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Ogíjares al pie del cañón

Ogíjares al pie del cañón

XXXI  Festival flamenco de los Ogíjares

Difícil de superar el cartel del pasado año para la celebración del treinta aniversario con la presencia de Maite Martín, Marina Heredia o Arcángel, este año de crisis ha tenido sus buenos momentos sin embargo.

Manuel Curao, prestigioso presentador donde los haya, anunció en primer lugar que lamentablemente José Menese, como cabeza de cartel y eficaz reclamo, por alguna dolencia de última hora no podría asistir. La desilusión duró breves segundos, pues Manuel Moreno ‘El Pele’, para muchos el mejor cantaor en la actualidad, lo sustituiría en la escena.

La noche comenzó con retraso, lo que es habitual, y terminó pasadas las cuatro de la madrugada, lo que va suponiendo una costumbre obsoleta, digna de abolir en los festivales. Los tiempos han cambiado y el maratón de flamenco ya no tiene razón de ser por la oferta variada y continua. Ya no hay que esperarse a estas fiestas para disfrutar hasta el límite de unos cantaores que no vas a tener otra oportunidad de verlos.

Sin gloria pasaron los dos primeros participantes de la velada. Hay que reconocer que Miguel de Tena tiene una potente voz y un meridiano triunfo festivalero. Y que Gema Jiménez posee un bello timbre y una fiel modulación (los dos Lámpara Minera en La Unión), pero ninguno de los dos estuvo a la altura y sus facultades se dispersaron en un vocerío sin fundamento. Destacaremos no obstante los tangos de Miguel y a Gema por levante.

El Pele, dominando la escena desde un primer momento, es grande en la soleá y en las seguiriyas y por fiesta, aunque se extraviara en las alegrías. Tenía algo que decir y lo dijo. Sin embargo quiso acercarse a otros cantaores (hasta en la respiración) lo que limitó su entrega personal.

Isa Vega con su cuadro abrió la segunda parte. Y vaya si la abrió. Estuvo bailando por soleá más de veinte minutos con su natural brío bien definido. Su baile está hecho de retazos que a veces encajan. Sus finales son repetitivos, aunque su voluntad fuerte. Para colmo el tablao sonaba a lata. Flaco favor para el taconeo.

Antonio Reyes de Chiclana, como Rancapino, sorprendió por su buen gusto. Muy acamaronado en sus formas pero cantando por derecho, quizá con un tempo demasiado pausado (imperdonable en las alegrías). Arropado como nadie con la guitarra de Diego Amaya, estuvo especialmente iluminado en la seguiriya.

Julián Estrada cierra la noche con su voz laína y con Manuel Silverio a la guitarra, experimentando más que nunca (hasta olvidar el compás). Su comienzo por trilleras fue agradecido, como gratificado fue su regalo por granadinas.

El fuerte protege al débil

El fuerte protege al débil

El honor del caballero descansaba en su divisa. Su voto no era más que proteger al débil contra la opresión, contra el acoso, contra la violencia desmedida. Un niño, la dama desamparada, el pobre campesino… Su fin y su objeto estaban claros. Pertenecería al bando perdedor, reforzaría la flaqueza con la fuerza de su brazo, con el ánimo de su espíritu.

Cierto día, en batalla desigual, apostó por la facción desfallecida con tal ardor que pronto los vencidos pasaron a ir venciendo.

El caballero, vislumbrando esta ventaja, cambió de bando cual veleta se deja arrastrar por el capricho de vientos adversos. Su lanza sin remedio, pues era poderosa, volvió a voltear la suerte, e inmediatamente regresó a su grupo original haciéndoles cobrar nueva preeminencia.

Después de un buen rato inclinándose por la pobreza desvalida en que cambiaba la gloria a la par que mudaba su color y su enseña, quedó solo como contrincante de ambos ejércitos y como único laureado.

Una lógica extrema le impulso a desabrochar su armadura, a desprenderse de su yelmo y de su cota de malla. Apoyó su empuñadura acerada en el suelo y se abrazó a ella quitándose la vida culminando así la justicia definida.

Fugacidad

Fugacidad

El poeta, preocupado por la fugacidad de su poesía, por el chispazo que se volatiza, por la genialidad que se limita a un momento, a la crueldad de varios segundos brillantes, concibió, camino del descanso, un eneasílabo que hacía alusión a esta desmemoria crónica.

Midiendo sus pasos en la acera llegó a recitar en voz alta: Tengo la memoria de un pez.

De regreso a su casa había olvidado el verso por completo.

Presencia granadina en la Bienal de Sevilla

Presencia granadina en la Bienal de Sevilla

Llevo tiempo anunciando sin temor a equivocarme que Granada atraviesa uno de los mejores momentos de su historia en lo que se refiere al flamenco.

En la ciudad de la Alhambra y en su provincia siempre ha habido grandes intérpretes, pero, en líneas generales, por el carácter reservado del granadino, se han quedado en casa.

Casi siempre ha sido un poco “yo me lo guiso y yo me lo como” y un mucho “más vale pájaro en mano…”.

