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Algunas cosas y demás verdades

La memoria de Juan

La memoria de Juan

Creo que son 323 las páginas que tiene el libro que se está leyendo mi niño. Es un libro simple, basado en unos dibujos animados que están de moda en la televisión llamados Código Lyoko. Salvando las distancias, me parecen basados en la trilogía Matrix.

La mayoría de los niños están enganchados a estos dibujos y a Bob Esponja y a los superehéroes (Spiderman, Thor, El increíble Hulk o el Hombre de Hierro) que, por desgracia, han pasado de las tradicionales manos de Marvel a las edulcoradas de Disney.

Así, no me extraña que se encaprichara del libro, con esa portada tan colorida que retrata a sus personajes favoritos. Lo que me extraña es que se lo esté leyendo y que se entere de lo que lee.

(Tengo que advertir para los que no conocen a mi niño Juan, que tiene seis años y medio y aún lee como Tarzán.)

También me resultó curioso o alarmante que lee en voz alta, no más de tres páginas al día (o sea, que le queda lectura para un tiempo) y que abandona el libro cuando se cansa, ya puede ser en un punto, una coma o en mitad de una frase, en pleno adjetivo por ejemplo.

Para rizar el rizo, añadiré que no usa marcador de páginas o punto de lectura, se acuerda perfectamente por donde va leyendo y es capaz de proseguir la historia.

La elegancia

La elegancia

En la corte de Luis XVI, un aristócrata, que pasaba por ser uno de los hombres más elegantes de París, si no el más elegante de Francia, que venía a decir que era el más elegante del mundo, se presentó en una recepción de su rey o en una fiesta social de madame Pompadour, de esas que se escuchaba poesía y se admiraba a las castas jovencitas casaderas tocar el piano.

Cuando inmediato pasó de anunciarse su presencia al obligatorio besamanos, la marquesa alabó su porte diciendole que venía muy elegante. Turbado él preguntó si se notaba mucho y, acto seguido, montó en su calesa y fue a casa a cambiarse, pues la elegancia debe ser discreta.

Jules Barbey D’Aurevilly lo expresaba así en un cuento de Las diabólicas (1874): La simplicidad del arte supremo consiste sobre todo en pasar desapercibido.

El bálsamo de Fierabrás

El bálsamo de Fierabrás

Don Quijote de la Mancha, en el capítulo X de su primer volumen, solicita a su escudero una redoma para componer el bálsamo de Fierabrás, “que con sola una gota se ahorraran tiempo y medicinas”.

Más adelante el hidalgo explica a Sancho: “Es un bálsamo, de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar morir de ferida alguna. Y así, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por medio del cuerpo..., como muchas veces suele acontecer..., bonitamente la parte del cuerpo que hubiere caído en el suelo..., y con mucha sutileza, antes que la sangre se vele..., la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, advirtiendo de encajallo igualmente y al justo. Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana.”

(Recuerda al compuesto del “Vizconde demediado” de Calvino.)

Este brebaje, según El Caballero de la Triste Figura, se fabricaba a base de la sabia combinación de aceite, vino, sal y romero (capítulo XVII). El caballero los hierve y bendice con ochenta padrenuestros, ochenta avemarías, ochenta salves y ochenta credos. Al beberlo, Don Quijote padece vómitos y sudores, y se siente curado después de dormir. Sin embargo, para Sancho tiene un efecto laxante, justificado por el Quijote por no ser caballero andante.

El bálsamo de Fierabrás es una poción mágica capaz de curar todas las dolencias del cuerpo humano que forma parte de las leyendas del ciclo carolingio (Aparece como tema en el cantar de gesta francés Fierabrás, ‘el de feroces brazos’, que se fecha hacia 1170). Según la leyenda épica, cuando el rey Balán y su hijo Fierabrás conquistaron Roma, robaron en dos barriles los restos del bálsamo con que fue embalsamado el cuerpo de Jesucristo, que tenía el poder de curar las heridas a quien lo bebía.

Cunqueiro, en su “Tertulia de boticas prodigiosas” informa que este bálsamo era de común uso entre los paladines del rey Arturo y se encontraba, junto con otras hierbas y productos maravillosos, en los anaqueles de la Botica de Camelot o de la Tabla Redonda, y que fue traída por Alejandro, hijo mayor del emperador de Constantinopla, cuando acudió a Gran Bretaña para aprender caballerías.

Estas medicinas tenían por objeto, aclara el autor de Mondoñedo, la rápida curación y cicatrización, sin dejar apenas huella, de las grandes heridas de los nobles guerreros.

