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El baile desenfadado de Rafael Campallo

El baile desenfadado de Rafael Campallo

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco

Otra noche agradable nos trae los Encuentros Flamencos del Corral del Carbón. Aunque el programa doble de la mayoría de los días no acaba de encajar, una actuación notable palia a la anterior con deficiencias. No digo que haya espectáculos de segunda, de ninguna manera. El simple hecho de estar programado en este ciclo, ya es garantía de calidad y de grandes expectativas. Pero hay quien no cuaja en algunos detalles, en alguna propuesta, en su resultado final.

Así, la velada del martes contó, en primer lugar, con el guitarrista cordobés Niño Seve. Con buenas dotes interpretativas y una técnica reconocida, comienza por levante, para proseguir por las alegrías, que fueron lo mejor de su recital, y por bulerías, antes de hacerse acompañar por sus músicos. El piano de Juan Antonio Sánchez y la percusión de Miguel Ángel Santiago, del todo prescindibles, más que reforzar al guitarrista, enturbiaban su entrega. El piano tapa la guitarra y la percusión oculta al piano. Con ellos continua su recital con un bello bolero, que quizá sonara trasnochado, unas bulerías y unas rumbas efectistas para terminar. Haría bien este tocaor de acompañarse exclusivamente de dos palmeros y ralentizar un poco sus temas, que la prisa no nos lleva más rápido al buen final.

Rafael Campallo, a continuación, fue un ejemplo de carácter y templanza. Con dos guitarras, sus hermanos, Juan y Mariano Campallo, y tres voces, Jeromo Segura, Juan José Amador, padre e hijo (tal vez demasiados), Rafael nos propone en primer lugar unas seguiriyas que arrancan con tonás (ole por Jeromo). Su baile es parco y seguro, desenfadado; lleno de guiños y amagos de toreador. Su comicidad e implicación con el público es de agradecer. Sus mules y sus paseos inacabados dan realce a un bailaor tan asequible como profundo.

Si en la seguiriya se apunta la esencia de su lenguaje corporal, es en las alegrías finales, después de un aporte por bulerías de su cuadro, donde encuentra su más clara manifestación. Rafael Campallo ha asistido en varias ocasiones a Los veranos del Corral y es satisfactorio contemplar su evolución, soltura y definida personalidad. Para acabar, de propina, un fin de fiestas por bulerías en el que hace bailar a sus hermanos.

* Foto in situ: Rafael Campallo (© Gabi Pape).

Nada nuevo bajo el sol

Nada nuevo bajo el sol

No sé si ya le he dado salida a este cuentecito que tiene que ver con algo muy similar a lo contrario del amor propio:

Fue el primer día, después de muchos, que había dormido de un tirón. Había tenido un sueño bonito que se alegraba en no recordar. Abrió la ventana y un agradable sol de primavera inundó la habitación. Se atrevió a canturrear un poco, incluso, acompañándose con unos pasitos de improvisado baile que, en otras circunstancias le habrían avergonzado.

Entró en el baño dando ridículos saltitos mientras se acariciaba el sexo incontinente prometiéndole una pronta evacuación. Con la sonrisa que le atravesaba los ojos, se miró al espejo. Al pronto, tornó el rostro y se lamentó en su reflejo: ¡otra vez tú!

· Autorretrato en espejo esférico de M.C. Escher, 1935.

El Festival de Órgiva duplica su asistencia

El Festival de Órgiva duplica su asistencia

XV Festival Flamenco Ciudad de Órgiva

El décimo quinto Festival Flamenco Ciudad de Órgiva ha dado un salto cualitativo respecto a ediciones anteriores. Ha multiplicado el número de espectadores, sin necesidad de elaborar un cartel de primera clase. Sin embargo, la autenticidad y el sabor flamenco brilló como en cualquier evento de bandera. Este crecimiento se debe simplemente a la apuesta del Ayuntamiento local por esta oferta, por su acertada promoción, por el cambio de escenario y por el cuidado de los detalles, actuantes, decoración y medios.

Como cabeza de cartel, el sevillano, de Osuna, Manuel Cuevas, acompañado por Isidoro Pérez a la guitarra, dio un recital de altura. Se templó por malagueñas y abandonaos, que dieron prueba inmediata de su capacidad torácica y el dominio del cante de sabor añejo. Una bella farruca prosiguió en su entrega. Ante la respuesta de un público incondicionalmente volcado, abandonó el micrófono y, a pie de escenario, interpretó “La Salvaora” caracolera. Últimamente, las zambras y el estilo de Manolo Caracol se han puesto de moda, y no hay festival o encuentro flamenco donde un toque de este insigne cantaor esté presente. Su torrente de voz rellena el ambiente, posiblemente mejor que con amplificación, innecesariamente elevada. Tal es el efecto, que su última propuesta por fandangos festivaleros la continua a pie de escenario de esta misma guisa.

Anteriormente del que ganara la Lámpara Minera en 2002, actuó la malagueña Isabel Rico, con Fernando Rodríguez, de Sevilla, a la guitarra. Con un registro afinado y de buena modulación, la cantaora nos ofrece alegrías, granaína y media, tientos tangos, en los que se alargó demasiado, y destacó en las bulerías, donde el virtuosismo del guitarrista fue evidente.

Abrió la noche el cantaor local Álvaro Rodríguez, que en su tierra estuvo más suelto y relajado que nunca. Pese a su juventud, es un cantaor clásico, lleno de jondura. Álvaro hizo una soleá, una granaína y la milonga dedicada a las madres de Juanito Maravillas. Entre estos dos últimos temas, cómo no, su aporte caracolero, lleno de melismas, un estremecedor “Carcelero”.

La nota de color la pusieron “Los de Juan”, una completa formación surgida de la simiente del Taller de Compás de Almanjayar, que, al principio de cada una de las partes del recital, ofrecieron el baile fresco y desinhibido de unas alegrías y unos tangos morentianos, respectivamente.

