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Adela Campallo y la elegancia

Adela Campallo y la elegancia

Unas tonás bien templadas, en el bronce de Juan José Amador padre, dan paso a las seguiriyas con las que comienza la joven bailaora sevillana su velada. Adela Campallo (1977) es una bailaora de oficio que ha pasado por los grandes maestros de la danza flamenca. Su entrega sin condiciones es reconocida por un público que ovaciona sin parar. Varios minutos de aplausos a su término harán que la bailaora propine un improvisado fin de fiestas por bulerías. En lo que llevamos de Muestra, éste es el remate más serio y profesional de cuantos se han propuesto. Las "pataíllas" finales no tienen que deslucir la velada. No se trata de que sin sentido se prolongue la fiesta a su término. Tampoco se trata de poner el punto cómico a los postres y hacer bailar hasta a las jirafas de los micros, aunque todo se agradece. En lo que debe consistir un bis flamenco es en que, con tono desenfadado, se ofrezca una nueva guinda, cuasi preparada (pues todos saben se les va a pedir), que termine de endulzar la noche, con alguna sonrisa cómplice.

Tras estas seguiriyas en blanco y negro, los dos tocaores, Mariano Campallo y Paco Iglesias, nos sorprenden con unas deliciosas granaínas a cuatro manos. Es de agradecer que en la ciudad de la Alhambra se interprete este palo por músicos foráneos con tanto sentimiento.

Adela vuelve, tras estos minutos musicales, con su habitual fuerza, a bailarnos unos aires de Cádiz. Su temperamento ciego le hace a veces hasta perder el equilibrio y su elegancia sólo queda mermada por las bastedades que propone en sus alegrías, que si bien son comunes en la tradición flamenca, hoy por hoy, cuando la suerte de provocar ya no es necesaria, se deben ir relegando con recursos más sutiles.

Después de unas bulerías que hace el cuadro de atrás, Campallo se prepara para terminar la faena por tangos. El soniquete seduce a la bailaora como en una ceremonia de trance, al tiempo que seduce a los asistentes al espectáculo. La finura de sus movimientos es sobresaliente y su baile en general muy femenino. Un gran futuro aguarda a los flamencos que trabajan y estudian día a día.

El mercado del arte

Bajo el título común de "Por peteneras", el sábado pasado comencé una columna sobre flamenco, de periodicidad incierta, con este artículo (el cual publiqué hace tiempo en la edición digital de Granada Hoy y por ende en este blog):

El flamenco, sobre todo el cantaor flamenco, ha tenido siempre fecha de caducidad. Los trasnoches continuos; el alcohol, a veces obligado para templar la voz y los nervios o para aguantar los reveses de la vida; las drogas, sin adivinar muy bien sus consecuencias; y, en definitiva, su malvivir, hacían de los flamencos fuegos de artificio, que se elevan y estallan en un cenit la mayoría de las veces improbable. Hogaño, el flamenco, en el mejor de los casos, se equipara a otras artes, los artistas se cuidan e invierten salud y facultades para su futuro. Tanto se prestigia el flamenco hoy día que, como nos descuidemos, va ha hacerse prohibitivo. Algunos artistas comienzan a mostrarse intocables por el caché que están adquiriendo. Distinción económica que no siempre se corresponde con la calidad. El artista se debe valorar. Está bien que a los veinte o a los treinta años de andadura por los escenarios, con una merecida carrera y un prestigio reconocido, se cotice como es debido, pero que al mínimo éxito la cuantía de contratación se multiplique varios enteros hace que la lógica se tambalee. Muchas veces es la pescadilla que se muerde la cola, como si su elevado precio fuera muestra de sus dones y las cualidades adquiridas justifiquen su alto caché. Causas de la cresta ascendente son, por un lado, el prestigio artístico, social e internacional que viene adquiriendo el flamenco durante estos últimos años, la demanda creciente entre un público incondicional y que instituciones oficiales y centros privados no duden en programar lo que se reclama. Por otro lado, están las agencias y los productores que pretenden sacar el mayor provecho de sus protegidos, aunque esto sea a corto plazo, jóvenes promesas hay muchas, cada vez más, y que alguna se quede en el camino es una ‘pérdida’ por suerte reemplazable. Las consecuencias son previsibles, meridianamente claras. Un artista con un caché elevado puede ser llamado cinco veces, pongamos el caso, cuando con un precio de contratación asequible serían requeridos veinte veces, que quizá sea lo que interesa con vistas a la promoción y a la divulgación del arte. El formato del macro festival de flamenco también va a cambiar, pues un evento de este tipo tiene una subvención determinada y si un sólo artista, dos a lo sumo, se la reparten íntegra, la fiesta queda truncada, y a la postre, los nuevos flamencos, que hallan en estos recitales un buen espaldarazo para poder codearse con artistas ya consagrados y ser contemplados por un gran número de espectadores que de otra forma les sería difícil reunir, se verán relegados al olvido hasta que un supuesto ‘pelotazo’ haga multiplicar sus expectativas.