Entre las Recetas de cocina del cocinero barcelonés Ignacio Doménech se puede encontrar en el “Capón morrocotudo” que tiene como ingrediente de exclusiva ambrosía el bálsamo de Fierabrás, que lo compone de mantequilla, miel y clavos majados. Más adelante, expande este elixir. Hablando de la bondad de los vinos dice: “Las denominaciones de origen patrias de vinos espesos y, sin embargo, redondos (vinos de Cariñena, de Toro, de Jumilla, del Priorato…), son perfectas para elaborar este bálsamo de Fierabrás que mata las penas, yugula los sinsabores, conforta el cuerpo aterido, predispone a la confidencia, facilita la locuacidad”.

* "Don Quixote" de Gustave Doré, 1863

La escritura

La escritura

Se busca estos días la palabra más bella en español. Creo que el español es bello en toda su extensión, pero las palabras que suenan bien es lo que se pretende. El común de los entrevistados buscaba la palabra por su significado, o sea por su contenido, no por su continente, que es lo que nos ocupa.

El otro día hablando de esto con Amparo, le sugerí la palabra ’caravasar’ (posada en Oriente destinada a las caravanas) como palabra bella en su grafía y sonido. Pero ellos sabrán.

También nos hemos preguntado alguna vez cuál es el invento por antonomasia de la humanidad. Cuestión igualmente tonta como, me temo, todos los ranking y clasificaciones. Aparte de la fregona, el monomando y el biquini, sin lugar a dudas, es la escritura el culmen de la civilización.

La escritura nació por una necesidad contable. El ser humano necesitaba comerciar, en el sentido ámplio de la palabra, y anotar sus transacciones. Así lo primero fueron números, palos y palitos en la arcilla. El cero llegó más tarde.

El alifato y después el alfabeto vino rodado. Era una cuestión de siglos.

Se escribía de izquierda a derecha y también a la inversa. Y de arriba abajo (nunca de abajo arriba). Los persas crearon un sistema llamado bustrófedon (o bustrofedón) que consistía en escribir para ambos lados. Cuando se terminaba la línea se comenzaba por atrás. Como mi abuela cosiendo que en vez de darle la vuelta a la tela, se cambiaba la aguja de mano y cosía hasta el otro lado. Era ambidiestra.

La palabra bustrófedon viene del griego y expresa la forma que tiene el buey de hacer surcos en la tierra girando de un lado a otro. De ahí la manera de escribir.

En la Escuela de Traductores de Toledo apareció una enfermedad algo fantástica llamada "ojo loco" u "ojo de ida" que le afectaba a los lectores de árabe, de tanto leer de derecha a izquierda, cuando pasaban al texto latino, el ojo acostumbrado, seguía leyendo al contrario.

Así, por ejemplo, en vez de leer alea iacta est (’la suerte está echada’, que dice Suetonio que dijo César) el afectado leía tse atcai aela.

Esta dolencia, según Cunqueiro, la padecieron Roberto de Chester y Germán el Dálmata, "de la que fueron curados con una pestaña de oro, que se colocaba en la final derecha del párpado superior, y la dicha pestaña de oro se deslizaba por un hilo ensebado, tirando por otro, como si fuese juego de cortina, y así se llevaba la mirada a donde se quería".

Antiguo texto griego escrito en bustrófedon.

Cosas útiles

Cosas útiles

Recientemente cayó en mis manos un libro de bolsillo de la editorial "El Molino" (¿?) de Barcelona, fechado en 1968. Son los Cuentos de humor negro, de Robert Bloch. No es un libro específico, pero sí curioso. Está catalogado curiosamente en una colección de "Terror", aunque no tiene mucho que ver. Se deberían clasificar en cambio dentro del ingenio del cuento corto, la ironía, la sorpresa y el impudor.

Pero eso no es lo que me lleva a comentar este hallazgo, sino su contraportada. Como vemos en la fotografía que precede a este post, es un anuncio de una colección para el hogar, "Biblioteca ama de casa", con los tres títulos publicados y la reproducción de dos de las portadas.

Lo gracioso, aparte del antagonismo del contenido del libro y su reclamo posterior, son las características de las obras anunciados. Es decir: "Volúmenes de lujosa presentación, con encuadernación lavable y gran cantidad de láminas a todo color".

(Sin comentarios.)

Tira-afloja rimado en el muro de Consuelo

Tira-afloja rimado en el muro de Consuelo

Consuelo de la Rubia introdujo ayer en su muro, a través de Javier Benítez, la programación de La Tertulia para sus 30 años de existencia que se van cumpliendo.

Pensando que lo comentaba con toda intención, comenzó este diálogo a tres:

Jorge Fernández Bustos: A ver si nos vemos por allí algún día.

Consuelo De La Rubia: Sí. Sí. Sí.

Javier Benitez Láinez: Jorge, ¿tú que harás? nos veremos mañana para hablar.

Jorge Fernández Bustos: Después de dicho orgasmo de Consuelo, / no me rimes Benítez. / Iré a La Tertulia y no al Entresuelo.

