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Belén Maya en Montejícar

Belén Maya en Montejícar

Le pregunté a Belén Maya qué le había llevado a aceptar ese tipo de invitación. Ella me respondió simplemente que le parecía el proyecto “¡tan bonito!”.

El instituto de Montejícar lleva siete años proyectando una iniciativa interesante para chicos y chicas. Aunque empezó modestamente, como una actividad puntual, hoy por hoy, gobernados sabiamente por el profesor Paco Julio, dedican varios meses a estudiar y profundizar sobre la vida de alguna flamenca.

Por qué flamenca. Porque comenzó inserto en un proyecto más amplio sobre coeducación y el papel relevante de la mujer en la sociedad actual.

Así, año tras año, han convivido con las realidades de La Niña de la Puebla, de Carmen Amaya o de Eva Yerbabuena. Estos dos últimos años, han logrado que la protagonista en cuestión acuda al instituto.

El año pasado, estuvo Marina Heredia. Sintiéndolo mucho no pude ir. Este curso, sin embargo, con Belén Maya, sí estuve presente y me impliqué en lo que pude. (Es difícil no sentirse integrado, pues todo el centro, director incluido, asumen el proyecto como algo propio, como algo genérico de toda la institución.)

Los alumnos han estudiado la vida y la trayectoria de Belén, sus montajes y su manera de bailar. Se han acercado a su vez a la figura de su padre, Mario Maya, y su huella indeleble e imprescindible en el mundo del flamenco. Con esto, han buscado información en Internet, han sacado fotografías de la red y han confeccionado murales con los que han ambientado los pasillos. Esta decoración mural, ha sido completada con parte del trabajo de otros años. (Es interesante ver la evolución en este aspecto.)

En el otro pasillo, en el ala derecha, se muestra una exposición del fotógrafo Miguel Ángel Molina (colaborador de La Opinión) sobre la bailaora en varios momentos de su trayectoria. Miguel Ángel también estuvo presente y, gentilmente, ofició como reportero gráfico de la visita.

En primer lugar, después de un cafelito, recorrimos sendas exposiciones aludidas. Seguidamente salimos al patio para que los estudiantes se hicieran fotos con la bailaora y que les firmara unos autógrafos. Después pasamos al aula de música para presentar oficialmente a Belén y hacerle unas preguntas preparadas por los mismos chicos. Por último, en la sala de profesores, se hicieron otras cuantas fotografías con los docentes. Y nos fuimos.

El resultado directo es evidente: los educandos se han introducido en el mundillo del flamenco; han conocido a una figura del baile de primer orden internacional; y han visto, como en un pueblecito perdido en los montes, rozando a Jaén, es posible que ocurran cosas como esta, con voluntad y buenos deseos.

Varios alumnos del instituto, me consta, tienen el gusanillo del flamenco. Ya cantan o bailan o quieren aprender.

En el pueblo, según me dijo Saray, la Concejala de Cultura, hay dos peñas y una noche de sus fiestas la dedican al cante grande. Prometió, cuando nos despedimos, que seguirían apostando por el flamenco.

Muchos centros de enseñanza, incluso en la capital, podían tomar buena nota y ofertar algo parecido a su alumnado para aprender e implicarse en este arte tan nuestro. Aunque otros colegios, para ser justos, realizan actividades parecidas.

* Belén Maya en el turno de preguntas (Miguel Ángel Molina ©).

Si

Si yo fuera ella
y soñara conmigo,
que en un arrebato
me quitara el vestido;
y me desnudara con calma
de pies a cabeza;
y me tendiera en la cama;
y me cubriera de besos,
y quisiera comerme
y perdiera los sesos.

Si yo, que soy ella,
sin rubor me dejara
acariciar unos senos
que despuntan al alba,
suplicando mordiscos,
jadeando plegarias,
y la ropa que queda
con furia me arranca.

Si bajaras a mi pubis
y hundieras tu cara,
yo dejaría mil gritos
escapar de mi alma.
Me comería tus labios
y pellizcaría su espalda,
te arrancaría los pelos
y te arañaría la cara.

Si gozaras conmigo
como adoro tu estampa
y camino sediento
por esta morada
de insatisfecho deseo,
de amor verdadero,
de insufrible jalea
que busca tu cuerpo,
yaciendo desnudo,
soñando despierto,
si yo fuera ella
que anhela mis besos.

* Si fuel el número 13 de Escritos de la mala lengua de Ediciones del Vértigo, publicado en febrero de 1996.

Argentina, una cantaora valiente

Argentina, una cantaora valiente

Flamenco viene del Sur

María López Tristancho, conocida como Argentina, tuvo una velada memorable el pasado lunes en el Teatro Alhambra. Bien arropada por un cuadro de prestigio, a saber, José Quevedo ‘El Bola” y Eugenio Iglesias a la guitarra, Bobote y Torombo haciendo palmas y jaleos y José Carrasco a la percusión, dio un recital profundo y de alta gradación flamenca

Cantaba por primera vez en Granada y quiso rendirle tributo. Su intención no era hacer los cantes asociados a la tierra que le servía de escenario, sino cantar con rigor sus propios temas y dedicárselos a nuestra ciudad. Precisamente llamó a su concierto “Huelva canta a Granada”. Con su voz grave, fresca y talentosa, quiso comenzar y terminar la noche por fandangos, palo en el que destaca sin discusión. Los primeros fueron un recorrido por los fandangos locales de Huelva, desde la costa hacia los montes. Los últimos, una muestra de fandangos naturales y de Alonso, en los que terminó haciendo cantar al público, vindicando así de la intención coral de este cante.

