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Y ahora el concepto

Y ahora el concepto

XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Primero fue la sangre. La sangre y la fuerza y la cueva y el fuego en los ojos. Después vino el vuelo y la técnica y el silencio y la razón. A continuación el espejo y el desinterés y la ventana abierta y una vena contemporánea que le da paso al infinito. Ahora llega el concepto.

El baile se sintetiza y dice más de lo que se ve. El interior sale por la boca y, como en un jardín borgiano, la bailaora se pronuncia, salta al vacío, y hace coincidir el flamenco con la vida y la vida con el baile.

En la parrilla del teatro Lope de Vega de Sevilla, para la XVI Bienal de Flamenco, La Moneta rasca en su ordenado cerebro y rasca en su corazón, enorme de pura verdad, y sale al escenario para jugárselo todo a una carta.

Se arriesga planteando una Duda al empezar. Una introducción vanguardista difícil de digerir para el público hispalense. El zapateado Claro oscuro rápidamente palia con gracia cualquier desajuste en la mente ortodoxa.

Los dos cantaores, Miguel Lavi y David Sánchez ‘El Galli’, se lucen con toda el alma en las tonás, sólo superadas en la soleá con la que cierran.

A estas alturas se evidencia una dimensión coreográfica en la bailaora granadina sensata y eficaz. Por momentos recuerda a Mario Maya, a Eva tal vez. Dos grandes aciertos sobresalen en este concepto grupal. El primero es la convencida ruptura de la simetría, de un cuerpo unísono y monótono, a favor del equilibrio y la apuesta individual o el alterno paso a dos. El segundo radica en la imbricación de un tema con el final del anterior y el comienzo del siguiente ofreciendo un estimulante dinamismo.

Estos puntos se evidencian con toda claridad en las Intenciones por peteneras, uno de los preciosismos de la obra, que Fuensanta baila con palillos y manga bolera y se solapa con los Aires a ritmo de Raimundo, apuntando el final de esta pieza. Benítez es un bailaor con clase e ideas que tiene bastante que decir. El público reconoció su entrega.

Totanera es un taranto, donde destaca el guitarrista Miguel Iglesias, que adquiere evidencia cuando se convierte en tango. Correcta la bailaora con vestido de cuadros y mandil, que se desmelena dominando como pocos en los guiños del camino. Ronea es sus pasos y estremece con las caídas.

La sorpresa de la noche llega frente al piano. Es Diego Amador que remata los tangos e improvisa por fiesta para aliviar la próxima entrada de La Moneta. Quizá un poco larga su intervención, quizá necesaria para enriquecer el momento. Como es habitual, el inspirado juego de las teclas, Diego lo colorea rascando el piano por dentro, en su empeño de demostrar que también es un instrumento de cuerda.

La pieza se va serenando hasta trocarse en zambra caracolera que canta el mismo pianista con su voz desgarrada y su aura gitana. La Moneta baila con un atrevido vestido de cola leopardiano que la convierte en mujer fatal entre sus partenaires.

Otro compás de espera se encuentra en los fandangos. Puede que lo más flojo de la noche por su inconsecuencia, que pasan sin embargo al apoteósico desenlace final por soleá y su remate.

Una reflexión antes de acabar. Por muy clara que tengamos la obra y por muy atados que veamos los cabos, un director de escena es necesario para poner a cada uno en su lugar y lo mismo que para el sonido y las luces se cuenta con dos grandes profesionales, el aspecto teatral debe ser supervisado.

Los cantaores cantan, si no serían actores o bailaores. El pedir de ellos que ocupen puestos avanzados e interpreten es un juego nada ventajoso.

Alma mía es la soleá donde Fuensanta La Moneta en verdad reivindica su espacio y su poderío, donde convence con la fuerza de su cuerpo e hipnotiza con su mirada. Es la conclusión lógica y trascendental de casi dos horas de espectáculo (demasiado largo). Soleá que se prolonga con aires de fiesta y termina con toda la fuerza y el poder de su arte, en un crescendo arrebatado por bulerías.

* ...que Fuensanta baila con palillos y manga bolera... (Luis Castilla© para deflamenco.com).

Una mijilla de Graná en Graná

Una mijilla de Graná en Graná

Flamenco en Le Chien Andalou

Mi teoría se confirma. Granada es la única ciudad donde se puede escuchar/ver flamenco a diario con meridiana calidad. Si no es en un teatro o un festival, es en una cueva o un tablao y si no en una peña o cualquier local alternativo. Lo que falta en este reino de taifas es una mínima y, por lo que llevamos visto, imposible organización.

Empieza la temporada fuerte. Las peñas se están desperezando. Tenemos los jueves La Guitarra en Otoño en la Casa de los Tiros; los sábados el Patrimonio Flamenco en la Chumbera; los viernes y sábados espectáculo flamenco en la sala Vimaambi; los domingos en los Jardines de Soraya; las cuevas funcionan los fines de semana; el tablao Albayzín; fiestas en los barrios; el Concurso de Guitarra de Ogíjares…

Y ahora también en Le Chien Andalou. Todos los días, a partir de las 22,00, podremos disfrutar en este mes de octubre de una representación de los flamencos de la tierra, desde el ínclito Niño de las Almendras hasta Emilio Maya, pasando por Pilar Fajardo, Almudena Romero, Luis de Melchor o José de Pinos (miren el calendario a la derecha).

El local no es muy grande y, más que se llena, se abarrota en seguida. Pero todos encuentran su sitio. Tiene un pequeño escenario en una semi cueva abovedada donde se puede beber y se puede comer.

