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La última noche bajo la luna

La última noche bajo la luna

Hoy  sábado finalizan las actividades del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte con el espectáculo “Los Habichuela y el Sacromonte”, con los representantes más jóvenes de una de las sagas más importantes del flamenco granadino. Situado en el Barranco de los Negros, el Centro de Interpretación ha optado por tercer año consecutivo apoyar a los flamencos de su entorno, a los artistas que han nacido, se han formado y han desarrollan su labor creativa en el barrio del Sacromonte. En su programa flamenco, que dio comienzo en la Noche de San Juan, imbricándose con el Festival de Música y Danza de Granada, hemos podido disfrutar de las tres vertientes y disciplinas de este arte, cante, guitarra y baile.

Por su escenario, al aire libre, han pasado una amplia representación de artistas del Sacromonte y de toda Granada, que abarca desde los jóvenes valores, algunos de familias tan conocidas como los Habichuela, los Morente o los Colorao, a artistas ya consagrados, como Antonio “El Colorao”, Jaime “El Parrón”, Agustín Carbonell “El Bola”, Carlos Zárate o el baile añejo de Angustias “La Mona”. También, casi siempre para la ocasión, han surgido nuevos grupos, como es el caso de “Malasjuntas” o “Savia Nueva” o espectáculos singulares, como “De Sanlúcar a Granada”.

Cada noche de este verano, en que ha habido programación flamenca sacromontana (martes o miércoles), el Centro-Museo ha reunido entre cien y doscientos espectadores que, a un precio asequible, han podido disfrutar de un espectáculo de calidad, al frescor del monte, con la luna como testigo, con unas vistas impresionantes al Barrio y a la Alhambra y saboreando una sangría o una cerveza.

La oferta se complementa con un ciclo de cine sobre flamenco. Durante el mes de agosto, con menor asistencia, aunque con un aforo considerable, se han podido contemplar las cintas de “Morente sueña la Alhambra”, de tremenda actualidad, “Por Oriente sale el sol (La Paquera en Tokio)”, sobre la jerezana recién fallecida, o “El Sacromonte y yo”, sobre la vida y el baile de Mariquilla.

Guitarra se escribe con mayúsculas

Guitarra se escribe con mayúsculas

Ningún tocaor que se precie puede obviar la figura de Manuel Cano Tamayo (1925-1990) y su insigne aportación al mundo de la guitarra. En flamenco, Granada se ha distinguido por sus guitarristas. Tanto es así que el mismo Paco de Lucía confiesa que en nuestra ciudad actúa, si no con miedo, con cierto respeto. Pues bien, el pionero de esta leyenda es Manuel Cano, Medalla de Oro de la ciudad a título póstumo, que dejó una insigne obra sobre el mundo de la guitarra.

Este año, cuando Manuel cumpliría 81 años, se publica la tercera edición su libro “La Guitarra. Historias, estudios y aportaciones al mundo flamenco” por la firma hispalense Ediciones Giralda. Una obra que vería la luz por primera vez en la granadina peña de La Platería en 1986.

Es una edición muy cuidada, de gran formato, encuadernada con hilo vegetal sobre tapa dura imitando al terciopelo y completamente renovada. Incorpora dos CD -sonido remasterizado- con un largo recorrido por los temas del flamenco de su época que el maestro compiló para la ocasión. Con ella, Manuel Cano quiso dar respuesta a todas las preguntas que se le hacían alrededor del mundo acerca de la guitarra. Además, quiso que sirviera de compendio a sus alumnos, pues fue catedrático de guitarra en Córdoba y Granada.

José Manuel Cano, hijo del compositor, ha sido el artífice de esta edición, que ha pretendido ser un homenaje al flamenco en general y al maestro Cano Tamayo y a su mujer, Emilia Robles, en particular.

El libro consta de seis capítulos que van desde un estudio interesantísimo sobre los instrumentos de cuerda, hasta la evolución de la guitarra y las primitivas escuelas más importantes en su construcción, pasando por la aportación de la guitarra a las formas y bases rítmicas del flamenco, incluyendo numerosos estudios y partituras originales.

Aunque la obra es de contenido sencillo, para todos los paladares, es verdaderamente exhaustiva y técnica en determinados momentos, lo que viene a ser más aprovechable para el guitarrista iniciado o el experto en música.

La introducción y preliminares a la obra, que desliza algunos errores tipográficos difícilmente asimilables, son un poco simples, más motivados por la nostalgia y el sentimiento que por el rigor. El cuerpo de la obra se muestra en blanco y negro, pues lógicamente procede de las primeras ediciones; pero en general la calidad de las ilustraciones deja bastante que desear.

“La guitarra” es la obra cumbre de este instrumento, que cualquier aficionado debe manejar habitualmente como libro de consulta.

* Reseña aparacida en el nº3 de la revista "Acordes de flamenco" (agosto-septiembre 2006)

Programa flamenco

El flamenco va remitiendo, se va preparando paulatinamente para un solapado otoño (la primavera de los solos). Acaban los festivales de provincia (aunque aún quedan algunos importantes), pero comienzan los de los barrios.

Ahora pondré la programación de lo que queda de mes:

Mañana jueves, 7 de septiembre, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,10), podemos ver el espectáculo “De Sanlúcar a Granada”. Al cante: Naike Ponce y Juan Dedel; baile: Lucia de Miguel; toque: Rubén Campos; compás: Charo López (10 euros)

El sábado 9 hay doblete. En el mismo Centro de Interpretación, a la misma hora (22,10) y al mismo precio (10 euros), será el último día para disfrutar del fresquito de este entorno privilegiado, en el que veremos “Los Habichuela y el Sacromonte”. Al cante: Pepe Luis Carmona Habichuela; baile: Benjamín Santiago; toque: Juan Habichuela “Nieto”; Compás: José Antonio Carmona (Sabor y herencia donde los haya)

El mismo sábado a partir de las 22'00 dará comienzo el Festival del Zaidín, con el lujo de José de la Tomasa y Tina Pavón, al cante, entre otros, y a la guitarra Miguel Ochando y alguno más. (Entrada gratuita).

El miércoles 13 está el añejo Festival Flamenco Plaza de Toros (no sé aún el programa)

El sábado 16 otra cita mítica: el Festival Flamenco Albayzín con Parita, Montse Cortés, Guadiana y Miguel el rubio, entre otros.

El jueves 21, volvemos al barrio alto de Granada para asistir por segundo año (después de una fría escisión) al Festival Flamenco Bajo-Albayzín con Manolete y la Zambra de Curro Albayzín, entre otros.