Me espera media hora de espera

Lo malo de vivir en medio de ningún sitio, como yo vivo, es la dependencia de un autobús que espacia sus apariciones. No tengo coche, pero aunque lo tuviera no sé conducir. O sea, no tengo carnet ni puntos para que me quiten. Mi dueña sí. Tiene permiso de conducir desde hace unos veinte años (¡casi nada!) y maneja desde entonces. Primero fue un 33 en el que nos montábamos 22, que se paraba cada 2 x 3 y había que empujar (a veces porque a la señora se le había olvidado quitar el antirrobo). Después fue un Renault 11, que había que empujarlo menos, pero que pesaba más. Ahora es un Toyota, que nos lleva y nos trae sin dificultad (tiene aire), (acondicionado), (of course).

Tengo aprendidos los horarios y, por lo general, no hay problema. Lo malo es cuando el autobús se adelanta (algo corriente) o cuando yo me atraso (no tan corriente), que me espera media hora de espera o veinte minutos (en el mejor de los casos). Así que me paso media vida esperando al autobús (y a mi mujer, pero esa es otra historia). Por eso odio las colas (del cine, del super, del médico...).

Otro problema es que sólo hay autobuses hasta las diez de la noche. Buena hora para una adolescente disciplinada. Que no es mi caso (lo digo por lo de disciplinada). Por tanto debo darme la paliza y volver andando o darme otra paliza monetaria (que a veces duele más) y coger un taxi o coger el autobús urbano, que funcionan hasta las 23'30 horas, lo pillo por los pelos y me deja a un kilómetro de mi casa (+ o -) y la paliza es menor.

Esperar. ¡Qué horror! Son años ya los que llevo esperando.

Montefrío, por y para el flamenco

XXXIII Festival Flamenco “Manuel Ávila”

Montefrío es una población flamenca donde las haya. Su festival, dedicado desde la muerte de Manuel Ávila, a este insigne cantaor local, cumple nada menos que treinta y cuatro años. Pocas citas flamencas, no sólo en Granada, sino en toda Andalucía, se pueden vanagloriar de tan longuísimo acontecimiento, tan sólo superado por el “Lucero del Alba” de Salobreña, con 37 años, y la “Volaera Flamenca” de Loja, con 35.

Esta edición ha servido para homenajear a ese personaje tan entrañable del mundo flamenco granadino que es Pepe Guardia, aún no suficientemente reconocido. Por este motivo, por su legendaria tradición flamenca y por el respeto a su afición, el Ayuntamiento de Motefrío ha programado un cartel completo y variado, donde se pudo disfrutar desde el flamenco más añejo al más fresco y juvenil, desde la seriedad más extrema hasta la euforia más liviana, desde la extremada juventud hasta la sabiduría de mil arrugas reconocidas. Así pudimos ver la resonancia del octogenario Manolo Osuna, amigo personal de Manuel Ávila, haciendo soleá, tientos y fandangos; la gracia y majestad de Curro Albayzín y su manera única de ser en el escenario, cantando, bailando y recitando a sus imprescindibles García Lorca o Manuel Benítez Carrasco, con tangos del Sacromonte como fondo musical, interpretados magistralmente por un incombustible Luis Mariano; o el poderío picante de María La Coneja comenzando por tangos y acabando por los graciosos tanguillos que interpretara con Antonio Canales en su espectáculo “La casa de Bernarda Alba” y que dan cierto sentido a su apodo. Entre estos dos temas, María hace un alarde de castañuelas, a lo que ella llamó “Preludios” con aires festeros, que interpretaba “hace mil años”; y un poquito por fandangos. A su término, La Coneja llamará al escenario a Toni Maya, otra leyenda viva sacromontana, que se hallaba entre el público y que improvisó unas bulerías.

La vertiente más joven se inclinó también por el flamenco de raíz. Mercedes Hidalgo nos brindaría la caña y un ramillete de fandangos; Juan Pinilla hará temporeras y granaínas; Verónica “La Hindú”, jovencísima artista local, bordó una soleá de Triana y unos tangos granadinos; y Álvaro Rodríguez, que abrió la noche, se templó con una soleá y elevó la temperatura flamenca con unas malagueñas.

Para terminar, Silvia Lozano, con el cante de José Fernández y David Sorroche y la guitarra de Alfredo Mesa, bailará sus famosas alegrías depuradas con un nuevo encanto. Se ve que el ensayo diario y los nuevos modelos le son hartamente provechosos.

A altas horas de la mañana y con la sensación de haber visto un gran Festival, nos retiramos hasta el próximo año.

 

Atención, pregunta

Atención, pregunta

¿Si hasta julio de este año han ardido en España 35.000 hectáreas, una tercera parte de lo quemado en 2005, no será porque cada año hay menos que quemar?

 

* FOTO: El incendio de Zuera de final de julio arrasó 40 hectáreas (el Heraldo de Aragón)

 

Programa flamenco

Programa flamenco

Antes de poner la programación de esta semanade flamenco en Granada y provincia, os voy a mencionar el XXXIII Festival Flamenco “Manuel Ávila” que tuvo lugar ayer Domingo en Montefrío con un gran cartel, cuyo comentario sacaré en el periódico de mañana y colgaré en este blog. ¿Por qué no os di la referencia antes? Buena pregunta. Porque en mi agenda figuraba este antiquísimo festival el 8 martes, dos días después. Así que me pilló por sorpresa.