O sea, que al artista local le ha costado trabajo abandonar su terruño y ha decidido conformarse con lo que tiene. Preferimos ser cabezas de ratón casero que colas de león foráneo. (Todavía los hay.)

Artistas, con todas las letras, como digo, siempre han nacido, crecido y olvidado en Granada. Tengo veinte nombres en la cabeza que allí quedarán por miedo de olvidar alguno.

Sin embargo, la cantera actual, en todas las disciplinas, asimila otro sentir y se expande por los más diversos rincones para vindicar nuestra existencia, nuestro flamenco, nuestra afición.

Es la primera vez, en sus dieciséis ediciones, que la Bienal sevillana desvía sus ojos hacia oriente e introduce en su programa a tanto flamenco granadino.

Comenzando por los más evidentes, que han pasado de ser artistas locales a ser nacionales, e incluso universales, citaremos la presencia de Eva Yerbabuena, con su estreno “Cuando yo era...”, que hace doblete los días 5 y 6 de octubre en el Teatro de la Maestranza.

El mismo teatro, unos días antes, el 26 de septiembre, verá a Estrella Morente “en concierto”. Y, entre medias, el sábado 2 de octubre, en el Teatro Lope de Vega, estará nuestra imparable Marina Heredia presentando su disco “Marina”.

El 8 de ese mismo mes, con el Lope de Vega ya calentito, La Moneta (otra de nuestras excelentes realidades) estrenará “Bailar, vivir. Suite flamenca para bailaora y compañía”. ¿Qué quién es su compañía? Buena pregunta. Pues quien le acompaña son dos bailaores jóvenes que tienen mucho que decir: Raimundo Benítez y Agustín Barajas. (Si puedo no me lo pierdo.)

Pero aún hay más. En el Teatro Alameda, el día 22 de septiembre, Antonio Campos (uno de los mejores cantaores de atrás de toda Andalucía) llevará en solitario su trabajo, fresco donde los haya, “Corral del Carbón”.

Y unos días antes, el 16 de septiembre, también en el Alameda e inaugurando por todo lo alto la presencia granadina en la Bienal, el guitarrista David Carmona, bajo el simple título de “en concierto”, con sus siete temas originales, demostrará que es un buen sucesor de Manolo Sanlúcar.

Suerte a todos.

* David Carmona en la foto (Nono Guirado©).

Soleá

Como carbón del negro

mi corazón se está poniendo

al salir de tu entierro.

Como carbón del negro

mi corazón se está poniendo

al salir de tu entierro.

Sí a la noche gitana del Sacromonte

Sí a la noche gitana del Sacromonte

Sacromonte cuna de flamencos

Quizá sea imprescindible entre las actuaciones del Museo programar una noche eminentemente sacromontana. Las voces desgarradas de Valparaíso, el personal soniquete, el marchamo del tacón punta… se deben cuidar y mostrar y mimar como autenticidades, como denominación de origen.

Para clausurar las noches flamencas en lo alto del barranco de Los Negros tuvimos a Joni Cortés y su grupo, arropado nada menos con la guitarra de Juan Habichuela nieto, recientemente llegado de hacer melle en Nueva York. Y, para completar la escena, una representación de la Escuela de Baile de Manolete.

Jonatan Fernández Cortes (Joni), con su voz laína, aunque bien templada, comienza su recital con toná, que sirven de preludio a su entrega por seguiriyas. Domina la pieza y ajusta los tercios mientras Juan le envuelve con esmero.

El Habichuela se queda solo seguidamente para bordar una rondeña, justamente aplaudida. Que se supera a sí mismo tocando por levante. No se puede acompañar mejor en los cantes de minas. El cantaor, con repertorio clásico, ofrece el dramatismo preciso de esta pieza.

Por Huelva, pasando por Alonso, con un agradecido estribillo a dos voces, termina una primera parte que, aunque fuera duplicada, nos queda corta.

Después del descanso, Juan Habichuela vuelve con una inmensa soleá donde los silencios tienen mucho que decir. Para las alegrías cambia la guitarra por la de Antonio ‘El Chonico’, más hecho al acompañamiento. Dos de las alumnas aventajadas de La Chumbera ilustran estas cantiñas. No pueden negar de dónde han salido. El estilo Manolete, la esbeltez y elegancia del maestro rezuma en cada paso. Sin embargo hay una clara diferencia entre estas bailaoras: mientras que una siente, la otra está pendiente. Debilidad que se cura con el tiempo y las tablas.

No podían faltar los tangos, que no son exclusivos de la tierra, y unos jaleos extremeños, muy al gusto de nuestros flamencos, para pasar a las bulerías con las que acaba la noche.

Un fin de fiestas tan prometido como esperado, que reunió en el escenario a Manolete, a su hija Judea y a su nieta, del mismo nombre, se diluyó tan sólo en una pincelada del maestro y Judea. Suficiente para demostrar su empaque. Insuficiente para terminar de engarzar ese broche de oro que se fue elaborando al paso de la noche.

* Foto in situ: Juan Güeto©.

Si tengo hambre…

Si tengo hambre…

Tan importante es alimentar el cuerpo como es espíritu. Lorca decía que si tuviera hambre no le dieran un bocadillo, sino medio bocadillo y un libro. Un refrán muy castizo lo pone claro: “No sólo de pan vive el hombre”.