El viernes 22 tendrá lugar el XIX FESTIVAL FLAMENCO DE HUÉTOR VEGA (Jardines Municipales de “Huerta Cercada”) (22,00) - Al cante: Diego Clavel, Manuela Laíno, María José Pérez, Juan Pinilla. Al baile: Silvia Lozano y su grupo. A las guitarras: Ramón Del Paso, Luis Mariano, Isidoro Pérez.

Para terminar el mes, el sábado 30, otro nuevo doblete, con el Festival Flamenco “Ciudad de Órgiva” y el Festival Flamenco “Encuentro con la Danza” de Armilla

Si me llegan nuevos datos, los iré publicando. Octubre será un mes más tranquilo en cuanto a flamenco, con protagonismo de las Peñas. Ya hablaremos.

 

 

Plagios y otras indecencias

De un libro que me he leído este verano (La Montaña del Alma de Gao Xingjian, único premio Nobel chino, en el año 2000) extraigo este diálogo que trata sobre la profundidad de Gong Xian (pintor chino que vivió hacia 1660-1700):

¿Puedes certificar que esa pintura es suya?

¿Importa eso realmente? Si piensas que es suya, suya es.

¿Y si no?

Entonces no es suya.

También me encuentro en la revista Historia de National Geographic que han hallado en Cádiz (en un solar de la calle Sagasta) una lucerna del siglo II con información de su fabricante: Emite lucernas colatas ab assene (es decir: "Compra lucernas labradas por Asenio"). Lo importante no es el objeto, pues de esta lámpara de aceite de iluminación casera han aparecido miles en todo el ámbito mediterráneo, sino el autor de ese objeto, el personaje que fue capaz de darse a conocer mediante sus creaciones.

El arte y la literatura están llenos de anónimos. Cuanto más nos adentremos en el tiempo, la mano del artista será más desconocida, las autorías no son relevantes, se van difuminando en la masa, en la artesanía popular.

La firma es tan importante ahora que a veces es lo único que adquirimos, lo que apreciamos, lo que encarece un producto o, en cambio, es lo único que tiene valor. Pérez Reverte decía que si él firmara las páginas amarillas, se venderían como un bet seller. A veces un verso justifica un poema y éste un libro, que es el que justifica toda una obra, y ésta al poeta y así su firma.

Se duda de que Shakespeare escribiera sus obras. A Cervantes le salieron plagiadores y hubo un tal Avellaneda que escribió una segunda parte de El Quijote antes de que lo él lo hiciera. Homero, según algunas teorías, fue un nombre genérico que agrupaba a los 'homéridas', que eran cantores generalmente ciegos que se ganaban la vida recitando las aventuras y mitos populares de los dioses y los héroes helenos.

Hay artistas que han tenido taller y han confeccionado obras en grupo o incluso han firmado lo que pintaban sus aprendices. Dalí firmaba lienzos en blanco y se los pasaba a sus alumnos. Alberti retocaba por encima los cuadros que se iban descolorando, regalados por su amigo Picasso.

Cuando escribir era cosa de hombres, había mujeres con seudónimo masculino (Cecilia Böhl de Faber alias Fernán Caballero) o maridos que firmaban por sus esposas.

De siempre ha habido suplantaciones, copias, plagios, remedos, imitaciones, falsificaciones... hasta el punto que la perfección de estas nuevas obras adquieren un valor en sí mismo o suplantan los originales cuando, por ejemplo éstos han desaparecido.

Me enorgullezco de haber sido plagiado varias veces, de haber sido copiado e imitado. El plagio (aparte de ser una putada para el que lo sufre) es un acontecimiento que puede hacernos harto felices. No por la recompensa económica que podemos obtener en un juicio defendiendo nuestra autoría, sino por el hecho de que nuestra obra, y por ende nosotros mismos, nos hallamos a tal altura que merece la pena hurtarnos un poquito de gloria.

Una vez, hace más de veinticinco años, asistí a un recital de poesía. El presentador, que era nada menos que Concejal de Cultura y se llamaba Fernando (se seguirá llamando, creo) dedicó un texto emotivo al protagonista de la noche, en el que venía a decir que todos somos poetas. No sólo comulgaba con la idea, sino que la cita que leyó al principio me resultaba familiar y el texto en general lo identifiqué como mío.

Al tiempo reconoció su descarada suplantación, pidió perdón con la boca chica y aludió a su falta de inspiración. Yo acepté las disculpas y le propuse que, si las ninfas se habían apartado de su camino, yo le podría escribir un poemita mensual.

El Festival de Ogíjares aún no toca fondo

El Festival de Ogíjares aún no toca fondo

A las cuatro de la mañana seguía actuando Luis de Córdoba. Alguna vez lo he denunciado: el formato de estos macrofestivales cada vez tiene menos sentido. A la hora en que se anunció el fin de fiestas, con suerte, la mitad de los espectadores no habían desaparecido. Y el que acude atraído por las primeras figuras, que lógicamente actúan al final, se queda con las ganas y con una entrada para enmarcar.

Por otra parte, este Festival va decayendo en calidad, aunque aún no toca fondo. La cabecera de cartel, sin desmerecer a nadie, no son artistas que hoy en día ocupen las primeras filas. Con todo y con eso, flamenco hubo y buen flamenco. Luis de Córdoba, con menos facultades de las acostumbradas, dio un concierto a medida de su público. Arropado por Manuel Silveria, admirado e imitado guitarrista, anunció seguiriyas, que fueron livianas en su comienzo. Continuó por alegrías y cantiñas, para pasar a unas peteneras con mucho gusto que, sin embargo, por su mal ramo tradicional, levantó a más de un supersticioso de su asiento. Después hizo unos tientos, la mejor de sus propuestas y unos fandangos, antes de pasar a los tangos finales, que los dedicó a José Fernández, el cantaor que abrió lo noche y sigue su estela. A petición de sus incondicionales, acabó con su éxito Agua fresca que fue bien recibido y coreado.

Como segundo de a bordo figuraba Pansequito que, por su peso específico y los resultados de la velada, justo hubiera sido que ocupara el primer lugar. Con un inmejorable Niño de Pura a la guitarra, se templó por alegrías, como buen gaditano, para exponer seguidamente su magisterio en una soleá. José Cortés Pansequito está en buenas facultades, imponiendo esa manera tan particular de decir los cantes y ligar los tercios. Después se fue por levante. Hizo bulerías y unos exquisitos fandangos que sonaron mejor cuando se apartó del micrófono.

