La importancia de una preposición
No es lo mismo decir:
"Me caí en un segundo",
que:
"Me caí de un segundo".
* El sinónimo también hace mucho, en este caso, incluso.
** Dibujo sacado de la web: www.mariposafuriosa.com.ar
No es lo mismo decir:
"Me caí en un segundo",
que:
"Me caí de un segundo".
* El sinónimo también hace mucho, en este caso, incluso.
** Dibujo sacado de la web: www.mariposafuriosa.com.ar
Ganadores granadinos en La Unión
Un acto de justicia es el que ha hecho el Ayuntamiento incluyendo en el cartel de actuaciones de La Chumbera a Juan Pinilla y Patricia Guerrero, ganadores de la Lámpara minera y el Desplante respectivamente en el Festival de las Minas de La Unión el pasado año. Unos artistas que siempre se programan en el ciclo “Flamenco viene del Sur”, auspiciado por la Junta de Andalucía. Esta temporada, sin embargo, se ha hecho caso omiso de la costumbre, y ni Juan ni Patricia tienen su espacio en este festival andaluz. ¿Será porque, como aventuró el cantaor, son de Granada y la Junta sólo apoya a Andalucía la baja? Ellos se lo pierden, los aficionados se lo pierden, nosotros nos lo perdemos.
La primera pieza que interpretan estos flamencos, es un dulce homenaje a Víctor Quero “Charico”, jovencísimo cantaor granadino, desaparecido recientemente, que tenía un potencial fuera de lo común. Es un dúo de cante y baile bien compenetrado. Cuando actúan dos artistas, lo común es verlos por separado. Juan y Patricia han tenido el detalle de unir sus talentos para dedicar tácitamente sus talentos a la memoria de esa voz truncada y al público en general.
Una característica común en ambos artistas es su inteligencia, su estudio, el saber estar y el respeto a sus mayores. Patricia ha conseguido arroparse con un cuadro de lujo a sus espaldas, comprendiendo que un tanto por ciento muy elevado del éxito en el baile flamenco, es el aplomo y la valía de la música y el cante que le acompañan. Así, lo mejorcito de la tierra va con ella: Manuel Heredia y Juan Ángel Tirado, las mejores voces del cante atrás que suben a nuestros escenarios; Luis Mariano y David Carmona, de las guitarras más sensibles y agradables del panorama flamenco; y, por último, ha tenido el buen gusto y la valentía de prescindir de una percusión que colabore en su taconeo y tape sus defectos. Para hacerse compás, se hace acompañar de las palmas de su madre y primera maestra, Mari Carmen Guerrero. Lástima que el sonido y la calefacción le gastaran malas pasadas, sobre todo a los tocaores.
Una entrada por levante y un remate por tangos fue su primera pieza. Patricia es fuerte y delicada, bella y graciosa. Es consciente de su poder. Domina el escenario y se encuentra más distendida y segura que otras veces. Para finalizar bailará unas cantiñas con rosa bata cola. Su plante es excepcional y su esencia embriagadora.
Pinilla, entre estas dos piezas, hace su entrega. Le acompaña, inseparable Luis Mariano, con su toque especial. Comienza por marianas, ese cante tan bello como desconocido. Sus fuentes y sus letras le delatan. Es un cantaor comprometido y, pese a sus años, con una amplia formación. Unas temporeras, “como cantaban en mi pueblo (Huétor Tájar)”, terminan por camelar a un público entregado. Juan es un cantaor añejo que mece la copla, modula el cante, liga los tercios y explica lo que está diciendo. Le sigue la caña, en la que se acuerda del maestro Cobitos. Hace sus obligados cantes orientales, murciana y levantica, y se despide con la malagueña grande de Chacón con un generoso remate de abandolaos.
Varios minutos de aplausos, de un público bastante entendido, coronaron esta velada, en la que Juan y Patricia demostraron lo bien merecido de sus galardones, demostraron que el movimiento se demuestra andando.
* Patricia Guerrero (foto de archivo, © Nono Guirado)
La Pasión
Juan Andrés Maya siempre llena. Tiene sus adeptos, sus seguidores, quienes lo descubren y los que esperamos algún cambio. Siempre hay algún detalle que sorprende.
La Pasión se presenta como un conjunto de individualidades, que hacen un todo, ante la batuta personal de Juan Andrés. Antes de que el Musical Flamenco diera comienzo, se brinda un Homenaje a la Saeta. Tan sólo un dulce apunte de cinco o seis minutos en el que tenemos que aplaudir sin discusión el cante de Pepe Luis Carmona y el coro final en el Cristo de Machado.
Juan Andrés estrenó La Pasión en la primavera de 2005 en el Palacio de Congresos. Desde entonces no ha habido modificaciones sustanciales. Sólo cambia parte del elenco y, lo que es de agradecer, el tratamiento final es menos fuerte, con menos sangre y dolor que en la primera versión.
La obra en sí sigue el guión de pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Quizá, el tratamiento de la historia, las actuaciones algo forzadas y el simbolismo expreso, restan potencial a una obra que en concepto puede dar mucho de sí.
En momentos resulta demasiado largo, demasiados artistas en un escenario limitado, demasiados decibelios para un sonido que no llegó a estar controlado en ningún momento. Los micrófonos no sonaban cuando debían y a veces se acoplaban. Nada importante ante un público incondicional y expectante.
Algunas actuaciones individuales fueron más que notables. Destaquemos la danza de Ana Arroyo (Satanás) bailando O Fortuna, el preludio de Carmina Burana de Carl Orff; destaquemos la soleá de Alcalá que canta con respeto y precisión Pepe Luis y baila con pasión y reposo Jara Heredia; destaquemos el baile por jaleos de Raimundo Benítez.
También hay madera, y mucha, en las actuaciones de Alba, Moisés, Iván o Estela. Aparte de esto, todo es evidente y lineal entre tanta rumba, bulerías y tangos. Por eso suenan con cierta frescura la petenera, que baila con pasión Raquel Heredia, o los cantes de levante.
Un aplauso final merece la entrega Juan Andrés Maya (Jesús). Un bailaor y coreógrafo que está empeñado en triunfar en esta tierra tan difícil y sacar a los suyos adelante.