Lo que nos distingue de los demás animales es nuestro raciocinio y sensibilidad. Un perro no puede extasiarse ante un cuadro de Zorolla, ante una puesta de sol o el canto de una soprano. Los “seres inferiores” tienen instinto no “corazón” (todo esto entendido ampliamente, atendiendo a los entrecomillados y refrigerando nuestro bio-amor).

Puede que el arte y la cultura no sean productos de primera necesidad, pero sin duda son productos necesarios para no embrutecernos. Cubiertas las necesidades básicas, qué mejor inversión que la trascendencia, que la belleza, que lo inmaterial.

La naturaleza ha dotado al ser humano de un don “divino”. No sólo del poder de crear de la nada, de llenar el ambiente de melodías, de remedar la vida en un lienzo, de soñar realidades paralelas en un libro, de expandir nuestro ser hacia la danza, hacia el teatro…

Cuando hay “crisis”, los primeros recortes son para el espíritu. Cuando hay “crisis”, nos asilvestramos. Nuestros dirigentes se vuelven marmolillos que ni sienten ni padecen. De proteger el calor comunal se pasa rápidamente a dirigir una recua de mulas provistas de anteorejeras que borran los márgenes que dan sentido a la vida. Y la crisis financiera se convierte en una crisis de valores difícil de superar.

Así que cuando me lea el libro seguiré comiendo.

* El baño del caballo (1909).

Un mismo idioma

Un mismo idioma

Sacromonte cuna de flamencos

La fórmula funciona. La Orquesta Chekara de Tetuán llevan bastantes décadas fusionando la música andalusí con el flamenco. Con meridiano éxito esta agrupación ha ido cambiando y adaptándose a los tiempos y a sus nuevos componentes. Tanto es así que el formato cambia según la ocasión, pero la esencia se mantiene.

Con un repertorio más o menos “ancestral” grabaron un disco que es el que vienen exponiendo con altibajos desde siempre.

El miércoles, en el Museo-Cuevas del Sacromonte, presentaron una formación eminentemente flamenca y bien reducida. Tan sólo cuatro componentes, contando a la bailaora formaban el cuadro. Eché de menos algunos sonidos árabes (¿laúd?). Eché de menos un poquito de percusión (¿darbouka?).

Quizá la falta de vocabulario quede totalmente paliada cuando se habla un mismo idioma. La falta de ensayo es evidente cuando se ha representado de continuo un programa similar.

Jallal Chekara, al violín, con un oído afinado y un poder dominante, improvisa sin complejos. Alfredo Mesa a la guitarra, se impone como una de nuestras seguras apuestas. Suena más en consonancia y seguridad que en pasados eventos (Corral del Carbón). Demuestra su buen sonido y su capacidad interpretando en solitario, para abrir la velada, una rondeña de Riqueni.

A continuación, junto con el violín y las palmas, hacen una “introducción instrumental inspirada en la música tradicional árabe con acompañamiento de guitarra flamenca”, que tiene guiños de fiesta.

Los tangos de málaga adoptan un tempo más lento que el habitual. Asunción Pérez ‘La Choni’ comienza su baile exacto, elegante, sugestivo. Cuando el cante deriva en lo andalusí, graciosamente se apega a la rumbita y al eficaz juego de caderas.

La cantaora decide continuar en la Costa del Sol y aborda la malagueña de la Peñaranda, rematada con la rondeña grande y el abandolao de Juan Breva. Termina esta primera parte por soleá y bulerías, que también ilustra con decisión la bailaora sevillana.

El segundo pase comienza por farrucas (se echa de menos la voz de Vicente Gelo). Continúa con los tanguillos, Ábreme la puerta verde, uno de los platos fuertes de la cantaora, que acaba cantando sin megafonía a pie de escenario. Una tona introduce las seguiriyas que terminan de convencernos. Su fusión no deja qué desear. Cada uno está en su sitio. Para La Chone, con media cola negra y palillos. Posiblemente su mejor entrega. Y, cómo no, terminan con La Tarara, todo un himno, coreado por el respetable.

Sobre la fugacidad de la vida

Sobre la fugacidad de la vida

Comencemos con una paradoja de Perogrullo: “lo único seguro en esta vida es la muerte”. Y rematemos con ese dicho horaciano, aunque castizo: “a vivir que son dos días”.

El tiempo pasa inexorablemente. Sin descanso. Sin esperas. El tiempo no se detiene hasta su fin que en realidad es el tuyo.

Los días, los meses, los años… se acumulan para desaparecer todos de golpe. La vida es una carrera de obstáculos. Es un viaje a Ítaca más o menos llevadero. Hay quien no lo soporta y se queda en el camino. Existen trampas y hachas filosas que truncan una vida.

Los máximos especialistas en la muerte son los vivos. Quizá Lázaro, quizá algún cataléptico que saliera ileso de los sueños de Poe nos podría decir… Pero la muerte profunda es tan insondable como la profundidad de la vida.

