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Flamenco de las dos orillas

Flamenco de las dos orillas

La Chekara y el Flamenco, 1ª Parte

El flamenco se desmarca doblemente de su continente habitual. Por un lado, se fusiona con los ecos hermanos de la música andalusí. Por otro, se concentra en un local alternativo, con un aforo de medio centenar de personas, inhabituales del flamenco.

La Orquesta Chekara de Tetuán, en su formato reducido, para espacios limitados, sigue ofreciéndonos, como es natural desde hace más de veinticinco años, el enlace de su música magrebí con los cantes andaluces. Tampoco hay distancia, por otra parte. Incluso los nombres de los palos (seguiriya, fandango o tango) se comparten en ambas orillas.

La Orquesta Chekara, desde “Macama Jonda” (1983) de José Heredia Maya ha ido absorbiendo el flamenco en recitales y grabaciones. Colaborando habitualmente con Enrique Morente, pero también con Carmen Linares (“Dos Orillas”), Segundo Falcón y Arcángel (“Cus Cús Flamenco”), Mª Ángeles Gabaldón (“Inmigración”)…

El jueves y viernes de esta semana, Jallal Chekara, descendiente de los creadores de la Orquesta en 1958, con la guitarra de Emilio Maya y la voz flamenca de la algecireña Rosa Ángeles García Clavijo, dieron un recital en la sala El Apeadero, consistente en una pequeña introducción, tangos de Málaga, abandolaos, soleá, “Amulati” (tanguillos) y seguiriyas, la mayoría pertenecientes a su disco “La Chekara y el Flamenco” (2008). Todo bien ensamblado con profundidad y sabiduría entre las dos músicas. La sevillana Silvia de Paz fue la encargada de poner la sal y el duende con su baile en los tangos, la soleá y las seguiriyas.

Para finalizar, a petición del público, interpretaron su tema estrella, “La Tarara”, que los identifican desde sus primeros flirteos con el flamenco y la canción popular andaluza.

Marina Heredia en Montevideo

Marina Heredia en Montevideo

La artista granadina, Marina Heredia, se encuentra en Montevideo (Uruguay), para colaborar en tres funciones extraordinarias junto al Ballet y Orquesta Sinfónica del Sodre (Servicio Oficial de Difusión, Radiodifusión y Espectáculos).

El compositor chileno, Víctor Hugo Toro, será el encargado de dirigir “El Amor Brujo” de Manuel de Falla, del 11 al 13 de diciembre, en el Auditorio Nacional Adela Reta de Montevideo, con coreografía de Alejandro Godoy, Marina Heredia pondrá su voz y su pellizco sacromontano.

* Foto: © Bernardo Doral.

Somos

Somos hasta que dejamos de ser
todo está bien o no está bien
mientras nos saludemos.
Porque cada día es una victoria.
Vivir, convivir, es un juego
y morir es tan fácil.

En la cresta de la ola

En la cresta de la ola

X Festival de Otoño. “Tres voces y un bailaor”

Juan Andrés Maya lo está consiguiendo. En el mar, embravecido a veces, del flamenco granadino, el bailaor ha encontrado una ola a su medida donde hace gozar a todos sus incondicionales, sorprender y sorprenderse y reivindicar su tierra y su ombligo. ¿Por qué salir de este palacio de cristal si por fuera no hay ni marejadilla?

Tres de las mejores voces femeninas del momento, tres metales exclusivos, Montse Cortés, Chonchi Heredia y La Nitra, lo arropan en esta nueva aventura. La Nitra le canta alegrías. El bailaor, de blanco, como mandan los cánones, va desgranando la pieza basándose en su personal taconeo, plagiándose a sí mismo (los sentidos pasos de toreo le acompañan desde hace demasiados años)

Chonchi Heredia, con una luz por fuera y otra por dentro, se acerca a la mina, se arranca por levante y termina por tangos. Las guitarras siguen estando casi mudas, y la luz sigue siendo pobre y desatina (¡ese técnico!). Juan Andrés, caracterizado de minero, con frontal encendido y todo, cuenta sus pasos, mientras va entrando en trance, metiéndose en la película. El humo de atrezo, se extiende por todo el escenario y el patio de butacas. El recitador Jorge Lucas apunta y expande los textos de Juan de Loxa. Es cuando Chochi entona un emotivo fragmento de la “Elegía a Ramón Sijé”, ese enorme poema de Miguel Hernández, musicado por Morente.

“He comprado tres puñales para que me des la muerte...” de Rafael de León, interpretado por las tres cantaoras, donde el clarinete de Toto Fabris, el violín de David Moreira y la percusión de Miguel ‘El Cheyenne’ cobran protagonismo, inciden en el sentimiento trágico de Maya.

La primera sorpresa la vemos cuando el bailaor aparece con falda de cola, con los labios carminados y con castañuelas. De riguroso negro, baila unas seguiriyas. El poder dramático es una constante. El escenario es un teatrico donde “Juana” llora sobre un retrato de la madre desaparecida. Incluso debuta cantando copla (es la segunda sorpresa). ¡Tremendo!

Montse Cortés, flamenca y sentida, es grande por soleá, para seguidamente acercarse a la copla con “Dime que me quieres”, de León y Quiroga.

Las bulerías, entre todas las artistas, anuncian el final que viene a ser como otro homenaje a la insustituible madre.

La duquesa de Alba, madrina del bailaor, a quien brindó el espectáculo, Juan de Loxa, Antonio Canales, el Alcalde de Granada, el Concejal de Cultura… se pusieron en pie, aplaudiendo como el que más.

* La mirada atenta de la duquesa de Alba.