Para esta semana, seguimos con el Romancero todas las noches en el Generalife (18 euros). Continuamos también con las noches mágicas del Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte. Este martes (22,00 horas) podremos ver el baile remozado y fresco de Silvia Lozano; con el cante sereno de José Fernández; la guitarra de Alfredo Mesa; y la percusión del amigo José García “El Puche”, quien creó el Taller de Compás de Cartuja y se codea con Carlinhos Brown. (10 euros)

El miércoles 9, en la imprescindible Muestra Andaluza de Baile Flamenco, en el Corral del Carbón veremos a la joven Adela Campallo (1977), con Juan José Amador y David Sánchez "El Galli" al cante, Juan y Mariano Campallo a la guitarra y José Carrasco a la caja. (15 euros)

Ese mismo día, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), tenemos el Ciclo Cine Flamenco: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y “POR ORIENTE SALE EL SOL (LA PAQUERA EN TOKIO)”; y el cortometraje “LOS ALMENDROS-PLAZA NUEVA”. (3 euros)

El jueves 10, en la VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco (Los veranos del Corral), será excepcional la propuesta de la cordobesa Olga Pericet, con Leo Triviño y El Picúo al cante, José Luis Montón y Jesús Pimentel a la guitarra y Tacha y Popi a las palmas. (15 euros)

Para terminar la semana, el viernes 11, en Deifontes, asistiremos al III Festival Flamenco “Nuestras Raíces”.

Completita la semana ¿eh?

 

*FOTO: La Paquera en Tokio (facilitada por el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte)

El temperamento de Pastora Galván

El temperamento de Pastora Galván

Hermana del personalísimo Israel Galván, que podremos ver en este mismo escenario el 31 de agosto, Pastora Galván nos ofrece un baile joven, lleno de soltura y brío. A pesar del calor desmedido, la bailaora sevillana se entregó a un público que respondía a cada uno de sus requerimientos. Comenzó con unas alegrías bastante convencionales en su ejecución. Si bien, hay que destacar un completo juego de manos y la expresividad de su rostro. Tras esos toques gaditanos, Miguel Iglesias, un tocaor de bandera a quien hay que tener en cuenta, y Antonio Zúñiga, abordaron unas seguiriyas algo aceleradas para no acompañar al baile. Después le tocará el turno a José Valencia que, con simpatía y predisposición, hará unas malagueñas bien templadas, comenzando con la grande de Chacón.

La propuesta de tres bailes con dos cantes entre ellos que se está llevando en todas las jornadas de la Muestra, no sólo da resultado, sino que creo que es la más natural y honesta de las fórmulas posibles.

Pastora hará también unos tarantos rematados con tangos. Es su oferta más arriesgada. En ella se advierte un cambio de registro completo, que trasciende desde un vestuario menos aflamencado hasta unos pasos más endógenos, más hacia adentro. Su taconeo centra su tensión y sus movimientos de raíz pugnan por saltar a otros mundos. Puede que se entrevea la mano de Israel en estos bailes levantinos.

Para terminar, Pastora vuelve a sus orígenes, al baile puro y temperamental. Nos ofrece una soleá por bulerías llena de fuerza y arrebato, en la que se distinguen influencias de la familia Maya.

Un gracioso toque por bulerías fuera de programa, que animan a José Valencia a acompañar a la bailaora en sus pasitos postreros, ponen el punto final a una noche asaz calurosa.

Esencias número cinco

Esencias número cinco

La quinta apuesta de Los Veranos del Corral, tiene nombre de mujer. Desde Sevilla nos viene Manuela Ríos, una veterana del baile, a pesar de su juventud, que nos ofrece un espectáculo lleno de sentimiento. Su baile maduro y sereno desborda flamencura y belleza. En cambio, su entrega en general se advierte algo pobre y previsible. La soleá por bulerías, sin guitarra, con la que comienza su pase, es tan sólo correcta. Destaca, sin embargo, su elegancia y expresividad, sus movimientos sinuosos y su juego de hombros y de caderas, realizando guiños de alto contenido sensual. Manuela conoce su oficio y domina el escenario y a un cuadro de atrás que se esfuerza por servirla. Miguel Pérez, tocaor de grandes registros y limpieza expositiva, interpreta en solitario, apoyado con las palmas de sus compañeros, unos aires gaditanos. Antonio Núñez “El Pulga”, Antonio Campos y Moi de Morón, cataores con gran bagaje, dejaron patente su buen hacer y su dominio del compás y del jaleo. Sus voces, casi siempre solapadas, podían ser una delicia cuando sonaban al unísono (aunque a veces el abuso de este recurso pudiera resultar peligroso). Recordamos, en este sentido, la coda final de la soleá por bulerías, cantando a tres voces, “Pa’ mi Manuela”, la letra que escribiera Diego Carrasco para el disco “Sacromonte” de Enrique Morente, regalándole de paso los oídos a la bailaora.

Una rueda de martinetes sin micrófono da paso a las seguiriyas. Palo que se ha convertido en una muestra imprescindible para todo bailaor. La seguiriya para el baile está concebida para la exhibición, es un tema muy completo, en el que el protagonista puede mostrar todo su arsenal de valores dancísticos. Con todo y con eso, salvo instantes gloriosos, Manuela no logro conectar con el público. Conexión, sin embargo, que logró con creces, en su última entrega por alegrías con bata de cola. Estuvo arrebatadora y fue merecidamente aplaudida y requerida para saludar varias veces. La última, con una pataílla por bulerías.