Todos tenemos nuestro destino, nuestro norte, al que vamos llegando según nuestra elección. Es el jardín borgiano de caminos que se bifurcan. Cada uno, sin embargo, posee su abanico, tiene su “jardín”, sin remedio.

Y, como decía no sé quién (el otro día lo encontré y se me ha vuelto a extraviar), a los cuarenta cada uno tiene la cara que se merece, al final de los días cada uno ha tenido la vida que le ha sido posible.

Woody Allen lo viene a dar a entender así en La Rosa Púrpura de El Cairo cuando su protagonista asegura que aunque se empeñe él no puede aprender a ser enano.

El otro día, después de diez años sin vernos, estuve con unos amigos. A todos, sin remedio, se nos notaba las vueltas de reloj. Alguien me decía que tal con los años se había vuelto cascarrabias y bastante maniático. Acto seguido, para quitarle yerro acaso, dijo: “como todos”.

Quedé pensando y comparando. Y una metáfora floreció en mi mente.

Tú estás hecha de otra pasta, le dije, todos somos madera en la fogata que tendemos a quemarnos y a desaparecer; a ser ascua y ceniza y pavesas que vuelan caprichosamente su canto efímero. Todos ardemos, pero no todas las maderas arden lo mismo…

Las hay más rápido en consumirse y las de combustión lenta. Las que desprenden más calor y las que calientan menos. Las que dan mucha luz y las que apenas tienen llama. Las que chisporrotean y las que mueren en silencio. Las que contienen resina, que adquieren una nueva dimensión, y las que son palo sin remedio. Las que están más verdes, que sueltan mucho humo, y las secas, las resecas, que arden nada más. Las que regalan su aroma y las que no expande ningún olor e incluso hieden...

Vocación pedagógica

Vocación pedagógica

Sacromonte cuna de flamencos

El corazón del guitarrista Carlos Zárate a veces se desborda y el norte se diluye. Zárate es un corredor de fondo, como escribí una vez, con unos 30 años de profesión a sus espaldas. Es un artista muy particular, dedicado a los suyos y a su planteamiento de vida, que viene a ser lo mismo.

Carlos cree en la gente. Reconstruye el flamenco desde la base y tiende a darle oportunidades a todo el mundo. Dirige una academia, “Escuela Superior de Arte flamenco”, e intenta darle cuartel donde encarte.

Sin embargo, el Museo-Cuevas del Sacromonte no es el lugar apropiado para “principiantes”. La programación estival de este escenario apunta hacia la calidad y la experimentación, no hay lugar para el titubeo o el ensayo.

Un alumno aventajado, Armando Linares, abre la noche con su guitarra por fiesta. Su sonido es limpio y redondo. Perfecto telonero del maestro que, con sólo dos solos, deja claro su magisterio.

Son los momentos mejores de una noche que va decayendo con la aparición de sus alumnas al baile, de las que se rescata su voluntad y un atisbo de madera (el tiempo lo dirá).

La luz no obstante brilla en momentos, como la pataílla por bulerías de Rosa Zárate, y su labor impagable de rebuscar la sensibilidad en cualquier persona.

Pareja de reinas

Pareja de reinas

Semana Cultural de Víznar

Carmen Linares es la voz de mujer del flamenco contemporáneo. Su manera de enfrentarse al cante, su aguardiente (agudizado con los años), su compromiso y su tesitura, la hacen una artista imprescindible. Esto unido con una personalidad desbordante y un carisma especial nos arrastra sin duda a una veneración incondicional.

El miércoles, 18 de agosto, la encontramos en la Semana Cultural de Víznar, compartiendo cartel con nuestra joven apuesta, Ana Mochón, recientemente llegada del concurso de Las Minas de la Unión, donde quedó semifinalista para obtener la Lámpara Minera. También puso su arte y su color invariable Juan Andrés Maya y su grupo.

Carmen, como una reina, acompañada de un exacto Paco Cortés (posiblemente uno de los mejores acompañantes al cante del panorama flamenco), hizo, como es su costumbre, de su recital una reunión en familia. Su sencillez y humildad hacen que su grandeza se duplique.

Quizá con las facultades más mermadas que en sus buenos tiempos, su carisma sin embargo va en aumento. Su cante es popular y admirado. Se ha convertido en la banda sonora de todo aficionado. y si no fuera porque en el flamenco no se lleva, sus letras serían coreadas por el respetable, por sus incondicionales.

En primer lugar, la linarense nos regala unos tangos de Granada que, con el soniquete Cortés, suenan de lujo. Posiblemente sea la única artista foránea que aborda por derecho estos sonidos sacromontanos.

Continúa siendo grande por cantiñas y se crece más si cabe en la soleá que, cuando se apola, queremos ver un nuevo guiño a la tierra, a la manera de Cobitos.

Unos acordes de guitarra le dan el tono para abordar Con tu voz, la toná que grabara en 2008 en su trabajo Raíces y alas. Capela que completa con seguiriyas.

Acaba con bulerías y, como regalo, con algunos fandangos.

Ana Mochón, acompañada por Antonio la Luz a la guitarra, ha abierto la velada como otra reina. Las alegrías con las que se presenta ya son una constante en sus apariciones. Su completo dominio sin embargo lo veremos en las granaínas, donde sube a voluntad, igual que se pasea por los bajos y por los medios que estremecen.