Javier Benitez Láinez: ¿Es que en el Entresuelo / también se baten en duelo de versos?

Javier Benitez Láinez: ¿o en duelo de vates?

Jorge Fernández Bustos: No, es la rima lo que me ha inspirado / meter ese local tan alejado.

Javier Benitez Láinez: ¡Caramba, don Latino! / Le veo con buen tino.

Consuelo De La Rubia: Ay [lease suspirado].

Javier Benitez Láinez: [ante mi silencio] ayayayyaaaayyyy!! Venga Jorge, arráncate

Jorge Fernández Bustos: Nos estamos aprovechando / de un muro que no es nuestro / siento de vez en cuando / a Consuelo como pretexto.

Consuelo De La Rubia: y hablando sin denuesto / he de decir que tengo / el nombre muy bien puesto.

Javier Benitez Láinez: Irnos hemos sin duelo / y sin consuelo.

Consuelo De La Rubia: ¿Levantáis el vuelo? / ¿Abandonáis el texto?

Javier Benitez Láinez: No quiero ser pretexto / de dimes y diretes / de vate entreverado.

Jorge Fernández Bustos: Preferible quedar en paz, / que más vale hacer tablas / que el cuento de nunca acabar.

Javier Benitez Láinez: Pues sí, por Alá / que yo me voy a duchar.

Jorge Fernández Bustos: Otro día convocas, / De la Rubia, Consuelo, / que se seca la boca / y me quito el sombrero / en cuanto me provocan.

Consuelo De La Rubia: Voy preparando una copa / y espero, por supuesto, / que me volváis loca.

Dobles

Dobles

El otro día, disfrutando de nuevo con Pulp Fiction, esa joya de Tarantino, volví a reírme con una anécdota que contaba Bruce Willis casi al principio. Decía que, en un concurso de dobles de Charlot, se presentó Chaplín y quedó tercero.

(Hay, ha habido y habrá, cantidad de cantantes excelentes que nunca pasarían la criba de Operación Triunfo.)

Esto me recordó la idea del doble. Hay quien destina su vida a ser como otro. En Las Vegas encuentras dobles de Elvis (y de Marilyn y de Michael) por todos lados.

En Japón hay dobles de los flamencos, que no sólo los imitan a la perfección, sino que adoptan el nombre de su modelo.

Así encontramos a un Paco de Lucía japonés o a un Cepero. Incluso el presidente de la peña de Tokio se hace llamar Pepe (lo conocí hace un par de años).

Pedro Peña, hermano de ’El Lebrijano’, comentaba en una entrevista en Radio 3 que, estando en Japón, conoció a su homónimo, que era perfecto, según el guitarrista. Demostró que bordaba uno de sus discos. Lo hacía todo increíble, termina Peña, era perfecto hasta en los fallos del disco.

La copa de champaña

La copa de champaña

El otro día comimos con cava. No celebramos nada, simplemente había pescado y una botella burbujeante, sobreviviente de la Navidad, nos miraba desde el refrigerador.

Las copas que usamos eran estilizadas, de las que llaman aflautadas, como debe ser, para conservar al máximo las burbujas del champaña.

Un mito griego, quizá apócrifo, pero bello y sensual, cuenta que la copa de champaña, con forma de cáliz, fue moldeada sobre los senos de Helena de Troya.

Siglos después, la duda es más grande si cabe. María Antonieta, Reina de Francia, esposa de Luis XVI, quiso crear una nueva copa de champaña moldeada sobre su propio seno, cambiando la forma tradicional de las altas y estrechas por las bajas y abiertas. Se ve que María Antonieta estaba mejor dotada que la reina de Esparta.

Sin embargo Joan Perucho (1920-2003), investigador gastronómico y buen comensal, retrotrae la historia a una época anterior.

El legislador catalán expone: «Siempre se ha recomendado por las autoridades más prestigiosas beber champaña en copas en forma de cáliz o tulipa, o en  lo que los franceses llaman flute. La moda de beber champaña en la copa ancha y abombada la lanzó Luis XV, bastante perversamente. Cuenta Piero Accolti en su Viaggio attraverso i vini di Francia, que Luis XV, llevado por su pasión amorosa, usaba para el champaña copas hechas con el calco "del seno della sua bella amica, la Marchesa di Pompadour"».

Hay incluso quien insiste que este molde lo halló Napoleón inspirado en las tetas de Josefina. Hay más pechos que colores

Lo que sí es cierto es que estas copas semiesféricas, tan populares en nuestras celebraciones, con las que se suele hacer una cascada embutiendo una copa en el interior de otra, haciéndola más alta e inestable cuanto más hayamos bebido, no son aptas para ente tipo de caldos, pues se le escapan las burbujas mas rápidamente.