El martes estuve viendo a un trío de flamencos que llevan su arte y el nombre de Granada por todo el mundo. Sobre todo por los países del Este. Con algún añadido  (Lidia Valle, Marcos ‘Palometas’ y ahora Fita Heredia) mueven el espectáculo “Una mijilla de Graná”.

De protagonista figuraba Jorge ‘El Pisao’ con su guitarra, aunque la verdad forma piña indisociable con el cantaor David Sorroche y el bailaor Víctor Castro.

Destaca de ellos su profesionalidad y su sentido de la medida. Su actuación, adaptada para el local que le dio refugio, fue sincera y entregada, fresca y distinta. Sobre todo distinta. Tantas giras fuera de España le han llevado a destilar el flamenco ofreciendo lo preciso, arriesgando y comunicando nítidamente que el flamenco no es un escenario ni cuatro voces, cuatro patadas y el rasgueo de una guitarra. El flamenco es un modo de sentir, una ontología en la que influye el estado de ánimo, la acogida y hasta el tiempo atmosférico.

Como el camino de Machado, el espectáculo se va haciendo a cada paso. Por eso el nivel de complicidad e improvisación, siempre dentro del respeto y la alegría, un leiv motiv, es indispensable en un grupo que empezó en Málaga (malagueñas y abandolaos) y terminó en el Camino del Monte (zambra y tango), pasando por Cádiz (alegrías) y Huelva (fandangos), y encerrando en las bulerías todo el orbe musical.

Fandango

Mi cabeza no descansa
hasta que estoy moraíto,
es que te echo tanto en falta
que por ti me precipito
en un pozo de ignorancia.

En Granada se toca por orden alfabético

Alfredo Mesa, Álvaro ‘El Martinete’, Ángel Alonso, Antonio Heredia ‘El Chonico’, Antonio Carmona, Antonio de la Luz, Armando Linares, Bettina Flater, Carlos Zárate, César Cubero, Daniel Heredia, David Carmona, David Heredia, Emilio Maya, Enrique de Melgárez, Fco. Manuel Díaz, Francisco Jiménez, Isidoro Pérez, Jonatan Morillas, Jorge ‘El Pisao’, José de Pinos, José Fajardo, José Fernández hijo, José Manuel Cano, José María Ortiz, Josele de la Rosa, Juan Carmona ‘Habichuela’, Juan Habichuela Nieto, Juan Habichuela Ketama, Kiki Corpas, Luis Mariano, Luis de Melchor, Manuel Carmona, Manuel Carvajal, Manuel Heredia, Marcos García ‘Palometas’, Melchor de Córdoba, Miguel Ángel Cortés, Miguel Ochando, Oscar Martínez, Oscar Valor, Paco Cortés, Pepe Habichuela, Pepe Maya ‘Marote’, Pilar Alonso, Rafael Fajardo, Rafael Hoces, Rafael Santiago Habichuela, Rafael Soler, Ramón del Paso, Rubén Campos, Rubén Silva, Tomate de Montefrío, Vicente ‘El Granaíno’, Vicente Márquez "Tente”...

Una Estrella al alcance de la mano

Una Estrella al alcance de la mano

Una de las voces más valoradas en el panorama flamenco actual

En la Navidad de 2001, el mismo año en que vio la luz su disco debut, Mi cante  y un poema, aunque ya había tenido colaboraciones gloriosas en los discos de su padre (recuérdese el tema Manhattan en Omega de 1996), Estrella se dio el capricho de grabar Calle del Aire, en el que incluía un pequeño Regalo de Navidad, una taranta de Almería de cuando tenía siete años, acompañada por la guitarra del maestro pamplonés Sabicas. Corría el año 1988.

Esta incipiente grabación principiaba, quizá sin advertirlo, un hilo invisible en su manera de hacer que aún se está estirando. Con la voz todavía insegura de una niña, ya en esos años entonaba con suficiente afinación y gusto desmedido. El poso de lo que es y lo que llegará a ser ya se iba asentando.

No basta tener un nombre, aunque ayuda, no nos engañemos, no basta venir de una familia flamenca, tener como padre al número uno de la creación flamenca actual y de madre a una bailaora de raza. Hace falta tener cualidades, ser buena aficionada y poner pasión en lo que se hace. Si a todo esto le unimos una imagen arrolladora encontramos al animal de escena en que se ha convertido Estrella Morente Carbonel.

Su presencia la precede, su estilo y su elegancia, al igual que saber moverse en un escenario, pero si estas cualidades no se acompañan de una interpretación única y evidente, ya no en el panorama flamenco, sino en el orbe musical, la artista se diluiría.

El patriarca Enrique Morente dijo en una ocasión que la voz de su hija era la más parecida a la de un pájaro que había escuchado nunca. Es un gran piropo y, conociendo que su padre no opina gratuitamente, es una gran verdad.

Las cualidades de su voz, afinación, calidez, brillo, altibajos, mediotonos, notas inalcanzables… son indiscutibles; su poder escénico es hipnótico; su evolución da vértigo. En buenos maestros se ha fijado, que van desde su padre hasta su adorada Pastora Pavón, ‘La Niña de los Peines’, pasando por Marchena o Lola Flores. Y, aunque se considera cantaora flamenca por encima de todo, no duda en abrir la ventana e impregnarse de Frank Sinatra, Nina Simone, Chavela Vargas o Rocío Jurado, como evidencia en su último trabajo Mujeres (2006). No duda en prestar su voz a otras manifestaciones artísticas más o menos alejadas del flamenco, como lo demuestran sus incursiones cinematográficas, con Saura, con Almodóvar, en las que seguirá insistiendo, propuestas no le falta, asegura.

