Blogia

volandovengo

Justicia

Justicia

La Justicia es una dama con los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra. A veces es lo malo, que esta señora, prima hermana de la esperanza, no vea (es ciega, se dice popularmente). Dicta sentencia al tacto, como el gigante Polifemo, que dejó escapar a Ulises y los suyos bajo la lana de los corderos. ¿Se puede decir que la Justicia mira como el buen cubero, grosso modo? ¿Se puede decir que la Justicia hace la vista gorda? ¿Se puede decir que la Justicia mira pero no ve? ¿o, por el contrario, que ve pero no mira?

Luigi Pirandello se preguntaba que "si el errar es propio de humanos ¿no es la justicia una crueldad?". Puede que sí, puede que la Justicia sea cruel, como cruel es el pecado, el delito y la injusticia. El hombre empezó a ser justo cuando empezó a dolerle que los demás hicieran con él lo mismo que él hacía con los demás. Y llegó el listo y se inventó la "Justicia Divina". Todo lo que pasara, bueno o malo, era achacado al cielo, se apelaba al triángular ambiguo ojo divino.

Fuen un paso, un importante paso, como el establecimiento de las leyes. En el Código de Hammurabi se dicta la Ley del Talión, el ojo por ojo, el diente por diente, toda una esquisitez. O sea si me empujas, yo te empujo; y si me cortas la cabeza, te corto yo a ti la tuya, o te la corta la Justicia que para eso está, pues yo no podré empuñar más un hacha (ni unas tijeras de punta redonda). O sea, se impone el castigo semejante, si me empujas, yo no puedo cortarte la cabeza, porque no es proporcionado, etcétera.

Todo esto viene a que esta mañana he recordado un cuentecito del poeta libanés Khalil Gibran (uno de los culpables, junto a Platón, de que yo empezara  en esto de la escritura), en su libro El loco, llamado La guerra, que no tiene desperdicio. Os lo plasmo seguidamente.

 

LA GUERRA

Una noche, hubo fiesta en palacio, y un hombre llegó a postrarse ante el príncipe; todos los invitados se quedaron mirando al recién llegado, y vieron que le faltaba un ojo, y que la cuenca vacía sangraba. Y el príncipe le preguntó a aquel hombre:

-¿Qué te ha sucedido?

- ¡Oh príncipe! -respondió el hombre-, mi profesión es ser ladrón, y esta noche, como no hay luna, fui a robar la tienda del cambista, pero mientras subía y entraba por la ventana cometí un error, y entré en la tienda del tejedor, y en la oscuridad tropecé con el telar del tejedor, y perdí un ojo. Y ahora, ¡oh príncipe! suplico justicia contra el tejedor.

El príncipe mandó traer al tejedor y, al llegar éste al palacio, el soberano decretó que le vaciaran un ojo.

- ¡Oh príncipe! -dijo el tejedor-, el decreto es justo. No me quejo de que me hayan sacado un ojo. Sin embargo, ¡ay de mí!, necesitaba yo los dos ojos para ver los dos lados de la tela que hago. Pero tengo un vecino de oficio zapatero, que tiene los dos ojos sanos, y en su trabajo no necesita los dos ojos...

El príncipe entonces, envió por el zapatero. Y éste acudió, y le sacaron un ojo.

¡Y se hizo justicia!

 

Siempre volvemos a Carmen Linares

Siempre volvemos a Carmen Linares

Festival Flamenco de Armilla

Por muchas propuestas que se nos presenten, por muchos flamencos que se crucen en nuestro camino, por muchas noches por derecho y pellizco, siempre volvemos a Carmen Linares. Con diferencia, junto a la Niña de los Peines, es la mejor y la más completa de las cantaoras de todos los tiempos. Como dijo Juan Pinilla en su presentación, hay un antes y un después en la manera de hacer y de entender el cante femenino. No obstante (entre las nubes es difícil sobresalir), la de Linares no nos dijo nada nuevo. Fue previsible en su genio y acomodaticia en sus propuestas. La entrega, como siempre, fue absoluta. Carmen, antes de artista, es una gran aficionada y como tal ofrece integridad y respeto. Su actuación, empero, a pesar de hacer cinco cantes, dejó con ganas. Y es que esta cantaora enciclopédica ya no debe ser cabeza de festival, sino de un recitado en solitario que se pueda disfrutar  y admirar en toda su extensión.

Carmen Linares siempre ha tenido una predilección especial hacia nuestra ciudad, y ya sea en Armilla, en Cájar o en Huétor Vega, la linarense actúa como si estuviera en su casa. No en vano, es una de las mejores intérpretes, si no la mejor, de los cantes de Granada, y el guitarrista que le acompaña habitualmente es Paco Cortés e igualmente se acerca a los demás tocaores granadinos. Como en esta ocasión, en el Teatro de Armilla, que le acompañó un inspirado Miguel Ochando, formando un dúo de verdadera excepción.

Culmina el Festival Carmen, con su voz flamenca y reposada, haciendo alegrías, en las que se ciñó a sus grabaciones sobre “La mujer en el cante”. En general todo su recital estuvo basado en este trabajo antológico. Desde Cádiz pasó a su tierra estremeciéndose con unas tarantas de Linares. Una soleá muestra definitivamente que es la reina, que se enseñorea a continuación con unas seguiriyas, para terminar con bulerías. Sin ser propiamente festera, esta cantaora tiene grabadas algunas de las más bellas bulerías de los últimos tiempos.

Carmen Linares promoverá también un prolongado fin de fiestas, en el que se da una pataílla con arte y elegancia.

La riqueza de matices y la brillantez de la guitarra “ochandiana”, antes de la jienense, también acompañaría a su paisano Joselete de Linares, un cantaor de oficio, largo en recursos y conocimiento. Si la protagonista ya aludida fue previsible, este cantaor caracolero fue toda una agradable sorpresa. Pleno de facultades y dominador de la escena, comenzó con una soleá fenomenal, para hacernos seguidamente unos fandangos, que recordaron el buen hacer de Pepe Pinto, y culminar su entrega por bulerías, cantándolas de pie, como mandan los cánones, pues se presta a acompañarlas de un bailecito. Y Joselete no defraudó.