Jules Barbey d’Aurevilly (1808-1889), en un cuento de Las diabólicas, se quejaba así de este cambio: "Y alzó su copa de champaña, que no era la copa estúpida y pagana por la que la han sustituido, sino el vaso alargado y esbelto de nuestros antepasados, que es la auténtica copa de champaña, la que llaman flauta, quizá a causa de las celestes melodías que derrama en nuestro corazón."

Aparte de esto, cualquier otro intento de continente para el licor de oro está de más. El plástico es aberrante.

La llamada de la Sierra

La llamada de la Sierra

Ayer me enteré. Me lo dijo otro montañero. Gerardo Alonso había muerto. Se lo había llevado la montaña.

No lo conocía mucho. Coincidíamos en la Sierra, en el refugio Félix Méndez, del que era guarda. Era grande y siempre estaba moreno. Y lo admiraba, lo admirábamos.

Yo era muy serrano, me gustaba mucho pisar nieve y hacía mis pinitos con la roca.

Mis salidas tenían, como es natural un principio, un intermedio y un destino. El intermedio era el refugio de Río Seco, donde encontrábamos a Gerardo siempre enconado. Traía una guerra particular con todo, con la inoperancia de la Guardia Civil, con los foráneos que venían sin preparación, con las cabras sarnosas que contagiaban a las demás, con los usuarios que evacuaban cerca del refugio (¡Como no hay Sierra!).

Estaba más preparado que nadie, la montaña era su hogar, la conocía como la palma de su mano. Conocía sus bondades, sus vueltas y sus traiciones. Y en una de estas trampas cayó, creo que este fin de semana.

Hacía de guía de montaña de un grupo de veinte o veinticinco, no lo sé bien. Se adelantó para buscar el mejor camino, para "abrir huella". Me faltan datos. Se sujetó a una piedra o se desprendió una piedra que le dio en el costado, en algún punto vital, que le causó la muerte.

Soy nebuloso, lo sé. Falta precisión en mi relato, lo sé. Pero no me interesa. Lo que me importa realmente es que ha desaparecido uno de mis modelos. Y me acuerdo de él, como cualquier montañero debe conocerlo, pues era una institución. Formaba parte de Sierra Nevada como los raspones o los borreguiles.

Pero también me acuerdo de otros tiempos, de otra época, de un tiempo que colgaba mi mochila al hombro prácticamente todos los fines de semana y me iba de excursión, hiciera frío o calor, en compañía o en solitario. Era como un deber, la necesidad de fundirte con el medio ambiente y, en gran medida depender de ti mismo. Era una forma de cargar las pilas y restarle importancia a lo mundano.

Lo he pasado bien y también muy mal, como todos los que se enfrentan a una pared de hielo, al frío aterrador, a la ausencia de caminos, a la llamada de la Sierra.

* Refugio Félix Mendez, en las lagunas de Río Seco, ya desaparecido.

El año de las reivindicaciones

El año de las reivindicaciones

Año agitado, afirmo, el 2010. La tierra tiembla y se despereza; los cielos se caen a pedazos, como temía el jefe del poblado galo; Eolo se desmelena.

Pero también el hombre pone su grano de arena. Conflictos y más conflictos. Abusos y más abusos. Crisis, qué crisis. El lobo esconde las orejas ante la presencia del hombre. La hiena es el animal más parecido a nosotros. Pero la hiena no tiene culpa de ser una hiena. El hombre sí es culpable de ser carroñero, sanguijuela, parásito.

Vanessa, una amiga chilena, se avergüenza de su país. Y, con ella, todo su red social del Facebook. Los saqueos, el toque de queda, la muerte tras la muerte (una madre con su hija murieron aplastadas por sacos de harina en un descontrolado saqueo -perdonen la redundancia).

Escribe Vanessa: "Como en los peores tiempos de la historia de Chile pero esta vez con razones y objetivos válidos: milicos a las calles y a balazo limpio a todos los flaites que comen plasmas y secadoras. Pais tercermundista, rasca y tonguero....me quiero iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiir".

Susana comenta: "Después del terremoto salieron más ratas...".

Ayer estuve en un acto a favor del pueblo Saharaui en el que actuó de forma altruista Enrique Morente (siempre se vuelca con los humildes y le salen los colmillos con los arrogantes).

El pueblo Saharaui es otra nación orillada (léase humillada) desde la infeliz Marcha Verde (6 de noviembre de 1975).

Es un pueblo árabe y musulmán, nómada y africano, con dos grandes características: es el único que habla español en todo el continente y sus mujeres tienen un protagonismo tangible en la vida política y en la lucha por la libertad (que casi es más importante que la independencia).

Piden nuestro apoyo. Es una causa justa. Llevan 35 años como refugiados. Quieren que los veamos como los hermanos que eran, como los hermanos que son, y que no le hagamos la cama al opresor marroquí, ni le riamos las gracias (que parece se come los mocos con nuestro rey).