Abriendo esta primera parte y cerrando la primera, tuvimos el colorido del baile de Eva Esquivel y su grupo, un buen grupo que marcaba sin fisuras su fría actuación. El baile es algo que también se pierde en los grandes espacios cuando la gente pulula sin parar, cuando el tablao no suena bien, cuando la distancia difumina las formas… Eva trasmitió poco en la soleá por bulerías y en las seguiriyas con las que comenzó su pase, a pesar de entreverle imitaciones de alguna de sus compañeras de baile.

La primera parte, aunque siempre para abrir boca, estuvo más que correcta. Abrió José Fernández que, con su voz laína y su buen gusto, fue muy chaconiano en sus granaínas y en sus caracoles. También haría fandangos y tangos muy aplaudidos. Fernando Rodríguez, cantaor muy morentiano, haría soleá, malagueñas, que recordaban al maestro Caracol, seguiriyas y fandangos.

La jienense Gema Jiménez levantó a los asistentes de sus asientos desde su primera copla por milongas. El bonito timbre de su voz se impuso en los caracoles y en la granaína. Fue como un homenaje a la tierra donde pisaba. Dádiva que continuó con tangos de Granada, en los que se acordó de La Repompa y de Estrella Morente. La ganadora de la Lámpara Minera del pasado año terminó su actuación con los socorridos fandangos festivaleros.

* NOTA: el de la foto es Pansequito (archivo de internet) 

Guardacostas

Cuando yo era joven, durante los meses de verano en la ciudad, acudía con algunos amigos (muchos) a una piscina privada. Era la piscina de Los Mondragones, un club social para oficiales del ejército. Entre el grupo de amigos, había varios hijos de militares que, gracias a ellos, pasábamos todos por hijos de condecorados. (A veces, ninguno de los que íbamos a aquellos jardines era del gremio, pero a fuerza de vernos, entrábamos como usuarios legalmente reconocidos.)

Había allí en la piscina algunos vigilantes que nos pedían de vez en cuando el carnet o nos llamaban la atención o nos echaban directamente cuando nuestros juegos no eran del agrado de los hijos más inmediatos de la patria o cuando cantábamos canciones subidas de tono. A esos vigilantes los llamamos 'guardacostas' en plan irónico, pues parecían guardias del litoral. Y, el cachondeo se armaba cuando alguien avistaba la gorra oscura y gritaba: "que viene el guardacostas".

A raíz de aquello, llamo 'guardacostas' a cualquier encargado, vigilante o portero que se cree con un poder superior, cabeza de ratón por unas horas. Gente (como los jueces) arrogante con los humildes y humilde con los arrogantes.

Anoche, por tercer año consecutivo, estuve, como periodista, en el XXVII Festival Flamenco de Los Oíjares (mañana sacaré la crítica) y por tercer año consecutivo tuve problemas para entrar a pesar de identificarme. Un grupo de guardacostas se pasaban mi carnet de prensa de uno a otro escrutándolo y mirándome de soslayo me preguntaban si no tenía algo más (yo pensaba que si tuviera entrada no me haría falta 'pelear' en la de esa forma y pasaría de todos aquellos liliputienses). Al final siempre me dejan pasar pero me vigilan de cerca. Parece que me hacen un gran favor dejándome que le dé cobertura y publicidad gratuita a su pueblo y a su festival. Me encuentro con Juan Pinilla, crítico de otro periódico (La Opinión), que le pasó un tanto de lo mismo.

El mundo está lamentablemente lleno de guardacostas, de catetos y de bodoques. También de rastacueros, pero eso es otra historia. 

El tiempo no se detiene

El tiempo no se detiene

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Eso es lo que parece dar a entender Israel Galván en este nuevo espectáculo. “La edad de oro”, al igual que el título homónimo de Luis Buñuel en el que retrata brutalmente a la burguesía, expone una espiral que parte de ese supuesto tiempo mítico, pasando por las propuestas actuales y desembocando en un futuro aún no previsible. La parquedad del bailaor sevillano le lleva a acompañarse tan sólo de la inmensa desnudez de un cantaor y de una guitarra que complementan el simbolismo de toda la obra. Fernando Terremoto, fiel reflejo del cante de los años cincuenta y sesenta, dice los cantes como podría decirlos su mismo padre, Terremoto de Jerez, Sordera, Tía Anica la Piriñaca o Agujetas el Viejo. Desde su comienzo por tonás hasta su final por bulerías o su fandango a pleno pulmón, hace alarde de su torrente de voz, que justifica generosamente su sobrenombre. Alfredo Lagos, más libre, con su guitarra suelta, es una volaera que gira según sople el viento, sin ajustarse a ningún canon. La excelencia de su toque se refleja en cada uno de sus solos, de sus arpegios, de sus silencios, que van y vienen inmersos en la continua rueca del tiempo. Destacamos la seguiriya, la soleá, las alegrías… como cenit de ese devenir. Israel Galván, por su parte, va hilvanando esa espiral, concretando esa propuesta espacio-temporal que, como el oleaje de las mareas, viene y va y siempre es el mismo y siempre es cambiante.

Toda la obra son latidos, son impulsos, rellenos de silencios y de arrebatos para dejarse morir de nuevo en su misma quietud. Así las piezas son breves, que decrecen, se congelan para saltar de nuevo. Son chispazos líricos, son como los fotogramas de las películas de época, es como la lluvia de estrellas. Israel, influenciado por el bailaor y pintor Vicente Escudero, se levanta y se rompe, adopta posturas imposibles y roza lo sublime. Se acuerda de sus mayores, recuerda la fiesta y expone su verdad. Los brazos escapan de su cuerpo, sus pies temen abandonar la ortodoxia, su cuerpo se crece y se dobla como si fuera un hombre de goma. Sus movimientos encierran la feminidad y la hombría necesarias para llevar a pensar en un futuro también ambiguo. Los remates de sus apariciones, la propuesta final a cada una de sus piezas de danza, son posturas, a veces forzadas, a veces hilarantes, que recuerdan los cuadros de Escudero. “Tú que puedes”, es una de las voces que se oyó del patio de butacas.

“La edad de oro” en fin es el diálogo permanente entre el pasado que se aferra y el futuro que viene a empellones. Galván dialoga como un orate con esa tradición, escucha a la nada y propone su salto al vacío sin red que amortigüe su arte sin par.