La primera parte estuvo protagonizada por la guitarra limpia y precisa de Ramón del Paso, que acompañó a un equivocado Alfredo Tejada que, forzando la voz innecesariamente y voceando sin medida, abordó unas mineras y se fue por bulerías. Este joven cantaor también le cantó unas seguiriyas para el baile temperamental de Isa Vega.

Del Paso arroparía seguidamente a la voz dulce y modulada de Inmaculada Martín. Esta joven sevillana se acercó a Chacón para brindarnos caracoles, unas seguiriyas que le quedaron algo grandes, una sabrosa granaína y media muy apropiada para su voz, y terminó con fandangos.

Para culminar esta primera parte, José Balao interpretó el poema de García Lorca “Baladilla de los tres ríos” por milongas, continuó con una soleá de buena factura y terminó con tientos-tangos de inspiración morentiana.

Como anécdota del festival podemos hablar de la aparición de Morfeo a uno de los espectadores casi al principio del recital. No es delito dormir, todos nos hemos quedado traspuestos alguna vez aplacados por el cansancio o por el sopor de la copla, pero sí es alarmante roncar como un descosido fuera de compás.

Un abrazo a Curro Vega

Un homenaje es un acto solidario para con una persona o una buena causa. Las características de un homenaje a un flamenco deben ser, en primer lugar que sea verdad, que se haga con el corazón y que respondan los convocados, normalmente los amigos del homenajeado. En segundo lugar deben cubrirse los objetivos propuestos, en especial reivindicar la figura del artista y recaudar fondos en su apoyo. Por último, debe tener un mínimo de entrega y calidad.

El viernes pasado un grupo de amigos, contemporáneos de Curro Vega, incluido él mismo, se reunieron en el teatro del Zaidín para expresarle su reconocimiento. Fue, como digo, un acto lleno de verdad, distendido y de gran emoción, en el que se ensalzó la figura de Curro Vega, como maestro de su tiempo, y donde se ofreció un recital de alta flamencura.

Lo único malo, aparte de algunos reveses con el sonido, el acople y las chicharras, fue el escaso poder de convocatoria. Ya fuera por la poca difusión del evento, ya por el lugar inapropiado, ya por otras ofertas musicales ese mismo día, el caso es que se vendieron apenas un centenar de entradas, que no llenaron ni medio aforo, con las consecuencias lógicas de la flaqueza monetaria que se obtuvo.

De todas maneras, un emocionado Curro Vega, que actuó en primer lugar, agradeció infinitamente esa muestra de compañerismo y amor desinteresado, y la presencia del público asistente. Con buen criterio, cada cantaor hizo tan sólo dos cantes, pues con tantos nombres en el cartel se podía haber prolongado el concierto hasta la madrugada.

A la guitarra Miguel Vega, le tocó a su padre, que cantó una inspirada milonga de su cosecha y una malagueña. José Gómez "Colorao", el mayor de la saga familiar, ya retirado, se unió al homenaje y, con José María Ortiz a la guitarra, nos ofreció una soleá y un ramito de fandangos. El relevo lo cogió el cante maestro y sosegado de Curro Andrés que, arropado por Francisco Manuel Díaz, nos hizo unos tientos y otros naturales que desembocaron en Huelva y terminó acordándose de Toronjo. Antonio Trinidad fue muy “morentiano” en su entrega. Comenzó con los tangos “Mi pena”, que Enrique grabara en su disco “Sacromonte” inspirado por unos versos de Manuel Machado. Antonio los interpretaría muy ralentizados, sin llegar a ser tientos, impregnándolos de especial belleza. Y, sin dejar de cantar, pasó a hacer cantes de Málaga, que acabó por rondeñas.

Desde Alhama, Paco Moyano vino a poner su grano de arena en forma de serranas, Juan Pinilla, el más joven de la reunión, que también hizo de presentador, regaló a Curro Vega unas murcianas que hacía su maestro Manuel Ávila que, desde su desaparición, no había vuelto a oír. Terminó el cantaor de Huétor Tájar con una granaína que fue muy aplaudida. El torrente de voz lo puso Ángel Rodríguez “Chanquete”, proponiendo unos definitivos fandangos de Frasquito y otros del Sevillano. Enrique Gómez, el más pequeño de los coloraos, se templó con una soleá, que dedicó a su hermano mayor, para después romperse con un taranto. Para terminar, Antonio Gómez Colorao, el más activo de la familia, con Tente, que lo comprende bien, a la guitarra, cantó sus habituales marianas y las imprescindibles seguiriyas por las que es reconocido. Esperando a la bailaora, que se rezagaba por su trabajo en el Camino del Monte, Antonio nos sorprendió con unas alegrías y remató con unos fandanguitos, hasta que sus colegas se hicieron presentes en escena para improvisar todos juntos unas bulerías. Kika Quesada cerró la noche bailando una sabrosa soleá por bulerías.

* Siento no tener una foto del maestro 

Los higos del hijo del mercader

Los higos del hijo del mercader

Hace tiempo, pasando noche en un refugio de la sierra de Cázulas, yendo para la costa granadina, la señora que regentaba aquel pintoresco mesón de montaña, nos contaba cosas de su infancia en ese lugar inhóspito. Nos contó que los últimos bandoleros de aquellas tierras desaparecieron hace apenas cincuenta años. Relató diversos modos de supervivencia y del comercio basado en el trueque. También nos enseñó algunos artilugios antiguos para pesar, medir y calcular (su negocio estaba relacionado con el vino "que da la tierra", altamente alcohólico, pues se le echa azúcar para elevar la gradación).