Cuando los tientos fueron tangos, un sonsonete moruno acerco a la cantaora al Camino del Monte. Con la soleá, su tercer tema, sentó su poderío. Esta onubense no es sólo una cantaora del momento, una cara, un producto discográfico que ha surgido tras la estela exitosa de su paisano Arcángel. Argentina tiene voz propia e imaginativa, que se aleja sin ningún complejo de los clones de su tierra, y, ahora, a sus 24 años, expone un decir personal y poderoso. Las malagueñas, que fueron de El Canario y de El Mellizo, estuvieron tan ajustadas que los abandolaos surgieron como una liberación, acordándose de Frasquito. Quizá le falte el quejío necesario que, sin duda, los años se lo van a aportar.

En el ecuador del programa, para cambiar su vestuario por otro menos agraciado, si cabe, sus músicos rellenaron el receso por rumbas, con una generosa introducción a la caja, la única realmente justificada. No es la primera vez que me sobra la percusión en una noche. Por mucho talento que tenga un percusionista, cuando se impone al resto del cuadro, incluida la voz, en un concierto está de más.

La joven cantaora abre la segunda parte con tonás, de pie, a boca de escenario y apoyada en una silla, a la manera de Toronjo. Es un gran momento que aprueba con nota. El sonido, sin embargo no está muy conseguido, le resta brillo y apaga su timbre. Muy suelta y rica se le ve en las cantiñas. Otro de sus palos estrella. Será por la cercanía. Los palmeros hacen una encomiable labor de acompañamiento y compás para agudizar la fiesta, para elevar la temperatura. Son puro nervio y sal. Las bulerías las comienza con “El poeta, el músico y el pintor”, un adelanto de su segundo disco. Termina, como anunciamos en un principio, regresando a su tierra y brindándola a la nuestra. Como bis, fuera de micrófono, nos hace entrega de otro fandango natural.

* Argentina en la foto (Nono Guirado ©).

 

Perdonadme ortodoxos

Perdonadme ortodoxos

Jesús Hernández Quinteto

Estoy con Manolo Sanlúcar en afirmar que el flamenco es mestizo. En esencia, la propia concepción del flamenco es su capacidad para absorber y adaptar todo tipo de corrientes. Aunque, al igual que el flamenco bebe del jazz, del rock, de la bossa, del blues, de la samba o del son, estas músicas por su parte también se dejan impregnar y enriquecer por el flamenco. Son muchos los que lo entienden así, son muchos los que prestan su arte y su sensibilidad para un fin común que se llama creación musical, la música con mayúscula. Debe ser motivo de orgullo que a un músico le llamen “mestizo”. Aunque no todo vale. Hay que distinguir, como me decía Juan de Loxa (poeta flamenco donde los haya) la fusión de la confusión y de la infusión.

El domingo, a altas horas, como siempre, en Eshavira Club tuvo lugar un encuentro de cinco músicos de jazz con las estructuras del flamenco. Flamenco y jazz tienen bastantes puntos de encuentro. Casan bien, entre otras cosas, por la improvisación dentro de una misma base o por el individualismo puntual y consecutivo de un determinado instrumento. Jesús Hernández ha compuesto algunos temas jazzísticos que encierran los compases o melodías del cante grande. Reúne a su Quinteto, avezado y flexible, que captan a la perfección el concepto de la obra y el espíritu del pianista. Y, por primera vez, muestran al público unos temas preñados de bulerías, tangos y seguiriyas, en la primera parte. Para las seguiriyas, más reconocibles que los anteriores, Ana Calí aporta su limpio taconeo. Baila en un metro cuadrado, no por voluntad propia, sino por imposibilidad física.

La segunda parte es más flamenca y sabrosa, si cabe. Una creación por granaínas terminan de convencerme, aunque no tuviera duda alguna. Jesús, con su piano, marca la pauta. Los demás músicos rubrican el mejor momento de la noche. Rubem Dantas con la cuika, un instrumento brasileño de percusión, le aporta una dimensión grandiosa y llena de comicidad. Ana Calí, con un vestido cubista, apunta de tiempo en tiempo su derroche de color. Claramente, a continuación, una colombiana empieza a sonar. David Defries, alternando la trompeta y el fliscorno, aporta el alma de este tema considerado de ida y vuelta. La batería de Moisés Atienzón y el bajo de Paco Peña marcan un compás imprescindible, que se derrama en las codas finales. Para terminar, unas bulerías de ley, también (léase tan bien) bailadas por Ana Calí terminan por dimensionar el flamenco.

* Jesús Hernandez y David Defries en una formación anterior (JOHN CAIN ©).

Una difícil decisión

Una difícil decisión

I Concurso de Jóvenes Flamencos

Habiéndose realizado en enero y febrero la semifinal de guitarra y de baile, respectivamente, del I Concurso de Jóvenes Flamencos de la Diputación de Granada, este sábado pudimos ver la etapa correspondiente a la modalidad de cante en la Peña Flamenca “Morenito de Íllora”, en esta misma localidad. Con este premio, que se enmarca en el proyecto “Granada Universo Flamenco”, la entidad provincial tiene como objetivo primordial promocionar a los jóvenes valores del flamenco granadino.