A este último trabajo tan heterodoxo, según los planes de la artista,  le sucederá próximamente un nuevo disco “que va a ser muy flamenco”. Habrá que estar atento.

Granada tiene en ella una buena embajadora. El nombre de su patria chica lo pasea con orgullo allá por donde camina. Se casó en esta ciudad y, aunque por circunstancias laborales sobre todo, vive en Málaga, confiesa que su destino es el Albaicín y más pronto que tarde volverá a Granada donde, entre otras cosas, "te traen el pan a la puerta de casa".

No todo son rosas, sin embargo. El escenario, gracias al cielo, no es una ciencia exacta, como las matemáticas. Hay días y días, existen altibajos, respuestas positivas y no tanto, incluso dolorosas. Los paladares no son todos iguales. El valor de una artista, de cualquier persona, se demuestra en los malos momentos, en las adversidades. Y, Estrella, ha demostrado que sabe levantarse cuando tropieza, que es optimista, que mira hacia delante fijando su meta en lo más alto. Detrás de ella (o delante) está su trabajo desde que la vimos adolescente actuando en La Platería, en el Corral del Carbón, con su compañera Marina Heredia, o en la Gala de presentación de los Campeonatos de Esquí Alpino de Sierra Nevada. Imparable.

Sin embargo, la natural ambición de toda artista, choca con la responsabilidad. Consciente de que en el mundo del flamenco la política del “pelotazo” es efímera o simplemente inexistente, de que andar se demuestra andando y que, como en los tangos de Morente, “…el mundo da muchas vueltas y ayer se cayó una torre”, se plantea la vida como una trabajadora y como una madre (una de sus facetas más queridas).

Por eso es exigente consigo misma, por eso no deja de luchar, por eso es humilde, como aprendió de sus mayores. Humilde y asequible. Una Estrella al alcance de la mano.

* Publicado hoy, domingo, 3 de octubre, en IDEAL.

** Ilustración de Antonio Mesamadero para la ocasión.

Manuel de Falla se reencuentra con el flamenco

Manuel de Falla se reencuentra con el flamenco

Concierto extraordinario

Reapertura del Manuel de Falla

Lamentablemente, lo más llamativo de la actuación de Estrella Morente y la OCG, en la reapertura del Manuel de Falla, el último día de septiembre, fueron los imperdonables crujidos de los altavoces, que limitaron manifiestamente la entrega de la artista.

En una inversión de más de cuatro millones de euros para la remodelación del Auditorio (acústica, asientos, cubierta, entrada, taquillas…), que falle algo tan simple como la megafonía es incomprensible. No lo he llegado a comprobar, pero debía ser la conexión de un cable en el micro o en uno de los altavoces. Cuando la cantaora subía, un craqueo tapaba su voz, así que, con tiento, se ofreció de una manera un tanto menguada. Lo suyo hubiera sido cantar a pelo, pero la orquesta se habría comido la canción. Las Siete canciones populares y El amor brujo, escritas por Manuel de Falla para una mezzosoprano, aunque Estrella tiene facultades, cualquier voz hubiera quedado reducida.

Juanjo Mena, director invitado, responsable de la BBC Philarmonic Orchestra, fue un ejemplo de dinamismo y perfección. La delicadeza milimétrica de su buen hacer fue ampliamente reconocida, no sólo por el público, sino sobre todo por los impecables resultados.

La noche comenzó con el Interludio y la Danza de La vida breve, una promesa de eternidad. Pero al abordar, ya con la artista granadina, una selección de las Siete canciones populares (El paño Moruno, Asturiana, Nana y Polo), el accidente aludido restó brillo a la obra. Estrella, una flamenca con tablas, superó no obstante el escollo con valentía. Dio lo mejor que pudo y fue agradecida su tesitura, sobre todo en la nana, pero el desajusté le afectó visiblemente.

Tras el interludio, donde Enrique Morente, presente con toda su familia, indignado con razón fue a quejarse, un micrófono de pie vino a sustituir al de cabeza.

La Suite Número 2 de El sombrero de tres picos superó el sobresaliente, para recibir nuevamente a la solista en El amor brujo, una tácita prueba de fuego para toda cantaora, por la que han pasado Rocío Jurado, Carmen Linares o Esperanza Fernández.

Un breve chispazo al principio anunciaba lo peor, pero no se volvió a repetir. Estrella, con un vestido rojo fuego con mucho vuelo, fue cogiendo confianza hasta llegar a dominar absolutamente. El segundo movimiento de este ballet fue poco menos que apoteósico. La cantaora encontró su sitio y se entregó como sabe. Para mí sobró el baile que protagonizó Estrella en los momentos musicales, a toda vista improvisado. El paseo alrededor de la orquesta, el movimiento del vestido y sobre todo el zapateado estuvieron de más. Elegante hubiera sido el sólo braceo o la simple pose en que la granadina arrebata.

Ante los aplausos continuados, fuera de programa ofreció un bis a capela, esta vez sin megafonía, lo que se terminó agradeciendo. Se trataba de las dos primeras estrofas de la Habanera Imposible de Carlos Cano. Lo que terminó de dejar un buen sabor de boca y la conciencia de que “Granada es como una rosa…”.