Un detalle a tener en cuenta: Marruecos es nuestro mejor cliente en la venta de armas, que es nuestro mejor negocio. Nos compra material armamentístico por valor de 29,5 millones de euros.

En estos días habrá manifestaciones y otras actividades en apoyo de los saharahuis.

Morente, como siempre, estuvo genial. Rescató de su discografía canciones de Miguel Hernández, reivindicando su nombre en el centenario de su nacimiento, y, con él, a todos los oprimidos. de su disco Homenaje a Miguel Hernández (1971) hizo el romance Sentado sobre los muertos y las Nanas de la cebolla; y de Despegando (1977) bordó las bulerías Compañero, correspondiente a la Elegía a Ramón Sijé.

El maestro terminó por alegrías. A la guitarra un tremendo Juan Habichuela nieto, tocaor completísimo e integrado a la perfección con Enrique (como si fuera otro de los legados de su abuelo).

Dos cosas para terminar. El Aula Máxima de la Facultad de medicina estaba rebosando de gente joven y entusiasta. Y, en segundo lugar, qué bien queda el grito agudo y trino, típico de la mujer saharahui, al final de la actuación.

* Miguel Hernández y Josefina, su esposa.

Acerca de la buena suerte

Acerca de la buena suerte

Estamos en crisis. Sigo heredando ropa de mis hermanos. De los mayores y de los más pequeños que yo. Chaquetas que ya no usan, saquitos (qué granaíno) que se le han quedado estrechos, camisas pasadas de moda…

Una camisa que me llegó no hace mucho, no sólo me gusta sino que trae suerte cuando me la pongo. Si es que existe. Si es que se cruza en mi camino.

Muchas veces he definido a la Suerte como una señora entrada en carnes que nunca me mira a la cara.

Savater en su libro La hermandad de la buena suerte, viene a decir que la suerte no existe como tal, hay que buscarla.

Alex Rovira y Fernando Trías tienen un libro, La buena suerte, en el que también afirman que la buena suerte no existe, si acaso la suerte a secas, tú eres la causa de tu buena suerte. Aunque posiblemente sí exista la mala suerte. (Llegué a Rovira por una entrevista en CNN sobre otro libro, La buena crisis, que me pareció muy interesante. Después de haberlo leído, me defraudó.)

En algún momento de mi adolescencia portaba un colgante al cuello, un ladrillito con un cordón de cuero, al que llamaba mi amuleto de mala suerte, cuando necesitaba algo de suerte simplemente me lo quitaba.

La vida pasa. Hay momentos buenos, los menos, y momentos malos; pero, por suerte, lo malo se olvida y lo bueno permanece. Es lo que nos mantiene vivos. Tendemos a romantizar nuestro pasado. Flexibilizamos nuestra vida y las aristas las dejamos romas. Llega un momento en que nos reímos de nuestros límites, hacemos humorada de nuestros tropiezos y blanqueamos nuestros marrones.

La suerte tiene tres patas, como cualquier hijo de vecino. Tonto es buscarle la cuarta. Como tonto es buscar el trébol de cuatro hojas, cuando el mismo concepto encierra su inexistencia. Trébol viene de tres, como triciclo, tricornio o trifásico. Si buscáramos un cuaebol tendría su lógica. Pero si queremos tener fortuna, al menos en la búsqueda, intentemos hallar cuaéboles de tres hojas.

Después está la teoría los terrones de azúcar (pero ésa es otra historia).

 

A propósito de la cigarra

A propósito de la cigarra

Siempre he sido cigarra y he muerto de pena durante el invierno. Siempre he preferido un libro y medio bocadillo. Siempre he visto la corrida con el toro en la barrera. Siempre he preferido honra sin barcos. He preferido morir de pie y jugar sin Dios a los dados. Siempre he quemado mis naves y he abandonado el brazo del niño en el círculo de tiza.

Siempre mantengo la distancia con el que piensa que el problema es "tener o no tener". Siempre huyo de quien ve molinos en vez de gigantes y del que nada y guarda la ropa y del que se arrima a sabiendas a un buen árbol, incluso.

La tempestad para algunos es la calma para otros y siempre llueve a su gusto.

La lluvia en Sevilla perdió su silla.

Me encuentro en el libro Ocnos de Luis Cernuda este pasaje:

Para vivir ¿es necesario atarearse tanto? Si el hombre fuera capaz de estarse quieto en su habitación por un cuarto de hora. Pero no, tiene que hacer esto, y aquello, y lo otro, y lo de más allá. Entretanto, ¿quién se toma el trabajo de vivir? ¿De vivir por vivir? ¿De vivir por el gusto de estar vivo, y nada más?