Fiesta en el Monte

Fiesta en el Monte

Museo Cuevas del Sacromonte

Hay citas ineludibles. Hay flamencos en Granada subrayados en rojo en la agenda. No sólo hay que verlos por su estilo, sino también, y casi más importante, por su evolución. Son artistas que estudian, que se preocupan, que no se han puesto techo, que dan un paso más cuando suben a un escenario. Pepe Luis Carmona, de la familia Habichuela, es un cantaor inquieto que siempre tiene algo nuevo que contar. El cante sereno, afinado y melismático de este Carmona no hay que perderlo de vista. Y más si viene acompañado de Jara y de Luis Mariano, y de Manuel y de “El Cheyenne” con la caja. José Luis fue uno de los fundadores de “La Barbería del Sur”, el más flamenco de ellos. Agrupación que quiere relanzar con un acento más granadino.

El primer viernes de agosto, sin aspavientos, una sensible fiesta nos esperaba en el Sacromonte. Pepe Luis se arranca con unos martinetes antes de llegar al escenario. Toma la alternativa Manuel Heredia, que le acompaña como segunda voz. Martinetes que baila emotiva y estilosa Jara Heredia. Aunque desentrenada esta bailaora, por pasar un tiempo prolongado en dique seco, sorprende su visión del flamenco. Es de las pocas bailaoras del terreno que se detiene a escuchar el cante y a la guitarra que la arropan. No es un baile espectacular, de ciego arrebato, donde mandan las vísceras. Es un baile sumamente elegante, sentido y racional. Es de admirar la musicalidad de sus de pies.

Luis Mariano coge todo protagonismo. Su guitarra, bien sonorizada, es almíbar en “La Salvaora” caracolera hecha balada. Los fandanguitos tienen su ole y, para levante, requieren la presencia de Juan Pinilla para cantarnos una levantica. En realidad se la canta a Jara y Jara le baila a él. Buena estampa ahora y en los tarantos, que encierran tangos del Camino. Un breve intermedio da paso a unas voces más templadas. Manuel es muy aplaudido en su cuplé por bulerías, donde se acuerda de Fernanda. Con bulerías sigue Pepe Luis, para terminar con una soleá, una buena soleá, donde el cantaor es grande y la bailaora arrebatadora.

Como fin de fiestas, suben al escenario algunos de los artistas allí presentes, Jaime Heredia, Curro Albayzín, Judea Maya, Juan Pinilla, Marina Heredia, Johny Cortés, para manifestar su apoyo por bulerías.

* En la foto: Jara Heredia (baile); Luis Mariano (guitarra); José Luis Carmona y Manuel Heredia (cante) (© Nono Guirado).

Grandes sorpresas desde Sevilla

Grandes sorpresas desde Sevilla

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco

En bastantes momentos hemos podido apreciar el toque flamenco y creativo de los hermanos Iglesias por separado, prestando su guitarra al cuadro de una bailaora o acompañando a algún cantaor. Hasta ahora, sin embargo, no hemos tenido la oportunidad de ver a los tres juntos compartiendo escenario, tocando alante, en un puesto que cada vez por derecho más se merecen.

Con un sonido impecable, sin fisuras, comienzan un tema libre para tres guitarras y percusión. Cuando han recibido la incondicional aprobación del público se van alternando en solitario o de dos en dos, para acabar de nuevo todos juntos. En la caja, un preciso José Carrasco añade belleza a cada una de las entregas si cabe. Comienza Paco por seguiriyas, para pasarle el relevo a Miguel con una soleá por bulerías. Eugenio propone aires de Cádiz, y se mantiene en el escenario para, con Paco, brindarnos bulerías que saben a levante en sus proemios. Miguel, quizá el más suelto de los hermanos sevillanos, realiza un delicioso toque por granaínas. Un solo de percusión da entrada a las guajiras de Paco, para terminar, como he dicho, las tres guitarras solapándose por bulerías.

Toda una sorpresa que casi se diluye con el baile tan arrojado y personal de Amador Rojas. A este bailaor sevillano ya lo pudimos ver metiéndose en el pellejo de Frida Kahlo este invierno en “Flamenco viene del sur”, pero era un baile, como su protagonista, encorsetado y oscuro. Nada que ver con este lenguaje nuevo, con esta propuesta tan arriesgada como sabrosa, uniéndose así a la estela que supo dejar Vicente Escudero y que han sabido vislumbrar bailaores como Israel Galván, Joaquín Grilo o Andrés Marín. El baile de Amador Rojas es una continua búsqueda, es un ejercicio de introspección donde el bailaor se mira dentro de sí y mira al universo, destilando palabras nuevas para decirnos que el flamenco es lo de siempre pero los prismas para verlo pueden ser muy diferentes. Amador disecciona los palos y los vuelve a unir. Huye del tópico. Entra en trance y no duda en improvisar si el cuerpo, si el nuevo idioma, se lo va pidiendo. Es elegante y femenino.

Su tremendo zapateado va marcando la seguiriya, preñada de tonás, que se desarrolla a palo seco. Un apunte por levante en las voces de Antonio Ingueta “El Rubio” y “El Pulga”, sirven para que el bailaor vuelva con nuevos bríos para, después de una entradilla por farrucas nada tradicional, hacerse grande por tangos. Unos tangos cargados de sensibilidad, frescura y esfericidad, que quedarán bastante tiempo en el recuerdo de los aficionados. Jesús del Rosario engrandece el espectáculo con su guitarra. Terminan, como es habitual, con una soleá que ralentizan o aceleran a voluntad, profundizando en la llaga que eleva a este bailaor al olimpo de los únicos.

El profundo Albaycín

El profundo Albaycín

Los veranos del Corral

X Muestra Andaluza de Flamenco

Jaime Heredia tiene días y días. Cuando lo vimos en el Corral del Carbón el pasado miércoles definitivamente no era de sus mejores días. Hay cantaores, sin embargo, que su sola presencia es suficiente, de los que no se espera el notable, ni siquiera la sorpresa. En “El Parrón” se acumulan años de sabiduría. Su presencia en el escenario recuerda lo grande que ha sido por soleares o por levante. Hoy sólo una sombra, pero bien larga. A su lado, un Emilio Maya muy calmado, que lo entiende, que rellena el vacío con su guitarra, que arranca la queja. El cantaor albaycinero se templa por levante, para pasar a la soleá que le ha dado fama. Al tocaor se le rompe una cuerda, la prima, dándole más gravedad si cabe a este cante. Jaime se queja por seguiriyas. Su mejor momento. Y termina por bulerías.