Mi primer cuento

Mi primer cuento

Mi hijo Juan, de 6 años, tuvo una invitada en casa este sábado, Mariana de 10 años. Por la bondad de la chica, entre otras cosas, hacen buenas migas, a pesar de la diferencia de tamaño.

Toda la tarde estuvieron jugando, merendando, jaleando y pateando la casa como sólo dos niños saben hacer, como sólo un padre permisivo tolera.

Cuando empezaba a oscurecer, hice que se arreglaran un poco y me los llevé a cenar a la calle, justo cuando habían decidido escribir un cuento a medias.

Durante el camino, la comida, el regreso y el helado estuvieron elucubrando sobre el tema, el título y la repartición de la escritura. Quedaron en que Juan proponía la primera parte y Mariana llegaba hasta el final.

Cuando se despidieron (la madre de Mariana vino a buscarla) ya tenían un argumento cerrado. La historia era de Gormiti, basada en los muñequitos multicolores que invaden la casa y los dibujos animados del mismo título a los que están todos los niños enganchados.

Al día siguiente, domingo, el niño se levantó antes de que dieran las nueve con el único propósito de encender el ordenador y comenzar el relato.

Todo a su orden, impuso la autoridad paterna. Así que, después de lavarse vestirse y desayunar, le abrí el procesador de textos y, al rato, me pidió que le imprimiera lo siguiente (después de corregir por mi cuenta algunos errores ortográficos):

Luminor sale de su escondite

Todo empezó en casa de Nick y Toby y también estaban Lucas y Jessica y se fueron al parque donde Rasel los asustó y se fueron al templo de los elementos y se metieron por el agujero que conduce a Gorm y se tiraron por el agujero mientras Lord Magmion espera a que salga Oscurio y hace un hechizo y dejó a Jessica y Nik congelados.

Continuará…

Hoy nuevamente lo recojo del cole y, al hablar por teléfono, me ha dicho que tiene ganas de llegar a casa para escribir otro cuento.

Pensando si debía o no preocuparme por la precocidad de un niño de seis años, me cantó una canción que se había inventado. Todos los chicos se inventan letrillas, pensé. Pero ésta la canta en inglés.

Final de los cincuenta

A veces te imagino,
siempre te sueño.
Te veo en los atardeceres
despetalando margaritas,
con tu vestido blanco,
por debajo de las rodillas,
y la sonrisa puesta,
esperando a tu amado
en cualquier plaza,
y él regresaba
con el trabajo colgado en las yemas,
y los números y los bancos
encima de los ojos.
En cambio, la tinta y la pluma
se diluyen sin condiciones,
al primer beso de tacón alzado.
Y entrelazáis los flancos
para acudir al cine acaso,
donde estar más juntos si cabe,
para aspirar su aliento
en el silencio oscuro de la sala
y sonreír en blanco y negro
con manos volanderas.
De regreso, el frío os sigue apretando
hasta la puerta, que,
con un beso en la comisura,
bajo el paraguas,
si llueve, se despide
para la bendita rutina
del mañana postrero
en el que llegaré a existir.

27 de septiembre

27 de septiembre

Hoy hace dos años que nos dejó el maestro y coreógrafo Mario Maya y pienso que su hueco sigue siendo irrellenable y su recuerdo doloroso. Me niego a olvidar esta fecha, me niego a olvidar su figura, me niego a no soñar en sus sueños...

El 27 de septiembre debería ser fiesta local para los flamencos, para los gitanos. ¿Qué otro granadino ha alcanzado las cotas de universalidad de Mario Maya? ¿Qué otro flamenco estaba en efervescencia, en plena madurez creadora, a los 71 años? ¿Qué otro gitano ha llevado el nombre de su sangre con orgullo por todos los rincones del mundo?

Quedan en el recuerdo sus obras siempre rompedoras como una nueva manera de sentir, como un intento de dignificar el flamenco, de glorificar su raza. Títulos como Ceremonial (1974), Camelamos naquerar (1976), Ay! jondo (1977), Amargo (1986), El amor brujo (1987) o Mujeres (2008), quedarán en mi mente y en la de todos los aficionados como estallidos de amor, como obras de arte.

Pero no quiero engañarme, Mario también tenía sus detractores, víctimas de su carácter, mendigos de su éxito, celosos de su persona... Todos los genios tienen sus manías, su lado amargo, sus luces y sus sombras.

Es necesario olvidar rencores y que trascienda el talento. Ha llegado el tiempo de la hermandad y de reivindicar su figura. No nos podemos permitir, como ya he denunciado alguna vez, desatender a Mario Maya Fajardo y ensalza su nombre y su memoria, por lo que tiene de granadino (que es la mayoría de su persona y todo su sentir) como uno de los hijos más grandes de nuestra ciudad de estos últimos tiempos.

* Mario Maya (grafito/papel), dibujo de David Padilla, tomado de su blog, con fecha 6 de noviembre de 2009, para "Presencias Andaluzas" de Víctor Márquez Reviriego en el diario El Mundo de Andalucía.

