo a la mejor coreografía); y el tocaor David Carmona, Giraldillo “revelación”.

He ido siguiendo la Bienal día a día a través de los periódicos, internet y, cuando he podido, en presencia, y he constatado la seriedad y la buena salud de los flamencos de Granada. Desde estas páginas quiero dispensarles mi admiración y respeto a cada uno de ellos, y una felicitación muy especial a David Carmona que, haciendo posiblemente menos ruido que nadie, con sólo 21 años se ha traído el galardón más prestigioso del encuentro sevillano para el artista novel.

Helena Modjeska

Helena Modjeska

Hablando con alguien en cierta ocasión sobre los grandes personajes de la historia y contemplando su origen, nos atrancamos en la nación polaca. Pocos polacos habían pasado individualmente a la historia. Eran los años en que ocupaba el trono papal Juan Pablo II, natural de Polonia. También nos venía a la mente el Premio Nobel de Lech Walesa y algún premiado más de nombre impronunciable. Quizás Isaac Singer o Marie Curie. También evocamos nebulosamente la revolución de los mineros polacos en los albores del comunismo.

Aparte de este puñado de nombres contemporáneos, poco sabíamos de ciudadanos polacos que hayan dejado huella. No sé quién mencionó a Copérnico, un buen candidato. Y después descubrimos al gran viajero y escritor Kapuściński, imprescindible en la biblioteca.

Ahora me encuentro con el caso de la actriz polaca Helena Modjeska (1844-1909) que era enormemente popular en su país gracias a la calidad interpretativa y al realismo con que actuaba, sobre todo, interpretando protagonistas femeninos de obras de Shakespeare.

En cierta ocasión, en un banquete oficial al que había sido invitada fuera de su tierra, se le pidió que dirigirse unas palabras a los comensales. La actriz comenzó a hablar en su lengua natal y, dicen, fue tan grande la emotividad del discurso que todos aplaudieron fervorosamente, aunque nadie llegó a comprender una sola palabra.

Lo más extraordinario sin embargo fue, según confesó la propia Helena, que no había hecho más que recitar una y otra vez el alfabeto polaco.

Últimamente me han presentado a varias chicas polacas (a las que le dedico este artículo) y, cuando conozco su nacionalidad, me acuerdo de la conversación con mi amigo, de los nombres que fueron surgiendo y de esta hipnótica actriz.

* Helena Modjeska en el papel de Ofelia.

Sueltos

Sueltos

Últimamente he atendido a varios recitales de flamenco sin hacer mención de ellos, simplemente por falta de oportunidad o trascendencia, pero que sin embargo prevalecen en mi memoria jalonando mi programa. (No quiero hacer mención de lo que no he podido ver.)

Cronológicamente el primero que deseo atender se pierde en un día de entre semana del pasado mes. Actuaron Verónica Giménez, al cante, y Pepe Agudo, a la guitarra. De Pepe, natural de Huétor Vega, sabía de su afición pero no de su profesionalidad. Le queda mucho qué aprender. Debe estudiar, echarle horas y soltarse, sobre todo en el acompañamiento. Digamos que de amateur es bueno pero en el escenario deja que desear.

Vero, de estirpe flamenca de Montefrío, tiene mucho que decir, en cambio. La conocí hace cinco o seis años y ya me impresionó su afrontamiento, su estilo y sus formas, pero sobre todo su voz gitana, clara y afinada.

Esta cantaora hizo un paréntesis, por motivos que no vienen a cuento, y ha vuelto con ganas, todavía joven, muy joven. Aunque, como les digo a todos, esta no es una carrera fácil, hay que estudiar, trabajar, cuidarse y exigirse. Porque, para cantar flamenco, como dice nuestro amigo Antonio Gallegos, son imprescindibles poseer cuatro cosas: oído, talento, corazón e instrumento.

No recuerdo lo que interpretaron y menos su orden. Sí puedo afirmar que la guitarra se quedaba corta, y que la cantaora, aunque con la voz sensiblemente tomada, no podía volar con gusto.

Recuerdo con buen sabor su soleá de Triana, sus tangos y sus granaínas. Pero sobre todo un fandango de Montefrío, que debe mimar y vindicar allá donde vaya.

El 9 de octubre, en La Chumbera, asistí al espectáculo de baile de Adrián Sánchez. Este bailaor granadino ha emprendido una carrera en solitario que le sienta bien. Hasta ahora siempre lo había visto en compañía, rodeado de su mujer y de sus alumnas aventajadas, que le restaban fuerza y personalidad.

Parte de los bailes los presentó en Jérez con bastante éxito que, al no ser flamenco occidental, tiene doble merecimiento. Su baile es estiloso y tecnificado, basado en un perfecto tacón punta y un cuidado programa que trasciende hasta en el vestuario.