El primer punto a evaluar de la jornada fue el alto nivel de los cinco semifinalistas, su homogeneidad y su total entrega. Lo que puso las cosas bien difíciles al jurado a la hora de decidir su veredicto, pues sólo tres de los participantes pasarían a la final. Una final interesante y competitiva que tendrá lugar el 25 de abril en Cúllar Vega. A la hora de leer los resultados, Juan Pinilla, que hace de presentador del concurso, tuvo que aclarar la diferencia entre ganar por unanimidad y ganar por mayoría, haciéndose así eco de una resolución asaz ajustada.

La única exigencia del jurado, aparte de entrar en el margen de edad necesario, era que se cantaran dos temas a elegir en el amplio repertorio del flamenco y uno obligatorio autóctono de Granada (o asimilado como tal). No deseo evaluar en esta columna la actuación y el cante de cada uno de los concursantes, pues la decisión está tomada y la justicia escrita. Me limitaré a hacer una relación de lo acontecido y su final desembocadura. Iván Vílchez Pérez ‘El Centenillo”, proveniente del Albaicín, con 21 años, fue el primer concursante en subir al escenario. Josele de la Rosa lo acompañaba a la guitarra. Cantó granaína y media. Después hizo soleá y terminó por cantiñas.

La pequeña del grupo, Ana Mochón, con sólo 14 años, afincada en el Zaidín, levantó al público con sus peteneras, soleares de Cobitos y del Niño de Jun y tangos de Graná. El tocaor oficial del concurso, José María Ortiz, la arropó debidamente. Desde los Ogíjares, Nazaret Marcos, de 15 años, interpretó tangos, seguiriyas y granaínas. Su paisano Ángel Alonso, le daba pie con su guitarra. En cuarto lugar, Álvaro Rodríguez, con 27 años y natural de Órgiva, nos dejó tientos-tangos, seguiriyas y quizá la mejor granaína de la noche. Por último, con 30 años, Esther Crisol, nacida en Granada, con su voz grave y su cante adaptado, comenzó por tonás, granaínas, en las que se acordó de Tía Marina Habichuela, y cantiñas. A estos dos últimos cantaores, les acompañó el guitarrista oficial.

Con gran dificultad, como digo, la sentencia del jurado quedó como sigue. Pasan a la final, no necesariamente en este orden, Ana Mochón, Iván ‘El Centenillo’ y Esther Crisol. En Cúllar los volveremos a ver.

* Ana Mochón en la foto (Nono Guirado ©).

Condones

Condones

Las mayores atrocidades de la historia se han cometido en nombre de Dios, cualquier dios, o de un hombre endiosado, que no es lo mismo, pero es igual.

En la reciente campaña móvil de los ateos se negaba la existencia de dios. Pero, el mensaje quiso ser tan respetuoso que ese ateismo nietszcheniano terminó siendo un descafeinado agnosticismo. ("Probablemente, dios no existe".)

La respuesta de la Iglesia fue inmediata y radical. Entre líneas, no sólo afirmaba la existencia de dios sino que anatemizaba a los negacionistas.

Ahora, toman ellos la iniciativa respecto al aborto, queriéndonos convencer de que se protegen más los linces que la vida humana. Viéndolo como lo muestran, es una barbaridad. Un niño, por infinitas razones, vale más que un animal. Pero no es eso.

Un proyecto de hijo "no querido" (se me ocurren mil razones) sería comparable a un animal no nacido, que se le impide su paso a la vida por riesgos varios. Así podríamos apreciarlo. La falacia de la publicidad es ancha como Castilla.

El Papa visita el continente africano con la castidad por bandera. Hay 22 millones de afectados por el sida en el continente negro. La mayoría mueren antes de cumplir 30 años. Pero no usen condón, que es antinatura.

Lo que es antinatura es la represión, la castidad, una Iglesia anquilosada que habla en nombre de un Dios medieval y cruel.

Hay, sin embargo, miles de cristianos, miles de creyentes, auténticos, respetuosos y respetables, que firmarían hoy por lo que la Iglesia puede arrepentirse mañana.

Noviembre

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincon más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!

F.García Lorca

El amor de noviembre
se ha impuesto en mi anhelo
como una campana que vence
el silencio de la tarde plomiza
de pálidas nubes eléctricas
y un vendaval de sentidos que afloran.

Extiende sus alas y se incorpora,
rompe los deseos del viento,
malea el horizonte como un haiku,
yergue las espinas ocultas
bajo el ventanal de gotas podridas.

Suavemente llega y desploma
el eco que entorna los libros.
Las bocas separan con ansia
el momento escapado
que cómplice retiene
lo que ahora es ayer.

* Poema revisado, perteneciente a Tus mismos ojos. Plaquete publicada en Escritos de la mala lengua, Granada, diciembre de 1995.

Los pies de Manuela Carrasco

Los pies de Manuela Carrasco

Flamenco viene del Sur

Eva Yerbabuena confiesa que quien le convenció realmente para ser bailaora de flamenco fueron los pies de Manuela Carrasco. Unos pies limpios y precisos. No descansan, pero tan sólo son una parte de la señora del baile, de la “Diosa del baile”, como se la conoce. Su elegancia, sus maneras, su movimiento medido, su pureza, todo en ella es un conjunto de matices que hacen de esta trianera una las bailaoras más en forma de su generación. Algunos bailaores consagrados aportan sólo su nombre y hacen poco. Manuela baila de principio a fin.