La revolución. Como una yegua desbocada, como un bello animal salvaje, entra Vero “La India”. Lleva un cuadro excesivo detrás. Demasiada orquestación para la que le basta un simple palmeo para convocar a los duendes. Vero tiene un metrónomo en su interior que le recorre la espina dorsal y sale a borbotones por el martillo de sus pies, por su cuerpo indomable, por su corazón. Va marcando este compás con los gestos, con su boca, con su cara gitana que, más que convencer, desarma al espectador, lo arrincona y lo hace preso de su baile de tierra y fuego. Es la más gitana, arrebatadora. Parece que vino al mundo ya con su fuerza y sus volantes. De hecho es la nieta de Loles la del Cerro, la última gitana de su rancia generación. De hecho aprendió a bailar antes que andar en el duro piso de una cueva.

En su primera entrega, que comienza por levante para pasar a tangos en su ecuador, ya demuestra su sangre y su temple. Pronto su pelo se libera, lanzando como verdaderos proyectiles horquillas y peinetas. Ronea en los tangos y a todos nos atrapa en una tela de araña que tiene más de visto que de aprendido. Es toda intuición. Para cambiarse de vestido, que no para descansar (Vero parece incombustible), los músicos se van por fiesta. Excelentes las guitarras de Juan Habichuela nieto y Emilio Maya, que se compenetran perfectamente, que pugnan por la rapidez y la limpieza. El violín de Maya, agradable pero prescindible. La percusión de El Cheyenne, como siempre, respetuosa. La voz de Juan Ángel Tirado tan necesaria como superflua la de José de la Loles (fuera de lugar en el cuplé por bulerías que remeda a Falete remedando a Mayte Martín). A veces, las familias deberían dejar respirar a sus flamencos, que volaran sin lastre.

Vero remata su entrega con una soleá por bulerías. No hay disparidad de opinión, lo que esta bailaora encierra dentro y nos puede seguir dando se puede tasar en quilates. Como remate, algunos compañeros bailaores, “mi gente”, saltaron a las tablas para coronar estas bulerías que han marcado Los veranos del Corral de este año.

* Foto in situ: Vero "La India" (© Gabi Pape).

Juana Amaya, purasangre

Juana Amaya, purasangre

Los veranos del Corral

X Muestra Andaluza de Flamenco

Vuelvo a repetir, que en gran medida, la calidad de un concierto, de unos artistas, se puede deducir por la cantidad de flamencos que acuden a su encuentro como espectadores. El martes, como nunca en lo que llevamos de ciclo, se dieron cita para ver el baile de Juana Amaya más de una veintena de artistas granadinos, que, considerando la época, que quien no está de vacaciones está de gira, es una buena estadística. Siempre me alegra que los flamencos vayan a ver a otros flamencos. Es la manera de estar al día, de conocer lo que hacen los demás, del continuo reciclaje.

El sonido se fue ajustando hasta rozar la brillantez a los postres en un concierto que tuvo mucho de improvisado. Los tres cantaores, Miguel Lavi, El Galli y El Extremeño, abren con una rueda de tonás antes de abordar las seguiriyas con las que comienza su entrega Juana Amaya. La que fuera pareja artística de Mario Maya, Joaquín Cortés o Antonio Canales, viene a ser una de las bailaoras más importantes del momento y sin duda la más pura, la más gitana. Sin salirse de la estricta ortodoxia, tiene un lenguaje propio que cautiva. Es tan reposada como frenética. Destacan sus limpios pies, siempre precisos, el muelle abanico de sus manos y la expresión de su rostro. Un rictus de quien está de vuelta, de quien domina sin aspavientos, de quien conoce las entretelas del flamenco. La bailaora de Morón de la Frontera hace la seguiriya menos dramática que de costumbre, aunque al final acaba con un triste abandono. Excelente.

La mayoría de los espectadores son extranjeros, turistas de la ciudad que incorporan el flamenco en su lote de visitas. Se llevan calidad en un escenario exclusivo, por la belleza y por la cercanía. Puede que se vayan sabiendo algo más de este arte. Aunque yo les diría que esto no es un circo para aplaudir cada pirueta. Las palmas continuas incordian más que favorecen, desconcentran más que animan. Habría que plantearse la figura del regidor con su cartel de “aplaudir”. Al igual que esto, me sobró la flauta de Eloy Heredia, por muy bien que toque, y, si me apuran, la percusión de Tete Montoya.

Los hermanos Campallo sólo estuvieron correctos y dejaron bastante que desear en los tangos, en los que los cantaores tampoco estuvieron a la altura. Sin duda la mejor aportación de todos fueron las bulerías, jaleos y soleá que se imbricaron para cerrar la noche, donde Juana impuso su magisterio incuestionable, demostrando que es una bailaora completa, una bailaora de raíz, una purasangre.

Las rimas de Juan

Las rimas de Juan

Influido por el oso Yogui, mi niño anda rimando como un rapero. Su falta de vocabulario lo limita, pero no duda en inventarse palabras o sonidos para lanzar su pareado.
Así me dice: mira ese coche, qué popoche o me voy con el abuelo, qué calelo. Aunque a veces, como al burro que le sonó la fláuta casualmente, acierta a rimar palabras que existen. Lleva unos días exclamando que el agua está helada, no pasa nada.