El preciosismo de Rocío Molina

El preciosismo de Rocío Molina

No cabe duda que el baile flamenco está cambiando. No es que se separe de la ortodoxia y del canon prefijado desde que una soleá levantara a una flamenca de su asiento y le llevara a alzar las manos. Es más bien la evolución lógica de este arte. Es la consecución necesaria para que el flamenco siga vivo y no sea una pieza intocable de museo. Al igual que el vino ya no es “lo que da la tierra”, sino que precisa una elaboración, el arte flamenco debe dejar de ser exclusivamente “lo que da la tierra” y debe convertirse en una disciplina de trabajo y estudio, de conocimiento y verdad, para que no nos sigan dando “flamenco de garrafón”.

En esta línea apuntada, por suerte, un nutrido grupo de artistas jóvenes han arrimado el hombro y nos ofrecen un baile más reposado, más simbólico e intelectual. Como decía Mario Maya, el baile no debe ser fuerza bruta. El baile flamenco no es puro arrebato. Debe de salir de dentro, pero expandirse como el aceite y comulgar con la realidad, saber de la existencia de otras artes y beber de todas las fuentes a su alcance.

Rocío Molina, nacida en Málaga en 1984 (obligado es hacer referencia a su juventud) encaja en el perfil de la nueva bailaora, convirtiéndose en intérprete y modelo, en tranquilo manantial y en río que se desborda. Su baile es un verdadero deleite, pañuelo de encaje, figura de Sèvres. Es eternamente femenina, de elegante braceo y exactitud en los pies. Se refleja en el pasado para, con conocimiento, alzar la cabeza y mirar al porvenir.

Su actuación toda es un cuento en forma de romance, donde ella es la princesa, el hada y el dragón. Érase una vez, en un lugar cercano, unas tonás en compás de seguiriyas que la bella bailaba como los ángeles y a los espectadores se les cortaba el aliento. Con una elegante bata de cola negra y una trenza oriental que despejaba su blanca cara de porcelana fina, Rocío tensa todo el cuerpo y gira sobre sí misma, haciendo bailar cada músculo de su ser. El romance continúa después de la primera entrega de Antonio Campos en forma de granaína. Antonio es un cantaor festero que, como Camarón, en vez de adaptarse al cante, adapta el cante a su persona. Así, aligera la media granadina filtrándola con fandangos de Frasquito, con ritmo de tangos. Más tarde hará soleá por bulerías, una gran muestra de vocación y poderío. La segunda entrega de la bailaora malagueña, como digo, es un romance por bulerías, en la que encierra algunos compases del popular “¡Anda jaleo!”. Es su pieza más simbólica y arriesgada. Con una vestimenta de camisa blanca, pantalón a media pierna y pañuelo al cinto, se asemeja al pescador típico de su tierra. Es un baile muy marinero, con sabor a espuma fresca y a sal. Es largamente aplaudida en sus silencios, con lo que se ve obligada a continuar su trabajo, pareciendo así que bailara los aplausos.

Continúa el cuento con unas alegrías exquisitas donde, sorprendentemente, la única critica que se le podría achacar a Rocío Molina, que es la falta de expresividad en el rostro, la supera con creces y deja relucir sus emociones y la sonrisa necesaria para este baile de fiesta.

Como fin de actos, termina el cuento como empezó, con un martinete en forma de bis semi improvisado, cerrando así un espectáculo redondo. Convenciéndonos, no sólo de que es una de las bailaoras del momento, sino que se encuentra en el buen camino.

Elena Camacho gana la “Volaera Flamenca” de Loja y Alberto Sánchez se alza con el premio especial a la mejor granaína y media granaína

Desde hace treinta y cinco años se viene celebrando en la localidad de Loja el prestigioso concurso de cante jondo la “Volaera Flamenca”, organizada por la Peña Flamenca Alcazaba, con el fin de promover y fomentar el cante flamenco y contribuir al descubrimiento y lanzamiento de nuevas figuras, configurándose así en el primer concurso de la provincia y posiblemente de Andalucía. Ganadores de la Volaera de Plata han sido cantaores tan reconocidos como el Perro de Paterna, Luis de Córdoba o Julián Estrada o los granadinos Antonio Cuevas “El Piki”, Luis Heredia “El Polaco” o el Nene de Santa Fe. Este último sería el ganador de 1998; desde entonces ningún artista local ha ostentado este galardón.

El último sábado de agosto, coincidiendo con la Feria Grande de Loja, tras bastantes audiciones y eliminatorias, que han tenido lugar desde el mes de mayo, la onubense de Bollillos Par del Condado, Elena Camacho Pérez se alzó con la “Volaera Flamenca” de Loja de este año, rebasando a más de sesenta cantaores que se presentaron a concurso. En segundo lugar, no obstante el favorito del público y de un servidor, fue el jerezano Alberto Sánchez Sánchez, que también se le concedió el “Premio Especial a la Mejor Granaína y Media Granaína”, dedicado a Frasquito Yerbabuena desde 1978. Su quejío fue el más flamenco y su entrega y finura hilvanando los cantes lo hicieron merecedor de un premio que inexplicablemente se le fue de las manos. Antonio Ortega Sánchez, de Mairena del Alcor, y Antonio José Nieto, de Lucena, ocuparon respectivamente el tercer y cuarto puesto.

Con unas letras del “Poema del Cante Grande” de Federico García Lorca dio comienzo la final de la trigésimo quinta edición de este premio dedicado a la memoria de la recién fallecida Fernanda de Utrera, para la que todos los finalistas tuvieron sentidas palabras y especiales recuerdos. Si la bulería murió con la Paquera de Jerez, la soleá ha desaparecido con Fernanda.

El concurso obligaba a escoger entre tres riquísimos grupos de cantes, pero todos los prticipantes se inclinaron por los mismos. O sea, todos hicieron alegrías, malagueñas y seguiriyas. Tan sólo los dos antonios cambiaron este último cante por tonás y soleá.

Elena, la triunfadora de la noche, estuvo corta y destemplada en las malagueñas, algo más acertada en las alegrías y seguiriyas. Su inmadurez manifiesta estuvo paliada por una voz muy flamenca.

Alberto, un delicioso segundo premio, justificadísimo si el primero hubiera quedado desierto, fue un cantaor con pellizco, que nos recordó al gaditano Aurelio Sellés, maestro en la distancia de Enrique Morente.

Antonio Ortega tiene un gusto antiguo muy reconocido al decir los cantes, recorta los tercios y mece la copla de forma agradable. Antonio José Nieto fue grande en las tonás, que encerraban martinetes y deblas, y correcto en la malagueña; sin embargo sus alegrías sonaron a cantiñas, algo a tener en cuenta por un jurado riguroso.

Carlos Zárate fue el tocaor de excepción de toda la velada. Él recogió la mayor parte de los oles que sonaron en una muestra en general de poco nivel.