* FOTO: Nono Guirado 

trasbordos

Un hombre pobre es quien no se puede ir de vacaciones. Un pobre hombre es quien puede irse de vacaciones pero no se va. Yo, posiblemente, reuna los dos calificativos (o participe de ellos, que no es lo mismo pero es igual). Y, por lo que veo, Granada está llena de pobres hombres pobres, pues el tráfico sigue como al principio y el aparcamiento es un milagro (menos para mi amigo Jesús Herrera, que parece que siempre hay un conductor esperándolo para, cuando él llegue, cederle su sitio).

Los que no vacacionamos, sentimos cierta envidia del que disfruta de su descanso estival y no comprendemos los servicios mínimos. Como si quienes nos quedamos en casa tengamos menos derechos que quien se va. Hay menos autobuses y los periódicos tienen menos páginas.

Además, parece que nuestros poderes fácticos, ordenan trabajar con más ahínco en la reforma de nuestra ciudad. Es decir, como si pensasen: "como la mayoría de nuestros ciudadanos se ausetan, al menos nosotros, vamos a dejar lo más fuerte de las obras para julio y agosto". O sea, un caos.

Y en ese caos me encuentro cuando salgo a la calle y subo al autobús y voy de parada en parada, como se fuese el Monopoly (aunque sin pasar por la salida y sin cobrar las veintemilpesetas). Lo bueno es que tengo bonobús (varios), que tienen trasbordo gratuito (hasta ahora que se paga aunque sale más barato). Lo malo es que el trasbordo no sirve después de transcurridos cuarenta y cinco minutos, que son los que pasas en el autobús en un atasco 'a mano armada' por culpa de las obras que al Ayuntamiento le ha dado por intensificar en verano porque cree que la mayoría estamos de vacaciones. (Lo mismo me voy unos diítas a la playa.)

El pajarillo

El pajarillo

El otro día cayó en nuestro patio un pajarillo. Fui a regar las macetas y allí me lo encontré. Vi algo que se movía entre ellas. Desde el principio supe que era un gorrión que no podía volar. Asomé la cabeza tras un granaíllo macho y efectivamente, era un-gorrión-que-no-podía-volar. Qué hacer. Lo primero, no espantarlo más de lo que estaba. En segundo lugar, ponerle agua cerca, pues el calor es de justicia y el sol era macho, como el granaíllo.

A continuación, llamar a mi amigo Nono, que es el que sabe de pájaros, de pájaras y de pajarracos. Me explicó que, dejándolo tranquilo, sus padres se ocuparían de él y que a los tres días alzaría el vuelo.

Tenía razón, los gorriones mayores se acercaban al patio y, entre el laurel y un rosal, lo alimentaban con mimo. Daba gusto verlo piar hacia arriba. Daba gusto verlo alzar el pico y comer lo que le dispensaban sus mayores.

Temía por los gatos que rondan por el barrio o, mejor dicho, tenía miedo por el pajarillo, no le echaran mano -quiero decir garra- algún maullador hambriento. Pero los felinos no aparecieron (gracias a 2).

El pajarillo se fue soltando. Por muy dulce que le hablara, por mucha agua limpia que le pusiera, por mucho cuidado en mis movimientos... el pajarillo seguía huyendo de mí. Sus vuelos cada vez eran más grandes (todos rasantes). Del granaíllo macho, donde había fijado su residencia, saltaba hasta el jazmín, a la izquierda o hasta el níspero a la derecha.

El último aleteo que le vi realizar a media altura alcanzó los acantos y las enredaderas de la pared opuesta. Y dejé de verlo. Temía porque hubiera saltado al patio del vecino, temía por el gato... Pero prefiero pensar que, como Juan Salvador, encontró la libertad del cielo abierto.

De hecho, mi niño y yo, seguimos poniéndole el cacharrito de agua fresca todos los días y, sin ver lo que pasa, lo encontramos vacío a la madrugada siguiente. Lo único que lamento es que no se despidió, que no ha dejado ni una triste nota.

* El pajarillo de la foto no es el mío (lo he pirateado de internet), pero el tamaño viene a ser el mismo y el brillo en los ojos es igualito.

Programa flamenco

Programa flamenco

Aquí va el programa flamenco de la semana entrante (y ya estamos en agosto).

Comenzamos recordando que todos los días (hasta el 27 de agosto) tenemos en el tearo del Generalife (muchos lo llaman anfiteatro porque suena más erudito, pero hay que recordar que el anfi es redondo u ovalado y no direccional), a las diez de la noche, el Romancero Gitano de García Lorca del Ballet Flamenco de Andalucía, dirigido por Cristina Hoyos.

El martes, primer día de mes, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas) tendremos a una bailaora sacromontana, entrada en años, con un arte que no se puede aguantar. Me refiero a Angustias "la Mona", con cante afillao de Jaime Heredia “El Parrón” y el de Manuel Heredia; a la guitarra Rafael Fajardo.

Al día siguiente, miércoles 2, Los veranos del Corral nos presentan (22,30) a la joven sevillana Manuela Ríos (1970), con Antonio Campos, Moi de Morón, José Anillo y "El Pulga" al cante y Miguel Pérez a la guitarra (¡Cuatro cantaores, qué escándalo!).