* Ana Arroyo interpretó el papel del diablo (y en verdad estuvo tentadora).
Sabores
No es fácil llenar la sala García Lorca del Palacio de Congresos. Y, mucho menos, llenarlo dos días seguidos. Eso lo puede hacer Joaquín Sabina, pero un artista de flamenco... Pues Sara Baras lo ha conseguido con un espectáculo tan popular como descafeinado. El Palacio, como digo, hasta la bandera, pero, a vista de pájaro, ningún habitual del flamenco se encontraba en sus asientos.
Sara Baras se ha convertido en una gran embajadora que acerca el mundo al flamenco, que lo descubre, aunque no profundiza. Sabores es la obra amable que ya pudimos disfrutar en el Festival Internacional de Música y Danza de hace un par de veranos, en el Generalife.
Es una obra variada y variable, donde brilla más la autenticidad en los detalles y en los personajes secundarios que en los protagonistas y sus momentos álgidos. Podemos aplaudir algunas coreografías y momentos puntuales de Sara y sus artistas invitados. Aunque la propuesta de éstos resulta demasiado larga y repetitiva, con los finales típicos de OT.
Dedicada a su madre Concha, y haciendo un guiño a Rancapino al principio de la obra, Sabores es un homenaje que recorre una amplia gama de palos del flamenco sin profundizar demasiado en cada uno de ellos. Por otro lado, una escasa hora y media no lo hubiera permitido.
Hay cosas que han mejorado desde aquella primera vez, en este escenario más recogido y, sobre todo, con el tiempo que ha pasado. Pero otras continúan inmutables, para bien o para mal. El vestuario es un acierto, el armazón musical grandioso y la idea de imbricar los temas, creando un todo armónico, la solución más sobresaliente de todo el conjunto. Por otro lado, sigue rayándonos la búsqueda del aplauso fácil, ejercicios fuera de compás y algunos recursos facilones.
Comienza la función con un bolero, mientras se va componiendo el escenario. Continúan unos tangos que sirven para presentar la compañía. Un cuerpo de baile muy motivado, que responde a la perfección. Baras destaca por su técnica, velocidad y belleza. Su carisma se pondrá de manifiesto en el taranto.
Luis Ortega, uno de sus artistas invitados, baila unas seguiriyas acompañándose con castañuelas. Es tan efectista como José Serrano, que interpreta unas alegrías en las que derrocha taconeo. Me parecieron menos resultonas que la primera vez.
El momento estrella de la noche es Sara Baras bailando martinetes con zahón encima de los pantalones. El efecto es el deseado, de impresión más que de arte. A esto le siguen una zambra (pieza muy notable), una soleá por bulerías, un solo de percusión (estos alardes ritmicos, alejados de la historia, siempre están fuera de lugar), la bulería de Concha (un bello homenaje a su madre) y el esperado fin de fiestas. Las bulerías que no falten.
II Festival Flamenco a beneficio del Proyecto Hombre
Un festival benéfico más que calidad pide compromiso. Los flamencos de Granada, desde siempre lo sabemos, son solidarios. Pero además son buenos artistas. Cuando se presenta una nueva causa, sólo hay que hacer una llamada para que una docena, dos docenas, de flamencos se reúnan para echar una mano.
El cartel, como es lógico, ha bailado desde la primera propuesta. Alguna caída, alguna excusa de última hora, algún añadido. Con todo y con eso, el Festival a beneficio del Proyecto Hombre de Granada, en su segunda edición, no tiene nada que envidiarle a otro evento preprogramado y de renombre. Un Festival que, a pesar de la cantidad de actuantes, fue dinámico y variado, presentado sabiamente por Enrique Seijas.
Saboreamos, para comenzar, la juventud y el compás de los hermanos “La Luz”, que abrieron con una toná y se marcharon con soleares. El Teatro empezó a caldearse con Sergio Gómez y Rubén Campos, que hicieron una canción con aires de fiesta y terminaron con la farruca. Suena bonito cualquier cosa que interprete esta pareja. El Zahoreño, con su voz laína y bien modulada, fue muy aplaudido en su granaína y sus alegrías, pero sobre todo Manuel Carvajal, el guitarrista que le acompañaba, aunque le sobraba fuerza y protagonismo.
Después del fresco y distendido baile de Pilar Fajardo, otra de nuestras esperanzas, vino la poesía, los Cinco toritos negros de Benítez Carrasco, interpretada por milongas, con la voz algo tomada de Curro Andrés. A la guitarra Francisco Manuel Díaz. Se fueron con un histórico fandango natural rematado por Huelva.
Como cabeza de cartel, Antonio Colorao se templó con una balada flamenca, para después dejarnos con el desgarro de sus seguiriyas. Un inspirado Juan Pinilla tras ganar la última Lámpara Minera en La Unión, se fue a levante para dejarnos con un fandango minero y una levantica, arropado a la perfección por Francisco Manuel Díaz. Su segunda propuesta fue la malagueña de la Trini que culminó con un ramillete de abandonaos, desde los fandangos de Almería hasta los de Córdoba y los de Málaga, desde los de la costa granadina hasta los de la capital.
La última invitada, Silvia Lozano, nos bailó una soleá. Su crecimiento es constante. Para coronar esa noche desenfadada, todos los artistas nos brindaron un fin de fiestas por bulerías.
* EN LA FOTO: Sergio Gómez y Rubén Campos en el Zaidín (© Antonia Ortega)
El viejo Walt llamó con tiempo al restaurante para encontrar mesa. Menos mal, porque ya estaba casi todo reservado para la noche de ese día tan señalado y después de una oferta tan suculenta del establecimiento. A saber, un menú de lujo, con "vino a elegir y/o una botellita de champagne, un regalo sorpresa, música en vivo y baile final", a un precio más que razonable. Con el aliciente de que la pareja acompañante pagaba nada más que el cincuenta por ciento.
No se podía resistir. Era una oferta suculenta. Cómo dejarla pasar en este día tan señalado.