Entre tantas cosas al amor de lo chimenea, en la que ardían grandes troncos de encina (con poca llama, pero con alto poder calórico y buenas brasas), la anciana nos regaló esta anécdota que, al tiempo, rehíce de memoria, intitulándola apocrifamente Los higos del hijo del mercader

"Se cuenta la historia del hijo de un mercader que, cierto día, viajó en lugar de su enfermo padre al pueblo vecino -a una jornada de camino-, portando en la mula algunos enseres y baratijas, que cambiaría por varias mantas, para a su vez trocarlas al día siguiente por más víveres y cacharros.
Se levantó al alba y preparo la bestia, le dio de beber y llenole los serones con la mercadería y, para sí, colgose una buena talega de higos con los que yantar en el camino.
Aconteció que, entrándole hambre, fue extrayendo los frutos del morral y comiendolos hasta el hartazgo. Cuando ya se encontró satisfecho y no quedole sitio para higo alguno, fue arrojando los sobrantes con guasa a los cuartos traseros de la acémila hasta llegar a su destino.
Habiendo terminado los trueques y los negocios oportunos en la aldea vecina, al caer la tarde, comenzó su regreso el mozo. Y como empezole a entrar el hambre, ya sin nada que comer y hallando en su bolsa más que talega, acordose con lamentos y borborigmos de los higos que había lanzado a las posaderas del cuadrúpedo con tanto jolgorio y mofa. Así que, cuando más le rechinaban las tripas, tragose su orgullo y dispuso recoger y engullir los higos reventados en el suelo, diciendo para sí, “éste no le dio justamente en el culo”, “éste pasó rozándole”, “aquel pegó no más que en su grupa”...
De tal guisa, el mozo hincado de hinojos fue comiendo todo lo que antes hubo rechazado por un momento carente de necesidad. Como el bueno de José que cagose en el manantial después de haber saciado su sed, pero, al acuciarle de nuevo las ganas de beber, tuvo que apartar con cuidado los moñigos, maldiciendose y jurando no volver a cometer tal vileza".

Programa flamenco

Para ese fin de semana tenemos un programa espectacular de flamenco. Empieza hoy viernes, 29 de septiembre, con un homenaje flamenco a Curro Vega (21'30 horas),en el Centro Cívico del Zaidín, con los siguientes intérpretes (casi todos contemporáneos de Curro): al cante: Antonio Gómez "El Colorao", Antonio Trinidad, Curro Andrés, José Gómez, Chanquete, Juan Pinilla, Alfredo Tejada, Sergio Gómez "Coloraíto", entre otros; a la guitarra: Manuel Carvajal, Fco. Manuel Díaz, Miguel Vega, Vicente Márquez "Tente", entre otros; y al Baile Kika Quesada. Presenta Carlos Arbelos. (Entrada: 10 euros)

El sábado 30, hacemos doblete (o triplete, si se nos antoja). Por un lado está el "Festival Flamenco de Armilla", en el Teatro Municipal (22’00 horas), con la impresonante Carmen Linares, Joselete de Linares, Inmaculada Martín, Alfredo Tejada y José Balao al cante; la impetuosa Isa Vega y su grupo al baile.  Presenta  el fenomenal Curro Albaycín. (Entrada: 12 euros)

El sábado también tenemos (a esto no voy)  el "XIII Festival Flamenco Ciudad de Órgiva” (21’30 horas). Al cante de nuevo Antonio Gómez "El Colorao", Álvaro Rodríguez, Sergio Gómez "El Coloraíto", David Sorroche; las guitarras de José María Ortiz, Vicente Márquez, Jorge "El Pisao"; y el baile de Silvia Lozano y su grupo (José Fernández y Alfredo Mesa). Presenta: Sergio Cuesta (Ignoro el precio de las entradas pero rondará los 10 euros, si cuesta algo)

Creo que el sábado también hay algo de flamenco en el Palacio de los Córdoba, pero no estoy seguro ni sé quien va. 

Meme musical

Ayer me propuso Enrique Ortiz a través de su blog que respondiera a un cuestionario musical, que a su vez le propusieron a él, y que consiste en contestar con canciones de nuestros grupos favoritos a un tándem de preguntas seleccionadas. Y, cómo no, respondió con la sensibilidad que le caracteriza.

Por mi parte, le comenté que me parecía una idea al menos curiosa, pero que yo, lejos de abrirme al inmenso orbe musical, me centraría en el flamenco (más en el título y el artista que la canción en sí, pues –como sabemos- el cante flamenco se compone de estrofas sueltas, que poseen como única relación la motivación del cantaor en un momento determinado).

De esta manera, expongo mis respuestas:


¿Eres hombre o mujer?: Yo soy el viento (bulerías de Camarón)

Descríbete: Agua fina por salobre (tarantas de Carmen Linares)

¿Qué sienten las personas cerca de ti?: Los locos buscando (aires de Huelva de El Cabrero)

¿Cómo te sientes?: Sembré una esperanza (tangos de Enrique Morente)

¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: Procuro olvidarte (de Bambino)

Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente: El que la lleva la entiende (bulerías de Arcángel)

¿Dónde quisieras estar ahora?: Huyendo del Rey Herodes (villancicos de Marina Heredia)

¿Cómo eres respecto al amor?: Volar sin alas (tangos de La Susi)

¿Cómo es tu vida?: Voy tirando (Soleá de Aurora Vargas)

¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?: A mis soledades voy (soleá de José Menese)

Escribe una cita o frase famosa: Quien maneja mi barca (de Remedios Amaya)

Ahora despídete: Al que le dé, que perdone (soleá de Chano Lobato)

¿Un cafelito?

¿Un cafelito?

Reconozco en él un vicio (de los pocos legales que nos quedan). Un café después de comer es el lujo más asequiblle que conozco. Sé que un café es bueno cuando tomo el primer sorbo y, antes de soltar la taza al plato, me la vuelvo a llevar a los labios y la beso nuevamente. Digo "está bueno" para mí. A cada uno le gusta el café de una forma distinta. Coincidimos más en los gustos estéticos, de una chica, de un chico, que en las apetencias del licor colombino. Yo lo prefiero corto y no muy fuerte. Sigiendo mi instinto seductor (me temo que a la manera de Woody Allen) le comenté a una chica, que ni si quiera me lee, que a mí el café me gustaba como yo: muy dulce y muy caliente.

Nosotros le decimos ’cafelito’. En otros lugares dicen ’cafetito’. Sea como sea, qué bien sienta. Para mí, a veces me resulta contradictorio: me viene muy bien para la tensión baja que me acerca al sueño de la Bella Durmiente ('la muerte dormida'), me da la vida, es terapéutico: pero me sienta como el rayo para los problemas estomacales que padezco. Por eso lo prefiero poco cargado. Y recién hecho. Con hielo no, me parece adulterado. Es como poner casera a un reserva de somontano. La mezcla que aplaudo en el Irish coffee en determinados momentos (sin comentarios).