Manuela presenta en Granada su espectáculo “Suspiro flamenco”, donde no hay concesiones ni argumento. Un plantel tradicional para el lucimiento del baile. Como decorado, un gran caballete que refleja retratos de la artista que, como en un espejo, le devuelve su imagen. Es un recurso simple, tan narcisista como superfluo.

Unos tangos sirven de presentación de todos los artistas. La música de Joaquín Amador, sin florituras, es una buena propuesta, aunque a veces adolezca de exceso de orquestación. Por tientos aparece Manuela Carrasco, dominadora, segura de sí misma. Algunos desequilibrios en cambio, que le acompañarán el resto de la velada, denuncian su veteranía. Viéndola bailar, nos sobra lo demás. Al segundo bailaor, Rafael de Carmen, le sobra fuerza bruta en la soleá por bulerías que aborda en solitario. Pertenece a esa vieja escuela que pretende dar todas las notas, y aún más, con sus tacones. Es un bailaor puro que arranca la ovación con sus desplantes.

Los fandangos de Huelva, palo que incorpora la bailaora por primera vez en su repertorio, son amables y meditados. Uno de los momentos cumbres de la noche se presenta por alegrías, que baila con garbo Rafael Campallo. Este bailaor sevillano, ganador del “Desplante” en el Festival de las Minas de la Unión en 1996, evoluciona de forma considerable. Siendo su baile masculino, está lleno de redondeces, guiños al respetable y sutiles humoradas que lo hacen sumamente delicado.

Como descanso y preparación para la traca final, los músicos, sin baile, nos brindan unas bulerías con una generosa introducción a la caja. Las voces son de primera y, tanto Juan José Amador, hijo, como Rafael de Utrera, ponen su contrapunto, pero, sobre todo José Antonio Núñez ‘El Pulga’, ofrece una dimensión admirable (siempre me ha gustado este cantaor).

El remate final viene en forma de soleá, que Manuela baila de blanco inmaculado. En este baile se concentra todo el poder hipnótico, la grandeza de sangre de una mujer que empezó a bailar con once años y todavía le queda mucho por decir.

* Foto, Nono Guirado ©.

Marina Heredia, la apoteosis del grito

Marina Heredia, la apoteosis del grito

Flamenco viene del Sur. Almería

Pienso en las razones del viajero y se me ocurren varias respuestas. El sábado, sin embargo, marché para Almería sólo con la intención de escuchar a Marina por tangos. La Junta, a través de la Agencia Andaluza de Flamenco, ha ampliado los conciertos de Flamenco Viene del Sur a la ciudad más oriental de Andalucía. En principio, con sólo tres conciertos. Arcángel, que se pudo ver en el mes de febrero; La Orquesta Chekara de Tetuán y los Jóvenes Flamencos, que actuarán en mayo; y Marina Heredia que ocupó el escenario del teatro Apolo, como ya digo, el pasado fin de semana.

Decir que arrasó es quedarme corto. Almería es una ciudad callada, sin estridencias, pero cuenta con un gran número de aficionados, dos peñas flamencas en la capital y una docena repartida entre los pueblos. Almería no es un pavo real, pero tiene la vistosidad interna de haber criado a grandes figuras del flamenco. Así, un público entendido y exigente, quedó encantado con el buen hacer de la granadina. Y es que la joven Heredia está en un buen momento, tiene la voz hecha, con el aguardiente necesario, la frescura precisa y el desgarro controlado, para destacarse entre las mejores voces femeninas del flamenco actual. Le añadiremos a estas notas, el dominio de sí misma, la naturalidad en el escenario, la gracia y el empaque. Y, sobre todo, la modulación del grito. Marina, como alguno más de su generación, elevan el grito a un panteón exquisito, lleno de sabor, de azúcar, pero también de sal, y de pimienta, y de canela.

A Marina, en un principio, le iba a acompañar a la guitarra Pepe Habichuela, otro ingrediente interesante. Pero, al final, se cayó del cartel a favor de José Quevedo “Bolita” y Luis Mariano, quizá menos carismáticos (por ahora), pero más compenetrados y familiarizados con la cantaora, ya que llevan con ella varios años, bastantes conciertos y la grabación de su último disco. Puede que el concierto perdiera en expectación con este cambio, pero ganó en calor y esfericidad. Otra característica de la puesta en escena, son Anabel y Reyes, que no se limitan al compás y a los jaleos, sino que, en los cantes festeros, hacen unos coros entrañables que popularizan el cante y fortifican su redondez. Desde un primer momento, desde las alegrías que abren la noche, queda clara esta complicidad. En todos los temas, en una letrilla que otra, Marina reivindica Granada y su estampa y sus bondades. Es un nexo que no quiere dejar pasar como fiel embajadora de su tierra. Con Luis Mariano, a solas, aborda la soleá. Una pieza de nota. El flamenco que se precie debe cantar bien por soleares. Marina fue generosa y valiente.

Cambia de guitarrista y, con José Quevedo, hace malagueñas, que abandola con los fandangos que popularizara Frasquito, quizá respirando más de lo debido. Por levante también fue auténtica y respetuosa. Si no recuerdo mal, hizo tarantas, mineras y levantica, con un trasfondo espiritual que recuerda a Juan Pinilla. Las bulerías las empieza con la “Rosa tardía” coreado por sus palmeras, ese gran tema de “La voz del agua”, con letra propia. La anécdota llegó con los fandangos. El “Bola” le dio paso hasta tres veces seguidas. Marina no recordaba las letras y así, con desparpajo, lo dijo al respetable. Tras risas y aplausos, se descalzó y encajó sus tres fandangos amables. Los tangos, como esperaba, fueron un regalo. Las guitarra, perfectas, hilvanaban un soniquete único. Marina, grandiosa, enriqueció el cante de su tierra con los tangos de otros lugares y abrazó a Morente. Termina la velada con la bulería “Illo y Romero”, también de su trabajo discográfico, con letra de José Bergamín. Indispensable en su repertorio, que acompaña con una pataílla. Un bis por pregones, por si a estas alturas no estaba claro su poderío, ponen la guinda final.