Su cuadro, sin embargo, siendo grandes en su estilo, queda disminuido para acompañar, máxime en una sala con sonido de ultratumba. Sergio Colorao, con su buen gusto, no es cantaor de atrás. Rubén Campos, con su creatividad, no es tocaor de atrás. El Turri ofrece una dimensión interesante con la travesera, sobre todo por bulerías. Cristina García acompaña a las palmas.

Es de destacar por soleá y por tarantos, sobre todo su roneo con gracia y con peso en los tangos.

El domingo pasado estuve en Le Chien Andalou viendo bailar a la bailaora algecireña afincada en Granada Pilar Fajardo. Bueno, intentando verla, puesto que el lugar es pequeño, estaba lleno y un parroquiano no me quiso abrir un hueco en la delantera, a pesar de que tenía posibilidad y un servidor ocupa poco y molesta nada.

Así, la primera parte tan sólo escuché que bailaba por levante y remataba por tangos. Tras el intermedio sí pude calzarme por detrás y entrever la propuesta por bulerías del guitarrista Josele de la Rosa, menos eficaz que otras veces, pero con un toque progresivo y personal; y el cante por tangos de Sara la Samarona, también de Algeciras, con letras bellas por inusuales, con poca voz aunque bonita y canastera.

* De izquierda a derecha: Sara La Samarona, Josele de la Rosa y Pilar Fajardo, ese mismo día (foto cedida por Josele).

Acaso tiemblo

Acaso tiemblo
varias veces a la semana
temiendo lo peor.
Creo que todos somos víctimas.
Puede que un cabeza rapada
o un vil encapuchado
trunque mi vida
en una calle
que ni siquiera
sabré su nombre.

* De El que come en medio pasa la sal.

La miel en los labios

La miel en los labios

Apertura de temporada de la Platería

El sábado fue un día difícil para el aficionado. Complicado, no por la carencia, sino por la abundancia. En mi conocimiento estaba el baile flamenco de Lola Bustamante en el Auditorio de la Chumbera, en su ciclo sabático “Patrimonio Flamenco”; Ana Serrano y Hugo de Dogma estaban en la Peña Flamenca Manuel Ávila de Montefrío, en el Circuito de jóvenes andaluces por las peñas autonómicas; en el Centro Sociocultural Fernando de los Ríos de Albolote, en recuerdo de Miguel Hernández, dentro de la 11 Semana de la Oralidad, tenía lugar un concierto flamenco de Manuel Gerena, Juan Pinilla y Esther Crisol; José de Pinos estaba en Le Chien Andalou; Pilar Marchena en el Teatro Martín Recuerda de Salobreña; y Arcángel y Miguel Ángel Cortés abrían la temporada de la Peña de la Platería. Casi nada (el viernes también estuvo cargado).

Dónde ir. Difícil dilema si el deseo se multiplica. Decidí hacer un recorrido local del Sacromonte al Albaycín. De La Chumbera a La Platería.

Después de haber visto en el Centro de Estudios Gitanos el espectáculo más mediocre de los últimos tiempos (la nieta de Loles del Cerro, bastante alejada del arte de su abuela, tenía sus pellizquitos por tangos), puse mis esperanzas en la decana de las peñas.

Cuando a un artista le precede su nombre y es punta de lanza, la exigencia de su público debe ser mayor y la satisfacción declarada. Arcángel, que nos sorprendió con su primer trabajo Arcángel en 2001 (aunque después grabara dos discos de semejante factura) y se colocó entre los primeros cantaores de su generación, ofreció un concierto poco arriesgado.

La sola palabra “correcto” no debe ser suficiente para un artista de esta categoría. Reconocemos no obstante su bello timbre y su voz colorida y amable, su conocimiento del cante, su largura y su compás. Fiel representante de su tierra destaca en los temas fandangueros y en los estilos libres.

La soleá que principiaba el recital, lleno de esperanza la sala del cante. Los tangos, en los que se notó su influencia morentiana, bonitos no más (sobre todo su final), pero quedaron desleídos. Miguel Ángel Cortés, a su lado, reivindicó los sonidos del camino. La malagueña goza también del beneplácito del respetable, aunque se notara alguna ausencia. Necesidad rompedora de la que carecieron las seguiriyas descompasadas con las que acabó la primera parte. Ya sabemos que es una propuesta novedosa, ya sabemos que se tiende a redondear y a romper moldes por sonidos más vanguardistas, pero cuando los cimientos sufren, cuando la esencia se desvirtúa, se tambalea todo el edificio.