El café a veces es sólo una excusa para la reunión, la tertulia, el amor o para ausentarse media hora del trabajo. Hay quien ve el futuro en los posos de café y quien utiliza éstos para desatascar las tuberías o para echárselo a las macetas. En los tiempos de posguerra, desde la Revolución Francesa, los desechos de la elaboración de esta bebida negra eran reutilizados y vendidos desde las casas principales por sus sirvientes. Así, teníamos café de varias categorías (según el número de reciclados), aparte del cafeto, la moka o la achicoria (que es otra historia). Ahora tenemos el "café descafeinado de máquina" que, con sacarina, creo que dormimos mejor.

El maestro de historiadores Fernand Braudel (1902-1985) en su libro Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII (magnífica obra si no dejara, como buen galo, un poco de lado a España), en el primer tomo Las estructuras de lo cotidiano, en el capítulo Bebidas y escitantes, nos cuenta que el café no se popularizó en Europa hasta la segunda mitad del siglo XVII y, en muchos casos con usos medicinales. Cuenta Braudel que en un tratado de medicina anónimo, aparecido en Lyon en 1671, especificaba las cualidades de dicho brebaje:

"deseca todo humor frío y húmedo, expulsa los vientos, fortifica el higado, alivia a los hidrópicos por su naturaleza purificadora; resulta también excelente contra la sarna y la corrupción de la sangre; refresca el corazón y el latido vital de éste, alivia a los que tienen dolores de estómago y a los que han perdido el apetito; es igualmente bueno para las indisposiciones de cerebro frías, húmedas y penosas. El humo que desprende es bueno contra los flujos oculares y los zumbidos de oídos; resulta excelente también para el ahogo, los catarros que atacan al pulmón, los dolores de riñón y las lombrices, es un alivio extraordinario después de haber bebido o comido en exceso. no hay nada mejor para los que comen mucha fruta."

No obstante, prosigue Blaudel, otros médicos y la opinión pública pretendían que el café era un anafrodisiaco, que era una "bebida de castrados".

Un clavel bajo la lluvia

Un clavel bajo la lluvia

XIX Festival Flamenco de Huétor Vega

Si no llega ser por el prodigio de Mozart, Antonio Salieri hubiera sido un músico más que sobresaliente en la Europa de finales del siglo XVIII; y si no llega a ser por el torrente de José Menese, Diego Clavel, nacidos los dos en la Puebla de Cazalla (Sevilla) en los años 40, no habría crecido en la sombra.

Diego Andrade Martagón es uno de los últimos maestros que nos quedan. Cantaor enciclopedista e incombustible que domina a la perfección el amplio abanico de los cantes. Se entrega con pasión y duende, con esa voz melismática y llena de flamencura.

Terminando sus tientos-tangos en el escenario al aire libre de Huerta Cercada de Huétor Vega comenzó a llover, a la guitarra Ramón del Paso, se miraron y decidieron seguir adelante. Era un calabobos más molesto que alarmante pero podía haber crecido en forma de diluvio. Con el aguacero y todo, Diego Clavel, hizo una consulta a un público que inquieto se refugiaba bajo los árboles y las cornisas (los más siguieron estoicamente sentados en sus asientos) y, sin esperar respuesta, acabó su actuación por seguiriyas.

El maestro de Cazalla comenzó con la caña, que encierra entre dos soleares, y siguió con una bella serrana, que la empezó con livianas y la terminó con seguiriyas. Intérpretes como él quedan pocos, nos tenemos que remontar al recientemente desaparecido Chocolate o a su paisano Menese.

El festival lo abrió el baile galán de Silvia Lozano que, con traje corto, abordó una soleá por bulerías. Silvia es una bailaora de oficio que se crece en el escenario. Trasmite y seduce. Lástima que el tablao no fuera el adecuado. En general, el tablao, su sonoridad, es lo que menos se cuida en un festival y, para la participación del baile, supone casi el cincuenta por ciento de su efectividad.

Para abrir la segunda parte, volvería la bailaora de Huétor Tájar interpretando sus deliciosas alegrías, que cada vez domina con más soltura. Quizás influyera en su incondicionalidad que su maestro Mario Maya estaba bien atento entre el público.

Juan Pinilla abre la noche, después del baile, con unas malagueñas y abandolaos que remata con fandangos de Granada, para marcharse a levante y dejarnos las mineras con las que ganó el concurso de La Unión. A la guitarra un perfeccionista Luis Mariano, todo sensibilidad y buen gusto, que se adapta a la perfección a los devaneos de Pinilla. Muestra de su buena simbiosis fue la farruca que logró por primera vez el silencio absoluto en el alboroto del ambigú. El joven cantaor, acogido a la tradición, acabo su recital con fandangos naturales.

Desde Almonte llega Manuela Laíno para deleitarnos con un pase poco convencional. Con buen timbre y eco marismeño, Manuela nos ofrece guajiras, peteneras y milongas, para terminar con tonás y martinetes e improvisar, a petición de los presentes, unos fandangos de su tierra, en los que se acordó de Paco Toronjo.

La sorpresa de la noche vino de la mano María José Pérez desde Almería, que llenó los jardines de desgarro y frescura. Comienza regalándonos una granaína y media granaína que, con Luis Mariano a la guitarra, fueron un dulce. Continúa sintiendo las tarantas de su tierra, e irse al otro extremo de Andalucía haciendo alegrías de Cádiz y fandangos de Huelva, que cantó en su final sin micrófono, llenando el recinto de sabor y verdad.

El Otoño

El Otoño

Resulta que hoy, domingo 24, según el calendario Zaragozano, el Otoño, que es la Primavera de los solos, ha llegado (con algunos días de retraso si atendemos a las convenciones). En Granada es bastante breve (no astronómica sino atmosféricamente). Aunque tradicionalmente se piensa en gris, en vejez, caducidad... es la estación que prefiero. Será porque se acaba el infernal verano (literalmente), será porque empieza el curso, el año en realidad, será porque llueve, por los paragúas y los impermeables (palabras más bellas que lo que representan), será por el estímulo creativo, que aumenta conforme decrecen los días...