El mismo miércoles, algo más reposado, en el Centro de Interpretación (22,00), comienza un Ciclo de Cine Flamenco, con dos documentales interesantes: “SACROMONTE: CUNA DE FLAMENCOS” y “MORENTE SUEÑA LA ALHAMBRA”.

El jueves 3, otra vez en el Corral del Carbón (22,30), veremos a otra sevillana, Pastora Galván (diez años más joven que Manuela). La arroparán José Valencia y Antonio Zúñiga al cante y Miguel Iglesias a la guitarra.

Y prepararos porque desde la semana próxima comienzan los festivales de los pueblos y tendremos flamenco casi a diario.

* FOTO: saludo final del 'Romancero gitano', con Cristina Hoyos a la cabeza (Nono Guirado)

Excelencias de la escuela cordobesa

Excelencias de la escuela cordobesa

Córdoba, en muchas ocasiones, es una ciudad olvidada de la mano blanca del flamenco. Córdoba destaca, sin embargo, por sus tocaores, no en vano anualmente celebran su Festival de la Guitarra. Pero en Córdoba, esa ciudad de ojos grandes y boca pequeña, se está fraguando un baile muy personal en sus pequeñas academias, en sus escuelas de baile o, sobre todo, en los cursos magistrales que imparte Javier Latorre, a los que acuden bailaores y coreógrafos de toda España, convirtiéndose así, este bailaor valenciano, en maestro de maestros.

La Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón, no puede ser ajena a este filón que despunta, y nos acerca desde la ciudad de la Mezquita a dos representantes de su joven escuela. Estos son Daniel Navarro, que pudimos ver bailar este jueves, y Olga Pericet, de la que podremos admirar su buen gusto el 10 de agosto en este mismo ruedo.

Daniel Navarro también estuvo presente el pasado año en la Muestra, arropado por la sabiduría del maestro Guadiana. Daniel, desde su primera entrega por tangos, demuestra su equilibrio y su excelente sentido del ‘tempo’. Se le ve más maduro que la vez anterior, canalizando su fuerza de manera más racional y armonizando como pocos su desenfrenado zapateo. Daniel se ha convertido en un bailaor elegante y lleno de sentimiento. Elegancia sin discusión que demuestra en una soleá bien templada. Se agradece por otra parte la expresividad de su rostro y su complicidad con el respetable.

Después de los tangos, sus músicos hacen un poquito por bulerías que sirven para calmar la posible tensión. Y después de la soleá, los cantes de levante elevan varios enteros a la parte musical del concierto. El cuadro, como digo, se porta y se comporta. Están a gusto y así lo demuestran. Cantan a rabiar y se jalean unos a otros, demostrando que están en la elite del flamenco de ‘atrás’. Antonio Campos, José Valencia y Juan Manzano “El Coco” son tres cantaores de base muy solicitados. A la guitarra Juan Requena, un tocaor versátil, sobrado de ritmo y exactitud.

Navarro, terminará la velada por alegrías. Un baile tradicionalmente femenino que, bailado en solitario, ha trascendido y ya no existe bailaor que no lo incluya en su repertorio. Dentro de la estructura cerrada de estos pasos, Daniel improvisa y sorprende por su actitud dominada y por sus dotes de comunicador, en el que se advierten retazos del mejor Grilo.

José Valencia no se puede resistir y, como en otros foros, apunta su fin de fiestas particular en forma de bulerías.

Chano entre los dioses

Chano entre los dioses

Con cerca de ochenta años (1927), Chano Lobato es el rey del escenario. Su generosidad y gracia no tienen parangón. Es el último representante de esa saga de cantaores gaditanos, como Beni o Pericón, que ilustraban sus actuaciones con increíbles anécdotas que, lejos de romper el ritmo del concierto, le añaden un nuevo aroma.

Chano, con el desparpajo gaditano ya comentado, se metió al público en un puño. Ya no sólo por sus chascarrillos, sino por su entrega y su gusto extremo al decir los cantes. Un gusto que palia sin discusión una voz algo apagada por la edad y la batalla.

Fue el encargado de cerrar la noche, cerca de las dos de la mañana, y, si fuera por él, habría continuado hasta la madrugada. La crítica especializada le ha otorgado la distinción III Compás del Cante y no sin razón. Si el paladar, comentado más arriba, fue la tónica de su concierto, su sentido del ritmo es insuperable. Un hombre como Lobato, hecho para cantar ‘atrás’, está sobrado de compás. El cantaor se centró en Cádiz, recordándonos una vez más que los cantes de su tierra no se conciben en la actualidad sin el aporte de Chano Lobato. Comenzó por tangos, en los que se acordó de Granada y continuó por sus alegrías que han creado escuela. Un punto de inflexión fue la soleá “para los de mi edad”, puntualizó. Después, sin bajar la guardia, dio una buena muestra de sus deliciosas bulerías salpicadas de colombianas. Capaz de cantar cualquier cosa por bulerías, es de los primeros cantaores que introdujeron el cuplé en este cante.

Y, puestos a la realeza, también fue rey en los tanguillos, a los que contribuyó a su reconocimiento, y en las rumbas con las que se despidió, dando unas ‘pataíllas’ con salero y con duende. El público, la afición sin fisuras del pueblo de Íllora, no deseaba que se fuera el maestro gaditano, como tampoco querían que abandonara el escenario ninguno de los que le precedieron.