Qué bien se rodea Iván Vargas

Qué bien se rodea Iván Vargas

X Festival de Otoño. “De casta”

Iván Vargas tiene todas las facultades para ser un buen bailaor. Tiene planta y tiene estilo; tiene ritmo y un hacer que puede muy bien flirtear con la técnica. Tiene buen gusto y facilidad de transmisión. Tiene sangre y es flamenco, y baila gitano. Algo, sin embargo, entumece sus alas y, de una brillantez, que debería lucir por sí misma, su entrega queda truncada. ¿Será por un montaje en general simplista? ¿Será por un sonido pésimo, que anula las guitarras y ensucia las voces? ¿Será por exceso de orquestación? ¿Será por falta de reposo? ¿Será por no escuchar atento, argumentando ee baile? ¿Será por abisal desmotivación?

Diez músicos de reconocido prestigio arropan al bailaor. Tres guitarras: Miguel Iglesias, Emilio Maya y Pepe Maya ‘Marote’. Sobra una, quizá dos. Tres cantaores de excepción: Miguel Lavi, David ‘El Galli’ y Simón Román. Una caja: Miguel ‘El Cheyenne’. Y tres palmeras: Eli Maya, Alba Heredia y Rocío Vargas. O estas palmas o la percusión estaban de más, en pro de la limpieza.

Comienzan por martinete y seguiriyas, tan sólo con ritmo, las guitarras se unirán más tarde. Iván domina. Se muestra elegante, con una verticalidad gratificante. Un bastón y después un sombrero diversificarán una propuesta que se enriquece con el violín preciso de David Moreira, quien tomará un protagonismo espectacular en las bulerías finales. En las alegrías, Iván Vargas, se ve más suelto y seguro, aunque repite esquemas. La sonrisa del bailaor granadino, cara hasta el momento, se agradece y acumula puntos en su haber.

La artista invitada, Fuensanta ‘La Moneta’, como nos tiene acostumbrados, bordó una soleá, estremeció hasta las butacas. Lastima que el sonido, como una serpiente marina, enturbiara el fondo. Reconocemos, de ahora y siempre, el pellizco del jerezano Miguel Lavi, que arranca el cante desde sus adentros. Con ‘El Galli’ forma una buena pareja.

Y, para terminar, bulerías y más bulerías que desembocan en ritmos caribeños, que se hacen coda para refrescar el fin de fiestas.

Después del teatro, marchamos a La Platería, donde esperaban los trasnoches. El nieto de Juan Habichuela y el hijo de Enrique Morente (de nombres iguales), nos hicieron pasar grandes momentos. José Enrique, muy personal y queriendo empezar la casa por el tejado, había que cogerlo con pinzas. Juan Habichuela está llamado a ser el mejor tocaor de este país. No se puede tocar mejor.

* Iván Vargas en la cueva (© Antonio Arabesco).

Un éxodo muy particular

Un éxodo muy particular

X Festival de Otoño. “Salvajes”

Juan Andrés Maya no deja de sorprendernos. Durante las dos horas que dura su nuevo montaje, “Salvajes”, hace un compendio de la migración del pueblo gitano desde La India hasta el Sacromonte, además de mostrarnos claramente las claves de su creatividad. Grosso modo, éstas pueden resumirse en la preeminencia de la figura femenina, como sustento de la tradición; el tratamiento trágico de su propuesta, que viene aparejada inexorablemente a la alegría; el tamizado del momento histórico bajo su punto de vista; el resultado coral, descentralizando todo tipo de protagonismo; el mimetismo de sus personajes y el remedo de sí mismos; la inclusión del tópico como una novedad necesaria; el histrionismo crédulo; y las gracias al cielo y sus seguidores.

En esta obra, el bailaor y coreógrafo, se quita de en medio (otras veces ya lo hizo) para dedicarse solamente a dirigir, para observar desde fuera con su perspectiva espacial. Cuatro bailaoras “salvajes”, Raquel Heredia ‘Repompilla’ (que ganó el concurso de coreografía el día anterior en este mismo escenario), Alba Heredia, Vero ‘La India’ y Rocío Vargas, amortiguan, con su baile carismático, un espectáculo, que descansa, sin lugar a dudas, en sus artistas invitadas, Juana ‘La del Revuelo’ y Rafaela Reyes ‘La Repompa de Málaga’, y en la sorpresa final, Martín ‘Revuelo’ cantando con todo el arte por bulerías.

De La India pasamos por Arabia y Europa central para desembocar en la península por levante, que baila Raquel. Se le suman las otras tres “salvajes” danzando el “Himno de los Gitanos” y reivindicando su bandera a los postres. Los chavorrillos no abandonan ningún momento la escena y los traen y los llevan y bailan e improvisan. Todos, en general, actúan para adentro, como si, aparte de la representación, tuvieran su fiesta particular en el escenario. Esto lo confirma el tabaco y el alcohol, que traspasa el límite del atrezo.

Bailan seguiriyas (Alba y Vero), alegrías (Rocío), pero sobre todo tangos y bulerías. Se acercan a la zambra y al ceremonial de la boda gitana (Rocío y el tocaor Emilio Maya); y le hacen un guiño a ese extraordinario trabajo de Félix Grande y El Lebrijano, llamado “Persecución”. A los postres, recordando los días que nos llegan, no faltan los villancicos. La alegría del feliz enlace, se rompe (“como suele pasar en las bodas gitanas”), por la muerte (el percusionista Miguel ‘El Cheyenne’) por la navaja incontrolada de la bebida (el cantaor Simón Román).

* Bandera romaní.

Todos a bailar

Todos a bailar

X Festival de Otoño. I Concurso Coreográfico Flamenco y Clásico español para jóvenes.

Raquel Heredia ‘La Repompilla’ se alzó con el galardón a la mejor coreografía solista.