Como reconocimiento a estos tres meses nebulosos que nos aguardan, rescato del barbecho un par de poemas cortos e inocentes como el sabor del sueño otoñal.

Uno

Me gusta pisar el otoño
cuando el suelo se tiñe de árbol,
cuando los charcos atrapan el cielo,
arreboles rojos en tu cara
y regueros de viento
donde la hojarasca deja paso
a las lágrimas del sueño.

Y dos

Me gusta cuando llueve
para poder gozar
la dulce confusión
que ofrece la capucha.
Aunque prefiero el sol
con los ojos cerrados
y la brisa temprana
que tu pelo alborota.

Feliz otoño.

Algo más sobre el plagio

Algo más sobre el plagio

De tiempo en tiempo nos asalta la polémica, el descaro de un plagio al pie de la letra. Han sido muchos. Últimamente la patata está sobre el tejado de Lucía Etxebarría y su libro "Lazarillo de Tormes", en el que además del título, Rafael Reig acusa a la autora en "El cultural" de El Mundo, de copiar Saúl ante Samuel, de Juan Benet (noticia de la que hace eco Enrique Ortiz en su blog). Una cosa es la recreación y otra es la fotocopia.

Muchos han sido  merecidamene acusados de plagio (como Ana Rosa Quintana que, curiosamente, prologa el libro de Etxebarría)  o falsamente, por ejemplo, sin fundamento alguno, Vladimir Nabokov y su Lol¡ta, obra cumbre de la literatura universal y todo un mito de sensualidad y transgresión.

El notas en cuestión es un tal Heinz von Lichberg que a principios del siglo XX escribió un cuentecito de una adolescente afortunadamente llamada Lolita. Aparte de estos dos datos: la condición de 'adolescente' y el nombre de 'Lolita' no hay ningún parecido con la obra maestra que escribió Navokov en 1955. (Parece que 'Lolita' es un nombre la mar de sugerente para los alemanes y otros paisanajes.)

El mayor acierto de este cuentecito, de la editorial Funambulista, además de ser tan sólo curioso, es que está prologado por Rosa Montero que, más que nada, se dedica a desmontar la trama plagística en la que algún crítico teutón, algo descerebrado, quiere envolver al escritor americano, de origen ruso.

Os dejo con un estracto de este preliminar de la autora de Historia del rey transparente:

"En realidad todos los temas ya están escritos centenares de veces, todos escribimos desde lo que hemos heredado, leído, conocido, y el reto está en volver a nombrar el mismo mundo con palabras y emociones tan distintas que lo recreen como si fuera nuevo. La valía de un autor se mide precisamente por esa capacidad de regeneración y de reinvención (...). El auténtico plagio, en fin, consiste en imitar ciegamente los recursos estilísticos de un autor, el diseño y la peripecia exacta de algún personaje o alguna escena, por el mero hecho de copiar, sin añadir nada nuevo, sin ningún afán de renombrar el mundo. Porque es en ese esfuerzo por iluminar tinieblas nunca antes transitadas en donde se reconoce al verdadero escritor. De hecho, la historia de la literatura está llena de novelas muy parecidas (...) y que, pese a una innegable influencia, han sido construidas con tanta potencia creativa, con un mundo propio tan evidente, que a la postre son obras completamente distintas. Como, por ejemplo, Madame Bovary, de Flaubert, y La Regenta, de Clarín. Sin duda Clarín leyó y asimiló la novela de Flaubert, la hizo propia, la convirtió en su carne, como todos hacemos con nuestras lecturas; pero a partir de ahí creó su Ana Ozores viva y coleando, y consiguió escribir una novela espléndida".

Llama la atención que los escritores más creativos son los que más infuencias se atribuyen. Borges decía que en El Quijote todo estaba escrito. 

Si queremos de verdad rastrear las huellas de Lolita, debemos buscar en una novelita, "El hechicero", que escribió Nabokov en los años 20, pero que no llegó a publicarse hasta transcurridos diez años de la muerte. Aquí está el germen de la joven nínfula y la posible paidofilia de un caballero acomodado y no en otro lugar.

XIX Festival Flamenco de Huétor Vega

Hoy viernes, 22 de septiembre, a las 22 horas, se celebrará el XIX Festival Flamenco de Huétor Vega. Una cita imprescindible, un festival de categoría, que, bajo el buen gobierno de la peña flamenca "La Parra" de Huétor Vega, ha reunido entre sus diecinueve ediciones a los mejores flamencos del orbe nacional.

Tendrá lugar en los Jardines de Huerta Cercada (antes de llegar al pueblo, a mano izquierda) e intervendrán al cante: el imprescindible, aunque poco valorado, Diego Clavel, Manuela Laíno, María José Pérez y mi colega y amigo Juan Pinilla, que arroparán con sus guitarras: Ramón Del Paso, ganador del premio flamenco joven 2005, Luis Mariano, la sensibilidad en seis cuerdas y un sólo corazón, e Isidoro Pérez. Al baile estará la guapa Silvia Lozano y su grupo.

Pero, si preferimos quedarnos en la ciudad, en el Palacio de los Córdova (al principio de la Cuesta del Chapiz) se celebra el Festival del Bajo Albaycín, con dos figuras imprescindibles del arte granadino: el bailaor y coreógrafo Manolete, premio nacional de danza, y el carísmático Curro Albaycín.

El blog

El blog

Desde el mes de marzo funciona este blog. Comenzó siendo casi un experimento, pues no sabía si iba a poder alimentarlo regularmente. Se me antojaba como un tamagotchi, que si no lo mimas a diario se te muere. Por otra parte, no llegaba a adivinar el interés que pudiera tener mi incursión en el flamenco, por lo general, y mis desvaríos en lo particular.

El nacimiento del blog, como la mayoría de mis visitantes saben, es, como he dicho, de contenido flamenco. Desde un principo mi pretensión era publicar todo lo que escribiera para el periódico y otros medios (crítica de espectáculos flamencos en especial) con su contenido completo, puesto que las diversas publicaciones o lo recortaban o lo castigaban directamente al cajón de lo inédito.