Los enamorados más avispados llamaron en cuanto oyeron la noticia. A los dos días de la oferta, se colgó el cartel de completo, no hay plazas, el año que viene tendrán una nueva oportunidad, póngase las pilas, vaya a otro sitio.
Llegado el día, Walt no se entretuvo en el trabajo ni en la taberna de la esquina, como siempre. Con los compañeros se invitó al mediodía, para, después no entretenerse si alguien sugería una frecuencia líquida.
Tampoco ese día fue al gimnasio, al que acudía martes y jueves para mantenerse, para quitarse el estrés, para ampliar su círculo de amistades.
Al llegar a su casa, se pegó una ducha bien larga, recibiendo el agua caliente sobre la cabeza, en reposo. Era un placer. Se afeitó alrededor de la gran barba, que ya caneaba, y se la llenó de margaritas. De esas margaritas blancas, muy pequeñitas. La ocasión lo merecía.
Se lavó los dientes. Se vistió con un traje nuevo, aunque informal, crudo, con el ojal preparado para engarzar una flor, no sé, un ramito de violetas.
Se perfumó moderadamente con agua fresca de Adolfo Domínguez y se peinó a su manera, como que parecía que no. O sea, quedó perfectamente despeinado, como acostumbraba, impelido por su pelo rebelde. Hizo un guiño al espejo y salió de casa con la sonrisa puesta. Bajo su sombrero, sus ojos claros también sonreían.
Andaba despacio, pues tenía tiempo. Llegó al restaurante con veinte minutos de antelación.
Buenas tardes, se presentó, una mesa reservada a mi nombre, a las nueve treinta. Era el principio de su noche gloriosa.
Sí, ahora mismo, contestó un camarero a quien le quedaba pequeño el traje negro y grande la corbata. Lo guió a una mesa en un rinconcito no muy privilegiado, pero con cierto sabor íntimo y se ausentó mientras se acomodaba y cogía la carta.
Volvió.
Voy sirviendo los entrantes o esperamos a la señora, preguntó mecánicamente el mesero.
No, empiece a servir, decidió Walt, no espero a nadie.
¿No espera a nadie?
No.
¿Y ha cogido una de nuestras ofertas para enamorados?
Sí, ¿que problema hay?
Ninguno, señor Whitman*.
* Estoy enamorado de mí, hay tantas cosas en mí que son tan deliciosas (Walt Whitman).
Primero
Alberto cogió el camino del río y allí, entre los árboles, aquel día soleado en que los pájaros piaban sin ninguna intención, volvió a pensar para sí: "Dios no juega a los dados" (que es como decir que Dios no pierde el tiempo, que no es de ningún partido definido) (su hijo sí, que es de izquierdas) (y la paloma, de Los Verdes, creo).
Segundo
Se asomó a la ventana. Era un día gris. Olía a pescado. Una sirena sonó al fondo, a tres manzanas de allí, un hombre se había arrojado desde la azotea. Limpiándose los lentes, Federico volvió a pensar: "Dios ha muerto" (que es como decir soy ateo por la gracia de Dios).
Tercero
Después de tomar aliento, miró a su alrededor y vio a muchas gentes que en torno a él estaban reunidas. Se subió a una piedra y, después de otras cinco frases inspiradas, Jesús dijo: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (que es como decir que las buenas personas mueren en paz).
Cuarto
Debatiendo entre el bien y el mal, la vida y la muerte, el cielo y el infierno, Ángel le dijo a sus íntimos: "Vosotros decís que sois ateos, pero no tenéis mérito, yo lo he visto tres veces y no creo en él" (que es como decir que hay mucho lobo con piel de cordero).
Quinto
Baltasar, después de tomar un sorbo de café, escuchó por enésima vez que era un desalmado por negar a Dios siempre que tenía oportunidad, sin dejar la taza sobre el plato, les aclaró: "Yo sólo digo que no creo en Dios, no que no exista" (que es como decir que Dios tiene sus cosas).
I
Temía ofrecer amor
por amor a que me quedase menos que ofrecer.
Pero el amor se alimenta a sí mismo,
como el saber de su misma ansia.
No te di la estrella que me pediste
para no desequilibrar el mar,
te ofrecí un caballito
para saborear el calor de las olas
en tu bañera.
I
J'avais peur d'offrir de l'amour
par amour d'avoir moins
à offrir.
Mais l'amour se nourrit de lui-même
comme le savoir de sa propre faim.
Je ne t'ai pas donné l'étoile que tu demandais
pour ne pas agiter la mer,
je t'ai offert un petit cheval
pour savourer la douceur des vagues
dans ta baignoire.
II
Paraguas en el cuarto de baño, para qué.
Te bronceas para ir al lavabo
y no olvidas las gafas de sol.
Un libro banal nunca falta
en tus pequeñas vacaciones de cada día.
Y, después de la ducha,
una ducha para quitar la sal.
II
Des parapluies dans la salle de bains, pour quoi faire.
Tu bronzes pour aller aux toilettes
et tu n'oublies pas tes lunettes de soleil.
Un livre quelconque ne manque jamais
dans tes petites vacances de tous les jours.
Et, après la douche,
une douche pour enlever le sel.
III
El cuarto de baño no tenía techo
y te duchabas con la lluvia,
te secabas con la brisa
y esperabas la luna para cantar
III
La salle de bains n'avait pas de plafond
et tu te douchais sous la pluie,
te séchais sous la brise
et attendais la lune pour chanter.
Ilustrando la ceremonia de entrega de Tapas al Pregonero de la Semana Santa de este año, Manolete, recién condecorado Medalla de Oro de la ciudad, llevó al teatro Isabel la Católica su estreno “Sentimiento Cofrade”. Fue simplemente un esbozo de media hora, fue una deliciosa pincelada Manolete que supuso una gran bienvenida a la cuaresma.
La luz tenue, casi penumbra, se instala de principio a fin, así como las ropas negras de los intérpretes, logrando el espíritu de recogimiento y la expresión trágica del tiempo que vendrá. Un texto en off del periodista abulense, Rafael Gómez Montero, exaltando la Semana Santa granadina y la figura de Manolete sobre un fondo de cornetas y tambores, sirve de “Evocación”, una llamada que baila en silencio Judea Maya marcando las palabras del poeta.