Después del acto inaugural, a modo de pregón, desde los ventanales del hotel Victoria y de la presentación, en Granada 10, a cargo de José el Francés, los días 26 y 27 de noviembre respectivamente, el jueves pasado dio comienzo, con gran expectación, el Festival de Otoño de Granada, con la final del I Concurso Coreográfico Flamenco y Clásico español para jóvenes. Encuentros flamencos y certamen dirigidos, por segundo año consecutivo, por el bailaor Juan Andrés Maya.

Más de sesenta coreografías se presentaron a concurso, de las cuales nueve fueron las seleccionadas. Con meridiana calidad y emotivas sorpresas de adaptación y compromiso, se lo pusieron difícil al jurado.

Los galardones a la mejor agrupación y a la mejor coreografía solista fueron concedidos por las bodegas Pago de Almaraes, en la persona de Javier Rodríguez. La Ganadora solista fue Raquel Heredia “La Repompilla”, con su gran ejecución por bulerías, donde destacaron sus pies y el acompañamiento a la guitarra de Rafael ‘Habichuela’. El premio a la composición grupal, resultó ex aecuo entre dos agrupaciones: “Al Alba”, por su obra “Fragua”, con martinete y seguiriya; y la compañía de José Duende, bailando un popurrí de cantiñas (sonido disco), que dieron en llamar “Con Aire de Cai”.

La noche se abrió con la Asociación “Ruedas con ritmo”, una pareja de chicas que abordaron un pasodoble en off, donde una de las participantes andaba en silla de ruedas. Bien merecido, obtuvieron una mención especial, por parte del Ayuntamiento y la dirección del festival. Quienes también dieron otro premio honorífico al grupo “Down Baila”, ofreciéndonos “Con otro mirada”. Una labor impresionante, que rezuma belleza, buen gusto, afán de superación y un trabajo ingente de preparación y puesta a punto. [Para mí, opinión que no ha sido publicada, fueron los ganadores.]

El resto de participantes fueron los que siguen. Nelia García, con vestido rojo y palillos, interpretó “Mi sentido”, basado en “The heart asks pleasure first”, perteneciente a la banda sonora de “El piano” de Michael Nyman, donde se apreciaron su tratamiento clásico y sus silencios. Las tres bailaoras que conforman “La Sabica”, acercándose a la escuela bolera, con castañuelas y zapatillas de ballet, danzaron la obra llamada “Ser Mujer”, una obra simbólica y llena de contenido. La música de este montaje es original de Jaume, un pianista de Granada.

La compañía “A Contratiempo”, con música en directo, propuso  “Un paseo flamenco”, un recorrido por varios palos, seguiriyas, fandangos, bulerías o tangos. El solista José Candela bailó por seguiriyas en su obra “Siento”, donde la cantaora Marta ‘La Niña’ tuvo un papel estelar.

El Festival de Otoño durará hasta el martes próximo, con la actuación de Belén Maya y los finalistas en este concurso. Tras las actuaciones oficiales en el teatro Isabel La Católica, el Encuentro se prolonga en la peña de La Platería. Este primer día, tuvimos la distinguida presencia de la bailaora Eva Esquivel y la no menos elegante cantaora Aroa Palomo.

* En la foto Raquel Heredia, ganadora indiscutible.

Un arco iris en la escena

Un arco iris en la escena

Carlos Zárate presentó “Placeta 7” en el Isabel la Católica

El guitarrista granadino, Carlos Zárate, presentó su disco “Placeta 7” en el teatro Isabel la Católica durante la velada del miércoles pasado. El aforo no se cubrió en su totalidad, pero los asistentes, muchos de ellos flamencos, estuvieron entregados en aplauso y ovación. Lástima que el sonido no estuviera del todo ajustado. Lástima que el alumbrado fuera pobre.

Una voz en off, que acompaña un montaje de diapositivas, presenta el objeto del disco. A saber, “Placeta 7” es un homenaje a la infancia, a esa infancia perdida y al niño que todos llevamos dentro. Y, por otro lado, a la crudeza de la madurez y la “violencia” del día a día.

Comienza la presentación con la Escuela de Danza el Bolero, un grupo de 18 jóvenes que, con ligereza y buena coordinación, abordaron una pieza del compositor londinense Michael Nyman. Seguidamente, Armando Linares remeda a Carlos cuando tenía 14 años y más o menos empezaba en el mundo de la guitarra (ya lleva cerca de 40 años guitarreando). El joven tocó por levante, arrumbándose a los postres. Zárate sube al escenario y propone una soleá, acompañado por Armando, que acaban por bulerías, donde la percusión de Ismael García tiene mucho que decir. Para las alegrías requirió un poquito de compás y la introducción generosa de la flauta de Eloy Heredia. Aroa Palomo cantó en solitario unas granaínas, bastante floreadas por la guitarra del maestro. Continúa el espectáculo con un zapateado de Sabicas, a quien el guitarrista venera, bailado con elegancia y limpieza por Rosa Zárate, con traje crudo de pantalón. Ella sufrió más que nadie la carencia de iluminación.

Entre dos bulerías: “Placeta 7”, que le da nombre al disco, y una composición del pamplonés Sabicas, suena la Tangeri Café Orchestra fusionando música andalusí con las propuestas flamencas de los Zárate. Una farruca y unos tangos anuncian el final, que se muestre estremecedor y semanasantero con la Coral Virgen del Rosario y Orquesta Polifónica de la Basílica de San Juan de Dios de Monachil. Esta última muestra, de un disco rico y heterogéneo, un arco iris en escena, se enriquece el recitado de María Montiel.

Varios minutos de aplausos, con el público en pie, dan el respaldo a un doble cedé, en el que han intervenido unas ciento treinta personas, de las que más de cien son músicos, que participan directamente en su grabación.

* Carlos Zárate en concierto con la Orquesta de la Basílica de San Juan de Dios de Monachil, foto de archivo (© Nono Guirado).