Carmen Carmona, artista local, fue profeta en su tierra. Hizo las delicias de su gente, que coreaba sus canciones como si se tratara de una estrella del pop. De una familia flamenquísima emparentada con los Habichuela, con Diego el Cigala o con Morenito de Íllora, Carmen se templó con una soleá. La belleza de su timbre y la altura de sus registros nos pueden recordar a Esperanza Fernández y sus ecos y encajes a Camarón. De su disco “Calvinaca” tomó una rumba y unos tangos llenos de energía y color. Y, para despedirse, repitió tangos. En esta ocasión, los llamados “Mi abuela” que, antes de incluir en su próximo trabajo discográfico, son ya un verdadero éxito. A la guitarra, el soniquete especial del veterano Niño Jero.

Patricia Guerrero, siempre lo diré, hoy baila mejor que ayer pero peor que mañana. Es una bailaora que no para de aprender, de exigirse, de experimentar nuevas formas… Patricia es una buena prueba del artista que nace con determinadas facultades, pero que se hace día a día, estando al pie del cañón, o, en este caso, al pie del tablao. Hizo seguiriyas y apuntó un poco por bulerías en el fin de fiestas. Supo a poco.

Juan Pinilla, cantaor de Huétor Tajar, tiene una proyección tremenda. Ha traído cinco primeros premios del Festival de las Minas de la Unión, el galardón más prestigioso de flamenco joven de nuestro país, y se ha quedado finalista de esta edición. Lo mismo nos sorprende con la Lámpara Minera de este año. Cantó por tonás, por fandangos de Granada y por granaínas, no sin antes dedicarle una farruca excepcional a Chano Lobato.

El primer intérprete de la noche fue Álvaro Rodríguez que, con voz torrentosa y bien modulada, hizo soleá y milongas, demostrando su buena forma y el merecido galardón recibido recientemente en el concurso “Flamenco en los Montes”.

* FOTO: Paco Sánchez 

Prueba superada

¿Prueba superada? Al menos lo hice. Presenté el día flamenco en el Parapanda Folk y no salí muy decepcionado, aunque los nervios vencían desde el principio. Creo que aparecí cinco o seis veces en público, pero sólo estuve tranquilo en la última de mis salidas. No sé si es porque ya me iba o porque al final encontré el equilibrio exacto (siempre he sido lento). El caso es que ha sido mi primera presentación flamenca y creo (ahora, espero) que no sea la última. 

Los focos me abrumaban. Salir al escenario y no ver nada, no recibir la posible complicidad del público asistente me desconcierta y abunda en mi inseguridad, ya de por sí crecida. Además, nos rodaron para la televisión.

Salí sin papel alguno donde apoyarme. Así que, por suerte o por desgracia, se me olvidó la mitad de lo que quería decir. A medida que avanzaba mi presencia, mi ánimo iba decayendo. Sin embargo, sin yo proponérmelo demasiado, al final obtuve algunas felicitaciones, por mi conocimiento, por mi parquedad, por mi gracia...

La próxima vez lo haré un poco mejor. Aunque nunca llegaré a ser un animal de la escena. 

Parapanda Folk

Tan sólo un apunte, un recordatorio en este día de vértigo y el hueco que abro en mis quehaceres. Hoy es un día si no grande, bastante interesante para mi trayectoria mediática.

Aunque no es la primera vez que subo a un escenario, aunque no es la primera vez que hablo por un micrófono, aunque no es la primera vez que me dirijo a cientos de personas, quizá miles... el miedo escénico no me lo quita nadie.

Quien me conoce, me habrá visto lidiando diferentes toros, bien presentando, bien leyendo poesía,  bien haciendo humor. Pero presentar un festival flamenco como el de Íllora en calidad de entendido y profesional nunca lo he hecho.

Siempre, confesar tu primera vez es cuanto menos delicado (¿arriesgado?), pero lo intentaré. Sólo necesito empezar a hablar, entrar en calor, que la gente se identifique con mi voz y comprenda cuanto antes los mensajes subliminares que puedo enviar... Pero qué difícil se me hace romper el hielo, saltar al vacío, como quien hace puenting o se tira con paracaidas, lo realmente complicado es decidir que tus pies no se apoyen en ningún sitio, que has decidido trasgredir las leyes naturales y nos disponemos a caer sin saber muy bien qué nos espera (¿habra una red que amortigue esta locura?, ¿se romperá la cuerda?, ¿se abrirá el paracaidas?, ¿para qué será el casco?).

Lo único que sé es que si se me da bien, si estoy a gusto, si tengo aceptación, repetiré la hazaña y un nuevo presentador tendrá el flamenco.

Os recuerdo el programa: Chano Lobato, Carmen Carmona, Niño Jero, Juan Pinilla y Álvaro Rodrígez (al cante) y Patricia Guerrero (al baile).

Vuestra presencia y apoyo contribuirá a mi posible bienestar. 

Programa flamenco

Programa flamenco

Sigo en mis trece, empeñado en proporcionar la programación flamenca semanal a todos mis lectores (que, estoy llegando a la conclusión, son menos de los que pienso). (Cómo me gustaría tener un blog plagado de comentarios.)