Como es lógico, no hay flamenco a diario. Así que en los días alternos, en la medida de lo posible, comento retazos de mi pensamiento ordenados más o menos en varios temas, que se pueden consultar íntegros a la derecha de esta página.

Desde un principio (hasta el momento) le mando el enlace a bastantes direcciones que poseo en mi correo con la siguiente advertencia algo jocosa: Hasta la fecha, tan sólo cuatro o cinco de esos mail se han dado de baja (algunos me han seguido el juego de BESO-VERDAD-ATREVIMIENTO, con lo cual no me ha dolido tanto su ausencia. Actualmente le mando el link a unas 75 direcciones que no todos acceden a él, pero ahí queda eso.

Por lo demás, me divierte escribir casi a diario y, aunque me gustaría que se hicieran más comentarios en las entradas, las poquitos que se animan a proponer algunas letras bajo mis artículos, me llenan de satisfacción y alardean mi ánimo.

En el mes de julio, para hacer un seguimiento de las visitas a este blog, alimentando así la vanidad y el ego que, solapadamente si quieren, nos caracteriza a todos los blogueros (es público, cualquiera puede consultarlo, el iconillo está a la derecha, debajo de los temas). El día que más entradas tuve alcanzó los 54 internautas (que se repitieron en el día de ayer), el de menos 16, lo cual es un buen número, si consideramos que coincide con los fines de semana.

Según el contador, he tenido visitas de casi toda sudamérica, de Estados Unidos, de Italia, de Israel, de Suecia...

Gracias a todos.

[Castidad y amigos]

[Castidad y amigos]

Es plausible que ocurriera en la Inglaterra de Ricardo I, en la segunda mitad del siglo XII. Seguramente cuando dicho rey de corazón de león y vida legendaria, partiera a la cabeza de unos 8.000 hombres y una flota de 300 navíos hacia la III Cruzada en favor de la religión verdadera.
Acaso entre esos miles de hombres se encontrara un joven bastardo, apellidado Plantagenet, un soldado que ocultaría su nombre, un cristiano, como otros muchos, hijo del pecado de la pasión, del verdadero amor (como calificó Shakespeare a la bastardía, unos siglos más tarde y en ese mismo país). Fácilmente, este cruzado se llamaría Arthur, nombre simbólico de su estirpe, y que fuera caballero, por qué no.

Arthur nacería alrededor de 1170 en Normandía o Anjou, se casaría entre los dieciséis o diecisiete y al año siguiente se embarcaría hacia Tierra Santa a luchar contra los impíos. Su padre no lo reconocería (¡estaría bueno aceptar como suyos todos los hijos del arrebato!) y él tampoco diría nada a nadie (¡cómo reconocer su ilegitimidad!).

Poco antes de su partida acompañaría a su mujer, creíblemente Ginebra, o si no Helena, o Christina, al lecho y se despediría como un soldado de Dios, sin apenas desvestirse. El último coito hasta su vuelta.

La criada, o su solitaria madre, prepararía un baño caliente con aguas aromáticas. El último baño hasta su vuelta.

Un vistazo a su joven esposa, desnuda de cuerpo entero. Una mirada rápida y sobria, para no pecar contra la lujuria. Sería la última vez que se desnudaría íntegramente hasta su vuelta.

Un beso y un abrazo, antes de colocar ceremoniosamente el gélido cinturón de castidad, hermético estrangulador de la doncellez.

Ella se viste con ropas finas y saca el pañuelo de las despedidas más sentidas. Se parapeta al lado del caballo y se convierte en Magdalena resucitada. No sabe si llora por el marido que se va, por ella que se queda, por su juventud truncada o por que no entiende nada. El caso es que vomita lágrimas amargamente con ojos vidriosos.

El marido, en un arrebato de raciocinio, comprende que puede no volver y ha condenado a su virginal esposa al yugo perpetuo de la clausura vaginal. Arthur cae en la cuenta que ella necesitará a alguien que la cuide en su definitiva ausencia. Él recuerda que tiene un amigo, un íntimo amigo, como un hermano, que no va a la guerra porque renquea o porque no es caballero o porque es muy viejo o porque no cree en de las Cruzadas (siempre ha habido insumisos) o, simplemente, porque no queda sitio en los barcos para más valerosos. Está seguro que obra bien al dejarle la llave del cinturón ferroso de la sumisa esposa a este amigo entre los amigos, a este hermano entre los hermanos, sangre de su sangre, primus inter pares de su confianza.

Pero, a escasa media hora de su partida, asombrosamente, el caballero siente tras de sí ruido de cascos de caballos y violento polvo que se alza difuminando el horizonte. El cruzado se detiene, se vuelve, seca el sudor de su frente y observa a su amigo del alma que se acerca, el paticojo se les une, el viejo decide hacer la guerra, el hombre común descubre la Santa Causa. Con una sonrisa sir Arthur desmonta de su blanco corcel (o negro, o pinto, o pardo), se quita el yelmo y abre los brazos ante su fiel amigo convertido, quien se precipita a su abrazo y le dice sin preámbulos y un poco indignado que se ha equivocado de llave.

* Ilustración de Pablo Ruiz (exprofesa para este cuento).

Primeros en reventar

Primeros en reventar

En unas jornadas, que en Australia reunió nada menos que dos mil quinientos expertos de todas dimensiones corporales y adiposas, advirtieron que "en el mundo hay más obesos que personas con hambre". Yo pensaba que estábamos locos, pero después de esta noticia creo que no tenemos remedio. O sea que el primer mundo (que englobaría a todos los que se pueden comprar un bollicao al día) está tocando límites catastróficos por los abusos de grasa, de azúcares y de edulcorantes adulterados, por sobrealimentación y hormonas irregulares...

En un diarío apócrifo, Lope de Aguirre, conquistador de El Dorado" cuenta que en sudamérica, en la selva amazónica, le sorprendieron unos mosquitos, chupadores de sangre que eran insaciables (como una amiga mía, pero eso no viene a cuento), que empezaban a succionar sin compasión a hombres y bestias, hasta adquirir un color sanguinolento y engordar y engordar hasta caer por su propio peso y explotar reventados en el piso.