“Soy embajador de mí mismo”

“Soy embajador de mí mismo”

Carlos Zárate presenta esta noche su disco “Placeta 7”

Carlos Zárate es un corredor de fondo. Desde muy joven, este granadino, ha prestado la precisión de su guitarra a los más diversos cantaores a lo largo de todo el mundo. Su primer disco en solitario, Placeta 7, le llega con una madurez tranquila. En este trabajo, que le ha supuesto varios años, da lo mejor de sí. Placeta 7 es un disco fresco y abierto, adaptado a cualquier paladar, donde todos beben y todos caben.

 ¿Has hecho el disco de tu vida?

Sí, es el disco de mi vida. En él he puesto todo mi saber, todos mis conocimientos guitarrísticos y de flamenco. Más que un disco es como un hijo. Es mi hijo.

 ¿Anteriormente ya habías grabado?

Sí. He participado en unos veinticuatro o veinticinco discos, acompañando a otros artistas. Éste es mi primer disco en solitario. Está dedicado a la infancia. A los niños de ahora y a los niños que fuimos. Es, por otra parte, un homenaje a mi tierra y a mi barrio. Algunos títulos de los temas hacen referencia a Granada, como “Silla del Moro” o “Plaza de Santo Domingo”.

¿Por qué “Placeta 7”?

Placeta 7, porque es en donde yo me crié, en el barrio del Zaidín, cuando las plazas estaban numeradas. Yo viví en la Placeta 7, en la que fui feliz jugando con los demás niños, disfrutando ese estado de la vida en el que no tienes responsabilidades, tan sólo ir al colegio y estudiar. Allí esperábamos a nuestras madres, que bajaban con el bocadillo a las cinco de la tarde, que tenía un sabor especial…

Es un disco doble. ¿En un principio lo concebiste así o es que uno solo, a la larga se te quedó corto?

No. Tenía pensado un trabajo sencillo, de sólo un disco. Pero, al haber tantos músicos colaboradores, me dijeron los técnicos que había sobrepasado los minutos. Tendría que dejar algunos temas o desdoblar la grabación. No quise dejar a nadie fuera, pues todos habían respondido sin condiciones. Todas las puertas a las que llamé se abrieron.

¿Cuántos músicos han participado entonces?

Hay 104 músicos, más 25 ó 30 colaboradores indirectos, que trabajaron para que este disco viera la luz.

¿Alguien se ha quedado fuera?

No. Como te digo, todos los que he llamado han acudido. Incluso, hay gente que se enteró que estaba grabando el disco y a mí se me pasó llamarlos, que me dijeron: “Carlos, yo quiero colaborar…”.

¿No crees, con todas esas aportaciones, que el disco es bastante heterogéneo?

Sí. Es lo que me apetecía. A los ortodoxos no les gusta la fusión, enriquecer el flamenco con nuevos caminos, las mezclas… Pero el flamenco tiene una evolución lógica, que pasa por la introducción de otras músicas. Yo, como guitarrista flamenco, distingo entre el flamenco puro y la necesidad de fusionar.

Pero tu toque es muy flamenco.

Yo soy flamenco porque he mamado el flamenco, he aprendido de todos los maestros del flamenco. Yo toco flamenco y trato que suene flamenco. Pero no me niego que mi guitarra se fusione con otras músicas.

Por otra parte, el sonido de tu guitarra es muy clásico. Salvando las distancias, recuerda a Sabicas.

Me acuerdo bastante del maestro Sabicas. De hecho, tengo una bulerías, “Recuerdo a Sabicas”, que son suyas. Y su huella puede verse en algunos otros temas. Pero también tengo influencias de Diego del Gastor, Paco Cerero, Juan y Pepe Habichuela, que, cuando yo era niño aún, coincidí con ellos en muchos escenarios, en muchos festivales. Me ha influido también, que no hace falta nombrarlo, Paco de Lucía, que lo busco un poco en mis composiciones. También Vicente Amigo que es el gran proyector de la guitarra moderna.

¿Todos los temas están compuestos para el disco?

La mayoría sí, aunque hay dos o tres que son antiguos, e incluso alguno que no es mío como el de Sabicas que te comento o el de “Tico-tico que estás en los cielos” o algún tema andalusí en el que sólo he hecho los arreglos.

También he encontrado en el disco algo de sicodelia y sonidos de los años 70.

Más que sonidos sicodélicos, a mí me recuerdan a bandas sonoras de películas.

Algún comentario sobre Carlos Zárate, en general, y Placeta 7, en particular, hablan de honestidad y de amor. ¿Cuánto de corazón tiene el disco?

Todo. No digo ni un noventa ni un noventa y cinco por ciento. El disco tiene un cien por cien de corazón. Estar dedicado a la infancia lo dice todo. Los niños se merecen el cien por cien del cariño, toda la bondad.

La poesía está también muy presente en el disco, que incluso tiene algunos recitados. ¿Con qué tres poetas te quedarías?

Bueno, el primero que yo escogería es mi paisano Manuel Benítez Carrasco, que era un poeta y un rapsoda. Él mismo recitaba sus poesías y a mí me llegaba al alma. Llegué a tocarle en más de una ocasión, pues él recitaba con una guitarra de fondo. Lorca sería mi segundo gran poeta con sus versos crecí. Y, un tercer poeta, no sé. Machado, Miguel Hernández… No sé.

Retomando el disco y la infancia. Tienes un tema llamado “Fantasía flamenca” dedicado a tu hija.

Sí, Rebeca. Ya que está en cierta manera el disco dedicado a los niños, rescaté esta composición que hice hace muchos años y se la dediqué

Tu toque de guitarra se caracteriza por el empuje, por la pulsión. ¿Es necesario imprimirle esa fuerza a la guitarra?