La cigarra vive, su trabajo de vivir es cantar, mover sus alas duras (tienen un nombre específico, que no me acuerdo) para hacer música y descansar abrevadas de rocío (creo que la metáfora es de Cicerón).

En una versión del cuento de la cigarra y la hormiga de Azcona, que me llegó hace poco (gracias Lara), la cantora le pide ayuda a la hormiga. Ésta quiere cobrarle a precio de oro. Entonces llega la Guardia Civil y acusa a la hormiga de hacer negocio con el hambre de los humildes. Y se la lleva al calabozo.

Azcona termina diciendo: La cigarra, aprovechando que la Benemérita había dejado la puerta abierta, entró en el hormiguero, se lo comió todo y murió de indigestión. Pero muy feliz.

Y añade una moraleja versificada:

Si por mucho acaparar
no disfrutas del verano,
muy bien te puede pasar
que hayas trabajado en vano.

Mis dolores

Mis dolores

El otro día B se quejaba de sus dolencias como si fueran lo peor. Recordaba a mi madre cuando decía que sus dolores para sí eran los peores porque le dolían a ella, que cada uno se quejara de lo suyo como lo que más. Sin saberlo, mi madre comulgaba con el microcosmos de Pessoa cuando escribía:

El Tajo es más bello que el río que corre por mi aldea,
pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi aldea
porque el Tajo no es el río que corre por mi aldea.

Guardando lógicas distancias, siempre que aludo a esos versos del maestro lisboeta, recuerdo también estos otros de Ernesto Cardenal:

Si tú estás en Nueva York,

en Nueva York no hay nadie más;

y si no estás en Nueva York,

en Nueva York no hay nadie.

Todos estamos mal, física o espiritualmente, económica o socialmente. O bien. O todo lo contrario. Pero, si se trata de gradaciones, siempre hay mucha gente peor que nosotros, en todos lo sentidos. Que es como decir que siempre hay alguien por debajo, impidiéndonos que toquemos el fondo.

Con este tema, siempre me digo que el hombre feliz no tenía camisa y que Diógenes, ante el ofrecimiento del gran Alejandro Magno (consciente la redundancia), le pidió simplemente que se apartara, que no le tapara el sol.

* Según Plutarco, cuando el monarca le dijo: «Soy Alejandro, el rey», Diógenes le contestó: «Y yo soy Diógenes, el Cínico». «¿Puedo hacer algo por ti?», le preguntó Alejandro, y el filósofo respondió: «Sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol». Más tarde el rey diría a sus amigos: «Si no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes».

Yo no soy yo, evidentemente

Yo no soy yo, evidentemente

Yo no soy yo, evidentemente es el libro que elevó a Torrente Ballester al olimpo de mis autores de culto. (Bastante a menudo acabo en la literatura gallega.)

Para lo que nos interesa, el libro trata de la multiplicidad del protagonista, que no sólo es ubicuo, sino que vive o ha vivido vidas diferentes. Igual que Pessoa y sus heterónimos, parecido a Machado y su alter ego, semejante a Jaume Sisa y sus iguales, que es él mismo en diferentes facetas, con variados intereses, con desiguales sentimientos.

El pseudónimo se queda corto, el alias es un juego, el sosias entronca con la dimensión dramática de un Plauto o de un Moliere.

Hasta hace dos días, como quien dice, yo no era uno, era dos. Me explico. De Armilla retorno a vivir en Granada. Un formalismo identificativo me impulsa a empadronareme de nuevo en la ciudad. Pero no hace falta. Desde ¿el 84? soy capitalino, después de que abandonara Viznar, donde vivía en un grupo de hecho (que es otra historia).

 Resulta, no obstante, que en su tiempo me hice convecino de Armilla. Voy a ver lo que pasa y tengo los dos padrones (como doble nacionalidad). Soy dos personas que son el mismo. Soy uno que, evidentemente, está en dos lugares.

Es necesario desfacer el entuerto, para lo cual me persono en el ayuntamiento armillero e intento darme de baja. No puedo. Tengo que demostrar que no vivo en Armilla. Tienen que darme de baja desde Granada (es automático). Pero en Granada no consta que esté en esa localidad, así que no pueden borrarme de donde no existo.

Vuelvo a Armilla con un certificado de padrón (es verdad). Me dan de baja a regañadientes, sospechando de mí como si fuera un topo, un espía doble, con leyenda inestable. Menos mal que encima no me han puesto una sanción o hubieran duiplicado mis impuestos.

Por fin vuelvo a ser uno (que yo sepa).

El envase no cuenta

El envase no cuenta, dicen,
lo que importa es la esencia.
Pero la vida se presenta efímera
y llegamos rozando el alma
cuando el tren ya pasó.

Palo

Palo

Juan me dice un día: "Papá, yo sé más de fútbol que tú". Es posible que sea cierto, pues yo de fútbol no tengo ni pajolera idea, ni ganas de aprender. Pero lo dudo, por el simple hecho de que él tiene seis años y yo estoy en cuarentena (más sabe el diablo por los cuernos que por viejo).