* Ilustración: "Esclavo gordo" de un tal Matthius 

Más gente que entradas vendidas

Más gente que entradas vendidas

Cuando un espectáculo es institucional, cualquier acto fraudulento incide en todos y en nadie, pero cuando es un particular, o son unos particulares, los que arriesgan su dinero y su tiempo en organizar un concierto de calidad, cualquier ilegalidad puede acabar con los sueños de dichos promotores. El sábado, en el Festival Flamenco del Albaicín, según los organizadores se vendieron poco menos de mil entradas, pero en la puerta accedieron muchos más al recinto. ¿Qué paso? Que vivimos en un país de sinvergüenzas. Que con la venta anticipada, algún listo, se anticipó también un sustancioso pellizco. Con el fácil acceso a las nuevas tecnologías, se falsificaron un puñado de localidades que fueron distribuidas como buenas. Habrá que tomar medidas para próximos eventos. Curiosamente, Parrita, cabeza de cartel, actuaba en primer lugar. Con sus grandes baladas gitanas, su presencia en el escenario rozó la media noche. Cantó gran parte de sus éxitos, Contando las horas, Y no pasa nada, Quitaba el sentío… haciendo las delicias de sus seguidores que, viendo como coreaban sus canciones y como lo ovacionaban, superaría al 75 por ciento del aforo reunido. Pedro Sierra, previendo que actuaba en un festival flamenco, no se limitó a su rumba catalana habitual, sino que también apuntó soleá y bulerías, y fue valiente en los fandangos. Para terminar, cedió el micrófono a su ahijada Tati Román, artista local, que sigue su estela.

Como broche de un festival, que acabaría pasadas las tres de la mañana, el personalísimo Guadiana fue generoso en la soleá y en las bulerías, con aires extremeños, con las que puso el punto hasta el próximo año. Fue un gran final de fiestas al que sólo llegó la tercera parte de los asistentes. Los que no se rindieron por las altas horas, abandonaban por las bajas temperaturas.

Antes de Guadiana actuó Montse Cortés, una de las voces más apreciadas del flamenco actual, con ecos y desgarros asombrosos. La cantaora catalana, con Dani Méndez a la guitarra, hizo soleá, tangos y bulerías. Miguel el Rubio, arropado por Camarón de Pitita, haría tarantos, soleá, bulerías y los fandangos personales que llevan el sello de su padre. Anteriormente, para abrir la segunda parte, después del tronío de Parrita, el onubense Jesús Corbacho y las granadinas Estrella y Macarena rejuvenecieron la noche con su cante ortodoxo y 'arcangeliano' el primero y sus propuestas eléctricas las segundas.

Para ilustrar la velada con el color de sus volantes, tuvimos una buena muestra del baile sacromontano de raíz, con la veterana y temperamental Isa Vega y la jovencísima Silvia Heredia que se fue por bulerías.

 * FOTO: La cantaora catalana Montse Cortés

Huellas de amor eterno

Huellas de amor eterno

Ayer, como ya anuncié, estuve en la presentación del cuaderno de "Movilidad y ecología ciudadana". Un acto entrañable lleno de lecturas, música y cine, dando a entender que la ecología debe partir de la cultura. Me recuerda a Mao Zedong (ese exterminador tan visionario como orate) cuando entendía como mérito en la defensa nacional en que sus oficiales fueran músicos, bailarines, artistas circenses... pues decía: "Un ejército sin cultura es un ejército estúpido y un ejército estúpido no puede ganar guerras".

En este cuaderno, incluyo un cuentecito ecológico (of course) que, con el título de "Huellas de amor eterno" reproduzco a continuación:

 

Un joven abeto y una bella encina pasean por la Gran Vía en hora punta cogiditos muy juntos de las ramas. Huelga decir que están rematadamente enamorados.
Al tiempo, con un calor intermedio, se tumban bajo la tersa pierna de una chica de pelo alborotado.
El joven e impulsivo abeto, en un arrebato de salvaje amor, extrae de las oquedades de su corteza una navaja suiza, enviada directamente desde los Alpes por sus frondosos paisanos, y deja constancia de su inmutable amor en la pantorrilla anónima del insensible bosque humano.

Vindicación del plagio

Hace unos días me pronuncié en este mismo foro por una suerte de extensión artistica que es la copia, el plagio, o, más acertadamente, la recreación. No quiero decir que esté a favor de que se fusilen los cuadros, los textos o las ideas. Simplemente pienso que si no llega a ser por las copias romanas de gran parte de la escultura griega, ésta no se conocería. Si no llega a ser por los copistas árabes o la laborr de los monasterios medievales, la mayor parte del pensamiento antiguo se habría perdido.

Así, quiero inaugurar una sección dentro del blog, que no sé lo que dará de sí, en la que recrearé algunos cuentos que me han impresionado, que me han contado y los recuerdo muy difusos o he leido y se han precipitado al abismo del olvido. Son pequeños textos que he adaptado del original por imposibilidad de materializar ese cuento matriz, bien porque se me ha perdido, bien porque en realidad no existe.

Dentro de unos días, plasmaré el primero de estos perdonables "plagios" que comenzaba simplemente manifestando esta "vindicación del plagio":

Puede que fuera Sciacia, el siciliano Leonardo, quien dijera que a partir de los sesenta, toda tu vida anterior se vislumbra romántica. Yo, en cambio, no me esperaría a las puertas de la vejez para apoyar tal afirmación. A veces se confunde la realidad con la fantasía, y lo que cuentan, lo que se ve, lo leído o soñado, se introduce y se funde con algunas de las reminiscencias más ambiguas. Así, los recuerdos, al tiempo, no son más que una gavilla de buenos momentos y desafíos vitales encantadores.

Me adhiero y aplaudo la literatura oral, la cultura del núcleo familiar, historias de los antepasados, contadas tradicionalmente de padres a hijos durante generaciones.

En la Plaza de Jemma el Fna en Marraquech ─y me imagino que en todos los pueblos y lugares que laten en el mundo─ se pueden ver sin extrañeza contadores de cuentos, recitadores del Corán, cantores populares, narradores de su propia vida, vendedores de ensalmos, dichos, juramentos y demás palabrería.