No necesariamente. Aunque, a diferencia de otras guitarras acústicas o clásicas, una de las características de la guitarra flamenca es la fuerza. De todas maneras, yo he tocado siempre para bailar. Se necesita tener mucha fuerza en las manos para acompañar al baile.

¿Prefieres entonces tocar para el baile, tocarle a un cantaor o, con este disco, le has cogido el gusto a la guitarra de concierto?

Me gusta todo. Tocar solo, exige mucha creatividad. Pero, si tengo que elegir, yo soy un guitarrista de acompañamiento. No me siento incómodo en mi faceta como solista, pero para ser un guitarrista de concierto, debes tener, muchos dedos, mucho estudio y mucha técnica. Hay que demostrar que eres un fuera de serie.

¿La guitarra duele? Es decir, ¿cuándo tocas la guitarra con toda intención y sentimiento, como quien se queja por soleá, realmente desgarra por dentro, como parece?

Más que dolor es intensidad y esa necesidad de trasmitirle al público los sentimientos. Hay veces que el cuerpo se contrae, se cierran los ojos y se aprietan los dientes…

¿Cómo ves el futuro? ¿Tienes algún otro trabajo en mente?

Siempre tengo proyectos. Me gustaría hacer un disco que se llamara “Palabra de Mujer” en el que haría de acompañante para únicamente cantaoras. Y también me gustaría trabajar uno que fuera “Zárate y amigos”, con otros guitarristas. El mundo de la guitarra hoy día es muy difícil, con esa cantidad de gente tocando muy bien. Es muy difícil. Para vivir de la guitarra tienes que ser un fuera de serie, estudiar mucho, ser creativo y tener mucha suerte.

Eres un artista local. ¿No tienes necesidad de salir fuera?

En mi juventud tuve la oportunidad de irme a Madrid y hacer allí mi carrera. Pero nunca he querido dejar mi Graná que tanto quiero y tanto me gusta. Si hubiera salido habría llegado más lejos o no. Nunca se sabe. Aquí estoy bien. Lo que falta es el apoyo institucional. Es de lo único que me quejo. No se defiende al artista granadino y tienen más repercusión los de fuera. Pero cuando salimos fuera somos como embajadores de nuestra tierra. Así, yo no soy embajador de nadie. Soy embajador de mí mismo.

* Carlos Zárate y un servidor, en un momento de la entrevista (© Nono Guirado).

** Presentación de Placeta 7 esta noche en el teatro Isabel la Católica, a las 21’30 horas.

Flamenco a cambio de una sonrisa

Flamenco a cambio de una sonrisa

La Platería dedicó una jornada a los niños de Asprogrades

Una niña llamada Jessica espontáneamente y sin escrúpulos comenzó a bailar por rumbas. Ayer, martes, los responsables de la regencia del bar de ‘La Platería’, capitaneados por Almudena Álvarez, decidieron dedicarles la jornada a los niños de Asprogrades. Durante la mañana fueron recibidos y, tras un aperitivo, disfrutaron de un pequeño recital de flamenco, para terminar con un plato de arroz y unos refrescos. Todo a cambio de una sonrisa.

Nunca es bastante lo que se hace por los demás. El mes de diciembre está cargado de buenos propósitos. La Navidad, el Año Nuevo, los Reyes…, son fechas para reflexionar, para ver lo que tenemos y lo que nos falta, para atender carencias y olvidar errores. Aparte de la gripe A, nuestros días se conocen por una crisis inmisericorde que arrastra al egoísmo. Guardemos lo poco (o lo mucho) que nos queda y que el prójimo se busque la vida. Sin embargo, una campanita se sigue agitando en la conciencia de algunos samaritanos. No todo es negocio, sin embargo. No todo es oficialidad y desconfianza. Vivimos inmersos en la sociedad y una cadena es tan débil como el más débil de sus eslabones.

Asprograd está dedicada a las personas con discapacidad intelectual. Hay quien dijo que discapacitados somos todos, aunque no todos tengamos la misma discapacidad. Año tras año, desde 1964, esta Asociación lucha por la calidad de vida y la integración social de las personas disminuidas. Hace más de diez años esta Asociación está vinculada al flamenco. Sobre la primavera se celebra un festival multitudinario destinado a incrementar su potencialidad social y económica. Voluntarios de todas las edades colaboran con ellos, desde dentro de su organización o desde fuera.

Las iniciativas se agradecen. Podemos decir que el niño deficiente es la persona más agradecida del mundo. Da gusto ver los rostros de estas decenas de alumnos disfrutando y dando palmas, intentando llevar el compás, elevando los brazos o lanzándose al escenario con los brazos levantados y marcándose unos tangos o un poquito por bulerías.

Los protagonistas son ellos. Los importantes son los niños y sus monitores. Han sido treinta y nueve alumnos, cuatro clases de transición del colegio Santa Teresa, los que han asistido y han compartido el homenaje. Había quien no miraba si quiera al escenario, disfrutando tan sólo del ambiente y de la música. Hasta el cielo se portó. Aunque hacía frío, el sol dispensaba sus rayos con benevolencia.

Un puñado de artistas, solidarios como los organizadores, prestaron su tiempo y su arte en esta buena causa. Ana Mochón, la más joven del grupo, abrió el recital con unas alegrías, que calaron entre el público. Álvaro ‘El Martinete’ le acompañó en la guitarra, e Israel a la percusión. Continúa el pequeño concierto Mari Ángeles Pérez, ‘La Niña la Plata’ con guajiras. La arropa su hermano Luis Manuel.

A continuación, un grupo de artistas, confinados en la prisión de Albolote, terminaron de redondear el cuadro, redundando de esta manera en una doble labor de inserción.