Así que le dije que eso no era cierto, que yo sabía lo que era un árbitro, un penalti y fuera de juego.

Me miró extrañado, como si habláramos de deportes distintos.

Entonces me dijo "palo. ¿Sabes lo que es palo?".

Ahí me han dado. No sólo no sabía a qué hacía referencia, sino que dudaba que existiera esa palabra, o expresión parecida, relacionada con el balompié.

Intenté hacerle recapacitar. "¿No habrás querido decir poste, corner o algo de eso?".

"No", seguía mirándome como a un marciano (él diría alienígena).

"A ver, qué es palo", me rendí.

"Palo es cuando, por ejemplo fallas un gol o pierdes la pelota o te caes al suelo. Eso es palo", concluyó como diciendo que parecía tonto.

La crisis

La crisis

Había pensado llamar a este artículo “El fantasma de la crisis”. Pero de fantasma nada, nuestra crisis es sólida, tiene un gran peso específico, una buena masa que va creciendo y creciendo hasta quitarnos todo el espacio, hasta dejarnos sin respiración, hasta aplastarnos como se despachurra una mosca molesta.

La crisis también es un escudo, una excusa para apretar un cinturón que ya estaba demasiado ceñido. Quienes tienen poder, o sea, los poderosos, son celosos de su estatus, de sus ganancias, de su poderío. La crisis. What Crisis? Ellos no están en crisis, mientras se puedan cortar cabezas que amortigüen su posible balanceo, que no caída.

Hace unos meses (parece que fue ayer) desapareció un periódico en Granada, “La Opinión”. Quedaron cincuenta trabajadores en la calle y algunos colaboradores. Fue un golpe a las libertades y a la pluralidad. Y qué ha pasado. No ha pasado nada.

La caída de “La Opinión”, arrastra la palabra escrita, limita el horizonte, cercena la alternativa. Tanto es así, que otro periódico de la ciudad, “Granada Hoy”, puede estar temblando. Si no, por qué la reducción de plantilla, por qué la disminución de páginas, por qué los silencios en los pasillos, por que los cuchicheos anhelantes… por qué han suprimido a los críticos, a mí con ellos.

¿Cuestiones de espacio? ¿Cuestiones económicas? ¿Cuestiones de interés? Tendremos un  periódico aséptico. No puede haber flamenco de tensión, ni teatro que evalúe, ni clásica que sentencie…

¿Es obligado, en cambio que haya cine y fútbol, sobre todo fútbol? Hasta el equipo más insignificante tiene cabida en las páginas del diario. No tengo nada en contra del opio nacional, pero también estoy a favor de otras drogas. Como dijo Mario Moreno, “no estoy en contra de que haya ricos, estoy en contra de que haya pobres”.

Dicen, “Si los flamencos no leen los periódicos”, “Si el flamenco no le interesa a nadie”, “Si ocupa un espacio en el que puede estar un anuncio de detergente".

Es la vieja sátira de Juvenal, panem et circenses. ¿No hemos avanzado nada? No hemos avanzado nada.

En Granada sólo queda un crítico -¡larga vida!-, que es como decir que queda sólo un periódico. Al menos un periódico que se moja. Los medios de información cada vez son más medios y menos informativos. La poesía murió en Vietnam, decía Sciacia. El romanticismo ha muerto. La vocación ha muerto. Esto es un negocio. Se trata de rentabilizar sus actos. Cuando algo no dé frutos, se elimina o se sustituye.

Mientras las hormigas trabajan, ahorran y cuentan su dinero, las cigarras que cantamos en el verano, en el invierno nos morimos de pena (sic).

Como decíamos ayer

Como decíamos ayer

Unamuno retomó sus clases después de un largo exilio pronunciando esta frase: Como decíamos ayer. Ahora retomo mi blog después de dos o tres meses sin tocarlo por cambios radicales en mi vida.

El mundo ha seguido girando y los pájaros en libertad. Nadie es imprescindible. Todos somos contingentes. En este espacio de tiempo se han muerto no sé cuántos. Y si le sumamos el terremoto de Haití se nos escapan las cuentas. Demasiados cuentos para que nos salgan las cuentas, decía Savater.

No somos nada ante la naturaleza, ante el desastre. Bueno si, somos lobos o somos gallinas o somos pañuelos o somos hermanos solidarios. No bastan los rezos, no bastan las lágrimas.

Hoy he escuchado a un reportero local, de la única radio que ha sobrevivido en el país, que se quejaba de que todo estaba destruido, que se alegraba de que puede ser muy bonito empezar de cero.

No hay mal que por bien no venga. El borrón y cuenta nueva ya no existe. Debemos ser valientes y romper la baraja y saltar al vacío y quemar las naves.