La milonga lorquiana (Baladilla de los tres ríos) adquiere un tempo incomprensiblemente lento. Pero las bulerías con las que acaba son un ejemplo de compás, largura y gracia, que acaban con los Alfileres de colores de Diego Carrasco, otra constante en su joven haber.

Juan Andrés está mejor que nunca (como siempre para sus seguidores), se ve que sus últimos golpes de suerte le estimulan.

*Ana Mochón en Radio Albolote (© José Luis Pérez Martínez).

Bis a bis

Bis a bis

El otro día una niña, con aroma en su nombre a bosque mediterráneo. Me inspiró un pensamiento. Andaba disfrazada con pañuelo en la cabeza y bolsa de basura a modo de saya con tres agujeros para la cabeza y ambos brazos. Un parche negro de papel pinocho difícilmente le tapaba el ojo derecho. Con el izquierdo, muy abierto, se declaraba pirata. No sé si de los más fieros, pero seguramente de los más auténticos que atraviesan las cálidas aguas caribeñas.

La bolsa se anudaba a la cintura con pita o bramante y simple nudo bosquimano. La “faldita” volaba como tul que danza.

Comprendí entonces que el niño egoísta siempre piensa en el yoyó, mientras la delicada y dadivosa bailarina utiliza el tutú.

Punto de encuentro

Punto de encuentro

Sacromonte cuna de flamencos

Es necesario destacar en primer lugar lo bien que casan la música andalusí y el flamenco. Siguiendo con la apuesta de este año, el Museo-Cuevas del Sacromonte da un paso hacia la natural fusión de nuestra tradición musical con otros aires. El mes de julio ya estuvo dedicado al flamenco y el jazz. Este mes de agosto se oferta la mezcolanza con la música árabe.

No es necesario mencionar los puntos de encuentro de estas dos manifestaciones artísticas que no sólo pasan por Macama Jonda, Lole y Manuel, el Lebrijano o Morente, sino que se remonta a la época de los moriscos que dejaron su huella en Granada más que en otra ciudad andaluza y en concreto con la zambra que heredó la población sacromontana.

Con esta visión de hermandad globalizante, multitud de grupos y de artistas de las dos orillas, se han fusionado en perfecta comunión, advirtiendo que en realidad el lenguaje es el mismo. De hecho entre los temas tradicionales andalusíes podemos encontrar nominaciones coincidentes, como tangos, seguiriyas o farrucas.

Así, la falta de ensayo no fue óbice para que el viernes pasado (hace ya una semana) sonara en Valparaíso música fusionada de buena tradición.

Escuchar las propuestas de la Orquesta de Mohamed Akel ya es suficiente estímulo. Escuchar un flamenco de base con rajo gitano, con olor a cueva, termina de excitarnos. Pero entender las propuestas de mestizaje entre los músicos andalusíes y nuestros flamencos tiene un valor ancestralmente reconocible, al mismo tiempo que roza la frescura de lo inmediato.

Con Jaime Heredia El Parrón y Rudy de la Vega al cante, con César Cubero a la guitarra y Juan Fernández en la percusión, la fiesta estaba asegurada, aunque Jaime se fuera apagando conforme avanzaba la noche (insuperable por levante y en la soleá) , aunque un inoportuno apagón dejara unos tangos desangelados, que Rudy, César y Juan resolvieron con gran soltura. La nota de color la puso María al baile (bulerías y alegrías).

Pero si hay que elegir un tema, me quedo con la seguiriya, verdadera fusión entre las dos agrupaciones, verdadero punto de encuentro, que hace de los flamencos magrebíes y de los árabes andaluces.

Noche de humor y magia en Víznar

Noche de humor y magia en Víznar

Lo que son las cosas. El año pasado, cuando fui a Víznar para cubrir el festival de flamenco, se me acercó el concejal de cultura, al que conocía de antiguo. Me dijo que el día de ayer, en la Semana Cultural en la que estábamos, había habido una noche de humor, en la que había actuado mi "compañero" Santi Rodríguez.

Santi, conocido como el frutero de 7 vidas, es de Jaén, pero pasó gran parte de su juventud en Granada, donde desarrolló su faceta de humorista. Hubo un tiempo en que formaba el grupo Duodeno (anteriormente Absur2) con un amigo mío, hará como 15 o 20 años.

Por aquel tiempo había también en la ciudad otra pareja fugaz de humoristas, llamados Caricatura, que se alternaban con los primeros en salas y locales con escenario.

De vez en cuando, llevado por la confianza, me animaba a subir a las tablas con unos y con otros para interactuar con ellos o hacer mis pinitos en solitario para divertirme y divertir al respetable, nunca con visión negociadora o de futuro.

Entonces fue cuando Joaquín, el concejal aludido, tuvo contacto con nosotros. Al verme, me relacionó inmediatamente con Santi y la risa y me propuso actuar el año siguiente en la noche de humor.

Sin pensármelo mucho dije que contara conmigo, considerando que de aquí a un año... Pero hará un mes que me llamó y no pude rebatirle.