A la guitarra sorprendió Juan Carmona con su auténtico soniquete sacromontano, que acompañó, en primer lugar a Jesús Fernández, cantando unos fandangos, y después a Ángel Romero remedando el “Vino amargo” de Rafael Farina; y, por último, a Mari cantando las rumbas que Jessica bailó. La niña, cogiendo el micrófono, como una profesional, le dedicó su actuación a dos de sus compañeros. Otros bailaban en sus asientos y jaleaban la actuación.

Otra rumba personal de Juan Carmona, próxima al nuevo flamenco, continuó animando a los espectadores, hasta que, todos en el escenario, acabaron por tangos. Unos villancicos, premonitorios del tiempo que llega, y protagonizados por la platera anfitriona, despidieron la sesión y dieron paso al almuerzo.

Miguel Clavero, presidente de la peña, quiso dirigirse a los presentes, diciendo que estaban en su casa y que este encuentro sin duda se repetiría.

* Jessica en la foto (© Miguel Rodríguez, Granada Hoy).

La gente que me mira

La gente que me mira y yo en silencio

por la calle camino desosiego

de mi alma, desalmado, desatento,

pues la taso a buen ojo de cubero.

 

Yo me siento en un valle de amargura

y la piedra que aprieta se desangra,

pasto en llamas, dolor, no tiene cura,

perdidos corazones en la manga.

 

Un camino a lo lejos bien distante

que recorro con venda entre mis sienes,

porque el fuego, mi amor, está vacante,


se me agota la fuerza de mis bienes.

Una vida tranquila me es bastante,

el campo florecido que tú tienes.

Ana Mochón, marcando el paso

Ana Mochón, marcando el paso

Cuando se unen estudio, buen gusto, respeto y frescura a grandes facultades y buena voz, el flamenco entra suave y el triunfo se asegura. La jovencísima Ana Mochón lleva una trayectoria intachable. Del pasado certamen de La Unión se trajo el Premio de granaínas. No fue una sorpresa en su coherente carrera, pero sí un espaldarazo y una llamada de atención para los observadores del flamenco. Por eso, hay que tenerla en cuenta en festivales y recitales. Su paso por las peñas es imprescindible para su madurez artística y para solaz del aficionado. El viernes pasado arrasó en la peña “Solera y Caña” de Maracena. El público, atento como nunca, salía por la puerta y dispensaba sin cesar halagos y aplausos. No es para menos. La soltura de esta niña, su gracia, encima de las tablas, llega a emocionar. Estuvo acompañada por el guitarrista local Alfredo Mesa, cada vez más sonoro, cada vez más preciso.

Empezó su actuación por alegrías, dejando claro desde un principio su dominio y conocimiento. Para este cante festero, requirió el compás de algunos otros flamencos que se hallaban entre el público: el cantaor Curro Andrés y el guitarrista  José Fernández hijo. Pronto se fue por todo lo jondo, siendo grande por soleares. Prosiguió con unos cantes de levante de buena factura, para bordar esta primera parte por tangos, demostrando su empaque  y elegancia.

En el segundo pase, se impuso por granaínas, guajiras, seguiriyas y bulerías. A petición del público continuó en el escenario para guindar con fandangos.

* Ana Mochón y Alfredo Mesa (© Rafael Ramos).

Fiesta Asociación Diente de Oro

Fiesta Asociación Diente de Oro

La dimensión de Juan Habichuela

La dimensión de Juan Habichuela

Curso de flamenco en honor a Morente

El último día del ciclo “Flamenco y Universidad”, el martes pasado, estuvo dedicado a Juan Habichuela, maestro incuestionable de la guitarra. El flamencólogo Miguel Ángel González fue el encargado de acercarnos la figura “artística y humana” del genio granadino. La conferencia llamada “La guitarra de Juan Habichuela”, podría titularse, según la apreciación sentimental del ponente, como “El tocaor que iba para bailaor queriendo ser cantaor”.

Miguel Ángel hizo una clasificación de la guitarra granadina, dividiéndola en escuela clásica (Manuel Cano, Miguel Ochando, Jorge Gómez, Isidoro Pérez…) y sacromontana (los Ovejilla, los Cortés, los Habichuela…). Juan, como es lógico, pertenece a esta última, con su rasgueo característico y fuerte pulsación. La conferencia se remontó a la infancia del tocaor, a su abuelo Habichuela el Viejo, a Tía Marina, a su padre, Tío José, y a sus hijos y sobrino, los integrantes de Ketama; para hacer seguidamente un recorrido por su vida, aprendizaje, primeros acompañamientos, actuaciones en solitario, premios y homenajes, insistiendo en su dimensión artística y humana, uniendo ética con estética. Juan ha acompañado a todos los grandes cantaores de flamenco, que coinciden en su carácter sensitivo, su sonoridad y el cuidado que dispensa al cantaor.

La velada continuó con una conferencia ilustrada sobre “Poesía del flamenco de ayer y de hoy”, impartida por Rafael Delgado, desde la perspectiva del sentimiento estético, donde destacó la palabra emocionada de la poesía popular, su magia y su dramaturgia. Todo esto acompañado de sus propios poemas cantados por Fernando Barros y Nazareth Marcos, con la guitarra de Ángel Alonso.

Para terminar, el guitarrista Paco Cortés, dio un pequeño recital en solitario (granaínas, soleá, alegrías y bulerías), poniendo de manifiesto su toque clásico, limpio y virtuoso.

 

Fandango

Por si acaso me das paso,

suelo pasar a tu lado,

y ahora que me haces caso

yo me hago el disimulado;

en eso está mi fracaso.

Entre mujeres

Entre mujeres

Patrimonio Flamenco

No es habitual, y por tanto sorpresivo, ver una agrupación tan sólo de chicas haciendo flamenco, o algo parecido. No es común encontrar, en la monotonía mimética, que nos asalta continuamente, una actuación fresca y sin complejos. Que tienen que madurar, lo sé. Que tienen que especificar algo más su discurso, lo sé. Que tienen que afinar su compenetración y el resultado instrumental, también lo sé.