En estos meses de verano la actividad flamenca se centra más entre semana que los weekend. Así, sin más preámbulos, os comento que para el martes 25 tenemos, en el Centro de Interpretación-Museo Cuevas del Sacromonte (22,00 horas), el baile de Jessica la Faraona, Luís de Córdoba a la guitarra y al cante de Curro de la Chucuela y no sé quien sustituirá a Víctor Quero "El Charico" en estado de coma hace un mes (un espíritu sensible a merced de la envidia y las malas compañías, que le arrastraron a consumir demasiados estupefacientes), la mejor voz flamenca que teníamos en Granada y posiblemente en toda España.

El miércoles 26, hacemos doblete. En primer lugar en el Corral del Carbón (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco), a las 22'30, podremos ver a una bailaora de las grandes, a pesar de su juventud, Fuensanta "La Moneta" (muero con sus seguiriyas). Y, ese mismo día, a esa misma hora, a unos kilómetros de distancia, un servidor presenta el Parapanda Folk de Íllora con Chano Lobato, como cabeza de cartel, acompañado de Niño Jero, Juan Pinilla, Carmen Carmona y Álvaro Rodrígez, casi nada (entrada gratuita). Esto sí que es un festival.

Orgulloso de presentar mi primera velada flamenca y algo amoscado por no haber podido ver a La Moneta, el jueves acudiré al Corral (VIII Muestra Andaluza de Baile Flamenco) para disfrutar con el baile festero del cordobés Daniel Navarro. Le acompañarán Antonio Campos y Juan Manzano "El Coco" al cante y la guitarra precisa de Juan Requena.

Ese mismo dia y a esa misma hora (22'00), para repetir el delito, tendremos en la Peña La Platería a Javier Martos y su grupo.

* Foto: de la imprescindible Fuensanta 

Andrés Peña no se ríe

Andrés Peña no se ríe

Desde Jerez nos llega este bailaor con fuerza y solera. Ha bailado para Duquende y ha formado parte de la compañía de Eva la Yerbabuena, hasta que en el año 2000 es considerado el mejor intérprete en la Bienal de Sevilla y se lanza a bailar en solitario, exponiendo un baile que rezuma flamenco por todos los poros. Si el baile tiene género, que lo tiene, el de Andrés Peña es un baile macho, que se sustenta sobre todo en el juego de piernas, en el taconeo exacto y en un compás innato. Arropándolo por detrás, nombres de altura que, sin embargo, en conjunto no estuvieron demasiado finos. Luis Moneo, familia de Juan Moneo El Torta, fue muy ajustado. Quedó corto en las malagueñas que hizo en solitario. Tan sólo destacó, como buen jerezano, en la soleá y en las bulerías. Javier Patino, a la guitarra, es una apuesta segura, que se mostró frío y fuera de lugar. Inmaculada Rivero, que no aparecía en el programa, en cambio, sí estuvo en su sitio. Para las bulerías, que canta de pie en primer plano, se echó un bailecito, como mandan los cánones.

Visto lo visto, el peso del espectáculo recayó tan sólo en el bailaor que abrió con unos martinetes y se fue por bulerías, quizá demasiado largas. El sonido -espero que para toda la muestra-, estuvo muy cuidado, sin embargo, la iluminación fue algo pobre y el calor excesivo, uno de los principales enemigos de la danza. Con todo y con eso, Andrés es un bailaor de oficio, que sienta sus credenciales desde un principio: no le doblegarán los factores externos. Desde las tonás convence al respetable y la ortodoxia impera en toda la muestra. La farruca es un baile muy agradecido a quien el jerezano supo sacarle buen partido. Sus pies hablan y el cuerpo le acompaña, pero su rostro es inexpresivo, hierático. Fija un punto en el infinito y no deja de mirarlo. Ni una sonrisa.

No obstante, su seriedad triunfa y el público aplaude con sinceridad su entrega incondicional. Termina la velada con una soleá por bulerías en la que, una vez más, nos recuerdan que los reyes son de Jerez. Como fin de fiestas un poquito por bulerías a pie del escenario, a las que se sumó al baile Javier Patino, que dejó la guitarra en manos de Moneo. Ante la insistencia del público, tuvieron que salir varias veces a saludar.

El baile desnudo de Andrés Marín

El baile desnudo de Andrés Marín

Bajo el calificativo tan poco acertado de “Vanguardia jonda”, este bailaor granadino, de padres también flamencos, abre la VIII Muestra de Baile Flamenco en el Corral del Carbón. Su baile es el justo y necesario, es escueto y tenso. Abandona toda floritura, ejercicio circense y efectismo teatral, para mostrarse sincero y desnudo ante el público.

Desde su primera entrega, una soleá por bulerías, con sonido en off de voces polifónicas femeninas, deja trascender su verdad minimalista. Su concisión extrema y sus movimientos quebrados le hacen parecer frío. Frialdad que palia con un exacto taconeo y unos silencios sugerentes. Su cuerpo enjuto y su ropa negra acentúan esta parquedad. La iluminación, en un continuo claroscuro, no engrandece lo que no existe.

Así vemos una nueva propuesta, una gran propuesta, un baile personalísimo que casa a la perfección con los sentimientos, que comulga sin discusión con el cuadro que le arropa detrás. Unos músicos de excepción que, entre las actuaciones del bailaor, hacen unos temas de profundo sabor flamenco y de una entrega desmesurada. Se demuestra en las alegrías y en las malagueñas, con un José Valencia que se sale, y dos tocaores de lujo, que se complementan y logran momentos imposibles cuando sus falsetas se solapan y los arpegios se funden a favor de un todo.