Mi inseguridad hizo que llamara a Jesús Herrera, antigua pareja humorística de Duodeno, para que me echara una mano.

Así, sin remedio, mañana 17 de agosto, a las 22,00 horas, intentaremos hacer de reír en la Semana Cultural de Víznar, con el horrendo nombre de Scotland Yard Trío. Y, si no tenemos éxito, después tomará posesión de la escena el MagoMigue que enmendará cualquier posible entuerto, que, siendo gratuito, no tendremos que devolver nada más que los anhelos.

* Jesús y Jorge (de derecha a izquierda).

El cantaor redondo

El cantaor redondo

Festival de Alhama

Un millar de personas, ciento arriba, ciento abajo, disfrutamos en Alhama del cante de Miguel Poveda. Pues de un concierto de este cantaor catalán sólo se puede disfrutar. Es el cantaor redondo, es el artista justo. Siempre está en su sitio. Bien afinado, con facultades sobradas, conocimiento y respeto, una voz que pellizca y mucho paladar.

Fue presentado por el todo terreno de Curro Albayzín, que recitó un poema antes de leer el exagerado currículum del artista. Un comienzo frío y la ausencia de una guitarra, hizo que resultara algo desangelado. Pero sus tablas y su prestancia siempre llegan a buen puerto.

Poveda comenzó con el pregón El uvero, que cierra su trabajo de 2001 Zaguán, con una nota en el aire, a la manera de Morente, posicionándose en la plaza, como diciendo que cualquier cosa que hiciera la convertiría en oro.

Por cantiñas y bulerías presentó a su cuadro. Jesús Guerrero no es Chicuelo, pero su guitarra sonaba limpia y correcta. A la percusión Paquito González. Y, desde Jerez, Carlos Grilo y Luis Cantarote a las palmas.

Con una malagueña de Chacón (Que te quise y que te quiero) comienza sus cantes de Málaga, que completa con una rondeña clásica (A esa liebre no tirarle) y un fandango de La Peñaranda (Ni quien se acuerde de mí). Quizá se advierte un conato de respiración desestructurada al final de su entrega. (Bien por las falsetas de Jesús.)

Lo mejor de la noche viene en forma de soleá apolá, hermanando a Antonio Mairena y Pepe Marchena, dignificando sus dos maneras de entender el cante. Alterna sus letras sin dificultad. Cambia de registro como el que cambia de sombrero. Es realmente notable cuando, pasando a Marchena, imposta la voz y su falseta raza la flauta.

A partir de ese momento nos acomodamos en el cielo y cualquier cosa sería bienvenida. Como las tonás que introducen la seguiriya con solo compás. O La ciega, una copla de Quintero, León y Quiroga, por bulerías. Para pasar a unos sabrosos tangos de Triana o unos fandangos con generoso alarde de guitarra.

Es el momento que empieza a interactuar con el público y acepta peticiones. Así, casi a capela, entona Carcelero de Caracol (pero afinado); Torre de Arena, el tema que le abrió a Marifé de Triana las puertas del éxito, compuesta por los maestros de Lladré, Gordillo y Sarmiento; La niña de fuego, volviendo a la zambra caracolera; o Tres puñales, ese pedazo de poema de Rafael de León por bulerías que, en la voz de Poveda, estremece.

Con unas originales bulerías acaba el concierto. A su mitad altera el ritmo y comienza a meter copla, martinete, seguiriyas o tarantos en el mismo cante.

Antes de irse hace subir al escenario al admirado Curro, que le regala en un alfiler una Granada de plata, que la lleva guardando al menos un año para un encuentro como éste. El cantaor, en homenaje, le canta unos tangos del Camino, que el sacromontano baila con conocimiento y sal. El guitarrista no sabe seguirlos.

Como bises, después de casi dos horas de concierto, el cantaor como una rosa aún propone las “coplerías” que anticipara en Tierra de calma (2006), más conseguidas, si cabe; y Alfileres de colores de ese mismo disco, esas bulerías que le prestara Diego Carrasco y que se han convertido en todo un himno en los recitales de Miguel.

Una mañana

Una mañana
quise contar la arena
por no rezar.

* Un haiku. He retomado "Las tentaciones de san Antonio".

Sobre la relatividad de la sabiduría

Sobre la relatividad de la sabiduría

Somos sabios hasta que encontramos a alguien más sabio que nosotros. El sabio debe ser humilde y, al igual que conoce su extensión, debe ser consciente de sus límites. Sólo sé que no se nada, decía Sócrates, aunque hay quien se remonta a Confucio. Cuando más sabemos, más aprendemos que más nos queda por saber. El camino es muy largo, largo y ancho. Porque hay que aprender que el norte no es un punto sino una dirección. A medida que avanzamos introducimos nuestra mente inevitablemente en el jardín borgiano de senderos que se bifurcan. Quizá todas las ramificaciones nos lleven a una suerte distinta de conocimiento (a una nueva experiencia, seguramente). Así, la sabiduría plena es inabarcable. Así, el saber no ocupa lugar. Así, el olvido constituye a veces el chaleco salvavidas necesario para que no nos saturemos, para destilar nuestra mente, muchas veces de forma involuntaria, para expurgar nuestros recuerdos.