Programa flamenco

Una paradita en mi descanso estival me permite comentaros lo que queda de flamenco en el mes de agosto y el prrimer apunte de septiembre. Seré breve:

 

Para hoy sábado, dos grandes festivales: “La Volaera Flamenca” de Loja (final del XXXV Concurso de flamenco joven). O, si estamos por la costa, el festival de Bailes y cantes autóctonos de Albondón.

El martes 29, bailaba Patricia Guerrero en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), pero ha habido un cambio y no sé quién la sustituye.

El miércoles 30, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), será un placer volver a coincidir con el baile cuasiperfecto de la malagueña Rocío Molina. O, si deseamos algo más tranquilo, el mismo día podremos ver en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00), en su Ciclo Cine Flamenco: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y TANTO TIEMPO (MADRID-PARIS) EL CAMINO DEL FLAMENCO” (por sólo 3 euros).

El jueves 31, otro día grande, disfrutaremos con el número uno en el Corral del Carbón: el baile arriesgado de Israel Galván.

El sábado 2, ya en septiembre, podremos ir a uno de los festivales más prestigiosos de la provincia de Granada: el XXVII Festival de Cante Flamenco de Los Ogíjares.

Ya vuelvo. 

 

El festival más longevo

XXXVII Festival Flamenco "Lucero del Alba" de Salobreña

El Lucero del Alba, con sus 37 ediciones, es el festival decano de la provincia de Granada. Sus múltiples escenarios han visto desfilar los artistas de primer orden de la escena nacional, desde El Chocolate a José Menese, Carmen Linares, Paco de Lucía o Chano Lobato. Este año, en el inmejorable marco de la Casa Roja de Salobreña, acude como cabeza de cartel uno de nuestros artistas más carismáticos, el cante académico de Calixto Sánchez, precedido por Julián Estrada, los hermanos Fajardo y el grupo de baile de Silvia Lozano.

El maestro de Mairena del Alcor culminará el Festival cubriendo con creces las expectativas de un auditorio entendido. Calixto se templaría con unas tonás, para continuar con granaínas, a petición de los organizadores de este evento, la Peña Flamenca La Trilla. Desde los primeros tanteos, este largo cantaor destaca por la selección de sus letras, nada ortodoxas y llenas de mensaje. Muestra de ello, apreciamos en su tercera entrega, un poema de Machado por la pérdida de su amada Leonor, en forma de milongas. Muy aplaudidas son también son seguiriyas, ese sentimiento trágico y desgarrado. Y, después de la pena, vienen unas alegrías que se acercan más por su contenido a la guasa de los fandanguillos que a las cantiñas. Canta también unos fandangos naturales y finaliza con unas preciosas bulerías que remata con una habanera del inmortal Carlos Cano.

La guitarra de Manolo Franco es precisa y respetuosa. Su experiencia y la finura de sus formas, hacen de él la perfecta pareja para cualquier cantaor. Anteriormente, también acompañaría al cordobés Julián Estrada que, con su potencia y los altibajos de su voz, impone su presencia y su larga proyección. Comenzará por malagueñas y abandonaos, a los que seguirá una soloeá, unas alegrías, unas milongas y unos fandangos valientes.

Los Hermanos Fajardo, José a la guitarra y Julio con su voz, ponen el tinte local en un festival de lujo. Con su cante antiguo y su tono agudo, abordan los palos con sentimiento pero algo acelerados en su plenitud. Rápidamente, abrirán con malagueñas, que hilvanan con tientos-tangos, farruca, alegrías y fandangos.

Con una pincelada por alegrías al comienzo y otra por soleá por bulerías antes de la actuación de Calixto Sánchez, el grupo de baile de Silvia Lozano, llena el espacio de luz, con profesionalidad y buen gusto. No en vano, Silvia, oriunda de Huétor Tájar, se destaca entre las bailaoras granadinas más prometedoras del momento.

Entre Víznar y Alfacar

Entre Víznar y Alfacar

Desde el año 1972, desde los últimos años de vida de Franco, se viene celebrando un homenaje popular a la figura de nuestro poeta más universal en el barranco donde se cree que está enterrado hace ya 70 años. La madrugada del 18 al 19 de agosto en el Barranco de Víznar, en el Camino de Fuente Grande, paraje en el que se encuentran Los Pozos, lugar de masivos fusilamientos de la Guerra Civil Española, se reúnen un grupo de gitanos, intelectuales y artistas (calificativos no excluyentes), encabezados por Curro Albayzín (promotor de la idea) para mantener viva la memoria de Federico García Lorca y sus ideales libertarios. Con pasmosa fidelidad y respeto, entre velas y silencio, se depositan en la misma tumba mariposas y ramas de nardos y a su alrededor se recitan poemas con trasfondo de guitarra y se cantan soleares y bulerías, fandanguillos y tientos. Se interpreta el flamenco al que Federico, quizá sin querer, le puso letra. Nunca falta quien se arranca a bailar.

Se trata, sin duda, de uno de los actos más íntimos y emotivos que se puedan dar en el flamenco. Sin publicidad ninguna, tan sólo el boca a boca, sin escenarios y sin focos, sin micrófonos ni florituras, los gitanos del Sacromonte, el pueblo de Víznar, encabezado por sus políticos, los artistas allí presentes y el público en general, aguantando un frío de justicia, aplacado con aguardiente y salaíllas esperan la madrugada que los ve alejarse en silencio y contención, como llegaron.

Víznar, rumbo al norte

Víznar, rumbo al norte

Coincidiendo con la Festividad del Rosario de la Aurora y con el aniversario del nefasto asesinato de Federico en sus montes, el pueblo de Víznar celebra su semana cultural con multitud de actos y conciertos. Entre estos, el día 18 (coincidiendo con la noche exacta del fusilamiento), se programa su Festival Flamenco que, con pocos medios, se ha constituido en una cita imprescindible en el calendario flamenco veraniego. Hay que destacar, por otra parte, su perfecta organización y su absoluta gratuidad.

Todos los artistas en uno u otro momento se acuerdan del poeta, a quien tácitamente le dedican su actuación. Entre fragmentos lorquianos, Juan Pinilla abre la noche con unos cantes de trilla. Domina la escena y, tras esta temporera, dirige unas sentidas palabras al respetable en honor a García Lorca y a favor de la libertad. Juan dará muestras se su generosidad haciendo cinco cantes más. Con la guitarra exclusiva de Luis Mariano, bordará unas peteneras, se alzará con fandangos de Frasquito y dará gusto a los más exigentes con unas granaínas, donde el tocaor introduce preciosos arpegios de su cosecha. El joven cantaor de Huétor Tájar, con sus formas añejas, rematará su actuación con una farruca y unos fandangos naturales con una selección de letras harto comprometidas.