Maracena, un Festival con mayúsculas

Maracena, un Festival con mayúsculas

IX Festival Flamenco de Maracena

La calidad de un festival no sólo radica en el cartel propuesto. Gran parte del peso específico de un evento de este tipo lo pone el público que acude a presenciarlo, su complicidad y su respetuoso silencio. El viernes en Maracena, impulsado por el Ayuntamiento de la localidad, la peña “Solera y Caña” presentó su noveno festival. Un encuentro del más alto nivel, diseñado para satisfacer a todos los paladares. Para abrir la noche, un elenco de artistas, bajo la batuta (y la guitarra) de Miguel Ochando, se presentan con el nombre genérico de “Oriente Andaluz”. Su propuesta viene a ser la representación de “Memoria”, disco de este notable tocaor granadino. María José Pérez y Juan Ángel Tirado cantan al alimón unos martinetes, para retirarse y dejar al resto del grupo interpretar una guajira, que baila con gran estilo Anabel Moreno. Mueve con gracia la bata de cola y tiene un bonito juego de brazos, porque del taconeo, tan mal sonorizado en un tablero que retumbaba, mejor no comentar nada.

El sonido en general era mediocre. A veces se confunden decibelios con calidad sonora. “Oriente Andaluz”, con una actuación un poco larga, en un escenario que no es el apropiado (en un teatro cerrado habría lucido), también hicieron, soleá por bulerías (Tirado); granaína y media, con la voz espléndida de María José; que también cantó alegrías; tangos del Sacromonte; un excelente zapateado de Ochando, con la segunda guitarra de Alfredo Mesa; y se marchan con algún cante minero rematado por tangos, que también baila con claro acento oriental, a la manera de Belén Maya, Anabel. Curro Andrés, a continuación, pone de manifiesto su sobriedad y academicismo. En cierto sentido recuerda a Calixto Sánchez. Nos deja cantiñas, milongas y fandangos. Le acompaña a la guitarra Antonio de la Luz.

Después del descanso llegan los platos fuertes. (A propósito, en el ambigú no había nada para comer, tan solo bebida). Luis el Zambo desespereza esta segunda parte con bulerías por soleá. El aire de Jerez marca una entrega de gran pureza. Sigue con seguiriyas y fandangos, con el mismo desgarro agitanado que crea adicción. Y vuelve a ser grande por bulerías. A su lado, el joven sevillano Manuel Herrera le da el pie preciso con un soniquete ajustado. Continúa la pureza con José de la Tomasa, que impone el dominio de sus registros en la soleá. No se esfuerza demasiado y expone un repertorio puramente festivalero, en el que hace alegrías, fandangos y bulerías. Se echaron de menos las granaínas, con su estilo ejemplar.

Cierra la noche un cantaor en buena forma y muy requerido. El extremeño Manuel de Tena es el más ovacionado de la velada. Desde la farruca, con su voz laína, conquista al respetable, para hacerlos incondicionales definitivamente con la granaína. Para la zambra caracolera “La Salvaora” abandona definitivamente el micrófono. Arrasa finalmente con su generosidad por fandangos, también a boca de escenario. Acompañó a estos dos últimos artistas la guitarra sabia y limpia del sevillano Antonio Carrión.

Jerez sin tacones

Jerez sin tacones

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco

Después del torbellino jerezano cualquier cosa nos parecería poco. Por eso, entre otras cosas, a María José León se le notó desabrida. Melchora Ortega, una de las voces más solicitadas del momento, vino a conquistar la plaza. Muy de tarde en tarde tenemos oportunidad de contemplar una fiesta con el compás y el soniquete de una de las cunas del flamenco.

Melchora se arrancó a palo seco, con unos martinetes repletos de ecos y melismas. Continuó por tangos, en los que se descalzó, para seguir así el resto del concierto. Es muy comprometido exponer tangos en Granada. Estuvo suelta y graciosa, sin embargo. Airosa, se acompañó con su propio baile, muy propio de las artistas de aquella zona de Andalucía, y remató con un guiño morentiano. Pero serían las bulerías finales donde impondrá su magisterio, fue rotunda, sin objeciones. La seguiriya nace de las entrañas mismas, es desgarradora, impregnada con el aguardiente y empaque propio de los artistas de Jerez. Nos recordó en momentos, salvando las distancias, a Aurora Vargas. También hizo fandangos.

Es necesario ahora presentar a los músicos, un guitarrista, Juan de la Isla, inmejorable, con bastante protagonismo; y tres palmeros, David Lagos, Manuel Macano y Carlos Grilo, que dieron dimensión a la fiesta.

María José León y los suyos comienzan por un popurrí de zambra y copla caracolera (“Carcelero”, “Salvaora”, “Malvaloca”…) con aires festivos. En realidad, todo su recital fue bastante buleaero. La joven sevillana baila con mantón y cola. Deja mucho que desear. Tiene buenas formas, estilo y presencia. Ganaría puntos si el cuadro que la arropa fuera más fino y reciclado. Los músicos hacen fandangos, mientras María José se prepara para la que será sin duda su mejor entrega. Conoce la soleá y la domina por los cuatro costados, y así lo demuestra. Terminan por bulerías. Unas bulerías en la voz de El Ecijano, que comienzan, por increíble que parezca, musicando canciones infantiles. Ella cierra la noche incorporándose a este palo.

* En la foto, Melcxhora Ortega (© Paco Sánchez).

El baile varonil de David Pérez

El baile varonil de David Pérez

Los veranos del Corral. X Muestra Andaluza de Flamenco

Será por el calor abrasador de aquella noche, será por el letargo del público, poco más de medio aforo, que comenzó a reaccionar a los postres, será porque David Pérez y los suyos comenzaron ajenos sus propuestas. El caso es que la comunión entre artistas y espectadores tardó en llegar más de lo deseado. La farruca, varonil, estilizada y elegante, con pasos reconocibles (¿Antonio?, ¿Manolete?, ¿Canales?), resultó de una inexplicable frialdad. No se puede responder a la pasividad del oyente con visos de apatía.

David tiene un cuerpo estilizado, flexible, que sabe aprovechar. Su zapateado es preciso. Pero hay algo en su expresión, en los movimientos aprendidos de este bailaor sevillano que no termina de encajar.

El cuadro, con más voluntad que eficacia, propone unas malagueñas con abandolaos mientras el bailaor se prepara para la siguiente pieza. La guitarra de Mariano Campallo, bastante correcta, no tiene el sabor del toque de la tierra. No destaca ni por arriba ni por abajo. Nada sobresaliente. El valor seguro del cante de Miguel Ortega queda eclipsado por la entrega sin condiciones de Juan Ángel Carmona.