Reírse de un tonto es fácil e inofensivo, pues posiblemente no llegue a enterarse. Reírse de un sabio no es tan fácil pero inofensivo igualmente, puesto que una condición de la sabiduría es la prudencia, como tildaron los griegos a los filósofos, es decir, al ideal del dirigente. Puede, sin embargo, que el sabio asimile tu risa, analice sus flaquezas y al tiempo la devuelva duplicada. Porque la “venganza” es un plato que se sirve frío.

Es muy fácil pasar por sabio ante la ignorancia, como en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Cuando se desconoce su alcance, cualquier conocimiento nuevo ocupa un abismo. Del mismo modo que un problema desconocido provoca una grieta insondable. Hasta que se supera. Hasta que se mira con cierta distancia y el escollo maldito pasa a ser un grano que alguna vez tuvimos en la suela.

Somos sabios en potencia. Somos auténticos ignorantes. Sin embargo, no todos ignoramos lo mismo.

Los locos no reconocen nunca su locura. El sentirse necio, posiblemente, es el primer paso para dejar de serlo.

Sócrates tenía nariz chata y acostumbraba a andar descalzo.

Una guinda clausura el Corral

Una guinda clausura el Corral

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Antonio Campos no es sólo un cantaor coherente y trabajador, sino que es de los artistas más agradecidos que conozco. Para clausurar la duodécima edición de Los Veranos del Corral quiso ofrecer un delicado presente de reconocimiento a un ciclo que cumple una labor de “trampolín” para los nuevos artistas, al tiempo que se ha convertido en un referente de privilegio y exigencia.

La “familia” del cantaor granadino es inmensa y universal. Año tras año va encontrando personas afines, hermanos de música, espíritus paralelos que van ampliando sus redes al mismo tiempo que su corazón.

Parte de estos amigos, músicos de primer orden, le acompañaron en un escenario que cuidó hasta el extremo, hasta hacerse de dos enormes candelabros de velas de olor canela a cada lado.

La blancura de sus vestimentas trasmitía paz a la vez que hacía entender que su propuesta sería algo fresco y distinto. El repertorio, las canciones populares de Lorca, vapuleado hasta lo indecible, podían muy bien pasar por algo nuevo, virginal y sereno. En general bastante arriesgado.

Una bella introducción al piano (Pablo Suárez) lleva al cantaor a comenzar con un zorongo animado al compás de jaleos. Yo me subí a un pino verde fue una petenera a capela rematada con el Anda jaleo de estilo libre. La guajira (Las tres hojas) es difícil de reconocer en un principio también con el teclado, en el que rasca sus mismas cuerdas. Tienen que llegar las precisas guitarras (Cano y Torres) para expandir sus aires cubanos.

Los cuatro muleros llegan por bulerías y un magistral toque de Cano a la guitarra, interrumpido por aplausos continuos, remató la fiesta.

El violonchelista José Luis López comienza los cabales, seguido por las guitarras y la entrega emocionada del cantaor, quizá demasiado emocionada. Y con El café de Chinitas por bulerías a compás se acaba la entrega lorquiana.

El preciosista toque de chelo comienza una farruca que baila Rafaela Carrasco como estrella invitada. Es una máquina de precisión y belleza que principia con las manos a la espalda, dando rienda suelta a sus piernas, para crecer de cuerpo entero. Con un hermoso juego de flecos dorados sobre su traje negro de pantalón y botas granates pasea por el escenario con los pasos largos que identifican la pieza. Muy femenina sin embargo en un baile de hombres, su baile se acerca definitivamente al tango argentino, tomando como partenaire a Antonio Campos que a su lado apunta la letra.

Jesús Torres propone levante, que el cantaor aborda demostrando su versatilidad. Taranta y levantica, antes de pasar posiblemente a la mejor entrega del granadino por soleá apolá, donde se acuerda de la tierra y es valiente en sus postres.

La bailaora vuelve para danzar unos fandangos chocolateros que Antonio entona a capela en medio del escenario. Rafaela es un ejemplo de sincronía, control y equilibrio. Con un vestido azul de cola y cubierto de volantes impone un dominio que se convertirá en preciada fuerza en las bulerías a compás con las que acaba una noche y unos Encuentros que se han ganado la mayúscula por méritos propios.

Antes de desaparecer sin embargo, después de la merecida lluvia de aplausos, un emocionado cantaor quiso rendirle homenaje a la plaza que le vio crecer y a Juan Valeriano Benavides, al que hizo subir a escena, protagonista activo del perfecto sonido del Corral, verdadera seña de identidad de estas noches veraniegas.

* Foto: deflamenco.com

Sevilla y Córdoba se imponen

Sevilla y Córdoba se imponen

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

Desde Sevilla llega Alicia Gil, una cantaora con presencia y fuerza, con profundidad y vanguardia, para dejarnos un poquito de su buen hacer. Con dos discos en el mercado, es una cantaora versátil, llena de recuerdos y de guiños contemporáneos. A la guitarra, su compañero Lito Espinosa, le resta eficacia, salvado posiblemente en las alegrías.