El violín da la entrada para que Sergio Gómez y Jony Cortés entonen unas saetas por martinetes propias de las balconadas cuando el paso se para a sus pies. Toda la compañía, seguidamente, aborda unas seguiriyas. Toda la carne está en el asador. Algún desequilibrio y disparidad sólo es fruto de la emoción y la entrega.
Constatamos nuevamente que en nuestra tierra tenemos grandes bailaores, solo falta quien los ilumine. Ahora con Manolete, y antes con Mario Maya, el espectáculo está asegurado. El arte de coreografiar con la visión precisa y la sensibilidad exacta no está al alcance de todos. Destaquemos a todo el cuerpo de baile porque todos son de oficio, con bastantes años a sus espaldas, con el arte a flor de piel.
Reconozcamos la labor de Judea Maya, de Jara Heredia y de Esther Marín, de Luis de Luis y de Iván Vargas. Entre los bailaores que marchan procesionalmente al compás de las guitarras que hacen de tambores y el violín que remeda al viento, el maestro interpreta un martinete de lujo.
Culmina la obra con una soleá que concentra la tragedia y la muerte. Manolete comienza con su sello: sentado en una silla, pero trocando su habitual bastón por la vara de los mayordomos de las cofradías, que golpea ritmicamente sobre el piso. Su baile es elegante y ceremonioso, sobrio, varonil y medido. Mencionaré el cante de Sergio Gómez, ligando los tercios, logrando una soleá redonda y armoniosa.
Para terminar, Manolete, con toda su compañía, realizan unos segundos de baile que terminan en una flor. Remate que hemos visto en más de una ocasión, lo que se ha convertido en la firma de autor de ese gran bailaor granadino.
Por noveno año consecutivo, la Asociación de Periodistas Especializados en Flamenco, que recoge a unos 60 flamencólogos y críticos de toda España, nos reunimos el miércoles, día 6 de febrero, en las bodegas González Byazs de Jerez, invitados por la alcaldesa de esta ciudad gaditana, para hacer entrega de los galardones que concede este colectivo a los flamencos que se han destacado en el año 2007 en una especialidad concreta.
Los Premios, en esta edición, se han reducido a doce, en vez de dieciséis que fueron el curso anterior, evitando dispersiones y nombramientos ambiguos.
Entre los finalistas se encontraban cuatro artistas granadinos en diferentes modalidades: Miguel Ochando, por el mejor disco de guitarra solista; Eva Yerbabuena, como mejor bailaora; el disco La voz del Agua de Marina Heredia, nominado por tres veces, como mejor disco de cante, mejor disco instrumental y mejor producción (responsable de estas dos últimas categorías, el guitarrista José Quevedo “Bolita”); y Estrella Morente, por el mejor DVD.
(En las preliminares, entre las mejores bailaoras, se barajó el nombre de Patricia Guerrero, la joven granadina que ganó recientemente el Desplante -primer premio de baile- en el Concurso de las Minas de la Unión. Pero no trascendió, posiblemente porque aún es poco conocida.)
Fue únicamente esta última la que se alzó con el reconocimiento general de la crítica especializada por su trabajo Casacueva y escenario. Estrella dedicó este galardón a todos los flamencos y en especial a su padre Enrique, que le fue imposible asistir a la ceremonia.
La gran ganadora de la noche fue la cantaora Esperanza Fernández de Triana que competía por los mismos premios que Marina. Al final el reconocimiento fue para la sevillana y su productor, José Antonio Rodríguez, que también le acompañaba a la guitarra en su CD Recuerdos.
Los demás premiados fueron Paco Cepero, como mejor guitarrista (Abolengo); la malagueña Rocío Molina como mejor bailaora; Israel Galván, mejor bailaor; Jorge Pardo y “El Bola”, mejor disco instrumental por Desvaríos (saxo y guitarra); el onubense Guillermo Cano, mejor cante revelación (Rincón del pensamient”); Chano Lobato, mejor libro (un recopilatorio de varios autores, Chano Lobato. Toda la sal de la bahía); Cajasol, mejor promoción del flamenco (llevan 25 años editando un disco de villancicos flamencos andaluces); y Tere Peña, mejor labor de difusión del flamenco en medio, que cumple 25 años delante de su programa de Temple y pureza en Radio Olé.
Todos los premiados estuvieron recogiendo sus galardones salvo Rocío Molina e Israel Galván, que se disculparon con la mejor escusa de todas: estaban bailando en esos momentos.
* EN LA FOTO: Estrella Morente
El agua o las aguas eran, y son, indispensables para la vida, para calmar la sed y para elaborar las más variadas comidas de olla y cazuela. Es la esencia de los cultivos, con sus sistemas de irrigación, de norias y acequias. Y, si recordamos, fue de los señuelos que indujo a los árabes a atravesar el Estrecho.
Ibn-Bassal, en su Libro de Agricultura (siglo XI), estudia las diferentes clases o naturalezas de las aguas y la influencia que ejercen en las plantas.
Bassal distingue el agua de lluvia, la de los ríos y la de las fuentes y pozos (división que nos acerca a concepciones orientales a la hora de elaborar el té). "La más beneficiosa para las plantas es la de lluvia, por no dejar residuo salino alguno y por ser de complexión templada y húmeda. La de los ríos tiene una complexión más seca y áspera. Por último, la de las fuentes y pozos es pesada y terrana".
En al-Andalus, y concretamente en Granada, siempre ha habido buena agua fresca venida directamente de Sierra Nevada. La Acequia Gorda o la de Aynadamar y muchas otras canalizaciones y cursos de agua, que abastecen actualmente a la ciudad y su provincia, datan de aquellos tiempos. Así, cualquier participación de este elemento en la cocina, aseguraba su éxito.
El agua para beber era elemental, tan apreciada como la leche. La tomaban sola o perfumada con hojas de naranjo o rosa. Servía para amasar el pan, para rebajar la limonada y el vino y era imprescindible para preparar el té, elemento indispensable de la hospitalidad musulmana.