Los cantaores Manuel Heredia y Juan Ángel Tirado, dos de nuestros mejores exponentes del cante de ‘atrás’, se pasan ‘alante’ e interpretan a pie de escenario unos martinetes que dan buena prueba de su potencial. Después de las tonás, acompañados por la franqueza del guitarrista de la noche y de la caja de El Cheyenne, harán tangos. Y, para terminar, unas bulerías que ilustra el baile de raíz sacromontana de Jara Heredia. Es el toque de color, de fuerza y de belleza que precisa un festival. Jara, reponiéndose aún de un reciente esguince de tobillo, se entregó a un público totalmente convencido.

Como cabeza de cártel, Marina Heredia puso la guinda esperada en esa noche tan especial. La frialdad con que abordó la soleá, pronto quedó en el recuerdo, y sus cantes de levante, aunque con una pequeña traición de su garganta, fueron fuego y encaje. Los matices y el eco flamenco de esta cantaora son sus reconocidas señas de identidad. Resonancias que por suerte van engrandeciéndose con el tiempo. Sus malagueñas son siempre un plato destacado en su menú, que remata, como siempre, con fandangos del Albaycín. Estos fandangos de Yerbabuena, junto con los tangos con los que acaba su actuación, hacen de Marina Heredia la mejor intérprete los cantes de Granada. Lástima que la soleá de Cobitos o la del Niño de Jun no aparezcan todavía en su repertorio.

Termina la fiesta como se merece, con todos los artistas en el escenario haciendo un poquito por bulerías.

Mercedes Ruiz, la dama elegante del baile jerezano

Mercedes Ruiz, la dama elegante del baile jerezano

Mercedes Ruiz, nacida en Jerez de la frontera en 1980, empezó a bailar a los seis años. O sea, lleva veinte años pisando las tablas de un escenario. Ha viajado por medio mundo, ha estado en las compañías de Antonio El Pipa o de Eva Yerbabuena y ha compartido cartel con Belén Maya o Andrés Marín. Con estas referencias, y algún que otro premio, esta joven bailaora en el Corral granadino llevaba las de ganar. Vino, actuó y venció.

Se hizo esperar, pues, antes de abrir el espectáculo como el resto de los bailaores de la Muestra, el cuadro de atrás, como buenos jerezanos, abrieron con unas bulerías. Destaca desde los primeros compases la exactitud de la guitarra de Santiago Lara. También son reconocibles los ecos flamencos de El Londro o la finura de Palomar, aunque no terminaran de entenderse con los micrófonos.

La primera entrega de Mercedes vino por levante culminada por tangos. La elegancia y el sentimiento son señas de identidad que no abandona en ninguno de sus pasos. Alejo Carpentier decía que la revolución no se piensa, se hace. La jerezana piensa, se concentra, contiene su fuerza y su arte y se derrama, se destensa, impone la revolución de sus tacones precisos. Un ejemplo de compás, un derroche de expresión, un cuadro de sensaciones.

Cuando los aplausos dejan el aire expedito, los dos cantaores, a pie de escenario, abordan unas tonás, apuntan la debla y terminan con un sabroso pregón vendiendo “caramelos de menta”.

Como remate de la velada, los cantaores ceremoniosamente se levantan de sus aneas para hacer bulerías (tradicionalmente este palo se presta a echarse un bailecito, por eso se canta de pie). Es una soleá por bulerías donde Mercedes da el todo por el todo. Es la reina de la bulería, es la señora del baile, es la dama jerezana que, con terciopelo azul y chaquetilla torera impone su verdad como si fuera de ella no existiera nadie más.

Y de regalo, la distendida continuación por bulerías, que se lanza a bailarlas Perico Navarro, David Palomar y, cómo no, la misma Mercedes Ruiz. El soniquete es único. Jerez se ha instalado en el Corral por espacio de dos horas.

Algunas noticias

Ayer acudí, como de costumbre, a la cita de baile flamenco en el Corral del Carbón, para ver a un prometedor Rafael Campallo. Pero el recital se había suspendido a pesar de la buena noche que hacía. Me imagino que, como estuuvo diluviando al mediodía y el bailaor venía desde Sevilla, el anuncio de suspender la función estaría ya dada. Una pena.

Hoy iré a Viznar. Merece la pena el lugar, Marina Heredia y Jara Heredia, que, aunque no son familia, comparten apellido.

Mañana me voy a la playa una semanita, así que no escribiré hasta la vuelta. Pero aprovecharé para asistir, mañana sábado en Salobreña, en la Casa Roja, a las 22'30 horas, al XXXVII Festival Flamenco "Lucero del Alba” con Calixto Sánchez, Manolo Franco (guitarra), Julián Estrada, Silvia Lozano y su grupo y un Grupo de flamenco local.

Si os apetece, nos vemos en la sierra o en la costa. Adiós y adiós.

 