Silicona

Silicona

Las conversaciones se repiten. No es que seamos poco originales, sino que nuestras preocupaciones siguen siendo las mismas. Según la vida avanza, se van incorporando nuevos argumentos a nuestro mundo, mientras otros caen en desuso. Me refiero sobre todo a nuestra existencia superficial, porque la profunda no cambia. Nuestra necesidad de alimento, salud, techo, amor, seguridad... están latentes en nosotros como seres humanos desde el principio de los tiempos.
El otro día, hablando con unos amigos, salió a la conversación el tema de los pechos postizos. Si gustan o no gustan, si se notan o no se notan, si merecen la pena, si su tacto es igual, si dejan secuelas, etc.
recordé entonces que está conversación, más o menos de igual manera, llevo años y años manteniendo. Fechada en 1992, hace casi veinte años, escribí un texto breve para una revista en prácticas que nunca se llegó a publicar. Lo reproduzco a continuación.
« Hay quien prefiere un sabroso gato de grandes dimensiones que una ligera y modesta liebre de campo, como hay quien no le hace ascos a las redondeces de unos pechos siliconados. Hay personas que, sin ninguna objeción, alimentan su concentrado onanismo con la imagen siempre seductora de Bibi Anderssen, pretéritamente Manolo; gente prodopaje, que no les importaron los estímulos artificiales de Ben Johnson, y sólo afirman haber visto al hombre más veloz sobre una pista. Puede que estas mismas razones se escondan en el éxtasis santoteresiano o del resto de nuestros místicos, y los resultados están latentes... Lo que quiero decir es que a veces lo sucedáneo supera lo real».

Diálogo entre el descabezado y un cojo

Diálogo entre el descabezado y un cojo

—¿Dónde vas tan ufano y sin cabeza? —increpó el que cojeaba.

—Acabo de perder la que tú tomas a broma, creo que por un desengaño —contestó indignado el descabezado—. Camino hacia Spali o más lejos aún para comprender esta falta y hallar su compostura.

—No te enfades ­—dijo el de la muleta.

—Bastante mal tengo con mis hombros descubiertos para que ahora me venga un paticojo mofándose en mis narices.

—Nada más lejos de mi intención —se disculpó el lisiado poniéndose a su altura y obligando a disminuir su andar—. Además —prosiguió—, bien mirado, es mejor perder la cabeza que tener una pierna que mengua con el frío.

Ante la mirada incrédula del descabezado, el espontáneo compañero de ruta comenzó a relatar.

—Me llaman Ramiro, nombre visigodo donde los haya. Soy de Ocellum Duri, tierra de queso y garbanzo, donde los inviernos son recios y la noche implacable. Por una tiritera al parir vine al mundo con pierna telescópica, que se encoge y dilata según frescura. Desde pequeño aprendí a apoyarme en esta pértiga de nogal que iguala la longitud del apéndice atrofiado que en mañanas álgidas alcanza la rodilla de la pierna completa. Ergo me veo imposibilitado de llevar alzas o zancos pues tendría que ir trocándolos según capricho natura.

»Me instalé en la ciudad de Cástulo —prosiguió el tarado— cerca de donde se venera a la Gran Madre en una cueva húmeda, cuando llegó el tiempo de abandonar la tierra de mis padres. Allí está la Sierra de la Plata, rica en minas de mineral argentino. Allí nace el ancho Betis que veremos crecido en la ciudad capital.

»Sin cabeza puedes avanzar a voluntad, saltar ríos y correr llegado el momento —argumentó renqueando—. Yo, sin pierna, no soy libre. Nunca he podido perseguir, nunca he podido escapar, ni trepar a un árbol ni bajar a un pozo. Daría este perro que me acompaña, capaz de dar la vida por su patrono, por tener la cabeza en las manos en vez de este bastón que me castiga por entero.

»La cabeza en su sitio es un convencionalismo —continuó el norteño con su discurso—. Además, ¿quién dijo que ese fuera su sitio? Los antípodas llevan la cabeza en los pies y los blemmyes tienen la cara en el pecho: los ojos cerca de los hombros y la boca en el ombligo. Incluso el que tiene la bola en su puesto puede ser acéfalo funcional por el poco seso que gasta. A ti sin embargo te veo suelto y despabilado con tus entendederas bajo la manga. ¿Qué más da si piensas unos centímetros más abajo o más arriba si con prudencia razonas? A veces las taras y los impedimentos se alojan tan sólo en nuestros escrúpulos. Hay que mirar más allá del aspecto exterior. A un individuo no lo conforman sus ropas o su sombrero o su voz o su mirada; no lo determina su altura ni el peso que evidencia. El hábito no hace al monje como el trigo quemado no determina la cosecha. La cabeza en el brazo sin duda es más ventajosa que la dificultad para andar. Ahora recién puede que no lo veas así, pero pronto será rutina y hallarás incluso ventaja.

»Imagina sin embargo que tu pierna ha desaparecido o su tamaño alterado. Es como empezar de cero. Hay que aprender a andar como niño que aún gatea, pasar nuevamente de bípedo a cuadrúpedo o a trípedo sin llegar a senil. Peor es haber perdido un brazo, el habla o la razón. Que una cabeza cambie de postura o sea de quita y pon no tiene mayor impedimento que el que cambia de saya a diario.

»El mal que aquejas —concluyó— no es mal por tres razones. Primo, porque aún respiras con la cabeza en la mano. Segundo, porque dentro de las taras es castigo menor. Y tercero, porque solución no la hay.

* Blemmyes. Illustrations from the Nuremberg Chronicle, by Hartmann Schedel (1440-1514).

Guarda silencio

Guarda silencio,
duelen más las palabras
que tu vacío.

David Carmona por derecho

David Carmona por derecho

XVI Bienal de Flamenco de Sevilla

Un artista de Granada tiene un doble trabajo: primero valer y después demostrar su valía. Y ese talento pasa por “conquistar” varias plazas. Son importantes Barcelona y Madrid, que está considerada en esto del flamenco como la novena capital andaluza. Pero sobre todo por el sur hay que sentar los reales en Jerez y Sevilla, sin olvidar el resto de ciudades de nuestra autonomía.