* Del libro "Herencia de la cocina andalusí", publicado por la Fundación Al Andalus en 2001 y escrito con el cocinero José Luis Vázquez, que 20 recetas originales de inspiración andalusí.
** FOTO: noria árabe en Cabo de Gata
Al lado de mi calle hay otra calle. O sea, mi calle desemboca en otra, algo más grande. Al abandonar mi calle y al entrar en la otra calle, a la izquierda, la práctica totalidad de los buzones se identifican como tales. Son buzones preciosistas, como de loza, de Fajalauza granadina, con una gran abertura para las cartas y una palabra bien grande bajo esta ranura que dice "BUZÓN".
Es innecesario, quizás tan sólo decorativo, pero redundar en la evidencia se me antoja vano y de una visceral simpleza.
Como si en el parque pusieran "banco" al banco, "estatua" a la estatua, "fuente" a la fuente o "árbol" al árbol.
Servirían, no obstante, para reforzar al niño que está aprendiendo a leer.
No son epítetos realmente. Pues el epíteto (el epíteto constante, para ser certeros) es un adjetivo o participio que resalta las características intrínsecas de un sustantivo, no añade ninguna información suplementaria a la del sustantivo con el cual concuerda. Así, la nieve blanca, el acero frío o el flan blando (como decía mi padre: cuando le traían un flan que temblaba en el plato, preguntaba con sonrisa guasona si estaba blando).
Creo que era Alfonso Ussía quien denunciaba a esos comensales que alababan el marisco, diciendo, por ejemplo: "Estas gambas están exquisitas", dando por sentado que, las gambas o cualquier otro fruto marino, debe estar bueno. O sea, el comentario está de más, es innecesario, es una ordinariez, me parece que lo calificaba el agudo conservador.
El epíteto es característico del idealismo platónico renacentista. Garcilaso de la Vega escribía:
Por ti la verde hierba, el fresco viento
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera me agradaba.
* FOTO: "Exquisitas gambas".
Lo vi muy claro. Era yo joven y estudiaba Geografía e Historia. Era en segundo curso, lo recuerdo. ¿Puede ser el año 1995?, en eso dudo, aunque se puede comprobar. Subía a la facultad con mis libros fotocopiados y mi libreta de apuntes. En medio de la cuesta que separa la ciudad del templo del saber, me asaltaron unas imágenes, un simbiosis entre el inabarcable amor y el mar infinito y con él toda el agua, toda la espuma, toda la sal.
Arriba, en clase de Medieval, mientras el profesor contaba no sé qué batallas e intrigas de los visigodos, yo comencé a elucubrar unos poemas (más bien imágenes poéticas) que asentaban mis ensoñaciones del momento.
Dos horas duró la clase. Dos horas que tardé en hilvanar una docena de poemas (o arrebatos líricos) que di en llamar Poemas para cantar en el agua y se los dedique con gran sentimiento a la que ahora es mi mujer.
Más tarde, ese mismo trabajo me lo tradujeron al francés (Des poèmes à chanter dans l'eau). Nunca averigüé si con mayor o menor acierto, pues la vecina lengua que tanto admiro la desconozco y la versión gala nunca salió de mis archivos.
Sería cansino reflejar aquí los doce poemas de un golpe. Pero me apetece hacer entrega de ellos y sus traducciones para que dejen ser un poco míos y pasen a ser algo más del viento (del ciberespacio) que nos facilita esta ventana de internet.
Así, en varias entregas, lanzo mis palabras de amor y agua, para mis lectores potenciales.
Comienzo por la dedicatoria y el poema introductorio, alternando los dos idiomas:
Estas olas,
que acaricien
o rompan
en los arrecifes
de Ana.
Ces vagues,
qu'elles caressent
ou elles se brisent
contre les récifs
d'Ana.
No sólo la lluvia que cae te moja,
aguantar bajo el temporal sin nubes
te empapa y te tirita,
pero no de frío ni de miedo,
sino de ese vértigo
que te mece en el vacío
sin el barandal o el seguro beso
que te evita el golpe final.
Non seulement la pluie qui tombe te mouille,
tenir sous la tempête sans nuages
te trempe et te fait frémir,
non pas de froid ni de peur,
mais de ce vertige
qui te berce dans le vide
sans un appui ou sans le baiser sûr
qui évite la chute ultime.
* Portada que hice para la ocasión (cuando yo pintaba algo)
** Los poemas los tradujo Karmele, una chica del norte.
Hace tiempo, en septiembre de 2001, me pedía Jesús un texto sobre la soledad para no sé qué presentación. Así que, a vuelapluma, cogí el papel e imaginé una pequeña escena que aquí reproduzco.
Un hombre se sienta en la cafetería un domingo a media mañana, mira el periódico y pide un café solo. Conoce el precio y paga por adelantado. Cuando termina, se asoma al abismo de la taza, donde unos granos de azúcar, que han quedado sin disolver, difícilmente se abren hueco entre los posos amargos de Colombia.
Dobla el diario, que nadie más leerá, y se lo coloca bajo el brazo. Sin volver la cabeza, abandona la cafetería. Entra en la calle, que está repleta luz, y comienza a caminar.
El bullicio de gente que pasa frente a él, en una soleada mañana de domingo, lo desconcierta. Cierra los ojos. Los vuelve a abrir. Mira, pero no ve a nadie. El hombre está solo. [Rodeado de gente, pero solo.]
El camino recuerda que de su brazo anduvo alguien. El hombre rememora quien le besaba los labios. Sus ojos recuerdan que vieron colores. Sus manos buscan en vano el filo de la nostalgia.
La soledad camina descalza. Se acuesta con los pies fríos. Tiene sed. La soledad nunca está satisfecha.
La soledad empieza por una ese siseante y termina por una esbelta de. Se agarra a la garganta, te anuda el pecho, te desgrana el corazón, te acorrala lentamente, hace añicos tu voluntad. El corazón es muy grande, más si está vacío, si tiene eco.
Hay soledades, sin embargo, que son elegidas, desiertos de luz, bellos silencios. "Los pájaros solitarios, como decía san Agustín, siempre se posan en la rama más alta".