Almuerzo renacentista

Almuerzo renacentista

Os propongo un almuerzo. Yo pondré la fecha y propondré el menú. Ambientaré la mesa e impondré el estilo.
Os invito a una comida de gala (la ocasión lo merece). Será un banquete opíparo, no es para menos, pues compartiremos mesa y mantel con el mismísimo emperador Carlos V, el día de su coronación.
Estamos en Bolonia, en el año 1530 de Cristo. Es el día 8 de las calendas de marzo. En honor del divino Carlos, César Quinto de su nombre, rey de reyes, suprema autoridad de España, Germanía e Imperio Romano, se han congregado fastuosamente clérigos, príncipes, legados, prohombres de diversas provincias del Imperio, así como toda la nobleza italiana y una multitud de pueblos que han venido a venerar a nuestro Señor.
Espera también, en lugar destacado, el santísimo Padre Clemente VII, Sumo Pontífice de los romanos, quien dirigirá la ceremonia.
No todos están invitados al banquete imperial, sólo los principales. Tenemos suerte de encontrarnos entre ellos. No llegamos a mil.
Las mesas son largas, cubiertas con manteles blancos, en las que no falta ni un detalle. Hay hasta tenedores, ese invento italiano de dos púas que sirve para pinchar la carne de la bandeja central y llevarla a tu plato antes de comerla "elegantemente con los dedos".
Los que no han podido entrar al enorme comedor, la plebe vocinglera que asiste a la coronación, se agolpa en la plaza pública asando grasientos bueyes, a los que se le han pintado las pezuñas y los cuernos dorados. Estos bueyes están rellenos, llevan por dentro pequeños animales, tanto de clase volátil como cuadrúpeda. También comen buñuelos, tortas, bizcochos, frutas confitadas y sin confitar, castañas, nueces, avellanas, almendras... que el populacho reparte desde las puertas de sus casas para esta ocasión.
A la hora señalada, se sienta con pompa el emperador y después, según el orden prescrito, los príncipes y los demás invitados. Los meseros y sus ayudantes, sirven el pan en castillos de plata y, en doradas marmitas, manjares exquisitos a manera de introducción: salchichas de origen celta, ajoblanco con gallina, fritos diversos...
A continuación, en grandísimas bandejas, nos traen guisados densos y copiosos, asados, caldos variados, pastas de hojaldre rellenas de picadillos... y platos preparados con la más grande variedad de salsas que se conocen en toda Europa. Por último, se sirven los postres: confituras con azúcar quemada, garbanzos tostados, uvas, pasas...
Durante el convite nos han servido vinos generosos de las clases más variadas. Los coperos han permanecido vigilantes, atentos a las copas de todos los comensales. Pero antes de servir cualquier caldo, los catadores de vino lo prueban, para asegurar su calidad y evitar su ponzoña.
Al final, se vacían los recipientes con las sobras inmensas de este banquete, que son echadas por las ventanas a la multitud reunida en la plaza, que, con gran tumulto y agradecimiento las recogen para su solaz.
Así realmente sería el banquete de coronación del emperador Carlos V, relatado por Enrique Cornelio Agripa, natural de Colonia, que acudió como invitado y erudito cronista a la ceremonia, a la cual, por leyes fantasiosas, yo os he invitado.

* Radiado el 7 de marzo de 2000 en "La plaza humana" (Radio INFE)

Los idus de marzo

Los idus de marzo

Voy a confesar un secreto inconfesable (con lo cual deja de ser inconfesable y de ser un secreto, ovbiamente): acumulo más libros de los que seré capaz de leer en toda mi vida. Es posible que sea un vício común entre algunos enamorados de la lectura y segurísimo de los no lectores (enamorados o no). En el último recuento que hice, hará unos dos años, mi biblioteca contaba poco menos que con dos mil volúmenes. Número escaso, si se compara con otras librerías personales; número elevado, si se compara con otras librerías personales. Es decir que ni me jacto de ello ni creo que sea moco de pavo, máxime si he partido de cero en mi adolescencia y he ido adquiriendo uno a uno según apetencias del momento y plata en el bolsillo. Para mí, un tesoro muy preciado.

Ahora, la pregunta del millón: ¿me los he leído todos? Respuesta: nooo. ¿Me he leído la mitad? Puede. Si no la mitad, casi (algunos reeleídos). Así que puedo estar orgulloso de lo que he leído y alarmado (por llamarlo de alguna forma) de lo que me queda por leer. Pero, querido Séneca, solo sé que no sé nada. Cuanto más aprendes, más aprendes lo que te queda por aprender.

Recapitulando: me queda lectura para otra vida. Entonces, ¿por qué sigo buscando libros?, ¿por qué no hago, como dice mi tía, empezar por el principio? Seguro que no me acuerdo de nada. Hombre, de algo sí que me acuerdo. Algo siempre queda, aunque sea la satisfacción de haber leído una gran obra o las ganas de volvértela a leer. Como cuando visitas un país extraño que decides que tienes que volver (aunque nunca vuelvas) (sólo en sueños) (que es una bonita forma de volver).

Quien compra un libro, adquiere la responsabilidad de leérselo. Es de ley. No sólo con el libro en sí o con el autor, sino consigo mismo. A quién vas a engañar. A veces se compran libros por metros, por tamaño o por colores, para rellenar estanterías. Yo compro libros, aún sabiendo que no me los leeré en ese momento (quizá nunca), porque me apetece meterles mano (o sea, ojo y entendimiento) en cuanto pueda, que, en el mejor de los casos, es inmediatamente (qué inmenso placer). Compro libros porque deseo tener siempre la lectura apropiada. Llegar un día y decir: hoy me apetece leer este libro. Y buscarlo en los anaqueles y encontrarlo. Soplarle el polvo que acumula, abrir sus primeras páginas y leerme hasta la mencheta (o sea, las credenciales). (Mi hermano César hasta los huele antes de leerlos.)

Esto me hace ir a destiempo. Sumergirme en lecturas peregrinas (entendiendo por peregrinas las lecturas que nadie lee en ese momento, extrañas, obsoletas, etc.). No hay cosa que más rabia me dé que leer a la moda, por imposición, leer best seller o lo que todo el mundo lee en ese momento.

De esta manera, cogí hace unos días "Los idus de marzo" de Thornton Wilder (Wisconsin 1897-1975), una novela muy celebrada por Borges o por García Gual. Es la crónica de los últimos días de Julio César y de la República romana, recreada a través de cartas, manuscritos, trozos de textos históricos, diarios panfletos políticos... Por ella desfilan personajes como Cleopatra, Catulo, Cicerón... Está muy bien escrita, es fácil de leer y profunda en su pensamiento. Hay bastantes joyas literarias e históricas. Por ejemplo, la admiración y el respeto que se mostraban dos acérrimos enemigos en la oratoria como son Julio César y Ciceron; la coincidencia de Cleopatra en Roma durante esos días; la comunión del tirano con el poeta Catulo, que estuvo junto a él el día en que se dejó morir por amor o por desamor (o por todo lo contrario: el desengaño de haber perdido el seso).

Por dar una pincelada, tomo nota de una carta de Cicerón que gradúa el conocimiento diciendo (más o menos) (cito de memoria): "cuando conozco algo con seguridad digo que una cosa, cuando creo que puede ser cierta digo que opino, si sólo lo pienso, tan sólo especulo, que es lo menos arriesgado"; o cuando Julio Cesar dice: "si yo no fuera César, sería el asesino de César". Una gozada.

Programa flamenco

Agosto es un mes bajo para los autóctonos y alto para los visitantes. Mientras esperamos días más benignos, os adelanto la programación flamenca para dos semanas, por si me pierdo unos días (que todo puede pasar, como el camino de Machado).