David Carmona lleva una evolución bastante coherente. Desde que lo tomó Manolo Sanlúcar bajo su ala en 2005, entendió que la guitarra va más allá del mero instrumento, que es necesaria una formación musical compacta y una cabeza bien amueblada para abrirse un espacio en este mundo.

Como resultado, el jueves, 16 de septiembre, presentó en la Bienal de Sevilla un recital con un peso específico digno de admirar en un chico que da sus primeros pasos como concertista en solitario. Su madurez artística unida a su humildad como persona llenaron el Teatro Alameda de una gran verdad, además de una esperanza seria de futuro.

Las horas de ensayo y el minucioso afán de perfeccionismo tuvieron su recompensa que hubiera sido más efectiva si todas las localidades hubieran estado cubiertas, si un mayor número de flamencos y de entendidos y de críticos se encontraran entre el público, diluidos por dudosa lógica de las variadas ofertas de la Bienal, supongo.

Algunos guitarristas granadinos (Miguel Ángel Cortés, Alfredo Mesa, Jorge ‘El Pisao’), en cambio, sí asistieron al estreno para apoyar a su paisano y reconocer su prestigio.

Como buen director de orquesta, gobernaba un grupo que se movía a expensas de su guitarra. Carmen Molina al cante, con su dulce voz, afinada y flamenca, tuvo que hacer encajes de bolillos para cuadrar las necesidades de David (las letras son del mismo Carmona). Oscar, con su segunda guitarra, extendía como en un eco necesario las propuestas rítmicas del concierto, Agustín Diassera y Miguel ‘Cheyenne’, los dos percusionistas, ofrecían un contrapunto tan moderado como eficaz en los momentos deseados.

Una taranta en solitario, como plato fuerte en los inicios con Sanlúcar, abre el recital. El frío de un comienzo se torna calidez cuando sus notas rellenan el teatro. Para la soleá llama a la cantaora y ambos se apoyan en la percusión cuando abordan la bulería llamada Motivo impertinente por la repetición insistente de unos acordes que emparentan la pieza con un breve ostinato clásico o un son cubano.

Las alegrías son también exclusivas en su dimensión sonora y la letra original y conseguida, aunque Carmen dudara en las entradas. Por fiesta continua su puesta en escena con unas bulerías desarrolladas en el sistema ‘mixolidio’, basado en la escala mixolidia griega, que Manolo emplea por ejemplo en su disco Locura de brisa y trino.

Los tangos, compuestos con estas mismas notas helénicas, ofrecen una visión completamente distinta a los convencionalismos existentes en toda la geografía tanguera.

Unos fandangos de Huelva, fuera de programa, vuelve a trasladarnos a las alas del más puro flamenco, que se remata sin lugar a dudas con una soleá por bulerías para baile, que aborda sin fisuras la bailaora Patricia Guerrero como artista invitada, más madura y sólida que nunca.

* Programa de mano (autor de la foto: Nono Guirado©).

En Granada se canta por orden alfabético

Alberto Funes, Alejandro Luján ‘El Gambimbas’, Alfredo Arrebola, Alfredo Tejada, Alicia Morales, Álvaro Rodríguez, Ana Mochón, Ana Sola, Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, Antonio Campos, Antonio Carmona, Antonio Fernández, Antonio Gallegos, Antonio Gómez ‘Colorao’, Antonio Trinidad, Aroa Palomo, Arturo Fernández, Carlos Cruz hijo, Carmen Carmona, Cristián Delgado, Curro Albayzín, Curro Andrés, Curro Vega, David Bastidas, David Sorroche, Elisa la del Horno, Encarnación Amador ‘La Nitra’, Enrique Morente, Enrique Morente hijo ‘Kiki’, Estela ‘La Canastera’, Esther Crisol, Estrella Morente, Familia Fernández de Íllora, Fernando Rey, Fita Heredia, Gema Caballero, Gilberto de la Luz, Irene Gómez, Isa la Jazmín, Iván Vílchez ‘El Centenillo’, Iván Vallejo, Jaime Heredia ‘El Parrón’, Joni Cortés, José Balao, José Cervera ‘El Cuchilla’, José de la Porrona, José de Pinos, José Fernández, José ‘Pasita’, Juan Ángel Tirado, Juan de Granada, Juan José Garrido, Juan Miguel, Juan Pinilla, La Porrona, Lorena ‘de la Cumbre’, Luis Heredia ‘El Polaco’, Magdalena Ramos, Macarena Rodríguez, Mamen Ruiz, Manolo Osuna, Manuel Carmona ‘Nene de Santa Fe’, Manuel Heredia, Manzanita, Manuel Palma ‘El Zahoreño’, María ‘La Coneja’, María José Pérez, Mª Ángeles Pérez ‘La Niña la Plata’, Mari Ángeles Trigueros, Marina Heredia, Marta García ‘La Niña’, Mati Gómez, Mayte Maya, Mercedes Hidalgo, Miguel Barroso, Miguel Burgos ‘Cele’, Miguel Soler, Morenito de Íllora, Nati la Faraona, Nazaret Marcos, Niño de las Almendras, Paco Moyano, Pepe Fernández ‘Chure’, Pepe Luis Carmona, Rafaela Gómez, Rafael Muñoz ‘Niño del Cerval’, Rafi Heredia, Rudy de la Vega, Raúl Molina ‘Mikey’, Sara Heredia, Sensi de Carlos, Sergio Cuesta, Sergio Gómez ‘Colorao’, Verónica Jiménez “La Hindú”, Yudith Urbano...