* Texto remitido por correo ordinario a Jesús Herrera el 14 de septiembre de 2001.
Ayer, 30 de enero, cumplió el príncipe Felipe, futuro Rey de España, cuarenta años.
La cuarentena es una década especial, en la que has aprendido a fuerza de cachiporrazos. Entras en ese conformismo feliz de los altibajos, en el que piensas que todo es como es, las cosas están bien o están mal, pero están ahí, rodeándote, quieras o no quieras. Es un momento gozoso en que has encontrado tu sitio o lo que has hallado es que tu sitio no se encuentra.
A los cuarenta te resignas a que los sueños, sueños son, aunque la vida no sea un sueño, como preconizaba Calderón, como mucho el sueño que sueña el hombre borgiano que a su vez es soñado.
A los cuarenta eres previsor, coges un paraguas cuando llueve y caminas bajo las marquesinas cuando el sol calienta. A los cuarenta eres mortal, como cualquier hombre que camina detrás de sus narices (Shaquespeare), pegado a sus narices (Quevedo).
Entre los griegos no se alcanzaba la edad madura, llamada el acme, hasta cumplir los cuarenta años.
A los cuarenta tienes una visión práctica de la vida. Tu cabeza se asienta. Podrás llamarte hijo de Kipling. O puede que no se asiente nunca. ¿Un bala perdida? ¿Complejo de Peter Pan?
Con suerte, atraviesas la mitad de tu vida, la mitad de tu esperanza de vida, que es mucho decir. Quiere decir nada menos que te queda todo lo que has vivido para volver a vivirlo. Distinto, claro. Pero cuarenta años son muchos.
No tienes tanta energía, pero sabes más (o no tienes remedio). No tienes más ganas, pero sí más posibles (o no tienes remedio). No te enamoras varias veces al día, pero has encontrado un equilibrio emocional (o no tienes remedio).
Quien llega a los cuarenta se pone triste. Mira hacia atrás y se pone triste. Se mira al espejo y se pone triste. Se mira los michelines y se pone triste. Se mira el bolsillo y se pone triste...
Hasta los príncipes cumplen años. "Los ricos también lloran".
Ahora que don Felipe sufre la cuarentena (dicho así parece el aislamiento obligado por sospecha de epidemia), no tengo nada más que apenarme por él:
A los cuarenta y no sabe lo que es pasar la revisión del paro, no conoce un trabajo precario, y el desempleo mucho menos. No sabe, ni sabrá nunca, lo que es apretarse el cinturón, no llegar a fin de mes. No conocerá la sumisión a un superior déspota, a un jefe abusador al que, encima, hay que reírle las gracias. Nunca sabrá lo que es echar horas extra o quedarse sin vacaciones.
No sabrá lo que es un pago a plazos o una hipoteca o pedir un préstamo. Nunca vivirá ahogado.
Felipe no se habrá comido una hamburguesa o un trozo de pizza, o habrá invitado a Letizia a comer en un chino porque no se puede permitir entrar en un restaurante. Y, en los cacharritos, su hija no se habrá quedado con las ganas, pues hay dinero tan sólo para columpiarse dos vueltas.
Y nunca se planteó el hijo único o la vasectomía por la precariedad de la vida, pues sus descendientes vendrán con un pan debajo del brazo y un apellido real, un puesto en la sucesión, una gran herencia. Tendrán una vida regalada sin agujeros en los bolsillos.
Bienvenido a la cuarentena, su Majestad, porque mía no lo es.
Flamenco viene del Sur
MUJERES
Mario Maya jugó sus cartas. Con toda la astucia de un gran jugador, y posiblemente de los mejores coreógrafos del momento, puso sobre el escenario un trío de reinas. Las más grandes de la baraja, las más carismáticas, las más reconocibles en su lenguaje. Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina (en indistinto orden) son tres maneras distintas de saborear el flamenco, son tres generaciones de bailaoras con sello propio, son tres personalidades con una fuerza indiscutible. Mario las deja volar a su aire, escucha sus propuestas, atiende sus vindicaciones. Él sólo sostiene la baraja, reparte el juego.
Toda una vida se concentra en los pasos y en los insuperables brazos de Merche. El cuerpo y el espíritu, el mundo en un puño, el alma a flor de piel, rebosa por los poros de Belén. La fuerza creativa, la frescura de renovarse cada día, de hacer lo extraño cotidiano, impulsa el cuerpo de Rocío.
Imprescindible Lorca, presenta el espectáculo. Una voz en off recita su poema “Adam”. Y, mientras “su voz deja cristales en la herida”, se presentan estas tres reinas bailando las palabras del poeta. Atrás, un gran armazón de música y cante las arropa. Tres guitarras (José Luis Rodríguez, Paco Cruz y Manuel Cazás), tres cantaores (Antonio Campos, Jesús Corbacho y Tamara Tañé) y la percusión de Sergio Martínez que viene a ser como el latido de la obra con su pandero. La función no dice nada y lo cuenta todo. Es el arte por el arte, el baile por el baile, sin ningún argumento fuera de la belleza.
Belén comienza la propuesta con unos tangos personalísimos. La tradición flamenca se une con siglos de espiritualidad asiática. Belén Maya es una diosa oriental que recorre el escenario, es la niña que lo quiere aprender todo, es la bailaora que siente el compás del cante. La comicidad de sus movimientos minimalistas resultan, si no imposibles, sí impensables.
El homenaje a la tierra viene en forma de granaína que se abandola con javera. Los colores de las bailaoras son planos, se combinan de una a otra, entre la falda larga y la chaqueta corta, dándole una nueva estética a sus pasos. Durante toda la función se huye de la simetría, de la robótica coordinación que encasilla, y se busca el continuo equilibrio.
Unos cantes de labor de Campos y Corbacho dan paso a la soleá de Merche Esmeralda. Sus recursos son amplios y su bagaje decisivo. Desde la distancia parece una jovencita que estrena vestido de cola y lo pasea con gracia. Su baile reposado y algunas contorsiones sobresalientes diagnostican su sabiduría.