* Foto oficial del concierto de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Almería.

Lo que hay que hacer

Lo que hay que hacer

Nocturno en re mayor

Hoy te he sentido junto a mí.
Te he saludado al pasar por tu puerta.
Tú me respondes, me interrogas.
Aclaro que estaba soñando en ti.
Será pensando, me corriges.

El soñar es involuntario,
sin apenas quererlo.
Es etéreo y es platónico.

Si alguna vez quise a alguien,
si alguna vez he amado
siempre, siempre, ha sido contigo.

* Poema revisado, perteneciente a Tus mismos ojos. Plaquete publicada en Escritos de la mala lengua, Granada, diciembre de 1995.

I Encuentro Fútbol Narradores-Poetas de Granada

I Encuentro Fútbol Narradores-Poetas de Granada

Para el sábado 28 de este mes, se está organizando un partido de fútbol sala entre los narradores y poetas de Granada. En principio, son escritores de un determinado círculo e incluso generación, pero está abierto a todo aque que cuente entre sus vicios la capacidad de narrar o de entretejer endecasílabos.

Los poetas irán con camiseta rosa, los narradores aún por decidir (se les ha propuesto el amarillo, a falta de dramaturgos). (Los periodistas querían hacer otro equipillo.)

Habrá fotógrafo oficial, entrenadores, animadoras y público (uno), que soy yo (y mi vástago) (por ahora).

Para saber más del tema y, lo que es más interesante, para conocer de primera mano el intelectual calentamiento previo de todos los participantes, os dirijo al blog de Ginés, jugador de los narradores: http://nakednoise.net/blog/

El juego de los recortables

El juego de los recortables

Flamenco viene del Sur

Cada uno por su lado puede llenar el teatro. Juan José Arroyo ‘El Junco’, Pedro Sierra, Juana Salazar ‘La Tobala’ y Ale Romero, cuatro individualidades que se encuentran para hacer lucíamente cositas buenas. A modo de presentación, todos juntos exponen una “Sinopsis flamenca”, que viene a ser un surtido de palos para abrir boca. De las alegrías pasa a la soleá y de ahí a los tangos, para volver a la soleá y acabar por bulerías, haciéndole un guiño a la farruca. Es un catálogo, una pincelada, de lo que viene a continuación. Pedro Sierra, originario de Hospitalet de Llobregat, se queda solo para asombrarnos con “De Granada a Cádiz” a la guitarra. Una virtuosa granaína, limpia, flamenca y coherente. El sevillano Ale Romero se sienta al piano y, sus primeros acordes, esperan a La Tobala para hacernos unas malagueñas y abandolaos algo neutras. Ale se queda para brindarnos una creación pianística, que no siempre sonaba flamenco.

Los que se van, no terminan de irse, sino que principian el tema siguiente, solapando al que llega, abrazando la obra en su conjunto, que, en realidad, no tiene un hilo conductor. Avanza por estímulos, por quereres o querencias, dos términos muy flamencos, que identifican perfectamente estos “Encuentros”. “Cadencioso” es una farruca del álbum aludido de Sierra, que baila con elegancia y extrema dulzura el gaditano. Un “Cante de alboreá”, que concebimos, junto a la granaína, el sentido homenaje a nuestra tierra, sirve como introducción a “Nikelao”. Una bulería que grabó Pedro Sierra en 2005, en su segundo disco en solitario, del mismo nombre. Todos participan de ella. Todos brillan. Pedro Sierra ha adaptado su toque a la ocasión, preñándola en su final con algunos acordes de la alboreá del principio. Los arreglos pianísticos son magistrales.

La Tobala despierta definitivamente en “Dice la sentencia”, una caña, polo y soleá apolá trianera, acompañada por la guitarra del catalán. Su voz flamenca y colorida se impone con los altibajos precisos para pellizcar. Aunque esto no es más que el preámbulo a la magistral soleá, “Soleá de los dos” que canta acompasada con el taconeo, el ritmo preciso, de El Junco con zapatos rojos.

Para terminar, una amplia muestra por alegrías, ponen al espectáculo a punto de ebullición. Pedro Sierra redondea estos aires de Cádiz con su guitarra. Después, todos se vuelcan en las “Alegrías de fantasía” que rematan la noche. Elegante y sabroso, Juan José Arroyo, borda el baile de su tierra.

* Portada de "Nikelao" de Pedro Sierra.

La noche

La noche

De golpe, la noche se perfila infinita (Vila-Matas)

Al igual que algunas personas no les gusta comer, que comen por necesidad, e incluso les incomoda esta inclinación, a mí no me gusta dormir. Necesito dormir, recuperarme, pero me parece una pérdida de tiempo descansar más de lo necesario.

Rechazo la cama unitaria, rechazo los brazos de Morfeo cuando empieza a clarear.