Para acompañar al baile, mejor que dos cantaores y una guitarra, apostaría por dos guitarras y un cantaor o mejor por dos y dos, ya que es la guitarra la piedra angular del baile la que le imprime el ritmo y le marca el compás.

Los cantes de Levante comienzan por una agradable levantica que aborda Ortega y termina por tangos. Pero no es en la minera o el taranto donde un David Pérez más relajado y seguro empieza a conquistar al respetable.

Ya, con un público entregado, el recital termina por bulerías. David se siente seguro, respaldado, y da lo mejor de sí mismo. Ante la generosa reacción final, con el patio aplaudiendo en pie, los flamencos volvieron a subir al escenario y alargar sus bulerías con otra pataíllla.

* Foto extraida de la web de David Pérez.

Patricia salvó el estreno

Patricia salvó el estreno

Los veranos del Corral

X Muestra Andaluza de Flamenco

No puedo precisar el tanto por ciento que influye un buen cuadro en el éxito de una bailaora. Lo que puedo afirmar sin ninguna duda es que unos músicos que dejen desprotegida a una bailaora, que no la arropen como es debido, seguramente precipiten su entrega al fracaso. El grupo que acompañaba a Patricia Guerrero el martes por la noche en la inauguración del ciclo “Los veranos del Corral” era inmejorable. Cuando hay entendimiento, complicidad en el escenario, los duendes planean en el recinto.

Patricia comienza por alegrías. Desde un primer momento rellena el escenario, impone su mandato. Tal vez, su preocupación por el paso siguiente hace que comience tensa y con movimientos bruscos, que se dulcifican a manera que las cantiñas avanzan. De todas maneras, se echa en falta un poquito más de distensión, en el rostro, sobre todo. Un rictus algo forzado que le abandona sólo en determinados momentos afea su pose. Debería explotar más su sonrisa. Los músicos, como digo, están a gusto y disfrutan oyéndose entre ellos. Antonio Campos tiene uno de los mejores días que lo hemos podido escuchar últimamente. De Miguel Lavi soy incondicional. Su voz es tan flamenca que destila a partes iguales almíbar y aguardiente. David Carmona y Luis Mariano llevan tocando juntos poco tiempo, pero se entienden a la perfección. Acolchan el cante, creando ese soniquete tan especial del que los guitarristas granadinos hacen gala. Tocarán techo en los tangos de la penca.

Mientras Patricia se prepara para la siguiente pieza, los músicos nos regalan una soleá por bulerías. Con tonás comienzan las seguiriyas que vencen y convencen definitivamente. La bailaora granadina, con pantalón y chaquetilla, sorprende al respetable. No es habitual. Pero el resultado lo merece, el pantalón no esconde nada, la verdad está desnuda Patricia termina con unos tangos de Granada exclusivos, que aquí se escuchan y se bailan como en ningún sitio (si es que existen fuera de nuestras fronteras).

Y fueron estos momentos con Patricia Guerrero los que salvaron la noche de estreno. Juan José Amador, el cantaor sevillano que abrió la velada, confundido de foro completamente, no estuvo a la altura. Tanto él como sus acompañantes, excepto la honrosa guitarra de Juan Requena, dejaron mucho que desear. La percusión sobraba desde las malagueñas con las que empezó su recital, a pesar del solo que hizo, bastante correcto, pero injustificado. Los palmeros eran aprendices. La soleá fue demasiado larga y monótona. Por salvar algo, las seguiriyas obtuvieron mejores resultados. En general, un cantaor poco esforzado y con límites evidentes. Para colmo, subió al escenario a una compañera, Triana Heredia, que, insegura, interpretó unos tangos sin pasión. Amador terminó por bulerías, evidenciando que se equivocó de plaza.

* Cartel de Los veranos del Corral (© Nono Guirado)

El cielo

El cielo

Hace un par de fines de semana estuvimos en la Sierra mi padre y yo. Nos apuntamos a una visita guiada al Observatorio Astronómico de Sierra Nevada. Tuvimos que rellenar la hoja de inscripción donde pedían, entre otras cosas que baremáramos los conocimientos astronómicos que teníamos.
Sin ser un experto, esta ciencia no es nueva para mí. Llevo tiempo (hace tiempo) observando el cielo, leyendo algunos libros, hablando con Eduardo Padial, un amigo astrónomo, ex director de la parte española del observatorio de Calar Alto en Almería, dando alguna charla a grupos de niños... Pero  mi padre estaba pez (creo que sigue estándolo). Así que puse una puntuación conjunta bien baja. (Además, me parece patético ir de enteraíllo a un foro de estas características).
Dicho lo dicho, yo sabía aproximadamente lo que íbamos a ver, lo que nos iban a contar. Pero el señor Fernández llevaba una idea radicalmente romántica del universo y sus astros. Él pensaba que íbamos a mirar por el visor de un telescopio gigantesco para ver hasta la última costelación, para tropezar en los cráteres de la luna, para refrescarnos en el agua de Marte, para sonreirle al Meteossat...
El fracaso estaba asegurado. Los científicos ya no van con cucurucho y capa de estrellas. Lo más que se ven son aparatos y aparatos, ordenadores con multitud de datos, algunas luces y fotos en las paredes (de lo más mundano).
* FOTO: las Lunas de Júpiter

Cortar la manga

Cortar la manga

Entre las esporádicas lecturas de este fin de semana una volvió a llamar mi atención. En verdad no era una lectura de primera mano, sino la relectura de un libro de contenido antropólogo, que me sirvió de base para una charla sobre erotismo que dimos en Ronda hará unos diez años, cuando llevábamos la revista de literatura erótica El erizo abierto (Alfonso tiene que acordarse).

El libro Guerreros, chamanes y travestis, de Alberto Cardín, se editó por Tusquets en su colección exclusiva, siempre interesante, Cuadernos ínfimos.

Muchas costumbres sexuales vuelvo a recordar. Muchas costumbres sexuales vuelven a asombrarme.

Por lo delicado y emocionante, reproduzco un pequeño texto sobre la homosexualidad en la China clásica, tomada del original de Robert van Gulik, La vie sexuelle dans la Chine Ancienne, de 1561.