Unos martinetes clásicos sirven, a modo de presentación, para romper el hielo. Desde un principio se aprecia su conocimiento y respeto. Los tientos, con un aguardiente agradable, acaban por tangos que se quedan en occidente. ¿Es casual o a conciencia que reivindique continuamente sus orígenes hispalenses?

Sus temas son excesivamente largos y no tan ricos como para que los hubiera limitado y haber expuesto algunos palos añadidos que, según su tesitura, también domina. Esto se aprecia en la soleá que viaja despaciosamente de Alcalá a Triana.

Las alegrías tienen sal suficiente para convencer y las bulerías, con las que acaba su recital, las aborda en pie, como mandan los cánones, para ofrecer su braceo. Pronto  abandona el micrófono y remata la fiesta en la boca del escenario por cuplé, no sin antes acordarse hasta tres veces de nuestra Marina.

Desde Córdoba, por su parte, viene Daniel Navarro, verdadero maestro del gusto y el compás. Dani, en 2005, obtuvo el Desplante en La Unión y desde entonces no ha dejado de crecer. Y así lo demuestra en cada una de sus apariciones. Siendo un bailaor de bastante altura domina su cuerpo como pocos, redondea su figura y se integra en el espacio.

Las tonás van marcadas por la percusión exacta de José Carrasco, que se hace baterista para la ocasión y dimensiona el ritmo con escobillas de jazz, que se contrapone al zapateo del cordobés con el que siempre está diciendo algo. Porque es un bailaor que comulga con su público, que rellena la escena y que le va tanto la música como el silencio. El cante primitivo pronto deriva en seguiriyas, verdadera puesta de largo del bailaor, y en bulerías en las que se impuso el dominio de Juan Requena a la guitarra. Su toque es preciso y muy creativo; lleno de compás y naturalidad. Incluso una cuerda que le saltó pudo demostrar la personalidad tanto del tocaor como del bailaor que, entre improvisación y tablas, superó una prueba de fuego que a otro hubiera desarmado.

Los cantaores, José Carmona y Delia de Málaga, también estuvieron en su puesto, configurando el cuadro necesario para que un bailaor se despreocupe de lo que no es su entrega personal.

Los cantes de Málaga precedieron a la soleá con que terminó de convencer con una larga coda de tacón punta rebosante de pellizco. Dani sudó la camiseta (nunca mejor dicho). Estaba a gusto y lo demostró. Su retribución fue definitiva, convirtiéndose en un referente imprescindible en el baile actual.

Échale Carbón

Échale Carbón

XII Muestra Andaluza de Flamenco

Los Veranos del Corral

¡Échale Carbón! ¡Que sea de canutillo que es el que mejor arde!

Amador Rojas presenta en el Corral del Carbón su espectáculo Mandala después de más de un año de su estreno. El bailaor sevillano, que ya nos sorprendió con su montaje Khalo Caló, un homenaje a Frida Khalo, vuelve a apretar de nuevo las tuercas de la creación y la búsqueda.

Tan íntimo como siempre, encuentra tanta inspiración en el misticismo hindú que le lleva a diseñar hasta su vestimenta de seda y túnica, de negro y oro.

Una orientalista entrada en off nos muestra el mejor Rojas, sin depender de nadie, tan sólo de sus ganas y su propio cuerpo. Encapuchado, con las manos castigadas y un preciosista juego de piernas provoca una impresión de impotencia que se va liberando lentamente para crepitar como llama viva. Desde este primer momento pone las cartas sobre la mesa y da una precisa lección de esbeltez, dominio corporal y estilo rítmico. Redondea su figura convulsa, comenzando a edificar su baile mudable y personal que abarca el ambiente y rellena el escenario con movimientos sinuosos y continuas idas y venidas que provocan el duende.

Por otra parte, se enfrenta al silencio como pocos, haciendo de éste un complemento imprescindible el su corpus personal. Incluso sigue bailando cuando los últimos acordes han cesado y un violín retoma el ambiente, con el que interactúa multiplicando su importancia. La elegancia de sus pasos le acompaña hasta la escalera por donde hace mutis.

La guitarra despierta, ofreciendo cuartel a Amador para danzar su farruca, una pieza rematada por tangos que, aunque ajustada al nuevo modelo, ya vimos en el Isabel la Católica, cuando acompañaba a Canales. Es la mejor entrega de las guitarras que, en general están poco despiertas. Un artista de la categoría de Amador Rojas merece un cuadro de altura.

Otro receso por bulerías y una generosa entrada con percusión prepara al artista para abordar unas alegrías con su embrujo animal. Vuelve a retomar el silencio y a hacerse amo del compás.

Un cuplé por bulerías nos presenta a la cantaora María Carmona, a pie de escenario, entregada y pura, aunque los guitarristas le hacen el boicot. Les tuvo que pedir sonsonete al menos tres veces, hasta decir que mejor se callaran completamente.

La última propuesta de Amador fue una soleá y bulería que no deja duda sobre su buen hacer y la estela que con tanta propiedad va desatando.

* Foto: deflamenco.com