Duermo poco. Necesito dormir poco (mi hijo creo que ha heredado esta característica). Y, si "aguanto" en la cama, muchas veces es por frío y, dado el caso, por la compañía. O me obligo a descansar un poco más, sabiendo el día largo que se empieza a derramar bajo mis pies. O me obligo a leer en la cama. O, ya no recuerdo, si alguna vez he estado enfermo, malo de acostarme.

Adoro el día. Me gusta del verano que los días son más largos. Soy diámbulo.

Pero la noche es mágica. La noche no tiene edad. Es como la enredadera, como la selva en las películas de ficción, que crece constantemente, al segundo, implacable.

La noche es otra dimensión, donde el reloj no existe y los amigos son eternos y la ciudad es un parque de atracciones o un safari o un cuento sin fin.

La noche te hace descubrir otros lugares (o los mismos con otra cara), otros vecinos (o los mismos con otra cara), que te sorprende por lo inesperado, por la sustancia maleable que te lleva como un río que, a su vez, arrastra a todos los noctámbulos, a todas las brujas a todos los vampiros y a todas las luciérnagas que se aletargan durante el día.

La noche tiene alcohol y humo y luces y ruido y miedo. La noche tiene sus manos frías y el corazón cálido, que puede latir a mil por hora.

Las lágrimas de la noche no nos dejan ver las estrellas ni las farolas, que ya no enciende ningún farolero, ni las puertas, que ya no abre ningún sereno. Y, si hay suerte, tampoco se escucha ninguna sirena que, por la noche, abre una herida que cauteriza rápidamente.

La noche es cómplice y mentirosa. Puede ser cobarde y lúgubre. La luna no tiene nada que ver, aunque lo vea todo. Lo lleva viendo desde el principio de los tiempos. Y rige las mareas, las cosechas, nuestras mentes y la pulsión sanguínea.

La noche es una buena excusa para abrir nuestros poros y nuestro corazón. A la noche le falta el día siguiente y le sobra el amor que vas dejando en cada vaso, en cada esquina y en cada uno que te mira pensando que viene la aurora.

* El Albaicín de noche, Granada.

Nuestra cantera indiscutible

Nuestra cantera indiscutible

XIII Festival Flamenco ASPROGRADES

El Festival Flamenco ASPROGRADES se ha convertido en un escaparate imprescindible para contemplar a nuestros nuevos valores. Viene a ser como un trampolín, la parrilla de salida de los jóvenes flamencos granadinos, a veces jovencísimos, que van a emprender la carrera, larga pero apasionante, en el terreno de lo jondo. Hay altibajos, como es natural, pero sorprende genéricamente el nivel, la buena salud de la que goza la cantera flamenca granadina, que, lo he dicho en bastantes ocasiones, viene a ser posiblemente la mejor de la historia. Además esta extensa cantera goza de unas oportunidades, de un conocimiento y de un respeto que nunca se le ha tenido.

Así, una vez al año, en este populoso Festival se ven caras nuevas o gente de atrás que se anima a ponerse delante o flamencos más experimentados que proponen nuevas fórmulas o agrupaciones reunidas para la ocasión o academias flamencas que desean mostrar sus progresos en un escenario tan maleable como bondadoso. Con todo esto, podemos enunciar varios ítems que son constantes y definen la grandeza de este encuentro. En primer lugar, y por encima de todo, es un Festival benéfico en pro de ASPROGRADES que, como se sabe, es una Asociación de ayuda a las personas con discapacidad intelectual. En segundo lugar, ya ampliamente comentado, su objetivo es el de promocionar a los jóvenes artistas granadinos (no están todos los que son, pero sí son todos los que están). Muy significativo, desprendiéndose de este último objetivo, en tercer lugar, es que todos los actuantes se entregan al cien por cien. A los festivales benéficos se va muchas veces a enriquecer el cartel y tan sólo a cumplir. Otra de sus características es la comunión de todos con todos. Se comparten los guitarristas, los percusionistas y, los que cantan, acompañan a sus compañeros haciendo compás. Se echó de menos, en este sentido, un fin de fiestas con los máximos artistas presentes.

Aún así, resultó un poco largo, entre tanto nombre. Posible pesadez paliada por la animosidad de los dos presentadores, Juan Bedmar y Angélica Carmenate, pertenecientes a la Diputación de Granada, que ayudaron a dinamizar el evento. Un aplauso sincero a esta institución granadina que se ha comprometido con este Festival, ofreciéndole no sólo su apoyo económico, sino también logístico y humano, incluyéndolo dentro de su oferta de “Granada, universo flamenco”.

El Festival estuvo dedicado a la figura de Juan Carmona Habichuela, presente en el acto, quien reconoció el alto nivel de los jóvenes que subieron al escenario. Como guinda final de lujo, su nieto, del mismo nombre, quien cogiera su testigo este verano en el Corral del Carbón, le dedicó unas impecables alegrías

No es momento de destacar a nadie ni de hacer memoria de lo acontecido. En tal caso, este espacio se alargaría quizás innecesariamente. Puedo hacer mención, sin embargo, de algunas sorpresas de un servidor, y en gran medida, me consta, de gran parte de los presentes. La valentía de los primeros cantaores, haciendo petenera, granaína y fandangos naturales; la juventud y el virtuosismo de David Heredia, con once años, a la guitarra, y la pequeña Lucía, al baile, con sólo siete u ocho; Makarena, cantante de copla, acercar su voz y sus buenas maneras al flamenco; Miguel Barroso haciendo el “Pequeño vals vienés” que adaptó Morente de Leonard Cohen para “Omega”… y así, una suma de pequeños momentos que reconstruyeron una noche interesante.