Cuando comenzó la escritura, no cercenó el recuerdo de la palabra, los mitos, las canciones, las sagas o las tradiciones familiares, sino que le dio un soporte para que pasara íntegro y original a los hijos venideros. Aun escritos y registrados, son susceptibles de ser aprendidos y contados, trasmitidos a otros que a su vez se los contarían a otros, quienes los relatarían a los de más allá que, quizá, los escribieran con sus modificaciones. Lo cual, de ninguna manera entraría dentro del plagio, acaso del plagio genial. No sería creación absoluta, sino recreación, que no deja de ser original, enriquecedor y auténtico.

¡Chapeau por las correcciones, las ampliaciones, las acepciones, las versiones, las interpretaciones, las notas marginales, las continuaciones, las redundancias, las antologías, los estudios, los pleonasmos, las explicaciones, los comentarios, los doblajes y las demás formas de recreación de lo que ya ha sido creado!

De esta manera, me atrevo a comenzar algún relato que posiblemente ya esté relatado, que quizás esté empezando en otra época o en otro lugar, igual o distinto, pero siempre diferente. Narraciones que se asemejan y que un día u otro rivalizarán, se complementarán u ocuparán el mismo anaquel en esa librería universal que soñara Borges, en la Biblioteca de Babel.

Acordes de flamenco

Acordes de flamenco

Si os encontráis en Sevilla o alrededores, hoy (martes 12), se presenta la revista "Acordes de Flamenco", en el Museo de Baile Flamenco de Cristina Hoyos (Manuel Rojas Marcos, 3), a las 20.00 horas, con un reportaje que hice sobre este museo y una entrevista a su Directora Artística.

Granada sostenible

A la derecha de este blog, algo abajo, he puesto algunos enlaces a otros blogs y páginas de internet en las que suelo bucear. Mi intención es hablar de todas y cada uno de estos links (no son muchos) y, si es posible, tratar de ellas coincidiendo con algún acontecimiento extraordinario. Este es el caso de la revista de ecología ciudadana "Granada Sostenible" (www.granadasostenible.org), que, con la Asociación "Granada al Pedal", mañana miércoles, 13 de septiembre, a las 19'00 horas, en el Palacio de los Condes de Gabia (C/ Varela, Granada), presentan el número cero de "Cuadernos de movilidad y ecología ciudadana", en el cual se inserta un hipercuento de mi cosecha.

Desde hace varios meses, la Asociación Granada al Pedal vienen publicando esta revista digital sobre ecología ciudadana con el objetivo de incidir en "un cambio cultural para la movilidad sostenible".

Muy en la tierra, sus propuestas son legítimas y totalmente factibles. Ellos se han pronunciado por ejemplo por el proyecto de metro en granada, la tala indiscriminada de olmos en la Avda. Constitución o sobre la realidad de las banderas de calidad en nuestras playas.

Es imprescindible echarle un vistazo y una manecilla cuando podamos, pues como decía ese proverbio masai: "La tierra no es un regalo de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos".

Os espero mañana.

Hipersensibilidades

Hipersensibilidades

Entre los muchos proyectos que se han quedado enredados en las entretelas de mi olvido, en el inconmensurable tintero de las ganas, está ese héroe de cómic, un superhéroe que llegó tarde al reparto de los superpoderes y fue de los últimos en elegir. Ya habían pasado Superman y Batman, el Hombre de Hielo y la Mujer Pantera (incluso hasta el hombre orquesta). Ante la oferta tan peregrina de especialidades que quedaban vacantes, nuestro personaje decidió hacer mutis a la francesa, pero con buenas palabras y con un garrote como de rey de bastos, lo conminaron a regresar al sorteo de habilidades (el juego es el juego).

Más que elegir su especialidad, como era su deseo, ésta le fue impuesta, al igual que el castigo de una divinidad clásica. Y, desde ese momento, el hombrecito rezagado quedó convertido ipso facto en el "Hombre Imán". Por la calle se le iba pegando todo objeto metálico que se hallaba por sus alrededores.

Cierto día, se enganchó a una señora gorda que había comido lentejas (pues estas legumbres tienen mucho hierro). La dama, ligeramente contrariada por el impulsivo abordaje, la emprendió a paraguazos con el pobre "Imán", como se llegó a conocer (pues "Imán Man" sería una redundancia o una extraña tartamudez cacofónica).

Desesperado por su fortuna anversa, decidió abandonar este mundo arrojándose por el puente de Brooklyn pero se quedó sin remedio pegado a su baranda...

Hasta aquí más o menos llegaron las desventuras de este alter ego, que quise llevar a las tiras de las historietas, antes de que la idea se diluyera como muchos otros sueños. Al menos fue divertido.

Pero verdaderamente de los poderes que quería hablar son más reales. Sé de un crítico de música clásica que puede advertir tras una hora de concierto que el cuarto violín ha sonado una octava más alta en tal pasaje. Mercedes (conocida por Búha) es enóloga de profesión y sabe sacarle al vino regustos extraordinarios entre madera, cereza y vainilla. Rosa trabaja en una industria perfumera y, si no me equivoco, es capaz de detectar más de trescientos olores diferentes (quizá exagero). Me recuerda, salvando mil distancias, al afamado perfumista Jean-Baptiste Grenouille, protagonista de "El Perfume" de Patrick Süskind que, entre otras cosas, recordaba su nacimiento.

Granada acogió recientemente el "XVII Congreso de la Sociedad Europea de Quimiorrecepción (ECRO)", una reunión científica internacional que se celebra de forma bienal desde 1974 y congrega a especialistas mundiales en gusto, olfato y sentidos químicos en general. Allí estuvo Cyrano y el hombre pegado a su nariz de Quevedo. O sea, las narices privilgiadas. Y las orejas. Y los paladares. Y los cerebros...

Super heroicidades o prodigios. Dones de la naturaleza, gracias del destino. Sentidos privilegiados, superpoderes terrenales. Un oído superfino, un vista de lince, un olfato hipersensible, un gusto exquisito, buen tacto (sobre todo mucho tacto), un cerebro privilegiado.

Los que estamos limitados no dejamos de admirar esas habilidades de nacimiento y miramos con cierta envidia a quien baila con nosotros, por ejemplo, y nos susurra al oído Aqua Fresca de Adolfo Dominguez.