A continuación “Romance de Zaide”, una de las piezas más bellas de la velada, el paso a dos de Belén y Rocío, con vestidos malva sobre unas geometrías proyectadas en verde sobre el piso. La danza contemporánea tiene mucho qué decir en una coreografia que despierta amor.
Fuera de lugar, aunque de buena factura, fue la canción por rumbas que interpretó Tamara a solas en el escenario.
Rocío tomó el testigo y bailó unas seguiriyas de lujo, “Apasionada”. De movimientos redondos y con una plasticidad exquisita, rellena la escena sin igual esta joven malagueña.
Y, sin duda, el mejor regalo de la noche fueron los caracoles “Viva Madrid” que montó nuestro paisano Manuel Liñán, uno de los coreógrafos más solicitados. Es un estallido de color, frescura e inteligencia, que abordan felices las tres protagonistas.
La fiesta termina por bulerías al golpe que remata el mismo Mario Maya e invita a Liñán, llegado de Madrid para la ocasión, a saludar con ellos.
* EN LA FOTO: Manuel Liñán
Después de treinta años guardado en un cajón y rechazado por no pocos editores, este catálogo de animales, demonios y de seres extraordinarios del barcelonés Francisco Ferrer Lerin (1942), ve la luz para goce y esparcimiento de los amantes de esas añejas creencias populares.
Este Bestiario, inquietante por donde se mire, surgió a través de un proyecto de tesis del autor sobre los ornitónimos del Diccionario de Autoridades (el autor es filólogo, poeta y ornitólogo).
La muerte por arma blanca del director de dicha tesis por un subalterno fue una señal definitiva para abandonar el proyecto. Ferrer entonces retoma la idea antigua de elaborar un bestiario, que el mismo vaciado del Diccionario de Autoridades le ayuda a madurar.
El resultado es un pequeño diccionario de raras especies animales, seres antropomórficos, un amplio surtido de demonios y otras especies. Las entradas están ordenadas por familias. En un total de trece categorías taxonómicas en donde podemos encontrar una fantástica interpretación de la realidad y su interacción con las ciencias naturales. Constituyendo así un verdadero animalario de bondades y perversiones que se han fraguado en torno a estos seres.
Cada uno de estos capítulos, a su vez, va precedido de una pequeña introducción en la que combina ciencia y realidad con hagiografia filosófica, con un amplio margen de comicidad.
Algunas de estas referencias son encontradas en diccionarios (como el “Diccionario de Autoridades”, el de Covarrubias, el “Ideológico” de Julio Casares y el “Diccionario Infernal” de Collin de Plancy), guías de campo e historias naturales (como la “Historia Natural, General y Particular” del Conde de Buffon o “La Edad Media fantástica” de Jurgis Baltrusaitis) y otros papeles extraordinarios (como las “Inmensas maravillas contadas por un ciego nocturno”)...
Realidades, leyendas y mitos locales tan dispares como el origen portugués de la palabra almeja, la muerte de Esquilo, el dragón de Santa Margarita o los remedios médicos para la picadura del alacrán, que se entretejen con toda clase de insectos, aves, cuadrúpedos, solípedos o monstruos.
El autor, en el Introito, nos dice que este libro es un bestiario construido sobre la realidad de otros libros. Es una recopilación, como digo. Es un minucioso estudio filológoco, etimológico, zoológico y sociológico. Es poético, en cierto sentido, y realmente mágico.
"Esta obra ha sido calificada, según Raquel de Larua, prologuista de la misma, con adjetivos como extrema, fronteriza, rompedora, radical, iconoclasta, apocalíptica, resulta tan difícil de definir como vibrante en cuanto a la libertad y aguda ironía que emana".
La presente edición, de tamaño bolsillo, está encuadernada en tela, con tapa dura e incluye en su interior una interesante serie de ilustraciones de animales fantásticos y otros curiosos grabados.
* Ferrer Lerin, Francisco. El Bestiario de Ferrer Lerin. Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg, Madrid, 2007
** Reseña publicada en el número 20 de la revista Letra Clara.
Ya quisieran muchas de las agrupaciones con nombre bailar con la sincronía y la frescura de estas cuatro chicas (Elena López, Marta Casado, Ana Vílchez y Laura Fernández) que, proviniendo de la Escuela Nacional de Danza, llevan poco más de un año dirigiendo su propia compañía, “La Sabika”, ofreciendo algo distinto y completo, que con un poquito más de tiempo y limadura, rellenarán un hueco casi necesario.
Deudoras, sin lugar a dudas, de la danza española, su primera parte es eminentemente lírica, acercándose a las diferentes escuelas, desde la bolera a la estilizada, acompañadas del piano de Jauma Mikel Pérez, de la travesera de Fina Morales y, de vez en cuando, de la música en off, que interpretan a nuestros clásicos.
Predominan en esta primera entrega las zapatillas de ballet y las castañuelas, la gracia y la soltura de unas bailarinas que no descansan en ningún momento. Un aplauso especial al vestuario, variado y elegante, que se iba sucediendo con una naturalidad y rapidez inusitadas (fregolismo), dándole a todo el espectáculo un dinamismo agradecido. Algunos desequilibrios, estridencias puntuales y problemas de sonido, no afearon su puesta en escena.
Una segunda parte más flamenca, justificó por derecho la inauguración de “Patrimonio Flamenco”, la temporada del Centro Internacional de Estudios Gitanos de La Chumbera.
Dos cantaores, “Centenillo” e Isa “La Jazmín”, dos guitarras, Juan Andrés y Diego Cordovilla, y la caja de Domingo Amador, sirvieron de armazón para el taconeo y el juego de brazos de estas jóvenes.
La primera concesión a nuestro arte vino en forma de colombianas, que “La Jazmín” aborda con esa voz tan grave como especial. Las guajiras están tan llenas de gracia y de color, acompañadas por abanicos y cestas, que posiblemente reluzcan como la mejor entrega del baile flamenco de esta noche.
Las cantiñas de buena factura dan paso a las rumbas que interpreta toda la compañía, palmeras incluidas (Berta Pérez, Olimpia Oyonarte). Con sólo compás, Elena López, nos regala un zapateado muy aplaudido que, enseguida es secundado por sus compañeras, para acabar por bulerías.