El Gallo de Cristal

El Gallo de Cristal

El miércoles pasado tuvo lugar en el Museo Casa de los Tiros la presentación el nº 45 de la revista literaria Extramuros por parte de la Asociación Cultural del mismo nombre a la cual fui invitado. Qué tiene de extraordinario y por qué me hago eco de ello.  Las razones son bien sencillas.

Primero: porque una revista de letras tan longeva merece admiración y presencia.

Segundo: porque se le hace un homenaje, dedicándole sus páginas centrales, al escritor granadino Arcadio Ortega, al cual le profeso una admiración incondicional como poeta, narrador o ensayista.

Y tercero: porque el Grupo de Estudios Flamencos de la Universidad de Granada ha comenzado a colaborar en dicha propuesta. En ella han inaugurado una sección dirigida a la investigación flamenca, en la cual puede que colabore.

Querría explicar el acto, que terminó con poesía flamenca y recital de guitarra, soleá y bulerías, por parte de Isidoro Pérez. Quisiera también comentar el contenido de la revista, que casi no tiene desperdicio. Pero no lo haré.

Diré en cambio, que la presentación, aunque larga, fue emotiva y que las firmas prestigiosas.

Esa misma noche decidí montar mi particular celebración yéndome a la XXI Noche Flamenca de la Asociación de Vecinos de la Plaza de Toros y, aunque llegué tarde por haber recogido mal la hora de comienzo, pude contemplar cómo los artistas soportaban estoicamente el desastre de sonido que caracteriza este festival desde sus comienzos.

Tenía interés en ver y escuchar a Alicia Morales, pero cantó en primer lugar y me la perdí. Pude ver el segundo baile de Almudena Romero, que algo más reposado sería más efectivo. José Fernández, con su tónica festivalera, estuvo acertado. De Esther Crisol puedo decir que la he visto mejor otras veces.

El Capullo en Granada

El Capullo en Granada

Hoy viernes 17, a las 22’30 tenemos a El Capullo de Jerez en la sala Sugarpop.

Dos veces al menos he visto a este cantaor en directo. La última en el Festival de los Ogíjares hará dos o tres años ante unos 2.000 espectadores de todas las edades a los que puso en pie indiscutiblemente con el soniquete de su fiesta y sus originales letras, que bien podían estar firmadas por Raymond Carver ("Apágame la luz / enciéndeme la luz...").

La primera vez en cambio fue un recital íntimo, de unas 20 personas, en el patio del Colegio de Abogados. Allí lo disfrutamos con ganas, pues le pilló en buena forma.

Entre risas y muecas nos contó de donde venía su sobrenombre y es que cuando nació dijo su madre: "Qué niño más guapo, parece un capullo...". Y así se quedó.

Ahora, véte tú a saber si era verdad.

*Foto: deflamenco.com©

Y los sueños, sueños son…

Y los sueños, sueños son…

La noche del durmiente, aunque no sea bello, está llena de sueños. Una concatenación de imágenes felices o angustiosas, angélicas o incúbicas, amenizan la noche pensando sin querer pensar. Entre niebla y fantasía sucede el ensueño profundo, donde el tiempo no existe ni el espacio, ni lo real ni lo fantástico. Unos sueños que se prestan al olvido en cuanto suceden pero su estela tinta el primer despertar que, si no se hace un forzado ejercicio de retención, sus hilvanes desaparecen definitiva e irremediablemente para visitarnos con similar aspecto si acaso durante otra adormecida.

Hay quien es consciente de sus sueños y se esfuerza por conservarlos, analizarlos e interpretar sus designios. Se ha escrito mucho sobre su origen y significado. Pero su mundo paralelo, dimensional, al menos para mí, está vedado.

El otro día sin embargo, en el umbral de desadormecer, algunos retazos de sueño se me hicieron evidentes. Incluso borgianamente en el mismo sueño tomaba estas notas que ahora escribo.

O sea que, sin pensármelo dos veces, me siento ante el teclado y, liberando de telarañas el film de mi mente, confío en registrar lo esencial que peca más de orate que de cordura.

En un aula mixto donde esperábamos al docente, una chica con los labios muy definidos de naranja, casi butano, era la única que atendía el vano de la entrada. El profesor llegó con su cartera en la derecha (puede que tuviera gafas) y besó a esa dama que le sonreía.

En ese instante o al momento (el tiempo no existe, recuerdan) dio a luz a un bebé, a todas vistas prematuro si no fuera porque comenzó a hablar diciendo algo así como:

Todas las mañanas me gusta decirle a mi madre cuánto la quiero.

En ese momento, en el mismo sueño pensé escribir el episodio por su grandeza, por su imposibilidad. ¿Cómo un recién nacido, que no ha vivido ninguna mañana, ningún despertar aparte de su alumbramiento, puede referir el amor de su madre cada amanecida?

Soñando, busco dónde apuntar mientras intento retener la anécdota. Despierto, busco dónde apuntar e intento retener la anécdota

Un festival a escala

Un festival a escala

XVI Festival Flamenco Frasquito Yerbabuena

Aunque el número dieciséis preceda al nombre del Festival Flamenco de Cúllar Vega, en realidad es el segundo que se realiza desde esta nueva época. Frasquito Yerbabuena y su puesta de largo tenían un merecido prestigio nacional. Era un referente entre los festivales por su calidad y valoración. La peña desapareció y este evento con ella. El año pasado, sin embargo, un grupo de aficionados y flamencos del lugar volvieron a coger las riendas, a reordenar papeles e intentar llegar a ser lo que siempre han sido.