 

Hoy martes, 15 de agosto, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), a ver quien me acompaña al baile de Rosa Zárate y Nieves “la Rusa”; al cante de nuestra flamenca más científica: Sensi de Carlos, con Aurora Palomo, Marta García e Iban “El Centenillo”; la percusión de Manuel Vílchez y la guitarra del maestro Carlos Zárate (10 euros)

Mañana, miércoles, Mercedes Ruiz actuará, a las 22'30, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral) (15 euros)

El Jueves 17 , también en el Corral del Carbón , a la misma hora y el mismo precio, tenemos al artista Rafael Campallo

Al día siguiente, viernes 18, será el Festival Flamenco de Víznar, con la cantaora sin par de Marina Heredia y el baile sacromontano de Jara Heredia. Después tendrá lugar el típico Homenaje a Federico García Lorca en el barranco de Víznar, sabiamente gobernado, como siempre, por Curro Albayzín.

El sábado 19, en Salobreña, tendrá lugar nada menoos que la XXXVII Edición Festival “Lucero del Alba” (37 ediciones, por si no nos lo creemos)
La semana siguiente: en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (el martes 22, a las 22,00 horas) , tendremos al baile "La Caro"; al cante: Raquel de Mónica; a la guitarra: David Heredia; al bajo: Rodrigo Cáceres; y a la percusión: José “Niño Rucho”

En el el Corral del Carbón, veremos, el miércoles 23, a Pedro Córdoba , y el jueves 24, a Juan de Juan  

El miércoles 23, también tenemos (a sólo 3 euros) en el Ciclo Cine Flamenco del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00): “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” – “AROUND FLAMENCO” - TERUO, UN SAMURAI FLAMENCO

Por último, el sábado 26, podremos asistir a Loja (es un pueblo, no me estoy despidiendo en japonés) el XXXV Concurso “La Volaera Flamenca” y en Albondón Bailes y cantes autóctonos.

Casi nada 

Deifontes Heredia

Deifontes Heredia

III Festival Flamenco "Villa de Deifontes"

 

Heredia es el padre, Jaime “El Parrón”, y Heredia es la hija, Marina. Los dos, el viernes pasado en Deifontes, apellidaron al pueblo con una muestra de su buen flamenco. Antes de esta saga familiar, empero, iluminaron la escena un grupo nutrido de niñas y niños que, bajo el nombre de agrupación flamenca “Cerro de la Cruz”, y bajo el gobierno de su maestra María Angustias, abren todos los años este Festival, con su baile por tientos, rumbas, alegrías o tangos. Con música en off de Camarón o Las Chuches, los jóvenes aprendices, algunas de cuatro o cinco años, hacen las delicias de sus familiares repartidos entre el público. El baile de alguna de estas chiquillas, aunque académico y encorsetado, realmente apunta maneras.

El Parrón, con voz de bronce y aguardiente, se arranca con una soleá. Es su palo estrella y así nos lo demuestra. Aunque su garganta y facultades ya no son las de antes, reconocemos que sigue siendo uno de los grandes en su estilo. Sus cantes de levante son muy aplaudidos y los conatos de ahogo en sus fandangos están bien cubiertos con la eficacia guitarrera de Luis Mariano.

Este guitarrista también le tocará a Marina que, con Carlos Grilo y Manuel Salado haciéndole compás, comenzará su entrega por alegrías. Una entrega que, me temo, no llegó al cien por cien. Quizás tratándose de un lugar al aire libre, donde el ruido de fondo se impone a los actuantes y el sonido no está muy ajustado (me consta que los monitores no se oían como es debido), es difícil tener una actuación sobresaliente. La malagueña constituyó el único tema jondo de esta cantaora. Marina esconde registros y quejíos extraordinarios. La costumbre granadina de rematar estos cantes de Málaga con fandangos del Albaycín debe ser una constante para nuestra identidad. Con las bulerías y los tangos, con los que acaba su pase, demuestran que Heredia es una gran flamenca, que hilvana la fiesta como nadie y que es la mayor representante en la actualidad de los tangos de Granada.

A petición del público asistente y fuera de previsión entonó su éxito “Me duele, me duele”, esos tangos-rumbas que le dan nombre a su primer, y por ahora único, trabajo discográfico, a los que acompañó con un poquito de baile.

 

Por fin se prendió el carbón

Por fin se prendió el carbón

Olga Pericet es la primera bailaora que ha puesto en pie a los asistentes del Corral del Carbón en lo que llevamos de Muestra. El lleno absoluto que cuenta este espacio escénico durante toda la temporada está más que justificado. Y con esta joven bailaora cordobesa es una doble satisfacción.

Olga Pericet es una bailaora completa que expuso un repertorio redondo con el que sorprendió gratamente tanto a los que la ven por primera vez como a los que ya conocemos su baile. Reconocimiento que quedó demostrado con la prolongada ovación final, aunque ella se quejara entre bambalinas por la dureza del público granadino.

Su primera entrega fue todo un detalle para la ciudad que la acogía. Con bata de cola bailó unas delicadas granaínas, que se difuminaron en la noche como el negro de su vestido al blanco de sus volantes. Su arriesgada propuesta y el respeto con que aborda cada uno de sus movimientos, junto con su sonrisa permanente y el beso suave que lanza al viento, a la ciudad y a su paisanaje, conquistaron rápidamente a los asistentes.

Sus entrañables granaínas tan sólo abrieron boca. Constituyó esa delicatessen que nos prepara para un excelente menú. El plato fuerte llegó en forma de alegrías. Aires de Cádiz plenos de sentimiento, especialmente interpretados para ella, que repite bata de cola, llenando de sal el patio del Carbón como ninguna de sus predecesoras. Las guitarras son una gozada y su comunión perfecta, destacando este toque por cantiñas cargado de arpegios y sutilezas. Leo Triviño, un cantaor muy flamenco, con ecos camaronianos, raja el cante y desgarra la brisa. Fabiola, una de las pocas voces femeninas que hemos escuchado en este ciclo, con su buen gusto, da el contrapunto necesario al cante de ‘atrás’. Lamentablemente, su efusivo cante por bulerías resultó algo largo y fuera de lugar. Sobre todo porque lo acompañó con unos pasitos de baile innecesarios en un recital de danza. Sobre todo porque, a su término, Leo interpretaría una soleá con sólo guitarra y el tiempo de aparición de la protagonista se prolongó sin razón alguna. Sobre todo porque adquirió un protagonismo que no le correspondía. Las palmas y jaleos de Tacha y Popi recordaron que este complemento de compás es imprescindible en un recital flamenco, pero que muy a menudo se ahorra.

Olga, a veces fuego desbocado, otras porcelana fina, nos baila para finalizar unas peteneras, otro palo desacostumbrado en el baile flamenco, otra muestra de arrojo, que viene mostrando junto a Manuel Liñán, en su espectáculo “Cámara negra”.

El acostumbrado bis por bulerías fuera de programa relajó a una artista exigente consigo misma.