La segunda parte puede que estuviera más conseguida. Posiblemente por la abundancia de cantes fuera de compás. Incomprensiblemente vuelven al escenario con soleares, aunque más aceleradas. Por levante (taranta, cartagenera y levantica) tuvo sus cosas y los fandangos naturales terminaron de situarlo en su sitio. Las alegrías adquirieron un tempo lento, diferente y, con alguna confusión en las letras que le restó profundidad al mensaje, eficaz.

Y, antes de acabar por Huelva, lo que domina a la perfección, saludó por fin a los presentes, lo que definió el cambio del título de este artículo que se iba a llamar “Ni las buenas noches”.

* Foto de Daniel Muñoz para flamenco-world.com©.

Tristeza

Tristeza

* En el 97 tengo fechado esta aguatinta que archivé con el nombre de "Tristeza". Tiene que ser uno de mis últimos dibujos antes de que se me quitara definitivamente.

Queda poco cielo que mirar

Queda poco cielo que mirar.
Las nubes han cubierto la luz.
Me desapareció el mediodía.

Para aprender flamenco

Para aprender flamenco

La salida del baile flamenco, si no se tiene una carrera regular y medianamente reconocida, es la enseñanza. Incluso si el nombre precede al bailaor y el trabajo no falta, el llamado de academias para sesiones puntuales e impartir magisterio es continuo.

Granada es una ciudad flamenca indiscutible, donde hay unos particularismos evidentes. El cante suele ser más cerrado y estudioso, la guitarra rica en rasgueo y limpieza, el baile fuerte y extremo.

Al llegar esta fecha otoñal de principio de curso el horizonte se amplía, nuestros deseos son incluso más ambiciosos que para un nuevo año. Los propósitos para con nuestra vida, nuestros hábitos, nuestro cuerpo, son serios (aunque duren un par de meses).

Comenzamos coleccionables, dejamos de fumar, elegimos gimnasio, nos apuntamos en clases de... o decidimos aprender a bailar flamenco.

El baile flamenco, como toda actividad artística, requiere disciplina, responsabilidad, entrega, atención, seriedad y entendimiento.

Hay muchas madres que matriculan a sus hijas en academias flamencas (aún creemos que el baile es de chicas y el fútbol de machotes). Algunas también a sus hijos, aún desconociendo que el varón lo tiene más fácil simplemente por pura estadística. No tiene tanta competencia.

A la mayoría de estos alumnos les va a servir para poco estas clases. Como mucho para recordar cuando sean mayores que cuando niños aprendieron a bailar sevillanas, la reja o un poquito por tangos. A otros les entrará el gusanillo del flamenco y seguirán y si valen y tienen suerte encontrarán un hueco en este difícil mundo del espectáculo.

Pero cómo empezar. Fácil: yendo a una academia. Casi todas tienen niveles básicos y de perfeccionamiento, para principiantes e iniciados.

¿Cuál elegir? En principio la que se adapte mejor a las circunstancias de cada uno: cercanía y facilidad de acceso, horarios, precio...

Superada la base, nos podremos fijar en el profesorado, acompañamiento, carisma, cursos especiales...

No quiero inclinarme por ninguna academia en general ni mucho menos por un profesor en particular. Pero sí me gustaría hacer una relación de enclaves granadinos de confianza para prestarles nuestro cuerpo y nuestro tiempo y recompensarles con nuestro dinero (que bien mirado es mejor que invertirlo en un gimnasio).

En el Albaycín está el prestigioso Carmen de las cuevas y en el Sacromonte la Escuela Internacional de Flamenco ’Manolete’ en La Chumbera; Jara Heredia comienza este año a dar clases en la peña Luis Habichuela; y no sé si sigue funcionando la Academia La Presy.

En la ciudad tenemos la Escuela Flamenca Mariquilla en Santa Clotilde, la Escuela Superior de Arte Flamenco (de lo Zárate) en la calle Palencia, la Academia Andaluza de Baile Adrián y Cristina en la Carretera Antigua de Málaga, el Estudio Luis de Luis y Esther Marín en la calle Pasaje Andaluces.

En Cartuja está el recientemente inaugurado Centro de Estudios Flamencos, en la Acera del Triunfo la Escuela Flamenca Chua Alba, en Arabial la Academia Mónica Gómez, en Parque Luz la Escuela de Danza Española Maite Galán, en la calle Pablo Picasso la Academia de Marichu, en Torre de los Siete Suelos la Escuela de Danza Mariola de Burgos y en San José Baja la Escuela de Danza María del Puerto.

Si salimos a la provincia, en Ogíjares da clases Eva Esquivel, en Armilla Violeta Ruiz, en Huétor Vega hay una Escuela de Flamenco en la peña La Parra, en Bubión el Centro Flamenco La Fuente y en Motril la Academia Lunares.

Seguro que faltan nombres y locales, pero están fuera de mi control. Iré ampliando esta relación conforme tenga nuevas noticias.