* Josele de la Rosa, uno de los guitarristas que más se prodigó. Foto de archivo (Nono Guirado ©)

Quisiera morir para ser de nuevo

Quisiera morir para ser de nuevo,
volver a mirarme en tus mismos ojos,
y saltar en la arena
o flotar en la espuma
que entrelazas cada mañana,
cuando amanezco.

Sé que el sol despierta con tu mirada,
los pájaros entonan con tu risa
y yo, que no soy sol ni canto, espero
una palabra tuya
que bastará para salvarme.

* Poema revisado, perteneciente a Tus mismos ojos. Plaquete publicada en Escritos de la mala lengua, Granada, diciembre de 1995.

Jerez se desborda

Jerez se desborda

Flamenco viene del Sur

Una buena noche, con el flamenco más ortodoxo, es la que tuvimos el lunes pasado. Los artistas de Jerez se han destacado siempre por su compás, por su versatilidad y por su instinto. Tomasa Guerrero ‘La Macanita’ viene a ser un mito viviente, que rellena el escenario con su presencia y con su voz bonita y limpia, llena de matices y de flamencura. Sorprende lo bien que se mantiene. La última vez que la vimos en La Zubia en 2005 no estaba tan en forma, se le notaba más cascada. Aunque, no es lo mismo cantar en un teatro cerrado para trescientas personas que en un recinto ferial para tres mil. El caso es que en el Alhambra bordó sin condiciones. Al baile la acompañaba María del Mar Moreno, otra jerezana para tener en cuenta. María del Mar es una bailaora tradicional que deja un gran margen a la improvisación, destacándose por encima de todo su naturalidad. La fuerza y la elegancia imperan en su baile. El soniquete de las guitarras jerezanas también es único, sobre todo por bulerías, sin olvidar las alegrías o las seguiriyas. Buena muestra de ello nos dejaron Manuel Parrilla y Santiago Moreno. Por último, Luis de la Tota, Gregorio, Chicharro y El Bo, ponen el compás, las palmas y los jaleos, que en esta zona de Cádiz tienen el marchamo, la denominación de obra de arte.

El programa de mano, una vez más, no se ajustaba a la realidad. Un “Romance a Capella”, en forma de martinete, abrió la noche. La Macanita se queja con arte y con jondura. Convierte la tona en bulerías que dan pie a la bailaora a mostrar sus cartas. Se agradece en un programa doble que sendos artistas interactúen y no sean capítulos independientes. Después de una soleá por el cuadro de músicos, vuelve Tomasa con unos tientos tangos tan sabrosos como las malagueñas de Manuel Torre que aborda a continuación. Un ejercicio de feed-back lleva a La Macanita a retomar el romance del comienzo, que sirve de preámbulo a la soleá por bulerías que baila María del Mar con vestido rojo de amplio vuelo, sentando su dominio, su alegría y su pasión. La cantaora ha dejado a sus palmeros afrontar con clase la soleá anterior, mientras ella cambiaba su vestido, complementado con mantón, para llenarse de sal en las alegrías.

“Ahora voy a cantar un poquito por bulerías”. La artista jerezana, sin que nadie dude de su eminencia como cantaora festera, confiesa sus intenciones. La Macanita, ya de por sí grande en el cante, se crece un poco más, si cabe, en este palo eminentemente de su tierra, en el que se levanta, como mandan esas leyes no escritas del flamenco, para acompañarse con un bailecito, en el que Jerez se desborda. Santiago Moreno apunta una seguiriya con su guitarra. María del Mar, con vestido negro y semblante trágico, la contempla. Tomasa Guerrero, con un nuevo atuendo, las hace suyas, llenándolas de tradición y animosidad. Un fin de fiestas por bulerías, como no podía ser de otra manera, acaba de endulzar la noche. Destacó en este baile desinhibido el estilo “robocop” de Luis de la Tota.

Las siete vidas de un gato

Las siete vidas de un gato

Ayer oí en las noticias que en ciertas partes de china se siguen comiendo los gatos. Incluso los roban para venderlos con esta finalidad. Los dueños lloran desconsolados. Los usuarios del restaurante saborean un delicioso gato casero con salsa agridulce.

¿Y si les diésemos liebre por gato?

Entre apuntes antiguos encuentro este texto desgarrador del lunes, 16 de julio de 2007. Desgarrador por la impotencia, la indiferencia y el recuerdo estremecido de gato troceado.

Hoy he visto como atropellaban a un gato pequeño en la autovía. El conductor no pudo evitarlo, el pequeño felino se metió debajo de las ruedas. No creo que el del volante se diera cuenta, sólo lo vimos los de atrás. No hizo nada, ni girar ligeramente ni hacer amago de frenar. Observamos como al gato se le iban yendo una a una las siete vidas que poseía. Dio un salto por cada vida hasta que quedó tumbado inconsciente en la línea discontinua. Pasamos de largo, como todos. Llegábamos tarde al trabajo.