"El último de los emperadores Han, Ai-ti (siglo I a.C.), tuvo toda una serie de jóvenes amantes, de los que el más conocido fue un tal Tong Hsien. Un día en que el emperador compartía el lecho con Tong Hsien, éste se durmió apoyado en su manga. Cuando el soberano fue avisado para conceder una audiencia, tomó su espada y se cortó la manga, para no despertar a su amado. De ahí el término toan-hsieo, ’cortar la manga’, para designar literalmente la homosexualidad masculina."

Después de leerla recordé otra historia, antagónica en cierta manera. Es sobre el origen de la palabra sibarita. Un rey de la antigua ciudad de Sybaris, una de las más importantes colonias griegas en la Magna Grecia, se hacía confeccionar cada día un lecho de pétalos de rosa para descansar. La leyenda cuenta que detectaba cuando uno de estos aterciopelados labios floridos estaba doblado y mandaba rehacer nuevamente aquel delicado jergón caduco.

De ahí ha trascendido el término ’sibarita’, que designa a la persona en extremo refinada, amante de la buena mesa y de la buena vida en general. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento, apunta el Diccionario de la Real Academia.

Huétor Vega, una cita necesaria

Huétor Vega, una cita necesaria

XXI Festival Flamenco de Huétor Vega

Innecesariamente se alargan los tiempos de un Festival que en un par de horas tenía que estar resuelto. Fueron cuatro momentos, cada cual más sabroso. Pero también fueron cuatro horas de duración. Huétor Vega, proclamada “Ciudad del Flamenco”, cumplió la noche del sábado veintiún años de su Festival. Veintiuna citas imprescindibles para los aficionados, para los que quieran tomarle el pulso a nuestro arte. Este año la velada se ha abierto nuevamente a los ecos foráneos. Del año pasado, eminentemente localista, se ha pasado a la alternancia de artistas de la tierra con flamencos de fuera. No se ha echado de menos un cabeza de cartel con nombre de peso. Álvaro Rodríguez abre la noche con su torrente de voz bien modulada. Aunque muy joven, este cantaor, natural de Órgiva, tiene tablas, sabe estar encima de un escenario. Su repertorio, nada convencional, comienza con peteneras y termina por milongas. Esa milonga que Calixto Sánchez musicó con un precioso poema de Machado dedicado a la muerte de su amada esposa Leonor. Álvaro se destaca por su jondura, por la elección de cantes de raíz, los cuales domina. Aunque quizá estuviera un poco denso en sus propuestas. “Carcelero”, la zambra de Caracol, y la soleá fueron sin duda sus mejor entregas. Asombrosamente no hizo seguiriyas, cante que lo identifica y con el que lleva ganando primeros premios desde hace dos o tres años. Le acompañaba, con bastante gusto y limpieza, la guitarra de Ramón del Paso. María Toledo lo sustituye en el escenario, arropada por Paco Cortés. La excesiva parsimonia es sustituida igualmente por la fiesta. Entre cantiñas, tangos y bulerías, también propone soleares y cantes de levante. Una actuación tan aplaudida como artificiosa. Sus estallidos y su queja saben a academia. El calor se lo imprime la magistral guitarra de Paco Cortés, que demuestra su sabiduría en cada rasgueo, su humildad y su primer puesto como acompañante. Destacan los tangos, que se almibaran cuando son de Graná. Para los cantes festeros, María se hace acompañar por la caja de Miguel, El Nene de Málaga. Tras un descanso demasiado largo, una rifa, la entrega de reconocimientos y demás protocolo, hacen que la segunda parte comience bastante tarde. Su rotundidez, sin embargo, hizo que mereciera la pena esperar. Raimundo Benítez, bailaor local, con un cuadro sacromontano, aborda una soleá con sus pies de vértigo. Soleá preñada de seguiriyas y rematada con jaleos. Lástima que el tablao no se escuchara bien. La oquedad y las vibraciones del entarimado añadían un extraño eco a una actuación generosa y personal. Flamenquísima, por otro lado. En último lugar, el extremeño Miguel de Tena, llena la noche con su prodigiosa voz y con su timbre colorido. El valor asegurado de la guitarra de Paco Cortés le acompaña. El frasco de esencias se destapa con malagueñas y abandolaos, para pasar a unos caracoles y, a petición del público, una granaína y media. Como si fuera un tácito homenaje, la cuarta entrega de Miguel fue “La Salvaora”, otra zambra de Manolo Caracol. Para terminar, el extremeño nos ofrece un ramillete de fandangos naturales, en los que abandona el micrófono y, a boca de escenario, rellena el silencio. Los fandangos toman aires de bulerías, a la manera de Vallejo y, sin abandonar su puesto, culmina un festival bastante aplaudido por menos público que de costumbre.

* Autor del cartel: David Zaafra

Made in Sacromonte

Made in Sacromonte

 

Museo Cuevas del Sacromonte

Desde principios de julio hasta principios de septiembre, todos los miércoles y viernes hay una muestra de flamenco en el Museo Cuevas del Sacromonte, en lo alto del Barranco de los Negros. Allí, entre vegetaciones y estrellas, además de hallar una brisa que en Granada no se encuentra, podemos saborear el arte más autóctono del que tengamos noticia. El Museo tiene la doble virtud de juntar un flamenco de gran interés con artistas casi exclusivamente de la tierra. Por su escenario pasarán, entre otros, los cantaores Juan Pinilla, Pepe Luís Carmona, Sergio Gomez “Coloraito” o David Sorroche; los guitarristas Paco Cortés, Miguel Ochando, Luis Mariano, Emilio Maya, o Antonia Jiménez; y los bailaores Angustias la Mona, Ana Calí, Jara Heredia o Luís de Luís. Varios veranos lleva programándose flamenco en este rincón sacromontano. Por sus tablas han pasado prácticamente la totalidad de los cantaores, músicos y bailaores de nuestra provincia. Cada año hay mejoras. Pero es en 2008 cuando se profesionaliza el pequeño teatro al aire libre. El escenario crece en amplitud, las luces están más conseguidas, pero sobre todo se preocupan de cuidar el sonido, de manera que haya las menos fisuras posibles y, por ejemplo, los pies del zapateado, que es la asignatura pendiente en estos eventos, se oye con bastante nitidez.