Después de un intento malogrado en el 2009 en una carpa del ferial donde el ruido externo mandaba en el cante, este año han decidido con gran acierto llevar esta muestra a la misma sede de la peña, al patio de las antiguas escuelas Pío XII.

Pero más aciertos rodean al primer festival serio de esta segunda época. El cuadro de artistas es variado y de un equilibrio agradecido; gran parte de los espectadores eran flamencos o peñeros, en una palabra aficionados (que eleva el nivel hasta en las butacas); la barra estaba en un recodo fuera de la vista, lo que evitó interferencias y exabruptos. Por otra parte, es un recital modesto y recogido, apenas 250 personas conformaban el público.

El baile es uno de los caballos de batalla de los festivales. Simplemente porque no se le da importancia. Es un instrumento de intermedio, que raya en el folclore y es un anticipo al flamenco “de verdad”. Por eso no se le presta la atención debida. Por eso el tablao es catastrófico tanto en textura como en sonido. Por eso los bailaores y bailaoras se encuentran marginados.

No debemos programar baile puramente por estética, únicamente para rellenar momentos vacíos. El baile no es un elemento bisagra sino que constituye una de las tres manifestaciones del flamenco, quizá la más completa, tal vez la más enriquecedora.

Ana Calí, con su cuadro (Sergio ‘Colorao’ al cante, Alfredo Mesa a la guitarra y Miguel ‘Cheyenne’ a la caja), abre la noche con una soleá. Contar con esta bailaora tan flamenca y experimental, sin olvidar la esencia, es un punto a favor. Un talento excesivamente íntimo unido a su desmedida humildad la ancoran a una ciudad sin perspectiva.

Su segunda entrega, en el ecuador del concierto, será definitiva. La granadina reivindica su tierra con una zambra, muy cercana al tango, donde la gracia, la frescura y el continuo roneo marcan algo que bien limado puede llegar a ser una de sus mejores cartas de presentación.

Esther Crisol, con José María Ortiz a la guitarra, es la primera cantaora. Su tónica es la habitual, quizá más segura que en otros momentos. Su cante grave tiene guiños al pasado que son muy agradecidos, aunque no trasmite todo lo que su voluntad apuesta. Comienza por la media granaína de Mariana Habichuela y, pasando por cantiñas y malagueñas, termina con un tango argentino por bulerías que tiene su punto.

El hijo de José Fernández, que acompaña a su padre con las seis cuerdas, empieza a superar a éste en flamencura y perspectiva. El cantaor no se la juega y apuesta por lo seguro, bulerías, cantiñas, malagueñas y fandangos, casi igual que el repertorio de Crisol. Los dos intentan rematar la malagueña con los fandangos de frasquito. Ninguno lo consigue.

Sin duda el mejor cantaor de la noche fue Antonio Gómez ‘El Colorao’ con Vicente Márquez ‘Tente’ arropándolo, sobre todo por soleá. Dijo que iba a cantar flamenco para los flamencos. Y vaya si lo hizo. Estuvo especialmente sembrado y se quedó con ganas de seguir. También destacó en lo tientos-tangos, fandangos y seguiriyas. Culminó con su éxito ‘Mi Mama’, dedicada con cariño, al que todos nos unimos, a Asunción Pérez como seria impulsora del flamenco desde la institución.

Como broche y cabeza de cartel, Luis El Zambo, con Isaac Moreno dándole el tono, hizo un recital previsible y monográfico. Del martinete pasó a la bulería por soleá, de ésta a las bulerías y después a la soleá. Acabó por fandangos. De cualquier forma es un cantaor puro y necesario, grande en lo suyo y con un eco jerezano digno de admiración.

Flamenco en los Grammy Latinos 2010

Flamenco en los Grammy Latinos 2010

Hace pocos años que, al otro lado del charco, se han enterado que flamenco no es flamenquito y que ’La Macarena’ o Azúcar Moreno pueden estar muy bien pero que de flamenco no tienen nada.

Desde un tiempo a esta parte, con asesores de prestigio, entiendo, los Grammy Latinos para el flamenco están más conseguidos.

Este año, en la categoría de Mejor Álbum Flamenco, están nominados los siguientes artistas:

Nacido en Lión, pero de orígenes granadinos (emparentado con los Habichuela), aparece en primer lugar el guitarrista Juan Carmona con su disco ’El Sentido del Aire’.

Desde Jerez, sigue pisando fuerte el carismático José Mercé con ’Ruido’, su último trabajo (donde vuelve a sumergirse de lleno en el flamenco por derecho)

El granadino internacional, Enrique Morente, es nominado por su primer trabajo de grabaciones "perdidas" (debajo de la cama, dice su mujer): ’Morente Flamenco Directo’.

Por último, dos almerienses imprescindibles (y únicos) en el toque de guitarra destacan en este listado. Son Niño Josele, con su disco ’Española’, y Tomatito, bordando su toque flamenquísimo en la ’Sonanta Suite’.

Nuestra vida es un libro nunca escrito

Nuestra vida es un libro nunca escrito
que tiene páginas para olvidar.
Pero algunos renglones, sin embargo,
habría que grabarlos con palabras de molde
para recordarlos continuamente,
que incidan en nuestra sana existencia.
Pero en cambio se diluyen, acaso,
como el humo que conforma los sueños.