Las flamencas se revindican

Las flamencas se revindican

Patrimonio Flamenco

Con algo de antelación, pero con toda la intensidad, un grupo de flamencas de Granada se ha reunido para celebrar el Día de la Mujer Trabajadora. Cinco mujeres detrás de los micros, más dos bailaoras, apoyadas por algunos músicos, hicieron vibrar la sala de La Chumbera la noche del sábado, poniendo de relieve algo que ya preveíamos, que el flamenco tiene nombre de mujer. Tradicionalmente, las flamencas han estado relegadas a un segundo plano en los escenarios, en las peñas, en los tablaos. A excepción del baile, el flamenco fue cosa de hombres. Incluso, alguna fémina, actuaba como varón para encontrar un espacio o simplemente para abrirse camino. Eso era antes, como ya he dicho. Quizá antes de antes. Ahora la mujer ocupa los escenarios y tiene un papel en el cante de tanta relevancia, o más, que el hombre. Vemos asimismo que surgen guitarristas y percusionistas, todavía pocas, ante las que hay que quitarse el sombrero. Desde un primer momento, desde las primeras voces por martinetes de Rafaela Gómez y de Irene Molina, se pone de manifiesto este espíritu, se revindica a la mujer, ya sea trabajadora, artista o ama de casa.

Después de las tonás que sirvieron para abrir boca, una rumba a tres voces (a Irene y Rafaela se les unió Macarena Fernández), determinó la tónica del concierto. Sería una piña, sería una obra coral donde se superponen hasta cinco voces, cada una con sus matices, con resultados dispares, pero con sonido muy flamenco. A veces lo interesante es la propuesta y la admisión del público antes que la filigrana o la taracea. De esta manera, la rumba vino seguida de temas más o menos flamencos, abordados por todas las cantaoras, al menos en sus estribillos. Desde las alegrías, que bailó Carmen Yolanda Villena, el escenario se llenó con la guitarra todoterreno de Rafael Habichuela.

Emocionantes fueron los fandangos de Huelva, con incursiones de Alonso y otros rincones, donde es habitual compartir este estribillo, incluso por la concurrencia. Igual de efectiva fue la canción “Contigo” de Joaquín Sabina, que sonó aflamencada y guerrillera en estas voces desgarradas. El recital termina con lo que quizá fuera lo mejor de la noche, unas bulerías bailadas por Raquel ‘La Repompa’ con toda la fuerza y la gracia gitana de que es capaz. Unas bulerías en las que destaca el toque versátil y plural de Rafael que, entre medias, se asoma a la guajira y a otras concesiones musicales. Un reconocimiento aparte merecen los percusionistas. Hasta cuatro cajas al unísono (Benjamín Santiago ‘El Moreno’, Miguel ‘El Cheyenne’, Antonio Gómez y Julián Heredia), generosas y bien coordinadas, sonaron en el espectáculo.

* Danza de gitanos bailando el fandango, Rafael Garzón ©.

 

Las cartas de Niño Josele

Las cartas de Niño Josele

Flamenco viene del Sur

Feliz encuentro el de Niño Josele con el mundo del jazz, y más concretamente con la música del pianista Bill Evans, que le llevó en 2006 a grabar un disco antológico llamado “Paz”.  Este hecho, no sólo le abrió nuevos caminos de expresión, sino que determinó la manera de tocar y modeló el lenguaje de este guitarrista almeriense, que se precia de haber acompañado a Diego el Cigala, Enrique Morente o Paco de Lucía. Con una tremenda formación clásica, en el flamenco de a pie, y con un sonido limpio y ortodoxo, la apertura de las puertas y ventanas a otras corrientes no puede nunca mancillar, sino enriquecer su obra. Además, por si nos sigue asaltando la duda, Manolo Sanlúcar, en una entrevista reciente, se reía cuando le hablaban de fusión, diciendo que desde que nació el flamenco se entrecruza con todo lo que encuentra a su paso, la misma esencia del flamenco es su mestizaje. Así, los concertistas de guitarra de hoy en día, amplían sus cajas, aumentan el reverb, persiguiendo esos sonidos más universales y abiertos. La guitarra flamenca, a diferencia del baile y, sobre todo, del cante, está en órbita.

Juan José Heredia, Niño Josele, nos sorprende con una propuesta bien tradicional. Pronto, desde el segundo tema, nos damos cuenta que el programa de mano no pasa ni por referencial. Sólo las rondeñas del principio y algunas bulerías, de las que quizá abusa, se ciñen a este testimonio. Pues, buena señal para algunos y no tan buena para otros, cambia el repertorio para zambullirnos en ese mundo jazzístico que le da alas, y el concierto se empieza a parecer al que nos ofreció en la primavera del pasado año en el ciclo “Jazz viene del Sur”.

El cuarto tema del concierto fue "The Peacocks", esa emocionante balada de “Paz”, rematado, como deuda homenaje, con el "Zyriab" de Paco de Lucía, grabado en 1990, que le daba nombre a uno de sus discos y de sus éxitos más contundentes. Sigue el tocaor apuntándonos unos tanguillos que desembocan rápidamente en el jazz que nos invade, en los que le da un protagonismo especial a la caja de Israel Suárez. El recital alcanza un momento álgido cuando nos sorprenden las últimas bulerías, donde los solos del bajo eléctrico de Alain Pérez tienen mucho que decir. Esta fiesta, además de hacerle un guiño a la zambra, se remata con una divertida coda final, a modo de son cubano, donde impera la improvisación, acuñando una fórmula que repetirá más tarde. El bis final, "The Dolphin", también pertenece al trabajo aludido, subtitulado como “Cartas de amor de Niño Josele a Bill Evans”.

El guitarrista almeriense, con su permanente sonrisa, no deja de sorprenderse y de sorprendernos. Pone las cartas sobre la mesa y, como quien juega al póquer descubierto, no esconde nada.

* Carátula de "Paz".