La noche del viernes tuvimos un buen cuadro que, sin embargo tardó en calentarse. Jaime el Parrón y Manuel Heredia al cante, con las guitarras de César Cubero y Rafael Fajardo, dedicaron su buen hacer al baile de Encarni Heredia, Raimundo Benítez  y Yolanda Cortés. Una presentación en forma de tangos sirvió para conocer a todos los actuantes. La única incursión de cante fue un cuplé de la mano de Manuel Heredia, en concreto una adaptación por bulerías de la “Baladilla de los tres puñales” de Rafael de León, esa copla que bordaba Marifé de Triana. Para terminar la primera parte Yolanda Cortés baila unas alegrías con toda la fuerza y la raíz que imprime la cueva. La segunda parte, mejor que la primera, la abre un espontáneo. Es decir, sin estar programado, Antonio Gallegos, que hace las veces de presentador e ilustra con su conocimiento la entrada de la función, canta una soleá por bulerías, con la guitarra precisa de César Cubero. Acto seguido, Encarni Heredia baila unos tarantos bien llevados por las sonantas y por el cante, que le hace un guiño a Remedios Amaya. Encarni es la esencia, es el Camino, su baile se ve fresco a la vez que recoge varias décadas de bailaoras del lugar, especialmente de su madre “La Gallina”. Raimundo Benítez, que repetirá el sábado en el Festival de Huétor Vega, aborda unas seguiriyas con fuerza y compás. Lo tiene todo medido y bien medido. Sus pies limpios adquieren una velocidad de vértigo sin perder ni por un momento la compostura y la redondez del cuerpo en sus movimientos. Unas bulerías, pasada la media noche, marcan el final de esta velada que tuvo a la luna llena de testigo.

* FOTO: Venta El Gallo, en el Barranco de los Negrtos, camino del Museo

La hiena

La hiena

La hiena, animal que generalmente produce rechazo, a mí me alucina. La hiena es un animal versátil y sociable, que no es can ni felino, sino hiénido (familia independiente).
Es verdad que tiene un aspecto miserable, aunque son esas maneras de despeinada dejadez, el rabo como una brocha rala, la sonrisa de asco permanente, las que le imprimen toda su personalidad. No sólo su boca tiene esa mueca cómica, también su aullido inconfundible se parece a una risa histérica. Tiene una vida nocturna.
Los Árabes decían que quién comía los sesos de una hiena se volvía inmediatamente rabioso.
Las hienas tienen buena boca. Nada les parece poquita cosa. Aprovechan hasta el hueso más duro, hasta el pellejo más seco. Su tremenda mandíbula lo casca todo (que no es lo mismo que "todo lo casca"). Su increíble estómago digiere cualquier cosa. Gracias a su olfato pueden detectar la muerte y descomposición a kilómetros de distancia, que recorren sin pensar.
Son los basureros de la sabana, de los desiertos africanos y asiáticos. Su capacidad de adaptación es encomiable. Parecen cobardes. Se escudan en su número. Son ladrones y carroñeros. Sanguijuelas. Y muy familiares. También cazan, animales pequeños y enfermos. El jefe de la jauría es siempre la hembra más anciana.
La hiena es un animal fabuloso que, por mucho que nos duela, es uno de los seres naturales que más se parece al hombre.
Al principio de los tiempos, los homínidos, más que valientes cazadores, más que la noble especie "elegida", deberían ser ladrones y carroñeros, que, basados en su número (y su incipiente cerebro superior), espantaban a los verdaderos cazadores para robarles sus presas o aprovechaban los restos abandonados de depredadores ahítos.
Salvando las distancias, seguimos siendo hienas (unos más que otros), que nos hemos ido refinando (unos más que otros). Aunque nuestro aspecto sea muy diferente.
Conozco, sin embargo, a una señora que camina cabizbaja y sin culo, con el cuerpo adelantado y una permanente sonrisa amarga.

Lorca regresa de la Gran Manzana

Lorca regresa de la Gran Manzana

Poeta en Nueva York de Blanca Li

Por razones quizá políticas, quizá económicas o por simple falta de previsión el actual estreno de Lorca en el Generalife no es tal, sino una repetición. Gran reconocimiento y aplauso tuvieron en los inmediatos años pasados las anteriores propuestas de Blanca Li y Cristina Hoyos, que sustituirá a la primera durante el mes de agosto. No hay que restarle ningún mérito a estas dos reconocidas compañías. Pero la ciudad de Granada, sus habitantes y la memoria del poeta se merecen una constante renovación. Es como decir: "nos faltan ideas" o "faltan creadores que puedan ofrecer un espectáculo de altura". Yo me temo que la primera opción sea la que cuajara en el cerebro escurrido de los promotores de este evento, por la cortedad de miras de la Junta de Andalucía, que prefiere el éxito conocido que el riesgo por conocer. El pueblo, sin embargo, se inclina por la sorpresa de una novedad que por la quemazón, por muy bien que estén, repito, de dos obras ya vistas. Porque artistas de gran altura, que apuesten por una obra de igual calidad, no nos faltan en el panorama andaluz. Hay multitud de creadores, coreógrafos, músicos, bailarines… que están esperando una oportunidad como ésta para exponer su arte.

Esto, como es lógico, es ajeno a la obra y sus actuantes, que gozan de una extraordinaria salud. "Poeta en Nueva York" no despierta la sorpresa y admiración de cuando la descubrimos hace exactamente un año, pero ha ganado en consistencia y redondez. A lo largo de este tiempo, se han limado algunas aristas; se ha cuidado la dinamicidad en la sucesión de escenas, que no dan tregua; pero, sobre todo, se le ha dado un impulso definitivo a la música. La sonoridad está ajustada, milimetrada, sin fisuras. El zapateado de Andrés Marín, por ejemplo, que al principio era un apunte que se difuminaba, hoy cobra todo el protagonismo que, se supone, debe tener. El poeta de Fuentevaqueros habla a través de los tacones de Andrés tanto como con el recitado preciso de Javier Viana.