Los tarantos no dejan duda. Andrés es un pincel que va garabateando la escena, dejando manchas de tinta en los lugares que más le duelen. Son pesares que tiemblan en la garganta del cantaor y el taconeo los siente como suyos. De hecho, las letras están muy cuidadas, seleccionadas especialmente por Marín.

Novedoso también, y natural, muy natural, es que el bailaor en ningún momento abandona el tablao, sólo se difumina. Sus propuestas acaban como empiezan: fundidas en negro, sentado en la silla, haciendo compás cuando se precisa y disfrutando de la música como un nuevo usuario. Nada de estridencias, nada de cantos de cisne, nada de cambios de traje que enturbien ese vuelo desnudo.

Para terminar, el baile definitivo en forma de seguiriyas. Un baile que aúna las propuestas de Andrés Marín. Todo un manifiesto, una declaración de principios que nos recuerdan que el baile importante es el que dice algo y el bailaor interesante es el que sabe cómo decirlo.

* Foto: Nono Guirado 

Segundo manifiesto

Hace días publiqué un manifiesto de la "Nueva vanguardia" que, tácitamente, uno de sus postulados requería manifestarse de continuo. Algo así como el revolucionario que no para de revolucionar. Cuando la Revolución ha triunfado se anquilosa como el régimen anterior y se impone otra revolución (contrarevolución, incluso) y así continuamente hasta el fin de nuestros días verdes (digo, rebeldes) (contrarebeldes, quiero decir) (¡Qué verdes eran mis días!) (Rebelde sin causa) (Verde que te quiero verde)...

Aquí os dejo un manifiesto más reciente que el anterior, de principios del año 1993. O sea, de finales del siglo pasado:

MANIFIESTO PERSONAL

Me pides un manifiesto, y yo sigo pensando que la mejor manifestación es quedarse sentado, pensando inamovible lo que piensas.

Es necesario ser único. Bueno o malo, pero único, íntegro, sin interferencias ni incongruencias. No venderse. Vivir de pie y a lo que venga. No dejarte sobornar, si no quieres. No dar tu brazo a torcer ante la moda, los estilos, los grupos, las estéticas.

¡Alejémonos de las banderas y de los uniformes, de los himnos y los rezos, de las cruces, las imágenes y las medallas! ¡Desertemos de las armas y las batallas, de las políticas de ficción y de los amigos con intereses! Y cantémonos a nosotros mismos, como Whitman, y a los nuestros y a la vida que nos rodea. Cantemos al hombre, que es un ser estupendo por naturaleza hasta que lo sabe.

¡Huyamos de toda tentación de encasillar la poesía! Midamos si se nos antoja, rimemos si nos sale del entendimiento, pero no sucumbamos ante los grilletes de un deber ficticio.

No intentemos hacer lo que queramos, sino queramos lo que hacemos. Amemos nuestros versos, adoremos nuestra prosa y vivamos al día. Soltemos el pájaro de nuestras manos por los cien que están volando. Abandonémoslo todo. Ser sublime sin interrupción, ¿recuerdas? Carpe diem. Sólo vivir. Vivir como dioses, que mañana está muy lejos. Vivir y observar, aprender y crear, recrear y seguir creando. Pero sobre todo amar. Sin amor llegamos a la muerte asqueados de nuestra vida, con ese regusto bilioso del egoísta admirador de su ombligo.

Reconozcamos la belleza que, aunque efímera, despierta nuestros instintos, la confianza en el mundo y el arte en su esencia. Rechacemos la cama unitaria.

El poeta no es nada más que el instrumento de la poesía. Es la pluma del arte puro que se manifiesta por medio del ser humano. Por eso somos contingentes, y a veces inconscientes e ignorantes de este arte.

No te he dicho todo lo necesario, pero todo lo que te he dicho es necesario.

Por los pelos

Por los pelos

Llevé a mi niño a pelar la semana pasada y ha quedado muy bien. Parece un hombrecito. Ya va creciendo y nos vamos entendiendo mejor. A veces me desespera y a veces hacemos piña contra su madre, que ahora trata de educar a dos niños. Dos mozalbetes recién pelados. Porque yo también me he cortado. ¡Pero qué diferencia! Él ha mejorado sensiblemente y yo, en cambio, no tengo remedio: parezco un pueblerino, un pardillo pelón.

Juan se peló en un peluquero de pago que se llama Antón. (Para animarnos cantamos eso de "Antón, Antón peluquero..."). Yo, en cambio, me he trasquilado en una academia de peluquería, por eso del ahorro. Me aficioné hace tiempo, cuando estaba en la calle Alhamar y la llamabamos "Pelillos a la mar", pero han quitado ésa y voy a otra un poco más arriba.

Aparte del ahorro, si tienes suerte, te tratan con otra deferencia (¿como a un conejillo de indias?), te pones en manos de una joven agradable o dos o tres (a veces un chico con aceite) y al final te coge la maestra para emparejarte.

Cuando pagué el pelado de mi hijo, me cercioré de que sólo había economizado un euro en mi cabeza. Euro que di de propina a la chica que me atendió.

Creo que, a partir de ahora, me pelaré con las nuevas generaciones.

* FOTO: mi hijo intimando en la feria.