Bajo el nombre de ‘Las Flamenc@s’ se reúnen la cantaora Ana Sola y las instrumentistas, Pilar Alonso a la guitarra, María José Quesada a la bandurria, María José Martínez al laúd y al chelo y Nasrine Romaní a la percusión. Estas jóvenes profundizan en el flamenco y en una de sus raíces, que es el folklore. Por eso, además de soleares, se acercan a la canción popular y a otros temas con aires aflamencados. La soleá referida comienza la velada. Es su presentación. Observamos una voz potente y muy flamenca, con ganas de comerse el mundo. Una guitarra normalita (aunque se irá soltando, para escribir con mayúsculas al final de la actuación) y una percusión limitada. La zambra “El gitanillo Errante” de Luis Mejías, grabada por Estrella Morente en su disco “Mujeres” (2006), acompañada por el “Grupo de Laúdes Albaicín”, convence por su resultado, aunque Ana no es Estrella. Hay que aplaudir, en un aparte, la exactitud de las María José con el laúd y la bandurria. Esta zambra termina con aires brasileños. El baile moderado de Macarena Mulero ilustra la pieza. A continuación dos canciones, cercanas a la balada, y una con ritmo festero, muestran sin bagajes la búsqueda de belleza de este grupo.

La belleza de “La Flor de Estambul”, de Erik Satie y Javier Ruibal, termina de convencernos. Con una farruca casi tradicional regresan a terrenos más flamencos. Versioneando “La Tarara” de “Macama Jonda”, donde la percusionista abandona el cajón neutro y se magnifica con las congas, no hay duda del sentido plural de Las Flamenc@s. Termina la noche con alegrías, donde Macarena, de rojo intenso, hace una gran propuesta de baile.

* La bailaora Macarena Mulero en la foto.

Flamenco, punto de encuentro entre payos y gitanos

Flamenco, punto de encuentro entre payos y gitanos

Día de los Gitanos Andaluces

Hoy, 22 de noviembre, se celebra la llegada de los gitanos a Andalucía, hace 547 años. El viernes se festejó este aniversario de la mejor manera posible. Un recital de flamenco, cargado de arte calé, tuvo lugar en el Centro Internacional de Estudios Gitanos La Chumbera. Paqui Fernández, directora del Centro Sociocultural Gitano Andaluz, después de los agradecimientos pertinentes, quiso dedicar este día al granadino José Heredia Maya, poeta, dramaturgo y ensayista de este pueblo, y reconoció el festival como un espacio de convivencia entre payos y gitanos.

La primera parte estuvo cuajada de sentimiento y emoción. Una representación de la veteranía sacromontana, recordó al maestro cantando sus poemas y acercándose a su obra exclusiva. Así, algunas pinceladas de “Camelamos naquerar” (“Queremos hablar”, 1976), “Macama Jonda” (1983) o “Un gitano de ley” (1997), desfilaron a través de sus voces de fragua. Planteada como una obra coral, tres cantaores: ‘Nene de Santa Fe’, Jaime Heredia ‘El Parrón’ y Amaro Carmona; y las guitarras de Paco Cortés, Rafael ‘Habichuela’ y Pepe ‘El de los Peines’, fueron alternándose o solapándose en las soleares, entre romances, o en los abandolaos. ‘Nene de Santa Fe’ abordó en solitario un mirabrás y Luis Heredia ‘El Polaco’, que se les unió en ese momento, unos tangos enriquecidos con los coros polifónicos de los demás cantaores. La última sorpresa de estos inicios fue la presencia de Carmen Carmona y de ‘La Nitra’, uno de los mejores metales del último flamenco, haciendo al alimón unas bulerías. El testigo pasó a los hombres, que cantaron también bulerías. Para despedirse, todos juntos cantaron “Hermanos”, que se puede convertir en todo un himno gitano.

La segunda parte la ocupó el baile de raíz de Antonio Fernández Montoya, ‘Farru’, nieto de ‘Farruco’ y hermano de ‘Farruquito’, presente en el escenario, haciéndole compás y jaleos. Con un cuadro de excepción, el bailaor sevillano entró por seguiriyas, concentradas y briosas. Los músicos en solitario hicieron bulerías con soleá. Las guitarras se acercaron a Paco de Lucía. Incluso, en su final, remedaron el duelo que se hacía el maestro de Algeciras con Al Di Meola y John Mc Laughlin. Para terminar, ‘Farru’ bailo una soleá donde puso todo su genio, siguiendo la estela familiar de fuerza, hombría y elegancia. Aunque levante pasiones incontroladas, este joven bailaor no alcanza la grandeza y el arte de sus mayores.

Unas pataíllas por bulerías de dos de los miembros más jóvenes de la familia, dieron a entender que la saga continúa, que la esencia y la sombra del abuelo ‘Farruco’ no se pierde.

* 'El Farru' en la foto (© flamenco-world).com

Antonio Mairena vuelve a la Universidad

Antonio Mairena vuelve a la Universidad

Curso de flamenco en honor a Morente

 

Después de dedicar una de las jornadas del curso de flamenco universitario a Manolo Caracol, en el centenario de su nacimiento, era de ley, por este mismo motivo, que se le dedicara otra sesión a Antonio Mairena, tercera Llave del Cante, como eminente cantaor, pero también como “escritor y estudioso del flamenco”. El martes 19, en CajaGRANADA, como viene siendo habitual, tuvo lugar uno de los días más completos del ciclo. En primer lugar, José Antonio Esquivel, mairenista reconocido y Coordinador del programa “Flamenco y Universidad”, glosó la figura artística de Antonio Mairena, para después exponer algunas ideas sobre flamenco extraídas de su libro “Mundo y formas del cante flamenco” (1936), escrito en colaboración con el profesor Ricardo Molina. Como dato interesante diremos que Mairena fue el primer cantaor que llevó el flamenco a la Universidad, en los años 60.