De todas las versiones de Lorca en Nueva York, es la más fidedigna. Quiero decir, que si nuestro ilustre paisano pudiera evaluar estaría encantado con esta representación cosmopolita y multidisciplinar, como él mismo. No se puede encasillar al poeta. Su mente estaba abierta, al igual que sus ojos. Así, Federico se convierte en un observador privilegiado que con su mirada crítica va descubriendo las bondades, pero también la crueldad de un mundo deshumanizado. Las encomiables voces de Carmen Linares y de Rob-Li sacuden el ambiente con sus tersuras acercándonos aquí y al infinito.

Tras un trabajo minucioso, Tao Gutiérrez compone y dirige el corpus musical que nos sumerge en otra dimensión. Sin ser flamenco, todo está lleno de flamencura. Sin ser un poema, todo se cuaja de poesía. Como resultado, más de una veintena de bailarines, de distintas disciplinas, y una docena de músicos, también de variado son, nos hacen disfrutar un espectáculo trepidante. Si quien lee estas notas, no formaba parte de los cincuenta y cinco mil espectadores, según las estadísticas, que vimos esta obra el año pasado, no duden ni un minuto en reservar su asiento. Si, en cambio, lo han visto ya y quieren ver la evolución y la natural frescura del mejor espectáculo que ha visto este escenario en el ciclo lorquiano, no duden ni un minuto en reservar su asiento.

* Fotografías y montaje ©: Nono Guirado.

Noche del viernes (cont.)

Noche del viernes (cont.)

Al bajar del concierto, me pasé por la peña de Pepe Luis Carmona, que tenía mucha vida. Los viernes, a partir de ya, van a programar actividades. Ese día hubo poesía y algo de música hindú.

Allí encontré algunos flamencos que me arrastraron (me dejé arrastrar, más bien) a la Cueva de la Rocío, que celebraban el cumpleaños de Iván (en la foto) y de Johnatan.

(Es de las primeras veces que he visto a Iván realmente feliz, sonriendo con ganas.)

Tenían música disco que alternaban con música en vivo. Una gran fiesta. Un buen ambiente. Muchos conocidos.

Me limité a tomarme una copa, a hablar más con unos que con otros y en disfrutar observando. ¡Cualquiera movía un pie entre tanto artista, entre tantos bailaores y bailaoras con el ritmo en las venas!

Viernes flamenco

Viernes flamenco

El sábado me iba a la Sierra, a una especie de curso de astronomía, así que no quise concordar con el periódico ningún tipo de colaboración para ese día, que llegaría a enturbiar mis planes, además no deseaba enfrentarme de nuevo a una insegura publicación (ya llevo este mes un par de artículos que no han salido en prensa, con el engorro que supone subir al concierto, estar lógicamente atento, analizarlo, volver a casa, escribirlo al día siguiente y enviarlo). Así que pensé tan sólo disfrutar de la velada.

Tenía varias alternativas, pasarme por el Museo Cuevas del Sacromonte, para escuchar a Jaime Heredia y ver bailar a Ana Calí, que me apetecía mucho (al final fue lo que hice); podía ir a Huétor Vega donde presentaban la semana flamenca de esta localidad, con recital flamenco incluido; o podía pasarme por Churriana para ver a la agrupación “Atroz”, de mi amigo Manuel Mateo, que se sumergen en la música berebér que, aunque no es flamenco, quiero disfrutar de su música en directo.

El flamenco en lo alto del Barranco de los Negros, con el agradable fresquito sacromontano y una birra en las manos, es un placer asequible. Depués, si el flamenco es bueno, agradable o sorprendente, mucho mejor. César Cubero, con su guitarra, faltó a la cita. Lo sustituyó el toque sabio y limpio de Emilio Maya, que interpretó unas mineras para abrir boca. Son ocho o diez las grandes sonantas de Granada en la actualidad, y Emilio ocupa un puesto destacado. El cantaor Manuel Heredia continúa por levante haciendo unos tarantos. Su voz no está en la mejor forma y se le va de de la queja al gallinero. Su segunda entrega, un cuplé por bulerías, sigue por la misma línea de juzgado de guardia. Pero su voz gitana y sus continuos guiños a Manuel Molina y a Fernanda de Utrera encumbran su apuesta hasta engrandecerla. Para terminar esa primera parte, Ana Calí nos baila por cantiñas. Refuerza la voz Jaime Heredia, que se incorpora al cuadro.

Ana Calí es posiblemente la bailaora de Granada con mejor compás, con unos pies muy limpios y un gran sentimiento en el rostro. Aunque se prodiga poco sabe estar, domina el escenario y busca el lugar donde las tablas le son más propicias. Hecho de menos, como en otras ocasiones, la abundancia de luz, que realce el palmito de esta bailaora y eleve su estampa, flamenca donde las haya.

El protagonista de la segunda parte es Jaime, el Parrón. Con una voz recuperada, hace la soleá que le ha dado fama. Heredia es un cantaor de oficio, afillao y con temple. En sus días buenos es capaz de darle pellizcos a los mejores aficionados. En segundo lugar, hizo unos fandangos con grandísimas verdades del poemario popular. De este cantaor, podemos repetir, que está en buena forma.

De nuevo Ana Calí cerró esta segunda parte con una soleá. Si su primer baile fue bueno, su propuesta por soleares fue exquisita. Ana hace música con sus pies. Es de las bailaoras que no necesitan percusión. Si acaso un poquito de compás con las palmas. A veces nos recuerda a Belén Maya, sobre todo el movimiento de sus brazos, y a veces se remonta a Carmen Amaya, pero su sello personal es evidente y así lo impone.

El público respetuoso sabe aplaudir un concierto que recordaremos, un concierto presentado por Antonio Gallegos, conocedor como pocos que, además canta con mucho gusto y enjundia. Los merecidos aplausos que se prolongan, son agradecidos a su vez con un mandaíco por bulerías.

* El Parrón ©. Acuarela de Nono Guirado para "Acordes de Flamenco".