Las sombras del pasado se convierten en oscuridades patológicas, en agujeros negros insondables donde el parche no aguanta, donde el cemento no funciona. Debemos tomar otro camino, otra galaxia.

No sé donde voy a parar con este pequeño sermón. ¡Menuda vuelta! Lo único que quisiera, empezando por mí, es poner buena cara a las adversidades, levantarme ante los tropiezos y preferir la muerte en pie que la vida de rodillas.

Mañana será otro día.

* Radio Lumiere de Haití (creo que no es está la que sigue radiando).

El hábito no hace al monje

El hábito no hace al monje

Mi amigo Jesús Lens tiene en su incansable blog, “Pateando el mundo” (http://www.granadablogs.com/pateandoelmundo), una sección en la que reproduce y comenta las frases que aparecen en los sobres de azúcar. A mí me da rabia (no la iniciativa de mi amigo Jesús, sino las sentencias azucaradas), pues se repiten demasiado, son algo bobas o excesivamente moralinas.

De todas formas, no puedo evitarlo, las leo todas, hasta las de mis compañeros de café y las rasgo con cuidado. Algunas de ellas, incluso, las guardo y las apunto.

Uno de estos paquetitos, de color amarillo con letras negras, era una frase de un tal Michael Levine (ni idea de quien es ni ganas de buscarlo) que dice: “Tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”.

Difícil cuestión entre ética, responsabilidad y fisiología. Una cosa es ser padre y otra es ser buen padre.

¿Tener padre, aunque sea malo, lo convierte a uno en hijo?

En estos días, cuando el asunto del padre y el hijo lo tenía un poco orillado, me encuentro el texto de “El elogio del Caballero” en El Victorial o Crónica de Don Pero Niño de Gutierre Díez de Games (s. XV), en el que dice:

"No todos son caballeros cuando cabalgan caballos; ni cuantos arman caballeros los reyes, no son todos caballeros. Tienen el nombre, mas no hacen ejercicio de la guerra. Porque la noble caballería es el más honrado oficio de todos, todos desean subir en aquella honra. Traen el hábito y el nombre, mas no guardan la regla. No son caballeros, mas son fantasmas y apóstatas. No hace el monje al hábito, mas el hábito al monje. Muchos son llamados y pocos los escogidos".

* Michael Levine (Nueva York, 1954).

La risa

La risa

Dice Thomas Mann que Cam, hijo de Noe y padre del mago Zoroastro, fue el único hombre que se rió al nacer, y añade, cosa que por otra parte sólo pudo ocurrir con la ayuda del diablo.

Repasando De civitate Dei de San Agustín, por recomendación de no sé quién, corrijo que no fue Cam, sino su hijo. El santo dice: Sólo Zoroastro, rey de los Bactrianos, dicen que nació riendo, aunque tampoco aquella risa, por no ser natural, sino monstruosa, le anunció felicidad alguna.

La trama de El nombre de la Rosa, el móvil de los crímenes, parece ser un antiguo tratado sobre la licitud de la risa, que escribiera Aristóteles, supuestamente desaparecido, pero algún ejemplar se encontraba en la biblioteca de la abadía benedictina.

Hace tiempo, no recuerdo la fecha, pero puede ser muy bien hace treinta años, fuimos al Arco de Elvira para ver un espectáculo de luz y sonido de Els Comediants, donde se lió una buena. No recuerdo su título, sí el mensaje. Bajo la Puerta estaba el infierno, colorado, fogoso y divertido. Sobre ella discurrían los cielos, celestiales, recatados, represivos.

Mientras en el erebo había una marcha de percusión tremebunda, en el firmamento se respiraba paz, violines y, por qué no decirlo, aburrimiento. El mensaje estaba claro.

Los beatos entonaban himnos, que se perdían cundo el infierno hablaba; y los derechones, que antes eran de Fuerza Nueva y de Falange, estaban indignados y se hicieron notar con palos y cadenas. Era habitual, en la Granada intransigente de aquellos años, el enfrentamiento entre azules y rojos o azules y rojinegros o azules y verdes.

(También recuerdo cuando se proyectó, en la Facultad de Ciencias, la película Dios te salve, María.)

Nosotros, mi padre y dos o tres hermanos, creo, estábamos a buen refugio, algo alejados, encima de una tapia.

Yo era joven, pero tenía muy claro para qué lado inclinarme. Quizá no supiera muy bien lo que quería, pero era consciente de lo que no quería, de ninguna manera.

Respecto a la obra de Elvira, creo que llegué a pensar como Pirandello, cuando decía que viendo a todos los que van a ir al cielo, era preferible la condena a un infierno climatizado.

* Els Comediants, Dimonis, 1981. (© Cuadernos El Publico, nº 27).