 

La didáctica de ese día continuó con un interesante tema, “Los pilares de la música flamenca”, que el ponente, Antonio Martín Moreno, Coordinador de Docencia en este mismo programa, terminó de complementar añadiendo “… en el nacionalismo musical español”, llegando a decir que los pilares del flamenco no son distintos a los de la música en general en nuestro país. Remontándose al siglo XVII, el profesor Martín Moreno, comentó el proceso de ida y vuelta de la tradición musical española, radicalizada en la composición flamenca; la influencia en compositores europeos, desde la List hasta Debussy; y la impronta en el género español, Albéniz, Falla o Turina. Para terminar en el Concurso de cante Jondo de 1922, auspiciado por Falla y otros intelectuales, donde se le dio un respaldo definitivo a la música flamenca, con su internacionalización.

 

Una de las propuestas más interesantes del curso, fue el recital que ilustro la velada. Nano de Jerez, como amigo personal y discípulo de Antonio Mairena, no se limitó a remedar sus cantes, acompañado de la guitarra de Ismael Heredia, sino que contó algunas anécdotas, en primera persona, del maestro de Mairena del Alcor.

La India

La India

Ayer inauguró una exposición David Zaafra, como resultado de un viaje a La India. Me confesaba, que los personajes que él ha pintado pueden ser muy bien gitanos del Sacromonte, "si le quitas el turbante", aclaró. "Y el pedazo mostacho", apunté.

Zaafra, está acostumbrado a pintar el flamenco y el gitano (tiene una obra inmensa dedicada a este tema, además de cientos de carteles).

Pero no se ha quedado en eso. David se ha atrevido con El Quijote, Washington Irving, la Alhambra... (o la Alhambra, Washington Irving, El Quijote... se han atrevido con él).

Ha viajado mucho y ha enriquecido con ello su pintura. Es increíble su serie sobre Marruecos (¿también gitanos?). En Nueva York, en la Zona Cero, incluyó en un gran graffiti la cara universal de Camarón.

Pero los viajes de David Zaafra son hacia el interior. El interior de sí mismo, por eso no hace falta que se mueva del sillón, por eso hace falta que recorra, que se beba literalmente, miles de kilómetros. Porque, el viaje más importante, es hacia el interior de los demás.

Zaafra no retrata a personas, retrata sensaciones, pensamientos, estados de ánimo, caracteres.

Mi niño me acompañó a la exposición. Dio una vuelta rápida, lo vio todo y quiso marcharse. Hablé con él y le comenté que una muestra de pintura es algo más. Supone ver cada cuadro por fuera y por dentro, ver la técnica y la pincelada, pero ver también la intención del pintor. Hay que descubrir también la coherencia del conjunto y el ambiente de los personajes, del exotismo en este caso, etcétera.

Muy bien, pero vamos, decía tirando de mi mano. Está bien, me rendí, pero otro día vengo yo solo. Ante la amenaza de no compartir mis cosas con él, claudicó unos diez o quince minutos más, en los que le estuve explicando algunas cosas.

Casi al final, le pregunté qué cuadro le gustaba más. Éste, dijo sin ningún titubeo. Es el mismo que me gusta a mí, reconocí. Y, me extrañó, porque muchos eran más llamativos, montados sobre enormes relojes o en espejos o con molduras de elefante.

Después nos fijamos en el listado. Era el lienzo más caro de toda la obra.

Al decírselo a David, con ojo de entendido, alabó la decisión y buen gusto de Juan.

(Tengo con David pendiente alguna colaboración, pero no encontramos el momento, porque los temas nos sobran. Quizás ese sea el problema.)

* Montaje con tres obras de la exposición.

El baile telúrico de Vero ‘La India’

El baile telúrico de Vero ‘La India’

Patrimonio Flamenco

Como ese viento que se alza de improviso y levanta remolinos hasta ser un vendaval; como ese vino que nace directamente de la tierra, que prensa las uvas y, sin más pretensiones, fermenta en la cava. Así es el baile de Vero ‘La India’. Pasional, brioso, seductor, espermático.

Una sola idea rondaba mi cabeza al salir el sábado de La Chumbera: este baile no se debe perder, la dulce violencia de la danza sacromontana debería tener marchamo de origen. Es un baile analfabeto, si se quiere, pero su enraizamiento destila esa dulce violencia que llega a estremecer.

Vero abre la noche con unos tarantos, que terminan por tangos. Su sello está claro. Su sello es la ausencia de sello, que hace, como en una ceremonia de trance, que el baile se apodere de la bailaora.

La gitana tiene presencia, tiene cuerpo, tiene expresión. Es un torbellino que llega a agotar. Sus jadeos, sus silencios, no son más que un amago para retomar el esfuerzo, para multiplicar su vigor.

Hace mutis con frescura, sin embargo, mientras sus músicos ofrecen malagueñas, rematadas con fandangos del Albaicín, cantadas por Juan Ángel Tirado. Emilio propone una espléndida granaína con la guitarra, que quizá se alarga demasiado. José Fernández comienza unas bulerías bambineras, que terminan siendo el “Ten cuidao” de Mayte Martín, aunque bastante alejado de la cantaora catalana.

‘La India’ vuelve para brindarnos su último baile. La soleá por bulerías no deja indiferencias. Convence o convence. Se puede ahondar en la técnica, en el estudio, en el ensayo, pero no en el sentimiento y en la sangre. Se puede ser más bailaora pero no más montuna, no más telúrica.

* Foto de archivo (© Gabi Pape).