De esta forma, con una agrupación de danza, comenzaron unos sábados flamencos que llevarán a La Chumbera jóvenes artistas de la talla de Juan Pinilla y Patricia Guerrero, Luis de Luis, Juan Habichuela (nieto), Sara Heredia o Melchor de Córdoba.
* Al fondo del escenario, a través de las cristaleras de La Chumbera, se puede ver la Alhambra.
No encuentro documentación alguna de si las sirenas se reproducen (quiero decir si paren, si son madres, si tienen hijas -sirenitas- o ¿hijos?) y, si fuera así, cómo nacen y van medrando hasta convertirse en el más deseable de los antropomorfos.
Conocemos, sin darle mucho margen a la duda, que las sirenas tienen descendencia, pero no sabemos su manera de engendrar. Sin embargo, la sirena tiene siempre el mismo aspecto de doncella. Ya puedan tener doscientos años o más (Andersen, entre otros, aseguraba que la sirena podía vivir trescientos años), su apariencia física es siempre la misma, a saber, una joven sumamente bella con el pelo largo, de color dorado, azul o turquesa, que nos dispensa una larga sonrisa.
El cantar de Roldán cuenta que éste preñó a una sirena del mar de confusa procedencia, pues la obra no especifica dónde la conoció. Como tampoco nos dice cómo se aparearon ni como el señor de la marca de Bretaña, amigo de Carlomagno, se las ingenió para tal menester.
El caso es que a los nueve meses, la sirena, en una playa de Arosa, parió a un hijo llamado 'Palatinus', por ser su padre el paladín Roldán, según declaraciones de la misma sirena.
Recogido el niño, nos cuenta Cunqueiro, por corrupción de Palatinus, se dijo en lengua de Galicia Paadin [o Padin], y de él, por matrimonio con un infante del país, desciende todos los que llevan ese apellido en Galicia, y además los Mariño de Lobeira y los Goyanes.
De esta manera, en el extremo noroccidental de la península se encuentran bastantes descendientes de sirena. El mismo Cunqueiro es desciende de los Mariño de Lobeira por parte de padre y, por ende, de sirena.
Recapacitando, podemos atribuirle a la sirena la condición de mamífero, en cuanto tiene mamas, lo cual es taxativo, y se mantiene embarazada, según el 'Cantar', el mismo periodo de tiempo que corresponde a nuestra especie.
Me atrevo a afirmar, según lo comentado, que la fantástica creación participa más de su condición humana que de su mitad de pez. Quizá sus órganos más elementales: toda la cabeza, presumimos, que con cerebro incluido; los brazos y los hombros; los pechos y el ombligo, suponiendo que lo tenga; el corazón y los pulmones; el vientre, los riñones y las vísceras; y la columna, si no es una raspa.
Las dudas, así pues, continúan. Por fuera son doncellas, pero por dentro no sabemos. Parece que no tienen agallas, pero sí escamas en la cola y quizá más arriba. Y una gran aleta, como la fantasía sea capaz de crear.
Es hembra, de eso no hay duda. Aunque hay quien habla de sirenos o sirénidos y de tritones, amen de otros dioses marinos.
Si admitimos, como todo pretende demostrar, que las sirenas se reproducen, que nacen, crecen y mueren, al igual que cualquier ser vivo, es necesario encontrar su pareja, con quien se aparean normalmente, a no ser que broten sin ayuda del elemento espermático masculino a imagen de la espuma y la venera de Afrodita.
O que la sirena, como varias especies en el reino marino (el pez globo, por ejemplo), cambien de sexo en algún momento de su vida o, retorciendo algo más mi elucubración, que sean seres andróginos y autosuficientes para concebir.
En algunos cuentos galeses, escoceses o de la Isla de Man, aparecen sirenas que tienen trato carnal con los hombres en la tierra o simplemente los seducen y se los llevan al fondo del mar.
El padre Freijóo no creía en sirenas, nunca existieron, asegura, aunque sí tritones. En Ruán, Normandía, al contrario, se creía tanto en ellas que los canónigos quisieron cobrarles impuestos para contemplar el espectáculo de la quema pública de las brujas.
Cunqueiro, quien opina que las sirenas tienen cola de salmón, que es la más perfecta que existe, se pregunta si las sirenas tienen ombligo y él mismo trata de darse una respuesta aunque únicamente vale para aumentar la duda: “...la sirena carece de ombligo, y cómo engendra de humano y pare es un misterio”.
Hay quien va al médico para que le saque algo (alguna enfermedad, digo, que dolencia ya se encargará él mismo de ponerla), son los hipocondríacos. Hay quien no va al médico a ver si le saca algo, son los temerosos. Hay quien va al médico porque no tiene otra cosa qué hacer, son los temerarios. Hay quien va al médico en horario laboral, para saltarse horas en el trabajo justificadamente, son los buscavidas. Hay quien va al médico porque no tiene más remedio, son los más jodidos. Hay quien va al médico por si acaso, son los jugadores, los precavidos. Hay quien, ya que está en el médico, que le miren todo lo posible, son los ahorradores.
Quien maneja mi barca me dijo: "ya que vas al médico, que te hagan unos análisis".
Al término de las Navidades, aquejado de fuertes dolores de estómago y malestar general, tuve que acudir al Centro de salud, por lo que yo achacaba a una empachera supina.
Resultó ser un virus (los médicos llaman virus a cualquier cosa de origen incierto). Un protector de estómago y unas Buscapinas me solucionaron el problema en una semana.
Una semana que estuve pensando en los resultados de los análisis (de sangre y de orina) que me tuve que hacer, of course. Qué me dirían. Que debo beber más agua y menos alcohol, que debo comer menos, nada de fritos, nada de grasa, que no me den morcilla, que fuera el tabaco, si yo no fumo, doctor, pues déjelo de todos modos.
Ayer me dieron los resultados, y casi me ofenden los buenos resultados. No tengo nada. Cómo que nada. Que está usted sano. Nada de nada. Vamos, doctor. Que si quiere siga con el protector gástrico, pero ya está. Bueno, hasta la Navidad que viene.